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La cercanía mediada en tiempos de pandemia

Daniela Beatriz Iriarte[1]

Introducción

La pandemia acarreada por el brote del COVID 19 -que azota al mundo desde el 2020 y en la que la Argentina no estuvo ajena- implicó un cambio significativo en el desarrollo de nuestra vida cotidiana y laboral. Diversas reflexiones y pensamientos se expusieron sobre ello, puesto que transformó significativamente el abordaje de la realidad y de la propia experiencia, lugar donde más que nunca la complejidad cobró relevancia resignificando nuestro quehacer cotidiano. Y es en este escenario donde la tecnología y la comunicación se consagraron con el papel principal.

Tuvimos que reinventarnos para darle continuidad a las formas de encuentro, dado que otrora la interacción cara a cara, el abrazo, el sentir nos configuraba culturalmente. El aislamiento preventivo, social y obligatorio (APSO) mudaron nuestros vínculos en el sentido de distancia/cercanía, pero no por ello menos afectuoso, hacia otras formas de interacción, deviniendo en una experiencia mediada y ya no directa.

Es por ello que en este trabajo no pretendo magnificar o demonizar la tecnología sino simplemente relatar una experiencia como valor de aprendizaje analizando los significados y sentidos del proceso que emergieron en nuestra actividad.

La experiencia propiamente dicha, se trata de la utilización de la red social WhatsApp empleada por un grupo de trabajo de las Plataformas de Innovación Territorial (PITs) del NOA, perteneciente al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Si bien la utilización de ciertas plataformas para el desarrollo de reuniones, por ejemplo, como Skype o Meet, era incipientes en el ámbito laboral, la pandemia aceleró su empleo deviniendo el modo de trabajo conectado remoto (Iriarte, Fernández Valdés y otros, 2021).

El INTA, y en particular la unidad ubicada en la provincia de Catamarca, se acopló a esta modalidad de trabajo; al igual que la realización de capacitaciones, por ser un organismo de ciencia y tecnología a disposición del sector productivo. Es decir, que para continuar con la socialización de investigaciones, resultados y recomendaciones de determinados cultivos característicos de la región se realizaron seminarios y jornadas utilizando estas plataformas de comunicación e información. Situación que permitió llegar a miles de usuarios de distintas provincias y países y de diversas instituciones y del sector que aun en la normalidad hubiera sido muy difícil lograr por las distancias y costos económicos de traslado.

Sin embargo, esta modalidad reflotó una carencia de vieja data “la falta de conectividad”, relegando a productores y productoras de estas formas de capacitación por ser de lugares donde el internet prácticamente no llega y en los cuales primaba la interacción cara a cara. O sea que los avances o ciertas recomendaciones se realizaban a campo y era el profesional de la institución el que llegaba a lugares abnegados para acercar y acompañar el trabajo productivo.

Este panorama nos llevó a plantearnos como acercar información y acompañar en sus necesidades al productor y productora que quedaron marginados de la conectividad. En virtud del interrogante ¿Cómo gestionar la comunicación de los territorios en tiempos de pandemia? nos contactamos con otras PITs del NOA para conocer sus formas de trabajo en este contexto y de allí surgió la iniciativa de propiciar conversaciones con el objetivo de realizar acciones comunes para quienes quedaron fuera de las iniciativas institucionales mencionadas anteriormente (Iriarte, Fernández Valdés y otros, 2021).

El doble aislamiento y la emergencia de una nueva sensibilidad

Diversos sentidos emergieron en el contexto de pandemia, virando hacia una nueva sensibilidad, en torno a la interacción y el encuentro cuya manifestación se potenció en el uso de las redes sociales, generando profundos cambios en el funcionar de la sociedad y en el comportamiento humano. Esto es debido al Aislamiento Social que limitó la presencia física en nuestros lugares de trabajo y por un tiempo el encuentro cara a cara con nuestros seres queridos.

