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3 Migrar al AMBA

Motivos, representaciones sociales y estrategias de reproducción social

Entra pronto, pronto, es decir, sin demora y sin esperar. El deseo es la espera de lo que no espera. El huésped debe apresurarse. El deseo mide el tiempo desde su anulación en el movimiento de entrada del extranjero: el extranjero aquí el huésped esperado, no es solamente alguien a quien se dice ‘ven’ sino ‘entra’, entra sin esperar, haz un alto en nuestra casa sin esperar, apresúrate a entrar, ven adentro, ven a mí, no sólo hacia mí, sino a mí: ocúpame…

                           

(Derrida, 2004, párr. 6)

3.1. Introducción

La migración de las travestis/trans sudamericanas hacia el AMBA depende de un conjunto de factores objetivos y subjetivos que se encuentran enlazados. En este capítulo, se describen algunas categorías ubicadas en el primer tiempo de los proyectos migratorios, con excepción de las estrategias de reproducción social. Es pertinente conocer el contexto social-familiar en el que las entrevistadas comenzaron a construir sus identidades de género, las representaciones respecto del AMBA como destino migratorio, los motivos de la migración y las diversas estrategias de reproducción desarrolladas según las diferentes edades al asumir y al expresar socialmente sus identidades de género.

De acuerdo con los tiempos que involucran a los proyectos migratorios y que se diferenciaron en la introducción, este capítulo describe aquellas que hacen referencia a las condiciones y motivos de la migración, en relación con la identidad de género travesti/trans en el contexto de las sociedades emisoras. Las condiciones objetivas que afrontan las migrantes en esas sociedades suelen constituirse como factores de expulsión, puesto que se trata de condiciones de hostilidad, violencia y discriminación (Eribon, 2000; Berkins, 2007; García García y Oñate Martínez, 2008; Vartabedian, 2012, entre otras). Los motivos de la migración involucran las condiciones objetivas y los aspectos subjetivos que conforman la migración como estrategia de reproducción social medular. En efecto, las estrategias de reproducción social que se despliegan a partir de ella son consideradas en este capítulo, debido a que, si bien corresponden a un segundo momento en los proyectos migratorios, se vinculan con los motivos de la migración de manera directa.[1]

Aunque algunos interrogantes de la investigación fueron mencionados en la metodología, cabe recordar que este capítulo posee el objetivo de responder qué características poseen los contextos en los que se llevó a cabo la transición, cuáles son los principales motivos de la migración, de qué manera las representaciones sociales sobre el AMBA inciden sobre la decisión de migrar, qué implicancias posee la migración en la construcción de sus identidades de género, qué diferencias existen en los proyectos migratorios de acuerdo con la edad en la que asumen sus identidades de género y cuáles son las estrategias de reproducción social y reconversión que llevan a cabo las entrevistadas.

3.2. Primeras manifestaciones de la identidad de género

Para la comprensión de los distintos tiempos que atraviesan los proyectos migratorios del universo de estudio, es adecuado describir las condiciones del contexto en el que las entrevistadas se encontraban en las sociedades emisoras, observando el proceso de construcción de las identidades de género. Es pertinente destacar que esta tesis enfoca el problema de investigación observando los proyectos migratorios. Si bien la identidad de género posee centralidad en los relatos de vida de las entrevistadas, se caracteriza para darle lugar a las categorías vinculadas a la migración. Como punto de partida, las migrantes travestis/trans sudamericanas se autoperciben de diversas formas, a saber: trans, transexual, transgénero, travesti, chica trans, mujer, mujer trans y otras múltiples acepciones. La diversidad de maneras de autoidentificarse da cuenta de la complejidad de esa construcción identitaria y de los distintos modos de transitar las experiencias corporales y subjetivas. Además, para algunas de ellas, los términos mencionados poseen significados diferentes.

De la pluralidad de menciones sobre la identidad de género que enuncian las entrevistadas, travestis/trans pretende englobar al conjunto de esas denominaciones para describir una identidad que desestabiliza las normas sociales sobre el género e, incluso, sobre la sexualidad (Fernández, 2004). Se trata de una arbitrariedad analítica para hacer abordable el problema de investigación. Tratándose de una de las categorías medulares de la investigación, es pertinente saber qué piensan las entrevistadas sobre ello. Lara Bertolini[2], travesti/trans nativa y una de las informantes clave de esta investigación, define esta población de la siguiente manera:

Trans es lo genérico, si vos vas a entrevistar trans tenés que saber, mirá: la palabra trans abarca todo, es como un paraguas. Vos abrís el paraguas y salen todas las puntas del paraguas de las diferentes diversidades de género autopercibidas, como transgéneros, vale de decir, travesti, transexuales… y todas las categorías que hayan transvasado su identidad corpórea con su género autopercibido. Eso es lo que se conoce. Hay un montón de personas que transcurren, la de género no binaria, la de género fluido son todas personas que transicionan su identidad sin dejar la norma o “hetero norma” (Lara Bertolini)[3].

Como se mencionó en el marco teórico, y de acuerdo con la definición aportada por Lara, trans se emplea como término paraguas y de esa manera es que se sortean definiciones acotadas que no contienen la generalidad del universo, con lo cual se pretende evitar dejar al margen distintos procesos de autoidentificación que resultan diversos. La identidad travesti/trans es definida por las entrevistadas de diferentes maneras. Debido a que las investigaciones sobre procesos de identidad de género de personas travestis/trans son abundantes, se describen algunas de sus características a partir de lo que las entrevistadas afirman y, en función de la categoría construida, modo de autoidentificación de género. De esta manera, durante el trabajo de campo, se interpeló a las entrevistadas mediante el siguiente interrogante: ¿cómo te autoidentificas o autodefinís tu género?

Lo defino: para mí tiene que ser una persona delicada, sensual, talentosa, guerrera, como que tenga el componente de los muñequitos, como que diga uno “súper saiyayin” como lo que vendría a ser una mujer “súper saiyayin” ¿Me entiendes? Como una mujer guerrera, que tenga todas las condiciones como de una evolución más del tiempo de entre mezcla de hombre y mujer, pero evolucionado (Daiana, colombiana, 27 años).

A ver, no me defino como mujer porque obviamente no soy mujer, pero tengo de pronto el espíritu de una mujer. Los pensamientos de dos formas los tengo: el pensamiento de mujer y de hombre. Entonces hay mucho que es parte de lo anterior. Lo que yo siempre quise era tratar de imitar, o no imitar, sino, bueno, si más que todo a una mujer, que es lo que uno quiso siempre, pero que obviamente no fui, no soy y no seré jamás mujer. Así me opere lo que me opere, jamás, pero pongo la palabra mujer porque yo me veo como una mujer, siento como una mujer y pienso como una mujer, ¿entiendes? Entonces, por eso le pongo la palabra mujer antes que trans y trans porque es el nombre… el nombre o la etiqueta que nos pusieron siempre (Mariela, colombiana, 28 años).

Yo creo que, si tomas una actitud de querer ser una mujer, tomar una apariencia no está de más. No solamente tener el busto bonito, sino también el cuerpo estéticamente que se asemeje a una mujer, que se vea estético, que guste. O sea, si vas ser mujer, lo haces todo; no lo vas a hacer a medias. Eso es lo que yo pienso (Graciela, peruana, 44 años).

Una transexual es una chica que tiene todo completo. No es necesario tener cirugías ni nada. Si no lo tienes completo, claro no tienes concha. Porque a eso se le llama transexual, yo me considero una transexual (Luana, peruana, 20 años).

Como te puedo explicar, pasa que para mí la palabra travesti, a mí como que no me gusta porque es un hombre que se opera o que tenga todo lo que tiene una mujer, pero que siga comportándose como un hombre. Digo eso porque me parece; no sé, si vas a tener el papel de una mina tenés que comportarte tal cual la mujer es. Está bien obviamente que en el fondo sos hombre, todo bien, pero tenés que saber comportarte como el papel que estás dando de mina. Eso es lo que yo trato de hacer y, por eso…, no sé, prefiero que me llamen una chica trans, travesti como que suena un poco feo (Melanie, peruana, 27 años).

De acuerdo con un análisis de los relatos de las entrevistadas, Daiana concibe la identidad transgénero como un mestizaje que vincula lo masculino con lo femenino. Para la migrante, lo propio de la identidad travesti/trans se encuentra en esa combinación que resulta superadora. En consecuencia, reconoce una serie de características que dan lugar a lo que define como una mujer súper sayayin[4], es decir, dotada de un plus que combina delicadeza con una mentalidad y personalidad fuerte. En definitiva, es una definición que conduce a pensar que las travestis/trans son mujeres potenciadas o perfeccionadas.[5]

Mariela amplió lo relatado en la entrevista durante diversas instancias del trabajo de campo y reivindicaba una típica clasificación que se encuentra presente tanto entre las personas travestis/trans como en algunas producciones académicas. Las diferenciaciones que establecía variaban de acuerdo con las intervenciones corporales, el sentir subjetivo y las maneras de expresarse. Tanto ella como otras entrevistadas suelen recurrir a una clasificación para caracterizar sus identidades de género al afirmar que las travestis son quienes se visten de mujer, pero no se sienten como tales; las transgénero viven y sienten como una mujer, pero no han realizado la intervención de readecuación genital, y las transexuales, al sentirse y vivir como mujeres, han realizado tal intervención. Esta clasificación fue mencionada de manera recurrente y señalada por otras investigaciones que abordan los procesos migratorios (García García y Oñate Martínez, 2008).

Con base en Martínez y Montenegro (2010), se afirma que los relatos sobre la identidad de género de las personas travestis/trans pueden conceptualizarse de acuerdo con el saber médico psiquiátrico o la teoría queer. Las clasificaciones y taxonomías antes mencionadas jerarquizan los sentidos de la apropiación del cuerpo y constituyen un paradigma que legitima determinados procesos de construcción de la identidad de género. Sin embargo, las distintas formas de autoidentificarse conducen a diferentes trayectorias de vida, suponen modos de experimentar el cuerpo y de construirse de modo subjetivo, pero, en el discurso de algunas migrantes, tales experiencias se organizan en función de una dicotomía entre el ser y la apariencia. Por eso, las diferenciaciones que producen entre el vestir, el ser o el parecer se asientan en un sentido común que esencializa la identidad de género.

Estas definiciones no agotan las numerosas diferencias que establecen cada una de las entrevistadas. Algunas de ellas, por ejemplo, afirmaron ser mujeres y no haber realizado la readecuación genital porque aún no han podido. Otras, en cambio, reivindicaron la denominación travesti como identidad política y consideraban que su cuerpo no ha sido lo suficientemente intervenido como para emplear otras denominaciones. Lara Bertolini, portadora de un conocimiento académico sobre el tema, además de haber transitado una experiencia personal y social de construcción identitaria, es partidaria de una visión que no asimila la identidad travesti/trans a las feminidades cisgénero. Por el contrario, en el contexto de la entrevista, criticaba que, al realizarse el cambio de DNI, solo pudiera optarse por el género masculino o femenino, debido a que esto suponía reproducir una lógica binaria. Este discurso, ubicado en el activismo travesti/trans y relacionado con la teoría queer, se aproxima a la concepción que poseen las entrevistadas que militan en algunas organizaciones políticas en las que se realizó el trabajo de campo.

En los relatos de algunas entrevistadas suelen observarse concepciones sobre la identidad de género que resultan asimilacionistas y binarias, al afirmar que se trata de llevar a cabo distintos procedimientos para “parecerse” a las mujeres cisgénero mediante intervenciones quirúrgicas y adquiriendo comportamientos y modos de pensar y sentir propios de ellas. Por eso, Melanie considera que travesti es una palabra ofensiva y argumenta que las personas que se denominan de ese modo no han adquirido los comportamientos de las mujeres cisgénero, por lo que esta reproduce una mirada binaria respecto de la identidad de género en la que no se problematizan las posibilidades de interpretar performatividades que difieren del ser varón o mujer cisgénero. Otras, como, por ejemplo, Luana, se definen como transexuales y consideran que no es necesario someterse a la readecuación genital. Aunque afirman que ser transexual implica tener “todo”, no lo asocian a las intervenciones corporales.

Por otro parte, de acuerdo con lo que las entrevistadas afirmaron, puede interpretarse que construyen una identidad de género diferente al sexo atribuido al momento de nacimiento a partir de la infancia o durante la preadolescencia.[6] La adolescencia suele ser la etapa, en las trayectorias biográficas, en las que expresan socialmente sus identidades de género. En esta fase, vivencian las primeras experiencias y llevan a cabo performances nocturnas en las que experimentan sus identidades y sexualidad a través de procedimientos de transformación incipientes, como pueden ser el vestir con prendas consideradas del sexo opuesto, utilizar cosmética, zapatos con tacos y pelucas. Se trata de performances incipientes en las que las entrevistadas comienzan a hacerse a sí mismas (Vartabedian, 2012).

A las entrevistadas se las interrogó sobre en qué momentos de sus vidas habían comenzado a experimentar sus identidades de género (según la denominación que emplearon), con el objetivo de remitirse a los procesos iniciales que, según lo indicado por la hipótesis, debía poseer impacto en la generación de los proyectos migratorios, ya sea porque lo antecedieron o porque se modificaron luego de concretar el desplazamiento.

Mis padres eran separados y mi papá fue el que murió primero. Mi mamá era como que no lo aceptaba. Mi familia ya sabía lo que yo era, porque yo siempre jugué con muñecas, jugaba con ponis, ni me atraía para nada lo masculino (Luna, peruana, 38 años).   

Bueno, yo me di cuenta desde chiquita, desde los 6 años; siempre me gustaban las cosas de niñas: las muñecas, la ropa de mujeres, los tacos y fui creciendo. Tuve problemas con los varones de mi familia; con las mujeres, a ellas les gustaba y me tiraba más a eso, y me ponían ropa de mujer, jugaba con ellas, y así fui creciendo, hasta que no me gustó más estar con varones. A los 10 años salí con mi primera pareja y era imposible porque mi familia se daba cuenta y mi papá, mi mamá, mi abuela no me querían ver en su casa, pero de la parte de la familia de las mujeres me aceptaban (Natalia, peruana, 30 años).

De los numerosos relatos de las entrevistadas que afirman haber percibido las primeras manifestaciones de su identidad durante la niñez y preadolescencia, los citados evidencian que las familias de origen no aceptaban sus identidades de género. Estas primeras expresiones son reprendidas por sus entornos y las actitudes de las familias suelen representar el principal elemento que motiva el desplazamiento migratorio. Las entrevistadas identificaron que, a través del juego, el uso de la indumentaria y la atracción sexual, sus subjetividades no se condecían con lo dictaminado por la hetero-cis-normatividad (Whorten, 2016). Los distintos aspectos que señalan como manifestaciones de la identidad de género adquieren diversos significados y, a medida que crecen aspectos tales como la atracción sexual hacia personas del género opuesto con el que se identifican, la adopción de un nombre propio diferente al asignado al nacer y las intervenciones corporales se manifiestan como parte del proceso de construcción identitaria (Godoy, 2019).

Por otra parte, Barrientos (2016) ha publicado un artículo en el que describe y compara la situación legal y sociocultural de la población LGTB[7] en América Latina. Si bien, basándose en distintas publicaciones, reconoce que la situación de la población homosexual ha mejorado de modo considerable, afirma: “En otras palabras, la situación ha mejorado mucho, aunque persiste con fuerza la transfobia, es decir, la discriminación hacia personas transgénero” (Barrientos, 2016: 32). Los abordajes cuantitativos arrojan resultados en los que puede identificarse que la población travesti/trans constituye el núcleo de mayor vulnerabilidad incluso al interior del colectivo LGTBIQ+ (Vilchez Calderón, 2019). En resumen, las travestis/trans continúan recibiendo un trato hostil desde que asumen y expresan sus identidades de género.

La afirmación de Barrientos (2016), en consonancia con lo que aportan las entrevistadas, permite empezar a trazar un punto de partida para entender las condiciones objetivas que interceden en las migraciones hacia el AMBA. La discriminación que experimentan las personas travestis/trans en Sudamérica representa un hecho social que ha adquirido visibilidad en los últimos años. En el desarrollo del capítulo, podrá observarse que las condiciones objetivas que sientan las bases para que el proyecto migratorio se estructure responden a una serie de factores que, además de la discriminación, se vinculan a diferentes tipos de violencia, a la posibilidad de ejercer la prostitución/trabajo sexual en mejores condiciones, a expresarse con mayores libertades en el espacio público y a acceder a derechos.

De esta manera, en el apartado siguiente, se proporciona la evidencia empírica para sostener que las condiciones de vida que experimentan las migrantes travestis/trans sudamericanas en las sociedades emisoras suelen ser hostiles y se encuentran atravesadas por la violencia y por la discriminación perpetuada por diversos actores. A continuación, se presenta la categoría contexto de la transición, que vincula los procesos iniciales de manifestación de la identidad de género con las características de las sociedades emisoras.

3.3. Contexto de la transición en las sociedades emisoras

La construcción de las identidades de género de las migrantes travestis/trans sudamericanas se gesta en determinados contextos propios de las sociedades emisoras. La decisión de migrar se encuentra interceptada por condiciones objetivas, estructurales y que no son fruto de la mera voluntad individual. Según Kleidermacher (2015: 108), los condicionamientos objetivos son “aquellos procesos sociales y aquellas construcciones de sentido que se hallan inmersos dentro de espacios sociales estructurados por relaciones de poder asimétricas cuyas inercias se imponen material y simbólicamente a los agentes sociales”.

Estos condicionamientos son variados, pero la discriminación y la violencia son factores comunes, como así también elementos socioeconómicos desfavorables. Sin caer en un dualismo, los factores subjetivos en los proyectos migratorios, que se abordarán más adelante, se vinculan con las estrategias de reproducción y las maneras de experimentar el proceso de desplazamiento que son propias de cada persona y, más allá de las regularidades empíricas, pueden observarse diferencias. Se determina que la migración es el resultado de factores objetivos y subjetivos que, de manera imbricada, les otorgan estructura a los proyectos migratorios. Como fue señalado en el marco teórico, con base en los lineamientos de Sayad (2010), no pueden excluirse del análisis las condiciones objetivas de las sociedades emisoras de las receptoras porque las migraciones son el resultado del enraizamiento entre ambas y las condiciones que afrontan las entrevistadas en sus países de origen resultan decisivas. Por eso, se le ha otorgado importancia a los relatos de las entrevistadas que dan cuenta de las características de esos contextos desde sus perspectivas.

