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1 Una tensa construcción de “notables” y “entusiastas”

El proceso de “argentinización” del scoutismo (1908-1917)

En este capítulo nos interesaremos por los comienzos del scoutismo desde su recepción inicial en nuestro país hasta la conclusión del proceso de estatización e institucionalización de la “Asociación de Boy Scouts Argentinos” (ABSA) mediante el decreto que firmó, con ese propósito, el presidente Hipólito Yrigoyen en el año 1917.

En dicha dinámica, de poco menos de una década, podremos ver cómo una iniciativa infanto-juvenil gestada al interior de la comunidad británica bonaerense y centrada en la actividad al aire libre, a partir de la lectura de un libro en ese entonces novedoso y difundido en folletines, se transformaría en una institución consolidada y oficial, cruzada por diversos acuerdos y disputas tanto al interior de la misma como frente a otras instituciones similares en competencia con ella. Esas tribulaciones derivarían, finalmente, en el fallo “olímpico” del presidente de la Nación, optando entre varias asociaciones, por una de ellas (la mencionada ABSA) y redefiniendo así, el lugar de la institución dentro del universo más amplio de la práctica a nivel local.

Patrullas dispersas (1908-1912). Repensando los orígenes del scoutismo “argentino”. De “súbditos imperiales” a “patriotas republicanos”

Unos meses después de la ya mencionada creación de las dos primeras patrullas scout en Banfield, dirigidas por Arthur Penny y Arthur Pearson, en agosto de 1908, fue la visita de Lord Robert Baden Powell a la Argentina, en marzo del año siguiente, la que –sin competencia– continúa el difundido relato “originario” acerca del scoutismo en nuestro país.

En esa visita, que incluyó cuatro países del Cono Sur americano, el fundador del movimiento sería gratamente “sorprendido” por un grupo de scouts que lo recibirían al pie del barco Aragon, en el que había zarpado desde el puerto de Southampton, acompañado por el Duque de Richmond y la hija de éste, Lady Helen. Esta simbólica interacción entre Baden Powell y los primeros cultores pampeanos del movimiento sería comentada innumerables veces –con alteraciones en la memoria, en algunos casos[1]– en el relato consagratorio del movimiento local.

En efecto, como hemos mencionado, la particularísima condición de pioneros de esos scouts queda evidenciada ante la mirada que se tenía sobre el fenómeno, incluso al interior de la comunidad británica. Era tal la novedad del scoutismo que a poco menos de un mes del arribo de Baden Powell a la Argentina, cuando ya se lo sabía efectivamente inscripto para el viaje[2], uno de los diarios de la colectividad británica, The Standard, se sintió obligado a explicar “desde cero” –en un artículo interesantemente llamado “Boy Scouts. Patrotism and sport”[3]– la novedad del movimiento que el distinguido huésped venía a difundir a Sudamérica.

Dicha idea comenzaba a ser conocida a través de un libro muy reciente que él había publicado, llamado Scouting for Boys, y que había generado un fenómeno que, a pesar de su breve desarrollo, ya demostraba –según reseñaba el editorialista– un “rápido incremento en la membresía” en Inglaterra, de manera que “las patrullas han crecido con una progresión tan extraordinaria” que había requerido el mayor esfuerzo posible de los dirigentes para sostenerlas, siendo innecesaria –proseguía el editor– cualquier medida extra de difusión con objeto de ampliar el número de las mismas, debido a la demanda de los niños por incorporarse en ellas[4].

Ese reciente conocimiento de la prensa angloparlante local acerca del fenómeno y del interés especial por difundir el scoutismo que guiaba en esos momentos la actividad de Baden Powell quedó demostrado en la entrevista que le realizara el Buenos Aires Herald al militar, cuando llevaba unos pocos días de alojado en las instalaciones del Jockey Club. Al ser solicitado por el entrevistador, acerca de sobre qué quería hablar, entre las tantas temáticas a las que se dedicaba, el futuro Barón inglés decidiría empezar por señalarle –ya desde el saludo preliminar– su intención de fomentar el scoutismo y el sentimiento que le había producido la informal embajada de recepción de los jóvenes banfileños que lo habían visitado: “Cuando los vi aquí […] me sentí más que satisfecho al ver lo lejos que ha progresado el movimiento”[5].

Sin embargo, luego de unos breves halagos a esos muchachos pampeanos que “estaban en forma y evidentemente tienen corazón para el trabajo”[6], Baden Powell iniciaría lo que puede ser definido como un nunca resignado intento de legislación y jerarquización desde la autoridad “central” sobre el movimiento local, al que primero en su persona, y luego bajo la figura del Bureau Internacional, se buscaría modelar al referir constantemente “la distancia” que siempre parecía faltarle a los scouts “ultramarinos” para lograr el ideal “insular”. Aunque, como hemos dicho, tanto el líder como las posteriores instancias de centralización internacional estarían conscientes del alcance de sus limitaciones efectivas de poder, nunca cejarían en su intención de proyectar una imagen modélica y preceptiva sobre las “sucursales” que iban surgiendo alrededor del mundo.

Así, y a pesar de la alegría que le habían provocado esos muchachos acaudillados por Arturo Penny, Baden Powell no dudaría en indicar que “difícilmente podríamos denominarlos, tal como están en la actualidad, como scouts calificados, experimentados o completos”[7]. Y luego, subrayaría esta condición de todavía incompletitud, velándola a partir del halago, al decir que estaba convencido que habían manifestado el espíritu scout y que “tenía la firme opinión que sólo experiencia, aunque no buena voluntad, es lo que les falta[ba]”[8].

Sin embargo, más allá de eso, y a pesar de los reparos “técnicos” expresados por el fundador, los improvisados scouts habían dado la nota, al realizar un reconocimiento al “patriotismo” de Baden Powell que no muchos en el resto de la comunidad británica habían presentado en esos días. De hecho, en el correo de lectores de uno de los periódicos de la colectividad, alguien identificado con el seudónimo “One Who Saw”, relataría la epopeya casera que los scouts de Lomas de Zamora debieron completar para ir a recibir a su mentor de ultramar.

En términos cercanos a la indignación, el “lector” comenzaba diciendo que no podía “refrenar la voz de apelación al patriotismo de los ingleses que parecen haber dejado el deber de recibir al gran general a unos pocos muchachos entusiastas”[9]. Destacándose como “único” inglés testigo de ese encuentro, bajo el elocuente seudónimo de “One Who Saw”, el mencionado se esmeraría en referirle al editor del diario, la “considerable incomodidad”, incluso, que los muchachos scouts sintieron al verse abrumados ante el discurso con el que el Teniente General los “honrara” y que les dirigiera “en términos amistosamente motivadores”[10].

Afortunadamente el “lector” que hacía uso de su espacio en el periódico, al tomarse el trabajo de entrevistar informalmente a los scouts, nos resulta muy útil como mediador de la voz de los “muchachos”. Repetiremos el detalle ya adelantado en la introducción para mantener el hilo discursivo, recordando que a través de dicha descripción, podemos saber que los mismos habían acampado la noche anterior al aire libre en la casa del líder, turnándose para cuidar el fogón, preparando su propio asado y su café “de un modo genuinamente scout”, para salir del “cuartel” hacia las 3 de la mañana, y luego de marchar por las calles de Banfield, recoger en esa localidad a unos de sus compañeros. Desde allí, los entusiastas jóvenes tomaron el segundo tranvía para estar a tiempo en la Dársena Norte, en lo que podía referirse como “un muy destacable desempeño para muchachos de entre 10 y 16 años”[11].

Luego de esos párrafos de valoración del ímpetu juvenil, el lector volvía a su inicial indisposición hacia el resto de la comunidad británica por la poca atención despertada por la llegada de Baden Powell, recordando “los sentimientos incluso aquí en Buenos Aires cuando las noticias de la liberación de Mafeking llegaron, y cómo toda Londres e Inglaterra parecieron volverse locas de alegría”, para reflexionar posteriormente “cómo el tiempo puede haber cambiado tanto la opinión pública tal como aparece manifiesto en la llegada del héroe que ha honrado Argentina con su presencia”[12].

Como vemos, al interior de la comunidad británica, la llegada de Baden Powell, quien como se señalaba había despertado –sólo una década antes– tonos patrióticos concentradísimos en su condición de estadista militar[13] y alcanzado la máxima reputación en la opinión pública de su país[14], ponía en interpelación la fortaleza del sentimiento “imperial” mismo de los entonces súbditos de Eduardo VII en nuestro país. Bajo esa tensión, se llegaba incluso a poner en duda –como hacía otro “lector”, curiosamente encubierto bajo el seudónimo de “Irishman”– la utilidad de la sección local de la Liga Imperial, en tanto no era capaz de realizar siquiera una recepción comme il faut de tan distinguido huésped[15].

Sin embargo, a diferencia de la atención reconocida por parte de los diarios escritos en inglés a la problemática imperial o –a partir de los intereses propios del ilustre visitante– a la temática scout, debe mencionarse que dichas cuestiones fueron dejadas de lado o apenas mencionadas por los diarios “nativos” de interés general. La Nación, por ejemplo, se limitó a referir la presencia de una “delegación de ‘scout boys’ residentes en esta capital [sic]” que “estuvo ayer a bordo del [buque] Aragón, [para] saludar al general […] quien los recibió con marcadas pruebas de simpatía personal a la vez que de satisfacción patriótica” [16].

Más allá de la mención a la pasada y de su equívoca referencia como “porteños”, cabe resaltar aquí, frente a la “nacionalización” posterior de esta patrulla fundacional (y su conversión en compañía de Lomas de Zamora –la primera organizada del país– y luego de Legión/Agrupación con el nombre del “prócer” Juan Galo de Lavalle)[17], que el diario “criollo” no dudaba en adjudicarle a dichos muchachos, entonces también, un arraigado patriotismo…pero de índole estrictamente británica. De esta manera, se resaltaba que

estos ‘muchachos exploradores’, en la acepción literal del concepto, son la mayoría de los jóvenes ingleses diseminados por el mundo, en procura de nuevos horizontes, quienes á pesar de su alejamiento del suelo nativo, están siempre como bajo las armas, listos para acudir al servicio de la soberanía nacional en el momento preciso[18].

Por otra parte, la única referencia supletoria al programa de scoutismo desarrollado por Baden Powell puede apreciarse en la primera de las notas de bienvenida de La Nación al “distinguido huésped”, en la que se señalaba:

El teniente general Baden-Powell busca un descanso a su labor intelectual, pues sobresale como fecundo escritor de cosas militares. Sin embargo, su reposo lo es á medias pues su venida se relaciona, precisamente, con la próxima publicación de un libro, en que trabaja desde hace meses y que destina á los “scout boys”[19].

Por ello, más allá de esas dos únicas menciones, no sería el Baden-Powell fundador y promotor del scoutismo el que sería venerado primordialmente en la mayoría de las páginas de la prensa circulante en idioma español, sino sobre todo el estratega militar y “héroe del sitio de Mafeking” (donde a decir de Caras y Caretas, “demostró tanta bravura como buen humor”[20]); y aún más, el “distinguido huésped británico”, compañero del Duque de Richmond, con quien amenizó la vida social local durante varias veladas. En efecto, las innumerables menciones que hemos recopilado (más de una quincena) realizadas sobre el visitante en La Prensa y La Nación, estuvieron todas ubicadas en las secciones correspondientes a esa esfera: “El Día Social” y “Notas Sociales”, respectivamente.

Pero por fuera de los comentaros gráficos, la visita de Baden Powell –más allá de la condición de “viaje de placer” con que centralmente la definió la prensa local y que fue interpretada por otros, como de motivación preferentemente militar[21]– sí parece haber sido importante para el futuro del movimiento scout local si nos atenemos a dos cuestiones. En primer lugar, por la conferencia que daría –invitado por Russell D. Christian y bajo el auspicio de la sede local de la Young Men’s Christian Association (YMCA) – en relación con la temática; en segundo término, por los múltiples contactos informales a través de los cuales parece haber sabido convencer fuertemente, a algunos de sus interlocutores, de las virtudes del scoutismo.

En referencia a esto último puede darse el ejemplo del –en ese entonces, coronel– Ángel Pacífico Allaria[22], futuro secretario de la comisión organizadora de la ABSA, con quien BP visitó Campo de Mayo, la Escuela de Tiro y otras dependencias militares para finalmente almorzar ambos, conjuntamente con el Duque de Richmond, en el Talar de Pacheco[23]. Parece poco arriesgado suponer que la prédica scout no pudo haber faltado en esas reuniones de sociabilidad que el ejército y la clase alta porteña le depararon, si uno advierte la postal, enviada a su llegada a Londres por Baden Powell al teniente Manuel Portela, el edecán que se le había asignado en su hospedaje en el Jockey Club[24]. En esa postal fechada el 1° de mayo de ese año, se ve de un lado la foto de los “B. P’s Boy Scouts” levantando una tienda de campaña y, en el reverso, el saludo manuscrito del general[25]. En esas mismas reuniones de camaradería militar, Baden Powell conocería, por otro lado, entre otros, al general Riccheri; mientras que las visitas a diversos lugares de esparcimiento (como el Jardín Zoológico) lo llevarían a conocer a otros futuros miembros fundadores de la asociación scout, como en el caso de Onelli o Thays.

Pero volviendo al primer punto, retomemos, entonces, por su importancia, la conferencia dada por BP en el local de la YMCA de la calle porteña Moreno al 452, a dos cuadras de la Casa Rosada y a cuatro del Palace Hotel donde estaba hospedándose esos días. Frente a la mirada preponderantemente “social” de la principal prensa escrita en español del país que ignoró ese discurso, fueron los diarios de la colectividad inglesa local, The Standard y The Buenos Aires Herald, los que sí tuvieron en cuenta el interesting address dado por el General, a manera de programa para la instalación del scoutismo entre los jóvenes.

Así los dos periódicos comunitarios dieron cuenta de cómo el “héroe de Mafeking” –rol que encarnó más abiertamente en una conferencia previa dada en el Sailor’s Home[26], de donde se ausentó raudamente (en un motor car) para poder asistir a la del YMCA, esa misma noche[27]– fue recibido por parte de la dirección de la ACJ local, con objeto de dar bajo su auspicio, una conferencia para fomentar y comentar la novedad de la práctica infanto-juvenil de la que había sido creador.

En efecto, la YMCA/ACJ compartía con Baden Powell, lo que era definido por el secretario asociado en Buenos Aires, Charles J. Ewald, en su informe anual, como la necesidad de suplir en la juventud, “esa falta de fibra moral, de real carácter”, que en la mirada del mencionado dirigente protestante podía percibirse, de manera muy especial en Argentina[28]. Interesantemente, entre los miembros del Comité Honorario de la Asociación de Estudiantes de la ACJ local[29] se encontraba Francisco Moreno, quien sería poco después el encargado de organizar para dicha asociación, las celebraciones del “Centenario” patrio.

Podría Ewald referirse a él, o sino a alguno de los “notables” con los que él que tenía fuertes vinculaciones (como Ángel Gallardo), cuando en su informe anual hablaba de un “muy prominente profesor universitario y un leal católico romano, visto como uno de los científicos líderes de Sudamérica”, que: “fue muy franco en su crítica a su propio pueblo y dijo que en razón de que creía eso, consideraba que la asociación”, en referencia a la ACJ, “haría una contribución valiosa a la vida de los estudiantes y que por eso daría su apoyo, promesa que desde entonces ha cumplido generosamente”[30]. De esa manera, la conferencia de Baden Powell parece haber venido en un momento estratégico para generar en Francisco Moreno, la adhesión y el ulterior liderazgo a esa causa, aunque no hemos podido documentar contactos directos entre ambas personas, más allá de que eso haya sido mencionado en alguna que otra biografía sobre el científico[31].

De cualquier manera, el impacto de la conferencia que el general Baden Powell daría el 8 de abril de 1909, invitado por la YMCA[32], puede verse a partir de la importancia a diferencia, como dijimos, del desinterés mostrado por los principales diarios en castellano– que le otorgaron tanto el Buenos Aires Herald como el periódico The Standard, los que cubrieron largamente dicha visita junto con la que hiciera al Sailors’ Home[33].

En un tono inicialmente casual, muy propio del carácter del General, a quien la prensa angloparlante definía como alguien “nada presumido”[34], Baden Powell señaló que no iba a “afligir” a la concurrencia con un discurso, porque además él no era del “tipo” de los que lo dan (aunque, como sabemos, a partir del boom scout no pararía de ofrecerlos). De ahí que prometiera decir “sólo unas pocas palabras”, acerca de lo que no dudaba en definir como un “hobbie suyo”, el scoutismo, que procuraba ofrecer a los jóvenes cristianos de la YMCA. En palabras que resultarían tentadoras para el público cristiano que allí se encontraba, Baden Powell –con una contundencia mucho mayor que la que había expresado en la entrevista que le habían realizado a poco de llegar y que hemos mencionado páginas arriba– resaltaría el carácter no bélico del movimiento, y subrayaría el hecho que aunque el término

scoutismo en sí se asocia naturalmente a la guerra, nuestro scoutismo es de otro tipo, y no está, como algunos parecen creer, conectado con lo soldadesco, sino que es un método para desarrollar entre los muchachos, la masculinidad y el carácter que tanto se necesita entre nuestros futuros ciudadanos[35].

Para ello, Baden Powell sostenía que la práctica scout (“scouting-craft”) estaba llamada a reemplazar la holgazanería y el carácter pendenciero en los muchachos, ya que los malos hábitos debían ser substituidos por otros de buena calidad, que se referían en la conferencia a los atributos de nuestros mejores “hombres de frontera colonial”, a los que el general atribuía “capacidad de recursos, disciplina, autoconfianza, desarrollo y actividad físicos, lealtad caballeresca y patriotismo”[36]. Estas aptitudes serían adquiridas por medio del juegos y prácticas atractivas como campamentos, vida al aire libre, medición de pesos y distancias, conocimiento de plantas y astronomía, entre otras.

Continuando, Baden Powell señalaba que, en ese sentido, Argentina tenía inmejorables oportunidades, que no podían encontrarse “en el sucio y viejo Londres”[37], y que por ello esperaba que de igual manera que había sucedido en Alemania, Dinamarca, Smyrna (actual Izmir en Turquía) e India, el scoutismo se desarrollara ampliamente, afirmación que confirmó –repitiendo la inclusión de Argentina– en una carta que al mes siguiente escribió a su amigo Kipling[38].

Pero para ello, quizás como forma de acicate para quienes lo escuchaban, el orador comenzaría por resaltar el ejemplo de Chile, país que venía de visitar y del que retornaba. Baden Powell consideraba (quizás para ponerlo en contrapunto con los “simpáticos” pero algo improvisados scouts residentes en Argentina) que en dicho país –aunque todavía no se habían formado patrullas de forma concreta– se habían tomado al scoutismo “de la manera más seria”[39]. Eso significaba que, sin desmerecer a esos valerosos muchachos banfileños, Baden Powell parecía –con ese comentario– referirse a la necesidad de una mayor formalización de la práctica, a partir de la participación de “notables” y personalidades “reconocidas” que condujeran lo que probablemente a su vista parecía una adopción en exceso espontánea de su iniciativa por parte de los propios jóvenes “entusiastas”.

No sería extraño que esa tesitura hubiera influido en la posterior decisión de Arturo Penny, el joven líder de los “británicos” banfileños y vocal de la primera Comisión Provisoria de la YMCA, en interesar a un “notable” de la talla de Francisco Pascasio Moreno, presentarlo a Russell Christian, con quien formaría a los scouts de la Escuela n° 6 del barrio de Barracas, dependiente del Consejo Escolar donde Moreno era presidente, para finalmente permitir y promover que fuera el reconocido científico quien se auto-instituyera (casi un Napoleón ciñéndose él mismo su corona) como responsable visible de la Asociación –la ABSA–, la que finalmente se constituiría en la mismísima casa del ilustrado paleontólogo[40].

Volviendo al discurso en la YMCA, debemos decir que luego de exponer sus opiniones, de ser aplaudido y despedido con la canción For He’s a Jolly Good Fellow, a la que desde hacía años estaba acostumbrado como forma de homenaje[41], Baden Powell se quedó luego hablando tanto con antiguos combatientes de la guerra Anglo-Bóer, como respondiendo preguntas a quienes se quisieran conectar con el movimiento scout por él liderado.

En todo caso, el alegato en pos de la organización y la formalización del movimiento, hecho por el líder mundial, no cayó en saco roto. Antes de la definitiva partida de BP, el presidente Bertram Schuman haría una moción para organizar un mitin en el cual se discutiera la formación de los Boys Scouts, la que fue, en palabras del diario, “avalada de forma unánime” y que fue prevista para el sábado siguiente, 15 de abril de 1909, a las 8 y media de la noche[42]. La reunión que se llevaría a cabo parece no haber sucedido si uno se guía por el posterior vacío en la información del diario. Presumiblemente, su no realización, o al menos su nula difusión, y cierto “congelamiento” de la propuesta estuviera relacionada con la cercanía de la partida a los Estados Unidos –justo dos días después de la reunión prevista– de uno de los mayores impulsores de la introducción de la práctica, el mencionado Russell Christian, quien pasaría en aquel país, una larga estadía[43].

Además de Christian, otro que debió por esos días despedirse de los argentinos, y que lo haría a través del diario La Prensa, sería Baden-Powell. En su farrewell speech, declararía “dejo muchos amigos aquí, y estoy obligado a todos ellos, por las atenciones que he recibido”, expresando luego que se comprometería a hacer propaganda por el país, luego de la cual, aseguraba: “tendrán en Buenos Aires, para esa época tantos turistas ingleses como los que han llegado en diez años juntos”[44]. En la descripción amable que se esperaba de todo huésped sobre nuestro país, antes de su partida, quedaba disuelta –ante la sensación de deberse a un público más amplio– cualquier posible referencia al scoutismo y a la “humilde” patrulla que lo fue a ver al barco en su llegada…

Aunque luego difuminado por la ausencia de su principal promotor, el intento de convocar a una primera Comisión de organización de los Boy Scouts (que se reactivaría con el retorno del Comisionado Russell Christian) sirvió como antecedente de la necesidad de formalizar la práctica más allá de los evidentes entusiasmos fundacionales múltiples. En efecto, en relación a esto último, cabe señalar que en esos pocos años que van desde 1908 a 1912, año de la integración de las compañías en la ABSA, fueron surgiendo iniciativas dispersas, en las que el interés de los adultos por fundar patrullas y compañías compitió con el deseo infantil por participar en ellas, y en los que la comunidad británica jugó un rol nada menor.

Entre las instancias pioneras, podemos mencionar la primera compañía porteña, fundada en Barracas, por el director de la Saint Andrew’s Scots School en 1909, la que aunque recién se integraría a la ABSA, con sus treinta scouts, en el año 1915[45], sería reconocida por su carácter pionero en un barrio de amplia receptividad de la iniciativa (tanto que, en sólo dos años de desarrollo, se conocería una 2ª Compañía en la sucursal Boca-Barracas de la YMCA y una 3ª en la Escuela n° 6). Otra de las compañías pioneras, también en la línea del scoutismo “británico”, sería la compañía de Villa Devoto (bautizada luego, General Arenales), que funcionaría desde 1911 en la English High School[46].

Con la difusión creciente, diversos “notables” de la sociedad se embarcaron en la empresa de educación moral infantil. Algunos de ellos, influenciados –como vimos– por la visita de Baden Powell a la Argentina, como en el caso del futuro jefe del Ejército y miembro fundador de la ABSA, Ángel Pacífico Allaria. Otros, por haber conocido el movimiento en su lugar de origen, como en el caso del Capitán de Navío Armando Fischer, fundador de los scouts navales[47]. Unos terceros, al vivenciar la experiencia escultista en la Europa continental, como el pionero del básquet[48] en nuestro país, el uruguayo Ángel Braceras Haedo, quien decidiría fundar un grupo de “Exploradores Argentinos”[49], el que luego se incorporaría a los Boys Scouts “por considerar que ambas instituciones obedecían a los mismos propósitos y que era necesario establecer una unidad de acción para el mayor éxito de la obra”[50]. Para 1916, Braceras sería el “Capitán” de la Compañía “Buenos Aires”, la que agrupaba con sus 300 afiliados menores, más de un tercio del total de los 824 scouts, divididos en 14 compañías, con que decía contar la agrupación[51].

Junto con estos grupos, surgirían otros, inicialmente autónomos y desperdigados, como el movimiento de “Vanguardias de la Patria” –de mismo nombre que los scouts uruguayos fundados en 1912– de la compañía de Juan Bautista Arrospidegaray[52] y que luego se volverían una dura competencia para la asociación scout, como lo demuestra la nota de la “Capitana”, la señorita Coviat (¿?), anunciando al directorio su desvinculación de la ABSA en favor del movimiento mencionado[53]. El resentimiento scout contra esta forma para-scout se mantendría intacto durante más de una década: todavía en 1925, el secretario de la ANBSA, José María Amadeo[54], solicitaba a la recién creada compañía bonaerense de Las Flores que sustituyera a uno de los MMSS propuestos, el señor Lafargue, por haber sido previamente “vanguardista”[55].

Debemos señalar, por otro lado, que como en los momentos de cualquier iniciativa dispersa y recogida sin mayor formalidad, la voluntad y la decisión antecedían a cualquier demanda por oficialización o integración en unidades más amplias. El año 1912 sería particularmente pródigo en la germinación de Compañías en los barrios porteños de Palermo, Belgrano, Caballito, Flores y el centro. De allí que, en realidad, Moreno se convertiría en una especie de fundador de algo preexistente, siendo –de manera metafórica– la propia práctica la que “encontró” en el “Perito”, a posteriori, a su “fundador” local, luego de cuatro años de ya haber comenzado y a fuerza de buscarlo para legitimarse, en función de las admoniciones formalistas de Baden Powell. Aunque evidentemente el proceso de “canonización” fundacional se daría no sin cierta dilación, ello no fue óbice para que se vehiculizara, finalmente, de forma eficaz y Moreno lograra la consensuada consagración retrospectiva, solapándose la “paternidad” asociativa con la de la práctica toda.

Analizaremos a continuación, en consecuencia, la manera en que si bien la necesidad de una “paternidad notable” pareció imponerse “necesariamente” (entre otras cuestiones, por el “mandato” badenpowelliano y a imitación del proceso chileno), no cualquier persona podía prefigurarse para ocupar dicho lugar, jugando para que ello sucediera, de manera proporcional, ciertas causas y ciertos azares. Si Francisco Moreno y el scoutismo llegaron a ese momento “fundacional” de manera simultánea, se debió tanto a la necesidad de “paternidad” ya expresada de quienes fomentaron inicialmente la práctica, como del trayecto que previamente había posicionado al mencionado individuo cerca de esos intereses, ligados por un lado a la “cuestión social” y, por el otro, al “mundo infantil”, según explicaremos.

De la fundación de la ABSA a la institucionalización (1912-1917)

Para abordar, entonces, este subcapítulo, tan decisivo en la historia del scoutismo, deberíamos antes comenzar por transitar una temporalidad previa, que permita entender las condiciones por las cuáles, en esa especie de Elige tu propia aventura individual y grupal, ciertas intersecciones se dieron cita para producir una encrucijada en la que, por propia elección, Francisco Moreno terminó embarcado en la aventura scout.

“Perito” de niños. Moreno en la “prehistoria” scout

Indudablemente, como en una mamuschka, en el “Perito” caben muchos “Peritos”, y sólo la “olímpica” pretensión sintetizadora de una larga vida podría contentarse con sustantivizar o adjetivar sumariamente en una única condición, a una persona[56]. Las hagiografías y las demonologías suelen ser bastante adeptas a ese impulso, encontrando para ello diversos recursos de causalidad única, de persuasión variable según la pluma que la sustente: la condición familiar, un momento “epifánico” inaugural, la ubicación en la estructura social o la actitud final ante la muerte, todas especies diversas de Rosebud historiográficos. En ellas, la voluntad de “ejemplaridad” de la historia busca imponerse por sobre las tribulaciones algo más difíciles de encasillar del recorrido entero[57].

No queremos decir que ciertos instantes o anécdotas de una vida, ciertas decisiones frente a la “liminaridad”, no puedan ser particularmente clarificadoras o constructivas para pensar una personalidad, pero aquello que es tan efectivo en el afán literario –pensamos en algún poema de Borges[58]– nos puede llevar a ciertos reduccionismos interpretativos al abordar a su pariente cercano, el campo historiográfico –con el que aquel se suele tomar unos mates, pero al que no siempre logra convencerlo del todo en sus opiniones.

La mencionada pretensión se vuelve especialmente pretenciosa, cuando se trata de biografías tan extensas, complejas y de múltiples intereses como es la de los “notables” argentinos de segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Uno de ellos fue Francisco P. Moreno, caracterizado por ciertas formas de acción y una variedad de intereses, científicos, humanísticos y artísticos casi “renacentistas”, y por una vida “a caballo” entre tradición y modernidad[59]. La descripción de algunas aristas, en especial, por su carácter “urticante” y polémico, supondría una deriva que excedería en mucho los alcances de este libro, cómo por ejemplo la relación entre Moreno y los indígenas[60].

Por ello, en este acercamiento a las múltiples “vidas” del biografiado, nos interesarán ciertas inflexiones personales que nos ayuden a comprender, no su Vida, sino los derroteros específicos que lo llevaron a “toparse” con el scoutismo[61].

Es que en efecto, frente a las amplias circunstancias que le deparó la existencia, la duración de la dirección de Francisco Pascacio Moreno al frente de la institución central del scoutismo argentino –poco más de tres años– fue, en verdad, relativamente breve. No sólo sobre el paño de sus trajinados 67 años, sino también si la comparamos con el tiempo directivo ejercido por otros Jefes Scouts del período de entreguerras que en este trabajo abordamos. Pensemos, frente a esos tres años, en los siete (con algún período de licencia, es cierto) de Severo Toranzo o en los nada menos que once de Laureano Baudizzone al frente del movimiento (sin sumar aquí, sus breves interinatos).

Jefes scouts (1912-1945)

1912-1915

Francisco Pascasio Moreno

1915-1916

Pablo M. Riccheri

1916-1919

Ramón Ruiz

1919-1923

Tomás Santa Coloma (con interinato de Augusto Spika)

1923-1931

Severo Toranzo (con interinatos de Spika, Federico Santa Coloma y Laureano Baudizzone)

1931

Intervención de Santos V. Rossi

1931-1937

Emilio V. Sartori (con interinatos de Baudizzone)

1937-1945

Laureano Baudizzone

Cuadro 2. Listado de Jefes Scouts (1912-1945).
Realización propia a través de múltiples fuentes directas e indirectas (ESA, Memorias, Periódicos, Asambleas y otras fuentes del MSNA).

Sin embargo, más allá de la relativa brevedad en el cargo, a Francisco Moreno se le ha adjudicado casi sin excepciones (aunque las ha habido y han generado la necesidad de “responder” a ellas por parte de sus herederos[62]) la paternidad “indiscutida” sobre el movimiento local scout, vigente todavía hoy de manera inmutable. Aunque incluso a su hermano, Daniel Moreno, entre otros, podría hacérselo competir en cuanto a méritos en la difusión y organización de la iniciativa[63], su figura –por la condición de prohombre que ya se le habían asignado otras funciones de su vida pública– ha quedado adherida a la del scoutismo de manera casi inseparable. Como orgulloso padre adoptivo que “naturaliza” su condición, de esa misma manera Moreno se comportó hasta el final de su vida, lamentando –como veremos luego– como traición “filial”, la posterior remoción de su liderazgo.

Para entender dicha deriva, trazaremos a continuación el recorrido a través del que Moreno “llega” al scoutismo en 1909 (cómo hemos visto, seguramente ya advertido de su existencia a través de las relaciones entabladas con la YMCA y con su hermano), para luego convertirse en la figura política central entre 1912 y 1915 y luego, en su símbolo “rector” hasta la actualidad.

Consideramos que los entrelazamientos entre un individuo como Moreno con una institución o práctica como el scoutismo, a través de la exploración de diversos intereses convergentes, resultan interesantes de rastrear, en tanto se muestran reveladores de las maneras en que se podían conjugar en la época, “notabilidad”, asistencia social a la infancia, educación moral y “ciudadanía del futuro”, a través de una novelty, “traída” de Gran Bretaña, que supo ser particularmente eficaz para dicho fin.

Esa novedad suponía la existencia de una minoría de niños y niñas que introdujeran, como “avanzada ilustrada”, los comportamientos que sirvieran de “modelo” al resto de la población infantil. De allí que dos de los nombres que también supieron usar los cultores del scouts por el mundo hayan sido, el de “Vanguardias” y el de éclaireurs. En fin, el scoutismo, en palabras de un entusiasta colaborador de la institución de fines de los años veinte, no era otra cosa que la “vanguardia de la civilización”[64].

Debemos entender, entonces, que el interés de Francisco P. Moreno por la educación moral y la asistencia social de la infancia (que combinó con su interés por las viviendas obreras[65]) precedió en algunos años su recepción del scoutismo. En efecto, recorriendo los reveladores recortes de diarios hechos por el propio Moreno, disponibles en el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, puede encontrarse que el “Perito” seguía, ya al menos desde 1909, los artículos del diario La Prensa relativos a esas temáticas. Esto puede documentarse, por ejemplo, a través de un recorte de un artículo periodístico sobre el “proyecto de parque obrero”, que sería subrayado por Moreno en lo relativo a los servicios públicos, remarcando –presumiblemente con su lapicera– el lugar que –en ese esquema– ocuparía el jardín dedicado a la infancia, considerado “una agradable ‘pelouse’, donde los niños, bajo la vigilancia de sus familias, podrán recrearse sin estar amenazados por los grandes peligros que ofrece la vía pública”[66].

Los niños “de ambos sexos”, entonces, formaron parte de una recurrente temática de atención para Francisco Moreno en sus últimos años[67]. Cuenta la anécdota, múltiplemente recorrida[68] y “epifánica” como suelen serlo en las biografías, que fue a partir de conocer a los muchachitos que intentaban entrar en su quinta a robar frutales, que Moreno decidió abrir el portón de su domicilio a esos chicos provenientes de la “quema” y del barrio de las “ranas”. El intercambio cultural y generacional, allí producido, parece haber desatado un switch de otredad cultural inédito incluso para el antiguo explorador, acostumbrado a lidiar en esos menesteres “etnográficos”, pero en otras latitudes más sureñas y “excéntricas” de la patria. En exquisitas palabras panegíricas, durante un recordatorio fúnebre al “Perito”, llevado a cabo en las Escuelas Patrias (de las que hablaremos enseguida luego), su amigo y discípulo, Clemente Onelli, recordaría el impacto de esa interacción sobre Moreno:

Este hombre no era maestro de escuela y no había estudiado para educacionista; su vida se formó entre las penurias de los viajes en el desierto, lleno de peligros y entre las cataratas y los abismos de la cordillera misteriosa; después de su vida fatigosa de aventuras y de dificultades ásperas recibió ampliamente los honores de la gloria […] una nostalgia de sus años juveniles, un deseo de vivir tranquilo su vida allá bajo el aguaribay que crecía mientras él viajaba, lo llevaron a explorar tierras de la ciudad, tierras desconocidas, la mitad del año anegadas y que la fantasía popular llamaba el barrio de las ranas; pero allí más que las ranas pululaban las miserias humanas, en sus aspectos más denigrantes, y empezó la santa obra que Uds. reconocen.[69]

A partir de esa experiencia de “epifanía” laica, Moreno parece haber comenzado un emprendimiento de carácter personal, sosteniendo una edificación educativa en su propia casa, convertida luego en la primera de las llamadas “Escuelas de la Patria”. Vendiendo por doscientos mil pesos las acciones y derechos por las 22 leguas que todavía restaban por serle adjudicadas por la ley 4192 que lo había recompensado por su actuación en la cuestión limítrofe, usó ese dinero para acondicionar las cocheras de su casa quinta para dicho propósito[70].

Foto 6. Los chicos de la quema. Fuente: Caras y Caretas, 3 de octubre de 1908.

La iniciativa infantil estuvo, así, destinada a la combinación de educación y asistencialismo. Moreno se conectó con la filántropa Victoria Aguirre[71], quien fue la encargada de sustentar la ampliación de la obra, y con la docente Sara Abraham[72] quien se ocupó de monitorear el aspecto pedagógico dando lugar a la “Obra de la Patria”, que incluyó lo que se ha reivindicado como el primer ensayo de comedores infantiles y guarderías gratuitas en la Argentina[73]. Esa institución resulta especialmente importante a nuestros intereses, ya que desde allí se constituyó lo que sería, en el futuro, el ámbito privilegiado de desarrollo del scoutismo unificado.

A través de la iniciativa de comedores, Moreno se conectaría en 1906 con el “Patronato de la Infancia”, poniendo las tres iniciativas educativas ya creadas por él, bajo la dirección de dicha institución y otorgándoles el nombre oficial de “Escuelas Patrias”, las que serían regenteadas por una Comisión mixta, formada entre miembros del “Patronato” y vecinos del Sud-Oeste capitalino[74]. Dos años después de comenzada, la iniciativa, que ya sumaba 1306 alumnos –de los cuales 609 eran niñas, la misma era valorada ampliamente por el vecindario y repercutía en las páginas de las principales revistas. Los niños recibían allí vestimenta, calzado y útiles de manera gratuita. Con todo, la “heterodoxia” de los métodos con que se engrosaban las filas de ese alumnado “humilde” llamaba la atención, incluso para los estándares de la época:

Es curioso dar a conocer de qué modo se reclutan los alumnos de las ‘escuelas patrias’. No se espera a que sus padres los lleven ni que ellos vayan de motu propio. Se les da caza en la calle. El Patronato cuenta con la desinteresada ayuda de personas que recogen a los niños pordioseros y los conducen a la casa del Parque de los Patricios o a la del barrio que corresponde[75].

A pesar del éxito de la iniciativa realizada en conjunto con el “Patronato” (que mantendrá por largo tiempo el esquema de “Escuelas Patrias” hasta apropiárselo de manera casi total en la memoria posterior[76]), Moreno terminaría alejándose de dichas filas en 1911, como lo había hecho de otras múltiples instituciones –en algunas ocasiones, de modo particularmente furibundo[77].

Lo que Moreno explicaría –años más tarde– como su desvinculación de dicha institución ante la necesidad de “desarrollar con más libertad sus actividades”[78], podría interpretarse –más concretamente– por el desencanto que en él habría surgido, aparentemente, a raíz del lugar no del todo central que se le reservaba y que él juzgaba en disonancia con el ímpetu de su participación y la importancia que –a sus ojos– ella revestía, en comparación con la del resto de los actores.

En contraparte, la desilusión existente en torno de su renuncia –como demostración de la eminencia adjudicada a Moreno, también por otros– puede verse a través de las dos cartas que le enviara el propio presidente del “Patronato”. En la primera de ellas, del 18 de Mayo de 1911[79], Luis Ortiz Basualdo mostraría a la Comisión Directiva de la institución “ingratamente sorprendida por su comunicación”. En efecto, el “Perito” había indicado a la CD del “Patronato” su resolución irrevocable de no continuar formando parte de la Junta Administradora de las “Escuelas Patrias”. En la segunda, Ortiz Basualdo escribiría como resultado de enterarse de la ahora total desvinculación de la institución por parte de Moreno, quien se justificaba en razón de la agotadora participación que había tenido personalmente para resolver los estragos causados por una fuerte inundación en uno de los barrios de su interés[80]. En ella, el presidente del “Patronato” le diría que lamentaba “profundamente su separación, a que le privará [sic] de su importante concurso, tan ilustrado y tan perseverante”[81].

A pesar de esa renuncia puntual, Moreno continuaría participando en otros ámbitos de beneficencia, tal como lo acredita su intervención en favor del pedido de la instalación de cocinas en beneficio de los niños pobres de la sociedad “San Vicente de Paul”[82], o el intercambio con el Jefe de Policía capitalino, Luis Dellepiane[83] (posterior compañero de fundación de la ABSA) a raíz de su participación en la distribución de víveres y ropas a familias inundadas[84].

Toda esta multiplicidad de estrategias que Moreno realizaba en tanto “notable”, ante la “cuestión infantil”, muestran aquello que señalaba la historiadora Donna Guy, cuando aludía a “las extremas dificultades que enfrentaron los representantes de los gobiernos local y nacional para otorgar cuidado y educación a los niños huérfanos y a los abandonados”[85]. Sin embargo, las predisposiciones de origen “privado” como las del “Perito” tampoco parecían estar lo suficientemente extendidas como para relevar eficazmente al Estado de esa tarea, según señalaba en 1912 el diputado Vicente Gallo[86]. En sesión parlamentaria, el dirigente radical expresaría que “no conoce, por desgracia, nuestro país los actos de munificencia privada que, honrando a quienes lo realizan, enaltecen a las sociedades en que se producen, destinados a fundar, sostener y desenvolver las instituciones de la cultura pública”[87].

En ese panorama, bajo la tensión concurrente entre las intrincadas redes del Estado y las débiles acciones de la iniciativa privada, se provocaría en la perspectiva de Moreno, un profundo y recurrente tinte de decepción a su retórica de “hacedor”, ya que encontraría a ambas esferas como limitantes de lo que consideraba su propia capacidad individual.

Este freno lo experimentaría hasta sus últimos años, como lo demuestra su última desilusión al tener que aguardar por una audiencia con el presidente Yrigoyen, teniendo que “soportar” además –según el relato familiar– que se le solicitara saber –antes de la entrevista– “quien lo recomendaba”, lo que produciría la triste reflexión del “Perito” comunicada a su hijo: “He dicho que Yrigoyen es un buen Presidente, pero mal informado, [cómo pudo] pensar que yo podía haber ido para pedirle algo para mí”[88].

Vemos así, que aunque sin la tonalidad furibundamente despectiva que tendría en otros actores del espacio scout[89], el yrigoyenismo parece haber sido visto por Moreno –y no sólo por él, sino por consejeros scouts de raigambre “patricia” como Lucio López[90]– como un momento de “plebeyización” en el cuál sus propios capitales y estilos de liderazgo se verían algo devaluados y sus roles parcialmente difuminados.

Esta situación de “rebajamiento” de su rango, sería póstumamente percibida por el diario opositor La Prensa, el que se encargaría de resaltar durante el sepelio de Moreno –un suceso seguido incluso por medios internacionales[91], la ausencia de los poderes del Estado nacional:

Sólo el gobierno omitió su presencia y ni el Congreso, donde figuró como miembro de la Cámara de Diputados, envió delegaciones. Esta ausencia de las altas autoridades de la Nación, dejó ayer en el espíritu de todos los presentes en el acto fúnebre, una impresión penosa ¿No conocen los miembros del Ejecutivo y los legisladores, los servicios prestados al país por el doctor Moreno? ¿No saben cuán eficiente fue la colaboración de este ciudadano, en la magna cuestión de límites con Chile que substanciaron estas dos naciones? ¿No conocen las actuales autoridades nacionales, la enorme extensión de tierra andina que se salvó del litigio, por la obra del conocimiento personal del explorador y del geógrafo doctor Moreno?[92]

Por otro lado, esquivando indirectamente la lógica “notabiliaria”, un ya elegido presidente Yrigoyen seguía sin contestar –todavía para la reunión del Consejo Nacional de la ABSA del 14 de junio de 1916, con un Moreno por esa época ya alejado de la conducción– si aceptaría o no participar como miembro de dicha institución[93], en una serie de vaivenes que la asociación tendría con el “personalismo”, con no pocos desencuentros[94] pero también con infinidad de respuestas favorables[95], siendo la del otorgamiento del “monopolio” de la práctica a la institución (lo que analizaremos más adelante) la más evidente en ese último sentido.

Sin embargo, más allá de las transformaciones –siempre discutidas en sus alcances– operadas por la modernidad eleccionaria desde 1912, la constante autopercepción de la fuerza de su liderazgo “notabiliario” impedía que Moreno cejara en reiniciar intentos de ese tipo o dejara de mantener cierta confianza en la posibilidad de un proceso de democratización moderada, guiada o “responsable”, pero no por ello juzgada menos igualadora de prácticas[96].

Algunas acciones de los últimos años, incluso, como la asociación creada en 1913, llamada “Padres y maestros” y destinada a crear talleres artesanales para los niños mayores de 14 años, muestra la capacidad y eficacia del “Perito”, para desarrollar iniciativas transversales entre Estado, “notables” y Sociedad, que se encargaran de movilizar la participación más allá del círculo reducido en el que él mismo se solía mover[97]. Mateo Urreta, presidente de la institución señalaba los efectos positivos de esa actuación en común[98], a la vez que valoraba la importancia de las asociaciones populares para cumplir esos fines. Así, se indicaba –en tonos que dejaban incluso la moderación– que

la acción popular encaja perfectamente en todos los asuntos de interés general que estén sin resolver, máxime cuando existen precedentes a porrillo, de estados y de pueblos que para solucionar crisis políticas y financieras, mitigar hecatombes, y desasirse de opresores, echaron siempre mano, y seguirán echando, de la acción popular[99].

Pero, interesantemente, la acción popular reivindicada por “hombres simples” como Urreta, sólo parecía poder motorizarse a partir de la intermediación “notabiliaria”, por parte de aquellos que ayudaban “material y moralmente” a quienes formaban parte de esas asociaciones. De esta manera, se valoraba:

[L]a pequeña y modesta labor realizada por unos cuantos individuos escasos de capacidad y faltos de recursos, pero, que, repletos de voluntad, aspiran a perfeccionarla y a agrandarla si obtienen el favor moral y material de quienes deseen enaltecer, con tal sistema, a la Patria y a la Humanidad[100].

Iniciativas como la mencionada tuvieron como centro la organización “Obra de la Patria”, bajo cuyo control se comenzó a desarrollar la experiencia escultista, luego de la desvinculación de Moreno del “Patronato”. El reconocimiento de la ligazón con la “Obra de la Patria” se expresaría largamente desde los mismos inicios de la ABSA, tanto que la primera etapa de la revista oficial ESA, como incluso los Estatutos de la asociación seguirían llevando al menos hasta 1914 el logo de la mencionada organización[101]. En unas Breves indicaciones sobre la agrupación, incluso, se señalaba que ‘“La Obra de la Patria’ no se desliga del todo de esta asociación filial, porque su intervención en su desarrollo está impuesta por el vasto programa de acción nacional que trata de desarrollar”[102]. Todavía hacia 1916, aunque Moreno ya se encontraba desligado “de facto”[103] de la dirección de la organización, se seguían vendiendo –como contribución para las arcas de la ABSA– las postales que habían sido donadas por la “Obra de la Patria” para tal fin[104].

El apoyo que iba más allá de lo formal, puede verse en la donación por parte de esa institución de veinte mil tarjetas postales con ilustraciones del pasado argentino para ser vendidas por los niños scout con el expreso motivo de costear dos placas en homenaje a la “heroica retirada” de Tacuarí y a las palabras del general San Martín al Ejecutivo con motivo de la batalla de San Lorenzo[105], en un ejemplo de valoración de las conmemoraciones “bélicas” sostenido a lo largo del período[106]. Estas postales que Moreno repartiría pródigamente a las compañías locales a lo largo de su presidencia[107], seguirían circulando largamente al interior de la asociación scout varios años después, incluso en los años veinte, una vez él fallecido[108], siendo actualmente motivo del interés de los coleccionistas.

Pero lo que podemos resaltar, más allá del concurso de la mencionada organización, es que en Moreno se imponía la posibilidad de desarrollar el scoutismo como estrategia superadora de las diversas intervenciones particulares “asistencialistas” aisladas, promoviendo a través del impulso del Estado, un programa educativo que pretendía ser más integral, consciente que –aunque vital, y por eso presente como servicio en la Escuela n° 12 del Consejo V del cual era presidente– el alimento “no es todo lo que requiere esa niñez para salir de su miserable estado”[109].

Para sostener ese hálito más amplio con una financiación adecuada, el “Perito” tendería mano a su rol de Diputado de la Nación, al que había accedido en 1910 –después de campañas previas infructuosas– al haber abonado como vocal de la Unión Nacional en apoyo de la candidatura de Roque Sáenz Peña[110], aunque manteniendo siempre su marcado tono de “individualismo cívico”[111].

En efecto, sería durante ese mandato legislativo que Francisco Pascasio Moreno consumaría la creación de la ABSA y lograría encauzarla bajo la promoción estatal, aunque siempre pensándola como una tarea eminentemente privada, según se le confiaba al propio presidente Victorino de la Plaza, al decirle que “la finalidad de esta obra y de sus altos ideales corresponde al pueblo de la República, a sus habitantes nacionales y extranjeros, a la sociedad misma antes que al estado”[112].

Empalmando la iniciativa personal con el lugar institucional en el Estado

Sin embargo, a pesar de su centralidad societalista, desde muy temprano, con patrocinios legislativos que no se limitaban al caso individual de la presión ejercida por su presidente Moreno, sino también a la del vice asociativo, el general Rosendo Fraga[113], la ABSA lograría recibir el inestimable apoyo del Estado. Según resultaba de la convicción de la asociación:

nuestros legisladores hallarían, estudiando el scoutismo en sus propósitos y en sus prácticas, la solución del más grave problema que aflije (sic) a todos los hogares argentinos y que tanto preocupa a lo más sano y a lo más noble de nuestra juventud[114].

Bajo esta situación privilegiada, en el mismo año de su constitución, la ABSA logró ser incorporada en el listado del presupuesto para las organizaciones no gubernamentales subvencionadas por el Estado con una nada desdeñable suma de 5000 pesos. El espaldarazo oficial resultaba tan importante que hasta un diario en la otra punta del planisferio se ocuparía de destacarlo como ejemplo de abierto apoyo de un gobierno al proyecto scout[115].

El subsidio era apreciado –ya que más allá de la tarea “desinteresada” de sus dirigentes y algunos participantes[116] y de las donaciones de los particulares más entusiastas[117], la asociación debía costear los sueldos del personal administrativo (de 50 pesos[118]), de los cuidadores de las plazas de ejercicios físicos (de 20 pesos[119]) y de los instructores, quienes en un principio, recibían dinero por sus servicios[120]. Todo ello suponía para el año 1915 un costo total por 150 pesos[121], el que se iría incrementándose con los años[122], incluyendo ya para la década del veinte, el pago de aguinaldo[123]. Ya para 1925, el tesorero se quejaría que más de un tercio del ingreso de la institución se iba en sueldos de personal, “sin dedicar al scoutismo su mayor contribución que en toda forma debe destinarlo”[124].

Así, la ayuda recibida siempre parecía limitada y el agradecimiento esperado por la labor sonaba a poco, en vistas de lo que los dirigentes consideraban la importancia de la proyección de la tarea sobre la niñez. El mismo “Perito”, ya después de casi tres años de andar el camino del proyecto institucional, firmaba una nota titulada “Los Boy Scouts en la guerra actual”, en la que luego de demostrar los actos de “coraje” de esos niños en los campos europeos, se preguntaba en forma retórica:

¿Es posible, ante estos ejemplos, negar la evidencia de la utilidad del scoutismo en los momentos de grave peligro de las naciones? Y, sin embargo, ¡cuánto desgano para cooperar a implantarlo en esta Capital, de parte de los que podrían hacerlo sin ningún esfuerzo! ¡Cuánta despreocupación ante peligros de los que no está libre ningún país, por más seguro que considere su presente![125]

De esta manera, ya desde su inicio, los sucesivos ejecutivos de la asociación prestaron especial atención por mantener, ampliar o resistirse al recorte presupuestario y por extender al máximo sus relaciones con las múltiples instancias estatales, a fin de resolver el problema que su secretario Modesto Quiroga definía por el año 1914, como de “reducidas finanzas”[126] y que el presidente Moreno ratificaba al año siguiente con el concepto de “Estado difícil de los recursos”[127], forzándolo a solicitar se tenga a bien vender, incluso, una “petiza con cría” donada a la institución, por no poder sostener los gastos que acarreaba su cuidado[128].

La estrategia de golpear las puertas de las arcas estatales, cabe señalar, fue además rápidamente imitada con éxito por diversos émulos informales en las localidades, como los scouts nicoleños (quienes al menos, no pueden hallarse en el listado oficial de compañías de la ABSA para dicha época) y que ya para el año 1915 podían disfrutar de un terreno fiscal sito en la aduana (conocido como “Las Baterías”, donde había funcionado ya el primer polígono de tiro en 1896) cedido por decisión presidencial para realizar sus actividades y utilizarlo como plaza de ejercicios físicos[129].

Esta estrategia de las compañías del interior tuvo sus continuaciones a lo largo de toda la entreguerras, como lo demuestra la asignación de subsidios específicos desde el Congreso para otras iniciativas –estas sí ya formalmente dependientes de la asociación– en diversos puntos del país[130] o logrados por las gobernaciones o legislaturas provinciales[131], o en los Concejos Deliberantes o Intendencias, desde montos muy importantes como el de 5000 pesos por año que analizaremos en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, o algo más exiguos –pero muy ponderados para la dinámica local– como el que lograrían los scouts de Concepción del Uruguay o de Lomas de Zamora en sus respectivos municipios[132].

Así, además del subsidio en dinero, la obtención de espacios propios permitía solidificar y prestigiar el lugar de las asociaciones locales al interior de la red de sociabilidad asociativa local, no sólo porque les daba autonomía, sino que –sumado a ello– podían prestar sus propias sedes a las instituciones que lo demandaran, estableciendo así lazos de reciprocidad. Por ejemplo, en la década del veinte, se aprobaría la cesión de un local como lugar de reunión del Círculo de Damas Salteñas, directamente emparentadas con la beneficencia provincial[133].

En el cuadro n° 3 mostramos la evolución de los subsidios efectivos destinados a los scouts[134], en los que pueden verse los diversos procesos de complicaciones económicas y vaivenes políticos estatales, que afectaban a la organización de manera directa. Adjuntamos, comparativamente, el desempeño en ese mismo sentido, de sus “competidores” socialistas, los “Recreos Infantiles”, de los que hablaremos más adelante, a fin de analizar también otro tipo de vaivenes más allá determinaciones político-ideológicas a lo largo de entreguerras, en relación con la asignación presupuestaria, tal como se ve en la relativa superposición de ambas curvas durante los períodos coincidentes.

Asimismo, para el interés del período en el que más desprovista de subsidios estatales nacionales estuvo la asociación, hemos indicado la línea de donaciones no gubernamentales (como las efectuadas por la “Liga Patriótica”, a desarrollar con detalle más adelante) que le permitieron subsistir económicamente a la asociación.

cuadro 3

Cuadro 3. Evolución de subsidios de la Asociación (ABSA, ANBSA, BSA) entre 1912 y 1945 y comparación con otras donaciones y con subsidios a los “Recreos Infantiles”. Elaboración propia (Presupuestos nacionales ejecutivo y legislativo y Actas y Memorias asociativas)

La apuesta scout por intentar una relación separada pero cercana con los poderes públicos, pareció desde el inicio, una apuesta razonable, en vistas de la “espalda” social con que decidía contar la asociación.

