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4 Ser hoy bueno, mañana mejor

Las conmemoraciones del “Día” y la “Semana del Scout” en Argentina (1928-1941)

Andrés Bisso

Introducción

El 1º de septiembre de 1928, a poco de finalizar el mandato de Marcelo Torcuato de Alvear (el presidente de la Nación que, a la vez, oficiara como presidente honorario del Scoutismo),[1] los casi veinte mil miembros que reputaba tener la asociación de Boys Scouts Argentinos,[2] enrolados a través de sus ciento cincuenta compañías diseminadas por todo el país,[3] intentarían ser movilizados con motivo de la primera conmemoración oficial del “Día del Scout”.

Ambas iniciativas mencionadas, la de la formalización del patrocinio presidencial, en 1926, y la de la efeméride institucional, dos años después, se enmarcaban en la necesidad de reflotar el apoyo de todos los ámbitos del Estado hacia la práctica scout. En efecto, aunque ya en 1917 el presidente Yrigoyen había reconocido a la mencionada asociación como institución nacional,[4] su titular –casi una década después–, el General Severo Toranzo, no podía dejar de reconocer a un diario brasileño que: “hasta hacía muy poco tiempo, el único departamento oficial que auxiliaba eficazmente nuestra asociación era el Ministerio de Guerra, luego seguido por el Ministerio de Marina, a pesar de que por ley, todos los departamentos están obligados a prestarnos auxilio”.[5]

Considerando la urgente necesidad del reforzamiento de la visibilidad scout, dicha efeméride dedicada al niño explorador, que había tenido ya alguna iniciativa regional en el pasado,[6] sería fomentada e instaurada, entonces, de una manera particularmente expeditiva por el Directorio de la agrupación para el “Calendario 1928”.

Si tenemos en cuenta que, recién a fines de julio de ese mismo año, el pedagogo José J. Berrutti[7] sería el encargado de proponer el 1º de septiembre como “día scout”, con el objeto de hacerlo coincidir con la fecha de finalización de un concurso para docentes que la institución ya llevaba auspiciando, lo primero que surge a la interpretación es el uso funcional y oportuno que se le deparó, desde el vamos, a la fecha.[8] Solo unos pocos días antes del día propuesto, la efeméride quedó consagrada a partir de una resolución del Directorio y fue difundida rápidamente por los diarios y periódicos.[9]

Fue, precisamente, en la última reunión directorial previa a la conmemoración, ocurrida menos de dos semanas antes de la fecha designada, que se estructuraron los puntos centrales de la misma: la mención de los consejos de educación nacional y provinciales que aceptaban colaborar con la cesión de horas de cátedra para difundir la práctica,[10] la decisión de emitir un número especial del periódico oficial, El Scout Argentino, para la difusión de los festejos; el envío de folletos a la prensa y a las escuelas; el acuerdo con las radios para que comentasen la fecha, lo que incluía visitas de los scouts a las emisoras;[11] la difusión de la cartelería alusiva en los tranvías y la convocatoria a una sesión fotográfica a las compañías para el día siguiente a la reunión directorial.[12]

El carácter sumario de las disposiciones hace suponer que dicha sesión no fue más que la convalidación de una iniciativa motorizada con celeridad por la presidencia del Directorio con algunos colaboradores, que se habían movilizado con rapidez desde el momento en que fue tomada la decisión de alentar la creación del “Día Scout”.

Teniendo en cuenta este origen repentino, intentaremos en este artículo rastrear las vicisitudes por las que pasó la conmemoración en cuestión, desde el comienzo de la iniciativa, en 1928, hasta el año 1941, momento en el que se produjo tanto la muerte de su promotor pionero, el General Toranzo; como la resolución de disolución de las compañías étnicas del scoutismo,[13] dato no menor, en tanto, desde sus orígenes, la asociación se pensó como una iniciativa de integración nacional,[14] en una tradición que continuaría a lo largo de todo el período de entreguerras.[15]

En este último sentido, Toranzo, ya en su discurso del primer “Día Scout” pondría el acento en la importancia que tenía en “un país de inmigración por excelencia”, considerando los “tan diferentes […] orígenes raciales de nuestra población”, una institución como la scout, “que aspira a ser un crisol en el que se fundan las diversas tendencias atávicas de los niños en una sola tendencia moral y patriótica”.[16] La tensión entre identidad étnica y discurso nacionalizador, como veremos luego, estaría siempre presente, proyectándose a menudo como dos carriles paralelos que, aunque se tocaban a menudo, nunca lograban solaparse de la manera en que lo pretendía la dirección.

La autoconsciente invención de una tradición

Para comenzar, debemos tener en cuenta que, a través de la instauración del “Día del Boy Scout”, la asociación se autocelebraba, por primera, vez de manera tan formal y evidente, imponiendo un día de conmemoración pública de sus actividades y eligiendo una fecha “sin historia previa”, atada a un suceso contingente como lo explicitaría Berrutti, sin evidentes conexiones internacionales[17] y que resultaría, como veremos posteriormente, sujeta a variaciones de agenda y de formato.

Aunque el movimiento scout no carecía ya de posibles mojones históricos de importancia tanto a nivel nacional como internacional,[18] parecía haberse impuesto cierta necesidad de instaurar una tradición “desde cero”, por sobre la recreación de un pasado puntual y específico, en un movimiento que, aún hoy, a nivel mundial no posee un día consensuado de celebración privilegiada y que, precisamente –como ha señalado un reconocido historiador–, puede ser particularmente resaltado por evidenciar una innegable capacidad de “inventar tradición” de manera abierta y voluntaria.

En efecto, como ha señalado Eric Hobsbawm con respecto a este fenómeno, el proceso de ritualización “resulta presumiblemente más claramente ejemplificado cuando una ‘tradición’ es deliberadamente inventada y construida por un solo iniciador, como en el caso de los Boy Scouts por parte de Baden Powell”.[19] En ese sentido, los scouts tuvieron, por influencia de su fundador internacional, una marcada conciencia de la maleabilidad y flexibilidad de las tradiciones y los rituales que inventaban y de los que se reapropiaban.

No otra cosa sucedía con el proceso de totemización, es decir, la asignación de símbolos y nombres animales de atribución indígena a la identidad y experiencia campamentística.[20] Como precisaba el líder de los Exploradores de España, en su manual que explicaba esta práctica, más allá de las especificaciones mencionadas:

el empleo del tótem no es una cuestión doctrinal, sino un medio estimulante más, de los muchos que ofrece el Escultismo, y que será más o menos conveniente en cada localidad, a juicio de los Jefes e Instructores; y como es, sobre todo, materia en que caben muchas iniciativas, nos hemos limitado a esta indicación que cada cual puede desarrollar, si quiere, y mejorar dentro de las normas generales. (Dimas, 1926: 18-19)

Sin embargo, más allá de la condición “abierta” de las nuevas tradiciones que la dirigencia scout argentina podía encarar, parecía claro que la invención debía empalmarse, en relación con una práctica nacionalizadora recurrente desde los tiempos del “Perito” Moreno, quedando atenta a la recreación de la tradición patria con la que decía fundirse.[21] A esa remisión “necesaria”, se le sumaría, con la nueva gestión, la imposición de un objetivo a futuro, relativo a la instalación de una mejor imagen de la práctica scout por parte de los sectores de la sociedad que podían seguir siéndole reticentes.

Así, y tal como lo expresaba en el acto mendocino el Ingeniero Porras del Castillo, la importancia de la conmemoración se fundaba, “además de rendirse un homenaje a los próceres que hicieron la grandeza nacional”, en la necesidad de producir “un mayor acercamiento entre el pueblo y los scouts, que vibraran al unísono, en un ambiente de fraternidad”.[22]

Así, en una lógica democratizadora, corriente en el disertante[23] y que se entroncaba en consonancia con la mirada que se le había asignado desde cierta parte de la dirigencia política al organismo,[24] de lo que se trataba era de resaltar los vínculos directos entre la asociación y el resto de la comunidad, para despejar posibles malentendidos previos que sesgaran los alcances de una convocatoria que –al menos en términos discursivos– se propuso siempre, abrir “de par en par sus puertas a todos los niños de buena voluntad”.[25]

Es que, situada hacia fines de los años veinte, la iniciativa llevada a cabo se sustentó en la necesidad de descentrar una imagen de los scouts y del scoutismo, que no había carecido, desde los inicios de dicha década, de tensiones que se mantenían, a raíz de la existencia tanto de fuertes contradictores ideológicos (como el socialismo[26] y el normalismo[27]), como de “cuestionados” aliados (como la Liga Patriótica,[28] con la que mantendría vínculos de manera muy presente durante toda la década del veinte, o la Asociación Nacional del Trabajo[29]).

A dichas relaciones debía sumarse, asimismo, la permanencia de perspectivas populares que satirizaban la iniciativa,[30] y que inscribían a los niños que la practicaban, en un lugar meramente “decorativo”, que algunos de los miembros del Directorio procuraban con dificultad desmontar.[31]

Ante la necesidad de condensar en un día, la representación de la identidad scout, los dilemas de cómo llevar a cabo la conmemoración se presentaban –aunque de manera más intuida que manifiesta– en la dirigencia que lo motorizaba.

Dilemas en torno de la movilización infantil

En efecto, lo que se consideraba una sobreutilización de los scouts en festejos patrióticos y de otra índole había llevado a que, incluso, algunos de los miembros del Directorio, los más identificados con la veta pedagógica, cuestionaran –ya en los comienzos de los años veinte– el uso que los diferentes organismos del Estado y de la sociedad hacían de los muchachos,[32] y reivindicaran una función diferencial, tal como lo expresaba José J. Berrutti, de manera tajante: “se está haciendo de los scouts floreros, en vez de formarse de ellos los futuros ciudadanos”.[33]

Sin embargo, este mismo actor, que mencionamos como crítico frente a los constantes desfiles, es el que habilitaría la cuestión dilemática que en esta sección se procura explorar. Hay que reconocer, así, que el miembro directorial que se había opuesto con ahínco al exhibicionismo en aras de la pedagogía, era el mismo que se presentaba como el encargado de proponer la unificación de la fecha final del concurso docente patrocinado por la asociación, con la movilización de los niños desfilando por las plazas y avenidas de las ciudades y pueblos.

De esta manera, se le presentaba a los fomentadores de la iniciativa del “Día del Scout”, una paradoja inicial: ¿cómo visibilizar la práctica scout sin someterla a la acusación de “exhibicionismo” que la acosaba desde sus orígenes y que, precisamente, fue una de las razones de la obtención por parte de la asociación del monopolio scout, a fin de controlar la dispersión de iniciativas que, en términos de “competencia”, provocaban los constantes desfiles de scouts y exploradores en las calles?[34]

El primer elemento para cumplir con esa intención era desmontar una muy recorrida imagen “militarista” de los scouts, que los acechaba continuamente –y presumiblemente por su origen– desde sus comienzos a nivel mundial[35] y que, incluso, era acentuada por observadores externos, que cuestionaban la falta de absorción, por parte de los argentinos, del giro “desmilitarizador” que el general Baden Powell había establecido para su movimiento, a causa de la tragedia de la Primera Guerra Mundial, donde miles de antiguos scouts y masterscouts habían perdido la vida.[36]

Así, incluso un actor particularmente afín al desarrollo de la práctica, como lo era el embajador británico en Buenos Aires, no dudaría en señalar, en su correspondencia con la oficina internacional del movimiento (de la que los scouts locales eran miembros), que “realmente en Argentina, a diferencia de los scouts británicos aquí, no han captado realmente todavía los ideales y el espíritu del scoutismo. Es esencial para los intereses del Movimiento y de la paz y la comprensión entre los hombres que deban hacerlo”.[37]

Y este no era el único caso, como debía reconocer la maestra Dora Laurencena, afín al movimiento, al comentar la impresión de otros docentes en relación con la práctica escultista: “El boy scout –me decía un día un colega– es un muchacho bonitamente uniformado, que junto con otros no hace más que desfilar por las calles, en los días de fiesta al son del clarín y del tambor, en una ridícula parodia soldadesca”.[38]

Frente a estos posicionamientos, y en una continuidad de aclaraciones que había comenzado antes,[39] y que proseguiría después,[40] desde la dirigencia se volvería a elegir el propio día institucional para volver a explicitar su mentís a esas visiones.