Existe un vínculo entre migraciones e identidad de género travesti/trans. Algunas investigaciones han demostrado esta relación, sobre todo, en lo que respecta a los procesos migratorios de carácter intercontinental (de Sudamérica hacia Europa) (Vale, 2005; Teixeira, 2008; Vartabedian, 2012, 2014; García García y Oñate Martínez, 2008; Camacho Zambrano, 2016), aunque también dentro del mismo continente (de Centroamérica hacia México) (Zarco Ortiz y Chacón Reynosa, 2020) e incluso de manera interna en México, Colombia, en el Ecuador y en la Argentina (Lewis, 2012; Prada et al., 2012; García Díaz, 2016; Boy, 2017). En concordancia con estas producciones, se identifica que las posibilidades de las travestis/trans sudamericanas de constituir una identidad de género que desafía los pilares de la hetero-cis-normatividad en los países emisores se ve obstaculizada y los proyectos migratorios representan un factor esencial en el proceso de realización de dicha identidad.

De acuerdo con lo planteado en la metodología, la categoría construida para dar cuenta de estas situaciones se denomina contexto de la transición[8] y las subcategorías son hostilidad, intolerancia y aceptación. Las propiedades para las primeras dos subcategorías indican agresiones físicas y verbales, violencia de las fuerzas de seguridad, rechazo familiar y dificultad para acceder a derechos. Si bien la intolerancia puede suponer un trato hostil, se diferencia en la medida en que se presenta de manera atenuada. La característica común es que ninguna de esas posibilidades implica aceptación. En concreto, no se acepta la condición travesti/trans, pero las agresiones verbales y físicas suelen expresarse con menos virulencia en relación con la hostilidad. Para la subcategoría aceptación, las propiedades son comprensión, cariño y acompañamiento. El contexto de la transición remite al marco en que las entrevistadas comenzaron a experimentar que eran diferentes mediante cuestiones sutiles como, por ejemplo, el juego o la manera de vestir y expresarse de manera corporal (Pavan, 2019). Las dimensiones de la categoría se vinculan con las intensidades de esas actitudes que pueden variar entre potentes, moderadas y leves, y con los actores que producen las propiedades mencionadas: familiares, entornos y fuerzas de seguridad.

Tabla n° 1: Categoría contexto de la transición según subcategorías, propiedades y dimensiones

Categorías

Subcategorías

Propiedades

Dimensiones

Contexto de la transición

Hostilidad

Agresiones físicas y verbales, violencia y dificultad para acceder a derechos

Intensidades (potentes, moderadas y leves)

Actores (familiares, entornos y fuerzas de seguridad)

Intolerancia

Aceptación

Comprensión, cariño y acompañamiento

Fuente: elaboración propia.

Fueron escasas las entrevistadas que afirmaron no haber tenido conflictos con sus familias de origen en relación con sus identidades de género, ya que han consumado el desplazamiento como consecuencia de la desafiliación familiar (Álvarez Broz, 2019), que se expresa de diferentes maneras, aunque el factor común reside en la inaceptación. De todas maneras, en algunas trayectorias pueden identificarse matices que oscilan entre distintos niveles de acuerdo con las actitudes de rechazo. Dentro de las escasas situaciones de aceptación familiar, una migrante relataba una postura de su familia de origen que podría definirse como excepcional.

Será que yo no tuve papá, porque mi papá falleció cuando era un niño. Mi mamá sí se dio cuenta y me aceptó como yo era (Florencia, peruana, 57 años).

Florencia relató que su madre la acompañó en el proceso de construir su identidad de género, debido a que le compraba la indumentaria y los juguetes que a ella le gustaban. La aceptación, en su seno familiar, se asoció con el fallecimiento de su padre, que sucedió de manera anterior a las primeras manifestaciones de su autoidentificación de género. Por lo general, son los padres y los hermanos varones quienes suelen asumir actitudes de mayor hostilidad (Pecheny, 2001)[9]. Resulta pertinente desarrollar con mayor profundidad este punto.

3.3.1. Familias de origen

Al referir a la categoría contexto de la transición, resulta fundamental remitirse al papel de las familias de origen. Según Foucault (2014), en el contexto de esta institución, la sexualidad representa un dispositivo que regula, interviene, produce y anexa el cuerpo de las personas, en particular, el cuerpo de los niños y de las niñas. De este modo, las familias de origen representan un factor clave porque en ellas se establecen las pautas de socialización necesarias para producir una sexualidad fundamentada en la hetero-cis-normatividad. Por eso, tanto Rubin (1989) como Preciado (2002) consideran que las familias deben normalizar la sexualidad con el fin de garantizar el sistema sexo-género de sus descendientes de acuerdo con lo socialmente esperado. Las entrevistadas, en concordancia con ello, relatan situaciones de violencia y de desafiliación.

Se armó un quilombo. Después hablé con mi mamá y me dejó una semana, pero tuve que aguantar que mi papá me pegara, que mis hermanos me pegaran, que me insultaran (Marta, peruana, 28 años).

A partir de los diecisiete años. ¿Y cómo fue? Me cambié y salí. Es difícil en un país como del que soy. Es muy cerrado, pero me aceptaron perfectamente, pero la gente, el vecino, el barrio. Mirá, será que mi mamá me tuvo tan cerrada para que nadie me dijera nada. Era como un caparazón. No quería que la gente me hiciera daño (Florencia, peruana, 57 años).

Cuando las entrevistadas les comunican a sus familias de origen y entornos que desean vivir una identidad de género diferente a lo establecido por las normas, experimentan agresiones verbales y físicas. En suma, Marta relataba que la madre le había dado una semana para abandonar su hogar. Las transgresiones llevadas a cabo por ella implicaron el ejercicio de la violencia por parte del padre y los hermanos en intentos por normativizar sus emociones y acciones. Florencia, que antes había afirmado que su madre la había aceptado, profundizó en la actitud del entorno, al que calificó como cerrado y sostuvo que la madre evitaba que se presentara en el espacio público. De esta manera, puede observarse como la aceptación de su identidad de género quedaba recluida al ámbito privado, mientras que la expresión social de su identidad era sancionada por diferentes miembros de la sociedad civil, mediante miradas incisivas.

La discriminación y hostilidad provoca que el quehacer periódico se vuelva una constante incomodidad que incluso provoca la necesidad de interrumpir los estudios y comenzar a vislumbrar la posibilidad de concretar el abandono de los territorios.

Sí, estudiaba y terminé el secundario completo, y aparte ayudaba a mi mamá con mi dinero y guardaba mi dinero para poder viajar a otro país. Quería viajar lejos de Perú porque en Perú no puedes ser lo que tú quieres ser, porque hay mucho prejuicio, mucho machismo mucho rechazo de la familia. Hoy, por lo menos, cambio un poco, no tanto como en mis tiempos, cuando yo empezaba te miraban mal. “Hay tienes sida, no te me pegues” (Marta, peruana, 28 años).

El contexto de las sociedades emisoras suele encontrarse atravesado por prejuicios, discriminación y machismo. En consecuencia, Marta hace énfasis en la actitud de su familia de origen en cuestiones culturales como el prejuicio, en las estructuras patriarcales y en la asociación entre la identidad de género y el ejercicio de la sexualidad con determinadas enfermedades como el VIH.

El prejuicio, la discriminación y el machismo tanto en las sociedades emisoras como en las receptoras ha sido observado en otras investigaciones sobre la migración de personas que pertenecen al colectivo LGTBIQ+ (Vartabedian, 2012; Restrepo Pineda, 2013), por lo que es necesario diferenciarlos y desarrollarlos. La distinción que se establece consiste en determinar que el prejuicio representa una instancia anterior a la discriminación que expresa un vector para que se desarrolle y se cristalice en las relaciones sociales. Según Giddens (2000), si bien el prejuicio no conduce de modo indefectible a la discriminación, establece que el primero refiere a ideas preconcebidas u opiniones que pueden derivar en discriminaciones, es decir, una conducta real y efectiva que restringe a determinados grupos sociales al acceso a derechos. El machismo, en cambio, responde a una manifestación de la discriminación que institucionaliza el dominio de las masculinidades por sobre las feminidades como expresión principal del régimen social patriarcal (Millett, 2014 [1970]; Lerner y Tusell, 1990; Fontenla, 2008, entre otras) y como producto de las relaciones de género, entendidas como relaciones sociales de dominación (Scott, 1996; Conway et al., 1996).

Por otra parte, en otras oportunidades (Perez Ripossio, 2019), se señaló que, según Wieviorka (1992), el prejuicio se encuentra inserto en las re­laciones interculturales y de género, lo que le otorga fundamento y legitimidad a la dominación social. En efecto, el prejuicio permite concederle al polo dominante una racionalidad en su postura que posibilita, por un lado, el refuerzo y el mantenimiento de la dominación y, por el otro, salvaguardar la segregación del polo dominado. De este modo, el prejuicio es constitutivo de las relaciones sociales que se configuran de modo asimétrico y antagónico, ya que permite establecer procesos de comunicación y caracterización social que fragmentan las poblaciones, establecen fronteras simbólicas (Balibar, 2005) que contribuyen a esta escisión y producen dicotomías y asimetrías al interior de las sociedades emisoras, atravesadas por un contexto en el que la proliferación de géneros y sexualidades es sancionada mediante la violencia y a través de dispositivos de normalización de mayor sofisticación.

Con respecto a la discriminación, algunos de sus elementos se problematizan en el capítulo 4 y 5, pero es posible afirmar que se trata de la desvalorización de determinados grupos por rasgos o características que se traducen en determinadas actitudes y conductas, o bien omisiones destinadas a la restricción en el acceso a derechos que instauran desigualdades sociales (Kleidermacher, 2015). Según Rivero Sierra (2011), desde la perspectiva del sujeto discriminado, la presión discriminatoria consiste en sortear determinadas acciones que pueden ser objeto de discriminación, aspecto que las entrevistadas han relatado al afirmar que, por ejemplo, evitaban expresar sus identidades de género durante el día como expresión del temor que les ocasionaba experimentar potenciales agresiones.

En relación con los relatos de las travestis/trans sudamericanas, es posible establecer una regularidad en las condiciones objetivas que afrontan la mayoría de las travestis/trans: el rechazo familiar que las conforma como desafiliadas (Álvarez Broz, 2019a).

¿Por qué? Porque no estaba al lado de mi familia no tenía el karma de que mi familia este al lado mío y ya me daba miedo, no puedo… De pronto, con mi familia, no podía salir, digamos, con unos tacos afuera. Acá, como no tenía el núcleo de mi familia al lado mío, medio como que me dio la pauta de que, bueno, acá puedo salirme del clóset donde de verdad quiero estar y ahora donde estoy y todo bien (Jesica, peruana, 21 años).

Sí, siempre tuve esa tendencia. Nunca encajé en el grupo de los hombres, en el colegio, en las escuelas. No me gustaba jugar al fútbol; yo esquivaba todo lo que tenía que ver con esas cosas. Por eso, empezaron a notar cambios. Mi familia me mandó al psicólogo y una vez intenté suicidarme (Catalina, ecuatoriana, 31 años).

La salida del clóset puede realizarse de manera definitiva al alejarse de las familias de origen, porque, de lo contrario, las entrevistadas relatan sentimientos de temor y actitudes de parte de los progenitores, quienes constituyen la identidad de género travesti/trans como una patología. En estos casos puede observarse cómo el rechazo familiar adquiere diversos sentidos que se conjugan con la imposibilidad de expresarse y con el control de instituciones como la escuela, en donde se espera que los varones realicen determinadas actividades y deportes.

Un factor frecuente suele ser que las familias de origen las lleven a una consulta psicológica, asumiendo que las actitudes de sus hijas responden a algún tipo de patología psiquiátrica. Este malestar e incomprensión, tal como lo relata Catalina, puede derivar en intentos de suicidios. En este contexto, las agresiones físicas y la incomprensión se conjugan en una articulación entre los procesos de socialización primaria y secundaria, puesto que una de las funciones de la familia y de la escuela es la incorporación de normas, valores y códigos morales-hegemónicos (Benhabib, 2005), entre las que se encuentran las vinculadas al modo de concebir la identidad de género y la sexualidad.

Y a veces yo me quedaba en casa por ciertos motivos económicos. Yo me quedaba en casa. Entonces, mi padrastro me agredía hasta que me botó de casa porque me dijo que él quería tener un hijo y no le hubiera gustado para nada que su hijo fuera así. Claro, si entonces me fui; mi mamá no hacía nada. Después paso un tiempo y volví a mi casa para hablar con mi mamá sobre cuando me había botado y era porque quería estar con esa persona y, nada, mi mamá me dijo que no tenía hijos, así como yo, y nada, eso fue lo único. La busqué a mi madre y después no la busqué más y me quedé con esa familia (Mabel, peruana, 21 años).

En relación con las familias de origen, retomando las interpretaciones realizadas por Foucault, Stang (2018, p. 111) establece que “[…] la sexualidad se constituirá como un punto de pasaje particularmente denso de las relaciones de poder entre padres e hijos, es decir, la relación padres-hijos en torno al sexo se instituye como un foco local de saber-poder”. Entonces, es insoslayable que esas familias de origen, que Foucault (2014) denomina familia célula, se abocan en disciplinar el cuerpo de los hijos y de las hijas produciendo el sistema sexo-género de manera normativa. Este vínculo, en el que suele representarse la hostilidad y el rechazo, las convierte en desafiliadas, lo que provoca que deban constituir familias entre pares (Álvarez Broz, 2018) o por elección (Oswald, 2002), que serán descriptas en el capítulo siguiente. Según Berkins (2007) las amistades y organizaciones representan actores fundamentales en los procesos que la autora caracteriza como desarraigos. La hostilidad familiar representa una regularidad empírica que las travestis/trans atraviesan durante la niñez (Wayar, 2019) y la violencia física representa el último intento por sostener la hetero-cis-normatividad que las entrevistadas terminaron por doblegar.

De este modo, las familias de origen imponen formas de socialización ligadas al control de la hetero-cis-normatividad (Pichardo Galán, 2003; Vartabedian, 2014; Restrepo Pineda, 2014; Álvarez Broz, 2019, entre otras) que provocan la migración de esta población con el fin de adquirir derechos y libertades. A partir de su trayectoria biográfica, Preciado (2019) considera que sus padres aplicaron de manera represiva la ley de género negando su identidad.

Lo que mi padre y mi madre protegían no eran mis derechos de niño, sino las normas sexuales y de género que ellos mismos habían aprendido con dolor a través de un sistema educativo y social que castigaba toda forma de disidencia con la amenaza, la intimidación e incluso con la muerte (Preciado, 2019: 65).

Ante los sucesos de disidencias sexuales y de género que se dan en el contexto de las familias, estas responden con la intención de corregir la “anormalidad” (Foucault, 2001). Algunas de ellas, como se mencionó tanto durante las entrevistas como en conversaciones, afirmaron que sus padres las llevaron a una consulta psicológica porque consideraban que las manifestaciones de sus identidades de género representaban una patología. En algunos casos, las familias de origen apelaron a justificaciones místicas como, por ejemplo, al afirmar que se encontraban poseídas. Según Foucault (2014: 165), además de las familias de origen, el psicoanálisis representa una “… técnica para eliminar los efectos de lo prohibido allí donde su rigor lo torna patógeno”. Si bien las entrevistadas no especificaron la especialidad de los profesionales que las habían tratado, es posible deducir que se ubicaban en esta disciplina y, desde la perspectiva del autor mencionado, el dispositivo de la sexualidad era regulado y producido en concordancia con lo estipulado por las familias de origen y otras instituciones, como la escuela.

Ahora bien, en estos aspectos que conforman los proyectos migratorios de las migrantes travestis/trans sudamericanas, se anudan mediante una característica: la desviación (Becker, 2009). Esta categoría resulta medular para la investigación, debido a que, en la articulación entre la identidad de género y los proyectos migratorios, se entrelaza en los diferentes momentos que conforman al desplazamiento. La identidad de género travesti/trans avanza sobre las fronteras simbólicas constituidas en función de la hetero-cis-cisnormatividad hasta tal punto que se presenta como una patología social que resulta necesario corregir. Esta identidad hace estallar la lógica binaria del género (Fernández, 2004) y de acuerdo con determinadas reglas sociales que los grupos sancionan (…) “diferenciando las acciones ‘correctas’ de las ‘equivocadas’ y prohibidas” (Becker, 2009: 21). Tales sanciones se expresan mediante aspectos que involucran la coacción física y mediante procedimientos de mayor sofisticación, como la consulta psicológica.

En definitiva, las familias de origen son instituciones que buscan disciplinar a sus miembros mediante el dispositivo de la sexualidad y de la socialización de las normas sexuales y de género hegemónicas. Esto sucede en un determinado contexto; por eso, a continuación, se abordan los entornos, que trascienden al núcleo familiar, pero poseen en común la hostilidad y el rechazo.

3.3.2. Entornos

Además de las familias de origen, la hostilidad hacia la identidad de género travesti/trans puede producirse por medio de otros actores y expresarse de distintas maneras. La hostilidad de los entornos refiere a la actitud que los miembros de la sociedad civil emisora asumen frente a las travestis/trans. De la diversidad de situaciones y actitudes de los entornos que las entrevistadas relataron, es posible establecer que las agresiones físicas y verbales, y el acoso sexual callejero representan los factores de mayor recurrencia.

Sí, muchas veces sí, porque me comparaban con lo que hacen muchas. Me decían que cuanto cobraba. Varias veces en situaciones me agarraban la cola o los senos cuando salía de una discoteca. Un borracho ya quería tirárseme encima… Ese tipo de cosas como de falta de respeto, hacían eso. La mayoría del transgénero allá lo que buscan es la prostitución y entonces en la calle te escupen (Cecilia, colombiana, 27 años).

Sí, fue la última y dije que me tenía que ir de mi país ya; iba sola y empezó a gritarme un hombre por la calle y después me dio una paliza, y ahí decidí irme (Roxana, colombiana, 20 años).

En función de las características que narraban las entrevistadas, Cecilia, por ejemplo, relataba que, a causa de su condición, su madre nunca la quiso, por eso vivió con sus tíos que, como observaban que su identidad de género y sexual no era normativa, la golpeaban. Al transitar las primeras experiencias de expresión social de su identidad de género en el espacio público, vivió agresiones verbales y tocamientos de parte de varones cisgénero ubicadas en el acoso sexual callejero. Además, por el mero hecho de ser travesti/trans, le preguntaban cuánto cobraba, asociándola al ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, actividad que no realizaba ni pretendía realizar. Lo que puede entreverse es que la travesti/trans pública es sexualmente apropiable y socialmente indeseable (Zuñiga Elizalde, 2014)[10] porque la transgresión a la hetero-cis-normatividad trasciende la esfera privada y se presenta en lo público durante el día, donde tal transgresión es perceptible con facilidad.

