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3 Las compañías propietarias de grandes estancias en los Territorios Nacionales del Sur

La expansión de la frontera de 1879 y las campañas militares en Patagonia que la siguieron abrieron en pocos años enormes extensiones de tierras vírgenes. Menos de diez años después de la primera expedición, la mayor parte de las nuevas tierras ya había sido enajenada por los Gobiernos provinciales o por el Gobierno nacional. En realidad, de acuerdo con los términos del crédito de 1878 destinado a sufragar los gastos de la “conquista del desierto”, buena parte de la tierra se hallaba ya comprometida como garantía suya y fue distribuida entre los tenedores de bonos en los años subsiguientes. En 1881, se interrumpieron las nuevas ventas bajo las cláusulas de la ley de 1878, pero las administraciones nacionales y provinciales continuaron con la enajenación de sus tierras como medio de equilibrar presupuestos deficitarios y de promover el desarrollo de sus territorios. Finalmente, en los umbrales de la crisis Baring, con la administración Juárez Celman en una desesperada búsqueda de fondos para sostener su cada vez más comprometida situación financiera, el Gobierno recurrió a un intento de venta en Europa de 24.000 leguas cuadradas de las tierras que aún le pertenecían en Patagonia. Con la crisis en ciernes, los resultados fueron virtualmente nulos.

Este período de grandes ventas de tierras coincide con el pico más alto de inversiones inglesas en la Argentina del siglo XIX, por lo que no resulta extraño que se formaran varias compañías de dicha nacionalidad para operar con ellas. El número total de empresas que surgieron de estas operaciones no fue muy grande; en cambio, las extensiones de tierras comprendidas fueron realmente importantes.

En los primeros dos capítulos de este trabajo, nos hemos interesado principalmente en empresas que operaban en la región más tradicional del desarrollo agrario argentino, la Pampa Húmeda. En la segunda parte del primer capítulo y la primera del capítulo dos, el análisis de casos particulares nos permitió estudiar en algún detalle las características básicas, los problemas y la evolución de estancias y compañías de colonización en esa región. Al hacerlo –y aunque es mucho lo que falta hacer en la historia agraria argentina–, hemos contado al menos con algunos trabajos muy competentes sobre el progreso de esta región en el período que estudiamos.[1] Lamentablemente, no podemos decir lo mismo respecto de los Territorios Nacionales del Sur. Hasta el momento,[2] conocemos muy pocos trabajos serios de investigación sobre la evolución económica de estas regiones, en las que la participación del capital británico fue muy significativa. Por ello, uno de los propósitos de este capítulo es mostrar algunos de los principales problemas y las características esenciales de las empresas rurales en estos territorios para posibilitar una comparación con lo que sabemos sobre las regiones centrales. Trataremos también de estudiar las ganancias que las empresas de este tipo podían lograr. En este sentido, en la medida en que nuestras fuentes nos lo permitan, trataremos de estudiar los ingresos en relación con el monto de la inversión y con la evolución de los precios de la tierra. Como veremos, una parte muy importante de las ganancias de algunas de estas empresas provienen del aumento de los precios de la tierra. Nuestro estudio sobre el progreso de las condiciones de producción tiende a indicar en qué medida la evolución de los valores hipotecarios se vinculaba con el desarrollo de la productividad. Este análisis se llevará a cabo principalmente a través del estudio de algunas de las compañías que operaban en la región, pero a través de él esperamos poder arribar a algunas conclusiones más generales.

Desarrollo temprano de La Pampa: la South American Land Company

Como podía esperarse, la incorporación al mercado de enormes extensiones de tierras vírgenes en forma tan abrupta dio lugar a un importante proceso de especulación. La Ley 1878 incluía algunas disposiciones que tenían por propósito tratar de evitarla, pero los especuladores pronto encontraron formas de burlarlas. Más aún, esto fue facilitado por otras regulaciones complementarias que modificaron la ley inicial.[3]

Las operaciones de los especuladores, entre quienes encontramos muchos con apellidos británicos e irlandeses, comenzaron con la compra, frecuentemente a valores muy depreciados, de los bonos del crédito de guerra de 1878 y, más tarde, de los certificados de premios militares por la participación en la campaña, que también eran intercambiables por tierras. Tras haber reunido una importante cantidad de bonos, los especuladores aguardaban la mensura y adjudicación de tierras y la entrega de los títulos de propiedad para luego realizar sus propiedades y obtener en el proceso cuantiosas ganancias. Pero a diferencia de lo ocurrido en la clásica frontera del Medio Oeste Norteamericano[4] o, más cercanamente, en la provincia de Santa Fe, no existió en este temprano período, en la mayor parte de las nuevas áreas, una demanda de pequeñas parcelas para la colonización agrícola –demanda que había constituido la principal fuente de ganancias de los especuladores en los casos señalados–. Las ventas, por lo tanto, debieron efectuarse en grandes extensiones, y generalmente eran adquiridas por los mismos terratenientes de las áreas de más antigua ocupación, quienes con frecuencia también las compraban con fines especulativos. Una variante de esta forma de especulación fue la formación por parte del propietario de una sociedad de consorcio, en la que en algunos casos participaba, para que adquiriera la propiedad y se encargara de administrarla, y obtuviera, por lo general, importantes beneficios en el proceso.

Formación de la South American Land Company

Este último fue el caso de la South American Land Company (en adelante SALCo.). En 1881, Eduardo Casey[5] recibió del Gobierno argentino la enorme propiedad de Trenel, en la que se basará la compañía. Entró en contacto entonces con A. Henderson, del Ferrocarril Central Argentino y CALCo., quien se hizo cargo de la promoción del proyecto en Londres. Ese mismo año se lanzaron a la Bolsa de Valores de dicha capital las acciones de SALCo. La empresa incluía entre sus inversores a algunos de los más notables estancieros anglo-argentinos, tales como W. Wilson, C. Darbyshire y D. A. Shennan, a quienes ya hemos nombrado en relación con otras empresas de tierras británicas. El Directorio era presidido por J. Fair, propietario de la estancia Espartillar. Frank Parish, miembro de una de las familias británicas con más antiguos vínculos comerciales con la Argentina (incluida su participación en el primer proyecto de colonización británico en nuestro país, en 1824) y nieto del primer representante británico en el Río de la Plata, también formaba parte del Directorio. Con estos antecedentes y el clima favorable que reinaba en la city de Londres para empresas en Argentina, la nueva compañía tuvo una acogida favorable.

La propiedad consistía en 136 leguas cuadradas en el Territorio Nacional de La Pampa, en la región nordeste, no demasiado alejada del límite con la provincia de Buenos Aires, región que R. Gaignard describe como la pampa semi-húmeda. Esta es una faja de transición entre las feraces tierras de la Pampa Húmeda y los secos campos del sur y el oeste, que forman la Pampa Seca y la Patagonia, y reciben precipitaciones anuales de entre 500 y 700 mm.[6] La intención original de la compañía era colonizar sus tierras siguiendo el modelo de la Compañía de Tierras del Central Argentino. Lamentablemente, no poseemos información sobre la actividad de la empresa en sus primeros años, pero comparando un mapa de 1884 con las tierras adjudicadas por los bonos del crédito de guerra de 1878 en la región de La Pampa[7] (las tierras de la concesión original aparecen bajo el nombre de Casey) y un plano de la propiedad publicado por el Directorio de SALCo. en 1893, veinte fueron vendidas en estos primeros años.[8] Eso explica por qué, en 1885, con un capital emitido de sólo £ 63.000 –el capital autorizado era de 10.000 acciones de £ 10 cada una, pero sólo se habían recolectado £ 6 y 6 chelines por acción– las restantes 116 leguas se hallaban valuadas, en los balances anuales a partir de 1885, al costo, en £ 68.258, lo que dejaba un saldo favorable de más de £ 37.000. Este se hallaba compuesto mayormente por pagarés de Loreto y Gainza, quienes adquirieron las tierras vendidas, y de un préstamo de la compañía a Eduardo Casey. Se habían invertido también aproximadamente £ 7000 en mejoras a la propiedad y £ 5000 habían sido depositadas en el Banco de Londres y Río de la Plata en Buenos Aires. Así, en 1885, la compañía pudo pagar un dividendo de 12 chelines por acción, y utilizó para ello £ 6000. Como puede apreciarse, la realización inmediata de parte de la propiedad permitió a SALCo. comenzar sus operaciones sobre una sólida base financiera.

Sin embargo, contrariamente a las expectativas del Directorio y debido fundamentalmente a la distancia de los puertos y a la carencia de transporte ferroviario, no existió una demanda inmediata por parte de colonos para las tierras de la compañía. Si bien es cierto que durante la década de 1880 se produjo un rápido crecimiento de las colonias agrícolas en varias regiones de la República, eso tuvo lugar sólo en áreas favorecidas por transporte rápido, eficiente y económico a los puertos de embarque. La importante expansión ferroviaria del período no alcanzó a Trenel –región en la que se hallaban las tierras de la compañía– antes de 1890. La crisis Baring hizo que se abandonaran en ese año dos proyectos para la construcción de ferrocarriles que se hubieran aproximado a las tierras de la empresa. Debido a ello, la comunicación ferroviaria de la zona se vio demorada varios años. Pero este no fue el único efecto de la crisis. El flujo migratorio decayó notoriamente en los primeros años de la década de 1890 y lo mismo ocurrió con el precio de la tierra. De esta forma, las posibilidades de una rápida recuperación de la inversión por la venta del activo de la empresa parecieron más lejanas que nunca.

Sin embargo, SALCo. logró sobrellevar bien estas dificultades iniciales. Contando con inversores y directores con tan amplia experiencia en el mundo de los negocios en Argentina, particularmente en el sector agrario, pronto tomó las decisiones necesarias para hacer frente a la nueva situación. En realidad, previendo la posibilidad de una demora en la venta de la propiedad, el Directorio había decidido destinar parte de las tierras a la formación de una estancia, y para ello empleó las ganancias obtenidas de las primeras ventas. Se esperaba que esta medida tuviera un doble efecto: por un lado, proporcionaría un ingreso seguro en tanto se aguardaban condiciones favorables para la enajenación de la propiedad; por el otro, el desarrollo de parte de los campos aumentaría el valor de la tierra circundante y contribuiría al progreso general de la región, lo que aproximaría el momento en que la llegada de nuevos colonos permitiera a la compañía llevar a cabo su plan original.

Los directores consideraron que esta forma de utilizar las ganancias de la empresa tenía por efecto estimular el arribo de nuevos pobladores al distrito y aumentar el valor de la tierra. La permanente prosperidad del país y el gran número de inmigrantes que llegaban constantemente al Río de la Plata, junto a la extensión de los ferrocarriles, condujeron a los directores a la conclusión de que las tierras “de afuera”[9] debían aumentar su valor en relativamente poco tiempo, tras lo cual se consideraría conveniente la realización del capital destinado a la adquisición de las tierras.[10]

Sin embargo, en 1891, el Directorio debió informar a los accionistas que:

Las alteraciones comerciales y financieras que aún existen en la República Argentina continúan afectando las operaciones en tierras de manera grave, retrasando las posibilidades de la compañía en el sentido de una venta de toda la propiedad o parte de ella, por lo que la idea de venderla debe ser dejada de lado por el momento.[11]

La primera etapa de la explotación y los problemas de comunicaciones

La formación de la estancia y, más adelante, el arrendamiento de parte de la propiedad permitió a la compañía mitigar el efecto negativo de la crisis, y proveyó ciertos ingresos hasta que mejoraran las condiciones para la venta de la propiedad. La idea de formar una estancia en tierras de la empresa había tomado cuerpo desde muy temprano. En el informe anual a los accionistas para el período 1885-1886 se lee que:

El Directorio ha considerado aconsejable mantener el saldo favorable en Buenos Aires en lugar de incurrir en importantes pérdidas enviándolo a Londres bajo el alto premio al oro existente; en especial debido a que está considerando la posibilidad de invertir todo o parte de este dinero en la propiedad de la compañía.[12]

En 1887, se nombra a J. D. Lyon, un inglés con experiencia previa en esta clase de trabajo, administrador general de la estancia. Este, tras una inspección de la propiedad, escoge 6 leguas cuadradas para iniciar el nuevo establecimiento.[13] Se invierten entonces £ 3140 en alambrar la porción escogida y se adquieren 3000 vacas para cría, a un costo de £ 2228. Se realizan también inversiones menores en caballos, pozos, norias y otros implementos. Así, para 1888, la estancia ya estaba en funcionamiento.[14] SALCo. aún disponía de un cierto efectivo que iba ingresando a medida que se saldaban las deudas pendientes de Casey, Loreto y Gainza, que también fue destinado a mejoras en la propiedad y a la adquisición de ganado. La formación de la estancia requirió una importante inversión. Con anterioridad a 1885, había insumido casi £ 7000 –mayormente para la mensura de la propiedad–. Para 1888 se habían destinado £ 17.135 a construcciones, alambrados, pozos, etcétera, y ganado bovino, equino y ovino. En 1889, la inversión total alcanzaba las £ 20.235 y £ 28.102 en 1891. Parecería que ese año el desarrollo de la propiedad había alcanzado los requerimientos esenciales para su funcionamiento y, a partir de entonces, el proceso de fijación de capital a la tierra se hizo más lento.[15]

Aunque las tierras escogidas para la estancia estaban entre las mejores que poseía la empresa, sus posibilidades de pastura eran notoriamente inferiores a las de las buenas tierras en la provincia de Buenos Aires. Lyon estimaba que tolerarían una carga de unas 1000 cabezas de vacuno por legua cuadrada, pero recomendaba una explotación combinada que permitiría agregar un considerable número de ovinos a esta cifra. El ganado mayor fue introducido primero con el propósito de “hacer disminuir la altura de los pastos para las ovejas”. Los lanares, según Lyon, tenían buenas perspectivas en la región, que contaba con suficientes pastos tiernos durante todo el año, aunque en esta área los animales requerían una mayor superficie por cabeza que en las tierras “de adentro”. Para alambrar la propiedad se utilizó alambre galvanizado importado y postes de caldén obtenidos de los montes que había en las tierras de la empresa. Estos últimos también fueron utilizados para la construcción del corral para el ganado. 1888 fue un año de sequías en el área, por lo que debió realizarse una importante inversión en pozos y así se logró evitar pérdidas muy cuantiosas.

Un problema de mayor gravedad para la empresa fue, como ya hemos señalado, la falta de transporte ferroviario. En su informe de 1888, el administrador de la estancia menciona la posibilidad de que se aproximen líneas ferroviarias a ella, particularmente una línea que uniría Mercedes (San Luis) con Bahía Blanca y que debía cruzar la propiedad en sentido norte-sur. Pero en ese momento el único medio de transporte existente desde Trenel a Buenos Aires era un camino de 116 millas construido por la compañía hasta Laboulaye y de allí el Ferrocarril Pacífico hasta la Capital.

Esto significaba una limitación considerable para la compañía. En 1889, por ejemplo, un año de abundantes lluvias, los caminos se volvieron intransitables y dejaron a la estancia aislada de sus mercados. En 1890, se habilitó una extensión del Ferrocarril Oeste de Buenos Aires a Trenque Lauquen. La distancia de esta estación a Trenel es similar a la de Laboulaye, pero ofrecía al menos una ruta alternativa a Buenos Aires a través de un camino que era considerado muy superior al otro. Al mismo tiempo, se inició, en 1890, la prospección para la línea de Mercedes a Bahía Blanca; incluso comenzaron a prepararse los terraplenes, pero el inicio de la crisis trajo un estancamiento del desarrollo ferroviario de esta región.[16] Las comunicaciones desde Trenel se vieron entonces reducidas a una diligencia a Trenque Lauquen, que la empresa debía subsidiar para que siguiera circulando.

Cuando los efectos más severos de la crisis dejaron de sentirse, las compañías ferroviarias comenzaron a considerar la posibilidad de continuar el avance de sus líneas hacia los nuevos territorios. Esto produjo numerosas especulaciones y discusiones sobre el trazado de los nuevos ramales, en la medida en que los terratenientes hacían uso de todas sus influencias para tratar de asegurarse el trazado que les resultara más ventajoso. En 1895, por ejemplo, una extensión del Ferrocarril Oeste a Victorica, que debía atravesar las tierras de SALCo., fue abandonada en favor de una línea a Toay que sería designada nueva capital de La Pampa.

El administrador de la empresa informa que:

La mayoría de los terratenientes del distrito, incluyendo esta compañía, han hecho fuertes presentaciones ante el gobierno en Buenos Aires cuestionando la decisión de sacrificar una ruta más sencilla a través de tierras superiores con el sólo propósito de acortar el camino.[17]

Un año más tarde, sin embargo, debía informar que:

Es de lamentar que nuestras protestas por el cambio de Victorica a Toay no hayan sido escuchadas, ya que si el cruce con el ferrocarril de Bahía Blanca y el Noroeste fuese en el 36°, tal como se había planeado, nuestro porvenir estaría asegurado… los actuales conflictos con Chile pueden alterar las concesiones anteriores, y no debe perderse oportunidad para lograr una extensión que se aproxime a Trenel lo máximo posible.[18]

En su discurso a la asamblea anual de accionistas, el presidente de la empresa adoptó un camino alternativo:

El Directorio estaría dispuesto a hacer un generoso obsequio en tierras a los constructores ferroviarios y a ayudarlos en la medida de su capacidad, si se hallasen dispuestos a hacer llegar el ferrocarril a Trenel.[19]

Estos esfuerzos, sin embargo, no tuvieron mayor éxito, lo que se debió probablemente a que las relaciones con empresas ferroviarias que tenía el directorio de SALCo. no eran con las líneas que servían a la región en la que se hallaba la propiedad, y sus influencias en las esferas de Gobierno no eran suficientes para asegurar su apoyo.

Con el resurgimiento económico que marcó el fin del siglo XIX y la apertura del XX, las ferrovías volvieron a crecer con rapidez y varios ramales se aproximaron a Trenel. El Ferrocarril de Bahía Blanca y el Noroeste fue finalmente completado, pero sólo atravesó la propiedad en su vértice noreste, a considerable distancia de la estancia. En 1889, el ferrocarril del Pacífico construyó una extensión a Italó, al norte de las tierras de la compañía, y el del Oeste se extendió a Villegas, en Buenos Aires, al oeste de la propiedad. Posteriormente, se construyó una extensión desde Trenque Lauquen, que se adentraba en el territorio de La Pampa, cruzando la línea del ferrocarril de Bahía Blanca y el noroeste en General Pico, muy cerca del límite noreste de las tierras de la compañía. Finalmente, negociaciones directas entre los directores de SALCo. y el Ferrocarril del Oeste de Buenos Aires llevaron a un acuerdo para la construcción de una extensión a Trenel, pero esto tuvo lugar sólo en 1904, año en que se vendió la propiedad.

Sin embargo, las dificultades del transporte no detuvieron el desarrollo de la estancia. En 1899, se sumaron tres leguas a la zona cercada; tres más fueron añadidas en 1890 y finalmente otras cuatro en 1891, lo que le dio a la estancia una superficie total de 16 leguas cuadradas, que sería su dimensión definitiva. Esta área se hallaba dividida en cuatro fracciones cercadas, que constituían potreros sin duda demasiado extensos para el manejo satisfactorio del ganado, por lo que se tuvieron que erigir nuevas alambradas para subdividir la tierra en fracciones más adecuadas. En esta temprana etapa, se aseguró también la provisión de agua para la estancia. La temporada lluviosa de 1889 formó lagunas en las zonas bajas, y el administrador expresó la esperanza de que se constituyeran en aguadas permanentes. No ocurrió así, y esto produjo nuevas dificultades para dar de beber al ganado en el cálido y seco verano siguiente. Se debió, entonces, perforar nuevos pozos en los potreros nuevos que carecían de aguadas y en algunos casos profundizar los existentes para encontrar agua. También fue necesaria la construcción de norias y abrevaderos, lo que ocasionó importantes gastos para la empresa. Esto contrasta con lo que ocurría habitualmente en la provincia de Buenos Aires donde, cuando se carecía de aguadas permanentes, el problema se solucionaba con la perforación de pozos superficiales. En Trenel, la solución final para el problema del agua sólo se logró mediante la perforación de pozos entubados profundos y la erección de molinos de viento, pero el costo de asegurar una provisión permanente de agua para el ganado fue siempre muy superior al de los campos de la zona de más antiguo poblamiento.

En cambio, una característica favorable de los campos pampeanos era la existencia de montes, principalmente de caldén, que proveían refugio para el ganado del abrasador sol veraniego, leña y postes muy durables.[20] Estos montes eran una continua fuente de preocupación para la administración de la estancia, que debía evitar los robos y los incendios. Estos últimos, en realidad, no sólo constituían una amenaza para los montes, sino también para alambrados y pasturas. Todos los años, en primavera, se quemaba una ancha faja de pastos alrededor del alambrado exterior de la estancia para evitar que los incendios penetraran en ella, pese a lo cual en más de una ocasión fueron arruinadas, por incendios estivales, varias leguas de pasturas dentro de la zona alambrada. Cuando esto se producía, si el otoño era húmedo y templado, el pasto volvía a crecer antes del invierno y el efecto no era tan devastador; pero si el otoño era seco o se adelantaban las heladas, las pasturas no se recuperaban a tiempo y podía producirse una aguda falta de alimento en el período invernal.

No sólo los incendios afectaban el crecimiento de los pastos en la región. Esta se veía sometida con frecuencia a sequías y, tras ellas, las variedades más duras de pastos solían prevalecer sobre los más tiernos. En 1894 y 1895 una plaga, descripta por Lyon como un gusanito blanco que luego se transforma en escarabajo, y que Charles Darbyshire, en una asamblea de accionistas, llamó “isoca”, dejó yermas varias leguas de pasturas. La adecuada provisión de pastos fue una constante fuente de preocupaciones para la administración de la estancia.

Cría de vacunos y problemas de mercados

Las dificultades señaladas se reflejan en la evolución del stock bovino en la estancia, como puede apreciarse en la tabla que insertamos a continuación.

Cuadro XIX. Evolución del ganado bovino en la estancia Trenel entre 1887 y 1904
Año

Terneros marcados

Toros comprados

Bovinos vendidos

Bovinos muertos

Bovinos faenados

Bovinos faltantes

Recuento total

1887 s.i. 67 s.i. s.i. s.i. s.i. 3.067
1888 2.346 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 5.443
1889 1.033 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 6.366
1890 s.i. s.i. 0 s.i. s.i. s.i. 9.541
1891 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 10.585
1892 1.656 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 7.652
1893 1.787 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 9.088
1894 1.820 30 1.742 412 224 47 8.513
1895 2.001 21 2.115 197 146 41 8.036
1896 3.294 15 23 132 101 0 11.089
1897 3.697 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 13.011
1898 3.211 26 1.218 412 108 568+ 15.078
1899 2.370 34 1.925 1.740 122 127 13.928
1900 2.328 0 681 493 75 46 14.968
1901 2.363 40 2.985 1.568 79 47 12.690
1902 3.495 12 1.328 416 84 23 14.375
1903 2.781 50 1.071 1.513 50 512 14.273
1904 1.895 109 1.152 1.981 126 365 12.893

s.i.: sin información.
+ : excedente sobre el recuento anterior.
Fuente: SALCo., I. A., 1888-1905.

Las cifras de la séptima columna muestran la rapidez con que creció el stock ganadero en la estancia. Esto se debió, por un lado, a la necesidad de preparar los campos para los ovinos mediante la introducción de vacunos y, por otro, a una preferencia de la administración por el ganado mayor en esta primera etapa. Vemos así que en 1887 se adquieren 3000 vacas para cría; 2000 de ellas eran criollas cruza con Durham y Hereford y las restantes criollas puras. Los toros eran, todos, tres cuartos o siete octavos Durham y uno o dos de pura raza. La primera parición en Trenel fue excelente, debido en buena medida a que las vacas habían sido servidas antes de ser adquiridas. Pero la dispersión del ganado en los grandes potreros de la estancia, junto al pobre estado de los animales después de la gran sequía de 1888, se tradujo en una brusca disminución de las pariciones del año siguiente. La temporada lluviosa de 1889 hizo mucho por la condición del ganado y el aumento alcanzó el 53% (un muy buen porcentaje si se tiene en cuenta que el stock incluía un importante número de novillos y vaquillonas aún no aptas para la reproducción).

El primer año en que se vendieron animales fue 1891, lo cual, junto a la disminución del porcentaje de pariciones, explica el relativo estancamiento del crecimiento hasta entonces experimentado. En 1892, aumentó considerablemente el número de ventas, incluidas las vacas más viejas, por la escasez de pasto. Esta misma causa obligó a poner a cierto número de animales fuera de la cerca exterior para aliviar la carga en las empobrecidas pasturas de la estancia, lo que se refleja en una disminución de las pariciones y en un aumento de los animales perdidos. Al año siguiente se mantiene estable el nivel del número de cabezas, aunque hay una importante cantidad de ventas, especialmente entre las vacas de peor calidad. Esto afecta el número de terneros nacidos cada año, pero la calidad del plantel va mejorando. En unos pocos años y sin efectuar compras importantes (sólo cierta cantidad de toros Durham para mejorar la raza), la estancia Trenel tenía un adecuado número de animales de buena calidad que se hallaban en condiciones de vender novillos todos los años.

Pero en este temprano período era difícil encontrar un mercado para el ganado en las zonas de ocupación nueva y, como las buenas temporadas se alternaban con las malas, el campo se vio sobrecargado, al menos en términos de su receptividad durante 1os peores años. Por ejemplo, durante la plaga de isoca en 1894-1895, murieron muchos animales por falta de pasturas, muchos debieron ser faenados por estar demasiado flacos, y era probable que muriesen de todas maneras, y otros debieron ser puestos a pastar fuera de la estancia, lo que ocasionó mayores pérdidas. En 1899, una sequía produjo una alta mortalidad, pese a que 2750 de los mejores novillos fueron llevados a campos de Venado Tuerto para evitar la sobrecarga. En realidad, como puede apreciarse en el cuadro XIX, el campo de Trenel no podía alimentar a los animales que sobre él se hallaban, salvo en las mejores temporadas, lo que se refleja en un alto número de animales muertos cada año. El porcentaje de terneros marcados anualmente es bajo, debido al pobre estado del ganado y a la extensión de los potreros en los que los animales se hallaban dispersos en busca de los escasos pastos.

