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3 El regreso del control

Control social y construcción de la opinión pública en el siglo XXI

A lo largo del siglo XX se plantearon dos perspectivas centrales en torno a la función de la opinión pública en las sociedades contemporáneas. Una primera perspectiva identificaba a la opinión pública como un dispositivo de control social, ya sea como fuerza cohesiva que evitaría la disolución de la sociedad, o como fuerza externa homogeneizadora de las posturas políticas con la finalidad de que los sujetos de autorregulen (o acepten ser dominados). La segunda posición planteaba que la opinión pública se constituía como una esfera racional de debate y de resolución de conflictos construyendo “verdades” socialmente legitimadas por mayorías. Sobre esta postura, hija del positivismo y de la tradición racionalista se construyó el edificio del estudio científico de la opinión pública, principalmente a través de las encuestas de opinión, desarrolladas bajo el supuesto de la existencia de una esfera pública abordable metodológicamente.

La primera postura sobre la opinión pública como control social fue sostenida principalmente por los autores pragmatistas reunidos alrededor de la Escuela de Chicago, mientras que la postura de la esfera racional se imbricó con el individualismo metodológico para instituir a la encuesta de opinión como forma privilegiada de acceso a lo social y a lo político.

Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX diversas teorías retoman implícitamente la tradición de la opinión pública como control social: el ascenso de la “sociedad del control”. Estos enfoques teóricos permiten rediscutir el papel de la opinión pública, entendida como “una construcción colectiva desterritorializada y anónima de voluntades”, que tiene como papel fundamental orientar políticamente a la sociedad entre sus opciones políticas.

La opinión pública entre la racionalidad y el control social

Harwood Child en su libro An Introduction to Public Opinion (1949) reunió más de cincuenta definiciones de opinión pública buscando resaltar las dificultades de encontrar una forma consensuada para el concepto. Años después la investigadora alemana Noëlle-Neuman llevó adelante el análisis el conjunto de las definiciones reunidas por Child, llegando a la conclusión que “proceden de sólo dos conceptos diferentes de opinión pública” (2003, p. 280). En efecto casi todas las definiciones surgirían de dos ideas:

  • como resultado de la racionalidad de los sujetos que contribuye al proceso de formación de la opinión y de toma de decisiones en una democracia;
  • como control social, cuyo papel sería promover la integración y garantizar la obtención de consensos para basar las acciones y decisiones gubernamentales.

La existencia de la opinión pública como mecanismo de resolución racional que permitiera obtener “ciertas verdades” en el terreno de los hechos políticos y sociales supone la concurrencia de una esfera de hechos generados mediante “el libre debate público de individuos dotados de capacidad raciocinante y discursiva” (Germani, 1995, p. 100), concepción propia de la tradición iluminista. Para Habermas “estas verdades”, no se producirán en el vacío, por el contrario, tienen un sujeto: la burguesía y un objetivo: establecer el control de la esfera estatal, acortando la autonomía de la naciente burocracia y de la reciente clase política profesional.

La burguesía, en el momento que se construye como sociedad civil, se despliega de la sociedad estatal, y organiza a la opinión pública como una forma de limitar la autonomía de los gobiernos y a la burocracia, donde ésta última pasaría a tener un rol creciente en las decisiones gubernamentales. Dos elementos esenciales para la “invención de la opinión pública” serían la prensa política y los coffee-houses y salones. Estos últimos serán espacios de discusión donde se solía reunir la burguesía europea y donde se plantearía “una tendencia hacia la discusión permanente entre personas privadas, de ahí que dispusieran de una serie de criterios institucionales comunes” (Habermas J. , 2009, pág. 73) En estos espacios pueden identificarse el germen de dos futuras instancias de control y articulación entre el Estado y la sociedad: el lobby empresarial y las Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

La Escuela de Chicago y la teoría del control social

Si bien la idea del control social como fuerza integradora de la sociedad ocupa un lugar relevante en la teoría social de raíz positivista desde los primeros trabajos de Herbert Spencer, se transforma en un concepto central de la sociología en las primeras décadas del siglo XX frente “a los efectos desintegradores del orden social que provocaban la expansión del capitalismo industrial y los fascismos europeos” (Olmo Oliver, 2005).

Una de las conceptualizaciones iniciales de control social fue desarrollada por Edward A. Ross y seguida por un conjunto de investigadores nucleados en la Escuela de Chicago. Muchos autores identifican a esta corriente como pragmatista, por plantear una “filosofía de la acción”. En este sentido el modelo de acción desarrollado por los autores de Chicago tenía como propósito distanciarse de los presupuestos utilitaristas, planteando una mirada comprehensiva de la intencionalidad y de la sociabilidad bajo la idea de la acción autocontrolada.

En términos generales los estudios sobre el control social apuntaban a los mecanismos o dispositivos que mantienen el orden social en un sentido amplio, instituciones y prácticas que dotan a la sociedad de capacidades para regularse a sí misma, acorde con los principios y valores deseados, es decir mediante la persuasión. Ross populariza el término “control social” en su obra Social control, a survey of the fundations of order (1901). Allí sostiene que el orden social en las sociedades avanzadas solo es posible mediante la solidaridad y la cohesión que se obtienen a través del control, entendido como “aquellos procesos sociales que coordinan las funciones del individuo y del grupo de manera organizada” (Berganza Conde, 2000, p. 157). Se debe considerar que Morris Janowitz (uno de los mayores teóricos de la orientación) plantea que la concepción de control social tiene un matiz progresista, pues es la alternativa a un control coercitivo, donde la organización de una sociedad descansa o se apoya predominante y esencialmente en el orden forzado, en la amenaza y el uso de la fuerza (1975), pensando en los estados fascistas y el modelo comunista soviético.