En efecto, bajo el futuro promisorio que le adelantaba el prestigio indudable de los miembros de su comisión directiva fundacional, entre los que se encontraban generales de la nación, célebres naturalistas, reconocidos pintores y paisajistas, profesores universitarios, reputados pedagogos, archivistas y políticos de renombre[135], el 4 de julio de 1912, la ABSA se formalizaba bajo un acta firmada por los presentes en la misma casa quinta de Caseros al 2841, donde Moreno se había fascinado –según la recorrida anécdota– con esos niños que le robaban la fruta y a quienes había logrado convencer, bajo métodos instintivamente pedagógicos, de no matar pajaritos con sus hondas[136].

En dicha acta, reproducida en múltiples formatos de papel[137] y digitales, y cuyo original ha sido afortunadamente recuperado recientemente para el acervo del Museo Scout Nacional de Argentina, se explicitaba la voluntad de creación de una “institución análoga en sus fines, a la que organizara en Londres el ilustre General Baden Powell” [138]. Con la necesidad de la “importación” de esa idea, se expresaba un registro de todo lo que debía estimular esta organización en los niños. El abanico era, sin dudas, amplio e incluía: “las excursiones al aire libre, las observaciones de la naturaleza, el culto del honor, de la lealtad y de la honradez, el dominio de sí mismo y de los demás, el amor al prójimo, a la familia, a la Patria y a la Humanidad”[139].

Frente a semejante inmanencia textual, quizás, la fortaleza del relato fundacional ha hecho olvidar, a menudo, la complejidad de la organización de una práctica que preexistió a la asociación, y las múltiples influencias que debieron coaligarse a tal fin, y que finalmente se vieron expresadas en el decreto regulador de la actividad de la Junta Ejecutiva de la ABSA, que explícitamente recalcaba la necesidad que la misma estuviera integrada –según reproducía la edición del 16 de junio de 1918 del diario La Prensa– “por elementos representativos de los intereses cívicos, educacionales, comerciales y filantrópicos del país”, en una multiplicidad de la “distinción” siempre mantenida[140].

Debemos volver a recordar, entonces, que –a diferencia de Chile, donde la voluntad fundacional precedió a la instalación concreta de patrullas[141]– la unificación de las diversas compañías scouts dispersas y formadas previamente, se estructuró además, en nuestro país, no desde un inicio centralizado, sino a partir de la acción, no de una, sino de dos organizaciones que mostraban, ya desde el vamos, una manifiesta dualidad entre la pulsión nacionalista y la voluntad ecuménica: la ya mencionada “Obra de la Patria” de Francisco Pascasio Moreno[142] y la filial local de la YMCA, la que constituiría su propia sección de juniors y boy scouts, creada en 1911 por Russell Christian y que funcionaba (al menos hasta 1914) en la avenida Montes de Oca de la Capital Federal.

Es que, precisamente, junto a los hermanos Moreno, otro de los grandes promotores de la iniciativa scout en nuestro país, como hemos adelantado, sería Russell Christian de la YMCA, quien convencería al “Perito” de protagonizar la unificación del scoutismo, movimiento en el que venía trabajando desde años antes. Como se encargaría de recordar en carta de 1916, al general Riccheri, Christian indicaría en esa fecha, que mantenía “vivo el interés por los progresos del movimiento como tuve en 1910 cuando me encargué de su organización”[143].

Incluso puede verse que, en los momentos mismos en que se preparaba la agrupación, la prensa daba muestras de la actividad scout, titulando la crónica de sus actividades, de esta manera: “Expedición de Scout Boys (Jóvenes Cristianos) al Palomar”[144], como demostración de la yuxtaposición de ambas experiencias.

Sin embargo, Russell Christian y la misma YMCA, sufrirían luego del proceso de “reorganización” que analizaremos más adelante, y que no eludía un previo distanciamiento con respecto del liderazgo del “Perito”, una clara mengua de su relevancia en el armado fundacional[145], la que aunque algunas fuentes actuales no dejan de reponer[146], resultó evidentemente difuminada –e incluso negada– durante el período de entreguerras[147], a pesar de los propios esfuerzos de la Asociación Cristiana de Jóvenes por recordarla[148].

Podemos ver todavía, a principios de 1914, que Christian no sólo era el principal referente de las asociaciones scout de preeminencia británica y el reconocido comisionado de los Boy Scouts, sino también un dirigente al que un “Capitán” scout del interior bonaerense podía expresarle: “espero que esté progresando favorablemente y pronto esté en la cabeza de la asociación para ayudar en su reforma”[149], dejando entrever que el de Christian no sólo era un proyecto de poder individual, sino que tenía sustento en un armado colectivo entre los sectores “entusiastas”.

El reconocimiento de ese liderazgo formaba parte de una carta, dentro de una serie de misivas escritas en inglés y memos en castellano, dirigidas a Christian por parte del organizador de un “Cuerpo” en Coronel Suárez. Debemos recordar, por otro lado, que otro “prócer” fundacional como el mencionado Arthur Penny, quien dirigió a sus scouts de Banfield en 1909 para saludar a Baden Powell, también seguía escribiendo en inglés –todavía en 1915– las cartas dirigidas al secretariado de la asociación[150].

Así, queda claro también que el proceso de mediación y creciente “nacionalización” de la asociación no se produjo “de un día para el otro”[151], y en él se mezclaron tanto los impulsos propios de las discusiones de la época como el decurso particular de la práctica.

Podemos ver así, que el comisionista de cereales H. E. Crundall, quien había sido Sea Scout en la ciudad británica de Weston-super-Mare y que estaba encargado de organizar la práctica al interior de la escuela local en Coronel Suárez, en momentos de los proyectos de “compulsividad” de la práctica en la provincia de Buenos Aires[152], le solicitaba a Christian novedades sobre la publicación en español del libro Scouting for boys, como asimismo un libro en el mismo idioma para saber los nombres castellanos de los nudos[153], una de los conocimientos centrales que se les exigían –y se les exigen aún hoy– a los scouts desde el inicio de la práctica, ya incluso para obtener el grado más bajo[154].

Esto demuestra no sólo el no total bilingüismo del “Capitán” en cuestión[155], sino la existencia de un público crecientemente “mixto” de criollos y anglo-argentinos al cual los “Capitanes” de origen inglés buscaban dirigirse, como puede desprenderse de los apellidos de los aspirantes a scouts que obtendrían en 1914 su paso a 3ª clase. Así, en el listado de ocasión convivían los Correa, Lemos, Bargas y Laregain con los Kovacs y los Furlong[156]. Dos años después, Crundall encontró un nuevo lugar donde ejercer la actividad, al trasladarse hacia Quilmes donde pediría el cargo de Comisionado para organizar a los muchachos de una localidad con, también, fuerte presencia “inglesa”.[157]

En todo caso, el acercamiento de “criollos” a las compañías “británicas” se mantendría durante todo el período, como lo demuestra el trayecto del MS Tomás A. Echevarría (“Toro Rojo”), creador de la Primera Compañía “nativa” de Córdoba (la “Manuel Belgrano”), quien comenzó como Rover en la sección de la “First Córdoba Scout Troup” y que fue acercado inicialmente a dicha compañía “para que mejorara su desenvolvimiento en el idioma inglés”[158]. Gracias a esta interacción los “Capitanes” scouts, como Kirby, lograban hacer practicar en los campamentos propios de la ABSA, hacia 1914, el “inglesísimo” deporte del cricket, en “partidos reñidos” y “con elementos improvisados”[159].

Además de advertir –a sus ojos– un rápido anquilosamiento de la vida institucional desde su comienzo, en parte pueden fundarse en este fenómeno de “cosmopolitismo” excesivo, las iniciativas de reorganización de la práctica que desvelarían al “Perito” y a otros dirigentes a poco de iniciado el proyecto infantil[160]. Bajo esa perspectiva, la posterior marginalidad de la YMCA (y en especial la del primer Comisionado Nacional Christian) en el armado scout sería explicada de manera sugestiva por el concejal socialista Ángel Giménez. El higienista porteño, quien como veremos más adelante, al principio era “simpático” al movimiento y luego quedaría fuertemente enemistado con la asociación, argumentaría en plena sesión de Concejo Deliberante, que Russell Christian había sido:

eliminado por tener la gran desgracia de haber nacido en Inglaterra a pesar de que habla español mejor que cualquiera de nosotros y fue sustituido por personal militar y civil, el que ha convertido aquella obra en un organismo multiforme que sirve para las tendencias más diversas[161].

No puede, en efecto, dejar de tenerse en cuenta la relativa influencia que la condición de extranjero podía jugar en los condicionamientos que imponía la asociación en una época de iniciativas nacionalizantes[162]. Sin embargo, debemos notar que el derrotero fue mucho más complejo que la definición que marca a Christian como una mera víctima pasiva de la xenofobia militarista de los Riccheri y compañía, quienes habrían “traicionado” en su gestión de 1915, los valores “ecuménicos” fundacionales de Powell y Moreno. De hecho, uno de los miembros que más activamente fue involucrado en la conformación de las comisiones de los años posteriores a la “re-estructuración” institucional hasta su fallecimiento, había nacido en Irlanda. Hablamos del reconocido pedagogo Santiago H. Fitz Simon[163].

Por otro lado, la primera etapa en la que se veía la acción de la YMCA, no estuvo para nada despojada de fomento al patriotismo, como lo demostraría el concurso del primer 25 de mayo a festejar por la ABSA (el del año 1913) que se realizara, premiando –con una lapicera con depósito de tinta y una pluma de oro– al niño o la niña que hiciera el mejor dibujo en colores del Escudo Nacional[164]. Por lo tanto, las tensiones no eran principalmente ideológicas entre los dos iniciadores del movimiento.

Así, según hemos podido reconstruir, Russell Christian tuvo ya desde 1914, declaradas tensiones con el “Perito” Moreno, que lo llevarían a posicionarse inicialmente del lado del grupo opuesto, liderado por el “dúo” Riccheri-Quiroga, a quienes –paradójicamente– Giménez sindicaría posteriormente como sus verdugos.

El distanciamiento con Christian no sería más que la culminación de una relación crecientemente desgastada entre el Presidente de la ABSA y los miembros de la YMCA que incluso tendría los ribetes propios de los intempestivos ataques de cólera de Moreno, como cuando ante una requisitoria de Claudio Lago[165] (asesor de Christian) sobre dinero adeduado, “el Sr Lago fué á verlo al Dr. Moreno quien lo recibió en tal forma y diciéndole tales cosas que no están á bien mencionar” por lo que “el Sr Lago nada le contestó y volvió á su casa sin esperanzas de cobrar, abatido y sin el aprecio de las autoridades del Comité Ejecutivo”[166].

Es cierto, por otro lado, que a pesar de ese acercamiento inicial a quienes se habían enfrentado a Moreno, Christian luego se comenzaría a desvincular en 1916, cuando, a pesar de haber sido elegido dentro del Consejo Nacional de la ABSA, se vio forzado a declinar su nombramiento –sugerentemente después de una entrevista con el general Riccheri– debido a “no haber aún obtenido su carta de ciudadanía, que está en trámite”[167].

Pasado el tiempo, en 1917 (alejados tanto Moreno como Riccheri del poder ejecutivo directo), la relación de Russell Christian con la asociación ya no sería otra que la de demandarle, vía nota de la YMCA, el pago de más de dos mil pesos a raíz de los servicios prestados durante la presidencia de Moreno[168], pedido que replicaría en otras ocasiones[169]. Frente a ello, la respuesta –por boca del entonces secretario de la organización, Braceras Haedo, quien no ocultaría nunca su desdén y cierta envidia no del todo procesada frente al “pionero”– sería tajante, alarmándose porque:

dicha asociación [la YMCA] pretende directa o indirectamente tener relaciones con el scoutismo, lo que es un peligro para esta institución por cuanto sabe que dicha asociación es una asociación religiosa protestante cristiana, y que no sabe con qué derecho se ha dirigido a esta Junta sabiendo como lo sabe el Sr. Cristian (sic) que esta Junta ha nacido de la reorganización del scoutismo y que nada tiene que ver con los trabajos que realizó el Dr. Moreno y más aun no habiendo constancia de ello[170].

Como fría venganza a esas palabras, Christian no dudaría en demostrar su mayor ascendencia en el scoutismo mundial, enviándole a la propia Junta Ejecutiva nacional que lo había marginado, una carta de puño y letra de Baden Powell, mediante la cual el “inventor” de la práctica enviaba saludos a los scouts argentinos[171]. Esto provocó la encendida ira del secretario Braceras Haedo, quien después de evidenciar su “desagrado”, definió a Christian como “un elemento que se aparta del scoutismo por cuanto tiene una marcada tendencia religiosa” y le criticó que en una demostración en la Escuela n° 7, todos parecían hacerle caso a él más que al “Oficial” (luego Ayudante) Tomás Bruzón de la compañía del barrio de Once.

De la acusación personal, Braceras pasaría a la conceptual, ya que la presencia de Christian, tendría el problema de “hacer creer que los boy Scouts tienen relación con la Asociación Cristiana de Jóvenes y he aquí de que (sic) muchas personas no simpatizan con nuestra institución por creencia general de que tenemos tendencias marcadas de religión”[172].

En dicho alegato, Braceras será acompañado aún más vehementemente por el ya mencionado Santiago H. Fitz Simon quien, lejos de mantener cierta “lealtad anglófona”, declararía sin tapujos que la ACJ era “una institución religiosa fanática en sus creencias”, en la que sus miembros en ocasiones leen la Biblia en sus reuniones, y que por eso “sería bueno evitar toda relación de ella con la asociación Boy Scouts”[173].

El alegato tan “doctrinariamente” laicista, sin embargo, parece no sostenerse del todo –entreviendo la potencia de la disputa personal– ya que tan sólo 2 años después, el propio Braceras Haedo no objetaría para nada la formación de compañías scouts en los colegios pertenecientes al Instituto Filantrópico Argentino[174], dirigido por el célebre pastor evangélico William Morris[175], profuso orador ante el público de la YMCA y con fuertes relaciones en común con algunos miembros de la ABSA[176], como así tampoco el intento de facilitación de uniformes para los cientos de niños que allí se formaban[177]. Tampoco se opondría Braceras Haedo a la creación de la compañía juninense, en 1920, bajo la presidencia y liderazgo del pastor metodista Ernesto Nicolás Bauman.

Como sabemos, la figura de Morris inspiraba tantos recelos a la jerarquía católica, como la obra de la YMCA. Lo dicho queda revelado en el intento –ya en 1901– del diputado y obispo Romero de Santa Fe por revertir una ampliación del subsidio que el Congreso le diera a la institución de Morris, bajo un recorrido argumento de preeminencia católica en nuestro país[178], al que el pastor solía desafiar incluso en tensión con la decisión de retraimiento sobre la colectividad angloargentina expresado por la propia dirigencia anglicana[179]. La abierta acogida scout de la figura de Morris se “canonizaría”, finalmente, con la creación de una compañía con su nombre, dependiente del “Ejército de Salvación”[180].

La disputa entre Braceras y Christian (recordemos, ambos a su vez, enemistados con Moreno) seguiría de ahí en adelante, por inusitados caminos, al reactivarse a partir de la denuncia del MS Enrique Luis Thevenin acerca de que los scouts de la compañía de Buenos Aires (la de Braceras) habían hecho trampa en una competición de Señales Morse[181]. Frente a tan “terrible” acusación, Braceras respondería que Thevenin en realidad era instrumento de Christian quien “había estado tomando tiempos y dando clasificaciones sin tener nada que ver en nuestra Asociación” y que dichas personas se encontraban resentidos porque “se creía que la compañía de Barracas que él dirige sería la que obtendría estos premios y que como no ha triunfado será que se plantea esta cuestión”[182]. El esfuerzo de los niños pasaba a ser así, sin saberlo, objeto de la disputa de los dirigentes y las competencias “intercompañías” demostraban no tener siempre la condición “interesante pero amistosa” con la que inicialmente la ABSA las había querido investir[183] y que se extendía asimismo para las propias patrullas dentro de una misma Compañía[184].

El paso de Christian en los albores de la institución, a pesar de ser tan marcado, intentó ser desactivado por la acción insistente de posteriores dirigentes sobre la memoria institucional. Con todo, pocos años después, a mediados de los años veinte, su figura sería rehabilitada durante la gestión de Severo Toranzo[185] y, aunque sin estar actualmente tan difundida entre las “bases”, sí es reconocida aún hoy entre los “conocedores” de la historia scout. Es por eso que, en el apartado que sigue, intentaremos reconstruir a partir de la primera experiencia gráfica oficial de la asociación, la etapa inicial de la revista ESA, procurando ver el programa que –al menos al inicio– el tándem Moreno-Russell desarrolló entre los niños, en el que la iniciativa del último –y con él, el de las concepciones infantiles de la propia YMCA– resultaba el preponderante y difícilmente podría soslayarse.

El Scout Argentino. Difundir la práctica entre los niños a través del entretenimiento

Al repasar los números de la primera etapa de la revista argentina El Scout Argentino. Órgano mensual de los Boy Scouts Argentinos[186], no podemos menos que advertir la mantenida presencia de la Asociación Cristiana de Jóvenes en su elaboración, ya que se mencionaba, durante todo su desarrollo, como dirección editorial de la revista, la calle Montes de Oca al 958. Esa era la dirección donde funcionaba la sucursal Boca-Barracas (este último, barrio de amplia difusión temprana del scoutismo) de la YMCA y donde Christian reunía a sus muchachos.

Desde la tapa de la primera edición se anunciaba que “en este número hay láminas en colores”[187]. En ella se veía un atrayente dibujo de un niño que caía de un globo aerostático (sinónimo por esos años de una renovada temeridad[188]) en momentos en que éste acababa de ser chocado por un tren. El dibujo servía para anticipar una “historia juvenil” en su interior[189], que se anticipaba cargada de aventuras y suspenso, como lo serían varias de las que se sucederían a lo largo de los números[190]. Queda claro, entonces, que el propósito central de la tirada (a diferencia de lo que serían algunas etapas posteriores del órgano oficial, donde el receptor ideal pensado parecieron ser los dirigentes adultos) era atraer la atención de los muchachos y las muchachas de todo el país[191], para atraerlos indirectamente –con el incentivo de la lectura– y acercarlos luego al scoutismo.

En efecto, esta intención era explicitada en la misma editorial de la revista, en donde se mencionaba a sus pequeños interlocutores que la publicación estaba hecha y pensada “especialmente para ustedes, niños, y sus hermanas si la quieren, pero para ningún otro”[192].

Foto 7. Tapa del Primer Número de El Scout Argentino firmada por Francisco Moreno (MSNA).

¿Cuál suponía Christian que era el “interés infantil”? Podremos enterarnos al ver lo que prometía en las diversas secciones:

football por los mejores jugadores, aeroplanos, fotografía, carpintería, lucha romana, box, juegos de mano, ajedrez, damas, ciclismo, pesca y las mil y una otras cosas que les gusta a los jóvenes de todas edades, y siempre algunos cuentos de aventuras, concursos, rompe-cabezas, etc., etc. En fin prepararemos todos los meses un banquete de buenas cosas para nuestros suscriptores[193].

Junto con estas perspectivas de interés, la revista además anunciaba la reserva de una columna, titulada “Nuestros lectores”, para dar lugar a la voz infantil. Todas estas instancias le permitían vanagloriarse, entonces, de ser la “única revista en idioma nacional dedicada del todo a la niñez”[194]. Así, lo niños pasarían a colaborar con la revista, como aquel niño de Barracas (probablemente un scout “de” Christian) que escribiría cómo hacer un barrilete de forma cajón plegable[195] o el joven de 11 años, Pablo Crinin, quien daría unas “impresiones” de una conferencia pronunciada en la Asociación Sarmiento, en la línea de la defensa de los animales[196], siguiendo la tradición de larga vida en la asociación en torno de la denuncia del maltrato animal[197] y que llegaba a la necesidad de “enseñar los puños” a los carreros que maltrataban a sus caballos[198].

Por otro lado, el precio también era accesible para que los padres –o los niños con sus propios ahorros– pudieran comprar un número: veinte centavos que suponían menos del 10% de un día laborable de salario mínimo de la época, y que incluso podían volverse 8 centavos y medio –en una interesante estrategia de marketing– si el niño en cuestión lograba convencer a tres nuevos suscriptores[199].

En plus a las historias de aventura en las que los personajes protagonistas eran niños y jóvenes que evitaban –por su perspicacia– ser asaltados[200] o los relatos fantásticos que en ocasiones podían incluir submarinos con forma de monstruos marinos[201], el periódico procuraba –según la prédica scout enseñar cosas tan heterogéneas como “prácticas”. Así, se repasaba cómo comenzar una colección de estampillas o se explicaban los aspectos básicos del funcionamiento de los ferrocarriles, por mencionar dos de los saberes más recurrentemente abordados.

Asimismo, la revista –en una tónica que continuaría en sus etapas sucesivas[202]– relataba pasatiempos “fáciles” de realizar[203], incluía chistes gráficos e incluso –mostrando su “modernidad”– no desperdiciaba la oportunidad de dar consejos de educación moral engarzados con la entrada financiera que suponían los avisos comerciales. Así, puede entenderse la propaganda de relojes “Servidor” de la casa de J. I. Murison, en la que el dibujo de un scout mirando su reciente adquisición era acompañada por una admonición acerca de la importancia de la puntualidad para todo miembro del movimiento y para ser una persona victoriosa. A ello se le acompañaba, además, una moraleja histórica[204]: “El retraso de 15 minutos de uno de los generales de Napoleón, causó la pérdida de la batalla de Waterloo”[205], en una relación que se repetiría en otras ocasiones en la prédica del movimiento[206].

De esta manera, la revista buscaría encontrar ese mix, que se volvería crecientemente tan propio de la época, de educación moral con diversión de “cultura de masas”, y en el que –como en el mencionado caso de Kipling– la línea entre censurar el mal comportamiento e invocarlo como forma divertida y “propia” de la infancia, era de una ambigüedad tal, que en gran medida dependía de la forma en que el interlocutor tomara dichas palabras. Sobre todo, en los “chistes”, era donde la tentación desde la revista a los niños por inclinarlos hacia la “inconducta”, estaba bien presente[207].

Este tono magistral y casual a la vez, divertido y aleccionador, encontraba en la sección “Charla el editor” su espacio más visible, en donde el encargado de la revista –según puede suponerse, Russell Christian o algún otro MS afín a la YMCA[208]– se conectaba con los niños, a través de un imaginario muchacho (travieso y desobediente) llamado “Pikel” (o “Pickel”), al cual se lo ubicaba en diversas andanzas. Pikel diría, por ejemplo, que el “primer número era regular”[209] y que había pensado –para hacer publicidad– comprar 500 bombas que pondría en las principales avenidas y que, al explotar, dejarían ver la inscripción “Lea el Scout”. Como veremos en el próximo párrafo, la reacción del “editor” frente a la “salvajada” juvenil no deja de ser interesante.

Nuevamente, en esta línea de complicidad y tutorazgo “horizontal”, aunque claramente alejado de los posibles estándares educativos scouts de la actualidad, se le diría a Pikel: “que si se atreve a comprar una sola bomba yo crearé en el mismo una sensación que le hará imposible sentarse cómodamente durante un mes”[210]. La respuesta no se haría esperar: “El desapareció. Dijo que ya era tarde”[211], en alusión a que la “travesura” ya había sido consumada.

Esta mirada interesante sobre el vínculo desligado de formalidad que quería crear el “editor” de ESA queda muy clara, cuando luego de escribir un largo párrafo a los muchachos contra el alcohol y el tabaco, finalizaría perspicazmente con un “¡Cha! ¡Qué sermón les he largado! Pero hace falta, ¿no es cierto? Cuando Pickel leyó estas líneas, exclamó una sola palabra: ¡¡Chanta!!”[212].

Así, el personaje de Pikel era el que rompía un vidrio al celebrar con una vuelta carnero las tarjetas de felicitación por la calidad de la revista; el que molestaba a un señor que había perdido un perro pequeño, llevándole un San Bernardo para ver si era ese el perro perdido (lo que producía que el editor “a duras penas pud[iera] contener la risa”[213], mientras pensaba que “Pikel había nacido para ser ahorcado”[214]); el que confundía las cartas en las respuestas a los lectores; jugaba al fútbol en la edición del mensuario o tiraba “bombas” de harina desde el edificio de la YMCA sobre la Avenida Montes de Oca. Pikel, incluso, llegaba a boicotear a los propios scouts que supuestamente iban a visitar al editor, colocando trozos de velas cuando iban a preparar sus bifes. Uno de los scouts lo descubrió y por eso, llamó a los demás “y les demostró la culpabilidad de Pikel, con el resultado que acamparon encima de él durante toda la tarde. Este incidente ha hecho que Pikel respetara mucho a los scouts”[215]. A pesar de que esa lección parecía haberlo sosegado, el “editor” no dudaba en imaginar: “El pelirrojo es imposible que continúe así, tiene demasiada energía concentrada y estamos llenos de temores, esperamos algo terrible de un momento a otro”[216].

El personaje de Pikel servía de intermediario imaginario entre los adultos y los niños que encontraban en él, un lugar en donde derivar las tensiones generacionales, aliviando la carga normativa y formativa a la que la práctica no renunciaba, pero que se sabía condenada al fracaso si se expresaba bajo los mismos parámetros rígidos de los que –con otra legitimidad y efectiva autoridad social– manejaba la educación formal.

Así, según hemos visto, queda clara la presencia de la YMCA y de Russell Christian en el desarrollo de la ABSA, en este período de 1913 y principios de 1914, en un momento en que los “notables” que la habían fundado parecían haberse retraído sensiblemente (o en algunos casos, incluso, hasta desaparecido) de la escena.

Sin embargo, unos pocos meses después se suscitaría “la ofensiva” de Moreno por recuperar el protagonismo en ABSA y provocar una restructuración de la forma en que venía desarrollándose la dinámica institucional. Ello supuso, en consecuencia, la posterior marginación de la agrupación juvenil protestante dentro del “armado” scout. Es difícil de precisar qué cosas específicamente no le gustaron a Moreno de la forma en que la YMCA se había hecho cargo del scoutismo, salvo la idea de haber caído en un “cosmopolitismo” dañino, según analizaremos a continuación.

Cuando a la revista alentada por Christian la suceda el Boletín del Scout Argentino, en el que se nota el espíritu más marcial del “Perito” (que se repetiría en su Siempre Listos), se notaría un menor interés por hacer de la publicación algo del interés exclusivo de los niños (entre otras cosas al no acreditarse dirección editorial donde recibir los –antes tan buscados– aportes infantiles). Dicha página se volvería un órgano reducido a 4 páginas y tendría –sin dejar del todo algunos recursos previos– las características de una impresión de un tono algo más informativo, oficioso y (en consonancia con la explosión de la Primera Guerra Mundial) “dramático”. Una nueva etapa se abría en la historia de la relación de la institución con la infancia.

¿Cómo nacionalizar una práctica “importada”? La estrategia morenista, el Estado y la prensa

Resultaba claro que, para Baden Powell, el scoutismo tuvo, desde sus inicios, una dimensión que excedía las fronteras de los países, de tal manera que su extensión en ambos hemisferios se pensaba trasladable sin artificios, ya que “su desarrollo es natural y se cumple sin transplantes”[217]. Sin embargo, una cosa era la idea genérica acerca de que finalmente los niños eran iguales en esencia (más allá de los países en que nacieran) y otra era la forma en que efectivamente se ponía en pie, en un país determinado, una asociación con fines pensados –inicialmente– para los niños de otro país.

En cualquier caso, más allá de las dificultosas y sinuosas relaciones con la YMCA y de la tensión entre Christian y Moreno por el liderazgo, el espíritu ecuménico del scoutismo permanecía indeleble por sus orígenes, y desde el comienzo, la asociación local no podría más que lidiar con esa tensión dada entre nacionalismo e internacionalismo. Aunque ya desde la primera página del acta fundacional se puntualizaba que la comisión fundadora contaba con “argentinos y extranjeros”[218], y en el primer número de ESA se decía que el scout se dispone a “dar su vida tanto por el bien de la patria como de la humanidad”[219], lentamente la necesidad de profundizar la “nacionalización” de la práctica “importada” se volvería evidente para una buena parte de la dirigencia y sobre todo, para su principal autoridad.

En 1915, Moreno le escribía al “Capitán” de Carlos Casares que su propósito era “aprovechar las experiencias de las Asociaciones similares ya afirmadas […pero] adaptadas a nuestro ambiente físico, étnico, económico y social”[220]. Su interlocutor, interesantemente, redoblaría la apuesta, y aunque reconocía haber leído largamente al fundador británico (“Me he traducido casi por completo a Baden Powell”), encontraba “en él tantas cosas que no se avienen a nuestro ambiente” y lo hallaba “tan inglés, que termino por ser o creerme más que Baden Powell. Además quiero ver si la obra puede hacerse netamente argentina”[221]. Sobre este punto, Moreno no le respondería, pero tampoco la frase parece haberle despertado ninguna inquietud, ya que el intercambio de correspondencia continuaría siendo fuertemente afectuoso entre los dos que se carteaban. De cualquier manera, la cuestión a debatir, entonces, serían los alcances y los límites de esa adaptación.

Así, de la misma manera que habían hecho los norteamericanos, entonces, y a despecho de Baden Powell, en principio reacio –y luego resignado– a sufrir intervenciones sobre el símbolo originario, los argentinos buscaron “nacionalizar” la simbología “importada”. En ese largo proceso, de ninguna manera homogéneamente “ascendente” y que se tomaría gran parte de las tres décadas del período de entreguerras, se pasaría de la escritura en inglés por parte de muchos “Capitanes” y “Oficiales”, como vimos en los casos de Penny o Crundall, a la exigencia de obligatoriedad reglamentaria de naturalización como requisito para la obtención del grado de MS[222] –aunque quebrantada por excepción, en especial en ocasiones referidas a la colectividad italiana después del ascenso del fascismo[223], como puede verse en los casos de los postulantes Silvio Bocciarelli[224] y Juan Bautista Magaldi[225].

Bajo la égida de Moreno, se adoptaría desde el principio, estatutariamente, el lema “Siempre listos”[226] como traducción del “Be Prepared” (lo que ya despojaba al logo de las iniciales del fundador británico), y se escogería como símbolo de la asociación la canónica “flor de lis” que Baden Powell había escogido como muestra del liderazgo scout. Según él mismo lo explicaría, la elección se daría porque ese símbolo “marca el punto Norte en la brújula, de la misma manera que el scout es el hombre que marca el camino como una aguja de la brújula”[227]. La “intervención” local sobre la flor de lis sería la de incrustar, en su interior, dos manos sosteniendo un gorro frigio, en réplica del motivo del escudo nacional, con el objeto de distinguir y precisar la nacionalidad de la asociación[228].

Así, la “flor de lis” operaba un interesante efecto de reconversión simbólica[229]. Antes usada por la aristocracia, ahora como símbolo scout, también identificaba a quienes tenían “nobleza”, pero en este caso –adaptada a las modernidades republicanas–, “de carácter”, porque estaba claro que los Boy Scouts sostenían antes que nada “los principios de la libertad para todos, la igualdad de todos y la fraternidad entre todos”[230]. A ello, además, se le sumaría un carácter de “pureza” relacionado con la infancia[231], siendo en su condición de “mudo lenguaje”, patrocinada por los scouts como “certificado de buena conducta, de honradez y de hombría”[232], lo que en este último caso no dejaba de ser algo contradictorio con las scout girls que también la portaban.

Así, a partir de la curiosidad dada por la reinterpretación con frases de la revolución francesa de un símbolo eminentemente monárquico, queda demostrada la capacidad de libre imaginación histórica y política del movimiento para lograr fusiones de sentido que le permitieran operar a sus anchas en el terreno semántico[233]. De allí, el lugar de la innovación patria sobre la tradición scout y viceversa, estaría siempre presente, como en momentos en que se consideraría necesario indicar la inclusión de la escarapela nacional en el sombrero oficial de la asociación[234].

Estas interacciones entre símbolos patrióticos y distintivos scouts podían incluso producir debates al interior de la Junta Ejecutiva, acerca de estas dos lealtades, pensadas en concurrencia, pero no siempre fácilmente homologables. Así, en 1925, el ya mencionado miembro Federico Santa Coloma presentaría un proyecto de reglamentación del distintivo scout de la “flor de lis” en el cual proponía incluir –en un nuevo arresto patriótico, muy propio de sus intereses, según veremos en el tomo II– el escudo nacional en el centro[235]. Al analizar dicho proyecto en comisión, se levantarían en su contra los miembros Baudizzone y Alcántara, al considerar que “la modificación introducida en el distintivo […] en que se reemplaza las manos entrelazadas, sosteniendo la pica con el gorro frigio, por el escudo” podría llegar a ser observado, dando a continuación la reflexión que a nuestra mirada se vuelve más reveladora, al censurar el uso de dicho símbolo:

puesto que el uso del escudo nacional debe estar reglamentado, pues el uso y abuso de símbolos de tal importancia no pueden ni deben quedar librados al criterio de hombres, grupos o instituciones, que por más patriotas o respetables que sean, lo vulgarizarían, restándole el prestigio y seriedad con que siempre debe exhibírsele o en desmedro de cosa sagrada con que se le debe rodear[236].

No deja de ser interesante cómo el rechazo a usar el escudo por su “seriedad”, mostraba de alguna manera la conciencia de alguno de los miembros del Ejecutivo de evitar confundir su “juego” de pertenencia scout con lealtades como las de la “Patria” que deberían considerarse “por sobre” esa cuestión. Así, la discusión del distintivo, en apariencia pueril, se nos demuestra particularmente relevante porque nos devela, en esta especie de querella de patriotas, la disputa en torno a los sentidos y la aparente paradoja: un patriotismo “fanático” podía convertirse y ser interpretado como un patriotismo “banalizador”.

Como sabemos, los poderes estatales estarían crecientemente interesados por estas cuestiones, durante esta época de entreguerras, en la que se darían tanto los proyectos de oficialización y normalización de muchos de los símbolos patrios, culminando en el gobierno militar de 1943 que, en forma de tenaza, consumaría dos direcciones de políticas nacionalizadoras: si por una parte prohibiría taxativamente el uso de símbolos y expresiones oficiales relativas a la propia argentinidad, reduciéndolas al estricto marco estatal[237]; por el otro, presionaría sobre las instituciones con denominaciones consideradas foráneas a adoptar nombres locales, con preferencia de resonancias patrióticas[238].

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Imagen 1. Emblema de la Asociación Boy Scouts Argentinos (c. 1913).

Esta marcada vocación nacionalizadora, que incluso llevó a que corriese peligro la utilización misma de la “flor de lis” por no ser considerada un símbolo patrio[239], quedaba reforzada para el caso argentino, en el que el aluvión migracional había provocado una multiplicidad étnica tal que amenazaba diluir la tradición propia. En ese sentido, los dirigentes scouts pensaban cumplir el mismo objetivo homogeneizador que el presidente Sáenz Peña había augurado para la escuela, cuando señalaba:

Si educamos y formamos niños argentinos es difícil que obtengamos adultos extranjeros. Después del libro y del maestro que modelan la conciencia cívica, el medio ambiente es un condensador de los espíritus que transforma las substancias neutras y ha de darnos una esencia pura con la transparencia diáfana del alma argentina[240].

Con unos reflejos casi pavlovianos, una semana después de dichas estas palabras, el diario La Prensa conectaría la frase de Sáenz Peña sobre la escuela, con la importancia de la iniciativa scout, al entenderla como la vía de formar el culto de la patria en aquellos hijos de inmigrantes que “salvo rarísimas excepciones, no reciben ni pueden recibir en sus hogares el sentimiento del amor á esta tierra, conocer á sus héroes y mártires ni apreciar debidamente los hechos culminantes de su historia”[241].

Y es que en efecto, y rápidamente, las compañías scouts se demostraron como un receptáculo particularmente elocuente de ese crisol étnico que los miembros de la élite criolla procuraban contener y normalizar bajo la adscripción patria. Basta ver combinados los nombres y procedencias de algunos de los niños que figuraban en la planilla que el marino veneciano y “Capitán” de la compañía de Puerto Militar, Armando Fischer, enviaba a la sede central en 1915, para confirmar lo que se señala: el bilbaíno Mariano Lazarte de 12 años, los hermanos Abraham y Moisés Aisemberg nacidos en Varsovia 13 y 11 años atrás, el ruso Meyer Caharlisky, el gallego Manuel Lorenzo Pérez y el italiano Matteo de Mattía, entre otros[242].

Sin embargo, es interesante notar cómo, todavía para el año 1920, la fuerte discursividad nacionalista de la asociación, podía despertar dudas entre los dirigentes locales acerca de la posibilidad de incorporar extranjeros. Así, serían precisamente los miembros de la Asociación Regional de Posadas los que le pedirían a la Junta Ejecutiva que les evacue la duda acerca de si “los jóvenes extranjeros residentes en aquel territorio pueden ser scouts”[243], recibiendo, claro está, una respuesta positiva.

En los territorios, sin embargo, el prejuicio se mantendría y actuaría en ocasiones como justificativo de las rencillas internas, como en el caso de solicitud de separación del delegado posadeño, Luis Wahnich, a quien el delgado general Alberto Campi definía como “un extranjero que ni siquiera ha sacado carta de ciudadanía, habiendo muchos argentinos nativos que aceptarían gustosos el honor de ser representantes de esta obra nacionalista”[244]. Pero incluso, casi una década después, sin embargo, la organizadora de un grupo de niñas scouts en la Capital Federal presentaría al Directorio, un programa de organización en el que se especificaba que las inscriptas deberían ser argentinas, sin ser objetado en ese sentido por la Dirección Técnica (la otrora Inspección)[245].

En todo caso, bajo ese tamiz de fuerte apelación patriótica, el apoyo estatal que se aseguró en el transcurso mismo de la fundación de la ABSA, se demostró paralelamente en la vocación de la prensa por darle difusión a la iniciativa, algo que durante todo el período de entreguerras era afanosamente buscado por los miembros de diversas asociaciones de la sociedad civil organizada[246] y que los scouts sabrían preservar incluso a través de homenajes a los medios gráficos a lo largo y a lo ancho del país[247].

Así, en el mismo mes de julio de 1912 en el que nacía la ABSA, dos de las principales revistas de interés general del momento, Fray Mocho[248] y Caras y Caretas[249], presentaban “en sociedad” a la agrupación. En esos textos se definía a los muchachos con los términos “invertidos” a los que los reconocería la posteridad, al llamarlos “scout boys”. En las fotografías, los niños aparecían en posturas que –en cambio, sí– luego se volverían recurrentes: el reparto de víveres a los pobres, su aparición en torno a las fiestas patrias, la realización del campamento, los simulacros de asistencia a un herido y la aparición del fogón con “humeantes ollas”, preparadas –ya desde el inicio– por un “interesante grupo femenino” que con el paso del tiempo se integraría tanto en carácter infantil como adulto, y tanto como miembro formador de las compañías, o bien, incorporado en las comisiones “de fomento” y “de damas”.

Según vemos, así como los diarios de la colectividad inglesa debieron explicar la práctica ante la visita de Baden Powell, los periódicos “criollos” lo tendrían que hacer –desde una misma plataforma introductoria básica– frente a la fundación de la asociación que procuraba encauzarla[250].

Mientras tanto, el dinero estatal y la publicidad gráfica aceitaban lo que resultaba el principal insumo: el impulso movilizatorio del que dieron cuenta los 500 niños provenientes de distintos puntos de la Capital para encontrarse bajo la presencia del “Perito” Moreno (aunque nunca se lo pudiese ver posando al lado de un scout), participando de aquella congregación devenida en fiesta infantil. La visibilidad de la institución lograba incluso trascender, a los pocos meses de haber sido constituida, las fronteras nacionales, como podía reflejarse en un diario canadiense que reconocería como meritoria la difusión del movimiento scout, a partir de su introducción en Chile y Argentina[251].

Si el empuje inicial resultaba prometedor, la nueva direccionalidad de la vida del presidente de la ABSA parecía terminar de reafirmarlo, presentando un impulso decisivo a partir de su incorporación a las filas del funcionariado educativo, que lo llevaría a ser –primero vocal– y luego vicepresidente y presidente del Consejo Nacional de Educación, promoviendo que dicha institución dictara “conceder el permiso necesario á efecto de que se dé en los locales de las escuelas y fuera de las horas de clase, enseñanza a los Boy Scouts”[252].

En ese sentido, si la iniciativa scout parecía requerir un anclaje nacional y patriótico, nadie mejor que Francisco Moreno para encargarse, en su condición de casi “prócer” vivo[253] y desde la participación en un organismo estatal, de otorgárselo y de montarlo con celeridad. Esto quedaba demostrado desde el mismo motto con el que buscaba inspirar a los niños: “La Patria arriba de todo”, a lo que se sumaba la adopción formal de la guía inspiradora del héroe niño nacional por excelencia: el “Tambor de Tacuarí”[254], en una línea de heroísmo juvenil patrio recurrente[255], que serviría también –años después– para legitimar los bautismos de las compañías[256].

En su memoria, y en la de las “Niñas de Ayohuma”[257] por igual, establecería Moreno –en su condición de funcionario del Consejo Escolar Nacional– la fecha del 9 de marzo, día de la Batalla de Tacuarí, como de “conmemoración de los niños heroicos”[258]. Una vez instalada la canonización del niño correntino, las asociaciones locales lo reconocerían en cada aniversario, durante años, como “modelo ideal que los muchachos deben imitar en el ejercicio de las virtudes cívicas que la patria reclama”[259].

Por su lado, las niñas scouts tendrían a las “Niñas de Ayohuma” por figuras señeras, poniendo incluso dicho nombre al centro desde el que en la Escuela Normal n° 5 de Buenos Aires, se intentaría ya en 1914, según se ha señalado, llevar a cabo la formación de la organización de la institución femenina[260]. Dichas figuras serían difundidas desde la dirigencia central en sus discursos en el interior del país, como ejemplo de “abnegación femenina” que resultaba “un factor poderoso en la vida del hombre y el desarrollo de la ciudadanía”[261].

Decisiones como estas, muestran en ese sentido, que aunque la presidencia interina del “Perito” Moreno a bordo del Consejo Nacional de Educación (CNE) fue sorprendentemente efímera[262] y su vicepresidencia profundamente resistida en variados ámbitos, su existencia cumplió un rol decisivo en la visibilización del scoutismo en el ámbito pedagógico nacional, impactando asimismo, de manera contigua, en los ámbitos provinciales[263]. Analizaremos a continuación, dicha experiencia.

Francisco Moreno: renuncia a la diputación y experiencia en el Consejo Nacional de Educación

En efecto, el 22 de enero de 1913 Moreno era elegido, durante la presidencia de Roque Sáenz Peña, como vocal vicepresidente del CNE, comenzando así la escalada jerárquica que posteriormente lo llevaría a la fugaz y controvertida presidencia interina de dicho organismo. Moreno ingresaría a la vicepresidencia en el marco del complejo recambio que dejaría renuncias ilustres en el CNE como las de Paul Groussac y Ezequiel Ramos Mejía, y que ha sido explicado tanto a partir de las renovadas tensiones entre el liberalismo y el clericalismo en el ámbito educativo, como en el marco de restructuraciones al interior del organismo[264].

Al ser designado, Moreno no dudó de la “trascendencia” que tenía su misión y había aceptado participar como directivo del CNE convencido de que “la escuela es uno de los principales órganos del Estado”[265]. Lo hacía, asimismo, y como ya hemos mencionado, en una etapa en que estaba particularmente interesado en cuestiones de educación moral como política de estado integral, en tanto consideraba que “el niño es nuestro gran capital nacional”[266].

En efecto, incluso no tendría empacho en presentar su renuncia al cargo de Diputado por la ciudad de Buenos Aires, con el fin de no obstaculizar la tarea futura. Esta dimisión sucedería luego de ser –para su beneplácito– el centro en ausencia de una controvertida discusión reglamentaria en el Congreso Nacional que duraría tres sesiones y tendría por objeto su nueva función en el Ejecutivo.

La polémica comenzó con la información provista por la Comisión de Negocios Constitucionales en relación con que Moreno había aceptado el mencionado cargo del Poder Ejecutivo, sin haber solicitado permiso previamente a la Cámara, tal como lo establecía el artículo 64 de la Constitución. Esto derivó en un intercambio de opiniones, dentro de las que el diputado Escobar solicitó, “salvando todos los respetos y la consideración que merece la autoridad del doctor Moreno”, que se lo declarase “cesante en su mandato”.[267].

No sin fundamentos, el diputado Luis Agote comentaría el exceso de “amor propio” que significaba en Moreno presentar la renuncia a la diputación, cuando de lo único que se trataba era de solicitar permiso a la Cámara para desempeñar ambas actividades a la vez[268].

Frente a las opiniones menos “consideradas”, finalmente la mayoría del cuerpo votaría por la opción de informar de la incompatibilidad al diputado Moreno, sin hacer lugar a la medida “violenta” y “radical” (según la conceptuaban los diputados del Barco y Santillán) que suponía la cesación inmediata del cargo. El “Perito”, sin tener en cuenta dichas concesiones, presentaría su renuncia, aceptada dos días después ante la ratificación del interesado en presentarla, a pesar de los esfuerzos previos hechos por el diputado Manuel Carlés a fin de que se recomendara su no aceptación, para evitar “la pérdida de un compañero que honraría a cualquier parlamento del mundo”[269].

Sin embargo, y como forma de demostrar la relativa poca importancia que le daba a su condición parlamentaria, Moreno explicitaría que antes que mantener ese puesto legislativo al que renunciaba, prefería “continuar dedicando el tiempo que [le] resta[ba] de vida” a una cuestión que consideraba más relevante, tal la de:

contribuir a hacer de los niños de hoy, tanto menesterosos como pudientes, madres y ciudadanos que sirvan eficientemente a la constitución definitiva de la Nación Argentina, siendo innegable que la fuerza y la grandeza de su mañana dependerá de la buena escuela de hoy[270].

En todo caso, por fuera de la interpretación de esas palabras y más allá de las veleidades puntuales expresadas en su decisión de renuncia inapelable a la diputación, creemos que la necesidad de establecer la prioridad en el rol ejecutivo asumido y en la planificación de la “futura ciudadanía”, también suponía la concepción del lugar que Moreno quería resaltar, a través de esa decisión.

Asimismo, y al referir a todas las capas sociales (“menesterosos como pudientes”) en las coordenadas de la construcción de ciudadanía, parecía Moreno querer continuar cierto filón de la tradición de la generación del Ochenta[271]. Sin embargo, al incluir la novedad de la eficiencia para todos los estratos sociales en la construcción activa de esa nación, parecía ubicarse en concordancia con aquellos sectores renovadores que consideraban que “la formación moral se planteaba para todo el cuerpo social como condición de progreso, desarrollo y civilidad, ubicándose como eje de la práctica política”[272], aunque –claro, nada inocuamente– separando por género, las “futuras madres”, de los “futuros ciudadanos”[273].

Con todo, el privilegio maternal –venerado a lo largo del derrotero institucional[274]– no ocluía la necesidad de una igual educación para ambos sexos, según puede entenderse también por su artículo “Escuela para la ‘Cenicienta’”[275], en el que se Moreno pedía establecer maestras ambulantes para todas aquellas niñas que encargadas del cuidado de los hermanos y recluidas en el trabajo hogareño, quedaran impedidas de recibir instrucción formal[276]. Esta necesidad de establecer medidas de intervención social que superasen el mero ámbito de la caridad se reflejaba en la difusión que el boletín oficial de la ABSA, bajo la presidencia de Moreno, haría de un texto de Constancio Vigil en el que se señalaba que “la verdadera caridad no es dar al necesitado; sino evitar que él exista”[277].

Aunque las páginas sobre la “Cenicienta” a escolarizar se llegaron a publicar en mayo de 1914, en ese mismo mes, bajo la presidencia de José Figueroa Alcorta, el Ministerio de Instrucción Pública ejercido por Tomás Cullen intervendría el CNE al considerar que sus vocales se habían extralimitado (sin contar, para peor, con el apoyo del presidente del organismo, Pedro Arata) al promover la exoneración de miembros–docentes de una comisión de maestros que había reclamado contra lo que se consideraban “actos irregulares” por parte del mencionado Consejo. En esa disputa, en la que no faltó la acusación de “anarquistas” sobre algunos de los maestros disconformes, el Ministerio se pronunciaría en contra de la exoneración y, finalmente, ante la resistencia de los vocales del CNE a aceptar la medida, decidiría el relevamiento de la totalidad de los mismos, compuesta por Francisco Moreno, Carlos Dimet, Matías Sánchez Sorondo y Lucio Vicente López[278].

Como puede advertirse, la mencionada actuación de Moreno en el CNE le costeó profundas enemistades, reconocidas incluso por sus panegiristas, aunque explicadas –en ese caso– en razón de la “enconada resistencia, [producida] por afectar intereses ajenos e ir a las canonjías de cierta oligarquía burocrática”[279]. En todo caso, todavía años después, en 1921, en ocasión de la primera imposición con el nombre de Francisco Moreno –ya fallecido– a una escuela primaria[280], Víctor P. Ramos recordaba lo conflictivo de esa gestión, mencionando que más allá de su “afán absorbente por transformar la escuela, para que respondiera a las necesidades imperiosas del país”, Francisco “Moreno tuvo en cuenta que su acción iba a encontrar fuertes y enconadas resistencias”[281] y por eso “cayó. Por un lado errores que el mismo cometiera en la apreciación de ciertos funcionarios […] en algunas medidas o prematuras o inconvenientes; por otro lado la acción lenta y corrosiva de la intriga y la calumnia”[282].

Más allá de esas cuestiones, ese año de 1914 en el que Moreno era separado del CNE, fue también el del comienzo de las diferencias al interior del scoutismo entre el Presidente y los “muchachos” de la YMCA, que intentarían ser revertidas con un intento de reorganización institucional (que terminarían llevando mucho más tiempo del esperado[283]) y que terminarían confluyendo en el retiro del “Perito” de sus funciones directivas al frente de la ABSA, no sin antes haber redactado –aparentemente de manera unilateral, un año atrás– el primer estatuto de la organización[284]. Antes de entender las causas de la desvinculación de Moreno de la asociación, analizaremos dicho primer estatuto, a continuación, para captar la inspiración del primer reglamento de ese “juego serio” llamado scoutismo.

El estatuto fundacional

De esta manera, ya en 1913, centrados casi exclusivamente en la voluntad personal de su fundador, se establecían los primeros requisitos para la participación en la ABSA, que suponían que una vez pasados por la experiencia scout, sus miembros infantiles, “al ingresar en los cuerpos militares, llevarán un caudal de conocimientos infinitamente superior al de la mayoría de los reclutas”, lo que significaría un beneficio ya que les permitiría “hacer su aprendizaje en tiempo relativamente breve, restituyéndose a sus estudios o a los trabajos de otra índole a que estén acostumbrados”[285].

En ese sentido, antes que nada, debemos recordar que el propio nombre de la asociación no incluía la totalidad de las personas y actividades que se reconocían dentro de sus alcances. De esta manera, y a modo de nota a pie introductoria previa a cualquier otra definición, el estatuto scout se ocuparía de resaltar que aunque el nombre de la asociación era el de Boy Scouts, la misma se proponía “igualmente organizar a las Niñas Scouts”, dando así desde su mismo origen un sentido mixto –aunque separado, aquí también como en la versión británica original– a la práctica scout[286].

Indudablemente, la idea de niñas dentro de una asociación denominada únicamente con el nombre de niños demostraba los límites de la ecuanimidad en la participación, pero tan temprana aclaración de la participación femenina también denotaba la sólida voluntad de incorporarlas. Esta integración era reconocida en fecha tan temprana como en el año 1914, cuando el Director General de Escuelas bonaerenses, Julio César Urien, no dudaba en desmentir a quienes le asignaban un rol únicamente masculino al scoutismo, señalando que: “la institución que preconizo comprende por igual a los niños de ambos sexos”[287].

Lo mismo, sin embargo, podrían haber aducido los scouts navales quienes eran integrados en una especie de “tercer orden” (cosa que luego se ampliaría para otras actividades[288]), en la misma nota al pie en que se mencionaba a las niñas, siendo aceptados oficialmente como una rama específica, de manera contemporánea a lo que sucedía en Gran Bretaña con los royal scouts[289]. De esta manera se daba un curioso orden tripartito que imbricaba una especialidad (como los Scouts de mar o navales), junto con la distinción de “sexo”, entre niños y niñas.

Esta predisposición a la actividad marinera, antes incluso de cualquier concreción de una iniciativa de tal característica, facilitaría la creación del primer grupo de scouts navales de toda América Latina, con la patrulla “Lobo Marino”, de la que conservamos los nombres de los primeros 10 niños que la integraron[290]. Dicha compañía, bautizada desde sus inicios como “Almirante Brown”, contaría con tal convocatoria y un desarrollo tan rápido, tanto como para convertirse en 1927 en la Legión del mismo nombre, compuesta por 4 compañías (“San Martín”, “Belgrano”, “Buchardo” y “Sargento Cabral”).

Efectuada en la Base Naval Puerto Belgrano[291], por parte de su alma mater, el ya nombrado marino italiano Armando Fischer en 1915, la especificidad marítima de la rama haría que se incluyera en el logo de la compañía, un ancla de barco. Esta tensión entre integración y “distinción” estaría siempre presente entre los scouts navales –llegando a la situación actual, donde incluso se desarrolla una asociación “naval” separada de SAAC[292].

Estas divergencias por “distinguirse” pueden rastrearse en los intentos de llevar –ya en esa época– un uniforme más “propiamente” naval, según marcan los pedidos motorizados por la segunda compañía fundada en Zárate por el Capitán de Fragata Franklin Nelson Page[293]; o la demanda por adquirir diferentes grados a los estandarizados “para tierra”, según proponía un proyecto de Pedro Etchepare[294].Este particularismo sería en principio resistido por la Junta Ejecutiva, que dictaminaría que el uniforme debía “ser el que usan actualmente los scouts de acuerdo con lo decretado por el Poder Ejecutivo con fecha 15 de junio de 1918”[295]. Con todo, cierta aceptación del lugar propio que debía ocupar la rama, que iba implícito a la promoción de su identidad “separada”, era el permiso de destacarse con un distintivo consistente en “un ancla colorada sobre fondo azul, la que será colocada en las mangas de la blusa a la altura del antebrazo”[296].

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Imagen 2. Emblema de la compañía Almirante Brown de Puerto Belgrano.

El carácter fundacional de la compañía, primera en su especie en América, al igual que sucedía con los “banfileños”, sería reconocida posteriormente en iniciativas estatales como la emisión de una postal conmemorativa por el centenario de su fundación, realizada por el Correo Argentino y en declaraciones de interés legislativo[297]. Con motivo de dicha fecha, se produjo, asimismo la canonización scout del “marino fundador”, producida con el traslado de los restos de Fischer al interior de la sede del actual Grupo Scout “Guillermo Brown”, en la ciudad de Punta Alta[298].

