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5 Los discursos de elección de carrera en la Universidad Nacional
Arturo Jauretche

Hacia la comprensión de las relaciones entre la socialización profesional y la afiliación a la vida universitaria

Gustavo Mórtola

Introducción

Comenzar una carrera universitaria es uno de los hitos más relevantes en la vida de un individuo contemporáneo. Esta decisión conlleva, para los que reciban sus titulaciones, un futuro profesional determinado que, en muchos casos, es para el resto de sus vidas. Se podría discutir lo del “resto de sus vidas”, pues sería valedero que alguien alegara que la vida profesional finaliza con la jubilación. Pero el retiro de la vida activa no supone el abandono de una identidad. El “ser médico”, “ser sociólogo”, “ser bioquímico” o “ser ingeniero” expresan una marca a fuego en las identidades de nuestra época.

Si una carrera universitaria se piensa como un camino hacia una titulación, no sería extemporáneo caracterizar a este trayecto como una transformación identitaria. Se “es” una profesión. “Soy ingeniero”, “Soy médica” o “Soy arquitecta” son afirmaciones de un yo que se visualiza a sí mismo como un profesional universitario. Estas no son expresiones de individualidad pura, creatividad autónoma o una manifestación de un sujeto aislado. Es un “yo” que se identifica con un campo profesional con sus jergas, sus prácticas, sus tecnologías, su organización laboral, sus jerarquías y estatus asociados, sus tradiciones, sus normativas.

Para que ese “yo profesional” se reconozca a sí mismo y sea reconocido por los demás, tiene que pasar por la universidad. Y es indudable que para titularse tiene que haber ingresado al nivel superior y recorrido la trayectoria formativa definida por un currículo específico. ¿Qué lleva a una persona a decidir estudiar una carrera universitaria entre las que hoy se ofrecen en la Universidad Nacional Arturo Jauretche? ¿Qué discursos enuncian los ingresantes de la UNAJ para dar cuenta de tal decisión? ¿Qué representaciones portan sobre la profesión por la que han optado? ¿Cómo jugarán esas representaciones sobre una profesión respecto de sus trayectorias como estudiantes universitarios?

En este artículo se intentará dar respuesta a las anteriores preguntas a partir de los resultados provisorios de una investigación que indaga en torno a las representaciones sobre sí mismos que poseen los estudiantes que transitan el primer año en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ). La investigación se focaliza en el concepto de “afiliación” entendido como el proceso a partir del cual los estudiantes construyen un “oficio” para cuyo desempeño tienen que adquirir conocimientos, destrezas y competencias (Coulon, 2017). En tal sentido, se sostiene que la construcción de una identidad para sí como estudiante no implica una tabula rasa, sino que es una compleja construcción que supone una biografía, con todo lo que una experiencia vital trae aparejado. Este proceso no es ni espontáneo ni natural, ya que resulta de un aprendizaje institucional e intelectual que se enmarca en un fenómeno de socialización institucional.

El material empírico fue recolectado a través de entrevistas que se realizaron a individuos en el momento que realizaban los trámites de inscripción para el ingreso de la cohorte 2019. Para conocer las transformaciones acontecidas en ellos como estudiantes universitarios, se volvió a entrevistar a los integrantes de la muestra que aún continuaban cursando asignaturas al finalizar el segundo cuatrimestre de ese año lectivo. Este artículo analiza los discursos de elección profesional que enuncian los ingresantes. En las entrevistas realizadas durante la inscripción, se preguntó, entre algunos de los tópicos que fueron indagados, acerca de las razones por las cuales había elegido determinada profesión y a la UNAJ como universidad para realizar sus estudios, cómo imaginaban su futuro tras titularse, las representaciones en torno a estudiar en el nivel superior, las diferencias con el nivel secundario, los desafíos que tenían como estudiantes universitarios.

Los discursos de elección obtenidos fueron sistematizados buscando tematizaciones sostenidas en regularidades a partir de palabras que se repetían, en metáforas de uso común, en fraseos iterados. Esos núcleos de significación fueron puestos en diálogo con marcos de tres campos teóricos específicos: la elección de carreras profesionales, la socialización profesional y la afiliación universitaria.

