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5 De las neurociencias a la neuropolítica

Las neurociencias han cobrado una alta difusión y relevancia hacia fines de siglo XX, mientras que su campo de aplicaciones se amplía día a día. Uno de esos campos abarca la política, es decir la presunción de que las configuraciones biológicas de los seres humanos definen (o al menos influyen en) las modalidades de organización y gobierno de las sociedades. Esa idea (por más debatible que sea) lo hace relevante para su análisis en el campo de la opinión pública.

Cuando en 1910 el genetista estadounidense Thomas Hunt Morgan identifica el gen blanco en la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) inauguraba un camino en la investigación del campo de las neurociencias. Desde la primera década del siglo XX hasta los ´60s el modelo de investigación sobre los rasgos de la herencia inaugurados por Morgan centralizaron los avances del campo (Bellen, Chao, & Tsuda, 2010). Los logros en la genética molecular, serían la base para identificar los principios fundamentales del funcionamiento del cerebro, los procesos del sistema de aprendizaje y la memoria, así como la forma en que el cerebro controla el movimiento y las emociones.

El avance de la investigación del cerebro mediante las tecnologías de escaneo cerebral y resonancia magnética y en particular el descubrimiento de las neuronas espejo ha abierto el camino a una serie de nuevas hipótesis y disciplinas que intentan explicar buena parte del quehacer humano a través de las funciones cerebrales. El vínculo entre las neurociencias y las ciencias sociales y humanísticas en general cobran relevancia en tanto que los procesos de construcción de la individualidad y la subjetividad se interrelacionan con la corporeidad, donde el cerebro ocupa un rol central debido a los procesos mentales que allí ocurren.

Por otra parte, para Ortega (2009) el desarrollo de tecnología neurocientífica, ha ido en paralelo con un intenso proceso de divulgación. Allí los medios de comunicación han expuesto a la sociedad imágenes e información que vincula a la actividad del cerebro con prácticamente todos los aspectos de la vida, e incorporando en el imaginario social una percepción creciente del “cerebro-centrismo”, donde este órgano tendría propiedades autónomas como autor de las acciones que definen lo que es ser humano.

La expresión de “sujeto cerebral” resume la resignificación de la subjetividad en torno a la creencia de que el cerebro es la parte del cuerpo que construye el sí-mismo, la esencia del ser humano, es decir, la identidad, entendida como la identidad personal del cerebro.

El devenir de la neurociencia como meta-disciplina involucrará a una serie de subdisciplinas que serán tributarias de los modelos de funcionamiento cerebral y que trasladará su matriz de comprensión a diferentes áreas de la ciencia y otras ramas del conocimiento, por lo que puede hablar de neuroeconomía (Abreu J. L., 2010), neuromarketing, neuropolítica, neurociencia cognitiva (Zerubavel, Eviatar y Smith, Eliot, 2010), neurociencia computacional (redes neuronales), neurolingüística, neuropsicología, neurotecnología, neurosociología, además de los debates sobre neuroética y neuroestética.

Esta vinculación entre los aspectos biológicos con la vida social tiene varios precedentes en las ciencias sociales desde la propia teoría de la evolución de Darwin, donde muchas de sus consideraciones fueron planteadas bajo la denominación de “sociobiología” definida como por Wilson como el estudio sistemático de las bases biológicas de todo comportamiento social (Ruse, 1980).

El prefijo “bio” fue empleado en otro sentido por Michel Foucault para reincorporar los componentes biológicos en aspectos políticos y sociales y “para designar lo que hace entrar a la vida y sus mecanismos en el dominio de los cálculos explícitos y convierte al poder-saber en un agente de trasformación de la vida humana” (2005, pág. 173). Su planteo va más de la noción de althusseriana de la construcción de la conciencia mediante “aparatos” externos, sino que “el control de la sociedad sobre los individuos no se efectúa solamente por la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista, lo que importa antes que nada es lo bio-político, lo somático, lo corporal. El cuerpo es una realidad bio-política; la medicina es una estrategia bio-política” (1977).

