1.1. Introducción
La teoría ocupa un papel primordial en el proceso de investigación social (Archenti, 2007). La interrelación entre teoría y construcción de datos que se expresa a lo largo del proceso de investigación es una de las características de la elaboración del conocimiento. Si bien en esta tesis el marco teórico y el planteamiento metodológico se presentan por separado, no se reproduce una escisión entre teoría y metodología; por el contrario, tal división se relaciona con la claridad en la presentación y en la exposición de los capítulos.
Algunas perspectivas enmarcadas en el enfoque cualitativo prefieren denominar al marco teórico contexto conceptual o marco de referencia, entendiendo que no se trata de un corpus rígido que da lugar a deducciones mecánicas. Por eso, se considera que las perspectivas teóricas y las definiciones conceptuales contenidas en el apartado representan un punto de partida para delimitar sentidos y constituir herramientas de análisis con el fin de establecer supuestos sobre las regularidades observables de manera empírica.
En este capítulo se exponen los principales lineamientos teóricos necesarios para llevar a cabo el análisis de los datos construidos. Primero, se señalan las concepciones y supuestos de mayor generalidad que aporta la teoría sociológica contemporánea con el fin de poder establecer qué se entiende por sociedad y cuáles son sus principales elementos. Luego, se exponen las teorías de las migraciones y los conceptos que, de manera específica, hacen un aporte para el análisis de un problema de investigación en el que los aspectos como la discriminación y la interculturalidad son fundamentales. También, se definen conceptos de la teoría queer y de los estudios de género y sexualidades que resultan pertinentes para abordar el objeto de estudio, con el fin de proporcionar definiciones sobre la identidad de género de las migrantes travestis/trans sudamericanas. Como se indicó en la introducción, el presente escrito se encuentra ubicado en los estudios migratorios; por lo tanto, la jerarquización del marco teórico y conceptual radica en que las teorías sobre género y sexualidades dialogan y complementan los aportes que provienen de los estudios migratorios.
Por último, se delimitan los antecedentes de la investigación partiendo de aquellas producciones que han observado las migraciones internacionales, algunas aproximaciones que vinculan las migraciones con la perspectiva de género, los principales estudios sobre población travesti/trans y aquellas investigaciones que relacionan las migraciones con la diversidad sexual. Por eso, se han seleccionado las producciones de mayor relevancia que interpelan a la propia investigación mediante aportes que permiten iluminar áreas de vacancia y proporcionar explicaciones alternativas sobre determinados aspectos ya explorados.
1.2. Marco teórico
Con fundamento en Maxwell (2012), el diseño flexible, propio de la investigación cualitativa, difiere del seguimiento secuencial de las etapas propio del enfoque cuantitativo, en el que resulta necesario planificar cronológicamente cada una de ellas (Vasilachis de Gialdino, 2019). En el trabajo cualitativo, el diseño es interactivo; es decir, las fases se encuentran interrelacionadas y los investigadores pueden volver atrás con el fin de revisar, corregir y ajustar determinados aspectos enmarcados en los procesos necesarios para elaborar el estudio. Sin embargo, esto no significa que este enfoque carezca de sistematicidad y rigurosidad procedimental. En la investigación cualitativa, las fases se encuentran delimitadas y las perspectivas teóricas e hipótesis resultan fundamentales tanto para guiar el trabajo de campo como para analizar los datos construidos. La elaboración del marco teórico es entonces una fase del proceso de investigación que puede modificarse conforme esta avanza y de acuerdo con los imprevistos o aspectos no contenidos al inicio. Según Santamaría (2002), por lo general, los estudios migratorios han estado atravesados por un desinterés teórico respecto de cómo problematizar sus objetos empíricos, con lo cual algunos de los presupuestos de las teorías migratorias suelen asumirse acríticamente.
Los aportes teórico-metodológicos de Bourdieu (2008) sugieren que el objeto empírico representa una construcción que no puede abordarse de manera desprovista de teoría. Por lo tanto, se dejan de lado posturas empiristas que en los enfoques cualitativos sostienen que debe realizarse trabajo de campo sin hipótesis ni teorías elaboradas de manera previa. Tal como lo expresa Bourdieu (2008: 59):
Negar la formulación explícita de un cuerpo de hipótesis basadas en una teoría, es condenarse a la adopción de supuestos tales como las prenociones de la sociología espontánea y de la ideología, es decir los problemas y conceptos que se tienen en tanto sujeto social cuando no se los quiere tener como sociólogo.
En esta tesis se define un marco conceptual de referencia en el que se delimitan algunos conceptos fundamentales y se presentan las principales perspectivas teóricas. Se considera una tensión entre inducción y deducción coincidente con la propuesta metodológica de la teoría fundamentada (Strauss y Corbin, 2002). En suma, algunas categorías de análisis se elaboraron de manera prestablecida, considerando la teoría existente. Otras emergieron del material empírico y, por último, un grupo de categorías se encontraban delimitadas, pero se robustecieron a partir de la incorporación de propiedades no contenidas hasta el momento.[1]
Por otra parte, esta investigación parte de una serie de supuestos teóricos anclados en las teorías sociológicas de posguerra. Para abordar el problema de investigación propuesto, es indispensable clarificar qué se entiende por sociedad, sobre todo, el modo de pensar la relación estructura-agente, que ha representado uno de los dualismos más férreos de la teoría sociológica y que impacta en la manera de concebir cualquier objeto de investigación. En el caso de las migraciones internacionales y en el caso de las migraciones de travestis/trans sudamericanas, tal dualidad se encuentra presente y en tensión en los tres momentos que recorre la migración enunciados en la introducción.
En primer lugar, es importante destacar que luego de la caída del consenso ortodoxo (Giddens, 1982), es decir, de la disolución del estructural funcionalismo como teoría social hegemónica, se produjo, entre otros factores, que el interés por los agentes y su capacidad de acción y comprensión se reavivara, lo que dio lugar a una revalorización de la hermenéutica mediante una crítica al paradigma positivista. En lo que respecta a la sociología, algunas corrientes —entre ellas, el interaccionismo simbólico, la fenomenología social, la dramaturgia social, las teorías del conflicto social (Alexander, 1997) y las perspectivas de análisis cualitativo como la teoría fundamentada, la etnosociología y la inducción analítica— comenzaron a ser preponderantes, lo que dio lugar a una multiplicidad de modos de llevar a cabo investigaciones cualitativas.
Se destaca el valor teórico y el rigor metodológico de estas perspectivas, dado que recuperan el concepto de acción y de agente sin asumir una visión ingenua o escindida del sistema social (Belvedere, 2012). Si la investigación cualitativa posee como principal fundamento comprender el sentido que los actores le otorgan a sus acciones, estas perspectivas, desde diversas formas, contribuyen a recuperar las motivaciones del actor, dejando de lado explicaciones mecanicistas. La teoría fundamentada, esencial para el marco metodológico de esta investigación, sienta sus bases teóricas en el interaccionismo simbólico vinculado a la Escuela de Chicago de principios del siglo XX.
El dualismo estructura-agente que recorre buena parte de la teoría sociológica intenta ser superada del mismo modo por los aportes de Giddens (1995: 40):
Si las sociologías de la comprensión se fundan, por así decir, en un imperialismo del sujeto, el funcionalismo y el estructuralismo proponen un imperialismo del objeto social. Una de mis principales ambiciones cuando formulo la teoría de la estructuración es poner fin a esas dos ambiciones imperiales.
De este modo, Belvedere (2012) señala que el sociólogo británico intenta superar este dualismo mediante la teoría de la dualidad estructural desde una postura posestructuralista que le otorga a la estructura un costado productivo. El oficio del sociólogo se estructura, entonces, en función de una doble hermenéutica. Los científicos sociales interpretan un mundo ya interpretado por los agentes. El sentido común como acervo de conocimientos constituye una actitud natural que expresa una forma de conocimiento y es interpretado por los cientistas sociales desde diversas ópticas. “La doble hermenéutica de las ciencias sociales implica lo que Winch llama ‘una ligazón’ lógica entre el lenguaje ordinario de los actores y la terminología lógica inventada por los científicos sociales” (Giddens, 1982: 16).
Aunque el debate sobre la dualidad estructura-agente ya representaba una preocupación para las perspectivas interaccionistas y fenomenológicas (Belvedere, 2012), fueron los aportes de la teoría sociológica del último cuarto del siglo XX las que estuvieron abocadas a superar los dualismos mediante síntesis teóricas. Por eso, la perspectiva de Pierre Bourdieu es retomada para definir la sociedad como un espacio en el que coexisten diversos campos con diferentes lógicas y determinadas estructuras. El espacio social implica que los sujetos o grupos ocupen posiciones diferenciales, coexistentes y exteriores (Bourdieu, 1997), que se constituyen en función de una distribución desigual de diversos capitales. Los sujetos y grupos ocupan una posición en los diferentes campos conformadores del espacio social de acuerdo con los capitales que poseen. Según Gutiérrez (2011), el espacio social se determina de acuerdo con tres elementos: el volumen, la estructura del capital y su evolución en el tiempo. La teoría de los capitales y las estrategias de reproducción social serán elementos primordiales para entender los motivos de la migración de las travestis/trans sudamericanas.
De esta manera, la noción de espacio social debe complementarse con las definiciones que la mayoría de los estudios migratorios aportan a la hora de comprender los proyectos migratorios. En consecuencia, la definición de sociedades emisoras refiere a los entornos de origen cuyas características, en el caso del universo de estudio de esta investigación, suelen ser expulsivos, mientras que el destino migratorio es caracterizado como la sociedad receptora. La recepción de los migrantes involucra un conjunto de instituciones que conforman a esa sociedad y mediante las cuales se organiza la presencia de la diferencia cultural provocada por la presencia de los migrantes. Se destaca que el “Estado desempeña un papel muy activo y determinante en el tratamiento de la diversidad étnica” (Cohen, 2009: 20-21). A través de la institución educativa, judicial y las fuerzas de seguridad, el Estado gestiona y administra la diversidad cultural, socializando, sancionando y reprimiendo los ilegalismos (Foucault, 2000). Además, los medios de comunicación contribuyen a construir representaciones respecto de la otredad y de los mercados, sobre todo el de trabajo, que favorece el desplazamiento de las poblaciones (Cohen, 2009), y el sistema de salud, que permite la preservación y control de los cuerpos que pueden devenir en patológicos.
En otro orden de ideas, las estrategias de reproducción social (Bourdieu, 2011) se encuentran destinadas a mejorar la posición en el espacio social.[2] Las familias constituyen un elemento central en la gestación de dichas estrategias.
Las estrategias y las prácticas fenomenalmente muy diferentes que producen los agentes y, por su intermediación, los grupos que se las han apropiado, cumplen siempre, por una parte, funciones de reproducción: sean cuales fueren las funciones que sus autores o el grupo en su conjunto les asignen oficialmente, tienden objetivamente a preservar o aumentar el patrimonio y, correlativamente, resguardar o mejorar la posición del grupo en la estructura social (Bourdieu, 2011: 115).
Esta definición es pertinente porque, como se describirá en el capítulo 3, las migrantes travestis/trans sudamericanas desarrollan diversas estrategias de reproducción social. De hecho, la migración de esta población se considera una estrategia de reproducción medular que engloba algunas de las principales estrategias de reproducción conceptualizadas por Bourdieu. Esta puede significar inversiones económicas, culturales, eróticas y simbólicas, y es una instancia que puede empoderar a las migrantes y mejorar las posiciones ocupadas en el espacio social.
De manera complementaria, la teoría de los capitales de Bourdieu (2001) puede resultar útil si se consideran algunos resguardos. Si bien las migrantes travestis/trans sudamericanas se apropian y disponen de capitales que se distribuyen de manera diferencial entre ellas, la condición travesti/trans tiende a constituir una igualación hacia el empobrecimiento. En otras palabras, asumir y expresar socialmente una identidad de género por fuera de los parámetros establecidos por la hetero-cis-normatividad deteriora las posibilidades de establecer estrategias de reproducción y ejercer los capitales conquistados durante la trayectoria biográfica (Álvarez Broz, 2017). Esto no significa que tal teoría no pueda aplicarse; en todo caso, resulta necesario poder establecer hasta qué punto, en el caso de las migrantes travestis/trans sudamericanas, el asumir las identidades de género y expresarlas socialmente socava las estrategias de reproducción y diluye la posesión de capitales.
La mayoría de las migrantes travestis/trans sudamericanas, al asumir su identidad, ejercen la prostitución/trabajo sexual, puesto que representa la única estrategia de supervivencia debido a las dificultades para acceder al trabajo formal (Fernández, 2004; Berkins, 2006; INDEC, 2012; Ministerio Público de la Defensa, 2017; Álvarez Broz, 2017, entre otras). Si bien no puede asumirse de manera mecánica que los capitales y sus diferencias carecen de importancia en el caso de la población estudiada, la condición travesti/trans tiende a diluir estas diferencias. Las típicas estrategias de reproducción social que funcionarían de manera sistemática e inercial en personas cisgénero se ven perturbadas en el universo de estudio. De manera precisa, las familias de origen representan uno de los principales elementos que motivan el abandono de las sociedades emisoras, debido a que estas poseen actitudes de hostilidad y rechazo hacia sus identidades de género. Al ser las familias de origen un elemento clave para constituir estrategias de reproducción sólidas (Seid, 2019), es de esperar que las migrantes travestis/trans sudamericanas tengan dificultades para desplegarlas.
Además del capital económico, cultural, social y simbólico, los aportes de Hakim (2012) permiten ampliar la teoría de Bourdieu sobre los capitales, al adicionar el capital erótico. En el caso de las migrantes travestis/trans sudamericanas, dicho capital, ante la disolución del resto de los capitales, resulta de vital importancia. En el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, la preparación, presentación corporal, estética y las tácticas destinadas a la seducción de los clientes permiten posicionarse de manera ventajosa con el fin de acceder a una mejor remuneración. El capital erótico se despliega como un arte que consiste en fascinar a los demás; incluye la presencia y la persuasión abocada a generar atracción sexual. Además, tal capital resulta una fuente de prestigio para entablar una sociabilidad con pares y lograr una mayor aceptación social. También este factor incide al momento de establecer estrategias matrimoniales y al efectuar experiencias de regreso hacia las sociedades emisoras, en las que habían experimentado el rechazo de los entornos (Vogel, 2009). En definitiva, la prostitución/trabajo sexual representa una estrategia de supervivencia social que, ante la disolución de los capitales, les permite a las migrantes recomponer el capital económico y social, y aprender técnicas y estrategias destinadas al incremento del capital erótico.
Las trayectorias biográficas de las migrantes travestis/trans sudamericanas se encuentran ligadas al ejercicio de la prostitución/trabajo sexual. La decisión teórica de mencionar tal actividad como prostitución/trabajo sexual se debe a la intención de expresar un debate imposible de soslayar que, incluso, se presenta en las concepciones de las entrevistadas, puesto que, para algunas de ellas, puede definirse como trabajo sexual y, para otras, como prostitución. No se desconocen los debates de los estudios de género y feminismos que, mediante el paradigma abolicionista y regulacionista, se desarrollan respecto de la manera en que se concibe la prostitución/trabajo sexual (Mackinon, 1989, 2017; Pateman y Romero, 1995; Juliano, 2005; Rubio, 2008; Díez Gutierrez, 2089; Daich, 2012, Morcillo y Von Lurzer, 2012, entre otras numerosas publicaciones). Para quienes promueven el trabajo sexual, a las trabajadoras sexuales se las estigmatiza y se las victimiza como sujetos carentes de agencia, cuando en verdad se trata de mujeres que no encajan con los patrones morales establecidos, ya que viven su sexualidad de un modo disidente. Se promueve el cuidado de la salud y el registro de las personas que lo ejercen (Morcillo, Von Lurzer, 2012). Para el abolicionismo, en cambio, la prostitución representa una de las formas en que el régimen patriarcal controla el cuerpo de las feminidades, las cosifica y las somete a condiciones de vida cruentas. Desde esta perspectiva, deberían penalizarse a quienes la promueven o se benefician con tal actividad, pero no a quienes la ejercen. Más allá de estos debates, la tesis aborda la cuestión de la prostitución/trabajo sexual observando qué impacto y significado posee para los proyectos migratorios de las migrantes travestis/trans sudamericanas.
