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Reflexiones finales a modo de conclusión

A lo largo del presente trabajo hemos enfocado en las formas organizativas y en las subjetividades políticas que componen el Frente Popular Darío Santillán, a partir del análisis de los ethos militantes de las generaciones políticas que en dicho movimiento coexisten.

Entendiendo a los movimientos sociales de Argentina como unidades analíticas específicas respecto de las particularidades en las formaciones sociales y políticas de América Latina, creemos que las tensiones, prácticas, relaciones y experiencias orgánicas que tienen lugar al interior de un movimiento social local deben ser entendidas a partir de la contemplación de esas especificidades. Así es que abordamos estos procesos en el movimiento, principalmente desde un paradigma crítico ligado a la ‘nueva epistemología desde el sur’, a partir del cual pudimos leer las relaciones y procesos que acontecen al interior del movimiento teniendo en consideración los procesos identitarios que nutren a sus militantes, pero también desde una valoración de estos movimientos como capaces de crear nuevas experiencias de organización y resistencia.

Desde ese marco, hemos presentado una caracterización de los ethos militantes en las generaciones políticas delimitadas en función de cuatro dimensiones: la orientación estratégica, la toma de decisiones, el perfil táctico y el capital militante. A partir de dicha caracterización fuimos sustentando la emergencia de un ‘nuevo ethos militante’ para América Latina que, en el plano local, encuentra uno de sus puntos de trasparencia en nuestra unidad de estudio.

Ahora bien, tal vez algunos de los estudios recientes respecto de estos movimientos, aun desde el paradigma crítico, no lograron profundizar en los procesos complejos y contradictorios que el análisis de un caso en profundidad permite visibilizar. Es así que nos propusimos observar cómo ese nuevo ethos militante se yuxtapone con subjetividades, prácticas políticas e imaginarios propios de otras generaciones y, principalmente, de otro ethos militante que signó una época política en nuestro país: el ethos setentista.

Con ello, una de las primera conclusiones generales que surgen respecto de nuestro trabajo refiere a que esta ‘hegemonía’ del ethos ‘01 en cuanto a las formas organizativas y a las subjetividades políticas que nutren las organizaciones populares recientes, se configura en un complejo escenario de articulación e integración con dinámicas, modalidades y orientaciones características de otros ethos militantes. De esa manera, la novedad parecería no estar dada simplemente a partir de la emergencia de nuevas formas organizativas sino en función de articulaciones novedosas donde se integran nuevas y viejas prácticas y subjetividades políticas.

El derrotero de la organización: articulación de ethos militantes y contexto institucional

En el capítulo 2, presentamos un análisis del ‘nuevo ethos militante’ que emergió en América Latina a partir de mediados de la década del ’90 en función de las características básicas que comienzan a presentar las experiencias más resonantes de organización y movimientos populares en el subcontinente, como el zapatismo contemporáneo del sur de México, el movimiento Sin Tierra del Brasil, las organizaciones indígenas de Bolivia y la multiplicidad de organizaciones sociales, colectivos culturales y movimientos de desocupados que apareciera en Argentina. Como factores comunes que caracterizan al nuevo ethos militante encontramos la centralidad del tipo de organización ‘socioterritorial’, la fuerte presencia de las demandas de autonomía y la búsqueda por la construcción desde las prácticas prefigurativas.

En ese marco, la lectura de la relación entre el movimiento y el contexto institucional que presentamos en el capítulo 3, donde observamos los modos en que el Frente Popular Darío Santillán construyó su estrategia de autonomía frente a los gobiernos kirchneristas, habilitan una serie de reflexiones finales en clave generacional.

En primer lugar, la autonomía que se propone construir el movimiento respecto de los diferentes niveles de gobierno y de las distintas estructuras partidarias clásicas, es una estrategia no lineal sino compleja y dinámica. Ese dinamismo demuestra que las relaciones que se propuso el movimiento respecto del gobierno nacional, por ejemplo fueron mostrando diferentes perspectivas y matices según el contexto institucional, la correlación de fuerzas y/o la etapa política. Antes entonces que una ‘autonomía’ pura frente a los gobiernos kirchneristas, la autonomía en este caso funcionó como un gran marco general a partir del cual el FPDS se propuso relacionarse con las estructuras tradicionales de la política nacional. Sostenemos a partir de ello, que la principal característica de esa autonomía radica en la capacidad del movimiento de continuar autogestionando su perfil político, al margen de las determinaciones de los gobiernos que están en el poder.