Paradójicamente, el intento de enfrentar esa opinión se realizaría a través de su presidente, Severo Toranzo, quien –a pesar de dirigir la institución, siendo él, General de la Nación e Inspector General del Ejército– no dudaba en señalar que: “estamos lejos del militarismo que, a veces se oye tachar al ‘scoutismo’ por personas que no se han tomado el trabajo de estudiar sus principios ni de seguir sus prácticas”.[41]

En efecto, el origen militar de los miembros del directorio tenía un peso nada desdeñable en el conjunto de los miembros del Consejo Nacional de la institución, aunque no era el mayoritario.[42] Y así, como la intención de demostrar que el scoutismo no era una educación de tipo “militar”, provendría de un general de la Nación; la de desligarlo de ser una actividad meramente “física”, provendría de un profesor de esa materia, José Porras del Castillo, quien diría:

Si es verdad que el scoutismo tiene puntos comunes con los diversos métodos de educación física en nuestro siglo de deportes, si también engloba prácticamente todas las formas de actividad corporal, procede, sin embargo, de acuerdo con una idea más extensa y con un punto de vista más elevado: es el complemento moral del deporte y de la actividad exterior. Se puede definir el scoutismo como un sistema de educación del niño y del adolescente que tiende simultáneamente a la formación moral, física e intelectual. (Porras Castillo, 1929: 4)

Si el scoutismo, entonces, no era una mera parodia militar, ni un remedo de la educación física, ni un sustituto de la escuela; cómo explicar con precisión a la comunidad, este “juego serio”, múltiple y heterogéneo que se aprestaba difícilmente a la definición teórica, en la que naufragaban, incluso, los diversos especialistas que conformaban sus filas.

Curiosamente, en esa apuesta de visibilizar en un día, ante la sociedad, la multiplicidad de sentidos del scoutismo, la heterogeneidad de propuestas terminaba por imponerse y la flexible multiplicidad de las prácticas parecían describir mejor esa ambigüedad y pulsar más eficazmente –en relación con los concretos intereses de captar nuevos adherentes y “acercarse” a la sociedad– las variadas notas de la polifonía scout.

En las prácticas del “Día del Boy Scout” (y de la “Semana Scout” que supondrá su relevo a partir de la década del treinta), y en los improvisados discursos que trataban dar cuenta de ellas, será donde, sobre todo, nos detendremos para recuperar la experiencia de los actores de la época en relación con ese fenómeno y con la vivencia de la identidad scout que, a partir de allí, se producía.

Los niños y las niñas entran en escena en “su” día

En relación con esta celebración, si un momento era resaltado especialmente por la “prensa social”, este era el banquete de las autoridades de la asociación, en tanto “elocuente muestra de camaradería”.[43] Lo cierto es que, fuera de ello, eran las múltiples actividades de los niños a lo largo de las filiales del país, lo que servía a los periódicos locales y nacionales como muestra de la vitalidad del movimiento, tal se expresaba en el título de uno de ellos, centrado en las actividades del barrio porteño de Villa Crespo: “Por la simpatía que inspiran los niños, la fiesta de los Boy Scouts, reavivará el entusiasmo popular”.[44]

Y, a pesar de ser nombrado el “Día de los Boy Scouts”, en relación con el nombre de la agrupación, la invitación a la participación se extendía a las compañías de “girls scouts”, en una aclaración que venía desde el origen mismo de los estatutos institucionales.[45] Aunque las mujeres adultas permanecerían marginadas de la conducción central del movimiento, su presencia en los estratos intermedios de las comisiones de fomento a nivel local y regional del scoutismo se mostraba nutrida y largamente documentada.[46] Y, a pesar de que en el registro central, la Comisión de Damas sería inestable y conflictiva,[47] las comisiones locales de ese tipo se mostraban sólidas y con iniciativa en muchos puntos del país.[48] Así, esas mujeres adultas acompañaban la actuación de las niñas scout que –aunque carentes de un estatuto específico, todavía en estudio para esa fecha[49]– no dudaban en practicar tiro como sus compañeritos[50] y desfilar en su día, por ejemplo, bajo la compañía mendocina de Godoy Cruz, arrancando “nutridos aplausos del público”.[51]

En todo caso, niños y niñas participaban en múltiples instancias y niveles de esta celebración. De esta manera, ya desde el período en que se desarrolló el 1º de septiembre como “Día del Scout”, podemos encontrar una variedad de formas conmemorativas y celebratorias que pendulaban entre la solemnidad de los homenajes a los próceres nacionales (como el que desarrollaría la compañía scout “General Mitre” ante el mausoleo de quien le diera nombre[52] o el que emprendiera la “Tambor de Tacuarí” ante el monumento del héroe niño)[53] y una alternativa más lúdica (como la que significaba la asistencia a la representación de “piezas jocosas” por parte de los niños del Teatro Infantil Labardén, dedicadas a sus pares scouts, “chocolate” mediante”).[54]

En una instancia intermedia de estas formas de la participación scout podrían situarse tanto el desarrollo de torneos atléticos y de básquet, en el que participaban los jóvenes de la asociación, como los que se dieron con sede en las instalaciones que poseía el club porteño Gimnasia y Esgrima, en Palermo,[55] o de partidos de fútbol, como el que enfrentaría a las “terceras” de Sportivo Punta Alta y Ferrocarril Oeste y que tendría a los niños como espectadores privilegiados.[56]

El caso del fútbol resulta destacable, ya que mostraría la transformación de cierto tono despectivo inicial por parte de la dirigencia scout con respecto a dicha práctica, a la que se consideraba menor frente a las capacidades que debían desarrollar los niños[57] y, en especial, a la crítica que canónicamente se sostenía a su lugar como mero espectáculo de masas, frente a la realización efectiva de la práctica física.[58]

En contraposición, en la década del veinte, el éxito del fútbol entre los jóvenes se trasladaría dentro de la práctica de los scouts, y con él, una valoración más positiva de los futbolistas como especialistas. Esto ocurriría en distancia con la época inicial de la asociación, en que podía sostenerse al fútbol no desde su especificidad como deporte, sino como mera vara para dimensionar las capacidades que alcanzaban los scouts, según se relataba:

Hace pocos meses un grupo de boys-scouts acompañó a las maniobras á [sic] un cuerpo de conscriptos porteños y, por lo tanto, posiblemente avezados footballers. Fue tal la superioridad en resistencia y manera de saberse manejar de los boy scouts de 12 a 16 años en comparación con los conscriptos, que generales del ejército y otros militares de alta gerarquía [sic] quisieron que sus hijos se inscribieran inmediatamente en el brillante y juvenil escuadrón.[59]

Sin embargo, a finales de los veinte, el desarrollo de los futbolistas, en transición hacia la profesionalización y la especificidad de los clubes centrados en ese deporte, demostraría los límites de esa confianza de superioridad del desarrollo integral de la práctica scout, incluso en el interior del país. Es así como los muchachos scouts de la compañía “General Güemes”, de Rosario de la Frontera, deberían aceptar la derrota y la pérdida de la Copa Chevrolet, ante los jóvenes del Club Atlético Unión.[60] Aunque, en otras ocasiones, los scouts podían triunfar e incluso golear, como harían los de Concepción del Uruguay frente a rivales con un perfil –al menos en apariencia– “menos futbolístico” como los del equipo de “Cotorro”.[61] Lo cierto es que la superioridad de scouts sobre futbolistas, al menos en el terreno que les era propio a los últimos, dejaba de darse por descontada.

Frente a un panorama en el que el fútbol grande iba ganando visibilidad (tanto como para que el mensuario oficial de la institución incorporara una sección específica a ese menester), la conmemoración sabría, con el correr de los años, presentar un consuelo: si bien la distancia frente a los jugadores –ya profesionalizados, a partir de los años treinta– se mostraría infranqueable, al menos se les reservarían –cuando el “Día del Scout” se vuelva una atracción semanal, como veremos más adelante– estruendosas ovaciones en estadios de fútbol repletos, antes de comenzar el partido.

En efecto, eso les ocurriría a los scouts de la compañía “Coronel Burgos”, de Azul, en 1936, quienes pasarían –malogrando las prescripciones de Baden Powell[62]– de la acción a las gradas, pero a cambio de ganar impacto y ubicarse en un lugar como símbolos de la nacionalidad misma, en una sociedad crecientemente espectacularizante. En efecto, según reputaba el diario El Ciudadano, los niños serían “muy agasajados y aplaudidos estruendosamente por el público numeroso que en ese momento llenaba el ‘stadium’” de San Lorenzo de Almagro.[63]

Si, entonces, como vimos, la solemnidad del culto a los próceres, la diversión meramente infantil y la competitividad física podían tener dominancia según las filiales y las ocasiones, lo cierto es que lo más corriente fuera un anhelado equilibrio de manifestaciones scout bajo un programa previsible.

Así, un día de conmemoración esperable podía suponerse a través de la lectura del cronograma de la compañía “General Mitre”, de la localidad bonaerense de Benito Juárez, en el que el Himno Nacional daba paso a la conferencia, para luego presenciar la colocación de un ramo de flores en la placa alusiva al prócer que daba nombre a la compañía, que precedía al desfile de los scouts por las principales arterias de la población, que derivaba en un lunch y culminaba, como parecía expectable, con el “Saludo a la bandera”.[64]

Sin embargo, esa cadena pautada podía, en ocasiones, tener inesperadas incorporaciones, como sucedió en la ciudad mendocina de Rivadavia, en donde los choferes de automóviles de alquiler propondrían, como “gesto simpático”, el ofrecerse a conducir a los niños a la vecina localidad de Junín con motivo de ofrecerles un paseo.[65] En otros casos, el programa podía sufrir dilaciones ante la inclemencia del tiempo, como las sufridas por la compañía radicada en la base naval de Puerto Belgrano.[66]

Mientras la especificidad naval quedaba clara en el caso recientemente mencionado; en otros, el fuerte sesgo católico estaría especialmente presente en algunas compañías de exploradores dirigidas por los salesianos (quienes no sin problemas habían negociado su incorporación a la asociación, luego del decreto de 1917),[67] y en las cuales parecía no resultar sostenible la idea propalada por el órgano oficial acerca de que “el scoutismo no se entromete con la religión que el muchacho profese”,[68] sino que procuraban resaltar fuertemente dicha práctica religiosa, enrolando a todos sus miembros en la profesión católica. Así, la compañía de Bahía Blanca (aunque integrada con las laicas de Punta Alta e Ingeniero White, en una comisión especial de festejo) no dudaba en comenzar el “Día de Celebración Scout”, ¡a las 7 de la mañana!, luego de efectuar en la Compañía de Don Bosco unos “disparos con un cañoncito ad hoc”, que precedían una “misa en la iglesia parroquial especial para los boy scouts, con cánticos sagrados”.[69]

De esta manera (y de otras variadas), y a lo largo de dos años, los scouts participaron de “su” Día en tres ocasiones, incluyendo la conmemoración del año 1930. Parecía que, una vez iniciada la tradición, esta no dudaba en repetirse con esperables recurrencias y sorprendentes innovaciones. La eficacia de la medida podía verse tanto en la incorporación de más consejos provinciales de educación dispuestos a prestar las aulas de sus escuelas para la difusión del ideario scout en su día,[70] como en nuevas regulaciones, tal aquella que atenta a una larga tradición de honra funeraria de la asociación, refería a la utilización de ese día para que las compañías depositen flores “en las tumbas o monumentos de los próceres que lleva [sic] el nombre de cada unidad”.[71]