En relación con los conceptos propuestos por Pierre Bourdieu, uno de los más sobresalientes en su obra ha sido el habitus, que refiere a las disposiciones prácticas, las estructuras incorporadas en la subjetividad; en definitiva, tal concepto permite entender cómo se configuran los modos de actuar, pensar y sentir de las personas. La exterioridad interiorizada en la subjetividad, lo social hecho cuerpo y el habitus proporcionan un esquema que orienta las acciones, entre ellas, las estrategias de reproducción social. Lejos de representar un resultado estructural mecánico, el habitus constituye una homología, es decir, homogeniza conductas de grupos sociales que pueden asumir distintas características contenidas en su estructura. “Cada sistema individual de disposiciones es una variante estructural de los otros, en la que se expresa la singularidad de su posición” (Bourdieu, 1991: 98). En esta tesis se sostiene que las migrantes travestis/trans sudamericanas se ven atravesadas por un habitus migratorio (Kleidermacher, 2015) que estructura el desplazamiento desde que ellas se encuentran en las sociedades emisoras y recorre la totalidad de los proyectos migratorios, aunque puede observarse con mayor claridad en algunos momentos.
Hasta aquí se han señalado elementos de la teoría sociológica de gran alcance, cuyas premisas poseen importantes consecuencias en el análisis de los datos producidos por esta tesis. A continuación, se presenta el marco conceptual en el que se definen los principales conceptos de los que se vale la investigación. Se toman como referencia las teorías de las migraciones y las teorías ubicadas en el campo de los estudios de género y sexualidades.
1.3. Marco conceptual
Las categorías que se encuentran en relación con las perspectivas teóricas de interpretación, tal como establece la teoría fundamentada (Strauss y Corbin, 2002), son conceptos de considerable densidad. Estas categorías se abordan conforme a sus subcategorías y respectivas propiedades y dimensiones. Aunque la operacionalización metodológica de estas se presenta en el próximo capítulo, aquí lo importante es establecer las principales definiciones de los conceptos del estudio. La tesis parte de un marco de referencia conceptual que se fue refinando, ampliando y profundizando conforme avanzaba el proceso de investigación.
Blumer (1982) realiza una crítica al análisis sociológico elaborado mediante la delimitación de variables al considerarlo impreciso e inapropiado. Por eso, hace referencia al uso de conceptos sensibilizadores que permiten aproximarse al objeto empírico sin caer en reduccionismos. La construcción de variables implica incorporar un sistema de categorías exhaustivo, excluyente y preciso. En consecuencia, tal delimitación provocaría la necesidad de reducir la complejidad de la realidad social dejando de lado aspectos que no cumplen los típicos requisitos de las variables, pero que resultan pertinentes para el análisis. Por eso, las categorías permiten alcanzar sensibilidad teórica con mayor amplitud y profundidad sin perder sistematicidad. A continuación, se avanza en la caracterización de los principales conceptos y perspectivas teóricas.
1.3.1. Teorías de las migraciones
Las teorías de las migraciones internacionales son variadas y cada una de ellas posee puntos fuertes y débiles que han intentado comprender, a lo largo de la historia y en diferentes contextos, los flujos migratorios. En lo sucesivo, se realiza una descripción de las principales teorías sobre la migración.
Las raíces de la conceptualización de las migraciones internacionales poseen como primer antecedente los aportes de Ravesntein (1885), plasmados en el escrito “The laws of migration”. En el artículo, el autor sistematiza algunas de las regularidades migratorias europeas a partir del análisis de datos desde una perspectiva demográfica. De esta manera, establece que la migración se relaciona con las disparidades económicas vinculadas a los países y a individuos racionales capaces de encontrar mejores oportunidades. Sin intención de enumerar cada una de las leyes, se destaca que el autor elabora una serie de principios que aún en la actualidad pueden observarse en algunos procesos migratorios internacionales. Los principios elaborados por estas teorizaciones se relacionan con dimensiones económicas, sociales, culturales y de género.
Por otra parte, Lee (1966) en el escrito “A theory of migration” realiza una revisión de las leyes elaboradas por Ravenstein y amplía algunos elementos de la incipiente teoría migratoria. De este modo, elabora un conjunto de hipótesis con el fin de caracterizar de modo acabado el proceso migratorio. Su conceptualización establece tres variables principales: el volumen de la migración, las corrientes migratorias y los aspectos diferenciales de los migrantes. El autor desarrolla concepciones generales que podrían proporcionar algunos lineamientos iniciales sobre las causas y las principales características del fenómeno migratorio. En resumen, las aproximaciones de Ravenstein y Lee constituyen el denominado modelo push and pull (factores de atracción y alejamiento) (García Abad, 2003; Cabieses et al., 2018). Los factores de alejamiento se relacionan con condiciones socioeconómicas desfavorables, a saber: bajos salarios, desempleo y dificultades para acceder a derechos esenciales tales como salud y educación, mientras que los contextos de atracción (sociedades receptoras) disponen de mejores oportunidades conforme a estas variables.
Como contracara de una teorización estructural, Thomas y Znaniecki ([1927] 2004) recuperaron aspectos de las trayectorias biográficas y migratorias de los campesinos polacos en Estados Unidos a partir del método biográfico. El poder adentrarse en la experiencia subjetiva de las personas que han migrado resulta una tarea fundamental para comprender el modo en que constituyen los proyectos migratorios. La escuela de Chicago, a principios del siglo XX, le otorgó al fenómeno de las migraciones internacionales una importancia primordial. El boom demográfico de principios del siglo pasado que experimentaron algunas ciudades estadunidenses, entre ellas Chicago, provocó la preocupación intelectual de la sociología estadounidense.
Los aportes de Massey et al. (2008, 2009) y de Walteros (2010), entre otros, son fundamentales para comprender los procesos migratorios, ya que en sus escritos se sintetizan y critican algunas de las principales perspectivas teóricas sobre la migración internacional que se mencionan a continuación considerando sus principales aportes. En la segunda mitad del siglo XX, comienzan a perfilarse teorías que pretenden establecer regularidades sobre los procesos migratorios. En primer lugar, la teoría neoclásica explica el fenómeno de las migraciones internacionales como consecuencia de factores económicos. Una de sus vertientes establece una conceptualización a nivel macro cuya centralidad reside en el desajuste entre la oferta y la demanda del mercado de trabajo. De este modo, los migrantes se desplazan hacia países en donde los salarios son más elevados y la oferta de capital es mayor. Este desplazamiento de mano de obra posee la contracara de la migración de capital humano, es decir, calificada, que migra de los países desarrollados hacia los de menor desarrollo con el fin de valorizar sus aptitudes. Esta teoría centra el análisis en las variables macroeconómicas de envergadura. Sin embargo, según Arango (2003), los aportes neoclásicos son útiles porque conjugan las condiciones estructurales con las decisiones individuales de las personas. Fiel a estos postulados, los individuos son seres racionales que toman decisiones y poseen expectativas. “Se trata, por lo tanto, de un acto individual, espontáneo y voluntario, basado en la comparación entre la situación actual del actor y la ganancia neta esperada que se deriva del desplazamiento, resultado de un cálculo coste-beneficio” (Arango, 2003: 4).
Las críticas a la teoría neoclásica son variadas y sus bases se vuelven tambaleantes. Por ejemplo, si se piensan las migraciones de la población migrante travesti/trans sudamericana, los factores económicos que motivan la migración quedan desbordados. Uno de los principales déficits del abordaje neoclásico es excluir las causas sociales, culturales y políticas de la migración. Si bien algunas de sus elaboraciones resultan útiles, en la actualidad, Arango (2003) considera que la mayoría de las teorizaciones de esta perspectiva quedan desfasadas de un contexto de control securitario anclado en la política migratoria por parte de los estados nacionales y en la incertidumbre respecto de la inestabilidad en las condiciones de permanencia de los migrantes. Por último, una crítica de relevancia para esta investigación es el supuesto de que los migrantes son homogéneos, por ende, no hay diferencias entre sí que pudieran perpetuar desigualdades. Más allá de las regularidades que se observarán en los proyectos migratorios de las migrantes travestis/trans sudamericanas, las diferentes nacionalidades, edades y redes impactan en la manera de transitar y constituir la migración.
En segundo lugar, en las últimas décadas del siglo XX comienzan a emerger una serie de teorías de gran diversidad conceptual, como “la nueva economía de las migraciones laborales”, que representa un perfeccionamiento de la teoría neoclásica. También, la teoría de los mercados duales elaborada por Piore (1979) establece que los países desarrollados demandan mano de obra de los países de menor desarrollo. Esta demanda permanente explica los procesos migratorios y, al mismo tiempo, la constitución de una dualidad en los mercados de trabajo, ya que determinadas tareas están mal remuneradas y poco reconocidas. Por lo tanto, los nativos no encuentran incentivos para realizarlas y los migrantes resultan funcionales por estar dispuestos a llevarlas a cabo (Walteros, 2010).
En tercer lugar, las teorías del sistema mundial, asociadas a la teoría de la dependencia de la migración vinculan, una vez más, los desplazamientos poblacionales a desigualdades estructurales que expresan el dominio de los países industrializados por sobre los de menor desarrollo. La clave se encuentra en las características de un capitalismo neocolonial que configura una dinámica en la que los países de mayor desarrollo demandan materias primas y mano de obra barata de los periféricos. La exportación de cultivos ligados al mercado internacional provoca que las condiciones agropecuarias tradicionales sean abandonadas, lo que genera desplazamientos migratorios internos. Pero la concentración de la clase obrera en esos centros urbanos no puede ser absorbida; por lo tanto, se constituye como población obrera sobrante que debe migrar al exterior. La migración internacional es entonces producto de un reservorio de oferta de mano de obra.
También las teorías de los sistemas migratorios y de la causación acumulativa son significativas. En relación con los sistemas migratorios, se establece una relación entre países emisores y de destino producto de un conjunto de elementos vinculados entre sí, a saber: “… la homogeneidad estructural relativa, la contigüidad o proximidad geográficas, la similitud de políticas y la pertenencia común a organizaciones supranacionales” (Arango, 2000: 43). De esta manera, se amplían las conceptualizaciones que observan la migración como un proceso destinado a la maximización de los beneficios económicos. Según Jennissen (2007), esto puede sintetizarse en factores directos, es decir, económicos, políticos, sociales y de proximidad (contexto demográfico) e indirectos, como la cultura, la historia y la tecnología. Además, podrían incorporarse las redes migratorias, las instituciones en general y, en definitiva, el accionar estatal.
La teoría de la causación acumulativa desarrollada por el economista Myrdal (1968) establece que la migración posee una lógica propia que se “… perpetúa a sí misma, ya que la migración modifica la realidad de tal forma que induce a desplazamientos subsiguientes por medio de una serie de procesos socioeconómicos como la expansión de redes” (Walteros, 2010: 97). Según Arango (2003: 22), intervienen también otros procesos, “entre ellos [se] destacan la privación relativa, el desarrollo de una cultura de la emigración, una distribución perversa del capital humano y la estigmatización de los trabajos que suelen realizar los inmigrantes” (Massey et al., 1998).
En resumen, cabría preguntarse por la pertinencia de estas perspectivas teóricas a la hora de analizar los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas que residen en el AMBA. Las distintas teorías sobre las migraciones poseen fortalezas y debilidades y algunos de sus elementos pueden utilizarse de manera genérica. No obstante, las migraciones relacionadas con la identidad de género poseen una lógica propia que entrelaza un conjunto de factores que desbordan las teorías migratorias elaboradas hasta el momento. De manera precisa, como se mencionó en la introducción, los estudios migratorios les han prestado escasa atención a las migraciones de personas travestis/trans y de aquellas que poseen una orientación sexual transgresora de la hetero-cis-normatividad. Por ende, es necesario comenzar a problematizar estas teorías a partir de la investigación empírica sobre este tipo de migraciones. Debido a que su aplicación ha resultado pertinente en personas cisgénero, su empleo en el caso de la población travesti/trans puede resultar complejo. Estas teorías no consideran la sexualidad o la identidad de género como principal elemento para dar cuenta de los procesos migratorios. Sin embargo, tal dimensión no representa el único aspecto que puede observase en la migración de las travestis/trans sudamericanas. Como se observará en el desarrollo de los capítulos destinados a la presentación de los resultados y al análisis, la migración de estas personas engloba un conjunto de factores, es polimórfica e inestable.
Por último, el enfoque transnacional de las migraciones permite abordar algunos aspectos de los proyectos de las travestis/trans sudamericanas. Esta perspectiva critica que el análisis de las migraciones internacionales es realizado de manera unidireccional, sin tener en cuenta las características de las sociedades emisoras. Desde la perspectiva transnacional los migrantes contemplan una dualidad que traspasa las fronteras nacionales y los procesos migratorios se encuentran atravesados por la circularidad y las idas y vueltas que dislocan la lógica de la escisión entre sociedades emisoras y receptoras (Cortes, 2009). En definitiva, “los migrantes no rompen los vínculos con sus sociedades de origen, por el contrario, mantienen fluidas relaciones económicas, sociales y políticas con sus países a medida que se integran en la sociedad receptora” (Glick Schiller, Basch y Szatón-Blanc, 1992, como se citó en Mena, 2006: 2). En el caso aquí observado resultan pertinentes las bases de este enfoque, aunque en el desarrollo del capítulo 3 se observará que las migrantes travestis/trans rompen los vínculos con sus familias de origen debido a la incomprensión de estas hacia sus identidades de género. Con lo cual, en el caso estudiado, las relaciones con las familias de origen quedarán sujetas a revisión y se trabajará en su recomposición luego de un período de tiempo considerable en el destino migratorio y mediante la comunicación a distancia haciendo uso de diversas tecnologías. De este modo, puede observarse aspectos de un campo social transnacional (Jiménez, 2010) que trasciende las fronteras nacionales bajo dinámicas particulares que anidan el “aquí” y el “allá”.
A continuación se conceptualiza la figura del extranjero y del extraño desde los aportes de la teoría sociológica. Si las teorías anteriores se centraban en el proceso migratorio, dando cuenta de los desplazamientos desde una perspectiva procesual, ahora se observarán las características de las subjetividades que los encarnan y que son constituidos de determinadas maneras por las sociedades receptoras.
1.3.2. Extranjeridad y extrañeza
Las teorías que explican los procesos migratorios desde una óptica estructural, más allá del lugar que le otorguen al sujeto, pueden complementarse con algunos aportes realizados por la teoría sociológica que permiten caracterizar aspectos de la subjetividad migrante, factor que ha sido una preocupación central de las ciencias sociales y ha sido abordado desde múltiples disciplinas. La necesidad teórica de definir la extranjeridad reside en que representa un punto de partida para comprender las relaciones interculturales. Para este escrito, las relaciones sociales que se constituyen entre los nativos y los migrantes son relaciones de dominación, en las que priman asimetrías, dicotomías y conflictividades. En definitiva, se constituye un polo dominante y uno dominado cuyo eje vertebrador son las diferencias culturales pensadas como jerarquías. Estos polos dan lugar a desigualdades (Cohen, 2009, 2014).
Desde la teoría sociológica, los aportes de Simmel (2002), Schutz (1999) y Elias (2003) están orientados en este sentido. El principal concepto que trabajan estos autores, con sus diferencias y matices, es la extranjeridad. El extranjero, para Simmel, o el forastero, para Schutz y Elias, encierran una figura social que posee la característica de representar la cercanía de lo lejano. Sin profundizar en cada uno de estos aportes, se retoman algunos elementos con el fin de complementarlos con concepciones propias.
Simmel (2002) considera al migrante como una de las formas posibles en las que se expresa la extranjeridad. Para el autor, tal figura encierra una doble determinación: exterioridad y confrontación. El migrante no otorga certezas, sino que inquieta. Es sospechoso y se lo recibe, pero no se lo incluye, ya que su presencia desestabiliza los lazos grupales (Penchaszadeh, 2008, 2014). Según Elias (2003), el forastero posee sentido en la medida en que su subjetividad expresa la relación entre grupos asimétricos. El grupo que concentra el poder inferioriza a los recién llegados constituyendo una legitimidad con fundamento en la pertenencia y una cohesión social apoyada en una historia común. La asimetría también puede expresarse desde la transgresión, desde el lugar de ilegalidad, de superioridad delictiva que se les atribuye a los colectivos migratorios, entre los que se encuentra la población travesti/trans sudamericana, que se la constituye como peligrosa (De Georgi, 2005). El pasado y la pertenencia son dos factores del grupo que posee el poder y subleva a los diferentes. Esa conformación genera exclusión y estigmatización social y el principal mecanismo consiste en exacerbar las “malas” características o lo “peor” del grupo, es decir, su minoría anómica. A su vez, se destacan las características más sobresalientes del grupo dominante, lo que le permite a este reafirmar sus posicionamientos.
