Otras publicaciones:

9789871867868_frontcover

DT_Augé_Hopenhayn_13x20_OK

Otras publicaciones:

9789871867530-frontcover

Book cover

1 Consideraciones metodológicas y presentación del caso de estudio

Al plantear nuestro proyecto de investigación, finalizando el año 2009, nos propusimos analizar la yuxtaposición de ethos militantes en el Frente Popular Darío Santillán (FPDS), un movimiento social surgido a finales de 2004 en Argentina. Dicho análisis reconocía dos dimensiones centrales para caracterizar los ethos militantes: la toma de decisiones y la orientación estratégica. A la vez, nuestra propuesta original se orientó a analizar estas dimensiones en dos generaciones políticas: la generación del ‘70 y la generación del ‘01.

Sin embargo las marchas de la investigación, el correr del diálogo en las entrevistas, el análisis del material documental proveniente de nuestra base empírica y el seguimiento de Maristella Svampa y Juan Wahren, nos fueron llevando a visualizar la importancia de tomar en cuenta el perfil táctico y el capital militante como dos variables que operaban claramente en la arquitectura de los diversos ethos militantes. Por otro lado, la emergencia de la generación del ‘80 (a priori desatendida), fue una de las reformulaciones principales que el trabajo de campo reenvió.

A partir entonces de la construcción de una nueva generación presente en nuestra unidad de estudio, que dimos en llamar la generación ochentista, enmarcamos a los militantes socializados políticamente en forma primaria desde principios de los años ‘80 hasta mediados de los años ‘90. Una de las hipótesis que surgieron en el transcurso del trabajo es que esta generación no sólo podía resultar relevante para contemplar los procesos de transformaciones subjetivas que se dieron en la generación del ‘01, sino que podría contener también puntos de equilibrios, en términos de subjetividad política, a partir de los cuales leer los procesos de reformulación de las cuatro dimensiones estudiadas, es decir, la toma de decisiones, las orientaciones estratégicas, los perfiles tácticos y los capitales militantes. Finalmente, la generación del ‘80 terminó operando en forma decisiva en nuestro trabajo, al convertirse en una suerte de ‘eslabón perdido’, para comprender las metamorfosis de las subjetividades militantes que parecían abismales si comparábamos solamente la militancia setentista y la joven militancia del 2001.

Esta reformulación emergente del trabajo de campo se reconoce, en términos metodológicos, en los aportes de Guber (2004) quien desde un perfil antropológico, trabajó la ‘reflexividad’ del investigador en el proceso de investigación. Consideramos que abrirnos paso a esas reformulaciones nos permitió despojarnos de algunas de las propias ‘anteojeras epistemológicas’ (Wallerstein, 1999) que muchas veces los investigadores nos auto-construimos.

En lo que refiere al enfoque metodológico, hemos partido desde un enfoque sociológico que se ocupó en primer lugar de relevar el material teórico, principalmente sobre movimientos sociales, aunque también sobre estudios generacionales y, en línea con nuestra tarea docente, sobre metodología de la investigación. Entre 2010 y 2011 nos dedicamos casi exclusivamente a desarrollar el trabajo de campo, a partir de una articulación de técnicas y métodos de recolección de datos, entre las cuales se encuentran las entrevistas, el análisis documental y la observación.

Durante el trabajo de campo realizamos entrevistas con doce militantes que representan a las tres generaciones políticas centrales en nuestro análisis: la generación del ‘70, la generación del ‘80 y la generación del ‘01 y a los sectores territoriales, sindicales y estudiantiles de la unidad de estudio. En algunos casos nos hemos reunido más de una vez con estos militantes para realizar una segunda entrevista complementaria. En general los segundos encuentros fueron a partir de formularios con preguntas específicas respecto cuestiones planteadas en la primera entrevista. Las entrevistas fueron realizadas entre los meses de agosto de 2010 y de marzo de 2011 y fueron llevadas a cabo tanto en las casas de los entrevistados como en los locales de los movimientos.