La búsqueda de un mercado comenzó a ser considerada aun antes de que la empresa dispusiera de animales para vender, pero las perspectivas no eran buenas. En un informe de 1888, Lyon menciona la posibilidad de enviar novillos a Chile, ya que en ocasiones se presentaban troperos en la zona en busca de ganado para dicha plaza, pero esto ocurría sólo en forma esporádica y los precios obtenidos no eran buenos. En 1889, por ejemplo, se vendió una importante cantidad de animales con destino a Chile en el área de Trenel (no de la estancia), al abandonar los productores de la zona la cría de vacunos en favor de lanares, pero los precios obtenidos fueron de sólo $6 o $7 m/n por cabeza “al corte”, y el máximo que podía lograrse por los mejores novillos de dos o tres años era de $ 8. Una alternativa era enviar el ganado a Buenos Aires, vía Laboulaye, pero arrear ganado gordo un trayecto tan largo antes de cargarlo en el ferrocarril era impracticable. La única posibilidad restante era vender novillos de invernada a los engordadores próximos a Buenos Aires, pero el costo de transporte de los animales a la capital era demasiado alto para permitir una adecuada ganancia a los precios que preponderaban hacia fines de la década de 1880 (entre $10 y $15 m/n, según el tamaño y la calidad del novillo). La compañía intentó una venta de novillos en los campos de invernada de Rojas, en Buenos Aires, pero al concluir la operación, el administrador señala que “los precios obtenidos, si tomamos en cuenta el costo de transporte, no condicen con los precios del mercado central, por lo que no obtenemos una compensación adecuada a nuestros tres años de trabajo”.[21]

Más aún, cuando surgían dificultades para los invernadores, como ocurrió con la sequía de las tierras “de adentro” en 1893, estos transferían el problema a los criadores, lo que disminuía la demanda y hacía caer los precios, que en ese momento alcanzaron tan sólo $ 7 a $ 8,50 m/n por novillo. Se intentó, entonces, enviar ganado hacia el oeste para Mendoza y Chile, y se obtuvo así el razonable precio de $ 13 por cabeza. Al año siguiente, sin embargo, se halló una mejor solución. Inglis Runciman, representante de la compañía en Buenos Aires y poderoso hacendado, se hizo cargo de colocar el ganado en la zona de Venado Tuerto y se obtuvo precios de hasta $ 22 m/n por novillo, lo que mejoró así las perspectivas de SALCo. En 1898, se iniciaron pruebas con sembrados de alfalfa para engordar el ganado en Trenel, pero los precios obtenidos luego del largo viaje a Buenos Aires, no fueron del nivel esperado. Sin embargo, la mejora de la calidad del ganado y el acuerdo con los invernadores de la zona de Venado Tuerto permitieron a la compañía la venta de sus vacunos con mejores resultados durante los años finales del siglo XIX y los primeros del XX y sobrellevar la crisis producida por la clausura de los puertos británicos para el ganado argentino en pie con mejor suerte que los criadores y los engordadores de la provincia de Buenos Aires.

Simultáneamente, se siguió buscando una solución definitiva para el problema de la venta de ganado, para lo que se decidió la compra de un campo de invernada para engordar los animales propios. Tras más de un año de búsqueda, se acordó la compra de un campo de Henley, provincia de Buenos Aires, llamado La Filadelfia. El campo fue inmediatamente subdividido en potreros chicos, y se perforaron pozos y se erigieron molinos de viento. La empresa se hizo cargo de sembrar con alfalfa algunas parcelas y el resto fue arrendado a colonos. Los contratos establecían que el colono podía hacer uso de la tierra libre de renta durante un año a condición de que se sembrara alfalfa junto con trigo. Así, en poco tiempo la tierra estaba alfalfada y pronta para ser operada como campo de engorde. Sin embargo, la empresa nunca obtuvo el beneficio pleno de su inversión, ya que La Filadelfia fue utilizada por primera vez como campo de invernada en 1903, año en que una inundación impidió que se la utilizara a capacidad plena. Al año siguiente, SALCo. llegó a un acuerdo para la venta de su propiedad y su disolución.

El análisis de la actividad ganadera en Trenel muestra dos características importantes que contrastan con lo que sabemos sobre las tierras de Buenos Aires: el alto número de muertes cada año y las condiciones de mercado. La primera puede ser comprendida si se la relaciona con la segunda. En un área tan alejada de los principales mercados, el valor del ganado es muy bajo y, por lo tanto, no representa un capital significativo. En estas condiciones, la muerte de animales por sobrecarga de las pasturas no puede ser considerada una pérdida económica directa, ya que, como las posibilidades de comercialización eran limitadas, no existían mercados para esta sobreproducción a precios compensatorios. La decisión más racional, entonces, era retener todas las vacas y vaquillonas en el campo tratando de vender el máximo posible de novillos cada año. El alto número de animales de reproducción conllevaba el riesgo de que se produjeran pérdidas en los años malos, pero permitía ganancias altas en los años buenos por la venta de novillos. Más aún, los ingresos obtenidos por la venta de cueros en los años malos eran significativos y representaban al menos una compensación menor cuando las condiciones no eran buenas. Otra consecuencia de los bajos precios obtenidos por el ganado es que los ingresos de la estancia no se hallaban sometidos tan fuertemente a las oscilaciones de estos precios, como ocurría en las zonas más centrales. Más aún, parecería ser que estas oscilaciones eran menos bruscas en los mercados más alejados.

Cría de ovinos y comercialización de lanas

Como era habitual en las tierras nuevas, los lanares fueron introducidos poco después que los bovinos. Sin embargo, en un comienzo, se había priorizado la cría de los primeros sobre los segundos. El administrador señalaba que en la región se prefería la cría de ovejas, pero atribuía esto a que los pobladores de la zona eran mayormente pastores que habían sido medianeros en los campos de “adentro”; tras haber adquirido sus rebaños, les resultaba imposible hallar tierras adecuadas a precios razonables en Buenos Aires, por lo que debían desplazarse a las nuevas áreas.[22] Al poco tiempo, sin embargo, resultó claro que esta no era la única razón; en realidad, la zona era más apta para la cría de ovinos que de vacunos y la comercialización de la lana presentaba menos dificultades que la del ganado, por lo que la producción de la estancia fue reorientada, a favor de los lanares. Esto se tradujo en la compra de un gran número de ovejas (véase el Cuadro N.º XX).

Cuadro XX. Evolución del ganado ovino en la estancia Trenel entre 1888 y 1904

Año

Corderos marcados

Carneros comprados

Ovinos vendidos

Ovinos muertos

Ovinos faenados

Ovinos faltantes

Recuento total

1888 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 965
1889 332 58 s.i. s.i. s.i. s.i. 2.140
1890 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 8.547
1891 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 14.470
1892 4.000 s.i. 1.190 s.i. s.i. s.i. 14.623
1893 2.861 s.i. s.i. s.i. s.L s.i. 15.364
1894 4.707 58 16 420 745 291 18.657
1895 8.099 11 1.811 393 1.016 356 23.201
1896 6.035 13 2.618 1.055 1.084 1.043 23.539
1897 7.720 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 27.712
1898 8.915 2 2.298 970 1.743 815 30.983
1899 10.285 12 3.191 891 2.161 1.328 33.709
1900 9.319 16 76 1.428 2.417 2.478 36.645
1901 9.849 42 4.515 1.362 2.890 1.863 35.928
1902 11.849 39 2.643 1.424 2.705 1.435 39.609
1903 7.571 29 2.977 2.832 2.919 3.888 34.645
1904 10.009 242 1.606 1.844 2.903 1.783 36.812

Fuente: SALCo., I. A., 1888-1905.

El aumento de ovinos que se evidencia entre 1888 y 1889 se debió principalmente a la adquisición de 1184 animales; 4367 fueron adquiridos al año siguiente y nuevas compras se efectuaron en 1891. Las primeras compras fueron de ovejas criollas, con algo de sangre Rambouillet, pero cuando se le empezó a dar mayor importancia a esta actividad, se tendió a formar un plantel con animales de mejor tipo. La compra más importante, realizada en 1890, fue descrita como de “ovejas excelentes”: se trataba de Rambouillet de buena cría. El mayor problema parece haber consistido, precisamente, en conseguir animales de buena raza. Los pastores de la zona estaban obteniendo buenos resultados y, como los campos estaban aún poco poblados con ovejas, había en La Pampa una demanda muy grande de animales de reproducción. Muchos productores que habían comenzado con la introducción de ganado mayor estaban tratando de deshacerse de los vacunos y concentrar su actividad en la cría de ovinos. Por consiguiente, los precios para las ovejas de reproducción en el área eran mucho más altos que en los campos de más antiguo poblamiento. Lo contrario ocurría con los capones, ya que su transporte a los mercados principales era muy costoso y no existía demanda para éstos en la región. En consecuencia, los rebaños incluían una importante cantidad de animales no aptos para la reproducción.

En general, el área de Trenel se adaptaba mucho mejor a la cría de ovejas que a la de vacunos. Las lanas crecían bien y relativamente limpias y las ovejas eran menos sensibles a las frecuentes sequías y a la escasez de pastos que el ganado mayor. Existían, sin embargo, algunas dificultades. Una de ellas era la sarna, que afectaba el volumen de la producción y la calidad de las lanas, pero podía ser controlada con un adecuado baño de los rebaños. Un problema más difícil de manejar era el que producía el pasto puna y las infecciones con gusanos, que ocasionaban fuertes pérdidas todos los años.[23] Otra importante causa de muertes de rebaños eran las lluvias frías en octubre o noviembre, inmediatamente después de la esquila. Al igual que en el caso de los bovinos, también la sobrecarga de los campos ocasionaba importantes pérdidas (particularmente luego del importante aumento del ganado menor en las postrimerías de la década de 1890), en especial entre los borregos, por falta de leche en sus madres. Todos estos factores explican el alto número de pérdidas anuales. Al respecto, cabe señalar que los animales incluidos en la columna de faltantes son mayormente corderos muertos entre pastizales altos, el valor de cuyos cueros no justificaba el esfuerzo requerido para encontrar sus cuerpos. Además del alto número de pérdidas anuales, puede observarse que el porcentaje de parición es bajo, lo que debe atribuirse a que los rebaños incluían un importante número de capones.

Un problema de otro orden planteado por la cría de lanares era la dificultad para encontrar pastores y esquiladores con experiencia. La producción ovina requiere mucho más trabajo que la bovina y en los campos “de afuera” resultaba difícil hallar trabajadores aptos. Al explicar las pérdidas de corderos en 1894, Lyon comenta que estas se habían producido principalmente en algunos rebaños y no en otros, lo que él atribuía en parte a la desigualdad de las pasturas en distintos potreros, pero especialmente a la incompetencia de algunos pastores. Durante la esquila solían producirse serias dificultades. De la escasez de buenos esquiladores resultaba una innecesaria prolongación de la esquila y el deterioro de la condición de los rebaños.

En general, el ganado ovino aumentó rápidamente en los primeros años debido a las compras y más tarde por reproducción. Este aumento continuó hasta fines de la década de 1890; y al comenzar el nuevo siglo, la tierra se hallaba ocupada a plena capacidad. En ese momento, las pérdidas, que siempre habían sido significativas, llegaron a ser mucho más importantes, lo cual, junto la creciente faena de animales viejos –reemplazando el consumo de ganado mayor, que había llegado a ser demasiado valioso para este fin– hacía que los rebaños se mantuvieran a un nivel relativamente constante. El número anual de ventas no era grande, como tampoco lo era el precio obtenido. Esto se debía fundamentalmente a las dificultades de transporte y al hecho de que los Rambouillet no producen capones aptos para el mercado de exportación de carnes congeladas, que era la demanda más importante para los Lincoln de los campos “de adentro”. Debido a ello, un alto número de capones permanecía en la estancia, con lo que se producía una sobrecarga de las pasturas. Pero el alto número de pérdidas, al igual que en el caso del ganado mayor, parece ser parte normal del modus operandi de la empresa. Dada la falta de mercados, un incremento anual relativamente bajo de los rebaños y pérdidas importantes cada año no eran elementos que tuvieran una incidencia económica real. La compañía trataba de vender cada año la mayor cantidad posible de capones y mantenía el resto en sus tierras. Si la temporada era buena, la esquila aumentaba; si era mala y las muertes numerosas, no existía pérdida económica real, ya que no existía un destino alternativo para el exceso de ovinos.

Por lo tanto, resulta obvio que el principal beneficio de las operaciones de la estancia se obtenía a través de la zafra lanera. El cuadro XXI muestra la evolución de la producción de lanas en la estancia.

Cuadro XXI. Producción lanera en la estancia Trenel entre 1894 y 1904
Año Animales esquilados Producción total

Rendimiento promedio

Precio promedio por 10 kg ($ oro) Ingreso total (£)
1894 15.181 35.096 2.25 2.15 1.512
1895 17.246 51.739 3.00 1.84 1.906
1896 22.974 59.418 2.60 2.30 2.736
1897 23.974 54.648 2.30 2.54 2.767
1898 26.402 62.275 2.55 2.42 3.100
1899 31.884 92.555 2.86 2.10 3.877
1900 34.212 78.542 2.50 s.i. s.i.
1901 35.831 82.076 2.30 s.i. s.i.
1902 36.678 96.825 2.64 2.63 5.100
1903 35.695 90.924 2.53 3.22 5.875
1904 34.732 96.894 2.79 3.02 5.865

Fuente: SA.LCo., I. A., 1894-1905.

Como vemos, la producción lanera en Trenel era bastante buena.[24] En general, las variaciones en el rendimiento promedio se deben a condiciones climáticas. Durante las estaciones secas, tales como las de 1895-1896 y 1898-1899, aumentaba el peso promedio, pero esto se debía a que la lana contenía mayor cantidad de tierra que en otras temporadas, por lo que en general los rendimientos menores eran compensados por un aumento de precios.

Durante los primeros años de funcionamiento de la estancia, la lana se enviaba en consignación para su venta en Buenos Aires. Los precios eran buenos, pero los gastos de transporte y comercialización insumían hasta un 14% del ingreso bruto.[25] El factor más importante de estos costos era el envío en carro a la estación Laboulaye. Más tarde, la extensión a Trenque Lauquen y, después, la comercialización de las lanas a través del puerto de Bahía Blanca redujeron la incidencia de estos costos.

Mientras tanto, en la medida en que se incrementaba la producción, resultó conveniente enfardar la lana en la estancia y enviarla directamente a Europa para su venta. Más allá de la posibilidad de obtener mejores precios, los cuales, tras descontar los gastos adicionales de transporte, no parecen tener una incidencia muy significativa, existían otras ventajas en esta operación. No tenemos evidencia de que las lanas de SALCo. recibieran en Amberes –que era el puerto europeo al que eran enviadas– un tratamiento preferencial como el que sugiere Walker para otras compañías británicas en Liverpool (aunque teniendo en cuenta la composición del directorio, esto no es improbable). Pero, como explica el presidente del directorio en el Informe Anual de 1891, “el traer las lanas a Europa es una forma de remitir parte del dinero que ingresa a través de la estancia”.[26] De este modo, la compañía encontró una forma de realizar parte de sus ganancias en moneda fuerte, evitando pérdidas cambiarias en un mercado afectado por bruscas alteraciones en la prima al oro. Esta operación no se restringía a la lana producida en la estancia. El directorio indicó al administrador que efectuara compras de lanas en el distrito si podía conseguirlas a un buen precio y que las enviara a Europa junto con la producción de Trenel. Estas operaciones, sin embargo, se llevaban a cabo sólo cuando los precios locales eran muy bajos o el premio al oro muy alto, y las ganancias nunca fueron cuantiosas, como puede desprenderse del cuadro XXIII.

Otras actividades en Trenel

Considerando ahora el tercer tipo de ganado que existía en la estancia, el caballar, podemos ver en el cuadro N.º XXII que, al igual que en la mayoría de los establecimientos, tenía una importancia sólo secundaria.

Cuadro XXII. Evolución del ganado equino en la estancia Trenel entre 1888 y 1904
Año

Potrillos marcados

Reproductores comprados

Equinos vendidos

Equinos muertos

Equinos faltantes

Recuento total

1888 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 71
1889 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 88
1890 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 196
1891 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 273
1892 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 346
1893 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 400
1894 s.i. s.i. 35 s.i. s.i. 419
1895 71 0 3 13 5 469
1896 82 0 9 13 2 527
1897 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i. 613
1898 138 1 22 9 2 719
1899 62 1 2 36 6+ 751
1900 159 0 61 26 3 820
1901 115 0 48 20 0 880
1902 159 0 38 0 0 989
1903 149 0 107 62 14 968
1904 157 0 199 37 8 904

+ : no incluidos en recuento previo.
Fuente: SALGo., I. A., 1887-1905.

La tropilla estaba compuesta por animales de trabajo, yeguas para reproducción y algunos caballos enteros de buena raza. Durante los primeros años de funcionamiento de la estancia, se debieron adquirir algunos animales de silla para trabajar el ganado y otros de tiro para las norias y las carretas. Más adelante, cuando los potrillos nacidos en Trenel llegaron a la edad requerida para ser domados, la estancia comenzó a proveer a sus propias necesidades en este rubro. Las yeguas adquiridas originalmente eran criollas, pero los reproductores eran Clydesdale[27] y proveían excelentes animales de tiro. Más adelante, al aumentar el número de yeguarizos, pudieron efectuarse algunas ventas cada año. En realidad, la demanda general de caballos en la zona era muy escasa, pero los grandes potrillos descendientes de los Clydesdale, amansados para tiro, podían lograr muy buenos precios, dados los requerimientos del transporte a sangre antes de la llegada del ferrocarril.

También se desarrollaron ciertas tareas agrícolas en Trenel. En 1899, se sembraron cinco hectáreas con maíz y cuatro más con alfalfa, y se obtuvieron buenas cosechas de ambos cultivos. Al año siguiente, se añadieron otras cuatro hectáreas a la chacra, también con buenos resultados, por lo que se decidió seguir expandiendo cada año el área cultivada, aunque en una escala reducida. Las mayores dificultades eran comunes con las zonas agrícolas del oeste de la región pampeana, principalmente sequías y langostas, pero en las tierras más bajas siempre se obtenían buenas cosechas de alfalfa, lo que aseguraba cierta cantidad de forraje invernal para el ganado; en algunas ocasiones, se utilizaban los alfalfares como pasturas verdes para evitar la muerte de los animales más flacos en las peores temporadas. El maíz era más perjudicado por la langosta, pero las cosechas fracasadas eran en general compensadas por años buenos. Se realizaron también experimentos con trigo, cebada, avena y centeno, y se obtuvieron buenos resultados con casi todos los cultivos, pero sin intentarse la producción agrícola en gran escala en esta etapa.

En 1895, las dificultades para vender el ganado y la gran diferencia entre el precio del ganado de invernada y el ganado gordo sugirieron la posibilidad de plantar grandes alfalfares en Trenel para engordar los animales antes de venderlos. Aun teniendo en cuenta las dificultades de transporte, Lyon pensaba que el proyecto era posible. En realidad, no fue así (lo cual, como hemos visto, llevó eventualmente a la compra de un campo de engorde), pero igualmente se sembraron grandes extensiones con alfalfa y se obtuvieron buenos resultados. Esto fue complementado con el cultivo de ray grass en zonas más altas donde no se podía cultivar alfalfa, y se obtuvieron de él excelentes pasturas invernales, cuando la leguminosa no estaba en buen estado. También se realizaron experimentos con pasturas australianas (australian salt bush), pero sin obtener resultados muy satisfactorios. Se amplió así la extensión sembrada con pasturas artificiales, especialmente cuando en 1902 se sembró una legua cuadrada completa de alfalfa, pero la estancia fue vendida antes de que se hiciera notoria la mejora en la capacidad receptiva de la tierra.

Como puede verse, al menos algunas secciones de Trenel eran perfectamente aptas para su cultivo, aunque las condiciones eran más duras que en las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, con un clima más temperado. Pero el desarrollo agrícola se hallaba impedido por las dificultades de transporte. Pese al éxito de los experimentos con distintos cereales, especialmente con el maíz, la producción nunca pudo llegar a una escala significativa, ya que el costo de transporte hacía imposible su envío a los principales mercados. Al mismo tiempo, el desarrollo relativamente lento de las pasturas de alfalfa, debido a los altos costos, no podía ser promovido por el sistema de arrendamiento, como se hacía en los campos “de adentro”, ya que resultaba imposible la instalación de colonos antes de la llegada del ferrocarril. Por lo tanto, la siembra de alfalfa en gran escala sólo fue posible cuando los precios del ganado fueron suficientemente altos como para compensar el gran costo de esta mejora, que se traducía en un aumento de la calidad y una reducción de las pérdidas de animales.

Evolución financiera de la estancia Trenel

El análisis de la formación y la evolución de la estancia Trenel muestra cómo, pese a las dificultades existentes en el territorio de La Pampa durante el cuarto de siglo posterior a su incorporación a la actividad económica, este establecimiento fue capaz de desarrollar un sistema de trabajo que le permitió operar en forma exitosa. El cuadro N.º XXIII muestra la evolución financiera de sus operaciones.

Los gastos que aparecen en la primera columna se deben principalmente a los costos de manejo del ganado mayor y menor y de comercialización de sus productos, a gastos de administración y salarios y a reparaciones y depreciación del capital fijo, en ese orden de importancia. Como puede apreciarse, existe una tendencia al aumento de costos que acompaña al crecimiento del stock ganadero y a su estabilización, una vez que este último alcanza un nivel regular. Pueden observarse, sin embargo, variaciones de importancia debidas a las condiciones climáticas y a cambios en los costos de manejo del ganado y sus productos, al peso de la esquila y a la compra de reproductores. Las columnas tres y cuatro muestran que la proporción de los ingresos de la estancia debidos a la venta de productos (lanas, cueros, etcétera) y a la venta de ganado en pie eran similares. Entre los productos, la lana constituía, por mucho, la porción más significativa. En los ingresos por venta de ganado, el vacuno tenía mayor importancia que el lanar, aunque la diferencia no era tan marcada. Como puede apreciarse, se producían importantes fluctuaciones en los ingresos por venta de animales, lo cual, durante los primeros años, debe atribuirse fundamentalmente al precio y más tarde a variaciones en el número de ventas. Puede señalarse, además, que en estas áreas remotas las fluctuaciones en el precio del ganado no se hacían sentir en forma tan aguda como en la provincia de Buenos Aires, como puede apreciarse por el escaso efecto que tiene la baja de precios ganaderos en los primeros años de este siglo sobre los ingresos de la estancia.

Cuadro XXIII. Gastos e ingresos de la estancia Trenel entre 1890 y 1904

Año

Gastos totales ($ oro)

Ingresos por venta de lana, etc. ($ oro)

Ingresos por venta de ganado ($ oro)

Ingresos por operaciones con lana comprada ($ oro)

Balance ($ oro)

1890 14.442 5.375 0 0 -9.047
1891 11.678 8.168 0 -4.812
1892 10.226 12.498 s.i. 0 s.i.
1893 10.200 9.141 508 596 46
1894 12.449 6.880 9.778 0 4.209
1895 10.781 11.463 7.402 0 2.270
1896 23.070 11.176 11.525 0 -369
1897 s.i. s.i. s.i. s.i. s.i.
1898 32.342 18.174 20.957 0 7.359
1899 44.733 25.562 31.198 0 12.127
1900 33.896 30.194 13.618 0 10.638
1901 42.192 22.976 51.587 0 32.643
1902 42.666 27.220 24.246 924 9.808
1903 42.680 32.782 22.900 3.844 16.669
1904 42.775 32.064 27.004 4.380 20.674
1905+ 27.200 34.604 18.480 0 29.594

+ : Primera mitad solamente, antes de concretarse la venta. El balance incluye $ 3,605 por venta de productos agrícolas.
Fuente: SALCo., I. A., 1890-1905.

Por último, la columna de ganancias netas resulta bastante típica. Durante el período que va hasta 1896, mientras la estancia se encuentra aún en proceso de formación, sus operaciones anuales producían pérdidas o muy escasas ganancias líquidas. Sin embargo, las mejoras introducidas a la propiedad y el aumento del ganado implican una acumulación de ganancias que no se refleja en el balance monetario. En realidad, durante este período, para presentar a los accionistas una visión más saludable de las operaciones de la empresa, se incluyó cada año en el balance una valuación del aumento del stock ganadero en la columna de ingresos, por lo que esta nunca presentó perdidas. Esta práctica, más tarde abandonada, puede resultar engañosa, ya que el aumento del número de cabezas no es un ingreso efectivo hasta el momento de su realización; sí refleja, en cambio, cierta realidad en el sentido de que, aunque la estancia no estaba produciendo ganancias monetarias, tampoco padecía una pérdida efectiva de capital. Después de 1897, cuando el número de animales sobre el terreno alambrado alcanza un nivel adecuado de acuerdo con el sistema de trabajo de la estancia, esta comienza a producir una retribución aceptable de acuerdo con la inversión que había requerido. Esto es confirmado por el cuadro N.º XXIV.

Como hemos señalado, la depreciación del capital fijo se incluye entre los gastos de la estancia, por lo que la segunda columna refleja los beneficios netos. Si se tiene esto presente, puede apreciarse que, pese al aumento del capital fijo invertido en la estancia (construcciones, alambrados, pozos, etcétera), al promediar el período estudiado los ingresos anuales importan una ganancia aceptable sobre el capital invertido, si no se tiene en cuenta, por el momento, el valor de la tierra. Por otro lado, también puede verse que, como los años de mayor déficit en el balance de la estancia coincidieron con la pérdida de valor de la moneda circulante en Argentina, el exceso de gastos sobre ingresos nunca fue muy significativo en libras esterlinas.

En realidad, las estancias británicas se hallaban en una situación muy particular durante el período de alto premio al oro; al igual que las demás inversiones externas en Argentina, la depreciación del peso papel afectaba la repatriación de ganancias en forma negativa. Pero, en contraste, al igual que todos los productores de bienes primarios exportables en Argentina, se beneficiaban de la brecha existente entre los precios externos e internos. Más aún, como los ingresos de la estancia provenían mayormente de la venta de productos cuyos precios se fijaban o eran fuertemente influidos por el mercado internacional, los beneficios de la devaluación eran mayores que los perjuicios, como puede apreciarse por el uso que SALCo. hacía de la exportación de lanas como forma de remitir las ganancias. Al caer el premio al oro, la compañía se vio perjudicada por la depreciación de sus productos en relación con sus costos, pero una vez más este efecto se veía suavizado por la fortificación del peso m/n respecto a la libra esterlina.

Cuadro XXIV. Inversión y ganancias en la estancia Trenel entre 1891 y 1904
Año Inversión total (£) Ganancia neta (£) % de ganancias sobre inversión
1891 28.102 -962 -3.42
1892 27.404 s.i. s.i.
1893 28.293 9 0.03
1894 28.813 842 2.92
1895 28.960 454 1.56
1896 29.864 -74 -0.24
1897 s.i. s.i. s.i.
1898 34.246 1.472 4.30
1899 33.043 2.405 7.27
1900 35.080 2.127 6.07
1901 36.223 6.529 18.02
1902 37.242 1.962 5.26
1903 39.182 3.334 8.50
1904 41.961 4.135 9.85
Promedio: 22.233 5.01

Fuente: SALCo., I. A., 1891-1905.