La eficacia del “Día del Scout” como condensador de la identidad de la asociación era tal, incluso, que ciertas iniciativas debían ser contenidas por el mismo directorio, a fin de no despoblar de significación las fechas patrias nacionales en las que, también, se llevaban a cabo importantes acciones por parte de las filiales. Así, se desestimaría el pedido del delegado de la sección capitalina 40ª que solicitaba se declarase el 1º de septiembre como día oficial de la Jura de la Bandera por parte de los scouts, ya que argumentaría el Directorio: “las compañías aprovechan para la jura de la bandera la ocasión que les es más propicia y comúnmente en las fiestas patrias”.[72] De esta manera, debía quedar claro que el día conmemorado tenía como “único objeto con el cual se ha instituido”, el de lograr “el mayor concurso posible en la divulgación de los fines y propósito del scoutismo nacional”.[73]

En cualquier caso, el número dedicado al “Día del Scout” de la edición del periódico oficial de la agrupación de 1930 mostrará la eficacia de las prácticas concretas de movilización y su reversión hacia discursos crecientemente épicos y normativos, y que con el título de “el Día del Boy Scout” servía para definir una práctica, que se veía como realizadora de “ese ideal”:

[el scoutismo] se apodera de las horas libres del muchacho (…) y sin privarle de nada en cuanto se refiere a recreación y juegos, pone al muchacho en contacto con personas de más edad, moralmente intachables, que representan constantemente al padre y al amigo, aumentando su eficacia con la influencia del amigo.[74]

En otras páginas consecutivas a este editorial, se imprimía la conferencia radial de Laureano Baudizzone (miembro del Directorio y futuro Jefe scout) que ya, por segunda vez, había sido designado para la ocasión. Frente a lo manifestado arriba, y consecuentemente con la constante pendulación entre normatividad y experiencia que habitaba el scoutismo, el dirigente se concentraría, en cambio, en los aspectos concretos que la práctica significaba para el joven explorador:

el scout sabe que con su camisa-blusa y dos coligües, arma una camilla. Sabe que su ancho sombrero le defiende del sol y es también almohada, que su pañuelo es abrigo al cuello o venda de una herida, sabe que con su palo salta un pozo, iza una bandera, tiende un puente (…) El chico, con el entusiasmo propio de su edad, espera ansioso el domingo o día de fiesta para correr a su legión, donde cariñosamente le esperan sus camaradas y donde el maestro scout insensiblemente va plasmando en el niño-hombre una nueva modalidad.[75]

Así, como se definía el uso concreto del uniforme, más allá de su simbolismo, el “Día del Scout” suponía también la sucesión de experiencias que reforzaban la identidad al interior del movimiento, más allá de la visibilidad social que suponía la efeméride.

Sin embargo, un acontecimiento político vendría a conmover la institucionalidad scout, transformando asimismo la deriva del “Día del Scout”, su virtual interrupción en 1931 y su posterior conversión en “Semana del Scout”, desde 1932. Analizaremos a continuación estos sucesos.

El hiato de la intervención de 1931. El “Día” que no fue

Más allá de las prácticas concretas con que se desarrolló y de sus auspiciosos inicios, la tradición del “Día del Scout” se encontró con un tropiezo político que terminó por reducirla a apenas a tres conmemoraciones, ya que, a pocos días de realizarse, en 1930, la conmemoración, se produjo el Golpe de Estado del 6 de septiembre de ese año, que despojó del poder al presidente Yrigoyen. Ese suceso transformó de lleno las bases de la dirección de la asociación, a pesar de un perceptible intento de resistencia que mantuvo al general Toranzo en la presidencia de directorio, antes de que emprendiera –fuertemente anudada con su lealtad al radicalismo– su frustrada rebelión político-militar en febrero de 1931.

Sin embargo, incluso antes de la intempestiva decisión de alzarse en rebeldía, la fuerte identificación de Toranzo con los gobiernos radicales ya se había develado, a los pocos días, insostenible a ojos de los responsables militares del golpe septembrino, lo que produjo su pase a disponibilidad en el ejército, al concedérsele el relevo de acuerdo al artículo 31, inciso 1 de la Ley 9675.[76]

A pesar de ello, Toranzo continuaría al mando de la asociación de Boy Scouts durante unos meses más, los suficientes para seguir dando muestras de su desapego a la nueva conducción del país. En efecto, a pesar de depender el Instituto Nacional del Scoutismo Argentino del Ministerio de Guerra, Severo Toranzo figuró, al menos hasta diciembre de 1930, como presidente del directorio scout, en cuya revista oficial, se continuaba poniendo como presidente de honor de la asociación al “Presidente de la Nación” pero, a diferencia de lo sucedido desde su inicio, rubricando los nombres de Alvear e Yrigoyen sucesivamente, en este caso no figuraba el nombre de Uriburu, dando a entender, o bien que no se lo consideraba como tal, o bien que el presidente constitucional debería seguir siendo Yrigoyen, al que no se lo nombraba directamente.[77]

Curiosamente, en la primera reunión después del Golpe de Estado, no habría mención alguna de la situación política, aunque seguramente no debía dejar de llamar la atención, la multitud de “ausencias con aviso” que se darían en esa oportunidad, y que dejarían al Directorio con solo seis miembros. Esta situación de encubierta normalidad continuaría hasta la última reunión del año, realizada el 23 de diciembre de 1930, en la que se discutiría largamente acerca de temáticas propias de la institución, como la promoción de la “Divisa del Honor Scout”.[78]

Sin embargo, en febrero de 1931, el General Severo Toranzo intentaría alzarse contra el gobierno de facto, luego de haber intentado una conspiración previa en Córdoba, detectada en diciembre del año anterior. Dicho levantamiento proyectado para la Capital Federal, y reprimido incluso antes de poder llevarse a cabo, sería el que le costaría el exilio y su remoción definitiva de la presidencia del Directorio de los Boy Scouts Argentinos.[79] Finalmente, y luego de provocar un incidente que derivó en la ruptura de relaciones entre Uruguay y Argentina, Toranzo fue encarcelado en el año 1933.

Como señalamos, el alzamiento tendría consecuencias directas en la dinámica de la institución, provocando una reunión extraordinaria (en el mismo mes en que se había producido el intento revolucionario) y que se desarrolló bajo la presidencia interina del vicepresidente segundo Francisco Santa Coloma.[80]

En dicha reunión se informaría que el General Toranzo había sido declarado “prófugo” por el gobierno provisional y que, en virtud de los hechos relacionados con su persecución, la sede scout había sido allanada, siendo incautados diversos documentos de la institución; habían sido encarcelados directores y empleados[81] y, por último, también habían sido allanadas las casas de ambos vicepresidentes (el propio Santa Coloma y el Coronel Augusto Spika), lo que a juicio del convocante a la reunión hacía necesario “asumir una actitud que aclare la situación en beneficio de los complejos intereses que afectan a la institución y los prestigios personales de sus miembros”.[82]

Teniendo en cuenta esta situación, los cinco miembros presentes del directorio aprobarían declarar a Santa Coloma como presidente y a Laureano Baudizzone como presidente provisorio; decidirían subrayar –en una nota tendiente a conciliar con el nuevo gobierno– las “altas funciones educacionales y nacionalistas” en pos de inculcar en la juventud “sentimientos de orden y respeto”; procurarían sostener la imposibilidad de que las personas a cargo de esa tarea pudieran ser “en forma alguna sospechadas”; dejarían en claro que “la Asociación no puede ni solidarizarse ni sufrir las consecuencias de actos individuales ajenos a la institución”, en clara referencia al levantamiento de Toranzo, y optarían –finalmente– por designar una comisión con el objeto de entrevistarse con el Ministro de Guerra.

Una vez determinado esto, Santa Coloma presentará su renuncia a todo cargo en el directorio, “con la firme creencia de que la presidencia debe contar en todo momento con el apoyo y la simpatía del P[oder] E[jecutivo], y habiendo dejado de ser grato a este, hace necesaria su separación para bien de la institución”.[83] Aguardando la decisión del ministro de guerra, se clausuraría la reunión.

La respuesta del ministro se vincularía con la necesidad de reorganización del Consejo Superior, lo que sería considerado, en una siguiente reunión, por los miembros del Directorio como imposible de realizar sin dejar de respetar los estatutos de la institución, por lo que daban “carta libre” al Ejecutivo para designar de facto, un nuevo Consejo.[84] Mientras tanto, los efectos negativos para la institución, del levantamiento de Toranzo, se harían ver en resoluciones que afectaban de lleno a la cotidianeidad scout, como la resolución del jefe de policía capitalino de impedir –nada menos– que la utilización de las comisarías para llevar a cabo las reuniones de las compañías, práctica que estaba en el origen mismo de las filiales.[85]

Luego de momentos de expectativa, en las que se incluyó la posible designación –finalmente frustrada, para alivio de los directores scouts– de Floro Lavalle, líder de la Legión Cívica, a cargo de la asociación;[86] llegaría el 3 de junio de 1931 la designación del Teniente Coronel Santos V. Rossi, como interventor designado por el Poder Ejecutivo a fin de hacerse cargo de la institución con el objeto de “normalizarla” y redactar un informe sobre el desempeño de la gestión anterior.[87] La gestión de Rossi se completará con el informe que el interventor elevaría al nuevo Consejo Nacional del Scoutismo, que se constituiría el 16 de septiembre de ese mismo año.[88]

Previsiblemente, en plena intervención, el año de 1931 no resultó apto para desarrollar el “Día del Scout”: desaparecieron, así, los sueltos en los periódicos en La Nación y La Prensa, los discursos en la radiofonía y las fotos de los niños movilizados. Sin embargo, la reconstrucción de la institución impondría –a posteriori– sensibles novedades a la efeméride.

Un día no basta. La invención de la “Semana Scout”

La primera reunión del Consejo Nacional reconfigurado luego de la intervención se daría el 25 de septiembre de 1931,[89] bajo la presidencia del General Emilio V. Sartori, quien terminaría cumpliendo ese rol durante los siguientes siete años.

Bajo su dirección, se promovería, a partir de 1932, la realización de, en vez del “Día”, la “Semana Scout” (quizás tomando en cuenta la experiencia previa en países vecinos[90] y la existencia de otras semanas infantiles locales[91]). La primera prueba de esta innovación a la efímera tradición del “Día del Scout”, fue prevista para los días del 5 al 12 de septiembre, con el mismo motivo propagandístico de la iniciativa anterior, pero distanciándose de la fecha inicial del primer día del mes.

Junto con la extensión a una semana, además, el carácter pragmático de la fecha fijada se iría posteriormente reforzando, permitiendo su laxo traslado dentro del calendario anual e incluso posposiciones –como también ocurría, por ejemplo, con otras celebraciones anuales como el Carnaval–.[92] En el año 1937, por ejemplo, para no interponerse con la elección a presidente que se desarrollaría el 5 de septiembre de ese año, la “Semana” sería trasladada del 10 al 17 de octubre.[93] En general, así, el mes de octubre demostró para los dirigentes ser un mes más “cómodo” que el septembrino para ubicar la semana de celebración, por lo que la decisión se replicaría en los años siguientes.[94]

Por otro lado, la extensión de la “Semana” permitía, además, poder articular mejor las múltiples necesidades de la institución, incorporando el elemento infantil y adulto por igual y dando espacio a las diferentes inquietudes relacionados con esa práctica.