En general trabajamos con una guía de preguntas divididas por ejes, con entrevistas abiertas y desestructuradas. La selección de la muestra se realizó en forma estratégica, es decir que la mayoría de los entrevistados fueron seleccionados a partir de la propia decisión de quienes realizamos la investigación, tal como sostienen varios autores que corresponde a esta modalidad de muestreo no probabilístico (Sabino, 1996; Vieytes, 2004). Una porción reducida de la muestra, que no estuvo definida a priori, terminó siendo construida a partir de las sugerencias de los propios entrevistados, constituyendo un proceso de ‘bola de nieve’ (Bertaux, 1997) donde los propios militantes nos fueron abriendo el camino a otros militantes que serían luego también parte de la muestra.

Hemos establecido un ‘recorte’ en el tipo de militante al que entrevistamos, en función de evitar objetivos irrealizables que podrían haber puesto en riesgo la factibilidad de nuestra investigación (Samaja, 2004). Por ello, la selección estratégica fue efectuada con cuadros medios y referentes del FPDS, exclusivamente de la capital federal y del gran buenos aires, sector geográfico donde nuestra unidad de estudio tuvo históricamente mayor desarrollo. Si coincidimos con Maristella Svampa en que los movimientos populares como el FPDS están conformados por diferentes ‘anillos de participación’, la muestra a partir de la cual trabajamos incluye lo que según la autora constituiría el ‘núcleo principal’ de la militancia del movimiento y el primer anillo de participación que lo rodea. Nuestro recorte contienen entonces a “los voceros o referentes, rodeados por un primer círculo donde se hallan los militantes y cuadros medios” (Svampa, 2005: 182). Cabe destacar que aún tratándose de voceros o referentes, el recorte superó el imaginado sesgo de clase, logrando trabajar con referentes nacidos en los propios territorios donde se despliegan los MTD como también, como era de suponer, con referentes y cuadros de la clase media, en general de procedencia universitaria.

Somos conscientes que un recorte de este tipo excluye una parte importante de la organización, principalmente a las extendidas bases populares que no han accedido aún a sitios de referencia. Creemos además que la voz de dichos sectores es igual o más importante que la de los referentes, al momento de garantizar la existencia histórica de un movimiento social. Dejamos abierta como posible línea de investigación a futuro el abordaje de otras voces que integran el FPDS y que no pudieron ser tenidas en consideración en este trabajo. Finalmente, deseamos aclarar que algunos de los entrevistados prefirió que su testimonio aparezca bajo seudónimo y otros optaron por que se consigne su nombre real, por eso hemos respetado la voluntad de cada uno respecto a su forma de aparición en esta tesis.

Con un caso en particular, uno de los militantes de la generación ‘80, a partir del buen vínculo construido, comenzamos a realizar encuentros periódicos y a trabajar con cuestionarios que fueron respondidos vía electrónica. De esta manera este militante, que terminó por convertirse en un informante clave para nuestra investigación (Tremblay, 1982), brindó valiosa información referida a la orgánica y a la estructura del Frente Popular Darío Santillán.

Una de las fuentes secundarias principales que hemos consultado para el análisis de los ethos militantes y las generaciones políticas en nuestra unidad de estudio, son los documentos producidos por el propio movimiento. El análisis documental referido a nuestra base empírica se centró en el relevamiento, la lectura y la sistematización de documentos, comunicados, cartillas de formación, revistas, periódicos y demás producciones del Frente. Al ser materiales ‘orgánicos’, creemos que se trata de fuentes documentales clave para poder leer y analizar posicionamientos, debates y opiniones del movimiento respecto a diversos temas y coyunturas de política nacional y regional. De las cuatro dimensiones de análisis a partir de las cuales estudiamos las configuraciones de los ethos militantes, estas publicaciones nos permitieron particularmente analizar una: las orientaciones estratégicas del movimiento, estableciendo un diálogo entre las entrevistas y lo que el movimiento orgánicamente publicó.

