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Capítulo 6. Los años del peronismo (1946-1955)

En este capítulo nos ocuparemos de los hechos acontecidos durante las tres gestiones de los directores y directoras que se sucedieron durante el peronismo: Domingo Funes Guesalaga (1946-1949), Laura R. Santa María (1949-1955) y Lilia E. Morales (1955). Analizaremos, a lo largo de tres apartados, la llegada del peronismo al gobierno nacional y el nombramiento de Guesalaga al frente de la Escuela Normal y de Pedro J. M. Mansilla como rector del Instituto del Profesorado; luego mencionaremos una serie de huelgas y protestas realizadas en el año 1949, que derivaron en el traslado de estas dos figuras. Finalmente, daremos cuenta de la llegada de las primeras mujeres a la dirección de la Normal.

A principios de 1946, después de una intensa campaña donde el candidato Juan D. Perón fue acusado insistentemente de “nazi” y “fascista”, entre otras cosas, en febrero ganó las elecciones y asumió la presidencia. Una vez en el gobierno, estas graves acusaciones, como veremos, fueron trasladadas a los demás peronistas y simpatizantes. Por su parte, Perón continuó la alianza con la Iglesia Católica y ratificó por ley 12978/47 el decreto de la enseñanza religiosa. En 1947 y 1948 el peronismo, en base al diagnóstico que existía una “superpoblación” de maestros, intentó hacer más exigente la carrera y desalentar a los que no tuviesen una “verdadera vocación”. El gobierno elevó a tres años el ciclo superior del magisterio, pero esta medida se suspendió al poco tiempo y solo hubo sexto año en 1950 y 1951 (Fonte, 2016).[1]

La relación entre el peronismo y la Iglesia estuvo lejos de ser armoniosa, ya que se disputaba el control del espacio simbólico (Plotkin, 2007). Caimari (1995) ha señalado que para la década de 1950, los cursos de religión que se daban en las escuelas, “languidecían” en medio de quejas respecto a su subordinación administrativa al Ministerio de Educación y el esfuerzo cada vez más evidente del gobierno, de “peronizar” los contenidos escolares. Persiguiendo este propósito, se dispuso la asignatura “Cultura Ciudadana” como obligatoria para la escuela primaria y el ciclo básico de la escuela media, y la inclusión de temas referentes al Segundo Plan Quinquenal en todos los programas (Fonte, 2016; Cora y Rodríguez, 2015).

En 1952, el peronismo eliminó los aranceles que gravaban la enseñanza media (matrícula, derecho a examen y certificados), lo que contribuyó a la consolidación del crecimiento de la matrícula en el nivel medio. En 1954, el enfrentamiento de Perón con la Iglesia alcanzó un punto máximo de tensión y en 1955, el Congreso suprimió por ley 14401 la enseñanza de la religión en todo el país. Como han señalado diversos analistas, esta pelea, entre otros hechos, terminaría con su presidencia (Caimari, 1995; Bianchi, 2002; Puiggrós y Bernetti, 2006). En junio de 1955 se había organizado en Buenos Aires una procesión del Corpus Christi, en la que, además de los sectores católicos, participaron grupos opositores que provocaron serios incidentes frente a la Catedral de Buenos Aires. El 16 de junio, la Casa de Gobierno fue bombardeada por la aviación militar e infantes de marina, y civiles armados intentaron asesinar al presidente Perón. Una vez que se rindieron los golpistas, Perón pronunció un discurso en el que prometió justicia y grupos de peronistas salieron a incendiar iglesias.

Por otra parte, durante estos años se dieron varios sucesos en distintas ciudades del país, en los cuales ciertos docentes afines con el peronismo, se posicionaban a favor del revisionismo histórico (Plotkin, 1994; Quatrocchi-Woisson, 1995; Storini, 2005; Solís Carnicer, 2010), reivindicando la figura de Rosas por sobre la de Sarmiento y provocando distintas reacciones, como el inicio de un sumario a un profesor en Gualeguay, debido a la queja de un padre por el contenido de las clases de historia (Fiorucci, 2013); o hechos de vandalismo a los bustos de Sarmiento ubicados en escuelas de Tandil y Río Cuarto (Fuentes, 2008; Escudero, 2018). Lo cierto fue que ni Perón ni sus funcionarios, dejaron de rendir honores a Sarmiento y en las escuelas continuó transmitiéndose la versión liberal de la historia (Plotkin, 1994; Somoza Rodríguez, 2006; Figallo, 2011).

En base a lo expuesto hasta aquí, y en referencia a las trayectorias de los directores, mostraremos que Guesalaga era el segundo director, después de Calzetti, que no había egresado de la Normal de Paraná, a diferencia de las otras dos directoras. De estas tres gestiones, la más prolongada fue la de Santa María, y todas tuvieron en común que fueron interrumpidas, debido a distintas razones, por una decisión ministerial. Veremos que, como la Normal se encontraba anexa al Instituto del Profesorado, el director Guesalaga gestionó siempre acompañando las decisiones que fue tomando el rector del Instituto, que resultó muy cuestionado desde los inicios, entre otras cosas, por sus declaraciones a favor del “rosismo”, rodeándose, además, de ciertas figuras que pronunciaron críticas a Sarmiento. Esto provocó una serie de conflictos, en los cuales los redactores del diario de adscripción radical, jugaron un rol determinante en la configuración de los enfrentamientos entre los “rosistas”, a quienes tildaban de “nazis” y “fascistas” versus los “sarmientistas”. En esta contienda, la prensa atacaba principalmente al rector “rosista”, dando a entender que éste manejaba tanto el Instituto del Profesorado como la Escuela Normal. La escalada de estas acusaciones se dio en unos pocos días y desembocó en una investigación a docentes y autoridades de la Normal y el Instituto, que terminó con sanciones a una cantidad muy importante de profesores “sarmientistas”. Estas sanciones tuvieron mucha repercusión a nivel nacional y en Paraná, ocasionaron más huelgas y protestas -que tuvieron una activa participación de estudiantes y sus padres- y fueron la causa de la destitución final del director Guesalaga y del rector del Instituto, con la consiguiente separación definitiva de la Normal del Instituto.

