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2 La recepción del intercambio en el ámbito de la reflexión sociológica

La recuperación de la correspondencia en el ámbito de la reflexión sociológica no se hizo esperar. La publicación de los intercambios entre dos figuras tan prominentes del pensamiento sociológico no pudo más que despertar el interés de gran cantidad de autores, todos ellos motivados por una pregunta: ¿cuáles son las principales áreas de discusión y cuáles son las repercusiones de ese debate para la teoría sociológica? A juicio de los comentaristas, el debate tocaba los problemas más importantes de las ciencias sociales (Sprondel, 1977; Honolka, 1978; Grathoff, 1978a; Coser 1979; McKay & Effrat, 1979; Wagner 1979a, 1979b; Lassman 1979; Natanson, 1978; Jules-Rosette, 1980; Tibbets, 1980; Buxton, 1994; Endress, 2005a, 2009).

1. La sociología comprensiva de Max Weber y la acusación de dualismo

El eje más mencionado que aparece en las interpretaciones de la correspondencia es el de la reapropiación o la reformulación de la sociología comprensiva de Weber presente tanto en el proyecto de Parsons como en el de Schutz (Grathoff, 1978b; Wagner, 1979b; Zaret, 1980; Fitzhenry, 1986; Schwinn, 1993; Endress, 2009). Según esta perspectiva, se argumenta que los proyectos de Schutz y Parsons retoman, desde direcciones contrarias, el proyecto weberiano y escinden los elementos de su corpus, lo cual los lleva a posiciones contrapuestas y antitéticas. En consecuencia, Schutz es calificado de subjetivista y Parsons de objetivista. A Schutz se le adjudica un análisis sociológico “micro” mientras que a la perspectiva parsoniana se la interpreta como un análisis “macro”.

Esa antítesis se fundamenta en una lectura dualista de la obra de Schutz. En primer lugar, los intérpretes suponen que, en su esquema teórico, Schutz escinde el significado subjetivo respecto del objetivo tanto en el nivel de la descripción de los rasgos del mundo de la vida (Sprondel, 1977; Fitzhenry, 1986; Eberle, 1984; Amann, 1988; Schwinn, 1993; Endress, 2009) –la antítesis se interpreta en términos de acción subjetiva versus orden social–, como en el nivel de la reflexión en ciencias sociales, en este caso, a partir del contraste entre la perspectiva subjetivista versus la objetivista (Grathoff, 1978b; Wagner, 1979b). La consecuencia de tal escisión es, para los intérpretes, una acentuación por parte de Schutz del punto de vista subjetivo, motivo por el cual es calificado de subjetivista. En segundo lugar, los intérpretes señalan un dualismo que aparecería en su obra entre el mundo de la vida y la ciencia (Valone, 1980), dualismo que, leído a la luz de una teoría del conocimiento, se expresa en la ruptura entre el conocimiento de sentido común respecto del conocimiento científico (McKay & Effrat, 1979; Ho, 2008). Por último, se le adjudica a Schutz un dualismo apriorismo–empirismo y un énfasis en el análisis a priori, con el consecuente “eclipse” de la reflexión histórica (Zaret, 1980; Fitzhenry, 1986; Wilson, 2005). A continuación presentaremos los lineamientos generales de esta interpretación.

1.1. Los dualismos acción subjetiva versus orden social y subjetivismo versus objetivismo

En el nivel de la descripción de los rasgos de la vida cotidiana, Schutz y Parsons partirían de proyectos contrapuestos: mientras que Schutz estaría interesado por los procesos subjetivos, la preocupación central de Parsons estaría dirigida al análisis del orden social (Sprondel, 1977; Fitzhenry, 1986; Eberle, 1984; Amann, 1988; Schwinn, 1993; Endress, 2009). Como consecuencia de estos esquemas contrapuestos surgiría un dualismo subjetivismo–objetivismo en el ámbito de la reflexión científica. Esa “antítesis” se construye a partir de un análisis de la obra de Weber y de la posibilidad de escisión de su perspectiva teórica (Fitzhenry, 1986; Schwinn, 1993; Endress, 2009): “El punto de convergencia es el interés teórico en la obra de Weber, sin embargo, ambos plantean direcciones distintas que los llevan a visiones polarizadas […] Mi argumento con relación a Schutz consiste en que […] sus limitaciones residen en la escisión arbitraria del corpus weberiano en teoría y sustancia.” (Fitzhenry, 1986: 147 y 177) .

En Jenseits von Subjektivismus und Objektivismus[1] (1993) de Thomas Schwinn, aparece claramente esta interpretación. Allí, el autor sostiene que en los trabajos de Schutz y Parsons se separa aquello que en Weber aparece vinculado de forma integral: acción subjetiva y orden. Schutz radicaliza la perspectiva subjetiva, por el contrario, Parsons pone de relieve la perspectiva objetiva. En consecuencia, “las dificultades de estas teorías son complementarias: mientras que Schutz no consigue dominar el problema del orden social, Parsons carece de un concepto adecuado y rico de acción subjetiva.” (Schwinn, 1993: 12).[2]

De este modo, la correspondencia entre Schutz y Parsons documentaría, a juicio del autor:

[…] uno de los primeros intentos de establecer un diálogo acerca del problema sociológico de la fundamentación de la acción y del orden, lo cual es de particular interés para la discusión teórica actual. Schutz y Parsons son los padres fundadores de diferentes corrientes teóricas, cuyos sucesores intentan hoy superar la escisión micro-macro (Schwinn, 1993: 357).[3]

Es en este sentido que Schwinn le adjudica a Parsons y a Schutz la “paternidad” de la escisión micro-macro que hoy estaría recorriendo, a su entender, la discusión teórica actual.[4]

Por su parte, Endress (1995) critica el intento de Schwinn, quien ve en la reconstrucción de la controversia epistolar entre Schutz y Parsons en los años 40 la chance de ganar un punto de partida para su intento de integración teórica, esto es, la anhelada superación de la polarización micro–macro presente en la construcción de la teoría sociológica. Esa investigación resulta inútil e irritante para el autor:

A lo mismo conduce la implícita e irritante igualación, que acompaña la reflexión, de los conceptos de “subjetividad–autoconciencia–acción–micro”, por un lado, e “intersubjetividad–socialidad–orden–macro”, por el otro, del mismo modo se da una dicotomización conceptual de los procesos individuales respecto de los sociales (Endress, 1995: 236).[5]

Sin embargo, también para Endress (2009), en las perspectivas de Schutz y Parsons se pone en juego una ‘doble direccionalidad’ del pensamiento social, cuyas raíces pueden encontrarse en la obra de Weber. Para el autor, existe cierta evidencia de una ambivalencia meta-teórica en la sociología histórica de Weber. Es decir, si se analiza la sociología weberiana hay al menos dos formas diferentes de continuar y profundizar el análisis presente en su trabajo: por un lado, la categoría central de significado subjetivo intencionado provee el punto de partida para un análisis fenomenológico de la constitución de las estructuras significativas. Por el otro, la fenomenología comparativa de orientación macrosociológica weberiana de las estructuras de los mundos socioculturales ofrece el punto de partida para un análisis de los marcos institucionales y de las condiciones de las acciones sociales en el nivel de la teoría de la sociedad:

En este sentido, al reflexionar sobre la doble direccionalidad de la sociología de Max Weber, puede sostenerse que el foco parsoniano está en la pregunta acerca de la institucionalización del orden social, mientras que la preocupación principal de Schutz es la pregunta sobre la estructuración (y la constitución) intersubjetiva del significado subjetivo intencionado […] Por esto, Schutz no está principalmente interesado en la pregunta acerca de cómo conceptualizar el orden social. En cambio, esta es la pregunta que conduce directamente al centro del proyecto teórico de Parsons (Endress, 2009: 385-386).