En este contexto surgieron iniciativas para dar continuidad a las tareas que se realizan tanto en el ámbito del INTA como de otras instituciones generando un gran abanico de propuestas de capacitación como seminarios, jornadas, talleres todos con la modalidad virtual. De alguna manera se trató de dar continuidad a las investigaciones y a rol principal de un instituto de ciencia y tecnología como el de poner a disposición los avances a la sociedad en general y al productor en particular.

Estas formas incipientes de comunicación para nuestro ámbito laboral tuvieron muy buena repercusión y aceptación de los participantes, trascendiendo los límites de la provincia y del país, cuestión que se restringía en la presencialidad.

Sin embargo, esta posibilidad reflotó una vieja carencia para las personas más alejadas de los centros urbanos como es la falta de conectividad. Situación que imposibilita acceder a las propuestas institucionales quedando abnegados de estas formas de capacitación y/actualización. Por ende, y como propongo en este apartado, no solo el aislamiento obligatorio conlleva a limitar las formas de relacionarse y contar con el acompañamiento institucional, sino que no contar con internet los “deja fuera” de las propuestas institucionales; ocasionando para ellos un doble aislamiento y estableciendo así una relación dialéctica entre conectividad y acceso.

Con esta mirada, las PITS del NOA aunaron esfuerzos para realizar acciones comunes que aborden problemáticas y necesidades de aquellos productores y productoras marginados durante la pandemia del acompañamiento institucional y del acceso de información. Una de las propuestas de este grupo de trabajo fue la realización de un taller de WhatsApp sobre temáticas definidas previamente, basado en una experiencia uruguaya.

Si bien el WhatsApp fue la aplicación elegida para poder organizar actividades, el teléfono móvil se considera desde principios del SXXI como “parte de esta nueva revolución cultural, no solo como nuevo instrumento de la colectividad y sociabilidad” sino “(…) son cada vez más como medio de la comunicación de masas, como un nuevo medio interactivo hecho a la medida individual (Nyri, 2010: 131)”.

Asimismo, cabe mencionar que el WhatsApp (o simplemente WhatsApp) es una aplicación de mensajería instantánea para teléfonos inteligentes, en la que se envían y reciben mensajes mediante Internet, así como imágenes, vídeos, audios, grabaciones de audio (notas de voz), documentos, ubicaciones, contactos, gifs, stickers, así como llamadas y videollamadas con varios participantes a la vez, entre otras funciones.

Según datos de principios del año 2020, es líder en mensajería instantánea en gran parte del mundo, en el que supera los 2000 millones de usuarios, superando a otras aplicaciones como Facebook Messenger o Telegram, entre otros; desplazando al servicio de SMS, revolucionando para siempre el servicio de mensajería instantánea gracias a la multiplicación de los teléfonos inteligentes (smartphones) y del acceso a Internet.

Asumiendo estas características, se organizaron talleres empleando la red social sobre temáticas y necesidades planteadas previamente por los productores y productoras basándose en sus propios saberes sobre determinadas acciones como producción y conservación de semillas, almácigos, entre otros.

El hecho de recurrir a los saberes y prácticas de los participantes implicó un desafío en nuestro de trabajo dado que se los involucró desde el inicio para trascender la mera transferencia de conocimientos.

Con esta finalidad se resignificó el uso de la herramienta para hacer frente por un lado al proceso de doble aislamiento; provocando por el otro, la emergencia de una nueva sensibilidad.

Esta nueva sensibilidad fue trasformando el modo de relacionarse con el entorno y consigo mismos resignificando sus vínculos intersensoriales e intersectoriales asociados con políticas agropecuarias.

El intercambio en el grupo de WhatsApp manifiesta la necesidad de “encuentro” entre pares y el valor otorgado al grupo, puesto que desde el primer día las personas fueron activas compartiendo sus saberes en torno a determinadas prácticas y cuya recepción fue loada por los participantes.

