Otras publicaciones

12-2842t

Book cover

Otras publicaciones

9789877230666-frontcover

9789877230956_frontcover1

Conclusiones

Última fase de nuestra indagación. Conviene ahora retomar nuestro punto de partida y la pregunta que formulamos, ¿por qué estudiar la correspondencia entre Schutz y Parsons hoy? En una primera etapa, nuestro trabajo reconstruyó una interpretación provisional, a partir del mismo Schutz y de los intérpretes: resultaba importante recuperar esa correspondencia, pues allí se discutían “los problemas más importantes y centrales de todas las ciencias sociales”. A lo largo de la investigación nuestra intención fue la de iluminar esos problemas y demostrar su centralidad para la discusión actual en ciencias sociales.

El abordaje hermenéutico de nuestro objeto de estudio hizo posible rastrear genealógicamente el sentido originario, la pretensión inicial que tiene Schutz en mente al entablar el intercambio epistolar con Parsons. Su crítica a la teoría parsoniana se concentraba en la exigencia de complementar y de fundamentar la construcción de los conceptos de las ciencias sociales a partir de la exploración de los rasgos del mundo de la vida. Proyecto filosófico en el que, como mostramos, ya se encontraba inmerso Schutz en sus primeros años en el seno de los debates de la escuela austríaca de economía.

Partiendo de ese sentido originario en el que se proyectó la correspondencia por parte de Schutz, se puede comprender claramente su propósito integrador respecto de la obra de Parsons. En él, se apunta a una articulación o “complementariedad” de los niveles de análisis, es decir, entre las categorías parsonianas –su marco de referencia de la acción– y un fundamento ontológico en el mundo de la vida; articulación que permite restituir el mundo olvidado y desplazado por las idealidades y las abstracciones del esquema parsoniano. En el centro de este análisis está la reflexión en torno a la importancia de la filosofía y de la ontología para las ciencias sociales.

La aspiración schutziana de complementariedad se hace clara en cada uno de los tópicos del estudio crítico. La orientación del interés parsoniano hacia el ámbito de la teoría científica y de la “evolución” de los sistemas teóricos y su consecuente desinterés por las realidades sociales concretas constituye el principal eje a partir del cual se articulan las objeciones. Schutz enfatiza, en primer lugar, el dilema que implica desplazar esa realidad poniendo en su lugar meras abstracciones producto del trabajo intelectual del científico. Y, en segundo lugar, señala la necesidad de comprender esa realidad como resultado de la actividad humana. Entiende que Parsons no sigue el análisis del punto de vista subjetivo “hasta sus raíces” y lo confunde con las construcciones objetivas propias de la reflexión científica. De esta forma, articula la exigencia de recuperar ese sentido subjetivo en base a una reflexión ontológica, de modo de evitar el reemplazo de la realidad social. Y, en esa dirección, solo la reflexión filosófica, puede garantizar la recuperación de ese suelo primigenio ignorado por Parsons.

Desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, Parsons reemplaza, a juicio de Schutz, el conocimiento de sentido común del actor por el conocimiento científico. Como mostramos en la discusión sobre el tema de la racionalidad, Parsons plantea una subordinación del mundo de la vida y del conocimiento de sentido común respecto de la racionalidad propia del conocimiento científico, con el consecuente peligro de “omisión” del mundo social. Para Schutz, la referencia opera a la inversa, el conocimiento científico debe fundamentarse en el acervo de conocimiento de los actores sociales y solo desde una perspectiva filosófica es posible arribar a una comprensión genuina del mismo. Es decir, las construcciones científicas requieren de una sólida fundamentación en la realidad social y, por ese motivo, se precisa una investigación preliminar de esa realidad antes del desarrollo de cualquier esquema metodológico para las ciencias sociales. De esta forma, Schutz propone una reflexión desde una filosofía crítica, desde una perspectiva fenomenológica que apunte a superar la postura ingenua que implica dar por sentados los puntos de partida y los supuestos fundacionales de toda ciencia empírica. En este sentido, Parsons da por sentado de forma ingenua el conocimiento de sentido común sin indagar en sus rasgos peculiares.

En la misma dirección apunta el examen del concepto de valores normativos, el que también resulta ser un esquema interpretativo objetivo y, por tanto, incompatible con el punto de vista subjetivo. Schutz reconduce el análisis de los valores normativos a una exploración de la conciencia humana en el tiempo abriendo, de este modo, el juego a la indagación en torno a los motivos como configuraciones de significado arraigadas en la conciencia subjetiva.

