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1 El “olvido” del mundo de la vida y el intercambio Schutz–Parsons

Iniciar el recorrido que nos hemos propuesto requiere de una exposición de los rasgos más significativos del intercambio Schutz–Parsons. Llevaremos este objetivo adelante, en primer lugar, a partir del estudio crítico de Schutz al libro de Parsons y, luego, revisitando la correspondencia que ese estudio desencadenó. En este desarrollo será nuestro interés resaltar el excesivo énfasis puesto por Parsons en el estudio del ámbito de la teoría y de la “evolución” de los sistemas teóricos, temática hacia la cual apuntará la crítica de Schutz.

Principalmente, Schutz enfatiza el peligro que conlleva el reemplazo de la realidad social por las abstracciones creadas por la ciencia y, asimismo, la necesidad de comprender esa realidad como resultado de la actividad humana. Es con relación a este segundo aspecto –es decir, a la importancia de aplicación del punto de vista subjetivo–, que Schutz articula su estudio crítico, por entender que Parsons “no sigue este principio hasta sus raíces.” (TSA, 36). Sus comentarios señalan el papel clave que desempeña la elucidación ontológica de ese sentido subjetivo para evitar el abandono y la sustitución de la realidad social. Y esa indagación ontológica puede llevarse a cabo únicamente a partir de la comprensión filosófica. En tal sentido, afirmará que la tarea de las ciencias sociales no puede ser considerada como una mera descripción empírica de los hechos, sino que “toda descripción verdadera” presupone una comprensión filosófica de la actividad humana “a la cual todo fenómeno social debe referir.”

1. Los objetivos planteados por Parsons en La Estructura de la Acción Social

Como fue mencionado, el primer libro publicado por Parsons es el objeto del estudio crítico schutziano, el cual desencadena la correspondencia posterior entre ambos. Describiremos los principales objetivos, argumentos y conclusiones planteados en el libro, siguiendo el razonamiento de Schutz[1] y los subrayados y notas marginales de la versión del libro proveniente de su biblioteca personal.[2] Asimismo, completaremos el análisis valiéndonos de otros marcos interpretativos.

1.1. La fundamentación de los conceptos científicos

En su libro Parsons sostiene la defensa de dos tesis: la primera, acerca del progreso de las teorías científicas en general; la segunda, sobre la teoría de la acción en particular (Kassab, 1991: 12). La hipótesis de trabajo que guía su investigación plantea que se ha producido un desarrollo “inmanente” dentro del cuerpo de la teoría social y del conocimiento de los datos mismos (SSA, 5). Para el desarrollo de la primera tesis, Parsons presenta una serie de precisiones metodológicas preocupándose por definir el significado de lo que él denomina “cuerpo de la teoría social” así como del “conocimiento de los hechos empíricos.” Esas precisiones refieren no solamente a los vínculos recíprocos entre ambos, sino también al sentido en el cual se puede hablar de un “progreso” del cuerpo de la teoría científica.

1.1.1. Primera tesis: el progreso de las teorías científicas

Parsons está interesado en demostrar que la evolución de las teorías científicas ocurre a través del desarrollo de dos operaciones distintas e independientes: el desarrollo teórico y la observación empírica. Esa distinción tendrá consecuencias importantes a lo largo de toda su reflexión, dado que tiene como trasfondo una escisión conceptual entre el dominio de la realidad y el de la reflexión científica. De acuerdo con esto y, contra los empiristas positivistas y los idealistas, la ciencia no se desarrolla ni sobre meditaciones puramente teóricas, ni sobre la acumulación de datos empíricos. Parsons observa que, en muchas otras concepciones del desarrollo científico, el rol de la teoría es negado completamente o reducido a un mínimo en oposición al valor que se le otorga a las generalizaciones que parten de los hechos. Según esas concepciones, el progreso de la ciencia es imputado a la aparición de nuevos hallazgos empíricos, los que ocurren independientemente de la teoría. En esa perspectiva, la teoría cambia en función de los nuevos descubrimientos. Sin embargo, la teoría científica “definida generalmente como un cuerpo de conceptos generales lógicamente relacionados de referencia empírica.” (SSA, 6) es, para el autor, una variable no solo dependiente, sino también independiente del desarrollo de la ciencia. Es independiente, en el sentido de que el cuerpo de teoría en un campo determinado en un momento determinado constituye un sistema “integrado” de proposiciones generales, lo que significa que cualquier sistema de teoría posee una determinada estructura lógica. Es dependiente, en el sentido de que las proposiciones de ese sistema hacen referencia a los hechos empíricos. Así, una “proposición teórica […] es una afirmación acerca de un hecho o una afirmación acerca del modo de relación entre hechos.” (SSA, 7).

Pero la importancia de los hechos es solamente una cara del asunto. Una teoría también señala qué hechos empíricos deben ser observables en un conjunto de circunstancias dadas. Interdependencia no significa ausencia de independencia. La teoría no cambia únicamente bajo el impacto de los nuevos hallazgos empíricos, sino que posee un desarrollo propio inmanente que influye, a su vez, en el descubrimiento de los hechos. Parsons argumenta que el conocimiento científico, así como su progreso, involucra dos aspectos distintos y a la vez interdependientes, la teoría y los hallazgos empíricos: “Hay pues un proceso recíproco: orientación por las expectativas derivadas de un sistema de teoría hacia campos de investigación empírica y subsiguiente reacción de los resultados de esta investigación sobre la teoría.” (SSA, 9. Nuestro énfasis).

Por otra parte, no solo las proposiciones teóricas están en mutua interrelación lógica, de modo que puede decirse que constituyen “sistemas”, sino que debería intentarse que los sistemas teóricos fueran “lógicamente cerrados.” El sistema adquiere esta característica cuando cada una de las implicaciones lógicas que cabe derivar de cualquier proposición del sistema encuentra un enunciado en otra proposición del mismo sistema. Esto no significa que todas las demás proposiciones deban ser derivadas lógicamente de cualquier otra. Por el contrario, si esto fuese cierto, la teoría científica sería pura tautología. La importancia de esto radica para Parsons en que si las proposiciones explícitas de un sistema no constituyen un sistema lógicamente cerrado en este sentido, cabe deducir que los argumentos invocados descansan, en cuanto a su fuerza lógica, sobre una o más suposiciones no enunciadas (SSA, 10). Las consecuencias de estas consideraciones justifican la afirmación de que todo conocimiento empíricamente verificable, supone implícitamente, sino explícitamente, una teoría sistemática. Básicamente Parsons entabla una crítica contra aquellas posturas que presentan los hechos y los dejan “hablar por sí mismos”.

En SSA Parsons explica la importancia de los conceptos científicos para el conocimiento empírico y presenta una detallada y compleja clasificación. Con relación al primer punto sostiene que “[r]esulta fundamental el hecho de que no hay conocimiento empírico que no esté en algún sentido y en cierto grado formado conceptualmente […] Todas las observaciones empíricas se realizan en términos de un esquema conceptual.” (SSA, 28).

Con relación al segundo punto, argumenta que entre esos esquemas conceptuales deben distinguirse tres tipos: marcos de referencia descriptivos, concepto de unidad o parte y concepto de elementos analíticos.[3] En primer lugar, Parsons menciona los marcos de referencia descriptivos. La descripción de los hechos “implica un esquema conceptual en estos términos, esto no conlleva meramente una reproducción de la realidad externa, sino un ordenamiento selectivo de la misma.” (SSA, 28. Énfasis de Alfred Schutz).

Sin embargo, debe aclararse, que la mera ubicación en términos de tal esquema no explica nada por sí solo. Los mismos hechos empíricos pueden, de acuerdo con el propósito que se tenga, ser establecidos en términos de más de un esquema. Sobre todo, debe enfatizarse que, de acuerdo al propósito científico que se tenga en vista, los mismos hechos empíricos pueden ser establecidos en términos de más de uno de tales esquemas, los que están relacionados entre sí no solo en el sentido de que uno constituye un caso especial de otro, sino que éstos se trascienden mutuamente. Parsons recupera los aportes de Florian Znaniecki quien señaló que “los mismos hechos acerca del ‘hombre en sociedad’ pueden ser formulados en cualquiera de cuatro esquemas distintos de este carácter, a los que denomina (a) ‘acción social’, (b) ‘relaciones sociales’, (c) ‘grupos sociales’ y (d) ‘personalidad social’.” (SSA, 30. Énfasis y agregados de Alfred Schutz).

El segundo esquema conceptual se refiere a la explicación teórica. Esa explicación “exige que el objeto de interés se descomponga en elementos más simples que sirvan como unidades de uno o más sistemas teóricos, de acuerdo con los cuales será explicado.” (SSA, 31). Esa descomposición en elementos más simples debe realizarse en dos direcciones. Por un lado, si el fenómeno representa un todo mecánico, la descomposición permite obtener unidades reales que pueden ser estudiadas. Pero si el fenómeno bajo estudio es un todo orgánico, entonces el proceso de descomposición en unidades puede ser únicamente hipotético. Tanto la mente (mind) como la sociedad son, para Parsons, ejemplos de “todos orgánicos”. En estos casos, el concepto de “parte” asume un carácter abstracto y “ficticio”. De todos modos, reales o hipotéticas, las partes o unidades continúan siendo útiles para Parsons y constituyen conceptos indispensables para la ciencia: “La legitimidad científica y el carácter indispensable de tales conceptos no debe ser cuestionada. Sin ellos no podría haber ciencia.” (SSA, 33).

Las afirmaciones generales acerca del comportamiento posible o probable de tales “partes” concretas o hipotéticamente concretas de un fenómeno concreto, o varias combinaciones de ellas, bajo ciertas circunstancias típicas dadas, se denominan “generalizaciones empíricas” (SSA, 33). Es a este tipo de conceptos, principalmente a las “unidades”, a las que Parsons le dedica mayor atención. Esto significa que en el estudio de la acción social, el énfasis estará puesto en el acto “unidad” y en los sistemas de tales unidades.

Por último, el tercer tipo de conceptos se denomina “analítico”. Ese tipo de conceptualización presupone a la anterior, puesto que cualquiera sean las unidades o partes concretas, o hipotéticamente concretas, en las que se descomponga un fenómeno complejo concreto, estas unidades, una vez establecidas, tendrán por necesidad lógica atributos o cualidades generales (SSA, 34). Los elementos analíticos son las propiedades generales de las unidades. Ellos son los universales y en sus términos se determinan los valores característicos de las unidades dadas. Ejemplo de tales propiedades son la masa o la velocidad de una partícula o la racionalidad de un acto determinado: “Se aplicará el término elementos analíticos a los atributos generales de los fenómenos concretos relevantes dentro de la estructura de un esquema de referencia descriptivo dado, y a ciertas combinaciones de ellos.” (SSA, 34). Un elemento analítico es una abstracción que refiere a una propiedad general, mientras que lo que realmente observamos es solamente un “valor” concreto en el caso concreto.[4] Los modos uniformes de relación entre los valores de los elementos analíticos se denominan “leyes analíticas”.

Para los propósitos de su estudio, Parsons sostendrá que cualquier “sistema teórico” debe involucrar los tres tipos de conceptos, pero su foco de interés estará en la “parte” o la noción de unidad, esto es, en las unidades y en sus interrelaciones estructurales a partir de las cuales se forman los sistemas concretos.

El tratamiento de las partes o las unidades de los sistemas de acción cae entonces bajo dos categorías: la definición y la clasificación de las unidades elementales y la determinación de las relaciones relevantes de esas unidades en sistemas. A estas últimas se las denomina relaciones estructurales. El principal marco del estudio de Parsons puede ser considerado un análisis del aspecto estructural de los sistemas de acción, en otras palabras, su “anatomía”. Conviene llamar la atención sobre el hecho de que “con relación al mismo fenómeno concreto es posible realizar el análisis estructural en muchos niveles diferentes. Las relaciones mutuas de los cuatro esquemas antes mencionados (Znaniecki) son primariamente aquellos niveles diferentes en los que se describe la estructura social […] De entre estos cuatro […] el que interesa aquí, y el que puede ser considerado el más elemental, es el de la ‘acción’.” Por consiguiente, el análisis que se lleva a cabo en SSA, no es un análisis de la estructura social en todos los términos posibles, “sino únicamente en tanto se formule en términos del esquema de acción. De ahí el título del libro La Estructura de la Acción Social.” (SSA, 39. Énfasis de Alfred Schutz).

