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6 El perfil táctico en el Frente Darío Santillán desde las problemáticas de género

En el presente capítulo presentaremos un análisis de la dimensión: ‘perfil táctico’ del ethos militante, a partir de la atención a las formas en que se configuran las relaciones de género en el Frente Popular Darío Santillán. Dicho análisis comprenderá dos niveles: la dimensión conceptual y la dimensión empírica. En el plano conceptual enfocaremos en las definiciones ideológicas del FPDS relativas a la llamada ‘cuestión de género’; serán contemplados para ello la presencia de debates y definiciones en torno a contenidos conceptuales que problematizan la cuestión de género tales como Antipatriarcado, Patriarcado y Feminismo; esta dimensión será abordada desde la observación de los materiales escritos de nuestra unidad de estudio, como también desde las entrevistas a militantes. En el plano empírico, daremos cuenta de algunas dimensiones de las relaciones de género en la práctica concreta en la organización. Para ello analizaremos por un lado los procesos de formación política de los militantes y, por el otro, la constitución y el desarrollo del ‘Espacio de Mujeres’ del FPDS. Para atender a esta dimensión haremos foco en las entrevistas, el análisis de los materiales de formación política y en la observación de algunas actividades concretas llevadas a cabo por el Espacio de Mujeres tales como movilizaciones y campamentos de formación.

Antes de ello, referenciaremos teóricamente algunos conceptos tales cómo ‘género’, ‘sexo’, ‘feminismo’ y ‘patriarcado’. Esta segunda parte se estructura, como hemos advertido en el capítulo 1, integrando en el mismo capítulo los aportes conceptuales con el estudio empírico, en línea con la relación histórica entre producción académica y producción política, es decir entre movimientos y teorías feministas, que según algunas autoras (Guzmán, 1994; Maffia, 2006) caracterizó el desarrollo de la cuestión de género.

Algunas líneas generales de abordaje conceptual

En términos generales, la teoría social ha caracterizado el desarrollo del ‘feminismo’ a partir de tres grandes ‘olas’ o momentos históricos. La llamada ‘primera ola’ del feminismo, que abarca desde principios del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, mostró un escenario donde las reivindicaciones de las mujeres se orientaron principalmente a luchas por su inclusión en el campo de los derechos sociales de los que ya gozaban los hombres. Así, proliferaron las organizaciones de mujeres sufragistas que luchaban por el voto femenino, y las organizaciones anarquistas que demandaban derechos sociales para las mujeres (Maffia, 2006).

Durante el siglo XX, a partir de los desarrollos de Simone de Beauvoir, la perspectiva feminista comenzará a dar un vuelco, cuando en su clásica obra El Segundo Sexo, publicada en Francia en 1949, proponga desde una perspectiva cultural un nuevo enfoque para la categoría de mujer. Beauvoir sostendrá allí la alteridad cultural absoluta de la mujer respecto del varón, a la vez que defenderá la tesis de que no se nace mujer, sino que ‘se llega a ser mujer’ (Beauvoir, 1987). A partir de este renovado enfoque, una serie de desarrollos feministas posteriores darán cuerpo a la llamada ‘segunda ola’ del feminismo que tendrá lugar principalmente desde la segunda mitad del siglo XX. En ese marco, los trabajos que intentan conceptualizar cómo se opera el pasaje “del sexo al género”, proliferarán (Scott, 1996).

Desde esa perspectiva, que entiende al sexo como socialmente construido, Rubin ha definido al genero comoel conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana y en el que se satisfacen esas necesidades humanas transformadas” (Rubin, 1986: 30). Así, en este trabajo consideraremos que los géneros y los sexos son un conjunto de valores elaborados en un contexto histórico a partir de una diferencia fisiológica. Esta diferencia, lejos de ser neutral, trasunta a su vez desequilibrios de poder entre los sexos y se suma a otras formas de las jerarquías sociales (De Barbieri, 1992).

Sin embargo, a pesar de las relaciones que pueden establecerse entre otras violencias, la violencia contra las mujeres por ejemplo presenta características diferenciales. De Miguel señala que una de las características especificas de la desigualdad de género radica en la base de legitimación que la sustenta “esta legitimación procede de la conceptualización de las mujeres como inferiores y como propiedades de los varones” (De Miguel Álvarez, 2005: 235).

Como vimos, estas tensiones y relaciones de poder desiguales entre varones y mujeres fueron abordadas en numerosos estudios sobre género, pero será a partir de mediados de los años setenta que los enfoques sobre la cuestión de genero ingresan al ámbito académico con perfil propio, en dicha década se produjo “el despegue y consolidación académica de los llamados estudios feministas, estudios de la mujer y, cada día más, estudios de género” (De Miguel Álvarez, 2005: 243).

Hacia finales de la década del ‘70 una serie de producciones académicas por un lado, y de luchas políticas feministas por el otro, irán configurando un nueva ‘ola’ llamada comúnmente el ‘feminismo crítico o radical’ (Puleo, 1994). Esta tercera ola, al calor de los debates que instalaron las perspectivas posmodernas sobre la dilución de las identidades clásicas de la modernidad (Bauman, 2005), comenzará a cuestionar fuertemente los esquemas binarios en la perspectiva feminista, que intentaban conceptualizar las diversas dominaciones a partir del par indisoluble varón-mujer:

las identidades van a estallar, van a surgir la pluralidad de consideraciones con respecto a las identidades. Esto no solo abarcará a las identidades de los géneros, sino a muchas otras identidades. Toda esta emergencia de los múltiples géneros, que en la actualidad todavía estamos procesando, tiene que ver con la ruptura de las dicotomías. Por ejemplo con respecto a las categorías femenino-masculino (Maffia, 2006: 9).

Algunas de las autoras que harán sus mayores contribuciones en esta etapa del feminismo serán sin dudas Judith Butler (1998; 2001), Nancy Fraser (1991; 1995) y Seyla Banhabib (1990; 1994).

El Feminismo popular

Hacia finales de la década del ’70, principalmente en México, una serie de experiencias de asociaciones y colectivos de mujeres fueron dando nacimiento a lo que se conoce en la actualidad como ‘feminismo popular’ (Cano, 1997; Lamas, 2000). Intentando marcar una diferencia con la acción direccional hacia los sectores populares que un conjunto de organizaciones empiezan a criticar en los partidos políticos y movimientos tradicionales de la izquierda en México, las militantes y organizaciones que comienzan a dar cuerpo al ‘feminismo popular’ buscó promover la reflexión y los encuentros entre mujeres de sectores populares, a la vez que introducir la reflexión feminista en el ámbito académico (Lamas, 2000).

A partir de una serie de encuentros nacionales donde confluyeron trabajadoras, campesinas y militantes de izquierda provenientes de las clases medias: “este proceso se caracterizó por el intento de vincular las demandas feministas perfiladas en la década anterior con las demandas particulares de mujeres de diversos sectores” (Cano, 1997: 357). Así, demandas históricas de la clase trabajadoras, demandas específicas previas del movimiento de mujeres y nuevas demandas de género, fueron tratadas en forma yuxtapuesta en estos encuentros. Esta coexistencia de demandas ha sido trabajada por Massolo (1992), quien profundizó en la relación entre demandas de clase y demandas de género en el marco de la corriente del feminismo popular.

Sin referirse a la ‘multisectorialidad’ que pronuncia nuestra unidad de estudio como definición estratégica, algunas de las orientaciones del feminismo popular, sobre todo las que refieren a la relación entre las diferentes demandas, creemos que pueden ser leídas desde una perspectiva de feminismo popular. Sumado a ello, el énfasis en el trabajo de base que en estos encuentros en particular y en su práctica en general las ‘feministas populares’ marcaban, y la diversidad de militantes que lo compusieron, son puntos en común con el FPDS: “el ‘feminismo popular’, constituido principalmente por feministas socialistas, mujeres cristianas y ex-militantes de partidos de izquierda, (…) privilegió el trabajo con las bases del movimiento amplio de mujeres” (Lamas, 2000: 19).

A partir de lo expuesto, consideramos que las prácticas políticas y formas organizativas que se observan en el FPDS y que serán analizadas en el presente capítulo, exigen un abordaje a la vez que contemple los aportes generales de los tres períodos expuestos entorno al desarrollo histórico del feminismo, se centren en las categorías y enfoques propuestos por el feminismo crítico y por las orientaciones y prácticas políticas de la corriente del feminismo popular. Como veremos más adelante, la propia concepción del movimiento entorno a la existencia de varios ‘géneros’ y algunas definiciones políticas que aparecen en documentos y comunicados orgánicos del FPDS, darían cuenta de un enfoque político ligado a las bases del ‘feminismo popular’.

El concepto de ‘patriarcado’ en las corrientes feministas

A partir de la década del setenta y entrados los años ochenta, la corriente teórica del ‘feminismo radical’ que describimos, brindará un marco conceptual estructural desde el cual explicar el sentido y el alcance de la opresión hacia las mujeres. Desde allí se elaboró el concepto de patriarcado, que fue un puntal clave para explicitar “la existencia de un sistema de dominación basado en el sexo-género e independiente de otros sistemas de dominación” (De Miguel Álvarez, 2005: 238).