También Schutz demuestra la sustitución del punto de vista subjetivo que ejecuta Parsons o, lo que es lo mismo, del mundo de la vida, por las idealidades y abstracciones propias de la reflexión científica. En su de vivisección del acto unidad se muestra como cada uno de sus rasgos más salientes pueden ser interpretados tanto desde el punto de vista subjetivo como desde el punto de vista objetivo resultando, en cada caso, un significado diferente. Parsons “no analiza realmente las categorías subjetivas de la acción, sino las categorías objetivas para describir científicamente los puntos de vista subjetivos del actor”. Y tampoco muestra por qué la referencia al punto de vista subjetivo es un prerrequisito indispensable para la teoría de la acción –demostración de arraigo filosófico que ya aparece en la obra temprana de Schutz.

Schutz critica enfáticamente al objetivismo, pues este acepta ingenuamente el mundo social con todos los alter ego y las instituciones como un universo significativo, es decir, significativo para el observador, cuya única tarea científica consiste en “describir y explicar lo que el mundo significa para los observadores científicos”, abandonando así la explicación y la descripción de lo que significa para los actores dentro de su mundo social. Estos científicos sostienen que pueden y deben limitarse a describir lo que ese mundo significa para ellos, negando lo que ese mundo significa para los actores. Este tipo de ciencia social no trata directamente con el mundo de la vida cotidiana, común a todos nosotros, sino con “idealizaciones y formalizaciones” cuidadosamente seleccionadas. Para Schutz, esa posición es aceptada por la mayoría de los científicos sociales, quienes desarrollan y aplican “un refinado sistema de abstracciones”, las que “intencionalmente” eliminan al actor en el mundo social, con todos sus puntos de vista subjetivos. Por eso, para Schutz es necesaria referencia filosófica al punto de vista subjetivo. Las ciencias sociales no pueden sostener su pretensión de formular sus abstracciones e idealizaciones sin un fundamento en el significado subjetivo de los actores en el mundo de la vida. En este sentido, resulta imperioso retroceder a los sujetos olvidados por las ciencias sociales.

A partir de estas reflexiones, a juicio de Schutz, el objetivismo formula la siguiente pregunta: “¿qué significa este mundo social para mí, el observador?”. Sin embargo, la respuesta a esta pregunta tiene como prerrequisito la respuesta a preguntas bastante diferentes: “¿Qué significa el mundo social para el actor observado dentro de ese mundo, y qué quiso significar con su acción dentro de él?”. Con esas preguntas no solo aceptamos ingenuamente el mundo social y su corriente de idealizaciones y formalizaciones como ya constituidas y significativas más allá de toda duda, sino que emprendemos el proceso de estudiar el proceso de idealización y formalización como tal, “la génesis de significado” que el fenómeno tiene para nosotros, así como para los actores, y los mecanismos de la actividad por los cuales los seres humanos se comprenden mutuamente. En este punto es donde más claramente se recupera el argumento central de SASW en torno al problema de la desatención o descuido del mundo de la vida y la necesidad de restituir, de “retroceder” a las actividades subjetivas e instalar una concepción de ese mundo entendido como formación subjetiva.

La exigencia schutziana plantea que toda teoría de la acción social debe conservar el punto de vista subjetivo en su grado máximo a fin de no perder sus fundamentos básicos, principalmente su referencia al mundo social de la experiencia y la vida cotidiana. Resguardar el punto de vista subjetivo es garantía suficiente de que la realidad social no será reemplazada por un mundo ficticio inexistente construido por el observador científico. Además, la principal razón por la que las ciencias sociales deben aceptar el punto de vista subjetivo es que éste es un principio fundamental de la experiencia de sentido común de la vida cotidiana. Schutz está interesado en resituar en el centro de la escena el mundo real y no el creado en la fantasía de “unos pocos excéntricos refinados”, como reza la contundente frase del autor.

En efecto, Schutz parte del proyecto planteado en su primera obra, a fin de abordar el libro escrito por Parsons. Como expresamos claramente a lo largo de nuestro trabajo, lo que se pone en juego es una reivindicación epistémica del mundo de la vida. Esto es, la necesaria referencia de las construcciones de las ciencias sociales a los rasgos de ese mundo, impidiendo su abandono y su reemplazo arbitrario por parte del investigador.

