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3 ¿Se pueden movilizar niños sin “hacer política”?

De la Intervención a los intentos de tutelaje estatal. El scoutismo entre dos dictaduras militares (1930-1946)

En 1928, un par de años antes del golpe de Estado que derivaría en la posterior intervención de los BSA y el exilio de su Jefe Scout, la revista oficial ESA ponía –en una de sus notas– el acento en la “apoliticidad” del movimiento, tomando como excusa la biografía del fundador de la práctica a nivel internacional. Así, podía leerse que en los “partidos políticos de Inglaterra encontró Baden Powell sus mayores enemigos. Y casi en todo el mundo entero ha ocurrido así, causa de la rigurosa neutralidad del movimiento scoutivo”[1].

Sin embargo, poco tiempo después de impresas esas palabras, la propia institución sería considerada una “cueva de peludistas” incondicionales, a pesar de la sorpresa de no pocos de sus miembros que distaban en forma de esa adscripción partidaria. Ante la consumación del “estigma”, no sólo los dirigentes más destacados de ese momento sufrirían diversas formas de persecución y acoso institucional, sino también algunos de sus empleados y formadores.

Bajo esta última consideración, cabe destacar que algunos MMSS incluso perderían sus puestos, como Raúl Pérez Olguín, quien sería acusado por la nueva administración, de influir –mediante su cargo de inspector de Ferias– en los puesteros para obtener mercaderías, siendo por ello expulsado de dicho cargo. Las referencias de la “oportunidad” en que esta decisión se tomaba, no dejaban mucho margen a pensar que estuviera desvinculada de cierta vendetta política. Para peor, para demostrar alineamiento con la nueva situación, dicho MS sería expulsado asimismo de los BSA, ratificando así la sanción laboral, con la pena organizacional[2].

Como veremos a continuación, los boy scouts quedarían ligados –y condenados– por haberse convertido –a ojos de las nuevas autoridades nacionales del gobierno de facto– en una sucursal partidaria que debía ser “reformada” casi penitenciariamente a partir de la intervención militar. Dicha estigmatización se prolongaría tanto –a pesar de algunas solidaridades estatales iniciales[3]– que incluso a los nuevos dirigentes afines al nuevo régimen concordancista les costaría desmontarla –una vez terminada la dictadura– frente a los ojos de los funcionarios y legisladores, costándole una merma no sólo de prestigio sino también de ingresos[4].

Del golpe de Estado a la intervención de Santos V. Rossi

Como sabemos, el 6 de septiembre de 1930 se produjo el golpe de Estado que despojó del poder al presidente Yrigoyen. Ese suceso en la “alta política” transformaría de lleno las bases de la dirección de la asociación, a pesar de un perceptible intento de resistencia que mantuvo al general Toranzo en la presidencia de directorio, antes de que emprendiera –fuertemente anudada con su lealtad al radicalismo– su frustrada rebelión político-militar en febrero de 1931.

En efecto, inmediatamente después de producida la clausura democrática, el Jefe Scout, el general Severo Toranzo, se convertiría (junto a su amigo Dellepiane[5] y a Mosconi, ambos –como ya hemos visto– fuertes propiciadores del scoutismo) en uno de los principales enemigos castrenses del nuevo régimen “militar” que se había impuesto por la fuerza[6] y que tenía –en quien fuera un efímero miembro del Consejo Nacional de ANBSA– al general José Félix Uriburu– como principal referente y conductor.

Antes, incluso, de la intempestiva decisión de alzarse en rebeldía, la fuerte identificación de Toranzo con los gobiernos radicales ya se había, a los pocos días, develado insostenible a ojos de los responsables militares del golpe septembrino. Es que, al igual que otros miembros del Consejo Nacional scout que lo acompañaron en su decisión de apoyo al presidente Yrigoyen y con quienes tenía relación estrecha[7], Severo Toranzo había permanecido en el Arsenal de Luca, el día del golpe, oponiéndose al mismo y siendo por ello enviado a la prisión el 9 de ese mes, durante dos días.

Como hemos visto, Toranzo venía consolidando su poder al interior del ejército durante el yrigoyenismo, al ser nombrado, en los inicios de 1929 por decreto del Poder Ejecutivo, Inspector General de esa institución. Eso provocaría otro artículo más, en la línea que hemos indagado del “Culto al Jefe”, en primera página de la revista scout, con la fotografía de Toranzo y conceptos tan laudatorios hacia él (definiéndolo por sus “excepcionales dotes y elevadas virtudes morales”[8]) como para no ser equiparados –por los grupos internos disconformes con la Jefatura o simplemente censores de la forma de democracia existente[9]– con el exceso de personalismo que algunos achacaban al propio Presidente de la Nación.

La incomodidad podía escalar, en especial, cuando desde el mismo editorial se suponía que esa consideración tan altamente valorativa del Jefe Scout interpretaba “el sentido unánime de los que se hallan consagrados en la obra del scoutismo”[10]. Forzando levemente la comparación, Toranzo resultaba a devenir así, para la línea oficial del scoutismo, lo que una parte del radicalismo había deparado para Yrigoyen: “el hombre-encarnación, hombre bandera, hombre símbolo”[11]. Su suerte, por ello, quedaría pegada a la de magistrado depuesto.

A pesar de haber sido relevado casi inmediatamente del Ejército, Toranzo continuaría al mando de los BSA durante unos meses más, los suficientes para seguir dando muestras de su desapego a la nueva conducción del país. En efecto, aunque en términos formales el Instituto Nacional del Scoutismo Argentino (INSA) –nombre de los BSA dentro del cronograma estatal– dependía del Ministerio de Guerra, Severo Toranzo figuró al menos hasta diciembre de 1930 como presidente del directorio scout, a pesar de haber sido destituido de la plantilla militar por no reconocer al ministro del nuevo gobierno de facto.

Actuando dentro de ese “gris” de autonomía relativa por el que transitaba la institución, Toranzo aprovecharía el todavía no haber sido destituido oficialmente allí, para ejercer una velada resistencia. Así, en la revista oficial, ESA, se continuaría con la costumbre de mencionar como presidente de honor de la asociación al “Presidente de la Nación”, pero a diferencia de lo sucedido desde su inicio, en que se rubricaban –al lado de la mención de la magistratura– los nombres de Alvear e Yrigoyen sucesivamente, en este caso no figuraría –en los números posteriores al “golpe”– el nombre de Uriburu; dando a entender que, o bien no se lo consideraba como tal, o bien que el presidente constitucional debería seguir siendo Yrigoyen, al que no se lo nombraba directamente[12].

Curiosamente, la primera reunión después del golpe de estado, no habría mención alguna de la situación política, aunque seguramente no debía dejar de llamar la atención, la multitud de “ausencias con aviso” que se darían en esa oportunidad, y que dejarían al Directorio con sólo 6 miembros[13], situación que se repetiría en las convocatorias siguientes[14]. Así, sin diferenciarse de una reunión “normal”, presidida por el mismo Toranzo, se discutirían los nombramientos de 9 nuevos delegados (uno de ellos propuesto por Mosconi, a quienes se seguía llamando Director General de YPF) y de varios MMSS y ayudantes; se proyectaría la futura formación y denominación de compañías y se presentaría el balance parcial de mayo a julio de ese corriente año[15].

Esta situación de aparente normalidad sobre la tensión encubierta –sin que Toranzo dejara de presidir las reuniones– continuaría hasta la última reunión del año, realizada el 23 de diciembre de 1930, en la que se discutiría largamente acerca de temáticas propias de la institución, como la promoción de la “Divisa del Honor Scout”. Este proyecto, presentado por Federico Santa Coloma, consistía en el otorgamiento de una medalla de plata para los miembros del directorio o consejo con más de 10 años de antigüedad, y de oro para quienes superaran los 15 años[16]. En el interín, nuevas compañías como las de Jujuy o Plaza Huincul (Cía. YPF n° 2) venían a ver la luz, como coletazos de los movimientos de promoción de la actividad hechos anteriormente[17].

Con todo, algunos indicios subterráneos (como la necesidad de cambiar al delegado destinado por Mosconi a Plaza Huincul, porque “se ausentó de la localidad” o de dejar sin efecto el nombramiento de Carlos Erhart del Campo en San Martín a pedido del delegado general de Mendoza[18]) podían dar cuenta de las vicisitudes subyacentes en torno del grupo que comandaba los BSA.

Frente a esto, y como intento de forzada reconciliación, el directorio enviaría “felicitaciones” al general de división Francisco Medina (casualmente, miembro del Consejo Nacional scout desde 1926[19]) por haber sido designado Ministro de Guerra[20] como así también a otro miembros de BSA, como el comisario Borzone, que venían de ser ascendidos con el nuevo clima septembrino[21]. En esos recambios producidos por la nueva situación, los BSA perdían también miembros de fuste, como lo demostraría la renuncia del teniente coronel Domingo Cuello, delegado general de la provincia de San Juan, quien se había tenido que hacer cargo de la gobernación provisoriamente en la primera quincena del golpe de estado, y ahora debía renunciar a su puesto en la asociación provincial ya que “por razones del servicio se ha ausentado de esa provincia”[22].

Finalmente, sería de nuevo el miembro directorial Natalio Borga –aquel que había puesto en duda la excesiva cercanía con la LP años antes– el que expondría en carne viva, en una reunión, el fantasma que circulaba silencioso en las reuniones, al comentar una entrevista que había tenido con el comisario de la sección 20ª, quien le reconocía la dificultad de continuar con el desarrollo de la comisión de fomento local ya que ella “estaba integrada por políticos en su mayoría”[23]. El rey estaba desnudo…la asociación que pregonaba celosamente su “apoliticidad” con políticos adentro, encontraba que esa tesitura tenía obvios límites cuando el sistema democrático mismo colapsaba.

Así, por ciertas demostraciones podía advertirse que la asociación había “entrado en desgracia” en relación con otras instancias del Ejecutivo, en tanto el CNE resolvía en su sesión de enero de 1931 “hacer saber a la Compañía de Boy Scouts Argentinos que no es posible autorizarla para hacer uso del local de la escuela n° 5 del C. Escolar 15°, por haber sido acordado a la Asociación Euritmia”[24]. Lejos parecían los días en los que, al calor del decreto de “monopolio”, los miembros scouts soñaban con el apoyo total de la administración nacional.

Finalmente, el desenlace debía ocurrir. En febrero de 1931, el general Severo Toranzo intentaría alzarse contra el gobierno de facto, luego de haber intentado una conspiración previa en Córdoba, detectada en diciembre del año anterior. Dicho levantamiento proyectado para la Capital Federal, y reprimido incluso antes de poder llevarse a cabo, sería el que le costaría el exilio y su remoción definitiva de la presidencia del Directorio de los BSA[25]. A posteriori, y luego de provocar un incidente que derivó incluso en la ruptura de relaciones entre Uruguay y Argentina, Toranzo fue encarcelado en el año 1933.

Como señalamos, el alzamiento tendría consecuencias directas en la dinámica de la institución, rompiendo con el receso previsto por Toranzo hasta abril[26] y provocando una reunión extraordinaria (en el mismo mes en que se había producido el intento “revolucionario”) y que se desarrolló bajo la presidencia interina del Vicepresidente 2°, Francisco Santa Coloma[27].

En dicha reunión se informaría que el general Toranzo había sido declarado “prófugo” por el gobierno provisional, y que en virtud de los hechos relacionados con su persecución, la sede scout había sido allanada, siendo incautados diversos documentos de la institución. Además, habían sido encarcelados directores y empleados[28] y por último, también habían sido allanadas las casas de ambos vicepresidentes (el propio Santa Coloma y el Coronel Augusto Spika), lo que a juicio del convocante a la reunión hacía necesario “asumir una actitud que aclare la situación en beneficio de los complejos intereses que afectan a la institución y los prestigios personales de sus miembros”[29].

Teniendo en cuenta esta situación, los 5 miembros presentes del directorio aprobarían declarar a Federico Santa Coloma como presidente; decidirían subrayar –en una nota tendiente a conciliar con el nuevo gobierno– las “altas funciones educacionales y nacionalistas” en pos de inculcar en la juventud “sentimientos de orden y respeto”; procurarían sostener la imposibilidad de que las personas a cargo de esa tarea pudieran ser “en forma alguna sospechadas”; dejarían en claro que “la Asociación no puede ni solidarizarse ni sufrir las consecuencias de actos individuales ajenos a la institución”, en clara referencia al levantamiento de Toranzo y decidirían –finalmente– designar una comisión con el objeto de entrevistarse con el Ministro de Guerra.

Una vez determinado esto, Santa Coloma presentaría su renuncia (“motivado por los acontecimientos políticos que han conmovido a la institución”[30]) a todo cargo en el directorio, “con la firme creencia de que la presidencia debe contar en todo momento con el apoyo y la simpatía del P[oder] E[jecutivo], y habiendo dejado de ser grato a este, hace necesaria (sic) su separación para bien de la institución”[31]. Aguardando la decisión del Ministro de Guerra, y dejando a Laureano Baudizzone como presidente provisorio, se clausuraría la reunión.

Extrañamente, a pesar de la renuncia transcripta en actas previamente, una nueva reunión extraordinaria producida días después, volvería a ser presidida por Federico Santa Coloma[32]. En ella, Baudizzone informaría que se había entrevistado con el ministro de Guerra, el general Francisco Medina. Frente a los planteos hechos por el vocero directorial la respuesta del ministro se vincularía con la taxativa e inmediata necesidad de reorganización del Consejo Superior, el que paradójicamente estaba integrado, entre otros, por el mismo Medina.

Frente al conocimiento de la intransigencia ministerial, Santa Coloma volvería a recordar su pedido de renuncia, “convencido que su permanencia perjudicaría a la institución”, pero su reconocimiento volvería a ser demorado por los miembros del Directorio[33]. No podemos dejar de pensar en las sensaciones que pasarían por la cabeza de Federico Santa Coloma, al ver que una década después de que el General Uriburu fuera elegido miembro del Consejo Nacional scout, bajo la presidencia de su padre en la ANBSA; sería la misma persona quien –en su condición ahora de Jefe de Estado– no sólo iba a intervenir la asociación, sino que iba a perseguirlo y pretender su irradiación de la misma.

Así, en una nueva sesión extraordinaria, con la ausencia ya de Santa Coloma[34], sería considerado el ultimatum de reorganización del Consejo Nacional y del Directorio dado por el ministro de Guerra, quien a pesar de mostrarse como “un admirador entusiasta, convencido del beneficio que el scoutismo reporta a la juventud”[35], insistiría en que la estructura dirigencial debía ser reformulada por completo desde la misma institución. Los miembros del Directorio presentes encontrarían –entonces– imposible de realizar la voluntad ministerial, sin dejar de respetar los estatutos de la institución, por lo que daban “carta libre” al Ejecutivo para designar de facto, un nuevo Consejo[36]. Al señalar que la solución ofrecida por el ministro, no cuadraba con el “orden moral sino también legal y material”[37], el Directorio establecería una posición que trataba, claramente, de evidenciar el “atropello” institucional, en vez de optar por una transacción irregular.

Mientras tanto, al retomar las sesiones ordinarias, los efectos negativos que el levantamiento de Toranzo había tenido para la institución, se seguían haciendo ver en resoluciones que afectaban de lleno a la cotidianeidad scout, como la resolución del Jefe de Policía capitalino, Enrique R. Pilotto, de impedir –nada menos– que la utilización de las comisarías para llevar a cabo las reuniones de las compañías, práctica que estaba en el origen mismo de las filiales, revirtiendo una orden favorable –lograda poco tiempo antes– por el comisario Borzone[38]. Que la decisión “venía de arriba” y no formaba parte de una animadversión del mencionado Jefe de Policía, lo muestra el hecho que el coronel Pilotto, pocos años después y en su condición de Gobernador Territoriano, sería designado Delegado General del scoutismo en Neuquén[39].

Frente a las malas noticias, se sumaría la necesidad de rebajar el sueldo al personal y suprimir los viáticos, “en virtud de la situación económica de la institución”[40]. Con todo, la situación económica pareció normalizarse los meses siguientes, cuando Baudizzone, demostrando sus altas dotes de gestión y convencimiento, logró la reposición del subsidio por parte del Ministerio de Guerra a la institución[41]. Sin embargo, por fuera de los ingresos financieros recuperados, la inquietud política parecía agravarse.

Así luego de momentos de expectativa, en los que se incluyó la posible designación –finalmente frustrada, para alivio de los directores scouts– de Floro Lavalle, líder de la “Legión Cívica Argentina”, para hacerse cargo de la asociación[42] y en los que la LP volvía a solicitar la cercanía de la BSA, “depurada” ahora de Toranzo[43]; en el mes de mayo de 1931 el Directorio intentaría –luego de nombrar una comisión interventora propia liderada por Borga y Puente para regularizar la contabilidad– convocar a una asamblea extraordinaria que refundara la dirigencia de los BSA[44].

No habría tiempo para ello, la solución endógena quedaría trunca. Pocos días después, llegaría finalmente, el 3 de junio, el parte aparecido en el Boletín Militar, por el que Uriburu y Medina firmaban la disolución del Consejo Nacional y el Directorio de los BSA. Asimismo, expedían la consecuente designación del Teniente Coronel Santos V. Rossi[45] como interventor designado por el Poder Ejecutivo a fin de hacerse cargo de la institución con el objeto de “normalizarla” y redactar un informe sobre el desempeño de la gestión anterior. A los 5 días, Baudizzone le hacía “entrega de la institución” al interventor[46]. Las actividades de las compañías que ya venían siendo muy esporádicas, se volverían casi inexistentes, afectando sobre todo de muerte al festejo del “Día del Scout” de 1931, que finalmente no volvería a darse, sino –como veremos– para transformarse en conmemoración semanal a partir de 1932.

La gestión de Rossi, aunque inconsulta y fugaz[47], tendría al menos el mérito de dejarnos a los historiadores, un completísimo informe[48] que el interventor elevaría el 16 de septiembre de 1931 al nuevo Consejo Nacional del scoutismo (formado desde un listado que el propio Rossi había constituido por “designación de oficio”)[49] y que sería aprobado por Uriburu y Medina al mes siguiente[50], cerrando así el proceso encargado por el Poder Ejecutivo. Analizaremos a continuación ese documento tan precioso.

El “Informe Rossi”. Una puntillosa voluntad de documentar y cierta sobriedad al denunciar

Cuando comenzamos a hurgar, gracias a la generosidad de su director, entre las existencias en proceso de catalogación del MSNA, supimos dar con un documento[51], de hojas unidas con ganchos encuadernadores ya oxidados, y que resultaría ser, el ya citado previamente, Informe de Intervención del Teniente Coronel Santos V. Rossi.

En dicho documento, interesado por documentar el “estado” de la institución, Rossi –demostrando su genuino interés por la temática infantil– decidió tomarse “en serio” su trabajo, produciendo un documento histórico particularmente puntilloso y detallado, en el que no faltarían ni meticulosos gráficos ni detalladas estadísticas que terminarían ocupando la mayor parte de su labor. Sin dejar de cuestionar la pasada administración del “rebelde” Toranzo, las “irregularidades” detectadas se limitarían al plano ejecutivo y especialmente financiero[52] (aunque exculpando en especial al tesorero Borga[53] y centrándose en cuestionar al secretario Amadeo[54]), sin realizar una condena in toto de la gestión de la organización, porque de lo contrario dicha denuncia también implicaría una “sombra” sobre varios de los consejeros nacionales que formaron parte de ella en esa época (como vimos, entre ellos, el propio Ministro de Justicia, Medina, y uno de los líderes de la “Revolución”, Justo).

Así, en líneas generales, Rossi optaría por el cariz informativo más que denunciatorio, dejando en claro, sobre todo que a pesar de los “descuidos” e “irregularidades” detectados, no se habían “producido manejos delictuosos en los fondos sociales por parte de los miembros del Directorio”[55], dejando así –salvo para los casos de abierta “rebeldía”– la puerta abierta a su rápida reincorporación a las filas institucionales, como sucedería en el caso de Baudizzone, quien accedería a la vicepresidencia 1ª, ni bien fueron regularizadas las elecciones directoriales.

Precisamente, en la misma introducción del informe previo de constitución del Directorio, Rossi buscaría dejar en claro que su intervención, exógena y producto de la decisión del gobierno militar al frente del Ejecutivo, no supondría una militarización de la práctica scout. En términos similares a los usados antes por el ahora excluido Toranzo, Rossi dejaría bien establecido que venía a luchar contra los prejuicios que le asignaban “un carácter militar a la organización” y que la veían cercana a los batallones infantiles “que sirven únicamente de ornamentación en los desfiles y fiestas”[56].

Por otro lado, Rossi también advertía contra cualquier idea de particularismo nacionalista en la formación a desarrollarse, al decir que los BSA no eran “diferentes” a los scouts de los demás países, reconociendo que “en el fondo y en sus principios fundamentales siguen las normas y orientaciones de su fundador” para “gran beneficio de toda la humanidad”[57].

Con todo, a Rossi no se le escaparía la necesidad de advertir, en su discurso a los consejeros, la nueva perspectiva que sostenía la gestión uriburista, al agregar a las características tradicionales del “ciudadano del mañana” que el scoutismo pretendía modelar en el niño (bajo los adjetivos de “bueno, perfecto, valiente y decidido, respetuoso de las leyes”), una más claramente novedosa –sobre todo en énfasis– que lo colocaba “disciplinado dentro de los moldes sociales”[58], y –aún más– inculcado de “ideas de orden y subordinación”[59].

Rossi, así, al recordar el decreto de 1917 –sin mencionar que fue bajo la primera presidencia del recientemente derrocado Yrigoyen– y habiendo señalado previamente que en “nuestro vecino” Chile ya se había dictado una ley de fomento al scoutismo[60], expresaría la necesidad que –una vez llegado el momento– el Congreso Nacional (en ese momento, “inactivo”) hiciera lo propio[61]. A esa esperanza, agregaría la promoción de medidas de difusión ya bastante conocidas por los miembros del Consejo.

Más interesantes resultarían los gráficos y estadísticas que proveería como fruto de sus investigaciones archivísticas. Así, en un cuadro de altas y bajas del movimiento, Rossi mostraría un constante ascenso –en forma de impulsos por serrucho– en la formación de compañías, en especial desde el año 1924, justamente cuando Toranzo se había hecho cargo de la Jefatura. Así, podía verse que el número de patrullas en esa gestión había progresado de poco menos de 45 compañías a llegar a más de 125, en poco más de un lustro de gestión[62]. La puntillosidad de Rossi, además haría replicar sobre las hojas milimetradas escogidas a tal fin, las altas y bajas producidas desde 1914 a 1931 en cada una de las provincias –además de la Capital Federal– en donde se habían fundado compañías. Así, al primar la cuestión reorganizativa sobre la punitiva, la intervención de Rossi pareció, pasada la sed “revanchista” del uriburismo ante el fracaso político de abril de ese año, una iniciativa acorde con el sutil “barajar y dar de nuevo” que el justismo –sin olvidar la precaución de mantener al radicalismo fuera de cualquier ámbito de poder– parecía ofrecer a las instituciones reformadas desde el golpe septembrino.

Ello no supone, de ninguna manera, el fácil reacomodamiento de todas las coordenadas en las que se sostenía el movimiento. El homenaje póstumo dado al mayor Lautaro Montenegro, jefe de la “Legión Cívica”[63], durante el acto de constitución de las autoridades centrales del scoutismo, daba cuenta ampliamente de los nuevos vientos “nacionalistas” que se habían advertido desde el comienzo de la década y que pretendían soplar más fuerte en instituciones que se autoadscribían al fomento del fervor patriótico como los BSA. En especial, cuando se propondrían –por parte de algunos miembros del Directorio– “sentidos” homenajes al General Uriburu, como el que con motivo de su muerte presentaba, en sesión extraordinaria, el miembro Héctor Sustaita Seeber, pidiendo enviar una nota de pésame, entornar la puerta del local y “poner” una corona de flores[64].

Por otro lado, para quienes habían sido excluidos, la negociación con el nuevo poder establecido resultaba imposible. Luego de sufrir la baja en el ejército y el exilio en el Uruguay, Toranzo dejaba bien establecida su intransigencia y su encono hacia el encargado de intervenir a los BSA. Así, desde Montevideo, Toranzo enviaba su demoledora carta, dirigida “Al General Uriburu”, un 20 de febrero de 1932. Según su autor, la había deliberadamente retardado hasta el fin de su gobierno, ya que “antes se hubiera cubierto usted con su posición usurpada”, sirviendo asimismo para condenar al gobierno del presidente Agustín P. Justo (ay, otro scout) que –a pesar de sus mutaciones– no dudaba en verse como continuador del proceso golpista.

En dicha esquela retóricamente dirigida a Uriburu, pero pensada desde el manifiesto político a ser distribuido, se adjetivaba a su destinatario con todas las máculas pensables. El encargado de derrocar a Yrigoyen era un “alma vil y cobarde” de “salvajes instintos” e “innoble mandón”, una “hiena” disfrazada “con el uniforme de los defensores de la Constitución”, un “Caín”, un “monstruo” con quien Toranzo no encontraba comparación posible “en los anales de nuestra vida democrática”, porque había sido el encargado de sembrar “odios tan profundos que quién sabe cómo y cuándo podrán ser amortiguados”. Había llegado, por otro lado, “al poder público con la vincha de Calfucurá” para servir como “agente venal de turbios intereses extranjeros”. La profundidad del odio era comprensible, además en términos personales: el propio hijo de Toranzo, teniente en ese momento, había sido torturado física y psíquicamente[65]. Con todo, Toranzo seguiría confiando tanto en el pueblo trabajador como en la “brillante juventud universitaria”, esos “obreros de la inteligencia”, como dique de contención de la dictadura[66].

De esta manera, la “resistencia” antiuriburista de algunos de los scouts –al calor de las acciones armadas radicales– se fortalecería en los meses sucesivos, a pesar del fin formal de la dictadura y la asunción de Justo, notándose su combatividad en acciones de resistencia tanto fuera como dentro[67] de la institución.

En junio de 1932, se desactivaría otra revolución radical, que tendría como una de sus principales figuras a quien, algunos años antes había sido encomendado para promover la práctica en Curuzú Cuatiá: el mayor Regino Lascano[68]. Como producto de la represión de ese movimiento en ciernes, Lascano, quien fuera jefe del Regimiento n° 1 de Infantería Patricios, sería asesinado por agentes de la policía en aquella ciudad correntina, cuya compañía scout –la “Berón de Astrada”– se había disuelto un año antes, en medio de la conmoción política. En sus manos se encontraría el manifiesto revolucionario inspirado “contra el simulacro de gobierno que preside el general Justo”, los “herederos de la nefasta tiranía del general Uriburu”, “la dictadura de las compañías” y “la miserable legión de fascistas del Jockey Club y Círculo de Armas”[69]. Paralelamente, los rumores sobre un posible retorno de Toranzo al país desde su exilio uruguayo no cesarían, mientras en el Directorio reorganizado después de la intervención, se lo seguía nombrando, ahora no encomiásticamente, sino relacionado con deudas y préstamos institucionales dudosos[70].

Vemos que así, en pleno clima de tensión política, se darían los comienzos de la jefatura scout del General, Emilio V. Sartori, quien el 21 de septiembre de 1931 había aceptado la conducción del Directorio de BSA[71], abriendo una nueva etapa en la institución, que –como desarrollaremos en el capítulo siguiente– no careció de las complejidades y vicisitudes de las anteriores, bajo el marco del largo período de fraude y restauración conservadora.

En ese clima de creciente tensión, es de imaginar que con la identificación estrecha de la nueva conducción de los BSA con el nuevo orden político desde 1930, también se perdían ciertas colaboraciones, como puede verse en la negativa del Dr. Genaro Giacobini, futuro concejal y líder del “Partido Salud Pública” (un valor –como vimos– respetable para los scouts) a responder las cartas que desde BSA lo invitaban a ser Delegado de la compañía de la Sección 34° (Parque Patricios), la que precisamente había sido un bastión del dirigente radical Pedro Podestá.

La negativa que los miembros del Directorio podían interpretar “amablemente” como basada en las múltiples “actividades profesionales y políticas […que] no le permiten atender debidamente el cargo”[72], podía ser releída –por otros actores– en virtud de los antecedentes radicales iniciales del Doctor. En contrapartida, el sobrino del general Uriburu, Federico, gobernador territoriano de Río Negro, comunicaba estar dispuesto a prestar “el mayor concurso” y aseguraba estar “empeñado en constituir la Junta Central de Fomento”[73].

Es que, a partir del golpe de Estado, con la creciente radicalización ideológica de los años treinta, como había intuido Toranzo, la presunción de “neutralidad” de no importaba qué institución comenzó a ser crecientemente cuestionada y pareció evidente para muchos que –en alusión al libro de Quentin Reynolds– “solamente las estrellas” podían aducir esa condición[74]. A pesar de los intentos posteriores, por parte de los BSA, por situarse en un terreno “imparcial”[75], ningún colectivo parecía estar a salvo de la taxonomía idelógico-política que se activó con más fuerza en esa década y que duraría largamente…

Increíblemente, por esos años, la propia Cruz Roja, en cuyos cursos aprendían salvamento los alumnos de la Escuela de MMSS[76] y que, según ya vimos, tan directamente estaba ligada a los orígenes del scoutismo tanto masculino como femenino –teniendo en cuenta, entre otras cosas la confluencia en la prédica higienista[77]– sería “acusada” por Sánchez Sorondo de ser una institución connivente con la campaña comunista en la Argentina[78]. Mientras, que en la vereda opuesta, Ernesto Giúdici incluía en su estudio sobre la “fascistización” de la Argentina, a la misma institución de ayuda sanitaria, dentro de aquellas que consideraba bajo “gran influencia o control fascista”[79]. Curiosamente, los BSA (a causa de los dirigentes nacionalistas que Giúdici recuperaba de sus filas: Aberg Cobo, Floro Lavalle, Francisco Medina y Octavio Pico) acompañarían –en esta descripción– no sólo a la Cruz Roja, sino también al Teatro Nacional De Comedia y la Comisión Nacional de Cultura, dentro de un listado de instituciones que se encontraban “al borde de caer” bajo el fascismo[80].

Como ya hemos repetidamente visto, no era la primera vez que desde una publicación “de izquierda” se asociaba al scoutismo con la “reacción”, pero en la cada vez más extendida polarización político-ideológica, la acusación tenía carices cada vez menos deseables. Frente a esta situación, los BSA intentarían transitar un espacio donde pudieran reivindicar ese patriotismo liberal encendido, “de viejo cuño”, evitando que se confundiera con las “nuevas” soluciones que desde Europa se perfilaban con mayor potencia y crecientes seguidores locales[81].

Si para aquellos asociados con la prédica “totalitaria”, esa actitud parecía demodée; para quienes veían cuestionando al scoutismo desde la cada vez más confluyente vereda liberal-socialista, las diferencias políticas entre ambas versiones del “patriotismo” eran imperceptibles. Sin embargo, para muchos otros actores sociales, existía un registro amplio e intermedio que podía desasociar el culto patriótico y la disciplina infantil, de específicos posicionamientos relativos a la política nacional o al embanderamiento ideológico internacional.

En ese camino, la “solución justista” (comenzada pocos meses después de iniciada la jefatura de Sartori), además de que su mentor provenía del riñón mismo institucional de BSA, traía un “respiro” al atribulado pasado uriburista. Con todo, no cancelaba la problemática de cómo comportarse frente al “fracturado paisaje político” (para usar una expresión halperiniana) frente al cual no todos los dirigentes de la heterogénea asociación tenían ni el “insondable cinismo”, ni la “habitual agudeza” del presidente de la nación. En esa “república en el limbo”[82], sin embargo, la ambigüedad y la moderación no dejaban de ser bienes preciados, bajo el amparo de los cuales los dirigentes scouts podían representar muy efectivamente su rol de “representantes de la patria” y “constructores de la ciudadanía del futuro”, siempre y cuando se dejaran en un amable paréntesis y no se llevaran hasta el final las contradicciones que aparejaba ese mismo proceso en su desarrollo, con respecto de los valores mencionados.

Por eso resultaría tan inconveniente, para los scouts, que agrupaciones embanderadas en el nacionalismo “de nuevo tipo”, como la “Legión Cívica”, adoptaran para sus “Cadetes Legionarios”, el Código de Honor, el juramento y el lema de los scouts, “con la única diferencia de algunos cambios de palabra”[83]. Como presentía el vocal Etchepare, esto podía “perjudicar a la institución verdadera que ve con desagrado la aparición en todas partes de falsos scouts”[84]. Interesantemente, Etchepare diría que en este caso “felizmente son instituciones nacionalistas”[85], pero –con todo– la incomodidad permanecía.