Roxana no quiso profundizar en el hecho de la agresión física que vivió en Colombia, pero sus palabras fueron claras: sufrió una violenta agresión mientras se trasladaba en el espacio público. Luego de ese episodio, que significó un viraje biográfico en su trayectoria (Meccia, 2016; Stang, 2018), decidió abandonar el país, afirmando que consideraba la posibilidad de que tal suceso volviera a repetirse, lo que representaba un serio riesgo para su vida.

Otras entrevistadas se focalizaron en la falta de trabajo y en las escasas oportunidades económicas que brindan las sociedades emisoras en donde los prejuicios sobre la identidad de género se conjugan con contextos socioeconómicos desfavorables y el racismo.

Sí, allá en Perú, como te dije, son las mal vistas; hay mucha discriminación, muchos racistas y, por eso, todas las chicas trans se van del país para poder surgir y hacer plata, porque en Perú no hay plata para nosotras. Si hacemos un negocio sí, pero al trabajar, no (Fabiana, peruana, 25 años).

Al pobre de bajos recursos lo discriminan, a la gente de color, al gay. Entonces mucha gente que estigmatiza; entonces, te puede tratar, pero le da pena salir contigo a una rumba porque sienten que es como una enfermedad que se vuelve contagiosa (Cecilia, colombiana, 27 años).

Fabiana afirmaba que, en los contextos de origen, a las personas trans no se les otorga ninguna posibilidad de supervivencia, salvo mediante emprendimientos individuales, como, por ejemplo, locales destinados al estilismo, cuidado y belleza personal. La entrevistada introduce, de acuerdo con sus propias palabras, conceptos de considerable densidad teórica. Sobre la discriminación, se adelantaron algunos lineamientos con el fin de aproximarse en la definición; con respecto al racismo, se sostiene que se trata de una de las formas en que la discriminación se expresa (Restrepo, 2012) y que contribuye a jerarquizar las diferencias y racionalizar la postura de los grupos dominantes. Lo importante es que ambas entrevistadas concordaron en que la discriminación se expresa por un componente racial y de identidad de género y sexual que es caracterizado, en el contexto de las sociedades emisoras, como algo patológico.

El racismo axiológico que “se expresa a través de un conjunto de valores y creencias explícitas que atribuyen predicados negativos (o positivos) en función del color, trazos físicos o grupo étnico al que la persona pertenece” (Segato, 2011: 4) puede encontrarse de manera articulada con la hostilidad por la condición de género y sexual. Como se señaló en el marco teórico, Quijano (2000) establece que la colonialidad del poder en América Latina, aunque no de manera exclusiva, ha representado un patrón de poder que, mediante la idea de raza, clasificaba de manera jerárquica a la población mundial desde una mirada eurocéntrica cuyo fin consistió en legitimar relaciones sociales de dominación. Este factor parece, bajo condiciones diferentes, volver a presentarse.

En el capítulo 5 se profundiza respecto de las características que asume el racismo en el contexto de las sociedades receptoras. A continuación, se abordan las actuaciones de las fuerzas de seguridad en los espacios en los que se ejerce la prostitución/trabajo sexual, según lo relatado por las entrevistadas.

3.3.3. Fuerzas de seguridad

Algunas entrevistadas relataron situaciones de violencia ligadas a la actuación de las fuerzas de seguridad en el marco del ejercicio de la prostitución/trabajo sexual que contribuyen a constituir a las sociedades emisoras como expulsivas. Las fuerzas de seguridad son parte de los aparatos represivos del Estado y funcionan mediante el ejercicio de la violencia (Althusser, 2005). Una de las razones de la partida se debe a las dificultades que experimentan al desarrollar dicha actividad en las sociedades emisoras y la actuación de las fuerzas de seguridad suele ser un elemento recurrente.

Porque, a veces, me agarraba la policía y me llevaba a la carceleta, y nos echaba agua helada (Eva, peruana, 22 años).

Los serenascos son muy zarpados, como que te quieren chapar, algunos la mayoría usan extensiones, te jalan te arrastran, hasta que te quieren pegar. Te alzan la mano. Yo muchas veces me he peleado con serenascos. Me he cortado, a mi amiga le abrieron la cabeza hasta acá. Eran muy asquerosos los serenascos, hasta que, bueno, un día nos unimos todas y, bueno, nos fuimos a la municipalidad de allá y como que ahí bajo y ahora no sé, yo estoy acá (Valentina, peruana, 31 años).

Sí, son bien jodidos, hasta ahora en la parte del centro de Lima, en Perú son jodidos. El serenasco les bota, les viene una marcha y les agarra y les tira bombas lacrimógenas, les golpea, entiendes (Carolina, peruana, 19 años).

Alejarme de la familia. Decidí irme sin nada a Lima. Ahí decidí trabajar vendiendo mi cuerpo, y no era fácil, peleábamos con la policía. La policía es muy fea porque allá con la policía peleábamos y nos cortaba la cara, los brazos. Es un país donde las trans y las gays están mal vistos. Si eres gay no se te nota; si eres una trans se te nota. Ellos son los que más te insultan. A veces te robaban y venía la policía te agarraba con todo, y nos robaban la plata, nos robaban todo; te dejaban en bolas y te echaban agua (Dana, peruana, 26 años).

Las marcas de la identidad de género se encuentran inscriptas en el cuerpo y en el control de la información personal, cuando dicha identidad se expresa de manera social, resulta casi imposible de enmascarar; por eso, los cuerpos travestis/trans se constituyen como abyectos (Butler, 2002). En estos últimos relatos, las entrevistadas se focalizan en las actuaciones de las fuerzas de seguridad cuando ejercían la prostitución/trabajo sexual en el Perú, aunque también fue descripto en otros países de la región de los que provienen las entrevistadas. Eva comenzó a ejercer dicha actividad cuando tenía trece años en concordancia con las primeras expresiones de su identidad de género. La situación de vulnerabilidad en la que vivía y la falta de aceptación de sus padres provocó que ejerciera la prostitución/trabajo sexual como una estrategia de supervivencia económica en un contexto en donde las fuerzas de seguridad llevaban a cabo actuaciones violentas. Las entrevistadas vivieron la represión en el espacio público por parte del serenazgo[11], torturas y tratos vejatorios en espacios de detención.

Sí, tuve. Hasta tengo un video en YouTube en donde peleo con un policía. Donde disparo el policía y pasó por acá y le cayó en la espalda a mi amiga… [Muestra donde le dispararon]. Por eso me vine al día siguiente después de todo ese problema y, ahora que viajo, voy a tener que arreglar ese problema (Fernanda, peruana, 26 años).

El contexto en que las entrevistadas comenzaron a experimentar sus identidades de género y los motivos de la migración se encuentran vinculados. Fernanda se encontraba ejerciendo la prostitución/trabajo sexual junto con una amiga cuando un policía las increpó con el fin de desplazarlas del lugar donde se encontraban. Ella recibió un disparo en una de sus manos y se le inició una causa penal en el Perú, lo que motivo el abandono del país de manera urgente. Si bien los motivos de la migración de manera específica se abordan más adelante, se puede observar una dualidad de las razones que involucran la partida de las sociedades emisoras y la llegada a las sociedades receptoras, debido a que, en algunos casos, representan dos momentos que no pueden diferenciarse con claridad. Algunos aspectos se vinculan con las condiciones que afrontan en las sociedades emisoras y otros se relacionan a la decisión de migrar hacia determinados entornos en donde las representaciones sociales cumplen un papel primordial. A pesar de que la mayoría de las entrevistadas tenían algunas informaciones respecto de las características de la vida en el AMBA, migraron ante las condiciones de hostilidad que afrontaron en sus entornos. En estos casos, la migración fue apresurada, poco planificada y respondió a sucesos puntuales de violencia que ocasionaron que abandonaran esos entornos.

En suma, las sociedades emisoras para las travestis/trans suelen ser discriminatorias (García García y Oñate Martínez, 2008; Lewis, 2012, entre otras). Los distintos actores (familiares, miembros de la sociedad civil y fuerzas de seguridad) intervienen y producen de diversas maneras la discriminación y de acuerdo con diferentes intensidades, pero, de cualquier manera, las migrantes consideran necesario su abandono. El contexto en el que se constituye la transición puede variar entre la intolerancia y la hostilidad de parte de sus familias de origen y entornos. Las características principales observadas fueron las agresiones físicas y verbales, la violencia de las fuerzas de seguridad y la exclusión del acceso a determinados derechos. Con respecto a las dificultades para acceder a derechos (educación, salud y cambio de DNI), algunas de ellas han relatado que el contexto escolar hacia sus identidades de género era hostil y no proporcionaba ninguna instancia abocada en la contención, lo que provocó que abandonaran los estudios. Respecto de la intensidad de las agresiones, algunas entrevistadas describieron que, a pesar de la inaceptación de las familias, pudieron continuar viviendo durante un tiempo en los hogares familiares y otras experimentaron agresiones físicas de mayor consideración, como violaciones y torturas. Algo similar ocurre con los entornos, pero, en el caso de las fuerzas de seguridad, por lo general, se observaron intensidades elevadas.

Para concluir, se ha podido demostrar que las entrevistadas afrontan condiciones de hostilidad que, además de la coacción física, se asientan en criterios que establecen lo que debe ser aprobado y rechazado. En los proyectos migratorios de las travestis/trans, los códigos morales y hegemónicos (Benhabib, 2005) interceptan sus contextos, determinando lo normal y lo patológico, y son funcionales a los polos dominantes. La desviación constituye la normalidad y, en esta antinomia, las potenciales migrantes afrontan condiciones objetivas hostiles en tanto transgresoras de las normas del género y de la sexualidad. La moralidad constituida de modo hegemónico establece identidades de género normales y desviadas, y la sanción se aplica mediante las agresiones descriptas con anterioridad.

Reconstruir el contexto de la transición implica aproximarse a la comprensión de la partida, es decir, a los motivos por los que fueron abandonadas las sociedades emisoras. Como tal contexto asume las características antes mencionadas, es que las travestis/trans sudamericanas migran hacia el AMBA. A continuación, se presentan las representaciones sociales que se constituyen sobre la sociedad receptora y que resultan primordiales para realizar el desplazamiento.

3.4. Representaciones sociales respecto del AMBA como destino migratorio

Como punto de partida, es posible observar que, sobre la base de condiciones objetivas adversas que responden a contextos socioculturales hostiles, en las travestis/trans, comienza a madurar la posibilidad de constituir un proyecto migratorio. Es que el desplazamiento y distanciamiento de las familias de origen y entornos resulta primordial para vivir con cierta libertad. Sin embargo, como podrá observarse en el desarrollo de este capítulo y en el próximo, la migración no se realiza de manera natural como resultado de la voluntad individual; por el contrario, responde a un conjunto de factores, entre ellos, las representaciones sociales sobre las principales características de la sociedad receptora.

En este apartado se exponen las representaciones sociales que las entrevistadas construyen respecto del AMBA y que lejos se encuentran de ser homogéneas. De este modo, se dejan las bases asentadas para conceptualizar las discrepancias entre las expectativas que poseían respecto de la sociedad receptora y la realidad concreta en la gestación de los proyectos migratorios ante la llegada al destino. En definitiva, el AMBA, para la mayoría de ellas, representa un escenario de menor hostilidad en relación con las sociedades emisoras, aunque en muchos casos padecen un conjunto de violencias y discriminaciones que no se emparentan con sus representaciones sociales iniciales. Por eso, lejos de considerar que la discriminación se encuentra ausente, se sostiene que las vulnerabilidades y las discriminaciones se articulan de distinta manera (Luibhéid, 2008). El lector debe advertir que las representaciones sociales fluyen en un tiempo presente, pero remiten al pasado y se vinculan a la decisión de migrar. Dicho de otro modo, las entrevistadas pueden afirmar qué concepciones poseían de las sociedades receptoras, aunque estas se vinculan a la actualidad, con lo cual podrán observarse modificaciones propias de dos tiempos migratorios diferentes.

Más allá de que la migración se trata de una elección condicionada por factores objetivos, las travestis/trans sudamericanas consideran a qué destinos migratorios dirigirse. Como se mencionó, Micolta León (2005) entiende que la migración implica un proceso atravesado por distintas fases, entre ellas, los preparativos y la búsqueda de información sobre las características del destino y de las sociedades receptoras. Cuando las travestis/trans migran, lo hacen de acuerdo con una serie de preparaciones en las que se identifica la elección del destino migratorio. Dicha “elección” se asienta en representaciones sociales que anteceden al desplazamiento y, una vez consumada, se modifican o refuerzan.

Las travestis/trans sudamericanas construyen representaciones sociales respecto de la República Argentina como destino migratorio que son el resultado de la información que le proveen amistades que residen en el AMBA o incluso en las sociedades emisoras, como así también de las averiguaciones que realizan mediante búsquedas en internet. Por lo general, constituyen la representación social que ubica al AMBA como un contexto de mayor apertura y respeto hacia sus identidades de género. Con el fin de proporcionar una definición con mayor precisión, se sostiene que las representaciones sociales:

[…] constituyen modalidades de pensamiento práctico orientados hacia la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social, material e ideal (…). La caracterización social de los contenidos o de los procesos de representación ha de referirse a las condiciones y a los contextos en los que surgen las representaciones, a las comunicaciones mediante las que circulan y a las funciones a las que sirven dentro de la interacción con el mundo y los demás […]. La representación es tributaria de la posición que ocupan los sujetos en la sociedad, la economía, la cultura (Jodelet, 1986: 474).

Estas representaciones sociales respecto del destino migratorio son fundamentales en la gestación y consolidación de sus proyectos migratorios. Las concepciones sobre la sociedad receptora que se constituyen de manera incipiente como consecuencia de la información que circula en la web y por las que les proveen las amistades a las potenciales migrantes derivan en representaciones sociales. Por eso, se forman antes de migrar y tienden a modificarse conforme avanza la consolidación de la migración en el AMBA.

En efecto, Kleidermacher (2015) considera que el habitus es un concepto que contribuye en la caracterización de los incipientes proyectos migratorios y que le otorga estructura a esas representaciones que van adquiriendo un estado cristalizado e inevitable. Es en ese sentido que el habitus migratorio de las travestis/trans sudamericanas representa una estructura estructurante que comienza a dotar de regularidad a los potenciales proyectos migratorios. En este proceso las representaciones sociales son esenciales para comenzar a idear de manera más o menos planificada los proyectos migratorios. Dicho de otro modo, las entrevistadas, al migrar, no lo hacen respondiendo a la propia voluntad, sino que es el resultado de condiciones objetivas estructurales y estructuras incrustadas en la subjetividad en las que pueden observarse especificidades y regularidades. El habitus migratorio que comienza a poseer efecto en las sociedades de origen anuda las condiciones objetivas y subjetivas de la migración, y posee efectos de manera posterior a su consolidación en el AMBA.

Desde el punto de vista metodológico y teórico, en función de los lineamientos propuestos por la teoría fundamentada que diferencia entre categorías, subcategorías, propiedades y dimensiones, se construyó la categoría tipo de representaciones sociales de la República Argentina como destino migratorio y posee dos subcategorías: positivas y negativas. Para la subcategoría positiva, las propiedades son el entorno europeo y la ausencia de discriminación, mientras que para las negativas son el racismo simbólico, la transfobia y la falta de valores. Cabe destacar que la caracterización positiva o negativa depende de la valorización realizada por las entrevistadas. De todos modos, se ha constituido esta categorización como una forma de organizar la dispersión de relatos respecto de cómo se representaban el AMBA. Ante tal diversidad se exponen los fragmentos de mayor relevancia teórica. En este caso, no se presentan dimensiones debido a que la complejidad de la categoría no lo amerita.

Tabla n.° 2: Categoría tipo de representaciones sociales de la República Argentina como destino migratorio según subcategorías y propiedades

Categorías

Subcategorías

Propiedades

Tipo de representaciones sociales de la República Argentina como destino migratorio

Positivas

Entorno europeo y ausencia de discriminación

Negativas

Racismo simbólico y transfobia, y falta de valores

Fuente: elaboración propia.

En primer lugar, se observa que el AMBA se constituye como destino atractivo gracias a una representación que lo caracteriza como abierto y respetuoso respecto de la diversidad étnica, nacional y sexual.

Y me fui… me fui a la capital y de ahí empecé con mi vida. De ahí conocí a esa chica y estando con ella como que me contaba que todos se venían para otro país, ¿viste?, en Europa, Italia, o Europa, o acá, que era más cerca de la Argentina, que era como un poco más… ¿cómo te puedo decir? Más tolerable y se podía trabajar en la calle y podías ganar un poco más (Ariadna, 31 años, peruana).

—¿Sabes por qué me vine? Porque yo había ido al otro continente, y allá los italianos eran muy expresivos. Cuando volví a Perú, no me acostumbré. Nada era como allá y mi amiga le había dicho que Argentina era la Europa sudamericana y quise conocer Argentina.

¿Y se parece?

—Sí, se parece mucho (Florencia, peruana, 57 años).

Un aspecto común en los proyectos migratorios de las personas cisgénero y travestis/trans reside en representaciones sociales idealizadas sobre el destino migratorio (Sayad, 2010; Kleidermacher, 2015). De esta manera, se observa que las amistades de las entonces potenciales migrantes influyen en la conformación de representaciones sociales que construyen respecto del AMBA. Las entrevistadas se encuentran influidas por la representación social que establece que la República Argentina —puesto que ellas se refieren al país en general y no al AMBA— es similar a las sociedades del occidente europeo. Estos discursos sientan sus bases en el denominado crisol de razas, que se constituye en relación con la afirmación de que los nativos son descendientes de distintas generaciones de europeos y deja de lado el pasado (y presente) de los pueblos originarios, afro y afrodescendientes, cuya genealogía ha sido ocultada y exterminada (Caggiano, 2005).