Por otro lado, independientemente de las ganancias que aparecen en los cuadros XXIII y XXIV, la estancia proveía otros beneficios a la compañía. El gasto inicial de SALCo. en la compra de ganado, como hemos visto, no fue muy significativo, como tampoco lo fue el monto empleado en la compra de reproductores. Este rubro, por otro lado, se incluía en los gastos anuales de operación de la estancia. Por lo tanto, el aumento en el número y el valor de los animales representaba una ganancia muy significativa, que sería realizada en su totalidad en el momento de venta de la propiedad. Cuando esta tuvo lugar en 1904, el valor del stock ganadero fue estimado entre £ 40.000 y £ 50.000,[28] lo cual, si se descuenta la inversión original que no excedió en mucho las £ 5000, importaba una buena ganancia.

El arrendamiento de parte de las tierras de SALCo.

Finalmente, una evaluación de la trayectoria financiera de la estancia Trenel debería tener en cuenta el valor de la tierra. Sin embargo, pensamos que es conveniente evaluar primero lo ocurrido con el resto de las tierras de SALCo., que no habían sido alambradas para formar parte de la estancia.

Ya en 1888 se otorgaron parte de estas tierras en arriendo a cánones muy bajos para atraer la atención del público hacia ellas y obtener de estas algún ingreso, al mismo tiempo que se introducían ciertas mejoras. En ese año, la superficie arrendada fue de seis leguas cuadradas. Los arrendatarios debieron cavar pozos e introdujeron mayormente ganado lanar. Los contratos eran de una duración de tres años y empezaban a correr a partir de la finalización del pozo, que era un requisito indispensable para la ocupación de las tierras. Lyon explica que podrían haberse hecho más arriendos, pero los propietarios de buena parte de las tierras del distrito no se preocupaban por estas lo que permitía la instalación de squatters,[29] que podían ocuparlas sin costo, aunque menciona también que esta situación se estaba revirtiendo. Al año siguiente, se habían arrendado 15 leguas más, 10 de ellas a $ 300 papel y las restantes a $ 350; estas tierras se hallaban ocupadas por pastores vascos. La propiedad, sin tener en cuenta la estancia, contenía unas 50.000 ovejas y unas 2500 cabezas de ganado mayor y algunos de los colonos estaban sembrando chacras con maíz y alfalfa, lo que mejoraba su valor.

En los años subsiguientes, la mayor parte de las tierras de la compañía fue tomada en arriendo. La ocupación comenzó en las secciones más bajas, hacia el este, donde podía encontrarse agua más cerca de la superficie, y avanzaba luego gradualmente hacia el oeste. La compañía desarrolló una política de arriendos bajos, particularmente en las tierras altas, para atraer a los arrendatarios y lograr así la perforación de pozos sin costo directo. Como señalaba el administrador: “si bien es cierto que los arrendamientos actuales son bajos, la compañía obtiene el beneficio del desarrollo de sus tierras sin costo alguno”.[30] En el caso de las tierras más pobres, hacia el oeste, donde en ocasiones era necesario perforar hasta 240 metros para obtener agua, se ofrecían tierras en forma gratuita por un año o 18 meses a condición de que se perforaran los pozos y se introdujera el ganado.[31] Una vez que estos primeros colonos cumplieron sus contratos y que las tierras estaban provistas de agua, se podrían realizar nuevos contratos con cánones más altos. Más aún, se esperaba que la introducción de ganado, que en 1899 había alcanzado unas 200.000 ovejas y 10.000 cabezas de vacuno, incrementara el valor de la tierra, lo que parecía deducirse, según el administrador, de la venta de otros lotes de la región.[32]

Se fue así tomando en arriendo toda la tierra disponible de SALCo. y los cánones siguieron en alza. En 1894, se pedían $ 700 m/n ($ 195,5 oro) por legua cuadrada por año en las tierras bajas, y $ 600 ($ 167,6) en las secciones más altas; en ambos casos se trataba de tierras que ya habían sido ocupadas.

En 1895, la renta llegaba a $ 800 ($ 232.6) y $ 1000 ($ 290.7) por las mejores tierras, y tres años más tarde se alcanzaba la cifra de $ 1200 ($ 467) por estas tierras, aunque algunas secciones en la parte oeste de la propiedad aún se otorgaban sin renta o a un canon de tan sólo $ 350 ($ 136,2) por año.

El cuadro N.º XXV muestra la evolución de los arrendamientos de la compañía entre 1888 y 1904. La tercera columna de la tabla indica el monto total del dinero ingresado en concepto de arriendo a la compañía, en tanto que la segunda señala el monto que debía ingresar de acuerdo con los contratos. La diferencia entre ambas denota la deuda en la que incurrieron los arrendatarios. La quinta columna indica el rendimiento medio de la tierra arrendada (el cociente de la cuarta columna sobre la primera).

Como puede apreciarse, hay un aumento gradual tanto en la cantidad de leguas arrendadas como en la renta por hectárea hasta 1899, que no parece haber sido afectado mayormente por la crisis Baring. La única excepción a esta tendencia es la caída en la renta promedio de 1893 y 1894, lo que debe atribuirse al arriendo de las tierras altas del oeste, que producían un ingreso muy bajo por legua cuadrada. Lo que en cambio llama poderosamente la atención es la brusca caída, primero en la cantidad de leguas arrendadas y más tarde en el rendimiento por hectárea, después de 1899. Esto puede atribuirse, en primer lugar, al efecto negativo que tuvo la caída del premio al oro para los productores laneros, a lo que se sumó una baja en el precio de este producto. El efecto de estos factores se ve retardado debido fundamentalmente a la duración de los contratos, lo que también explica por qué la caída en el número de leguas arrendadas precede a la declinación del monto de los arriendos. Al quedar la tierra desocupada, puesto que la compañía no podía encontrar arrendatarios que mantuvieran el nivel de la renta, se vio forzada a reducir los cánones, lo que se refleja en los años subsiguientes. Lo que resulta hasta cierto punto desconcertante es que esta caída de los arriendos parece tener poca relación con lo que sucedía simultáneamente con los ingresos de la estancia. Esto puede atribuirse a la combinación de ganado mayor y menor que había en esta última (en tanto que los arrendatarios concentraban su actividad en el lanar), a ciertas ventajas de la producción a mayor escala o a un deterioro de la receptividad de las tierras arrendadas durante varios años, sometidas al pastoreo depredador de los ovinos y cuyos usuarios prestaban poco cuidado a la evolución de sus pastos.

Cuadro XXV. Arrendamiento de las tierras de SALCo. entre 1888 y 1904

Año

Tierra arrendada (leg2)

Monto total según contratos ($ m/n)

Monto recolectado ($ m/n)

Monto recolectado+ (£)

Rendimiento medio (£)

1888

8 s.i. 985 133 16. 12s.

1889

21 s.i. 2.853 317 15. 2s.

1890

42 s.i. 8.209 636 15. 3s.

1891

67 24.000 s.i. s.i. s,i.

1892

64 27.300 s.i. s.i. s.i.

1893

75.5 37.000 27.998 1.702 22. 18s.

1894

93 39.122 35.122 1.962 21. 2s.

1895

89 44.700 34.236 1.900 22. 8s.

1896

90 54.712 52.186 3.726 39. 4s.

1897

s.i. 63.410 s.i. s.i. s.i.

1898

93.5 69.697 63.592 4.949 52. 18s.

1899

91 s.i. 70.520 6.268 68. 18s.

1900

72 64.308 60.523 5.380 74. 15s.

1901

67 49.483 43.550 3.871 57. 15s.

1902

63.5 48.191 47.473 4.219 66. 9s.

1903++

73.75 s.i. 42.795 3.804 59. 0s.

1904++

74.5 s.i. 52.908 4.703 63. 2s.

+: Convertido de $m/n a $oro al premio del oro promedio del año y a libras esterlinas a una tasa de 5 pesos oro por libra, excepto en 1888, 1889, 1890, 1903 y 1904, años en que los datos se hallan en libras en la fuente.
++: Datos en libras en la fuente, convertidos a$ m/n a un cambio de 11.25 pesos por libra.
s.: chelines.
Fuente: SALCo., I. A., 1888-1905.

Pese a esta caída de los ingresos en estos últimos años, el arrendamiento de tierras fue una fuente segura de ganancias para la compañía. A las rentas en sí, deben agregarse los beneficios obtenidos por la ocupación de la propiedad. Pueden surgir ciertas dudas respecto a esto último, dada la caída de los cánones, que, como señaláramos, podría estar indicando un deterioro de las tierras, pero la construcción de pozos fue, sin duda, una mejora y, si se produjo algún daño por la ocupación continua con lanares, este se subsanaría por completo dejando los campos sin carga durante 2 o 3 años.[33]

Comparación del resultado de los arrendamientos de tierra y la rentabilidad de la estancia

Habiendo analizado los resultados obtenidos de los arriendos, podemos compararlos ahora con lo que hemos visto sobre los resultados financieros de la estancia. Si tomamos en cuenta los 13 años de los que tenemos información, el arrendamiento de tierras ocasionó un ingreso promedio de $ 18.402 oro por año, o $ 184 por cada una de las 100 leguas disponibles. Si se consideran los 14 años de los cuales tenemos información sobre la estancia, el establecimiento tuvo un rendimiento promedio de $ 9408 oro por año, o $ 558 por legua cuadrada de tierra alambrada.[34] La estancia, claro está, requirió una inversión adicional que no fue necesaria en las tierras arrendadas. Por lo tanto, si descontamos a las ganancias de la estancia un monto similar al ingreso medio que se obtuvo por cada legua disponible para su arriendo, multiplicado por el número de leguas destinadas a formar la estancia, encontramos que lo restante representa una retribución muy pobre sobre la inversión requerida por la estancia (poco más del 3%). Por otro lado, tomando en cuenta el aumento del valor del ganado en el momento de la realización de la propiedad, la tasa de ganancia aumenta en forma considerable. Debemos tener también en cuenta que en tanto que las rentas parecen tener una tendencia decreciente, las ganancias de la estancia iban en aumento. Existen también otros factores que deben ser considerados:

1. Los campos destinados a la estancia estaban entre los mejores que poseía la compañía, por lo que su arriendo hubiera resultado más fácil y su canon más alto que el promedio.

2. Todos los costos de administración eran cargados contra los ingresos de la estancia, incluidos los de los arriendos (aunque estos últimos por sí mismos no hubieran importado una cifra muy significativa).

3. La existencia de una empresa importante como estancia Trenel debió, sin duda, tener una influencia positiva sobre el valor de arriendo de las tierras vecinas.

4. La estancia, con su personal, sus operaciones comerciales, etcétera, otorgaba a SALCo. una posición más sólida en Argentina que la que hubiera tenido si se hubiera limitado a arrendar su propiedad.

Tomando en cuenta todas estas consideraciones podemos llegar a la conclusión de que, desde un punto de vista estrictamente financiero, la tierra destinada a la estancia debe haber producido un ingreso similar, descontando los intereses sobre la inversión suplementaria que requirió, al que se hubiera obtenido si se la hubiera arrendado. Pero considerando una perspectiva más amplia, llegaremos a la conclusión de que existieron otros factores beneficiosos en la operación del establecimiento que, si bien no pueden ser expresados en cifras exactas, deben haber contribuido en buena medida al resultado final de la inversión.

Venta de la propiedad y evaluación del resultado financiero global de SALCo.

Como hemos visto, a comienzos del siglo XX tanto la estancia como los arriendos operaban con considerable éxito y proveían a la compañía de ingresos regulares, si no brillantes. Pero, como queda dicho, el propósito con el cual SALCo. fue creada era la reventa de la propiedad y no su explotación; y pese a la transformación que la empresa tuvo que emprender debido al cambio en las condiciones en la República, nunca desistió por completo de su propósito original. Los informes anuales a los accionistas hacían continuas referencias a la evolución del mercado de tierras en Argentina y señalaban la intención, en ocasiones explícita, del Directorio de realizar toda o parte de la propiedad no bien las condiciones fuesen favorables.[35] Por otro lado, los accionistas menores presionaban para que se adoptase esta decisión, lo que resulta poco sorprendente, ya que se trataba de una compañía que se había formado con el propósito de realizar una operación rápida y distribuir las ganancias y eventualmente se había transformado en un establecimiento pecuario, con gran parte de su capital atado en inversión productiva.

Sin embargo, y aun cuando el mercado de tierras en Argentina había mejorado considerablemente para mediados de la primera década de nuestro siglo, y la región de Trenel se había transformado, durante el cuarto de siglo en que operó la compañía, de un desierto estéril en un área poblada y productiva, todavía no había llegado la hora para la división de la tierra en chacras y su venta a colonos. La realización inmediata de la propiedad requería un comprador de otro tipo. La llegada del ferrocarril facilitó las cosas y mejoró las perspectivas de precios. Finalmente, en 1904, SALCo. recibió una oferta por toda la propiedad y se llegó a un acuerdo de venta que se concretó en julio de 1905. Las 116 leguas cuadradas de Trenel, con sus mejoras pero sin el ganado, se vendían a Antonio Devoto en £ 400.000, en tanto que se esperaba obtener entre £ 60.000 y £ 70.000 adicionales por la venta de La Filadelfia y el ganado.[36] Se decidió entonces la disolución de SALCo. y que el producto de la venta fuese distribuido pro rata entre los accionistas. La posibilidad de reinvertir el capital en la Argentina fue planteada en la asamblea anual de inversores de 1904,[37] pero el Directorio consideraba que el precio de la tierra había aumentado demasiado en el Plata y que no ofrecía ya una buena oportunidad de inversión.

Hasta ahora hemos analizado los resultados de la explotación de SALCo. en relación con la superficie de tierras que ocupaba y con la inversión en la estancia. Antes de entrar en el análisis de las ganancias obtenidas por la venta de tierras, debemos considerar los dividendos distribuidos a los accionistas durante su período de operación. El cuadro siguiente muestra las variaciones en el monto de la inversión y los dividendos distribuidos por la compañía durante la mayor parte de su período de operación.

Cuadro XXVI. Distribución de dividendos por la South American Land Company entre 1885 y 1905

Año

Capital accionario (£) Capital recaudado (£) Montos distribuidos como dividendos (£) Div. como % del capital recaudado (%)

1885

63.000 63.000 6.000 9,52

1886

63.000 63.000 0 0

1887

63.000 63.000 0 0

1888

63.000 63.000 0 0

1889

63.000 63.000 0 0

1890

75,000 75.000 0 0

1891

75.000 75.000 3.750 2,5

1892

75,000 75.000 1.875 0

1893

100.000 75.000 0 0

1894

100.000 75.000 0 0

1895

100.000 75.000 2.500 3,33

1896

100.000 75.000 2.500 3,33

1897

100.000 75.000 2.500 3,33

1898

100.000 75.000 5.000 6,66

1899

110.000 85.000 6.600 7,76

1900

110.000 85.000 5.500 6,47

1901

120.000 95.000 6.000 6,31

1902

120.000 95.000 6.000 6,31

1903

140.000 115.000 7.000 6,08

1904

140.000 115.000 7.000 6,08

1905(½)+

140.000 115.000 7.000 6,08

Total

69.225

Promedio

3,84

+: Primera mitad del año. Luego de esta, se concretó la venta de la propiedad.
Fuente: SALCo., I. A., 1885-1905.

La primera columna del cuadro indica el capital emitido por la compañía tal como figura en su balance anual, en tanto que la segunda presenta el capital que fue efectivamente requerido de los accionistas. El primer aumento de capital en 1890 se debió a requerimientos de inversión en la estancia. El segundo aumento de la primera columna, en cambio, fue sólo una operación contable que no implicó un ingreso efectivo de capital; y de allí la diferencia con la segunda columna. Como ya hemos señalado, hasta 1893 se incluyó una evaluación del aumento del ganado en las ganancias de la empresa. Esta cifra, junto a la diferencia entre el costo y la valuación de la tierra (que proviene de las ventas anteriores a 1885) y la inclusión en las ganancias netas de otras sumas que habían sido reinvertidas en el desarrollo de la estancia, resultan en el hecho de que una cifra importante que aparecía como ganancias líquidas en la cuenta de ganancias y pérdidas de la empresa consistía, en realidad, en capital invertido en la producción. Para solucionar este problema se emitieron y distribuyeronacciones, como dividendo extraordinario, por un valor de £ 25.000, y se transfirió una suma similar de la cuenta de ganancias y pérdidas a la de capital en los balances anuales. El aumento de capital accionario de 1899, en cambio, representó una contribución efectiva de los accionistas, que fue realizada a través de una distribución pro rata de nuevos valores de la empresa. La razón para ello fue que la compañía requería nuevos fondos, en especial para hacer efectiva la retribución a los miembros del Directorio, que nunca se había pagado. En 1900 y 1903, también se requirió nuevo capital de los accionistas, el que fue destinado a la compra de La Filadelfia y a realizar mejoras en ambas propiedades, en especial sembrar alfalfa en Trenel.

La tercera columna indica el dinero requerido para el pago de los dividendos declarados sobre el capital accionario existente; y la cuarta, el porcentaje que este representa sobre el capital efectivamente ingresado (columna 3 como porcentaje de la columna 2). A excepción de los dividendos de 1885, que fueron abonados con el producto de las operaciones en tierra anteriores a esa fecha, los otros montos distribuidos por la compañía provenían de la estancia y de los arriendos. Como puede verse, en relación con la inversión real que había requerido la empresa, los dividendos anuales que distribuía, particularmente a partir de 1898 (cuando la estancia llega a sus mejores condiciones de producción), pueden ser considerados adecuados, aunque distan de ser brillantes. Aun la ganancia media para los 20 años de los que tenemos información podía ser considerada en aquella época como una retribución aceptable sobre la inversión realizada.

Pero, como sucedía habitualmente en las compañías de tierras en Argentina a fines de siglo XIX, las ganancias más llamativas de SALCo. provinieron del aumento del valor de su activo. W. Wilson, al referirse a los directores de la compañía que habían fallecido, podía decir en 1904: “si hubieran podido prever el resultado de sus esfuerzos hubieran estado plenamente satisfechos”.[38] Wilson opinaba que la venta de la tierra era una buena operación, como lo fue eventualmente su adquisición:

al igual que todas las compras de tierras en la República Argentina; algunas personas pueden haber hecho adquisiciones desatinadas, pero quienes se aferraron a sus propiedades, al final han obtenido buenas ganancias.[39]

Un cuidadoso análisis de la compleja evolución financiera de SALCo. demuestra que, al menos en este caso, tenía razón. El contrato de venta estipulaba el pago por giros sobre Londres: £ 200.000 en el momento de la transacción, £ 100.000 a dos años y otras £ 100.000 a cuatro, con garantía hipotecaria y un interés anual del 6% sobre saldos. La Filadelfia fue vendida en subasta y, aunque el monto exacto de la operación no se halla consignado en los informes anuales, de los balances se puede deducir que se obtuvieron aproximadamente £ 20.000, parte al contado y parte en una hipoteca a cuatro años con un interés anual del 7%. El ganado se vendió al mismo tiempo que la estancia, en 1905, y se obtuvieron £ 40.000. Ahora bien, si consideramos una inversión de £ 63.000 durante 20 años (1885-1904), £ 12.000 durante 15 años (1890-1904), £ 10.000 durante 6 años (1899-1904), £ 10.000 durante 4 años (1901-1904) y finalmente £ 20.000 durante 2 años (1903-1904), a una tasa de interés compuesto del 9% anual, la cifra obtenida será algo más de £ 450.000, que es aproximadamente el monto obtenido por la venta de las propiedades y el ganado de la compañía.[40]

Lamentablemente, no tenemos información sobre el período anterior a 1885. De referencias en documentos más tardíos[41] se desprende que, aparte del capital que fue eventualmente destinado al desarrollo de la estancia, las ventas de tierras de los primeros años redujeron otras ganancias que fueron utilizadas para devolver a los inversores parte del capital desembolsado inicialmente. Esto explicaría la diferencia entre el capital invertido y el costo de la tierra, según aparece en el balance de 1885. Sin embargo, aun considerando el capital accionario de 1885 como invertido en 1881 y sin que hubiera producido ganancia alguna con anterioridad a los dividendos distribuidos en ese año (véase cuadro XXVI), la tasa de interés compuesto sobre el conjunto de la inversión en el momento de la venta sería de poco menos del 8%. Por lo tanto, si agregáramos el porcentaje anual de dividendos a esta ganancia media del capital invertido en tierra,[42] obtendríamos una ganancia anual equivalente a un 13% de interés sobre el capital invertido, o casi un 12% de interés anual si la compañía no hubiera distribuido dividendos antes de 1885.

De los datos presentados se desprende en forma bastante clara que la venta de Trenel fue la culminación de una empresa exitosa. Aun así, cabe preguntarse si la venta de 1904 fue realizada en términos favorables para la compañía. En primer lugar, resulta difícil juzgar si las condiciones de ella fueron óptimas, ya que no poseemos suficiente información sobre el mercado de tierras de La Pampa en el período. Si la opinión de los hombres que conocían bien el mercado inmobiliario argentino, por tener una larga experiencia en él y por estar relacionados con la compañía, puede servirnos de guía, ellos parecían satisfechos con los términos de la operación.[43] Si consideramos la venta de la propiedad en el contexto de los ingresos ocasionados por los arriendos y por la estancia, llegaremos a la conclusión de que la operación fue muy conveniente, ya que, si bien los dividendos anuales no resultaban inadecuados en relación con el capital invertido, no guardaban relación con el valor de mercado del activo de la empresa en el momento de su venta. Podemos agregar que, pese al valor más alto de las tierras de la estancia, con importantes mejoras, estas parecen tener una rentabilidad superior a las tierras arrendadas. Por último, podemos preguntarnos qué hubiera sucedido si la compañía hubiese conservado la propiedad durante más tiempo. Una respuesta exhaustiva a esta pregunta requeriría un análisis de Estancia y Colonias Trenel, la compañía argentina que formó Devoto con las tierras adquiridas, lo que escapa a nuestro tema actual. Sabemos, sin embargo, que Estancias y Colonias Trenel fue una empresa exitosa. La llegada del ferrocarril posibilitó el desarrollo de la colonización agrícola en el Noreste de La Pampa, lo que permitió a la compañía argentina llevar a cabo el programa de colonización para el cual había sido formada su predecesora británica.[44]

Resumiendo, entre 1881 y 1885, SALCo. logró reunir suficiente capital mediante la venta de parte de sus tierras para desarrollar una sección de su propiedad y retribuir en parte la inversión realizada. Más tarde, al no surgir nuevas oportunidades para efectuar ventas en condiciones favorables, la compañía continuó con la explotación directa de una parte de la propiedad y el arrendamiento del resto, lo que mejoró así su valor y le permitió obtener al menos un modesto beneficio sobre su inversión, en tanto aguardaba condiciones favorables para la realización de su propiedad. Finalmente, cuando los efectos de la crisis dejaron de hacerse sentir y el restablecimiento de la confianza en el futuro de la República se tradujo en una nueva alza del precio de la tierra, la compañía tuvo la oportunidad de vender su propiedad y obtener un importante incremento sobre su capital.

Este proceso, salvando ciertas peculiaridades, tiene significativas coincidencias con la experiencia de otras empresas inglesas en los territorios incorporados por la campaña militar de 1879, en la región pampeana. Se relaciona particularmente con el caso de la Pampa Estancia Company, propietaria de la estancia Trebolares, en el límite de La Pampa con la provincia de Buenos Aires.[45] En este caso, el capital utilizado para desarrollar la estancia fue obtenido por la colocación de obligaciones, por lo que todas las ganancias líquidas anteriores a 1902 fueron absorbidas por los intereses sobre aquellas. Con posterioridad a esa fecha, la estancia comenzó a producir mayores beneficios, lo que posibilitó la distribución de dividendos entre sus accionistas. Pero, al igual que SALCo., aun cuando estos dividendos no eran despreciables con relación al capital invertido, eran muy bajos con relación al ingreso que produjo la venta de la propiedad en 1905. Finalmente, dada la similitud en el tamaño y la ubicación de las dos estancias y el hecho de que varios de los inversores en una de ellas formaran parte del directorio de la otra, parece posible suponer que las formas de operación de estancia Trenel y Los Trebolares hayan sido bastante similares.

Expansión a la Patagonia

Participación británica en la ocupación del nuevo territorio

A diferencia de las ricas tierras de la Pampa Húmeda, y aun de las menos fructíferas del noreste de La Pampa, las tierras de la meseta patagónica ofrecían escasas ventajas y opciones para su incorporación a la vida económica. Sin embargo, no todas las tierras al sur del Río Negro presentan las mismas condiciones de esterilidad. Los vientos húmedos producidos por el anticiclón del Pacífico Sur pierden temperatura y descargan su humedad al elevarse para transponer la barrera andina, transformándose así en las frías y violentas ráfagas típicas de aquellas tierras australes, en su camino al Atlántico Sur. Este proceso da lugar a un área de abundantes precipitaciones en el sur de Chile y en la región cordillerana argentina, cuyo nivel pluviométrico decrece rápidamente al dirigimos hacia el oeste. Así, en la ladera este de los Andes y en el extremo oeste de la meseta –la región argentina que se beneficia de la influencia humectante del Pacífico– encontramos una angosta faja cubierta por bosques y prados, con abundante agua en arroyos, ríos y lagos, que constituye la región más apta para la producción agraria en la región austral.

En la Patagonia Norte, las aguas de la vertiente andina son recogidas por los ríos Neuquén y Limay, que se unen para formar el Negro. En su recorrido hacia el Atlántico, el río Negro ha horadado un angosto valle en la meseta, que al recibir sus aguas se convierte en una rica faja de tierras cultivables. En la Patagonia central, parte de las aguas andinas han horadado su cauce a través de la cordillera yendo a desaguar en el Pacífico, por lo que el flujo de los ríos Chubut y Deseado es muy inferior al del Negro. Pese a ello, los valles que rodean sus cursos son las únicas tierras de esta región con un suministro regular de agua. En el extremo sur y en Tierra del Fuego, como las montañas son menos altas y el continente es más angosto, la influencia beneficiosa de los vientos húmedos del Pacífico se hace sentir con mayor intensidad.

Las restantes tierras de Patagonia, secas y ventosas, presentan una típica vegetación xerófila, mayormente chirca, chañar y otros arbustos pequeños, que por lo general sólo pueden dar sustento a los guanacos o a rebaños de cabras u ovejas si se mantienen los campos muy poco poblados.