El concepto de patriarcado será una construcción conceptual fundamental a partir de la cual el movimiento feminista y los movimientos sociales en general analizarán las opresiones y los desafíos del cambio social. Hablar de un sistema patriarcal, como antecesor incluso del capitalismo, presentó ante la sociedad el desafío de una transformación “no sólo relacionada con la desigualdad en la esfera de lo público, sino muy fundamentalmente con las prácticas que tienen lugar en la esfera de lo privado” (De Miguel Álvarez, 2005: 238).

Como hemos trabajado en los capítulos 3 y 4, el perfil táctico que hegemonizó al ethos de los ‘70 en nuestro país fue característicamente pragmático y teleológico. En el caso de las relaciones de género, ese perfil táctico teleológico colocó a la opresión entre hombres y mujeres como una contradicción secundaria para las organizaciones de izquierda, contradicción que en todo caso, se resolvería una vez cristalizado el proceso revolucionario y superada la contradicción fundamental de la sociedad capitalista entre capital y trabajo. De esta forma lo ilustra Celina, militante de la generación del setenta y hoy referente del FPDS: “en nuestra época toda la cosa del género, no formaba parte ni del imaginario” (Celina -generación ‘70).

Así, mientras las corrientes feministas se consolidaban en la academia y en los movimientos sociales de los países centrales, las organizaciones de izquierda locales omitían o incorporan apenas en forma marginal la cuestión de género (Guzmán, 2011). A pesar de ello, huelga destacar que durante los setentas las reivindicaciones de género encontraron importantes canales orgánicos de expresión, si bien no en partidos políticos o sindicatos, pero sí en el movimiento feminista que tuvo importante desarrollo político en el país. Entre 1970 y 1976, existieron una serie de organizaciones y movimientos tales como la Unión Feminista Argentina (UFA), el Movimiento de Liberación Feminista (MLF) y el Movimiento Feminista Popular (MOFEP), entre otros (Cano, 1982); de hecho muchas mujeres feministas debieron exiliarse o pasar a la clandestinidad una vez acontecido el golpe militar de 1976 (Tarducci y Rifkin, 2010). Ahora bien, como observamos, las reivindicaciones de género quedaron en los años ‘70 asociadas directa, por no decir únicamente, a las organizaciones y movimientos específicamente de mujeres. Estas organizaciones, colectivos y movimientos de liberación femeninos se encontraban integrados casi exclusivamente por mujeres y, como organizaciones, anclaban sus reivindicaciones casi en forma total en la cuestión de género. Por el contrario, las organizaciones armadas clasistas, partidarias y/o sindicales fueron reticentes a incorporar la demanda de género, lo cual implicaba también repensar en su interior la configuración desigual de poderes entre varones y mujeres.

Entradas las décadas del ‘80 y ‘90 se multiplicaron las organizaciones de mujeres, ligadas principalmente a la reivindicación de derechos. Estas organizaciones, que comenzaban a trabajar por un lado desde lo emocional con un conjunto amplio de mujeres y por el otro, desde las actividades contenciosas frente a las autoridades por el reconocimiento de los derechos femeninos, fueron de hecho consideradas como organizaciones paradigmáticas de los ‘nuevos movimientos sociales’ locales en la década del ‘80 (Jelin, 1989).

Pero lo más interesante para nuestro enfoque es que en estas décadas no sólo afloraron más organizaciones de mujeres, sino que las organizaciones tradicionales (como partidos políticos y sindicatos) sumadas a los movimientos sociales emergentes, comenzarán a incluir demandas de género en forma transversal, superando la segmentación a la que había quedado confinada la lucha de las mujeres en las décadas anteriores. Así, por ejemplo, “en las décadas de los ‘80 y los primeros años de los noventa fueron tiempos en que surgieron algunos espacios de mujeres en el movimiento sindical” (Chejter y Laudano, 2002: 5).

Este proceso es corroborado por militantes de las generaciones del ‘70 y del ‘80 del FPDS, quienes resaltaron en más de una oportunidad que la ‘transformación’ respecto a cómo eran vistas las desigualdades de género en su militancia, se dio precisamente en ese segmento temporal que va desde el retorno a la democracia al auge del neoliberalismo:

en la década de los ‘80 cuando vienen las compañeras exiliadas, de México fundamentalmente…imaginate 75-85 fueron los diez años de las mujeres, nosotros vivimos en un oscurantismo total entre el 75 y el 85. Porque cuando vienen las compañeras y plantean este debate…yo tardé años en darme cuenta que el patriarcado existía y como me jodía mi vida militante y personal…años tardé (Celina -generación ‘70).

En una cartilla elaborada por el Espacio de Mujeres del FPDS, también se da cuenta de esa transformación generacional: “En los ‘70 las mujeres salieron del lugar privado cuestionando y visibilizando al conjunto de la sociedad la doble explotación de la mujer (adentro y afuera de la casa)”[1]. Esa tensión que planteaban las mujeres militantes en los ‘70, comenzó a atravesar fuertemente las subjetividades políticas al interior de las organizaciones de finales de los ochenta y principios de los noventa.

Mujeres y movimiento piquetero en el contexto neoliberal

La mujer es central en el desarrollo del movimiento.

Quizás no en el nivel de representaciones,

ahí lo cuantitativo no se ve reflejado,

es decir no está reflejado en las instancias

de responsabilidad, pero la mujer es mayoritaria

y en los comedores, en las copas de leche es hegemónica[2].

Fue justamente entrada la década del ‘90, partir de la descomposición social que sobrevino al auge del neoliberalismo, con la pérdida de los marcos regulatorios que las estructuras formales de empleo brindaban (Svampa, 2005) y con la consiguiente reconfiguración de la militancia a partir de actividades sociales como merenderos, toma de tierras, comedores y ollas populares, que asistimos a una nueva relación entre mujer y política. En este marco, presenciaremos un elevado protagonismo de las mujeres en las organizaciones de desocupados que, como desarrollamos anteriormente, comenzarán a poblar la geografía nacional hacia finales de la década del ‘90. Así,

la presencia femenina en el conjunto de estas formas urbanas de organización es, más que mayoritaria, decisiva, pues no se trata solamente de una participación cuantitativamente importante de mujeres, sino de una real gestión organizativa que descansa cotidianamente en una fuerza de trabajo femenino (Hardy, 1986: 68).

Algunas de las características de la presencia femenina en la práctica de este tipo de organizaciones han sido trabajadas por Massollo (2005), entre ellas la autora hace foco en el tipo de tareas a las que tempranamente quedan confinadas las mujeres: “se proyecta su rol doméstico sobre el espacio público (…) la participación de las mujeres se concentra en cuestiones y tareas relativas a las necesidades básicas de la familia y la comunidad” (Massollo, 2005: 2).

Este fenómeno que había sido trabajado por Rauber (2000), más adelante encontrará en los aportes de Cross y Partenio (2004) y de Vaggione y Avalle (2007), herramientas clave para analizar el rol de las mujeres en diversos movimientos piqueteros. Las tensiones de género que aparecen a la hora de la constitución de los liderazgos al interior de las organizaciones, a partir de un estudio de caso de cuatro organizaciones piqueteras fue presentado por Cross y Freytes Frey (2007); allí indagan en la diferencia entre referentes y dirigentes, a partir de la división sexual de las tareas al interior de las unidades de estudio elegidas, una de las cuales refiere al FPDS. Más tarde el trabajo mencionado de Partenio (2008) profundizó el abordaje del ‘Espacio de Mujeres’ del Frente, en lo que constituye un aporte sumamente relevante para nuestro enfoque. Una mirada similar pero dedicada a analizar los sentidos de la politización de género que atraviesan las trayectorias de las mujeres que participan del Espacio de Mujeres del FPDS, fue presentado en los últimos años por Espinosa (2011), trabajo que vuelve a ser retomado al final de este capítulo. Por su parte, Longo (2012) abordó las representaciones sociales de mujeres que participan en movimientos sociales del país, tomando como uno de los casos de estudio, al FPDS.

Recientemente, y a pesar del avance conceptual revisado más arriba, se ha puesto foco en la dificultad empírica que tienen las mujeres para hacer una ‘lectura de género’ de su militancia, por encima de la lectura de clase que tienen incorporada en los movimientos piqueteros (Varela, 2012). Algunas de estas tensiones que marca la bibliografía especializada entre referencias, dirigencias, lecturas de género y de clase, aparecen expresadas a continuación en el análisis de la dimensión empírica de las relaciones de género en nuestra unidad de estudio. Esas tensiones entre las propuestas ligadas a la cuestión de género y las apropiaciones por parte del resto de la organización, principalmente de aquellos espacios con amplia participación masculina, serán trabajados empíricamente desde los procesos de formación política y del desarrollo del Espacio de Mujeres del Frente.

La cuestión de género en el plano conceptual en el FPDS

Nosotras entendemos que en la construcción

de poder popular para el cambio social desde ahora,

para ser mejores personas, necesitamos de varones,

mujeres y otras identidades sexuales

anticapitalistas y antipatriarcales.

Cartilla del Área de Género -FPDS-

El primero de los planos donde observaremos el lugar que ocupa la cuestión de género en el FPDS, es el plano conceptual. Como vimos, definiciones específicas relativas a la cuestión de género no fueron tenidas en consideración por parte de las organizaciones clásicas de los ’70 en el país, quedando estas definiciones limitadas a las organizaciones de mujeres o feministas. En los ‘80, el proceso fue doble: mientras se multiplicaban las organizaciones de mujeres, a la vez sus demandas comenzaban a permear la subjetividad y las formas organizativas de todo el arco militante, traduciéndose en la incorporación de la problemática de género a los movimientos territoriales, partidos políticos, sindicatos, etc.