1.1.2. Segunda tesis: la teoría de la acción social

El estudio de Parsons se propone verificar empíricamente la visión desarrollada en el apartado anterior acerca de la naturaleza de la ciencia y de su desarrollo en el campo social. Aquí es donde entra en juego la segunda tesis que mencionamos. El autor reclama para su propia teoría del desarrollo científico un estatus científico, proponiendo corroborarla y verificarla en un estudio empírico de la transformación de una teoría específica: la teoría de la acción social.[5] Su libro presenta un estudio de la evolución de un sistema teórico coherente denominado teoría voluntarista de la acción y de la definición de los conceptos generales que componen ese sistema teórico. Desde el punto de vista histórico, el interés reside en el proceso de transición de una fase de desarrollo a otra distinta. Parsons parte del análisis del sistema “positivista” de la teoría de la acción y su variante “el sistema utilitario”. Sin embargo, se centrará en el proceso de emergencia de ese sistema teórico particular al que denomina la teoría voluntarista de la acción.

La investigación empírica que intenta llevar adelante toma como objeto el trabajo de cuatro científicos sociales: Alfred Marshall, Vilfredo Pareto y Emile Durkheim, entendidos por Parsons como pertenecientes a la tradición positivista, y Weber, perteneciente a la tradición idealista. El interés central del estudio está puesto en el desarrollo de un sistema teórico coherente particular de teoría, como un ejemplo del proceso general “inmanente” de la ciencia en general: “Este trabajo intenta presentar un estudio monográfico de un problema particular en la historia del pensamiento social reciente, esto es, la emergencia de un sistema teórico que ha sido denominado ‘teoría voluntarista de la acción’.” (SSA, 14).

Su tesis sostiene que el desarrollo de la teoría científica de la acción social, que se evidencia en el trabajo de esos cuatros pensadores, muestra una convergencia hacia concepciones comunes. Esas conclusiones, a las que llegan los cuatro pensadores por diferentes caminos, complementan o modifican, en cierta forma, los modelos iniciales de la acción humana con los cuales ellos habían comenzado en el marco de sus respectivas tradiciones. Todos esos trabajos “evolucionan” hacia una teoría de la acción única, que Parsons denomina “teoría voluntarista de la acción” y que, a su criterio, da cuenta de la totalidad de los aspectos fundamentales que constituyen la estructura de la acción social.

Parsons demostrará que esos pensadores han llevado a cabo adelantos significativos en sus teorías iniciales por medio del desarrollo de categorías residuales,[6] fundamentalmente aquellas relacionadas a la categoría de valores. Todos llegan, de acuerdo a Parsons, a la afirmación de que los valores comunes, tanto en las sociedades como en los grupos sociales, constituyen un elemento importante en la acción social.

1.1.3. Los principios de la teoría voluntarista de la acción

Siguiendo el razonamiento de Parsons, toda observación científica de los hechos debe ser realizada dentro de un esquema conceptual, el cual funciona como un esquema general de referencia. Para las ciencias sociales, ese esquema general de referencia es, de acuerdo con las opiniones convergentes de los cuatro sociólogos analizados, la teoría de la acción. Eso significa que cualquier fenómeno perteneciente al ámbito de las ciencias sociales puede ser descrito como un sistema de acciones humanas que siempre puede dividirse en “actos unidades” últimos, cualquiera sea el nivel de análisis empleado. La descripción de los componentes concretos de los sistemas de acción y de los actos unidad no comprende todos los hechos posibles que pueden ser conocidos acerca del fenómeno en cuestión, sino solo aquellos que son relevantes dentro del marco de referencia de la acción.[7]

Como fue señalado, toda conceptualización científica de un fenómeno social concreto, de sistemas concretos de acción, implica que estos pueden siempre ser divididos en aquellas unidades o partes que Parsons denomina acto unidad. Un acto unidad tiene las características que se detallan a continuación:

  1. El acto implica un agente, un “actor”
  2. El acto debe tener un “fin”: un futuro estado de cosas hacia el cual está orientado el proceso de acción
  3. El acto debe iniciarse en una “situación”, la cual es “analizable” a partir de dos elementos: las “condiciones” de la acción, sobre las que el actor no tiene control, y los “medios” sobre los cuales tiene control
  4. El acto involucra un cierto modo de relación entre esos elementos, una “orientación normativa” de la acción

Esto significa que, en tanto la situación permita alternativas, en el proceso de elección de los medios alternativos para alcanzar un fin, hay una “orientación normativa” de la acción. Dentro del área de control del actor, los medios empleados no pueden ser concebidos, en general, como elegidos al azar o como exclusivamente dependientes de las condiciones de la acción, sino que deben, en algún sentido, estar sujetos a la influencia de un factor selectivo independiente y determinante, del cual se necesita un conocimiento a fin de comprender un curso concreto de acción. La característica básica del concepto de acción es que posee una orientación normativa: “[…] el discernimiento de los modos posibles de orientación normativa de la acción es una de las cuestiones más importantes con la cual se confrontará este trabajo.” (SSA, 45).

Este marco de referencia de la acción parsoniano es subjetivo en un sentido particular, es decir, trata con fenómenos, cosas y eventos tal como aparecen desde el punto de vista del actor cuya acción está siendo analizada. Por supuesto que los fenómenos del mundo externo juegan un rol importante e influyen sobre la acción. Sin embargo, en tanto se analicen desde el prisma de este esquema teórico particular, deben poder reducirse a términos subjetivos. El punto de vista subjetivo será central en el esquema de Parsons, quien señalará que, a diferencia de las ciencias físicas, los fenómenos bajo estudio poseen un aspecto subjetivo que es relevante científicamente: “El sentido objetivo significará siempre en este contexto desde el punto de vista del observador científico de la acción y por subjetivo desde el punto de vista del actor.” (SSA, 46. Énfasis en el original). De este modo, la unidad de referencia que considera Parsons para su indagación es el actor en el sentido de “ego” o “self”. Sin ese punto de vista subjetivo, la teoría de la acción perdería sentido. Es el ámbito de aplicación del punto de vista subjetivo el único que constituye el esquema de referencia denominado teoría de la acción.

Volviendo al tema de los elementos normativos de la acción humana, Parsons sostendrá que las personas no solo responden a estímulos, sino que, en cierto sentido, intentan conformar su acción a los modelos que son estimados como deseables, tanto para el actor como para otros miembros de la misma colectividad. La orientación normativa es fundamental para el esquema de acción del mismo modo en que el espacio es fundamental para la mecánica clásica; en términos del esquema conceptual dado, no hay tal cosa como la acción excepto por el esfuerzo de conformar con ciertas normas. De la misma manera en que no hay tal cosa como el movimiento excepto como un cambio en la ubicación en el espacio.

Al respecto, es clara la escisión que realiza Parsons entre la reflexión científica y la realidad del mundo social. Puesto que no es necesario plantear la pregunta en torno a si el comportamiento humano está “en realidad orientado normativamente”, pues para los propósitos de su trabajo:

[…] el concepto normativo es definido solo con referencia al lugar que ocupa en un sistema teórico particular, no en términos ontológicos. Esto significa que su estatus ontológico es relativo al sistema teórico como un todo, el cual es, a su vez, una fase de una pregunta aún más amplia acerca del estatus del sistema de teoría científica […] Esta pregunta está fuera del alcance del presente estudio. El mismo no se preocupa por las implicaciones filosóficas de la teoría de la acción, excepto de modo negativo, para rechazar los intentos de fundarla sobre bases a priori (SSA, 77. Nuestro énfasis).

A partir de esta frase, es posible concluir que el interés de Parsons se centra en el análisis de la teoría científica y en su evolución hacia una orientación normativa. Parsons focaliza sus reflexiones exclusivamente en el nivel de la reflexión científica y en la “evolución” de un sistema teórico particular. Quedan excluidas la reflexión filosófica y la elaboración de una ontología valida para la descripción de los rasgos del mundo social. Más adelante plantearemos las consecuencias que conlleva esta escisión para Schutz, particularmente en términos de posibilidad o imposibilidad de fundamentación de los conceptos científicos.

1.2. El “dilema utilitario”

El objetivo de Parsons, en este marco, es seguir en detalle el proceso de cambio fundamental de la estructura de ese sistema teórico particular de las ciencias sociales, la teoría de la acción. Se afirma que existe una continuidad de modelos conceptuales básicos que se mantienen inmodificables en el curso de su desarrollo. A fin de llevar adelante su objetivo, realiza un análisis de la historia de ese sistema en el pensamiento occidental europeo. Particularmente, le interesa la transición de una teoría positivista de la acción a un subsistema radicalmente diferente de ese último denominado teoría “voluntarista” de la acción. En especial, centra su interés en la versión utilitaria del positivismo, que constituye el punto de partida para el análisis de las alternativas que se abren. Su rasgo más distintivo es el atomismo de los actos unidades racionales. La transición de la que habla Parsons consiste en abrir aquellas posibilidades que son perfectamente consistentes con el esquema general de la acción, pero que implican un abandono respecto de la versión positivista del mismo.

Con relación al “atomismo” característico de la versión utilitaria del positivismo, Parsons sostiene que el efecto general de los elementos individualistas de la tradición cultural europea ha sido el de enfatizar el carácter aislado de los diferentes individuos que componen la sociedad, particularmente con relación a sus fines. Como resultado de esto se inhibió la elaboración de algunas de las más importantes posibilidades de la teoría de la acción, particularmente aquellas vinculadas a la integración de los fines en sistemas, especialmente aquellas que involucran a una pluralidad de actores.

Al no distinguir entre fines de la acción en el sentido analítico y elementos de la acción pertenecientes a la situación, el positivismo parte del supuesto de que los fines se deben tomar como dados, no solo en términos analíticos, sino sobre bases empíricas, bajo el supuesto de que ellos varían de modo aleatorio con relación al vínculo medios-fines y a su componente central: el conocimiento que posee el actor de la situación. Sin embargo, según el análisis parsoniano, el pensamiento positivista queda atrapado en lo que él denomina “dilema utilitario” con relación al estatus de los fines:

Esto es, o bien la agencia activa del actor en la elección de los fines es un factor independiente en la acción y, en tanto elemento del esquema, resulta aleatorio; o bien las implicaciones objetivas de la aleatoriedad de los fines es negada. Sin embargo, esta negación implica que esos fines sean asimilados a las condiciones de la situación, es decir, a elementos analizables en términos de categorías no subjetivas, principalmente herencia o entorno […] Este dilema utilitario resulta ser de una importancia cardinal (SSA, 64).

Como vemos, el dilema se centra en un dualismo subjetivismo–objetivismo: o se enfatiza la aleatoriedad de los fines y, con esto, la agencia del actor, o se la niega y los fines quedan asimilados a las condiciones de la situación. En el primer caso, se niegan las implicancias objetivas de la aleatoriedad; en el segundo, los fines son asimilados en términos de categorías no subjetivas. La negativa a aceptar el dilema constituye el punto de partida de las teorías voluntaristas que Parsons intenta sintetizar en su propio esquema teórico.

Una fase en el desarrollo de este individualismo positivista de la teoría de la acción la ocupa la reflexión hobbesiana acerca del problema del orden social. En SSA, Parsons analiza el modo en que los cuatro sociólogos superan, por así decirlo, el esquema positivista de la teoría de la acción a favor de una teoría voluntarista. Esa teoría voluntarista se caracteriza por la introducción en el esquema positivista de un sistema de valor último, que está integrado a la aleatoriedad de los fines, pero no se reduce a él. Para vincular los elementos normativos a las condiciones de la acción se desarrolla la noción de “esfuerzo”.

1.3. El problema hobbesiano del orden social como “caso puro” de utilitarismo

El sistema de teoría social hobbesiano es un “caso puro de utilitarismo” en el sentido en el que fue desarrollado más arriba. De acuerdo con Parsons, Hobbes analiza las “condiciones últimas de la vida social” (SSA, 89). Desde este esquema conceptual el hombre está guiado por una pluralidad de pasiones y lo bueno es simplemente aquello que el hombre desea. Sin embargo, existen severas restricciones con relación a la realización de aquello que el hombre desea, limitaciones que descansan, primariamente, en la relación de los hombres entre sí. Al ser los deseos aleatorios y, de ahí, al ser las pasiones –los últimos fines de la acción– diversas, no hay nada que impida que su logro derive en un conflicto. La base de la acción humana descansa en las “pasiones”, las que constituyen fines de la acción variables aleatoriamente. En la persecución de esos fines, los hombres actúan racionalmente, eligiendo, en el marco de las limitaciones de la situación los medios más eficientes. Sin embargo, esa racionalidad está estrictamente limitada a las pasiones, la razón es “esclava de la pasión”.

