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2 Entre los niños y el Estado

De la institucionalización monopólica al golpe militar “refundacional” (1917-1930)

El decreto de Yrigoyen había institucionalizado la práctica del scoutismo, solapando la estructura organizativa estatal con la organización no gubernamental preexistente. Aunque la nueva condición de dependencia podría haber sido considerada inapropiada inicialmente por su fundador Moreno, lo cierto es que la laxitud de intervención que permitían los reducidos seis artículos presidenciales, dejaba un campo abierto a las iniciativas de la dirigencia scout, toda vez que difuminaba la zona de responsabilidades estatales específicas de patronazgo.

Asimismo, su condición algo provisoria, a falta de una ley consagratoria que nunca llegaría, mantuvo a la asociación en vilo presupuestario, conduciéndola, como vemos a continuación, a alianzas con diversas organizaciones sociales y para-estatales que la pondrían –nuevamente, como con el decreto– en el ojo de la tormenta política. En el medio de estas decisiones, los niños seguían afluyendo en número creciente a las filiales, que se desperdigaban crecientemente por el país y que daban en cada caso, el tono específicamente local a la práctica, más allá de los intentos regulatorios de las autoridades centrales.

La post institucionalización durante la gestión de Ramón Ruiz (noviembre de 1917-agosto de 1919)

Como adelantamos, el decreto yrigoyenista de 1917, sin duda supuso una paradoja para la asociación scout, porque mientras le aseguró el “monopolio simbólicode la práctica, sin embargo la sometió posteriormente a la cancelación del subsidio nacional que por vía parlamentaria se le venía otorgando en su condición de organización no gubernamental. Los últimos 882 pesos que cobraría en 1918 la ANBSA, en reconocimiento de cuotas vencidas, fueron el inicio del “desamparo” financiero por parte del Poder Legislativo y el comienzo de la necesidad de volver a pelear por una fuente sustentable de ingresos[1].

Afortunadamente para la ANBSA, el Ministerio de Guerra pareció tomarse algo más en serio la letra del decreto en la que se lo instaba a colaborar con la práctica scout, y en los inicios de su padrinazgo –desde 1918 bajo la jefatura de Julio Moreno, anterior Jefe de Policía– le desembolsaría la nada despreciable suma de 2000 pesos en concepto de “donación”[2]. Sumado a ello, es posible que la legitimación operada por el decreto “monopolizador” hiciera que las empresas privadas estuvieran aún más dispuestas para continuar colaborando, bien en especies –tal lo hizo el frigorífico Wilson al donar un capón para el Primer Campamento Nacional de 1918 en Quilmes[3], bien en metálico– como procedería la firma “A la Ciudad de Londres” al donar 50 pesos[4].

Bajo la situación institucionalmente novedosa, llegaría, en mayo de 1918, la sesión del Consejo Nacional para reelegir autoridades, la primera desarrollada luego de la conversión de la ANBSA en institución estatal. La misma fue llevada a cabo en el “Círculo Militar”, bajo la atenta supervisión del oficial de Justicia, Pedro L. Manguero[5]. Aunque ni a Ruiz ni a Santa Coloma (presidente y vice) les “tocaba” la caducidad del cargo, sí debía elegirse el vicepresidente segundo, para lo cual sería reelecto por dos años más el General Adolfo Arana por 13 de los 15 votos emitidos.

Con todo, un voto “nostálgico” debió haber alterado –para bien o para mal– el corazón de más de uno de los allí presentes, al recordarse la figura de Francisco Moreno[6] ¿O podríamos adjetivar el voto también como “descuidado”? De cualquier manera, al desconocer –o aparentar hacerlo– la negativa del “Perito” a volver a la Junta Ejecutiva, podríamos verlo incluso como “insidioso”, al reponer la sombra gigante del “prócer” como comparación devaluatoria para la gestión de ese momento. Más allá de las posibles especulaciones, que las fuentes no nos permiten precisar, lo cierto es que tres años después de los incidentes producidos en el seno organizativo, y que ya hemos comentado, las heridas seguían sin cicatrizar del todo al interior del núcleo asociativo. Sobre todo, porque luego habría un voto también para Modesto Quiroga, como posible vocal[7].

Pero más allá de esos resquemores, que recordaban lo forzada que había sido la elección de la conducción vigente, el general Ruiz defendería firmemente su gestión, al señalar que en la segunda parte de su mandato la ANBSA “había recibido nuevo impulso” y que luego de su participación la dirección de la misma estaba “orientada hacia un Norte Fijo”[8].

Con todo, la institucionalización tampoco pareció resolver inmediatamente la dificultad de llegada de la práctica hacia un público más amplio, al menos en lo que esperaba la propia dirigencia. Así, algo pesimista, Ruiz expresaría ante sus pares que: “el pueblo un tanto indiferente a la obra del scoutismo y por un completo desconocimiento de lo que significa scouts (sic) ha contribuido en grande para que nuestra acción fuera lenta y meditada”[9]. A pesar de dicha dificultad, no se dejaría de reportar la fundación de nuevas asociaciones locales y comisiones regionales. Entre ellas, algunas provenientes incluso –según lo señalaban los propios interesados– de “apartadas regiones”[10].

Finalmente, en el que sería el último informe de la gestión Ruiz, el tesorero Basso dejaría una mirada en la que el contexto mundial y nacional no podía dejar de presentarse negativo para las expectativas de la ANBSA en cuanto a la recaudación de fondos. Así, “la situación anormal del país, provocada por las cuestiones sociales” se presentaba como el principal obstáculo para el desarrollo de las iniciativas de la Junta Ejecutiva[11]. Sin embargo, se confiaba en que al estar ya “normalizado el país, y en vísperas de firmarse la paz en Europa”, llegaría el momento de renovado impulso y de desplegar “mayor actividad y hacer factibles los varios proyectos financieros, para con ello poder ampliar nuestro radio de acción y poner a nuestra institución a la altura de sus similares en otros países”[12].

Pero más allá de las expectativas a futuro, la nueva situación efectiva que el decreto del Poder Ejecutivo produjo en la Junta Ejecutiva de la ANBSA, legitimándola como un brazo más dentro del andamiaje estatal en relación con la infancia, fue la de activar un movimiento de mayor burocratización y centralización que la llevó a intentar controlar de manera más directa las iniciativas antes más espontáneas y dispersas de las diversas compañías y patrullas que componían la familia scout.

Esta situación llevaba a que, incluso, en su afán de control, los más celosos dirigentes amenazaran con echar a perder el mismo espíritu aventurero con el que en alguna ocasión los había conquistado la práctica. Es el caso de la oposición a las célebres excursiones pedestres de larga distancia, que otrora –en los años fundacionales– habían sido tan valoradas y recuperadas en las páginas de la prensa institucional, como aquella –contada por el niño J. Feilberg con sus propias palabras– que realizaran los scouts de Barracas, desde su sede hasta la ciudad de La Plata[13]. En efecto, sería (es cierto, que en soledad) el secretario Braceras Haedo quien se contrapondría al proyecto de 7 scouts posadenses que anunciaban su intento de recorrer a pie el trayecto desde su ciudad natal a la Capital Federal con el fin de “ofrendar en nombre de sus compañeros un ramo de flores en las tumbas de San Martín y Belgrano”[14].

Lo que, en otro tiempos, podría haber inflamado de audaz patriotismo el corazón del “Perito”, siguiendo además el precepto que “el Scout de primera clase tiene que ser un buen ‘baquiano’”[15], ahora era considerado por el secretario Braceras Haedo, como fuera de lugar, ya que no estaban “en la misión del scoutismo las excursiones pedestres largas que al fin no rinden ningún beneficio”[16]. Aunque finalmente autorizados, los scouts de Paraná debieron sufrir el precio de la institucionalización, ya que se les apercibía que debían “venir acompañados por una persona capaz” y que les estaría “prohibido el solicitar en el camino nada gratuito sea alojamiento, alimentos, etc.”[17]. Como resultado de estas transformaciones, ya para 1924, las excursiones pedestres individuales serían directamente desautorizadas –bajo iniciativa del entonces secretario Baudizzone– por la institución[18] y especialmente desconocidas cuando no eran llevadas a cabo por socios[19].

Con todo, y a pesar del intento de sistematización burocrática, queda claro que la rigurosidad y presencia centralizadora se notó más, allí donde los miembros de la Junta Ejecutiva podían operar de manera más directa y personal (motu proprio o por informes de terceros cercanos) es decir, en las compañías porteñas. Así, mediante denuncias que a menudo venían de encumbrados MMSS, acerca de compañías (como la de Villa Urquiza y la de “San Lorenzo”) que concurrían los domingos “espontáneamente” –es decir, sin solicitar permiso previo– a El Palomar, la Junta dejaría bien en claro la imposibilidad que las compañías realizaran salidas sin la expresa autorización de la Inspección Nacional[20] –según se desprendía del artículo 4º del Decreto de noviembre de 1917 que puntualizaba la prohibición de la “presentación y exhibición de scouts en grupos o aislados en días, actos o parajes no autorizados por la Junta Ejecutiva”[21]. El rol del Inspector (en sus inicios conocido como “Comisionado”) pasaba a ser así cada vez más relevante.

La inclusión como cuerpo integrante del Estado obligaba, asimismo, a los miembros ejecutivos a ser más celosos y puntillosos frente a los MMSS, lo que en ocasiones derivaría en enconados conflictos con aquellos miembros intermedios en el tan sensible eslabón establecido entre los niños y la dirigencia central. Las tensiones (que remedaban las de “notables” y “entusiastas”) se darían incluso en los niveles más encumbrados de los encargados de la “disciplina” institucional. Una resistencia particularmente fuerte frente a la dirigencia surgiría nada menos que por parte de un Sub-Inspector local, Raúl Speck, a quien se lo expulsaría por “mal comportamiento”, por haber “obrado incorrectamente” y sobre todo por escribir después una “carta insolente” de renuncia a la Comisión local[22]. La misma sanción de expulsión recaería sobre los MMSS de la Compañía “Buenos Aires”, Luciano Perdriat y José Zárate Benavente, “en virtud de los términos” con que se habían dirigido a la Junta”[23].

No sería el único caso en que los MMSS resultaron “problemáticos”. En otras oportunidades, incluso, no serían los dirigentes de primera línea, sino el propio personal de la institución el que se quejaría del comportamiento de algunos formadores. Así, cuando en 1918, Luis Fontana presente su renuncia como empleado de la Secretaría, Braceras Haedo, su jefe, interpretaría esa resolución obedeciendo “a pequeñas incidencias tenidas con algunos maestros scouts debido a que concurren a menudo a Secretaría y se toman ciertas libertades que no les corresponden”[24].

Pero más allá de las dificultades señaladas, la institucionalización había sido consumada y a partir de ella se desarrollarían dos estrategias concurrentes en la ANBSA, comenzadas durante la gestión de Ruiz pero extendidas especialmente bajo la de su sucesor, Tomás Santa Coloma: la de hacer, por un lado, efectiva la “fusión” de todas las compañías bajo el paraguas de la ANBSA, a partir de negociaciones con los diversos grupos e individuos “para-escultistas” que se mostraban remolones a atenerse a ella, y la de, por el otro, presionar por formalizar la “institucionalización” –como acontecía en Estados Unidos– a través de la sanción de una ley.

Con respecto de la primera instancia, la de efectivización del “monopolio” de la práctica, deberemos decir que (aunque también ciertos grupos laicos, como las “Vanguardias de la Patria”, fueron sensiblemente resistentes a la “fusión” absoluta[25]) los más intransigentes serían aquellos grupos insertos en las estructuras religiosas, que contaban –aparte– para ejercer su inflexibilidad, con la anuencia de las órdenes que los cobijaban.

No extrañamente, los más numerosos –los “Exploradores de don Bosco”– resultarían los más renuentes a reconocer el decreto. De ellos, como en general de todas las organizaciones religiosas de scoutismo, no se dudaba en encontrarlos –desde la mirada de la ANBSA– “con poco ánimo” para la fusión. Una mayor incomodidad, aún, resultaba el hecho que los propios salesianos confesaran a la propia dirigencia de la ANBSA que más que nada al “traje de scout lo utilizaban para atraer niños para la doctrina”[26], es decir, sólo como un “medio” para evangelizar, más que con el objetivo de desarrollar –como un fin en sí misma– la práctica creada por Baden Powell.

En todo caso, fueran religiosas o laicas, sería Tomás Santa Coloma, ante la imposibilidad de asistir del General Ruiz, quien daría cuenta frente al pleno de la Junta Ejecutiva de la ANBSA, de los pormenores de la primera reunión con las “diversas agrupaciones scouts no incorporadas a la institución”[27]. A dicho encuentro le tocaría presidir con la participación de importantes miembros institucionales como Frank Soler y Luis Huergo, entre otros. Gracias a la descripción de la reunión dada por Santa Coloma ante sus pares, podemos realizar un registro de las compañías que todavía hacia 1918 – a pesar de desarrollar prácticas homólogas al scoutismo nacional– no estaban integradas a la ANBSA.

Ellas eran otras compañías –bien “étnicas”, bien “religiosas”– de Boy Scouts (franceses, alemanes y españoles y del Ejército de Salvación); las “Vanguardias de la Patria”, y los diversos grupos de “Exploradores” fueran confesionales o no. En este último grupo puede mencionarse a los “Exploradores Argentinos”, los “Argentinos” de la Boca, los “del Plata”, los “de Don Bosco” y los de las localidades de Arroyo Seco y Florencio Varela, a los que por último habría que agregar los “de Santa Catalina”, de quienes tenemos noticias todavía hacia 1922.

En la reunión mencionada las compañías no integradas a la ANBSA plantearían los más disímiles cuestionamientos a la “fusión”, alegándose desde la diferente nacionalidad, pasando por la necesidad de mantener el nombre originario o de precisar el programa formativo, hasta la diferenciación en el énfasis religioso. Así, Santa Coloma, terminada la reunión, no pudo más que reconocer que “no se llegaba a nada práctico” y que la tarea encomendada se iba a volver particularmente dificultosa y lenta[28].

Frente al escepticismo de Santa Coloma, y envalentonado en cambio por el resguardo del decreto “monopolizador”, el secretario Braceras Haedo señalaría, en medio de la reunión ejecutiva, que eran ellos los encargados de decidir si las organizaciones en cuestión eran realmente scouts “sin tener en cuenta más que el hacer una obra beneficiosa para la Patria y la Humanidad” y que las que no “quieran adherirse a la Institución, deberán disolverse” y las que se “incorporan deben hacerlo cumpliendo la reglamentación”[29].

Con todo, entre las cuestiones álgidas a resolver, una de ellas sería la efectiva puesta en práctica de la prohibición que desde el scoutismo oficial se hacía de la utilización de estrategias de pedidos de limosnas o rifas hechos sin autorización. Dicha interdicción no era acatada, por ejemplo, por los “Vanguardias de la Patria”, ya que los integrantes de la seccional Zárate fueron puntualmente acusados de hacer “excursiones y solicitar la caridad”[30], mientras que otros miembros de esa agrupación habían sido encontrados vendiendo números del “Aero Club” en Harrod’s, alegando para ello incluso autorización municipal[31].

Tampoco los “Exploradores del Plata” se atenían a dicha reglamentación. Todavía 5 años después del decreto de “monopolio”, sus miembros serían hallados realizando sorteos sin el consentimiento de la Junta Ejecutiva. Estas situaciones no consentidas obligaban a la ANBSA a costear la publicación de solicitadas en los diarios, en las que se declaraba ajena a las iniciativas de compañías que –paradójicamente– se encontraban formalmente ya bajo su jurisdicción[32]. Aunque, es cierto que también, incluso algunas compañías propias de la ANBSA fueron cuestionadas por parte de la Junta por sus métodos de promoción y recaudación a través de rifas, que llegaban –en el caso de la Compañía “Buenos Aires”– al sorteo de, nada más y nada menos que, una casa[33], que derivó posteriormente en abiertas acusaciones de “fraude”, ya que el beneficiado de la rifa –oh, casualidad– había sido el hijo de quien había ofrecido la chacra para sortear[34].

Con todo, incluso antes de producida la reunión y ante el mantenimiento irreversible de la decisión por parte de Yrigoyen, los primeros resultados unificadores se comenzarían a sentir. Los más expéditos parecen haber sido los Boy Scouts del “Ejército de Salvación”, quienes ya en enero de 1918 expresaban su adhesión a la INSA, la integración de sus compañías bajo el control de la Junta Ejecutiva de la ANBSA y el acatamiento irrestricto del decreto “monopolizador”[35].

En efecto, si –como vimos– la noticia de la inclusión dentro de la órbita estatal fue tan poderosa en términos coyunturales como para que el directorio “enfriara” durante un tiempo la actividad de sus compañías, las múltiples consecuencias de la decisión del presidente Yrigoyen se irían viendo en lo sucesivo y tendrían secuelas directas a lo largo de todo el período de entreguerras. Todavía, más de seis meses después de extendido el decreto, las opiniones sobre si salir a difundirlo de manera militante con una ofensiva frente a sus críticos, o mantener la calma y esperar a que se aclare el panorama, estarían presentes por igual en la Junta Ejecutiva, personificadas en Julio Villafañe y Frank Soler, respectivamente[36].

Como habíamos visto, si nunca se había pensado desligada de los favores del Estado, el ideario inicial de Moreno la había mantenido en su concepción como una institución de la sociedad civil, que ahora debía recorrer el camino que la colocaba en su nueva condición estatal. Esto le hacía ser más precavida frente a posibles malentendidos, como resaltaba el general Isidro Arroyo al señalar la necesidad de “que se prohíba la salida de toda agrupación que aún no pertenezca a la Institución y que no tenga la credencial otorgada por la policía”[37]. En efecto, la credencial scout era provista por la Policía, por valor de unos 30 centavos, lo que reforzaba aún más el vínculo ya estrecho entre ambas instituciones[38].

Indudablemente, la capacidad con que la investía el decreto presidencial, otorgándole el “monopolio”, tenía a su vez un correlato directo en la capacidad de control incluso sobre las Comisiones de Fomento locales. La cuestión de la autonomía de las filiales locales y regionales que era firmemente defendida en el decreto regulador posterior a la institucionalización y que liberaba –a su vez– al Consejo Ejecutivo de sustentar económicamente a las mismas[39], sería hábilmente explotada por los sectores menos afines a la decisión presidencial de otorgamiento del “monopolio”, para encontrar resquicios que les permitieran aumentar su poder de autonomía.

Así, la decisión que favoreció a la ANBSA, acarrearía otro sin número de efectos, del cual, sin dudas, uno para nada menor sería –como dijimos– la relación con los “Exploradores de don Bosco” y con otros scouts confesionales, poniendo en primer plano la cuestión de la religión al interior de las prácticas del movimiento.

¿Un “presente griego”? El “monopolio” y la negociación con los “Exploradores de don Bosco”

Junto con los propios beneficiados por el decreto yrigoyenista, el otro sector que más rápidamente reaccionaría a la medida fue el que –en las antípodas– se consideraba más desfavorecido por la decisión: los “Exploradores de don Bosco”. Ellos parecían verse en la disyuntiva de incorporarse a la Central “laica” o disolverse, ya que no parecía posible la existencia –aunque ellos la acreditaran con énfasis– de un camino intermedio a partir del decreto.

Así, el Padre Vespignani[40], en su doble condición de inspector de los colegios de don Bosco (cargo que ocuparía entre 1892 y 1922) y de fundador de los “Exploradores”, escribiría el día 22 del mismo mes del decreto –antes incluso de su aparición en el Boletín Oficial– una carta dirigida directamente al presidente Yrigoyen, con el propósito de evitar que las condiciones de la institucionalización y del “monopolio” otorgado a la ANBSA, afectaran la autonomía o complicaran el normal desarrollo de las actividades de los “Exploradores”[41].

Frente a esta posición, las autoridades de la ANBSA demostraron ser inicialmente inflexibles y rechazaron la petición casi paralela al conocimiento del decreto, que los “Exploradores de Don Bosco” habían hecho para no ser integrados al INSA, pidiendo poder mantenerse tal cómo habían venido funcionando. Frente a esta posibilidad, la Junta Ejecutiva presidida por el general Ruiz sería clara: si no querían entrar en las generales del decreto, entonces deberían abstenerse de usar cualquier uniforme que tuviera similitud al scout[42].

Frente a esta negativa, la estrategia principal del presbítero salesiano, a pesar de las evidentes similitudes entre las prácticas infantiles que ambas agrupaciones realizaban (confesadas incluso por los propios sacerdotes fundadores que asumían abiertamente el “plagio”[43]), sería la de considerar al movimiento de los “Exploradores” por fuera de la órbita específicamente scout. Así, y luego de hacer un repaso por las participaciones patrióticas más destacadas de los niños salesianos desde el “Centenario”, es decir, antes de la constitución de la ANBSA, Vespignani remarcaba:

Esta Institución de Gimnastas y Exploradores de Don Bosco, según consta por su fin, naturaleza y organismo, no puede confundirse con el “scoutismo” o con los Boy-Scouts propiamente dichos, que el Exmo. Gobierno de V. E. trata de reglamentar y reducir a un solo tipo oficial[44].

Esta última mención, que impugnaba la decisión de la institucionalización misma, se remarcaría especialmente a continuación, con la mención –por parte de Vespignani– que indicaba que ni en Europa ni en los países limítrofes se les había impuesto a los “Exploradores” ni a otras formaciones similares “uniforme, reglamento, instructores o inspecciones especiales, ni se ha pretendido reducirlas a un tipo único”[45].

Vespignani se cuidaba, muy bien, de mencionar otros modelos de scoutismo. De hacerlo, hubiera debido reconocer que, más allá de las peculiaridades locales, la idea de la necesidad de la existencia de una institución centralizadora de dicho tipo de prácticas venía de ser –como hemos visto– sancionada por el presidente Wilson hacía algo de un año y medio antes.

En ambos países americanos, la pulsión por ordenar y regular las iniciativas sociales con respecto de la educación informal parecía estar presente, e incluso, algunos comentaristas de la institucionalización argentina no dejaban de prever –en términos encomiásticos– los rasgos más específicamente represivos de este tipo de iniciativas, al mencionar que “se supone que [la policía] arrestará a cualquier persona que use el uniforme ‘scout’ sin tener las credenciales [correspondientes] o que no sean miembros de la organización”[46].

Quizás, en atención a esa imposibilidad de desconocer el decreto, ante el silencio de Yrigoyen frente al pedido de Vespignani y teniendo en cuenta el fracaso de motorizar una oposición política consistente que avalara su descontento[47], las autoridades salesianas se resignarían a establecer, finalmente, conversaciones y negociaciones con la Junta Ejecutiva scout. Para ello avanzarían con una nueva estrategia “autonomista”, en la que si bien se reconocía formalmente la pertenencia a la institución “monopólica” apadrinada por el Estado, se procuraba el mayor margen de acción y libertad posible a los “Exploradores” para mantener su identidad y prácticas religiosas. Así, ya en diciembre de 1917, Tomás Santa Coloma informaría que lo habían visitado “unos sacerdotes de la Obra de Don Bosco […] con el objeto de cambiar ideas sobre la situación”[48] y de incorporarse a la ANBSA. Santa Coloma, prevenido ante esta nueva estrategia, agregaría frente a sus pares ejecutivos scouts que debería integrarse a estos grupos salesianos “de modo que nadie deba disolverse sino por el contrario entrar a formar parte de esta Asociación”[49].

Es en ese sentido que, frente a los intentos por reducir las consecuencias estrictas del decreto de “monopolio” –intentos surgidos en ocasiones incluso por parte de quien había sido uno de sus signatarios, nada menos que el Ministro de Guerra, Elpidio González– intentando que la Junta Ejecutiva de la ANBSA permitiese la participación integrada de Boy Scouts y “Exploradores de don Bosco” durante los desfiles del 9 de julio de 1918, la respuesta –luego aprobada por unanimidad– sería tajante por parte del comiteuta Ladislao Holmberg: “no estando incorporados de acuerdo con los decretos y Reglamentos no se les debe permitir salir en esta fecha”[50].

Es que luego de sucesivas conversaciones con Vespignani, los dirigentes scouts como el entonces coronel Agustín P. Justo, se volvieron muy conscientes que los salesianos no querían “incorporarse al scoutismo por cuanto la obra de ellos es la de por medio del uniforme reunir a los niños para oficios religiosos”[51]. En el caso de Justo, esta disputa abierta con los “Exploradores” podría escalar, llegando a provocar airadas respuestas a las demandas salesianas, que alcanzaban la más ácida ironía y que se comentaban con fruición fronteras adentro de la Junta Ejecutiva.

Así sucedería en una discusión con el padre Vespignani, el líder salesiano quien se mantenía en sus trece para evitar la fusión dentro de la ANBSA. Cuando “el Padre”, le señalara a Justo que los “Exploradores” no se consideraban scouts y que principalmente consideraban ajena la práctica de los campamentos “porque los consideraban inmorales”, el coronel Agustín P. Justo no dudaría en retrucarle que esa inmoralidad podía suceder sólo “si las personas que los dirigen son inmorales” y que “también podía pasarles a ellos en el internado de sus alumnos”[52]. Con un argumento de fidelísima tradición anticlerical (propio de su carácter masón y no confesional) que podría haber usado cómodamente un socialista, el futuro presidente de la Nación ponía en duda, así, comentándola jocosamente en una reunión directorial, la continencia sexual de los propios miembros de la Orden salesiana sobre sus niños. No deja de ser una postura interesante a recuperar, para reforzar las ideas de la historiografía de la existencia de razones eminentemente estratégicas por parte de Justo, al establecer posteriormente, como futuro Jefe de Estado, un pacto de mutua conveniencia con la jerarquía católica a partir del impacto del Congreso Eucarístico[53].

Indudablemente, que fuera el futuro Presidente de la Nación, reputado como principal sostenedor de la “nación católica”[54], quien dijera esto, nos hace pensar en la necesidad de matizar la uniformidad de esta categoría y resaltar los vaivenes estratégicos que se dan en los posicionamientos políticos e ideológicos. Esta relativización, no sólo para Justo sino para un espectro más amplio de actores históricos, es la que intentaremos desarrollar en especial, más adelante, en uno de los capítulos del tomo II.

En cualquier caso, alimentadas por ambos lados dirigenciales, las fricciones continuarían en años sucesivos. En 1919, el titular de la ANBSA, Tomás Santa Coloma se entrevistaba con el presidente Yrigoyen, ante la aparición de “Exploradores” salesianos de la ciudad de Mendoza que no se avenían a la prohibición del uso de uniforme scout para aquellos que –como ellos– no pertenecieran a la asociación[55].

Al año siguiente, el secretario Braceras Haedo dirigiría una nota al, ahora Jefe de Policía, Elpidio González. En ella se le señalaba la necesidad de actuar, ya que:

a diario […] vense scouts por las calles sin saber de dónde pertenecen y que si bien es cierto que las autoridades no han tomado en su verdadero sentido el móvil del decreto del Poder Ejecutivo, para la Junta es un deber hacerlo cumplir desde el momento que le confía la dirección y fomento del scoutismo[56].

Las dudas de La Prensa sobre los alcances del poder de policía para sostener el monopolio scout parecían corroborarse constantemente y la recurrencia con la que la ANBSA, a lo largo de todo el período, volvía a publicar en sus órganos gráficos el decreto de Yrigoyen para recordar su status formal, muestra lo permanentemente endeble que –por sí solo– aquel resultaba en sus alcances[57].

En efecto, la falta de observancia del decreto, ya prevista por La Prensa desde un inicio, se cumpliría –por ejemplo– para el caso de Tucumán, durante el turbulento gobierno del radical Juan B. Bascary[58], quien en su condición de primer magistrado provincial desconocería la efectividad del monopolio del uniforme scout a favor de los miembros de la ANBSA y permitiría a los “Exploradores de Don Bosco” (todavía no “adheridos”, pero ya “integrados” desde antes, al igual que otras agrupaciones cercanas[59]) el portar dicha vestimenta. El gobernador incluso privilegiaría a los “Exploradores” frente a los representantes “laicos”, al establecerlos como abanderados oficiales en las fiestas patrias[60], desconociendo –de esa manera– abiertamente los reclamos que se le realizaban desde la ANBSA[61].

En tanto la fuerza coercitiva de la ley no se hacía efectiva, los scouts presididos por Santa Coloma debieron estar dispuestos a abrir negociaciones con los “Exploradores” para que se avinieran a aceptar el decreto, tal como lo demuestra la entrevista que el Coronel Isidro Arroyo, miembro de la Junta Ejecutiva, entablaría –nada menos que en el Salón de la Comisaría de Órdenes de la Policía– con los dirigentes católicos, a fin de que éstos enviaran su proposición de integración a la ANBSA y de, finalmente, fusión con la misma[62]. Aunque menos formal que la sanción de la ley, la idea de tener que entrevistarse con un coronel (masón, muy cercano al ministro Dellepiane y siendo nada menos que el Director General de Arsenales del Ejército) en un despacho policial, sin necesariamente intimidarlos, puede haberles dado una muestra clara a los dirigentes salesianos de los alcances de las fuerzas que legitimaban a sus oponentes “laicos”.

En ese marco, y luego de sumar posteriormente el apoyo explícito del presidente Yrigoyen a la necesidad de poner bajo decreto a los grupos “para-escultistas”[63], el directorio scout estuvo en condiciones de entablar las negociaciones con los “Exploradores de don Bosco”, al mando de José Vespignani, quien finalmente cedería y resolvería enviar una nota al presidente Tomás Santa Coloma, en junio de 1920, expresando su decisión de adherirse a la ANBSA[64].

Junto con esa aceptación, llegaría la de las demás compañías católicas, algunos meses después, a partir de la mediación de la novel Comisión de Damas[65] formada ese mismo año, y que contando a los pocos meses de iniciada con 70 socias suscriptoras[66], era dirigida por Guillermina Oliveira César de Wilde[67], quien como puede verse en la mención que de ella se hace en la Revue de deux mondes, tenía una buena concepción en el “mundo católico” en donde se la definía como “una mujer singularmente activa”[68].

De hecho, a diferencia de la tensa reunión que presumiblemente se había tenido con los salesianos en la comisaría; en este caso, la mediación de la “Señora Presidenta de la Comisión Central de Damas” que prestaría su propia casa para la cita con la dirigencia de los “Exploradores del Plata”, haría que éstos aceptaran “con muchísimo gusto formar parte”[69] de la ANBSA. Indudablemente, aparte del charme y la firmeza política de la anfitriona, esta mejor predisposición hacia integrar las filas scouts, puede también enmarcarse en un proceso más amplio a nivel mundial en el que “nuevas circunstancias van a contribuir a desarmar la desconfianza del clero y de la élite católica integrista” frente al fenómeno, generando que “el comienzo de los años veinte vea en la Europa católica un desbloqueo en favor del movimiento” scout[70].

A pesar del cambio de perspectiva –en todo caso fluctuante y despacioso, el proceso de adhesión de los salesianos y otros grupos católicos distaría de ser del todo armónico y no acontecería sin tensiones para los miembros de la Junta Ejecutiva de la ANBSA. Es que el acuerdo finalmente cerrado incluiría ciertos condicionamientos, inscriptos bajo la idea de mantener la “autonomía” de los “Exploradores”, que no hacían más que subrayar la disposición de las autoridades salesianas de ejercer acciones separadas en diversos detalles, cuyos alcances la propia dirección scout no podía determinar claramente[71].

El problema era, como bien señalaba el miembro del directorio, Juan Carlos Garay[72], que “había que saber qué es lo que los Directores de don Bosco, como así nosotros entendemos por autonomía[73]. De allí que otro miembro, el ya mencionado Basso, señalara que se confundía la idea de “confederación” –que era la que funcionó largamente, por ejemplo, en países como Francia– con la de “adhesión”, que era la que debía sostenerse en tanto era la ANBSA, la monopolizadora legítima de la práctica scout[74].

Bajo esa conflictividad latente, y ante la necesidad de hacer efectiva la convivencia, fueron los vínculos “concretos” que generaban los eventos deportivos, los que mejor comenzarían a surtir efecto, en la comunidad de prácticas. Así, tanto con la dirección salesiana como con la del “Ejército de Salvación”, la mejor colaboración se daría a través de cuestiones puntuales como la redacción de un reglamento de torneos deportivos en los que participarían dichas organizaciones y que estaba compuesto por una comisión que incluía a las tres agrupaciones[75]. Más allá de lo deportivo, también la sociabilidad frente a la visita de delegaciones externas podía fomentar la idea de un scoutismo argentino, más homogéneo, como sucedió con la recepción conjunta que se daría a los exploradores paraguayos[76].

Sin embargo, no sólo desde la dirección católica venían las prevenciones por el acuerdo, ya que algunas “bases” circunscripcionales propias plantearían fuertes resquemores. Así, podemos ver cómo, ante la pretendida unificación, los scouts de la 10ª sección capitalina de la ANBSA preguntarían –no sin cierta insidia– por nota al presidente de la Junta Ejecutiva: “si en la nueva orientación dada al scoutismo ha de tener ella una finalidad religiosa o si por el contrario ha de mantenerse la independencia de ideas”[77]. A la espera de la decisión, la comisión local informaba que había resuelto paralizar todas sus operaciones hasta nuevo aviso. Esto, en una nota firmada por un general de la Nación, como era Patricio Azcurra, el presidente de la comisión local, no dejaba de ser impactante.

Interesantemente, en vez de recibir una condena fulminante por esta esquela, que cuestionaba las decisiones de la Junta Ejecutiva, varios miembros de la misma (aunque sin dejar de declararse católicos) se harían eco de la preocupación que irradiaba, y no dudarían de resaltar la “buena intención de sus componentes al enviar la nota aludida”[78]. Así, el Capitán de Navío Maurette reconocía que:

él personalmente había tenido que empeñarse con los scouts y sus familias […], a muchos de los cuales no les es grato concurrir a demostraciones donde intervienen exploradores porque entienden que no son corporaciones de scouts sino de carácter meramente religioso[79].

Yendo más lejos, por su parte, otro miembro del directorio, el señor Méndez, diría incluso, que no creía “sincera” la adhesión de los “Exploradores” y que había que establecer “esa confederación o adhesión sobre bases firmes que no permitan burlar la acción de esta Junta Ejecutiva nacional aprovechando los beneficios que podamos aportarles sin que en definitiva respeten sus decisiones en los demás casos”[80].

De hecho, Méndez anticiparía así la actitud de varios de los grupos “exploradores”, que a pocos meses ya estaban intentando gozar, mediante la vinculación con la Junta Ejecutiva, de los frutos materiales de esa adhesión, como lo harían los “Exploradores del Plata” quienes, como primer beneficio de su reciente adhesión, solicitarían el envío gratis de 100 folletos de requisitos para pasar a segunda y tercera clase y 20 del resto de los ejemplares impresos por la asociación[81].

Intentando conciliar con las “bases” barriales, el miembro ejecutivo Ricardo O. Staub sería designado para explicar en una entrevista con –la ya antes conflictiva[82]– compañía de la circunscripción 10ª, las razones por las que la Junta Ejecutiva le pedía a la Comisión de Fomento local que retirase la mencionada nota en la que se oponían a una futura participación en conjunto de la compañía mencionada con la de los “Exploradores”. Frente a la negativa de la Compañía local a desdecirse, se terminaría de producir una grieta al interior de los miembros de la Junta Ejecutiva de la ANBSA, entre quienes pedían un castigo por indisciplina y quienes intentaban moderar la situación[83].

Frente a los disgustos que causaban los posicionamientos encontrados, cabía preguntarse –tal como lo haría el ya entonces presidente de la Junta Ejecutiva, Santa Coloma– si el ejercicio antes tan ansiado del “monopolio” de la práctica estaba resultando en realidad tan positivo para la ANBSA, teniendo en cuenta los problemas que afectaban la unificación con el resto de los múltiples grupos, muchos de los que –por otra parte– se consideraba que no tenían “instrucción de scoutismo”[84] y que su cantidad de exploradores era “muy limitada”[85] ¿Valía la pena el esfuerzo, o la batalla por el control total de la práctica había sido, en cierta medida, una victoria pírrica?

La reflexión sobre esa pregunta sería por demás comprensible, en relación con la discusión que se dio alrededor de esta nueva situación. En efecto, la nota de la “Compañía Buenos Aires” había desencadenado discusiones dadas de manera muy ríspida y que evidenciaban la existencia de posiciones fuertemente encontradas entre los diferentes miembros de la Junta. Así, en una sesión de dos horas y media cargada de tensión y de acalorados posicionamientos, en la que el jefe de la mencionada compañía de la 10ª Sección había sido llamado a comparecer por su postura, éste se negaría a cambiar una “sola sílaba” de la nota que había elevado a la presidencia[86], dando lugar –con su postura– a un “dominó” de crecientes desobediencias expresadas por parte de las Comisiones de Fomento locales[87].

De cualquier manera, con el paso del tiempo, los desafíos a la autoridad scout bajo la mención a la cuestión religiosa se irían calmando durante un tiempo bastante prolongado. Así, luego de la efervescencia inicial, la década del veinte conocería una coexistencia aceptablemente pacífica al interior de la asociación, que incluía la participación entusiasta de algunos reconocidísimos sacerdotes en el Consejo Nacional[88] y una creciente dirección de miembros eclesiásticos en las compañías locales afiliadas a la ANBSA[89].

Como especie de “contraprestación”, a diferencia de lo que se había planteado inicialmente, la participación de las compañías “laicas” en las fiestas patronales religiosas se iría extendiendo, en especial en el interior, como lo demuestra el pedido formulado a la Junta Ejecutiva, por parte de la Comisión de Fomento local de la Compañía de Guaminí para poder participar en las mismas[90].

Esta situación de relativa armonía duraría hasta que –bajo las nuevas condiciones históricas de la década del treinta– la disputa acerca de la “laicicidad” reemergería de una manera que sorprendería nuevamente a la dirigencia de Boy Scouts, generándole una escisión definitiva que –bajo la dirección de Meinvielle con la abierta complicidad de la jerarquía eclesiástica, aunque sin el apoyo de los salesianos– burlaría el decreto de Yrigoyen de manera abierta, según veremos más adelante.

Pasemos ahora a la otra cuestión, “abierta” con el decreto, y también nunca resuelta durante el período de entreguerras. Esta es, la de los frustrados intentos de obtención de una ley de fomento scout, en la que los dirigentes cifrarían largamente sus expectativas no sólo de consolidación institucional sino también de estabilidad financiera.

Las leyes nunca amanecidas de entreguerras. Scoutismo y sufragio femenino: ¿dos frustraciones conexas?

La dirigencia asociativa tuvo claro que, después del decreto de Yrigoyen, cabía asegurar la sanción de una ley que ratificase y diera un carácter perenne al patronazgo estatal del scoutismo. Aunque a primera vista pareció factible, después del espaldarazo presidencial, dicha sanción fue la cuestión que más recurrentemente quedó sometida al fracaso, a pesar de los constantes intentos de la dirigencia de la ANBSA –y luego de BSA– por lograrla.

Analizaremos los primeros dos intentos realizados durante el yrigoyenismo, impedidos ambos de discusión y aprobación, mostrando las resistencias presentes que la disputa política impuso a los intereses institucionales, en un largo camino de posposiciones por el reconocimiento legislativo de la práctica a nivel nacional.

Esto es tan así que, todavía para 1932, en los comienzos concordancistas, un renovado proyecto de ley de reconocimiento de los BSA como institución nacional, presentado por los senadores salteños Robustiano Patrón Costas y Carlos Serrey, debía recordar a los legisladores la necesidad, luego del “transcurso de quince años” desde el decreto yrigoyenista, “de consolidar aquella creación, apoyándola en una ley que encauce la obra y le asegure su éxito”[91]. A pesar de las expectativas renovadas, a los 9 meses de presentado, y cuando el proyecto había sido derivado a la Comisión de Negocios Constitucionales, ante la que el Directorio buscaría darle un nuevo impulso[92], los scouts no podían más que preguntarse –transcribiendo una misma duda que se hacía la Revista de Tiro Federal– “¿será en este período?”[93]. A pesar de seguir bregando todavía en 1935 para que, por la ley Olmedo, el proyecto no perdiera estado parlamentario[94], la respuesta acerca de la viabilidad de la proclamación de la ley –al igual que durante todo el período de entreguerras– sería: “no”.

Sin embargo, cabe recordar que esta desazón de los años treinta, no estaba presente en los tiempos de la temprana institucionalización yrigoyenista. En esos momentos, más allá de interesar por otras vías a los poderes provinciales[95] y municipales[96], que en ocasiones les eran especialmente afines, en algunos casos porque incluso los propios mandatarios eran miembros destacados de la ANBSA[97], la Junta Ejecutiva presionaba con entusiasmo por la aprobación de una ley de fomento al scoutismo a nivel nacional, que pondría previsiblemente fin a la resistencia pasiva al decreto.

El acuerdo legislativo daría mayores armas a la propia agrupación para poder responder a los pedidos de ampliación de la difusión de la práctica scout que se les cursaba, a menudo, por parte de las propias autoridades territorianas, quienes veían en ello un necesario complemento para la “nacionalización” de sus jurisdicciones[98].

En ese sentido, el primer proyecto presentado, en julio de 1919 (pocos días antes de la muerte del tercer Jefe Scout, Ramón Ruiz) y aprobado al mes siguiente en su comisión respectiva[99], sería el del diputado radical Rogelio Araya, quien ya desde 1915 era vocal del Cuerpo de Scouts de Rosario del Santa Fe. La propuesta trataba de reglamentar y legislar en la materia siguiendo los lineamientos del decreto precedente de Yrigoyen, lamentado –algo exageradamente– que “en nuestro país [el scoutismo] no se ha[ya] difundido lo necesario […] los boy scouts no son conocidos, no se les presta proyección y la ayuda para esta importante obra, es negada”[100].

Por otro lado, y siguiendo el hálito nivelador de la práctica, Araya (al igual que harían luego otros legisladores radicales[101]) mostraba que la idea “democratizadora” de igualación armónica de clases bajo el estímulo educativo, también estaba presente de forma suprema en el scoutismo:

como escuela de civismo y democracia es inmejorable, pues todos los niños, el rico como el pobre, bajo el sencillo uniforme de boy scout, se confunden, todos, se creen hermanos, todos desempeñan su función dentro de ese organismo, donde sobresale el más apto, donde son iguales en el esfuerzo y en el descanso y donde los niños, libres de prejuicios sociales, se acercan, viven en común, aprenden a estimarse, a conocerse bien y por qué no decirlo, a darse cuenta que no siempre los halagos de la fortuna llevan, como privilegios, virtudes, sino que éstas, por igual alcanzan a todos los seres que tienen la oportunidad de aprenderlas o la suerte de practicarlas[102].

Conscientes de la importancia de la iniciativa, a los pocos meses de ser presentado dicho proyecto de ley en Diputados, la Junta Ejecutiva de la ANBSA resolvería enviar una comisión de tres scouts –ninguno lobato, pero todos “lobbystas” (Carlos Jasinski[103], Pedro Pinases y David Espinosa[104])– con el objeto de lograr un “pronto despacho” del mismo[105].

En el proyecto de Araya se explicitaba la necesidad de convalidar la decisión de Yrigoyen, en el sentido que el Estado optase por la asociación “laica” de scouts por sobre los “exploradores” y otros posibles grupos, que resultaban menos “confiables” y mucho más “estentóreos”. Así, se aclaraba que: “el scoutismo es una obra patriótica y educativa, perfectamente establecida por la asociación boy scouts (sic), cuyos niños no son los que a diario se ven por las calles con tambores y clarines y en cuanto desfile existe”[106].

La distinción entre Boy Scouts, “Exploradores” y “Vanguardias” ya había sido advertida en la propia prensa, por el periodista Carlos P. Roland, quien haría una defensa de la asociación fundada por Moreno, frente a sus “imitadores”, al escribir que “los fines del verdadero scoutismo solamente los han tenido en cuenta los iniciadores del movimiento en el país” y que las “Vanguardias” y los “Exploradores”, en cambio, aunque “tuvieron la suerte de ser más numerosos”, se habían desviado del “concepto alto y noble del scoutismo, desconociendo los consejos de Baden Powel (sic) so pretexto de venir del extranjero” e introduciendo “usos cuarteleros, el uso de la espada de mando para los oficiales y enseñando únicamente a marcar el paso”. Así, Roland pediría la unificación nacional del movimiento, “siempre que se archiven los espadines y uniformes de figurines que los vanguardias y exploradores de hoy lucen en todos los desfiles patrios”[107].

El propio Araya había “sufrido” en Santa Fe como miembro scout “laico”, lo que significaría la competencia salesiana en el favor del público. En efecto, la existencia de una disputa por la movilización de los niños quedó muy claramente expresada desde el principio. Ya en el mismo año de 1915, los santafesinos podían evidenciar la existencia de dos agrupaciones scouts, que según el relato periodístico, lejos estaban por ponerse de acuerdo y que amenazaban con horadar el prestigio de la iniciativa. Así podía leerse en un suelto del diario Santa Fé:

Hay aquí dos clases de boys: unos, “santafecinos”; “argentinos”, los otros; muy gallardos todos, pero divididos en dos bandos a pesar de que un solo fin les guía […] Que en estos tiempos de crisis, pida uno, pase; pero que pidan dos es mucho. Como que dan ganas de hacerse “explorador” aunque ya no sea “boy”, y de mandarse cambiar al desierto donde no haya sino naturaleza que dé y no boquitas que te quiten pidiendo. Esas dos agrupaciones de simpáticos niños deben fusionarse inmediatamente por múltiples motivos que el sentido común y hasta el frecuentemente invocado patriotismo, exigen […] No debe haber más que un grupo de boy scouts argentinos. […] De lo contrario el público tendrá derecho a negar sus auxilios a unos y a otros, para no estimular descortesías vanas[108].

De esta manera, seguramente recordando esas interacciones no deseadas, y luego de señalar en su primer artículo que el scoutismo era “eminentemente civil y laico”[109], el legislador santafesino diría:

Por estas razones y a fin de no desvirtuar la obra que realiza la asociación nacional y cooperar a su desarrollo es necesario se dicte una ley que asegure el progreso de esta institución en el país y sea una sola la dirección que exista[110].

Pero más allá de las consideraciones generales, lo importante es que el proyecto expresaba, en su artículo 11°, las sanciones específicas que la desobediencia a dicho monopolio supondría[111], incorporando además en su texto, el establecimiento de un presupuesto de 60 mil pesos anuales para el desarrollo y fomento de la práctica[112]. El sustento de la misma, preveía también una posible mayor sujeción al dictamen estatal, ya que aunque se mantenía la dirección absoluta de la asociación sobre el movimiento, se preveía que ella actuase sobre la base del “reglamento general que dicte el poder ejecutivo”[113].

Finalmente, por fuera de los aspectos formales, el proyecto de Araya se dedicaba a pensar en los niños, y a fin de hacer más atractiva la práctica para ellos –y quizás también para sus padres, señalaba en su sexto artículo, las ventajas que la práctica les podía deparar: reducción del servicio militar obligatorio[114] a sólo tres meses (para aquellos que acreditaran más de 5 años de scout), pasajes oficiales en trenes y barcos cuando tuvieran que realizar actividades relacionadas con la práctica y preferencia en los cargos públicos para los jóvenes rovers de 18 a 20 años (los que como contrapartida estarían obligados a practicar tiro en los polígonos provinciales o nacionales)[115].

Sin embargo, ante la falta de atención a la propuesta, y habiendo pasado casi un año desde la propuesta legislativa de Araya, que dormía el sueño de las justas (en la Comisión de Instrucción Pública), la ANBSA decidiría preparar su propio proyecto, interesando ahora al diputado Frugoni como encargado de presentarlo[116], luego de invitarlo formalmente a participar de sus actos, a fin de que pudiera obtener un conocimiento más detallado de las prácticas scouts[117], involucramiento que terminaría convirtiéndolo en un miembro del Consejo Nacional.

En agosto de 1920, y en el marco del espinoso proceso de integración con las compañías religiosas, el diputado Frugoni presentaría “su” proyecto[118], en el que se replicaban varias ideas del anterior, incluidas las prohibiciones y las multas para quienes no se sometieran al “monopolio” del scoutismo por parte de la ANBSA. También, en él, se volvía a llamar la atención sobre la necesidad del otorgamiento de fondos específicos para la entidad, derivados, en este caso, del cobro de un impuesto al sacar la libreta de enrolamiento.

Sin embargo, frente a las faces meramente represivas y crematísticas indicadas, el legislador volvía a incorporar –en dos artículos que tendían a centrarse en esos aspectos– beneficios concretos para los niños scouts, en dos temas particularmente sensibles: la membresía permitiría privilegios en relación con el servicio militar[119] (retomando una ya antigua propuesta previa[120] y atendiendo a una demanda presente también en los MMSS[121]) y el transporte[122]. Ambas perspectivas, al parecer, configuraban razones más amables y tentadoras de integración para los grupos de scouts y “exploradores” en “disidencia”, que las que podían surgir de la mera obligación a encuadrarse.

En dicho marco, la pulsión democratizadora ya presente en el proyecto de Araya se mantenía en el de Frugoni, al señalar que la ANBSA establecía “como única base, como cláusula fundamental de sus principios y normas, la idea de la patria independiente, autónoma y esencialmente democrática y liberal”[123].

Sin embargo, este proyecto también sufrió el bloqueo administrativo[124], tanto que dos años después de su presentación –en el crepúsculo del primer gobierno de Yrigoyen–, Frugoni intentaría reavivarlo y darle oxígeno, con una petición de tratamiento en la que se reproducía el proyecto para reponerlo en la consideración de la Cámara[125] y que contó con un pedido de “refuerzo” a los pocos días, por parte de la Junta Ejecutiva de la ANBSA al Honorable Congreso de Diputados, redactado en términos muy similares a los que se habían usado alrededor de un año atrás[126]. Aunque nuevamente fracasadas, las tentativas legislativas nos dan pistas para interpretar la significancia del scoutismo en el particular entramado de la segunda mitad del primer gobierno yrigoyenista y la fortaleza tanto de sus impulsores como de sus contradictores.

En ese sentido, si los mencionados proyectos de los diputados Araya y Frugoni pueden ser entendidos cabalmente desde la decisión del primer gobierno radical por impedir la fragmentación del movimiento scout, favoreciendo a la dirección “laica” por sobre la salesiana de la que se desconfiaba por “exhibicionista”, existen otras posibilidades de interpretación si ponemos a estas iniciativas en conexión con otros proyectos de Ley relativos a la contención de la crisis planteada a partir de la movilización obrera de 1919 y sus consecuencias.

Así, Silvana Palermo ya ha identificado –por esos mismos momentos– otra iniciativa del diputado Araya, la del voto femenino, como una respuesta a la necesidad de moderación social que la experiencia de la “Semana Trágica” había puesto en cuestión, ya que como señalaba el diputado radical, “en esta hora de desquicio social y moral la intervención de la mujer en las luchas políticas ha de restablecer el equilibro perdido”[127]. De hecho, Araya fue un asiduo expositor en torno de estas cuestiones, como podemos ver a partir de su participación en la “Asociación pro Derecho de la Mujer”, en la que expondría en octubre de 1919, su conferencia sobre “Feminismo”[128].