Para el caso de las conferencias y discursos, entonces, podremos encontrar toda una pléyade de mayores, entre los que –además de autoridades directoriales, presidentes-delegados y masterscouts– se incluían los miembros de las comisiones de fomento de cada compañía, quienes, en no pocas ocasiones, eran los directores de las escuelas locales,[95] particularmente eficaces en dichos menesteres. Una muestra de esa multiplicidad puede darla el ciclo de charlas radiofónicas consensuadas por las Comisiones de Fomento Scout de Bahía Blanca, Ingeniero White y Punta Alta, que de un domingo al otro, se escucharían en LU 2 y LU 7, y serían proferidas por un presidente delegado, un director de escuela nacional, una “señorita de las niñas scouts de Ingeniero White”, un ayudante y un presidente de comisión de fomento.[96]

Con respecto de las actividades “propias” de los niños y niñas scouts (aunque tampoco faltaría algún “conferencista niño”, como el joven “Manolo” de Bahía Blanca[97]), ellas respondían a una variedad de intereses. Los agasajados en su día, tanto podían atender en conjunto a una sesión privada cinematográfica de cintas scouts, tal lo harían para el día 13 de octubre de 1938 los niños de la compañía “General Belgrano” de Concordia,[98] como realizar una excursión de visita al convento y al pino históricos de San Lorenzo, como harían los miembros de la compañía de la localidad santafesina de Borghi, que llevaba el nombre de la batalla allí desarrollada.[99] En el local central de la institución, incluso, se llevaría a cabo una fiesta infantil del scoutismo que sería resaltada por la multiplicidad de las prácticas en ella inscriptas: campeonato relámpago de básquet, demostraciones de primeros auxilios y nudos y recepción al oído de transmisiones de aparato Morse.[100]

Volviendo al mundo adulto, en el marco de las conferencias que se desarrollaban durante este evento, indudablemente, la figura saliente sería el mismísimo Presidente de la Nación, Agustín P. Justo, quien era un antiguo dirigente de la institución, cuyo nombre podemos encontrar ya entre los de los miembros del Consejo Nacional en 1917, y luego entre los del “Comité de honor scout”. En 1935, apoyando la “Semana Scout”, sería el encargado de abrir el ciclo de conferencias radiofónicas de difusión de la actividad.[101] En ese sentido, Justo continuará manteniendo constantemente un fuerte lazo con la institución, lo que le depararía a la misma –más allá de algún contratiempo aislado[102]– grandes beneficios para la institución,[103] que siempre buscaba la atención de las más incontables ayudas de los hombres y agencias estatales para su desarrollo.

En ese sentido, aunque como hemos visto, ya por la tradición a nivel mundial, los presidentes y primeros mandatarios eran por costumbre investidos del carácter “honorario” de miembro de la asociación scout; en Justo, esta relación sobrepasaba largamente la mera formalidad, en tanto su ayuda había sido concreta y su participación muy activa desde su rol previo como director del Colegio Militar y luego ministro de guerra.

El apoyo presidencial suponía una importancia, sobre todo en momentos en que todavía, se seguía resaltando en los recortes periodísticos –copiando una sensación extendida en la institución– que la prédica scout se daba “en forma lenta por dificultades propias de toda obra que necesita su divulgación”.[104]

De esta forma, impulsada por la visibilidad social y periodística y con el aval del presidente de la nación, la “Semana Scout” facilitaba a algunas compañías como la Sarmiento, promover sus actividades, utilizando la fecha propagandizada como momento de comienzo de varios cursos que se sostendrían en el tiempo y que incluían tareas tan diversas como ajedrez, primeros auxilios y moral scout.[105]

Bajo una especie de retroalimentación que, como habíamos visto antes, no dejaba de volverse algo inconveniente, al competir con otras posibles fechas de significación, la fecha se imponía crecientemente como punto de convergencia final de otras actividades pedagógicas, como la toma de exámenes para acceder a grados superiores, tal sucedía en la localidad de Cipolletti, o para investir con el nuevo grado scout, a quienes hubieran completado dicha tarea, como sucedía en Concordia[106] o en Paraná, donde nada menos que veintiocho aspirantes gozarían de ese privilegio.[107] Con todo, esta unificación de la celebración con la agenda pedagógica de las filiales no dejaba de ser oportuna, para seguir contradiciendo una mirada meramente exhibicionista. Como podía leerse en un diario del interior cordobés:

El scoutismo argentino, aún no bien comprendido, en su fondo mal interpretado, como batallones que surgen al calor de una fecha patria para un apuesto ornamento infantil, es una escuela tan necesaria y útil por sus enseñanzas, que estudiado de cerca será implantado por todos los que no lo conocen, sin distingos de razas, ideas políticas y religiosas.[108]

Sin embargo, mientras que se consolidaba al interior del movimiento, la intención de la conmemoración no podía desligarse de su meta de engrosamiento de las filas, la que era particularmente reforzada en esta nueva etapa, ya que quedaba claro que los eventos se entendían en su condición de ser “una campaña de conscripción”, en la que primaba la incorporación de nuevos miembros, y no de sustento económico o físico de otro tipo. Debía quedar claro que: “No se pide ayuda material alguna; solo se solicita la buena voluntad de los padres, para que inscriban sus niños en las filas de las organizaciones existentes, de manera de alcanzar altas cifras de afiliados”.[109]

El desfile scout sería, en la imaginación de los dirigentes, un momento central para producir el interés –por imitación– de los futuros miembros, al ver a sus pares y parientes presentarse con los uniformes a la comunidad. Este deseo era volcado a través del diálogo que los redactores del periódico oficial intentaban mostrar como real, entre un niño y su madre: “–Mamita: ¿me vas a dejar ser scout? Y la madre, mirando cariñosamente a su hijo, con un dejo de orgullo, contestaba mirándolo tiernamente: –Sí, hijito, te llevaré a la compañía donde está tu primo”.[110] Aunque idealizada, la referencia de la importancia del “contagio” familiar de la causa apunta a una sensibilidad extendida en este tipo de grupalidades, más allá de la geografía, la historia y el género.[111]

A la iniciativa del desfile que ponía el acento en la visibilidad marcial de los niños y niñas (que a menudo convivían en el viaje previo a la concentración, seguramente con la posibilidad de intercambios de sociabilidad menos adustos[112]), se sumaba otra propuesta como la actividad de asistencia social durante la “Semana Scout”. Esta tarea, particularmente fomentada ya desde los inicios por el “Perito” Moreno,[113] se puede constatar a través del suelto de la revista oficial, en el que aparece fotografiado uno de los ciento cuatro niños de la compañía porteña “Montes de Oca”, que se acercaron a las 10 de la mañana del 12 de octubre de 1937, “con clarines y tambores”, a regalar juguetes a los internados del Hospital Rawson, acompañados por sus masterscouts y por las damas de la comisión de fomento de la compañía.[114]

Pero, más allá de la fuerza performativa de los boys y girls scouts, al ser consultado el general Sartori acerca de los beneficios de la práctica scout, este se centraría –más que en la pulsión democratizante expresada en la gestión anterior– en la condición de ordenadora social de la actividad, tanto como formadora de futuros trabajadores,[115] como en su rol de espacio de ambiente confiable para los padres.[116] Nuevamente, y a pesar de la reforzada solemnidad de los actos, como la que se desprendía de la jura y bendición de la bandera por parte de la compañía Centenario, al General Sartori no se le escapaba que todavía la tarea scout “a muchos les parecía fútil [y] se burlan de ella”[117] y apelaba a la tan esperada sanción de la ley del Congreso que ratificara el decreto institucionalizador de 1917 que, a sus ojos –según lo expresaría en su discurso frente a los miles de niños presentes–, le daría el empujón necesario que haría pasar de los veinte o treinta mil scouts existentes, a los trescientos mil que podían esperarse.[118]

Frente a esto, el llamado a “respetar” a los scouts sería captado por la prensa del interior de la provincia bonaerense, quien sostendría que “ya que, si bien se trata de un cuerpo formado por niños, el significado del mismo, y la presencia de la bandera argentina, imponen el mismo respeto y el mismo sentimiento que el ejército nacional”.[119]

Sin embargo, por sobre las múltiples convocatorias lugareñas, la gran concentración de scouts en un mismo lugar demostraba ser un insustituible reforzador de esa estrategia de seriedad de la práctica, como lo demostraban los comentarios elogiosos que suscitaban los más de siete mil niños (de los que la revista Caras y Caretas daba cuenta fotográficamente), congregados en Palermo para conmemorar la “Semana scout”[120] y que el Buenos Aires Herald definiría como “a monster rally of Argentine Boys Scouts”.[121]

Junto con la movilización en las calles, se activaba asimismo el poder referencial que los “nuevos” medios de difusión acercaban al Directorio. De esta manera, no podían faltar, a lo largo de la semana, ni la proyección de cintas fílmicas en las que se mostraba las actividades en los campamentos scouts[122] y cuya capacidad de convocatoria era reputada especialmente,[123] como así tampoco las múltiples conferencias radiales que dictaban los miembros del directorio.[124]

La multiplicidad de instrumentos materiales y simbólicos con que contaba el scoutismo a través de su institución centralizadora, se presentaban condensadamente en este evento que no perdería –más allá de sus vaivenes– ni impacto mediático ni capacidad de movilización infantil, y que, más allá de las múltiples ambigüedades y críticas, seguía posicionándose como una alternativa para miles de padres que instaban, o al menos permitían, a que los niños y jóvenes recibieran ese tipo de educación paraescolar.

La fortaleza de movilización del scoutismo, en especial a partir de la congregación de los siete mil scouts en Palermo, se volvería inadmisible para quienes se planteaban intransigentes competidores por los cuerpos y las almas de esos niños, como era la Iglesia católica. De allí que el diario El Pueblo no pudiera más que lamentar semejante expresión de puerilidad laica, y señalar –en tono bastante desaprensivo para los dirigentes locales oficiales de una práctica bendecida por el mismo Papa[125]– que “los boy scouts argentinos se empeñan en descristianizar la juventud (…) con la confusión en el cerebro y el corazón vacío”.[126] Indudablemente, el camino estaba abierto para el cisma que se generaría al año siguiente de estas palabras con la aparición de la Unión de Scouts Católicos, liderada por el padre Meinvielle y amparada por el obispo Copello,[127] por el que se desconocía el decreto de monopolio de la práctica por parte de la Asociación de Boy Scouts Argentinos.

En todo caso, como hemos mencionado en otra ocasión, no deja de ser interesante para el análisis, el hecho de que, en momentos de esplendor de la nación católica, la interpretación en torno a la forma de interacción de ambos términos de la conjunción entrara en fuerte tensión en el ámbito del scoutismo local. En todo caso, el resquemor y posterior ofensiva eclesiástica muestra a las claras el impacto del scoutismo oficial sobre la infancia y la juventud de esa época.