La Patagonia tuvo una población muy escasa durante casi todo el siglo XIX. En contraste con los belicosos indígenas de la región pampeana, y con la excepción de algunos grupos más próximos a los Andes, los aborígenes de la región eran en general más pacíficos. Así, la única población blanca anterior a la campaña del general Roca, las colonias galesas en la desembocadura del Chubut, no debieron hacer frente a la hostilidad indígena. Estas colonias fueron fundadas a comienzos de la década de 1860 y tuvieron que soportar graves penurias durante este temprano período. Finalmente, con apoyo del Gobierno argentino, lograron cierto desarrollo, como agricultores dedicados mayormente a la producción de trigo. Pero las colonias galesas no fueron la vanguardia de la ocupación blanca de estos territorios; se trató más bien de un pequeño grupo aislado asentado en el bajo valle del Chubut, cuyo único contacto con el mundo exterior era por mar, aprovechando las ventajas naturales del Golfo Nuevo (Puerto Madryn). Por otro lado, esta colonización no aportó capital a la Argentina, ya que incluso la tierra para su asentamiento fue provista gratis por el Gobierno. Tampoco tenemos referencias de un número significativo de egresos del país de estos inmigrantes, que pudiera implicar una salida de capitales. Y como los colonos galeses trataron de mantenerse aislados de la sociedad argentina durante un largo período, ya que uno de los principales motivos para emigrar de su país natal fue el intentar preservar su lengua y su cultura amenazadas por el avance de la cultura inglesa, no parecen haber afectado en forma significativa la circulación de capitales entre Gran Bretaña y Argentina.[46]

En realidad, no fue hasta después de que la “Conquista del Desierto” abriera la ruta terrestre a Patagonia y las campañas militares posteriores eliminaran en la región a los grupos indígenas belicosos –lo que se consolidó para mediados de la década de 1880– que el área comenzó a ser de interés para la colonización y la inversión del hombre blanco. Aun entonces el desarrollo fue lento. La eliminación de la frontera indígena abrió tierras mucho mejores y más accesibles en la región pampeana, por lo que en una primera etapa se brindó muy poca atención a las desoladas tierras al sur del río Negro. Fue sólo a fines de los años 1880, cuando la casi totalidad de las tierras pampeanas habían sido apropiadas privadamente y una especulación frenética había elevado sus precios a niveles muy altos para la época, que la atención del público y del Gobierno –en busca de una nueva fuente de ingresos para hacer frente a un déficit cada vez mayor– se volvió hacia los Territorios del Sur. Existía otra razón para el creciente interés en estas tierras. En 1891, un artículo del Board of Trade Journal comentaba que en la medida en que las tierras más aptas de la Pampa Húmeda se dedicaran a la agricultura, las tierras marginales –y la Patagonia entre ellas– la reemplazarían en la cría de ganado.[47] Esto sería al menos parcialmente cierto, porque aunque la Patagonia nunca llegó a ser un centro de cría de vacunos, pronto se transformó en la principal región lanera del país.

Entre los primeros pobladores de la Patagonia, una amplia proporción fue de origen británico. Ya hemos mencionado el temprano caso de un inglés que llegó a Santa Cruz en 1886 sin capital alguno y que volvió a Gran Bretaña ocho años más tarde con una pequeña fortuna de £ 26.000 obtenida en la cría lanar.[48] William Walker, nuestro conocido estanciero escocés, comenta a su amigo R. Wendelstadt, en 1889, la reciente llegada y la instalación en el Sur de un compatriota; concluye diciendo: “y no me cabe duda de que en poco tiempo llegará a ser un importante terrateniente en las ventosas planicies desiertas de Patagonia”.[49]

Por su lado, Darbyshire nos relata la experiencia de un británico llamado Penton que, en 1894, arrendaba 24 leguas de tierras fiscales en el Sur, donde tenía más de 20.000 ovejas Lincoln y exportaba, a través de Punta Arenas, carne congelada y lanas.[50] Otro ejemplo llamativo es el de J. Hamilton y J. Saunders, dos súbditos británicos que llegaron a la Patagonia en 1888 con un capital de £ 500 cada uno. Se asociaron en la compra y el arriendo de tierras del Gobierno y se dedicaron a la cría de ovinos. Todas las ganancias de sus primeras ventas de lanas fueron reinvertidas en ovejas y tierras. En la temporada de 1892, sus rebaños sumaban 42.000 animales y eran propietarios de 58 leguas cuadradas. Sólo por venta de lanas su ganancia neta ese año fue de $ 42.000 oro.[51] Hacia 1910, Hamilton y Saunders eran propietarios de Morro Chico, Pali Aike, Los Frailes y Punta Loyola, todas importantes estancias de la zona de Río Gallegos.[52] Para entonces, habían registrado en Londres una compañía privada, la Hamilton Saunders Company Ltd., con un capital de £ 400.000, cifra que refleja magramente el valor de sus extensas propiedades y majadas.[53]

Al extremo sur de Patagonia arribaron muchos pobladores británicos provenientes de las Islas Malvinas que llevaron consigo una raza de ovejas que se conoció como “malvinera”, la cual se hizo bastante común en el sur argentino. Esta corriente inmigratoria fue iniciada por las familias Scott, Halliday y Rudd, que llegaron a la Argentina entre 1885 y 1887.[54] Además de la malvinera, otras razas de ovejas fueron traídas a Río Gallegos por mar, o por tierra a través de una larga y dificultosa ruta que atravesaba casi toda la Patagonia. Algunos apellidos británicos, tales como MacClain, Hamilton y Saunders y Jamieson, se hallan vinculados a los más importantes de estos arreos.[55]

Pero esta primera inmigración no activó el mercado de tierras en la medida requerida por un Gobierno muy acuciado por dificultades financieras. Así, desde la presidencia de la República, Juarez Celman intentó paliar sus problemas presupuestarios mediante una venta en mayor escala de tierras patagónicas en Europa. Su intento, sin embargo, no tuvo respuesta por parte de los inversores europeos. Más aún, el proceso de ventas internas decayó durante la recesión de los años 1890, pese a que la crisis no repercutió en Patagonia con la misma intensidad que en otras áreas del país.

Por la Ley 3053 de 1893, el Gobierno, aún interesado en la venta de las tierras del Sur, otorgó una concesión a A. Grunbein de cuatro millones de hectáreas en Santa Cruz y Chubut, que este debía vender a mil pesos oro la legua cuadrada. Se vendieron, así, 2.517.274 hectáreas, y entre quienes las adquirieron se encuentra un importante número de apellidos británicos, que incluye a varios de los más poderosos y más antiguos pobladores de la Patagonia.[56]

Superada la crisis, la expansión en Patagonia de pobladores y capitales británicos continuó desarrollándose a ritmo aún más rápido. Gran parte de esta actividad, como ocurriera en otras regiones argentinas en las que había existido colonización británica, fue llevada a cabo por individuos que adquirían tierras en forma particular. Entre ellos, encontramos muchas familias inglesas acaudaladas de las regiones de más antigua colonización, que también habían adquirido tierras en las regiones de frontera más próximas. Hubo, además, un importante número de pobladores nuevos que, al igual que sus antecesores 30 o 40 años antes en Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, o aún antes en Buenos Aires, invirtieron pequeñas sumas de capital y mucho trabajo en la formación de importantes establecimientos laneros en los territorios del Sur. Por otro lado, como ocurriera con los campos del norte, muchas de estas estancias fueron eventualmente transferidas a propietarios en el Reino Unido. Es así como se crean en Londres empresas privadas, tales como la Cullen Station Ltd. (que poseía 62.000 ha en Tierra del Fuego), la Heill Heaton Livestock Society (30.121 ha en Santa Cruz), la Lai Aike Sheep Company (97 .005 ha en Santa Cruz), la Monte Dinero Sheep Company (26.192 ha en Santa Cruz) y muchas otras.[57]

Junto a ellas, un elemento característico de los nuevos territorios fue la adquisición de extensas porciones de tierras vírgenes por parte de compañías públicas británicas. Ya hemos analizado el caso de SALCo. en La Pampa, y también la compra por parte de ALICo., en 1880, de dos extensas secciones de tierras fiscales en Río Negro. Por su parte, el New English Bank llegó a poseer 35.000 ha mediante la adquisición de certificados militares.[58]

Pero la primera compañía formada especialmente con el propósito de adquirir tierras en Patagonía, y la mayor de todas las empresas británicas que operaron en el área, fue la Argentina Southern Land Company (en adelante ASLCo.), creada en 1889. Esta empresa, que analizaremos más adelante en mayor detalle, subdividió posteriormente su propiedad y dio origen a otras dos compañías, Port Madryn (Argentina) Company (PMACo.), en 1906, y Río Negro (Argentina) Land Company (RNALCo.), en 1907.

Entre tanto, en 1892 se formó la Santa Cruz Sheep Farming Company, para operar una estancia en la Patagonia sur,[59] y en 1897 la Patagonia Sheep Farming Company se registró en Londres para hacerse cargo de los establecimientos de Waldron Wood Ltd., una empresa familiar con propiedades en Chile y Argentina.[60] Ese mismo año se creó la Lochiel Sheep Farming Company, que adquirió 25.000 ha en Chubut. La San Julian Sheep Farming Company fue otra empresa británica, formada a comienzos del siglo XX, que poseía 141.921 ha en Santa Cruz.[61] En 1907, se formó la Argentine (South) Development Company para operar en tierras en Patagonia; y en 1910 se lanzan al mercado de Londres los valores de otra importante empresa patagónica, la Tecka (Argentina) Land Company.[62] La Southem Argentine Sheep Farming Company, que también poseía tierras en Argentina y Chile, data de 1912; por último, en 1913 se funda la Argentine Fruitland Syndicate para adquirir tierras y participar en la nueva actividad frutícola en el valle del Río Negro.[63] Existían otras compañías de tierras británicas operando en Patagonia a comienzos del siglo XX, tales como Segard & Company, que poseía la estancia Huemules; Hobbes & Company, propietaria de Lago Posadas; y El Ghio, Douglas Station Ltd. y Port San Carlos Ltd., pero no hemos podido obtener información sobre la fecha de formación de estas estancias ni sobre la ubicación exacta de sus propiedades.[64]

Estas empresas, más allá de su número, eran importantes por la extensión de sus tierras. Su superficie agregada abarca millones de hectáreas y, si bien estas tierras eran mucho menos valiosas que las de la Pampa Húmeda, buena parte de ellas se encontraban en las mejores regiones de Patagonia y disponían de una considerable capacidad productiva.

Como puede apreciarse, la extensión de la propiedad agraria británica en el Sur argentino era muy importante. Por lo tanto, no resulta sorprendente hallar en un informe consular británico de 1906 el siguiente comentario referido a Santa Cruz: “Los principales terratenientes de este distrito son ingleses, e incluso en algunas regiones se emplea corrientemente moneda británica”.[65] La primera parte de la frase es confirmada por una lista de miembros de la Sociedad Rural de Río Gallegos a mediados de la década de 1910, en la que casi la mitad de los participantes, incluidos los propietarios de los establecimientos de mayor importancia, son británicos.[66] Lamentablemente, carecemos de estadísticas precisas sobre la proporción de propiedad británica en el área, pero podemos realizar una estimación de su importancia en base a las existencias de ganado ovino en Patagonia –sin duda la principal actividad productiva– que nos proveen los censos: 1.790.941 en 1895; 11.251.326 en 1908 y 10.366.535 en 1914.[67] Podemos estimar que la mitad de estos animales (quizás una proporción aún mayor en 1895) se hallaban en establecimientos de propiedad de súbditos británicos, en tanto que la mitad de estos –una cuarta parte del total– eran propiedad de personas residentes en el Reino Unido.

La Argentine Southern Land Company: formación de la empresa

Dentro de este conjunto de empresas, ASLCo. se destaca por ser la más antigua y más grande de las compañías británicas de la región y uno de los establecimientos más importantes de Patagonia de esa época. Es por ello que la historia de su desarrollo ilustra bien el proceso de incorporación de la región patagónica a la vida económica de la República. La compañía fue creada en el período de auge de las inversiones de la city de Londres en Argentina, a comienzos de 1889, por miembros del núcleo de inversores que años más tarde el Daily Mail llamaría el “Argentine land group”.[68] Los promotores, una sociedad denominada “Chubut Company Ltd.” creada para actuar como concesionaria y contratista del Ferrocarril Central de Chubut, recibieron del Gobierno, como parte de la concesión ferroviaria, aproximadamente 28 leguas cuadradas de tierra en una faja de una legua a cada lado de la línea que unía Trelew con Puerto Madryn.[69] También habían adquirido concesiones por un total de 298 leguas cuadradas en los territorios de Chubut y Río Negro, de acuerdo con las condiciones de la Ley Avellaneda de 1876. Aquellas debían ser escogidas en bloques de 16 leguas cuadradas, cada uno dentro de una vasta área indicada por el Gobierno. Las concesiones y las tierras próximas al ferrocarril debían transferirse a la nueva empresa por un precio de £ 220.000, de las cuales £ 93.000 serían en acciones de ASLCo. y el resto en efectivo. Desconocemos el monto abonado por la Chubut Company por las concesiones, pero sabemos, en cambio, que ALICo. pagó £ 6.637 por dos concesiones que totalizaban 54 leguas colindantes con las mejores tierras adquiridas por la nueva empresa.[70] A un precio similar, el costo total para los concesionarios originales alcanzaría £ 36.626, lo que dejaría un muy jugoso margen de ganancia respecto al precio de reventa a ASLCo.

La extensión de las concesiones excedía el límite establecido por la Ley Avellaneda, que había sido originalmente de 80.000 ha y posteriormente fue extendido a 360.000 por la administración Juárez Celman.[71] Para salvar este problema algunas concesiones fueron obtenidas en nombre de la Chubut Company y otras en el de C. Krabbe, miembro del “Comité Local” de ASLCo. en Buenos Aires; una vez adjudicadas fueron transferidas a la compañía de tierras. Esta forma de acumular extensiones mayores que las permitidas por la ley no era, sin duda, infrecuente en el período; y en general se realizaba con la connivencia de las autoridades argentinas, como lo señala la Investigación Parlamentaria sobre concesiones de tierras en Patagonia realizada en 1911.[72]

El primer directorio de la empresa refleja bien su importancia. Incluye a tres socios de importantes casas comerciales británicas que operaban en Buenos Aires, R. Huxman, A. Wellesley Watson y H. Stokes –quien también era director de la Union Marine Insurance Company–, William Rodgern, miembro del directorio del English Bank of the River Plate, y el coronel L. Heyworth, miembro del directorio del Ferrocarril Central Argentino. El Comité Local de Buenos Aires también estaba compuesto por figuras de relieve: Asahel P. Bell, cabeza de una de las familias de terratenientes anglo-argentinos de mayor importancia, C. Lockwood, un importante terrateniente con inversiones particulares en la Patagonia y miembro del directorio de la Santa Fe and Cordoba Great Southern Land Company, y, como ya señaláramos, Charles Krabbe, socio de una de las casas comerciales más grandes y antiguas de Buenos Aires, miembro del directorio local de la City of Buenos Aires Tramway Company y, como podría preverse, dueño de una importante propiedad rural en la provincia de Buenos Aires.

El capital autorizado de la compañía era de £ 280.000, del que £ 93.000 se emitieron a nombre de la Chubut Company como parte de pago de las tierras y lo restante salió a la venta en la bolsa de valores de Londres. Esta emisión tuvo una acogida favorable en la city y los organizadores pronto recibieron un gran número de solicitudes de acciones.[73]

La intención de los creadores de la compañía era operar en forma similar a la mayor parte de las empresas de tierras anglo­argentinas formadas en esa década, es decir, siguiendo el ejemplo de CALCo. En realidad, ASLCo. se hallaba vinculada a la empresa decana, contando con el coronel Heyworth en el Directorio, al que se unirían más tarde Henderson y Augier, ambos de ALICo. –como se recordará, nuevo nombre de CALCo. en 1888–. El folleto que acompañó la emisión de acciones señala que:

El principal propósito de la compañía será subdividir la tierra en chacras para colonos, y ofrecer incentivos a los inmigrantes para que se establezcan en sus tierras. La radicación de unas pocas familias prósperas y trabajadoras alentará a otras a adquirir chacras de la compañía, lo que aumentará considerablemente el valor de las tierras.

Se planea también formar una estancia para ganado mayor, ovejas, etcétera, de la que se proveerá a los nuevos pobladores. Se anticipa un comercio lucrativo de ganado con Chile, donde existe un buen mercado para los vacunos que puede ser provisto en condiciones tanto o más ventajosas desde esta región que desde cualquier otro punto de la República Argentina.[74]

La similitud de este proyecto, en especial su primera parte, con el de la Compañía creada con las tierras de la concesión al Central Argentino es evidente. Pero, como vimos al analizar la experiencia de aquella empresa, un elemento esencial para el desarrollo de sus actividades era la existencia de transporte rápido y económico a los puertos de embarque. Los creadores de ASLCo. tenían conciencia de ello y su intención original era que el Ferrocarril Central de Chubut, con el que tenían un acuerdo, extendiera su línea a través de la Patagonia siguiendo el valle del río Chubut, hasta alcanzar las tierras de ASLCo. al pie de los Andes. Por otro lado, una extensión del Ferrocarril del Sur de Buenos Aires que llegaría a Neuquén era, en su visión, otra posible base para el desarrollo de la región.[75] Madryn se hallaba vinculado al mundo exterior a través de un barco a vapor mensual a Buenos Aires, que operaba para el Ferrocarril Central de Chubut bajo contrato y con subsidio del Gobierno Nacional, y por los vapores de la Gulf Line, que unían Liverpool con Valparaíso, usando el Golfo Nuevo como puerto de reabastecimiento.

Como en el caso de SALCo., la crisis de 1890, junto a la alejada ubicación de las tierras, hizo imposible el desarrollo de ASLCo. como empresa de colonización. El receso de la inmigración europea, pese a los esfuerzos en este sentido de la compañía, no pudo ser compensado con inmigrantes provenientes de Chile.[76] Por otro lado, es muy dudoso que aun las mejores tierras de la compañía fueran aptas para la colonización agrícola en ese momento, y no cabe duda de que la mayor parte de ellas sólo podían ser utilizadas como campos de pastoreo, como no tardaron en comprender los directores.[77] Por último, la recesión de los años noventa demoró en diez años la concesión de la extensión del Ferrocarril del Sur a Neuquén y por un período aún mayor la construcción de una línea que cruzara la Patagonia.

Esto puso a la compañía en una situación muy comprometida. De acuerdo con la Ley de Colonización e Inmigración bajo la cual se habían otorgado las concesiones, la compañía había contraído ciertas obligaciones sobre radicación de colonos que eran imposibles de cumplir bajo las nuevas circunstancias que atravesaba el país. En realidad, ni el Gobierno ni los concesionarios habían tenido una noción precisa sobre la calidad de las tierras, pues la inspección y mensura fue efectuada por la empresa una vez que las concesiones ya habían sido en principio acordadas.

Más aún, el proceso indirecto mediante el cual la compañía había adquirido las tierras tenía dos consecuencias negativas: había aumentado su costo para la compañía, que se veía así comprometida con una inversión considerable en propiedades que aún no habían demostrado su potencial productivo, y colocaba a la empresa en una posición delicada en relación con el Gobierno. Esto último era tanto más difícil dada la inestabilidad política de la Argentina a comienzos de la década de 1890 y el hecho de que ASLCo. había obtenido las concesiones de la muy desprestigiada administración Juárez Celman. Por otro lado, tampoco era cómoda la posición del Gobierno frente a los concesionarios de tierras de fines de la década de 1880, ya que debía afrontar el hecho de que, bajo las condiciones económicas prevalentes, era imposible llevar a cabo las obligaciones asumidas por aquellos y que buena parte de las tierras que se habían destinado a la colonización no eran aptas para dicho fin.

La solución vino a través del dictado de una nueva ley de tierras en noviembre de 1891.[78] Por ella se dispensaban las obligaciones de colonización y se otorgaba la tierra en propiedad plena y libre, a condición de que el concesionario regresara una cuarta parte de la superficie recibida y llevara a cabo una cierta inversión de capital en las tierras restantes. El Directorio de ASLCo. resolvió acogerse a la nueva ley. La compañía logró un acuerdo con el Gobierno por el cual, en lugar de devolver una cuarta parte de la extensión de cada una de las secciones recibidas tal como se desprendía del texto de la ley, renunciaba a una de cada cuatro concesiones adquiridas en 1889. La concreción del acuerdo con el Gobierno se realizó en 1895 y, según señalan los directores, suavizó las relaciones con las autoridades, lo que facilitó negociaciones posteriores.[79] Fue así como la transferencia de los títulos de propiedad a la empresa, pese a las demoras y los gastos habituales, no implicó dificultades serias, lo cual, además del acuerdo logrado, debe atribuirse a la actuación del influyente “comité local” de Buenos Aires. Para 1891, las tierras cedidas al Ferrocarril Central del Chubut ya habían sido transferidas y se habían levantado y presentado al Gobierno los planos de siete de las otras secciones, restando aún mensurar las demás. La adopción de las regulaciones de la nueva ley demoró los trámites, pero luego del acuerdo se volvieron a encarrilar, y para 1898 todas las propiedades se hallaban en manos de la empresa.

El período de formación de la empresa fue de mucha inquietud para los accionistas. Pese a las reiteradas referencias del directorio al antecedente de CALCo., que debió soportar siete años de continuas pérdidas antes de lograr cuantiosas ganancias y una sólida base, la solicitud de nuevos fondos en momentos en que las perspectivas comerciales de Argentina no eran nada halagüeñas produjo en los accionistas la impresión de que dedicaban mucho capital a una empresa cuyo futuro era bastante incierto.[80] Más aún, esto se unía al hecho de que, dada la forma y el momento en que se habían adquirido las tierras, estaban pagando por ellas un precio muy superior al de su valor de mercado, pese a lo cual, hasta 1895, la propiedad se hallaba sujeta a difíciles condiciones. Estas inquietudes llevaron a la formación de un comité de accionistas nombrado en 1892 para revisar la política de la empresa: sus conclusiones, en general, avalaron las decisiones adoptadas por el Directorio, fundamentalmente el acogimiento a la ley de 1891 y las nuevas recaudaciones de capital, parte del cual debía destinarse a la adquisición de ganado, ya que:

en este momento debemos operar como grandes estancieros, y a medida que crezca nuestro stock vacuno, ovino y caballar crecerán también nuestros dividendos.[81]

La única innovación sugerida por el comité de accionistas fue reemplazar el “comité local” por un representante en Buenos Aires tan pronto las tierras se hubieran transferido a la compañía, como forma de reducir los gastos fijos.

Las tierras finalmente transferidas a la empresa consistieron en 14 secciones, diez de ellas de exactamente 16 leguas cuadradas cada una y otras cuatro que, por usar formaciones naturales como parte de sus límites, eran algo mayores, lo que daba un total de aproximadamente 234 leguas. Dos de estas secciones (Canu Lafquen y Sierra Colorada) se hallaban en la región central del territorio de Río Negro, una zona de tierras muy pobres, sólo aptas para la cría lanar. Otras seis (Rucu-Luan, Renangueyen, Neluan, Epu­Lafquen y Huanu-Luan) se encontraban más hacia el oeste, también en Río Negro y sobre la meseta patagónica, pero abarcaban una suave depresión con un sistema de arroyos en los que generalmente podía hallarse agua. Las seis restantes, incluidas las de mayor extensión, se hallaban en los contrafuertes andinos: una en Río Negro, cerca del Limay y del Nahuel Huapi (Pilcañeu), y las restantes (Esquel, Lepa, Fofo-Cahuel, Leleque y Cholila) en el territorio de Chubut. Las 28 leguas entre Trelew y Puerto Madryn recibidas por la concesión del ferrocarril eran extremadamente pobres; su mayor valor radicaba en que comprendían los asientos de los pueblos de Puerto Madryn y Trelew. El resto sólo podía albergar un stock ganadero muy liviano para abastecer al puerto y las colonias.

Los comienzos de la actividad ganadera

Aun antes de llegar a un acuerdo con el Gobierno, y por consejo del comité local, el Directorio decidió poblar las tierras (que todavía no le pertenecían) con ovinos y bovinos, y comenzó las compras de ganado en 1890. Esta disposición para iniciar de inmediato la explotación de sus propiedades, que indica a las claras que la empresa no tenía un fin meramente especulativo, contribuyó a la buena disposición de las autoridades nacionales para lograr el acuerdo de 1895. Pero la tarea de establecer una empresa ganadera en la Patagonia a fines del siglo XIX y comienzos del XX era mucho más difícil de lo que podían anticipar quienes habían adquirido su experiencia rural en la expansión de la frontera sur más próxima, luego de la campaña de 1879. En contraste con el rápido crecimiento de un área en la que el transporte ferroviario y el control gubernamental no se hicieron esperar, e incluso con la evolución algo más lenta de los establecimientos que operaban en los límites de ese nuevo mundo económico (tal el caso de SALCo.), el desarrollo patagónico requirió una buena dosis de ese espíritu pionero que caracterizó la expansión de la frontera norteamericana como empresa privada, y que en la Argentina sólo había estado presente en alguna medida en los asentamientos de frontera anteriores a 1879.[82] Por otro lado, la mera extensión de la propiedad, las enormes distancias a través de territorios inhóspitos que debían recorrerse para llegar a estas tierras o para ir de un grupo de secciones a otro, la escasez de población e incluso las condiciones ecológicas, mucho menos favorables que en la región pampeana, fueron todos fuertes factores en la limitación del desarrollo de las propiedades.

Estos problemas se hicieron evidentes tan pronto como se comenzó con el poblamiento de la tierra. La primera compra de ganado comprendía 12.000 vacunos, pero el recuento del año siguiente señala la existencia de tan sólo 6500. Las enormes pérdidas fueron explicadas a los accionistas en forma un tanto lacónica:

cierto número de los animales adquiridos, mencionados en el informe anual pasado, se perdieron en el camino al arrearlos a la concesión de la compañía en Nahuel Huapi … esperamos poder encontrar algunos de los animales faltantes.[83]

De acuerdo con el recuento de 1892, no fueron muchos los animales recuperados, pese a lo cual se pudo efectuar una primera venta de animales a Chile de algo más de 1000 cabezas. En los años siguientes, el Directorio trató de aumentar al máximo posible el stock ganadero, pero se hallaba limitado por la escasez de fondos. Se vieron, así, obligados a requerir nuevos ingresos de capital de parte de los accionistas, de forma tal que para 1897 la empresa había recaudado el valor completo de sus acciones. Para entonces, habían surgido otras dificultades. En 1893, el administrador informa que, pese a disponer de fondos para la compra de ganado, “no podía lograr los progresos deseados porque tenía muchas dificultades para encontrar hombres aptos para conducir los animales tan al sur”,[84] y esta era su primera referencia al problema de la escasez de mano de obra, que sería una preocupación constante para la empresa durante toda su temprana existencia.

También debió abordarse el problema del mercado para la venta de novillos. Una distancia de más de 3000 km. hasta la cabecera ferroviaria más próxima hacían inaccesibles para la compañía los mercados del Norte; y la demanda local en la deshabitada Patagonia era prácticamente inexistente, por lo que Chile parecía el único mercado posible para el ganado. En 1892, el administrador logró encontrar un buen paso a través de la Cordillera y logró colocar, como señaláramos, más de mil cabezas en aquel mercado. Al año siguiente, la compañía ya contaba con un agente de ventas en Santiago, pero en 1894 se haría presente un problema que sería recurrente de allí en más: un considerable aumento en el número de ventas fue acompañado por una evolución cambiaría desfavorable a la moneda chilena, lo que disminuyó notablemente las ganancias de la empresa. Una dificultad aún más seria, y con efectos más duraderos, se haría presente en 1898. El Gobierno chileno estableció un impuesto sobre la importación de bovinos y ovinos en pie. Una confusión sobre su pago resultó en una larga demora de un arreo en la frontera con pérdida de muchos animales. Esto, a su vez, dejó a los establecimientos de Patagonia en una comprometida situación de escasez de circulante, lo que por otro lado dio lugar a un largo y estéril enfrentamiento con el Gobierno chileno.

