Hacia finales de 2001 y durante el año siguiente, una crisis social, económica y política sin precedentes sacudió a Argentina. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), epicentro de las protestas y movilizaciones, experimentó un colapso de su sistema de partidos (Mauro, 2005, 2012; Alessandro, 2009). La Unión Cívica Radical (UCR), el centenario partido que había liderado electoralmente el distrito en todos los períodos constitucionales hasta mediados de los años noventa, se vio drásticamente debilitado luego de la renuncia del presidente Fernando De la Rúa, a tal punto que en las elecciones de 2003 no llegó a alcanzar el 2% de los votos a nivel local (Torre, 2003; Malamud, 2008; Zelaznik, 2013; Lupu, 2016a; Obradovich, 2016). Su socio electoral, el Frente País Solidario (FREPASO), una fuerza de centroizquierda fundada pocos años antes, desaparecería completamente del juego electoral porteño y nacional (Mauro, 2007; Abal Medina, 2009; Alessandro, 2009; Van Dyck, 2014; Lupu, 2016b).
El escenario post-crisis daría lugar a la emergencia de diversos emprendimientos partidarios (Alessandro, 2009; Mauro, 2012; Vommaro y Morresi, 2014). El partido de derecha Propuesta Republicana (PRO), nacido en una primera instancia con el sello Compromiso para el Cambio (CpC) como un frente para vehiculizar la candidatura del empresario Mauricio Macri a la jefatura de gobierno de la CABA (Vommaro, Morresi y Belloti, 2015), sería la fuerza más votada en la primera vuelta de las elecciones de 2003. A pesar de no haber logrado alcanzar el ejecutivo ese año, el PRO llegaría al gobierno local cuatro años después, ganando todas las elecciones del distrito entre 2005 y 2019, y las presidenciales de 2015, en alianza con la UCR y otros partidos menores.
La UCR, en cambio, no logrará ganar otra elección en la CABA luego de 2001 y quedará electoralmente debilitada durante toda la década. Sin embargo, a diferencia del FREPASO, sobrevivirá como partido en el distrito, mostrando una recuperación electoral desde 2013 a través diversas estrategias aliancistas y la selección de un candidato electoralmente viable por fuera de la elite partidaria. Así, en las elecciones ejecutivas locales de 2015, el PRO y la UCR competirán entre sí en la segunda vuelta por la jefatura de gobierno. Una década y media después de la crisis, un partido nuevo como el PRO gobernaba y lideraba el distrito, mientras un partido tradicional como la UCR había logrado sobrevivir y mostraba signos de recuperación.
A pesar de que gran parte de los estudios europeos se han enfocado en señalar el declive cuantitativo de las militancias y de las afiliaciones partidarias (Mair y Van Biezen, 2001; Dalton y Wattenberg, 2002; Scarrow y Gezgor, 2010; Whiteley, 2011; Van Haute y Gauja, 2015), paralelo a la estatalización y el desanclaje social de los partidos (Katz y Mair, 1995, 1997, 2002, 2009; Van Biezen y Kopecky, 2007), la literatura sobre la construcción de nuevos partidos y la supervivencia de partidos establecidos en América Latina y otras “nuevas democracias” durante las últimas décadas muestra que la capacidad para construir partidos perdurables, tanto como para lograr su supervivencia luego de una crisis depende, en gran parte, de la fortaleza de los recursos con los que cuente la organización (Levitsky, 2003; Rice, 2011; LeBas, 2011; Rosenblatt, 2013; Tavits, 2013; Van Dyck, 2014; Levitsky, Loxton y Van Dyck, 2016; Cyr, 2017; Pérez Bentancur, Piñeiro Rodríguez y Rosenblatt, 2019). Mientras el acceso a recursos estatales explica muchos casos de construcción exitosa de nuevos partidos que llegan rápidamente a ocupar cargos públicos, no permite comprender por qué algunos partidos sobreviven (y otros no) una vez que la fortuna electoral los abandona. Estos estudios recientes han mostrado que, además de los recursos estatales, otros recursos menos sensibles a la performance electoral de corto plazo desempeñan un papel relevante en la perdurabilidad de los partidos como organizaciones.
La producción y reproducción de una militancia comprometida con la organización es uno de estos recursos clave para la construcción y supervivencia de los partidos (Van Dyck, 2014; Pérez Bentancur, Piñeiro Rodríguez y Rosenblatt, 2019). Aún siendo menos masivas que en etapas anteriores, las organizaciones de militancia continúan desempeñando un papel relevante en el sostenimiento de las estructuras territoriales de los partidos, en la organización de actividades de campaña, en la movilización a actos partidarios, en el vínculo con votantes y afiliados, y con organizaciones y grupos locales, así como en el reclutamiento y la socialización política de nuevos militantes y miembros partidarios, entre otros aspectos de importancia para la construcción y la supervivencia de los partidos como organizaciones, especialmente en el nivel local (Levitsky, 2003; Clarck y Prysby, 2004; Samuels y Zucco, 2014; Van Dyck, 2014b; Roscoe y Jenkins, 2016).
Mientras conocemos bastante sobre las militancias de los partidos de masas del siglo XX y sobre su declive desde los años sesenta en los países centrales (Duverger, 1984 [1951], Kirchheimer, 1980; Panebianco, 1988), sabemos relativamente poco sobre cómo los partidos contemporáneos producen y reproducen este recurso vital para el fortalecimiento de sus organizaciones y, por ende, para su perdurabilidad. Esto tanto en partidos nuevos, creados luego de crisis sistémicas, como en partidos tradicionales, nacidos en tiempos de los partidos de masas, que han logrado sobrevivir hasta nuestros días. El problema de este libro no será explicar la perdurabilidad de los partidos ni las condiciones de su éxito o fracaso electoral, sino los modos en los que partidos de características y trayectorias disímiles logran producir y reproducir distintas formas de militancia.
Hemos seleccionado dos partidos de la CABA para nuestro estudio: la UCR, un partido tradicional debilitado luego del colapso de 2001, y el PRO, un partido nuevo ascendente, surgido en el escenario posterior a esa crisis. Estos dos partidos, con atributos organizacionales, medios sociales (Sawicki, 1997), culturas políticas e inserciones estatales sumamente disímiles, nos permitirán estudiar los distintos modos en los que los partidos políticos construyen y sostienen militancias, así como los formatos de militancia resultantes de configuraciones socio-organizacionales dispares. Dentro de estos partidos, centraremos nuestro análisis en el tipo de militancia partidaria más saliente de la Argentina reciente: la militancia en las organizaciones partidarias juveniles. Nos ocuparemos, por ello, de la militancia de la Juventud Radical (JR) y de Jóvenes PRO (JPRO) en la CABA.
A diferencia de lo evidenciado en otros países del mundo y de la región, la literatura ha mostrado, en la década de 2010, una expansión y proliferación de las organizaciones partidarias juveniles en Argentina (Vommaro y Vázquez, 2012; Vázquez, 2013; Grandinetti, 2015; Vázquez, Rocca Rivarola y Cozachcow, 2018). Si bien se ha hecho foco en las militancias oficialistas durante los gobiernos del kirchnerismo, distintos trabajos han mostrado también la relevancia de las militancias juveniles en espacios opositores (Grandinetti, 2014, 2015a, 2016, 2019a, 2019b; Cozachcow, 2015b; Núñez y Cozachcow, 2016; Rocca Rivarola y Bonazzi, 2017; Vázquez y Cozachcow, 2017; Longa, 2018a; Vázquez, Rocca Rivarola y Cozachcow, 2018). Además de un “clima de época” producido por la interpelación a la juventud por parte de la dirigencia kirchnerista y la visibilidad pública que alcanzaron las militancias juveniles de ese espacio partidario en la década del diez, partidos de distintos colores políticos han invertido recursos para construir o mantener organizaciones de militancia juvenil en los años recientes. En consecuencia, en la política argentina contemporánea, las organizaciones juveniles son uno de los principales canales para el reclutamiento de militantes partidarios[1].
La relevancia de estudiar a las militancias juveniles y sus organizaciones en los partidos políticos no se agota en la constatación de su (atípica) revitalización durante los años diez en Argentina. Estas militancias y sus organizaciones en los partidos también tienen un interés analítico por otras razones: son los ámbitos en los que se forman y socializan las futuras dirigencias partidarias (Cross y Young, 2008; Bruter y Harrison, 2009; Weber, 2017; de Roon, 2019), y uno de los canales de reclutamiento, mantenimiento y organización de la militancia en muchos partidos políticos (Hooghe et. al., 2004; Rainsford, 2017; Grandinetti, 2019a, 2019b). Las organizaciones partidarias juveniles brindan espacios de sociabilidad comunes para sus miembros en base a criterios etarios, así como incentivos específicos derivados de sus estructuras internas y del tipo de lazos que se establecen allí entre pares generacionales (Panebianco, 1988; Grandinetti, 2015; Weber, 2017). Además, en muchos casos, son el ámbito en el que suelen iniciarse carreras políticas, y adquirirse saberes y destrezas de la profesión política (Hooghe et. al., 2004; Bargel, 2011; Vázquez, Rocca Rivarola y Cozachcow, 2018). Si los partidos son esenciales para el funcionamiento de las democracias representativas, las condiciones en las que se involucran las generaciones más jóvenes y los modos en los que los partidos se proponen reclutarlas, organizarlas y movilizarlas reviste un interés no solo teórico y empírico, sino también práctico.
En el caso del PRO, un partido que no hereda una estructura organizacional previa, la construcción de su militancia juvenil ocurre en paralelo a la construcción del partido mismo y a su llegada al Estado local en 2007 (Vommaro, Morresi y Belloti, 2015). Se trata, entonces, de entender mediante qué recursos, desde qué ámbitos de sociabilidad, mediante qué canales de reclutamiento y bajo qué formas de politización y movilización, se construye una militancia juvenil organizada en un partido nuevo. En el caso de la UCR, en cambio, el partido cuenta con militantes juveniles desde sus orígenes, y ya en la década del treinta del siglo pasado comienzan a delinearse agrupaciones de jóvenes que confluirán en la JR, la rama juvenil oficial del partido (Giménez, 2011). Así, este centenario partido llega al escenario post-crisis de 2001 con una organización juvenil que, aún con una trayectoria despareja producto de las interrupciones al orden constitucional y las cismas partidarias, cuenta con una larga historia (Benítez, 2010; Giménez, 2011; Fernández, 2017). Se trata, en este caso, de comprender cómo, aún en un período adverso, fuera del gobierno local y nacional por al menos dos décadas, la UCR porteña produce y reproduce una militancia juvenil en su interior.
En definitiva, ¿cómo este atributo y recurso de las organizaciones partidarias en estudio –la militancia juvenil- es producido y reproducido, en función de las configuraciones socio-organizacionales de cada partido? ¿Qué tipos de formatos de militancia, es decir, de formas de practicar y concebir el activismo juvenil se construyen en cada caso? Para responder estas preguntas analizaremos densamente los repertorios de acción, los marcos interpretativos y los procesos de politización y movilización de estas militancias juveniles en los años recientes atendiendo a su conexión con las configuraciones socio-organizacionales que les dan forma. En tanto realizamos un estudio de dos casos en perspectiva comparada, no pretendemos elaborar tipologías ni explicaciones generales (Stake, 1999; 2005). En cambio, nos orientamos a la comprensión de la especificidad de las prácticas de militancia juvenil en cada partido, estudiando a estos como configuraciones complejas en contextos sociopolíticos específicos y no como ejemplares de tipos o modelos de partido definidos teóricamente. Aún así, buscamos, mediante este estudio de casos abordados en profundidad y desde un enfoque interpretativo, orientar hipótesis generalizables acerca de las militancias en otros partidos con trayectorias o atributos similares (Yin, 2002).