Sin embargo, pareciera ser que la falta de mención de “niñas” y “navales”, en el título de la asociación, no sólo operaba en un sentido meramente nominal. Las “virtudes” que los estatutos referían en el desarrollo del movimiento portaban un sesgo que centraba en los muchachos las características a idealizar. Si ello no parecía generar grandes dificultades en el caso de los sea scouts, a los que también parece habérselos pensado como preponderantemente masculinos en ese inicio[299], lo cierto es que en el caso de la mención de la participación femenina, ésta no dejaba de ser problemática con unos de los objetivos centrales definidos en el estatuto, tal era la de crear “ciudadanos viriles”, como mencionaba su segundo artículo[300].

Nuevamente la concepción originariamente androcéntrica de la práctica resulta indiscutible. Sin embargo, una mirada cómoda podría llevarnos a cerrar el sentido de la misma, cuando precisamente de lo que se trata es de advertir las diferencias entre el trazado del campo de juego y las prácticas efectivas que en él se desarrollan. Porque de hecho, puede sostenerse que existía un correlato de “virilidad” para la práctica femenina, basado en valores que las alejaban de la mera pasividad[301], que surgieron a partir de la propia aparición del dilema del lugar que debían ocupar las niñas y las mujeres en el movimiento scout, en un sentido muy similar al que transitó el guidismo en el pasaje de la supervisión de la hermana de Baden Powell al liderazgo de su joven esposa, Olave[302]. Estos dilemas y cambiantes circunstancias los desarrollaremos en capítulo aparte y específico, en el tomo segundo.

Más allá de eso, además de “virilidad”, la persona que quisiera ser scout debía sumar otras virtudes que reclamaban los organizadores, como el patriotismo, la salud mental y corporal, la abnegación, el ingenio y la característica de ser dueña de sí misma[303], a las que se sumaban el desarrollo de capacidades de tipo práctico como el dominio de primeros auxilios y diversas habilidades de salvataje, de campamento y de vida en la naturaleza, de equitación, de natación[304], de tiro al blanco[305], de arte de rastrear; con otras de tipo más propias de la “educación moral” –tan recalcadas por Moreno– como el amor por la patria y –volvemos aquí al androcentrismo– la caballerosidad (que incluía frases como “ayudar a sus semejantes especialmente si se trata de una mujer”[306]); otras híbridas entre ambas categorías, como la “higiene” y unas últimas no del todo explicitadas como “otras nociones análogas, compatibles con la edad”[307]. Como vemos, al repasar el listado, se advierte todo un munido y heterogéneo paquete de valores, habilidades y competencias que se iría agrandando en los años posteriores[308].

Pero además de esas cuestiones, la inclusión dentro de la ABSA debía estar formalmente acreditada. Los partícipes de la práctica institucionalizada, tanto menores como mayores de edad, debían estar asociados. Se consideraban “socios activos” todos aquellos niños de 10 años o más[309], los que a partir de los 18 podían convertirse, de continuar en la institución, en Oficiales scouts, el nivel debajo de los Capitanes (y el equivalente a los Rovers posteriormente creados[310]). Para los mayores, los requisitos de asociación eran simplemente monetarios y estaban divididos en tres categorías (suscriptores, protectores y vitalicios[311]) que iban desde los 10 a los 50 pesos anuales (aproximadamente de 4 a 20 días de labor de un jornalero, el sueldo más bajo de la época[312]) o a un único pago de 250$[313]. Los menores, a pesar de su condición societaria y de pagar también una cuota, en ningún caso podían votar[314]. A partir de su institución como parte importante del sostén financiero de la ABSA, la necesidad no sólo por incorporar socios sino también por mantenerlos sería una constante tanto en la sede central como en las juntas provinciales y territorianas y en las compañías del interior[315].

En otro orden de cosas, en términos de ideario, el estatuto –siguiendo la lógica internacional– establecía asimismo tres deberes primordiales de los scouts. El primero era: “Servir a su Dios, a la Patria y a la Humanidad”, lo que quedaba ligeramente alejado –por obvias razones, al igual de lo sucedido en Francia y en los países americanos– del precepto original británico de deberse “a Dios y al Rey”. En el desenvolvimiento de esta máxima puede verse el origen de futuras tensiones, ya que consecuente con la idea –que también resaltara Baden Powell– de respetar “todas las creencias religiosas como institución patriótica que es”[316], el estatuto no dejaba de acentuar algo que no estaba presente en el original, a través de la partícula “su Dios” y no simplemente “Dios”. Por otro lado, porque además de “a la patria”, el scout debía servir a la humanidad, justamente en momentos en que se desataban las fuerzas patrióticas que provocarían la primera guerra mundial. Las otras dos promesas que se juramentaban suponían la realización de la buena acción diaria y la imposición de obedecer la ley scout.

En este último caso, frente al original de la “ley scout” de Baden Powell, consistente en 10 ítems[317], los scouts argentinos presentaban –en su estatuto originario– 12 preceptos definidos como el Código de Honor. Los primeros copiaban, a grandes rasgos, los originales, en tanto el scout debía: 1) ser “digno de toda confianza”; 2) ser leal (aunque nuevamente quitándole la lealtad “al rey” pregonada por el británico); 3) ser útil y servicial; 4) ser “amigo de todos y hermano de todo Scout”; 5) ser cortés; 6) ser bueno con los animales (al que los argentinos, quizás por influencia de Thays[318] o de sus amistades con la asociación protectora de “Niños, Pájaros y Plantas” de Zubiaur[319], agregaban a las plantas[320]); 7) ser obediente; 8) ser risueño; 9) ser económico y 10) ser “limpio de cuerpo, pensamiento, palabra y hecho”. A estos diez, se agregaban dos finales: el scout debe ser dueño de sí mismo (y por lo tanto, “se gobierna a sí mismo”) y debe ser valiente, razones que por otro lado, no dejaban de estar en el concepto originario del fundador[321].

Estos preceptos estarían sometidos a tensiones y conflictos a lo largo del desarrollo concreto de la práctica scout. Por ejemplo, uno que podría pareciera difícil de presentar problemas sería el punto sexto, relativo al “cuidado de los animales”. En ese sentido, el intento más claro de homologarse con el mundo animal –en paralelo con la “voluntad totémica” ya señalada anteriormente– surgía del listado de los nombres heterogéneos de las patrullas que integraban las compañías que el periódico oficial presentaba al inicio del año 1915[322].

En efecto, frente a los “bichos” telúricos como el Guanaco, el Mataco, el Chajá, la Vicuña, el Mirlo, el Hornero y el Huemul con que la compañía “José María de Estrada” de Catedral al Norte había querido nombrar cada una de sus patrullas; la 1ª de Barracas dirigida por el Capitán Claudio Lago prefirió la combinación del “exotismo” del “Cangurú”, del Cocodrilo y de las Águilas Roja, Negra y Gris con la majestuosidad del León, el Puma y el Tigre, y de otros animales como el Ciervo, la Cigüeña y el Toro. Entre todas las compañías completaban un bestiario heterogéneo y rico con el que complejizar las referencias de la animalidad inscriptas en el movimiento scout local, y en el que no faltaban avestruces comunes y grises, osos, hienas, cóndores, nutrias, gorriones, perdices (de las otras dos compañías de Barracas); aguarás, gavilanes, urutaús y horneros (por parte de los scouts de la escuela escocesa Saint Andrew); más águilas y avestruces que se sumaban a las siguientes patrullas: Chingolo y Lobo en Palermo; Ciervo y Tero en Once y Caballito; Toro y Caballo en Almagro; Caballo, Jaguar, León y Zorro en Flores; Puma, Caballo, Cóndor, Comadreja y Ciervo en Vélez Sarfield; Paloma en Villa Devoto; Zorro, Puma, Chajá y Águila en Lomas de Zamora; Carancho y Chajá en Avellaneda; Venteveo, Perro, Rana y Gato en Quilmes; y Búfalo y Cóndor en San Martín.

Con todo, esto no evitaba que en algunos casos, con el correr del tiempo, las patrullas de niñas –que en general también optaban por nombres zoológicos– no desecharan tampoco la referencia botánica –en especial la floral– para –quizás por motivos de “finura” estética– denominarse, tal como se descubre en las Patrullas “Rosa” y “Pensamiento” de la compañía Patricias Argentinas de un humilde barrio de la capital santafesina[323].

Aunque había excepciones informales[324], el ámbito de la naturaleza era el que prefijaban las designaciones iniciales. Es que, como todavía expresaba en 1944, el profesor Manuel Cutrin en una clase de la “Academia Scout” específicamente dedicada a las patrullas, la “firme condición de las cosas de la naturaleza fijadas para siempre en sus obras”[325] era la que había inspirado a los organizadores del scoutismo para decidir que fueran animales y árboles (Cutrin preferiría entre los primeros al “León” y al “Zorro”, y para los segundos al “Roble” y al “Algarrobo”) los encargados de nominar a la unidad básica de niños y niñas, para poder así inspirarlos. Así, señalaba Cutrin, con palabras muy a tono con la majestuosidad del animal al que se referiría:

Ver un león es sentir admiración de su imponente figura, respeto por su gallardía, temor por su valentía, tales características de admiración, respeto, gallardía y valentía las sentimos a su presencia y las ambicionamos, deseándolas para los hombres en formación: los niños, y ¿qué mejor para simbolizar su nombre en el banderín de una patrulla?[326].

De esta manera, como dijimos, en esta explicación, la fuerza de la inspiración “totémica” parecía no tener nada que envidiarle a la de los pueblos originarios, y por más que las del scoutismo fuese vista como una creación más “artificial”, la matriz de inspiración se nutría del mismo precepto, ya que “imitar a la naturaleza es sabiduría y aprovechar sus características es interpretar, por eso decimos, que la naturaleza es un libro abierto al alcance de quien lo desee”[327]. Así, el niño debía “aprender los hábitos y costumbres del animal que sirve de nombre a la patrulla, así como el grito del mismo que será la contraseña de la patrulla”[328].

Águila

“Tomás Santa Coloma” Tres Arroyos
“Almirante Brown” Punta Alta
“General Alvear” CABA
“Baden Powell” Casilda

Antílope

Belgrano Day School

Ardilla

“Baden Powell” Casilda

Avestruz

Puerto Belgrano-Punta Alta 3ª
Villa Ana

Búfalo

Belgrano Day School

Caballo

“Almirante Brown” Punta Alta 2ª

Canario

Puerto “Almirante Brown” Punta Alta

Canguro

Borghi 2ª

Carpintero

“General Donovan” Resistencia

Castor

“Almirante Brown” Punta Alta 1ª
Borghi 1ª

Chajá

Banda Lisa de Casilda
“General Donovan” Resistencia

Cisne

Banda Lisa de Casilda

Cóndor

Sierras Chicas“General Alvear” CABA

Foca

“Almirante Brown” Punta Alta- Sección Bouchard

Gallo

“Almirante Brown” Punta Alta 3ª

Golondrina

“Almirante Brown” Punta Alta 1ª

Halcón

“Almirante Brown” Punta Alta

Hormiga

“Dardo Rocha” La Plata

Hornero

“General Donovan” Resistencia

Hurón

Borghi 2ª

Lechuzón

Borghi 1°

León

General Martín Rodríguez
Compañía de Scouts Norteamericanos
“Carlos Casado” Casilda

Lince

“Carlos Casado” Casilda

Lobo

“Sargento Cabral” CABA
“General Alvear” CABA
“General Donovan” Resistencia

Lobo Marino

“Almirante Brown” Punta Alta 1ª

Mono

Borghi 1ª

Murciélago

Borghi 2ª

Nutria

“Almirante Brown” Punta Alta 1ª
Villa Ana

Paloma

Coronel Suárez 2ª / Borghi 1ª
“Almirante Brown” Punta Alta (s/n)
Scout Girls de Casilda
Villa Devoto 1ª Compañía

Pantera

Belgrano Day School

Perro

“Almirante Brown” Punta Alta 2ª
Villa Ana
“Sargento Cabral” CABA

Puma

“General Martín Rodríguez”
“General Alvear”

Tábano

“Dardo Rocha”

Teru-tero o Tero

“Almirante Brown” Punta Alta 2ª
Coronel Suárez- 1ª Compañía/ Borghi 2ª
Banda Lisa de Casilda
Villa Devoto 1ª Compañía

Tigre

“General Martín Rodríguez”
“Tomás Santa Coloma” Tres Arroyos
Villa Guillermina
“General Alvear” CABA
“Baden Powell” Casilda

Toro

“Almirante Brown” Punta Alta 3ª
“General Donovan” Resistencia

Venteveo

“Almirante Brown” Punta Alta 3ª

Zorro

General Martín Rodríguez
“Almirante Brown” Punta Alta 2ª
Villa Ana
“Carlos Casado” Casilda
“General Alvear” Sección 19ª CABA

Cuadro 4. Listado ilustrativo de nombres de Patrullas.
Según su definición por animal y su pertenencia a compañías o legión/agrupación

Junto con esa totemización, la adhesión de los dos primeros directores del Jardín Zoológico[329], Holmberg (1888-1903) y Onelli (1904-1924), al ideario scout parecería saldar la situación. Este cuidado a las especies tenía incluso, como vimos, un lugar prototípico en el relato fundacional, que el mismísimo Clemente Onelli subrayaba al despedir los restos del “Perito” Moreno, recordando cómo uno de los primeros consejos del presidente de la ABSA a los primeros niños que había tomado en protección, había sido el de enseñar a los menores asilados en su quinta familiar, a alimentar a los pajaritos, en vez de matarlos como lo hacían a menudo, usando una “honda elástica”. Nada diferente a lo que el mismo Onelli les decía en 1908 a los niños en sus charlas en el Zoológico dadas bajo el auspicio de la Sociedad Protectora de Animales (con cuyo presidente tendría luego no pocos “encontronazos”, como hemos señalado):

Recuerden ustedes a sus compañeros que el juguete llamado honda, con que algunos desgraciados sin educación creen divertirse matando pajaritos es cruel. No lo harían seguramente si supieran, como ustedes lo saben, que ese pobre sorprendido en su vuelo por la muerte, no hacía mal a nadie y quizás llevaba alimento para sus hambrientos pichones[330].

Esta tradición de preservación de los pájaros –que incluía a otros animales[331]– sería honrada por dos de los miembros más prestigiosos de la asociación, Frank Soler y José León Suárez, quienes en su carácter de comisionados del Poder Ejecutivo Nacional para cumplir la resolución del III Congreso Científico Panamericano, presentarían un anteproyecto de reglamentación –aprobado por el Ministerio de Agricultura– para evitar el tráfico y la caza bajo cualquier forma, en los territorios de Chaco, Misiones y Formosa, de una detallada y variadas serie de aves que iban desde los picaflores hasta el cóndor, pasando por diversas especies de guacamayos, tucanes y garzas entre otras muchas[332].

Sin embargo el precepto integral de “cuidar” los animales podía tener sus contratiempos y altibajos, incluso desde la figura de los mencionados científicos. Esto puede verse a partir del texto que el mismo Onelli publicaría, meses antes de su fallecimiento, titulado “Muerte a los gorriones”[333], en la revista Nativa. En dicho artículo, Onelli se ufanaba de cómo, debido al carácter depredador de dicha ave “importada” (y antagonista del tero), un colaborador suyo del Zoológico había inventado una trampa con la cual había logrado dar muerte a seis mil individuos (¡!) de esta especie. Indudablemente, esta fruición por la muerte ornitológica, no parecía concordar mucho con la otra frase, dicha por él en el sepelio de Moreno, y muestra las razones de las tensiones de Onelli con otro “ídolo” de los scouts como fue Ignacio Albarracín, el presidente de la Sociedad Protectora de Animales[334].

Esa misma tensión entre conservacionismo y coleccionismo con respecto de la especie animal era reconocida por otro miembro ejecutivo scout en los años ‘20, el mirmecólogo Ángel Gallardo[335], quien señalaba que

es cierto que el propósito científico justifica la muerte de unos pocos animales […] pero de todas maneras puede crear conflicto de conciencia en el niño la contradicción que para él resulta entre el consejo de respetar los nidos y las aves, por ejemplo, y luego la indicación de cazarlas y coleccionar sus huevos[336].

Ya previamente, el también estudioso de los insectos, el Dr. Bruch, amigo de Moreno y en ese entonces profesor de la Universidad de La Plata[337], recordaba en un artículo de la revista institucional Siempre Listos, cómo su vocación científica había conocido ese traspaso de la experiencia sensitiva a la taxonomía, a través de un relato de su relación infantil con un insecto “ciervo volante”, en el que –ante su muerte– el niño Bruch pasaría de la cálida tristeza del mascotismo a la fría alegría de la catalogación:

Orgulloso volví a mi casa, lo acomodé en un cajoncito, llevándole cada día hojas frescas y terroncitos de azúcar; pero, no obstante mis cuidados, lo noté siempre más triste, menos ágil, y, una mañana lo encontré de espaldas y sin vida. Recuerdo que contemplé al pobre insecto con lágrimas en los ojos, haciéndome reproches por haberlo hecho sufrir tanto tiempo. Después lo llevé a la escuela; el maestro me enseñó cómo debía clavarle el alfiler; le agregamos un papelito sobre el cual apunté la fecha y un gran número 1, que significaba la primera pieza de mi futura colección[338].

El mantenimiento de dicha “sensibilidad” no del todo reductible a la asepsia científica en el Bruch aun adulto, puede demostrarse en anotaciones nada menos que en la Revista del Museo: al hablar en sus estudios sobre unas hormigas por él “descubiertas” (Bruchomyrna acutidens), el alemán se refería a ellas de esta manera: “La alimentación de mis pensionistas no ofrecía dificultad alguna”[339]. Un mix similar entre coleccionismo, ciencia y “amor” a las aves podía verse en la prédica colombófila que también circularía en las páginas de los periódicos asociativos[340].

La misma noción de animalidad a ser protegida se encontraría, en la revista oficial, tensionada en relación con el tipo de especie y las posibles amenazas a la producción agrícola. Así, en uno de los números del mensuario institucional, podría leerse que el niño debía dar –según titulaba el artículo en cuestión– “Protección a los pájaros y guerra a los insectos”, ya que cada ave consumía 50 insectos mensualmente y evitaba así que se reprodujeran, por lo que –sancionaba en una altamente hipotética cuenta el redactor—“cada niño que destruye un nido de pájaros, ocasiona, pues, una pérdida de 45.000 manzanas, peras, duraznos, ciruelas, etc., a la agricultura”[341]. De allí que se considerara “indigno” al scout que “se dedicase a destruir nidos o a molestar sus moradores, pues, probará tener malos instintos”[342]. Sin embargo, algunas compañías no dudaban en reproducir de manera encomiástica, las experiencias de “cacerías africanas” en las que se las describía como “un poderoso medio de educar la voluntad”[343].

Indudablemente, al expandir sus horizontes de intervención, a la práctica scout se le hacían presentes constantemente las pulsiones por normalizar y dictaminar los posibles dilemas que podrían despertar esos mandamientos, puestos constantemente a prueba por parte de la cotidianeidad.

Más allá de los posibles dilemas y tensiones ético-filosóficas que el intento de su cumplimiento coherente y estricto podría acarrear –como en cualquier otro set normativo, una vez fijado el Código de Honor nacional, la ABSA se daría con entusiasmo a una interminable tarea de difusión de sus actividades. Ella encontraría amplia recepción en la prensa[344], que se encargaría de la réplica casi constante de los 12 puntos que todo niño debía respetar si quería ingresar a las filas morenianas[345] y de la renovada dirección (en el sexto piso de Avenida de Mayo al 760) a la cual el niño o sus padres podían dirigirse para asociarse o informarse acerca de la práctica.

En medio de tanta difusión, quedó claro desde el principio que la ABSA debería convencer tanto a infantes como a progenitores. Es que, indudablemente, la existencia de cierto escepticismo paterno con respecto de la utilidad de enrolar a sus niños en el scoutismo parecía ser reconocida por la propia institución.

En la revista oficial, un cuento reconocía esa sensación –para intentar desmentirla luego, al desarrollarse la historia– y la ponía en la boca de uno de los personajes, el señor Padilla, al que además se lo graficaba como un exitoso empresario y self made man. En su condición de imaginado padre de uno de los scouts de la también ficcional “Patrulla Toro”, a Padilla se le asignaban las siguientes palabras en dirección a su hijo: “No me opongo a que pertenezcas al cuerpo de los boy scouts […] sin embargo, todavía no estoy convencido de que lo que aprendas en aquella institución resulte de valor práctico”[346]. El imaginado niño (Rolando) al que iban dirigidas estas palabras le respondería “Ya sé papá […] que hay muchas personas en Palermo que no tienen fe en los scouts. Pero…”[347]. El niño sería interrumpido por uno de los empleados de su padre, comenzando así la historia propiamente dicha, en la que se relataba el robo de alhajas a la joyería de Padilla. Ante el escepticismo despectivo del padre (“No seas tonto, Rolando […] este es un caso para hombres, para personas expertas […] deja que tus mayores se ocupen de un asunto que está fuera de tu alcance”[348]), el niño scout ofrecería los “servicios” de él y su patrulla para “descubrir el misterio” de ese robo y como forma de demostrar la utilidad práctica de dicho movimiento. En el intento de convencer a sus compañeros que lo ayuden, Rolando volvería a ratificar la animadversión de su padre a la práctica (“mi padre me ha estado hostigando mucho. No simpatiza con los scouts, dice que no son capaces de nada práctico. Y yo tengo todo interés en probarle lo contrario”)[349] e iría más allá, buscando un reconocimiento universal (“¿No comprenden que ahora nos toca el probar a Palermo y a todo el mundo que los scouts valen algo, y que los ejercicios de los scouts sirven [?]”[350]).

El final de la historia, previsible… pero no por ello menos efectivo. Luego de ser desafiada la patrulla misma por el padre de Rolando, de sacarlo de la misma si no resolvían el “misterio”, cada uno de los miembros scouts en un remedo de Sherlock Holmes, demostrarían incluso saberes desconocidos por la policía (ante la sorpresa del “señor Padilla” por ello, uno de los exploradores, Ricardo, diría “en la policía no les enseñan ‘scoutismo’”[351]). Por su parte, Rolando descubriría que uno de los empleados de su padre era el responsable del robo y –con sus conocimientos de jiujitsu– atraparía a uno de los cómplices, ordenándole incluso al policía que lo detuviera (en una escena que en la actualidad nos parecería inverosímil, el niño le diría al agente policial: “Prenda a ese muchacho, vigilante […] llévelo a la comisaría. Lo acuso de ser cómplice en un robo. El vigilante obedeció”[352]).

Incluso, la competencia entre los scouts y la policía por demostrar mayor eficacia se presentaba abiertamente: “La policía tuvo que confesar que en este caso, habían sido vencidos por los scouts”[353]. El padre, “derrotado” por los hechos, lo debía reconocer: “ahora estoy convencido de que ustedes aprenden cosas útiles y no sólo voy a dejar que Rolando siga de scout; pero (sic) les voy a regalar la mejor carpa que pueda encontrar en plaza; y durante las vacaciones pueden hacer campamento en mi estancia”. Frente al “¡Viva el señor Padilla!” de los scouts, la soñada alianza “paterno-infantil” se cerraba con un “¡Viva la patrulla del Toro!” por parte del otrora escéptico tutor[354].

Esta inclusión del entusiasmo paterno en términos estrictamente literarios tendría un desarrollo posterior más complejo en la política interna de la ANBSA, cuando –por ejemplo– “los padres” (sobresaliendo en verdad “una madre”, la señora Silvestrini, quien llevaría la “voz cantante” y que luego se convertiría en una figura destacada de la compañía) intervengan como actores activos en las disputas internas de algunas asociaciones locales, en algunos casos –como en el apoyo que daría al inspector de la compañía “General Arenales”, Gabriel Bonel[355]– oponiéndose a los dirigentes de la propia Comisión Local[356].

¿Qué beneficios entonces, podía llevar a los padres a asumir ese “riesgo” de la vida de sus hijos[357] –altísimamente improbable, pero finalmente posible– y vencer los “miedos” implícitos en esa práctica? Además, de la demostración de lo que podrían aprender los niños, lo atractivo para los padres debía ser, asimismo, el reconocimiento que sus hijos podrían obtener al participar en una asociación cuyo Consejo, como sostenía el estatuto, se compondría por un número conveniente (finalmente estabilizado en 50) de “representantes de los intereses cívicos, educacionales, comerciales, religiosos y filantrópicos del país”[358]. Incluso, sus vástagos podrían “codearse” con los hijos de esos “notables”, que también participaban de la compañía como en el caso del hijo del Ingeniero Huergo en la compañía “Barracas” o el del Capitán de Navío Maurette en la de “Belgrano”.

En remedo de las del Jockey Club, las limitaciones a la capacidad de ser elegido en ese grupo selecto de dirigentes fueron además, en sus inicios, rápidamente establecidas: primeramente sería el propio presidente de la asociación, Moreno, quien nombraría una comisión encargada de dar a conocer, un mes antes de la asamblea, el listado propuesto de candidatos al que se agregaría la posibilidad (hasta de diez días antes) de incorporar otras proposiciones, siempre que fueran acompañadas por el aval de “no menos de veinte socios”[359]. Algunos apellidos del Consejo Nacional no podrían ser más “representativos” de la “notabilidad” señalada: Anchorena, Álzaga, Aráoz Alfaro, Becú, Güemes, López (de los López y Planes), Paunero Pearson o Pueyrredón, por dar sólo un pantallazo rápido en forma alfabética[360].

Esta cincuentena de miembros serían, anualmente, los encargados de elegir a la Comisión Directiva[361], compuesta por once (y más adelante quince, contando suplencias) personas, quienes serían las encargadas de administrar la asociación, fomentar el scoutismo, patentar insignias y diseños asociativos, realizar publicaciones y nombrar empleados, entre otras tareas administrativas y políticas.

Indudablemente, así como hemos mencionado el impacto que en algunos como Allaria, había dejado la visita de Baden Powell para participar del scoutismo, es de destacar la apelación que, en el plano local, el propio Moreno hiciera a ya viejas amistades y contactos para conformar la comisión organizadora del movimiento.

Un caso claro es el de Clemente Onelli, quien en su condición de naturalista y director del Zoológico ya tenía incentivos para participar en una organización “amante de la naturaleza”, pero que era además un colaborador de larga data del “Perito”[362]. Otro, es el caso de Carlos Thays[363], con el que el naturalista compartía el interés por los parques nacionales. Con Rosendo Fraga (a quien incluso los socialistas habían votado para presidir la cámara de Diputados por ser “un general que no anda mostrando los cañones”[364]), Moreno había convivido en la Cámara de Diputados de la Nación.

Con Modesto Quiroga, de quien –como veremos luego– se distanciaría fortísimamente, venía de compartir el comité de homenaje encargado de la conmemoración, en 1911, en la localidad puntana de San Francisco del Oro, del centenario del nacimiento de Sarmiento[365]. De ese grupo también participaría otro futuro consejero nacional y vocal de una Comisión de Fomento scout porteña, el puntano, ya mencionado, Juan Wenceslao Gez.

Junto al rastreo de las relaciones personales, también los espacios de sociabilidad científica pueden ser espacios útiles para cartografiar las vinculaciones previas que facilitaron la aceptación de participar de algunos “notables” en la iniciativa asociativa juvenil que propuso el “Perito”. En efecto, en una reunión de la Sociedad Geográfica Americana, destinada en 1909 a premiar a Moreno con la medalla Cullum, pueden verse retratados con él, varios de los futuros miembros de los Consejos y Directorios scouts: Luis A. Huergo, Ernesto Nelson, Estanislao Zeballos, Juan José Biedma, Eduardo Moreno y Ángel Gallardo[366].

Con cada incorporación de prestigio, la asociación podía presentarse como una opción de mayor confianza y status para los padres de esos niños, algunos que a su vez, llegarían a ser ellos también “notables” locales como en el caso del niño (futuro bioquímico) Carlos Demaría Massey al que se lo encuentra ya revistando en 1915 entre los scouts de Saladillo, enviado por su padre italiano, Francisco Demaría, pionero de las empresas crediticias de la zona; o el de Antonio Mut, uno de los primeros Sea Scouts argentinos, convertido luego en dirigente del autonomismo local del partido bonaerense de Coronel Rosales.

Por ello mismo, con respecto de las compañías locales, como en el caso de la de Guaminí, se pondría el acento –de manera de trasmitir ese prestigio hacia “abajo”– que la razón principal de aceptación de la comisión local que allí se formara residía en que sus miembros fueran “personas honorables”[367]. En ocasiones, ante la denuncia de padres, se solicitaba el informe del Jefe de Policía, y en caso de ser negativo éste –como sucedería con Carlos E. Luconi en Formosa[368]– se le retiraría la autoridad y se le solicitaría a la propia autoridad nacional que indicara “la persona que podríamos designar”[369].

A pesar de todo y más allá de la “notabilidad” o no de los miembros directivos y de los delegados regionales, la lucha por el prestigio del scoutismo seguía siendo –como en el resto de los países– constante, tal lo reconocía un periódico provincial que valoraba a “esa muchachada resuelta y linda que se aprestan [sic] a desafiar hasta el ridículo y las burlas de los necios, con tal de aprender a estar ‘listos siempre’ para la patria y sus semejantes”[370].

En otros lugares, donde se desconocía la práctica, la sorpresa también evocaba figuras algo estrafalarias para definir a esos muchachos uniformados. Como señalaba hacia 1915, Samuel Kirby[371], “Capitán” de la compañía de San José de Flores, al comentar una marcha de 92 kilómetros que él mismo emprendiera junto a su ayudante Enrique L. Thevenin y al scout A. Gerardo Kirby: “Los scouts son poco conocidos en Mercedes, pues entre las exclamaciones de la gente oyeron: ‘son japoneses’, ‘los que dan la vuelta al mundo’, ‘andarines’, ‘cow boy’, etc.”.[372] Lo mismo pasaría en la cordobesa Unquillo donde en una caminata de noche, todavía a fines de los años veinte, se les gritaba “Locos” a los uniformados caminantes[373].

El carácter “novedoso” de los scouts y su expansión hacia las provincias más “tradicionales” eran incluso señalados en comparación algo irónica por parte de la prensa porteña. Así, en el recorte “Los boys (sic) scouts de Santiago del Estero” se señalaba:

Hasta hace muy poco tiempo, en el registro de las instituciones de Santiago del Estero, no figuraban los boy scouts ni los radicales […] Hoy tenemos de todo en aquella provincia: radicales por partida doble […] boys scouts admirablemente uniformados y disciplinados […] y un Castañeda Vega que rivaliza con Justiniano Posse […] Todo un Santiago novedoso, pues[374].

Sin embargo, la burla y el desconocimiento que se demostrarían resistentes en algunos ámbitos[375], se intercalaban con una creciente popularidad en otros. No sólo en espacios culturales y educativos, donde los entusiastas de la práctica mencionaban que el boy scout era un “personaje ya popular y bienquisto en todas las naciones civilizadas”[376], sino también en ambientes de la “cultura de masas”.

Lo dicho se confirma a través del interés de empresarios por patentar con el nombre de “Boy Scouts”, ciertos artículos de consumo que no parecían estar dirigidos –aunque veremos luego que quizás sí– precisamente a esos niños cultores del aire libre. Así, el Boletín Oficial podía informar que el 13 de diciembre de 1915, la compañía de Donato Didiego inscribía dicha denominación para sus “Tabacos, cigarros y cigarrillos, rapés y artículos para fumadores de la clase 21”[377]. Para el año 1926 cuando la propia asociación intentó patentar la marca “Boy Scouts”, se encontraría que “para obtener el registro es necesario registrarlo en las veinticinco clases establecidas para todos los ramos y artículos, los cuales, en su mayoría ya están registrados por comerciantes”[378].

Por ello, presentaría una demanda para que dicha marca no fuera utilizada en los casos que no hubiera registro previo de particulares. Dos años después, el propio Directorio de BSA resolvería levantar la “protesta formulada ante el registro de marcas”, de manera que pudiera ser usufructuada –a través de un comerciante y “entusiasta cooperador” de la causa– por los scouts rosarinos, en una clase de artículos previamente determinados (“caramelos, galletitas y otras golosinas”), llevando incluso la leyenda “Autorizado por el directorio de los ‘Boy Scouts Argentinos”[379].

Al mismo tiempo, los partidos políticos –según lamentaban los dirigentes de la asociación– no dudaban en “decorar” sus mítines electorales con muchachos ataviados con el uniforme explorador, que –más allá de su efectiva pertenencia a la institución, cosa desmentida por el secretario Braceras Haedo– demostraban el efecto positivo que suponía su figura para, al menos, cierta parte del electorado ante el que apelaban[380].

Si, en efecto, el consejo de Baden Powell acerca de la necesidad de –como en Chile– institucionalizar la práctica había hecho efecto en aquellos jóvenes entusiastas que habían visto en Moreno, al “notable” que podría encender con su prestigio el motor de la visibilidad y la convocatoria, aquel –al menos en esa instancia– no los defraudaría. Al año siguiente de fundar y asumir la presidencia de la ABSA, Moreno sería el anfitrión de una figura de indudable reconocimiento mundial, fuertemente enlazada con el movimiento scout norteamericano: el ex presidente Theodor Roosevelt, quien se encargaría de hacer saber a los Estados Unidos, la existencia de grupos similares en Argentina.

La visita de Roosevelt a los Lagos del Sur. Conservacionismo y scoutismo bajo el paraguas de la negociación panamericanista

Una vez producida la unificación asociativa de las compañías dispersas, el prestigio del “Perito” Moreno y su interés por acercar el modelo de desarrollo argentino al estadounidense[381], permitirían relaciones directas con algunos de los más resonantes líderes del scoutismo mundial como Theodoro Roosevelt.

Las relaciones entre ambos personajes resultaban tan estrechas como para que el norteamericano pidiera que Moreno lo guiara en un viaje por la Patagonia, que sería –finalmente– el último que haría el “Perito” en vida a esas tierras[382]. Roosevelt, que reconocería a Moreno tanto como “un hombre que ha trabajado por el beneficio de su país, quizás especialmente por el beneficio de sus niños” como por ser además “un eminente hombre de ciencia que ha hecho un admirable trabajo como geógrafo y como geólogo”[383], recordaría que la primera vez que se lo presentaron, se lo definieron como el “Jacob Riis” de la Argentina, en relación con sus intereses de reformismo social[384].

Teniendo en cuenta estos antecedentes, las circunstancias de encuentro personal se presentaron cuando Roosevelt decidió realizar en 1913 una visita a nuestro país, invitado por el “Museo Social Argentino” (MSA). Dicha institución se esmeraría fuertemente por propagandizar la venida del ex presidente norteamericano, al que definía como “uno de los más grandes personajes de la democracia contemporánea, siendo a la vez un ejemplo universal de perseverancia, carácter y eficacia en la acción pública como en la privada”[385]. Para asegurarse del impacto de la invitación, la comisión directiva del MSA se dirigió a múltiples instituciones y a diversos “notables”[386] para contar con su apoyo y participación a fin de posibilitar que dicho evento ser volviera el más lucido posible, pidiendo “la propaganda que sea necesaria para que la adhesión individual acompañe a la cooperación colectiva de las instituciones”[387].

Dicha presentación bajo el auspicio del MSA sería aprovechada por Roosevelt, de espíritu explorador, para conocer múltiples lugares del país, incluyendo el Sur argentino. En la estrategia del visitante, de lo que se trataba era de conciliar la prédica panamericanista con la apelación conservacionista que venía sosteniendo con fuerza y a la par[388].

La relación entre Moreno y Roosevelt resultó tan estrecha en esa visita a la Patagonia, que incluso se realizaron caricaturas en las cuales, por la predisposición con que el argentino guió al ex presidente, se los retrataba (a semejanza de un meme actual) con sus caras impuestas sobre los cuerpos de una niñera y un bebé respectivamente. Tal como recordaba la nieta de Moreno:

En casa había una caricatura respecto a este hecho y que le fue obsequiada a Abuelo. En la misma Roosevelt está reducido al tamaño de un niño, vestido de marinero y con un globo en la mano, en tanto que Abuelo viste delantal blanco y cofia, representando a una niñera de la época[389].

A partir de la donación del hijo del propio Moreno, la caricatura mencionada, puede verse actualmente, en su formato original, en el salón de exposición del Museo de Parques Nacionales que, en San Carlos de Bariloche, lleva el nombre del argentino caricaturizado.

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Foto 8. Caricatura de Francisco Moreno y Theodoro Roosevelt, circa 1913. Fuente: Colección y Archivo F. P. Moreno del Museo de la Patagonia de la APN. Agradecemos a Américo Eduardo Pérez Navarro.

La relación entre estos “próceres en vida” no pudo haber sido más fructífera para ambos. Más de un año después de su encuentro, Roosevelt le escribía a Moreno: “no podría compensar adecuadamente lo que usted ha hecho por mí, pero al menos será usted agradecido de manera tan calurosa como si lo fuera por su propia familia”[390] y que si bien en su visita lo había “impresionado inmensamente” la Argentina, más aún lo había hecho el contacto con el propio Moreno[391].

El éxito de la vinculación entre estos dos “notables” americanos abriría las puertas de contactos mucho más estrechos entre las asociaciones scouts argentina y estadounidense. De esa manera, por intermedio de Moreno, la ABSA requeriría a Roosevelt que aceptara ser el receptor de una medalla de oro, como forma de demostrar un mensaje fraternal por parte de los niños argentinos hacia sus pares norteamericanos[392].

En ese sentido, Roosevelt daría cuenta en la revista The Outlook del efecto que los scouts argentinos habían despertado en él, cuando fueron a recibirlo en un número de doscientos, como se confirmaba a través de la fotografía n° 2 que hemos mostrado en la introducción del presente libro[393]. También resaltaría el destacado cronista que, en compañía de los scouts, debía mencionarse la existencia de dos grupos de jovencitas, “bonitamente vestidas”, cada uno de los cuales desarrolló ejercicios calisténicos en el marco del desfile en su honor[394].

Era sabido que Roosevelt se venía relacionando (al igual que el “Perito”) de manera muy fuerte con el interés por la temática infantil, lo que lo llevaría además, en su viaje argentino, a conocer a otros importantes referentes de esa “cuestión”, como eran el Padre Vespignani, futuro líder de los “Exploradores de don Bosco”, o la doctora Julieta Lanteri, quien lo acompañó en su visita a la Exposición del Niño[395]. Cuando tenía oportunidad de destacar esa predilección por el contacto con los niños, la pondría de relieve, como le sucedería en Córdoba. Así, frente a la invitación a visitar aulas y museos de la Escuela de Agricultura, Roosevelt respondería que eso ya lo había visto en muchas partes, y que había “algo más interesante que deseo conocer”, poniéndose de inmediato a conversar con los alumnos, mediante los oficios de traductor de –nada menos que– Ernesto Nelson, un como vimos tempranísimo y constante sostenedor del scoutismo y el campamentismo en nuestro país[396]. Sabemos que, con su ayuda, Roosevelt conversó con los niños, “a los cuales interrogó de uno en uno, respecto a su procedencia y nacionalidad de sus padres, situación económica y proyectos que tenían para el futuro”[397].

Por otro lado, más allá de su interés en la cuestión, Roosevelt “utilizaría” discursivamente la referencia tanto de los scouts locales como de los niños escolares nativos para mejorar, en la línea más estrictamente “geopolítica” de su visita, el aspecto de las relaciones argentino-estadounidenses en torno a la estrategia de construcción de un panamericanismo en común que siempre estaba amenazado y que había tenido, incluso, en el presidente Roque Sáenz Peña, uno de los mayores contradictores de la visión “supremacista” norteamericana en la alianza[398].

El centro del “uso” del scoutismo hecho por Roosevelt se posicionaba en la idea de mostrar la similitud de los niños que había visto en el país con los que habitaban en Norteamérica, a través de la homologación racial (aunque sin dejar de notar cierta diferenciación “a favor” de los de su patria): “los niños [porteños] eran sustancialmente como los nuestros; aunque había una menor proporción de cabezas rubias, y una mayor porción de cabezas negras, ambos tipos estaban presentes, y cada graduación entre ellos”[399]. Sin embargo, en relación específica con los scouts, Roosevelt dejaría la comparación racial, para realizar una pura equiparación “espiritual” entre los argentinos y los norteamericanos, definiendo a los locales como “tan alertas y vigorosos y orgullosos de sí mismos como tantos de los que hay en nuestra propia nación”[400].

En ese sentido, con la intención de desarticular la idea de unidad hispanoamericana con sesgos antiyanquis que precisamente se reactivaba con firmeza en el año de su visita[401], Roosevelt ensalzaría la similitud racial y cultural de la Argentina –en concreto la de Buenos Aires (definida como una “refinada capital moderna”)– con los Estados Unidos. Intentando quebrar la comunidad idiomática latinoamericana, Roosevelt buscaría reconfigurarla hacia una unidad diferente, que podríamos definir como “étnica” o “civilizatoria”. De esta manera, señalaría que así como Jamaica y Estados Unidos –a pesar de ser ambos territorios, parte de la América “anglosajona”– no podrían ser tratados “exactamente como tipos similares”; Argentina y Chile –“grandes naciones libres”– no podrían ser comparadas con los países de la América “tropical”[402].

Así, Roosevelt no dudaba en escribir, pocos meses después de su visita al Cono Sur, una reactualización soft y limitada de la Doctrina Monroe, en la que se justificaba la presencia de su país en América Central y el Caribe, pero en la que dejaba “liberadas” a las naciones del sur americano –en especial a Chile y Argentina, a las que Roosevelt consideraba que debían ser tratadas “en un pie de exacta igualdad, a como tratamos precisamente a Inglaterra y Francia, Alemania e Italia, Holanda y Suecia”[403]. Todos estos razonamientos lo conducirían a plantearse –de la misma manera en que lo pensaba Moreno– que Estados Unidos y Argentina estaban “tratando de resolver los mismos problemas, con líneas similares”[404].

De esta manera, vemos como ese grupo de niños –surgidos de la lectura de un libro escrito por un inglés– se conectaba así, con temas de trascendencia geopolítica panamericana que no van a resultar efímeros. Una muestra de la capacidad del scoutismo de complejizar los hilos de la política, puede verse durante la Primera Guerra Mundial. Frente al involucramiento decisivo del yrigoyenismo en su táctica de pensar a la Argentina como contrapeso del panamericanismo[405], los pequeños uniformados sabrían presentarse –en vez– como artífices de maniobras que propugnaban la distensión de la relación entre Argentina y los Estados Unidos.

En efecto, un lustro después de la visita de Roosevelt, en 1918, un niño scout –acompañado de su patrulla– sería el encargado de agasajar a un almirante estadounidense que se encontraba en las puertas de su embajada en Buenos Aires, obsequiándole un ramo de violetas (símbolo de simplicidad y pudor) y dedicándole asimismo estas palabras de bienvenida: “La vanguardia de la República Argentina viene a presentarle este humilde obsequio […] y al entregarle en sus manos este simple ramo de violetas espero que con su llamado silente toque su noble corazón de guerrero”[406]. Al discurso, el niño no olvidaría de cerrarlo con un “Viva Norteamérica”, transcripto en idioma español en la versión en inglés del Boletín Panamericano[407].

De esta manera, con su tradición de particular sensibilidad frente a la experiencia norteamericana (por vía de sus dos mentores asociativos iniciales, Moreno –según ya citamos– y Christian[408]) los pequeños scouts, al menos a ojos del redactor del boletín oficial de la Unión Panamericana, magnificaban su relevancia y parecían volverse líderes más importantes, incluso, que los propios dirigentes políticos y diplomáticos, por lo que no se dudaría en señalar, en la mencionada publicación, amplificando de manera grandilocuente el gesto del scout con sus violetas:

Quizás ningún acontecimiento en la historia reciente provee una ilustración más contundente de la frase bíblica, ‘y los pequeños los conducirán’– conducir a los pueblos de dos naciones profundamente separadas hacia un conocimiento más cercano– que la de aquel niño argentino[409].

En tanto no la hemos hallado en su colección de recortes periodísticos, en la que sí –en cambio– se pueden encontrar otras notas de interés panamericanista[410], no podemos más que solamente barruntar que de haber leído las palabras que citamos arriba en negrita, el “Perito” se hubiera sentido confortado por esa descripción y por la eficacia con que su idea había germinado, al menos en esa dirección geopolítica y a pesar de las frustración general con que, ya para esa altura de 1918, según veremos después, consideraba el proyecto asociativo.

Con todo, el pro-norteamericanismo scout no estuvo carente de fluctuaciones y reflujos. Así, aparecen dudas sobre su conveniencia cuando analizamos los indicios de otros interlocutores cercanos a Moreno. En el intercambio epistolar con Seijó, este “Capitán” scout de Carlos Casares felicita al “Perito” y le señala estar de acuerdo, sólo 2 años después de la entrega de la medalla scout a Roosevelt, en lo relativo a cierto enfriamiento de relaciones de la ABSA con los scouts norteamericanos, al escribirle:

estoy con V. doctor y no con los tragones del norte. Debemos de considerarnos nosotros tan argentinos como ellos norte-americanos; [¿] acaso no nos preocupa como les ha preocupado a ellos, plasmar un patrón propio? No hay canje [de revistas] para ellos[411].

Aunque desgraciadamente no contamos con las palabras de Moreno que inspiraron el entusiasmo “nativista” del casarense, resulta interesante advertir cómo a través de la denegación de un canje de ejemplares de la revista oficial, se pueden rastrear ciertas interferencias tempranas en el ideal panamericanista, que por otro lado, como veremos más adelante, sin embargo resucitaría en la asociación scout en múltiples ocasiones posteriores durante el período de entreguerra que analizaremos.

En cualquier caso, y muy pronto, por otro lado, Moreno debería lidiar con cuestiones mucho más apremiantes y engorrosas para su liderazgo en la ABSA que la decisión sobre aceptar o no un canje de revistas con los Boy Scouts of America. Esa historia será narrada a continuación.

De la “reestructuración” a la presidencia del general Riccheri (1914-1916)

La desafección del “Perito” y la “competencia” religiosa

En un suelto producido en la ciudad de Junín, al finalizar el período que analizamos en este libro, se señalaba que había sido el general Pablo M. Riccheri[412], quien “fuera Ministro de Guerra y dejara recuerdo imborrable de su paso por la vida”[413], el encargado de dar “verdadera forma al scoutismo”[414]. Una opinión anterior concordante había sido señalada por el Jefe Scout Laureano Baudizzone, al exponer que la “semilla” de la práctica germinada en 1908 y cultivada por Moreno en 1912, tomaría “forma y firme desarrollo” bajo “la presidencia de esa figura consular del Ejército Argentino”[415]. Y es que, en efecto, ya en 1922 la ANBSA consagraría en vida (al igual que luego lo haría posteriormente con su fallecimiento[416]), la figura de Riccheri como referente, al punto de convocar a una reunión extraordinaria realizada con el fin exclusivo de declararlo “Socio Honorario”[417], una práctica que hasta ahora se basaba en el cargo ocupado[418], y que en el caso del ex ministro de Roca por primera vez se justificaba en la distinción de la persona “en sí”. La última reunión extraordinaria antes de ese hecho había sido realizada en 1919 y había tenido como objeto declarar duelo por la muerte de Moreno.

Aquella visión de los años cuarenta, compartida por el periódico juninense y por Baudizzone, no sólo suele ser discordante con la casi nula atención que se la ha prestado a la actividad de Riccheri en las biografías clásicas dedicadas al general[419], sino también con muchas de las visiones posteriores de la propia institución que ponen mayoritariamente –como hemos visto– el acento en la tarea del “Perito”, como alma mater de la actividad.

En todo caso, estas inconsistencias entre las diversas versiones “fundacionales” producidas a lo largo de los años, nos permiten anticipar que la gestión de Riccheri generó –al menos– un impacto claro y provocó una transformación en el curso tomado inicialmente por el scoutismo. A pesar del aparentemente menos entusiasta –aunque no menos estridente– compromiso del general para con la actividad, en comparación con el demostrable celo y casi omnipresencia morenista durante sus períodos directivos[420], su figura (que era además la de “prototípico” General de la Nación en la época[421]) supo nuclear y permitir desarrollar una tendencia que comenzó a cuestionar los métodos organizacionales y a intentar contrarrestar, a dos bandas, tanto la centralidad de orígenes de la YMCA como la de Moreno.

Como hemos visto, dirigentes socialistas como Ángel Giménez adujeron al giro “militarizador” de Riccheri, al excluir la influencia de los educadores protestantes y al desembocar en un ritual “patriotero”, las causas del viraje organizacional, y con él, las múltiples “desgracias” que achacaban a la práctica scout en el país. Ya hemos dado un largo parecer en la introducción acerca de la cuestión “militar” en el movimiento, pero volvamos a ella para insertarnos de manera más precisa en los acontecimientos que detallaremos a continuación.

Si tenemos en cuenta la presencia de los militares en el comité y la junta ejecutiva (elegida dentro de los miembros de aquel), encontraremos que esta “reestructuración” significó –en efecto– una mayor presencia porcentual del “elemento” militar, la que sin embargo siempre fue más que perceptible. A continuación presentaremos la evolución de porcentajes de la presencia militar tanto en el Directorio o Junta Ejecutiva como en el Consejo Nacional, la que como veremos –más allá de algún vaivén porcentual ocasional, para arriba o para abajo, con las excepciones de la “subida” de la Junta Ejecutiva en el año 1920 y lo significativos “bajones” de 1928 en el Consejo y del del bienio 1938-39 en el Directorio– se mantuvo estable entre un tercio y un quinto de miembros castrenses.

Sin embargo, más allá de las posibles transformaciones dentro de una más bien relativa estabilidad porcentual de militares en los cuerpos dirigentes, las complejidades que se suman en el proceso reorganizativo del scoutismo son tales, que difícilmente podrían hacernos pensar en 1915 –más allá de su importancia– como un antes y después definitivo en relación con las múltiples influencias que venía y siguió recibiendo la agenda scout.

cuadro 5

Cuadro 5. Porcentaje de miembros de las Fuerzas Armadas en los máximos órganos ejecutivos y consultivos scouts (1912-1945).
Elaboración propia Fuentes: Memorias, revistas oficiales, actas y BORA.

Por ejemplo, un cargo de relevancia como el de tesorero –en atención a su condición de Contador Público Nacional– fue mantenido por Montheith Drysdale, miembro de la “mítica” comisión organizadora convocada por Schuman; dirigente de relevancia dentro de la ACJ y esposo de la presidenta de la sección femenina de esa institución y motorizadora de las Guide Girls en la YWCA[422]. A este dato debería sumarse la incorporación de Ernesto Nelson, otra figura señera del cristianismo protestante laico, como socio suscriptor y miembro concejil[423].

En todo caso, más allá de la existencia de suposiciones acerca de “fines ocultos” en la decisión de “reestructurar” el scoutismo, lo que parece haber sucedido es el agotamiento del modelo inicial de difusión de la idea que inicialmente se había propagado. Porque si bien el scoutismo había ganado amplia visibilidad en esos años, su fortaleza institucional y su carácter de organización en constante provisoriedad y dependencia de la “Obra de la Patria” o de la YMCA, parece haber motivado a su presidente, Moreno, a retomar la iniciativa para autonomizarla y expandirla. En ese barajar y dar de nuevo, los azares se mostraron más fuertes que las causas, y el “Perito”, se demostraría como una especie de aprendiz de hechicero.

Esto sucedió porque, de manera paradójica, esta reestructuración del scoutismo, ideada por Moreno, desembocaría unos meses después en su airada desafección y en la asunción de la efectiva jefatura scout por parte de Riccheri. Teniendo en cuenta la información cruzada de diversos acervos documentales, trataremos de seguir las alternativas intrincadas –pero increíblemente ricas para el análisis– de esos realineamientos y disputas al interior del grupo de “notables”, en los que se involucrarían además los “Capitanes” y “Oficiales” de las compañías.

En efecto, luego de haberle enviado un telegrama unos meses antes, en el que le señalaba la necesidad de hablar con él[424], Moreno dirigiría una carta a Riccheri, tres días antes de la “refundación” del scoutismo, en la que se dejaba constancia de la necesidad de “reorganizar definitivamente sobre bases más sólidas” la asociación, “contado desde ya con su valioso concurso dado los altos propósitos que se persiguen en bien de la juventud argentina”[425]. La firmeza de esa determinación mostraba la existencia de un plan de acción ya previsto por Moreno, frente al estancamiento de la institucionalidad.

Es que en efecto, más allá del espaldarazo que la visita de Roosevelt podría haber supuesto y de otros eventos puntuales como la realización de torneos atléticos y los intentos de difusión a través de los órganos oficiales, sumado a proyectos de sostenimiento estatal, la proyección de la práctica parecía no ser la deseada por Moreno.

En efecto, si uno hojea el libro de actas inicial de la asociación, sin dudas podría sorprenderse del salto temporal existente entre la datación de la primera reunión fundacional de los scouts, de julio de 1912, y la que inmediatamente la seguía, producida más de dos años después, el 8 de septiembre de 1914. En esta segunda acta se resolvía “constituir definitivamente ‘La Asociación de Boy Scouts Argentinos’”[426], como si la reunión anterior no hubiera logrado consistentemente dicho efecto. Ese silencio de dos años en las actas y el uso del adverbio tan determinante son, indudablemente, sintomáticos de las dificultades en convertir el impulso de Moreno desde su hogar, en una empresa realmente colegiada, más allá de la existencia del mensuario y de las actividades enérgicamente desarrolladas por Christian.

De hecho, el año 1914 marcaría la ruptura definitiva del tandem Moreno-Christian. Si seguimos el relato que –al año siguiente– los “Capitanes” scouts y el Comisionado Federal harían a Riccheri, podemos constatar que a principios de aquel año entró “la Asociación en un período de crisis” [427] por lo que Moreno habría decidido abandonar “por completo la Asociación manifestando al mismo Señor Christian y á un Oficial, que se desentendía de todo”[428]. Siguiendo el relato –francamente “antimoreniano” de los “Capitanes” scouts– Moreno recién habría vuelto a la Asociación, una vez que constatara que su ausencia no sólo no impedía el desarrollo de la misma, sino que incluso permitía que –gracias a que “los oficiales solos decidían todos los asuntos y arbitraran todos los recursos”– la misma comenzara a marchar “más unida y sin tropiezos” y provocando “un entusiasmo desbordante” en el público que “arrancaba frenéticos aplausos”[429]. De esta manera, en la lógica de los “Capitanes” scouts, había sido precisamente cuando Moreno se alejó de la dirección, que se había asistido a “la época de oro en nuestra querida Asociación”[430].

Así, es probable que fuera en “esa época de franca prosperidad”[431] (que en realidad, según vemos por el relato, sólo había sido el efímero primer semestre de 1914), el momento en que Moreno decidiera retomar el control de la Asociación, lo que significó para el grupo cercano a Christian, una mala noticia, según lo explicarían posteriormente: “Moreno [tomó] la dirección de los Scouts -¡Su único consuelo! según decía; para desconsuelo nuestro; y desde entonces no mandó nadie más que él, y las cosas se hicieron según su criterio y los oficiales quedamos al lado”[432].