Desde otra perspectiva, Anton Amann (1988) concuerda con esta interpretación. El autor sostiene que, al menos en el trabajo tardío de Schutz (Collected Papers) aparece, probablemente a través del influjo del pragmatismo americano y del funcionalismo, un dualismo entre la individualidad egológicamente fundada y la socialidad establecida de modo empírico-genético (Amann, 1988: 341).[6]

El mismo argumento plantea Thomas Eberle (1984) sobre la teoría de los motivos: “Parsons y Schutz desarrollaron diferentes teorías de los motivos y eso depende de sus respectivos planteamientos de los problemas: Schutz está interesado en la constitución subjetiva de los motivos, Parsons, por el contrario, en el problema del orden social.” (Eberle, 1984: 283).[7]

Del mismo modo, Walter Sprondel (1977) señala que Schutz y Parsons comprenden de forma diferente la cuestión de la motivación de la acción. Mientras Schutz la analiza con referencia a un sistema significativo subjetivo biográficamente construido, Parsons se interroga acerca de cuáles son los motivos que se establecen respectivamente a través de las instituciones sociales como legítimos. Mientras que el primero se concentra en la constitución de los motivos, para el segundo el centro de interés está en el control social (Sprondel, 1977:18).[8]

Estas reflexiones llevan a los intérpretes a sostener que ese dualismo se hace evidente también en el nivel de la indagación científica. Esta es la interpretación propuesta por el editor de la correspondencia, quien sostiene que el debate toma como uno de sus puntos de partida la “sugerencia weberiana”, la que indaga acerca de la posibilidad de fundar la sociología sobre bases sólidas empezando por una metodología que sea capaz de explicar la textura de la acción social, esto es, de relacionar el significado subjetivo de la acción social con las objetivaciones históricas en una situación social (Grathoff, 1978a: xix). Tanto Schutz como Parsons adoptan esa “sugerencia”, según el autor, y la continúan “en direcciones distintas” (Grathoff, 1978b: 128). Ligada a la mencionada sugerencia está lo que Grathoff denominó “dilema o dualismo cartesiano”, según el cual toda teoría de la acción social que haga referencia a la mutua orientación de los actores, sus motivos e intenciones, debe enfrentar un problema básico: ¿es posible construir una ciencia social objetiva tomando como punto de partida la experiencia subjetiva de las estructuras? (Grathoff, 1978a: xix). De este modo, en el nivel de la indagación científica, Schutz y Parsons se confrontan con el problema de relacionar el significado subjetivo de la acción con las objetivaciones históricas, problema planteado por las reflexiones weberianas, así como con el dilema cartesiano del vínculo entre el conocimiento objetivo y la experiencia subjetiva. En la interpretación de Grathoff, en el nivel de la reflexión científica, también los autores en cuestión toman direcciones contrapuestas.

Con esto acuerda Helmut Wagner (1979b), quien ve una escisión del aparato conceptual de Weber. Wagner resalta la mutua frustración de los autores quienes, si bien se nutren teóricamente de la obra de Weber, lo hacen en “direcciones opuestas” y cada uno considera la perspectiva del otro en términos de la propia. Para Wagner, el punto de partida schutziano con relación a Weber es la radicalización del abordaje subjetivo a partir de consideraciones fenomenológicas. Mientras que, para Parsons, el fenómeno subjetivo sólo posee significado en tanto es descrito y analizado por el observador.

Hasta aquí parece hablarse del nivel de los rasgos del mundo de la vida y del nivel de la reflexión científica. Sin embargo, no existe una clara distinción en la reflexión en torno a esos dos niveles de análisis. El problema que se plantea para algunos autores (McKay & Effrat, 1979; Valone, 1980; Ho, 2008) es que Schutz hace de esa distinción un dualismo. Veamos a continuación ese argumento.

1.2. El dualismo entre el mundo de la vida y la ciencia: la ruptura entre el conocimiento de sentido común y el conocimiento científico

El otro dualismo que aparecería en la obra de Schutz, se plantea entre el mundo de la vida y la ciencia: “Schutz, mucho más que Parsons, desea preservar la diferenciación entre el mundo de la vida y el de la ciencia.” (Valone, 1980: 383). Ese dualismo, leído a la luz de una teoría del conocimiento, se expresa en la escisión entre el conocimiento de sentido común respecto del conocimiento científico: “En Schutz se produce una ruptura ontológica entre el conocimiento de sentido común y el conocimiento científico, mientras que para Parsons ese vínculo es una ‘cuestión de refinamiento’.” (Ho, 2008: 383).

El argumento más fuerte en este sentido es el de Win-Chung Ho (2008) quien sostiene que el motivo de discordia que divide a los autores es que Schutz plantea una ruptura ontológica entre el sentido común y los mundos científicos mientras que Parsons sólo considera ese vínculo como una “cuestión de refinamiento”. El autor sostiene que el distanciamiento ontológico establecido por Schutz, el cual desconecta el “mundo de los asociados”, donde la realidad social es directamente experimentada en los contactos cara a cara, y el “mundo de los contemporáneos”, donde el Otro es experimentado en términos de “tipos”, ha sido crucial para los científicos sociales. En esta fractura está implicado el hecho de que cualquier intento de comprender las experiencias de Otros debe basarse en “modelos” construidos en el “mundo de los contemporáneos”; de ahí que alcanzar la comprensión del punto de vista subjetivo con una comprensión aquí-ahora es categóricamente una imposibilidad (Ho, 2008: 383).

Por ruptura ontológica el autor entiende la desvinculación respecto del ego mundano o de su actitud natural subyacente, a partir de los cuales Schutz establece su ontología del mundo social:

Aparentemente, Schutz sugiere una ruptura fundamental entre dos mundos: el experiencial y el científico. Dentro de este último, el científico social nunca puede alcanzar el significado de la experiencia subjetiva en tanto ‘actio–acto en progreso’ solo el ‘actum–acción realizada’ […] Desde esta perspectiva los sociólogos están destinados a ubicarse entre la salvaguarda del punto de vista subjetivo del actor y el mantenimiento de la objetividad de la mirada científica (Ho, 2008: 387-388).

Por otra parte, el autor también critica la metodología schutziana de los tipos ideales por considerar que intenta “superar una brecha que es insuperable” (to bridge the unbridgeable). Esa crítica se dirige al postulado de adecuación el que sostiene que debe asegurarse la consistencia de las construcciones del cientista social y las construcciones de la experiencia de sentido común de la realidad social, de modo que las construcciones típicas sean comprensibles tanto para el actor mismo como para sus congéneres en términos de interpretación de sentido común de la vida cotidiana. Sin embargo, aquí el autor afirma que la brecha entre ambos aparece en la obra de Schutz como algo insuperable.

En consonancia con este argumento, Robert McKay & Andrew Effrat (1979) sostienen que, a pesar de que en SASW Schutz construye una reflexión que plantea la continuidad del conocimiento científico con relación a la construcción de significado de la vida cotidiana, sus desarrollos continúan negando esa continuidad al establecer la distinción con el trabajo científico en tanto realidad separada (McKay & Effrat, 1979: 407).

Sin embargo, existe abundante evidencia en el sentido de que esa escisión, tal como la presentan los críticos, no puede sostenerse. Por mencionar solo una cita de Schutz:

En mi opinión, este principio de continuidad, en cada una de las diversas interpretaciones, se satisface mediante el recurso característico de las ciencias sociales, que establece la continuidad entre la práctica de la vida cotidiana y la conceptualización de las ciencias sociales (CPI: 84. Nuestro énfasis).