En resumen, partiendo de la pregunta más amplia acerca de cómo los partidos políticos producen y reproducen a sus militancias, un recurso clave para su construcción y supervivencia como organizaciones, en este libro nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Cómo sobrevive la militancia juvenil en un partido tradicional como la UCR porteña en las décadas posteriores a una crisis que lo deja electoralmente debilitado y fuera del gobierno local? ¿Cómo se construye la militancia juvenil en un partido nuevo como el PRO, nacido en torno a la figura de un outsider, que desarrolla una trayectoria electoral ascendente y llega rápidamente al gobierno local? ¿Cómo influyen las configuraciones socio-organizacionales de cada partido (instituciones formales e informales de sus organizaciones, medios sociales, cultura política e inserciones estatales) en la construcción y mantenimiento de sus formatos de militancia? ¿Cómo se politizan y movilizan estos jóvenes que ingresan a militar a la UCR y al PRO?
Selección de los casos y relevancia del estudio comparado
Hemos seleccionado nuestros casos siguiendo el criterio de los “casos más diferentes” (Gerring, 2008; Seawright y Gerring, 2008) en relación a sus configuraciones socio-organizacionales, dimensión en la que basamos nuestra comparación. Como mostramos en la tabla I.1, se trata de organizaciones partidarias que difieren de manera casi polar en todos los aspectos que consideramos relevantes para el estudio del fenómeno. En primer lugar, difieren respecto a sus atributos organizacionales, es decir a las características de las instituciones formales e informales de la organización partidaria (Helmke y Levitsky, 2004). Dentro de ellas: el grado de vitalidad interna de la organización, la presencia y tipo de organización territorial, las características de los liderazgos y las elites partidarias, y la institucionalización de la organización juvenil en el partido. En segundo lugar, difieren respecto a su cultura política, esto es, los símbolos, valores, tradiciones, sentidos y creencias compartidas en la organización, en torno a los cuales se estructuran las identidades partidarias de sus miembros. En tercer lugar, se diferencian en sus medios sociales, es decir, para los fines de nuestro estudio, los ámbitos de sociabilidad y reclutamiento de su militancia, sus vínculos más o menos institucionalizados con grupos y organizaciones en las que sus miembros se socializan políticamente, y adquieren repertorios y marcos interpretativos que ponen en juego en la militancia partidaria. En cuarto lugar, difieren respecto a sus inserciones estatales, o sea, el grado y extensión de la inserción de la militancia de cada partido en las estructuras de la administración pública de los distintos poderes e instituciones del Estado.
Tabla I.1. Configuraciones socio-organizacionales de los partidos y sus militancias juveniles en la CABA
UCR | PRO | |
Orígenes del partido y trayectoria electoral reciente. | Partido tradicional. Nacido a finales del S.XIX. Trayectoria electoral descendente desde mediados de los 90. Colapso post-crisis de 2001. | Partido nuevo. Nacido en el escenario post-2001. Trayectoria electoral ascendente. |
Atributos organizacionales | ||
Vitalidad interna de la organización partidaria. | Competencia intrapartidaria multi-nivel. Selección de autoridades internas mediante el voto de afiliados, a través de convenciones partidarias de delegados. | Sin canales formales de participación para las bases o afiliados. Autoridades elegidas por M. Macri y una “mesa chica” de dirigentes de confianza. |
Organización territorial local. | Posee una estructura informal de comités barriales relativamente estable con bases militantes activas. La organización formal tiene una estructura territorial ascendente (del nivel subdistrital al nacional). | Posee algunos locales aislados, de funcionamiento intermitente y, en su mayoría, ligados personalmente a referentes de algunos barrios de la CABA. |
Características de los liderazgos y las elites partidarias. | Ausencia de un liderazgo nacional; orígenes políticos homogéneos, predominio de políticos profesionales con cursus honorum en el partido iniciado en la Juventud Radical o Franja Morada. Predominio de trayectorias profesionales en el ámbito público (Prats, 2016). | Centralidad del liderazgo nacional de Macri; orígenes políticos heterogéneos, presencia de no profesionales con primera experiencia política en el partido. Relevancia de los cuadros con trayectorias profesionales en el mundo privado (Vommaro y Morresi, 2015). |
Institucionalización de la juventud partidaria. | Altamente institucionalizada. Cargos propios en la conducción partidaria; autonomía en la selección de sus autoridades (delegados por voto de afiliados de hasta 30 años). | Débilmente institucionalizada. Autoridades elegidas “a dedo”, con agrupaciones ligadas a dirigentes mayores. |
Cultura política | ||
Características de la cultura política partidaria. | Estable, altamente rutinizada. Tradición e identidad política sedimentada. Peso simbólico de la historia del partido. Relevancia de la transmisión intergeneracional familiar de la identidad partidaria. | Fluida, poco rutinizada. Rechazo a las tradiciones políticas preexistentes, reivindicación de una “nueva política”. Centralidad del anti-kirchnerismo en la movilización de sus miembros. Comunicación política altamente profesionalizada. |
Medio social | ||
Canales de reclutamiento y ámbitos de sociabilidad de militantes juveniles. | Predominan los ámbitos “tradicionales” y partidarios formales: universidad pública (a través de agrupaciones del partido), familia radical, comités partidarios de barrio. Enraizamientos sociales institucionalizados. | Predominan los ámbitos extrapartidarios: voluntariados católicos y ONG, universidad privada católica. Enraizamientos no institucionalizados e informales, asociados a redes personales de dirigentes y militantes. |
Inserción estatal | ||
Grado y tipo de inserción de sus militantes juveniles en el ámbito público (CABA). | Débil y periférica. Inserción en organismos descentralizados, de control y extra-poder. En menor medida, en el poder legislativo. Enraizamiento en la UBA, que funciona como “refugio” institucional en la post-crisis. | Fuerte y extendida. Inserción predominante en el poder ejecutivo local, en las comunas y el legislativo. Administración pública como ámbito de sociabilidad militante. |
Fuente: elaboración propia.
Al mismo tiempo que nuestros casos difieren significativamente en los aspectos señalados en la tabla I.1, se trata de partidos que comparten algunas similitudes que permiten “aislar” el efecto de sus configuraciones socio-organizacionales en la construcción y mantenimiento de distintos formatos de militancia juvenil. Por un lado, ambos son partidos que han tenido a la Ciudad de Buenos Aires como un bastión electoral desde sus orígenes. Es decir, se trata de partidos con trayectorias electorales divergentes (el PRO emerge cuando la UCR colapsa) pero con anclajes fuertes en el distrito. Ambos son partidos relevantes en la historia política local, y aún debilitada, la UCR ha tenido un peso electoral significativo entre 2013 y 2019. Ambos partidos, por su parte, han estado en la oposición a nivel nacional durante el kirchnerismo, y confluyeron, a partir de 2015, en una alianza electoral y coalición parlamentaria nacional de centroderecha (Cambiemos), liderada por el PRO. Por otro lado, comparten y compiten por un electorado similar en la CABA, el de los sectores medios y medio-altos. En términos socioculturales, siguiendo a Ostiguy (1997, 2017), podría decirse que ambos partidos se posicionan en el cuadrante “alto” del campo político argentino y porteño (Vommaro y Morresi, 2015), en oposición al cuadrante “bajo” ocupado principalmente por el peronismo. Es decir que, aún con culturas partidarias muy distintas, ocupan posiciones próximas en un campo político estructurado en torno al clivaje populismo/anti-populismo. Con sus matices y variaciones internas, los une cierta apelación a las formas republicanas y a los procedimientos institucionales contra el ejercicio más informal y personalista del poder asociado a la tradición popular de la política argentina. Por otra parte, las militancias juveniles estudiadas forman parte de una misma generación de militantes que ingresó a la política durante los gobiernos kirchneristas, entre 2003 y 2015, en partidos del espacio de la centroderecha.
Legados históricos, configuraciones socio-organizacionales y recursos del PRO y la UCR
Las configuraciones socio-organizacionales de estos partidos son el legado de sus orígenes y trayectorias históricas. La UCR es el partido más antiguo del sistema de partidos argentino y porteño. Nace en la última década del siglo XIX y llega al gobierno nacional por primera vez en 1916 (Alonso, 2000; Rock, 2001; Persello, 2004; Horowitz, 2008). Su organización formal actual es heredera de la organización constituida en la primera Carta Orgánica de 1892 (Lichtmajer, 2011), que establecía una Convención Nacional integrada por delegados provinciales, y un Comité Central, así como comités provinciales, distritales y locales. Se trata de una estructura de partido de masas organizado federalmente desde el nivel local al nacional. Si bien su estructura no es idéntica a la de hace más de un siglo, muchos de los atributos formales de la organización no difieren significativamente de los que tenía en sus orígenes y los que tuvo a lo largo de su historia durante el siglo XX. Una de sus principales instituciones informales en la Ciudad de Buenos Aires, los comités barriales, surgieron hacia 1908 y la literatura muestra su centralidad durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922) en la conformación de una maquinaria electoral basada en el patronazgo en la Capital Federal y otros distritos urbanos, así como en la sociabilidad partidaria y en el anclaje local del partido (Rock, 1972; Horowitz, 2007; Lichtmajer, 2011). Así, si bien, como veremos en este libro, algunas de estas instituciones se han transformado, ciertos atributos organizacionales distintivos de la UCR están estrechamente ligados a la estructura de la organización entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Los vínculos del partido con los sectores medios se remontan también a sus primeras décadas de historia (Adamovsky, 2009; Lupu y Stokes, 2009). La literatura muestra que este partido, fundado por una fracción disidente de la elite dominante, se consolida en sus primeras décadas de historia a partir de la movilización y el patronazgo de los sectores populares (hasta la irrupción del peronismo) y medios urbanos (Rock, 1972). Así, históricamente, ha sido un partido votado principalmente por las clases medias urbanas (Obradovich, 2016), que ha establecido vínculos perdurables con instituciones como la Universidad de Buenos Aires (UBA) y su movimiento estudiantil desde comienzos del siglo XX (Chiroleu, 2000; Horowitz, 2008; Beltrán, 2013). Se trata, por ello, de un partido con una cultura política sedimentada a lo largo de más de cien años, con una identidad partidaria arraigada, con linajes familiares y apellidos ilustres que han integrado el partido por largas décadas.
Si bien se consolidó como partido a comienzos del siglo XX al calor del acceso a los recursos estatales, también ha sobrevivido a largos períodos fuera del poder, producto de golpes de Estado, una etapa de abstencionismo electoral en los treinta, y largos períodos de gobiernos de facto sin competencia electoral. A su vez, la irrupción del peronismo en la escena política, a mediados de la década del cuarenta, le trajo dificultades al radicalismo para lograr ganar elecciones competitivas (sin el peronismo proscripto) hasta 1983. La antigüedad y la trayectoria histórica del partido, entonces, supone una estructura organizacional formal e informal rutinizada a lo largo de largos años, una cultura e identidad política sedimentada, enraizamientos de larga data en instituciones como la UBA, un núcleo electoral de sectores medios cultivado desde comienzos del siglo XX, así como cierta resiliencia ante la adversidad electoral.
Estos atributos, que en parte dan cuenta de la histórica fortaleza organizacional de la UCR, permiten explicar también su decadencia a partir de los años noventa y su colapso luego de 2001. Así como se trata de una organización internamente fuerte y enraizada en la política y la sociedad argentina, es también una organización rígida que ha mostrado dificultades para adaptarse a cambios socio-estructurales recientes, especialmente entre su núcleo electoral, los sectores medios urbanos. Las transformaciones en las condiciones de vida y las expectativas culturales de estos sectores desde los noventa, horadaron el peso electoral del radicalismo porteño, que no supo adaptarse eficazmente a las transformaciones de un electorado más volátil y desfidelizado (Obradovich, 2016). En la CABA, la emergencia de terceras fuerzas competitivas, especialmente del FREPASO, orientado a los sectores medios, con una organización informal y flexible, y liderazgos mediáticos, contribuyó al declive de la UCR desde mediados de los noventa (Novaro y Palermo, 1998; Torre, 2003; Abal Medina, 2009). La tormentosa salida del poder de Alfonsín en 1989, la dificultad del partido para diferenciarse del gobierno de Menem luego de haber impulsado reformas de mercado y privatizaciones en la campaña presidencial de ese año, y el “Pacto de Olivos” entre Alfonsín y Menem, en 1993, para reformar la Constitución y habilitar la reelección del presidente, contribuyeron a diluir la “marca” radical ante el electorado (Lupu, 2016). Aún así, la UCR ganó las elecciones para la jefatura de gobierno de la CABA en 1996 y las elecciones presidenciales de 1999, liderando una alianza con el FREPASO (Ollier, 2001). Dadas estas condiciones previas, fue la mala performance del gobierno de Fernando De la Rúa la que llevó al partido a su colapso luego de 2001. La UCR, como vimos, conserva sus atributos socio-organizacionales como partido tradicional, ha logrado sobrevivir al colapso y mejorar su performance electoral en los años recientes, pero se encuentra desde hace dos décadas fuera del gobierno local y nacional.