Recordemos que pocos meses antes, la dirigencia scout había expresado su preocupación por la dificultad de controlar las prácticas “para-escultistas”, tanto en relación con grupos que no se sometían a la dirección central, como a individuos que utilizaban su “pseudo-scoutismo” para provecho propio, usufructuando el nombre de la asociación, con fines mayormente ilegales. La resolución policial, que a continuación transcribimos, muestra la continuidad del celo con que los BSA seguían practicando el monopolio de la práctica con que se los había investido:

Que a raíz de una nota pasada por el presidente del directorio de los ‘Boy Scouts’, en que da cuenta que, personas ajenas a la institución, invocando su nombre y usando prendas iguales o similares al uniforme que poseen realizan salidas y solicitan ayuda amparados por el vestuario que llevan y para lo cual no están autorizados, se les hace saber a los señores comisarios y por su intermedio a todo el personal a sus órdenes que en lo sucesivo deben impedirlo, prohibiendo el uso del uniforme del ‘boy scout’ o el de modelos parecidos por personas que no formen parte de la asociación[86].

De hecho, esas mismas instituciones eran vistas de tal modo como competidoras, que no se dudaba en señalar que “asociaciones nacionalistas en la Argentina, existen varias; pero, de su eficacia como tal, exponente de ideas puras, claridad meridiana en sus principios y fines puramente culturales, [la de los BSA] no admite parangón[87].

En ese concertado desconcierto entre conservadores, liberales y nacionalistas de diversa laya, transitaría su jefatura el general Sartori. Analicemos a continuación su presidencia al frente de los BSA.

Sartori, ¿un “Justo” a pequeña escala? (1931-1937)

El general Emilio V. Sartori[88] comenzaba por poder acreditar un primer requisito que parecía muy atinado para conducir a los scouts: venía de ser el Director de Gimnasia y Tiro del Ejército, disciplinas y dependencia administrativa muy estimada y cercana –como hemos ya adelantado- a los intereses institucionales. Ascendido a General de División en el mismo año en que se hacía cargo de la dirección de la institución, Sartori mantenía la recurrente tradición de Jefes Scouts castrenses, comenzada con Riccheri, continuada por Ruiz y seguida por el destituido Toranzo.

El beneplácito que causaba su dirección al frente de los scouts por parte del gobierno nacional que había motorizado su inclusión, quedaba patente: por primera vez, un Ministro de Guerra y dirigente scout (como Francisco Medina) se hacía presente formalmente –en el local de la calle Paraguay– para ver a un presidente directorial asumir sus funciones[89].

Sin embargo, ya desde esa primera reunión ordinaria –realizada a los pocos días de la aceptación del cargo presidencial por parte de Sartori– semejante beneplácito del gobierno de facto podía ser interpretado no del todo tranquilizadoramente por los sectores de tradición más “propiamente” scout. En un clima de “gobierno militar en retirada”, con las elecciones del 8 de noviembre de 1931 a la vista (comicios finalmente fraudulentos y dominados por el abstencionismo radical), el tono “excesivamente” castrense que se mantenía para la institución, luego de la intervención (corporizada por el teniente Santos Rossi, también presente en la reunión, durante la cual se convertiría en Director Técnico de la institución), podía resultar algo contraproducente.

En efecto, de ello daría cuenta nada menos que el Teniente de Navío Nelson Etchepare, unos de los principales referentes –junto a Fischer y Page– del scoutismo naval (al que daría fuertísimo empuje en esta nueva etapa), al rechazar el ofrecimiento hecho por el “señor López Herrera” para que ocupara su lugar en la secretaría, a pesar de haber obtenido Etchepare menos votos que él. Muy perspicazmente, el marino se negaría y razonaba que “habiendo sido tan combatida la institución por su orientación, convendría, para evitar prejuicios que también haya civiles en los cargos directivos”[90].

Esta prevención, sería reafirmada nada menos que por el propio Ministro de Guerra, en un alegato que no deja de llamar la atención en relación con sus posicionamientos nacionalistas, y que difícilmente podría interpretarse fuera de la particular coyuntura “desmilitarizadora” que comenzaba a gestarse con la cercanía de un nuevo gobierno constitucional. Medina diría: “es necesario no hacer militarismo […] No se defiende con las armas sino con el respeto a Dios y a la Patria. La Patria estará bien cuando esté distanciada de la Guerra”[91].

Más allá de la verdadera orientación de Medina, la pulsión del scoutismo como institución “pacifista” y desligada de lo “soldadesco”[92] se mantendría vigente en los años posteriores, en especial con la posterior gestión presidencial de Baudizzone, reactualizándose no sólo en relación con la Argentina, sino con respecto también de otras guerras tanto cercanas geográficamente como la “del Chaco”[93] (que le valiera el Premio Nobel a Saavedra Lamas[94] y que impactaría incluso entre los más jóvenes[95]) como potentes afectivamente como la “Guerra civil española”[96]. Pero también se sostendría en causas “lejanas” como la de China, a las que la referencia al sufrimiento de los scouts de ese país, los acercaría[97].

Por otro lado, a tono con la reciente Conferencia Interamericana para la Consolidación de la Paz, la identificación se marcaría asimismo, fuertemente, con el acompañamiento de los BSA a la propuesta –hecha por las diferentes asociaciones escandinavas– de candidatear a Baden Powell al Premio Nobel por la Paz[98]. La creciente posibilidad de la guerra llevaría incluso a fines de la década a algunos dirigentes locales, como el Presidente-Delegado de Posadas, Juan J. Morales, a definir al “scoutismo como entidad pacifista por excelencia”[99], y al de la sección 13ª capitalina, Miguel Vitelli, a expresar que sólo a través de la hermandad infantil se lograría “por sus convicciones y doctrina, lo que no pudo lograr la diplomacia, el desarme universal[100].

Para resaltar esta mirada, incluso, el Directorio recomendaría a la Comisión de Organización de Compañías –luego de recibir la propuesta de “General Mariano Necochea” para nombrar a la de la ciudad homónima– que sugiriera a las nuevas organizaciones que propusieran “también nombres de próceres civiles”[101]. De ahí, incluso, que en los homenajes a algunos de los generales de la independencia como Belgrano, se recordara que “si el general Belgrano fue grande en las lides de la guerra, lo fue mucho más aun en las ennoblecedoras acciones de la paz”[102].

Pero, volviendo a la jefatura de Sartori, su gestión se centraría en la recuperación de la dinámica organizativa y administrativa que los hechos políticos habían detenido. Así, su primera medida sería la creación de Comisiones específicas de Instrucción, Hacienda y Gestiones Exteriores[103]. En paralelo, se procuraría acercar la nueva jefatura a las organizaciones regionales y a las “bases”, al citar a reuniones con los diferentes miembros institucionales, incluyendo los Ayudantes[104].

Rápidamente, el Directorio –con la actividad constante y la experiencia de Baudizzone como vicepresidente– retomaría los proyectos de reglamentación de las reformas estatutarias que habían quedado pendientes, en una variedad que iba desde a la reglamentación de scouts navales[105] y girls scouts, a la modificación del color del uniforme[106]. Esta manía legisladora sobre las acciones “mínimas”, como hemos dicho, era una constante que la idea “refundacional” dada después de la intervención volvía más apreciada por los dirigentes y por la necesidad de responder a los expedientes que –por dicha situación– habían quedado atrasados.

Aunque en apariencia “menores”, en ocasiones, los cambios –como la adopción de botines “prusianos” con doble suela[107]– nos dan la idea de algunas afinidades del nuevo Jefe Scout que supiera ser enviado a estudiar a Alemania. Esta innovación, dentro de una transformación integral del uniforme, que descartaba los colores “importados” del pantalón[108] y adoptaba –nada casualmente– el verde oliva para combinarlo con el azul del pañuelo, no dejaba de tener un impacto simbólico, según hemos visto largamente por la importancia que la institución otorgaba a la vestimenta oficial[109]. Por fuera de esos simbolismos, la tarea eminentemente “conservadora” del General quedaría definida a partir de su primer discurso por la “Semana del Scout”, dado en la radio Fénix, donde advertía los peligros a que se sometía la juventud por estar “excitado” el ambiente a causa de “la fiebre de lirismos desorbitados en la concepción de ideologías absurdas”[110].

En el despliegue de esa tarea no faltarían los problemas de ausentismo ya conocidos por varios: en una de las reuniones apenas se encontrarían 5 miembros[111]. Sin embargo, Sartori se empeñaría en la tarea reorganizativa, en especial, al crear las Juntas Provinciales o Territoriales, que significarían un organismo intermedio entre el Directorio y las Comisiones de Fomento locales, agregadas al cargo de Delegado Regional, cuyas disputas y complejidades analizaremos más detenidamente en el tomo II.

Cabe adelantar, sin embargo, que las trasformaciones de este tipo parecen mostrar bien los vaivenes de la reorganización naciente: si por un lado, se buscaba dejar de lado la “excesiva” vinculación con lo policial, al intentar cambiar –en un intento rápidamente frustrado, como veremos luego– el formato de jurisdicción de las compañías porteñas y circunscribirlas por los 20 distritos escolares en vez del formato vigente de 41 secciones policiales; el propio Sartori se encargaba –por otro lado– de designar como Delegado Regional del Chaco, al jefe de policía, Vital Aignasse, para constituir la Junta Territoriana[112]. Aignasse venía, meses antes, de tener que entregar –en el marco del levantamiento de Pomar– la jefatura policial en Resistencia, al mayor del Regimiento 9, Álvarez Pereyra, que se había plegado al movimiento antiuriburista; para recuperarla unos días después[113]. En general, la mayoría de los Delegados Generales, en efecto, provendrían del Ejército o de otras fuerzas de seguridad.

En esos vaivenes y ambigüedades, entre un discurso marcial y uno institucionalista, entre guiños castrenses mezclados con ínfulas pedagógicas, Sartori parecía replicar bien el tono usado por el presidente Justo (que asumiría la dirección del PEN, pocos meses después de la designación del Jefe Scout) como estrategia para transitar el escarpado panorama político local. En efecto, luego de retomar la presidencia de BSA y las reuniones directoriales en 1932 (luego de un interinato por ausencia, en el que ocupara la presidencia, Baudizzone), Sartori gestionaría la audiencia con el flamante presidente de la Nación, Agustín P. Justo, a fin de presentarle el saludo corporativo correspondiente[114]. Sin embargo, la relativa “moderación” justista y la seguridad del miembro directorial Tomás Amadeo acerca de que las nuevas autoridades scouts habían sido elegidas “con abstracción de la ideología”[115] no alcanzaban para que las heridas del pasado cicatrizaran rápidamente.

Es que, precisamente, ante la “pacificación” inaugurada con Justo, en comparación con la anterior marcialidad del uriburismo, algunos miembros afectados por la intervención, se “animarían” y se acercarían para comunicar su necesidad de ser repuestos en la consideración institucional. Así lo informaría Federico Santa Coloma, por considerarse “agraviado por el Gobierno ‘de facto’”[116], señalando que no volvería a los scouts “hasta que no lo revindicaran por los hechos que lo habían afectado hondamente”[117], y que aunque consideraba que el Directorio estaba “constituido por caballeros honorables”, sin embargo no estaban “designados dentro del Estatuto”[118].

Sería en razón de eso que Santa Coloma escribiría al ministro de Guerra, Coronel Manuel Rodríguez, invocado su carácter de “Presidente legal” de los BSA, y relatando los sucesos relativos al allanamiento del local, la incautación de libros y documentos por parte de la policía y la intervención del PEN uriburista. Al condenar como ilegítima la elección del Directorio por parte del Consejo Nacional elegido “a dedo” por el interventor, Santa Coloma reclamaría que, nada menos, se le restituyera el cargo de Jefe Scout[119].

Así podemos encontrar dos miradas frente a lo sucedido: una más “intransigente”, como la de Santa Coloma, indispuesto a reincorporarse; y otra más “permisiva” como la de Baudizzone, que desde el vamos se había reintegrado al ejecutivo scout reorganizado. En la visión de éste, a quien aquel había visitado para discutir la cuestión, Santa Coloma encaraba “el asunto […] bajo la faz legal del procedimiento”[120], perspectiva que como vemos no estaba muy en la línea de interpretación, ni del anterior gobierno de facto ni del actual surgido del abstencionismo radical. Con todo, surgía la posibilidad –aunque remota[121]– a partir de esa revisión, que el nuevo gobierno justista pudiera volver a intervenir el Directorio ante la nueva situación presentada.

Frente a esta interpretación tanto Huergo como Baudizzone apelarían a la dependencia –a partir de 1917– del ministro de Guerra como superintendencia de la institución nacional que eran los BSA y en su condición de instancia superior con atribuciones para reformular la composición del Directorio[122]. Así, años después sucedería lo que había temido tanto el “Perito” a partir de la “institucionalización”: que fuera el Estado el que controlara el scoutismo por sobre la Sociedad Civil desde la que inicialmente había surgido.

Como vimos, ese “coqueteo” desde el principio con el Ejecutivo, haría que en determinadas circunstancias de tensión política, a la dirigencia scout se le hiciera imposible mantener su pregonada autonomía. En ese sentido, la visión de realpolitik de Baudizzone quedaba clara: él había –según su perspectiva– encauzado “la reorganización debido a infinidad de circunstancias” con tal de evitar “el derrumbe de la institución”[123] ante la ausencia y renuncia de casi todas sus autoridades, estando incluso algunos detenidos.

Interesantemente, frente a la posición de Huergo y Baudizzone, se opondría firmemente el Dr. Joaquín Coll –quien comenzaba en esta etapa su participación en el Directorio– reivindicando la autonomía frente al Ministerio de Guerra y señalando que no existía ni en el estatuto scout ni en el decreto “monopolizador” del ’17, ningún decreto que estableciera “una subordinación”. Así, y retomando la comparación entre instituciones que hemos hecho al inicio del capítulo, Coll refería precisamente a la Cruz Roja Argentina “que está en iguales condiciones y no puede ser intervenida por el Ministerio de Guerra”[124]. Con todo –en una tesitura que hacía acordar a la acordada de la Corte Suprema– Coll entendía y legitimaba también la posición de “fuerza” de las decisiones del gobierno de facto al juzgarlas “irreversibles”, por lo que convenía también en que las autoridades estaban “legalmente constituidas” y entendía de la misma manera que, por otra parte, “si el P. E. quisiera designar nuevas autoridades no debiera ponerse obstáculo”[125].

Extrañamente, el nacionalista católico Aberg Cobo refutaría esa premisa, señalando que si bien el “Gobierno Provisional” de Uriburu había intervenido sin mayores contratiempos no sólo BSA sino también el Congreso y las Facultades, en cambio “el Gobierno actual” no podía “legalmente intervenir por hallarse el Consejo legalmente constituido”[126]. Es decir, que al decidir “atarse” a la legalidad, Justo no podía hacer aquello que Uriburu había hecho al desconocerla. Aberg Cobo no especificaría, sin embargo, cuál era la forma de conducirse que él prefería…

Frente a estas tensiones entre antiguos y nuevos miembros, el Teniente Coronel Sáenz, quien venía de respaldar la “honorabilidad” de Federico Santa Coloma, propondría que en la siguiente asamblea del Consejo fueran reincorporadas “las personas que hayan quedado cesantes y que se sepa que son personas entusiastas”[127]. De esta manera, podría romperse, al integrarlos, la intransigencia de los antes expulsados.

Ante la duda instalada veladamente sobre su actitud “acuerdista”, Baudizzone se defendería y explicando que no otra cosa se podía hacer frente a la situación de hecho que había planteado el golpe, y seguidamente –en una jugada ampliamente conocida y reiterada, pero no por ello menos efectiva– pondría su renuncia a disposición, forzando al propio Sartori a –en cambio– respaldarlo abiertamente y pedir “un voto de confianza en el señor Baudizzone porque su gestión ha salvado a la institución”[128], atrayendo con ello la “solidaridad” del resto de los miembros.

Ante la intransigencia creciente de Santa Coloma, entonces, los miembros del Directorio se abroquelarían detrás de Sartori, manteniendo sus cargos. En una escalada creciente de tensión, Sartori accedería a una entrevista con Santa Coloma, para lograr que retire la nota en la que solicitaba la destitución del Directorio y del Consejo vigentes[129], a lo que finalmente el antiguo Jefe Scout interino accedería[130].

Una vez ratificada la conducción de Sartori, su jefatura y la propia imagen de los BSA quedarían fuertemente abroqueladas detrás de la figura del presidente de la Nación Agustín P. Justo (definido por las páginas asociativas como “el gran piloto, el piloto de la Patria”[131]), quien –en su condición de viejo dirigente de la asociación– daría rápidos guiños de respaldo, al visitar –ni bien había asumido– el campamento realizado en Mar del Plata, bajo la supervisión del Director de la Escuela de MMSS, Guerrero Cárpena y del secretario, López Herrera[132].

A partir de este espaldarazo presidencial inicial, los BSA se pensarían como funcionarios voluntarios del Poder Ejecutivo en las más diversas instancias: apoyando a la Asistencia Pública en la distribución de bolos tóxicos en lucha contra las ratas[133] (animales no incluidos en el “código” de bondad, junto con los mosquitos, langostas, cucarachas y hormigas a quienes también era digno combatir[134])

Como contraparte de este claro alineamiento, que incluía la renovación de las membresías honorarias[135], los BSA recibirían pasajes por parte de la Intervención de la Provincia de Buenos Aires para el traslado de los scouts a los campamentos[136], carpas de la Dirección de Puentes y Caminos[137], el otorgamiento de un campo de deportes gracias al Instituto Geográfico Militar[138] y la cesión precaria de una fracción del parque Mayo de la ciudad de San Juan por parte del Ministerio de Gobierno provincial[139], más una ingente cantidad de material para los “scouts navales” donada por el Ministerio de Marina[140] y, otro tanto, por la Policía de la Capital[141]. Aunque en ocasiones, las autoridades podían “fallarle” a los BSA[142], en general, la cercanía a los Ejecutivos se demostraría ampliamente redituable para la asociación.

Esa serie de beneficios se completaban de manera clara con la obtención precaria de una nueva sede, en el año 1933, para la institución, que comenzaría a funcionar en la calle Junín al 976, en un “amplio edificio dotado de comodidades para oficinas de la administración, talleres de vestuario, depósito, salón de actos públicos” y con un terreno anexo en el cual se instalaría un campo de deportes[143]. Finalmente, a fines del mandato de Sartori, cuando deba desocuparse dicho local para asignarlo a la “Comisión del Policlínico”, el presidente Justo garantizaría a los BSA la cesión de una sede propia, que sería la definitiva hasta el día de hoy[144].

Con todo, la abierta colaboración a la gestión oficialista, no suponía necesariamente la ruptura de puentes con la parte de la oposición “integrada” al sistema: muy interesantemente, en la sesión en que declaraba las membresías honorarias, el nuevo Directorio incluiría a otro Justo (Andrés, hijo de Juan B.), socialista y alejado del pensamiento del Ejecutivo nacional y municipal, como integrante simbólico y honorario de los BSA, debido a su condición de presidente del Concejo Deliberante, distinción que el mencionado aceptaría agradecido[145], seguramente habiendo olvidado o fingiendo desconocer que –como hemos visto– en ESA, en otras épocas, se habían tachado sus ideas de “peregrinas”.

El intento de expansión scout no sólo se daría en los ámbitos estatales, sino también en el empresario. De la misma manera que había sucedido en 1917, la complacencia oficial traería aparejado, también, un mayor acercamiento de empresas privadas dispuestas a colaborar, como la “Cía. Yerbatera Sudamericana”, proveedora de ese producto para los campamentos y los ferrocarriles y la “Compañía General de Navegación” que aceptarían hacer sustentosos descuentos para los viajes que debieran realizarse, y que escogimos para citar dentro de un más amplio registro de benefactores que se sucederían a lo largo de las actas institucionales.

Luego de lo dicho, si hubiera que demostrar con un ejemplo el abnegado servicio de los scouts al primer esfuerzo de Agustín P. Justo por consolidarse frente a la difícil situación económica que los coletazos de la crisis del treinta seguían produciendo, difícilmente podría no escogerse la acción relacionada con el Empréstito Patriótico. Analizaremos a continuación dicho apoyo.

Moral ahorrativa, nacionalismo oficialista y modernidad publicitaria. La campaña scout a favor de los “Bonos Patrióticos”

Como vimos, la concordancia –valga el sustantivo– entre los objetivos scouts y la mirada oficialista se plasmaría en la interacción mucho más directa con el gobierno presidido por Justo, con quien como vimos, la dirigencia scout estaba ligada por antiguos y férreos lazos.

En ese sentido, los BSA no dudaron –desde un primer momento– en prestar su ayuda a las iniciativas más visibles que el justismo había llevado a cabo, mostrándose de una utilidad particular, en relación con los intentos de dicha administración por capear los efectos de la crisis de 1930[146].

El motorizador de la primera iniciativa sería Laureano Baudizzone, quien en la una reunión directorial del mes de abril, se adelantaba a la autorización misma del Parlamento del llamado “Empréstito Patriótico” y pedía acompañar esta medida “que el país reclama como inmediata solución a su angustiosa situación financiera”[147]. Relacionándolo con el apoyo de los BS of America al “Empréstito de la Libertad” del presidente Wilson –alguien, como sabemos, muy caro a los sentimientos scouts[148]– Baudizzone llamaba a reproducir el mismo apoyo para el emprendimiento justista[149].

De esta manera, los scouts no sólo participarían entusiastamente de la promoción del “Empréstito Patriótico”[150] motorizado por el Ejecutivo, sino que el mismo Sartori, sería el encargado de presentar personalmente al presidente Justo, un “Plan de Propaganda”[151] llevado a cabo por la asociación, con amplia experiencia en estas lides[152], a fin de favorecer la compra –por parte de la población– de los bonos encuadrados en dicha iniciativa[153]. Luego de una entrevista personal de Baudizzone con el presidente de la Nación, Justo daría su visto bueno a la iniciativa y se mandarían a imprimir los carteles de propaganda ideados por los scouts en los Talleres del Estado[154].

En dicho “Programa” se proponía un larguísimo set de medidas de propaganda, entre las cuales figuraban la utilización de los niños y niñas scouts para entregar volantes y fijar affiches en los establecimientos de “comercio, reparticiones públicas, tranvías, ómnibus, ferrocarriles, y en las ciudades y pueblos de toda la República”[155] y suponía, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, “la instalación de tres scouts con un cartelón en la esquina de las principales arterias, y en lugares de más afluencia de público”[156] para recomendar el apoyo al “Empréstito”. Además de estas medidas “modernas” –que incluían el uso del “biógrafo ambulante” municipal para sesiones nocturna[157]– se activaba la aparición de scouts en cines y teatros, antes de las funciones, a fin de promover la adquisición de “bonos patrióticos”, como asimismo, la solicitud de lectura de las consignas de los BSA en las radios y el “volanteo” de la propaganda a la salida de las escuelas y en los tranvías, todo concurrente al mismo fin[158]. En suma, los scouts llegarían a distribuir la friolera de 6 millones de volantes y a fijar 250 mil afiches en vehículos y 50 mil carteles en comercios[159].

La eficacia de estos dispositivos, parece haber sido un parteaguas sobre ciertas certezas en relación con el lugar ocupado por la infancia como partícipe de las iniciativas financieras del Estado, tanto que el mismísimo Ministro de Hacienda, Alberto Hueyo, recordaría años después, en términos extrañamente emotivos para un funcionario tradicionalmente adusto: “El Ministerio de Hacienda ha de guardar cartas emocionantes, hasta de niños de escuela de familias modestas, que ponían en su totalidad sus pequeños ahorros a disposición del gobierno”[160]. A partir de ese éxito propagandístico, que el propio presidente de la Nación agradecería por escrito[161], serían otras organizaciones las que se dedicarían a “buscar” a los BSA para que prestaran “su concurso” en la consecución de fines similares.

De esta manera lo haría la Comisión Nacional de la Colecta de Oro y Plata, que precisamente les expresaba que “teniendo en cuenta el éxito de la propaganda pro empréstito patriótico” que habían llevado a cabo, les pedía ayuda para su propia colecta[162]. Sin embargo, la reconocida expertise y capacidad de movilización propagandística de los BSA no estaba dispuesta a funcionar para otras organizaciones no estatales, en especial cuando podrían entenderse en un sentido indirecto político-partidario. Es que quien presidía la mencionada “Colecta” era también de apellido Justo, pero de nombre Sara… en efecto, una de las primeras odontólogas argentinas, de convicciones feministas y la hermana del ya fallecido líder socialista Juan B.

Sara Justo (1876-1941) era, como su hermano mayor, socialista, lo que también demuestra que la anterior imposibilidad de conexión que se había dado durante un tiempo, podía tener momentos de quietud, haciendo que una socialista pudiera solicitar ayuda a los scouts. De hecho, Sara –como el otrora principal “detractor” del movimiento, Ángel Giménez– formaba parte del cuerpo pedagógico de la “Sociedad Luz”. Sin embargo, es posible que a diferencia de otros socialistas, su interés y dedicación por difundir el método pedagógico de María Montessori –ella misma, una entusiasta de los scouts[163]– pudo haberle evitado heredar esa enemistad profesada por sus camaradas.

Del lado scout, sin embargo, los intentos de algo distante conciliación con la dirigencia socialista (vimos el caso de la membresía honoraria en los BSA para Andrés Justo, sobrino de Sara, en su condición de presidente legislativo porteño) difícilmente podrían llegar al caso de la colaboración activa con sus referentes, por más que fuera en comisiones de ayuda no directamente partidarias.

Así, sin dejar de tener en cuenta el prestigio de la solicitante, los scouts optarían por rechazar la solicitud de manera amable, señalando que no podían “distraer a los scouts de sus obligaciones escolares” y que además los estatutos de la organización no permitían “la organización de colectas”[164] (aunque, como vimos, vinieran de hacer algo parecido en apoyo al gobierno Nacional). Vemos cómo, en ocasiones, la intención de profesar el “apoliticismo” –sin dejar de atender su lugar en el Estado– sometía a los BSA a ejercer elegantes cabriolas semánticas, formales y reglamentarias que indudablemente nos acercan a la complejidad con que dicha dirigencia entendía su vinculación con la política y que resultan atrayentes en la forma en que construían sentido sin –al menos desde su lugar– “hacerse cargo” del todo de las condiciones ulteriores de las acciones realizadas. Veremos a continuación algunas otras instancias en que las múltiples coordenadas políticas y sociales pusieron en “aprietos” a la institución, en un marco de creciente polarización ideológica internacional y local.

Los intentos de reafirmación del “monopolio” de los BSA ante las formas “radicalizadas” de la política infantil de los años treinta

Si las relaciones con los socialistas podían ser, como vimos, fluctuantes bajo una “prudente” desconfianza, la enemistad con el comunismo se mostraba inalterablemente correspondida. Así, el temor por la cooptación de los niños por parte de esas instituciones internacionalistas seguiría especialmente vigente, como lo muestra el celo con que el vicario de la Armada[165], Dionisio Napal, miembro de los Consejos Nacionales scouts, condenaba –en el marco de un libro de polémica antisoviética– a la “Federación Internacional de pionners”, de la que replicaba uno de sus volantes, en el que podía leerse: “¡Niños obreros que pertenecéis a los Boys Scouts, abandonad las legiones fascistas e ingresad en la F.I.P.!”[166].

Para evitar esas competencias, como otras posibles, los BSA creerían necesario reflotar –ahora en el marco de su cercanía al “justismo”– la necesidad de una ley de fomento (recordemos, fracasada en dos oportunidades) que ratificase el ya lejano decreto presidencial de Yrigoyen. De allí que el propio Baudizzone fuera el encargado de redactar un proyecto de ley[167] que sería recogido en todo su articulado y presentado casi sin modificaciones[168] por los senadores Patrón Costas y Serrey.

Las inquietudes del proyecto de ley propiciado en 1932 (y también fracasado) serían las mismas que las de los otros que habían presentado Araya y Frugoni más de una década atrás: monopolio de la práctica y autonomía para la institución, homologación del uniforme, solicitud de apoyo de los poderes públicos, beneficios con respecto del servicio militar y garantía presupuestaria[169]. Esta necesidad parecía más urgente, como señalaba el propio presidente scout Sartori, cuando comenzaban a acrecer el número de organizaciones “ideológicas” tanto de “derecha” como de “izquierda”, que fomentaban la “politización” de los niños a través de un formato similar al scout[170].

Es cierto que, frente a estos reclamos de “neutralidad” ideológica, las contradicciones internas no tardarían en aparecer ¿Cómo sostenía, una institución dedicada a construir ciudadanía, el respaldo entusiasta sobre un gobierno sostenido a todas luces por la irregularidad y el fraude[171]?

¿Cómo podrían reconocer, por ejemplo, los militantes radicales, todavía como “propia”, una institución que proclamaba los derechos cívicos y sostenía –en sus lecciones para scouts mayores– que el sufragio era “el derecho y el deber que tiene todo ciudadano, de tomar parte en las elecciones que se realizan en su distrito”[172], mientras su partido se debatía entre la proscripción y la abstención? ¿Qué podrían pensar los demoprogresistas santafesinos cuando, luego de reorganizarse en la ciudad de Santa Fe el scoutismo por parte del Teniente Coronel Perlinger (lugar juzgado por él mismo como “una ciudad completamente reacia al scoutismo”[173]), se pondría a cargo de la misma, nada menos, que a Joaquín Rodríguez, ministro de Gobierno de la tercera intervención comenzada luego del desplazamiento del gobernador Molinas, hecho por los conservadores?[174]

De hecho, a pesar de la mirada generalmente laudatoria de su jefatura[175] y de los vínculos que permitiría con la gobernación de Iriondo[176], uno de los miembros –no casualmente un ex concejal radical como Basso– señalaría las críticas posibles que se le podrían hacer a que esa compañía se desenvolvía “con fondos del juego”[177]. Los problemas continuarían, cuando en la marea alta de su influencia, Rodríguez intentara convencer –participando de una reunión del directorio de BSA de denominar a los miembros de la mesa directiva santafesina con el nombre de “Directorio Provincial” en vez de “Junta”, en un claro intento de equipararse con los dirigentes nacionales, quienes rechazarían su propuesta. En esa misma reunión habría disputas sobre la venta de una rifa que también pretendía tener contornos nacionales, extendiéndose más allá de la provincia de Santa Fe[178].

Por otro lado, las mismas “conexiones” políticas de Rodríguez se le volverían en contra en el año 1939, cuando el propio Gobierno de Santa Fe diera marcha atrás con la cesión del Parque Escolar que había facilitado inicialmente a los boy scouts santafesinos, con considerandos que revelaban –según el propio delegado general– “una animadversión hacia él, que perjudica[ba] la buena marcha de la institución” y que –por ende– lo movilizarían a presentar la renuncia a su cargo[179]. Aunque el Directorio no aceptaría su renuncia, su “caída en desgracia” provincial (aunque no evitaría su elección como miembro del Consejo Nacional en 1940 y su permanencia en el mismo) provocaría cuestionamientos internos crecientes hacia su figura[180], generando incluso desde el mismo seno dirigencial la creación de compañías –como la de la reorganizada Rosario por iniciativa de López Herrera– con intentos de autonomía de su control como delegado general[181].

Más allá de la existencia de cuestionados dirigentes, los niños y niñas scouts seguirían en esa época de “fraude”– practicando una democracia en el nivel más básico de su organización, al ser quienes elegían a su propio Guía de Patrulla por votación democrática[182], de la misma manera que lo hacían al escoger sus dirigentes en el Club de Niños. Incluso, en plena dictadura, en el año 1945, un dirigente de la “Manuel Láinez”, en su clase de “Moral Cívica” para la “Academia de MMSS y Ayudantes”, podría destacar en ese sentido, el impacto que tenía la elección del abanderado de dicha compañía, como forma concreta de democracia:

La elección del abanderado. Había sido hecha por los chicos y –como siempre que intervienen los chicos- bien hecha. Se había consagrado, natural y espontáneamente, custodio de la insignia a un scout que en su vida de relación dentro de la entidad se había ya perfilado netamente por sus condiciones […] la elección –pura había sido un intenso y natural ejercicio de moral cívica. Como son siempre las elecciones puras[183].

