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Del disciplinamiento a las modificaciones del código

Transformaciones en las categorías del cuerpo, la subjetividad y la intimidad

Romina Grisel Peralta[1]

Este trabajo se orienta a describir las transformaciones en las categorías sobre el cuerpo, la subjetividad y la intimidad tomando como referencia los textos El hombre postorgánico y La Intimidad como espectáculo de Paula Sibilia. Estas trasformaciones nos permitirán identificar el surgimiento de nuevos dispositivos de poder para el ejercicio de la biopolítica en la sociedad contemporánea.

Del cuerpo-máquina al cuerpo-información

Al promediar la Edad Media, fue tomando fuerza un nuevo concepto de individuo desprendido de los condicionamientos eclesiásticos. La modernidad trajo consigo una nueva forma de relación de los sujetos con la política, la economía, la religión, la sociedad y el conocimiento. El hombre se empieza a preocupar por cuestionamientos vinculados con su existencia material, con el ordenamiento planificado desde lo racional. Así mismo, el principio de autoridad irá desplazándose desde la Iglesia hacia las incipientes formas que tomará el Estado. La razón jugó aquí un papel fundamental en el progreso de estas formas ya que irá generando condiciones burocráticas en la vida pública y en la administración. Si en la edad media el sujeto detentaba una sólida cohesión social generada por la Iglesia, el fuerte acento en el individualismo que se desarrolla en la modernidad ocasionará la pérdida del sentido global de la comunidad vivida.

Es en este contexto en el que surge una nueva idea de hombre vinculado a su potencial maquínico. Se empieza a definir el cuerpo humano en relación analógica con la máquina. Ante las incógnitas que generaba el universo como posibilidad de conocimiento, el hombre se convierte en un engranaje más de esa naturaleza que debe conocerse, de la cual hay que develar los misterios que oculta. Es por ello que la ciencia pondrá al servicio todo su aparato de saber/poder para lograr desentrañar cuales son los mecanismos que hacen funcionar ese cuerpo/máquina. A diferencia de la época pretérita en la que el cuerpo no podía manipularse ya que era considerado sagrado, en la modernidad (y con el avance del campo científico) el cuerpo muerto se vuelve al mismo tiempo el espacio y el objeto de intervención. Los científicos del renacimiento van a diseccionar el cuerpo muerto para descomponerlo y luego recomponer esas partes para determinar los diferentes mecanismos que constituyen ese sistema. Lo que importa es ver cómo funcionan esas partes de esa maquinaria: se lo examina, describe, disecciona para lograr comprender cómo es que esos órganos se conectan y hacen funcionar el artefacto corporal. De esta manera surgen disciplinas científicas (como la anatomía) que van a generar un aparato teórico para justificar esta forma de entender lo humano. Está metáfora de lo mecánico se traduce en la comprensión de los demás elementos de la naturaleza; todo empezará a funcionar en relación o en base a un sistema estructurado cómo máquina. El avance de estas formas discursivas irá colonizando todos los aspectos de la vida. No solo el cuerpo biológico será comprendido como un artefacto que tiene funciones específicas si no también el cuerpo social será explicado a través de esta metáfora. Al respecto, Paula Sibilia afirma que:

Los aparatos mecánicos comenzaban a automatizar las más diversas funciones y a transferir sus ritmos, su regularidad y su precisión a los cuerpos y rutinas de los hombres. Se había puesto en marcha el largo y decidido proceso de mecanización del mundo, acompasado por la cadencia exacta de los relojes. (2005: 72)

La ciencia moderna generó todo un aparato de conocimiento que hizo posible la comprensión de todos los fenómenos a partir de estas categorías. Un dispositivo de saber que se constituyó para dar explicaciones a este hombre máquina fue la teoría de Darwin sobre la evolución natural de las especies. En ella se postula que la naturaleza se rige por leyes que son inexorables en la pendiente del progreso. Promediando el siglo XX aparecerán cambios profundos en la comprensión de lo humano que modificarán la perspectiva del hombre como máquina. En este sentido se podría decir que se pasa de un interés moderno por comprender el funcionamiento macrofísico (en el cual el ser humano es un punto en el engranaje qué trasciende universo y el cosmos) al interés por adentrarse en un mundo microfísico, en lo más íntimo del cuerpo humano para, de esta manera, colonizarlo.