En lo que refiere a nuestra unidad de estudio, hemos visto en el capítulo 4 que el FPDS se define como un movimiento ‘antipatriarcal’, además de ‘anticapitalista’ y ‘antiimperialista’. A continuación analizaremos el peso específico que creemos tiene para el movimiento asumir esa definición y la diferencia en términos político-organizativos que implica para una organización asumir esa definición. Por ello sostenemos que la definición del FPDS como una organización antipatriarcal aparece como un rasgo sustancial para entender el perfil táctico de nuestra unidad de estudio.

Como vimos en el capítulo anterior, la definición del FPDS como “antipatriarcal” fue producto del debate en un plenario nacional en el año 2007, y se logró en base al gran capital militante acumulado en forma colectiva por el ‘Espacio de Mujeres’. Esa definición implicó una transformación cabal en el andar político de la organización, como surge de uno de los materiales de difusión que tiene la organización, la revista Cambio Social:

en el plenario de Mar del Plata, donde asumimos como FPDS el antipatriarcado, surgió con fuerza la posibilidad y la necesidad de comenzar hacer talleres mixtos de debates y reflexión (…) nuestras construcciones teóricas surgidas desde las prácticas y el reconocimiento de la historia de luchas de los movimientos de mujeres y feministas en nuestro país y en América latina, han sido asumidas, en el mejor de los casos, o por lo menos han permitido un debate no cerrado que permite ser el disparador de una democratización en lo interno y en el afuera[3].

Creemos que esa democratización en los movimientos actuales esta profundamente ligada a la idea de ‘prefiguración’ como forma principal de abordar el perfil táctico de la militancia. En este caso en notorio cómo el enfoque sobre la importancia de las diferentes dimensiones de la opresión se equipara. Si decíamos en el capítulo anterior que una definición estratégica va a comprometer la totalidad de los recursos de la organización, plantear la definición de ‘antipatriarcal’ con el mismo rango de importancia que las de ‘anticapitalista’ y ‘antiimperialista’, significa como dijimos que para el FPDS la contradicción entre capital y trabajo (constitutiva de la dominación capitalista) o la contradicción entre imperio y nación (que da cuerpo a la opresión imperialista) requieren el mismo nivel de atención que la contradicción y desigualdad entre los géneros: “algunos y algunas que se plantean como anticapitalistas no incorporan la lucha antipatriarcal y muchos feminismos sostienen que la pelea no es contra el capitalismo sino primero contra el patriarcado”[4]; es por eso que la incorporación del ‘antipatriarcado’ por parte del FPDS marca un clivaje conceptual notable en el desarrollo teórico-político de las organizaciones sociales nacidas post crisis del 2001, en lo relativo a la cuestión de género.

Haberse asumido como una organización antipatriarcal significa que la disputa contra el patriarcado como sistema de dominación, conserva igual importancia que la lucha contra el capitalismo y contra el imperialismo. Este encuadre marca un diferencia notable respecto de la primacía del ‘clasismo’ de los ‘70 como contradicción fundamental de la sociedad: “cómo el tema de la cosa de clase, como las obreras del Swift, en ultima instancia era en el trabajo colectivo, en el trabajo en las fábricas…pensábamos cómo esas obreras del Swift habían roto con esas diferencias de género…era una idealización!” (Celina -generación ‘70). Si analizamos este testimonio de Celina, vemos que en los ‘70, incluso cuando las desigualdades de género eran percibidas por la militancia, la centralidad que se le otorgaba a la resolución de la ‘contradicción principal’, incorporaba a la vez el camino hacia la resolución de las desigualdades de género; mirado desde el presente, Celina considera ese enfoque como ‘idealizador’.

Con ello, Celina, formada en la militancia setentista, nos reafirma que la conformación de los ethos militantes no representa esquema de valores y subjetividades políticas anquilosadas e inmutables. Más bien este testimonio, sumado a los de María, otra militante de la generación setentista del FPDS, ponen en evidencia que el ethos militante proporciona un marco general de identidad política que luego puede integrar otros modos, concepciones y prácticas organizativas que fuesen masificadas a partir de una generación política posterior. De esa forma, la constitución de los ethos militantes, válida en forma analítica y metodológica para la aprensión de la realidad a estudiar, muestra en la base empírica un escenario con más matices que aquel que nos planteamos al inicio, como matriz de abordaje generacional.

Sin embargo, es necesario también analizar en clave cítrica la asunción del FPDS como movimiento patriarcal, pero no aún como movimiento ‘feminista’. Como dijimos al comenzar el capítulo, las orientaciones subjetivas, las consignas políticas y las formas organizativas del movimiento en lo que refiere a la atención de la cuestión de género, parecerían inscribirse en un enfoque que retoma elementos de análisis del ‘feminismo crítico’ y se asemeja en la práctica a la corriente del ‘feminismo popular’. Sin embargo, esa inscripción forma parte de una conceptualización nuestra, siendo que no es una decisión orgánica del FPDS definirse por el feminismo popular, demostrando una ausencia en la definición ‘propositiva’ en cuanto a la cuestión de género. En caso que el movimiento avanzara en este sentido, sostenemos que la asunción del Feminismo Popular sería pertinente.

Esta falta de definición en sentido positivo, tal vez pueda ser entendida a partir de dos dimensiones, por un lado por los procesos internos aún abiertos en el movimiento y, por el otro, por la falta de definiciones ‘propositivas’ que en general presentan estas experiencias. Es importante destacar que analizando los materiales orgánicos, documentos y comunicados del movimiento encontramos en general una abundancia de definiciones ‘por la negativa’ (donde prolifera el prefijo ‘anti’) y una escases de definiciones propositivas que supongan un proyecto a futuro. Dentro de ese marco general de falta de definiciones propositivas proponemos leer la adopción del ‘antipatriarcado’, pero no aún del ‘feminismo’ u otra corriente propositiva[5].

Esta dificultad por asumir definiciones que sugieran proyectos a futuro ha sido resaltada por algunos autores como una de las falencias principales que presenta la ‘nueva militancia’ surgida en torno al 2001. Esas críticas apuntan a que la nueva generación no logra indagar en forma precisa en el capitalismo contemporáneo: “celebrar la negatividad, cuestionar las definiciones y formular preguntas sin respuestas obstruye esta indagación” (Katz, 2004: 2). Desde otra perspectiva, las críticas a la falta de definiciones propositivas han sido matizadas, relacionando el origen de las críticas con las formas aparentemente vetustas de hacer política: “algunos dicen que (las nuevas organizaciones) no son políticas, o que son anti-políticas. Esto suele estar relacionado con sus experiencias en las “viejas” formas de hacer política” (Sitrin, 2010: 135). A nuestro juicio, la dificultad por elaborar conceptualizaciones teóricas en clave propositiva es, sin duda, un dato que caracteriza a estos movimientos, más allá de la crítica o de la celebración de este hecho en función del encuadre ideológico desde el cual percibamos el dato.

Cabe agregar, sin embargo que aún en ese marco de falta de definiciones propositivas, en el ultimo tiempo el debate teórico y político al interior del Frente llevó a incorporar la definición del ‘Socialismo desde Abajo’ como horizonte propositivo al movimiento: “somos una organización anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal, síntesis de distintas tradiciones políticas y organizativas de nuestro pueblo. Tenemos como objetivo estratégico el socialismo desde abajo y buscamos prefigurarlo en nuestras prácticas desde el ahora”[6]. Ahora bien, en lo que refiere a la cuestión de género, el arribo a una definición propositiva, entre las cuales el ‘feminismo popular’ aparecería como posible horizonte teórico-político, continúa siendo una deuda pendiente del movimiento a nivel conceptual.

Esto podría analizarse como parte de una contradicción interna en tanto atención a la cuestión de género, siendo que si bien la definición de antipatriarcado se ubica al mismo nivel de importancia que la de ‘anticapitalismo’, en lo que refiere a la dimensión propositiva, nuevamente la cuestión de género podría aparecer relegada y subordinada a otra definición ‘más amplia’ (el Socialismo desde Abajo) que la contendría, reeditando algunas modalidades del enfoque setentista para la cuestión de género. Esto indicaría, al menos en el plano conceptual, límites del nuevo ethos militante en cuanto a la potencialidad de su perfil ‘prefigurativo’.

Esto no quiere decir, desde ya, que los militantes del ethos setentista ejerzan resistencias hacia la ampliación de definiciones prefigurativas de las desigualdades de género, mientras los militantes jóvenes las impulsan decididamente. Por el contrario, lo que creemos percibir es que tanto los procesos organizativos como las definiciones políticas que expresa nuestra unidad de estudio, son la resultante de una compleja y contradictoria articulación de perspectivas generacionales que también van experimentando transformaciones en si mismas, como analizamos más arriba en función del testimonio de Celina y de otras militantes de la generación setentista, que hoy tienen otra percepción sobre la lucha de género.

Para continuar observando potencialidades, límites y tensiones en las apropiaciones de la política de género en nuestra unidad de estudio, en el apartado que sigue daremos cuenta de dos dimensiones empíricas en las cuales se expresa la política concreta y cotidiana del movimiento. Antes de ello, presentamos algunas apreciaciones epistemológicas y metodológicas que se nos presentaron a la hora de abordar empíricamente estas dimensiones.