Resulta interesante entonces poder establecer un paralelo entre mujeres y scouts, a través de las ideas de democracia “moderadora” que se perciben en la búsqueda arayista. Esto estará presente también en Frugoni (otro impulsor simultáneo de un proyecto scout con otro “sufragista”[129]), quien buscaría ubicar a la ANBSA en el espectro democratizador, al señalar que su actuación reforzada podría ir “penetrando y difundiéndose en los más apartados rincones de la república llevando a todas partes y a todos los jóvenes prácticas de salud, de independencia y de esa democracia consciente que hará de cada argentino un elemento ponderable”[130].

Así, podemos anudar tres cuestiones que podrían resultar fuertemente movilizadoras y a la vez problemáticas para esa época, si se ponían en juego: el servicio militar, el voto femenino y el scoutismo. Para ello, nos remitiremos a una foto posterior en algunos años, para entender las posibilidades “explosivas” de esta combinación tripartita y las constantes intervenciones que operaban en los dirigentes para moderarlas.

Pensamos, entonces, que el comienzo mismo de las condiciones de participación de las mujeres en el scoutismo local (efectivas y posibles como vimos ya desde el inicio[131]), nos alerta, entonces, sobre suposiciones predeterminadas, porque incluso en la misma discursividad de la dirigencia, dicho lugar aparece como un campo abierto de posibilidades, aunque para nada carente de tensiones y conflictos.

Expresamos esta idea, porque en principio, como lo ha señalado perspicazmente Laura Méndez, algunas de estas propias prácticas “femeninas” asignadas a las “Guías” o scout girls consideradas a simple vista y retrospectivamente como “retrógradas”, formaban –sin embargo– parte de un “motivo de orgullo, un espacio de pertenencia y de aprendizaje y un horizonte de expectativas futuras, en el que, aún aletargado, se acunaba un ‘nosotras scout’”[132].

Pero sobre todo, hacemos dicha afirmación, porque en ocasiones había otras prácticas que, en el caso de las scout girls argentinas, iban “más allá” del estímulo identitario y se emparentaban de manera directa con el origen de la práctica cívica[133], en un plano que podía recordar los tonos de otras secciones nacionales más precoces y autónomas en ese ámbito, como la neozelandesa[134], permitiendo cuestionar así una visión que realiza una mera traslación del sometimiento de las mujeres en la sociedad al ámbito específico del scoutismo. En ocasiones, incluso, gozando las “transgresiones” o “reivindicaciones” femeninas, del visto bueno (o de la “vista gorda”, en otras) de al menos una parte de la dirigencia masculina misma.

Esto lo podemos ver a partir de la participación femenina en el Polígono de Tiro de la Sociedad que en la localidad cordobesa de Villa Dolores patrocinaba y fomentaba dicha práctica, en conjunto con el sostenimiento de la Compañía de scouts denominada “General Grimau” (miembro de los primeros Consejos scouts), que incluía tanto scout girls como boy scouts, quienes concurrían conjuntamente al mencionado polígono[135]. Como vemos, y como se reconocería en diversos relatos, el tiro y la práctica scout eran rápidamente identificables entre sí, al punto de casi homologarse[136]. Si el scoutismo se abría a las niñas, entonces la posibilidad de éstas de acceder a los polígonos de Tiro quedaba ampliamente facilitada, tal como podemos ver en la foto situada debajo de este mismo párrafo.


Foto 9. Scout girls y boy scouts en el polígono de Tiro de Villa Dolores (Córdoba). Año 1930. Extractado de Revista El Scout Argentino.

Así, vemos que, al menos para el caso del scoutismo con respecto del cuadro trazado por la historiografía, la mantenida presencia de niñas en los polígonos de tiro ya entrada la década del treinta, podría significar cierta excepcionalidad con respecto del proceso general de “subalternidad y evanescencia” de las mujeres en armas, operado a partir de la primera posguerra. En efecto, según señala Diego Roldán en relación con la actividad del Tiro Nacional, la recurrente presencia en ese lugar, por parte de las mujeres en sus orígenes, habría sido “cancelada por la intervención militar de la práctica de tiro”[137]. Sin embargo, esto no parece haberse dado de manera tan taxativa en el caso del scoutismo.

Indudablemente sí, eran los niños varones de la compañía cordobesa los protagonistas exclusivos de la recensión en concursos de tiro, como demostraba un orgulloso ejemplar de ESA señalando cómo los 3 boy scouts de “la Grimau” (Pedro, Juan y Lidio) habían vencido holgadamente al equipo escolar en la práctica de la disciplina[138]. Sin embargo, la foto nos muestra que también las niñas scouts participaban de esa práctica. En efecto, de algún lado deberían salir las futuras “Estelas de Liaudaut”[139].

Esa imagen en el polígono de tiro nos permite recordar, como en efecto lo hace Adriana Valobra[140], que el derecho al sufragio se “anudaba” con el deber del servicio militar. Era por esta razón que las mujeres quedaban excluidas del voto. De allí que podamos entender los frustrados intentos de Julieta Lanteri, antigua compañera de exploración de Moreno (como veremos adelante), de participar del servicio para lograr la práctica sufragista. Tomando en cuenta esto, podemos suponer el carácter revulsivo a la prohibición del sufragio femenino que podía tener la práctica de tiro, si como incluso lo supusieron los sucesivos proyectos legislativos, dicha práctica formaba parte de los pedidos de eximición o aminoramiento de las cargas de los scouts con respecto del servicio militar. Por otro lado si las niñas, siendo scouts, desarrollaban una práctica que en parte suponía los saberes del servicio militar, podemos intuir las implicancias con respecto de su lugar en relación con la ciudadanía, en momentos en que –como ya hemos visto– en la Cámara de Diputados se presentaban proyectos en concordancia con la ampliación electoral.

En dicha intersección se encontraba, precisamente la cuestión del servicio militar. En efecto, el diputado Frugoni presentaría su ley de fomento de la actividad, que sostenía en su segundo artículo:

Siempre que en cada convocatoria de conscriptos llamados al servicio militar hubiere excedente entre el número de los llamados y el de los a incorporarse, pasarán de hecho a la reserva y sin sorteo todos aquellos scouts que hubieren llenado las condiciones de instrucción y entrenamiento establecidos por la Asociación nacional de boy scouts argentinos […] En caso de que el efectivo a incorporarse en cada período de instrucción no deje excedente, los boy scouts a que se refiere el párrafo anterior sólo serán incorporados por tres meses y al final de cada período[141].

De la misma manera, Frugoni, al fundar la legitimidad del voto para la mujer, mencionaba a una en especial, Elvira Rawson de Dellepiane (también ella partícipe del movimiento scout, en tanto asesora de la compañía devotense “General Arenales”[142] y encargada –según veremos luego– de cerrar con su discurso el Primer Congreso Nacional Scout[143]) y lo hacía sobre todo en su condición de partícipe de un levantamiento cívico-militar como fue el de la Revolución del Parque (de cuya experiencia política saldrían, por otro lado, algunos de los más prestigiosos miembros de la Junta Ejecutiva y delegados de las compañías, tanto los que habían sido promotores[144], como los encargados de reprimirlo[145]). Frugoni se preguntaba retóricamente: “¿Es posible que la Doctora Elvira Rawson de Dellepiane, heroína en la mañana gloriosa del 26 de julio, no tenga derecho al voto?”[146].

Más allá de las propuestas legislativas en coincidencia (todas ellas fracasadas) por fomentar el scoutismo y por promover el sufragio femenino; en la práctica, esas niñas y niños cordobeses, disparando juntos por igual, parecían prefigurar una futura ciudadanía mixta en armas; de la misma manera en que habían practicado el sufragio mixto en una de las escuelas apadrinada por Moreno, al elegir al abanderado/abanderada por voto infantil en el año 1913[147]. En ese mismo momento inicial, la comisión organizadora del scoutismo centraba su rol en lograr que los miembros infantiles que se integraban a ella, lo hicieran con el objetivo de “prepararse para ser ciudadanos útiles en la nueva democracia”[148].

Esa participación infantil mixta se trasladaría incluso a los clubes de niños[149], promovidos –como luego veremos– incluso dentro de las mismas compañías. Todas ellas eran instancias que compartían con el scoutismo lo que ya sostenían los estatutos de la ABSA del año 1916 como una de las doce máximas: “un scout se gobierna a sí mismo”[150]. En efecto, en los Clubes de Niños, los miembros no sólo elegían a sus autoridades infantiles, sino que incluso las mismas eran las encargadas de la administración financiera y de presentar los balances, que aunque muy modestos ($19,90), no dejaban de significar una experiencia en el sentido del self government[151].

Sin dudar en la existencia de fuertes distinciones de género en las prácticas scouts, que en ocasiones mantuvieron una “división sexual” de las tareas muy similar a la existente en otros espacios[152], difícilmente podríamos señalar que esos espacios “replicaban” la marginación cívica de las mujeres que se daba en la política electoral de partidos, ya que por el contrario, habilitaban prácticas electorales para las “niñitas” (de una forma similar a las que encuentra Paula Bontempo para los clubes Billiken[153]) y desarrollaban diversas instancias de representatividades y en ocasiones liderazgos locales en el caso de las mujeres scouts adultas, que incluso llegarían –como veremos– a amenazar (aunque no siempre llegando a activar el desafío) la primacía masculina en las decisiones. Con todo, lo importante a destacar es la tensión existente a partir de las prácticas abiertas por el ascenso yrigoyenista y las demandas de ampliación participativa en diversos ámbitos, con sus correlativos intentos de recusarla, contenerla o encauzarla.

Para comprender esas bisectrices de democratización moderada y sus pendulaciones entre las vertientes expansionistas de derechos y aquellas más disciplinadoras, quizás sea necesario continuar con el relato institucional que habíamos dejado algo suspendido y, encontrar, en el análisis de la gestión del Jefe Scout, Tomás Santa Coloma, varias de las claves para entender la complejidad política en la que se insertaba la acción de la ANBSA, y la existencia de reacciones frente al afán democratizador.

El período de jefatura de Tomás Santa Coloma (agosto de 1919-septiembre de 1923)

En agosto de 1919, luego de muchos amagos previos de renuncia, el general Ruiz dejaría finalmente la dirección de la ANBSA, la que sería capitalizada por Tomás Santa Coloma. Dicho Jefe Scout cumpliría cuatro años de presidencia asociativa, muriendo el 23 de septiembre de 1923, poco después de haber cumplido los 70 años y habiendo debido resignar la dirección efectiva en el Coronel Augusto Spika, unos meses antes de su fallecimiento[154].

El período de Tomás Santa Coloma fue un período particularmente intenso para la asociación y estuvo signado por varias transformaciones al interior de la misma. En principio, podrían sentirse los hálitos de las preocupaciones más “morales” de un “morenismo” restaurado (en la persona de su primo) justo cuando el fundador de la ABSA “dejaba este mundo”, a pocos meses de iniciada la nueva gestión, en noviembre de 1919.

Sin dejar de tomar nota del impacto y del poder simbólico de esa muerte (circunstancias que analizaremos en el segundo tomo), la asociación se había –por otro lado– constituido en una máquina administrativa cada vez más aceitada. Ya en la sesión ordinaria siguiente al suceso de referencia (realizada a sólo tres días del sepelio), luego de haber hecho una reunión extraordinaria específica para tratarlo, el tema fúnebre ya no se tocaría y todos los miembros ejecutivos se dedicarían denodadamente a resolver una serie interminable de cuestiones puntuales que incluían tanto la necesidad de provisión de un ranchero para el campamento, como la discusión –finalmente pospuesta ante la cantidad de cuestiones planteadas– de un proyecto sobre uniformes presentado por el miembro ejecutivo, Laureano Baudizzone[155].

Junto al “papeleo” burocrático, en esta experiencia directiva no estarían ausentes los intentos de reajuste disciplinario, como puede verse, por ejemplo, en las regulaciones tendientes a evitar la permanencia de scouts y otros miembros que hubieran sido suspendidos por la Junta Ejecutiva. Así, quedaba claro, que todo scout “suspendido por faltas de disciplina y de cumplimiento a los artículos del Código de Honor […] no podría ser reincorporado o admitido por ninguna Asociación Local o Compañía sin previa autorización de esta Junta”[156]. Es que, como todavía indicaban los inspectores, algunas compañías no dejaban nunca de estar en período de reorganización, y otras “marchaban en desorden”[157]. A ojos de las autoridades, las personas podían aprovechar tanta informalidad, para saltearse las disposiciones tomadas.

Quizás, al propiciar estas normas, Santa Coloma tuviera en su recuerdo las frases que le escribiera años atrás su primo Moreno, cuestionando lo que a su parecer resultaba un exceso de relajamiento y horizontalidad durante los períodos de Riccheri y Ruiz. En ese momento, Moreno le había expresado con crudeza y con parámetros no carentes de etnocentrismo, que no dejaban de aflorar –en ocasiones– en dichos actores[158]:

Con lo que se ha hecho en las asambleas últimas, será imposible hacer lo que es la base de todas las asociaciones de Boy Scouts del Mundo, aun de los que se han formado en el centro de África y en algunas islas salvajes del Archipiélago de las Filipinas: imponer el cumplimiento del deber, con la obediencia a lo que manda la disciplina[159].

Ese discurso de obediencia y disciplina, por otra parte, se volvería aún más significativo, a partir de los efectos de creciente tensión social que el país comenzaría a vivir en los años en que Santa Coloma comenzaba su gestión.

El impacto de la “Semana Trágica” y los vínculos con la Liga Patriótica

Debemos señalar que frente a los impulsos de democratización moderada demostrados en los proyectos legislativos, la impronta general dada por la gestión de Santa Coloma, en cambio, pareció reforzar los aspectos más instrumentales de la práctica scout en relación con las demandas de control social. Dicha tendencia se vería agravada por la dependencia al financiamiento que otorgaron –con dinero del Jockey Club[160], esa “rica sociedad” como la definiría Santa Coloma[161]– las damas de la LP, a quienes previamente se habían dirigido las autoridades asociacionales[162] frente a la carencia de la ley presupuestaria y la aplicación del recorte de fondos estatales[163] que el presidente scout no podía dejar de valorar como frenos vitales al desarrollo de la actividad[164]. El entendimiento con la LP quedaba duplicado mediante el contacto directo de la Junta Ejecutiva de la ANBSA con la corporación empresarial organizada, a partir de su ligazón con la Asociación Nacional del Trabajo (ANT).

Estas cercanías a menudo empujaron al scoutismo a introducirse de lleno –como veremos– en la disputa ideológica nacional en tiempos de la “Semana Trágica”, ubicándolo en no pocas ocasiones y en la mirada de un número signficativo de actores históricos –de manera casi indiscutible– en el territorio de la llamada “derecha política”, justo en los momentos de más marcada disputa social.

En adición a las directivas del presidente, el secretario Ángel Braceras Haedo había demostrado, en reuniones directoriales previas, poseer prejuicios particularmente circulantes en ciertos grupos de “alta condición”, y que se caracterizaban por ligar delincuencia con adscripción étnica y social. En efecto, en una reunión del año 1917, al responder comentarios de otro miembro que aseguraba que había encontrado un grupo de scouts desafectos que vendían –uniformados– entradas al cine sin permiso de la asociación y que amparaban su marginalidad en el hecho que “el señor Braceras les tenía cierto odio”, el mencionado no tuvo mejor manera de demostrar la veracidad de esos dichos que señalando que “el joven que capitanea a esos muchachos es hijo de rusos, que no tienen padres” y que son “gente de malos antecedentes”[165].

Vemos así que, en general, por otro lado, la Junta Ejecutiva de la ANBSA en estos momentos pareció estar particularmente recelosa de la espontaneidad juvenil y bregó –de una forma cada vez más implacable– por la mediación “notabiliaria” en la estructuración de las compañías. Así se resolvería frente a una comunicación –casi una “denuncia”– del rector del Colegio Nacional de Catamarca, acerca de que unos jóvenes se habían constituido –por su cuenta– en Comisión de organización del scoutismo provincial. Frente al conocimiento del suceso, se les haría saber a los nóveles “entusiastas” que “la Asociación Nacional oportunamente resolverá la organización en aquella Capital de la Asociación Regional”[166], desconociendo así la iniciativa juvenil y premiando con el reconocimiento, a la casi delación –suponemos que no del todo desinteresada– del Rector, al que luego se confiaría el monitoreo de la situación del scoutismo local[167].

Sin embargo, como no nos cansamos de repetir, una cosa es la voluntad “normalizadora” y otra son la “fuerza de los hechos”, en su multiplicidad de derivas. A pocos días de responder de manera tan cerrada a la osadía juvenil, la Junta Ejecutiva daba cuenta de la propia endeblez de sus decisiones, al aparecer en su copiador de la reunión de la semana siguiente a lo resuelto, que “el Secretario de la Asociación de Catamarca constituida por varios jóvenes acusa recibo de las publicaciones enviadas por la Secretaría”[168]. Los jóvenes, finalmente, parecen haberse salido con la suya y haber logrado formar y dirigir el grupo scout.

Una situación similar sucedería en la ciudad de Paraná, aunque en este caso la Junta contaría con recursos más directos con los cuales “encauzar” la espontaneidad juvenil. En este caso, sería el MS Adolfo Thevenin[169] el que a través de un recorte del diario La Nación pondría “en alerta” a la Junta Ejecutiva acerca de unos jóvenes “sin responsabilidad y que no conocen en absoluto lo que es scoutismo”, a los que sin embargo él había “aconsejado en la forma que debían proceder”, lo que los llevaría al contacto con la entidad y, finalmente, a la designación del general Oliveira César como su mentor y guía[170].

La expresión más clara de esta visión de primacía de la “notabilidad” frente a la “juvenilia entusiasta” lo representaría la expresión de la Inspección Nacional con respecto al intento de renovación de la asociación local juninense, sobre la que se decía que a excepción de un integrante, “todos los demás miembros componentes de la nueva comisión son scouts, sido de práctica que estos sean formados por personas mayores y de responsabilidad”. Frente a la opinión del inspector, la Junta ratificaría su conclusión, informando a los jóvenes “que deberán designar personas caracterizadas y de responsabilidad de la localidad y solicitarle el nombre de algunos vecinos a fin de escribirles pidiéndoles la cooperación”[171].

A dichos preconceptos sociales y etáreos, no carentes de volubilidad y eficacia dispar, con que contaban las dos principales figuras scouts, el ndem directivo se aseguraba de combinarlos con un fuerte posicionamiento en las filas patronales. En efecto, a raíz de sus actividades, tanto del presidente como del secretario (Santa Coloma era presidente de la “Compañía Nacional de Carruajes y Automóviles” y Braceras, vice de la propia “Casa” familiar[172]), la ANBSA profundizaría las excelentes relaciones empresariales que ya había sabido labrar previamente[173] y frente a las que recibía sólo por excepción negativas a sus solicitudes[174].

Podemos citar la siguiente lista de empresas que monetaria o materialmente contribuyeron con la ANBSA, en las diversas instancias en que fue requerida su ayuda: “Gath & Chaves” (que ya pagaba propaganda en la revista oficial desde la presidencia de Ruiz), la “Compañía de Tranways”, “La Vascongada”, “La Martona”, el Jockey Club, “Seguros Columbia” y el “Banco Municipal de Préstamos”; además de las que ofrecían premios en los torneos deportivos de la asociación como las casas “Vignes”, “Tommy”, “Escasany”, “Mac Hardy” y “Gatuzzo”, las compañías de seguros “La Continental” o la publicación Caras y Caretas. Otras, como la “Hispano Americana”, ofrecerían tarifas reducidas de luz eléctrica para la asociación.

En este entramado, incluso, algunas de las firmas comerciales se centraban en vínculos más propios de la sociabilidad de adultos y que parecían no corresponder del todo con el imaginario infantil que el scoutismo buscaba sostener. Eso al menos puede suponerse a partir de la lectura del apoyo casi simultáneo que tendría la ANBSA, por parte de las dos principales cigarreras en competencia, “Piccardo” (donante de 1000 pesos a partir de la influencia del Ingeniero Huergo[175]) y la “Compañía Argentina de Tabacos”[176]. O de la adhesión de la cervecera “Quilmes”, a cuyas fábricas los niños incluso serían llevados en una excursión, compitiendo así en favores para la asociación con la fábrica de cerveza “Buenos Aires”.

De hecho, incluso los “exploradores” paraguayos agasajados por la Junta Ejecutiva –en coalición con los sacerdotes a cargo de los “Exploradores de don Bosco”– en su visita Buenos Aires, no sólo participarían de estas excursiones a tabacaleras, cervecerías, papeleras y fábricas de fósforos, sino que serían agraciados con nada menos que 35 docenas de botellas de cervezas donadas por una de las empresas en cuestión, para el almuerzo previsto para niños y adultos[177]. No podemos menos que imaginarnos la delicia de una posible fotografía de las largas mesas con centenares de botellas de cerveza vacías, en la sobremesa animada por dirigentes, sacerdotes y niños uniformados. En todo caso, no sería la primera ni la última vez en que los scouts estuvieran rodeados de alcohol[178].

Por si caben dudas sobre lo llamativo de esta situación, debemos mencionar que la misma normativa scout argentina de esa época ya advertía en su proposición onceava, que “el tabaco retarda el desarrollo físico, entorpece la circulación y perjudica el olfato y la vista” [179] y que el decimosexto consejo para conservar la salud a los scouts, era el que sostenía que “un scout no debe fumar ni beber bebidas alcohólicas”[180]. Sin embargo, no parecía conectarse dicha advertencia en incongruencia con la familiaridad –que no podemos determinar por las fuentes si llegaba hasta el punto del consumo– a la que se sometía a los niños con esos productos.

No sólo resulta sorprendente la ligazón entre niños, tabaco y alcohol, tal puede sonar a los oídos actuales, sino en la propia y clara admonición que ya desde el comienzo de la época de la ABSA se planteaba contra estos productos desde la boca del editor de ESA, al decir “El tabaco es un narcótico que retarda el desarrollo físico, entorpece la circulación y perjudica el olfato y la vista […] ¡no fumen!”[181], o a través de aforismos populares, reproducidos luego en la segunda etapa de la revista, tales como “El tabaco y la bebida suelen acortar la vida”[182]. Los propios niños recitarían en los actos oficiales, versos como el “No toméis” que el “niño T. Rodríguez” brindaría al público tucumano concurrente a los festejos por el “Día del Scout” emprendidos por la compañía “Independencia” de la capital provincial[183].

Ello no evitaba, por supuesto, que tanto la cerveza “Quilmes” como los cigarrillos “Dólar” fueran auspiciantes de la revista todavía muy entrados los años veinte, durante los cuales, dichas publicidades convivían con monólogos que eran declamados por los propios jóvenes y se encontraban en oposición a esas prácticas, como el “No quiero fumar más” que el Ayudante Booth del “Ejército de Salvación” presentaría en uno de los actos organizados por la mencionada agrupación de origen protestante[184].

Es que en efecto, las entradas por dicho tipo de publicidad resultaban determinantes para muchas revistas que quisieran tener cierta estabilidad y calidad. Así, en los años cuarenta, el presidente Baudizzone resaltaría que si durante la tercera etapa de ESA (comenzada en 1937), el periódico se había “desenvuelto en forma precaria” se debía a que la obtención de avisos se hallaba limitada porque no se había querido “insertar publicidad de tabacos y bebidas”, solicitando que el Directorio tuviera a bien suspender su “intransigencia” en ese sentido[185].

Con respecto, por otro lado, al consumo del alcohol, no dejaba de reconocerse que, en ciertas ocasiones, como las fiestas de despedida de año de las compañías, las cenas –como la del cierre del año 1926 en la “Almirante Brown” de Punta Alta– eran acompañadas “con sidra, bebida que el vocal de la Comisión, señor N. Binelli, quiso obsequiar en abundancia[186].

Asimismo, resulta curioso a la perspectiva de hoy, el hecho que fuera el mismo presidente scout Tomás Santa Coloma, el que propiciando la relación con las empresas tabacaleras y alcohólicas, fungiera paralelamente como uno de los principales benefactores de la Liga Argentina contra la Tuberculosis[187]. Aunque el lugar de ambos “vicios” no era exactamente el mismo, en esa época, con respecto a los saberes que los vinculaban con la enfermedad[188], está claro que la relación difícilmente resultara del todo armónica entre la esfera de la salud y la de la promoción de esos productos.

Pero, más allá de esas particularidades que pueden llamar nuestra actual atención, el principal interés de la dirigencia asociativa en esos momentos, como hemos visto en una cita anterior de Braceras, era ofrecer a la infancia “descarriada”, una “tabla de salvación”, esperando que así no se involucrara en los movimientos de lucha y contestación obrera y social que se venían desarrollando con fuerza en nuestro país, en especial durante el año inaugurado por la llamada “Semana Trágica”.

La estrategia de estos “notables” se encontraba en directa consonancia con el proyecto de “Ley de Minoridad” sostenido por esos días por el diputado conservador Agote (aquel que había dicho que el diputado Moreno “no podía pedir la luna”). Esta iniciativa, que a pesar de provenir de la oposición sería apoyada abiertamente por el yrigoyenismo, se diferenciaba, sin embargo, no en poco de los proyectos de ley de Araya y Frugoni de promoción scout que corrieron en paralelo y que hemos ya tratado.

Aunque en ambas perspectivas pueden encontrarse los tonos grises, cabe mencionar que en la mirada de Agote, la preocupación por la niñez parecía ser más cercana a la contención represiva que a la moderación que se confiaba al pluralismo democrático. Con todo, Agote, al igual que lo había hecho Ramos Mejía muchos años antes, insistía en identificar la vida callejera como la responsable del modelaje de esa vida infantil desobediente[189] y en eso concordaría con los dirigentes scouts, como Ismael Guerrero Cárpena, presidente de la asociación regional de la Provincia de Buenos Aires y luego Director de la Academia scout, que recalcaría la necesidad de retirar al niño “de las calles donde son frecuentes las oportunidades de perversión, para llevarlo al campo, junto al mar, a la sierra”[190].

De esta manera, y recordando los sucesos de la “Semana Trágica”, Agote identificaba –con sorpresa y en la misma línea que Braceras Haedo– que:

los principales autores de los desórdenes, […] los que iban a la cabeza en donde había un ataque a la propiedad privada o donde se producía un asalto a mano armada, eran los chicuelos que viven en los portales, en los terrenos baldíos y en los sitios obscuros de la capital federal[191].

Está claro que aunque conviviendo con otras, como las que hemos venido desarrollando y desarrollaremos, la referida “marca” conceptual sobre la niñez “desviada” no sería ajena al imaginario de la dirigencia scout, siendo mantenida –incluso– por el discurso oficial y por las agrupaciones locales todavía en la década de los veinte[192] y de los treinta[193].

Es que, como sabemos, ya desde sus inicios, el scoutismo se planteó una consecuente lucha por evitar una niñez desbordada por el exceso de “ocio improductivo” (par de términos que nunca fueron redundantes en la comunidad scout) y por conectar el uso del tiempo libre –en afinidad con las teorías del new leisure de primera posguerra– por fuera de sus posibles “derivas” no deseadas, con actividades en pos de lo que se consideraba la “mejora” social[194].

Como había señalado Baden Powell en un artículo traducido (o hecho traducir) por Moreno para El Monitor de la Educación Común:

Es cierto que los niños pueden ser unos patanes ó vagabundos, pero eso es nuestra culpa, no suya, porque los dejamos en el instante crítico de su vida sin una mano que los guíe, sin ningún apoyo, de modo que son llevados donde la tentación los llama[195].

Estas “amenazas” se volvían más peligrosas en el momento de la “hora de la crisis de su pubertad”, cuando el niño era “solicitado por fuerzas que lo inducen al abismo en la pendiente resbaladiza de la claudicación moral”, según señalaba el delegado de la compañía de Tapalqué, Dr. Octavio V. López[196].

Emparentadas con esa preocupación de los scouts surgirían otras agrupaciones interesadas en esa misma cruzada de “prevención social”. Así, en el mismo año 1919 que vio su surgimiento como reacción a los sucesos de la “Semana Trágica”, la LP por intermedio de su Rama Femenina, que a su vez había recibido el dinero del Jockey Club– donaría a la ANBSA, a poco de empezada la gestión de Tomás Santa Coloma, nada menos que nueve mil pesos, con los que se pondría fin a los ahogos financieros que le provocaba a la asociación la falta de una ley de fomento y –con ella– de presupuesto[197]. Para ubicar la importancia del aporte, debemos recordar que dicho monto representaba poco menos del 75% del total de dinero con que contaba la agrupación en sus arcas de ingreso[198].

De allí en adelante, la ligazón –ya muy tempranamente advertida por Sandra McGee Deutsch[199] pero posteriormente casi inexplorada[200]– entre la LP y la ANBSA sería fuertísima y casi siempre armónica. Recordemos asimismo que, ya desvinculado de la dirección scout, en su último año de vida el mismo Moreno se había unido a esta “Liga Patriótica Argentina”[201] en condición de vocal. Desde luego, no sería el único dirigente y “notable” que transitaría ambos espacios[202]. Sin embargo, la figura de Moreno resultaría especialmente cara a dicha formación.

Así, la LP, definida como un producto de la “radicalización de la derecha moderada durante la crisis de posguerra”[203], sería la que incluso bajo la influencia de su segundo presidente Manuel Carlés (especial admirador del “Perito” [204] y reputado “benefactor” del scoutismo[205]) intentaría copar, a poco de haber sido creada, el sepelio del fundador de la ABSA, logrando una fuerte identificación póstuma con su figura[206].

Con todo, no hay que olvidar que Moreno apenas pudo sobrevivir a la creación de la LP, falleciendo cuando esta comenzaba a desarrollar su original apuesta por organizar a los “notables” en relación con la cuestión social, tomando un rumbo que aquel no alcanzaría a ver, aunque en verdad –al menos discursivamente– nada parecía muy incompatible con las reflexiones que sobre la temática –siempre en términos generales– él había llegado a adelantar en sus últimos años.

Creemos, en ese sentido, que el interés de Moreno en participar en la LP pudo estar a tono con sus decepciones previas acerca de la inorganicidad de las reuniones de “notables” y la perspectiva renovada (que en un contexto diferente) tomaba esta iniciativa. En ese sentido, el liderazgo de Carlés (a quien Moreno estimaba particularmente[207]) significó, según se ha señalado con justa pertinencia, una detectable “bisagra en el desenvolvimiento del nacionalismo, resultado de su lugar transicional entre la etapa dominada por intelectuales emblemáticos pero aislados y la regida por un nivel más sólido de organización y de movilización política”[208].

Con toda la condición de cerrada “coherencia” –en su sentido más valorativamente negativo– que sus más fervientes detractores le han asignado a ese apoyo inicial[209], la muerte de Moreno nos dejó sin saber cuál hubiera sido su posicionamiento frente a la evolución de dicha experiencia en los años veinte, con su viraje fuertemente católico con respecto de la educación y su condena explícita de la ley Sáenz Peña[210], valores que no estamos seguros o –para no cometer con ello, un desliz contrafáctico– no puede comprobarse que hubiera compartido el científico.

Aunque –como repetimos– el “Perito” moriría ese mismo año bisagra de 1919, y no sabemos cuál hubiera podido haber sido su posición frente a la dinámica que tomó la LP, lo más importante es que –con Moreno alejado hacía rato, como hemos visto, de la toma de decisiones en la ANBSA– no sólo sus sucesores en la Junta Ejecutiva[211], sino también alguno de sus más dilectos colaboradores, avalarían efusivamente el desempeño de la mencionada organización, acompañando –por ejemplo, en el caso de Clemente Onelli– las visitas que los niños de las Escuelas de la LP hacían a diferentes ámbitos científicos y culturales[212].

Por otro lado, cabe agregar que la confluencia con los valores “liguistas” no se reducía a la “cuestión social” sino que incluía otros tópicos, los que a menudo se vieron opacados en la consideración de algunos historiadores, por no poder centrarse sumariamente en el campo de la “derecha”, ubicación ideológica que ha simplificado la visión de dicha organización[213]. Un ejemplo de la multiplicidad de intereses puede encontrarse en la revalorización de las culturas indígenas, que destacaría el propio Onelli al resaltar la difusión que la LP hacía de los tejidos “norteños”:

En buen momento llega al centro de nuestra cultura esta exposición iniciada por la Liga Patriótica y cuyo eje han sido el Dr. Carlés y el Comisario Alfredo Quesada, auxiliada por damas distinguidas que sienten e interpretan el patriotismo como debe ser[214].

Con todo, junto con la dependencia financiera, los scouts también establecieron –lo que parece aún más sintomático– una estrecha relación institucional con la LP, al aceptar enviar un delegado de la ANBSA a las reuniones de la misma, recayendo la designación en Luis A. Huergo[215]. La potencia identificatoria que tenía dicha decisión resalta aún más teniendo en cuenta que otras instituciones –en ese mismo momento y en las mismas condiciones– habían juzgado impertinente esa delegación, por considerarla incompatible con la condición oficial y estatal que portaban –y que desde 1917 compartían con la ANBSA[216].

Para completar y resaltar la profundidad de la interacción, cabe resaltar que Manuel Domecq García, el primer presidente de la LP y futuro ministro de Marina de Alvear (momentos en que mantendría –a ojos de los especialistas– un fuerte perfil “antiobrerista”[217]), sería también miembro del directorio de la ANBSA. De hecho, Domecq se disculpaba continuamente ante la Junta Ejecutiva scout por no poder asistir a sus reuniones, ya que le coincidían con las de la Junta de Gobierno de la LP[218].

Las demandas de la ANBSA a la LP tenían su esperable contraprestación en las múltiples oportunidades que los scouts eran movilizados a petición de las diversas brigadas capitalinas de esa entidad. Estas participaciones recurrentes no hacían más que cristalizar –a ojos de parte de la opinión pública– el espíritu “exhibicionista” que pesaba sobre los niños uniformados y que precisamente quería ser a toda costa evitado por alguno de sus dirigentes. Por ello, la excepcionalidad con la que se investía a la LP, y a sus reclamos, hacía cada vez más problemática la capacidad de la ANBSA de justificar, en otros casos, su rechazo a las peticiones de colaboración de scouts para los mismos fines desfilatorios[219]. Por otro lado, la imposibilidad de controlar directamente a sus niños en dichos actos, podía traerles complicaciones ulteriores frente a los padres, como lo muestra el caso del boy scout que se dislocó un brazo tratando de ayudar a la Brigada de Aviadores de la LP a desinflar un globo aerostático durante una exhibición[220].

Esta situación generaba, además, ciertos enfrentamientos al interior de la Junta Ejecutiva. En todos los casos, la voz del pedagogo Berrutti fue particularmente fuerte en la necesidad de evitar que con “los actos que con diversas índoles patrióticas se vienen realizando [se reste] acción a la finalidad educativa que persigue el scoutismo”[221].

Sin embargo, la presión ejercida, en especial por la Comisión de Damas “liguistas”, llevaba a movilizar la presencia scout en infinidad de actos de la LP como el cierre del año escolar en la Escuela para Obreras de la fábrica Gratry[222], la exposición llevada a cabo en la calle Arenales 687[223] o el Segundo Congreso de Trabajadores[224]. Sería excepcional, así, la vez, en los comienzos de la relación, que desde la Junta Ejecutiva se le negara a dichas “damas”, el concurso de los scouts bajo su control[225].

Junto a esta adhesión constante, que incluía hasta una hermandad “cinematográfica” entre las asociaciones mencionadas[226], la ANBSA también realizó (bajo el tandem Santa Coloma-Braceras Haedo) una clara política de “seguidismo” en relación con la ANT, organización de empresarios creada en 1918, con el fin de garantizar la actividad frente al conflicto sindical y sofocar el clima de huelgas creciente. La ANT estaba fuertemente hermanada con la LP, tanto que compartían el mismo local de la calle Florida 524[227]. La relación, a través de la boca de Braceras Haedo, quedaba evidenciada cuando señalaba que los scouts deberían solicitar cooperación tanto a la LP, como a la ANT y al Jockey Club ya que la ANBSA, en su consideración, llenaba “cumplidamente los propósitos de las dos primeras y por ser ella la educadora del carácter y sentimientos patrióticos de los que el mañana (sic) serán ciudadanos y en ello y en ellos estribará la felicidad y tranquilidad de nuestra patria”[228].

En coherencia con esta opinión, la más evidente torsión –aunque no la primera ni la última– de los scouts como un instrumento de apoyo a la ofensiva del sector empresario, fue la redacción de una explícita declaración en contra del Sindicato de los Choferes, quienes venían de motorizar una huelga en la que se enfrentaron de manera directa con la ANT y la LP[229].

Así, el directorio recibiría por parte de la Comisión Local “Buenos Aires” (fundada precisamente por Braceras Haedo), una nota en la que se solicitaba “la autorización necesaria [para] hacer pública la indignación que ha causado a aquella el manifiesto del Sindicato de Chauffeurs”, aparecido en junio de 1921, y al que se lo consideraba –como lo habían hecho otros sectores[230]– “antipatriótico”. De esta manera, se proponía la realización de un acto de desagravio a dichas expresiones, con la participación de todas las compañías de boy scouts en la Plaza de Mayo, donde cantarían el himno y desfilarían frente a la estatua del general Belgrano[231], un prócer largamente venerado en el movimiento[232]. Luego de considerar la propuesta como “simpática”, tal hacía el tesorero Basso (futuro concejal por el radicalismo), y de un breve diálogo entre los miembros ejecutivos en torno a la mejor fecha y condiciones para realizar la demostración, se decidiría apoyar la iniciativa y facultar al presidente Santa Coloma a decidir los pormenores de la misma[233].

Estas constantes atenciones con la LP y la ANT¸ casi nunca decepcionadas en sus peticiones, pueden ponerse en contraste con las continuas negativas a hacer lo mismo con la “Comisión Nacional de la Juventud” (CNJ), las que llevarían a un estado continuo de rispidez[234], sólo saldado en una ocasión en que el intendente (y como hemos visto dirigente scout y constante benefactor de la institución) José Luis Cantilo[235] interviniera, solicitando que se hiciera lugar al pedido de la CNJ. El mencionado venía de gestionar ante el Concejo Deliberante, un subsidio de 10 mil pesos para la ANBSA[236], lo que lo convertía en el nuevo “mecenas” de la institución[237] y por lo tanto, un interlocutor clave a responder.

El pedido de Cantilo en favor de la CNJ sería entonces rápidamente atendido por el presidente, quien luego justificaría la decisión ante la Junta, de manera abierta, al señalar que “se vio en el compromiso de acceder dadas las gestiones que hay pendientes para obtener recursos”[238]. Una vez obtenido un pedido de disculpas por parte de la dirección de la CNJ por una nota anterior confrontativa, en la que se lamentaba el error “al enviar la comunicación sin previa lectura debido al cúmulo de trabajo y en la confianza que le inspiraba hasta ese momento la persona encargada de su redacción”[239], las organizaciones parecieron alcanzar unas paces tácticas.

De esta manera, con todas estas derivas, la ANBSA se fue posicionando en el dificultoso terreno de la “ideología” política, en el que quedaba particularmente expuesta –en principio, contra su voluntad al menos explícita[240]– y con el que parecía contar con poco margen de eficacia para conducirse, a pesar de la experiencia y los “capitales” que en esos menesteres contaran cada uno de sus directivos individualmente. El problema resultaba de quedar comprometida –como asociación– en uno de los espacios que la disputa polar producida desde 1919 había creado de manera tajante y sumaria, reduciendo los grises y matices que portaban muchos de sus miembros, algunos de los que, incluso, pueden haberse sentido incómodos ante la secuencia que tomaban los sucesos, pero que no deseaban –por otra parte– desligarse de su lealtad scout.

Así, en los pocos meses que mediaron entre el último cuatrimestre de 1919 y el siguiente primer cuatrimestre del año posterior, se cristalizarían de manera traumática para la dirección de la ANBSA, las disputas con relevantes sectores del progresismo político de la época, dentro del que se incluían personas que –inicialmente– habían visto con buenos ojos la tarea de educar a los niños en los saberes de la naturaleza, el aire libre y la responsabilidad, tal lo sostenía el credo badenpowelliano.

Esta inflexión se puede constatar claramente a partir de dos sucesos que comentaremos a continuación: la disputa con los estudiantes normalistas y la visita de Ángel Giménez al campamento de la ANBSA en Quilmes en 1920. Ambas circunstancias se vieron intercaladas, además, por el fallecimiento de Moreno, y por los evidentes intentos –no carentes de efectividad parcial– de la LP por apropiarse de su memoria, de una manera similar a la que los socialistas habían realizado en torno de Florentino Ameghino unos años antes. Esta dualidad de recepciones fúnebres, dentro de la década, producirían el efecto de dramatismo política detectado por Irina Podgorny: “A partir de allí los dos muertos reavivarían su enfrentamiento con ideales más ampulosos: para los socialistas Moreno pasaría a ser un antievolucionista asociado a las fuerzas reaccionarias de la sociedad”[241].

Esto sucedía a pesar de que Moreno y Ameghino hubieran, en vida, hacia 1907[242], resuelto sus antiguas pendencias[243] y que el primero reconociera al segundo, luego de su muerte, como una persona “de contracción ejemplar”, “sabio” y “cerebro privilegiado”[244], durante la justificación del proyecto –que en calidad de diputado– haría presentando con el objetivo de compra a los herederos por parte del Estado de la colección privada de Ameghino (motivo de alguna de las disputas pasadas) para que fuera integrado al patrimonio del Museo Nacional[245]. Por otro lado, los scouts mismos reconocerían –décadas después– a la figura de Ameghino como “propia”, al bautizar con su nombre tanto a la Compañía platense del “Ejército de Salvación”[246] como a la de la localidad de Campana[247] y a la de Sunchales[248].

De cualquier manera, vivenciándolo en esa oportunidad en torno al luto por la pérdida de su fundador, los dirigentes scouts se verían obligados a posicionarse, en otras diversas ocasiones, y a definirse más allá de los preceptos internos, según, también, la disposición de las fuerzas de los actores que los circundaban. La disputa con los estudiantes normalistas les dejaría, indudablemente, una serie de lecciones a futuro, aunque no siempre –luego– las sabrían capitalizar y tener en cuenta en momentos de su introducción (de manera voluntaria o no) en las disputas de la arena política.

La disputa con los estudiantes normalistas

En el escenario de primera posguerra, los socialistas y los estudiantes normalistas habían desarrollado, bajo el paraguas del reformismo reciente, sólidos vínculos. Baste pensar –en ese sentido– en la figura de Américo Ghioldi, uno de los animadores del “Primer Congreso de Estudiantes Normalistas” desarrollado en la Escuela Normal n° 4 del barrio porteño de Caballito. Así, la enemistad socialista con el scoutismo comenzaría a inflamarse –en las vísperas de la visita de Ángel Giménez al campamento que trataremos a posteriori– al solidarizarse dicha formación con la tradición “normalista” juvenil, que entraría en fuerte tensión con los preceptos scouts, a partir del mencionado encuentro[249].

Resulta muy interesante percibir la disputa que se produjo entre los estudiantes normalistas y la asociación scout, ya que ella adquirió marcada visibilidad en la opinión pública del momento. ¿Cómo podría haber ocurrido esto, cuando ya a esa altura, existían ejemplos de compañías que habían sido fundadas, promovida o sostenidas por maestros normales y directores de “ambos sexos” como en Resistencia (Atilio Solitro), Corrientes (Juan W. Gez), Villa Ángela (Fernando Muñoz) o el barrio porteño de Villa Devoto (como lo muestra la acción de Manuela P. Silvestrini[250], presidente de la comisión de Fomento de la Compañía “General Arenales” y directora de una escuela nocturna del Consejo Escolar n° 17)?

Todo ocurrió a partir del “Primer Congreso de Estudiantes Normalistas”, llevado a cabo en octubre de 1919, en que se debatieron temas de “interés pedagógico y político estudiantil”. Dicho evento promovió la visibilización de diversas corrientes al interior de los docentes, entre las que se impondría –no sin fuertes tensiones– la sección más relacionada con el humanitarismo y la pedagogía “ferreriana”. Esta corriente, que ya desde hacía años venía cuestionando la idea de “educación patriótica” o “nacionalista”, encontró en la coyuntura asamblearia, un indudable motor de catalización.

Así, en el marco de una polarización ideológica fuerte, en la que también se embarcó la asociación scout, resoluciones y manifiestos que en otra ocasión podrían haberse pensado de manera más matizada, provocaron en ese caso la disputa entre sectores bien definidos. Analizaremos cómo fue posible la tajante división, a pesar de que individualmente, en ambos campos, coexistían una notable cantidad de grises, vínculos en común y “dobles lealtades”.

Es que, en la coyuntura post-semana trágica y de irrupción de la LP, las resoluciones del Congreso Normalista darían lugar a una inusitada demostración de combatividad por parte de la ANBSA que votaría, en su reunión de Junta Ejecutiva, a favor de la impresión de seis mil volantes en los que se condenaban las resoluciones adoptadas en el congreso, en especial la que se identificaba como la muestra de la oposición de los jóvenes “normalistas” a la educación nacionalista. Estos affiches serían pegados en las calles nada más y nada menos que por los propios niños scouts sobre las cortezas de los árboles de la ciudad capitalina[251].

Esta disputa resulta particularmente llamativa, en tanto que en el directorio de la ANBSA se encontraba el ya mencionado Berrutti, quien había sido un animador de esos mismos espacios normalistas a principios de la década y cuyas obras -por ejemplo- habían aparecido en publicaciones como La Escuela Popular[252] y muchas de sus iniciativas supieron representar -como se ha citado- el movimiento renovador en la educación. Berrutti, incluso, recibiría posteriormente los halagos de una figura “señera” de esos años, Pablo Pizzurno, en relación con su obra de teatro La Maestrita. Y sería Pizzurno, por otra parte, uno de los asistentes al Congreso de Estudiantes Normalistas, curiosamente también, junto a figuras como Leopoldo Lugones (antes de su “conversión”[253]) o Ernesto Nelson, como hemos visto antes, un entusiasta del scoutismo, pero también un pedagogo de excelentes relaciones con la dirigencia socialista.

Y Nelson no fue el único entusiasta sostenedor del scoutismo que fue invitado, siendo nada menos que Ángel Gallardo, miembro ejecutivo de la ANBSA, el elegido por los estudiantes como presidente honorario del encuentro. Esto podría ser previsible, por un lado, ya que estamos hablando del entonces presidente del CNE, con lo que se entiende la distinción que podría representar para los estudiantes, que una persona con un cargo de tal importancia accediera a legitimarlos. Sin embargo, podría también llamar fuertemente la atención, por la mirada muy distinta de Gallardo (un confeso y enfático “antireformista”) con respecto de la que poseía la mayoría estudiantil, en un hecho fundamental como la postura en lo referente a la “educación nacionalista”.

Nos centramos en este punto, ya que el tema mencionado estaría en el centro de los debates de ese primer congreso. Enfáticamente, los jóvenes normalistas repudiarían abiertamente lo que consideraban un uso “patriotero” de la historia nacional. A diferencia de ellos, la llamada “educación nacionalista” resultaba para Gallardo -y para el resto de los dirigentes scouts que lo acompañaban en su idea[254]– una condición sine qua non de la formación infantil, como lo sostendrían los miembros de la Compañía “Buenos Aires” (los primeros en movilizarse contra las resoluciones “antipatrióticas” del Congreso normalista) al expresarle a la Junta Ejecutiva, que “el scoutismo persigue como finalidad principal el patriotismo”[255]. Al interpretar que, en sus resoluciones, los jóvenes futuros maestros se habían opuesto a la inculcación del culto patrio en los niños, la ANBSA –más allá de apoyar rápidamente la iniciativa de su compañía filial– produciría un manifiesto, redactado por Juan Carlos Garay[256], en desagravio de dichas expresiones.

Esta posición de los scouts suscitaría, asimismo, la respuesta del presidente del Congreso Normalista juvenil, Vicente Allende, la que sería publicada en el diario La Razón del 14 de noviembre y posteriormente reproducida en las actas del congreso, dando cuenta de lo relevante que había significado para esos jóvenes, oponerse a la asociación scout, a la que identificaban directamente con la “derecha” ideológica y el espíritu conservador. En su exposición, Allende –haciendo intensivo uso de la ironía– sostenía que las acusaciones de la “venerable corporación” sobre la supuesta falta de patriotismo en los estudiantes normalistas y la alegada intención de querer erradicar la enseñanza nacional en la escuela primaria, eran inexactas:

Imputar a un congreso de estudiantes sentimientos que no tiene y deformar sus ideas para darse el gusto literario de vencerlo a redoble de tambor, sería una infantil estrategia de “boy scouts” si ello no comportara un insólito agravio a la verdad y la justicia[257].

Es interesante notar cómo el joven Allende se burla veladamente de la edad de los dirigentes scouts y de sus pretensiones “notabiliarias” (llamándolos “eminentes ciudadanos que forman la comisión directiva de esa notoria y venerable asociación”[258]), toda vez que les atribuye estrategias propias de niños bullangueros que no entienden razones. Es como si la idea de “Muchacho-Hombre” de Baden Powell hubiera sido trastocada hacia su faz paródica: los dirigentes scouts son, así, “viejitos” que no maduraron y que se comportan como niños malcriados.

Finalizando su descargo, a estos dirigentes encargados de modelar el futuro ciudadano, Allende los definiría como “amortajados en la pompa de los uniformes a la luz de las glorias pretéritas”, para lanzarles luego dos temerarias preguntas “¿los alarma que nosotros seamos el porvenir (?…) ¿Los asusta el advenimiento de la justicia social ineludible?”[259]. Así, Allende pareciera identificar a la Junta Ejecutiva scout con todos aquellas pústulas que el reformismo había extendido sobre la considerada clase decadente tanto en educación como en sociedad.

Esta homologación entre scoutismo y “antireformismo” podría haber sido desestimada y puesta en entredicho al revisar las posiciones de algunos miembros relevantes de la ANBSA, por ejemplo el doctor Frank Soler, quien (quizás para sorpresa de la historiografía de años posteriores) era considerado, por esos mismo años, “un profesor de gran predicamento en el movimiento reformista”, llegando a ser honrado por los alumnos con el cargo de director honorario de la Revista del Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad del Litoral[260]. O, si queremos, podemos citar la figura de José León Suárez, otra figura del reformismo universitario, inscripto dentro del Consejo Nacional scout.

Sin embargo, a pesar de lo señalado por Allende, acerca de la falsedad de las críticas de los jóvenes normalistas a la enseñanza de los valores nacionales, lo cierto es que al interior mismo del Congreso se producirían notables conflictos, que en la versión impresa se definirían como de un “extenso y animado debate” por el que no podía desconocerse que dentro de la reunión de discusión pedagógica se habían expresado dos claras versiones antinómicas de lo que se entendía por “educación nacionalista”.

Estas divergencias llegaron a tanto, como para que en el plenario del Congreso se terminara por aprobar (en lo relativo al área “Nacionalismo en la enseñanza”) una declaración de –un por entonces reformista– Hugo Calzetti[261] que diluía –a los ojos de los entusiastas de la educación patriótica– toda referencia nacional, a cuestiones de “humanitarismo”, “injusticia social” y “verdad científica”[262]. Resulta curioso, sin embargo, ver que esta declaración también imponía que la falta de sentimiento nacional (lo que “no excluye de ningún modo el sentimiento de humanidad” como por otra parte había dicho, muchos otros antes, el ya señalado Berrutti) era una “aberración” ¿Entonces cómo pudo haber sido considerado por los scouts esta declaración como poco patriótica?