Antecedentes y conceptos claves

El ingreso al mundo del trabajo ha sido estudiado por diversas disciplinas tales como la sociología del trabajo, la psicosociología, la psicología laboral, la orientación vocacional, entre otras. La noción moderna de una carrera profesional se ha abordado desde distintas perspectivas, y las investigaciones del mundo angloparlante, de alguna manera, son una influencia ineludible como referencias teóricas.

La teoría del autoconcepto respecto de una carrera laboral desarrollada por Super (1980) propone que la elección de carrera y su desarrollo ulterior son esencialmente un proceso profundamente imbricado en el autoconcepto que tiene de sí un individuo. De acuerdo a este autor, el autoconcepto es el producto de diversas interacciones complejas entre el crecimiento físico y mental, las experiencias personales y los estímulos medioambientales. Savickas (2002) discute las posiciones de Super, quien sostiene que el autoconcepto es una construcción personal, y desde una perspectiva constructivista propone que el desarrollo de una carrera profesional implica la elaboración de un autoconcepto vocacional en los roles laborales. Si Super sostenía cierto estatismo en su análisis, Savickas le incorpora dinamismo y la posibilidad de transformación a través de las distintas experiencias profesionales y vitales de un individuo (Leung, 2008).

Otra perspectiva es la de Gottfredson (2002), quien teorizó que la elección y el desarrollo profesional son un proceso de circunscripción a través del cual los individuos van eliminando o valorando distintas opciones profesionales. Según su modelo de circunscripción profesional, desde la niñez se van definiendo aspiraciones en las que intervienen el género, la etnia y la clase social. Gottfredson propone un modelo de desarrollo que consiste en cuatro etapas en las que progresivamente se van construyendo representaciones respecto al mundo de los adultos y los trabajos que desempeñan, los géneros que ocupan predominantemente cada uno de los campos profesionales, los estatus y jerarquías asociados a cada profesión, entre otros rasgos del mundo del trabajo que se van internalizando en el desarrollo vital. En este proceso, se va configurando un autoconcepto que posibilita la consideración de ciertas ocupaciones con la autopercepción de uno mismo.

Desde miradas latinoamericanas, la mexicana María Teresa Montero (2000), desde el campo de la orientación vocacional, describe que en el proceso de elección de una carrera intervienen variables de carácter personal y social. En este sentido, Montero sostiene que los procesos de socialización configuran las prácticas de elección profesional a partir de las creencias o imágenes que se interiorizan en el desarrollo de una persona.

Las identidades profesionales tienen ya profuso desarrollo en la investigación social. Esta identidad se plasma como el espacio simbólico común compartido entre los sujetos, sus entornos sociales y las organizaciones en las que trabajan. Este constructo simbólico se explica por la adhesión a unas culturas profesionales al interior de procesos de interacción entre desarrollos biográficos y procesos relacionales que se realizan en diversas instituciones socializadoras. Como sostiene Dubar (1992), trabajar no solo significa transformar un objeto o una situación en otra cosa, sino que constituye una transformación del sí mismo en y por el trabajo. En la apropiación de esta identidad, interjuegan las posiciones sociales de los individuos con el espacio ocupado por la profesión en la división social y técnica del trabajo y del reconocimiento social que esa tarea tiene en la sociedad (Spinosa, 2004).

Para el análisis de discursos de elección de carreras universitarias, se los consideró dentro de lo que Angenot (2010) denomina como “discursos sociales”. Estos comprenden todo lo que se dice, escribe, imprime, habla públicamente o se representa en un estado particular de sociedad. Si un discurso tiene potencia social, se manifiesta en torno a lo que se puede decir y en lo que es indecible, en las normas que rigen lo que se dice, en las jerarquías de los que hablan, en los grupos que se conforman alrededor de ciertas formas del habla y los que son excluidos. Los discursos sociales participan en la producción social de la “individualidad, la especialización, la competencia, el talento y la originalidad; se trata de la producción social de las así llamadas opinión ‘personal’ y creación ‘individual’” (Angenot, 2010: 82). Siguiendo a Angenot, enunciar los motivos, razones o causas que llevan a elegir una carrera universitaria es un tema entre los tantos que circulan en una sociedad en un tiempo histórico particular y preexisten a la conciencia de los hablantes.