La perspectiva es reconducida por Negri y Hardt (2004) dónde la bio-política pasaría a tener una función productiva en la economía globalizada del siglo XXI, donde la creación de riqueza tendería cada vez más hacia la producción biopolítica, es decir “se trata de la producción de la vida social misma”, en donde los componentes económicos, políticos y culturales se superponen, se integran y se influyen entre sí en forma creciente.

La neurociencia se consolida como campo interdisciplinario a partir de los años 60, cuando se funda en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), el Programa de Investigación de Neurociencias (PNR) (Adelman, 2010) con científicos provenientes de la física, la biología, ciencias médicas y del comportamiento, todos ellos interesados en la comprensión de las bases cerebrales de la conducta y la mente.

Sin embargo, a partir de los años 90 las neurociencias tendrán una enorme expansión que planteará “un mundo” con amplia capacidad para explicar los fenómenos de la “nueva naturaleza humana”. La declaración por parte del Congreso de los Estados Unidos de la década de los `90 como “La década del cerebro” fundan el neologismo “neurocultura” y plantea una lógica universalizante de estos avances científicos como un proceso en el que, a la luz de los conocimientos que aportan las ciencias del cerebro, se producirá una reevaluación de las humanidades. Es un puente a través del cual se van a unir, definitivamente, esos dos grandes cuerpos del saber, las humanidades por un lado y las ciencias por otro. Es un proceso en el que se reevaluarán la filosofía, la ética, la sociología y el derecho, la economía y el arte y también la religión. Y todo ello nos llevará a reevaluar nuestra concepción del mundo, porque hoy comenzamos a saber que nuestro cerebro es a su vez creador y espejo de cuanto sucede y que todo pensamiento y conducta humana residen en su funcionamiento y los códigos que lo sustentan” (Mora Teruel, 2009, pág. 1).

La capacidad de este “significante vacío” para dar contenido y comprensión a toda la especie humana parece cercana, y desde una visión optimista que no ahorra adjetivaciones dado que, según esta visión,

Los neurocientíficos pueden servir de inspiración a otros investigadores que han estudiado la complejidad en sus múltiples formas desde hace décadas, desde los mercados de valores a los circuitos de computadora para interactuar con genes y proteínas en una sola célula. Una célula y un mercado de valores no parecen tener mucho en común, pero los investigadores han encontrado algunas similitudes subyacentes en todos los sistemas complejos que han estudiado. Los científicos están descubriendo las reglas por las que miles de millones de neuronas se organizan en redes, que, a su vez, funcionan juntos como una red única y coherente que llamamos cerebro. La organización de esta red que los científicos están encontrando, es crucial para nuestra capacidad de dar sentido a un mundo siempre cambiante (Zimmer, 2011, pág. 58).

A pesar de la complejidad y tecnicismo, la neurociencia despierta el interés y la curiosidad del público en general, dado que lleva la promesa de develar los fundamentos de la individualidad, como las emociones, la conciencia, la manera de llevar adelante decisiones y busca explicar las interacciones socio-psicológicas.

Las neuronas espejo

Los avances en la investigación del cerebro, en particular el descubrimiento de las neuronas espejo significó un avance científico relevante develó aspectos importantes del funcionamiento de algunos aspectos del cerebro. Giacomo Rizzollatti, investigador italiano identificó por primera vez las neuronas espejo investigando con la especie de monos Macaca nemestrina. El equipo de Rizzollatti investigaba en particular la zona del cerebro conocida como F5, que abarca la zona del cerebro denominada corteza premotora, que coincide con el sector de la neocorteza que planifica, selecciona y ejecuta movimientos (Iacoboni, 2009). En el área F5 millones de neuronas se especializan en codificar un comportamiento motor específico: los movimientos de la mano: asir, sostener, y acercar alimentos a la boca, entre otros.

