El estigma de la alteridad travesti/trans migrante
Así íbamos detrás de los clientes, obligadas al calor, a sentir que no había nada peor que ser una mariquita sofocada por el mundo caliente de los varones, donde todo se resuelve con patadas y trompadas. Con el secreto deseo de matarlos a todos, de acabar con el mundo de una vez, a ver si así acababa también la bronca acumulada por ese maltrato perpetuo.
(Camila Villada, 2019, p. 119)
5.1. Introducción
La llegada al AMBA, para las migrantes travestis/trans sudamericanas, puede adquirir diversos significados. En algunos casos, se consolidan las representaciones sociales que se habían construido, mientras que, en otros, se modifican drásticamente. Decepción y fascinación se condensan de acuerdo con una pluralidad de experiencias complejas que entrelazan las posibilidades de expresarse con mayores libertades, acceder a derechos impensados en las sociedades emisoras y, a la vez, transitar las oscuridades del AMBA. Son la violencia, la criminalización y la discriminación experiencias usuales. La superación de la travesía que supone el viaje depende, en buena medida, de la calidad de las cadenas migratorias de las que disponen. Luego de haber migrado e instalarse en la vivienda de algún familiar, amigo/a, marido o madrina, comienzan a experimentar la vida en el destino migratorio. Allí se despliegan diversas experiencias que, por su variedad y complejidad, resultan inabarcables. Algunas de ellas participan en reuniones sociales, militan en organizaciones políticas, entablan amistades y se vinculan de manera afectiva con varones.
En este contexto, el capítulo se propone analizar la violencia de las fuerzas de seguridad y de los clientes durante el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual que suelen presentarse de manera común en los proyectos migratorios de las entrevistadas. A pesar de que tanto a nivel legislativo como cultural se ha avanzado en el respeto de la diversidad cultural y sexual, aún persisten diferentes situaciones de hostilidad. Además, teniendo en cuenta lo que aportaron algunas entrevistadas e informes cuantitativos elaborados de manera reciente, se analizan los procesos de criminalización, detención y aprehensión de las migrantes, que tienen como resultado el estar privadas de su libertad en distintos penales y unidades penitenciarias del AMBA.
Para avanzar, en el análisis se aborda la discriminación hacia las migrantes travestis/trans tanto por su condición migratoria como por su identidad de género. También se describen algunas diferencias que adquieren las discriminaciones en función de la nacionalidad, integrando el análisis con el fin de observar de qué manera tales discriminaciones se articulan e influyen entre y para identificar las particularidades de los proyectos migratorios de las entrevistadas. La discriminación representa el principal eje del capítulo debido a la diversidad de experiencias que han relatado las entrevistadas. Por eso, es pertinente establecer que para los fines de esta tesis, la condición migratoria no refiere al estatus legal de las entrevistadas; se vincula al hecho de que las personas entrevistadas son migrantes externas, es decir, parten de esa condición. Luego, sobre el final del capítulo, se abordan las diferencias que han emergido según la nacionalidad, ya que la condición migratoria no es estrictamente homogénea.
Aunque los interrogantes de la investigación fueron mencionados en la metodología, cabe recordar que este capítulo se orienta a responder, en relación con las migrantes travestis/trans sudamericanas, cuáles son las principales violencias de las fuerzas de seguridad y de los clientes, a qué se debe el alto porcentaje de travestis/trans migrantes privadas de su libertad, cómo se articulan las discriminaciones en función de la identidad de género y la condición migratoria, y qué diferencias y similitudes pueden observarse respecto de las discriminaciones comparando las distintas nacionalidades de las entrevistadas.
5.2. Violencia de las fuerzas de seguridad y clientes
La violencia atraviesa las trayectorias biográficas de las travestis/trans sudamericanas a edades tempranas, sobre todo, desde que asumen sus identidades de género y comienzan a expresarlas tanto en el ámbito familiar como en el contexto de las sociedades emisoras. “Transfobia, discriminación, impunidad y violencia policial determinaban el día a día de una travesti, haciendo patente la precaria frontera entre la vida y la muerte” (Vartabedian, 2012: 77). En consecuencia, es común que ellas se definan como “sobrevivientes” (Álvarez Broz, 2018). Aunque en el capítulo anterior se abordaron los vínculos entre las migrantes travestis/trans sudamericanas mediante la observación de la solidaridad, la indiferencia y la competencia, una regularidad empírica observada fueron los distintos tipos de violencias que se ejercen contra ellas. En este apartado, se describen las violencias de las fuerzas de seguridad y los clientes durante el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, ya que estos representan los actores de mayor relevancia cuando se pretende analizar esta categoría.
Según Blair Trujillo (2009), la violencia es un concepto polisémico que puede referir al uso de la fuerza mediante pilares simbólicos y físicos. Con base en Jean-Marie Domenach, el autor establece que puede expresarse mediante tres dimensiones, a saber: psicológico, moral y político. Un factor recurrente que ocurre en el marco de los proyectos migratorios consiste en el accionar violento y maltratador de las fuerzas de seguridad (Berkins y Fernández, 2005), que, incluso, puede derivar en travesticidios/transfemicidios (Radi, y Sardá-Chandiramani, 2016). Asimismo, un informe sobre las condiciones de vida de las personas travestis/trans del Ministerio Público de la Defensa (2017) establece que la policía ejerce diferentes tipos de violencia y concluye que representa un factor común en las trayectorias de la mayoría de las travesti/trans.
Aunque no es un objetivo de esta tesis comprender la categoría Motivos de la prostitución/trabajo sexual, es posible afirmar, que las migrantes travestis/trans se encuentran en una situación de vulnerabilidad mayor respecto de otras poblaciones. Los aportes respecto de este aspecto son variados y es complejo determinar que las travestis/trans sudamericanas, en relación con las nativas, experimentan otro tipo de violencias y con diferentes intensidades. Sin embargo, teniendo en cuenta que esta investigación toma de manera específica las migraciones de la población travesti/trans sudamericanas, resulta primordial describir las diferentes violencias que experimentan durante el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual porque obviarlo implicaría invisibilizar un factor relatado en las entrevistas de manera frecuente.
La categoría tipo de violencia policial posee tres propiedades: agresiones verbales, agresiones físicas y procesos de control. De acuerdo con cada propiedad, las dimensiones son insultos y descalificaciones (reproducción de ideología xenófoba y transfóbica), golpes (utilizando equipamiento policial), tener relaciones sexuales bajo presión, alejarlas del espacio en donde ejercen la prostitución, realizar requisas de manera arbitraria y vejatorias y labrar actas contravencionales. Otras dimensiones no especificadas en la tabla se vinculan con la frecuencia en la que suceden las violencias y las intensidades, puesto que algunas de ellas son potentes mientras que otras, moderadas y leves.
Tabla n.° 8: Categoría tipo de violencia policial según propiedades y dimensiones
Categorías | Propiedades | Dimensiones |
Tipo de violencia policial | Agresiones verbales | Insultos y descalificaciones (reproducción de ideología xenófoba y transfóbica) |
Agresiones físicas | Diferentes golpes (utilizando equipamiento policial) | |
Agresiones sexuales | Tener relaciones sexuales bajo presión | |
Actuaciones policiales de control | Apartarlas del espacio, requisas arbitrarias, vejatorias y labrar actas contravencionales |
Fuente: elaboración propia.
A continuación, dos entrevistadas relatan distintas situaciones que vivieron mientras ejercían la prostitución/trabajo sexual en el barrio de Constitución y de Once.
Entonces, estaba laburando y viene un camión de esos grandes de policía. Había como cuatro policías adentro y me pide el documento. Le digo que soy peruana y llegue hace tres días y me dice: “Subí”. “¿Pero por qué?”. “Subí, subí vos”, “Me van a matar y me van a dejar por ahí”, le dije y me dice: “No, te vamos a coger entre todos”. “Pero yo no quiero que me cojan”. “Te lo hacemos práctico, pendeja, te haces coger por todos nosotros o te quedas ahí adentro por ocho o nueve horas, entonces, agarré y dije: “Bueno”. Me subí y me pasearon por puerto madero hasta parar en la comisaría, una entraba y otro salía (Marta, peruana, 28 años).
En otra oportunidad, subí y en el vehículo y me llevaron por acá bajo en el parque Patricios por dónde está el Muñiz, ahí me llevaron donde estaba toda la escuela y me cogieron, y yo no podía decir mucho porque te dejaban presa ocho o nueve horas. Y una vez me llevaron presa y me dijeron: “Si vos querés salir más temprano o quedarte más horas”. “Sí, temprano”. “Bueno entonces tenés que coger con los que estamos acá” y no había policías mujer (Marta, peruana, 28 años).
La policía, para evitar la violencia, digamos, me llevaban en el auto, lejos, lejos. Tenía que tener sexo con ellos. Porque si no me amenazaban de que me iban a llevar presa a la comisaría. Yo desconocía, estaba aprendiendo. No sabía cómo defenderme, no sabía cómo hablar, no sabía cómo decir nada (Sandra, peruana, 43 años).
Marta vivió este hecho de agresión sexual cuando tenía 18 años y había migrado al país hacia apenas tres días. El estar en el espacio público ejerciendo la prostitución/trabajo sexual implica una transgresión normativa de los códigos morales hegemónicos (Benhabib, 2005) respecto de los usos del espacio público. Aunque no es el objetivo del capítulo detenerse en la normativa formal respecto de la denominada prostitución callejera, la presencia de las travestis/trans haciendo visibles sus identidades de género provoca tensiones que desbordan la dicotomía legalidad-ilegalidad en relación con dicha actividad.[1] Es probable que la transgresión de la norma se concatene con las vulnerabilidades relacionadas con la diferencia, ligada a la nacionalidad, a la condición migratoria y al ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, lo que expone a las migrantes travestis/trans a condiciones de vida desfavorables y sujetas al trato vejatorio de las fuerzas de seguridad. Son características que contribuyen a la discriminación/violencia y estas pueden ser entendidas desde la tensión normalidad-desviación. Dicho de otro modo, el ser migrantes travesti/trans sudamericanas y ejercer la prostitución/trabajo sexual son condiciones representadas por la desviación de lo que se espera, de lo que se considera que debe ser “lo normal”. Entonces, surge la necesidad de la sanción y para ello se construye el adecuado marco normativo que identifica, visibiliza y sanciona estas desviaciones, estos incumplimientos. Hay dos miradas de este fenómeno. La que considera que estas personas incumplen la norma y la que considera que la norma estigmatiza y, a partir de allí, se sanciona.
En relación con los aportes de Varela y Daich (2014), es posible sostener que las migrantes travesti/trans se enmarcan en lo que Agamben (2003) denomina homo sacer, debido a que se trata de “… una vida separada de todo contexto, una vida considerada como mera vida y no como forma de vida, una vida que sólo se incluye en el ordenamiento jurídico para ser excluida” (Quintana Porras, 2006: 49). De este modo, pueden acceder al cambio registral y obtener el DNI acorde con su identidad de género luego de un largo proceso que conjuga el poseer residencia permanente con tiempos burocráticos y ejercer la prostitución/trabajo sexual, pero sus cuerpos pueden ser violentados como consecuencia de la transgresión a la hetero-cis-normatividad imperante en la sociedad receptora. En resumen, están sujetas a una situación de violencia permanente.
En una línea similar, Sandra relata un suceso con la misma estructura, aunque agrega que ella no sabía defenderse; es decir, la falta de información y vulnerabilidad en la que se encontraba contribuyó a que no pudiera defenderse. Durante la entrevista, como fue señalado el capítulo anterior, el haber tejido redes en el marco del activismo le permitió acceder a información sobre sus derechos y poder enfrentarse a situaciones de hostilidad en mejores condiciones.
Otros relatos no poseen la crudeza de los anteriores, pero ilustran del mismo modo las características ideológicas por las que se ve atravesada la policía.
—Sí, el policía te lleva de la nada. Había ido a comprar y tenía el bolso y la policía me agarró y me llevo solo por ser trans, y yo reaccionaba como cualquier persona y yo teniendo el documento como mujer.
—¿Y teniendo el documento de mujer?
-Sí, pero siempre nos van a tratar como prostitutas (Nora, peruana, 33 años).
Con fundamento en Becker (2009), se puede decir que la policía se encuentra abocada a la sanción de las normas tanto jurídicas-formales como morales. La construcción social de la desviación no se vincula con los asideros reales y concretos de la venta de estupefacientes; por el contrario, se asocia con la expresión social de la identidad de género travesti/trans al ser, además, migrantes sudamericanas. Esa transgresión resulta insoportable para la sociedad receptora y, por ende, debe ser controlada. A fin de cuentas, los dispositivos jurídicos son pertinentes, pero no hay que perder de vista que estos se complementan con la instauración de normas sociales, sexuales y culturales que pueden constituirse como desviadas. La policía debe hacer cumplir las normas que interceptan lo legalmente establecido con lo cultural, lo que demuestra que la fuerza de la desviación excede lo jurídico. Si bien las normas pueden quedar plasmadas de manera formal, como en el caso de los edictos policiales, su derogación ha evidenciado que pueden utilizarse otros mecanismos, incluso aquellos que se encuentran por fuera de lo jurídico-legal, sobre todo, cuando se trata de borrar la indeseable diferencia (Goffman, 2015).
Durante el trabajo de campo, en reuniones de organizaciones políticas, pudieron registrarse innumerables relatos sobre cómo la policía detenía a las travestis/trans por el solo hecho de estar en el espacio público. Sin embargo, la mayoría de ellos respondía al contexto de vigencia de los edictos policiales que permitían este tipo de actuaciones. En este caso, la entrevistada narraba algo similar y, aunque había realizado el cambio de DNI, las marcas inscriptas sobre el cuerpo y las diferencias que se producen como estigmas provocaron que fuera aprehendida de manera transitoria. La entrevistada afirmó lo siguiente: “Siempre nos van a tratar como prostitutas” e hizo énfasis en las características de la manera en que las caracteriza la sociedad receptora y cuyos aspectos se presentan como inmutables.
Fueron recurrentes las historias de agresiones verbales y físicas relatadas en conversaciones o entrevistas, lo que permite afirmar que las fuerzas de seguridad poseen un trato hostil hacia ellas que es el resultado de la imbricación entre la identidad de género y la condición migratoria, tal como se analiza en los apartados sobre criminalización y discriminación.
En otro orden de ideas, el universo de los clientes y las travestis/trans representa un aspecto que ha sido abordado observando las prácticas sexuales que, por lo general, se llevan a cabo. En el ámbito local, Barreda (1993) y Fernández (2004) describieron aspectos de la sexualidad del cliente y las motivaciones según el relato de las travestis/trans. Las entrevistadas relatan que la gran mayoría de los clientes suele ser asumir un papel pasivo durante el acto sexual. Sobre la orientación sexual de los clientes, debido a cuestiones éticas, no se proporciona una definición ni se construyó una categoría en particular. Las migrantes travestis/trans sudamericanas caracterizan a los clientes como heterosexuales, heterosexuales flexibles o versátiles, bisexuales e incluso homosexuales.
Si bien algunas consideraciones sobre cómo se intercepta la sexualidad y la espacialidad para entender procesos discriminatorios se abordan más adelante, el barrio de Constitución representa uno de los epicentros de la prostitución/trabajo sexual de las travestis/trans sudamericanas. Esto posee diversas implicancias, pero se traduce en que acceden a recursos económicos menos elevados en relación con otros espacios como, por ejemplo, los bosques de Palermo. Las entrevistadas denominan este espacio como el bosque o la zona. Los clientes suelen acercarse al barrio de Constitución en vehículos que pertenecen al segmento B y también debido a la circulación que provoca la estación del ramal de tren General Roca, algunos transeúntes devienen en clientes luego de una breve interacción. No es posible determinar su clase social, pero es posible afirmar, de acuerdo con la observación de diferentes indicadores, que el nivel socioeconómico es medio-bajo. Se presentan dos mapas en donde las travestis/trans ejercen la prostitución/trabajo sexual.[2]
Mapa N.° 1: Espacio en el que ejercen la prostitución/trabajo sexual (barrio de Constitución)

Mapa N.° 2: Espacio en el que ejercen la prostitución/trabajo sexual (barrio de Palermo)

Fuente: google mapas
Por otra parte, las travestis/trans migrantes, por lo general, no utilizan calificativos como mariconas u otras acepciones para denominar a los clientes que solicitan ejercer un papel pasivo, tal como lo señalan algunas etnografías brasileñas (Vartabedian, 2012). Por el contrario, ha podido constatarse que, en relación con sus clientes y maridos, ellas les otorgan escasa importancia a los papeles que se asumen en el coito. De esta manera, los pilares heteronormativos son cuestionados y se asume que el ejercicio de la sexualidad implica una versatilidad que varía en diferentes grados.
En el contexto de estas regularidades puede observarse que en numerosas publicaciones (Barreda, 1993; Kulick, 1998; Fernández, 2004; Vartabedian, 2012, entre otras), han podido demostrar que la violencia de los clientes es un factor común en las trayectorias de vida de las personas travestis/trans migrantes y se presenta mediante diversos tipos de agresiones. De esta manera, la construcción teórico-metodológica de la categoría tipo de violencia de clientes, elaborada en función de los procedimientos establecidos por la teoría fundamentada, posee las mismas subcategorías que las referidas a la violencia policial, con excepción de “procesos de control” (agresiones verbales, físicas y sexuales). Sus dimensiones se vinculan a la intensidad, a la frecuencia y a las formas en que se expresan estas agresiones.
Tabla n.° 9: Categoría tipo de violencia de clientes según propiedades y dimensiones
Categorías | Propiedades | Dimensiones |
Tipo de violencia de clientes | Agresiones verbales | Insultos, gritos y burlas Intensidades y frecuencia |
Agresiones físicas | Golpes, uso de armas blancas y de fuego Intensidades y frecuencia | |
Agresiones sexuales | Gestos obscenos, abuso sexual y violación Intensidad y frecuencia |
Fuente: elaboración propia.
En el análisis concreto de la evidencia empírica, dentro de la importante cantidad de relatos sobre violencia de los clientes que se registraron, se seleccionaron dos, de acuerdo con la riqueza aportadas en esas descripciones.
No, seguía viviendo en Quilmes, pero iba a trabajar. Tenía el auto. Así que, de todas esas veces, pasó eso y hubo una vez un incidente: yo estaba trabajando con unas amigas en una esquina y paso una camioneta que se subió a la vereda y la camioneta se pasó para pisarnos. Se subió a la vereda. Como la camioneta era alta y yo como justo tenía la cartera, le tiro con la cartera y el tipo se va y se para en la esquina. Nosotros lo miramos; habrá estado parado unos veinte minutos y yo estaba de espaldas dándole la espalda a la camioneta, de esquina a esquina. Era fin de semana y siento un golpe y caigo al piso: el tipo me había disparado. Me llegó a la cabeza, tengo todavía la cicatriz en la cabeza.
—Ah, de repente, él estaba en la esquina.
—Sí, él estaba en la esquina y de repente escuche un tiro. Bah, no lo escuche, lo sentí como si alguien me hubiese tirado una piedra en la cabeza.
—Claro, sentiste el disparo.
—Claro, sentí, y viste que los oídos te hacen pi. La cosa es que me caí al suelo, quería hablar, pero ni podía. Escuchaba que mi amiga estaba como gritando, pero no la escuchaba porque tenía el sonido de pi en los oídos. Me quedé tendida en el piso y me imagino que mis amigas habrán llamado al policía, ya a los quince minutos llegó la ambulancia y me subieron porque yo sentía sangre por todos lados y, después de a poquito, yo escuchaba algo. Después me llevaron al hospital de Florencio Varela. Un mes habré estado.
—¿Te rozó la bala?
—Me imaginó que me habrá rozado porque si hubiese estado adentro, no creo que hubiese estado viva (Ariadna, peruana, 34 años).
Durante el trabajo de campo, tanto en las entrevistas como haciendo observación participante, se registraron numerosos relatos de violencia clientelar durante el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, de manera previa al acto sexual, como también durante este y posteriormente. Esta violencia es el resultado del entrecruzamiento de distintas vulnerabilidades y discriminaciones, y expresan la manera de concebir la diferencia cultural y sexual por parte de la sociedad receptora. El relato de Ariadna describe un intento de travesticidio/transfemicidio por parte de un cliente potencial que transitaba el espacio en el que ejercía la actividad. La entrevistada relató que recibió la atención sanitaria adecuada y no le quedaron secuelas.
Una práctica común de parte de los clientes que describen las entrevistadas consiste en ir en grupo trasladándose en automóvil hacia las zonas rojas, con el fin de concretar prácticas sexuales. En este contexto, una travesti/trans ecuatoriana relató un hecho que se ubica en ese contexto.
Bueno, pasó que yo estaba trabajando y llegaron unos tipos, me dijeron, solamente, me empezaron a insultar. No me dejaron en paz. Estaba operada de la nariz y me apuñalaron en la pierna, y esto fue… Los tipos eran dos y estaban borrachos. Querían que me vaya con ellos, que les dé servicio. Yo les dije que no, obviamente. El que iba manejando tuvo el descaro de dejar el coche estacionado y seguirme. Corrí por miedo a que me iba a lastimar mi nariz y me va a robar, pero el tipo me sigue y a mitad de cuadra me agarró y me apuntaló, pero yo no me di cuenta. Me lastimó, andaba con jean y me empezó a salir toda la sangre. Obviamente, cuando empecé a caminar me di cuenta, llame a las chicas (Catalina, ecuatoriana, 31 años).