Como resultado de este episodio, y estimulada por la extensión del ferrocarril al río Neuquén a 450 millas de Leleque (principal sección ganadera), la compañía comenzó a hacer esfuerzos para ubicar sus reses en los mercados del Norte. El fracaso de esta tentativa, sin embargo, se refleja en el bajo número de ventas de 1899. Estas fueron realizadas en el sur de la provincia de Buenos Aires, pero los poco alentadores resultados hicieron abandonar el proyecto. Para 1900, la compañía había reiniciado sus operaciones con Chile, pero utilizando una forma distinta de comercialización. El ganado se vendía en efectivo a compradores chilenos en las estancias argentinas; si bien los precios logrados eran notablemente más bajos, se evitaban los mayores riesgos. Entretanto, la crisis financiera resultante del problema de 1898, junto con un constante déficit de capital para el desarrollo de una propiedad tan extensa, decidieron al Directorio a la emisión en Londres de obligaciones por un valor de £ 15.000 y con un interés del 6% anual.

Ya para entonces la compañía contaba con un buen desarrollo de su stock ganadero. En 1894, se había realizado una segunda compra importante de ganado mayor y, sobre esta base, por crecimiento natural, para fines de siglo las manadas alcanzaban un número muy significativo, como puede apreciarse en el cuadro N.º XXVII.

Cuadro XXVII. Evolución del stock ganadero en las estancias de ASLCo. entre 1890 y 1917

Año

Pariciones Compras Muertos, perdidos, faenados Ventas Recuento anual

1890

0 12.000 s.i. o s.i.

1891

s.i. 0 s.i. o 6.500

1892

s.i. 0 s.i. 1.056 7.705

1893

s.i. 0 s.i. 1.300 8.386

1894

3.372 s.i. s.i. 3.043 14.787

1895

3.342 150 s.i. 3.131 15.132

1896

5.028 0 s.i. 2.162 18.001

1897

4.811 0 717 2.052 20.043

1898

s.i. 0 s.i. s.i. 23.879

1899

s.i. 0 s.i. 780 28.880

1900

s.i. 73 s.i. 3.781 30.164

1901

s.i. 0 s.i. 5.732 31.338

1902

s.i. 166 s.i. 7.146 31.865

1903

10.289 0 1.942 1.152 39.069

1904

11.654 0 1.817 8.691 40.215

1905

11.787 0 2.118 5.692 43.922

1906

11.365 414 3.424 7.219 44.644

1907

13.661 0 1.338 7.533 49.433

1908

s.i. 0 s.i. 10.725 50.223

1909*

s.i. 0 s.i. 3.982 s.i.

1910

6.385 0 s.i. 4.371 38.836

1911

9.325 0 4.002 3.231 40.945

1912

8.766 0 6.589 5.932 37.190

1913

7.787 0 4.950 6.782 33.345

1914

6.304 0 1.399 5.265 32.985

*Este año no se realizó el recuento anual debido a las condiciones climáticas.
Fuente: ASLCo., Informes Anuales y minutas de las Asambleas Anuales de Accionistas.

La intención de la compañía era no sólo aumentar el número sino también la calidad del ganado para lograr acceso a mercados más refinados y obtener mejores precios.[85] Se incorporaron al efecto toros de buena calidad –mayormente Durham, pero también algunos Polled-Angus– al plantel, y de allí las compras de 1895, 1900 y 1902.

En realidad, hasta 1905 la compañía concentró su producción en el ganado mayor, particularmente en las secciones más ricas de la Cordillera. Desde un punto de vista ecológico, esta decisión no era enteramente ilógica. Pese a la impresión de “extremo sur” que da la Patagonia, la latitud de Esquel, el punto más austral de las propiedades de ASLCo., es equivalente a la latitud norte de Roma y, si bien es cierto que su clima es mucho más severo debido a la altura y la distancia al mar, no es excesivamente más riguroso que el de las regiones de Inglaterra y Escocia de donde provenían las razas finas que se trataban de imponer. Es cierto que el sistema de cría extensiva utilizado en Argentina hacía que el ganado sufriera mucho más los duros inviernos que los cuidados animales europeos, pero el bajo valor del ganado hacía más fácil absorber cierto número de pérdidas durante los grandes fríos. En realidad, en las secciones de “Cordillera” (como eran llamadas por la empresa), donde el agua y los pastos eran muy abundantes en verano y en invierno, solían acumularse más de 60 cm de nieve, los vacunos soportaban mejor el clima que los lanares, ya que con frecuencia estos últimos eran sepultados por la nieve, y morían por sofocación o de inanición. La situación era inversa en la meseta patagónica: allí el agua era escasa, la dura vegetación xerófila ofrecía poco alimento a los vacunos y la precipitación de nieve en el invierno rara vez era muy elevada, por lo que los lanares eran la alternativa obvia.

Pero esta distribución ecológica no tenía en cuenta un factor económico que era igualmente importante para determinar la combinación productiva más apta: las posibilidades de mercado. Es así que durante los primeros 15 años de operaciones, las ganancias de la empresa por venta de ganado nunca fueron suficientes para generar la acumulación de capital requerida para llevar a cabo el programa de inversiones necesario para que la empresa desarrollara un sistema productivo adecuado que le permitiera obtener buenas ganancias. Sin embargo, hacia comienzos del siglo XX, las condiciones de venta de ganado de ASLCo. habían mejorado notoriamente.[86] Esto, junto con las ganancias obtenidas por la venta de lanas y las operaciones de los almacenes de las estancias, permitieron a la empresa comenzar a distribuir dividendos en 1904. Pero en contraste con lo que ocurriera en la mayor parte de los establecimientos que estudiamos al norte del Río Negro, y pese a haber recurrido en ocasiones a préstamos de capital, las estancias de ASLCo. no habían logrado alcanzar el nivel de desarrollo mínimo requerido por establecimientos de su tipo. Un informe sobre las propiedades de la empresa confeccionado en febrero de 1905 indicaba que el único aspecto en que se había logrado una evolución adecuada era en el stock vacuno, y aun allí la mayor parte de los animales no reunía todavía las características necesarias para participar en el nuevo mercado de exportación a Europa.

Los únicos alambrados existentes cercaban dos potreros de 7000 ha cada uno en Leleque y uno más pequeño en Fofo­ Cahuel, en el cual había cuatro hectáreas alfalfadas. Aparte de ello, Leleque, donde estaba el principal casco de las estancias, contaba con varios edificios para vivienda o almacenamiento y algunas facilidades para el manejo del ganado (corrales, mangas, bañaderos, etc.). Maquinchao, en Epu-Lafquen, la cabecera de las estancias en la Patagonia central, contaba con instalaciones similares especializadas en ganado lanar, en tanto que en las secciones restantes sólo había algunos puestos y corrales.[87] Como se ve, todo el sistema productivo era aún extremadamente primitivo, incluso en relación con los métodos de cría extensivos que se utilizaban en Argentina en ese período.

Reorganización y desarrollo de las propiedades

Para 1905, sin embargo, parecía que el Directorio había tomado conciencia de que el desarrollo esencial de los establecimientos requería una inversión de capitales que no podía lograrse en un plazo razonable mediante la mera reinversión de ganancias. Esto era aún más evidente dado que no podía postergarse más el pago de dividendos, ya que los accionistas estaban ansiosos por ver los resultados de una inversión que no había redituado aún ganancias, pese a las frecuentes promesas del Directorio. Se llegó, entonces, a la conclusión de que, para asentar la empresa sobre una base sólida, se hacía necesario poner las estancias en condiciones adecuadas de producción mediante una considerable inversión de capital.

Fue a este efecto que el Directorio solicitó del personal en Argentina la confección del citado informe, que contenía una evaluación del desarrollo de las propiedades y su posible capacidad productiva con introducción de mejoras, buscando al mismo tiempo la forma de obtener el capital requerido para llevar a cabo un programa de mejoras. Esto último se logró mediante el fraccionamiento de la propiedad con la creación de dos nuevas empresas: PMACo. en 1906 (que se hizo cargo de las tierras a lo largo del ferrocarril, de Canu-Lafquen y de Sierra Colorada, las dos secciones más orientales) y RNALCo. en 1907·(que comprendía las restantes secciones de la Patagonia central). Las nuevas empresas recaudaron su capital accionario en efectivo; y de lo obtenido pagaron a ASLCo. por sus tierras £ 52.000 y £ 115.000 respectivamente. Como la emisión total de acciones era de £ 140.000 y £ 210.000, ambas empresas nuevas contaban con un plus de capital suficiente para completar el desarrollo de las propiedades adquiridas. Por otro lado, el producto de la venta inmueble permitió a ASLCo. encarar su programa de mejoras.

En la emisión de acciones de las nuevas empresas se dio prioridad de compra a los accionistas de la empresa madre y, como el precio de transferencia de las tierras era considerado bajo, el Directorio recomendó a aquellos que suscribieran su alícuota de los nuevos valores. De esta forma, más que crear dos empresas totalmente nuevas, el resultado de la operación fue la formación de dos cuasi subsidiarias, que colaboraban, más que competían, con ASLCo. El principal argumento esgrimido por el Directorio para la subdivisión de la empresa fue facilitar la administración mediante unidades más pequeñas, próximas y homogéneas. Si bien hay bastante de cierto en ello, el motivo fundamental parece haber sido, más bien, la necesidad de una nueva recaudación de capital. Sin embargo, parte de lo ingresado por la venta de las tierras volvió al poco tiempo a los accionistas, ya que fue colocado en un fondo de reserva de dividendos y distribuido anualmente como ganancia extraordinaria hasta 1909; lo restante fue invertido en las estancias. Pero al agotarse el capital destinado a este fin se debió recurrir a un nuevo procedimiento financiero, la emisión de nuevas acciones de ASLCo., lo que se llevó a cabo en 1909 y 1912.

La disponibilidad del efectivo proveniente de las ventas de tierras y de las recaudaciones posteriores posibilitó una radical transformación de las propiedades aún en poder de ASLCo., que logró que en pocos años las estancias proveyeran anualmente una razonable ganancia sobre el capital invertido.

Uno de los rubros que requería una inversión cuantiosa era el de cercamiento. La extensión de las propiedades, aún después de la subdivisión, implicaba que tan sólo rodear su perímetro requería 400 km de alambradas, lo que a un costo de $ 3500 por legua[88] implicaba un gasto de $ 280.000 papel, o £ 25.000 aproximadamente, un costo estimativo utilizando postes y varillas del aserradero que había instalado la empresa, bajo concesión del Gobierno, en los bosques de Epuyén. Pero debido al alto costo del transporte terrestre, que debía efectuarse totalmente en carros y carretas, resultaba antieconómico utilizar estos postes en Pilcañeu, por lo que en esa estancia los costos se incrementaban por el uso de postes y varillas de acero traídos de Gran Bretaña.[89]

El alto costo no era la única dificultad para alambrar. Como la mayor parte de las actividades en Patagonia, sólo se podía llevar a cabo en verano, un período durante el cual existía una intensa demanda de trabajo en todo el Sur, lo que hacía que el reclutamiento de las cuadrillas de alambradores fuera una preocupación recurrente para el administrador. Otro problema era el transporte de los insumos. La única forma de hacer llegar el material de alambrado a los establecimientos de la compañía era por barco a Puerto Madryn, y de allí en carreta. Esto último se hacía utilizando los 20 carros de mulas y cuatro carretas de bueyes de la empresa, pero implicaba un considerable desequilibrio entre la carga de y hacia el puerto. En 1907, por ejemplo, se llevaron 32 toneladas de productos de la estancia a Madryn, y se tuvieron que llevar de allí a la Cordillera 220 toneladas, en tanto que en 1909 las cifras aumentaron a 76 y 330 toneladas respectivamente, manteniéndose la desproporción.[90] Más aún, los carruajes no sólo se requerían para traer el material de Puerto Madryn, sino también dentro de las estancias para transportarlo largas distancias hasta el lugar donde se lo habría de usar, lo que hacía que muchas veces debieran suspenderse los trabajos por requerirse los carruajes para tareas más urgentes.

Por otro lado, el alambrado tenía una importancia fundamental para mejorar las condiciones de operación de las estancias. En primer lugar, disminuía el riesgo de robos, bastante frecuentes en Patagonia en ese período, a juzgar por las reiteradas quejas que aparecen en la correspondencia de ASLCo. También evitaba el ingreso de squatters[91] y de ganado ajeno, lo que aumentaba la capacidad de pastoreo de los campos y, al mantener fuera los toros criollos, contribuía al mejoramiento de los animales. Favorecía también la reducción del personal, ya que se podía dejar a las majadas libres en los potreros y eso requería menos cuidado de los pastores y evitaba la necesidad de poner cuidadores de límites.[92] Por último, facilitaba un aprovechamiento más adecuado de la tierra al posibilitar el confinamiento de los animales a determinados potreros o secciones de acuerdo a las condiciones climáticas prevalentes. Por lo tanto no es sorprendente que ASLCo. dedicara mucha atención al tendido de sus alambradas, pese a lo cual el proceso fue lento. En 1907, se acumuló en Leleque una importante cantidad de material; al año siguiente, se habían levantado 100 km de alambrados y 44 más se hallaban en ejecución, pero no fue hasta 1911 que se completó el alambrado perimetral. Hacia 1913, se estaban erigiendo subdivisiones internas; y aunque los inmensos potreros obtenidos de varias leguas cuadradas cada uno estaban muy lejos de ser los más apropiados, con ellos las estancias daban un importante paso al frente en el desarrollo de sus técnicas productivas.

Evolución de la ganadería bovina

El tendido de las alambradas tuvo una marcada influencia en la cría bovina en las secciones cordilleranas. En términos cuantitativos, como hemos visto en el cuadro XXVII, el stock se hallaba completo hacia mediados de la primera década de este siglo. La capacidad de carga de los campos y el número de animales no fueron afectados por la subdivisión de la empresa, ya que la mayoría del ganado bovino se hallaba en las secciones que permanecieron en poder de ASLCo. Las dificultades de comercialización de los animales, por otro lado, implicaron que hasta 1907 el crecimiento constante, y algo indiscriminado, del número de animales se hallara más determinado por las condiciones de mercado que por una decisión intencional de aumentar el stock. Así, cuando en 1908 y 1909 la Patagonia se vio afectada por una gran sequía, las pérdidas en las manadas fueron enormes.[93] Este problema, junto a las crónicas dificultades de comercialización, impuso un cambio de prioridades en la estructura de producción de la empresa. Se decidió entonces privilegiar al lanar sobre el vacuno, aunque el ganado mayor continuó siendo un rubro de actividad muy importante para la compañía hasta 1914. En este sentido, la terminación del alambrado perimetral en 1911 permitió el mantenimiento de una cantidad bastante elevada de vacunos sin afectar la posibilidad de aumentar notoriamente el número de ovejas.

En cuanto a la calidad del stock, y por las causas señaladas, las alambradas permitieron reforzar el proceso de mejora de los animales en el que la empresa se hallaba comprometida desde que comenzó a poblar sus campos. Esto se logró, fundamentalmente, mediante la formación de un plantel de animales finos destinado a producir mejores toros. Así, en 1906, cuando se inició la formación de la rudimentaria cabaña, y dada la falta de animales aptos en las manadas de la empresa, se decidió la compra de 400 vaquillonas siete-octavos Durham en Buenos Aires para cruzar con los 14 toros finos traídos de Escocia. El transporte de los delicados y pesados animales escoceses desde Puerto Madryn a Leleque fue un problema considerable, y en las duras condiciones de Patagonia la muerte de los animales finos era un riesgo mucho mayor que en las cuidadas cabañas de la Provincia de Buenos Aires. Pero pese a esta dificultad, la compañía logró producir toros de suficiente jerarquía como para elevar la calidad de sus manadas en un período razonable. Esto se complementó con un proceso de selección y venta de vacas viejas y por la selección natural que se produjo durante la sequía de 1908-1909, que libró a las manadas de los animales más débiles y viejos. Así, a comienzos de la segunda década del siglo XX, ASLCo. producía un tipo de animal que, luego de un período de engorde en los campos del Norte, podía colocarse en el mercado de reses congeladas de tipo continental.[94] Sin embargo, como ocurría generalmente con las empresas de cría, era precisamente el momento de la comercialización el que determinaba, en buena medida, el éxito o el fracaso de la actividad.

La mejora en la calidad del ganado, junto a problemas de mercado y la tasa de cambios, hizo evidente que ASLCo. debía superar las condiciones que encontraba en Chile si esperaba lograr mejores resultados de esta actividad. Es así como, entre 1906 y 1912, la empresa comenzó a explorar otras posibilidades. Se realizaron nuevos intentos de enviar ganado al norte a través de la extensión del Ferrocarril del Sur a Zapala y se estudió la posibilidad de mejorar el sistema de comercialización en Chile. Hacia 1908, este último seguía siendo el principal mercado, pero la empresa era consciente de la necesidad de “un mercado alternativo que nos permita imponer precios a nuestros compradores chilenos”.[95] Sin embargo, los resultados de los intentos de venta de ganado en el norte al comienzo no fueron en absoluto satisfactorios y, cuando las condiciones climáticas comenzaron a provocar fuertes pérdidas, el administrador de Leleque se vio obligado a informar que:

Una caída de la tasa cambiaria dificulta mucho las ventas a Chile. Recibimos una oferta por novillos a $16 argentinos y debemos aceptarla… El precio, claro está, es muy bajo, pero tenemos que vender.[96]

En los años siguientes, se estudió cuidadosamente la posibilidad de arrendar tierras en Chile para invernar allí el ganado y venderlo luego con mayores ganancias. Tras una consideración de costos y precios, el administrador llegó a la conclusión de que “no existe la diversidad de opciones o abundancia de mercados de la Argentina, pero no veo razón alguna para no llevar a cabo esta actividad en Chile”.[97] La propuesta, sin embargo, implicaba que la compañía debía asumir el riesgo de cruzar la frontera con los animales, algo que había tratado de evitar desde el incidente de 1896. Más aún, la construcción del Ferrocarril Trasandino de Mendoza a Santiago facilitó el acceso al mercado chileno de los productores del Norte, lo que creó una desigual competencia para ASLCo. En setiembre de 1910, el administrador informa desde Leleque que “ahora que el ferrocarril a Chile está en operación nuestras ventas de ganado pueden hallar mayores dificultades que en los últimos años”.[98]

Se intensificó entonces la búsqueda de nuevos mercados. Finalmente, la fórmula más ventajosa lograda por la empresa consistió en un sistema de participación con invernadores del norte. Se establecía un precio base bajo para el ganado de invernada y, cuando éste era vendido por el invernador, ASLCo. recibía este precio base más el 50% del precio de venta que excediera esta base. Los costos de transporte corrían por cuenta del criador y las pérdidas también, pero el dueño del campo de engorde se hacía cargo de los animales que llegaban a su propiedad. Los primeros resultados no fueron descollantes, en parte debido al alto costo de arreo y en parte por un alto número de muertes, ya fuera durante el arreo o por un exceso de pastoreo al soltar los magros novillos del Sur en los alfalfares de engorde. Por otro lado, el ganado de ASLCo. no tenía aún suficiente cruza para aumentar de peso en el tiempo requerido para un buen rendimiento en la invernada.[99] Pero en la medida en que el ganado fue mejorando y se fueron conociendo mejor los requerimientos de la actividad, los resultados fueron más favorables. Hacia 1910, se realizaron acuerdos con la Santa Fe and Cordoba Great Southern Land Company para enviar el ganado a engordar a Los Alfalfares, su estancia en Córdoba.[100] Más adelante, se arrendaron tierras en Buenos Aires para engordar los novillos de la compañía, y hacia 1912 el presidente del directorio podía informar a los accionistas que casi todas las ventas se efectuaban con éxito en la provincia de Buenos Aires.[101] Un alza en el precio del ganado de engorde favoreció a la compañía en ese año y el siguiente, y para 1914 el sistema de ventas en el norte ya se halla consolidado; el mercado chileno había sido reemplazado. El presidente podía entonces afirmar:

Esta empresa fue la primera en demostrar que ganado criado en Chubut puede ser arriado en grandes cantidades y vendido con provecho en la provincia de Buenos Aires.

Nuestro éxito ha estimulado la competencia, y… existe un… aumento en el número de vacunos y ovinos que son traídos del Sur…

Y citando al presidente del Ferrocarril del Sur, agrega:

por los menos 72 trenes ganaderos completos han sido despachados de Zapala y Senillosa y la extensión de Neuquén a la provincia de Buenos Aires, e incluso a Buenos Aires mismo, en los meses de enero, febrero y marzo pasados.

Señores, el Gran Ferrocarril del Sur debe agradecer a esta compañía por una parte nada pequeña de ese tráfico.[102]

Sin embargo, no se puede afirmar que ASLCo. hubiera resuelto ya entonces en forma definitiva el problema de la venta de ganado. En realidad, una solución de este tipo parecía imposible hasta que se realizara una extensión ferroviaria hasta las proximidades de las tierras de la compañía. La construcción de un ramal entre San Antonio y Nahuel Huapi, que llegó a Maquinchao en 1912, no ofrecía aún una alternativa viable de transporte, porque aunque esta se hallaba más próxima a Leleque que Zapala, el camino a través de la meseta patagónica era mucho menos transitable por grandes arreos bovinos que el camino a lo largo del Limay; y el tramo de Maquinchao a Pilcañeu sólo estuvo completo en 1917.

Así, los ingresos netos de ASLCo. por venta de ganado fueron siempre bajos en este período. Por ello, la única forma de obtener un beneficio adecuado de esta actividad era minimizando los costos fijos e inversiones que, sin embargo, debían cubrir ciertos requisitos mínimos para evitar un número excesivo de muertes y mejorar la calidad de los productos. En resumen, se trataba de lograr un delicado equilibrio entre productividad y costos, en un contexto de bajo rendimiento marginal del capital. En la práctica, esto se logró mediante la reducción de los alambrados a lo esencial (subdivisión en potreros muy extensos), no realizando inversiones en suministros de agua y reduciendo las instalaciones para el manejo del ganado a lo estrictamente indispensable. Esto, junto a un uso limitadísimo del factor trabajo, fue la base de una actividad ganadera de bajo costo. De esta forma, y pese a que la cría vacuna nunca resultó para la empresa una actividad altamente remunerativa en el período estudiado, proveyó al menos un complemento razonable a los ingresos provenientes de la que pronto se constituyó en su principal actividad: la cría lanar.

El ganado lanar en las propiedades de ASLCo.

Durante la última década del siglo XIX, ASLCo. no mostró mayor interés por los ovinos y, aunque el stock aumentó rápidamente a partir de 1901, no fue hasta la reorganización de 1905-1907 que la cría lanar adquirió importancia en las secciones cordilleranas. Anteriormente, estas tierras sólo habían albergado unas pocas majadas, en tanto que la mayoría de las ovejas se hallaban en las secciones de la Patagonia central. Debido a ello, cuando estas propiedades fueron transferidas en 1907 a RNALCo., la compañía más antigua vio sus planteles muy menguados. Nuevas compras, sin embargo, pronto llevaron el número de lanares de ASLCo. a un nivel similar al que había tenido en 1907, su punto anterior más alto; y al año siguiente, la compañía contaba con más lanares en las secciones que aún le pertenecían que los que jamás había poseído antes de la subdivisión, como puede apreciarse en el cuadro N.º XXVIII.

Cuadro XXVIII. Evolución del stock ovino en las estacias de ASLCo. entre 1890 y 1917

Año

Pariciones

Compras Muertos, perdidos, faenados % de pérdidas sobre el total Ventas Recuento anual

1890

0 6.500 s.i. s.i. 0 s.i.

1891

s.i. s.i. s.i. s.i. 0 13.000*

1892

s.i. 0 s.i. s.i. 0 16.201

1893

s.i. s.i. s.i. s.i. 8.300 22.540

1894

725 s.i. s.i. s.i. 5.797 19.540

1895

3.847 0 1.815 7,76 5.575 15.971

1896

s.i. 0 s.i. s.i. 0 18.452*

1897

5.385 s.i. s.i. s.i. s.i. 19.773

1898

s.i. s.i. s.i. s.i, s.i. 19.898

1899

s.i. 0 s.i. s.i. 21 19.333

1900

s.i. 0 s.i. s.i. 672 20.802

1901

s.i. 0 s.i. s.i. 30 26.285

1902

s.i. 0 s.i. s.i. 3.153 26.007

1903

11.469 0 4.713 12,59 50 32.713

1904

12.030 0 4.939 11,03 322 39.482

1905

13.207 s.i. 5.038 9,56 2.643 45.008

1906

14.380 0 9.759 16,43 4.703 44.926

1907

18.066 14.000 4.654 7,38 5.031 67.307

1908

s.i. s.i. s.i. s.i. 50.000 33.122

1909

8.000 30.000 2.272 6,68 2.612 65.938

1910

19.500 0 13.385 15,66 5.921 66.132

1911

27.655 0 s.i. s.i. s.i. 78.741

1912

29.251 0 14.881 13,77 9.497 83.614

1913

30.125 0 12.344 10,85 15.632 85.763

1914

31.156 25.357 4.780 3,35 26.882 102.857

1915

35.406 0 12.736 9,21 19.727 105.800

1916

34.232 0 12.627 9,01 19.157 108.248

1917

38.008 0 13.120 8,97 14.061 119.075

*Dato estimativo. No se efectuó recuento ese año.
Fuente: ASLCo., Informes Anuales y minutas de las Asambleas Anuales de Accionistas.

Cuando a fines de los años ochenta y en los noventa la Patagonia ingresó en la vida económica del país, resultó bastante natural que las ovejas tipo merino, desplazadas en el norte por ganado de carne –tanto bovino como ovino– constituyeran la principal actividad de la región, tanto por razones ecológicas como económicas. Los problemas que debió enfrentar ASLCo., como una de las pioneras en esta actividad, fueron los habituales: escasez de animales de cría, escasez de trabajo calificado e incluso del no especializado, y una demanda limitada o inexistente para capones en la región, todos agravados por el aislamiento en que se encontraba la Patagonia. Pero, como hemos visto en el caso de SALCo., una vez lograda la constitución de las majadas, la producción lanar se adaptaba mejor a estas condiciones que la de ganado mayor. Poblar los campos con buenos animales merino no era en absoluto una tarea sencilla, ya que casi no había oferta de ovejas en la Patagonia, y traerlas en arreos desde el norte presentaba serias dificultades.[103] Por otro lado, era difícil encontrar pastores experimentados que estuvieran dispuestos a ir con arreos tan al sur. Es por ello que la constitución de los planteles fue un largo proceso que sólo se completó después de la subdivisión de la empresa.