La configuración socio-organizacional del PRO también puede comprenderse en relación a sus orígenes y trayectoria en la Argentina de la post-crisis de 2001 (Vommaro y Morresi, 2014, 2015; Vommaro, 2017a, 2019). El desprestigio de la política y de los políticos -que alcanzó su punto culmine durante la crisis- abrió oportunidades para el ingreso a la política de un outsider capaz de presentarse como ajeno al mundo de los políticos profesionales y sus prácticas (Mattina, 2015). El colapso del sistema de partidos de la CABA, con una UCR extremadamente debilitada, el FREPASO extinto y el Partido Justicialista (PJ) históricamente con poco peso y sin liderazgo local, presentaron, a su vez, oportunidades para la creación de un nuevo partido que, en una primera instancia, funcionó como el vehículo electoral de Mauricio Macri en su ambición de llegar a la jefatura de gobierno. Así, CpC, germen del PRO, se encontró con un electorado vacante, especialmente de sectores medios y medio-altos, “huérfanos de partido” (Torre, 2003) y sin una oferta electoral capaz de cautivar su voto. La crisis del radicalismo y la ausencia de candidatos viables en el peronismo del distrito, le permitieron a Macri reclutar dirigentes locales de estos partidos para su nuevo emprendimiento. La promesa electoral que suponía la candidatura de Macri y sus buenos resultados en 2003, atrajeron también políticos de otros partidos de derecha (Arriondo, 2015; Morresi, 2015; Vommaro, 2019). Su lejanía respecto a la política profesional y su trayectoria en el mundo empresarial, le permitieron reclutar dirigentes por fuera de la política, especialmente ejecutivos y empresarios (Vommaro, 2015, 2017a; Canelo y Castellani, 2017; Gené, 2018). El PRO/CpC, a su vez, se formó a partir de dos think tanks (“Fundación Creer y Creer” y “Grupo Sophia”), lo que le proveyó de cuadros técnicos que se integraron al partido (Vommaro y Morresi, 2015; Etch, 2020). En este sentido, las oportunidades abiertas por el desprestigio de la política partidaria tradicional, la vacancia en la oferta electoral producida por un sistema de partidos colapsado, un electorado desvinculado de los partidos tradicionales, dirigentes partidarios con incentivos para migrar de sus partidos de origen, la capacidad de reclutar cuadros gerenciales del mundo privado y estructuras de expertise técnica heredadas de los think tanks en los que se incubó el partido hasta 2003, le dieron forma a las configuraciones socio-organizacionales de este nuevo partido.
Si bien el PRO dejó de ser un mero vehículo electoral de Macri, su estructura permanece débilmente institucionalizada, informal y flexible. La rápida llegada al gobierno local en 2007 supuso un influjo de recursos estatales que le permitieron al partido construir una “marca” en torno a su gestión en la principal ciudad de Argentina, reclutar y retribuir a militantes y dirigentes con puestos en la administración pública, así como crear y fortalecer agrupaciones internas desde el seno del Estado. El escenario de creciente movilización y polarización política que se gestó en Argentina desde 2008, con el “conflicto del campo” como principal hito (Aronskind y Vommaro, 2010), le permitieron al PRO, a su dirigencia y militancia, cultivar una identidad fuertemente asociada a su oposición al kirchnerismo. Así, ante la ausencia de una cultura política sedimentada, sin presentarse como heredero, renovador o continuador de ninguna tradición partidaria previa, el PRO se posicionó, desde el gobierno porteño, como opositor del kirchnerismo a nivel nacional.
Los recursos que estos partidos han sido capaces de acumular y movilizar para su construcción o supervivencia están vinculados, a su vez, a sus configuraciones socio-organizacionales. Estas, como mostramos, están estrechamente ligadas a la antigüedad de la organización, al contexto en el que se origina y a su trayectoria histórica. En este sentido, los recursos de la configuración socio-organizacional del PRO, un partido con una breve historia que no es heredero de una organización partidaria previa, se encuentran asociados a su trayectoria electoral ascendente y a su temprana llegada al gobierno local. Su élite ha desarrollado, en muchos casos, carreras previas fuera del partido o del campo político, y se ha visto atraída por el PRO en virtud de las oportunidades abiertas por el éxito electoral. Esto le ha permitido al PRO conformar, especialmente en la CABA, una organización informal basada, además de su inserción estatal, en recursos acumulados por dirigentes con trayectorias previas en otros partidos (PJ, UCR y partidos de derecha como Recrear) y en el mundo empresarial y de las ONG. El medio social del PRO, del que obtiene recursos, está vinculado a ámbitos informalmente articulados al partido. En términos culturales, se vale de recursos simbólicos provenientes de una movilización opositora anti-kirchnerista y del rechazo de la “vieja política”. Se trata, siguiendo a Cyr (2017), de recursos de bajo costo, susceptibles de ser acumulados en períodos relativamente cortos de tiempo, eficientes para la construcción partidaria, pero sensibles a lo coyuntural y a los resultados electorales. Los recursos con los que cuenta el radicalismo son, en cambio, de más alto costo (Cyr, 2017). Se trata de recursos de difícil adquisición puesto que requieren de rutinización y esfuerzos sostenidos en el tiempo: una organización formal e informal con estructuras territoriales, una identidad partidaria arraigada y una cultura política sedimentada, un medio social gestado a partir de enraizamientos de larga data en instituciones y grupos sociales, y élites y militantes que deben sus carreras a un cursus honorum dentro del partido. Son recursos menos volátiles y menos atados a la coyuntura, aunque también menos flexibles a contextos cambiantes (Levitsky, 2003).
¿Cómo se producen y reproducen las militancias juveniles en el PRO y la UCR?
La militancia juvenil es en sí misma un recurso organizacional de los partidos. En este libro mostraremos que el modo en que cada partido la produce y reproduce bajo diferentes formatos depende de sus configuraciones socio-organizacionales y de los recursos asociados a ellas. Los recursos de un partido pueden servir a distintos propósitos (ganar elecciones, formar elencos de gobierno, expandirse territorialmente, lograr gobernabilidad, etc.). En nuestro estudio nos enfocamos en los recursos asociados a las configuraciones socio-organizacionales de cada partido en tanto sirven a la producción y reproducción de sus militancias juveniles. Sostendremos que las distintas formas de practicar y concebir la militancia juvenil en el PRO y el radicalismo están moldeadas por las instituciones formales e informales de las organizaciones partidarias, sus culturas políticas, sus medios sociales y sus inserciones estatales. Para responder nuestra pregunta acerca de cómo se construye la militancia juvenil de PRO y como sobrevive la militancia juvenil de la UCR desde la post-crisis hasta 2019, nos fijamos en los recursos organizacionales, materiales, sociales y simbólicos de cada partido y su organización juvenil. Los recursos disponibles en cada partido moldearán los formatos de militancia que, a lo largo de los capítulos del libro, analizaremos en su especificidad y en profundidad.
Tabla I.2. Recursos movilizados para la producción y reproducción de las militancias juveniles en cada partido
PRO | UCR | |
Recursos organizacionales |
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Recursos materiales |
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Recursos sociales |
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Recursos simbólicos |
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|
Fuente: elaboración propia.
Recapitulando, el argumento del libro es que el PRO y el radicalismo producen y reproducen sus militancias juveniles a partir de los recursos provenientes de sus configuraciones socio-organizacionales. Estas configuraciones están asociadas a los orígenes y las trayectorias de cada partido: un partido tradicional nacido a finales del siglo XIX con una estructura de partido de masas, sobreviviente, aunque debilitado, de su colapso en 2001; y un partido nuevo nacido por fuera de la política tradicional como resultado de las oportunidades abiertas en la CABA post-2001 a un outsider durante una crisis de representación, que llega rápidamente al gobierno local. Siendo sus configuraciones y sus recursos tan disímiles, las formas de militancia juvenil en estos partidos también lo son.
Figura I.1. Resumen del problema de investigación

Fuente: elaboración propia.
Supervivencia de la militancia juvenil radical: identidad partidaria, vitalidad interna y refugio en la universidad
Los recursos simbólicos cumplen un papel central en la supervivencia de la militancia juvenil del radicalismo, un partido que no muestra un gran atractivo desde el punto de vista electoral para sus recién llegados. Como mostraremos en el segundo capítulo, las y los militantes radicales suelen tener una relación temprana con la política y con el partido, a través de sus familias. En muchos casos, antes de ingresar formalmente a la organización juvenil, se identifican con el radicalismo y están vinculados a su cultura política. Frecuentemente, la historia del partido se conjuga con la historia familiar, con abuelos que formaron parte del partido o padres que comenzaron a militar en el radicalismo con la vuelta de la democracia. Los hitos del contexto sociopolítico que marcan sus inicios como militantes, según sus propias narrativas, están fuertemente asociados a aniversarios y acontecimientos de la vida partidaria. Se trata, por ello, de una politización menos sensible a la coyuntura, que se sostiene sobre un vínculo familiar y afectivo con el partido y su cultura. En el tercer capítulo mostramos, a su vez, que el modo en el que conciben su rol como jóvenes dentro del partido y construyen sentidos sobre la militancia juvenil también se vincula a la significatividad que le dan a la cultura partidaria, sus valores y tradiciones. Al momento de construir sentidos sobre la juventud, esta militancia produce principios de legitimación basados en la defensa del legado histórico y los valores del partido, así como en la tarea de aggiornarlos a los nuevos tiempos. Asimismo, la transmisión de la identidad partidaria y de su cultura no ocurre únicamente en las familias radicales. El partido brinda, a su vez, ámbitos de sociabilidad en los que la cultura partidaria y sus tradiciones se reproducen intergeneracionalmente y entre pares. Así, el partido, a través de sus comités barriales, como mostraremos en el cuarto capítulo, mantiene viva su cultura en ámbitos de sociabilidad donde se conforman lazos y grupos de militancia. En la convivencia en estos ámbitos, así como mediante distintas actividades de formación, el radicalismo emprende esfuerzos organizacionales para la socialización política de sus nuevos militantes. Para quienes no provienen de familias radicales, generalmente reclutados en las agrupaciones universitarias del partido, los comités barriales son el espacio donde adquieren marcos interpretativos y repertorios de acción asociados a la cultura política radical. En este sentido, un primer elemento central para comprender la supervivencia de la militancia juvenil radical son los recursos simbólicos de su cultura e identidad partidaria, transmitidos intergeneracionalmente en las familias de muchos militantes y en ámbitos de sociabilidad partidaria como los comités barriales. Estos recursos brindan incentivos identitarios y comunitarios para la participación en el radicalismo.
Sin embargo, no alcanza con los recursos simbólicos. El partido cuenta con importantes recursos organizacionales que brindan incentivos para involucrarse activamente en la vida interna del partido, es decir, para invertir tiempo y esfuerzo en participar de sus instituciones formales e informales. El partido cuenta con una vitalidad interna sostenida, principalmente, como mostramos en el cuarto capítulo, por una estructura de comités barriales en torno a los cuales se organiza la competencia intrapartidaria mediante elecciones de afiliados o la negociación de listas de unidad. La existencia de un cursus honorum institucionalizado, que supone el inicio de las carreras en las organizaciones juveniles o estudiantiles del partido y la participación en los comités barriales, desde los cuales se disputan puestos en las listas para cargos internos, brinda incentivos de status para involucrarse activamente en la vida interna del partido. Así, la militancia juvenil radical no solo se identifica afectivamente con el partido y su cultura, y encuentra espacios de sociabilidad donde establecer lazos dentro del partido, sino que se encuentra incentivada por la vitalidad interna de la organización a invertir en la competencia intrapartidaria, participar de sus comités, integrar listas y hacer carrera interna como un requisito para llevar adelante una carrera política desde la UCR. Esta vitalidad de la organización implica que sus militantes, en tanto miembros activos, están especialmente interesados en reproducir sus instituciones formales e informales, invirtiendo en el juego interno del partido en vistas a desarrollar sus propias carreras.