La ciencia contemporánea ya no se hará preguntas en cuanto al funcionamiento, por el contrario, las necesidades de conocimiento estarán vinculadas a la exploración del código que constituye lo humano. Al respecto, Paula Siblia explica este cambio que se traducirá en todos los órdenes de la vida:

En definitiva, estaríamos ante un brusco cambio de paradigma tecnocientífico, qué dejó en el pasado al mundo mecánico de la física clásica y su naturaleza laboriosamente domesticable. En la tecnociencia de inspiración fáustica, la naturaleza ya no se descompone y recrea según el régimen mecánico geométrico, sino de acuerdo con el modelo informático molecular. (2005: 89)

De esta manera aparecen nuevas áreas de conocimiento dentro de la ciencia cómo la biología molecular, la microelectrónica o la ingeniería genética. Estos saberes se distinguen de sus antecesores porque muestran al cuerpo humano como un software, como un programa de computación. Ya no importará el mecanismo, el interés estará puesto en develar el código que se almacena como información en los tejidos humanos orgánicos, código que se convierte en un nuevo lenguaje. En esta secuencia informacional el hombre se reduce a un código binario de ceros y unos. Siguiendo estos postulados, se pasará entonces a comprender lo humano desde un paradigma digital, inmaterial que producirá saberes que operaran no solo sobre los cuerpos, si no específicamente, sobre las subjetividades.

Hoy en día lo que se entiende por naturaleza está en discusión, el concepto es mutable y se irá transformando a medida que los saberes que genere cierta época sobre la sociedad también lo hagan. Una ciencia que aportó en esta comprensión del cuerpo humano dentro del modelo digital es la biología molecular que intenta explicar la vida a partir del código genético; las células bajo esta perspectiva guardarían en su interior millones de letras químicas; de esta manera, lo que era considerado vida se transforma en información.

Este código puede editarse en los laboratorios optimizarse, tal como lo comprueban los experimentos y los laboratorios en dónde se recombinan informaciones orgánicas e inorgánicas entrelazando saberes de la ingeniería genética y la teleinformática; “con todas estas novedades, la naturaleza está perdiendo su tradicional opacidad y su rigidez típicamente analógica” (Sibilia, 2005: 146).

Los desarrollos del campo científico buscan controlar esa evolución natural que otrora enunciaba Darwin en el paradigma mecánico. La ciencia clásica, que veía en la evolución un progreso (el cual se daba de manera gradual a partir de la descripción de ciertas leyes de la naturaleza) permitía corregir las desviaciones a partir de modificaciones que operaban de manera externa sobre los cuerpos. Hoy ya no hay evolución natural sino una producción de lo vivo por parte del campo científico confines diferentes. En el nuevo paradigma no se busca moldear al ser humano, por el contrario, lo que se pretende es intervenir en su código para modificarlo desde adentro.

Un ejemplo de ello son los desarrollos en el campo de la reproducción sexual asistida y el avance de las investigaciones en Argentina. En este sentido podemos citar el caso que ocurrió en la ciudad de Buenos Aires donde una mujer dio a luz en septiembre de 2021 una niña nacida bajo la técnica denominada “transferencia de huso”[2]. Este método consiste en manipular el ovocito de una donante para extraer el material genético e intercambiarlo por el de la paciente que solicita el tratamiento. De esta manera, ese ovocito reconstituido tendrá características metabólicas de la donante, pero el código informático, es decir, el ADN que en este caso es lo que reviste mayor importancia, será de persona infértil. En este sentido, Ariel Ahumada, director del Laboratorio de Embriología del centro de medicina reproductiva Procrearte, (instituto en el que se realizó el tratamiento) explicó al periódico Télam que éste es el primer nacimiento en Sudamérica bajo esta técnica y que aún no es un tratamiento contemplado por el Ministerio de Salud del país por lo que su realización precisó un protocolo especial para poder llevarse a cabo. De aquí se desprenderán diferentes interrogantes que estarán en la frontera de lo considerado vivo y las responsabilidades que se ejercerán sobre el resultado, en este caso, de la manipulación genética en el laboratorio. El cuerpo orgánico se presenta así sus obstáculos marcando el límite de lo vivo que la ciencia vendrá a correr y trascender encontrando una esencia virtual constitutiva.

Siguiendo a Sibilia (2005) se puede afirmar que el cuerpo biológico, presentado como limitado, perecedero, obsoleto debe estar en constante actualización. Se buscará entonces trascender los parámetros básicos de la condición humana (la corporalidad, la finitud, la contingencia) que actuaba el límite de la existencia.