“… Personas como usted son las que nos dan aliento para seguir trabajando en el campo a pesar del sacrificio que uno hace todo los días. Le mando un fuerte abrazote”, “… Está muy bueno el grupo para intercambiar información, saludos y les muestro algo de lo que estoy haciendo”. “… Buenas tarde grupo. Muy interesante el taller de hoy. De quinua y batata yo cosechó el maíz y luego elijo las mejores mazorca p la próxima siembra”, “Muy buenos y muchas gracias x toda las enseñanzas q recibí” “… Los videos están muy buenos y interesantes para aprender más estoy muy agradecía por ase me participe de este grupo semilla dela huerta urbana .. los agradesco y … gracias por darnos una mano aser que nos caispaciten mas gracias a el grupo” (Iriarte, Fernández Valdes y otros, 2021: 36 ).

Estos fragmentos de conversaciones reflejan una necesidad de contención, de ser parte, de ser escuchados y sobre todo de poder capacitarse entre ellos mismos dado que las charlas se centraron en los saberes de los participantes.

Volviendo a la sensibilidad -considerada como la facultad de sentir inherente al ser humano- en la palabra escrita se materializa el sentir de la gente, lo que conmueve; otorgando valor a las experiencias compartidas por medio de videos cortos de los propios productores. Justamente el “gracias” manifestado en reiteradas oportunidades es una muestra de anhelo de que en nuestra vida como en la de los demás la experiencia/el hacer del otro y con el otro, genere algún tipo de bienestar.

Cercanía vs. lejanía: una experiencia mediada

Del doble aislamiento generado por la tecnología se desprende otro vínculo dialectico como el binomio de cercanía y lejanía. Tomo esta categoría dual para poder visualizar como la tecnología permitió “acercarnos”, y en este contexto en particular, más allá de las distancias físicas que limitan estar en contacto presencial. Es decir, que el estar lejos restringe la interacción cara a cara, el sentir y el tocar provocando añoranza de nuestros seres queridos, pero (como venía comentando en párrafos anteriores) la experiencia mediada por la tecnología nos permite calmar la ausencia física a través de las aplicaciones y redes sociales. Si bien el contacto físico es irreemplazable, las video llamadas, las fotos y los audios de voz devienen en sucedáneos del contacto presencial dando lugar a una experiencia mediada.

Con esta experiencia mediada no implica que la realidad tenga menos sentido, sino que este se fue intensificando o transformando y encontró cause en las tecnologías ante la necesidad de darle alguno a la experiencia vivida en tiempos de pandemia.

Para Mar Auge, en su libro “Los no lugares. Espacios del anonimato (2008)”, la superabundancia de acontecimientos dio origen a la “sobremodernidad” cuya modalidad esencial es el exceso y es este exceso el que origina, en cuanto al espacio, nuevos universos como el achicamiento del planeta.

En sus palabras:

De estos universos en gran medida ficticios, se podría decir que son esencialmente universos de reconocimiento. Lo propio de los universos simbólicos es constituir para los hombres que los han recibido como herencia un medio de reconocimiento más que de conocimiento: universo cerrado donde todo constituye un signo, conjuntos de códigos que algunos saben utilizar y cuya clave poseen, pero cuya existencia todos admiten, totalidades parcialmente ficticias pero efectivas (…) (Auge, 2008: 35-39).

En el caso de la experiencia del WhatsApp, este medio se constituye en un universo de reconocimiento dado que los productores y las productoras interactúan entre pares que tienen las mismas problemáticas y necesidades y se sienten “contenidos” por aquellos que también las experimentan. Justamente, compartir imágenes, videos y audios de su saber-hacer devienen en un conjunto de códigos que implícitamente emplean para interactuar, apropiándose así de ese espacio virtual. “Dado el caso es necesario reconocerse en el (lugar) todo acontecimiento (…) exige que se lo interprete no para ser conocido, sino para ser reconocido, es decir ser digno de un discurso el lugar es al mismo tiempo principio de sentido para aquellos que lo habitan y principio de inteligibilidad para aquello que lo observa” (Auge, 2008:58). Asimismo, el uso de la red social y el grupo creado para tales fines permitió a sus usuarios y usuarias reconocerse y reconocer las prácticas allí expuestas, al igual que legitimar y asimilar este espacio como propio acercando saberes y personas que en la presencialidad no se hubiera dado de la misma manera.