En segundo término, señalaremos que, ante la realidad del curso de magisterio, donde la matrícula era casi enteramente femenina, se optó por nombrar a la primera mujer directora. Plantearemos que su gestión estuvo signada por la continuidad de estos conflictos, donde se acusaba a ciertas alumnas de ser “activas dirigentes”, a los que se le sumaban los problemas cada vez más graves, derivados de la masividad de la Escuela, el uso de sus instalaciones por otras instituciones y la sistemática escasez de aulas. La directora, además, tuvo varias expresiones públicas a favor del culto católico, que le terminaron valiendo la cesantía en el marco del creciente enfrentamiento de Perón con la Iglesia. Indicaremos que la segunda mujer directora, nombrada en abril de 1955, no pudo realizar demasiado, dado que la situación política nacional iba empeorando mes a mes. Terminó siendo destituida ese mismo año por las autoridades del gobierno de facto.

El director “rosista” frente a los “sarmientistas”

El año 1946 estuvo signado por los festejos de los 75 años de la Escuela. A diferencia del 50 Aniversario, estos transcurrieron sin mayores reclamos y en un clima de armonía. El director Echenique, que había sido ratificado por el gobierno peronista, no pudo presidir los actos porque se encontraba muy enfermo y murió al poco tiempo.

El 3 de junio, se realizó una asamblea para designar a los integrantes de la comisión encargada de la celebración, que finalmente estuvo presidida por Juan Ramón César.[2] Durante ese mes, las Cámaras de Diputados y Senadores de la Nación aprobaron una resolución apoyando el homenaje.[3]

Durante el mes de julio hubo una serie de audiciones radiales y del 12 al 17 de agosto se brindaron homenajes organizados por los docentes de la casa, las alumnas de cuarto y quinto año del magisterio, el Consejo de Educación de la Provincia, la Cooperadora “Víctor Mercante” de la Escuela Normal, y la Comisión de instituciones culturales, sociales, deportivas, comerciales e industriales de Paraná. Dictaron conferencias Celia Ortiz A. de Montoya, María del Carmen Rodríguez, Oscar Reula, Filiberto Reula, Eduardo Gerike y César Pérez Colman. Estuvieron presentes las Asociaciones de Ex Alumnos de Paraná, Rosario y Buenos Aires, y delegaciones de Santa Fe, Córdoba y Paraguay. Todos los concurrentes realizaron una peregrinación al cementerio, y en esos días hubo números deportivos, artísticos, conciertos corales y un lunch oficial.[4] El 16 de agosto se hizo el acto central, donde habló el secretario de la Escuela a cargo de la dirección, Ezequiel Yaconcik. La bandera fue izada por Catalina Mérou de Bonilla, una anciana de 88 años perteneciente a la primera promoción de egresadas. Luego hablaron el ex vicedirector Perini, la regente Rodríguez y al día siguiente, el ex profesor Sagarna dictó una clase evocativa en homenaje a San Martín.

Luego de la noticia del fallecimiento de Echenique, el ministro nombró director de la Normal al profesor Domingo Arturo Juan Funes Guesalaga, quien resultó la segunda autoridad, después de Calzetti, que no era egresada de Paraná. Guesalaga había nacido en la provincia de Córdoba (1914), era abogado por la Universidad Nacional de esa ciudad y estaba en Paraná desde hacía tres años, trabajando en el Poder Judicial y dando clases en el Instituto del Profesorado. Defensor del hispanismo, publicó el libro El aporte español al pensamiento social contemporáneo (1952). Los responsables de El Diarioopositores al gobierno que recién se iniciaba- decían que Guesalaga era “reaccionario, clerical y falangista”, una figura “descolorida y sin importancia en la enseñanza”, cuyo único título era “su pensamiento fasci-nazi-falangista, adornado con una buena dosis de catolicismo regresivo” (El Diario, 8/11/46, p. 5).

Por otra parte, las relaciones que mantuvo Guesalaga con los inspectores fueron tensas, lo que daba cuenta de su desconocimiento del trabajo burocrático específico que debía llevar a cabo el director de una Normal. Tuvo una serie de malentendidos con el subinspector general de enseñanza, que le pedía los datos estadísticos de la Escuela y él contestaba que la solicitud era “equivocada y viciosa” y lesionaba su autoridad. Esto le valió una llamada de atención respecto a la manera en que debía dirigirse a sus superiores y a la tarea que estaba obligado a hacer (Libro Copiador, 1946-1949, AHEN).

Para esa época se había nombrado rector del Instituto Nacional del Profesorado Secundario al profesor Pedro José María Mansilla, quien era profesor de Enseñanza Secundaria en Historia recibido del Instituto Nacional de Buenos Aires. Estaba trabajando en Paraná desde 1938 y se encontraba vinculado a la agrupación nacionalista de Genta, como ya mencionamos. Según El Diario, Mansilla era un “elemento foráneo” a quien nada le interesaba “el prestigio de un establecimiento que para la ciudad, ha sido siempre como la niña de sus ojos”, habiendo sido el profesor “más incapaz y negligente” de todo el establecimiento (El Diario 26/10/48, p. 4).[5] En el mismo tono, Beatriz Bosch recordaría que, “a pesar de que era el más flojo de todos los profesores, lo nombraron rector”.[6] El redactor del periódico añadía que Mansilla había sido candidato a diputado por la Alianza Libertadora Nacionalista por la provincia de Buenos Aires en las elecciones de febrero de 1946.[7]

Estos dos nombramientos, se criticaba, revelaban que la enseñanza en el país estaba siendo colocada “en las manos de los sectores más reaccionarios”, es decir, los “nacionalistas- rosistas” que tenían el “evidente propósito de comenzar la deformación intelectual y moral de la juventud argentina, como hizo Hitler en Alemania” (El Diario, 8/11/46).

Al concluir el ciclo lectivo del año 1947, hubo un acto en el cual las alumnas simularon una procesión religiosa, que fue interpretada por la docente María Laura Crespo Zavalla de “parodia irrespetuosa” hacia la Iglesia (Libro Copiador, 1946-1949, AHEN). El director decidió sancionar a las estudiantes con amonestaciones y bajándoles la nota de concepto. En diciembre, la regente Rodríguez y la subregente Rosa E. Monti fueron jubiladas de oficio.