Con base en los aportes de Santamaría (2002), el andamiaje teórico para abordar el objeto de estudio no puede dejar de lado la figura del extraño. Si bien la extrañeza puede representar una propiedad de diferentes subjetividades y grupos sociales, el migrante la expresa por excelencia. Asimismo, el migrante deviene en extraño en la medida en que no pertenece a la nación, es un extranjero. Tal extranjería es social y jurídica porque entrelaza el sentido de pertenencia acreditada por el Estado y el sentido de pertenencia de la sociedad receptora, anclada en su andamiaje cultural. De esta manera, la extranjeridad se observa en el contacto, en la cotidianidad, en el desajuste y molestia respecto de algunos aspectos culturales que entran en juego. Además, se vincula a la identidad nacional. Dado que los nativos pertenecen a una comunidad imaginada (Anderson, 1993), la nación cobra relevancia como una instancia que conjuga de manera sinuosa la exclusión con la inclusión. En definitiva, los extranjeros están entre nosotros, pero no pertenecen la comunidad.
También en la teoría sociológica reciente, Bauman (2012) se pregunta por la peligrosidad de los extraños. Desde esta perspectiva, el migrante expresa el horror de la indeterminación, el extranjero “amenaza la socialidad en sí misma, [puesto que] el extranjero es un miembro de la familia de innombrables” (Bauman, 2012: 95). En una lúcida definición, el sociólogo polaco establece que “los extraños tienden a causar inquietud precisamente por el hecho mismo de ser extraños, es decir, aterradoramente impredecibles, a diferencia de las personas con las que interactuamos a diario y de quienes creemos saber qué esperar” (Bauman, 2016: 15). La incomodidad y el temor por la indeterminación son característicos de la figura social de las migrantes travestis/trans sudamericanas. La extranjeridad y la transgeneridad se entrecruzan, conformando subjetividades extrañas que asechan los binarismos biológicos y los códigos culturales dominantes.
Como se expone más adelante, las caracterizaciones que atraviesan nociones tales como extrañeza, desviación, amenaza y peligrosidad, en el caso de las migrantes travestis/trans sudamericanas, se refuerzan aún más debido a que además de migrantes son portadores de estigmas producto de sus identidades género. De este modo, la migración representa un concepto específico sobre el desplazamiento social que condensa los aspectos antes mencionados y, como punto de partida, se aborda a continuación.
1.3.3. Migración
Buena parte de la literatura sobre migraciones refiere a este proceso bajo el concepto de diáspora y, en el caso de las migraciones de personas sexogenéricas no normativas, bajo el rótulo de diásporas queer (Luibhéid 2004, 2008; Wesling 2008, 2011). De este modo, tal concepto ha sido utilizado para nombrar un sinnúmero de procesos relacionados con el desplazamiento poblacional, por lo que Brubaker (2005) sostiene que se corre el riesgo de que la denominación diáspora pierda su utilidad como consecuencia de un abuso terminológico.
La tradición que ha investigado los procesos migratorios del colectivo LGTBIQ+ ha mirado las migraciones desde la perspectiva de género y sexualidades. La investigación presentada en esta tesis se inscribe dentro de los estudios migratorios, por eso se realizó una aproximación a las principales teorías migratorias. Por último, se destaca que el concepto utilizado es migraciones de la población travesti/trans sudamericana, con el fin de despejar las dispersiones que puede contemplar caracterizar el fenómeno mediante el concepto de diáspora.
Por otra parte, si la interculturalidad refiere a una relación social entre nativos y migrantes, que se constituye como relación de dominación (Cohen, 2009), es pertinente definir qué se entiende por nativo. De este modo, el concepto hace referencia a toda persona que hubiera nacido en Argentina y viviera aquí. Esta segunda condición es importante porque remite a la posibilidad de participar en la red de relaciones interculturales y producir diferentes representaciones sociales acerca de los migrantes externos. Se trata de una categoría heterogénea y compleja, en tanto hay nativos que son segunda o tercera generación de nativos o más y hay quienes, en menor medida, son primera generación, en otras palabras, hijos de migrantes externos. Si bien se puede suponer que estas diferencias pueden contribuir a construir diferentes representaciones sociales y gestar de manera diferencial los vínculos interculturales, se decide no controlar este factor asumiendo que la totalidad de los nativos comparten un núcleo común que es no formar parte del colectivo migrante. Se asume que esta condición es suficiente y decisiva como para, más allá de los diferentes tipos de nativos, poder considerarlos integrantes de un colectivo único frente a las migrantes travestis/trans sudamericanas (Cohen, 2013; Perez Ripossio, 2018a).
En otro orden de ideas, diversos autores y desde distintas disciplinas, han aportado conceptos específicos que permiten aproximarse al estudio de las migraciones del colectivo travesti/trans. Según Arango (1985), resulta complejo proporcionar una definición universal y genérica de migrante, Di Tella et al. (2008), por ejemplo, presentan una definición que hace foco en el desplazamiento poblacional e implica abandonar un contexto para dirigirse a otro con el fin de desarrollar formas de reproducción social. A su vez, distinguen variables tales como la direccionalidad, la territorialidad, la temporalidad, la regularidad y la calificación como maneras de caracterizar la diversidad de las migraciones que pueden constituirse como objetos.
En este escrito, la migración se define de acuerdo con la transformación de tres dimensiones: espacio, tiempo y cultura. De este modo, migrar implica abandonar un contexto y llegar a otro; es decir, se representa una distancia geográfica importante. También involucra permanecer un determinado tiempo en otro territorio con el fin de realizar un proyecto de vida y, por último, se produce una ruptura cultural y social respecto del entorno de origen (Blanco, 2000; Milcota León, 2005; entre otras). Se propone integrar estas definiciones y determinar que el acto de migrar representa una acción social (Weber, 2014 [1922]) que implica el traspaso de fronteras simbólicas (Grimson, 2000; Balibar, 2005) debido a condiciones objetivas, estructurales, económicas y políticas mediante redes que conforman grupos, como pueden ser las familias, las amistades y los paisanos. También involucra las expectativas, las representaciones sociales, la ilusión, la desilusión, la dualidad inclusión-exclusión y la discriminación una vez que se ha consolidado el proyecto migratorio y las posibilidades de transitoriedad y de retorno. La migración interna comparte características similares, solo que el desplazamiento se produce dentro de un territorio delimitado geográficamente. En relación con los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas, se observará que los desplazamientos pueden ser de carácter interno y externo. La migración interna se da en sus países de origen, lo que antecede al desplazamiento hacia el AMBA.
Según Sayad (2010a, como se citó en Gil Araujo, 2010), la migración es un proceso que involucra la intersección entre el emigrado y el inmigrante y, por lo tanto, no puede entenderse desde una perspectiva estática y unilateral. El concepto migración resulta apropiado porque permite entender esta intersección que involucra a las sociedades emisoras, las condiciones objetivas que conforman los motivos de la migración, la preparatoria para consumar el acto migratorio, las cadenas migratorias y las condiciones y características de las sociedades receptoras. Bajo el concepto proyecto migratorio, que será caracterizado más adelante, tales aspectos se encuentran contenidos y este expresa el esfuerzo por sintetizar las condiciones objetivas y las subjetivas de la migración.
En el prefacio de la obra de Sayad (2010c: 9), Pierre Bourdieu sintetiza de manera lúcida lo que implica la subjetividad migrante en el marco de las sociedades receptoras, mediante la siguiente afirmación:
El inmigrante está visto como un atopo, es decir, un sin lugar, un desterrado, un inclasificable, ni es ciudadano ni es extranjero, ni está al lado de sí mismo ni al lado del otro, está fuera de sí, se ubica en ese espacio bastardo del cual habló Platón: esa frontera del ser y del no ser social; desterrado en el sentido de impertinente e intruso, latoso, molesto, estorbo, que genera dificultades, hasta tal punto que la ciencia encuentra obstáculos en pensar la inmigración, y cae siempre sin mucha conciencia de ello en los tópicos del discurso oficial que reproduce muchas veces un discurso criminalizador racista y xenófobo. Generalmente este discurso explota la idea de rechazo al extranjero mediante una falsa ecuación que identifica inmigración con desempleo, delincuencia, e inseguridad ciudadana.
Esta definición que aporta el sociólogo francés es recuperada, aunque ampliada de manera crítica, puesto que, como se afirmó, la sociedad receptora incide en la construcción de la extranjeridad mediante categorías peyorativas que cruzan inferiorización con transgresión. Sin embargo, las migrantes travestis/trans sudamericanas y otros colectivos migratorios no son grupos sociales pasivos y, más allá de que sus estrategias de reproducción se encuentren condicionadas de manera individual y colectiva, desarrollan estrategias de supervivencia efectivas. De todas maneras, en la definición de Bourdieu, se observan criterios tales como frontera, racismo, inseguridad y criminalización, que resultan esenciales porque pueden aplicarse al objeto de estudio aquí planteado.
Ahora bien, en la introducción de esta tesis, se estableció el interés por abordar los proyectos migratorios de las migrantes travestis/trans sudamericanas, excluyendo a otras migrantes como, por ejemplo, aquellas nativas que se desplazan de manera interna. Por eso, se justifica la denominación sudamericanas. Las migraciones sudamericanas (sobre todo aquellas que provienen de países limítrofes), desde el punto de vista cuantitativo, se mantuvieron constantes durante el siglo XX y XXI en relación con la población nativa y representan alrededor del 3 % del total poblacional (Benencia, 2003; Grimson, 2006; Ceva, 2006, entre otras), pero su visibilidad comenzó a fortalecerse a partir de la segunda mitad del siglo XX debido a procesos de concentración urbana. A partir de entonces, existe un conjunto de denominaciones para referirse a estos desplazamientos: migraciones regionales, de países limítrofes y migraciones recientes (Pottilli, Silverstein y Tavernelli, 2009). En este caso, se opta por denominar a las travestis/trans que han migrado hacia el AMBA como migrantes sudamericanas. Si bien las migrantes internas también son sudamericanas, solo se hace referencia a las externas.
Es pertinente comenzar a delimitar las categorías que conforman el proyecto migratorio, puesto que se trata del eje central desarrollado en esta tesis.
1.3.4. Proyecto migratorio
Los motivos de la migración, las redes migratorias, los procesos de violencia, criminalización y discriminación que se expresan una vez consolidada la migración y las posibilidades de establecer retornos temporales o continuar migrando hacia otros continentes por parte del universo de estudio quedan englobados bajo el concepto de proyecto migratorio. En definitiva, como se señaló en la introducción de la tesis, los tres tiempos migratorios se encuentran entrelazados bajo la categoría proyecto migratorio. De ahí que se justifique su centralidad, ya que anida el conjunto de las instancias migratorias de las entrevistadas.
Con fundamento en Carrasquilla Coral y Echeverri Buriticá (2003), el proyecto migratorio incorpora las condiciones de las sociedades emisoras y las formas necesarias para concretar la migración y la instalación en el destino migratorio. En otras palabras, si algunas condiciones objetivas y estructurales favorecen los procesos de desplazamientos, los factores que hacen a las subjetividades de las personas, familias o grupos resultan fundamentales. Además, deben incorporarse las representaciones sociales que se poseen sobre el destino migratorio y sobre el proceso migratorio en general: las cadenas migratorias, las posibilidades y condiciones para consolidar dicho proyecto y el retorno migratorio a los contextos de origen, que representa un horizonte importante para la mayoría de los migrantes. En resumen, engloba los tres tiempos migratorios. Esto no significa que la totalidad de las características estén presentes en las proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas.
Con base en Izquierdo (2000: 226), se puede pensar que el proyecto migratorio representa un concepto que homogeniza diferencias sobre cómo llevar a cabo la migración, puesto que:
Es una disposición de ánimo que cubre todo el periplo, no más y tampoco menos. Se trata de un tejido fibroso hecho de actitudes, expectativas e imágenes que se traen y que se llevan los migrantes. El proyecto puede estar cargado de ensoñaciones o contener una alta dosis de información veraz sobre el punto de llegada.
El proyecto migratorio hace referencia a una construcción que intercepta aspectos subjetivos y objetivos que le otorgan una estructura al proceso migratorio y que cobran sentido en la medida en que se constituye un habitus migratorio. De este modo, se logra observar la agencia del universo de estudio sin descuidar las condiciones estructurales. A partir de la caracterización y la observación de los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas se apuesta a constituir una definición superadora del dualismo estructura-agencia y su resultado es una dualidad en la que ambos factores resultan pertinentes.
1.3.5. Cadenas y redes migratorias
Si bien los motivos de la migración y las representaciones sociales que constituyen el universo de estudio respecto del AMBA son pertinentes y serán tenidos en cuenta para el desarrollo del capítulo 3, puesto que atraviesan las condiciones objetivas y subjetivas que se constituyen en las sociedades emisoras, en este caso se define una categoría central de la tesis que refiere al modo de migrar de las travestis/trans sudamericanas. Este concepto se vincula a una serie de procedimientos en los que pueden intervenir diversas subjetividades, informaciones y recursos destinados a consumar el desplazamiento y consolidar el proyecto migratorio en el país de destino. En definitiva, el modo de migrar de las travestis/trans se asocia con la edificación de cadenas migratorias.
Según Pedone (2002, 2005, 2006, 2010), las cadenas migratorias permiten consumar el acto de migrar. Representan las conexiones necesarias para constituir la salida de las sociedades de origen y la llegada a las sociedades receptoras.
En nuestro análisis entendemos por cadena migratoria la transferencia de información y apoyos materiales que familiares, amigos o paisanos ofrecen a los potenciales migrantes para decidir, o eventualmente, concretar su viaje. Las cadenas facilitan el proceso de salida y llegada; pueden financiar el viaje, en parte; gestionar documentación o empleo, y conseguir vivienda (Pedone, 2005: 108).
Algunas de las cadenas migratorias de las que se valen las migrantes travestis/trans sudamericanas para gestar el proyecto migratorio difieren de las que disponen las personas cisgénero. Las denominadas madrinas suelen ser fundamentales en algunos proyectos migratorios de las entrevistadas y representan parte del capital social con las que constituyen familias entre pares (Álvarez Broz, 2018) y que les permite llevar a cabo una socialización anticipante (Goffman, 1989, como se citó en Fernández, 2004), lo que favorece la integración social en el AMBA. En la mayoría de las poblaciones migratorias, las familias de origen suelen ser un factor fundamental en la conformación del proyecto migratorio, debido a que, en algunas oportunidades, representan una forma de llevar a cabo una inversión económica que se concretiza a futuro con el envío de remesas de los migrantes. En el análisis del capítulo 6, se observará el sentido que las migrantes travestis/trans sudamericanas le otorgan al envío de remesas, puesto que se trata de un factor que contribuye en la recomposición de los vínculos con sus familiares.
García Abad (2001) se apoya en el concepto de redes migratorias para destacar la importancia de los nexos a la hora de migrar. Además, las redes migratorias están consideradas como parte de la teoría de las migraciones porque, en algunos casos, explican las razones de la migración de determinadas personas, producto del establecimiento de familiares o amistades en el destino migratorio de manera anterior a ellos. La red constituye un tejido que otorga algunas seguridades para concretar el proyecto migratorio. No obstante, algunas observaciones han constatado que las redes migratorias pueden derivar en situaciones abusivas y perturbar el proceso de integración social. En definitiva, las redes migratorias son parte de un sistema mayor en las que se incorporan a las cadenas y a su composición. En el caso de las migrantes travestis/trans sudamericanas, pueden ser de carácter horizontal o vertical, dependiendo de las características de las relaciones que se establezcan.
Por otra parte, una vez consumado el proyecto migratorio en el AMBA, las entrevistadas vivencian distintas experiencias que interceptan condiciones objetivas y subjetivas que conforman sus trayectorias biográficas y proyectos migratorios. Uno de los aspectos de mayor importancia reside en las diferentes discriminaciones que vivencian. La discriminación y el racismo representan dos conceptos clave que se definen a continuación.