Es posible sostener, y a este punto está dirigida nuestra indagación, que desde el inicio de sus reflexiones aparece en Schutz un intento por establecer una continuidad entre mundo de la vida y las idealizaciones y abstracciones propias de la reflexión científica. En términos de teoría de conocimiento, esa postura plantea una continuidad entre el conocimiento de sentido común y el conocimiento científico. Pero esa continuidad no debe confundirse con una identificación “ingenua” de ambos niveles. Precisamente, lo que los intérpretes señalan como una de las frases disparadoras de la “controversia” entre los autores refiere a ese tema. Schutz pone en evidencia las consecuencias epistemológicas que conlleva “dar por sentado” el mundo de la vida e identificar ingenuamente ese mundo con las idealidades y las abstracciones creadas por la ciencia.

2. Filosofía y ciencias sociales: filosofía ingenua y filosofía crítica

En su estudio crítico a SSA, Schutz plantea una distinción entre el conocimiento científico y el conocimiento de sentido común que el actor utiliza en la vida cotidiana tomando como eje la noción de racionalidad tal como había sido abordada por Parsons. Recuperemos esa cita: “Pero es importante tanto para Pareto como para el sistema parsoniano que la identificación (filosóficamente) ingenua del conocimiento científico y la lógica científica como tales con el elemento racional de la acción no es sostenible.” (TSA, 28).

Unos años antes, en el artículo sobre racionalidad al que hicimos alusión en la introducción de este trabajo, Schutz sostiene que los términos “racionalidad” o “acción racional” son “fundamentales para la metodología y la epistemología del estudio científico del mundo social”. Sin embargo, subraya la necesidad de “poner de manifiesto los equívocos ocultos en las connotaciones” de ese término, todo lo cual exige “penetrar en la estructura del mundo social e investigar más a fondo las diferentes actitudes que adoptan hacia él, por una parte, el actor situado dentro de ese mundo y, por la otra, el observador científico.” (CPII, 65).[9] En esta cita se hace evidente que la crítica de Schutz apunta a desmontar los mecanismos por los cuales Parsons realiza una identificación filosóficamente ingenua de la racionalidad propia de la lógica y del conocimiento científico con la racionalidad de la acción en la vida cotidiana. Esa identificación implica dar por sentado el estatuto del mundo de la vida sin indagar en sus rasgos característicos, de modo que en ese movimiento se sustituye al mundo de la vida por la racionalidad de la reflexión científica. En el contexto de esta crítica la filosofía ocupa un lugar central.

Para muchos intérpretes (Natanson, 1978; Giddens, 1979; Valone, 1980; Kassab, 1991), la frase disparadora supone una discusión acerca de la relación entre filosofía y ciencias sociales, tema que aparece como uno de los principales ejes presentes en la correspondencia entre los autores.[10] En el prólogo a la edición en inglés, Maurice Natanson (1978) señala esta idea: “mi propia visión acerca de la correspondencia es que su tema dominante es el de la relación entre filosofía y ciencias sociales”. Para el autor, gran parte del vocabulario que surge en la discusión es entendido por ambos de una forma diferente. No solo “metodología” y “teoría” son necesariamente filosóficas para Schutz, sino que Parsons considera su trabajo como fundamentalmente relacionado a cuestiones científicas más que filosóficas.

Al analizar esa cita, Natanson sostiene que Schutz retoma la distinción kantiana entre filosofía “ingenua” (naive) y filosofía “crítica”. Filosóficamente hablando, muy frecuentemente los científicos sociales comienzan el análisis dando por sentado el estatus epistémico del mundo de sentido común. En este caso, el sociólogo se involucra en el trabajo científico sin una adecuada fundamentación filosófica. La consecuencia de esto es que el discurso sociológico se ve afectado de forma tácita por las implicaciones epistemológicas de esta postura “ingenua”. En este marco, el trabajo del filósofo consiste en el esclarecimiento radical de las condiciones de posibilidad del “mundo” explorado por el científico social y es en este sentido que puede afirmarse que “el sociólogo comienza donde termina el filósofo” (Natanson, 1978: xii):

Schutz está recurriendo a la distinción kantiana entre filosofía “ingenua” y filosofía “crítica”: la primera comienza la indagación con el objeto de conocimiento; la segunda, se dirige a las condiciones de posibilidad del conocimiento […] y ahí está la raíz del desacuerdo entre Schutz, quien utiliza la expresión “filosóficamente ingenuo” en un sentido neutral, y Parsons, quien toma esa expresión como peyorativa (Natanson, 1978: xii).[11]

En el mismo sentido, para Kassab (1991), la disputa entre Schutz y Parsons se vincula a la siguiente pregunta: ¿en qué medida deben ser investigados los rasgos del mundo social con el objeto de formular una metodología sólida (sound methodology) para su estudio científico? Mientras Parsons aboga por una investigación limitada, Schutz, por el contrario, insiste en la necesidad de una investigación intensiva:

A lo largo del intercambio Schutz insiste en la necesidad de un examen riguroso de la naturaleza del mundo social al explicar el peligro que implica dar por sentado ese mundo. El movimiento desde una descripción superficial del mundo social a la formulación de construcciones conceptuales que intentan describirlo reemplaza el mundo social real por uno ficticio edificado sobre esas construcciones. Sin embargo, como señala Schutz, una comprensión genuina de este mundo requiere de construcciones con una sólida fundamentación en la realidad social. Por tal motivo, se requiere una investigación preliminar de la realidad social antes del desarrollo de cualquier esquema metodológico para las ciencias sociales (Kassab, 1991: 270).

Según Kassab, tanto Schutz como Parsons sostienen que la realidad social es un universo de sentido, donde los fenómenos refieren a la acción humana. Mientras Parsons se detiene en su observación y se mueve directamente a la elaboración de los esquemas metodológicos, Schutz investiga detenidamente esos rasgos valiéndose de los métodos descriptivos de Husserl y Bergson, los cuales proveen una sólida fundamentación para la elaboración metodológica. La ausencia de estas teorías en las investigaciones de Parsons “lo lleva al error de reemplazar las categorías realmente subjetivas de los actores por las categorías objetivas del observador.” (Kassab, 1991: 272). De este modo, falla en presentar una justificación fundada del principio de interpretación subjetiva y en ofrecer una justificación de la elección del esquema de acción como el esquema básico de las ciencias sociales. Kassab concluye con la necesidad, para la teorización científica, de una teoría más desarrollada (full fledged) de la experiencia de la acción. Acordamos con aquellos autores[12] que sostienen que la intención de realizar una investigación más exhaustiva no explica de forma acabada el sentido en que esa profundización debe ser llevada adelante. A nuestro entender, la noción de “reivindicación epistémica” da cuenta del significado de lo que está en juego.

La “reivindicación epistémica” (epistemic claim)[13] de una disciplina se dirige a un área problemática previamente dominada por paradigmas ya establecidos y, repentinamente, establece una perspectiva distinta. En este marco, la nueva perspectiva establecida por Schutz es la incorporación de la noción del mundo de la vida a la reflexión epistemológica en ciencias sociales, pues fue él quien “llamó la atención sobre la pregunta por la legitimidad de la sociología del mundo de la vida” (Grathoff, 1978b: 125). Schutz “concebía a la sociología como una sociología del mundo de la vida y […] sus inquietudes epistemológicas estaban dirigidas a una epistemología del mundo de la vida.” (Wagner, 1980: 393). El tema de la prioridad conceptual de ese mundo en relación con cualquier especulación científica abstracta es el tema recurrente en todos sus escritos, y especialmente con relación a la teoría del conocimiento. Asimismo, los principales temas de la correspondencia entre Schutz y Parsons iluminan la reivindicación epistémica de una sociología del mundo de la vida. Schutz tiene en mente esta reivindicación cuando insiste en que Parsons necesita “ir unos pasos más allá en radicalizar su teoría.” (Grathoff, 1978b: 127). De hecho, Parsons reconoce esta reivindicación y la rechaza en la frase donde “repudia” categóricamente cualquier reivindicación (claim) que proponga una teoría de lo que él entiende como “esencia” de la actividad humana.