El descubrimiento provino de la descarga de actividad en la computadora de los electrodos que, por vía quirúrgica, estaban implantados al cerebro del mono. Esta descarga o “señal producida por el cerebro” era debida a que el mono, pese a estar sin actividad había activado una neurona imitando el acto de agarre de un objeto por parte de uno de los investigadores, sin intención alguna en particular. Investigaciones posteriores mostrarían que el patrón de activación de las neuronas del F5 reúne tanto la percepción como la acción, mientras solo responden a objetos reales (no responden por ejemplo a sombras o luces). Es decir, las neuronas de la zona F5 (también de una contigua llamada F4) reúnen las funciones motoras, perceptivas y de cognición. Este enfoque se denominaría fenomenología neurofisiológica, por el cual las neuronas espejos codifican los actos que realizan otras personas en una forma compleja, multimodal (ej. forma visual, auditiva y combinada) y abstracta (Iacoboni, 2009).

La extensión de los mecanismos identificados en las investigaciones sobre monos a humanos plantea que las capacidades de reconocimiento y comprensión sobre las acciones de otras personas, intenciones y emociones tendrían en su base un mecanismo de las neuronas espejo similar al experimentado en primates (Fogassi, 2011). Esta respuesta se extendería también a las capacidades para orientar las acciones de los sujetos en respuesta al comportamiento observado de los demás.

La investigación reciente en seres humanos tendería a confirmar la presencia de dichas funciones:

• La presencia de neuronas espejo en los seres humanos se ha demostrado mediante técnicas de imagen y electrofisiológicos del cerebro. No obstante, la tecnología disponible y las limitaciones éticas no permiten hasta el presente realizar demostraciones directas a nivel de las neuronas individuales.

• La presencia de las neuronas espejo se ve corroborado por el hecho de que sus nodos principales están en los sectores (parte anterior de la circunvolución frontal inferior y en la corteza premotora, posteriormente en el lóbulo parietal inferior) que se consideran homólogas a las áreas que forman el sistema de neuronas espejo en los monos.

• Uno de los sectores que pertenecen al nodo frontal de las neuronas espejo se extiende hacia el área de Broca, conocida por su participación en la producción del lenguaje. Este hallazgo sugiere una posible relación entre las neuronas espejo y la comprensión del lenguaje.

Algunas propiedades de las neuronas espejo en monos podía haber constituido la base filogenética de la aparición en los seres humanos de las funciones más sofisticadas, como la comprensión de la intención y la evolución del lenguaje.

Las neurociencias del comportamiento humano: empatía y emociones

Las neurociencias se plantean como una matriz posible de explicación del comportamiento humano, mostrando que los diferentes niveles de “empatía” o la relación intersujeto (observador y observado) puede ser reflejada por los diferentes grados de activación neuronal o incluso por la activación selectiva de las estructuras nerviosas (Fogassi, 2011). La “teoría de la mente” buscaría avanzar sobre uno de los interrogantes centrales de las ciencias sociales: “por qué estamos juntos”. Como plantea Breithaupt, “las ciencias cognitivas no sólo nos deparan descubrimientos asombrosos sobre los mecanismos de la empatía, sino que además demuestran que los seres humanos no pueden sino simpatizar con otros (2009, pág. 12). La biología (y la evolución) serían nuevamente base y condición para explicar la acción social.

La preocupación de las ciencias sociales para explicar la acción humana y su sentido, está presente entre otros autores fundacionales de la sociología como Max Weber quien inicia Economía y sociedad planteando que:

Cabe la posibilidad de que la investigación futura encuentre regularidades no sujetas a comprensión para determinadas conductas con sentido… Diferencias en la herencia biológica (de las “razas”) por ejemplo –cuando y en la medida en que se aportara la prueba estadística de su influjo en los modos de conducta de alcance sociológico; especialmente en la acción social por lo que respecta a la manera de estar referida a su sentido- se aceptarían por la sociología como datos, ni más ni menos que los hechos fisiológicos del tipo de la necesidad de alimentación o de los efectos de la senectud sobre la acción humana (2008, pág. 8).