Aquí surgen los mismos temas que, para Schutz, estaban ausentes en la reflexión de Weber, fundamentalmente la referencia al tiempo y a la intersubjetividad, pilares de la reflexión ontológica schutziana. En un artículo del año 1939[1] Schutz menciona como una de las tareas que hay que llevar adelante a fin de establecer los vínculos entre fenomenología y ciencias sociales: “la aplicación del análisis temporal de Husserl al problema de la ‘estructura de la acción social’ en el sentido de Weber y Parsons.” (CPIV, 108).

La meta schutziana de complementar la teoría de la acción parsoniana, se plantea en los mismos términos que con relación a la obra de Weber. Era necesaria una reflexión en torno al tiempo y a la intersubjetividad para fundamentar el marco de referencia de la acción parsoniano. De este modo, puede interpretarse la pretensión schutziana como un proyecto de fundamentación fenomenológica de la teoría de la acción parsoniana. Esa exigencia hace explícita su concepción de la relación que debe entablarse entre ciencia social y filosofía, la que, como sostiene Natanson, explicaría las razones de la convicción schutziana de que “el trabajo de Parsons era importante, valioso y abierto a una fundamentación filosófica en términos del abordaje que Schutz trató de proveer en SASW.” (Natanson, 1978: xi).

De la misma manera, Garfinkel reconoce estos ejes de reflexión:

En conversaciones con Parsons, durante y luego de la evaluación,[2] conversamos aún más acerca de su trabajo y suyo. Él estaba más que interesado en saber dónde encontraba yo las diferencias entre ambos […] En el breve tiempo en el que conversamos, los dos temas que surgieron –principalmente, la concepción acerca del alter ego y el modo en el cual el tiempo es relevante para la concepción de la acción– resultaron ser los temas sobre los que había marcadas diferencias (Garfinkel, 1952c: 1).

Schutz enfatiza fuertemente la ausencia de una reflexión acerca de la intersubjetividad en la obra temprana de Parsons:

Schutz consideró indispensable para la fundamentación de las ciencias sociales, el esclarecimiento de la intersubjetividad social, de la interacción y de la comunicación, y consideró estos temas como los más centrales y persistentes de su “teoría pragmática del mundo de la vida” (Srubar, 1988: 207).

En este punto puede ser interesante retornar a nuestros argumentos sobre la reflexión conceptual, particularmente, es posible recuperar la recepción de la reflexión fenomenológica y de la noción de intersubjetividad en el ámbito académico norteamericano. En los años 70, Thomas Owens (1970) escribía que no solo el tópico de la intersubjetividad, sino también el método de la fenomenología eran relativamente “recién llegados” (newcomer) en el ámbito de la filosofía y, en un sentido, habían llegado juntos. Para el autor, desde Descartes, los filósofos han trabajado incansablemente en la explicación de cómo un sujeto conoce un objeto. Pero no fue hasta el siglo XX que comenzaron a preguntarse acerca de una cuestión mucho más fundamental y enormemente más misteriosa: ¿cómo un sujeto reconoce a otro como otro sujeto?

También la fenomenología era una recién llegada a la escena filosófica,[3] especialmente en Norteamérica:

Los profesores europeos que huían del terror nazi, trajeron la fenomenología aquí, sin embargo, fue muchos años después que esta ganó reconocimiento y estatus como método legítimo para la indagación fenomenológica. [Del mismo modo], uno de los problemas más tentadores planteado por los fenomenólogos europeos desde los comienzos del movimiento había sido el problema de la intersubjetividad (Owen, 1970: 1-2).

Desde este esquema interpretativo, es posible comprender la resistencia de Parsons a tomar en consideración tanto la reflexión fenomenológica como el tema de la intersubjetividad, desafío que le planteaba la crítica schutziana. En el seno de la tradición conceptual norteamericana de la época resultaba extraña la indagación fenomenológica, así como la ontología y las preguntas en torno al tiempo y a la intersubjetividad. En esto hay un acuerdo entre los intérpretes: “La posición de Parsons hacia cualquiera que pudiera plantear el problema de la construcción significativa de la acción como un proceso intersubjetivo era necesariamente de hostilidad. En este sentido, Schutz […] fue tratado como un adversario consistente (consistent)” (Fitzhenry, 1986: 157).