En lo que refiere a las observaciones, hemos acompañado talleres, movilizaciones y espacios de articulación política del FPDS. Durante dicho proceso, hemos confeccionado diferentes tipos de notas que se corresponden con los tipos presentados por Valles (2003), es decir: notas ‘condensadas’, citas textuales durante las observaciones y notas ‘expandidas’, ampliación en detalle de las notas condensadas, después de la observación. Además, siguiendo el modelo de notas de campo de Schatzman y Strauss, (1979) nos ayudamos de las “notas metodológicas” durante las observaciones, que sirvieron para luego completar información.

Finalmente, el análisis de los datos recolectados, tanto desde las entrevistas como desde el análisis documental y de las observaciones, fue procesado durante el año 2012, en paralelo a la redacción de algunos avances de la presente tesis.

Repensar los roles: relación e interacción entre ‘sujeto y objeto’

En lo que respecta a la relación construida entre nosotros como investigadores y el movimiento (en general) y con sus militantes (en particular), a lo largo de estos años nos hemos propuesto abordar esta investigación desde una perspectiva que intente reformular la clásica jerarquía establecida entre el sujeto investigador y el objeto investigado. A la vez, nuestra pertenencia y militancia en un movimiento socioterritorial, que aunque no pertenece al FPDS articula y coordina acciones con el mismo, multiplicó aún más los desafíos en términos del eterno debate entre la ‘distancia neutral’ y el compromiso ideológico, que se dirimen en la relación entre investigación y militancia.

Para dar tratamiento a estas complejidades, tomamos en cuenta producciones locales como la de Vasilachis de Gialdino (2006), quien aportó a comprender el carácter intrínsecamente relacional y basado en la comunicación que comportan las investigaciones cualitativas como la que aquí presentamos. Ese carácter obliga al investigador a replantearse la relación con sus unidades de estudio por fuera de los cánones tradicionales de externalidad, considerándolas en cambio como sujetos que participan del proceso de conocimiento, proceso en el cual “ambos, identificándose con el otro (…) aumentan, además, su conocimiento por medio de una construcción cooperativa de la que ambos participan por igual, pero realizando contribuciones diferentes” (Vasilachis de Gialdino, 2006: 56).

No obstante, nuestra perspectiva de ‘construccion cooperativa’ tuvo en cuenta desde sus inicios los límites que una propuesta de tal tipo presenta. Lejeune (1980) quien ha trabajado largamente este asunto en sus trabajos sobre el género autobiográfico en Francia, advirtió certeramente sobre los riesgo de caer, a partir de un trabajo de co-producción entre ambas partes, en un acto de manipulación por parte del investigador. Tomando en cuenta entonces los riesgos que planteaba Lejeune al momento de pretender establecer un vínculo desprovisto de relaciones de dominación entre las partes, hemos intentado construir una relación armónica con los entrevistados, pero reconociendo a priori las diferencias evidentes entre los dos lugares de enunciación (investigador e investigado) y la relación de poder que de hecho existe entre ambas partes. En este sentido, los lazos que hemos logrado establecer fueron a partir de la confianza recíproca, la cual se logró forjando vínculos duraderos y respetuosos generando, en palabras de Melucci (1992), “pactos cognitivos o fiduciarios” entre investigador e investigado.

Presentación del caso de estudio: el Frente Popular Darío Santillán

Hacia finales de 2004, una serie de organizaciones provenientes de la ya mencionada Coordinadora de Trabajadores Desocupados Anibal Verón (CTD AV) y otras organizaciones independientes conformaron el Frente Popular Darío Santillán. El FPDS se autodenomina un “movimiento social y político, multisectorial y autónomo, con vocación revolucionaria”[1] y nuclea organizaciones sindicales, estudiantiles, culturales, comunidades rurales y movimientos de trabajadores desocupados. Una de las características más importantes del Frente reenvía a su estructura multisectorial. Es decir que no es sólo un reagrupamiento de trabajadores desocupados, sino que tiene un horizonte y una práctica multisectorial aunque con predominancia numérica y política de los trabajadores desocupados.