También, la migrante relató otro suceso con características similares al anterior.
Yo le dije que no [en relación con un cliente], después como que llamaba a las demás chicas, pero conmigo bajó y me quería dar con un martillo, que yo me corrí también. Me lo tiró el cual yo lo esquive, pero era una cosa gigante y, si me la daba, me mataba con eso, si yo me iba con él y él tenía esas intenciones me mataba. Igual eso fue uno, después otros que simplemente les digo que no, que ya tienen tendencias psicópatas, andan con armas, les gusta “merquearse” porque son judiciales, son doctores (Catalina, ecuatoriana, 31 años).
Catalina relataba durante la entrevista que decidió dejar de vincularse con un cliente que la había engañado al pagarle sus servicios con cheques falsos. Ante las negativas de ella para continuar con el vínculo, él se acercó hasta al espacio en donde ejerce la prostitución/trabajo sexual en el barrio de Constitución y le arrojó un martillo que no llegó a alcanzarla. La violencia que ejercen los clientes suele conjugarse con el uso de drogas, por lo general, cocaína, y, en ocasiones, ese consumo termina siendo un desencadenante de la violencia hacia las migrantes. Además, hubo distintos relatos en donde se describió un clima de hostilidad y maltrato durante el acto sexual. Algunas de ellas indicaron que unos clientes, al llegar a un departamento u hotel, las amenazaron con armas de fuego y fueron abusadas sexualmente.
Por último, es importante destacar que algunas de ellas han relatado tratos de parte de los clientes que fueron definidos como cordiales. Las entrevistadas mantienen vínculos con varones cisgénero que desbordan la figura del cliente, ya que comparten diversas instancias y momentos en donde el dinero se encuentra involucrado, pero se entrelaza con factores ligados a la afectividad y ayuda recíproca. De esta manera, se deja asentado que no es la intención de esta investigación demonizar a los clientes de las migrantes travesti/trans; solo se observa que, en los proyectos migratorios seleccionados para esta investigación, las entrevistadas han descripto situaciones de violencia de manera usual.
Si las aprehensiones y detenciones suelen estar presentes en los proyectos migratorios de las travestis/trans y de igual manera la violencia tanto de clientes como de las fuerzas de seguridad, la criminalización suele ser igual de importante. Por eso, se aborda a continuación esta temática.
5.3. Procesos de criminalización
En el 2016, una travesti/trans de nacionalidad peruana fue condenada a cinco años y tres meses de prisión en la ciudad de La Plata por venta de estupefacientes, a pesar de que portaba una cantidad escasa de cocaína (un gramo y medio) y que podía interpretarse que su fin era para consumo personal. El fallo, considerado xenófobo y transfóbico por diversos actores de la sociedad civil, se amparó en el artículo 25 de la Constitución nacional[3] y determinó que la condición migratoria de la travesti/trans constituía un agravante penal (Cutuli, 2017; Malacalza, 2019). Este fue un ejemplo de criminalización de una persona que, por su identidad de género y condición migratoria, fue condenada mediante un fallo discriminatorio e injusto que provocó la movilización de diversos sectores y organizaciones políticas, que lo consideraron como un indicador de la situación que atraviesan las migrantes travestis/trans en la República Argentina.
Si bien el caso citado no es parte de la muestra construida por esta investigación (sucedió en el 2016), sus características permiten realizar deducciones pertinentes en relación con el universo de estudio. En este fallo, es posible identificar tres elementos:
- El Estado que, mediante determinadas instituciones como el Poder Judicial, gestiona y administra la diversidad cultural sancionando ilegalismos (Cohen, 2009). En este caso, es posible determinar que el fallo se asienta en un racismo institucional (Wieviorka, 1992).
- La identidad de género travesti/trans y la prostitución/trabajo sexual se encuentran vinculadas (la mayoría ejerce esa actividad). En este contexto el uso de drogas suele ser común tanto de parte de ellas como de los clientes.
- En las relaciones interculturales, es decir, las relaciones sociales entre nativos y migrantes que se constituyen como relaciones de dominación, diversas instituciones, entre ellas, el Poder Judicial y las fuerzas de seguridad posibilitan que se constituyan de ese modo. Es decir, naturalizan las relaciones interculturales como relaciones de dominación, asumiendo comportamientos, hábitos, expresiones, entre otras manifestaciones de las migrantes, como desviadas.
El fallo mencionado permite comenzar a constituir una mirada analítica respecto de las particularidades que asume la población migrante travesti/trans sudamericana y se puede afirmar que sus características cruzan diferentes vulnerabilidades y discriminaciones. En investigaciones que vinculan al Poder Judicial y a la interculturalidad, Perez Ripossio (2018a, 2019a) pudo demostrar que los funcionarios del Poder Judicial poseen perfiles perceptivos respecto de la alteridad migrante sudamericana que los asocian al delito y los tipifican según nacionalidades; por ejemplo, los migrantes peruanos son asociados al narcotráfico. En la sanción de ilegalismos (Foucault, 2000) que lleva a cabo el Poder Judicial, se constituyen procesos de selectividad criminal, como en el caso de la travesti/trans mencionado, y las fuerzas de seguridad son clave para lograr la sanción y represión de los ilegalismos (Abiuso, 2019).
Es pertinente destacar que este apartado se centra, de acuerdo con los relatos proporcionados por las entrevistadas,[4] en la manera en que el delito y la criminalización sobre las migrantes travestis/trans se presentan en sus proyectos migratorios. De este modo, algunos elementos proporcionados por la teoría criminológica desde una perspectiva crítica y el feminismo de la interseccionalidad representan asideros teóricos pertinentes para analizar los procesos de detención y criminalización de las travestis/trans sudamericanas. Cabe destacar que, como fue mencionado con anterioridad, la tesis se encuentra enfocada desde la interculturalidad y desde los enfoques migratorios. Es desde aquí que se pretende observar la manera en que los procesos de criminalización se vinculan con los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas a partir de lo proporcionado en las entrevistas.
Como punto de partida, las interpretaciones de Pavarini (1983) constituyen los principales asideros teóricos para analizar el proceso ligado con la detención y condena de las travestis/trans sudamericanas desde una perspectiva criminológica crítica. Monclús Masó (2008) establece que Becker y Lemert desarrollaron investigaciones pioneras enmarcadas en esta tradición. En líneas generales, esta perspectiva sostiene que la delincuencia es una construcción social y, a la persona que delinque, se la etiqueta como desviada, mientras que el sistema penal contribuye a consolidar su identidad marginalizada.
Más allá del caso puntual de la travesti/trans de nacionalidad peruana condenada por venta de estupefacientes, no es infrecuente para el universo de estudio el estar privadas de su libertad por diversos motivos y bajo distintas modalidades que suelen ser el resultado de las condiciones de vulnerabilidad y criminalización que experimentan en el contexto del AMBA. Un informe que describe la situación de las personas travestis/trans establece que, en el 2016, un 85 % de aquellas que se encontraban privadas de su libertad eran migrantes sudamericanas (AA. VV., 2016). Aunque este dato cuantitativo representa una referencia pertinente y, teniendo en cuenta que, de la población carcelaria cisgénero, solo el 3 % son migrantes sudamericanos, una pregunta necesaria es la siguiente: ¿cuál es el significado de que la mayoría de las personas travestis/trans que están privadas de su libertad sean migrantes? Si la condición migratoria y la identidad de género conforman de manera particular al universo de estudio, ¿de qué manera ambos factores interactúan e influyen en los procesos de detención y condena?[5]
Como punto de partida y teniendo en cuenta estos interrogantes, se sugiere que la utilización de determinados dispositivos jurídicos es para controlar a la población migrante travesti/trans. La derogación de los edictos policiales, en 1998, implicó un avance formal; sin embargo, en las fuerzas de seguridad persisten diferentes accionares discrecionales. Con fundamento en Lascano (2018), son otros los dispositivos que han emergido en los últimos años. Por eso, en relación con el universo de estudio, es común:
La aprehensión por faltas y contravenciones, la detención transitoria por figuras como “averiguación de identidad” de la ley orgánica policial de la provincia de Buenos Aires hasta presuntas infracciones a la ley nacional de estupefacientes (Ley 23.737) o simplemente por tareas de prevención policial (Lascano, 2018: 4).
Si bien el autor hace referencia a la provincia de Buenos Aires, son aspectos que también pueden encontrarse en el marco de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Como se observará más adelante, la ley nacional de estupefacientes (Ley N.o 23737) representa un dispositivo jurídico que permite criminalizar a la población travesti/trans sudamericana. Además, otros elementos como los que menciona Lascano (2018) suelen ser utilizados por la policía de la Ciudad de Buenos Aires y la bonaerense para detener a las migrantes y someterlas a tratos vejatorios o presionarlas para que contribuyan con los mecanismos de corrupción policial. En el 2019, la agrupación OTRANS realizó un informe en el que determinó:
[…] la mayoría de las mujeres travestis y trans privadas de la libertad son migrantes. Un gran porcentaje de ellas se encuentran procesadas, esperando una condena firme o la libertad. En el desarrollo del proceso legal, tienen dificultades para mantener el contacto con sus abogados o defensores, quienes no suelen comunicarse con ellas o visitarlas. (OTRANS, 2019: 29).
Además, el informe afirma que casi el 50 % de las encuestadas del estudio consideran que su condición de migrante es objeto de persecución, con lo cual, buena parte de ellas puede identificar que ese aspecto contribuye a conformar situaciones de vulnerabilidad y discriminación.
Desde el punto de vista teórico-metodológico, la categoría situaciones de detención posee dos subcategorías: el estar procesadas o condenadas por un presunto delito y el estar detenidas de manera transitoria en la comisaría por algunas horas (aprehensión). Por lo general, el tipo de delito por el que fueron condenadas, según lo que relataron las entrevistadas, fue venta de estupefacientes. Las dimensiones varían según el tiempo detención, los espacios en los que son detenidas y las condiciones de vida que afrontaron.
Tabla n.° 10: Categoría situaciones de detención de acuerdo con subcategorías, propiedades y dimensiones
Categorías | Subcategorías | Propiedades | Dimensiones |
Situaciones de detención | Procesamientos y condenas | Tipo de delito (venta de estupefacientes, robos y agresiones) | Tiempo de detención Espacios en los que se encuentran detenidas Condiciones de vida |
Detenciones transitorias (aprehensión) |
Fuente: elaboración propia.
Por otra parte, más allá de los valiosos estudios e informes cuantitativos sobre la detención de migrantes travestis/trans, resulta pertinente darle voz a las entrevistadas atendiendo a sus relatos con el fin de comprender estos aspectos de manera cualitativa. De esta manera, no hubo preguntas específicas en la guía de pautas de la entrevista sobre delitos y posteriores condenas. Este fue un tema que emergió de acuerdo con interrogantes que se orientaban a explorar las actuaciones policiales en el contexto del ejercicio de la prostitución/trabajo sexual.
Las detenciones transitorias con diferentes pretextos son comunes. Al respecto, una entrevistada residente en el partido de Esteban Echeverría relataba una experiencia:
—Claro, yo tenía más que mil pesos, aparte ahí faltaban mis pertenencias, mi dinero, mi cartera. No estaba nada y le dije: “Todo eso yo te voy a firmar” y como no quería firmar me esposaron y me pusieron contra una pared de reja. Me sacaron el asiento y me sacaron de la mesa ah y después, cuando volvió, me dijo: “Firmame”, de nuevo me pusieron el celular, las cosas de la cartera y me pusieron, supuestamente, mil quinientos pesos.
—Claro, cuando vos en realidad tenías más
—Sí, yo tenía como cinco mil pesos de dos clientes que son de hace tiempo y me pagan bien, y le dije: “¿Por qué no me traen la cartera y sacan la plata y la cuentan enfrente mío?, que es lo que, supuestamente, deberían hacer y agarra y me dice: “Ah, ¿no querés firmar? Entonces te vas a quedar acá una semana o más, hasta un mes porque voy a poner que tenías droga” y yo le dije: “Vos ponele lo que quieras, aparte la chica policía está escuchando y no creo que se preste para lo que vos decís”. “Ah, bueno, no querés firmar, voy a poner así”. Bueno se fue y después volvió de un rato tipo dos, dos y media. Me dejaron salir y dije que no iba a firmar, solo donde están mis cosas firmé. La otra parte no la firmé (Ariadna, peruana, 34 años).
El relato de Ariadna da cuenta de una actuación policial en el contexto del partido de Esteban Echeverría. Ella fue aprehendida junto con un cliente mientras ejercía la prostitución/trabajo sexual y presionada por la policía bonaerense para que firmara un acta que formalizaba el robo de su dinero. Además, durante una reunión en una organización política en la que se realizó trabajo de campo, ella relató que los policías que la detuvieron, reproduciendo los edictos policiales ya derogados, le dijeron que se encontraba vestida con indumentaria no acorde con su sexo y recibió un trato degradante al ser esposada en una posición incómoda como forma de tortura. El carácter amenazante de esta actuación se sustentaba en la posibilidad de que incluyeran, en el acta realizada, la tenencia de droga, con el riesgo de que esto complicara su situación legal. En concreto, vuelve a presentarse la figura de la narcotravesti y es perceptible que la potencial criminalización de las migrantes travestis/trans quede asociada a la venta de estupefacientes. Tal criminalización, a la vez, posee un asidero jurídico en la denominada ley de drogas que, al ser un instrumento legal, permite criminalizar a esta población, además del ya mencionado DNU 70/2017, que refiere de manera reiterada a la narcocriminalidad que se asocia a los colectivos migratorios.
Estas situaciones en las que son demoradas por algunas horas o, en algunos casos, días o, incluso, semanas o meses, se vinculan con la violencia que ejercen las fuerzas de seguridad sobre ellas.[6] En la ciudad de La Plata, por ejemplo, se han reportado la detención de veinticinco travestis/trans migrantes de modo simultáneo (Lascano, 2018; Malacalza et al., 2019) y requisas públicas que implicaron un trato degradante y humillante por parte de las fuerzas de seguridad (Vásquez Haro y Sánchez, 2017). Por eso, Malacalza (2018: 160) señala:
Las detenciones policiales realizadas en la vía pública muestran los modos en que se asocia la identidad trans y travesti con la criminalidad. El procedimiento consiste, básicamente, en requisas y desnudez forzosas en la vía pública llevadas a cabo por personal masculino o femenino. La requisa incluye el cacheo externo de las prendas de vestir y objetos personales, la desnudez total y el tacto anal.
Pero este tipo de detenciones y tratos degradantes y estigmatizantes no ocurren de manera exclusiva en localidades como La Plata o Esteban Echeverría. También se observan en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Una entrevistada describió una de las situaciones que vivió mientras ejercía la prostitución/trabajo sexual en el barrio de Constitución.
—Y la policía, ellos te ven, solamente, te fichan de que tú estés ahí. Lo único que hacen es que te agarran y te revisan, te sacan la cartera, más que nada para ver de qué estás hecha y, si te llegan a encontrar algo, ahí te llevan a un hotel, te desvisten y te buscan…
—Ah, te llevan a un hotel.
—Sí, y te desvisten, y si estás por la calle solo te piden el documento (Catalina, ecuatoriana, 31 años).
Catalina asegura que, cuando la policía de la ciudad de Buenos Aires le “encuentra algo”, es decir, sospecha que posee estupefacientes, la lleva a un hotel y la requisan para evitar llevar a cabo estos procedimientos públicos debido a las denuncias de las organizaciones políticas sobre este tipo de maltratos. Las situaciones de detención no se agotan en este caso. Un importante número de quienes componen la muestra indicó el maltrato de las fuerzas de seguridad bajo distintas modalidades e, incluso, detenciones transitorias y actas contravencionales, además de ser corridas[7] del espacio donde ejercen la prostitución/trabajo sexual en diferentes barrios de CABA, sobre todo, en Constitución, aunque también en Once.
En otros casos, las migrantes fueron procesadas y condenadas por delitos de narcotráfico y estuvieron presas por un período de tiempo considerable.
—Yo tenía a cargo como cerca de veinte chicas que venían ahí a la casa donde yo era encargada… y bueno, preparo comida peruana. Las chicas son todas peruanas. Desayuno, almuerzo y cena. Sí, de las chicas ninguna cocina, y todas muy contentas. Pero yo sabía… en lo que ellas andaban. Conocí a todas, pero no me metí en su vida privada. Porque para mí como era decir que cada una era responsable de su vida privada y personal. Un día hubo un allanamiento. Todas salen a trabajar y llegan al otro día a la mañana tipo cinco, seis o siete de la mañana. Y quien se quedaba ahí era yo. Ese fue el episodio (Sandra, peruana, 43 años).
Llegó la policía hizo un allanamiento… y justo yo llegué y dije: “Esto no es mío”. “No importa —me dijeron— porque vos vivís acá y me llevaron presa” (Magali, peruana, 25 años).
Sandra estuvo dos años y ocho meses presa por narcotráfico. La policía realizó un allanamiento en el hotel en donde ella era encargada y vendía comida peruana como una alternativa al ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, debido a que consideraba que tal actividad la degradaba. Las travestis/trans que ejercían la prostitución/trabajo sexual y vivían en ese hotel, como estrategia de supervivencia, les proveían estupefacientes a sus clientes.[8] En una oportunidad, la policía realizó un allanamiento y halló estupefacientes, lo que provocó que fuera detenida, procesada y condenada.
El caso de Magali fue similar al de la primera entrevistada. Ella estuvo presa en Marcos Paz menos de dos años luego de que se realizara un allanamiento en el hotel de Constitución en el que vivía. Compartía habitación con una amiga y, al encontrarles estupefacientes (cocaína), las detuvieron a ambas.
Más allá de que tanto Sandra como Magali reconocieron cierto conocimiento o incluso participación en los delitos mencionados con anterioridad, estos respondían a un conjunto de factores, entre ellos, la precariedad que transitaban sus vidas y la falta de expectativas que poseían ante condiciones objetivas propias de la sociedad receptora, que no les permitía visualizar otras alternativas de supervivencia. Además, como sostienen Manquel y Santos (2018: 153), “estas situaciones responden a la selectividad de los procesos de criminalización policial”.[9] Según Cutuli (2017), si bien los edictos policiales fueron derogados, en este contexto, existen otros dispositivos jurídicos como la Ley N.o 23737 (ley de drogas) que es utilizada para criminalizarlas.[10] En algunos casos, esto se produce porque las migrantes travestis/trans sudamericanas no acatan mecanismos de corrupción policial; en definitiva, no aceptan acordar con estas fuerzas de seguridad vender estupefacientes a cambio de la entrega de ingresos económicos o prácticas sexuales. Por eso el informe (AA. VV., 2016: 9) sostiene que:
[…] desde el Estado se justifica la violencia, a través de su negación, invisibilización y convalidación en los procesos judiciales. A través de estos mecanismos, se sigue estigmatizando a las personas trans y travestis como delincuentes y se impide visualizarlas como víctimas de delitos cometidos por parte de los funcionarios policiales.
En síntesis, el accionar policial es validado por la Justicia, que, en diálogo conjunto, evade el accionar discrecional y corrupto de las fuerzas de seguridad. En una investigación reciente, Álvarez (2018) considera que estos procesos de selectividad penal responden al modo en que se constituye la verdad jurídica como resultado de la articulación entre la verdad policial y judicial. El accionar policial y la actuación de la Justicia mediante causas penales se entrelazan y desnudan las concepciones que poseen sobre la diversidad cultural y sexual. La mayoría de las travestis/trans detenidas fueron aprehendidas mientras ejercían la prostitución/trabajo sexual siendo una de las condiciones objetivas de las sociedades receptoras y en algunos casos juzgadas considerando la condición migratoria como un agravante.
Como se mencionó con anterioridad, las travestis/trans sudamericanas que se encuentran cumpliendo condenas estipuladas por las penas que estipula la ley de estupefacientes (N.o 23737) se hallan en distintos penales y unidades penitenciarias, a saber: Unidad Alcaidía Penitenciaria N.o 44 de Batán, Unidad Penitenciaria N.o 2 de Sierra Chica, Unidad Penitenciaria N.o 32 de Florencio Varela y Complejo Penitenciario Federal IV de Mujeres. Ezeiza, Buenos Aires.[11] En ellos, las personas experimentan diversas dificultades para ejercer su derecho a la defensa y las condiciones de detención en las que se encuentran suelen ser desfavorables. Además, señalan el maltrato del personal penitenciario. Una de las entrevistadas que estuvo privada de su libertad relataba lo siguiente:
Sí, a ver, la cárcel también es violenta, la cárcel es… el servicio penitenciario por parte de los reos mismos. Llegué a una población que era, como decir, población de homosexuales. Así estaba catalogada la población de Marcos Paz. Pero no estuvimos mucho tiempo ahí porque ahí nos actualizaron y nos derivaron a Ezeiza, a lo que supuestamente habían terminado el pabellón especial para mujeres trans/travestis. Nos actualizaron y no permitían a ningún varón y solamente eran todas trans. Eran dos pabellones. Uno de puro mujeres trans/travestis y otro pabellón de puro gays. O sea, los gays vivían con los homosexuales, con los hombres, camuflados. Ellos bien divertidos; todos la pasaban bien. En cambio, no, nosotras no, a nosotras nos trataban como conejillos de indias (Sandra, peruana, 43 años).