Es que la disposición finalmente victoriosa había venido en reemplazo de la del profesor Abel Díaz (un nombre que nos aparece tanto como vicedirector del Colegio Nacional de la Universidad de La Plata, como en referencia a un dirigente del scoutismo salvacionista), que había sido aprobada previamente en despacho de comisión[263], y que resultaba mucho más “tajante” en sus definiciones patrióticas (en consonancia con la herencia de la cercana experiencia de educación nacionalista de Ramos Mejía[264], cuyo apellido no en vano llevaba la compañía porteña con sede en la calle de San Carlos al 4200). Díaz señalaba en sus considerandos[265] que “la obra de la escuela debe ser la piedra angular de la conciencia nacional”, aunque declaraba que “la necesidad imprescindible de intensificar la obra nacionalista” no significaba “excluir la asimilación de todas las corrientes sanas de la humanidad”. Con todo se instaba a “acentuar la primacía de los estudios en el conocimiento de lo nacional”, “impulsar la mira de que (sic) todas las asignaturas de enseñanza sean concordantes a una finalidad nacionalista” y “manifestar la sentida necesidad de una escrupulosa y constante inspección de las escuelas particulares” [266] (idea esta última que sí –en la tradición de Ricardo Rojas[267]– fue finalmente incorporada al dictamen del congreso).

La moción derrotada de Díaz también incluía (al reputar de “meritísimo” su propósito) una valoración positiva de la recientemente creada –hacía un par de meses, nomás– Comisión del Patronato de Sitios y Monumentos Históricos[268], probablemente otro lugar que podría haber sido considerado por más de un estudiante “normal” como otra de las iniciativas destinadas a ser, sarcásticamente llamadas, “venerables instituciones”.

Ahí necesitamos, nuevamente, leer con la encarnadura histórica de la coyuntura: en su propuesta, finalmente triufante en 31 votos contra 14, Calzetti atribuía la falta de “nacionalismo” en la educación a “una lamentable injusticia social que ofusca el espíritu de los oprimidos, haciéndoles creer que sus opresores son la patria, ya que estos últimos se arrogan exclusivamente la representación de la misma”[269].

Como veremos, de lo que se trataba en esta pelea entre la dirigencia de los scouts y la de los “estudiantes normalistas”, no era de la separación entre “patriotas-antipatriotas” o “nacionalistas-antinacionalistas”, sino de una efectiva disputa por el sentido de las palabras, en el más claro y evidente ejemplo de la mésentente rancièrana, en la que se señala que lo que se desata allí es el conflicto que surge porque “quien dice blanco y quien dice blanco no entienden la misma cosa” o el interlocutor “no comprende que el otro dice la misma cosa bajo el nombre de la blancura”[270] y que, por lo tanto, “la discusión de un argumento remite al litigio sobre el objeto de la discusión y sobre la cualidad de aquellos que hacen de ella un objeto”[271].

Así lo explicitaría, precisamente Calzetti, en su artículo titulado “Los dos nacionalismos”[272], escrito con el debate todavía en caliente. Luego de incluir programáticamente en el epígrafe unas palabras de Ricardo Rojas (recordemos, quien había aceptado la invitación del general Riccheri para integrar el consejo nacional scout) y de exponer el triunfo de su dictamen frente a “la proposición chauvinista rechazada” (en una definición que había compartido una tercera propuesta de Ghioldi en un tono muy similar[273]), Calzetti enumeraría la múltiple cantidad de instituciones que habían condenado la resolución tomada por el Congreso estudiantil. Entre ellas, además de La Prensa, La Nación, Las Noticias y “toda la gama del periodismo serio del país”[274] (decía, recurriendo al uso irónico de palabras ya exprimido por Allende), Calzetti mencionaba a la “Sociedad Mayo” (de la cual formaba parte el “derrotado” Abel Díaz, aliado de los scouts[275]), a la “benemérita” (de nuevo, la ironía juvenil…) “Confederación de Maestros del Litoral”, a la “Asociación Nacional del Trabajo” y finalmente, a la “Asociación Nacional de Boy Scouts”.

Luego de mencionar a cada uno de sus contradictores, Calzetti reservaría un párrafo especial para el “digno presidente de la no menos digna Liga Patriótica Argentina”[276], quien también había expresado su oposición a la declaración reputada como “antinacional”.

Esta situación no haría más que propiciar el continuo paródico del joven normalista, quien –al advertir que también podía integrar a dicha institución nacionalista en la lista de las opuestas a sus ideales– exclamaría: “¡Qué alivio para mí!”[277]. Lo curioso era que el entero congreso había sido puesto precisamente –y por la propia decisión de los estudiantes– bajo el rol tutelar de Ángel Gallardo, quien no sólo era dirigente scout sino también un entusiasta participante de la LP, organización que apoyaría enfáticamente al mismo Gallardo en su propuesta –realizada pocos meses después– de obligar a los maestros a realizar anualmente –frente a la comunidad educativa– un voto profesional de fidelidad a la patria y a la bandera[278], con el objeto –según el mismo autor describiera– de “desenmascarar a los maestros anarquistas y antinacionalistas, poniendo en contradicción su voto con las prédicas disolventes que pudieran intentar”[279].

Este “voto de fidelidad patria” habría sido “copiado” –según suponía orgulloso, Gallardo, en sus memorias– en sus líneas generales, nada menos que por el propio Benito Mussolini, a instancias de su autor, quien –en ese entonces embajador argentino en Italia– le había comentado dicha medida de cuando había sido Presidente del CNE, como forma de demostrarle que él “también [se] había preocupado del peligro comunista y que había tratado de combatirlo dentro de [su] modesta esfera”[280]. Ante el interés del Duce por dicha medida, Gallardo le enviaría uno de los volantes con el voto anual de fidelidad a la patria y a la bandera, el que supuestamente Mussolini también haría adoptar en las escuelas (“creo que estableció un voto análogo para los maestros italianos”, en palabras del memorista[281]).

El efecto que provocó la puesta en acción del voto de fidelidad del magisterio en la Italia fascista, surgido de la ocurrencia de un devoto católico, saenzpeñista, y luego alvearista, miembro de sociedades académicas y también estudioso de las hormigas como Ángel Gallardo, debería ser todavía en algo movilizador al lector actual, como lo debería ser el tono aséptico de su comentario:

He visto hace poco tiempo en los diarios que Mussolini ha establecido un voto de fidelidad a la Patria, al Rey y al fascismo para los profesores universitarios y que catorce de ellos se han resistido a prestarlo, siendo eliminados de sus cátedras[282].

De la misma manera, en vía inversa, podemos ver que Gallardo no sólo no se “desentendió” de su ascendiente sobre dichos jóvenes, sino que rememoraba (todavía en los años treinta) particularmente agradecido esa “extraña” alianza, sobre la cual no se mencionaban grietas político-ideológicas, sino en cambio, su utilidad al interior de las disputas en el Consejo Nacional de Educación y su colorido sentimental, que recordaría el Ministro de Relaciones Exteriores de Alvear, de esta manera:

Fui designado Presidente Honorario [del Congreso de Estudiantes Normalistas] y abrí las sesiones con un discurso. Un joven normalista, Vicente Allende, me dirigió unas palabras muy cariñosas, que me conmovieron. Mientras tanto seguíamos trabajando con gran actividad en el Consejo, en medio de las intrigas de Boero y de los ataques que le valían al Consejo sus medidas moralizadoras[283].

Como podemos ver, aunque el tono de “marginalidad” sentaba bien al estudiante normalista Calzetti, la tajante división entre “patriotas” oficiales y librepensadores “críticos”, se sostenía sólo en una mirada superficial de la disposición ideológica de los actores, y no en los complejos posicionamientos y enroques que efectivamente realizaban dentro del enrevesado mundo educativo.

Por otro lado, una parte de los órganos criticados por Calzetti, como La Prensa, había estado reportando las sesiones del Congreso y dándoles amplia visibilidad, con sumo detalle y con un ánimo más “descriptivo” que otra cosa, permitiendo incluso –una vez producida la incidencia con los scouts y al día siguiente de celebrada la pegatina de afiches por parte de la ANBSA– el consabido “derecho a réplica”, en sus páginas, para que la institución normalista señalara que frente a “varios juicios en general poco favorables a dicho congreso, algunos de los cuales llegaron a clasificarlo de maximalista y antipatriótico”, su declaración sobre el tema del nacionalismo en la enseñanza, “no es ni puede ser juzgada como antipatriótica”[284].

En esa respuesta, en una línea muy similar a la que había emprendido Pizzurno (a quien citaba), Calzetti identificaba un nacionalismo “sano” que evitaba la injusticia social frente a otro considerado como un mero producto de cantar “a destajo el himno nacional” y de “propaganda hecha a base de huecas y sonoras frases”[285] y que (“según la feliz expresión de Lugones”, señalaba Calzetti) el autor no dudaría en definir como “nacionalismo indio”[286], ya que era un nacionalismo “que nos enseña a adorar al gaucho y al salvaje de las pampas y no quiere que conozcamos la existencia del ferrocarril transiberiano porque eso no es cosa nuestra”[287].

Vemos así, como en la disputa por los sentidos, sin embargo, ambos grupos no dudaban –en ocasiones– en mantener estereotipos similares acerca de los pueblos originarios, identificándolos centralmente a partir de su carácter “primitivo” y ya “superado”[288], aunque –en el caso de la ANBSA– no se dudaría en incluirlos también como posibles practicantes del scoutismo como demuestra la creación en la década del veinte de una compañía en la Misión que los franciscanos habían establecido en Taacaglé con el acuerdo del territorio de Formosa y de otra en Guandacol, La Rioja[289].

Junto a esa integración, la asociación también reproduciría discursivamente –posteriormente– fuertes alegatos en contra de la discriminación por el origen indígena al interior del movimiento[290].

Seguidamente al rechazo del “nacionalismo indio”, Calzetti expondría que –siguiendo a Nietzsche– hay una patria que no es la del pasado ni la del presente, sino “la tierra de los hijos”, y que significa todo aquello que le falta a la nación para mejorar, frente al “patriotismo quietista y voluptuoso”[291]. Es interesante porque esta idea también podía conectarse con la de la “ciudadanía del futuro” promovida por Moreno y sus sucesores scouts. Sin embargo, Calzetti pondría la diferencia en que –además– la actitud frente al pasado patrio por parte de los jóvenes normalistas debía ser –a diferencia de la veneración que harían los “notables” del scoutismo– “crítica de la tierra de los padres” y que por esa razón, “todas las fuerzas conservadoras del país los han atacado”. Dentro de ellas, claro está, Calzetti incluía a la ANBSA en el campo reaccionario”[292].

Para cerrar, Calzetti identificaría su postura con la sarmientina y dejaría –imaginamos el “horror” de varios miembros de la dirigencia scout por esa operación– a sus opositores, en el lado de la barbarie facúndica[293]. En efecto, resultaba curioso que se considerara como “facúndica” a una asociación que, justamente de la mano de una de sus benefactoras, Dolores Lavalle de Lavalle, venía de participar, sólo unas semanas antes, del homenaje a su padre, uno de los próceres del unitarismo[294], siendo uno de sus actos centrales el discurso que pronunciaría el miembro de la comisión ejecutiva, Julio Villafañe, principal referente –después de Braceras Haedo– de la compañía “Buenos Aires”[295].

En la mésentente, según vemos, además del de “patria”, podía entrar el concepto de “civilización”. Como advertiremos a continuación, esa no sería la única disputa en la que una porción balanceada de desacuerdos y malentendidos confluirían para perpetuar, en ciertos actores, una imagen de la asociación cercana a la reacción y al conservadurismo.

La visita de Ángel Giménez al campamento scout, la imposibilidad final de atraer a los socialistas y la continuada prevención de los “liberales cosmopolitas”

A pesar de lo que muchos sectores izquierdistas y liberales “progresistas” juzgaban como un viraje cada vez más evidente del directorio scout contra la “causa obrera y popular”, los principales dirigentes de la ANBSA no dejaron de confiar en su capacidad de disuasión y búsqueda de apoyo a la iniciativa dentro de aquel grupo. Quizás estaba en alguno de ellos todavía firme el recuerdo de las amabilísimas excursiones compartidas con “La Obra de la Patria”, como aquella que en camino hacia al Cerro Pelado, bajo la guía del “Perito” Moreno, enarboló una bandera “como el símbolo que condensa pasados heroicos” e hizo convivir, en enero de 1913, al fundador scout con personalidades como la feminista Julieta Lanteri y el socialista (tanto que llegó a dirigir La Vanguardia) Alfredo Torcelli[296], éste último encargado –por esos tiempos– de la edición de la obra de Ameghino y traductor de un texto sobre los scouts de Francia en la revista de la Dirección de Escuelas Bonaerenses, incluso antes de la fundación misma de la ABSA[297].

Todavía en 1919, el secretario Ángel Braceras Haedo mencionaba, especialmente, el apoyo dado por socialistas como Alfredo Palacios (quien incluso, en los años cuarenta, seguiría integrando el Consejo Nacional de BSA) y Enrique Dickmann a la tarea de formación llevada a cabo por dicha práctica de educación extraescolar[298]. De allí que, teniendo en cuenta estos antecedentes, y a pesar de lo “caldeado” del momento político, la dirigencia decidiría invitar a Ángel Giménez, uno de los referentes del “Partido Socialista” (PS) que se había mostrado siempre interesado por las cuestiones de educación de la niñez, del aire libre y de la cultura.

Como hemos adelantado, esto podría llamar la atención a causa de las prevenciones que el eminente médico había ya expresado en el año 1918, con motivo de la institucionalización de la ANBSA. Sin embargo, la visita de Giménez al campamento podía suponer –más allá de los conceptos vertidos en sus artículos anteriores– todavía un final abierto. De hecho, Giménez aceptaría la invitación, pero no en este caso junto con su entusiasta grupo de la “Sociedad Luz” con el que había visitado y saludado encomiásticamente otras iniciativas de educación física[299]; sino en soledad, lo que ya prefiguraba cierto recelo.

Así, Giménez se acercaría en tranvía, un “22 del Anglo”[300], al campamento que los scouts tenían en Quilmes (“donde el Plata, traidor, con sus rápidas crecidas, suele hacer pasar malos ratos a los que se proponen hacer un buen domingo”[301]), al que había sido invitado por los directivos de la institución. En ese ámbito “natural”, podrían verse los efectos benéficos que la vida al aire libre operaba en los niños, según acordaban socialistas y scouts por igual[302]. El lugar benéfico de los campamentos, en muchos casos se reconocía –incluso por parte de adversarios de la práctica– como una de las razones centrales por las cuales tantos padres dejaban a sus hijos temporalmente en manos de la asociación[303].

De cualquier manera, a pesar de las posibles expectativas que habían depositado los dirigentes de la ANBSA por la visita (confiados en los efectos “reveladores” de la experiencia campamentística concreta, en la que tanto confiaban y que resultaba especialmente significativa para los MMSS[304]), Giménez redactó posteriormente sus impresiones en un artículo aún más agrio que los anteriores[305], y en el que no se ocultaba el ánimo con el que había ido, al señalar que “no sin cierta prevención contemplaba todo”[306].

Este texto, encabezado –nuevamente, como otros que había escrito– por una frase de Baden Powell, dio la estocada final a cualquier pretensión de compatibilidad entre las dos visiones acerca de lo que debía suponer la práctica scout y expresó la idea de la “desviación” que la misma había sufrido –a los ojos de Giménez– para el caso local.

En este caso, la frase escogida (“Queremos hacer de nuestros muchachos hombres libres y no soldados para la risa”), tendía precisamente a criticar el sesgo militarista que esa “feliz iniciativa de Baden Powell, […] obra extranjera [transplantada] a nuestro ambiente” se resistía a abandonar. Al implicar la idea de “desviación”, Giménez ponía el acento militarista en la recepción local y no en sus mismos orígenes británicos, en una misma operación que la que contemporáneamente –como adelantamos– realizara otro socialista, el italiano Antonio Gramsci, para criticar la experiencia scout en su propio país, ya que mientras se consideraba el experimento británico una demostración del self help y de “la vida intensa individual hecha más fácil por la solidaridad libre y espontánea”[307], en cambio en Italia se condenaba su transformación en un movimiento sin “nada de libertad, nada de auto-responsabilidad; sino al contrario retórica bizantinizante como objetivo de los boy-scouts laicos, palestra de funciones religiosas en los boy-scouts católicos”[308].

Interesantemente, en línea con lo que el filósofo turinés escribiría en 1917 en el Avanti!, lo primero que haría el médico porteño en el desarrollo de su texto sería incluir a los scouts “laicos” dentro del mismo clima que los “Exploradores de don Bosco”, quienes todavía en esos momentos –como hemos visto– pugnaban por resistirse a encuadrarse bajo el decreto presidencial de uniformación, y que por lo tanto, no terminaban de participar homogéneamente de ese campamento. En esto también se empalmaba con la mirada gramsciana que había condenado a “Exploradores” laicos y católicos por igual[309].

De esta manera, utilizando la condena a la imagen “exhibicionista”, viril y soldadesca más comúnmente asignada a los grupos salesianos[310], Giménez señalaría:

los continuos toques de clarín, y de otra, el recuerdo de una organización que tuve oportunidad de ver hace un mes: los exploradores de Don Bosco, desfilando por la Avenida de Mayo, como si fueran jugando a los soldaditos, capitaneados por sus directores espirituales, que lucían mugrientas sotanas, y alguno que otro enmarañada barba, importados en alguna bodega de inmigrantes, para enseñarnos patriotismo y amor a la República Argentina[311].

Así, frente a la acusación de “internacionalistas” que todavía pesaba sobre los socialistas, un porteño “consumado” como Giménez, retrucaba, casi por espejismo, poniendo en duda la nacionalidad de aquellos MMSS que cimentaban el patriotismo en los niños, en plena concordancia con los retruécanos que el “maestro” Juan B. Justo desarrollaba por su cuenta, en otros ámbitos, cuando condenaba los males que se obtenían del proclamado “patriotismo azucarero”[312].

Esas críticas contra los “falsos” nacionalistas estaban destinadas por esos años, directamente a la LP y a grupos similares surgidos a partir de la “Semana Trágica”, con los que –como vimos– los scouts tenían excelentes vínculos. Esa torsión de los scouts hacia uno de los lados en pugna, acerca de las formas de solucionar la “cuestión social”, los alejaba definitivamente de los socialistas, de los cuales –sin embargo– seguían solicitado anuencia.

La tan ansiada visita de Ángel Giménez se transformaría precisamente en la certificación –al menos por unos años– de la imposibilidad de cualquier vuelta atrás en una relación que se había demostrado como negativa entre ambas partes, y sobre la que el higienista sintetizaba:

Se insiste mucho, y mis acompañantes me lo repitieron reiteradamente, en que es una obra nacionalista, que había que hacer patria; pero no creo que eso se ha de conseguir haciendo soldados, sino formando ciudadanos desde la banca de la escuela, a la sombra del maestro laico, recibiendo una sana educación, inspirada en la buena tradición argentina de Moreno, Rivadavia, Sarmiento y Alberdi y comprendiendo lo que significa el gobierno del pueblo, para el pueblo, porque, al fin y al cabo, los enemigos de la patria no son sólo los que desde el exterior la quieren subyugar, sino también los que la deshonran con sus actos de malos gobernantes o de malos ciudadanos, como aquellos que, levantando la bandera del argentinismo, con el nombre de Liga Patriótica, incitan al crimen, proclamando la impunidad para los que matan cuando su conciencia les dice matar[313].

Este alegato de Giménez estaría en línea con la fuerte respuesta que el socialismo venía dando a la LP, en un proceso que no sólo condenaba a esta agrupación por su obsesión antihuelguista, sino que también cuestionaba el monopolio que se arrogaba sobre el culto a la nacionalidad, en el marco de un proceso en el que los socialistas mismos reivindicaban su argentinidad bajo moldes totalmente opuestos a los de sus adversarios, en un nueva reedición de la mésentente criolla. En ese sentido, resulta muy interesante el artículo que otro socialista, Manuel Palacín, publicaba a mediados de 1919, y en el que “recordaba” a los “liguistas” que:

los que hemos nacido en la pampa […] los que sabemos qué sabor tiene la carne de potro, los alones y la “picana” del “ñandú”, los que hemos leído a “Martín Fierro” y “Anastasio el Pollo” antes que a Carlos Marx […] sabemos que los patriotas de semejante argentinidad son aquellos que nos hacían reír, otrora, por “cajetillas”.[314]

En todo caso, luego de un impasse cívico nunca definitivo y siempre puesto en tensión durante la década del diez, el clima de primera posguerra rompía cualquier “inocencia” pedagógica y volvía a situar a los socialistas en una lectura claramente “ideológica” frente a la prédica “argentinista”. En especial, si en alegatos difundidos por la prensa a los scouts, quienes lo hacían no dudaban señalar que el término libertad quería decir, en realidad, “liberty and moderation”[315] o si, como lo habían visto hacía años en la página oficial de la asociación, bajo la idea de defensa de la “libertad” se hacía un panegírico de los torpedos, del destroyer “Córdoba” y de la Escuela Naval[316].

La aparición de grupos de “derecha” que radicalizaban en un registro novedoso las pulsiones “nacionalistas” del liberalismo vernáculo, dificultaba lo que –en años anteriores– había permitido al PS, bajo la flexibilidad de cierto civismo patrio, todavía expresar, como lo hizo incluso durante el “Centenario”, la recomendación “a la masa trabajadora”, de una actitud de “serenidad y presencia de espíritu a fin de contribuir de este modo a la celebración […] exhibiendo con su conducta tranquila y firme el progreso alcanzado por las masas proletarias, dentro del progreso asombroso del país”[317].

A diferencia de aquel momento, de lo que se trataba ahora, en la nueva lógica de enfrentamiento entre “liguistas” y huelguistas, era de combatir cualquier intento de promoción del patriotismo “para-escolar”, que sumaba a los temores de la “tradicional” represión estatal de la era oligárquica, la expresión de una violencia callejera paraestatal de contornos todavía difíciles de estimar.

Pero no sólo serían los socialistas lo que comenzarían a mostrar cierto recelo en la forma crecientemente marcial y coercitiva con la que el scoutismo local se iría identificando como una especie de máquina de movilización infantil. Veremos a cuestión a continuación, los propios intentos de la asociación por desviarse del modelaje pedagógico como norte, frente a los incentivos externos de figuración social de los niños.

“Los Scouts no son floreros”. Tensiones entre pedagogía y exhibicionismo al interior de la dinámica asociativa

Como decíamos, no eran los socialistas y los jóvenes normalistas los únicos que se dedicaban a cuestionar a la ANBSA por esos años. El diario La Prensa se sumaría a la condena del decurso de un movimiento, al que en sus inicios –como hemos visto– había alabado como receta frente a la “babilonización” inmigratoria. A diferencia del tono antimilitarista expresado por los socialistas, dicho órgano de prensa –afín a los cuestionamientos que el temor a los “desbordes paramilitares” había producido en sectores del liberalismo– se centraría en cuestionar el mal que se hacía al propio Ejército, al permitir la proliferación de personas (y en este caso, menores, para peor) uniformadas.

A pesar de que el propio editorial reconocía que existían notorias diferencias entre el uniforme de soldado y el de los scouts, de “pantalones azules, blusas amarillas, pañuelo al cuello y sombrero de alas anchas”[318], era la idea misma de “simulación” la que era considerada peligrosa para la dignidad de la institución castrense:

la acción del mismo departamento de Guerra que al oficializar el llamado ‘boy-scoutismo’, lo ha hecho con todas las denominaciones militares de su personal, autorizando implícitamente la usurpación de los mismos grados y uniformes militares por las demás instituciones civiles del país[319].

En términos estrictos esto no era así, ya que la indistinción de uniformes estaba férreamente controlada por el ejército, tanto es así que ante el pedido de un MS que se encontraba como conscripto en el Ejército, solicitando poder usar su uniforme scout en los actos de instrucción de la compañía durante el período que se encontraba de franco, la Junta Ejecutiva le respondería sin ambages que “el Ejército, no concede estos permisos a los que están bajo bandera”[320]. Sin embargo, algo de razón tenía el editorial en términos generales, cuando percibía la “tentación” de simulación militar en las compañías scouts, la que sería denunciada incluso por uno de los miembros de la Junta Ejecutiva en reunión, dos años después, al expresar que algunas secciones “usan distintivos militares contrareando (sic) disposiciones reglamentarias”, lo que debía ser sancionado[321].

Pero más allá de las advertencias, la circulación de cintas cinematográficas como la del “Noticiero Glücksmann”, aparecida pocos meses después, en la que aparecían marchando y confraternizando en pie de igualdad los oficiales y soldados del Ejército con los niños scouts para la conmemoración del 110° aniversario de la Revolución de Mayo, no debieron haber hecho otra cosa más que confirmar los presupuestos de los críticos de esa entente infanto-militar[322], quienes –por otro lado– ya habían visto cómo en la colocación de una placa en homenaje al Sargento Cabral en el cuartel de Granaderos, de la que participaría Riccheri, los scouts formaban junto a los soldados de San Martín en la misma formación de honor[323].

Aquellos que se sentían más afines a la mirada pedagógica en la Junta Ejecutiva, notaban de manera especial esas tensiones, bregando por la necesidad de “demostrar, en forma positiva, que el scout no es figura decorativa”[324]. La primera prevención, expresada por el dirigente fundacional y profesor universitario Frank Soler, ya se había dado en las épocas de la controversia sobre la participación en el Congreso Eucarístico del año 1916 y sostenía con el visto bueno de la –en esos efímeros momentos denominada como– Junta Directiva, que “sería bueno reglamentar las salidas” de los miembros infantiles, juzgando conveniente que no se permitiese “la concurrencia de los scouts sino que a actos patrióticos del scoutismo”[325].

A esa primera intervención, rumbeada en ese sentido, y que no hacía más que formalizar una ya temprana preocupación expresada por Moreno[326], le seguirían muchas otras a lo largo de las décadas posteriores de entreguerras[327], que con sus formalismos y regulaciones crecientes no hacían otra cosa que resaltar la importancia que el desfile y el exhibirse tenían para muchos de los miembros scouts más allá de jerarquías y edades. A fin del período, el Comisionado Municipal de Pergamino, al ver desfilar a la agrupación “General Lamadrid”, un 25 de mayo, no podía dejar de sopesar en la ovación del público a los boy scouts y scout girls, lo que habían pesado “el porte marcial, el grato redoble de tambores, la vibrante trompetería y la vistosa indumentaria ‘kaki’ con su ancho sombrero cow-boy”[328].

Es por eso, que la decisión de recortar los desfiles no dejaba de generar controversias al interior del movimiento. En efecto, los dirigentes sabían el impacto emotivo que creaba en la población, ver a esos niños marchar ante los ojos de todos, en especial cuando lograba anteponerse a los obstáculos coyunturales, como señalaría el Inspector Nacional Luis Huergo, sobre un desfile el 5 de abril de 1918, en el que “a pesar de la lluvia los scouts continuaron su marcha siendo con este motivo objeto de grandes demostraciones por parte del público”[329].

Sin embargo, una cuestión eran los comienzos institucionales y patrióticos, y otra la conversión del ritual desfilatorio en una rutina todo terreno, obturando el desarrollo de las cotidianeidades pedagógicas. En ese sentido, la gota que rebalsó el vaso y daría lugar a la necesidad de regular más enfáticamente esas cuestiones fue la solicitud de la empresa privada “Expreso Americano”, peticionando a la ANBSA la disponibilidad de un grupo de scouts para acompañar a más de un centenar de turistas norteamericanos de visita en la ciudad de Buenos Aires, lo que motivaría una nota de Frank Soler “en la cual se le hará saber que tratándose de una institución nacional no puede acceder a lo solicitado por cuanto el acto para le que solicitan los Scouts no es oficial” [330].

En efecto, lo que se consideraba una sobreutilización de los scouts en festejos patrióticos y de otra índole había llevado a que incluso algunos de los miembros del Directorio, los más identificados con la veta pedagógica, cuestionaran el uso que los diferentes organismos del estado y de la sociedad hacían de los muchachos, y reivindicaran una función diferencial. Así, todavía en 1924, el vicepresidente en ejercicio Spika denegaría la “cesión” de scouts para un acto del Centro de Aviación Civil, sosteniendo que sólo servirían en él como “elemento decorativo”[331].

Así, el vocal Berrutti se expresaría de manera tajante, ante tanta movilización y desfile en el que los pequeños miembros de la ANBSA se veían obligados a participar, con la frase lapidaria: “se está haciendo de los scouts floreros, en vez de formarse de ellos los futuros ciudadanos”[332]. En ocasiones, según reputaba el secretario Braceras Haedo, el problema era precisamente que el uniforme no suponía la referencia a un “valor moral” sino que se volvía una mera “sugestión visual para el niño que entra a la institución entusiasmado por el traje”[333]. Como vemos, nada tan diferente de lo que unos años antes había referido Miguel de Unamuno, quien tantas críticas había recibido –desde la dirigencia scout española– por sus opiniones. Estas mismas consideraciones sobre el exceso exhibicionista se veían en las asociaciones locales, cuando se criticaba “el exceso de coquetería que se traduce por el impenitente deseo de hermosearse la persona y el traje”[334].

A esta mirada despreciativa sobre el exhibicionismo, que resultaba especialmente circulante en los miembros del magisterio, se sumaba la difusión del scoutismo en productos de la cultura de masas considerados “menores”, lo que a ojos de cierto perfil ilustrado que a menudo se impostaba en el ámbito pedagógico, podía resultar también contraproducente. Así, por ejemplo, podíamos mencionar la aparición en el Hipódromo Argentino, de un caballo al que se vería correr varios premios del año 1921 y llevaba el nombre de Boy Scout[335], en una tradición de bautismo animal que se mantendrá durante la década siguiente, según pueden verse en la entrada del padrillo del mismo nombre que Luis Dodero ingresará desde el Uruguay a su establecimiento en la ciudad de Firmat en el año 1936[336].

De la misma manera podía considerarse posteriormente la aparición –con el beneplácito de la Junta Ejecutiva– de cajas de fósforos de la Compañía Fosforera Argentina que llevaban la leyenda “Boy Scouts” en su packaging[337]. Esta “fiebre” de marcas scouts era tan fuerte que al año siguiente, los Boy Scouts of America solicitarían a su par argentina que se opusiese al registro de la marca “Boy Scout” por parte un grupo de empresarios de Washington[338], por lo que la ANBSA llegaría a consultar a un abogado[339]. Sin embargo, esa misma perspectiva marketinera no le parecería demasiado problemática, cuando la propia Junta aceptase como donación un cajón de fósforos de la marca Boy Scout comercializados por la Compañía Fosforera Argentina[340] o analizara la producción de papel con el clisé de la institución y la denominación “El Boy Scout Argentino”[341]. Al advertir el potencial uso comercial de los distintivos, el Directorio aprobaría, incluso, el intento de patentamiento del símbolo de la flor de lis y la flor de lis con el escudo[342].

Frente a, entonces, lo que se consideraba una sobreexposición por el exceso propagandístico, es que bajo la guía de maestros como Berrutti[343] y con la conciencia de su presidente Tomás Santa Coloma de la necesidad de vincular la práctica con un perfil eminentemente pedagógico, la dirigencia del scoutismo resolvería propiciar un congreso en el que pudieran despejarse las dudas acerca del motivo fundamental que lo comprometía, el de fomentar la educación moral en la juventud, evitando que circulara una imagen que los dirigentes consideraban una caricaturización, producto de la ignorancia o la malicia.

En un recinto “académico”, en el que se pudieran desarrollar ponencias y propuestas razonadas, curiosamente con un perfil muy similar al del Congreso de Estudiantes Normalistas al que habían cuestionado anteriormente, los scouts intentarían lavar algo de la imagen excesivamente superficial y decorativa que parte de la opinión pública les asignaba bajo el paraguas de un “patrioterismo” marcial e impostado. Afín a ese espíritu, una de las ponencias reivindicaría la necesidad de “terminar con los desfiles de scouts, concretándose a la misión educadora y no de exhibicionismo”[344].

El Primer Congreso Nacional del Scoutismo

El 7 de marzo de 1922, apenas dos meses antes de ser realizado en los salones de la Facultad de Medicina de la UBA, se daba a conocer la reglamentación referente al Primer Congreso Nacional[345] promovido por la institución scout con motivo de debatir las problemáticas relativas a dicha práctica e intentar, asimismo, con dicho acto performativo, difundir las actividades de la asociación[346] y, porque no, pasar a la posteridad (teniendo en cuenta también su reivindicado carácter pionero a nivel sudamericano), como procuró demostrarlo la medalla acuñada con ese motivo por parte del Coronel Isidoro Arroyo[347].

Con los mencionados fines académicos, se establecía una sesión inaugural seguida por varias sesiones ordinarias que desembocarían en la sesión de clausura[348]. Por comenzar, el orden y las horas de los temas de debate serían indicados por el secretario Braceras Haedo[349] y las sesiones serían presididas por el Jefe Scout, Tomás Santa Coloma, quien se encargaría asimismo de diseñar el programa referente a la sesión de clausura[350].

Así, el reglamento, como podemos suponer, se pensaba desde la Junta Ejecutiva scout como una forma de “marcar la cancha” en la cual se iba a desarrollar el evento, de manera de hacerlo más previsible y por lo tanto, controlable, frente a posibles “desviaciones” de sentido que pudieran ocurrir por parte de los delegados de los diversos puntos del interior (mayormente presidentes o secretarios de las comisiones locales[351]), quienes tenían que presentarse “debidamente autorizados por sus respectivas asociaciones o representaciones”, las que a su vez debían ser autorizadas por Santa Coloma y Braceras Haedo a través de una tarjeta de identificación[352]. Por ello, seguramente pensando en los múltiples contradictores con que contaba la asociación, sólo se daría la palabra a los propios miembros. Aquellas personas que quisieran presenciar los debates, pero no fueran asociados, sólo podrían hacerlo en calidad de oyentes[353].

Tan mal encaminada en sus obsesiones no iría la Junta, ya que incluso antes de comenzado el congreso, la misma recibiría cartas en las que se le intentaba hacer “correcciones” al reglamento, como las que haría quien a la postre sería el futuro Jefe Scout bonaerense, el platense Guerrero Cárpena, y a las que se rechazaría por considerarlas “fuera de oportunidad”[354]. Lo curioso, es que a pesar de tan tajante desestimación, luego, ante la indicación epistolar del mismo señor de que deberían ya iniciar los preparativos, los miembros ejecutivos reaccionarían y –en efecto– se pondrían a discutir los elementales temas, como el del lugar de realización, para lo que designarían en comisión al triunvirato de Arroyo, Berrutti y Braceras[355]. Desde el vamos, entonces, la tensión entre control e indeterminación en el desarrollo del congreso, casi en una pulsión reprimida y tentadora a la vez para la dirigencia misma, estaría presente. Para el 9 de mayo, se resolvía imprimir, finalmente, los programas del Congreso[356].

Teniendo en cuenta ese horizonte, la primera Mesa Ejecutiva del Congreso (cada día habría una diferente) intentó una relativa negociación entre las diferentes instancias de la asociación. Si estaba presidida por el almirante Manuel Tomás Domecq García y vicepresidida por el general Eugenio Broquen, constantes referentes del ejecutivo nacional scout en sus formatos de Junta Ejecutiva o Consejo Nacional, también había lugar para miembros de las asociaciones locales como la señora Campomar de Rosso Picot, aunque en una insularidad de género y de federalismo que acentuaban con su presencia de secretarios, los doctores Berrutti y Garay[357]. Con todo, la presencia de 50 delegados, hombres y mujeres provenientes de diversas partes del país, resaltaban la representatividad nacional de la convocatoria[358].

En la orilla de la estructuración, para evitar protagonismos individuales que la Junta consideraba innecesarios, se había decidido regular el aporte de los autores de las ponencias a 15 minutos, reduciendo a un tercio del tiempo la participación de los “señores adherentes que intervengan en las discusiones”. En especial, quedaba vedado –para evitar una discusión centrada en una o dos personas– “hacer uso de la palabra más de dos veces sobre un mismo asunto”[359].

Resultaba importante particularmente, para los dirigentes scouts, mostrar un Congreso modélico a los tres actores principales frente a los que les resultaba necesario perfilarse bajo una imagen positiva y que serían, por ello, los invitados especiales de la sesión de clausura: las autoridades nacionales, los maestros (vitales en los intentos de “depurarse” de la imagen meramente desfilatoria) y la prensa[360]. Para eso la propia Junta era la encargada de designar las comisiones “que estim[as]e conveniente para el mejor resultado del Congreso”[361].

Sin embargo, como hemos señalado, recordando a Warren, los governing bodies no pueden regular absolutamente todas las actividades, ni calibrar cada uno de los gestos de los participantes. Como hemos señalado para otra organización,

ningún libreto es tan rígido como para imponer todos los gestos, todas las palabras. La inacabada indeterminación de lo ‘político’ produciría las primeras muestras de dérapage entre aquello que se debía decir, desde la cima de la agrupación, y las cosas que se querían expresar, por parte de los diversos representantes de las filiales de todo el país[362].

De allí que una vez lanzada a andar la máquina organizativa, las acalladas y sutiles disputas individuales y grupales por la iniciativa y el protagonismo comenzarían a tomar forma. Por ejemplo, en la necesidad de cambiar un delegado como lo haría la compañía porteña de la sección 40ª de policía, debido a que éste había sido “suspendido”[363]. Pero asimismo, aparecerían las defecciones, justificadas con diferentes motivos. Los scouts de Ingeniero White, Rosario y Gualeguaychú informarían –según puede verse en las páginas de las actas directoriales– que o bien no concurrirían, o que bien no habían designado delegados. Como corolario, la falta de apoyo oficial se veía expresada en la nota del Ministerio de Guerra en que se lamentaba no poder colaborar con los costos que había conllevado la realización del Congreso[364], más allá que su ministro Julio Moreno hubiera concurrido al mismo como oyente[365].

Por fuera de los aspectos más formales de limitaciones y las estructuraciones del caso, entonces, en el congreso aparecerían las discusiones y las divergencias. Así, se ensayarían –por parte tanto de delegados como de dirigentes centrales– algunas tonalidades de la autocrítica, en lo relativo al poco contacto que los niños scouts estaban teniendo con la naturaleza[366]. A esta cuestión se le sumarían las demandas de género, como la mostrada por la delegada platense, Juana U. de Guerrero, que se encargaría de sostener la necesidad de la creación de escuelas de “girl-scouts” con una comisión femenina específica dedicada a organizarlas[367], evidenciando tanto los alcances de la prédica en el ámbito de las niñas, como también revelando sus limitaciones de concretización, al ser desestimada con argumentos formalistas. La delegada Guerrero no sería la única mujer, ya que también enunciaría su ponencia la señorita Carmen Vita. Pero sobre todo, como destacado “broche final”, sería nada menos que Elvira Rawson de Dellepiane la encargada del discurso de cierre del Congreso.

Sin embargo, más allá de haberse referido estas cuestiones, la temática que más repercusión tendría en los medios, estaría en relación con el proyecto, presentado por el señor Basso, que solicitaba la obligatoriedad del scoutismo para los niños varones de 10 a 16 años de edad (aunque “voluntaria” para las niñas de esa misma edad), que sería aprobado “con algunas modificaciones”, luego de un “largo y animado debate”[368]. En principio, podría adivinarse la poca receptividad de la propuesta en el campo de las autoridades educativas, que justamente habían enviado como representante del Ministerio de Instrucción Pública a un doctor entonces ya muy poco predispuesto a avalar el curso que estaba tomando la práctica como era, según hemos visto ya, Enrique Romero Brest[369].

La propuesta no sólo suponía la mencionada obligatoriedad, sino un paso más en el patrocinio estatal de la actividad, ya que se pedía que los inspectores, MMSS y Ayudantes fueran empleados a sueldo, dependiendo de la Junta Ejecutiva de la ANBSA pero con recursos arbitrados mediante proyecto del Congreso nacional[370]. Este pedido de mayor injerencia del Estado, se vería subrayada por la proposición del secretario Braceras Haedo, que señalaba que “el Estado no puede negar su cooperación ni argüir propósitos económicos cuando se trata de una obra tan trascendental como lo es la del scoutismo”[371].

Así, contra lo que suponía la dirigencia scout, en el intento de visibilidad periodística, este punto en particular se le volvería en contra. En efecto, a pesar de definir inicialmente con la –muy recorrida en la época– adjetivación de “simpática” a la institución al comenzar las sesiones del congreso[372] y de reconocer algunas “resoluciones laudables”[373], el diario La Nación sería particularmente crítico de la propuesta de “obligatoriedad” de la práctica y del sustento estatal de la misma. No sin sorna, el editorialista se planteaba si no podría suponerse que los scouts “después de haber practicado durante algún tiempo un interesante deporte, creen que ya es tiempo de volverse profesionales del mismo”[374].

Continuando con la crítica –en un recorrido topos– se identificaría una “desviación” con respecto del “original” británico, ya que se decía que BP siempre planteó la práctica como “diversión” y que, por el contrario, la obligatoriedad llevaría a que en vez de futuros ciudadanos de una república de la “que nuestros constituyentes quisieron hacer una Nación de hombres libres”, los niños scouts se volvieran súbditos de “algo así como una nueva Esparta, con todas las actividades y actos reglamentados por la intervención tiránica de un Estado omnipotente”[375]. Indudablemente, lo exagerado de la comparación tomada de la historia antigua mostraba lo urticante que resultaba el tema para la página liberal[376].

Interesantemente, la editorial del diario que en la época moreniana “ubicara” un Mitre en la vicepresidencia de la ABSA, se expandiría más allá de las fronteras locales. Resulta muy interesante ver cómo la noticia de la obligatoriedad –a través del prisma de La Nación terminaría impactando de lleno las más altas esferas internacionales scouts, llamando el interés tanto del Jefe Scout mundial Baden Powell, como del presidente del Bureau Internacional Huber Martin, quienes comenzarían a debatir los alcances de esa posible “desviación” argentina.

Todo comenzó, a pocos días de ser publicada la editorial de La Nación, cuando uno de los tantos comisionados distritales ingleses, A. J. Woodroffe de Devonshire, envió una nota a la sede de los Boy Scouts Imperial Headquarters, dirigida a Baden Powell, con una transcripción de la mencionada nota periodística aparecida –en idioma inglés– en The Standard a la que se le agregaba la propia impresión –incluso más destemplada– del diario de la colectividad británica que expresaría que “el movimiento scout en Argentina como en todos lados es ‘muy simpático’ (original en castellano) o lo era mientras se mantenía ortodoxo” pero que se había desvirtuado a partir de la estatización[377]. Ella era la culpable, a ojos del The Standard de que “los muchachos hubieran sido halagados por el reconocimiento oficial hasta que la toxina estatal entró en su sangre y sus venas y se les subió a la cabeza”[378]. De continuar así, a ojos de los periodistas, el movimiento se volvería “otro parásito que los contribuyentes adultos deberían sostener”[379] como sucedía con los estudiantes de los colegios nacionales y universidades (paradójicamente, con los que la dirigencia scout se había enfrentado) que hacían huelga cuando sus “demandas petulantes no eran concedidas”[380].

Finalmente, el resumen de The Standard no podía ser más demoledor: para los dirigentes argentinos, el scoutismo parecía resultar “una consideración secundaria”, porque lo principal eran “los desfiles callejeros, con numerosos tambores y trompetas”[381].

Al adjuntar esas notas, Woodroffe explicaba que al estar “interesado en la Argentina”, le resultaba necesario expresar su “consternación” (dismay) por dichas noticias y por el proyecto promovido por la ANBSA, e informar de ello a su máximo superior, para que tuviera a bien tomar una decisión al respecto o “en el caso que [se] quisiera realizar alguna acción en el caso que no lo hubiera hecho ya”[382].

La nota de Woodroffe desencadenaría una cadena de acciones activada desde el mismo Baden Powell, a fin de indagar en la cuestión. A los dos días de recibir la carta, BP solicitaría que se le escribiese al citado Martin para señalarle si en su opinión debía desarrollarse alguna acción con respecto de lo que se informaba sobre la Argentina[383]. A partir de ahí, otra sobreinscripción, con una firma que no hemos podido identificar, en la misma nota, proponía la posibilidad de solicitar la opinión del embajador británico en Buenos Aires, Ronald Macleay, que justo se encontraba en Londres, para que dijera “cuanta verdad hay en esto”[384].

Finalmente en una nota enviada desde los “Cuarteles Generales”, se intentaría “tranquilizar” y confortar a Woodroffe, a través de averiguaciones pertinentes, en las que se llegaría a mencionar el nombre del patrol leader Ernesto Tornquist (primer partícipe argentino en una Jamboree y posterior Jefe Scout en los años sesenta), quien desmentiría “vigorosamente” a sus informantes con respecto a que “los scouts argentinos fueran en lo más mínimo militaristas”[385]. En todo caso, por otro lado, se le aseguraba al denunciante que cualquier proyecto de ley que intentara la obligatoriedad “no pasaría por el congreso”[386]. Sin embargo, el mal estaba hecho, y la fama militarista y compulsiva de la ANBSA sería difícil de blanquear durante años a los ojos de la dirigencia internacional.

Lo más desalentador, sin embargo, de los frutos de la propuesta de obligatoriedad, no sería ni la oposición del diario ni la nota de un comisionado de una región británica, sino la fractura al interior de la asociación misma. Mientras uno de los ejecutivos, Basso, había sido autor del proyecto; otro de ellos, el ingeniero Huergo, expresaría mediante su renuncia –luego, como siempre, no aceptada[387]– su profundo repudio al mismo al:

no estar conforme con el voto sancionado por el Primer Congreso declarando la conveniencia de establecer el scoutismo obligatorio en las escuelas; pues esto, a su entender, necesariamente tiene que ser un voluntariado sino quiere caerse en la formación de batallones escolares[388].

Para evitar que la tensión pasara a mayores, el Presidente Santa Coloma diría que lo expresado en el Congreso no resultaba obligatorio “en manera alguno” y sólo debía tenerse en cuenta en tanto le pareciera bien a la Junta Ejecutiva, y dado que “la casi totalidad de los miembros” había “manifestado su oposición al proyecto”, en consecuencia no tenía objeto “resolver asuntos que sólo darían lugar a desuniones sin provecho alguno para el scoutismo”[389].

De esta manera, envalentonado por el guiño presidencial, Laureano Baudizzone sumaría su descontento a la idea de la obligatoriedad, poniendo el acento en la importancia de las actividades voluntarias, de “crear la individualidad desde edad temprana” y de lograr “que el individuo cuente con sus propias fuerzas” y “aprenda a confiar en sí mismo”[390].

Pensando en las palabras de Baudizzone, no puede dejar de advertirse que no siempre esta individualidad sería respetada en el movimiento, donde se llegaría a aconsejar que cada scout –en una anticipación involuntaria de la posterior “denuncia” de Pink Floyd– debía ser, como individuo, “como un ladrillo en la pared de una casa”[391].

Frente a la ofensiva contra su propuesta, Basso señalaría que el fondo de su proyecto había sido “malinterpretado”, pero mantendría su posición diciendo que él pensaba en hacer obligatoria la parte “teórica” y “moral” del scoutismo, “aunque no le alarmaría si también la parte práctica se hiciera obligatoria”[392].

Finalmente la idea de obligatoriedad tendría su fecha de caducidad definitiva, con la resolución redactada poco menos de dos meses después, casi como una respuesta directa a la posición del Congreso scout argentino, el que al menos para Baden Powell no había pasado inadvertido[393]. Así, reunida en la semana del 22 de julio de 1922 en París, la Conferencia Internacional del movimiento afirmaría en su punto 11, de manera tajante, que era “indeseable intentar que el scoutismo deba ser obligatorio” [394]. La falta de timing y la desconexión y marginalidad de la asociación argentina que había permitido circular una moción en ese sentido, quedaban corroboradas. O podría suponerse –a partir de la evidencia de la correspondencia previa señalada– que los temores ante la posibilidad que propuestas como la argentina se expandieran, pueden haber precipitado la tan rápida y taxativa resolución de la Conferencia Mundial en contra de la obligatoriedad de la práctica, cuestión que sin embargo, cada tanto, volvía a ser añorada en el pensamiento de algunos dirigentes[395] y prensa del movimiento local[396].

De esta manera, los críticos tendrían posteriormente un punto al reconocer los “desacoples” y tensiones de cierta recurrencia que tendría la ANBSA con el Bureau Scout Internacional al que sería integrada precisamente ese mismo año de 1922. Como veremos en un capítulo posterior, en el segundo tomo de este trabajo, a pesar de las buenas relaciones personales con la dirección de la ANBSA y luego de BSA, las propias compañías británicas en nuestro país –junto, incluso al embajador de ese país– serían las más disconformes con el rumbo que tomaba la asociación nacional, ya que considerarían que los argentinos (los sudamericanos, en general) no “terminaban de entender” qué era eso del scoutismo.

Así, incluso un actor particularmente afín al desarrollo de la práctica, como lo era el embajador británico en Buenos Aires, no dudaría en señalar, en su correspondencia con la oficina internacional del movimiento (de la que los scouts locales eran miembros), que

realmente en Argentina, a diferencia de los scouts británicos aquí, no han captado realmente todavía los ideales y el espíritu del scoutismo. Es esencial para los intereses del Movimiento y de la paz y la comprensión entre los hombres que deban hacerlo[397].

Con todo, una vez terminado el Congreso, la Junta Ejecutiva podría revalorizar el esfuerzo emprendido. Si el Ministerio de Guerra no había aportado fondos, una semana después llegaría el cheque de 100$ del Ministerio de Marina y la noticia de la resolución de un pago de 200$ por parte del de Obras Públicas[398]. En reuniones posteriores, el Ministerio de Instrucción[399] y el del Interior[400] también acordarían 100 pesos cada uno. Parecía que, o bien el “papeleo” administrativo se había demorado o que, presumiblemente, dichas autoridades ministeriales habían preferido saber primero “de qué se trataba” el Congreso, o al menos confirmar su realización efectiva, para asegurarse de que valía la pena el aval financiero.

Con la transcripción de dicha reunión posterior al Congreso, se completaría el cuarto libro de actas de la Junta Ejecutiva. Quizás, metafóricamente, con el nuevo libro y la finalización de su parlamento fundacional, la ANBSA hubiera pensado en comenzar una nueva era. En parte esto así sería, con la derrota del “obligatorismo” y con otro hecho decisivo para la dinámica institucional: la renuncia de Braceras Haedo a la Junta Ejecutiva.

En efecto, así como la renuncia de Huergo había sido retirada al ser reivindicada su oposición a la obligatoriedad, el efecto mayor del Congreso sería la defección de Braceras Haedo, quien, como vimos, había sido una de las figuras más importantes de la institución desde el acercamiento a la LP, la que sin embargo no declinaría la continuidad de su apoyo una vez retirado el secretario[401].

En efecto, a Ángel Braceras Haedo también se le rechazaría la renuncia en un primer momento, pero la demostración de un cambio de fuerzas al interior de la ANBSA harían que él se volviera inflexible en la misma, con lo cual no le quedaría a la Junta Ejecutiva más que aceptarla y agradecerle, según el acordado ritual, “los importantes servicios prestados a la institución”[402].