La cuestión de género en el plano empírico

La observación de las tensiones, apropiaciones, avances y retrocesos en la lucha de género en la práctica concreta de un movimiento, constituye una tarea huidiza para la investigación social. Creemos que la observación de la dimensión empírica de las relaciones de género en un movimiento social es cuanto menos, más problemática que la atención a su tratamiento conceptual. Al tratarse de una cuestión que atraviesa a las formas de relacionamiento cotidianas, resultan esquivan para el trabajo científico, siendo que pueden presentarse muchas diferencias o ‘dobles discursos’ entre la práctica pública y el ámbito privado, o entre los testimonios políticamente correctos de los militantes y su práctica política concreta. Con ello, dar cuenta del estado actual del perfil táctico de la militancia respecto de las relaciones de género en el plano empírico, es una empresa ciertamente dificultosa. No obstante, a partir de las herramientas metodológicas antes descriptas como la observación de espacios de bases, de espacios de toma de decisiones, de actividades públicas ligadas a la lucha de género y también de las entrevistas en profundidad, creemos que podemos acercar una mirada parcial pero no por ello menos significativa respecto de este tema. Esta mirada focalizará, como hemos dicho, en los procesos de formación política por un lado, y en el desarrollo del Espacio de Mujeres, por el otro.

La formación política en clave de género

No se es sino siendo. Si somos antipatriarcales o no,

lo tenemos que saldar en la práctica.

Cartilla del Área de Género -FPDS-

Los procesos de formación política, los contenidos teóricos y los materiales de estudio que direcciona un movimiento hacia su militancia, constituyen datos significativos para sopesar objetivos y prioridades estratégicas de la organización. Así como la centralidad de la ‘contradicción principal’ en el análisis de la etapa política signó, como fue dicho, la perspectiva política hegemónica de las organizaciones setentistas. Este enfoque nutrió por consiguiente los materiales y los procesos de formación política de la militancia durante las décadas del ‘60 y ‘70. Como muestra citamos a continuación un párrafo del Manual de la Militancia Política del año ‘73, escrito por Eduardo Astesano, que tuvo amplia difusión en la militancia local, principalmente en aquella de raigambre peronista:

en todas las situaciones, hechos o procesos de la naturaleza, de la sociedad o del pensamiento, conviven muchas contradicciones, pero solamente existe, una, que es la principal, cuya existencia, desarrollo y muerte influencia y determina el desarrollo de todas las otras (Astesano, 1973: 113)[7].

A partir de las transformaciones en la subjetividad y en las formas organizativas que tuvieron lugar hacia finales de la década del ‘90, los nuevos horizontes estratégicos y las prácticas prefigurativas que los movimientos se fueron dando, tendrán su correspondencia en los materiales y en los procesos de formación política que los movimientos encaran.

Esto queda evidenciado en nuestra unidad de estudio en los contenidos teóricos e ideológicos de sus materiales de formación política que empiezan a incluir dimensiones que se encontraban ausentes en los materiales de formación de las organizaciones de décadas anteriores. Así, los cuadernillos de formación del FPDS sobre la ‘prefiguración’ o sobre la ‘mística’, aparecen como novedad leídos en clave generacional. Entre estas ‘novedades’, la presencia de materiales relativos a las desigualdades de género, al patriarcado e incluso a los ‘feminismos’ proliferan en el Frente; debemos sumar a estas ‘novedades’ la presencia de lenguaje no sexista en materiales de difusión[8]. Pero no solamente los materiales de formación del FPDS incluyen temáticas de género, sino que el movimiento realiza una vez al año un Campamento de Formación en Géneros de dos días de duración.

Florencia Partenio, quien ha trabajado en profundidad el lugar de la cuestión de género en el FPDS, señala que estas prácticas de formación “abren debates y construyen definiciones que interpelan no sólo a las organizaciones que integran el FPDS, sino también al movimiento de mujeres y a los feminismos” (Partenio, 2008: 22). Esto muestra que el enfoque de género que se propone el Frente no es solamente novedoso para su militancia, sino también para el conjunto de organizaciones territoriales, estudiantiles, culturales y sindicales que de un tiempo a esta parte han comenzado a militar desde enfoques similares a los del Frente. Prueba de ello sería también la fuerte presencia en los Campamentos de Formación en Géneros de organizaciones invitadas tanto del ámbito territorial, como colectivos de educación popular y organizaciones estudiantiles, demostrando el dinamismo del FPDS en cuanto a la política de género.

A nivel conceptual en estos materiales y procesos de formación, las corrientes políticas y las definiciones más debatidas son el ‘patriarcado’, el ‘antipatriarcado’ y los ‘feminismos’. Hemos mencionado ya que el antipatriarcado constituye una definición estratégica del Frente, no así el feminismo. A pesar de esto, tanto en los contenidos de los campamentos como en las instancias orgánicas multisectoriales, el debate acerca del feminismo ha estado sin dudas presente en el Frente. Según Partenio “en el ‘taller de feminismo’ –realizado en el marco del Campamento- los debates se dieron en torno a la posibilidad de visibilizar los mitos del feminismo y recrear la existencia de varios feminismos” (Partenio, 2008: 22). Aparece entonces con bastante claridad que la discusión en torno al feminismo ha estado presente en el debate interno y continúa sin ser saldada.

Una prueba de esto surge de los ‘desafíos hacia delante’ que se plantean en la sistematización de uno de los campamentos de formación en género:

los feminismos y la lucha de las mujeres siguen siendo invisibilizados y necesitamos recuperar muchas de sus propuestas como parte de la lucha contra la desinformación y la satanización que universaliza a todos los feminismos aún a aquéllos con los que nos identificamos[9].

Esos desafíos fueron retomados en los campamento subsiguientes donde se volvió a poner el foco en la cuestión del feminismo: “Nosotras queremos un feminismo que nos involucre a todos y a todas, que sea combativo, activo, antipatriarcal, anticapitalista, en las calles y por el cambio social”[10].

En suma, el lugar que ocupan el antipatriarcado y las corrientes feministas en la formación política del FPDS es otro de los puntos de trasparencia que creemos visibiliza el esquema complejo y articulado de ethos militantes que coexisten en el FPDS. En esa yuxtaposición de formas organizativas y subjetividades políticas de generaciones militantes diversas, nuevamente aparecen puntos de contacto con los enfoques de generaciones pasadas, aunque integrados a un abordaje general principalmente prefigurativo del modo de encarar las desigualdades de género, que reenvía sin dudas al ethos ‘01. En ese sentido, se trata de prefigurar otras relaciones sociales donde la formación política de los militantes necesariamente incluya el debate de género.

El Espacio de Mujeres del FPDS

Surgimos junto al humo de las gomas quemadas

en la lucha por justicia por Darío y Maxi

en los cortes de los 26 en el Puente Pueyrredón.

Allí arriba, el 26 de setiembre 2003 hicimos la

Primera Asamblea de Mujeres.

Cartilla del primer campamento de formación en género

En el siguiente apartado presentamos una historización y un análisis, desde la perspectiva del análisis de los ethos militantes, del espacio privilegiado a partir del cual se canalizan las demandas de género en la práctica del Frente Popular Darío Santillán: el Espacio de Mujeres (EM). La constitución y desarrollo de este espacio, en diálogo con la observación de algunas de las actividades que este espacio impulsó en el período que duró nuestro trabajo de campo, sumado a los testimonios de las entrevistas, nos sirvieron como fuentes privilegiadas de recolección de datos en torno a la dimensión empírica de la cuestión de género y el perfil táctico. Creemos que el desarrollo del ‘espacio de mujeres’ funciona entonces como otro de los puntos de transparencia a partir de los cuales visibilizar en forma privilegiada avances, tensiones y proyecciones en función de la prefiguración y el perfil táctico de los militantes de nuestra unidad de estudio[11].

Como se advierte a partir de la cita que encabeza este subcapítulo, fue ‘allá arriba’, es decir en el puente Pueyrredón donde en 2003 un grupo de mujeres de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón (CTD-AV) realizó una primera asamblea de mujeres. Es importante resaltar que el impulso por parte de un grupo de mujeres de un espacio que comienza a problematizar las desigualdades de género, no sólo en la sociedad sino al interior mismo de la organización, generó incomodidad en algunos sectores de la CTD-AV: “todo lo que era el espacio de la mujer, por ejemplo, se armó por una iniciativa de compañeras, yo me acuerdo los quilombos que tuvimos con La Verón porque las mujeres se reunían en el puente, en los 26” (Guillermo -generación ‘70). Es decir que en un primer momento, esta iniciativa no se granjeó automáticamente el beneplácito del resto de la organización sino que, veremos, fue un proceso largo y complejo el que tuvo que atravesar el EM para lograr consolidarse y legitimarse.

A pesar de las reticencias iniciales, este grupo de mujeres aún encuadradas en la CTD-AV continuaría con su práctica de juntarse en el puente Pueyrredón todos los 26 de junio, en el marco de la movilización mensual en memoria de la Masacre de Avellaneda[12]. Estos encuentros mensuales se irían transformando en una práctica cotidiana sostenida por un conjunto de mujeres de diversas organizaciones, hasta llegar a constituir la Asamblea de Mujeres de La Verón; este espacio es el antecedente organizativo más cercano que va a reconocer el posterior ‘Espacio de Mujeres’ del Frente.