El problema se le presenta a Hobbes cuando intenta pasar del nivel analítico al nivel empírico. Aquí se encuentra con un dualismo entre esos dos niveles. Según Parsons, esta constituye la mayor dificultad empírica del pensamiento utilitario la que “formará el principal hilo de la discusión histórica del sistema utilitario”:

Sin embargo, Hobbes va mucho más lejos que meramente definir con extraordinaria precisión las unidades básicas de un sistema utilitario de la acción. Sino que continúa deduciendo el carácter del sistema concreto que resultaría si fueran, de hecho, tal y como habían sido definidas. Al hacer esto se involucra en un problema empírico con el que todavía no nos hemos topado, ya que la discusión ha estado confinada a definir las unidades y a observar simplemente sus relaciones lógicas en el marco del pensamiento utilitario: el problema del orden. Este problema, en el sentido en el que Hobbes lo planteó, constituye la dificultad empírica más importante del pensamiento utilitario (SSA, 91).

Las conclusiones centrales en las que converge la evolución del pensamiento de los estudios analizados por Parsons, consisten en el establecimiento de la orientación normativa como una estructura constitutiva e indispensable de la acción social. La orientación normativa se refiere a la orientación de los actores sociales con relación a las normas y a los valores sostenidos en común en una sociedad dada. Solo tal orientación garantiza, a juicio de Parsons, un mínimo de armonía y de orden requeridos para el mantenimiento de la sociedad como una colectividad y para evitar el caos. Esa es la solución propuesta para el problema del orden social tal como es formulado por Hobbes.[8] La insistencia en el aspecto normativo de la acción social es lo que caracterizará la teoría voluntarista de la acción.

Parsons plantea una distinción entre orden normativo y orden factual. Este último resulta comprensible en términos de teoría lógica –particularmente de la ciencia– y cualquier aleatoriedad es incomprensible y pasible de análisis inteligible. El orden normativo, por su parte, es relativo a un sistema de normas y de elementos normativos dados, sean estos fines, reglas o normas. El orden, en este sentido, significa que el proceso se desarrolla en conformidad con el camino delineado por el sistema normativo.[9]

Aquí aparecen los dos rasgos normativos característicos del esquema utilitario: los fines y la racionalidad. Para Hobbes, dado que el hombre posee pasiones y busca alcanzarlas de un modo racional, el problema que surge es si o bajo qué circunstancias, esto es posible en una situación social donde existe una pluralidad de hombres actuando en una relación recíproca:

Y es que, en el supuesto de la racionalidad, los hombres intentarán alcanzar sus fines por los medios más eficaces a su alcance. Empíricamente, resulta que entre sus fines está el alcance del reconocimiento de los demás. Y para ellos, en condiciones sociales, los servicios de los demás se encuentran, siempre y necesariamente, entre los medios potenciales para sus fines. Para asegurar estos dos, reconocimiento y servicio, sea como fines últimos, sea como fines próximos, los medios más inmediatamente eficaces, en último término, son la fuerza y el fraude. En el postulado utilitario de la racionalidad, no hay nada que excluya el empleo de estos medios. Pero el efecto de su empleo ilimitado es que los hombres “intentarán destruirse o someterse mutuamente” (SSA, 92).[10]

Una reconstrucción teórica radical de ese dilema fue analizado en el proceso reflexivo de Marshall, Pareto y Durkheim. Desde ese punto de vista, la acción debe pensarse como involucrando un estado de tensión entre “dos órdenes distintos de elementos, el normativo y el condicional”. La acción es, de hecho, el proceso de alteración de los elementos condicionales en dirección a la conformidad con las normas. De este modo, las condiciones deben ser concebidas en uno de los polos, los fines y las reglas normativas, en el otro, los medios y el esfuerzo son los eslabones que conectan a ambos (SSA, 732). [11]

2. El estudio crítico de Schutz a La Estructura de la Acción Social

El énfasis desmedido puesto por Parsons en el estudio del ámbito de la teoría y de la “evolución” de los sistemas teóricos, será uno de los principales ejes hacia los cuales estará dirigido el estudio crítico de Schutz. Fundamentalmente, y como será mostrado más adelante, en consonancia con las preguntas y las reflexiones de su “período europeo”, Schutz enfatiza el peligro de desplazamiento de la realidad social por las abstracciones creadas por la ciencia.

En este marco, la primera observación crítica de Schutz, se refiere al concepto de “hecho” que es definido por Parsons como una afirmación empíricamente verificable acerca de un fenómeno en términos de un esquema conceptual. Esto significa que un hecho no es en sí mismo un fenómeno, sino una proposición acerca de uno o más fenómenos (SSA, 41). Para Parsons, todas las teorías científicas están formadas por hechos y por afirmaciones sobre las relaciones entre hechos. Sin embargo, esto no implica que los hechos incluidos en cualquier teoría sean las únicas proposiciones verificables que pueden realizarse acerca del fenómeno al que refieren. Un sistema de teoría científica es generalmente abstracto precisamente porque los hechos que expresa no constituyen una descripción completa del fenómeno concreto en cuestión, sino que este es establecido “en términos de un esquema conceptual”. Este último solo incluye hechos relativos a fenómenos importantes para el sistema teórico que se está empleando en aquel momento (SSA, 41). Todo conocimiento empíricamente verificable involucra teoría sistemática, es decir, los hechos de los cuales se ocupa la ciencia son importantes en cuanto son relevantes para el problema teórico de investigación. De este modo, “los hechos no cuentan su propia historia; ellos deben ser interrogados, analizados, sistematizados, comparados e interpretados.” (SSA, 698).

Schutz acuerda con la afirmación de Parsons respecto de que todos los conceptos científicos de los hechos sociales “ya presuponen una teoría consciente o inconsciente de la estructura del mundo social” y que esta teoría determina tanto la elección de los problemas como la dirección del interés respecto a la selección de los hechos. También concuerda con Parsons en que este punto de vista constituye la base común de la metodología de los cuatro sociólogos analizados. Sin embargo, la crítica de Schutz se dirige a la definición que hace Parsons de los hechos, a la que califica de “peligrosa”. Esta definición, según su punto de vista, confunde tres categorías esenciales de la epistemología de las ciencias: en primer lugar, los hechos y los fenómenos tal como se presentan a la mente humana; en segundo lugar, la interpretación de esos hechos y fenómenos en el marco de un esquema conceptual; y, por último, las afirmaciones acerca de los hechos y su interpretación. Como mostraremos más adelante en detalle, desde la perspectiva schutziana es necesario, en primer lugar, re(con)ducir la realidad a la intencionalidad, esto es, a su origen en la conciencia subjetiva. En segundo lugar, puede analizarse el proceso retrospectivo de reflexión acerca de los objetos intencionales, puesto que, aquello que aparece en la reflexión como el fenómeno es el objeto intencional, aquello que es pensado, percibido, temido, etc. Y, finalmente, es posible hablar de la afirmación e interpretación de los hechos desde la reflexión científica. De modo que Parsons estaría pensando solamente en el tercer nivel, esto es, en el de la interpretación de los hechos desde la reflexión científica, desentendiéndose de los procesos de constitución de los objetos en la conciencia intencional subjetiva.

Por otra parte, según Schutz, las afirmaciones de la física tratan con los fenómenos del mundo natural referidos a un esquema conceptual, pero “ningún físico estaría de acuerdo en sustituir los hechos mismos que observa y que constituyen el objeto de sus experimentos por las afirmaciones sobre estos fenómenos.” (TSA, 10). Además, la estructura de un hecho social es mucho más compleja que la de un hecho en el mundo de la física. Mientras que en las ciencias naturales los hechos pueden ser completamente descritos y realmente clasificados sin recurrir a su “genealogía”, los hechos sociales deben ser comprendidos, y esto significa que ellos deben ser interpretados como resultado de “la actividad humana” y dentro del esquema conceptual de motivaciones y metas que ha conducido al actor a actuar como lo hizo. En estas observaciones se hacen claros dos elementos, en primer lugar, el riesgo de reemplazar los hechos por las afirmaciones y abstracciones científicas y, por otra parte, la necesidad de comprender esos hechos como resultado de la actividad humana.[12]

Pero no solamente en el nivel de la teoría científica, sino también en el del conocimiento de sentido común, debe aplicarse esta técnica de interpretación de los hechos sociales. Según Schutz, si la definición de Parsons de los hechos es aceptada como punto de partida, se vuelve bastante difícil determinar la línea de demarcación entre la interpretación de sentido común de los hechos sociales y las afirmaciones científicas acerca de los hechos sociales. En este sentido, la discusión concierne “al principio de la estructura de los hechos sociales más que a una diferencia puramente terminológica.” (TSA, 11).[13]

Estas observaciones críticas realizadas en la discusión sobre la noción de “hecho” como una “afirmación acerca de” un fenómeno dentro de un esquema conceptual pueden ser completamente aplicadas a la definición de norma como una descripción verbal de un curso de acción. Según Schutz, “Parsons tiene una tendencia a sustituir los fenómenos con los que está tratando por las afirmaciones.” (TSA, 13. Nuestro énfasis). Nuevamente aparece en Schutz la idea de “sustitución” de los fenómenos sociales por las afirmaciones propias de la reflexión científica.

En ambos casos, Parsons reemplaza el punto de vista subjetivo por las objetividades propias de la ciencia. Desplaza al sujeto actuante, concreto, y al mundo de la vida como formación subjetiva. A juicio de Schutz, Parsons está en lo correcto cuando sostiene que una teoría de la acción carecería de sentido sin la aplicación del punto de vista subjetivo, pero, según su punto de vista, Parsons se queda en un nivel superficial de indagación. Es a partir de esta consideración que se estructura su estudio crítico. Schutz se centrará en algunos temas de discusión que, a su entender, resultan incompatibles con el punto de vista subjetivo. Con estos comentarios, aparece en su tratamiento, la necesidad de clarificar ese sentido subjetivo a partir de la reflexión ontológica, con el fin de eludir el abandono de la realidad social. En tal sentido, antes de adentrarse en la crítica detallada a los tópicos parsonianos, Schutz declara su aprecio por un punto de vista fundamental, esto es, que la tarea de las ciencias sociales no puede ser considerada como una mera descripción empírica de los hechos, sino que “toda descripción verdadera presupone una comprensión teórica de la esencia de la actividad humana, a la cual todo fenómeno social debe referir.” (TSA, 22. Nuestro énfasis). Asimismo, se lamenta del hecho que Parsons “haya renunciado intencionalmente al examen de la fundamentación filosófica” en la que debe basarse una correcta metodología de las ciencias sociales. Una investigación de esos problemas fundamentales del conocimiento hubiese contribuido, en buena medida, a la claridad y a la coherencia del trabajo de Parsons. Es en esta dirección que hace explícito su “acuerdo” no solo con las actitudes básicas de Parsons, sino también con la mayor parte de sus resultados y aclara que no realiza sus observaciones con una “intención polémica”, sino con el “propósito de ensanchar y profundizar las discusiones sobre algunos de los problemas más cruciales de las ciencias sociales”. En lo que sigue, desarrollaremos en detalle el estudio crítico de Schutz a SSA valiéndonos del esquema de títulos utilizados por el editor de la edición en inglés.[14]

2.1. El concepto de niveles concretos y analíticos

La distinción entre los dos niveles del esquema de acción, el concreto y el analítico, es fundamental en la teoría de Parsons. En el nivel concreto, todos los sistemas de acción pueden descomponerse en actos unidades con actores concretos, medios concretos y fines concretos. En el nivel analítico, sin embargo, el análisis conduce a elementos analíticos, o también denominados “universales”. Además, en este nivel, el esquema de acción que garantiza el punto de vista subjetivo adquiere un significado diferente del que posee en tanto esquema descriptivo. En primer lugar, aquello que se denomina nivel puede ser definido como el ámbito actual de la investigación científica cuyos límites están delimitados por el problema que se está examinando. Al encarar el estudio de un tópico de interés particular, el científico toma una doble decisión: por un lado, decide estudiar aquellos fenómenos relevantes para su problema y lo hace solo en tanto son relevantes para ese problema; por otra parte, decide aceptar el resto de los elementos de su conocimiento como datos que permanecen “fuera de cuestión”. Sin embargo, la diferenciación entre los elementos analíticos y las unidades analíticas refiere, indudablemente, a dos niveles distintos de investigación.

Siguiendo estos lineamientos, según Schutz, Parsons utiliza el concepto de “punto de vista subjetivo” de dos modos diferentes al referirlo a los dos niveles de análisis y, asimismo, el uso que hace de este concepto “carece de precisión” (TSA, 25). Por un lado, al considerar a un actor concreto y sus actos concretos, se formula las siguientes preguntas: ¿qué fin desea realizar el actor; mediante cuáles medios; y cuál es su conocimiento subjetivo acerca de los elementos de su acto? Por otra parte, los elementos analíticos pueden denominarse “subjetivos” por la única razón que estos involucran un proceso real en la mente del actor. Sin embargo, Parsons no buscan las categorías “verdaderamente subjetivas” y, en consecuencia, restringe el punto de vista subjetivo al concepto de valores normativos.