Robert Park plantearía que la opinión pública es una forma de control social. Este autor desarrolló sus estudios bajo la doble influencia de la filosofía pragmatista norteamericana y el pensamiento idealista con foco en Simmel. Estas filiaciones teóricas condujeron sus estudios hacia el rol de la comunicación y las prácticas interaccionales y su aporte sobre el concepto de distancia social. Park percibe en que las grandes urbes ocurren transformaciones desde una sociedad basada en relaciones primarias a otra de las relaciones secundarias (1925), donde el control social permite mantener la cohesión y la solidaridad dentro estos espacios complejos.

Opinión pública, las leyes y el ceremonial, serían las formas específicas en las que el control social encuentra su expresión de una forma universal para Park. Aquí es relevante observar que para el autor, la opinión pública sería una función latente, oculta incluso para los propios sujetos. En este sentido, para explicar los mecanismos a nivel psicológicos que emplean los sujetos para adaptarse a las demandas sociales, Park retoma los conceptos de Gabriel Tarde, en cuanto a la imitación y sugestión. La categoría de imitación era central para Tarde puesto que “la cohesión social es resultado de esas leyes de imitación que operan a varios niveles, pero siempre consisten en subordinar los momentos racionales y creativos a otros más bajos y no creativos” (Laclau, 2005, p. 61). Park se aparta de la mirada individualista de la opinión pública (tesis que luego se impondría), pues considera que se impone a los sujetos como una realidad evidente y exterior, porque “la opinión pública no es una opinión que incumbe por igual a cada miembro del público, sino que se trata, más bien, de una opinión o de un comportamiento que se presenta como ajeno frente a cada individuo y que se considera objetivo” (1996, p. 400).

Robert Park observa que los grandes periódicos se impondrían como el gran medio de comunicación de la ciudad. La opinión pública se apoya en la información suministrada por la prensa. Sugestivamente Park indica que el periódico reemplaza al chisme popular. Tarde también había señalado la importancia de los medios en la nueva subjetividad de los individuos en las grandes ciudades, sugiriendo “que el lector no tiene conciencia de sufrir esta influencia persuasiva, casi irresistible del periódico que lee habitualmente” (2011, p. 201).

A partir de los años cuarenta la fuerza argumentativa de los teóricos del control social fue perdiendo potencia en la medida que crecía el dominio de la escuela del estructural funcionalismo planteada por Talcott Parsons, a la que Jeffrey Alexander llamará “la teoría de la modernidad triunfante” (2008). Dentro de la teoría general del cambio social propuesto por Parsons “el control social abunda, pero depende mucho de la individualidad y de la opción individual” (2008, pág. 71). Gran parte de este cambio de paradigma dominante en la sociología norteamericana se vincula al surgimiento de los Estados Unidos como gran potencia triunfante de la Segunda Guerra Mundial, y su estabilización, de cuya sociedad el estructural-funcionalismo de Parsons será un brillante apologista, una nación transformada en potencia mundial en una situación totalmente contrapuesta a la inestabilidad de las décadas del ´20 y del ´30.

El regreso del control a la teoría social contemporánea

Diversos autores y desde variados enfoques y disciplinas comienzan, desde mediados de los años setenta, a recuperar miradas que podrían ser englobadas en teorías de control, aun sin que los autores lo expliciten en esos términos. La “rebelión” en las ciencias sociales sobre las miradas funcional-estructuralistas en Estados Unidos[1], y sobre el estructuralismo (de cuño marxista) contribuyeron a la búsqueda de otras formas de entender a un mundo que cambiaba rápidamente.

La revalorización de la subjetividad con diversos enfoques fenomenológicos (como interaccionismo simbólico y etnometodología); el posestructuralismo, el neo pragmatismo y el constructivismo genético plantearían nuevas propuestas a fines de reactualizar las teorías sociales en los nuevos contextos históricos y políticos, donde vuelven a apremiar los conflictos tanto como fruto de la guerra fría como de las crisis de las sociedades poscoloniales. En este sentido se discutirán tres propuestas vinculadas al neocontrol. En primera instancia se esbozarán los planteos de Foucault-Deleuze sobre el ascenso de la sociedad del control; luego se mostrará las consideraciones sobre la espiral del silencio planteadas por Noëlle-Neuman para finalizar mostrando algunas características de la teoría de la agenda setting, o imposición de agenda planteada en su momento por Maxwell McCombs y Donald Shaw, finalmente en torno a estás miradas se buscará observar su pertinencia y actualidad en términos de la sociedad hipertecnologizada de las primeras décadas del siglo XXI.

La sociedad del control en Michael Foucault y Giles Deleuze

Michael Foucault va planteando en distintos puntos de su obra las referencias fundamentales en el pasaje de lo que él consideraba como la sociedad disciplinaria a la sociedad de control, que coincide con transformaciones operadas desde los años setenta. En la sociedad disciplinaria una red de dispositivos produce y regula costumbres, hábitos y prácticas productivas. Foucault indica temporalmente el inicio de las prácticas disciplinarias en la época clásica (Ancien Régime), en los siglos XVIII y XIX alcanzando su apogeo a principios del siglo XX (Deleuze, 2005), y cuyo efecto se pueden observar hasta nuestros días. En aquellos días las prácticas de disciplinamiento serían confinadas a “lugares precisos y relativamente cerrados —cuarteles, colegios, grandes talleres— y cuyo empleo global no se había imaginado sino a la escala limitada y provisional de una ciudad en estado de peste” (Foucault, 2002, pág. 192 y 193).