En un primer documento llamado ¿Por qué un espacio de mujeres en la Verón?, la Asamblea de Mujeres justificaba así su surgimiento:

porque somos mujeres trabajadoras desocupadas que trabajamos en los barrios, en los comedores, en las relaciones con otras organizaciones, en la formación, en la producción de los MTD y ponemos nuestros ovarios todos los días. Porque en los MTD, cada 10 compañer@s, 8 somos mujeres (…) Porque somos mujeres al frente y en la lucha, mujeres en las calles y por el cambio social, piqueteras y luchadoras, trabajadoras desocupadas que ponemos el cuerpo y nos comprometemos[13].

Es notorio como en estos primeros pasos, el lenguaje es llano y con un fuerte componente de lucha y territorialidad. Esto puede pensarse, claro está, a partir de que La Verón, a diferencia de lo que será el FPDS más adelante, era una coordinadora exclusivamente de organizaciones barriales. Así, la necesidad del espacio aparece en un primer momento ligada a instalar debates respecto a situaciones de violencia de las mujeres de los movimientos, o a la injusta división de tareas entre varones y mujeres en los MTD. Alusiones de carácter más general entorno a la cuestión de género como al patriarcado o al feminismo, no abundan en los primeros documentos, quedando la cuestión de género ligada directamente a necesidades reivindicativas de las mujeres de los barrios.

Pero esta característica irá encontrando profundas modificaciones en los años subsiguientes, lo cual dará cuenta del desarrollo y ampliación de los horizontes y las prácticas políticas del Espacio de Mujeres. En un Encuentro de Mujeres que la Asamblea de Mujeres convocó para el 19 de noviembre de 2003 en el predio Roca Negra, del MTD de Lanús en la Provincia de Buenos Aires, las elaboraciones comienzan a presentar más definiciones políticas y menos reivindicativas. Entre algunas de las síntesis que salen producto del trabajo en comisión de las mujeres encontramos:

*Fortalecer la formación política de las mujeres.

*Participamos mucho en practica (trabajo – piquete) y nos falta participación en la toma de la palabra en los espacios  públicos.

*Plantearnos nuestro derecho a hablar/ a participar sobre todo en lo político; no es contradicción el cuidado de los hijos e hijas y la participación en la lucha[14].

Como vemos, se evidencia un crecimiento en los horizontes y desafíos que el espacio plantea; en ese crecimiento la crítica de las mujeres comienza a orientarse hacia la reducida participación orgánica del género femenino en la estructura política de La Verón. A partir de este piso en la discusión, una vez conformado el Frente Popular Darío Santillán en 2004, nace en forma oficial el ‘Espacio de Mujeres’ (EM) del FPDS. Sostenemos que el carácter multisectorial del Frente y el avance en sus alianzas políticas son dos factores que impulsarán un avance cualitativo en esta experiencia.

Desde allí, el desafío principal que encarará el EM estará signado por el traspaso desde las reivindicaciones puntuales de las mujeres hacia las demandas más generales y políticas en torno a la cuestión del patriarcado y el feminismo. En este abanico encontramos una diversidad de demandas que terminan siendo difíciles de transitar para los espacios de mujeres, los cuales quedan muchas veces entrampados en la tensión entre la ‘urgencia’ y el ‘proyecto’ (Merklen, 2005). Con ello, la forma en que se instala en un principio la cuestión de las desigualdades entre las mujeres está más ligada, siguiendo la tensión propuesta por Merklen, a la urgencia. Sin embargo, el espacio de mujeres no se va a conformar con la atención de las cuestiones meramente reivindicativas y perentorias ligadas a las desigualdades de género, sino que apuntará a la instalación de un proyecto relacionado al antipatriarcado y/o al feminismo hacia el interior de todo el Frente: “ellas apuestan a una construcción y legitimación de este espacio “como una prioridad… como una política del movimiento” (Partenio, 2008: 26). De esta forma el EM comenzará a instalar la problemática en clave del ‘Proyecto’ y lo hará a partir de la militancia cotidiana y del dinamismo que empieza a mostrar el espacio.

Esa apuesta se multiplicará y ramificará en forma exponencial en los años subsiguientes. En la cotidianidad de la práctica militante del Frente comenzarán a proliferar la confección de cartillas de género, los talleres de género, la multiplicación de grupos de mujeres en los MTD, pero también en las organizaciones estudiantiles con Comisiones y grupos de género. De esa forma, llegaremos al año 2007 con una acumulación de capital militante colectivo por parte del EM del Frente que, como vimos en el capítulo 4, le permitirá entre otras cosas, instalar y ganar el debate en torno a la definición del Frente como organización antipatriarcal.

Ahora bien, cabe señalar que aquellas reticencias originales de algunos sectores de La Verón a la constitución de un grupo de mujeres no terminaron de disiparse en el Frente, incluso después que éste se defina como antipatriarcal. La principal forma de expresar esa reticencia se expresó en la falta de apropiación por parte de los varones, principalmente, de algunas actividades impulsadas por el EM.

Un ejemplo de esto encontramos al analizar la participación de los varones en las actividades impulsadas por el EM; como ejemplo paradigmático de ello tenemos a los campamentos de formación en géneros ‘mixtos’. Los primeros campamentos de formación en género[15] estaban integrados exclusivamente por mujeres, pero más adelante el EM propuso integrar a los varones a los campamentos, entendiendo como una necesidad dar debates en conjunto entre varones y mujeres para encarar las desigualdades. Esta integración se hizo a partir del establecimiento de cupos para que la presencia masculina sea moderada y no exagerada. De manera provisoria, en los primeros campamentos mixtos no solo la cantidad de varones no superó el ‘cupo’, sino que siquiera alcanzó a cubrirlo; la mayoría de los varones había decidido no participar del campamento.

A partir de estas ‘tensiones’ y reticencias, en 2007 el espacio de mujeres repartió, en el medio de una movilización del FPDS por un reclamo al Estado, unos volantes “falsos” que postulaban la supuesta definición del movimiento como ‘Feminista, Anticapitalista y antipatriarcal’; las militantes del EM repartieron estos volantes que no llevaban ninguna firma, principalmente a los varones. Varias entrevistadas han resaltado ese episodio como muestra de la autonomía de las mujeres para instalar en forma incómoda y novedosa las contradicciones de género que aún existían en el Frente. Nosotros proponemos leer esta situación en dos sentidos; por un lado en cuanto a una evidente falta de apropiación por parte de los varones de las iniciativas impulsadas por el EM y, en segundo lugar, en función de la ‘autonomía’ histórica que caracterizó el desarrollo del EM.

En primer lugar, es más que sugestivo que los varones presenten reticencias a acoplarse a este tipo de propuestas ya que pone en foco la dificultad para realizar o habilitar autocríticas sobre dimensiones de la opresión que son muchas veces invisibilizadas y naturalizadas. Lo que se esconde detrás de esa naturalización se liga con los beneficios ‘naturales’ que obtienen los varones en función de la opresión patriarcal (Hartmann, 1996).

Así, la asunción de un discurso antipatriarcal o incluso de una definición política prefigurativa de la cuestión de género fue mucho más fácil de incorporar para los militantes varones que la real apropiación de prácticas políticas cotidianas que se dediquen a desandar las desigualdades de género; esto se corresponde tal vez con una falta de autocrítica respecto de su lugar en relación con el de las mujeres en el movimiento.

En segundo lugar esta falta de participación también puede ser leída a partir de la ‘autonomía’ que caracterizó históricamente el EM respecto de la orgánica del FPDS. Esa autonomía, que le permitió al EM realizar movilizaciones, cartillas, documentos, encuentros y talleres, muchas veces sin tener que consultarlo orgánicamente en el Frente, sino moviéndose con bastante libertad, podría ser una de las claves a partir de la cual comprender la falta de apropiación por parte de los varones. La falta de autocrítica por parte de los varones y la ‘autonomía’ del espacio, entonces, nos darían pautas para leer la tensión entre el dinamismo del EM y la falta de apropiación de las actividades que el EM proponía por parte del resto de las organizaciones del Frente, principalmente aquellas con participación mayoritaria masculina.

Sin embargo, cabe resaltar aquí que la autonomía para encarar actividades no es patrimonio exclusivo del EM, sino que es una característica general de la forma organizativa de nuestra unidad de estudio; esto surge de la observación de las formas en que son encarados algunos proyectos, donde la libertad de los militantes es amplia respecto de su estructura. Esa autonomía es reforzada también en los testimonios, como en el caso de Guillermo:

en el frente hay mucha….podría contar muchas decisiones, que hay una libertad para vos hacé lo que quieras, mientras no comprometás a la organización, si vos decís ‘bueno yo voy a ir a cagar a piedrazos una comisaría’, no, porque comprometés a la organización, pero desde el punto de vista político, si vos querés hacer la cosa… (Guillermo -generación ‘70).

A partir de esa ‘libertad’ entonces, el EM fue construyendo un camino sólido y amplio en la organización y en el espacio público. Con ello, lograron construir “legitimidades, cuyo soporte fueron las prácticas de encuentro, de articulación y de formación” (Partenio, 2008: 26). Pero la construcción de estas legitimidades no siempre estuvo acompañada de las apropiaciones colectivas. Esto generó un escenario complejo donde la política de género era avalada y legitimada por la mayoría, pero en la puesta en práctica la desigualdad se seguía expresando, mostrando la falta de apropiación por parte de los varones. Pablo lo ilustra en este pasaje en el que, luego de valorar algunos avances en definiciones conceptuales que hizo el FPDS, focaliza en las tensiones

algo más complejo es que vayan cambiando prácticas más cotidianas, que muchas veces manifiestan injusticias naturalizadas, y por lo tanto invisibilizadas. Desde chistes machistas entre compañeros, hasta roles aún desiguales en la crianza de los hijos, o la reproducción de paradigmas machistas que los compañeros reproducimos (Pablo –generación ‘80).