El gusto por una profesión

¿Qué discursos enuncian los ingresantes para explicar las razones de elección de una carrera en particular? La pregunta tiene dos palabras para problematizar teóricamente: “carrera” y “elección”. Hablar de “carrera universitaria” conlleva su indivisible asociación a una carrera profesional; es decir que, a través de unos estudios, se obtiene una titulación que habilita al desempeño en un campo profesional con su historia, normativas, discursos específicos, organizaciones laborales, jerarquías, jergas, saberes, técnicas y prácticas que la universidad transmite a unos “iniciados”. La posibilidad de desarrollar una carrera profesional es moderna y se ha convertido en el paradigma dominante de cómo se piensa sobre el trabajo en la sociedad contemporánea (Cullen, 2011). Además, en la actualidad, las carreras de tipo profesional son elegidas por grandes masas de individuos que cursan estudios universitarios.

La posibilidad de elección de la profesión es un hito cultural que caracteriza –entre diversas elecciones– a la modernidad ya que simboliza el ejercicio de la libertad del individuo, su autonomía y su racionalidad. Es por ello por lo que la elección de una profesión es uno de los tópicos más relevantes en la configuración de la individualidad moderna tanto en su forma de derecho, como de competencia (Illouz, 2016).

Entre los ingresantes a la UNAJ que se han entrevistado, prevalece un término que coagula el discurso de elección profesional: el “gusto”. En algunos relatos aparece un gusto que manifiesta la comparación con otras profesiones y, también, la realización de ajustes hasta llegar a la profesión elegida.

Porque me gusta y… nada… [piensa]. Porque no sé, yo estuve averiguando varias carreras y me llamó la atención. Quirófano es la que me gustó para hacerla. No me gustó otra. La medicina me gusta, pero no, no siento (Anahí, Lic. en Organización y Asistencia de Quirófanos).
En realidad me gusta todo lo que tiene que ver con la salud. En un primer momento quería estudiar Medicina pero me di cuenta de que no. […]. Porque son muchos años y yo ya tengo 30. Para seguir son más o menos quince años para llegar a una carrera en sí, una especialidad. Entonces dije, bueno, no. Y como me gusta la ingeniería… Hace unos años en la UBA quería estudiar ingeniería química así que opté por Bioingeniería (Florencia, Bioingeniería).

Expresiones como la de Florencia cuando afirma “entonces dije, bueno, no” dan cuenta de diálogos interiores previos a la inscripción que representan un proceso reflexivo en torno a la elección profesional. Shotter (1996) denomina a estos soliloquios como un “proceso conversacional interior” que refleja las mismas características éticas, retóricas, políticas y poéticas que se expresan en las interacciones con otras personas. Este anclaje profundo de los soliloquios con la discursividad social implica la estrecha vinculación de los diálogos internos que manifiestan la elección profesional con las imágenes, estereotipos, jerarquías, discursos mediáticos y otras construcciones discursivas que circulan en la sociedad respecto de las profesiones.

Otro ingresante, Brandon, narra un proceso de elección profesional estructurado en torno a un gusto que explica ajustes en relación con variados campos profesionales y saberes diversos hasta llegar a la carrera en la cual inscribirse.

Primero había pensado en inscribirme en Ingeniería en Petróleo. Pero me tiré más por esto porque, nada, me gustan los fierros y todo eso. También me dijeron que no es solo de motores, fierros, sino que también es tecnología, computación, electrónica, todo eso. Y porque era apasionante la carrera (Brandon, Ingeniería Electromecánica).