Conclusión

En 1937, en una de las conferencias radiales por la “Semana Scout”, en Radio Cultura, el flamante Presidente de los Scouts, Laureano Baudizzone,[128] subrayaba la importancia de poder llevar “en alas del éter”, el “abrazo fuerte de vuestro jefe” a los scouts desperdigados por las más de doscientas cincuenta asociaciones en todo el país (superando en un centenar a las que habían presenciado el primer “Día del Scout”). En ese saludo, además, el nuevo jefe los entendía como los “futuros ciudadanos de limpia ejecutoria que reclama la patria y la sociedad”.[129]

Al año siguiente, a los diez años de instaurarse la efeméride scout, el efecto de legitimidad de la fecha que había perseguido inicialmente el General Toranzo parecía haberse consumado, al menos al interior del movimiento que ya contaba con poco menos del doble de miembros que al producirse por primera vez la festividad.[130]

Esto sucedía, no solo por sus efectos de visibilidad ante el afuera, sino por los lazos de cohesión que la práctica recurrente y anualizada, junto con otras instancias como los campamentos veraniegos, producía en el vasto mundo de los scouts boys y girls, que encontraban un horizonte de comunicación con otros niños y adultos, más allá del círculo estrecho de la compañía en la que militaran, y que hacía que la “Semana Scout” fuera vista como “la fiesta que el scout espera porque es el momento cordial de su vida”.[131]

Finalmente, luego de tantas finalidades que se le habían adosado al “Día” y a la “Semana”, la dinámica propia del evento se desarrollaba por aristas no del todo sometidas a la lógica directiva y la revista oficial tenía que reconocer que esa ceremonia no tenía

más objeto que reunir a todos, en un momento de camaradería, para estrechar lazos de amistad, finalidad scout que se persigue a los efectos de la mejor comprensión de niños y jóvenes, para que, cuando lleguen a la madurez sigan amigos y comprendidos, sin otra aspiración que cimentar el amor de hermanos.[132]

Quizás por eso, ante la preeminencia de sentimientos que parecían privilegiar el disfrute de sociabilidad que permitía la fecha, por sobre los efectos de la visibilidad ante la sociedad, al año siguiente, el “Jefe Scout”, Laureano Baudizzone efectuaría en las mismas páginas de la revista, un llamado grave que incluía la necesidad de dejar en claro que “la Semana del Scout no es una semana de fiestas y, aunque en esos días reina la alegría, esta manifestación espiritual también se produce durante el trabajo”.[133]

Como en las recurrentes ambigüedades y oxímoron presentados por el scoutismo, la alegría no era asociada al ocio y a la diversión, sino al trabajo y al constante ajetreo en la preparación de las conmemoraciones: el juego podía, debía, ser útil. Esa misma idea del juego serio, sería contemporáneamente reivindicada por el célebre medievalista holandés Johan Huizinga (2005 [1939]: 261), al sostener la importancia de la institución scout en su capacidad de “someter en forma de juego las inclinaciones y costumbres de los muchachos a una finalidad educativa”.

Esa marcialidad y visibilidad que intentaba reproducir el organismo oficial de los scouts durante la fecha, y en especial durante el desfile, se trasladaba asimismo a las niñas, a quienes se les otorgaba –en ese sentido– una estricta paridad con los muchachos. De esta manera, se definía a las scouts girls, como “gallardas, bien plantadas”, que “mostraban la juventud que viene, pletórica de vida, con mirada hacia arriba, como auscultando el porvenir”.[134]

Esta concepción, sin duda más allá de los mandatos de género impuestos circulantes en la época y refrendados en la institución, permite entender por qué pertenecer a los grupos femeninos scouts podía ser visto por sus propias participantes como un lugar de fortalecimiento y autovalidación de la identidad femenina. Como se ha señalado, en ese sentido, “las demandas y sentidos del presente no deben opacar algunos aspectos revolucionarios del movimiento si lo pensamos en perspectiva histórica” (Méndez, 2013).

En todo caso, cumpliendo ambos efectos, el de visibilidad y de cohesión, la “Semana del Scout” había cumplido su objetivo de establecerse como fecha de referencia del calendario scout, desde su carácter móvil y polisémico. De esto da muestra un curioso pedido del delegado de una de las compañías scout quien, teniendo en cuenta y dando como justificante el efecto reparador del vínculo que poseía la “Semana del Scout” –y como extendiendo a la presidencia scout las atribuciones del presidente de la Nación– solicitaba para esas fechas, se concediera el “indulto” al ayudante scout, Florestano Albanese, expulsado de la institución por considerárselo autor de un delito común.[135]

Otro expulsado de la institución (pero por razones políticas que los diarios con intención pro-radical no olvidaban),[136] el General Severo Toranzo, debió esperar –luego de ser reincorporado a la institución– diez años para ser reintegrado a la dirigencia de los Boys Scouts Argentinos, en condición de vicepresidente. Sería recién en el marco de la primavera orticista, en la sesión del 16 de julio de 1940, en la que, agradeciendo la reincorporación, el general radical diría que en “en ningún momento ha[bía] dudado de que, restablecida la verdad sobre su actuación política, volvería a ocupar el lugar que le corresponde, ya que su patriotismo y amor por la obra son bien conocidos”.[137]

Toranzo fallecería al año siguiente, el mismo de la muerte del fundador internacional Lord Baden Powell, luego de haber sido designado para dirigir los actos de la “Semana Scout”, en su condición de presidente de la Comisión Permanente de Campamentos y Actos Públicos,[138] y de haber escrito su conferencia radial para la ocasión, pero no de poder leerla en persona.[139]

El círculo, aunque –como suele suceder– de forma diagonal y equívoca, quedaría finalmente cerrado. Con solo diez ensayos, la “Semana Scout”, que había relevado al “Día del Scout”, era ya una tradición sólidamente afianzada, a pesar de su corto horizonte temporal con respecto del pasado. El truco había vuelto, nuevamente, a funcionar.