Podemos pensar cómo podrían impactar palabras como estas en relación con los grupos “nacionalistas”, a muchos de los cuales no convencía la idea de la “¡Democracia!” como “sagrado vocablo”[184], según se estipulaba en una revista del movimiento. Por otro lado, no sería la única cuestión ríspida a debatir en ese sentido. Podemos suponer la desazón que se provocaría en ellos, cuando el Directorio de los BSA enviara dos de sus miembros infantiles a saludar a la “Misión Roca”, quien venía de sellar un pacto que aquellos considerarían especialmente ominoso. En efecto, los scouts Carlos Gayoso de “la Alvear” y Alberto Longinotti de “la Brandsen” se trasladarían a Montevideo –acompañados por la madre de uno de ellos– nada menos que a fin de entregarle un ramo de flores al vicepresidente Roca por sus gestiones, quien por su parte agradecería especialmente al Directorio la iniciativa[185].

Por otro lado, ya el Jefe Scout Sartori, se prevendría de cualquier posible tensión con aquellos “que nos compraban”, al operar censura en el guión preliminar de la que iba a ser la película de promoción institucional La Voz del Tambor (finalmente estrenada en 1938), al solicitar quitar la escena en que uno de los personajes, el MMSS ficcional bautizado “Jorge”, debía realizar una misión con respecto a cereales llevados a Londres, la que a juicio del presidente directorial resultaba “inconveniente”, siendo el de las negociaciones sobre ese punto comercial “un asunto que los gobiernos [argentino y británico] no lo han tocado por no rozar”[186]. Evidentemente vemos aquí una constante tensión entre “nacionalistas” y “conservadores” que se enmarcaba en la pendulación entre anglofilia y anglofobia circulante en el scoutismo, que ya hemos mencionado y sobre la que volveremos en este tomo y en el que lo continúa.

Por otro lado, la sombra que proyectaba Justo sobre la institución no sólo afectaba la relación con otros sectores políticos, sino que llegaría incluso a resultar algo incómoda para el liderazgo del propio Sartori. Es que la antigüedad y relevancia –como hemos visto– del presidente de la Nación en la historia del movimiento scout podía producir también cimbronazos internos, al punto de producirse “saltos en la cadena de mando”, cuando las propias compañías –indispuestas con alguna resolución del Directorio– se animaban a dirigirse –como en una especie de suprema instancia– al propio Justo, en carta a la Quinta Presidencial de Olivos, para dirimir sus pleitos.

Así, una de las compañías, aprovecharía la condición de Presidente Honorario scout –a la que se sumaba la de miembro del Consejo Nacional, para interpelar directamente al Presidente de la Nación, desconociendo virtualmente la autoridad del Directorio y del Consejo. En efecto, la Comisión de Fomento “General de la Quintana” de la sección 44ª enviaría un telegrama al presidente Justo, en el que le escribía “con todo respeto” dirígiéndose “a Vuestra Excelencia –autoridad máxima del scoutismo– rogándole interceda ante el directorio que se encuentra remiso en el cumplimiento de sus funciones de administrar justicia en el pleito sometido a su arbitraje”[187].

Así, en dicha carta –relativamente extensa a pesar de señalarse en la misma que “no es nuestro propósito molestaros con una relación minuciosa de los hechos; vuestro tiempo es contado y vuestras tareas son harto importantes para que nosotros osemos tomar más lugar del conveniente”[188]– la Comisión de Fomento barrial no dudaba en expresar sus quejas tanto contra el Directorio como en oposición al propio Delegado local. Por lo visto, un “Justo a escala” como era Sartori, no alcanzaba a dar respuesta a las quejas de la Comisión, por lo que decidirían recurrir al “original”.

No sabemos con qué ánimo recibió Justo dicha carta, lo cierto es que más allá de la pertinencia con que la juzgara, ésta no parece haber afectado sus relaciones con el Directorio. En 1935, apoyando la “Semana Scout”, el mismísimo presidente de la Nación sería el encargado de “abrir” el ciclo de conferencias radiofónicas de difusión de la actividad[189].

Como vemos, más allá de todo, la cercanía con el Jefe de Estado le deparaba muchos más beneficios que obstáculos a la dirigencia scout. Así, el continuo apoyo presidencial en los años sucesivos años era de una importancia vital, sobre todo en momentos en que todavía, se seguía resaltando en los recortes periodísticos –copiando una sensación extendida en la institución– que la prédica scout se daba “en forma lenta por dificultades propias de toda obra que necesita su divulgación”[190].

Sin embargo, más allá de no impactar sobre Justo, el incidente con la Compañía “Quintana” no pasó desapercibido para el propio Sartori quien –en una “tradición” honrada por casi todos los Jefes Scouts– presentaría su renuncia al cargo, la que sería –casi como siempre, previsiblemente– rechazada por unanimidad por parte de los miembros del Directorio, resolviendo enviar una comitiva dispuesta a hacerlo cambiar de parecer[191]. Al año siguiente, Sartori volvería a amagar con la renuncia, notándoselo –según señalaba Baudizzone– “más bien amargado por juzgar que su acción no resulta tan eficiente como el desearía”[192] y creyendo que con su alejamiento “podrían otros tener más éxito”[193]. Suponiendo que el General, en ese momento ausente, estaba pidiendo un voto de confianza con su renuncia, como hemos visto que funcionaba muy a menudo, se intentaría volver a realizar la “pantomima” recurrente. Sin embargo, por voz del secretario López Herrera, Sartori había asegurado que no quería “aparecer tampoco como renunciante para recibir un homenaje”[194].

La constante dinámica de “Pedro y el lobo”, por la que los dirigentes amagaban su renuncia, esperando espaldarazos por parte del Directorio, llevaba a este tipo de situaciones, en las que nunca terminaba de quedar en claro la intención real de quienes dimitían. Esta situación se repetía tanto que llegaba a producir el “descontento”, expresado a viva voz por uno de los miembros directoriales, que reflexionaba en estos términos, en torno a la ambigüedad y dualidad subyacentes en dicha práctica:

si es por razones de enfermedad sería un remordimiento de conciencia hacerlo continuar en un cargo de tanta labor y que si no fuera por enfermedad y sí por las circunstancias expuestas por el señor Baudizzone considerando que su acción en el scoutismo ha sido benéfica y necesaria se encuentra en esa forma indeciso, por lo que opina que debe entrevistársele[195].

Para no cometer un desaire, entonces, los miembros directoriales volverían a ratificar el rechazo de la renuncia y la designación de la comisión entrevistadora[196]. En efecto, nuevamente, el simulacro había funcionado y Sartori repensaría su dimisión y continuaría al frente de la institución, a pesar de “creer que los hombres no deben cristalizarse en los cargos”[197]. No sería la última vez que Sartori “amagara” con la renuncia, provocando incluso el casi irónico comentario del –largamente ducho en estas lides– Ingeniero Huergo, quien –ante una de sus últimas “renuncias indeclinables”– diría que ya que “el Sr. General Sartori ha renunciado varias veces lo que corresponde es rechazarle la renuncia”[198].

Lo cierto es que, ya para el año 1936, más allá de no haberse desvinculado formalmente de la presidencia, Sartori –consciente del desgaste– ya había descansado totalmente en la jefatura –sutilmente instalada de facto– de Laureano Baudizzone, quien se ocuparía de conducir la institución y de promover las transformaciones que adelantaban lo que poco después sería su elección formal como Jefe Scout.

Tanto es así, que el propio Sartori solicitaría en una reunión, aplazar las decisiones importantes acerca de la futura impresión de la revista oficial y los proyectos de renovación de la Dirección Técnica “por desear que se halle presente el Sr. Vicepresidente 1° don Laureano A Baudizzone”[199]. Semejante reconocimiento del liderazgo de Baudizzone sería coronado, además, por un pedido de aplauso al Vicepresidente, solicitado en la misma reunión por parte del veterano dirigente Staub, quien fuera una de las manos derechas de Moreno en los inicios de la asociación, en vista de lo que juzgaba “la labor intensa desarrollada con entusiasmo y eficacia”[200] por parte de quien fuera fundador de la Compañía “Ramón Falcón”.

Así, bajo la dirección alternada de Sartori y Baudizzone, los últimos años de jefatura del primero se mostrarían particularmente agitados por el cisma “católico” liderado por Meinvielle, Fischer y el cardenal Copello (al que analizaremos detalladamente en un capítulo específico en del tomo II), pero sin impedir el desarrollo de las habituales tareas, como la reedición en 1937 del Campamento General, ya no en las playas de estaqueo difícil de Mar del Plata, sino en la cercanía a las sierras dadas por la ciudad de Tandil[201].

Prioridades y obstáculos en la gestión de Sartori

En su condición de gestión “normalizadora” después de la intervención, la de Sartori retomó la creciente burocratización e institucionalización que había animado a las gestiones anteriores. Por ejemplo, al ejercer una legislación más clara sobre los libros que debían llevar las Comisiones de Fomento locales y las Compañías, a través de un “Reglamento de libros, fichas y demás documentación”, en la que se incluían también los protocolos para el Inventario, la Correspondencia, las Autorizaciones y los Registros de Asistencia y Trabajo[202].

Como vimos antes, la relación entre los BSA y la rama de “navales” no siempre ha sido fácil. Para aquellos que habían visto que la figura de Fischer podría haber sido un obstáculo por su fuerte protagonismo y figuración[203] y por las tensiones con el Directorio –ya mencionadas– para desarrollar más ampliamente la organización de la rama de scouts navales, el impulso tomado por el Tte. de Navío Pedro Etchepare para relevarlo en esa función y cumplir el sueño siempre postergado del estatuto fundacional, de darle una estructura clara a dicha especialidad y vitalizarla, se verían rápidamente desmentidos.

En efecto, a fines del año 1933, Etchepare presentaría su renuncia al directorio, considerando que “después de más de dos años de lucha en el propósito de organizar los scouts navales”[204], no había logrado los resultados deseados y se encontraba “cansado de gastar tantas energías estérilmente”[205]. La renuncia de Etchepare, al igual que había sido la de Fischer, además de corresponderse con su propia voluntad de “no ver desmerecida mi autoridad”, incluiría una crítica a la gestión en general, al señalar varios hechos que no hacían –a sus ojos– “sino restar popularidad al Directorio”[206].

Este corto ejemplo nos demuestra que con la intervención de tipo “política” que separó a Toranzo, las tensiones y conflictos del día a día scout no habían –como era dable esperar– desaparecido. Sartori, más allá del sólido apoyo del PEN, debía además ejercer su jefatura fronteras adentro, bajo las mismas condiciones que lo habían hecho sus antecesores. En ese sentido, también tendría que ir –lentamente– consolidando un perfil institucional propio.

Así, la presidencia del general Emilio Sartori parece haberse desplegado, aunque igualmente enfática sobre las capacidades del scoutismo que las que informaban a su par Toranzo, en senderos mucho más preocupados por la utilidad “concreta” del movimiento por poner fin a los “males” de la juventud y en su condición de “ordenador” de la vida social, que por la inspiración democratizadora. Aunque sin que ello supusiera renunciar al tópico “igualitarista” del movimiento[207], Sartori pondría el acento en el rol “contenedor” de la infancia que tenía el scoutismo, recuperando el anterior discurso que había sido tan caro a la institución en los comienzos del primer gobierno yrigoyenista, frente a las “inquietudes” de la modernización social y política que se avecinaban. Así, el Jefe Scout sostenía:

no hay padre o madre que no vea con simpatía profunda que sus hijos formen parte de la institución, entre otras razones porque de ese modo los saben apartados de la calle y a cubierto de los peligros que emanan de la mala vigilancia, cuando no del desamparo en que muchas criaturas viven[208].

En ese sentido, atento a demostrar la particularidad del scoutismo nacional, más allá de su pertenencia a una “internacional” juvenil, Sartori resaltaba especialmente la originalidad local que representaba el acento sobre el aprendizaje laboral que comenzaría a desarrollarse en los años treinta (aunque ya tenía antecedentes previos, en especial con el funcionamiento de la ANBSA como posible “bolsa de trabajo”[209]). En esa lógica, el scoutismo se justificaba por ser:

una nueva modalidad práctica en todos sentidos: la de formar trabajadores, cuya máxima garantía para el porvenir es la de haberse modelado en un ambiente de disciplina y moralidad. Uno de los proyectos que nos proponemos llevar a cabo consisten (sic) en la formación de ‘granjas scouts’, en las cuales los muchachos, una vez terminadas sus actividades escolares, aprenderán algo utilísimo para nuestro país[210].

Esta modulación de “ciudadano del mañana” a “trabajador del futuro” no era menor. Dicha preocupación era compartida por la dirigencia “conservadora”, que apuntaba especialmente al scoutismo como remedio a la “precocidad de la juventud contemporánea en el placer y en el vicio […] y la excesiva mortalidad juvenil, fatal resultado de ese conjunto de causas concordantes”[211], y que confiaba en que por su mediación se podía instruir al joven “por el camino del bien, del trabajo, de la disciplina social perturbada por pasiones y sugestiones de toda índole”[212].

Esto, sin embargo, no dejaba de suponer una ya existente condena al trabajo de menores que incumplía la ley existente a tal efecto y que las autoridades llamaban a denunciar, en tanto el scoutismo tenía “en esto un campo de acción muy grande y un acicate que invita a las compañías a estudiar seriamente el problema a que aludimos”[213]. Pero sí resultaba útil para cierto espíritu “emprendedor” como el demostrado por los scouts de la Compañía “Sargento Cabral”, quienes solicitarían, por intermedio de su MS, permiso del Directorio para poner a la venta los juguetes que ellos mismos fabricaban[214].

Así, en ese clima de formar “trabajadores del mañana”, se entiende el proyecto del secretario López Herrera destinado a la formación de granjas y colonias scouts, pensado tanto para “niños” como para “niñas”, con el objeto de formar “expertos en las labores agropecuarias e industrias rurales”[215]. Las granjas hogar estarían destinadas a capacitar a boy y girl scouts de 14 a 16, mientras que las colonias granjas incluirían al segmento de scouts y rovers desde los 16 a los 20 años. Teniendo en cuenta la crisis económica, López Herrera pensaba estas instancias como espacios formadores para el trabajo, amén de combatir el proceso de despoblamiento rural, en línea con el ideal scout de “bastarse a sí mismo”[216]. Así, transpolada a la realidad de los años treinta, podía verse una iniciativa que reactualizaba la prédica badenpowelliana y moreniana en contra del “parasitismo” juvenil.

Pero también existirían ámbitos de formación laboral en el ambiente de las ciudades, a partir del aprendizaje de oficios, como lo demostraba “La Casa del Scout” de la Compañía de San Rafael, en la que se enseñaban oficios a más de 50 niños, para que pudieran ganar “un pequeño salario con el que pueden ayudar a sus familias”[217]. Esta casa, según las referencias, se asemejaba mucho a “los grandes establecimientos industriales” con la única diferencia que eran “niños de guardapolvo” los que maniobraban con “la sierra, la garlopa, la aguja, o las máquinas de escribir que llevan para arreglar”[218]. En una perspectiva que podía juzgarse algo optimista, el redactor concluía: “todos estos niños trabajan llenos de gozo”[219].

El trabajo y las ocupaciones “útiles” serían la forma de evitar la “suerte” que se les reservaba a los otros niños, que no participaban de la vida scout, y a quienes se los imaginaba “entretenidos en cualquier cosa” y “vagando por las calles, sin guía, sin freno, hablando todos a un tiempo sin entenderse”[220]. Así, el scoutismo parecía alejar al niño de “la pandilla callejera”, del “partido de football jugado en plena calzada”, del contacto con “compañeros desocupados, de ideas obcenas (sic) y conversaciones procaces”[221].

Como sabemos, sin embargo, el mismo discurso idealizado acerca de evitar la “mala vida”, altamente circulante en la época y legitimado en el discurso jurídico[222], en la práctica distaba de semejante transparencia, ya que el mundo “laboral” y “escolar” no podía escindirse absolutamente del “de la calle”, y esto impactaba, de manera directa en la consideración de la díada “niño/menor”, de la que –aunque en términos conceptuales estaba clara para los actores de la época– de ninguna manera podía salirse indemne cuando se trataba de niños “reales”, que con sus vidas concretas resultaban disruptivos para esa categoría construida socialmente[223].

Quizás, nada ejemplifique mejor esta cuestión que la discusión que al interior del Directorio surgiría en relación con la organización e integración a los BSA, de la Compañía de Scouts del “Hogar Policial Alberdi” (aquella que había creado algo “paralelamente”, pero de manera eficacísima Fischer, y que luego de su desvinculación se integraría más firmemente a los BSA). Como sabemos, la institución ya contaba con compañías de “menores”, pero ninguna con niños tan “directamente” relacionados con el ámbito criminal.

Así, habiendo concurrido dichos niños al campamento de Mar del Plata en condición “libre”, Sartori decidiría realizar la invitación al director del Hogar para que estos niños se afiliasen a la institución de manera formal. Frente a ello, el protesorero Sustaita Seeber se mostraría incómodo y pondría el acento en la “inconveniencia quizás que hubiera de esta incorporación por tratarse de delincuentes”[224], recibiendo la “olímpica” respuesta del mayor Levene, diciendo que “no puede existir delincuencia en el niño”[225]. Acompañando este espíritu de condolerse, Baudizzone diría que “no son sino niños que han tenido la desgracia de quedar al borde del camino, en su totalidad huérfanos desamparados”[226].

Interesantemente, aquí comienzan las dificultades que se le presentaban al Directorio por “equiparar” o “distinguir” ciertos niños de otros. Es que el doctor Miguel Vergelin[227] le respondería a Baudizzone que en rigor de verdad, la característica señalada debía aplicarse más bien a los niños de la Colonia de Olivera (ya previamente inscripta en los BSA) “pues no son delincuentes, sino desamparados”[228]. Con todo, Vergelin reconocía también que los del “Hogar Alberdi”, eran “niños recluidos por muy distintas causas”[229], por lo cual también debería aceptárselos, tal como finalmente ocurriría. Así, la dirigencia parecía cumplir con su rol “redentor” de niños que habían cometido delitos, además del preventivo que solía adjudicarse para evitar que otros niños “cayeran” en desgracias similares.

Con todo, no dejaría de ser preocupante y disruptivo a sus ideales, para esos mismos dirigentes, que precisamente enarbolaban la bandera del scoutismo para “proteger” al niño de todos los males posibles, que al año siguiente, el propio Presidente-Delegado del “Hogar Alberdi” fuese exonerado por el Inspector General de Policía, seguramente bajo acusaciones graves, ya que los propios miembros del Directorio que pensaban interceder para evitar tan grave castigo, luego de la reunión prevista con las autoridades, desistirían “de toda gestión” por el carácter “delicado” de la situación, que –en las medias lenguas usadas en la época– no habría que descartar que pudiera haber estado relacionada con algún tipo de abuso[230].

A pesar de ello, las compañías relacionadas con el asilo u hogar policial mantendrían su importancia dentro del esquema scout, existiendo además de la “Alberdi”, la Compañía “Coronel Falcón y la “Marcos Paz”. Finalmente, junto a la ya mencionada “Olivera” y al “Patronato de la Infancia”, a esta categoría variopinta de “Compañías de menores” se sumaría, finalmente, una de niños enfermos, como la que desde el 17 de enero de 1942 comenzaría a funcionar en la Colonia Infantil “Mi esperanza” en Isidro Casanova, dependiente del Patronato de Leprosos presidido por la “filántropa” Hersilia Casares de Blaquier[231].

Así, cierta conciencia de “justicia social” parecía abrirse como más fuerza en el Directorio, junto con los nuevos tiempos que la crisis del treinta había deparado, como podía advertirse por ejemplo, en la creación de la Comisión de Acción Social. De la misma manera, con respecto del trabajo en la Maestranza “Fray Luis Beltrán” de la institución (donde se confeccionaban los uniformes y otro tipo de material para uso scout), su encargado pondría el acento en que en la misma se pagaban “los mejores jornales porque no explota al obrero”[232]. Por otro lado, la misma Maestranza servía para incorporar a los niños más humildes a los que se les dificultaba el acceso al uniforme[233].

Junto con el cumplimiento de las experiencias laborales y las ayudas sociales, el Directorio –ante el mejoramiento de las condiciones económicas– también podría patrocinar de manera más abierta la realización del campamento anual de la institución en la ciudad de Mar del Plata. La difícil economía previa había hecho que en ocasiones el campamento unificado no pudiera realizarse y que se dejara al libre albedrío de las compañías la satisfacción de esa demanda tan popular entre los miembros infantiles.

Así, una vez concretizada la posibilidad de realizar la concurrencia de las compañías a la ciudad de Mar del Plata, ella sería largamente difundida por la prensa del movimiento[234], pero también por el resto de los medios de “difusión radiotelefónica y periodística” como podía jactarse en reunión del Directorio, el señor López Herrera[235]. La misma mejora económica haría posible la idea –finalmente concretada en 1937[236], ya bajo la presidencia de Baudizzone– de reeditar la revista “oficial” discontinuada en 1930[237].

La vuelta de ESA, en su tercera etapa, con una discreta presentación de 8 páginas (que se harán 10 a partir del tercer número) en blanco y negro, significaría sin embargo una importante difusión a cargo del Directorio de la obra de BSA, en especial porque tendría una vida regular que excedería ampliamente el período incluso aquí indagado.

En dicho órgano, dos de los miembros de la alta dirigencia se encargarían de diversas temáticas en secciones estables: así, mientras el doctor Miguel Vergelin escribía sobre “Primeros Auxilios y Conceptos dietéticos y profilácticos”, el profesor Horacio Levene (quien además sería profesor titular de la materia: “Gimnasia y formaciones” de la “Academia Scout”[238]) lo haría sobre “Cultura física del scout” (siendo suplantado desde el tercer número por José Leibovich). A estas secciones se sumaría la de “¡Valiente Scout!”, a cargo Germán y Benito Reixach, de larga vida en la revista. Como en el caso de sus sucesoras, no faltarían las lecturas más “afines” para la infancia afiliada como el relato de fogón “El ‘leonero’”[239], o el de aventuras “Esperando al cuatrero”[240].

En general, la palabra femenina siempre había escaseado en las revistas oficiales –con la casi única excepción de Ada Elflein en los comienzos[241] y de las maestras galardonadas en los concursos en la segunda etapa. Con un poco más de “excepciones” y cruzada por la “explosión” de compañías de scout girls que generaban a menudo la aparición de “maestras scouts” y “ayudantas” con remisión a sus discursos en los diversos actos (y que analizaremos en detalle en el tomo II); la tercera edición de la ESA, en términos de redactoras, señalaría algunas todavía tímidas novedades de participación femenina[242]. Quizás la contribución más estable sería la aparición recurrente de la esposa del Delegado Técnico, “M. M. Cutrin”, que nos permite ver un intento de editorialización con sentido de género que resultaba original en el ámbito de las revistas oficiales scouts.

En efecto, en su artículo “La mujer base moral en la familia”[243], la “señora Cutrin” adelantaría que la vida moderna había cambiado “totalmente” la condición de la mujer, a la que se le habían “abierto nuevos horizontes y puede dedicarse a todas las actividades del comercio y la industrias, como también las universidades las reciben en su seno y en ella la vemos desplegar su capacidad intelectual”[244], dejando así de ser “la muñeca que servía de adorno”[245]. Sin perder sus condiciones “naturales” de madre, y teniendo en cuenta que la familia era “la base de la sociedad”, la autora recuperaría la idea de la importancia que –según el muy citado Samuel Smiles– tenía la mujer “en su reino, del hogar doméstico” e incluso, subrayaría –Emerson dixit– que “la influencia de las mujeres virtuosas da una medida suficiente de la civilización”[246].

¿Qué mujeres tomaba entonces, la “señora de Cutrin” como referentes? La lista no deja de resultar interesante, porque con la excepción de Juana de Arco, el resto de las “damas” eran mencionadas en tanto referencia de un par masculino: la madre de Washington, la esposa del general San Martín, la madre de Sarmiento, Mme. Curie (“que colaboró en la obra de su esposo”) o la señora del doctor Ángel R. Roffo. En gran medida, la estrategia de la esposa del Director Técnico de la institución, parecía legitimarse personalmente, como espejo de esas “acompañantes” de la obra de sus maridos.

En otro artículo, dedicado a “La Mujer y el Scoutismo” [247], la secretaria de la Comisión Auxiliar de Damas de Mendoza, María Teresa Llausás, tomaría como ejemplo femenino a “nuestras abuelas en el albor de la nacionalidad” cuyas “manos que bordaron nuestro símbolo, nos bendigan desde el cielo con su pureza de lirios”[248]. Con todo, nuevamente, deberíamos separar las estrategias de legitimación discursiva de esas mujeres, de las disputas concretas que daban en la práctica en momentos de una presencia en las compañías y en las movilizaciones scouts que demostraban el poder efectivo que poseían, tal veremos especialmente en los apartados titulados “‘Damas’: del desafío velado y la exclusión a la integración ‘naturalizada’” y “‘¡Hay una niña en nuestro sepelio!’…. La ‘larga marcha’ de las Scout Girls”, correspondientes al tomo II.

Prometiendo desarrollar lo antedicho según lo citado, volveremos a las cuestiones más “pedestres” acerca del sostenimiento de la institución. Así, notamos que los BSA nunca podían estabilizarse del todo en esos términos, sino a través de un notable despliegue de esfuerzos. Así, luego de 5 años de reducción constante de presupuesto, en vistas del año siguiente, el Director Técnico Manuel Cutrin, volvía a tener que lamentar la imposibilidad de realizar un campamento conjunto y llamaba a las comisiones locales a tratar de organizarse para solventar el suyo propio[249].

Con ello no sólo desnudaba la carencia económica, sino también la volubilidad de los apoyos estatales que les habían venido siendo seguros años antes, al explicar que el centro de la imposibilidad de realizar el campamento se debió a la negativa del Ministerio de Guerra de prestar las carpas y las cocinas, ya que estaban prefijadas “con motivo de la próxima incorporación de soldados”[250]. Si como señalaba uno de los secretarios directoriales, “el campamento es la vida de la institución”, nada podía ser más perturbador para la dirigencia central, que no poder llevar a cabo esa acción de manera unificada[251], aunque sin dejar de permitir otros campamentos parciales para las compañías que lo así lo quisieran[252].

Así, el Directorio concentraría sus fuerzas en llevar a cabo nuevamente el Campamento Anual de 1936 en la playa Tiraboschi de Mar del Plata, en un lugar cedido por Arturo Peralta Ramos y costeando por su cuenta las carpas compradas en la casa Britano y Cía., además de un camión[253]. Al hacerse cargo de la organización, obviamente, los dirigentes centrales también cargarían con el peso de los inconvenientes: los camiones prometidos por la Municipalidad no habían llegado, las carpas –de las que se advertían “ciertas deficiencias”– fueron trasladadas por el dueño Peralta Ramos, después de instaladas, a una lugar de tierra floja donde el viento arrancaba fácilmente las estacas, la provisión de agua quedaba lejos…[254].

Pero la nota “política” no la daría esa persistencia en la realización del Campamento General, sino el apoyo que uno de los prohombres del socialismo le daría. Así, indudablemente, en el marco de un cambio de perspectiva y diferenciándose fuertemente de la mirada de su camarada Giménez en el año 1920, el senador nacional Alfredo Palacios –siempre dispuesto a “distinguirse” de la mainstream partidaria– se acercaría a los niños apostados en el Campamento, escribiendo en el Libro de Guardia del mismo, las siguientes palabras:

Con verdadero placer he recorrido las carpas de los Boy Scouts Argentinos instaladas en Mar del Plata, los niños viven en un Campamento que les permite desarrollarse con sentimientos de hombría y generosidad, teniendo siempre a la vista la bandera de la Patria que flamea sobre las cabezas de los futuros ciudadanos[255].

Más allá de las “libertades” que le permitía su privilegiada posición de destaque, Palacios no sería el único socialista dispuesto a confraternizar en esos años con los scouts ¿Quiénes se habían transformado después de una década y media de agrias disputas? ¿La dirigencia socialista o las autoridades scouts? Probablemente ambos, lo que muestra la necesidad de entender las ideologías políticas dentro de la dinámica histórica, despojándolas de los esencialismos grabados “de una vez y para siempre” a partir de ciertos discursos fundacionales o de recurrentes letanías doctrinarias. En gran medida, en esa confluencia por la que cierto liberalismo y cierto socialismo habían –desde mediados de los treinta– acercado posiciones frente a la amenaza de los totalitarismos y la condena al comunismo, pueden encontrarse las posibles respuestas[256].

Esto no evitaba que, al mismo tiempo, los dirigentes de los BSA estuvieran dispuestos a considerarse funcionarios dentro del Estado gobernado por la “Concordancia”, en especial cuando parecía cumplirse aquel sueño de Toranzo, acerca de la necesidad del sustento salarial de los MS. Aunque no de forma directa ni generalizada, ello se cumpliría en 1936, cuando concurrentemente el Ministerio del Interior y la Dirección General de Correos y Telégrafos ofrecieran “5 puestos anuales remunerados como premio a los boy scouts”[257]. Si bien no se les rentaba por su labor de instrucción en el movimiento, al menos –así– se les otorgaba un trabajo que les permitiera solventarse monetariamente, mientras desarrollaban su instrucción.

Con todo, a pesar de lo que en primera instancia había podido suponerse, luego de años de cercanía al gobierno de Justo, tan ligado a la causa scout, Sartori no dejaba de mantener cierto gusto amargo. Para mediados de 1937, en los últimos meses del gobierno por el que tanto habían hecho los scouts desde los tiempos del “Empréstito Patriótico”, lo cierto es que la ley de reafirmación del “monopolio” de la práctica de los BSA había vuelto a fracasar en su estado parlamentario, permitiendo que los “scouts católicos” de Meinvielle se animasen al desafío directo y definitivo.

En otro orden de cosas, la resolución acerca de la nueva morada no terminaba de materializarse, debiendo dejar los BSA la sede de la calle Junín y comenzar a sesionar de manera algo abrupta en una nueva locación en la calle Córdoba, sometiéndola en el ínterin a la posible perspectiva de dejar homeless a la institución. Junto a esas materias pendientes, una serie interminable de inconvenientes del día a día se le seguían presentando a un Jefe Scout ya cansado, que notaba –además– la avidez, aunque diplomática y cordial, cada vez menos disimulada del vicepresidente Baudizzone por tomar la conducción definitiva del movimiento.

Así, en mayo de ese año, Sartori dejaría de jugar a los amagos y presentaría ya irrevocablemente su renuncia, que el tesorero Carvalho interpretaría como fruto del desánimo ante un Gobierno al que “no le interesa el scoutismo desde que no se ha pronunciado en ninguno de los asuntos de importancia para los cuales se ha solicitado su apoyo”[258]. Enfrentados directamente a la Iglesia por la escisión que significó la USCA, los dirigentes de los BSA debieron haber sentido que la política “pantanosa” del presidente Justo, de “no hacer olas”, ahora se volvía en contra de ellos. Cuando necesitaban que alguien “tomara el toro por las astas”, como había hecho Yrigoyen hacía ya dos décadas, y laudara definitivamente a su favor; Justo, en cambio, optaría por el laissez faire a favor del cisma propiciado por el arzobispo Copello ¿Le había servido a Sartori ser un “Justo a pequeña escala”? Casi seguramente la distancia temporal le diría que sí, pero en esos momentos, la coyuntura podría haberle hecho pensar que el esfuerzo de un alineamiento tan descubierto con el Ejecutivo no había valido del todo la pena.

En la sesión extraordinaria del 17 de mayo de 1937, se aceptaría finalmente –ante la ratificación del pedido enviada por escrito, con los lamentos del caso y bajo la promesa de un banquete de despedida[259]– la renuncia del general Sartori[260]. Luego de la sesión extraordinaria, ese mismo día, Baudizzone inauguraría otra reunión de tipo ordinario en la que se lo mencionaba ya no como “vice en ejercicio” sino como presidente a cargo[261]. Su largo mandato al frente de los BSA cerraría la primera etapa de consolidación del scoutismo en el país. A continuación lo analizaremos.

La presidencia de Baudizzone (1937-1945). ¿Un surfer para el tsunami? Del “neutralismo” religioso y el “sano nacionalismo” desmarcado del fascismo a la tolerancia frente a los intentos de marcialidad “nacionalizadora”

Laureano Andrés Baudizzone[262] resulta una figura de particular interés para analizar el lugar de los “entusiastas” en la agrupación y la forma en que su creciente preponderancia frente a los “notables” fue acompañada por el proceso de modernización y relativa sofisticación administrativa y burocrática. Presente en los inicios asociativos, este próspero empresario todavía en 1930 se definía a sí mismo como “el más modesto de los miembros del directorio”[263], un puesto ejecutivo que venía ocupando por más de una década. Sin embargo, a su muerte, sería reconocido como el “primer scout de la República”[264], habiendo logrado antes lo que casi nadie en el scoutismo local: la Oficina Internacional del Scoutismo lo había condecorado con la “Medalla de Oro al mérito de Baden Powell”[265].