Sin embargo, Schutz estaba proponiendo el problema que Parsons y Shills más tarde definirán como el problema de la doble contingencia (Endress, 2009: 387). Parsons acepta este hecho en su estudio retrospectivo del año 1974:

Ahora, a diferencia de la fase de SSA, concibo al sistema social en términos de su constitución por una pluralidad de actores que interactúan mutuamente. Desde el punto de vista de cualquier actor, tanto este como los Otros en cuanto objetos, constituyen la situación de la acción (Parsons, 1974: 117).

Ya había Schutz anticipado estos temas en su estudio crítico: solo las nociones de tiempo e intersubjetividad, elementos centrales en el análisis de los rasgos del mundo social, permiten complementar el esquema parsoniano de modo de superar sus limitaciones. La articulación de las categorías parsonianas –su marco de referencia de la acción– con un fundamento ontológico en el mundo de la vida –centrado en la reflexión filosófica en torno al tiempo y a la intersubjetividad–, constituye, a juicio de Schutz, la exigencia ineludible de modo de evitar el olvido de ese mundo que ha sido reemplazado por las categorías del análisis de Parsons. Como mencionamos, en el centro del análisis está la reflexión en torno a la importancia de la filosofía para las ciencias sociales.

La diferencia entre ambos autores es una diferencia en el “nivel de investigación”. Parsons intenta arribar a una teoría de la acción coordinando los hallazgos de varias ciencias sociales con el fin de desarrollar categorías básicas como “rol, expectativas, etc.”, mientras que Schutz intenta explicar los fenómenos del mundo social en términos de las experiencias que las personas poseen en el mundo de la vida cotidiana y en la actitud natural. Schutz propone que el abordaje parsoniano comience donde el schutziano se detiene. De esta forma los estudios de Schutz estarían preparando un esquema de referencia conceptual consistente para Parsons.

No obstante, Parsons rechaza categóricamente la reflexión ontológica. Y, en consecuencia, la pretensión integradora de Schutz y su meta de complementariedad quedan descartadas enfáticamente en un principio por Parsons, si bien, como demostramos, ciertas reflexiones serán incorporadas en su obra posterior. Ante esta negación a tratar como válidos los problemas planteados por Schutz, este le expresa a Parsons su respeto y su temperamento poco polémico, garantiza no publicar el artículo y promete mantenerlo como una “carta privada” al autor: “Por naturaleza y temperamento estoy siempre inclinado a buscar en la vida científica y cotidiana las bases comunes para la comprensión mutua en lugar de meramente criticar.” (TSA, 96).

Como hemos resaltado, a lo largo del intercambio, Parsons le imputa a Schutz “de principio a fin” una actitud antagónica hacia su posición. Pero Schutz afirma no poseer tal posición en absoluto. Si bien reconoce la existencia de críticas, su interés se centra en demostrar hasta qué punto ambas teorías se unen y complementan. Esa idea de antagonismo aparecerá como una idea dominante en la interpretación posterior de la teoría sociológica acerca de la correspondencia entre los autores.

Efectivamente, al investigar la recepción de la correspondencia en el ámbito de las ciencias sociales, recuperamos y sistematizamos los análisis de los intérpretes que coincide en presentar a ambos autores de modo antagónico, ignorando el sentido originario expresado abiertamente en la correspondencia por Schutz. Los intérpretes introducen el dualismo, en primer lugar, en la obra de Schutz y, en segundo lugar, en el análisis de la correspondencia entre este y Parsons. Como vimos ese marco hermenéutico le adjudica a la perspectiva schutziana un análisis dualista y un énfasis en la dimensión subjetiva en detrimento de lo objetivo. Por otra parte, como mostramos, se interpretan las contribuciones de ambos autores, como proyectos antitéticos y contrapuestos. Esa “antítesis” se basa en una supuesta escisión de la perspectiva teórica de Weber. En el contexto de esta interpretación, la problemática dualista se articula en torno a tres distinciones: los pares conceptuales subjetivismo–objetivismo, apriorismo–empirismo y mundo de la vida–ciencia. Aquí los textos nos plantearon un interrogante bastante claro: ¿por qué la teoría sociológica contemporánea presenta las contribuciones de Schutz y Parsons como antitéticas, si el sentido original pensado por Schutz fue el de complementariedad? ¿Por qué ese sentido originario ha quedado invisibilizado?

