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Reflexiones finales sobre la construcción de la igualdad y la representación política
en el ámbito legislativo

Sofía Ema Balestrini

Durante las últimas tres décadas las mujeres han ampliado su participación política dentro del Congreso Nacional, sin embargo, el objetivo de alcanzar una igualdad en la representación ha planteado nuevos desafíos para el Poder Legislativo. En la actualidad, una de las apuestas del Instituto de Capacitación Parlamentaria (ICaP) es brindar formaciones que contemplen la perspectiva de género en el abordaje del trabajo parlamentario desde una concepción federal, para contribuir a la equidad y a la participación democrática en la H. Cámara de Diputados de la Nación. La motivación del webinar que da origen a esta publicación surge a partir de una de las principales problemáticas que han afrontado las mujeres y las diversidades sexo-genéricas en la región, y es el déficit de representación en los ámbitos parlamentarios.

Como se ha visto en los capítulos de Tula y Freidenberg, la subrepresentación histórica a nivel legislativo y el acceso tardío de las mujeres a los derechos políticos incentivó una desigualdad estructural, denominada también “camino de espinas”. Esta profunda inequidad estructural se encuentra reflejada en el trabajo de cuidados no remunerado, en el mercado laboral, en el acoso y la violencia de género, y en las brechas salariales. Asimismo, como ha planteado Tula en el capítulo 1, los principales obstáculos en la actualidad se vinculan con la cultura patriarcal que aún domina en América Latina y la prevalencia de estereotipos y prejuicios. En línea con lo dicho, Suárez-Cao en el capítulo 4 nos habla de sesgos individuales y estructurales, es decir, de las barreras culturales, de socialización y cognitivas que impiden que lleguen más mujeres a estos puestos de decisión.

La obtención de los derechos civiles y políticos de las mujeres fue un proceso de lucha social y colectiva que ocupó gran parte del siglo pasado. Como se ha visto, en 1991 se sancionó la Ley de Cupo Femenino (Ley N° 24.012) como estrategia de acción positiva para la promoción de la participación femenina en la arena política. La ley de cuotas buscaba hacer una reparación, una corrección de la asimetría en la participación legislativa de las mujeres dentro del Congreso Nacional. Sin embargo, es interesante señalar que en nuestro país los avances de la representación política de las mujeres (incluso con una legislación pionera en el mundo) no fueron suficientes para garantizar un crecimiento cuantitativo de representación femenina, dado que las mujeres seguían siendo relegadas de los espacios de poder, aun contando con dispositivos legales que buscaban su promoción en el ámbito político.

El debate sobre la democracia paritaria y la ausencia de la participación femenina en el Poder Legislativo tiene su antecedente en Europa con la Cumbre Europea “Mujeres en el Poder”, celebrada en Atenas en el año 1992. La llamada Declaración de Atenas plantea la ausencia de una igualdad real y formal (entre mujeres y varones) para el acceso a los espacios de decisión pública y privada. Se sostuvo la idea de que la democracia exige la paridad en la representación, como también en la administración de las naciones.

Durante la década del 90, diversos organismos internacionales comenzaron a señalar la ausencia de mujeres en los Parlamentos, y comienza un “período de avances sostenidos en la participación política de las mujeres” (Bareiro y Soto, 2015: 41). En nuestro país, a partir de las elecciones legislativas de 1993, por primera vez se aplicó la Ley de Cupo Femenino en la renovación parcial de la Cámara de Diputados; de esa manera, la participación de las mujeres se elevó de 5% a 14%, cifra que se duplicó a partir de la siguiente elección. Este fenómeno no es exclusivo de Argentina, a nivel global en términos de porcentajes existía un promedio de participación del 4% de mujeres en los Parlamentos. Por estas razones, se empieza a señalar un déficit en las democracias, donde no son incluidas las mujeres y las diversidades sexo-genéricas; una problemática especialmente compleja en ámbitos de toma de decisión como los Parlamentos, que articulan los intereses de la ciudadanía y nos vinculan a todos y todas como sociedad.