Baudizzone, en efecto, lejos estaba de poder acreditar el carácter “procerizado” de Moreno, los blasones “patricios” de Santa Coloma o la reconocida autoridad castrense de los generales Riccheri, Ruiz, Toranzo o Sartori que lo habían precedido. Pero su actuación constante y minuciosa, alejada los más posible de los “tumultos” políticos (que sintió particularmente en carne propia durante su presidencia provisional previa a la intervención del año 1931), centrada en el día a día institucional, le había permitido construir metódicamente un lugar expectante que le facilitaría llegar –“pasito a pasito”, cantaría Gilda– a la ansiada “Jefatura scout”, posición que desarrollaría largamente desde esos días del año 1937 hasta su muerte, producida en abril de 1945.

Como dirigente originario de la tradicional compañía de Balvanera Sud, compañero de Braceras Haedo en la ya para ese entonces mítica formación “Buenos Aires”, y presidente tanto de uno de los concejos escolares porteños como del Rotary Club en esa época[266], con la elección de Baudizzone se volvería a la tradición de un Presidente ejecutivo scout de origen no militar, retomando la antigua línea de Tomás Santa Coloma y del propio “Perito” Moreno. Luego de la traumática intervención que había intentado “normalizar” el período del general Sartori, Baudizzone emprendería –así– un liderazgo de 8 años que dejaría innegables marcas institucionales y políticas en la asociación a futuro, cerrando –en varios aspectos– el “ciclo fundacional”.

Sin contar con el impacto social de sus antiguos antecesores y siendo un caso paradigmático de self made man[267], la gestión de Baudizzone significó un momento de consolidación institucional, pero también de profunda crisis, teniendo en su presidencia que confrontar con la competencia secesionista de los scouts católicos creados por Meinvielle y avalados por la dirigencia eclesiástica, a pesar de no corresponder esta divergencia con el decreto estatal de 1917 que otorgaba el “monopolio” a los BSA, en tanto herederos de la ABSA originaria, según desarrollaremos en un entero capítulo posterior de tomo II, en razón de su significancia histórica. Diremos solamente aquí, en ese sentido, que además de la fortaleza del desafío incubado en la Iglesia, el éxito que tendría el cisma en su pervivencia, alentaría también a otros –con fines distintos– a también pretender desconocer el “monopolio”[268].

Con la presidencia de Baudizzone, el scoutismo entraría así en una etapa más institucional y plural, en el que la presencia de mujeres y niñas se haría definitivamente más cotidiana y multitudinaria, incluyendo la consolidación, incluso, de una especie de star system femenino al interior del movimiento –comparable al de los hombres– y en el que descollaría la presencia de Irma Acuña, delegada ante las scout girls norteamericanas y retratada una y otra vez junto a figuras como la primera Dama, Eleanor Roosevelt, quien a juicio de la revista nacional se había mostrado “vivamente interesada por nuestra representante, con la que conversó mucho sobre las niñas scouts argentinas, programas, costumbres, etc.”[269]. Podría resumirse quizás, esa nueva situación de protagonismo femenino en este primer tomo, a través del signo fotográfico de los Roosevelt: de la foto de Theodoro con el “desconocido” boy scout en The Outlook en el año 1913, a la foto de la scout girl Irma Acuña con la esposa de Franklin Delano, en The Girl Scout Leader del año 1941.

De cualquier manera, el impacto y el carisma de Acuña la volvieron la figura paradigmática del scoutismo femenino en esos años. Así, la propia Irma no sólo aparecería (según vemos en la foto 13) estrechando la mano a la Primera Dama norteamericana en un campamento bajo la advocación de la arquetípica Juliette Low, sino que además pocos meses después sería la encargada de entregar “en representación de los scouts”, el protocolar ramo de flores naturales al General Justo en el homenaje que le haría la institución[270].

En efecto, luego de las reiteradas imposibilidades financieras sufridas por la dirigencia central para enviar delegaciones de boy scouts a las sucesivas Jamboree desplegadas en los años veinte y treinta[271]; vendría a ser una scout girl de la “Belgrano” –gracias a la financiación hecha por la Federación de Girl Guides y Girl Scouts– quien lograría participar de la Jamboree femenina ocurrida en Bonnie Brae (Massachusetts) en el año 1941.

GSL-1941-10-October

Foto 13. Del epígrafe original: “Nuestra primera Dama saluda a las ‘Golondrinas’ [en español en el original]. La señora de Roosevelt estrechando manos con Irma Acuña, de Argentina, en el Campo Bonnie Brae, Massachusetts, donde las Girl Guides y Girl Scouts del mundo occidental se reunieron en Agosto para el Campamento “Juliette Low” de 1941 (Girl Scout Leader, Octubre de 1941, p. 1). Gentileza de Girls Scouts of the USA. Agradezco a Page Harrington, Janine Napierkowski y Ann Robertson.

La joven Irma se subiría al vapor “Brazil” ante la mirada del Jefe Scout Baudizzone, de las dirigentes locales y de las “niñas” de la propia compañía y de “la Moreno”, siendo despedida con “hurras, canciones y otras muestras de simpatía”[272], mientras la propia Acuña enviaba “por semáforo un saludo” con el vapor en marcha[273]. Luego, Acuña volvería, en el vapor “Argentina”, el 16 de septiembre y a su llegada la revista oficial daría detallado parte de sus actividades[274]. Volviendo a Montessori, con todo, cabía pensar la tensión posible entre las lógicas colectivas que pregonaba el scoutismo frente a esta conversión de una persona puntual en “personalidad” destacada del movimiento.

Pero, por otro lado, con la “estelarización” de la “pequeña Irma”, se destacaban simbólicamente, los resultados de la ampliación de la práctica a más amplios sectores y la profesionalización creciente de los formadores scouts, que consagraría, a mediados de los años treinta, cierta “plebeyización” no sólo entre los menores practicantes sino incluso en las filas de la dirigencia, en especial del interior.

Esta tendencia “democratizante” parecía no poder dar marcha atrás, a pesar de cuanto lo lamentaran algunos miembros como el viejo ladero de Moreno, Staub, quien ante los constantes pedidos de financiamiento de las Comisiones Locales, no podía dejar de señalar que en la correspondencia con el Directorio las generales de la ley eran “contestaciones a pedidos de gestiones” y demostraciones que “las personas que integran la mayoría de las Comisiones no son personas influyentes, llamándole la atención el poco prestigio que revelan”, por lo que a su juicio deberían “buscarse para integrar las mismas personas calificadas”[275].

Frente a esta intervención de valoración “notabiliaria”, Baudizzone no dudaría responder, en cambio, con una reivindicación de los “padres y gente modesta, pero bien intencionada” que demostraban ser los Presidentes-Delegados más entusiastas, siendo finalmente ellos quienes lograban que fuera en sus localidades donde los preceptos scouts “mejor se desenvuelven […] y se han difundido”[276].

En ese clima renovado que la Jefatura daba a los “entusiastas”, y que se complementaba con exámenes cada vez más complejos pero más numerosos[277], la identidad scout intentaría de manera más clara suturar las diferencias existentes en otros ámbitos sociales, privilegiando el “saber hacer” del movimiento. Retomando el perfil de liderazgo empresarial con que lo supo distinguir Tomás Santa Coloma previamente, Baudizzone –a pesar de gozar de amplio conocimiento en “la sociedad” de la época– no parecía un “notable” a la altura de sus predecesores, y por otro lado –a diferencia de su antecesor civil– pareció evadir los contornos más evidentes del rol de “representante de clase” en ese ámbito, a pesar que muchos de sus valores compatibilizaran con el mismo (recordemos que presidió el Asilo Policial “Ramón Falcón”). Con todo, por fuera de las ínfulas de gran parte de sus predecesores, Baudizzone se definía como un “autodidacta” que sólo había “bebido su menguada ilustración en las fuentes encontradas a lo largo del camino andado, que sólo conoció la Universidad del Gran Mundo que enseña a tumbos”[278].

A pesar de su clara ubicación “social”, con su designación parece haberse privilegiado la lógica del trabajo cotidiano institucional, que el nuevo Jefe Scout había sabido conservar cuidadosamente desde su temprano ingreso a la institución y la importancia de la práctica concreta sobre los discursos más altisonantes, recuperando la idea del scoutismo como:

eso que no se encuentra en el libro escrito, que no figura en los programas ni resulta de la explicación diaria del maestro, pero que se cruza a cada instante a nuestro paso y en la que el individuo se ve frente a la realidad, a un hecho, a una eventualidad que le obliga a pensar y a una cosa importante en que debe poner en juego su habilidad, su inteligencia, su carácter[279].

Indudablemente ese savoir-faire institucional, trabajosamente construido, sumado a las encumbradas relaciones con el presidente Justo le dieron innumerables beneficios a los BSA, incluyendo el de concretar definitivamente “el sueño de la casa propia” (aún hoy la sede scout), asunto sobre el que se venían recibiendo promesas por parte de diversos ministros y funcionarios al menos desde el año 1919[280].

En efecto, la desazón de Sartori y otros miembros por la falta de resolución de la vivienda scout, sería desmentida por el Presidente de la Nación poco antes de verse relevado en la primera magistratura. En efecto, luego de una reunión con Justo, en la que éste le manifestó a Baudizzone “que estaba completamente a la disposición, no tan solo en el carácter de Presidente de la Institución sino también como viejo amigo”[281], y que por lo tanto “buscara una casa para sede de la Institución y que una vez que hallara lo que conviniera a la Institución”, “se lo comunicara personalmente”[282]. Como se constataría, ese aval no había sido sólo discursivo, repitiéndose en más de una oportunidad[283], sino que tendría también las consecuencias materiales esperadas, cuando en el comienzo del año en que se terminaba el primer mandato presidencial de la “Concordancia”, el presidente Baudizzone detectara la existencia de una casa adquirida por el gobierno en la Calle Libertad al 1280-2 para ser cedida a los boy scouts[284].

Este apoyo decisivo se vio continuado durante la gestión del presidente Roberto Marcelino Ortiz quien fue el encargado de formalizar mediante el decreto 4015/38, el otorgamiento a título gratuito de la casa[285], luego de –como adelantáramos– décadas de espera. En ese sentido, la gestión de Baudizzone, como había sido la de Sartori, sería pródiga en la recepción de asignaciones y donaciones tanto privadas como de los poderes del Estado[286].

Sin intentar ser, como Sartori, un émulo presidencial del presidente Justo, Baudizzone parecía haber compartido con su sucesor Ortiz el tono moderado y pragmático. En un delicado equilibrio, que le permitiría el usufructo del constante contacto con el Estado –en todos sus niveles[287]– evitando de manera directa las complicidades político-ideológicas sobre las que rondaban los funcionarios y representantes de los diversos poderes, el scoutismo intentó capear las urticantes definiciones ideológicas que producían el momento nacional, y sobre todo, el internacional.

Por ello, la deuda de gratitud de la institución con Justo (que se mantendría hasta el último día de su mandato[288], e incluso como vimos hasta su muerte) no le impediría a Baudizzone realizar ciertas rehabilitaciones de figuras políticas estentóreamente contrarias a la herencia “septembrina”. De esta manera, el Jefe Scout aprovecharía el ingreso de Ortiz a la presidencia nacional, para reivindicar con más fuerza la figura de alguien, como el general Toranzo, con quien tenía en común los moderados tonos de un orden democratizante e igualitarista. Como veremos Toranzo gozaría, así, de una creciente influencia en los BSA que duraría in crescendo hasta su muerte en 1941.

Sumado a esas figuras que reaparecían en la consideración, se produciría desde la propia revista oficial, la reivindicación de un pedagogo con el que la dirigencia scout había tenido discrepancias indirectas en los tiempos de la ANBSA con motivo del Congreso de Estudiantes Normalistas: “don” Pablo Pizzurno (el “viejo educador, la blancura de cuya cabeza magnífica, le nimba de noble serenidad, como a esas estampas sagradas, propicias para el respeto y la veneración”[289]) al que se lo citaría participando en una reunión del Rotary Club de Mendoza (ahí se ve especialmente la obra de Baudizzone), en la que el “viejo maestro” declamaría un fragmento de Frank Crane.

Pensemos que la idea de un director de escuela laicicista citando a un ministro presbiteriano en una sede rotariana no podría ser más repulsiva para los sectores de la iglesia que en esos momentos motorizaban la separación en el movimiento y buscaban unificarlo –como lo pensaba Meinvielle y se veía en Vida Scout, la hoja oficial de USCA– bajo una granítica fusión de catolicismo y nacionalismo, y que consideraban a los dirigentes de los BSA –en tanto miembros de instituciones “laicas”– como “hijos de las tinieblas” que querían “con febril y permanente actividad, sembrar por doquiera ideas subversivas” y que “en su afán por descristianizar a la sociedad, actúan de preferencia en el espíritu de la juventud”[290].

En el derrotero de blandir fuertemente el espíritu demoliberal y constitucional frente a una avanzada de resonancias teocráticas que parecía no dejarle lugar a las negociaciones a que estaba acostumbrado, el alineamiento de Baudizzone al nuevo gobierno sería inmediato. A los dos meses de asumir, Ortiz recibía, junto a su vicepresidente Castillo, a todo su gabinete y al Jefe de Policía, Gral. Andrés Sabalain, la consabida designación como miembro honorario del scoutismo[291].

El intento de moderación política y acompañamiento de la política de restauración democrática que –luego de haber sido elegido por escandaloso fraude– Ortiz intentaría llevar a cabo, intentaba restañar el profundo proceso de deslegitimación que el movimiento había tenido en muchos sectores que –como hemos visto largamente– lo acusarían de ser conniventes con todas las formas de reacción imaginables.

Muchas referencias del pasado, indudablemente, condenaban en ese sentido a los scouts, a partir de los sentidos memoriosos del “progresismo” liberal y de “izquierda”. Así había quienes hubieran podido recordar –frente a lo que consideraban intentos del scoutismo de aparecer con “piel de cordero”– cómo todavía en 1926 (un año antes de la fascistización del scoutismo en Italia) el general Elía Álvarez[292] había promovido que el saludo scout argentino fuera “similar al de la antigua usanza romana, es decir el scout en la posición de firme con el brazo derecho extendido hacia adelante y la mano con la palma hacia abajo y unidos los dedos pulgar y meñique y los otros tres extendidos”[293]. Desde D’Annunzio, y después del fascismo, ese saludo romano había adquirido tintes políticos modernos evidentes y más allá de las diferenciaciones formales que pudieran razonablemente separarlos, para una mirada no complaciente con el movimiento, dicha “recuperación” de la Antigüedad (diferente a otras que también habían sido hechas[294]) no podía tener más que una notable correspondencia con las simpatías totalitarias, las que se haría aún más fáciles de demostrar a partir de la popularización del “saludo nazi”.

En ese sentido, el intelectual Aníbal Ponce –bajo esos contornos interpretativos– fue uno de los más célebres contradictores del scoutismo. Ponce, justamente, en el crepúsculo de la gestión de Sartori, acusaría al movimiento –al comentar los actos de la “Semana Scout” de 1936– de no ser más que un “instrumento de primer orden entre las manos del imperialismo inglés”[295]. Lo curioso es que esta acusación se daba en paralelo con la de “fascismo”, ya que se la incluía bajo el subtítulo de “Fascistización en las Fuerzas Armadas y Deportivas”[296]. De manera que, en el contexto de la polarización ideológica de mediados de los treinta, se podía ver –desde la perspectiva afín al comunismo de Ponce– al scoutismo como un vehículo de valores imperialistas ingleses, y fascistas, a la vez[297].

Finalmente, y como muestra de las disputas en la carrera por el “prestigio antifascista”, Ponce adelantaría un dato que resulta particularmente interesante al desarrollo de la historia del movimiento que veíamos haciendo. En efecto, Ponce “denunciaría” que en la Semana Scout, junto con los representantes militares, eclesiásticos y policiales, se encontraba “entre tanta bulla y alborozo un senador socialista” quien “presenció el desfile desde el palco oficial”[298].

Para Ponce, la presencia del senador (según los antecedentes ya señalados, posiblemente Alfredo Palacios[299]) mostraba –para su perspectiva de inflexibilidad estructural materialista y en el marco de la campaña de presión sobre la dirigencia socialista– la muestra “evidente” de la “caída” del Partido de Juan B. Justo, del lado de la “reacción”. Sin embargo, podemos “apropiarnos” del dato proporcionado por Ponce, para entenderlo –en el marco de los reposicionamientos político-ideológicos– como una muestra de la redefinición, siempre en tensión, de las relaciones entre ambos grupos: un scoutismo más “plural” y un socialismo en el camino de su conversión en partido definitivamente “nacional”.

De hecho, antes de la asunción de Baudizzone, el principal adversario político de los socialistas por esos momentos, el gobernador de la provincia, Manuel Fresco había decidido suprimir –desde su mismo inicio y de manera sorpresiva– el subsidio que el Estado bonaerense daba a la Compañía “Dardo Rocha” de la La Plata (cuyo Delegado era el Inspector de Prisiones y esposo de la bisnieta de Rosas[300], Rodolfo Molina Salas), obligándola a solicitar un crédito al Directorio “para abonar los compromisos contraídos más apremiantes”[301]. Es cierto que, a ojos del propio Directorio, dicha Compañía venía “funcionando al margen del reglamento” y se había “salido un poco de la institución scout”[302], pero el hecho de quitarle el subsidio sin previo aviso, no dejaba de ser un comienzo algo problemático en la relación (algo voluble, como veremos luego) entre los scouts y el fresquismo[303].

Dicha situación serviría para que Fresco tomara la iniciativa en la decisión de influir en la futura compañía. “La Dardo Rocha” terminaría, así, siendo intervenida y reorganizada –luego de la separación de Molina Salas– bajo la dirección de Arturo Clifton Goldney, quien se comprometería a conformar la Comisión de Fomento local con “las personas que le ha indicado el Sr. Gobernador”[304]. A pesar de su éxito en la reorganización, Clifton renunciaría unos meses después[305], en favor de un nuevo delegado que era presentado –ya en tiempos de presidencia de Baudizzone– como “amigo personal del Gobernador” y con “capacidades” por ende de recuperar el subsidio que se la había quitado antes a la Compañía platense[306]. Sin embargo, las tensiones en la compañía platense no pararían, produciéndose “serias divergencias” entre el experimentado MS Francisco René Varela y la Comisión de Fomento, lo que provocaría la destitución de aquel y el pedido de licencia del Presidente-Delegado, Carlos M. Belton[307].

En esa creciente expansión de la figura de Fresco sobre las compañías, la denominada “Teniente General Riccheri” de Villa Calzada anunciaría que tanto el Gobernador como la Primera Dama provincial habían decidido erigirse en “padrinos de la misma”[308], con la ayuda además de la viuda del General, quien donaría una bandera[309]. Por otro lado, el propio hermano del gobernador, Ricardo, intendente de Merlo, sería el encargado de fundar y presidir la compañía en dicha localidad[310]. Aunque los padrinazgos dirigenciales y madrinazgos de “primeras damas” de diversa jerarquía no habían sido inventados por Fresco, y persistirían más allá de su administración[311], lo cierto es que parecían especialmente a medida de los intereses de promoción de su figura.

Indudablemente, este apoyo del gobernador estaría directamente involucrado con la persistente estrategia que tuvo Fresco de acercarse a los diversos sectores infantiles[312], bajo una orientación “patriótica” en la que no faltarían –aunque con las complejidades del caso– fuertes referencias de adoctrinamiento político-ideológico[313].

Así, de la misma manera que había ocurrido con Floro Lavalle, la dirigencia scout tenía que lidiar constantemente entre su simpatía pertinaz por el culto patriótico con la amenaza de “copamiento” de la institución por parte de los “nacionalistas”, aunque sin dejar –por ello– de beneficiarse con la cercanía de los poderes ejecutivos que –como el de Fresco– tenían esa orientación[314].

De esta manera, al aceptar los diversos “patronazgos” concurrentes, los BSA quedaban expuestos a los vaivenes de la política, y los niños podían transformarse en velados objetos de disputa ideológica, incluso al interior de la coalición gobernante, como lo demostraría un hecho dado en momentos de las crecientes desavenencias entre el gobernador Fresco y el presidente Ortiz. Así, según “filtraría” el principal diario local, durante un acto oficial en La Plata, el primer mandatario expresaría al gobernador su “sensación de desagrado” porque la Compañía local “Dardo Rocha” había quedado relegada en el desfile y no podía lucirse, por lo que Fresco tendría que dirigirse al Jefe de Policía para que interviniera de forma que los niños pasaran “gallardamente frente al palco presidencial”, lo que motivaría los aplausos del público no sólo para los scouts de la Dardo Rocha sino también para “el gesto simpático del doctor Ortiz”[315]. Aunque para esa época Ortiz no había todavía “quemado naves” con respecto del núcleo duro de los sostenedores del fraude[316], era evidente que ya para ese momento, las formas simbólicas para dirimir liderazgo frente al gobernador del “Primer Estado” no podían dejar de estar presentes.

Al año siguiente, muy poco después de producida la “caída” del gobierno de Fresco, a raíz de la intervención presidencial, los propios directivos de los BSA aprovecharían para denunciar una rifa de los “scouts católicos” que había sido autorizada por “el ex Gobierno de la Provincia”[317]. Mataban así, dos pájaros de un tiro, al poder usar una denuncia contra sus más enconados adversarios por el control de la práctica, para –de paso– desligarse de sus antiguos lazos con el ex mandatario provincial.

De esta manera, difícilmente podía decirse que los dirigentes scouts no fueran claramente conscientes de la necesidad de “hacer política”, sin dejar por ello de considerarse por fuera de esa lógica en términos estratégicos, para poder relacionarse mejor –vaya paradoja– con los “políticos”. La política era, así, para ellos –antes que un recinto cerrado de disputa– una especie de puerta giratoria que les aseguraba poder entrar y salir rápidamente en su relación con los poderes públicos y la dirigencia partidaria.

Sin embargo, como vimos, estas ambigüedades suponían también caminos laberínticos y la puerta giratoria podía atascarse cuando el sendero político se volvía demasiado transitado. De cualquier manera, este lugar “incierto” les permitía ciertas modulaciones y algunos virajes más o menos rápidos, tanto que los años de la “normalización democrática” orticista los encontrarían con el abierto apoyo de –nada menos que– el gobernador radical de Córdoba, Amadeo Sabattini, quien les ofrecería un terreno en dicha provincia, a fin de contar con un espacio permanente donde realizar los campamentos generales[318]. El intendente de Mar del Plata, José Camusso, por esa fecha, les haría la misma exacta propuesta para disfrutar de las bellezas de la ciudad balnearia[319].

Frente a estas cuestiones urticantes, Baudizzone había optado por retomar una agenda que recuperara la tradición liberal canónica y de apertura multipartidista[320], en la que la patria convergía con la Humanidad, justo en momentos en que la Guerra Mundial parecía hacerlo imposible en varios de los países en conflicto. Decimos “canónica”, ya que en efecto, la idea de “abandonar […] nuestro patriotismo estrecho”[321] que sostenía Baden Powell, tenía una larga vida y permanencia en el movimiento scout.

A ella se daba lugar, como hemos visto, en pendulación con otros arrestos nacionalistas que no eran ajenos en la discursividad institucional. En todo caso, podemos pensar que el patriotismo como valor era absoluto en el scoutismo, pero la graduación de su efusividad y el tenor de su prioridad resultaban relativos y posicionales en torno a los actores antes los que se apelaba y de la coyuntura histórica sobre la que se navegaba. En el medio de esas aguas, como buen mesurado miembro del Rotary, Baudizzone intentaría navegar de la manera menos desapaciblemente posible, pero despegándose sin dudas de los sectores del “nacionalismo” político deudor de las nueva ideologías circulantes en Europa. Así, una muestra de ese “entrelugar”, en el que los scouts se despegaban de las posiciones “ultranacionalistas” pero evitaban a la vez, “darle pasto” a los “internacionalistas de izquierda”, lo daría una frase publicada como declaración en la revista oficial: “El scoutismo no predica la guerra, pero tampoco reniega de la patria, sus tradiciones y sus emblemas”[322].

De esa manera, si en su conferencia radial por la “Semana del Scout”, en Radio Cultura, Baudizzone se limitaría a llevar “en alas del éter”, el “abrazo fuerte de vuestro jefe” a los scouts desperdigados por las más de 250 asociaciones en todo el país, reputándolos como los “futuros ciudadanos de limpia ejecutoria que reclama la patria y la sociedad”[323]; en el almuerzo de camaradería posterior, en el entorno dirigencial, Baudizzone no dudaría –ya en 1937– en realizar claras distinciones programáticas en relación con los “nacionalismos” circulantes:

Está en el ambiente, dijo, la palabra nacionalismo. Se le usa e interpreta de diversas maneras y es necesario que nosotros, los scouts, tomemos nuestra posición dentro de ese nacionalismo y digamos cómo lo entendemos y lo practicamos. Enseñamos a nuestros muchachos a amar la patria [pero] no queremos un nacionalismo estrecho y cercado que no cuadra en nuestras tradiciones liberales, ni tampoco en nuestra modalidad[324].

Sin embargo, a pesar de estas declaraciones, en ciertas ocasiones, la creciente tensión internacional y su impacto en la Argentina volverían a permitir la identificación del scoutismo con los totalitarismos que Baudizzone se encargaba de condenar. Así, el diario Crítica –un incansable contradictor de los BSA– denunciaría en 1938, en una nota titulada “Hitler ha puesto una cuña en el Río de la Plata”, que los scouts alemanes en la Argentina estaban completamente nazificados y como demostración se denunciaba que los mismos irían a la fiesta con la que, en el Luna Park, se celebraría el Anschluss[325].

Como veremos detalladamente en un apartado del tomo II, las colectividades teutonas ya habían significado varios “dolores de cabeza” para el scoutismo argentino desde los comienzos mismos de la instalación del nazismo en el poder y el foco con el que los antifascistas las habían ubicado en el target las volverían –junto a la política “nacionalizadora” de Ortiz[326] y la irrupción de la Segunda Guerra Mundial, las responsables de la medida de disolución de las compañías “étnicas” de 1941 (sobre la que trabajaremos más ampliamente en el tomo II).

Así el incidente por la denuncia de Crítica sobre la posibilidad de scouts alemanes participando en los festejos por el Anschluss sería la gota que derramaría el vaso. Avisado por esta cuestión, Baudizzone se comunicaría con el delegado Imhoff notificándole que no les estaba permitido que concurrieran a dicho acto, cosa que finalmente los scouts “alemanes” acatarían[327]. Aunque Baudizzone se congratulaba de la aceptación de la indicación hecha por el Directorio, la cuestión le serviría para volver a plantear –haciendo un racconto de antecedentes– la cercanía de los scouts alemanes a actos pro-nazis[328], con lo que provocaría una nueva oleada de intenciones nacionalizadoras por parte del Directorio.

De allí que cuanto más cerca se estaba de la posibilidad de explosión bélica, Baudizzone redoblaría sus apuestas en la tradición liberal y pacifista, frente a las “horas inciertas en que el mundo se debate en el desconcierto de nuevas concepciones, nuevas doctrinas e ideas diversas”[329].

Incluso, desde la revista se referirían episodios de la turbulenta política internacional, de manera de expresar la adhesión al scoutismo, como una forma de superar las tensiones. Así, no se dudaría en reproducir una nota de un diario local –que a su vez, remitía a Associated Press– en que se mencionaba cómo durante una reunión gubernamental, el conde Pál Teleki, primer ministro de Hungría, frente a las complicadas alianzas políticas de su coalición gobernante, decidiría lucir como símbolo en su solapa –antes que cualquier “distintivo partidista”– el de los “boy scouts”, resaltándose así, que:

el conde es el dirigente de los boy scouts húngaros misión que, a estar a lo que dicen sus amigos, es más de su agrado que la ingrata tarea de ser primer ministro de una política tan turbulenta como es Hungría[330].

Sin embargo, el año 1939 parecía no dar tregua en la facilidad con que se identificaba al scoutismo con el nacionalismo filototalitario. De esta manera, a sólo un mes de publicado ese suelto que aseguraba el lugar de tregua partidaria que sabía construir la práctica, el Directorio en pleno de los BSA debería volver a salir a desligarse de las denuncias acerca de scouts de Cosquín que en una celebración de un “Centro Nacionalista” habrían tributado un homenaje a la patria, “con el brazo en alto, a manera del saludo característico de las nuevas ideologías de otros países”[331]. Luego de señalar que no había ninguna compañía existente en esa ciudad cordobesa, reconocida por los BSA, el Directorio se preocuparía en subrayar que la institución, lejos de apoyar las empresas bélicas, propendía en cambio a “la hermandad, la solidaridad, la cooperación, todo al margen de las pasiones, por sobre todos los prejuicios ideológicos y doctrinarios”[332].

Por eso mismo, teniendo en cuenta la sensibilidad existente hacia cualquier saludo en esa época (incluido el scout) y sus posibles connotaciones, el Presidente-Delegado de la sección de Vicente López, Diego Delacroix, en una sección destinada a “Preguntas a Respuestas”, se esmeraba en responder de esta manera, las preguntas imaginadas que podrían hacerse “con mal ocultos prejuicios y suspicacia”[333], acerca de si tenían “los boy scouts algo ver con ideologías políticas”[334] y si el saludo no era “remedo del que se hace en ciertas naciones europeas”[335]. Luego de desencadenada la Segunda Guerra Mundial, se volvía más necesario explicitar que el scoutismo no tenía nada que ver “con ninguna de las ideas políticas nuestras y menos con las que agitan con tanta pasión a otros pueblos”, y Delacroix aseguraba –“al contestar esta pregunta tan llena de suspicacia” como lo era la relativa al saludo– que:

debe saber la gente que el saludo scout es tan viejo como la institución misma. Cuando se hace el saludo llevando la mano derecha a la altura del hombro o sien, según sea medio saludo o saludo completo, la palma hacia adelante, el dedo pulgar sobre el meñique y los otros tres levantados, se expresa (sic) simbólicamente propósitos y anhelos: Fraternidad y unión; servir a Dios, a la Patria y a la Humanidad; hacer un bien a alguien todos los días; cumplir con el Código de Honor de los scouts. Y para esto, estar “Siempre Listo”[336].

Estas palabras, expresadas cuando la guerra mundial ya se había desencadenado, mostrarían la necesidad de los BSA de alinearse más que nunca a la neutralidad expresada por el presidente Ortiz a los pocos días de desatada la conflagración, y a poner en subrayado la veta pacifista y americanista de la institución.

Así, Baudizzone, en su saludo anual de Jefe Scout de 1940, lamentaría “esta hora en que la humanidad presencia absorta una honda tragedia en que parecieran estar en quiebra las conquistas penosamente obtenidas en veinte siglos de civilización”[337] y llamaría a mantener los principios scouts frente a la “ola apocalíptica”[338]. El Presidente-Delegado Vitelli haría una cosa similar en el brindis de fin de año, señalando que la “guerra dantesca […] en que la humanidad parece enloquecida, ahogando sus más caros sentimientos de paz fraternal” debía soportarse bajo los postulados scouts hasta que “alce su vuelo majestuoso la banca paloma de la paz…portadora de alegrías y esperanzas”[339]. En esa misma coordenada humanista, el educador Julio Picarel pediría la altruista tarea de “sepultar al ‘homo lupus’” de manera definitiva[340].

Con todo, más allá de esos posicionamientos y advertencias, la dinámica del día a día continuaba demandando atenciones específicas, dentro de una situación presupuestaria que a nivel nacional no dejaba de declinar[341]. Así, los favores parecían superar a las demandas. Es que, de la misma manera que le había sucedido a otros presidentes, Baudizzone debería lidiar con las constantes invitaciones que se les hacían a las compañías, tanto desde el Estado como de otras instituciones, para actos públicos, lo que llevaría nuevamente a plantear una prohibición de concurrencia que –por lo recurrentemente expresada– parecía constantemente pasada por alto, y cuyo objetivo era evitar desviar la atención de los niños y niñas de la institución en actividades no directamente ligadas al menester formativo. Así, volvería a expresarse que “la Institución ‘Boy Scouts Argentinos’ no puede ni debe distraer a los scouts de sus estudios o trabajo, de acuerdo con los principios que sustenta”[342].