1.3.6. Discriminación, racismo y estigma
Según Rivero Sierra (2011), la discriminación representa una distinción ideológica que infravalora a los diferentes mediante el rechazo y la intolerancia, factor que se encuentra presente en el trato hacia los migrantes de manera xenófoba y racista mediante la figura social del “chivo expiatorio” (Grimson, 2006). La xenofobia, el racismo, el prejuicio y la discriminación son conceptos inherentes a la diversidad nacional y étnica, y expresan las consecuencias de la mutación de la diversidad cultural en desigualdad social. De este modo, los aportes de Wieviorka (1992, 2002) permiten caracterizar un racismo que, en la sociedad receptora y respecto al universo de estudio, resulta intangible, sofisticado, oculto y que no sienta sus bases en la biología; por el contrario, se relaciona al modo de producir las diferencias culturales. Este racismo diferencialista y culturalista (Balibar y Wallerstein, 1991) concibe la diversidad cultural de manera asimétrica, patologizando las diferencias que devienen en desigualdades al conformar polos dominantes y dominados.
Según Taguieff (2001:4), es importante diferenciar “… el racismo clásico, biológico e inequitativo del neo-racismo, diferencialista y cultural, que no biologiza lo diferente”. Tal como lo sugieren los lineamientos teóricos de Wieviorka (1992: 13):
[…] el racismo consiste en caracterizar un conjunto humano mediante atributos naturales, asociados a su vez a características intelectuales y morales aplicables a cada individuo relacionado con este conjunto y, a partir de ahí, adoptar algunas prácticas de inferiorización y de exclusión.
En esta línea de interpretaciones, los aportes de Quijano (2000, 2007) son indispensables para comprender los procesos de discriminación y de racismo en Latinoamérica. Para el autor, la dominación colonial europea, que comenzó con la conquista de América hacia fines del siglo XV, estableció un patrón de poder que permitió clasificar a la población indígena y europea mediante la raza. Su legitimidad radicó en naturalizar las asimetrías con el fin de consolidar la dominación social sobre la población indígena. La raza y el racismo, en tanto criterios clasificatorios utilizados por la conquista, pueden aplicarse al modo en que se concibe la diversidad cultural en la actualidad. En otras palabras, puede observarse una matriz de pensamiento poscolonial que persiste y que funciona como un nuevo poder que organiza las relaciones interculturales (Perez Ripossio, 2019).
Por otra parte, una categoría duradera y cristalizada en los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas que expresa la discriminación es el estigma (Goffman, 2015). Este concepto es definido por el sociólogo estadounidense como un atributo tangible o simbólico y encubierto que permite organizar las relaciones sociales mediante la identificación de las diferencias. El estigma conforma esas diferencias de manera tal que se jerarquizan y transforman en desigualdades. Tal concepto permite llevar a cabo un análisis microsociológico de las maneras en que se presentan las discriminaciones de las migrantes travestis/trans sudamericanas e, incluso, de las maneras en que tales discriminaciones se presentan entre las nativas y las migrantes (al interior del colectivo) como formas de consolidar desigualdades y apropiarse de recursos económicos y simbólicos. Para Goffman (2015) hay diferentes tipos de estigmas y en el caso de las migrantes travestis/trans sudamericanas se articulan aquellos que se asocian a perturbaciones mentales como los que refieren a la nacionalidad, o más precisamente, a la condición migratoria.
La discriminación, en el caso de la población estudiada, puede estar asociada a la condición migratoria o la identidad de género, o bien puede producirse de manera articulada. Una abundante literatura académica refiere al concepto transfobia para denominar los procesos ligados a todo acto o discurso que infravalore a las personas travestis/trans. De este modo, toda conducta o discurso que menosprecie y discrimine son consideradas formas de transfobia (Whitlle et al., 2007; Rodríguez et al., 2015).
Las relaciones entre los nativos y los migrantes se constituyen mediante diferentes fronteras simbólicas que son el resultado de una etnicidad ficticia entendida como:
Toda nación construye por medio de sus instituciones una etnicidad ficticia que la diferencia de las otras gracias a marcas perceptibles (visibles, audibles, etc.), rasgos de comportamiento ‘típicos’ o ‘emblemáticos’ pasibles de ser exasperados si se los eleva a criterios de exclusión (Balibar, 2005: 72).
Esto da lugar a una frontera que separa un “nosotros” de los “otros” mediante la construcción de una identidad nacional que contribuye a la homogenización, el antagonismo y las asimetrías (Álvarez Dorronsoro, 1993). En los vínculos entre nativos y migrantes, la etnicidad ficticia homogeniza y antagoniza el “nosotros” frente a los “otros”; en definitiva, la discriminación es un resultado necesario para consumar estos factores y jerarquizar diferencias otorgándole al “otro” un lugar relegado mediante una pertenencia infravalorada (Perez Ripossio, 2018).
Además de la discriminación, el racismo y el estigma, otros factores como la criminalización y la violencia se encuentran presentes en la mayoría de los proyectos migratorios de las entrevistadas. Sin embargo, tales definiciones se articularán empíricamente, ya que se ha construido un capítulo que las aborda de manera específica. Un aspecto que se relaciona con el tercer tiempo de la migración del universo de estudio consiste en realizar retornos temporales hacia las sociedades emisoras, por lo que es primordial anticipar su definición.
1.3.7. Retorno migratorio
El afianzamiento de los proyectos migratorios de las migrantes travestis/trans sudamericanas están sujetos a provisoriedad y la consolidación de estos en el AMBA resulta inestable. De este modo, las migrantes pueden considerarlo un escenario transitorio y continuar la migración hacia otros países (por lo general, europeos), o bien retornar hacia las sociedades de origen. Con base en las interpretaciones de Sayad (2010b) el retorno involucra tres dimensiones entrelazadas: la temporal, la espacial y la social, que consolidan un vínculo con el entorno expulsor atravesado por el dolor y por la nostalgia, en tensión con expectativas de consolidación y de regreso. Según Jáuregui Díaz y Recaño Valverde (2014), existe un conjunto de definiciones y tipologías relacionadas con la migración de retorno de difícil aplicación en el caso aquí estudiado. Por eso, el apartado avanza solo en la definición de este concepto como el regreso de las migrantes a las sociedades emisoras luego de haber estado fuera de ellas por un período de tiempo considerable, por lo general, mayor a un año.
El retorno migratorio representa un factor central en los proyectos migratorios. Según Palomares et al. (2007), la migración de retorno ha sido uno de los aspectos menos investigados dentro de las problemáticas relacionadas al desplazamiento poblacional y, en el caso del universo de estudio de esta investigación, constituye uno de los aspectos menos abordados por las escasas investigaciones sobre este tipo de migraciones. Estas experiencias de regreso o retornos temporales se relacionan de manera directa con el vínculo que han mantenido con sus familias de origen a la distancia y la actitud que estas asumen ante su regreso. Por lo general, las entrevistadas mantienen algún tipo de comunicación con sus familiares y envían remesas, factor que representa, en algunos casos, la demostración del incremento del capital económico. Las experiencias de regreso llevadas a cabo por estas migrantes son difíciles de encasillar en las tipologías del retorno migratorio, pero está claro que se trata de experiencias temporales en las que se juega el reconocimiento de la identidad de género por parte de las familias de origen y otras dimensiones vinculadas con la evaluación del proyecto migratorio que se desarrollarán en el capítulo 6.
De este modo, los aportes de Bourdieu (2001) vuelven a ser relevantes porque la disposición y exposición de los capitales resulta uno de los principales mecanismos de aceptación social. Los conceptos relevantes aquí giran en torno a las actitudes que asumen las familias ante el regreso. Aceptación, tolerancia y rechazo son algunas de las posibilidades que encuentran las migrantes travesti/trans sudamericanas al reconstituir lazos con sus familias, y las estrategias de reproducción que desarrollan para mejorar sus posiciones en el espacio social son decisivas, porque, mediante estas, constituyen indicadores de éxito migratorio.
Hasta aquí se definieron y se describieron distintas características que hacen a los proyectos migratorios; a continuación, se expone una de las categorías centrales, debido a que engloba las mencionadas con anterioridad, pero con un grado mayor de densidad teórica.
1.3.8. Interculturalidad
Proporcionar una definición de interculturalidad en una investigación enmarcada en los estudios migratorios es decisivo porque permite comprender la manera en que se constituyen las relaciones sociales entre los migrantes y los nativos. La presente investigación considera la interculturalidad desde la perspectiva de García Canclini (2006), partiendo del supuesto de que la configuración de la diversidad cultural, en la sociedad argentina, se encuentra estructurada por relaciones interculturales en las que la priman asimetrías que conforman desigualdades sociales que legitiman relaciones sociales de poder y dominación atravesadas por diversas dicotomías y conflictividades. En pocas palabras, las relaciones interculturales son relaciones de dominación caracterizadas por asimetrías, antagonismo y dicotomías que constituyen polos dominantes y polos dominados (Cohen, 2009, 2013).
Dominación y poder, obediencia e imposición, legitimidad y legalidad son pares que indican las características fundamentales del modo en que la sociedad receptora se relaciona con la extranjería. De esta manera, el poder representa una categoría fundamental que, según Foucault, para comprenderla (2014: 112):
[…] hay que entender, primero la multiplicidad de relaciones de fuerza inmanentes y propias del dominio que se ejercen y que son constitutivas de su organización; el juego que por medio de luchas y enfrentamientos incesantes las transforma, las refuerza, las invierte; los apoyos de dichas relaciones de fuerza encuentran las unas en las otras, de manera que forman cadena o sistema.
En las relaciones interculturales, los nativos y las nativas ejercen el poder por sobre las migrantes travestis/trans sudamericanas como expresión de los polos dominados y dominantes. El poder se ejerce y se materializa de manera concreta cuando se restringe el acceso a determinados derechos, cuando se las excluye del acceso a estos y cuando se las constituye como transgresoras de las normas jurídicas y culturales, en definitiva, cuando la diferencia es jerarquizada y se convierte en indeseable (Goffman, 2015).
En esta tesis, se asume una perspectiva sobre la interculturalidad que se constituye en oposición al multiculturalismo, ya que, según Kleidermacher (2015), distintos autores han considerado que este enfoque, lejos de promover el intercambio y el diálogo entre culturas, se apoya en la concepción de la asimilación cultural. En otras oportunidades (Perez Ripossio, 2014), fue señalado que, según Zapata Barreno (2000, 2004), a grandes rasgos, existen tres modelos en el tratamiento de la diversidad cultural: el asimilacionismo, el integracionismo y el autonomismo. El primero se asocia a la ideología liberal, marcado por una impronta de carácter multicultural que rechaza la diversidad cultural en la esfera pública y permite solo la expresión de prácticas culturales en el ámbito privado. Es decir, la diferencia es privatizada y el conflicto suprimido. También, rechaza la participación política y cultural de cualquier expresión ajena a la nativa. El segundo permite una mayor participación de los migrantes en la vida pública (aunque no en la esfera política), por lo que logra que algunas demandas puedan tenerse en cuenta siempre y cuando no impacten en los fundamentos de la sociedad receptora. Por último, el enfoque autonómico promueve la participación de los migrantes en la ciudadanía y, por lo tanto, admite la participación política, social y cultural de aquellos en la vida pública de una sociedad.
Según Zizek (2008), el multiculturalismo representa una perspectiva, en apariencia, tolerante, que se presenta como abierta ante la diversidad cultural. Sin embargo, el filósofo permite afirmar que dicha postura trata de asimilar las diferencias dentro de un metabolismo cultural que termina por jerarquizar las diferencias. Tal como advierte Díaz Polanco (2007), el marketing multicultural promociona las diferencias culturales en el contexto de la globalización y refuerza lo que el autor denomina etnofagia, proceso que consiste en diluir la diversidad cultural asimilándola e integrándola a la dominante. Se trata de reconocer identidades culturales marginales bajo el velo de la tolerancia. En contraposición, la tesis asume una postura de la interculturalidad que contempla las diferencias y conflictos en las relaciones interculturales (Walsh, 2010) alejándose de una concepción tolerante en apariencia. Caer en una concepción tolerante supone legitimar el principal peligro del multiculturalismo: el encubrimiento de formas explícitas de violencia y dominación de las relaciones interculturales y el fortalecimiento de una ideología asimilacionista (McLaren, 1997; Grüner, 2002). El multiculturalismo, hace de la tolerancia un velo para tapar los conflictos y asimetrías propias de la interculturalidad.
Con base en la perspectiva de García Canclini (2012), la interculturalidad es un proceso comunicacional que, según Caggiano (2005), puede abordarse mediante la noción de comunicación intercultural. Para el autor, el prefijo inter no supone la vinculación entre culturas de manera estática, sino la producción que implica establecer la diferencia entre ellas. Tal concepto entrelaza la semiotización de la cultura y la culturalización de la comunicación, lo que da lugar a una perspectiva teórica. Como fue mencionado por distintas investigaciones (Mármora, 2002; Cohen 2009; Perez Ripossio, 2018; Lanzetta y Kleidermacher, 2018; Abiuso, 2019; Buratovich et al. 2019), pudo demostrarse que la conformación de la interculturalidad en el marco de la sociedad receptora argentina responde a diversas instituciones como el Poder Judicial, el sistema educativo, los medios de comunicación, las fuerzas de seguridad, los mercados y el sistema de salud. Cada una de ellas cumple funciones en la conformación de las relaciones interculturales, pero poseen el rasgo común de contribuir a que estas se constituyan como relaciones de dominación.[3]
De todas maneras, partir de estos supuestos no significa que las relaciones interculturales puedan escapar a la dominación y el conflicto, como también se reconocen las diferencias entre los nativos desde su concepción étnica y de las propias travestis/trans sudamericanas según sus nacionalidades, tal como se expresa en el capítulo cinco. El asidero teórico del que partimos permite analizar los proyectos migratorios de las entrevistadas observando experiencias, en la sociedad receptora, que lejos se encuentran de la convivencia armónica.
Los aportes de las teorías de las migraciones y el marco conceptual que se deriva de ellos constituyen el núcleo teórico medular para poder abordar los proyectos migratorios de las migrantes travestis/trans sudamericanas. A continuación se exponen conceptos que permiten complementar lo anterior y que provienen del campo de los estudios de género y sexualidades.
1.4. Teorías de género, sexualidades y feminismos
Teniendo en cuenta el objeto de estudio abordado en este escrito, es fundamental complementar las perspectivas teóricas sobre migraciones e interculturalidad con una perspectiva de género. Tanto la migración como la identidad de género representan dos factores esenciales en los proyectos migratorios de las migrantes travestis/trans sudamericanas. Si bien en el capítulo metodológico se profundiza respecto de la jerarquización de las categorías que conforman la hipótesis, orientada según la importancia de la identidad de género y de la migración, se destaca que las perspectivas teóricas mencionadas en este capítulo dialogan entre sí; por lo tanto, los aportes tomados de los estudios de género y sexualidades resultan fundamentales.
La perspectiva de género posee una gran diversidad de teorizaciones. Dentro de ellas, se retoman los aportes del feminismo negro, presentes también en el movimiento chicano y descolonial para caracterizar la perspectiva interseccional, el concepto de género y los aportes de los denominados transgender studies, que se apoyan en la teoría queer. El vocablo queer posee distintos significados: “gay” y “raro” son algunos de ellos, aunque también puede significar “desestabilizar”. En definitiva, esta línea busca describir aquellas prácticas llevadas a cabo por subjetividades que transgreden las normas sexuales dominantes, por lo tanto, toma como objeto de estudio las sexualidades periféricas de aquello que se presenta como diferente (Fonseca Hernández y Quintero Soto, 2009).
De esta manera, se presenta un conjunto de conceptos de acuerdo con distintas perspectivas dentro de las teorías de género y sexualidades que se enuncian a continuación.
1.4.1. Identidad de género
Como punto de partida, antes de adentrarse en la definición de identidad de género, es necesario determinar qué se entiende por género. De este modo, la teoría queer, mediante los aportes de Teresa de Lauretis, establecen que el género es una tecnología, puesto que:
Podríamos decir entonces que, como la sexualidad, el género no es una propiedad de los cuerpos o algo originalmente existente en los seres humanos, sino el conjunto de efectos producidos en los cuerpos, los comportamientos y las relaciones sociales, en palabras de Foucault, por el despliegue de una tecnología política compleja (De Lauretis, 2004 [1987]: 8).
Para la autora, el género es una tecnología productora de subjetividad que instaura una representación y produce una relación social asimétrica. El género se inscribe en los cuerpos y en las relaciones sociales. De este modo, con fundamento en Scott (1996), Conway, Bourque y Scott (1996), y Rubin (1989), las relaciones de género se definen como relaciones de poder que organizan la sexualidad y los afectos de las personas, y las entienden como relaciones desiguales, donde las categorías de varones y mujeres (cisgénero y trans) aparecen de manera estática construidas históricamente en torno a diferencias biológicas, ideológicas, sociológicas y psicológicas que han sido jerarquizadas. En definitiva, como sostiene Socott, “el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder” (1996: 289). Si con anterioridad se afirmó que las relaciones interculturales son entendidas como relaciones de dominación, se afirma que con el género sucede algo análogo y el eje es la manera en que las diferencias se organizan, que es en términos jerárquicos y asimétricos.