Volviendo al título de este apartado, y preguntándome ¿qué implica lo cercano?, traigo a colación la reflexión de Friedrich Kittler en la ponencia titulada “El des-alejar” del libro “Ontología de la distancia” (2010). Para el autor:

(…) lo presuntamente “más cercano” no es en absoluto lo que está a la menor distancia “de nosotros”. Lo “más cercano” es lo que se halla a mediano alcance, medianamente lejos de nuestras manos y de nuestra vida. Puesto que el dasein es esencialmente espacial en el modo de des-alejacion, el trato se mueve siempre en el campo de juego del “mundo circundante” desalojado cada vez por él; y por eso nuestro oír y ver empieza siempre por saltarse lo “más cercano” desde el punto de vista de la distancia. (Kittler, 2010: 103).

Si bien la restricción por la pandemia intensificó la distancia con respecto al otro, ocasionando el doble aislamiento referido al principio del texto; la experiencia del WhatsApp dio lugar a una vivencia de cercanía mediada por la virtualidad. Tal como lo plantea Kittler el ser ahí, el dasein, se distancia, se des-aleja dado que la cercanía se vivencia desde lejos. Por lo tanto, el “espacio virtual” como lugar de encuentro, como mundo circundante, borra esa distancia, ese des-alejamiento provocando en el estar con el otro, que se ubica en similares circunstancias, una cercanía a mediano alcance. O si se quiere un ser ahí en la virtualidad en la que la desolación del aislamiento se diluye al interactuar con otros y en circunstancias similares.

Los propios participantes provenientes de diferentes regiones del noroeste argentino cada uno y cada una atravesados por las particularidades de sus territorios vivenciaron este espacio de “contención” y de “formación” por las consultas realizadas entre ellos mismos para mejorar su producción.

“Me gusta estar en este grupo porque se adquiere nuevos conocimientos, inquietudes y sobre todo información, está muy bueno poder escuchar las experiencias de otros participantes y poner en prácticas sus conocimientos”. Estas palabras dan cuenta del sentir y vivencias del grupo que pese a las diferencias se reconocen en sus pares y celebran sus formas de trabajo. En este sentido Beat Wyss plantea que “la distancia reducida no engendra todavía cercanía alguna, sino la experiencia de diferencias que serán tanto más patentes cuanto más se nos vaya aproximando la lejanía. Con la disminución del alejamiento, crece también la diversidad. En lugar de la distancia se acerca la diferencia (Wyss, 2010: 171)”. Y es por ello, que la diferencia es lo que une, lo que convoca y conmueve.

Para sumar a esta conceptualización del acercamiento de la diferencia a través de la distancia y donde los medios de comunicación juegan un rol importante, Wyss enfatiza:

(…) durante el proceso de globalización la distancia física es suprimida y, con ello, la diferencia cultural puesta al descubierto. Si, la comunicación acelerada con el espacio disuelve las distancias, la distancia en el movimiento ha alcanzado el punto cero. Puede decirse también de otra manera: con el otro, que me sale al paso inmediatamente como extranjero, se instala una nueva forma de la distancia: la experiencia de ser diferente. Junto a la dimensión ontológica se inaugura, sobre todo, una nueva dimensión ética: cuanto más colindemos unos con otros en un globo terráqueo que encoge espacio-temporalmente, mayor respeto al derecho de ser distinto se nos depara (Wyss, 2010: 198).

La experiencia que vengo desarrollando da cuenta de la “diferencia cultural puesto al descubierto”, dado que se origina a partir de la falta de conectividad que lleva a los sectores más vulnerables a quedar abnegados de las propuestas de trabajo y de la propia realidad social. De allí deviene la “cercanía” entre los participantes, si bien mediada, pero genuina en cuanto al transitar y sentir popular.

Jose A. Bragança de Miranda (2010) también trabaja esta categoría de la distancia reducida por la tecnología, para quien la conexión en red de los medios ha creado una nueva cultura que está modificando profundamente la estructura milenaria que articulaba hasta ahora lo próximo y lo distante. De dicha estructura dependía la coherencia de la existencia, del aquí y del ahora. Según crecen las tecnologías de la “telepresencia”, la distancia disminuye, y todo parece encontrarse absolutamente próximo. Para muchos, lo que tiene fuerza es la “inmediatez”, el “tiempo real”, lo “directo”, etc. Para bien y para mal.