Transformación de las subjetividades

El proyecto moderno concibió al ser humano como algo dócil, como una sustancia que puede moldearse debido a su maleabilidad. Una sustancia indeterminada que, por medio de ciertas técnicas y estrategias, puede informarse. Michael Foucault explica que este proyecto pudo llevarse a cabo bajo el ejercicio del poder y el nacimiento de la biopolítica. Para el teórico francés el biopoder es el poder que se ejerce sobre la biología, es decir, sobre el cuerpo de las personas; cuando ese poder se ejerce sobre el cuerpo individual da origen a lo que denomina disciplinas y cuando se realiza sobre el cuerpo social o el conjunto de la población dará origen a la bio-política (2005:200).

En este sentido, cada época va a definir y configurar diversos modos de constitución de las subjetividades; las sociedades industriales, según Michel Foucault, establecerán una serie de biopolíticas mediadas por dispositivos de poder para determinar ese sujeto indeterminado. Estos sujetos biológicos pudieron ser configurados a través de la utilización de ciertas técnicas y saberes específicos que llevó a cabo el Estado para implementar el proyecto nacional a través de la imposición de normas y la adaptación de esos cuerpos a ciertas condiciones de vida.

Es así que, en la modernidad, se produjo cierto discurso de verdad en torno a que es normal o anormal, normal o patológico, normal o criminal, todo esto mediado por determinadas ciencias y saberes del hombre y de la subjetividad tales como la sociología la psicología la criminología y la psiquiatría. Es así que se establecieron las formas de reinserción rehabilitación o encausamiento de esas subjetividades consideradas por fuera de los parámetros. Las ciencias humanas modernas también aportarán algunas técnicas o saberes que, si bien provenían del ámbito eclesiástico, los perfeccionaran para lograr la docilidad de esos cuerpos. Técnicas como la observación, el examen, la confesión buscaban optimizar ese cuerpo individual para disciplinarlo con mayor efectividad. Respecto a qué y cómo se ejerce el poder, Michael Foucault explica que:

El poder sólo existe en acto, aunque, desde luego, se inscribe en un campo de posibilidades dispersas, apoyándose sobre estructuras permanentes. Ello también significa que el poder no es una especie de consentimiento. En sí mismo no es renuncia a una libertad, transferencia de derechos, poder de todos y cada uno delegado a unos cuantos (lo cual no impide que el consentimiento pueda ser una condición para la existencia o el mantenimiento de la relación de poder); la relación de poder puede ser el efecto de un consentimiento permanente o anterior, pero no es por naturaleza la manifestación de un consenso (1988:14)

De esta manera, el Estado generará diferentes mecanismos y dispositivos disciplinarios para moldear estos cuerpos y sus subjetividades por medio de la constitución de diferentes instituciones creadas para concretar el proyecto moderno. Las cárceles, las escuelas, las fábricas, los manicomios, los hospitales, la familia, cada una de ellas prefigurará una manera de ser en el mundo, una subjetividad que actuará como norma para determinar las posibles desviaciones. Estas instituciones objetivadas en el afuera eran firmes, burocráticas, centralizadas y el poder que ejercían tenían el objetivo de optimizar la productividad de ese cuerpo perfilado para la sociedad industrial. Sibilia lo describe de la siguiente manera:

(…) las prácticas ascéticas, la moral del trabajo, la organización racional de la vida cotidiana, la veneración del orden y la autodisciplina contribuyeron a lograr algo nada fácil ortopedista los cuerpos para adecuarlos a los modos de vida urbanos y al individualismo exigido por el capitalismo industrial. (2005: 204)

Estos dispositivos fundamentales para el desarrollo del capitalismo buscaban potenciar esa fuerza vital de los sujetos tratando de aumentar, por ejemplo, las tasas de natalidad, prevenir enfermedades, contener las pandemias, con el solo fin de formatear su cuerpo para que sea más productivo. No se podía dejar nada librado al azar todo tenía que ser previsible y controlado.

Esta modelización de cuerpos y subjetividades en el siglo XX se transforma. El estado pierde el rol central como la institución encargada de regular y producir esas subjetividades, es decir, pierde el monopolio del ejercicio del biopoder y su lugar lo toma la tecnociencia.

Siguiendo a Sibilia (2005:152) podríamos decir, entonces, que estas biotecnologías posmodernas contemporáneas promueven un cambio de mayor incidencia y en el menor tiempo posible para poder cumplir con el ideal de generar un nuevo tipo de ser humano. De esta manera ya no precisan de técnicas lentas y disciplinarias, por el contrario, transforman y reprograman desde adentro el código constitutivo.