Entonces, luego de estas disputas, llegaría en Moreno la necesidad de cambiar el rumbo a fin de volver a tomar las riendas asociativas. Esa segunda reunión de restructuración, situada no ya en la casa del fundador como la primera, sino en el “Touring Club Argentino” de Avenida de Mayo 760, un 8 de septiembre de 1914 a las cinco y media de la tarde, aunque tenía intenciones refundacionales dinámicas, no parece haber supuesto nunca la reorganización del perfil de la práctica en cuanto a valores y orientación, sino la afirmación del poder de Moreno y el cambio de la sede asociativa fuera del control de la YMCA[433].

Sin embargo, por su desarrollo, no sólo generó ciertos reposicionamientos en los apoyos estratégicos en los cuales se sustentaba la agrupación y transformó la imagen asociativa hacia el exterior sino que asimismo produjo tensiones irresueltas al interior del núcleo fundacional. En efecto, la apuesta por la inclusión de una mayor cantidad de apoyos “notables” y mayor colegialidad dio lugar a la existencia de un doble comando en la asociación, personificado en Moreno y Riccheri, con la intervención de otros “terceros” particularmente interesados en ahondar la distancia entre ambos referentes.

Esto se debió a que, junto con la primera reforma del Estatuto que incluía novedades y supresiones diversas[434], se producía el bautismo efectivo de un organismo que hasta entonces no parecía haber tenido más que existencia nominativa, como era el Consejo Nacional, que funcionaba como órgano elector constituido por una verdadera multitud de “selectos notables”, si se permite la aparente paradoja de la expresión.

En efecto, en un inicio, se pretendió que nada menos que 113 importantes nombres convocados por Moreno formaran parte de dicho Consejo. Este número sería luego rebajado –a lo largo del período– a una también imponente aunque no tan tumultuosa cantidad de medio centenar. Mientras que Pablo M. Riccheri presidiría ese primer Consejo ampliado, en la misma reunión se ratificaría para el “Perito” la primera silla del Comité Ejecutivo Nacional (que con el paso del tiempo sería conocido como Junta Ejecutiva y posteriormente, con la reforma de 1926, con el nombre de Directorio). Bajo ese mandato, el fundador de la ABSA intentaría rápidamente (en la siguiente reunión de Comité, realizada el 2 de octubre de ese año) retomar la iniciativa restructuradora, inaugurando un libro específico de actas para dar cuenta de las reuniones por él presididas.

Como pudo advertirse desde un primer momento, la iniciativa de Moreno, fiel a su estilo repentista y algo dramático, había cumplido cabalmente con sus efectos escénicos. La cantidad y “calidad” de “notables” a los que se convocaba para dar nueva forma a la asociación, pidiéndoles su aval y aceptación para integrar su Consejo Nacional, no podían ser más destacadas.

Si la presidencia la ocupaba uno de los más destacados generales de la Nación, como Riccheri, las vicepresidencias –como muestra de la atención siempre dada a la difusión periodística– se asignarían a dos nombres de los “grandes” diarios, La Nación y La Prensa: Jorge Mitre y Ezequiel P. Paz, a los que secundarían en las vocalaturas los nombres patricios de Joaquín de Anchorena, Carlos Álzaga, Manuel Láinez, Lucio V. López, Tomás Santa Coloma, junto con otras destacadísimas figuras de la época como Alfredo Palacios, Guillermo Udaondo, Carlos Ibarguren, Matías Sánchez Sorondo y hasta los ex presidentes Julio Argentino Roca y Julio Evaristo Uriburu, ambos referenciados muy poco antes de su muerte, producida en los dos casos –con cinco días de diferencia– en octubre de ese año[435]. A ellos se sumaban importantes presidentes de las comisiones de fomento locales, entre los que sobresalía sin duda a una mirada posterior, el senador Alberto Barceló para el caso de Avellaneda[436].

Con ese levemente forzado envión –luego algo difuminado en el transcurso de las aceptaciones– y la pretensión de una reunión mensual, Moreno inauguraría un nuevo libro de actas, dedicado a las actividades estrictas del Comité Ejecutivo, las que también se desarrollarían en el Touring Club, asociación joven como la scout y hermanada con ella principalmente a través de la presidencia del mencionado Ezequiel Paz, a cargo de esa institución los primeros treinta años desde su fundación y con la que los scouts compartían intereses de promoción del territorio, en este caso, a través del desarrollo del turismo nacional[437].

Así, al iniciar el mes de octubre, Moreno, luego de comentar los pormenores de la reunión precedente, resaltando las urgencias detectadas por la misma, pondría manos a la tarea ejecutiva, designando al entonces encargado de Capital Federal, Victorino Díaz[438], como el Comisionado interino nacional (con lo que desaparecía momentáneamente la figura de Christian de escena) y nombrando asimismo a sus pares regionales[439].

Con precisión relojera, el mismo día del mes siguiente Moreno presidiría la segunda reunión del Ejecutivo scout. En ella, las dificultades de la tarea de gestión en la organización de un movimiento cada vez más heterogéneo y multitudinario, no dejarían de evidenciarse, en especial por la oposición –denominada en las mismas actas como “el movimiento de protesta”– de la mayoría de los scouts de la regional rosarina que se oponían a aceptar al comisionado “impuesto”[440] y que llevarían a Moreno a solicitar la intercesión de –nada menos que– un diputado nacional, Miguel J. Coronado, para calmar la situación[441].

A eso se sumarían pedidos de renuncias por parte de relevantes socios y de miembros del Comité[442], aunque combinados con el ingreso de nuevas “figuras”, algunos del reconocimiento de Ernesto Newbery, hermano de Jorge, socio n° 45 y uno de los pioneros de la práctica del rugby en nuestro país; Pedro N. Arata, el presidente del CNE y socio n° 9 de la Asociación; el ingeniero Guillermo White (quien contaba ya desde hacía 15 años con una localidad que llevaba su nombre); y las primeras mujeres mencionadas en las actas[443], las hermanas Adela y Rosa Mendiburu, también las más antiguas socias de la asociación, con los números 16 y 17[444], en una práctica de integración femenina que se iría volviendo recurrente –aunque no falta de conflictos, como veremos a lo largo de nuestra investigación– y se visibilizaría más entusiastamente con los años, como ocurriría con la “señora de Meriggi”, con objeto que sirviera “como emulación y estímulo para que otras señoras y niñas […] dejen también su nombre unido a la obra del scoutismo”[445].

Pero como había advertido, a través de la resonancia que la prensa había otorgado al movimiento, Moreno sabía que con el apoyo de los “notables” sólo se cumplía con uno de los requisitos de visibilidad, y que para atraer a los niños –o a los padres que confiaran en acercarlos a la institución– sería necesario renovar el instrumento de difusión propio, por lo que en diciembre de 1914 (mientras se publicaba un boletín informativo que ya llevaba 5 números) delegaría en Daniel Moreno y Carlos A. Palacios, el diseño de un órgano gráfico, que fuera vocero institucional y se denominara Siempre Listos[446], el que pretendía un tiraje de tres mil ejemplares[447] y reemplazaría al anterior El Scout Argentino fogoneado por Christian.

Por otro lado, la extensión territorial del scoutismo luego de menos de tres años de prédica institucional ya era un hecho, hasta llegar del mismísimo “confín” nacional, Ushuaia, la noticia que allí había jóvenes dispuestos a constituir una patrulla[448].

Sin embargo, más allá de los pormenores que permitían ver la vitalidad de la institución, sería la larvada disidencia al interior del Comité Ejecutivo, la que comenzaría a enervar y luego descorazonar los ánimos de Moreno, finalizando por su desafectación del liderazgo institucional y su renuncia en agosto de 1915 al cargo de Presidente, negándose a tener por colegas a “los señores Victorino Díaz y Modesto Quiroga”, a los que los definía como “dos de los demoledores de lo que construimos nosotros” y entendiendo sus posturas como la de “anarquistas que no respetan patria ni ley”[449]. A esas diatribas contra (nada menos que) el comisionado nacional y el secretario de la asociación durante su presidencia, Moreno agregaría su negativa a participar en la asociación mientras “los capitanes de compañías de Scouts, incluso Don Ángel Braceras Haedo, pertenezcan al Comité Ejecutivo”[450].

Con Modesto Quiroga las disputas pueden rastrearse en el comienzo mismo de la etapa de restructuración, a raíz de las disidencias que éste tenía en relación con la falta de un programa presupuestario y la ausencia de claridad en la gestión financiera de la institución. Ante este reclamo, Moreno le respondería que al no haber más plata que la poca que daban los socios, no era necesaria semejante aparatosidad en la cuestión financiera[451].

Pero la discusión final explotaría en abril de 1915, cuando Moreno, escudándose en la falta de concurrencia diaria tanto del secretario como del comisionado (Quiroga y Díaz) a la institución, que generaba en su opinión la imposibilidad de responder a la correspondencia, lo que producía un “grave perjuicio al desarrollo del movimiento”[452], arremetiera contra dichas investiduras y propusiese que se le autorizase a “contestar por si solo la correspondencia en ausencia de los señores Secretario, como también a dirigirse a los Capitanes de Scouts de la Capital Federal”[453], supliendo en este último caso al Comisionado.

Aunque con carácter “provisorio”, Moreno solicitó al Comité una especie de otorgamiento de facultades extraordinarias, que le aseguraran el cumplimiento del triple rol de Presidente, Secretario y Comisionado, funciones que efectivamente asumiría en la reunión posterior, al designar por su cuenta a un Capitán de la compañía de Villa Urquiza[454], acción que –en principio– competía al Comisionado. Por la correspondencia existente en el “Museo de la Patagonia”, podemos efectivamente ver que Moreno se llegó a adjudicar ambos cargos, al firmar como “Presidente y Comisionado”[455]. Así, los fantasmas de su imposibilidad de delegar y de su personalismo volverían a acecharlo, de la misma manera que lo habían hecho en su conflictivo paso por la dirigencia educativa.

El “Perito”, convertido ya hacía años en una especie de “prócer” viviente, no podía –sin embargo– superar los escollos que le oponían otros “egos” persistentes y ciertas prácticas burocráticas que –como en el caso de la mencionada por Quiroga, a partir de una simple petición de un plan presupuestario– le limitaban el poder de acción en proyectos que no podía dejar de considerar, finalmente, como personales, a pesar de la conciencia que él mismo tenía en que éstos –por su magnitud– debían contar con el apoyo de otros seres humanos.

Ante el contraataque de sus ocasionales rivales, siempre “menores” pero tenaces, Moreno solía optar por “tirar el agua con el niño dentro”. Así sucedería cuando, por intermedio de Argentino Acerboni[456] quien –con alrededor de 25 años de edad– funcionó en este caso como el vocero encubierto de los deseos de Moreno y el encargado de realizar la propuesta (a raíz de que “el sr. Díaz no tiene tiempo disponible para continuar al frente del puesto”[457]) de pasar de la delegación provisoria de la tarea de Comisionado, a directamente ratificar la doble función de Moreno.

Frente a esta avanzada, Moreno se encontró con la oposición de Modesto Quiroga, quien amparándose en la Carta Orgánica de la institución, le recordó que eran incompatibles los puestos de Presidente y Comisionado. En elocuente comparación, Quiroga ejemplificaría que el pedido de Moreno sería equivalente a que el Presidente de la Nación pretendiese ocupar el cargo de uno de sus ministros[458].

Luego de expresada la negativa de Quiroga, Moreno sería el encargado de tomar la palabra, retomando los antiguos argumentos de necesidad de eficacia, y de la misma manera que había hecho en la discusión sobre su renuncia en la Cámara de Diputados, se retiraría de la sala, con la explicación formal “de dejar mayor libertad al Consejo de sus deliberaciones”[459], pero con la intención subyacente de demostrarse “olímpico” por sobre esas mezquindades que se discutían.

Huérfanos de su jefe, los miembros del Comité más cercanos a Moreno, comenzando por el Vicepresidente, remedarían el rol que en la Cámara de Diputados había sabido llevar Carlés. Así, en tono panegírico que no ocultaba del todo el reconocimiento de cierta disposición caprichosa del líder, diría su primo Tomás Santa Coloma: “Hay que servir y acompañar al hombre en bien de la institución, puesto que él está dispuesto a sacrificarse mucho más de lo que al presente se ha sacrificado”[460]. Frente a la incomodidad, su amigo Onelli, intentaría conciliar promoviendo, bien la continuidad de la provisoriedad de la función de comisionado, bien la decisión de ampliación formal de esas funciones a la condición de presidente[461]. En el marco de esa negociación abierta, finalmente, Acerboni y Daniel Moreno terminarían acentuando en sus alegatos las tensiones a favor de la posición del presidente.

Sin embargo, Modesto Quiroga –pensando quizás que la próxima víctima de la extensión de funciones podría ser él– se mantendría impasible, horadando lo que Moreno más buscaba preservar: su condición de indispensable. Así, el secretario, en un impagable alegato, sostendría:

Estamos interesados en servir lo mejor posible los ideales de la sociedad y la armonía de su obra. He venido y estoy aquí para servir ideas. La amistad y afectos personales que me unen al Sr. Presidente son conocidos y en nada menos íntimos que los sentimientos que puedan sentir los demás miembros y amigos suyos […] El comisionado Gral. Interino señor Díaz es trabajador y convencido por los ideales del scoutismo […] Es necesario que venga a sesión, que le escuchemos. Hablo así porque así pienso y siento servir mejor a los fines de nuestro movimiento […] No olvidemos que recientes desgarramientos han dejado semillas perturbadores en el ambiente y en los corazones[462].

Al terminar la discusión debía producirse la votación de la moción de otorgar el cargo de Comisionado interino al Presidente, la que –para agudizar el tenso suspenso– terminaría empatada en tres votos por lado. Frente a esto, Onelli interrumpió diciendo que antes figuraba su moción, que aunque más amplia en la cesión de facultades al presidente era más difusa en términos de ocupar el cargo de Comisionado[463]. Un nuevo empate en tres, entre positivos y negativos, terminó obligando al mismo Moreno a desempatar, escogiendo por ratificar la moción de Onelli, y definiéndola –a la vez que exponía la desazón espiritual ante la victoria pírrica– como una “tregua” que favoreciera “una resolución satisfactoria de la situación creada, sin violencias para nadie”[464]. Finalizando el acta, se invitaba al Comisionado Victorino Díaz a comparecer.

Sin embargo, a la sesión siguiente, Díaz no sólo no se presentaría sino que elevaría su renuncia. Para peor, tampoco asistiría a la reunión el mismísimo Moreno, en un impulso que no le era nada extraño. Al tener quorum, el Comité resolvería sesionar sin la presencia de su alma mater y delegaría la presidencia de la sesión en Onelli, quien luego la cedería –a su vez– al vicepresidente, Santa Coloma, al momento de su tardío arribo a la reunión[465]. En ella se aceptaría (con la única disidencia de Quiroga), la renuncia indeclinable de Díaz al cargo de Comisionado Federal, quien la había sostenido bajo la idea que “la organización del movimiento de la sociedad es imposible bajo la actual presidencia”[466], pero se rechazaría la dimisión de su carácter de Comisionado de Capital Federal. Asimismo, al ser derrotada la moción que pedía trasladar el cargo de Comisionado Federal a Moreno, frente a otra victoriosa que le otorgaba los poderes de manera provisoria hasta que se resolviera la cuestión de incompatibilidades, la solución que el Comité pretendía ser salomónica, resultaba ser –en cambio– en la lógica de Moreno, una especie de rebajamiento de su natural liderazgo que se agravaba en cada votación no unánime y en cada vuelta más de tuerca a algo que debería haberse resuelto –en su perspectiva– de manera expédita a su favor.

A pesar de continuar unos meses más, en los que seguiría dando cuenta de las novedades institucionales y en los que haría gala de su “doble cargo”[467], Moreno había comenzado –en su fuero interno– la despedida de la asociación, decepcionado y dolido. Muestra de estos sentimientos son las palabras que dirigiera a sus colegas del Comité Ejecutivo Nacional en la reunión del 30 de julio:

Poco hemos adelantado durante este tiempo […] Los hechos no han respondido a las esperanzas fundadas en la conveniencia de desarrollar el verdadero scoutismo en la República. Hoy nos encontramos, con que debido a un error de procedimiento y cuyas consecuencias expresé al constituirse el Consejo Nacional, puede decirse que no existe éste. Muy pocas personas de las nombradas para componerlo, contestaron nuestra comunicación al respecto, y menos han sido los que al aceptarlo se han puesto en condiciones reglamentarias[468].

A estas palabras amargas, sumaría el temor por la desaparición de la revista Siempre Listos y la duda sobre la capacidad de “establecer la cohesión de la asociación en la República” y “mantener a esta en su carácter de Nacional”[469]. De esta manera, Moreno parecía reprochar –también– a Riccheri cierta inacción en el campo del Consejo Nacional, en el que se habían puesto las fichas para levantar el perfil asociativo.

Así, a la suma de las anteriores peleas, Moreno sumaría un tercer y decisivo distanciamiento con el Presidente del Consejo Nacional, sobre el que finalmente señalaría que “lo que pudo hacerse a favor de nuestra Asociación, lo impidió el General Riccheri con su ignorancia de lo que es scoutismo y sus debilidades incomprensibles”[470]. Aunque la contundencia de la frase no parece haberse acompañado de una enemistad personal con el general, con quien siguió manteniendo correspondencia y contando con él para otras iniciativas[471], lo cierto es que demostraba el arrepentimiento de Moreno ante la elección de una parte importante de quienes lo acompañaron en el intento reorganizativo.

Luego de la última reunión producida a fines de julio, se desencadenaría la desafección sentimental definitiva de Moreno con respecto a la asociación, a pesar de los constantes intentos de volver a atraerlo a la misma. Si bien siguió figurando como miembro de la asociación, sólo era nombre decorativo en los listados, a los que se lo seguía incorporando –como hemos visto– sin su aceptación formal y, luego, a pesar incluso de su desacuerdo explícito. En ese sentido, Moreno todavía figuraría –incluso– como vocal electo de la Junta Ejecutiva en momentos previos a la “estatización” (en la que también aparecían los nombres de Díaz y de Riccheri), según puede colegirse por el diario La Época del 11 de mayo de 1917.

Pero la asociación scout no tenía ya más sentido para él. Cuando recibió una nueva invitación formal a participar en ella, el 21 de junio de 1917[472], por parte del presidente scout de entonces, el general Ramón Ruiz, y del secretario de la institución, Ángel Braceras Haedo, las anotaciones hechas en lápiz sobre otro tema, de aparente letra y puño del “Perito”, parecen remarcar la poca importancia dada por éste a dichas invitaciones[473] y la renuencia sobre su efectiva aceptación a participar, tal como se anunciaba en la reunión directorial del 25 de julio de 1917[474]. La desafección era tal que incluso –en riña con la imagen de “desapego total” al dinero con que posteriormente se ha construido su imagen canónica– no rehusará cobrar unos 90 pesos m/n que consideraba que la asociación le adeudaba por gastos hechos durante su presidencia[475].

En síntesis, el tiempo fundacional de Moreno había pasado, incluso aunque todavía años más tarde, algunos entusiastas locales que querían organizar el movimiento en sus ciudades, como el señor Luis A. Cardin de General Villegas, siguieran enviando cartas a la Junta Ejecutiva, en las que lo seguían suponiendo presidente de la ANBSA, provocando la no del todo velada insatisfacción de las nuevas autoridades[476]. En ese sentido inmanente sí, su presencia –como la del Cid– se mantendría indeleble hasta hoy en la identidad scout.

El breve interregno Riccheri. Imposibilidades de un acuerdo con Moreno adentro, inviabilidad de dejar al “morenismo” afuera (1915-1916)

Como hemos visto, la vara alta de “notables” establecida por Moreno para el Consejo Nacional, si bien resultó efectiva en cuanto a distinción y visibilidad pública, tenía su negativa contraprestación en la dificultad de lidiar con inflados “egos”, pasibles de ser acicateados por otros personajes más satelitales. Si como hemos visto, Moreno tenía calles en su nombre y el Ingeniero White incluso un pueblo homónimo en su homenaje, estaba claro que Riccheri tampoco tenía mucho que envidiarle a la figura ya procerizada del “Perito”. Al igual que él, Riccheri ya contaba con calles con su nombre, como se le informaba en una carta del Subdirector de Arsenales de Guerra, que le expresaba esa denominación para la avenida que corría de Bella Vista a Campo de Mayo[477], y como a él, le llovían cartas solicitándole su influencia en diversos ámbitos, en especial el educativo, a fin de conseguir puestos[478].

El camino que llevó a la intervención de facto de Riccheri del Comité Ejecutivo, comenzaría con la disputa ya señalada entre Moreno y Quiroga en relación con los destinos de la ABSA. En efecto, al no resolverse la situación en ningún sentido frente al eventual retiro de dichas personas en disputa y al haber pasado varios días de aparente inactividad societaria, algunos de los dirigentes procurarían reunirse el 15 de septiembre de 1915, en el Touring Club y bajo la forma de Comisión Especial para –como hemos visto, bajo la presidencia de Clemente Onelli– “informar sobre las incidencias ocurridas ente el señor Presidente y el Señor Secretario”[479]. Lo curioso es que en vez de definirse sobre dicho tema, dicha comisión caería en cuenta que según los Estatutos, había “caducado la actual Junta Ejecutiva, por haber vencido el año que debía durar sus funciones”[480]. Al dejar pasar el tiempo, la comisión había vuelto cualquier decisión inocua y eso le permitiría recomendar la realización de una convocatoria a renovación de las autoridades.

En el ínterin, Modesto Quiroga –el ya “enemigo” de Moreno– recibiría una carta de fuerte respaldo, firmada nada menos que por Arturo Penny (recordemos, el fundador de la primera patrulla scout), quien desde Paraná lo reconocía como interlocutor privilegiado, lamentando “haber estado afuera cuando usted me llamó [ya que] habría sido un verdadero placer para mí poder hablar con Usted sobre scoutismo”[481], a la vez que criticaba acerbamente al presidente ya renunciante, del que se quejaba de “haberse comportado desaprensivamente con nosotros”, en una referencia plural que dejaba entrever la cercanía política de Penny con Russell Christian, de quien mencionaba que podía “testificar a través de toda la correspondencia” que habían llevado juntos, que “el presidente [Moreno] había deshecho” todos los avances de la reorganización, al “no mantener sus promesas”[482].

Rápido de reflejos, Modesto Quiroga definiéndose con un cargo débilmente legitimado de “presidente provisorio de la Asamblea”, junto al “secretario” Ottonello, escribiría a Riccheri, el 20 de octubre de ese 1915, adjuntándole una copia de la resolución de la Asamblea de “un grupo de socios” (agregado con lapicera en el original a máquina), en la que se señalaba que entendían que el general era “la autoridad legal de la Asociación” y que por ello se apelaba “a su patriotismo reconocido para que contribuya a restituirla a su vida normal”, convocando a una Asamblea general extraordinaria[483].

Así, frente a las rispideces en el Comité Ejecutivo y la acefalía que determinó la salida de Moreno, las miradas para salir del atolladero institucional giraron en torno al presidente del Consejo Nacional, Pablo Riccheri, en ese momento de su vida, ofuscado por sus problemas de vista que finalmente le impedirían realizar según lo previsto el viaje profesional a Europa que tanto había ansiado. Sin casi ningún contacto efectivo previo con el día a día asociativo, según parece desprenderse de la exigua correspondencia, que al menos en ese sentido hemos podido hallar en su archivo personal, le será casi impuesta al general, ocupado más bien en otras cosas por esa época[484], la tarea de reactivar el funcionamiento de la ABSA.

Así, y luego de más de cuatro meses de virtual acefalía del Comité Ejecutivo y de inacción absoluta desde su inicio (tal como lo había denunciado Moreno) por parte del Consejo Nacional que el mismo Riccheri presidía, el entonces General de División decidiría tomar –el 25 de noviembre de 1915– el toro por las astas y retomar las hojas del casi virgen libro de actas institucional (donde sólo figuraban la reunión fundacional de 1912 y la de reorganización de 1914) para declarar efectiva –en su condición de presidente del Consejo Nacional– la “Intervención” de la ABSA, a fin de “resolver dificultades surgidas de la marcha de la asociación”[485], ante “la petición colectiva de un grupo respetable de miembros”[486] de la misma.

Podría decirse, en forma menos elegante, que Riccheri estaba operando en su condición de presidente, a favor de una de las facciones que se habían disputado el control asociativo, toda vez que se desligaba de cualquier responsabilidad previa, en tanto indicaba que su misión tenía por objeto “procurar la regularización de la marcha de la Institución, actualmente perturbada por dificultades que se han producido, con anterioridad a mi intervención”[487].

Curiosamente, el mismo general Riccheri nos confirma tan palmaria muestra de inacción en el cargo por el que había sido elegido, que su resolución primera luego de proclamada su intervención, sería la de “asumir la presidencia” por la que había sido elegido hacía ya más de un año y convocar a una reunión de Consejo, abriendo un libro aparte para llevar el reporte de las sesiones, tal como había hecho el “Perito” previamente con las de la Junta Ejecutiva, y en el que se llevaría los apuntes de su estrenado rol como Presidente de la Comisión Directiva.

Este acto será ignorado por Moreno que en duras palabras desconocería la legalidad de la dirección de Riccheri, negándose además a entregar las pertenencias de la asociación (entre ellas el Libro de Actas) que obraban en su poder, hasta tanto no fuera una asamblea que él reputara como legítima la que conformara una nueva dirección colegiada[488]. Esta actitud ya había sido adelantada por Moreno y se centraba en una sola persona, de esta manera: “No podré asistir a la reunión a que en su nombre invita el secretario general mientras el Dr. S[eñor] Modesto Quiroga ocupe ese cargo u otro cualquiera en el Comité Directivo o en el Consejo Nacional”[489].

Finalmente, y en una carta en respuesta a una misiva anterior de Riccheri, Moreno terminaba de completar sus objeciones, señalando que la sesión que habían desarrollado era ilegítima ya que no podía modificarse de esa manera los estatutos[490]. Luego de dicha impugnación formal, Moreno pasaría a una nueva reflexión pesimista más general, sosteniendo que de persistir las irregularidades, se corría el peligro “de que la Asociación Boy Scouts Argentina sea suplantada por otra”, con lo se comprobaría con ello “la afirmación de que (sic) los Argentinos somos incapaces de esta clase de organizaciones”, lo que se contrapondría con los scouts de Chile, a los que Moreno tomaba como ejemplo de disciplina “con sus quince mil afiliados y disciplinados (sic)”[491].

Por el lado de Riccheri, luego de dictar la intervención asociativa, en el libro fundacional al que le seguía a la copia de esa decisión una hoja presumiblemente arrancada (la que llevaría numeradas las páginas 13 y l4), se explicitaría la decisión bajo su nueva dirección –por lo que puede verse a partir de la numeración de la página 15– de imponer como Libro de Actas del Consejo Nacional, aquel en el que ya habían sido estampadas las impresiones de las dos primeras reuniones, la fundacional y la reorganizativa.

A partir de esa página n° 15 se detallaban las primeras resoluciones tomadas por Riccheri desde el día 2 de diciembre. La primera sería la intimación, a través de cartas dirigidas a los 113 miembros elegidos del Consejo (algunos de los cuales, como los ex presidentes Roca y Uriburu, ya habían muerto) a que se decidieran finalmente a aceptar o rechazar la designación con la que se los había investido.

En algunos casos, Riccheri lograría el aval de “notables” de la talla de Ricardo Rojas o Carlos Aldao y de dirigentes fundacionales como Frank Soler, quien incluso agregó “agradecido” a la aceptación[492]. En otros, recibiría el duro “no acepto” de figuras del nivel de Gregorio Aráoz Alfaro; negativas que podían ir desde el perfil suavizado y justificadas por la “falta absoluta de tiempo”[493] de Ángel Gallardo a otras que tocarían la ironía más amarga y desafiante, como la respuesta de aquel invitado que respondería, antes de recordar que el iniciador del movimiento era “mi distinguido amigo el Dr. Moreno”, con un encabezado que decía lo siguiente: “Señor Presidente (1) de la Asociación Boy Scouts Argentinos” y en el que la nota (1) a la que se hacía alusión diría: “No pongo su nombre y apellido en razón que no entiendo su firma”[494]. En la situación intermedia, parecían estar miembros cercanos a Moreno, incluso en términos familiares como su primo Santa Coloma, pero conciliadores con la nueva gestión. Dicho futuro Jefe Scout respondería: “Es entendido que mi aceptación es sólo por el tiempo necesario para la reorganización de la sociedad”.[495]

Un caso que particularmente llama la atención es el de Ezequiel Paz, quien como señalábamos era el director de La Prensa y ya había aceptado formar parte del Consejo por pedido de su amigo Moreno, prestando incluso los locales del club que presidía, para realizar las primeras reuniones de la dirigencia scout. Era entendible su poca disposición a participar, al retirarse Moreno; sin embargo, lo que aparecía con un tono algo disonante eran las razones aducidas. Paz justificaría su rechazo a ser nombrado nuevamente vicepresidente, algo que definía como “una distinción que mucho aprecio y agradezco”, a partir de señalar curiosamente:

[T]engo como norma de conducta invariable no aceptar esas designaciones a fin de conservar la mayor independencia posible, para juzgar en las columnas de “LA PRENSA” los actos de las colectividades y cooperar así a su mejor y más lisonjero éxito con la publicidad de noticias y comentarios[496].

Decimos que la respuesta resultaba algo dudosa en su sinceridad, ya que Paz venía desde hacía rato “juzgado en las columnas de La Prensa” dichos actos y sin embargo previamente no había tenido problema en aceptar el cargo que ahora rechazaba.

Pero a diferencia de Paz, que tenía claro conocimiento acerca de qué se trataba la asociación, hubo diversos “notables” que habían recibido poca o ninguna información acerca de haber sido incluidos un año antes en el listado de miembros del Consejo Nacional. Frente a esta situación de incorporación de los nombres de manera no consentida, Riccheri –que en teoría había presidido esa instancia desde 1914– se desentendería abiertamente.

De esta manera, en esa página n° 15 de las actas, volvería a reafirmarse el desconocimiento de lo actuado previamente, dejándose en claro que, en su actuación, Riccheri vendría a “procurar la regularización de la marcha de la Institución, actualmente perturbada por dificultades que se han producido con anterioridad a mi intervención”[497]. Así, en su segunda resolución, para resaltar la magnitud del cambio de conducción, Riccheri informaba su decisión de “jugar de local”, al pasar el lugar de reuniones del Consejo Nacional, del Touring Club al Círculo Militar (que presidía desde 1913 y que estaba cito en la calle Florida 221)[498].

Para el traslado de la dirección scout, el General se aseguraría la legitimidad de sus pares castrenses, haciendo avalar la decisión que –de alguna manera– emparentaba a los scouts con el Ejército, al homologarlos bajo un mismo edificio de reunión. Resulta llamativa en ese sentido, la carta firmada por el vicepresidente del “Círculo” y su secretario, que simulando aparentemente “desconocer” que Riccheri presidía dicha institución, le informaban, pero siempre en su calidad de presidente de los Scouts y no del propio “Círculo”, que la Comisión Directiva del “Círculo” (es decir, la que él presidía) ponía a disposición de los scouts “el salón de sesiones para sus reuniones, el local social para que tenga lugar sus asambleas y una pieza para Secretaría”[499].

A partir de esa mudanza al “Círculo”, en cada decisión de Riccheri, junto a su firma figuraría la de puntano Modesto Quiroga, principal rival de Moreno en ese trajinado año de 1915 que llegaba a su fin. Teniendo así, como motor de funcionamiento institucional a Quiroga en su condición de secretario, Riccheri emitió una nueva resolución pocos días después, en la que se invitaba a una sesión especial, con motivo de “reunir antecedentes relacionados con la marcha anterior de la asociación”, a quienes “han tenido una intervención más directa en el gobierno de la sociedad”[500]. Entre ellos, figuraba el nombre de Moreno. No podemos pensar más que el objeto de reunir antecedentes era marginal, frente a la necesidad evidente de ver, dentro de la antigua junta ejecutiva, quienes estaban interesados en volver a integrarse a la dirección, ahora bajo la férula del general Riccheri.

Así, finalmente, el gran día de reunión del Consejo Nacional que había añorado inicialmente Moreno en su intento de reorganización llegaría, más de un año después, el 30 de diciembre de 1915. Sin embargo, en la mesa de la Biblioteca del “Círculo Militar”, donde se llevaría a cabo el cónclave, Moreno no estaría presente.

Es más, de los 113 consejeros elegidos originalmente en aquel intento de restructuración institucional, sólo se presentaría quince[501]. Frente a ellos, Riccheri expresaría que venía a prestar su “modesto concurso” (el adjetivo no podría haber sido mejor elegido, pensando en el nombre de su aliado) para “salvar de la disolución una institución llamada a prestar valiosos servicios a la cultura del país”[502]. La forma que encontraba para ello era asumir provisionalmente el gobierno de la institución[503] y proyectar una nueva reforma del estatuto que encargaba a un triunvirato conformado por Daniel Moreno (¡el hermano del “Perito”!), Frank Soler y Teófilo Gatica[504]. La reunión finalizaría –fogoneada por Victorino Díaz y por el coronel Agustín P. Justo[505], quien daría su primera alocución al interior de la dirigencia scout– con la solicitud “espontánea” de extensión de “amplias facultades” para el presidente Riccheri en cuanto a la evaluación de los “Capitanes” de las compañías, a los que se les cuestionaba en muchos casos la formación[506]. Es decir, prerrogativas correspondientes a un Comisionado. No era otra cosa diferente a la que Moreno había intentado previamente…

Finalmente, al llamar a la Asamblea Extraordinaria, en una reunión ampliada de la que podrían participar no sólo los miembros del Consejo, sino también los socios vitalicios, suscriptores y protectores y “hasta” los “Capitanes” de las compañías[507], Riccheri logró convocar el día 24 de marzo, a 34 participantes. A pocos días de la primera elección presidencial posterior a la Ley Sáenz Peña, nadie pudo desconocer que en esa nueva reunión –afín al tono de época– se sentiría la disputa entre los sectores de la “alta notabilidad” frente a las presiones por la democratización creciente sostenida por la participación de otros actores institucionales (los “entusiastas”), a los que ciertamente Riccheri había beneficiado al “abrir el juego”.

Resulta interesante la mirada posterior de Moreno sobre esa decisión de ampliación participativa, ya que en ella, un civil –como era el “Perito”– cuestionaría duramente la falta de disciplina militar que –a sus ojos– el general habría demostrado al tomar dicha decisión ampliatoria. Haciendo un parangón entre la representatividad scout y la jerarquía militar, Moreno razonaría: “Siempre será un misterio para mí, como pudo el General aceptar que cabos y sargentos tomaran parte en la elección de un estado mayor”[508]. Nuevas paradojas en torno al “militarismo” scout, el civil cuestionaba la autoridad del militar, quien sin duda había optado actuar –al menos en ese ámbito– bajo las reglas de la política democrática antes que bajo las estrictas órdenes jerárquicas castrenses.

Indudablemente, al poner en pie de igualdad a los “Capitanes” (los “entusiastas” jefes de las Compañías), la maniobra de Riccheri suponía apoyos muy cotizados en el mundo “específicamente” scout. Uno de ellos, el del pionero del movimiento y “Capitán” de la 1ª Compañía de Talleres del Ferrocarril Sud, Arturo Pearson, quien no sólo aceptaría participar en dicha asamblea sino agregaba su confianza en que “con el nuevo impulso que se la ha dado y bajo la digna dirección de Vd., nuestra asociación progresará con pasos firmes al mayor éxito”.[509] La misma opinión positiva vendría de la mano de Russell Christian, quien en una nota con membrete de la YMCA, aceptaba el cargo “que mis compañeros se han dignado concederme”, agregando que creía tener “un derecho moral de pertenecer a dicho Consejo, dados los servicios que me fue permitido prestar al movimiento en los primeros años de su existencia entre nosotros”.[510] Finalmente, Christian demostraba abiertamente lo que Penny ya había adelantado a Quiroga el año anterior –el profundo desacuerdo de ambos con Moreno– al señalar que “si no he podido participar activamente en los trabajos de la Asociación durante los últimos dos años, no ha sido por culpa mía”[511].

Como vemos esta triple desafección de los principales entusiastas pioneros del scoutismo con el fundador de la asociación parece romper, o al menos matizar, la idea del socialista Giménez acerca de que la irradiación posterior de Christian de la ABSA se debió básicamente al triunfo de los reputados “militaristas” y “nacionalistas” frente a los vindicados como “humanistas” e “internacionalistas”. Podemos hipotetizar que se trató, en cambio, de una trama mucho más sinuosa y de maquinaciones mucho más imperfectas, sometida a los vaivenes de la cotidiana tensión incubada en los malentendidos y decursos personales de diversos “notables” y de varios “entusiastas”, a los cuales el proceso de “nacionalización” reorganizativa les fijo una agenda de legitimación pero sin establecer un derrotero obvio y prefijado para cada uno de los actores.

Cuando se decidió en Asamblea, que un cupo de “Capitanes” Scouts[512] participaran dentro del Consejo Nacional, junto a la totalidad de resto de los socios miembros presentes con voz y voto, el giro de “plebeyización” de la institución pareció haber quedado claro. Al menos para actores como Juan José Biedma[513] y Luis A. Huergo[514], allegados a Moreno y fortísimos cuestionadores –por otra parte– de la decisión de ampliación democrática saenzpeñista[515], quienes –una vez conocida la nueva orientación participacionista– precipitaron inmediatamente su pedido de renuncia[516], la que –sin embargo– luego reconsideraron rápidamente una vez que, como en el caso de Huergo, les fueran reconocidos y restablecidos ciertos honores personales y distintivos[517].

Más allá de (o quizás, debido a) su marcialidad militar, Riccheri parecía haber “plebeyizado” en parte la ABSA, concibiendo una reunión algo particular, en la que los miembros presentes de la Asamblea se habían constituidos en sus propios votantes, llegando a introducirse, por otro lado, dentro de la lista, a personas ausentes. Irónicamente, una de ellas sería la del recurrente Moreno, quien comenzaría su larga experiencia de ser incluido en la dirigencia scout, sin su connivencia. Entre aclamaciones, la Asamblea algo sui generis se cerraba dándole la presidencia provisoria a Riccheri.

A pesar del entusiasmo, las dificultades de la dinámica institucional se evidenciaron sin demora. A sólo una semana de la Asamblea, el Consejo Nacional debería suspender su primera reunión debido a la falta de quorum[518], para luego realizar sin dicho requisito, el cónclave del 11 y 13 de abril de ese 1916, en el que fue elegido –luego de innumerables rodeos– el General Ramón Ruiz como presidente.

Es que la resistencia de los sostenedores de Moreno (quien directamente había hecho devolver la comunicación en la que se le señalaba como miembro conciliar) y de los opuestos a la “plebeyización” se haría notar, por lo que el secretario debió acreditar la renuncia de 6 importantes miembros (Juan José Biedma, Daniel y Francisco P. Moreno, Prudencio Clariá, Argentino Acerboni y Carlos Palacios)[519]. Posteriormente, Santa Coloma, en su condición de primo del ex presidente, buscaría revertir las deserciones, al creer que “habiéndose normalizado la marcha de la Asociación será fácil devolver la tranquilidad a los ánimos trabajados por las divergencias ocurridas”, y estimando, por otro lado, que “las renuncias presentadas están íntimamente vinculadas con la del Dr. [Francisco P.] Moreno de modo que si este retira la suya, todas las demás” serían retiradas, por lo que en consecuencia, se ofrecía “para hacer las gestiones del caso”[520].

Una vez que se decidió el sistema de votación, fue –previsiblemente– el general Riccheri el elegido para la presidencia por unanimidad. Sin embargo, el general ya parecía sólo pensar en cómo deshacerse de la incómoda posición en la que se había metido desde su inclusión en el Consejo Nacional y en evitar responsabilidades que complicaran su –finalmente trunco por otras razones– viaje en comisión a Europa. Por ello, recordaría que él ya había señalado que sólo aceptaría la dirección como forma de transición a la normalidad de la institución, y que por lo tanto –una vez consumada ésta– declinaba el cargo[521]. Luego de insistir sin fortuna, los miembros aceptaron la renuncia, “lamentando los presentes verse privados de su patriótico y eficaz concurso”[522]. Quien lo había acompañado, Modesto Quiroga, hizo lo mismo a su cargo de secretario, en un claro gesto de distender las aguas, una vez logrado el propósito de despejar el fantasma del “morenismo” omnímodo[523].

Al volverse a sufragar candidatos, fue el joven coronel Agustín P. Justo el privilegiado con la mayoría de los votos, superando por igual a Tomás Santa Coloma y al general Ramón Ruiz. En esta ocasión fue Justo quien se excusó, “haciendo presente que el puesto requiere mucho trabajo y consagración que él no puede prestarle por sus múltiples ocupaciones”[524]. Con su renuncia Justó intentó forzar a continuación, que quien había salido segundo –Santa Coloma– fuera elegido por mera aclamación. Esta jugada no surtiría efecto frente al resto de los miembros, quienes consideraban que esta no parecía una forma muy “democrática” de elegir. Ante la opción obligada, y lo “contaminada” de “morenismo” que todavía para un grupo quedaba la figura de Santa Coloma, la mayoría terminaría optando –en una nueva elección y presumiblemente entendiéndolo como “mal” menor– por Ramón Ruiz, en relación de 13 votos a 6. Un militar sucedería a otro militar.

Los modestos pero redituables frutos del bajo perfil. Los comienzos de la gestión de Ramón Ruiz: de la “normalización” a la “institucionalización” (abril de 1916-noviembre de 1917)

Luego de resultar elegido el 13 de abril de manera tan indirecta, el general Ruiz[525] comenzó su gestión convocando a una reunión de la Junta Ejecutiva, el día 8 de mayo de 1916, que contó con la presencia de ocho de sus miembros. En ella se mantuvo como sede el “Círculo Militar”, reteniendo así su duradero vínculo con la ABSA[526]. Con la intención de continuar el proceso de “normalización”, Ruiz comenzaría incluyendo una propuesta de separación de la Capital Federal en 20 circunscripciones para el desarrollo jurisdiccional de las compañías, en concordancia con la división administrativa de ese momento. Cada asociación barrial podría contar con subcomisiones, demostrando así la vitalidad del movimiento en la ciudad de Buenos Aires, que permitía la posibilidad de más de una iniciativa en cada jurisdicción[527].

Sin embargo, el ímpetu transformador debía ser acompañado por cierta maduración institucional. Ello hacía que los cambios propuestos no siempre resultaran inmediatos y, en ocasiones, se desvanecieran. Todavía en 1920, como se infiere de la memoria anual de la Asociación, las compañías de Capital Federal continuaban en un gris jurisdiccional entre circunscripciones administrativas, referencias barriales o escolares y seccionales policiales. Esta variancia se palpa en la mención de la compañía dirigida por Natalio Borga[528] que incluía dos circunscripciones (la 8ª y la 12ª) y una sección policial (la 18ª, que tomaba parte de los actuales barrios de Constitución y San Cristóbal); a diferencia de cómo se nombraba a la regional scout presidida por Julio Ángel Méndez, a la que directamente se la reconocía como “de Caballito”[529]. En otros casos, el encuadre estaba basado en la dependencia educativa, como pasaba con la compañía de la “Escuela Ramos Mejía”, referida en la dirección de Pascual Rozada[530]. A pesar de los intentos de transformación, las jurisdicciones de las compañías porteñas nunca podrían ser adaptadas ni al modelo de “división política” ni al de “distrito escolar”, como en ocasiones se intentó. Sin embargo, la confusión por la delimitación de las áreas de las compañías porteñas en secciones policiales (siempre muy popular entre las mismas) o circunscripciones electorales seguiría siendo problemática todavía hacia 1924 y supondría denuncias de algunas compañías sobre otras, por constituirse posteriormente dentro de su reclamado ámbito de acción[531]. Eso haría que avanzada la institucionalización, se mantuviera triunfante la referencia de la “sección policial”, en Capital Federal, para delimitar los ámbitos de acción de cada Comisión de Fomento scout.

Aunque en el plano político institucional se consiguió una tregua –siempre inestable[532]– con el grupo que todavía parecía responder a Moreno, a partir de ciertos gestos dados de uno y otro lado (el retiro de las renuncias que se habían elevado durante la gestión Riccheri por parte de los “morenistas”[533] y la decisión de la nueva comisión directiva de tomar como propio y pagar el encargo a la editorial Escoffier, Caracciolo y Cía., de unos libros de primeros auxilios mandados a imprimir en la gestión fundacional[534]); en el ámbito financiero siguieron los problemas de rutina, al informarse la resolución del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de dividir en dos cuotas el pago del subsidio que le correspondía a la ABSA. Esto ocurría en el momento en que tocaba a su fin el mandato de Victorino de la Plaza, de quien a pesar de los intentos, nunca lograría la ABSA recibir un efectivo padrinazgo[535], en épocas de mantenida crisis económica generalizada, marcadas por la depresión económica ocurrida entre 1913 y 1917[536].

En ese sentido, un desafío para la nueva administración resultó ser la participación de los festejos del Centenario de la Independencia a realizarse tanto en Tucumán como en Buenos Aires. A pesar del deslucimiento relativo que dichos fastos tuvieron en relación con los del “Centenario” de Mayo, la “llegada” que la ABSA mantenía con muchos de los miembros honorarios de la Comisión (en especial, con Pablo Riccheri, pero también con Rosendo Fraga y Luis Dellepiane), le permitió recibir un importante subsidio de 5000 pesos, con el cual costear la participación de niños y dirigentes en los mismos. Más allá del dinero, la ocasión presentada resultó particularmente provechosa para difundir la prédica[537].

Indudablemente el dinero recibido para la ocasión resultaba en exceso atrayente para las debilitadas arcas institucionales, ya que casi quintuplicaba lo que el Gobierno había decidido otorgarle ese año a la ABSA en concepto de subvención, en el marco de una dirección que había comenzado su gestión con apenas 227 pesos en caja[538]. Aunque en un momento se había pensado en destinar parte de ese dinero (dos mil pesos) a solventar otras deudas y gastos existentes en la resentida situación financiera de la institución, la firme disposición del tesorero –el contador José Antonio Basso– a no permitir ello, debido a que sería él quien debía rendir la totalidad del dinero y justificarlo en acciones que sólo tuvieran que ver con los fastos del Centenario de Independencia[539], encauzó los debates en ese sentido. Teniendo en cuenta ello, Luis Huergo gestionaría con el Ferrocarril Central Córdoba, la posibilidad de trasladar 300 scouts a Tucumán en vagones de segunda clase, con la posibilidad de que durmieran –además– en un galpón provisto por la compañía ferroviaria[540].

Frente a esta posibilidad, podría llamar la atención que fuera Adolfo Arana[541] –precisamente un militar– quien más velara por la comodidad de los niños y los separara de cualquier posibilidad de comparar sus esfuerzos con los de los soldados que participarían del desfile[542]. Así, luego de señalar que precisamente él se estaba encargando de resolver el hospedaje de las fuerzas militares que irían al acto en Capital Federal, y que los soldados no contarían ni con camas ni con mantas, “y con el frío actual es peligroso y molesto pasarlo así”, que debía tenerse en cuenta que los scouts eran niños y que por ende “se debe contar con algunas comodidades” a fin de evitar “los peligros de dormir varios días sin camas ni abrigos”[543].

Apoyando la moción del General (“palabras tan justas y de criterio tan acertado”[544]), pero agregándole un sentido más fuerte de diferenciación entre la vida del soldado y del scout, Ladislao Holmberg expresó –señalando el nuevo clima de sensibilidad frente a lo infantil del nuevo siglo[545]– que frente a la indiferencia que existe ante las quejas de un soldado, “en el scout cualquier queja de dolor que presente y su semblante lo demuestre es retirado de la fila y se le prodiga toda clase de cuidados”[546].

En esos intercambios, se podía mostrar hasta donde había penetrado la nueva sensibilidad frente a los niños, en comparación con tiempos anteriores, en una percepción de la existencia de derechos propiamente infantiles que debían ser tenidos en cuenta[547]. Otro militar, el coronel Fernández, solicitó –asimismo– que la comitiva de adultos y niños fuera acompañada por un médico, “por cualquier cosa que pudiera recurrirse y para mejor conformidad de la Junta y de los mismos padres de los que se ausenten”[548]. Es cierto que la previsión de comodidad –que en general, salvo excepciones, iría en aumento con el tiempo[549]– podía encontrar cierta tensión con el ideal de “bastarse a sí mismo” que se predicaba para los scouts, pero se ajustaba a las nuevas sensibilidades en relación con la infancia que se desarrollarían –aunque con altibajos– a lo largo del período.

Con todo, más allá de las previsiones que se tomaran, el temor de los padres sería un constante bastión de resistencia a que sus hijos participasen en dichos viajes y campamentos y afectaba en ocasiones varias los intereses de la organización. De allí que algunas compañías fuesen especialmente precavidas en atención a los riesgos posibles de la zona en que les era dado actuar. Así, la compañía de la sección santafesina Villa Ana llegaría a lograr que desde el Instituto Bacteriológico le enviaran víboras venenosas, a fin de ser utilizadas para el preparado –realizado por los mismos miembros adultos– del suero antiofídico para el botiquín[550]. Por su lado, la compañía “General Lamadrid”, de la ciudad homónima, no dudaría en aplicar a sus excursionistas las dos dosis de la vacuna contra la fiebre tifoidea para realizar el campamento en Córdoba, provincia en que la enfermedad era considerada endémica[551].

Indudablemente, estos temores incluían la posibilidad de riesgos efectivos de diverso tenor: desde el caso del ayudante de la Compañía Villa Devoto, Federico Barbier, quien se fracturaría un brazo por una mala caída en una excursión a Punta Chica[552] a otros más desalentadores, y en ocasiones mortales, como el de un scout de 17 años de la colectividad alemana “que perdió la vida en un accidente” durante el campamento que dichas compañías “étnicas” realizaban en la estancia “Cerro Napostá” en Tornquist[553] o el de los dos scouts que morirían ahogados en un campamento de la compañía santafesina “Sarmiento” en la laguna Guadalupe[554].

Con respecto a la intervención parental, en efecto, ya el entonces Jefe Scout Riccheri había escrito a uno de los encargados de un campamento en Córdoba, a fin de interesarse por un niño de apellido Saravia, quien había sido objeto de la “interferencia” materna. Así, se le respondería que dicho scout había vuelto “a Cosquín, en espera del tren directo. El niño se resistía a volver; creo que la madre estaba asustada por haberse ahogado en Cosquín un sacerdote en compañía de un niño”[555].

Más allá de la aparición de estas fuentes específicas, las intervenciones maternas parecen haber sido particularmente sentidas en el ideario de los MMSS, en tanto también han quedado plasmadas en la literatura como actitudes paradigmáticas, tal lo demuestra la novela Los que no fuimos a la guerra del gallego Fernández Florez[556]. Cierto es que, las mismas madres podían sentir esos temores, cuando los dirigentes –como en uno de los tantos discursos que podían leerse en la prensa oficial– tomaban como modelo infantil (“el mejor ejemplo que podemos ofrecer como niño-scout”) al “Tambor de Tacuarí”, señalando que era un niño “dispuesto a morir con los 235 hombres que le quedaban de su ejército, antes de entregarse al enemigo”.

El celo en el control de las extralimitaciones de la disciplina por parte de los MMSS tampoco parecía, por otro lado, del todo desacertada, ya que el mismo miembro del Directorio, el Capitán de Navío Luis Maurette[557] haría notar que a su propio hijo se le había hecho hacer –durante la estadía en Tucumán– una guardia de más de 12 horas, lo que derivó en un pedido de informes por parte del secretario Braceras Haedo al tándem de la inspección nacional, integrado por Victorino Díaz y Modesto Quiroga[558]. Nuevamente sería, en apariencia paradojalmente, uno de los miembros militares de la Junta Ejecutiva, el más interesado en velar por la “humanización” en los tratos con los niños que participaban de la práctica.

Por otra parte, sin poner el acento en las responsabilidades de los nombrados en cada uno de esto actos, se dejaba entrever el poco profesionalismo de algunos de los líderes de compañía, desazón que se volvería recurrente al interior de la dirigencia, sobre todo en relación con el “ideal” de MS (figura, como vimos, sucesoria de la de “Capitán”) que se fomentaría a lo largo del período. Si todavía una década después, los jefes de compañía eran considerados “las columnas que sostienen la institución”[559], cualquier imperfección de los mismos amenazaba derribar el edificio institucional. La desazón y las dudas sobre si dichos intermediarios entre la dirigencia y los niños se encontraban “a la altura” de sus responsabilidades, se agravaría cuando se denuncie que uno de los “Capitanes”, Alberto Tomás Ottonello, estaba evitando rendir en tiempo y forma el dinero que la ABSA le había adelantado para gestionar la participación de su grupo en los festejos del Centenario de la Independencia[560].

Con todo, como dijimos, y más allá de las menudencias organizativas, el “Centenario de la Independencia” significó una nueva vidriera para la organización scout que iría recibiendo, a partir de dichas instancias de difusión, decenas de pedidos de nuevas asociaciones locales para integrarse a la matriz nacional. Aceitado crecientemente el dispositivo burocrático y consagratorio de la dirección, las solicitudes se discutían, procesaban y resolvían de manera muy dedicada hasta que lograban tener (luego de no pocos meses) su resolución positiva como puede documentarse en el caso de la compañía de Villa Mercedes de la provincia de San Luis[561].

Por otro lado, ninguno de los inconvenientes de la visita a Tucumán, impidió la rápida recurrencia de salidas de larga distancia a otros destinos: por ejemplo, como puede verse en el viaje a Chile de una delegación, bajo el liderazgo del ya mencionado MS Gabriel Bonel, con el fin de congraciarse con sus homólogos trasandinos, y sobre el que se señalaba que había sucedido en “inmejorables condiciones sin tener que lamentar ningún contratiempo”[562].

La capacidad de interactuar como bisagra entre las organizaciones de carácter mixto de funcionarios estatales y “notables” (como eran las “Comisiones de Festejos” y otras similares) y las compañías locales, le iría otorgando a la ABSA un relativo poder de movilización y concentración de los esfuerzos scouts. A esa condición se sumarían retornos nada desdeñables, como el del General Luis J. Dellepiane, quien en su escalada política con el triunfo radical[563] y pasando por alto su encono personal con una figura activa en la asociación –socio n° 111 de la misma– como Agustín P. Justo[564], aceptaría la designación como miembro del Consejo Nacional[565].

En tono con los nuevos tiempos, y para asegurar ese lugar de promoción, el ingeniero Huergo –ya más a tono con los nuevos tiempos de ampliación democrática– se encargaría de recordar la necesidad de, al igual que se había pensado con de la Plaza, nombrar al flamante presidente Yrigoyen y a los ministros correspondientes, miembros honorarios de la institución[566].