Con el objeto de responder a ese interrogante –y tomando esas interpretaciones como punto de partida– recuperamos, a partir de lo que denominamos una genealogía histórico-conceptual, una tradición interpretativa en el pensamiento sociológico que introduce la temática del dualismo en el análisis del intercambio epistolar. Luego de haber analizado sus rasgos más salientes, y valiéndonos del análisis hermenéutico, la genealogía histórico-conceptual de la problemática dualista nos permitió rastrear su génesis en la interpretación de Parsons sobre sus cartas con Schutz, interpretación que ha conseguido imponerse como lectura dominante. En el mismo sentido, demostramos que la interpretación parsoniana no solo ha logrado imponerse como marco interpretativo dominante para la correspondencia, sino que también ha servido como guía para la interpretación dualista que la teoría sociológica hace de la obra de Schutz.

La existencia de este esquema interpretativo en el pensamiento sociológico que introduce la temática del dualismo, cuya génesis puede rastrearse en la interpretación de Parsons, despertó nuestro interés en la pregunta por su legitimidad. Nuestra reflexión conceptual se propuso entonces la “misión”, de inspiración hermenéutica, de cuestionar la obviedad de los conceptos heredados con el fin de fomentar una conciencia crítica de la tradición histórica. En el contexto de estas preguntas, y con el objeto de realizar una recuperación crítica del debate, nuestra investigación puso al descubierto los prejuicios contenidos en la comprensión de esa tradición interpretativa, señalando los equívocos en torno a la lectura dualista de la obra de Schutz y de sus vínculos con Parsons. Con ello se hizo claro el modo en que esas interpretaciones han invisibilizado el sentido originario del trabajo de Schutz al entablar la correspondencia con Parsons.

Así, al avanzar en nuestra indagación, radicalizamos la interpretación señalada por los autores que ponen en evidencia los equívocos y los prejuicios de ese marco interpretativo. Llevamos a cabo esa radicalización a partir de acervos bibliográficos inéditos, que hasta el momento no han sido utilizados para analizar los intercambios, a saber, la correspondencia entre Schutz y Garfinkel a propósito de los intercambios Schutz–Parsons y la tesis de doctorado inédita de Garfinkel.

Con relación al primero de esos ejes, y basándonos en fuentes secundarias, pero fundamentalmente a partir de esos materiales inéditos, pudimos demostrar que, si bien las interpretaciones dualistas presentadas, sostienen que Schutz no analiza el problema del orden social, es posible reconstruir esa problemática en la obra del autor, de modo que es posible hablar de un “Schutz objetivista”. A partir del análisis de Garfinkel mostramos que en Parsons –como consecuencia de sus decisiones epistemológicas– la definición del problema del orden social se establece a partir de un criterio “externo” al mundo social, el criterio del propio observador.

Por su parte, los principios del orden social según Schutz –concepto que, por desgracia, solo ha sido insinuado en su obra– deben buscarse en la constitución del mundo de la vida cotidiana. Como sostienen los intérpretes, siendo alguien que había experimentado de primera mano el modo en el que los mundos de la vida pueden ser destruidos y dislocados a través de sucesos externos, Schutz se ocupó de buscar los fundamentos del orden en ese mundo y no en un criterio ajeno al mismo. La indagación en este ámbito podía servir de contrapunto para aquellos regímenes cuyos esfuerzos de controlar y definir la acción social amenazaba la dignidad y la autonomía del individuo. En este sentido, es claro el compromiso schutziano con la construcción social de la vida cotidiana a través de la acción social, el mundo significativo es constituido, mantenido y alterado a través de las acciones intersubjetivas de los actores. De esta forma se traslada el eje de la pregunta, Schutz no se interroga sobre “cómo puede teorizarse acerca del orden”, sino sobre “cómo se realiza el orden”. En estas dos preguntas está contenida la ya aludida crítica a las idealidades y abstracciones intelectuales que relegan al mundo de la vida y lo destierran del ámbito científico.

Con relación al segundo eje, echamos luz sobre el prejuicio contenido en la interpretación de la obra de ambos autores de modo antitético. Realizamos esa relectura a partir de la interpretación que el mismo Schutz hace de sus vínculos con Parsons y señalamos su intención de complementariedad. De este modo, pudimos reconstruir una “retrospectiva posible” a partir de la correspondencia inédita mantenida con Garfinkel, al recuperar la interpretación de Schutz acerca de sus intercambios con Parsons. Allí fuimos remitidos, tanto por Schutz como por el resto de los intérpretes al análisis de la primera obra del autor, SASW. A fin de hacer explícito su propósito de complementariedad respecto del trabajo de Parsons, basado en su proyecto de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales, Schutz nos referencia a su primera obra. De este modo, resultó importante para nuestra indagación la reconstrucción de ese proyecto y de las preguntas a las que da respuesta ese texto, pues es éste el que opera en el trasfondo del estudio crítico de Schutz a SSA.