Aparecen entonces nuevas instituciones qué intentarán producir cuerpos y almas individuales interviniendo en la en el punto más íntimo del sustrato biológico para modificar la esencia orgánica y alterar el código de la vida y, de esta manera, reprogramar lo biológico.

Ante este panorama en el que la ciencia puede modificar la naturaleza y programarla, el sujeto posmoderno también se percibe como administrador de su propio destino, por lo que puede desafiar el ciclo moderno de lo natural y expulsar o detener la vejez y la muerte. Este sujeto se puede auto producir y auto crearse, todo esto enmarcado en las lógicas del mercado que buscan e interpelan a los sujetos en la autogestión de sí mismos ofreciendo productos y servicios para tal fin.

En el mundo posmoderno las estrategias de marketing afianzarán el consumo desmedido a través de diferentes prácticas basadas en un modelo empresarial. En este sentido, serán las instituciones del mercado quienes asuman la función de interpelar los cuerpos y las subjetividades, enfocándose así ya no en el sujeto ciudadano si no por el contrario, en el sujeto consumidor. Esos cuerpos, que en el paradigma anterior eran perfilados para la productividad, en este nuevo capitalismo postindustrial serán interpelados por su potencialidad de consumo. Las fuerzas de las instituciones estatales ya no tienen peso en comparación con las estrategias biopolítica de la lógica empresarial. Éstas buscan tener a mano servicios que cumplan con las necesidades inmediatas de los consumidores.

Las nuevas estrategias de la biopolítica están centradas en la gestión de sí del sujeto en la que cada individuo puede planificar su vida como si fuera un empresario realizando una performance que maximice su calidad de vida de la manera más eficiente. El sector dedicado a la elaboración de productos de belleza se convierte en un buen ejemplo de cómo funciona el mercado generando los mecanismos y posibilidades de constituir subjetividad. En los últimos años este sector incorporó tecnología basada en inteligencia artificial con el fin de perfilizar cada vez más el consumo. La cadena de cosméticos francesa Sephora[3] lanzó en 2016 una aplicación para dispositivos móviles denominada Sephora Virtual Artist. ¿Indeciso entre un lápiz labial líquido KVD Vegan Beauty o un lápiz labial líquido Anastasia? No hay problema, pruébelos ambos, vea cómo se ven y compárelos antes de comprarlos. En la descripción del sitio de descarga de la aplicación la misma empresa enuncia el problema y a su vez, la solución. Este entorno configurado como aplicación de maquillaje está basado en realidad virtual que utiliza el reconocimiento facial para permitir que los clientes se prueben los productos de la empresa. La aplicación escanea el rostro y permite experimentar el maquillaje virtualmente para comprobar exactamente cómo se verían los productos seleccionados. De esta manera pueden sortear uno de los impedimentos que trajo el Covid-19 para este sector que era el testeo de productos por parte de sus clientes. La tentadora oferta se amplía con tutoriales, posibilidades de armar redes sociales y compartir los looks con otros usuarios, el sistema no deja nada por fuera ni librado al azar.

Otra compañía que ofrece dispositivos de belleza inteligentes es Neutrogena, una empresa estadounidense de cosméticos y productos de cuidado personal cuya atención está centrada en el cuidado de la piel. En este caso, el aplicativo se denomina Neutrogena Skin360[4]y, a partir de una auto-fotografía, evalúa la “salud” de la piel realizando un escaneo y posterior análisis. A partir de estos datos arrojará una valoración numérica, un puntaje, que determinará cuáles son los productos necesarios para mejorar aquello que detecte por debajo de los parámetros. Propondrá una rutina personalizada, una opción de seguimiento diario en la que marcará los progresos y también la posibilidad de entrecruzar variables como el tiempo, el clima, el sueño, el ejercicio, el nivel de estrés, entre otros factores que inciden en la salud de la piel.

La intimidad y las redes sociales

En un mundo contemporáneo globalizado, el espacio se percibe descentralizado y permeable, una suerte de red interconectada en el que los sujetos interactúan de manera individual sin el disciplinamiento de los sólidos aparatos estatales modernos. En este contexto son fundamentales las estrategias de marketing ya que establecen con mayor efectividad lógicas de dominación del capital.