Si la escasez de animales de cría trabó el desarrollo de esta actividad en sus primeros años, la dificultad más persistente a que debió hacer frente la empresa fue la escasez de trabajadores. A diferencia de los resistentes bovinos de la sección cordillerana, las merino de buena raza de Patagonia central –que más tarde ocuparían también las tierras del contrafuerte andino– no podían dejarse pastar sin custodia en campos sin alambrar. Para su cuidado se constituían majadas de 1650/1800 animales, de los cuales 1050-1100 eran ovejas de cría, y se las ponía a cargo de un pastor. Pero los pastores, al igual que cualquier otro tipo de trabajador, no eran fáciles de encontrar en la Patagonia en ese período.

La falta de trabajadores es expresada en forma vívida por el administrador de ASLCo.: “el trabajo es escaso, malo, caro, difícil de conseguir y difícil de retener”.[104] Las razones son las habituales en situaciones de frontera: la región estaba escasamente poblada y su dinámica y apertura ofrecían amplias oportunidades al recién llegado. Este no sólo podía elegir el tipo de trabajo que deseaba realizar y quién sería su empleador casi a voluntad, o preferir establecerse por su cuenta en las amplias tierras desocupadas; podía también mantenerse apartado del sector formal de la economía, viviendo como “chulenguiador” (cazador de guanacos), “nutriador”, “tumbiador” (especie de vagabundo que realizaba ocasionalmente alguna tarea, pero que con mayor frecuencia vivía de la hospitalidad de puesteros y estancieros), cuatrero, o cualquier combinación de estas actividades.[105]

ASLCo. intentó varias formas distintas de resolver el problema. Una de las más frecuentes fue la contratación de peones en el norte, generalmente en Entre Ríos. La cita que insertamos a continuación, de una carta escrita en Buenos Aires por el administrador de las estancias al directorio en Londres, no sólo nos muestra cómo se lleva a cabo esta operación, sino que apunta también a la inquietud que producía la escasez de trabajadores.

El día 30 regresé de Entre Ríos trayendo conmigo 23 peones que fueron despachados ese mismo día a Maquinchao vía Roca. El domingo próximo Mr. Hachett (el subgerente) enviará de Entre Ríos otro gurpo de 17, incluyendo varios capataces. Estos últimos son mayormente casados y serán enviados por barco el día 8 vía Madryn. Parece haber una relativa abundancia de peones en Entre Ríos, por lo que aproveché para contratar un número mayor que el habitual. Tenemos abundante trabajo para ellos, y esperemos que resulten un éxito.[106]

Sin embargo, con frecuencia los peones llevados al sur por la empresa la dejaban en busca de un salario más alto. Lo mismo ocurrió cuando la compañía intentó contratar trabajadores directamente en Gran Bretaña. Al requerirse un mayor número de hombres por la reorganización de 1905-1907 y como no se podía contar con trabajo local, ASLCo. decidió contratar pastores y algunos otros trabajadores en su país de origen. Los contratos eran por cuatro años, con un salario anual de £ 45 y una bonificación de cuatro peniques por cordero parido, lo que daría un total promedio de £ 57. La empresa pagaba además el viaje de ida y vuelta de Gran Bretaña a la iniciación y finalización del contrato. Nueve pastores escoceses fueron contratados en un comienzo con este sistema, pero con malos resultados para la empresa. Dos de un primer grupo de tres pastores provenientes de Gran Bretaña abandonaron la compañía poco después de llegar, aduciendo que podían conseguir mejores salarios en otro lado; el hecho se repitió con el segundo contingente de seis pastores y con algunos carreteros llegados a Patagonia con un contrato similar. Por otro lado, los que permanecieron al servicio de la empresa parecen haber sido una constante fuente de conflicto. Luego de un tiempo de efectuado este primer ensayo, el administrador llegó a la conclusión de que “Nunca más querré volver a importar trabajadores de las Islas Británicas”.[107][108]

Finalmente, y pese a la resistencia de la empresa a resignarse a un convenio que era considerado ampliamente favorable a los pastores, ASLCo. debió avenirse a efectuar contratos de aparcería para el cuidado de sus majadas por un tercio del producto. Las condiciones, idénticas a las utilizadas por RNALCo., eran las siguientes: las majadas se componían de 1100/1200 ovejas de cría y 600/700 capones. La liquidación de los haberes se llevaba a cabo en marzo. Al concluir el contrato, el pastor recibía una tercera parte de la lana, del aumento de la majada (corderos) y las pieles, y debían sin embargo vender los productos a la empresa a precios preconvenidos –que a $ 4 m/n los 10 kg de lana de 1909 parecen más bien bajos– y debían retirar de las tierras de la empresa su parte del aumento del número de animales inmediatamente de caducado el contrato. El pastor debía abonar a la empresa siete centavos por cada oveja esquilada y tres centavos por el baño antisarna; contribuía también con un tercio de los gastos de arreo y cuidado durante la esquila. La compañía aportaba $ 30 para un auxiliar durante el período de parición y prestaba gratuitamente los carneros para el servicio. Los caballos que utilizaba el pastor le pertenecían, pero la compañía ofrecía la venta de montas a crédito si el pastor lo requería. ASLCo. otorgaba, además, un crédito por $ 20 para compras en los almacenes de la compañía y adelantaba $ 15 en efectivo al iniciarse el contrato. Si se producía una violación del contrato por parte del pastor, podía ser despedido; si el recuento de la majada resultaba satisfactorio, recibía un salario equivalente a $ 40 por cada mes trabajado (62). Este tipo de arreglo, finalmente, permitió a la compañía obtener el número de pastores que requería para cuidar sus rebaños.

Pero las dificultades para conseguir trabajadores no concluían allí. Todos los años, en la época de la esquila, surgían problemas. En 1906, por ejemplo, no se pudo esquilar los corderos en Maquinchao por falta de esquiladores; con anterioridad, el administrador informó al directorio que:

La esquila debía comenzar el 25, pero se debió postergar por una huelga solicitando salarios más altos. El año pasado cedimos; este año nos pusimos firmes y fueron ellos los que cedieron, comenzando a trabajar el 29.[109]

El problema fue disminuido mediante la instalación de maquinaria de esquilar, pero en general la escasez de trabajadores siguió siendo una de las principales dificultades a que debió hacer frente ASLCo. hasta fines del período que hemos estudiado.

El tercer problema al que nos hemos referido, el de la venta de capones, se hallaba en parte relacionado con el tipo de animal que criaba la compañía. Hasta 1906, se había especializado en animales netamente productores de lana y, por lo tanto, no había mucho incentivo para la venta de capones. Cada año, estos y las ovejas se ponían en oferta en Chile y Argentina. Las ventas nunca eran muy ventajosas, pero como el ingreso principal provenía de las lanas, su resultado no era decisivo para la marcha de los negocios. El aumento del comercio de exportación de carnes congeladas, que para el ovino se aleja de Buenos Aires, donde es substituido por los vacunos finos, llevó a la compañía a estudiar la posibilidad de introducir razas británicas en sus campos.[110] Se decidió, entonces, adquirir algunos carneros Romney Marsh en 1908. Esta mestización, sin embargo, no fue continuada, y tan sólo se logró mejorar un poco la constitución de los capones, sin cambiar las características principales de la majada. Esto no resulta llamativo ya que, si bien es cierto que resulta más fácil arrear ovejas que vacunos a través de las desoladas tierras de la meseta patagónica, los capones de invernada, criados a tanta distancia de las zonas de engorde, mal podían competir con los de las regiones más próximas a los puertos de salida. Sin embargo, hacia la segunda década del siglo XX, ASLCo. había hallado un mercado regular para sus capones merino, enviándolos al norte por ferrocarril –primero desde Zapala y más tarde desde Maquinchao– destinados probablemente al mercado local de Bahía Blanca, lo que puede apreciarse por las cifras del cuadro XXVIII.

Pero si antes de 1914 las condiciones de venta de los capones mejora, al menos en números, la evolución más llamativa se da en la producción lanera. La compañía siempre se había preocupado por la calidad de sus majadas, pero las dificultades de abastecimiento de buenos animales merino en Patagonia la habían forzado a adquirir algunos animales de calidad inferior. En 1894, sin embargo, se realiza una compra de animales finos para formar un plantel de reproductores; desde entonces la cabaña contribuyó a mejorar la calidad del stock ovino. Esta actividad fue reforzada en 1905 con la adquisición de carneros merino de primera clase en Australia y Nueva Zelandia. Como resultado, el servicio de las majadas estuvo a cargo de animales de muy buena calidad, lo que se tradujo en un crecimiento notorio del rendimiento medio de lana por animal, que hacia 1916 llega a la significativa cifra de cuatro kilogramos por cabeza, como se aprecia en el cuadro Nº XXIX.

Cuadro XXIX. Producción lanera en las estancias de ASLCo. entre 1903 y 1917

Año

Ovejas esquiladas Esquila total (kg)

Rendimiento medio (kg)

Ingreso total (£) Precio por libra (peniques brit.)

1903

30.661 69.540 2,30 s.i. s.i.

1904

33.485 92.398 2,72 s.i. s.i.

1905

s.i. 111.608 s.i. 6.119 6

1906

s.i. 104.626 s.i. 7.146 7,5

1907

42.000 s.i. s.i. s.i. 10

1908

14.789 46.881 3,17 2.368 5,5

1909

s.i. s.i. 3,62 s.i. s.i.

1910

74.916 161.968 2,72 s.i. s.i.

1911

s.i. 202.274 s.i. s.i. s.i.

1912

s.i. 264.054 s.i. s.i. s.i.

1913

77.498 281.334 3,63 18.715 7,2

1914

73.328 259.581 3,54 20.165 8,4

1915

91.075 316.941 3,48 s.i. s.i.

1916

85.840 347.702 4,05 s.i. s.i.

1917

93.770 414.281 4,41 s.i. s.i.

Fuente: ASLCo., Informes Anuales y minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1903-1917 (no disponemos de información para el período anterior a 1903).

Por otro lado, la venta de lanas presentaba muchas menos dificultades que la de animales. La escala de producción permitía establecer un circuito de comercialización propio, que comenzaba con la esquila a máquina en las cabeceras de estancia en Maquinchao, Leleque y Pilcañeu, el embalado a presión en las prensas de la empresa, envío por carreta a Puerto Madryn (y más tarde por ferrocarril a Bahía Blanca), y embarque a Amberes, donde el representante de la empresa procuraba obtener las mejores cotizaciones para sus lanas. Es cierto que, al igual que los demás productores, la compañía se hallaba sometida a amplias fluctuaciones en el precio del producto, pero gracias al buen rendimiento medio de sus majadas, las lanas pronto llegaron a constituir la principal y más segura fuente de ingresos de la compañía.

Otras actividades de ASLCo.

Debido al uso constante de carruajes, la cría equina adquirió en esta región mucha mayor importancia que en la mayoría de los establecimientos del norte. La compañía requería un importante número de mulas amansadas para el tiro de los pesados carros que utilizaba para el cruce de la Patagonia a Puerto Madryn, lo que hacía necesario tener cierto número de burros españoles como padrillos. También requería cierto número de caballos para el trabajo con el ganado ovino o bovino, por lo que se adquirieron también dos caballos enteros de buena raza para la cría de animales de silla. El número de caballos en las estancias de ASLCo. fue aumentando paulatinamente de casi 700 en 1891 a unos 3.500 en 1903; y desde entonces osciló entre esa cifra y poco más de 5.000 (1907), variando según las condiciones climáticas y las posibilidades de ventas. Estas comenzaron a efectuarse en número limitado en 1899 y estuvieron sujetas siempre a grandes oscilaciones, que van de unas pocas decenas hasta casi 500 animales en 1909.[111] Pese a estas ventas, la cría equina fue siempre una actividad orientada a satisfacer las necesidades de la empresa, pero existía cada año un cierto excedente de producción de mulas y caballos que obtenían buenos precios, dada la gran demanda de animales de este tipo existente en ese período en Patagonia.

La agricultura, por su parte, nunca llegó a ser una actividad importante para ASLCo. Los experimentos realizados con cereales y alfalfa entre 1906 y 1913 tuvieron en realidad resultados positivos, pero dada la escasez de mano de obra y las dificultades de transporte, la posibilidad de un desarrollo agrícola era remota. De hecho, la única producción digna de mención en las estancias eran unas pocas hectáreas alfalfadas, que ni siquiera eran suficientes para reemplazar a la “paja de mallín”[112] como principal forraje invernal.

Fuera de la actividad propiamente de estancia, ASLCo. obtenía anualmente un ingreso reducido pero regular de los almacenes de ramos generales que tenía en Leleque, Pilcañeu y Maquinchao. Cuando la compañía comenzó a poblar sus tierras en 1890, el establecimiento de almacenes se hizo una necesidad imperativa, ya que eran la única fuente de provisiones para su personal en cientos de kilómetros. Así, sin competencia alguna, los ingresos provenientes de esta actividad aumentaron de £ 350 en 1894 a £ 500 en 1903. El margen de ganancias era, por otro lado, favorecido por ser los puertos del Sur de entrada libre para productos importados. Es así que una buena proporción de las mercaderías se enviaban a los almacenes directamente desde el Reino Unido.

Con el tiempo, sin embargo, comenzaron a notarse algunas señales de competencia (de allí la caída de ingresos por este rubro que puede observarse en 1904 en el cuadro XXX) y el Directorio comenzó a considerar la posibilidad de deshacerse de los almacenes como parte del proceso de reorganización de la empresa que tuvo lugar en esos años. Los argumentos contra esta medida esgrimidos por el administrador en Patagonia indican claramente que no eran las ganancias la única función de los almacenes para la empresa. El administrador argumenta que los almacenes proveían a la administración local de una fuente de efectivo por la clientela externa (como la mayor parte de los abastecimientos se efectuaban desde Inglaterra, los pagos se efectuaban directamente en Londres), mantenían una porción considerable de los salarios de los peones en las arcas de la empresa, el control de los almacenes por la compañía evitaba que se expendiesen en ellos bebidas alcohólicas y, lo que era más importante que todo lo anterior, se consideraba “vital tener almacenes en las estancias para proveer a los peones y mantenerlos en el lugar”.[113] No existe, sin embargo, evidencia alguna de que la compañía utilizara el sistema de deudas para asegurarse su fuerza de trabajo, como había ocurrido con frecuencia en Argentina hasta poco tiempo antes, y se realizaba aún entonces en regiones marginales del país. El sistema de crédito de los almacenes y la permanencia física de los trabajadores en el establecimiento contribuían sin duda en forma significativa a la estabilidad laboral. Finalmente, la conclusión del administrador era que el sistema de almacenes no debía ser alterado hasta la llegada del ferrocarril, recomendación que fue aceptada por el Directorio. Desde el punto de vista estrictamente financiero, la actividad también era redituable. Los almacenes de Leleque y Pilcañeu –que permanecieron en poder de ASLCo. cuando Maquinchao fue transferida a RNALCo.– siguieron expandiendo sus operaciones y proveyeron un ingreso regular neto de entre 2000 y 3000 anuales hasta 1914.

Relación entre la compañía y las autoridades argentinas

Hemos visto cómo, durante el período de formación de ASLCo., sus relaciones con las autoridades argentinas fueron vitales, particularmente en torno a las dificultades que surgen de los términos de la concesión y su alteración por la ley de 1891. Una vez en pleno funcionamiento y con el antecedente favorable del acuerdo de 1895, ASLCo. mantuvo relaciones fluidas con las autoridades nacionales y locales. El administrador y el representante de la compañía en Buenos Aires tenían fácil acceso al nivel ministerial para tratar los problemas de la empresa. Ejemplo de ello son las negociaciones de la concesión forestal de Epuyén. Luego de varias entrevistas con el Ministro de Agricultura, este aseguró a la compañía que la autorización para operar un aserradero en los bosques fiscales sería renovada cada año, sin lograr, sin embargo, una concesión a largo plazo que era lo que la empresa buscaba.[114] El traslado de un encargado de correos que vendía bebidas alcohólicas a los peones desde una oficina próxima a Leleque también se logró mediante gestiones oficiales, aunque en este caso en un nivel más bajo.[115]

En 1908, durante una visita del Gobernador del Territorio a los establecimientos de la empresa, esta logró un acuerdo de importancia: el nombramiento de un comisario de policía y de algunos hombres para que patrullaran la región, cuyos gastos serían sufragados a medias entre la compañía y el Gobierno. Esta fuerza no fue suficiente para controlar una banda de forajidos que asolaron la región en 1911 y el Gobierno envió refuerzos para capturar a los criminales. Una vez apresados, fueron retenidos en la estancia Leleque, donde, con la autorización del mayor a cargo de las fuerzas policiales y bajo el control de sus hombres, se obligó a los prisioneros a trabajar para la compañía.[116] Al año siguiente, desaparecieron más de 400 ovejas, lo que parecía deberse a un nuevo caso grave de cuatrerismo. El Gobierno envió nuevamente al mismo oficial, ahora con grado de coronel, pero esta vez con “el propósito de establecer un cuartel principal de policía de frontera (gendarmería) en las proximidades”, algo que fue muy bien recibido por la empresa.[117]

Las buenas relaciones de ASLCo. con el Gobierno provenían de una comunidad de intereses. La década de 1880 había dado lugar en Argentina, en particular durante la administración de Juárez Celman, a una fuerte participación del Gobierno en la promoción del desarrollo. Sin embargo, esta política había caído en desgracia porque se la consideraba una de las causas principales de la crisis de 1890. Cuando Roca vuelve a la presidencia en 1898, tras haberse superado casi totalmente la crisis, la participación del Gobierno en la promoción del crecimiento volvió a incrementarse, pero no llegó a los extremos alcanzados hacia fines de la década anterior. Esto fue más evidente aún en Patagonia, donde la tradicional disputa con Chile tendió a reforzar la actitud intervencionista del Estado. Y ello, por supuesto, benefició a los nuevos pobladores de Patagonia, entre quienes se hallaba ASLCo. Algunos ejemplos de esta política estatal son la liberación de impuestos aduaneros a los productos ingresados por los puertos de la región para ser consumidos en ella, el pago de subsidios a las empresas navieras que operaban con los territorios del sur[118] y la creación y subsidios a las autoridades administrativas locales destinadas a promover su desarrollo. Es cierto que esta política nunca llegó al punto de otorgar libremente concesiones ferroviarias en la región, como lo había hecho anteriormente el gobierno de Juárez Celman en el norte, pero ello fue hasta cierto punto compensado por la construcción y la reparación de caminos y por los subsidios a los servicios automotores.[119]

Esta coincidencia esencial de intereses y la importancia que a largo plazo tenía el hecho de mantener buenas relaciones con las autoridades argentinas, era bien entendida por ASLCo., que tenía en general una actitud positiva hacia ellas.[120] Una buena expresión de ello puede hallarse en el discurso del presidente del directorio a la Asamblea General de Accionistas de 1914, en el que, al evaluar el papel de la compañía en el desarrollo de los Territorios del Sur, concluye diciendo:

No creo estar exagerando si agrego que si nosotros nos hemos beneficiado del accionar del Gobierno Argentino, también éste, y el país, obtienen beneficios de nuestra presencia allí.[121]

Trayectoria financiera de ASLCo.

Vemos, así, que durante sus primeros 25 años, ASLCo. logró establecer un sistema de trabajo que le permitió desarrollar y operar sus enormes propiedades. Pero ¿cómo se refleja este proceso en la rentabilidad de los establecimientos? Esta pregunta generalmente compleja se hace aún más difícil de responder en el caso de ASLCo., dado el sistema empleado por la empresa para presentar sus balances anuales. En ellos incluye cada año en la cuenta de ingresos una revaluación del stock ganadero junto con los ingresos por venta de animales, haciendo aparecer como cobro efectivo lo que en realidad es un aumento del capital invertido. Por otro lado, hasta 1905 los únicos gastos de la estancia que aparecen en las cuentas de ingresos y egresos son los de mantenimiento y depreciación de edificios y equipos. Esto implica que los restantes eran deducidos de los ingresos antes de ser asentados en los balances. Pero como estos, a su vez, contenían una porción de ganancias puramente contables por la revaluación del ganado, se hace muy difícil estimar con precisión la estructura y el monto de las ganancias. A partir de 1906, cuando los gastos de las estancias aparecen discriminados en el debe de la cuenta de ingresos y egresos, y los ingresos brutos por la venta de productos –mayormente lana, pero también pieles y cueros– son asentados, se hace más fácil formarse una idea de qué ingreso neto producía en realidad la estancia y de qué actividad provenía. El cuadro N.º XXX muestra los ingresos y egresos de la compañía según lo que acabamos de señalar.

En el cuadro A, los montos bajo el rubro “venta y aumento de ganado” reflejan, en los primeros años, más el incremento del stock que ingresos reales por ventas. A partir de 1900, sin embargo, y excepto en 1903, el número de animales vendidos era considerablemente mayor que el aumento del stock –como se deduce del cuadro XXVII–, por lo que en esos años las cifras bajo este rubro contienen una cuota importante de ingresos efectivos. Los ingresos bajo el rubro “productos”, si bien no son muy altos, indican que a la estancia siempre le resultó posible obtener alguna ganancia de este sector de su actividad y, al igual que en el caso del ganado, estos ingresos se incrementaron considerablemente en los primeros años del siglo XX. Los egresos estaban constituidos mayormente por gastos de oficina en Londres y Buenos Aires y depreciación y mantenimiento de las estancias, a lo cual se suman, a partir de 1900 aproximadamente, £ 1000 anuales por el pago de intereses sobre la emisión de obligaciones.

La columna de balance muestra una tendencia similar a la observada en otras compañías propietarias de estancias. Primero, un período de pérdidas, durante la consolidación de los establecimientos, que llegó luego a un equilibrio que pronto se transformó en saldos favorables para la empresa. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que dado el problema indicado de la valuación del ganado, los egresos monetarios hasta 1899 eran en realidad mucho mayores que lo que figura en los balances. Comparando la trayectoria de ASLCo. en este período con otras estancias, hallamos que la principal diferencia consiste en que, en tanto que los establecimientos del norte habían logrado consolidar sus inversiones productivas más urgentes durante su primera década de vida mediante sus ganancias anuales, esta empresa sólo había logrado hacerlo en lo referente al stock ganadero. Es por ello que no encontramos aquí cifras significativas destinadas anualmente a la inversión de capital (como se evidencia por el escaso monto del rubro depreciaciones y mantenimiento, que rara vez supera las £ 500), lo que desembocó en la necesidad del proceso de reorganización de 1905-1907.

Para el período que se inicia en 1906, las cifras bajo el rubro ganado deben atribuirse mayormente a ventas, y es significativa la participación de los lanares en 1908 y de 1912 en adelante. Sólo en el año crítico de 1909 (cuando la imposibilidad de realizar el rodeo y recuento de animales llevó a sobreestimar el stock existente), y en menor medida en 1911, el aumento de existencias tuvo un peso significativo en la cuenta de ganado. Las cifras de la segunda columna están compuestas por las ganancias netas de los almacenes, que aumentan de manera regular, como ya vimos, y por los ingresos provenientes de la venta de lanas. Estos últimos también aumentan en forma regular; y las oscilaciones de precios en general son compensadas por un aumento de la producción. Sólo en 1908-1909 las cifras decaen en forma notoria, lo que debe atribuirse al escaso número de ovinos existentes en los campos de ASLCo. luego de la subdivisión. Los egresos deben atribuirse mayormente a los gastos de operación de las estancias y la diferencia entre estos y el gasto total surge de las oficinas de Buenos Aires y Londres, la remuneración del directorio y el impuesto a los réditos británicos. Si nos atenemos a lo antedicho, vemos que, salvo en 1909, la columna “balance” refleja en forma bastante adecuada la posición de la compañía durante el año.

Cuadro XXX. Cuenta de ingresos y egresos de ASLCo. en libras esterlinas
A. 1891-1905

Año

Venta y aum. de ganado

Ganancias productos

Ganancias almacenes

Ingresos varios

Ingresos totales

Gastos totales

Balance

1891

0 0 0 284 284 4.456 -4.172

1892

648 923 28 232 1.840 7.310 -5.830

1893

1894

1895

4.276 995 353 83 5.707 5.114 591

1896

2.873 965 176 105 4.119 4.747 -627

1897

2.854 780 475 81 4.190 4.883 -666

1898

2.209 1.244 479 277 4.209 4.978 -769

1899

4.156 827 725 198 5.906 5.629 277

1900

5.021 1.343 1.251 472 8.087 6.255 1.832

1901

6.696 1.398 1.171 302 9.567 6.514 3.053

1902

10.097 2.760 1.348 228 15.244 6.330 8.912

1903

6.252 3.030 1.585 179 11.076 4.446 6.600

1904

13.765 4.584 1.376 290 20.015 5.321 14.694

1905

14.637 6.015 368 21.021 4.213 16.807
B. 1906-1917

Año

Venta y aum. de ganado

Ganancias productos

Ganancias almacenes

Ingresos varios

Ingresos totales

Gastos totales

Balance

1906

25.339 11.734 86 37.160 13.227 18.183 18.977

1907

30.706 11.155 797 42.659 18.944 23.633 19.026

1908

37.182 5.000 2.796 44.978 9.388 13.876 31.102

1909

40.524 3.644 2.688 46.857 19.956 26.371 20.486

1910

15.715 19.248 1.211 36.174 21.226 27.318 8.855

1911

12.842 17.665 454 30.961 13.824 19.174 11.787

1912

13.060 20.586 1.088 34.734 15.472 18.950 15.784

1913

23.246 20.594 1.844 45.585 15.429 18.734 26.951

1914

32.953 22.145 1.577 56.674 19.721 23.300 33.374

1915

17.523 21.346 1.055 39.925 22.290 27.569 12.354

1916

30.309 30.961 1.059 62.329 24.887 30.757 31.572

1917

24.937 55.978 2.840 83.756 38.685 44.726 39.031

Fuente: ASLCo., Informes Anuales,1891-1917.

El cuadro XXXI, que muestra la trayectoria financiera global de la empresa, nos permite apreciar en qué medida el funcionamiento de sus estancias hizo de ASLCo. una inversión rentable para sus accionistas.

La primera columna indica el capital emitido por la compañía a su valor de tapa. La reducción de 1901 se debe a una devaluación en los libros del activo de la empresa. Como vimos, ASLCo. realizó sus contratos para la adquisición de las tierras durante el período de precios altos de 1889. La crisis Baring, al generar un mercado más austero, hizo disminuir los precios a niveles mucho más acordes con el valor productivo efectivo de la tierra en ese momento. Esto se hará muy notorio en la Patagonia, ya que la capacidad productiva y las posibilidades de desarrollo de esta región habían sido totalmente sobrevaluadas en los alocados años previos a 1890, lo que había producido una gran inflación artificial de precios, una “burbuja” que “estalla” con la crisis. Es así que la reducción de capital de 1901 lleva el activo de la empresa a una cifra más próxima a su verdadero precio de mercado y su capacidad rentística.