Como indica Paul Tibbets (1980), Parsons simplemente falla en apreciar que toda indagación científica está invariablemente fundamentada en una teoría del conocimiento, sea esta fenomenológica, realista, racionalismo crítico (Popper) o kantismo: “Parsons no reflexiona acerca de la fundamentación de los conceptos científicos […] Por el contrario, Schutz sugiere que todo sistema abstracto de conceptos debe estar fundamentado en la experiencia.” (Tibbets, 1980: 364-365).

Debemos aquí detenernos en una importante cuestión. En el mismo año en el que se escribe la correspondencia, Schutz trabaja en el texto “La fenomenología y las ciencias sociales” (CPI, 118-139). Allí enfatiza, retomando a Husserl, la necesidad de una fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales. En el texto Schutz argumenta que en toda ciencia la base de sentido es el mundo de la vida (Lebenswelt) precientífico, el mundo de todos nosotros. La percepción del nexo fundacional entre Lebenswelt precientífico y ciencia, puede perderse en el curso del desarrollo de una ciencia a lo largo de los siglos. Como consecuencia de esto, Schutz sostiene que se produce una “división dualista entre un mundo corpóreo real y autónomo y un mundo mental.” (CPI, 130). En principio, debe ser posible aclarar nuevamente ese nexo haciendo evidente la transformación de sentido que este mismo mundo de la vida ha sufrido durante el proceso constante de idealización y formalización que resume la esencia de toda adquisición científica. Si esta clarificación no se produce, o se hace de manera insuficiente, y “si las idealidades creadas por la ciencia sustituyen directa o ingenuamente el mundo de la vida, luego, en una etapa posterior del desarrollo de la ciencia, aparecen problemas de fundamentación.” (CPI, 120). Claramente puede sostenerse aquí que Schutz no está reflexionando en torno a la pregunta kantiana –tampoco utiliza la expresión “ingenuidad” (naivity) en un sentido kantiano–, sino en torno al potencial de la reflexión fenomenológica para la superación de la visión dualista del mundo, que eluda el problema del reemplazo de ese mundo por las idealidades y las formalizaciones de las ciencias.

En este sentido, también la distinción entre filosofía crítica e ingenua puede leerse desde una perspectiva fenomenológica. Según Richard Zaner (1970), es importante reconocer que en muchos casos la ciencia empírica es necesariamente ingenua (naive) en sus puntos de partida y en sus supuestos fundacionales. Decir esto no implica, como señaló Husserl, enredarse en motes peyorativos, puesto que “ingenuidad” (naivity) significa únicamente que cada ciencia empírica necesariamente procede en base a supuestos que se dan por sentados (Zaner, 1970: 59). De tal modo, el interés filosófico puede tomar como centro una variedad de temas. Por sobre todo, la dimensión fundamental de la inquietud filosófica es la de crítica. La crítica, para Zaner, no es un capricho de los filósofos, sino que tiene su fundamento en la actividad predominantemente filosófica y humana denominada “reivindicación” (claim):

De hecho, no es excesivo sugerir la tesis más general, acerca de que no toda reivindicación epistémica, sino que cualquier reivindicación –sea axiológica, ética, metafísica o religiosa– necesariamente invita a la crítica filosófica. La filosofía fenomenológica es ante todo filosofía crítica (Zaner, 1970: 79. Nuestro énfasis).

Esta idea de filosofía fenomenológica como filosofía crítica es la que, según nuestro argumento, orienta la crítica de Schutz a Parsons. Pero volvamos al argumento dominante de los intérpretes:

Puede ser que la fuente del desacuerdo subyacente entre los dos pensadores derive, en parte, de aquello que parece unirlos. En filosofía, el neokantismo ha sido un vecino amistoso de la fenomenología: Natorp y Cassirer, al menos, compartieron un universo de discurso con Husserl. De hecho, Schutz me contó una vez que él había comenzado su vida filosófica como neokantiano. Las etiquetas tienen sus límites. Yo juzgaría, a partir de la correspondencia, no solo que cada hombre entendía un neokantismo implícito de un modo diferente, sino que cada uno de ellos acentuaba un aspecto diferente de la “ciencia” en el neokantismo (Natanson, 1978: xiii).

En este marco es válido preguntarse, ¿por qué los intérpretes resaltan el interés schutziano “implícito” en la noción de ciencia del neokantismo, si Schutz explícitamente en el mencionado artículo de 1940 enfatiza la necesidad de una fundamentación fenomenológica de la ciencia?

[…] creo que estos métodos solo pueden llegar a ser totalmente inteligibles mediante las investigaciones de largo alcance de una fenomenología constitutiva de la actitud natural. Tal ciencia hallará algo más que una guía en las investigaciones efectuadas por Husserl en el campo de la fenomenología trascendental […] Por lo tanto, esta ciencia tiene como tarea aplicar a su propio campo todo el tesoro de conocimientos abierto por Husserl (CPI, 138-139).

En ese mismo texto, Schutz hace referencia[14] al hecho de que la elaboración de tal ciencia ya había sido expuesta en varios de sus principios fundamentales en su obra publicada ocho años antes, SASW. En esa obra aparece claramente el proyecto schutziano de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales:

Nos proponemos […] dar a la sociología comprensiva un fundamento filosófico del que ha carecido hasta ahora y establecer con firmeza su posición básica […] En este proceso, nos referiremos a la obra de dos filósofos cuyos estudios centraron el problema del significado interno del tiempo. El primero es Bergson […] El segundo es Husserl (SASW, 128-129).

Como será demostrado, en ese texto Schutz da forma a su proyecto de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales y a la reivindicación epistémica del mundo de la vida. Y, puesto que tal reivindicación define el proyecto fenomenológico y no el kantiano, no resulta del todo inapropiado hacer hincapié en ese argumento. Mostraremos que más que una pregunta kantiana lo que se formula es un proyecto fenomenológico de largo alcance.

En estos términos, es útil la interpretación de David Rehorick (1980):

Schutz puede ser acusado de fallar en explicar adecuadamente el contexto de significado específico y no peyorativo del término “ingenuo” en el marco de la literatura fenomenológica. Para el fenomenólogo, “ingenuo” refiere simplemente a cualquiera que no haya realizado la “reducción fenomenológica” (Rehorick, 1980: 349).

De este modo, sí acordamos con los intérpretes en que el tema central de la correspondencia es el de la relación entre filosofía y ciencias sociales y el de la distinción entre filosofía ingenua y filosofía crítica con relación a la teoría del conocimiento, pero no desde bases kantianas, sino desde bases fenomenológicas. La reivindicación epistémica del mundo de la vida por parte de Schutz alerta contra la posibilidad de que el investigador reemplace al mundo de la vida cotidiana, con todos sus significados subjetivos, por las idealidades creadas por la ciencia. Esto es lo que aparece claramente en la obra de Parsons, a juicio de Schutz.