Estos dispositivos se distancian de las “grandes escenas de suplicio de los siglos XVII e incluso del XVIII” (Foucault, 2007, pág. 85), lo que muestra un punto central entre ambas modalidades de castigo, se volverían cada días más invisibles y alejadas del “gran público”. Las instituciones disciplinarias y de encierro prepararían a las estructuras del terreno social, asegurando la obediencia a las reglas, configurando parámetros, límites del pensamiento y prácticas sociales, definiendo lo que significa “ser normal”, o en su defecto ser “anormal” o desviado. En este sentido hay una primera aproximación al concepto de control identificando a un conjunto de dispositivos de vigilancia cuya función era precisamente corregir (y de ser posible prevenir el desvío). De esta forma Foucault sostenía que “toda la penalidad del siglo XIX se convierte en un control, no tanto sobre lo que hacen los individuos (¿está o no de acuerdo con la ley?) sino sobre lo que pueden hacer, lo que son capaces de hacer, lo que están a punto de hacer” (1995, pág. 45).

El concepto de panóptico, es tomado por Michael Foucault como modelo de control: Jeremy Bentham había construido hacia fines del siglo XVIII un modelo de estructura carcelaria utilizando juegos de espejos, con la finalidad de poder observar a los reclusos con el mínimo personal disponible. “Ver sin ser visto”, era el propósito central que expresa Bentham en sus The Panopticon Writings (1995). La finalidad del sistema panóptico era más amplia que sólo incrementar los controles penitenciarios, ya que Bentham buscaba aplicar los conocimientos arquitectónicos de la época para la maximización de los recursos permitiendo que “un inspector” obtuviera una centralidad de forma de controlar en forma más eficaz para ver sin ser visto: “la vista perfecta”. En este sentido, Bentham sostenía que la estructura panóptica podría extenderse más allá de la prisión para utilizarse para controlar las empresas y las ciudades.

Se debe destacar que la distinción entre la sociedad disciplinaria y la sociedad de control no es clara en varios pasajes de la obra temprana de Foucault, como sí lo es el pasaje de la “sociedad del castigo y el suplicio” como sí describe los pormenores del suplicio y descuartizamiento de un condenado en la París de 1757 al principio de Vigilar y Castigar (2002). En las conferencias que daría en Río de Janeiro en 1973, afirmaba que “entramos así en una edad que yo llamaría de ortopedia social. Se forma de poder, un tipo de sociedad que yo llamo sociedad disciplinaria por las sociedades estrictamente penales que conocíamos anteriormente. Es control social” (1995, pág. 43). En este párrafo clarifica la distinción entre la sociedad penal y de castigo, sobre las disciplinarias de vigilancia y control. En esas mismas conferencias se explicitan las condiciones de control social que se corresponden a nuevas características de la sociedad capitalista y la “nueva distribución espacial y social de la riqueza industrial y agrícola (que) hizo necesarios nuevos controles sociales a finales del siglo XVIII” (1995, pág. 51).

Los nuevos sistemas de control que establecerían las clases dominantes, se tomarían desde los controles de origen popular para reorganizarse desde el Estado. Pero Deleuze marca con claridad el declive de la sociedad disciplinaria porqué “también las disciplinas entraron en crisis en provecho de nuevas fuerzas que iban produciendo lentamente, y que se precipitaron después de la Segunda Guerra Mundial: las sociedades disciplinarias son nuestro pasado inmediato, lo que estamos dejando de ser” (2005, pág. 215). A continuación, marca un cambio que era sugerido por Foucault: “se trata de las sociedades de control, que están sustituyendo a las disciplinarias” (2005, pág. 216).

Deleuze marca un nuevo rumbo de la espacialidad donde las nuevas fórmulas (muchas planteadas en el nombre del progresismo político) incorporan nuevas formas de dominación más sutiles pero tan o más efectivas que las anteriores como por ejemplo “en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades, pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros” (2005, pág. 216). También observa que los cambios operan en el corazón del capitalismo, la esfera productiva “en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas” (2005, pág. 217).

Para Foucault el conjunto de mecanismos, dispositivos e instituciones “producen” control social en dos tiempos, o en dos planos:

  • constituir poblaciones donde insertar individuos bajo el dominio de una economía del poder que administra la sociedad en función de modelos normativos globales integrados en un sistema estatal centralización,
  • transformar en capilar el poder instalando un sistema de individualización capaz de modelar a cada individuo y a administrar su existencia.

Para la construcción de poblaciones, el poder se auxiliará de una herramienta muy propia del individualismo metodológico: las estadísticas sociales y en particular la epidemiología: “el problema fundamental va a ser saber cuántas personas son víctimas de la viruela, a qué edad, con qué efectos, qué mortalidad, qué lesiones o secuelas, qué riesgos se corren al inocularse… cuales son los efectos estadísticos sobre la población en general; en síntesis, todo un problema que ya no es el de la exclusión” (Foucault, 2006, pág. 26). La sociedad del control social en Foucault se constituye a través de una concurrencia de dispositivos e instituciones como la justicia, las instituciones psiquiátricas y psicológicas, médicas, pedagógicas, los mecanismos de asistencia, las asociaciones filantrópicas y los patrocinios. Si bien los aspectos “arquitectónico”, en términos de panópticos y edificaciones son esenciales en la teoría del control foulcaultiana, los aspectos simbólicos semiológicos son centrales en el segundo aspecto, ante la pregunta sobre cómo obtener la “capilaridad” del poder la respuesta reside en que en “toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad” (2005, pág. 14).