  1. El presidente del directorio, el General Severo Toranzo, quien venía de citar el discurso que Calvin Coolidge diera a los scouts frente a Baden Powell, buscaba imitar, así, la tradición de padrinazgo presidencial del scoutismo norteamericano. El primer presidente en fungir de manera honorífica en el mismo puesto para los Boy Scouts of America fue William Taft, en fecha tan temprana como 1910, lo que, como se ha señalado, era particularmente importante porque “imponía un precedente de apoyo presidencial en una competencia –todavía en marcha– entre las organizaciones juveniles”. Jordan, B. R., “‘A Modest Manliness’: The Boy Scouts of America and the Making of Modern Masculinity, 1910-1930”. Tesis doctoral. UC San Diego, California, EE.UU., 2009, p. 34.
  2. Llamada desde su fundación, en 1912, Asociación de Boy Scouts Argentinos, a partir de la reforma estatutaria de 1926 –también por iniciativa de Toranzo– se pasó a denominar simplemente Boy Scouts Argentinos, en concordante espejo con la denominación de la asociación norteamericana Boy Scouts of America.
  3. Según se señalaba desde la dirigencia: “pronto podremos decir que no hay una ciudad o pueblo de cierta importancia en el país que no cuente con una compañía de ‘boy-scouts’”. La Nación, 1º de septiembre de 1928, p. 7. El número de veinte mil, aunque cambiante según los registros, surge de esa misma fuente.
  4. El 13 de noviembre de 1917, el presidente Hipólito Yrigoyen decretaba la creación del Instituto Nacional del Scoutismo Argentino (INSA) con el fin de promover “la formación del carácter y el desarrollo de [la] personalidad y los sentimientos patrios y humanitarios del niño”, según un “programa científico racional que consulte la economía infantil y las exigencias de la democracia”. Luego del detalle de estos objetivos en los que se nombraba las exigencias democráticas, el decreto –que además de la presidencial, acompañaba la firma del Ministro de Guerra, Elpidio González– otorgaba el monopolio del scoutismo a la Asociación Nacional de Boy Scouts Argentinos, fundándose en “el prestigio y autoridad necesaria de la misma” y explicitando que “ninguna institución, sociedad o particular podr[í]a, en lo sucesivo, organizar ni tener grupos de scouts, sin autorización escrita” de su Junta ejecutiva, a fin de “asegurar la uniformidad y calidad de la enseñanza”. Boletín Oficial de la República Argentina (de ahora en más, BORA), 30 de noviembre de 1917, p. 722.
  5. “O escotismo na Argentina”, Jornal do Brasil, 20 de noviembre de 1926, p. 7. Como en nota 1, en este, y en lo sucesivo, para otros casos de título de referencia en idioma extranjero, mi traducción.
  6. Según informaba el diario La Época, en su edición del 14 de septiembre de 1917, la asociación de Boy Scouts tucumanos anunciaría la idea de la creación del “día del Boy Scout” y pensaba celebrarlo con “una fiesta patriótica y benéfica” con el objeto de obtener recursos para comprar los uniformes para los jóvenes pobres, “que por falta de este no pueden incorporarse definitivamente a las filas de la institución”. La fiesta estaba prevista para el 7 de octubre de ese año, en el Tiro Suizo. Agradezco a Matías Bisso la mención de este dato.
  7. José J. Berrutti, además de docente, era dramaturgo, y venía desde hacía años formando parte del directorio de la asociación. Desde la década del veinte resultó ser la principal espada en la difícil tarea que desarrollaba el scoutismo en su afán de reconocimiento como actividad de prestigio educativo en el ámbito escolar, debido a su experiencia como inspector, director de consejo escolar y promotor de la educación popular y para adultos.
  8. Actas del Directorio de Boy Scouts Argentinos (de ahora en más, ADBSA), 28 de julio de 1928, p. 116.
  9. Santa Fé, 18 de agosto de 1928, p. 2.
  10. Mostrando cierta recurrente reticencia de la oficialidad escolar a la colaboración con la institución, se señalaba que solo cuatro de la totalidad de los consejos escolares de la Capital Federal había informado positivamente al pedido, y de los organismos provinciales, únicamente los de Buenos Aires, La Rioja, Tucumán y Corrientes. ADBSA, 18 de agosto de 1928, p. 119.
  11. Práctica que se extenderá en el tiempo, como lo muestra la visita de los scouts de Cañada de Gómez, quienes recorrerían la sede de Radio del Litoral. Antena, 5 de septiembre de 1936. Noticias universales acerca de las organizaciones de niños scout, p. 21 (de ahora en más, Libro 1). Este “libro” de recortes se encuentra en el Museo Scout, a cuyos miembros agradecemos especialmente por la posibilidad de consulta de este y otros materiales como las actas directoriales y parte de las ediciones de El Scout Argentino. Otros números de la misma fuente gráfica fueron consultados en la Biblioteca de la Asociación Rivadavia de Bahía Blanca y en el Museo Histórico Provincial de Rosario, “Julio Marc”.
  12. ADBSA, 18 de agosto de 1928, p. 119.
  13. La asociación scout albergó, desde su comienzo y en su desarrollo, a diversas compañías étnicas (británica, alemana, francesa, belga, polaca, norteamericana, siria y armenia son de las que pudimos recabar información). Sin embargo, a partir de fines de los años treinta, frente a la tensión entre el proceso de nacionalización creciente, la idea de amenaza extranjera frente a las colectividades involucradas en el conflicto bélico, el Directorio suspendería las compañías patrocinadas por entidades extranjeras “por más respetables que sean las personas que han auspiciado estas organizaciones” e invitaría a los scouts que formaban parte de ellas, a incorporarse a las compañías nacionales, asegurándoles una “cálida bienvenida” y el mantenimiento de la jerarquía con la que contaban en la asociación étnica. El Scout Argentino (ESA), diciembre 1941-enero 1942, p. 1.
  14. Así, un año después de creada la asociación nacional, el Diario La Prensa destacaba la importancia de la iniciativa scout, al entenderla como la vía de formar el culto de la patria en aquellos “hijos de inmigrantes, [que] salvo rarísimas excepciones, no reciben ni pueden recibir en sus hogares el sentimiento del amor a esta tierra, conocer a sus héroes y mártires ni apreciar debidamente los hechos culminantes de su historia”. “Los boy scouts argentinos”. Recorte del diario La Prensa del 13 de mayo de 1913, en: Biblioteca Biedma-Pillado, Archivo General de la Nación (AGN).
  15. Un año antes del desencadenamiento de la guerra mundial, se volvía a poner el foco en el mismo asunto, cuando comentando la importancia del desfile final de cierre de la “Semana Scout”, se explicaba la vigencia de aquella tarea asimiladora sobre la “población (…) en gran parte formada de aluvión”, a la “que hay que conquistar para integrarl[a] a nuestro argentinismo plasmando, así, el gran deseo de la fórmula alberdiana”. El Scout Argentino, noviembre de 1938, p. 1.
  16. La Nación, 1º de septiembre de 1928, p. 7.
  17. Hemos encontrado mencionado para Chile en los años treinta la realización de la llamada “Semana Scoutiva” en el mes de septiembre pero, hasta el momento, no hemos encontrado ligazón con nuestro país en dicha decisión. Por otro lado, además de la “Semana”, en Chile se conmemoraba el “Día” scout, eligiendo para ello el 23 de abril, día de San Jorge, patrono de los scouts, fecha de menor impacto en nuestro país en esa época. Ver: Rojas Flores, Jorge, Los scouts en Chile, Santiago, CI Diego Barros Arana, 2006, p. 144.
  18. Podríamos pensar en el 31 de mayo o el 22 de noviembre por las fechas de nacimiento y muerte, respectivamente, de su fundador, el “Perito” Moreno; en el 4 de julio por el nacimiento de la ANSA; en el 26 de febrero, por el otorgamiento de la personería jurídica, o en el 13 de noviembre por la estatización del movimiento y la creación del INSA. Sin embargo, ninguna fecha de estas pareció ser lo suficientemente movilizadora como para establecerla como fecha identitaria central. Asimismo, cabe mencionar que la tensión ya latente entre la tradición “laica” de la Asociación de Boys Scouts y la de los grupos católicos (en especial los Exploradores de Don Bosco) que, a partir del acuerdo de 1919, convivían dentro de ella, también podría haber dificultado la elección de una fecha en común, que estuviera cargada de sentido.
  19. Hobsbawm, E., “Introduction: inventing traditions”, en: Hobsbawm, Eric y Terence Ranger, The invention of tradition, Cambridge University Press, 2000, p. 4. Mi traducción.
  20. Sobre la multiplicidad y dinámica histórica del proceso de totemización scout, puede consultarse: Wittemans, S., “Quels sont donc les totems du grand Manitou? Pratiques totemiques et indianistes dans le scoutisme”, Cahiers d’histoire belge du scoutisme, Bruselas, nº 9, marzo 2011.
  21. Esto puede verse en el intento de equiparación transhistórica que la asociación procuraba establecer con los próceres nacionales: “nosotros los argentinos podemos llamar ‘Scouts’, con la seguridad que no nos equivocamos, á [sic] los que han sobresalido en las avanzadas de nuestra corta existencia como Nación: Moreno, Belgrano, San Martín, Rivadavia, Sarmiento, Mitre”. Boy Scouts Argentinos, Breves indicaciones, Buenos Aires, s/e, s/f, p. 5.
  22. El Scout Argentino, septiembre de 1928, p. 11.
  23. Por ejemplo, hablando de arquitectura, el ingeniero del Castillo diría: “El renacimiento español, con sus escudos, leones de Castilla, etc., están muy bien en España, pueblo que aún está bajo la monarquía, país de blasones y de nobleza. Entre nosotros, todos esos atributos ancestrales, no tienen significado alguno. País republicano por excelencia, democrático y cosmopolita, los escudos, leones y blasones los miramos como adornos y no como símbolos y por lo tanto están de más”. Citado en Cirvini, S., “Daniel Ramos Correas: su producción arquitectónica en Mendoza”, en: AAVV, Manifestaciones francesas en Argentina, 1889-1960, Paquin, Dunant, Mallet, Flores Pirán y Ramos Correas, Buenos Aires, Centro de Documentación de Arte y Arquitectura Latinoamericana, 2011, p. 64.
  24. Así, el diputado radical Frugoni en un proyecto de fomento a la actividad, buscaría ubicar la acción de la asociación en el espectro democratizador, al señalar que ella establecía “como única base, como cláusula fundamental de sus principios y normas, la idea de la patria independiente, autónoma y, esencialmente, democrática y liberal”, y que su actuación iría “penetrando y difundiéndose en los más apartados rincones de la república llevando a todas partes y a todos los jóvenes prácticas de salud, de independencia y de esa democracia consciente que hará de cada argentino un elemento ponderable”. Diario de Sesión de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación (de ahora en más, DSHCDN), 19 de agosto de 1920, p. 288.
  25. Palabras del Presidente delegado Amancio Freire. El Scout Argentino, noviembre de 1939, p. 3.
  26. Ver, en ese sentido, nuestro trabajo: Bisso, A., “‘Scouts sin scoutismo’. Los artículos de Ángel M. Giménez y la posición de los socialistas argentinos frente a la institucionalización estatal del scoutismo (1918-1920)”, en Anuario del Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”, año 14, nº 14, 2014, pp. 203-220.
  27. Dicha disputa llevaría a la asociación a enemistarse con el Congreso de Estudiantes Normalistas e imprimir seis mil volantes en los que se condenaba la oposición de estos a la educación nacionalista, mandando a sus scouts a pegarlos en las calles. Actas de la Asociación Nacional de Boys Scouts Argentinos (de ahora en más, ADANBSA), 12 de noviembre de 1919, p. 36.
  28. El apoyo de la Liga Patriótica (LP) llegaba de manera patente, y no solo en forma simbólica, sino sobre todo material, ya que, por intermedio de la rama femenina, la LP donaría –haciendo uso de una parte de lo que a su vez el Jockey Club le habría facilitado a la agrupación– la suma de nueve mil pesos, lo que representaba más de tres cuartos de los ingresos de la agrupación, al no contar con un presupuesto estatal aprobado por ley. ADANBSA, 19 de octubre de 1919, p. 26, y 5 de noviembre 1919, p. 28. Bajo esa avenencia, la dirigencia scout enviaría un delegado en representación –el miembro del directorio Luis A. Huergo– para participar en la asamblea de elección de renovación de las autoridades de la LP, siendo, asimismo, el primer presidente de la Liga, Manuel Domecq García, miembro del directorio de la asociación scout. ADANBSA, 22 de octubre de 1919, p. 22 y ADANSA, 16 de junio de 1920, p. 149. De hecho, Domecq García se disculparía por no poder asistir con las reuniones de la ANSA, ya que le coincidían con las de la Junta de Gobierno de la Liga Patriótica. ADANBSA, 4 de agosto de 1920, p. 178.
  29. ADANBSA, 18 de febrero de 1921, p. 93.
  30. Desde los comienzos, era relevada esta mirada burlona, incluso en quienes valoraban al scoutismo y definían a sus cultores como “esa muchachada resuelta y linda que se aprestan [sic] a desafiar hasta el ridículo y las burlas de los necios, con tal de aprender a estar ‘listos siempre’ para la patria y sus semejantes”. Santa Fé, 28 de julio de 1915, p. 2.
  31. Ya, a comienzos de la década del veinte, debía enfrentarse a esa situación el Directorio, intentando “demostrar, en forma positiva, que el scout no es figura decorativa”. ADANBSA, 4 de febrero de 1921, p. 3.