Con presencia en nueve provincias del país, pero con un desarrollo cuantitativa y cualitativamente mayoritario en el área sur del conurbano bonaerense, al interior del FPDS se desarrollan trabajos territoriales (bloqueras, panaderías comunitarias, talleres de costura, talleres de herrería, comedores populares, merenderos); educativos (bachilleratos populares, talleres de alfabetización); de género (campamentos de formación en géneros, espacios de militancia antipatriarcal); rurales (comunas rurales, huertas); estudiantiles(disputa de los centros de estudiantes y de las federaciones universitarias, organización de cátedras abiertas) y sindicales (jornadas de formación sindical, disputa de comisiones internas).

En lo que refiere a la elección de nuestra base empírica, consideramos que el FPDS no sólo representa la emergencia de un movimiento social novedoso en cuanto a su gestación (surgido en 2004 luego del auge de las luchas antineoliberales) sino que también es representativo de dicha transformación subjetiva en el campo militante. Al articular trabajo territorial con trabajo sindical, estudiantil, rural, cultural y de género, constituyéndose en lo que recientemente mencionábamos como una “herramienta multisectorial”, la presencia de las dos vertientes (territorial y cultural) del nuevo ethos militante que señalaba Svampa, han tenido fuerte presencia en su constitución.

En lo que respecta al activista cultural, la existencia al interior del FPDS de grupos como “Arte al Ataque” que realiza intervenciones artísticas en movilizaciones, talleres de formación, espacios urbanos, o incluso las experiencias de cátedras alternativas en universidades nacionales de arte (como el caso de la cátedra libre ‘Es-Cultura Popular’, del Instituto Universitario Nacional de Arte), lograron dar contención orgánica en el Frente a una cantidad importante de militantes del arte y la cultura de los últimos años.

Sin embargo, sostendremos aquí que la presencia y envergadura del militante territorial ha sido el factor clave en la estructuración y desarrollo del Frente. Como ya hemos mencionado, y desarrollaremos más adelante, el Frente nació principalmente a partir de importantes experiencias territoriales del movimiento piquetero como la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón (CTD-AV). El carácter masivo y dinámico que tuvo el sector territorial en la etapa de conformación del Frente, colocó a este sector en un lugar determinante al momento de encarar un estudio sobre la articulación de las generaciones políticas en nuestra base empírica.

El sector territorial del FPDS está compuesto principalmente por diferentes Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD) del conurbano bonaerense, aunque también encontramos desarrollo territorial en las provincias de Tucumán, Santa Fe (principalmente en el cordón suburbano de Rosario), Córdoba, Río Negro (Alto Valle), Jujuy y San Luis. En estas provincias el trabajo territorial no está necesariamente estructurado a partir del MTD, sino también de centros culturales, de centros comunitarios, etc. Este sector se articula principalmente a partir del trabajo, la educación y de la cuestión alimentaria y desarrolla el eje laboral a partir de la creación de cooperativas tales como talleres de Serigrafía, Rotiserías, Panaderías y Emprendimientos textiles, entre otros. A su vez, el movimiento disputa cupos dentro de algunos programas de cooperativas lanzados por los gobiernos tales como el Programa Argentina Trabaja del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. En el área educativa los MTD impulsan escuelitas de apoyo escolar, talleres de formación política y Bachilleratos Populares de jóvenes y adultos y talleres para niños.

En el sector territorial cada MTD tiene una asamblea, que puede ser semanal o quincenal, donde participan los integrantes del movimiento y, que a su vez, son abiertas a vecinos que se quieran sumar. Esa asamblea designa una serie de delegados que, mandatados por su asamblea, participan de una ‘mesa de coordinación’ del MTD en el distrito, llamada la ‘mesa del MTD’. La mesa del movimiento, por su parte, elije a su vez compañeros para otras instancias como la mesa ‘regional’, que aglutina delegados de movimientos y organizaciones que comparten una región (en muchos casos esta regional abarca diferentes distritos)[2].