Los procedimientos y estrategias de control y demarcación de los campos discursivos legítimos se ejercen de dos maneras diferentes: desde el exterior, funcionando de cómo mecanismo de exclusión. Estos serían fundamentalmente los discursos en torno al poder y el deseo. Pero al mismo tiempo existen procedimientos internos por parte de los propios discursos (y no tanto de los hablantes) ejercen su propio control desarrollando principios de clasificación, distribución y orden, buscando nuevamente dominar la dimensión del discurso ligado a lo inesperado, al acontecimiento y al azar. En el planteo de la “capilaridad del poder” Foucault se aparta tanto del estructuralismo como del marxismo, para sumergirse en las escuelas posestructuralistas. En este sentido el propio autor plantea que “no puede admitirse pura y simplemente el análisis tradicional del marxismo que supone que, siendo el trabajo la esencia concreta del hombre, el sistema capitalista es el que transforma este trabajo en ganancia, plus-ganancia o plus-valor. En efecto, el sistema capitalista penetra mucho más profundamente en nuestra existencia” (1995, pág. 62). El análisis se torna mucho más metafísico, pues no hay prisiones, psiquiátricos o fábricas que muestren empíricamente la existencia de una sociedad que constriñe a sus habitantes a comportarse de acuerdo a lo estipulado.

Pero para que haya plus-ganancia es preciso que haya sub-poder, es preciso que al nivel de la existencia del hombre se haya establecido una trama de poder político microscópico, capilar, capaz de fijar a los hombres al aparato de producción, haciendo de ellos agentes productivos, trabajadores. La ligazón del hombre con el trabajo es sintética, política; es una ligazón operada por el poder. No hay plus-ganancia sin sub-poder (Foucault, 1995, pág. 65).

La capilaridad quizás se explique por la peculiar trasformación marcada por Deleuze desde individuos a dividuos. Mientras que en las sociedades disciplinarias lo que marcaba al sujeto eran firmas o consignas (tanto para la integración como para la resistencia), ahora el “lenguaje numérico de control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información o el rechazo” (2005, pág. 118). Se esta forma si los individuos se trasformaron en dividuos, las masas se habrán convertido en muestras, basas de datos, de donde puede inferirse el auge actual del big data.

Para Foucault estas trasformaciones normalizadoras (que podrían considerarse casi pragmáticas) funcionan en el contexto mucho más amplio del ejercicio propio del poder. El poder ya definido por Weber como la “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad” (2012, pág. 45), incorporaba la finalidad de la dominación, encontrar obediencia para un mandato determinado, encuentran su trasformación en el biopoder. Si en la Edad Media el poder funcionó bajo la lógica de la fidelidad, en la modernidad comienza a organizarse tras la idea de la producción y la prestación, para ir transformándose en biopoder establecido como un conjunto de mecanismos por medio de los cuales la especie humana constituye sus rasgos biológicos fundamentales, una estrategia política, y general de poder; o en palabras de Foucault, como “a partir del siglo XVIII, la sociedad, las sociedades occidentales modernas, tomaron en cuenta el hecho biológico fundamental de que el hombre constituye una especie humana” (2006, pág. 15).

Desde distintos puntos de vista dos de las teorías más importantes sobre la formación de la opinión pública se plantea en la década del setenta y tienen relevancia en la actualidad. Tanto “la espiral del silencio” y “el establecimiento de agenda” (agenda setting), se desarrollan sobre idea implícita de la existencia de control social. Mientras que en la primera teoría la formación de la opinión pública se desarrollaría principalmente en forma endógena, en la segunda sería en cambio planteada en forma exógena.

La espiral del silencio

La espiral del silencio se basa en la idea que para evitar el aislamiento un individuo puede evitar su propio juicio como precio a pagar para estar integrado socialmente (Noëlle-Neuman, 1998). Esta teoría incorpora cuatro supuestos básicos, que actuarían en forma encadenada, aunque no necesariamente en forma consciente, sino como práctica dinámica:

  • Primero, las personas poseen un miedo innato al aislamiento;
  • Segundo, los entornos sociales y en definitiva la sociedad misma sancionan, aislando al individuo que actúa por fuera de lo esperado (desvío en el estructural funcionalismo);
  • Tercero, actuando bajo la amenaza del aislamiento, el individuo intenta identificar las corrientes de opinión predominantes;
  • Cuarto, bajo un tipo de racionalidad los sujetos ajustan sus opiniones para encajar con su entorno o actúan directamente omitiendo u ocultando sus expresiones.

Los sujetos producirían en este marco una constante adaptación de sus concepciones para ajustar al clima de época imperante. Desde esta concepción los contextos mediatos e inmediatos ejercen presión sobre los sujetos para homogeneizar visiones y pareceres.

Este proceso tal como se lo ha sintetizado posee una secuencia propia, ya que los individuos deben formarse una idea del reparto y las posibilidades de éxito de sus opiniones dentro de su entorno social (el órgano cuasi-estadístico); y esa lectura incentiva a que los sujetos expongan públicamente sus opiniones. En la medida que las consideren exitosas seguirán siendo expresadas. Sin embargo, en cuanto los sujetos comiencen a evaluar que las opiniones son débiles (encuentran resistencias), se inicia el proceso de cambio en el clima de opinión; y comenzarán a evitar ser expuestas, creciendo el temor a quedar aislados. De esta forma, los sujetos preferirán el silencio al aislamiento, tratando de establecer los nuevos contextos de opiniones sin riesgos de sanciones. Esta idea ya había sido aproximada por Erving Goffman en los conceptos de “actuación” y “fachada”. Donde “actuación” es la actividad que tiene un individuo durante un período tiempo en co-presencia frente a una cantidad de espectadores y que posee cierta influencia sobre ellos y “fachada” es la dotación expresiva “empleada intencional o inconscientemente por el individuo en su actuación” (2012, p. 36).