Otro paso decisivo hacia el reconocimiento por parte del estado, de la ABSA se daría en diciembre de 1916, momentos en que el procurador general de la Nación, Julio Botet recomendaba, luego de la tramitación correspondiente[567], que supuso ciertos señalamientos sobre puntos estatutarios[568], autorizarla con la frase de costumbre que sostenía que el objeto de la misma estaba “inspirado en propósitos que tienden al bien común”, y otorgarle la personería jurídica, en atención al inciso cuarto del artículo 33 del código civil[569], cosa que la firma del presidente Yrigoyen decretó el 26 de febrero de 1917[570].

El tema de la personería no era nada menor, porque como había señalado el secretario Braceras Haedo, quien pediría ya en mayo de 1916 apurar el trámite, la fortaleza de ese reconocimiento serviría “para evitar desagrados y confusiones con otras asociaciones que visten el mismo uniforme de los Scouts y con diferentes nombres”[571] y porque, como señalaba el vicepresidente Santa Coloma, era necesario “impedir de este modo las pequeñas agrupaciones que trabajan aisladamente y desprestigian el scoutismo”[572], máxime cuando estas tomaban el nombre de la asociación, como en el caso de un grupo de Villa Constitución que alegaba dicha pertenencia sin haber sido antes reconocido, y contra el que se solicitarían “medidas enérgicas contra las personas que usurpan indebidamente el nombre de la institución”[573].

Una de esas agrupaciones era la de “Exploradores Argentinos”, que obtendrían su personería jurídica precedentemente el 16 de agosto de ese año[574] y cuya relación con los boy scouts resultaba algo ambigua, ya que si bien se pensaban como competencia, por otro lado solicitaban la participación de la ABSA en sus actos, cosa que sería denegada por la Junta Ejecutiva, explicitando “a dicho señor [el presidente de los “Exploradores”, A B.], que se ha determinado la concurrencia de los boy Scouts exclusivamente a actos de los mismos”[575].

Posteriormente, el propio vicepresidente scout, Santa Coloma, reconocería –al leer los estatutos de dichos Exploradores– que tenían fines “análogos a los de esta Asociación y que tratándose de un elemento de división”, resultaría necesario “entrevistarse con ellos a efectos de una unión”[576]. Frente a esta posición, el secretario Braceras Haedo le recordaría que dichos Exploradores estaban

formados por elementos que han sido expulsados de los Boy Scouts y que el señor Héctor Agote, jefe de los mismos ha sido expulsado por el Dr. Francisco P. Moreno por irregularidades cometidas en la Compañía de Boy Scout de Lomas[577].

Todas las tareas administrativas y las disputas recurrentes suponían, sin duda, un desgaste importante y una necesidad de vitalidad que probablemente estén en la raíz del amago de renuncia del general Ramón Ruiz en mayo de 1917, al considerar que sus múltiples ocupaciones no le dejaban tiempo para el cabal cumplimiento de la presidencia. Así, en vistas de presentarse la primera sesión de Consejo Nacional bajo la vigilancia de un inspector general de justicia, una vez obtenida la personería jurídica, Ruiz intentaría infructuosamente dimitir[578].

Ante la insistencia de sus colegas (en un ritual que –como vimos ya– era largamente repetido[579]) Ruiz aceptó mantenerse en el cargo, luego de disfrutar de unas breves licencias[580] (con el interinato de Santa Coloma), hasta presidir finalmente las reuniones del 13 de junio de 1917 con la presencia de 19 miembros del Consejo Nacional, nuevamente sin quorum directo de mayoría[581], en la que se votó el reemplazo de los miembros de mandato de un año (siendo vueltos a elegir mayormente en sus cargos)[582] y la del día 18 de julio de ese año donde se procedió a la presentación del Primer Informe Anual y Memoria de la institución, tal lo solicitaba su flamante condición de asociación con personería jurídica[583].

En la lectura de dicha Memoria inaugural, se dejaba bien en claro el carácter refundacional de la nueva gestión, heredera de la “restructuración” llevada a cabo por Riccheri, destacando los esfuerzos realizados “para impulsar a esta institución hasta encauzarla en su ruta de progreso en que hoy se encuentra”[584]. En dicho alegato, el intento de terminar con las instituciones en competencia (con el objeto de evitar “que instituciones similares y con fines desconocidos pudieran herir los sanos principios en que está basado el scoutismo argentino”[585]) aparecía de manera develada, por lo que se instaba a “proceder a oficializar la institución […] para contar con el apoyo nacional”[586].

Mientras tanto, los avances efectivos eran resaltados al declarar la existencia en funcionamiento de 5 asociaciones locales y de 14 compañías en la Capital Federal y de 25 asociaciones locales y de 52 compañías en Provincias y Territorios nacionales. Las últimas se extendían de norte a sur del país, desde la provincia de Jujuy hasta el territorio de Santa Cruz.

Finalmente, sin dejar de lado sus reticencias a ser miembro personal de la asociación, el presidente Yrigoyen decidiría fortalecer por otras vías más expeditivas a la ABSA, poniendo fin a la dispersión scout. Para ello, el presidente de la Nación seguiría el modelo de monopolio de la práctica que los miembros de la Junta Ejecutiva designados a tal fin (Ruiz, Santa Coloma y Gatica) habían propuesto a los Ministros[587]. Así, surgiría una iniciativa de poner fin a la multiplicidad de organizaciones que se inspiraban en el proyecto scout y que había producido las múltiples fricciones que hemos relatado, provocando –en ocasiones– la renuencia a participar de la misma, por parte de “notables” de la talla de Estanislao Zeballos, descontentos ante la mencionada falta de unidad[588].

La necesidad de una medida de tal tipo no era subestimada por ningún dirigente de la ABSA. El secretario Ángel Braceras Haedo llegaría a decir que de no obtenerse la oficialización, él consideraba debía optarse directamente por la disolución asociativa, ya que resultaba “imposible continuar en esta forma y exponer a los niños a críticas y reproches causa de la enorme cantidad de agrupaciones existentes y que llevaba un fin antipatriota y más bien comercial”[589].

Así, el Poder Ejecutivo de la Nación tomó finalmente cartas en el asunto, decidiendo sancionar al scoutismo –en su artículo primero– como “institución nacional” y favorecer con el monopolio simbólico de la práctica a la que de ahora en más llamaremos “Asociación Nacional de Boys Scouts Argentinos” –más allá que haya sumado o no indistintamente en momentos previos el adjetivo de “Nacional” (ANBSA), otorgándole las prerrogativas exclusivas que la organización ya venía solicitando previamente ante diversas instancias estatales[590] y reconociéndola como la única guía capaz de “realizar la continuidad de esfuerzo requerido para asentar sobre sólidas bases esta institución”[591]. De esta manera, se consideraba que la ANBSA tenía “el prestigio y la autoridad necesaria por su propia organización que asegura la acertada designación de las personas que formen la Junta Ejecutiva y su Directorio, para dirigir este movimiento en el país con idoneidad y patriotismo”[592].

Así, el 13 de noviembre de 1917, ya con Ramón Ruiz recientemente ascendido a la condición de general de la Nación, el presidente Hipólito Yrigoyen decretaba la creación del “Instituto Nacional del Scoutismo Argentino” (INSA) con base en la dirigencia de la ANBSA, con el fin de –con “una índole eminentemente educativa”– promover “la formación del carácter y el desarrollo de [la] personalidad y los sentimientos patrios y humanitarios del niño”, según un “programa científico racional que consulte la economía infantil y las exigencias de la democracia”[593].

En esa instancia, el primer mandatario reconocía “la importancia que ha adquirido el scoutismo en el país, como factor de educación moral y cívica nacionales”[594] y consideraba “un deber del Estado interesarse por el desarrollo de instituciones que persiguen como finalidad de utilidad pública (sic), a fin de encauzarlo dentro de una orientación educativa y patriótica”[595]. Al abrazar a la asociación bajo el cauce estatal, el Poder Ejecutivo ponía fin a la distinción que Moreno le había reservado al movimiento como estricto órgano de la sociedad civil, en su carta al anterior presidente De la Plaza[596].

Lo interesante era, que frente a las múltiples derivas que dejaban verse en el desarrollo del movimiento, lo que al Poder Ejecutivo le resultaba vital –y en esto, como hemos visto, los discursos de la dirigencia scout parecían concordar– era que “no se degenere ni desvirtúe la enseñanza del scoutismo, haciéndolo servir de intereses extraños a su finalidad haciendo de él un motivo de exhibicionismo”[597]. Difícilmente no podrían entenderse esas palabras como un tiro de elevación a los desfiles marciales a los que los “Exploradores de Don Bosco”, la competencia que los salesianos habían pensado para acercarse a las “almas infantiles”, eran –al igual que otros grupos infantiles– especialmente adeptos.

Luego del detalle de estos objetivos en los que se nombraban las exigencias democráticas, el decreto –acompañado por la firma, no sólo del Presidente de la Nación, sino también del Ministro de Guerra, Elpidio González– otorgaba el monopolio del scoutismo a la ANBSA, explicitando en su artículo 3° (el más decisivo para los intereses de la misma) que “ninguna institución, sociedad o particular podr[í]a en lo sucesivo organizar ni tener grupos de scouts, sin autorización escrita” de la Junta Ejecutiva de la institución, a fin de “asegurar la uniformidad y calidad de la enseñanza”[598]. Parecía allanado así el camino para que el presidente de la Junta Ejecutiva, el general Ruiz, pudiera “llevar de inmediato una organización general y única en el país, que asegur[as]e la marcha del scoutismo sobre bases sólidas”[599].

Aunque no lo especificaba el decreto, el monopolio que venía consustanciado con la institucionalización estatal del movimiento, supuso el encuadre de la INSA –de una manera difusa y siempre confusa en el organigrama oficial (tanto que no aparecía en las propias memorias ministeriales)– dentro del Ministerio de Guerra, quien debería en lo sucesivo acompañar la difusión y sostenimiento de la práctica, a partir de las diversas esferas que lo integraban, llegando incluso a favorecer a las compañías del interior[600].

Ante la nebulosa que el decreto no disipaba acerca del lugar estricto de la INSA dentro de la propia arquitectura estatal, las subestructuras ministeriales reaccionaron de diversa manera, según su especificidad y dependiendo –sobre todo– de las personas que estaban a su cargo. Una rama ministerial particularmente consistente en el apoyo al movimiento sería la Dirección de Arsenales de Guerra[601], conducida durante toda la primera presidencia yrigoyenista por una persona muy cercana al oficialismo gubernamental, el entonces coronel Isidro Arroyo[602], miembro a la vez de la Junta Ejecutiva scout.

Por dichas razones, la Dirección comandada por Arroyo fue particularmente activa y estableció lazos fuertes, en especial con algunas de las asociaciones locales, a las que ayudaba con el préstamo o entrega de diverso material. Para cumplir con esa “deuda” de gratitud, a menudo se apelaba al concurso de los scouts a los actos realizados por dicha Dirección[603]. Otras ramas militares atentas a las requisitorias scouts serían la Escuela de Caballería, quien supo facilitar los terrenos de su jurisdicción para que los muchachos de la asociación pudieran desarrollar sus experiencias de acampe[604] o la Intendencia de Guerra, que donaría 2000 escarapelas argentinas a la institución[605]. Por otro lado, frente a la existencia ya de scouts navales, la Marina profundizaría los lazos que venía demostrando, incluso antes de la institucionalización, con la asociación, tal como había quedado explícito durante la misión de la “Fragata Sarmiento” a la Patagonia[606].

Otros organismos internos del Ministerio de Guerra relacionados con ANBSA fueron la Dirección General de Administración, la Intendencia, el Instituto Militar Gráfico, la Escuela Militar y la Escuela de Aviación. En esta última cartera, los scouts serían invitados, nada menos que por su director durante los años 1920 a 1922, el Coronel Enrique Mosconi, a visitar las instalaciones de la misma en El Palomar[607], donde alrededor de mil miembros infantiles de las compañías de la Capital Federal presenciarían la bendición del aeroplano “Ciudad de Avellaneda”[608]. En su rol de director de YPF, Mosconi seguiría apoyando al scoutismo, como puede verse en la página de propaganda de la empresa que se publicaría en la revista oficial, en marzo de 1930, en un número dedicado fundamentalmente al arraigo scout en la Patagonia y, luego, en el patrocinio de una compañía en el Colegio “Deán Funes” de Comodoro Rivadavia, a la que asistiría –“de su propio peculio”[609]– con 90 uniformes completos[610]. Además, en relación con otras fuerzas “del orden”, puede nombrarse la estrecha relación entablada con la Banda de Policía y con la Penitenciaría.

Pero volviendo a la decisión presidencial, cabe relevar que el efecto no sería menor. La dirigencia de la ANBSA haría acuse de recibo de la misma, y en la posterior reunión de la Junta Ejecutiva no sólo se leería el decreto regulatorio, sino que –en vistas de su importancia– se lo copiaría íntegramente en las actas[611] y se pegaría una copia mecanografiada del mismo en la correspondiente Memoria institucional[612], en una tradición de constante referencia durante esos años[613]. En dicha reunión, de estreno del nuevo carácter estatal, los dirigentes –de seguro todavía conmocionados por el nuevo status adquirido– pondrían el acento en la necesidad de responder a los pedidos “impuestos por la nacionalización” y de restringir momentáneamente “la salida en corporación de sus miembros”[614].

Días después, el diario oficialista La Época saludaba el decreto como de “patriótica iniciativa”, y explicitaba que el mismo tenía “por objeto armonizar y dirigir en una orientación definitiva las diversas instituciones que con algunas variantes tenían al scoutismo por denominador común”[615], explicando que “en esta forma los beneficios del scoutismo habrán de dejarse sentir de modo más uniforme y fructuoso que hasta el presente”[616].

Más allá de las peculiaridades locales con que fue cursada, la idea de la necesidad de la existencia de una institución centralizadora de las prácticas del scoutismo no era original. Ya venía de ser puesta en práctica por el Congreso de los Estados Unidos a partir de un acta, con intenciones muy similares a las del decreto de Yrigoyen, sobre todo en lo referente a asegurar para la entidad Boy Scouts of America:

el derecho único y exclusivo a tener y usar, para llevar a cabo sus propósitos, todos los emblemas y divisas, marcas descriptivas o señalatorias, y palabras o frases ahora o de aquí en adelante usadas por los Boy Scouts de Estados Unidos al llevar su programa[617].

En ese sentido, la decisión de Yrigoyen se instalaba en un clima generalizado de época, de patronazgo estatal sobre el scoutismo, iniciado en Gran Bretaña con la cédula real del 4 de enero de 1912, y que trascendía los tipos de regímenes, tal como lo demostraría la decisión del rey Vittorio Emmanuel de Italia de declarar –también en 1916– al Corpo Nazionale de Esploratori como Cuerpo Moral dependiente de su directo control[618], en consonancia con el apoyo que –también en España– le dio en todo momento el rey Alfonso XIII[619]. Así, por leyes de congreso, por decretos presidenciales o por decisiones reales, el scoutismo laico iba quedando atado, por esos años, según los diversos ritmos nacionales[620], a la institucionalidad estatal.

Con todo, más allá de sus precedentes internacionales y su inserción en un “clima de época”, las respuestas encontradas a dicha decisión presidencial no se harían esperar, provocando una miríada de oposiciones aparentemente incompatibles entre sí, pero convergentes en el rechazo. En efecto, en poco tiempo, sacerdotes como José Vespignani, socialistas como Ángel Giménez y liberales como los redactores del diario La Prensa, censurarían la decisión de la institucionalización y del otorgamiento del “monopolio” de la práctica a la ANBSA, utilizando diversos argumentos y centrándose en múltiples factores.

Un primer actor que no dudó en desconfiar de las beldades de la decisión presidencial fue La Prensa. A tono con la interpretación negativa que desde el inicio del gobierno había tenido con la mayoría de las iniciativas yrigoyenistas, el diario dirigido por Ezequiel Paz, encontró problemática y censurable la decisión. En ese sentido, luego de publicar la noticia –en paralelo con La Época–, en términos más bien descriptivos del decreto[621], La Prensa entendería la necesidad de exponer editorialmente sus reparos, en una nota aparecida dos días después de la primera información, y titulada “Extravíos reglamentarios”[622].

En ese texto, se desconocía –por empezar– la capacidad concreta que podía tener el Estado en la prohibición efectiva de la difusión de formas y símbolos no oficiales de scoutismo. Así, el redactor a cargo de la nota escribió que a causa de lo precipitado de la sanción de la norma, no se había razonado suficientemente los problemas de instrumentación a la que la misma se exponía. Se subrayaba, en especial, la cuestión de la represión del uso “indebido” del traje de scout, que ocupaba los artículos 4° y 5°, ya que “el decreto no prevé el caso de que se viole esta regla. Es de suponer que no lo ha previsto porque carece de la facultad de sancionar penas”[623].

Pero más allá de esta crítica específica, existía para el redactor otra objeción más profunda y que estaba en directa consonancia con la campaña que La Prensa venía llevando a cabo contra el yrigoyenismo en relación con la disputa que provocaban las intervenciones nacionales a las Provincias y las amenazas de injerencia del Ejecutivo central que constantemente (como en el caso de Mendoza, finalmente intervenida en diciembre de 1917) llenaban las páginas del periódico[624].

En ese sentido, la crítica más importante que se le hacía desde el diario a la iniciativa, era que el Ejecutivo reglamentaba de manera unívoca, lo que era “propio de las facultades concurrentes entre la Nación y las provincias”, ya que “la formación del carácter y el desarrollo de la personalidad y de los sentimientos patrios y humanitarios del niño […] no pueden ser patrimonio exclusivo de los poderes federales”[625], en especial cuando era la educación primaria (a la que iban los niños scouts, al menos los más chicos) un espacio en el que las provincias cumplían un rol relevante. De esta manera, La Prensa lograba instalar la noticia del scoutismo en la línea de la interpretación genérica que venía haciendo del yrigoyenismo como un poder centralizador y omnímodo. Asimismo, desde sus páginas, instaba a la posible “rebeldía” de los gobernadores y las provincias con respecto del decreto, ya que:

si no es posible sustraer la educación primaria a la esfera de la acción de las provincias […] hay que reconocer que dentro de sus respectivos territorios gozan de entera libertad para […] rechazar la tutela del Poder Ejecutivo federal, ejercida directamente o por intermedio de la asociación que haya reconocido como la única legítima[626].

Curiosamente, esta posición del periódico “liberal” sería aprovechada –incluso como argumento jurídico– por los “padres” salesianos que tenían a cargo compañías de “Exploradores de don Bosco”. Ellos considerarían –ciñéndose a la interpretación de la “sección jurídica” de La Prensa– que el decreto mismo “no era constitucional” y que incluso los propios miembros de dicha sección del periódico “tomarían la defensa” de la posición de los salesianos, “si se procediera contra ellos”[627].

De esta manera, al recibir la solicitud por decreto del auxilio de los poderes educativos[628], la ANBSA quedaba inscripta en un debate que claramente la excedía y que la asimilaba al gobierno yrigoyenista, a pesar de que algunos de sus miembros como hemos anticipado– no parecían estar, ni por asomo, cercanos a dicha formación partidaria. Esto produciría diversas fricciones con antiguos sostenedores de la práctica. Tanto es así que el propio director de La Prensa, Ezequiel Paz, pediría una entrevista con el General Ruiz, para dejarle en claro e intentarle convencer, a pesar de sostener estas ideas tan críticas por medio del diario, de que “él no deseaba ir contra la institución”[629]. Al eximir a la ANBSA del ataque contra la decisión presidencial que la favorecía, Paz develaba, de esa manera, contra quién realmente era que “deseaba ir”…

Aunque particularmente desconcertante para la asociación, ya que se lo consideraba un diario afín, la voz de La Prensa no fue la única que expresaba un cuestionamiento político frente a la institucionalización.

Otra opinión en negativo, en las antípodas de la anterior, sería la de los socialistas. Y aunque la noticia del decreto no hubiera aparecido inicialmente en La Vanguardia, fue el ya mencionado dirigente, Ángel Giménez, uno de los referentes culturales de dicho partido, quien dentro del número especial del 1° de enero de 1918, sin dejar de destacar el beneficio de la existencia de espacios preparados para la educación moral y el uso del aire libre para los niños, los que ya habían sido además adoptados en el ámbito educativo local[630], plantearía sus disidencias –ahora sí, yendo directo contra la institución– con respecto de lo que consideraba los peligros militaristas que la organización de los “Siempre Listos” suponía.

Luego de explicar sucintamente el origen de los scouts, Giménez establecía que ya en su fundación la iniciativa “llevaba una finalidad militar”, que había ido agigantándose mediante su difusión en el mundo y que la había desvirtuado por completo, al ser utilizada por “las naciones en guerra a los fines militares”[631]. Interesantemente, como hemos visto, los mismos dirigentes scouts, como Braceras Haedo, habían sido críticos antes de la institucionalización de otras agrupaciones similares como los “Exploradores Argentinos”, quienes a ojos del secretario de ANBSA, eran sí –a diferencia de los scouts– “una institución militarizada y si bien es cierto que el uniforme se asemeja al de boy scout, su misión no es la misma”[632]. Esa distinción entre grupos, sin embargo, no parecía cuadrar para Giménez.

Es por eso que, aunque encontrando una marcada similitud entre las prácticas realizadas por los scouts y las que hacían los niños “socialistas” de los llamados “Recreos Infantiles”, dirigidos por Victoria Gucovsky desde 1913[633], Giménez expresaría: “serán los jóvenes socialistas nuestros boy scouts sin escoutismo que en las luchas tranquilas de la paz serán siempre hombres buenos”[634]. Sin embargo, luego de ese alegato pacifista, le quedaba la necesidad al doctor de advertir que esa condición antibélica no era obstáculo de virilidad y patriotismo en el caso en que fuera necesario ejercerlos, ya que “si algún día, que felizmente no ha de llegar para nosotros, cual nueva Bélgica, algún enemigo exterior invadiera nuestro suelo, [esos jóvenes socialistas] sabrán cumplir con su deber”[635].

En efecto, a partir de las especificaciones del decreto radical, Giménez podía indicar que las relaciones institucionales podían llevar a una mayor “militarización” scout a raíz de las dependencias estatales con las que se pretendía relacionar a la ANBSA, a pesar del lento trámite –aunque con mantenido pulso– con que se llevaba a cabo dicha formalización.

Luego de los primeras reacciones, y transcurrido más de un semestre de la institucionalización, el Ministerio de Guerra informaba la aprobación, con la venia del Estado Mayor del Ejército, del Reglamento General y Programa de Trabajo que la ANBSA había presentado[636] y del uniforme de boy scout que monopolizarían sus miembros, según lo había ordenado el referido decreto presidencial en su artículo cuarto[637].

La dilación se debía, no sólo a los nuevos tiempos burocráticos estatales en los que se insertaba la agrupación, sino también en sus propias demoras, como lo demuestra la necesidad de duplicar el llamado a reunirse un mes antes para elegir los reemplazantes de las autoridades de la Junta Ejecutiva que habían vencido su plazo[638]. La relativamente tardía reglamentación del Decreto (efectivizada, recién, el 15 de junio de 1918) haría más difícil, en los primeros meses, la capacidad de imponer la idea del monopolio” que ejercía la ANBSA sobre la práctica del scoutismo. Esto no obstaba que, cada vez que fuera posible, se recomendara taxativamente, en mención del artículo 3°, que las autoridades nacionales y provinciales prestaran “el auxilio requerido en los casos de infracción”[639].

Al enterarse, por ejemplo, del uso no autorizado del uniforme scout por parte de las “Vanguardias de la Patria”, en un festival cinematográfico auspiciado por las “Damas Patricias Argentinas”, las propias autoridades de la ANBSA advertirían del hecho al primer Jefe de Policía del yrigoyenismo, Julio Moreno, quien por su parte convocaría al líder “vanguardista”, Garaño Morales, a fin de impedirle el uso del uniforme por parte de “sus” niños. Ante la respuesta de Garaño, quien protestó porque esta decisión restrictiva se daba “a última hora para tomarse las medidas para que los niños no concurrieran uniformados”[640], el jefe policial se limitaría a expresarle una especie de “que sea la última vez”, lo que Garaño le prometería… Todavía en 1931 encontraremos al señor Garaño Morales organizando “batallones infantiles” en La Plata, y al directorio de BSA preocupándose por encuadrarlo dentro de la institucionalidad[641], cosa que lograría poco después, al precio de incorporarlo como miembro de la Junta Provincial bonaerense[642].

De a poco, sin embargo, y en ocasiones con salidas transicionales como esa, y con la sensación de que había grupos “con coronita” como los “Exploradores” salesianos, que a diferencia de “los Vanguardias”, todavía hacían uso del uniforme “impunemente”, los miembros de la Junta Ejecutiva iban encontrando que su voz se volvía más poderosa y sus actos de regulación empezaban a tener efectos concretos de control y dirección, aunque para eso debieran ellos mismos someterse a una tarea de constante vigilancia e inteligencia que los distraía de sus actividades cotidianas y que –dada la amplitud de espacios para ejercer la función “monopólica”– los excedía en capacidades.

Frente a los que la dirigencia scout consideraba una no del todo celosa participación de las fuerzas de seguridad en el cumplimiento del decreto “monopólico”; por el contrario, paradójicamente, el creciente involucramiento de la policía y el Ministerio de Guerra, ahora de manera formal, en las iniciativas de la Junta Ejecutiva scout, parecía dar la razón a los socialistas en sus denuncias acerca del proceso de “militarización” infantil. En ese dilema, serían especialmente algunas figuras del movimiento, como Holmberg, Gándara o Berrutti, quienes más militantemente se expresarían –como hemos visto ya– en contra de que esa calificación de la actividad se mantuviera firme y vigente durante estos años.

Más allá de los debates en pro y en contra, quedaba en evidencia que un nuevo –y algo incierto– rumbo se abría para la institución. Analizaremos en el capítulo que sigue, cómo la todavía difusa ubicación entre las redes del Estado y las de la Sociedad Civil impactó sobre los propósitos originales pensados por los adultos, tanto “notables” como “entusiastas”, en relación con los niños y niñas que deseaban educar y sobre los que habían dispuesto ejercer su influencia bajo la forma de la práctica scout.