Es interesante la expresión “primero había pensado”, la cual da cuenta de procesos conversacionales internos respecto de las posibilidades existentes en relación con los estudios universitarios. En otros entrevistados el gusto se vincula con lo social, lo político, la transformación o ethos profesionales.

Porque me encanta todo lo que tiene que ver con la salud y me encantaría ayudar al prójimo (Ruth, Medicina).
Me gustó. Me gustó en lo que puedo contribuir a la sociedad de alguna manera. Puedo ayudar. Me gustó en eso: dónde se enfoca. Bueno, hacer algo más justo, creo yo, para los que menos pueden, los que menos tienen o poner todo algo más nivelado (Lorena, Lic. en Trabajo Social).

El gusto puede manifestarse respecto de una profesión que ejerce una atracción de prolongada data o que se vincula con experiencias laborales o personales realizadas a lo largo de la experiencia vital.

Trabajo como administrativa y siempre me gustó. Y por motivos personales nunca pude terminar la carrera (Silvina, Lic. en Administración).
Porque me gustó todo lo que es sistemas y siento que aprendí un montón de cosas por mi cuenta, siempre me atrajo, me atrajeron muchas más cosas, como la producción, el arte, esto que el otro, pero sentí que en lo que mejor me manejo es en la informática y todo lo que tenga que ver con computadoras (Nicolás, Ingeniería en Informática).

En otros casos, el gusto por la profesión elegida y la decisión de embarcarse en estudios universitarios se asocia a cierta instrumentalidad para logros futuros.

Porque me gusta todo lo que esté abocado al campo y la naturaleza, no me gustaría estar trabajando en la ciudad. Al buscar esa carrera y estar tranquilo, en el campo, en la naturaleza. Esa carrera es para mí, perfecta. Y justo di con esta y bueno, encontré esta Facultad (Franco, Agronomía).
Porque me gusta, me llama la atención y tiene buena salida laboral (Luciana, Lic. en Organización y Asistencia de Quirófanos).

A veces el gusto por la profesión se define entre la propia oferta de la universidad:

Porque fue la que más me gustó de las que había visto en la web de la universidad (Luna, Lic. en Administración).

Los relatos de los ingresantes respecto de su decisión de estudiar una carrera universitaria exteriorizan identidades electoras de una profesión en particular. La han elegido entre la multiplicidad de profesiones que existen en la división del trabajo contemporáneo. Al optar, los ingresantes dan cuenta de un proceso de elección profesional que Gottfredson (2002) denomina “circunscripción profesional”. Los entrevistados identifican la ocupación que más prefieren de acuerdo a la evaluación de compatibilidad que realizan entre varias profesiones y la imagen de sí mismos expresada, particularmente, en sus gustos. Estos se manifiestan en opciones vitales, en las oportunidades que las profesiones habilitan para su futuro, en las posibilidades de transformación social que son visibilizadas a través del desempeño profesional, entre algunas de las diferentes formas que asume el gusto. Para Gottfredson los individuos portan imágenes laborales –a menudo en formas estereotipadas– que incluyen las personalidades de la gente que se desempeña en un determinado campo laboral, el trabajo que hacen, las vidas que llevan, las recompensas y condiciones de trabajo y para qué tipo de personas son apropiados. Distintos segmentos de la sociedad comparten básicamente las mismas imágenes laborales y ciertas características asociadas, como, por ejemplo, los tipos de personalidad requeridos o el nivel de prestigio que otorgan.

La circunscripción profesional se presenta a través de discursos articulados en torno al gusto, pero ¿qué es el gusto? Bourdieu lo define en sus análisis sobre el gusto en las artes de la siguiente manera:

Lo que se llama gusto es precisamente la capacidad de hacer diferencias entre lo salado y lo dulce, lo moderno y lo antiguo, lo románico y lo gótico, o entre diferentes pintores, o entre diferentes maneras de un mismo pintor, y, en segunda instancia, de probar y enunciar preferencias (Bourdieu, 2010: 32, la bastardilla es del original).