En otras oportunidades (Perez Ripossio, 2018), se señaló que, según Segato (1998), las alteridades históricas representan aquellos grupos excluidos de la sociedad receptora, pero que han sido parte de la conformación de la identidad nacional. De este modo, en Argentina, se constituyó mediante el discurso del crisol de razas una etnicidad ficticia (Wallerstein y Balibar, 1991; Balibar, 2005), una invención que en términos de Grimson (2006) implicó una mezcla que olvidó a los pueblos originarios, gauchos y afrodescendientes, puesto que se trataba de una mezcla europea. A su vez, la creación de una etnicidad ficticia involucró la desetnización[12] de la población migrante sudamericana, en un intento decidido por constituir una unidad étnica antagónica a la pluralidad de identidades culturales existentes que luego de la segunda mitad del siglo XX se hizo evidente. Desde la perspectiva la perspectiva de (Wallerstein y Balibar, 1991: 149) la etnicidad ficticia implica que las diferentes poblaciones “quedan etnificadas, es decir, quedan representadas en el pasado o en el futuro como si formaran una comunidad natural”. Los autores señalan que una de las maneras que necesarias para producir etnicidad descansa en “la comunidad de razas” que implica simular de manera ficcional rasgos hereditarios propios de la comunidad. A su vez, tal construcción permite excluir a los extranjeros (Balibar, 2005) conformando polos dominantes y dominados.

La sociedad receptora, con el fin de constituir una mirada profética, anticipada y enjuiciada sobre la alteridad, la sociedad receptora ha producido una mirada profética sobre sí misma en la que se constituye como el resultado de un mosaico de alteridades europeas (Cohen, 2012). El proceso de violencia hacia los pueblos originarios durante las sucesivas campañas del desierto, que implicaron el proceso de constituir un “nosotros” europeo, se presenta bajo un crisol étnico desprovisto de conflictos, natural, ahistórico y espontáneo, en el que reina la tolerancia. En resumen, se trata de la negación de cualquier vestigio cultural que no sea europeo, blanco y civilizado.

Al profundizar en esta cuestión, se interpeló a las entrevistadas sobre qué evaluación hacían del destino migratorio.

La verdad, acá no tengo ninguna discriminación. Es más, cuando voy a boliches o cuando estoy trabajando, hay chicos que se confunden y piensan que soy mujer y les digo que no. A veces les miento, pero al final cuando llega el momento, no veo ninguna discriminación (Ailin, peruana, 26 años).

En Perú, sí hay un poco de discriminación, porque ahí no es como acá. Yo amo Argentina y por eso me quedo acá. Perú voy de vacaciones, porque acá aman a las trans; seas lo que seas, seas activa, seas pasiva, moderna, lo que tú seas, te aman ¿Me entendés? Es todo un poco más liberal. Te ven por la calle y te mandan un beso. Allá en Perú, no tenés que parecer mujer, te insultan, “chivo”, te gritan (Lucía, peruana, 24 años).

Algunas entrevistadas coinciden en que el AMBA resulta un escenario carente de discriminación, coincidente con lo establecido por la hipótesis que determinó que, para las migrantes, el AMBA representa un escenario menos hostil. El significado que para ellas posee esa carencia de discriminación se relaciona con el alto grado de aceptación que perciben de los varones cisgénero con los que se relacionan en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual y en el contexto de la sociabilidad nocturna. En resumen, aceptación y ejercicio de la sexualidad conforman un binomio que estructura el eje central de la presencia-ausencia de la discriminación que les permite a las entrevistadas representarse el AMBA como un escenario plural y abierto.

Un aspecto pertinente reside en que afirman que el papel sexual asumido por ellas durante el coito no es determinante para ser aceptadas. El passing[13], concepto que se presentará en diferentes momentos de los proyectos migratorios, se observa en el relato de las entrevistadas de manera común. En síntesis, las entrevistadas creen que no es necesario enmascarar sus identidades de género en el contexto de las sociabilidades destinadas a la construcción de vínculos afectivos. La ausencia de passing, como un aspecto que no incide en la aceptación social, refuerza la representación social del AMBA como ámbito carente de discriminación, porque, en el destino migratorio, no será necesario ocultar o enmascarar la identidad de género.

Es pertinente remarcar que, más allá de los avances en el reconocimiento de los derechos hacia las personas travestis/trans, la República Argentina representa, para algunas migrantes travestis/trans sudamericanas, un país que se caracteriza por la apertura y por el respeto hacia sus identidades de género. Si bien este apartado recupera algunos matices y contradicciones, tanto en la mayoría de las entrevistas como en las instancias propias del registro etnográfico, buena parte de ellas entienden que el AMBA representa un entorno de menor hostilidad respecto de las sociedades emisoras. Es llamativo que, en este ámbito, relaten con frecuencia situaciones de discriminación, violencia y criminalización que, en algunos casos, supera lo experimentado en las sociedades emisoras y, aun así, continúen considerando al AMBA como un escenario en el que pueden vivir en mejores condiciones.

Este aspecto resulta importante porque motiva otras líneas de análisis,[14] debido a las discrepancias que existen entre estas representaciones sociales y los proyectos migratorios que se realizan en el país. De esta manera, aun cuando en el marco de la sociedad receptora las migrantes travestis/trans sudamericanas experimenten discriminación y vivencien distintos tipos de violencia, continúan considerando que la República Argentina representa un entorno más viable, en relación con las sociedades emisoras, para consolidar un proyecto migratorio con cierta estabilidad conforme al proceso de constituir una identidad de género travesti/trans y acceder a diferentes derechos que se abordarán en el siguiente apartado.

Por otra parte, algunas representaciones permiten constituir una propiedad distintiva y antagónica respecto de la anterior. Esto se debe a que las migrantes travestis/trans afirmaron que la República Argentina les parecía que aún continuaba atrasado respecto de sus concepciones sobre la diversidad sexual y cultural. En este punto, algunas representaciones sociales sobre el AMBA difieren respecto de aquellas que lo caracterizan como abierto y plural. Como se mencionó, la mirada que se construye sobre el destino migratorio se modifica en el tiempo y algunas de ellas poseen una mirada crítica de nuestro entorno.

Y hay personas argentinas con la mentalidad del siglo XVIII que son muy cerrados también, pero los argentinos del siglo XXI son mente abierta, ¿entiendes? (Claudia, peruana, 46 años).

Buenos Aires es de raíces Europas. En los años 60 se vino la mayor migración de gente de Europa que, gracias a esa gente de Europa, se hizo la raza argentina. Por eso, muchos apellidos argentinos son italianos, alemanes, españoles. Entonces, que no vengan a decir que Argentina, mi país europeo, no, somos latinos y dentro de América Latina nos apoyamos todos (Graciela, peruana, 44 años).

La primera entrevistada afirmó que en nuestro país prevalecen pensamientos anticuados que se presentan de manera antagónica respecto de aquellos que poseen una perspectiva más amplia conforme al respeto por la diversidad sexual. Graciela, en cambio, considera que la racialización del país es una consecuencia de los procesos migratorios. Más allá de que los flujos migratorios europeos ocurrieron con mayor intensidad a principios del siglo XX (Devoto, 2003), la migrante expone una representación social pertinente porque afirma que la nación es un producto europeo gracias a la migración. Al decir, “todos somos latinos” homogeniza características de las sociedades de América Latina y desencializa el destino migratorio, ya que lo ubica en un lugar en el que prevalecen conflictos y tensiones. Esta construcción de la raza argentina, como sostiene la entrevistada, fue producto de un trasplante civilizatorio (García Fanlo, 2010) ideado por la élite nacional con el fin de civilizar la barbarie y construir la nación. De ahí que la identidad nacional sea entendida, aún en nuestros días, como el resultado de una mezcla europea (Cohen, 2013 y Perez Ripossio, 2018b), lo que dio lugar a la etnicidad ficticia antes mencionada.

Por otra parte, un aspecto para considerar es que la Ley de Migraciones (N.o 25871) no es mencionada por las entrevistadas, de manera tal que no representa un vector que haya permitido constituir representaciones sociales sobre el AMBA. La mayoría desconoce la legislación y solo refieren a las posibilidades de apertura que posee nuestro contexto en función de la legislación que involucra a la identidad de género. Hubo un solo caso, citado en el apartado siguiente, en el que se definió la migración como un derecho, haciendo alusión de manera indirecta a uno de los artículos que contempla la legislación. Los efectos del DNU 68/2017 y 70/2017 —que introduce modificaciones sustanciales a la ley— serán abordados en el siguiente capítulo, pero, por lo general, son ignorados por las entrevistadas, a pesar de que algunas de ellas migraron de manera posterior a su vigencia.

Las legislaciones que amparan a la población travesti/trans son conocidas por la mayoría de las entrevistadas; sin embargo, algunas de ellas consideran que tales avances no han resultado suficientes.

Sí, se ve, por más de que se aprobó la ley de identidad de género, el matrimonio igualitario, tenemos las mejores leyes en cuanto a derechos igualitarios, mucho mejor que Europa Las mejores leyes en cuanto a leyes LGBT, las tiene argentina, la más moderna de todo el mundo, pero, aun así, como somos un país tercermundista. Hay gente que todavía no se acostumbra a los nuevos derechos, mucha gente, tienen que adaptarse. El matrimonio igualitario se aprobó en 2010, 2011, la identidad de género en 2015, 2016. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Cómo 5 o 4 años, y 4 años no es suficiente para que la gente se adapte, tiene que pasar como 30 años (Claudia, peruana, 46 años).

Claudia realizó un recorrido por el marco jurídico nacional que refleja un entorno de apertura y respeto por la diversidad sexual y de géneros, en un contexto en el que ha proliferado el reconocimiento mediante dispositivos jurídicos. No obstante, considera que, si bien esas leyes son incluso superiores a las europeas, el cambio cultural requiere de una madurez aún no observada. Este es un factor importante porque, como se expondrá luego, las travestis/trans sudamericanas experimentan distintas discriminaciones y violencias tanto por su condición migratoria nacional como por su identidad de género. La escisión entre el tiempo jurídico y el tiempo social/cultural es un factor que las entrevistadas no solo perciben en relación con la identidad de género, también lo hacen en función de la condición migratoria.

Lo que pasa con el argentino es qué dice: “El peruano viene a robar, vende droga, el boliviano trabaja en la verdulería”. Hay un montón de peruanos que vienen a robar, sí, como también hay peruanos buenos y malos, pero vos no podés decir que son todos chorros. Hay peruanos que trabajan (Claudia, peruana, 46 años).

No es que…, mira, no es porque yo tratara de ofender. Yo estoy en tu país y es normal, yo soy una persona que no tiene pelos en la lengua. El argentino está conocido como, uno, como uno de los primeros drogadictos y, dos, por ser un se podría decir “culos rotos” Ah todo a todo extranjero que yo he conocido que ha llegado a Buenos Aires y sale de tu país. Sí, todo argentino por un poco de falopa se voltea (Jesica, peruana, 21 años).

En el trabajo etnográfico realizado, algunas travestis/trans sudamericanas relataban, con cierto desencanto, que el AMBA no había cumplido con sus expectativas. Si bien las discriminaciones se abordan con mayor detalle en el capítulo 5, Claudia relata que, en este país, se constituyen determinados prejuicios hacia los migrantes externos de manera generalizada. Como se mencionó en otras ocasiones (Perez Ripossio, 2018), autores como Wieviorka (1992) han realizado contribuciones significativas al respecto. De este modo, se retomó el prejuicio como una instancia en el pensamiento social que favorece determinadas percepciones sobre la otredad. Existe una importante vinculación entre prejuicio y racismo. El primero es una instancia que racionaliza determinadas actitudes y representaciones que toman la raza como un modo de organizar la sociedad de modo asimétrico y excluyente. La existencia de prejuicios responde a una representación social sobre la sociedad receptora que quiebra aquellas que constituían al AMBA en tanto escenario benigno y carente de hostilidad. La entrevistada permite identificar la relación que las sociedades receptoras establecen entre migración y delito, lo que posiciona al migrante en un lugar de sospecha y de vigilancia permanente (De Georgi, 2005). Según Restrepo (2012: 177) el racismo “constituye una discriminación efectuada por las adscripciones raciales atribuidas a un individuo o colectividad” y la asociación de los grupos migratorios con determinados tipos de delitos representa una regularidad empírica que constituye a las migrantes travestis/trans como subjetividades indeseables.

Por último, Jesica realiza una apreciación contundente sobre determinados rasgos de personalidad de los argentinos que se asocian a la falta de valores. Más allá de que sea algo que escuchó de otras personas, sus representaciones sobre la sociedad argentina se orientan en esa línea y se relacionan con el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual. Se trata de una representación negativa del destino migratorio, en el que se establece un vínculo entre el consumo de drogas, la nacionalidad y las prácticas sexuales de manera inmoral. Durante el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual en el barrio de Constitución (CABA), que es donde Jesica lo desempeña, algunos varones frecuentan esos espacios en busca de estupefacientes o para establecer algún tipo de vínculo con ellas.

Luego de mencionar las principales representaciones sociales que, como pudo observarse, se construyen de manera anterior a la migración y en el tiempo se modifican, en las experiencias concretas luego de que han consumado el desplazamiento, las representaciones sociales conducen a describir los principales motivos de la migración.

3.5. Motivos de la migración

Los motivos de la migración no pueden escindirse del contexto de la transición ni de las condiciones objetivas para migrar de las condiciones subjetivas. Aunque las producciones que abordan de manera específica los proyectos migratorios de las personas travestis/trans son escasas, los motivos de la migración representan la categoría en la que más se ha ahondado. De este modo, autores como García García y Oñate Martínez (2008), Pelúcio (2009), Vartabedian (2012) y Cerezo et al. (2014), entre otros, han demostrado que algunos motivos de la migración son específicos de la población travesti/trans. Sin embargo, en este apartado, se presentan algunos motivos de la migración que no fueron observados por esas investigaciones.

Como punto de partida, Berkins (2015) entiende que la migración interna representa un aspecto esencial de las trayectorias de vida travesti/trans:

Muchas nos hemos visto forzadas a abandonar nuestros barrios, nuestros pueblos, nuestras ciudades, nuestras provincias —a veces hasta nuestros países— durante la adolescencia o la juventud con el objetivo de buscar entonos menos hostiles o el anonimato de una gran ciudad (Berkins, 2015: 69).

La autora afirma que, además, entre las razones para migrar, se encontraban también las redes vinculares y la hostilidad del sistema educativo. En este caso, la activista refería a la migración interna, aunque pueden observarse algunas similitudes con la migración de las travestis/trans sudamericanas. Aquí se describen las particularidades de la migración de las entrevistadas que se han desplazado hacia el AMBA y que se vinculan con las representaciones sociales expuestas con anterioridad. Dicho en otras palabras, en la población travesti/trans, la hostilidad de los entornos constituyen una regularidad empírica, pero en el desarrollo del capítulo es importante descubrir por qué el AMBA constituye un escenario atractivo para las travestis/trans sudamericanas.

Se destaca que el vínculo entre migraciones y personas travestis/trans es evidente y, en esta línea de investigación, Cotten (2012: 1) afirma:

Transgender Migrations continues this discursive turn toward the geopolitical, spatial, and archival, centering specifically on transgender bodies, movements, and politics in explorations of trans diaspora, subjectification, movement, travel, and migration, conceptions of home, placedness and belonging, and others.

De esta manera, las múltiples dimensiones que adquiere el proceso migratorio de las personas travestis/trans habilitan un conjunto de temas en el que las motivaciones de migrar son esenciales para comenzar con el análisis. En efecto, representó la principal preocupación de la mayoría de las investigaciones que, de manera directa o indirecta, han abordado objetos de estudio similares. El objetivo será entonces matizar algunas afirmaciones sobre los motivos de la migración atendiendo los relatos de las entrevistadas, ya que desbordan lo sostenido por los antecedentes elaborados hasta el momento.

Como se mencionó en los antecedentes, es posible establecer que, en los últimos veinte años, ha comenzado a emerger un campo de investigaciones abocadas al estudio del vínculo entre diversidad sexual y migraciones. De esta consideración, se desprenden investigaciones que han tomado a la población travesti/trans como objeto de estudio específico y que problematizan algunos aspectos de los proyectos migratorios, entre ellos, los motivos de la migración. Tales motivos, que son el elemento de mayor consideración por parte de otros investigadores e investigadoras, se retoman en este apartado con el fin de establecer matices, diferencias, similitudes y proporcionar una formalización cualitativa de los principales motivos de la migración de la población estudiada.

Los motivos y las razones de la migración suelen ser complejas y diversas. Como se mencionó en el marco teórico, las teorías de alcance medio sobre los procesos migratorios han construido explicaciones que incorporan distintos factores. Malgesini y Giménez (2000) sostienen que, al momento de consumar la migración, las condiciones estructurales objetivas y las condiciones subjetivas se entrelazan, por lo que no puede reducirse a una o a otra dimensión. En efecto, se estableció que las condiciones objetivas para migrar condicionan las bases subjetivas para realizar el desplazamiento y para llevar a cabo distintas estrategias de reproducción social. Esas estrategias y las características del desplazamiento se encuentran configuradas por un habitus migratorio que, como su significado lo indica, estructura los comportamientos, los dota de una regularidad y permite anticipaciones prácticas. El habitus migratorio anida los diferentes tiempos de la migración y es algo propio del colectivo travesti/trans sudamericano.

Los motivos de la migración de la población travesti/trans se encuentran relacionados con la identidad de género. Por eso, el principal motivo se vincula con la búsqueda de escenarios de menor hostilidad (Eribon, 2000 y Berkins, 2007) con el fin de poder realizar una identidad de género que desestabilice la lógica de la hetero-cis-normatividad (Fernández, 2004). La hostilidad del entorno, lejos de ser una denominación casual, refiere a las características de las sociedades de origen en las que la violencia y la discriminación suelen estar presentes, tal como fue descripto. Luego de haber determinado que la identidad de género representa una regularidad empírica en las razones para migrar, es pertinente profundizar en esta categoría de manera exhaustiva, puesto que existe un gran variedad que desbordan a la búsqueda de mejores condiciones económicas y a la realización y expresión de la identidad de género.

De este modo, la categoría construida de manera teórica y metodológica es motivos de la migración y sus subcategorías son económicos, culturales, acceso a derechos y redes/cadenas migratorias. Las propiedades para el caso de económicos son la búsqueda de trabajo formal y los mercados sexuales más prósperos; para culturales, expresar socialmente sus identidades de género, vivir en un contexto de respeto por la diversidad cultural y sexual, entablar vínculos afectivos, y huir por la violencia de género; para acceso a derechos, acceder a la educación, al cambio del DNI (rectificación registral) y acceso a la salud; por último, para redes/cadenas migratorias corresponden informaciones sobre el destino migratorio. Esta medición, que intenta ser exhaustiva, puede superponerse, ya que acceder a derechos puede implicar acceder al trabajo o también, para realizar una identidad de género, puede ser necesario acceder a la salud. Las dimensiones de acuerdo con el orden descripto con anterioridad son el incremento de capital económico, transitar libremente por el espacio público, soportes materiales y afectivos, asimilación social, incrementar el capital cultural, y realizar tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas.