La regulación de la práctica del campamento (que en 1938 se repetiría en Tandil) sería otra de las cuestiones recurrentes. En ella se advertía de la necesidad de una antigüedad de más de 5 meses en la institución para concurrir a los mismos, se tabularían los costos diarios de hospedaje y se establecerían normativas puntuales también para los reglamentos parciales[343]. Sumado a eso, Baudizzone propendería a la alternancia de terrenos para realizar los campamentos generales, de manera que los boys scouts y scout girls pudieran experimentar las diversas complejidades y disfrutar los beneficios de las múltiples formas de acampar al aire libre. Así, luego de alternancias entre mar y sierras, en el año 1941 se procedería al primer Campamento General sobre el río Uruguay, en la ciudad de Federación[344].

Era precisamente en esos trámites cotidianos y sin descansos, más allá de las cuestiones ideológicas, que Baudizzone tendría su “as de espadas” en la gestión de los BSA, cuyo comienzo ya les había asegurado la obtención de una hermosa, espaciosa y bien situada mansión en la calle Libertad.

Sería precisamente, en octubre de 1938, con motivo del logro de la “casa propia” que Baudizzone recibiría mediante el consabido agasajo, la demostración de su liderazgo efectivo en la institución. Así, los miembros del Consejo y del Directorio le darían –aprovechando además su conversión en presidente del Rotary Club– una demostrativa acción de apoyo al reunirse en su honor en el Yacht Club Argentino. Al igual que lo había hecho Toranzo –el antiguo Jefe Scout con el que había hecho alianza a partir del gesto de rehabilitarlo luego de su destitución en 1931, Baudizzone comenzaría a disfrutar de un culto a su liderazgo, aunque en términos algo más distendidos, que permitían incluso cierta coloquialidad amistosa por parte de quienes lo homenajeaban. Así, el Capitán de Fragata (y Presidente-Delegado de la “Perito Moreno”) Domingo Casamayor diría: “Estamos orgullosos de vos, señor Baudizzone” por la “oportuna, clara, precisa, vigilante, sencilla y elocuente […] palabra autorizada” que resultaba tan efectiva “para dar salida a la discusión sin salida; para aventar el pesimismo enfermizo o para cortar las alas al optimismo exajerado (sic)”[345].

Teniendo en cuenta dichos espaldarazos, en 1939 Baudizzone logró hacer aprobar su proyecto de creación de una comisión consultiva, dirigida por él mismo, destinada a absorber y reemplazar las subcomisiones existentes[346]. La intención, sin dudas, era la de evitar las excesivas derivas burocráticas en la toma de decisiones relativas a la organización del movimiento. Sumado a esto, Baudizzone decidiría –quizás recordando el “gesto” aquel de Riccheri con los “Capitanes”– apoyarse en los MMSS, al crear el Secretariado de la Dirección Técnica, a cargo de ellos. En dicho organismo se incorporaría, por primera vez de manera formal una sección sobre “Roverismo” que dirigiría inicialmente J. M. L. Dow[347]. A partir de allí, la orientación a los “scouts mayores” comenzaría a desarrollarse de manera sistemática al interior de la institución, incluyendo conferencias específicas sobre la Rama, como la que desarrollaría el Secretario Técnico Manuel Cutrin para la “Semana Scout” de 1940[348]. La oficina Rover seguiría bajo la dirección de Alberto D. Lassus, y posteriormente de Sebastián U. Celdrán, en el “Secretariado de Maestroscouts”[349]. La creciente importancia de la Rama de Rovers provocaría además, modificaciones al reglamento general, regulando para el Ayudante una edad de al menos 17 años, y para el MS, de al menos 20[350].

Hacia 1940, Baudizzone gozaba de un claro liderazgo en los BSA, que sabía refrescar con “amagos” de renuncia que eran rápidamente conjurados por los Directores (según el nombre que se daba desde 1936 a los antiguos “Vocales”), quienes se negarían a viva voz a la misma, con tanto énfasis como conocimiento que se trataba más de un acting conjunto que de una posibilidad real. Así, para rechazar cualquier posible idea de renuncia por parte de Baudizzone, el general Álvarez lo llegaría a llamar hiperbólicamente “piloto de bonanza y de tormenta” que no debía dejar jamás el sitial de Presidente[351].

La fortaleza de Baudizzone permitiría que luego de haber reincorporado al Consejo Nacional[352] a alguien como Toranzo, un antiguo “expulsado” de la institución (por razones políticas que los diarios radicales de los treinta no olvidaban[353]), el mismo volviera a los primerísimos planos al asumir la vicepresidencia 1° que la muerte del ingeniero Huergo había dejado vacante[354]. No sería esa la única reivindicación de los excluidos por el golpe de 1930, incluso en momentos no tan favorables[355].

Así, sería en la sesión del 16 de julio de 1940, en el ocaso de la “primavera” orticista, a tono con el intento de reintegración de la lógica cívica en el origen scout hecha por Baudizzone[356], en la que agradeciendo la reincorporación al Directorio en condición de Vicepresidente 1°, el General radical diría que en ningún momento había “dudado de que restablecida la verdad sobre su actuación política, volvería a ocupar el lugar que le corresponde, ya que su patriotismo y amor por la obra son bien conocidos”[357].

Aunque efímera, por su muerte al año siguiente, la posición de poder de Toranzo –vuelto emblema, casi sin querer, de la política reconciliadora orticista– al interior de los scouts, quedaría claramente ratificada. Así, en uno de los números finales del año 1941, luego del luto por Baden Powell, la revista oficial le daba la portada a la necrológica de quien fuera una de las figuras más importantes y controvertidas para la historia del scoutismo argentino y reproducía el discurso de “despedida” que el Jefe Scout en funciones diera a su predecesor. Sin mencionar explícitamente su acto de “rebeldía” frente al uriburismo (velándolo tras un “no es a mí a quien toca hablar de su ejecutoria al servicio del país”, aunque no obviando definirlo como un “soldado prominente en el ejército”), Baudizzone preferiría resaltar “su juicio ponderado y sereno” que “contribuía a la solución de todos los problemas”[358].

Pero no sólo apelaría Baudizzone a enlaces simbólicos con el pasado, sino que también se acercaría fuertemente a los Presidentes-Delegados de las Comisiones de Fomento local, implicándolos tanto en instancias de decisión como de sociabilidad en relación con el Directorio. La fidelidad que fomentaba el dispositivo interpersonal puede quedar clara en la referencia siguiente: aunque en la comida de camaradería ofrecida al Directorio por parte de los jefes de compañías y agrupaciones, el orador –Miguel Vitelli– diría que no venía a “quemarle incienso para halagarlo, porque no lo necesita”[359] al Jefe Scout Baudizzone, inmediatamente después –ante la necesidad de “hacerle justicia”– sostenía que “nuestro querido Presidente” era una “ejemplo de admiración, digno de ser imitado, recogiendo sus sabias enseñanzas, acatando sus directivas, puesto que son hijas de la experiencia adquirida con los años de lucha constante y tesonera”[360].

Por otro lado, a medida que ganaba en presencia en el liderazgo scout, Baudizzone mostraría un creciente empatía con el ideal panamericanista y cercano a los Aliados, más allá de los cambios de orientación del Ejecutivo nacional. Así, la revista oficial, destacaría en tapa el discurso de Roosevelt a los scouts, con el título “La democracia”, haciéndose eco de las palabras del presidente norteamericano y enlazándolas con la figura de Belgrano, “para defender la Patria contra los enemigos exteriores y también contra los que están dentro de nuestro territorio”[361], en un tono muy afín a la prédica antiquintacolumnista, la que para esa altura de 1941 (a partir del inminente reemplazo del Canciller Julio Roca por Enrique Ruiz Guiñazú) comenzaría a ser una postura considerada cada vez menos afín al Ejecutivo nacional[362].

En efecto, bajo el liderazgo continental de Roosevelt y ante el creciente clima de incertidumbre en Europa, en el año 1939, el americanismo estaba a la orden del día, en diversos espacios. De esta concurrencia no escapaban los scouts que involucraban a su asociación, ya antes de la guerra, con motivo del Congreso de Lima, con los “mismos principios en que fincan las Naciones Americanas la necesidad de cimentar la Paz de los pueblos”[363], toda vez que lamentaban la caída del “Viejo Continente” en “interminables años de zozobra y de angustia […] por el egoísmo de los pueblos”[364].

Esta americanidad celebrada desde la dirigencia central, podía verse trasladada a las compañías del interior, como sucedía con la cordobesa “Manuel Belgrano”, que participaría de un acto en la escuela de “Olmos”, donde el alumno y scout de nueve años, Helio Montes Belloti daría un discurso en el cual señalaba que los “países del Nuevo mundo aunque estemos divididos en naciones, tenemos una comunidad de ideales y de sentimientos de fraternidad tan hondos que somos todos hermanos”[365].

En efecto, las demostraciones panamericanistas ocurrían a pesar de haber tomado el control del Ejecutivo ya, alguien renuente a ellas como era el vicepresidente en ejercicio de la Primera Magistratura, el catamarqueño Ramón Castillo, quien imponiendo una política de neutralidad y de pasividad frente al renovado fraude electoral, dejaba al descubierto las posibles internas al interior de la organización.

Una vez producido el ingreso de Estados Unidos a la Guerra, en diciembre de 1941, la cuestión del pacifismo adoptaría sin embargo otros colores para algunos militares, como el Teniente Coronel Guglielmone, jefe del scoutismo rosarino, que acuñaría la idea de “pacifismo viril” para diferenciarlo del “pasivismo enfermizo”, que se reducía a una simple inmovilidad decadente[366] y que llevaría a que el General Costa emitiera con motivo de la “Semana Scout”, otro, que valoraba muy especialmente la capacidad “guerrera” del país a lo largo de su historia[367].

Esto no evitaba que en otros discursos, se intercalara dicha actitud, con la de mantener una idea de pacifismo muy afín a la neutralidad, cada vez más costosa para el gobierno de Castillo, que separaba a nuestro país del posicionamiento generalizado panamericano de ruptura de relaciones con el Eje. Así, el miembro del Consejo Nacional, Julio Benavídes, resaltaría que mientras se “desangra casi todo el mundo en cruenta lucha, la Argentina se destaca en el consorcio americano como estrella guía, marcando un firme derrotero, e iluminando su camino con la antorcha de la paz”[368].

Posturas discordantes sobre la situación internacional y el rol de la Argentina, incluso, podían convivir en una misma página de ESA. Así, en el costado izquierdo podía verse cómo en la provincia de Santa Fe, cuya jefatura ostentaba Joaquín Rodríguez (de quien ya hemos repasado sus ideas), un joven Guía 1° –teniendo como “excusa” el aniversario de la Batalla de Chacabuco– señalaba la legitimidad de la postura de separación del mundo de nuestro país con respecto de la tragedia bélica, ya que “nuestra nación puede mantenerse al margen del incendio que asola al mundo” porque no era necesario exhibir los postulados solidarios, en ese momento, ya que hacía “más de una centuria que son libres las naciones del continente americano porque los argentinos dieron su sangre para asegurar su independencia”[369]. Mientras, en el costado derecho de la misma página, se reproducían –en respuesta a las palabras del guía scout estadounidense Kenneth Keniston con motivo del “Día de las Américas”– los conceptos del Ayudante de “la Cornelio Saavedra”, quien no dudaba en expresar, “por mandato del Jefe Scout”, la “unidad espiritual” con la “patria de la democracia y baluarte de la libertad” con la que marchaban “unidos hacia los grandes destinos a que está llamado nuestro continente”[370].

En ese marco, Baudizzone era reelegido, a mediados de 1942, en su cargo. Por fuera de los posicionamientos geopolíticos o ideológicos, el acento volvería a estar en consolidar a los BSA en el marco federal. Su primera acción sería convocar a los Presidentes-Delegados y MMSS, al advertir que con ya 380 “filiales” de la asociación a lo largo del país, la necesidad de trabajar mancomunadamente con ellos se imponía. La necesidad de convertir, finalmente, a los BSA en una estructura moderna de administración y burocracia también lo era, teniendo en cuenta sus propias palabras: “Hasta ahora y ya lo he dicho antes, hemos venido sembrando el scoutismo a voleo, pero dado la complejidad y vastedad que hoy esta obra ha adquirido, ha sido necesario ajustar su organización con bases técnicas y científicas[371].

En enero de 1943 moría el General Agustín P. Justo, cuando no pocos pensaban en su posible vuelta a la presidencia, e incluso muchos de ellos –como los BSA– habían apostado por ello. En efecto, unos meses antes, el Directorio había realizado un homenaje a Justo, en el que se recordarían sus “treinta años solidarios en una labor común”[372]. Una vez conocida la noticia del deceso, la página del entonces bimensuario[373] oficial scout se daba por entero a la noticia y al reconocimiento público tanto por “su constante adhesión a nuestra obra” como por gestionar “la casa que hoy ocupa”[374].

Cumpliendo con los honores fúnebres que estipulaba ya desde 1934 el Directorio ante los fallecimientos de quienes habían sido sus dirigentes, la hoja de los BSA se posicionaba y demostraba la pérdida no sólo para el scoutismo de “una de sus figuras prominentes”, sino también para “la patria” de “un estadista de singulares relieves” y a “uno de sus preclaros servidores”[375]. Ciento cincuenta boy scouts y scout girls lo despedirían con honores en el Cementerio Norte y el propio Jefe Scout Baudizzone sería uno de sus oradores, repitiendo la identificación constante con la frase “Él como Nosotros”[376]. Así, se incorporaba un nuevo “prócer” a un canon que parecía ser tanto de la patria como del scoutismo.

De esta manera, 1943 se presentaba como un año particularmente incierto, no sólo por la evolución de la guerra mundial, sino por la muerte de dos de las principales figuras que venían animando la política local, Alvear –el primer presidente honorario scout– y Justo –el que, entre otras cosas, había propiciado el inmueble asociativo. Sin embargo, cuando la decisión del presidente Castillo había recaído en Robustiano Patrón Costas para –seguramente bajo la garantía del fraude electoral– sucederlo, un golpe militar truncaría la expectativa de aquel que junto a Serrey había presentado un proyecto de ley de fomento a la práctica.

Esta vez… ¿un “golpe” de suerte para los scouts?  El final de la gestión Baudizzone bajo la dictadura militar

El golpe militar de 1943 tendría su “mártir” scout. La revista oficial informaba en el número inmediatamente posterior al hecho que “en los acontecimientos públicos del 4 de junio, falleció trágicamente el maestroscout Osvaldo García, aspirante de la Escuela de Suboficiales del Ejército”[377]. Previamente, en la sesión del 18 de junio, los directores se pondrían de pie en su memoria[378]. García, que había comenzado su formación en la “Sarmiento” de la ciudad de Buenos Aires y luego sería MS de la compañía “Vilela” de Tigre, resultó ser uno de los aproximadamente 80 muertos ocurridos en esa fecha. Sin embargo, la nota luctuosa pasaría rápidamente al registro de las referencias relativas al nuevo gobierno de facto, imponiéndose una mirada fuertemente respaldatoria del régimen militar.

En agosto de ese año, en razón de la conmemoración por el fallecimiento de San Martín, una de las bandas scouts tocaría la marcha de Ituzaingó para saludar al “Excmo. Señor Presidente” Pedro Pablo Ramírez, a la vez que la compañía “French y Beruti” rendiría honores, recibiendo el saludo del “Excmo. Señor Ministro de Guerra, General Edelmiro J. Farrell”[379], antiguo delegado en la provincia de Mendoza[380] y considerado “un entusiasta de nuestra obra”[381].

En efecto, ambas personas habían prestado servicios al scoutismo. Por un lado, Ramírez, en efecto, ya como ministro de Guerra de Castillo había dado un decreto de promoción de la práctica en el Boletín Militar, que los miembros de BSA se encargarían de recordar. Farrell, por otro lado, conocía muy bien la obra del scoutismo, de la que incluso había llegado a participar como referente principal provincial. Así, según destacaría, meses después, en alocución de la “Semana del Scout” de ese año por Radio del Estado, el ministro de Guerra (a pocos días de obtener, además, la vicepresidencia nacional) recuperaría idealizadamente su experiencia al recordar que, en la década del treinta, “en una de nuestras históricas provincias, como jefe del ejército he tenido oportunidad de contemplar con emoción colmenares de niños dirigidos también por jóvenes animosos”[382]. Decimos idealizadamente ya que la reorganización de las compañías scout en 1936, en los tiempos que Farrell era comandante del Destacamento de Cuyo, no dejaría de ocasionarle algún que otro contratiempo.

De hecho, en una carta, en su condición de Delegado General, aparecida en los diarios en esos días de 1936, Farrell mencionaría “la alarma enorme que ha producido en algunos espíritus, mi empeño en reorganizar los boy-scouts en la provincia de Mendoza”[383], y las acusaciones creadas en su contra –mediante impresos distribuidos– acerca de su voluntad de “imponer al pueblo un grupo armado”[384]. Interesantemente, Farrell se burlaría de esas acusaciones diciendo “¡Cuidado Democracia! No pases por esa esquina que allí hay un niño de diez años, con un palo y una banderita argentina. No pases por ahí, Democracia, que corres un grave peligro”[385]. Como vemos, leídas a la distancia, las palabras expresadas por Farrell mantienen su ironía, pero –claro está– en un tono muy diverso al que él le había otorgado originariamente.

Así, la dirigencia de los BSA se volvería particularmente empeñada por lograr que los scouts pudieran “ser vistos” y saludados tanto por Ramírez como por Farrell en los distintos actos en que el Presidente y el Ministro de Guerra estuvieran presentes, como lo mostraría el comentario de Baudizzone en reunión, en ese sentido[386]. Pero Ramírez y Farrell no serían los únicos miembros destacados que se asociarían a los actos de los BSA. En la fiesta del árbol de la ciudad de Buenos Aires, protagonizada por primera vez por el Intendente Basilio Pertiné, participaría la compañía “Cornelio Saavedra”[387].

Con estos antecedentes favorables, y a diferencia de lo sucedido en 1930, la institución de BSA no sólo no se opondría al golpe de Estado, sino que rápidamente reconocería el carácter de “Presidente Honorario” de la Institución para el general Pedro P. Ramírez y de “miembros honorarios” a los ministros, al mencionado Pertiné como Intendente, al Jefe de Policía y al Presidente del Consejo Nacional de Educación[388].

De allí, que la institución se sumara (como no pocas instituciones de las más diversas) a la ponderación positiva del golpe de estado. En ese clima, el Director Benavídes llegaría a lograr, en tanto justificaba que “la institución se encuentra sumamente ligada a las fuerzas armadas del país”[389], que el Directorio entero se pusiera de pie, en una de sus sesiones, en “homenaje a los caídos en la jornada del 4 de junio”[390]. Corroborando los dichos del mencionado Director, muchos de los miembros de los BSA, en relación con su fuerte inserción militar, pasarían a ocupar cargos relevantes en los diversos ejecutivos nacionales, provinciales y municipales, y otros –como el ex interventor Santos Rossi– serían ascendidos en sus funciones[391].

Así, rápidamente, con el cambio de cosas, los nuevos gobernadores territorianos aceptarían reemplazar también a los desplazados en los cargos de delegados de territorios, como demostraría la asunción del Capitán de Fragata Gregorio Báez frente a la salida del Coronel Conrado Sztyrle[392]. También comenzaría a dirigir la Junta de su territorio, el gobernador de Río Negro, don Rodolfo Lebrero[393].

Y así, como había sido Justo en su momento, el orador estelar de la “Semana Scout” de 1943 resultaría ser –como vimos– el Ministro de Guerra y anterior “Jefe” de las agrupaciones mendocinas, el general Edelmiro Farrell, señalando al scoutismo como “nueva fuerza que surge sustentando postulados superiores”[394]. En Tucumán, el interventor Alberto Baldrich daría también un discurso en la fiesta organizada por los boy scouts de la compañía “Independencia” y las niñas scouts de la “9 de julio”, acompañado del presidente del Consejo General de Educación, doctor Nimio de Anquín y del secretario de la Intervención, Sustaita Seeber, tres destacadas espadas del nacionalismo que prestaban, así, su concurso al scoutismo[395], olvidando quizás los fantasmas de las “liberalidades” pasadas.

En efecto, luego del primer cimbronazo institucional, Baudizzone podía congratularse de haber logrado que “los hombres de gobierno, autoridades militares, educacionales y en general” estuvieran, para esa “Semana Scout”, bien “compenetrados del hondo significado social del scoutismo”[396]. A poco de comenzado el gobierno militar, además, el ministro de Guerra Edelmiro J. Farrell, un conocido de los scouts, accedería a la vicepresidencia ante el fallecimiento del Contraalmirante Sabá Sueyro, que atento a la lógica funeraria de la institución, sería despedido de pie en homenaje por parte de los Directores[397].

Sin embargo, el hecho de mayor adhesión al nuevo régimen (y en especial al recientemente asumido Jefe de Estado) que sorprendería al propio Directorio, poniéndolo en una situación algo incómoda, provendría de la localidad de Godoy Cruz, cuando su Presidente-Delegado, Pedro Arce, solicitara que su compañía adoptara como denominación, el nombre del –nada menos que– general Pedro Pablo Ramírez.

Este pedido era realmente inédito y se encontraba en flagrante oposición a lo que señalaba el Reglamento para estos casos, ya que el mismo indicaba que, además de tener que ser un “prócer” o un “benefactor de la humanidad o del scoutismo”, el elegido para nominar a una agrupación debía estar ya fallecido[398]. Frente a las múltiples veces que se había defendido esta indicación (en especial, el requisito del fallecimiento)[399], esta vez el Directorio demostraría palmariamente cómo había quedado “pegado” al Golpe de Estado y a su “conductor”. En vez de rechazar in limine este pedido, como pretendían Basso y López Herrera (a pesar de señalar el primero que el presidente le merecía “el más alto concepto”, señalando incluso –con cierta candidez– que “el mismo Presidente se opondría a que no cumpliéramos lo estatuido”[400]), el director Staub propondría que el propio Reglamento fuera reformado para poder incluir ese nombre.

Quizás sin quererlo, el delegado de Godoy Cruz siguiendo la decisión de su propia mesa directiva local, había puesto en un inesperado dilema al Directorio: o aparecer como absolutamente “sumiso” frente al nuevo poder, o aparecer como “ingrato”. De hecho, el Director Levene diría que habiendo sido el nombre adoptado “por aclamación de las personas constituidas en asamblea” y teniendo en cuenta “las consecuencias morales que una negativa pudiera acarrear”, debía aceptarse el nombre y no “aferrarse a la reglamentación, desde el momento que su transgresión no afecta ni lo moral ni lo orgánico”. Curiosamente, Levene señalaba que había que hacer eso, “haciendo prescindencia de ideologías”[401].

Así, la propuesta había logrado instaurar un precedente lastimoso no sólo para el respeto a las reglas, sino –aún peor en términos estratégicos– para la cohesión del Directorio, porque se tendría que acudir al protocolo de votación nominal para decidir la cuestión, lo que en la lógica interna resultaba negativo y que sólo había sucedido en muy pocas oportunidades y con consecuencias gravosas (recordemos el fracasado intento de Moreno de ocupar el cargo de Presidente y Comisionado a la vez).

Así, para empeorar las cosas, el Directorio decidiría por la mínima diferencia de 4 votos (Benavídes, Staub, Levene y Vergelin) a 3 (Basso, Sáenz y López Herrera), desatender e infringir su propio reglamento, “increíblemente”, en aras del culto a un presidente de facto que llevaba menos de un semestre en el poder, y que por lo pronto además, duraría sólo unos pocos meses más en esa posición, al ser “obligado a renunciar” en febrero de 1944, sin dejar –por otro lado– una imagen demasiado laudatoria para la posteridad[402]. No deja de llamar la atención que, lo que no había hecho la institución por un Presidente de la Nación abiertamente “propio” como Justo, poniéndole a una compañía su nombre en vida; un solo Delegado local, es cierto que en extremo fervoroso, lo había conseguido para el general Ramírez[403].

Quedaba explicitado, así, que los tiempos del “decoro” de la autonomía parecían haber pasado para la institución. La colocación de la foto de Ramírez, luego, en la sala de sesiones del Directorio y el intento de comprar una “foto escultura” de Farrell para regalársela parecen, sin dudas, ratificar esa afirmación[404]. A cambio, la asociación recuperaría para el año 1944 el antiguo presupuesto de 50 mil pesos que había sabido tener durante las más pródigas épocas radicales.

En mención a ello, cabe resaltar que el cambio de clima político también serviría para ciertas reivindicaciones que el período de dominio conservador había hecho imposible. Bajo una nueva luz, así, aparecía la presidencia de Yrigoyen, lo que permitiría al Director (y Delegado de dos de las compañías de “menores”) Amleto Donadío –con apoyo de Basso y López Herrera– solicitar, con resultado positivo, la colocación del retrato de un “benefactor” del scoutismo que había sido omitido en la galería de cuadros: el del “Presidente Dr. Hipólito Irigoyen”[405]. La misma situación había hecho posible que se formara una Comisión de Homenaje al General Severo Toranzo, de la que participarían los BSA enviando un orador en el acto de recordación del ex Jefe Scout[406].

Más allá de los homenajes y bajo la constante prédica del hacer concreto, además, los niños y niñas scouts colaborarían en los ejercicios de Defensa Antiaérea en la Capital Federal[407], mediante el servicio de estafeta y distribución de propaganda[408], para lo cual, incluso, se los eximía de concurrir a la escuela, justificándoseles la ausencia[409]. Los scouts puestos a trabajar en la distribución de carteles, con la experiencia institucional de varias campañas como las que hemos relatado tanto en la “cruzada” antinormalista como en la difusión de los Bonos Patrióticos, llegarían a repartir más de 50 mil carteles para la Junta dedicada a tal fin[410], por lo que recibirían una conceptuosa nota del Comandante de defensa antiaérea del interior, Coronel Raúl A. González[411].

Sin embargo, el amparo oficial no blindaría a los BSA de furibundos ataques. En esta ocasión, llamativamente, no provendrían de los sectores de “izquierda” sino del más intransigente nacionalismo de “derecha”, a través de la revista Cabildo, la que publicaría un artículo considerado tan agraviante por el Directorio, que lo forzaría a realizar una protesta al gobierno e intentar realizar una acción legal[412]. El artículo tenía que ver con el apoyo del periódico a la facción scout contraria que había producido la escisión liderada por el padre Meinvielle (disputa que, como hemos dicho, analizaremos con detalle en otro capítulo del tomo II). Sin embargo, lo que más atemorizaría a la dirigencia, era que los ataques a los BSA, según señalaría el vicedirector de Cabildo a uno de los Directores, tenían como explicación que desde el periódico se hacía “una campaña para que esta organización pase a manos del gobierno directamente y se inculque religión a los niños”[413]. Al pasarle la nota, nada menos que a Farrell, en una respuesta –propia de su pragmatismo– que le permitía seguir interactuando con los dos espacios, el Ministro de Guerra y vicepresidente diría, simplemente, que “no se diera importancia a la misma”[414].

Junto con el apoyo de los miembros del ejército, aunque pareciera paradojal, sería en los años cuarenta (luego del paso de Fischer a la USCA y la muerte de Etchepare) que los BSA desarrollarían una cantidad mucho más sólida de compañías navales, ya que en poco tiempo surgirían las de Rosario, Olivos y Puerto Madryn, acompañando a las previas de Zárate y Punta Alta. Esta última, ahora pasaría a ser “fiscalizada” por las autoridades de la Base Militar de Puerto Belgrano, con lo cual parecían no estar mal rumbeados los editores de Cabildo en relación con la imposición del control de los Ministerios (en este caso, el de Marina) sobre las compañías[415].

En esa prosperidad, la institución combinaría el crecimiento marcado de compañías con la defensa del statu quo. El discurso circulante en gran parte de la dirigencia se amoldaba así, a los cuestionamientos sobre el “exceso” de libertad, como lo planteaba Mario Alarcón, el Presidente Delegado de la recientemente creada compañía “Leopoldo Uranga”, al señalar que el amor al progreso y a la libertad, no debería significar “conciencias propensas al desorden y a las rebeldías incongruentes”[416].

Entretanto, llegaría el fatídico terremoto de San Juan del 15 de enero de 1944. Además del valor trágico que dicho evento tuvo para la familia scout, ya que 18 miembros de la compañía “Fray Justo Santa María de Oro” perecieron –junto al Presidente Delegado, el Padre Eustiquio Esteban– por los derrumbes[417], también la situación resultó ser un momento para que los scouts demostraran su expertise en ayuda en tragedias, mostrándose “en permanente contacto” con una figura que comenzaba su ascendiente estrella: “el Señor Secretario de Trabajo y Previsión Social, Coronel Don Juan D. Perón”[418]. Se relacionaban así con una figura política que era por primera vez mencionada en ESA, pero que comenzaría a partir de ese momento una estridente carrera política.

Ese coronel, además, resultaba ser, nada menos, que el sobrino de uno de los profesores de la “Academia scout” de los años veinte, Conrado Perón. No deja de ser interesante el hecho que Borges[419] y Perón hayan tenido dos tíos tan identificados con la causa scout. Perón abriría incluso una Subcomisión scout, presidida por Baudizzone y delegada de la Secretaría de Trabajo y Previsión, encargada de todo lo relativo a colectas, recolección de ropas, alimentos y elementos de auxilio[420].

Foto 14. “El señor Vicepresidente de la Nación y Ministro de Guerra, Coronel Juan D. Perón, hablando por L. R. A. y la red argentina de radiodifusión, con motivo de la celebración de la Semana del Scout de 1944” (Epígrafe de ESA). En el extremo izquierdo podemos ver al Jefe Scout Laureano A. Baudizzone.

Al año de producido el golpe, con el desplazamiento de Ramírez y la toma de la jefatura del Ejecutivo Nacional por parte de Farrell, nada había transformado –más bien se había consolidado– la excelente relación de la institución con la dirigencia militar. Así, luego de solicitar el concurso del nuevo presidente de facto con renovado énfasis[421], nada menos que dos mil scouts de las diversas compañías capitalinas de “niñas y varones” celebrarían el 4 de junio presentándose ante el palco oficial de la ceremonia[422].

Sin embargo, la cercanía de la institución con el gobierno encabezado por Farrell, comenzaría a presentar sus riesgos. Porque si por un lado, los miembros de la asociación –como Max Boucher– podían congratularse que se estaba en los “umbrales de la paz” y “llegando al fin de una de las guerras más horrorosas, terribles y sangrientas”[423], la pregunta acerca del futuro que deparaba ese fin (“¿Qué vendrá luego?”[424]) no dejaba de ser inquietante, ya que eso era “un misterio, una nebulosa”[425]. El futuro desarrollo de la situación política nacional y de la marcha de la geopolítica mundial demostrarían lo acertado que estaba Boucher al resaltar las dudas frente a un mundo y un país que conocerían en breve –sin poder precisarse en esos momentos– la transición hacia la guerra fría –por un lado– y la incubación del peronismo como movimiento de masas –por el otro.

Así, las turbulentas aguas en las que navegaría la sociedad argentina, no resultarían tranquilas tampoco para el movimiento scout. En gran medida por la propia heterogeneidad resultante, producto de las posiciones encontradas al interior del Fuerzas Armadas (entre “demócratas”, “neutralistas” y “nacionalistas”) que podían provocar previsibles “dolores de cabeza” para la institución, que albergaba dentro de sus filas a la misma variopinta conformación ideológica. Así, el Presidente-Delegado de Rosario, en ese momento, el Coronel Roque Lanús, que sería felicitado por su labor por parte del Directorio de los BSA, en reunión del 28 de julio[426], al plegarse al movimiento conocido como de “Resistencia” democrática, terminaría siendo retirado del servicio activo del Estado Mayor, por decreto de Farrell y Perón algunos meses después[427].

Por otro lado, la presión creciente de los grupos que, al calor de la “Liberación” de París y la inminente derrota del Eje, comenzarían a invocar la restauración de un gobierno constitucional, bien en la forma de cesión del Ejecutivo a la Suprema Corte, bien por el llamado a elecciones libres, podía interferir en el consabido intento de “neutralidad” de los BSA. Así, los vientos de cuestionamiento al gobierno militar, llegarían a las reuniones mismas del Directorio, a través del sonado caso de disputa, producido en Pehuajó, entre el Comisionado Municipal, Raúl E. Molina y el Jefe de Policía, Ignacio Quiroga, por permitir éste una conferencia –del profesor Ortega– que aquel había desautorizado[428]. Esta pelea que había empezado con sordina, se iría amplificando, hasta movilizar a los vecinos pehuajenses al grito de “¡Argentinos sí!, ¡Nazis no!” y colocarse del lado de Quiroga, quien precisamente era tanto el Presidente-Delegado de los boy scouts como del Rotary Club de esa localidad. En esa condición, Quiroga pediría la intervención del Directorio, forzando al Coronel Sáenz a entrevistarse con el interventor provincial Sanguinetti para pedir la investigación del asunto[429].