La hipótesis centrada en investigaciones recientes plantea que el sistema motor se basaría en cadenas de neuronas, cada una dedicada a un objetivo de acción específico, esto sugeriría que los seres humanos también utilizarían las neuronas espejo con el fin de comprender las intenciones de los demás. Aquí emerge el planteo si esta comprensión alcanza a los sentimientos de los otros. Es decir que un punto central que los neurocientíficos buscan dilucidar es si existe un mecanismo de espejo para las emociones similares a la descripta para las acciones (como en el caso del agarre de un objeto). Hay diferentes maneras de explicar la comprensión de los sentimientos de los demás. Una propuesta sostiene que la comprensión de la emoción se produce a través de una elaboración inferencial basada en la emoción relacionada con la información sensorial, con un mecanismo similar al propuesto por la teoría que busca explicar la comprensión de la intención. Este planteo es muy similar al interaccionismo desarrollado por Blumer (1982) basado en tres premisas: el ser humano orienta sus actos hacia las cosas en función de lo que éstas significan para él, el significado de estas cosas deriva o surge como consecuencia de la interacción social, y que estos significados se modifican por el sujeto a medida que se enfrenta con las cosas.

La propuesta de los neurocientíficos plantea que es posible comprender las emociones porque las emociones relacionadas con la información sensorial están mapeadas en las estructuras neurales que, cuando se activan, determinan una reacción emocional similar en el observador. En otras palabras, provocan cierto automatismo que excluiría la tercera premisa de Blumer. Esta segunda propuesta implica una especie de simulación que sostiene que la capacidad de la gente común de “leer la mente” implica su conocimiento de las leyes causales que, al igual que las leyes físicas, permiten relacionar los estímulos externos a los estados internos, algunos de los estados internos con otros estados internos y finalmente, los estados internos con los comportamientos.

Otro punto en cuestión es identificar en qué medida estos mecanismos son generalizables a la luz de los procesos racionales y los entramado sociales que van más allá de lo meramente biológico En este sentido, Bourdieu consideraba que la racionalidad también está limitada no solo por el acceso limitado a la información y por las características genéticas de la mente humana (incapaz de observar más allá de su capacidad de comprensión), “sino también porque la mente humana está socialmente limitada, socialmente estructurada. El individuo está siempre, le guste o no, atrapado …”dentro de los límites de su cerebro”, es decir dentro de los límites del sistema de categorías que debe a su crianza y formación” (2008, pág. 187). Los individuos existen “como agentes (y no como individuos biológicos, actores o sujetos) debido a que están socialmente constituidos en tanto que activos y actuantes”. (2008, pág. 163). Es decir el agente es tal en la medida de sus capacidades para interactuar con las condiciones sociales que se le imponen y que permiten que el sujeto se construya como es. Aquí los automatismos se ven superados por estos condicionamientos externos.

Neuropolítica

El descubrimiento de los componentes cerebrales en monos ha llevado extender el dominio de las experiencias y descubrimientos al campo de los comportamientos sociales, entre otros, la política. La idea de que las neuronas espejo vinculan empáticamente sujetos entre sí, independientemente de la voluntad de los mismos, plantea nuevas hipótesis en torno a la sociabilización que podría tener más raigambre biológica que cultural, según estas opciones.

Marco Iacoboni (2009) plantea que los aportes de las neurociencias ayudarían a explicar la conformación de las actitudes políticas, “dado que uno de los principales componentes de la política es la afinidad con los otros con quienes compartimos valores e ideas acerca de la forma en que debería organizarse la sociedad. Creo que hay formas del reflejo especular que casi con certeza participan en ciertos aspectos del pensamiento política” (pág. 235). Por supuesto, que en esa definición sobrepasa doscientos años de teoría social y política del conflicto, como expresaba Simmel en un texto clásico de 1918, puesto que

La esencia de la vida es generar su guía, salvación, oposición, victorias y víctimas…Aquello que se confronta con ella representa su propio hecho original, expresa el estilo distintivo de la vida. Esta oposición interna es el conflicto trágico de la vida como espíritu, conflicto que se patentiza con más evidencia conforme más autoconsciente deviene la vida (Simmel, 2000, pág. 315).

En toda sociedad existen valores y algún tipo de acuerdo o consenso sobre estos valores como estados deseables, pero también estos valores son cuestionados de modo conflictivo (Giddens, 2000).