En los discursos de elección de una carrera universitaria, prevalece el hacer diferencias entre las múltiples profesiones que ofertan las universidades. En las entrevistas, el gusto es el término llave para enunciar las preferencias que llevan a tomar la decisión de inscribirse en la universidad. “Me gusta” o “No me gusta” son las formas discursivas predominantes que asume el proceso de circunscripción profesional en el particular momento de iniciar los estudios universitarios entre los ingresantes entrevistados.

No se puede pensar en un “gusto natural” o un gusto como la expresión de una individualidad plenamente autónoma en cuanto que la construcción del sentido del gusto es un aprendizaje social sostenido en los procesos de socialización de los individuos. Es una disposición adquirida que permite diferenciar y apreciar distintos objetos o fenómenos sociales mediante operaciones de diferenciación y distinción (Bourdieu, 2010; Lava, 2012).

El gusto no es una acción libre, sino que está articulado con las dinámicas sociales y no es ajeno a las desigualdades entre las posiciones que ocupan los individuos. En tal sentido, Scribano (2011) afirma que no hay sentido más geoculturalmente determinado que el de la gustación, por lo que la clase social, el género, la edad y la etnia se conjugan en la clasificación de objetos y fenómenos sociales a través del gusto.

La titulación y el futuro

En las entrevistas, se les presentó a los ingresantes una foto que representaba una colación de grado en la UNAJ. ¿Cómo se ven a sí mismos con la obtención de una titulación profesional? Responder a esta pregunta exige un posicionamiento del sí mismo en un futuro más o menos distante que entrecruza imágenes personales en tiempo presente con una vida venidera en la que una profesión asumirá un lugar relevante en lo personal. Ante la imagen de la colación de grado, en general aparecen, en primer término, discursos signados por la emoción.

Ese momento va a ser muy emocionante, poder haber terminado algo. Van a estar mi papá, mi mamá y van a llorar [risas] (Celia, Ingeniería Industrial).
Voy a estar muy contenta y emocionada. Me lo imagino con familiares (Luna, Lic. en Administración).
Y, aparte de feliz, voy a ver un montón de oportunidades por delante (Nicolás, Ingeniería Informática).

Además de las emociones, se observan discursos en los que el título es valorado en cuanto posibilita empleos futuros que habilitarán la obtención de otros bienes, tanto simbólicos como materiales. En tal sentido, la metáfora de “abrir puertas” fue utilizada en varias oportunidades.

Va a ser una gran puerta que se me abre a mucho más trabajo (Luna, Lic. en Administración).
Uff, va a ser un logro muy importante para mí, nada… Se me van a abrir algunas puertas que… [piensa] que tengo pensado que se me abran (Silvina, Lic. en Administración).
Y se abren más puertas a través de un título también, a veces por un favoritismo que entrás a trabajar en un lugar y tenés un mejor sueldo, a veces por estudio o por mérito; a veces entraste por mérito pero después lo reforzaste con estudio y a veces te lo reconocen, hoy en día no es muy reconocido, pero en algunos lugares lo tienen en cuenta (Cecilia, Lic. en Administración).

Estas tres ingresantes a la carrera de Licenciatura en Administración reiteran un fraseo que se identifica como clichés o estereotipos lingüísticos. De esta manera se reconocen aquellas locuciones denominadas como “frases hechas”, “modismos”, “dichos”, “refranes” o “muletillas” que se aplican repetitivamente en situaciones determinadas (Ferrari, 1998). Esta representación de la titulación y el desempeño profesional como instrumentos para ciertos logros no solo se observa en esta particular carrera, sino que otros entrevistados ven en las titulaciones logros similares a las tres estudiantes de administración.

Estuve investigando en el ámbito de la ingeniería informática y sé que tiene mucha… cómo decirlo, salida laboral diferente. O sea, se puede trabajar tanto en un local, como haciendo trabajos de programación para un tercero, tanto como arreglando computadoras y muchas cosas así. Y viéndome así comenzando a buscar todas esas posibilidades (Nicolás, Ingeniería Informática).