  1. Por ejemplo, mientras que las fuentes contemporáneas que hemos mencionado certifican que los niños que fueron a recibir a Baden Powell procedían de la compañía original de Lomas de Zamora; en el libro del célebre dirigente internacional, John S. Wilson (Scouting round the world, p. 112) se señala, en cambio, que quienes lo hicieron fueron miembros de “un pequeño grupo de scouts del St. George’s College, donde eran educados chicos de la comunidad británica”. En contradicción a ella, una más cercana en el tiempo, a sólo 10 años de producido el hecho, ratificaba el origen lomense de los scouts y de quienes habían ido a saludar a BP: “El movimiento en Argentina fue iniciado en 1908 cuando el Sr. Artur Penny organizó un cuerpo de Boy Scouts en Lomas de Zamora. Poco después sucedió que el fundador de la organización, General Robert Baden Powell, hizo una visita a Buenos Aires, en ruta a Chile, y la pequeña tropa de muchachos de Lomas tuvo el placer de saludar y realizar los honores al distinguido visitante. Este incidente dio un decidido ímpetu al movimiento scout”. S/A, “The boy scouts in Argentina”, Bulletin of Panamerican Union (de ahora en más, BPAU), Vol. XLVI, Enero-Junio 1918, p. 221, https://bit.ly/3ngHwMn.
  2. El 6 de febrero de 1909 The Standard publicaba la nota de su corresponsal en Londres en la que se anunciaba que “the Hero of Mafeking” iba a estar entre los pasajeros del barco Aragón con destino a Buenos Aires. Sería recién el día 19 de ese mes cuando Baden Powell se embarcaría.
  3. The Standard, 20 de febrero de 1909, p. 7.
  4. Ídem.
  5. The Buenos Aires Herald, 16 de marzo de 1909, p. 7.
  6. Ídem.
  7. Ídem.
  8. Ídem.
  9. One Who Saw (seudónimo), “Baden Powell’s Arrival. Correspondence”, The Standard, 20 de marzo de 1909, p. 9.
  10. En el original: “friendly encouraging terms”. Ídem.
  11. Ídem.
  12. Ídem.
  13. Por sólo poner un ejemplo notable, debemos recordar que al llamado “Sitio de Mafeking” le dedicaría un capítulo entero de su libro sobre la guerra anglo-boer, el reconocidísimo escritor Arthur Conan Doyle, destacando de la siguiente manera la figura de Baden Powell como “un soldado del tipo que es desbordantemente popular en el público británico. Un cazador calificado y un experto en muchos juegos, que siempre tiene algo de deportista en su caballeresca apreciación de la guerra […] Existe una cualidad cerebral en su coraje que es rara entre nuestros oficiales  […] Los franceses han dicho de uno de sus héroes que ‘tenía esa pizca de locura en su coraje que los franceses aman’ y esas palabras podrían haber sido escritas para Powell. Un humor travieso estallaba en él y el escolar jueguetón alternaba con el guerrero y el administrador. La soprendente variedad de sus logros personales era una de sus características más sorprendente. De dibujar caricaturas con ambas manos simultáneamente, o bailar con faldas, a dirigir una esperanza desolada, nada se le perdía; y tenía esa magnética cualidad con la que un líder imparte algo de sus virtudes a sus hombres. Así era el hombre que mantuvo Mafeking para la reina”. Conan Doyle, Arthur, The great boer war, The floating press, 2011 [1902], p. 373.
  14. Como recordaba nada menos que Winston Churchill, “la fama de B.-P. [Baden Powell] como soldado eclipsaba casi todas las reputaciones. El otro B. P. –British Public (el público británico) lo contemplaba como el héroe cuminante de la guerra, y, riéndose de los triunfos de los grandes y bien organizados ejércitos ingleses contra los campesinos Boers, no podía dejar de aplaudir la larga, obstinada, animosa defensa de Mafeking, encomendada escasamente a ochocientos hombres, contra las fuerzas sitiadoras constituidas por un número diez o doce veces superior”. Churchill, Winston, “B. – P.” (1937), en Grandes Contemporáneos. Pensamientos y aventuras, Barcelona, Ediciones G. P., 1969, p. 268.
  15. “Irishman” (seud.), “Baden Powell’s Arrival. Correspondence”, The Standard, 20 de marzo de 1909, p. 9.
  16. La Nación, 15 de marzo de 1909, p. 7.
  17. El cuerpo de Lomas de Zamora, que formó parte de las compañías fundacionales de la ABSA, era todavía hacia el año 1915 dirigido –en su 1ª Compañía– por un miembro de la comunidad británica, aunque de ya establecida raigambre en la zona de Banfield, el “Capitán” Horacio Dodds (que renunciaría a su cargo de MS en 1917), pero la mayoría de sus miembros ya no parecían formar parte de ella (entre ellos todos sus guías Raúl J. Acerboni, Alberto J. Sarubbi y Eduardo Castro Redón). Incluso su 2ª compañía era dirigida por el “Capitán” Argentino Acerboni, un chascomusense, nieto de italianos. Posteriormente, la compañía, sería dirigida con el nombre de “General Juan Lavalle” por parte del Doctor Daniel Moreno, el primer scout leader argentino, con antepasados británicos, como podrá verse desarrollado más adelante, cuando hablemos de su hermano, Francisco Pascasio.
  18. La Nación, 15 de marzo de 1909, p. 7.
  19. Ídem. Se conserva grafía original.
  20. “Huéspedes distinguidos”, Caras y Caretas, 20 de marzo de 1909, p. s/n.
  21. Al menos así, “a kind of military mission”, la definiría John Wilson en Scouting round the world, p. 112.
  22. El riocuartense Ángel Pacífico Allaria (1865-1942) había egresado en 1886 del Colegio Militar. Fue Jefe de artillería de Costas de Puerto Militar entre 1900 y 1904. Tenía unos 42 años en 1909, cuando conoció –en su condición de Coronel y Secretario de Construcción Militar– a Baden Powell. Al año siguiente obtuvo el cargo de Brigadier General. En 1912, se convertiría en el secretario de la ABSA, en momentos en que dirigía el Arsenal Principal de Guerra. En 1914, todavía en condición de miembro de la misma, sería designado Ministro de Guerra por el presidente Roque Sáenz Peña. Luego de su retiro en 1918 sería miembro de la CD de la Sociedad Rural y, a posteriori, del directorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Información extractada de: Parker, William Belmont, Argentines of to-day, The Spanic Society of America, 1921, p. 175; Cutolo, Novísimo, p. 44 y GEA, tomo A-Byn, 1956, p. 163.
  23. La Prensa, 21 de marzo de 1909, p. 11.
  24. La Prensa, 16 de marzo de 1909, p. 12.
  25. El mensaje escrito en inglés por Baden Powell decía: “Llegada a casa a salvo, con muchos recuerdos de la Argentina. Espero verlo pronto en Inglaterra” Copia digital de la postal, disponible en: https://bit.ly/3j8Lbuo. Consultada el 2 de febrero de 2017. El original físico se encuentra en las vitrinas del MSNA (Donación del profesor Alejandro Nápoli, 2019).
  26. El Victoria Sailor’s Home era un Asilo para Marineros fundado en 1902 e inaugurado con la presencia del presidente Roca. En el local de los marinos británicos, Baden Powell tendría más tiempo para comentar sus recuerdos acerca del “Mafeking” frente a un público británico más “patriótico” que el que se daría reunión en la YMCA. Frente a dicha audiencia, que incluía excombatientes de la guerra anglo-boer, y en el que se cantó “Rule Britannia”, Baden Powell logró explicar –en un tono que demostraba sus nuevos intereses de concebir toda interacción humana como “juego”– que dicha batalla “no fue la aparición de un solo hombre sino que se mantuvo porque todos se aplicaron a su trabajo y jugaron el juego hasta el final”. The Buenos Aires Herald, 9 de abril de 1909, p. 5.
  27. The Standard, 11 de abril de 1909, p. 11.
  28. “Sixth annual report of C. J. Ewald to the international committee, for the twelve months ending September 30, 1909”, p. 1. Colección “International Work in Argentina”, Kautz Families YMCA Archives, University of Minnesota Libraries (De ahora en más, KF.) Agradezco muy especialmente a Kristina Busch (“Student Archives Assistant” de dichos archivos) por la digitalización y envío por correo electrónico de la carpeta en la que se encuentra dicho informe.
  29. El resto de los miembros nombrados eran Emilio Frers, Otto Krause, Manuel Montes de Oca, José M. Ramos Mejía, Baldomero Sommer, Ángel Gallardo y Estanislao Zeballos (los dos últimos, de vínculos posteriores con el scoutismo). “Sixth annual…”, p. 2. KF.
  30. Íbidem, p. 1. KF.
  31. En algunas biografías, se hace a Moreno partícipe del saludo de los scouts a Baden Powell en su visita de 1909, cuestión que ni las fuentes de la época ni las memorias posteriores de los participantes o cercanos a ambas figuras que hemos consultado reflejan en ningún momento. Cutolo, Vicente Osvaldo, “Moreno, Francisco P.”, Nuevo diccionario…, tomo L-M, 1975, p. 656. Probablemente Cutolo se haya hecho eco de un error (en ese caso, ampliado con la fecha errónea de 1908) de la biografía de Artayeta sobre Moreno, en la que se señala: “Siguiendo el ejemplo del general Lord Robert Baden Powell, de Gran Bretaña, creador del scoutismo en ese Estado, el Dr. Moreno apreciando los valores morales que representaban para la niñez y la juventud de su país, los sentimientos de los ciudadanos de mañana de servir a Dios, a la Patria y a la humanidad, fundó esta meritoria institución en el año 1908, teniendo oportunidad ese mismo año, de saludar con sus primeros organizadores al general Baden Powell cuando pasó por esta ciudad en viaje para Chile”. Artayeta, Enrique, Biografía del Perito Dr. Francisco P. Moreno, Bariloche, Anales del Museo de la Patagonia “Francisco P. Moreno”, 1945, p. 16.
  32. En especial por Russell Christian, si nos atenemos a sus propios recuerdos, en los que señala “En conocimiento de tan ilustre figura, el secretario Fundador [Bertram Schuman] de la asociación nombrada [la YMCA] me encargó que le visitara [a Baden Powell] y le entregara una carta invitándole a pronunciar una conferencia pública sobre su ‘hobby predilecto’ –como él lo llamara–  […] Su respuesta inmediata: ‘¡Con el mayor gusto!’”. Citado en: S/A, “Historia del Scoutismo”, ESA, Septiembre de 1986, p. s/n.
  33. “Lieut.-General Baden-Powell’s Last Night in B. A. Delivers two interesting addresses”, The Buenos Aires Herald, 9 de abril de 1909, pp. 4 y 5; y “Lieut.-General Baden Powell, C. B. visits Sailors’ Home and YMCA. Eve of his departure. Interesting addresses”, The Standard, 11 de abril de 1909, p. 11.
  34. Ídem.
  35. Ídem.
  36. Idem.
  37. Ídem.
  38. En efecto, el 6 de mayo de 1909, le escribiría que además de contar con 130 mil scouts británicos, el scoutismo estaba “creciendo rápidamente en Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica, Alemania, Dinamarca, Rusia, Estados Unidos, Argentina, Chile y – [¡] Esmirna!”. Brogan, Mogwli’s sons, p. 31.
  39. The Buenos Aires Herald, 9 de abril de 1909, p. 5. De hecho, aunque los primeros scouts documentados en América son los mencionados argentinos, Chile posee como “orgullo” scout el haber formalizado, en ese año, la primera asociación de fomento de dicha práctica, hecho acontecido, según los historiadores del fenómeno, el día 21 de mayo de 1909 en el Puente Los Morros sobre el río Maipo. Rojas Flores, Los boy scouts en Chile, p. 19.
  40. “Historia del scoutismo argentino”, ESA, p. s/n.
  41. Ya en febrero de 1901, los estudiantes de las Reales Escuelas de Ciencias y Minas en Londres, se detendrían en la casa de BP en Hyde Park Corner y le cantarían precisamente esa canción. Gay, Hannah, The history of Imperial College London, 1907-2007, London, ICP, 2007, p. 200.
  42. The Buenos Aires Herald, 9 de abril de 1909, p. 5. Dicha sesión parece luego haberse reprogramado para el 17 de abril, pero no hemos encontrado referencias ulteriores en los meses siguientes. Sin embargo, la organización parece al menos haberse concretado en términos formales, ya que se encuentran menciones en páginas de Internet dedicadas a la historia scout –aunque no las hemos podido comprobar mediante fuentes directas– sobre la conformación de dicha comisión en agosto de 1909, estando constituida por J. M. Drysdale (presidente), R. F. Burney Wall (vicepresidente), M. S. Fairlie (secretario) J. Wilson (tesorero) y los vocales Arturo Penny y C. C. Kennard.
  43. Ya lo hemos mencionado recurrentemente, pero es de destacar la importancia y visibilidad de Christian en la comunidad británica porteña, definido como “the very popular and energetic assistant Secretary” (The Standard, 2 de marzo de 1909, p. 9), con motivo de un campamento de la YMCA en Uruguay, en tanto los principales periódicos comunitarios, el Standard y el Herald, darían cuenta de la despedida que se le realizaría con motivo de su viaje. En esa ocasión, se destacarían “sus formas entusiastas […] combinadas con sus finas cualidades deportivas [que] lo hicieron merecidamente popular”. The Standard, 13 de abril de 1909, p. 8.
  44. “Regreso de los huéspedes ingleses Duque de Richmond y General Baden Powell. Impresiones optimistas”, La Prensa, 11 de abril de 1909, p. 10. Baden Powell cumpliría inmediatamente con su promesa de hacer publicidad sobre la Argentina, en su libro Yarns for boy scouts, told round the camp fire, distinguiendo a nuestro país por ser el lugar donde los “hombres se han elevado de ser pobres a la riqueza y el poder simplemente a través de sus propios esfuerzos y méritos” (Londres, C. Arthur Pearson Ltd., 1910, p. 147). Para ello BP tomaba, en ese libro, como ejemplo de self made man a Nicolás Mihanovich, a quien ya había largamente elogiado en la charla dada en el Sailors Home, tanto por desarrollar el Palace Hotel –actual Laboratorio de Idiomas de la UBA– del que Mihanovich era dueño, como por el tesón y laboriosidad que lo habían llevado a tener “una fina flota de ochenta barcos”. The Standard, 11 de abril de 1909, p. 11.
  45. ACEABSA, 20 de abril de 1915, p. 28. En el momento de su integración a la ABSA, la Compañía era capitaneada por Carlos Fairlie.
  46. “Historia del scoutismo”, ESA.
  47. Según lo recordaba el propio Fischer en una nota de 1934, en la que decía “en la fecha se cumplen 22 años desde cuando en Birkenhead, di mi adhesión entusiasta al Movimiento que muchas naciones del mundo empezaban ya a aceptar como escuela de virtudes morales y cívicas”. Argüello, Scouts Navales, p. 81.
  48. Las relaciones del scoutismo con el Basketball serían cercanas durante todo el período, tanto como para que los BSA tuvieran desde 1935 un representante propio en el Consejo Directivo de la Federación Metropolitana de ese deporte. ADBSA, 29 de agosto de 1935, p. 275.
  49. No debería confundirse esta asociación con los “Exploradores Argentinos de Don Bosco”, ni con otra posterior, surgida de una escisión de la asociación fundada por Moreno.
  50. “Ángel Braceros Haedo”, Tribuna Libre, 10 de septiembre de 1919, p. 1.
  51. “Capitanes con Compañía”, mecanografiado en: Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  52. Ver: Roldán, Diego, “Una agencia en la cultura física urbana de entreguerras. La trayectoria de Juan Bautista Arrospidegaray en Rosario”, Ponencia presentada al 10mo Congreso Argentino de Educación Física y Ciencias, 9 al 13 de septiembre de 2013, La Plata, https://bit.ly/30sUbnC.
  53. AJEABSA, 26 de enero de 1916, p. 3. Como contrapartida, encontraremos que ese mismo año, la compañía de “vanguardistas” de Catamarca solicitó su integración plena dentro de la asociación de Boy Scouts. AJEABSA, 7 de junio de 1916, p. 33. Lo mismo ocurrió en la compañía santafesina de Villa Constitución. AJEABSA, 21 de junio de 1916, p. 38.
  54. José María Amadeo sería una figura de centralidad durante la gestión de Severo Toranzo, y uno de los que sufriría con mayor dureza los embates de la intervención de los BSA por parte del uriburismo, siendo acusado de patrimonialismo, según veremos más adelante.
  55. AJEANBSA, 2 de octubre de 1925, p. 265.
  56. Lo que no evita que podamos hacer la sumaria “noticia” biográfica que venimos apuntado sobre los otros protagonistas de la vida scout, a fin de “ubicar” al lector que pudiera no estar al tanto del múltiple derrotero del personaje, que podrá completar asimismo con la variada cantidad de biografías, entradas e incluso relatos autobiográficos circulantes que citamos a lo largo de la obra. Francisco P. Moreno (1852-1919) fue hijo de un exiliado antirosista y nieto por vía materna de un “invasor” inglés de 1807. Comenzó su indagación sobre fósiles en 1871 en la laguna Vitel, de los Gándara, y al año siguiente inició sus exploraciones en el sur argentino, que le ocuparían gran parte de su vida. Fue jefe de la comisión argentina de límites con Chile, dirigió el museo de Ciencias Naturales, fue elegido Diputado Nacional y luego ofició como vicepresidente del Consejo Nacional de Educación.
  57. Como se ha dicho, en esos relatos “los ‘hechos’ son más bien significantes al servicio de una verdad que construye su organización ‘edificando’ su manifestación […] Parece como si de la historia se desprendiera la función didáctica y epifánica”. de Certeau, Michel, La escritura de la historia, México, Universidad Iberoamericana/ITESO, 2006, p. 257.
  58. “que de todas las horas de su suerte/ ésta perdure, amarga y vencedora” escribe dicho autor en Alusión a la muerte del coronel Francisco Borges.
  59. Podrían adscribírsele acaso a él también, las líneas que Terán apuntaría sobre Ernesto Quesada, al describirlo como “un punto de liaison entre el viejo mundo patricio y señorial por una parte y, por la otra, el deslumbramiento gozoso ante los logros de la modernidad”. Terán, Oscar, Vida intelectual en el Buenos Aires fin de siglo, Buenos Aires, FCE, 2000, p. 213.
  60. Por dos visiones especialmente discordantes, de un Moreno “humanitario” a un Moreno “celador de prisioneros de guerra”, pueden visitarse, respectivamente, los artículos de Mónica Quijada (“Ancestros, ciudadanos, piezas de museo. Francisco P. Moreno y la articulación del indígena en la construcción nacional argentina”, Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe- EIAL, vol 9, n° 2, 1998, pp. 21-46), y de Daniel Badenes (“Trofeos de guerra”, La Pulseada, n° 43, 2003). Disponible: Consultado el 3 de agosto de 2015.
  61. Como ha señalado ya Goffman, el problema en las biografías es “la costumbre de dar por supuesto que el individuo puede tener realmente solo una, hecho garantizado por las leyes de la física antes que por las de la sociedad. Se entiende que todo lo que un individuo ha hecho y puede, en realidad, hacer es incluible dentro de su biografía […] Por muy canalla que sea un hombre, por muy falsa, clandestina, disociada y gobernada por pasiones, caprichos y contramarchas que sea su existencia, los hechos verdaderos de su actividad no pueden ser contradictorios ni inconexos entre sí. Hay que advertir que esta unicidad totalizadora de la línea vital está en marcado contraste con la multiplicidad de yoes que se descubren en el individuo cuando se lo observa desde la perspectiva del rol social donde –si maneja adecuadamente la segregación de la audiencia y del rol– puede sustentar con bastante habilidad yoes diferentes, y, hasta cierto punto, pretender que ya no es más algo que ha sido”. Goffman, Estigma, pp. 85-86.
  62. En efecto, la nieta de Moreno se quejaría que “en el año 1917 el presidente de la República, Señor Hipólito Yrigoyen, considera a esta Institución, ‘Bien Nacional’ lo cual no significa que la fundara. Debido a una mala interpretación, la Institución Nacional del Scoutismo Argentino, fundada ese 4 de julio de 1912, no ha celebrado en este año de 1987, sus bodas de diamante; nuevamente se ha dejado en el olvido otra de las obras de bien social a la cual Abuelo aportó su afán […] recordado en numerosas placas de bronce y documentos que lo reconocen como ‘Fundador’”. Citado en Moreno Terrero de Benites, Adela, Recuerdos de mi abuelo Francisco Pascasio Moreno. El Perito Moreno, Buenos Aires, Talleres Gráficos Moreno, 1988, p. 177.
  63. Según se recuerda en un artículo de Daniel La Moglie y José Selles-Martínez, dedicado a la actividad del “Perito”, como miembro y benefactor de la YMCA, fue Daniel Inocencio Moreno Gowland, su hermanastro, el primer MS argentino, al acompañar a los entusiastas jóvenes Pearson y Penny en la creación de las primeras patrullas y al ofrecer su casa como lugar de reunión de aquellos muchachos. En: https://bit.ly/2Z5re0L.
  64. Resoagli, Víctor, “Importancia del Scoutismo”, ESA, diciembre de 1928, p. 4. Al Jefe Scout Toranzo parece haberle gustado esta expresión, ya que la tomaría prestada poco después para su discurso ante la jura de la bandera de “la General Arenales”, reproducido en: ESA, enero de 1929, pp. 26-27. Meses después, el vocal directorial Baudizzone eligiría –con la misma idea– el término “avanzada” (“de una nueva ética, de una nueva escuela”) para definir al movimiento. “Conferencia del Señor Don Laureano A. Baudizzone transmitida por la Broadcasting Radio Prieto en ocasión del ‘Día del Boy Scout’”, ESA, octubre de 1929, p. 8. Este número, faltante en el reservorio, fue acercado y donado al MSNA por el profesor Alejandro Nápoli, y digitalizado por Yolanda Perrone.
  65. Ver el recorte que hace Moreno del artículo “Casas de obrero” del diario La Nación del 2 de abril de 1911. CM-AMREC, Exp. 35.
  66. Recorte de La Prensa, 6 de febrero de 1909. Ídem.
  67. Esas concurrencias se resumen expresivamente en el párrafo final de una de sus entradas biográficas, al señalar que su nombre quedó “ligado a iniciativas como los jardines escolares, la gota de leche, las agrupaciones de boy-scouts, las reformas de la enseñanza en un sentido menos verbalista y más manual y técnica (sic)”. GEA, tomo M-Ñ, 1959, p. 383.
  68. Una de sus tantas versiones en: Fundación Museo de la Plata, “Perito Moreno. Anecdotario. Su etapa final: 1906-1919”, Museo, vol. 3, n° 14, julio de 2000, p. 7.
  69. “Discurso de Clemente Onelli en las Escuelas Patrias al mes de la muerte del Dr. Francisco Moreno”. Colección Emilio Frey, Bibliorato n° 4, Sección Onelli, doc. 6, pp. 5-6. Museo de la Patagonia “Francisco Moreno”, San Carlos de Bariloche, de ahora en más: CEF-SCB.
  70. Moreno Terrero de Benites, Recuerdos de mi abuelo, p. 156.
  71. Victoria Aguirre (1858-1927) fue una pintora y coleccionista de arte nacida en la ciudad de Buenos Aires. En su rol de filántropa y miembro de la Sociedad de Beneficencia sería la encargada de donar –entre otros actos de esa índole– las camas y las ropas de la sección policial de “Menores” (conocida luego como Alcaldía) creada en 1919. Rodríguez, Historia de la policía federal argentina, p. 55, Sosa de Newton, Diccionario biográfico de mujeres argentinas, p. 16 y GEA, “Apéndice”, 1964, p. 17.
  72. La admiración de Sara Abraham, una de las pioneras del feminismo, por la figura de Moreno puede verse cuando solicite a la ANBSA que mueva “unos centímetros” la placa de los scouts en la bóveda del ex presidente, para poder incorporar una –patrocinada por ella– que colocarían algunas escuelas del Consejo Escolar. AJEANBSA, 13 de noviembre de 1923, p. 249. Junto a Abraham se sumaría a la tarea de la “Obra de la Patria”, ante la ampliación de la cantidad de escuelas, el Padre Patricio Walsh, activo miembro de la comunidad irlandesa.
  73. Moreno Terrero de Benites, Recuerdos de mi abuelo, p. 157.
  74. Los miembros de la “Comisión Administradora de Escuelas Patrias” eran: Francisco Moreno, Juan Girondo, Alberto Bosch, Felix Armesto y José Antonio Lagos, por el Patronato de la Infancia; y Santiago Gahan, Ricardo Dowdall, David Linari, Blas de Rueda (suplantado por Pedro Varela) y José M. Picabea; por los vecinos de la sección Sud-Oeste. Íbidem, p. 160.
  75. S/A, “Los chicos de la quema”, Caras y Caretas, 3 de octubre de 1908, p. 72.
  76. Difuminándose incluso el lugar de Moreno, y haciendo que desde la historiografía académica se llegara a ubicar su comienzo, algunos años después, al decirse que fueron las mujeres de la comisión auxiliar del Patronato las que en 1914 “establecieron lo que llamaron Escuelas Patrias para proveer educación de bienestar en barrios poco saludables”. Guy, Donna, Women build the Welfare State, Duke University Press, 2009, p. 111. Quizás, previendo esa posibilidad, Moreno recordaba todavía en ese año de 1914, ya desvinculado del Patronato de la Infancia, que había sido él el encargado de la “proposición” por la cual los “educandos, todos necesitados” recibían alimento consistente en “leche y pan y últimamente una rebanada de carne frío o embutido”. Moreno, Francisco P., “La alimentación de los niños menesterosos de las escuelas primarias”, EMEC, 31 de mayo de 1914, p. 163.
  77. Por ejemplo, al desvincularse de una de esas instituciones en 1905, Moreno le escribía a su presidente: “El señor presidente sabe que fui yo quien propuso para la Asociación San Martín las palabras ‘Educación, carácter, trabajo’ […] Últimamente he observado que lo que entiendo significan esas palabras, no coinciden […] con alguno de los procedimientos de la Comisión Directiva […] la Asociación, en las fiestas que lleva a cabo actualmente, hace uso de un medio que dará resultados morales desastrosos, […] desde la fecha, tanto yo como mis hijos […dejaremos] de formar parte de la Asociación San Martín”. El creciente enojo de Moreno puede verse también en el borrador de la carta donde, al saludar, tacha “mi más alta” consideración y la cambia por “mi mayor”. Borrador de carta, 18 de julio de 1905. Fondo Moreno, AGN. De ahora en más, FM-AGN.
  78. Moreno, “La alimentación de los niños menesterosos de las escuelas primarias”, p. 164.
  79. “Carta de Ortiz Basualdo e Ignacio M. Gómez a Francisco P. Moreno”, 18 de mayo de 1911. FM-AGN.
  80. Esa tradición de defensa civil, Moreno la llevaría en su prédica scout, dejando una marca más allá de su gestión, tanto que días después de su muerte, la compañía de Tres Arroyos –por dar un ejemplo– se organizaría –bajo el mando de Carlos E. Lucani– en dos cuerpos que tendrían como norte actividades referidas a esa cuestión: “bomberos” y “asistencia pública”. AJEANBSA, 26 de noviembre de 1919, p. 45.
  81. “Carta de Ortiz Basualdo e Ignacio M. Gómez a Francisco P. Moreno”, 11 de agosto de 1911. FM-AGN.
  82. “Carta de Sofía Arning de Bengolea a Francisco P. Moreno”, 22 de junio de 1911. FM-AGN.
  83. Luis J. Dellepiane (1865-1941) Nació y murió en Buenos Aires. Militar e Ingeniero Civil, ingresó al Colegio Militar en el año 1882. Coronel desde 1903 (cargo con el que fue designado Jefe de Policía de la Ciudad de Buenos Aires) fue ascendido a General de Brigada en 1910 y de División en 1918, retirándose del servicio en 1925 con el grado de Teniente General. Fue Profesor de Geodesia y organizador del Instituto Geodésico Militar (considerado por ello el “padre” de la disciplina a nivel local); miembro del consejo directivo de la facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA; Jefe Militar de Campo de Mayo y Ministro de Guerra de la Nación entre 1928 y 1930 (renunciando poco antes del golpe, ante la negativa de Yrigoyen de permitirle la represión de la conspiración uriburista). Fue vocal de la Comisión Organizadora de la ABSA de 1912 bajo la presidencia de Moreno, de su comisión reorganizadora en 1914 y del Consejo Nacional bajo la jefatura de Riccheri. Quien es quien en Argentina 1941, Buenos Aires, Kraft, p. 203 y GEA, tomo Del-Gw, 1957, pp. 4-5. Cuatro años después de su muerte, la compañía scout fundada en San Miguel elegiría su nombre como forma de bautismo. ADBSA, 25 de abril de 1945, p. 153.
  84. “Carta de Luis Dellepiane a Francisco P. Moreno”, 1° de junio de 1911. FM-AGN.
  85. Guy, Donna, “Niños abandonados en Buenos Aires (1880-1914) y el desarrollo del concepto de la madre”. Año 1994. https://bit.ly/3AX7ucp. Consultado el 10 de octubre de 2014.
  86. Dos años después de esas palabras, en 1914, Gallo era integrado al Consejo Nacional de la ABSA. Vicente Carmelo Gallo (1873-1942) fue un abogado tucumano, recibido con Medalla de Oro de la facultad de Derecho de la UBA por su tesis “Juicio político”. Profesor titular de Derecho Administrativo y rector de esa universidad. Fue secretario de Bernardo de Yrigoyen, diputado Nacional por la Capital entre 1912 y 1919 y luego Senador, hasta 1923, cargo que dejó al jurar como Ministro de Interior de Alvear. Fue candidato a vicepresidente del antipersonalismo. Presidió y formó parte del directorio de múltiples empresas azucareras y de otro tipo. Fue miembro del Jockey Club. Murió en Buenos Aires. GEA, tomo Del-Gw, 1957, pp. 446-447.
  87. DSHCDN, 1 de julio de 1912, p. 446.
  88. Moreno Terrero de Benites, Recuerdos de mi abuelo, p. 202.
  89. Un caso claro de pensamiento “patricio” en un sentido ultra, estaría dado por el director del Archivo General de la Nación y vocal de la ABSA, Juan José Biedma, quien expresaría lo siguiente en una carta a un tercero, que llegaría –por equivocación– a la lectura del General Riccheri: “¿Qué le parece el triunfo socialista? Rusos, italianos, etc, se posesionarán de las butacas en que se sentaron Mitre, Sarmiento, Rawson, etc. […] Es inútil, nuestro pueblo soberano es un pueblo de inconscientes que necesitan que les elijan sus representantes. Da asco pensar que Bosch, Ibarguren, Züberbuhler, etc, hayan sido derrotados por Zacagnini, de Tomaso y lo serán por Mantecón ¿Nos traerá esto el voto calificado?”. “Carta de Juan José Biedma a Luis Vicat”, 8 de abril de 1914. Carpeta “Correspondencia. Enero-mayo de 1914”. FR-MJM. Subrayado en negrita nuestro. Esta carta de Biedma, en la que el motivo central era describir la oferta de hospedaje en La Cumbre, aunque dirigida a Vicat, estaba redactada con objeto de informar a Riccheri sobre dicha cuestión, según el general lo había solicitado. Cabe señalar que Riccheri parecía tener una mirada totalmente diferente a la de Biedma, tanto que en una aclaratoria, el intemediario se disculpaba al general, por no haber suprimido aquel párrafo político, ya que “Son frases para mí pues él no sabía que yo se la iba a mandar íntegra a Ud, esa carta”. “Luis Vicat a Riccheri”, Borghi, 11 de abril de 1914, FR-MJM. Y, en efecto, según otras cartas, podríamos suponer que Riccheri censuraría esa postura adversa al triunfo socialista y a la expansión democrática. Aunque a una mirada actual esta posición la pueda sorprender, hemos realizado un verdadero hallazgo en el Archivo “Julio Marc”, al encontrar una carta en la que el general Riccheri (el que tan duramente había sido cuestionado por la “izquierda” a partir de su proyecto de conscripción) le escribía a Alfredo Palacios diciéndole que “ha tenido hoy particular compacencia en darle, en la Capital Federal, su voto para Diputado de Congreso Nacional. El Socialismo Argentino es un partido que tiene su puesto entre los partidos nacionales y su intelectual y varonil porta–estandarte tiene ya conquistado un lugar de primera fila entre los grandes parlamentarios argentinos”. Borrador de carta, Temperley, 2 de abril de 1916, FR-MJM. Además, Riccheri compartiría con Palacios (ambos miembros del Consejo Nacional de la ABSA), el sub-comité de Estudios Sociales del “Comité Argentino para el estudio científico de la cuestión del alcohol”. “Carta de agosto de 1914”, FR-MJM.
  90. Al menos según la anécdota que recuerda otro consejero scout, Ángel Gallardo, quien compartía esa mirada, y que en sus memorias es especialmente despectivo acerca de los saberes y capital cultural del entonces ministro de Instrucción Pública, Salinas, de quien no sólo comentaría jocosamente una anécdota que revelaba el desconocimiento del funcionario yrigoyenista acerca de cómo se realizaban las cintas cinematográficas, sino que además incluiría en sus recuerdos este párrafo revelador acerca del “choque cultural” entre las “notabilidades patricias” y algunos de los asistentes del primer presidente electo por la ley Sáenz Peña (a la que sin embargo, Gallardo abiertamente defendía, y con ella, al hombre que la había concebido): “En esa misma audiencia inicial, lo saludó Lucio López, a quien Salinas le preguntó si era de los López de Chivilcoy [haciendo referencia presumiblemente a armadores politicos radicales de la zona, A. B.]. ‘No, Señor Ministro, le dijo Lucio, esos son otros López, yo soy de los López del Himno’. ‘Ah, del Himno’, exclamó Salinas, sin entender”. Gallardo, Ángel, Memorias para mis hijos y nietos, Buenos Aires, ANH, 1982, p. 174.
  91. Como da cuenta el obituario de veinte líneas publicado por el New York Tribune, en el que se comparaba a Moreno con la figura de Roosevelt (del que se recordaba que era su amigo) y sobre el que no se olvidaba de mencionar su carácter de fundador, no sólo del Museo de La Plata, sino también de la ABSA. New York Tribune, 24 de noviembre de 1919, p. 6, https://bit.ly/3n8qShT Una versión muy similar (seguramente surgida de un parte de agencia de noticias en común), se publicó en The Sun, New York, 24 de noviembre de 1919, p. 9, https://bit.ly/3AW2aGt Ambas referencias extraídas de las copias online de la Library of Congress.
  92. La Prensa, 24 de noviembre de 1919, p. 5.
  93. PLA, 14 de junio de 1916, p. 40.
  94. Tres años después, los miembros designados por la Junta Ejecutiva intentarían vanamente, luego de entrevistarse con el presidente Yrigoyen, lograr su palabra para ejercer una efectiva presión sobre los “Exploradores” (en este caso mendocinos) que no se avenían a reconocer el “monopolio” de la práctica por parte de la ANBSA, que el mencionado mandatario había sancionado por decreto. AJEANBSA, 17 de diciembre de 1919, p. 68.
  95. Por la vía del Coronel Arroyo, fuertemente ligado al radicalismo, se lograría del presidente la provisión de uniformes y pasajes para los scouts. AJEANBSA, 24 de diciembre de 1919, p. 69. Otro miembro cercano a ese partido, Basso, lograría también pasajes por la vía del gobernador bonaerense. Íbidem, 30 de diciembre de 1919, p. 73.
  96. En esa mezcla de “respeto notabiliar” y “confianza democrática”, confluirían –dentro de un registro no equivalente del todo, es cierto– los dos primeros jefes scouts, Moreno y Riccheri, quienes compartían una devoción similar –nuevamente desmintiendo una visión exageradamente dicotómica sobre la “grieta” al interior de la oligarquía conservadora– tanto por el general Julio Argentino Roca como por el presidente Roque Sáenz Peña. Ambos participarían de las comisiones o expresiones de homenaje a dichos políticos, muertos con escasos meses de distancia. Para el caso de Riccheri, ver la nota de Joaquín de Anchorena (intendente capitalino entre 1910 y 1914 y también, consejero scout) informándole de la reunión de la Comisión pro-Monumento a Sáenz Peña. 25 de julio de 1915, FR-MJM.
  97. Ygobone, Aquiles D., “Asociación ‘Padres y Maestros’”, Arquetipo de argentinidad, pp. 581-582.
  98. “De ese consorcio, ya establecido entre la escuela y el hogar, surgió, como no podía menos, una transformación honrosa para este vecindario que ha llegado a despojarse del mal concepto en que, desde antiguo, se le tenía”. Urreta, Mateo, “Discurso en la Asociación ‘Padres y Maestros’”, EMEC, 31 de octubre de 1915, p. 96.
  99. Íbidem, p. 98.
  100. Ídem.
  101. Estatutos de la “Asociación Boy Scouts Argentinos” (De ahora en más, “Estatutos, c. 1913”), Buenos Aires, La Obra de la Patria, p. 2. En Biblioteca Biedma-Pillado, AGN. (de ahora en más, BBP-AGN).
  102. ABSA, Boy Scouts Argentinos. Breves indicaciones, Buenos Aires, p. 3.
  103. Decimos que es “de facto”, porque más allá de aparecer listado como miembro del Consejo Nacional en la nómina oficial de la Asociación, él rechazaba abiertamente ser incorporado y se desligaba de la misma en cuanta ocasión podía, como lo marca la siguiente carta que todavía en 1918 escribiría nada menos que al presidente de los scouts salteños, Manuel Anzoutegui: “Aun cuando fui el fundador [de la asociación], hoy sólo soy su miembro vitalicio […] No pertenezco a su Comisión Nacional, aun cuando se haga figurar mi nombre en ella. Fundé esa Asociación con fines que fueron desconocidos en 1915”. “Carta de Moreno a Anzoutegui, 17 de diciembre de 1918”, Documento 73, Carpeta III, p. 1 de 3. FM-SCB.
  104. AJEABSA, 3 de julio de 1916, p. 50.
  105. ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 15.
  106. Así, hemos encontrado referencias de conmemoración por parte de los scouts, de las siguientes batallas desde las invasiones inglesas hasta la federalización de Buenos Aires: Corrales de Miserere (1807), Toma de Campichuelo y Acción de Suipacha (1810), Huaqui y Las Piedras (1811), Tucumán y Cerrito (1812), Salta, San Lorenzo y Vilcapugio (1813), Ayohuma y Marmarajá (1814), Sipe-Sipe (1815), Pitambalá (1816), San Pedrito, Picheuta, Putaendo, Salala y Chacabuco (1817), Maipú y Chillán (1818), Callao (1819), de la Bajada, Puente de Mayo, Jauja, Tarma, Palpa y Sorpresa de pescadores o Chancay (1820), Río Bamba (1822), Caseros (1825), de los Pozos, Ituzaingó, Guardia Vieja, Ombú y Juncal (1827), Monte Caseros (1829), Rodeo el Medio (1941), Arroyo Grande (1842), Arroyo del Rey (1853), Curupaity (1866) Toma de la Asunción (1868) y Los Corrales (1880).
  107. Como podemos ver en la donación que Moreno le comunicaría al Capitán de la Compañía de Carlos Casares, de 200 tarjetas postales. “Carta de Francisco Moreno a José F. Seijó, 25 de abril de 1919”, Carpeta III, documento 6, p. 1 de 2. FM-SCB.
  108. Hemos podido comprobar en el MSNA la existencia de sobres devueltos por el correo a los BSA en dicha época, incluso nunca abiertos, con el nombre de remitente del Jefe Scout Severo Toranzo, en los que adentro se incluían las postales que hemos mencionado.
  109. Moreno, “La alimentación de los niños menesterosos…”, p. 163. Una lectura de ese tipo, alerta a que los scouts no derivaran en “mero” asistencialismo, permanecería en la asociación, incluso retirado Moreno de la misma, como puede verse en la negativa por parte de la Junta Ejecutiva Nacional de autorizar a la compañía de la circunscripción 8ª de Capital Federal de realizar festivales de Navidad y Año Nuevo con el objetivo central de “aliviar a los pobres de esa parroquia” por cuanto se consideraba que era una tarea que “no corresponde a esta asociación”. AJEANBSA, 5 de diciembre de 1918, p. 219.
  110. Ya en 1904 se había intentado una candidatura del “Perito”, promovida por la Comisión Directiva del Club local de San Cristóbal Sud, presidida por su pariente, Fernando Gowland. Ver: Moreno Terrero de Benites, Recuerdos de mi abuelo, pp. 164-174.
  111. Interesantemente, con una recorrida imagen de “no politicidad” en relación con los hombres y mujeres del scoutismo –sobre la que indagaremos en oleajes a lo largo del libro–, el diario La Prensa en su nota necrológica de 1919, refería este episodio en la vida de Moreno, de la siguiente manera: “El doctor Moreno no tuvo tiempo para consagrar a la política. Sin embargo, durante la la presidencia del doctor Roque Sáenz Peña, en momentos auspiciosos para la civilidad, fue elegido, entre un grupo selecto de ciudadanos, diputado al congreso Nacional”. La Prensa, 23 de noviembre de 1919, p. 11.
  112. “Carta de Moreno y Quiroga a de la Plaza”, VdlP-AGN.
  113. Rosendo Fraga nació en Santa Fe en 1856 y murió en Buenos Aires en 1928. Fue el primer vicepresidente scout, cargo que ejerció en paralelo con su condición de presidente de la Cámara de Diputados (había ingresado en 1910 al cuerpo), ocupando con posterioridad la vocalatura en consejos ejecutivos posteriores. Fraga fue miembro de la “expedición al desierto” y de la campaña del Chaco y participó del combate del Puente Barracas en 1880 del lado gubernamental. En 1898 fue elegido subsecretario del departamento de Guerra. Fue director de la Penitenciaría Nacional, Jefe de Policía porteña (desde donde enfrentó la revolución radical de 1905) y ministro de Guerra de Figueroa Alcorta, entre 1906 –año en que fue ascendido a general– y 1910. Datos biográficos tomados de: Clifton Goldney/del Valle Larrabure, El Teniente General Fraga. Soldado de la República 1856-1928… y entradas de Cutolo, Nuevo Diccionario…, tomo F-K, 1971, pp. 129-130 y Abad de Santillán, GEA, tomo Del-Gw, 1957, pp. 385-386. La compañía scout de Villa Progreso llevaría su nombre desde 1940.
  114. Siempre listos, abril de 1915, p. 2.
  115. “La Asociación argentina recibe un subsidio gubernamental de 5000 libras”. Dominion, Wellington, Nueva Zelanda, 20 de noviembre de 1913, p. 7, https://bit.ly/3lXrDeu Consultado el 4 de enero de 2019.
  116. Es el Caso del “Capitán” de la 1° Compañía de Lomas de Zamora, Horacio Dodds, primer socio inscripto de la ANBSA, quien aceptaría el cargo ad honorem como Instructor General durante el tiempo que durara su conscripción militar. ACEABSA, 30 de julio de 1915, p. 54.
  117. Como la realizada por el Dr. Pedro Tessi, quien donaría a la institución el sueldo que había recibido como encargado censal. ACEABSA, 4 de diciembre de 1914, p. 12.
  118. ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 15.
  119. Al menos esa sería la retribución otorgada a un excombatiente de la Guerra de la Triple Alianza por disposición del Comité Ejecutivo. ACEABSA, 5 de abril de 1915, p. 26.
  120. Y, como en el caso del instructor Claudio Lagos, estaban dispuestos a llegar a la instancia del Comité Ejecutivo para reclamar “el pago de haberes por servicios retrasados”. ACEABSA, 4 de diciembre de 1914, p. 11. Teniendo en cuenta el costo que suponían los instructores, en el proyecto legislativo de fomento de la práctica –que desarrollaremos adelante– se preveía que dichos emolumentos corrieran por cuenta del Estado. Araya, “Fomento del scoutismo argentino”, p. 755.
  121. ACEABSA, 30 de julio de 1914, p. 51.
  122. El gasto entre el 18 de abril de 1916 y el 30 de abril de 1917 pasó a ser de 850 pesos. “Estado demostrativo del movimiento de fondos…”. Carpeta “Asambleas Ordinarias del Consejo Nacional Años 1917-1923”. MSNA. A ellos habrá que sumar 700 pesos más al incorporarse, 3 años después, 2 auxiliares para Secretaría y Administración y 2 ayudantes técnicos. AJEANBSA, 27 de noviembre de 1920, p. 250.
  123. AJEANBSA, 26 de diciembre de 1922, p.134. Años después se discutiría si se trataba de un aguinaldo o de un “sobresueldo”. ADBSA, 30 de abril de 1929, p. 129.
  124. AJEANBSA, 1° de mayo de 1925, p. 109. Esta disposición a no aumentar los sueldos no era compartida por todos, dándose 3 años después, por iniciativa del general Elía Álvarez, miembro ejecutivo, un incremento de haberes que llevaría al Gerente Luis Fontana a percibir de 350 a 400 pesos y al Director Técnico Enrique Alcántara a pasar de recibir 200 a 350 pesos. Sumando los pagos a tres auxiliares, un escribiente, dos ayudantes y un mensajero, podemos ver que para esa altura, la institución erogaba en sueldos de personal (más viáticos del secretario) un total de 2070 pesos. ADBSA, 23 de junio de 1928, p. 109. Así, la suma representaba (teniendo en cuenta el pago de aguinaldos) aproximadamente la mitad de la suma recibida anualmente por los subsidios nacional y municipal vigentes.
  125. Moreno, Francisco P., “Los Boy Scouts en la guerra actual”, Siempre Listos, abril de 1915, p. 13.
  126. ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 17.
  127. ACEABSA, 23 de abril de 1915, p. 30.
  128. ACDABSA, 16 de febrero de 1916, p. 12.
  129. BORA, 27 de septiembre de 1915, p. 588.
  130. Podemos mencionar los subsidios específicos que el Congreso otorgaría por $4.600 a los Boy Scouts de Metan y por $3000 a los de Santiago del Estero en 1943 (Presupuesto general para el ejercicio de 1943, Buenos Aires, Imprenta del Congreso Nacional, 1943, pp. 1165 y 1195).
  131. Por ejemplo es el caso de la compañía puntana “Coronel Pringles” que recibiría del Gobierno Provincial, 3600 pesos para su desarrollo. “Información general”, ESA, febrero-marzo de 1943, p. 7.
  132. En el caso de la localidad entrerriana serían 30 pesos mensuales, lo que suponía unos 360 pesos por año. “De Concepción del Uruguay”, ESA, diciembre de 1928, p. 31. En el caso de Lomas de Zamora, serían 500 pesos en un solo pago. “Inf. Gral”, ESA, febrero-marzo de 1943, p. 7.
  133. ADABSA, 16 de diciembre de 1926, p. 4.
  134. Decimos efectivos, porque más allá de lo votado en el presupuesto, no siempre se recibía esa suma de manera efectiva, como puede verse para el año 1923, cuando no se recibiría nada de lo destinado en el presupuesto inicial entrado al Congreso. ANBSA, Memoria 1924. Mimeo. MSNA.
  135. La Primera Comisión fue la siguiente: Presidente: Francisco P. Moreno; vicepresidente: Rosendo Fraga; Montheit Drysdale, tesorero; Modesto Quiroga, secretario; Ángel P. Allaria, José Juan Biedma, Juan Canter, Manuel Corvalán, Luis Dellepiane, Ricardo Dowdall, Clemente Onelli, Pablo Riccheri, Tomás Santa Coloma, Carlos P. Ripamonti, Martín Rodríguez, Frank Soler, Carlos Thays, Arturo Young, vocales. El Comisionado Nacional designado sería Russell D. Christian.
  136. Según cuenta Onelli: “los primeros niños asilados por él [Moreno] en la quinta, descalzos y semi-desnudos, como niños de una raza primitiva iban armados de su onda elástica y sus municiones para cazar pajaritos. Reprenderlos, enseñarles directamente que eso no debía hacerse hubiera sido tarea inútil, como lo es en las escuelas comunes. Moreno no dijo nada. Colgó de un árbol una bolsita indicándoles que allí dentro debían reunir las migas de sus desayunos y de sus almuerzos para darlas a los pájaros y así lo hacía él todas las mañanas. A los pocos días sin ninguna prohibición, por la lógica infantil los niños comprendieron que no debían matarse animalitos de cuya alimentación ellos mismos cuidaban”. “Discurso de Clemente Onelli en las Escuelas Patrias…”, CEF-SCB.
  137. Es replicada, por ejemplo, en: Moreno de Benites, Recuerdos de mi abuelo, p. 176.
  138. PLA, 4 de julio de 1912, p. 1.
  139. Ídem.
  140. Así, más de un cuarto de siglo después, el Directorio de los BSA se definía contando con “la colaboración desinteresada y patriótica de muchos médicos, odontólogos, oftalmólogos, profesores de gimnasia y de música; catedráticos, maestros normales, artistas, oficiales y jefes del ejército, periodistas, etc.”. “Conferencia radiotelefónica del Sr. Pablo Martín”, ESA, diciembre de 1938, p. 2.
  141. Esta formalización institucional en Chile sería privilegiada en los relatos de los dirigentes internacionales por sobre la efectiva práctica previa en Argentina. Así, el secretario general del Comité Internacional durante 1938 a 1951, escribiría que: “Chile obtuvo el legítimo orgullo en ser el primer país fuera de los dominios británicos y el Imperio en establecer una asociación Boy Scouts, y fue el único país latinoamericano representado en la Jamboree de Olympia en 1920”. Wilson, Scouting round the world, p. 112. De nuevo, en esta distancia entre el reconocimiento formal de las asociaciones y la participación de los entusiastas jóvenes, Wilson parece olvidar la participación –es cierto que free lance y ciertamente desautorizada como representativa por parte de la propia asociación– del argentino Ernesto Tornquist en dicha Jamboree.
  142. En caso de mayor interés sobre esa institución, ver: Ygobone, “La Obra de la patria y su misión”, Arquetipo de argentinidad, pp. 547-577 y Moreno Terrero, “La Obra de la Patria y las Escuelas Patrias”, Recuerdos de mi abuelo, pp. 156-163.
  143. “Carta de Russell M. Christian a Pablo Riccheri”, 30 de marzo de 1916. Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  144. Caras y Caretas, 6 de julio de 1912, p. 97.
  145. Esto queda particularmente evidenciado en la “hagiografía” laica del “Perito”, donde se evidencia el lugar explícitamente subsidiario que se le otorga a quien fuera el comisionado inicial de la ABSA, Russell Christian, al definirlo como “quien en todo momento supo interpretar fielmente la sabia orientación que el doctor Moreno había dado a esta importante rama de la educación”. Ygobone, Arquetipo de argentinidad, p. 586.
  146. A pesar de quedar marginada posteriormente de la centralidad en la dirección de la institución scout, la asociación de jóvenes católicos sigue reclamando hasta hoy su lugar de importancia en la implantación de esa práctica en nuestro país, como lo demuestra la inclusión de aquel hecho en las efemérides del libro conmemorativo de los 110 años. YMCA, El valor de un mundo con valores, Buenos Aires, Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, 2012, p. 11.
  147. Es notable el rápido proceso de “invisibilización” que los dirigentes scouts efectuaron sobre una de sus organizaciones “madre”. En fecha tan cercana a la desvinculación de Christian, como el 9 de enero de 1918 (AJEANBSA, p. 227), el tesorero Basso podía sostener –sin que nadie lo desmintiera– que “esta Asociación no ha tenido nada que ver con la Asociación Christiana (sic) de Jóvenes” (¿habrá sido el uso de la “h” una humorada del transcriptor de las actas, en referencia al “pionero”?) A mediados del período analizado, incluso, los scouts navales de Puerto Belgrano ratificaban el sentimiento de desvinculación con la YMCA: “nosotros no somos una ‘asociación cristiana de jóvenes’, pero sí, una Asociación Nacionalista de Jóvenes Cristianos y Argentinos”. S/A, “Momento scoutista argentino”, TT, Junio y Julio de 1933, p. 1.
  148. Como puede verse en la solicitud de subsidio de 500 mil pesos que la asociación hiciera llegar (el 25 de septiembre de 1935) al entonces presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y futuro gobernador bonaerense, Manuel Fresco. Dicha solicitud incluía un folleto en el que se explicitaba que “uno de los líderes de la Asociación actuó desde el primer momento al frente del movimiento scoutista en el país”. “La Asociación Cristiana de Jóvenes”, apartado II: “Obra realizada en favor del país”, punto 5: “Scoutismo”, p. 2. KF.
  149. “Carta de H. E. Crundall a Russell D. Christian, 29 de agosto de 1914”. Carpeta “Coronel Suárez”. MSNA.
  150. “Carta de Arturo F. Penny a Modesto Quiroga, 27 de septiembre de 1915”. Carpeta “Archivo 1915”. MSNA.
  151. Todavía a mediados de la década del treinta, en algunas localidades, como la santafesina Venado Tuerto, sería necesaria la iniciativa de un angloparlante (en este caso, un canadiense, el actor circense y performer cow-boy Harry W. Amincton) para fundar la compañía local. Favoretto, José E., Mi ciudad, tu historia, tu vida, mi gente, Venado Tuerto, ABC Impresos, 1992, pp. 340-341.
  152. Como le señalara Crundall a Christian, fue la directora de la escuela la que se había comunicado con él, para solicitar sus servicios, ya que “el scoutismo había sido ordenado por el gobierno como una ‘materia obligatoria’, aquí en la escuela”. “Carta de H. E. Crundall a Russell D. Christian, 22 de julio de 1914”. Carpeta “Coronel Suárez”. MSNA. Seguramente Crundall se debía referir a la implantación del proyecto del director general de escuelas, Julio César Urien, que procuró integrar al scoutismo al Plan de Estudios bonaerense, y que tan exhaustivamente ha sido trabajado por Pablo Scharagrodsky en su excelente artículo, ya citado, “El scautismo en la educación física bonaerense…”. En el caso local, puede haber ayudado también, al particular apuro por poner en práctica esa iniciativa, el origen inglés del Presidente del Consejo Escolar, Juan Harriot, para tomar dicha decisión.
  153. “Carta de H. E. Crundall a Russell D. Christian, 11 de julio de 1914”. Carpeta “Coronel Suárez”. MSNA.
  154. Por ejemplo, eran requisitos para obtener la 3ª clase scout, poder realizar los nudos “llano”, “as de guía”, “balletstringue”, “margarita”, “vuelta de escota, doble”, “vuelta redonda” y dos medios “cotés”. “El Boy Scout Argentino”, ESA, junio de 1913, p. 30.
  155. Esto puede verse en el memo del 17 de septiembre de 1914, en el que Crundall escribiría “los papeles de examination” en vez de examen o examinación. Carpeta “Coronel Suárez”. MSNA.
  156. “Memorandum de Crundall a Christian”, s/f (circa 1914). Ídem.
  157. AJEABSA, 26 de julio de 1916, p. 61. Si tomamos los ascensos a primera y segunda clase del año 1917, veremos cómo Quilmes seguía siendo una compañía con preponderancia de apellidos sajones: Coleman, Welly, Peterson, Avery, Ales y Logan. AJEANBSA, 10 de octubre de 1917, p. 200.
  158. Sánchez, Ricardo (“Yarará astuto”), Pionero del Escultismo de Córdoba. M. S. Tomás A. Echevarría, Córdoba, edición de autor, 2007, p. 39.
  159. “Campamentos y Excursiones”, ESA, abril de 1914, p. 226.
  160. Precisamente al “cosmopolitismo y los hombre de sillón” que lo “derrotaron”, culparía Moreno al referir las razones por las cuales fue “separado” de la Asociación en 1915 y que precisamente eran esos “elementos” los que “condenaba continuamente el fundador del scoutismo juvenil, General Baden Powell”. “Carta de Moreno a Anzoutegui”, p. 1.
  161. VTHCDCBA, 13 de abril de 1923, p. 356. Esto sería ratificado por el Director Basso muchos años después, cuando en el medio de las discusiones sobre los scouts “de colectividad”, recuerde que “el señor Cristian (sic) fue eliminado por no haber sido argentino”. ADBSA, 11 de abril de 1938, p. 77.
  162. Así, pocos años antes, al sostener su proyecto del Servicio Científico Nacional, Moreno debía aclarar que el alistamiento del personal dentro de ese organismo del Estado “desde que servirá antes que nada a la colectividad argentina, como tal, tiene que ser amplio, liberal” (DSCDN, 25 de septiembre de 1912, p. 748) ya entreveía que la obligación de naturalizarse para acceder a un cargo de tal tipo –más allá que para ese caso, él no la avalara– era algo que podía estar sometido a debate.
  163. Santiago Fitz Simon (o Fitz Simón, o Fitzsimmons) había nacido en la localidad irlandesa de Ennis en 1849. Desde 1915, con alguna intermitencia sería vocal de la Junta Ejecutiva hasta su muerte en Buenos Aires, en 1925. Fitz Simon había llegado al país a los 13 años. Estudió en el colegio irlandés fundado por su padre en Lobos. Como profesor dictaría clases en el Colegio Nacional de Corrientes, donde sucedería a su padre en el cargo de rector. Su perfil de educador abogaba por la modernización de la currícula: eliminaría el latín, introduciría los juegos atléticos y el trabajo manual. Tuvo otros cargos jerárquicos en Entre Ríos y entre 1891 y 1894 actuaría como Inspector General de Enseñanza Secundaria y Normal. Se jubiló luego de varios años al frente de la Escuela Superior de Comercio “Carlos Pellegrini”. En este caso, Cutolo sí menciona su paso por los BSA (Nuevo Diccionario…, tomo F-K, 1971, pp. 100-101). Una recensión similar, más breve, se encuentra en Abad de Santillán, tomo Del-Gw, 1957, p. 346.
  164. “Regalo ‘25 de mayo’”, ESA, junio de 1913, p. 32.
  165. Claudio Lago junto a Penny, Kirby, Pearson y Christian fue uno de los pioneros en la formación scout. Comenzó como ayudante de Russell Christian en la primera compañía de Barracas en el año 1911. Perteneciente también a la YMCA (de hecho, pediría los días libres en dicha institución para poder asistir a los festejos del centenario de independencia en Tucumán con los scouts. AJEANBSA, 20 de febrero de 1919, p. 235), se involucraría fuertemente en los comienzos de la asociación, participando de sus primeros campamentos, aunque también luego lo haría con tensiones en lo relativo a las demandas de pago por sus servicios, las que lo alejarían momentáneamente. Podemos ver, sin embargo, el fuerte ascendiente que tenía al interior de la institución, gracias a la carta que en 1915 el Comisionado Federal Victorino Díaz con una gran cantidad de “Capitanes” Scouts (entre los que se encontraba el “mítico” Samuel Kirby junto a posteriores miembros del Consejo como Bonel, Benedit y Ottonello) firmarían en su apoyo y enviarían al propio Riccheri. En ella, luego de destacar en Lago, su “cariño por los Scouts; cariño que hasta hoy, no obstante todas las vicisitudes que ha pasado no ha decaído ni un momento”, concluían: “es el Sr Lago uno de los elementos imprescindibles de la Asociación: querido y respetado por todos los scouts que tienen en él un segundo padre”. “Carta de Victorino Díaz y los Capitanes Scouts a Riccheri”. Mecanografiada en Carpeta “Archivo Año 1915”. MSNA, pp. 1 y 5.
  166. Íbidem, p. 5.
  167. PLA, 11 y 13 de abril de 1916, p. 36.
  168. AJEABSA, 10 de enero de 1917, p. 114.
  169. AJEABSA, 9 de enero de 1918, p. 227.
  170. AJEABSA, 10 de enero de 1917, p. 116.
  171. AJEABSA, 30 de mayo de 1917, p. 151.
  172. Ídem.
  173. Íbidem, pp. 151-152.
  174. AJEANBSA, 8 de octubre de 1919, p. 14.
  175. Sobre el predicador inglés y su instituto, aunque sin menciones tampoco en este caso a los scouts, puede verse: González Arrilli, Bernardo, Vida y milagros de Mister Morris, Buenos Aires, La Aurora, 1955.
  176. Por ejemplo a través del contador que supieron tener en común, John Monteith Drysdale.
  177. AJEANBSA, 8 de octubre de 1919, p. 14.
  178. Romero diría que “no es posible fomentar el culto protestante en la República […] en donde sólo puede ejercerse según la libertad de cultos […] pero nunca […] sostenerse con el tesoro público formado con las contribuciones de las provincias católicas”. Citado en: González Arrilli, Vida y milagros de Mister Morris, p. 42.
  179. Ver: Bianchi, Susana, “Las tensiones de la Iglesia Anglicana: el proselitismo de William Morris”, Historia de las religiones en la Argentina. Las minorías religiosas, Buenos Aires, Sudamericana, 2004, pp. 92-95.
  180. Institución que en su rama “exploradora” se encontraba, según el proceso que veremos más adelante, integrada a la ANBSA y que a comienzos de los años treinta sería, no sólo especialmente prestigiosa por sus educadores mixtos, sino reconocida por ser la que mayor número de scouts contaba entre sus pares capitalinas si se sumaban los afiliados en cada uno de los “batallones” de esa jurisdicción.
  181. Con la fricción por la denuncia, en un proceso de crecientes desacuerdos, Thevenin presentaría su renuncia que luego retiraría, supuestamente a partir de la calma impuesta por algunos miembros de la Junta. AJEABSA, 9 de enero de 1918, p. 230.
  182. AJEABSA, 24 de octubre de 1917, p. 295.
  183. S/A, “Por la copa del Coronel”, ESA, abril de 1914, p. 228. Con todo, es cierto que en general, las competencias entre compañías y entre patrullas se demostraban, más allá de las raras controversias arriba relevadas, en un pilar de cohesión y sociabilidad en la dinámica cotidiana de la Asociación. Ese espíritu transmite esta ficción que mencionamos sobre una competencia ciclística de dos miembros de las patrullas de los pueblos de Irigoyen y Leones. Aunque con una clara visión moralizante y armónica, la misma apuntaba a la idea de lo importante que resultaba competir como forma de sacar lo mejor de uno mismo.
  184. Así, se señalaba que “las Patrullas rivalizan entre sí para desarrollar sus planes, desenvolviendo sus más interesantes cualidades” y dando “mayor iniciativa a los scouts”. S/A, “Sistema de patrullas”, ESA, marzo de 1928, p. 10.
  185. Aplacadas las disputas previas, en un discurso del año 1925 el Jefe Scout Severo Toranzo podía volver a incluir sin reparos el nombre de “Roussell Christian” [más allá de la inusual tipografía] entre la decena de dirigentes “más caracterizados” de la asociación, a los que se les reconocía “la constancia, el celo y la inteligencia” de haber logrado el fomento de la práctica pese a sus difíciles inicios. “Scoutismo”, ESABO, diciembre de 1925, p. 36.
  186. Con los que contamos para su consulta, gracias a la generosa donación que el bisnieto de Francisco Moreno, hiciera al MSNA, consistente en los 12 números de dicha publicación desde el primero fechado en mayo de 1913 hasta la edición de abril de 1914 y que forma parte del Fondo Moreno Terrero del MSNA. La numeración, al estar encuadernados los doce números, es continua.
  187. ESA, Mayo de 1913, tapa.
  188. En 1907 Jorge Newbery y Aaron de Anchorena cruzarían el Río de la Plata en el globo “Pampero”, y al año siguiente el hermano de aquel, Eduardo, se perdería con ese mismo globo. Por el relato del impacto de la “aerostación” y de la figura de Newbery, ver el capítulo 4 (“El loco de los globos”) de: Larra, Raúl, Jorge Newbery. El conquistador del espacio, Buenos Aires, Futuro, 1960, pp. 56-91.
  189. La historia se llamaba “Una caída en las nubes”, donde se narraban de manera divertida las supuestas aventuras de dos estudiantes internados del Colegio Nacional de La Plata, incentivados por el director de un periódico, a realizar un frustrado cruce en globo aerostático al Uruguay. ESA, Mayo de 1913, pp. 1-2. Precisamente, en dicha ficción se daba cuenta del cruce ya realizado por Newbery, y la “novedad” sería que en este caso, la aventura sería realizada por dos estudiantes.