Tabla n.° 3: Categoría motivos de la migración según subcategorías, propiedades y dimensiones

Categorías

Subcategorías

Propiedades

Dimensiones

Motivos de la migración

Económicos

Búsqueda de trabajo formal y mercados sexuales más prósperos

Incremento de capital económico

Culturales

Expresar socialmente la identidad de género

Vivir en un contexto de respeto por la diversidad cultural y sexual

Transitar de manera libre por el espacio público, establecer vínculos afectivos, huir por la violencia de género

Redes y cadenas migratorias

Informaciones sobre el destino migratorio

Soportes materiales y afectivos. Asimilación social

Acceso a derechos

Estudios terciarios y universitarios, acceder a la salud y obtener el DNI (rectificación registral)

Incrementar el capital cultural institucionalizado y tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas

Fuente: elaboración propia.

Como se discutió en otras producciones (Perez Ripossio, 2018b), los motivos de la migración de las travestis/trans sudamericanas conjugan aspectos económicos, culturales, del establecimiento de redes y de acceso a derechos, con lo cual, algunos de ellos pueden presentarse de manera concatenada. Por lo general, estos motivos se asocian a la imposibilidad de realizar sus identidades de género, ya que la mayoría de las entrevistadas consideran que las sociedades a las que pertenecen generan distintos mecanismos que, de manera más o menos intensa, niegan sus identidades. La falta de aceptación familiar hacia esta condición de género, la intolerancia social, la dominación patriarcal, en tanto dimensiones de la discriminación, y los impedimentos económicos condensan factores que dificultan un proyecto de vida estable. Además, la búsqueda de trabajo y de mercados sexuales que les permitan hacer de la prostitución/trabajo sexual una estrategia de supervivencia más segura y redituable suelen estar presentes.

Los interrogantes de la guía de pautas fueron los siguientes: ¿cómo fue que decidiste venir a la Argentina?, ¿cuáles fueron las principales razones? En lo sucesivo, se analizan los diferentes motivos de la migración de las entrevistadas en función de las subcategorías antes mencionadas.

3.5.1. Económicos

Una de las características del período 2002-2008, en la República Argentina, fue el crecimiento económico acelerado y sostenido (Wainer, 2018). Luego, en el período 2009-2015, en promedio, tal crecimiento disminuyó, aunque en algunos años se registraron tasas de incremento del PBI (producto bruto interno) significativas. Este factor, si bien no fue señalado es estos términos por las entrevistadas, incide en la decisión de migrar, ya que ellas relataron el importante incremento de la demanda de clientes que tuvieron durante esos años.

Para distintos grupos de personas cisgénero y travesti/trans, la migración representa una estrategia de inversión económica. Aunque las estrategias de reproducción social se abordan en el último apartado, es posible sostener que la migración para algunas travestis/trans sudamericanas representa las posibilidades de incrementar recursos económicos. Según Jiménez (2010: 31) “[…] las migraciones se sitúan dentro del espacio de las estrategias posibles, formando un sistema junto con las otras estrategias (laborales, educativas, matrimoniales, residenciales, etc.) para determinados agentes, a fin de trazarse sus trayectorias sociales”. De esta manera, la construcción de los proyectos migratorios responde a una estrategia medular, que no se agota en el incremento de los ingresos económicos, aunque tal factor representa un aspecto pertinente.

Cuesta realizarse mucho más allá que acá, acá es más fácil la transición por un tema económico… ¿cómo te puedo decir? También por el tema social (Martina, 29 años, peruana)

No, yo lo veo como más factor económico. O sea, como cualquier persona que pueda viajar a Europa y pueda ser un empleado o pueda trabajar en una oficina. Yo, en mi venida aquí, lo veo por simple trabajo (Jesica, peruana, 21 años).

Como lo señalan las teorías migratorias, el modelo push and pull establece que, en los desplazamientos, la búsqueda de mejores condiciones económicas resulta una cuestión primordial. Aunque la complejidad de los fenómenos migratorios permitió cuestionar estas bases, es posible observar cómo las expectativas de mejorar las condiciones económicas suelen presentarse. De todas maneras, puede identificarse cómo la primera entrevistada vinculó los factores económicos a los sociales situando que aquí los procesos de intervención corporal para readecuar la imagen son más viables. En el caso de Jesica, esta vinculó la migración a la búsqueda de trabajo formal. La entrevistada, en Perú, trabajaba en obras teatrales y televisivas y su intención radicaba en continuar con esa estrategia laboral en el país, aunque, ante las dificultades que encontró, tuvo que recurrir al ejercicio de la prostitución/trabajo sexual ante la falta de trabajo formal.

También se ha hecho énfasis en la prostitución/trabajo sexual como una característica frecuente de la migración travesti/trans (Kulick, 1998; Berkins, 2007; Texeira 2008; Vartabedian, 2012) y, en el caso de las travestis/trans sudamericanas, suele ser un factor que se encuentra presente y que se vincula con las motivaciones económicas en la medida en que consideran que en el destino migratorio es posible incrementar sus recursos económicos a partir de su ejercicio.

Porque me dijeron que se trabajaba bien acá y que era tranquilo, encontré mucha libertad (Julia, peruana, 26 años).

Julia refería, en este momento de la entrevista, a las mejores condiciones de la prostitución/trabajo sexual del AMBA que sus amigas le habían relatado. La posibilidad de ejercer dicha actividad en un contexto de mayor prosperidad económica en conjunción con un escenario en donde se experimentan mayores libertades involucra dos factores necesarios para efectuar la migración.

En otros casos, las entrevistadas habían accedido al trabajo formal en las sociedades emisoras, pero percibían que, a pesar de haber asumido sus identidades de género, su expresión social se encontraba coartada; por lo tanto, consideraban que el migrar al AMBA iba a implicar zurcir cuestiones culturales y económicas.

Y ahí ella me dijo: “No, no, quédate tranquila que yo sé que a vos como no te gusta la prostitución, pero, aquí en la Argentina, es un país como con mucho más de mente abierta, más a tu estilo para llevar una vida mejor y vos con tu carrera que tenés, aquí vas a encontrar rapidísimo trabajo”. Y yo le dije ‘Sí, bueno, está bien’” (Sandra, peruana, 43 años).

Como se señaló, las representaciones sociales inciden en la decisión de migrar. La descripción realizada por la amistad de la entrevistada le permitía considerar que, en el AMBA, iba a poder expresarse en mejores condiciones y, al mismo tiempo, trabajar de manera formal como auxiliar de farmacia. Al llegar al AMBA, le resultó imposible acceder a dicha actividad, a pesar de su amplia experiencia laboral y estudios acreditados en el área. La prostitución/trabajo sexual representó una estrategia de supervivencia que, según relató, impactó de manera negativa en su subjetividad, ya que consideraba que esa actividad la denigraba.

De este modo, en investigaciones que se encuentran en relación con la aquí presentada, Cerezo et al. (2014) establecen que las personas travestis/trans migran hacia Estados Unidos con las expectativas de expresar con libertad sus identidades de género y beneficiarse de oportunidades económicas. También Vartabedian (2014: 283), en una investigación sobre procesos migratorios hacia la ciudad de Barcelona, sostiene:

En el caso de las travestis brasileñas, también buscan ganar dinero (generalmente, mediante el trabajo sexual) y modificar sus cuerpos para ser más “femeninas y bellas”. La capacidad que tienen de hacerse a sí mismas, a través de sus intervenciones corporales, es un factor de vital importancia para entender sus tránsitos.

En línea con la anterior afirmación, Vartabedian (2012, 2014) le atañe a la incipiente tradición de las migraciones del colectivo LGTBIQ+ el poseer un sesgo economicista que desatiende los procesos de transformación corporal, aunque los estudios migratorios han problematizado los factores económicos como razón primordial en los procesos de desplazamiento (Alberts, 1974). De todas maneras, la potencialidad del embellecimiento corporal no parece ser un aspecto frecuente de la migración de las travestis/trans sudamericanas en el AMBA. Por el contrario, afirman que han podido expresar sus identidades de género socialmente y la feminización del cuerpo representa un factor entrelazado que no se destaca como primordial. Aunque los aspectos económicos son pertinentes, a continuación, se abordan las razones culturales.

3.5.2. Culturales

Los factores culturales para migrar son amplios y se vinculan a diferentes aspectos que, en el contexto de las sociedades emisoras, se asocian al rechazo hacia la identidad de género de las entrevistadas. Por lo general, consideran que la readecuación corporal es un factor secundario a las principales motivaciones para migrar. A lo que aspiran es a poder circular con libertad por el espacio público con una imagen corporal readecuada a su identidad de género sin experimentar agresiones verbales y físicas. Además, algunas de ellas han mencionado la posibilidad de vincularse afectivamente con varones sin ser agredidas por ello. Lo que se pretende señalar, es que la necesidad de desplazarse hacia un contexto en el que puedan expresarse de manera social y acorde con sus identidades de género, representa una regularidad empírica que se ha observado en el relato de las entrevistadas.

En los relatos de las entrevistadas, la violencia representa un factor que atraviesa tanto las trayectorias biográficas antes de migrar como de manera posterior a esta. Si bien algunos de los fragmentos presentados pueden asemejarse a la descripción de las condiciones objetivas que afrontaban en las sociedades emisoras, son las propias entrevistadas las que relatan una sinergia entre ambos aspectos que provoca que los motivos de la migración queden asociados a las condiciones de vida que experimentaban. En efecto, el desplazamiento de la siguiente entrevistada es ilustrativo de estas regularidades.

Yo, cuando vivía en Perú, no vivía con mis padres; vivía con una familia que no era familia ni nada, pero me querían, y yo también los quería. Me acostumbre; viví con ellos y ya está, después me metí en una relación con una persona y me fui a vivir con esa persona, porque yo buscaba ayuda, alguien que me ayude, o sea que me tenían que dar cariño. Era muy pequeña todavía y con esta persona con la que viví me maltrataba; me tuvo encerrada durante 2 años en su casa y no salía para nada. Durante esos 2 años me maltrataba violentamente y me cortaba, me insultaba, me hacía de todo, me sacaba sangre de la boca, me apretaba el estómago y llegué a escapar como sea. Hablé con unas amigas y una de mis amigas me dijo de que me iba a traer para acá, a Buenos Aires para poder yo ayudarla a ella y para poder estar tranquila porque si yo me quedaba en Perú, esa persona me iba a seguir buscando, entonces, yo ya no quería eso. Había pasado mucho, había sufrido demasiado, quería una vida nueva; lo único que yo quería era ser feliz. Y nada, llegue acá a Buenos Aires y mi amiga quería que yo labure en la calle y yo no quería. Entonces ella se fue y me dejo en el hotel y yo no entendía nada (Maia, peruana, 21 años).

Con base en Osborne (2008), se puede decir que la violencia de género representa un hecho sociocultural que puede expresarse mediante diversos indicadores (físicos, verbales, sexuales y psicológicos) y ha estado presente en los relatos de las entrevistadas con recurrencia. Maia había sido expulsada por su familia de origen y se alojaba con la familia de una amistad cuyo trato era de mayor aceptación. En este contexto de vulnerabilidad es que entabló un vínculo con una persona que la privaba de manera ilegítima de su libertad, además de violentarla de manera física y psicológica. El motivo de la migración se concatenó con la violencia de género en la que se encontraba inmersa y se vinculaba de manera principal con huir de esa situación.

También, otra entrevistada dio a conocer que sus motivos para migrar se vinculaban con la actitud de su familia y de su entorno.

Por más que mi mamá sabía cuál era mi situación, mi opción y todo, el hecho de que mi familia me vea y hagan un tipo de comentario, o digan: “Hay si el hijo de tal le he visto acá, le he visto allá, que esta con esto”. O sea, ese tipo de comentarios hirientes que saben que van a herir a una persona. Eso era lo que no quería nunca, ni para mi mamá ni para mis hermanos. Entonces decidí y dije: “No, tengo que irme” Yo en sí, si no venía para acá, mis planes eran Europa, pero ya desde hace mucho, mucho antes que pensar en Argentina, años atrás (Marcela, peruana, 26 años).

Como puede observarse, Marcela dudaba entre ir hacia Europa o migrar a la República Argentina, pero resultó que desplazarse hacia nuestro país representaba una opción más viable y sencilla. Ella sabía que la discriminación de su entorno iba a impactar en el vínculo con su familia de origen. Además, refirió a los potenciales comentarios de miembros de la sociedad civil que observarían su identidad de género de manera despectiva. Como se mencionó, además de las familias de origen, la vecindad, los conocidos y las amistades son grupos que suelen, mediante diversas formas, llevar a cabo agresiones discriminatorias. Según Rivero Sierra (2011), además de la discriminación, un concepto de relevancia es la “presión discriminatoria” que refiere al cambio de actitudes de las personas ante potenciales discriminaciones. Por eso, la entrevistada mantenía oculta la expresión social de su identidad y, ante ese malestar, decidió migrar.

Otro aspecto que se analizará más adelante se vincula a que algunas entrevistadas consideraban que el AMBA iba a tratarse de un escenario transitorio. Pero, por el momento, es posible afirmar que los motivos culturales de la migración se anudan en la medida en que consideran que el destino migratorio es un escenario de mayor apertura en relación con las sociedades emisoras. En definitiva, además de los motivos culturales mencionados, el AMBA representa para algunas de ellas el respeto por la diversidad cultural y sexual. Por eso, al profundizar en los sentidos culturales, el poder entablar vínculos sexoafectivos sin experimentar el rechazo social representa una expectativa regular. Una de las premisas de los estudios sobre migraciones y sexualidad (Manalansan, 2006) ha sido entender que en los desplazamientos el deseo y la búsqueda de placer resultan elementos decisivos.

Aunque los factores económicos y culturales son frecuentes en los proyectos migratorios de las entrevistadas, un elemento que no puede ignorarse radica en la construcción de cadenas y redes migratorias que representan aspectos fundamentales para que el desplazamiento se consume.

3.5.3. Redes y cadenas migratorias

En el marco teórico se hizo énfasis en las teorías de la migración y se abordaron un abanico de propuestas que difieren entre sí. Esas bases teóricas pueden constituir referencias si se consideran los resguardos necesarios teniendo en cuenta que se han aplicado a migrantes cisgénero. De todas maneras, es posible observar que, en algunos proyectos migratorios de las travestis/trans, se atribuyen las razones para migrar al capital social que han constituido, por lo general, mediante amistades, madrinas y, en menor medida, maridos y familiares.

Entonces, tenía una amiga que tenía los mismos problemas y viajó dos años antes para acá. Entonces ahí me dijo como era acá más o menos la historia. Me mandó el pasaje y me vine (Martina, peruana, 29 años).

Bueno por tres razones: una de sección amorosa; segunda, mi hermana vive acá y se está haciendo un posgrado en psiquiatría y la otra por la economía del país. Allá la economía del país va muy mal (Daiana, colombiana, 27 años).

Más allá de que, en los relatos de las entrevistadas, los motivos para migrar se encuentran concatenados debido a la codificación propuesta, en este caso se observa la importancia de las cadenas migratorias para efectuar el desplazamiento. En el capítulo siguiente, se profundiza sobre la cuestión del modo de migrar mediante las cadenas que se constituyen en función de los vínculos. En este caso, se aborda en relación con los motivos, puesto que, para algunas de las travestis/trans, los proyectos migratorios responden a la presencia de amistades o familiares en el AMBA. La migrante colombiana citada, por ejemplo, permite entender también que las familias de origen no adoptan una posición monolítica frente a la identidad de género travesti/trans, ya que su hermana representó el principal nexo para consumar el desplazamiento proveyéndole las bases materiales y afectivas necesarias para alcanzar el proceso de integración social en el AMBA.

Según Arango (2003: 19), estudioso de las teorías de las migraciones internacionales, las redes migratorias “… pueden definirse como conjuntos de relaciones interpersonales que vinculan a los inmigrantes, a emigrantes retornados o a candidatos a la emigración con parientes, amigos o compatriotas, ya sea en el país de origen o en el de destino”. Estas teorizaciones elaboradas, en principio, por Massey et al. (1987) muestran la perpetuación de la migración y la importancia del capital social en las razones del desplazamiento. Los fragmentos citados son solo algunos de ellos, pero ha sido frecuente que las entrevistadas recurrieran a las cadenas migratorias para describir las razones de sus desplazamientos. Para las potenciales migrantes, que las amistades y otras personas estén en el destino migratorio representa cierta previsibilidad, lo que favorece el proceso de integración social, por lo que constituye un motivo sólido para migrar.

3.5.4. Acceso a derechos

Algunas entrevistadas consideran que el acceso a derechos representa uno de los principales motivos para efectuar la migración al AMBA. El poder acceder a la educación universitaria ha representado un motivo de relevancia, aunque también lo son obtener el DNI acorde con sus identidades de género y acceder a tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas.

La diferencia es la mentalidad de las personas, aparte de que acá hay leyes para nosotras; hay matrimonio igualitario. Me casé, aunque me separé. El cambio de género que también me lo hice, leyes que nunca habrá en mi país (Florencia, peruana, 57 años).

Aquí todas nosotras tenemos… ¿cómo te puedo decir? Como nuestras leyes, cosas que nos puedan respaldar cosa que en mi país no hay… Tú sigues siendo hombre, tú sigues siendo mujer (Jesica, peruana, 21 años).

Las entrevistadas sostienen que el marco jurídico en relación con el acceso a derechos para personas travestis/trans ha sido fundamental en las razones para migrar. Florencia pudo contraer matrimonio y luego adquirir el DNI en concordancia con su identidad de género. En este aspecto coincide con Jesica en que la ley de identidad de género le resultaba lo más destacable de la sociedad receptora y ambas entrevistadas reforzaron sus argumentos destacando que, en su país de origen, el género resulta una propiedad inmutable. Si bien estos motivos no son mencionados como principales o inmediatos, al hurgar en profundidad, las entrevistadas los mencionaron como aspectos pertinentes porque relataron que apenas llegaron al AMBA realizaron, por medio de organizaciones políticas, las averiguaciones correspondientes para obtener el DNI y hacer tratamientos hormonales o intervenciones quirúrgicas con el fin de readecuar su imagen corporal.

En efecto, la posibilidad de realizar el cambio de DNI ha sido una de las razones que algunas migrantes han mencionado.

Saqué mi pasaporte, me pagué el pasaje y me quedé aquí, y cuando me decían que no tenía el DNI, cuando recién empecé a trabajar, me empecé a hacer el DNI y lo hice. Se demoró mucho (Cintia, peruana, 24 años).