Desde las instancias regionales se delegan militantes para participar de los espacios nacionales del Frente tales como áreas de trabajo (formación, finanzas, relaciones políticas, comunicación), y como instancias nacionales de toma de decisión. Las instancias nacionales principales para la toma de decisiones son por un lado los Plenarios Nacionales, que se realizan 1 vez al año y reúnen cerca de 300 delegados; por otro lado se encuentran las Mesas Nacionales donde participan entre 60 y 80 delegados aproximadamente y se realizan cada 3 meses en general.

La recepción de las influencias de los movimientos de América Latina, sumada a la proyección regional del FPDS, ponen a la luz una de las características centrales en la construcción de este movimiento y de las subjetividades militantes que lo componen: su perfil latinoamericanista. Encontramos en dicha dimensión otro ‘punto de transparencia’[3] donde se visibiliza con nitidez la relación entre nuestro marco teórico y el caso investigado.

Retomando la emergencia de un nuevo ‘ethos militante’ en América Latina, nos es posible entender la fuerte influencia que la experiencia zapatista, el MST brasilero y las recientes experiencias de gobierno populares en Venezuela y Bolivia, ejercen en la política del Frente Popular Darío Santillán. Esta influencia se manifiesta, en primer lugar, en la integración del FPDS a la Articulación de Movimientos Sociales del ALBA. El ALBA es una articulación de movimientos de izquierda de los países de Latinoamérica y el Caribe, entre los cuales se encuentra el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) del Brasil, el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora (FNCEZ) de Venezuela, y el Centro Martín Luther King de Cuba, entre otros.

En segundo lugar, el impulso por parte del Frente de “brigadas latinoamericanas” en Paraguay (en denuncia del golpe institucional acaecido en 2012), en Haití (en contra de la ocupación de la ONU tras el desastre ecológico de 2010), y en Venezuela en apoyo al gobierno Bolivariano son otros indicadores que resaltan la matriz latinoamericanista de nuestra unidad de estudio.

Por lo visto anteriormente, la influencia del nuevo ethos y la centralidad que tuvo en la mayoría de las organizaciones que protagonizaron luchas decisivas contra el neoliberalismo durante los ‘90 y la primera década del nuevo siglo, no sólo se tradujo en las transformaciones subjetivas de la militancia local, sino que cobró sentido estratégico en las proyecciones políticas de las organizaciones argentinas del último tiempo. Esa perspectiva latinoamericanista, de la cual el FPDS es exponente, puede ser pensada, con Bensaid (2003), como un “nuevo internacionalismo”, heredero del internacionalismo proletario que caracterizó a la matriz militante partidaria y guerrillera de la mayor parte del siglo XX, pero para el nuevo contexto mundial.

En lo que respecta al marco de alianzas a nivel nacional, el FPDS impulsó en 2010 la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina (COMPA), una herramienta política amplia y multisectorial de movimientos y organizaciones que se referencian en la “izquierda independiente”. A partir del año 2011, conformó también la Asociación Gremial de Trabajadores Cooperativos, Autogestivos y Precarizados (AGTCAP), una herramienta que aglutina a otro arco de organizaciones (algunas de las cuales confluyen también en la COMPA) que trabajan en cooperativas del ya mencionado Programa Argentina Trabaja (PAT) y en otras cooperativas de trabajo.

Las definiciones ideológicas del FPDS

El FPDS retoma la consigna “trabajo, dignidad y cambio social” construida por los MTD. En su presentación alude a la diferencia de esta experiencia en contraste con los partidos políticos tradicionales y a la composición joven que caracteriza a la mayoría de sus militantes.