Por otra parte, también los comentaristas han señalado el hecho de que en el desarrollo teórico posterior de la obra de Parsons parece disminuir cada vez más la importancia del denominado “elemento voluntarista”. Con ello, Parsons se aleja del punto de partida relativamente subjetivo de su obra temprana y termina por cometer el mismo error adjudicado a Schutz, esto es, la escisión entre la reflexión científica y la vida cotidiana:

Entre la concepción científica y la experiencia cotidiana se abre una laguna alarmante. Si Parsons hubiese considerado en todo su alcance la relevancia de la perspectiva subjetiva, como le sugirió Schutz en 1940, probablemente no hubiese arribado a una concepción tan poco realista de la orientación de la acción (Eberle, 1984: 284 – 289).[15]

Como explica Eberle, Parsons fundamentó el desarrollo de su marco de referencia meta-teórico para la investigación del fenómeno social en el conocimiento de Alfred Whiteheads, esto es, que cada pensamiento científico se abstrae hasta cierto grado. Sin embargo, comete el error de trasladar a ciegas ese principio del ámbito de las ciencias naturales al ámbito de las ciencias sociales. Y son grandes los riesgos que conlleva el abordaje de la realidad social con un marco de referencia externo, del mismo modo que se hace en la naturaleza: “El credo de la teoría de la ciencia parsoniana favorece una construcción de la teoría que se aleja de las bases del mundo de la vida y se convierte en una reificación de la realidad social.” (Eberle, 1984: 295-296).[16]

Resulta relevante, entonces, reflexionar acerca del lugar que debe ocupar la filosofía en la fundamentación de las ciencias sociales, de modo tal de evitar la reificación de la realidad social. El desarrollo de la sociología de base fenomenológica así como también el surgimiento de la etnometodología representa un considerable resurgimiento del interés con relación a la naturaleza de la subjetividad. Este resurgir constituyó, en su momento, un desafío a las opiniones existentes con relación a los supuestos fundamentales acerca del tema:

Las nuevas orientaciones con relación al tema han establecido un desafío epistemológico y metodológico. Sin embargo, esto no ha sido aceptado por la ortodoxia; quizás porque esta área temática se había dado por sentada por tanto tiempo que solo unos pocos se consideraban competentes para aventurarse en ella […] esta crítica a la validez de la sociología más ortodoxa demuestra la importancia, para cualquier juicio acerca de la contribución científica de un abordaje particular a la materia, de un reconocimiento claro de sus supuestos básicos. En otras palabras, hace explícito el inevitable grado de dependencia de una disciplina interesada en el estudio de los fenómenos empíricos respecto de elementos extra-científicos; para ser más específicos, respecto de supuestos filosóficos (Butts, 1975: 186).

Como mostramos en el capítulo anterior, el lugar de la filosofía en la obra de Parsons resulta problemático: “[…] hay una inconsistencia en la obra de Parsons con relación al lugar de la filosofía en su obra.” (Kassab, 1991: 127). Parsons desea separar de un modo estricto la teoría respecto de la metodología y la epistemología. Por su parte Schutz, trabaja con el concepto de Wissenschaftslehre’ (filosofía de la ciencia).

Rehorick y Buxton (1988) dirán que la tajante división establecida por Parsons entre filosofía y ciencia, centro de su desacuerdo con Schutz, se debe a la elección religiosa de Parsons. Para ello, exploran la correspondencia no como un diálogo, sino como un “triálogo” Schutz–Voegelin–Parsons: “Voegelin puede ser considerado como un intermediario entre Parsons y Schutz, una suerte de ‘participante oculto’, pues este estaba fuertemente relacionado con ambos autores durante el período en el que se desarrolló la correspondencia.” (Rehorick & Buxton: 1988: 152). En una carta a Eric Voegelin, Parsons afirma:

Posiblemente uno de los problemas en mi discusión con Schutz descansa en el hecho de que por herencia cultural soy calvinista. No quiero ser un filósofo –yo evito que los problemas filosóficos sean subyacentes a mi trabajo científico. De la misma manera, no creo que él quiera ser un científico, en el sentido en el que yo entiendo el término, hasta haber resuelto todas las dificultades filosóficas subyacentes. Si Schutz hubiese sido el físico del Siglo XVII seguramente no hubiese existido el sistema Newtoniano (Citado en Rehorick & Buxton, 1988: 158).

A la luz de la reflexión religiosa, Rehorick y Buxton sostienen que Parsons había trasladado su fe en la inmanencia de un orden divino del dogma calvinista a la ciencia social empírica. Esto lo conduce a buscar el control de la vida a través de la ciencia del mismo modo en que los miembros del Calvinismo eligen buscar la redención a través de un dominio activo del mundo. También esto significa que las preguntas filosóficas, del tipo de las planteadas por Schutz, no pueden ser consideradas sin cuestionar “la fe” que hace a la actividad científica tanto significativa como posible (Rehorick & Buxton, 1988: 158).

El argumento de estos autores es que los desacuerdos entre Schutz y Parsons tienen sus raíces en “formas de conocimiento” distintas e inconmensurables que implican fundamentalmente diferentes orientaciones hacia la actividad científica. Mientras que Parsons está preocupado por cómo puede ser generado el “conocimiento por el bien de la dominación”, es decir, está preocupado por cómo puede ser alcanzado el “dominio” del orden socio-político, Schutz está preocupado en el “conocimiento por el bien del conocimiento”. Sin embargo, no es nuestro objetivo aquí profundizar en los motivos religiosos de tal escisión entre filosofía y ciencia. Simplemente nos proponemos señalar las consecuencias epistemológicas y metodológicas que trae consigo la comprensión de la ciencia escindida de toda reflexión filosófica. Conviene entonces regresar, a fin de seguir el hilo de nuestra argumentación, a los marcos interpretativos propuestos por los intérpretes.

3. El dualismo apriorismo versus empirismo en el nivel de la construcción de conceptos en ciencias sociales

Otra acusación de dualismo recae sobre Schutz, ahora en el nivel de la construcción de conceptos en ciencias sociales. Según esta imputación, tanto Schutz como Parsons se enfrentaron al problema de producir teorías generales y universales de la acción que a la vez sean compatibles con el análisis del punto de vista subjetivo. Desde la perspectiva de Thomas Wilson (2005), Schutz hereda esta problemática de las discusiones planteadas en el seno de la escuela austríaca de economía. Según el análisis de Wilson, a pesar de que ambos autores intentaron dar respuesta a ese problema, fracasaron en el intento de abordar el punto de vista subjetivo. Para otros intérpretes (Fitzhenry, 1986; Zaret, 1980), ese problema surge de la lectura que los autores hacen de la sociología comprensiva weberiana. El corolario de ambos esfuerzos sería la emergencia de una ruptura de las teorías generales respecto de la realidad histórica concreta. En el marco de este análisis se le adjudica a Schutz un dualismo entre apriorismo y empirismo.

3.1. Las limitaciones de las teorías universales y la imposibilidad de iluminar el punto de vista subjetivo del actor

Para Wilson, Schutz y Parsons poseían concepciones distintas acerca de la sociología que los conducían a diferentes abordajes de un importante problema que ambos enfrentaron: el del desarrollo de una teoría basada en conceptos generales con pretensión de validez universal que incorpore, a su vez, el punto de vista subjetivo del actor. El desafío consistió en representar los puntos de vista subjetivos de los actores con conceptos teóricos universales:

¿Cómo puede obtenerse un conocimiento del mundo social en base a conceptos universales si ese mundo se fundamenta en la experiencia subjetiva de los miembros? La metodología schutziana para la formación de conceptos estuvo en parte dirigida a resolver este problema (Wilson, 2005: 19-20).

Siguiendo las reflexiones de Christopher Prendergast (1986), Wilson recupera un aspecto poco explorado de la obra de Schutz: su compromiso con la particular concepción de la ciencia social sostenida por la escuela austríaca de economía y con su metodología para la formación de conceptos. La metodología schutziana presentada en SASW estuvo orientada a dos problemas críticos en la fundación de la escuela: el primero, el de dar cuenta del modo en el que los actores pueden tener un conocimiento suficientemente confiable de las creencias y los motivos de los Otros, que les permita mantener un intercambio económico estable y, en segundo lugar, el de proveer una fundamentación al supuesto central de la escuela sobre sus conceptos teóricos, los que no pueden ser contingentes, sino que deben ser válidos a priori (Wilson, 2005: 20).