En América Latina y el Caribe, la paridad se instala en la agenda pública regional a partir del Consenso de Quito en el año 2007, el cual establece y define la paridad como un elemento determinante de la democracia cuyo fin es alcanzar la igualdad en el ejercicio del poder, en la toma de decisiones, en los mecanismos de participación y representación social y política, y en las relaciones familiares, sociales, económicas, políticas y culturales. Como expresa Caminotti en el capítulo 3, este concepto engloba una serie de esferas de la vida social y política que están profundamente interconectadas.

Un fenómeno interesante sobre cómo se instala la paridad en la agenda pública a nivel subnacional, previo a la sanción de la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política del año 2017 (Ley N° 27.412), fue la discusión y el tratamiento de la ley N° 14.848 en la provincia de Buenos Aires para incorporar la participación política equitativa entre géneros para todos los cargos públicos electivos en dicha provincia. Con la sanción de esta ley provincial se produjo un efecto dominó o de “cascada” que se replicó a nivel federal y también impactó en el resto de las provincias, dado que todas sancionaron normas de paridad con excepción de Corrientes, Tierra del Fuego y Tucumán. Además, sirvió como impulso en el Congreso Nacional, donde el año siguiente se debatió y sancionó la Ley de Paridad.

De los artículos de este libro se desprenden dos cuestiones relevantes en torno a la democracia paritaria como un aporte para futuros debates. En primer lugar, como señala Suarez-Cao, debemos pensar la posibilidad de realizar una crítica de binarismo al concepto, necesitamos una representación plural y diversa que no excluya a ninguna identidad de género. En este sentido, Freidenberg coincide y considera que nombrar a la democracia paritaria como 50/50 (50% varones y 50% mujeres) es binario y resalta que debemos ser conscientes de que existen poblaciones que no tienen una identidad de género que responda a esa binariedad, por lo cual se trata de construir democracias paritarias con igualdad sustantiva.

En segundo lugar, para avanzar en una verdadera transformación social, cultural, política y económica, Galmarini nos plantea la posibilidad de reformas paritarias más profundas, vinculadas al resto de los poderes (Ejecutivo y Judicial), y a otros organismos del Estado, a los sindicatos, como también en el ámbito privado. En esta misma línea, Freidenberg afirma que la administración pública tiene que estar integrada de manera paritaria a nivel federal y nacional. Caminotti, por su parte, señala que analizar la paridad implica pensar la distribución de poder en múltiples espacios y no solamente en el acceso a las bancas legislativas. En este contexto, el gran desafío es empezar a conectar discusiones que hoy no están pensadas de esa manera: la paridad tiene una profunda vinculación con las políticas de cuidado y con políticas efectivas contra la violencia de género.

La democracia paritaria supone el paso de la igualdad formal a la igualdad real, y eso se relaciona con el tipo de políticas implementadas, con la manera en que solucionamos los problemas, con cómo construimos los presupuestos participativos y cómo generamos mecanismos para que el espacio público no esté compuesto exclusivamente por varones. Tula sostiene que la democracia paritaria implica una transformación de los cimientos sustentados en jerarquías y privilegios y, por su lado, Caminotti señala la importancia de una mirada interseccional de las desigualdades (en plural), que debemos tener presente y que sin duda aporta una complejidad adicional al debate. Para Freidenberg, el objetivo es pasar de la igualdad descriptiva a la presencia dentro de la agenda política, de los espacios de toma de decisión, de la selección de las listas electorales para poder dar voz y visibilidad a las mujeres (cis y trans) y a todas las diversidades sexo-genéricas, pero también construir una democracia que sea paritaria en todo (Boland y Castilla, Cirio y Manero, en este libro).

Esperamos que este libro contribuya como aporte para futuras formaciones, como también para el análisis de los límites y los desafíos que surgen de la paridad, que —en definitiva— son un debate sobre la democracia y las condiciones necesarias para avanzar en una representación de calidad para todas las personas.

Referencias bibliográficas

Bareiro, L., y Soto, L. (2015). La hora de la igualdad sustantiva: participación política de las mujeres en América Latina y el Caribe Hispano. Historia, mujeres y género.

Caminotti, M. (2013). La representación política de las mujeres en el período democrático. Revista Saap, 7 (2), 329-337.



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