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6 La era de las emociones y su impacto en la opinión pública

En las últimas décadas ha comenzado a desarrollarse un campo de estudios en las ciencias sociales que pone en discusión ciertas certezas de la modernidad occidental, y buena parte de las teorías canónicas sobre el modo de comportarse de los individuos y su integración en sociedades complejas.

Tanto Weber como Durkheim, argumentaban que la acción de los individuos era crecientemente racional, dejando a los valores, las emociones, la fantasía y la religión confinados a esferas íntimas o del espíritu exclusivamente. ¿Cómo se sostiene unida una sociedad? se planteaban como dilema estos sociólogos. Hacia los mediados del siglo XX, entre los años 40s y 60s, la teoría social se vuelve más desencantada del pensamiento sociológico clásico, donde el dominio de lo afectivo no ha desaparecido en la vida social, volviendo a concitar el interés de los cientistas sociales.

Recientemente comienzan a desarrollarse diversas investigaciones que cuestionan el fundamento racional del individuo contemporáneo, planteando un equilibrio entre distintas y variadas esferas del mundo de la vida y del mundo de las emociones. Las preguntas que fundan la acción del individuo contemporáneo asignan un lugar destacado a los afectos, los sentimientos y las emociones. Tanto la psicología como el psicoanálisis y su inserción creciente en la vida social e institucional provocan una nueva forma de pensar la acción del individuo. Nuevos aportes dan cuenta de una nueva construcción de la subjetividad contemporánea que pone en cuestión el modo como se han argumentado los estudios fundados en un sujeto consciente, de sus actos y sus palabras. También nuevas formas de interacción realizadas en las redes sociales promovidas por las tecnologías infocomunicacionales apuntan a promover dicha emocionalidad, exacerbando en muchos casos las respuestas negativas en forma de violencia simbólica.

En el presente capítulo se buscará realizar una articulación teórica de concepto de las emociones y en el capítulo siguiente detallar las actuales condiciones de virtualización de lo real realizando un somero análisis de las herramientas metodológicas disponibles para analizar estas nuevas perspectivas.

De la sociedad racional a la sociedad de las emociones

Racionalismo, racionalización y racionalidad, son tres términos que utiliza Max Weber a lo largo de su obra para indicar los diferentes significados que le otorga a la tendencia (a su juicio irreversible) de las sociedades occidentales hacia la racionalización (Swidler, 1973). La orientación eficiente de medios a los fines (racionalismo) se distingue de la sistematización de las ideas (racionalización). La racionalidad, por último, es el control de la puesta en vigor de la ideas. Weber considerara la irracionalidad una parte constitutiva del accionar humano, pero mediante el método científico consistente en la construcción de tipos ideal se “investiga y expone todas las conexiones de sentido irracionales, afectivamente condicionadas, del comportamiento que influyen en la acción, como “desviaciones” de un desarrollo de la misma construido como puramente racional con arreglo a fines” (Weber, 2012, pág. 7). Este principio de racionalización es para Weber propia de la civilización occidental que se construiría en base de zweckrationals Handeln, esto es la conducta racional-intencional, que componía el “desencantamiento del mundo”, abandono de todo poder misterioso, incognoscible o inescrutable, y los agentes podrían dominar ese mundo mediante la racionalización y la ciencia, lugar esencial de organización racional (Zeitlin, 1982).

En la teoría de elección racional, los individuos actuarían guiados por sus metas que muestran sus “preferencias” dentro de sus marcos de referencia y sobre la base de la información que poseen y sus condiciones materiales, existiendo una relación casi mecánica entre la elección de los medios para alcanzar su fin (Scott, 2000). El conjunto de doctrinas conocidas como Rational Action Theory (RAT) reúne un grupo variado de autores que “basándose en una concepción de la acción enraizada en la filosofía individualista del utilitarismo anglosajón, propugnan un enfoque económico de los fenómenos sociales” (Baranger, 2004, pág. 33). Los sujetos tendrían la capacidad de “calcular” los resultados más favorables dentro de todos los marcos de acción alternativos.

Las emociones han tenido un rol secundario o marginal en la historia de las ciencias sociales, considerado o bien, cuestiones concernientes al mundo interior de los individuos, y por lo tanto su análisis disciplinar perteneciente a la psicología, o las emociones eran considerados “desvíos” de la acción racional. Para Marx, en su análisis de la alienación, las pasiones y emociones eran aspectos fundamentales de la actividad humana y parte esencial de la vida consciente. Durkheim, dentro de su perspectiva de que los hechos sociales podían ser analizadas como cosas, optó por enfatizar el carácter colectivo, moral de los sentimientos y de los sentimientos humanos, construyendo rituales, tanto en lo sagrado como en lo profano.

La lectura de los “comportamientos emocionales” han tenido desde principios del siglo XX una lectura negativa, siempre vinculada lo irracional, a la masa y la multitud. Sociólogos, psicólogos y criminólogos se ocuparían de estas cuestiones y autores como Gustave Le Bon, Gabriel Tarde y Sigmund Freud construirían desde sus puntos de vista sus teorías para interpretar los acontecimientos de la época. Contagio, sugestión e imitación eran los términos habituales para identificar la producción de emociones y que trasformaban al sujeto individual en miembro de la masa, reforzando o haciendo resurgir los aspectos primitivos del individuo, así pues, la desaparición de la personalidad consciente, el predominio de la personalidad inconsciente, la orientación de los sentimientos y las ideas en un mismo sentido, a través de la sugestión y del contagio, la tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas, son las principales características del individuo dentro de la masa” (Le Bon, 2000, pág. 37).