  32. La gota que rebalsaría el vaso y daría lugar a la necesidad de regular esas cuestiones, sería la solicitud de la empresa privada “Expreso Americano”, peticionando a la asociación la disponibilidad de un grupo de scouts para acompañar a más de un centenar de turistas norteamericanos de visita en la ciudad de Buenos Aires. ADANBSA, 28 de enero de 1920, p. 77. A pesar de la fuerte negativa a acceder a esos pedidos, diecisiete años después, el Directorio seguirá teniendo esa preocupación, viéndose obligado a repetir resoluciones restrictivas acerca de salidas y pedidos de presencia de los scouts, decidiendo que: “en virtud de las numerosas solicitaciones que recibe a diario para la participación de los scouts en actos públicos en días y horas hábiles, [se ha resuelto] no autorizar la concurrencia de los scouts sino a los actos que se lleven a cabo fuera de las horas de dichas actividades y en días festivos”. El Scout Argentino, septiembre de 1937, p. 7.
  33. ADANBSA, 15 de febrero de 1921, p. 19.
  34. De esta manera, lo señalaba el Diputado Araya en su alocución a favor de un –luego frustrado– proyecto de fomento al scoutismo en el que recordaba las causas del decreto de institucionalización de este por parte del Presidente Yrigoyen en 1917: “En resumen, el scoutismo es una obra patriótica y educativa, perfectamente establecida por la Asociación de boy scouts, cuyos niños no son los que a diario se ven por las calles con tambores y clarines y en cuanto desfile existe. Por estas razones, y a fin de no desvirtuar la obra que realiza la asociación nacional y cooperar a su desarrollo, es necesario se dicte una ley que asegure el progreso de esta institución en el país y sea una sola la dirección que exista”. Araya, R., “Proyecto de Ley de ‘Fomento del scoutismo argentino’”, DSHCDN, 16 de julio de 1919, p. 757.
  35. El fundador del scoutismo, Baden Powell, había tenido la idea del movimiento a partir de sus experiencias en la guerra anglo-boer. Ya, en 1909, se producía una importante escisión dentro del scoutismo, fomentada por Francis Vane, quien había tomado la decisión de formar los World Scouts como rama separada de los Boy Scouts de Baden Powell, por encontrar que el movimiento había sido “capturado por una conspiración militar y degenerado rápidamente en mero militarismo liliputiense”. Nock, A. J., “World Scouts”, The American Magazine, January 1912, LXXIII, nº 3, p. 280.
  36. Sobre dicho “giro desmilitarizador”, ver: Macleod, D. I., Building character in the american boy, Madison/London, The University of Wisconsin Press, 1983, p. 139. Sobre los alcances y límites de la apuesta “pacifista” de Baden Powell a partir de su relación con la Sociedad de Naciones, ver: Sica, M., “La rendez-vous manqué de Baden-Powell avec la Societé de nations (1919-1933)”, en Baubérot, A. y Duval, N. (orgs.), Le scoutisme entre guerre et paix au XXe siècle, París, L’ Harmattan, 2006, pp. 53-65.
  37. Carta de Malcolm Robertson, citada en The Scout Association (UK), Lord Baden Powell Papers Digital Collection, BYU Harold B. Lee Library. En línea: https://bit.ly/2E1tXvX. TSA PER 122 TC 049 Folder 003, page 18. Consultado el 2 de febrero de 2017.
  38. El Scout Argentino, septiembre de 1928, p. 4.
  39. Ya, en 1923, el Capitán de navío Maurette respondería a un concejal que estaba en contra de la militarización y que la enseñanza de la formación se daba solo para evitar que los niños fueran como “récua (sic) desordenada por la calle”. Versiones taquigráficas del Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, 13 de abril de 1923, p. 357.
  40. Todavía a fines de los treinta podían leerse estas aclaraciones en las que, despegándose del militarismo, no se renunciaba, sin embargo, a la defensa de la idea disciplinaria, en una ambigüedad que no permitía aclarar del todo las dudas que sobre la práctica se posaban: “Se nos dice que hacemos militarismo. ¿Es un reproche? ¿Acaso ha existido nunca militarismo? Aclaremos. Nuestra institución es una escuela civil; no tiene la severa y férrea disciplina del soldado, pero tiene disciplina; la disciplina es necesaria e indispensable (…) Que nuestras organizaciones se manejan con orden militar lo reconocemos, no podría hacerse de otra manera. Pero no formamos batallones de soldaditos, sino legiones de muchachos sanos de cuerpo y espíritu”. El Scout Argentino, noviembre de 1937, p. 6. Otras formas de evitar esa idea belicista del scoutismo fueron la presencia activa en la conferencia Interamericana de Paz; en las celebraciones por la firma del tratado entre Bolivia y Paraguay, poniendo fin a las hostilidades surgidas por la Guerra del Chaco y en la finalización de la Guerra Civil española, “producto de la incomprensión que desorienta y equivoca”. Idem, abril de 1939, p. 2.
  41. La Nación, 1º de septiembre de 1928, p. 7.
  42. Para 1928, de los cincuenta miembros del Consejo Nacional, el 22% era de profesión militar (El Scoutismo Argentino, septiembre de 1928, p. 2), lo que, con todo, resultaba una cifra menor a la del Consejo Nacional de 1917, previo al decreto de institucionalización, en el que ese porcentaje llegaba al 28% (La Época, 11 de mayo de 1917).
  43. Caras y Caretas, 22 de septiembre de 1928, p. 78.
  44. Recorte del diario El Progreso del 5 de septiembre de 1936. Libro 1, p. 21 reverso.
  45. Aunque la organización se llamara de Boy Scouts, ya desde los primeros estatutos se recordaba que la institución se proponía “igualmente organizar las Niñas Scouts”. Boys Scouts Argentinos, Estatutos (c. 1914), p. 3.
  46. Por ejemplo, en la conducción de la filial correntina de San Roquito, con la presidencia de la docente Josefa Sotomayor de Curbelo, o en la de la capitalina de la sección 23ª, “Fray Justo Santa María de Oro”, por parte de Josefina Láinez.
  47. La primera Comisión de Damas de la que hemos dado cuenta es la que, dirigida por Guillermina Oliveira César de Wilde, se formó en 1920 y que se disolvió a partir de tensiones con el Directorio encabezado por Tomás Santa Coloma. La figura de la viuda de Wilde resulta particularmente interesante, y despertará ciertas tensiones con los miembros masculinos, sobre todo en lo relativo a su petición de tener una tesorería propia, cosa que le será denegada (ADANBSA, 14 de febrero de 1922, p. 219). Eso irá deteriorando las relaciones, sumado a las quejas del directorio por falta de compromiso de la Comisión de Damas, incluso con actividades organizadas por ellas mismas (ADANBSA, 2 de mayo de 1922, p. 269), lo que provocará, finalmente, la renuncia de la señora de Wilde y sus colaboradoras. Sin embargo, volveremos a encontrar mencionada a Guillermina, en el año 1928, a partir de un pedido del Directorio scout, en la que se la encomienda: “en ocasión de su viaje a Europa, visite las compañías de ‘girls scouts’ y recoja todas las informaciones que puedan sernos útiles para la implantación en nuestro país de dichas compañías”. ADABSA, 27 de abril de 1928, p. 89.
  48. Aunque figuraran, como en el caso de la compañía de San Pedro de Misiones dirigida por Fracilia S. de Cordero, como comisiones “auxiliares” de damas, en muchas ocasiones, tomaban protagonismo como el adquirido por las mujeres de la sección de Alvear, Corrientes, al realizar una colecta para las familias afectadas por la crecida de las aguas. El Scout Argentino, diciembre de 1929, p. 23.
  49. El 19 de noviembre de 1926, el Directorio scout expresaba a la compañía de “Los Patricios”, que había solicitado la aprobación de una compañía de Girl Guides en su interior, que veía con agrado la iniciativa, pero que “en virtud de tratarse próximamente el nuevo estatuto en el cual se introduce la creación de las ‘Girl Guides’, sería conveniente dejar en suspenso la formación de dicha sección hasta tanto se sancione el citado estatuto y se formule la reglamentación y programa de trabajo a que necesariamente deberán sujetarse las organizaciones de esta naturaleza”. ADABSA, p. 5. Finalmente, las Girl Guides no vieron la luz dentro de la asociación scout, y deberían esperar a una iniciativa desde fuera de la institución, en 1953, para constituirse como tales en confluencia con las “niñas scout”.
  50. Tal como lo hacían las niñas scout cordobesas de la localidad de Villa Dolores, al participar de la práctica de tiro en los polígonos de la Sociedad local. El Scout Argentino, enero de 1930, p. 28.
  51. El Scout Argentino, agosto-septiembre de 1928, p. 12.
  52. La Nación, 1º de septiembre de 1929, p. 12. El homenaje a los próceres se continuaría con el culto a los ex presidentes fallecidos de la institución, el “Perito” Moreno, Ramón Ruiz y Santa Coloma, uniéndose en el mismo con la compañía General Alvear.
  53. Ibídem.
  54. Ibídem.
  55. La Nación, 2 de septiembre de 1930, p. 28.
  56. La Nueva Provincia, 3 de septiembre de 1928, p. 5.
  57. Nadie como Clemente Onelli, uno de los miembros fundadores de la asociación, como se verá en una anécdota referida en esta misma página, como para definir esa visión del fútbol, al que inicialmente el director del zoológico no valoraba, ya que “distra[ía] tantas horas al estudio para ensanchar un tórax que no siempre se ensancha” (Onelli, “No confundir el resabio con la tradición”, Fondo Onelli, AGN, f. 135).
  58. Así, Onelli continuará: “Un muchacho que tome pasión por ese noble ejercicio del boy-scout se sentirá más dueño de sí mismo, sabe que es un hombre útil para los demás y sabe perfectamente que en un momento dado y con el fusil al hombro, con sus diabluras, sus miles de recursos será más útil a la patria que un footballista aclamado en voz en cuello en una plaza de ejercicios físicos”. Ídem, f. 138.
  59. Ibídem, ff. 137-138.
  60. El Scout Argentino, junio de 1929, p. 22.
  61. Idem, p. 25.
  62. En su libro fundacional, Baden Powell señalaba: “El fútbol en sí es un gran juego para desarrollar un muchacho física e incluso moralmente, porque aprende a jugar con buen temperamento y sin egoísmos, a jugar en su lugar y a ‘jugar el juego’ y ese es el mejor entrenamiento para cualquier juego en la vida. Pero es un juego vicioso cuando lleva a muchedumbres de muchachos de jugar el juego ellos mismos, a volverse meros espectadores de unos pocos jugadores pagos. No cedo a nadie el primer lugar en diversión al ver a esos espléndidos especímenes de nuestra raza, entrenados a la perfección y jugando sin errores; pero mi corazón se enferma al ver el reverso de la medalla de cientos de muchachos y jóvenes, pálidos, con el pecho angosto, encorvados, especímenes miserables, fumando interminables cigarrillos, apostando en gran número, todos ellos aprendiendo a ser histéricos a medida que gimen y alientan en un pánico dado al unísono con sus vecinos, con el peor sonido de todos, como es el grito histérico de risa que se ufana ante cada pequeño tropiezo o caída de un jugador”. Scouting for boys: The original 1908 edition, Courier Dover Publications, 2014, p. 338. Como vemos, el análisis historiográfico nos permite alejarnos de supuestos que prefiguran la práctica scout a partir de la línea original de su fundador, permitiéndonos observar las derivas particulares a partir de la dinámica temporal y espacial concreta. Esta divergencia nos confirma lo señalado por un estudioso de estos movimientos, “los historiadores necesitan recordar que semejantes órganos gobernantes (governing bodies) tienen un poder relativamente pequeño para requerir a sus respectivos movimientos para actuar en las formas que ellos consideran como las mejores”. Warren, Allan, “Understanding scouting and guiding after a hundred years”, en: Block, N. R. y Tammy, M. P. (ed.), Scouting Frontiers Youth and the Scout Movement’s First Century, Cambridge Scholars Publishing, 2009, pp. xvi.
  63. Recorte de El Ciudadano de Azul del 15 de septiembre de 1936. Libro I, p. 40.
  64. El Scout Argentino, agosto-septiembre de 1930, p. 27.
  65. Idem, p. 28.
  66. La Nueva Provincia, 2 de septiembre de 1928, p. 2.
  67. Los Exploradores de Don Bosco, creados desde la dirigencia religiosa con el fin de competir con el scoutismo laico, se incorporarían, no sin tensiones ni quejas (por ejemplo, a través de la carta que enviaría el padre Vespigiani al propio presidente de la Nación), a la Asociación Nacional de Boy Scouts Argentinos a partir del decreto que le daba a esta última el monopolio de la práctica. Luego de negociaciones, encauzadas a partir de fines de la década del diez y resueltas a partir de principios de los veinte, los Exploradores se incorporarían con un grado de autonomía y discrecionalidad que los propios directores scouts lamentarían a menudo y que les generaría, además, cierto descrédito ante las compañías más “laicas” al interior de la asociación. Sobre la disputa en torno a la institucionalización scout, referimos a nuestro: “Alcances, limitaciones y desafíos de un monopolio simbólico por decreto presidencial. Iniciativas y debates sobre las formas de promoción institucional en la Asociación Nacional del Scoutismo Argentino en el marco de dos proyectos legislativos frustrados (1919-1922)”, ponencia presentada en las “III Jornadas de Política de masas y cultura de masas en entreguerras”, Universidad Nacional de General Sarmiento, 15 y 16 de julio de 2015. Sobre los Exploradores, ver Negrotti, S., “Los exploradores argentinos de Don Bosco. Orígenes y pedagogía de una experiencia juvenil salesiana argentina”, en González, J. G. et al., L’educazione salesiana dal 1880 al 1922. Istanze ed attuazioni in diversi contesti, Roma, LAS, 2007, pp. 27-50; y Scharagrodsky, P., “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Gimnástico: prácticas corporales, masculinidades y religiosidad en los Exploradores de Don Bosco en la Argentina de principios del siglo XX”, Educar, nº 33, 2009, pp. 57-74.