El proceso de la espiral del silencio culmina invariablemente en el silencio. Sin embargo, existen dos clases de silencios: primero, el que clausura debates y controversias marcando su pertenencia al pasado, es decir tratando el tema como de imposible y estéril reapertura. La segunda clase de silencio se produce en situaciones donde los debates no han finalizado quedando abierta la disputa,

El grupo vencedor en el proceso de la espiral del silencio impone un tabú al perdedor. La opinión ganadora no puede discutirse ni ser objeto de debate en público. Una vez que se declara tabú a un valor, – quedando, por tanto, rodeado de una muralla protectora – nadie puede expresar su desacuerdo con el mismo sin arriesgarse a quedar excluido de la comunidad de gentes íntegras y bien pensantes. (1993, pág. 13).

En estudios posteriores del primer esbozo de la teoría datada en 1974 diversos autores han indicado que la consideración de los “sujetos como socialmente aislados” implica cierta simplificación en la teoría de la espiral del silencio que debe ser reconsiderada. Una variable clave a considerar al momento de observa la capacidad de los sujetos para plantear sus opiniones en forma diferenciada es el capital social (Francis, Jay, Kushin, & Masahiro, 2012).

En Bourdieu, el capital adquiere la forma de tres especies fundamentales: capital económico, capital cultural y capital social. El primero convertible en dinero y como derechos de propiedad. El segundo vinculado a una “distinción” como conocimientos acumulados (que suelen vincular a diplomas universitarios y similares) y el capital social, “red de relaciones que puede ser movilizada por un agente social, ocasionalmente convertible en capital económico (ej. red de relaciones que le permite a un agente acceder a un puesto con una determinada renta asociada” (Vázquez García, 2002, pág. 97). El capital social, expresado en términos de Pierre Bourdieu representa al conjunto de relaciones, amistades, contactos, y vinculaciones en general, que habilita al agente de una mayor o menor “espesor” social[2]. El punto central es que el mayor capital social (en íntima relación con el capital cultural) habilitaría a los sujetos a presentar sus opiniones, desarrollando normas de confianza y reciprocidad, necesarias para la pregnancia social de puntos de vista. En este sentido, Putnam (2000) plantea que el mayor capital social incentiva la participación actividades colectivas, lo que Bourdieu llamó “capital social de tipo político”.

Queda por evaluar en qué medida la participación en actividades colectivas como la comunitaria, barrial, en los dispositivos escolares, y la afiliación en general en grupos sociales tomados como referencia pueden modificar la voluntad de los sujetos a expresar opiniones que puedan mostrar franqueza política y no se enmascaren en posiciones mayoritarias. También se relevante observar si el proceso se verifica en los nuevos contextos con la multiplicación de soportes informativos y el advenimiento de las redes sociales mediadas por computadoras. En este sentido es dable observar si los sujetos, con el objetivo de romper el aislamiento no buscan generar nuevas estrategias de manera activa como por ejemplo “personalizar” sus referencias sociales a fines de que sus posiciones políticas encajen con la finalidad de poder expresarse en ámbitos donde no sean censurados.

Agenda setting y tematización

A principios de la década de los ´70 Maxwell McCombs y Donald Shaw presentan su trabajo The Agenda-Setting Function of Mass Media (1972) donde desarrollan el concepto de establecimiento de agenda para expresar la capacidad de los medios de comunicación para direccionar la atención de la opinión pública hacia temáticas particulares, priorizando ciertas cuestiones planteadas como sobresalientes y problemáticas para cada momento. Desde allí se desarrolla la idea de que la agenda de los medios no decide qué tiene que pensar el público, pero sí sobre qué tiene que opinar, determinando mapas cognitivos que guían a los sujetos. Dicho de otra forma, los medios muestran “las “imágenes” de las noticias a modo de “ventanas” que presentan visiones limitadas del mundo exterior” (Rubio Ferreres, 2009, p. 11). Esto puede suceder porqué “los medios de masas representan todos los días el mundo como algo nuevo, guiados por el código informable/no informable” (Luhmann, 2009, p. 323). La tematización, es decir la oferta de temas a una audiencia que los incorpora casi a modo inconsciente es un componente vital de esta teoría donde “la fijación del orden temático” es casi sinónimo de agenda setting y esto es porquéla prioridad que dan a ciertos temas y cualidades a costa de otros está influida de una manera directa y mensurable por los medios de difusión” (McCombs & Evatt, 1995, pág. 7).

Con la finalidad de evitar los mecanicismos propios de anteriores teorías como “la aguja hipodérmica”, McCombs y Evatt plantearían que “aunque los periódicos, la televisión y otros medios de comunicación colectiva no sean la única influencia, veinticinco años de investigación han mostrado que, individual y colectivamente, ejercen una influencia poderosa” (1995, pág. 7).

No obstante, para el análisis de los efectos de la agenda mediática por sobre la agenda pública se deben tener en cuenta elementos propios del habitus de los individuos: la experiencia personal, género, el nivel educativo, el interés por la política y posturas respecto de la propia noticia puntualmente observada, vinculando al grado de exposición general a las noticias y los efectos personales que genera. Debe tenerse en cuenta que McCombs en textos posteriores amplía la tipología hacia una variedad de agendas o subagendas y la “combinación de agendas” o agenda melding (2006, pág. 269) donde deben incluirse las agendas generadas por las redes sociales personales, pero también las mediadas por medios electrónicos.