Según Wilson, ninguno de los dos autores pudo dar cuenta del punto de vista subjetivo en razón de sus diferentes puntos de partida. Schutz no logra articular el análisis del punto de vista subjetivo con la construcción de conceptos universales, problemática heredada de la escuela austríaca de economía (Wilson, 2005: 42-44). Tampoco lo logra Parsons. Para Wilson, Schutz y Parsons sostenían ideas radicalmente distintas sobre la naturaleza de la teoría en las ciencias sociales y, en consecuencia, trataban el problema de la subjetividad de forma muy diferente. Esto surge explícitamente como uno de los puntos más importantes de desacuerdo en el intercambio. Si bien sus concepciones sobre la teoría eran fundamentalmente distintas, en cada caso el problema de la subjetividad no solo no fue resuelto, sino que fue eludido. Wilson sugiere que la imposibilidad de tratar el problema surge de uno de los supuestos que Schutz y Parsons de hecho comparten, esto es, el hecho de que la indagación sociológica debe estar enmarcada en términos de conceptos fijos (fixed concepts) claramente definidos (Wilson, 2005: 21).

Siguiendo este argumento, el problema que surge entonces con la solución schutziana al problema de la subjetividad es que no es de ningún modo una solución. Pues en su metodología no se plantea la pregunta acerca de si los actores reales poseen o no en realidad los motivos y las interpretaciones atribuidos a sus construcciones. Al fin y al cabo, los motivos y las interpretaciones reales de los actores concretos acerca de sus circunstancias no aparecen en la interpretación acerca del fenómeno social (Wilson, 2005: 44).

El tratamiento parsoniano del problema de la subjetividad también es insatisfactorio desde esta perspectiva. El punto central es que en la teoría de Parsons lo importante son solo aquellos aspectos de las interpretaciones concretas del actor explícitamente formuladas en el esquema conceptual del observador científico. En pocas palabras, lo que cuenta son aquellos aspectos del punto de vista subjetivo del actor que son representados en términos de los conceptos del teórico y, una vez más, los motivos e interpretaciones del actor concreto desaparecen de la indagación sociológica:

Para ambos, el […] quid de la cuestión no es su énfasis en el punto de vista subjetivo del actor, sino el supuesto de que la comprensión objetiva del fenómeno social debe realizarse a través de conceptos y principios fijos […] el movimiento apropiado consiste en conservar en el centro el punto de vista subjetivo del actor, pero abandonando la insistencia en que la explicación del fenómeno social deber realizarse a través de la aplicación de categorías fijas universales (Wilson, 2005: 45).

3.2. El dualismo entre las teorías generales y la realidad histórica concreta

Para otros autores (Fitzhenry, 1986; Zaret, 1980) tanto Schutz como Parsons deshistorizan de igual modo el pensamiento de Weber. Según estos intérpretes, ambos buscaron de forma distinta someter a crítica, en el sentido positivo, el contenido de la estructura conceptual desarrollada por Weber con el objeto de extender la categoría de acción sobre bases universales y adecuarla a la formación de conceptos de alcance general:

Pues para Weber las ciencias histórico-sociales son ciencias de la ‘eterna juventud’ cuyos tipos ideales solo pueden ser ‘transitorios’ […] De este modo, un cierto minimalismo, si no anarquismo, domina la visión weberiana del objeto de su sociología histórica y el resultado de esta posición es el estado provisional de su estructura formal conceptual tal como es tratada explícitamente en sus escritos y acerca de la cual, de modos diferentes, se quejan Schutz y Parsons (Fitzhenry, 1986: 147-148).

Según Roy Fitzhenry, el concepto de cultura le provee a Parsons los medios para deshistorizar el pensamiento de Weber. Lo mismo hace Schutz con el conocimiento pre-predicativo como fundamento de la comprensión subjetiva, al plantear que su estructura, en tanto condición de posibilidad del pensamiento y del conocimiento involucra una descripción de la estructura única, invariante y a priori de la mente (Fitzhenry, 1986: 153 y 166). Si tanto Schutz como Parsons fracasan en su interpretación de Weber al punto tal de deshistorizarlo, quizás sea este un síntoma de un movimiento mucho más amplio del siglo XX en el cual el concepto de significado fue polarizado o bien con relación a las actitudes de los individuos, o bien con relación a una ideología generada estructuralmente (Fitzhenry, 1986: 178).

Por su parte, David Zaret (1980) examina la tendencia a disociar las síntesis teóricas respecto de la investigación histórica y de formular teorías generales de la sociedad carente de limitaciones históricas. En este marco, analiza “dos importantes ejemplos de esta tendencia”: los usos de la sociología weberiana por parte de Parsons y Schutz, los que derivan en teorías generales de la acción social. Los escritos tempranos de Schutz y Parsons superan, de modo distinto, las críticas a los límites de su teoría general eliminando el componente histórico del pensamiento de Weber.

La teoría de la acción toma como punto de partida las orientaciones subjetivas de los actores hacia su acción proyectada. Esta premisa indica, según el autor, los intereses teóricos e ideológicos compartidos por Weber, Parsons y Schutz. Pero de modos distintos los escritos de Parsons y Schutz en los años 30 revisaron de modo crítico a Weber con el objeto de formular teorías de la acción social. Ambas revisiones eliminaron el problema del conocimiento histórico en el trabajo teórico a fin de superar la profundamente arraigada desconfianza de Weber en la teoría social general y en los conceptos transhistóricos no vinculados a intereses morales y políticos particulares (Zaret, 1980: 1181). Tanto Schutz como Parsons, investigadores críticos de Weber, comprendieron la imposibilidad de establecer, dentro del estricto marco weberiano, teorías generales de la acción capaces de mantener el “punto de vista subjetivo” (Zaret, 1980: 1189).[17]

Las teorías de la acción desarrolladas por Parsons y por Schutz en sus escritos tempranos comienzan con el problema del significado planteado por Weber. Los tres teóricos argumentan que los rasgos emergentes de la vida social son el resultado de la persecución de fines que resultan significativos para los actores. Weber, sin embargo, insiste en que la identificación de los fines significativos de la acción presupone un conjunto de relevancias valorativas: los intereses culturales del teórico limitan el número potencialmente infinito de motivos de la acción causalmente eficaces. El problema del conocimiento histórico se revela, en Weber, en la importancia otorgada a la noción de Wertbeziehung[18] (relación valorativa o de valor). Mediante esta noción se indica que los objetos de análisis son afirmaciones selectivas acerca de la realidad, es decir, están selectivamente construidos. La construcción de los hechos en las ciencias sociales posee un significado cultural, de tal modo, los valores establecen puntos de vista selectivos que crean eventos discretos a partir del flujo de la historia.

Con relación al problema del conocimiento histórico planteado por la noción de Wertbeziehung, Zaret sostiene que los tipos ideales son herramientas del análisis causal y que, por lo tanto, están indirectamente gobernadas por el principio de Wertbeziehung que guía la construcción de objetos de análisis. Esa relación valorativa o de valor justifica epistemológicamente los procedimientos interpretativos en sociología y la orienta de modo práctico a sus tareas. Para Weber, la reflexión histórica establece la relación del teórico con su tema y constituye los objetos potenciales de análisis.

La interpretación del autor plantea que tanto Parsons como Schutz transforman radicalmente este rasgo del trabajo weberiano, eliminando de sus propias teorías de la acción social el principio de Wertbeziehung y el problema del conocimiento histórico. Por un lado, el análisis schutziano revela la irrelevancia de este principio, pues ningún juicio es posible en tanto pueda violar la premisa de la epoché. En la teoría de la acción schutziana subyace una ontología del mundo de la vida que elude los problemas centrales de la sociología weberiana surgidos de la cuestión del conocimiento histórico. Las estimaciones históricas de las causas adecuadas y de las consecuencias significativas de los esfuerzos por realizar fines valorados son extraños para el uso de los tipos ideales schutzianos. En su lugar, Schutz reduce la historia misma a un campo subjetivo de experiencia y a las categorías de intimidad y de anonimato (Zaret, 1980: 1192).