Como puede observarse, Sandra señala que la población travesti/trans y los varones gays se encontraban en un pabellón alejado del resto de los internos en el penal de Ezeiza. El tratamiento como conejillos de indias es un calificativo que indicaba las malas condiciones en las que vivían y las requisas reiteradas a las que eran sometidas en los penales. Este aislamiento para la entrevistada era perjudicial porque, en la reinserción social, iba a enfrentarse con la diversidad de género, y la cárcel reproducía estándares excluyentes, separatistas y hetero-cis-normativos. Además, algunas investigaciones han podido dar cuenta de los maltratos, violencias y desatenciones a la salud en unidades penitenciarias de la provincia de Buenos Aires (Biassutti, 2019). Las cárceles, penales y centros de detención pueden definirse como instituciones totales, ya que se tratan de “[…] un lugar de residencia y trabajo, donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un periodo apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente” (Goffman, 2015: 13). En el contexto de los penales, las entrevistadas relatan tratos en donde la violencia vuelve a presentarse y Sandra, por ejemplo, advirtió que el servicio penitenciario mediante sus empleados y funcionarios reproducía estas dinámicas.
En este contexto, es pertinente recordar las modificaciones de la Ley de Migraciones (Ley N.o 25.871). De este modo, Malacalza (2019) señala que, en el contexto actual, el decreto 70/2017 ha sido regresivo en materia de DD. HH. (derechos humanos) y sus consecuencias pueden observarse en la población migrante travesti/trans. Más allá de este aporte, este escrito considera que las producciones sobre procesos penales en personas travestis/trans han pasado por alto las modificaciones en materia migratoria. Según lo aportado por las entrevistadas, no es posible sostener que las actuaciones policiales hayan trabajado de manera conjunta con la Dirección Nacional de Migraciones con el objetivo de constatar situaciones de irregularidad migratoria.[12] Sin embargo, el decreto 70/2017 refleja un contexto político regresivo respecto de la interculturalidad que impacta de manera negativa en los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas. Aunque tales modificaciones surgieron durante el Gobierno del espacio político Cambiemos tampoco pueden reducirse tales reformas a una única expresión política. Algunos funcionarios y diputados del Partido Justicialista como Sergio Berni y Miguel Ángel Pichetto habían realizado declaraciones de manera anterior al decreto asociando los migrantes al delito, a pesar de que las estadísticas sostienen que la incidencia de estas personas en el delito es escasa. En concreto, buena pare de la sociedad política ha colaborado en construir la criminalización de los migrantes y, en el caso, de las travestis/trans se acentúa.
En otro orden de ideas, las migrantes travestis/trans sudamericanas no son sujetos pasivos sin capacidad de agencia. Por el contrario, la entrevistada citada con anterioridad relató que había desarrollado distintas estrategias para hacer valer sus derechos, entre ellas la militancia política dentro de la cárcel.
Bueno, pero, veníamos luchando ahí, recién empecé ahí a aprender, a instruirme, a defenderme legalmente y a participar con compañeras que militaban desde ahí adentro. Entonces, bueno, desde ahí me gustó la intervención de la militancia y desde ahí empecé a decir: “No, no estoy solamente parada como mujer, sentada y con mi comodidad y mi conformidad. No”. Entonces de ahí salí con otra perspectiva de ideas para conmigo misma. Dije: “No, tengo que ser un apoyo, tengo que ser una ayuda”. No más, me entendés. Las chicas pueden seguir padeciendo esas torturas. Tienen ellas que instruirse para no padecer. Porque en el servicio penitenciario, también, no les caes bien y no estás informada de tus derechos, te hacen padecer mal, te la hacen pasar mal constantemente. Es una lucha constante. Tanto aquí afuera como allá adentro. Lucha de dos mundos tan distintos. Allá adentro nosotras luchábamos también. Luchábamos por una educación. Por una inclusión a la educación, que nos incluyan en la educación. Luchábamos por una inclusión en la universidad. Luchamos por un trabajo, la inclusión a un trabajo. Eso también lo llegamos a lograr ahí adentro. Logramos que me pongan, a que me den un espacio de un taller de costura donde ejercíamos, dos… tres travestis, la costura (Sandra, peruana, 43 años).
Dentro de los matices que pueden observarse en la realidad de las migrantes, fue la incorporación de talleres para desarrollar conocimientos y emplearlos en el contexto de la reinserción social un aspecto significativo para la entrevistada, quien, en la actualidad, realiza trabajos vinculados con la costura. Sandra comenzó a militar dentro del penal y considera que esto representó un viraje en su biografía. En relación con el relato de la entrevistada, un reciente informe de la agrupación OTRANS sobre las condiciones de la población travesti/trans que se encuentra detenida determina lo siguiente:
En relación al acceso a la educación dentro del ámbito carcelario, la gran mayoría se encuentra realizando cursos o talleres, ya que les permite aprender un oficio y mejorar sus condiciones de vida fuera de la cárcel. La dificultad que se presenta a aquí es que, al no poder validar los estudios en su lugar de origen, muchas se encuentran cursando niveles que ya habían alcanzado o superado (OTRANS, 2019: 32).
Como fue advertido en la metodología, el trabajo etnográfico permitió mejorar la calidad de los datos producidos. Por eso, algunas entrevistadas no relataron las distintas situaciones de detención que habían vivido. Anabela[13], por ejemplo, relató que había estado presa tres veces en penales juveniles. Era menor de edad y esto ocurrió como consecuencia de la venta de estupefacientes, actividad que realizaba de manera solapada y en combinación con el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual. Además de las características señaladas por el informe de agrupación OTRANS (2019), las entrevistadas que fueron procesadas y condenadas eran jóvenes y poseían un tiempo de permanencia en el país acotado. Este es un dato importante porque demuestra que las condiciones de vulnerabilidad se agravan cuando las migrantes travestis/trans son jóvenes y poseen escasas experiencias debido a su corta estancia en el AMBA.
Los estudios migratorios y de género/sexualidades han proporcionado elementos para pensar los procesos de criminalización de la población migrante travesti/trans. Aunque el análisis del marco legislativo migratorio se profundiza más adelante, en distintas investigaciones pudo constatarse que el Estado representa un actor fundamental en la gestión y administración de la diversidad cultural (Mármora, 2002; Cohen, 2009). Por esta razón, Mármora (2002: 55) afirma: “La específica y determinada percepción que el Estado tenga de las migraciones será el fundamento para la elaboración de esas políticas y su consecuente plan de acción”.
En definitiva, las modificaciones del marco legislativo vigente mediante decretos que endurecen la política migratoria y otros dispositivos jurídicos, como la ley de drogas, contribuyen a constituir procesos de selectividad criminal. Como pudo observarse, la mayoría de las travestis/trans detenidas son sudamericanas y esto responde a la articulación entre la condición migratoria y su identidad de género, aunque otros factores como la edad y el tiempo de permanencia en el país parecen ser importantes.[14] En efecto, como sostiene Becker (2009: 32), “las reglas suelen ser aplicadas con más fuerza sobre ciertas personas que sobre otras”. Por consiguiente, la identidad de género la condición migratoria se influencian recíprocamente y, debido a la alta criminalización de los migrantes que se produce en las sociedades receptoras (Moncús Masó y García 2012), las travestis/trans sudamericanas experimentan una exposición mayor en relación con las travestis/trans nativas y los migrantes cisgénero.
Tal análisis podría conducir al equívoco de considerar que la población migrante cisgénero y travesti/trans se encuentra en la misma posición en el espacio social. Esto no es posible de sostener porque la selectividad de los procesos de detención y judiciales sobre las personas migrantes travesti/trans suele ocurrir en el contexto del ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, factor que representa un indicador de la vulnerabilidad de esta población que posee diversas dificultades a la hora de intentar construir otras estrategias de reproducción social.[15] Además, desde el punto de vista estadístico, del total de la población carcelaria cisgénero, solo el 3 % es migrante, mientras que de la población travesti/trans más del 80 % son migrantes sudamericanas (la mayoría son peruanas y ecuatorianas).
Como fue mencionado en la introducción del capítulo, la propuesta principal radica en identificar las principales discriminaciones que experimentan las migrantes, es decir, los puentes entre la condición migratoria y la identidad de género; por eso, se aborda esto a continuación.
5.4. Tipos de discriminación
Los distintos tipos de discriminación que experimentan las travestis/trans han sido caracterizados por diferentes investigaciones en el ámbito regional e internacional (Nemoto et al., 2011; AA. VV., 2016; Barrientos, 2016; Ministerio Público de Defensa, 2017; Hiller, 2018, entre otras numerosas publicaciones). Sin embargo, sobre la discriminación que experimenta la población travesti/trans sudamericana en el AMBA, existen escasas investigaciones debido a la escasa atención que se le ha prestado a estas migraciones y, más aún, si se considera analizar la manera en que la discriminación se articula como consecuencia del cruce entre la identidad de género y la condición migratoria. Las producciones que se han centrado en describir los vínculos entre migración y sexualidad han considerado que las experiencias de discriminación son relevantes (Carillo, 2004) y que ocurren incluso al interior de estas poblaciones (Manalansan, 2006).
Como se indicó en la metodología, se parte de la premisa que establece la articulación entre la identidad de género y la condición migratoria como las fuentes principales de discriminación que experimenta esta población. En otras palabras, se asume que determinadas características de las migrantes travestis/trans sudamericanas (identidad de género y condición migratoria) se articulan, interactúan entre sí y se expresan en diferentes prácticas discriminatorias. El concepto que podría emplearse es xenotransfobia[16] y hace referencia a que las discriminaciones representan un indicador de la articulación entre las maneras de concebir la diferencia cultural y de géneros por parte de diversos actores ubicados en la sociedad receptora. Con anterioridad, se describieron algunas características de la interseccionalidad y se considera que esta puede complementarse con los aportes de los estudios migratorios para pensar la discriminación. Aunque en este caso se excluye la clase social, la premisa de la matriz de dominación elaborada por Hill Collins (1990) es válida en la medida en que permite interpretar la manera en que la identidad de género y la condición migratoria se encuentran imbricadas.
La discriminación representa una categoría central para esta investigación. Debido a las innumerables acepciones y sentidos que se le ha atribuido, ha sido definido como un concepto polisémico (Kleidermacher, 2015), por lo que en el marco teórico se han despejado algunos equívocos sobre este. De esta manera, Rivero Sierra (2011) establece que la discriminación refiere a una construcción ideológica que marca una distinción a modo de infravaloración en el marco de relaciones sociales y que tienen por objeto restringir o inhabilitar al grupo social discriminado. De acuerdo con la definición aportada por Zepeda (2006: 26):
La discriminación es una conducta, culturalmente fundada, y sistemática y socialmente extendida, de desprecio contra una persona o grupo de personas sobre la base de un prejuicio negativo o un estigma relacionado con una desventaja inmerecida, y que tiene por efecto (intencional o no) dañar sus derechos y libertades fundamentales.
Como punto de partida, esta definición aporta una herramienta teórica que se articula de acuerdo con lo presentado en el capítulo tres en relación con el prejuicio y la discriminación que las travestis/trans experimentan en sus sociedades emisoras. En efecto, la migración hacia el AMBA para las travestis/trans sudamericanas favorece el proceso de constituir una identidad de género, aunque luego de consumar el desplazamiento suelen ocurrir la articulación de nuevas vulnerabilidades, discriminaciones y violencias.
En continuidad con la definición de discriminación, en el contexto local, no debe olvidarse que existe una legislación nacional antidiscriminatoria (Ley N.o 23592) que define como acto discriminatorio a aquel que “impida, obstruya, restringa o de algún modo menoscabe, arbitrariamente, el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional”[17] (Pacceca y Courtis, 2009). Entonces, es posible considerar que la discriminación posee dos costados: uno de ellos jurídico-penal y otro vinculado con las relaciones sociales, es decir, con la desvalorización como principio regulador del orden social, que, a fin de cuentas, demuestra una de las formas en que los polos dominantes garantizan la perpetuación del orden cultural.
En este orden de ideas, la xenofobia se caracteriza por el rechazo y hostilidad hacia los extranjeros o extraños que, en las sociedades actuales, se traduce en formas de exclusión social hacia los migrantes (Jelin, 2006; Nicolás, 2009). Tal concepto representa una primera aproximación a la caracterización de la discriminación hacia el migrante; no obstante, expresa una definición demasiado amplia que clarifica de modo insuficiente cómo se constituye la discriminación y qué rasgos son los que suelen infravalorarse. Además, la discriminación implica la restricción en el acceso a derechos, que Caggiano (2008) denomina ciudadanía restringida y Begala (2012), diferenciada. Por eso, se advirtió sobre las características polisémicas del concepto, aunque por supuesto, delimitables.
Respecto de otras alternativas conceptuales como el racismo simbólico, concepto que se abordó en otras producciones (Perez Ripossio, 2018a, 2019a), vuelve a presentarse el problema de la multiplicidad de significados que se le atribuyen al concepto, incluso, su mutación en el tiempo. Según Wieviorka (2002), si el racismo, tal como en sus orígenes fue planteado, permitió jerarquizar a las poblaciones de acuerdo con criterios basados en la biología y la genética, en el contexto de posguerra, sus pilares han perdido efecto. De esta manera, el autor sostiene que, luego de la Segunda Guerra Mundial, se constituye:
Un neorracismo, como a veces se califica, que parece descartar el principio de la jerarquía biológica en beneficio del de la diversidad cultural. Este nuevo discurso racista se legitimaría menos por la invocación de una desigualdad de las razas que por la idea de la irreductibilidad y la incompatibilidad de ciertas especificidades culturales, nacionales, religiosas u otras (Wieviorka, 2002: 44-45).
En línea con las interpretaciones de Wieviorka (1992), el nuevo racismo puede definirse como simbólico, intangible y encubierto. Quizás ya no sea utilizado para exterminar poblaciones, pero sus fundamentos permiten crear un “chivo expiatorio” (Grimson, 2006) identificable con facilidad mostrando una postura racional, aparente y no intencionada. Dado que su carácter es encubierto, su efectividad para construir a un otro diferente e indeseable es elevada. Esta organización de la diferencia cultural, que puede ser entendida como etnicidad, en este caso, se abordara haciendo referencia a la condición migratoria con el fin de despejar los equívocos que puede involucrar la noción de etnia. En línea con estas interpretaciones para Taguief (2001: 4) resulta fundamental distinguir “… el racismo clásico, biológico e inequitativo del neo-racismo, diferencialista y cultural, que no biologiza lo diferente”. Tal como lo sugieren los lineamientos teóricos de Wieviorka (1992: 13):
[…] el racismo consiste en caracterizar un conjunto humano mediante atributos naturales, asociados a su vez a características intelectuales y morales aplicables a cada individuo relacionado con este conjunto y, a partir de ahí, adoptar algunas prácticas de inferiorización y de exclusión.
Este desplazamiento de lo biológico hacia lo cultural se emparenta con un contexto histórico que adopta el discurso de la tolerancia hacia las diferencias. Sin embargo, la tolerancia expresa una forma de rechazo que, como señalan Tavernelli y González (2010), ilustra el carácter de inevitabilidad y naturalidad de las desigualdades sociales inscriptas en rasgos culturales de los migrantes. Al respecto, Balibar (1991) clarifica este tipo de racismo denominándolo diferencialista, en el que se abandonan las jerarquías biologicista y se aceptan las diferencias culturales bajo la apariencia de una tolerancia que implica, en otras palabras, aceptar las diferencias dentro de un marco asimilacionista, que tolera la cultura de los extraños siempre y cuando esta no incida en el orden social hegemónico.
Por otra parte, por transfobia se entienden aquellas actitudes, prácticas y discursos que desvalorizan a las personas travestis/trans por su identidad de género o por factores que se encuentran asociados a ella. En efecto, los distintos tipos de violencia y criminalización ya caracterizados pueden leerse como formas de transfobia. A fin de cuentas, la transfobia es la discriminación que la sociedad receptora construye respecto de la identidad de género travesti/trans que se presenta y produce como desviada. De todos modos, este escrito no desconoce que, en la actualidad, las organizaciones políticas y activistas abocadas a la defensa y conquista de los derechos de las personas que se nuclean dentro del colectivo LGTBIQ+ están observando críticamente tal concepto por considerar que se patologiza al agente discriminador, como si se tratase de un proceso anormal y no un resultado de la hetero-cis-normatividad imperante. De igual manera, la tesis emplea el concepto transfobia haciendo alusión a las desvalorizaciones y descalificaciones hacia la población migrante travesti/trans sudamericana por su identidad y expresión de género, sin patologizar al agente discriminador por ello.
Para el análisis de los datos, en este apartado y en función de los pilares de la teoría fundamentada propuesta por Strauss y Corbin (2002), se ha construido la categoría tipo de discriminación cuyas subcategorías son: discriminación vinculada a la condición migratoria y discriminación vinculada a la identidad de género. Las propiedades revisten[18] cierta complejidad; por eso, se definen cada una de ellas:
- Personalidad: refiere a determinadas conductas con connotaciones morales asociadas al conflicto, el disturbio y la violencia como inherentes a la identidad travesti/trans.
- Sensible: describe la apariencia física, caracterizada por la molestia que el “otro” genera, asociado a aspectos peyorativos, como la “fealdad” de las migrantes o la carencia de passing.
- Diferencia: hace alusión a relatos que dan cuenta de la distinción entre “nosotros” y los “otros”, que tiende a ser infravalorada y se asienta en una concepción de la identidad nacional dicotómica y antagónica.
- Normativo: describe las características que responden a transgresiones a la normativa formal (legal), como hechos delictivos y violación de normas sociales, es decir, no jurídico-legales.
- Endogrupal (migrantes): caracteriza las discriminaciones al interior del grupo migratorio con el fin de diferenciarse y haciendo alusión a la identidad de género.
- Acceso a derechos: reúne relatos sobre los obstáculos para acceder a derechos como la identidad y la vivienda.
Las dimensiones se vinculan a la intensidad en que las discriminaciones pueden presentarse, que son de manera fuerte, moderada y leve, y a los actores involucrados y principales agentes discriminadores (policía, travestis/trans nativas, clientes y miembros de la sociedad civil).
Tabla n.° 11: Categoría tipo discriminación según sus subcategorías, propiedades y dimensiones
Categoría | Subcategorías | Propiedades | Dimensiones |
Tipo de discriminación | Discriminación asociada a la condición migratoria | Binarismos Diferencia Sensible Normativo Personalidad Acceso a derechos Endogrupal | Intensidad (fuerte, moderada y leve). Actores involucrados (policías, clientes, travestis nativas y miembros de la sociedad civil). |
Discriminación asociada a la identidad de género |
Fuente: elaboración propia.
Como se mencionó con anterioridad, las investigaciones sobre discriminación a personas travestis/trans son abundantes y suelen abordar la problemática mediante el concepto de transfobia. Sin embargo, en las escasas investigaciones en el ámbito regional que abordan la vinculación entre procesos migratorios e identidad de género, no suele problematizarse el papel de la condición migratoria como fuente de discriminación y, menos aún, la articulación de estas. Como punto de partida, durante una entrevista (a una travesti/trans nativa) realizada a una de las informantes clave de esta investigación, se consideró consultarle el supuesto de que las discriminaciones, en el caso de las migrantes travestis/trans sudamericanas que residen en el AMBA, podían constituirse de manera articulada. De esta manera, ella afirmaba lo siguiente:
Claro, porque ya nosotros tenemos una vulnerabilidad por ser trans, y las trans fuereñas tienen una doble vulnerabilidad por ser extranjeras. Fíjate que esas trans se manejan en manadas, todas juntas trabajando en la calle y viven juntas en un mismo hotel (Lara Bertolini)
De acuerdo con las reflexiones que aportó Lara, se logró profundizar en esta línea de análisis, en función de la hipótesis elaborada para abordar esta categoría. La entrevistada realizó una primera aproximación al referir a la doble vulnerabilidad de las migrantes sudamericanas, dando cuenta, además, de observaciones que remitían a la segregación de las migrantes. Este análisis, además de dar cuenta de las múltiples discriminaciones, se enfoca en comprender de qué manera los distintos aspectos que las constituyen se articulan e interactúan entre sí. Tal como lo plantean Almendra (2015) y Vivero Vigoya (2016), la interseccionalidad representa una perspectiva de considerable amplitud y, si en un principio se elaboró un modelo aditivo de vulnerabilidades y discriminaciones, la propuesta de Hill Collins (1990/2000) gira en torno a observar la manera en que esos aspectos interactúan dentro de una compleja trama. Además permite observar la manera en que las discriminaciones se vinculan en diferentes planos, por eso puede ser pertinente a la hora de entender cómo se constituyen en las relaciones interpersonales que incide en las trayectorias biográficas y en un plano disciplinario-estructural, ligado al funcionamiento de las instituciones.
En suma, la entrevistada profundizó su explicación de acuerdo con las referencias que poseía, debido a su experiencia como empleada del Ministerio Publico y activista travesti/trans.
En la experiencia, es en lo fáctico, las personas trans son violentadas por el hecho de ser trans y por ser extranjeras acá. En el mismo colectivo, por pelear una parada, hay enfrentamientos entre trans argentinas y de otros países. Las trans de las villas son muy violentadas, las trans de la villa 31 por ejemplo; la última, se asesinó una chica trans por robar un celular. La misma policía tiene una persecución a chicas trans peruanas que, si bien se puede entender o no, no podés tener siendo una fuerza de seguridad un prejuicio por el hecho de ser. Porque quizás hay chicas trans que no venden drogas. Ese es el gran dilema que se va fomentando cierta xenofobia que no estaba dentro de nuestro país (Lara Bertolini).