En una comunicación posterior Mc Combs dio cuenta de algunas críticas a las limitaciones de su propuesta en relación a la tematización que impondrían los medios, ampliando la mirada a las imágenes y a las perspectivas porqué tiene con las formas de producción de la transferencia de la prominencia, y no sólo la relevancia de los asuntos sino también la prominencia de los aspectos de esos temas (McCombs & Evatt, 1995).

También debe considerarse los cambios en el ecosistema de medios desde las primeras aproximaciones de los creadores de la teoría de la agenda setting en 1972. Por este motivo, en los primeros años del nuevo siglo McCombs (2005) realiza una puesta al día en su teoría considerando los importantes cambios registrados. Por una parte (como no puede ser de otra forma) hace referencia a la impactante multiplicación de los espacios de noticias, ya sean blogs o portales de noticias (calculados en más de 10 millones para ese año) y el incipiente uso de las redes sociales desde donde se podría esperar un aumento en su diversidad. Esa propia multiplicidad de espacios noticiosos en sus diversas formas debería ejercer cierta presión para la ampliación de la agenda temática, sin embargo, el autor muestra dudas sobre el alcance real de estos sitios en términos de audiencias.

Dos tendencias aparentemente contradictorias se presentan, por una parte, la proliferación de espacios donde se presentan noticias y la ampliación de las audiencias que pueden tener acceso a internet llevan a una gran fragmentación de las agendas noticiosas limitando la imposición de la agenda a la sociedad. Sin embargo, los grandes medios de noticias siguen teniendo una considerable capacidad para seguir convocando a su público en internet y también  se debe observar que buena parte de los demás medios (incluso de gigantes como Google o Facebook, y futuras empresas que las reemplacen) replican las noticias y debates que plantea el mainstrean noticioso, con lo cual la capacidad de replicar la agenda temática no sólo no se limita, sino que se expande notablemente, en un proceso en desarrollo.

Tanto Noëlle-Neumann como Foucault atendieron con diversa atención al fenómeno de los medios. Noëlle Neumann lejos de evadir el problema plantea su interés en la relación entre los medios masivos y la opinión pública, pero “su relación no es para nada clara” (1998, p. 206). Los medios son dentro de su teoría una de las fuentes más importante para los sujetos para observar la realidad y el lugar social con el que cuentan para conocer de cuáles son las opiniones dominantes y cuáles son las opiniones que conducen al aislamiento (Dittus, 2005). Es decir, a diferencia de lo planteado en la teoría de la agenda setting, no influirían en qué pensar o cómo hacerlo, sino en cuándo hay que hablar o quedarse callado. Los principios que construyen el rol de los medios de comunicación son “consonancia” y “acumulación”. Estos principios marcan una convergencia de los medios y sus periodistas alrededor de los mismos temas y adoptando las mismas posiciones, entorno en el cual los individuos no tienen forma de establecer posturas alternativas, generando un “clima de opinión” o “presión ambiental” amplificando y unificando temas, suficiente para la creación una mayoría silenciosa, en un medio sobre el cual los individuos son incapaces de establecer abiertamente posiciones contrarias a esa mayoría.

Michel Foucault en sus consideraciones sobre los medios masivos de comunicación asume la mirada estructuralista althusseriana plantea a los medios de comunicación dentro de los grandes aparatos políticos y económicos construyendo el núcleo del debate político y espacio de enfrentamientos sociales y de las luchas ideológicas (1999). Sin embargo, en su texto “El sujeto y el poder” muestra también distancias en la idea de un “dominio”, es decir las relaciones de poder en lo que llama los “relacionamientos comunicacionales que transmiten información por medio del lenguaje de un sistema de signos” (1988, pág. 13). Si bien el autor expresa que comunicar implica una forma de actuar sobre otras personas, la producción y circulación de elementos de significado puede tener entre sus objetivos reproducir las relaciones de poder, la implicación no es mecánica, si bien las propias relaciones de poder, los relacionamiento de comunicación y sus capacidades objetivas de actuación no son tres dominios separados, sino que “se superponen uno sobre otro, se mantienen recíprocamente y se usan mutuamente como medios para un fin” (1988, pág. 13).

Nuevos mecanismos de control: Opinión pública, y redes sociales

A lo largo de este capítulo se revisaron los primeros esbozos de una teoría del control social llevados adelante por los investigadores de la Escuela de Chicago. Allí particularmente Robert Park señalaba que la opinión pública cumplía una función integradora para unas sociedades tensas y conflictivas como las de Estados Unidos y Europa de entreguerras[3]. Dichas teorizaciones ya sugerirían el nuevo poder que significaban los medios de comunicación, el nuevo diario papel al que se le sumaría la radio. Sin embargo, estas miradas, años más tarde quedarían en el olvido hasta mediados de los años setenta donde Michel Foucault en especial, pero también Gilles Deleuze marcarían el cambio hacia una sociedad donde las nuevas tecnologías tendrían una aplicación y una función de producir nuevos espacios de control. A lo largo del siglo XX las estadísticas tanto las demográficas como las epidemiológicas marcaban lo que Foucault llamaría el control sobre la vida misma. Mientras que la epidemiología ejerció un amplio dominio en la caracterización de “salud de la población”, las encuestas de opinión se constituyen como emblema de la investigación científica del ámbito socio-político, con particular énfasis en los períodos electorales donde su presunta capacidad de predecir resultados la trasformaron en un orientador fundamental de los políticos y sus asesores. Nuevas tecnologías como ropas, relojes o cámaras que detectan elementos de la fisiología humana y envían los datos hacia servidores externos fuera del control directo del usuario cimentan hasta lugares insospechados lo abarcativo del biopoder.