¿Qué había sucedido para esta decisión? En efecto, el “dúo” Santa Coloma-Braceras Haedo que tan armónicamente había funcionado durante años, se había quebrado decisivamente a partir de la organización del Congreso. Así, en reunión del 11 de julio de 1922, la Junta Ejecutiva se “solidarizaría” con el presidente en relación con el “incidente” (no terminado de explicar en actas) que este había tenido con el ahora ex secretario[403]. Así como inicialmente se había enemistado con Moreno, ahora Braceras hacía lo propio con el primo de aquel.

Por lo visto, a pesar de todos los recaudos de direccionalidad que la Junta Ejecutiva había puesto en hacer del Congreso una instancia más “performativa” que efectivamente deliberativa y “política”, las tensiones y cosas no resueltas en torno al desarrollo del movimiento no podían más que explotar con motivo de semejante evento. La sensación de la existencia de “ganadores” y “perdedores” en relación con la acogida de mociones y de protagonismos, había abierto definitivamente las grietas que la distancia o la irresolución en el tiempo habían maquillado pero no cerrado.

Así, como Braceras Haedo renunciaría, al no encontrar en el evento su decisiva consagración, también lo haría –en su totalidad de miembros– la Comisión Local de la Compañía de “Buenos Aires” (renuncia que desarrollaremos en tomo II), en coincidencia con la de quien fuera una de sus almae matres. Por otras razones la seguiría –también íntegramente– la de la localidad de Azul, esta última precisamente por no haber sido tenido en cuenta su proyecto de replantear parte de la disposición institucional[404].

Finalmente, como había sucedido con Moreno, la Junta Ejecutiva tendría también problemas con Braceras, ya que el mencionado se había quedado con “los numerosos premios que le han sido adjudicados a la compañía Buenos Aires en diversos torneos y otros actos de scoutismo”[405], los que indudablemente eran muchos[406], pero sobre todo –y aun peor– por su denuncia frente a la Inspección de Justicia de ilegalidad de la asamblea ordinaria realizada, provocando la demora –ante la exigencia de una entrevista entre sus funcionarios y Santa Coloma– de la firma del libro de actas[407]. Con todo, y a pesar de semejante desafección, la figura de Braceras Haedo mantendría su potencia, contando –luego de la muerte de Santa Coloma– con respaldos que solicitarían su retorno en las elecciones de la Junta Ejecutiva en 1924[408], aunque luego quedando marginado durante todo el período[409].

Vemos así que, a pesar de haber sido retrospectivamente elogiado como “un congreso de camaradas de una misma causa, miembros todos de una familia […] inspirado por nobilísimos propósitos”[410], el Congreso Nacional había dejado múltiples “bajas” al cristalizarse, como decíamos, la relación de fuerzas al interior del movimiento. Quizás por ello, la Junta Ejecutiva respondería en forma negativa a la propuesta de crear un Congreso Americano de scoutismo que le propondría el gobernador de la provincia de Buenos Aires (y jefe de la regional bonaerense de la práctica) Luis Monteverde, considerando que no había “llegado aún el momento oportuno de su realización”[411].

Consideramos que la dirigencia pensaba tanto en los costos como en los esfuerzos organizacionales requeridos para ello, pero también en la posibilidad que las discusiones sobre el scoutismo que a nivel local ya habían sido algo dañosas, se extendieran al ámbito americano. Luego de sus sueños “pedagógicos”, la asociación procuraría reinstalarse en el mundo de la cotidianeidad más pedestre de la supervivencia financiera diaria.

Después del Congreso inaugural

De esta manera, el período que va desde la elección de Marcelo T. de Alvear como futuro presidente hasta su efectiva instalación en la Casa Rosada (de abril a octubre de 1922) encontraría a la ANBSA sumida en los dilemas que le había planteado una institucionalización sin financiamiento regular. Era necesario, por ello, retomar las iniciativas por subsidios y sostenimiento estatal ante la nueva gestión que se avecinaba en el PEN.

La asociación había mostrado desde el inicio un marcado sostén a la figura de Alvear, que se cerraría con la felicitación con un telegrama por la que sería su cercana asunción y la difusión de una nota de la Comisión de Recepción y Homenaje al primer magistrado[412]. Ante dicho gesto, pocos días después, el Jefe Scout Santa Coloma lograría entrevistarse con el presidente de la Nación, quien le prometería “su concurso” en el desarrollo de la institución[413].

Por otro lado, con las artes de la “vieja” sociabilidad femenina, la antigua presidenta de la Comisión de Damas, la ya mencionada Guillermina Oliveira Cézar, también demostraría –en parte, “enrostrándole” el error de haber forzado su renuncia– a la Junta Ejecutiva “masculina” su capacidad de llegar a la primera magistratura por vía de la “Primera Dama”. En efecto, al entrevistarse con Regina Paccini de Alvear, Guillermina aseguraría que le había dicho “que era necesario que ayude a los Boy Scouts cuando llegue el momento que la visiten para pedirle su concurso”[414].

Pero Oliveira de Cézar no fue la única bien posicionada frente al nuevo ejecutivo. Con la conformación del gabinete se daba la noticia que el entonces vicepresidente 2° de la ANBSA, el almirante Manuel Domecq García, había sido designado ministro de Marina, lo que despertaría un “aplauso general” durante la reunión inmediatamente anterior al cambio de mando presidencial[415].

Como atención, se resolvería que el mismo Domecq presidiese las deliberaciones de dicha reunión, nada menos que bajo el techo del “Círculo Militar”. Domecq mostraría así una nueva voluntad de presencia en la ANBSA, disculpándose –como había hecho cuando faltaba a anteriores reuniones por asistir a las de la LP– por no haber asistido últimamente por “coincidir en la misma fecha las del Centro Naval”[416] que presidía; y asegurando –lo que resultaba clave para la Junta– que “una vez en posesión de su cargo ayudará en todas maneras a la institución”, ya que estaba “convencido de la noble finalidad del scoutismo”[417]. Una vez designado, Domecq renunciaría –según lo que juzgaba protocolar– a su cargo scout[418] para atender únicamente las funciones ministeriales. En la misma reunión donde ello se producía, Baudizzone señalaría –en nombre de la comisión scout que se entrevistaría con Alvear– que resultaba “halagadora la perspectiva para la institución pues el nuevo gobierno conoce a fondo el scoutismo y se ha manifestado muy partidario del esta obra y decididamente dispuesto a prestarle su apoyo”[419].

Este acercamiento a las “mieles” estatales (sumado a la designación de Agustín P. Justo, viejo conocido de los scouts, como ministro de Guerra[420]) no evitaría el intento de desarrollar una amplia y audaz campaña por adherir nuevos socios benefactores, a través de la impresión de diez mil ejemplares de propaganda[421].

Junto con estas medidas, las campañas de creciente oficialización continuarían tanto en el aspecto simbólico, con la realización de un concurso para elegir la marcha representativa de la ANBSA, como en el aspecto de control específico de la condición “monopolizadora”, al comenzar una campaña en contra de la existencia de una compañía no autorizada en Villa Domínico[422].

El año 1922 se cerraría así, resultando ser el último de presidencia completa de Tomás Santa Coloma, quien frente al deterioro de su salud, decidiría dar finalmente pasar a un segundo plano, otorgando la presidencia interina al vicepresidente Augusto Spika. Con todo, el antiguo “revolucionario del Parque” sería –como último “acto de servicio”– el encargado de conducir la Asamblea anual pertinente y cerrar la Memoria 1922-1923[423]. Más allá de esas ideas y vueltas, como dijéramos, Santa Coloma continuaría como presidente hasta el final de su vida.

En su último mensaje (“cesando en mis funciones”[424], diría), Santa Coloma daría cuenta de la persistencia de los problemas que se habían suscitado en el Primer Congreso, al señalar la existencia de “prejuicios religiosos, militaristas, sectarios, etc.” y de la necesidad de demostrar “lo antojadizos e infundados de esos temores” frente a la consecución de la práctica. Así, al tener que confirmar que “bajo la bandera” scout cabían “todas las religiones, todas las ideas, todas las clases y categorías sociales”, el Jefe Scout daba cuenta de la existencia de algunos que dudaban de esa afirmación[425]. Sin embargo, con todo, a partir del surgimiento del fascismo, unas palabras que pronunciaría dejaban de sonar dirigidas únicamente a la prédica anticomunista (la que había sostenido con entusiasmo en esos años), cuando decía que las agrupaciones scouts proclamaban “en alto que en esta tierra no han de germinar ni tampoco echar raíces, más plantas doctrinarias que aquellas que el sentimiento nativo cultiva”[426].

A pesar de sus amagos de renuncia, luego de informar lo realizado durante el año 1922-23, Santa Coloma se mantendría como presidente del scoutismo hasta su misma muerte, teniendo que enfrentar otros dilemas durante ese año. Uno muy especial se daría en el Concejo deliberante porteño.

La discusión en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires

Poco después de terminado el esfuerzo por organizar el Primer Congreso del Scoutismo y en medio de las desavenencias en torno de la obligatoriedad o no de la práctica y de los alcances de la dependencia de la misma del patrocinio estatal, los miembros de la Junta Ejecutiva, Luis A. Huergo y José A. Basso (justamente los representantes de los polos enfrentados de las discusiones señaladas) decidirían visitar al presidente de la Comisión de Previsión Social del Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires para interesarlo en la gestión por un subsidio a la ANBSA por parte de ese cuerpo legislativo[427], recibiendo a cambio, una clara negativa[428]. Frente a esta situación de resistencia en el deliberativo, los dirigentes buscarían hacer mediar al entonces intendente Juan Bartneche “solicitándole envíe un mensaje al Concejo Deliberante pidiendo se voten recursos para la institución”[429]. Con el tiempo, el encargo hecho durante la gestión de Santa Coloma, vería sus frutos, pero no sin problemas.

Todas las tensiones con los sectores “progresistas liberales” y de “izquierda” que se habían cultivado durante su gestión casi lograron complotar contra la renovación del subsidio de 5000 pesos que se percibía del Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires (un cuarto, en comparación, de lo que debían recibir por parte del Estado nacional pero que no lograban efectivizar por la falta de actualización presupuestaria[430]). En el despacho de la minoría que por sólo un voto de diferencia no logró imponerse, los concejales socialistas Miguel Briuolo y –nuevamente– Ángel Giménez, propondrían un escueto “no ha lugar”, “notifíquese” y “archívese” que sin embargo, se volverá mucho más determinante y detallado ante los efectos de la discusión a la que se destinarían más de 20 columnas de las Versiones Taquigráficas[431], tanto para provocar que el presidente del concejo, García Anido se quejase de que “se esta[ba] alargando innecesariamente el debate”[432].

En la fundamentación de la negativa a subsidiar a los scouts, Giménez tendría la posibilidad de replicar en sesión, las oposiciones que había escrito en La Vanguardia, años antes. De esta manera, reiteraría sus consideraciones acerca de que “la bella iniciativa del general Baden Powell” había sido “deformada y falseada entre nosotros”[433] y centrando sus dardos en especial contra “el militarismo escolar que pretendía imponer el general Allaria”[434]. Giménez, quien seguía considerando la obra scout como esencialmente “democrática, sencilla, sin ningún carácter militar ni guerrero”[435], condenaría tanto a los boy scouts “que responden a las instituciones militares” como a los de instituciones confesionales, “a quienes es frecuente ver desfilar en las procesiones llevando sus palos como si fueran fusiles”[436].

Luego de expresar esas frases, Giménez recordó el campamento de Quilmes de 1920, al cual decía que había asistido con objeto de –a diferencia de lo que escribiría en La Vanguardia– “poder observar la institución sin prevención alguna” y al que recordaría como “una juguetería, porque todo era carpas y soldaditos con aspecto marcial, organizados en compañías y batallones”. Para contrarrestar la prédica scout, Giménez citaría el método de educación física del “ilustrado profesor” Romero Brest, quien tenía como hemos visto –ya para esa fecha– una fuerte indisposición con el sector de educación física militar que desarrollaba sus prácticas en la institución.

Las palabras de Giménez, que seguían de cerca su artículo de tres años atrás, terminaban agregando que en la actualidad se producían “hechos delictuosos en estos campamentos boy-scouts”[437], haciéndose eco de la noticia, del verano precedente, de un niño scout muerto en Flores por un tiro de rifle realizado por uno de sus camaradas.

En efecto, ese hecho, que podría haber sido, en principio, lamentado como un hecho luctuoso y desafortunado, había tenido, sin embargo, para los redactores del diario socialista La Vanguardia, una explicación de fondo que les resultaba incuestionable, relacionada con los efectos que producía el “virus militarista y los prejuicios patrioteros más rancios”[438] que inoculaba una institución “en mala hora convertida en antesala de cuartel, cuando debió ser simplemente en el pensamiento de sus fundadores una escuela de energía para preparar a los jóvenes a vencer las dificultades de la existencia”[439].

Seguramente este hecho debió ser especialmente doloroso para la dirigencia scout porque además volvía a plantear las dudas que se habían planteado en su seno pocos meses antes del suceso luctuoso, en relación con acercar los niños y niñas a las armas. Estas tragedias supondrían, en ocasiones, la necesidad de regular ciertos usos específicos, como en el recuerdo que le hacía la Junta Ejecutiva de BSA a la compañía de San Antonio Oeste acerca de que sólo los scouts mayores de 16 años podían practicar el tiro con fusiles “máuser”[440].

El Presidente Santa Coloma, en efecto, ya había considerado conveniente designar una comisión (que compondrían Baudizzone, Staub y él mismo) “a fin de que estudie la conveniencia del tiro en el scoutismo”[441]. Sin embargo, la tradición del tiro estaba tan instalada (surgiendo incluso –además de la ya mencionada de Villa Dolores– algunas compañías scout del propio seno de las sociedades de tiro, a lo largo de todo el período de entreguerras, como ocurrió en la entrerriana ciudad de La Paz[442], en Fuerte General Roca[443], o en la chaqueña de Puerto Tirol[444]) que, a pesar de ese hecho luctuoso, la comisión resolvería implantar el “tiro reducido” a través de stands ubicados en diversas zonas de la capital “donde los niños aprenderían el viril deporte, capacitándose para defender con eficiencia la Patria si ella algún día se lo demandara”[445]. Hacia 1933, en línea con la promoción de la práctica, incluso, los BSA anunciarían la construcción de un stand de tiro reducido para ejercicios prácticos con carabina en su propio local central, recientemente inaugurado[446].

Finalmente, sumadas a esas acusaciones y para completar la entente “normalista-socialista” que confluían en la conversión del scoutismo en una institución militarizada e instrumentada por la Iglesia, a esas frases de Giménez las acompañarían las del concejal Giusti, aún menos condescendientes y amparadas en su rol de “educador”, y que con reminiscencias unamunianas, expresarían que “a los oficialitos, los adolescentes que marchan al frente de sus compañías los he visto más guarangos, más soberbios, más violentos que a los adolescentes a quienes se enseña en los colegios nacionales”[447].

A estas opiniones se sumará en un sentido similar, la de los concejales Castiñeira, que acusará a los scouts de formar “hombres de sentimientos completamente atrasados y retrógrados”[448] a los que les entusiasma “el traje, la medalla, la corneta o el bombo”[449] y Briuolo, quien unió –disparando con un mismo tiro a dos pájaros discutidos por el socialismo– a los scouts con los adolescentes que practican box, ya que ambos tenían, en su perspectiva, “un mismo grado de soberbia que los hace creer superiores”[450]. Esto no dejaba de ser algo paradójico, ya que –como veremos, en el tomo II, en relación con la cuestión de la imagen de masculinidad– los scouts, según lo demostrarían en su revista oficial, también supieron ser fuertes censores de la práctica “descontrolada” del boxeo, sobre todo cuando involucraba a menores.

De cualquier manera, estas opiniones serían contrastadas –apoyando el otorgamiento del subsidio– tanto por el concejal Ángel Gallo, que puntualizaría que Giménez había señalado no estar en contra del scoutismo, sino de cómo se practicaba; como por su par Iriondo, quien sería el más enfático en la defensa de la ANBSA, señalando que en su distrito, la Sección 15ª (Retiro), “los hijos de millares de obreros concurren espontáneamente a esa institución”, sosteniendo, por otro lado, que “en la mayor parte de los casos, los niños van espontáneamente y no son sometidos a ninguna disciplina” e incluso que –tal como algunas asociaciones lo lamentaban en sus revistas[451]– “cuando [los niños] no qu[erían] seguir en la institución, se retira[ba]n tranquilamente de ella y no t[enían] ninguna obligación con ella”[452].

A esa voces se sumaría la del legislador municipal Quadri quien argumentaría que teniendo en cuenta la cantidad de “chicos [que] se escapan del poder de sus padres porque no quieren ir a la escuela”[453], incluso –aunque las prácticas de los scouts fueran militaristas– era mejor inclinarlos a esas prácticas que a las del “vagabundaje” o de otras “malas” influencias[454].

Finalmente, una vez que intervino el concejal Penelón, en la frase que hemos mencionado hace ya varias páginas, a favor de formar futuros “soldados rojos”, la discusión derivaría en un cruce que provocaría la risa de los miembros, entre el concejal Ventre quien preguntaría “si el señor concejal Penelón es coronel de los soviets en Rusia”, a lo que el nombrado retrucaría, diciendo –en un mismo tono jocoso– “No, señor concejal. Soy diputado al soviet de Moscú”. El presidente del cuerpo deliberante, García Anido, agotado y turbado por la forma en que la discusión sobre scoutismo había terminado derivando en chanzas sobre los soviets comunistas, advertiría a los señores concejales que “de Rusia no hay nada en discusión”[455]. Inútilmente, el presidente no lograría evitar que la temática volviera a derivar en acusaciones cruzadas, nuevamente, entre los concejales Gallo, que diría que se pretendía “cambiar la bandera argentina por la bandera roja”, y Giménez que, argumentando nuevamente su argentinidad, se quejaría de que se tratara de vagos “a las criaturas de los inquilinatos que salen a jugar a la calle y molestan a la burguesía de la ciudad porque saben cantar el himno de los trabajadores y saben acompañar a sus padres en las luchas” y que era su defensa de la libertad la que lo llevaba a votar en contra de un subsidio que iba a servir “para aumentar el número de esclavizados por la tiranía de las clases capitalistas”[456].

Las últimas palabras desatarían la multiplicidad de voces de los concejales y la necesidad del sonido de la campana para llamar al orden. Luego de unas aclaraciones que demostraban que el clima continuaba caldeado, la votación final se daría: por un voto, 9 contra 8, los scouts podrían incorporar un nuevo subsidio a sus arcas. Sin embargo, el desprestigio que tantas voces opuestas a la institución habían producido, no dejaría de impactar en la conciencia de sus dirigentes.

Sin embargo, quizás, la opinión que más puede haber indispuesto a los dirigentes scout es la que hemos dejado para el final. Y lo hemos hecho porque presenta una aparente paradoja al provenir de una voz inscripta en el propio movimiento, que curiosamente, se resolvía en un voto negativo del subsidio. Así, creemos que el discurso del concejal Manuel T. López puede resultar particularmente fructífero para el análisis de la dinámica y relación de algunas de las asociaciones locales y regionales con las direcciones, que como hemos recordado al principio del libro, no siempre poseen el imperio concreto del que se dicen investidas para ejercer sus acciones.

Así, López se considerará en necesidad de fundar su voto negativo ya que a pesar de su condición de tesorero y de tener un chico inscripto en la compañía scout de Belgrano, se negaría al otorgamiento pedido por la asociación que lo tenía entre sus dirigentes. La razón esgrimida es que López había “visto con pesar que no se llevan a cabo las prácticas preconizadas por su fundador”[457] y que sólo en la propia de Belgrano, “casi, por excepción” se trataba de “hacer efectivas esas buenas prácticas, y si así ocurriera con todas votaría con gusto y pediría el apoyo para que se acordaran estos cinco mil pesos”.[458]

A continuación de su exposición, López, incluso, reconocerá que había hablado con el Capitán de Navío Luis Maurette, miembro del Consejo Nacional y dirigente de la “Belgrano”, diciéndole que “la disciplina militar podría llegar a anular [el] carácter formando autómatas”, con lo que Maurette le respondió que estaba en contra de la militarización y que la enseñanza de la formación se daba sólo para evitar que los niños fueran como “récua (sic) desordenada por la calle”, temor que en efecto estaba presente en la dirigencia scout[459] y que formaba parte también de las explicaciones que daba la dirigencia “guidista” en otros países[460].

Finalizando, y volviendo al alegato del concejal, luego de demostrar el carácter laico que especialmente tenía la compañía de Belgrano, y que ha quedado claro en las palabras previas que hemos destinado a la relación con los “Exploradores de don Bosco”, el mismo López terminaría diciendo que “ha ocurrido una especie de confusión con respecto a los exploradores y boy scouts”[461] y “sabido es que las compañías practican el scoutismo en distinta forma, y eso hace que merezcan las críticas que se hacen”[462].

Como en el caso de la disputa por la laicicismo con la compañía “Buenos Aires”, que hemos mencionado, interesantemente, las palabras del concejal López nos permiten visibilizar los grados de autonomía que tenían algunas de las compañías, al punto de pretender ostentar, como la de Belgrano, la “pureza” de las prácticas escultistas frente a las del resto, y en ocasiones pendular entre el desafío y la negociación en sus relaciones con la Junta Ejecutiva.

Las cuestiones relativas al grado de autonomía de las compañías y de la laicicidad las desarrollaremos, en especial, en un capítulo del tomo II. A continuación, en cambio, continuaremos con el relato cronológico y la nueva era que el cambio de Jefe Scout promovería en la asociación.

El interinato del coronel Augusto Spika y la transición a una nueva era

En septiembre de 1923 fallecería el confidente de Moreno en los inicios asociativos y cuarto Presidente de la Junta Ejecutiva de la ANBSA, Tomás Santa Coloma. En la reunión del 25 de septiembre, los miembros de la Junta Ejecutiva se enteraban por boca de Baudizzone del “gravísimo estado de salud” de su primer referente y luego de “levantar de inmediato la sesión”, decidirían concurrir “al domicilio del enfermo”[463]. A los cuatro días, de la misma manera que habían hecho con su primo Francisco Moreno, los miembros ejecutivos le dedicarían una sesión extraordinaria a su memoria, más impactante en cuanto se convertía en el primer Jefe Scout que había fallecido en mando efectivo[464]. Lo curioso de este hombre, de familia política “patricia” y que había representado –como vimos, tan denodadamente– los “intereses” de los empresarios, es que dejaba la vida y a su familia –según palabras del Coronel Spika– en una “situación económica precaria” tal como para “obligar” a la ANBSA a hacerse cargo de los gastos del sepelio, a votar un pedido de pensión para sus deudos[465] y a solicitar al Poder Ejecutivo que se ocupase de los costos de su entierro[466].

A poco de su muerte, Santa Coloma había podido dejar “cerrada” para la asociación, la ratificación –más no sea en forma precaria y a la espera de que lo desocupen sus antiguos moradores– de un lugar propio donde instalar la sede, gestionado –según se recordaba en la Memoria institucional– por “nuestro ex compañero de tareas, actual Ministro de Guerra, coronel don Agustín P. Justo”[467], local que una vez ocupado, su sucesor también se ocuparía de agradecer[468].

Santa Coloma no llegaría a conocer la actividad scout en el solar que había tramitado, situado en la calle Paraguay al 2285. Éste sería inaugurado oficialmente, pocos meses después de su muerte con una reunión ejecutiva realizada bajo la presidencia interina del Coronel Augusto Spika[469]. Ese local apropiado resultó una solución, ya que parecía excesivo seguir

como desde hace ocho años, abusando de la gentil hospitalidad del Círculo Militar, que no sólo nos facilita sus salones para las reuniones de la Junta, y un local permanente para la Secretaría, sino que también brinda toda clase de atenciones, de lo que la institución deberá guardar siempre un profundo agradecimiento[470].

Más allá de la muerte de Santa Coloma, la tensión con los grupos considerados “disolventes” de la nacionalidad continuaría, y en ocasiones su combate resultaba uno de los mayores alicientes para la creación de compañías, incluso en lugares alejados de las metrópolis. Así, invitado por la Junta Ejecutiva, por indicación del Teniente de Navío Etchepare, el “señor Machado” presentaría su intención de fundar una compañía en la localidad santiagueña de La Banda, basado en el “convencimiento de que aquella es una localidad de espíritu abiertamente reacio al sentimiento de amor patrio, donde las ideas exóticas de la época van ganando terreno”[471].

Pero La Banda no era la única zona considerada de esa manera, como carente de amor patrio. Para el inspector nacional Alcántara, por ejemplo, Villa Lugano era considerada asimismo “una población rebelde al nacionalismo argentino”[472], y para un miembro de la comisión de fomento de Villa Crespo, la legión de scouts debió luchar para instalarse en un barrio donde se advertía “la prédica de elementos disolventes en un barrio tan populoso y étnicamente heterogéneo”[473].

Estas posiciones se fortalecían frente al mantenimiento de lazos –más allá de las dudas manifestadas por algunos de sus miembros– con la LP, quien por vía de la relación Spika-Carlés, formalizaría aún más, mediante resoluciones, su intención de “cooperar al fomento del scoutismo en el país reconociendo esta obra como un exponente de educación y de nacionalismo en la juventud”[474].

Sin embargo, estos posicionamientos de culto nacionalista no suponían la renuncia de la ANBSA a un espíritu de aceptación –a tono con la doctrina del liberalismo patriótico– de las compañías “étnicas”, es decir, de todas aquellas identificadas con una colectividad promotora, más allá de la posible heterogeneidad de origen de sus miembros.

Esto sucedía, en especial, con aquellas que podían sufrir con mayor fuerte los nuevos vientos de discriminación religiosa o racial por parte del nacionalismo extremo que había comenzado a aflorar persistentemente a fines de la década anterior. Así, resulta interesante analizar el ingreso formal de la compañía de la “colectividad israelita” que se incorporaría a la ANBSA, con sus propios scouts, en 1924, sólo un año después de creados en Francia, los Éclaireurs israélites[475]. Los scouts judíos serían recibidos con los brazos abiertos por la Junta Ejecutiva Nacional, al estar dicha compañía “de acuerdo en un todo con nuestros reglamentos y principios”[476].

Dicha compañía se había asegurado evitar cualquier prejuicio al invitar al entonces presidente interino Spika a su festival, del que el visitante señalaría que había “recogido la mejor impresión”, asegurando que los dirigentes israelitas tenían el “propósito de adherirse a la institución aceptando las disposiciones reglamentarias” y organizar compañías “en varias localidades del interior de la república entre los hijos de miembros de dicha colectividad”[477]. El reconocimiento definitivo de esa sección se daría el 18 de junio de ese año[478].

Indudablemente, este tipo de incorporaciones, entendidas en el amplio marco que mencionamos de las “compañías étnicas”, las cuales estaban avaladas por el Bureau Mundial e incluso tenían reglamentación específica[479], resultarían de especial interés para el futuro Jefe Scout, Severo Toranzo, quien pondría el acento en la tarea “acrisoladora” de la institución[480] y cuya gestión tendría un impacto significativo, por su desarrollo y por su abrupto final, en la historia del scoutismo nacional. Para entender las motivaciones sobre esa cuestión de Toranzo, deberemos proceder a la indagación de la totalidad de su gestión.

La presidencia de Toranzo (1924-1930): democratismo organizado y voluntad institucionalizadora

Luego del interinato de nueve meses del Coronel Spika, el día 1° de julio de 1924 marcaría una transformación profunda en la vida asociativa con la elección –en asamblea ordinaria– del General Severo Toranzo[481], con 22 votos a favor sobre 24 totales, como nuevo presidente de la Junta Ejecutiva de la ANBSA[482]. Su norte, según expresaría años después al presidente de la Nación Alvear, se basaría en tres pilares: “Positiva argentinidad”, “alta moral” y “fortaleza cívica”[483]. Esto suponía el intento de hacer confluir democracia con cohesión nacional, según expresaba el propio Toranzo, al advertir en el scoutismo la intención de “producir el pueblo argentino homogéneo del futuro con aspiraciones bien definidas, con orientaciones de trabajo, de lucha, con conciencia democrática, de noble emulación y de sanas energías”[484]. Como podemos prever, la interrelación de “democracia” y “homogeneidad” que se proponía realizar, no podía dejar de llevar –de manera implícita– ciertas complejidades y tensiones que aflorarían en el desarrollo mismo de su proyecto.

Más allá de esa posible tensión entre “democracia política” y “homogeneidad nacional”, su gestión se destacaría por una profunda restructuración y modernización asociativa, en el que la mayor popularización de la práctica y el creciente protagonismo de “las niñas” serían las notas más relevantes. La regularización de las reuniones de la Junta Ejecutiva en días y horas fijos, que consiguió por rachas, resultó un dato –aunque no tan estridente– tampoco menor[485]. El paso previo de Toranzo por Europa (continente al que era asiduo) lo acercó a las instituciones juveniles de allí y le había convencido que en ese continente el scoutismo estaba mucho más extendido que en nuestro país[486] y que por lo tanto había que producir una renovación, en consecuencia, de las prácticas locales.

Pero su asunción supondría también un sutil aunque indudable giro político para la ANBSA, en atención a los valores con que le placía al General que lo identificaran como “ajeno a toda exageración militarista” y proclamador de “la verdadera misión del ejército de acuerdo con las nuevas corrientes de ideas en boga de los países más adelantados y en las más grandes democracias”[487]. De hecho, su gestión buscaría definir a los boy scouts como “los verdaderos representantes de la democracia moderna”[488], e intentaría continuar –con mayor ímpetu– la tarea de desmarcarse de aquellas asociaciones infantiles que –como ya había advertido Spika– no tenían otro “propósito que exhibir un conjunto de jóvenes armonizando su traje con el aire marcial de la marcha para aparentar pequeños soldados que se preparan para la defensa de la patria”[489].

Es que, indudablemente, las “pasiones” heredadas de la época de Santa Coloma, centradas en una cercanía muy marcada con la LP habían condicionado no poco las perspectivas de ampliación de la prédica de la ANBSA fronteras afueras. En efecto, cierta conjunción de organizaciones en torno al bienio crítico de 1918-19 había establecido la polarización ideológica que ya hemos señalado.

En esos años, el Ejército se había involucrado de manera muy firme con una serie de instituciones que lo integraban a los ojos de los contemporáneos en un universo “reaccionario” en común, en el que el scoutismo parecía no haber faltado a la cita. Según se ha señalado recientemente:

Los sucesos de 1918-1919 habían puesto en contacto a los cuadros militares con otros actores e instituciones que, como ellos, se situaban del lado de la línea de reacción. Un auténtico plano de las redes del nacionalismo resultó entonces de la articulación con la Liga Patriótica, los Stands de Tiro, el Scoutismo, diversas y coyunturales agrupaciones cívicas (Asociación Pro-Aniversario de Mayo, por caso), y medios de comunicación (diarios La Nación y la Prensa)[490].

El efecto de un militar asumiendo la presidencia de la ANBSA, ahora, podía refrescar la imagen que había afectado al propio ejército y a los scouts en los años previos, ante la idea de una reedición de dicha entente. Sin embargo, las posiciones –tanto en el Ejército como en el scoutismo– distaban de ser homogéneas y congeladas en el tiempo, y más de uno de esos actores se hubiera sorprendido genuinamente al ser ubicado en algún tipo de campo “reaccionario”. Es que, indudablemente, las asociaciones de este tipo –más allá de sus innegables tradiciones identitarias– son ideológicamente dinámicas, complejas y heterogéneas, por lo que sólo una mirada esquemática podría ubicarlas de una vez y para siempre, bajo una coordenada prefijada del espectro político[491].

Así, urgido por la necesidad de “refrescar” el aire institucional, y tomando un fuerte perfil ejecutivo (en el que no faltaría cierto desarrollo del “culto” al Jefe –en este caso, scout[492]) el general Toranzo procuraría alejarse lo más posible de las polémicas ideológicas, en aras de la eficacia en reclutar más recursos, más apoyo institucional, nuevos miembros en ambos sexos y obtener más visibilidad. Para ello era consciente que debía estabilizar y moderar el marco de referencias político-ideológicas en que había quedado entrampada la dirección scout a raíz de un estrecho lazo con ciertos compagnons de route no del todo legitimados (y en creciente cuestionamiento) en el mainstream ciudadano.

Su foto, como veremos pocos párrafos más adelante, por ejemplo, en traje militar, plantando un árbol con motivo de dicha fiesta, rodeado de civiles y curiosos, podía ser una muestra de esos intentos de “acercar” la práctica a un público más amplio, y anticipaba el estilo menos marcial de posteriores generales que lo explotarían en un nivel mucho más multitudinario.

El casi imperceptible, parcial y ralentizado “viraje” de Toranzo no significó, sin embargo, en ningún sentido, ni el repudio con el “pasado” ni tampoco el abierto ofrecimiento de confraternidad con los antiguos “rivales” (como el normalismo o el socialismo). Por ello mismo, los rencores “heredados” no estarían dispuestos a cesar –ni por asomo– de la noche a la mañana. Así, podemos ver que la prensa cultural “liberal” y de “izquierda” continuaría –ya electo Toranzo como presidente– con sus fuertes cuestionamientos. En el artículo de tapa que –bajo el seudónimo Leónidas Campbell– el periodista José Santos Gollán publicaba en la revista Martín Fierro[493], dicho autor se lamentaba que la militarización infantil que él había juzgado exótica en un viaje por Río de Janeiro en 1922 (donde había sido testigo de una parada de niños scout, en el cual no hubo “ningún detalle que pudiera distinguirlo del desfile de fuerzas del ejército brasileño”[494]), hubiera llegado dos años después a nuestras pampas, y certificaba, al igual que lo pensaba Giménez, “la tendencia maligna de estos pueblos, que de una institución saludable de ejercicios físicos y de sensata y suave disciplina quieren hacer a todo trance un elemento de perversión infantil”[495].

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Foto 10. Toranzo plantando un árbol. ESA, septiembre de 1926, p. 2.

Aunque Gollán había presenciado estrictamente un desfile de los “Exploradores de don Bosco” y no de los scouts “laicos”, ya que percibía “la negra sotana de los llamados ‘Padres Salesianos’”[496]; la sólida integración de estas formaciones parroquiales en la ANBSA, y el poco interés del autor en precisar los tipos de compañía (“Aquí se llaman ‘boy-scouts’ o ‘Vanguardias de la Patria’, y poco importa el nombre”[497]), permitía la impugnación de toda la práctica, bajo la estrategia de homogeneización generalizada de las compañías. Afín al discurso de la juventud normalista, Gollán concluía:

Mientras en nuestras escuelas fiscales, con muy buen tino, se sustituyen los ejercicios militarizados con movimientos gimnásticos y rítmicos, que dan soltura al cuerpo y alegría al espíritu, otros hombres con sotanas y otras escuelas con prejuicios, pretenden insistir en el salto atrás[498].

Para la mirada de cierto liberalismo, ese “otro” liberalismo que también profesaban los scouts[499] podía tener sólo el olor rancio de los sacerdotes y la tónica de los “niños bien”, metidos a violentos. Este malentendido procuraría ser desmentido (o al menos “neutralizado”) en la nueva gestión, con el intento concertado de evitar (aunque sin romper de fondo) la homologación directa que se había producido con las “anteriores amistades” y de retomar el camino de una pretendida equidistancia.

De esta manera, entrado ya el gobierno alvearista, un excesivo compromiso con la LP sería ya percibido como contraproducente por algunos miembros de la JE. Así, nada menos que un comisario, Natalio Borga, frente a una propuesta de aquella organización por establecer “el día scout”, no dudaría en –además de condenar esa intromisión en asuntos propios de la decisión de la directiva de la ANBSA– considerar “que la Liga ha intervenido en ciertos movimientos subversivos, motivo por el cual con su alianza no contaríamos con la simpatía unánime que es la que se procura”[500]. En efecto, ya en 1923, la LP había auspiciado las conferencias de Leopoldo Lugones (quien –paradójicamente– sólo tres años antes había acompañado en su campaña “cosmopolita” y “antipatriotera” a los jóvenes normalistas frente a los scouts) en las que se propugnaba abiertamente la “solución” fascista de “dictadura del patriotismo” y la condena del mantenimiento de la democracia como sistema para la Argentina[501].

Aunque Baudizzone y Basso procurarían “poner paños fríos” y matizar la queja de Borga sobre la “intromisión” de la LP en las decisiones propias, lo cierto es que la iniciativa de los dirigidos por Carlés nunca prosperaría. Esta sería la primera señal de alerta (seguidas por otras más parciales o sutiles como una negación de concurso de los scouts de Belgrano en 1924[502], o el rechazo de hacer funcionar una Compañía dentro del local de una Brigada de la LP en 1925[503]) de un camino que poco más de un lustro después, como veremos más adelante, se bifurcaría dramáticamente.

De cualquier manera, estas palabras fundacionales de distanciamiento por parte de Borga –que serían notablemente acompañadas nada menos que por el futuro canciller del gobierno militar del ‘43, el capitán de navío Segundo R. Storni[504]– no significarían, de ninguna manera, ni el cese de las disputas con sectores de “izquierda”, ni una ruptura tajante con la LP[505].

De hecho, finalmente se aceptaría formalmente la propuesta del 25 de febrero como “Día del Scout, aunque luego –como dijimos– esto no se concretaría[506]. Por otro lado, la presencia siempre constante del almirante Manuel Domecq García, quien como señalamos era ministro de marina de Alvear y un reconocido contradictor de las reivindicaciones sindicales, mantendría vivo durante toda la década –como veremos más adelante– el pábilo de las batallas y discordias encendidas más de un lustro antes. Todavía hacia 1927, las patrullas de Tres Arroyos competirían por un premio que en su segundo puesto llevaba el nombre de “Liga Patriótica Argentina”[507] y al año siguiente, la compaña “General Alvear” participaría en los festejos de la LP por el 25 de mayo[508]. Sería recién en dicho año, más específicamente a partir de la segunda presidencia yrigoyenista, como precisaremos más adelante, que las tensiones políticas irían bifurcando –imperceptiblemente pero de manera sostenida– los senderos de Carlés y Toranzo.

Teniendo en cuenta la diversidad de reacciones sobre este punto, Toranzo parece haber pensado –como manera de “balancear” el peso ideológico– retomar las viejas relaciones con la “Asociación Cristiana de Jóvenes” o YMCA que –como relatamos– había estado en el inicio mismo de la fundación scout. Recordemos que los socialistas que como Giménez habían cuestionado a la ANBSA, habían sido –en cambio– muy encomiásticos de la “obra” deportiva y social de la YMCA.

Así, en la reunión del 28 de julio de 1925, el Jefe Scout daría cuenta a la Junta Ejecutiva, de una nota que había enviado a los miembros de la organización protestante, “a efectos de obtener acercamientos entre ellos y esta institución”[509]. Con este intento, sin embargo, volvían para algunos de los más antiguos dirigentes, los fantasmas de las viejas disputas entremezcladas con aquellas comisiones fundacionales de Moreno y Riccheri. Así, el más experimentado de los miembros, Frank Soler, una vez conocidos los intentos de acercamiento, reflexionaría que “hace más o menos 10 años [la YMCA] dio mucho trabajo a la Junta Ejecutiva”[510].

Para cerrar el recuerdo, volvía la figura de Russell Christian, sobre la que el tesorero Basso confirmaría aquello que había sostenido acusatoriamente el socialista Giménez acerca que la razón inicial del conflicto con la YMCA había sido “que Christian era extranjero y que por el estatuto no podía formar parte de la Junta Ejecutiva”[511]. En efecto, desde 1915 el Estatuto marcaría esa obligación de nacionalidad que no poseía el marco fundacional, y que sería remarcada nuevamente por la reforma de 1926 en su artículo 10° que exigía la nacionalidad argentina y la mayoría de edad a los miembros del Consejo. Así, aunque razones ideológicas y fricciones personales se habían combinado en ese distanciamiento, Toranzo estaba dispuesto a reconstruir esa relación.

Por ello, por sobre los recuerdos de esas desavenencias, resultó evidente y decisiva la voluntad de Toranzo de “dar vuelta de página” y reiniciar las relaciones con la YMCA, a partir de una declaración dada en la Junta Ejecutiva de ANBSA, la semana siguiente a la decisión del acercamiento. El presidente sostendría, entonces, tajantemente la “grata impresión” que le había dado el visitar dicha asociación protestante y transmitiría la recepción de “manifestaciones de apoyo”, zanjando así las resistencias oblicuas presentadas anteriormente[512]. Yendo un paso más allá, Toranzo lograría la aceptación de la YMCA para colaborar con la Academia para MMSS que venía proyectándose restaurar, en una muestra de legitimación “técnica” con respecto de los formadores de dicha institución[513].

Con todo, las relaciones con la LP o la YMCA, no parecían ser los únicos dilemas que se le presentaban a Toranzo en el comienzo de su gestión. El panorama general a rectificar parecía tan claro como para que se solicitara –por iniciativa de Berrutti, quien se volvería uno de los principales laderos del general en la gestión– una reunión extraordinaria con el título de “La situación actual del scoutismo en el país”. En su presentación, Berrutti enumeraría un panorama pesimista, que traía resonancia de aquel alegato desesperanzador que Moreno había presentado poco menos de una década atrás: “A cada rato [se] ve que entre las cosas más mínimas surgen inconvenientes […] los resortes […] están completamente flojos, no hay disciplina y falta autoridad a la Junta”[514]. De esta conclusión no escapaba siquiera la Capital Federal, con compañías fuera de reglamento e incapaces de satisfacer el programa[515].

La mirada no era individual, el futuro Jefe Scout y por ese entonces miembro ejecutivo, Laureano Baudizzone, no pudo más que concordar con el balance, siendo incluso más enfático, al decir que la institución “en la forma que marcha no irá a ninguna parte”[516]. La cuestión de la modernización y profesionalización en la dirección educativa quedaba planteada así de plano por Baudizzone, quien compartía el perfil más de “entusiasta” que denotable” y no podía dejar de advertir que muchas de las compañías estaban “en manos de personas respetables por sus buenos sentimientos y deseos, pero que no hay dos maestros scouts que tengan igual criterio en la enseñanza”[517] y que por ello había que recrear la Academia que hacía poco había sido clausurada.

A esas faltas, Basso –sin olvidar su rol de tesorero– las explicaría en parte por la “carencia completa de recursos” que había debido soportar desde el inicio la Institución. Como sabemos, esto no era del todo exacto, ya que la institución había recibido desde el principio el subsidio –es cierto que intermitente– de diversos Ejecutivos. Sin embargo, estos apoyos habían sido siempre escasos y volubles en relación con la dimensión de la tarea propiciada.

En su rol de novel presidente, Toranzo había escuchado e intentaría –más allá de alguna que otra gaffe[518]– construir un liderazgo legitimado. A partir de allí comenzaría a actuar en consecuencia, promoviendo una revalorización de los “entusiastas” y de la gestión administrativa y financiera, sin por ello renunciar a los “viejos” golpes de efecto, como los del lograr el patrocinio formal del presidente de la Nación o cultivar hasta la puntillosidad las buenas relaciones con los ministros del Ejecutivo afines (llegando al envío de una canasta de flores al casamiento de la hija del General Justo[519]). Analizaremos a continuación la estrategia propiciada por el sucesor de Santa Coloma, quien luego de ciertos pasos en falso, tendría la habilidad de labrar su liderazgo al sostenerse en dirigentes más expertos en la gestión de la práctica y del día a día de la asociación.

De hecho, el primer efecto del impulso de Berrutti se cristalizaría en la constitución de una comisión de reforma de estatutos y reglamentos coordinada por aquel junto a Baudizzone y Toranzo[520]. Sin embargo, a poco de tomar la decisión, Toranzo se ausentaría de las sesiones de la asociación, a causa de sus viajes militares[521], y el coronel Spika volvería a dirigir provisoriamente la institución y a tener que lidiar con situaciones muy conflictivas que mostraban las inmoderadas atribuciones de poder que florecían entre los diversos miembros ejecutivos ante la ausencia de quien había sido elegido para gestionarlas[522].

Fue recién en 1925 cuando Toranzo retomó la iniciativa con fuerza, produciendo diversos hechos de impacto administrativo y simbólico. Así, en mayo de ese año enviaría a las asociaciones de todo el país, cuatro circulares centradas en conocer los datos generales de cada una de aquellas, a fin de recabar información que todavía se desconocía por parte de la Junta. Entre lo que se deseaba saber, se incluía: las reuniones realizadas, los nombres de los MMSS y ayudantes, la lista del personal, el estado de fondos, un informe de inconvenientes y ventajas con que desarrollaba cada una de ellas la práctica y las existencias y demandas materiales que poseían[523]. Estos informes le permitirían, en su mirada, “estudiar la situación del scoutismo en general para orientar un plan de acción […] así como para mostrar la pobreza de esta obra en nuestro país”[524]. Toranzo así se demostraba particularmente empeñado en realizar una tarea de modernización y burocratización de la institución similar al proceso que ya habían desarrollado los scouts norteamericanos[525], imitando incluso la estrategia de acortar el nombre institucional, a simplemente Boy Scouts Argentinos (BSA)[526]. Para fines de su gestión, según relevaría el interventor Rossi, la institución había desarrollado un organigrama, de relativa complejidad, según vemos adelante, en el cuadro n° 6[527].

Toranzo junto con esta necesidad evaluativa y otras medidas formales[528], sabía que –más allá de la organización interna– la visibilización de la institución era central. Por eso reeditaría una nueva era de la revista oficial ESA, que comenzaría como un “humilde” Boletín para transformarse rápidamente en una revista más abierta tanto al interés de los adultos como a la lectura infantil y que se mantendría vigente hasta diciembre de 1930, colapsando finalmente en rigor de los vaivenes políticos. Mediante estas páginas, la ANBSA buscaría además interesar a los poderes públicos, lamentando especialmente que el Estado no hubiera “continuado prestándonos su concurso para facilitar su difusión en la república”[529].

cuadro 6

Cuadro 6. Organigrama de los BSA (“Informe Rossi”).

La revista mostraría, en su segundo número, otra apuesta fuerte de Toranzo por la legitimidad, al detallar en varias páginas la recepción a la que sería la primera gira[530] de delegados del Bureau Internacional, Donald Makgill y A. D. Jamieson, a los que presentaría una nutrida agenda de eventos que incluía torneos atléticos, la visita al local de la YMCA y la inspección de compañías en el stadium de GEBA[531], además de la realización de una sesión extraordinaria de la Junta Ejecutiva, junto a inspectores y MMSS, intentando demostrarle a los visitantes –en palabras de Toranzo– que en nuestro país se cumplía “un programa de instrucción y ejercicios scouts en la mejor forma posible, con las mayores voluntades puestas al servicio de esta noble causa”[532].

En respuesta, las autoridades locales recibirían –casi en remedo de los contenidos augurios de Baden Powell más de una década y media atrás– el ambiguo reconocimiento de los delegados del Bureau, quienes sin dejar de mostrar su “muy viva impresión”, expresaban que la acción de la Junta Ejecutiva permitiría “en un futuro cercano” –es decir, todavía no– ver “agrandada la influencia scout en el sentimiento público”[533].

Luego de una “champaña”, musicalizada por la banda de la compañía “Coronel Falcón”, los delegados también acompañarían hasta el Parque Japonés a los miembros de la Junta, para inspeccionar la compañía “Coronel Meana”[534], y luego asistirían al otro día a la fiesta que la compañía belgranense les diera en la Escuela Superior de Guerra[535], que terminaría en otra comilona de 60 participantes en el club Belgrano, donde también circularían profusamente los discursos[536].

A pesar de los esfuerzos, Toranzo no pudo menos que sentirse en situación de “inferioridad” con respecto de sus invitados. Quizás sorprendentemente, para hablar como presidente de la tierra de los primeros scouts de América, el Jefe Scout se excusaría frente a los delegados con el argumento que “la institución es muy nueva, estamos todavía en el período laborioso que caracteriza todo comienzo, hay muchas resistencias que vencer, pero seguimos paso a paso, sin desmayos, el camino emprendido”. A pesar de ello, mostraba a sus miembros “animados por el ejemplo que nos ofrecen los grandes dirigentes del movimiento scout en la Gran Bretaña y en Estados Unidos, en donde la institución ha alcanzado tan grandes proporciones dirigida personalmente por su creador insigne el general Baden Powell”[537].

Esta sensación de “minoridad” que afectaba incluso la relación con las compañías étnicas locales de origen angloparlante –según analizaremos detenidamente en un capítulo específico del tomo II– no dejaban de presentar ciertas tensiones con aquellos que (ya lo hemos visto desde la época “moreniana”) no estaban del todo dispuestos a confiar en que la “genuina” expresión del movimiento se encontraba en Europa o Estados Unidos, y propugnaban un scoutismo vernáculo y patrio.

Estos últimos, al menos tendrían el “desquite” de la gastronomía, ya que la revista aseguraba que en el encuentro se habían servido “platos genuinamente argentinos, lo cual agradó mucho a los huéspedes”[538]. Con todo, el deseo de standarización bajo los patrones internacionales sería lo que Toranzo estaba dispuesto a resaltar, al decirles a los delegados, frente a la multitud de actividades scouts que habían presenciado, que sabía que “nada nuevo ni especial habréis visto”, pero se daría satisfecho “si hemos interpretado fielmente la orientación perseguida por el Bureau Internacional”[539].

A cambio, Toranzo (designado como “nuestro amigo”) y la Junta Ejecutiva recibirían los halagos de los delegados que describirían al presidente como “un hombre asombroso […] con grandeza de alma” y al resto de los miembros como “hombres entusiastas, progresistas”[540], aunque sin olvidar de recordar –nuevamente– el relativo “atraso” local que ya había sido superado en EEUU y Gran Bretaña[541].

Más allá de la perspectiva que se tomara para evaluarla, la visita de los delegados había servido para reforzar fuertemente los lazos de cohesión de la Junta Ejecutiva, lograr visibilidad y sociabilizar en diversas instancias, incluso en la propia casa de Toranzo, donde los delegados tuvieron oportunidad de alternar en una tertulia realizada ex profeso con “un grupo de damas y caballeros de nuestra sociedad, especialmente invitados a participar en la fiesta”, entre quienes “se bailó con entusiasmo”[542].

Con todo, el beneplácito no dudaría mucho, ya que un nuevo “manchón” para la asociación ocurriría en Rosario y sería aprovechado por la prensa que resultaba hostil al movimiento (como Crítica, que describía a la institución como un refugio de una “cáfila de vividores”[543]) para difundirlo. Así, llegarían noticias de la denuncia del representante de la Sociedad de Autores, quien al querer cobrar derechos de autor durante un acto de la compañía local de Boy Scouts en el cine Arroyito, no sólo había recibido una tajante negativa sino que asimismo había quedado detenido –gracias a lo que alegaba eran los contactos policiales del delegado local scout– en la comisaría hasta las cuatro de la madrugada, “acusado de desorden”[544].

La situación obligaría a la ANBSA a desmarcarse de ese suceso, diciendo que se oponía a la “realización de colectas, ventas de rifa y raids pedestres” y publicitando que dicha institución “no autoriza a sus afiliados para esos actos por no encuadrar dentro de las finalidades del scoutismo”[545]. Como hemos visto precedentemente, aunque asegurado continuamente en los discursos[546], esto no era del todo cierto, ya que previamente la Junta Ejecutiva había consentido que algunas de las filiales realizaran dicho acto. Sin embargo, resultaba más cómodo para la institución, antes de indagar en el hecho puntual, poner el acento en las prácticas “no autorizadas”, de forma de volver a denunciar que su “monopolio” del scoutismo era continuamente desafiado tanto por “niños y jóvenes que se hallan en las plazas, templos, etc. vestidos con uniforme similar al de boy scout” y que parecían usurpar “ese título con su uniforme para obtener limosna a los incautos”[547].