Por su lado, Parsons defiende una “visión analítica” en oposición a las concepciones teóricas historicistas las que, a su juicio, constriñen de modo excesivo la teoría weberiana. Parsons reclama que Weber no era consciente de la teoría analítica general implicada en sus tipos ideales y, por tanto, no agotó las posibilidades analíticas presentes en su investigación empírica. En general, en SSA se intenta rectificar el uso weberiano de los conceptos típico-ideales por conceptos analíticos más generales. Esto, a su vez, conduce a la pérdida de los límites que el problema del conocimiento histórico impone sobre la teoría analítica de las ciencias sociales. El significado subjetivo de la acción, para Weber, se constituye selectivamente por el interés del teórico y se demuestra empíricamente por los métodos históricos, los que excluyen la reducción estrictamente analítica. Parsons sortea estas limitaciones reformulando el problema del significado en términos normativos. Sus escritos tempranos argumentan que los fines últimos de la acción tienden innatamente a la integración normativa. Para Parsons, las normas son rasgos objetivos de la sociedad (Zaret, 1980: 1194-1195). Además, en el esquema parsoniano, el trabajo histórico pone a prueba retrospectivamente las teorías generales de la sociedad. Así, la historia es reducida a un campo de validación de proposiciones generales las que se desarrollan de modo aislado. A esto denomina el autor el “eclipse de la historia” (Zaret, 1980: 1198) en el surgimiento de la sociología académica. Ese “eclipse” no solo se limita a la revisión parsoniana o schutziana de Weber, sino que es una tendencia más amplia del pensamiento sociológico contemporáneo.

En suma, para el autor, las perspectivas de Schutz y Parsons aparecen como contrapuestas si se toma como referencia la reformulación de los conceptos weberianos. Sin embargo, a pesar de esa contraposición, en ambos se produce un eclipse de la reflexión histórica: “[…] en primer lugar, la visión heurística de los conceptos weberianos es reformulada, de modos antitéticos, para justificar teorías generales de la sociedad, en segundo lugar, la centralidad de la indagación histórica para la teoría es abolida.” (Zaret, 1980: 1197).

4. Análisis crítico

Esta segunda aproximación a la estructura de sentido de nuestro objeto de indagación nos permitió recuperar una interpretación dominante que encuadra el debate epistolar dentro de la problemática del dualismo. Desde ese marco hermenéutico, se interpretan las contribuciones de ambos autores, como proyectos antitéticos y contrapuestos. Esa “antítesis” se fundamenta en un análisis de la obra de Weber y en la posibilidad de escisión de su perspectiva teórica. Desde ese marco interpretativo, los intérpretes suponen que Schutz escinde el significado subjetivo respecto del objetivo. Y esto no solo en el nivel de la descripción de los rasgos del mundo de la vida (acción subjetiva versus orden social), sino en el de la reflexión en ciencias sociales (perspectiva subjetivista versus objetivista). En el marco de esa escisión los sociólogos protagonistas del intercambio epistolar estarían reduciendo el análisis a un único polo de la dicotomía. Acción subjetiva versus orden social es la dicotomía que se plantea para describir los rasgos del mundo de la vida. Subjetivismo versus objetivismo es la utilizada para definir la actitud del científico social. Desde este punto de vista, Schutz habría optado por el abordaje de la acción subjetiva, Parsons por el del orden social. En consecuencia, el abordaje del primero es calificado de subjetivista y el del segundo de objetivista.

Adicionalmente, el problema central para muchos de los intérpretes es el dualismo presente en las reflexiones schutzianas entre el mundo de la vida y el de la reflexión científica. Según esta visión, mientras Schutz se interesa por establecer un agudo contraste entre el conocimiento de sentido común y el conocimiento científico, para Parsons ese vínculo únicamente aparece como una “cuestión de refinamiento”. De tal modo, este último plantea una especie de subordinación del mundo de la vida y del conocimiento de sentido común respecto de la racionalidad propia del conocimiento científico, lo que conlleva una pérdida del sentido subjetivo que los propios actores asignan a su mundo. Para Schutz, la referencia operaría en sentido contrario, el conocimiento científico debe fundamentarse en los rasgos del mundo de la vida y, para ello, es necesario incorporar la reflexión filosófica. Es de este modo que señala que una comprensión genuina de ese mundo requiere de construcciones con una sólida fundamentación en la realidad social. Por tal motivo, se precisa una investigación preliminar de la realidad social antes del desarrollo de cualquier esquema metodológico para las ciencias sociales. Schutz propone la búsqueda de esos fundamentos desde una filosofía crítica, es decir, desde una perspectiva fenomenológica, que supere las limitaciones de una postura filosófica ingenua (naive), la que da por sentados los puntos de partida y los supuestos fundacionales de toda ciencia empírica. En este sentido, sería Parsons quien da por sentado de forma ingenua el conocimiento de sentido común sin indagar en sus rasgos constitutivos. Como se señaló más arriba, la discusión sobre la relación entre filosofía y ciencias sociales y la distinción entre filosofía ingenua y filosofía crítica con relación a la teoría del conocimiento, está en el corazón de la correspondencia. No obstante, la postura de Schutz no parte de bases kantianas, sino fenomenológicas. La denominada reivindicación epistémica del mundo de la vida alerta contra la posibilidad de que el investigador ignore ese mundo, con todos sus significados subjetivos, y ponga en su lugar idealidades creadas por la ciencia. Esto es lo que aparece claramente en la obra de Parsons, a juicio de Schutz.

Por último, nos interesa rescatar que la acusación de dualismo apriorismo versus empirismo con el consecuente “eclipse” de la reflexión histórica en la obra de Schutz también resulta infundada. Para los intérpretes tanto Schutz como Parsons se enfrentaron, a partir de la lectura de la sociología comprensiva weberiana, al problema de producir teorías generales y universales de la acción que mantengan el punto de vista subjetivo. Acordamos con los autores que sostienen que el problema de la construcción de conceptos generales y universales puede rastrearse en la escuela austríaca de economía. Sin embargo, rechazamos la clasificación de dualista, pues justamente a raíz de la inserción de Schutz en las discusiones de la escuela, se plantea un intento de superación de los dualismos (subjetivismo–objetivismo, apriorismo–empirismo y mundo de la vida–ciencia) a partir de su proyecto de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales.[19]

En el marco de estas discusiones es posible preguntarse: ¿por qué la teoría sociológica contemporánea presenta las contribuciones de Schutz y Parsons como antitéticas, si Schutz desde el comienzo tuvo la intención de imprimir a sus reflexiones un sentido de complementariedad? A fin de dar respuesta a este interrogante, en el capítulo siguiente seguiremos la ruta de la comprensión hermenéutica y recuperaremos la interpretación retrospectiva de Parsons sobre la correspondencia. Con ello, podremos comenzar a trazar una genealogía histórico-conceptual en torno a la problemática dualista y a la distinción conceptual subjetivismo–objetivismo, apriorismo–empirismo y mundo de la vida–ciencia. En las reflexiones que siguen, se pasa revista a la interpretación retrospectiva de Parsons a sus cartas con Schutz, considerándola como un antecedente inmediato de las interpretaciones analizadas en este capítulo. Del mismo modo, se recupera la tradición inaugurada por Parsons en algunos textos clásicos de la teoría sociológica contemporánea. Demostraremos que la interpretación de Parsons acerca de la correspondencia no solo ha logrado imponerse como marco interpretativo dominante para la misma, sino que también ha servido como guía para la interpretación dualista que la teoría sociológica hace de la obra de Schutz. De este modo, será posible hablar de una “tradición histórico-conceptual” que interpreta la obra de Schutz y sus vínculos con la obra de Parsons desde la problemática del dualismo.