(…) Se trataba de dar visibilidad al hecho de que empezaba a imperar una cultura en que “todo podía suceder”, en la que “todo estaba por llegar”, sin que se conociesen ni anticipasen los “canales” ni las trayectorias que presidian tal distribución aparentemente errática. A decir verdad, el conocimiento de las trayectorias forma parte del proceso. Era como si “lo real” se hubiera transformado en una circulación incesante de “imágenes”, de señales y de objetos, pero también de cuerpos, de deseos, de dinero, etc.

Todo indica que está en juego una alteración radical de la vieja estructura de la distancia y la proximidad, donde el viejo misterio y la fascinación de la distancia sagrada se transformado en una estructura secreta y criptica que tiene como reverso la transformación de lo real en imagen. (Bragança de Miranda, 2010: 203-223)

Este autor anticipaba la “alteración de la vieja estructura de la distancia y proximidad”, la cual venimos transitando desde hace un tiempo, pero la aceleración originada por la pandemia ejerció supremacía como modalidad de encuentro ante el aislamiento social y obligatorio.

Por otra parte, al hablar de una experiencia mediada, lo hago en el término de Jesús Martin Barbero en “De los medios a las mediaciones (2010)” en el cual considera que “las mediaciones son los lugares de donde provienen las contradicciones que delimitan y configuran la materialidad social y la expresividad cultural (Barbero 2010: 297)”.

Vale decir que las mediaciones son los lugares donde los sujetos participan e interactúan comunicacionalmente desde una dimensión política y una perspectiva cultural, de acuerdo a las exigencias de las circunstancias. Las personas al expresarse en el grupo de WhatsApp devienen este un lugar de mediación en el que emergen y se materializan los saberes y sentidos compartidos.

La Teoría de las Mediaciones de Barbero concibe al proceso comunicativo en su dimensión relacional (comunicacional), de intercambio (cultural) y de negociación (política). Es así que la mediación no es un concepto, es una acción que permite hacer una “acción comunicación” en términos muy similares a los Jürgen Habermas. Por lo tanto, lo que propone esta teoría es comprender al proceso comunicativo como un lugar de interacción que es creado por la participación tanto del emisor como del receptor. En esta propuesta teórica la comunicación debe ser entendida como proceso, la recepción no es el punto donde termina la comunicación dado que se trata de un ser activo capaz de otorgar múltiples interpretaciones (resemantizaciones), crear y recrear diversos sentidos, dar diferentes refuncionalizaciones, establecer consensos sobre la base de la negociación y en estrecha relación con lo “cotidiano”, con la “cultura”.

De las interacciones generadas entre productores y productoras con técnicos y técnicas del INTA se desprenden categorías que nos permiten visualizar acciones mediáticas como las matrices culturales. Estas constituyen conocimientos adquiridos, capacidades cognitivas y referentes individuales y colectivos que caracterizan a una cultura o a una sociedad. En la experiencia mencionada los referentes de cada territorio, es decir, de cada una de las provincias del NOA, elaboraron un video para comentar y compartir con sus pares sus modos de hacer, por ejemplo, la producción y conservación de semillas. De esta manera, los portadores de un saber-hacer y reconocidos por sus prácticas dentro de su comunidad se constituyeron en formadores apoyados en sus conocimientos con base experiencial.

A su vez, las institucionalidades consideradas como entidades sociales que responden a una organización o jerarquía, también se visualizan dentro de la experiencia dado a la participación de personas que representan a una institución como el INTA y de la cual formo parte. De esta manera, se producen múltiples significados de acuerdo al tiempo y al lugar que se ocupe dentro de una determinada institución, y cada uno y cada una del personal técnico representa un territorio, interactuando en función de las particularidades tanto del lugar como de la institución en la zona.