Además de lo aportado anteriormente, la entrevistada afirmó, por ejemplo, que las travestis/trans peruanas suelen poseer vínculos sexoafectivos en los que la dependencia de sus maridos hacia ellas se hace más notoria en relación con las nativas, relatando otros indicadores que entendía como discriminatorios. En el fragmento citado, vuelve a hacer hincapié en la violencia que experimentan las travestis/trans migrantes producto del accionar de las fuerzas de seguridad y remarca los conflictos al interior del colectivo según la nacionalidad que se presentan en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual como uno de los ejes fundamentales de la discriminación.
Una de las consecuencias de ello radica en la consolidación de la vulnerabilidad que “[…] parece ser la consecuencia de nuestros cuerpos socialmente constituidos, sujetos a otros, amenazados por la pérdida, expuestos a otros y susceptibles de violencia a causa de esta exposición” (Butler, 2006: 46). Los cuerpos travestis/trans, al ser cuerpos abyectos, ocupan un determinado lugar en la sociedad receptora, que tensiona lo relegado y lo reconocido como expresión de un binomio que se encuentra lejos de significar integración social. En el sentido de los planteos de Castel (1991, 1995), las travestis/trans sudamericanas, por lo general, en sus contextos de origen, eran desafiliadas y la migración, entendida como estrategia de reproducción social medular, las posiciona en el contexto de la sociedad receptora, en un lugar de incertidumbre, volatilidad y exposición que implica el incremento de la amenaza y la debilidad de mecanismos para enfrentarlas (Gómez et al., 2014).
De este modo, mediante su relato, la informante clave sugiere un interesante punto de partida para reflexionar la discriminación que experimentan las personas travestis/trans en el marco del trabajo formal. Aunque Lara se desempeñaba en una discoteca, las condiciones objetivas erosionaron sus condiciones de vida, puesto que:
Yo trabajaba en un boliche muy importante hasta que la policía se avivó que había una travesti trabajando y caía y me agarraba y me decía que me liberaba si les daban la recaudación de la noche, cayó una cayó dos veces hasta que el dueño me dijo: “Mira, Lara, no podés seguir trabajando. Me resultás muy cara” y después de dos meses comiendo arroz con limón la sociedad me llevó a la calle. Era la única opción (Lara Bertolini).
De manera frecuente, las travestis/trans perdían (y pierden) sus empleos formales como consecuencia de haber asumido sus identidades de género y expresarlas socialmente. Además, las fuerzas de seguridad solían detenerlas de manera transitoria por el solo hecho de expresar sus identidades de género, sobre todo, cuando se encontraban en el espacio público, como consecuencia de lo que señalaban los edictos policiales (Berkins y Fernández, 2005). Como se analizará más adelante, la falta de acceso al trabajo formal y las dificultades en el acceso a derechos, en términos generales, suelen presentarse en los proyectos migratorios del universo de estudio.
A continuación, se presenta el análisis en relación con algunos fragmentos de entrevistas de acuerdo con las dos subcategorías propuestas. En la guía de pautas, se ha interpelado a las entrevistadas mediante los siguientes interrogantes: ¿percibiste situaciones de discriminación por ser trans?, ¿y por el hecho de ser migrante?, ¿de qué manera ocurrieron?, ¿cuándo la discriminación está presente crees que se debe al hecho de ser trans o migrante? Algunos discursos se encuentran interceptados por ambas subcategorías (identidad de género y condición migratoria), pero, con fines analíticos, se presentan tres aparatos distintos: primero, la discriminación vinculada con la identidad de género; luego, la discriminación vinculada con la condición migratoria y, por último, un apartado integrado en donde también se exponen diferencias en las discriminaciones según la nacionalidad de las entrevistadas.
5.4.1. Discriminación vinculada a la identidad de género
La discriminación es uno de los elementos que se encuentran presentes en los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas. Otros, como, por ejemplo, la violencia, involucran a un conjunto de actores y se expresan bajo diferentes formas. Además de las que se analizaron en los apartados y capítulos anteriores, algunas migrantes han padecido violencia de género en el marco de vínculos sexoafectivos constituidos en un contexto de agresiones verbales, psicológicas y físicas.
A pesar de que algunas poblaciones dentro del colectivo LGTBIQ+ pueden mantener su condición con cierto nivel de secretismo (Pecheny, 2002), la identidad y la expresión de género de las travestis/trans es casi imposible de ocultar (Meccia, et al., 2003), por lo que difícilmente pueda conservarse en secreto (Becker, 2009). En el espacio público, ellas suelen experimentar acoso callejero mediante miradas incisivas, gritos, burlas, agresiones físicas e insultos.[19] En estos episodios, las entrevistadas tienden a considerar que las discriminaciones que experimentan se vinculan con sus identidades y expresiones de género, aunque en algunas ocasiones han relatado que puede deberse a la condición migratoria.[20] A fin de cuentas, se trata de penalizar la indeseable diferencia (Goffman, 2015) en el contexto del espacio público.
Pese a lo descripto, de manera usual, las entrevistadas consideran que el AMBA representa un entorno de menor hostilidad en comparación con las sociedades emisoras. Por lo tanto, entienden que la sociedad receptora, por lo general, respeta las identidades de género y sexuales que se diferencian de las establecidas por la hetero-cis-normatividad. Es probable que le otorguen escasa importancia a la discriminación que experimentan por su condición de género debido a que, en comparación con los entornos de origen, el AMBA, posee un marco normativo, jurídico y cultural de mayor apertura. Además, algunas investigaciones han señalado que, en países como Ecuador, entre las travestis/trans circulan representaciones sociales que posicionan al AMBA como un destino menos hostil de acuerdo con referencias proporcionadas por otras migrantes, algunas de ellas con experiencias concretas (Díaz García, 2016). Con esto se quiere afirmar, tal como se planteó en el capítulo tres, que las migrantes producen representaciones sociales sobre el AMBA y estas entran en juego en la manera de concebir el modo en que la discriminación se presenta.
Cabe destacar que hubo entrevistadas que relataron no haber padecido ningún tipo de discriminación en sus tránsitos por el AMBA, construyendo una mirada apasionada y sobredimensionada del contexto de origen, factor que fue observado en investigaciones sobre migrantes travestis/trans ecuatorianas en Murcia (García García y Oñate Martínez, 2008) y que, por regla general, suele estar presente en los proyectos migratorios de los sujetos (Sayad, 2010). En definitiva, buena parte de ellas piensa que ni la condición migratoria ni la identidad de género representaron indicadores que devinieron en prácticas o discursos discriminatorios. El sesgo de la deseabilidad social (D’Ancona, 2009) se encontró presente en las entrevistas, ya que las migrantes afirmaron no haber experimentado discriminación alguna, apelando al recurso de posicionarse como la excepción a la regla (Zambrini, 2008). Dicho de otro modo, con el fin de diferenciarse de otras migrantes travestis/trans sudamericanas, aseguraron que habían oído sobre diferentes formas de discriminación hacia sus amistades o conocidas, pero que ellas eran afortunadas y eso no les había sucedido.
No obstante, en el trabajo etnográfico y en las entrevistas realizadas, pudo observarse que la discriminación respecto de la identidad de género se presenta y se expresa bajo las propiedades antes enunciadas. De este modo, la subjetividad de la travestis/trans suele ser objeto de atención y son múltiples las características que pueden ser objeto de discriminación. A continuación, se presentan las propiedades que refieren a la subcategoría Discriminación vinculada a la identidad de género, de acuerdo con los relatos proporcionados por las entrevistadas y los asideros teóricos antes mencionados.
5.4.1.1. Binarismos
Un elemento fundamental de la discriminación hacia la identidad de género travesti/trans reside en la mirada binaria del sistema sexo-género que posee la sociedad receptora mediante sus diversas instituciones (escuela, medios de comunicación, sistema de salud, poder judicial y fuerzas de seguridad). A través de la hetero-cis-normatividad, se asume la existencia única de dos géneros que se asimilan al sexo masculino y al femenino (Whorten, 2016) como resultado de la concordancia entre el sexo asignado al nacer y la identidad de género y, a la vez, la atracción del género opuesto al propio. Esto es lo que Judith Butler denomina matriz de inteligibilidad heterosexual, que articula el sexo, el género, el cuerpo y el deseo (Martínez, 2009). De este modo, algunas migrantes, han relatado discriminaciones de personas que, reproduciendo esta norma, las calificaron como varones.
Un médico me dijo: “Yo a los hombres no les pongo tetas, no te opero” (Carmen, peruana, 31 años).
Cuando la policía te viene a revisar y te dice: “Vos sos un tipo, no una mujer”. Desde ahí ya arranca la discriminación y vos te pones boca a boca con ellos y perdés (Nora, peruana, 33 años).
En el primer fragmento, la migrante relató que un médico atravesado por una concepción ideológica cisexista y transfóbica negó su identidad de género al determinar que era un varón y, por lo tanto, no le iba a realizar una intervención corporal que él entendía como feminizante. Las intervenciones quirúrgicas ocupan un lugar importante en los proyectos migratorios de las travestis/trans, ya que la mayoría entiende que le permitirán producir una apariencia subjetivamente readecuada y acorde con su expresión de género (Vartabedian, 2012). Es probable vincular la discriminación de Carmen al trato discriminatorio del personal de salud, en este caso, un médico especialista en cirugía estética que no comprendía la importancia de poder constituir una expresión de género que no se encuadraba en un binarismo biologicista. Con fundamento en Fausto Sterling (2006: 19):
Nuestros cuerpos son demasiado complejos para proporcionarnos respuestas definidas sobre las diferencias sexuales. Cuanto más buscamos una base física simple para el sexo, más claro resulta que “sexo” no es una categoría puramente física. Las señales y funciones corporales que definimos como masculinas o femeninas están ya imbricadas en nuestras concepciones del género.
De acuerdo con la afirmación proporcionada por la filósofa estadounidense, en el discurso médico prevalece[21] una mirada binaria que impacta en las trayectorias biográficas de las personas travestis/trans e intersexuales, en las que el registro de la diferencia que ataca una concepción del sistema sexo-género binaria es patologizada e, incluso, corregida mediante intervenciones que pueden ocasionar serios problemas para la salud y para la identidad de género.
El acceso a la salud de las personas travestis/trans ha sido una de las principales preocupaciones académicas y políticas de los últimos diez años. Los principios de Yogyakarta (2007) establecen, además del goce pleno de la salud, la protección contra los abusos médicos. Por eso, las intervenciones quirúrgicas no deben entenderse como cirugías estéticas, debido a que representan modificaciones corporales que se vinculan a la readecuación de la imagen corporal y de la apariencia subjetiva. En el 2015, la Ley de Identidad de Género reglamentó el artículo 11, que estipula el acceso a intervenciones quirúrgicas.[22] Aunque el relato de la entrevistada corresponde a un hecho sucedido en el 2012, lo que permite entrever es una concepción binaria del género anclada en el saber-poder médico.[23] Según Arrubia y Brocca (2017), la reglamentación del artículo ha permitido que algunas travestis/trans demanden a las obras sociales que se niegan a cubrir estos procedimientos y, en algunos casos, esto ha permitido que la Justicia falle a su favor.
Del mismo modo, el relato de Nora ilustra distintas arbitrariedades que realizan las fuerzas de seguridad, en este caso, las requisas de carácter público que suponen un trato degradante (Vásquez Haro y Sánchez, 2017) menospreciando sus identidades de género mediante la alusión a denominaciones tales como “personas travestidas” (Malacalza, 2018, 2019). Esta concepción de las fuerzas de seguridad representa un indicador de la ideología binaria del género. El relato de la entrevistada permite entrever cómo las fuerzas de seguridad continúan encontrándose atravesadas por discursos cisexistas, binarios y discriminadores al considerarla un varón cisgénero. Para ellas, estas discriminaciones poseen una intensidad considerable, debido a la desvalorización de sus identidades de género y la imposibilidad de expresar un papel acorde con sus emociones. En este sentido, la posibilidad de realizar el cambio de DNI para ellas es fundamental porque les permite reconocer la manera en que se autoperciben. Sin embargo, las travestis/trans migrantes experimentan distintas dificultades para realizar dicho procedimiento (Vásquez Haro y Sánchez, 2017), puesto que el trámite demanda más tiempo en relación con las nativas (AA. VV., 2016) y de acuerdo con otros aspectos que serán analizados más adelante.
5.4.1.2. Sensible
La propiedad sensible indica que determinados atributos que pueden ser captados por los sentidos como la apariencia física, los movimientos corporales y las formas de hablar pueden ser objeto de discriminación. En otras palabras, la discriminación hacia las entrevistadas puede observarse como consecuencia de factores que hacen a la fachada (Goffman, 1989) que se presenta en determinadas situaciones, como, por ejemplo, en el marco de las sociabilidades nocturnas. Aunque sobre el modo en que las travestis/trans se presentan en la vida cotidiana se ha hecho referencia en el capítulo tres, en este caso se remite a las experiencias que relatan las entrevistadas para enmascarar su identidad de género en diversos ámbitos. A fin de cuentas, las migrantes travestis/trans sudamericanas llevan a cabo actuaciones en concordancia con las solicitudes y permisos sobre los modos de expresar el género que establece la sociedad receptora. Esta propiedad puede vincularse también con los binarismos, puesto que las entrevistadas sostienen:
Tiene que ser muy femenina y que esté bien para que pase que no se note que es chica trans y que vaya con un hombre de la mano o que vaya en un grupo de mujeres para que ella pase…. Porque cualquier chica trans que vaya a cualquier sitio de héteros en Palermo o sitios así no la dejan entrar. Por el look, justamente. De nuevo al tema, porque siempre la chica trans está mal vista (Mariela, colombiana, 28 años).
Ah, no, obviamente, sí, en todo momento, en todo momento, hay en el momento de irte hacer un trámite, en el momento de ir a un restaurante, en el momento de presentarte en una fiesta heterosexual, o sea, en todo tipo de momentos sientes un poco de discriminación porque la gente te mira la gente se codea se están dando cuenta. O sea, siento que sí he tenido, siento que sí, es como que un poco señalada, un poco vista, pero a comparación de muchas amigas mías que yo tengo o sea yo he sido la que menos ha pasado este tipo de cosas o situaciones (Jesica, peruana, 21 años).
—Por la discriminación, no, no, no, totalmente. Te cierran las puertas, acá en Argentina en algunos lados les cierran a las chicas, en muchas partes les cierran las puertas a las chicas trans.
—¿En cuáles, por ejemplo?
—En algunos boliches, muchos boliches héteros no dejan entrar a las chicas trans. (Mariela, colombiana, 28 años).
La principal característica que se observa en los fragmentos citados se relaciona con el aspecto físico y la apariencia de las travestis/trans. La apariencia física, en el contexto de la sociabilidad heterosexual, exige la demostración de una determinada fachada acorde con las exigencias sociales. Por eso, Jesica y Mariela consideran que, en los sitios héteros, la admisión resulta desigualitaria. Estos relatos hacen referencia al contexto de locales bailables que suelen poseer una admisión que excluye a distintos grupos que no se emparentan con los requisitos sociales de clase, nacionalidad y apariencia física (Margulis y Urresti, 1999; Blázquez, 2011) y, en este caso, de identidad de género. El relato de las entrevistadas permite entrever es que la hetero-cis-cisnormatividad implica un modo de regular las conductas y expresiones; es decir, si determinadas identidades de género desestabilizan la norma, al menos deberán llevar a cabo actuaciones acordes con ella en un juego que oscila entre el disimulo y el encubrimiento.
Si el cuerpo travesti/trans posee determinadas características distintivas e insoslayables (Zambrini, 2010), para lograr la admisión a discotecas, deben negar, ocultar o disfrazar aspectos de sus expresiones de género asimilándose a las características estéticas y corporales de las mujeres cisgénero. A fin de cuentas, la apariencia física expresa un elemento de disciplinamiento corporal (Sossa Rojas, 2011). La preparación corporal para insertarse en la sociabilidad heterosexual debe asentarse en la construcción de un capital erótico (Hakim, 2012) socialmente aceptado y anclado en ideales de belleza hegemónicos.
Como se ha señalado, no debe olvidarse que tal capital se constituye en el marco de campos específicos que articulan aspectos ligados a la edad, el género, la nacionalidad y la sexualidad (Green, 2013).[24] En definitiva, la posesión de ese capital no depende de una decisión individual, ya que este se inserta en campos específicos donde los aspectos antes mencionados condicionan su despliegue y exposición. Las entrevistadas citadas aquí no han hecho referencia al modo en que su condición migratoria influye en el ingreso a discotecas, pero el trabajo etnográfico ha permitido constatar que, en algunos casos, la admisión de los centros de esparcimiento posee cierta apertura hacia las identidades de género travesti/trans, aunque, cuando dichas identidades se conjugan con la condición migratoria sudamericana, el ingreso se ve restringido.
El universo heterosexual resulta hostil para las travestis/trans sudamericanas. Las entrevistadas hacen hincapié en la discriminación padecida en el marco de la sociabilidad nocturna, en relación con las condiciones de admisión y con la sociabilización en esos ámbitos. Los actores involucrados, es decir, los agentes discriminadores, suelen ser personas cisgénero que pertenecen a la admisión en discotecas y personas que participan en calidad de clientes. De esta manera, Mariela afirmaba que, para poder acceder a discotecas heterosexuales, las travestis/trans sudamericanas deben estar acompañadas de mujeres o varones cisgénero y proyectar una imagen en concordancia con las feminidades cisgénero, de acuerdo con el denominado passing. La migrante sugería que la admisión se encuentra asociada al ser aceptada por personas cisgénero y heterosexuales. Por eso, señaló la importancia de la pertenencia a un grupo de mujeres y el estar acompañada de algún varón. Al fin y al cabo, ser aceptada por el universo heterosexual.
Las migrantes travestis/trans sudamericanas tienen diversas miradas sobre la corporalidad, pero el universo de las feminidades cisgénero suele ser una referencia importante porque algunas entrevistadas afirman querer ser como las mujeres de manera frecuente. Dado que existen ópticas de belleza hetero-cis-patriarcales legitimadas socialmente, es que las travestis/trans realizan transformaciones corporales acordes con ella (Camacho Zambrano, 2007). La feminización de los cuerpos, como expresaba el antropólogo Silva (1993), representa un combate diario con las características masculinas inscriptas en el cuerpo. El lograr una apariencia femenina se traduce en lograr un cuerpo normativizado y aceptado socialmente. Esto no quiere decir que la totalidad de la muestra revalorice una corporalidad en estos términos, pero se ha observado esta regularidad empírica en las entrevistas realizadas.
En relación con los discursos sobre las ventajas de no parecer travesti/trans que adoptan las entrevistadas, vuelve a observarse el tema del passing. Según (Missé, 2018, como se citó en González, 2019: 4) el paradigma trans establece que “es necesario tener un cuerpo del que no se sospeche que sea trans, un cuerpo que corresponda al binarismo de género (el término usual en el medio es ‘tener un buen passing’)”. Algunas entrevistadas abordaron esto de manera crítica y, más allá de que algunas relataron tácticas de enmascaramiento, como, por ejemplo, usar indumentaria que no llame la atención ni cosmética que resulte exagerada, es insoslayable que tales tácticas expresan las características de la sociedad receptora, que exige la regularización de las diferencias bajo cuerpos normativizados.
En conclusión, con fundamento en Goffman (2015), tales apreciaciones responden a tácticas de control y manejo de los símbolos de los estigmas inscriptos en la expresión y roles de género que indican una identidad que hace estallar las lógicas binarias del sistema sexo-género. Si el encubrimiento se asocia con la posibilidad de mantener en secreto el estigma del que es portador el sujeto, el enmascaramiento implica un trabajo “… para que el estigma no se destaque demasiado” (Goffman, 2015 [1963]: 130). Esto exige el conocimiento de las situaciones sociales y estructura de las interacciones, con el fin de que el sujeto se apropie de las normas y códigos imperantes pasando desapercibido.
Respecto de las dimensiones, puede aseverarse que la intensidad de estas discriminaciones es percibida como leves, puesto que ellas emplean tácticas para evadir la admisión con cierta efectividad, o bien pueden dirigirse hacia otros espacios en los que se sienten más cómodas. Los principales actores corresponden a miembros de la sociedad civil, de manera principal, a personas que intervienen en la sociabilidad heterosexual y al personal destinado a la admisión en los venues.
5.4.1.3. Personalidad
La personalidad es un término usado para describir el tipo de conducta característico de un individuo que surge a medida que crece, madura y reacciona a los estímulos ambientales (García Naveira, 2010). Como se mencionó, suele ser común que algunos rasgos de la personalidad travesti/trans se asocien con determinadas características, que no resultan aceptadas socialmente. A diferencia del planteamiento de algunas expresiones que provienen de la psicología, en este caso, se considera que la personalidad de las migrantes travestis/trans es construida como desviada. Con fundamento en Becker (2009), mediante un juego de normas y sanciones, los grupos construyen la desviación del otro, es decir, el desviado es socialmente construido. En concreto, un indicador de ella son las conductas que pueden resultar moralmente inapropiadas, tal como lo plantea la siguiente entrevistada:
Porque dicen “es quilombera, es borracha, le gusta todas esas cosas”; entonces por eso se hace más difícil. De repente si fuese una familia, una pareja, un chico, una chica, un nene, de repente por ahí se le puede hacer un poco más fácil encontrar un lugar. En el caso de chicas trans, es muy complicado y hoy en día sigue siendo muy complicado. Te piden mucho dinero para poder entrar a un departamento (Graciela, peruana, 44 años).