2.2. La teoría voluntarista de la acción y el problema del conocimiento científico por parte del actor

El segundo tópico de discusión se refiere a la distinción entre conocimiento de sentido común y conocimiento científico. Schutz acuerda con Parsons en que el ideal positivista de conocimiento científicamente válido es insuficiente para la explicación de los actos humanos, pero sugiere dar “un paso más” y plantear que solo representa una excepción el hecho que la categoría de conocimiento científicamente válido ingrese en el esquema de las relaciones medios-fines que el actor utiliza al llevar adelante sus actividades cotidianas. Según Schutz, todo conocimiento científico presupone conceptos y juicios que deben ser formulados con una claridad y una precisión óptimas. Ninguna de estas cualidades es típica del pensamiento de sentido común de la vida cotidiana. Sus conceptos están limitados por las necesidades de una situación concreta y determinada, y únicamente se aclaran en cuanto el interés del actor requiera comprender una situación compleja. En sus actividades cotidianas, el actor no se guía por la intención de descubrir la verdadera naturaleza de los hechos o la esencia real de las secuencias causales o de las leyes naturales. El actor tiene, en principio, solo un conocimiento parcial del mundo, el cual comprende únicamente de forma parcial:

¿Es en este sentido un conocimiento no lógico? ¿O son simples reglas de experiencia, que asumen la forma de ‘recetas’ y, por lo tanto, no son razonables (o: no son ‘racionales’, en el lenguaje de aquellos que acríticamente identifican racionalidad con razonabilidad)? (TSA, 27).

Schutz contesta que esto no es así, y que “solo es una forma especial de lógica formal”, de sus categorías y operaciones, la que rige el pensamiento de la vida cotidiana. Esta lógica modificada de la vida cotidiana es la lógica de los “juicios ocasionales”, como la denominó Edmund Husserl. Schutz sostiene que tanto el sistema de Pareto como el de Parsons proponen una identificación (filosóficamente) ingenua del conocimiento científico y la lógica científica como tales con el elemento racional de la acción (TSA, 28). Para Parsons el ámbito de los elementos no-lógicos o no-científicos constituye una “categoría residual” en el sentido en el que se la definió anteriormente.

Esa concepción de conocimiento científico es incompatible con el punto de vista subjetivo, al que Parsons proclama como el elemento fundamental de la teoría de la acción. Sin embargo, ambas categorías, según Schutz, son propias del conocimiento del observador, más precisamente, pertenecen al conocimiento del científico que observa las acciones y los actores en el mundo social: “ambas categorías son, por tanto, propias punto de vista objetivo.” (TSA, 28). Normalmente, un actor concreto no considera cuestiones tales como que si su acervo de experiencias de sentido común (su colección de recetas, sus convicciones habituales, sus esperanzas y temores) representa para él oportunidades o riesgos, o eventos probables o improbables, o medios apropiados para fines dados, ni si son o no verificables por la ciencia empírica. Como actor, no está interesado en la averiguación de la certeza, sino solo en las posibilidades de realizar sus predicciones de sentido común. Únicamente en los casos en que surge una situación que no puede ser controlada por pura rutina es que el actor “se detiene y piensa”, en términos de John Dewey, y puede referirse a la ciencia empírica consultando a un experto acerca de si los medios que intenta aplicar son suficientemente eficientes como para realizar los fines intencionados. Pero aún en este caso, no intenta encontrar la verdad científica, sino solamente verificar sus oportunidades personales de éxito. De este modo, Parsons sustituye el conocimiento de sentido común del actor por el conocimiento científico.

Una vez demostrado que la categoría de conocimiento científicamente verificable es una categoría objetiva en el esquema parsoniano, Schutz se pregunta entonces: “¿cuáles de los elementos pertenecientes al marco de referencia de la acción son realmente categorías en la mente del actor y, por lo tanto, subjetivos en el sentido estricto del término; y cuáles son esquemas de interpretación del observador y, por lo tanto, objetivos?” (TSA, 29). Para Schutz resulta necesario formular ese interrogante a fin de recuperar el punto de vista subjetivo.

En esencia, la relectura crítica del trabajo de Parsons se basa en esa línea argumental, demostrar, una a una, que las categorías mal llamadas subjetivas por Parsons son, en verdad, categorías objetivas producto de la reflexión intelectual. Luego de mostrar que la categoría de conocimiento científicamente verificable es, en el fondo, una categoría objetiva, Schutz intenta examinar el concepto de valores normativos,[15] elemento central del esquema conceptual parsoniano. En línea con el análisis de los otros conceptos, Schutz revelará que es éste un esquema interpretativo objetivo y, por lo tanto, incompatible con el punto de vista subjetivo.

2.3. Valores normativos y motivos

Según Schutz, Parsons restringe el concepto de valores normativos al punto de vista subjetivo. El valor moral es, por un lado, un patrón de acción que el actor tiene en mente como “deseable de ser realizado por su futura acción”. Es, en este sentido, un elemento teleológico autónomo para el actor o, tal como Parsons indica, un factor selectivo para los medios que están bajo su control, así como un elemento integrador de los posibles fines de sus actos, los que no están definidos por él al azar, sino solamente en un sistema cuyo centro es el valor último establecido por la norma. Por otro lado, Parsons define las normas como “descripciones verbales” de un curso de acción, lo que está ligado a un mandato para realizar las acciones futuras conforme a este curso. De modo que podría interpretarse esa definición como un mandato heterónomo: la norma surge en la mente del actor exigiendo que ese mandato se realice. En términos generales, los mandatos pueden ser establecidos por la autoridad de los otros, por la ley de dios, por la costumbre, el hábito, etc. En cualquier caso estos están más allá del control del actor.

Para Schutz resulta necesario “profundizar” en el análisis de los motivos a fin de dar cuenta de la acción pensada desde el punto de vista normativo. Para ello, define los motivos de la acción como un complejo de significado en términos del cual esta puede ser interpretada por el actor. Schutz remite al análisis de las cadenas de “motivos-para” y “motivos-porque” entendidos como configuraciones de significado que no son elegidas al azar al momento en que el actor realiza una acción particular, sino que están organizadas en sistemas subjetivos. Por un lado, los “motivos-para” están integrados en sistemas de planificación subjetivos, planes de vida, de trabajo, “qué hacer la próxima vez”, entre otros. Por otra parte, los “motivos-porque”, están agrupados en sistemas. La multiplicidad de experiencias individuales de las propias actitudes básicas en el pasado, tal como se nos presentan “condensadas” en la forma de principios, máximas, hábitos, etc., son elementos que están en la construcción de tales sistemas los que pueden ser personificados por el actor.

De este modo, Schutz intenta complementar la noción parsoniana de valores normativos: “¿cuáles son las diferencias entre tal teoría de los motivos y el sistema desarrollado por el profesor Parsons y cuál es la ventaja de una teoría de los motivos?” (TSA, 34). En primer lugar, Schutz sostiene que tal teoría de los motivos está estrictamente limitada al punto de vista subjetivo y no contiene ningún elemento objetivo. Esto es, son solamente hechos subjetivos que pueden describirse desde este punto de vista exclusivamente. No obstante, esos términos subjetivos pueden tipificarse y ser utilizados como un esquema de interpretación tanto por aquellos con quienes se interactúa en el mundo social, como por el mismo observador científico.

Por otra parte, dentro del esquema de referencia de una teoría de los motivos nunca puede surgir la pregunta respecto de si los valores últimos existen o no para el actor, sino únicamente la pregunta en torno a aquello que para el actor es relevante respecto de los diferentes fines y “motivos-para”. Aquí Schutz se refiere a lo que más adelante denominará relevancias motivacionales. El sistema de motivos se da para el actor solo en cierto momento de su existencia y cambia, necesariamente, por la pura transición del tiempo interno (inner time), de un momento a otro, por la única razón de que en y por esta transición emergen nuevas experiencias, otras entran en primer plano, mientras que otras se desvanecen en el trasfondo o son completamente olvidadas. Ese continuo cambio de interés, de relevancia y de atención, según Schutz, está abierto a descripciones detalladas y “quizás esa sea una tarea de la filosofía”. Desde esta perspectiva, la teoría sociológica está vitalmente interesada en un hecho básico:

El sistema de motivos (o, en el lenguaje de Parsons, el sistema de valores normativos) debe ser comprendido, por sobre todo, como perteneciente a la conciencia humana en el tiempo, esto es, a la durée, para utilizar el término bergsoniano. Cualquier descripción subjetiva debe remitir a este hecho (TSA, 35).

Según este punto de vista, puede demostrarse que los valores normativos tal como los analiza Parsons pueden interpretarse como un sistema de “motivos-para” y “motivos- porque”.[16] Schutz sostiene que Parsons está en lo correcto cuando afirma que una teoría de la acción carecería de sentido sin la aplicación del punto de vista subjetivo. Pero, según Schutz, Parsons “reemplaza” los eventos subjetivos en la mente del actor por un esquema de interpretación para tales eventos, accesibles únicamente al observador. Y, como resultado, confunde los esquemas objetivos para la interpretación del fenómeno subjetivo con esos fenómenos subjetivos mismos. Si bien reconoce que debe haber cierto modo de relación entre los elementos del acto unidad, es decir, entre el actor, el fin de la acción y la situación en sí misma, no se pregunta acerca de la estructura subjetiva de tal relación, lo cual lo hubiese llevado al estudio del sistema de motivos. Parsons supera la brecha introduciendo la noción de valores normativos, los que le proporcionan un esquema útil para interpretar los motivos de la acción social. La única pregunta que Parsons nunca se formula es “qué sucede realmente en la mente del actor desde su punto de vista subjetivo”:

Sus análisis solo responden a la pregunta sobre cómo establecer un esquema teórico de forma tal que sea capaz de explicar qué sucede o qué puede ser considerado que está sucediendo en la mente del actor. Parsons no está preocupado por encontrar las categorías verdaderamente subjetivas, sino que solo busca categorías objetivas para la interpretación del punto de vista subjetivo (TSA, 36. Nuestro énfasis).

Aquí también, Schutz revela el concepto de valores normativos como un esquema interpretativo objetivo y reconduce su análisis a un examen de la conciencia humana en el tiempo, abriendo de este modo el juego a la indagación de las estructuras motivacionales como configuraciones de significado arraigadas en la conciencia subjetiva.

2.4. Los límites del acto unidad

Es interesante recuperar aquí una reflexión de Schutz sobre esta temática: “No podemos hablar de acto unidad como si esta unidad fuera constituida o delineada por el observador. Debemos preguntar seriamente: ¿Cuándo comienza un acto y cuándo queda cumplido? […] Únicamente el actor está en condiciones de responder a esta pregunta” (CPII, 75). Este es otro de los puntos que, a juicio de Schutz, se mezcla con el principio de subjetividad. Como mencionamos, Parsons define el acto unidad como el elemento último en el que puede descomponerse un sistema concreto de acción. Las características del acto unidad son cuatro: un acto dado, un fin dado, una situación dada (que incluye las condiciones y medios del acto) y una orientación normativa, entendida como la relación entre los otros elementos. Hasta aquí Schutz solo había examinado la interrelación entre la orientación normativa y el punto de vista subjetivo:

La conclusión fue que la función metodológica de los valores normativos, subjetivamente interpretados, no difiere de aquella de los “motivos-para” y de los “motivos-porque”, y que solo desde un punto de vista objetivo podrían algunos motivos ajustarse al concepto parsoniano de “valores con carácter normativo” (TSA, 37).

Schutz se propone demostrar que los demás rasgos enumerados del acto unidad también sufren un cambio en su significado intrínseco, si son interpretados tanto desde el punto de vista subjetivo como desde el punto de vista objetivo. La cuestión de la descomposición de un sistema de acción en actos unidades es planteada por Schutz de un modo diferente cuando es llevada a cabo por un actor o por un observador. Esta diferencia no es accidental, sino que está esencialmente determinada por la estructura lógica peculiar de la comprensión del alter ego.