En el discurso de inicio de clases del año siguiente, Mansilla afirmó que era un “rosista” convicto y confeso (El Diario, 2/4/48). En octubre, el gobierno nacional ordenó a las autoridades escolares que rememoraran “la gesta” del 17 de octubre. En la Normal, el director Guesalaga organizó el acto en el salón principal. Entre otros, habló el estudiante de Letras y celador Hugo Wenceslao Amable, de quien la prensa dijo que era un “elemento local nacionalista a sueldo de la Nación”, que en su exposición había injuriado a Sarmiento, transformando el acto en uno “rosista-peronista” (El Diario, 18/10/48, p. 4). De acuerdo a esta versión, Amable expuso que “Sarmiento fue un falso ídolo de la Argentina” y remarcó que los “verdaderos héroes argentinos” eran Juan Manuel de Rosas y Juan Domingo Perón (El Diario, 18/10/48, p. 4). Estos dichos provocaron una “inmensa indignación” en la casi “totalidad de alumnos y profesores que se han formado en la veneración a Sarmiento”, al punto tal, que varias alumnas y profesores se retiraron en protesta (El Diario, 18/10/48, p. 4).

Esta expresión de Amable desencadenó un conflicto de grandes dimensiones, único en la historia de la Normal, en el cual la prensa del radicalismo tuvo un protagonismo central. Al día siguiente, el titular fue: “La prédica Nazi-Rosista en el Instituto del Profesorado”, y cerraba con un interrogante: “¿Qué hacer frente a esta repetición de hechos que importan un agravio directo a la argentinidad?” (El Diario, 19/10/48, p. 4). Mientras, las alumnas de la Normal que se habían retirado del acto fueron amonestadas y en uno de los recreos, otro grupo de estudiantes colocó un ramo de flores frente al busto de Sarmiento y entonó el himno nacional.

Unos días después, el periódico fue incrementando sus acusaciones, haciendo foco en la responsabilidad que le cabía al rector Mansilla y “su grupito”, tildándolos de “nazis” y refiriéndose a Amable como un “jovenzuelo de la Alianza” (El Diario, 21/10/48, p. 4). A partir de entonces, no hubo un solo día del mes de octubre, que los acontecimientos vinculados a la Escuela Normal no ocuparan una página de El Diario, haciendo que el conflicto se extendiera a toda provincia. El 19 se trataron en la Cámara de Diputados de Entre Ríos los pedidos de dos homenajes, uno por el 17 de octubre iniciado por el oficialismo y el otro a Urquiza, solicitado por la oposición.[8] En este último, además, se pedía condenar “todo acto de revisionismo rosista y de agresión a los próceres de la historia”. El oficialismo acordó con el homenaje a Urquiza, pero se opuso a la condena al revisionismo rosista. Al día siguiente, El Diario titulaba: “En la Cámara de Diputados los peronistas se opusieron a un voto de repudio al rosismo”.

El 21 de octubre, los dirigentes de la UCR presentaron en la Cámara de Diputados de la provincia, un proyecto de resolución para que el Poder Ejecutivo de la Nación realizara una investigación sobre “los graves hechos denunciados de exaltación a la figura de Rosas y de agravio a Sarmiento”. Uno de los diputados del oficialismo, García Zoilo, señaló la necesidad de ratificar la información “evidentemente tendenciosa dada por El Diario de Paraná, que ha tergiversado el texto del discurso que motiva este proyecto y que ha originado toda esta agitación que se quiere hacer alrededor del mismo”, es decir, “no fue el discurso de Amable sino las publicaciones de El Diario las que impulsaron a los jóvenes a salir a la calle”. El diputado radical Reffino, aseguraba la veracidad en base a lo manifestado por El Diario, ya que, si bien no había escuchado el discurso personalmente, se apoyaba en “versiones que han llegado hasta mí, de profesores y alumnos” que coincidían.

Ese mismo día de la sesión en la Legislatura, se realizaron actos de desagravio a Sarmiento dentro y fuera de la Escuela Normal, donde no solo participaron estudiantes y profesores, sino también ex alumnos y ex profesores. Asistieron a la Normal con flores para depositar en el busto de Sarmiento los estudiantes del nivel medio, la primaria y el Jardín de Infantes. Por la tarde, alumnas de la Escuela se dirigieron a la Escuela provincial Centenario donde se hallaba uno de los tres bustos de Sarmiento que estaban emplazados en la ciudad. Sin embargo, las autoridades de dicho establecimiento no las autorizaron a rendir el homenaje, por lo cual prosiguieron hasta una plaza donde se encontraba la estatua de Urquiza, cantaron el himno y depositaron una nueva ofrenda floral. De esta forma, el conflicto se extendió a las escuelas provinciales y al resto de las ciudades. El Diario se refería a un acto de desagravio realizado en la localidad de Diamante y mencionaba el apoyo de diversos medios de localidades de la provincia (Concordia, Colón, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú) y publicaba las editoriales que se habían ocupado del tema, de los periódicos El Litoral de Santa Fe y La Capital de Rosario (El Diario 25/10/48). Cada día, en la cuarta página de El Diario se describían los homenajes a Sarmiento y Urquiza que se realizaban en Paraná y otras localidades.

A modo de respuesta a las acusaciones, el viernes 22 de octubre tuvo lugar en el Instituto un acto oficial en el que Mansilla rindió homenaje a Sarmiento ante estudiantes y profesores de la Normal y del Instituto del Profesorado. En el periódico se expresaba que en ningún párrafo de la resolución del funcionario “se mencionó el carácter de desagravio” y agregaba que “resultaba inexplicable tan súbito cambio de postura. De empresario de la execración, el rector pasaba a ser un entusiasta apologista de Sarmiento”. Luego de su discurso, se produjo “el más condenatorio de los silencios” y el público solo aplaudió “al ser coreado el Himno Nacional y depositada por el propio rector, una ofrenda floral al pie del busto del Maestro” (El Diario, 23/10/1948, p. 4).

El siguiente paso fue el pedido de renuncia del rector. El Diario titulaba: “Los padres de los alumnos piden la separación de Mansilla. Han resuelto dirigirse al secretario de instrucción pública” (El Diario, 24/10/49, p. 4). Se decía que habían enviado una carta al secretario Oscar Ivanissevich, pidiendo el alejamiento de Mansilla de su cargo, debido a lo sucedido el 16 de octubre, donde hubo “alusiones impertinentes y provocativas”, injuriosas a los próceres y particularmente a Sarmiento, provocando “la inmediata e indignada reacción” de los presentes, “extendida luego a los sectores populares” (El Diario, 24/10/48, p. 4).En ese marco, profesores del Instituto y de la Escuela Normal firmaron un comunicado en el que pedían “pacificar los espíritus del alumnado”, “salvaguardar los altos prestigios de la histórica casa fundada por Sarmiento” y rechazar “toda interpretación tendenciosa” del pasado.