Por otra parte, como veremos en el quinto capítulo, la inserción histórica del radicalismo en la UBA, a través de organizaciones estudiantiles integradas formalmente al partido y articuladas a su vida interna, brinda otro canal mediante el cual la UCR porteña recluta y socializa a sus militantes juveniles. En consecuencia, un tercer elemento central para la supervivencia de la militancia juvenil radical de la CABA es su inserción en la principal universidad pública argentina. No solo como recurso organizacional y social -como ámbito de reclutamiento y sociabilidad de sus militantes juveniles- sino en tanto brinda recursos materiales que, en un partido fuera del gobierno, permiten retribuir, a través de puestos de trabajo y manejo de dinero, a sus militantes y dirigentes. Como mostraremos en el quinto y sexto capítulo, la UBA funcionó como un “refugio” institucional para un partido en crisis después de 2001. Fue desde la vida político-asociativa de la universidad que se produjo una renovación de la dirigencia partidaria local, así como la recomposición de una organización debilitada luego del colapso.
En síntesis, la militancia juvenil del radicalismo se sostiene en tres pilares: una cultura e identidad partidaria sedimentada y arraigada que se transmite intergeneracionalmente y con la cual sus militantes suelen establecer un vínculo afectivo familiar temprano; una vitalidad interna que brinda incentivos selectivos para invertir en la reproducción de la organización y sus instituciones formales e informales, con ámbitos de sociabilidad en los que, además, esa identidad y cultura partidaria se mantienen vivas; y el acceso privilegiado a una institución como la UBA que le permitió, en tiempos de adversidad electoral, hacerse de recursos materiales y de un ámbito de inserción laboral y político para sus militantes y dirigentes, desde el cual se recompuso una organización horadada por el colapso post-2001.
En este sentido, el partido produce y reproduce militantes creyentes (Panebianco, 1988) y organizadores (Han, 2014), es decir, involucrados culturalmente con el partido y orientados al sostenimiento de la vida interna de la organización, que participan activamente de ámbitos de sociabilidad intrapartidarios como los comités barriales y se insertan en la vida política de distintas facultades de la UBA. A su vez, ante el escaso peso electoral del partido, encuentran refugio en la UBA y en organismos periféricos de la estructura estatal, como veremos en el sexto capítulo. Su politización y movilización en el período se encuentra menos ligada a la oposición al kirchnerismo, y más fuertemente asociada a otros acontecimientos de la historia reciente del radicalismo. El tipo de recursos de la configuración socio-organizacional de la UCR permite mantener una militancia juvenil aún cuando el partido no brinda grandes oportunidades electorales o de carrera política. Finalmente, el alto grado de institucionalización formal e informal del partido, la sedimentación de su cultura política, la rutinización de sus repertorios y el peso de la sociabilidad intrapartidaria hacen a esta militancia poco abierta a la innovación y la adaptación de su formato de militancia.
Construcción de la militancia juvenil del PRO: gestión, anti-kirchnerismo y sociabilidad católica
La construcción de la militancia juvenil en el PRO, en cambio, se basa en otros elementos. En primer lugar, como mostraremos a lo largo del libro y en el sexto capítulo, la llegada al gobierno local en pleno proceso de formación partidaria fue un aspecto crucial para la construcción de esta militancia juvenil. Por un lado, el patronazgo ocupa un lugar relevante en la construcción de esta militancia, siendo que se trata de una organización relativamente pequeña, en cuanto a la cantidad de militantes, a cargo de una estructura extensa y poco regulada de empleo público. Por otro lado, el Estado sirve de sustituto ante la ausencia de una organización partidaria fuerte y de ámbitos de sociabilidad intrapartidarios. En este sentido, la inserción en el Estado local le permite al PRO y su organización juvenil reclutar y colocar militantes dentro de la planta de empleados de la administración pública. Para ello, especialmente en los primeros años del partido en el gobierno, se valieron de la formación de agrupaciones juveniles desde dentro de las dependencias estatales. Estas agrupaciones, que tienen como referentes políticos a funcionarios, facilitan el reclutamiento de jóvenes militantes en tanto brindan incentivos materiales, de status y comunitarios, es decir, en tanto brindan la posibilidad de hacer una carrera laboral y política ascendente bajo el ala de un dirigente y funcionario gubernamental, así como también producen solidaridades internas derivadas de la articulación entre el espacio de trabajo y el grupo militante. Asimismo, la temprana llegada al gobierno le proporcionó a estos militantes de un partido nuevo sin una cultura política sedimentada, repertorios y marcos interpretativos centrados en la gestión y un ethos del hacer (Vommaro, 2015).
A diferencia de la juventud del radicalismo, cuya politización es menos sensible a la coyuntura, la movilización e ingreso a la militancia de la juventud del PRO está fuertemente asociada a su oposición al kirchnerismo, como veremos en el segundo capítulo. Así, el anti-kirchnerismo es uno de los principales recursos simbólicos de esta militancia. Ante la ausencia de una identidad partidaria consolidada, configuran una identidad centrada en su rechazo al gobierno nacional, en un contexto de alta movilización y polarización política que cataliza su involucramiento en el PRO durante el período 2003-2015[2]. En un registro más amplio, como veremos en el tercer capítulo, la militancia del PRO construye una presentación de sí y se legitima como juventud apelando a la idea de una “nueva política”, asociada a la renovación del personal político, el rechazo de las identidades ideológicas como resabios obsoletos del pasado y la afirmación del pragmatismo en la gestión.
En tercer lugar, el PRO no posee ámbitos de sociabilidad intrapartidaria como el radicalismo. Los repertorios y marcos interpretativos de su militancia, por otra parte, se encuentran poco rutinizados y tienden a ser sumamente fluidos. Por ello, JPRO es una organización más permeable a los bagajes socioculturales de sus militantes. En este sentido, los ámbitos de sociabilidad extrapartidarios del mundo católico, en los que muchos militantes porteños de JPRO se socializan y son reclutados, ocupan un lugar central en la configuración de sus prácticas militantes en el partido. En este sentido, en el cuarto capítulo mostraremos que el partido recupera las experiencias de sus militantes en voluntariados católicos de instituciones de sectores medio-altos y altos, y los pone al servicio del reclutamiento, la socialización política y la militancia territorial de su juventud partidaria. Asimismo, los vínculos informales pero perdurables de militantes y dirigentes del PRO con el mundo asociativo de la Universidad Católica Argentina (UCA), le proporcionan a la organización juvenil un canal de reclutamiento de jóvenes militantes, al mismo tiempo que les permite a algunos de ellos capitalizar dentro del partido sus trayectorias como representantes estudiantiles en los centros estudiantiles de esta universidad privada, como mostraremos en el quinto capítulo.
Recapitulando, la militancia juvenil del PRO se construye sobre tres pilares: su acceso al Estado local, que brinda recursos materiales, pero también simbólicos y sociales en un partido sin una cultura política sedimentada y que no posee ámbitos de sociabilidad partidarios relevantes; la politización y movilización anti-kirchnerista, que en las narrativas de las y los militantes, ocupa un lugar central en su ingreso a la militancia y marca los inicios de sus trayectorias en un contexto sociopolítico de alta polarización; y los ámbitos de sociabilidad extrapartidarios, especialmente del mundo católico, como los voluntariados solidarios y los centros de estudiantes de la UCA, que le proporcionan al partido repertorios, marcos interpretativos y nuevos militantes.
En consecuencia, el partido produce y reproduce militantes para los que la gestión local ocupa un lugar central, como aglutinadora de sus prácticas partidarias, como ámbito de sociabilidad militante, como lugar para la construcción de grupos internos de militancia juvenil y como espacio de inserción laboral. El PRO incentiva un tipo de militancia más flexible y orientada a la movilización de campaña que a la vida interna del partido. La gestión local es, en este contexto, el espacio más estable de encuentro y acción para esta militancia juvenil. Así, la vida interna del partido, con una organización informal y débil, ocupa un lugar secundario. No se trata de una militancia orientada a sostener la organización ni que invierta grandes esfuerzos en su reproducción. La ausencia de una cultura política estable y de instituciones formales, le brinda a esta juventud una mayor flexibilidad para incorporar repertorios de ámbitos de sociabilidad extrapartidarios de sus mundos sociales de pertenencia (Vommaro, 2015, 2017b) y por lo tanto, para configurar los medios sociales de su organización juvenil. Por fuera de la gestión local son pocos los ámbitos de sociabilidad partidarios. Las campañas electorales son, en este sentido, los momentos de mayor intensidad militante y ocupan una gran relevancia en los quehaceres de la juventud del PRO. Sin embargo, su capacidad de incidencia en las actividades proselitistas que desarrolla el partido es mínima y su rol es auxiliar, como mostraremos en el cuarto capítulo.
Así, los recursos a partir de los cuales el PRO produce y reproduce a su militancia se encuentran fuertemente asociados a su éxito electoral y su presencia en el gobierno local, a los mundos sociales de pertenencia de sus militantes y las organizaciones asociadas a ellos, vinculadas informalmente con el partido en muchos casos, y a factores coyunturales ligados a una politización anti-kirchnerista en un período de alta polarización. Se trata de recursos que le han permitido una eficaz y rápida construcción partidaria, pero que posiblemente sean más volátiles en contextos electorales desfavorables.
La JR y JPRO: breves itinerarios de las juventudes partidarias en estudio
Si bien la Juventud Radical no existirá como tal hasta mediados de la década del treinta del siglo XX, la dimensión generacional estuvo presente en los orígenes mismos de lo que, años después, sería la UCR. En 1889, dos años antes de la fundación de la UCR, un grupo de jóvenes opositores al gobierno de Juárez Celman, crearía la Unión Cívica de la Juventud, antecedente de la Unión Cívica, de la que se desprendería la UCR, luego de la ruptura entre Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem en 1891 (Beltrán, 2013; Giménez, 2013a).
Sin embargo, la Juventud Radical comenzó a conformarse como sector partidario luego del golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930. Previamente, existían en el radicalismo distintos grupos juveniles, conformados generalmente por militantes que participaban, al mismo tiempo, del movimiento estudiantil reformista. Ya en 1918, Yrigoyen había apoyado los movimientos reformistas iniciados en Córdoba (Chiroleu, 2000; Horowitz, 2008), recibiendo a los dirigentes estudiantiles de la recién creada Federación Universitaria Argentina (FUA) y nombrando a su ministro de educación, José Salinas, como interventor de la Universidad Nacional de Córdoba (Beltrán, 2013). Las reformas en dicha universidad, la creación de la Universidad Nacional del Litoral y la nacionalización de la Universidad de Tucumán de acuerdo con los principios reformistas, darían lugar a los primeros vínculos entre el yrigoyenismo y el reformismo, que se consolidarían luego del golpe (Giménez, 2013b). Si bien el movimiento reformista fue en sus orígenes apartidario y heterogéneo en las afiliaciones políticas de sus integrantes, algunos jóvenes militantes radicales formaron parte de sus filas, como Arturo Illia o Gabriel del Mazo, mientras otros se incorporaron a la UCR luego del golpe de José Félix Uriburu, como Arturo Frondizi o Moisés Lebensohn.