En primer lugar, Schutz señala la actitud específica del actor hacia su propio acto. Conduciendo ingenuamente sus asuntos cotidianos, el actor se encuentra a sí mismo, desde el comienzo, dirigido por varios sistemas subjetivos que organizan su propia vida. Estos son los sistemas de planes, de proyectos, de metas por alcanzar, de felicidad a ser realizada, de obligaciones, etc. Ese sistema de relevancias determina el alcance de las actividades del actor, así como los procedimientos para cada acción concreta. Es este un sistema subjetivamente consistente de “motivos-para”, que Schutz denomina “plan de vida”, y de “motivos-porque”, tales como principios, máximas, etc. El sistema completo de planes de vida necesariamente cambia con la transición del yo del actor de un momento de su vida interna a otro. Es este sistema de planes de vida el que determina el significado completo de un acto concreto. Sin embargo, el mismo solo es parcialmente conocido por el actor en su forma explícita, y solo es parcialmente captado por el foco actual de atención y, de este modo, interpretado como significativo. En cada momento dado existe un núcleo iluminado, rodeado de un horizonte de oscuridad creciente. Juntos constituyen el fondo (explicable, aunque no explicado) sobre el cual resalta el acto proyectado. Lo que crea la unidad del acto es la dimensión del proyecto. Pero todo esto está abierto únicamente al conocimiento del actor y permanece más allá del control del observador. Para el observador, no hay otro acceso a la acción que el acto completado. Lo que el observador puede observar son solo segmentos de la actividad del actor. Si realmente quisiera comenzar a describir qué es lo que sucede en la mente del actor que lleva a cabo tal acción, debería entrar en el proceso completo de su corriente de pensamiento, con la historia completa de su personalidad, con todos sus planes de vida subjetivos y su génesis, con todas sus habilidades y experiencias, con todas sus expectativas relativas a futuros estados de las cosas. Para hacer eso, el observador debería haber recorrido todas las etapas de la vida interna de la persona observada y en la misma sucesión. En vista de este problema, es posible decir que el actor exclusivamente está calificado para responder a la pregunta acerca de dónde comienza un acto y cuándo ese acto ha sido completado. Él es el único calificado para descomponer su propio sistema de acción en “actos unidades” (TSA, 41). Por el contrario, el observador decide discrecionalmente si la acción observada debe ser interpretada como completa o como parte de un trabajo mayor en progreso. Para el observador la unidad del acto, su principio y su fin, no es idéntica a la dimensión del proyecto del actor, sino que se define a partir de un segmento de la actividad del actor que ha sido seleccionada como objeto de indagación. De esta forma:

El término “acto unidad”, que tiene su espacio originario (native place) dentro de la esfera de la subjetividad, asume un significado bastante diferente si se lo interpreta desde el punto de vista objetivo. Pero de ninguna forma podemos hablar de acto unidad desde el punto de vista subjetivo y aceptar al mismo tiempo la suposición de que los límites de esa unidad se constituyen o están definidos por el observador (TSA, 41).

Como consecuencia de esto, todos los rasgos que caracterizan al acto unidad, de acuerdo con la descripción de Parsons, son genuinamente términos subjetivos, interpretables y comprensibles desde el punto de vista subjetivo y sujetos a un cambio de significado cuando son transpuestos al ámbito de la objetividad. Pongamos como ejemplo el “fin”: solo el actor conoce el fin real, o lo que es mejor, la meta real de su acción. El observador nunca podrá decidir si lo que él considera como un fin lo es también para el actor, o si sencillamente constituye un fin intermedio.

Del mismo modo, resulta simple de comprender que el término “situación” refiere, desde el punto de vista subjetivo, al fin ya proyectado, el cual solo define los elementos relevantes para su realización. En lo que se refiere a la distinción entre los dos componentes de la situación (“medios” y “condiciones”) la cuestión relativa a si el actor posee o no control sobre ellos se vincula a su acervo de conocimiento y de experiencia al momento en que proyecta su acto. Interpretado de este modo, la línea de demarcación entre los dos factores de la situación, principalmente entre fines y condiciones del acto, pueden ser trazados únicamente por el mismo actor.

Resulta un poco más difícil, a juicio de Schutz, mostrar que también el término “actor” puede interpretarse tanto desde un punto de vista subjetivo como objetivo. Parsons está en lo correcto al señalar que el concepto de “actor” es una abstracción. Pero esto no significa que el “actor” deba ser contrastado con el “individuo biológico”, con el “organismo vivo”. Estos términos también son abstracciones. El significado funcional de estas abstracciones, en tanto que ellas se producen en el marco de la reflexión científica, es el de circunscribir aquel aspecto de la personalidad humana que, de esta forma, se convierte en relevante para los problemas básicos de la respectiva ciencia. También el observador en la vida cotidiana realiza abstracciones del punto de vista subjetivo, por ejemplo, cuando tipifica a un contemporáneo. En este punto, se hace totalmente claro el intento de Schutz por restituir los correlatos subjetivos tanto de las abstracciones científicas como de las abstracciones de los actores en su vida cotidiana: “Aquí estamos interesados en el hecho de que hay correlatos subjetivos para aquellas abstracciones que han sido construidas por el cientista o por el actor que observa en la vida cotidiana.” (TSA, 42). Volveremos sobre esta discusión más adelante.

En suma, el concepto de acto unidad, así como cada uno de sus rasgos más salientes, pueden ser interpretados tanto desde el punto de vista subjetivo como desde el punto de vista objetivo, y en cada caso el significado de cada término es diferente. En su estudio crítico, Schutz sostiene que, si bien Parsons plantea que el punto de vista subjetivo es el único aceptable para cualquier teoría de la acción social, “no analiza realmente las categorías subjetivas de la acción, sino las categorías objetivas para describir científicamente los puntos de vista subjetivos del actor”. Parsons tampoco muestra por qué la referencia al punto de vista subjetivo es un prerrequisito indispensable para la teoría de la acción, y por otra parte, cómo es posible tratar con el fenómeno subjetivo en términos de un esquema conceptual objetivo. Schutz se propone, en este marco, comenzar con el estudio de la primera cuestión de modo de poder demostrar que el punto de vista subjetivo no es solo un medio posible para explicar el mundo social, sino que es el único adecuado a la realidad de los fenómenos sociales.

2.5. El punto de vista subjetivo en las ciencias sociales

Para Schutz no es sencillo comprender por qué debe preferirse el punto de vista subjetivo para las ciencias sociales, “¿Por qué siempre intentamos abordar este misterioso y no tan interesante tirano de las ciencias sociales llamado subjetividad del actor? ¿Por qué no describir honestamente en términos honestamente objetivos qué es lo que realmente sucede? Y eso significa hablar nuestro propio lenguaje, el lenguaje de observadores científicos del mundo social entrenados y calificados.” (TSA, 44).

Schutz sostiene que debe admitirse que el problema de tratar con el fenómeno subjetivo en términos objetivos es el problema de la metodología de las ciencias sociales. La pregunta es: “¿cómo es posible captar las estructuras subjetivas de sentido mediante un sistema de conocimiento objetivo?”. Schutz critica la respuesta que a esta pregunta formula el punto de vista conductista. Tanto el conductismo como cualquier esquema objetivo de referencia de las ciencias sociales –y aquí se refiere implícitamente al trabajo de Parsons– tienen como principal propósito la explicación de lo que realmente sucede en el mundo social utilizando los métodos correctamente científicos: “la falacia de su teoría consiste en la sustitución de la realidad por un mundo ficticio mediante la promulgación de principios metodológicos que son mostrados como apropiados para las ciencias sociales.” (TSA, 46. Nuestro énfasis). Este mundo ficticio no tiene referencia en la experiencia de sentido común y demuestra una “falla para comprender el ámbito de la subjetividad”.

Asimismo, remarca que el conductismo es solo una forma de objetivismo en las ciencias sociales, si bien la más radical. Pero también existen otras formas de objetivismo; estas aceptan ingenuamente el mundo social con todos los alter ego y las instituciones como un universo significativo, es decir, significativo para el observador, cuya única tarea científica consiste en “describir y explicar lo que el mundo significa para los observadores científicos”, abandonando de este modo la explicación y la descripción de lo que significa para los actores dentro de su mundo social. De este modo, “fingen” (pretend) que no estamos obligados a retroceder (go back) a las actividades subjetivas de los alter egos y a sus “correlatos conscientes” a fin de dar una descripción y una explicación de los hechos de este mundo social. Estos científicos sostienen que pueden y deben limitarse a describir lo que ese mundo significa para ellos, negando lo que ese mundo significa para los actores. Y, una vez hecho esto, los científicos objetivistas dejan el análisis subjetivo a los psicólogos, filósofos y metafísicos. Ese tipo de ciencia social no trata directamente con el mundo de la vida cotidiana, común a todos nosotros, sino con “idealizaciones y formalizaciones” del mundo social, cuidadosamente seleccionadas: “esta posición es no solo posible, sino que es aceptada por la mayoría de los científicos sociales”. Estos desarrollan y aplican “un refinado sistema de abstracciones acordes a este propósito que intencionalmente elimina al actor en el mundo social, con todos sus puntos de vista subjetivos”. De esa forma, no tratan “directa e inmediatamente con el mundo de la vida, común a todos nosotros, sino con idealizaciones y formalizaciones del mundo social seleccionadas de modo hábil y conveniente”, pero entonces, “esta referencia al punto de vista subjetivo puede siempre realizarse y debe siempre realizarse.” (TSA, 47-48). Siempre es posible retroceder (go back) al “hombre olvidado” (forgotten man) de las ciencias sociales.

En esta línea, “el objetivismo formula la siguiente pregunta: ¿qué significa este mundo social para mí, el observador?”. Pero, según Schutz, la respuesta a esta pregunta tiene como prerrequisito la respuesta a preguntas bastante diferentes: “¿Qué significa el mundo social para el actor observado dentro de ese mundo, y qué quiso significar con su acción dentro de él?”. Con estas preguntas no solo aceptamos ingenuamente el mundo social y su corriente de idealizaciones y formalizaciones como ya constituidas y significativas más allá de toda duda, sino que emprendemos el proceso de estudiar el proceso de idealización y formalización como tal, “la génesis de significado” que el fenómeno tiene para nosotros, así como para los actores, y los mecanismos de la actividad por los cuales los seres humanos se comprenden mutuamente. En este punto aparece claramente el problema de la omisión y descuido del mundo de la vida, junto con la necesidad de restituir, de “retroceder” a las actividades subjetivas, esto es, al mundo de la vida como formación subjetiva. En el siguiente apartado Schutz amplía el análisis a la cuestión de los tipos ideales.

2.6. Tipos y realidad

La posibilidad de estudiar el mundo social desde distintos puntos de vista revela, para Schutz, la importancia fundamental del abordaje de Znaniecki. Cada fenómeno social puede ser estudiado bajo el esquema de referencia de las relaciones sociales, de los grupos sociales (Schutz agrega, el esquema de las instituciones sociales), pero también el estudio puede llevarse a cabo con igual legitimidad bajo el esquema de las acciones o las personas sociales. El primer grupo de esquemas de referencia se denomina objetivo. Estos esquemas se aplican exclusivamente a los problemas que pertenecen a la esfera del fenómeno objetivo para cuya explicación se han designado las idealizaciones y formalizaciones específicas. Lo mismo es válido para todos los esquemas subjetivos:

En el nivel de lo que hemos denominado “esquemas objetivos” la dicotomía de los puntos de vista objetivo y subjetivo no se hace visible. Esa dicotomía emerge solo con el supuesto básico de que el mundo social puede ser referido a las actividades de los seres humanos individuales y a los significados que esos individuos le confieren a su mundo de la vida social (social life-world). Pero es precisamente este supuesto básico el que hace accesible el problema de la subjetividad en las ciencias sociales; ese supuesto es válido para la sociología moderna en general, y especialmente para Parsons y los cuatro hombres cuyos trabajos son discutidos por él (TSA, 138. Énfasis en el original).

Según Schutz, el observador científico decide estudiar el mundo social dentro de un marco de referencia objetivo o subjetivo. Esa decisión delimita desde el principio qué sector del mundo social (o, al menos, qué aspecto de tal sector) se convertirá en foco de estudio una vez que ese esquema se ha seleccionado. Cada fenómeno social puede ser estudiado según el esquema de referencia de la relación social, los grupos sociales o las instituciones, pero con igual legitimidad según el esquema de los actos sociales o de las personas sociales. El primer grupo de esquemas de referencia es el objetivo, y resultará eficaz si se lo aplica exclusivamente a problemas correspondientes a la esfera de los fenómenos objetivos, para cuya explicación han sido concebidas sus idealizaciones y formalizaciones específicas, pero “siempre que no contengan ningún elemento incompatible respecto de los otros esquemas (los subjetivos) y respecto de nuestra experiencia de sentido común del mundo social en general”. La misma tesis es válida para los esquemas subjetivos. El postulado básico de la metodología de las ciencias sociales debe ser el siguiente, es imperioso “elegir el esquema de referencia adecuado al problema que nos interesa, examinar sus límites y posibilidades, hacer que sus términos sean compatibles y coherentes entre sí y, una vez aceptado, atenerse a él”. Este es, según Schutz, el significado real del postulado de la “pureza del método”. En su mayoría, las falacias en las ciencias sociales pueden ser reducidas a la fusión de los puntos de vista subjetivo y objetivo, la cual no es percibida por los científicos. Estos son los peligros de confundir (mix up) los puntos de vista subjetivo y objetivo en el trabajo concreto del científico social:

Sin embargo, una teoría de la acción social debe conservar el punto de vista subjetivo en su grado máximo si pretende no perder sus fundamentos básicos, principalmente su referencia al mundo social de la experiencia y la vida cotidiana. Resguardar el punto de vista subjetivo es garantía suficiente de que la realidad social no será reemplazada por un mundo ficticio inexistente construido por el observador científico. La principal razón por la que las ciencias sociales deben aceptar el punto de vista subjetivo es que este punto de vista es un principio fundamental de la experiencia de sentido común de la vida cotidiana (TSA, 50. Nuestro énfasis).