Las neurociencias del comportamiento deben enfrentar un problema recurrente en la teoría social que es la cuestión de la dominación, definida por Weber (2008) como la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos. El proceso de dominación está íntimamente vinculado con formas de violencia real o simbólica, o como plantea Bourdieu “las formas suaves y larvadas de violencia tienen tantas más posibilidades de imponerse como la única manera de ejercer la dominación y la explotación cuanto más difícil y reprobada es la explotación directa y brutal” (2007).

Mediante tres experimentos Iacoboni (2009) pone a prueba el vínculo entre los estímulos con contenidos políticos y las respuestas neuronales.

En el primero de los experimentos realizado junto a Darren Schreiber, se procedió a dividir el grupo de individuos a estudiar entre expertos en cuestiones políticas y “novatos” en el sentido de una ignorancia absoluta de estos temas. La prueba consistió en solicitar a los sujetos que observaran fotos con rostros de políticos de los Estados Unidos (que habían participado en las elecciones presidenciales del 2000, un año antes de la experiencia) y no políticos, al tiempo que se medía la actividad cerebral de los sujetos mediante aparatos de resonancia magnética. El resultado arroja que, los sujetos expertos en política presentaban mayor actividad en las áreas de neuronas espejo cuando miraban las fotos de los políticos famosos, mientras que en los legos no registraban diferencias al observar fotos de políticos y no políticos.

El segundo experimento, ligado al diseño del primero, buscaba determinar si expertos y novatos emplean áreas diferentes del cerebro al pensar temas políticos. Para realizar esto los sujetos debían escuchar una serie de frases, algunas con contenidos políticos y otras no. La hipótesis previa sugería que los novatos debían usar zonas cognitivas para procesar las respuestas a las frases, mientras que los que expertos, conocedores en principio de las respuestas sobre temas políticos debían solamente recuperarlas del área de memoria. Contrariamente a lo esperado las áreas activadas respondieron al denominado “sistema del estado predeterminado”. Los expertos activaron estas áreas, mientras que los novatos que debían pensar sobre temas que no conocían cerraban estas áreas, buscando una suerte de economía de esfuerzos.

El tercer experimento realizado por el equipo de Marco Iacoboni y Alan Fiske buscó información más compleja poniendo a prueba el modelo relacional de este último, antropólogo de profesión. Este modelo plantea que los humanos se vinculan mediante cuatro formas básicas de relaciones sociales: “reparto comunal, donde las personas tienen un sentido de identidad común; autoridad superior, donde las personas se relacionan siguiendo una jerarquía; ajuste a la igualdad, donde existe una relación igualitaria; y precio de mercado, donde la relación se ve mediada por valores que siguen un sistema de mercado” (Iacoboni, 2009, pág. 244, Fiske, 1992). La finalidad del experimento era simular un contexto social. Olson (2008) había advertido sobre el riesgo de no considerar el contexto y las condiciones en donde los seres humanos “desencadenan” las respuestas. Admitiendo que, si bien la empatía probablemente tenga sus raíces en la naturaleza, las personas no necesariamente se guiarán por ella debido a que las circunstancias pueden bloquear o abrumar sus percepciones, volviendo a los sujetos incapaces de reconocer y dar expresión a los sentimientos morales. Como reconoce Iacoboni, si “afirmamos que las neuronas espejo son elementos importantes para el comportamiento social, sabía que era valioso medir las respuestas cerebrales de las áreas con neuronas espejo en un experimento donde las acciones observadas fueran altamente pertinentes para las relaciones sociales humanas” (2009, pág. 245).

La simulación consistió el preparar a modo de estímulo un conjunto de videoclips donde se planteaban interacciones sociales cotidianas. De los cuatro modelos sociales vinculares se seleccionaron dos, el reparto comunal, basado en la amabilidad y el compartir; y el de autoridad superior basado en la desigualdad. Para esto se realizaron treinta y seis videoclips, intentando compensar el sesgo que provocaría la mayor percepción positiva del primer modelo sobre el segundo. Los resultados mostrarían una intensa actividad cerebral en todos los sujetos con una particular intensidad en las neuronas espejo. Estos hallazgos confirmarían que estas se “interesan” sobre todo en las acciones desplegadas en las relaciones sociales.