Otra de las tensiones del lugar de género en el plano empírico del FPDS tiene que ver con la participación en lugares de decisión y referencia por parte de las mujeres. Esta tensión fue trabajado recientemente por Maneiro (2012), quien destaca la contradicción entre la composición mayoritariamente femenina de los movimientos de desocupados, y su “subrepresentación en las instancias de mayor responsabilidad formal” (Maneiro, 2012: 172).

Aún así, unos años atrás Cross y Freytes Frey (2007), destacaban que en el Frente se estaba llevando a cabo un proceso mediante el cual algunas mujeres habían logrado transcender el mero lugar en las actividades reivindicativas del movimiento, para ocupar roles más importante o más ‘políticos’; sin embargo, estas autoras advertían acerca de la diferenciación entre los roles de ‘referencia’ y de ‘dirigencia’, haciendo alusión a que, en todo caso, las mujeres accedían al primero, quedando este último aún monopolizado por los varones.

A partir de esa referencia y de lo que surge de nuestro trabajo de campo, es importante dar cuenta de las tensiones, contradicciones y resistencias que continúan apareciendo por parte de los varones en el movimiento en función del espacio interno que las mujeres tanto colectiva como individualmente van ganando al acumular mayores niveles de capital militante. Para un estudio que se centra en esas tensiones, reconocemos el aporte sustancial de Espinosa (2009), quien abordó las tensiones entre los avances de las mujeres y las reticencias de los varones a partir de su trabajo con el Espacio de Mujeres del FPDS. Problematizando la noción de ‘armonía’, presenta una lectura crítica respecto de las ideas de igualdad y desigualdad entre varones y mujeres en nuestra unidad de estudio y pone de manifiesto la existencia de estas reticencias por parte de algunos varones.

A pesar de ello, cabe destacar que en la actualidad el Frente presenta su segunda vocera mujer consecutiva, luego de un período donde este rol fue ocupado por hombres. Ese lugar, que podría ser tenido como un lugar de ‘referencia’ antes que de dirigencia, reafirma la transformación que sostenían Cross y Freytes Frey (2007). Por otro lado, el protagonismo de las mujeres en debates en instancias multisectoriales también podría presentar una reversión de esa tendencia, habilitando la ocupación por parte de las mujeres de lugares de dirigencia. Si bien es complejo poder determinar los contornos de la participación de las mujeres entre la referencia y la dirigencia, a pesar de estos avances, el escenario no parecería presentar diferencias sustanciales al descripto por Cross y Freytes Frey.

Es decir que el avance de la cuestión de género en nuestra unidad de estudio, que a nivel conceptual es innegable, en el plano empírico presenta muchas más marchas y contramarchas; así, asistimos a un escenario contradictorio y cambiante, donde algunas dimensiones de la perspectiva setentista respecto de la subordinación de la cuestión de género a otras contradicciones mas ‘importantes’, dialoga en forma más fluidas con otros enfoques generacionales de perfil prefigurativo.

Los debates de género en el movimiento

Como vimos, el EM fue impulsando una serie amplia de actividades que lograron instalar problemáticas de las mujeres, tanto en el plano conceptual como en el plano empírico. Observando la amplitud de actividades y temáticas que impulsan las mujeres en el movimiento, resulta necesario incluir un apartado donde especifiquemos cuáles son los debates internos más destacados ligados a la problemática de género, a la vez que detenernos a re pensar el tratamiento y la canalización que dichas temáticas y debates han tenido; en tal sentido según surge del trabajo de campo 2 son las temáticas más recurrentes que atraviesan la cotidianidad de las mujeres en el movimiento: la violencia de género y el aborto. Las entrevistadas han coincidido en destacar que los abusos de violencia física y/o psíquica que sufren las mujeres por su condición de tal, sumado a la problemática de los embarazos no deseados y a las interrupciones de los mismos, son dos de los temas más importantes en cuanto a la ‘agenda de género’ que atraviesa las prácticas del FPDS.

La amplitud de la temática ofrece una multiplicidad de análisis y lecturas que se podrían efectuar respecto de estos temas: su abordaje, sus mecanismos de acompañamiento y resolución, etc.; en nuestro caso decidimos focalizarnos en el tipo de instalación de cada uno de esos temas en la agenda del movimiento. Para ello, nos serviremos de la tipología que presenta Partenio (2008) para dar cuenta de las mujeres que participan de los diversos grupos de mujeres locales de las organizaciones del FPDS y del Espacio de Mujeres del movimiento. Partenio identifica tres vertientes a partir de las cuales provienen las mujeres que participan del espacio de mujeres del FPDS. La primera vertiente son las mujeres ‘nativas’ de los barrios. Las segunda vertiente es la estudiantil y esta conformada por mujeres jóvenes –de sectores medios-; mientras que la tercera vertiente esta compuesta por “mujeres que provienen de experiencias de militancia en derechos humanos y del activismo en grupos feministas” (Partenio, 2008: 15).

Desde dicho enfoque, lo que observamos principalmente a partir de los testimonios[16] de las entrevistadas, es que la problemática de la violencia de género es uno de los temas, sino él tema, que con mayor recurrencia transita y se presenta en reuniones, asambleas y talleres tanto del EM del FPDS como de los grupos de mujeres de los diversos movimientos que componen el Frente. Las reuniones de los grupos de mujeres, de fuerte contenido afectivo y testimonial, terminan en muchos casos hegemonizadas en un alto porcentaje por la contención hacia mujeres del grupo que están siendo víctimas de violencia física, económica, verbal o psicológica, generalmente de parte de algún varón de su familia.

El trabajo de estos grupos intenta entonces dar relevancia a la problemática que traen las mujeres al espacio, lograr contenerlas emocionalmente y, a la vez, enmarcar política y colectivamente la situación aparentemente individual de la mujer afectada por la violencia de género, a partir de lecturas, reflexiones, charlas y debates relativos al sistema patriarcal. Por el contrario, en lo que refiere a los debates y reflexiones en torno a la problemática del aborto, son las militantes más experimentadas, muchas veces referentes del movimiento, quienes se encargan en general de la instalación de este tema que, aún siendo parte constitutiva de la vivencia cotidiana de muchas mujeres ‘de base’ que participan de los grupos de mujeres, no es presentado por éstas con tanta facilidad:

“el tema del aborto algunas compañeras lo toman de toque, sobre todo las más comprometidas con el movimiento, pero en general a muchas mujeres no les es tan fácil hablar del tema o pronunciarse a favor directamente, es muy fuerte la presión social, de la iglesia, por suerte va cambiando y cada vez se habla más del tema. Nosotras igual estamos todo el tiempo tratando de debatirlo y poder ir más allá de la moral pública que condena el aborto, porque mientras tanto muchas chicas se mueren por abortos clandestinos” (Alejandra -generación ‘01).

Así entonces, podríamos concluir parcialmente que el problema de la violencia de género tiene en los grupos de mujeres una instalación ligada a un origen ‘de base’, mientras que la temática del aborto se propone como tema de debate desde la segunda y la tercera ‘vertiente’ de mujeres que participan de los espacios de mujeres. Sin embargo, queremos dejar presentada una experiencia surgida del trabajo de campo que es destacable, no solo por su valor en sí misma como experiencia social y política del movimiento, sino porque logra matizar la conclusión parcial que acabamos de presentar.

Hacia el año 2009, a partir de la asignatura Organización Comunitaria del Bachillerato Popular de Jóvenes y Adultos de Roca Negra, perteneciente al MTD de Lanús, del FPDS, un grupo de estudiantes pertenecientes a los barrios de la zona, comenzaron a instalar repetidamente en las clases de dicha asignatura la problemática del aborto.  A partir de una situación problemática respecto de una mujer del barrio que murió por un aborto clandestino, fueron las estudiantes quienes estaban sensibilizadas con el tema:

“una mujer del barrio murió por un aborto clandestino, y el tema fue muy debatido por el conjunto de estudiantes. Se hizo una experiencia muy interesante de denuncia de los abortos clandestinos para evitar que las vecinas recurran a esas prácticas inseguras, y difusión de la “línea aborto” que en aquel momento funcionaba. Trabajamos con el libro Manual del aborto de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, la mismas compañeras que atendían la línea” (Alejandra -generación ‘01).

Luego de ello, los docentes dieron lugar a la demanda de las estudiantes y se organizó una jornada de debate y difusión del problema del aborto que involucró a todo el bachillerato y que terminó concitando amplio interés en el barrio, según aseguran los entrevistados.

Como vemos entonces, si bien parecerían haber determinadas temáticas de género que son instaladas en los grupos de mujeres en función de una diferenciación de origen, muy probablemente de clase y/o de formación, donde la temática de la violencia reenvía a una instalación ligada a la primera vertiente de mujeres, mientras que la cuestión del aborto queda circunscripta a una instalación por medio de las mujeres de las vertientes dos y tres, otras experiencias del movimiento matizan esa clasificación, presentando un escenario más dinámico. Así, dejamos planteado que las instalaciones y tratamientos de debates y problemáticas de género, si bien pueden ser leídas a partir de la tipología de ‘vertientes’ con la que venimos trabajando, marcan un recorrido en muchos casos indefinible a priori, que requiere ser analizado de manera específica[17].