Esto no implica, no obstante, proponer una autonomía cercana al ‘autismo’ o al encapsulamiento en las propias demandas del movimiento como advertía Munck (1995), versión más extremista de algunas expresiones radicales que el ethos ‘01 logró cristalizar en determinadas organizaciones y que fueron conceptualizadas por la bibliografía consultada como expresiones de la exacerbación de los movimientos ‘autonomistas’ locales (Katz, 2004; Mazzeo, 2006).

Por el contrario, la estrategia que el movimiento desplegó no fue ajena al contexto político nacional ni consideró que la construcción desde la ‘autonomía’ implicara pensar sus estrategias políticas al margen de los cambios institucionales. Como vimos en el capítulo 3, los diferentes ciclos políticos del Frente, desde el énfasis inicial en los movimientos barriales, hasta la posterior apuesta a un eje de acumulación estudiantil-sindical-cultural, respondieron a lo que llamamos una ‘conjunción de lecturas’, antes que a un ‘autonomismo automático’. Vimos así que la apuesta por construir una organización multisectorial, por ejemplo, fue una de las expresiones de esta ‘conjunción de lecturas’. A partir de una lectura ‘longitudinal’, pudimos observar que el FPDS combinó, por un lado, una respuesta del movimiento ante las políticas centrales de los gobiernos kirchneristas (que desmovilizaron en gran parte a las organizaciones barriales) con, por otro lado, el desarrollo de una línea estratégica e histórica del movimiento, donde la multisectorialidad fue asumida como concepto privilegiado a partir del cual concebir el sujeto de cambio.

Esta conjunción de lecturas y la apuesta estratégica a la multisectorialidad, ponen de relieve una nueva concepción de la estrategia política para los movimientos populares, donde el trabajo militante en diferentes sectores no se piensa a partir de una organización política que despliega diversos ‘frentes de masas’ (estudiantil, barrial, sindical), forma organizativa clásica de las organizaciones setentista, sino que es a partir de una concepción movimientista y multisectorial donde se pretende construir la estrategia política. Así, creemos que dicha perspectiva es expresión de una primera novedad del movimiento que, consideramos, proviene principalmente de la yuxtaposición de la nueva subjetividad militante con las generaciones anteriores.

Para focalizar en profundidad esta coexistencia novedosa, nos propusimos analizar tres aspectos claves de esta aparente nueva forma organizativa de los movimientos y de los ethos militantes: la toma de decisiones a partir de los capitales militantes, y el perfil táctico; tareas cuya realización encaramos en los capítulos 4 y 5 respectivamente.

La toma de decisiones y los capitales militantes: más allá del binarismo ‘horizontalidad-verticalidad’

Hemos visto en nuestro marco teórico y en el capítulo 3, que la literatura especializada destacaba la tendencia ‘horizontalista’ en lo que refiere a la toma de decisiones en el ‘nuevo ethos militante’ y en las organizaciones que por él se componen (Zibechi, 1999; Ferrara, 2003). A partir del estudio empírico de la toma de decisiones en función de una tipología propia, donde identificamos dimensiones tales como la proyección de la decisión, el nivel de organicidad de la misma, el tipo de consenso sobre el cual se asienta la decisión y el tipo de capital militante requerido para participar de la decisión, pudimos presentar una serie de conclusiones que dan cuenta de los vínculos entre ‘ethos militante’ y ‘formas organizativas’ en la toma de decisiones en nuestra unidad de estudio.

En primer lugar, surge luego del trabajo de campo que antes que un modo uniforme para la toma de decisiones, sea éste vertical u horizontal, el esquema decisional del FPDS se podría definir como una constelación de prácticas decisionales de diversos tipos anclada en la búsqueda de consensos. Difícilmente podamos entonces definir el tipo de toma de decisión que aparece en nuestro caso de estudio de forma lineal o esquemática.

Por el contrario, la ‘constelación de prácticas decisionales’ que presenta el FPDS, articula modalidades asamblearias con prácticas decisionistas, a la vez que promueve decisiones tomadas en instancias multisectoriales con otras tomadas en instancias sectoriales; sumado a ello, son frecuentes las decisiones tomadas por un responsable de una actividad, así también como las decisiones tomadas por un conjunto de referentes, exentas de debate colectivo.