  68. El Scout Argentino, septiembre de 1928, p. 2.
  69. La Nueva Provincia, 2 de septiembre de 1928, p. 2.
  70. De los cuatro consejos provinciales de 1928, se pasaría a seis, en 1929 (ADBSA, 23 de agosto de 1929, p. 159).
  71. Idem.
  72. Idem, p. 161.
  73. El Scout Argentino, julio de 1929, p. 17.
  74. El Scout Argentino, agosto-septiembre de 1930, p. 2. Cursivas mías.
  75. Ibídem, p. 6.
  76. La Nación, 13 de septiembre de 1930, p. 4.
  77. Ver los números de El Scout Argentino de septiembre a diciembre de 1930.
  78. ADBSA, 23 de diciembre de 1930, pp. 226-228.
  79. Sobre los levantamientos de Toranzo y su posterior actuación, ver el apartado “La revolución más allá del partido: Severo Toranzo y Arturo Orzábal Quintana”, en la tesis doctoral de Giménez, S. R. titulada: Un partido en crisis, una identidad en disputa. El radicalismo en la tormenta argentina (1930-1945), Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales-UBA, 2014, pp. 147-157.
  80. ADBSA, 28 de febrero de 1931, pp. 232-234.
  81. Entre ellos, el empleado Luis Fontana quien poseía la “caja chica” de tesorería y que, todavía al 22 de marzo de 1931, figuraba detenido en la Penitenciaría, lo que forzaría una reunión especial ese día, por parte del Directorio, para resolver dicha situación (Ibídem, p. 239).
  82. Ibídem, pp. 232-233.
  83. Idem, p. 233.
  84. ADBSA, 16 de marzo de 1931, pp. 237-238.
  85. ADBSA, 20 de abril de 1931, p. 247.
  86. ADBSA, 28 de abril de 1931, p. 248. Decimos para alivio de la dirección scout, primero, porque lo consideraban un agente externo y, segundo, porque era el director de lo que apareció como una competencia de la asociación, al crearse la Legión Cívica infantil, la que en momentos de la intervención al scoutismo, lograría algo que era un bien preciado para toda organización de ese tipo, como era que el Consejo Nacional de Educación, al reconocerla como “Institución con fines de cultura cívica y patriótica de carácter apolítico”, le concediera la autorización para “ocupar, cuando lo pida, los locales de las escuelas y plazas de ejercicios físicos dependientes del Consejo, a fin de impartir en ellos, como lo solicita, instrucción de carácter patriótico y nacionalista”. Sesión 59ª del Consejo Nacional de Educación del 29 de mayo de 1931, reproducida en El Monitor de la Educación Común, año LI, nº 750, septiembre de 1931, p. 181.
  87. ADBSA, 8 de junio de 1931, pp. 258-259.
  88. El informe sería aprobado por el presidente Uriburu y el ministro Medina, con decreto del 7 de octubre. BORA, 20 de octubre de 1931, p. 861.
  89. ADBSA, 25 de septiembre de 1931, p. 260.
  90. Desde 1924, “a semana escoteira” se desarrollaba en Brasil, en homenaje al prócer Tiradentes. Jornal do Brasil, Río de Janeiro, 22 de abril de 1928, p. 14. En Chile, la semana scoutiva también se desarrollaba en septiembre. Rojas Flores, J., Los boy scouts en Chile, Santiago, CI Barros Arana, 2006, p. 144.
  91. Desde comienzos de entreguerras, la prensa ya mencionaba la institución de la “Semana del Nene” por parte del Club de Madres. Ver La Vanguardia, 19 de noviembre de 1917, p. 1.
  92. En los años treinta, el gobernador cordobés José Antonio Ceballos pospuso la fiesta de Carnaval con motivo de la elección de diputados. Ver: Sanguinetti, H., “Política y Estado”, Todo es Historia, mayo de 1976, p. 28.
  93. El Scout Argentino, septiembre de 1937, p. 7.
  94. De cualquier manera, en ambos meses, la “Semana del Scout” se acoplaba con una fecha de usual presencia conmemorativa de los scouts: en el caso de septiembre, la conmemoración sarmientina del 11 de septiembre, y en el caso de octubre, el día 12 (“de la Raza”) instituido como feriado desde la primera presidencia de Yrigoyen.
  95. Como en el caso de la compañía de Cañada de Gómez, en la que Manuel Andrade, director de la escuela Estrada formaba parte de la comisión de Fomento. El Scout Argentino, octubre-noviembre de 1941, p. 5.
  96. Recorte de La Gaceta de Bahía Blanca, del 4 de septiembre de 1936. Libro 1, p. 18 reverso.
  97. Como se relataba en un diario de la colectividad española de Bahía: “A las aplaudidas frases del señor Iglesias Gil [el delegado scout] siguieron otras no menos interesantes y oportunas [como las del] joven Manuel Castillo, popular y cariñosamente llamado en la legión: ‘Manolo’, el leal camarada y excelente amigo de todos sus compañeros, a quienes interpretó en amables y sentidas frases de gratitud”. Libro 1, p. 28.
  98. El Scout Argentino, octubre de 1938, p.6.
  99. El Scout Argentino, noviembre de 1937, p. 8.
  100. La Nación, 3 de septiembre de 1936. Libro 1, p. 18.
  101. ADANBSA, 16 de agosto de 1935, p. 269.
  102. Decimos algunos contratiempos, porque la cercanía de la figura de Justo al movimiento scout generó que, incluso, una de las compañías se dirigiera directamente a él en su condición de “presidente honorario”, desconociendo la autoridad del Directorio y del Consejo Nacional, para dirimir disputas al interior del movimiento. En efecto, la Comisión de Fomento General Quintana enviaría un telegrama al presidente Justo, en el que le escribía: “con todo respeto dirígese a Vuestra Excelencia –autoridad máxima del scoutismo– rogándole interceda ante el directorio que se encuentra remiso en el cumplimiento de sus funciones de administrar justicia en el pleito sometido a su arbitraje”. ADANBSA, 16 de enero de 1934, p. 171.
  103. El presidente del directorio scout, Laureano Baudizzone, comentará una reunión con Justo, en la que este le manifestó “que contara con él como amigo y como primer magistrado”. Ese aval no solo sería discursivo, sino que tendría, también, consecuencias materiales nada desdeñables. De hecho, frente a la carencia de sede propia por parte de la ANSA, Justo “enterado del problema que tenía la institución por falta de local, le prometió auxiliar [al jefe scout] indicándole que buscara una casa apropiada y se lo comunicara”. ADANSA, 16 de mayo de 1938, p. 89.
  104. Recorte del 3 de septiembre de 1936 del periódico Adelante de Bell Ville (Libro 1, p. 18). La inferencia, en relación a que se trata de la copia de una gacetilla de prensa o un volante similar, se debe a que dichas palabras serían reproducidas luego, exactamente iguales a las de Adelante, por el diario El Popular de Necochea en su edición del día siguiente. Más allá de la frase, los textos difieren, por lo que podemos pensar que son recortes y reelaboraciones de una fuente en común, que figura íntegra con el encabezado Boy Scouts Argentinos (lo que reafirmaría su origen institucional) en el diario La Fibra de Villa Ángela o El Orden de Quitipili.
  105. La Nación, 5 de septiembre de 1932, p. 6.
  106. El Scout Argentino, octubre de 1938, p. 6.
  107. Libro 1, p. 36.
  108. Recorte del 3 de septiembre de 1936 del periódico Adelante de Bell Ville. Libro 1.
  109. La Nación, 3 de septiembre de 1932, p. 6.
  110. El Scout Argentino, noviembre de 1939, p. 7.
  111. Podemos ver esta sensación confirmada en el relato de una guidista neozelandesa, posteriormente autora de una tesis doctoral sobre la temática: “Cuando me sumé a las Brownies [nivel inicial de las Guías] (…) en los tardíos setenta, la última cosa que tenía en mente era desarrollar mi naciente ciudadanía. Como otras chicas, me enrolé porque mis amigas eran miembros; mi hermana mayor había sido Brownie y guía, y mi madre –en forma breve– líder; y porque pensaba que podía ser divertido”. Dollery, H. A., “‘Making happy, healthy, helpful citizens’: The New Zealand Scouting and Guiding Movements as promulgators of active citizenship, c. 1908-1980”. Tesis doctoral en Historia. Massey University, Manawatu, 2012.
  112. Ante la solicitud del “Jefe Scout”, general Sartori, el grupo de “Girl Scouts” de Rosario se embarcarían “con el contingente santafesino al pasar por dicha ciudad”. Libro 1, p. 17 reverso.
  113. Podemos ver el impacto de la tarea asistencial en la configuración de la identidad scout en los menores, a partir de una contribución que había sido distinguida en un concurso de dibujos infantiles la revista Caras y Caretas, y aparecido el 24 de octubre de 1914, en la el cual podía verse a uno de los “scout boys de Moreno” con una pancarta que decía “Limosna Pro-Necesitados”. Sobre dicha cuestión ver nuestro: “Los niños y el ‘Perito’ Moreno. ‘Ciudadanía del mañana’, scoutismo y asistencia social”, Anuario SAHE, Vol. 16, nº 2, 2015, pp. 56-81.
  114. El Scout Argentino, noviembre de 1937, p. 7. Lo mismo sucedería en 1941 con la compañía platense “Dardo Rocha”, encargada de repartir juguetes en el “Hospital de niños”. Ídem, octubre-noviembre de 1941, p. 6.
  115. Sartori resaltaba especialmente la originalidad local que esto representaba, de la siguiente manera: “nosotros vamos a incorporar (…) una nueva modalidad práctica en todos sentidos: la de formar trabajadores, cuya máxima garantía para el porvenir es la de haberse modelado en un ambiente de disciplina y moralidad. Uno de los proyectos que nos proponemos llevar a cabo consisten en la formación de ‘granjas scouts’, en las cuales los muchachos, una vez terminadas sus actividades escolares, aprenderán algo utilísimo para nuestro país”. La Nación, 2 de septiembre de 1932, p. 6.
  116. Así, Sartori decía: “no hay padre o madre que no vea con simpatía profunda que sus hijos formen parte de la institución, entre otras razones, porque de ese modo los saben apartados de la calle y a cubierto de los peligros que emanan de la mala vigilancia, cuando no del desamparo en que muchas criaturas viven” (idem).
  117. La Nación, 5 de septiembre de 1932, p. 6.
  118. Libro 1, p. 32 contratapa.
  119. La Razón, Chivilcoy, 15 de agosto de 1934, p. 6.
  120. Caras y Caretas, 19 de septiembre de 1936, p. 10.
  121. Libro 1, p. 28 contracara.
  122. Ya desde el primer “Día del Scout” se daba cuenta de la exhibición de varias películas filmadas “en campamentos y torneos de la institución”. La Nación, 2 de septiembre de 1928, p. 10.
  123. Como podemos ver en la sesión del 13 de mayo de 1932 donde se admitía “la eficacia de la película como propaganda” (ADANSA, p. 7) y se comenzaban los planes de la realización de una película de tipo comercial que transmitiera, al gran público, los valores del scoutismo. Su nombre sería “La voz del Tambor”, proyecto que recién se vería concretizado en 1938 con su presentación en las salas de cine.
  124. En 1937 fueron consignadas alocuciones radiales en las emisoras Fénix, Cultura, Municipal, Stentor, El Mundo y Splendid. El Scout Argentino, noviembre de 1937, p. 6.
  125. En efecto, en el mensuario oficial de la agrupación se difundirían, a menudo, las palabras del Papa, cuando había expresado que el escoutismo era la esperanza de la humanidad (El Scout Argentino, 10 de mayo de 1938, p. 2), como forma de contrarrestar las acusaciones de la Iglesia argentina.
  126. Recorte del diario El Pueblo del 16 de septiembre de 1936. Libro I, p. 34 reverso.
  127. En la nota que dirige el Padre Dutto puede verse tanto el claro mandato de Copello para que renuncie a los Boys Scouts Argentinos como la dificultad de los miembros del Directorio de imponer alguna sanción. Las disputas se mantienen de tal manera que, en sesión del 9 de febrero de 1940, el directorio resolvería designar a tres de sus miembros para entrevistarse con Copello, “para hacer conocer al Cardenal la situación en la que nos coloca al hacernos aparecer como anticatólicos (…) y que, una vez informados del pensamiento del Jefe de la Iglesia, se reunirá el Directorio para tomar la determinación que corresponda” (ADABSA, pp. 324-325).
  128. Con Baudizzone, quien además presidía uno de los concejos escolares porteños y conjuntamente el Rotary Club en esa época, volvería la tradición de un presidente de directorio scout de origen no militar, retomando la tradición de Tomas Santa Coloma y del propio “Perito” Moreno. Sin contar con el impacto social de sus antiguos antecesores y siendo un self made man, Baudizzone –de larga trayectoria scout– significó un momento de consolidación institucional del scoutismo, teniendo en su presidencia que confrontar con la competencia de los scouts católicos creados por Meinvielle y avalados por la dirigencia eclesiástica, a pesar de no corresponder esta divergencia con el decreto estatal de 1917 que otorgaba el monopolio a la ANSA.
  129. El Scout Argentino, noviembre de 1937, p. 2.
  130. Si confiamos en la cifra de treinta y ocho mil scouts que presentaba, para esa época, Frank L. Soler, vicepresidente y miembro fundador de la ANSA. El Scout Argentino, noviembre de 1939, p. 4.
  131. El Scout Argentino, octubre de 1938, p. 1.
  132. El Scout Argentino, noviembre de 1938, p. 1.
  133. El Scout Argentino, octubre de 1939, p. 1.
  134. El Scout Argentino, noviembre de 1939, p. 7.
  135. ADABSA, 13 de octubre de 1938, p. 160.
  136. El 12 de septiembre de 1936, el periódico Democracia, de Rosario, recordaría, frente al éxito de la “Semana Scout”, que: “es justicia recordar que el General Toranzo dirigió la organización de los boys scouts, en circunstancias de incomprensión, dándole tal fuerza que ha podido prepararse el espectáculo”. Libro I, p. 36 reverso.
  137. ADABSA, 16 de julio de 1940, p. 369.
  138. El Scout Argentino, agosto-Septiembre de 1941, p. 8.
  139. El Scout Argentino, octubre-Noviembre de 1941, p. 6.


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