La relación tensa del movimiento estudiantil con el segundo presidente radical, Marcelo T. De Alvear, luego llevar a cabo una contrarreforma en 1923, contribuyó a estrechar los vínculos del reformismo con el ala yrigoyenista del partido. Luego del golpe, y ante un gobierno autoritario que avanzaba contra las reformas iniciadas una década antes, muchos dirigentes estudiantiles reformistas se acercaron a los partidos políticos, principalmente a la UCR y al Partido Socialista (PS). En el radicalismo, un partido en crisis pero con una sólida organización nacional y un fuerte enraizamiento en los sectores medios urbanos, encontraron un espacio desde el cual hacer política y defender el ideario reformista (Giménez, 2013b).
Es contra el liderazgo de Alvear que comienzan a articularse los grupos que conformarían las primeras juventudes del radicalismo en los treinta. A solo dos meses del golpe, algunos de estos grupos convocan a una “Asamblea de la Juventud”, presidida por Ernesto Laclau. Los sectores juveniles del radicalismo, aún cuando carecían de organicidad y de homogeneidad, se articularon en un primer momento contra la dirigencia partidaria por su quietud ante el golpe. Cuando el alvearismo, al mando del partido, decide terminar el período de abstencionismo en 1935, muchos de estos grupos alzaron también su voz.
En 1938 se celebró el primer Congreso Nacional de la Juventud Radical en la ciudad de Córdoba, con representantes de las doce provincias y de la Capital Federal. Estos congresos nacionales se repetirían anualmente, junto con otros provinciales y municipales, dándole una mayor institucionalidad a la JR, aún cuando no era todavía reconocida oficialmente en el partido (Giménez, 2012). Las agrupaciones juveniles nacidas en los años treinta, como el grupo bonaerense liderado por Moisés Lebensohn, la Juventud Radical de Izquierda por la que haría su paso Arturo Frondizi o la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), se caracterizaron por introducir demandas programáticas en un partido que consideraban dominado por la maquinaria antes que por las ideas. Hacia mediados de los cuarenta, algunos de estos grupos, como FORJA, se irían al peronismo, mientras otros confluirían en el Movimiento de Intransigencia y Renovación (Giménez, 2011).
Si bien la JR se constituye como rama juvenil del partido durante el primer peronismo, luego de la sisma partidaria de 1957 se dispersará y dejará de tener un funcionamiento orgánico (Fernández, 2017). Será recién luego del golpe a Arturo Illia, en 1966, que las juventudes del radicalismo buscarán reorganizarse a nivel nacional, lo que se plasmará en la conformación de la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical (JCN) en 1968, espacio que protagonizará la interna radical de los años setenta en alianza con el sector de Raúl Alfonsín y contra el liderazgo de Ricardo Balbín (Altamirano, 1987; Benítez, 2010; Rius, 2015; Fernández, 2017).
Los sectores liderados por Alfonsín y la JCN confluirán en el Movimiento de Renovación y Cambio en 1972. Algunos de los elementos ideológicos innovadores del alfonsinismo, como la articulación entre democracia formal y justicia social (Fernández, 2010), así como muchos de los funcionarios que integraron su gobierno, provinieron de la JCN (Leuco y Díaz, 1987). Es también desde la JCN que la agrupación Franja Morada se constituye en el brazo universitario del radicalismo en 1971 (Beltrán, 2013). En 1973, la JCN conforma junto a otras juventudes partidarias el espacio Juventudes Políticas Argentinas, que abandona luego del pase a la clandestinidad de la agrupación peronista Montoneros en 1974. Aunque replegada por la represión, la JR sigue funcionando durante la dictadura cívico-militar iniciada en 1976, emite diversos comunicados y boletines, y a partir de finales de los setenta comienza a organizar reuniones y seminarios (Fernández, 2010).
En 1982 se disuelve la JCN y la JR es oficialmente reconocida como la organización juvenil del partido, con sus representantes en los órganos de conducción de la UCR (Beltrán, 2013; Fernández, 2017). Aún con la JCN disuelta, sus principales dirigentes protagonizarán la interna radical y la política nacional de los años ochenta y noventa. Para la juventud radical porteña, estas décadas estarán signadas por la hegemonía de la Franja Morada en la UBA. Mientras otras agrupaciones estudiantiles sufrieron una feroz persecución y dejaron de existir o llegaron sumamente debilitadas a la transición democrática, el radicalismo universitario había mantenido su agrupación y la conducción de la FUA, que no dejó de funcionar durante la dictadura. Así, impulsado por el triunfo de Alfonsín en 1983, el radicalismo de la UBA logró dominar los centros de estudiantes y los claustros estudiantiles de gran parte de las facultades, con un cierto desgaste hacia finales de los ochenta que dio lugar a algunas derrotas en manos de la agrupación de centroderecha UPAU (Talento, 1988; Arriondo, 2011; Beltrán, 2013).
El radicalismo mostraría algunos signos de debilitamiento electoral a mediados de los noventa (Lupu, 2016; Obradovich, 2016; Prats, 2016). Sin embargo, ganaría las primeras elecciones por la jefatura de gobierno de la CABA en 1996, y tres años después llegaría a la presidencia en alianza con el FREPASO. La crisis desatada a finales de 2001 llevará al colapso al partido y su juventud, que se replegará en la universidad. Desde allí se conformará, en 2003, una agrupación interna denominada Cantera Popular, que logrará hacerse, años después, de la conducción de la JR a nivel nacional, y de la UCR porteña y su juventud. Hacia 2019, este sector -nacido entre las filas de la organización radical de la Facultad de Ciencias Económicas, rebautizada Nuevo Espacio luego de 2001, y apadrinado por viejos dirigentes como Enrique Nosiglia- conforma la línea mayoritaria del radicalismo porteño y de su organización juvenil. El espacio minoritario de la JR se nuclea en torno a la agrupación Franja Morada de la Facultad de Derecho, así como a redes informales de comités barriales no alineados con el oficialismo partidario.
En un partido que ha contenido y contiene diversas tendencias ideológicas, desde el conservadurismo hasta la centroizquierda, la militancia de la JR de la CABA tiende a percibirse y presentarse como “socialdemócrata”, en sintonía con la tradición fundada por Raúl Alfonsín. Entre 1977 y 2016, la JR integró la International Union of Socialist Youth (IUSY), una unión internacional de juventudes partidarias socialdemócratas, integrada por las organizaciones juveniles del Partido Socialista Obrero Español, del Partido Socialista francés, del Partido Democrático italiano, del Partido Laborista inglés, del SPD alemán, así como del Partido Socialista argentino, entre otros. Sin embargo, su membresía fue suspendida en febrero de 2016 por la alianza nacional de la UCR con el PRO y su participación en una coalición de centroderecha[3].
Jóvenes PRO (JPRO), la organización juvenil del PRO, surge hacia 2005 en el ámbito de la CABA como una iniciativa del entonces legislador porteño Marcos Peña, reorganizando algunos grupos juveniles que habían nacido para apoyar a Mauricio Macri en su candidatura a jefe de gobierno en 2003 (llamados Identidad y Jóvenes M) dentro de CpC, el antecedente partidario del PRO.
La expansión y visibilización de las organizaciones juveniles kirchneristas, con el hito de la emergencia de la agrupación juvenil La Cámpora en 2010, dieron el puntapié inicial para un período de revitalización de la militancia partidaria juvenil en Argentina que tuvo su efecto también sobre el PRO, cuya organización juvenil se expandió y fortaleció por esos años. Así, comenzaron a proliferar dentro del partido nuevas agrupaciones juveniles creadas por dirigentes partidarios como una estrategia de visibilización y legitimación interna, a tono con la revalorización de la participación juvenil en el conjunto del campo político. Dentro de estas agrupaciones internas se han destacado, a partir de 2010: el grupo “fundador” de JPRO referenciado en Marcos Peña; Generación Argentina Política (luego conocida como La Generación) vinculada en sus orígenes a Esteban Bullrich y a Juan Maquieyra; La 24, ligada a María Eugenia Vidal y Federico Salvai; La Macacha, de Victoria Morales Gorleri; Juventud Proyección Federal (o Juventud Santillista), de Diego Santilli; Pensar el Camino, nacida en el think tank partidario, la Fundación Pensar, y referenciada con el dirigente juvenil Pedro Robledo, entre otras agrupaciones referenciadas con dirigentes como Federico Pinedo (Grupo Consensuar), Daniel Chaín (La Corriente), por nombrar sólo algunas de las que han integrado el comité ejecutivo de JPRO[4].
En consecuencia, la rama juvenil del partido se vio excedida por una serie de grupos de militancia que, en principio, no estaban contenidos en JPRO, que funcionaba hasta ese entonces, al mismo tiempo, como la rama juvenil del partido y como un espacio interno vinculado a Marcos Peña. La multiplicación de agrupaciones juveniles ligadas a los distintos dirigentes partidarios, que expresaban la heterogeneidad interna del PRO, obligaron hacia 2010 a integrar a sus referentes dentro del comité ejecutivo de JPRO, de modo de no perder el monopolio de la representación juvenil dentro del partido y reducir la fragmentación existente. Desde aquel año, JPRO pasó a coordinar y aglutinar diversos espacios juveniles (aunque no todos los existentes), integrando a sus referentes como vocales, secretarios y subsecretarios de la organización.
Hasta 2013, cuando se conforma en una asamblea el comité ejecutivo de JPRO-Nacional con representantes de las distintas provincias del país, la organización juvenil del partido se encontraba fuertemente anclada en la CABA, si bien ya contaba con filiales en otros distritos y una presidenta nacional desde 2010. Es en la CABA, gobernada por el partido desde 2007, donde JPRO tiene su principal estructura de militantes. A partir de la candidatura presidencial de Mauricio Macri, lanzada tempranamente en 2013, JPRO inició su expansión nacional, creando agrupaciones en las provincias en las que aún no tenía presencia, tarea que contó con el apoyo y la experiencia de las y los dirigentes juveniles porteños.
Si bien las y los militantes de JPRO –en sintonía con el resto del partido- no suelen presentarse públicamente como parte de la centroderecha, concibiendo a la “ideología” como un sesgo limitante, JPRO integra desde 2013 la International Young Democrat Union (IYDU)[5], “una alianza global de organizaciones juveniles de centroderecha unidas por el deseo común de mayor libertad y menos Estado”, según señala su sitio web oficial[6]. Se trata de la red juvenil de la International Democrat Union (IDU), una unión de partidos de centroderecha fundada en 1983 por Margaret Tatcher, George Bush, Jacques Chirac y Helmut Kohl. Asimismo, JPRO tiene vínculos fluidos con ONGs ligadas a partidos de centroderecha alemanes como la Fundación Konrad-Adenauer (cercana a la CDU de Angela Markel), la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad (del partido liberal-conservador FDP) y la Fundación Hanns Seidel (de orientación socialcristiana), de cuyos seminarios y becas para jóvenes políticos participan algunos de sus dirigentes juveniles.
A pesar de que la UCR y el PRO conforman una alianza electoral a nivel nacional desde 2015, han sido escasos y efímeros los espacios de encuentro y coordinación entre sus militancias juveniles. En 2016 se presentó la Mesa Nacional de Juventudes de Cambiemos, que no llegó a funcionar más allá de la ocasión de su presentación pública en un acto partidario conjunto. A nivel distrital de la CABA, en cambio, la coalición entre el PRO y la UCR (junto a la CC-ARI y otras fuerzas pequeñas) no llegó a conformarse hasta 2019, por lo que estas militancias aliadas a nivel nacional compitieron a nivel local, sin espacios de encuentro ni campañas compartidas en la CABA hasta ese entonces.
Diseño metodológico y trabajo de campo
Hemos adoptado una estrategia de investigación cualitativa que combina diversas técnicas de recolección de datos: observaciones de campo, entrevistas en profundidad semi-estructuradas, relevamiento de páginas de redes sociales, documentos y publicaciones partidarias, así como fuentes secundarias.