Las entrevistadas han destacado las limitaciones que experimentan las migrantes para poder acceder a este derecho, aunque estas se abordarán en el capítulo 6. Sin embargo, al momento de migrar, la mayoría de los países de la región no poseían un marco jurídico como el que existe en la República Argentina. Tanto en las organizaciones políticas durante el trabajo etnográfico como también en las entrevistas, la obtención del DNI poseía el significado de acreditar la identidad de género cristalizando de manera formal un nombre propio elegido. Para ellas significa comenzar a consumar un proceso; en algunos casos, implica poder acceder al consumo mediante adquisiciones de tarjetas de crédito; en otros, estar en mejores condiciones cuando las fuerzas de seguridad les solicitan documentos. Es decir, su obtención genera un proceso de acumulación de aspiraciones, de derrumbe de muros que las aproxima a la condición de ciudadanas.

Otras entrevistadas relataron que los principales motivos de la migración consistían en la realización de estudios universitarios en el país.

Claro, yo vengo desde Brasil para estudiar acá Medicina y después retomar en la comunidad y ayudar desde allá. Una vez que yo tenía muy claro cuando me di cuenta que migrar es un derecho, que yo tenía facilidad de ingresar en la facultad que en Brasil (Aylén, brasilera, 25 años).

No, yo migré de Paraguay por la situación económica de Paraguay, que no había acceso fácil a la educación como acá. Estuve estudiando por un año ingeniería en sistemas, pero dejé porque estaba cuidando dos chicos, uno de cinco y otro de tres. No tenía tiempo (Luz, paraguaya, 24 años).

Aylén reconoció que cuando migró al AMBA, luego de conocer Santiago del Estero y siendo una militante del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra) en Brasil, comenzaba a percibir manifestaciones de su identidad de género; de hecho, su familia de origen conocía algunos aspectos de su condición, pero sentía que era difícil expresarlo en su entorno. De todas maneras, la migrante hizo énfasis en la razón de desplazarse hasta aquí para comenzar a estudiar Medicina. En este caso, se observa una concatenación de motivos; es decir, por un lado, la incomprensión de las familias y el malestar por no poder expresar su identidad de género, y, por el otro, la necesidad e intención de estudiar una carrera universitaria con vistas a incrementar su capital cultural institucionalizado (Bourdieu, 1997, 2011).

La entrevistada, al igual que la mayoría de las travestis/trans sudamericanas que contiene la muestra, no mencionó la Ley de Migraciones (Ley N.o 25871), aunque, de manera indirecta, citó su artículo 4 al afirmar que la migración es un derecho. Las facilidades para acceder al estudio son fundamentales, porque la Ley N.o 25871 estipula que, más allá de la situación de regularidad migratoria, estas personas pueden acceder a la educación tanto en instituciones públicas como privadas.[15] Esta reversión respecto de lo que señalaba la ley “Videla” representa la revalorización de los derechos humanos y supera estándares internacionales en materia migratoria (García, 2017).

Luz, en cambio, comenzó a construir su identidad de género de modo incipiente en un pueblo de Paraguay. A pesar de que su familia de origen la aceptaba, sus aspiraciones de poder acceder al estudio se veían restringidas. Según lo relatado por ella, no había percibido situaciones de discriminación de importancia, pero las posibilidades de estudiar eran escasas y además el nivel no era óptimo. Es probable que la potencial discriminación en el sistema educativo haya sido un factor que considerar, como así también el hecho de que la educación universitaria en el Paraguay no es gratuita. Además, la migrante, que en su país de origen se encontraba en los inicios de su transición, recién al momento de la entrevista (año 2018), estaba decidida a continuarla. La entrevistada poseía conocimiento respecto del nivel educativo de la UTN (Universidad Tecnológica Nacional), al que calificaba como ejemplar.

Además de los fragmentos citados con anterioridad, en conversaciones desarrolladas durante el trabajo de campo, algunas travestis/trans afirmaron haber migrado para estudiar. Una migrante peruana que frecuentaba venues de ambiente gay entendía que la prostitución/trabajo sexual no representaba una opción viable y relató haber migrado al país para estudiar Abogacía en el Universidad de Buenos Aires. Además, en la misma institución, hubo otras que mencionaron el desarrollo de estudios terciarios y de Psicología. Que las travestis/trans sudamericanas migren para acceder a la educación mediante la realización de estudios universitarios y terciarios es infrecuente y representa una razón que no había sido descripto por los antecedentes de la investigación desarrollados en el capítulo 1. Las estrategias educativas contenidas bajo el sistema de estrategias proporcionadas por la migración representan un modo de elevar un capital cultural institucionalizado (Bourdieu, 2011), factor primordial para mejorar la posición en el espacio social.

Lo expuesto hasta aquí permite afirmar que la categoría motivos de la migración se relaciona con el acceso a derechos esenciales, como la educación. Con respecto al nivel instructivo alcanzado, un importante número de las travestis/trans sudamericanas que integraron la muestra habían finalizado el secundario, aunque la mayoría habían asumido sus identidades de género, no la expresaba socialmente producto de la discriminación. Algunas de ellas relataron que el ambiente escolar en los entornos de origen se encontraba atravesado por situaciones de discriminación que contribuyeron a que fueran expulsadas del sistema educativo, o bien, no pudieran continuarlo en otros niveles. Durante el trabajo etnográfico en organizaciones políticas de personas travestis/trans, se mencionó la importancia de acceder a tratamientos hormonales, porque en sus países de origen necesitan atravesar un proceso de diagnosis y certificar sus identidades de género. De todas maneras, se trató de un motivo enunciado en menor medida respecto de otros derechos.

A continuación, se presenta un apartado que sintetiza los principales aportes sobre los motivos de la migración que se discuten en función de la evidencia empírica construida por la presente investigación.

3.5.5. Síntesis de los motivos para migrar y la literatura sobre migraciones travestis/trans

Los motivos de la migración han representado la categoría más estudiada en las investigaciones que han tratado el proceso migratorio de las personas travestis/trans. Autores como García García y Oñate Martínez (2008), al describir la experiencia de migrantes transexuales ecuatorianas en la ciudad de Murcia (España), consideraban que el desplazamiento y la transformación del cuerpo se encontraban imbricados dentro de un mismo proceso. Estas motivaciones se complementaban con la necesidad de acceder a los recursos económicos necesarios para efectuar dichas transformaciones. Las intervenciones quirúrgicas para transformar el cuerpo y readecuarlo son parte del acceso a la salud y representan solo un aspecto de la identidad de género travesti/trans. Por eso es que las entrevistadas, de manera puntual, afirmaban que la capacidad para construir una imagen readecuada era más viable en la sociedad receptora, en relación con las sociedades emisoras, debido a cuestiones que interceptaban tanto aspectos económicos como culturales.

También López Fernández (2018: 16-17), en una investigación en México, refiere a fronteras corporeizadas con el fin de vincular las transgresiones fronterizas del orden de lo simbólico que conjugan lo geográfico con lo corporal. En este sentido, la autora afirma:

El inicio de los procesos migratorios que se emprenden por parte de las «mujeres trans» que atraviesan México, no comienza necesariamente en el cruce de fronteras geográficas, sino que comienza en la transgresión de otras fronteras corporeizadas: son las que tienen que ver con sexo-género-sexualidad, irrumpidas antes de presentarse el contexto migratorio (incluso, lo impulsan), y que una vez en éste, adquieren nuevas significaciones.

Por su parte, Stang (2018b) considera que la frontera representa una hendidura en el espacio-tiempo cuyas características son intersticiales, se encuentran en el cuerpo, en la geografía, constriñen, pero también posibilitan, y, al transgredirlas, los migrantes desafían la socialización normativa impuesta por las familias de origen. Sin embargo, la autora asume que tal concepto puede implicar un abuso terminológico, por eso, “no sólo porque no todo es una ‘frontera’, sino porque no debemos pedirle que haga más trabajo teórico del que puede realizar” (Grimson, 2003: 21, como se citó en Stang, 2018). En definitiva, la frontera como concepto que establece escisiones puede representar una aproximación al problema de investigación, aunque no representa la única herramienta conceptual. Dicho de otra manera, los estudios migratorios han aportado conceptos y perspectivas, por lo que el desplazamiento de las travestis/trans puede abordarse de acuerdo con las categorías antes expuestas en el desarrollo del capítulo.

Recuperar estos aportes permite entender en qué estado de situación se encuentra la temática de las migraciones del LGTBIQ+, en este caso, las interpretaciones de las motivaciones para migrar. Si bien se desconocen las hipótesis de trabajo que guían estas investigaciones, desde esas perspectivas se podría suponer que la migración posee una doble determinación. De este modo, las travestis/trans y otras personas pertenecientes al LGTBIQ+, en primer lugar, traspasan fronteras que se encuentran inscriptas en el cuerpo y, como consecuencia de ello, atraviesan fronteras geográficas con el fin de continuar tal proceso de transformación personal. Por lo tanto, la mirada se encuentra focalizada en la identidad de género que, además, antecede a los proyectos migratorios. En resumen, las travestis/trans y otros colectivos sexogenéricos no normativos migran por la imposibilidad de expresar sus identidades de género/sexuales, como consecuencia de la hostilidad que experimentan.

Este escrito considera que, en algunos casos investigados y presentados en esta tesis, sucede lo contrario. En ocasiones, las travestis/trans sudamericanas, al migrar, constituyen una identidad de género; otras, en cambio, habiéndola asumido y expresado socialmente en las sociedades emisoras, consideran que la migración permite que puedan vivir con otras expectativas y mayores libertades, e, incluso, entienden que el desplazamiento les ha permitido potenciar el proceso de construcción identitaria. Entonces, se determina que, en algunos casos, la migración puede anteceder a la identidad de género e incluso ser constitutiva de ella. Si se entiende que construir una identidad de género es producto de las intenciones personales y condicionantes colectivos, solo bajo determinadas condiciones tal identidad puede expresarse. De esta manera, algunas entrevistadas afirmaron el haberse asumido y expresado como travestis/trans luego de haber migrado al AMBA.

Las fronteras simbólicas (corporales y biográficas) no se traspasan, sino que se portan y se configuran al interior de los territorios, de ahí que algunas autoras hayan señalado la importancia de las fronteras internas que contribuyen a conformar un “nosotros” frente a los “otros” (Canelo, 2013) como parte de un proceso en donde las relaciones sociales se constituyen como relaciones de dominación. El traspaso de las fronteras geográficas poseen consecuencias simbólicas porque al llegar al AMBA se reconfiguran y adquieren nuevos sentidos en donde la condición migratoria y la identidad de género de las entrevistadas interactúa.

Como se mencionó, las primeras performances nocturnas y transformaciones son en un contexto de hostilidad que complejiza la expresión social de sus identidades de género. Si se acepta que las travestis/trans traspasan fronteras geográficas y corporales, se corre el riesgo de construir una visión estática de la migración y de la identidad de género. El desplazamiento migratorio representa una situación inestable (Sayad, 2010b), que se caracteriza por desdibujar las fronteras geográficas y la identidad de género no reviste una estabilidad que pueda esencializarse. En otras palabras, el devenir travesti/trans y migrante es un proceso dinámico que se vincula e influencia de manera recíproca. Determinar si las entrevistadas habían constituido sus identidades antes de consumar el proyecto migratorio es complejo porque muchas de ellas consideran que comenzaron a hacerlo una vez que migraron al AMBA. Tampoco, como sostiene Vartabedian (2012, 2014), se asocian los proyectos migratorios al embellecimiento corporal y al incremento de los recursos económicos cuando en verdad pueden observarse una pluralidad de razones.

Las producciones antes citadas (García García y Oñate Martínez, 2008; Vartabedian, 2012, 2014; López Fernández, 2018) le han prestado menos atención al aspecto migratorio en relación con la identidad de género. Esto posee consecuencias en el análisis porque se interpretarán sus proyectos migratorios observándolas como travestis/trans y, en menor medida, como migrantes.[16] Estos factores, según las trayectorias, pueden verse interrelacionados, solapados e incluso ocurrir de manera simultánea. Por eso, lejos de no otorgarle importancia a la identidad de género, se considera que este aspecto, junto con los proyectos migratorios, es fundamental en las trayectorias biográficas de las migrantes. De acuerdo con lo constituido tanto en las entrevistas como en el trabajo etnográfico, la migración representa un viraje biográfico (Meccia, 2016) que puede significar un atajo y una condición necesaria para que se constituya la identidad de género.

A diferencia de lo que plantean otras investigaciones, algunas travestis/trans migran para acceder a derechos, como la obtención del DNI, la realización de estudios universitarios y, en menor medida, el acceso a la salud. Algunos de los proyectos migratorios no se ven atravesados por el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual; incluso, logran revertir tal situación a partir de la migración. Estas interpretaciones permiten exponer las particularidades de la migración de las travestis/trans sudamericanas en el AMBA, ya que el acceso a la educación superior y la obtención del DNI representan motivos para migrar, lo que permite observar los efectos del marco jurídico tanto en materia de diversidad cultural como de género y sexual, que, más allá de las críticas que se le puedan realizar a esas legislaciones, constituyen antecedentes jurídicos de relevancia mundial en el reconocimiento de los DD. HH. (derechos humanos).

En síntesis, las producciones latinoamericanas y europeas sobre el tema, en consonancia con los aportes realizados por los estudios de migraciones y sexualidades de los últimos veinte años, han aportado que la migración y los procesos de construcción identitaria travesti/trans se encuentran vinculados. Los matices que se expresan aquí establecen que, si bien las intervenciones corporales y la adquisición de capital económico son significativas, otros factores se encuentran presentes y tienen que ver con el prestigio y con dimensiones simbólicas que implican haber superado pruebas necesarias para consumar la identidad de género. Además, el acceder a la educación, por ejemplo, no puede constituir un motivo similar al de personas migrantes cisgénero, porque el migrar con el fin de estudiar se vincula con la imposibilidad de hacerlo en las sociedades emisoras y no solo por factores económicos, también porque la discriminación hacia la identidad de género travesti/trans no se los permite. De este modo, se complementan las motivaciones económicas, sociales, culturales y simbólicas.

Por otra parte, otro de los aspectos involucrados en la relación entre edad y la expresión social de la identidad de género travesti/trans consiste en las intervenciones quirúrgicas. Estas se entienden como una de las dimensiones que involucran al proceso de construcción identitaria (Godoy, 2019). Las más jóvenes tienden a constituir un cuerpo que consideran “natural” mientras que las de mayor edad apuntan a la constitución de una corporeidad hipersexualizada. Según Álvarez (2017), esto se vincula con actuaciones de género acordes con los ideales de feminidad asociados a vedettes, cuyas figuras eran exuberantes y representaban símbolos de estatus en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual durante la década de 1980 y 1990.[17] Si bien el objetivo no es caracterizar las concepciones del cuerpo travesti/trans, este aspecto es importante porque, si las trasformaciones corporales y el embellecimiento de los cuerpos no resultan centrales para la construcción identitaria de las entrevistadas, sostener la explicación de los motivos principales de la migración mediante ese factor es incorrecto. Dicho de otro modo, las travestis/trans sudamericanas entrevistadas no consideraron que las intervenciones quirúrgicas hubieran representado un aspecto fundamental para migrar, incluso las más jóvenes entendían que no era necesario llevar a cabo intervención alguna.[18]

En otro orden de ideas, y con el fin de observar aspectos simbólicos que involucran la construcción de los proyectos migratorios, con fundamento en Butler (2006), las personas travestis/trans se encuentran atravesadas por diferentes pruebas que resultan necesarias para corroborar la legitimidad de sus identidades de género. En este caso, la autora hace referencia a la diagnosis y a los requisitos necesarios para poder acceder a procesos de intervención corporal. Sin embargo, las pruebas representan aspectos que atraviesan sus trayectorias biográficas recorriendo distintos momentos de los proyectos migratorios. Las migrantes se someten a pruebas que desbordan las intervenciones corporales y que se vinculan a logros de éxito migratorio como pueden ser el consolidarse en la sociedad receptora, construir capitales sociales, económicos, y culturales, acreditar su identidad mediante la adquisición del DNI, entablar vínculos sexoafectivos y, en algunos casos, readecuar la imagen corporal. En síntesis, la migración representa una estrategia de inversión económica, cultural, erótica y simbólica (Bourdieu, 2012) que permite constituir un proyecto de vida y adquirir reconocimiento en las sociedades emisoras. Este factor termina por adquirir sentido cuando las migrantes llevan a cabo experiencias de regreso a sus países de origen, aspecto que se analizará en el capítulo 6. De todas maneras, a diferencia de las producciones citadas con anterioridad, que abordaban los motivos de la migración mediante factores económicos e intervenciones corporales, en este caso se sostiene que la migración los desborda y pueden identificarse otros motivos.

Hasta aquí se han destacado las características de los contextos de origen y de los motivos de la migración. En otras palabras, definir las razones por las que han venido al AMBA implica describir las características de la elección del destino. A continuación, se presenta un apartado en el que se diferencian los casos según la edad en la que han asumido la identidad de género y las estrategias de reproducción social que llevan a cabo con el fin de recomponer capitales.

3.6. Diferencias en las estrategias de reproducción social respecto de la edad al asumir y expresar la identidad de género

En este apartado se describe el vínculo entre la edad en la que se asume y expresa la identidad de género travesti/trans y las estrategias de reproducción social que se llevan a cabo en la sociedad receptora. Las edades a las que asumen las identidades de género y las expresan socialmente impactan de diferente manera en las trayectorias de vida y en los proyectos migratorios de las entrevistadas. Las más jóvenes (niñas y adolescentes) tienden a transitar su identidad de acuerdo con una articulación y sinergia de vivencias atravesadas por la violencia y la discriminación mientras que, en el caso de las travestis/trans que asumen sus identidades durante la adultez, aunque en principio sortean estas experiencias, suelen presentar sentimientos de malestar, temor y deterioro psicosocial como consecuencia de la imposibilidad de realizarse y expresarse como tales (Álvarez Broz, 2017).

Como fue aclarado en la introducción del capítulo, las estrategias de reproducción social se relacionan con un tiempo migratorio que sucede en una instancia posterior a la desarrollada en el capítulo, pero por su vinculación con los motivos de la migración es que se aborda en esta sección. Si en el contexto de las sociedades emisoras existen condiciones objetivas y subjetivas que condicionan la migración, en las sociedades receptoras ocurrirá algo similar: las migrantes afrontan condiciones objetivas y despliegan estrategias de supervivencia que toleran cierta singularidad y se constituyen en función de un habitus migratorio. Por eso, se observa ciertas regularidades empíricas en las estrategias de reproducción social desarrolladas por las entrevistadas.