Esta “mediación” no dejaba de ser parcialmente dolosa para los integrantes de los BSA, ya que podían quedar implícitamente colocados (a pesar de todos sus esfuerzos, juzgados incluso por muchos como “colaboracionistas”) en una línea “aliadófila” que podía ser pensada como cuestionadora del gobierno militar, en especial al realizar “seguidismo” a una agrupación como el Rotary Club, a la que se identificaba abiertamente con los sectores impulsores del esfuerzo de guerra anglo-estadounidense. En ese proceso, como mencionamos, la figura de Perón comenzaría a distinguirse en su nuevo rol de vicepresidente y su foto aparecería más de una vez en las páginas del periódico oficial scout. La equiparación entre Farrell y Perón sería tal que sus mensajes y sus fotografías compartirían en pie de igualdad, una misma página en el número extraordinario por la “Semana del Scout”[430]. En esa instancia, el futuro presidente electo, conocedor de la terminología de la práctica, definía al movimiento, nada menos, que como “escuela de la vida”[431]. Por otro lado, él mismo recibía homenajes en localidades como Villa María, a los que asistirían la compañía de scout girls y boy scouts de la localidad de General Cabrera[432].

Por sobre las atribuladas arenas políticas, con todo, el fin de año 1944 llegaba con una perspectiva de floreciente situación para los BSA, multiplicados en filiales y con promesas –aunque siempre dilatadas– de ver aumentadas sus arcas. Sin embargo el último mes traería, además de la noticia de la muerte del ex Jefe Scout Sartori[433], un fuerte impacto por la debilitada salud del presidente Baudizzone, quien no llegaría a dirigir la reunión de diciembre de ese año, siendo suplantado en esa ocasión por el vicepresidente 2º, Frank Soler[434]. Al entrar el año siguiente, mientras los scouts realizaban su campamento general en Mendoza, Baudizzone sería suplantado en la presidencia de la Institución, por el Vicepresidente 1° Contralmirante Pedro S. Casal[435], para no volver a poder ocupar su lugar.

El 11 de marzo el Directorio en pleno se reuniría en sesión extraordinaria para lamentar su fallecimiento y mostrarse “atribulados por el dolor que sinceramente se siente por los seres nobles”[436]. Quedaba claro que la pérdida del Jefe Scout significaría un antes y un después en la vida institucional, por lo que la revista no dudaba en detenerse en resaltar su figura con un número de homenaje[437], con frases entre las que se destacaban “la bella nobleza de su autoridad”, su “vida activa, varonil y austera”, su “mente despierta” y “su juicio ponderado”[438].

El reconocimiento a Baudizzone se expresaría no sólo en los sectores dirigenciales superiores, sino también en los intermedios, como lo demostraría el rápido pedido de bautizar con su nombre a las compañías de Nueva Pompeya, Villa Ballester, Chivilcoy y La Escondida[439] (rompiendo nuevamente con el pedido reglamentario –y para esa instancia largamente desconocido– de evitar la duplicación de nombres). La expansión en su gestión no era fácil de subestimar: poco antes de finalizar la guerra, el scoutismo contaba con 365 agrupaciones de varones, 61 de niñas scouts, 6 compañías navales, en un total de 36.800 niños, 369 MMSS, 697 ayudantes y algunos miles de guías[440], que elevaban el total a cerca de cuarenta mil afiliados.

Así, Baudizzone fallecía dejando a la institución en un momento trascendental de transformaciones que comenzarían a experimentar el mundo y la Argentina en ese año de 1945, con la muerte de Roosevelt[441] (a quien homenajearían los BSA, ahora bajo la jefatura interina de Casal[442]), la rendición de Alemania en mayo, el fin de la guerra en agosto, la definitiva centralidad política de Perón a partir del 17 de octubre y la conformación de la alianza electoral opositora a su figura en diciembre, bajo el tándem Tamborini-Mosca. El sucesor de Baudizzone, el coronel Luis T. Sáenz, en su mensaje de asunción al cargo de Jefe Scout, parecía querer aclarar que el scoutismo estaba adaptado a los nuevos tiempos, al señalar que dicho movimiento se encontraba “emancipado de toda preocupación bélica o antidemocrática”[443].

Esto no evitaría que los BSA siguieran prestando un servicio muy cercano a las diferentes autoridades de facto, como lo demuestran los agradecimientos que tanto la Municipalidad porteña como la Dirección de Tiro y Gimnasia les acercaban por su colaboración en instancias como las campañas de concientización de tránsito o la “Cruzada Deportiva de la Argentinidad”[444].

Esa continuidad en el acercamiento, con Baudizzone ya fallecido, habilitaría a un creciente intento de control y subordinación de los BSA por parte del Ejecutivo, como habían “soñado” los editores de Cabildo, llevando además con ello los intentos “nacionalizadores” hasta el nódulo mismo de la identidad de la asociación, al pretender, junto con otras reformas, cambiar el mismo nombre de la institución por el de “Exploradores General San Martín”, pretendiendo así, a la vez, “castellanizar a la palabra scoutismo” y rendir “homenaje al Gran Capitán”[445].

Como hemos visto, y como continuaremos viendo con mayor detalle en el tomo II, las tensiones entre la tradición originaria scout y la de culto a la patria habían estado siempre a la orden del día. En efecto, las posturas “nacionalizadoras” que buscaban borrar los vestigios de la “importación” británica contaban con mucho apoyo al interior mismo de la institución. Así, el Delegado mendocino Coronel Miró, ya había expresado, durante la avanzada “argentinista” de segunda preguerra mundial, que sería mejor dejar de lado el nombre de Boy Scouts y utilizar el de un “cuerpo similar que organizó San Martín en Mendoza”[446]. Lo mismo sucedía con la necesidad de castellanizar la palabra scoutismo, como había venido desde el comienzo pregonando el miembro fundador Frank Soler[447].

Sin embargo, las oposiciones a dichas medidas –por considerarlas lesivas de la identidad tradicional de la práctica– tenían una recorrido igual de antiguo y persistente[448]. El hecho que, además, un debate que llevaba décadas de pendulaciones se instalara de manera tan repentina, solicitándose una decisión urgente por la presión sumaria del Ministerio de Guerra, no hacía más que tensar la situación.

Así, aprovechando la referencia a que no era el momento “más oportuno, por las circunstancias que rodean nuestras relaciones internacionales”, el Directorio solicitaría que se abrieran nuevas consultas “en las altas esferas gubernamentales” para decidir al respecto, y así, además, aplazar la necesidad de la decisión final[449]. Inciertos sobre el futuro del “continuismo” del régimen militar (aunque ya perfilada la candidatura del coronel Perón para obrar como sucesor), los BSA quizás dudaban si no les podía pasar lo mismo que les había sucedido con el nombre de la compañía “Pedro Pablo Ramírez” una vez desplazado dicho general, y si, en el caso de triunfar los “resistentes” (que al mes siguiente formalizarían la “Unión Democrática”), no deberían tener que volver atrás con los cambios aceptados al Ministerio.

Como hemos visto en nota a pie de esta introducción, el ejemplo del cambio de nombre del Club de Niños “Ling” por el de “Belgrano” en Santa Fe, mostraba que la voluntad “argentinizadora” de la época –sustentada por grupos “nacionalistas” y vehiculizada por el Ejecutivo nacional– parecía ser omnímoda y avasallante, llegando incluso a proponerse el cambio de la insignia con la “adopción de la flor de ceibo como distintivo scout” en vez de la “flor de lis”[450]. En este caso, la oposición del Directorio sería inmediata, recordándosele a las autoridades ministeriales, no sin cierto aire de desafío, que la “flor de lis” usada por los BSA tenía “además grabado la pica y el gorro frigio, que significan libertad”[451].

La presión creciente de los Ministerios de Guerra y Marina sobre la institución la colocaban en el ojo de la tormenta política, justo cuando esta parecía a punto de desatarse con mayor clamor. De hecho, por primera vez se pensaría en suspender el Campamento General, teniendo en cuenta –como decía el Director Levene– “el momento constitucional especialísimo que vivimos, que llegará al máximo de intensidad cívica en el mes de febrero con motivo de las elecciones” y que no se juzgaba “apto para realizar concentraciones de niños en un lugar incidental, lejos de los sitios de residencia”[452].

A pesar de las dudas, el campamento general finalmente se resolvería realizar en el último día del año 1945[453]. Sería el último efectuado antes de la asunción a la presidencia de un claro conocedor del movimiento[454], el general Juan Domingo Perón, sobrino de Conrado, aquel que diera clases en la “Academia” scout en los años veinte. El vicepresidente electo, entretanto, también parecía conocer de cerca al movimiento. En 1915, a un correntino llamado Hortensio Quijano, le sería enviada, firmada por el mismísimo “Perito” Moreno, la carta confirmatoria de su habilitación como “Presidente de los Boy Scouts de Goya” encargado de “la organización del escautismo en esa importante ciudad”[455].

En todo caso, más allá de las experiencias puntuales de los mandatarios con el movimiento, luego de su sostenida actividad, para principios de 1946 casi todo el mundo conocía a los scouts y difícilmente podría encontrarse a alguien que al verlos, los pudiera confundir con “japoneses” o “cowboys” como le sucedería a los scouts porteños que habían decidido hacer un raid pedestre a Mercedes, justo el mismo año en que Quijano gestionaba la formación de la compañía goyana.