Adjetivos tales como borrachas, quilomberas, alocadas y peligrosas son maneras de pensar el comportamiento de las entrevistadas de un modo negativo. Graciela, por ejemplo, entiende que estas características impiden o dificultan el acceder a la vivienda, puesto que son calificativos que las vinculan al conflicto. En las reuniones de organizaciones políticas, en las que se realizó observación participante, las migrantes comentaban que las inmobiliarias y propietarios de viviendas las asociaban a la prostitución/trabajo sexual, el disturbio y la violencia, lo que dificultaba que accedieran al alquiler de las viviendas.
Las entrevistadas suelen afirmar que llevan una vida desordenada, consumen drogas y alcohol (Fernández, 2004) y poseen diversos conflictos, sobre todo, al interior de su grupo. En concreto, invocan un habitus (Bourdieu, 1991) que, más allá de sus diferencias, estructura prácticas y rasgos de conducta que son producidos por la sociedad receptora como desviados. Aunque se asuma que tales características de personalidad pueden estar presentes en algunas de ellas, lo importante es comprender el proceso que constituye esos rasgos. Por lo tanto, la interiorización de lo social, la incorporación de normas y valores que se expresan bajo distintas formas de acuerdo con la subjetividad es el resultado de las características que los proyectos migratorios asumen en el AMBA y los rasgos de personalidad son el resultado de la socialización e integración que adquieren, tal como se explicó en el capítulo anterior.
Por otra parte, las mismas entrevistadas afirman que las travestis/trans suelen tener determinadas características de personalidad como, por ejemplo, borrachas, quilomberas y alocadas, lo que dificulta el acceso a la vivienda por vías mercantilizadas. Estas definiciones quedan englobadas bajo la denominación de escándalo que ha sido un término utilizado para definir un conjunto de prácticas. De este modo, Kulick (1998) emplea el término de acuerdo con las actitudes que asumen las travestis/trans cuando tienen algún tipo de conflicto con los clientes. También, los edictos policiales refieren al vestir con “prendas del sexo contrario” y al “ejercicio de la prostitución escandalosa” (Morcillo, 2011) como modalidades que representaban indicadores de personalidad desviada.
En esta línea de interpretación, Cutuli (2015) recupera el concepto de escándalo, al que entiende como un modo de establecer lazos de sociabilidad entre las travestis/trans que puede contener acciones de carácter político con impacto y visibilidad. El problema radica en que las travestis/trans son asociadas al escándalo de una manera negativa percibiendo solo la competencia, la hostilidad y la violencia de los vínculos que constituyen entre sí y con otras personas. Sin embargo, el escándalo representa también un modo de hacerse respetar pudiendo hacer visibles sus identidades de género, reivindicar sus derechos y vincularse de manera colectiva. En pocas palabras el escandalo es un recurso político ante las diversas condiciones objetivas hostiles que es caracterizado por la sociedad receptora como desviado y potencialmente peligroso.
Como se señaló, las travestis/trans sudamericanas son portadoras de estigmas que se vinculan a personalidades construidas socialmente como desviadas (Becker, 2009), de acuerdo con un habitus incorporado en un proceso de socialización entre pares. De esta manera, a los valiosos aportes de la antropología social respecto de las características que se construyen sobre la población travesti/trans, es pertinente complementarlos con los aportes de la sociología de la desviación. Según Becker (2009), en la carrera moral del desviado, el etiquetamiento sobre determinados rasgos considerados desviados se transforma en dominante y se instaura la sospecha sobre la posibilidad de poseer otros rasgos con similares características. Por eso, más allá de que las propias migrantes travestis/trans sudamericanas produzcan y reproduzcan estas atribuciones, estas no pueden reducirse a una mera distinción grupal; por el contrario, se vinculan a la sanción de las normas que se constituyen de manera social y son reproducidas por los miembros del grupo.
La travesti varón es muy alocada; quiere llamar mucho la atención a donde va. Quiere ser lo que acapara las miradas. No le importa el hacer el ridículo el hacer algo bueno o algo malo, no les importa (Graciela, peruana, 44 años).
En relación con la hostilidad de las identidades normativas hacia el universo de estudio, Graciela expresa que el aspecto físico y la manera de actuar en la vida pública de las travestis/trans representan una limitación para que la sociabilidad sea satisfactoria. La entrevistada hace referencia a un tipo de personalidad escandalosa y, por ende, problemática, que refuerza, mediante la denominación de travesti varón, que no se ve atravesada por la moral, porque no puede diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. La ridiculez aparece entonces como una falta de adaptación a las normas, propia de una personalidad desviada y desinteresada. La moralidad construida de modo hegemónico permite juzgar qué comportamientos son válidos socialmente en función de códigos (Benhabib, 2005) reguladores de las conductas desviadas. Tal operación garantiza un orden que diluye la diversidad, en este caso, relacionada a la proliferación de géneros y sexualidades. La construcción de códigos morales hegemónicos permite establecer criterios dominantes de normalidad-desviación al ser funcional a concepciones sobre rasgos de personalidad dominantes.
No me relaciono con personas de mi género; no me relaciono casi porque, por lo general, son peligrosas. Me da miedo. Entre ellas mismas se atacan feo. En vez de tener como un apoyo mutuo, todo lo que hacen es como tirársela una a otra que si yo tengo mejor rostro te lo voy a dañar, que si tengo mejor cuerpo te lo voy a desfigurar, entonces tienen esa competencia entre ellas mismas (Roxana, colombiana, 20 años).
Roxana mencionaba la peligrosidad de las travestis/trans describiendo el daño físico que se hacen unas a otras como símbolo de la competencia y la rivalidad, lo que le provocaba miedo y rechazo. En este caso y en los citados en el subapartado, se observa también la discriminación al interior de la población[25] travesti/trans, que pueden ser arengadas por la reproducción de determinadas representaciones que produce la sociedad receptora. Justamente, ese miedo y rechazo, mediante la calificación de ser peligrosas, es lo que produce su distanciamiento. Lo que describe la entrevistada se abordó en el capítulo anterior y se tomó el ejemplo que proporcionó ella para señalar la sospecha y la peligrosidad que se construye respecto de los migrantes en el ingreso al país.
Más allá de los asideros reales de esta forma de vincularse entre las travestis/trans, este discurso evidencia discriminación al interior del propio grupo, deseos de distinción y reproducción de valores dominantes. Este es uno de los elementos centrales y recorre la totalidad del apartado, debido a que los agentes discriminadores hacia las migrantes travestis/trans sudamericanas, en algunas oportunidades, son otras travestis/trans (en ocasiones nativas o migrantes sudamericanas) que destacan determinados rasgos de sus compañeras presentándolos como inferiores y desviados. A fin de cuentas, Goffman (2015) señala que un proceso común consiste en establecer una diferenciación al interior de lo estigmatizado que, mediante la jerarquización de las diferencias desacreditadoras, les permite aproximarse a la normalidad. Esta ambivalencia implica ser parte y, a la vez, diferenciarse del grupo social al que se pertenece y se traduce en la manera en que se gestiona el propio estigma. Este procedimiento puede derivar en discriminaciones explícitas, debido a que, como sostiene Goffman (2015 [1963]), para autolegitimarse, se deben asumir las posturas de los normales, mostrando que los estigmas que se les asignan a sus compañeras deben ser sancionados, purificados y normalizados.
En este caso la dimensión que refiere a la intensidad de la discriminación puede presentarse de manera leve o moderada según la concepción de cada una de ellas. Además, el principal actor involucrado en la discriminación asociada a las características de la personalidad travesti/trans es el propio universo de estudio, aunque es probable que estén reproduciendo discursos que se construyen en la sociedad receptora. La distinción al interior del grupo de pertenencia se traduce en prácticas discriminatorias, que, como se expondrá más adelante, pueden también tomar como referencia la condición migratoria.
5.4.1.4, Acceso a derechos
Una de las cuestiones que relatan las entrevistadas se orienta a describir las dificultades para poder acceder a la vivienda mediante el alquiler, lo que provoca que vivan en hoteles y pensiones cuyas condiciones infraestructurales se encuentran deterioradas, con serias deficiencias habitacionales. En algunos casos, ni siquiera admiten el ingreso de personas travestis/trans (Botto y Rodríguez, 2018), lo que acentúa las condiciones de vulnerabilidad. Algunas de ellas relataron la manera en que las miraban los empleados de las inmobiliarias cuando, acompañadas de sus parejas, intentaban cerrar un contrato con el fin de alquilar una vivienda, que, con posterioridad, no se concretaba producto de la discriminación. Al respecto, un informe del Ministerio Público de la Defensa (2017: 173) sostiene que estos procesos se vinculan con “la persistencia de actitudes discriminatorias por identidad y expresión de género de parte del sector inmobiliario”.
En consecuencia, como principal premisa, se establece que el acceso a determinados derechos, por parte de esta población, se ve obstaculizado y da lugar a un ejercicio ciudadano restringido y diferenciado (Caggiano, 2008; Begala, 2012) que impide el ejercicio pleno de la ciudadanía (Berkins, 2005). De esta manera, Caggiano (2008), de acuerdo con las interpretaciones de Agamben (2003), recupera la figura del abandonado, es decir, aquel sujeto que resulta de la operación de inclusión por medio de la exclusión: “… aquellos sobre quienes recae la restricción de la ciudadanía son el afuera del adentro y, al encarnarlo, recuerdan a los demás ese afuera” (Caggiano, 2008: 41). Por eso, las migrantes travestis/trans son incluidas en la sociedad receptora para ejercer la prostitución/trabajo sexual, puesto que la mayoría ejerce dicha actividad, pero son excluidas del acceso a determinados derechos (vivienda es uno de ellos). Por eso, se sostiene que poseen un alto grado de vulnerabilidad. En este caso, se observa que las formalidades normativas del inquilinato se ven endurecidas y poseen importantes dificultades para acceder a una vivienda.[26]
Con anterioridad, Graciela relataba que se asociaba la personalidad desviada de las travestis/trans con las dificultades para acceder a la vivienda. De esta manera, se observa que las discriminaciones se vinculan porque asociar determinados rasgos de conducta a la personalidad travesti/trans es funcional a la restricción al acceso de los derechos, como ocurre con el acceso a la vivienda. Algunas entrevistadas fueron aún más enfáticas respecto de los obstáculos en el ejercicio de derechos, tomando como indicador el acceso a la vivienda y no las características de personalidad.
Sí, cuando queríamos alquilar un departamento, nos veían, cuando iba yo con él [su pareja], y nos decían: “Mira justo lo ocuparon o ya pagaron por adelantado”. Si me paso un par de veces (Ariadna, peruana, 34 años).
Y como una es extranjera y quiere alquilar un departamento dicen: “Ah, no, esta no va a pagar”. Nos suben, nos suben y nos suben. Peor cuando ven una travesti, más nos joden y a veces no nos quieren ni alquilar (Martina, paraguaya, 24 años).
Cuando la pareja de Ariadna se dirigía a una inmobiliaria para rentar un departamento, mostraban buena predisposición para alquilársela. Pero, cuando ella lo acompañaba para conversar las últimas condiciones del contrato, les presentaban excusas con el fin de no concretar el alquiler del departamento. Además, la migrante relató que este tipo de situaciones le habían ocurrido en más de una oportunidad, lo que implica suponer que se trata de una conducta regularizada. Además, esto ha sido señalado por informes sobre las condiciones de vida de esta población (Ministerio Público de la Defensa, 2017).
Martina proporcionó una declaración aún más enfática que será recuperada más adelante, ya que permite pensar la potencialidad de la interseccionalidad. La migrante afirmó que existe una sospecha sobre las travestis/trans que se acentúa cuando se conjuga con la condición migratoria, lo que provoca que no les alquilen o les cobren sobreprecios (Ministerio Público de Defensa, 2017; Botto y Rodríguez, 2018), factor que se pudo observar en una multiplicidad de casos. La entrevistada proporcionó elementos para establecer que la discriminación se articula en función de la identidad de género y la condición migratoria porque identifica con claridad que ambos factores obstaculizan el acceso al alquiler de una vivienda.
En otros casos, se profundizó sobre las dificultades para acceder al trabajo formal, factor que se encuentra asociado a la necesidad de ejercer la prostitución/trabajo sexual como única estrategia de supervivencia, tal como menciona la migrante peruana citada a continuación.
—Porque sé muy bien que no nos van a tomar, es por eso. ¿Por qué yo no puedo desempeñarme como vendedora en una tienda de ropa? Si puedo, pero solamente porque nadie da trabajo, o trabajar en un edificio, o como recepcionista de un hotel.
—¿Por qué será?
—Por el prejuicio de la gente prejuicio y la discriminación. Es una persecución que día a día nos ocurre a las chicas trans
—¿Y te gustaría trabajar de otra cosa?
—Y sí, ¿a quién no le gustaría? A todas. Todas desearíamos trabajar en otras cosas, aunque sea limpiando el baño de un hotel, pero el trabajo no lo justifica porque no estamos robando, no estamos matando, ni por el hecho de trabajar en la calle tenemos que avergonzarnos. En algún momento, sí se siente un poquito de vergüenza, pero la gente no nos da de comer a nosotras, nosotras tenemos que soportar a los clientes, a los que son buenos y a los que son malos (Nora, peruana, 33 años).
La entrevistada vincula el prejuicio y la discriminación en tanto procesos que se presentan de manera periódica en sus trayectorias de vida. Esta afirmación es significativa porque comienza a minar la supuesta apertura del AMBA que algunas migrantes travestis/trans sostienen, valiéndose de las representaciones sociales ya caracterizadas. Discriminación y prejuicio son dos elementos fundamentales que atraviesan las alteridades travestís/trans sudamericanas; por eso, en las entrevistas lo identifican. En definitiva, en acuerdo con Wieviorka (1992), ambos factores contribuyen a construir relaciones sociales de dominación, en donde las migrantes se posicionan en los polos dominados naturalizando y racionalizando esa estructura. Para que esto ocurra debe darse una primera ruptura en la que se combinan mecanismos de estereotipación, estigmatización y esencialización que las ubican en un lugar en el que se quiebra la relación de igualdad frente a la sociedad receptora. Esto las conduce a una posición de vulnerabilidad y quedan marcadas con señales difíciles de borrar. Esas señales contribuyen a legitimar el diferencial acceso a derechos.
Por otra parte, Nora reconoció que, a pesar de que no debía avergonzarse por ejercer la prostitución/trabajo sexual, algo de vergüenza le generaba y entendía que eran pocas las alternativas para realizar otras actividades. Según Elias (1993: 499), la vergüenza es “una forma de disgusto y de miedo que se produce y manifiesta cuando el individuo que teme a la supeditación no puede defenderse de este peligro mediante un ataque físico directo u otra forma de agresión”. Ese sentimiento de vergüenza se presenta en algunas migrantes travestis/trans al considerar que la prostitución/trabajo sexual denigra sus identidades de género y las expone a condiciones de notable vulnerabilidad, criminalización y violencia. En esta actividad se ven obligadas a exponerse de manera pública en contextos que pueden derivar en diferentes tipos de violencia.
Este relato contradice algunas investigaciones que sostienen que, “para la gran mayoría de las travestis trabajadoras del sexo, la prostitución no es una actividad que las avergüence, ni la vivencian con resignación. Por el contrario, es una profesión que las empodera” (Vartabedian 2014: 281). La entrevistada consideraba que la prostitución/trabajo sexual la degradaba y habría preferido realizar otras actividades, aunque afirmó que, debido al prejuicio y a la discriminación, le resultaba imposible acceder al trabajo formal, factor planteado por numerosas investigaciones (Fernández, 2004; Berkins y Fernández, 2005; Ministerio Público de la Defensa, 2017; Álvarez Broz, 2017, entre otras numerosas publicaciones).
Por otra parte, sostener que la prostitución/trabajo sexual permite acceder a una mejor remuneración en relación con otros trabajos (Juliano, 2005) es discutible, puesto que ellas afirman que, a medida que crecen, la demanda de clientes disminuye y deben aceptar algunas condiciones de parte de los clientes que deterioran sus salubridades, como, por ejemplo, consumir drogas y alcohol en exceso y mantener relaciones sexuales sin hacer uso del preservativo.[27] En resumen, las dificultades para acceder al trabajo formal representan uno de los indicadores de la discriminación que experimenta la población migrante travesti/trans sudamericana.
Lo importante ahora es lo que yo viví, cada uno lo que vivió, con una historia diferente a la mía, pero todas basadas en la prostitución. Lo que nosotros queremos es cambiar esta historia y ser personas de derecho porque nosotras somos excluidas de la salud, de la educación, de un trabajo digno. De crecer como persona y vivir en un país donde realmente nos dé un trabajo, pero eso es algo que no va a pasar. Es un gobierno neoliberal, es un gobierno donde se pierden derechos. Para mí la prostitución es algo que la sociedad nos impuso. Yo busque trabajo acá. No me daban bola, nada, y no me quedo otra que pararme en una esquina y prostituirme. La sociedad nos impone que estemos en una esquina, por eso estoy esperando la ley del cupo laboral trans para que la prostitución sea una elección. A mí me gustaría que allá un montón de carreras para poder elegir. Acá las prostitutas dicen que es un trabajo (Claudia, 46 años, peruana).
Algunas travestis/trans entienden que la prostitución/trabajo sexual representa una situación que las degrada y militan por la sanción de la Ley Nacional de Cupo Laboral Trans, que, en términos generales, estipula que el 1 % de los empleos de la Administración Pública nacional sea para personas travestis, transexuales, transgéneros y masculinidades trans. De este modo, entienden que la prostitución/trabajo sexual es producto de las desigualdades e imposiciones sociales propias del régimen hetero-cis-patriarcal. Algunos aspectos de la trayectoria biográfica y del proyecto migratorio de Claudia fueron señalados en el capítulo 3. Ella poseía un trabajo formal en el Perú y estudios terciarios y, al migrar, tuvo que recurrir a la prostitución/trabajo sexual, ya que fue la única estrategia de supervivencia que podía desarrollar en el AMBA. Además, la entrevistada afirmó que se encuentran excluidas del ejercicio de derechos tales como educación y salud, aunque no profundizó en ellos.
En línea con estos relatos, una de las travesti/trans en conversaciones durante reuniones en el contexto de una de las organizaciones políticas en las que fue realizado trabajo etnográfico, relató que fue despedida de su empleo de encargada de un edificio ubicado en el barrio porteño de Recoleta. No pudo determinar si se trataba de un despido por su condición de género, pero relató que había cumplido con todas las indicaciones del consorcio, aunque percibía que algunas propietarias la miraban de manera extraña. Sin darle ninguna explicación o motivo que se vinculara a sus aptitudes, la despidieron. Al tener 57 años, la posibilidad de volver a ejercer la prostitución/trabajo sexual no era viable, con lo cual analizaba la posibilidad de regresar a su país de origen y vivir con sus hermanas. Buena parte de las entrevistadas considera que la falta de acceso a otras actividades laborales representa un indicador de discriminación y constituye una regularidad empírica de la población migrante travesti/trans sudamericana.
5.4.1.5. Endogrupal (migrantes)
Para finalizar con las discriminaciones que se vinculan con la identidad de género, otro aspecto que contempla la construcción de la categoría tipo de discriminación se asocia con la discriminación respecto de la identidad de género ejercida por varones cisgénero migrantes en el contexto del AMBA. En síntesis, la discriminación que padecían en sus contextos de origen se “importa” y persiste en el contexto de la sociedad receptora.
Bueno, hay algunos argentinos, mayormente peruanos, que se piensan que están en su país para seguir insultando a los travestis, pero todo bien. Puedo salir, ir a comprar y, bueno, la persona que te mira con indiferencia, pero tú, con respeto e indiferencia, le demuestras muchas cosas a las personas (Nora, peruana, 33 años).
La estrategia de Nora es clara: permanecer indiferente ante los agravios que experimenta en el espacio público. Además, dejó en claro que “algunos argentinos”, pero, sobre todo, peruanos cisgénero que transitan o residen en el AMBA son quienes la insultan. En estos casos, vuelve a presentarse la cuestión de la ambivalencia señalada por Goffman (2015 [1963]), pero en este caso el indicador estigmatizado radica en la condición migratoria. A fin de cuentas, los migrantes peruanos establecen mecanismos de diferenciación respecto de las migrantes travestis/trans mediante la discriminación mediante agresiones verbales en el espacio público. Como se mencionó, este tipo de agresiones discriminatorias se consideran leves o moderadas en cuanto a su intensidad, pero suelen ser usuales. Es probable que las entrevistadas, al naturalizarlas, les otorguen escasa importancia porque se han presentado en diversas instancias de sus proyectos migratorios y trayectorias biográficas. Además, en algunos casos, se han descripto este tipo de agresiones de parte de mujeres cisgénero nativas y migrantes en el marco del transporte público. Ellas consideran, de manera frecuente, que son objeto de burla y trato diferencial de un conjunto de actores que poseen en común el ser miembros de la sociedad civil.
5.4.2. Discriminación vinculada a la condición migratoria
Las migrantes travestis/trans sudamericanas, en general, consideran que su condición migratoria representa el principal factor de discriminación en relación con sus identidades de género. Desde el punto de vista metodológico, la codificación aplicada mediante el software ATLAS.ti arrojó una importante cantidad de códigos relacionados con esta subcategoría en comparación con la discriminación vinculada al género. Además, como se expone en el siguiente fragmento, se infiere que, en el contexto de la sociedad receptora, la sexualidad y la identidad de género ocasionan niveles de discriminación de menor importancia.