Un título universitario es un instrumento que diferencia en el mundo del trabajo a aquellos que los poseen de quienes no acceden a una graduación profesional.

La vida va a cambiar mucho […]. En lo laboral… en el mundo… o sea, en el universo donde nos vamos a mover. No es lo mismo una persona profesional que una persona que lamentablemente no tiene una salida laboral o algo estable, un título que lo respalde (Paola, Ingeniería en Petróleo).

O puede ser una herramienta para un crecimiento de tipo personal o la afirmación en etapas vitales.

Me vería como una persona más preparada para el mundo. Preparada psicológicamente y emocionalmente para salir adelante y hacer las cosas de mi vida (Brandon, Ingeniería Electromecánica).
Vida de adulto… Ya sobrepasando a otra vida [se ríe] (Iara, Trabajo Social).
Y yo creo que bien, que sería 100 % independiente porque tendría un título debajo del brazo y con el cual buscar un trabajo y mantenerme sola (Luciana, Lic. en Organización y Asistencia de Quirófanos).

Para otros, la titulación es un instrumento que habilita el logro de cuestiones o beneficios no tan personales, sino que posibilita la prestación de servicios o la participación en tareas que visualizan con potencia transformadora.

[…] lo único que se me viene a la cabeza es que cada persona, incluyéndome a mí, que se recibe es una herramienta más para cambiar la realidad que se está viviendo. O sea, no lo tomo como una felicidad por mí, sino como una herramienta para seguir transformando la sociedad (Jorge, Trabajo Social).
Y… sería poder lograr mi sueño [se ríe]. Y poder ayudar a las personas. Es algo que me encanta. Me encanta todo lo que tiene que ver con eso (Ruth, Medicina).
Yo en realidad quiero trabajar en una empresa, que tenga que ver con el medio ambiente, que trabaje con la energía solar y esas cosas. Me gustaría algo así. Ayudar al planeta, a la sociedad, hacer algo (Celia, Ingeniería Industrial).

Esta instrumentalidad pone de manifiesto un significado que asume cierta hegemonía entre los que le otorgan los entrevistados a la profesión que han elegido.

¿Estas representaciones instrumentales en torno al trabajo que habilita una profesión son propias de los ingresantes de la UNAJ? El trabajo ha adquirido distintas formas objetivas y subjetivas a lo largo de la historia humana, en la que representaciones de tipo instrumental son bastante recientes en el marco de sociedades en las que el salario ha adquirido centralidad (Méda, 2007; Castel, 2002). Así, el trabajo y el empleo en su forma salarizada han alcanzado una importancia tal que los transforma en las fuentes principales de medios que garantizan la subsistencia y, a la vez, brindan otros recursos para el desarrollo moral, político y psicológico de los individuos de nuestro tiempo.

Este tipo de representaciones definen al empleo como una actividad vital central y como una herramienta para acceder tanto a otras demandas de la vida contemporánea, tales como a una identidad (Romero Caraballo, 2017). Para los ingresantes de la UNAJ, la profesión y los empleos que consigan a partir de recibir el título son un instrumento para “abrir puertas”, ser adultos, independizarse, transformar la sociedad, ayudar a otros o al planeta, tener una salida laboral diferente, entre otros aspectos que aspiran lograr.

Gusto e instrumentalidad en la configuración primigenia de identidades profesionales

La decisión de ingresar a una carrera universitaria apareja un cambio identitario de central importancia. Que alguien escoja estudiar ingeniería, por citar un ejemplo, expresa que va a someterse a un proceso de transformación por el que ingresará a la universidad con una identidad y egresará con otra. Una persona que afirma “Soy ingeniero” es el producto de un complejo recorrido por un programa de socialización que cambia a los individuos proveyéndolos de una identidad que no tenían antes del ingreso a la universidad.