Ahora bien, esta diversidad de modalidades de toma de decisiones no nos debe impedir sin embargo, establecer grados intermedios de generalización que permitan dar cuenta de las formas predominantes de toma de decisiones. En ese sentido todas estas diversas formas de tomar una decisión presentan el factor común que denominamos: ‘búsqueda de consensos’. Entendemos por ‘búsqueda de consensos’ el énfasis colectivo puesto por la militancia del FPDS en que las decisiones busquen, más allá del tipo de tratamiento que lleven, anclarse en consensos colectivos de la organización. Queremos resaltar aquí, que no estamos hablando de que el factor común es el ‘consenso’, sino la búsqueda del mismo; esa búsqueda, que puede derivar en la construcción o no del consenso, se materializa de formas diversas en nuestra base empírica.

La aparición de mecanismos novedosos tendientes a trazar puentes entre la decisión y los pisos de acuerdos previos, como la mencionada ‘consulta de referentes’ o la realización de ‘asambleas extraordinarias’, por ejemplo, son dinámicas orgánicas concretas, aunque de funcionamiento irregular, que vienen a dar cuenta de esta materialización empírica de la búsqueda de consensos. Observamos también que los testimonios de los entrevistados abundan en ejemplos donde se busca respetar consensos previos o construir consensos nuevos, antes de tomar una decisión, lo que daría cuenta de la dimensión ‘subjetiva’ de esta búsqueda de consensos. Sostenemos que esta búsqueda por hacer prevalecer los consensos o por construirlos en caso de que no los hubiera, presenta puntos de diálogo y de tensión tanto con el ethos ‘01 como los otros ethos militantes. Puntos que mirados desde una óptica simplificada, no lograríamos comprender.

Ahora bien, también debemos destacar que en el análisis empírico dimos cuenta de un campo decisional que funcionaría como ‘punto ciego’, en el cual el esquema de toma de decisiones del movimiento tiene serias dificultades para dar respuesta. A partir del ejemplo del debate sobre la participación electoral del movimiento, debate que consolidó posiciones enfrentadas representadas por sectores y regionales con niveles equitativos de capital militante colectivo acumulado, el esquema decisional anclado en la búsqueda de consensos no resultó satisfactorio, generando una incapacidad de sintetizar una postura durante varios años en el movimiento. Así, el esquema decisional no debe ser pensado como un mecanismo homogéneo y sin fisuras sino, por el contrario, como un complejo espacio que presenta límites, potencialidades y elementos perfectibles.

A pesar de estas limitaciones, no podríamos negar que la búsqueda de consensos continúa estando presente como matriz común, aún incluso en los casos en que se abordan decisiones que dificultan la construcción de consensos. Es así entonces que nos permitimos volver a resaltar los puntos de diálogo y de tensión que este esquema decisional tiene tanto con el ‘ethos 01’ como con el ethos setentista.

Nos resulta central dar cuenta de estos matices y complejidades, siendo que la producción académica en general que se ocupó del análisis de la toma de decisiones en los movimientos contemporáneos, no logró transcender un esquema binario donde horizontalidad-verticalidad eran utilizados como un tándem clasificador donde el abordaje simplificador primó. Por el contrario, surge de nuestro trabajo que la clasificación a partir de esquemas rígidos y puros no logra dar cuenta de la complejidad empírica que presenta un movimiento en sus dinámicas concretas. Así, insistimos en que las formas organizativas de nuestro caso de estudio, en lo que refiere a la toma de decisiones y a los ethos militantes que se expresan en ello, trascienden la mera tensión entre horizontalidad y verticalidad.

Ahora bien, a pesar entonces que no podríamos caracterizar al FPDS como una organización ‘horizontal’ ni ‘vertical’ sin más, ni hegemonizada exclusivamente por prácticas decisionales exclusivas de la generación política del 01, la búsqueda de consensos y la yuxtaposición de perfiles generacionales constituyen sí una novedad en función de las prácticas organizativas de los movimientos sociales y marcan un perfil propio. En esta novedad es evidente el influjo operado por las orientaciones y enfoques provenientes de la nueva generación militante que como vimos, tuvo una de sus piedras basales en el intento por generar instancias asamblearias y democráticas al interior de los movimientos (De Sousa Santos, 2005).