Estos nuevos formatos que toma el biopoder están acompañados también de las maneras de construir subjetividades relacionadas con lo público y lo privado. Siguiendo las ideas de Paula Sibilia (2008) la construcción de la idea de un ámbito público y un ámbito privado sería parte de una invención histórica, un dispositivo que genera convenciones y produce subjetividades; “esa distinción es bastante reciente: la Esfera de la privacidad solo ganó consistencia en la Europa de los siglos XVII y XIX, como una repercusión del desarrollo de las sociedades industriales modernas y su modo de vida urbano”. (2008: 71)

En estas sociedades industriales, la intimidad estuvo asociada a la privacidad y al espacio específico que se necesitó para poder recrear una subjetividad. El individuo moderno necesita de un ambiente separado dentro de su hogar, propio, limitado por muros y puertas para poder producir su propia subjetividad. Este escenario será el espacio propicio en dónde se desarrolle su intimidad y será muy valorado ya que permite diferenciar lo público de lo privado. La sociedad burguesa promoverá de esta manera los relatos del yo que se pueden observar en el género epistolar y los diarios íntimos. Ambos tipos de texto se presentan como confesionales de una intimidad. Existe una idea de fruición y disfrute en la soledad, el goce y disfrute de estar con uno mismo asociado a la introspección; esto permite la concepción de ese recorrido interno manifestado como un viaje, la necesidad de auto explorarse para producir textos autorreferenciales productos de ese revisionismo.

El sujeto burgués de los siglos XIX y XX es un sujeto ensimismado en la lectura como una práctica de encuentro consigo mismo, un encuentro con una intimidad individual con su sola compañía. Aquí la vida interior de cada sujeto cobra importancia, es una experiencia individual y no comunitaria que da como resultado al hombre psicológico; “(…) esa es la condena perpetua que pende sobre el Homo psychologicus y las subjetividades introducidas, fecundada en la intimidad del silencio y en la soledad del cuarto propio burgués: buscarse, rastrear dentro de sí un sentido fatalmente perdido (2008: 82)”

Esta singularidad del yo hoy conserva su fuerza, pero se modifica o cobra un tinte diferente con el avance de un individualismo cada vez más acentuado, que se constituye al mismo tiempo por los parámetros que el mercado impone a la construcción de la identidad.

Hoy asistimos a nuevas formas y modalidades de escritura con características propias de la era posmoderna, el tiempo se vuelve simultáneo y prima la velocidad de la publicación. Existe una exhibición pública de los rasgos más íntimos de los sujetos plasmados en cuerpos digitales, en textos digitales, qué se caracterizan por un alto grado de interacción ya sea con otros textos a través de los links o de la participación del lector.

Los relatos del yo que se producen en los medios digitales de manera simultánea son narrados en la inmediatez temporal de quien comparte sus experiencias con sujetos de todos los rincones. Ya no bastará la escritura de lenguaje verbal, sino que todo ser acompañado con un registro potente de la imagen. En esas pantallas los sujetos se desdoblan interconectados por las redes digitales atestiguando la vida tal cómo se presenta una suerte de exhibición de lo cotidiano.

Siguiendo las ideas de Foucault estos escenarios virtuales serían lugares en los que se practica la técnica de la confesión. Este mecanismo propone hacer hablar a los sujetos bajo el ejercicio de una suerte de violencia que obliga, que presiona e invita a la prédica de sí; a confesarse, interpretando en este acto una suerte de emancipación. Un ejemplo se traduce en el uso que algunos usuarios hacen de la red social Tik Tok. Esta aplicación que presenta la posibilidad de generar contenido a partir de videos cortos se ha convertido en una suerte de confesionario para algunos usuarios que la utilizan para realizar sus “story time”. Tal es el caso del perfil @irispaxton[5], una usuaria que cuenta el proceso de divorcio que atraviesa producto de una infidelidad de su exmarido. En las innumerables secuencias de videos narra con lujo de detalles todo lo ocurrido en la intimidad de esa relación: su postura al enterase del engaño, la instalación de una aplicación en el celular de su esposo para espiar sus conversaciones con la amante, los reencuentros y sus efectos en la sexualidad de la pareja. Toda la intimidad de esta situación expuesta en forma de relato confesional a sus seguidores de la red social quienes la aconseja, la alientan, dan opiniones sobre los hechos que narra, hasta piden datos sobre la aplicación de espías.

Paula Sibilia explica que ante la aparición de estos fenómenos podemos tener dos actitudes analizar las continuidades de estas prácticas e interpretarlas como adaptación es de viejas costumbres o por el contrario señalar una discontinuidad para poder desentrañar la especificidad qué estás prácticas tienen en un nuevo contexto.