Por otra parte, la identidad de género de las personas travestis/trans representa una dimensión que ha sido problematizada por numerosas investigaciones empíricas. En algunos de los proyectos migratorios del universo de estudio, el conformar una identidad diferente a la establecida por la hetero-cis-normatividad constituye el eje central del desplazamiento. Según Godoy (2015, 2019), la identidad de género travesti/trans involucra un conjunto de dimensiones que se relacionan con la autopercepción del género propio, la realización de prácticas que citan la autoidentificación del género, la atracción sexual y sentimental hacia el género contrario del autopercibido, la adquisición de un nombre propio mediante la obtención del documento nacional de identidad (DNI) y una determinada apariencia física.
Los principios de Yogyakarta (2007) entienden por identidad de género:
La profundamente sentida experiencia interna e individual del género de cada persona, que podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo el sentido personal del cuerpo (que, de tener la libertad para escogerlo, podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole) y otras expresiones de género, incluyendo el vestido, el modo de hablar y los amaneramientos.
Como puede deducirse a partir de la lectura de los principios citados, la identidad de género se asocia a la expresión de género, que consiste en las manifestaciones de la identidad, entre ellas, la apariencia física derivada de las maneras de concebir las características sexuales. Por eso, Zambrini (2008, 2010) considera que aspectos como la indumentaria son fundamentales al momento de expresar la identidad de género. En relación con las travestis/trans, la autora cree que prevalece una representación sobre el cuerpo que se reivindica como natural y cosificado en relación con los patrones de feminidad dominantes. Este es un aspecto que se observará en las entrevistadas que conforman la muestra de la presente investigación.
Si bien no puede reducirse la identidad travesti/trans a las intervenciones quirúrgicas sobre el cuerpo y los tratamientos hormonales, son importantes de remarcar, puesto que permiten constituir una expresión de género readecuada a lo que las personas travestis/trans sienten y experimentan. De esta manera, García Becerra (2009) utiliza el concepto tecnocuerpos en familiaridad con los aportes de Haraway (1995), que refiere al ciborg, con el fin de caracterizar las intervenciones corporales contextualizadas en el último cuarto del siglo XX en adelante que en el cuerpo travesti/trans se manifiestan de manera nítida. Los cuerpos travestis/trans materializan de manera fluida las intervenciones culturales en el cuerpo y transforman la biología, demostrando que los genitales se constituyen y resignifican de manera cultural (Garfinkel, 2006 [1967]). En síntesis, como sostiene Preciado (2008), las distintas intervenciones corporales, como la utilización de hormonas, constituyen tecnobiopolíticas de la subjetividad que contribuyen a producir la identidad de género. En esas intervenciones, puede haber una reproducción de patrones hegemónicos ligados a la apariencia, aunque también subversión porque lo travesti/trans implica, en algunos casos, una ironía del régimen farmacopornográfico.[4]
La identidad de género asume diversas características y denominaciones que resultan porosas e inestables. A continuación, se retoman algunas de ellas con el fin de poder alcanzar una denominación del universo de estudio que resulte clara y concisa.
1.4.2. Travestis, transgénero, transexualidad y trans
Si definir migración resulta una tarea más dificultosa de lo que parece, delimitar una conceptualización apropiada sobre el universo de estudio de esta investigación puede ser aún más arduo. Las denominaciones que nuclean a las feminidades trans son variadas y constituir una definición genérica que englobe la totalidad de las unidades de análisis puede dar lugar a equívocos y controversias. En el capítulo 3 se ratifican estas afirmaciones, ya que las entrevistadas utilizan diversas acepciones e, incluso, a cada una de ellas, le otorgan sentidos disímiles.
La Real Academia Española, en la edición del 2019, define travesti de la siguiente manera: “Persona, generalmente hombre, que se viste y se caracteriza como alguien del sexo contrario”. Esta actualización del concepto destaca la importancia de la indumentaria en los significados atribuidos a la identidad de género, pero atenúa el hecho de ser realizado de manera exclusiva por varones. Con lo cual, abre la posibilidad de pensar y reconocer otras formas de travestismo.
Según Fernández (2004) y Vartabedian (2012), el concepto travesti es de larga data y fue utilizado por primera vez en Italia en el siglo XVI para caracterizar a varones que realizaban una representación femenina mediante la indumentaria. A principios del siglo XX, la sexología incorporó la noción de travestismo haciendo referencia a la compulsión por vestir ropas del sexo opuesto como parte de una desviación sexual perversa. Sin embargo, el travestismo para esta tesis es definido como una identidad de género y política que en Latinoamérica ha tenido notable importancia mediante el despliegue de organizaciones políticas que luchan por la conquista y reivindicación de derechos. En palabras de Berkins (2006: 2), “el travestismo irrumpe en esta lógica binaria que es hegemónica en las sociedades occidentales y que oprime a quienes se resisten a ser subsumidas y subsumidos en las categorías ‘varón’ y ‘mujer’”. De este modo, la activista y autora, en otros trabajos, enfatiza que las travestis representan una identidad de género y política que desestabiliza el sistema sexo género en su concepción binaria, es decir, hace estallar la antítesis varón-mujer. Por eso, sostiene que:
Este género, de alguna manera elegido o autoconstruido, no debe ser uno de los dos géneros que impone el sistema patriarcal. Nosotras pensábamos que nuestra única opción si no queríamos ser varones era ser mujeres. Es decir, si para ser varones había que ser masculinos, al no querer adoptar las características masculinas como propias pensamos que nuestra única opción era la única otra existente: ser mujer femenina. Hoy tratamos de no pensar en sentido dicotómico o binario. Pensamos que es posible convivir con el sexo que tenemos y construir un género propio, distinto, nuestro (Berkins, 2003: 9).
Fernández (2004) realiza una revisión respecto de los significados que adquiere el travestismo. La autora considera que, durante la década del noventa, existieron teorizaciones que ubicaban la identidad travesti bajo una mirada de asimilación genérica. Las travestis eran consideradas varones que se vestían de mujer, o bien, anhelaban ser mujeres, pero lo travesti como género no poseía entidad. Además, otra interpretación sostenía que las travestis representaban un “tercer sexo”, lo cual representó un avance respecto de lo anterior porque reconocía la especificidad de estas personas, aunque poseía limitaciones, ya que se continuaba caracterizando como sexo y no se reconocía la existencia de otros géneros. Por último, el travestismo puede interpretarse como un género performativo, aspecto que se profundiza mediante los aportes de la filósofa estadounidense Judith Butler.
Durante la etapa de la tercera ola feminista, que podría delimitarse a partir de la década del noventa, Butler establece la teoría de la performatividad del género. De este modo, es indispensable comenzar por definir el concepto performance, que refiere a:
[…] un conjunto de reflexiones acerca de la inscripción de repeticiones ritualizadas de la ley que diversos autores, desde Foucault (disciplina) hasta Bourdieu (habitus), llevarán a cabo para explicar los procesos de socialización y de interiorización de normas (Preciado, 2004: 2).
El cuerpo no representa una instancia previa a la significación, sino que, “por el contrario, es productivo, constitutivo y hasta podríamos decir performativo, por cuanto este acto significante delimita y circunscribe el cuerpo del que luego afirma que es anterior a toda significación” (Butler, 2002: 57). En otras palabras, la performatividad del género no implica ni mera teatralidad voluntarista ni automatismo estructuralista. Establece normas que funcionan como moldes de la subjetividad, otorgando la posibilidad de cuestionarlos y modificarlos (De Santo, 2013). El género se constituye mediante la repetición de gestos, conductas, actos del habla, expresiones corporales estilizadas de actos y movimientos corporales específicos mediante los cuales se citan las representaciones sobre este.
La aproximación al concepto travestismo presentada anteriormente permite establecer la definición de una parte del universo de estudio, aunque no engloba la totalidad de los procesos de autoidentificación, puesto que algunas migrantes no se definen como travestis. En efecto, Noseda Gutiérrez (2012) establece una diferencia entre transgénero y transexual. En el caso de la transexualidad, se utiliza, por lo general, para denominar aquellas personas que han decidido llevar a cabo la cirugía de readecuación genital. Por el contrario, transgénero implica la discrepancia del sexo asignado al nacer con el género construido por la persona, aunque no se realizan modificaciones de readecuación genital. Esto representa una primera aproximación a las distinciones de las que se valen las migrantes travestis/trans sudamericanas para comprender sus identidades, pero, por sí mismas, no permiten definir a esa población.
De esta manera, un conjunto de autoras (Stryker y Whittle, 2006; Valentine, 2007; Feinberg, 2006[1992], entre otras) emplean el concepto transgénero, que, como se mencionó, a diferencia de las transexuales, no se caracteriza por la inadecuación entre el sexo asignado al nacer y el género autopercibido y construido durante la trayectoria biográfica. De este modo, se escinde el sexo del género, por lo que estas personas conservan su genitalidad, pero afirman sentir, pensar y vivir como personas del género opuesto. Según Vartabedian (2012), el término comenzó a tener notable relevancia a partir de la década del noventa, debido a la utilización por parte del activismo trans. Si bien en algunos casos se emplea como término paraguas, de acuerdo con las definiciones que han proporcionado las unidades de análisis durante el trabajo de campo, se empleará la denominación trans como abarcadora de distintos modos de autopercibir la identidad de género.
Como sostiene Lamas (2009: 1): “Trans es un prefijo del latín que significa ‘del otro lado’; se usa para decir más allá”. De este modo, trans es la antítesis de cis. El primero refiere a aquellas personas cuya identidad de género no concuerda con el sexo atribuido al nacer, mientras que, en las segundas, tal condición no se presenta. Las personas cisgénero son aquellas cuyo sexo atribuido al nacer se encuentra en concordancia con su identidad de género. Para esta tesis, trans representa un término paragua que engloba distintos procesos de autoidentificación y que permite abarcar las distintas autopercepciones de las entrevistadas.
En síntesis, en esta investigación, la denominación utilizada para definir al universo de estudio es migrantes travestis/trans sudamericanas, que engloba a estas personas más allá de las diversas denominaciones que se relacionan con procesos de autoidentificación[5] y que comparten una construcción identitaria transgresora de la hetero-cis-normatividad. Como se expondrá en este capítulo, las múltiples denominaciones y la superposición de significados que las unidades de análisis les atribuyen a los términos complejizan una definición genérica sobre su identidad de género. En última instancia, como sostiene la antropóloga y activista trans García Becerra (2009), nombrar lo trans implica valerse de taxonomías inmediatas sobre la subjetividad que desafían las formas de clasificación hegemónicas (Halberstam, 2005, 2008). Algunas de las personas entrevistadas y que formaron parte de la investigación de manera indirecta, no se definen como travestis ni trans; por el contrario, han afirmado ser transexuales y que pretendían, a corto plazo, llevar a cabo la readecuación genital en concordancia con su autopercepción. Más allá de estas denominaciones justificadas teóricamente, no se desconoce la arbitrariedad de nombrar procesos que pueden resultar diversos.
Al definir identidad de género y qué se entiende por travestis/trans, se dejan sentadas las bases para denominar el universo de estudio. Si bien los conceptos mencionados son fundamentales porque ilustran las características de la identidad de género que involucran de manera central a las subjetividades travestis/trans, esta investigación considera fundamental la condición migratoria. Por lo tanto, para poder abordar tales intersecciones, se retoman algunos elementos de la perspectiva interseccional presentada a continuación.
1.4.3. Interseccionalidad
La interseccionalidad es una perspectiva de análisis teórica que permite complejizar los estudios ligados a la discriminación y a la vulnerabilidad en poblaciones atravesadas por una diversidad de características. El término fue acuñado por primera vez por la abogada Crenshaw (1989, 1991), aunque sus antecedentes se remontan a la década del setenta. Autoras como Yuval Davis (2006) y Almendra (2015) señalan que la génesis de la interseccionalidad comienza en Estados Unidos durante la década del setenta mediante las corrientes del feminismo negro y chicano, en oposición al feminismo blanco y hegemónico. Este último escondía la explotación de clase y las desigualdades que eran el resultado de una matriz de dominación (Hill Collins, 2000). Según Magliano (2015), coexisten diversos abordajes que toman la interseccionalidad como eje y que intentan pensar la vinculación entre la clase social, etnia-raza-condición migratoria, género y sexualidad, y que poseen en común observar los modos en los que la dominación social se entreteje.
Si en una primera instancia la perspectiva interseccional reconocía la existencia de múltiples discriminaciones, en el caso de Hill Collins (2000), se propone el concepto de matriz de dominación para observar cómo esas intersecciones interactúan. La intensidad en la ponderación de cada una de ellas depende de las particularidades de cada caso. Se trata de una trama compleja, en la que los factores de opresión se encuentran imbricados e implican vectores de opresión que favorecen la vulnerabilidad y la discriminación. Por su parte, Hancok (2007, como se citó en Viveros Vigoya, 2016) formaliza la perspectiva interseccional mediante una serie de elementos, a saber: por regla general, siempre son dos o más aspectos los que se encuentran en relación, los aspectos se encuentran en relación y varían internamente, son estructurales e individuales, y, por último, es necesario avanzar en producciones teórico-empíricas con el fin de robustecer el paradigma.
Ante las cruzadas políticas de las feministas negras y los cimbronazos del universo académico para abordar el problema de la interseccionalidad, Vazquez Laba, Rísquez y Perazzolo (2012: 33) señalan que:
[…] resurge una necesidad de revisión epistemológica, teórica y política de la construcción de conocimiento en torno a la opresión de las mujeres, entendida desde el esquema conceptual de la intersección de raza, clase, género y sexualidad. De esta manera, el género ya no será la única variable en juego para explicar la dominación, resulta entonces necesario reconocer la interacción de otros elementos constitutivos de ella.
La premisa que asevera “Todas las mujeres están oprimidas” (Hooks, 2004) invalida la incorporación de cualquier otra variable que conjugue el género con diferencias que producen desigualdades y dominación social. Se trata de una afirmación cierta, en la medida en que las mujeres comparten características atravesadas por una matriz de dominación patriarcal y que, bajo diferentes formas, se hace efectiva. A la vez, dicha premisa se apoya en un pensamiento eurocéntrico, blanco, colonial y, por lo tanto, excluyente (Curiel, 2009). De este modo, Hooks (2004: 35) señala que:
Las mujeres blancas que dominan el discurso feminista, que en su mayoría crean y articulan la teoría feminista, muestran poca o ninguna comprensión de la supremacía blanca como política racial, del impacto psicológico de la clase y del estatus político en un estado racista, sexista y capitalista.
En esta tesis se considera que la intersección entre la identidad de género y la condición migratoria[6] de las migrantes travestis/trans se encuentra presente en procesos y actos discriminatorios que dan cuenta de la existencia de estructuras de dominación que dan lugar a relaciones sociales de ese carácter. La interseccionalidad entiende que las vulnerabilidades se articulan de manera diferencial en determinadas subjetividades. Con base en Yuval Davis (2006), si bien dicha perspectiva se aplicó a las mujeres cisgénero, ampliando el horizonte conceptual sobre las feminidades, se considera válida para el caso de las travestis/trans migrantes sudamericanas. En resumen, la interseccionalidad permite observar que, en determinadas trayectorias biográficas, no basta con observar un aspecto para comprender procesos como la vulnerabilidad y la discriminación. También es necesario incorporar otros que resultan definitorios y primordiales para el análisis. Tales vulnerabilidades y discriminaciones son el resultado de una matriz de dominación (Hill Collins, 2000), que articulan aspectos como la condición migratoria y la identidad de género. En conclusión, solo se tomarán de esta perspectiva algunas dimensiones de análisis, ya que la tesis se encuentra enfocada desde la interculturalidad y se excluye la clase social.
Una de las cuestiones a las que se enfrentan las migrantes travestis/trans sudamericanas cuando consolidan sus proyectos migratorios en el AMBA es a la discriminación. Dado que se tomaron como referencia algunas categorías vinculadas al racismo y a la xenofobia, ahora es necesario avanzar en las normas sociales que regulan la orientación sexual y la identidad de género. Estas normas favorecen determinados actos y procesos discriminatorios.