Ahora bien, la multiplicidad de formatos y modelos decisionales que presenta nuestra unidad de estudio: mesas barriales, espacios estudiantiles, mesas nacionales, plenarios nacionales, asambleas de base, asambleas regionales, asambleas sectoriales, expresa el encuentro del ethos 2001 con diversas subjetividades y tradiciones político-organizativas previas; entre ellas el aporte de los militantes socializados políticamente en las generaciones del ’70 y del ‘80 es insoslayable. Este encuentro intergeneracional se observa con nitidez en lo que refiere a los diferentes modos de acumulación de capital militante, que luego se ponen en juego en la participación y en la toma de decisiones.

Como vimos, la acumulación de capital militante en los setenta estaba anclada en la construcción individual del militante, lo cual se basaba en la abnegación y el sacrificio personal. Por otro lado, en el ethos ‘01 se comenzó a valorar la construcción colectiva del capital militante, el cual comenzaba a separarse en parte de la mera trayectoria individual del militante. Esta construcción colectiva comenzaba a habilitar dimensiones tales como el deseo individual para acumular capital militante, contrariamente a lo acontecido en el ethos setentista. En este sentido, las subjetividades de los militantes y las formas organizativas del Frente, vuelven a demostrar un escenario complejo, donde la caracterización del tipo de capital militante no admite un abordaje lineal.

Al respecto sostenemos entonces que los tipos de capitales militantes que se ponen en juego en nuestra unidad de estudio al momento de legitimar posicionamientos respecto de la toma de decisiones son variados y complejos integrando modalidades del ethos setentista a un escenario caracterizado en términos generales por el ethos 2001. Por un lado, hemos visto que se valora la ‘construcción colectiva’ de los espacios, como ocurre por caso con el Espacio de Mujeres del Frente, que logró acumular destacado capital militante colectivo a partir de su dinamismo y funcionamiento, el cual le permitió instalar debates tales como el que derivó en la definición del Frente como movimiento ‘antipatriarcal’ en 2007. Este tipo de acumulación de capital militante ligado a las formas y modos característicos del ethos ‘01 no puede sin embargo ser leído al margen de otras modalidades de acumulación de capital militante, propias de otras generaciones políticas. La fuerte presencia de los referentes y responsables en los espacios de base y su capacidad ampliada para la toma de determinadas decisiones, por ejemplo, ligado a la dedicación casi integral que muchos de ellos realizan hacia el movimiento, son signos de modos de acumulación de capital militante más tradicionales, que claramente reenvían al ethos setentista.

A partir de la lectura de las diversas formas de toma de decisiones y de los distintos tipos de acumulación de capital militante que habilitan la participación en ellas, es una conclusión particular de nuestra tesis que el FPDS debe ser comprendido a partir de una ‘yuxtaposición’ de ethos, antes que de una hegemonía absoluta de un ethos militante por sobre los otros. Esto significa que el análisis de todo este complejo esquema decisional a partir de una tipología binaria que solo reconociera modos decisionales ligados al ethos ‘01 o modos ligados a otros ethos militantes resultaría para nuestro caso insuficiente. Por el contrario, es a partir de esa yuxtaposición y confluencia de diversos ethos que el movimiento construye una subjetividad y una práctica colectiva nuevas.

Esta apreciación no debe hacernos olvidar de las limitaciones y contradicciones que esta nueva práctica colectiva contiene entre las cuales hemos mencionado la incapacidad del esquema decisional del FPDS de dar tratamiento a ciertas situaciones decisionales específicas donde las posturas enfrentadas no logran sintetizarse, con el consiguiente riesgo de parálisis política que esto conlleva para el movimiento.

Por ende, nuevamente, antes que observar un escenario estático, lineal e idealizado, lo que se presenta es un cúmulo complejo y mixturado de prácticas y formas organizativas que combinan los diversos aportes generacionales que tienen lugar en el Frente. Como señalamos en el capítulo 4, en esta construcción novedosa se observan claramente líneas de continuidad respecto al ethos militante setentista, cuando no directamente a la orgánica setentista (como en el caso de la ‘mesa’ de decisión), conviviendo con modalidades decisionales características del ethos ‘01.