Por otro lado, a pesar de esa actuación “hacia afuera”, la ANBSA no dejaría –por medio de su presidente– de tranquilizar al secretario de la compañía rosarina, Ackerman, manifestándole su acuerdo con su “forma correcta del proceder”[548]. De esta manera, podemos ver lo sinuoso de la estrategia de la ANBSA para responder a situaciones complejas y comprometidas con las que tenía que lidiar, y que presentaban ciertos puntos grises entre su discurso y sus prácticas concretas, que la exponían frente a la sociedad, pero que también la obligaban a mantener la cohesión al interior de sus filas.

Para poder hacer más eficaces ambas cuestiones, el contacto con el exterior y la cohesión interna, es que Toranzo consideró que era necesaria la reedición de una hoja institucional de peso, con la que la ANBSA no contaba desde el año 1918 (con el fin de la edición de Siempre Listos comenzada en 1915). Desde esta nueva época de ESA se procuraría dar a conocer las resoluciones de la junta, pero se invitaba también a participar con su colaboración escrita a todos los miembros de la institución “sea cual fuere la categoría a la que pertenezcan”[549].

A partir de la difusión del primer número, podemos saber que ya para esa época la institución acreditaba 68 compañías, de la que participaban 5000 niños inscriptos, número que la memoria del año siguiente decía haber duplicado (aunque sólo se mencionaba la creación de 2 compañías más), seguramente como hemos visto, producto de los desajustes de contar en el segundo caso el círculo total de allegados y en otro a los efectivamente inscriptos[550]. Sin embargo, desde la página oficial se lamentaba especialmente que a esa altura, todavía hubiera provincias y territorios nacionales que carecieran “por completo de organización scout”[551]. A continuación, en un nuevo intento de legitimación, la dirección editorial se decidiría volver a publicar los decretos de la época de Yrigoyen por los que se habían otorgado a la ANBSA, la personería jurídica y el monopolio de la práctica[552].

Así, a diferencia de lo que se decía “puertas adentro”, Toranzo señalaba –en los discursos dirigidos a la opinión pública– que las compañías se encontraban “en el mejor pie de organización y de instrucción”[553]. Eso no le impedía, sin embargo, reconocer que la delegación argentina había debido faltar al Jamboree de Dinamarca por no disponer “de fondos para ello no obstante estar inscriptos”[554] a causa de no haber logrado por el scoutismo, “un entusiasmo proporcional a nuestra importancia y a nuestra riqueza”[555] como nación. Por ello, el Jefe Scout apuntaría a “vencer esta apatía”, llegando incluso a cuestionar al Poder Ejecutivo “que no ha continuado prestándonos su concurso para facilitar” la difusión de la práctica[556].

Con todo, el año 1925 se cerraría positivamente para la ANBSA, con la noticia de la votación en el presupuesto del Congreso de un subsidio de nada menos que 100 mil pesos[557]. Los contactos del General Toranzo habían funcionado a la perfección y sería el comienzo de la ofensiva scout por el decisivo reconocimiento y apoyo estatal y la difusión de sus actividades, que Toranzo consideraba –en su mensaje de año nuevo de 1926– había que mixturar con propaganda individual: “Llamad a vuestros parientes y amigos a reforzar nuestras filas para que los beneficios de la obra alcancen al mayor número posible de los ciudadanos del mañana”[558].

Con la perspectiva de un presupuesto engrosado en tal tamaño, luego de dos meses de receso veraniego, la primera reunión extraordinaria del año, el 9 de marzo de 1926, traería la propuesta de transformar el boletín asociativo (descontinuado a partir de enero de ese año) en una revista ampliada y mejorada en su calidad (aunque todavía sin estridencias, con una tapa de papel glacé en dos colores)[559].

Bajo la dirección del “señor” Graviña Orsini (que conservaría hasta su muerte, producida pocos meses después, pasando en septiembre de ese año el control editorial a la Junta Ejecutiva), el primer número de ESA “renovado” se imprimiría en abril de 1926. Graviña daría gratis 2000 ejemplares a la asociación a cambio de permitírsele incorporar “avisos de casas comerciales” con la sola objeción que debían ser –al igual que los contenidos publicados– aprobados por el presidente Toranzo, “al solo efecto de garantizar la seriedad, moralidad y honestidad de los mismos”, bajo pena que “la infracción a esta regla facultará a la asociación para tener por nulo y sin valor este contrato”[560]. A pesar de cierta resistencia, ligada a contener la presencia dominante del Presidente asociativo sobre la Mesa Ejecutiva[561], el proyecto sería aprobado.

Como hemos visto previamente, los estándares de algunos de los avisos que pasaron como “aptos” para una revista, en última instancia “infantil”, podrían ser levemente sorprendentes para una mirada no avisada del presente. Sin embargo, la interjección llamativa debería mermar, teniendo en cuenta lo que ya hemos analizado previamente, al ver en las páginas iniciales, junto a una publicidad del Banco de la Nación Argentina, la publicidad de la cerveza “Quilmes Bock”[562].

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Foto 11. Tapa de El Scout Argentino, n° 4. Ejemplar disponible en MSNA.

A estas publicidades se sumaban una nutrida cantidad de avisos (Graviña parece haber, en ese sentido, hecho bien su trabajo) que, a pesar de su heterogeneidad, podemos hacer el esfuerzo taxonómico de estructurarlos en ciertos grupos definidos: las industrias alimenticias (Bizcochos “Canale”, galletitas “Bagley” y leche “La Vascongada”), las automovilísticas (autos “Fiat, bujías “Bosch” y neumáticos “Pirelli”), las energéticas (la nafta de la “AngloMexican Petroleum Company Ltd.”), las agrarias (Semillas y Plantas “El Sembrador”) y las bancarias y de Seguros (“Banco Holandés”, “de Italia y Río de la Plata”, “El Hogar Argentino”, “Hipotecario Nacional” y Seguros “La Inmobiliaria”)[563].

Más allá de la incorporación de las publicidades, la apuesta de Toranzo parecía quedar clara: retomar aquella experiencia de revista surgida en 1913 bajo la dirección de Russell Christian. Es decir, decidirse por una revista que no se limitara “a documentar la obra” que desarrollaba la institución, sino que intentara “además de ofrecer agradable lectura a los jóvenes scouts, quienes encontrarán el consejo, la novela, el eco de la actuación nacional e internacional en todo aquello que pueda interesarles”[564].

Como desarrollaremos en un capítulo específico en el tomo II, la apuesta de Toranzo estaba dada por la difusión de la práctica a través de medios masivos y la transformación de la institución en un ámbito de “modernidad”, buscando estrategias de redacción y gráficas que “armoni[za]cen con el programa de la Institución y con el grado de cultura del núcleo juvenil al cual dedicamos nuestros mayores anhelos”[565].

En esa estrategia se instalaba también la Reforma de los Estatutos asociativos, producida en abril de 1926, que intentaría incorporar crecientemente los valores de la modernidad democrática, aunque, claro está sin dejar de mantener ciertos formatos de notabilidad” y de jerarquía a “respetar” que no dejaban de estar presentes en la lógica de los dirigentes centrales de la asociación, y que se refinarían con la nueva denominación de “Directorio” que reemplazaría a la “Junta Ejecutiva”.

Por ejemplo, si tuviéramos que referirnos al mantenimiento de la “distinción” directorial, podríamos citar la negativa que el propio cuerpo colegiado informaría al delegado de Azul, el largamente experimentado Miguel Di Tullio[566] ante su solicitud de “una insignia de las que usa el directorio para conservarla como recuerdo”[567]. Más allá de la profunda valoración que se tenía de Di Tullio en las filas scouts, el reconocido MS recibiría por respuesta que no era posible acceder a su pedido por ser las insignias “de uso exclusivo del directorio”[568]. Como compensación, se le acordaría una “medalla de plata en ocasión de su 15° aniversario de incorporación al scoutismo”, resolución que se extendía además a todos aquellos que hubieran cumplido con ese requisito[569].

Por otra parte, cuando en 1930, el mismo Di Tullio pidió por nota escrita al Directorio una medalla de “oro” por sus 19 años en la institución, además de ser corregida la fecha en plena sesión por Federico Santa Coloma al decir que la antigüedad del MS sólo era de 18 años, se consideraría asimismo –más gravemente– que su pedido no correspondía, que eso “no debía pedirse” y “que de acceder esta vez, nuevamente pediría otra cosa”, argumentándose de esta forma, la “impertinencia” de la solicitud[570]. En la misma sesión, Di Tullio sumaría otro rechazo, al denegarse por unanimidad, su pedido de autorización “para adoptar el pantalón corto kaki” en la compañía de Azul[571].

Pero volviendo a la Reforma estatutaria, intentaremos ejemplificar el caso del mantenimiento de una “sociabilidad” de grupos cerrado, citando el artículo dedicado a la forma de elección de los miembros de lo que ahora proponía llamarse Directorio (antes Junta Ejecutiva), por la que se sumaban nuevos cargos (un secretario más y un protesorero) y a través de la que –a contrapelo de la ya largamente establecida reforma saenzpeñista, que pocos años después el propio Toranzo tendría que defender con su propia sublevación ante el gobierno de facto– se continuaba manteniendo el voto no secreto y bajo firma del sufragante, a través del uso de una papeleta con un listado previamente impreso, el que sólo podía modificarse mediante el sistema de tachones e incorporaciones a mano alzada.

Así, las jerarquías en relación con una sociabilidad de “notables” que la legitimara, seguía presente, y el anonimato resultaba contrario a esas seguridades construidas corporativamente. Todo disenso debería ser rastreable e identificable. En efecto, el artículo 11° estipulaba que “todas las votaciones serán directas y personales en voto firmado, no aceptándose otra clase de voto”[572]. Es interesante ver que dichos votos aún se guardan en los archivos del MSNA y nos dan cuenta de tachones selectivos e inclusiones a mano, de nombres que no se encontraban previamente impresos en la boleta o de alteraciones de cargos en relación con los nombres predispuestos[573].

Con todo, los alcances solidarios de esa colegiatura estaban limitados por las formas democráticas, ya que se impediría lo que en otras instituciones (incluso más “politizadas”, e incluso muchos años después como hemos analizado en el caso de “Acción Argentina”[574]) podía resultar “natural” y que era el voto por aclamación. Así, en una ocasión, a pesar de solicitar el director Donadío que los cargos de los directores salientes fueran ratificados por “aclamación” para continuar en los mismos, la respuesta de su par Basso (quien había sido además concejal) sería la de respetar –ya en plena dictadura militar– el artículo 12 del estatuto que señalaba que correspondía realizar la votación según lo estipulaba el reglamento, impidiéndose así cualquier forma “plebiscitaria” de democracia al interior del cuerpo[575].

De esta manera, todos sabrían –mediante las “filtraciones” correspondientes– las posiciones y enconos posibles entre los miembros del Consejo, produciéndose una especie de “tutelaje corporativo amistoso” de los posicionamientos existentes dentro de la red de integrantes de la dirigencia. Nuevamente, una “cordial” democracia condicionada a las buenas costumbres de la “notabilidad” y la sociabilidad en común, y que pretendía convivir no conflictivamente con la “otra” democracia secreta y obligatoria, destinada a las “masas” y pensada para otros lugares diferentes a los de la asociación.

Sin embargo, una de las dificultades de la “notabilidad” se advertía especialmente en el propio esquema de Consejo Ejecutivo Nacional desde sus orígenes, ya que suponía la integración de 50 personas muy descollantes de la sociedad y la política argentinas, pero en general muy levemente comprometidas con el decurso de la institución en términos concretos, haciendo que los intentos de reforma –como los del Estatuto– se estrellaran ante la imposibilidad de lograr el quórum.

Así, y luego de numerosos intentos infructuosos por llegar a los dos tercios del total, Toranzo se dirigiría a la Inspección General de Justicia (IGJ) para solicitar que se lo dispensara de la obligación (que él mismo reconocía como la exigencia expuesta “de forma categórica” por el artículo 54 de los propios estatutos[576]) de realizar la reunión con los que hubiera presente y –de no alcanzar el quorum– poder completarlo con “cartas poder” de los inasistentes[577]. Esta decisión, con todo, presentaría ciertas resistencias por parte de algunos miembros, como Basso y Staub, quienes pedirían por el mantenimiento del voto presencial y se quejarían del voto por carta ya que así peligraban “ser suplantados aquellos miembros que por su dedicación y entusiasmo merecen sostenerse en el seno de la institución”[578].

A pesar de esas oposiciones internas, y frente al pedido del Presidente de los BSA, la autoridad competente lo avalaría, haciendo –según ella misma reconocía– uso de un “concepto amplio y liberal” y con “finalidad de bien público”[579], capaz de interpretar más “libremente” tan taxativas regulaciones. Estos “permisos” –que incluirían posteriormente, por parte del Directorio, la posibilidad de decisión sin consulta durante algunos de los recesos cuatrimestrales del verano[580]– le darían a Toranzo, en ocasiones, una capacidad más individual y concentrada de ejercer el poder de decisión, sostenida –paradójicamente– en la necesidad de lograr una mayor institucionalidad.

A estas iniciativas transformadoras se sumaría otra igualmente audaz, tal sería la incorporación del presidente de la Nación, Marcelo T. Alvear, y su aceptación para fungir como presidente honorario de BSA. La iniciativa de interesar a Alvear se sostenía en la necesidad de reflotar el apoyo del Estado a la práctica scout, que desde hacía años se reputaba particularmente escaso y “puramente teórico”[581] (hecha la excepción del Ministerio de Guerra, frente a “los otros departamentos y reparticiones [que] no nos prestan ningún concurso”[582]) en vista de lo que se juzgaba una “falta de cooperación de parte de las autoridades nacionales”[583], de la que Toranzo no dudaría en lamentarse incluso on the record en entrevistas para la prensa extranjera[584].

A pesar de lo que se había presagiado al comienzo del mandato del sucesor de Yrigoyen, el apoyo presidencial no se había efectivizado. Por esa razón, Toranzo se vio compelido explícitamente mediante una carta al Primer Magistrado, “respetuosamente a solicitarle que asuma” el cargo de presidente honorario scout, “convencido de que sus altos prestigios y sus clarividentes inspiraciones han de ser un aliciente para que las autoridades del estado nos presten un concurso más eficiente que el que nos han prestado hasta hoy”[585].

Finalmente, Alvear aceptaría formalmente la invitación a los pocos días de hecha la solicitud[586], para asumir, el 19 de octubre de 1926, la presidencia honoraria de los BSA, en un acto público en el que más de una docena de compañías lo recibirían “bajo un dosel formado por sus coligües”, primero a toque de clarín y luego al compás de la marcha de Ituzaingó ejecutada por la banda de “la Coronel Falcón”[587].

Aunque –al igual que la ubicua “copa de champaña” ofrecida en la gala– la obtención del patronazgo presidencial no había sido una iniciativa original de Toranzo (al ser como hemos visto, una modalidad ya largamente recorrida por otros países con bastante antelación[588]), la importancia del suceso radicaba en que en nuestro país, su cristalización sí resultaba inaugural. A pesar de los intentos que en ese sentido se habían realizado –como vimos– desde la presidencia de Figueroa Alcorta[589], la asociación había tenido que esperar 14 años para ver cumplido ese patrocinio que –indudablemente– resultaba un espaldarazo (que atraería la aceptación rápida de otras membresías “honorarias”[590]) y una vidriera de promoción nada desdeñable.

Sin embargo, ese empujón dado por el “patronato” presidencial, que se pensaba útil también en términos materiales[591], sería luego retaceado por el Congreso en relación con la política de subsidio. En efecto, frente a la propuesta del poder Ejecutivo de subsidiar a los BSA para el año 1927, con un ingreso de 100 mil pesos al año, los legisladores de la Comisión de Presupuesto decidirían rebajar el mismo a la mitad[592].

En 1926 también se continuará, por otro lado, con los intentos de extensión de compañías en los sectores más alejados de la Junta Ejecutiva central, como en el caso de la creación de una filial en el Territorio de los Andes a través de una iniciativa motorizada por el mismísimo Gobernador, el odontólogo graduado en Harvard, Luis Diez[593], quien había unos años antes sido intendente de la ciudad de Salta, donde paradójicamente –por la inconstancia que resultaba un mal endémico en las filiales regionales– se producía, en esos momentos, la noticia de la devolución de pertenencias scouts por parte del “Club de Gimnasia y Tiro” en razón de haber quedado “extinguida” la asociación local[594].

Sin embargo, más allá de la defección salteña, los BSA conocerían un aumento exponencial de compañías. A poco de recibir el reconocimiento presidencial, la creación de campañas sería notable, impactante en especial en el bienio 1927-1928, durante el que se logró superar el medio centenar de compañías organizadas, por lejos el guarismo más importante desde la refundación de la asociación hasta el último año de gestión de Toranzo. Veamos un cuadro en ese sentido[595].

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Cuadro 7. Dinámica de Compañías de los Boy Scouts Argentinos (1914-1930).

Mientras tanto, apoyada en esa capacidad organizativa, la figura de Toranzo se demostraba cada vez más central al interior de los BSA y su “culto” seguía acrecentándose en intentos retóricos que comenzaban moderando sus impulsos, sólo para párrafos después llevar el halago a su apoteosis. Así, luego de expresar los redactores de ESA, de hallarse “cohibidos para ensalzar los méritos y cualidades que adornan la personalidad moral de nuestro Presidente”, ya que se consideraban “parcos en laudatorias”, se pasaba párrafos después –al “tratarse de un jefe tan meritorio”– a definir a Toranzo por “su actuación descollante en todos los cargos públicos que en su carrera ha desempeñado hasta hoy con celo, inteligencia y contracción”, volviéndolo “un ejemplo de austeridad superior y un organizador inteligente y estudioso”[596].

Una vez reformado el estatuto de la institución, ya bajo el nombre de “Boy Scouts Argentinos” (BSA) desde el año anterior, en junio de 1927 se produciría, con la renovación de autoridades, la primera reunión del ahora “Directorio” (como vimos, el nombre dado en remplazo a la denominación anterior de Junta Ejecutiva).

Mientras tanto, no todas las energías estarían puestas en las reformas modernizadoras y el intento de “apertura” y difusión encarado por Toranzo, quien lograría poco tiempo después jactarse de haber llegado a los veinte mil miembros y las ciento cincuenta compañías diseminadas por todo el país[597]. Algunos temas que el Jefe Scout parecía querer “dejar en el pasado” o al menos en un estado de latencia marginal, estaban dispuestos a ser rescatados por otros miembros institucionales.

En efecto, hacia mediados de 1927 puede detectarse, desde la dirección editorial de la revista oficial, en la cual pueden verse manos afines a Domecq García, un intento por retomar las “viejas” temáticas antiizquierdistas y de desmovilización de la protesta obrera, combinadas con una mirada –bastante más marginal– de armonía de clases en la que podía valorarse la idea del 1° de mayo “festivo”, en consonancia con el decreto de feriado del gobierno de Alvear[598], y la dignificación de sectores populares infantiles concretos, como los “canillitas”, definidos como “una de las clases sociales más humildes, pero también más indispensables para la difusión de las ideas”[599].

En algunas ocasiones, en cambio, ese costado fuertemente “antiobrero” supo emerger, incluso, en dosis muy concentradas, dotando a una institución que se pensaba –en principio– como “apolítica” y “apartidaria”[600], de una estridente carga ideológica. En efecto, aunque algunas de las compañías locales estuvieran durante años dirigidas por reconocidos dirigentes políticos[601] o integradas por ellos en las comisiones honorarias[602], la idea de “apoliticidad” estaba fuertemente legitimada al interior de la asociación. Esa situación no impedía que circularan fuertes condenas –incluso de nivel moral[603]– en contra de los sectores populares y obreros que se simpatizaban con socialistas y anarquistas, a quienes se definía como “elementos ácratas que se proponen combatir el sentimiento de patria, en los niños”[604].

Un sesgo, que incluso, llegó a inscribirse en los proyectos de reforma de estatuto, como lo demostraba el artículo 5° en el que se incluía dentro de la enseñanza del scoutismo, la siguiente práctica: “nociones de servicio policial para caso de guerra, huelgas o alteración del orden público”[605] y que se mantendría, ya que años después, bajo el epígrafe “El scout es leal” se llegaba –desde Punta Alta– a reivindicar las acciones de “rompehuelgas” realizadas por los scouts británicos durante la Primera Guerra[606].

Así, en referencia a una medida de fuerza obrera que incluyó la huelga de recolectores de basura, los redactores de ESA, en una nota elocuente por su título –“La perturbación del orden”[607]– dirían que la interrupción de dicho servicio público constituía un “verdadero atentado criminal, en esos momentos en que el estado sanitario no es satisfactorio”. Luego de lamentar la participación de “elementos universitarios” en los desmanes que habrían incluido pedradas a ómnibus y bombas de explosión en el Palacio de Justicia, entre otros sucesos; la dirección scout no podía más que lamentar el “antipatriotismo” de algunos senadores y diputados que apoyaron dicha medida, ya que “dígase lo que se quiera, la huelga aun cuando ejercida pacíficamente, es un daño que se infiere a la nación”[608]. Para finalizar, se notaba que la relación con la más alta dirigencia del PS se había vuelto pésima –al menos desde la dirección editorial– a un punto de expresarse que “libertad y justicia, en boca de los socialistas, son palabras huecas que no tienen valor”[609].

Si esto no fuese poco, en la página siguiente del artículo mencionado, se hallaba otro suelto titulado “Patanería incongruente”, que volvía a sellar en uno los dos enemigos del scoutismo construidos –en especial– desde 1919: el normalismo juvenil y el socialismo. Reflexionando sobre la actitud inactiva de unos jóvenes que “permitían” que un “extranjero” impugnara a un orador militar en una conferencia universitaria, la página scout trasmitía que ello se debía a “los sindicatos de maestros socialistas y comunistas, que encauzan sistemáticamente la fuerza educadora de la escuela oficial en sentido opuesto a los intereses nacionales”[610]. Luego de esta definición, el redactor se preguntaba si era acaso posible “que muchachos educados por socialistas y comunistas entiendan la voz del patriotismo al llegar a las aulas universitarias”. La conclusión no podía ser más enfática, e incluso condenatoria de la “flojera” de las autoridades:

La desorbitada actuación de los elementos subversivos es el natural producto de la flojera culpable de la autoridad legal que se pierde en discursos sentimentales y divagaciones líricas, en lugar de ajustar la máquina una vez por todas, apretando con mano firme los tornillos que andan flojos y barriendo al elemento disolvente, a escobazos limpios, como se barren las inmundicias de la calle[611].

La andanada de artículos antisocialistas en un mismo número parecía no tener fin y se replicaría en la página 13 con el comentario de las disputas entre grupos socialistas, lo que derivaría en una posición de directa censura electoral, que impugnaba cualquier posible demanda de “apoliticidad” para los BSA, al señalar que se apuntaba ese episodio:

para que los Boy Scouts Argentinos estén al tanto, en la oportunidad propicia, cuando un día se trate de conquistar sus votos. Ni entre los viejos socialistas, ni entre los nuevos, en rigor de verdad, hay lugar para los ciudadanos que educados en nuestras filas han aprendido a respetar y cultivar la tradición que nos ligaron nuestros mayores con el lema: Dios, Patria y Hogar, trilogía ideal con la cual la Argentina quiere acrecentar todas las gestas de sus laureles y que el socialismo, en cambio, quiere destruir, con las utópicas doctrinas igualitarias[612].

Curiosamente, esta frase desmentía otra de pocos meses atrás, en la que se celebraba la Navidad, precisamente en una lectura de Cristo –que no negarían muchos socialistas– como encarnación de “la democracia igualitaria que todos los pueblos ambicionan”[613]. Luego, en la página siguiente a aquel alegato antiigualitario, mientras se valoraba la futura realización de un monumento a José Manuel Estrada, se aprovechaba para condenar las “peregrinas ideas de siempre [del socialista Andrés Justo] y sus conocidas arremetidas contra todo lo que significa algo en la tradición, hombres e historia del país”[614].

Difícil sería no atribuir el núcleo de estas opiniones impresas al por entonces director de la revista, el marino Armando Fischer, quien demostraría largamente esa predisposición y que terminaría alejándose de su cargo en 1928, por divergencias con otros dirigentes que analizaremos luego, pero basta adelantar que tenían directa relación con la fuerte carga ideológica impresa en dichas páginas[615].

Con todo, resulta innegable que esta pulsión antiizquierdista (ya antes muy pertinentemente detectada por Scharagrodsky y Méndez[616]) no era patrimonio único del fundador de los scouts navales, y no era necesario un gran esfuerzo para que la misma volviera a aflorar en ocasiones. Todavía en 1930, en las mismas propagandas de “conscripción de socios”, se ponía el centro de la importancia del scoutismo en el hecho de presentarlo como la antítesis del comunismo, al que algunos de los redactores scouts seguían entendiéndolo como el “cáncer moral de la humanidad”[617].

Así, se señalaba que las agrupaciones comunistas realizaban “campaña en contra del scoutismo por considerarlo un factor perdurable de las masas juveniles, en ideas sanas y en hábitos de disciplina, necesarios para ser un ciudadano útil a la sociedad”[618]. Es de destacar que los comunistas no desdeñaban la disciplina y las “ideas sanas”, sino que precisamente habían sabido ver en el formato scout (convertido en el de “pioneros”) una excelente forma de lograrlo[619], sólo que bajo una perspectiva ideológica diferente que impugnaba al scoutismo por las “ideas militaristas, religiosas y patrióticas que inculca en los niños”[620].

Sin embargo, sí resulta cierto que la escalada de enfrentamiento entre ambas organizaciones había sido mutua. Hacia 1929, el Directorio daba cuenta de un volante repartido por el “comité de agrupaciones infantiles comunistas” en contra del scoutismo. En dicho momento, se prefirió “no entrar en polémica ni hacer réplicas”[621], y sólo recomendar a los delegados la intensificación de la propaganda scout positiva. Sin embargo, se apreciaba las recurrentes tensiones que afloraban recurrentemente en ese sentido, tanto como para que el Jefe Scout advirtiera el problema de dicha confrontación en las mismas memorias institucionales[622].

En todo caso, esa dificultad por presentar combinadas esas posturas antiizquierdistas con una imagen de “apoliticismo”, se veía también en la creciente y activa participación de legisladores radicales (de diversas tendencias) en la constitución de las nuevas filiales y compañías que seguían apareciendo. Entre ellos, el caso de Junín no deja de ser llamativo por la cantidad de ediles movilizados para el desarrollo de esa asociación, que con vaivenes e intermitencias llevaba ya más de una década de acción en la localidad[623]. Dentro de estas referencias, el antecedente más destacado, sin duda, sería el del propio gobernador bonaerense Monteverde, en su condición de jefe de la Junta Regional de la provincia[624].

Sin embargo, y más allá de esta permanencia de enemistades heredadas y de la sinuosidad y reversibilidad de los caminos adoptados para andar, Toranzo procuró transformar el espíritu scout, en no pocos sentidos. Con la mantenida cuota de personalismo en la dirección, que puede verse en la difusión de homenajes a su persona en la revista oficial, como el que realizara la asociación con motivo de su ascenso a general de división en el año 1927[625], Toranzo encauzaría una serie de reformas que afectarían los modos en que los BSA eran visualizados externamente.

Así, ya desde los “Propósitos” esbozados en el periódico oficial se había subrayado la continuidad liberal democrática de la institución en su tarea de reunir a los “niños de buena voluntad, que desean completar su educación física y moral, para llegar a ser ciudadanos conscientes de la nacionalidad, de su fuerza, de su porvenir dentro del marco de nuestra constitución y de nuestras leyes libérrimas”[626].

Poco después, esta perspectiva sería reafirmada en el “tradicional” mensaje de salutación del Jefe Scout por el año nuevo de 1926. Allí, el general Toranzo volvería a recorrer la imagen de ciudadanía futura, de la siguiente manera, describiendo a los scouts como “ciudadanos del mañana que serán los artífices de nuestra grandeza y los defensores de nuestra libertad”[627].

A esa “lavada de cara” externa se la integraría en una lógica “expansiva”, que el presidente Toranzo fomentaría con el desarrollo de la “Academia para MMSS, Ayudantes y Guías”, que iniciarían su labor el 2 de agosto de 1926. Su objeto, el de mejorar la formación de los propios formadores de scouts. La propuesta, bajo la dirección del Inspector General Luis Alcántara[628], tenía como finalidad más urgente, la de dar rápida respuesta a la falta de MMSS en algunas compañías no jurisdiccionales, como el “Asilo Falcón” o el “Patronato de la Infancia”, que no contaban con dichos elementos. Por dicha razón, se comenzaría por favorecer cursos cortos que produjeran titulaciones aceleradas en el transcurso de solamente un mes de formación. Aunque en razón de esa misma brevedad, contaron con la oposición del secretario y anterior Inspector Staub, las prácticas pedagógicas fueron finalmente aprobadas[629] y las fotos de sus egresados difundidas en el periódico oficial, bajo el título de “Frutos de la Academia Scout”[630].

Es cierto, que como en la mayoría de las iniciativas de Toranzo, fueron la decisión y la perseverancia más que la originalidad, las virtudes principales en las propuestas llevadas a cabo, ya que –al igual que otras dadas en este período– la idea de la creación de una “Academia” tenía antecedentes y no era del todo novedosa[631]. Algunas compañías tenían, incluso, previamente su “propia” instancia educativa de MS (como la de la siempre distintiva “Belgrano”, en la escuela “Casto Munita”). Sin embargo, estaba claro que en este caso, la iniciativa confluía de manera mucho más clara hacia una lógica institucionalizante y profesionalizadora, que buscaba asimismo un mayor control sobre las “filiales” y que se vería en relación con otras propuestas.

El programa constaba de 9 unidades que repasaban los variados aspectos de la práctica scout: una introducción, seguida de un análisis de “la compañía”, otra de las funciones del “maestro scout”, a la que le sucedía la unidad acerca de “cómo interesar a los niños”, para finalmente confluir en las restantes unidades temáticas específicas sobre “la vida selvática”, “la caballerosidad”, “la salud” y “el patriotismo”, que precedían a la última unidad relacionada con la ANBSA (en la que no faltaba un ítem dedicado a cómo conducirse con el archivo de la compañía)[632].

Toranzo sostenía que a una mejor formación debería acompañársela con cierta remuneración a la tarea de los MMSS. Sin embargo, como la profesionalización a costo del Estado parecía impedida más allá de los mantenidos deseos de muchos de los miembros institucionales[633] (como hemos analizado en el frustrado intento del Congreso scout), el presidente de BSA promovería la asistencia con viáticos (30 pesos) para todos los MMSS de Capital Federal que tuvieran mando de compañía[634].

La iniciativa se fortalecería años después, cuando incluso estas remuneraciones se vuelvan más importantes, en casos especiales, intentando evitar que los MMSS se mudaran a otros lugares donde se les ofrecían mejores trabajos y con eso dejaran sus compañías. En efecto, las actas directoriales estaban llenas de casos como el del delegado de Valentín Alsina, Ventura Cobo, que renunciaba por tener que ausentarse de la localidad[635]. Con todo, esta estrategia no siempre resultaba efectiva, lo que también pone un límite de “realismo” a la idea de la absoluta identificación de los MMSS con la causa. En efecto, cuando el MS Francisco René Varela anunció que dejaba “la General de la Quintana” por un trabajo en Tucumán; el Directorio intentaría retenerlo con una suma de dinero, pero su oferta resultaría infructuosa[636].

A la par que se realizaban las experiencias de formación pedagógica, los años finales del alvearismo encontrarían así a los BSA en una situación de fuerte dinamismo y vivacidad. El primer número del año 1928 de ESA lo demostraba con la inauguración de la tapa “a colores” y una mayor calidad en la presentación. Ante un nuevo aniversario de su edición, la revista confiaba en seguir “con gallardía y empuje, conquistando nuevas adhesiones y nuevas amistades”[637].

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Foto 12. Primera tapa “a colores” de ESA, enero de 1928 (detalle) Ejemplar del MSNA.

Con todo, en el medio de estos desarrollos, las transformaciones en la práctica se verían acompañadas de los cambios en la política nacional, que decantarían en distanciamientos que antes podrían haber resultado sorprendentes. Ante el surgimiento de un nuevo nacionalismo que censuraría de manera directa la instauración del segundo gobierno yrigoyenista, el mantenimiento de los BSA en los parámetros democráticos ampliados, profundizados por la manifiesta solidaridad de su “Jefe” Toranzo con los fundamentos de la Unión Cívica Radical, provocarían en la revista oficial del movimiento, un claro cuestionamiento en contra de la prédica “antipopular” que portaban estos grupos. Así, ya alejado Fischer de la dirección de ESA y en vísperas de la asunción de Yrigoyen, un artículo sostendría que “la patriotería” era la “caricatura del patriotismo” y que a causa de ello el scoutismo evitaba la caída “del joven” en el “patriotismo ruidoso, charlatán y alborotador, para compenetrarlo del verdadero espíritu nacional, que es silencioso, sincero, activo”[638], en una línea que nada tenía que envidiar a los alegatos de Pizzurno por esos años[639].

Así, Toranzo, luego de lograr la aceptación de la presidencia honorífica de Alvear, obtendría también la de su sucesor Yrigoyen, quien en su anterior gestión se había mostrado especialmente “remolón” por corroborar la invitación hecha en ese sentido por el general Ruiz y luego por Santa Coloma. Sin embargo, el presidente Yrigoyen, por otra parte, no dejaba de ser, además, como lo recordaban por esos años los dirigentes del movimiento, el encargado de firmar en su primera magistratura, el decreto de institucionalización de la ANBSA[640]. Por otro lado, en ojos de propios y extraños, la “llegada” de Toranzo al “Peludo”, era evidente. Y también a sus familiares, como puede verse en la presencia de Sara Bonorino, viuda del hermano de Yrigoyen[641], en el campamento general de 1929[642] y en su posterior ayuda para difundir la tarea de las compañías –con el nombre emblemático de “Leandro N. Alem”– de la Isla Maciel y de Valentín Alsina.

Aunque no faltaran instancias de coincidencias parciales[643], la clara alineación de los scouts con el renovado gobierno de Yrigoyen los alejaría marcadamente de la LP, organización que ya desde el principio había sabido demostrar un fuerte escepticismo con respecto de la renovación yrigoyenista, incluso antes de su llegada al poder. Así, Manuel Carlés no dudaba en señalar “que por primera vez la República aparece en expectativa, confundida y sin rumbo, contemplando curiosa a multitudes electorales conducidas a la Casa Rosada y sin saber por qué ni para qué van allí”[644].

De allí que derivaran dos posturas irreconciliables: mientras Carlés saludaría el golpe de Estado de 1930 casi como “propio”, al señalar que “sus propósitos de labor habían coincidido en un todo con las ideas y con las normas que durante diez años informaron a la Liga Patriótica”[645], Toranzo era pasado, en ese mismo momento, a relevo –mediante el artículo 31, inciso 1 de la ley 9675– por las autoridades de facto, a causa de su apego a la continuidad democrática[646]. La distancia entre los scouts y la LP se efectivizaba como en ningún otro momento previo ni posterior de sus respectivas historias.

En esa línea de “popularización” del scoutismo, particularmente advertible a partir de 1928, puede leerse la instauración del “Día del Scout”, por parte del Directorio en ese año, iniciativa a la que, por su relevancia, le dedicaremos una atención especial en un capítulo del tomo II.

Baste decir que esa fiesta misma, con que buscaba definirse la identidad scout, suponía un encuentro más directo con las “masas” de donde surgirían los niños y niñas que reclutaría el movimiento. Tal como lo expresaba en el acto mendocino por el primer “Día del Scout”, el ingeniero del Castillo, la importancia de dicha conmemoración se fundaba, “además de rendirse un homenaje a los próceres que hicieron la grandeza nacional”, en la necesidad de producir “un mayor acercamiento entre el pueblo y los scouts, que vibrarán al unísono, en un ambiente de fraternidad”[647].

Así, esta lógica democratizante, corriente en el orador mencionado[648] se entroncaba en consonancia con la mirada que se le había asignado desde cierta parte de la dirigencia política al organismo[649]. De lo que se trataba, entonces, era de resaltar los vínculos directos entre la asociación y el resto de la comunidad, para despejar posibles malentendidos previos que sesgaran los alcances de una convocatoria que –al menos en términos discursivos– se propuso siempre, abrir “de par en par sus puertas a todos los niños de buena voluntad”[650].

En síntesis, situada hacia fines de los años veinte, la iniciativa del “Día del Scout” llevada a cabo se sustentó en la necesidad de reformular una imagen de los scouts y del scoutismo, que no había carecido desde los inicios de dicha década, ni de fuertes contradictores ideológicos (como el socialismo y el normalismo), ni de “cuestionados” aliados (como la LP y la ANT), como así tampoco de perspectivas “populares” que satirizaban la iniciativa y situaban a los niños en un lugar meramente “decorativo” que era ratificado incluso en los trabajos oficiosos, como lo era el texto elegido en tercer puesto del concurso de monografías hechas por maestros sobre el scoutismo, de ese mismo año, en el que se seguía reconociendo “que la inmensa mayoría del pueblo, considera al scout como un simple elemento decorativo, que sale en formaciones correctas a la calle, en ciertas solemnidades, que realiza campamentos con fines de distracción, etc.”[651]

En el afán de comunicación con la sociedad, los scouts habían sido vueltos a movilizarse de manera recurrente. A través de la lectura de una sola acta directorial, podemos certificar que hacia septiembre de 1928, las compañías porteñas de “General Alvear”, “Coronel Falcón”, “General Mitre”, “Tambor de Tacuarí” y la tresarroyense de “Santa Coloma” –esta última capaz de realizar una excursión a Claromecó con más de 600 niños bajo la supervisión de los propios boy scouts[652]– habían participado de fiestas del árbol, solemnes misas, actos de reivindicación histórica, fiestas deportivas y festivales[653]. Esto indudablemente representaba un dilema para la dirigencia scout, ¿cómo acercarse a la comunidad, sin replicar el patrón previo y el encasillamiento de los niños dentro del patrón “decorativo”?

Una de las medidas de “popularización”, además, sería “siempre que sea posible”, acordar “sin cargo los uniformes a las compañías más necesitadas”[654]. Así, el scoutismo intentaría ser visto como “una institución democrática e igualitaria como ninguna” que incorporaba “a sus filas a los niños de todas las clases sociales”[655]. Bajo ese prisma de “reformismo social” podría verse entonces, por ejemplo, la reunión del Jefe Scout con referentes del catolicismo “obrero” como el propio Monseñor de Andrea, al participar juntos de algunas bendiciones de banderas como la dada en la compañía “Fray Santa María de Oro” con sede en el colegio “Santa Filomena”[656].

Sin renunciar nunca a la posibilidad de la implantación “obligatoria” de la práctica[657] (aunque esta nunca vería a la luz), los dirigentes scouts entendían que sólo con esas medidas de institucionalización estatal, el movimiento podría superar su cuello de botella y llegar a una masividad realmente considerable.

En el medio de ese proceso marcado por su impronta personal, las actividades profesionales por fuera del scoutismo llevarían a Toranzo a ausentarse nuevamente unos meses del año 1929, durante los cuales sería suplantado por el coronel Augusto Spika (a quien luego reemplazaría también interinamente Federico Santa Coloma). Spika, quien ya había ocupado la presidencia interina –como recordamos– en la gestión anterior, se encargaría del desarrollo del segundo “Día del Scout”, dando continuidad a las demostraciones y movilizaciones visibilizatorias de la práctica. Mientras tanto, su condición militar, como la de Toranzo, le permitía seguir recibiendo el apoyo de las dependencias del Ministerio de Guerra, quien donaría una bandera para la institución y “un uniforme de verano para el ordenanza”[658].

Por su parte, para ese momento, a diferencia de los inicios, Toranzo ya podía ausentarse sin que peligrase su ascendiente en el Directorio, al contar con “incondicionales” como el vocal Berrutti que incluso propondría un “cablegrama de felicitación” al Jefe Scout, por los “múltiples agasajos de que (sic) es objeto en el extranjero” y “las múltiples simpatías de que (sic) ha sabido granjearse”[659]. Otra de las muestras de autoridad de Toranzo, sería la constante decisión tomada en el Directorio, de dejar “para su vuelta”, las cuestiones más comprometidas para decidir en relación con disputas entre miembros de la asociación[660].

Sin embargo, no todo eran “rosas” al interior del movimiento, ni todas las disputas podían posponerse. Hacia fines de 1929, la larvada indisposición al Directorio que el fundador y referente de “los navales”, Armando Fischer, había demostrado luego de su renuncia a la dirección de la revista, a la que había intentado hacer derivar –como vimos– por un tono ininterrumpidamente clerical y antiizquierdista, llegaba a su clímax ante el conocimiento de duras declaraciones –por parte de él– contra las autoridades de BSA. Fischer llegaría a describir a los miembros directoriales como “simples muñecos que sólo estaban para concurrir una vez al año para votar”[661], en declaraciones hechas por el marino ante el personal de la institución y que, referidas por Federico Santa Coloma[662], afectaban sobre todo al inspector general, Alcántara, quien sería –frente a esa situación– respaldado por el Directorio[663].

Recordemos que no era la primera vez que Fischer era visto negativamente por el ejecutivo scout. Ya en los mismos inicios asociativos, en 1917, incluso, se detendría la formación de una asociación local en el puerto de La Plata (Río Santiago), por estar inscripto en ella Fischer, a quien el miembro de la Junta Ejecutiva, Teófilo Gatica, juzgaría como una “persona que no tiene bien sentado su precedente moral entre los scouts[664]. A pesar de los débiles intentos de defensa de su persona por parte de otros miembros[665], el entonces tesorero Basso pediría una investigación de su moralidad y se resolvería –con especial énfasis de Gatica y Tomás Santa Coloma– que Fischer no pudiera formar parte de la comisión de esa entidad, si es que ésta buscaba ser reconocida[666].

Resulta claro que más que por “moralidad”, las tensiones en torno a Fischer surgían de su enorme poder como dirigente y de sus intentos constantes por liderar los sentidos del movimiento, ya que su figura despertaba tanto fuertes rechazos como adhesiones entusiastas. Así, en su condición de miembro del Consejo Nacional, Fischer sería citado por el Directorio “a raíz de las descomedidas manifestaciones” hechas por él y “a fin de escuchar personalmente los cargos que dicho señor tenía que formular” contra el organismo[667].

Fischer, en respuesta, finalmente, se “despacharía”[668]: estaba en contra de los viáticos y del pago a los empleados, ignoraba los gastos ya que nunca se le había mostrado el libro de tesorería y se quejaba que la revista tenía menos material (“240 renglones menos”) que cuando él la dirigía y sin embargo había aumentado su costo[669].

De esas cuestiones “técnicas” saltaría a otras mucho más profundas, acusando a la institución de no ser “democrática” y de no permitir “la libertad de acción ni de pensamiento en contra del directorio”, y enfocando sus dardos sobre todo en contra del secretario Amadeo que “es el único que hace y deshace en la casa, que es el dueño de la institución, teniéndose que acatar sus órdenes”[670].

Santa Coloma y Amadeo desestimarían conjuntamente las acusaciones de Fischer en la reunión, dando lugar a que Carlos Delcasse –no casualmente, miembro masón[671]– solicitara la comparecencia y ratificación por escrito a Fischer de sus dichos[672]. Días después, Fischer se adelantaría, apareciendo de improviso en la Casa Scout y entrevistándose con el Coronel Spika, quien le recriminaría también duramente su actitud:

pues desde que había regresado de Europa concurría casi diariamente a la sede de la institución, se instalaba en la pieza donde trabajan los empleados y durante largas horas criticaba la marcha de la institución, la actuación de sus dirigentes, la disposición de los estatutos, la redacción de la revista y hasta la actitud personal de algunos miembros del directorio, encontrando todo malo[673].

El tiempo utilizado en las reuniones para contrarrestar el “efecto Fischer” demuestra la relevancia del marino en la institución y la amenaza que su oposición significaba para el Directorio. Los efectos de dicha discusión, como veremos luego, redundarían en su renuncia en el año 1930[674], manteniéndose en “pie de guerra”, y utilizando los homenajes que se le daban en la “Almirante Brown” como fundador de los scouts navales, para seguir atacando al Directorio, a pesar de la instalación de una nueva jefatura diferente a la de Toranzo. Así, Fischer declararía que el homenaje que se le daba localmente contrastaba con

la indiferencia y la austeridad demostrada por la mayoría de los miembros del Directorio […] quienes –bisoños en la institución, por más avesados (sic) que se digan y se crean– no alcanzan a ver el granito de arena que, modestamente, he aportado por 19 años a la obra del scoutismo nacional[675].

Para continuar con sus disputas con la jerarquía de BSA, Fischer organizaría “por su cuenta” cinco grupos de la práctica en el Asilo Policial Alberdi, al que uniformaría con los trajes de los “Exploradores General Belgrano”, quienes –a ojos del Directorio– “practican el scoutismo pero no se dicen (sic) pertenecer a él”[676]. El mantenimiento de la tirria hacia el Directorio por considerarse subvalorado dentro de la jerarquía asociativa scout explicaría, así, la posterior incorporación del marino en las filas de la USCA, donde se convertirá –más allá de la dirección “pastoral” de Meinvielle– en el referente scout privilegiado en cuanto al conocimiento de la práctica, según analizaremos en el tomo II de este trabajo.

Con todo, disipadas esas tormentas, al menos transitoriamente, con la vuelta de Toranzo a la Argentina a fines de 1929, el panorama se presentaba alentador para el movimiento, con un dinamismo creciente que permitían expandir, al comenzar la década, las compañías a lugares alejados de la Capital, como –sólo por dar un ejemplo– la localidad chaqueña de Villa Ángela (la que precisamente tomaría, el nombre del Jefe Scout que la vio nacer, un año después de que este falleciera).

Para mediados de 1930, sin embargo, las dificultades económicas ya habían mostrado los endebles alcances de la institución, sometida a esos vaivenes, tanto que impedirían la realización del campamento anual, teniendo que conformarse cada compañía con organizar por su cuenta el propio[677], lo que resultaba algo muy decepcionante para el Directorio, que siempre prefería unificar bajo su dirección una instancia de tal importancia. En efecto, unos años antes, hacia 1926, bajo la dirección provisional de Augusto Spika, se responderá negativamente a la compañía “Belgrano”, el pedido de subvención para realizar un campamento, al señalarse que “la junta tiene a estudio la realización de un campamento general [y] se ha resuelto, por ahora, no autorizar campamentos parciales”[678].

Estas dificultades económicas se presentaban, a ojos de la dirigencia, por cierto desamparo de la opinión pública. Así, en las que serían sus últimas memorias institucionales, Toranzo debería volver a reconocer, en un tono que ya se volvía casi ritual, “la indiferencia del pueblo”, sólo remediable por “obra del tesón y del patriotismo de nuestros colaboradores”[679].

La muestra más potente de ese “tesón” por difundir el scoutismo a todos los puntos del país, a pesar de las adversidades, sería el intento –en agosto de 1930– de un ex presidente delegado de Lanús, de organizar –al igual que se intentara fallidamente ya en 1915– una compañía en Ushuaia, que llegaría a tener una efímera vida de un año. La forma en que el mencionado “entusiasta” (Antonio Carlos Dulom) apuntaba las dificultades de su empresa son llamativas del rol de agentes “nacionalizadores” que se autoasignaban estos actores sociales. Así le describía Dulom a Toranzo, con una crudeza desesperada y muy poco empática, el lugar en el que le había sido instalarse y donde pretendía “seducir” a la población local al scoutismo:

Tierra del Fuego, conocida por el Señor General, es víctima de la indolencia de sus habitantes, en su gran mayoría extranjeros, en todo cuando se relaciona con el sentimiento patrio, circunstancia que se agrava con la invasión pacífica por parte de los chilenos y la distancia que la separa de centros cultos, gravada por la dificultad en los medios de transporte, dado lo accidentado de su suelo y por la escazes (sic) de barcos que llegan a su puerto, sólo los transportes nacionales; y en ocasiones han transcurrido hasta seis meses sin ese beneficio[680].

Además de estas iniciativas concebidas como “patriadas”, los apoyos mencionados por Toranzo serían los encargados de demostrar la capacidad de visibilidad que tendría el tercer “Día del Scout”, celebrado el 1° de septiembre de 1930. De hecho, decenas de medios gráficos de todo el país (desde el reconocido “La Prensa” a “El Mentor” de Choele-Choel[681]) darían cuenta del festejo y un número similar de intendencias (de la bonaerense Avellaneda a Macachín, en La Pampa) colaborarían con fijar carteles alusivos a la fecha[682].

Con semejante despliegue, nadie hubiera apostado que esa “tradición” construida de la nada –pero fuertemente impulsada por el movimiento– del “Día del Scout” se extinguiría (para retomar formas “semanales” dos años después) al encontrarse con el semejante “tropiezo” político que significaría el golpe de Estado liderado por el general Uriburu, que conmocionaría inmediatamente a los BSA y que a fines de año terminaría con el liderazgo de Toranzo, provocando pocos meses después la intervención de la institución.

Con todo, esa iniciativa del “Día” Scout, aunque reducida apenas a tres conmemoraciones, había demostrado ya en ese tiempo escaso, el poder de voluntad de “invención” que había desarrollado el Directorio de Toranzo, a fuerza de modernizar e institucionalizar la práctica bajo la iniciativa de un líder carismático.

Analizaremos en el próximo capítulo, las tumultuosas aguas en las que los BSA tuvieron que navegar durante el conflictivo período uriburista y la manera en que la asociación se reconfiguraría para transcurrir los años del dominio concordancista y el período posterior, de renovado gobierno militar entre 1943 y 1946.