1.4.4. Hetero-cis-normatividad y transnormatividad
La heterosexualidad y el régimen patriarcal conforman una alianza política (Witting, 2006) que efectivizan la heterosexualidad obligatoria (Rich, 1996). De este modo, la heteronormatividad vincula estas características porque establece que el modo heterosexual de vincularse es la norma social universal, necesaria y legítima. Existe una relación intrínseca entre género y sexualidad que institucionaliza la heterosexualidad y que establece jerarquías con quienes se desvían de ella. A la vez, regula el comportamiento de aquellos a quienes interpela (Sumara y Davis, 1999; Jackson 2006; Pichardo Galán y Sánchez, 2006, entre otras).
De este modo, en la definición de heteronormatividad, se condensan dos cuestiones: la heterosexualidad y la norma-desvío. Según Pichardo Galán y Sánchez (2006: 148):
La heterosexualidad es pues una construcción cultural que exacerba las diferencias biológicas y recrea así el género. Es el modelo de sexualidad hegemónico que facilita no solo la reproducción biológica (las llamadas relaciones de reproducción) sino también del resto de cuestiones materiales y económicas (lo que se había venido llamando relaciones de producción), reproduciendo en ambos casos las relaciones de género.
La cisnormatividad es un concepto asociado a la heteronormatividad, de manera tal que autores como Whorten (2016) utilizan la denominación hetero-cis-normatividad para dar cuenta de su articulación. Tal norma sostiene que la identidad de las personas debe concordar con el género atribuido al nacer (Bradford y Syed, 2019). Según Muñoz León (2016: 168), “la cisnormatividad ofrece, como fundamento de la generificación del cuerpo y de la identidad social, dos argumentos que denominaré como esencialismo anatómico y teleología reproductiva”. En suma, la cisnormatividad produce la disforia de género al patologizar el desvío de la norma y esta se efectiviza mediante distintas discriminaciones hacia las personas que no se adaptan a ella.
El capítulo 5 se encuentra destinado a la comprensión de la discriminación que experimentan las migrantes travestis/trans tanto por sus identidades de género como por sus condiciones migratorias, prestando atención a las diferencias entre las nacionalidades de las entrevistadas. De esta manera, en lo que respecta a la discriminación vinculada con la identidad de género, las entrevistadas describen concepciones que se encuentran atravesadas por ideologías enmarcadas en la cisnormatividad, que no reconocen a las travestis/trans como sujetos de derechos producto de la desviación que provoca el no adaptarse a las normas de género constituidas de manera hegemónica (Benhabib, 2005).
Desde hace algunos años, se está comenzando a emplear el término transnormatividad para referir a la estructuración de determinados comportamientos de la población travesti/trans. De este modo, tal norma establece que las persona trans deberían atravesar determinadas fases en su transformación identitaria mediante la medicalización y tratamientos hormonales que indicarían concepciones de la identidad de género rígidas (Johnson, 2016; Nicolazzo, 2016). En efecto, Bradford y Syed (2019) establecen la necesidad de ampliar tal conceptualización a diversas regulaciones que son parte de las narrativas de las personas travestis/trans y que, de manera general, se relacionan a una concepción binaria del género que responde a roles de género, la victimización, la necesidad de una manifestación identitaria desde el nacimiento, la medicalización y la legitimidad que establece el compromiso de asumir una identidad de manera permanente.
A continuación, se presentan los principales antecedentes de la investigación cuyas herramientas teórico-metodológicas dialogan con la aquí presentada.
1.5. Antecedentes
Los antecedentes de la investigación que se presentan a continuación se relacionan con el marco teórico. Algunos de los conceptos de las investigaciones que se mencionarán más adelante contribuyen al análisis de los datos. El recorte presentado aquí responde a las necesidades de la tesis; por eso, se mencionan los aportes de mayor relevancia que se encuentran en diálogo con esta.
En este apartado se sistematizaron las investigaciones que interpelan a este escrito en función de los objetivos propuestos. De esta manera, son retomados con el fin de iluminar áreas de vacancia y establecer zonas de diálogo con el objetivo de construir, ampliar y profundizar la teoría sustantiva existente. En otros casos, según el recorte que se presentará en los capítulos destinados a la presentación de los resultados, se cuestionan algunos de los hallazgos de investigaciones anteriores mediante la exposición de otros que demuestran lo contrario o, al menos, permiten matizarlos.
En la República Argentina, la sociología ha mostrado interés en los flujos migratorios desde de su fundación, mediante los trabajos de Gino Germani (1963, 1964), que podrían considerarse los antecedentes pioneros y en los que es posible encontrar algunas teorizaciones de los procesos migratorios en los que se destaca la importancia de la migración masiva en la constitución de la sociedad argentina. Las migraciones han representado uno de los ejes vertebradores de la nación y su impacto ha sido parte de la cuestión social en diversas épocas. Se ha estudiado este hecho social desde diversas disciplinas, atendiendo un conjunto de aspectos. Hasta podría afirmarse que ha sido parte de la cuestión social a lo largo de la historia argentina y en determinadas épocas adquiere procesos de centralidad primordial sobre otros temas.
Las migraciones de las personas que pertenecen al colectivo LGTBIQ+ han estado invisibilizadas a lo largo de la historia (Stang, 2013). Los estudios migratorios se han concentrado en la experiencia migratoria de los varones cisgénero y en los últimos veinte años en las mujeres cisgénero. No obstante, resulta llamativa la escasez de investigaciones que se han generado sobre identidades de sexo genéricas no normativas, sobre todo, en el ámbito latinoamericano. En Estados Unidos y Europa se han elaborado algunos aportes de relevancia que se enumeran y se describen en su correspondiente apartado. Sin contradecir lo expuesto hasta aquí, es posible afirmar que las migraciones sobre diversidad sexual en los últimos veinte años han comenzado a constituir un campo emergente que aún se encuentra en incipiente desarrollo.
Los límites para determinar qué investigaciones toman como objeto las migraciones de travestis/trans son irregulares, ya que algunas producciones realizan aportes significativos para estudiar esta migración, aunque no la consideran de manera específica. En primer lugar, se señalan los antecedentes sobre migraciones sudamericanas e internacionales; en segundo lugar, las investigaciones enmarcadas en el subcampo de migraciones y género, y, luego, las producciones que toman por objeto a la población travesti/trans en sus distintas dimensiones. Por último, se describen los antecedentes directos de la investigación, es decir, las migraciones del colectivo LGTBIQ+ y de manera específica las de personas travestis/trans.
1.5.1. Investigaciones sobre migraciones sudamericanas e internacionales
Las migraciones internacionales, incluyendo las sudamericanas, representan un objeto de estudio abordado por numerosas investigaciones desde diversas perspectivas y disciplinas. En este apartado se mencionan aquellas que se produjeron en el ámbito nacional, destacando las de mayor relevancia.
Respecto de la migración paraguaya, peruana y chilena, Halpern (2006), Cerruti (2005) y Jensen y Perret (2011), respectivamente, realizan descripciones que se vinculan al mercado de trabajo, el exilio ante condiciones políticas hostiles y las situaciones de regularidad. En el caso de la migración boliviana, las de mayor importancia corresponden a Benencia y Karasik (1994), y Benencia (2004) y Caggiano (2005). También, las migraciones emergentes de colombianos/as y ecuatorianos/as hacia la Argentina han sido abordadas por Melella (2014), que comienza a delinear sus principales características. Además, un artículo pertinente en cuanto a la síntesis de las diferentes legislaciones migratorias ha sido elaborado por Susana Novick (1997, 2008), que demuestra las transformaciones de la política migratoria a lo largo del tiempo. Los estudios migratorios también han proporcionado valiosas descripciones y análisis sobre la migración de varones senegaleses en la Ciudad de Buenos Aires mediante los aportes de Kleidermacher (2015) en donde puede observarse el proceso de asimilación de esos migrantes, las principales actividades laborales que realizan y tipos de discriminación que experimentan con recurrencia.
También los aportes de Grimson (2006) y Jelin (2006) permiten, desde una óptica conceptual, aproximarse a procesos ligados a la discriminación y a la xenofobia. Estas producciones consisten en describir una diversidad de aspectos que se vinculan al impacto de los migrantes en el mercado de trabajo, en la etnicidad, la discriminación, los motivos para migrar y las situaciones de irregularidad migratoria. En lo que respecta a las cadenas migratorias y, por ende, al modo de migrar, Laura Pedone (2002, 2005, 2006, 2010) ha proporcionado un concepto de alta operatividad para los estudios migratorios, ya que permite comprender la manera en que los procesos de desplazamiento se constituyen. Por último, en la observación de algunas investigaciones sobre el papel del Estado respecto de la diversidad cultural, se destacan las producciones de Domenech (2007, 2008, 2013, 2017) relacionadas a la política migratoria estatal, el control migratorio vinculado al ingreso al territorio, la ciudadanización y la construcción de las migraciones por parte de la sociedad receptora como peligrosas y amenazantes.
Estas investigaciones no agotan las numerosas producciones que han elaborado los estudios migratorios. Las migraciones internacionales (europeas y sudamericanas) han representado uno de los ejes principales de la sociedad civil, han contribuido a conformar el Estado Nación y han tenido una importante presencia en el mercado de trabajo. No obstante, han sido vectores de conflicto, regularmente asociadas al delito y a calificativos peyorativos que han incidido en la discriminación, violencia y criminalización. De todas maneras, estas investigaciones evidencian la relevancia de estos procesos en el contexto de la sociedad receptora.
Por otra parte, el equipo de investigación al que pertenece el autor de esta tesis viene desarrollando investigaciones contextualizadas en proyectos UBACyT respecto de las migraciones internacionales desde el año 1994 con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales. Si bien se han atravesado diversos temas y abordajes, estas investigaciones son consideradas antecedentes de relevancia porque nutren de manera teórica y metodológica la presente investigación. A continuación se enumeran cada una de ellas.
En primer lugar, en la programación científica 1997-2000, se procedió a comparar las percepciones hacia los migrantes europeos de fines del siglo XIX y principios del XX, en contraste con los migrantes sudamericanos, cuya referencia temporal en las representaciones sociales es, hasta cierto punto, actual. El proyectó se denominó “Representaciones sociales discriminatorias respecto de residentes coreanos y paraguayos” (Proyecto UBACYT TS057). Se observó que los migrantes europeos eran caracterizados de manera positiva, ya que eran portadores de atributos aceptados socialmente, mientras que, en el caso de los sudamericanos, se los caracterizaba de modo negativo y eran calificados como sujetos ajenos a la cultura nacional. Esta comparación entre colectivos migratorios se ha cristalizado como matriz en las representaciones sociales, de modo tal que se ha verificado en la totalidad de las investigaciones llevadas a cabo de manera posterior. Los migrantes europeos fueron calificados como edificadores de la nación y los sudamericanos, por el contrario, como aprovechadores que no afianzaban proyectos migratorios en el país.
Luego, en la programación científica correspondiente al período 2001-2003, se procedió a comparar las percepciones hacia paraguayos y coreanos. El proyecto se denominó “La discriminación hacia paraguayos y coreanos: un caso de triangulación metodológica” (Proyecto UBACYT S017). Los paraguayos, además de inferiorizantes, se los representó como aprovechadores de la Argentina como país proveedor del cual se quitaba, pero no se daba nada a cambio, dejando a los argentinos sin trabajo y construyendo vínculos basados en la violencia de género. Los coreanos, además de trasgresores, herméticos y exóticos, se los caracterizó como portadores de fronteras culturales impermeables para la sociedad receptora.
También se han trabajado estas cuestiones en los Proyectos UBACyT “La discriminación hacia el extranjero como táctica de disciplinamiento social” (Programación científica 2004-2007), “Exclusión, control social y diversidad articulando la relación entre el migrante externo y las instituciones educativa y judicial” (Programación científica 2008-2010), “Diversidad etno-nacional y construcción de desigualdades en las instituciones escolar y judicial. Un desafío teórico-metodológico en el abordaje de los casos del AMBA y la provincia de Mendoza”. (Programación científica 2010-2013) y “Los puentes entre el Poder Judicial, la institución educativa y la sociedad civil ante la diversidad etno-nacional en el AMBA” (Programación científica 2014-2017). En estas investigaciones, se compararon las representaciones sociales constituidas en las instituciones educativas y el Poder Judicial, puesto que, como se señaló, ambos universos contribuyen a que la sociedad receptora socialice a los sujetos de acuerdo con determinados códigos culturales y se sancionen los ilegalismos. En definitiva, estas instituciones gestionan, administran y producen la diversidad cultural de acuerdo con sus propias lógicas.
Las investigaciones enumeradas le aportan herramientas teórico-metodológicas a la presente investigación. Desde el punto de vista teórico, las categorías enunciadas con anterioridad como migración, discriminación, normalidad–desviación, criminalización, racismo, extranjeridad, interculturalidad y estigma se han abordado en el marco de estas investigaciones contemplando una diversidad de producciones que han sido aplicadas a los objetos de estudio mencionados. Además, estas investigaciones permitieron ensayar la aplicación de técnicas de investigación como la entrevista en profundidad. Este proceso representó una condición necesaria para contribuir a lograr guías de entrevista semiestructuradas (con pautas, preguntas, repreguntas, juego de asociaciones, citas, etc.) que permitieran interpretar las verbalizaciones de los entrevistados/as, corriendo el velo y haciendo visible lo invisible. Para ello, fue necesario, además, llevar a cabo procedimientos de análisis que interpretaran los discursos, que decodificaran el significado de adjetivos y adverbios, y que decodificaran los silencios. Se hizo énfasis, por ejemplo, en detectar formas verbales que aludieran a la autoridad, a la desigualdad, a cómo un conjunto de declaraciones constituyen un sujeto diferente al sujeto esperado.
Por último, las investigaciones UBACyT del equipo han estado enmarcadas en el cruce entre clases sociales, género y diversidad cultural. La actual se titula “La interseccionalidad entre la etnia y el género desde la perspectiva de las clases sociales, en población migrante residente en el AMBA” (Programación científica 2018-2021). Dentro de esta investigación que se desarrolla en paralelo a la presente tesis, se considera el género como una variable fundamental dentro de los procesos migratorios. La investigación contempla la aplicación de grupos focales con personas migrantes sobre un abanico de temas en donde dicha perspectiva resulta decisiva. Esta investigación, aún en curso, le ha aportado a la presente tesis discusiones sobre la diversidad de perspectivas que nutren a la interseccionalidad y las posibilidades de aplicación en los distintos objetos de estudio.
1.5.2. Investigaciones sobre migraciones y género
Si bien los antecedentes que articulan los procesos migratorios con la perspectiva de género poseen antecedentes desde el último cuarto del siglo XX, en los últimos veinte años, han aflorado la mayor cantidad de investigaciones que dan cuenta del proceso de feminización de las migraciones (Jiménez, 1998; Mahler 1999; Hondagneu-Sotelo, 2000; Ladino, 2010; Stang, 2013, entre otras).
Entre las numerosas publicaciones que abordan la relación entre el género de las personas y las migraciones, se destacan algunas producciones internacionales de relevancia y otras, ligadas al ámbito nacional. Los estudios y teorías migratorias han tenido un sesgo androcéntrico (Recchini de Lattes, 1988; Gregorio Gil, 1998) y carecen de atención sobre las desigualdades de género y establecen que las causas de los desplazamientos responden a una lógica económica y política, lo que ubica a los varones cisgénero y heterosexuales como los sujetos fundamentales de dichos procesos.
En el campo de las migraciones ha existido, durante décadas, la tesis de que las migraciones de las mujeres cisgénero representaban un mero apéndice de las migraciones de los varones cisgénero, aunque tal premisa ha sido cuestionada por numerosas investigaciones (Gregorio Gil, 1997; Mallimaci, 2012).[7] Más allá de las características cualitativitas y cuantitativas de la denominada feminización de las migraciones, en la actualidad, se reconoce su relevancia e importancia social. Con fundamento en Stang (2013), pueden diferenciarse, en el ámbito nacional y regional, dos fases ligadas a este tipo de investigaciones. En una primera instancia, la preocupación central quedó asociada con la inserción de las mujeres migrantes en el mercado de trabajo (Jelin, 1976; Magliano, 2009; Courtis y Pacceca, 2010, entre otras). En segundo lugar, este campo comenzó a profundizar e incorporar otras variables al análisis. Las investigaciones, en este caso, observan la reunificación familiar, la maternidad de las migrantes (Pedone y Gil Araujo, 2008) y la problematización de las masculinidades migrantes desde una perspectiva de género (Rosas, 2007, 2008; Magliano, 2016), entre otros ejes de análisis.