El lunes 25, las autoridades clausuraron la Escuela y colocaron custodia policial “en previsión de actitudes agresivas de los alumnos”. Al día siguiente, la prensa expresaba que se aguardaba con interés la resolución de la Secretaría de Educación y consideraba que “el delicado problema será resuelto de un momento a otro” (El Diario, 26/10/48).

La sanción a docentes, huelgas y la entrevista con Perón

El 27 de octubre, junto a una editorial titulada: “Una estatua para Sarmiento”, se aseveraba que el gobierno nacional había resuelto investigar los hechos ocurridos en el Instituto del Profesorado y la Escuela Normal, y había enviado a Paraná a los inspectores Alberto N. Arizaga y Jorge P. Rey Cazes. Se esperaba que, con estos funcionarios, “el brote rosista será extirpado del primer establecimiento Normal fundado en nuestro país por el sanjuanino” (El Diario, 26/10/48, p. 5).

Una vez en Paraná, Arizaga comenzó a recibir las declaraciones de las comisiones de estudiantes, de padres y de entidades culturales y sociales de Paraná, que reiteraron su pedido por la inmediata separación del cargo al rector y una investigación para determinar la actuación del director Guesalaga, los celadores y empleados de ambas casas de estudio “en cuanto al manejo del alumnado y la aplicación de disposiciones que afectaron el decoro de los estudiantes durante los días 16 al 23 de octubre”. Padres y estudiantes enviaron un telegrama a Ivanissevich con el fin de que ampliara las facultades de Arizaga -quien solo estaba habilitado a tomar declaraciones- para que removiera al rector y al director, y levantara las medidas disciplinarias aplicadas a los estudiantes. Luego de estar unos días recabando la información necesaria, ambos volvieron a Buenos Aires.

En marzo de 1949 se conoció el dictamen oficial. Contra las expectativas de los redactores de El Diario, se decidió sancionar a una mayoría de docentes que había firmado en octubre el comunicado contra el rector del Instituto y el director de la Normal. El ministro resolvió trasladar a seis de estos docentes a otras Escuelas Normales: Ezequiel Yaconcik (Rio Gallegos), José. M. Valdez Cora (Chacabuco), Robustiano Bruno Gogniat (Neuquén), María Teresa Rouiller de Fernández de la Puente (Trelew) Beatriz Bosch (Posadas) y Ángela Felisa Bovolini (Santa Rosa de Toay). Otros cinco fueron declarados cesantes: Hortensia Wybert, Josefina Madrid de Arroyo, Oscar Reula, Nydia A. Boeri y Facundo Arce. Además, el profesor Carlos A. Álvarez fue exonerado de la Escuela Normal. El 2 de abril se conoció la noticia de la cesantía de Emilio Rossi y del trasladado a Salta de Armando Brasesco (El Diario 2/4/49).

Una vez que la prensa difundió estas remociones, el caso volvió a tener un lugar central en la crónica periodística, que se dedicó a difundir las protestas por la resolución adoptada. Numerosas asociaciones, muchas de las cuales habían participado de los actos de desagravio, se manifestaron a favor de los docentes dejados cesantes. El viernes 1, ante la reactivación del conflicto, Mansilla rindió otro homenaje a Sarmiento. Para la prensa, se trataba de una acción que pretendía demostrar que eran “injustos los cargos que se le formulaban”, pero no convencía a nadie, y transcribía y apoyaba los pedidos de renuncia (El Diario 2/4/49, p. 4).

Al día siguiente, los diputados nacionales de Entre Ríos, Raúl Uranga y Silvestre Santander, se dirigieron a las autoridades nacionales presentando dos despachos que reclamaban “ante la injusticia cometida contra profesores que defendieron la memoria de Sarmiento” (El Diario 3/4/49, p. 4). En la Escuela Normal, antes de irse, la directora del Jardín de Infantes, Wybert, dictó una última clase que fue presenciada por las familias de los niños. Al horario de salida, los estudiantes comenzaron a manifestarse por las calles repudiando las cesantías. A diferencia de los acontecimientos de octubre del año anterior, cuando la policía mostró su despliegue en las manifestaciones, pero no actuó, en la movilización del 2 de abril efectuó detenciones y agredió a un grupo de alumnos.[9] Se denunciaba que “varias niñas fueron golpeadas por los agentes de policía” y 18 niñas y 5 varones resultaron detenidos y conducidos a la Jefatura, donde debieron pagar una multa para ser liberados (El Diario 3/4/49, p. 4).

Ante ello, se expresaron diferentes reacciones. Por un lado, el diputado Carlos Perette dirigió telegramas de protesta al vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo Ceferino Chaile y al ministro de gobierno Luis Capriotti. Por el otro, familiares y estudiantes “vinculados directa o indirectamente con la Escuela Normal y el Instituto” realizaron reuniones en diversos centros y domicilios particulares.[10] Ese día comenzó a circular la posibilidad de que una delegación viajara a entrevistarse con Perón y el Centro de Estudiantes Sanmartiniano -integrado por estudiantes de la Normal, el Colegio Nacional y el Liceo de Señoritas- decretó una huelga de 48 horas en señal de protesta.

El lunes 4 de abril se inició la huelga, que “fue coronada con el mayor de los éxitos”, a pesar de la presión de las autoridades sobre los padres (El Diario, 5/4/49). Durante ese día, los estudiantes realizaron importantes marchas de protesta por la ciudad de Paraná y hubo represión policial, como la persecución “a una niña” a quien le tironearon “el delantal” hasta desgarrarlo (El Diario 5/4/49, p. 4). La crónica apuntaba que la juventud había repudiado el “atropello cometido por el rosismo contra la vieja Escuela Normal y el Instituto Nacional del Profesorado Secundario”, al dejar cesantes y ordenar el traslado de profesores que se habían “caracterizado por su adhesión a la causa de Sarmiento” (El Diario, 5/4/49, p. 4). Al día siguiente, el alumnado de la Escuela nocturna de Adultos Leandro N. Alem dio a conocer una nota firmada por el Comando Estudiantil de la Escuela, afirmando que “la Escuela Alem no es partidaria del seudo nacionalismo. Estamos con Sarmiento” (El Diario, 9/4/49, p. 4).