Esto procedimientos expresados parecen ser muy simplificados e insuficientes para recrear la complejidad de los procesos políticos, sociales y económicos. Los sistemas de identificación de presuntas “simpatías” por determinados candidatos políticos, o determinados “slogans” de campaña, por ejemplo, pasan a integrarse en modelos de comunicación o marketing político, siguiendo las propuestas del neuromarketing.

Para Olson (2008) la cultura es un territorio en disputa y las neurociencias pueden ayudar a revelar cómo y quién ejerce el poder. Sin embargo, no es posible reducir el alcance de los procesos culturales a los medios individuales, así como no es posible evitar analizar las formas de construcción de la hegemonía cultural planteadas por Gramsci (1985) y Laclau (2011) así como las modalidades por las cuales se construye y consensua una visión del mundo y sus subjetividades resultantes definiendo a grandes rasgos los criterios de normalidad, lo verosímil y lo esperable. Las formas de control y manipulación políticas desde la educación, la religión, la cultura popular y su estandarización mediante la “video política(Satori, 1998) construyen un sentido común que de alguna forma también alcanzan a las neurociencias.

Algunas reflexiones

Se ha probado mediante los procedimientos considerados científicos la relación entre los estímulos a los que los sujetos son sometidos y las respuestas específicas en el campo neuronal. Sin embargo, la información analizada no alcanza para desplazar a las teorías que explican la acciones, las emociones y sobre todo la comprensión de las mismas (el famoso sentido mentado de la acción) por el punto de vista cognitivo, basado en la elaboración de orden superior sensorial, la percepción y los procesos de inferencia que se pueden construir sobre este tipo de información. Tampoco, la información producto de las investigaciones actuales permiten dilucidar los grandes procesos sociales, que por ejemplo explican en desarrollo de una civilización compleja y diversificada, conflictiva y en permanente tensión/creación.

Algunos “neuroescépticos” como Michael Shermer (2008) señala diversos problemas: 1) El entorno de las pruebas es poco natural para el desarrollo de la “verdadera” cognición, 2) Las pruebas sólo pueden realizar mediciones indirectas del cerebro, 3) El empleo de colores exagera los efectos reales en el cerebro, 4) Las imágenes cerebrales son recopilaciones estadísticas, no fotografías en tiempo real y 5) Las áreas cerebrales se pueden activar por varias razones. En definitiva, Shermer plantea que las redes neurales, y la “inteligencia distribuida”, son metáforas que describen mejor la actividad del cerebro que unos módulos bien definidos encendiéndose en las pruebas experimentales, pero son insuficientes.

Varias objeciones son planteadas por Hickok (2008), quién señala entre otras:

  • No hay evidencia en que los monos que emplean neuronas espejo comprendan la acción que realizan.
  • No toda acción comprendida es explicada por neuronas espejo.
  • Las relaciones entre las neuronas espejo entre monos y humanos no son lineales y resultan indeterminadas.
  • Existen ejemplos donde el sistema de neuronas espejo en humanos están disociados de la comprensión de la acción.
  • La generalización del modelo de neurona espejo en el reconocimiento de voz no tiene validez empírica.

La contribución de las neurociencias en la comprensión de aspectos hasta ahora desconocidos del funcionamiento cerebral y sus aportes en la cura de enfermedades mentales es relevante, y probablemente nuevos avances tecnológicos, como escáneres portátiles y similares seguramente redundarán en nuevos conocimientos. Sin embargo, la expansión de la neurocultura como matriz interpretativa del comportamiento humano probablemente sea reduccionista e insuficiente para explicar la complejidad del proceso civilizatorio, y resulte en una fórmula ideológica simplificadora que lejos de contribuir a la solución de los grandes conflictos de la humanidad tienda a generar nuevos reduccionismos.



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