Una de las diferencias fundamentales respecto a los partidos políticos tradicionales de la izquierda es su concepción de autonomía. Como fue dicho, esta categoría ha sido trabajada extensamente por Castoriadis, (1998) quien sostuvo que la construcción desde la autonomía modifica significa construir un ‘propio mundo según otras leyes’. Ligado a las ideas de autogobierno y de independencia política respecto del Estado, la noción de autonomía cobró centralidad en los movimientos sociales que emergieron en América Latina después de los años ‘80 (De Sousa Santos, 2001). Esta autonomía no remite específicamente a la libertad económica, sino a “la protección y preservación de valores, identidades y formas de vida frente a la imposición política y burocrática de un cierto tipo de orden racional” (Offe, 1996: 177). La misma no es concebida como un punto de partida homogéneo y acabado desde el cual inician su desarrollo los movimientos, sino como una “construcción que posibilita la propia acción discursiva y política de los movimientos sociales” (Wahren, 2009: 21).

En el caso del FPDS, la búsqueda de autonomía ha estructurado el complejo andamiaje organizativo sobre el cual pivotea la organización, articulando por un lado demandas hacia el Estado[4] con la independencia político-organizativa de la organización respecto de los lineamientos estatales.

El tipo de trabajo político que encarna el FPDS ha sido conceptualizado como parte de la “nueva izquierda”, en tanto intenta anclarse en valores solidarios, escapando de las modalidades políticas clásicas en las que identifican un marcado tinte burocrático y sectario (Vázquez, 2008). Esta búsqueda de construcción de una nueva política, puede evidenciarse por ejemplo en la elusión de ciertas palabras que reenvían a la izquierda tradicional (tales como cuadros, dirigentes) y en la opción por palabras novedosas que se diferencian de los códigos de la vieja izquierda.

Melina Vázquez ha trabajado en su tesis de Maestría con militantes jóvenes del FPDS, en lo que constituye un aporte insoslayable para nuestro enfoque. Allí, analizó la relación de la nueva política con el protagonismo juvenil, sosteniendo que esta relación se consolidaría a partir de una discontinuidad con “un conjunto de prácticas atribuibles a (…) la “vieja política” (Vázquez, 2008: 92)[5]. Es por ello que los militantes jóvenes del FPDS elijen hablar, por ejemplo, de ‘referente’, antes que de ‘dirigente’, o de ‘espacio’ en lugar de ‘comisión’.

Este impulso del FPDS por construir una nueva narrativa militante puede evidenciarse también en la elección del nombre de la organización, donde se rescata la figura de Darío Santillán: un símbolo ‘nuevo’ para la izquierda, referenciado principalmente con la juventud. Como señala Bruno Fornillo, el nombre de Darío Santillán suponía rescatar “un nombre que ponía en primer plano un nuevo ethos militante, casi de clivaje generacional: el sentimiento de injusticia por sobre lo racional, rescatando una mística propia” (Fornillo, 2007: 8).

Sin embargo, la identidad política del Frente, a la vez que se construyó a partir de este nuevo clivaje generacional y regional, tuvo que combinarse con la relación cambiante y compleja que se fue generando en el contexto institucional argentino de la última década. Es a partir de allí que con la llegada de nuevos gobiernos progresistas en América Latina en general, y en Argentina en particular desde la asunción de Néstor Kirchner en 2003, la subjetividad militante y las generaciones políticas del FPDS afrontarán nuevos desafíos.


  1. Estas definiciones se encuentran en la presentación del sitio Web del FPDS: http://www.frentedariosantillan.org
  2. Por ejemplo, la regional sur XIII del Frente está integrada por el MTD Lanús, FPDS de Varela, MTD Lomas de Zamora; Agrupación Los Querandíes; MTD La Cañada (Quilmes) y la C. P. Agustín Tosco (Escalada, Lanús).
  3. La expresión es de la profesora Silvia Adoue.
  4. Son ejemplos de las demandas del movimiento hacia el Estado el otorgamiento de cupos para las cooperativas del Programa Argentina Trabaja impulsado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, la exigencia del reconocimiento por parte del Ministerio de Educación del distrito correspondiente de los título oficiales para los Bachilleratos Populares de Jóvenes y Adultos, etc.
  5. En su tesis Vázquez enfoca, a partir de las teorías representacionistas del lenguaje (Austin, 1971), en la nueva narrativa que intentan desplegar los militantes del FPDS.


Deja un comentario