La tecnicidad manifestada a través de los diferentes saberes de los participantes que revela un rol instrumental para producir un formato cultural, se materializo desde la formación del grupo de WhatsApp y de los conocimientos allí compartidos tantos por los representantes de la institución como por los productores y productoras.

Las actividades que se compartieron en la red social, más allá de los referentes, dieron lugar a una ritualidad que da cuenta del contexto del que forman parte, constituyéndose así en una mediación que determina la producción de sentido y la propia producción cultural originada a través de ella. Además, la sociabilidad, última categoría de la Teoría de las Mediaciones se manifestó a través de la aceptación de las prácticas presentadas en el grupo dado que en primer lugar agradecieron esta conformación y segundo destacaron los saberes allí compartidos.

En definitiva, lo que pretendo explicar con este modelo teórico es que lo proceso de producción requiere, esencialmente, de actividades mediáticas desde sus dimensiones comunicacionales, culturales y políticas.

Para conceptualizar aún más la idea de mediaciones, Barbero en el apartado “La experiencia y la técnica como mediaciones de las masas con la cultura” considera que Walter Benjamin:

Fue el pionero en vislumbrar la mediación fundamental que permite pensar históricamente la relación de la transformación en las condiciones de producción con los cambios en el espacio de la cultura, esto es, las transformaciones del sensorium de los modos de percepción, de la experiencia social. Para Benjamín pensar la experiencia es el modo de acceder a lo que irrumpe en la historia con las masas y la técnica. No se puede entender lo que pasa culturalmente en sin atender a su experiencia (…) pues a diferencia de lo que pasa en la cultura culta, cuya clave está en la obra, para aquella otra la clave se halla en la percepción y en el uso (Barbero, 2010: 51-52).

La actividad producida dentro del grupo de WhatsApp se centra fundamentalmente en la percepción y uso que las personas hacen del espacio dado que expresaron su agradecimiento por incorporarlos y otórgales la posibilidad de interactuar. Nuestra intervención como personal de una institución se limita a recomendaciones técnicas sobre determinadas temáticas, luego la interacción que se genera fluye del interés de los participantes, es por ello que la apropiación se produce por la percepción sensorial de ser parte.

Se trataría entonces, del modo como se producen las transformaciones en la experiencia y no solo en la estética: “dentro de grandes espacios históricos en el tiempo se modifican, junto con toda la experiencia de las colectividades, el modo y manera de su percepción sensorial; se busca entonces poner de manifiesto las transformaciones sociales que hallaron expresión en esos cambios de sensibilidad” (…). El cambio que verdaderamente importa reside en acercar espacial y humanamente las cosas (Barbero, 2010: 53)”, como en el intercambio producido en la experiencia de la red social.

Más adelante, en “Cultura, hegemonía y cotidianeidad”, Barbero hace referencia al valor de lo popular, el cual no reside en su autenticidad o su belleza, sino en su representatividad sociocultural, en su capacidad de materializar y expresar el modo de vivir y pensar, “las maneras como sobreviven y las estratagemas a través de las cuales reorganizan lo que viene de la cultura hegemónica, y lo integran y funden con lo que bien de su memoria histórica (Barbero, 2010: 83-84)”, tal es el caso de las capacitaciones en las que, si bien se compartieron saberse técnicos, los participantes comparten sus propias experiencias, sus modos de hacer y resolver problemáticas para capacitarse entre ellos mismos. Existe una apropiación del conocimiento, si se quiere hegemónico, que se integra al propio saber hacer en función de la transmisión generacional y de las características de cada territorio.

Diálogos de saberes

Si bien el diálogo de saberes es un método cualitativo que busca comprender, sintetizar, teorizar y contextualizar el conocimiento; entendiendo los problemas y necesidades que tiene la población, mediante la reflexión y discusión basadas en las propias palabras de los actores, en la experiencia en la cual trabajo además de la cuestión metodológica se destaca el saber mismo como posibilidad de conocimiento con carácter formador. Dado que la participación tanto de profesionales del INTA como de productoras y productores se constituyó en aprendizaje mutuo promoviendo la construcción social del conocimiento mediante el intercambio de ideas, sentires, imágenes, creencias, nociones, conceptos, prácticas, historias, deseos, vivencias y emociones para alcanzar la comprensión común y el intercambio de experiencias.