  1. M.B.D., “Reseña mundial. Biografía del General Baden Powell”, ESA, diciembre de 1928, p. 18.
  2. ADBSA, 23 de noviembre de 1931, p. 306. Pérez Olguín retornaría posteriormente a los BSA, pero sólo para volver a presentar su renuncia en 1937. ADBSA, 9 de agosto de 1937, p. 162.
  3. Por ejemplo, el caso del Ministerio de Obras Públicas que donaría 1200 chapas de zinc para hacer las casillas que algunas de las compañías planeaban construir en el terreno cedido previamente por el “Círculo Militar”. ADBSA, 23 de noviembre de 1931, p. 308.
  4. Todavía a fines de 1936, el Jefe Scout Sartori debía insistir en solicitar el restablecimiento del monto del subsidio previo a la intervención, al señalar que la institución “desde el año 1930, ha venido sufriendo rebajas habiendo sido reducido [el subsidio] en la actualidad de la suma de $50.000 a $29.600 m/n”. “Nota de Sartori al presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Noel”, 30 de octubre de 1936. Expediente 792-P-1936. APHCDN. De hecho, en 1931 se ratificaría la imposibilidad de hacer campamentos generales, ya sufrida el año anterior, por la falta de presupuesto. ADBSA, 23 de noviembre de 1931, p. 306.
  5. Con Dellepiane, Toranzo establecería una amistad, tal puede verse en la confluencia en el almuerzo auspiciado por los BSA, realizado en el restaurante Ferrari. “La despedida a nuestro Presidente General Toranzo”, ESA, mayo de 1926, p. 7.
  6. Así lo cuenta un biógrafo –de militancia comunista– de Mosconi: “Hay tres jefes peligrosos para su régimen [el de Uriburu, A. B.]: Dellepiane, Mosconi y Toranzo. El primero por su edad, no tiene energía para asumir una acción insurgente. Toranzo les está dando mucho que hacer ¿Y Mosconi? ¿qué hace Mosconi? ¿Con quién se ve, con quien conversa, qué prepara? En esos días la preocupación mayor de Uriburu son las actividades cotidianas de este general”. Larra, Raúl, Mosconi, general del petróleo, Buenos Aires, Ánfora, 1976, p. 134.
  7. Nos referimos a los Generales Nicasio Adalid, quien acompañó a Toranzo en el Arsenal, y a Elía Álvarez, comandante de la 2ª guarnición del Ejército. Ambos participarían del almuerzo que referimos en nota anterior y serían miembros del Consejo Nacional de BSA.
  8. S/A, “Acertado nombramiento”, ESA, enero de 1929, p. 1.
  9. Así, podemos ver en uno de los textos presentados para el concurso docente de 1928, que no fue premiado sino que recibió simplemente “Mención especial”, que se criticaba como “protoforma” de las democracias a esas “masas amorfas, apasionadas, sin discernimiento, que se precipitan tras el discurso de un caudillo halagador de pasiones subalternas”. Flores, Mario, “El scoutismo. Medios prácticos para su difusión entre nosotros”, ESA, febrero de 1929, p. 5.
  10. “Acertado nombramiento…”, ESA, enero de 1929, p. 1.
  11. Palabras de El hombre de Horacio B. Oyhanarte, citadas en: Halperin Donghi, Tulio, Vida y muerte de la república verdadera, Buenos Aires, Ariel, 2005, p. 568.
  12. Ver las contratapas de los números de ESA de agosto-septiembre a diciembre de 1930.
  13. ADBSA, 23 de septiembre de 1930, p. 214.
  14. Reduciéndose incluso a 5 participantes la reunión del 28 de noviembre. ADBSA, p. 221.
  15. ADBSA, 23 de septiembre de 1930, pp. 214-217.
  16. ADBSA, 23 de diciembre de 1930, pp. 226-228.
  17. ADBSA, 28 de noviembre de 1930, p. 221.
  18. ADBSA, 29 de octubre de 1930, p. 218.
  19. Francisco Medina (1870-1945) fue un militar que inició en 1889 su carrera como sargento y llegó en 1929, poco antes del golpe que le daría la conducción del ministerio de Guerra, a ser general de división. Su participación en el Consejo Nacional comenzó a fines de la presidencia de Tomás Santa Coloma y continuó ininterrumpidamente durante las gestiones sucesivas, hasta su fallecimiento. Datos propios y Abad de Santillán, GEA, tomo M-Ñ, 1959, p. 210.
  20. ADBSA, 29 de octubre de 1930, p. 220.
  21. Ídem. En el caso de Borzone, la atención daría sus frutos, al menos temporariamente, ya que meses después, el comisario gestionaría en Jefatura Policial, lugares separados para los scouts dentro de las comisarías. ADBSA, 23 de diciembre de 1930, p. 229.
  22. ADBSA, 28 de noviembre de 1930, p. 222.
  23. ADBSA, 23 de diciembre de 1930, p. 231.
  24. “Sesión del 14 de enero de 1931”, EMEC, febrero de 1931, año L., n° 698, p. 210. Esto, más allá de tener buenas relaciones con “Euritmia”, a los que los BSA no dudarían en prestarle, posteriormente, su salón de actos. ADBSA, 11 de mayo de 1933, p. 76.
  25. Sobre los levantamientos de Toranzo y su posterior actuación, ver el apartado “La revolución más allá del partido: Severo Toranzo y Arturo Orzábal Quintana”, en la tesis doctoral de Sebastián R. Giménez, titulada: Un partido en crisis, una identidad en disputa. El radicalismo en la tormenta argentina (1930-1945), Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales-UBA, 2014, pp. 147-157.
  26. ADBSA, 23 de diciembre de 1930, p. 231.
  27. ADBSA, 28 de febrero de 1931, pp. 232-234.
  28. Además de –nada menos que– el secretario Amadeo, también había sido encarcelado, el empleado Luis Fontana quien poseía la “caja chica” de tesorería y que todavía al 22 de marzo de 1931 figuraba detenido en la Penitenciaría, lo que forzaría una reunión especial ese día, por parte del Directorio, para resolver dicha situación (ADBSA, 24 de marzo de 1931, p. 239). Una vez “normalizada” la institución, Fontana volvería como Oficial Mayor de los BSA, con un sueldo mensual de 500 pesos. ADBSA, 4 de noviembre de 1931, p. 297.
  29. ADBSA, 28 de febrero de 1931, pp. 232-233.
  30. Íbidem, p. 234.
  31. Íbidem, p. 233.
  32. ADBSA, 9 de marzo de 1931, pp. 235-236.
  33. Íbidem, p. 236.
  34. ADBSA, 16 de marzo de 1931, pp. 237-239.
  35. ADBSA, 20 de abril de 1931, p. 241.
  36. ADBSA, 16 de marzo de 1931, pp. 237-238.
  37. Íbidem, p. 237.
  38. ADBSA, 20 de abril de 1931, p. 247.
  39. ADBSA, 12 de abril de 1936, p. 31.
  40. ADBSA, 20 de abril de 1931, p. 241.
  41. ADBSA, 28 de abril de 1931, p. 248.
  42. La posible designación de Lavalle a cargo de la institución, en: ADBSA, 28 de abril de 1931, p. 248. La comunicación de su imposibilidad de acceder al cargo, en: ADBSA, 11 de mayo de 1931, p. 254. Decimos que la frustración de la designación resultó un alivio de la dirección scout, primero porque lo consideraban un agente externo, y segundo porque era el director de lo que aparecería como una competencia de la asociación, al crearse la “Legión Cívica” infantil, la que en momentos de la intervención al scoutismo, lograría algo que era un bien preciado para toda organización de ese tipo, como era que el CNE la reconociera como “Institución con fines de cultura cívica y patriótica de carácter apolítico” y le concediera la autorización para “ocupar, cuando lo pida, los locales de las escuelas y plazas de ejercicios físicos dependientes del Consejo [Nacional de Educación], a fin de impartir en ellos, como lo solicita, instrucción de carácter patriótico y nacionalista”. Sesión 59ª del Consejo Nacional de Educación del 29 de mayo de 1931, reproducida en EMEC, año LI, n° 750, Septiembre de 1931, p. 181.
  43. ADBSA, 28 de abril de 1931, p. 251. Poco después las amistosas relaciones con la LP parecían reanudarse con la misma armonía de los años precedentes a la segunda presidencia yrigoyenista. Ante el pedido de la Brigada 19ª, el directorio “prestaría” sus scouts de “la Meana” y “la Alvear” para los festejos del 25 de mayo. ADBSA, 11 de mayo de 1931, p. 256. En esos buenos términos se mantendría la relación durante todo lo que quedaría del período indagado, como mostraba la nota de estímulo que del dirigente de la LP, Lucio Gazcón (hijo), enviaba a los BSA con motivo del desfile de la “Semana Scout de 1942”. ESA, octubre-noviembre de 1942, p. 10.
  44. ADBSA, 28 de abril de 1931, p. 254.
  45. Santos V. Rossi, nacido en 1885, cursó estudios en el Colegio Militar, la Escuela Superior de Guerra y en Italia. Fue jefe del 2° regimiento de Infantería. Dirigió la escuela de suboficiales “Sargento Cabral”, fue jefe de Campo de Mayo y comandante de la primera división del Ejército. Con posterioridad a este período, durante el peronismo, fue presidente del Consejo Nacional de Educación Física. GEA, tomo R-S, 1961, p. 268. Por otro lado, estuvo fuertemente ligado a la práctica del judo y el rugby.
  46. ADBSA, 8 de junio de 1931, pp. 258-259.
  47. Tanto como para no ser reconocido como presidente de la Institución en la historia de la misma que la revista oficial publicara con motivo de las bodas de plata de los BSA. S/A, “El XXV° Aniversario de la Institución ‘Boy Scouts Argentinos’”, ESA, octubre de 1937, p. 2.
  48. Al volver a usar largamente dicho texto, volvemos a citarlo de forma íntegra: “Informe del Interventor Nacional Teniente Coronel Santos V. Rossi, presentado a la asamblea del Consejo Nacional de la Institución, realizada el 16 de septiembre de 1931”. Mecanografiado. Mesa de entradas N° 51, Letra B. Fecha de ingreso: 21/9/1931. MSNA. De ahora en más, nuevamente, Informe Rossi.
  49. A pesar de haberlo hecho de manera unipersonal, puede pensarse que no dejó de primar en su constitución el acuerdo y un criterio con alto grado de realismo “político”, ya que en dicho listado aparecerían tanto “antiguas” caras –en algunos casos llamativamente, de ex radicales como las del ex concejal Basso, pero también de viejos entusiastas de diversas procedencias como Berrutti, Domecq García, Huergo, Justo, Gez, Marcó del Pont– como caras “nuevas” (por ejemplo, desde el católico Aberg Cobo y el nacionalista Lavalle hasta representantes empresariales como Luis Colombo). Informe Rossi, pp. 1-2.
  50. El informe sería aprobado por el presidente Uriburu y el ministro Medina, con decreto del 7 de octubre. BORA, 20 de octubre de 1931, p. 861.
  51. Informe Rossi.
  52. Además del informe señalado, contamos con otra copia, mimeografiada sin referencias, más que las que decían que estaba destinada a la Inspección de Justicia, y titulado “Informe Correspondiente a la Paz Administrativa”. En él, Rossi, dirá que los libros de contabilidad habían sido llevados con “evidente atraso”, el libro de caja tenía “hechos anormales” e ingresos no contabilizados y los libros de cuenta corriente habían sido “llevados sin ninguna atención”. “Informe correspondiente a la paz administrativa”, pp. 1-2 (De ahora en más, Rossi. Paz Administrativa).
  53. De quien se señalaba que, en el plano material, “estos errores […] no deben imputarse a la conducta del tesorero, Sr. Natalio Borga, sino a la del empleado o empleados que lo asesoraban” y, en el plano moral, la responsabilidad era “en general” de los miembros del Directorio por no haber tomado “medidas de severo control y por dejar librados a la merced, conducta y disciplina de los empleados rentados de la institución los intereses de la misma”. Recordemos que algunos de ellos, como Luis Fontana, venían de ser encarcelados como “cómplices” de Toranzo. Rossi. Paz administrativa, p. 5.
  54. En el capítulo VI de ese informe, titulado precisamente “Situación irregular del exsecretario, Sr. José M. Amadeo”, se lo acusaba de cobrar viáticos que no le correpondían. Rossi. Paz administrativa, pp. 7-8.
  55. Íbidem, p. 13.
  56. Informe Rossi, p. 4.
  57. Íbidem, p. 5.
  58. Ídem.
  59. Ídem.
  60. Íbidem, p. 6.
  61. Íbidem, p. 8.
  62. “Gráfico indicando las altas y bajas de compañías en todo el paíse en el período 1914 a 1931” Informe Rossi.
  63. Recorte del Diario La Prensa del 17 de septiembre de 1931. En Rossi. Paz Administrativa.
  64. ADBSA, 19 de mayo de 1932, p. 17. Sustaita Seeber, miembro de la “Legión Cívica”, había ingresado precisamente en 1931 con el movimiento de intervención de la institución. Años más tarde, Sustaita sería ministro de la intervención peronista a la provincia de Corrientes y legislador nacional.
  65. Los dos hijos de Toranzo, no parecen haber mantenido, por otra parte, los “estándares” democráticos y republicanos de su padre: tanto Carlos Severo como Federico participarían activamente de futuros golpes de estado, luego de la muerte de su padre. Antes de ello, Carlos sería Presidente Delegado de la Compañía mendocina de Campos Los Andes y, luego de la de General Roca en Río Negro.
  66. Toranzo, Severo, “Al general Uriburu” (20 de febrero de 1932), https://bit.ly/3aU2gDW. Consultado 3 de marzo de 2021.
  67. A fines de 1931, por ejemplo, el general Nicasio Adalid, acompañante de Toranzo en la defensa del Arsenal de Luca, informaba de su “renuncia de socio contribuyente”, indudablemente enfrentado al “seguidismo” que había tomado la asociación luego del golpe. ADBSA, 23 de noviembre de 1931, p. 305.
  68. AJEANBSA, 27 de noviembre de 1925, p. 247.
  69. https://bit.ly/2ZbeYvB. Consultada el 3 de marzo de 2021.
  70. Así, cuando se trate de la deuda pendiente del ex secretario Amadeo con la institución por un préstamo personal, se deslindaría toda la responsabilidad del mismo a Toranzo. ADBSA, 11 de diciembre de 1931, pp. 313-314.
  71. La carta de aceptación de Sartori del 21 de septiembre de 1931, en: Mesa de entradas N° 266, letra S. Fecha de entrada 22/9/1931. MSNA.
  72. ADBSA, 11 de diciembre de 1931, p. 315.
  73. Íbidem, p. 316.
  74. Hacemos claramente alusión aquí al capítulo IV del libro de Hebe Clementi (Lautaro. Historia de una editora, Buenos Aires, Leviatán, 2004, pp. 53-75), que reproduce el nombre del libro en su título, ya que fue el primero editado por la editorial que Clementi se ha encargado de “biografiar”.
  75. Así, uno de los redactores de ESA, señalaría: “no ataco ninguna ideología”. Mota del Campillo, Eduardo, “El scoutismo y su pedagogía”; ESA, abril de 1938, p. 1. Sin embargo, en el mismo número, la revista reproducía una noticia del boletín de noticias semanales de los scouts ingleses en los que se citaba como ejemplo a seguir, la negativa de un obrero a ser comunista, por no querer ser “uno más en la multitud”. “Un remedio bueno”, Íbidem, p. 7.
  76. El curso de salvamento de ahogados patrocinado por la Cruz Roja, se daba en la pileta Los Ángeles de Olivos, bajo la dirección del profesor Christian Christensen. ADBSA, 16 de marzo de 1932, p. 336.
  77. En ESA se publicaba la columna “Temas de Higiene”, escrita precisamente por el miembro de la Cruz Roja, Ernesto Ponce, quien moriría años después en el avión que lo trasladaba junto a dos enfermeras de la entidad y que cayó a tierra en 1944, cuando iban a realizar acciones de socorro en el marco del terremoto sanjuanino. Por otro lado, los scouts no dudarían en participar en campañas conjuntas con las autoridades de la Salud Pública, por ejemplo, repartiendo “hojas volantes de propaganda contra las moscas”. AJEANBSA, 18 de marzo de 1924, p. 275. En efecto, la cuestión sanitaria se mantendría como un tema de referencia constante en el ideario scout, tanto como para ocupar una de las materias del programa de la “Academia de MMSS, Ayudantes y Guías”, siendo “la salud pública”, un ítem puntual dentro de dicha organización (ESA, agosto de 1926, p. 3); difundirse bajo aforismos como “por su espíritu y doctrina la higiene es ciencia divina” (ESA, enero de 1929, p. 29) y en ocasiones, reservando su lugar en la revista oficial, como sucedería con el artículo “La Mosca y sus peligros” del reconocido Dr. Carlos Cometto (ESA, enero de 1928, p. 8). Otro interés sanitario era la salud odontológica como lo muestra la publicación del texto de Samuel Mijanovich, “Porque (sic) hay que tratar los dientes temporarios”, TT, septiembre-octubre de 1934, pp. 3-4.
  78. Ver: Dolkart, Ronald H., “The Right in the Década Infame, 1930-1943”, en McGee Deutsch, Sandra y Ronal H. Dolkart, The Argentine Right. Its History and intellectual origins, 1910 to Present, SR Books, Wilmington, 1993, p. 77.
  79. Giúdici, Ernesto, “Fascismo mundial y argentino”, Contrafascismo, agosto-septiembre de 1936, p. 8. (AL-CeDInCI), https://bit.ly/3DRfhui.
  80. Ídem.
  81. Como ha señalado George Mosse en La nacionalización de las masas (Siglo XXI, Buenos Aires, 2007), en ciertos aspectos del nazismo, no hay un corte, sino una continuidad con los rituales políticos y patrióticos masivos creados por el liberalismo. Sin embargo, como el mismo señala, “esa continuidad no debe confundirse con una búsqueda de los orígenes de dicho régimen” (p. 35), por lo que muchos de los que cultivaban la “religión laica” patriótica pudieron plantarse tanto en los campos del antifascismo o del no fascismo.
  82. Halperin Donghi, Tulio, “La república en el limbo”, en La república imposible, Buenos Aires, Ariel, 2004, pp. 80-103.
  83. ADBSA, 24 de octubre de 1932, p. 52.
  84. Íbidem, p. 53.
  85. Ídem.
  86. Comunicado del 20 de abril de 1932 del Jefe de Policía Enrique R. Pilotto, en: Policía de la provincia de Buenos Aires, Disposiciones de la jefatura de policía de la provincia de Buenos Aires, La Plata, Taller de impresiones oficiales, 1933, p. 530. El texto citaba literalmente partes del decreto del año 1917.
  87. S/A, “Momento scoutista argentino”, TT, junio-julio de 1933, p. 1.
  88. Emilio V. Sartori (1876-1944) presidió los destinos de los BSA entre el 16 de septiembre de 1931 y el 7 de julio de 1937. Egresado del Colegio del Salvador, ingresó al Colegio Militar en 1891, graduándose como subteniente cuatro años después. Fue a realizar estudios a Alemania, en 1907, y transitó por varios regimientos. Durante el primer yrigoyenismo fue designado Comandante de la Quinta Brigada de Caballería, pasando a la Tercera Brigada al año siguiente, en donde cultivó su afición como jugador de polo. Fue administrador de la residencia presidencial de Olivos durante la presidencia de Alvear y dirigió el Consejo Supremo de Guerra y Marina. GEA, tomo R-S, 1961, p. 486 y necrológica en ESA, noviembre-diciembre de 1944, pp. 26 y 32.
  89. ADBSA, 25 de septiembre de 1931, p. 260.
  90. Íbidem, p. 262.
  91. Íbidem, p. 264.
  92. Esto era reproducido en las compañías: “no se trata de formar batallones de soldaditos, aquí solo tratamos de formar muchachos fuertes, sanos de cuerpo y de espíritu”. Conferencia de Héctor Moreira Castro, adjunta a la carta del Presidente Delegado de la Agrupación “Tambor de Tacuarí” Alejandro Squassini a Ricardo Staub, Director Secretario del Directorio de los Boy-Scouts Argentinos, 22 de octubre de 1941. Mesa de Entradas N° 561 Letra P. Entrada 13 de Noviembre de 1941, p. 2 del adjunto.
  93. Así se pondría de ejemplo el carácter “hermanador” de un campamento en Alta Gracia, donde un scout paraguayo y otro boliviano “a pesar de todas las dificultasdes internacionales, se portaron como verdaderos camaradas scouts”. S/A, “Breve reseña de las actividades del la Compañía ‘1st. Córdoba Troop’”, TT, enero de 1933, p. 9. Años después, en 1938, la reciente compañía “Simón de Iriondo” de la localidad de Jobson haría un específico acto de celebración por la firma del tratado de paz y en el mástil de la plaza principal colocaría “las dos banderas de las Repúblicas hermanas” de manera que “se confundieron en un histórico beso”. ESA, agosto de 1938, p. 4.
  94. En ese marco, la asociación enviaría felicitaciones a Saavedra Lamas por el Nobel y se le daría un Diploma de Honor a Franklin Roosevelt. ADBSA, 15 de enero de 1937, p. 93.
  95. Afin al ideal pacifista, así, el Guía 1° Álvaro Estevez, publicaba una crónica acerca de la “Paz en el Chaco”, en la que se celebraba el fin de la contienda entre Bolivia y Paraguay y se recordaba la frase de Mariano Varela acerca de que “la victoria no da derechos”. TT, mayo-junio de 1935, p. 9.
  96. Se señalaba que: “La tremenda tragedia que ha terminado es producto de la incomprensión que desorienta y equivoca”. S/A, “Elevad los corazones”, ESA, abril de 1939, p. 2.
  97. Así, en 1938 se reproducía una nota sobre los “días tristes para el scoutismo en China” ya que muchos de sus miembros habían “encontrado la muerte en una forma u otra”. S/A, “Días tristes para el scoutismo en China”, ESA, junio de 1938, p. 7.
  98. “Premio Nobel Por la Paz”, ESA, octubre de 1938, p. 7.
  99. “De Posadas. Ecos de la Semana del Scout”, ESA, enero de 1938, p. 4.
  100. “Comida de camaradería”, ESA, agosto de 1939, p. 3. Negritas en el original.
  101. ADBSA, 13 de junio de 1938, p. 105.
  102. S/A, “Manuel Belgrano. Creador de la Bandera de la Patria”, ESA, junio de 1939, p. 1.
  103. ADBSA, 5 de octubre de 1931, p. 267. Unos años después, en un proceso de ampliación burocrática, las comisiones serían las de: Hacienda, Gestiones Exteriores, Informes y Tribunales de honor, Reglamentación, Didáctica y Exámenes, Divisa de Honor y Taller. ADBSA, 10 de octubre de 1935, p. 286. Las subcomisiones existentes serían disueltas en 1939 a cambio de la creación de una Comisión Consultiva de 5 miembros (Huergo, Meana, Carvalho, Sáenz y Cutrin –presidente). “Información general del Directorio”, ESA, mayo de 1939, p. 6.
  104. ADBSA, 10 de octubre de 1935, p. 286.
  105. Recordemos que la demora de la reglamentación impedía o difería en ocasiones la formación de compañías de ese tipo, como sucedería en La Plata, que frente al pedido del delegado Maleplate de incorporar una sección naval, se le respondería que “hallándose la institución en gestiones para la formación de los scouts navales, no se ha determinado todavía la designación ni la reglamentación del cargo”. ADBSA, 11 de abril de 1932, p. 1. Es cierto, también, que la situación del propio Maleplate –de cercanía con el ex gobernador radical Vergara– había quedado comprometida, derivando finalmente en la intervención de la Comisión local, a pocos meses de dicha solicitud. ADBSA, 12 de agosto de 1932, p. 48. Años después, el separado Maleplate seguiría teniendo enfrentamientos con el Directorio post-intervención debido a utilizar para su periódico “La Plata”, la viñeta de los BSA, “en los recibos de suscripciones”. Frente a esta actitud, el Directorio lo denunciaría a la Policía bonaerense. ADBSA, 20 de marzo de 1935, p. 240.
  106. ADBSA, 5 de octubre de 1931, p. 272.
  107. ADBSA, 20 de octubre de 1931, p. 283.
  108. Así se señalaba que “el pantalón azul se adoptó aquí porque lo llevaban los ingleses, pero ya que debemos amoldar las cosas a nuestro ambiente y comodidad, nada implicaría esta reforma”. ADBSA, 5 de octubre de 1931, p. 72.
  109. ADBSA, 11 de diciembre de 1931, p. 312.
  110. “Conferencia radiotelefónica del General de División Emilio V. Sartori”, en: TT, diciembre de 1932, p. 9. El vicepresidente Baudizzone parecía acompañar estratégicamente estas ideas, hablando en Radio Cultura en contra de las “ideas disolventes en boga” y del “crudo materialismo”. Baudizzone, Laureano, “Definición del scoutismo”, TT, enero de 1933, p. 1.
  111. ADBSA, 26 de octubre de 1931, p. 291.
  112. ADBSA, 5 de noviembre de 1931, pp. 299 y 301 respectivamente.
  113. Sobre este interesante suceso del impacto de la revolución de Pomar en Chaco, ver: Castelán, Silvia L., “La ‘revolución de Pomar y el Territorio Nacional del Chaco”, Nordeste, n° 10, 1999, pp. 80-102.
  114. ADBSA, 24 de febrero de 1932, p. 317.
  115. Íbidem, p. 320.
  116. Íbidem, p. 318.
  117. Ídem.
  118. Íbidem, p. 319.
  119. La carta transcripta íntegramente en ADBSA, 16 de marzo de 1932, pp. 324-326.
  120. Íbidem, p. 318.
  121. El Jefe Scout Sartori señalaría que se había reunido con el nuevo ministro de Guerra que le había confiado que “no habría necesidad” de llegar a que el Directorio presentara su renuncia ante el cambio de gobierno. Íbidem, p. 320.
  122. Íbidem, p. 319.
  123. Íbidem, p. 320.
  124. ADBSA, 16 de marzo de 1932, p. 319.
  125. Ídem.
  126. Íbidem, p. 320.
  127. Ídem.
  128. Íbidem, p. 321.
  129. ADBSA, 16 y 17 de marzo de 1932, p. 327.
  130. Íbidem, p. 345.
  131. S/A, “Itacumbú”, ESA, febrero de 1938, p. 1.
  132. ADBSA, 16 y 17 de marzo de 1932, p. 337.
  133. Ídem.
  134. Ver, por los mosquitos: TT, diciembre de 1932, p. 3; por las langostas: ADBSA, 20 de diciembre de 1933, p. 165; por las cucarachas: TT, abril-mayo-junio de 1936, p. 12 y por las hormigas: ET, mayo-junio de 1934, p. 10.
  135. Como se señalaba, según el artículo 29, el Directorio –cosa que no había sucedido en la gestión de Uriburu– designaría Presidente Honorario al “Excmo. Señor Presidente de la Nación, General don Agustín P. Justo”, y miembros en ese mismo sentido a los ministros, gobernadores y otros funcionarios públicos. ADBSA, 16 y 17 de marzo de 1932, pp. 343-344.
  136. Íbidem, p. 337.
  137. Íbidem, p. 338.
  138. ADBSA, 11 de abril de 1932, p. 6.
  139. ADBSA, 9 de marzo de 1936, p. 33.
  140. ADBSA¸ 24 de junio de 1932, p. 30. Al año siguiente el Ministerio de Marina donaría 300 mantas. ADBSA, 11 de mayo de 1933, p. 80.
  141. La Policía capitalina donaría 100 pares de polainas, 100 breechs de verano, 150 pares de botas nuevas, 50 capas impermeables, 200 bolsas de arpilleras vacías. Ídem.
  142. Como sucedería con el Gobernador de Buenos Aires, quien había prometido costear los 115 pasajes del viaje de la Compañía de Pehuajó a la isla Martín García, y luego por el fracaso de la gestión, los mismos tuvieron que ser saldados por el propio Jefe Scout. ADBSA, 11 de mayo de 1933, p. 83.
  143. “Nueva sede”, TT, abril-mayo de 1933, p. 13.
  144. ADBSA, 6 de octubre de 1936, p. 67.
  145. ADBSA, 16 de marzo de 1932, p. 344.
  146. Crisis que también afectaría las actividades de los scouts, como se señalaba: “Las subvenciones oficiales sufrieron tal rebaja, que muchos de esos campamentos infantiles, tan útiles y tan económicos, han traído en 1934 apenas un veinte por ciento de sus niños débiles [… L]a asociación ‘Boy Scouts’, que tan provechosos servicios presta en la formación de hombres de acción, de inteligencia y de carácter, no han podido traer nada más que unos pocos muchachos. Ha faltado dinero para víveres y no ha habido siquiera quien les diera unas carpas […] Ese es el motivo de que ahora hayan venido menos exploradores que el año anterior”. Soiza Reilly, Juan José, “Los niños pobres”, Caras y Caretas, 27 de enero de 1934, p. 22.
  147. ADBSA, 4 de abril de 1932, p. 350.
  148. Recordemos que Woodrow Wilson, un año antes que Yrigoyen en Argentina, había garantizado la incorporación federal de los BS of America por carta del congreso, protegiendo el nombre y la insigna. Ver “Federal incorporation granted to the Boy Scouts of America”, Scouting, 15 de junio de 1916, p. 1, https://bit.ly/3nr8HEv.
  149. ADBSA, 4 de abril de 1932, p. 350.
  150. El “Empréstito Patriótico” votado por ley 11580 de 1932 fue una emisión de bonos sostenidos con adelantos de billetes por parte de la Caja de Conversión. Resultó la forma que encontró la administración económica de Alberto Hueyo, de pagar sueldos y cuentas atrasadas, saldar el descubierto contraído con el Banco de la Nación y cubrir en parte el déficit ferroviario. Es interesante la labor de propaganda scout a lo largo del país en su favor, ya como declaró Justo en su mensaje presidencial de 1933, los bonos fueron adquiridos en gran medida (90%) por sumas de 50 a 1000$ m/n, lo que a juicio de Justo significaba “la importancia que debemos acordar en el futuro al mercado interno, cuando se trata de financiaciones de interés nacional”, https://bit.ly/3pjdl9S. Consultado: 11 de junio de 2015.
  151. Los BSA contaban desde hacía unos meses con una Comisión de Propaganda integrada por T. Amadeo, García Victorica, López Herrera y H. Levene. ADBSA, 4 de abril de 1932, p. 347.
  152. Recordemos que ya en 1918 con motivo de la promoción de la revista Siempre Listos, la Junta Ejecutiva planificaría cómo realizar una “forma eficaz de propaganda” para difundirla, que incluía pegatinas en las paredes, distribución sin costo en los puestos de diarios y otras iniciativas. AJEANBSA, 26 de marzo de 1918, p. 243.
  153. Bonos, que no deja de ser curioso, los propios BSA no aceptarían, tal como se desprende de la negativa del Directorio de aceptar un bono de mil pesos ofrecido por el Presidente de una de las comisiones de fomento al scoutismo, en garantía a cambio de uniformes. Frente a la propuesta, el directorio le responderá que “puede con él sacar un crédito en el banco y enviar el dinero por cuanto el directorio carece de recursos”. ADANSA, 12 de agosto de 1932, p. 48.
  154. ADBSA, 13 de mayo de 1932, p. 9.
  155. Íbidem, p. 10.
  156. Ídem.
  157. Íbidem, p. 11.
  158. Íbidem, pp. 10-11.
  159. Baudizzone, Concomitancias, p. 12.
  160. Hueyo, Alberto, “La política financiera argentina. Desde el 20 de febrero de 1932 al 20 de julio de 1933”, Cursos y Conferencias, año VI, n° 2, Mayo de 1937, p. 217.
  161. ADBSA, 15 de julio de 1932, p. 39. La carta sería reproducida en: ET, septiembre de 1932, p. 5.
  162. ADBSA, 15 de julio de 1932, p. 37.
  163. Montessori ponderaría, en una conferencia dada en Londres, en la misma década del treinta, el valor de lo colectivo en el scoutismo ya que “el principio moral básico requiere un compromiso desde lo individual: el compromiso del individuo con el grupo. Y eso es lo esencial”. Montessori, María, From Childhood to Adolescence, Montessori-Pierson Publishing Company, Amsterdam, 2007, p. 9.
  164. ADBSA, 15 de julio de 1932, p. 37.
  165. La participación del clero destinado al servicio religioso en la Armada en actos scouts era recurrente, como puede verse también en la participación del capellán de dicha fuerza, Dr. Zoni, como orador para el caso de los scouts navales de Punta Alta. Argüello, Scouts Navales…, p. 77.
  166. En: Napal, Dionisio R., El imperio soviético, Buenos Aires, Stella Maris, 1932, p. 285. Interesantemente, en el clima del recientemente ascendido justismo, Napal señalaba en el prólogo del libro: “Para tener derecho de protestar contra las posibles violencias de la reacción después de la tempestad comunista, pongámonos ahora del lado de la democracia. Luchemos en defensa de los derechos fundamentales del ciudadano, su libertad y su vida, con la misma energía con que rechazamos el despotismo cualquiera sea su denominación política o clasificación ideológica” (p. 9). Zanatta ha reparado largamente en el activismo anticomunista de Napal, a quien ha definido como un “protagonista de primera línea en el reencuentro de la oligarquía tradicional, las fuerzas armadas y la Iglesia” bajo dicha clave, y en el éxito de ventas del libro antes mencionado. Zanatta, Loris, Del estado liberal, pp. 43 y 154, respectivamente.
  167. ADBSA, 12 de agosto de 1932, pp. 46-47.
  168. La única omisión de significatividad con respecto del proyecto inicial de Baudizzone, sería en el artículo 4° relacionado con el monopolio de la práctica por parte de los BSA en el que se preveía que ninguna institución pudiera organizar grupos de scouts sin permiso de la institución, en el que se mencionaba que esto incluía a dichos grupos “cualquiera fuera su denominación” (íbidem, p. 46), aclaración eliminada del proyecto Patrón Costas-Serrey (“Reconocimiento”, p. 125), suponemos que para permitir la “autonomía” de grupos como los “Exploradores” y otros similares, teniendo en cuenta los problemas que había desatado ya el Decreto yrigoyenista en ese sentido.
  169. ADBSA, 12 de agosto de 1932, pp. 46-47. También otro intento del Directorio de propulsar una ley similar en 1938 fracasaría, incluso, en este caso, sin que aparentemente ningún legislador siquiera se hiciera cargo de presentarlo en alguna de las dos cámaras. ADBSA, 13 de junio de 1938, pp. 107-112.
  170. ADBSA, 24 de octubre de 1932, p. 53.
  171. Más allá de que al interior de la institución no se permitieran ese tipo de prácticas, como cuando ante la menor duda de irregularidades en el acto asambleario de la compañía de la sección 33ª el Directorio (es cierto que ya, en tiempos de “primavera orticista”) resolvería –al discutirse “la validez de varios votos depositados”– “no aprobar la asamblea realizada” y “llamar a una nueva asamblea para la constitución de las autoridades”. ADBSA, 13 de junio de 1939, pp. 232-233.
  172. S/A, “El sufragio”, TT, abril-mayo de 1933, p. 16. No sería el único artículo de reivindicación democrática en ese periódico, como podemos ver en “Los cabildos como instituciones democráticas”, ET, abril-mayo-junio de 1936, p. 4.
  173. ADBSA, 9 de marzo de 1936, p. 28.
  174. Para la mirada radical, Rodríguez tendría incluso el tupé de pronuciar –para Radio Splendid– una conferencia por la “Semana Scout”, llamada “Scoutismo y Democracia”, en la que no dudaba señalar sobre esa forma de gobierno que “la han desnaturalizado los mismos que quisieron magnificarla”, y citando a Aristóteles, prevenía sobre los peligros de su “perversión” y caída en la “demagogia, con sus características de ‘forma impura de gobierno democrático’”. De ahí que Rodríguez lamentaría, no la democracia en sí, sino no “la falta de preparación del pueblo para practicarla”. ESA, diciembre de 1941-enero de 1942, p. 1. A ello sumaría que la democracia era “planta que sólo se cultiva de semilla, en terrenos debidamente preparados; pero que degenera y muere si se intenta propagarla por injerto”, y que sería allí cuando “los peligros de la demagogia habrán desaparecido y las prácticas de civismo no constituirán para la patria un peligro o una amenaza”. Íbidem, p. 4.
  175. Sobre todo cuando el propio Directorio definía a Rodríguez como una “persona de gran actuación en las esferas oficiales, de temperamento dinámico y de reconocido prestigio”. ADBSA, 8 de noviembre de 1937, p. 191.
  176. Señalados en: ADBSA, 22 de noviembre de 1937, p. 5.
  177. ADBSA, 8 de noviembre de 1937, p. 192.
  178. ADBSA, 15 de noviembre de 1938, pp. 168-172.
  179. ADBSA, 15 de septiembre de 1939, p. 252. El Directorio no le aceptaría la renuncia, pero el Jefe Scout le enviaría una nota, en parte legitimando la decisión del Gobierno provincial, al decirle que en todo el momento en que estuvo a su cargo, el terreno que había sido prestado inicialmente no se había beneficiado con ninguna mejora. Ídem. A pesar de producido el golpe de Estado de 1943, Rodríguez seguiría como Presidente Regional, pero continuando siempre en la “mira” de Baudizzone, quien señalaría que su acción debía ser “orientada en el sentido de que preste un concurso más eficaz a las compañías de su jurisdicción”. ADBSA, 23 de junio de 1944, pp. 89.
  180. Así, el tesorero de la Comisión de Fomento, Juan Aguirre, comenzaría una campaña contra su liderazgo, lo que provocaría que Rodríguez lo destituyera. ADBSA, 27 de diciembre de 1939, p. 291.
  181. ADBSA, 26 de julio de 1940, p. 372.
  182. “Condiciones que debe llenar el scout para optar el cargo de Guía”, TT, julio-agosto de 1934, p. 8.
  183. Veronelli, Fernando J., “Moral Cívica”, ESA, mayo-junio de 1945, p. 16. Énfasis nuestro.
  184. S/A, “1810 –25 de mayo– 1936”, TT, abril-mayo-junio de 1936, p. 1.
  185. ADBSA, 19 de junio de 1933, pp. 110-111.
  186. ADBSA, 24 de junio de 1932, p. 29.
  187. ADBSA, 16 de enero de 1934, p. 170.
  188. Íbidem, pp. 170-171.
  189. ADBSA, 16 de agosto de 1935, p. 269.
  190. Recorte del 3 de septiembre de 1936 del periódico Adelante de Bell Ville. Libro 1°, p. 18. La inferencia en relación a que se trata de la copia de una gacetilla de prensa o un volante similar, se debe a que dichas palabras serían reproducidas luego, exactamente iguales a las de Adelante, por el diario El Popular de Necochea en su edición del día siguiente. Más allá de la frase, los textos difieren, por lo que podemos pensar que son recortes y reelaboraciones de una fuente en común, que figura íntegra con el encabezado Boy Scouts Argentinos (lo que reafirmaría su origen institucional) tanto en el diario La Fibra de Villa Ángela como en El Orden de Quitipili.
  191. ADBSA, 10 de abril de 1934, pp. 176-177.
  192. ADBSA, 16 de julio de 1935, p. 255.
  193. Íbidem, p. 256.
  194. Ídem.
  195. Ídem.
  196. Íbidem, p. 258.
  197. ADBSA, 16 de agosto de 1935, p. 262.
  198. ADBSA, 29 de abril de1937, p. 102.
  199. ADBSA, 17 de abril de 1936, p. 35.
  200. Ídem.
  201. ADBSA, 15 de enero de 1937, p. 95. No será el único lugar de sierras usado para campamento general, ya que en 1940, se trasladaría el mismo a La Serranita, en Alta Gracia, Córdoba, en el campo cedido “desinteresadamente” por el señor Elías López y con la participación médica de Raúl Mattera. ESA, febrero y marzo de 1940, p. 1.
  202. ADBSA, 21 de junio de 1934, pp. 204-207.
  203. Como vimos, la figura de Fischer eran tan fuerte al interior naval, que uno de los cuatro premios anuales (los otros eran el “Brown”, el “Siempre Listos” y el “Sarmiento”) de la Agrupación “Almirante Brown” llevaría su nombre para reconocer a la mejor Patrulla.
  204. ADBSA, 20 de diciembre de 1933, p. 156.
  205. Ídem.
  206. Íbidem, p. 157.
  207. Como sus antecesores, Sartori reconocía la capacidad de hermandad del scoutismo que lograba que “provenientes de todos los hogares, sean ricos o pobres, se hermanen en las compañías”. Conferencia de Sartori en: “Ecos de la ‘Semana del Boy Scout’”, ET, diciembre de 1932, p. 9.
  208. La Nación, 2 de septiembre de 1932, p. 6.
  209. Esta condición podía ir desde la búsqueda individual (puede mencionarse el intento –finalmente fallido– de la Junta Ejecutiva por conseguirle un trabajo a un miembro, Nicolás Gregorio, a partir de sus contactos con la gobernación bonaerense; o el exitoso al ubicar a un MS de Olavarría en un puesto en el ferrocarril provincial) o la campaña colectiva llevada por Toranzo y el secretario Amadeo, al dirigir una nota a los comerciantes e industriales para que prioricen en sus contrataciones a los scouts de entre 14 y 18 años, lo que al menos en el caso del Banco “El Foro Argentino” había tenido consecuencias favorables al ser contratado un scout de “la Santa Coloma”. Para el primer caso, AJEBSA, 19 de diciembre de 1926, p. 1, para el segundo, ADBSA, 2 de mayo de 1930, p. 197; por la nota de Toranzo y Amadeo, “Plausible iniciativa en favor de los ‘boy scouts’”, ESA, marzo de 1929, p. 18. Esta capacidad de los BSA de funcionar como agencia de empleo de sus miembros continuaría, como lo demuestra la obtención –debido a la influencia de la institución en el Consejo Nacional de Educación– del cargo de maestro de escuela por parte del Delegado de la Compañía en Resistencia. ADBSA, 20 de marzo de 1935, p. 240. Sin embargo, ante dicha eficacia, los pedidos de intercesión del Directorio en el logro de cargos serían cada vez más numerosos y “osados”, tanto como para provocar que el Presidente Delegado de la ciudad de Trenel pidiera el apoyo de los BSA para ser nombrado, nada menos, que Juez Titular de Villa Orata. Esto provocaría, no sólo el rechazo de los miembros como Staub, en atención que se trataba de “un puesto de mucha responsabilidad que no puede la Institución asumirla” (ADBSA, 21 de junio de 1937, p. 13) sino, además, la necesidad de establecer –según pedirían Vergelin y Huergo– “condiciones para tener derecho a ser recomentado, de lo contrario puede ocurrir de que (sic) algunos elementos se inscriban para la obtención de puestos”. A partir de esa idea, es que los BSA comenzarían a evaluar recomendaciones para puestos sólo para aquellos miembros de más de 5 años de antigüedad. Ídem.
  210. La Nación, 2 de septiembre de 1932, p. 6.
  211. Patrón Costas y Serrey, “Reconocimiento…”, p. 125. Palabras casi calcadas serían las que el año siguiente escribiría Fischer, todavía –al menos formalmente– dentro de los BSA, al señalar que el código de Baden Powell servía para defender “admirablemente a la juventud del contagio de la calle, del materialismo brutal y del vicio”. Argüello, Scouts Navales, p. 80.