Ruth, Brandon, Cecilia y otros ingresantes entrevistados en las colas para hacer los trámites para inscribirse a la universidad aspiran a ser transformados en profesionales de tipo universitario. Es decir que desean una identidad que aún no tienen y que debe ser construida. Pero sus discursos, a menudo balbuceantes, revelan lo que se podría caracterizar como los rudimentos o los rasgos primigenios de esa identidad profesional, los cuales por supuesto son absolutamente contingentes.

Portar una identidad profesional supone que los individuos tienen una visión de sí mismos que contiene los títulos, recorridos formativos, saberes, habilidades, discursos, jergas, experiencias profesionales, clientelas, entre otros rasgos propios de un campo profesional. Ese “yo” se incluye en un “nosotros”. Así, por ejemplo, la autoimagen “Soy economista” está subsumida en un “nosotros los economistas”, colectivo identitario amplio y preexistente a la conformación de la conciencia individual. Es decir que la identidad profesional devela un yo y un nosotros enmarcado en experiencias comunes al interior de la división del trabajo, lo cual posibilita la definición de grupos relativamente homogéneos para sí mismos y para otras comunidades laborales y sociales.

Para formar estos colectivos profesionales, la universidad propone un programa socializador propio de la modernidad basado en un currículo que, a partir de la enseñanza de conocimientos, saberes, habilidades y disposiciones propias de un campo laboral, titula a los individuos que en él se desempeñarán. Este proceso de construcción de identidad profesional puede incluirse dentro de lo que Dubet (2006) denomina un “programa institucional moderno”. Los estudios universitarios formulan un tipo particular de socialización, una forma específica de trabajo sobre los otros que transforma valores y principios en acción en una subjetividad apropiada para un tipo de trabajo específico y profesionalizado. La universidad socializa al individuo para convertirlo en un profesional, le inculca un habitus y una identidad conforme a los requisitos que conlleva un campo particular de la división del trabajo contemporáneo. Parafraseando a Dubet, la formación universitaria produce un profesional autónomo, es decir, conforme a las normas y las reglas que una determinada profesión exige.

Los discursos que enuncian los ingresantes a la UNAJ para explicar su elección profesional, la decisión de iniciar estudios universitarios o cómo se visualizan a futuro habiendo logrado un título no son una creación personal de un individuo plenamente autónomo. El gusto por una profesión o las representaciones instrumentales sobre el trabajo que realizarán son discursos preexistentes a los individuos, en este caso asociados a campos profesionales y recorridos formativos específicos para alcanzar una titulación. Según Angenot, los discursos sociales “informan las convicciones, las decisiones, las prácticas y las instituciones, a las que a menudo se subordinan los intereses ‘concretos’ y que procuran a la vez a los actores un mandato de vida y un sentido a sus acciones” (Angenot, 2010: 16).

Los ingresantes se asumen como electores de una profesión, señal de una identidad libre, autónoma y responsable de sus decisiones que, en este caso, los inicia en la formación para en un tipo específico de trabajo. Una identidad electora sostenida en el gusto personal y en ciertos deseos y aspiraciones que se podrán lograr si llegan a titularse. Denis Merklen (2013) sostiene que las políticas y dispositivos contemporáneos de producción de subjetividad e identidad se centran en la construcción de un individuo que se asuma como libre, activo y responsable de sí mismo. El mencionado sociólogo afirma que uno de los dispositivos principales que han acentuado los fenómenos de individuación contemporánea es la división del trabajo.

La división del trabajo contemporáneo es uno de los dispositivos que han acentuado el deseo de libertad individual, una suerte de expresionismo, una búsqueda de autenticidad por parte de los individuos mismos, una voluntad estentórea de cultivar “una relación consigo mismo”, una demanda social que toma también la forma de un deseo de autonomía en la determinación de la propia biografía, una voluntad “de ser sí mismo (Merklen, 2013: 47).

El gusto es un discurso potente, disponible y decible para explicarse a sí mismo y a los demás la decisión de estudiar una carrera universitaria. También para expresar algo de lo personal, de un deseo propio y de una voluntad autónoma por convertirse en un profesional universitario.

