Otras publicaciones:

9789877230970_frontcover1

12-4618t

Otras publicaciones:

9789877230406-frontcover

12-2022t

Presentación

El libro que aquí se presenta tiene como finalidad recuperar antiguas discusiones sobre el campo de la opinión pública como teoría política de la sociedad, así como actualizar algunos de sus enfoques que permitan reflexionar sobre una disciplina cuyo desarrollo va desde la filosofía hasta la sociología pasando por una serie de saberes provenientes de las ciencias sociales pero que también incorpora nociones de las ciencias exactas. El campo de la opinión pública se ha constituido en más de un siglo de existencia en una práctica profesional intensa y que ocupa un rol preponderante en las sociedades modernas.

Desde las primeras teorizaciones sistemáticas sobre la opinión pública como las llevadas a cabo por John Dewey (2004), uno de los primeros pragmatistas estadounidenses, se deducían los problemas provenientes de la propia identificación del fenómeno. Sin embargo, Dewey desencriptaba allí signos que permitieran pensar en el proyecto inconcluso de una democracia participativa. Pasó casi un siglo desde aquellas reflexiones y sumadas a otras intervenciones de estudios en la materia como las de Paul Lazarsfeld devinieron en una imprecisa división entre la “opinión pública pensada” propia de la filosofía política y la “opinión pública medida” como parte del mundo de la consultoría iniciada por George Gallup.

Los estudios con base a estrategias cuantitativas se han multiplicado hasta el punto de abarcar casi cada quehacer de lo humano en un mundo cada vez más pequeño. Quizás se podría reinventar la famosa frase de Max Weber y en vez de expresar “nada de lo humano me es ajeno” decir “todo lo humano es medible”. En este sentido, uno de los objetivos de este libro es superar ese dualismo que ha aislado a esos enfoques dejando sin evidencia empírica a los tratamientos filosóficos, y sin marco de reflexión a la tradición empírica.

En el primer capítulo del libro se revisitará a la propia significación del término compuesto “opinión pública” que podría haber sido “opinión colectiva” al decir de Luhmann, y observar la evolución teórica e histórica de la disciplina hasta las discusiones actuales sobre las encuestas electorales y su posible influencia sobre los actores y los procesos políticos, dejando planteada la pregunta si la opinión pública es una disciplina de bases científicas (y por lo tanto objetiva y neutral) o si finalmente es parte del sistema político.

En el capítulo siguiente se procederá a profundizar el denso entramado de la disciplina, para discutir un punto central que involucra tanto a los investigadores como al sistema democrático, en un sentido que va más allá de lo meramente electoral: ¿quién forma parte de la opinión pública?

Expresada de otro modo, la pregunta interroga sobre quién está en condiciones de dar una respuesta sobre las cuestiones que versan los propios estudios que tienen a la sociedad como objeto de análisis. ¿Puede responder un hombre o una mujer en su carácter de “simples” ciudadanos sobre si es pertinente una reforma constitucional, o un cambio en el sistema de pensiones? Para debatir este punto vital se debatirá con una de las figuras más importantes de la sociología del siglo XX, Pierre Bourdieu. Como sucede en prácticamente todos los capítulos la larga sombra de las encuestas de opinión y sus metodologías estarán en discusión.

A partir del capítulo siguiente las discusiones comienzan a orientarse hacia los cambios en las sociedades en las primeras décadas del siglo XXI y en un punto central: la opinión pública como un dispositivo de control social. Para analizar este punto se revisarán las posturas de los teóricos pragmatistas de la vieja Escuela de Chicago actualizadas por Foucault y Deleuze. Estas posiciones serán relacionadas con los mecanismos de control que surgen de las actuales tecnologías infocomunicacionales como un “nuevo panóptico”. En este contexto se revisitarán algunas teorías más relevantes de la opinión pública.

Sucesos imprevistos, eventos inesperados, y catástrofes. Son los llamados “cines negros” que provocan cambios imposibles de prever en las sociedades y en sus conformaciones políticas. La formación de estos fenómenos se analizará en el capítulo Acontecimiento y opinón pública. El efecto que estas situaciones provocan en la opinión pública es el centro de análisis del capítulo buscando un enfoque que vaya más allá del concepto de crisis. Desde la idea del acontecimiento como analizador social se propone generar líneas futuras de investigación en estos espacios poco explorados.

Lejos de la ciencia ficción y cerca de la actualidad, el campo de las neurociencias comienza a interactuar con otras áreas científicas y afecta particularmente a las ciencias sociales y humanísticas debido a que propone un marco explicativo para racionalizar la relación sujeto-sujeto, sujeto-sociedad y sujeto-política. En este contexto se expone una discusión introductoria en el capítulo “De las neurociencias a la neuropolítica” sobre un debate que irá creciendo a medida que la interacción hombre-máquina se perfeccione.

La idea de que los comportamientos humanos responden a un cálculo racional ha sido puesta en duda en las últimas décadas, pero poco se ha trabajado sobre el rol de las emociones, los sentimientos y los afectos en la opinión pública. Curiosamente cada día se presentan con mayor intensidad los componentes emotivos en las campañas electorales y en las publicidades de las marcas comerciales, sin embargo, desde el campo de la opinión pública poco se ha reflexionado en aspectos que se plantean en el capítulo “La era de las emociones y su impacto en la opinión pública”.

En el cruce entre el estudio de las neurociencias y las emociones se propone un breve capítulo que introduce un debate revitalizado por las tecnologías digitales: ¿Es posible medir la opinión pública? Esta pregunta, como un anhelo que se plantea desde los inicios de las ciencias sociales cobra un nuevo vigor a partir de la digitalización de la vida social y cuando mediante técnicas innovadoras se interroga sobre si es posible mapear la vida social con el auxilio de estos nuevos métodos.

Finalmente, el capítulo que cierra el libro condensa el espíritu global de todo el texto, recuperar a la opinión pública como una disciplina de base empírica pero fuertemente anclada en las ciencias sociales, y en sus formas de teorizar. Por este motivo, se propone revisar sus mapas conceptuales frente a los cambios profundos en las estructuras sociales, económicas y políticas de las primeras décadas del siglo XXI. Las posturas hermenéuticas e interpretacionistas tampoco pueden quedar afuera del análisis de la opinión pública ya que hasta la construcción del último indicador supone una concepción y una mirada del mundo. Sin embargo, el relativismo y el aceleracionismo ponen en juego la propia idea de sociedad, hasta poner en duda que se pueda obtener nociones de la misma, tal como ha propuesto la teoría social desde sus inicios.

Habitualmente se dice que un libro tiene un lector preferente, no es el caso de éste, que puede ser de lectura tanto por profesionales de la opinión pública o los interesados por la materia, así como estudiantes de las ciencias sociales que tienen como objetivo analizar este tipo de temáticas.

Se debe resaltar (casi como disculpa) que es un objetivo en sí que cada capítulo pueda leerse por separado, aunque por supuesto la totalidad busca dar una mayor cobertura de la problemática. Como contrapartida, que cada capítulo tenga su propia dimensión puede dar como resultado que entre capítulos algunas teorías y conceptos se presenten replicados, pero siempre puestos en distintos contextos. En todos los casos se debe subrayar que el libro está nutrido de una abundante bibliografía que permita a los interesados en la cuestión seguir profundizando en la opinión pública: el concepto que se niega a morir.



Deja un comentario