  212. Costas y Serrey, “Reconocimiento…”, p. 125.
  213. S/A, “El trabajo de los menores”, ESA, marzo de 1928, p. 2.
  214. ADBSA, 22 de julio de 1933, p. 125.
  215. ADBSA, 6 de junio de 1932, p. 24.
  216. Íbidem, pp. 23-24.
  217. S/A, “Una labor beneficiosa”, TT, marzo-abril de 1934, p. 8.
  218. Ídem.
  219. Ídem.
  220. S/A, “Contradicción”, TT, julio-agosto de 1934, p. 10.
  221. S/A, “¿Qué es scoutismo?”, TT, septiembre-octubre de 1934, p. 2.
  222. Como fundadamente se ha señalado: “La ausencia de control familiar sobre las actividades de los menores, su presencia en la calle y su participación en los lugares de sociabilidad adulta, eran situaciones consignadas en los expedientes para caracterizar aquello que se denominaba como ‘antecedentes ambientales irregulares’. Según los expertos, estos ambientes eran proclives a la difusión de la ‘perversión moral’ y la ‘mala vida, por lo tanto se oponían a la prevención del delito infantil y juvenil”. Stagno, Leandro, Una infancia aparte. La minoridad en la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, Libros Libres. 2010, p. 92.
  223. Como, atenta a la bibliografía existente, resume Bontempo, “a medida que transcurría el siglo XX, la dicotomía entre ‘menores’ y ‘niños’ fue complejizándose y erosionándose”. Bontempo, Paula, “Prólogo” a Bontempo, Paula y Andrés Bisso (editores), Infancia y juventudes en el siglo XX, Buenos Aires, Teseo Press, 2019, p. 13.
  224. ADBSA, 15 de junio de 1936, p. 51.
  225. Ídem.
  226. Ídem.
  227. Miguel Vergelin, tisiólogo y médico universitario, contaba al momento de la discusión con 37 años. Fue ininterrumpidamente vocal-director del Directorio desde 1934 hasta más allá del fin del período que investigamos. Era, además, Presidente Delegado de la Compañía “Coronel Brandsen” de Capital Federal. Fue Profesor Titular de la materia “Primero Auxilios”, de la Academia scout. ESA, abril-mayo de 1942, p. 4. Algunos datos tomados de GEA, tomo T-Z, 1963, p. 351.
  228. ADBSA, 15 de junio de 1936, p. 51.
  229. Ídem.
  230. ADBSA, 12 de julio de 1937, p. 141. Sobre las cuestiones relativas a las denuncias de diverso tipo, lo “no dicho” en las relaciones interpersonales y la función del Tribunal de Honor trabajeremos en el tomo II.
  231. “Casanova. Scoutismo en la Colonia Infantil ‘Mi Esperanza’”. ESA, octubre-noviembre de 1942, p. 14.
  232. ADBSA, 17 de junio de 1938, p. 119.
  233. Así, en la misma lógica, también durante el justismo, el MS Di Tullio seguía solicitando viáticos en forma de uniformes para “obsequiarles a los niños pobres de las compañías”. ADBSA, 26 de julio de 1937, p. 148.
  234. “Reseña del campamento de Boy Scouts en Mar del Plata”, TT, noviembre de 1934-abril de 1935, pp. 4-5.
  235. ADBSA, 20 de marzo de 1935, p. 235.
  236. Además, la ESA lograría la reducción de tarifa reducida por parte de la Dirección General de Correos y Telégrafos, junto con la denominación de “publicación de interés general”. ADBSA, 18 de octubre de 1937, p. 189.
  237. ADBSA, 20 de marzo de 1935, p. 229. Luego de una propuesta desechada, se aceptaría la del MS Antonio Domínguez, según las actas de la reunión directorial del 9 de marzo de 1936 (p. 27) y debiendo contar con el visto bueno de la Dirección Técnica de los BSA. ADBSA, 22 de abril de 1936, p. 44. Sin embargo en reuniones sucesivas se terminaría por perfilar el control único de la revista por parte del Directorio.
  238. Ídem.
  239. ESA, abril-mayo de 1941, p. 8.
  240. ESA, septiembre de 1937, p. 8.
  241. Elflein, Ada María, “Una contribución”, Siempre listos, abril de 1915, 1, 4, pp. 20-22. Hacia 1939 sus textos seguían siendo reproducidos en el periódico oficial ESA, como lo muestra la impresión de “La laguna del oro” (febrero de 1939, p. 6), relato tomado de su libro Leyendas Argentinas.
  242. Por ejemplo de Sara N. de Tamburini con su “Canto al Boy Scout” (Octubre de 1938, p. 3) o de M. Eva G. L. de Bustinza, bajo el título “¿Qué es un scout?” (noviembre de 1938, p. 3.)
  243. ESA, septiembre de 1938, p. 5.
  244. Ídem.
  245. Ídem.
  246. Ídem.
  247. ESA, octubre de 1939, p. 2.
  248. Ídem.
  249. ADBSA, 25 de noviembre de 1935, p. 297.
  250. Íbidem, p. 299.
  251. Íbidem.
  252. Así, los scouts “alemanes” harían su campamento en “Colonia El Sauce”, los “británicos” en Alta Gracia y el “Ejército de Salvación” en la estancia “Piria”. ADBSA, 24 de enero de 1936, pp. 12-13.
  253. ADBSA, 25 de noviembre de 1935, p. 5.
  254. Íbidem, pp. 5-6.
  255. ET, abril-mayo-junio de 1936, p. 5.
  256. No otra cosa hemos trabajado en las páginas iniciales de nuestro Acción Argentina cuando mencionábamos el cordial intercambio epistolar entre Dickmann y Saavedra Lamas.
  257. ADBSA, 25 de agosto de 1936, p. 60.
  258. ADBSA, 10 de mayo de 1937, p. 109.
  259. Que terminaría convirtiéndose en un multitudinario homenaje que las páginas de ESA reproducirían en su primer número de la tercera etapa, ya bajo la presidencia de Baudizzone, resaltando los logros de Sartori al crear el Taller de uniformes, “organizar las agrupaciones de Niñas Scouts” e incorporar “las agrupaciones de hijos de extranjeros, con la clara visión, de que el más sano y puro patriotismo ha de saber procurar en todas formas la mejor adaptación a nuestro medio”. La idea de “a rey muerto, rey puesto” estaba clara ya desde el título del semanario oficial: “Homenaje al Ex Jefe Scout General de División Emilio V. Sartori y al Jefe actual Señor Laureano A. Baudizzone” (p. 5).
  260. ADBSA, 17 de mayo de 1937, Sesión extraordinaria, pp. 114-116.
  261. Íbidem, Sesión ordinaria, pp. 117-123.
  262. El porteño Laureano A. Baudizzone (1878-1945) fue un comerciante y despachante de aduanas, participando de varias empresas como el Mercado de Vélez Sarfield y la Compañía Fosforera Argentina. Presidió el Rotary Club, la Cámara Argentina de Comercio, el Consejo Escolar XI y el Asilo “Ramón L. Falcón”, institución que desde 1925 contaría con un grupo scout propio por él iniciado. Fue miembro de las comisiones directivas del Museo Social Argentino y del Instituto Económico Interamericano. Antes de asumir la presidencia scout fue miembro de la JE y del Directorio, donde comenzó como vocal y miembro de comisiones (como la de Propaganda), ascendiendo escalonadamente hasta la jefatura. Su ingreso al movimiento había sido en 1916, como presidente de la compañía “Buenos Aires”, y desde ese año fue miembro, ininterrumpidamente, de las sucesivas Juntas Ejecutivas y Directorios. Falleció en control de la jefatura scout, el 11 de marzo de 1945. Biografía realizada a partir de: Cutolo, Novísimo…, p. 206; GEA, tomo A-Byn, 1956, p. 420 y de la Historia de Rotary Club Argentino, tomo II en: https://bit.ly/3lW9AFl. Consultado 5 de marzo de 2018.
  263. “Conferencia radiotelefónica del señor don Laureano A. Baudizzone”, ESA, agosto-septiembre de 1930, p. 5.
  264. “Laureano A. Baudizzone. 16-4-1878—11-3-1945”, ESA, marzo-abril de 1945, p. 1.
  265. Íbidem, p. 2.
  266. El intento de ligar ambas experiencias lo llevaría a Baudizzone a dar la ya citada conferencia, precisamente titulada “Concomitancias entre el Rotary y el Cuerpo de Boy Scout” (Mimeo. MSNA). En ella definía que ambas eran “asociaciones que marchan paralelas, impulsadas movidas (sic) y orientadas por sentimientos solidarios y afines”.
  267. Como lo definía Frank Soler, en un recuento de los sucesivos presidentes scouts, que presentaba para una conferencia radiofónica por la Semana Scout: “Laureano A. Baudizzone, prototipo del ‘hijo de si mismo’. Bondad sin límites, dedicación, ejemplo a la obra que lo empeña”. “Conferencias Radiotelefónicas de la Semana del Scout”, ESA, noviembre de 1939, p. 4.
  268. Así, sucedería en 1938 con el renunciante Carlos F. Hanssen, antiguo MS de la Cía. de Villa Ballester, enemistado con el Directorio por diferencias en torno de las compañías “argentino-alemanas”, quien luego de su separación buscaría formar un grupo de “Vigías Argentinos” y otro de “Patricias Argentinas”. ADBSA, 28 de marzo de 1938, p. 61. Por lo visto, poco después fue convencido de reintegrarse, porque escribía para el número de julio de ese año en ESA (p. 1), siendo además posteriormente nombrado por Baudizzone, MS responsable de la Comisión de Academia y Exámenes (ADBSA, 18 de julio de 1938, p. 138) y ocupando temporariamente el cargo central de Director Técnico por licencia de Cutrin (ADBSA, 13 de enero de 1939, p. 193). Luego, directamente, sería designado en el cargo estrenado de “Ayudante” del Jefe Scout (“Información general del directorio”, ESA, julio de 1939, p. 5). Hacia 1944, con la nueva jerarquía, Hanssen sería reconocido como MS de 1ª. Otros grupos también “disidentes” –a partir del desafío inicial de los “scouts católicos”- serían el “Batallón Infantil Patricios” del Cuartel Corrales de los Bomberos (ADBSA, 23 de septiembre de 1938, p. 153) y los “Exploradores Argentinos” de José Aguirre, amparados por el Regimiento de Infantería (ADBSA, 17 de mayo de 1940, p. 342).
  269. ESA, octubre-noviembre de 1941, p. 7.
  270. “Cumplió la institución una deuda de gratitud con el miembro del Consejo Nacional de los Boy Scouts Argentinos General de División Don Agustín P. Justo”, ESA, diciembre de 1942-enero de 1943, p. 6. También sería la encargada de darle el ramo de rosas al profesor Berrutti en un acto de reconocimiento. “En una sencilla y emotiva ceremonia fue entregada al Prof. José J. Berrutti, la ‘Divisa del Honor’”. ESA, junio-julio de 1943, p. 2.
  271. Vemos lo acontecido en la ya mencionada Jamboree de Hungría en 1933, en la que el espíritu scout local debería contentarse ante la imposibilidad de enviar una representación física con –sólo en términos simbólicos– “transponer el Océano, y llegar hasta el citado campamento” para “felicitar emocionado al dignísimo maestro, Sir Baden Powel (sic)”. S/A, “El campamento de Hungría”, TT, junio-julio de 1933, p. 1.
  272. “Representante argentina en el jamboree de niñas scouts en Estados Unidos, N. A.”, ESA, junio-julio de 1941, p. 11.
  273. Ídem.
  274. “Participación de la niña scout Irma Acuña en el ‘Jamboree’ realizado en Massachusset (sic) (EE. UU. de Norte América)”, ESA, octubre y noviembre de 1941, p. 7.
  275. ADBSA, 12 de julio de 1937, p. 140.
  276. Ídem.
  277. Tomando un artículo de “Exámenes de 2ª clase”, encontramos que incluía un pormenorizado conocimiento teórico de primeros auxilios (desde anatomía hasta accidentes eléctricos), de topografía, de campamento y de organización de las compañías; y práctico acerca de cómo desenvolverse en un campamento, que no obviaba ni conocimientos de señales morse ni de qué víveres “son más convenientes desde el punto de vista nutritivo”. ESA, mayo de 1938, p. 6. A eso se sumaría la definición puntillosa de las reglamentaciones de las especialidades, como se indicaba para la de “Señalero”, ESA, junio de 1938, p. 2.
  278. Baudizzone, “Concomitancias”, p. 7. MSNA.
  279. Íbidem, pp. 5-6.
  280. AJEANBSA, 10 de septiembre de 1919, p. 3.
  281. ADBSA, 12 de julio de 1937, p. 137.
  282. Ídem.
  283. Así, Justo, “enterado del problema que tenía la institución por falta de local le prometió auxiliar [a Baudizzone] indicándole que buscara una casa apropiada [para cederla a los BSA] y se lo comunicara”. ADBSA, 16 de mayo de 1938, p. 89.
  284. ADBSA, 31 de enero de 1938, p. 44. El decreto de compra del gobierno del inmueble se daría el 19 de febrero de ese mismo año y el de cesión a los scouts (el n° 4015) se daría el 10 de mayo de 1938.
  285. En el decreto se justificaba la cesión del inmueble, por ser “evidentes los beneficios que esta Institución presta al país impartiendo una enseñanza útil, encaminada a formar el carácter y personalidad del niño, inculcándole, a la vez, sentimientos patrióticos y humanitarios”. “Fausto acontecimiento”, ESA, Junio de 1938, p. 1.
  286. Por ejemplo, la donación por gestión de la comisaría y la intendencia, de un terreno en la ciudad de Quilmes (ADANSA, 22 de noviembre de 1937, p. 3), el otorgamiento por parte de la General Motors, de maderas para hacer los baños de campamento (Íbidem, p. 6), la cesión de un terreno por parte de la CADE a la compañía “Sarmiento” de Capital Federal (“Obtención de un terreno”, ESA, Agosto de 1938, p. 6); la cesión de una casa en Paraná por parte del señor Alberto Marangunich, cónsul de Yugoeslavia en Paraná, a la compañía “General Urquiza”, luego de haber sido designado “Miembro Honorario” (ver ADBSA, 21 de junio de 1937 y ESA, Septiembre de 1937 p. 4); y el otorgamiento de un subsidio por parte del Gobierno bonaerense para afrontar las deudas de la compañía de Villa Ballester por la compra de un terreno (ADBSA, 21 de febrero de 1938, p. 54). También, la donación de 31 instrumentos de música para las bandas por parte de la Dirección General de Administración (ADBSA, 22 de noviembre de 1937, p. 7) y la cesión a título precario de un terreno de 22 hectáreas por parte del Gobierno Nacional en Río Tercero (ADBSA, 17 de mayo de 1940, p. 343).
  287. Nos referimos, por ejemplo, al nivel municipal. Así, la compañía reorganizada en la ciudad de Junín en 1940 estaría constituida por una comisión de vecinos que lograría 200 pesos del presupuesto comunal (y con la autorización expresa del interventor de la provincia, Carlos Herrera) para poder costear los uniformes necesarios para dicho cuerpo. “Resolución del 19 de septiembre de 1940” del Comisionado Municipal de Junín, Pablo Cogorno, en Boletín Oficial, año VIII, n° 5, Septiembre y Octubre de 1940, Imprenta Vidaurreta, Pergamino– Junín. GAI.
  288. Así, en el final del mandato, la revista oficial no dudaba en expresar el “agradecimiento al Presidente saliente por su constante apoyo y buena voluntad hacia la institución”. “Cambio de gobierno”, ESA, marzo de 1938, p. 1.
  289. ESA, abril de 1938, p. 1.
  290. Vida Scout, septiembre de 1937, p. 1. Agradecemos muy especialmente al profesor Alejandro Nápoli quien nos acercó –con la generosidad scout que lo caracteriza– una copiosa colección de números de esta revista, para que podamos digitalizarla. Analizaremos largamente, según dijimos ya, dicha revista y todo el proceso de disputa entre scoutismo “laico” y católico, en un capítulo específico del tomo II.
  291. ADBSA, 28 de marzo de 1938, p. 63 y “Miembros honorarios”, ESA, abril de 1938, p. 5.
  292. Elía (o Elías) Crisóstomo Álvarez (Tucumán, 1874- Buenos Aires, 1963) ocupó los cargos de vocal de Junta Ejecutiva scout en los años veinte y de miembro del Directorio de la institución en los años treinta. Fue un militar tucumano, descendiente del general Gregorio Aráoz de Lamadrid, que prestó servicio de fronteras en el Chaco y ascendió a General de Brigada en 1926. Su ligazón con el scoutismo se profundizaría al ser designadao Director de Tiro y Gimnasia del Ejército. Fue, además, Jefe del Estado Mayor y presidente del Consejo de Guerra y Marina. Se retiró en 1932. Cutolo, Novísimo…, p. 61.
  293. AJEBSA, 26 de noviembre de 1926, p. 9.
  294. Y que conectaban al scoutismo con el espíritu griego más que con el romano, al decir: “quiere, en fin, el scoutismo que resurja en nosotros el espíritu siempre joven de la Grecia antigua y eterna”. Tumilasci, Antonio, “Scoutismo”, ESA, enero de 1930, p. 2.
  295. Ponce, Aníbal, “La ‘Semana Scout’”, p. 10.
  296. Íbidem, p. 8.
  297. De hecho, Ponce para explicar la guerra anglo-boer en la que Baden Powell ideó alguno de los valores infantiles que luego desarrollaría en el scoutismo, y a la que describiría como un acto de “las fuerzas inglesas que invadieron a sangre y fuego la república africana de los Boers, sin otra intención que el saludable propósito de civilizarlos”, usaría como comparación “la reciente conquista de Etiopía por Italia” ya que ella podía “dar una idea de lo que fue aquella noble cruzada”. De esta manera, conectar estos dos actos imperialistas, separados por más de tres décadas, le serviría a Ponce para “asegurar” la identificación del scoutismo con el fascismo. Íbidem, p. 10.
  298. Ídem. Como hemos visto para los años veinte, los legisladores eran invitados continuamente a presenciar los desfiles de la “Semana del Scout” como puede verse en la nota que el Jefe Scout, general Sartori, cursaría al presidente de la Cámara, Martín Noel, haciéndola extensiva a todo el cuerpo, justamente para el evento descripto por Ponce y en el que encontraría a un senador socialista como espectador privilegiado. Ver “Nota de Sartori a Noel”, 1° de septiembre de 1936. Expediente 438-P- 1936. APHCDN.
  299. El otro senador socialista en funciones era Mario Bravo.
  300. Mercedes Ortiz de Rozas y Ezcurra, fallecida en 1912, a los 32 años de edad.
  301. ADBSA, 12 de marzo de 1936, p. 30.
  302. Ídem.
  303. Un segundo encontronazo se daría a partir de la nota enviada por los BSA en los que se harían “sugestiones acerca del decreto de cultura física”, sobre el que tampoco se los había consultado previamente. ADBSA, 6 de octubre de 1936, p. 66.
  304. ADBSA, 27 de octubre de 1936, p. 75.
  305. ADBSA, 29 de abril de 1937, p. 103.
  306. ADBSA, 17 de mayo de 1937, Sesión ordinaria, pp. 121-122.
  307. ADBSA, 24 de marzo de 1939, p. 201. Belton había sido Comisionado de Lobería en los años veinte y en los treinta era el encargo de firmar el registro de las leyes provinciales. A fines del período sería miembro del Consejo Nacional scout.
  308. ADBSA, 23 de agosto de 1937, p. 168.
  309. “Donación de un mástil y un gimnasio y entrega de una bandera”, ESA, octubre de 1937, p. 7.
  310. ADBSA, 24 demarzo de 1939, p. 201.
  311. Por ejemplo, en el caso de la señora Gloria Dupuy de Lome de Ávalos, esposa del comisionado de Vicente López (el coronel Amaro Ávalos), quien sería “madrina” del campo deportivo scout en la zona. “Inauguración, en Munro, del campo de deportes de la compañía ‘San Lorenzo’, integrante de la ‘Agrupación General San Martín’ de Vicente López”, ESA, junio-julio de 1941, p. 9.
  312. Así, se señalaría el apoyo de Fresco “a las agrupaciones de ‘boy scouts’ y a todas aquellas entidades infantiles, patrióticamente, en el campo de deportes o en el terreno puramente educacional”. S/A, “Marca toda una época el incremento alcanzado por las obras públicas de la Provincia de Buenos Aires”, Caras y Caretas, 26 de febrero de 1938, p. 55.
  313. Hemos trabajado esas complejidades en nuestro “La Revista de Educación bonaerense durante el período de gobierno de Manuel A. Fresco (1936-1940). Acerca de los ‘usos del pasado’ en los discursos y prácticas escolares”, Clío y asociados, 15, 2011, pp. 27-52.
  314. Así, no se dudaría en aceptar el ofrecimiento del Ministro de Gobierno Roberto Noble, de incluir a los scouts como cooperadores en el “Censo de la Poblacion en la Provincia de Buenos Aires” (ESA, noviembre de 1938, p. 2). Al año siguiente de esa participación, se publicaría una nota del Director General del Registro General provincial, Juan M. Vaccaro, por la “eficaz y patriótica colaboración”. Transcripción de la “Nota de estímulo”, ESA, febrero de 1939, p. 2. Esta práctica habitual de la compañía “Dardo Rocha” habilitaría a sus miembros infantiles a repartir la guía telefónica (“Nota de H. A. Martella, Gerente Distrito La Plata de la Unión Telefónica, al Presidente-Delegado Carlos M. Belton”, en: ESA, junio de 1939, p. 4) llegando a ganar algunos de los scouts más laboriosos como Tómas Dysart, Enrique Pais o los Urbano, más de 80 pesos en concepto de “porcentaje de gratificación”. “La Plata”, ESA, mayo de 1940, p. 6.
  315. “De la agrupación ‘Dardo Rocha’ de La Plata”, ESA, enero de 1939, p. 4.
  316. De hecho, el diario La Fronda dedicaría su edición del 25 de febrero de 1939 a “resaltar las obras del gobierno y festejar el primer aniversario” de la presidencia de Ortiz. En: López, Ignacio A., “Ante la traición peludista’: el diario La Fronda y el presidente Ortiz”, PolHis, 7, 14, julio-diciembre de 2014, p. 296.
  317. ADBSA, 11 de abril de 1940, p. 339.
  318. ADBSA, 24 de marzo de 1939, p. 198. Dos años después, su sucesor, otro radical, el Dr. Santiago del Castillo concurriría al campamento organizado por la Junta Provincial, para las compañías de la capital cordobesa, a orillas del Río Primero. “Campamento de las compañías de la ciudad de Córdoba…”, ESA, febrero-marzo de 1941, p. 7.
  319. ADBSA, 24 de marzo de 1939, p. 198.
  320. Un buen modelo para pensar eso podría haber sido, para Baudizzone, la comisión de fomento de Chivilcoy, que contaba con el diputado conservador Luis Grisolía como presidente honorario, y el dirigente socialista Pedro Panzardi como Presidente-Delegado. “Renovación de comisiones de fomento”, ESA, marzo-abril de 1941, p. 4.
  321. “Un mensaje del General Baden Powel (sic)”, citado en ESA, noviembre de 1926, p. 31.
  322. ESA, febrero de 1939, p. 2.
  323. “Conferencia del Presidente de los Boy Scouts, don Laureano A. Baudizzone…”, ESA, Noviembre de 1937, p. 2.
  324. “Semana del boy scout”, Íbidem, p. 6.
  325. ADBSA, 11 de abril de 1938, p. 70.
  326. Como se ha señalado: “la ‘nacionalización’ de la democracia argentina –orientada a la movilización de la sociedad civil, restricción de la carta de ciudadanía a extranjeros de países beligerantes y fomento de la lengua nacional, pero con un sesgo republicano y laicista– fue central en el proyecto propiciado por Ortiz y percibido como un avance positivo en la defensa del armazón republicano, aunque también como un proceso no exento de tensiones ideológicas”. López, Ignacio, “‘Argentinizar’ la democracia, defender las instituciones. Notas sobre algunos proyectos legislativos del Presidente Roberto M. Ortiz”, Boletín Americanista, año LXV, n° 70, 2015, p. 181.
  327. ADBSA, 11 de abril de 1938, p. 70.
  328. Así, se relevaría para el año 1934, la utilización del distintivo nazi “apenas desfigurado” tanto en El Dorado como en Mendoza, la publicación de un discurso “completamente hitlerista” en el marco de una donación de una bandera a la compañía alemana de Rosario y el involucramiento de varios scouts alemanes en el atentado contra dos redactores del diario antifascista Argentinisches Tageblatt (ADBSA, 11 de abril de 1938, p. 71).
  329. “Mensaje del Jefe Scout”, ESA, enero de 1939, p. 1.
  330. “Distintivo partidista en Hungría: Boy Scouts”, ESA, mayo de 1939, p. 2. Efectivamente, como muestra de los disgustos de la política, dos años después, Teleki, amigo personal de Baden Powell y Jefe Scout de Hungría, se suicidaría ante la imposibilidad de evitar el encuadramiento del regente Horthy –aquel que había saludado con BP a las HitlerJügend en la Jamboree de 1933– en apoyo a la invasión alemana a Yugoeslavia, rompiendo el acuerdo que previamente se había firmado. Como muestra de su adscripción scout, Teleki sería enterrado en Gödöllö. Seguimos la entrada de la Enciclopedia Británica en: https://bit.ly/3E1aPJH.
  331. “Una aclaración del Directorio”, ESA, junio de 1939, p. 5.
  332. Ídem.
  333. ESA, octubre de 1939, p. 2.
  334. Ídem.
  335. Ídem.
  336. Ídem.
  337. Baudizzone, Laureano, “Saludo del Jefe Scout”, ESA, enero de 1940, p. 1.
  338. Ídem.
  339. “Demostración ofrecida a los miembros del directorio por los presidentes delegados”, íbidem, p. 2.
  340. Picarel, Julio, “El scoutismo y la educación integral”, íbidem, p. 3.
  341. En el año 1940, como volvía a quejarse el reinstalado Toranzo, los BSA no recibían “sino un modesto subsidio de 21.000 pesos anuales”, una cifra que no había dejado de bajar durante toda la década del treinta. “Alocución del Vicepresidente de los Boy Scouts Argentinos, General de División Severo Toranzo. Pronunciado al iniciarse el desfile”, ESA, octubre-noviembre de 1940, p. 2.
  342. ADBSA, 23 de agosto de 1937, p. 169.
  343. “Campamentos”, ESA, Diciembre de 1937, pp. 5-6.
  344. “Nuestro campamento general en Federación”, ESA, febrero-marzo de 1941, p. 4.
  345. Discurso de Casamayor en “Demostración”, ESA, Octubre de 1938, p. 1.
  346. ADBSA, 21 de abril de 1939, p. 213 y ss.
  347. Dicho proyecto y su aprobación en: ADBSA, 21 de junio de 1940, pp. 352-353.
  348. Cutrin, Manuel, “Roverismo”, ESA, octubre-noviembre de 1940, p. 3.
  349. En 1944, con la política de estructuración jerárquica para los MMSA, Celdrán, a pesar de su origen brasileño, sería designado Subinspector scout y Lassus, MS de 1ª.
  350. ESA, abril-mayo de 1941, p. 3.
  351. ADBSA, 16 de julio de 1940, p. 366.
  352. Baudizzone, al asumir como Jefe Scout, ya había logrado en tiempos del justismo, integrar a Toranzo al Consejo Nacional, haciendo convivir su nombre en esa institución con el del propio Presidente de la Nación. En esa “reconciliación”, podemos suponer que Toranzo también había cedido no poco, al compartir “simbólicamente” las sillas con quienes habían gestionado la institución durante su separación, el interventor coronel Santos Rossi y el general Sartori.
  353. El 12 de septiembre de 1936, el periódico Democracia de Rosario recordaría, frente al éxito de la “Semana Scout”, que: “es justicia recordar que el general Toranzo dirigió la organización de los boys scouts, en circunstancias de incomprensión, dándole tal fuerza que ha podido prepararse el espectáculo”. Libro I, p. 36 reverso.
  354. Incluso en 1940 se sentía tan fuerte como para negociar la restitución frente al parlamento, del subsidio de 50 mil pesos que se había ido reduciendo y pedir uno extra de 20 mil al Concejo Deliberante. ADBSA, 26 de julio de 1940, p. 376.
  355. Así, en una nota de antecedentes sobre el “Desarrollo del scoutismo en el Territorio de Chubut” se haría una encomiástica muestra del apoyo de Mosconi a la obra scout en la Patagonia. ESA, abril-mayo de 1943, p. 9.
  356. Baudizzone expresaría por esos años, la idea de la importancia del scoutismo como escuela de civismo, en especial en su célula básica, la patrulla, en la que “los scouts eligen a su guía en el más apto y el mejor. Ello supone discernimiento y dar valor al voto, la práctica de un derecho, la libre expresión de la voluntad, que ha de saber valorar como ciudadano después”. Baudizzone, “Concomitancias”, p. 9.
  357. ADABSA, 16 de julio de 1940, p. 369.
  358. Discurso de Baudizzone, “General Severo Toranzo”, Octubre y Noviembre de 1941, p. 1.
  359. “Demostración ofrecida a los miembros…”, ESA, enero de 1940, p. 2.
  360. Ídem. Es cierto que también junto con semejante panegírico, podía rondar un atisbo de posible reproche –según lo podría entender un interlocutor malicioso– cuando Vitelli diría de Baudizzone que “otros hombres de su edad ya se hubieran retirado a disfrutar de un merecido descanso, compartiendo éste en la paz hogareña, al calor de los suyos”. Ídem.
  361. “El presidente Roosevelt y los Boy Scouts”, ESA, abril-mayo de 1941, p. 1.
  362. Como señala Rapoport, a partir del reemplazo de Pinedo y Roca, el gobierno de Castillo “comenzó a desarrollar a partir de allí una política más definida, tanto en el orden interno como en el terreno [internacional…] manteniendo estrictamente los principios de la neutralidad” que se correspondería, además, con un tradicional antinorteamericanismo. Rapoport, Mario, El laberinto argentino, Buenos Aires, Eudeba, 1997, p. 137.
  363. “El congreso de la Paz”, ESA, enero de 1939, p. 1.
  364. “Palabras que en homenaje al Scoutismo pronunció el Dr. Eduardo Mota del Campillo”, Íbidem, p. 2.
  365. “Compañía Manuel Belgrano”, ESA, mayo de 1939, p. 7. Cursivas en el original.
  366. “El acto en la plaza San Martín”, ESA, junio-julio de 1942, p. 5.
  367. “En el parque Chacabuco”, ESA, octubre-noviembre de 1942, pp. 1-2.
  368. “En la Recoleta”, Íbidem, p. 4.
  369. “Aniversario de la batalla de Chacabuco”, ESA, abril-mayo de 1943, p. 8.
  370. “Acto de confraternidad”, Íbidem, p. 8.
  371. “Recepción a los señores presidentes-delegados”, ESA, agosto-septiembre de 1942, p. 1.
  372. “Cumplió la Institución una deuda…”, ESA, diciembre de 1942-enero de 1943, p. 5.
  373. Decimos bimensuario ya que desde mediados de 1940 hasta el fin del período que aquí indagamos ESA tuvo que someterse a ese formato, seguramente a raíz de la escasez de papel importado, que más allá del crecimiento de las papeleras locales, seguía siendo el mayoritario en consumo. Bajo esas dificultades, hacia octubre de 1943, llegaría una propuesta –finalmente frustrada– de un editor de realizar la publicación mensualmente y mejorando su calidad gráfica y extensión, a cambio de dedicarse el 40% de la misma a publicidad. ADBSA, 22 de octubre de 1943, p. 31.
  374. “General Agustín P. Justo”, ESA, diciembre-enero de 1942, p. 1.
  375. Ídem.
  376. Íbidem, p. 2.
  377. “Necrología. Maestroscout Osvaldo García”, ESA, junio-julio de 1943, p. 9.
  378. ADBSA, 18 de junio de 1943, p. 1.
  379. “La celebración del día de San Martín”, ESA, agosto-septiembre de 1943, p. 2.
  380. De hecho, serían los scouts sanrafaelinos de la “General San Martín”, quienes –con motivo de la “Semana Scout” de 1943– le entregarían “un pergamino como reconocimiento al apoyo que el nombrado secretario de Estado ha prestado en todo momento a dicha agrupación” según relataba el hecho el diario La Razón del 5 de octubre de ese año, pero del que también se harían eco Cabildo, El Nacional y La Argentina. Recortes en Carpeta “Semana Scout 1943”. MSNA.
  381. ADBSA, 22 de octubre de 1943, p. 21.
  382. Recorte del diario La Unión de Tucumán del 12 de octubre de 1943, en Carpeta “Semana Scout”. MSNA.
  383. “Acerca de la finalidad que se persigue al reorganizar los boy-scouts de Mendoza”, recorte del diario Los Andes del 2 de septiembre de 1936 en Libro 1°. MSNA.
  384. Ídem.
  385. Ídem.
  386. ADBSA, 20 de agosto de 1943, p. 17.
  387. “La fiesta del árbol”, ESA, agosto-septiembre de 1943, p. 2.
  388. “Designación de miembros honorarios”, ESA, agosto-septiembre de 1943, p. 7.
  389. ADBSA, 16 de julio de 1943, p. 8.
  390. Ídem.
  391. ADBSA, 17 de septiembre de 1943, p. 24.
  392. “Nuevo delegado general”, ESA, agosto-septiembre de 1943, p. 7.
  393. ADBSA, 22 de octubre de 1943, p. 34.
  394. “La celebración de la semana del scout”, ESA, octubre-noviembre de 1943, p. 1.
  395. “De Tucumán”, Íbidem, p. 5.
  396. Íbidem, p. 6.
  397. ADBSA, 30 de julio de 1943, p. 11.
  398. Según señalaba el inciso K del artículo 6º en la reforma de 1935. ADBSA, 10 de octubre de 1935, p. 285.
  399. Nos detendremos largamente en la cuestión de la reglamentación y de las prácticas en torno de los procesos de imposición y aceptación de nombres de las Compañías scouts, en el tomo II. Por los nombres de las mismas, ver en este tomo, el anexo 1.
  400. ADBSA, 22 de octubre de 1943, p. 30.
  401. Ídem.
  402. Se ha señalado, “en su labor como presidente, Ramírez no resultó brillante Gobernó promulgando cerca de 80 decretos por día, los que posiblemente casi nadie leía”. Gravil, Roger, “Gran Bretaña y el ascenso político de Perón: un nuevo enfoque”, Ciclos, año 1, vol. 1, n° 1, 2° semestre de 1991, p. 48.
  403. Y continuaría con ese nombre incluso después de haber asumido el presidente Perón. Institución Nacional de Boy Scouts Argentinos, Memoria 1945-1946, p. 62.
  404. ADBSA, 26 de noviembre de 1943, p. 48.
  405. Íbidem, p. 49.
  406. ADBSA, 7 de septiembre de 1944, p. 115.
  407. ADBSA, 16 de julio de 1943, p. 7.
  408. ADBSA, 22 de octubre de 1943, p. 31.
  409. “Circular n° 108 del 13 de octubre de 1943…”, Boletín del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, año VI, n° 44, octubre de 1943, p. 1431.
  410. ADBSA, 20 de noviembre de 1943, p. 46.
  411. ADBSA, 10 de diciembre de 1943, pp. 52-53.
  412. Frente a la consulta con un asesor letrado por una respuesta jurídica, se desistiría de la misma, en vista de su opinión que la nota estaba redactada de “forma velada y equívoca”, lo que dificultaba margen a la acción judicial. ADBSA, 10 de noviembre de 1943, pp. 39-40.
  413. ADBSA, 27 de octubre de 1943, p. 38.
  414. ADBSA, 10 de noviembre de 1943, p. 40.
  415. “Scouts Navales”, ESA, enero-febrero de 1944, p. 8.
  416. “De Rosario”, Íbidem, p. 4.
  417. Por otro lado, lograrían salvarse aquellos niños que habían podido concurrir al campamento de Mar del Plata y luego fueron contenidos en el Hogar Falcón, hasta aclarar la situación de sus familias en San Juan. ADBSA, 31 de marzo de 1944, pp. 70-71.
  418. “El desastre de San Juan”, ESA, enero-febrero de 1944, p. 5.
  419. Así, recordaremos que en Comodoro Rivadavia, donde la presencia salesiana era hegemónica, una forma de balancearla con una presencia más firme y directa de las autoridades de la ANBSA, sería la de interesar mediante nota formal al flamante administrador de Petróleo, el capitán de navío Francisco E. Borges, para que resulte una persona clave en la difusión del movimiento (AJEANBSA, 17 de enero de 1922, p. 210.) volviéndose finalmente el presidente de la Comisión local (AJEANBSA, 31 de enero de 1922, p. 213), justo en momentos en que se preparaba para recibir a sus sobrinos, después célebres, Norah y Jorge Luis. Cerca de esos yacimientos petrolíferos, Jorge Luis Borges compondría su poema “Jardín”, cuyas palabras finales deben haber despertado, de haberlas leído, la aprobación de Thays y con ella, la del movimiento scout: “El jardincito es como un día de fiesta en la pobreza de la tierra”.
  420. “El desastre de San Juan”, ESA, enero-febrero de 1944, p. 5.
  421. ADBSA, 26 de mayo de 1944, p. 84.
  422. “La celebración del 4 de junio”, ESA, mayo-junio de 1944, p. 5.
  423. “Comida de camaradería”, ESA, noviembre-diciembre de 1944, p. 4.
  424. Ídem.
  425. Ídem.
  426. ADBSA, 28 de julio de 1944, p. 106.
  427. Por la historia de sus encontronazos con el Presidente y Vicepresidente de facto en esa época, ver su Al servicio del ejército, Buenos Aires, Bartolomé U. Chiesino, 1946. Lanús sería retirado del servicio activo por decreto del 18 de abril de 1945, a partir de su pedido de disolver los grupos “nacionalistas” en octubre de 1944. Al mes siguiente, Perón le impondría un mes de arresto por su “tergiversación maliciosa de las rectas intenciones” de la jerarquía y “por emitir juicios y críticas al proceder de su Superioridad en la gestión de gobierno” (Íbidem, pp. 75-76). En marzo de 1945, Lanús renunciaría a su condición de Presidente-Delegado de Rosario “con motivo de su cambio de destino”. ADBSA, 2 de marzo de 1945, p. 148.
  428. Hemos trabajado este particular caso en el artículo “Festejos propios de victorias ajenas.La liberación de París y el fin de la Segunda Guerra Mundial con ojos bonaerenses”, Entrepasados, 34, fines de 2008, específicamente en: pp. 22-23.
  429. ADBSA, 25 de agosto de 1944, p. 110.
  430. ESA, septiembre-octubre de 1944, p. 16. De hecho, el discurso que se reproducía de Farrell era del año 1943, dado en su condición de Ministro de Guerra, mientras que en 1944 ya había sido Perón el encargado de dar la conferencia de inicio de los festejos.
  431. Ídem.
  432. “De General Cabrera”, ESA, noviembre-diciembre de 1944, p. 24.
  433. Sartori sería despedido por Cutrin, resaltando la aparente paradoja: “a pesar de haber comandado soldados, pudo llegar hasta el niño al que debe dársele todo sin perdirle nada”, en: Íbidem, p. 26.
  434. ADBSA, 7 de diciembre de 1944, p. 125.
  435. ADBSA, 2 de marzo de 1945, p. 140. La presidencia de Casal sería sólo interina hasta la elección del Coronel Luis T. Sáenz en la asamblea del 18 de junio de 1945 (ADBSA, pp. 165-171).
  436. ADBSA, 11 de marzo de 1945, p. 150.
  437. ESA, marzo-abril de 1945.
  438. “Laureano A. Baudizzone”, íbidem, p. 1.
  439. ADBSA, 18 de junio de 1945, p. 166; 11 de julio de 1945, p. 177 y 24 de octubre de 1945, p. 214.
  440. Baudizzone, Concomitancias, p 13.
  441. ADBSA, 25 de abril de 1945, p. 152.
  442. Puede leerse en el número de marzo-abril de 1945 de ESA (“Con la desaparación de Franklin Delano Roosevelt…”, p. 19) el homenaje completo, en el que se señalaba que la pérdida del presidente norteamericano era lamentada tanto por el pueblo “por ser demócrata de fondo”, como por el scoutismo mundial que no contaría más con “uno de sus más conspicuos admiradores y ferviente propulsor de la obra”.
  443. ESA, julio-agosto de 1945, p. 1.
  444. Ibídem, p. 7.
  445. ADBSA, 9 de noviembre de 1945, p. 218.
  446. ADBSA, 13 de junio de 1939, p. 228. En una conferencia posterior, Miró intentará también realizar –sin dejar de usar el vocablo inglés– una “traducción directa” al mencionarlo como “el niño escucha” y una “traducción lógica” como “niño alerta”. ESA, enero de 1940, p. 8. Por otro lado, bautizar a una nueva compañía mendocina como “Vanguardias de Soler” tenía precisamente el objeto de recuperar el batallón infantil organizado por San Martín y dirigido por Miguel Estanislao Soler, en el que “cada niño se creía un héroe y le parecía que iba ya marchando con el general San Martín a dar la libertad a Chile”. ESA, agosto-septiembre de 1941, p. 2.
  447. Como puede verse en el artículo: Soler, Frank L., “Escautismo”, ESA, Septiembre de 1937, p. 1. La nota a pie que se colocaba luego del título del artículo con la forma castellana resulta muy interesante: “El autor sostiente tal cual lo ha hecho desde la época de la reorganización en múltiples ocasiones que la palabra inglesa correspondiente debe castellanizarse fonéticamente. Con posterioridad a sus proposiciones, el vocablo originario fue substituido en el Brasil por ‘Escoteiro’. Estima el autor que aquel gran puebo cuida celosamente hasta en los menores detalles su concepto claro y bien definido de Individualidad Nacional”. Ídem.
  448. Como veremos en tomo II, esas posturas de mantenimiento de la palabra originaria del inglés, las podemos ver ya en los debates dados en ese sentido por el Ingeniero Huergo en 1916, continuando durante todo el período.
  449. ADBSA, 9 de noviembre de 1945, p. 219.
  450. Ídem.
  451. Ídem.
  452. ADBSA, 28 de noviembre de 1945, p. 224.
  453. ADBSA, 31 de diciembre de 1945, pp. 234-236.
  454. Dicho conocimiento se expresa en su conferencia “La Misión del Scoutismo”. Reproducida en fragmentos por ESA (según ya citamos) la misma fue recogida de manera integral en las Obras Completas digitalizadas por el INJDP (y creemos que por error, fechada también el 6 de noviembre, pero del año 1943). Suponemos el error de datación porque los fragmentos de la versión de ESA coinciden y en segundo lugar, porque no hay ninguna mención de una conferencia de ese estilo en las fuentes oficiales sobre la “Semana Scout de 1943” y porque nos resulta improbable que en ese lugar todavía marginal de Director Nacional del Trabajo, Perón fuera convocado como orador privilegiado en el espacio dado por las radios a los BSA. Más allá de esa cuestión, en la conferencia mencionada, Perón (en la que habla de los scouts como “nuestros muchachos”) daría cuenta de todos los ítems que solían acompañar las referencias “de rigor” a la práctica, hablando del “código de honor”, de la necesidad de “generaciones sanas de cuerpo, mente y espíritu”, de muchachos “viriles”, de “moral cristiana”, de amistad y compañerismo, de exaltación de sentimientos patrióticos, de “sano argentinismo”, de cumplimiento del deber y de amor filial. Agradezco la mención y el envío digital del discurso al profesor Nicolás Viñes.
  455. “Carta de Francisco Moreno a Hortensio Quijano”, 7 de junio de 1915. Carpeta III, documento 20. FM-SCB. Resulta altamente probable que el receptor de la correspondencia haya sido el futuro vicepresidente de la Nación, en tanto Quijano –aunque nacido en Curuzú Cuatía– trabajó como abogado de la filial de Goya del Banco de la Nación Argentina.


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