Partiendo de la idea gadameriana de horizonte hermenéutico como “el horizonte del preguntar, en el marco del cual se determina la orientación de sentido del texto”, nos propusimos recuperar las preguntas y las respuestas que articulan el primer libro de Schutz, pues son esas mismas preguntas las que dieron sentido a su estudio crítico. De esta forma, recuperamos para nuestra argumentación la pretensión de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales que toma forma en el primer libro de Schutz. Pero más interesante aún fue recuperar las influencias y las discusiones que están en la base de ese libro, pues ellas remiten a los tópicos dualistas criticados por los intérpretes. Fue en ese momento que nos remitimos al contexto intelectual en el que se prepara el proyecto schutziano, esto es, las discusiones entabladas en el seno de la escuela austríaca de economía.

La pertenencia de Schutz a la escuela austríaca de economía fue la clave interpretativa que hizo posible visualizar el círculo intelectual en el cual se gesta la meta de su trabajo filosófico. Al analizar los debates de la tradición austríaca comprobamos que las discusiones y las preguntas que se plantean sus miembros se centran en la problemática dualista y en la distinción conceptual subjetivismo–objetivismo, apriorismo–empirismo y mundo de la vida–ciencia. De este modo, se hizo necesario retroceder en la genealogía histórico-conceptual y rescatar esas preguntas y esas discusiones, pues la reconstrucción de la pregunta a la que da respuesta el texto de Schutz, el horizonte de esa pregunta, es la que daría forma a nuestra interpretación del mismo. En este sentido, la crisis epistemológica que atravesaba la escuela se centraba en los tres tópicos dualistas y Schutz, como miembro de ese círculo de intelectuales, no pudo mantenerse ajeno a ellos. Siguiendo ese lineamiento mostramos la forma en que Schutz, en su primera obra, a partir de la recuperación crítica de la sociología de Weber, da respuesta a tales problemas y articula su proyecto en torno al objetivo de superación de los dualismos.

En principio, Schutz desarrolla un detallado análisis fenomenológico del punto de vista subjetivo y de la acción para el actor desde el punto de vista del yo solitario poniendo en el centro de la escena el estrato de la conciencia temporal interna. En el nivel del yo solitario propondrá una articulación entre subjetivismo y objetivismo superadora del dualismo weberiano. Al trasladar el análisis fenomenológico al corpus weberiano, demostramos la superación del dualismo entre significado subjetivo y significado objetivo. Con ello, develamos como prejuicio el argumento dominante de la interpretación sociológica en torno a la reapropiación schutziana de Weber. Schutz no es un pensador dualista que escinde los elementos del corpus weberiano –esto es, el significado subjetivo respecto del objetivo. Este argumento echó por tierra aquella supuesta radicalización por parte del autor del polo subjetivista. Del mismo modo, en el nivel de la comprensión intersubjetiva Schutz superará la escisión entre apriorismo y empirismo.

A fin de formular su ontología del mundo de la vida, Schutz ubica en centro de la reflexión el análisis de la conciencia temporal interna y el de la intersubjetividad –elementos que habían sido señalados como imprescindibles para fundamentar las abstracciones e idealizaciones de las ciencias sociales. Sin embargo, también demostramos que el estadio de reflexión en torno a los rasgos del mundo de la vida y a la superación del problema del dualismo en ese nivel, es solo una parte de su programa. La ontología del mundo de la vida será el fundamento de la reflexión epistemológica posterior. Denominamos a este objetivo “reivindicación epistémica”, esto es, la necesaria articulación entre el mundo de la vida y el de la reflexión científica. Esa articulación es importante en dos aspectos: el primero, pone al descubierto el carácter infundado de la escisión adjudicada por la interpretación dominante a Schutz entre el mundo de la vida y el de la ciencia; en segundo lugar, la ontología del mundo de la vida en tanto el fundamento de la reflexión científica hace posible la superación de los dualismos.