La relación entre edad e identidad de género es un núcleo nodal de los proyectos migratorios que condiciona y posibilita las estrategias de reproducción social de las travestis/trans sudamericanas. De esta manera, Bourdieu (2011: 87) las denomina como “el conjunto de estrategias a través de las cuales la familia busca reproducirse biológicamente y, sobre todo, socialmente, es decir, reproducir las propiedades que le permiten conservar su posición social”. Las estrategias de reproducción no se llevan a cabo de manera consciente ni son producto de la voluntad individual, pero permiten visibilizar la agencia de las entrevistadas que, ante el deterioro de sus condiciones de vida producto de asumir y expresar la identidad de género travesti/trans, desarrollan formas de contrarrestar tales condiciones a partir de la construcción de proyectos migratorios. En el caso de la población estudiada, las familias de origen, lejos de contribuir a la construcción de estrategias de reproducción social, mediante su hostilidad, las debilitan y contribuyen a la disolución de los capitales adquiridos.

La posesión de capitales condiciona el posicionamiento de las personas dentro del espacio social (Bourdieu, 2001). Las migrantes travestis/trans sudamericanas son poseedoras de capitales que se modifican en sus trayectorias biográficas y de acuerdo con el modo en que se constituyen los proyectos migratorios. Si bien la posesión y el ejercicio de capitales se relaciona con la clase social, en este caso, el análisis que se elabora refiere al modo en que esos capitales se juegan en los diferentes campos, se distribuyen, se pierden y se recuperan en tanto factores que determinan la posición de estas migrantes en el espacio social. A partir de la migración, desarrollan diversas estrategias de reproducción social orientadas en la conquista de nuevos capitales. De algún modo, el apartado observa las trayectorias en el espacio social (sociedades emisoras-sociedad receptora) de las entrevistadas, que refieren la evolución del volumen y la estructura del capital en el tiempo, como así también los esfuerzos destinados en las estrategias de reconversión.

Según Jiménez (2010: 25): “El concepto de capital es entendido como conjunto de bienes acumulados que se producen, se consumen, se invierten, se pierden; bienes apreciados, buscados, que al ser escasos producen interés por su acumulación”. Las definiciones sobre los diferentes tipos de capitales fueron abordadas por Bourdieu (2001) en diferentes producciones, pero en “Poder derecho y clases sociales” sintetiza las principales definiciones. El capital económico refiere al patrimonio, los bienes y los recursos e ingresos económicos. El capital cultural, hace alusión a distintas dimensiones, siendo los conocimientos, los bienes culturales y el capital institucionalizado mediante títulos educativos los principales. El capital social describe a los vínculos y pertenencias grupales, son las redes de relaciones duraderas y estables en las que prima el conocimiento mutuo. En relación con el capital simbólico, Fernández Fernández (2013) establece que el mismo se vincula al reconocimiento mediante el cual se presentan otros capitales adquiridos. Se trata de un capital de reconocimiento asentado en el prestigio y el honor. Estas definiciones no deben escindirse del habitus y los campos, ya que representan elementos constitutivos del espacio social que se encuentran imbricados.

Por otra parte, un factor que suele potenciarse a partir de los proyectos migratorios es el embellecimiento de los cuerpos, que, tal como se señaló en otras producciones, implica modos de constituir capital erótico (Hakim, 2012).[19] Este capital es fundamental en la migración de las entrevistadas[20] porque les permite les permite llevar a cabo estrategias de reconversión, a partir del ejercicio de la prostitución/trabajo sexual y adquirir otros capitales como el económico y, en menor medida, el social. La realización de esa actividad representa la principal estrategia de supervivencia desarrollada por esta población (Fernández, 2004; INDEC, 2012; Ministerio Público de la Defensa, 2017; Álvarez Broz, 2017). No obstante, en las regularidades propias de las estrategias de reproducción pueden identificarse matices que serán descriptos en el desarrollo del apartado. El concepto de capital erótico, que será retomado en otros capítulos, conjuga la belleza facial y corporal con el encanto y con la persuasión, pero, por lo pronto, se afirma que implica una fuente de valorización en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, ya que posibilita acceder a una mayor cantidad de clientes y obtener una mejor remuneración, adquiriendo recursos económicos y capital social. Si el capital erótico representa una condición en el desarrollo de dicha actividad, en el proceso de ejercerla, las migrantes constituyen conocimientos y técnicas que les permiten incrementar tal capital.

Resulta pertinente describir las maneras en que se llevan a cabo las distintas estrategias de reproducción social de las migrantes. De acuerdo con los lineamientos que establece la teoría fundamentada, la categoría construida se denomina edad al asumir y expresar la identidad de género, las subcategorías son jóvenes y mayores, las propiedades para jóvenes son discriminaciones y violencias, mientras que, para mayores, son padecimiento, frustración, temor y deterioro psicosocial. Las dimensiones se relacionan con la intensidad en la que vivencian estas situaciones y sentimientos que pueden ser potentes, moderadas o leves. Una categoría vinculada a la edad al asumir y expresar la identidad de género es el tipo de estrategias de reproducción social cuyas propiedades son: económicas, educativas, eróticas y simbólicas. Las dimensiones se vinculan con las tácticas correspondientes a la conquista de capitales de acuerdo con cada una de las estrategias. Esta categoría es fundamental para el análisis y se modifica según la edad en la que se asume y se expresa la identidad de género.

Tabla n.° 4: Categoría edad al asumir y expresar la identidad de género según subcategorías, propiedades y dimensiones

Categorías

Subcategorías

Propiedades

Dimensiones

Edad al asumir y expresar la identidad de género

Jóvenes

Discriminaciones y violencias

         Potentes

Moderadas

Leves

Mayores

Frustración, malestar temor y deterioro psicosocial

Fuente: elaboración propia.

A las entrevistadas se les preguntó a qué edad ubicaban el inicio de la transición. En concreto, en qué momento de sus vidas habían comenzado a expresar sus identidades de género. Para ello fue necesario profundizar en qué había consistido ese proceso, ya que algunas de ellas afirmaron que se autoidentificaban como travestis/trans desde pequeñas, pero habían comenzado a expresarlo en el ámbito familiar y social en etapas posteriores.

Durante una entrevista realizada, una migrante relató que había llegado al país teniendo una edad de veinticuatro años y expresándose de manera social como varón cisgénero gay, aunque consideraba la posibilidad de comenzar a expresar la identidad de género travesti/trans. Si bien en Colombia había participado en concursos de belleza y eventos en los que comenzada a expresarse de acuerdo con cómo se autoidentificaba, su familia de origen y su entorno lo impedían. Al llegar al AMBA relataba sus primeras experiencias.

En un kiosco o en algunos lugares me trataban como “ella”, entonces… quizás porque tengo el cabello larguito o cosas así. Entonces, como que ya la pauta que me están diciendo “ella” como chico gay. ¿Porqué me lo pueden decir como chica? Que es como quiero ser y bueno, eh, me abrí más y me abrí más. Y, digo, no estoy en ningún lado en donde a mí me conocen, ni amigos ni colegio ni familia. Un día dije voy a salir a la calle de mujer de día, así a romper el hielo en un Kiosco, acá cerca y bueno y eso fue lo que hice agarré ropa que tenía, me vestí de mujer tranquila normal y me fui al kiosco y volví y los nervios impresionantes para yo salir así de día. Duré casi una hora antes de salir. Después yo dije: “No, tengo que matar esa ansiedad”. Y bueno la maté fui al kiosco y cuando me volví fue lo más normal. Llegué nerviosa y yo dije: “Bueno y así…”. Todos los días hacia como algo más largo, más larguito y bueno así paso todo y yo dije: “Ya esto es lo mío…” (Mariela, colombiana, 28 años).

La ansiedad y el malestar que supone expresarse socialmente implican un desafío para la mayoría de las entrevistadas, porque, para lograr reproducir sus condiciones de vida, deben transitar esas experiencias que se caracterizan por las actitudes que asume la sociedad receptora ante la diferencia. Como se mencionó, Mariela se radicó en el país cuando tenía veinticuatro años y en Colombia alcanzó estudios universitarios avanzados, pero las posibilidades de experimentar su identidad de género en el contexto de la sociedad emisora eran acotadas. Por eso, las primeras experiencias diurnas de expresión social de su identidad ocurrieron una vez consumada la migración. Mariela desarrolló una estrategia matrimonial que le permitió efectuar la migración, ya que había conocido a su esposo cuando él se encontraba de vacaciones en Colombia. Luego de divorciarse, sus oportunidades laborales quedaron diluidas y, a pesar de que su nivel instructivo era óptimo, comenzó a ejercer la prostitución/trabajo sexual en su departamento bajo la modalidad de publicación en sitios web.

Para algunas entrevistadas, la prostitución/trabajo sexual no se vislumbraba como una estrategia de reproducción viable; de hecho, la migración representaba la posibilidad de llevar a cabo una estrategia laboral.

Ahí cuando ella me llamó me dijo: “Venite aquí a la Argentina, que aquí es otra vida”. Entonces cuando le digo: “Sé cero. Contame un poco, contame un poco cómo es, porque mirá que yo no hago prostitución, vos sabes muy bien que yo estoy en contra de la prostitución. No los discrimino, pero yo, para mí eso no es un trabajo y nunca lo voy a hacer”. Esto se lo decía yo a ella por teléfono (Sandra, peruana, 43 años).

En este caso, la entrevistada había llevado a cabo una incipiente transición que, en el contexto de la sociedad emisora, se encontraba enmascarada, producto de la presión discriminatoria que experimentaba tanto en el espacio público como en su ámbito laboral. Sandra tenía expectativas de conseguir trabajo formal en el AMBA, en el rubro farmacéutico, en el que, además de poseer una vasta experiencia, había acreditado mediante el título de auxiliar de farmacia sus saberes. Sin embargo, a las pocas semanas de haber llegado al territorio, esos anhelos quedaron diluidos y tuvo que comenzar a ejercer la prostitución/trabajo sexual como única alternativa de supervivencia. La entrevistada afirmó que la realización de tal actividad denigraba su persona y reconoció la discrepancia entre sus representaciones sociales y lo que efectivamente experimentó en la sociedad receptora. Para Sandra, la migración al AMBA representó una concatenación de matices que osciló entre logros y frustraciones.

Por otra parte, algunas entrevistadas identificaron de manera clara las consecuencias que puede ocasionar el asumir y expresar la identidad de género a edades tempranas.

En otros países no tenemos apoyo de los padres. Uno cuando crece, desde muy chiquito, a veces, por el temor de que nuestro papá nos pegue, aparentamos una apariencia que no queremos ver, pero nosotros, cuando somos unas personas más mayores, ahí recién nos formamos. Recién afrontamos la realidad, aceptamos lo que somos y nos hacemos trans (Carolina, peruana, 19 años).

La falta de apoyo de los progenitores y sus actitudes hostiles ocasionan que las entrevistadas deban alejarse de sus familias de origen. Esto provoca la disolución del capital social y la experimentación de situaciones de vulnerabilidad, violencia y discriminación. En palabras de Wayar (2019), en el ámbito familiar, se conjuga el adultocentrismo con el cumplimiento de las normas de género. Por eso, las estrategias de reproducción que no impliquen ejercer la prostitución/trabajo sexual, en la mayoría de los casos, terminan siendo acotadas. Las travestis/trans, al asumir y expresar sus identidades de género, experimentan el descenso socioeconómico. Según Álvarez Broz (2017: 279):

[…] asumir y consecuentemente expresar la identidad de género resulta un fenómeno social que me atrevo a caracterizar como arrasador —en sus distintas acepciones— en tanto, por un lado, desgasta progresivamente las condiciones de vida de las personas antes y después de transicionar hacia el otro género y, por otro, va generando sentimientos de culpa, malestar, vergüenza, temor, afectando el desarrollo psico-social de estas personas.

Como se caracterizó con anterioridad, los contextos de origen, al ser hostiles, provocan que las travestis/trans eviten expresar socialmente sus identidades de género. En las más jóvenes, el escaso capital social que poseen (familias de origen y amistades) se deteriora con mayor velocidad y terminan ejerciendo la prostitución/trabajo sexual como única alternativa. Las de mayor edad sortean esas vivencias porque enmascaran sus identidades de género; es decir, no las expresan por temor o vergüenza. En algunas oportunidades, en el contexto de las sociedades emisoras, se configura una situación de “doble vida” que consiste en la exposición diurna como varones cisgénero y, durante la noche, en espacios específicos, experimentan la identidad de género travesti/trans. Se trata de la expresión de una dualidad identitaria que conjuga el condicionamiento social con tácticas desplegadas por las entrevistadas para esquivar las consecuencias que supone asumir tal identidad de género. En estos casos, las entrevistadas suelen comenzar a experimentar transformaciones corporales sutiles, pero, debido al rechazo, discriminación y violencia que padecen por parte de sus familias de origen, es que se expresan en determinados espacios de la sociabilidad nocturna. En términos de Meccia (2016), se trata de sociabilidades clandestinas que permiten realizar las primeras experiencias de expresión identitaria.

También, porque se vive libremente, se puede salir a la calle sin miedo de que vas a ser insultada, de puto o de trolo y nada de esas cosas, en el Perú la mayoría de las chicas trans salen de noche porque en el día casi no salen porque a diario son insultadas. Ese lugar es muy machista. Salía y me pagaba un hotel para poder vestirme. Eran tiempos difíciles; mi mamá ya sabía, pero no quería aceptar la realidad, como todo padre de familia, que es muy difícil para ellos aceptar esta cosa. Yo me vestía en hoteles en casa de amigas cuando vivía en la ciudad y nos íbamos de joda, y tenía que volver temprano para que no se dé cuenta (Nora, peruana, 33 años).

En este fragmento, Nora deja en claro cómo el día y la noche expresaban la dualidad en la identidad de género producto de las agresiones y situaciones de discriminación que experimentaba. Por ende, es lógico que la expresión de la identidad ocurra a edades más avanzadas, o bien se consume la migración como alternativa. En el marco de las sociedades emisoras, llevan a cabo performances ocultas en las que expresan de manera clandestina la identidad de género travesti/trans (Álvarez Broz, 2019b). En suma, ante condiciones hostiles provocadas por la indeseable diferencia:

[…] el individuo organiza, a veces, en forma consciente, su propio rite de passage: va a otra ciudad, se refugia en una habitación durante algunos días, con ropas y afeites seleccionados previamente, y después, como una mariposa, emerge para probar sus flamantes alas (Goffman, 2015 [1963]: 105).

En palabras de Pelúcio (2009: 185), “el día es el espacio de las amenazas, de la ‘ilegitimidad’ de sus cuerpos, casi siempre asociados a la prostitución y a una sexualidad sin reglas, y por eso, peligrosos”. De esta manera, el estigma de ser travesti/trans se presenta como un atributo desacreditable (Goffman, 2015 [1963]) e identificable con sencillez, puesto que las disposiciones corporales son insoslayables e involucran una provocación permanente a la hetero-cis-normatividad. Este encubrimiento de la identidad de género representa una estrategia de supervivencia que permite esquivar situaciones de violencia y discriminación, y, al mismo tiempo, posibilita transitar las primeras experiencias sexuales y lazos de sociabilidad de personas que se encuentran en situaciones similares. No obstante, durante el trabajo etnográfico y en las entrevistas, algunas de ellas consideraban que habían padecido el no poder expresar con libertad sus identidades, lo que provocaba sentimientos de malestar y frustración.

De este modo, las travestis/trans, en las sociedades emisoras, en locales bailables, comparten experiencias que permiten explorar formas de expresar sus identidades de género. Representa, a la vez, una prueba que evalúan sus pares y quienes frecuentan estos lugares en las que constituyen las primeras experiencias ligadas al deseo, la corporalidad y el intercambio sobre maneras de vestir y presentar el cuerpo. En resumen, aprenden a adquirir y construir capital erótico.

Por otra parte, una de las travestis/trans peruanas entrevistada relató cómo había comenzado su trayectoria laboral en su país de origen.

Nada, de ahí era volver con mi padre o atención al cliente y luego cambié de banco y, nada, ahí me postulé para Interbank. Del Interbank pasé al ECP y en eso me quedé. Fui asistente de cobranzas. Porque yo tenía la posibilidad en Perú de hacerme todo, pero ellos no me dejaban [sus padres], por la plata que yo manejaba porque ganaba muy bien en el banco, pero no lo hacía por mis papás (Ailin, peruana, 26 años).

Ailin trabajó en diferentes bancos y estudiaba contabilidad en la universidad. El asumir y expresar su identidad de género en el contexto en el que vivía implicaría la pérdida del trabajo, el abandono de los estudios y la desafiliación de su familia. Entonces, tuvo que optar por continuar siendo empleada bancaria sin poder expresar su identidad de género con el padecimiento y la frustración que eso implicaba, o bien migrar y comenzar el proceso de vivir acorde con su autoidentificación. Esa fue su decisión y al llegar al AMBA intentó diversas estrategias.

Traté de buscar trabajo por páginas de clarín, pero no me daba la opción. No servía lo que yo había estudiado, o sea, mis estudios no valían para acá y, bueno, entonces decidí al cuarto día trabajar en la calle (Ailin, peruana, 26 años).

La historia de Ailin es ilustrativa de los condicionamientos sociales que provoca el querer expresar la identidad travesti/trans. La entrevistada relató que, al asumir su identidad de género y expresarla de manera social en el AMBA, no consiguió trabajo formal y debió ejercer la prostitución/trabajo sexual. La migrante, en Perú, estudiaba contabilidad, con lo cual su capital cultural institucionalizado se encontraba en desarrollo, pero, en el marco de la sociedad receptora, no podía ejercer esos conocimientos. Más allá de la homologación de los estudios que mencionó como uno de los obstáculos, esa cuestión burocrática era secundaria, porque, aun logrando su reconocimiento, ese capital cultural le hubiese resultado imposible de ejercerlo a causa de haber asumido y expresado su identidad de género. La erosión del capital cultural se conjugó con la disolución del capital social debido a que debió alejarse de su familia de origen. Además, al contar con escaso apoyo en el país de cadenas migratorias que pudieran favorecer su adaptación, la única alternativa resultó ser el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, actividad en la que padeció diferentes violencias y agresiones. Se observa que la migración representa una alternativa viable para expresar las identidades de género, aunque, en este caso, implicó también la imposibilidad para acceder al trabajo formal y el abandono de los estudios universitarios.