Al atravesar Argentina un segundo y más sólido período expansivo a comienzos del siglo XX, y al incrementarse el valor de las propiedades de ASLCo. por la introducción de mejoras (los alambrados tan sólo insumieron no menos de £ 40.000, a lo que deben sumarse otras instalaciones y el aumento en número y calidad del ganado), el valor del activo de la empresa aumentó considerablemente, pese a la disminución de la extensión de la propiedad por las subdivisiones de 1906 y 1907. Es por ello que la emisión de acciones por un total de £ 70.000 en 1909, libres de cargos y como bonificación a los accionistas, no parece desvinculada de la realidad. Su propósito principal, sin embargo, era solucionar el problema planteado por las “ganancias” provenientes de la revaluación del stock ganadero. A esta emisión de valores sin recaudación de capital se agrega otra por acciones con un valor de tapa de £ 21.000 que son efectivamente lanzadas al mercado, y cuyo producto es destinado a nuevas inversiones; de allí que la cifra de valores emitidos alcance las £ 231.000 en 1909. Por otro lado, esta última emisión se colocó a un 250% de su valor nominal, lo que sirve de índice de la valorización efectiva del activo de la empresa. Una nueva emisión, en 1912, llevó el capital emitido nuevamente a la cifra original de £ 280.000. También en este caso su precio fue superior al valor de tapa, pero esta vez en sólo un 50%.

La cuarta columna muestra los montos que efectivamente ingresaron a las arcas de la empresa por venta de acciones. Las diferencias menores que se observan entre esta y la primera hasta 1899 deben atribuirse a un retraso en el pago del saldo por parte de los accionistas. En 1909, el aumento de £ 51.450 se debe en £ 21.000 al valor de tapa de las acciones lanzadas al mercado ese año; y las restantes £ 30.450, a la mayor cotización obtenida por ellas. En 1912, £ 49.000 se deben al valor de tapa de la nueva emisión; y £ 23.257, a su mayor valor de mercado.

La tercera columna refleja la capacidad rentística de las estancias de ASLCo. Estas comienzan a proveer ganancias líquidas en 1901; y hacia 1903 puede distribuirse un primer dividendo con lo acumulado. El gran aumento de dividendos entre 1906 y 1909 tiene un origen distinto; se debe a la venta de tierras a PMACo. y a RNALCo., parte de cuyos ingresos se colocaron en un fondo de reserva de dividendos, del cual se destinaron £ 14.000 en 1906 y 1908, £ 28.000 en 1907 y £ 23.100 en 1909 a la distribución de dividendos extraordinarios. Si dejamos de lado estas cifras, veremos que las estancias incrementaban regularmente sus ganancias, que decaen, sin embargo, durante la sequía de 1908-1909, para recobrarse satisfactoriamente con posterioridad.

Cuadro XXXI. Trayectoria financiera de ASLCo. entre 1890 y 1917

Año

Capital emitido (£)

Dividendo anual (%)

Monto dest. a dividendo (£)

Capital recaudado (£)

Dividendo como % del capital recaudado

Obligaciones emitidas (£)

1890

153.500 0 0 153.500 0 0

1891

242.600 0 0 239.637 0 0

1892

251.950 0 0 250.662 0 0

1893

270.650 0 0 260.085 0 0

1894

270.650 0 0 269.507 0 0

1895

270.650 0 0 269.767 0 0

1896

270.650 0 0 270.314 0 0

1897

280.000 0 0 279.286 0 0

1898

280.000 0 0 279.854 0 0

1899

280.000 0 0 280.000 0 15.000

1900

280.000 0 0 280.000 0 15.000

1901

140.000 0 0 280.000 0 15.000

1902

140.000 0 0 280.000 0 18.000

1903

140.000 4 5.600 280.000 2 18.000

1904

140.000 4 5.600 280.000 2 18.000

1905

140.000 5 7.000 280.000 2,5 18.000

1906

140.000 20 28.000 280.000 10 18.000

1907

140.000 30 42.000 280.000 15 18.000

1908

140.000 20 28.000 280.000 10 0

1909

231.000 10 23.100 331.450 6,96 0

1910

231.000 5 11.550 331.450 3,48 0

1911

231.000 5 11.500 331.450 3,48 0

1912

280.000 5 14.000 403,707 3,47 0

1913

280.000 7 19.600 403.707 4,86 0

1914

280.000 7 19.600 403.’107 4,86 0

1915

280.000 9 25.200 403.707 6,24 0

1916

280.000 10 28.000 403.707 6,93 0

1917

280.000 10 28.000 403.707 6,93 0

Total:

296.800

Promedio:

4,68 10.600 3,49

Fuente: ASLCo., Informes Anuales 1890-1917.

Para completar la evaluación de la trayectoria financiera de ASLCo., debemos considerar ahora la cuestión del valor de sus tierras. Como hemos señalado, el precio de compra convenido con los promotores en 1889 era excesivamente alto, particularmente en vista de la depresión subsiguiente. Esto se vio empeorado por el hecho de que, a través del acuerdo de 1895 con el Gobierno argentino, la compañía perdió una cuarta parte de su propiedad. Un artículo que analiza la situación del Chubut, aparecido en 1896, valoraba las tierras de ASLCo. en ese territorio en $ 2.500 m/n por legua cuadrada, lo cual, si asignamos un precio similar a las tierras de la empresa en otras regiones, pondría su valor total en £ 44.373 en ese momento.[122] Aun cuando esto fuera una subvaluación, hay que tener presente que las tierras de Chubut eran las mejores que poseía la empresa, por lo que parece bastante seguro suponer que, a mediados de la última década del XIX, las tierras de la empresa no excedieran un valor de £ 50.000.

Sin embargo, los inversores en tierras en Argentina confiaban en que esta fuera una situación transitoria. Aun en el aciago año de 1891, un artículo titulado “Lands in Andine Patagonia” (Tierras en la Patagonia Andina), aparecido en el Board of Trade Journal, auguraba enormes beneficios para quienes intervinieran en el área. Al comentar la posición de ASLCo. señala: “si estos caballeros saben lo que les conviene, dejarán pasar algunos años sin recibir dividendos, conservando la tierra que poseen”, vaticinando luego que la llegada del ferrocarril y de colonos harían eventualmente de la empresa un éxito rotundo.[123] Estas últimas predicciones, como vimos, no se cumplieron en la forma esperada, pero al retener su propiedad durante el período de la crisis, la compañía llegó en efecto a restablecer su posición. Para 1901, ASLCo. tenía suficiente fe en la posibilidad de operar en las tierras del contrafuerte andino patagónico en forma redituable como para firmar un contrato de renta de nueve años por dos secciones de 16 leguas cuadradas cada una, colindantes con las propias –Fitiriwin y Maiten– que pertenecían a ALICo. De hecho, durante el período de reorganización de ASLCo., en 1906, se sondeó a la empresa más antigua sobre la posibilidad de adquirir sus tierras. Sin embargo, esta, por consejo de Henry Darbyshire (como vimos anteriormente, hermano del presidente de esta empresa), quien poseía “tierras en las márgenes del Nahuel Huapi y sabe aproximadamente cómo puede subir el precio de la tierra en los territorios del sur”, decidió no vender.[124] El arriendo se renovó al expirar el contrato y se llegó a un acuerdo para que ASLCo. cercara la tierra, deduciendo parte de los costos de la renta.

Más adelante, ASLCo. consideró la posibilidad de efectuar otra compra, consistente en tierras que le fueron ofrecidas por una gran compañía que operaba en el área, la Cochamo Company (probablemente también inglesa, aunque carecemos de información sobre ella). Esta empresa poseía algunas tierras colindantes con las de ASLCo. y otras más al sur, y decidió efectuar una reorganización similar a la que había efectuado ASLCo., vendiendo parte de su propiedad. Pero finalmente optó por desprenderse de las tierras más alejadas y ASLCo. perdió interés en la operación. Esto dio lugar a la formación de otra compañía británica, la Tecka (Argentina) Land Company, creada por el mismo grupo que manejaba los negocios de ASLCo. –y de varias otras compañías británicas de tierras en Argentina– que adquirió la propiedad.

El precio abonado por Tecka por las 62 leguas cuadradas compradas en 1910 fue de £ 110.000, es decir, aproximadamente $ 20.000 papel por legua.[125] Se trataba de buenas tierras, ubicadas en el contrafuerte andino, similares a las mejores de ASLCo., pero no contaban con mejoras y que, como se hallaban más al sur, se encontraban a mayor distancia de las cabeceras ferroviarias. Sin embargo, si nos basamos en el precio de $ 20.000 papel por legua, las 106 leguas cuadradas aún en propiedad de ASLCo. tendrían un valor de $ 2.120.000, o aproximadamente de £ 188.445. Tomando en cuenta las construcciones, alambrados y otras mejoras, y la mejor ubicación de las tierras, podemos estimar el valor de las propiedades de esta empresa en 1910 entre £ 300.000 y £ 350.000. Si incluimos una valuación muy aproximativa del stock ganadero, implementos, maquinaria, carruajes, etc., podemos llegar a la conclusión de que, hacia fines del período estudiado, con un costo real del activo de la empresa de £ 403.707, su valor de mercado se hallaba probablemente algo por encima de esa cifra, pero no debió excederla en mucho. De esta forma, durante su primer cuarto de siglo de existencia, el aumento de valor del activo de la empresa había salvado la brecha inicial entre el costo original de las tierras y su valor real. Pero, a diferencia de lo ocurrido en otras estancias del norte, no constituyó un complemento a los ingresos generados por sus operaciones anuales.

Considerada en conjunto, la trayectoria financiera de ASLCo., en estos primeros años, fue más bien pobre. Hasta 1914 había distribuido entre sus accionistas £ 215.000 en total, es decir, un promedio anual equivalente a algo menos del 3% sobre el total del capital invertido por la compañía, y esto incluyendo los dividendos extraordinarios del período 1906-1909. Este opaco resultado debe atribuirse fundamentalmente a dos factores: un precio inicial excesivo de la tierra y la relativa lentitud del desarrollo patagónico en general y de la empresa en particular, debido a la coyuntura de crisis que siguió a su formación y a problemas de ubicación. En lo que respecta al primero de estos elementos, muy bien puede argumentarse que si no fuera por este precio excesivo –que aportó, como vimos, ganancias muy altas a los promotores de la empresa–, la compañía hubiera rendido frutos más generosos en relación con un capital más reducido. Mostrarlo fue precisamente una de las intenciones de la reducción de capital de 1901; y por ello las cifras de la segunda columna del cuadro XXXI reflejan hasta cierto punto la rentabilidad de la empresa en relación con un costo más ajustado. Más aún, si no hubiera sido por el excesivo gasto inicial en tierras, el aumento de valor del activo hubiera constituido una fuente extra de ganancias.

Por otro lado, la recuperación de la economía argentina a comienzos del siglo XX y la adaptación de las actividades de ASLCo. a las peculiares condiciones que predominaban en Patagonia hicieron posible que la compañía desarrollara un sistema de producción rentable. Así, para la segunda década del siglo, ASLCo. había alcanzado una posición relativamente sólida. Más aún, precisamente porque su forma de operación implicaba bajos costos fijos y el precio de la tierra en Patagonia era relativamente bajo, si tomamos en consideración los costos de oportunidad, ASLCo. redituaba ganancias mayores que compañías similares en el norte, lo que en parte se ve confirmado por el hecho de que ha sido una de las pocas compañías británicas de tierras (junto a otras empresas en Patagonia) que subsistieron hasta el momento de redacción de este texto.

Otras empresas británicas en Patagonia

La información de que disponemos sobre otras empresas británicas en la Patagonia tiende a confirmar el panorama que nos presenta ASLCo. De las dos ramificaciones de esta empresa, RNALCo., que poseía mejores tierras que PMACo., pronto llegó a desarrollar características similares a su empresa madre. El capital autorizado original consistía en 250.000 acciones de una libra cada una, de las cuales se emitieron originalmente 210.000, ingresándose el total de su valor. Con lo recaudado se abonaron £ 115.200 por la tierra –£ 200 por cada una de las 96 leguas cuadradas recibidas de ASLCo.–, y se destinó el resto a ganado y a mejoras.[126] Hacia 1909 se había invertido ya el total del dinero disponible, por lo que se emitieron las 40.000 acciones restantes y se las colocó a un 25% por sobre su valor de tapa, con lo que se recaudaron £ 50.000. También este capital fue prontamente consumido en mejoras, por lo que se realizó una nueva emisión a la par que se llevó el total recaudado por la empresa a £ 300.000 en 1914. Las inversiones realizadas produjeron una transformación total de las propiedades de la empresa. Se levantaron extensísimas alambradas, subdividiendo toda la propiedad en “potreros” (si cabe el término) de cuatro leguas cuadradas cada uno, algunos de los cuales fueron a su vez fraccionados. Se cavaron pozos, que contaban con molinos de viento y depósitos de agua (tanques australianos), se establecieron tres cascos principales, con maquinaria de esquilar, prensas de enfardar lana, viviendas, depósitos, galpones, bañaderos para ovejas y vacunos, etc.; la principal en Maquinchao, sección de Epu-Lafquen, y las otras en Huanuluan y Renangueyen. Se construyeron también otros pequeños cascos de menor importancia y puestos para los encargados de cuidar los límites de la propiedad y para pastores y encargados del ganado mayor. Algunas de las secciones más bajas fueron sembradas con alfalfa para asegurar el forraje invernal.

Con los animales adquiridos de ASLCo. en 1908, el stock alcanzó ese año 8728 cabezas vacunas y 63.908 ovinas. Dos años más tarde, tras haberse efectuado ventas reducidas, las cifras alcanzaban tan sólo 9546 y 66.757, lo que reflejaba un escaso aumento debido a la gran sequía. Para entonces, el Directorio había decidido centrar sus operaciones casi exclusivamente en los lanares, basándose para ello en la aptitud de las tierras y las condiciones de mercado. En los años siguientes, tras haber mejorado las condiciones climáticas, la compañía logró completar su stock ovino, mejorado notoriamente por la formación de una majada de pedigree de merinos australianos y la introducción de algunos carneros Romney Marsh.

Para entonces, la posición de la compañía había mejorado notablemente gracias a la llegada, en 1912, de la línea ferroviaria gubernamental que la ponía en contacto directo con el puerto atlántico de San Antonio y de allí, a través del Ferrocarril Gran Sur de Buenos Aires, directamente con la capital sin cambio de trocha. Este cambio en las facilidades de transporte hizo considerar la posibilidad de hallar un mercado para los capones en los nuevos frigoríficos establecidos en la costa atlántica. De allí la introducción de sangre Romney Marsh en las majadas. Sin embargo, si bien la comercialización de animales para carne efectivamente aumentó, el principal ingreso hasta 1914 siguió siendo la venta de lanas.

Si la comunicación ferroviaria directa fue una ventaja notoria para RNALCo., que le permitió ahorrar “algunos miles de libras en fletes cada año”,[127] además de evitar los caros y riesgosos arreos y de aumentar el precio de sus tierras, en otros rubros debió hacer frente al mismo tipo de dificultades que ASLCo., y muy especialmente en lo referente a la escasez de mano de obra. Al igual que la empresa más antigua, también intentó la importación de trabajadores de Gran Bretaña, enviando 12 pastores escoceses al sur, pero con resultados tan poco afortunados como en la otra empresa. La compañía se vio así obligada a continuar con el sistema de encargar las majadas a tercianeros, pese a considerarlo “un tipo de operación insatisfactoria, especialmente con esta clase de gente”.[128]

Respecto al valor de sus tierras, y gracias a un precio inicial bajo, con la llegada del ferrocarril y al progreso general de la Patagonia en los años inmediatamente anteriores a la Gran Guerra, RNALCo. se vio beneficiada por un considerable aumento durante sus primeros años de existencia. En 1911, el Gobierno vendió más de un millón de hectáreas que bordeaban la nueva ferrovía en subasta pública. Los precios obtenidos fueron de entre 4 y 16 chelines por acre, con un promedio de 7 chelines 8 peniques, lo que equivale a £ 2.380 por legua cuadrada de tierra sin mejoras.[129] Esto representa una notable mejora sobre las £ 1200 de costo original, particularmente si se tiene en cuenta que la tierra en 1907 ya contaba con algunas mejoras y que, habiendo sido escogida cuando la Patagonia se hallaba casi despoblada, estaba ahora entre las mejores de la meseta.

Además de la tierra, claro está, se deben considerar las cuantiosas mejoras introducidas, con un costo superior a las £ 150.000. Este gasto, sin embargo, parece quizás excesivo en relación con la capacidad de renta de las tierras de la meseta patagónica. Es cierto que con la subdivisión en potreros y la construcción de abrevaderos artificiales se podía aumentar considerablemente la producción, pero es dudoso que ello baste para que las ganancias aumenten lo suficiente como para representar un alto rendimiento del capital requerido para las mejoras. En otras palabras, parecería que una excesiva inversión en mejoras se tradujo en un bajo rendimiento marginal del capital. Si ello es así, es posible que el valor de mercado de la propiedad no creciera en proporción al capital invertido en su desarrollo.

Esta posible sobre-capitalización de RNALCo. en relación con la calidad de sus tierras parece confirmada por el nivel de ganancias obtenido por la empresa. Durante su primer año de operaciones, estas alcanzaron £ 10.459. No se distribuyeron dividendos ni en ese año ni en el siguiente, durante el cual las ganancias netas cayeron a £ 6069, como consecuencia de la sequía. Sin embargo, la acumulación de estos saldos permitió a la compañía distribuir dividendos del 5% en los dos años siguientes, pese a que las ganancias netas continuaron bajas por razones climatológicas, siendo de £ 3.679 y £ 7.434. Estos dividendos agotaron las reservas de la empresa, y como las desoladas tierras patagónicas tardaron bastante en recuperarse de la sequía, el bajo nivel de ganancias imposibilitó la continuación de los dividendos en el período 1912-1914. Finalmente, con condiciones climatológicas más favorables, y la gran alza de precios de la lana provocada por la guerra, RNALCo. pudo distribuir un dividendo del 4%, en 1915, y del 5% al año siguiente. Pero si tomamos en cuenta que las tierras fueron adquiridas como establecimientos ya en funcionamiento y no como campos vírgenes, que las dificultades climáticas son habituales en Patagonia y que la situación de los años de la guerra fueron particularmente favorables para los productores de lana, llegaremos a la conclusión de que, a largo plazo, el nivel de ganancias sobre las inversiones de RNALCo. no fue bueno, pese al bajo costo inicial de la propiedad.

La Tecka Land Company, como se hallaba en tierras más ricas, llegó a ser en poco tiempo una empresa más remunerativa. Contando con W. Higgins, H. J. Bell, J. C. Gibson y E. Butler Henderson, su Directorio incluía algunos de los nombres más importantes entre los inversores británicos en tierras en Argentina. El capital autorizado de la compañía estaba compuesto por 200.000 acciones de una libra cada una y fue recaudado in toto cuando la formación de la empresa. De él, £ 110.000 se destinaron a la compra de 155.000 hectáreas en los Andes Patagónicos, en el valle de Tecka, unos 200 km al sur de Esquel, y el resto fue reservado para la compra de ganado y la introducción de mejoras.[130] La intención de la empresa, de acuerdo con lo expresado por su presidente en la primera asamblea anual de accionistas era “seguir los lineamientos de otras compañías de tierras situadas en la región”,[131] haciendo obvia referencia a ASLCo., empresa en la que tenían inversiones todos los miembros del directorio de Tecka. Aprovechando la experiencia de aquella empresa y sus subsidiarias, la nueva compañía pronto comenzó a poblar sus tierras con ovinos de tipo Merino, e introdujo, a la vez, sangre Romney Marsh para mejorar el porte de los animales. Las majadas se hallaban a cargo de tercianeros, y por otro lado se subdividían con alambradas toda la propiedad en potreros de una o dos leguas. Una vez completado el sistema de alambrados, fue posible dejar pastar los rebaños en los potreros sin mayor cuidado, y así se logró abandonar el sistema de aparcería que tanto disgustaba a las empresas británicas en Patagonia.[132]

Fue así como, en pocos años, Tecka había logrado un desarrollo global de su propiedad. Hacia 1914, había completado el sistema de alambradas; y contando con más de 100.000 ovejas, sus campos podían considerarse bien poblados. El número de bovinos fue siempre reducido –pese a que las condiciones ecológicas hacían posible su cría– habida cuenta de la negativa experiencia de ASLCo. en esta actividad. Para entonces, la compañía había alcanzado una posición que le permitía iniciar el pago de dividendos. En el año de operaciones 1914-1915, fue del 5%; al año siguiente, del 6%, y del 8% para el período que concluyó en junio de 1917. Para dar una idea del rápido éxito de esta empresa, aunque excedemos el período que nos concierne, podemos señalar que con la inflación de precios de la lana del período de la guerra, el beneficio neto para 1918 fue de £ 46.642, de £ 33.670 al año siguiente y de £ 57.702 para el período que cerró en junio de 1920. Esto hizo posible que la empresa distribuyera un dividendo anual del 10% en este período, más una bonificación del 5% en 1920, y que acumulara, a la vez, una cuantiosa reserva para asegurar la continuidad de los pagos. Como puede apreciarse, con una inversión de capital inicial relativamente escasa –sólo se había emitido el capital original de £ 200.000– y aprovechando la experiencia de otras empresas patagónicas y una coyuntura favorable, Tecka llegó a ser en poco tiempo una empresa exitosa que proveía una alta ganancia sobre su inversión.

La evolución de PMACo., el otro desprendimiento de ASLCo., fue distinta de la de los otros establecimientos que estudiamos. Aun antes de su formación como empresa independiente, J. Aungier, Presidente de ASLCo. y futuro presidente de PMACo., había realizado afirmaciones extremadamente optimistas sobre el futuro de estas secciones de la propiedad de la empresa. En 1904, por ejemplo, había afirmado:

Cuando se haga llegar agua a Puerto Madryn (refiriéndose al problema de asegurar la provisión de agua potable para el pueblo) se transformará en un pueblo de relativa importancia. Yo pienso, y hablo a título personal, que a su tiempo llegará a ser uno de los grandes puertos de la costa Este de Sud América.[133]

Y fue con esta perspectiva que se dirigieron los negocios de la empresa cuando su creación en 1906. A diferencia de las otras empresas estudiadas, cuyos resultados dependían de una actividad para entonces ya reconocida como remunerativa en la región, la cría lanar, PMACo. era más bien una apuesta sobre el desarrollo general de los territorios del Sur.

Las tierras adquiridas, dos secciones de 16 leguas cuadradas, cada una en la región central de Río Negro, y las 27 leguas cuadradas a lo largo del Ferrocarril Central de Chubut, eran sin duda las más pobres que había poseído ASLCo. El único factor de real valor era la inclusión de los pueblos de Puerto Madryn y Trelew. En el momento del traspaso de la propiedad, se trataba de localidades muy pequeñas, una el puerto y la otra el centro comercial de las colonias galesas. Pero dadas las ventajas de Bahía Nueva (o Golfo Nuevo) como puerto natural, se esperaba que, con el desarrollo general de la Patagonia, Puerto Madryn se transformara en vía de acceso a los nuevos territorios. Para asegurarse más firmemente esta posición clave, la compañía adquirió todo el capital accionarlo del Ferrocarril Central de Chubut y construyó un nuevo muelle para facilitar las operaciones en el puerto. Poseía también un muelle más antiguo, los remolcadores que operaban en el puerto y un frente de seis millas sobre el Golfo Nuevo, con el puerto en el centro.

Asegurar la provisión de agua potable a Madryn y Trelew requirió considerables inversiones. En realidad, las necesidades de entonces de los pueblos podían ser fácilmente satisfechas con pozos poco profundos, pero se consideraba que su desarrollo futuro requería una provisión más segura. Se destinaron entonces importantes sumas a una infructuosa búsqueda de fuentes artesianas;[134] pero ante este fracaso, debió buscarse otra solución. La provisión de agua de Trelew fue garantizada llevando aguas del río Chubut. Los estudios para hacer lo mismo con Puerto Madryn demostraron que las dificultades técnicas y los costos eran demasiado altos, por lo que se continuó con el aprovisionamiento mediante pozos de escasa profundidad y se tomaron medidas para evitar que se contaminaran.

Paralelamente, se fue desarrollando el aspecto agrario de la empresa. En 1901, se había cercado una extensión reducida de las tierras próximas a Puerto Madryn con el propósito de mantener unas pocas cabezas de ganado vacuno y una majada pequeña para el abastecimiento de los pueblos, las colonias y los navíos que recalaban en el puerto. La única inversión significativa fue en el alambrado y unos pocos pozos para asegurar la provisión de agua. Dada esta escasa capitalización, esta estancia había logrado salvar sus costos para el momento de la formación de PMACo. Pero con la creación de la nueva empresa y el predominio de una política de expansión, se decidió realizar una importante inversión en la propiedad. Todas las tierras a lo largo de la vía férrea fueron cercadas, se cavaron numerosos pozos, se erigieron viviendas y depósitos, se construyeron bañaderos para el ganado mayor y menor, etcétera, con miras a operar con un gran número de animales. La compañía adquirió también dos chacras próximas a Gaiman, en el valle del Chubut, para producir forraje invernal. Se aumentó rápidamente el número de ovinos sobre los campos y se alcanzó las 20.136 cabezas en 1911. El número de vacunos era aún reducido, destinados tan sólo al abasto local a través de dos carnicerías de propiedad de la empresa, una en Puerto Madryn y la otra en Trelew.

También se intentó desarrollar las tierras de la compañía en Canu Lafquen y Sierra Colorada. Se erigieron alambrados y edificios, se cavaron pozos –imprescindibles en esta región cuasi desértica– y se introdujo un número considerable de ovinos y bovinos. Como podía esperarse en tierras que sólo reciben entre 125 y 150 mm anuales de precipitación,[135] los resultados fueron desastrosos. En la estancia de Puerto Madryn, el número anual de muertes era similar al de nacimientos y los costos eran tan altos que la estancia nunca logró un saldo favorable antes de 1914, absorbiendo además las pequeñas ganancias que producían los expendios de carne fresca. En Sierra Colorada, la cría ovina tampoco logró arrojar saldos favorables, en tanto que el ganado mayor se debilitó tanto que al poco tiempo resultó imposible arrearlos fuera del campo, además de no existir un mercado para colocarlos. Así, cuando la compañía decidió finalmente librarse de ellos, le resultó prácticamente imposible. Los pocos que aún podían marchar fueron llevados a engordar a Buenos Aires, en tanto que los otros fueron destinados a un providencial mercado local surgido por la demanda de carne de los trabajadores de la construcción del ferrocarril San Antonio-Nahuel Huapi. Aun así, un número muy elevado de animales murió o debió ser sacrificado en la estancia.