Yo creo que el hecho de ser travesti no es tanto, el hecho de ser extranjero, cualquier extranjero sí padece bastante discriminación. Porque, o sea, más que todo en sexualidad o cualquier género que haya no hay tanta discriminación. La discriminación más que todo acá es por ser extranjeros (Agustina, peruana, 26 años).
A pesar de que suelen identificar la condición migratoria como principal razón de discriminación, en menor medida, algunas entrevistadas consideraron que su identidad de género representaba la principal fuente de discriminación. De todas maneras, el relato de la entrevistada no debe menospreciarse, más aún cuando las migrantes travestis/trans sudamericanas suelen considerar que la condición migratoria representa la característica de mayor importancia a la hora de describir la discriminación y suelen experimentarlas de acuerdo con diferentes intensidades. La retórica de la sociedad multicultural que revaloriza el lugar de las migraciones en la historia argentina parece desvanecerse. De esta manera autores, como Cohen (2004), Perez Ripossio, Lanzetta y Gonza (2015) y Perez Ripossio (2018, 2019) han podido demostrar que el discurso sobre el “crisol de razas” como expresión de la integración intercultural entre una amalgama de identidades europeas, ya no puede aplicarse al presente. Ese presente se encuentra atravesado por la presencia de las migraciones sudamericanas y la revalorización de las europeas, que son parte del pasado. Entonces, prevalecen discursos que menoscaban la convivencia intercultural generando que el conflicto devenga en antagonismo conformando polos dominantes y dominados
Al asumir que el crisol de razas —entendido como una de las formas en que el Estado y la sociedad receptora lograron la desetnización de la nación (Grimson, 2006) mediante la creación de una etnicidad ficticia (Balibar, 2005)— no puede aplicarse al contexto actual, implica la necesidad de determinar de qué manera se piensa la diversidad cultural en la actualidad. A fin de cuentas, la concepción multicultural lejos de aceptar las diferencias, las organiza de acuerdo con un marketing aditivo de pluralidad cultural (Díaz Polanco, 2007) siempre y cuando no se alteren los códigos culturales dominantes. En síntesis, ya no disponemos de un constructo que permita aglutinar la diferencia y la diversidad cultural, solo se articulan algunas ideas en torno a la diferencia cultural mediante representaciones sociales que posicionan al AMBA como un ambiente de mayor apertura. La fuerza del “crisol de razas” puede identificarse en las representaciones sociales con persistencia, pero es un discurso para pensar la alteridad europea pasada, que por lo tanto ya no molesta y sin incidencia para pensar las migraciones sudamericanas.
Tal como se adelantó en el marco teórico, la tesis asume una postura sobre la interculturalidad que puede definirse como crítica; es decir, considera que en las relaciones interculturales priman asimetrías, conflicto y antagonismos (Walsh, 2010). Las migraciones sudamericanas, en términos generales, son desvalorizadas mediante un conjunto de calificativos peyorativos (Cohen 2004; 2013) y, si el discurso sobre el crisol de razas en los albores del siglo XX permitió constituir la representación de una amalgama armónica, en la actualidad, no disponemos de invenciones que revaloricen la alteridad sudamericana, esta se encuentra en permanente sospecha y es potencialmente peligrosa. Factor que en el caso de las travestis/trans sudamericanas se acentúa producto de las transgresiones a la hetero-cis-normatividad propia de esta población.
En función de lo proporcionado por las entrevistadas las propiedades construidas permiten observar que las intensidades con las que se presentan las discriminaciones asociadas con la condición migratoria poseen una intensidad considerable, ya que acentúan las condiciones de vulnerabilidad de esta población. A continuación, se presentan las propiedades que refieren a la subcategoría discriminación vinculada a la condición migratoria, de acuerdo con los relatos proporcionados por las entrevistadas y los asideros teóricos antes mencionados.
5.4.2.1. Normativo
Dentro de esta propiedad, las entrevistadas relataron que las asociaban al delito constituyendo a estas migrantes bajo indicadores de sospecha, peligrosidad, invasión e inseguridad vertiginosa (Terrén, 2003; De Giorgi, 2005) tal como se señaló en el capítulo anterior. Esta aclaración indica que las normas pueden ser de diversos tipos, incluso, pueden sancionarse de distintas maneras y significar aspectos disímiles. Uno de los perfiles perceptivos que prevalece en la sociedad receptora mediante sus representaciones sociales constituye a los migrantes provenientes de Sudamérica como transgresores (Cohen, 2004). Tal transgresión posee diversos significados, pero uno de ellos radica en el no cumplimiento de las normas legales y culturales establecidas. Además, este proceso es el resultado de una comparación con los migrantes europeos a los que se considera edificadores de la nación, lo que permite establecer una clasificación dicotómica y antagónica respecto de las migraciones sudamericanas, que son desvalorizadas (Perez Ripossio, 2018a).
Según Bauman (2012), clasificar representa una de las operaciones claves de la modernidad, lo que contribuye en dotar al mundo de un determinado orden. La transgresión representa el incumplimiento de las normas establecidas por la sociedad receptora. Es aquí donde las cuestiones delictivas, que se asocian a las migrantes travestis/trans sudamericanas, como el narcotráfico o los atracos comienzan a adquirir relevancia. En definitiva, se trata de una operación necesaria para constituir a un otro inmutable, lejano, extraño, al que se lo estigmatiza para identificarlo, controlarlo y perpetuarlo en su desfavorabilidad (Bauman, 2012).
Los fragmentos que se presentan a continuación se encuadran en la propiedad normativo y toman como principal referencia el delito vinculado a la venta de estupefacientes que regularmente se les atribuye a las migrantes travestis/trans sudamericanas.
Un día que hemos salido a comer por aquí, por el centro, y un señor nos dijo: “Pablo Escobar” Me hizo sentir feamente… Que en Colombia y en Venezuela traen droga acá. Que nosotros los colombianos y los venezolanos lo que hacíamos era traer drogas para este país (Daiana, colombiana, 26 años).
Si me lo dicen a eso, pero no en serio… así de broma. Es lo que todos dicen que somos narcotraficantes, pero no es en serio (Roxana, colombiana, 20 años).
En el capítulo anterior, se señaló que las sociedades receptoras vinculan las migraciones al delito. En suma, se observa que el relato de la migrante que fue demorada en el aeropuerto de Ezeiza (Daiana) y sometida a un interrogatorio sobre las razones de su viaje, vuelve a estar presente bajo la denominada narcotravesti (Cutuli, 2017; Malacalza et al., 2019). De este modo, la primera entrevistada destacó que un miembro de la sociedad civil la increpó asociando la colombianidad a la venta de cocaína, factor que también se encontraría presente en los migrantes provenientes de Venezuela. Pese a que este tipo de prejuicios le sucede también a los migrantes cisgénero, un informe reciente sobre la situación de la población migrante travesti/trans en la ciudad de La Plata sostiene:
A su vez, la reciente modificación de la Ley Nacional de Migraciones (Ley 25.871) a través del Decreto 70/2017 (calificado de “regresivo” por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) incrementa los riesgos de expulsión del país para las travestis y mujeres trans migrantes condenadas de manera discriminatoria por causas relacionadas con la venta de estupefacientes (Vásquez Haro y Sánchez, 2017: 1).
Una de las premisas de esta investigación sostiene que el Estado es un actor que interviene en la gestión de la diversidad cultural mediante diferentes instituciones que, por medio de criterios de verdad/valores, establecen el marco de normalidad/desviación restringiendo, por ejemplo, el acceso a derechos (Cohen, 2009, 2014). En consonancia, las legislaciones migratorias expresan el modo en que concibe el Estado la alteridad (Mármora, 2002), ya sea observando la diversidad cultural y sexual. Aunque con anterioridad se hicieron menciones respecto de esta cuestión, se destaca que la articulación de las discriminaciones encuentra correlatos legales. En resumen, las representaciones sobre las transgresiones a las normas por parte de las travestis/trans sudamericanas, que se asientan en discursos discriminatorios, ante las modificaciones aplicadas a la actual legislación migratoria acentúan la vulnerabilidad del universo de estudio. Una de las características del decreto 70/2017, como fue señalado en el capítulo anterior, es que acelera la deportación de los migrantes que presuntamente han cometido delitos (García, 2017; Penchaszadeh, 2018), lo que provoca que las travestis/trans se encuentren en una situación de mayor vulnerabilidad y exposición como resultado de los procesos de selectividad criminal y su asociación al delito. De este modo, se interrogaba a una entrevistada respecto de la asociación entre venta de estupefacientes y migrantes travestis/trans sudamericanas.
—¿Hacían esa asociación?
—La gente que consume sabe dónde lo venden o donde los compran, por el bosque sabe dónde venden; no es qué las travestis venden droga y lo del sexo es aparte, ¿no? Y eso existe en todos lados. Una travesti argentina me decía: “Las travestis peruanas son todas chorras, roban al cliente”, me llego a decir.
—¿La persona travesti?
—Sí, en mi grupo, le dije: “Mira con tu corazón, hay travestis buenas y malas, yo tenía una amiga travesti mendocina y era argentina y robaba, así que no me vengan a decir que las travestis peruanas roban”. Pero que no vengan a decir que todas las travestis peruanas son chorras, yo soy peruana y no chorra (Claudia, peruana, 46 años).
La fuerza del discurso que asocia a las migrantes travestis/trans con el delito es tan nítido que una informante clave de una reconocida organización política y que defiende los derechos de esta población reproducía tal asociación de manera automática.
—Claro en el tema del trabajo, las argentinas se dedican más al sexo y las peruanas a la droga, en nuestra jerga les decimos chichi. Yo no tengo problema. Mi primera amiga en Buenos Aires fue peruana, pero si tengo amigas argentinas que no las pueden ni ver y viceversa.
—Pero ¿por qué?
—Por diferencias de lo que hacen en la calle.
—Claro, por la competencia
—Igual es una boludez, porque hacemos cosas distintas. Si vos querés consumir anda a la parada de las peruanas.
—Claro, ¿y las chicas peruanas no trabajan con su cuerpo?
— Poco, la mayoría venden (Josefina, nativa, 46 años).
Esta activista y referente de una de las organizaciones en las que se realizó trabajo etnográfico relata una suerte de división del trabajo en el marco de la prostitución/trabajo sexual. Mediante este tipo de asociaciones, se fortalece la selectividad criminal porque las migrantes, en este caso peruanas, quedan vinculadas a la venta de droga. Por eso, no puede atribuirse tal selectividad al resultado de la aplicación de determinados dispositivos jurídicos (ley de drogas) de manera exclusiva. Esto también responde a las representaciones sociales que se constituyen respecto de las migrantes travestis/trans sudamericanas, incluso en aquellas personas que comparten la misma identidad de género y pertenecen a organizaciones que luchan por la igualdad y la reivindicación de derechos.
Tanto en algunas entrevistas como mediante la observación participante se ha podido constatar que, al focalizarse en la población travesti/trans, es frecuente la asociación entre travestismo, prostitución/trabajo sexual y venta de drogas, más aún cuando se trata de las migrantes sudamericanas. Y no se trata de establecer la verdad o falsedad de esto, es decir, no resulta importante conocer si las travestis/trans sudamericanas efectivamente venden estupefacientes, sino de entender cómo la sociedad receptora, mediante las concepciones sobre diferencia cultural y sexual, construye la alteridad travesti/trans migrante bajo relaciones sociales que se presentan como relaciones de dominación a través de la patologización de las diferencias mediante un juego de normalidad-desviación (Perez Ripossio, 2018a, 2019a). El presentar las diferencias mediante jerarquías y patologizar las prácticas que se alejan de la norma implica constituir asociaciones que permiten excluir a las migrantes travestis/trans del acceso a derechos esenciales.
Por otra parte, esta propiedad también se observa al interior del grupo en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual.
Entonces cuando yo comencé a trabajar en Palermo, yo decía que era peruana y me bajaron del auto dos veces. Porque la mayoría de las chicas peruanas al no ser llamativas o lindas trabajando recurren al robo. Entonces yo decía: “Soy peruana” y decían: “Está me va a chorear” (Valeria, peruana, 26 años).
Una amiga me lo dijo: “A las personas de que se te acercan y preguntan por tus servicios, te consultan y te preguntan de dónde sos, nunca digas que sos de Perú”. Porque los mismos clientes me decían: “No, pero porque la peruana me hizo esto, que porque la otra peruana me hizo esto, no porque esto, y esto, y aquello”. Siempre quejas y quejas y quejas. Pero entonces les decía: “¿Pero siempre son peruanas?” (Sandra, peruana, 43 años).
Durante el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, las entrevistadas advierten un trato hostil y diferencial de parte de los clientes. Afirman que ellos las asocian a hechos delictivos, provocando la imposibilidad de ejercer dicha actividad en condiciones similares a las nativas. En el registro de la diversidad de nacionalidades de las travestis/trans, por parte de los clientes, “[…] la diferencia se construye sobre tres elementos que nosotros podemos hacer extensivos a toda forma de discriminación: la representación de un “otro” que es siempre inferior, las manifestaciones del discurso y las ‘tácticas de intimidación’” (Barei, s.f). De esta manera, las manifestaciones discursivas de la discriminación se vuelven nítidas al afirmar, por ejemplo, que las entrevistadas se dedican al robo y la intimidación que reciben provoca que ellas desarrollen tácticas de encubrimiento. Ante estas discriminaciones, que se presentan como automáticas y naturalizadas (Segato, 2011), algunas entrevistadas aprecian el “no parecer” que pertenecen a esas nacionalidades. Estas afirmaciones no pueden escindirse de concepciones asentadas en el paradigma trans (Missé, 2018) propias de la cultura del passing que, lejos de contrarrestar las discriminaciones, las solidifican.
Respecto de las dimensiones, la intensidad de este tipo de discriminaciones suele ser fuerte debido a que contribuye a la criminalización del universo de estudio. Los clientes y las travestis/trans nativas son los principales actores involucrados en la gestación de la discriminación que se expresa desde marcadores normativos.
5.4.2.2. Diferencia
Por otra parte, algunas migrantes perciben que la discriminación se expresa mediante la nacionalidad. En este caso, los fragmentos que se presentan corresponden a la propiedad diferencia, que establece una grieta determinada entre “nosotros” y los “otros” en función de la identidad nacional. De acuerdo con las interpretaciones de Renan (2000), una nación es un principio espiritual, un punto de encuentro entre el pasado y el presente, entre los recuerdos en apariencia inmutables y el deseo de mantenerlos en el presente mediante la vida en común.
Con fundamento en Álvarez Dorronsoro (1993), uno de los pilares que sostiene a la diferencia radica en la identidad nacional y en su construcción homogénea mediante la superación de las particularidades. La identidad nacional descansa en la forma nación, cuyo fin radica en constituir una ilusión retrospectiva debido a que:
Consiste en creer que las generaciones que se suceden durante siglos en un territorio más o menos estable, con una denominación más o menos unívoca, se trasmiten una sustancia invariable. Consiste también en creer que esta evolución, cuyos aspectos seleccionamos retrospectivamente de forma que nos percibamos a nosotros mismos como su desenlace, era la única posible, representaba un destino. Proyecto y destino son las dos figuras simétricas de la identidad nacional (Wallerstein y Balibar, 1991: 135-136).
De esta manera, la conformación de un “nosotros” frente a los “otros” parece dotar a los nativos de cierta potestad respecto del territorio nacional. Por eso, se recuperan fragmentos de entrevistas que refieren a las fuerzas de seguridad y a las travestis/trans nativas.
“Yo soy el dueño de la calle”. Yo le dije: “Porque me dices así, yo puedo trabajar, yo trabajo de mi cuerpo” y él me dijo así: “Porque trabajas así, a quién pagaste yo soy el dueño de la calle además yo estoy en mi país” (Carolina, peruana, 19 años).
Porque nos dicen: “No estás en tu país”. Ese es el problema de ellos que nos dicen. Yo como extranjero les daría una acogida a cualquier persona que visite mi país, una buena acogida para que se vean contentos para que vengan otra vez a visitar, pero ellos saben lo que nos dicen, nos dicen así: “No estás en tu país que tienes, respeta que yo mando aquí en la calle” (Florencia, peruana, 57 años).
Me imaginó que también por eso, por ser travesti y peruana. “Es de otro país” lo escuche, pero no de gente, más que nada de chicas, y de la policía también, que, “si no te gusta que la policía te esté corriendo, lárgate a tu país”. Igual en Lavalle [espacio en el que se ejerce la prostitución/trabajo sexual], alguna chica te dice: “Venís a tragar a mi país, a matarte el hambre en mi país” (Carina, peruana, 28 años).
Las entrevistadas perciben que las fuerzas de seguridad, en este caso, la policía de la ciudad de Buenos Aires, reproducen discursos que establecen que los nativos son propietarios de su territorio y poseen la legitimidad para definir a las migrantes como usurpadoras (Cohen, 2004). En este punto, no es una especificidad de la población migrante travesti/trans sudamericana (también ocurre con las nativas) que la policía las intime mediante mecanismos de corrupción para que puedan prostituirse o ejercer el trabajo sexual y vender estupefacientes a cambio de que no sean detenidas o intimadas judicialmente. Pero, en el caso de las migrantes sudamericanas, se observa un trato desigualitario que conjuga la vulnerabilidad de estar vinculadas a la prostitución/trabajo sexual con el hecho de ser migrantes sudamericanas. Tal situación anuda la condición migratoria, al establecer una frontera que separa lo nacional de lo extranjero, con la condición de género, debido a que las entrevistadas encuentran en la prostitución/trabajo sexual prácticamente la única alternativa de supervivencia. En definitiva, afirmaciones como “Yo estoy en mi país” son expresadas en un contexto en el que ellas se encuentran expuestas a un conjunto de vulnerabilidades y violencias que no pueden escindirse de su identidad de género en el marco de una sociedad receptora atravesada por principios hetero-cis-normativos.
En otro orden de ideas, fue señalado que el discurso sobre el crisol de razas poseía una fuerza de homogenización que estuvo presente durante buena parte del siglo XX. En la actualidad, parece diluirse porque la retórica de la integración compuesta por un mosaico de alteridades culturales (Segato, 2007) ya no se encuentra presente. La formación de alteridades nacionales (Segato, 2007), en el caso de la República Argentina, se elaboró mediante una matriz de revalorización de lo europeo como lo civilizado y lo que ha permitido edificar la nación. Las migraciones sudamericanas, necesarias para el desarrollo de diferentes mercados de trabajo, han sido constituidas de acuerdo con esta matriz y en oposición a ella. Estas migraciones son, entonces, indeseables y están asociadas al delito y al aprovechamiento (Cohen, 2004), por lo que no pueden contemplar un proyecto de unidad étnica que represente un aporte y desarrollo para la sociedad receptora.
Es de esperar que, cuando la diferencia cultural y sexual se conjugan, la retórica de la integración se debilite porque las travestis/trans sudamericanas representan una alteridad difícil de determinar. Ellas encierran, para la sociedad receptora, el “horror de la indeterminación” (Bauman, 2011: 97). La subversión de la identidad de género travesti/trans posee entonces un doble carácter: avasallamiento de la hetero-cis-normatividad y de la diversidad cultural concebida en términos conflictivos y asimétricos. Una provocación combinada que, para la sociedad receptora, es difícil de asimilar y, por eso, resulta necesario identificar, violentar, criminalizar, discriminar e, incluso, exterminar.
Con fundamento en Álvarez Dorronsoro (1993), las afirmaciones de “No estás en tu país”, “Vete a tu país” o “Soy el dueño de la calle, además yo estoy en mi país” como ellas comentan, demuestran que las fuerzas de seguridad se encuentran atravesadas por fronteras simbólicas que establecen un adentro y un afuera excluyente respecto de estas alteridades (Balibar, 2005). En otras palabras, “… la extranjería se presenta como categoría de lo extraño, de lo intruso” (Cohen, 2009: 28) y, por lo tanto, de aquello que resulta necesario permanecer alerta, debido a la amenaza que representan para la sociedad receptora (Domenech, 2011). La concepción que subyace es que los nativos pertenecen a una comunidad imaginada (Anderson, 2003) constitutiva de una etnicidad ficticia anclada históricamente (Wallerstein y Balibar, 1991) que les otorga la potestad sobre el territorio y legitima prácticas y discursos discriminatorios.
Por otra parte, Carina relató que las travestis/trans nativas las identificaban como personas que se aprovechaban del país mediante la frase “Venís a tragar a mi país, a matar el hambre en mi país”. Esta discriminación, resultado de la organización de la diferencia cultural de manera jerárquica, demuestra que estos discursos se presentan al interior de la población travesti/trans. Además, destacó que la discriminación se daba por el hecho de ser peruana y travesti/trans, lo que demuestra que, desde su perspectiva, la discriminación se constituye mediante esta articulación, sobre todo, cuando intervienen las fuerzas de seguridad.
Asimismo, la discriminación producto de la diferencia que establece la identidad nacional puede expresarse en los espacios en los que se ejerce la prostitución/trabajo sexual, sobre todo, en la escisión entre las nativas y las migrantes respecto de donde puede ejercerse dicha actividad.