  1. “Informe de José Antonio Basso del 23 de junio de 1919”, Carpeta “1917-1923”, p. 1. MSNA.
  2. Ídem.
  3. AJEANBSA, 27 de diciembre de 1917, p. 225.
  4. AJEANBSA, 15 de mayo de 1918, p. 259.
  5. PLA, 29 de mayo de 1918, pp. 55-57.
  6. Íbidem, p. 56.
  7. Ídem.
  8. PLA, 17 de julio de 1918, p. 58.
  9. ANBSA, Memoria período 1917-1918, p. 1. Mimeo. MSNA.
  10. “Carta de J. R. del Castillo a Ruiz”, Villa Ana, 30 de marzo de 1918. Expediente n° 95 Letra JE. MSNA.
  11. “Informe de José Antonio Basso del 23 de junio de 1919”, Carpeta “1917-1923”, p. 2. MSNA.
  12. Ídem.
  13. Feilberg, J., “Excursión pedestre a La Plata”, ESA, marzo de 1914, pp. 203-204.
  14. AJEANBSA, 30 de noviembre de 1920, p. 255.
  15. ESA, enero de 1914, p. 190. La idea era que el scout pudiera “saber dirigirse tanto de noche como de día a cualquier punto desconocido dentro de un radio de 20 kilómetros sin perderse”.
  16. Ídem.
  17. Ídem.
  18. AJEANBSA, 28 de julio de 1924, p. 33.
  19. Así, la ANBSA será enfática en desconocer el raid pedestre que –auspiciado por una revista– procurarían hacer dos jóvenes desde Buenos Aires a Wahington, enviando incluso cartas al Ministerio de Relaciones Exteriores para que dejase en claro a sus agentes diplomáticos y consulares que “si bien es cierto [que] la institución ve con simpatía el esfuerzo de esos jóvenes argentinos, no los ha autorizado para realizar esta excursión como boy scouts, pues en realidad no pertenecen a ninguna agrupación de la Asociación y además por no encuadrar dicho raid en las finalidades de esta institución”. AJEANBSA, 2 de septiembre de 1924, p. 53.
  20. AJEANBSA, 28 de noviembre de 1917, p. 217.
  21. Según la transcripción del Decreto, en: PLA, 17 de julio de 1918, p. 62.
  22. AJEANBSA, 9 de enero de 1918, p. 228.
  23. AJEANBSA, 14 de agosto de 1922, p. 61.
  24. AJEANBSA, 13 de marzo de 1918, p. 239.
  25. Por ejemplo, Senén Garaño Morales escribía a la Junta Ejecutiva que estaba dispuesto a adherirse al scoutismo, “siempre que se le permita continuar con el nombre de ‘Vanguardias de la Patria’”, de la misma manera que lo habían pedido “los Vanguardias” de Rosario. AJEANBSA, 26 de junio de 1918, p. 277. Cuatro años más tarde, los scouts santafesinos seguían “denunciando” las actividades de las “Vanguardias”, que actuaban sin reconocimiento de la Junta Ejecutiva y realizaban kermesses sin autorización. AJEANBSA, 7 de noviembre de 1922, pp. 111-112. Garaño Morales era un dirigente lo suficientemente reconocido como para que la revista de los Boy Scouts of America, Scouting (15 de agosto de 1916, p. 5) mencionara su nombre y los saludos que enviara por intermedio de otro miembro de las “Vanguardias”. En dicho comentario, no se hacía ninguna distinción entre las diversas ramas y simplemente se definía a Garaño como un scoutmaster.
  26. AJEANBSA, 26 de junio de 1926, p. 278.
  27. Ídem.
  28. Ídem.
  29. Íbidem, p. 279.
  30. AJEANBSA, 26 de diciembre de 1917, p. 224.
  31. AJEANBSA, 26 de marzo de 1918, p. 241.
  32. AJEANBSA, 2 de mayo de 1922, p. 269.
  33. AJEANBSA, 16 de noviembre de 1920, p. 245.
  34. AJEANBSA, 7 de diciembre de 1920, pp. 257-258. En otros casos, como en Villa Dolores o en San Antonio Oeste, en más de una oportunidad se rifaban autos Ford. AJEANBSA, 18 de marzo de 1924, p. 275; 23 de junio de 1925, p. 154 y ADBSA, 4 de junio de 1927, p. 26.
  35. AJEANBSA, 23 de enero de 1918, p. 232.
  36. AJEANBSA, 26 de junio de 1918, p. 280.
  37. Ídem.
  38. AJEANBSA, 12 de diciembre de 1917, pp. 222-223.
  39. Así, desde el diario La Prensa del 16 de junio de 1918 se informaba que las filiales locales “goza[ba]n de amplia autonomía administrativa y deb[ía]n subvenir a sus propias necesidades”.
  40. José Vespignani (1854-1932) fue un sacerdote salesiano nacido en Italia. Llegó al sur del país y se convirtió en auxiliar del padre Cagliero. Fue director del Colegio Pio IX de la Capital y entre 1902 y 1922 fue Superior de toda la obra salesiana en la Argentina. Murió en Turín, donde pasó los últimos diez años de su vida, pero sus restos fueron repatriados en 1948 y depositados en la Cripta de María Auxiliadora de Buenos Aires. GEA, tomo T-Z, 1963, p. 356.
  41. Vespignani, José, Notas dirigidas al S. Gobierno por el Inspector Salesiano y la H. Dirección de Tiro y Gimnasia (Folleto, s/d) Agradezco la mención y copia digital del mismo al investigador Nicolás Moretti.
  42. AJEANBSA, 24 de noviembre de 1917, p. 218.
  43. El padre Lorenzo Massa, en 1942 (épocas de mejores relaciones), señalaba que los “exploradores” eran una institución que “tiene mucho de similar con los boy scout”. Negrotti, Santiago, “Los exploradores argentinos de Don Bosco. Orígenes y pedagogía de una experiencia juvenil salesiana argentina”, en: González, Jesús Graciliano y otros, L’educazione salesiana dal 1880 al 1922. Istanze ed attuazioni in diversi contesti, Roma, LAS, 2007, p. 31.
  44. Vespignani, José, Notas dirigidas al S. Gobierno…, p. 1.
  45. Íbidem, p. 2.
  46. S/A, “Argentine Republic”, BPAU, Vol. XLVI, enero-junio 1918, p. 389. La Unión Panamericana ya había solicitado previamente datos a la ABSA para hacer esta nota. AJEABSA, 11 de julio de 1917, p. 169.
  47. Resulta muy interesante –y vuelvo agradecer aquí a Nicolás Moretti por acercarme la copia digital de este documento– ver una carta en la que el padre Gherra escribe a Vespignani citándole literalmente el apoyo –aunque en tono pesimista en relación con los interlocutores gubernamentales– tanto del legislador Cafferatta (quien decía “ni esa miserable esperanza se puede tener respecto de los ignorantes metidos a Doctores y ministros”) como del Dr. Bas (sostenedor que era “tiempo perdido hablar con ellos, porque no valen nada y no tienen ninguna influencia sobre el presidente”). Subrayado en el original.
  48. AJEANBSA, 12 de diciembre de 1917, p. 222.
  49. Ídem.
  50. AJEANBSA, 3 de julio de 1918, p. 281.
  51. AJEABNSA, 26 de junio de 1918, p. 279.
  52. AJEANBSA, 26 de junio de 1918, p. 279.
  53. Las diversas interpretaciones y matices acerca de los alcances de la “conversión” de Justo, en especial luego del Congreso Eucarístico del ‘34, en: Zanatta, Loris, Del estado liberal a la nación católica, Buenos Aires, UNQ, 1996, pp. 156-157. De hecho, los scouts participarían entusiastamente de dicho Congreso, a pedido, en especial, de la señora Silvia Saavedra Lamas de Pueyrredón. ADBSA, 4 de octubre de 1934, pp. 218-219. Por razones no identificadas, Saavedra Lamas renunciaría en marzo de 1935 a su cargo de “Vicepresidenta” de la comisión de Damas. ADBSA, 20 de marzo de 1935, p. 239.
  54. Zanatta (Del estado liberal, p. 33), ubica ya, tan tempranamente como en 1923, la actividad de Justo como agente de extensión de la presencia eclesiástica en el ámbito del Ejército, en su condición de promotor del nuevo reglamento de servicio del clero castrense. Sin embargo, la dureza burlona de las palabras de Justo hacen resaltar aún más las complejidades de dicha unión entre “la espada” y “la cruz” que se expresarían, como veremos, de manera mucho más tajante en el scoutismo, que funcionaría como claro “punto ciego” y fuerte ejemplo contradictor de la facilidad de considerar esta relación como absolutamente eficaz y armónica. De hecho, el propio Zanatta establece que la situación de “compromiso” entre justismo e Iglesia iba en ambos sentidos, ya que como señala “los católicos, en síntesis, confluyeron en un bloque conservador en el que debieron convivir con parte del viejo liberalismo argentino. Esto explica por qué la Iglesia se puso del lado de Justo en tanto que mal menor, mientras rechazó apoyar, indiscriminadamente la coalición de partidos que había levantado su candidatura” (íbidem, p. 66). Lo que no queda claro, en todo caso, y más allá de su pragmatismo, es cuán “diferente” era, en términos ideológicos, Justo con respecto de los otros miembros del “viejo liberalismo” en cuanto a ciertas consideraciones sobre los límites necesarios que había que imponer a la cuestión religiosa en ámbitos que se pensaban fuera de su “estricta” órbita.
  55. AJEANBSA, 17 de diciembre de 1919, p. 67. Podemos encontrar asimismo que la participación de los “Exploradores” en Mendoza no careció de ribetes políticos en relación con el lencinismo. En una marcha de la asociación de maestros afines al gobierno provincial (la UMM) daría un discurso un niño “scout de Don Bosco”. Ver: Richard-Jorba, Rodolfo, “Somos el pueblo y la patria. El populismo lencinista en Mendoza frente al conflicto social y la prensa: discursos, representaciones y acciones, 1917-1919”, Revista de Historia Americana y Argentina, 48, 1, 2013, p. 41.
  56. AJEANBSA, 9 de junio de 1920, pp. 146-147. En respuesta a tal tipo de misivas, el Jefe de Policía, asimismo, señalaba que daba “las órdenes pertinentes a las Comisarías seccionales en el sentido de que hagan ejercer una especial vigilancia para evitar que personas extrañas a la institución, haciendo uso del uniforme de Boy Scout soliciten contribuciones en dinero a las casas de comercio”. AJEANBSA, 14 de enero de 1921, p. 271.
  57. En el primer número de ESABO, todavía en octubre de 1925, se volvían a publicar los decretos del gobierno anterior otorgando la personería jurídica y la institucionalización de la ANBSA (pp. 2-4).
  58. Bascary sería en su período de gobierno (1917—1920), intervenido en dos oportunidades, por parte del Ejecutivo Nacional, en el marco de divisiones internas (rojos y azules) y de la presión conservadora en el parlamento.
  59. Al menos si uno repara en el listado de Jefes y Ayudantes de la ANBSA, donde se incluía tanto a los “Exploradores Argentinos” como a los de Don Bosco y a los de San Francisco de Sales. Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  60. Como puede rastrearse en la colocación, en junio de 1920, de una placa conmemorativa a Belgrano en la Casa de Tucumán, con motivo del centenario de su fallecimiento. En ella participaron 200 brigadistas. https://bit.ly/3aPMD0c Consultado el 5 de julio de 2018.
  61. En la reunión del 22 de octubre de 1919 (AJEANBSA, p. 21) se daba cuenta de lo informado por la Asociación Regional de Tucumán, en referencia a la negativa del gobernador en sancionar el uso “indebido” del uniforme por parte de los “Exploradores” salesianos.
  62. AJEANBSA, 29 de octubre de 1919, p. 27. Ya había habido una reunión previa, unos días antes, con todos los no integrados. Íbidem, 15 de octubre de 1919, p. 19.
  63. AJEANBSA, 24 de diciembre de 1919, p. 69.
  64. AJEANBSA, 23 de junio de 1920, p. 153.
  65. El primer contacto de la ABSA con una “Comisión de Damas” puede rastrearse a partir de la relación de un conjunto de Damas de Beneficencia, que solicitarían el auxilio de un MS para implantar la práctica en sus asilos. AJEABSA, 26 de octubre de 1916, pp. 99-100.
  66. AJEANBSA, 23 de noviembre de 1920, p. 248.
  67. AJEANBSA, 21 de septiembre de 1920, p. 214. Como veremos de manera detallada en el tomo II, la dirección de Oliveira Cézar de Wilde en la comisión de damas sería efímera y turbulenta, desatando fuertes conflictos con la dirección masculina, a pesar de lo cual, Guillermina seguiría manteniendo vínculos constantes con el mundo scout.
  68. Un sacerdote francés en un informe sobre nuestro país y el vecino Uruguay destacaba a Guillermina dentro de las mayores animadoras de la beneficencia local, describiéndola todavía dentro del movimiento scout, con estas frases: “viuda de un hombre de Estado distinguido, Eduardo Wilde, que fue, durante catorce años, ministro del Interior de la Argentina […] Presidenta del Comité Central de la Cruz Roja Argentina, presidenta de honor de la institución de Boy-Scouts, presidenta de la comisión de iglesias y obras parroquiales, y finalmente de la Obra de escuelas y Casa de Enfermeras […] concibió y, en octubre de 1921, realizó la bella idea de una Confederación Nacional de Beneficencia”. Baudrillart, Alfred, “Chez les latins d’Amérique. Argentine et Uruguay”, Revue de deux mondes, 15 de noviembre de 1923, p. 343. https://bit.ly/3C0kHTf.
  69. AJEANBSA, 9 de noviembre de 1920, p. 240.
  70. Savard, Pierre, “L’ implantation du scoutisme au Canada français”, Les cahiers des dix, n° 43, 1983, p. 215.
  71. Por ejemplo en la solicitud de que al obtener el carnet de la policía, certificando su condición de scout, junto con la firma del presidente de la ANBSA, figurara también la del director de los “Exploradores”, Vespignani, “con el objeto de que con esta última, se conozcan los que pertenecen a dicha agrupación”. AJEANBSA, 31 de agosto de 1920, p. 203. Esta parecía una estrategia de “distinción” y de equiparación de liderazgos más que de “autonomía”, la cual –de seguro– no podía ser muy bien vista por parte del Directorio de la ANBSA.
  72. El Doctor Juan Carlos Garay fue una figura de relevancia y figuración en la ANBSA, participando tanto del Consejo Nacional como de la vocalatura ejecutiva entre 1922 y 1926. Integró en numerosas ocasiones la Junta Ejecutiva y tuvo su clímax como orador –en representación de la asociación– en el funeral de Francisco Moreno.
  73. AJEANBSA, 10 de agosto de 1920, p. 184. Subrayado en el original.
  74. Íbidem, pp. 184-185.
  75. Los representantes eran Orestes Arcones por la ANBSA; Santiago Doyle por los “Exploradores de don Bosco” y Marcelo Allemand por el “Ejército de Salvación”. ADANSA, 15 de noviembre de 1921, pp. 176-177. Allemand ya figuraba en 1918 como MS de los “salvacionistas”.
  76. “Homenaje de los exporadores paraguayos al general San Martín”, Caras y Caretas, 29 de enero de 1921, p. 57.
  77. AJEANBSA, 1° de febrero de 1921, p. 283.
  78. AJEANBSA, 4 de febrero de 1921, p. 1.
  79. AJEANBSA, 1° de febrero de 1921, p. 285.
  80. Íbidem, pp. 285-286.
  81. AJEANBSA, 9 de agosto de 1921, p. 111.
  82. La compañía de la circunscripción 10° era la originaria “Compañía Buenos Aires”, quien podía reconocerse previa a la fundación de la ANBSA misma, y que todavía en 1916 no se avenía a someterse de manera vertical al Ejecutivo scout. Podemos recordar justamente la fuerte discusión entre los miembros del directorio en torno de la “indisciplina” de no concurrir a los festejos del Centenario en Tucumán. AJEANBSA, 19 de julio de 1916, pp. 57-59. Esto derivó en la convocatoria al presidente de la Compañía, Julio V. Villafañe –alguien con llegada directa al ex Jefe Scout, Riccheri– quien expresaría en la reunión posterior, frente al directorio, “la buena disposición de la misma en pro del scoutismo”, con lo que se dio por cerrado el asunto. Íbidem, 26 de julio de 1916, p. 60. El padrinazgo de Riccheri sobre Villafañe era tan claro que en el propio archivo de Riccheri figura la nota que los entonces Presidente y Secretario de la ABSA, Ruiz y Gatica, habían enviado al propio Villafañe a fin de invitarlo para “cambiar ideas sobre el reconocimiento de la Asociación Local que Ud. tan dignamente preside”. Carta del 20 de julio de 1916, de Ruiz y Gatica a Villafañe. FR-MJM. Como forma de demostrar lealtad –pero podríamos pensar, también, de ponerse a la altura de la misma Junta Ejecutiva– en 1919 la Compañía local legislaría que todo miembro de la Junta Ejecutiva Nacional que estuviera presente en las reuniones de la compañía tendría “voz y voto”. AJEANBSA, 5 de noviembre de 1919, p. 29. Ampliaremos las conflictivas incidencias sufridas en la década del veinte por parte de esta Compañía, inicialmente “modelo” del scoutismo argentino, hasta su desaparición por conflictos al interior de la Comisión de Fomento y con el Directorio scout en el tomo II.
  83. AJEANBSA, 4 de febrero de 1921, p. 6.
  84. El problema de la instrucción en los scouts formaba parte constante de la agenda de esos primeros años, tanto que en 1915, y por moción de Federico Gándara, debieron suspenderse los campamentos generales hasta no asegurar la suficiente instrucción de los miembros. ACEABSA, 5 de abril de 1915. Así, luego de un proceso lento de “calificación” de los scouts, esta nueva horneada de exploradores, aparentemente inexpertos, volvía a poner el problema en el candelero. Y esto incluso podía darse entre los de origen inglés, donde el encargado de los scouts en Coronel Suárez, le reconocería al comisionado Christian que sólo había llegado en Gran Bretaña, a ser scout de 3ª clase. Memo de Crundall a Russell, 22 de julio de 1914, Carpeta “Coronel Suárez”. MSNA.
  85. AJEANBSA, 4 de febrero de 1921, p. 10.
  86. Esta sesión mostraría la existencia de varios clivajes al interior de la Junta, no sólo la de “laicicistas” frente a “tolerantes”, sino también en relación a la forma en que concebían la educación y la disciplina los miembros militares como el coronel Arroyo frente a los profesores y maestros como Fitz Simon. AJEANBSA, 15 de febrero de 1921, pp. 11-21.
  87. Como la de la circunscripción 18ª, que ante la mención de la Junta de evitar elegir a una persona como miembro de la comisión local, respondería que “siendo la asamblea la que debe designarlo la voluntad de esta es soberana”. AJEANBSA, 1° de marzo de 1921, p. 25.
  88. Es el caso de Dionisio Napal, quien además de donar libros a la compañía “Almirante Brown” en su condición de Vicario General de la Armada (“Importante donación”, ET, septiembre de 1926, p. 37), daría discursos en Compañías como la “Santa María de Oro” (“En la sección 23ª. Bendición y jura de la bandera”, ESA, noviembre de 1928, p. 39) e incluso comandaría la misa de campaña en el campamento general. “La brillante ceremonia del día 27”, ESA, enero de 1929, p. 24. Napal ocupó un puesto en el Consejo Nacional scout en el bienio 1929-30, para volver a aparecer en sus filas en el año 1933. El sacerdote y escritor Dionisio Napal (1887-1940) fue un divulgador del catolicismo social a través de radios, conferencias, publicación de libros y dirección de periódicos, siendo estrecho colaborador de Monseñor de Andrea. Realizó estudios en el seminario de Villa Devoto y luego en el Colegio Pío latinoamericano de Roma. Fue capellán de la fragata Libertad. GEA, tomo M-Ñ, 1959, p. 455. Una obra panegírica realizada con posterioridad a su muerte, en la que se lo describe como “esclarecido instrumento de Dios para la gloria del XXXII Congreso Eucarístico” (p. 7) y se repasan sus múltiples actividades, se encuentra en Napal. El escritor, el orador, el apóstol, Buenos Aires, Stella Maris, 1941.
  89. Por ejemplo, las del presbítero salesiano Raúl Entraigas en la Compañía “Coronel Estomba” (inicialmente “Don Bosco”) de Bahía Blanca, la de los curas vicarios Ramón Elgart en Concordia y Pedro Amirim en Coronel Pringles y la del reverendo León Lizarralde al frente de los scouts de la Compañía “General Paz” de Villa Crespo. En el último caso, en la actualidad, en el mismo lugar de Gurruchaga al 171 (la parroquia San Bernardo), funciona –desde hace 16 años– otro grupo scout dependiente de SAAC. Otro reverendo delegado de compañía puede encontrarse en Gualeguaychú. ADBSA, 3 de septiembre de 1927, p. 45.
  90. AJEANBSA, 14 de agosto de 1922, p. 60.
  91. “Reconocimiento de los ‘Boy Scouts Argentinos’ como institución nacional”, DSHCSN, 10 de septiembre de 1932, p. 125.
  92. ADBSA, 22 de julio de 1933, p. 126.
  93. S/A, “Scoutismo ¿Será en este período?”, reproducida en: TT, abril-mayo de 1933, p. 10.
  94. ADBSA, 16 de julio de 1935, p. 258.
  95. Como lo demuestra el pedido al gobernador de Corrientes, Adolfo Conte, surgido del pacto autonomista-liberal, para que este motorizase una ley provincial de oficialización del scoutismo. AJEANBSA, 4 de febrero de 1920, p. 84.
  96. Es el caso del Concejo Deliberante de Avellaneda, del que lograron la cesión de uniformes a cambio de participar en la inauguración de la plaza Belgrano de esa ciudad. AJEANBSA, 23 de junio de 1920, p. 157 (y continúa en: p. 162).
  97. El caso paradigmático de ello es el gobernador bonaerense Luis Monteverde, quien accedió a la primera magistratura provincial, habiendo sido antes Presidente de la Asociación Regional de la ANBSA y que sería legitimado como organizador de la Comisión Regional provincial ya en 1918 (según informaba el diario radical La Época del 13 de octubre). Con semejante figura a cargo, no sorprende que la Regional bonaerense contara con el amplio respaldo del Inspector Staub quien en su informe de visita señalaba que “las impresiones recogidas del trabajo que se realiza en pro de la obra [son] excelentes”. AJEANBSA, 10 de septiembre de 1919, p. 2. Otro miembro activador del apoyo a la ANBSA, fue el intendente de la ciudad de Buenos Aires (quien primero fue interventor y luego sucesor de Monteverde en la gobernación de la provincia), José Luis Cantilo, miembro del Consejo Nacional scout también ya en 1918, y quien por ejemplo gestionaría la donación de un inmueble para establecer su sede, a la compañía “General Urquiza”, en su carácter de jefe de gobierno municipal. AJEANBSA, 17 de septiembre de 1919, p. 4.
  98. Es el caso del gobernador del territorio de Misiones, una región constantemente atribulada por su voluntad “nacionalizadora”, quien pediría que se diera mayor énfasis a la actividad de la Comisión de Fomento al scoutismo de Posadas, a fin de garantizar la eficacia de su acción “patriótica”. AJEANBSA, 27 de diciembre de 1921, p. 204. La misma voluntad nacionalizadora ha señalado Laura Méndez para los territorios patagónicos en su: “Moldear el carácter, forjar la nación. El Tiro Federal y el escultismo en la Patagonia Norte durante las primeras décadas del siglo XX”, en Scharagrodsky, Pablo, (compilador), Miradas médicas sobre la cultura física en Argentina, Buenos Aires, Prometeo, 2014, pp. 221-250.
  99. Así, el 27 de agosto la Comisión de Legislación, integrada por –además de Araya– los diputados Carlos Melo, Nicolás Avellaneda, Enrique Martínez y A. C. Escobar, aconsejaba la sanción de la ley. Expediente 139 D. 1919 de la Comisión de Legislación de la Cámara de Diputados. Digitalizado en: Archivo Parlamentario de la HCDN (de ahora en más, APHCDN).
  100. Araya, Rogelio, “Fomento del scoutismo argentino”, p. 756.
  101. El tesorero de la institución y concejal porteño Basso, diría en forma algo redundante que en el scoutismo, al aplicarse el punto del código que mencionaba que “un scout es amigo de todos y hermano de todo scout”, se practicaba “de verdad la verdadera democracia”. “Conferencia dada por el señor tesorero de la institución DON José Antonio Basso en la quinta reunión de la Academia para Maestroscouts, ayudantes y guías”, p. 6. Mimeo. Carpeta “Anexo a Academia MS 1926”. MSNA.
  102. Araya, Rogelio, “Fomento del scoutismo argentino”, p. 756.
  103. Jasinsky había obtenido su ascenso a scout de Segunda Clase, en la Circunscripión 10°, tan sólo dos años antes. AJEANBSA, 10 de octubre de 1917, p. 199.
  104. Espinosa sería propuesto, años después, para ser contratado en 1931 como traductor de la institución, pero su designación sería finalmente desechada por falta de fondos. ADANBSA, 4 de abril de 1932, p. 352.
  105. AJEANBSA, 10 de septiembre de 1919, p. 3.
  106. Araya, “Fomento del scoutismo argentino”, p. 757.
  107. Roland, Carlos P., “Boy Scouts, Vanguardias y Exploradores”, Mundo Argentino, 2 de mayo de 1917, p. s/n.
  108. Santa Fé, 28 de julio de 1915, p. 2.
  109. Araya, “Fomento del scoutismo argentino”, p. 754.
  110. Íbidem, p. 757.
  111. El Artículo 11° señalaba: “Toda infracción que se comenta contra la presente ley y su reglamentación que se dicte, será considerada como contravención policial, quedando autorizado el poder ejecutivo para determinar la forma que se debe establecer y hacerse cumplir la penalidad correspondiente a cada contravención”, con penas de hasta 100 pesos y 15 días de arresto, con duplicación por reincidencia según explicaba el artículo subsiguiente, que además prologaba a otro que indicaba que las multas recabadas por tales disposiciones se destinarían a aumentar los fondos de la ANBSA. Íbidem, p. 755.
  112. Ídem. Esta suma era aproximadamente 5 veces el dinero con el que en general contaba la agrupación, según sus propios balances. Además se preveía que el ingreso fuera inscripto dentro de la planilla de gastos, no del Ministerio de Guerra, sino del de Instrucción y Justicia Pública, y para uso exclusivo de la ANBSA.
  113. Araya, “Fomento del scoutismo argentino”, p. 754.
  114. En propuestas posteriores, incluso, se pensaría en que “la obligatoriedad del scoutismo acarrearía resultados más prácticos que la sola obligación del servicio militar”. Resoagli, Víctor, “Importancia del scoutismo”, ESA, diciembre de 1928, p. 8.
  115. Araya, “Fomento del scoutismo argentino”, p. 754.
  116. AJEANBSA, 30 de junio de 1920, p. 162.
  117. Así, invitarían a Frugoni (junto al resto de los diputados) al acto de la jura de la bandera de la compañía J. J. de Urquiza de Flores, Caballito y San Lorenzo. La invitación a Frugoni en: AJEANBSA, 28 de julio de 1920, pp. 174-175. La invitación general a los diputados figura en el Expediente 361-P-1920 de “Particulares” en APHCDN.
  118. “Proyecto de ley del diputado Frugoni”, DSHCDN, 19 de agosto de 1920, pp. 287-289.
  119. Íbidem, p. 287.
  120. Ya en 1915, en el mencionado artículo titulado “La defensa nacional y los scouts”, se sostenía la posibilidad que ante la reforma de la ley de servicio militar podría pedirse teniendo en cuenta que “el scout, cuando llega a la edad del sorteo, ha pasado por todas las fases de la instrucción militar […] la reducción del tiempo a que son llamados los conscriptos, ya que es posible obtener fuera de las filas, elementos capaces de constituir soldados tan instruidos y preparados para la defensa nacional, como no se ha dado conseguir con el sistema y los métodos vigentes”. Siempre Listos, abril de 1915, pp. 1-2.
  121. Por ejemplo, como el traslado a otras zonas para hacer el servicio, lo que interrumpía el contacto del MS con sus dirigidos, tal lo plantearía Ruben Osuna de la compañía de San Nicolás a la Junta Ejecutiva. AJEANBSA, 1° de mayo de 1918, p. 256.
  122. El artículo 6° incluía a la ANBSA dentro de los beneficios que la ley de ferrocarriles acordaba a los transportes oficiales. Proyecto de ley del diputado Frugoni”, p. 288.
  123. Ídem.
  124. Ya en septiembre de 1920 (AJEANBSA, p. 215) el presidente Santa Coloma informaba que el titular de la cámara de Diputados, Arturo Goyeneche, le aseguró que el proyecto scout no sería tenido en cuenta para ese período legislativo. Las inquietudes por el desarrollo del proyecto se reproducirían en las reuniones de la Junta, en mayo y en septiembre de 1921. Tanto es así que en agosto de ese año, la Junta Ejecutiva de la ANBSA enviaría al presidente de la Cámara de Diputados, Arturo Goyeneche, una nota en la que se recordaba dicho proyecto y señalaba que “interesa vivamente su sanción […] por considerar necesario el apoyo de una ley que le permita con mayor expansión y eficacia hacer más efectiva su enseñanza”. “Nota de la JE de la ANBSA a Arturo Goyeneche”, 25 de agosto de 1921 en Expediente 445-P-1921, APHCDN.
  125. DSHCDN, 11 de agosto de 1922, pp. 107-108.
  126. Ver Expediente 587-P-1922, con carta del 28 de agosto de 1922 de la JE de la ANBSA al Presidente de la HCDN. APHCDN.
  127. Citado en Palermo, Silvana, “El sufragio femenino en el congreso nacional: ideologías de género y ciudadanía en la Argentina (1916-1955)”, Boletin del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”¸ Tercera serie, ns° 16 y 17, 1997-1998, p. 159.
  128. La Prensa, 29 de octubre de 1919, p. 13.
  129. Sobre el proyecto de sufragio femenino de Frugoni, ver: Palermo, Silvana, “Quiera el hombre votar, quiera la mujer votar: genero y cuidadanía política en Argentina (1912-1947)”, https://bit.ly/3vso7eX Consultado el 12 de junio de 2016.
  130. Proyecto de ley del diputado Frugoni”, p. 288.
  131. Como hemos visto y luego retomaremos específicamente en este tomo y en el siguiente, la cuestión del scoutismo femenino va a ser una discusión constante en estos años de entreguerras y la misma creación de una efectiva Comisión Central de Damas, dirigida como ya señalamos por Guillermina Oliveira Cézar de Wilde, es contemporánea a estos mismos sucesos.
  132. Méndez, Laura, “Flor de Lis. Scoutismo y cultura física en clave femenina: 1910-1930”. Ponencia al 10mo Congreso Argentino de Educación Física y Ciencias. La Plata, 2013, https://bit.ly/3G4fmN6. Consultado el 21 de septiembre de 2017.
  133. Por ejemplo como la experiencia que podía transmitirle –muchos años después– a las Girl Scouts de la Compañía “Tambor de Tacuarí”, la MS Guacolda Piñero, recordando los momentos en que fuera elegida delegada estudiantil de tercer año ante el Centro de Estudiantes de Odontología. Piñero, por otra parte, sería en el año 1938, la directora de la “Excursión de las niñas scouts a Nahuel Huapi” relevada en: ESA, marzo de 1938, p. 7.
  134. Muy tempranamente, el teniente David Cosgrove escribía un artículo llamado “Peace Scouting for Girls” (Marlborough Express, 29 de noviembre de 1909, p. 5, https://bit.ly/3BSodPz), en el que se incluía la necesidad para las niñas scouts del conocimiento del jiu-jitsu y de trucos de defensa personal, además de conocimiento de las mismas habilidades de la naturaleza que las solicitadas a los varones. Consultado 12 de mayo de 2017. Como se ha señalado, en Nueva Zelanda se desarrolló “una corriente nacionalista que reconoció una feminidad autóctona –una feminidad que alentaba capacidades y desafíos físicos para las muchachas”. Dollery, Making happy…, p. 103.
  135. ESA, Enero de 1930, p. 28. Precisamente por esas razones consideramos que la participación de las niñas en los tiros federales harían de ellos algo más que dispositivos principalmente verticalistas, como opina la propia Laura Méndez para el caso de la Patagonia, al considerar esos lugares como meros “espacios de socialización, de ejercicio del poder, de institucionalización del espacio público y de construcción de un ideal de niñez y de juventud que se expresaría en la cultura física, signada por principios morales y valoraciones axiológicas, sobre los que se proyectaba el horizonte de expectativa futuro”. Méndez, Laura Marcela, “Moldear el carácter, forjar la nación…”, p. 222.
  136. Como mencionaba Jauretche, con un tono polémico similar al transcripto anteriormente, que para él (y para “los puebleros de mi generación”) el Tiro Federal traía “reminiscencias escolares con algo de fiesta patria, de batallón infantil o compañía de boy-scouts. Y también de consigna: ¡Siempre listos…y con el dedo en el gatillo!” Manual de zonceras argentinas, Buenos Aires, A. Peña Lillo editor, 1973, p. 108. Desarrollaremos más ampliamente los vínculos más “estrictamente” deportivos entre la práctica de tiro y el scoutismo en el tomo II.
  137. Roldán, Diego, “La intervención militar de la práctica del tiro en la Argentina”, en: Scharagrodsky, Pablo Ariel, Mujeres en movimiento. Deporte, cultura física y feminidades. Argentina, 1870-1980, Buenos Aires, Prometeo, 2016, p. 324.
  138. “De Villa Dolores (Córdoba) Concurso de Tiro”, ESA, diciembre de 1929, p. 25.
  139. Hacemos referencia a la tiradora que supo ser tesorera del Ateneo Deportivo Femenino Evita, según se menciona en: Orbuch, Iván, “La mujer y el deporte en el primer peronismo”, en: Panella, Claudio y Raanan Rein (comp.), El deporte en el primer peronismo, La Plata, UNLP-FPyCS, 2019, p. 109.
  140. Ver: Valobra, Adriana María, “Claves de la ciudadanía política femenina en la primera mitad del siglo XX en Argentina”, Estudios, n° 24, 2011, pp. 7-44.
  141. “Proyecto de ley de Frugoni”, p. 287. Esa petición sería apoyada posteriormente, con estadísticas, en las que se aseguraba que en la conscripción 1925, todo quien había “por un tiempo frecuentado” alguna compañía scout había sido declarado “apto para el servicio”, mientras que entre los “inaptos” no había habido ningún antiguo scout. Más allá del grado de confiabilidad de la encuesta, esta afirmación parecía legitimar la importancia del scoutismo en el fomento para “El vigor de la raza” tal se titulaba el artículo en cuestión. ET, enero de 1926, p. 2.
  142. Así, podía leerse en la hoja oficial scout: “La doctora Elvira Rawson de Dellepiane, asesora de la comisión de fomento, disertó sobre la importancia de la conducta de los maestros en la escuela primaria, terminada la cual pronunció breves frases el presidente de la institución general Toranzo”. “En Villa Devoto”, ESA, septiembre de 1928, p. 8.
  143. Asociación Nacional Boy Scouts Argentinos, Memoria. Asamblea 3 de julio de 1923, Buenos Aires, A. De Martino, 1923, p. 4.
  144. Como es el caso de uno de sus presidentes, Tomás Santa Coloma, quien tuvo una participación central en la misma, y de los vocales José Juan Biedma, que fue herido dos veces en dicho levantamiento, y Juan Canter. Octavio Pico y su amigo Ángel Gallardo, miembros del Consejo Nacional scout, también habían participado del movimiento antijuarista. Domingo Güemes, nieto del prócer salteño y uno de los vocales del primer Consejo Nacional, sería uno de los tantos que habían sufrido el exilio por esa razón. Dentro de los referentes más importantes del movimiento, sin duda deberíamos nombrar primero a Francisco Barroetaveña (1856-1932), quien “encendió la mecha” con su artículo “¡Tu quoque Juventud!” y que propiciaría –muchos años después– la formación de la comisión de fomento del scoutismo en su ciudad natal, Gualeguay. ADBSA, 23 de agosto de 1929, p. 157.
  145. Es el caso de otro de los presidentes, el general Ramón Ruiz, quien “participó en la represión del movimiento revolucionario de julio de 1890”. En: Cutolo, Nuevo diccionario…, tomo R-Sa, 1983, p. 489.
  146. Citado en: Palermo, Los derechos políticos de la mujer, Los Polvorines, UNGS-SRP/JGM, 2012, p. 36. El 26 de julio refiere al día de comienzo de la Revolución del Parque.
  147. “En una escuela mixta situada en uno de los barrios fabriles de Barracas, tuvimos ocasión de presenciar una interesante escena: la elección del abanderado. Tiene lugar el primer sábado de cada mes y el cargo es muy ambicionado, pues es la consagración del mejor alumno o alumna por los mismos compañeos. Las maestras presencian el acto sin intervenir en él. Cada grado nombra los electores y el colegio electoral designa de su seno al abanderado por medio del voto secreto y mayoría absoluta. La abanderada cesante trajo la bandera de la escuela y otra niña abrió el acto con breves palabras […] Nos dijo la directora que es notable el criterio de los chicos en la elección del abanderado; no se dejan sofisticar ni impresionar ni aprovechan la ocasión para ejercer venganzas o favoritismos como podría imaginarse. Muy rara es la vez que el nombramiento no recaiga realmente en el alumno más meritorio”. Citado en: Ygobone, Arquetipo de argentinidad, pp. 583-584.
  148. “Carta de la Asocación de Boy Scouts Argentinos a Theodore Roosevelt”, 6 de noviembre de 1913 (TCR), https://bit.ly/3DXdeow Consultado el 10 de octubre de 2017.
  149. En la ficcional conversación entre unos niños que “invitaban” a unas niñas a participar del “Club de Niños”, uno de ellos (“Augusto”) le decía a “Eloísa”: “Esta comisión terminará su tarea cuando estén redactados los estatutos y organizado el Club: hemos aceptado el cargo por el término de dos meses. Después se procederá a una nueva elección y trataremos de formar una comisión mixta”. Lafallada, Felisa, Hogar y patria, Buenos Aires, Vidueiro, 1916, p. 36. El club de niños Mariano Moreno, dependiente de la Legión “Almirante Brown” también era taxativo con respecto a la invitación a la inscripción como socios a “niños de ambos sexos”. “Club de niños Mariano Moreno. Actividades de la Comisión Directiva”, TT, abril-mayo de 1933, p. 6.
  150. Artículo n° 16 del “Proyecto de Estatutos…”. Carpeta “Antecedentes 1915/1916”. MSNA.
  151. Club de niños “M. Moreno”, “Balance del ejercicio enero-septiembre de 1934”, TT, septiembre-octubre de 1934, p. 10. En el número de enero-febrero-marzo de 1936 (pp. 1-2), además se publicaba junto al Balance, la “Memoria” anual del Club de Niños, que además contaría con una comisión de niñas (eso sí, denominada “auxiliar”) integrada por la totalidad de “las niñas scouts de la Compañía ‘Remedios Escalada de San Martín’”.
  152. Puede verse en la descripción, ya en los años treinta, de las materias de instrucción para las 153 Girls Scouts de Villa Crespo, consideradas como de “enseñanza técnica especial para niñas”, como ser: “Economía doméstica, administración del hogar, Trabajos domésticos, Higiene de la alimentación, Higiene personal y del hogar, Puericultura, Primeros Auxilios, Anatomía y Fisiologá, Labores, Música, Canto, Poesía y Artes decorativas”. Esto no quería decir, sin embargo, que no desarrollaran “todas aquellas asignaturas que marcan los programas de scoutismo” y que incluían gimnasia metodizada y vida de campamento al aire libre. Agrupación “Tambor de Tacuarí”, Memoria y balance general. 1 de julio de 1936-30 de junio de 1937, pp. 6-7. MSNA.
  153. Como señala Bontempo: “En un clima social cada vez más favorable hacia el asociacionismo, los Comités fueron mucho más que asociaciones infantiles de beneficencia. En un momento en el cual las mujeres no votaban pero algunas de ellas pugnaban por hacerlo, los Comité fueron espacios para participar –ya que las decisiones se tomaban en asambleas– y adquirir una práctica democrática, en la medida que tanto las niñas como los niños podían elegir y ser elegidos”. Bontempo, Paula, “Los niños de Billiken. Las infancias de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX”. Anuario del Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”, 12, 12, 2012, p. 215.
  154. AJEANBSA, 13 de marzo de 1923, p. 149. Aunque ya casi tres años antes había intentado renunciar por cuestiones de salud, petición que no fue aceptada por el resto de la Junta, quien se llegó en masa a su escritorio a fin de que declinara la decisión de apartarse de la presidencia. AJEANBSA, 16 de noviembre de 1920, p. 245.
  155. AJEANBSA, 26 de noviembre de 1919, pp. 45-51.
  156. AJEANBSA, 1° de octubre de 1919, p. 10.
  157. AJEANBSA, 28 de marzo de 1922, p. 251.
  158. Y que podían estar presentes incluso en los chistes dirigidos a los niños en la revista oficial, como aquel en el que se refería un fotógrafo que al preguntarle a “un negro” si quería que lo retratara de alguna forma especial, “el negro” le respondería: “Sí señor, si no tiene inconveniente, me gustaría que me sacara rubio”. ESA, junio de 1913, p. 38. Y que continuarían en otras “anécdotas” como aquella que finalizaba con un “no me agradaría que un negro fuera más cortés que yo”. ESA, septiembre de 1926, p. 7. Esta mirada desdeñosa, sin embargo, llegaría a ser contestada incluso por otros actores de la institución, como lo demostraría el “Romance de la niña negra” que declamaría una scout girl de “la Tacuarí” en la que se daba –a tono con la ley scout una presentación “llena de sentimiento hacia una niñita despreciada por ser negra pero que una blanca aprecia y sufre por ella”. ESA, octubre de 1938, p. 8.
  159. “Carta de Francisco Moreno a Tomás Santa Coloma”, p. 2. FM-SCB.
  160. No sería la última vez que los scouts intentaran aprovechar en subsidios parte del dinero del Jockey Club, ya que en 1922 volverían a insistir en un pedido –ahora de manera directa– al Dr. Anchorena, quien les había prometido la inclusión de una partida destinada a dicho efecto. AJEANBSA, 14 de agosto de 1922, p. 60.
  161. ANBSA, Memorias 1922-1923, p. 9.
  162. En una reunión, Santa Coloma explicitaba que la Asociación era la que había enviado notas al presidente de la Liga y a la Presidenta de su comisión de damas, “solicitando su cooperación a la obra que realiza el scoutismo”. AJEANBSA, 1º de octubre de 1919, p. 10.
  163. Y que llegaban incluso a que en 1920 se frenara la subvención en estampillas que le otorgara el ministerio del Interior. AJEANBSA, 25 de febrero de 1920, p. 97.
  164. Santa Coloma hablaría de los “factores que han detenido una mayor expansión a causa de la carencia de recursos”. ANBSA, Memoria anual, Ejercicio 1920-1921, Carpeta “Asambleas Ordinarias del Consejo Nacional. Años 1917 a 1923”. MSNA.
  165. AJEANBSA, 11 de julio de 1917, p. 170.
  166. AJEANBSA, 1° de octubre de 1919, p. 11.
  167. El de San Fernando del Valle no sería el único caso. Muchos directores de Colegios Nacionales fueron encargados de la organización del scoutismo en ciudades como San Martín de los Andes o Mar del Plata. En Azul también sería la autoridad principal del Colegio Nacional, el doctor Rafael Barrios, el enacargado de presidir la comisión local.
  168. AJEANBSA, 8 de octubre de 1919, p. 13.
  169. La trayectoria de Thevenin, ingresado sólo un año después de la creación de la ABSA a las filas scouts de la compañía de Barracas, sería particularmente encomiable para las autoridades. Habiendo sido parte de la compañía de Flores en esos años iniciales, fue ascendido a MS en 1917, dirigiendo la compañía “Urquiza” de la Capital Federal. Thevenin luego se trasladaría a Paraná, donde quedaría finalmente a cargo de la compañía local en los años veinte y treinta, siendo ascendido a Inspector Scout en 1944. Ver su biografía scout en: “Maestroscout Adolfo Thevenin”, ESA, junio de 1929, p. 26 y su última promoción del período en la resolución del L. A. Baudizzone del 12 de octubre de 1944, en: “Ascensos de Maestroscouts de acuerdo con la Reglamentación de las Jerarquías”, ESA, septiembre-octubre de 1944, p. 19.
  170. AJEANBSA, 17 de enero de 1922, p. 212.
  171. AJEANBSA, 11 de julio de 1922, p. 31.
  172. Lo que en el caso de Braceras, lo ponía “de ambos lados del mostrador”, ya que sería la casa Braceras la que recibiría dinero de la asociación scout en razón de la compra de mochilas, producidas por dicha casa textil, que luego se donaban a asociaciones locales como la de Santa Elena. AJEANBSA, 3 de diciembre de 1919, p. 56. Esta situación continuó durante su secretariado como puede verse en las facturas que la “Sociedad Anónima Braceras” envió a la ANBSA por la interesante suma de 1680 pesos con 50 centavos por la venta de tela para blusas y confección de las mismas. AJEANBSA, 17 de enero de 1922, p. 207.
  173. Braceras, por ejemplo, lograba “colar” artículos sobre scoutismo incluso en el Boletín de la Bolsa de Comercio. AJEANBSA, 13 de diciembre de 1916, p. 110.
  174. Una empresa que espresaría su rechazo a una petición de la ANBSA de Santa Coloma sería la de “La Panificadora Argentina”, lamentando no poder contribuir con la tarea requerida de abastecer de pan el campamento general en Quilmes. La cifra de casi un millar de niños previstos para recibir pan durante alrededor de una semana, seguramente haya producido esa reacción negativa en la directiva empresarial. AJEANBSA, 3 de diciembre de 1919, p. 55.
  175. AJEANBSA, 8 de octubre de 1919, p. 13.
  176. Contribuyente con cuotas mensuales, como se ve en el Informe del Tesorero Basso. Carpeta “Asambleas Ordinarias 1917-1923”. MSNA.
  177. AJEANBSA, 1° de febrero de 1921, p. 281.
  178. Muchos años después, la comitiva scout de la compañía “Mariano Moreno” de la Ciudad de Buenos Aires sería convidada, al visitar la fábrica cordobesa “Saldán”, con “licor de piperina” (sic). “Actividades de las Agrupaciones y Compañías durante las vacaciones”, ESA, febrero-marzo de 1943, p. 4.
  179. ABSA, Breves indicaciones, p. 18. Ya Baden Powell “quien abogaba por las Ligas Anti-Cigarillo, recordaba regularmente a los Scouts que su deber moral e imperial era rehuir al tabaco en todas sus formas, mientras fueran jóvenes”. Cook, Sharon Anne, Sex, Lies and Cigarettes. Canadian Women, Smoking and Visual Culture, 1880-2000, Montréal-Kingston, McGill-Queen’s Press, 2012, p. 110. Este fuerte posicionamiento de Baden Powell ya puede detectarse en 1904, incluso antes de desarrollar el movimiento, ver: Dedman, “Baden-Powell, Militarism, and the ‘Invisible Contributors’…”, p. 204.
  180. ABSA, Requisitos para ser Scout de 2ª clase, p. 37. Y ya para obtener la divisa de “Cruz Roja” era necesario conocer “los peligros del tabaco, del alcohol, de la falta de aseo y de la incontinencia”. “Divisas de mérito”, BESA, 15 de diciembre de 1914, n° 5, p. 1. La posición antialcoholista era refrendada a nivel mundial, Katharine Furse, la futura líder de las guías británicas, diría que “en algunos países se prohíbe tomar alcohol a los Boy Scouts. En otros, como Gran Bretaña, no existe una ley escrita sobre la cuestión, pero en ese país quedaría mal el permitir tomar alcohol, y los boy scouts ingleses son tomadores únicamente de té (teetotallers)”. No deja de ser interesante el uso de una palabra similar a “totalitarians” para demostrar el fanatismo por la infusión inglesa por excelencia. Advisory Commission for the protection and welfare of Children and Young People- Child Welfare Committee (League of Nations), Minutes on the second session…, pp. 62-63.
  181. “Charla el editor”, ESA, abril de 1914, p. 232.
  182. “Aforismo del scout”, ESA, enero de 1929, p. 29.
  183. “Provincia de Tucumán”, ESA, octubre de 1929, p. 33.
  184. “Edgardo”, “Festival literario musical. Boy y Niñas Scouts de la Compañía N°1 del ‘Ejército de Salvación’”, ESA, enero de 1928, p. 7.
  185. ADBSA, 17 de septiembre de 1943, p. 23. Junto con la mención, Baudizzone presentaría la propuesta de obtener una mejor revista mediante el concurso de “dos personas que se harían cargo de obtener esta publicidad”. Ídem. A pesar del fracaso inicial de esta propuesta, ya para el número extraordinario de 1944 podría leerse: “Al pedir nunca olvide decir: que es ‘Quilmes Cristal’ la cerveza que ud. pide”. ESA, septiembre-octubre de 1944, p. 13.
  186. “Fiesta de despedida del año”, ET, diciembre de 1926, p. 58. Resaltado en negrita nuestro.
  187. Santa Coloma, de hecho, sería el nexo de relaciones entre la Liga Antituberculosa y los scouts, y el encargado de solicitarle cooperación a dicha liga en un campamento general de todas las agrupaciones. AJEABNSA, 8 de octubre de 1919, p. 15. La relación de los BSA con la Liga Antituberculosa sobrepasó en mucho la gestión de Santa Coloma, como podemos ver en el apoyo que darán a la Gran Cruzada iniciada por ésta en 1935 (ADBSA, 16 de julio de 1935, p. 260) y el acompañamiento en la colocación de la piedra fundamental (ADBSA, 22 de noviembre de 1937, p. 2). Sobre la “Liga Argentina contra la Tuberculosis”, ver: Armus, Diego, La ciudad impura, Buenos Aires, Edhasa, 2007, pp. 287-297.
  188. Como ha señalado Armus, en el caso del tabaco, recién estaba empezando a ser relacionado en la época con la posibilidad de favorecer la enfermedad; en el del alcohol, ya existía un largo ataque desde 1870 como promotor de la enfermedad, incluyendo tesis doctorales médicas (como la de 1918 de Esteban Lucotti, titulada “Alcoholismo y tuberculosis”) que ponían esa relación en el centro de sus indagaciones, dando una casi hegemónica identificación entre los dos elementos referidos (aunque ella no estaba exenta de miradas que no la aceptaban, al identificar ciertas bebidas con alcohol que “fortalecían”, y por eso podían ser sanadoras o al menos inocuas para los tuberculosos). Íbidem, p. 52 y ver el apartado “El alcohol y la tuberculosis”, pp. 181-187.
  189. “Ese primer producto de la ‘inmigración’, el argentino del futuro, vive más en la calle que en ninguna otra ciudad del mundo donde generalmente la infancia está disciplinada. Niño, apenas destetado, no sale de la puerta y de la acera, cuya propiedad disputa al transeúnte, y cuando ya puede manejarse solo, la plaza y la puerta de los espectáculos y de las colmadas escuelas del Estado en la errante deambulación de su alegre vagancia”. Ramos Mejía, José María, “El italiano inmigrante” [1899], en: A martillo limpio, Buenos Aires, Compañía Impresora Argentina, 1959, p. 283.