Conclusiones y derivas para futuras investigaciones

A partir de lo abordado precedentemente, el gusto y la instrumentalidad parecen ser dos componentes primigenios de las identidades profesionales de los ingresantes a la UNAJ. No se han encontrado discursos que remitan al término vocación (“Elijo porque es mi vocación”), ni formas genéticas (“Nací para ser médica”), tampoco epifanías o “llamados” desde la interioridad. Como sugieren algunas investigaciones sobre la docencia y la policía, la vocación es un discurso que se interioriza a través del avance por los estudios de grado o en el mismo desempeño profesional (Mórtola y Lavalletto, 2019; Galvani, 2016). ¿El gusto de la elección deviene en vocación? ¿Cómo juegan los procesos formativos para la construcción de formas discursivas de tipo identitatarias que lleven al desarrollo de compromisos con una profesión?

Los estudiantes que ingresan a la universidad tienen que construir dos identidades: la de estudiantes y la profesional. La afiliación universitaria se produce cuando los ingresantes logran establecer una consonancia con la cultura universitaria y emprenden la construcción de una nueva identidad: la de estudiantes de nivel superior (Coulon, 1997). Esta transformación implica el abandono de identidades estudiantiles propias de otros niveles y la metamorfosis hacia un nuevo estatus estudiantil. Coulon define este proceso como una aculturación que trae aparejada “una serie de rupturas brutales” con la identidad configurada hasta el momento de ingresar a la universidad.

¿Qué vinculaciones hay entre ambos procesos identitarios? ¿Son procesos que se articulan entre sí? Hay una vasta bibliografía que analiza la construcción de la identidad profesional docente en el marco de la formación de grado (Lortie, 1975; García, 2010). A partir de estos trabajos, se devela cómo los estudiantes de profesorado suelen priorizar las asignaturas de tipo práctico, muestran un menor compromiso con los espacios curriculares más teóricos (del tipo sociología, historia o filosofía de la educación), demandan instrumentos y técnicas para el futuro ejercicio profesional, expresan una alta valoración del hacer en el aula y un cierto menosprecio por saberes y disciplinas de alta abstracción, entre otras cuestiones que ponen de manifiesto la portación de unas imágenes y representaciones potentes en relación con el puesto de trabajo y el tipo de desempeño laboral futuro. Es decir que la construcción de la identidad profesional docente se articula a la vez que tensiona al oficio de estudiante. ¿Cómo son estos procesos de construcción identitaria en otras formaciones de tipo profesional?

Los estudiantes ingresan a la universidad para ser formados en una profesión. Ciertas formas tradicionales de organización curricular demoran la vinculación con asignaturas específicas del campo profesional hasta el segundo año y, a veces, hasta el tercero. Lo que se conoce como planes de estudio sostenidos en la racionalidad técnica organiza un recorrido curricular que presenta en los primeros años las asignaturas básicas (en general, disciplinas científicas de alto nivel de abstracción), para luego introducir a los estudiantes en las asignaturas que vinculan con saberes profesionales específicos, y, al finalizar el recorrido, se realizan las prácticas preprofesionales (Schön, 1992). ¿Cómo impactan estos recorridos curriculares en la construcción de ambas identidades?

Al momento de elegir una profesión, los ingresantes manifiestan una identidad profesional en ciernes con toda la contingencia que esto conlleva. Los cambios de carrera –que en la UNAJ son masivos cada año– expresan que el gusto puede cambiar en unos pocos meses. Pero el abandono también puede ser un signo de gustos que no llegaron a ser satisfechos a lo largo de una trayectoria como estudiante de nivel superior.

Conocer más sobre la construcción de las identidades profesionales en los estudios de grado y ponerlos en relación con los fenómenos de afiliación universitaria ayudaría a comprender mejor las trayectorias estudiantiles. Consideramos que podría ser un campo valioso de indagación que aportaría conocimiento para la mejora de los dispositivos formativos de la universidad. Estudiar en la universidad es, al fin y al cabo, un instrumento para conseguir una titulación profesional habilitante: ni más, ni menos.

Bibliografía

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