  190. Para ejemplificar podemos mencionar los relatos en los que el exotismo –tan requerido en el ámbito scout– solía estar presente, como “El misterio de una isla (Cuento de aventuras en el Pacífico)”, la que sería publicada por entregas; o “El hijo del silencio”, transcurrida en “un verde prado en la llanura cerca de la frontera Noroeste de Rhodesia” o “Mi primer leopardo. Una aventura de un niño sudafricano de 14 años de edad”. En ocasiones, el exotismo podía ser también local, como la historia “La salvación de Mirambó” que transcurría en los alrededores de las Cataratas de Iguazú, ESA, marzo de 1914, pp. 202-203.
  191. Decimos de “todo el país”, ya que a través de los correos de lectores y de la información de los niños premiados que aparecían mencionados, podemos precisar que la revista llegaba a diversos puntos de la extensión nacional como Rosario, La Plata, Jachal, Mendoza, San Nicolás o Paraná.
  192. “Charla el editor”, ESA, Mayo de 1913, p. 11. La invitación a las niñas era replicada en otro apartado de la misma página, titulado “Importante”, donde se leía: “Todos los lectores del ‘Scout’, niñas también pueden tomar parte en el concurso”.
  193. “Charla el editor”, Ídem.
  194. Ídem.
  195. “Cómo se hace”, ESA, junio de 1913, p. 37.
  196. Crinin, Pablo “¡Scouts! Tomen nota. Los niños y los animales”, ESA, Noviembre de 1913, p. 131.
  197. Por ejemplo, más de una década después, ESA (mayo de 1926, pp. 3-4) realizaba un sentido homenaje de dos páginas a la memoria del doctor Ignacio Albarracín, sucesor de Sarmiento en la presidencia de la Sociedad Protectora de Animales. Aunque en la nota se percibe cierta idea de “exceso” en el celo en la defensa de los animales, se reconocía que Albarracín había logrado enseñar a sus paisanos “que, aun aceptando que el animal es un ser inferior destinado a servir al hombre, no hay razón ni para martirizarlo, ni para gozar con su dolor” y que “si alguien maldice a la inmutable Parca que se lo llevó tras de sí, esos somos los scouts” ya que “Albarracín no fue más que un scout, un scout grande de alma y corazón”. Íbidem, p. 4. Es interesante este posicionamiento de reivindicación, dado por sobre los enfrentamientos que Albarracín había tenido con prominentes figuras de la dirigencia scout como Dellepiane (que lo había mandado a detener en su calidad de Jefe de Policía), Onelli (con el que, luego de organizar conjuntamente el Día del Animal, tendría varios enfrentamientos por cuál debería ser el rol del Zoológico) o Delcasse (al presidir la Asociación Sarmiento, competidora de la SAPA en relación con el cuidado de los animales). Ver: Urich, Silvia, Los perritos bandidos. La protección de los Animales de la Ley Sarmiento a la Ley Perón, Buenos Aires, Catálogos, 2013. Con posterioridad a la muerte de Albarracín, ESA siguió reproduciendo artículos originalmente publicados en el Boletín de la “Sarmiento” (ESA, octubre de 1928, p. 25); en su tapa de enero de 1929 podía verse la ilustración de un scout vendando a un “perrito” lastimado y en el primer número de 1930 (enero, pp. 14-16) se publicaba un relato “aleccionador” sobre la cuestión, firmado por “Zoólatra”. Otro artículo en ese sentido, en este caso en el periódico de los navales: “Sea compasivo con los animales”, TT, enero-febrero-marzo de 1936, p. 15.
  198. S/A, “Contra la brutalidad de los carreros”, TT, julio-agosto-septiembre de 1936, p. 14.
  199. “Cómo se puede conseguir la revista por 1$ al año”, ESA, Junio de 1913, p. 23.
  200. Como en el relato “En plena oscuridad”, en el que un joven ciclista lograba engañar a un ladrón dejando que se llevara una carta que había escrito para su familia, en vez de la “certificada” que debía entregar al correo por orden del director de la escuela donde era pupilo. ESA, diciembre de 1913, p. 142-143.
  201. Como en uno de los cuentos de la serie “Las invenciones de Torres”, que se hacía por entregas dentro del periódico y en la cual un joven, a menudo durante sus vacaciones, creaba artefactos fantásticos, con lo que se destacaba así, la importancia del oficio de “inventor”.
  202. En la segunda etapa de la revista (entre 1925 y 1930) podemos encontrar repetidas secciones acerca de criptografía, radiotelegrafía, indicios y rastros, orientación, mimeografía, topografía, transmisión morse, que se repetirían también en la tercera etapa con artículos como “Construcción de un aparato de radio telegrafía” (ESA, octubre de 1939, p. 4), “Origen y significado de la brújula” y “Adiestramiento de perros scouts” (ESA, febrero y marzo de 1940, p. 10) o “Construcción de una balsa” (ESA, diciembre de 1941-enero de 1942, p. 7). Estos saberes se reproducirán en la década del cuarenta bajo la sección “Hoja Práctica del Scout”, generalmente en la página 7 de cada edición. En el caso de telegrafía, este saber resultaba tan importante como para solicitar el concurso de la Dirección de Correos y Telégrafos para aceptar scouts en los cursos que aquella dependencia estatal daba. ESA, agosto-septiembre de 1942, p. 2.
  203. La apuesta del editor era conectar el “pasatiempo” con la “ciencia”, evitando que se lo considerara una actividad sin sentido. Así, al proponer hacer “Burbujas”, no dudaba señalar que “Es un gran error creer que formar burbujas es un juego de chiquilines. Ha llamado recientemente mucha atención a nuestros hombres de ciencia la formación de burbujas”. ESA, mayo de 1913, p. 13. De la misma manera, se enseñaría “cómo se hace un barómetro con 30 centavos”, “un telégrafo sin hilos”, “un armonio con botellas”, “un modelo de monoplano”, “un carrete de inducción”, “fotografía sin máquina ni lente” o la “instalación de un timbre eléctrico”.
  204. El uso de las moralejas “históricas” (en especial de la Antigüedad) sería común en la estrategia narrativa, por ejemplo en “El secreto de Plautilla” para condenar el “cotilleo”. ESA, junio de 1926, pp. 6-10.
  205. “Cada Scout debería poseer un reloj servidor”, ESA, mayo de 1913, p. 7.
  206. En la misma revista, como forma de valorar a un scout se diría que era “tan puntual como un reloj”. S/A, “La Hazaña de la Patrulla Toro”, ESA, diciembre de 1913, p. 145. Más de una década y media después, los scouts navales de Punta Alta, en su revista local, publicaban un artículo a tres columnas, precisamente titulado “La Puntualidad”, en el que se recordaba una anécdota bélica de la guerra franco-prusiana, para mostrar la importancia de mantener dicha conducta. ET, abril de 1926, pp. 15-16.
  207. Un claro ejemplo, lo da la supuesta transcripción de un diálogo entre “el chico” y “el doctor”, cuando luego de preguntarle aquel a este cómo debía ser tratado, el Doctor le dijera al chico “¡Oh! Llameme como a usted le parezca mejor. No importa. Algunas personas me tratan de viejo imbécil”. Lejos de amedrentarse, el niño le respondería: “¡Ah, sí!, pero esos serán personas que le conocen íntimamente”. ESA, junio de 1913, p. 31.
  208. Suponemos ello, ya que en dicha sección se solicitaba que la correspondencia fuera directamente enviada a la sede de Barracas-Boca de la YMCA.
  209. ESA, mayo de 1913, p. 11.
  210. Ídem.
  211. Ídem.
  212. ESA, abril de 1914, p. 232.
  213. ESA, julio de 1913, p. 52.
  214. Ídem.
  215. ESA, Diciembre de 1913, p. 153.
  216. Ídem.
  217. Baden Powell, “Scoutismo internacional”, p. 19.
  218. PLA, 4 de julio de 1912, p. 1. Pensemos en Carlos Thays nacido en París o en Clemente Onelli, en Roma, interesantemente, amigos y convocados por Moreno.
  219. S/A, “El Boy Scout Argentino”, ESA, mayo de 1913, p. 12.
  220. “Carta de Moreno a Seijó, 26 de abril de 1915”, Carpeta III, Documento 6, p. 1. FM-SCB. Subrayado en el original.
  221. “Carta de Seijó a Moreno, 17 de junio de 1915”, Carpeta III, Documento 24, p. 4. FM-SCB. Esta frase tampoco ha pasado desapercibida por otros autores que la han citado previamente: Podlubne, Adriana, Mariano Chiappe y Laura Méndez, “Entre la nación y el mundo. Orígenes del movimiento scout en la Argentina. El perito moreno y el Nahuel Huapi, 1908-1945”, en: VII Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chileno. Las fuentes en la construcción de una historia patagónica, Rawson, Secretaría de Cultura de Chubut, 2011, p. 232.
  222. La ciudadanía argentina se expresaba de manera clara en el tercer punto de los “Requisitos para ser Masterscout”, redactados por la Subcomisión de Reglamentación e Instrucción en el mes de julio de 1938 y aprobados en sesión directorial del mes siguiente. Carpeta “Curso acelerado para optar al título de Masterscout”. MSNA. Así, a pesar de haber aprobado dicho curso, Juan Boettener no recibiría su nombramiento por “no reunir el requisito de la nacionalidad”. “Curso para ayudantes y Maestroscouts”, ESA, febrero-marzo de 1941, p. 3.
  223. Esto se basaba en que se tenía en cuenta la negativa –acorde con su política sullo Estero– del gobierno fascista a entregar papeles a sus ciudadanos para iniciar los trámites de nacionalización en nuestro país. Así, el Presidente Baudizzone resolverá para los casos de dos de los primeros egresados del “Curso acelerado de Maestro Scout”, hacer la excepción al artículo 20 inciso b del reglamento pertinente y nombrarlos “en virtud de que han llegado al país cuando tenían 3 y 2 años, respectivamente y de que están tramitando su carta de ciudadanía”. Resolución del 31 de diciembre de 1938. Carpeta “Curso acelerado para Maestro Scout”. MSNA.
  224. Bocciarelli tendría una larga práctica en la compañía platense “Dardo Rocha” desde los años treinta. En 1944 sería designado MS de 2ª.
  225. El caso de Magaldi, figura posteriormente reconocida en el ámbito del periodismo cristiano, es particularmente interesante por varias razones. A partir de sus memorias (Entre dos mundos. Memoria de un inmigrante, Buenos Aires, Ediciones del Peregrino, 2001) en las que no menciona la larga permanencia (desde 1932) en las compañías “General de la Quintana” y luego “Los Andes” (que puede rastrearse a partir de su ficha de alumno del Curso acelerado de MS), y donde se remite sólo a una lacónica referencia (“no pasé de ser boy scout”, p. 59), puede mostrarse que la dificultad de la falta de ciudadanía no sólo afectaría su lugar en la institución de nuestro interés, sino más ampliamente en el resto de su vida política y social. En efecto, Magaldi, quien adoptaría enfáticamente su nueva patria de cobijo y se insertaría en los círculos nacionales, tanto como para colaborar con artículos contra el consumo de boxeo por parte de las mujeres en Bandera Argentina (p. 141), y para ser un año después de ser aceptado (por excepción) como MS, el ideador de la “Junta de Recuperación de las Malvinas”, presidida inicialmente por Alfredo Palacios y organizadora del concurso que dio a las Islas su canción más concida (capítulo XIX, “Mi aventura malvinera”, pp. 105-111), reconocería que dejó de fungir como secretario de dicha asociación y de redactar sus actas, debido a que “La Policía de la Capital […] había solicitado -entre otros datos– el nombre, apellido y nacionalidad de todos los miembros de la Junta […] Dada mi inexperiencia, temí que el hecho que yo figurara con mi nacionalidad italiana (durante la guerra se había suspendido el otorgamiento de cartas de ciudadanía a la que yo esperaba, podía crear a la Junta mayores problemas que los ya soportados, e hice mutis” [p. 111]). Cabe mencionar por último, y con respecto al curso de MS, que, además, por su edad, Magaldi tampoco contaba con la edad de 22 años que, en ese entonces, solicitaba el reglamento.
  226. Artículo 1º de los Estatutos (c. 1913), p. 3. Se ratifica en el artículo 3° del Estatuto de 1926. AJEANBSA, 9 de abril de 1926, p. 282.
  227. Baden Powell Robert, Lessons from the varsity of life, London, Arthur Pearson, 1933, p. 94.
  228. Esta estrategia de combinar el símbolo universal scout con el nacional fue adoptada por varios de los países, y aunque inicialmente no parece haber sido del todo conveniente para Baden Powell, en especial en su disputa por la primacía de la práctica frente a los scouts norteamericanos, finalmente lo terminaría aceptando: “La flor de lis se volvió el signo de los scouts en casi todos los países del mundo. Para distinguir una nacionalidad de la otra, el emblema propio de cada país fue ‘sobreimpreso’, que es, puesto sobre la flor de lis. Ustedes ven esto en los Estados Unidos en donde el águila y el escudo de armas del país se encuentran delante, y detrás la flor de lis en representación de la Hermandad Scout universal. ¡Y que ojalá esto así se mantenga!”. Íbidem, p. 147.
  229. Si bien, en general, la historiografía ha estado muy atenta a recuperar las transformaciones de los “conceptos”, por la influencia de Kosellek y otros, en cambio, no ha desarrollado grandes esfuerzos por reconstruir las dinámicas de las figuras simbólicas. Una interesantísima excepción a ello es, la hecha sobre otra “flor”, la “federal”, a cargo de Leandro N. Pankonin en su tesis de Maestría, Los avatares del rosismo y la historia de los usos de la estrella federal (1921-1954), IDAES-UNSAM, septiembre de 2019.
  230. “El Boy Scout Argentino”, ESA, junio de 1913, p. 30.
  231. Artículo 3° del Estatuto 1926, en AJEANBSA, 9 de abril de 1926, p. 282.
  232. “Movimiento de la Compañía”, ET, mayo de 1926, p. 22.
  233. Incluso, todavía en 1938 podemos ver estas ambigüedades. En el manual de scout de tercera clase se precisaba que la divisa scout “no representa la flor de lis, es decir, el emblema que adornaba las armadura de los reyes de Francia”, sino que era “el signo modificado en forma de punta de flecha que se emplea en las brújulas o compases marinos para indicar el norte”. Luego, inmediatamente, se decía que los “scouts de segunda clase llevan la flor de lis bordada, cosida sobre la manga izquierda de la blusa”. “Manual de Tercera Clase”, ESA, agosto de 1938, p. 7.
  234. AJEABSA, 3 de julio de 1916, p. 51. Ya en una reunión previa se había advertido la necesidad de incorporar la escarapela dentro de la simbología scout. Ídem, p. 26.
  235. AJEANBSA, 15 de diciembre de 1925, p. 271.
  236. AJEANBSA, 18 de diciembre de 1925, p. 277.
  237. Esto puede verse en el caso de la Revista de Policía bonaerense, que circulando con ese título desde su primer número de mayo de 1941, debió transformarlo al más estrictamente gremial de Revista de la Sociedad de Socorros Mutuos de la Policía Bonaerense, a causa de las disposiciones del gobierno militar que impedían usar los nombres de las instituciones del Estado argentino a organismos no oficiales.
  238. Así sucedería con la suerte que le tocó a un prócer de la gimnástica, especialmente alabado entre muchos de los profesores de educación física que militaban en las filas scouts como era el sueco Pedro Eugenio Ling, quien incluso sería homenajeado en un festival de exhibición gimnástica que las compañías de Santa Fe preveían realizar en julio de 1940 según su calendario anual, detallado en ESA, abril de 1940, p. 6. Tanto era el reconocimiento a Ling en Santa Fe, como precursor de la “gimnasia científica”, que uno de los “Clubes de niños” de la ciudad sería fundado con su nombre. Sin embargo, a pocos días de la instalación del gobierno militar (el 26 de junio de 1943) y frente a la presión “nacionalizadora” circulante, la Comisión de dicho club se reuniría con el objeto de cambiar el nombre del mismo, bajo estos reveladores preceptos, que por su interés decidimos reproducir largamente: “Considerando la categoría del Club a través de sus años de existencia, que hoy no es ya local sino nacional, y siendo íntegrado en su totalidad por niños y adolescentes a quienes se les debe inculcar sentimientos argentinos, respetos a sus pro-hombres porque ellos influyen en la formación de los futuros ciudadanos y además teniendo en cuenta los momentos en que vive la Nación el Consejo Directivo cree conveniente en unanimidad de pensamientos, que, la entidad debe llevar como denominación el (sic) de un prócer y por ello se resuelve darle el de General Manuel Belgrano, porque en su vida fue ejemplo de honestidad, desinterés y cariño hacia los niños. También se resuelve cambiar los colores del Club, debiendo sustituirse el verde por el celeste”. “Sociedad Club de Niños ‘Manuel Belgrano’”. Expediente 6352, letra L, Libro 42, año 1944, Ministerio de Gobierno e Instrucción Pública de la Provincia de Santa Fe. Archivo General de la Provincia. Cabe agregar, por último, que el Club se encontraba en la calle Belgrano, con lo cual cabe suponer que más allá de las razones patrias y cívicas aludidas por la Comisión en la elección del nombre, algo también debe haber pesado la comodidad de homologar la dirección catastral con la denominación de fantasía.
  239. En efecto, en reunión ejecutiva, Holmberg se pronunció en contra del uso de ese signo y solicitó que se troque por otro nacional, siendo avalado por el vicepresidente General Arana, quien dirá “que debe acentuarse en la enseñanza del scoutismo el sentimiento de amor a la patria que tanta falta hace en nuestro país”. AJEABSA, 10 de mayo de 1916, p. 20. Como recordamos, por otra parte, la “flor de lis” no dejaba de tener un vínculo de asociación mental con el monarquismo francés, lo que había producido su no utilización en el país galo y –por ende– podía repercutir en otras sensibilidades republicanas. Como se ha señalado: “La flor de lis de la insignia británica, elegida por Baden-Powell porque ella servía para indicar el norte en los antiguos mapas, no podía ser adoptada en Francia a causa de su significación política”. Baubérot, L’invention d’un scoutisme chrétien, p. 40. La flor de lis también sería eliminada en España como símbolo durante el quinquenio republicano. Para fines de la década del veinte, en el caso argentino, la flor de lis había sido claramente rehabilitada y defendida, incluso con cierto sesgo de sonoridades anti-izquierdistas, como lo demostraba un suelto de ESA, donde se la definía “como un verdadero título que le hace acreedor a la pública consideración porque ya se sabe que los facinerosos no pueden llevarla”. S/A, “La flor de lis”, ESA, marzo de 1928, p. 28.
  240. “Mensaje presidencial de Roque Saenz Peña en la apertura de sesiones del congreso”, 6 de mayo de 1913. Reproducido en: https://bit.ly/3G2243O.
  241. “Los boy scouts argentinos”. Recorte del diario La Prensa del 13 de mayo de 1913, en BBP-AGN. Grafia original. Todavía en 1930, la revista oficial mantenía esta mirada, incluso yendo más allá de la cuestión nacional, ya que se expresaba que además los hijos de inmigrantes debían ser tenidos especialmente en cuenta porque sus padres “no recibieron en su juventud y en el país de origen los rudimentos indispensables como para poder educar a sus hijos en un ambiente totalmente distinto a aquel en que ellos se educaron”. S/A, “Día del Boy-Scout”, ESA, agosto-septiembre de 1930, p. 2.
  242. “Planillas demostrativas del movimiento” de la compañía de Puerto Militar. 14 de septiembre y 4 de octubre de 1915. Carpeta “Archivo 1915”. MSNA. Aunque con mucha menor incidencia, la presencia de niños extranjeros en las compañías todavía podía detectarse en la década del treinta, como puede verse en los casos del niño italiano Miguel Storniollo y el español Edelmiro Irimia de los scouts sanjuaninos. Carpeta “San Juan”, Exp. 150, S. 930. MSNA.
  243. AJEANBSA, 24 de abril de 1920, p. 120.
  244. ADBSA, 4 de diciembre de 1929, p. 191.
  245. ADBSA, 23 de junio de 1928, p. 107.
  246. En ese sentido, llama la atención la inquietud con que en reiteradas oportunidades el presidente del Centro de Expedicionarios del Desierto le escribía al director de Caras y Caretas en 1923, al mencionarle que uno de sus reporteros había pasado por el Centro para hacer una nota y que había prometido volver para concluirla y no lo había hecho. Nota del 12 de enero de 1923, Carpeta n° 1937. FCMED-AGN.
  247. Como el homenaje que los scouts de la compañía mendocina de “Los Andes” darían al periódico “La Libertad”, en “agradecimiento a la coperació prestada”. “Mendoza”, TT, Julio-Agosto de 1934, p. 7.
  248. Fray Mocho, 19 de julio de 1912, año 1, n° 12, p. s/n. La revista se mantuvo fiel a la difusión del scoutismo en sus primeros años, como puede verse en: “De Chile. Visita de boy-scouts argentinos” (20 de septiembre de 1912), “Un campamento de boy scouts” (14 de enero de 1916), “Los boy scouts. Un día en el Parque Saavedra” (22 de diciembre de 1916), “Asociación Nacional de Boy Scouts Argentinos” (19 de enero de 1917) y “Lanús. Festival en honor de los boy scouts” (12 de junio de 1917).
  249. “Los scout boys”, Caras y Caretas, 20 de julio de 1912, pp. 64-65. Esta revista también mantendría la difusión de la práctica, tal aparece en: “El campamento anual de los boys-scouts” (8 de abril de 1914, p. 51), “Los boy scouts rosarinos” (4 de noviembre de 1916, p. 40) y una foto de la excursión en Quilmes (15 de mayo de 1917, p. 78).
  250. De hecho, la propia revista oficial reconocía la importancia de esa tarea, cuando expresaba el desconocimiento todavía presente en los interlocutores: “Son los Boy Scouts. ¿Los qué? Los Boys Scouts.  ¿Y qué es un Boy Scout?”. S/A, “El Boy Scout Argentino”, ESA, mayo de 1913, p. 12.
  251. The daily colonist, Victoria, Canadá, 1° de octubre de 1912, p. 10. https://bit.ly/3nc7X5E.
  252. Arata, Pedro N. y Segundo Linares, “Enseñanza á los ‘boy scouts’” (23 de abril de 1913), en: EMEC, 1913, pp. 9-10.
  253. Incluso pocos años después, sería tan fuerte esta “canonización” patria en vida del “Perito”, que él mismo sería capaz de ofrecer que se cambiara la denominación de dos calles en Godoy Cruz y Mendoza, bautizadas con su propio nombre, por el de Martínez de Rosas, en quien deseaba homenajear a los granaderos a caballo. “Carta a Lucio Funes del 24 de noviembre de 1916”, FM-AGN. Funes sería luego uno de los vocales de la compañía “Los Andes” de esa ciudad.
  254. Se trata del niño Pedro Ríos, popularizado como el “Tambor de Tacuarí” por su participación en dicha batalla, en la que murió en combate, en la segunda derrota del general Belgrano en el Paraguay. Su figura épica terminó de ser cristalizada en 1909 a partir del poema que el célebre poeta Rafael Obligado le dedicara por encargo del Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires y que años después la compañía scout homónima de Villa Crespo adoptaría como marcha de la misma, a partir de la música de Salvador Cataldo. Es notable en dicho poema, la modulación entre la risa infantil y la seriedad adulta que el poeta le otorga al momento de concientización del protagonista del lugar donde se encuentra, disposición que le otorga asimismo el halo heroico: “Bate el parche un pequeñuelo que da saltos de Arlequín, que se ríe a carcajadas si revienta algún fusil, porque es niño como todos el Tambor de Tacuarí. Es horrible aquel encuentro, cien luchando contra mil […] ya no ríe el pequeñuelo, suelta un terno varonil, echa su alma sobre el parche y en redobles lo hace hervir […] y se cuenta que de ahí por América cundieron hasta en Maipo, hasta en Junín los redobles inmortales del Tambor de Tacuarí”. EMEC, 1909, 28, n° 441, pp. 700-701. El poema seguía siendo reproducido para conmemorar al “Tambor” en la revista oficial. “El Tambor de Tacuarí”, ESA, marzo de 1928, p. 5. En los años treinta, el culto al “Tamborcito” seguía vigente, definido en palabras de la dirigencia como “nuestro Boy Scout Héroe” (“Conferencia radiotelefónica del Doctor Luis C. Villarroel”, ESA, febrero de 1938, p. 2) y por el número especial que ESA le dedicara en marzo de 1939. En la década del cuarenta, asimismo, otras dos compañías, una en la localidad bonaerense de Castelar y otra en la santacruceña de Lago Buenos Aires, tomarían el nombre “El Tambor de Tacuarí”.
  255. Así, la revista oficial reproducía bajo el título de “Un héroe juvenil”, una carta de Juan José Biedma a Francisco Moreno en la que se destacaba la acción de un joven en la campaña peruana. ESA, febrero de 1929, p. 9. En otro artículo se recordaba al “niño héroe” de la batalla de Potrero Sauce (o Boquerón) durante la Guerra del Paraguay. ESA, julio de 1929, p. 4.
  256. Así, al justificar el nombre de “Juan Esteban Pedernera” para la Compañía puntana de Mercedes, el profesor Cutrin resaltaría el hecho que el mencionado había sido “un militar que desde niño tuvo acciones muy meritorias”. ADBSA, 4 de octubre de 1934, p. 218.
  257. La reivindicación de las “niñas de Ayohuma” surge a partir de otra derrota militar de Belgrano, esta vez en dicho lugar del Alto Perú, a partir de la acción de María Remedios del Valle y sus dos hijas, quienes acarrearon agua y curaron a los soldados heridos. Curiosamente, en un texto que rastrea la temprana reivindicación de estas tres mujeres (desde el célebre pedido de pensión del General Viamonte en 1828), recién se señalan los años treinta del siglo XX como renacimiento de dicha canonización, desconociéndose la referencia que aquí mencionamos, que permitiría unir de manera más armónica la última referencia que se hace, adjudicada a Mitre en su historia de Belgrano. Esto, además, nos sirve para desmentir la absoluta originalidad que cierto “revisionismo” actual reclama en torno a su tarea de reivindicación de los “héroes afroamericanos”, como así para matizar la idea que desde fines de siglo XIX “las representaciones hacia los sectores negros […] comienzan a ‘desaparecer´’, según los discursos hegemónicos como consecuencia de la contundente construcción de esta narrativa dominante de Nación, cristalizada por la historiografía, el sistema educativo y la estadística nacional con sus políticas censales blanqueadoras”. Ver: Guzmán, Florencia, “María Remedios del Valle. ‘La Capitana’, ‘Madre de la Patria’ y ‘Niña de Ayohuma’. Historiografía, memoria y representaciones en torno a esta figura singular”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, https://bit.ly/3vqo9UN Consultado el 19 de septiembre de 2018. Asimismo en 1944, una de las compañías de scout girls, la de la sección 14ª de la ciudad de Buenos Aires sería bautizada como “Niñas de Ayohuma” (lo que sería validado por el Directorio, a pesar de que la reglamentación solicitaba nombres individuales para las mismas).
  258. Resolución del Consejo Nacional de Educación del 5 de marzo de 1912, reproducida en la circular del 7 de marzo de 1913, en: EMEC, marzo de 1913, pp. 221-22.
  259. S/A, “El Tambor de Tacuarí”, ET, Marzo 1927, p. 67.
  260. Méndez, Laura, “Una vez guía, siempre guía. Scoutismo en clave femenina”, en: Scharagrodsky, Pablo (Coord.), Mujeres en movimiento. Deporte, cultura física y feminidades. Argentina, 1870-1970, Buenos Aires, Prometeo, 2016, p. 207. Por nuestra parte no hemos podido constatar la realización concreta de dicho intento mencionado por esta autora, pensando que quizás no haya llegado finalmente a cristalizarse con sustentabilidad en el tiempo o que no haya llegado al conocimiento de la dirigencia, ya que todavía en 1915 en correspondencia a Moreno, el “Capitán” Seijó hablaba de crear “quizá” la primera patrulla de scout girls, en Carlos Casares. Con todo, la mención misma del proyecto ya demuestra lo temprano de la posibilidad de pensar en grupos femeninos de la práctica en nuestro país.
  261. “La acción scout en relación con las grandes obras”, ESABO, junio de 1926, p. 5. Indudablemente, en este caso, era una voz masculina, la del secretario de la Junta Ejecutiva Nacional, don José María Amadeo, la que ponía la “abnegación” como valor supremo (“imitad, pues, en lo posible, a las niñas patrióticas de Ayohuma”).
  262. Causa algo de sorpresa, en ese sentido, lo tajante de la frase de Adriana Puiggross al definir como de carácter tan transformadormente democrático a una gestión tan breve: “Durante el mes en que el científico ejerció la función, se respiró un clima de mayor libertad desde el cual afloraron expresiones democráticas, que pueden encontrarse en las páginas de la revista El Monitor”. En: “La educación argentina desde la reforma Saavedra-Lamas hasta el fin de la década infame. Hipótesis para la discusión”, en: Puigross, Adriana (dirección), Escuela, democracia, orden, Buenos Aires, Galerna, 1992, p. 44.
  263. Tal como puede verse para la provincia de Buenos Aires en el caso analizado por: Scharagrodsky, “El scautismo en la educación física bonaerense…”, pp. 135-158.
  264. Ver: Carli, Sandra, “Infancia y sociedad: la mediación de las asociaciones, centros y sociedades populares de educación”, en: Puiggrós, Adriana, Sociedad civil y estado en los orígenes del sistema educativo, Buenos Aires, Galerna, 1991, pp. 13-46; y Rebolledo Fica, Eunice Noemí, “El protestantismo liberal y las controversias en torno al laicisismo a principios del siglo XIX en La Reforma: revista de religión, educación, historia y ciencias sociales dirigida por William Case Morris”, Historia de la Educación. Anuario SAHE, 15, 1, en especial, pp. 129-132.
  265. Moreno, Francisco P., “Propósitos de la Comisión Didáctica…”, p. 153.
  266. Citado en: Ygobone, Arquetipo de argentinidad, p. 551.
  267. DSCDN, 10 de marzo de 1913, pp. 789-790.
  268. DSCDN, 12 de marzo de 1913, p. 819. Es interesante porque es Agote quien condena más constantemente las “veleidades” de Moreno en relación con este tema. Así, señala: “[A Moreno] se le recuerda que necesita solicitar ese permiso de la Cámara, y entonces, en vez de pedirlo, nos hace el reproche de que a un ciudadano que ha prestado servicios al país durante cuarenta años, que ha salvado el territorio, etc., cosa que todos le reconocemos, pero que es mejor que recordemos nosotros y no él…” (p. 823) y “¡Es que el señor diputado Moreno no puede pedir la luna!” (p. 824).
  269. DSCDN, 12 de marzo de 1913, p. 817.
  270. Ídem.
  271. Lionetti, Lucía, “La función republicana de la escuela pública: la formación del ciudadano en Argentina a fines del siglo XIX”, Revista Mexicana de Investigación Educativa, 2005, vol. X, n° 27, pp. 1225-1259.
  272. Rebolledo Fica, Eunice Noemí, “Liberalismo y ascetismo protestante en la construcción de la ciudadanía en la Argentina de principios del Siglo XX”, Revista Colombiana de Educación, n° 65, p. 322.
  273. Estas palabras se daban en un contexto sobre el que se ha definido que “las primeras políticas del Estado que interpelaron a las mujeres fueron en tanto éstas eran madres y no individuos y ciudadanas”. Nari, Marcela, Políticas de la maternalidad y maternalismo político: Buenos Aires (1890-1940), Buenos Aires, Biblos, 2004, p. 253. Sobre la compleja relación entre “maternidad” y “ciudadanía” en la Argentina de principios de siglo XX, ver Becerra, Marina, “Ciudadanía femenina y maternidad en los inicios del siglo XX: las dos caras de la moneda”, Nomadías, 14, 2011, pp. 59-77.
  274. Casi dos décadas después, el dirigente Justo Ibañez definía, en una conferencia radial reproducida por la revista scout naval, a la madre como “el símbolo de la bondad, de la belleza y del bien”. TT, Abril y Mayo de 1933, p. 1.
  275. Moreno, Francisco P., “Escuela para la ‘Cenicienta’”, EMEC, 31 de mayo de 1914, pp. 251-252.
  276. La importancia de la educación para las niñas sería mantenida en la prédica scout, como puede verse en la publicación de la “Oración de la escolar” de F. Julio Picarel, en el que se resaltaba el carácter de la escuela como dadora del “bautismo de ciencia” y del “coraje del honor” para las muchachas. ESA, agosto-septiembre de 1930, p. 12.
  277. “La caridad”, BESA, 15 de diciembre de 1914, p. 4.
  278. Marengo, Roberto, “Estructuración y consolidación del poder normalizador: El Consejo Nacional de Educación”, en: Puigross, Sociedad civil y estado en los orígenes del sistema educativo, pp. 151-152.
  279. Ygobone, Arquetipo de argentinidad, p. 695.
  280. No sería el único caso, el Jefe Scout Tomás Santa Coloma sería también reivindicado con la colocación de su nombre a la Escuela n° 5 del Distrito n° 11 de la Capital Federal.
  281. Ramos, Juan P., Discurso pronunciado con motivo de la colocación de la piedra fundamental de la escuela ‘Francisco P. Moreno’, Buenos Aires, s/e, 1921, p. 6.
  282. Íbidem, p. 7.
  283. Cuatro años después de la convocatoria inicial, el entonces presidente de la Junta Ejecutiva scout, Tomás Santa Coloma, seguía señalando que se encontraba “en momentos de reorganización del scoutismo”. AJEANBSA, 26 de noviembre de 1919, p. 46.
  284. Decimos eso porque los primeros estatutos impresos, no cuentan con fecha, pero resulta verosímil creer que son del año 1913 por el recorte de diario que los acompaña en el ejemplar encontrado en BBP-AGN.
  285. Recorte del diario La Prensa del 13 de mayo de 1913, BBP-AGN.
  286. Estatutos (c. 1913), p. 3.
  287. Citado en: Scharagrodsky, Pablo, “El scautismo en la educación física bonaerense o acerca del buen encauzamiento varonil (1914-1916)”, Revista Brasileira de Ciencias do Esporte, vol. 29, n° 3, mayo de 2008, p. 165.
  288. Así, ya para 1922 se proponían otras especificidades scouts, algunas de las cuales luego se concretarían: scouts “de montaña”, “de llano” y “de mar”, en las cuales se dividiría la “cultura scoutil”. La Nación, 25 de mayo de 1922, p. 6. En el caso de los scouts “marinos”, la iniciativa más fuerte surgiría de Pedro Etchepare, como subdivisión de la tarea naval. AJEANBSA, 11 de diciembre de 1923, p. 264. En su desarrollo, los scouts “navales” serían divididos en “lobitos de mar” (8 a 12 años), “aprendices” y “grumetes” (correpondientes a los sucesivas clases del scout “de tierra”).
  289. Estatutos (c. 1913), p. 3.
  290. En una carta de Fischer a Moreno del 6 de julio de 1915 se señalaba: “Logré despertar entusiasmo y aun cuando iba con la firme intención deliberada de constituir una patrulla de 8 plazas, tuve que ceder a la elocuencia, aunque muda, harto insinuante de las miradas de súplica de todos los que aspiraban al honor de ser enrolados como Boy Scouts. De entre todos he elejido (sic) a 10 como primer plantel”. Carpeta III, Documento 34, FM-SCB. Los nombres de los niños eran: Alfredo Leoni, Guía, Cabo Adolfo Blind y Scouts Simón Jócano, Abraham Eisenberg, Mariano Lasarte, Meyer Carlinsky, Carlos Segovia, Antonio Mut, Moisés Eisenberg y Manuel Lorenzo. Para 1944, uno de esos niños, Leoni, principal figura después de Fischer en la historia de la agrupación, sería ascendido al grado mayor que podía aspirar un MS, el de Inspector Scout.
  291. La agrupación de Puerto Belgrano se llamaría “Almirante Brown”. Sobre esta agrupación, recordamos el texto de Argüello: Scouts Navales…
  292. En efecto, desde 2012 funciona una asociación de Scouts Navales, separada de Scouts Argentina, cuya independencia ha sido justificada, por parte de su Jefe Scout, Agustín Hoays, debido a que “con el correr de los años y por distintos motivos que no voy a mencionar los grupos perdieron en apoyo (sic) de la Institución Scout Nacional, a tal punto que los scouts navales ya no estaban contemplados dentro del proyecto educativo o los programas institucionales” https://bit.ly/3lXFZLy.
  293. El ya biografiado Nelson T. Page había sido también jefe de la Comisión Local de fomento de la compañía “Almirante Brown” de Punta Alta en 1926 y se retiraría de la Armada en 1928, con el grado de Contraalmirante. Ya en ese momento tenía una visibilidad tal en la organización (de la que era vocal de su Consejo Nacional), que la revista oficial se encargaría de “engalanar” sus columnas con el “fotograbado del pergamino”, definido como un “primoroso trabajo artístico ejecutado por la Casa Bruno de la calle Florida”, ofrecido por los Prácticos de la Marina Mercante con motivo de su retiro del servicio activo. “Homenaje al contraalmirante F. Nelson Page”, ESA, marzo de 1928, p. 12.
  294. En este caso, Etchepare proponía los grados de “Grumete”, “Aprendiz” y “Marinero” para los scouts navales. Etchepare, Pedro, “Contribución al estudio para la organización de los boy scout navales”, ESA, marzo de 1929, p. 11. El teniente de Navío Pedro Etchepare había egresado de la Escuela Naval en 1898, participó como guardia marina del primer viaje de la Fragata Sarmiento en 1899. Se retiró en 1913 de servicio activo. Fue secretario, junto a Carlos M. Noel de la Primera Comisión de la LP en 1919. Fue miembro del Directorio Nacional como vocal y director durante la mayor parte de la década del treinta. Murió en 1942. Su necrológica en ESA, abril-mayo de 1942, p. 5.
  295. AJEANBSA, 7 de diciembre de 1920, p. 259.
  296. Íbidem. Recién mucho después podrán lograr los scouts navales esa distinción con respecto del uniforme, como puede verse en la Resolución del Directorio del 6 de junio de 1941 donde se aprobaría la Blusa marinera con sombrero de brin blanco y el pañuelo azul arrollado en forma de corbata marinera, entre otras particularidades. BSA, Memoria, 1941-1942. Mimeo. MSNA.
  297. Así, la diputada provincial bonaerense Mónica López presentaría un proyecto de resolución de declaración de interés legislativo de los actos y homenajes por dicho centenario. D/2018/15-16, CDPBA, el 15 de julio de 2015, 7ª sesión ordinaria, p. 3917, https://bit.ly/3aSWVg6.
  298. En el acto de recepción de la urna con las cenizas, el jefe de la Agrupación local, Hugo Santiago Buso, ratificaría el efecto místico de la misma; al definirla como “un faro que nos marca el rumbo correcto en este derrotero del Scoutismo Naval y que como tal, ilumina a la humanidad con toda la luz del espíritu scout. Luz que seguiremos llevando a todos los confines de nuestra Argentina y más allá”. https://bit.ly/3DSmhqX.
  299. La primera patrulla de niñas scouts asociadas a una agrupación naval parece haber sido la de Olivos, en la compañía “Pedro Etchepare”, inicialmente de fuerte influencia “británica” (en tanto su origen estuvo en el “Second BA Scout Group”), a partir de la iniciativa, en 1944, de Janet MacLean. Con anterioridad ya podemos encontrar mujeres, en el ámbito del scoutismo naval, a partir de la “Comisión de Damas” fundada en Punta Alta en el año 1937.
  300. Estatutos (c. 1913), p. 3.
  301. Pensemos para otro caso, las complejas ambigüedades que surgen del término “varona” que utiliza el poeta Alberti en sus alegatos antifascistas, para interpelar a España: “Habla, varona. Viriles tienen que ser tus palabras”. Alberti, Rafael, De un momento a otro y otros textos, “Cantata de los héroes y la fraternidad de los pueblos”, Buenos Aires, Bajel, 1942, p. 185.
  302. Como se ha señalado, “Olave retrataba a su nuera como alguien pasada de moda y desligada de la generación más joven”, concibiendo a las Guías como las “muchachas más aventureras”. En: Proctor, Tammy M., On my honour: Guides and Scouts in Interwar Britain, Philadelphia, American Philosophical Society, 2002, p. 109.
  303. Estatutos (c. 1913), p. 3.
  304. La natación sería una práctica regulada tempranamente por la propia inspección scout. AJEANBSA, 10 de septiembre de 1919, p. 3.
  305. Podemos ver cómo se fomentaba esta práctica desde la primera era del ESA, al publicar la foto de la totalidad de los miembros del equipo de tiro del Colegio Lasalle, presentando armas, en la página destinada a la “Galería de honor”. ESA, noviembre de 1913, p. 138. Lo mismo en el ámbito individual, para el caso del campeón escolar de tiro, Juan J. Viola, de las Escuelas Pías, en el número siguiente.
  306. Siempre Listos, abril de 1915, p. 8. Esto se repite en los Estatutos de 1916. Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  307. Estatutos (c. 1913), p. 4.
  308. En el artículo 5° del Proyecto de reforma de Estatuto se incluían más de 20 prácticas que incluían un registro igualmente variado de conocimientos y aptitudes que iban del “auxilio al desvalido” al uso del “servicio de estafetas”. AJEANBSA, 9 de abril de 1926, p. 283 (Artículo 5°).
  309. Como vemos, un año menos que lo aceptado originalmente en Scouting for boys. Recién en 1916, con el impulso de Vera Barclay, se desarrollará en Gran Bretaña la rama de los “lobatos”, que incluía a los niños de siete años para la futura formación scout, y cuyos fundamentos serían redactados por Baden-Powell. En nuestro país, el Directorio sería particularmente receloso y estricto con respecto de la participación de estos menores de esa edad, a los que no se les admitía como aspirantes a scout, y a los que se prohibiría incluso la concurrencia a los desfiles, a partir de la “denuncia” que los dirigentes hacían de dicha participación con el consentimiento de los MMSS. AJEABSA, 20 de junio de 1917, pp. 162-163. En otros casos, por el contrario, los más pequeñoes eran abiertamente admitidos e incluso incluidos en las Memorias del Campamento, como haría el encargado general Leoni en 1922, alabando la resistencia física de “la mascota de la Cía” de 6 años. Reproducido en: TT, julio-agosto-septiembre de 1936, p. 7. Esta situación de tolerancia a las “mascotas” volvería a ser criticada por el vocal Baudizzone en reunión de Junta Ejecutiva de ese mismo año (AJEANBSA, 30 de mayo de 1922, p. 285) y tres años después por el comisario Borga (AJEANBSA, 4 de dicembre de 1925, p. 261). Mientras que las compañías británicas en nuestro país (como las “English” y “Belgrano” High Schools) ya incluirían el sistema de “lobatos” o “lobeznos”, esto no parecía ocurrir en las llamadas “compañías reglamentarias” de la institución, ya que –según consideraba el inspector Alcántara- esto sólo fucionaba “en naciones con menos conjunto de razas y pueblos” que la nuestra. “Instrucion” (sic), ESA, junio de 1926, p. 11. Todavía en 1926 se denominaba “mascotas” o “agregados” a los que siendo menores de diez años querían participar de los scouts navales, como el caso de Federico Ortiz, quien “solicitó entrar en el número de excursionistas, permiso que le fue otorgado conjuntamente con el de vestir el traje scout por su buena aplicación y disciplina. A pedido de los scouts, el niño Ortiz fue incorporado a la Compañía en calidad de ‘mascota’”. “La excursión de los días 13 al 17”, ET, febrero de 1926, p. 8. Sin embargo, para ese mismo año las posturas resultan absolutamente contradictorias, porque mientras desde la revista se reconocía como practicantes scouts a los niños desde los 6 años (“Yo” (seud.), “En qué escuela puede practicarse el scoutismo”, ESA, abril de 1926, p. 4), el Estatuto (¡votado ese mismo mes!) decía claramente que “para ingresar como boy scout es necesario haber cumplido doce años, sin haber pasado los dieciocho de edad” (AJEANBSA, 9 de abril de 1926, p. 289) y el inspector nacional declaraba que recién a los 10 años había “pasta para modelar al hombre humanitario, patriota, servicial y veraz que saldrá del buen scout” (“Instrucción” (sic), ESA, junio de 1926, p. 11). La cuestión quedaría zanjada definitivamente con la resolución de 1928 (en acuerdo con el estatuto y los reglamentos) en la que se “invitaba” a todos los delegados “a separar de las compañías a los menores de 10 años que actualmente se hallen adscriptos a las mismas”. “Reglamentación del campamento”, ESA, febrero de 1928, p. 18. Todavía en 1945, un cronista expresaba que “desafortunadamente en nuestro país aun no existen los Lobitos” (de 8 a 11) e incluso señalaba la oposición a su conformación en “Manadas” al interior del movimiento, por quienes juzgaban que eso estaba “bien sólo para los países anglosajones”. ESA, mayo-junio de 1945, p. 3.
  310. La rama de Rovers tuvo su origen en la necesidad de los “Scouts Mayores” desde 1914, de mantenerse en contacto entre ellos y con la asociación, luego de terminada la etapa scout. Fue reglamentada en 1918 y quedó definitivamente incorporada a la vida asociativa mundial en 1922 con la publicación del libro de Baden Powell, Rovering to success, Londres, Herbert Jenkins. En Argentina, por fuera de la práctica muy instalada en la comunidad británica, aunque con antecedentes previos, esta rama se sistematizó y desarrolló con más fuerza a partir de la década de l940, pudiendo marcarse su consagración en la revista oficial a partir del artículo de Alberto Lassus, “Lo que puede y debe ser todo Rover-Scout”, ESA, abril de 1940, p. 3.
  311. En los estatutos de 1916 se reconocerán 4 categorías de socios “activos, suscriptores, vitalicios y honorarios”. Art. 7, Cap. II, Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  312. Tomamos el sueldo aproximado que daba el Boletín Nacional del Trabajo, definido en 2, 80 pesos por día para “el obrero sin mayor destreza, sin oficio, que sólo aporta al trabajo el contingente de sus músculos”, 30 de noviembre de 1912, p. 494, https://bit.ly/3FZCXyD Consultado el 13 de agosto de 2021.
  313. Estatutos (c. 1913). Los precios parecen haberse mantenido en el tiempo, en tanto los scouts de Punta Alta, dirían “la cantidad de cincuenta centavos o un peso por mes, no puede ser razón fundada para rechazar una ocasión que tiene dos magníficos significados: Amor a la Patria. Amor a la niñez”. ET, agosto de 1926, p. 33. Esto significaba menos del 1% de un sueldo mínimo mensual de la época.
  314. Primero hasta cumplir los 20 años y con la reforma del estatuto en septiembre de 1914, a partir de los 18. Estatutos de la Asociación Boy Scouts Argentinos, Buenos Aires, La Obra de la Patria, c. 1914, pp. 5 y 12. “Biblioteca Celesia”, Archivo General de la Nación. De ahora en más, “Estatutos, c. 1914”, BC-AGN).
  315. Si tomamos como ejemplo el movimiento de socios de la compañía Almirante Brown de Punta Alta entre junio de 1921 y abril de 1922, podremos ver que el interesante flujo de ingresos como socios (135 personas) quedaba parcialmente contrarrestado con los egresos que se sufrían, que alcanzarían ese año un porcentaje del 40,74% (55 personas). Argüello, Scouts Navales, p. 37. Aunque esta filial puede ser particularmente sensible por la situación de alta movilidad territorial de los habitantes de la Zona de Puerto Militar, no deja de mostrar los vaivenes a los que podía quedar sometida cada compañía ante la parcial inconsecuencia de sus socios. Es interesante notar, asimismo, que la mayor cantidad de los egresos (21 personas) se daban en el mes de diciembre. Hacia 1926 la revista de la compañía seguía lamentándose por la “sensible disminución del número de socios suscriptores”. “Triste realidad”, ET, enero de 1926, p. 1.
  316. ABSA, Breves indicaciones, p. 8.
  317. Inicialmente, en Scouting for boys aparecen los primeros nueve de los preceptos (pp. 49-51), al que Baden Powell incorporaría el décimo en 1911.
  318. El paisajista francés Carlos Thays (1849-1934) fue miembro de la comisión fundadora de los scouts, en momentos en que era Director de Paseos y Jardines, y en una de sus citas más recorridas señalaría que “el gusto para los jardines, de cualquier dimensión que sean, es una de las más caracterizadas expresiones del grado de civilización alcanzado por una nación”. Estuvo vinculado a Moreno y a Onelli en su condición de estudioso del Nahuel Huapi hacia 1910 y de creador del Parque Botánico en 1892, que a partir de su apertura años después, interactuaba con las autoridades del Zoológico. Ya desde los comienzos de la asociación, Thays era vice-presidente de la Comisión Forestal Argentina y, en esa condición, formó parte del Congreso Forestal Internacional desarrollado en París en 1913, donde presentó una ponencia sobre los parques nacionales, donde recordó que el “Perito” Moreno había donado las hectáreas para el Parque Nacional. Ver: Defert, Henry, Congrès Forestier International, Paris, Touring Club de France, 1913, p. 837. Sus datos en GEA, tomo T-Z, 1963, p. 101.
  319. La Asociación de “Niños, Pájaros y Plantas” fue creada en 1904 por iniciativa de Juan B. Zubiaur, y coincidía con la idea scout que los niños eran “el porvenir de la patria”, a lo que agregaba que los pájaros eran “auxiliares de la agricultura” y las plantas daban “salud, placer y riqueza”. A la reivindicación del cuidado de esas tres categorías, la asociación incluía también un fuerte contenido de asistencialismo social. Ver: Memoria anual. Correspondiente al 15° ejercicio (1918-1919) y transcripción de la primera correspondiente a 1904, Buenos Aires, Juan Perrotit, 1919. Las excelentes relaciones con dicha institución pueden verse a partir del envío de una delegación de scouts al ser invitados por aquella al acto de la inauguración de la Escuela Sarmiento en el Tigre, siendo abonados los pasajes por parte de la Junta Nacional. AJEANBSA, 10 de septiembre de 1919, pp. 2-3. Uno de sus miembros de relevante actuación scout sería el doctor Carlos Delcasse.
  320. Esta tradición sería venerada por las filiales, como demuestra el programa especial que en 1927 diera la compañía “Bernardino Rivadavia” de Villa Lugones, dedicado en particular a “cursos teóricos-prácticos de jardinería y floricultura”. ADBSA, 10 de diciembre de 1926, p. 14.
  321. “Código de Honor” reproducido en ESA, junio de 1913, p. 30.
  322. Contratapas de Siempre Listos, año 1, n° 4, abril de 1915.
  323. Carpeta “Informe del Inspector Schmiedl”. MSNA.
  324. Por ejemplo, como parece demostrar el caso de la Compañía “Sarmiento” de Concepción del Uruguay, quien nominaría como Patrullas “Yannielli”, “Ruiz Díaz” y “Navarro”, aparentemente en mención a los apellidos de los guías de las mismas, a los grupos en competencia durante el desarrollo de una práctica de rastreo. “Concepción del Uruguay”, ESA, marzo de 1929, p. 23.
  325. Cutrin, Manuel, “La Patrulla”, ESA, julio-agosto de 1944, p. 12.
  326. Ídem.
  327. Ídem.
  328. Continuación en: ESA, septiembre-octubre de 1944, p. 27.
  329. Sobre esto: Gringauz, Lucrecia, “Entretenimientos y multitudes. El Jardín Zoológico de Buenos Aires en sus primeras décadas”, XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
  330. Onelli, Clemente, Idiosincracias de los pensionistas del Jardín Zoológico, Buenos Aires, El elefante blanco, 1999, p. 10.
  331. Así se señalaba que ningún scout “es digno de ser tal”, si se “queda indiferente cuando ve que se castiga sin necesidad a un caballo, una mula o un asno que deben arrastrar un vehículo cargado con exceso”. S/A, “Protección”, ESA, julio de 1928, p. 17.
  332. El proyecto figura transcripto en sentido íntegro en la revista de la Sociedad Ornitológica del Plata: S/A, “Protección a las especies animales”, El Hornero, Vol. IV, n° 2, Octubre de 1924, pp. 242-244, https://bit.ly/30IrR0L Consultado el 21 de septiembre de 2019.
  333. Interesantemente, al ser italiano, Onelli definía a los gorriones como “paisanos míos” y decía que en su tierra “los quería mucho porque en las aburridas horas de clase en el colegio […] seguía sus vuelos”, pero que “de sumisos y bien educados que eran en Europa, se han converdio aquí como algunos hijos de inmigrantes humanos en desfachatados, pendencieros y madrugadores”. Nativa, 28 de febrero de 1924, n° 2, p. 64, https://bit.ly/3jgqCwd Consultado 13 de marzo de 2017.
  334. Onelli y Albarracín habían comenzado por confluir en la idea de la Fiesta del Animal a realizarse en el Zoológico porteño en 1908, pero terminaron fuertemente distanciados, sólo 3 años después por las denuncias que éste hiciera por maltrato animal por parte de la institución dirigida por aquel. Asimismo, Albarracín condenaría la matanza de gorriones defendida por Onelli. Ver Urich, Los perritos bandidos, pp. 101-102.
  335. Ángel Gallardo (1867-1934) era ingeniero y doctor en Ciencias Naturales. Fue presidente de la Sociedad Científica Argentina, director del Museo de Historia Natural luego de la muerte de Ameghino, presidente del Consejo Nacional de Educación y embajador en Italia. En política participó, como universitario, en la Revolución del Parque. GEA, tomo Del-Gw, 1957, p. 440.
  336. Citado por: García, Susana V., “Museos provinciales y redes de intercambio en la Argentina”, en: Maria Margaret Lopes y Alda Heizer (org.), Colecionismos, práticas de campo e representaçoes, Campina Grande, EDUEPB, 2011, p. 85.
  337. Resulta especialmente interesante la nota a pie que, en el boletín scout, Moreno dedica al artículo del profesor Bruch. A pesar de su extensión, la transcribimos de manera íntegra por la riqueza que ella supone para los historiadores de la ciencia: “Lo que no dice el Dr. Bruch de este recuerdo de la infancia, lo diré yo. El día en que encontró el coleóptero ‘ciervo volante’ nació la vocación de su vida. Lo he tenido a mi lado veinte años; cuando adolescente, como fotógrafo eximio, luego como zoólogo y arqueólogo, y puedo decir y lo digo con verdadero placer, que ha hecho su carrera con su propio esfuerzo, paso a paso, sin más universidad que la naturaleza, que ha estudiado con los ojos bien abiertos. Es un verdadero ‘self made man’, un ejemplo que deben seguir los boy scouts argentinos. Scout por excelencia es el actual director de la sección zoológica del que fué ‘Museo de la Plata’ y profesor de la Universidad Nacional de La Plata, en la que tiene a su cargo la enseñanza de la zoogeografía y de la biología sistemática de los insectos. En el año pasado fué nombrado doctor h. c. en Ciencias Naturales de la misma Universidad. Su colección antomológica (sic) es única en la América del Sur y nadie como él ha sorprendido en su acción diaria a plantas, insectos, reptiles, aves y mamíferos de nuestro país”. Siempre Listos, abril de 1915, p. 18. Grafia original.
  338. Íbidem, pp. 18-19.
  339. Citado en: Christmann, Federico E., Vivencias y testimonios (de mis últimos 80 años), La Plata, s/e, 1982, p. 73.
  340. S/A, “Colombofila”, ESA, marzo de 1928, p. 6.
  341. ESA, diciembre de 1928, p. 11.
  342. S/A, “¡Nidos!”, ET, noviembre de1926, p. 49.
  343. Do Pereira Martinho, Jacio, “Cacerías en África”, ET, agosto de 1927, p. 101.
  344. Tanta difusión que Moreno llegaría a sostener: “tanto dicen los periódicos y revistas sobre Scouts Argentinos que el público empieza a creer en ellos, llevado también por las apariencias en desfiles”. ACEABSA, 30 de julio de 1915, p. 52.
  345. El “Código de Honor” sería reproducido íntegramente, por ejemplo, en Mundo Argentino (4 de junio de 1913, p. s/n) y en Mundo estudiantil (“Siempre listos”, 7 de agosto de 1915, 1, 1, p. 31).
  346. S/A, “La hazaña de la patrulla del toro. El gran robo de alhajas”, ESA, diciembre de 1913, p. 145.
  347. Ídem.
  348. Ídem.
  349. Íbidem, p. 146.
  350. Ídem.
  351. Ídem.
  352. Íbidem, p. 149.
  353. Ídem.
  354. Ídem.
  355. Son interesantes los valores que los padres y tutores (en un número nada desdeñable de 38 firmas) destacaban en ese MS: “la rectitud, la caballerosidad, la moral íntegra […] ideales nobilísimos”. AJEANBSA, 21 de abril de 1924, p. 95. De larga trayectoria en el movimiento, Gabriel Bonel ya era destacado como “Capitán” de la 1° compañía de Villa Devoto y por haber sido el primer scout en obtener divisa de mérito (la de intérprete, por saber tres idiomas). “Nuestra galería de honor” ESA, marzo de 1914, p. 212.
  356. Sin embargo, las ondulaciones de la vida scout eran constantes. Así, a los dos años de ese espaldarazo paterno, Bonel debería renunciar por considerárselo responsable por ausencia, en el accidente sucedido durante un campamento y que le costara la vida al Ayudante Mario Merlo y al scout Ernesto Luna de la compañía que tenía a cargo. AJEANBSA, 19 de abril de 1926, p. 300. Luego de reintegrarse, pasado el tiempo, volvemos a encontrarlo, ahora como renunciante delegado de la misma Compañía (ADBSA, 10 de octubre de 1935, p. 294), pero manteniéndose como miembro del Consejo Nacional.
  357. Ya para esa época, los padres debían autorizar por vía escrita la participación de los niños en campamentos. “Campamento. Compañía Almirante Brown de Puerto Belgrano”, ESA, mayo de 1926, p. 5.
  358. Estatutos (c. 1913), p. 6.
  359. Ídem.
  360. En el anexo n° 2, al final de este tomo, con los miembros ejecutivos y de Consejo Nacional durante los años 1912-1945, puede analizarse el listado completo de apellidos intervinientes con sus respectivas funciones.
  361. Como señalaba La Prensa en su número del 16 de junio de 1918, “al consejo nacional que dirigirá el ‘scoutismo’ le corresponderá dirigir los intereses del mismo en el país y asegurar al conjunto de las agrupaciones existentes y a las que se organicen, la unidad de dirección necesaria para el mejor funcionamiento de la asociación y el éxito completo de la obra. El consejo nacional gobernará, por intermedio de la junta ejecutiva elegida de su seno”.
  362. En el acto del Museo de la Plata en memoria de Moreno, Onelli se definiría como su “secretario” (Museo de La Plata, Homenaje a Francisco Moreno, Buenos Aires, Coni, 1924, p. 16). Por otro lado, la relación de Onelli con Moreno se puede filiar desde fines del siglo XIX, como lo muestra la elección de aquél –ya en el año 1893, antes de cumplir los treinta años– como sucesor de éste en la cátedra de Ciencias Naturales de la Escuela Normal de La Plata. “Nota del 8 de mayo de 1893 de la Dirección General de Escuelas a Clemente Onelli”, FO-AGN, Carpeta 2553, folio 5. El 21 de agosto de 1895, en una carta del “Perito” en posesión de Onelli, aquél lo definía a éste como “mi amigo”. La carta de Moreno estaba dirigida al Gobernador del Territorio de Rio Negro, Liborio Bernal, y en ella solicitaba apoyo para Onelli en la estadía que con motivos de investigación en ciencias naturales, iba a desarrollar en el lugar. FO-AGN, Carpeta 2553, f. 8.
  363. El célebre ingeniero y urbanista Carlos Thays había nacido en París en 1849. Ya en el país, fue designado en 1890 director de paseos de la Capital Federal. Creó el Parque Botánico en 1892. Murió en 1934. GEA, tomo T-Z, 1963, p. 101.
  364. Según señala Cutolo, en la entrada “FRAGA, Rosendo M.”del Nuevo diccionario…, tomo F-K, 1971, p. 130.
  365. Foto disponible en el acervo del archivo histórico de San Luis, https://bit.ly/3vptHPk.
  366. “Presentation of the Cullum Medal to the argentine scientist, Dr. F. P. Moreno”, Bulletin of the International Bureau of the American Republics, vol. XX, January-june 1910, pp. 262-264 (foto en p. 263) https://bit.ly/3aSYgn8.
  367. AJEANBSA, 11 de abril de 1922, p. 255.
  368. El jefe de policía escribiría al directorio que Luconi no era “la persona más apropiada para representar a la institución”. AJEANBSA, 30 de abril de 1926, p. 292.
  369. Ídem.
  370. S/A, “Los Boy Scouts”, Santa Fé, 28 de julio de 1915, p. 2.
  371. Kirby figura participando ya como “Capitán” en el Campamento General de la ABSA realizado en San Isidro en 1914.
  372. Kirby, S., “Marcha entre Buenos Aires y Mercedes”, Siempre Listos, abril de 1915, p. 24. La poca receptividad de la ciudad de Mercedes al movimiento scout parece haber continuado por 10 años, ya que –luego de unos amagos por parte del señor Guillermo Fragatti (¿?) en 1918– sólo recién en 1925 se formaría la primera compañía en la ciudad, la que sólo duraría 3 años.
  373. Sánchez, Pionero del escultismo de Córdoba…, p. 39.
  374. S/A, “Los scouts de Santiago del Estero”, Fray Mocho, 17 de marzo de 1916, p. s/n.
  375. Todavía en 1926 el Jefe Scout Toranzo seguía reconociendo, frente al presidente de la Nación, la existencia de “indiferencia pública” y “mofa de los escépticos y los malos ciudadanos”. “En nuestra casa”, ESA, octubre de 1926, p. 2.
  376. Nelson, Ernesto, “Plan de reformas a la enseñanza secundaria. En sus fines, su organización y su función social”, en: Gagliano, Rafael (presentación), Plan de reformas a la enseñanza secundaria y otros escritos, Gonnet, UNIPE, 2017, p. 60.
  377. Sobre el empresario Donato Didiego, ver: Buitera, Alejandro, “La defensa de Donato Didiego”, Pioneros del tabaco. Los fabricantes de cigarrillos en la Argentina (1880-1920), Bariloche, ed. del autor, 2012, pp. 167-168.
  378. AJEBSA, 18 de junio de 1926, p. 329.
  379. ADBSA, 27 de abril de 1928, p. 81.
  380. AJEABSA, 2 de mayo de 1917, p. 139.
  381. Francisco Moreno señalaría en Cámara de Diputados que: “La Nación Argentina está destinada a ser en el futuro, en Sud América, la nación más parecida a los Estados Unidos del Norte, y es juicioso proceder como éstos en el uso de su suelo y en el desenvolvimiento de su población y sus industrias”, DSHCDN, 25 de septiembre de 1912, p. 980.
  382. Ver: Ygobone, Arquetipo de argentinidad, pp. 605-614. Decimos el último que haría en vida, ya que el 14 de enero de 1944, bajo la autorización del decreto de honores n° 732 del ejecutivo de facto de Pedro Pablo Ramírez, se trasladarían sus restos mortales desde la Recoleta (en esos momentos, Cementerio del Norte), con la participación tanto del vicepresidente Farrell (quien había sido ya en los años treinta, presidente de los scouts mendocinos) y del ministro de agricultura Diego Mason, llegando dos días después al Sur y realizando su funeral el día 22 en conmemoración del aniversario de la primera llegada de Moreno a esas tierras. Ver: Artayeta, Biografía del Perito Dr. Francisco P. Moreno, pp. 17-26.