Luego de poner en evidencia los riesgos que conlleva relegar el análisis del mundo de la vida, Schutz desarrolla su argumento en torno a las tipificaciones que utiliza el actor en su vida cotidiana, como fundamento de los tipos ideales utilizados por los científicos sociales. Schutz explica que, con el objeto de interpretar los actos de otras personas, es necesario comprenderlos a partir de sus motivos típicos, incluyendo su referencia a situaciones típicas, fines típicos, medios típicos, etc. Por otra parte, también debe tenerse en cuenta que hay distintos grados de conocimiento de ese Otro[17], desde la intimidad hasta el anonimato. Para comprender a los Otros, es suficiente con encontrar los motivos típicos de los actores típicos, lo cual explica los actos como algo que surge de modo típico en una situación típica. Y todo esto debe ser estudiado como una parte esencial de la teoría de la acción social. En su estudio crítico, Schutz restringe el análisis del mundo de la vida a un “esbozo de los lineamientos principales”. El prototipo de toda relación social es una concatenación intersubjetiva de motivos: “a causa de que debo orientar mis actos a los ‘motivos-porque’ de los actos sociales de los Otros que están orientados hacia mí, debo encontrar siempre sus ‘motivos-para’ y desenmarañar la red de relaciones sociales, interpretando los actos de las otras personas desde el punto de vista subjetivo del actor.” (TSA, 56).

Esta actitud práctica es adoptada, según Schutz, por todos nosotros cuando actuamos en el mundo social, y es precisamente esta razón por la cual el punto de vista subjetivo debe ser aceptado por las ciencias sociales también. Solo este principio metodológico nos proporciona: “la garantía necesaria” de que estamos tratando con “la realidad social del mundo de la vida común a todos nosotros”, la que, aún como un objeto de investigación teórica, permanece como un sistema de relaciones sociales recíprocas. Todas estas relaciones están construidas por interpretaciones subjetivas mutuas de los actores en el mundo social.

2.7. Vida social y teoría social

Entonces, ¿cómo es posible abordar de forma objetiva el sentido subjetivo de la acción humana? Aquí Schutz analiza los vínculos entre las tipificaciones utilizadas en el mundo de la vida y los tipos ideales construidos por el científico social. Mediante determinados recursos metodológicos, el especialista en ciencias sociales “sustituye” los objetos de pensamiento de sentido común referentes a sucesos y acontecimientos únicos, construyendo un modelo de un sector del mundo social dentro del cual solo se producen los sucesos tipificados significativos para el problema específico que el científico investiga. El especialista en ciencias sociales construye tipos ideales, esto es, comienza por construir pautas típicas de cursos de acción correspondientes a los sucesos observados. Luego coordina esas pautas con un tipo personal, un modelo de actor a quien imagina dotado de conciencia. De este modo, atribuye a esta conciencia ficticia un conjunto de “motivos-para” típicos, correspondientes a los fines de las pautas de cursos de acción observadas y a los “motivos-porque” típicos sobre los que se fundan los “motivos-para”.

Sin embargo, esos modelos de actores no son seres humanos que vivan su vida dentro de su situación biográfica, no tienen biografía ni historia. Son “homúnculos” o “títeres” con una conciencia artificial atribuida por el científico social. En este sentido, no están sometidos a las condiciones ontológicas de los seres humanos, no tienen esperanzas ni temores, no conocen la ansiedad como el principal motivo de sus actos. Este homúnculo está dotado de un sistema de relevancias que se origina en el problema científico de su constructor y no en la situación particular biográficamente determinada de un actor dentro del mundo. Esos objetos de pensamiento de las ciencias sociales deben ser compatibles con los objetos de pensamiento de sentido común construidos por las personas en la vida cotidiana. Las construcciones de estos modelos cumplen con este requisito si están elaboradas de acuerdo a un conjunto de postulados. El más importante, para nuestra indagación, es el postulado de la adecuación. Ese postulado indica que:

Cada término utilizado en un sistema científico referido a la acción humana debe ser construido de tal manera que un acto humano efectuado dentro del mundo de la vida por un actor individual, de la manera indicada por la construcción típica, sea comprensible y razonable tanto para el actor mismo como para sus semejantes […] Estos postulados dan las garantías necesarias de que las ciencias sociales tratan con el mundo social real, el mundo de la vida unitario de todos nosotros, y no con un mundo extraño de fantasía el cual es independiente de y no posee conexión con nuestro mundo cotidiano (TSA, 60).

De este modo, queda claro en el estudio crítico de Schutz el principal argumento planteado con relación a la teoría parsoniana, esto es, la necesaria referencia de las construcciones de las ciencias sociales a los rasgos del mundo de la vida y, principalmente, al punto de vista subjetivo con el fin de prevenir su “olvido”, sustitución y reificación.

3. La correspondencia: filosofía y ciencias sociales

A mediados del mes de enero de 1941 Parsons responde al estudio crítico en una serie consecutiva de tres cartas:

Por fin estoy listo para intentar una discusión de su largo, y en mi opinión bastante difícil, comentario a mi libro. No creo que sea posible cubrir todos los aspectos solo en una carta, pero intentaré al menos realizar un buen comienzo hoy y luego llevar adelante el resto dentro de unos días (TSA, 63).

Parsons piensa que el ensayo schutziano no constituye, en términos generales, un “tipo de crítica válida”, y organiza su argumentación a partir de tres motivos principales. El primero de ellos es el “menos importante de todos”. A juicio de Parsons, Schutz malinterpreta la relación entre los “niveles concretos y abstractos del uso del esquema de acción, por un lado, y la distinción entre unidad y elementos de análisis, por el otro.” (TSA, 64). Es decir, identifica el nivel concreto con las unidades análisis y el nivel analítico con los elementos análisis. Eso es un error interpretativo, pues las dos distinciones son independientes entre sí. Sin embargo, con relación a este eje, Parsons sostiene que probablemente la confusión sea culpa suya, ya que sus afirmaciones sin duda “no han sido lo suficientemente claras”. Por este motivo, no tomaremos este eje como sustancial para nuestro análisis.

En segundo lugar, Parsons expresa “al parecer somos incapaces de lograr un acuerdo (meeting of minds) satisfactorio a causa de que nuestro foco de interés en estos problemas son bastante diferentes”. Parsons niega la interpretación schutziana respecto de que SSA constituye un estudio de la metodología y de la epistemología de las ciencias sociales. Particularmente se refiere a la opinión de Schutz respecto de la convergencia de los cuatro autores en cuestión en ciertos postulados de la metodología y la epistemología. Parsons aclara que su foco de interés no está ni en la metodología ni en la epistemología, sino que solo considera estos problemas como subordinados al sistema generalizado de teoría científica, que incluye un énfasis muy fuerte en la estructura lógica específica del sistema. Si bien Parsons considera en su esquema esos problemas, su tratamiento es dependiente de la relación de éstos con los problemas vinculados al estatus de un sistema generalizado el que incluye un énfasis en la estructura lógica específica del mismo. En este sentido, afirma que su interés primario no fue el de extraer las consecuencias de las observaciones metodológicas de los autores como tales, sino la de elucidar sus esquemas teóricos conceptuales en términos de su relación con problemas empíricos. La discusión metodológica, aunque importante, está subordinada a esta tarea primaria (TSA, 73. Énfasis en el original).

El tercer punto –que a nuestro entender es el más significativo– está vinculado con los otros dos y se refiere al lugar que ocupa la reflexión filosófica en su estudio. Parsons expresa que Schutz parece interesado en cierto rango de problemas filosóficos que él ha decidido, “conscientemente y con justificaciones metodológicas específicas”, no tratar. De este modo, Parsons refiere de forma explícita a esos problemas filosóficos como problemas vinculados a la reflexión ontológica en ciencias sociales:[18]

Por ejemplo, usted está continuamente intentando señalar ciertas afirmaciones acerca de lo que son en realidad los procesos subjetivos de acción, en lo que debe ser asumido como un sentido directamente ontológico. En otro punto, usted habla del problema del valor último, nuevamente en un sentido estrictamente filosófico. Creo que un corolario de mi interés en un sistema de teoría es que he tratado de minimizar lo más posible la discusión de este nivel filosófico (TSA, 66. Nuestro énfasis).

En la primera parte de su libro, Parsons había tratado de establecer en términos generales su actitud hacia las relaciones entre teoría científica y filosofía. Allí Parsons reconoce la necesidad de encarar algunas preguntas filosóficas a fin dar tratamiento al principal tema de su libro, la teoría de la acción social. Esas preguntas “se irán planteando solo en la medida en que sean pertinentes para el estudio del tema”. Parsons considera necesario tratar las cuestiones filosóficas en cuanto resulten importantes para los sistemas teóricos en el sentido definido. Sin embargo, concibe a la filosofía “como una categoría residual. Es el intento de alcanzar una comprensión cognitiva racional de la experiencia humana mediante métodos distintos de aquellos utilizados por la ciencia empírica.” (SSA, 21).[19]

¿En qué sentido las preguntas filosóficas se vinculan con los problemas de su estudio? A juicio de Parsons, la ciencia y la filosofía se encuentran en una relación de crítica “mutuamente correctora” (SSA, 21). En primer lugar, es necesario criticar posturas filosóficas desde un punto de vista científico, es decir, la evidencia obtenida a partir de fuentes científicas, la observación empírica y las consecuencias teóricas de estos hechos, constituyen un fundamento válido para la crítica de las perspectivas filosóficas. Sin embargo, también es cierto que todo sistema de teoría científica implica supuestos filosóficos. Con relación a esta última perspectiva, Parsons se interesa por la filosofía en lo que atañe a cuestiones metodológicas:

Esto es, las cuestiones vinculadas a los fundamentos de la validez empírica de las proposiciones científicas, los tipos de procedimientos que, se espera, deben en términos generales dar paso al conocimiento válido, etc., afectan fundamentalmente el campo filosófico de la lógica y de la epistemología (SSA, 23).

Parsons entiende el término “metodología” como ubicado en el campo fronterizo de la ciencia, por una parte, y la lógica y la epistemología, por otra (SSA, 23). No apunta a los “métodos” de investigación empírica, tales como la estadística, el estudio de casos, etc. Y prefiere llamar a estos “técnicas de investigación”. El término metodología refiere a la consideración de los fundamentos generales de validez de las proposiciones científicas y sus sistemas (SSA, 24). De tal forma, la metodología, es una disciplina ni estrictamente científica, ni estrictamente filosófica. Es un campo donde estos sistemas están sujetos a una crítica filosófica relativa a su validez, pero es también un campo donde los argumentos filosóficos presentados a favor o en contra de la validez de tales proposiciones están sujetos a crítica a la luz de las pruebas de la misma ciencia. Es así como la filosofía tiene implicaciones para la ciencia, no menos cierto que la ciencia tiene implicaciones para la filosofía (SSA, 24).

Parsons ilustra este punto retomando la pregunta epistemológica kantiana. Antes de Immanuel Kant, la pregunta epistemológica se refería a cuáles son los fundamentos filosóficos que se disponen y que sustentan la creencia en el conocimiento empírico válido del mundo externo. Kant revierte la pregunta: partimos de la afirmación de que tenemos un conocimiento válido: ¿cómo es esto posible? Eso es lo que constituye el fundamento de validez de la ciencia. En este sentido cabe distinguir tres niveles distintos de consideraciones: en primer lugar, está la teoría científica, la que se limita a la formulación y a las interrelaciones lógicas de las proposiciones que contienen datos en relación directa con la observación de los hechos y, consiguientemente, con la verificación de las proposiciones; en segundo lugar, las consideraciones metodológicas, cuando nos preguntamos si los procedimientos mediante los cuales se ha realizado esta observación y esta verificación, son legítimos. Esto, finalmente, llevará a consideraciones filosóficas.