Esta práctica de la confesión, que data de la Edad Media es una técnica utilizada para producir verdades sobre los sujetos. Son parte de un dispositivo de poder que busca de manera sutil y efectiva “bucear en esta intimidad”. Hoy los sujetos se confiesan en escenarios virtuales. Lo íntimo es público como práctica comunicativa y las diferentes redes sociales presentan formatos para exponer la confesión de los sujetos. Hoy en día es esa exposición pública la que funciona como un diario íntimo. La autora se refiere a este mecanismo de la siguiente manera:

(…) un anhelo de ejercer la técnica de la confesión, a fin de saciar los voraces dispositivos que tienen voluntad de saber. En vez del miedo ante una eventual invasión, fuertes ansias de forzar voluntariamente los límites del espacio privado para mostrar la propia intimidad, para hacerla pública y visible (2008: 92).

Hoy las paredes firmes del espacio íntimo que funcionaban como refugio de esa intimidad ya no existen. La solidez y protección del refugio privado dio paso a la transparencia y visibilidad que brindan los entornos digitales y en los cuales lo íntimo se expone para la valoración de un público que se instala como espectador de lo privado.

Consideraciones finales

A partir de lo expuesto en el presente trabajo podemos llegar a las siguientes consideraciones:

  1. En relación al cuerpo humano se debe tener en cuenta cuáles son los saberes que, en cada época histórica, generan condiciones para el surgimiento de diferentes dispositivos de poder. Podemos identificar que en las sociedades disciplinarias el poder se ejerce mediante dispositivos de encierro que tienen como objetivo modelar los cuerpos. Posteriormente, con la pérdida del monopolio del estado y el surgimiento de otros campos de saber el ejercicio de poder se desplaza de la disciplina hacia las tecnologías que operan sobre el cuerpo informatizándolo.
  2. Estas mismas transformaciones se pueden observar en la constitución de las subjetividades. Ante dispositivos disciplinarios, las subjetividades se configuraban mediante un proceso de vigilancia e interiorización del poder. En sociedades de control, el poder de modelamiento de la subjetivad se ejerce a través de la idea de la autogestión del sí por parte de los sujetos.
  3. Por último, la idea de intimidad asociada a la privacidad en un modelo de saber construido por la lógica de una sociedad industrial y moderna deja paso a otra forma de manifestar la interioridad vinculada a los nuevos escenarios que administran las lógicas de poder posmoderna. La exterioridad y la visibilidad como maneras de estar en el mundo.

Bibliografía

Foucault, Michael. El sujeto y el poder. Revista Mexicana de Sociología Vol. 50, No. 3 (Jul. – Sep., 1988), pp. 3-20. https://www.jstor.org/stable/3540551

Deleuze, Gilles. Posdata sobre las sociedades de control, en Christian Ferrer (comp.), El lenguaje libertario, vol. II, Montevideo, Ed. Nordan, 1991.

Sibilia, P. (2005). El hombre postorgánico. Fondo de Cultura Económica.

Sibilia, P. (2008). La intimidad como espectáculo. Fondo de Cultura Económica.

Sibilia, P. (2021). Tensiones entre (auto)espectáculo y (des)control. Módulo 3 del Seminario de Cuerpo, Subjetividad y Tecnologías Digitales. Maestría en Comunicación Digital Interactiva. UNR

Sibilia, P. (2020). El malestar de lo ilimitado. Fronteras, 33 Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, Montevideo, 2020; p. 984-987.

Sibilia, P. (2012). ¿Redes o paredes? La escuela en tiempos de dispersión. Buenos Aires. Ed. Tinta Fresca


  1. Licenciada en Comunicación social (UNC). Profesora en Docencia Superior (UTN). Especialista en Estudios Sociales y Culturales (UNCA). Diplomada en Enseñanza Digital e Innovación Educativa (UNCo). Docente en Institutos de Educación Superior de Catamarca (ISAC, ISTI y IES Rubinstein).
  2. Redacción (23 de septiembre de 2021) Télam. Nació en Argentina el primer bebé de Sudamérica por “transferencia de huso”. https://www.telam.com.ar/notas/202109/569530-metodo-fertilidad-transferencia-huso- primer-bebe-sudamerica-argentina.html
  3. https://www.sephora.sg/pages/virtual-artist
  4. https://es.neutrogena.com/skin360app.html
  5. https://www.tiktok.com/@irispaxton


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