  383. Roosevelt, Theodore, Through the Brazilian wilderness, New York, Charles Scribner’s Sons, 1914, p. 26.
  384. Ídem. Recordemos la dimensión del elogio, al señalar Theodor Roosevelt sobre este reformista social danés, emigrado a Estados Unidos en 1870, que Jacob Riis había sido el hombre “que más cerca estuvo del ser el ideal de ciudadano norteamericano”. Citado en: Gandal, Keith, The virtues of the vicious. Jacob Riis, Stephen Crane and the spectacle of the slum, New York-Oxford, Oxford University Press, 1997, p. 12.
  385. “Carta de Emilio Frers, presidente y Tomás Amadeo, secretario del Museo Social Argentino al Señor Presidente de la Sociedad Militar de Expedicionarios al Desierto, 23 de octubre de 1913”. Carpeta n° 1934. FCMED-AGN.
  386. Junto con el protagonismo de Moreno, otro personaje que tendría cierta relevancia en la recepción del ex presidente Roosevelt –tal como lo reconocería la institución anfitriona– sería el General Pablo Riccheri, quien además como vimos estaba muy conectado con la Sociedad Sportiva, encargada de dar una “gran manifestación de cultura física” para el mencionado visitante, con el auspicio del Ministerio de Guerra (BORA, 13 de noviembre de 1913, p. 242). En ese sentido, el MSA escribiría, el 11 de diciembre de 1913, una carta a Riccheri, señalándole su “agradecimiento por la colaboración prestada en el sentido del éxito de los agasajos al señor Teodoro Roosevelt”. “Carpeta Enero-Junio 1913”, FR-MJM.
  387. “Carta de Frers y Amadeo al Presidente de la Sociedad Militar de Expedicionarios al Desierto”.
  388. Suzman, Perla, “Panamericanismo y conservacionismo en torno al viaje de Theodore Roosevelt a la Argentina (1913)”, Modernidades, vol. 1, n° 11, 2011, pp. 1-20.
  389. Moreno Terrero, Recuerdos de mi abuelo…, p. 175.
  390. “Carta de Roosevelt a Moreno”, 4 de enero de 1915 (TRC) Consultado el 10 de octubre de 2017. https://bit.ly/3lT9Wg2.
  391. Ídem.
  392. “Carta de la ABSA a Theodore Roosevelt”, 6 de noviembre de 1913 (TRC). Consultado el 10 de octubre de 2017, https://bit.ly/3vpUifg.
  393. Roosevelt, “Buenos Aires. A Fine Modern Capital”.
  394. Íbidem, p. 712.
  395. La Prensa, 11 de noviembre de 1913, p. 9.
  396. Nelson acompañaría a Roosevelt, en su condición de miembro de la comisión directiva del Museo Social Argentino. Ernesto Nelson, nacido en Buenos Aires en 1873, fue discípulo de Sarmiento en su infancia, luego realizó cursos en la Universidad de Columbia y fue profesor de la Universidad Nacional de La Plata, donde dirigió el Internado (ULPI). Desde 1913 a 1916 sería Inspector General de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial, momentos en que escribiría su informe sobre educación secundaria al ministro de Instrucción, Cullen, en el que se mostraría enfáticamente defensor de la práctica scout. En su biografia para Quien es quién, realizada en el año 1940, a pesar de indicar su pertenencia a muchas sociedades de interés infanto-juvenil (como la YMCA, la Asociación por los Derechos del Niño, la Asociación Tutelar de Menores, y La Casa del Niño) no hace mención a sus largos años como miembro del Consejo Nacional scout. Murió en 1959. Ver: Abeledo, Amaranto, Ernesto Nelson (Recuerdos de una larga amistad). Buenos Aires, Talleres Luz, 1961.
  397. Recorte de diario no identificado, del 19 de noviembre de 1913 (TRC) https://bit.ly/3jgGS0m Consultado por última vez el 3 de junio de 2020.
  398. Como recuerda Martín Bergel (“El anti-norteamericanismo en América Latina (1898-1930)”, Nueva Sociedad, nov.-dic. 2011, p. 156), ya en 1898 “dos de los delegados designados por el gobierno argentino como representantes en la conferencia, Roque Sáenz Peña y Vicente Quesada, conspicuos miembros de las elites políticas de la República conservadora, no solo fueron fervientes opositores diplomáticos a los intereses de Washington, sino que desplegaron una campaña publicitaria que nutrió un primer imaginario simbólico antinorteamericano”. Ver asimismo, Scarfi, Juan Pablo, “La emergencia de un imaginario latinoamericanista y antiestadounidense del orden hemisférico: de la Unión Panamericana a la Unión Latinoamericana (1880-1913)”, Revista Complutense de Historia de América, vol. 39, 2013, pp. 81-104.
  399. Roosevelt, “Buenos Aires. A Fine Modern Capital”, p. 711.
  400. Ídem.
  401. Recordemos que en 1913, Manuel Ugarte finalizaba su gira hispanoamericanista, en la que se contrariaba expresamente el discurso de alianza entre naciones americanas “desarrolladas” de Roosevelt, por una solidaridad estrictamente cultural entre las naciones latinoamericanas, sin importar sus diferencias. Así, en Lima, Ugarte señalaba: “Que las veinte repúblicas latinoamericanas se ayuden y completen como el ciego y el paralítico del apólogo. Nuestro deber es tender la mano a los más débiles y acaso nuestra conveniencia también, porque si en los hermanos más sólidos se han multiplicado los músculos, en los más débiles se han desarrollado quizá las vivacidades del espíritu”, Ugarte, Manuel, “Norte contra Sur”, Mi campaña hispanoamericana, Barcelona, Cervantes, s/f, p. 146. En efecto, Manuel Ugarte publicaría una década después de la visita su visión ampliamente crítica del recibimiento hecho a Roosevelt en Buenos Aires, escribiendo: “El viaje del señor Teodoro Roosevelt en noviembre de 1913 puso en evidencia una vez más los errores de la política sudamericana. Los sucesos de Panamá, subrayados por las frases imperativas del impetuoso político, estaban frescos aún en la memoria. La invasión a Nicaragua y el sojuzgamiento de aquel país, después de una lucha en que perecieron los mejores patriotas, goteaba sangre sobre las conciencias. Sin embargo, nunca tuvo Buenos Aires más aclamaciones para un viajero. Se le recibió en sesión solemne en la Cámara de Senadores. Se revolucionaron en su honor las fórmulas protocolares”. Ugarte, Manuel, El destino de un continente, Madrid, Mundo Latino, 1923, p. 347.
  402. Roosevelt, Theodore, “South America and the Monroe Doctrine”, The Outlook, 3 de marzo de 1914, p. 585 (TCR), https://bit.ly/2Z5jDid Consultado el 2 de marzo de 2020.
  403. Íbidem, p. 584.
  404. Roosevelt, Theodore, “In the Argentine. The Army; Sport”, The Outlook, 4 de abril de 1914, p. 761 (TRC), https://bit.ly/3piFHkM Consultado por última vez el 3 de junio de 2021.
  405. Tal como señalaba un diplomático francés en Argentina, en una carta fechada en junio de 1917: “Actualmente, no es un secreto para nadie que en Washington están descontentos con la forma de proceder del gobierno argentino y de la ausencia de claridad de su política […] Argentina parece estar completamente ajena a cualquier entendimiento financiero con los Estados Unidos”. Citado en Compagnon, Olivier, “Entrer en guerre? Neutralité et engagement de l’Amérique latine entre 1914 et 1918”, Relations internationales, Presses Universitaires de France, 2009, p. 41.
  406. “The boy scouts in Argentina”, p. 229.
  407. Ídem.
  408. En el caso de Christian, el impacto de la experiencia norteamericana puede verse en sus recuerdos: “entré en contacto con los expertos en programas educativos de la Y. M. C. A. Internacional entre los cuales se encontraba J. L. Alexander quien se había convertido en propulsor de las ideas de B. P. y luego sería el prmer Secretario General de los Boy Scouts of America. Estuve en el primer contingente de Maestros Scouts formado por Alexander”. Citado en: “Historia del Scoutismo Argentino”, ESA.
  409. “The boy scouts in Argentina”, BPAU, p. 221.
  410. Por ejemplo, el recorte del artículo “Americanismo y panhispanismo” aparecido en La Prensa del 3 de julio de 1917, en el que se señalaba, a fin de comentar la acción del Ateneo Hispano-Americano en Nueva York, que “el panhispanismo y el panamericanismo no son fuerzas antagónicas, sino complementarias”. CM-AMREC, Exp. 60. Recordemos que, precisamente, José León Suárez –miembro del Consejo Nacional scout– devendría al año siguiente, presidente del ateneo homólogo en Buenos Aires, al que lideraría hasta su muerte en 1929, y que operaría bajo las mismas tensiones entre ambos referentes de americanidad. Ver: Ortemberg, Pablo, “José León Suárez y ‘la diplomacia de los pueblos’: Iberoamericanismo, reformismos y festejos Centenarios en la década de 1920”, Melanges de la casa de Velásquez, 50, 2, 2020, pp. 41-65. Indudablemente, el hispanismo no dejaba de tener, por otra parte, tensiones con la retórica revolucionaria de Mayo, como en algunos casos podría verse, al definirse –muchos años después– a dicho período como “tres centurias de dominación española en América” que “tuvieron la triste característica de mantener en un ambiente de opresión a todos los hijos de este querido suelo”. S/A, “1810 –25 de mayo– 1936”, TT, abril-mayo-junio de 1936, p. 1.
  411. “Carta de Seijó a Moreno” del 17 de junio de 1915, p. 3. FM-SCB.
  412. Pablo Riccheri (o Ricchieri), hijo de inmigrantes italianos, nació en San Lorenzo, el 8 de agosto de 1859. Ingresó al Colegio Militar en 1875 y al egresar, muy joven, participó de la represión del levantamiento de Tejedor. En 1883 fue enviado a la escuela de guerra de Bruselas. Sería luego agregado militar en Francia y Alemania, y comisionado en Suiza. En ese lapso, se especializó en la temática armamentística, lo que derivó en la creación del fusil “Máuser Modelo Argentino 1891”. En 1898 fue desigando Director General de Armamentos y en el 1900, Ministro de Guerra de la segunda presidencia de Roca, cargo en el que promovió la ley del servicio militar obligatorio. Cuatro años después sería ascendido a General de Brigada, en 1910 a “de división” y en 1922 a Teniente General. Fue presidente del Círculo Militar. Murió en Buenos Aires en el año 1936. Tomado de GEA, tomo R-S, 1961, p. 140. Sin mención a aquí a su participación como Jefe Scout y Miembro honorario de la ANBSA y luego de los BSA. Adoptamos el uso de “Riccheri” sin “i” para el apellido a lo largo del libro, además de por estar más “normalizado” su uso, porque tomamos en cuenta el uso de dicha grafía en documentos oficiales como el Pasaporte que le fue expedido por el Ministro de Guerra Allaria, con motivo de “la comisión que le fué confiada por Superior Decreto de fecha 12 de Enero de 1915”. En “Correspondencia 1915”, FR-MJM. Grafía original.
  413. De la Fuente, J. Félix, “Influencia social del scoutismo”, Claridad, órgano de la Biblioteca Popular “9 de julio”, Junín, 17 de agosto de 1945, s/n. Nuevamente debo agradecer a Alfonsina Iacullo, la referencia y su digitalización.
  414. Ídem.
  415. Transcripción del discurso de Laureano Baudizzone. “Concomitancias entre Rotary y el Cuerpo de Boy Scout”, p. 5. Mimeo. MSNA.
  416. El día de su muerte, la ANBSA resaltaría la condición de “entusiasta propulsor de la obra de la institución” de Riccheri, por lo que su directorio convendría en: “enviar una nota de pésame a la familia; invitar a los miembros de la institución, presidente, delegados, comisiones de fomento, maestros-scouts y ayudantes a concurrir al acto de sepelio; enviar una palma de flores y colocar oportunamente una placa en la tumba del General Riccheri, acto al cual asistirán las compañías de ‘boy-scouts’”. Martínez Pita, Rodolfo, Riccheri, Buenos Aires, Circulo del Militar, 1952, p. 239.
  417. PLA, 4 de julio de 1922, pp. 117-118.
  418. Ya desde la reforma de Estatutos de 1916 estaba presente la posibilidad de otorgar (además de al presidente y a los ministros de Guerra, Marina e Instrucción Púbica mientras duraran sus funciones) por el voto de dos tercios o más de los socios de una Asamblea Extraordinaria, a “las personas que hayan honrado a la institución igual título [socio honorario] en reconocimiento de eminentes servicios prestados”. Riccheri sería el primer socio honorario vitalicio, elegido en 1922 “por aclamación”, nada menos que un 4 de julio, día en que Moreno había fundado la asociación. Carpeta “Sesión Extraordinaria para la designación de socio honorario al Señor General don Pablo Riccheri. Julio de 1922”. MSNA. La ocasión no podía ser más “estratégica” para la asociación, ya que al mes siguiente de recibido ese honor por parte del scoutismo, el Poder Legislativo de la Nación por proyecto del dirigente radical Antille facultaba al Ejecutivo a ascender (algo inusual para un militar en actividad) a Riccheri al grado de Teniente General (Martínez Pita, Riccheri, pp. 218-223). En 1925, además, el miembro Basso propondía colocar la fotografía del general en la sala de sesiones de la Junta. AJEANBSA, 1 de mayo de 1925, p. 114. Sería la única excepción, en ese momento, de un Jefe Scout que en vida compartiera con los presidentes scouts ya fallecidos (Moreno, Ruiz y Santa Coloma) su retrato en la sala de sesiones. Ídem. A eso se sumaría un homenaje a Riccheri en su propia casa en Temperley por parte de los afiiados de la práctica. AJEANBSA, 2 de junio de 1925, pp. 132-133.
  419. Pensamos en el libro escrito –y ya citado– por quien fuera su secretario en el Círculo Militar quien al hacer la biografía del general, no menciona ni la presidencia ni alguna otra actividad hecha por Riccheri en relación con el scoutismo, de la que sólo nos anoticiamos finalmente en el anexo del libro, con la referencia fúnebre ya mencionada.
  420. Al menos parece eso desprenderse de las pocas cartas personales que intercambió –o al menos se conservaron– en relación con su carácter de presidente de la asociación, según hemos podido constatar en el FR-MJM.
  421. En 1913, frente al centenario de la batalla de San Lorenzo, se reproducía un proyecto –redactado por él– de conmemoración del evento, y se lo definía como “hijo de aquella tierra y eminente figura de nuestro ejército”. Riccheri, Pablo, “El General Riccheri y el Combate de San Lorenzo”, Caras y Caretas, 1° de febrero de 1913, p. 95.
  422. Aunque no deja de llamar la atención la excusación por parte de Drysdale de presentarse en 1914 a la primera reunión del Comité Ejecutivo (ACEABSA, 2 de octubre de 1914, p. 5) para, luego, no presenciar las siguientes dos. Recién aparece mencionado como presente en el acta cuarta, con el agravante de estar tachado inicialmente su nombre puesto erróneamente (lo que podría suponer el poco conocimiento del secretario de dicha persona) y corregido al lado (ACEABSA, 4 de diciembre de 1914, p. 10.) Sin embargo, su presencia seguía siendo lo suficientemente importante como para ser designado para interceder – aunque infructuosamente– ante el miembro Arturo Young a fin de hacerlo reconsiderar la renuncia que había presentado como miembro del Comité. Íbidem, p. 11. Luego volvería a excusarse de participar en la quinta reunión (ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 13) Sin embargo, estas ausencias parecen haber obedecido a la concentración en otras tareas. Poco después de renunciar al cargo de tesorero (ACDABSA, 16 de febrero de 1916, p. 11) le prevenía al General Riccheri en la nota de aceptación del cargo en el Consejo Nacional, que “con mucho gusto formaría parte del Consejo siempre que no se me imponga ningún puesto que me sea imposible atender” (Carta del 31 de marzo de 1916, en “Carpeta Antecedentes 1915/16”. MSNA).
  423. ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 14.
  424. El telegrama, enviado el 4 de julio de 1914, justo dos años de la fundación de la asociación, rezaba: “Agradeceré decirme día hora lugar podré hablarle un momento. Suyo. Francisco Moreno”. Carpeta “Correspondencia Mayo-Julio de 1914”, FR-MJM.
  425. “Carta de Francisco Pascasio Moreno al General Pablo Riccheri”, 5 de septiembre de 1914. Carpeta “Correspondencia Agosto-Diciembre de 1914”, FR-MJM.
  426. PAL, 8 de septiembre de 1914, p. 3.
  427. “Carta de Victorino Díaz y los “Capitanes” Scouts a Riccheri”, en Carpeta “Archivo Año 1915”, p. 2. MSNA.
  428. Ídem.
  429. Ídem.
  430. Ídem.
  431. Ídem.
  432. Íbidem, p. 4.
  433. De hecho, en la carta ya largamente citada, los “Capitanes” scouts se quejarían de que “siempre hemos andado de un lado para otro desde que salimos de la Asociación Cristiana de Jóvenes”. Íbidem, 5.
  434. En la reforma se precisaba la cantidad exacta para ser socio suscriptor (12 pesos) y se estipulaba la condición de mayoría de 18 años para serlo y se suprimía el artículo 8° que estipulaba el voto para mayores de 20 años. Asimismo, el estatuto imponía que la Comisión Ejecutiva funcionara con el triple de vocales (18) que en origen (cosa que nunca llegaría a cumplirse) y sumaría el cargo de pro-secretario. Asimismo estipulaba que el órgano superior se reuniera, al menos, una vez por mes (y no cada dos meses como antes, lo que por otra parte, tampoco había ocurrido previamente). Por otro lado, de la concentración de tareas en un solo Comisionado General (como era Russell Christian), se pasaría a la existencia, además, de Comisionados de Capital, Provincias, de Territorios y Locales. Estatutos, c. 1914. BC-AGN.
  435. PLA, 8 de septiembre de 1914, pp. 5 y 6. Ver la lista completa en la columna correspondiente al año 1914 en el Anexo n° 2 de este tomo.
  436. Siempre Listos, año 1, n° 1, abril de 1915, contratapa.
  437. Además, su vicepresidente entre 1920 y 1926, Prudencio Clariá, tendría un rol relevante como protesorero en el directorio scout durante esos años. Sobre la dirigencia del Touring, ver: Piglia, Melina, “Asociaciones civiles y Estado en los años veinte: las intervenciones públicas del Automóvil Club Argentino y del Touring Club Argentino en materia de vialidad y turismo”, https://bit.ly/3lVh9Mm Consultado: 4 de junio de 2019.
    Los scouts, además, participaban en la promoción de esa actividad, como lo demuestra su inclusión dentro del “carrousel” del turismo en el Primer Congreso Sudamericano de la especialidad. ADBSA, 27 de abril de 1928, p. 90. En los años treinta, la asociación enviaría como delegado oficial a la Tercera Conferencia Nacional de Turismo organizada por el “Automovil Club Argentino(ACA), al comandante y delegado general de Entre Ríos, Carlos Gómez. ADBSA, 2 de noviembre de 1931, p. 308. Lo mismo para el Primer Congreso Argentino de Turismo y Comunicaciones. ADBSA, 9 de agosto de 1938, p. 126. Esto le acercaría relaciones con el ACA (siendo su presidente, el general Camilo Idoate, miembro del Consejo Nacional scout) de manera de lograr que los afiliados mayores pudieran recibir clases gratuitas de manejo. “Academia para conductores”, ESA, agosto-septiembre de 1942, p. 2.
  438. Victorino Díaz había iniciado una compañía scout (“con sus mejores alumnos y más tarde con los malos también”– recordaba Braceras Haedo) en la Escuela “Estrada”, una de las primeras en contar con dicha formación. Era, además, Inspector del Consejo Nacional de Educación.
  439. Daniel Moreno para Lomas de Zamora, Federico Story para Rosario y Arturo Penny para Paraná. ACEABSA, 2 de octubre de 1914, p. 4. Los Comisionados eran los encargados de informar y regular el desarrollo de la actividad en las diferentes compañías, en la jurisdicción de su competencia.
  440. ACEABSA, 2 de noviembre de 1914, p. 6.
  441. Íbidem, p. 7.
  442. Como las renuncias del Coronel Martín Rodríguez y del ingeniero Young. ACEABSA, 4 de diciembre de 1914, pp. 10-11.
  443. ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 14.
  444. Lista general de Socios. Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  445. “Nuevas adhesiones”, ET, noviembre de 1926, p. 50.
  446. ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 17. En la siguiente reunión se resolvería privilegiar el acuerdo editorial con Heiss y Preussche (ACEABSA, 13 de enero de 1915, p. 19) antes que con la firma de Ricardo Radaelli. Los ejemplares de Siempre Listos son una relativa rara avis, incluso en el mundo del coleccionismo scout, y tampoco se encuentran –al menos en el acervo disponible en la actualidad– en el MSNA. Hemos podido acceder a uno solo de esos números gracias a la generosidad de Alejandro Nápoli. Con todo, ese no sería el único ejemplar disponible ya que Laura Méndez y Pablo Scharagrodsky en algunos de sus artículos citan al menos los ejemplares de enero y marzo de 1915.
  447. ACEABSA, 13 de enero de 1915, p. 19.
  448. ACEABSA, 26 de marzo de 1915, p. 23. A los pocos meses el “Capitán” de la compañía en Ushuaia, José Lorenzo Gariboldi, le escribía al secretario de la ABSA, solicitando números de Siempre Listos, y enviándole “vistas fotográficas de esta Capital, desconocida para muchos argentinos”. Carta del 14 de julio de 1915, C. III, doc. 39, FM-SCB.
  449. “Carta de Moreno a Tomás Santa Coloma”, 16 de abril de 1916, Carpeta III, doc 67, p. 2. FM-SCB.
  450. Ídem.
  451. ACEABSA, 22 de diciembre de 1914, p. 17.
  452. ACEABSA, 5 de abril de 1915, p. 27.
  453. Íbidem.
  454. ACEABSA, 20 de abril de 1915, p. 29.
  455. Por ejemplo en la carta que le enviaría a José Artes, en la que le señalaría “debo decirle que como presidente del Comité Ejecutivo de esta Asociación, a la vez que su Comisionado Nacional interino, no considero suficiente el contenido de su nota, para que se reconozca la existencia de la ‘Asociación Boy Scouts Santafecinos”, “Carta de Francisco Moreno a José Artes”, 26 de agosto de 1915, C. III, D. 55, p. 1. FM-SCB.
  456. Según lo que hemos podido registrar, Argentino Acerboni (1889-1970) nació en Chascomús y fue profesor de Estadística y Matemática actuarial en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
  457. ACEABSA, 1° de mayo de 1915, p. 33.
  458. Ídem.
  459. Íbidem, p. 35.
  460. Ídem.
  461. Íbidem, pp. 35-36.
  462. Íbidem, pp. 36-37.
  463. La moción señalaba: “El C. E. N entiende que la presidencia está plenamente facultada para tomar aquellas medidas que juzgue conveniente al mejor servicio de los intereses de la organización del movimiento de la sociedad en el país”. Íbidem, p. 38.
  464. Ídem.
  465. ACEABSA, 10 de mayo de 1915, pp. 39-41.
  466. Íbidem, p. 40.
  467. Como en la carta dirigida al cuartel scout de Monte Caseros que firmaba como “Presidente y Comisionado Nacional Interino”. “Carta de Francisco P. Moreno”, 9 de agosto de 1915. Carpeta “Monte Caseros”. MSNA.
  468. ACEABSA, 30 de julio de 1914, p. 51.
  469. Idem.
  470. “Carta de Moreno a Tomás Santa Coloma”, 16 de abril de 1916, Carpeta III, doc 67, p. 2. FM-SCB.
  471. Un mes antes de lo que allí escribe, el “Perito” lo trataba de “general amigo”, a la par que intentaba lograr de Riccheri, el favoritismo para dos artistas conocidos suyos para que realizaran el monumento a Roca, a través de la comisión de homenaje que presidía el General. Carta de Moreno a Riccheri, 21 de enero de 1915, FR-MJM. Al año siguiente, Moreno incorporaría a Riccheri como vocal en la Comisión del Paso de los Andes que el “Perito” presidía, a través de una carta de su primo Tomás Santa Coloma. 14 de septiembre de 1916, FR-MJM.
  472. “Nota de Braceras Haedo y Santa Coloma”, Carpeta 6, FM-AGN.
  473. Las anotaciones en lápiz sobre otro tema, hechas por el “Perito”, parecen remarcar la poca importancia dada por éste a la invitación. Puede verse que el “Perito” no tomaba ya demasiado “en serio” su participación en la misma, al advertir cómo garabateaba un cuadro de descendencia indígena, detrás de la invitación oficial a ser parte que le enviaban desde la agrupación. Ídem.
  474. AJEABSA, 25 de julio de 1917, p. 172.
  475. Informe del tesorero José Antonio Basso. Carpeta “Asambleas Ordinarias del Consejo Nacional. Años 1917 a 1923”. MSNA.
  476. AJEABSA, 28 de febrero de 1917, p. 122.
  477. “Carta del Subdirector de Arsenales de Guerra al General Pablo Riccheri”, 4 de febrero de 1914. “Carpeta enero-mayo de 1914”, FR-MJM.
  478. Podemos ver la carta en la que se le solicita al General, “encarecidamente” y “en nombre de mi mamá”, “quiera conseguirme la Dirección de una Escuela Nacional en la Provincia pues soy maestra Provincial diplomada”. “Carta de Sara Besada a Pablo Riccheri, 18 de enero de 1915”, Carpeta “Correspondencia 1915”. FR-MJM. En otra, directamente, Silvia Hernández de Videla le daría instrucciones a Riccheri de cómo tenía que operar sobre José León Suárez (curiosamente, otro representante scout), presidente del Consejo Escolar N° 8, para lograr obtener de él el puesto de directora, presentándola primera en la terna para suplantar a quien estaba a punto de jubilarse en la Escuela Superior de Niños. Carta del 31 de diciembre de 1914, FR-MJM.
  479. “Acta del 15 de septiembre de 1915”, Carpeta “Archivo 1915”. MSNA. Los participantes de dicha asamblea fueron, además de Onelli, los miembros Prudencio Clariá, Daniel Moreno, Manuel Prado, J. Montheit Drysdale, Argentino Acerboni, Isidro Ruiz Moreno y Carlos A. Palacios.
  480. Ídem.
  481. “Carta de Arturo F. Penny a Modesto Quiroga”, 27 de septiembre de 1915. Carpeta “Archivo 1915”. MSNA.
  482. Ídem.
  483. “Carta de Modesto Quiroga a Pablo Riccheri”, 20 de Octubre de 1915. Carpeta “Archivo 1915”. MSNA.
  484. Entre ellas, la presidencia del Círculo Militar, las secuelas finales por el sepelio de su hija y la organización –según dijimos– de su –siempre pospuesto– viaje profesional a Europa.
  485. PLA, 25 de noviembre de 1915, p. 11.
  486. Ídem.
  487. Aunque escrita en primera persona, la nota está firmada tanto por Riccheri como por Quiroga. Nota de los nombrados al Coronel Don Eduardo Raybaud, 2 de diciembre de 1915. La nota surge de un modelo, no sólo enviado a Raybaud sino también a todos los designados por el Consejo Nacional. Hemos podido consultar las expedidas a: Cornelio Gutiérrez, José M. Izaguyrre, Domingo Güemes, José I. Garmendia, José A. Frías, Alfredo J Ferreyra, Carlos M. Fernández, Adolfo Arana y Carlos H. Cigorraga. Carpeta, “Antecedentes 1915/16”. MSNA. En el Museo de la Patagonia de San Carlos de Bariloche figura la enviada –en los mismos términos– a Francisco Moreno. C. III, D. 63. FM-SCB.
  488. ACDABSA, 12 de enero de 1916, p. 2. La nota de solicitud, de las pertenencias consideradas institucionales, enviada a Moreno, figura en C. III, D. 64. FM-SCB.
  489. “Carta de Francisco Moreno a Pablo Riccheri”, 8 de diciembre de 1915. Carpeta “Archivo 1915”. MSNA.
  490. “Carta de Francisco Moreno a Pablo Riccheri”, 9 de enero de 1916. Carpeta “Antecedentes 1915/6”. MSNA. Una copia de esta carta figura en el Museo de la Patagonia (C. III, D. 65. FM-SCB).
  491. ACDABSA, 12 de enero de 1916, p. 2. Moreno, como puede verse en la correspondencia en FM-SCB, poseía un particular intercambio con los scouts chilenos de Concepción, liderados por Carlos Oliver Schneider, un científico nacido en Uruguay y que indudablemente se relacionó con Moreno, no sólo por el interés scout en común, sino también en relación con su condición de director del Museo de Historia Natural de esa ciudad. Los scouts chilenos volverían a ser tomados como ejemplo en el proyecto de ley de fomento de la práctica por parte del legislador Araya, quien señalaría que en ese país “los boy scout están organizadísimos, hasta tal punto, que se les considera como la institución más importante de educación para el niño, y a la cual el ministerio de instrucción pública presta mucha atención”. Araya, “Ley de fomento”…, pp. 755-756.
  492. Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  493. Gallardo, en esos momentos, era miembro de la Comisión Municipal que el presidente Victorino de la Plaza había designado al intervenir y disolver el Concejo Deliberante capitalino y estaba terminando, a la vez, su rol de presidente de la comisión del pabellón argentino para la Exposición Universal de San Francisco. Posteriormente, sí, Gallardo se integraría al Consejo Nacional scout desde 1918 a 1929.
  494. Nota manuscrita en: Carpeta “Archivo 1915”. MSNA.
  495. Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA.
  496. “Carta de Ezequiel Paz a Pablo Riccheri”, 4 de diciembre de 1915. Carpeta “Antecedentes 1915/16”. MSNA. Pocos años después Paz se interesaría por conversar con el miembro de la Junta, Marcó del Pont, a fin de “ayudar desde su diario a la Institución”. AJEABSA, 20 de febrero de 1918, p. 235.
  497. PLA, 2 de diciembre de 1915, p. 15.
  498. PLA, 2 de diciembre de 1915, p. 16. El “Círculo Militar” era un espacio privado, pero profundamente consustanciado con el Estado. Esta condición particular produciría interesantes intervenciones en las sesiones de la Junta Ejecutiva, que incluían discusiones sobre, incluso, la pedestre necesidad de la asociación scout de pagar el servicio de bar con objeto de una demostración que incluyó una copa de champagne ante la visita del presidente de los escoteiros brasileños, José Carlos de Macedo Soarez. ADABSA, 16 de junio de 1920, p. 149.
  499. “Carta del Vice presidente primero y secretario del Círculo Militar al Señor presidente de la Asociación Boy Scouts Argentinos, Pablo Riccheri”, 10 de diciembre de 1915. Carpeta “Archivo 1915”. MSNA. Entrada el 29 de enero de 1916.
  500. PLA, 7 de diciembre de 1915, p. 16.
  501. Además de Riccheri y Quiroga, estarían Carlos Delcasse, Frank Soler, Daniel Moreno, Juan José Biedma, Luis A. Huergo, Agustín P. Justo, Teófilo T. Fernández, Manuel Prado, Santiago Fitz Simon, Monteiht Drysdale, Argentino Acerboni, Victorino Díaz, Horacio O. Dodds. PLA, 30 de diciembre de 1915, p. 19.
  502. Ídem.
  503. Íbidem, p. 20.
  504. Íbidem, p. 21.
  505. Existen ya escritas biografías de Justo (Concepción del Uruguay, 1876- Buenos Aires, 1943), tanto la ya citada de Rosendo Fraga, como la de Luciano de Privitellio, Agustín P. Justo: las armas en la política, Buenos Aires, FCE, 1997. Por eso nos concentraremos en su faceta scout, en la que formaría parte del Comité Consultivo en la restructuración del General Riccheri y luego tanto entre los de los miembros del Consejo Nacional en 1917, como en la Junta Ejecutiva y en el triunvirato que constituía el “Comité de honor scout, al que analizaremos más largamente en tomo II. En su condición de ministro de Guerra de Alvear, Justo había sido distinguido además con una insignia de oro por parte de la institución (ADABSA, 14 de mayo de 1927, p. 17). En los años treinta, sería miembro del Directorio de los BSA, cargo que todavía ostentaba en momentos de su muerte en 1943. Como presidente de la Nación entre 1932 y 1938, no sólo tendría el primer puesto honorífico en los BSA, sino que incluso sería decisivo en las gestiones de la casa scout, como desarrollaremos más adelante.
  506. PLA, 30 de diciembre de 1915, p. 24.
  507. Íbidem, p. 22.
  508. “Carta de Moreno a Santa Coloma”, 16 de abril de 1916. Carpeta III, Documento 67, p. 2. FM-SCB.
  509. “Carta de Arturo Pearson a Pablo Riccheri”, 30 de marzo de 1916. Carpeta “Antecedentes 1915/6”. MSNA.
  510. “Carta de Russell D. Christian a Pablo Riccheri”, 30 de marzo de 1916. Ídem.
  511. Ídem.
  512. El listado de “Capitanes” con compañía reconocidos en dicho momento era: Ángel Braceras Haedo, de la Buenos Aires; Atilio P. Bosio, de Palermo; Felix A. Ferrario y A. E. March, de Lanús; Raúl A. Speck de San Martín; Beltrán Benedeti de Avellaneda; Samuel Kirby de Flores, Emilio Corbisier de Bernal; Alberto Sarabbi de Lomas; Alberto Ottonello de Almirante Brown; Amadeo Mercante de Velez Sárfield; H. Henderson de Liniers; A. W. Pearson de Dock Sud; C. Henderson de Mataderos y Nicolás P. Gregorio de Almagro. Además Roberto Cusi y Jacobo Safian eran 2 capitanes sin compañía.
  513. Juan José Biedma (1864-1933) era gran amigo de Moreno. Miembro fundacional de la ABSA y partícipe de sus primeras direcciones. Ingresó al Colegio Militar y fue “expedicionario del desierto” durante 6 años. Luchó en la Revolución del ‘90. Fundó el periódico El Pueblo en Patagones y la revista cultural El Hogar. Como historiador dictó cátedra en el Colegio Nacional Buenos Aires y dirigió el Archivo General de la Nación. GEA, tomo A-Byn, 1956, p. 504 y Cutolo, Novísimo…, p. 258.
  514. Luis Augusto Huergo Molina (1872-1939) era hijo homónimo del célebre ingeniero que mencionamos previamente, y compartió su profesión. Estuvo ligado a la asociación desde muy temprano, siendo Inspector Nacional en momentos de la realización del Primer Campamento Nacional de 1918 y se mantuvo en ella activo hasta su muerte. Fue miembro de la Junta Ejecutiva y del Directorio, de sus comisiones (como la de Hacienda) y de sus tribunales de honor. Murió en el cargo de vicepresidente 1°. Datos a partir de su necrológica en: ESA, agosto de 1939, p. 1.
  515. Ya hemos recordado, antes, las palabras de Biedma acerca de la cuestión, por lo que nos referiremos, en esta oportunidad, al caso de Huergo. La impronta “notabiliaria” que otros actores veían en él puede certificarse en el acto de inhumación de sus restos, cuando el presidente Baudizzone (otro “plebeyizador” como Riccheri) recordara –como una de sus virtudes– “la rectitud que en él tenía abolengo de cuna y de la que hacía escuela” y su “señoría moral e intelectual”. Ídem.
  516. PLA, 24 de marzo de 1916, p. 30.
  517. De hecho, durante la gestión de Ruiz, Huergo fue elegido por votación de los miembros de la Junta Ejecutiva, como Inspector General de la asociación, desbancando a Victorino Díaz al lugar de Subinspector. AJEABSA, 12 de mayo de 1916, p. 22.
  518. PLA, 31 de marzo de 1916, p. 32.
  519. PLA, 11 y 13 de abril de 1916, p. 33.
  520. Íbidem, p. 37.
  521. Íbidem, pp. 33-34.
  522. Íbidem, p. 34.
  523. Íbidem, p. 39. Luego de “bajar el perfil” y permanecer como miembro de Consejo Nacional hasta 1919, Quiroga recién aparecería nuevamente en el “radar” de la Junta, unos seis años después, al interesarse específicamente por la reorganización de la Compañía local en la ciudad de San Luis. AJEANBSA, 7 de noviembre de 1922, p. 119.
  524. PLA, 11 y 13 de abril de 1916, p. 36. De hecho, dos años después, Justo, con argumentos similares, intentaría renunciar a su cargo, ahora de vocal, recibiendo la no aceptación por parte de la Junta Ejecutiva. AJEANBSA, 13 de marzo de 1918, p. 238. Lo que replicaría en 1922 con los mismos argumentos, siendo en este caso también vuelta a ser rechazada su petición. AJEANBSA, 9 de mayo de 1922, p. 274.
  525. Ramón Ruiz (1862-1919) Teniente egresado del Colegio Militar en 1883. Fue uno de los encargados de reprimir el movimiento revolucionario de 1890. En 1895 fue ascendido a teniente coronel. En 1905 fue inspector de artillería e ingenieros. Fue promovido a General de Brigada en 1910, y luego de División poco antes de su muerte. Fue Jefe de Estado Mayor. GEA, tomo R-S, 1961, p. 285 y Cutolo, Nuevo diccionario, tomo R-Sa, 1983, p. 489.
  526. En 1922, el vocal de la Junta Central de Gobierno de la LP y funcionario de la Aduana, Manuel Calvo (miembro del directorio scout y de sus comisiones de Hacienda y de Propaganda) propondría –durante el Primer Congreso Nacional de la práctica– un voto de reconocimiento a esa organización que “había acogido desde su fundación a la institución de ‘boy scouts’ con el más profundo cariño”, voto que fue “concedido en medio de entusiastas aplausos”. La Prensa, 25 de mayo de 1922, p. 7.
  527. AJEABSA, 31 de mayo de 1916, p. 30.
  528. Natalio Borga fue subcomisario y Juez de Paz, y junto al comisario Meana, uno de los fundadores del Círculo Policial. Rodríguez, Historia de la policía federal, p. 21. Sería miembro, además, de la Junta Ejecutiva de la ANBSA y de su Comisión de Hacienda, y presidente de la Compañía scout porteña “Doctor Francisco P. Moreno”.
  529. ANBSA, Memoria anual, Ejercicio 1920-1921, Carpeta “Asambleas Ordinarias del Consejo Nacional. Años 1917 a 1923”. MSNA. Luego de ciertas disputas en los años veinte, Méndez se reintegraría a los BSA en 1932.
  530. La compañía de la Escuela “Ramos Mejía” se disolvería en 1923.
  531. La discusión a la que nos referimos en: AJEANBSA, 30 de septiembre de 1924, p. 65.
  532. Todavía en julio de 1916, Moreno respondía con la misma enjundia e intransigencia las cartas que le enviara la Junta Ejecutiva, manteniendo las negativas expresadas sobre ciertas cuestiones puntuales “en los mismos términos” que le había expresado a Riccheri. AJEABSA, 19 de julio de 1916, p. 56.
  533. Santa Coloma informaría el retiro de la mayoría de las renuncias (incluida la de Francisco Moreno, aunque este retiro no parece haberse efectivizado según vimos arriba), una vez votada la nueva Junta Ejecutiva, presidida por Ramón Ruiz. AJEABSA, 31 de mayo de 1916, p. 28. Luego le seguiría el retiro de la renuncia de Daniel Moreno, líder de la pionera compañía de Banfield. AJEABSA, 21 de junio de 1916, p. 35. Sólo parece no haber sido retirada nunca la renuncia correspondiente a Prudencio Claría.
  534. AJEABSA, 7 de junio de 1916, pp. 33-34.
  535. Así, Ramón Ruiz debería informar al directorio que no se había tenido respuesta por parte de la secretaría de la presidencia, del pedido de audiencia formulado oportunamente. AJEABSA, 23 de mayo de 1916, p. 39. Todo ello a pesar de que ya desde esa época los estatutos habían contemplado, a la usanza norteamericana, la membresía honoraria scout para el presidente de la Nación, cuestión “esquivada” tanto por De la Plaza como por Yrigoyen en su primer mandato.
  536. Debemos tener en cuenta, entonces, que desde 1913, un “efecto importante de la disminución de las importaciones fue el impacto negativo que tuvo sobre las arcas fiscales. Como éstas se alimentaban fundamentalmente de los gravámenes al comercio exterior, el nivel de recaudación se vio reducido drásticamente. Los ingresos por derechos de importación se desplomaron a la mitad, mientras que por efecto de la recesión también cayó la recaudación de impuestos internos, para provocar una contracción de alrededor de un tercio en el total de ingresos impositivos”, todo esto agravado por la falta de inversión extranjera, lo que llevó a una “reducción forzosa del gasto público” en esos años. Palacios, Juan Manuel, “La antesala de lo peor: la economía argentina entre 1914 y 1930”, en: Falcón, Ricardo, Democracia, conflicto social y renovación de ideas, Buenos Aires, Sudamericana, 2000, p. 110.
  537. Como se ha señalado se trató de “unos festejos que si bien no gozaron de la magnificencia de aquellos de 1910 supieron movilizar las energías y la imaginación de amplios sectores políticos y sociales que interpelaron a la nación en su conjutno”, entre los que “llamaron la atención los números patrióticos de los escolares y divisiones de scouts”. Ortemberg, Pablo, “El Centenario de la Independencia de 1916: tradiciones patrióticas, prácticas modernas e imágenes del progreso en el espejo de 1910”, PolHis, año 9, n° 18, julio-diciembre de 2016, pp. 116-117.
  538. Según se desprende del informe anual de su tesorero en: AJEABSA, 16 de mayo de 1917, p. 146.
  539. AJEABSA, 23 de junio de 1916, p. 41.
  540. Íbidem, p. 39.
  541. El correntino Adolfo Arana (1882-1974) ingresó al ejército en 1897. Fue vicepresidente 2° de la Junta Ejecutiva del scoutismo a lo largo de la gestión de Ramón Ruiz al frente de la ANBSA y miembro directorial en los años treinta. Fue profesor de Organización Militar y de Geografía Militar y Guerra de Sitio. Fue Director General de Tiro y Esgrima desde 1934. Al año siguiente sería ascendido a General de Brigada. Realizó conferencias históricas en su condición de vicepresidente de la Academia Argentina de Historia. Retirado en 1944, fue dado de alta (retiro activo) en 1955 por parte de la Revolución “Libertadora”, en la que fue miembro del Tribunal Superior de Honor. Como historiador, presidió la “Junta de Estudios Históricos” de Flores. Cutolo, Novísimo…, p. 103. En esta relativamente extensa entrada biográfica, donde se menciona su participación en muchas instituciones como la Academia Argentina de Historia, el Instituto Alberdi o el Instituto Popular Moreniano, vuelve a brillar por su ausencia, como en muchos de los casos ya indicados, la mención de su paso institucional por el scoutismo.
  542. No siempre se tendrían esos cuidados. Podemos comparar esas inquietudes con el registro –hecho 12 años después– de una marcha de las compañías chubutenses dirigidas por los padres salesianos, sobre la cual, los religiosos se solazaban en que los muchachos “resistieron sin comer y sin dar muestras de fatiga desde las 8 de la mañana hasta cerca de las tres de la tarde […] y algunos apenas si pudieron refocilarse a las 5 de la tarde”. “Scouts de Rawson y Trelew”, ESA, junio de 1928, p. 30.
  543. AJEABSA, 23 de junio de 1916, p. 39.
  544. Íbidem, p. 40.
  545. Como ha señalado Peter Stearns para el caso estadounidense, “los cuerpos y emociones de los niños eran vistos como inmensamente vulnerables, requiriendo tanto protección como disciplina por parte de padres, escuelas y otras organizaciones […] el hecho fue que una necesidad de supervisión y preocupación [hacia ellos] creció”. Stearns, Peter, “Historical Perspectives on Twentieh– Century American Childhood”, en: Koops, Willem y Michael Zuckerman, Beyond the century of the child: cultural history and developmental psychology, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 2003, p. 100.
  546. AJEABSA, 23 de junio de 1916, p. 40.
  547. Una década después ese interés se mantendría en la asociación, con la publicación de “El Código del Niño” de Guillermo A. Sherwell. ESA, octubre de 1926, p. 11.
  548. AJEABSA, 30 de junio de 1916, pp. 47-48.
  549. Ya al fin del período que aquí indagamos, otro general, Carlos Von der Becke, explicaba para un campamento de las compañías cordobesas, que se había contratado un cocinero “para que los niños contaran con una excelente comida”. “Campamento de las Compañías de la Ciudad de Córdoba”, ESA, febrero-marzo de 1941, p. 7.
  550. AJEANBSA, 17 de enero de 1922, p. 206.
  551. Diario de campo transcripto en: “Los Campamentos durante la época de vacaciones”, ESA, febrero-marzo de 1942, p. 3.
  552. AJEANBSA, 10 de diciembre de 1919, p. 62.
  553. ADBSA, 24 de marzo de 1939, p. 209.
  554. ADBSA, 7 de marzo de 1944, p. 56.
  555. “Carta de N. Viaux (¿?) a Pablo Riccheri”, 21 de enero de 1916. “Correspondencia enero-junio 1916”, FR-MJM. El temor al ahogamiento, más allá de los conocimientos de natación que se les iría exigiendo a los scouts siempre estuvo presente. De allí que para el Campamento General de 1942 en Villa Warcalde, al pie de las sierras, las autoridades subrayarían que el “baño se realiza en el Río 1° a tres cientos (sic) metros del campamento, sin peligro alguno”. “Nuestro Campamento general”, ESA, diciembre de 1941-enero de 1942, p. 1.
  556. “En aquel instante un explorador le avisó [al masterscout] de que (sic) una señora acababa de llegar al campamento para hablar con él
    -¿Quién es? –dijo con voz autoritaria el caballero de la cruz del Mérito Agrícola.
    -La mamá de Pepito –contestó el centinela […]
    El jefe masculló unas frases de mal humor contra la mamá de Pepito por su desusada ocurrencia de entrar en un campamento después de anochecer.
    [Ante la aparición de Pepito, su madre] se puso en cuclillas para abrazarle. – ¿Cómo te va, cielín? Ya hiciste el soldadito, encanto mío? […y] volvió a besuquearlo [diciéndole] –Bueno; pues vámonos a casa.
    Don Arístides [Sobrido, el MS] intervino: -¡Cómo a casa! No se lo lleve usted, porque tienen que dormir en el campamento -¡Jesús, María y José! ¡Bueno estaría mañana el hijo de mis entrañas! […] No; por la noche, no señor Sobrido. No va a pasar la noche así, al raso, como un vagabundo. -La pasa en su tienda -Déjeme de tiendas. La pasará en su camita, cerca de sus padres. ¡Hijo de mi alma! […] Sobrido volvió a entrar en su tienda, mascullando denuestos contra las gentes incultas que tomaban aquella ceremonia como un juego de niños y no sabían apreciar la trascendencia que para la formación de los ciudadanos tienen una noche pasada en un campamento […] pero no transcurrieron muchos minutos sin que otra señora acudiese a buscar a su hijo, y otras después, y media docena más”. Fernández Florez, Los que no fuimos a la guerra, pp. 108-110.
  557. Luis Maurette (1853-1936) Nacido en Buenos Aires, comenzó sin embargo su carrera naval bajo la Armada Francesa, obteniendo el grado de Alférez de Navío en 1881. En 1888 regresó a la Argentina donde fue incorporado como Teniente de Navío. Inauguró la Dirección de Artillería, y en condición de Jefe de Piezas de Artillería intervino durante la Revolución del ’90. Fue presidente del Centro Naval, director de la Escuela Naval Militar y de la Dirección de Hidrografía, Faros y Balizas y primer Jefe del Puerto Militar de Puerto Belgrano entre 1901 y 1904. Biografía tomada de https://bit.ly/3lVh9Mm.
  558. AJEABSA, 19 de julio de 1916, p. 53.
  559. “Discurso del General Severo Toranzo del 2 de agosto de 1926 en la 1ª Clase de la Academia de Maestroscouts y Ayudantes”. Carpeta “Anexo a Academias 1926”. MSNA.
  560. AJEANBSA, 18 de octubre de 1916, p. 96. Ottonello, aquel que había secundado a Quiroga para “forzar” la intervención de Riccheri, sería luego cesanteado, junto a Pablo Goyena, del Consejo Nacional por no haber abonado las cuotas correspondientes a 1917-1918. AJEANBSA, 24 de abril de 1918, p. 254 y, su llamado a reemplazo en reunión del 19 de junio de ese año, p. 275.
  561. Así, consultando el expediente relativo a la formación de la asociación local en Villa Mercedes (San Luis), podemos encontrar el pedido de reconocimiento por parte del presidente local, Juan T. Zabala; su presentación en el Directorio; el envío de las condiciones para tramitar la membresía; la aceptación de su integración con pase a la Subcomisión del Interior y la solicitud final del envío, por parte de la filial scout, de su acta de fundación, copia del reglamento interno, nómina de asociados y planilla de compañía. Expediente, año 16, n° 16, letra I. MSNA.
  562. AJEANBSA, 28 de marzo de 1917, p. 132.
  563. Es interesante analizar que hacia el año 1914 Dellepiane pedía a Riccheri (encabezando con un “mi querido General”) dos meses de licencia militar “con motivo de haberme metido en política”. Aunque Dellepiane estaba bastante escéptico de su propia decisión, al dudar sino sacaría de esa incursión “lo que el negro del sermón”. Con posterioridad podemos analizar que dicha incursión no sería nada decepcionante, al alcanzar Dellepiane los cargos de Jefe de Policía y luego Ministro de Guerra de los gobiernos yrigoyenistas. “Carta de Dellepiane a Riccheri del 4 de febrero de 1914”, FR-MJM. Dellepiane y Riccheri compartían por esos años, además, el Tribunal de Honor de la Confederación Nacional de Instituciones de Tiro.
  564. Dellepiane en 1907, en su condición de inspector de Ingenieros, se había dirigido al entonces asesor del ministro de Guerra, Ángel Allaria (también el que sería luego otro de los miembros de la Junta Directiva scout), informándole una orden de arresto por 48 horas a Justo “por haber omitido al que suscribe el saludo reglamentario”. Se ha dicho: “El enfrentamiento Dellepiane-Justo marcará el cuarto de siglo posterior de historia político-militar argentina. Durante el gobierno de Alvear llegarán a batirse a duelo, y en el segundo gobierno de Yrigoyen Dellepiane será el ministro de Guerra que intentará infructuosamente desmontar la influencia establecida por Justo como director del Colegio Militar primero y ministro de Guerra del presidente Alvear después”. Ver: Fraga, Rosendo, “Un incidente con el general Dellepiane”, El general Justo, pp. 66-69.
  565. AJEABSA, 19 de julio de 1916, p. 57.
  566. AJEABSA, 8 de noviembre de 1916, p. 103. A diferencia de Yrigoyen, en el caso de los ministros de Justicia e Instrucción Pública y de Guerra, José Santos Salinas y Elpidio González, aceptarían el nombramiento rápidamente. Íbidem, 22 de noviembre de 1916, p. 104.
  567. Que supuso la previa erogación de 1000 pesos m/n por parte de la asociación. AJEABSA, 6 de septiembre de 1916, p. 82.
  568. AJEABSA, 8 de noviembre de 1916, p. 102.
  569. Es decir, dentro de personas jurídicas privadas, como “las asociaciones y las fundaciones que tengan por principal objeto el bien común, posean patrimonio propio, sean capaces por sus estatutos de adquirir bienes, no subsistan exclusivamente de asignaciones del Estado, y obtengan autorización para funcionar”. Ídem.
  570. BORA, 2 de marzo de 1917, p. 35.
  571. AJEABSA, 31 de mayo de 1916, p. 31.
  572. AJEABSA, 22 de noviembre de 1916, p. 106.
  573. AJEABSA, 27 de junio de 1917, p. 166.
  574. BORA, 29 de agosto de 1916, p. 597. La personería de los “Exploradores” quedaría derogada el 8 de febrero de 1923 al constatarse su previa disolución (BORA, 15 de febrero de 1923, p. 287).
  575. AJEABSA, 18 de abril de 1917, p. 136.
  576. AJEABSA, 2 de mayo de 1917, pp. 139-140.
  577. Íbidem, p. 140
  578. AJEABSA, 7 de marzo de 1917, p. 127. La Junta optará por no aceptar la renuncia y otorgarle una licencia hasta junio. AJEABSA, 14 de marzo de 1917, p. 131.
  579. Por ejemplo en las renuncias no aceptadas del Coronel Arroyo (AJEANBSA, 28 de enero de 1919, p. 79) o del General Arana (AJEANBSA, 25 de febrero de 1920, p. 95).
  580. También se tomaría licencia entre febrero y marzo de 1918. AJEANBSA, 20 de febrero de 1918, p. 234.
  581. Situación que volvería a pasar al año siguiente y forzaría en 1919 una modificación del Estatuto. En sesión extraordinaria del 22 de abril de ese año, el Consejo Nacional se reuniría a fin de modificar los puntos 21° y 22° del Estatuto que regulaban la renovación de sus autoridades. PLA, 22 de abril de 1919, pp. 68-69.
  582. PLA, 13 de junio de 1917, pp. 44-46.
  583. PLA, 18 de julio de 1917, pp. 46-54.
  584. Íbidem, p. 47.
  585. Íbidem, p. 48.
  586. Íbidem, p. 51.
  587. AJEABSA, 29 de agosto de 1917, pp. 184-185.
  588. En efecto, solicitado a participar en el Consejo Nacional, el ex múltiple ministro y diputado Estanislao Zeballos se negaría, al mencionar que los “Exploradores” le habían solicitado lo mismo y que se había opuesto a ambas designaciones “fundado en la necesidad de unificar la institución de los boy scouts en el país desde que responden a los mismos fines”. AJEABSA, 28 de febrero de 1917, p. 123. El interés de la dirigencia scout hacia la multifacética persona de Zeballos fue constante. Dos años después, la asociación decidiría entregarle cinco listas para colectas scout. AJEANBSA, 17 de septiembre de 1919, p. 6. Para su muerte, la Junta Ejecutiva resolvería enviar un pésame a la familia con motivo de su muerte. AJEANBSA, 9 de octubre de 1923, p. 234. Zeballos ha sido objeto de un constante interés académico, en el cual no podemos dejar de referir el texto de Marta Bonaudo (en el que, entre otras cosas cuenta el recuerdo de Riccheri cuando de niño vio a Zeballos por primera vez), titulado “Estanislao Zeballos: el hombre de acción política que no se haría jamás un profesional”, en: Estudios del ISHIR, 11, 29, 2021. Versión online. Cursivas del título de artículo en el original.
  589. AJEABSA, 5 de septiembre de 1917, p. 187.
  590. Ya en 1916, frente al apoyo del Jefe de Policía capitalino (Eloy Udabe) a los “Exploradores Argentinos” para realizar unas rifas, los Boy Scouts se dirigirían a él, comunicándole que “la única institución constituida en debida forma” era la ABSA, “la que no ha autorizado ni permite la venta de números de rifas ni colectas de ninguna clase”. AJEABSA, 4 de octubre de 1916, p. 94. En 1918 tendría que entrevistarse la Junta con el Ministro del Interior a fin de denunciar a unos jóvenes que –vestidos de boy scouts– vendían sin autorización rifas “Pro Aeroplano Travesía de los Andes”. Sólo ahí, sí, contarían con la fuerza del decreto “monopólico” para hacerlo valer. AJEANBSA, 13 de marzo de 1918, pp. 240-241.
  591. “Declarando al scoutismo institución nacional”, BORA, 30 de noviembre de 1917, pp. 722.
  592. Ídem.
  593. Ídem.
  594. Ídem.
  595. Ídem.
  596. A pesar de ello, cinco años después de la estatización, algunos dirigentes, como Juan Carlos Garay, seguirían sosteniendo el carácter eminentemente “societalista” de la práctica, al reivindicar –justo a continuación de unas palabras en homenaje a Moreno– la necesidad “que en nuestro país se llegue a la costumbre de formar asociaciones de carácter altruista con recursos particulares, sin recurrir a subsidios del Estado, cuyas obligaciones son ya de suyo bastante recargadas”. La Nación, 21 de mayo de 1922, p. 5.
  597. BORA, 30 de noviembre de 1917, p. 722.
  598. Ídem.
  599. ANBSA, Memoria período 1917-1918, p. 3. Mimeo. MSNA.
  600. En 1929, el Ministerio de Guerra cedería en carácter precario el edificio del “Palomar Militar” a los scouts de la compañía de Azul. ADBSA, 30 de abril de 1929, p. 142.
  601. Entre los aportes de dicha dirección de Arsenales de Guerra, pueden citarse las dos mil cañas de coligüe (AJEANBSA, 12 de diciembre de 1917, p. 223; junto con otro envío de mil más, casi una década después, AJEBSA, 19 de diciembre de 1926, p. 2.), las 1200 divisas para los MMSS (AJEANBSA, 19 de octubre de 1919, p. 25) y las 2000 escarapelas de lata para los niños (AJEANBSA, 14 de julio 1920, p. 167).
  602. Isidro Arroyo (1867-1961) Militar e ingeniero. Participó en la revolución del Parque y secundó al general Dellepiane, en su gestión al frente de la Dirección General de Ingenieros. Ascendido a General de Brigada en 1923. Fundó el Establecimiento Siderúrgico de Andalgalá. Fue miembro de la masonería y presidente del Touring Club Argentino. Participó en el Consejo Nacional y en la Junta Ejecutiva scouts durante fines de la década del ‘10 y principios de la del ’20, llegando a ocupar la vicepresidencia 1° en la jefatura de Santa Coloma. Cutolo, Novísimo…, p. 135.
  603. Esto puede verse especialmente en la nota cursada por la regional de Zárate, que señala: “como la comisión de boy scouts debe muchas atenciones al Arsenal, manifiesta que se encuentra en el deber de concurrir”. AJEANBSA, 6 de diciembre de 1921, p. 187.
  604. AJEANBSA, 20 de febrero de 1918, p. 235. La caballería policial también sabría colaborar como muestra la presentación de la fanfarria de la Guardia de Seguridad de esa especialidad en el acto de bendición de la bandera de la compañía “General Alvear”. “En la Sección 7ª”, ESA, diciembre de 1928, p. 29.
  605. AJEANBSA, 26 de agosto de 1924, p. 52.
  606. En dicho viaje, el comandante José I. Cross entregó formalmente a los scouts de Comodoro Rivadavia, en su parada en el Puerto Santa Cruz, una bandera patria donada por el empresario y “notable” de la zona, Joaquín Gordoniz. “Santa Cruz”, Caras y Caretas, 26 de mayo de 1917, p. 127.
  607. AJEANBSA, 25 de octubre de 1921, p. 163.
  608. AJEANBSA, 4 de noviembre de 1921, p. 165.
  609. S/A, “Desarrollo del Scoutismo en el Territorio del Chubut”, ESA, abril-mayo de 1930, p. 9.
  610. ADBSA, 2 de junio de 1930, p. 210. Mosconi le enviaba una carta a Toranzo, en la que le informaba de la constitución definitiva, el 9 de julio de ese año, de la compañía n° 1 de YPF en Comodoro Rivadavia, y le anticipaba la formación de dos compañías más a organizarse, en Plaza Huincul y en el campamento salteño de Vespucio (esta última no concretada). ESA, agosto-septiembre de 1930, p. 39. Sin embargo, eso no evitó que –a pesar del golpe y con la nueva dirección de la empresa– se siguiera apoyando al scoutismo, como lo demuestra el pago de pasajes, manutención y alojamiento a los niños hospedados en excursión a Comodoro Rivadavia en el verano de 1932. ADBSA, 16 de marzo de 1932, p. 334.
  611. AJEANBSA, 24 de noviembre de 1917, pp. 216-217.
  612. ANBSA, Memoria Período 1917-1918, pp. III y IV. MSNA.
  613. En el primer número de la Segunda Era de El Scout Argentino, se volvía a publicar íntegro (junto con el que le daba la personería jurídica) el decreto en cuestión. Octubre de 1925, pp. 2-4.
  614. La Nación, 29 de noviembre de 1917, p. 11.
  615. La Época, 20 de noviembre de 1917, p. 2.
  616. Idem.
  617. Acta aprobada el 15 de junio de 1916. Statutes at large, Session 1, Chapter 148, pp. 228-229. Versión PDF digital descargada el 21 de junio de 2017 en el sitio de Library of Congress.
  618. Pessina, Mattia, Obbedire, p. 19.
  619. Ya el 12 de febrero de 1914 el rey Alfonso declaraba el carácter oficial de la asociación “Exploradores de España” por sus “fines de indudable importancia y conveniencia para el mejoramiento de la raza, creando juventudes robustas aptas para el mejor desenvolvimiento personal y educadas en los más altos y sanos principios cívicos, poseedoras, por consecuencia, de sinceros sentimientos morales y patrióticos” (Gaceta de Madrid, n° 44, p. 392) Disponible en Biblioteca Nacional de España.
  620. Por ejemplo, en el caso de Chile, aunque la organización asociativa fuera previa a la Argentina, el reconocimiento estatal demoraría algunos años más. Había estado muy cerca en 1921 de producirse, bajo el gobierno de Alessandri, pero finalmente se consumaría cuatro años después, a fines de dicha gestión presidencial. Rojas Flores, Los Boy Scouts en Chile, pp. 5-6. Francia por su lado, decretaría al scoutismo (incluyendo a los scouts católicos) como institución de “utilidad pública” por decreto presidencial del 27 de abril 1927. Ver: La Croix, 11 de octubre de 1927, p. 2. Consultado en Gallica.
  621. “El Scoutismo. Se le declara institución nacional”, La Prensa, 20 de noviembre de 1917, p. 10. Sólo podría interpretarse –dentro del descriptivismo– cierta incredulidad hacia los fines nobles que inspiraban al yrigoyenismo, por el uso de un: “El Poder Ejecutivo, con el fin, según lo expresa, de encauzar el scoutismo dentro de una orientación educativa y patriótica” (Idem, cursivas nuestras).
  622. La Prensa, 22 de noviembre de 1917, p. 5.
  623. Ídem.
  624. Sobre el intervencionismo yrigoyenista, ver el ya clásico: Mustapic, Ana María, “Conflictos institucionales durante el primer gobierno radical: 1916-1922”, Desarrollo económico, 24, 93, abril-junio 1984, pp. 85-108.
  625. “Extravíos reglamentarios”, La Prensa.
  626. Ídem.
  627. AJEANBSA, 26 de marzo de 1918, p. 246.
  628. El Artículo 6° del Decreto institucionalizador recomendaba “a las autoridades nacionales y provinciales, al profesorado, al ejército y la marina, [que] presten al scoutismo toda la cooperación personal y material que les dicta su elevado patriotismo dada la finalidad netamente nacional y educativa que el mismo persigue”. BORA, 13 de noviembre de 1917, p. 723. Algunas provincias lo tendrán muy en cuenta, más allá de su enemistad con el Ejecutivo Nacional, como la de Mendoza a cargo de José Néstor Lencinas, quien decidiria subsidiar con fondos presupuestarios propios el establecimiento de una escuela de scoutismo. AJEANBSA, 3 de diciembre de 1919, p. 55. La casi inmediata muerte de Lencinas en enero de 1920 llevaría a la intervención provincial y la aparente disolución del proyecto. Sin embargo, la política de Mendoza seguiría siendo un espacio particularmente pródigo para el scoutismo como muestra el subsidio por 24 mil pesos que la gobernación daría a los BSA, superando incluso el subsidio anual que para esa época daba el gobierno nacional. ADBSA, 26 de julio de 1940, p. 375.
  629. AJEANBSA, 26 de marzo de 1918, p. 247.
  630. El Consejo Nacional de Educación ya desde 1912, bajo la administración de Ramos Mejía, había establecido dos escuelas al aire libre “para niños débiles” por disposición del Consejo Nacional de Educación, en Parque Avellaneda y Parque Lezama. Coni, Emilio, “Escuelas al aire libre y al sol”, EMEC, 30 de junio de 1921, pp. 148-151. Estas iniciativas no se redujeron al ámbito porteño, como puede verse para el caso rosarino, en relación con la Escuela al Aire Libre “Francisco Podestá”, creada en 1916. Ver: Serra, María Silvia, “Escuelas sin muros: disputas sobre el espacio escolar y su capacidad performativa”, en Pineau, Pablo, María Silvia Serra y Myriam Southwell, La educación de las sensibilidades en la Argentina moderna. Estudios sobre estética escolar II, Buenos Aires, Biblos, 2017, especialmente pp. 40-42.
  631. Giménez, Ángel M., “El scoutismo y las juventudes socialista (sic)”, La Vanguardia, 1 de enero de 1918, p. 10.
  632. AJEABSA, 2 de mayo de 1917, p. 140.
  633. Sobre dicha asociación: Barrancos, Dora, “Socialistas y suplementación de la educación pública: la Asociación Bibliotecas y Recreos Infantiles (1913-1930)”, en Morgade, Graciela (comp.), Mujeres en la educación. Género y docencia en Argentina: 1870-1930, Buenos Aires, Miño y Dávila, 1997, pp. 130-150.
  634. AJEABSA, 2 de mayo de 1917, p. 140.
  635. Ídem.
  636. BORA, 22 de junio de 1918, p. 497.
  637. BORA, 30 de noviembre de 1917, pp. 722-723.
  638. BORA, 20 de mayo de 1918, p. 394.
  639. Ídem.
  640. AJEANBSA, 17 de abril de 1918, p. 250.
  641. ADBSA, 5 de octubre de 1931, p. 274.
  642. “Información general”, ET, diciembre de 1932, p. 6.


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