  1. Más allá del subjetivismo y del objetivismo –tal es su traducción al castellano– es uno de los pocos trabajos sistemáticos que se han escrito acerca de la correspondencia entre los autores. El otro trabajo importante es el ya mencionado libro Kassab (1991) The Theory of Social Action in Schutz-Parsons Debate. Social action, social personality and social reality in the early works of Schutz and Parsons: a critical study of Schutz-Parsons correspondence.
  2. “In Schütz’ und Parsons’ Arbeiten fällt auseinander, was bei Weber noch integral verbunden ist. Er setzt kein Prioritätsverhältnis zwischen Handlungs-subjekt und Ordnung. Schütz radikalisiert die subjektive Perspektive, Parsons dagegen betont vor allem die objektive Perspektive. Die sich ergebenden Schwierigkeiten dieser Theorien sind komplementär: Während Schütz das Ordnungsproblem nicht in den Griff bekommt, fehlt Parsons ein adäquater und gehaltvoller Begriff des Handlungssubjekts.” (Schwinn, 1993: 12).
  3. “Der Briefwechsel zwischen Schütz und Parsons dokumentiert einen der ersten Versuche in Bezug auf das soziologische Grundproblem von Handlung und Ordnung in einen Dialog einzutreten. Für die heutige Theoriediskussion ist er daher von besonderem Interesse. Parsons und Schütz sind die Gründungsväter von unterschiedlichen Theorieströmungen, deren Nachfolger heute versuchen die Mikro-Makro-Spaltung zu überbrücken.” (Schwinn, 1993: 357).
  4. En su reseña al libro de Schwinn, Tyrrel (1996) sostiene que en el contenido de ese libro aparecen tres tratamientos: “uno, el de Alfred Schutz que se presenta como un ejemplo de ‘subjetivismo extremo’, el segundo, que apunta en la dirección contraria, Talcott Parsons y la posición extrema de ‘objetivismo radical’ y, finalmente, un tercero […] en el que se ubica a Max Weber como un hombre ‘en el medio’” (Tyrrel, 1996: 172). “Statt dessen enthält das Buch […] drei lange […] Abhandlungen: eine, die Alfred Schütz als Exempel für ‘extremen Subjektivismus’ vorführt, eine zweite, die im Gegenzug Talcott Parsons in die Extremposition des ‘radicalen Objektivismus’ drängt, und eine dritte schlieβlich, die den Anfang bildet und in der man Max Weber als einen Mann ‘der Mitte’ kennenlernt.” (Tyrrel, 1996: 172).
  5. “Auch führt die damit implizit einhergehende, irritierende Gleichsetzung der Begriffe ‘Subjektivität–Selbstbewuβtsein–Handlung–Mikrobereich’ auf der einen und ‘Intersubjektivität–Sozialität–Ordnung–Makrobereich’ auf der anderen Seite wiederum zu einer konzeptionellen Anliegen Schwinns gegenüber gegenläufigen Dichotomisierung von individueller und sozialer Prozesse.” (Endress, 1995: 236).
  6. “Zumindest in den späteren Arbeiten von A. Schütz (Collected Papers) findet sich, wahrscheinlich durch den Einfluβ des Amerikanischen Pragmatismus und Funktionalismus, ein Dualismus zwischen egologisch begründeter Individualität und empirisch-genetisch eingeführter Sozialität.” (Amann, 1988: 341).
  7. “Dass Parsons und Schütz derart unterschiedliche Motivtheorien entwickeln, hängt mit ihren Fragestellungen zusammen: Schütz ist an der subjektiven Konstitution von Motiven interessiert, Parsons dagegen am Problem der sozialen Ordnung.” (Eberle, 1984: 283).
  8. […] wie unterschiedlich Schütz und Parsons die Frage der Motivation des Handelns auffassen. Während Schütz sie als biographisch aufgebaute, subjektive Sinnsysteme analysiert, fragt Parsons danach, welche Motive durch gesellschaftliche Institutionen jeweils als zulässig festgelegt werden. Während der eine der Konstitution von Motiven nachgeht, steht für den anderen deren soziale Kontrolle im Mittelpunkt (Sprondel, 1977: 18).
  9. “La racionalidad incluye la eficiencia (la noción utilitaria) y el uso calculado de la información (el abordaje positivista). Schutz argumenta que el ámbito de la toma de decisiones en el mundo de la vida cotidiana es más amplio que eso e incorpora tanto los motivos pragmáticos como los ‘planes de vida’ del actor.” (Jules Rosette, 1980: 320).
  10. “Sin embargo, al parecer, la principal causa radica en otro lugar, esto es, en las visiones discrepantes de ambos autores con relación al rol que debe jugar la filosofía en las ciencias sociales.” (Valone, 1980: 383).
  11. Es posible leer esta interpretación en una carta de Eric Voegelin a Parsons. El disgusto de Parsons con la calificación que hace Schutz de su obra como ingenua (naive), de acuerdo a Voegelin era inapropiado, pues: “en el contexto de Schutz ese término no significa una crítica a sus esfuerzos, por el contrario, es utilizada en el sentido de la dicotomía kantiana ingenua (naive)–crítica, en este contexto, por ingenua significa la actitud de atención directa al objeto de la ciencia, por actitud crítica quiere significar la actitud de reflexión consciente acerca de los propios instrumentos de percepción.” (Citado en Rehorick & Buxton: 1988: 159).
  12. La explicación de Kassab del fracaso del diálogo entre los autores –su argumento en torno a la distinción investigación breve y limitada versus examen riguroso–, “es mucho menos exitoso. Su incapacidad para explicar ese fracaso en el intercambio resulta en un esquema de referencia bastante limitado que la autora utiliza para examinar el trabajo de ambos y su debate posterior.” (Buxton, 1994: 269).
  13. Para un desarrollo de la noción de “epistemic claim” véase Zaner (1970), Gurwitsch (1974) y Grathoff (1978b).
  14. CPI, 139. Nota al pie Nro. 22.
  15. “Zwischen wissenschaftlicher Konzeption und Alltagserfahrung klafft damit eine beunruhigende Lücke. Hätte Parsons die Relevanz der subjektiven Perspektive, wie sie ihm Schütz 1940 nahelegte, in ihrer Tragweite erfasst, so hätte er kaum zu einer derart unrealistischen Konzeption der Handlungsorientierung kommen können.” (Eberle, 1984: 284 – 289).
  16. “Parsons’ wissenschaftstheoretisches Credo begünstigt eine Theoriekonstruktion, welche sich von der lebensweltlichen Basis entfernt und zur Reifikation socialer Realität wird” (Eberle, 1984: 295-296).
  17. Así, para algunos intérpretes, podría hallarse una convergencia entre los autores. Para Jules-Rosette (1980) “el abordaje general de la evidencia desarrollado por Parsons en su teoría de la acción refleja inquietudes con relación a la naturaleza y al estatus de la verdad científica que concuerdan con las del análisis fenomenológico. En ambos casos, el problema de establecer verdades universales y procedimientos de verificación adecuados constituyó una preocupación legítima en el desarrollo de una definición básica de ciencia.” (Jules-Rosette, 1980: 314). Por tal motivo, la autora ha visto en Parsons una especie de “fenomenología latente”. Sin embargo, también se hace claro en la obra parsoniana un conflicto entre tendencias fenomenológicas y racionales. Desde esta perspectiva, “el conflicto de orientaciones está en la raíz del desacuerdo con Schutz.” (Jules-Rosette, 1980: 312 y 544). Del mismo modo, Rehorick (1980) sostiene que Parsons puede ser pensado como un “fenomenólogo en ciernes” (Budding Phenomenologist) y se pregunta ¿por qué motivo lo fenomenológico nunca floreció? (Rehorick, 1980: 350-353). Lamentablemente, en sus análisis esa pregunta queda sin una respuesta concreta.
  18. Cfr. Weber (1988 [1922]).
  19. Este argumento fue desarrollado en mi tesis de maestría. Véase López (2010).


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