Entre mayo de 2013 y octubre de 2015, realizamos observaciones de campo en actividades partidarias del PRO y su organización juvenil: actos de campaña, eventos de la juventud partidaria, charlas, foros de debate, asambleas de JPRO, actividades callejeras de campaña, mesas del PRO en las facultades de Ciencias Económicas y de Derecho de la UBA, etc. Durante la campaña electoral legislativa de 2013 en la CABA, realizamos observaciones en actos partidarios como la presentación de las y los candidatos a diputados y senadores nacionales por la CABA organizada por la juventud partidaria en un club del barrio de Saavedra, la presentación de un libro escrito por dirigentes del partido en la Feria del Libro de Buenos Aires, el acto de lanzamiento de la campaña en el club Ferro, las actividades proselitistas callejeras en la comuna 6, algunas charlas con dirigentes y “sueltas de globos” realizadas en espacios públicos como el Parque Las Heras, entre otros. Fuera de las campañas, realizamos observaciones en la Asamblea Nacional de JPRO de 2013, en charlas orientadas a la juventud partidaria organizadas por la Fundación Pensar (think tank partidario) o por agrupaciones internas de JPRO, en varios encuentros de debate de la organización juvenil, en un foro de juventudes partidarias realizado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA al que fue invitada la juventud del PRO, por enumerar algunas de las más relevantes. En octubre de 2015 cerramos esta primera etapa de trabajo de campo con una observación del acto de lanzamiento de las precandidaturas presidenciales de la alianza Cambiemos, realizado en el micro-estadio del club Ferro. Asimismo, en el marco de las entrevistas, realizamos observaciones de algunos de los ámbitos en los que estos militantes desarrollan sus actividades de militancia y/o trabajo: oficinas de ministerios, despachos de legisladores, sedes comunales, facultades de la UBA, la sede central del PRO, entre otros.
Entre junio de 2017 y diciembre de 2018, realizamos observaciones en actividades partidarias de la UCR y su organización juvenil: actos de campaña, capacitaciones para militantes, charlas y actividades en comités, actividades de las agrupaciones radicales en la UBA, actos y paneles de un congreso partidario, entre otras. Durante la campaña legislativa de 2017 en la CABA asistimos a distintas actividades internas y proselitistas del partido y su juventud. Así, por ejemplo, participamos de una charla de capacitación sobre campañas en redes sociales en el comité central de la UCR-Capital, del lanzamiento de la campaña de Martín Lousteau en un teatro del centro porteño, de la grabación de un spot de campaña con militantes en la Plaza las Heras, de actividades callejeras de campaña en la comuna 6, entre otras. Fuera de la campaña, observamos la participación de la JR en las marchas Ni Una Menos y por la legalización del aborto, asistimos a una actividad en el Comité Central de la UCR-Capital organizado por la JR en el marco de la discusión por la legalización del aborto en 2018, visitamos los comités Strassera de Palermo, Karacachoff de San Telmo, Jaroslavsky de Constitución, El Cantón de Villa del Parque, y Casa Radical Santiago Pampillón de Villa Crespo. Asimismo, asistimos a la Facultad de Derecho y a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA para observar el trabajo en las mesas de Franja Morada y Nuevo Espacio, respectivamente, y conversar con sus militantes. En diciembre de 2018 concluimos estas observaciones de campo participando del Congreso de la UCR de la CABA, realizado en el Comité Central de la UCR porteña. Asistimos a los actos de apertura y cierre, y al panel “Los jóvenes y la ciudad”, del que participaron dirigentes juveniles de la JR y Franja Morada. Sobre todas las observaciones tomamos notas, escribimos o grabamos memos luego de asistir y, en algunos casos, grabamos el audio, y tomamos fotos y videos de lo observado[7].
Por otra parte, realizamos 41 entrevistas en profundidad semi-estructuradas a militantes de las organizaciones juveniles de ambos partidos[8]. Entrevistamos a 20 militantes de JPRO de la CABA. La mayor parte de estas entrevistas fueron realizadas entre 2013 y 2015, con una primera entrevista en 2012 y una última en 2019. Entre 2017 y 2018, realizamos 21 entrevistas a militantes de la JR de la CABA. Para la selección de la muestra de entrevistadas y entrevistados seguimos dos criterios: por un lado, buscamos entrevistar a militantes activamente involucrados en la vida del partido y su organización juvenil que no solo pudieran contarnos sobre sus propias trayectorias o visiones, sino que sirvieran como informantes clave acerca de la organización juvenil y el partido; por otro lado, procuramos entrevistar a militantes que participaran de los diversos espacios internos de cada partido.
Así, al iniciar nuestro trabajo de campo en 2013, pudimos acceder al listado de los 24 integrantes del Comité Ejecutivo de JPRO de la CABA. El listado satisfacía ambos criterios: por un lado, nos brindaba una suerte de muestra “nativa” de militantes de JPRO altamente involucrados en la organización juvenil y, por el otro -como resultado del modo en el que se distribuyen los cargos dentro del Comité Ejecutivo- pertenecientes a las distintas agrupaciones y líneas internas que componen JPRO. Partiendo de ese listado original, se utilizó la técnica de “bola de nieve” para acceder a militantes que no estaban comprendidos en el listado original, pero revestían interés para nuestra investigación: militantes juveniles que habían sido elegidos como miembros de las juntas comunales de la CABA y referentes de las organizaciones estudiantiles del PRO en la UBA. Por ello, partiendo de ese listado inicial, se fue construyendo durante el trabajo de campo una muestra que incluyó a militantes de distintos espacios internos y con participación en diversos ámbitos significativos para comprender las prácticas militantes y las formas de sociabilidad en JPRO de la CABA. Aplicamos los mismos criterios para la selección de entrevistados y entrevistadas de la JR. Comenzamos entrevistando a un ex dirigente de la JR que nos facilitó los primeros contactos con los miembros de la Mesa Ejecutiva de la JR de la CABA. Los primeros entrevistados y entrevistadas de la Mesa Ejecutiva nos facilitaron nuevos contactos con otros miembros, así como con secretarias y secretarios comunales de juventud, referentes de las agrupaciones universitarias en la UBA (Franja Morada y Nuevo Espacio), representantes de la JR en el Comité de la CABA, entre otros.
Las entrevistas fueron desgrabadas y codificadas en varias etapas. Se elaboró un primer manual de códigos a partir de categorías analíticas generales, en función de los objetivos de la investigación (Saldaña, 2012). En una primera etapa, los pasajes de las entrevistas fueron codificados en una base de datos, utilizando múltiples códigos por cada extracto de entrevista. Sobre esa primera codificación, se recodificaron los extractos de entrevistas con nuevas categorías resultantes del primer análisis del material. El método aplicado para realizar el procesamiento permitió obtener outputs de fragmentos de entrevistas aplicando distintos filtros de códigos y grupos de códigos, atendiendo a las preguntas y temas de cada capítulo del libro. Sobre esos outputs temáticos se realizó una tercera rueda de codificación, en la que se exploraron las categorías emergentes (Charmaz, 2006).
En tercer lugar, nos hemos servido del relevamiento y seguimiento continuo de las páginas de Facebook del PRO y la UCR; de las agrupaciones internas que componen JPRO (La Generación, La Macacha, Juventud Proyección Federal, La Corriente, Pensar el Camino, La 24, Jóvenes Desarrollistas, entre otras); de las agrupaciones internas y los distintos comités de la UCR de la CABA; de JPRO y JR a nivel nacional y subnacional; de las organizaciones del PRO y el radicalismo en las distintas facultades de la UBA, como así también de algunos dirigentes partidarios y juveniles. El seguimiento de las redes sociales nos ha permitido estar al tanto de la agenda de actividades de las distintas agrupaciones juveniles del PRO y el radicalismo, de modo de poder asistir a algunas de ellas o acceder a fotos, videos y flyers de otras a las que no asistimos. Hemos procesado los materiales relevados en estas páginas escribiendo memos analíticos sobre sus contenidos textuales, imágenes y videos.
También hemos relevado y leído algunas publicaciones internas del PRO y JPRO, como la revista de la militancia juvenil “Estamos!” (dos números publicados entre 2012 y 2013), la revista interna del PRO llamada “Positiva” (cinco números publicados en 2010) y otros documentos internos del partido. Hemos accedido también a documentos del radicalismo y su juventud (cartas orgánicas de la UCR y la JR, padrón de afiliados de la CABA, comunicados de Cantera Popular, Franja Morada y JR, volantes e invitaciones a actividades realizadas por comités barriales, boletas electorales internas, base de datos de los comités en la CABA, etc.). Finalmente, nos hemos valido de fuentes secundarias como artículos periodísticos, otras investigaciones académicas y resultados electorales (tomados de la Dirección Nacional Electoral y el Tribunal Superior de Justicia de la CABA). Asimismo, la participación, entre 2013 y 2020, en diversos proyectos de investigación colectivos sobre partidos y élites políticas en la CABA[9] ha servido para contextualizar el análisis de las militancias juveniles del PRO y la UCR, si bien no utilizamos los datos allí obtenidos en este libro.
Un campo de estudios emergente: la literatura sobre militancias partidarias juveniles en Argentina (1983-2019)
A pesar de que el retorno de la democracia a fines de 1983 suele ser considerado como el inicio de un período de revitalización de la participación política en general y de la militancia juvenil en particular, son pocos los estudios académicos de los ochenta que hayan investigado las militancias partidarias juveniles del período. Braslavsky (1986), en una investigación fundante de los estudios sobre juventudes en Argentina, indaga en las formas de participación política juvenil durante los primeros años del retorno democrático, destacando la relevancia de la participación en los partidos políticos, los sindicatos, los centros de estudiantes y las movilizaciones. Enmarcado en los estudios sobre la transición democrática, Altamirano (1987) estudia el discurso de la Junta Coordinadora Nacional (JCN) de la JR y su filiación en las tradiciones del radicalismo y de la izquierda nacional-popular. Herrera (1985), fuera del campo académico, publica un libro sobre los principales dirigentes de la JCN, cuyos fundadores ocupaban, por esos años, altos cargos públicos. También desde el periodismo, Leuco y Díaz (1987) se ocupan de esta organización radical, sus orígenes y las trayectorias de sus principales dirigentes durante los años del gobierno alfonsinista. En otro trabajo de la época, Talento (1988) indaga en el crecimiento de la agrupación estudiantil de derecha UPAU, vinculada al partido liberal-conservador Unión del Centro Democrático (UCeDé), en las universidades argentinas de finales de la década. En ese mismo año, Toer (1988) reúne, en su segundo volumen sobre el movimiento estudiantil argentino, algunos testimonios de protagonistas de la transición democrática en el mundo estudiantil universitario, documentando los años de hegemonía radical y el ascenso de las agrupaciones de derecha autodenominadas “independientes”.
Sin embargo, gran parte del interés por la participación partidaria durante los años de Alfonsín se ha despertado más recientemente, en un contexto sociopolítico en el que las militancias juveniles kirchneristas alcanzaron una mayor visibilidad pública. Fernández (2010) señala este vacío en la producción académica y se ocupa de historizar el recorrido de la JCN desde sus orígenes en 1968 hasta su llegada al gobierno en 1983. En su tesis doctoral (Fernández, 2017) aborda en detalle la trayectoria de este espacio juvenil del radicalismo durante más de una década, evidenciando su aporte a la modernización de la UCR y al fortalecimiento del Movimiento de Renovación y Cambio con el que Raúl Alfonsín le disputaría a Ricardo Balbín el liderazgo partidario durante los setenta para llegar, tiempo después, a la presidencia del partido y del país. Mientras Fernández (2010, 2017) enfatiza la autonomía de la JCN y su influencia sobre el alfonsinismo, Rius (2015) se fija en la relación de Alfonsín con esta organización juvenil como un recurso para la construcción de su propio liderazgo político. Más cercano al ensayo periodístico, Muiño (2011b) presenta también una historia de la JCN desde su mirada de antiguo militante radical, al mismo tiempo que reúne valiosos testimonios de militantes y dirigentes en un segundo volumen de su obra (Muiño, 2011a). Rodríguez (2013) explora una comparación entre la JCN y la agrupación kirchnerista La Cámpora, en relación al liderazgo de Alfonsín y Cristina Kirchner. Persello (2007), por su parte, estudia la historia del radicalismo y, tangencialmente, se interesa por el papel de la juventud del radicalismo bajo el liderazgo de Alfonsín.