El pensamiento occidental ha generado una tradición que produjo díadas enfrentadas entre los conceptos de cuerpo y mente; la naturaleza y cultura; la razón y emoción: y lo público frente a lo privado. En este marco las emociones han sido constreñidas como sensaciones internas privadas consideradas irracionales, vinculadas a los deseos y que deben en todo caso ser domesticados (Williams & Bendelow, 2005).

A partir de los años ´60 se comienzan a elaborar otras teorías que pondrían en tela de juicio las perspectivas de los intercambios racionales, con la recuperación de otras tradiciones que permitirían a las ciencias sociales abrir nuevas dimensiones. En este sentido, percepciones, emociones y sentimientos vuelven a ser conceptos significativos y que pueden contribuir a la comprensión de la vida social. Sin embargo, se plantean nuevas dificultades para fundamentar la relación entre el conocimiento y la emoción, debiendo elaborarse nuevas estrategias metodológicas para elaborar esquemas conceptuales que demuestren la relación mutuamente constitutiva entre la razón y la emoción.

A partir que las emociones y los cuerpos comienzan convertirse en un campo de interés sociológico, se establece una vinculación con la tradición teórica de la fenomenología. Husserl, considerado el padre de la fenomenología (realizó su obra entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX) consideraba que “la realidad está estructurada por la percepción” (Alexander, 2008, pág. 196). Lo que se considera la realidad incorpora la incertidumbre, la angustia y el relativismo de las convulsionadas primeras décadas del siglo XX. Schutz transformaría la perspectiva filosófica en una teoría sociológica fenomenológica, impactando en otra disciplina: la etnometodología. Para Alfred Schutz el mundo de la vida cotidiana se vincula con experiencias que lo trascienden y que refieren a otras provincias finitas de sentido, donde “nuestro sentido de la realidad se relaciona con nuestra vida emocional, haciendo que el origen de toda realidad sea subjetivo” (pág. 102).

A diferencia de las escuelas de las elecciones racionales, para la sociología fenomenológica de Schutz las formas de los sujetos de actuar en el mundo se sustentan en la intersubjetividad, construyendo un mundo que no es privado, sino común a todos. La idea planteada por Schutz de que el mundo cotidiano es un mundo intersubjetivo de cultura, lo distancia del individualismo metodológico, e impone el desafío de quitarlo de los términos teóricos para impulsar sobre estos términos un programa de investigación. Garfinkel como alumno de Schutz sería el depositario de esta tradición, pero fundando una nueva corriente: la etnometodología. En este sentido Ritzer va a definir a esta nueva disciplina como “el estudio del cuerpo de conocimiento del sentido común y de la gama de procedimientos y consideraciones [métodos] por medio de los cuales los miembros corrientes de la sociedad dan sentido a las circunstancias en las que se encuentran, hallan el camino a seguir en esas circunstancias y actúan en consecuencia” (1997, pág. 268).

El análisis de las emociones requiere establecer una distinción entre diferentes fenómenos afectivos cotidianos. Así se pueden identificar cinco tipos principales: emociones propiamente dichas (como el temor, la envidia, la ira y la culpa), sentimientos o emociones duraderas (pena o amor duraderos), los estados de ánimo circunstanciales (como el enojo, o la alegría), rasgos afectivos (como la timidez), y trastornos afectivos (como depresión y ansiedad) (Ben-Ze’ve, 2000). Luego estas emociones cotidianas están influenciadas por una serie cinco elementos:

1) la reacción biológica de los sistemas clave del cuerpo, como el sistema nervioso, el cerebro o las influencias hormonales;

2) las definiciones culturales construidas socialmente y los controles de las emociones que “deberían” ser experimentadas y expresadas en una situación dada (deseabilidad social);

3) la aplicación de las etiquetas lingüísticas comunes proporcionadas por la cultura y la capacidad semántica de un individuo para describir un acontecimiento o un sentimiento;

4) la expresión externa de las emociones a través de acciones faciales, vocales o lingüísticas y

5) las percepciones y valoraciones de objetos o eventos contextuales.

Las etiquetas lingüísticas consideradas por algunos autores como “leguaje emocional” tienen una función social específica siendo “el medio por el que la socialización de las emociones tiene lugar normalmente” (Lindesmith, Strauss, & Denzin, 2006, pág. 384), y puede ser clave para acceder al análisis de las emociones, considerando que el lenguaje emocional es utilizado por los adultos para explicar las emociones a los niños y que le puedan conferir significado, para luego identificar las emociones de los demás.

Los sentimientos y emociones han pasado a ser parte integral de las ciencias sociales y para la disciplina de la opinión pública, sin embargo, será pues necesario desarrollar herramientas metodológicas apropiadas para comprender este lenguaje emocional para su investigación y análisis.



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