Una deducción lógica indicaría que los estudios migratorios, entendidos de este modo, piensan al género de una manera binaria, aunque en algunas de estas investigaciones comienza a plantearse el interrogante por las migraciones que se asocian a la sexualidad y a la identidad de género por fuera de la hetero-cis-normatividad. La manera en que estas producciones interpelan a la presente investigación radica en demostrar que la perspectiva de género puede dialogar con las perspectivas migratorias y, más aún, iluminan que el género es un aspecto de gran relevancia en los procesos migratorios. Por eso, dan cuenta que las masculinidades cisgénero y heterosexuales no representan los únicos actores que son parte de los procesos migratorios. Sin embargo, su perspectiva binaria abre un área de vacancia para poder observar proyectos migratorios de personas travestis/trans.
De todas maneras esto no quiere decir que los estudios migratorios no hayan proporcionado aproximaciones a estos objetos, aunque en el ámbito local no ha habido investigaciones que tomen por objeto específico a estas migraciones.
1.5.3. Investigaciones sobre población travesti/trans
Entre las numerosas investigaciones realizadas respecto de esta población, a nivel internacional, regional y nacional se destacan aquellas que se vinculan en mayor medida con esta investigación. Con base en los aportes de Vartabedian (2012), la tradición anglosajona ha realizado aportes significativos durante la década del noventa e incluso antes (Kando, 1973; Hausman, 1995; Feinberg, 2007 [1992]; King, 1998; Valentine, 2007, entre otras). Mediante enfoques cuantitativos, ha habido aportes variados; por ejemplo, Lombardi et al. (2002) investigan las experiencias de violencia y discriminación que vivencia esta población, Grant et al. (2011) y James et al. (2016) realizan relevamientos exhaustivos sobre diversas condiciones de vida de la población trans en Estados Unidos que permiten comenzar a comprender cuáles son las condiciones objetivas que afronta esta población.
En México se destaca la investigación de la socióloga noruega Annick Prieur (1998), titulada “Mema’s House, Mexico city: on transvestites, queens, and machos”. En esta investigación se describe la sociabilidad de las jotas (varones que se visten de mujer) con mayates (varones bisexuales). De esta manera, se caracteriza el modo en que los roles sexuales se asocian a la identidad, a partir de entrevistas que reconstruyen la niñez y la adolescencia de personas cuyas subjetividades difieren de la masculinidad hegemónica. También los aportes de Infante et al. (2009) han realizado elaboraciones respecto de la prostitución/trabajo sexual y las condiciones de vulnerabilidad que se afrontan en el marco de esta actividad, vinculadas al VIH y la discriminación que esto provoca.
Estas investigaciones permiten determinar que la relevancia de estudiar a personas travesti/trans, lejos de ser un fenómeno volátil o transitorio, se trata de un objeto que, en las últimas tres décadas, ha comenzado a adquirir una relevancia notable. Además, tales producciones permiten plantear debates respecto del significado de la identidad de género, ya que esto suele representar uno de los ejes centrales en las investigaciones que toman por objeto de estudio a las personas travestis/trans.
Durante la década del noventa, se elaboraron las primeras investigaciones etnográficas latinoamericanas que daban cuenta de los procesos de construcción identitaria. En ellas, se abarcan un conjunto de temas que fueron profundizados de manera posterior por otros investigadores y desde disciplinas como la Antropología, la Sociología y la Comunicación Social. El abanico de problemas de investigación enmarcados en la población travesti/trans es amplio y diverso; por eso, Cutuli (2012) reconstruye los principales temas que ha abordado la antropología social en las últimas décadas. Como se mencionó, la identidad de género, la violencia y la discriminación ante la expresión social de la identidad, la sociabilidad, el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, la construcción de organizaciones políticas y el acceso a la salud y la educación han representado las principales preocupaciones académicas.
En Brasil, se destaca la investigación de Kulick (1997, 1998), que recupera, como principales antecedentes, los trabajos etnográficos de Helio Silva (1993, 1996) y Neuza Oliveira (1994). Estas investigaciones minuciosas y descriptivas representan valiosas aproximaciones etnográficas, en tanto son abordajes pioneros en los que se intentaba comprender el significado de la identidad travesti/trans. De este modo, Kulick amplía y critica algunas concepciones y modos de proceder durante el trabajo de campo propios de estas investigaciones. Por ejemplo, les adjudica haberles prestado escasa importancia a los vínculos que travestis/trans mantienen con sus maridos, la sociabilidad entre ellas, los roles sexuales, el contagio de enfermedades de transmisión sexual como el VIH, el uso de silicona y hormonas para intervenir el cuerpo y, de manera solapada, los procesos de migración interna. En Brasil, se han desarrollado una cantidad importante de investigaciones —algunas de ellas se mencionan en el apartado sobre migraciones del colectivo LGTBIQ+— que aportan numerosos conceptos destinados al análisis de los datos construidos por esta investigación. En conclusión, estas investigaciones pioneras proporcionan elementos para pensar la reflexividad y el lugar de la subjetividad del investigador en el campo. Los modos de acceder, de entrevistar, de sociabilizar inciden en la calidad de los datos producidos, por eso estos aportes son tenidos en cuenta para el desarrollo de la descripción del trabajo de campo en el siguiente capítulo.
En el ámbito nacional, se han producido distintas investigaciones sobre personas travestis/trans. Los aportes realizados por la antropóloga Victoria Barreda (1993) y Bareda e Isandri (2004) constituyen los primeros antecedentes sobre la temática. La autora discutía la noción de tercer género a partir de una investigación realizada en escenarios en donde se ejercía la prostitución/trabajo sexual. De esta manera, consideraba que las travestis/trans imitaban la gestualidad, apariencia y demás rasgos subjetivos de las mujeres cisgénero. Además, establecía una dualidad en sus identidades porque, durante el acto sexual, ejercían un papel activo con los clientes. Lo femenino se presentaba de manera pública, mientras que lo masculino quedaba relegado a la esfera privada, con lo cual podía concluirse que existía una dualidad en cuanto a la identidad. En otros trabajos, la cuestión del VIH y, por lo tanto, de la salud y de las enfermedades de transmisión sexual comienzan a representar preocupaciones.
El primer antecedente de relevancia y sistematicidad, en el ámbito local, fue la etnografía elaborada por Josefina Fernández (2004), titulada Cuerpos desobedientes, que comenzó hacia fines de la década del noventa. En este libro, la antropóloga aborda un conjunto de temas que, con posterioridad, dieron lugar a múltiples investigaciones. Además de realizar una historia conceptual para poder delimitar el significado del travestismo, en la investigación se describen aspectos relacionados con la discriminación, los desplazamientos internos, la prostitución/trabajo sexual, la transformación del cuerpo y la sexualidad. Esta investigación, además, señala dos aspectos fundamentales para la presente tesis: el distanciamiento de las familias de origen por parte de las travestis/trans ante el rechazo, que deviene en la migración, y lo que la autora denomina pupilaje, que para esta investigación implica profundizar en el papel de las madrinas como parte de las cadenas migratorias y de los modos de migrar. También el libro la La gesta del nombre propio (Berkins y Fernández, 2005) fue resultado de una investigación en la que se abordaron diversos temas, entre ellos: la violencia policial, las trasformaciones corporales y las condiciones que afrontan las personas travestis/trans en el ámbito educativo. Algunos de estos factores, como la violencia policial y la criminalización son profundizados en la tesis desde una óptica que contempla el modo en que la identidad de género se vincula con la condición migratoria.
Por otra parte, “Cumbia, copeteo y lágrimas” (Berkins, 2007), “La revolución de las mariposas” (Ministerio Publico de la Defensa, 2017) en la Ciudad de Buenos Aires y el “Primer relevamiento sobre condiciones de la población trans/travesti de la Provincia de Buenos Aires” (2019) representan informes con enfoques cuantitativos que permiten conocer aspectos demográficos de la población travesti/trans. En estas investigaciones, se evidencia que el acceso a los derechos se ve restringido y que aspectos como la discriminación y la violencia persisten en el tiempo, a pesar de los avances en materia de reconocimiento de derechos hacia estas personas. Además, puede observarse que parte de las personas encuestadas son migrantes y pertenecen a diferentes países de Sudamérica. Los valiosos datos construidos por estas investigaciones dan cuenta de regularidades empíricas que pueden profundizarse de manera cualitativa observando sus significados y sentidos.
Tampoco pueden soslayarse los aportes de Wayar (2018) y Villada (2019), que siendo personas travestis/trans, han producido conocimiento desde la expresividad académica y mediante el relato de la experiencia personal en los que se entrecruzan especificidades y generalizaciones que poseen como resultado valiosos aportes elaborados desde la subjetividad travesti/trans. Wayar (2018) realiza un aporte a la teoría latinoamericana del travestismo en tanto identidad de género y política, aportando reflexiones pertinentes sobre las actitudes de las familias hacia las personas travestis/trans, mientras que Villada (2019), mediante una autobiografía, recupera aspectos que permiten entender la manera en que se constituyen los vínculos con pares, la violencia, la prostitución/trabajo sexual y los vínculos sexoafectivos.
Luego de estos aportes, han emergido distintas temáticas enmarcadas dentro de los estudios sobre población travesti/trans. Los principales temas abordados hasta al momento han estado asociados a diversos aspectos, a saber: construcción de la identidad de género, la corporeidad e indumentaria (Zambrini, 2008), el discurso mediático sobre las personas travestis/trans (Vásquez Haro, 2009), el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, organizaciones políticas (Cutuli, 2015), la discriminación, el acceso a la salud y la actitud de los profesionales de esa área en tensión con la Ley de Identidad de Género, la sexualidad (Cutuli, 2012; Rigueiral y Seidmann, 2016; Farji Neer, 2014; 2018), la niñez trans (Pavan, 2019) y el sistema educativo, entre otros numerosos aportes.
La gran diversidad de investigaciones aporta que las migraciones no han sido tenidas en cuenta y solo se han señalado de manera complementaria con escasa profundidad sobre uno de los aspectos más comunes en las trayectorias biográficas de las personas travestis/trans. Esto permite identificar un área de vacancia dentro de los estudios sobre identidades de género no normativas en congruencia con la falta de investigaciones elaboradas desde los estudios migratorios. Sin embargo, permiten identificar algunas características generales y comunes a diversas investigaciones que cruzan la elaborada en el marco de esta tesis. De alguna manera, Kulick (1998), Fernández (2004), Berkins (2007), Boy (2017) y Álvarez Broz (2017) habían advertido sobre la importancia de las migraciones. De hecho, elaboraron algunas referencias respecto de la migración interna, de manera externa hacia Europa y el “pupilaje” o las “familias entre pares” que se conforman mediante cadenas migratorias. Un informe elaborado por el Ministerio Público de la Defensa (2017: 124) en la Ciudad de Buenos Aires afirma: “Migramos para mejorar las oportunidades de vida, migramos para refugiarnos, para dejar la discriminación (…)”. El informe además destaca la importancia de los desplazamientos internos y externos de esta población y la falta de políticas públicas para ampararlas.
De todas maneras, los constructos teóricos de los estudios migratorios no fueron aplicados por estas investigaciones, con lo cual, sus aportes se limitaron a ejemplificar y a relacionarse con otros objetos considerados primordiales. A continuación, se profundiza en las investigaciones que han tomado como objeto específico las migraciones y la diversidad sexual.
1.5.4. Investigaciones sobre migraciones trans y del colectivo LGTBIQ+
Como se mencionó en la introducción, las investigaciones que toman por objeto los proyectos migratorios de las personas travestis/trans son escasas. En algunos casos, la literatura académica abordó las migraciones de personas gays, lesbianas y bisexuales, de manera conjunta y por separado. De esta manera, se mencionan y se describen algunos aportes del ámbito internacional y regional. Las investigaciones expuestas en este apartado, permiten entender la relevancia mundial de los procesos migratorios ligados a la construcción de identidades de género y sexualidades. Son producciones que interpelan a los estudios migratorios porque entienden que en las razones para migar aspectos como el deseo y la necesidad de expresar la sexualidad y la identidad de género inciden en los desplazamientos de las personas. Se trata de una ruptura epistemológica asociada al cuestionamiento de la hetero-cis-normatividad.
Un artículo de gran relevancia en los estudios de género y sexualidades es “Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad”, de Gayle Rubin, publicado en 1989. En ese escrito, la autora advierte que la migración de personas gays y lesbianas es el resultado del rechazo familiar que experimentan y menciona las dificultades vinculadas al acceso al trabajo para este tipo de migrantes. Es posible sostener que, en los últimos veinte años, un campo de investigación emergente considera que la sexualidad o la identidad de género y la migración son procesos imbricados, aunque poco articulados en producciones teóricas y empíricas. En la década del noventa, en diferentes investigaciones compiladas por Herdt (1997), se hacía referencia a la cuestión de la movilidad y ejercicio de la sexualidad en el contexto de la expansión del VIH. Lo que se pretende señalar es que en la década de 1990 e incluso en la década de 1980, algunas investigaciones ya habían advertido sobre la importancia de las migraciones y la diversidad sexual.[8]
Autores como Manalansan (2003, 2006) realizan un aporte teórico-empírico de las migraciones de varones gay filipinos hacia la ciudad de Nueva York. De este modo, incita a los académicos de las migraciones a reflexionar sobre la invisibilidad de sus estudios respecto del lugar de la sexualidad en las migraciones, por lo que los factores ligados al deseo y el determinismo heterosexual deberían revisarse. En esta línea, Wesling (2008, 2011) plantea que la diáspora queer encierra una doble transgresión que articula el traspaso de las fronteras geográficas y corporales en el contexto de la globalización, en donde la circulación se vuelve fundamental. A la vez, desde los aportes de Luibhéid (2004, 2008) puede deducirse que la migración de este colectivo, lejos de eliminar las desigualdades que experimenta en sus entornos de origen, las reestructura dentro de una trama en donde la raza, el género y la clase entran en juego y en donde la sexualidad resulta central. Lo interesante de estas producciones es que delimitan un campo de estudio y les aportan nombres. Es decir, términos como diáspora queer o migración queer (Gorman Murray, 2007, 2009) son formas de mencionar estos procesos migratorios y comenzar a observar su relevancia. Además, en el caso de Gorman Murray (2007, 2009), se aporta una clasificación sobre las migraciones de personas gays y lesbianas en Australia, en las que considera que esta puede realizarse en soledad, con el fin de desplegar identidades y experiencias sexuales (salir del closet), la inserción en barrios gay o el desplazamiento producto de los afectos. La afectividad representa uno de los elementos que ha posibilitado que las entrevistadas migren; incluso, permite que los proyectos migratorios continúen en Europa.
También Cantú (2002, 2009) ha realizado una investigación que vincula la migración a la sexualidad de varones mexicanos homosexuales que se han desplazado hacia los Estados Unidos considerando que la sexualidad y la migración son mutuamente constitutivas. En esta línea, Carrillo (2004), en una producción que contempla la misma unidad de análisis, pero en San Diego, realiza un recorrido teórico de los trabajos más influyentes y, al mismo tiempo, destaca el lugar de la salud sexual, ya que el entorno modifica los comportamientos sexuales en consonancia, además, con la creencia de que los migrantes latinos son más propensos a contraer VIH. En las investigaciones de Cantú (1999, 2002), se destaca que la sexualidad es un elemento esencial en algunos proyectos migratorios, aunque esta ha sido subestimada. Además, se destacan las complejidades que para los migrantes mexicanos gays supone efectuar la migración en un escenario de fuertes controles y cómo la sexualidad se modifica a partir del desplazamiento.
Por su parte, Cotten (2012) ha publicado un libro titulado Transgender migrations que reúne distintos artículos que abordan la temática de manera específica. El autor señala: “Transgender migrations comprise movements of desire, agency, and generativity without unitary subjects or foundations. They are heterotopic, multidimensional mobilities whose viral flows and circuits resist teleology, linearity, and tidy, discrete borders” (Cotten, 2012: 2). [Las migraciones transgénero comprenden movimientos de deseo, agencia y generatividades sin sujetos o fundamentos unitarios. Son movilidades heterotópicas, multidimensionales, cuyos flujos y circuitos virales resisten la teleología, la linealidad y las fronteras ordenadas y discretas].