Las argentinas tienen “el bosque” solo para ellas y si le quieren parar unas cuantas ecuatorianas unas cuantas dominicanas, pero ya no hay peruanas, por eso en Constitución está lleno de peruanas y acá no pueden. No hay ninguna digamos colombiana o una ecuatoriana (Catalina, ecuatoriana, 31 años).
No sería factible para mí porque te pueden… muchas chicas te podría decir que te pueden cortar, te pueden hacer daño, te pueden dar un mal golpe. Entonces evitar todo eso es mejor. Te conviene ir y hablar, pero ir y hablar lo que pasa que aquí en Buenos Aires hay un lugar que se podría decir que es el bosque que mayormente trabajan más argentinas. Es una zona más exclusiva de argentinas (Jesica, peruana, 21 años).
Las dinámicas espaciales, la sexualidad y la identidad de género son factores que se encuentran asociados (Massey, 1994; Boy y Paiva, 2015; Boy, 2017). Una de las características de la organización de la prostitución/trabajo sexual que pudo observarse durante el trabajo de campo y en el marco de la realización de las entrevistas reside en el desplazamiento espacial de las travestis/trans sudamericanas en los que se ejerce dicha actividad. Por eso, Catalina relata que se encuentran relegadas al interior de estos espacios o, incluso, han sido directamente desplazadas de estos por travestis/trans nativas que, en algunos casos, son migrantes internas.
En los bosques de Palermo, la mayoría de las travestis/trans que ejercen la prostitución/trabajo sexual son argentinas y unas pocas migrantes sudamericanas. Esto se debe a que, en los últimos años, según relataron las entrevistadas, fueron expulsadas, quedaron aisladas y fueron obligadas a ejercer dicha actividad en el barrio de Constitución y Once, en donde el mercado sexual es menos próspero y seguro. Como se observa, la tensión entre espacialidad, migración y oferta sexual atraviesa los proyectos migratorios del universo de estudio. Al respecto, Boy (2015) ha señalado que el corrimiento de las travestis/trans hacia los bosques de Palermo ha sido el resultado de un conflicto urbano que entrelaza narrativas morales y políticas de los vecinos del barrio de Palermo y los medios de comunicación. Lo cierto es que el desplazamiento deja entrever la legitimidad que se constituye de lo público ante la ilegitimidad de los cuerpos travestis/trans. Más allá de que el conflicto persiste en otros espacios, desde el punto de vista urbano, se destaca que, al interior de los bosques de Palermo, son las propias travestis/trans nativas las que constituyen fronteras simbólicas y delimitan un adentro y un afuera cuyos asideros responden al establecimiento de la diferencia en términos de identidad nacional y etnicidad ficticia. Esto las reivindica como propietarias legítimas del territorio mediante la expulsión o control de las migrantes sudamericanas.
La tensión, espacialidad, identidad de género y ejercicio de la prostitución/trabajo sexual puede observarse como parte de la organización de los vínculos entre las migrantes travestis/trans sudamericanas y nativas. Además, puede leerse en función de la inferiorización; es decir, si la transgresión implica discriminar ante el incumplimiento de las normas, inferiorizar involucra la desvalorización de un otro que colisiona con el “nosotros”. En síntesis, la inferiorización radica en considerar que las migrantes travestis/trans no poseen capacidades para desarrollar la prostitución/trabajo sexual y solo pueden insertarse en esta mediante el robo o la venta de drogas. Este factor se asienta como resultado de la “diferencia”, en donde los nativos poseen la potestad sobre la nación y las migrantes son usurpadoras (Cohen, 2004).
5.4.2.3. Sensible
Las características fenotípicas de las migrantes travestis/trans migrantes sudamericanas representan un factor primordial que se hace presente al momento de ejercer la prostitución/trabajo sexual y al establecer vínculos afectivos. Estas características quedan englobadas bajo la propiedad sensible.
La belleza física y facial representa un indicador de capital erótico que otorga importante prestigio al interior de las migrantes travestis/trans sudamericanas, ya que “[…] la fealdad funciona como un estigma que arroja a los sujetos al campo abyecto de los no deseables, los ‘anormales’, los animales” (Blazquez, 2011: 128). De esta manera, algunas entrevistadas reproducen discursos que se presentan en la sociedad receptora sobre las migrantes travestis/trans peruanas, al afirmar que ellas recurren a los atracos y a la venta de estupefacientes. El capital erótico resulta fundamental en el campo en donde se comercializa el ejercicio de la sexualidad (Hakim, 2012) y las entrevistadas citadas a continuación consideran que la cuestión del capital erótico se encuentra influido por la condición migratoria y la nacionalidad.
Mira, ahora yo te digo esto, es otro privilegio que yo tengo, no se me nota que soy peruana. Pero como no son tan lindas, de una manera u otra hacen su plata. ¿Cómo? Vendiendo droga, robando. Entonces las relacionan. Yo cuando llegaba a algún lugar decía que era de otro lado y me creían (Marcela, peruana, 27 años).
Los clientes decían: “El otro día levanté una peruana; no sabes que habla re mal o huele re feo” (Martina, peruana, 26 años).
Sí, por ejemplo, mira, yo salía, salí con un chico de La Plata. Él es cantante de Ópera, él es conocido en su ambiente de canto; entonces, el chico es de buena posición… Ehhh, la mamá es doctora y el papá es abogado y él es único hijo. Tenía una re casa en La Plata con pileta y todo entonces, como que yo… yo sentí que yo le gustaba y todo, él también me gustaba, pero… le gustaba la comida peruana y todo. Entonces íbamos a comer a un restaurante en Once ¿Por qué? Porque sacando el lugar eh buena atención abundante como a él le gustaba, buena preparación y todo. Y cuando llegábamos me dice: “Che es como entrar no sé al Perú”. Me dice: “Todo feo” (risas).
Yo me enojé, yo me enojaba le digo: “Pará con esos comentarios ¿No te das cuenta con quién estas?”. “Sí, pero vos sos diferente”. Igual le digo: “Vos no podés hablar así”. Y hacia siempre sus bromas y a mí no me gustaba… Salíamos de comer al restaurante y me decía: “Vamos a tomar un helado”. Salíamos de Once y me llevaba a Palermo a una heladería, a un negocio no recuerdo el nombre, recara, bonita y entrabamos y me dice: “¿Notaste la diferencia? No hay ningún peruano” y seguía jodiendo con eso (Marcela, peruana, 28 años).
La primera entrevistada afirmó poseer el privilegio de “no parecer peruana” y reprodujo un discurso relacionado la propiedad normativo, al considerar que las peruanas recurren al robo como consecuencia de su escaso capital erótico (Hakim, 2012). Es para destacar que la manera en que la sociedad receptora identifica y caracteriza a la población migrante externa se apoya en los rasgos fenotípicos de las personas. Por eso, la entrevistada entiende que el no poder ser identificada como peruana, es decir, el actuar mediante una fachada aceptada socialmente, representa una ventaja que le permite ejercer la prostitución/trabajo sexual con mayor prosperidad. Es pertinente que ella misma reproduzca la discriminación hacia las travestis/trans peruanas al afirmar que no se caracterizan por su belleza física y, por lo tanto, recurren al robo y a la venta de drogas como estrategia de supervivencia. Si bien la condición travesti/trans erosiona la posesión de capitales y se genera un proceso de empobrecimiento generalizado (Álvarez Broz, 2017) que deriva en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, en esa instancia, cobra una relevancia fundamental, ya que les permite desarrollar esa estrategia de supervivencia en mejores condiciones.
Por otra parte, con fundamento en Goffman (2015), las migrantes travestis/trans sudamericanas son caracterizadas a partir de estigmas, es decir, formas de organizar las relaciones sociales que permiten identificar a los extraños a partir de la asignación de determinados atributos visibles y simbólicos que, en última instancia, otorgan la posibilidad de nombrar lo distinto. De este modo, en el caso de las migrantes estudiadas, los estigmas condensan aspectos relacionados con la nacionalidad y con la identidad de género que son percibidos como desviados. En relación con el primer fragmento, cuando la entrevistada sostiene que el “no parecer peruana” representa un beneficio, permite recurrir al enmascaramiento de los estigmas, puesto que:
[…] las técnicas asimilativas empleadas por los miembros de grupos étnicos minoritarios; la intención más allá de recursos tales como cambiar el nombre o la forma de la nariz, no es únicamente encubrirse, sino también controlar la manera en que un atributo conocido por los demás se convierte por la fuerza en centro de atención (Goffman, 2015: 131-132).
En concreto, el “no parecer peruana” consiste en aplicar tácticas de enmascaramiento para controlar cualquier indicador que permita hacer la asociación con esa nacionalidad, que es construida por la sociedad receptora como indeseable, lo que tiene implicancias negativas para las travestis/trans peruanas al momento de ejercer la prostitución/trabajo sexual. Es, en definitiva, lo que Rivero Sierra (2011: 277) denomina presión discriminatoria, que consiste en evitar llevar cabo determinadas acciones o expresarse de diversas maneras para evitar interacciones dañinas.
En el segundo fragmento, además de la fealdad, se presentan otros indicadores sensibles que constituyen calificativos peyorativos sobre el olor del universo de estudio y el componente idiomático, entendido este como rasgo cultural deficiente. En esta línea, en el tercer fragmento citado, la entrevistada describe un trato discriminatorio por parte de su pareja, quien asociaba la peruanidad con la fealdad. La cuestión de la fealdad de los migrantes sudamericanos ha sido entendida por otros investigadores (Gonza y Lanzetta, 2011) como la necesidad de constituir las diferencias de manera jerárquica. Además de las características que se emparentan con la propiedad sensible, en su relato, puede observarse un componente de clase social que fundamenta el trato desigualitario de su pareja. Los rasgos fenotípicos se categorizan de acuerdo con estereotipos que autores como Grimson (2006) y Pacceca (2006) afirman que son el resultado de una dicotomía que establece jerarquías respecto de aquellas alteridades deseadas e indeseables. El migrante aceptado es blanco, europeo y civilizado, mientras que los sudamericanos son asociados al indigenismo, la barbarie y la fealdad. De un lado, lo aceptado socialmente y lo esperado, del otro, lo indeseable y lo que debe ser identificado como inferior.
La sociedad receptora jerarquiza las diferencias y las construye en función de una matriz comparativa que involucra las migraciones europeas de fines del siglo XIX y a principios del siglo XX y las sudamericanas, cuya visibilidad comenzó a percibirse a partir de mediados del siglo XX (Courtis y Pacceca, 2010). Las migrantes travestis/trans sudamericanas no son ajenas a esta matriz comparativa; son posicionadas como migrantes sudamericanas y desvalorizadas de acuerdo con criterios inferiorizantes y discriminatorios. La alta vulnerabilidad de sus vidas y precariedad de sus cuerpos profundiza estos criterios y la discriminación posee consecuencias aún más potentes.
El discurso sobre el crisol de razas que asociaba a la República Argentina era el resultado de una mezcla de razas europeas (Grimson, 2006), en la actualidad, ya no permite contener la diversidad cultural reciente, atravesada por la visibilidad de las migraciones sudamericanas. El desprecio de aquello que se considera por fuera de lo europeo es desvalorizado e inferiorizado. Rasgos fenotípicos indígenas, incluso en personas provenientes de las provincias que no se ajustan a la mezcla europea, son etiquetados con calificativos como feos y olorosos (Perez Ripossio, 2019b). Las travestis/trans sudamericanas, en este caso de nacionalidad peruana, se ven atravesadas por esta estructura y, como consecuencia de ella, son desvalorizadas en el marco del ejercicio de la prostitución/trabajo sexual. Es posible observar que la nacionalidad comienza a ser decisiva, ya que prevalecen diferencias entre las migrantes sudamericanas que se profundizan más adelante.
En conclusión, si el capital erótico se define como una posesión que puede poseerse en diferentes grados, este se encuentra ubicado en campos específicos y no es posible reducirlo a una mera decisión individual (Green, 2013). En otras palabras, el capital erótico se encuentra condicionado socialmente y sus características pueden variar de acuerdo con los diferentes contextos y, en este caso, en función de la condición migratoria.
5.4.2.4. Acceso al DNI
Una de las formas en las que se expresa la discriminación bajo sus formas racistas y simbólicas reside en limitar el acceso a derechos. Al abordar la cuestión de la obstaculización del acceso a derechos que se expresa por la identidad de género, se consideró que la falta de acceso al trabajo formal es una de las formas concretas en las que se presenta la discriminación. En este caso, se expone la manera en que la restricción de la ciudadanía se expresa por la condición migratoria rastreando la particularidad de los proyectos migratorios del universo de estudio.
A partir del relato de una entrevistada, es posible introducir una discusión sobre las condiciones de las migrantes para acceder al DNI en concordancia con sus identidades de género. Más allá de los debates y objeciones que se le ha hecho a la Ley de Identidad de Género sobre su óptica binaria (Radi, 2013), las migrantes experimentan dificultades para lograr la acreditación formal de sus identidades de género, en relación con las travestis/trans nativas, tal como lo expresaba una de ellas:
¿Algo para agregar? Que sea más fácil para las chicas peruanas o extranjeras de distintos países poder cambiar el documento porque es muy difícil (Jesica, peruana, 21 años).
En función del trabajo etnográfico en organizaciones políticas, se registró que, para lograr obtener el DNI, las migrantes travestis/trans sudamericanas deben poseer el DNI para extranjeros, acreditar residencia legal permanente en el país (Álvarez, 2018) y explicar en la solicitud los motivos por los que no fue posible la rectificación de su género en sus países de origen. Para ello, es necesario, en primer lugar, dirigirse al consulado de sus países de origen y solicitar una nota en la que se determine la no existencia de la ley de identidad de género en el país al que pertenezcan. Luego, se debe esperar a que los datos sean rectificados por migraciones y, por último, dirigirse al Registro Nacional de las Personas, con turno previo. Estas cuestiones burocráticas impiden que las migrantes travestis/trans obtengan su DNI, sobre todo, cuando poseen escaso tiempo de permanencia en el país. Si bien el relato de Luciana es ilustrativo, durante la participación en reuniones de organizaciones políticas, las dificultades para obtener el DNI fueron un tema recurrente. De hecho, algunas de estas organizaciones ofrecen asesoramiento legal con abogados para que el trámite pueda realizarse.
Las dificultades para poder acreditar sus identidades de género pueden entenderse como una forma de discriminación. La complejidad de reunir toda la documentación y los plazos provocan que, en ocasiones, deban recurrir a gestores especializados, lo que implica emplear recursos que, en algunas oportunidades, no poseen. Aunque la burocratización de los trámites es un factor que atraviesa a la sociedad civil en su conjunto, las migrantes travestis/trans sudamericanas experimentan esta desigualdad en relación con las nativas y no disponen de ningún recurso legal que acredite sus identidades de género. Cabe destacar que la restricción en el acceso a derechos no se limita a la obtención del DNI; también se han observado dificultades relacionadas al acceso a la vivienda y a la salud como resultado de prácticas ancladas en prejuicios y discriminaciones. En síntesis el poder acceder al DNI las aproxima a la condición de ciudadanas favoreciendo las posibilidades de acceder al mercado de trabajo formal, la salud y la vivienda. En este aspecto, las entrevistadas se enfrentan a obstáculos burocráticos que contribuyen a acentuar las vulnerabilidades.
A continuación, se problematizan estas discriminaciones en función de las diferencias que se observan según la nacionalidad, integrando, además, algunos de los aspectos descriptos con anterioridad.
5.5. Diferencias según la nacionalidad y articulación de las discriminaciones
Las migrantes travestis/trans sudamericanas suelen considerar que la discriminación se presenta de manera más contundente por la condición migratoria que por la identidad de género. Una posible explicación a esta percepción radica en que el sistema de referencias que han adquirido las entrevistadas solo les permiten comparar las distintas actitudes en función de su identidad de género y no de su nacionalidad. Dicho de otro modo, en sus contextos de origen, algunas de ellas habían comenzado a constituir sus identidades de género, pero no eran migrantes externas. La ausencia de esta condición impacta en la importancia que le otorgan una vez que han migrado al AMBA, percibiendo la jerarquización de las diferencias por la condición migratoria con mayor facilidad que por sus identidades de género.
Al principio del apartado abocado en la discriminación, se señaló que la xenofobia representa una primera aproximación a la discriminación, mientras que el racismo simbólico (Wieviorka, 1992), desarrollado en el marco teórico, representa un punto de llegada. Ahora bien, queda por conceptualizar de qué manera se presenta tal racismo en las discriminaciones que experimentan las travestis/trans sudamericanas. En las discriminaciones vinculadas con la identidad de género, lo que se encuentra en juego es la hetero-cis-normatividad, que estructura diversas prácticas transfóbicas. De esta manera, se ve obstaculizado el ejercicio de derechos como la salud y la vivienda y deben enfrentarse a sociabilidades que suponen intercambios hostiles debido a una concepción binaria del sistema sexo-género que no reconoce sus identidades de género.
Respecto de la discriminación vinculada con la condición migratoria, las propiedades normativo, diferencia y acceso a derechos pueden entenderse desde del racismo simbólico (Wieviorka, 1992) o diferencialista (Wallerstein y Balibar, 1991), porque allí las entrevistadas hacen alusión a discriminaciones asociadas con diferencias que se constituyen de manera cultural. Marcas tales como transgresión, inferioridad e, incluso, ajenidad, permiten identificar al otro, constituirlo como tal (Bauman, 2012) de manera desvalorizada. Estos elementos son necesarios para jerarquizar las diferencias y constituirlas bajo criterios de normalidad-desviación funcionales a los polos culturales dominantes. Las propiedades señaladas identifican a las migrantes travestis/trans sudamericanas como propensas al delito (robo y venta de estupefacientes). Establecen que son ajenas porque no son reconocidas por la etnicidad ficticia constituida por la sociedad receptora y, por lo tanto, el acceso a derechos se ve obstaculizado como consecuencia de ello. Según Wieviorka (1992), el racismo simbólico resulta difícil de identificar porque se presenta mediante prejuicios que se exponen como racionales y se confrontan con los hechos, lo que conforma la diferencia cultural en desigualdades sociales “… en la que se trata de mantener al Otro a la distancia, y de una lógica de inferiorización en la que se trata de mantener con él una relación de dominación o de explotación” (Wieviorka, 2002: 291).
En cambio, en la propiedad sensible, la conceptualización del racismo simbólico parece tensionarse porque el motivo de la discriminación oscila entre aspectos culturales y fenotípicos. Además del material expuesto, el trabajo etnográfico permitió registrar que las disputas por ocupar paradas se apoyan en numerosas oportunidades en lo que determina la propiedad diferencia. Una travesti/trans nativa, en el marco de una reunión en una organización política, afirmaba que las migrantes peruanas pertenecían a razas aborígenes y eran violentas. Como consecuencia de ello, consideraba que la escisión del espacio en donde se ejercía la prostitución/trabajo sexual era la mejor alternativa para evitar conflictos con personas propensas a las riñas.
Una de las características que se ha observado es que las migrantes travestis/trans sudamericanas suelen construir proyectos migratorios similares. Como fue señalado en el capítulo 3, si bien las estrategias de reproducción social y la acumulación y composición de capitales pueden variar según la edad de las entrevistadas, por lo general, poseen una estructura homogénea. De todas maneras, no puede ignorarse que existen algunas diferencias en los proyectos migratorios en relación con la nacionalidad de las entrevistadas. En líneas generales, las peruanas reciben un trato discriminatorio más contundente que las brasileñas, colombianas y ecuatorianas (sobre las paraguayas no se han registrado valoraciones significativas). Esto queda demostrado en los fragmentos citados sobre discriminación por la condición migratoria, puesto que quienes relatan hechos de este tipo, en mayor medida, son las migrantes de nacionalidad peruana. Asimismo, una migrante proveniente de Brasil entiende que su nacionalidad representa un elemento que la favorece, ya que:
En el mundo de nosotras, ser distinta es como un plus. Si eres flaca es un plus si eres extranjera es un plus. Si es rubia es un plus y todas las chicas te miran con odio y, como yo, soy la única brasilera acá, las chicas me odian (Paula, brasilera, 24 años).
Sobre el denominado encanto y glamour de la brasileidad en los procesos migratorios de las travestis/trans que han migrado hacia Europa, han profundizado algunas etnografías brasileñas (Vale, 2005; Pelúcio, 2009; Carrijo, 2011; Vartabedian, 2012). De este modo, Paula reconoce que su exclusividad en el contexto del AMBA la vuelve atractiva. Por supuesto que no es la única travesti/trans brasileña en el AMBA, pero sí es real que la mayoría de ellas migran internamente por el Brasil o hacia Europa, con lo cual, su presencia en este contexto constituye una extrañeza construida como sexualmente exótica. De igual manera, Mariela, que participó en diversas instancias en las que se realizó trabajo de campo, aseguraba que la escasez de colombianas travestis/trans en el país la posicionaba en un lugar favorable, ya que los clientes afirmaban que era “fogosa”. Calificativos como fogosas o atributos que hacen referencia a la exaltación de las cualidades sexuales son característicos de las travestis/trans sudamericanas con excepción de las peruanas. Autores como Mármora (2002) han referido a la xenofilia para hacer alusión al enaltecimiento de las cualidades vinculadas a la alteridad migrante que, en estos casos, permiten que se desarrollen en mejores condiciones en el contexto de la prostitución/trabajo sexual. La alteridad migrante en estos casos es exotizada y las entrevistadas se apropian de ello para mejorar las condiciones retributivas en el contexto de dicha actividad. En resumen, valorizan su capital erótico.