Las migrantes travestis/trans sudamericanas que asumen sus identidades de género siendo adultas (pasado los veinticuatro años), tienden a experimentar este proceso de un modo distinto respecto de las más jóvenes. Dicho de otro modo, de acuerdo con la edad al asumir la identidad de género y expresarla socialmente es que se articulan vulnerabilidades y discriminaciones de distinto modo. Las más jóvenes, al asumir sus identidades de género y expresarlas socialmente, por lo general, padecen un conjunto de discriminaciones, violencias e incluso abusos y violaciones. Habiendo transitado diversas instancias que implican el alejarse de las familias de origen, en ocasiones, migran de manera interna para luego consumar la migración al AMBA y, de este modo, es que pueden vivir de acuerdo con cómo se sienten y se autoperciben. Es posible determinar que la migración representa una estrategia medular de inversión económica y simbólica, aunque, en determinados casos, las condiciones de vida resultan deterioradas.

En las migrantes travestis/trans sudamericanas que han asumido su condición y la expresaron a una edad adulta —por lo general, después de los veinticinco años— priman sentimientos de padecimiento, malestar y deterioro psicosocial. En estos casos, se observa que el capital social, cultural y económico suele conservarse o incluso incrementarse, aunque la principal consecuencia radica en intensos sentimientos de frustración y padecimiento. La mayoría de ellas afirma que cumplían con las expectativas de las familias de origen y de sus entornos, pero no con las expectativas que tenían ellas respecto de la realización de sus identidades de género.

A la edad de 15 años, a mí se me metió la idea de ya no verme como chico. Yo quería verme como una chica, pero yo cursaba por este tiempo el colegio, y no, y mi mamá no me dejaba ser yo misma, o sea, tenía que seguir cumpliendo reglas de ella. Vivía ahí prendida de ella, o sea, no podía verme como yo quería. Entonces decidí dejar el colegio. Luego a la edad de los 16, para terminar el colegio, yo le dije a mi mamá que yo no me veía como chico, que yo en un futuro me veía como una chica, cosa que mi mamá no lo pudo aceptar y todo lo demás. Comencé a ir a la preuniversidad y dije: “No. Yo no quiero esta vida, yo no quiero seguir de chico”, y decidí dejarme crecer el cabello y comenzarme a comprar ropa de chica y así fue mi etapa. Entonces, cuando ya comencé ya hormonizarme obviamente, no me sentí chica, sino comencé a ver cambios de chica, yo ya me sentía chica (Jesica, peruana, 21 años).

Jesica estaba convencida de su identidad de género, aunque suponía las dificultades y consecuencias que esto iba a ocasionar. De hecho, hasta consideraba ingresar a la universidad y ocultar su condición. Pero como esto suponía un padecimiento insoslayable decidió comenzar la transición en su país. Al dejar los estudios y el trabajo que poseía migró al AMBA con idas y vueltas, hasta que luego de esa inestabilidad logró alcanzar cierta consolidación. Cuando se la interrogó respecto de qué actividad laboral realizó cuando llegó a nuestro contexto, afirmó:

Por trabajo, lo que pasa es que yo trabajo por internet y se me dio la posibilidad venir y trabajar por primera vez en páginas, pero no tuve bien el contacto del departamento y tuve que salir a la calle (Jesica, peruana, 21 años).

“Tenía la posibilidad de trabajar en páginas” significa que podía ejercer la prostitución/trabajo sexual desde su departamento, publicando un aviso en sitios web destinados a la oferta de sexo. Si bien afirma que acabó ejerciendo esa actividad en el espacio público, lo central es que vuelve a repetirse una trayectoria biográfica con similares características a la de otras entrevistadas. Asumir la identidad de género travesti/trans es sinónimo de quedar desocupada, abandonar los estudios y desarrollar la prostitución/trabajo sexual como única estrategia de supervivencia. Jesica, como se mencionó, trabajaba de manera formal en el Perú, pero había iniciado la transición de manera sutil para no ser reconocida y despedida. Al migrar y expresarse como travesti/trans, debió ejercer la actividad antes mencionada quedando excluida del trabajo formal. En definitiva, puede observarse que, mediante la migración, Ailin y Jesica pudieron esquivar la presencia hostil de las familias de origen, aunque no determinadas condiciones objetivas propias de la sociedad receptora como, por ejemplo, la exclusión del mercado de trabajo formal.

Como se mencionó, Álvarez Broz (2017) sostiene que la condición travesti/trans erosiona los capitales acumulados en la trayectoria biográfica. Es innegable que esta investigación ha observado algunas características similares; sin embargo, algunas de ellas han podido sostener sus condiciones de vida sin que sus capitales se diluyeran e, incluso, han logrado incrementarlos.

El proyecto migratorio puede significar un atajo, una estrategia diferente a lo que le sucede a la mayoría de las travestis/trans, sean jóvenes o mayores. Dado que la mayoría ejerce la prostitución/trabajo sexual como estrategia de supervivencia, quienes han migrado en la juventud pueden vislumbrar otras expectativas —al menos, vivir en un ámbito que consideran menos hostil— y, las mayores pueden asumir sus identidades y expresarlas con la expectativa de ejercer sus capitales. Si bien en algunos casos el deterioro de las condiciones de vida se observa luego de consumar la migración, en otros, permite la realización de estudios universitarios, el acceso a un DNI acorde con sus identidades de género y el acceso a la salud. De manera puntual, algunas entrevistadas relataron que pudieron acceder a trabajos informales y, como se señaló, se están desarrollando en universidades públicas e institutos terciarios mediante estrategias educativas.

En algunos casos, se ha podido observar que las migrantes travestis/trans sudamericanas se reapropian de recursos ligados al capital económico y social que habían sido erosionados por su condición de género. Aylén, cuyo relato se citó con anterioridad, al asumir su identidad y expresarla socialmente en el AMBA, continuó con sus estudios universitarios, reprodujo su capital económico dedicándose a trabajos no calificados e incrementó su capital social mediante la participación en organizaciones políticas. De esta manera, la migrante relató que continuaría estudiando Medicina con el fin de regresar a su comunidad. En suma, en el trabajo de campo realizado, pudo constatarse que algunas de ellas habían realizado estudios terciaros y universitarios en carreras como Medicina, Diseño Gráfico, Ingeniería, Psicología y Abogacía. Es aquí en donde pudieron observarse regularidades empíricas que permiten sostener que la migración es un atajo, una estrategia de inversión medular que contribuye a mejorar la posición en el espacio social.

Algunas personas conocidas por las entrevistadas están comenzando a adquirir trabajos formales como consecuencia de las legislaciones que establecen cupo laboral trans. En las organizaciones en las que se realizó trabajo etnográfico, las migrantes consideran que la prostitución/trabajo sexual no es una opción viable y las redes que constituyen posibilitan que se generen otras expectativas. Por ejemplo, una de ellas logró conseguir las habilitaciones necesarias para instalar una peluquería, realizando un microemprendimiento como alternativa a la prostitución/trabajo sexual. Para las entrevistadas, el vincularse con organizaciones políticas y relaciones sociales con pares permite incrementar el capital social con el fin de desarrollar otras estrategias de reproducción social.

Además, lejos de caer en una visión victimista sobre los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas, el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual permite que las migrantes expresen socialmente sus identidades (Fernández, 2004). En esa actividad, construyen capital erótico, económico y social, y entablan vínculos con una diversidad de personas. Al principio, los rituales de preparación para el ejercicio de esa actividad se traducen en los denominados montajes, que consisten en una serie de estrategias de producción estética destinadas a captar clientes y acceder a una mayor remuneración. A su vez, ese incremento de capital económico puede traducirse en la adquisición de capital erótico[21] y reconstitución de capital social porque, al enviar remesas a sus familias de origen y mostrarse autosuficientes, incrementan sus niveles de aceptación social, aspecto que se analizará con mayor profundidad en el capítulo cinco. Lo que se pretende señalar es que, en la realización de esa actividad, también acceden a capitales, por lo que puede observarse la agencia de las entrevistadas aun cuando las condiciones que afrontan sean excluyentes. En definitiva, a partir del capital erótico se producen estrategias de reconversión que permiten acceder a otros capitales.

En contraste, otros caminos implican, por ejemplo, participar en organizaciones políticas que, más allá de la postura que asumen respecto de la prostitución/trabajo sexual, en ellas construyen capital social que puede permitirles acceder a un trabajo formal. En el contexto del AMBA, la Ley de Identidad de Género (Ley N.o 26743) y la Ley de migraciones (Ley N.o 25. 871) han representado importantes transformaciones. El poder acceder al cambio de la identidad y acreditarla de manera formal en el marco de la sociedad receptora, y acceder a derechos como la educación y la salud son factores cristalizados en esos marcos jurídicos sobresalientes a nivel internacional. Además, nos encontramos ante un contexto histórico atravesado por el avance del movimiento político feminista que, entre sus acciones, le ha otorgado importancia y reconocimiento a las identidades de género y sexuales disidentes, y ha llevado a cabo reivindicaciones para el cumplimiento efectivo de sus derechos (Vásquez Laba, 2019).[22]

En conclusión, pudo verificarse que, para las travestis/trans sudamericanas, al asumir y expresar socialmente la identidad de género, sus condiciones de vida suelen deteriorarse, factor que se expresa mediante la disolución de capitales y el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual como estrategia de supervivencia recurrente. Esto se relaciona con la edad, porque aquellas que transicionan siendo adultas esquivan tal erosión, pero transitan sus vidas con padecimiento, frustración y temor. En cambio, las jóvenes no experimentan ese deterioro psicosocial por no poder expresarse, pero afrontan condiciones de vida desfavorables atravesadas por la discriminación y la violencia. Si bien se trata de regularidades empíricas, esta tesis sostiene que estas consideraciones pueden matizarse, puesto que se han observado otras estrategias educativas, laborales y matrimoniales a partir de la migración que no involucran el ejercicio de prostitución/trabajo sexual de manera exclusiva ni condiciones de vida desfavorables u hostiles. De todas maneras, han sido casos puntuales que no resultan representativos de lo que experimentaron la mayoría de las entrevistadas.

3.7. Comentarios finales

Las condiciones objetivas de las sociedades emisoras en el que las travestis/trans sudamericanas comienzan a construir sus identidades de género suelen ser hostiles. Ante estas situaciones, la migración representa una estrategia que puede adquirir múltiples sentidos y responde a diversas motivaciones y representaciones sociales. La construcción de los proyectos migratorios de las travestis/trans no es el resultado de una decisión voluntaria, sino de una compleja trama entre aspectos objetivos y subjetivos. Como tal dualismo carece de sentido, en las potenciales migrantes y en el contexto de las sociedades emisoras, se constituye un habitus migratorio que configura la singularidad de los proyectos migratorios, permite anticipaciones prácticas e influye en las estrategias de reproducción social que se llevan a cabo en el marco de la sociedad receptora.

Mediante sus representaciones sociales, las entrevistadas mencionan al crisol de razas para definir a la sociedad receptora como un entorno comparable con Europa, en el que reina el respeto por la diversidad. En suma, invocan también un crisol de géneros, en donde la proliferación de géneros e identidades sexuales parece consolidarse en un clima de armonía y naturalidad atravesado por el respeto a la diversidad cultural y sexual. Las migrantes travestis/trans sudamericanas consideran que, más allá de las contradicciones que experimentan en el destino migratorio, el AMBA, representa un espacio de menor hostilidad para realizar y vivir sus identidades de género. En este contexto, tanto la Ley de Identidad de Género como la Ley de Migraciones representan marcos jurídicos que atraen a la población travesti/trans sudamericana en tanto elementos objetivos que proporciona la sociedad receptora. Más allá de que no sean conscientes de la existencia de la Ley de Migraciones, acceden a derechos que en las sociedades emisoras resultarían impensadas.

Los motivos de la migración son variables por lo que pueden observarse diferencias en los proyectos migratorios. Se han sintetizado que las razones para migrar al AMBA pueden ser culturales, económicas, de acceso a derechos o responder a redes/cadenas migratorias. Las entrevistadas consideran que, en el contexto de la sociedad receptora, pueden expresarse con mayores libertades en el espacio público, mejorar sus recursos económicos mediante el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual y acceder a derechos como la educación, salud y obtener el DNI en concordancia con sus identidades de género. A partir de los motivos de la migración, es posible establecer que existen diversos tipos de proyectos migratorios, aunque existen regularidades que dan cuenta de un habitus migratorio. Si bien algunas de ellas poseían las expectativas de insertarse en el mercado formal, la mayoría terminó ejerciendo la prostitución/trabajo sexual como única alternativa de supervivencia. La concatenación entre motivos y representaciones sociales no es inmutable, por el contrario, puede modificarse una vez que las travestis/trans transitan experiencias en el contexto del AMBA, por lo que puede observarse que la mirada sobredimensionada de la sociedad receptora deviene en críticas y cuestionamientos.

En las entrevistadas se observa que existe una relación entre edades al asumir y expresar socialmente las identidades de género y las estrategias de reproducción desarrolladas. Las de menor edad experimentan el rechazo y la hostilidad de las familias de origen y entornos, lo que ocasiona la disolución de los capitales adquiridos hasta el momento. Las de mayor edad, en cambio, evitan tal erosión, pero sienten temor y culpa, y padecen el no poder expresarse como desean. En la mayoría de los casos, al asumir y expresarse socialmente como travestis/trans, la prostitución/trabajo sexual termina siendo la única estrategia de supervivencia ante la imposibilidad de llevar a cabo otras estrategias laborales. No obstante, en el desarrollo del capítulo, pudo observarse que, en otros casos, la migración quiebra, hasta cierto punto, la relación entre identidad de género, edad y prostitución/trabajo sexual porque las que han consumado el desplazamiento pueden expresarse con mayor libertad y a la vez, desarrollar estrategias de reproducción que permiten la expansión de capitales económicos, sociales, eróticos y culturales. Por eso, se afirma que la migración representa un atajo ante condiciones de vida de hostilidad, una estrategia medular de inversión económica y simbólica capaz de mejorar la posición en el espacio social obteniendo reconocimiento e incrementando la aceptación social.

Algunas preguntas disparadoras que emergen a partir del análisis permiten vincular lo que se abordará en el capítulo siguiente: ¿de qué manera las representaciones sociales se modifican una vez que afianzan la vida en el AMBA?, ¿cómo llevan a cabo la migración?, ¿qué tipo de vínculos constituyen entre ellas?, ¿de qué manera se produce la integración social? Para responder a estas preguntas es necesario conocer cómo se desarrolla el resto del primer y segundo tiempo migratorio.


  1. Es pertinente la aclaración porque en el siguiente capítulo se describen categorías que son anteriores a las estrategias de reproducción social que se generan una vez consumados los proyectos migratorios. De todas maneras, las diferentes estrategias de reproducción social se presentan en este capítulo por su afinidad con los motivos de la migración y con el fin de lograr claridad en la presentación.
  2. En marzo del 2020, a Lara se la reconoció en el DNI como feminidad travesti, por lo que se reconoció su identidad de género.
  3. No se informa la edad de esta informante porque se carece de esa información.
  4. Es un término alusivo al programa televisivo “Dragon Ball Z”.
  5. Los aportes del psicoanálisis no forman parte del marco teórico; sin embargo ,algunos de sus aportes pueden ser pertinentes. En definitiva, en la afirmación que hace la entrevistada está en juego “la falta” y la “completitud”.
  6. Esto lo indican diferentes informes o relevamientos cuantitativos, lo que no quiere decir que otras asuman sus identidades de género ya mayores de edad.
  7. La autora es quien utiliza esta sigla.
  8. Transición no significa que se pasa de una identidad de género a otra. No se sostiene una postura estática y asimilacionista, en donde se deja de ser varón para pasar a ser mujer en el marco de una transición. Tal categoría refiere al proceso de construir la identidad de género travesti/trans en el contexto de las sociedades emisoras.
  9. El autor refiere a personas gays, pero puede aplicarse también en este caso.
  10. Zuñiga Elizalde (2014) plantea que, en el acoso callejero respecto de las mujeres cisgénero, la presencia en el espacio público es penalizada.
  11. Es un organismo de seguridad que opera en la ciudad de Lima, Perú.
  12. Esto significa que a los migrantes sudamericanos se los desplaza como conformadores de la propia etnia, a pesar de que, durante el siglo XX, estas migraciones se mantuvieron constantes en torno al 3 % de la población. Es decir, el crisol de razas, al ser eminentemente europeo, no puede reconocer en las últimas décadas lo sudamericano y es por ello por lo que, en otras investigaciones (Cohen, 2004: Perez Ripossio, 2018), pudo demostrarse que los migrantes sudamericanos son considerados usurpadores.
  13. El passing, desde una definición simplificada, refiere a la capacidad y a las cualidades de una persona travesti/trans para enmascarar su identidad de género como si se tratara de una persona cisgénero. Es decir, la condición trans no es perceptible.
  14. En las conclusiones de la tesis, se propone como indagación para el futuro observar las representaciones sociales de las migrantes en algunas sociedades emisoras con el fin de observar las discrepancias que ocurren una vez efectuado el desplazamiento.
  15. La Ley de Migraciones (Ley N. ° 25871), en su artículo 7 señala: “En ningún caso la irregularidad migratoria de un extranjero impedirá su admisión como alumno en un establecimiento educativo, ya sea este público o privado; nacional, provincial o municipal; primario, secundario, terciario o universitario. Las autoridades de los establecimientos educativos deberán brindar 10 orientación y asesoramiento respecto de los trámites correspondientes a los efectos de subsanar la irregularidad migratoria”.
  16. Esto no quiere decir que no hayan observado aspectos vinculados a la migración. Pero los análisis tienden a focalizarse en la identidad de género.
  17. No se desconoce que la autora refiere a otra unidad de análisis (travestis nativas), pero algo similar ha podido observarse en las migrantes de edades más avanzadas.
  18. Esto puede observarse críticamente porque los cuerpos siempre poseen algún nivel de intervención, aunque es común que las entrevistadas recurran a la naturaleza y a la naturalidad para describir sus cuerpos.
  19. El embellecimiento corporal no es el único indicador de capital erótico, pero en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual es decisivo.
  20. Esto no contradice lo expuesto anteriormente. El embellecimiento corporal no se conforma como motivo de la migración, pero una vez efectuada esta en el desarrollo de determinadas actividades como la prostitución/trabajo sexual resulta primordial.
  21. Hakim (2012), al referir al capital erótico, menciona un conjunto de indicadores que refieren al cuidado corporal, lo accesorios, la moda y el perfume. Estos elementos implican desplegar recursos económicos para poder adquirirlos.
  22. Estas discusiones se insertan también en relación con la ley del cupo laboral trans, que podría facilitar que estas personas accedan al trabajo formal.


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