Sin embargo, como señala Elizabeth Kassab (1991) en la última parte de su libro, Parsons regresa al tema del lugar de la filosofía en el estudio de la teoría de la acción social, esta vez para minimizar su importancia, luego de haberla enfatizado en la primera sección. Parsons justifica el tratamiento de ciertas preguntas filosóficas a partir del propósito de ubicar su trabajo en el marco de un discurso filosófico, y agrega que las preguntas filosóficas no alteran las conclusiones de su trabajo:

Esta discusión se encuentra, en un sentido estricto, fuera del foco del estudio, pero se inserta aquí de modo que el lector interesado en las posibles implicaciones filosóficas de la posición tomada aquí pueda vincularlas al universo del discurso filosófico. Ninguna de las conclusiones empíricas del estudio depende de las siguientes consideraciones (SSA, 737. Énfasis de Alfred Schutz).[20]

Parsons también está interesado en señalar la incapacidad de Schutz como crítico. Un crítico es, para el autor, aquel que realiza dos cosas. En primer lugar, puede cuestionar radicalmente la posición general que el otro ha tomado, “por ejemplo, que con el objeto de que un esquema científico conceptual goce de validez debe asumir un tipo de estatus ontológico que el autor en cuestión se rehúsa a conceder”. Por otra parte, si no desea realizar este tipo de crítica, debe intentar mostrar en detalle que una consideración apropiada de ciertos problemas filosóficos específicos podría alterar el tratamiento de temas teóricos de modos también específicos, “desde este punto de vista, su tratamiento me parece seriamente insatisfactorio.” (TSA, 66). Parsons considera insatisfactorio el estudio crítico de Schutz, “usted no ataca mi posición en términos generales y, en detalle, parece no aceptarla, sin embargo, una y otra vez realiza afirmaciones que implicarían que mi postura no es defendible”. Aquí Parsons acepta el hecho de que Schutz no está atacando su posición. A pesar de ello, no considera válida la crítica de Schutz a su trabajo:[21]

Una y otra vez, al leer su trabajo, usted plantea puntos que, tal como se afirma, suenan perfectamente convincentes. Sin embargo, estoy obligado a formular una pregunta “¿y qué?” (What of it?). Si acepto sus afirmaciones en lugar de mis propias formulaciones que usted critica, ¿qué diferencia podría haber en la interpretación de cualquiera de los problemas empíricos que atraviesan el libro? (TSA, 67. Énfasis en el original).

Pero más importante aún, Parsons rechaza enfáticamente la afirmación de Schutz respecto de que cualquier descripción verdadera presupone necesariamente una comprensión teórica de la esencia de la actividad humana y, por tanto, rechaza la reflexión ontológica:

En conjunto, a raíz del uso repetido de los términos “real” y “realmente” en su discusión, me parece justificado inferir que usted habla de “esencia” en un sentido ontológico. Me gustaría repudiar categóricamente, en este nivel, cualquier reivindicación (claim) que proponga una teoría de la esencia de la actividad humana (TSA, 74).

Este comentario toca un punto medular de la discusión. Parsons “repudia” la demanda schutziana en torno a la necesidad de indagación en los rasgos del mundo de la vida, o lo que puede denominarse como una ontología del mundo de la vida. Asimismo, rechaza que sus propias elaboraciones teóricas constituyan una ficción científica del modo en que lo expresa Schutz:

Por sobre todo –usted puede argumentar que el nivel analítico es abstracto y no real en un sentido ontológico– usted habla de ficción. Sin embargo, el nivel “concreto” no es “real” en términos ontológicos. Y ninguno de los dos es, por supuesto, una ficción (TSA, 75).

A partir de estos comentarios, comenzarán los argumentos de rechazo al punto de vista schutziano por parte de Parsons. En primer lugar, rechaza la observación respecto de “la identificación filosóficamente ingenua” con referencia a la continuidad de las categorías básicas de la lógica y de la observación, por un lado, en las ciencias más sofisticadas, y por el otro, en las acciones de sentido común más sencillas: “Esa es su opinión. No encuentro nada en su argumento que sacuda mi posición.” (TSA, 76). Del mismo modo, “su argumento no me ha convencido. Tengo un fuerte sentimiento de que usted ha malinterpretado seriamente mi posición y ha tendido a criticarla en términos de una serie de problemas radicalmente diferentes de aquellos involucrados en mi trabajo.” (TSA, 78).

Si bien Parsons le concede a Schutz que el sistema de motivos existe en el tiempo, rechaza la afirmación respecto de que los valores o los fines son significativos solo temporalmente en cada momento particular de los procesos de vida: “Niego radicalmente que el esquema conceptual que he desarrollado sea aplicable solo a cierto momento dado.” (TSA, 83). También está en desacuerdo con su postura acerca de que las subdivisiones de sistemas están, en un sentido natural, presentes en la mente del actor y que no son accesibles al observador. Por sobre todo, aquello que el actor sabe de sí mismo de modo auto-consciente “no es de ningún modo un reflejo inmediato de una realidad ontológica, sino que está mediada a través de un esquema conceptual y, por consiguiente, seleccionada y selectivamente organizada.” (TSA, 84). Un acto, el proceso de perseguir un fin o una meta dada no es algo que se da ontológicamente al observador y al actor, sino que constituye aquel sector de los fenómenos que prueba ser operacionalmente conveniente para los propósitos a mano (TSA, 85).

No obstante, el rechazo fundamental se establece con relación a la formulación de los puntos de vista subjetivo y objetivo:

Creo que finalmente he tenido éxito en aclarar la diferencia entre nosotros con relación a esta cuestión. Pienso que a lo que usted se refiere esencialmente es a una realidad ontológica, a aquello que un actor concreto “realmente” experimenta. Tengo razones legítimas para ser escéptico del hecho de que a través de sus análisis o a través de cualquier otro disponible es posible llegar a cualquier cosa que se acerque a una definitiva descripción de tal realidad. Temo que debo confesar mi escepticismo respecto del análisis fenomenológico (TSA, 88. Nuestro énfasis).[22]

Desde el punto de vista de Parsons, la antítesis que Schutz establece entre los puntos de vista objetivos y subjetivos es irreal. Para él no hay tal cosa como un cuerpo de conocimiento o experiencias científicamente relevantes que representen el punto de vista subjetivo “puro”, “los fenómenos subjetivos poseen significado solo en tanto son descritos y analizados por el observador.(TSA, 88. Nuestro énfasis). Lo que Parsons entiende por subjetivo es la organización de los hechos relevantes acerca de un punto de referencia que denomina el “origen” cartesiano de la mecánica clásica. Así como en la mecánica clásica cualquier afirmación de un hecho físico debe referirse a uno o más cuerpos capaces de poseer una ubicación con referencia al origen en el sistema de coordinadas, del mismo modo en la teoría de la acción cualquier afirmación de hecho debe ser referenciada a uno o más actores que constituyen unidades, localizadas en el espacio, y que poseen ciertas propiedades. Esas propiedades son las categorías subjetivas empleadas en el sistema tales como metas, conocimiento, sentimientos, etc. Por su parte, “los hechos empíricos establecidos, organizados y analizados en términos de un sistema de categorías son siempre, en la naturaleza lógica del caso, hechos observados y establecidos por un observador.” (TSA, 88). Lo que entiende Parsons por “estado mental” del actor es simplemente el referente unitario de ciertas afirmaciones de hecho a las que se llega de esta manera. Y afirma que su posición no “abandona lo que significa el mundo social para los actores”, “yo insisto continuamente en el uso del punto de vista subjetivo, pero en la forma de categorías subjetivas en un esquema conceptual y no en la forma de una consideración sobre lo que ‘realmente’ es el mundo social subjetivo.” (TSA, 89).

En suma, Parsons interpreta el estudio crítico de Schutz a partir de dos elementos. En primer lugar, como una crítica basada en una comprensión inadecuada de su trabajo. En segundo lugar, a partir de la introducción de consideraciones relativas al análisis del punto de vista subjetivo desde supuestos bastante diferentes de los suyos, los que no revisten importancia para su propio análisis –en el sentido en que tenerlas en cuenta no conduce a modificaciones importantes.

Ante este rechazo categórico de Parsons, Schutz reafirma su intención de complementariedad:

Siento que, desafortunadamente, usted ha malinterpretado el espíritu con el cual escribí mi artículo […] Usted me imputa de principio a fin, por lo tanto, una actitud antagónica hacia su posición, la cual no tengo en lo absoluto. Por supuesto, hay críticas a algunas de sus teorías […] Pero me parece que el grueso de mi artículo demuestra dónde y hasta qué punto nuestras teorías se unen (coalesce). Este punto principal ha sido totalmente pasado por alto por usted […] Inmediatamente me di cuenta de la importancia y el valor de su sistema y también del hecho de que [su libro] comienza exactamente donde mi libro termina (TSA, 95ss).

Schutz realiza un análisis terminológico y resalta que en Estados Unidos el término metodología y epistemología se utilizan de un modo más restringido que sus equivalentes en Alemania. Schutz confiesa aceptar esos términos “solo porque no pude encontrar una traducción mejor para Wissenschaftlehre (filosofía de la ciencia).” (TSA, 101), término que incluye tanto los problemas lógicos de la teoría científica como de la metodología en un sentido restringido. Y a partir de esta noción, Schutz afirma que tanto SSA como SASW tratan con el problema de la filosofía de la ciencia[23] y que, por ejemplo, una discusión que concierne al punto de vista subjetivo en el esquema de acción es una parte integral de la teoría científica del mundo social:

Soy el primero en reconocer que uno de los grandes méritos de su trabajo consiste en construir una filosofía de las ciencias sociales (Wissenschaftlehre) comenzando por problemas específicos y definidos de interpretación de los fenómenos empíricos y de las generalizaciones del mismo. Además, pienso que el tópico principal de ambos estudios ha sido y es bosquejar el sistema teórico de la ciencia fundamental del mundo social, a saber, la ciencia de la acción social (TSA, 102).

Esto nos lleva a otro punto importante, la relación entre filosofía y la teoría del mundo social. Schutz le explica a Parsons que, en el desarrollo de su pensamiento, ha “reconocido tempranamente que los sistemas teóricos de disciplinas como la economía y la teoría legal no pueden construirse científicamente sin entrar en el estudio científico de la estructura del mundo social”, esto es, de la teoría general de la acción. Es por ese motivo que retoma los trabajos filosóficos de Henri Bergson y Edmund Husserl, esperando encontrar herramientas para trabajar en el campo de los problemas más concretos de las ciencias sociales. Y aclara que:

No he sido y no soy un dogmático ontológico, y creo que ningún lector de mi libro podrá llegar a tal conclusión. Sin embargo, por supuesto, insisto en que cualquier afirmación realizada en el campo de la teoría social debe ser al menos consistente con y explicable por medio del cuerpo del conocimiento filosófico (TSA, 103).

Con respecto a la cuestión anteriormente aludida respecto de que Schutz no ataca la posición general de Parsons, pero en detalle hace afirmaciones que implican que no acepta su trabajo, este responde que “acepta su posición básica como tal” y está convencido de que una teoría general de la ciencia social debe basarse en un cuidadoso análisis de los actos unidades y en una teoría de la estructura de la acción social, y esto desde el punto de vista subjetivo. Pero también “pienso que sus análisis no son los suficientemente radicales, en primer lugar, en lo concerniente al punto de vista subjetivo y, luego, que usted da por sentado muchos fenómenos que requieren de un mayor examen.” (TSA, 104). Esa radicalización conlleva –y esto no aparece, para Schutz, en la teoría de Parsons– el tratamiento de las categorías específicamente sociales de la acción y de la interacción mutua, con el problema del marco de referencia relativo al alter ego hacia el cual se orientan las propias acciones del actor y dentro de las cuales el alter ego interpreta esas acciones. Por otra parte, que todas las afirmaciones concernientes a la estructura del acto sean aplicables tanto a la acción del actor solitario como a la acción orientada hacia y motivada por un alter ego. En este sentido, Parsons “ha ignorado la importancia del elemento temporal en toda acción humana”, así como las diferencias entre la significación lógica de un acto realizado y un acto proyectado y, por otra parte, las categorías de personalidad y anonimato. En particular, Parsons no explica la actitud específica que el científico social adopta hacia el mundo social, la que deriva de la experiencia en el mundo social, sino que ha tratado con otros “signos operacionales” o “subíndices” que no hacen otra cosa que conferir, en ambos casos, un significado diferente sobre cualquier interpretación de la acción del alter ego. Una teoría de los valores así como el rol atribuido a la ciencia es aceptable solo si se precede con una explicación de los problemas de la intersubjetividad involucrado en ambos:

Usted presupone todo el mundo social con todas sus diferenciaciones estructurales como dados, permitiendo que los “valores” y la “ciencia” entren en su sistema “por la puerta”. Todas estas cuestiones pueden ser clarificadas con un análisis radical de la intersubjetividad (TSA, 104).