Algunas etnografías han descripto el encanto de la brasileidad que perciben las migrantes en Europa (Vartabedian 2012, 2014) y el glamour (Pelúcio, 2009) como aspectos distintivos de esta población. En nuestro contexto sucede algo similar, por eso, Paula entiende que ser extranjera le otorga reconocimiento y la ubica en una posición privilegiada al igual que las nacionalidades ya mencionadas. A diferencia de las migrantes peruanas, sus características vinculadas al capital erótico suelen presentarse de manera devaluada. La exotización e hipersexualización de la alteridad no es un factor que se encuentre de manera exclusiva en el caso de las migrantes travestis/trans de determinadas nacionalidades, aunque no por ello representa un factor de escasa importancia.
Por otra parte, como se mencionó, un factor primordial que incide en las diferentes propiedades vinculadas al tipo de discriminación es el crisol de razas que implicaba constituir una mezcla exclusivamente europea. Tal construcción teórica y política resulta estéril para pensar la integración social de los migrantes sudamericanos, en especial, el universo de estudio aquí descripto. Por lo tanto, las referencias fenotípicas, normativas y de nacionalidad que no se emparentan con lo europeo son desvalorizadas. De esta manera, las travestis/trans peruanas experimentan en el marco de la prostitución/trabajo sexual diferentes desvalorizaciones. Lo que pretende señalarse es que las migrantes travestis/trans brasileñas, colombianas y ecuatorianas suelen verse beneficiadas de manera inicial por la valorización del capital erótico de parte de los clientes que enaltecen sus cualidades como amantes y sus rasgos fenotípicos son exotizados. Por el contrario, a las travestis/trans peruanas se las desvaloriza dentro de la población travesti/trans respecto de esta dimensión y se afirma que se dedican a la venta de estupefacientes debido a la falta de clientes interesados en ellas para concretar relaciones sexuales. De acuerdo con el trabajo de campo realizado, puede afirmarse que es posible cuestionar esto, ya que las peruanas afirman tener clientes y reproducen sus condiciones de vida mediante la prostitución/trabajo sexual. Por eso, se sostiene que se trata de un proceso discriminatorio que responde a criterios de distinción y diferenciación al interior de las migrantes y de las travestis/trans nativas.
En concreto, con base en Viveros Vigoya (2011), la sexualización de la raza impacta en la atracción sexual sobre las migrantes. Más allá de los discursos de los clientes, que refieren a otro universo de estudio, es recurrente que las migrantes afirmen poseer el beneficio de una apariencia distinta a la de las peruanas. Las poblaciones migrantes adquieren diversos sentidos en relación con la sexualidad. Por ejemplo, en otras investigaciones, se ha demostrado que a los varones cisgénero senegaleses en el AMBA se les asignan características sobredimensionadas de acuerdo con sus supuestos atributos sexuales (Kleidermacher, 2015). En el caso aquí estudiado, el erotismo y el deseo de los clientes se asientan en experiencias eróticas de subversión cotidiana (Figari, 2008) que se conjugan con criterios raciales sexualizados, en los que determinadas migrantes son enaltecidas de manera positiva y otras desvalorizadas. El deseo se encuentra atravesado por la cultura y enraizado en la historia.
En el caso del ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, en el accionar de las fuerzas de seguridad, se observa que la condición migratoria y la identidad de género interactúan y se materializan en discursos tales como “Te llevo porque estás en mi país”, lo que supone que la vulnerabilidad de la población travesti/trans, que se materializa en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual, se complementa con un aspecto vinculado a la interculturalidad. En otras palabras, la articulación de la transgresión de ser travesti/trans migrante en el AMBA y ejercer la prostitución/trabajo sexual endurece las sanciones y disminuye los permisos sobre ellas. En relación con la prostitución/trabajo sexual, por lo general, el universo de estudio no considera que tal actividad sea una fuente de empoderamiento, aunque reconocen que realizarlo les permite alcanzar determinados logros económicos. Más allá de esto, la mayoría de las entrevistadas son excluidas del trabajo formal y la prostitución/trabajo sexual representa la única estrategia de supervivencia que pueden desarrollar.
Cuando ejercen la prostitución/trabajo sexual en condiciones desfavorables, ocurre algo similar porque las estructuras patriarcales y la interculturalidad interactúan, y constituyen discriminaciones que las diferencian de las travestis/trans nativas, lo que produce asimetrías entre ellas. La espacialidad representa un elemento para pensar la manera en que la discriminación se articula. Dado que las travestis/trans son excluidas del trabajo formal y la prostitución/trabajo sexual representa la principal estrategia de supervivencia, las nativas y migrantes la ejercen en diferentes condiciones, ya que la zona roja en los bosques de Palermo proporciona ingresos económicos de mayor envergadura respecto de quienes lo ejercen en el barrio de Constitución y, en esa escisión, la condición migratoria es determinante.
Las interpretaciones de Sabsay (2011) permiten comprender aspectos del vínculo entre espacialidad, sexualidad e identidad de género. La autora plantea que la intención de “purificar” lo público, en la ciudad de Buenos Aires, provocó el corrimiento de las travestis/trans hacia espacios aparentemente invisibles, pero a la vez sexualizados y localizados. No obstante a este análisis, que plantea procesos de exclusión/inclusión dentro de la trama urbana, es pertinente observar cómo interactúan distintos aspectos, en este caso, identidad de género y condición migratoria. En este sentido, los bosques de Palermo se encuentran destinados de manera prácticamente exclusiva para las nativas mientras que el barrio de Constitución queda relegado para las migrantes externas. No se desconoce que puedan influir otras dinámicas[28] vinculadas a cómo organizan, administran y gestionan el espacio las migrantes travestis/trans y las nativas, pero la condición migratoria representa un factor imposible de soslayar.
Otros datos vinculados con la espacialidad emergieron de la observación participante. En los venues, por ejemplo, la segregación entre las migrantes travestis/trans sudamericanas y las nativas es nítida. Las sudamericanas suelen vincularse entre ellas, más allá de las diferencias de nacionalidad y se encuentran apartadas respecto de las nacidas en el territorio. En distintas conversaciones en estos espacios se pudo registrar que las nativas poseen discursos discriminatorios hacia las migrantes. En estos casos, se hace presenta la propiedad diferencia porque la discriminación se asienta de acuerdo con una concepción de la identidad nacional excluyente. En un escenario de “crisol de géneros” en el que prima cierta tolerancia hacia la diversidad sexual al interior de poblaciones como la travesti/trans la diferencia cultural constituye una frontera simbólica que se materializa en discursos y prácticas discriminatorias e impide, entre otros factores, que las migrantes puedan ejercer de manera plena la ciudadanía, o simplemente hacer uso de espacios públicos y semipúblicos para ejercer la prostitución/trabajo sexual sin ser agredidas.
Además, en un apartado se planteó que las migrantes travestis/trans sudamericanas, para poder participar en la sociabilidad nocturna, deben ser portadoras de un buen passing. En una reconocida discoteca del conurbano bonaerense, en la que prevalecen identidades sexogenéricas normativas, en los últimos diez años, el ingreso de personas que pertenecen al colectivo LGTBIQ+ ha sido usual. Sin embargo, el trabajo etnográfico realizado pudo constatar que la admisión solo se encuentra permitida para las travestis/trans nativas y, en algunas situaciones puntuales, para migrantes (colombianas y brasileñas) que poseen “buen passing”, mientras que a las peruanas se les niega el acceso por considerar que ocasionan disturbios; con lo cual, vuelve a presentarse la marca de la transgresión normativa asociada a determinadas nacionalidades.
Por último, no debe perderse de vista que algunas entrevistadas hayan identificado que la identidad de género y la condición migratoria se complementan de manera tal que restringen el acceso a derechos esenciales como puede ser la vivienda, la salud y el trabajo formal. Las migrantes travestis/trans sudamericanas en esta investigación han podido identificar la articulación de las discriminaciones y son conscientes de que el aspecto vinculado a la nacionalidad incide y deteriora las expresiones de sus identidades de género.
5.6. Comentarios finales
La violencia es un elemento que se presenta de manera recurrente en los proyectos migratorios de las travestis/trans sudamericanas. Aunque es un factor en común respecto de la población travesti/trans nativa, expresa un punto de partida para comenzar a caracterizar las discriminaciones que experimentan las migrantes. La violencia y criminalización hacia la población migrante travesti/trans sudamericana es el resultado de la hetero-cis-normatividad y de la desvalorización de las migraciones sudamericanas, puesto que no existe una etnicidad ficticia como el crisol de razas que aglutine la diversidad cultural actual. Los relatos de las entrevistadas permiten aseverar que las diferencias son jerarquizadas por parte de la sociedad receptora. Estos contenidos ideológicos que persisten y cuyo fin radica en establecer fronteras simbólicas contribuyen a producir la violencia, la criminalización y la discriminación.
Los procesos de criminalización se concretizan en la medida en que las actuaciones policiales efectivizan requisas en procedimientos de selectividad criminal. Por eso, los tipos de violencia policial de manera frecuente se conjugan y derivan en detenciones. Algunos informes cuantitativos y los relatos de vida señalados en esta investigación permiten concluir que, en las subjetividades travestis/trans, la condición migratoria y la identidad de género son dos aspectos imbricados, porque la mayoría de las detenidas son migrantes sudamericanas y buena parte de ellas consideran que ese factor acentuó sus condiciones de vulnerabilidad y exposición ante las detenciones. Otro aspecto que no debe ignorarse es el hecho de que ejercer la prostitución/trabajo sexual posee un marco normativo ambiguo (Morcillo y Von Lurzer, 2012) que, en CABA, representa una contravención fundamentada en los usos del espacio público tal como fue mencionado.
Violencia y criminalización no se encuentran desvinculados de la discriminación; de hecho, son factores que se encuentran relacionados y enraizados en los proyectos migratorios de las entrevistadas. Respecto de la discriminación, pudo demostrarse que el universo de estudio lo experimenta tanto por la identidad de género como por la condición migratoria. Esta última es de mayor intensidad. Si bien el análisis excluye la clase social y asume una postura desde la perspectiva intercultural, se ha observado la manera en que ambas discriminaciones se articulan, tal como lo plantea la interseccionalidad. En efecto, el concepto con el que se denominó la articulación entre las discriminaciones fue xenotransfobia.
En un análisis de mayor profundidad se estableció que el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual evidencia la exclusión de la mayoría de las entrevistadas del mercado laboral formal y esa actividad representa una estrategia de supervivencia ante la trama de condiciones objetivas que proporciona la sociedad receptora. A su vez, las condiciones en las que ejercen difieren entre las nativas y las migrantes, ya que las segundas afrontan condiciones más desfavorables. Tres actores intervienen y contribuyen en este proceso: las fuerzas de seguridad, los clientes, las travestis nativas y otros miembros de la sociedad civil. Estos actores efectivizan la discriminación de acuerdo con diferentes propiedades y con diferentes intensidades. En definitiva, las nativas monopolizan espacios en los que pueden acceder a una mayor remuneración económica, como sucede en los bosques de Palermo. No obstante, es importante remarcar que las travestis nativas no se encuentran en la misma posición del espacio social que las fuerzas de seguridad y los clientes; por el contrario, comparten con las sudamericanas la vulnerabilidad y la discriminación por la identidad de género.
Respecto de las propiedades diferencia, normativo y acceso a derechos, son dos los elementos analíticos para tener en cuenta: el crisol de razas y el racismo simbólico. El crisol de razas permitió constituir una etnicidad ficticia que creó el velo de que la sociedad argentina es el resultado de un mosaico de alteridades europeas, por lo que la alteridad sudamericana adultera tal composición de un modo negativo. De ahí que las marcas sean transgresión, inferioridad y ajenidad. A la vez, el racismo simbólico (Wieviorka, 1992), que fue desarrollado en el capítulo 3 mediante discriminaciones intangibles, encubiertas y no declaradas, permite racionalizar la postura de los polos dominantes (fuerzas de seguridad, clientes, personal de salud y travestis/trans nativas). De este modo, de acuerdo con las propiedades señaladas, se establece una identidad nacional que aglutina un “nosotros” frente a los “otros”. Se asocia a las migrantes travestis/trans con la venta de estupefacientes y el robo, y, en consecuencia, con la criminalización y la restricción a determinados derechos, como, por ejemplo, la vivienda. Además, pudo constatarse que las entrevistadas han identificado que no pueden acceder al mercado laboral formal y consideran que la prostitución/trabajo sexual es una condición objetiva de la sociedad receptora.
Ante la objeción de caracterizar a las travestis/trans nativas como parte de los polos dominantes, es pertinente aclarar qué ocurre en el marco de las relaciones interculturales, puesto que las migrantes se ven atravesadas por el doble carácter de la indeseable diferencia. Las travestis/trans nativas constituyen relaciones sociales de dominación con aquellas que son migrantes. Esto se expresa de diversas maneras, aunque se observó de manera fundamental en el contexto del ejercicio de la prostitución/trabajo sexual. De todas maneras, es pertinente aclarar que las discriminaciones de las travestis/trans nativas hacia las sudamericanas no se encuentran en el mismo nivel que aquellas que perpetúan actores institucionales estatales o los clientes, ya que esta población se encuentra también en situación de vulnerabilidad.
Esto no excluye a un actor que, como se ha señalado, es clave en la administración de la diversidad cultural: el Estado (Cohen, 2009). Por eso, el DNU 70/2017 descripto en el capítulo anterior y mencionado en este, al modificar de manera regresiva la legislación migratoria, configura condiciones jurídicas que pueden favorecer procesos discriminatorios, de criminalización y, en consecuencia, de deportación, en las que las travestis/trans resultan aún más expuestas que la población cisgénero.
Con respecto a las discriminaciones que se presentan por la identidad de género, pudo observarse que la hetero-cis-normatividad y la matriz de inteligibilidad heterosexual son elementos que se encuentran en esos procesos. La exclusión en determinados esparcimientos ligados a la sociabilidad nocturna, de acuerdo con las exigencias del passing, el binarismo de los poderes médicos ante las intervenciones corporales que las entrevistadas pretenden hacer y un ejercicio ciudadano restringido representan los principales factores enmarcados en la discriminación. En sus relatos, algunas entrevistadas pudieron identificar que la identidad de género y la condición migratoria restringen el acceso a determinados derechos si se considera que ambos factores influyen en la conformación de discriminaciones que las constituyen de manera particular. Se hizo énfasis en las dificultades para acceder a la vivienda, aunque, en líneas generales, se expresa en el ejercicio de la prostitución/trabajo sexual y mediante la actuación de las fuerzas de seguridad y de las actitudes de las travestis/trans nativas ante ellas.
La violencia, el estar privadas de su libertad a causa de la criminalización y la discriminación, no agotan las experiencias que las travestis/trans sudamericanas transitan en el AMBA, pero son elementos que se encuentran presentes en la mayoría de los proyectos migratorios de las entrevistadas. Por último, además de los aspectos aquí señalados, es pertinente preguntarse lo siguiente: ¿de qué manera se consolidan los proyectos migratorios?, ¿cuáles son las principales características del tercer tiempo de los proyectos migratorios? Además de la violencia, la criminalización y la discriminación, ¿qué otros horizontes pueden observarse en los proyectos migratorios de las entrevistadas? En el siguiente capítulo se presenta un recorrido partiendo de esta pregunta observando como la migración es inestable y oscila entre la transitoriedad y el retorno.
- Morcillo y Von Lurzer (2012) han analizado estas ambigüedades. El suceso narrado fue posterior a la derogación de los edictos policiales. Sin embargo, el código contravencional de la ciudad de Buenos Aires, mediante el artículo 81, la sanciona al afirmar que no puede realizarse en espacio públicos no autorizados. Para los autores, se atenúa la figura de la prostitución escandalosa, ya que establece “en ningún caso procede la contravención en base a apariencia, vestimenta o modales”, pero existe la posibilidad de considerarlo una contravención. ↵
- No son los únicos espacios en donde se ejerce esta actividad. También lo hacen en los barrios de Once, Microcentro, Flores y Liniers, pero los límites son difusos y, por lo general, la mayoría de las entrevistadas han ejercido o ejercen en estos espacios. En Esteban Echeverría, algunas entrevistadas también han ejercido la prostitución/trabajo sexual. ↵
- Este sostiene: “El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes”. De esta manera, se interpreta que los extranjeros que han migrado al país hacen lo contrario, como robar o vender droga y afectar la paz interior. ↵
- Los procesos de criminalización de personas travestis/trans y sus vivencias en los penales constituyen temas de investigación que algunos doctorandos se encuentran desarrollando. En este caso, el apartado se limita a comprender el impacto que esto ha generado.↵
- Es pertinente aclarar que la mayoría de las travestis/trans detenidas no tienen condena.↵
- De hecho, en esta investigación, mediante el uso del software, se ha observado una codependencia entre el tipo de violencia de las fuerzas de seguridad y las situaciones de detención.↵
- Es frecuente que las travestis/trans afirmen que la policía las corre del espacio. ↵
- Como el uso de drogas de los clientes es frecuente, en ocasiones, ellas les proveen alguna bolsita o papelito, términos que son usados para definir dosis pequeñas de cocaína. En algunas oportunidades, son ellas quienes la consumen. ↵
- En diversas investigaciones se pudo constatar que esto involucra al Poder Judicial, ya que los funcionarios suelen asociar a la población migrante a determinados tipos de delitos. ↵
- Esta criminaliza determinados estilos de vida ya que, el artículo art. 14 establece: “Será reprimido con prisión de uno a seis años y multa de trescientos a seis mil australes el que tuviere en su poder estupefacientes. La pena será de un mes a dos años de prisión cuando, por su escasa cantidad y demás circunstancias”. Esto surgiere inequívocamente que la tenencia es para uso personal.↵
- Como puede observarse, algunas unidades penitenciarias exceden el perímetro del AMBA, aunque algunas de ellas fueron detenidas en ese contexto espacial. ↵
- Las entrevistadas se encuentran en diferentes situaciones de regularidad migratoria, aunque algunas de ellas se encuentran en irregularidad. No brindaron elementos para poder desarrollar esta cuestión. ↵
- Se señaló como una de las principales colaboradoras durante el trabajo de campo realizado en el barrio de Constitución. ↵
- Las regularidades empíricas de las entrevistadas muestran que, cuando quedaron detenidas, eran jóvenes y, además, poseían un escaso tiempo de permanencia en el país. ↵
- Como se indicó, en la mayoría de los proyectos migratorios, los capitales se ven erosionados y la prostitución/trabajo sexual termina siendo la única estrategia de supervivencia. ↵
- Es un concepto que aporta esta investigación.↵
- Existen proyectos para modificar la legislación y que se incorporen discriminaciones por diversidad sexual.↵
- Algunas de estas propiedades han sido utilizadas en otras investigaciones sobre temáticas vinculadas a la interculturalidad (Lanzetta y Kleidermacher, 2018; Perez Ripossio, 2019)↵
- Algunas de ellas han sido descriptas en otras poblaciones que pertenecen al colectivo LGTBIQ+ (Jones, 2010). ↵
- Han descripto que en el espacio público les gritan: “Peruano puto, vete a tu país” o “Travas no queremos” y les arrojan botellas. ↵
- Esto no quiere decir que la totalidad del personal de salud posea estas concepciones sobre la identidad de género travesti/trans.↵
- El Anexo I establece: “Se entiende por intervenciones quirúrgicas totales y parciales a las cirugías que ayuden a adecuar el cuerpo a la identidad de género autopercibida. Las mismas comprenden: Mastoplastía de aumento, Mastectomía, gluteoplastía de aumento, Orquiectomía, Penectomía, Vaginoplastía, Clitoroplastía, Vulvoplastía, Anexohisterectomía, Vaginectomía, Metoidioplastía, Escrotoplastía y Faloplastía con prótesis peneana, resultando la presente enumeración de carácter meramente enunciativo y no taxativo”.↵
- Farji Neer (2018) ha podido observar que los discursos médicos respecto de las intervenciones sobre personas trans son complejos porque existe una tensión entre la Ley de Identidad de Género y las concepciones de los médicos respecto de cómo llevar a cabo esos procedimientos. En concreto, las intervenciones quirúrgicas son parte del acceso a la salud de las personas travestis/trans. ↵
- En el próximo capítulo, se desarrollan las críticas al capital erótico que ha realizado este autor. ↵
- Si bien en la propiedad endogrupal, en este caso, se optó por vincularlo a cuestiones ligadas a la personalidad, también podría entenderse como discriminación al interior del grupo. ↵
- El no tener garantía es un obstáculo para poder alquilar una vivienda que excede la condición migratoria. Además, los migrantes cisgénero tienen, de por sí, más dificultades, debido a una serie de factores, pero, en el caso de las travestis/trans, se agrava. La garantía es un recurso legal que le permite a la inmobiliaria/propietario del inmueble cobrar el alquiler. En el caso de las travestis/trans, no disponen de ese recurso, pero tampoco proporcionan garantías simbólicas, justamente, porque sus conductas son consideradas escandalosas y se las asocia de manera automática a la prostitución/trabajo sexual. ↵
- No se desconoce la agencia del universo de estudio y las posibilidades de negarse a estas prácticas. Sin embargo, encuentran en contextos en donde difícilmente pueden sortear estas solicitudes. ↵
- Otras dinámicas pueden ser poseer capital social para poder acceder a esos espacios y retribuir económicamente a quienes controlan esos espacios. ↵