Como explica D´almeida “el arte de la encuesta se desarrolla a ambos lados del Atlántico, conoce una edad de oro después de la Segunda Guerra Mundial” (2012, pág. 11). De este modo las encuestas de opinión, como hija socio-política de la estadística se transforman en “una fuente de verdades” inapelable. No puede dejar de advertirse a la profusión de sondeos y encuestas de opinión se sostienen sobre la idea de que la “opinión pública” es un dispositivo de influencia sobre gobiernos, dirigentes y sobre los propios ciudadanos donde la democracia donde se combina la “sondeocracia y mediocracia” (De Angelis, 2015). Sin embargo, a mediados de los años noventa dos fenómenos simultáneos como el desarrollo global de internet y la multiplicación e internacionalización de los medios masivos de comunicación comienzan a construir nuevas lógicas instrumentales de poder “capilar” que lleva a algunos autores a plantear el post-panoptismo (Caluya, 2010, Mathiesen, 2016, Brignall, 2002).

Razones no faltan para observar el auge de la vida virtualizada en un marco donde el avance de internet en el mundo se amplía forma permanente. La red se consustancia en la vida cotidiana en dos planos por una parte la acumulación sin precedentes de datos ubicados en millones de servidores distribuidos en el mundo, y por el otro la veloz introducción de la interactividad de la red en términos de los intercambios entre usuarios en todo el planeta.

La penetración de los teléfonos inteligentes (smartphones) a nivel global con sus múltiples prestaciones, donde una de las más importantes es el sistema de posicionamiento global, -GPS- que permite conocer su ubicación del teléfono y su portador en cualquier momento. En el momento en que los smartphones se incorporan a la red mediante diversos sistemas de conexión cada vez más veloces, lleva que gran parte de la información disponible de la humanidad esté al alcance de cualquier persona. Adicionalmente las secuencias de los vídeos de las cámaras en las grandes urbes permiten la reconstrucción en 3D de videos de escenas urbanas (Nistér M, 2008).

Adicionalmente no puede dejar de señalarse que internet ha generado nuevos comportamientos sociales, volviéndose un refugio para las personas con relaciones sociales de baja calidad o no satisfactorias, así como para las personas introvertidas que parecen reemplazar la vida social y las redes de personas en carne y hueso por la vida virtual (Erica McIntyre, 2010). Compulsiones, adicciones y dependencias a la red comienzan a ocupar un lugar destacado en los estudios de psicología o psiquiatría, tal vez comparables a los estudios de adicciones a drogas y alcohol.

Algunos autores han observado que internet posee algunas propiedades inherentes al panóptico de Jeremy Bentham, en este sentido Brignall (2002) plantea que internet funciona en forma similar a la del panóptico. Señala que, en la red, los proveedores del servicio de internet pueden observar las actividades en línea en cualquier momento sin el conocimiento y/o consentimiento de sus clientes, ocupando el rol del carcelero en la arquitectura benthamiana. Por supuesto cabe preguntarse qué interés tendrían las compañías proveedores de observar detalladamente las actividades de un cliente en particular, pero técnicamente esto es posible como lo plantea el autor. No obstante, esta posibilidad de “espiar” a los usuarios puede extenderse a quienes pueden tener sí especial interés de seguir a determinados sujetos, como servicios de inteligencia, periodistas o hackers, sobre todo si la víctima posee algún interés particular, como suele suceder con individuos particulares desde activistas políticos hasta celebridades del mundo del espectáculo. La intercepción de fotos privadas de los “estrellas” del espectáculo se ha vuelto una noticia habitual en los medios de comunicación. Incluso aquellos que se niegan a usar la tecnología no estarán fuera de ser observados, muy probablemente su hogar y sus datos estén registrados en mapas y en formularios fácilmente rastreables. Internet es, en efecto, una estructura liberada de la mayoría de las restricciones arquitectónicas materiales que poseía la cárcel de Bentham. Con el desarrollo de la tecnología inalámbrica (wireless), internet también se va liberando de los cables y conexiones materiales, permitiendo que la red sea accesible desde cualquier sitio del planeta. No obstante, siguen existiendo dispositivos materiales para su funcionamiento debidamente ocultos como servers, antenas de retransmisión y satélites que permiten el funcionamiento de los dispositivos de GPS, actualmente disponibles en la mayoría de celulares inteligentes.

Una de las particularidades de internet a diferencia de la invención de Bentham es que todas las acciones que se realizan en la red van dejando “rastros digitales” que analizados globalmente permiten el acceso a la vida de los individuos y con el potencial evidente de permitir una nueva mirada de la sociedad. El análisis de la información que circula en la web está cada día es facilitado con herramientas creadas para tales propósitos.