Una comisión de padres publicó un comunicado en el que se pedía a los padres de los alumnos “que se abstengan de mandar a sus hijos a la Escuela como medida de seguridad hasta que el problema sea resuelto” (El Diario, 5/4/49, p. 4). Estos padres organizaron una asamblea y se eligió una comisión directiva presidida por Francisco Martínez Segovia. Acordaron que se solicitara a los empleados municipales que borrasen las leyendas escritas frente a la Escuela y que el ministro de gobierno retirase la vigilancia policial. La comisión además, elaboró un petitorio para entregar a Perón en una futura entrevista y se designó una subcomisión de señoras para recolectar firmas de adhesión (El Diario, 6/4/49).

Por su parte, el periódico católico La Acción, se pronunció en defensa de Mansilla, del gobierno nacional y contrario a los huelguistas, tildándolos de “comunistas”, “agitadores” y “perturbadores del orden”; y les pedía a las autoridades que “no aflojaran” ante la presión. En relación a la represión, La Acción afirmaba, “que no se diga que la policía ha traspasado las instrucciones. Los agentes han debido soportar dicterios e insultos y bastante paciencia han tenido”. El 6 de abril los católicos expresaron que, si bien el día lunes 4 la huelga había tenido cierto éxito, el martes 5 había declinado, a pesar “de la presión ejercida por los Comandos anónimos” integrados por alumnas que amenazaron a sus compañeros por teléfono y misivas escritas. El martes, señalaba, había aumentado la concurrencia a las aulas porque “primó la cordura de los padres de familia”. De todas formas, la nota atribuía el fracaso de la huelga a “las sanciones tomadas según el Reglamento, que fueron aplicadas como debían serlo” (La Acción, 6/4/49, p. 2).

El miércoles 6 los alumnos retornaron a clase, pero el clima estuvo lejos de tranquilizarse. Algunos padres quisieron cambiar a sus hijos de escuela, pero no pudieron hacerlo porque “los rosistas” les pidieron a las autoridades de la provincia que les rechazaran la inscripción, mediante la solicitud de un “pase” firmado por Guesalaga, que se los negaba. Entonces, los padres no tuvieron más alternativa que “seguir mandando a sus hijos a la Escuela mansillista” (El Diario, 8/4/49, p. 4). El periódico, con esta última expresión, daba a entender que la Normal estaba profunda y negativamente influida por el rector del Instituto.

Al igual que sucedió con las movilizaciones y protestas que tuvieron lugar en octubre, las noticias de las cesantías y traslados de profesores de la Escuela Normal también trascendieron en otros medios de la provincia (El Parque de Nogoyá, El Debate de Gualeguay, El Argentino de Gualeguaychú) y del país, especialmente de la provincia de Santa Fe (La Capital de Rosario y El Litoral de Santa Fe), que El Diario reproducía. En Santa Fe, dirigentes estudiantiles de establecimientos secundarios y universitarios organizaron en solidaridad, un “movimiento nacional sarmientista” (El Diario, 9/4/49). El Territorio de Resistencia publicaba una nota en repudio a las cesantías y señalaba que Arizaga ya no pertenecía a los cuadros de enseñanza (El Diario, 9/4/49). También La Prensa de Buenos Aires condenaba las cesantías y traslados de profesores (El Diario, 11/4/49). El Intransigente de Salta se refería a las autoridades nacionales en los siguientes términos: “[si] han sido inducidas al engaño con informes falsos sobre los antecedentes de esos maestros, deben ver ahora en la protesta de los alumnos y en el petitorio de los padres, la oportunidad de revisar el procedimiento” (El Diario, 20/4/49, p. 4). Incluso, los acontecimientos tuvieron impacto en periódicos de localidades de otras provincias que no fueron mencionados por El Diario. Así, El Trabajo de Mar del Plata, también se refería a que las cesantías habían sido “errores” que debían ser reparados (El Trabajo, 11/4/49)

Para evitar una posible clausura de El Diario, el redactor afirmaba que el presidente Perón y la mayoría de los peronistas eran “sarmientistas y urquisistas”, mientras que el rector Mansilla y sus aliados, aunque se presentaban como “fervorosos peronistas”, en realidad estaban “infiltrados” en el movimiento, con el fin de protegerse. Era sabido, aseguraba, que estos “rosistas”, organizaban “homenajes a los criminales nazis” (El Diario, 12/4/49, p. 4).

Finalizada la huelga, algunas asociaciones de la ciudad se dirigieron a Perón enviando telegramas en apoyo al petitorio. En primer lugar, lo hicieron los alumnos de la Escuela Normal, el Colegio Nacional y el Liceo. Se dirigían al presidente con el fin de que anulara “las sanciones injustas” y actuase “con la justicia acostumbrada” (El Diario, 6/4/49, p. 4). El día 7, el Centro de Estudiantes del Instituto del Profesorado dirigió otro telegrama a Perón, “haciendo honor a su reconocida trayectoria de justicia y equidad”, donde le pedían que ordenara “la revisión de las severas sanciones tomadas contra distinguidos profesores de nuestra casa de estudio y de la Escuela Normal, por haber participado en el acto de desagravio” (El Diario, 7/4/49, p. 4). También consignaron sus pedidos los alumnos de la Escuela Nacional de Comercio y del Centro de Almacenero Minorista.

La magnitud y trascendencia de este conflicto quedó en evidencia cuando el miércoles 13, una delegación de padres viajó a Buenos Aires para entrevistarse con el presidente Perón, que los recibió en una reunión de media hora. A la mañana siguiente le acercaron a Ivanissevich un petitorio, en un encuentro que duró alrededor de dos horas. De regreso a Paraná, el informe de la comisión sobre sus gestiones en Buenos Aires fue publicado por El Diario, que señalaba: “Fue cumplida la misión, la decisión definitiva del caso está en manos de las autoridades competentes” (El Diario, 16/4/49, p. 4).

El 28 de abril, el conjunto de docentes del curso de magisterio, del Departamento de Aplicación y del Instituto del Profesorado, debió jurar la nueva Constitución del año 1949. La jura fue tomada por el rector Mansilla y se hizo en la Escuela Normal. Una resolución del Consejo Nacional de Educación había establecido que la falta de cumplimiento de dicho juramento, haría cesar inmediatamente a todo el personal que se negara a hacerlo. Según algunos investigadores, esta medida explicó buena parte de las cesantías que se decretaron después de esa fecha, aunque se desconocen las cifras exactas (Puiggrós, 1993; Plotkin, 1994).

Finalmente, el 20 de mayo, desde el periódico La Acción, se informó que los responsables de la cartera educativa habían resuelto el traslado del rector Mansilla y del director Guesalaga, pero se habían negado a reintegrar a los docentes sancionados.