En relación con esto, tanto en el nivel ontológico como en el epistemológico se da un continuum entre el significado subjetivo y el objetivo. En el mundo de la vida cotidiana –lo que para la tradición hegemónica representa una “antítesis”– se presenta, para Schutz, como un continuum que se pone en evidencia en el análisis de las regiones del mundo social. Las distintas regiones del mundo social hacen manifiesta la existencia de una serie de etapas intermedias entre la comprensión del significado subjetivo y objetivo. El hecho de que la relación cara a cara pueda ocurrir en diversos grados de concreción, desde la forma más íntima y más intensa, hasta la más periférica y fugaz, señala la posibilidad de transición de la experiencia social directa a la indirecta. De este modo, cuanto más anónimo es el tipo personal ideal aplicado, tanto más grande es el uso que se hace de contextos objetivos de significado en lugar de contextos subjetivos. En tanto conceptos básicos de la sociología comprensiva, los tipos ideales pueden ir de la excesiva concreción al anonimato total a partir de los procesos de formalización y generalización. La descripción puede ser empírica o eidética y el grado de anonimato de los constructos ideales utilizados en cada ciencia social, determinarán su actitud respecto del contexto de subjetivo de significado de que ella trata. Pueden tomar como tema el individuo o lo típico; pueden realizarse en situaciones concretas de la vida cotidiana o con un alto grado de generalidad.

De esta forma, y de la misma manera en la que se planteó en el nivel de los rasgos del mundo de la vida, en el nivel de la reflexión científica es claro el interés de Schutz en superar la brecha entre apriorismo y empirismo así como entre subjetivismo y objetivismo, no solo en su concepción de los tipos ideales a priori y empíricos, sino también en su clasificación de las ciencias sociales en teorías puras de la forma y ciencias del contenido ontológicoreal.

Esto constituye la “reivindicación epistémica” schutziana. La nueva perspectiva establecida por Schutz consiste en la incorporación de la noción de mundo de la vida a la reflexión epistemológica en ciencias sociales, es decir, la necesidad de articulación del nivel de los rasgos de ese mundo como el fundamento ineludible de cualquier reflexión en las ciencias sociales. Como demostramos, esa reivindicación comienza a tomar forma en el marco de la crisis epistemológica de la escuela austríaca y en la recuperación crítica de la obra de Weber. A partir de la reconstrucción de las preguntas que están en la base de SASW nos fue posible recuperar ese proyecto. Schutz pone de relieve la prioridad conceptual del mundo de la vida en relación con cualquier especulación científica abstracta y exige remitir cualquier idealización o abstracción creada por la ciencia a ese suelo primigenio. La consecuencia de este proyecto es la superación del dualismo mundo de la vida–ciencia, subjetivismo–objetivismo y apriorismo–empirismo.

La reconstrucción de la meta planteada por Schutz como respuesta a los interrogantes surgidos en el seno de la escuela, constituye nuestra propia interpretación sistemática acerca de lo ya señalado de modo parcial y disperso por otros autores: los equívocos en torno al análisis dualista de su perspectiva. De este modo, la genealogía histórico-conceptual abrió la posibilidad de recuperar las preguntas y las problemáticas que el autor tenía en mente al escribir el estudio crítico a SSA. La apertura de este nuevo horizonte hermenéutico para la comprensión del debate –el que develó la intención originaria del proyecto schutziano de superación del dualismo– nos permitió realizar una recuperación crítica del debate y afirmar, en contraposición a la lectura dominante, que el mismo no debe ser interpretado como una confrontación entre el subjetivismo y objetivismo, sino que debe ser concebido en el marco del proyecto schutziano de superación de todos los dualismos a partir de una fundamentación fenomenológica que recupera el mundo de la vida como fundamento olvidado de las ciencias sociales.

Sin embargo, Parsons “repudia” la reivindicación epistémica schutziana en torno a la reflexión ontológica y la fundamentación filosófica que, para sus categorías, propone Schutz. En consecuencia, el proyecto integrador de Schutz y su intención de complementariedad queda descartado desde el comienzo de forma tajante por Parsons.

¿Qué pasó entonces con el diálogo entre los autores? Si se estableció un “diálogo intelectual” entre ellos, ¿qué tipo de diálogo fue? En sus reflexiones acerca de la conversación y el diálogo, Gadamer[4] presenta una crítica a lo que denomina la “funesta” monologización del pensamiento filosófico. Para ello analiza la incapacidad para el diálogo que se observa en la “clase académica”. Esa incapacidad está aquí en la figura del profesor y, siendo este el auténtico transmisor de la ciencia, la misma radica en la estructura monologal de la ciencia. Desde este punto de vista Parsons “entra” en diálogo y conversación con Schutz, pero desde una actitud monologizante. En la dimensión subjetiva, esa actitud monologizante se expresa en la incapacidad para escuchar. Y para Gadamer, solo no oye, o en su caso oye mal, aquel que permanentemente se escucha a sí mismo. La razón objetiva es la falta de lenguaje común, lo que hace difícil el entendimiento y caracteriza, según Gadamer, la situación monologal de la “civilización científica de nuestros días”. En este sentido, consideramos que el diálogo entre los autores nunca pudo encontrar ese lenguaje común.