El diálogo se produjo en un escenario donde la relación establecida fue simétrica, difuminando ataduras de poder entre las partes y reconociendo las diferencias con respeto, sin dejar de poner “el foco de atención a ese complejo entramado social del conocimiento y su reproducción ampliada al dotar de una valoración superior a la tradicional a los saberes cotidianos en ese rol” (D´Angelo Hernández, 2010: 5).

De igual manera entra en juego otro principio básico de la comunicación que es el de escuchar. Sobre ello y en relación con el uso del teléfono móvil, Gabilondo (2010) sostiene que para el dialogo telefónico se requiere “requiere una modificación radical del escuchar, que equivaldría, a su vez, a una modificación radical del pensar”.

La experiencia del pensar, en este sentido, es como una auscultación: una escucha que no se limita a poner el oído, sino que es todos oídos a la vez. Se trata de un oír que provoca, que llama, que pide venir, que invita, que convoca, que concierta. A su vez, es un auscultar que separa, que dilucida, que discrimina, porque no otra cosa es hablar sino salir al encuentro de los que nos interpela con discernimiento; lo que torna el asunto mucho más interesante. En ese caso, ya no se trata solo de escuchar al otro, sino de escuchar lo otro de cada palabra (…) (Gabilondo, 2010: 262).

Es así que en el escenario de la virtualidad y en el contexto de pandemia, el dialogo generado entre los participantes puso de relieve que lo fundamental no es solo saber, sino estar abierto a un permanente aprender, que no excluye el enseñar, al escuchar al otro en un permanente intercambio no solo de saberes sino de emociones que también son compartidas. En el dialogo que cito a continuación es un fragmento de las charlas de la experiencia, en la que se puede visualizar el reconocimiento del saber del otro y el valor otorgado a lo transmitido de generación en generación.

-Productor: Buenas noches y gracias x todas las cosas nuevas q dieron hoy

-Productora: Algunas las erede de mi abuelo con una variedad y en un año muy lluviozo sembre los brotes y del mismo coseche unas papas de muy buena calidad de color y forma o sea de unos ojos pretuberantes que indican tambien que es una buena semilla

-Productora: Nose si me hice entender sino igual me preguntan

-Productor: Que genia señora!!!!, admiro su sabiduría . Espero que me salgan bien

-Productora: Grasias es lo que me dejo de erencias mi querido abuelo

-Productor: Muchas gracias

-Productora: Si le va a ir bien hay que tener optimismo
-Productor: gracias (Grupo de WhatsApp, Conversación 10/09/2020)

Este fragmento se produjo en el marco de los videos presentados en una de las conversaciones realizadas en el grupo en la cual algunos y algunas referentes de la zona expusieron sus maneras de hacer. Justamente las personas interactuaron otorgando valor al saber de cada uno y cada una expresando sus sentimientos dando lugar a las emociones planteadas anteriormente. Se destaca también la memoria intergeneracional, los saberes de otrora heredados que vuelven al presente a través del relato.

Además, se acompañan de emoticones o emojis para enfatizar la emoción que genera el aporte de los y las referentes y como aliados, reforzadores, de lo que se argumenta (Sampietro 2016).

-Productor: Muy bueno todo, con respecto a maíz pra choclos, ese choclo dulce amarillo; ¿alguien produce?

-Productor: Hola amigo tenes q pisarla a l planta para q eche l fuerza abajo l zanahoria yo l hago asi

-Productor: Grasias juan

-Productor: Mu bueno aprender aigo nuevo muchas grasias esto ba a cerbir para otra siembra (Grupo de WhatsApp, Conversación 11/09/2020)

En esta conversación el diálogo establecido da cuenta de la valoración entre pares, del reconcomiendo que vengo planteando en considerar al otro desde su saber y experiencia. De esta manera, la interacción basada en el respeto y la “escucha activa” estable una comunicación horizontal, en el sentido habermasiano, en el cual se establecen igualdad de oportunidades para el discurso. Por lo tanto, los propios actores legitiman este espacio apropiándose de este como lugar de encuentro, conocimiento y fraternidad; buscando “con-mover” con otras miradas los saberes circulantes.