Las primeras directoras mujeres. Edificio compartido y masividad

A fines de mayo, fue designada por primera vez una mujer como directora de la Normal, la vicedirectora Laura Remigia Santa María, quien era maestra egresada de Paraná y profesora de enseñanza secundaria, normal y especial en Letras, y ex regente.[11] Los traslados de Guesalaga y Mansilla, estuvieron lejos de detener los conflictos al interior de la institución. En octubre de 1949, en uno de los baños del establecimiento, aparecieron letreros insultando a las autoridades y docentes de la Escuela Normal. Por las pintadas, Santa María hizo la denuncia ante el jefe de la Delegación de Paraná de la Policía Federal. Ese mismo día, el comisario se presentó en el establecimiento e inspeccionó las escrituras, haciendo sacar varias fotografías de las mismas. La dirección presumía que un grupo de alumnas podían ser las autoras y proveyó al funcionario unos papeles escritos por ellas. Días posteriores, la policía designó un perito calígrafo e hizo escribir a las alumnas y algunas empleadas, para confrontar la escritura. La pericia señaló como autora a la ayudante de Gabinete, quien, según la directora, merecía un mal concepto, ya que “reiteradamente se le ha llamado la atención por no estar en su puesto, usar para fines particulares los teléfonos del establecimiento y recibir (…) visitas en el Gabinete de Historia Natural”. Con esa información, la directora se dirigió al director general de enseñanza secundaria, normal y especial, para que tomara las medidas disciplinarias correspondientes (Libro Copiador, 1949-1953, AHEN).

Además de las leyendas, circulaba un manifiesto suscripto por los “estudiantes sarmientistas” en el que expresaban su solidaridad “con los profesores democráticos separados y alejados del establecimiento” a fines de marzo. En el texto se podía leer: “Juventud es militancia, necesidad y sacrificio. ¡Compañeros a la lucha, por la restitución de los profesores a sus cargos!”. El Diario publicó una nota en la que señalaba “la situación difícil” por la que atravesaba la casa de estudios fundada por Sarmiento, donde los alumnos expresaban que desde hacía semanas, se vivía en la Normal “bajo una atmósfera realmente irrespirable a raíz de las medidas dictadas por la directora”, quien los tenía como si fuesen “presidiarios”. A raíz del sumario levantado a la ayudante, seguía, la directora y los “elementos rosistas” de la Escuela habían instaurado un “régimen de terror moral” que resultaba “intolerable”. Otro de los testimonios mencionaba que el viernes último, una profesora de historia había exaltado la personalidad de Rosas “con el mismo fervor con que lo hacía Mansilla” y había “prohibido” a sus alumnos a que se refiriesen “despectivamente a la Mazorca” (El Diario, 24/10/49). En el mes de noviembre, la directora de la Escuela rechazó tres pedidos de reincorporación de alumnas que habían participado de las huelgas de abril de 1949, tildándolas de “activas dirigentes huelguistas”.[12] A fines de ese mes, con motivo de las mesas de exámenes, El Diario denunciaba que una profesora les había comunicado a dos de sus alumnas más “antirrosistas y antimansillistas”, que no estaban en condiciones de rendir sus exámenes (El Diario, 28/11/49).

A pesar de estos conflictos internos, la directora y parte del personal de la institución, seguían participando activamente de los eventos locales, como en el ciclo de conferencias de la Alianza Francesa, los juegos florales organizados por la Comisión Municipal de Cultura, la Semana del Mar a cargo de la Liga Naval Argentina, la concentración y desfile del Día del Reservista, el acto en homenaje al árbol organizado por la delegación regional del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la nación, y en la Exposición realizada por la Asociación de Criadores de Aves y Productores, entre otros (Libro Copiador, 1946-1949, AHEN). Asimismo, la directora mantuvo vínculos con las autoridades del Ministerio de Educación de Entre Ríos, creado en 1949, que otorgó becas a los jóvenes entrerrianos que quisieran estudiar en instituciones de nivel medio (Libro Copiador, 1951-1953, AHEN).

Santa María y ciertos docentes, además, se hicieron presentes en varias celebraciones organizadas por la Iglesia Católica, como la procesión y el Te Deum en homenaje a San Antonio de Padua y la velada conmemorativa de la Parroquia de San Miguel. A fines de ese año, la directora decidió festejar por primera vez la Navidad en la Escuela, con la participación del obispo y los directores de otros establecimientos nacionales (Libro Copiador, 1946-1949, AHEN). El director de la Escuela Industrial, al aceptar la invitación, felicitó a Santa María por la “saludable influencia” que tendría el evento “en el medio educacional de nuestra ciudad” (Libro Copiador, 1946-1949, AHEN). Unos años después, Santa María se dirigió al inspector de enseñanza religiosa, con el objeto de solicitarle una autorización para poner a la Escuela Normal bajo la advocación de Santa Teresa de Jesús y encargó la elaboración de una imagen para colocar en la Escuela el 15 de diciembre (Libro Copiador, 1949-1953, AHEN).

Por otro lado, la Escuela siguió siendo objeto de gran demanda por parte de las familias de la ciudad y de las localidades del interior. Una situación que era muy común en Paraná y en el resto de las Normales del país, era el pedido de los padres, especialmente de los funcionarios, para que se les diese un banco a sus hijas en el curso de magisterio, debido a que no eran egresadas de la Escuela de Aplicación. La realidad era que seguía existiendo mucho desgranamiento entre el primer grado y el sexto. Por ello, una vez ingresados los alumnos -casi todas niñas- del sexto grado de la Normal al primer año del curso de magisterio, quedaban todavía bancos disponibles para los alumnos de las otras primarias. Si bien solían hacerse muchas excepciones por presiones y “recomendaciones” de las máximas autoridades a los directores, según el Reglamento vigente, los aspirantes debían rendir un examen el año anterior y, sobre la base de los resultados, la dirección de la Normal elaboraba un orden de mérito y los estudiantes ubicados en los primeros lugares podían ingresar, pero siempre quedaban entre veinte y treinta aspirantes sin poder entrar (Libro Copiador, 1951-1953, AHEN).

En la Escuela de Aplicación sucedía lo mismo en relación con la alta demanda. En 1951, por caso, se habían inscripto 169 niños para primer grado y quedaron sin asiento 89, con el agravante, mencionaba la directora, que aquellos que no habían podido ingresar, iban casi en su totalidad a un establecimiento particular, la Universidad Popular, “de reconocida tendencia izquierdista”.[13] Para evitarlo, propuso y le concedieron, crear otra sección de primer grado inferior (Libro Copiador, 1949-1953, AHEN). Del mismo modo, los padres presentaron notas pidiendo otra sala para el Jardín de Infantes (Libro Copiador, 1952-1953, AHEN).