El perfil táctico: la difícil propuesta de articular prefiguración con proyección

El estudio de la llamada ‘cuestión de género’ en nuestra base empírica sirvió para comprender límites y potencialidades de la ‘prefiguración’ pretendida por el ethos ‘01. Como dijimos, el modo hegemónico que el ethos 01 concibió para el ‘perfil táctico’, se basó en la prefiguración del tipo de relaciones sociales esperado para la sociedad que se anhela construir, tratando de dejar atrás el perfil táctico teleológico hegemónico en los militantes y las organizaciones setentistas. La tensión que suele estar presente en el debate en torno al perfil táctico refiere a las diferencias entre aquellos movimientos que enfatizan en la ‘urgencia’ y aquellos que pusieron más interés en el ‘proyecto’, tal como lo señalaba Merklen (2005).

El caso de la cuestión de género, entonces, fue una pieza fundamental para  poner el foco en una dimensión de la opresión de la sociedad que estuvo históricamente relegada en el ethos setentista, en función de un perfil teleológico que priorizó atender lo que entendió como la ‘contradicción principal’ de la sociedad capitalista, es decir la relación entre capital y trabajo, en detrimento de las desigualdades de género.

Nuestro abordaje de la cuestión de género en clave generacional entonces nos permite acercar otra conclusión particular respecto de nuestro caso de estudio en lo que refiere a la dimensión conceptual ‘perfil táctico’. Hemos señalado que el Frente se plantea el antipatriarcado como definición política estratégica. Al definirse como una organización ‘antipatriarcal’ en 2007, colocó así las desigualdades entre los géneros al mismo nivel de importancia que la lucha ‘anticapitalista’ y ‘antipatriarcal’. Esto, a nivel organizativo, marca una diferencia importante respecto de las definiciones que caracterizaban a las organizaciones de décadas anteriores. En este caso la novedad que presenta el frente a nivel organizativo y conceptual en lo que refiere a un perfil táctico y estratégico prefigurativo de la sociedad anhelada, es clara.

Sin embargo, hemos señalado también que la falta de una definición política ‘propositiva’ en torno a la cuestión de género, que bien podría ser la adscripción a alguna vertiente del Feminismo, entre las cuales hemos sustentado que la corriente del ‘Feminismo Popular’ aparece como pertinente, evidencia una contradicción en relación a otros aspectos donde el movimiento sí ha dado pasos de avance en función de definiciones propositivas, como en el caso de la asunción del ‘Socialismo desde Abajo’ como proyecto político. Al igual que durante la generación del ‘70, aunque desde ya en otro marco, se podría correr el riesgo de volver a subordinar conceptualmente las reivindicaciones de género a otras opresiones entendidas como ‘más generales’.

En lo que refiere a la dimensión empírica de las relaciones de género en el movimiento, las conclusiones de nuestro trabajo se presentan menos diáfanas. En primer lugar hemos demostrado que no en todos los períodos las propuestas realizadas por el Espacio de Mujeres del FPDS fueron bien recibidas por el resto de los espacios de la organización; o más bien, si bien eran recibidas en un sentido formal, luego no eran apropiadas realmente por el resto de la militancia, principalmente por lo varones. Esta tendencia demuestra algunos niveles de contradicción entre dimensiones conceptuales y dimensiones empíricas que se presentan en el movimiento, donde el avance en términos de la prefiguración se da en forma más natural y acelerada en la primera dimensión, a la vez que presenta más dificultades en lo que refiere a su puesta en práctica.

Dejamos asentado también que en los últimos años, esta dificultad por la apropiación de la política prefigurativa de género en lo que refiere a la dimensión empírica, mostró avances como la creación del Colectivo de Varones Antipatriarcales y el aumento de la participación de varones en actividades propuestas por el Espacio de Mujeres; en suma, el abordaje del perfil táctico en el Frente, estudiado a partir de la ‘cuestión de género’, sin dudas presenta un perfil táctico predominantemente prefigurativo que reenvía al ethos del 2001 al no supeditar las desigualdades de género a otras contradicciones que presenta la sociedad capitalista. Sin embargo, es claro que la profundización del perfil prefigurativo en este sentido aún tiene mucho camino por recorrer en el movimiento, profundizando por ejemplo el acceso de las mujeres a roles de dirigencia y la constitución de espacios orgánicos de varones que re piensen las desigualdades de género.