Ampliando el foco de interés más allá de las juventudes del alfonsinismo, Gilbert (2009) recorre casi un siglo de trayectoria de la Federación Juvenil Comunista en Argentina, ocupándose también de los años ochenta, mientras Ermosi (2015) indaga en las prácticas militantes de esta juventud partidaria en la Ciudad de Buenos Aires durante la post-dictadura. Blanco y Vommaro (2017) reconstruyen la conformación de un nuevo ethos militante en los partidos políticos y las universidades durante los primeros años ochenta, resultado de los efectos de la transición democrática sobre dos generaciones políticas que entran en tensión y dan forma a una militancia estructurada en torno al valor de la democracia. En otro trabajo, Vommaro y Cozachcow (2018) analizan las distintas formas de militancia juvenil, incluida la partidaria, en la transición democrática a partir de la literatura académica y periodística disponible. Larrondo y Cozachcow (2017), a su vez, se focalizan en una experiencia puntual del período: la conformación de un espacio interpartidario juvenil durante los primeros años de la recuperación democrática, el Movimiento Juventudes Políticas (MOJUPO), que reunió a dirigentes juveniles de los principales partidos políticos argentinos. Castro (2019a) estudia también la conformación del MOJUPO, pero en la ciudad de Mar del Plata. Vázquez y Larrondo (2017), asimismo, abordan la transición democrática a través de relatos biográficos de antiguos militantes de diversas fuerzas partidarias.
En cuanto a la militancia partidaria en las universidades desde los primeros años de la recuperación democrática[10], Bultynch (2008) estudia a la Franja Morada durante los años ochenta, mientras Beltrán (2013), desde el ensayo periodístico, documenta en detalle la historia del radicalismo universitario desde su orígenes hasta los años dos mil. También interesada en la Franja Morada, Castro (2019b) estudia la militancia radical en la Universidad Nacional de Mar del Plata durante la transición democrática y los primeros años del gobierno de Alfonsín. Arriondo (2011) traza un panorama del movimiento estudiantil universitario de los ochenta y aborda sus vínculos con la política partidaria. En otro trabajo (Arriondo, 2015), a su vez, estudia a las juventudes liberales ligadas a la UCeDé de los ochenta, especialmente la organización universitaria Unión para la Apertura Democrática (UPAU), y las trayectorias de algunos de sus dirigentes una vez disuelto el partido. Landau (2020), por su parte, estudia la trayectoria de un grupo político de la Ciudad de Santa Fe conocido como “radicales universitarios”, desde su ingreso a la militancia universitaria de los ochenta hasta su consolidación como grupo interno en la UCR local, la gestión universitaria y el municipio.
Pasada la “primavera” del retorno democrático, el final de la década de los ochenta inaugura un debate acerca de la “apatía juvenil” que marcará una de las principales líneas de indagación de la década siguiente (Balardini, 2005). En contraste con la militancia revolucionaria de los años sesenta y setenta o con la efervescencia de la transición democrática, la relación de los jóvenes con la política fue caracterizada por muchos estudios de la década de los noventa en términos de apatía o desencanto (Auyero, 1992; Kozel, 1996; Sidicaro y Tenti Fanfani, 1998; Urresti, 2000), dando cuenta de un distanciamiento de las generaciones más jóvenes respecto a las instituciones políticas, en un contexto frecuentemente analizado como de crisis de representatividad o de debilitamiento y volatilidad de las identidades políticas (Pucciarelli, 2002; Sidicaro, 2006; Cheresky, 2007). Estudios posteriores, en el escenario abierto luego de la crisis política y socioeconómica de 2001, desplazaron su mirada hacia la participación por fuera del ámbito institucional o, en algunos casos, en rechazo a la política partidaria. Así, algunas investigaciones fijaron su atención en la participación juvenil en organizaciones de Derechos Humanos (Bonaldi, 2006), en el movimiento estudiantil (Bonavena et. al., 2007; Núñez, 2008; Kropff, 2008; Picotto y Vommaro, 2010; Blanco, 2017), en los emergentes movimientos de desocupados (Vommaro y Vázquez, 2008; Vázquez, 2007, 2009; Longa, 2018b) y en el ámbito de las organizaciones no gubernamentales (Beltrán y Malagamba Otegui, 2010). Otras, en cambio, se ocuparon de estudiar la politicidad de ciertas prácticas culturales juveniles (Semán y Vila, 1999; Svampa, 2001; Chaves, 2007; Citro, 2009). Hay, en cambio, una vacancia en el estudio de las militancias juveniles dentro de partidos políticos durante década del noventa, tanto en la producción del período como en la más reciente.
En el marco de una relativa recomposición del sistema político y de recuperación de las capacidades estatales a partir de la llegada al gobierno de Néstor Kirchner en 2003, y principalmente a partir de la década siguiente, comienzan a publicarse estudios que destacan un proceso de repolitización (Natalucci, 2014b), y, más concretamente, una “vuelta” de las generaciones jóvenes a la militancia dentro de ámbitos que parecían haber sido abandonados en la década de los noventa (Borobia et. al., 2013; Kriger, 2014, 2016; Kriger y Bruno, 2013; Natanson, 2013; Vommaro y Larrondo, 2013; P. Vommaro, 2015), como los sindicatos (Wolanski, 2013, 2015; Natalucci, 2014a; Natalucci y Galimberti, 2015) y las organizaciones partidarias. Dado el objeto de este libro, son estas últimas investigaciones las que nos interesarán a continuación.
Si las postrimerías de la década del noventa y los años posteriores a la crisis de 2001 se caracterizaron por una territorialización de la militancia o una politización de lo territorial con la emergencia de movimientos de trabajadores desocupados y organizaciones “piqueteras” (Svampa y Pereyra, 2003; Delamata, 2004; Merklen, 2005), a partir de la llegada de Néstor Kirchner al gobierno muchas de estas organizaciones ingresaron al juego político partidario, participando en la implementación de políticas sociales en el territorio e integrándose dentro del espacio oficialista. Una línea de investigación se ha ocupado de estudiar este pasaje de la militancia territorial y autónoma hacia la política partidaria, aunque sin abordar específicamente la cuestión juvenil. Perelmiter (2012) estudia el ingreso de militantes de organizaciones de desocupados a la estructura asistencial del Estado durante el gobierno de Néstor Kirchner y las tensiones que despierta en ellos su doble condición de militantes y representantes estatales en el territorio. Natalucci (2012) se ocupa de las transformaciones ocurridas en el Movimiento de Desocupados Evita (luego llamado Movimiento Evita) a partir de su integración al kirchnerismo. Longa (2019), a su vez, dedica parte de su estudio sobre el Movimiento Evita a analizar su participación en la gestión pública durante el kirchnerismo, y los desafíos que supuso para la organización y su militancia la llegada al Estado. En una misma línea, Pagliarone (2012) investiga el proceso de integración al oficialismo, durante el primer gobierno kirchnerista, de la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat, una organización territorial nacida a finales de los noventa. Schuttenberg (2012) trabaja sobre la militancia de la organización Libres del Sur y sus reconfiguraciones identitarias entre 2003 y 2011. Lozano (2013), por su parte, estudia la incorporación de diversas organizaciones sociales en algunas carteras del gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Cura (2014) examina el pasaje de la militancia barrial a la gestión de programas estatales en un grupo de militantes que comienzan a participar a finales de los noventa en movimientos de trabajadores desocupados y se incorporan al kirchnerismo a comienzos de la década siguiente. Gradin (2017), a su vez, analiza la incorporación del movimiento de desocupados Barrios de Pie a la gestión del Ministerio de Desarrollo Social y los “estilos de gestión” desplegados por sus militantes en el Estado.
La emergencia de la interpelación a la “juventud” en el discurso de los dirigentes partidarios es una de las notas distintivas del período iniciado circa 2009/2010. Vázquez (2012, 2013) estudia la génesis y la consagración de la juventud como “causa militante”, es decir un término de inscripción pública de los compromisos y como una forma de despertar adhesiones y movilización en el espacio político liderado por la entonces presidenta Cristina Kirchner. Flax (2013, 2014a), a su vez, desde la perspectiva del análisis del discurso, estudia los modos en los que la juventud es enunciada en la retórica presidencial de Cristina Kirchner. Desde una perspectiva similar, Larrondo (2013) analiza los discursos públicos de Cristina Kirchner y dirigentes de su espacio político orientados a jóvenes militantes y los modos en los que presentan a las juventudes kirchneristas en sus continuidades y rupturas con la militancia peronista de los setenta.
Asimismo, la militancia juvenil ha despertado un fuerte debate en la esfera pública, fundamentalmente a partir de la expansión y visibilización de la organización kirchnerista La Cámpora luego de 2010. Interesado en esta cuestión, Cozachcow (2015a) analiza los modos en los que las y los militantes de La Cámpora son representados en tres diarios opositores al gobierno nacional durante la campaña legislativa de 2013. Rocca Rivarola (2014b) reconstruye el debate en torno a esta agrupación a partir del análisis de dos libros periodísticos (Di Marco, 2012; Russo, 2014) que presentan lecturas contrapuestas de la militancia juvenil kirchnerista. A su vez, Flax (2014b) aborda la cobertura del diario La Nación de un acto de Cristina Kirchner dirigido a la militancia juvenil y el modo en el que esta militancia es representada en el discurso periodístico.
La producción académica sobre militancias partidarias juveniles se ha concentrado, en un primer momento, en las juventudes kirchneristas. Vommaro y Vázquez (2012) estudian a la organización kirchnerista La Cámpora a partir de entrevistas a sus militantes, indagando en los sentidos que adquiere para éstos su compromiso militante, los relatos históricos en los que lo inscriben y el lugar de lo juvenil en su construcción identitaria. Garrido (2012) y Capriccioni (2014) se interesan por los usos de las redes sociales y las nuevas tecnologías entre los militantes juveniles kirchneristas. Mutuverría (2014) examina el enfoque generacional de Karl Mannheim y analiza desde allí una entrevista con un militante juvenil peronista de la ciudad de La Plata. Díaz-Parra, Roca y Romano (2016) ensayan una comparación entre los marcos interpretativos de los militantes de Podemos en España y de La Cámpora en Argentina, en un contexto al que denominan “post-político”. Flax (2016), a su vez, estudia la construcción de una “articulación hegemónica” en el discurso de esta organización juvenil.
Así como algunos estudios previamente citados han indagado en el pasaje de la militancia autónoma territorial a la política partidaria y al Estado durante los primeros años del kirchnerismo, otros trabajos han abordado diversos aspectos del vínculo entre militancia y Estado en las organizaciones juveniles del kirchnerismo. Vázquez (2014) estudia tres organizaciones militantes –no todas ellas presentadas como juveniles- surgidas en el seno de tres ministerios nacionales durante los gobiernos de Cristina Kirchner y se pregunta por los modos en los que la gestión pública y la militancia se articulan en lo que los mismos agentes llaman una “gestión militante”. Por su parte, Chaves, Galimberti y Mutuverría (2016) abordan los vínculos entre jóvenes, política y Estado a partir de las militancias de La Cámpora, el Movimiento Evita y la Juventud Sindical del Gran La Plata. Asimismo, Mutuverría (2017) examina los sentidos acerca del Estado entre militantes juveniles de La Cámpora y el Movimiento Evita de la Ciudad de La Plata. Longa (2018b) estudia, también en la juventud del Movimiento Evita, las miradas de la militancia en torno a la ocupación de cargos en la gestión estatal. Aunque sin poner el foco en lo juvenil, Rocca Rivarola (2019) se interesa también por la presencia de militantes oficialistas a las estructuras del Estado durante los gobiernos kirchneristas en Argentina y petistas en Brasil, y la incidencia de esta presencia institucional en sus prácticas y concepciones de la militancia.