Los varones ¿se organizan?

Las tensiones y reticencias que analizamos en torno a las actividades del EM en el FPDS van a ir encontrando algunos hechos significativos que permitirán pensar en un cambio en la tendencia, principalmente de parte de algunos varones, respecto de las iniciativas de género.

En primer lugar, un hecho sumamente significativo al respecto será la creación, a partir del 2010, del Colectivo de Varones Antipatriarcales (CVA), principalmente en las ciudades de La Plata y Capital Federal, aunque luego se extenderá a otras partes del país. El CVA se plantea como un espacio de varones dedicado a repensar el rol y las prácticas de género ‘normativizadas’ y ‘naturalizadas’ de la actual sociedad capitalista. Así, buscan revertir los estereotipos comunes respecto del supuesto rol del varón y de la mujer, a la vez que visibilizar la existencia de otros géneros.

Como desafíos fundacionales, el CVA se propone:

*Construir un espacio de varones antipatriarcales, que realice una profunda crítica de las propias identidades de género.

*Apostar a una construcción prefigurativa a través de las relaciones de cooperación, solidaridad, afecto y confianza.[18]

Estos desafíos generales, que el colectivo lleva adelante bajo la consigna principal de ‘ni machos ni fachos’, podrían ser tenidos como avances en términos de la participación de varones en el debate respecto de las desigualdades de género.

A nivel de la participación militante, si bien el CVA no pertenece orgánicamente al FPDS, muchos de sus integrantes e impulsadores militan en el Frente desde hace tiempo. Tal vez por eso pueda explicarse que en muchas entrevistas, los militantes del Frente identifican la creación del CVA como parte de una política propia: “la iniciativa de los varones antipatriarcales, es fundamental para seguir problematizado un plano de lucha por la igualdad” (Pablo -generación ‘80); o en el testimonio de Guillermo: “por ejemplo hay un compañero que largó los varones antipatriarcales”. Si a esto le sumamos que en las actividades impulsadas por el EM como campamentos, talleres, movilizaciones, etc., la presencia del CVA es cada vez mayor; esto podría explicar que en muchas entrevistas, los militantes vean el surgimiento de este colectivo como un signo ‘promisorio’ en función de la apropiación por parte de los varones de la política de género del Frente o, incluso que lo vean como una política del Frente. Así, consideramos que el surgimiento, desarrollo y reciente crecimiento de este Colectivo avizora un cambio positivo respecto de la apropiación de la cuestión de género por parte de los varones del FPDS. Esto se observa, en los últimos años en dos planos, por un lado en la subjetividad de los militantes y por otro lado en la práctica política concreta de los varones del movimiento.

Respecto del desarrollo e involucramiento de la cuestión de género en la subjetividad política de los militantes, en clave prefigurativa, el testimonio brindado por un militante, hoy del Frente Popular Darío Santillán-Corriente Nacional (y miembro del CVA) aparecido en el suplemento de género de un periódico masivo resulta elocuente:

“el feminismo es un cuerpo de ideas y de prácticas políticas que debe ser apropiado aun a costa de nuestros privilegios, de quiénes no somos justamente los damnificados por el patriarcado, debe ser apropiado en nuestros colectivos en estos espacios que también son intergénero, que a la hora de discutir la forma en que nos relacionamos, qué significan estas prácticas prefigurativas que solemos mencionar, en términos de cómo anticipamos el cambio social en nuestras prácticas actuales y no lo postergamos para el día de la revolución”[19].

Otro hecho significativo en el plano empírico es el aumento sostenido de la presencia y participación de varones en los campamentos de formación en géneros de los últimos años. En el año 2011, por ejemplo, aumentó la cantidad respecto de los años anteriores donde, como dijimos, la cantidad de varones no había llegado siquiera a cumplimentar el ‘cupo masculino’ impuesto por las mujeres. Esta presencia continuará ampliándose en 2012 donde los varones no solo aumentaron en cantidad sino en participación en los debates en las comisiones y en la movilización de cierre del campamento, realizado en la Ciudad de La Plata.

Queremos dejar asentado que este aumento en la cantidad de participación de los varones puede ser leído a partir de un proceso creciente de permeabilidad del discurso de género al interior de la organización. La acumulación creciente de capital militante colectivo por parte del Espacio de Mujeres, y la ampliación de la perspectiva prefigurativa que esto conlleva, se irían difundiendo al interior del movimiento, aumentando el perfil táctico prefigurativo de los militantes varones en lo que refiere a las relaciones de género en el plano empírico.

Sin embargo, no deja de ser significativo que mientras las mujeres tienen su Espacio de Mujeres, como una instancia orgánica al interior del FPDS, los varones continúen sin un espacio específico perteneciente a la orgánica del Frente para dar tratamiento a las desigualdades de género.

Consideraciones finales: cuestión de género y ethos militantes

A partir de la revisión del lugar que ocupan las desigualdades de género en nuestra unidad de estudio, tanto desde el plano conceptual como desde el plano empírico, consideramos que nuestra unidad de estudio parecería enfocar entonces la cuestión de género no ya como una contradicción secundaria al estilo setentista, que sería resuelta como consecuencia de la transformación de otras contradicciones más importantes. Considerando la igualdad de género como un objetivo a partir del cual ‘prefigurar’ una práctica militante de otro tipo, el perfil táctico del movimiento se expresa en este caso en una atención en el ‘aquí y ahora’ de las desigualdades entre varones y mujeres, poniendo en escena una subjetividad militante y una práctica política superadoras de las tensiones generacionales que jalonaron el escenario de género en las organizaciones populares durante las décadas pasadas.

Por otro lado, hechos empíricos como la ampliación de la participación de varones en las actividades impulsadas por el EM, como el surgimiento del Colectivo de Varones Antipatriarcales, y los avances en la ocupación de roles de referencia de las mujeres, pueden ser leídos como transformaciones en la subjetividad política y en las formas organizativas de la militancia del Frente en lo que refiere a las desigualdades de género.

Sin embargo, también es importante destacar que esta transformación subjetiva no encuentra, por ejemplo en el caso de los varones, una materialización orgánica en el Frente. Lo más cercano a un ‘espacio de varones’ sería el surgimiento de los Varones Antipatriarcales, experiencia que, si bien está nutrida e impulsada por militancia del FPDS, transita por canales separados a los de la organización. Es así que no encontramos aún instancias orgánicas masculinas en el Frente que se dediquen a repensar las desigualdades de género; ahora bien, este escenario de perfil táctico prefigurativo, no es monolítico ni está exento de contradicciones y dificultades.

En primer lugar concluimos que los ‘avances’ en clave prefigurativa son más fáciles de comprobar en el plano conceptual que en el plano empírico. Mientras que en el plano conceptual el movimiento avanza en definiciones tales como ‘antipatriarcales’ y se plantean debates que podrían confluir en la adopción del ‘feminismo’ como corriente ideológica, en el plano empírico el desarrollo de las desigualdades de género es menos diáfano.

Hemos observado que muchas de las iniciativas del EM del FPDS quedan reducidas al espacio mismo o, cuanto mucho, al resto de las mujeres de la organización, encontrando una dificultad en la apropiación por parte de los varones respecto de estas iniciativas. Esa dificultad, que podría tener raíz tanto en la falta de autocrítica de los varones sobre su lugar de opresión como también en la autonomía que históricamente tuvo el EM respecto de la orgánica del FPDS, llevaría a identificar que hay algunas cuestiones relativas a la lucha antipatriarcal que siguen siendo vistas como temas exclusivos de las mujeres. Esto podría avalar el riesgo que Partenio señaló al detectar una ‘agenda de mujeres’ en el Frente, donde temáticas como la violencia hacia las mujeres y la posibilidad de que las mujeres participen de determinadas instancias, quedarían en el imaginario como temas propios de las mujeres. Ahora bien, lo que queremos dejar aquí en claro es que los avances, límites y contradicciones entre los planos conceptual y empírico nos son, en realidad, compartimentos estancos. Por el contrario, son dimensiones mutuamente condicionadas y articuladas, donde los avances o retrocesos en una impactan sobre la otra. Es por eso que el plano empírico y el plano conceptual, que por motivos metodológicos han sido separados, deben ser, al momento de la comprensión, considerados como planos de mutuo condicionamiento.

En suma, y considerando la relación entre los dos planos, es evidente que el Frente evita colocar a la lucha antipatriarcal simplemente como una cuestión del día a día de cada militante, tanto como pensarla sólo como una contradicción que se resolverá una vez alcanzada la toma del poder. Esta síntesis, que a la vez articula los dos planos de análisis, se expresaría en el énfasis del movimiento por situar la política antipatriarcal como un proyecto de largo plazo, pero que a la vez se debe ir prefigurando en la práctica cotidiana. De esta forma, presentaría formas novedosas de sintetizar la ya mencionada tensión entre la ‘urgencia’ y el ‘proyecto’ (Merklen, 2005), en el tratamiento de la cuestión de género.