¿Nuevo o viejo ethos militantes?: entre la novedad y la coexistencia

Las conclusiones que acabamos de presentar respecto del caso que trabajamos, el Frente Popular Darío Santillán, habilitan una reflexión general respecto del ethos militantes y de las formas organizativas en los movimientos socio territoriales de la última década y media en el país. A partir de eso, como en un eterno retorno nietzcheano, deseamos volver a presentar algunos de los interrogantes iniciales que varios años atrás nos impulsaron a llevar a cabo esta investigación; es así que luego de este recorrido empírico volvemos a preguntarnos: ¿son estos movimientos una expresión cabal de un ‘nuevo ethos militante’? ¿o más bien se trata de experiencias organizativas donde se yuxtaponen diferentes ethos militantes? De ser así, en esta yuxtaposición: ¿los ethos militantes tienen el mismo nivel de representatividad y presencia? Y, por otro lado: ¿cómo articula un movimiento socioterritorial actual diferentes tradiciones, formas organizativas y subjetividades políticas creadas y reproducidas en contextos históricos y políticos disímiles? Sin pretender clausurar ningún tipo de debate teórico, conceptual, ni empírico respecto de los movimientos socioterritoriales que, a partir del FPDS, estamos problematizando, creemos que nuestra investigación presenta un humilde aporte al respecto.

En primer lugar, las formas organizativas y las subjetividades militantes que coexisten en el Frente Popular Darío Santillán son sin lugar a dudas múltiples y variadas. En esa multiplicidad conviven perspectivas, orientaciones subjetivas, supuestos ideológicos y prácticas organizativas que han sido producidas por la experiencia de las organizaciones populares a lo largo de diferentes décadas, contextos históricos y experiencias políticas generacionales.

Así, en estos movimientos observamos modalidades organizativas y orientaciones subjetivas características de las organizaciones setentistas, combinarse con perfiles ideológicos y formas de la práctica política que resultaron novedosas hacia finales de la década del ‘90, con otras que se insinuaron durante algunas experiencias, principalmente territoriales y sociales, durante la década del ‘80; en esa multiplicidad, los ethos militantes se expresan en forma desigual y combinada.

Ahora bien, que se expresen en forma desigual no obtura que haya predominancia de determinado ethos en algunas dimensiones. En lo que refiere al perfil estratégico sostenemos que la hegemonía está dada por una perspectiva ‘autónoma’ que sin dudas es tributaria del ‘nuevo ethos militante’. Por su parte, el perfil táctico presenta una predominancia notoria de las prácticas prefigurativas que también proliferaron en la generación política del ‘01, las cuales sin embargo no están exentas de límites y contradicciones. La toma de decisiones, escenario por demás complejo, no permite sin embargo establecer una predominancia de uno solo de los ethos militantes, sino que es expresión cabal de una forma mixturada y novedosa de articulación de diversos ethos militantes.

En función de lo revisado, sostenemos como conclusión general que estos movimientos sin duda expresan una ’novedad’ respecto de las formas organizativas y las subjetividades políticas precedentes en la tradición político-organizativa del país. Ahora bien, esta novedad no está dada en tanto que las formas organizativas y las subjetividades políticas que se presentan son radicalmente ‘diferentes’ a las de las generaciones anteriores. Lo distintivo en este caso, es justamente la aparición de una nueva ‘síntesis subjetiva y generacional’ que integra, procesa (y también descarta) elementos de los ethos militantes y las formas organizativas de décadas anteriores. Así, la ‘novedad’ parecería están más anclada en un nuevo tipo de coexistencia de ethos militantes, antes que en la consagración de un ‘nuevo ethos militante’ puro que vendría a echar por tierra las modalidades militantes que lo precedieron. Con ello, las prácticas de ‘la vieja política’ y del ‘nuevo ethos militante’ tal vez no sean dos perspectivas antagónicas que se disputan la hegemonía de un movimiento, sino aspectos en diálogo y tensión con niveles variables de predominancia en estas experiencias.

Esta mirada presentada sobre el FPDS creemos entonces que amplia la base de sustentación teórico-empírica respecto de los movimientos sociales que emergieron entre finales de los ‘90 y principios del nuevo siglo, los cuales en general fueron observados en forma cosificada y formal, intentando encontrar diferencias excluyentes respecto de las organizaciones políticas de otras épocas históricas, antes que indagando en líneas de continuidad y de diálogo entre experiencias y movimientos que sin dudas forman parte de una misma historia reciente.

Cambio de época: ¿resurgimiento de la ‘militancia clásica’ o surgimiento de nuevas síntesis?