A pesar de la centralidad que han adquirido las organizaciones kirchneristas en los estudios sobre militancias juveniles partidarias, se han publicado varios estudios sobre la militancia juvenil de este partido de centroderecha[11]. Vommaro, Morresi y Belloti (2015) dedican uno de los capítulos de su libro a la juventud del PRO y describen las trayectorias de algunos de sus referentes. En una ponencia, Bonazzi (2015) estudia las prácticas militantes –no exclusivamente juveniles- en el PRO de los municipios bonaerenses de Vicente López y San Martín. Núñez y Cozachcow (2016) se acercan a JPRO, las formas de presentación pública y los sentidos atribuidos a la juventud, a través del análisis de un acto de lanzamiento de campaña en la CABA. Longa (2018a), asimismo, estudia la experiencia de la organización juvenil macrista La Generación, atendiendo a las miradas de su militancia en torno a la gestión estatal. En su tesina de grado, Rosas (2019) aborda las formas de participación política de la juventud del PRO en los municipios bonaerenses de San Fernando, Vicente López y San Isidro. En artículos publicados previamente (Grandinetti, 2014, 2015a, 2015b, 2019a, 2019b), así como en la tesis de maestría (Grandinetti, 2016), hemos abordado diversos aspectos de la militancia juvenil en el PRO de la CABA que recuperaremos, en perspectiva comparada, a lo largo del libro.
Han comenzado a publicarse algunos estudios que abordan más de un caso. Una parte de ellos establece comparaciones entre casos de Argentina y de otros países. Dentro de este grupo de trabajos se destaca la producción de Rocca Rivarola (2011, 2013a, 2013b, 2015, 2019) que, si bien no estudia la cuestión juvenil, compara las bases de sustentación de los gobiernos del Frente para la Victoria (FpV) en Argentina y del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil. La autora se ocupa de los vínculos militantes, las identidades y las formas organizativas de las militancias oficialistas en un marco político que caracteriza como fluctuante y volátil. Además del ya citado trabajo de Díaz-Parra, Roca y Romano (2016), puede mencionarse el estudio de Palacios-Valladares (2016) sobre el vínculo entre movimiento estudiantil y partidos políticos en Argentina, Uruguay y Chile.
Otros trabajos estudian casos de militancia de distintos espacios partidarios dentro de Argentina y sus provincias. Cozachcow (2015b) estudia las militancias juveniles del PRO en la CABA y Rosario, y del PS en CABA, Rosario y Mar del Plata, analizando los itinerarios militantes y vínculos generacionales en cada militancia. Núñez, Cozachcow y Roizen (2015) analizan dos eventos de formación y reunión política de la JP Evita y el PS de la CABA. Vázquez y Cozachcow (2017) investigan dos militancias juveniles de partidos a cargo de gobiernos subnacionales: el PS de Santa Fe y el PRO de la CABA, mostrando, a partir de los resultados una encuesta, las formas de ingreso a la militancia y de articulación entre gestión pública y activismo. En otro trabajo del mismo grupo de investigación, Vázquez, Rocca Rivarola y Cozachcow (2018) trazan un panorama de las militancias del PRO, el PS y el Movimiento Evita, atendiendo a sus carreras militantes y sus miradas en torno a la militancia y el Estado. Rocca Rivarola y Bonazzi (2017) examinan los sentidos del compromiso militante y del trabajo en el Estado en el PRO y diversas agrupaciones kirchneristas. Con un enfoque biográfico, Berardi (2018) analiza las trayectorias de dos militantes de la Juventud Peronista (JP) y de la JR en la provincia de Jujuy. Campusano (2019), a su vez, explora las experiencias de formación política en La Cámpora, la JR y el Partido Obrero de Chaco.
En suma, hacia la segunda década de este siglo se revitalizan en Argentina los estudios sobre militancias partidarias, en especial sobre aquellas que se presentan como juveniles. Esto ocurre en un contexto sociopolítico en el que, como vimos, las juventudes militantes del kirchnerismo ganan visibilidad pública, al mismo tiempo que otras fuerzas partidarias conforman o dan impulso a sus propias organizaciones juveniles. En un primer momento, el interés académico –en sintonía con los debates públicos del período- se dirige hacia los espacios juveniles del kirchnerismo, pero luego se expande hacia otras juventudes, principalmente a la del PRO. Son aún escasas las exploraciones en torno a militancias juveniles de fuerzas partidarias que no hayan estado a cargo de gobiernos nacionales o subnacionales, así como sobre juventudes de partidos de izquierda o centroizquierda no peronistas. Asimismo, poco se ha escrito sobre el radicalismo y su militancia juvenil luego de la crisis de 2001, y no encontramos estudios que aborden, en perspectiva comparada, las militancias del PRO y la UCR, partidos que desde 2015 comparten una coalición nacional.
El enfoque predominante en los estudios recientes ha privilegiado el análisis de las trayectorias militantes y biográficas, y de las narrativas y perspectivas subjetivas, con menor interés en las organizaciones partidarias de las que estas militancias forman parte. Este libro realiza un aporte a un campo de estudios emergente y en crecimiento, por los casos que analiza y por el enfoque que propone para abordar en forma integrada la dimensión organizacional, social y cultural de estas militancias juveniles como parte de un estudio sociopolítico sobre la vida interna de los partidos.
Hoja de ruta
Las páginas que siguen se organizan del siguiente modo: en el próximo capítulo presentaremos algunas herramientas conceptuales para un abordaje, desde la sociología política, de las militancias partidarias juveniles atendiendo a sus dimensiones organizacionales, culturales y sociales, así como a los aspectos generacionales y a la cuestión juvenil que las caracteriza. En el segundo capítulo, nos ocuparemos de los procesos de politización y entrada a la militancia en esta generación de militantes que ingresa a partidos opositores durante el kirchnerismo. Examinaremos sus narrativas y las trayectorias de sus partidos en la Argentina post-2001 para comprender de qué modo y hasta qué punto el contexto socio-político del período y sus posicionamientos ante el kirchnerismo han configurado sus compromisos militantes. En el tercer capítulo, analizaremos los usos y sentidos que adquiere la juventud en el PRO y el radicalismo en tanto categoría político-moral y en tanto principio organizacional. Veremos qué significa ser joven en cada uno de estos partidos, a partir de los sentidos que asume lo juvenil como forma de legitimación, interpelación y presentación de sí, como también en las relaciones de poder y la división del trabajo político. En el cuarto capítulo, estudiaremos los repertorios de acción territorial de cada una de estas militancias. Analizaremos los repertorios de la JR en los comités barriales y su centralidad en la vida interna del partido, las prácticas de JPRO en tiempos de campaña y la incorporación dentro de la militancia de este partido de repertorios y marcos interpretativos provenientes del mundo de los voluntariados y la sociabilidad católica. En el quinto capítulo, nos detendremos en la participación de estas militancias en la vida político-asociativa de las universidades. Analizaremos la articulación entre el radicalismo de la UBA y la vida interna del partido en el escenario abierto luego de 2001, y los repertorios de acción de los jóvenes radicales en la universidad. Asimismo, buscaremos comprender las dificultades que ha tenido el PRO para participar activamente de estos ámbitos, tanto como la fluidez y fertilidad de los vínculos entre su militancia juvenil y los centros de estudiantes de la UCA. En el sexto capítulo, nos abocaremos a la relación entre estas militancias y el Estado local. Estudiaremos cómo la inserción temprana y extendida de JPRO en la administración pública de la CABA ha configurado parte de sus prácticas militantes, y ha servido como plataforma para la formación de agrupaciones y el reclutamiento y sostenimiento de militantes. Indagaremos, además, en las formas en que estas militancias con inserciones estatales dispares valoran al Estado y a los partidos, y construyen narrativas morales acerca de sus carreras en el ámbito público.
- El libro atiende al problema cualitativo de cómo los partidos estudiados producen y reproducen militancias juveniles, los recursos de sus configuraciones socio-organizacionales mediante los cuales las reclutan y sostienen, así como los formatos de militancia que moldean a partir de ellos. No nos ocupamos, en cambio, del asunto de cuántos militantes tienen, si estos son más o menos numerosos que en otros partidos u otros momentos históricos. No es el objeto de nuestro análisis, pero además no existen otros estudios que brinden estimaciones al respecto. Los partidos argentinos, por su parte, no cuentan con registros formales de sus militantes y los padrones de afiliados no son una buena aproximación para conocer el número de militantes: la militancia del peronismo excede a la organización formal del Partido Justicialista (PJ) y la afiliación al partido no es un requisito para militar allí (Levitsky, 2003; Pérez y Natalucci, 2012; Rocca Rivarola, 2014a; Longa, 2019); en el PRO, la afiliación no sólo no es un requisito para militar en el partido ni una práctica habitual, sino que incluso muchos de sus dirigentes no están afiliados al partido o están afiliados a otros (Vommaro, 2015); en la UCR, la afiliación es una práctica extendida, pero sus afiliados -como en todos los partidos- no son necesariamente militantes activos sino adherentes, que en algunos casos se afilian por tradición familiar y, en otros, para colaborar con amigos y familiares militantes brindando sus avales y votos en las elecciones internas. En la literatura que citaremos en esta introducción, y en nuestro propio trabajo, se evidencia un esfuerzo de los principales partidos argentinos, especialmente a partir de la década de 2010, por revitalizar o formar agrupaciones juveniles en su interior. Esto ha dado lugar a la aparición de nuevas organizaciones partidarias juveniles, y a su visibilización y movilización en el espacio público. ↵
- Los trabajos de LeBas (2011); Van Dyck (2014); Piñeiro, Rhodes-Purdy y Rosenblatt (2016), Levitsky, Loxton y Van Dyck (2016); y Lupu (2016), entre otros, muestran la relevancia de los contextos de polarización y conflicto sociopolítico en la producción de involucramientos y adhesiones partidarias fuertes, recursos para la construcción y supervivencia de los partidos.↵
- Página/12, 07/03/2016: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-293985-2016-03-07.html↵
- Nos ocuparemos de la génesis de muchos de estos grupos juveniles dentro de la administración pública de la CABA en el sexto capítulo.↵
- Integran también la IYDU, la organización Young Conservatives del Partido Republicano (Estados Unidos), Jeunes Populaires de la UMP liderada por Nicolas Sarkozy (Francia), Junge Union de la CDU de Angela Merkel (Alemania), Forza Italia Giovani del partido de Silvio Berlusconi (Italia), Nuevas Generaciones del Partido Popular (España) y la Juventud de la UDI (Chile), entre otras organizaciones juveniles de partidos conservadores y demócrata-cristianos.↵
- http://www.iydu.org/. Consultado por última vez el 05/10/2016.↵
- Se incluyen imágenes y fotos de ambas organizaciones en el anexo.↵
- Se incluye un listado con información sobre las personas entrevistadas en el anexo.↵
- El proyecto PICT (FONCyT) categoría I “Sos bienvenido. La construcción social del partido PRO en la ciudad de Buenos Aires. Estudio de las características de sus cuadros dirigentes, de la sociabilidad partidaria y de los espacios sociales de reclutamiento”; el proyecto PIP (CONICET) “Hacia una tipología de las élites políticas en Argentina: reclutamiento, sociabilidad y visiones del mundo. Un estudio comparativo en el distrito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2001-2011)”; y el proyecto PICT (FONCyT) “Los partidos políticos en la Argentina reciente (2007-2017): reclutamiento, mundos sociales de pertenencia y visiones de mundo de élites políticas en transformación”, todos ellos bajo la dirección del Dr. Gabriel Vommaro. ↵
- Existen, también, estudios sobre el movimiento estudiantil de los colegios secundarios en los años de la transición democrática, dentro de los que podemos mencionar a Berguier, Hecker y Schiffrin (1986); Larrondo (2015 y 2019); Núñez, Chmiel y Otero (2017); Vommaro y Cozachcow (2018). A pesar del impulso que ganan estos espacios de participación estudiantil en los ochenta, la normativa prohibía aún la presencia de organizaciones partidarias en la vida asociativa estudiantil de la escuela media. ↵
- Son escasos, en cambio, los estudios de caso sobre militancias partidarias fuera de los oficialismos nacionales o subnacionales. Puede mencionarse, como excepción, el trabajo de Nique Franz (2017) sobre la militancia en el partido Proyecto Sur. ↵