Esta incorporación de nuevas secciones, daba lugar a una serie de conflictos por la disponibilidad de aulas, debido a que la Escuela Normal compartía el edificio, desde los años de 1930, con otras instituciones como el Liceo de Señoritas, la Escuela Profesional de Mujeres y, a partir de 1951, una sección de la carrera de Ciencias de la Educación dependiente de la Universidad Nacional de Rosario (Bosch, 1978).[14] Además, si bien en 1949 se había decidido que la Normal dejara de estar anexa al Instituto del Profesorado, éste seguía utilizando algunas aulas. Ante el inicio de cada ciclo lectivo, la directora manifestaba las múltiples dificultades que provocaba esta situación. Por ejemplo, en marzo de 1953, elevó una nota explicando que se hacía prácticamente imposible el funcionamiento de la Escuela Profesional en el edificio que ocupaba la Normal (Libro Copiador, 1952-1953, AHEN). En una oportunidad, ilustraba, estaban dando clases en el cuarto de bombas y una estudiante había cerrado sin querer la llave de paso, provocando un desborde de las aguas servidas. Respecto al Liceo, ocurría que durante los recreos, las alumnas ocupaban el patio y eso obstaculizaba el desarrollo de las clases de Educación Física del curso de magisterio. Además, eran acusadas por las maestras de la Escuela de Aplicación, de romper el material didáctico, ensuciar las paredes y destrozar los bancos (Libro Copiador, 1946-1949, AHEN).

A pesar de los recurrentes problemas con el espacio, los pedidos de las otras instituciones seguían constantes: en diciembre de 1951, las autoridades del Liceo solicitaron dos aulas más y las del Instituto del Profesorado otras dos para los terceros años de los Profesorados de Física e Inglés. Desde la Facultad de Educación pidieron una para el segundo año y otra alternativa al salón de música de primaria, ya que las estudiantes se veían obligadas a recibir sus clases mientras los niños estaban cantando y no podían escuchar con claridad lo que decían sus profesores. La directora de la Normal advertía que no sabía cómo iba a responder a estos requerimientos, ya que faltaban aulas también para la Normal. Las clases de Trabajo Manual y de Moral, detallaba, se dictaban en las galerías del subsuelo, que durante el invierno resultaban “excesivamente frías y obscuras” (Libro Copiador, 1952, AHEN).

Por otro lado, como señala Caimari (2002), en el Segundo Plan Quinquenal, “el catolicismo era, cada vez más, un elemento subordinado a la visión peronista del mundo, abrumadoramente dominante en los contenidos de la educación pública”. A ello se sumaban los nuevos libros de texto “que reflejaban fielmente las ideas peronistas sobre la religión” (p. 466). En mayo de 1953, la Dirección de Enseñanza Religiosa del Ministerio ordenó que los profesores de Religión y Moral presentaran las adecuaciones de sus programas a los temas que planteaba el Segundo Plan Quinquenal (Boletín de Comunicaciones del Ministerio de Educación, 1953, p. 351). En Paraná, los docentes de religión se enfrentaron con la directora, respondiendo que no era necesario reformar los programas, porque habían sido redactados por el Episcopado Argentino y ya habían sido aprobados.

En este marco, el diario católico La Acción, publicó en la sección “La Política y los políticos” un comentario relacionado con un texto anónimo que circuló por la ciudad, que ofendía “gratuita e injustamente a mucha gente de bien, a dignos profesores y destacados funcionarios nacionales y provinciales”. El redactor consideraba necesario iniciar una investigación para descubrir a los autores, aunque sospechaba que eran “gente de las células comunistas” que querían “embarullar las cosas, confundir, desprestigiar y quemar” a quienes aparecían nombrados (La Acción, 30/10/53). La nota, además, daba a entender que aquellos que eran bien considerados en el panfleto (entre los que se encontraba la directora), podían estar involucrados en su redacción. El 3 de noviembre, Santa María les solicitó al presidente del directorio de La Acción, José María Quinodoz y al sacerdote Juan Vilar, ex director de La Acción y fiscal eclesiástico del Arzobispado, ambos docentes de la Escuela Normal, que desmintieran o aclararan la insinuación. A pesar de que la respuesta publicada tres días después no fue satisfactoria para la directora, decidió dar por terminado el asunto (Libro Copiador, 1946-1949, AHEN). Sin embargo, Santa María se vería cada vez más afectada a medida que se agudizaba el conflicto entre el peronismo y la Iglesia.

Entre fines de 1954 y principios de 1955, el presidente Perón fue tomando distintas medidas, como ordenar el arresto de sacerdotes, eliminar cinco feriados católicos, suprimir la Dirección de Enseñanza Religiosa y derogar la ley de enseñanza religiosa en las escuelas. En ese lapso, en la Normal de Paraná se dio de baja a todo el personal vinculado a estas asignaturas: al presbítero Luis Izaguirre, a la profesora de Religión Fanny L. Fraser de Mountford y a la de Moral, Angela N. Muzio Marco, entre otros. Producto de esta nueva situación, en abril de 1955 la directora Santa María fue dejada cesante acusada de “graves irregularidades” en el desempeño de sus funciones, aunque no se aclaraba cuáles eran (El Diario, 15/4/55). Al mismo tiempo, el conflicto con la Iglesia produjo una división en la que se vio envuelta la seccional de Paraná de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y fueron expulsadas algunas de las integrantes de la comisión directiva, acusadas de transgresiones y difamación. En su defensa, alumnas de la Normal dijeron que se habían afiliado a la organización estudiantil peronista por “error”, y que habían sido engañadas (El Diario, 14/8/55). Esto fue similar a lo que sucedió en otros establecimientos del país (Acha, 2011).