A modo de cierre deseamos retomar la idea de Maristella Svampa en torno a que los procesos de relegitimación institucional operados en los últimos años en América Latina, a partir de la llegada de gobiernos progresistas o de centro izquierda al poder, han marcado un cambio de época para las organizaciones populares del subcontinente. En el caso argentino, la recomposición de la legitimidad institucional y el amplio consenso que alcanzó el proyecto kirchnerista hacia finales de 2009, tuvo lugar en consonancia con este proceso general que atraviesa América Latina.

En nuestro país, una de las consecuencias derivadas de esta re legitimación fue la afluencia de un sinnúmero de movimientos sociales y organizaciones políticas kirchneristas durante los últimos años. Muchas de estas organizaciones, a diferencia de los movimientos socioterritoriales entre los cuales se inscribe el FPDS, plantean una estrategia ya no desde la ‘autonomía’ ni desde la ‘prefiguración’, sino con asiento en otras tradiciones militantes ligadas a la ocupación de cargos estatales y a la transformación de la sociedad a partir de un proyecto pensado desde el Estado.

Este nuevo escenario nos brinda también nuevos interrogantes en lo que refiere al análisis de los ethos militantes, de las síntesis políticas y de las formas organizativas de los movimientos sociales. Así, podríamos preguntarnos si desde la consolidación de los gobiernos kirchneristas y con el surgimiento de esta nueva ‘militancia kirchnerista’, no asistimos a una nueva oleada en lo que refiere a los procesos de subjetivación política en nuestro país.

En ese nuevo contexto, a principios del año 2013 tuvo lugar una situación relevante y tal vez determinante para el Frente Popular Darío Santillán: luego de un extendido proceso de debate y conflictividad interna, aproximadamente la mitad de las organizaciones que lo componían decide irse y conformar el Frente Popular Darío Santillán-Corriente Nacional. Además, como dato altamente significativo que hemos mencionado en el capítulo 4, luego de la ruptura, ambos ‘Frentes’ se propusieron encarar en 2013 por primera vez la disputa electoral. El Frente Popular Darío Santillán a partir de la conformación del Frente Para la Ciudad Futura donde se presenta a elecciones en la ciudad de Rosario. En lo que refiere al Frente Popular Darío Santillán-Corriente Nacional, a partir de la creación de su ‘herramienta electoral’ llamada Patria Grande, con la cual se presentará en la Ciudad de La Plata.

Esta ruptura y el nuevo desafío electoral asumido por los dos Frentes, generaron un gran impacto en todas las organizaciones socio territoriales y en la militancia política general ligada a los movimientos sociales en nuestro país. Queremos dejar asentado que estos nuevos elementos requieren sin dudas un estudio en profundidad que permita indagar en las causas y escenarios que habilitan y/o obturan hacia delante. Es evidente que por cuestiones temporales, de factibilidad y también de relevancia respecto del problema de investigación que nos planteamos años atrás, esta investigación no pudo dar cuenta de las causas y efectos de esa ruptura y de los nuevos desafíos que, ahora “los Frentes”, se proponen.

Ahora bien, el contexto de ruptura del Frente, sumado a la recomposición institucional y a la multiplicación de las organizaciones kirchneristas tal vez sean elementos que refuercen la necesidad de re pensar este nuevo contexto político con mayor atención. Es así como se podrían habilitar nuevos interrogantes para los estudios académicos sobre movimientos sociales contemporáneos. Algunas de las reflexiones que sólo podemos dejar presentadas son: ¿Las formas organizativas y la  socialización política en organizaciones actuales que establecen relaciones de integración al Estado, se encuentran más cercanas a las organizaciones clásicas de la militancia setentista que a los ‘nuevos’ movimientos socioterritoriales de finales de los ‘90? ¿Ante este nuevo escenario, los perfiles tácticos y los procesos organizativos y subjetivos de la militancia en función del escenario de relegitimación institucional, habilitan el surgimiento de otro ‘nuevo’ ethos militante? ¿O se trataría en cambio de un escenario en donde algunas de las dimensiones de los ethos setentista y ochentista, por ejemplo, vuelven a colocarse como hegemónicas frente a modalidades de un ethos ‘01 ahora obsoleto?

Poder encarar al respecto un estudio similar al presentado en esta tesis en el marco de nuestra tesis de Doctorado, que dialogue con el análisis presentado en este trabajo, forma parte de nuestros objetivos académicos de mediano plazo.



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