Entre tanto, continuó la venta de lotes urbanos en Puerto Madryn y Trelew, y se observó un considerable aumento de precios, aunque el volumen de las ventas siguió siendo reducido. En realidad, la compañía no hizo esfuerzo alguno por promoverlas, más bien lo contrario, ya que vendía sólo a condición de que el comprador se comprometiera a construir un edificio en el lote dentro de los seis meses siguientes a la operación. La intención era evitar la compra por especuladores, ya que la empresa quería asegurarse para sí las ganancias que provocaría una eventual alza de precios.

En realidad, el único aspecto de la actividad de PMACo. que proveía ganancias regulares era el Ferrocarril Central de Chubut. Luego de su adquisición por la compañía de tierras, esta empresa extendió su línea algunos kilómetros para alcanzar todas las colonias del valle del Chubut, se mejoraron los servicios portuarios y el número y calidad del material rodante, y se mantuvieron las vías en buen estado. Más aún, el Directorio trató por diversos medios, haciendo uso de sus contactos más influyentes, de lograr una extensión a Paso de los Indios (en el valle medio del Chubut, relativamente próximo a los Andes). Se esperaba que se abriera así al progreso la región interior de la Patagonia, como había ocurrido en Santa Fe en los años setenta, o en las nuevas tierras del sur de Buenos Aires en los ochenta, y que esto a su vez promoviera el desarrollo de la zona de Puerto Madryn. Pero conscientes de que este desarrollo, en el mejor de los casos, requería varios años antes de redituar frutos, la compañía sólo estaba dispuesta a realizar la extensión ferroviaria si el Gobierno incluía una donación de tierras en la concesión como reaseguro de ganancias, o bajo un acuerdo conjunto por el cual el Gobierno asumiera la mayor parte del riesgo. Pero en estas condiciones, el Congreso nunca aprobó los proyectos que le fueron presentados, y el Ferrocarril Central de Chubut siguió siendo una modesta línea local operando entre las colonias galesas y el puerto.

Pero si la Patagonia no disfrutó del desarrollo esperado por el directorio de PMACo., las colonias galesas sí prosperaron en su limitada escala. Ello incrementó gradualmente el tráfico en la línea férrea, así como las operaciones del puerto, que era también propiedad de la compañía ferroviaria. En consecuencia, esta empresa, que siempre fue administrada independientemente de las restantes operaciones de PMACo., pudo retribuir a la compañía madre el capital que esta le había prestado para la extensión de la línea, las mejoras portuarias, etcétera, y redituar además un cierto margen de ganancias, único ingreso efectivo de PMACo. en este período.

La extensión ferroviaria no fue el único intento de hacer de Puerto Madryn un centro de desarrollo. Al incrementarse las operaciones portuarias, incluyendo la llegada de embarcaciones de guerra argentinas para su reaprovisionamiento, y dado que la Armada Argentina se hallaba buscando un sitio donde instalar una base militar en el Sur, el Directorio consideró que, con sus ventajas naturales, el Golfo Nuevo ofrecía buenas perspectivas para dicho propósito. De inmediato, el influyente representante de la compañía en Buenos Aires, R. I. Runciman, comenzó las negociaciones con el ministro de Guerra. Al comienzo parecía que si la compañía aseguraba ciertas mejoras –transporte ferroviario directo a Buenos Aires y un adecuado aprovisionamiento de agua–, el ministro aprobaría el proyecto, pero eventualmente las negociaciones fracasaron.[136]

Otro largo enfrentamiento entre PMACo. (de hecho iniciado por ASLCo. cuando era propietaria de las tierras de Puerto Madryn) y las autoridades argentinas se produjo en torno al asiento de la capital territorial de Chubut. Dos localidades fueron consideradas al respecto, Trelew y Rawson, y las autoridades optaron por la segunda. Desde entonces, las compañías británicas intentaron utilizar diversas formas de presión para revertir la decisión, pero todos los intentos fracasaron y Rawson siguió siendo la capital del territorio.

En síntesis, vemos que para 1914 la actividad agraria de la empresa no había logrado avance significativo alguno y las perspectivas de un gran boom patagónico que tuviera en Puerto Madryn su cabecera seguían siendo remotas. Pese a ello, PMACo. había logrado distribuir reducidos dividendos a sus accionistas de las ganancias provenientes del ferrocarril –5% en 1910 y 11,4% en 1912, 1913 y 1914–[137] sobre un capital bastante incrementado (la emisión original de £ 40.000 fue aumentada a £ 250.000 para obtener fondos para la extensión del ferrocarril y el desarrollo de los pueblos y demás tierras). Para entonces, el Directorio decidió restringir su escala de operaciones. Las acciones de la empresa ferroviaria fueron prorrateadas entre los inversores de PMACo. y el capital de esta última fue reducido a £ 125.000; las operaciones de la compañía se centraron en sus modestas estancias y se mantuvo la venta de lotes urbanos en Trelew y Puerto Madryn como una reducida, aunque rentable, actividad subsidiaria.

La Patagonia Sheep Farming Company y la Southern Patagonia Sheep Farming Company fueron otras dos compañías públicas británicas que operaban estancias en esta región sur. La primera fue creada en 1908 y era una reconstrucción de una empresa privada llamada Waldron Wood Ltd.; sus acciones se hallaban casi totalmente en manos de las familias Waldron y Wood, ambas propietarias de otras estancias en Patagonia. Las tierras de esta empresa se hallaban en Santa Cruz y Chile; y el capital emitido era de £ 180.000, además de £ 23.700 de obligaciones, pero no disponemos de información sobre las ganancias o la distribución de dividendos.[138] La segunda empresa mencionada también poseía y arrendaba tierras tanto en Chile como en Argentina. Hacia 1914, era propietaria de 121.500 hectáreas y arrendaba otras 133.500. Su capital emitido ascendía a £ 141.003 y, además, había colocado en el mercado obligaciones con un interés anual del 6% y garantía hipotecaria por un valor de £ 71.000. Además del pago de los intereses sobre las obligaciones, la compañía distribuyó dividendos del 6% desde su creación en 1912 hasta el comienzo de la guerra, y los incrementó luego debido al alza del precio de la lana. Existe muy escasa información sobre las otras empresas británicas en Patagonia, pero, por los datos con que contamos, parecería que, salvo la Argentine Development Syndicate, una pequeña empresa con base en Puerto Madryn creada con el propósito de especular en tierras, y que nunca logró mayor éxito, y la Argentine Fruitland Syndicate, se trataba de extensas estancias ovinas que operaban sobre bases similares a ASLCo. y las otras empresas de este tipo que hemos analizado hasta aquí.


  1. Para mencionar sólo los más significativos, H. Giberti, Historia Económica... y El desarrollo agrario argentino, Buenos Aires, Eudeba, 1964; J. Scobie, Revolución en las Pampas, Buenos Aires, Hachette, 1970; E. Gallo, “Agricultural colonization…”; y R. Cortés Conde, El Progreso Argentino y varios artículos sobre diversos temas vinculados al desarrollo agrario.
  2. Esta afirmación corresponde a 1982, cuando se redactó el libro, y ya no es exacta.
  3. Véase, por ejemplo, E. M. Barba; M. C. Cano de Nogueira et al., “La Campaña del Desierto y el problema de la tierra en la Provincia de Bue· nos Aires”, en Segundo Congreso de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires (La Plata, 1974). También R. Gaignard, “Origine et évolution de la Petite Propriété Paysanne dans la Pampa Sèche”, en Les Problèmes Agraires de l’Amérique Latine, Colloques Internationaux du Centre de la Recherche Scientifique (París, 1967), pp. 223-236.
  4. Véase, por ejemplo, Alain y Margaret Bogue “‘Profits’ and the Frontier Land Speculator”, en Journal of Economic History, XVII, n.° 1 (marzo, 1957); también Robert P. Swierenga, Pioneers and Profits: Land Speculation on the. Iowa Frontier, Ames: Iowa State University Press, 1968. Estos son sólo dos ejemplos de una extensa bibliografía sobre el tema.
  5. Algunos datos biográficos de este gran especulador de tierras y empresario hiberno-argentino pueden encontrarse en el artículo ya citado de María Sáenz Quesada, “Eduardo Casey”.
  6. Gaignard, op. cit., p. 229.
  7. Gaignard, op. cit., p. 224.
  8. Lotes I A, 21 y 22; VII B, 25; I D, 5 y I C, 1, de la división catastral de tierras en La Pampa.
  9. Outside lands en el original. La expresión tierras “de afuera” era utilizada para referirse a tierras de ocupación reciente, en tanto que las “de adentro” eran aquellas que estaban sólidamente ocupadas con anterioridad a 1879.
  10. South American Land Company, Informes Anuales a los accionistas (en adelante SALGo. I. A.), pueden encontrarse en Guildhall Library (Londres), Stock Exchanges Papers, en los volúmenes titulados, Financial, Land and Investment de los años correspondientes.
  11. SALCo., I. A., 1891.
  12. Ibid., 1886.
  13. Lote 8 y parte del lote 3 de la sección I, letra D.
  14. SALCo., I. A., 1888.
  15. Véase Cuadro XXIV, primera columna.
  16. Como señalan los estudiosos del tema, la crisis no se tradujo en un cese inmediato de la construcción ferroviaria, ya que en los casos en que las concesiones se habían otorgado, el capital se había reunido y la obra había comenzado, la construcción no se detuvo. Pero en el área de Trenel los proyectos no estaban aún tan avanzados, por lo que la crisis detuvo efectivamente su concreción.
  17. SALCo., I. A., 1894.
  18. SALCo., I. A., 1895.
  19. SALCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas (en adelante A. A. A.), 1895, p. 4.
  20. En realidad, la venta de postes para alambrado fue la primera actividad económica de SALCo., aunque en una escala muy reducida. Véase SALCo., I. A., 1885-1886.
  21. SALCo., I. A., 1892.
  22. Ibid., 1888.
  23. Las semillas de pasto puna se adherían a la lana, perforando luego la piel de los corderos, lo que ocasionaba infecciones y eventualmente la muerte.
  24. Si comparamos estos datos con otros provenientes de la misma época de tierras “de adentro” (p.e., el Cuadro VII en la segunda parte del capítulo 1), veremos que el rendimiento promedio es más alto en Trenel, lo que debe atribuirse a la composición de la majada, en la que preponderaban los Rambouillet, en tanto que en Buenos Aires estos habían sido reemplazados por Lincoln y Romney Marsh.
  25. SALCo., I. A., 1890.
  26. Ibid., 1891.
  27. Una raza muy grande de percherón inglés.
  28. En la A.A.A. de 1904, el presidente del Directorio estimaba que se podrían obtener entre £ 60.000 y £ 70.000 de la venta de La Filadelfia y el ganado. Descontando £ 20.000, que fue el precio obtenido por La Filadelfia, llegamos a la cifra mencionada. SALCo., A.A.A., 1904, p. 8.
  29. Colonos intrusos.
  30. SALCo., I. A., 1890.
  31. Ibid., 1894.
  32. Ibid., 1890.
  33. Esta, al menos, era la opinión del administrador de SALCo., I. A., 1902.
  34. Se podría objetar que los resultados pueden estar distorsionados, ya que la serie no es completa, pero ya que esta cubre la mayor parte de los años entre 1890 y 1904 y que las lagunas, salvo para 1892, son en los mismos años, consideramos que la comparación es adecuada.
  35. Véase, por ejemplo, SALCo., A.A.A., 1895, p. 7, o I. A., 1903.
  36. SALCo., A.A.A., 1904, p. 6.
  37. Ibid., p. 12.
  38. Ibid., p. 14.
  39. Ibid.
  40. Las cifras corresponden a las distintas inversiones de capital por los accionistas, según se desprende del Cuadro XXVI. Con ellas elaboramos la fórmula: 63.000. (1 + 0.09)20 + 12.000. (1 + 0.09)15 + 10.000. (1 + 0.09)6 + 10.000. (1 + 0.09)4 + 20.000. (1 + 0.09)2 = 450.880. Esta, a su vez, deriva de la fórmula de monto más interés a tasas compuestas, que es: p. (1- I)n, en la que “p” es el monto original, “I” el interés anual a la tasa propuesta (9% en este caso) por cada unidad de capital y “n” es el número de años en que el capital está invertido. Una reflexión sobre este método de evaluar las ganancias de la inversión en empresas agrarias puede verse en E. Míguez, “Rentabilidad de la inversión agraria; problemas en torno a su evaluación. El caso de la South American Land Company”, en Terceras Jornadas de Historia Económica Argentina, Universidad Nacional del Comahue, Neuquén, 1981.
  41. SALCo., A.A.A., 1904, p. 6.
  42. Esta operación, si bien no es del todo precisa, ya que en un caso se trata de una tasa compuesta y homogénea y en el otro del promedio de pagos distribuidos desigualmente a lo largo del período en cuestión, puede darnos al menos una idea aproximada de las ganancias totales de la empresa.
  43. SALCo., A.A.A., 1904.
  44. Gaignard, op. cit., pp. 231-35.
  45. Véase el capítulo I, primera parte, sección sobre la compañía Las Barrancas.
  46. Las colonias galesas de Patagonia han sido objeto de varios ilustrativos trabajos. Entre ellos podemos mencionar: J. E. Baur, “The Welsh in Patagonia, an example of nationalist migration”, en H.A.R.H., 34 (1954), pp. 468-492; E. G. Bowen, “The Welsh in Patagonia 1865-1885: a study of historical geography”, The Geographical Journal, 132, parte 1 (1966), pp. 16-32; L. Jones, Una Nueva Gales en Sudamérica (Buenos Aires, 1970); B. Martinez Ruiz, La Colonización galesa en el valle del Chubut, Buenos Aires, 1977; G. Williams, “Welsh Contribution to Exploration in Patagonia”, en Geographical Journal, 135, parte 2 (1969), pp. 213-217 y The Desert and the Dream, Cardiff, 1979. Sus características la hacen marcadamente distinta de la inmigración británica de otro origen (inglés, escocés, irlandés) que, como vimos en el primer capítulo, sí afectó la circulación de capitales entre ambos países.
  47. B.T.J., 10 (1981), pp. 229-231.
  48. Ver capítulo 1, primera parte.
  49. A.W.; A. Walker a R. Wendelstadt, 23/8/1889.
  50. Este caso se refiere a tierras ubicadas en Chile, cuyo desarrollo fue similar al de las argentinas. Darbyshire, My Life..., p. 139.
  51. R. Spears, The Gold Digging of Cape Horn, Londres, 1895, p. 216.
  52. M. H. Helman, Explotación del ganado lanar en la Patagonia, Buenos Aires, 1950, p. 26. También P.P. 1893/1894, XCII, p. 267; y Spears, The Gold Digging..., p. 220.
  53. A. B. Martínez, “Consideraciones sobre el censo de valores mobiliarios” en Tercer Censo Nacional, 1914, Buenos Aires, 1917, vol. X. p. xxx.
  54. Helman, Explotación del ganado..., p. 26 y ss.
  55. Ibid., p. 28.
  56. A.L.A., tomo III, p. 273 y O. Bayer, Los Vengadores de la Patagonia Trágica, Buenos Aires, 1974, tomo 1, p. 38. El listado completo de los nombres británicos puede verse en la versión original inglesa de la tesis del autor, p. 239.
  57. Debo agradecer al Sr. K. F. Sugget, director-administrador de la Argentine Southem Land Company, por la información sobre la primera de estas empresas, así como por su amabilidad al facilitarme material para la elaboración de buena parte del presente capítulo. La información sobre las empresas restantes proviene de Martínez, “Consideraciones sobre el censo…”, p. xxx.
  58. Existen al menos dos leyes que autorizan al Poder Ejecutivo a emitir estos certificados: la Ley 1618 de 1885 (A.L.A., Tomo II, p. 177) y la Ley 2295 de 1887 (A.L.A., Tomo II, p. 437). Por ellas los militares que participaron en las campañas contra los indígenas recibirían certificados intercambiables por tierras de acuerdo con su rango. Como los certificados se hacían al portador, fueron objeto de considerable especulación. Sobre las tierras adquiridas de esta forma por el banco, ver Diario de sesiones de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, 1911, tomo III, p. 781.
  59. P.R.O., BT31, 5441/37594.
  60. S.E.Y.B., 1910, p. 2210.
  61. La información sobre estas empresas me fue proporcionada por el Sr. Sugget. También hemos encontrado referencias en Martínez, “Consideraciones sobre el censo…”, p. xxx, si “Sockid Scheeps Forming Co.” puede ser identificada como la Lochiel, lo que en vista de los frecuentes errores en la lista que nos presenta parece bastante probable. Para la San Julián, véase también O. Bayer, Los Vengadores..., tomo I, pp. 44 y 66.
  62. Ver los informes anuales de la Río Negro (Argentina) Land Company de 1908-1914 y el prospecto de Tecka Argentina Land Company y sus informes anuales, ambos en la colección de documentos que conserva en sus archivos ASLCo.
  63. S.E.O.I., 1915, p. 893 y P.R.O.; BT31. 21746/131437 respectivamente.
  64. Sobre las primeras dos empresas, ver Bayer, Los vengadores.:., tomo I, pp. 35 y 38. Las otras dos son mencionadas en la correspondencia de ASLCo.
  65. P.P. 1907, tomo LXXXVIII, p. 46. Un comentario similar en P.P. 1908, tomo CIX, p. 25.
  66. Bayer, Los Vengadores..., tomo I, p. 55.
  67. Helman, Explotación del ganado..., p. 29.
  68. Daily Mail, 3/12/1903, p. 4.
  69. Véase P.R.O., BT31, 3691/22952; también Spears, The Gold Digging..., p. 179; y Zalduendo, Libras y Rieles, p. 349.
  70. ALICo., Informe Anual, 1888.
  71. Cárcano, Evolución Histórica..., p. 276.
  72. Diario de sesiones de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación 1911, tomo III, pp. 649·843; “Informe de la Comisión de Investigaciones de Tierras y Colonias”.
  73. The Globe, 7/8/1889.
  74. ASLCo., prospecto. p. 2.
  75. La posibilidad de usar la navegación en el Chubut y el Negro como medio de transporte también fue considerada por las autoridades argentinas, pero fue descartada. El Chubut no tenía suficiente caudal para este propósito, particularmente durante algunos períodos del año, en tanto que el Negro, si bien podía ser –y eventualmente sería– utilizado para este fin, requería importantes inversiones en dragado y canalización.
  76. ASLCo., Informe Anual, 1891, p.2, señala la intención de la compañía de utilizar inmigrantes chilenos para la colonización de sus tierras, pero los informes subsiguientes muestran su fracaso.
  77. La impracticabilidad de la agricultura en gran escala en las tierras cordilleranas se debía más a las desventajas comparativas de ubicación y clima respecto de las regiones agrícolas del norte que a una imposibilidad ecológica. La evaluación de esas tierras por el Directorio puede verse en el discurso del presidente de ASLCo. a la Asamblea Anual de Accionistas, en Financial Times, 10/12/1892, p. 3.
  78. A.L.A., tomo III, p. 248. Ley 2875 de 1891.
  79. Minutas de la octava Asamblea Anual de Accionistas de ASLCo., en Financial Times, 23/12/1896, p. 3. En una de las secciones devueltas, sobre el lago Nahuel Huapi, se habían efectuado ya algunas mejoras, pero, como ocurría con cierta frecuencia, el Gobierno la había adjudicado a dos concesionarios distintos. ASLCo. decidió renunciar a esa sección y la incluyó en las que devolvía, decisión que, según lo expresado por el Directorio, contribuyó a mejorar las relaciones entre la compañía y el Gobierno.
  80. Las referencias a CALCo. en las minutas de la Asamblea Anual de Accionistas de ASLCo., en Financial Times, 10/12/1892, p. 3. Respecto de los fondos, originalmente sólo se habían recaudado £ 3 por cada acción de £ 10. Los restantes fueron solicitados en varias ocasiones sucesivas en los años siguientes.
  81. Informe del Comité de Accionistas de ASLCo. en Financial Times, 10/12/1892, p. 4.
  82. Un buen relato de algunos aspectos de esta temprana ocupación de la Patagonia puede hallarse en las memorias de A. Abeijón, Memorias de un carrero patagónico, Buenos Aires, 1973, y Los recién venidos, Buenos Aires, 1977. La impresión que nos transmite Abeijón es confirmada por múltiples referencias en el archivo de ASLCo. y por otros trabajos sobre Patagonia, como los citados en referencia a las colonias galesas, o J. M. Barrero, La Patagonia Trágica, Buenos Aires, 1962; Bayer, Los vengadores..., especialmente tomo I, caps. 2 y 3; etc.
  83. ASLCo., Informe Anual de 1891.
  84. Ibid., año 1893.
  85. ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1903, p. 5.
  86. Ibid., pp. 9-10.
  87. Archivo de ASLCo., “Description of the property of the ASLCo. and other data in reply to Mr. Stuven’s letter of 23rd. February 1905”, Buenos Aires, 2/3/1905.
  88. Archivo de ASLCo., correspondencia, “Cordilleras a Londres” (en adelante ASLCo., Crd. a Lond.), 24/9/1908.
  89. Ibid., 26/2/1908.
  90. Ibid., 26/12/1907 y 30/10/1909.
  91. Ocupantes intrusos de tierras.
  92. ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1913.
  93. Fue imposible reunir el ganado para el recuento y yerra en 1909 debido a las condiciones climáticas; y cuando fue llevado a cabo al año siguiente, se encontró que se había producido la pérdida de 14.910 cabezas de ganado. ASLCo., Informe Anual, 1910.
  94. El mercado de exportación de carnes se dividía en tres categorías básicas: enfriado, congelado para el Reino Unido y congelado para el continente. La primera incluía sólo a los novillos de primera calidad; en cuanto al congelado, el mercado continental tomaba reses más magras y de carnes más duras, para las que no había demanda en el Reino Unido.
  95. ASLCo., Cord. a Lond., 31/10/1906.
  96. Ibid., 26/2/1908.
  97. Ibid., 3/9/1909.
  98. Ibid., 3/9/1910.
  99. Cf. con capítulo 1, segunda parte.
  100. ASLCo., Cord. a Lond., 11/11/1910.
  101. ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1912, pp. 5-7.
  102. Ibid., 1914, p. 5.
  103. Abeijón, en Los recién llegados, relata las dificultades de uno de estos arreos.
  104. ASLCo., Cord. a Lond., 10/2/1906. También pueden hallarse referencias a la demanda de trabajo en Patagonia en B.T.J. 49 (1905), p. 33.
  105. Abeijón, Memorias..., caps. 1, 3, 6 y 8.
  106. ASLCo., Cord. a Lond., 2/8/1906.
  107. Ibid., 23/3/1909. Sobre el abandono de la empresa por los peones en general, ya fuera que proviniesen de otra región argentina o del exterior, ver Cord. a Lond., 26/2/1908.
  108. Hemos hallado una copia de estos contratos junto con la correspondencia de ASLCo., vol. Cord. a Lond. 1909.
  109. ASLCo., Cord. a Lond., 31/10/1906.
  110. Ibid., también ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1904.
  111. Información más detallada sobre el stock y venta de equinos por ASLCo. en la tesis doctoral del autor, p. 270.
  112. La paja de mallín es un pasto alto y bastante duro que crece en los “mallines” o bañados de la región andino-patagónica y que se cortaba y secaba para producir un forraje invernal.
  113. ASLCo., Cord. a Lond., 1/2/1906.
  114. Ibid., 29/8/1906; 3/9/1908 y 24/9/1908.
  115. Ibid., 1/10/1909.
  116. ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1911, p. 10.
  117. Ibid., 1912, p. 10.
  118. B.T.J. 63 (1908), pp. 216-217.
  119. La concesión de líneas ferroviarias que se internaran en Patagonia fue posiblemente el tema por el cual más presionó ASLCo. al Gobierno. Ejemplo de ello, como veremos más adelante, son las solicitudes del Ferrocarril Central de Chubut, empresa muy ligada a ASLCo. Sin embargo el Congreso –mucho más conservador en este aspecto que el Ejecutivo– temeroso de la liberalidad en las concesiones ferroviarias, dadas las desastrosas consecuencias que, en su opinión, había tenido la manía ferroviaria del ochenta, nunca hizo caso a las solicitudes. Véase ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1906, p. 9 y 1907, p. 8. En 1908, sin embargo, se aprobó una ley que contemplaba la construcción de varias líneas férreas en Patagonia, algunas de las cuales se aproximaban mucho o cruzaban la propiedad de ASLCo. Su construcción fue, empero, demorada cuando se comprobó que las tierras que debían atravesar –cuya venta debía servir para financiar la construcción de la línea– eran de muy baja calidad. Véase B.T.J., 63 (1908), pp. 216-217 y 70 (1910), p. 187. Respecto a la acción del Estado en caminos y transporte automotor, véase ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1913, p. 8. También B.T.J., 61(1908), p. 36 y P.P. 1908, tomo XC, pp. 78-9.
  120. Referencias a las autoridades argentinas en ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1904, pp. 4-5; 1905, p. 3; y 1906, p. 3.
  121. Ibid., 1914, p. 12.
  122. S.A.J., 8/1896, p. 8.
  123. B.T.J., 11 (1891), pp. 588-589. Por error en este artículo se confunde el nombre de ASLCo. con el de SALCo., pero es evidente que se refiere a la empresa patagónica y no a la pampeana.
  124. ASLCo., Cord. a Lond., 29/8 1906. Varias referencias a H. Darbyshire pueden verse en el capítulo 1, primera parte, de este trabajo.
  125. Tecka Argentina Land Company, prospecto. Copia de este en los archivos de ASLCo.
  126. S.E.O.I., 1908, p. 1201.
  127. RNALCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1909, p. 6.
  128. Ibid., 1908, p. 8. Como queda dicho, los contratos eran similares a los estudiados en el caso de ASLCo.
  129. RNALCo., Informe Anual, 1911.
  130. Tecka Argentina Land Company (en adelante Tecka), Prospecto.
  131. Tecka, minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1911.
  132. Ibid.
  133. ASLCo., minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1904, p. 6. Véase también las minutas de 1901, p. 5 y las de 1905, pp. 4-5.
  134. El descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia fue un incentivo adicional para la realización de perforaciones profundas en busca de aguas surgentes. En realidad, la posibilidad de utilizar el equipo de perforación adquirido por la empresa en la búsqueda de “minerales” es mencionado en el Informe Anual de 1907, pero cuando la empresa recibió una propuesta formal de otro grupo privado para asociarse en la búsqueda de yacimientos petrolíferos, el directorio decidió “no comprometernos en una actividad tan especulativa en la actual situación financiera”, PMACo., minutas de la Asamblea General de Accionistas, 1912, p. 6.
  135. Datos tomados de los informes anuales de la empresa.
  136. PMACo. Minutas de la Asamblea Anual de Accionistas, 1908, p. 16.
  137. S.E.O.I., 1912, p. 1017; y 1917, p. 1078.
  138. S.E.Y.B., 1910, p. 2110; y 1917, p. 2088.


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