  190. La Nación, 21 de mayo de 1922, p. 5.
  191. Citado en: Zapiola, María Carolina, “La ley de patronato de menores de 1919: ¿una bisagra histórica?”, en: Lionetti, Lucía y Daniel Míguez (comp), Las infancias en la historia argentina, Buenos Aires, Prohistoria, 2010, pp. 117-132. La cita en página 7 de la Versión Online.
  192. Hacia 1926, el secretario de BSA lamentaba: “Es muy triste, señores, ver cómo se encuentran nuestras calles, cafés, plazas, hipódromos y hasta los centros de corrupción, plagados de jóvenes extenuados por el vicio y la mala vida”. Conferencia del Secretario José María Amadeo, “La acción scout en su relación con las grandes obras”, ESA, junio de 1926, p. 4.
  193. Como señalaba la Memoria del bienio 1936-37 (p. 10) de la Agrupación “Tambor de Tacuarí”, resultaba para sus dirigentes “desconsolador no poder concurrir a salvar esos niños que todos nosotros los vemos diariamente desarrollar sus vidas en ambientes amorales, incultos y viciados”. MSNA.
  194. “El ocio fue parcialmente temido, al ser una esfera en la que coincidieron muchos de esos cambios [los de la pujante modernidad de principios de siglo pasado, A. B.], sin embargo él presentaba simultáneamente oportunidades a través de las cuales una nueva y mejor sociedad podía ser creada”. Snape, Robert y Helen Pussard, “Theorisations of leisure in inter-war Britain”, Leisure Studies, 32, 1, 2011, p. 15.
  195. Baden Powell, Robert, “Trabajadores o zánganos”, EMEC, 30 de abril de 1913, p. 38.
  196. “La Comp. P. Burgos visita los scouts de Tapalqué”, ESA, diciembre de 1927, p. 24.
  197. En el proyecto de ley era donde, como vimos, las autoridades cifraban sus esperanzas, como lo señalaba el tesorero José Antonio Basso en su rendición de cuentas, ya que su aprobación daría “carácter permanente y estable y proveer[ía] de los fondos necesarios a la institución para desenvolverse en todo ampliamente llevando su acción a todo el territorio de la República”. Estados de Tesorería informados por Basso a Santa Coloma 1919-1920. Nota del 12 de mayo de 1920, mecanografiada, p. III. Carpeta “Asambleas Ordinarias del Consejo Nacional. Años 1917-1923”. MSNA.
  198. AJEANBSA, 22 de octubre de 1919, p. 22. Además, en 1922, las damas “liguistas” aportarían 500 pesos extra.
  199. Ya en su libro, producto de su investigación de 1986, la historiadora señalaba que “Las señoras [de la LPA] donaron fondos a causas tan diversas como las víctimas del terremoto en Mendoza y para los scouts”. Citamos de la versión castellana, muy posterior: Mc Gee Deutsch, Sandra, Contrarevolución en Argentina, 1900-1932. La Liga Patriótica Argentina, Bernal, UNQ, 2003, p. 164.
  200. La excepción es el trabajo de, previsiblemente, Laura Méndez, aunque restringido al caso patagónico, en el que se señala que por los valores que encarnaban, resultaba entendible que “estos grupos nacionalistas apoyaran con ímpetu a instituciones vinculadas a la promoción de una particular cultura física que formara en estos principios. El escultismo y el Tiro Federal fueron, en ese sentido, las asociaciones por antonomasia”. Méndez, “Moldear el carácter, forjar la nación…”, p. 224.
  201. Existió más de una “Liga Patriótica”, la primera fue fundada el 3 de abril de 1898 “para sostener fines de defensa nacional” y sería presidida por Ricardo Lavalle. Contaría con miembros que años después integrarían el Consejo Nacional de la ANBSA y que volverían a estar en la institución homónima de 1919, como en los casos de Ezequiel Paz o Vicente Gallo.
  202. Podemos mencionar en ese sentido, con diversos grados de visibilidad en ambas instituciones, además de los ya mencionados Paz y Gallo, a Pablo Riccheri, a José J. Biedma, a Dardo Rocha, a Manuel Domecq García, a Estanislao Zeballos, a Tomás Santa Coloma, a Juan Canter y a Ángel Gallardo. Cotejado de nuestro listado personal de la institución scout con las referencias de: Caterina, Luis María, La Liga Patriótica Argentina, Buenos Aires, Corregidor, 1995.
  203. McGee Deutsch, Sandra, Las derechas. La extrema derecha en la Argentina, Brasil y Chile, 1890-1939, Bernal, Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, 2005, p. 140.
  204. En 1913, en su condición de colega parlamentario, Carlés definía a Moreno como “una verdadera gloria nacional, cuyo nombre ha pasado las fronteras de nuestro país”. DSHCDN, 12 de marzo de 1913, p. 817.
  205. Ya incluso antes de la creación de la LP, Carlés fue reconocido por la Junta Ejecutiva de la ANBSA por el decreto en pro del scoutismo que emitiría en su condición de interventor irigoyenista de la provincia de Salta. AJEANBSA, 5 de noviembre de 1918, p. 72.
  206. La fuerza de la movilización de la LP ante dicho evento, puede verse ante la decisión de enviar a los 32 presidentes de las brigadas de Capital a concurrir a su sepelio. La Prensa, 23 de noviembre de 1919, p. 11. Sobre el “copamiento” del funeral de Moreno por parte de la LP, ver: Podgorny, Irina, “Francisco Pascasio Moreno”, en: AAVV, Dictionary Scientific Biography, New York, Charles Scribner’s Sons, 2008, p. 182.
  207. Podemos ver cómo en una carta al presidente de los scouts salteños, Moreno lo definía a Carlés como “mi muy querido amigo”. “Carta de Moreno a Anzoutegui”, 17 de diciembre de 1918, C III, Doc. 73, p. 1. FM-SCB.
  208. Tato, María Inés, “Nacionalismo y catolicismo en la década de 1920: la trayectoria de Manuel Carlés”, Anuario del Centro de Estudios Históricos “Carlos S. A. Segreti”, n° 6, 2007, p. 351.
  209. Osvaldo Bayer, uno de los más persistentes cultores de las diatribas contra el fundador de la ABSA, sostiene que, según era de esperar por los demás actos de su vida, Moreno “culmina su vida fundando nada menos que la Liga Patriótica Argentina, que fue una organización absolutamente fascista creada para luchar contra los obreros, contra los dirigentes obreros que pedían las ocho horas de trabajo”. Bayer, Osvaldo, “El Perito Moreno fue un alcahuete, racista y fundador de fascismo”, https://bit.ly/3DQAtR8. Consultado el 10 de octubre de 2014.
  210. Tato, “Nacionalismo…”.
  211. La “popularidad” de Manuel Carlés hacia mediados de 1919 era tal en los círculos dirigentes scouts, que en la renovación del Consejo Nacional sería votado nada menos que con 26 votos, a pesar de no ser socio de la institución, con lo que –como debió recordar el secretario Braceras Haedo– no podía, por estatutos, ser elegido como miembro. De allí que se anularan sus votos y se lo reemplazase en nueva elección por el Dr. Teófilo Gatica. PLA, 10 de junio de 1919, p. 71.
  212. Ver: Onelli, Clemente, “La momia”, 10 de junio de 1923. FO-AGN, ff. 203-204.
  213. Como ha señalado Sandra McGee, “la Liga tuvo una base más amplia que la que los historiadores han atribuido a la derecha, ya que trabajó para incorporar a sus filas a las mujeres, a miembros de los sectores medios y a otros adherentes a lo largo del país”. McGee Deutsch, Sandra, Contrarevolución en la Argentina, 1900-1932. La Liga Patriótica, Bernal, UNQ, 2003, p. 231. Sobre las complejidades de la bipolaridad “izquierda-derecha”, para el caso de la ANBSA/BSA, hemos escrito nuestro: “El ‘centro apolítico’, ¿imposible o constantemente móvil? Los scouts argentinos entre la Liga Patriótica y Uriburu (1919-1932)”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, https://bit.ly/3DZfPyy Consultado el 11 de agosto de 2020. Por otro lado, la Dra. Noemí Girbal también ha destacado esa tensión entre el discurso “cívico” y considerado –por ende– “no político” proveniente desde la institución, frente a su constante intervención en el ámbito legislativo. Ver de la autora citada: “La Liga Patriótica Argentina en el Congreso Nacional (1919-1960). La pervivencia del poder político entre bastidores”, La Rivada, enero-julio de 2018, v. 6, n°10, pp. 139-151.
  214. Onelli, s/t. Mecanografiado. FO-AGN, f. 243 (refoliado f. 221). Para años posteriores al que referimos, Ernesto Bohoslavsky también ha atendido, muy esclarecedoramente, a la complejidad existente en el uso que ciertos grupos de “derecha” harían de las reivindicaciones “indígenas” o indigenistas. Ver en ese sentido, del mencionado autor, “El nacionalismo fascistoide frente a los indígenas del sur (1930-1943) ¿Pragmatismo, giro plebeyo o revisionismo?”, Sociohistórica, 2007, 21-22, pp. 143-167.
  215. AJEANBSA, 22 de octubre de 1919, p. 22.
  216. Como en el caso de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, que en una de sus sesiones ejecutivas, ante el pedido de la LP de suministrarle un delegado, resolvió “hacerle saber que siendo ésta una oficina nacional, no puede intervenir en los asuntos que hace esa asociación, aunque individualmente sus miembros simpaticen con sus fines”. Acta n° 208, 13 de octubre de 1919, https://bit.ly/3AXrY59 Consultado el 16 de septiembre de 2015.
  217. Como señala Joel Horowitz, Domecq García tomaría “una posición decididamente antiobrera en el frente marino, justo en el momento en que los aliados del gobierno intentaban crear apoyo entre los trabajadores portuarios”. En: Argentina’s Radical Party and Popular Mobilization, 1916-1930, Penn State Press, 2011, p. 150. En la reunion del 26 de septiembre de 1922 (AJEANBSA, p. 85) la Junta se pondría de pie en “acto de aplauso” a Bustos Domecq como “la más alta autoridad de la Armada”.
  218. AJEANBSA, 16 de junio de 1920, p. 149 y 4 de agosto de 1920, p. 178.
  219. Así podemos encontrar rechazos a las solicitudes de la parroquia de Santa Lucía, la Asociación de Mayo, el Instituto de Buenos Aires, e incluso a la Sociedad Ana María Elflein, que recordaba la memoria de una de las más dilectas discípulas del “Perito” en educación.
  220. AJEANBSA¸ 22 de noviembre de 1921, p. 180. Sobre la sección de Aviación de la LP ha trabajado Pablo Ortemberg en su: “Los raids aéreos de Eduardo Miguel Hearne: deporte, mercado y confraternidad sudamericana a comienzos de la década del 1920”, Pasado abierto, 12, junio-diciembre de 2020, pp. 172-198.
  221. Imaginemos aún más la discordancia de Berrutti, cuando el acto por el que el maestro en cuestión opinaba, no tenía por objeto exaltar la argentinidad, sino que había sido previsto por la Comisión de Homenaje al Heroísmo del Ejército Español. AJEANBSA, 9 de agosto de 1921, p. 112.
  222. AJEANBSA¸ 13 de diciembre de 1921, p. 191. Podemos encontrar un discurso sobre esta escuela por parte de la “señorita” María Lea Gastón, una de las obreras que concurría a la misma, en la que se define –no sin pomposidad– a la Comisión de Damas encargada del desarrollo de esta iniciativa como “un grupo de niñas de la mejor sociedad de Buenos Aires, descendientes de hogares cristianos, cuyas madres matronas argentinas de noble estirpe supieron inculcar en sus almas la más hermosa máxima del cristianismo”. La “señorita obrera” reconocería también –rompiendo con la idea de mera manipulación “verticalista” por parte de estas organizaciones– que “acudimos a la clase contentas después de trabajar todo el día y allí encontramos a la maestra buena y abnegada”. En: “Discurso de la señorita María Lea Gastón de la Escuela Fundada por la C. C. de Señoritas de la Liga Patriótica Argentina, en los establecimientos Gratry de Nueva Pompeya”, Tercer Congreso de Trabajadores de la Liga Patriótica Argentina, Buenos Aires, Talleres Gráficos Cúneo, 1922, p. 344.
  223. AJEANBSA, 14 de julio de 1920, p. 165.
  224. AJEANBSA¸ 19 de abril de 1921, p. 52.
  225. Una excepción fue cuando le fue negada a la Presidenta de la Brigada del Magisterio de la LP, el concurso de scouts para que hicieran guardia de honor en el Mausoleo del General Belgrano en un acto, señalándole que “habiendo dispuesto con anterioridad el concurso a los diversos actos oficiales no le será posible acceder a la solicitud”. AJEANBSA, 9 de junio de 1920, p. 146.
  226. Decimos esto, porque luego de que la presidenta de la Comisión de Damas scout donara el dinero necesario para subvencionar la realización de una cinta cinematográfica en la que se mostraban los pormenores de un torneo atlético que la ANBSA desarrollara en El Palomar, la Junta aprobaría una resolución por la cual se unificara dicha cinta con una “cinta scout sacada por la Liga Patriótica”. AJEANBSA, 30 de noviembre de 1920, p. 255.
  227. Sobre la Asociación Nacional del Trabajo, ver: Rapalo, María Ester, Patrones y obreros. La ofensiva de la clase propietaria, 1918-1930, Buenos Aires, Siglo XXI, 2012.
  228. AJEANBSA, 2 de junio de 1921, p. 84.
  229. Sobre esta huelga, ver Rapalo, “La violenta ofensiva contra los choferes”, Patrones y obreros, pp. 120-123.
  230. Resulta interesante leer las consideraciones que un diario de la colectividad gallega expresaría sobre dicho manifiesto sindical, del que se decía que “se consignaban términos irrespetuosos e insolentes para el sentimiento patriótico del pueblo argentino”. Por ello, los responsables de dicho diario señalaban: “Compartimos la indigación que los hijos de este país experimentan ante exabruptos de tal naturaleza, pero estamos muy lejos del concederles la extensión que se les han concedido, abarcando a todo un numeroso gremio en la responsabilidad que sólo alcanzaría a los redactores de semejante documento”. El Correo de Galicia, 5 de junio de 1921, p. 1. Consultado el 14 de febrero de 2020 en el portal digital Galiciana.
  231. AJEANBSA, 7 de junio de 1921, p. 86.
  232. En el número de junio de 1929, ESA lo homenajeaba con un retrato en su tapa y una editorial en la que se lo definía distinguido con “relieves inconfundibles”. Analizaremos largamente el culto a los próceres que realizaba el scoutismo, en uno de los capítulos del tomo II.
  233. AJEANBSA, 7 de junio de 1921, p. 86.
  234. Hemos detectado la negativa a movilizar scouts para esta agrupación en 9 oportunidades, siendo la más problemática una en que por respuesta la CNJ se permitiría dudar de la simpatía de la ANBSA por la República Oriental del Uruguay, país al que se disponía homenajear, lo que generará por parte de la ANBSA una respuesta, a su vez, demostrando su “desagrado” por la actitud de la CNJ (AJEANBSA, 23 de agosto de 1921, p. 118).
  235. José Luis Cantilo (1871-1944) fue periodista, profesor y legislador. Fundador de la Unión Cívica Radical, participó de la revolución de 1904. Fundó el diario La Época. Fue elegido en 1912 Diputado Nacional. Fue intendente de la Ciudad de Buenos Aires y gobernador de la Provincia homónima. Se exilió ante el golpe de 1930. Luego de retornar al país, presidió la Cámara de Diputados desde 1941 hasta el golpe militar que la disolvió en 1943. GEA, tomo C-Delt, 1956, pp. 103-104 y Cutolo, Novísimo, p. 375.
  236. AJEANBSA, 9 de agosto de 1921, p. 112. La ligazón con Cantilo era tan fuerte que hacía poner en duda la pregonada “apoliticidad” de los scouts, ya que la compañía capitalina “Francisco Moreno” concurriría luego –oficialmente– a su acto de posesión de mando como gobernador de la provincia de Buenos Aires. AJEANBSA, 9 de mayo de 1922, p. 273. Antes de sus apoyos como intendente de Buenos Aires, Cantilo ya había gestionado como interventor de la provincia en 1918, un subsidio de 200 pesos para el campamento de la asociación en Quilmes (AJEANBSA, 9 de enero de 1918, p. 229).
  237. De los poco más de 13 mil pesos que el Directorio mencionaba como entradas de la asociación, 10 mil de ellos provenían de dicho subsidio municipal. AJEANBSA, 18 de noviembre de 1921, p. 175.
  238. AJEANBSA, 11 de octubre de 1921, p. 151.
  239. AJEANBSA, 6 de septiembre de 1921, p. 123.
  240. Por ejemplo, en esas fechas, frente a la necesidad de hacer campaña pro scout a través de conferencias públicas, el miembro Juan Carlos Garay solicitaría que se hicieran “una vez terminadas las próximas elecciones”. AJEANBSA, 25 de febrero de 1920, p. 101.
  241. Podgorny, Irina, “De la santidad laica del científico Florentino Ameghino y el espectáculo de la ciencia en la Argentina moderna”, Entrepasados, año VI, n°13, fines de 1997, p. 54.
  242. Íbidem, p. 44.
  243. Las disputas que se remontaban a fines del siglo XIX pueden rastrearse en: Fernicola, Juan Carlos, “Implicancias del conflicto Ameghino-Moreno sobre la colección de mamíferos fósiles realizada por Carlos Ameghino en su primera exploración al río Santa Cruz, Argentina”, Revista Museo Argentino de Ciencias Naturales, 13, 1, 2011, pp. 41-57.
  244. Palabras de Moreno en la sesión del 23 de agosto de 1911, citadas en Moreno Terrero de Benites, Recuerdos de mi abuelo…, p. 170.
  245. El proyecto sería recogido por Manuel B. Gonnet quien lo haría aprobar en sesión del 11 de septiembre de 1912. DSHCDN, pp. 676-677.
  246. ADBSA, 26 de julio de 1934, p. 212.
  247. ADBSA, 15 de diciembre de 1936, p. 89.
  248. La de Sunchales, ya denominada así en 1925, tendría –casi en consonancia con lo que despertaba su denominación entre los grupos religiosos– fuertes disputas con el clero del lugar, como mencionaremos en el tomo II.
  249. Como lo intuían los católicos, aunque de manera algo mecánica, el nexo entre socialistas y normalistas era innegable. En ese sentido, el diario Los Principios de Córdoba, sostenía: “Socialismo y normalismo: Millares de votos socialistas han sido dados por ciudadanos de 18 a 21 años ¿Quién los ha inducido? […] Es que el profesorado normal es en su mayoría socialista, […] desde el primer paso en las escuelas normales se inculca el espíritu revolucionario cuyas últimas consecuencias las saca el socialismo”. Citado en: Roitenburd, Silvia N., “Educación y control social. El nacionalismo católico cordobés (1862-1944), en: Puigróss, Adriana (dirección), La educación en las provincias y territorios nacionales (1885-1945), Buenos Aires, Galerna, 2001, p. 90.
  250. Silvestrini, a quien vimos actuando como “madre” en la “Arenales”, luego participaría activamente como dirigente, sin dejar por ello de llevar a sus hijos (Celso, Hortensia y Argentina) a los campamentos que la compañía celebraba anualmente. “De la compañía ‘General Arenales’”, ESA, marzo de 1930, p. 23.
  251. AJEANBSA, 12 de noviembre de 1919, p. 36. El pago a la “Imprenta Rinaldi hnos.” donde se confeccionaron los panfletos, en: Íbidem, 10 de diciembre de 1919, p. 63.
  252. Berrutti, José Jacinto, “El rosal y la mariposa”, La escuela popular, año 1, n° 13, 15 de noviembre de 1913, pp. 21-22. En reservorio digital de la FLA, https://bit.ly/3pfm8tB.
  253. Un Leopoldo Lugones que ante los jóvenes normalistas decía (5 años antes de dar su discurso de “la hora de la espada”) que “lo que se desea es que bajo cubierta nacionalista se haga propaganda militarista Nuestra historia es de civilidad y pacifismo, no historia militar […] Se ha abierto una cierta importación extranjera de uniformes y de cascos. Es la vieja idea militar europea que confunde la patria con el ejército y que hace de la bandera no una ofrenda del cielo sino un emblema de odio y de discordia […] Sería largo enumerar todos los ‘rusos’ argentinos. Nosotros somos los malos patriotas porque creemos en una patria sin militarismo y sin ignorancia”. Primer Congreso de Estudiantes Normalistas, Conclusiones aprobadas, Buenos Aires, Imprenta Mercatali, 1920, p. 12. Indudablemente, el cambio ideológico, luego, no pasó desapercibido y sería objeto incluso de burlones poemas que no sólo afectaban a él, sino también a sus ahora decepcionados seguidores, según expresaba Hernán Gómez en su poema “Balada a un estudiante lugonófobo, melenudo y platense”, en el que se decía “Mejor su anarquismo de antaño perdones al que es hoy soldado Leopoldo Lugones”. Martín Fierro, Segunda época, n° 14 y 15, 24 de enero de 1925, p. 1.
  254. Luego de recibir la noticia acerca del Juramento Patriótico a la Bandera que debían prestar los maestros, instaurado por el entonces presidente del CNE, la Junta Ejecutiva de la ANBSA resolvería cursar “una nota de felicitación al Dr. Gallardo” y por moción del Ingeniero Huergo, hacer extensivo y obligatorio el juramento para los MMSS. AJEANBSA, 9 de noviembre de 1920, p. 242.
  255. AJEANBSA, 5 de noviembre de 1919, p. 29.
  256. El manifiesto sería aplaudido y avalado por unanimidad en la sesión del 8 de noviembre de 1919. AJEANBSA, p. 3.
  257. Primer Congreso de Estudiantes Normalistas, Conclusiones aprobadas, p. 18.
  258. Ídem.
  259. Ídem.
  260. La trayectoria de Soler en relación con el movimiento estudiantil no deja de interesante. Se ha identificado que la mayor de las frustraciones de su vida (perder en 1919 el concurso por la titularidad de la Cátedra de Fisiología de la UBA a manos del futuro Premio Nobel, Bernardo Houssay) sólo fue posible en el marco post-1918. Según se ha señalado: “Houssay, con la enorme acumulación realizada en el terreno científico, académico y profesional, logró un triunfo exiguo y extremadamente azaroso que probablemente no habría podido darse de no estar en acto la Reforma de 1918” (Buch, Alfonso, “Institución y ruptura: la elección de Bernardo Houssay como titular de la cátedra de fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA (1919)”, Redes, 2, 1, 1994, p. 169). En efecto, este proceso hizo posible que la experiencia valiera –a diferencia de años pasados– menos que la vitalidad investigadora. Sin embargo, lo cierto es que Soler no parece haber quedado resentido con ese movimiento de transformación, ni mucho menos con el sector del alumnado. De hecho, en el concurso en cuestión, él había sido el que había sido votado por los representantes estudiantiles, en vez de Houssay (Íbidem, p. 166). Incluso un grupo de ellos llegaría a entrevistarse con Yrigoyen solicitándole que intercediera para colocar a Soler en vez de Houssay. Esta cercanía con los grupos reformistas y estudiantiles fue particularmente clara en la Universidad del Litoral. Podemos incluso ver la defensa que haría de él Tribuna Universitaria, el periódico oficial de la Federación Universitaria de Rosario, en oposición a los intentos del entonces decano de la Facultad de Medicina, Ábalos, por reprender a Soler por dar “pocas” clases. Según explicaba el diario estudiantil, lo que sucedía es que el decano tenía miedo de la “sombra” que la figura de Soler proyectaba sobre él. Llamativamente esta revista era abiertamente contraria a la “Liga Patriótica”, tan cercana a los scouts según hemos visto precedentemente. Sobre el apoyo estudiantil a Soler en el litoral, ver: Tribuna Universitaria, 30 de marzo de 1922, año 2, n° 8, pp. 1-2, https://bit.ly/3pmkNkD) y De Marco, Miguel Ángel, “Artemio Zeno y la conformación de un nuevo espacio del conocimiento quirúrgico en Latinoamérica: la dinámica local en la formación de innovadores: Rosario 1910-1940”, Res Gesta, 48, 2010, https://bit.ly/2XsAFXf Fecha de consulta: 4 de junio de 2020.
  261. Aunque sin la tan rápida pendulación de ideas de Lugones como la que hemos podido señalar, el decurso de Hugo Calzetti no deja de ser interesante, a más largo plazo, pasando de sus expresiones de reformismo, defensa del leninismo y escolanovismo de la década del veinte a posiciones de fuerte crítica al marxismo (su “Anti Marx”) en los años treinta (cuando Ernesto Giúdici lo “culpe” de encargarse junto a Vasalo y Mantovani de la “fascistización cultural acelerada” en la Argentina). En ese giro, deja “el normalismo”, hasta confluir en un fuertísimo catolicismo espiritualista y su coronación como funcionario de Ivanissevich y su libro de didáctica durante el peronismo. Sobre una caracterzación del “último” Calzetti, en la que se apunta su tomismo y su antipositivismo, ver: Puiggros, Adriana, Qué pasó en la educación argentina, Buenos Aires, Galerna, 2006, p. 132.
  262. Primer Congreso de Estudiantes Normalistas, Conclusiones aprobadas, p. 21.
  263. Ídem.
  264. Dicha gestión era abiertamente reivindicada por el Jefe Scout Santa Coloma que precisamente –como balance de su presidencia– valoraría que si hubo una cuestión en la que nunca se había transigido “en absoluto”, había sido en inculcar “con toda energía y entusiasmo” el sentimiento nacionalista “impuesto en la enseñanza como fundamental”. ANBSA, Memoria. Asamblea 3 de julio de 1923, Buenos Aires, p. 4.
  265. Reproducidos en: Primer Congreso de Estudiantes Normalistas, Conclusiones aprobadas, pp. 21-22.
  266. Ídem.
  267. Y precisamente en un tono fuertemente nacionalista, como señalaba más de una una década antes Rojas en su famoso informe sobre educación, conocido como libro por La restauración nacionalista (1909) en el que uno de sus apartados llevaba el contundente título de: “La enseñanza particular: su obra inmoral y antiargentina en nuestro país”. Rojas, Ricardo [con presentación de Darío Pulfer]. La restauración nacionalista, La Plata, UNIPE, 2010, pp. 210-216.
  268. Sobre dicha comisión, puesta en su contexto histórico y museístico, ver el trabajo de María Élida Blasco, “De objetos a ‘patrimonio moral de la nación”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, https://bit.ly/3lXhkqC, Consultado: 1° de diciembre de 2019.
  269. Primer Congreso de Estudiantes Normalistas, Conclusiones aprobadas, p. 21.
  270. Rancière, Jacques, La Mésentente, París, Galilée, 1995, p. 12.
  271. Íbidem, p. 15.
  272. Calzetti, Hugo, “Los dos nacionalismos”, Clarín, 23 de diciembre de 1919, pp. 5-7 (AL-CeDInCI), https://bit.ly/2YZBszo Consultado 3 de agosto de 2020.
  273. Americo Ghioldi diría que sería “conveniente no hacer declaraciones sobre el nacionalismo que mucho tiene de subjetivo […] La enseñanza de la historia, de la geografía, de la instrucción cívica debe ser dada no a base de preconceptos chauvinistas, sino a base de la verdad”. La Prensa, 27 de octubre de 1919, p. 10.
  274. Calzetti, “Los dos nacionalismos”, p. 5. Cursivas nuestras.
  275. Así, la Junta Ejecutiva scout recibiría la nota de dicha sociedad, en la que se aplaudía “la acción patriótica de esa asociación puesta de manifiesto en la proclama pública protestando contra el voto formulado por el Congreso Normalista declarando la inutilidad del patriotismo en las escuelas”. AJEANBSA, 19 de noviembre de 1919, p. 38.
  276. Calzetti, “Los dos nacionalismos”, p. 5. Cursivas nuestras.
  277. Ídem.
  278. Gallardo, Memorias, p. 214. Para la propuesta vista desde el contexto de las acciones de la Liga Patriótica, ver: Caterina, La Liga…, p. 114.
  279. Gallardo, Memorias, p. 214.
  280. Íbidem, p. 318.
  281. Calzetti, “Los dos nacionalismos”, p. 5.
  282. Gallardo, Memorias, pp. 318-319.
  283. Íbidem, pp. 208-209.
  284. La Prensa, 14 de noviembre de 1919, p. 16.
  285. Calzetti, “Los dos nacionalismos”, p. 6.
  286. Ídem.
  287. Ídem.
  288. Por ejemplo, al decir la revista scout de Punta Alta: “el vapor y la electricidad han dominado el desierto; el silbato de la locomotora ha apagado el alarido del indio”. S/A, “1810 –25 de mayo– 1934”, TT, abril-mayo-junio de 1934, p. 1. O cuando, en el caso de la revista nacional, al condenar el uso de disparos de arma de fuego, petardos y buscapiés para celebrar las fiestas, se señalara que eso constituía “la forma más inculta y temeraria de demostrar recogijos, siendo un resabio del indio que nunca ha conocido medios de expresión amables y delicados”. S/A, s/t, ESA, diciembre de 1927, p. 30. Este sesgo negativo también ha sido visto por Scharagrodsky y Méndez (“El Escautismo en la Argentina…”) en relación al artículo “Sale en indio”, también del año 1927, del cual los autores citan un fragmento en el cual se señala que “es innegable que nos hace falta la cultura a fin de matar al indio que todos llevamos escondido bajo el pecho”.
    Esto no evitaba, sin embargo, que se promoviera el uso de términos indígenas para designar la fauna local, como cuando el editor de El Terutero pedía a los niños que usaran el nombre de “micuré” para designar a dicho animalito del sur bonaerense, antes que denominarlo “comadreja overa” (S/A, “El micuré común”, ET, septiembre de 1927, pp. 1-2) o que, en la segunda etapa de dicha revista, se imprimiera el poema “Semblanza india” –escrito en La Plata– de Telmo Paez Nievas, donde se definía al indio como miembro de una “raza altiva”, de “sangre héroe”, que “sigue defendiendo sus blasones como el cóndor” y que es “vanguardia de la raza americana”. TT, septiembre de 1932, p. 9. De la misma manera se reivindicaba especialmente la “epopeya calchaquí”, como antecesora de la independencia patria, frente a los abusos de la “sangrienta opresión” española. S/A, “1810 –25 de mayo– 1936”, TT, abril-mayo-junio de 1936, p. 14.
  289. Y con posterioridad, en los años cuarenta, se produciría en la misión chaqueña de Embarcación (Salta), dirigida por un pastor y un director de escuela, la “organización de una compañía scouts (sic) con niños aborígenes de la tribu de los Matacos”. ADBSA, 17 de septiembre de 1943, p. 25. Lo mismo en “San Lorenzo de Calilagua (sic), Jujuy” en la escuela Nacional n° 7 “con niños en su mayoría aborígenes”. ADBSA, 7 de diciembre de 1944, p. 132. Por otro lado, la revista informaría que scouts chaqueños realizarían obras humanitarias “en favor” de “indios Toba que se encontraban en la más absoluta indigencia”. “Los Scouts de la Compañía ‘Carlos Hardy’, de las Palmas (Chaco), realizan una obra humanitaria en favor de los indígenas de la zona”, ESA, marzo-abril de 1945, p. 23.
  290. La revista oficial scout reproduciría un relato inicialmente publicado en la revista Estampa, en la cual se mostraba a un niño guaraní (el “indiecito Liborio”) de la Compañía de Posadas, que no era considerado por los otros scouts como “compatriota”. Frente a esa discriminación, el guía 1° le diría “Liborio, tu eres tan argentino como nosotros. Y a los que nos vanagloria el ser descendientes de los conquistadores, nos debe cohibir mirarte de frente, porque ellos despojaron a tus mayores de la tierra donde nacieron”. Luego de demostrarles su valor a los colegas scouts, al rescatar de un estero en el que había quedado inmovilizado, al compañero que más lo discriminaba, Liborio se haría acreedor al honor de “recoger la bandera de la patria” y el MS le diría “Tu eres tan de esta tierra como nosotros, y nuestra bandera se sentirá orgullosa de ser acariciada por tus manos morenas, quemadas por el sol de la patria”. Córdoba Alsina, M. A., “El indiecito”, reproducido en: ESA, julio de 1939, p. 4.
  291. Calzetti, “Los dos nacionalismos”, p. 7.
  292. Ídem.
  293. “De esos será el triunfo; de los que están con la civilización. De Sarmiento y no de Facundo. Y es en vano que la barbarie amague con levantar su pesado testuz, amenazando topar; de nuevo tendrá que agacharlo, mansamente, cuando sienta caer sobre el hocico el cintarazo de la luz”. Ídem.
  294. Los homenajes a las figuras “unitarias” serían recurrentes tiempo después, como el que se brindara en el artículo “Homenaje al Brigadier General José María Paz” con motivo de la traslación de los restos del mencionado al mausoleo erigido en la Recoleta. ESA, octubre de 1928, pp. 1-3. En dicho artículo, precisamente, se mencionaba al “terrible Facundo” (p. 2). Más allá de ciertas modulaciones en relación con los caudillos provinciales, la figura de Rosas y el federalismo, la tradición de la asociación se mantendría –a causa de su “sarmientismo” irreductible– tan opuesta a la figura de Facundo Quiroga que –como puede verse en el anexo 1 y desarrollaremos con detalle en el tomo II– el directorio votaría en contra y rechazaría enfáticamente la propuesta de una de las compañías de La Rioja por denominarse con el nombre del “Tigre de los llanos”.
  295. La Prensa, 1° de noviembre de 1919, p. 11.
  296. Ygobone, Arquetipo de argentinidad, pp. 565-566.
  297. El texto traducido por Torcelli era el de: Hazard, Pablo, “Los ‘Boy Scouts’”, Revista de Educación, Tomo LX, enero-marzo de 1912, pp. 36-49. En atención a la “novedad” que significaban estos grupos, se indicaba (probablemente por pluma del editor): “La singular actualidad que tiene para nosotros el artículo de Pablo Hazard, dadas las iniciativas que han surgido en la Capital Federal, La Plata y otras ciudades de la república, con comienzo de realización en la primera, es la razón por lo cual lo publicamos” (p. 49).
  298. Curiosamente, en el soporte al scoutismo, el mencionado autor unía a estos dos socialistas con figuras –como Manuel Carlés o Estanislao Zeballos– no precisamente admiradas por los partidarios de Juan B. Justo. Braceras Haedo, “El scoutismo en la Argentina”, p. 161.
  299. La primera visita, en vistas de su relación con el ya citado pedagogo Ernesto Nelson, se daría nada menos que a la YMCA (como hemos visto, tanto acompañante como institución habían estado en el origen mismo del scoutismo), advirtiendo su complacencia ante lo allí visto. Prevenido por un anticlericalismo naturalizado, Giménez dirá a los socialistas que lo acompañaban en la visita, que esta obra cristiana era diferente, y que: “aunque a algunos les sorprendiera el título que lleva [el de Asociación cristiana] […] en realidad es una organización religiosa en el sentido más noble y elevado de la palabra, tomando la palabra cristiana como símbolo y guía moral hacia el perfeccionamiento material, intelectual y moral del pueblo […] simbolizando una palabra que no estaba escrita pero estaba en todos: Tolerancia”. La Vanguardia, 24 de agosto de 1918, p. 4. Al año siguiente, el grupo de Giménez visitaría el Instituto Superior de Educación Física, donde también comprobó –laudatoriamente– que allí se formaban “hombres fuertes, de amplios pulmones, de buena contextura”. La Vanguardia, 8 de septiembre de 1919, p. 2.
  300. Giménez, Ángel, “Visitando campamentos. Los boy scouts argentinos”, La Vanguardia, 20 de enero de 1920, p. 1. Es interesante porque mientras que la compañía de tranways Anglo le daba la luz al campamento scout, prestándole el terreno que poseía al lado del Stand de Tiro, lo que demostraba las buenas relaciones entre ambos sectores (AJEANBSA, 30 de diciembre de 1919, p. 71) y le otorgaba pases gratis (ADBSA, 21 de mayo de 1926, p. 310), los socialistas eran fuertemente críticos de la empresa a la que le endilgaban “no preocuparse por el transporte de la gente en los días laborales [pero] poner todo empeño en que el público llegue a tiempo a los lugares donde se juega o se le saca el dinero con altas entradas”. Citado en: Guiamet, Javier, “El trompeador Firpo. El boxeo dentro del imaginario del socialismo argentino de los años veinte”, Anuario de la Escuela de Historia virtual, 9, 2016, p. 69.
  301. Giménez, “Visitando campamentos”, p. 1.
  302. Los socialistas comenzarán en esos años, una fuerte defensa de la necesidad de la vida al aire libre por parte de los niños, ya que como uno de ellos mencionaba: “Podría relatar aquí centenares de hechos referidos por los padres, de chicos enclenques y enfermizos que al contacto de la vida al aire libre se han vuelto sanitos y lozanos en pocos meses, pero no acabaría más”. Dagnino, Esteban, “La vida al aire libre”, La Vanguardia, 1° de enero de 1918, p. 12. Al igual que los socialistas, una sostenedora del scoutismo no dudaba en relacionar esa necesidad con la dificultad de las condiciones sociales de vida, al escribir: “¿tendrá [el niño] lugar en la casa moderna, donde todo es angostura y carencia de sol, para practicar sus juegos y entregarse a las ejercitaciones tan imprescindibles para la salud?”. ESA, octubre de 1928, p. 9.
  303. Aníbal Ponce diría, incluso muchos años después: “Son tan pocos los chicos de Buenos Aires que pueden disfrutar del Sol, que para muchos padres ha resultado una idea muy feliz la de confiar sus hijos a esta ‘Asociación de boy scouts’ que se los lleva a pasear al campo, les enseña gimnasia, los desembaraza durante algunos días de los pesados ambientes habituales […] ¿qué más pueden pedir los buenos padres que nada sabrán darle entre las cuatro paredes de un departamento obscuro?”. Ponce, “La ‘Semana Scout’”, p. 8.
  304. Como lo expresaba el MS Alfredo Leoni en una nota periodística muy cercana a esa fecha, el campamento era vivenciado como un momento liminar, “cuatro días de vida plenos de cosas y hechos […] con un buen porcentaje de misteriosos días y noches en plena naturaleza agreste”. Citado en Argüello, Scouts Navales, p. 25.
  305. Giménez, “Visitando campamentos”, La Vanguardia, 20 de enero de 1920, pp. 1-2.
  306. Íbidem, p. 1.
  307. Citado en: Rapone, El joven Gramsci, p. 175.
  308. Ídem. Curiosamente, esta crítica se daba sobre un movimiento como el italiano, en el cual el scout pacifista e internacionalista, el ya mencionado Francis Vane, había tenido mayor influencia inicial que el propio Baden Powell.
  309. Gramsci rechazaría por “militarista” y “patriotero” tanto el modelo educativo de los “Giovani Esploratori” laicos de Carlo Colombo como el surgido de Acción Católica y practicado bajo la guía del conde Mario Carpegna. Íbidem, p. 174.
  310. Imagen que los propios dirigentes de los “Exploradores” no tenían reparon en reivindicar, como lo evidenciaba el “Himno de los Exploradores Argentinos de Don Bosco” compuesto por el Padre Rodolfo M. Ragucci que decía: “‘¿Quién eres?’ me preguntan los que me ven pasando con aires de soldado cien veces triunfador; y yo, con noble orgullo, de dicha palpitando contesto ‘¡De Don Bosco yo soy Explorador!’ […] Y en el bendito nombre del Dios a quien adoro me lanzaré al combate, celoso de su honor”, en: AAVV, Antología teatral salesiana, Buenos Aires, SEI, 1945, pp. 229-230. Como se ha señalado, para el aspecto gimnástico: “las actividades propuestas y ejercitadas por los niños que integraban los Exploradores de Don Bosco se basaban en un tipo de gimnasia con una fuerte impronta militar”. Scharagrodsky, Pablo, “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Gimnástico: prácticas corporales, masculinidades y religiosidad en los Exploradores de Don Bosco en la Argentina de principios del siglo XX”, Educar, n°33, 2009, p. 63.
  311. Giménez, “Visitando campamentos”, pp. 1-2.
  312. Justo diría: “el patriotismo de los argentinos es tradicional. Sólo que en ciertas ocasiones, y sobre todo en esta materia del azúcar, el patriotismo conduce a las conclusiones más diferentes y a veces a las más opuestas” y señalaría: “nuestro patriotismo, como diputados socialistas, está en que […] el pueblo de la república no pague permanentemente un alto tributo por tener la felicidad de consumir azúcar de producción argentina”. Justo, Juan B., “Patriotismo azucarero” [1920], en: Internacionalismo y patria, Buenos Aires, La Vanguardia, 1933, p. 97.
  313. Giménez, “Visitando campamentos”, p. 2.
  314. Palacín, Manuel, “La Liga Patriótica Argentina y el sentimiento popular”, La Vanguardia, 18 de junio de 1919, p. 3.
  315. Lex (seudónimo), “A los boy scouts”, La Nota, 26 de agosto de 1921, p. 3321.
  316. S/A, “¡Libertad! Cómo la defendemos”, ESA, junio de 1913, p. 24.
  317. Suriano, Juan, “Los festejos del primer Centenario de la Revolución de Mayo y la exclusión del movimiento obrero”, https://bit.ly/3jdni4U Consultado el 25 de septiembre de 2015.
  318. Outón, Nuestro libro, p. 97.
  319. “Abuso del uniforme militar”, La Prensa, 20 de febrero de 1920, p. 11. La nota provocaría la explícita condena de la Junta Ejecutiva de la ANBSA de esos dichos periodísticos y la comunicación de dicho repudio al Ministerio de Guerra. AJEANBSA, 25 de febrero de 1920, p. 97.
  320. AJEANBSA, 26 de junio de 1918, p. 276.
  321. AJEANBSA, 14 de agosto de 1922, p. 62.
  322. FG-AGN. Referencia: 346.C16.1.A.
  323. “En el cuartel de granaderos”, Caras y Caretas, 10 de febrero de 1917, p. 30.
  324. AJEANBSA, 4 de febrero de 1921, p. 3. Todavía en 1928, un entusiasta de la obra reconocía que “la inmensa mayoría del pueblo considera al scout como un simple elemento decorativo”. ESA, diciembre de 1928, 9.
  325. AJEABSA, 26 de julio de 1916, p. 62.
  326. Moreno diría “No debemos ilusionarnos por excursiones más o menos aparatosas, realizadas hasta ahora por nuestros afiliados”. ACEABSA, 30 de julio de 1915, p. 52.
  327. A pesar de la fuerte negativa a acceder a esos pedidos, 17 años después el Directorio seguirá teniendo esa preocupación, viéndose obligado a repetir resoluciones restrictivas acerca de salidas y pedidos de presencia, decidiendo que: “en virtud de las numerosas solicitaciones que recibe a diario para la participación de los scouts en actos públicos en días y horas hábiles, [se ha resuelto] no autorizar la concurrencia de los scouts sino a los actos que se lleven a cabo fuera de las horas de dichas actividades y en días festivos”. “Resoluciones del directorio”, ESA, Septiembre de 1937, p. 7.
  328. “Nota remitida a la agrupación ‘General Lamadrid por el señor Comisionado Municipal de Pergamino”, ESA, mayo-junio de 1944, p. 4. Aunque de creación más bien tardía, pasada la mitad de la década del treinta, la compañía de scouts de Pergamino, además de integrar rápidamente un cuerpo de scout girls, tendría una fuerte visibilidad y reconocimiento en la ciudad, con participaciones en las fiestas patronales de la Virgen de la Merced, que incluirían incluso la bendición de la Bandera de la agrupación por parte, nada menos, que del Obispo de La Plata, Monseñor Serafini; tal se reportaría y fotografiaría en la tapa del número del diario local La Opinión del 26 de septiembre de 1937. Agradecemos a Cintia y Federico de la Sección Hemeroteca de la Biblioteca “Joaquín Menéndez” de la ciudad de Pergamino, por la búsqueda y digitalización del mencionado documento.
  329. AJEANBSA, 10 de abril de 1918, p. 245.
  330. AJEANBSA, 28 de enero de 1920, p. 77.
  331. AJEANBSA, 14 de octubre de 1924, p. 70.
  332. AJEANBSA, 15 de febrero de 1921, p. 19. Bajo esa tesitura, solicitaría con éxito ante el resto de sus compañeros de directorio, la negativa a que los niños participen uniformados en el homenaje al Ejército español, ya que distraería a los scouts de concentrarse en lo pedagógico, más allá de elevar una nota encomiástica de la celebración. AJEANBSA, 9 de agosto de 1921, p. 112. Bajo la misma consideración se determinará igualmente en las solicitudes del Comité Nacional de la Juventud. AJEANBSA, 16 de agosto de 1921, p. 116.
  333. La Nación, 23 de mayo de 1922, p. 4.
  334. S/A, “Confidencias”, ET, agosto de 1926, p. 30.
  335. Boy Scout correría los premios “Bijou Royal”, “Takecare”, “Smasher” y “Floripar”, entre otros. El Correo de Galicia, 28 de agosto de 1921, p. 5; 25 de septiembre de 1921, p. 7; 16 de octubre de 1921, p. 6; y 23 de octubre de 1921, p. 7.
  336. BORA, 30 de octubre de 1936, p. 1449.
  337. AJEANBSA, 5 de junio de 1923, p. 179.
  338. AJEANBSA, 18 de marzo de 1924, p. 278.
  339. AJEANBSA, 6 de mayo de 1924, p. 5.
  340. AJEANBSA, 1° de mayo de 1925, p. 104.
  341. AJEANBSA, 15 de diciembre de 1925, p. 270.
  342. ADBSA, 30 de abril de 1926, p. 293.
  343. Berrutti intentaría constantemente, según sus propias palabras, de invitar “a los maestros a fin de que conozcan la obra del scoutismo” y así “conseguir la cooperación de los mismos”. AJEANBSA, 18 de diciembre de 1923, p. 269.
  344. La Nación, 23 de mayo de 1922, p. 4.
  345. AJEANBSA, 7 de marzo de 1922, pp. 231-234.
  346. Hemos analizado la importancia performativa que tienen para las agrupaciones, dichos Congresos, Cabildos Abiertos y otros en nuestro trabajo, escrito conjuntamente con el profesor Martín Sessa, y titulado “Cabildos Abiertos y fiestas andinas. Dos aplicaciones del análisis performativo para el estudio de los fenómenos sociales latinoamericanos”, Alteridades, 15, 29, enero-junio 2005, pp. 103-124.
  347. AJEANBSA, 9 de mayo de 1922, p. 276.
  348. AJEANBSA, 7 de marzo de 1922, p. 234.
  349. “Artículo 3°”, en Íbidem, p. 232.
  350. “Artículos 4° y 6°”, en Ídem.
  351. Como podemos ver en el caso de la designación de la asociación local de Azul, quien además encargaría a su presidente, Manuel Marcelo Pérez (escribano, masón expulsado hacia 1910 y uno de los fundadores del Jockey Club local), como expositor. AJEANBSA, 18 de abril de 1922, p. 258. En el caso del Asilo Naval, donde no existía asociación local, los elegidos serían el MS y el Director del mismo, AJEANBSA, 2 de mayo de 1922, p. 226. Otro caso de MS delegado fue el representante de la compañía naval Guillermo Brown, Alfredo Leoni, quien además, debió pedir permiso a la 2ª División del Ejército para participar, ya que se encontraba, en esos momentos, haciendo el servicio militar en Campo de Mayo. Argüello, Scouts Navales, p. 36.
  352. AJEANBSA, 7 de marzo de 1922, p. 233.
  353. “Artículo 11°”, en Ídem.
  354. AJEANBSA, 26 de abril de 1922, p. 264.
  355. Ídem.
  356. AJEANBSA, 9 de mayo de 1922, p. 276.
  357. La Prensa, 23 de mayo de 1922, p. 6.
  358. La Prensa, 24 de mayo de 1922, p. 13.
  359. “Artículo 10°” en, AJEANBSA, 7 de marzo de 1922, p. 233.
  360. “Artículo 6°” en, íbidem, p. 232. Esto quedaría reconfirmado en las palabras del cierre de sesión plenaria, por el inspector Staub al formular “un voto de agradecimiento a la prensa en general” y solicitar al “magisterio y las sociedades populares de educación” que propiciaran “en todo momento esta obra de verdadero patriotismo”. La Prensa, 25 de mayo de 1922, p. 7.
  361. “Artículo 9”, en, AJEANBSA, 7 de marzo de 1922, p. 233.
  362. Sessa y Bisso, “Cabildos abiertos y fiestas andinas”, p. 119.
  363. AJEANBSA, 16 de mayo de 1922, p. 278.
  364. AJEANBSA, 30 de mayo de 1922, p. 285.
  365. La Nación, 21 de mayo de 1922, p. 5.
  366. La Prensa, 22 de mayo de 1922, p. 6.
  367. La Prensa, 23 de mayo de 1922, p. 13.
  368. La Prensa, 25 de mayo de 1922, p. 7, y La Nación, 25 de mayo de 1922, p. 6.
  369. La Nación, 21 de mayo de 1922, p. 5.
  370. La Nación, 23 de mayo de 1922, p. 4.
  371. La Nación, 23 de mayo de 1922, p. 4.
  372. La Nación, 21 de mayo de 1922, p. 5.
  373. La Nación, 29 de mayo de 1922, p. 4.
  374. Ídem.
  375. La Nación, 29 de mayo de 1922, p. 4.
  376. Con todo, a pesar de lo “exagerado”, con el correr del tiempo se vería que el ideal espartano no sería del todo negado, incluso por las mujeres que colaborarían en la revista oficial y que no tenían dudas en señalar: “cuando un hijo mío tenga tu edad, yo lo alistaré en tus filas y como las antiguas madres espartanas, le diré: ‘Ve hijo mío, ve a hacerte un hombre de valor, digno hijo de esta patria libre y grande; vé que es la gloria más santa ser un pequeño Boy Scout”. Tamburini, Sara N. de, “Canto al Boy-Scout”, ESA, octubre de 1938, p. 3.
  377. “Carta de A. J. Woodroffe a Lord Baden Powell”, 3 de julio de 1922. Box 49, Folder 3, p. 7, en: The Scout Association (UK), Lord Baden Powell Papers Digital Collection (de ahora en mas LBPPDC), BYU Harold B. Lee Library. https://bit.ly/3Gcg6Qy. Consultado el 2 de febrero de 2017. Recorte, en: LBPPDC, p. 8.
  378. Ídem.
  379. Ídem.
  380. Ídem.
  381. Ídem.
  382. Ídem.
  383. “Nota del 5 de julio de 1922”. LBPPDC, p. 5.
  384. Ídem.
  385. “Carta de A. J. Woodroffe a Lord Baden Powell”, 3 de julio de 1922. LBPPDC, p. 7.
  386. Borrador de carta con iniciales R. B. P. (¿?) a Woodroffe, 13 de julio de 1922, p. 3.
  387. Recién en 1924 finalmente una de las tantas “renuncias indeclinables” de Huergo sería aceptada y dejaría de formar parte de la Junta Ejecutiva. AJEANBSA, 7 de octubre de 1924 (sesión de continuidad del 30 de septiembre de 1924, p. 67).
  388. AJEANBSA, 6 de junio de 1922, p. 8.
  389. Íbidem, pp. 8-9.
  390. Íbidem, p. 9.
  391. S/A, “Sea un ladrillo”, ET, enero de 1926, p. 6.
  392. AJEANBSA, 6 de junio de 1922, p. 10.