Schutz plantea la necesidad de complementar el análisis parsoniano a partir de las nociones de tiempo y de intersubjetividad. Pero Parsons responde que no puede ver qué diferencia podría comportar partir de esas consideraciones, por ejemplo, en el caso del análisis de las relaciones “entre el protestantismo y el orden moderno institucional”.

Con estas observaciones termina el intercambio teórico entre los autores. Sus cartas finales expresan el interés de ambos por mantener el intercambio como un asunto privado y por restringirlo al nivel estrictamente científico, evitando cualquier referencia a sentimientos personales.

Si quisiésemos sintetizar los principales ejes que surgen de la lectura tanto del estudio crítico como de la correspondencia entre los autores, podríamos sostener que el interés de Parsons se centra exclusivamente en el análisis de la teoría científica y en la evolución de esta hacia una orientación normativa. Al respecto, es clara la escisión que realiza el autor entre la reflexión científica y la realidad del mundo social. Para Parsons, no es necesario plantear la pregunta en torno a si el comportamiento humano está “en realidad” orientado normativamente, esto es, no se interesa por cuestiones ontológicas, sino que únicamente considera el concepto normativo con referencia al lugar que ocupa en el sistema teórico particular que él analiza. Como consecuencia de esto, Parsons rechaza la reflexión filosófica y la elaboración de una ontología valida para la descripción de los rasgos del mundo social, focalizando su estudio en el ámbito propio de la reflexión científica.

El excesivo énfasis puesto por Parsons en el estudio del ámbito de la teoría y de la “evolución” de los sistemas teóricos, es uno de los principales ejes hacia los cuales está dirigido el estudio crítico de Schutz. Principalmente, Schutz enfatiza, el peligro que conlleva suplantar la realidad social por las abstracciones creadas por la ciencia y, en segundo lugar, la necesidad de comprender esa realidad como resultado de la actividad humana.

Es con relación a estos aspectos que Schutz articula su estudio crítico, acentuando la necesidad de profundizar en las raíces del punto de vista subjetivo. Los comentarios de Schutz plantean la importancia de clarificar ese sentido subjetivo a partir de la reflexión ontológica, y así poder resituar la realidad social largamente postergada. Y esa reflexión solamente puede llevarse a cabo a partir de la comprensión filosófica. En tal sentido, Schutz afirma que la tarea de las ciencias sociales no puede ser considerada como una mera descripción empírica de los hechos, sino que “toda descripción verdadera” presupone una comprensión filosófica de la actividad humana “a la cual todo fenómeno social debe referir”. Desde su perspectiva Parsons “ha renunciado intencionalmente al examen de la fundamentación filosófica” sobre la cual debe basarse una correcta metodología de las ciencias sociales. De este modo, el interés de Schutz se centra en fundamentar filosóficamente, o en sus propias palabras, “ensanchar”, “profundizar” y “complementar” el marco de referencia parsoniano con el objeto de recuperar ese fundamento de sentido “olvidado”.

Es interesante resaltar que, a lo largo del intercambio, Parsons le imputa a Schutz “de principio a fin” una actitud antagónica hacia su posición. Schutz afirma no tener tal posición en absoluto. Si bien reconoce la existencia de críticas, su interés es el de demostrar hasta qué punto ambas teorías se unen y complementan. Como mostraremos en el siguiente capítulo, esta idea de antagonismo aparecerá como una idea dominante en la interpretación posterior que la teoría sociológica hace de la correspondencia entre los autores. Desde ese marco interpretativo, las posiciones de Schutz y Parsons aparecerán como contrapuestas y antitéticas. Lo que permite comenzar a vislumbrar el impacto que ha tenido la valoración parsoniana de sus cartas con Schutz en la reflexión sociológica posterior.


  1. Dice Schutz: “traté de conservar su propia formulación y habrá usted ciertamente observado que las primeras 18 páginas no son más que un intento de reunir las cuestiones más importantes de su libro en su propio lenguaje.” (TSA, 97).
  2. Cfr. SSA. Según comenta el Profesor Hisashi Nasu (2004), el hecho de que no se encuentren tantas anotaciones marginales en este libro permite dudar seriamente respecto de si esa copia es la que Schutz consiguió a principios de 1938 durante su estancia en Paris, la que estudió “detenidamente” para escribir el estudio crítico destinado a la revista Economica. De todos modos, utilizaremos los resaltados de Schutz a ese libro.
  3. En el marco de su trabajo Parsons elegirá poner el énfasis en el segundo tipo de concepto, es decir, el concepto de unidad.
  4. Por ejemplo, es posible observar que un cuerpo dado posee una masa dada, pero nunca podemos observar la “masa” como tal (TSA, 35).
  5. Aquí reside el interés y la originalidad de la tesis parsoniana (Kassab, 1991: 13).
  6. Otra noción relacionada a la idea de desarrollo teórico y en estrecha vinculación con la idea de sistema lógicamente cerrado, es la noción de categoría residual. La estructura del propio esquema conceptual centra inevitablemente el interés sobre una limitada gama de hechos empíricos. Es posible considerar a esos hechos como una zona brillantemente iluminada por un reflector y rodeada de una vasta oscuridad. Aquello que cae fuera de la zona iluminada no se “ve” hasta que el reflector se mueve, viéndose entonces solo lo que cae dentro del área sobre la que ahora se proyecta la luz. Cualquier sistema, incluidas tanto sus proposiciones teóricas como las principales observaciones empíricas relevantes, puede concebirse como una zona iluminada envuelta en oscuridad. El nombre lógico para la oscuridad es el de “categorías residuales” y su papel se deduce de la necesidad inherente de un sistema de hacerse lógicamente cerrado. De esto se deriva que el síntoma más seguro de cambio en un sistema teórico es el aumento del interés general por tales categorías residuales. Una clase de progreso de la labor teorizadora consiste en ir extrayendo de las categorías residuales conceptos precisa y positivamente definidos y en verificarlos mediante la investigación empírica (SSA, 18).
  7. Por ejemplo, al tratar un caso de suicidio por saltar de un puente, el científico social lo describirá como un “acto”, y el físico, como un “evento”. El primero está interesado en el motivo del actor y acepta como dado que el hombre, si salta, caerá. El físico, por otra parte, está interesado en el evento de la caída, y para él es un hecho dado que el hombre salta: no pregunta por qué. Puede afirmarse, entonces, que el marco de referencia de la acción no es el único en el cual los hechos de la acción humana pueden ser adecuadamente descritos. Pero el marco de la acción es, para ciertos propósitos, más adecuado que el esquema tiempo-espacio de las ciencias naturales o que cualquier otro esquema.
  8. Problema que permanecerá de un modo central en la reflexión de sus escritos posteriores.
  9. Como sostiene Buxton (1994), Parsons concebía la preocupación hobbesiana no solo como una pregunta teórica, si no como un problema del orden real que requería una solución concreta. Su “solución” a ese problema, en la forma de un sistema de fines últimos que enlaza a los actores individuales, representa algo más que una demanda teórica.
  10. “El argumento hobbesiano […] expresa una ‘antropología negativa’, esto es, una concepción del hombre basada en el egoísmo racional, según la cual la sociabilidad no sería un fenómeno natural sino artificial, y por cuya naturaleza individualista, los hombres primitivos deberían vivir aislados en un presunto estado de naturaleza.” (Citado en Belvedere, 2006a: 11).
  11. En este sentido, seguimos las interpretaciones de algunos comentaristas del trabajo de Talcott Parsons (Procter, 1980), quienes interpretan su obra temprana en términos de una visión dualista: “En primer lugar, la acción es dualista, pues involucra a seres humanos que viven en un mundo de ideas, valores, metas, el mundo normativo, y un mundo de constricciones reales, las condiciones de la acción.” (Procter, 1980: 332).
  12. En este caso, Schutz hablará de “genealogía” en lugar de análisis genético, término que utiliza en su período temprano.
  13. Algo muy importante que destaca Wagner (1980) es que en la discusión acerca de la distinción entre “hechos” y “fenómenos” se pone en juego la concepción con relación al “darse” (givenness) de los hechos y la diferencia entre las interpretaciones acerca de los hechos y las afirmaciones acerca de los hechos. Schutz acuerda con Parsons en que las afirmaciones acerca de los hechos “en términos de un esquema conceptual” ocurren tanto en la vida cotidiana como en la ciencia: el hombre común y el científico pueden ser igualmente correctos en su razonamiento en base a su conocimiento dado y a sus esquemas de referencia. Sin embargo, difiere con Parsons, al insistir en que el sentido común y las afirmaciones científicas acerca de los hechos no son equiparables, lo cual no implica una ruptura necesaria entre ambos niveles de análisis.
  14. Cfr. TSA, 8. Nota al pie.
  15. Para Schutz el concepto de valores normativos de la acción sigue permaneciendo como un concepto “enigmático” (TSA, 30).
  16. Hideo Hama (2009) sostiene que Schutz disuelve la teoría de los valores normativos en la teoría del sistema de motivos. Esto quiere decir que “el hecho de disolver los valores normativos en el sistema de motivos no solo significa aceptar el ‘punto de vista subjetivo’ desde la perspectiva de Schutz, sino también implica suponer ‘pluralismo de mundos’. Esta conclusión sobre el pluralismo de mundos contiene un elemento que pone en cuestión la tesis de la ‘integración normativa’ a la que Parsons le atribuye el concepto de norma. Y esto porque esa conclusión cuestiona la posibilidad de que los valores de dos o más individuos puedan ser comunes. Lamentablemente, este tema teórico del ‘pluralismo de mundos’ que está potencialmente contenido en la afirmación schutziana acerca de que los valores normativos deben disolverse en los motivos, no fue suficientemente desarrollado en esta controversia.” (Hama, 2009: 442). Desde nuestro punto de vista, Schutz no “disuelve” una cuestión en otra, sino que, tal como él mismo lo expresa, intenta “profundizarla”.
  17. En su estudio crítico Schutz se refiere al alter ego con mayúsculas. Utilizaremos este mismo sentido para referirnos al “Otro” (Other) y a los “Otros” (Others).
  18. “Parsons reconoce claramente la tendencia ontologizante que contenía la propuesta schutziana.” (Srubar, 1988: 206. Nuestro Énfasis).
  19. “Lo que divide a los dos hombres no son diferentes filosofías interesadas en diferentes problemas, sino, más bien, el significado de la filosofía para las ciencias sociales. Para Schutz, la sociología no puede fundamentarse a sí misma, la epistemología no es un lujo, sino una necesidad para las ciencias sociales […] Para Parsons, la demanda se centra en establecer la línea de demarcación entre ciencia y filosofía, en permitir a la filosofía entrar en la discusión solo cuando es necesario.” (Natanson, 1978: xv).
  20. “Esta afirmación contradice su posición de la primera parte del libro donde insiste acerca de la significación de los problemas filosóficos para la teoría científica […] Tal negación va en contra de toda la empresa parsoniana de elaboración de un sistema teórico general para la comprensión científica de la acción social. También contradice su insistencia inicial en la importancia de los supuestos filosóficos y sus consecuencias. Esta inconsistencia persistirá […] y provocará un total desacuerdo entre él y Schutz en un punto en el que podría haberse esperado una concurrencia de opiniones.” (Kassab, 1991: 25. Nuestro énfasis).
  21. Parsons rechaza completamente los comentarios de Schutz y los interpreta como incorrectos o irrelevantes para la teoría social (Kassab, 1991: 2).
  22. Esta afirmación recuerda la anécdota relatada en el libro por el discípulo y amigo de Schutz, Maurice Natanson: “Unos años antes del frustrado desenlace de la correspondencia, cuando Schutz comienza a enseñar en la New School of Social Research, Alvin Johnson, su distinguido presidente, le dio un consejo de amigo (así me lo contó Schutz) ‘no intente enseñar fenomenología a nuestros estudiantes; ¡no la aceptarán!’” (Natanson, 1978: xiv).
  23. Al responder a la crítica de Parsons, Schutz aclara que tiene en mente el término utilizado por Max Weber ‘Wissenschaftslehre’ (Endress, 2009: 392). Desde estas consideraciones, el lugar de la filosofía en la obra de Parsons resulta problemático. Parsons desea separar, de un modo estricto, la teoría respecto de la metodología y la epistemología. Schutz, trabaja con el concepto de ‘Wissenschaftslehre’ (filosofía de la ciencia), motivo por el cual no puede darle al término “metodología” un sentido tan limitado (Lassman, 1979: 349).


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