Como se observa, se trata de migraciones circulares, inestables, en tránsito y que incorporan una multiplicidad de motivos que contemplan una diversidad de medios y modos de migrar. En efecto, la tesis toma como referencia esta definición porque, como podrá observarse en el desarrollo de los capítulos abocados en la presentación y al análisis de los resultados, la migración de las travestis/trans sudamericanas es polimórfica y se encuentra sujeta a vaivenes que la constituyen como provisoria.
También, Cerezo et al. (2014) consideran que la migración y la identidad de género representan dos aspectos asociados en las trayectorias biográficas de las personas travesti/trans que residen en Estados Unidos. Estos autores aportan los principales motivos de la migración de esta población indicando que las investigaciones sobre migraciones travestis/trans son escasas. Para futuras investigaciones, señalan que podría ser relevante analizar en detalle la relación que las personas travestis/trans mantienen con sus familias de origen, sobre todo, con respecto de las modificaciones de sus actitudes en el tiempo respecto del respeto hacia sus identidades, factor que constituye una de las preocupaciones centrales de la tesis.
Por su parte, Pichardo Galán (2003) elabora un artículo en el que describe los motivos de la migración de personas homosexuales (gays y lesbianas) que lo hacen de manera interna en España. Esta tradición denomina estos procesos como migración por opción sexual. En esta línea, Restrepo Pineda (2013), en su tesis doctoral sobre varones homosexuales y bisexuales colombianos en España, aborda diversas dimensiones ligadas a las motivaciones, las representaciones, las discriminaciones, el contagio y transmisión del VIH. También, Toro Alfonto et al. (2012) analizan las migraciones de varones gays dominicanos hacia Puerto Rico mediante un abordaje cualitativo que reconstruye algunas condiciones que obligan a estas personas a migrar y las consecuencias que vivencian en la sociedad receptora. Dentro de este campo que vincula las migraciones a las sexualidades no normativas, la socióloga Fernanda Stang (2018, 2019), en su tesis doctoral y en algunos artículos de revistas especializadas, aborda las migraciones de gays y lesbianas peruanos/as y colombianos/as hacia Santiago de Chile, dando cuenta del modo en que la frontera incide y se inscribe en los cuerpos, la discriminación y la sexualización que experimentan, además del modo en que las familias influyen en la sexualidad, entendida como un dispositivo.
Estas producciones le aportan a la tesis una primera aproximación para reflexionar sobre los motivos de la migración de personas cuya identidad sexual no se ubica en la heteronormatividad. Además, permiten conceptualizar el trato hostil de las familias de origen, lo que provoca que las travestis/trans y otros grupos pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ migren hacia escenarios que consideran menos hostiles. También evidencian que la migración y la sexualidad se encuentran imbricadas. La principal limitación que se observa de manera general reside en que la migración aparece como un factor secundario al proceso de construcción de la identidad sexual,[9] con lo cual algunas herramientas conceptuales que podrían permitir la clarificación de los procesos se encuentran ausentes. Se trata de investigaciones exploratorias que en observan procesos de movilidad en contextos de más complejos, como el contagio del HIV o la movilidad vinculada al turismo sexual (Carrillo, 2004). Sin embargo, estos aportes permiten comenzar a ver la especificidad de estos procesos y la necesidad de problematizar las teorías existentes sobre movilidad y sexualidad (Carrillo, 2004).
Por otra parte, algunas investigaciones han abordado de manera específica la migración de la población travesti/trans. En Europa, García García y Oñate Martínez (2008) realizaron una investigación exploratoria sobre transexuales ecuatorianas en Murcia. Vuelve a ser de importancia, para estos investigadores, conocer los motivos de la migración y las características de las sociedades emisoras como así también las idas y vueltas que supone el viaje y las intervenciones sobre el cuerpo —por ejemplo, mediante la readecuación genital—, y el impacto que posee esto en las biografías de las migrantes. Además, aportan algunos elementos para comenzar a explorar los vínculos que las travestis/trans establecen con sus familias a la distancia y las experiencias de retorno temporal.
También, López Murcia (2015) plantea una tesis que asocia el trabajo sexual/prostitución a la migración, remarcando las condiciones de la política migratoria europea, el retorno forzado y la migración en tránsito de las travestis/trans colombianas durante la década del noventa. De esta manera, la autora problematiza diferentes aspectos del proceso migratorio considerando los diversos momentos que atraviesa el desplazamiento de estas personas intentando decodificar el significado de migrar hacia Europa por parte de ellas. Para esta investigación, la migración en tránsito resulta una categoría central, puesto que las travestis/trans sudamericanas consideran continuar sus tránsitos hacia Europa, de acuerdo a representaciones sociales que ubican a ese contexto como favorable.
En Brasil, algunas etnografías llevadas a cabo por la antropología social son de relevancia (Vale, 2005; Teixeira, 2008). Uno de los conceptos aportados por Julieta Vartabedian (2012, 2014, 2018) es el de migraciones trans para referirse de manera específica a las migraciones de la población que constituye el objeto empírico de esta investigación. La tesis de Vartabedian sostiene que, si bien en los últimos veinte años ha comenzado a emerger un campo abocado en las migraciones del colectivo LGTBIQ+, las migraciones de travestis/trans no se problematizaron de manera específica. El aporte de esta autora y de otras, como Vale (2005) y Pelúcio (2009), radican en explorar la migración de las travestis/trans brasileñas hacia España desde un conjunto de dimensiones, a saber: prostitución/trabajo sexual, vínculos sexoafectivos, vínculos con clientes atravesados por la ajuda, identidad de género, intervenciones quirúrgicas, papel de las madrinas y situación de irregularidad migratoria. Se trata de investigaciones exploratorias que han hecho énfasis en los procesos ligados a la construcción de identidad de género, pero que permiten observar diferentes fases de los procesos migratorios, como los modos de migrar y la integración social en las sociedades receptoras.
En Ecuador, Camacho Zambrano (2016) analiza las migraciones de travestis/trans ecuatorianas hacia Barcelona mediante lo que la autora denomina trasmigración y que se caracteriza por el sueño de vivir en Europa ante las situaciones de discriminación que experimentan en la sociedad de origen. García Díaz (2016) y Lewis (2012) aportan a los estudios de migraciones trans internas. La primera realizó una tesis de maestría sobre migraciones internas hacia Quito, el segundo realizó un compendio conceptual con el objetivo de motivar a otros investigadores a abordar la problemática. La relevancia de estas investigaciones se vincula a que las migraciones internas suelen representar una etapa previa en los procesos migratorios que luego termina por consumarse de manera externa. Además, Prada et al. (2012) han publicado un libro en el que abordan los vínculos entre las travestis/trans migrantes internas con las travestis/trans colombianas, y en este se destaca la complejidad de los vínculos entre las travestis/trans con sus madrinas. En el ámbito local, Berkins (2007) ha señalado las características de los desplazamientos internos de migrantes nativas que migran a las principales ciudades nacionales en búsqueda de escenarios de menor hostilidad y de acuerdo al anonimato que proporcionan las grandes urbes. Las travestis/trans sudamericanas que migran de manera interna ensayan los procesos de desplazamiento para luego continuar la migración de manera externa.
Estas investigaciones latinoamericanas que, por lo general, abordan las migraciones de travestis/trans hacia Europa, le permiten a la presente tesis comprender el significado que para las entrevistadas posee la migración en tránsito. En definitiva, algunas de ellas consideran que el AMBA es un escenario transitorio y migrar a Europa implica incrementar capital económico, simbólico y vivir con mayores libertades. De esta manera, es posible contrastar las expectativas que poseen sobre Europa y cómo experimentan la transitoriedad en el AMBA. La migración hacia terceros países es uno de los aspectos que puede observarse en las migraciones de las travestis/trans sudamericanas con mayor recurrencia. Además, es posible avanzar en el conocimiento con el fin de investigar experiencias de retorno temporal de las travestis/trans sudamericanas a las sociedades emisoras, que no se vinculan a las deportaciones, observando las intenciones y motivaciones de las entrevistadas.
Para reflexionar sobre la migración de varones homosexuales puertorriqueños hacia distintas ciudades de Estados Unidos, La Fountain-Stokes se pregunta: “¿Hay una relación entre travestismo, transformismo, transexualidad, o lo transgénero globalmente considerado (como diría Pedreira) y los fenómenos de migración y diseminación política y cultural a nivel global que identificamos como lo translocal?” (2005: 890). A partir del bolero y de relatos de biografías de personas travestis es que intenta responder a tal interrogante. El autor emplea el concepto de sexilio para explicar la migración de personas homosexuales hacia entornos menos hostiles. Para el autor, la migración implica el distanciamiento de las familias de origen, ya que estas representan uno de los factores que complica el ejercicio de la sexualidad de manera libre. El interrogante planteado representa un aporte significativo que la tesis retoma porque, más allá de que se parta del supuesto que asocia el travestismo a la migración, resulta necesario observar cómo se constituyen y articulan tales procesos.
Por último, de manera reciente, se han publicado trabajos en Estados Unidos (Mora Lett, 2018) y en México (Winton, 2017; López Fernández, 2018; Zarco Ortiz y Reynosa, 2020). Sus principales preocupaciones, en el primer caso, radican en comprender las razones de las migrantes latinoamericanas que residen en Estados Unidos conociendo sus experiencias como parte de esa sociedad; en el segundo caso, se orientan a los desplazamientos de personas de Centroamérica hacia México. Los aspectos analizados son el vínculo entre frontera y cuerpo (fronteras corporeizadas), la violencia en sus diversas facetas y la prostitución/trabajo sexual. La principal hipótesis de estas producciones indica que el traspaso de la frontera es doble e involucra lo geográfico y lo corporal. En relación con el traspaso de las fronteras geográficas, tanto López Fernández (2018) como Zarco Ortiz y Reynosa (2020) describen tácticas y estrategias que desarrollan las migrantes para evadir los controles con el fin de acceder a México, factor que, de manera indirecta, plantea la cuestión de los países intermedios o transitorios para continuar migrando hacia otros destinos. Estas investigaciones representan referencias para interpretar las tácticas y estrategias de las entrevistadas desplegadas para no ser reconocidas como travestis/trans en el contexto de los controles de ingreso al AMBA.
En el ámbito local, es complejo identificar investigaciones que hayan tomado por objeto las migraciones de travestis/trans sudamericanas. Sin embargo, en un trabajo titulado “Soy trans y migrante: continuidades y rupturas con historias locales”, Sabarots (2014), a partir de reflexiones sobre aspectos de la historia de vida de Claudia Vázquez Haro, concluye la existencia de una doble discriminación sobre estas personas que vincula la condición migratoria y la identidad de género. La autora, además, da cuenta de las escasas investigaciones respecto del tema y motiva a otros investigadores a continuar la indagación. Respecto de Claudia Vázquez Haro (2014), al ser académica, docente, activista y migrante travesti/trans peruana, ha realizado trabajos en los que describe aspectos de los proyectos migratorios del universo de estudio. De manera particular, se centra en los motivos de la migración, en el papel de las madrinas y de las transfiolas en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, en los obstáculos para acceder a derechos que experimenta la población migrante travesti/trans, y en los procesos de criminalización y violencia a las que son sometidas.
Las investigaciones mencionadas, en diferentes grados, proporcionan elementos que permiten sostener que en los últimos veinte años un campo emergente de estudios ligados a los desplazamientos y la sexualidad e identidad de género se presentan como hecho social de relevancia mundial. Una de las principales premisas que estableció esta tradición, radica en comprender las razones de la migración de acuerdo a las expectativas y necesidades de expresarse de acuerdo a una orientación sexual y/o identidad de género. En los capítulos destinados al análisis se expondrán otros motivos para migrar y la manera en que los desplazamientos pueden impulsar e incluso ser constitutivo de procesos de construcción de identidades de género no amparadas en la hetero-cis-normatividad.
1.6. Comentarios finales
El marco teórico conceptual contempla los aportes de las teorías migratorias y las perspectivas que abordan la discriminación, el estigma, el racismo y la interculturalidad. Al observar a las travestis/trans en primer término como migrantes, las teorías sobre género y sexualidades se complementan con las migratorias, con el objeto de abordar la dimensión ligada a la identidad de género. Si bien el enfoque de la tesis se aborda desde la interculturalidad, perspectivas como la interseccionalidad son retomadas para abordar un universo de estudio atravesados por aspectos que se entrelazan en los procesos ligados a la discriminación y vulnerabilidad, en donde la condición migratoria y la identidad de género confluyen.
El recorrido de los antecedentes sobre migraciones de la población travesti/trans permite afirmar que nos encontramos frente a un campo emergente que en los últimos veinte años ha comenzado a generar investigaciones que toman tal proceso como objeto específico. En ellas, los motivos de la migración y las condiciones objetivas para efectuar la migración han sido los aspectos más abordados (Stang, 2018), con lo cual se remarcarán los hallazgos que proporcionan nuevos aspectos. Los procesos vinculados a los modos de migrar, las cadenas migratorias, la articulación entre la condición migratoria y la identidad de género en los procesos de discriminación y las experiencias de regreso constituyen áreas de vacancia, puesto que solo se han proporcionado algunas exploraciones solapadas. En definitiva y de manera general, estas producciones evidencian que las migraciones de personas travestis/trans, en las sociedades receptoras, se ven atravesadas por aspectos que cruzan la identidad de género, la condición migratoria, la edad y la clase social (Viteri, 2008), pero resulta necesario profundizar en la manera en que esas categorías se articulan y confluyen.
Una de las principales limitaciones de estas investigaciones es que, por lo general, la migración se aborda como una mera consecuencia de los procesos ligados a la construcción y expresión de la identidad de género. De este modo, las cuestiones y momentos ligados al modo en que los proyectos migratorios son constituidos ha sido una cuestión desatendida. De todas maneras, algunos elementos descriptos pueden considerarse referencias válidas e, incluso, generalizables, como, por ejemplo, la actitud de las familias de origen, la hostilidad de los entornos y las transformaciones que experimenta la identidad de género a partir de la migración.
El capítulo siguiente aborda aspectos metodológicos que no se encuentran escindidos de la propuesta teórica-conceptual expuesta en este capítulo. Tal separación se debe a la propuesta de presentación con el fin de aportar mayor claridad. De este modo, la imbricación entre teoría y método queda plasmada en el siguiente capítulo, en donde las técnicas y métodos de investigación empleados fueron parte de las decisiones teóricas aquí expuestas.
- En el siguiente capítulo, se expone la manera en que las categorías fueron construidas y se define cada una de ellas, como así también en el desarrollo de los capítulos destinados al análisis. ↵
- Sus distintos tipos serán explicados en el análisis correspondiente al capítulo 3.↵
- No se asume una perspectiva monolítica de estas instituciones, ya que en ellas hay relaciones de fuerza y posturas encontradas que pueden dar lugar a la crítica intercultural. Sin embargo, las regularidades empíricas observadas en diferentes investigaciones permiten aseverar tales afirmaciones. ↵
- Lo que nos enseña el filósofo trans español es que utilizar testosterona, en su caso, implica “morderle la poya al régimen farmacopornográfico”. Esto se debe a que la utilización de hormonas sintéticas crea un cuerpo disruptivo que, de hecho, no existe, ni para la sociedad ni para el Estado, sin reconocimiento público ni institucional (Preciado, 2019). En cambio, en las identidades de género normativas, se trata de experimentar procesos atravesados por el fármacopoder, al ser parte de la normalización del régimen farmacopornográfico que constituye la subjetividad acorde con sus parámetros. ↵
- Las personas travestis/trans no se agotan en las feminidades trans, puesto que también existen masculinidades trans. En esta tesis, trans solo refiere al universo de las feminidades que ha migrado hacia el AMBA. ↵
- Por condición migratoria se entiende aquella condición que difiere de la condición de nativo. Es decir, no refiere a la estatus legal. Se utiliza como un aspecto que se complementa con la identidad de género, puesto que se trata de una condición de la que se parte. ↵
- De hecho, algunas investigaciones pudieron corroborar tal premisa, pero, en otros casos, pudo constatarse que la migración de mujeres cisgénero es autónoma respecto de los desplazamientos de varones cisgénero. ↵
- Algunas investigaciones, como la de Weston (1995), se preocuparon por las migraciones de personas gays al interior de Estados Unidos. ↵
- La tesis de Fernanda Stang se ubica en los estudios migratorios y se les otorga a los desplazamientos importancia. De este modo, no todas las investigaciones de este tipo terminan considerando la migración de manera auxiliar, pero constituye una regularidad. ↵