Consideraciones finales

La experiencia que desarrollé, como planteé en la introducción, solo pretendió dar cuenta de una forma de afrontar actividades institucionales en un contexto particular e impensado como la pandemia por coronavirus. No quiere decir que es la única ni la mejor, solo una forma de acercar y acercarnos con aquellos que quedaron marginados y doblemente aislados por la conectividad. Por ello, este trabajo lo presenté como una reflexión crítica para la interpretación de significados y emergencia de sentidos del proceso desde la visión de los y las participantes de la experiencia. Asimismo, esta nueva sensibilidad fue trasformando el modo de relacionarse con el entorno y consigo mismos resignificando sus vínculos intersensoriales e intersectoriales asociados con políticas agropecuarias.

En las conversaciones cobró relevancia la comunicación convocándonos a trabajar interdisciplinarmente y rescatando las capacidades de los integrantes al igual que las voces y saberes del territorio. De esta manera, la comunicación fue abordada desde un espacio relacionante de la diversidad sociocultural (Massoni, 2013), en la que primó y prima una relación dialógica y simétrica; alejándonos de un paradigma difusionista y de la mera transmisión de mensajes. Es decir que, las acciones generadas desembocaron en un conocimiento transdisciplinar implicando un dialogo de saberes entre disciplinas y territorios. “Dialogo que por parcial y localizado sea al inicio, se va ampliando y profundizando después, a medida que sea va tejiendo la madeja del corpus del saber transdisciplinario que va trazando “puentes” conceptuales, metódicos y/metodológicos entre los saberes “dialogantes”. Por este motivo, “‘diálogo’ implica la actitud abierta a –aprender-del otro, el reconocimiento de que el otro tiene algo que enseñarnos y viceversa” (Sotolongo, 2006: 18).

Es así que el reconocimiento del otro como portador de un saber atravesó el entramado, si se quiere virtual, tejido entre las acciones propuestas, los productores y productoras y los y las técnicas del INTA quienes interactuamos de manera fluida y horizontal; generando aprendizajes significativos de las temáticas dialogadas en cada encuentro. Esta participación se atribuye al involucramiento que tuvieron los referentes del territorio, desde el inicio del proceso, para compartir sus experiencias y modos de trabajo. Por ello, la necesidad de recuperar la interacción con los productores y entre ellos, fue sin duda una necesidad compartida.

Se trata pues de una necesidad “mediada”, en el sentido de mediación de Barbero, dado a la intervención institucional por un lado y a la predominancia virtual por el otro. Entonces, el grupo de WhatsApp devino en lugar de mediación para los sujetos que participan e interactúan comunicacionalmente desde una dimensión política y una perspectiva cultural, de acuerdo a las exigencias de las circunstancias, en el que emergieron y se materializaron saberes y sentidos compartidos.

Por otro lado, la cercanía mediada que difumina la lejanía espacial instaura una relación de sujeto con los otros en la que “no hay una sola lógica que abarque todas las artes del hacer. (…) Existe un modo de hacer caracterizado más por las tácticas que por la estrategia (Barbero, 2010). Por lo tanto, como sostiene Barbero, la táctica se convierte en el modo de operación, de lucha, de “quien no dispone de lugar propio ni de frontera que distinga al otro como una totalidad visible, lo que hace de la táctica un modo de acción dependiente del tiempo, muy poroso al contexto, sensible especialmente a la ocasión” (Barbero, 2010:93)”. Entonces, el grupo de whatssap fue transformándose en táctica para los y las participantes visibilizando sus problemática y necesidades y sobre todo resistiendo la marginalidad.

Bibliografía

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  1. Licenciada en Comunicación Social (UNC), Especialista en Estudios Sociales y Culturales (UNCA), Magíster en Comunicación Estratégica (UNR). Profesora de Francés (UNCA).


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