Cuando se encuentran dos personas y cambian impresiones hay, en cierto modo, dos mundos, dos visiones del mundo y dos forjadores del mundo que se confrontan: “Ya Platón […] consideró un principio de verdad que la palabra solamente encuentra confirmación en la recepción y aprobación por el otro y que las conclusiones que no vayan acompañadas del pensamiento del otro pierden vigor argumentativo.” (Gadamer, 1998a: 205). Esto es lo que ha sucedido con las conclusiones de Schutz y en ese sentido puede entenderse la negativa rotunda de Parsons a aceptar los problemas propuestos por él. Parsons explicita su desinterés respecto de esos problemas quitándole, de esta forma, vigor argumentativo al pensamiento schutziano “su afirmación acerca de que yo no parezco estar muy interesado en sus problemas tanto como usted está interesado en los míos puede posiblemente ser correcta.” (TSA, 108). Ante esta negativa a aceptar los problemas filosóficos puestos en el centro de la discusión, Schutz se declara “indefenso”: “[…] por supuesto, usted puede argumentar que no está interesado en esos problemas y que no los considera como problemas de una teoría de la acción. Contra tal objeción estoy indefenso.” (TSA, 104).

Como sostiene Gadamer, la conversación con el otro, sus objeciones, su aprobación, su comprensión y también sus malentendidos son una especie de ampliación de nuestra individualidad y una piedra de toque del posible acuerdo al que la razón nos invita. De este modo, es evidente que Schutz, buscaba ese “acuerdo posible” en su diálogo con Parsons. Sin embargo, para él, el acuerdo posible reside en la aceptación mutua de los problemas y no en las conclusiones propuestas, “estoy seguro de que los problemas tratados en el libro son genuinos problemas de las ciencias sociales, los que tienen que ser solucionados de un modo u otro […] los problemas, y no las soluciones, son importantes para nuestra discusión.” (TSA, 110. Nuestro énfasis). En consecuencia, el rechazo parsoniano de los problemas formulados por Schutz derivo en la imposibilidad de establecer un lenguaje común vehiculizador del diálogo.

Es por este motivo que en este trabajo nos propusimos recuperar ese “lenguaje” presentado por Schutz en su conversación, es decir, nos planteamos el objetivo de poner el foco en “los problemas más importantes y centrales de todas las ciencias sociales” y de resituarlos en el contexto de la discusión teórica actual. Entre ellos es posible mencionar la problemática dualista, en tanto marco interpretativo dominante, así como el análisis de su legitimidad y validez. También es posible poner en el centro de la discusión la pregunta en torno al rol que le cabe a la reflexión filosófica, particularmente en lo que atañe a su potencialidad con relación a la epistemología de las ciencias sociales. Fundamentalmente, resulta interesante destacar la discusión acerca de cuál es el puesto que le cabe a la reflexión ontológica. Con esto no es nuestro propósito dar respuestas concluyentes. Siguiendo el sentido expresado por Schutz, podemos decir, que lo importante es recuperar esos genuinos problemas de las ciencias sociales, “que tienen que ser solucionados de un modo u otro”, poniendo el énfasis en la importancia de la discusión acerca de los problemas, más que en las soluciones.

De tal forma, esperamos haber contribuido no solo a la difusión de la correspondencia en el ámbito académico de habla hispana donde ha sido escasamente tematizado, sino también a resituar en el centro de la discusión teórica los problemas referidos a los vínculos entre filosofía, ontología y ciencias sociales, con la expectativa de que ese diálogo abierto por Schutz acerca de estas cuestiones pueda ser continuado en el futuro.


  1. Cfr. “Phenomenology and Cultural Science” (CPIV, 106-109).
  2. Se refiere a la evaluación de su tesis de doctorado.
  3. “[…] la fuente más importante de su propio pensamiento [se refiere al pensamiento de Schutz], la filosofía de Husserl, era desconocida para su público norteamericano.” (Sprondel, 1977: 16).
  4. Cfr. Gadamer (1998a).


Deja un comentario