  393. Así, en la reunión ejecutiva se dio cuenta de la recepción de una “nota del General Robert Baden Powell agradeciendo el atento saludo que se le enviara con motivo del Primer Congreso de Scoutismo”. AJEANBSA, 18 de julio de 1922, p. 39. En ella, BP enviaba su “agradecimiento cariñoso” a dichos saludos. ANBSA, Memorias 1922-23, p. 6.
  394. Resolución 11 de la Segunda Conferencia Scout desarrollada en Julio de 1922 en París, en: Resolutions, p. 1.
  395. Así, todavía en 1925, el general Toranzo señalaba frente a las críticas por indisciplina sobre los scouts y MMSS que había que resignarse con que no era posible “encauzar el scoutismo en la forma que se desea, que la única manera de solucionar esta situación sería obteniendo del congreso una ley sobre scoutismo obligatorio”. AJEANBSA, 4 de diciembre de 1925, p. 261-2.
  396. A fines de 1926, todavía esta petición de subsidiar la labor de los MMSS y que el Estado reconociera sus servicios “a la patria” podía llegar a la tapa de la prensa local del movimiento. S/A, “Maestroscout”, ET, diciembre de 1926, p. 51.
  397. “Carta de Malcolm Robertson”, LBPPDC, page 18. Consultado el 2 de febrero de 2017.
  398. AJEANBSA, 30 de mayo de 1922, p. 283.
  399. AJEANBSA, 6 de junio de 1922, p. 2.
  400. AJEANBSA, 13 de junio de 1922, p. 13.
  401. Incluso la LP se ofrecería a rearmar la Compañía Buenos Aires (donde Braceras Haedo había sido por años el peso fuerte) luego de la renuncia colectiva de su dirigencia en aparente solidaridad con Braceras. AJEANBSA, 25 de julio de 1922, p. 46.
  402. AJEANBSA, 20 de junio de 1922, p. 22.
  403. AJEANBSA, 11 de julio de 1922, p. 29.
  404. AJEANBSA, 11 de julio de 1922, p. 30.
  405. Íbidem, p. 34.
  406. La disputa en torneos y campeonatos era la especialidad de esa compañía, a punto tal que años más tarde, uno de sus miembros recordaría que los que vieron a “la compañía Buenos Aires en los torneos […] saben que cuando participaba en uno era para clasificarse Campeón, para salir vencedora en la mayoría de las pruebas disputadas”. Perdriat, Luciano (tachado), “¿Qué es el scoutismo?”, p. 20. Manuscrito. Carpeta “Academia MS 1926”. Esa especialización, incluso, mostraría incluso los refinamientos que como entrenadores ya comenzaban a tener los MMSS para lograr el triunfo de sus dirigidos en las competencias, tal como recordaba uno de ellos: “Yo, cronócrafo [¿?] en mano, había experimentado el progreso de los muchachos, yo sabía lo que daba cada uno de ellos, sabía lo que valía cada uno, conocía sus puntos fuertes y sus flojos, tenía confianza en el triunfo pero respetaba la potencia de nuestros adversarios, la gran responsabilidad que había recaido sobre mi fue motivo para despertarme no el temor del fracaso pero sí una excitación nerviosa de ver realizadas las pruebas cuanto antes […] siendo cada victoria una nueva satisfacción”. Íbidem, pp. 21-22.
  407. AJEANBSA, 18 de julio de 1922, p. 43.
  408. Gracias al preciado archivo que guarda la carpeta de “Antecedentes del Consejo Nacional de 1924” disponible en el MSNA, podemos consultar algunos de los votos originales que fueron emitidos en dicha oportunidad, en la que pueden verse, frente a la lista “normalizada” y ya impresa para votar, varias tachaduras sobre alguno de los miembros (como Daniel Moreno o Ernesto Nelson, que sufriría 5 borramientos), con objeto de incluir –a mano– el nombre de Ángel Braceras Haedo.
  409. Reencontraremos el nombre de Braceras Haedo en las actas directoriales de los BSA con motivo de un homenaje a los ex scouts de la Compañía “Buenos Aires”, producido en el año 1936, y en el cual volvería a verse las caras con Baudizzone, otro de los prohijadores de dicha compañía. Ya en esa instancia, Braceras era visto como una figura que despertaba la nostalgia más que la amenaza al liderazgo institucional. ADBSA, 27 de octubre de 1936, p. 75.
  410. ANBSA, Memoria. Asamblea 3 de julio de 1923, Buenos Aires, p. 5.
  411. AJEANBSA, 11 de julio de 1922, p. 31.
  412. AJEANBSA, 1° de agosto de 1922, p. 50.
  413. AJEANBSA, 1° de agosto de 1922, p. 53.
  414. AJEANBSA, 26 de septiembre de 1922, p. 87.
  415. AJEANBSA, 10 de octubre de 1922, p. 95.
  416. Íbidem.
  417. Íbidem.
  418. AJEANBSA, 17 de octubre de 1922, p. 99.
  419. Íbidem, p. 101.
  420. Justo agradecería las felicitaciones de la Junta por su cargo en: AJEANBSA, 24 deoctubre de 1922, p. 102.
  421. AJEANBSA, 10 de octubre de 1922, p. 96.
  422. AJEANBSA, 21 de noviembre de 1922, p. 121.
  423. ANBSA, Memoria. Asamblea 3 de julio de 1923.
  424. Íbidem, p. 3.
  425. Ídem.
  426. Íbidem, p. 4.
  427. AJEANBSA, 27 de junio de 1922, p. 27.
  428. AJEANBSA, 1° de agosto de 1922, p. 53.
  429. Ídem.
  430. Y que se mostraba en la falta de entradas en ese sentido, lo que habilitaba las palabras del tesorero que señalaba “la situación financiera precaria porque ha atravesado en este período la institución”. ANBSA, Memoria 1923-1924, mimeo, p. 20. MSNA.
  431. VTHCDCBA, 13 de abril de 1923, pp. 355-365.
  432. Íbidem, p. 359.
  433. Íbidem, p. 356.
  434. Ídem.
  435. Ídem.
  436. Ídem.
  437. VTHCDCBA, 13 de abril de 1923, p. 357.
  438. La Vanguardia, 30 de enero de 1923, p. 2.
  439. Idem.
  440. ADBSA, 30 de julio de 1926, p. 341.
  441. AJEANBSA, 31 de octubre de 1922, p. 109.
  442. AJEANBSA, 7 de noviembre de 1920, p. 256
  443. ADBSA, 17 de mayo de 1940, p. 344.
  444. ADBSA, 11 de abril de 1940, p. 340.
  445. ANBSA, Memoria, 1922-1923, p. 7.
  446. ADBSA, 7 de septiembre de 1933, p. 149.
  447. VTHCDCBA, 13 de abril de 1923, p. 357.
  448. Íbidem, p. 358.
  449. Íbidem, p. 359.
  450. Ídem. La predisposición negativa de los socialistas al box ha sido exhaustivamente trabajada en: Guiamet, “El trompeador Firpo…”, pp. 61-80.
  451. En efecto, en Punta Alta, pocos años después, los redactores del periódico oficial sólo podían expresarse de manera impotente ante la deserción de dos de los scouts de la compañía: “Lamentamos la decisión que ambos toman de alejarse de la fila del scoutismo y al despedirlos hacemos votos para que en lo futuro encuentren en sus empresas mayor constancia de la demostrada entre nosotros hasta la fecha”. S/A, “Bajas”, ET, mayo 1926, p. 22.
  452. VTHCDCBA, 13 de abril de 1923, p. 359.
  453. Ídem.
  454. Esta idea ya había sido refrendada por el Jefe Scout Toranzo cuando señalaba que el scoutismo sustraía al niño “a los vicios de la calle y a las malas compañías, mucha veces al mal ejemplo de un hogar amoral y en todo caso a la ociosidad que es el mayor enemigo de la juventud”. “Scoutismo”, ESABO, diciembre de 1925, p. 36.
  455. VTHCDCBA, 13 de abril de 1923, p. 360.
  456. Ídem.
  457. Íbidem, p. 357.
  458. Ídem.
  459. La revista scout explicitaba, en ese sentido, que si había algo que deseaba la sociedad de sus niños, era que “no jueguen en la calle, ni molesten a los transeúntes y a los vecinos”. ESA, agosto de 1927, p. 5.
  460. La ya mencionada Katarinhe Furse diría que “los ejercicios parecieran ser necesarios, principalmente, para que los muchachos puedan moverse de manera segura en multitudes a través de las calles cuando ello fuera necesario”. Advisory Commission… (League of Nations), Minutes on the second session…, p. 47.
  461. VTHCDCBA, p. 357.
  462. Idem.
  463. AJEANBSA, 25 de septiembre de 1923, p. 227.
  464. AJEANBSA, 29 de septiembre de 1923, pp. 228-229.
  465. Pedido que se haría efectivo mediante la nota enviada a la Cámara de Diputados, por la que la ANBSA solicitaba dos pensiones graciables para Sara y Justa, las dos hijas del Jefe Scout fallecido, las que se convertirían muy rápidamente (en menos de un mes desde su solicitud) en ley. El pedido en Expediente 1008-P-1923 (APHCDN) abierto el 3 de octubre de ese año, donde se señala asimismo que la solicitud fue aprobada el día 25 en Diputados, para confirmarse sólo 5 días después en el Senado.
  466. AJEANBSA, 29 de septiembre de 1923, p. 229. Su hijo, también miembro ejecutivo scout, rechazaría que la Junta se hiciera cargo del entierro, frente a lo que los dirigentes insistirían una vez más, desistiendo recién ante la doble negativa del hijo del fallecido. AJEANBSA, 23 de octubre y 13 de noviembre de 1923, p. 241 y p. 249.
  467. ANBSA, Memoria 1922-23, p. 8.
  468. ANBSA, Memoria 1923-24, p. 3.
  469. AJEANBSA, 11 de diciembre de 1923, p. 257.
  470. ANBSA, Memoria 1923-24, pp. 8-9.
  471. AJEANBSA, 18 de diciembre de 1923, p. 267.
  472. Alcántara, Enrique, “Instrucción scout…”, ESA, julio de 1926, p. 5.
  473. “De la Legión Tambor de Tacuarí. Entrega, bendición y jura de la bandera”, ESA, febrero de 1930, p. 17.
  474. AJEANBSA, 5 de agosto de 1924, p. 44.
  475. Palluau, “Entre nation et religión…”.
  476. ANBSA, Memorias 1923-24, p. 18.
  477. AJEANBSA, 18 de marzo de 1924, 277.
  478. AJEANBSA, 18 de junio de 1924, p. 19.
  479. Desarrollaremos la cuestión de las compañías “étnicas” y su disolución en Argentina en el año 1941, en parte a lo largo de este tomo, pero con un detalle mayor en el tomo II, en un capítulo específico.
  480. La preocupación por Toranzo de estas cuestiones sería constante, ya que consideraba la utilidad del scoutismo primordialmente en su “función del crisol que servirá para fundir las diferentes razas”. Sin embargo en esa mirada concurrirían una voluntad positiva, la de lograr así la generación de un pueblo “con conciencia nacional de igualdad democrática”, con una prevención negativa, la de contrarrestar las “teorías y tendencias caóticas, aportadas en germen por muchos de los extranjeros que vienen al país”. Toranzo, Severo, “Scoutismo”, ESABO, diciembre de 1925, pp. 35 y 38.
  481. Severo Toranzo nació en Córdoba en 1874 y murió en Buenos Aires en 1941. Ingresó a los 14 años al Colegio Militar, del que egresó como Subteniente. Fue ascendido a Teniente a los 23 años, en 1906 a Mayor y en 1909 a Teniente Coronel. En 1913 fue designado Coronel, y al año siguiente fue designado agregado militar en Italia y Suiza. Fue Director de la Escuela Superior de Guerra. En 1916 se le encargó la Inspección General del Ejército. Actuó como agregado militar en EEUU y varios países de Europa, donde también realizó numerosos estudios. En 1922 fue ascendido a General de Brigada y en 1927, ya siendo director del Instituto Geográfico Militar, a general de División. Un año antes del golpe de Estado que lo daría de baja del Ejército, había sido ascendido por Yrigoyen a Inspector General de dicha institución. Luego de un fracasado intento de sublevación en el año 1931, se exiliaría en Uruguay, para volver durante la presidencia de Justo al país. Su entrada biográfica en GEA, tomo T-Z, 1963, p. 140 (donde, de nuevo, curiosamente no se menciona su jefatura scout).
  482. PLA, 1 de julio de 1924, p. 171.
  483. AJEBSA, 6 de agosto de 1926, p. 346.
  484. “Scoutismo”, ESABO, diciembre de 1925, p. 35.
  485. Toranzo fue también el encargado de proponer llevar libros de recortes con las noticias sobre la práctica y la institución (AJEANBSA, 5 de agosto de 1924, p. 44), modalidad que se continuó hasta al menos las dos décadas siguientes y de los que el MSNA conserva todavía algunos ejemplares de suma relevancia para la investigación.
  486. AJEANBSA, 28 de julio de 1924, p. 29.
  487. “El presidente de la Institución Nacional de Boy Scouts. General Severo Toranzo”, ESA, abril de 1926, p. 7.
  488. S/A, “Para el pueblo”, ESA, octubre de 1926, p. 1.
  489. ANBSA, Memoria 1923-1924, p. 12.
  490. Avellaneda, Aldo, Hacia el gobierno de sí mismos. Formas de problematización de la vida militar entre 1880-1930. Tesis de doctorado de Ciencia Política, UNSAM, 2017, pp. 350-351.
  491. Hemos trabajado dicha volubilidad en nuestro artículo, titulado “El ‘centro apolítico’, ¿imposible o constantemente móvil? Los scouts argentinos entre la Liga Patriótica y Uriburu (1919-1932)”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, https://bit.ly/3nbcqG0. Consultado el 8 de febrero de 2021.
  492. Como podemos ver en el cuarto número de ESA de abril de 1926 (el primero, luego de que el Boletín se convirtiera en Revista), en el que se resolvía “engalanar las páginas” de la revista con la fotografía de Toranzo con una encomiástica biografía de 3 páginas de su persona, definiéndola como “grande alma de ciudadano y de soldado que se ha impuesto el noble propósito de llevar la insitución a la altura digna del programa que persigue”, integrante del “grupo de jefes superiores de más prestigio de nuestro Ejército”, poseedora de “cualidades de talento, poderación y tacto singularmente estimables”, de “espíritu amplio, sereno y ecuánime” y “grandes dotes de observador y de estudioso”, “dignísimo caballero que ha sabido destacarse”, de “férrea energía suavizada por un gran don de gentes” y “verdadero gentleman considerado civil y militarmente”, pp. 7 y 9.
  493. Leónidas Campbell (seud.), “Cosas de mi pueblo y de mi tiempo. La militarización infantil”, Martín Fierro, Buenos Aires, Segunda época, año 1, n°12 y 13, octubre-noviembre 20 de 1924, p. 1. AHIRA.
  494. Ídem.
  495. Ídem.
  496. Ídem.
  497. Ídem. Por otro lado, la indistinción en ocasiones resultaba operativa, ya que las críticas concretas a las poses militaristas afectaban tanto a católicos como a laicos, tal lo demuestra la opinión del miembro ejecutivo Laureano Baudizzone, cuando se quejara tanto de los “galones militares” de los “Exploradores de don Bosco”, como del “paso de ganso” usado por la compañía “Hilarión de la Quintana”, directamente dependiente de la institución. AJEANBSA, 30 de mayo de 1922, p. 285.
  498. Campbell (seud.), “Cosas de mi pueblo…”, p. 1.
  499. Baudizzone en su conferencia dada en la “Tercera Reunión de la Academia” scout diría que el scoutismo debía desarrollarse “con un espíritu tan generoso y tan liberal, como generoso y liberal es el preámbulo magnífico que sirve de portal a nuestra carta magna”. ESA, agosto de 1926, p. 15. Recordemos, por otro lado, las palabras del presidente norteamericano Coolidge que eran difundidas por la asociación local: “Tan sabio y liberal es el movimiento scout, que todas las religiones lo han encontrado a propósito para mantener el interés en los trabajos de las varias sociedades y sectas”. “Discurso del presidente Coolidge”, ESA, agosto de 1926, p. 7. Esta llamada amplitud no evitaba que a menudo desde la hoja oficial se ironizara –ya bajo la dirección de Fischer– sobre algunas prácticas como la espiritista, considerada como foco de engaños. Ver: “Prácticas espiritualistas”, ESA, febrero de 1928, pp. 12-13 y “Espiritistas”¸ ESA, julio de 1928, p. 12.
  500. AJEANBSA, 15 de abril de 1924, p. 285. Cuatro años después, en los comentarios a los ataques a la LP por parte de un diario (aparentemente Crítica), los editores de ESA se centrarían más bien en condenar el repentino “amor a la Constitución” del diario en cuestión, más que en defender a la formación “patriótica”. S/A, “El miedo no es zonzo”, ESA, enero de 1928, p. 21.
  501. Lugones diría en la conferencia del 14 de julio de 1923:“La democracia viene a ser como algunos lo habíamos presentido, una mera transición: estado que puede volverse pernicioso para el país, si se exagera, porque todo lo transitivo es inseguro. Así la acción democrática resulta a su vez intermitente y aventurera”. Lugones, Leopoldo, Acción, Buenos Aires, Círculo Tradición Argentina, 1923, p. 46.
  502. AJEANBSA, 27 de mayo de 1911, p. 11.
  503. La Junta Ejecutiva aprovecharía que en el interin producido entre el subsidio de 500 pesos que el ya fallecido Santa Coloma había conseguido para fundar una compañía dentro de la Brigada 9ª de la LP, a pedido de dicha asociación, y el efectivo depósito del dinero, se había conformado una compañía autónoma en la circunscripción correspondiente. Por lo tanto, se decidiría no fundar la mencionada compañía bajo la tutela de la LP, sino destinar esos fondos a la compañía ya en actividad. AJEANBSA, 2 de octubre de 1925, p. 208.
  504. Muy interesantemente –teniendo en cuenta su condición militar– Segundo R. Storni recriminaba a la LP que manifestara un carácter militar a los scouts, y subrayaba que era necesario “hacer resaltar su carácter civil”. AJEANBSA, 15 de abril de 1924, pp. 285-286.
  505. Todavía en 1938, se informaba el pedido de una de las brigadas de la LP para que la compañía “General Alvear” participara de una “ceremonia patriótica”. ADBSA, 30 de mayo de 1938, p. 102.
  506. Analizaremos las peripecias del “Día” del Scout en un apartado específico del tomo II.
  507. “Comp. T. Santa Coloma. Tres Arroyo, B. A”, ESA, diciembre de 1927, p. 26.
  508. ADBSA, 27 de abril de 1928, p. 94.
  509. AJEANBSA, 28 de julio de 1925, p. 171.
  510. Ídem.
  511. Ídem.
  512. AJEANBSA, 14 de agosto de 1925, p. 177.
  513. Íbidem, p. 178.
  514. AJEANBSA, 5 de septiembre de 1924, p. 56.
  515. Ponemos el acento en el carácter separado de las compañías porteñas porque estas, en efecto, tenían un tratamiento diferencial como lo reconocería el propio Jefe Scout Toranzo, al señalar –frente a un conflicto surgido en la compañía de Villa Devoto– que frente a hechos “que se producen en la capital no conviene el envío del interventor y que la Junta tiene el deber de solucionar todo lo que esté a su alcance”. AJEANBSA, 21 de abril de 1925, p. 98. Sin embargo, con todo, a pesar de tener en cuenta esta diferencia, la imposibilidad de intervenir no estaba de plano asegurada, ya que –como lo demostraría este mismo caso– si las disputas internas eran finalmente imposibles de resolver, la Junta determinaba como última instancia, sí, la intervención. AJEANBSA, 28 de abril de 1925, p. 102.
  516. AJEANBSA, 5 de septiembre de 1924, p. 57.
  517. Ídem.
  518. Por ejemplo, al aparecer junto al director de una publicación en una actividad que promocionaba un raíd pedestre de dos jóvenes que la Junta Ejecutiva había ya previamente desautorizado. AJEANBSA, 30 de septiembre de 1924, p. 63.
  519. ADBSA, 25 de junio de 1927, pp. 30-31. Muchos años después, volvería un Jefe Scout (Baudizzone) a enviarle flores, por intermedio de niñas scouts, al General Justo, como forma de formular votos por el restablecimiento de su salud. ADBSA, 13 de octubre de 1939, p. 271.
  520. AJEANBSA, 5 de septiembre de 1924, p. 59.
  521. Toranzo participaría, en ese momento, del ciclo de conferencias anuales que se daban en Versalles para los generales del Ejército francés.
  522. No le sería fácil a Toranzo retomar esa autoridad; todavía hacia mediados de 1925 algunas resoluciones salían en extremo divididas con un voto de diferencia a favor de los “ganadores” (como una sobre girar o no fondos a la compañía de Rosario), lo que demostraba la falta de capacidad –en dicho momento, todavía– de abroquelar a la Junta por parte del Presidente. AJEANBSA, 14 de agosto de 1925, pp. 179-180.
  523. AJEANBSA, 1° de mayo de 1925, p. 107.
  524. Íbidem.
  525. Sobre dicho proceso, que en Estados Unidos se encontraba mayormente “cerrado” a fines de la Primera Guerra, ver: Macleod, Building Character in the american boy, cap. 9, pp. 146-167.
  526. “Artículo 1° del Estatuto de 1926”, en: AJEANBSA, 9 de abril de 1926, p. 284.
  527. Transcripción digital del “Cuadro de organización general de la Institución”. Informe Rossi.
  528. Por ejemplo la de establecer un escalafón para el personal de la asociación, dividido en: oficial mayor, auxiliar, escribiente y ordenanza. AJEANBSA, 1° de mayo de 1925, p. 110.
  529. “Scoutismo”, ESABO, diciembre de 1925, p. 37.
  530. Luego vendrían más visitas, de otras instituciones internacionales, a lo largo del período de entreguerras, como la de la dirigente de la Federación Mundial de Girl Guides y Girls Scouts, A. F. Leigh White, con la intención de afiliar a las scout girls argentinas a su organización. “Visita de una dirigente…”, ESA, abril-mayo de 1941, p. 3.
  531. El programa de eventos y la recensión de los mismos, además de en la revista, se había detallado previamente en reunión ejecutiva, de donde, en ocasiones, también relevamos la información: AJEANBSA, 9 de octubre de 1925, pp. 211-212. En GEBA se reuniría la notable cifra de mil scouts de la Capital Federal, y su programa variado incluyó: Desfile general, Saludo scout, Gimnasia, Juegos Scouts, Primeros Auxilios, Cinchadas, Números de pontoneros y señaleros y Desfile de honor. Todo el acto se cerró con la lectura de un mensaje del general Baden Powell. “En el Stadium del Club de Gimnasia y Esgrima”, “En el Stadium del Club Gimnasia y Esgrima”, ESABO, noviembre de 1925, p. 26.
  532. AJEANBSA, 16 de octubre de 1925, p. 212.
  533. Ídem.
  534. Íbidem, p. 213.
  535. “Día Sábado 17. En la escuela Superior de Guerra”, ESABO, noviembre de 1925, p. 23.
  536. “Almuerzo en el Club Belgrano”, Íbidem, p. 24.
  537. Ídem.
  538. Ídem.
  539. Ídem.
  540. Íbidem, p. 25.
  541. Así, el delegado Jamieson diría: “debo declarar que también en nuestro países la obra del scoutismo ha encontrado, no hace aun muchos años, los mismos obstáculos que encuentra en esta república”. Ídem.
  542. “En casa del general Toranzo”, Íbidem, p. 22.
  543. AJEANBSA, 30 de octubre de 1925, p. 234.
  544. Ídem, pp. 234-235.
  545. Ídem, p. 235.
  546. Por ejemplo, Toranzo dirá: “Los boy scouts argentinos no realizan colectas ni piden limosna en ninguna forma […] Los que con uniforme parecido al de los boy scouts solicitan el óbolo púbico […] son simples vividores o agentes de instituciones que no tienen ni han tenido nunca nada que ver con la asociación”. ESABO, diciembre de 1925, p. 36.
  547. AJEANBSA, 30 de octubre de 1925, p. 235.
  548. AJEANBSA, 6 de noviembre de 1925, p. 239.
  549. “Propósitos”, ESABO, octubre de 1925, p. 1.
  550. “Boy Scouts Argentinos. Memoria 1925-1926”, ET, noviembre de 1926, pp. 49-50.
  551. “Estado actual de la asociación”, ESABO, octubre de 1925, p. 2.
  552. “Decreto del superior gobierno”, Íbidem, pp. 2-4.
  553. “Scoutismo”, ESABO, diciembre de 1925, p. 37.
  554. Ídem.
  555. Ídem.
  556. Ídem.
  557. AJEANBSA, 18 de diciembre de 1925, p. 277.
  558. Toranzo, Severo, “Un mensaje”, ET, febrero de 1926, p. 1.
  559. AJEANBSA, 9 de marzo de 1926, pp. 279-281.
  560. Íbidem, p. 280.
  561. En especial la del doctor Delcasse quiene pediría que la capacidad de censura y visto bueno no quedara supeditada a la decisión del presidente, sino de toda la mesa directiva. Íbidem, p. 281. Sin embargo, en algún momento esa tarea pasaría a ser gravosa para el Jefe Scout, ya que con el tiempo, el control de los contenidos quedaría a cargo de Ricardo Staub. AJEBSA, 18 de junio de 1926, p. 329.
  562. ESA, abril de 1926, páginas s/n.
  563. A ellas deberían agregarse, en ese número, las pastillas “Iodeína” para la tos de la “Franco-Inglesa”, las sandalias “Les bébés” y los receptores de radio “Ultradyne-Tigre”. Íbidem, páginas varias. En otras ediciones aparecerían los alcoholes de quemar de la empresa Mattaldi, el “Pectoral Cimol” y el calefón “Celestial”.
  564. Toranzo, Severo, “A los lectores”, ESA, abril de 1926, p. 1.
  565. Ídem.
  566. Miguel Di Tullio, uno de los tantos profesores de educación física adeptos al movimiento, fue uno de los primeros niños convocados en 1911 por Moreno, antes incluso de la existencia de la asociación. Di Tullio sería homenajeado en las páginas de ESA en más de una oportunidad (julio de 1929, p. 22 y junio de 1938, p. 7). Perteneció a las compañías de “Almagro” y “Buenos Aires” (que luego dirigió), para luego organizar las de Bernal, González Chaves y Villa Ballester. Luego de pasar por Zárate, recaló en “la Belgrano” al volver a Capital Federal, para posteriormente organizar la Cía. de Azul, a la que volvió luego de un período en que organizó la compañía porteña de “Los Patricios”. Nombrado Profesor de Gimnasia del Colegio Nacional de Azul, reorganizaría en 1925 la Compañía “Coronel Burgos” de la que fue durante muchos años Presidente-Delegado, a la que sumaría capacidad de organización regional en otras localidades. En 1944 sería ascendido a Inspector Scout.
  567. ADBSA, 27 de abril de 1928, p. 95.
  568. Ídem.
  569. Ídem. Y meses después se le asignaría un viático de 100 pesos en su condición de delegado técnico regional. ADBSA, 28 de julio de 1928, p. 116.
  570. ADBSA, 2 de junio de 1930, pp. 206-207.
  571. Íbidem, p. 207.
  572. AJEANBSA, 9 de abril de 1926, p. 284.
  573. Para el caso de la Asamblea de 1924, por ejemplo, podemos ver el claro voto, firmado por Federico Santa Coloma, en el que dentro de la lista “normalizada” en la que figuraba Toranzo como candidato a presidente y Spika a Vice, el hijo del recientemente fallecido Jefe Scout, decidía tachar ambos nombres e invertir sus posiciones. Carpeta “Antecedentes Consejo Nacional 1924”. MSNA.
  574. Hemos rastreado, así, la constitución de la filial de Berisso, donde cinco miembros –propuestos por el presidente de la asamblea– elegirían a quince candidatos –entre los que se contaba el propio miembro de la Asamblea– que serían aprobados por “votación unánime”, es decir, por aclamación. Bisso, Andrés, Acción Argentina. Un antifascismo nacional en tiempos de guerra mundial, Buenos Aires, Prometeo, 2005, pp. 223.
  575. ADBSA, 16 de julio de 1943, p. 5.
  576. AJEBSA, 13 de noviembre de 1926, p. 2.
  577. Íbidem, p. 3.
  578. PLA, 2 de junio de 1925, p. 176.
  579. AJEBSA, 19 de diciembre de 1926, p. 2. La reforma sería autorizada por el Poder Ejecutivo Nacional el 2 de febrero de 1927. AJEBSA, p. 76.
  580. Así, a propuesta del general Álvarez, el Directorio le otorgaría a Toranzo la posibilidad, durante el receso de sesiones realizado entre diciembre de 1926 y abril de 1927, que “en aquellos asuntos que no requieran de una resolución especial del Directorio se resuelva por la presidencia”. ADBSA, 17 de diciembre de 1927, p. 78.
  581. La carta de Toranzo a Alvear es reproducida en: AJEBSA, 6 de agosto de 1926, p. 346.
  582. Ídem.
  583. AJEANBSA, 6 de mayo de 1924, p. 7.
  584. Tal reconocía Toranzo a un diario brasileño, pasados dos años del comienzo de su gestión: “hasta hacía muy poco tiempo, el único departamento oficial que auxiliaba eficazmente nuestra asociación era el Ministerio de Guerra, luego seguido por el Ministerio de Marina, a pesar de que por ley, todos los departamentos están obligados a prestarnos auxilio”. “O escotismo na Argentina”, Jornal do Brasil, 20 de noviembre de 1926, p. 7.
  585. AJEBSA, 6 de agosto de 1926, p. 346.
  586. Alvear lo haría por carta el día 12 de agosto de 1926. Al día siguiente, se transcribía su carta de aceptación en las actas institucionales. AJEBSA, p. 349. Luego se publicaría (junto a la nota inicial de Toranzo) en el número de ese mes de ESA, bajo el título: “El presidente de la Nación ha aceptado el cargo de Presidente Honorario de la Institución”, pp. 1-2.
  587. “Presidencia Honoraria de los Boy Scouts Argentinos”, ET, Octubre de 1926, p. 1.
  588. El primer presidente en fungir de manera honorífica en el mismo puesto para los scouts fue el norteamericano William Taft, en fecha tan temprana como 1910, lo que como se ha señalado era particularmente importante porque “imponía un precedente de apoyo presidencial en una competencia –todavía en marcha– entre las organizaciones juveniles”. Jordan, Benjamin René, “ A Modest Manliness”: The Boy Scouts of America and the Making of Modern Masculinity, 1910-1930, tesis doctoral UC San Diego, California, EEUU, 2009, p. 34.
  589. La práctica de designar presidente honorario al Presidente de la Nación (y “vices” honorarios al Vicepresidente de la Nación y a los Ministros de Guerra, Marina y Justicia e Instrucción Pública) ya había sido decretada como parte del punto tercero del Estatuto durante la reunión de constitución definitiva de la asociación en 1914 (PLA, 8 de septiembre de 1914, p. 5) Sin embargo, aunque en ocasiones se los nombraba como tales, no parece haber tenido la contraparte de aceptación formal por parte de los honrados, que en ese momento sí Toranzo había logrado, con una enfática aceptación por parte del presidente mismo.
  590. En la reunión transcripta en ADBSA del 25 de junio de 1927 (p. 28) se informaba la aceptación de ser miembros honorarios del scoutismo por parte de los ministros de Guerra, Marina y Obras Públicas, de los presidentes del CNE y del Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, del jefe de policía “porteño” y de los gobernadores de 5 provincias y 1 territorio nacional. Al mes siguiente se sumarían a esa aceptación los ministros de Justicia e Instrucción Pública, Hacienda, Agricultura y Relaciones Exteriores y Culto, y los gobernadores de otras 6 provincias y otros 4 territorios. En algunos casos, estos eran dirigentes scouts, como en el caso de los ministros Justo, Domecq, Gallardo y Sagarna. Finalmente, en agosto de ese año, aceptaría dicho honor el gobernador territoriano fueguino; y en septiembre, el de Santa Cruz.
  591. Gracias a los oficios del Presidente de la Nación, la asociación lograría usufructuar el local contiguo al que ocupaba, en la calle Azcuénaga al 917, ampliando la capacidad de actividades de la sede central. “Actividades del Directorio”, ESA, agosto de 1927, p. 17.
  592. DSHCDN, 13 de enero de 1927, p. 3641.
  593. AJEBSA, 19 de noviembre de 1926, p. 1. La iniciativa finalmente no prosperaría, pero serviría como antecedente a la creación de una compañía en San Antonio de los Cobres en el año 1942, un año antes de la disgregación del Territorio en las provincias de Catamarca, Salta y Jujuy, y la pérdida de dicha localidad de su condición capitalina.
  594. AJEBSA, 13 de agosto de 1926, p. 351. Este tipo de sucesos nos permiten –junto con los innumerables inventarios existentes en el archivo– conocer cuáles eran esas posesiones que incluían cinturones, pantalones, blusas, pares de medias, escarapelas, sombreros y metros de soga. Como podemos ver, en el caso de la asociación salteña se contaba con poco más que lo indispensable para uniformar a los miembros infantiles.
  595. Transcripción del cuadro de “Movimiento de compañías de ‘Boy Scouts’ en la república por años”. Informe Rossi.
  596. “General Severo Toranzo. Director del Instituto Geográfico Militar”, ESA, diciembre de 1926, p. 4.
  597. Según se señalaba desde la dirigencia: “pronto podremos decir que no hay una ciudad o pueblo de cierta importancia en el país que no cuente con una compañía de ‘boy-scouts’”. La Nación, 1° de septiembre de 1928, p. 7. Aunque resulten creíbles por la capacidad de movilización luego demostrada en los eventos posteriores, es difícil establecer –como hemos indicado previamente– la justeza de los guarismos señalados de “veinte mil scouts”. En otro periódico (La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 1° de septiembre de 1928, p. 11) se señalaba una cifra más aumentada y menos comprobable de 30 mil scouts y 10 mil socios. Extrañamente, al año posterior, el mismo diario La Nación ya hablaba de 40 mil scouts en sus páginas y el propio Jefe Scout en una nota destinada a “seducir” a comerciantes y empresarios para que apoyen al movimiento, les hablaría de 50 mil “afiliados” (“Plausible iniciativa en favor de los ‘boy scouts’”, ESA, marzo de 1929, p. 18). Como hemos mencionado antes, la variabilidad de las cifras, quizás se explica –además de las cuestiones “estratégicas”– al distinguir entre la cantidad oficial de scouts reconocidos según contabilizara la ANBSA para sí o para el Bureau Internacional, la de los scouts no reconocidos o el de la capacidad de niños a ser movilizados en esos días, aunque no cumplieran con los “requisitos” oficiales internacionales y nacionales.
  598. Así, se sostenía que el 1° de mayo “los obreros pasan el día en casita o salen por ahí, con los chicos del brazo, porque entre nosotros, el 1° de mayo es un día más, como los días domingo, y con más tinte de argentinidad, pues es el día aniversario de aquel 1° de mayo de 1853 […] Bien hacemos, pues, los argentinos al dar a las ciudades la traza dominguera en la fausta fecha”. S/A, “1 de mayo”, ESA, mayo de 1928, p. 4.
  599. S/A, “Un legado en favor de los canillitas”, ESA, diciembre de 1927, p. 15.
  600. Cosa explícitamente señalada por el “Círculo de Maestroscouts y Ayudantes” en su artículo 13 que señalaba que en el local de la asociación quedaba “completamente prohibida toda conversación de carácter político o religioso”. “Boletín del Círculo de Maestroscouts y Ayudantes”, apartado: “Obligaciones”, citadas en: ESA, diciembre de 1929, p. 26.
  601. Un caso claro es la compañía de Roque Pérez fundada y presidida por el diputado provincial conservador Homero Fernández en 1922, quien seguiría siendo su cabeza visible durante todo el período de entreguerras, como puede verse en la información del diario local El Baluarte del 11 de febrero de 1943 (p. 6). Fernández había sido uno de los máximos dirigentes del movimiento autonómico de la localidad (secretario general de la comisión “Pro Autonomía”), que obtendría su condición de partido sólo 9 años antes de la formación de sus scouts. Otro caso es el del liberal correntino Armando Meabe, encargado de fundar la primera compañía scout en Formosa, y que luego sería interventor de la provincia del Chaco durante el uriburismo. El intendente de Matanzas también intentaría auspiciar por su cuenta la fundación, en los años veinte, de una compañía en San Justo. Por otro lado, quien fuera intendente y comisionado de General Rodríguez, sería designado en 1928, en su condición de diputado, como delegado de dicha asociación, luego de un incidente que terminaría resolviéndose a su favor, con el anterior dirigente local Servando Casas Jaime. ADBSA, 27 de abril de 1928, p 96. La Capital Federal no sería extraña a esta entrada de la “política”, como lo demuestra el encargo al diputado nacional radical Pedro Podestá para hacerse cargo de la compañía “Los Patricios” (AJEBSA, 30 de julio de 1926, p. 342). También un senador provincial presidiría en Villaguay, Entre Ríos, la comisión de Fomento local. ADBSA, 17 de mayo de 1940, p. 345.
  602. Es el caso de la compañía de Azul, donde se daría ese puesto honorario a los diputados nacionales Juan Pratt y Ángel Pintos y al provincial Agustín Carús.
  603. Que llegaba a imprimir en un recuadro de la revista oficial que “no es tanto la ignorancia como la inmoralidad lo que induce a los obreros a aceptar los errores del anarquismo”. S/A, s/t, ESA, julio de 1928, p. 27.
  604. BSA, “Conscripción de socios”, ESA, marzo de 1930, p. 18.
  605. AJEANBSA, 9 de abril de 1926, p. 283.
  606. TT, mayo-junio de 1934, pp. 13-14.
  607. S/A, “La perturbación del orden”, ESA, agosto de 1927, pp. 2-3.
  608. Íbidem, p. 2.
  609. Íbidem, p. 3.
  610. Íbidem, p. 6.
  611. Idem.
  612. Íbidem, p. 13. Negrita en el original.
  613. R. M. P., “Navidad”, ESA, diciembre de 1926, p. 1. Por la mención a Napoléon y el uso de la palabra “Noël” es probable que se trate de la traducción de un original francés.
  614. S/A, “Acto de gratitud”, ESA, agosto de 1927, p. 14.
  615. ADBSA, 28 de julio de 1928, p. 115. La orientación de fervor católico y anti-izquierdismo de Fischer iba in crescendo e internacionalizándose en cada uno de los números, como puede verse en el texto de ESA de mayo de 1928, en el que emprendía contra la coeducación de los sexos, condenando a los “revolucionarios rojos” de 1910 en Portugal por buscar “la destrucción de la familia” y “los sanos principios en que se asienta la educación cristiana” (p. 12) o en el del mes siguiente, donde se realizaba un panegírico de un acto en el teatro Odeón destinado a “exteriorizar la protesta por la inicua persecución que ejerce en México el presidente Calles contra el clero y los católicos de ese país” (p. 11) . Es muy probable que las críticas de censura en especial a esta nota al interior del movimiento hayan suscitado la renuncia de Fischer a la dirección, y que el director dejaba ver en: s/t, ESA, julio de 1928, p. 30. En sus posteriores declaraciones, Fischer diría –al menos si creemos en los alegatos de sus rivales– que ESA se había vuelto, luego de su distanciamiento, en “un peligroso veneno para los niños”. ADBSA, 6 de noviembre de 1929, p. 183.
  616. En nota a pie n° 14 de su “El Escautismo en la Argentina”…
  617. Porras Castillo, José, “Los Boy Scouts en la Guerra”, ESA, junio de 1929, p. 31.
  618. BSA, “Conscripción de socios”, ESA, marzo de 1930, p. 18.
  619. Como se quejaría años después un miembro de Directorio, “ya se comenta que existen organizaciones de niños fomentadas por centros comunistas que han de implantear otro sistema análogo [al del scoutismo]”. ADBSA, 24 de octubre de 1932, p. 53.
  620. Según citaba Toranzo de una de las publicaciones comunistas circulantes en Villa Crespo. ESA, julio de 1930, p. 26.
  621. ADBSA, 6 de septiembre de 1929, p. 165.
  622. Transcriptas en: ESA, julio de 1930, pp. 25-28.
  623. De esta manera, de la Comisión Honoraria de la Comisión de Fomento Local, de los miembros con participación partidaria y a menudo concejales de la ciudad, podemos contar los nombres del médico olavarriense Antonino (o Antonio) Márquez, del productor italiano y miembro fundador del tiro federal local José Pagella, del escribano saladillense Francisco Marzal o del comerciante italiano Gerónimo Alzari. Todos ellos radicales, siendo excepción (para nada menor) la participación de Benito de Miguel, múltiple comisionado y caudillo del conservadurismo en la comisión colaboradora. Guía General de Junín, 1927, pp. 51-52. Archivo Municipal de Junín. Datos de los concejales extraidos de: Petraglia, Pablo Germán, Historia del Honorable Concejo Deliberante de Junin, 1886-2016, Junín, ed. del autor, 2016. Márquez volvería a presidir la Comisión de Fomento con apoyo del Rotary en la reorganización posterior. ADBSA, 26 de julio de 1940, p. 379.
  624. Su sucesor en la gobernación, Valentín Vergara, sería otro fuerte promotor del scoutismo en La Plata, como puede verse en su actuación y en la de su esposa, Aurora González, quien donaría una bandera para la compañía “Dardo Rocha”. ADBSA, 23 de agosto de 1929, p. 161. Eso generaría una especial visibilidad en la ciudad capital bonaerense, para el “Día del Scout” de ese año, durante el que el gobernador y su esposa, en calidad de padrinos, acompañarían al delegado Maleplate y al intendente Haramboure, a la ceremonia de bendición –por parte de monseñor Chimento– de la mencionada bandera en la Iglesia de San Ponciano. “En La Plata”, ESA, octubre de 1929, pp. 20-21.
  625. “General de División Severo Toranzo”, ESA, agosto de 1927 p. 11.
  626. ESA, octubre de 1925, p. 1.
  627. Toranzo, Severo, “Un mensaje”, ET, febrero de 1926, p. 7.
  628. Luis Alcántara había sido elegido subinspector nacional en 1925, y ese mismo año elevado a la categoría de Inspector Nacional, al renunciar Ricardo Staub quien ocuparía a partir de ahí el cargo de Secretario.
  629. En un principio Staub sería fuertemente contrario al establecimiento de un “curso acelerado” como el que se propondría pensando que eso quitaba importancia al cargo. AJEBSA, 18 de junio de 1926, p. 330. Sin embargo, sería derrotado en la votación, en la que primó la solución contraria, en base al proyecto de Basso y Baudizzone. Íbidem, p. 331.
  630. ESA, enero de 1928, p. 26.
  631. Ya había habido reuniones en relación con una “Escuela de MMSS y Oficiales”, en un tono menos formal (AJEANBSA, 17 de septiembre de 1919, p. 7), que se oficializaría en 1923 bajo el nombre de “Maestros y Ayudantes”, poniendo como director a Laureano Baudizzone, aunque con carácter provisorio (AJEANBSA, 23 de octubre de 1923, pp. 242-243).
  632. Programa de la “Academia para Maestros Scouts, Ayudantes y Guías”, transcripto en: ESA, agosto de 1926, p. 3.
  633. De hecho, en ese mismo año, el jurado de Baudizzone, Toranzo y Berrutti darían el segundo premio en un concurso docente organizado por la institución a un trabajo que taxativamete propugnaba la “intervención oficial” para propagar el scoutismo de la misma manera que el estado obligaba a la instrucción primaria y la vacunación. Mejías de Pariente, Ana Luisa, “Importancia del Scoutismo”, ESA, octubre de 1928, p. 9.
  634. ADBSA, 28 de julio de 1928, p. 115. A esta remuneración se opondría Fischer en su alegato con el coronel Spika, de la misma manera que lo había hecho previamente Huergo en 1922.
  635. ADBSA, 24 de noviembre de 1928, p. 133.
  636. ADBSA, 21 de junio de 1934, p. 208.
  637. ESA, enero de 1928, p. 1.
  638. “Monografía preparada expresamente para el concurso por la Srta. Dora Laurencena”, ESA, septiembre de 1928, p. 5.
  639. Luego de haber sido uno de los iniciadores de la experiencia de “Batallones escolares”, a fines de siglo XIX, Pizzurno cambiaría rápidamente su discurso, sosteniendo luego de manera recurrente, los alegatos en contra del patrioterismo o “patriotismo anacrónico”; como en 1909, cuando diría: “Hablemos de la patria como ciudadanos que la aman y mucho, pero como ciudadanos a quienes el patriotismo no les pone una venda ante los ojos”. Por la participación de Pizzurno como director de los “Batallones escolares”, ver: Bertoni, Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas, Buenos Aires, FCE, 2001, p. 91; por la cita de 1909, consultar la “Presentación” de Pablo Pineau a: Pizzurno, Pablo, Cómo se forma al ciudadano y otros escritos reunidos, Gonnet, UNIPE: Editorial Universitaria, 2013, p. 17.
  640. Discurso de Pedro Orgambide, en: ESA, febrero de 1930, p. 17.
  641. Por otro lado, la compañía de la localidad de Leandro N. Alem, se denominaría “Cnel. Martín de Yrigoyen”, en homenaje al fallecido hermano del presidente.
  642. “La brillante ceremonia del Día 27”, ESA, enero de 1929, p. 24.
  643. Todavía a mediados de 1929, en Belgrano, la brigada 33ª y la compañía barrial se confundían en la misma celebración del 25 de mayo, sucediendo lo mismo con la brigada 38ª y la compañía “Pueyrredón”. “Información general”, ESA, junio de 1929, pp. 15 y 16.
  644. La Nación, 30 de septiembre de 1928, p. 13.
  645. La Nación, 12 de septiembre de 1930, p. 3.
  646. La Nación, 13 de septiembre de 1930, p. 4.
  647. “En Mendoza”, ESA, Septiembre de 1928, p. 11.
  648. Por ejemplo, hablando de arquitectura, el ingeniero del Castillo diría: “El renacimiento español, con sus escudos, leones de Castilla, etc., están muy bien en España, pueblo que aún está bajo la monarquía, país de blasones y de nobleza. Entre nosotros, todos esos atributos ancestrales, no tienen significado alguno. País republicano por excelencia, democrático y cosmopolita, los escudos, leones y blasones los miramos como adornos y no como símbolos y por lo tanto están de más”. Citado en Cirvini, Silvia, “Daniel Ramos Correas: su producción arquitectónica en Mendoza”, en: AAVV, Manifestaciones francesas en Argentina, 1889-1960: Paquin, Dunant, Mallet, Flores Pirán y Ramos Correas, Buenos Aires, CEDODAL – Centro de Documentación de Arte y Arquitectura Latinoamericana, 2011, p. 64.
  649. El Jefe Scout Toranzo a poco de asumir había definido al scoutismo como “una institución altamente democrática que trata de generar una hermandad entre todos sus miembros”. “Scoutismo”, ESABO, Diciembre de 1925, p. 36.
  650. Según resonaban, más de una década después, las palabras del Presidente Delegado Amancio Freire. ESA, Noviembre de 1939, p. 3.
  651. Ressoagli, Víctor, “Importancia del scoutismo”, ESA, diciembre de 1928, p. 9.G
  652. “De Tres Arroyos”, ESA, febrero de 1929, p. 23.
  653. ADBSA, 29 de septiembre de 1928, pp. 124-125.
  654. ADBSA, 10 de noviembre de 1928, p. 126.
  655. “El Día del Boy Scout Argentino”, ESA, agosto de 1928, p. 3. Idea que se repetía una década después al reproducirse el himno de los boy scouts chilenos que rezaba: “No nos importa la estirpe o cuna, los privilegios de la fortuna”. ESA, marzo de 1939, p. 9.
  656. “En la Sección 23ª. Bendición y jura de la bandera”, ESA, noviembre de 1928, p. 37.
  657. Muchos años después de la “controversia” sobre la obligatoriedad dada en el Primer Congreso Nacional, el profesor de educación física, José Porras Castillo, seguía sosteniendo en sus artículos: “El desarrollo del scoutismo y su implantación obligatoria, como se verá muy pronto en muchos países y ojalá también en el nuestro, hará que la masa de ciudadanos se eduque en esta gran escuela”. “Los Boy Scouts en la Guerra”, ESA, junio de 1929, p. 31.
  658. ADBSA, 1 de octubre de 1929, p. 172.
  659. ADBSA, 6 de septiembre de 1929, p. 165.
  660. Por ejemplo, el desacuerdo entre el delegado de la sección 27ª, la “Tambor de Tacuarí”, Tte. Cnel. Luis Sáenz (futuro presidente de los BSA en la segunda posguerra) y su MS, Raúl Pérez Olguín (quien además era vicepresidente del Círculo de MMSS y Ayudantes), con motivo de la recepción de los scouts chilenos provenientes de la Jamboree de Birkenhead. ADBSA, 6 de noviembre de 1929, p. 178.
  661. Íbidem, p. 182.
  662. ADBSA, 14 de octubre de 1929, p. 175.
  663. Alcántara presentaría la acostumbrada renuncia en estos casos, “por considerarse afectado por las manifestaciones del ingeniero don Armando D. Fischer”, recibiendo por respaldo el –también acostumbrado– rechazo unánime del Directorio, “ratificándole la confianza”. ADBSA, 6 de noviembre de 1929, p. 179.
  664. AJEABSA, 10 de enero de 1917, p. 115.
  665. Victorino Díaz diría que no tenía “pruebas contundentes que puedan demostrarle que el Sr. Fischer no es persona capaz y moral para actuar entre los scouts”. Ídem.
  666. Íbidem, pp. 115-116.
  667. ADBSA, 6 de noviembre de 1929, p. 179.
  668. Íbidem, pp. 179-180.
  669. La puntillosidad de Fischer para cuestionar la nueva dirección de la revista era tal que creemos encontrar su alusión indirecta cuando en el correo de lectores se le contesta a “Faisán amarillo” que no publicaron un colaboración de él porque es muy conocida y no querían con eso “dar tema al ‘pescatore di perla’”, con el que seguramente se aludía a Fischer (“pescador” en alemán) de manera irónica. “Buzón Propio”, ESA, mayo de 1930, p. 30.
  670. Amadeo recogería el guante en la reunión, intentando desmentir punto por punto a Fischer, e incluso usando la ironía al decir que la idea de no pagarle a los empleados no le parecía justa, humanitaria, “ni cristiana”. ADBSA, 6 de noviembre de 1929, p. 182.
  671. Carlos Delcasse (1852-1941) nació en Francia. Fue el primer legislador de origen extranjero y el último intendente de Belgrano. Boxeaba (fundador del Boxing Club) y realizaba esgrima con Ángel Newbery y en su mítica “casa del ángel” –inspiración de la novela de Beatriz Guido y el film de Torres Nilson– se realizaban duelos. Fue presidente de la Sociedad Protectora de Animales, competidora de la “Sarmiento” fundada por Albarracín. Datos tomados de Urich, Los perritos bandidos… Fue, además, quien ayudó a Toranzo a escaparse al Uruguay, luego de su frustrada rebelión.
  672. ADBSA, 6 de noviembre de 1929, p. 183.
  673. ADBSA, 19 de noviembre de 1929, p. 184.
  674. Escrito a mano. Carpeta “Asamblea 4 de julio de 1930”. MSNA. El expediente deriva a “Particulares F”, folio perdido o todavía no descubierto dentro del reservorio del archivo.
  675. “Carta del Ing. Armando Fischer”, ET, agosto-septiembre de 1933, p. 14.
  676. ADBSA, 6 de septiembre de 1933, p. 144.
  677. Citado de la “Memoria 1929-1930” de BSA, en: ESA, julio de 1930, p. 28.
  678. ADABSA, 26 de noviembre de 1926 [erróneamente dice “1927”], p. 7.
  679. Memoria 1929-1930.
  680. “Carta de Dulom a Toranzo”, 6 de agosto de 1939. N° 5 Letra U. ME 29/8/30. Carpeta “Usuhaia”. MSNA. En 1926 había existido un anterior intento que no llegó a mayores, propiciado por el gobernador del Territorio. “Carta del Gobernador Juan María Gómez a Toranzo”. 3 de agosto de 1926. Ídem.
  681. “La celebración del 1° de septiembre”, ESA, octubre-noviembre de 1930, p. 26.
  682. Ídem.


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