Desde una postura contraria, Munro (2015) siguiendo a Bauman y a otros autores explica que la sociedad contemporánea ya no es panóptica en el sentido foucaultiano porque las tecnologías de vigilancia recientes han dado lugar al “doble de datos” creando un sujeto de vigilancia en lugar del cuerpo físico. En el panoptismo, la vigilancia se ejercía directamente sobre los cuerpos físicos de los sujetos; mientras en para la segunda década del siglo XXI la vigilancia corporativa se sitúa en un “nuevo tipo de cuerpo que trasciende la corporeidad humana. El nuevo cuerpo es uno virtual que se compone por los rastros de información que en forma digital los sujetos van dejando “como miguitas de pan” a medida que van generando actividades cotidianas, simples como enviar un mail, o comprar en algún sitio on-line, gran parte de estas acciones se traducen en prácticas comerciales, para crear nuevos patrones de consumo. Por otra parte, el otro rostro de la web conocida como 2.0., es el auge de las redes sociales mediadas por ordenadores. Las redes sociales han cambiado la forma en que gran parte de la población mundial se comunica. Estas son aplicaciones basadas en internet que permiten la creación e intercambio de información ya sea en forma de textos, o audiovisuales (videos, y fotos).

En consonancia con la multiplicación de las tecnologías, su ubicuidad y la interrelación creciente cuerpo-máquina, también se acrecientan los trabajos que plantean lo que se ha dado en llamar la sociedad de la vigilancia va un paso más allá del control social planteado por los autores citados en este estudio, donde se plantea la posibilidad de implantación de un estado policial mediante las “políticas del miedo”, cuyo finalidades son “castigar, premiar, prevenir, incidir, conducir, dirigir y controlar lo esperado y lo inesperado, lo que pasó, está pasando y puede pasar; es decir, decidir sobre las múltiples probabilidades de acción de los sujetos” (López, Daniel, Caballero, & Humberto, 2010, pág. 6). En este sentido se ha prestado atención a diversos dispositivos como cámaras de seguridad y en especial el desarrollo de técnicas biométricas de reconocimiento facial (Zekeriya, Franz, Guajardo, Katzenbeisser, Lagendijk, & Toft, 2009) que mediante su discreción y facilidad de uso permiten automatizar los controles de identidad en principio en fronteras, pero ampliables a toda forma de circular en la vía pública (Kim, Bae, & Huh, 2010).

También resulta un campo útil de debate el desarrollo de drones, pequeñas aeronaves piloteadas por control remoto, aptas tanto para filmar a baja altura movilizaciones, como perpetrar ataques como sistema de armas. En este sentido los drones se convierten en una herramienta esencial para la sociedad de la vigilancia (Schlag, 2012, Clarke, 2014). Otros dispositivos también son objetos de análisis desde la integración de chips integrados a la indumentaria o al propio organismo humano. (Ma, CHao, & Tsai, 2013, Maguire & Mcgee, 1999)

Algunas preguntas

Las teorías del control social han recuperado su relevancia en vista de las nuevas tendencias y cambios en las sociedades actuales. Esto cambios son intensificados a partir de la caída de los “socialismos reales”, la globalización y la tecnificación de la vida cotidiana. Si en la sociedad del castigo el suplicio era público, en la sociedad disciplinaria, el encierro y las formas panópticas comienzan a moldear nuevas formas de sociabilidad en forma semioculta, subrepticia. Sin embargo, se debe recuperar aquellos planteos de los miembros de la Escuela de Chicago para los cuales la opinión pública como personificación de la sociedad ya era vista como una forma semiconsciente de control social productiva, cuya finalidad era minimizar el conflicto, manteniendo niveles razonables de cohesión social. En este plano la teoría de la agenda setting coloca “en agenda” valga la redundancia los dispositivos centrales de construcción de opiniones homogéneas: los medios de comunicación masivos. Casi en forma exógena, la sociedad es influenciada, y sus diferencias silenciadas. La base de ese silencio es expuesta por Noëlle Neuman: los sujetos tienen miedo, miedo al aislamiento. Expresar opiniones por fuera del canon socialmente a lo esperado expulsa a los sujetos de sus entornos haciendo rozar la locura. La depresión y la medicalización subyacente como una de las principales causas de deterioro en el bienestar psicológico en el mundo (Alvaro Estramiana, Garrido Luque, & Schweiger Galo, 2010) sea probablemente una respuesta a las imposibilidades y limitaciones expresivas de un mundo híper controlado.

Los teóricos de la sociedad de la vigilancia, hacen hincapié en las tecnologías imbricadas en el cuerpo humano como una fase diferencial de todas las anteriores. Teléfonos inteligentes, internet de las cosas, sistemas de posicionamientos globales, realidad aumentada, integración máquina-sujeto con dispositivos de rastreo y chips debajo de la piel, ropa inteligente, y una infinidad de artefactos recientemente creados o por crearse son sistemas que permiten un control en tiempo real sobre prácticamente toda la humanidad. Sin embargo, no alcanza para explicar los mecanismos de cohesión que mantienen unidas a las sociedades (aún nacionales) y menos para comprender las fórmulas para obtener mayorías y consensos en países democráticos (al menos en términos formales). En este sentido vale como interrogante cuáles son los condicionantes para alcanzar esa intuición cuasi estadística de los sujetos que señala la espiral del silencio, lo que significa también preguntarse por la construcción de la hegemonía política en la era de la tecno-información.


  1. Jeffrey Alexander plantea que “los cambios en la sensibilidad subjetiva y los cambios objetivos en la política y la estructura social contribuyeron a la creación de una atmósfera ideológica más pesimista y crítica” (2008, pág. 101) que confluyeron en un rechazo en el esquema general del funcionalismo diseñado por Parsons.
  2. Para Pierre Bourdieu la trayectoria y estructura familiar era fundamental para el desarrollo del capital social.
  3. Un recorrido sobre las características del período de entreguerras se puede encontrar en Hobsbawn (1998) en especial entre las páginas 92 y 147.


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