Santa María fue reemplazada por los inspectores Aníbal Chizzini Melo primero, y José L. M, Posse después, hasta que fue designada a cargo de la dirección, la vicedirectora Lilia E. Morales, la segunda mujer en la historia de la Normal. En junio de 1955, la Escuela se hacía eco de la situación política que estaba viviendo el país. El día 14 de junio, diferentes entidades de Entre Ríos adhirieron al paro en señal de protesta al gobierno nacional. El 15 de junio, fueron allanadas y clausuradas la sede de Acción Católica y las Salas de Reuniones de las Casas Parroquiales de Paraná. Luego, el jefe de la policía invitó a las autoridades de la Normal a participar de los actos de desagravio a Eva Perón y a la bandera nacional (El Diario, 14/6/55 y El Diario, 16/6/55). Debido a los graves hechos del 16 de junio, se suspendieron las actividades en oficinas provinciales y escuelas (El Diario, 17/6/55).

Sin embargo, los sectores opositores al gobierno que se encontraban en la Escuela Normal, se iban fortaleciendo y percibían que el peronismo estaba cada vez más debilitado. A comienzos de agosto, estudiantes de la Normal y de instituciones secundarias y universitarias, participaron del paro estudiantil en protesta por la muerte del médico y militante comunista, Juan Ingalinella, desaparecido y asesinado por las fuerzas policiales. En el medio de estas tensiones, la Normal llegó a su 84 aniversario, que fue recordado por la prensa local. En El Diario se publicó una entrevista a una ex alumna que se refería a “la Escuela de antaño”, cuando “nadie faltaba”, en las clases predominaba un “severo ambiente” donde “no se hablaba de política, ni de creencias religiosas, sino para infundir respeto por la una y por las otras, y respeto a la ley y la Constitución, de la que se aprendían de memoria sus artículos” (El Diario, 16/8/55, p. 4).

El 29 de agosto, El Diario informaba sobre los atentados contra los bustos de Eva Perón en la provincia de Santa Fe y al día siguiente, relataba que “personas desconocidas” ingresaron a la Escuela Normal de Paraná, ensuciaron el busto de Eva Perón e inscribieron leyendas en contra del presidente de la República en las paredes interiores del edificio y en algunas aulas. La Policía Federal inició instrucciones sumariales tendientes a descubrir a los autores del hecho, pero no dio información al respecto, se suspendieron las clases y se clausuró la Escuela (El Diario, 31/8/55). Posteriormente, la directora Morales recibió una nota de la UES, pidiendo autorización para realizar un acto de desagravio ante el busto de Eva Perón. A los pocos días llegó el golpe de Estado que destituyó al presidente Perón y dejó cesante a Morales.


  1. Unos años antes, durante la presidencia de facto de Edelmiro Farrell y su ministro José M. Astigueta, en las Normales se estableció un “examen de aptitud” para el ciclo superior del magisterio (cuarto año), de carácter obligatorio y eliminatorio. Según decía la norma, se impuso por “la doble necesidad de disminuir en cantidad y mejorar en calidad a los maestros”.
  2. Se presentaron tres listas para integrar la comisión y la electa estuvo integrada por Juan Ramón César, Martínez Segovia, Filomena Guzmán, Rita Carnaghi, Cirilia Sosa Villanueva, Amalia Acevedo de Eguiguren, Gumersindo Aguer, Zelindo Destri y Luis Prevedel Torino.
  3. Se formó una comisión de cinco senadores integrada por: Ricardo Octavio Lorenzón y Juan Carlos Basaldúa por la provincia de Entre Ríos, Ernesto Bavio por la provincia de Salta, Arcadio Avendaño por Santiago del Estero y Alejandro Mathus Hoyos -hijo de un docente de la Escuela- por Mendoza.
  4. La actividad coral de la Escuela era muy importante. Por ejemplo, en octubre de 1940 el coro dirigido por María Lucrecia Madariaga, actuó en el Teatro Cervantes de la ciudad de Buenos Aires. En el homenaje, se recordaron a los profesores Josefina de Farnessi, Conrado Rolandone, Mario Monti y Constancio Carminio.
  5. La idea que los no nacidos en Entre Ríos eran “foráneos” o “extranjeros”, está problematizada en Velázquez (2021).
  6. Entrevista a Beatriz Bosch. Buenos Aires, con fecha 07/12/06, realizada por Aixa Noemí Mega.
  7. En 1946 la Alianza mantuvo su independencia organizativa, y apoyando en 1946 la fórmula presidencial encabezada por Perón, presentó candidatos propios para los cargos legislativos, con magros resultados, que se repitieron en su última lección de 1948 (Acha, 2011).
  8. Según de Miguel (1997), la oposición se adueñó de la figura de Urquiza y fue la gran organizadora del centenario de la Batalla de Caseros, mientras que el peronismo entrerriano oscilaba entre no celebrar la fecha, afianzar la identidad regional del peronismo a través del homenaje y controlar los actos de recordación de Urquiza.
  9. El Diario relataba de qué manera “la policía cargó violentamente contra ellos y practicó detenciones”, mencionaba que “se golpeó a los estudiantes Yolanda Aguilar, Gladys Vera, Corina Etchegoin y Mario Reula”. Este último recibió un golpe en el ojo derecho mientras dos agentes lo sujetaban de los brazos. También fue agredido el alumno Atencio que recibió un latigazo en la cabeza y la señorita Pignon “fue alcanzada con una fusta” (El Diario, 3/4/49). En mayo, El Diario publicaba una nota sobre el apoyo que la Federación de Estudiantes Secundarios de Buenos Aires -que agrupaba a más de 20 centros de estudiantes de Capital Federal- brindaba a los normalistas.
  10. Según El Diario muchos familiares eran empleados en la Escuela o el Instituto (El Diario 6/4/49, p. 4).
  11. El 13 de marzo de 1946, Santa María tomó como titular cuatro horas semanales de castellano vacantes por creación en una división de tercer año. A comienzos de 1949 ocupó la regencia de la Escuela de Aplicación, hasta que en mayo fue designada vicedirectora a cargo de la dirección de la Escuela Normal.
  12. Ante los reclamos de algunos padres por las sanciones colectivas, la directora elevó una nota al jefe de despacho, elevando los expedientes de las tres alumnas que habían participado en la huelga durante seis días. Sobre una de ellas se decía que era una “alumna estudiosa”, pero que “se destacó el año pasado y actual como activa dirigente huelguista en contra de la resolución del Ministerio de Educación y del presidente”. La dirección general de enseñanza no hizo lugar a su pedido de reincorporación (Libro Copiador, 1949-1953, AHEN).
  13. La Universidad Popular había sido creada por el profesor socialista Elio C. Leyes en 1942, y tenía por propósito, además de alfabetizar, de capacitar en oficios.
  14. Entre 1931 y 1934 había funcionado como anexa a la Normal, una Escuela de Comercio.


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