Si a esto le sumamos la presencia de lenguaje no sexista en los materiales más importantes del Frente y en los testimonios de los entrevistados, la ampliación de la demanda de género a partir de una práctica prefigurativa parecería dar cuenta de la existencia, sino de la consolidación, de una subjetividad militante de nuevo tipo. Estas transformaciones parecen ser regidas, en términos generales, por un perfil táctico prefigurativo que apunta al tratamiento en el aquí y el ahora de las contradicciones de género que presenta la sociedad actual. En la observación y análisis de la dimensión ‘perfil táctico’ a partir de la cuestión de género en el Frente, las orientaciones subjetivas y las prácticas organizativas relativas a la concepción ‘prefigurativa’ que caracterizó al ethos ‘01, aparecen como hegemónicas. Desde ya que este perfil táctico prefigurativo no aparece como una orientación monolítica ni exenta de contradicciones.

Como vimos, la falta de apropiación inicial por parte de los varones respecto de las iniciativas del EM, así como las asimetrías actuales que continúan permeando la práctica política concreta entre varones y mujeres, entre las cuales la ocupación de roles de ‘dirigencia’ predominantemente por parte de los varones parecería ser una de las limitaciones más claras, dan cuenta de un perfil táctico que, aún prefigurativo, está atravesado por múltiples contradicciones internas. Si a esto le sumamos la falta de definiciones propositivas estratégicas respecto de las problemáticas de género, entre las cuales la falta de inscripción del movimiento en alguna de las corrientes del Feminismo evidencia, sino una contradicción, al menos un vacío conceptual y político significativo, la perspectiva prefigurativa del movimiento, en lo que refiere a la atención en el aquí y el ahora de esta problemática, se muestra mucho más matizada.

Sin embargo, y a pesar de estas limitaciones y contradicciones, las orientaciones generales que se observan tanto en el plano empírico como en el conceptual, demuestran un perfil hegemónico sin lugar a dudas ‘prefigurativo’ en lo referido a la atención de la llamada cuestión de género por parte del movimiento lo cual, sostenemos, está vinculado sin lugar a dudas a la perspectiva generacional que el nuevo ethos militante promovió al interior de nuestra unidad de estudio.

Debemos destacar que este tipo de orientaciones generales ‘prefigurativas’ de las desigualdades de género, lejos de ser privativas del FPDS, se inscriben en una dinámica que atraviesa a todo el conjunto de movimientos de “nuevo tipo” surgidos hacia finales de los 90. Hace algunos años Svampa advirtió que estos movimientos se caracterizan por ser permeables a una construcción novedosa y prefigurativa que apuntan a “erosionar las relaciones tradicionales de género” (Svampa, 2005: 278). Finalmente, como no es nuestra intención presentar un esquema hermético e idealizador sobre nuestra unidad de estudio ni sobre los sujetos que la componen, proponemos pensar que estos procesos, tanto a nivel individual como colectivo, son ampliamente complejos y contradictorios.

Es por eso que en deseamos volver a presentar algunas consideraciones epistemológicas y metodológicas en torno a la observación empírica de la relación de género en nuestro trabajo, y a las tensiones que aparecen irresueltas en nuestra unidad de estudio.

Al haber realizado un recorte de militantes, por razones de factibilidad metodológica, en nuestras entrevistas hemos trabajado con mujeres que pertenecen a las vertientes 2 y 3 de la tipología presentada por Partenio (2008) que fue descripta anteriormente. Por su parte, los entrevistados varones con los que trabajamos son en su mayoría referentes o militantes con fuerte protagonismo y experiencia en el Frente y en organizaciones previas, en algunos casos incluso son referentes nacionales del movimiento. Por eso no podemos sino dejar asentada la duda sobre la perspectiva de otros sectores militantes que componen el FPDS, en lo que refiere a la práctica antipatriarcal. Debemos asumir entonces que dicho recorte supone dejar en segundo lugar la voz y la perspectiva de una mayoría de miembros de la unidad de estudio, los cuales no pudieron ser tenidos en cuenta.

Es por eso que, en función de las conclusiones parciales que se incluyen en el apartado anterior, no podemos dejar de mencionar como un interrogante las tensiones que pudieran existir entre la subjetividad del sector militante con el cual trabajamos y las relaciones sociales existentes en las bases del movimiento en lo que refiere a la relación entre varones y mujeres. Otra de las tensiones a atender al momento de generalizar conclusiones en esta dimensión tiene que ver con las proyecciones de las desigualdades de género aún existentes al interior del FPDS; como es evidente, excede los límites de nuestro trabajo dar cuenta de aquel interrogante.

Nuestro trabajo, que enfoca al movimiento en términos generales, no habilita una conclusión taxativa al respecto de una dimensión particular sobre todo tan compleja y difícil de abordar como la cuestión de género, para lo cual haría falta un estudio exhaustivo y específico de la cuestión de género en el Frente tarea que está siendo encarada al momento (Espinosa, 2011). El camino a futuro que pudiera transitar el perfil táctico prefigurativo en lo relativo a las cuestiones de género en el Frente, que sin dudas está presente, es promisorio aunque también incierto. Seguramente ese camino dependerá en gran parte de la lucidez del movimiento y de sus militantes para elaborar una práctica antipatriarcal de largo plazo, que sepa combinar la ‘autonomía’ y dinamismo de las propuestas del EM, con la apropiación de dichas propuestas por parte del resto de los géneros que coexisten en el movimiento.


  1. Cartilla del Área de Género, FPDS.
  2. Testimonio de un referente de un Movimiento de Trabajadores Desocupados citado en Maneiro, 2012.
  3. Revista Cambio social, N°4 junio 2009.
  4. Estas expresiones aparecen en la “sistematización” que fue presentada en la “cartilla” del “Primer Campamento de Formación en Género”, editada por el Espacio de Mujeres en junio de 2007.
  5. Cabe destacar que, fuera del período de estudio comprendido en este trabajo, en el año 2013 el FPDS asumió finalmente la definición por el ‘feminismo’. Esta definición propositiva, junto con otras nuevas definiciones y tácticas que el movimiento incorporó en los años subsiguientes a la finalización de esta tesis, fueron trabajadas en profundidad en mi trabajo doctoral ya mencionado en la introducción.
  6. “Seguimos Construyendo Poder Popular. Por el Socialismo desde abajo”, Comunicado del FPDS, 21 de Enero de 2013. URL: http://fpds-rosario.blogspot.com.ar/2013/01/seguimos-construyendo-poder-popular-por.html Fecha de Consulta 03/04/2013
  7. La ‘contradicción principal’ sirve como método hegemónico de lectura política de las organizaciones setentistas; con ello, será después el encuadre ideológico el que permitirá a cada organización definir en función de la etapa política cuáles son los componentes de dicha contradicción. Así, las organizaciones clasistas priorizarán la contradicción entre Capital y Trabajo, mientras que los movimientos de cuño nacionalistas revolucionarios pondrán el foco en la tensión entre Imperialismo y Nación.
  8. Este lenguaje también se expresa en las entrevistas donde tanto varones como mujeres, han demostrado un permanente cuidado por dar cuenta de la representatividad de género en el discurso. Así, alusiones a ‘compañeros y compañeras’, o a ‘todos y todas’ fueron factores comunes en la mayoría de las entrevistas.
  9. Cartilla del Espacio de Género, año 2007.
  10. Sistematización del Campamento de Formación de Género del año 2007.
  11. Como mencionamos más arriba, un estudio exhaustivo específicamente dedicado a las relaciones de género en el FPDS encontramos en Partenio (2008). En ese estudio se periodiza y analiza taxativamente este espacio, presentando límites y potencialidades que tomamos como piso para nuestro análisis. Aún así, creemos necesario presentar una breve historización del espacio, pero leído en función de nuestro problema de investigación, es decir de las tensiones y diálogos entre los diversos ethos militantes que coexisten en el FPDS.
  12. Al día de hoy, el FPDS continúa realizando una concentración mensual cada día 26, en la cual se realiza un corte de la Avenida Hipólito Yrigoyen en la puerta de la estación Avellaneda, donde fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en 2002.
  13. Documento “Género: el espacio de mujeres de la Verón”, año 2003.
  14. Sistematización del Encuentro de Mujeres, 19 de Noviembre de 2003, URL: http://mujeresdelfrente.blogspot.com.ar/2003/11/encuentro-mujeres-19-noviembre-2003.html, Fecha de Consulta 05/04/2013
  15. Más adelante el EM comenzará a hablar de campamentos de formación “en géneros”, pasando del singular al plural, lo cual implicaba también que en los temas de la formación se incluía la problematización no solo del lugar de la mujer sino de todos los géneros de la sociedad como varones, mujeres, travestis, transexuales, etc.
  16. Nos focalizamos aquí en las entrevistas siendo que la mayoría de los Espacios de Género de cada movimiento, colectivo y/o organización del FPDS es de participación exclusiva de mujeres.
  17. Por razones de factibilidad y de pertinencia respecto de nuestro problema principal de investigación, profundizar a este respecto excede las competencias de nuestro trabajo.
  18. Carta de Presentación, Colectivo de Varones Antipatriarcales, URL:
    http://varonesantipatriarcales.wordpress.com/carta-de-presentacion/, Fecha de Consulta: 19/12/2012
  19. Entrevista a Luciano Fabbri, Suplemento Las 12, Diario Página 12, edición del 04/10/2013 URL: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8363-2013-10-05.html Fecha de Consulta 08/10/2013.


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