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2 ¿Qué es la dirección de tesis?

La pregunta planteada en el título parece sencilla, pero su respuesta es mucho más compleja de lo que podría suponerse. Su aparente sencillez deviene del hecho de que cualquier persona que haya circulado por el ámbito universitario ha escuchado hablar del “director de tesis” y, si ha hecho un posgrado, ha tenido uno. Además, al revisar los reglamentos y planes de estudio de los programas doctorales nacionales (posiblemente, si lo hiciéramos con el resto del mundo también), el director de tesis es la única figura prescrita en todos, cualquiera sea la estructura curricular (incluso los que contemplan solo la realización de la tesis agregan el requisito de que sea supervisada por un director). Por lo tanto, la figura del director es la única que se piensa como imprescindible en la formación doctoral. Si bien formalmente tiene la función de supervisar la calidad de la investigación del tesista y en los hechos tiene el potencial de convertirse en el espacio formativo por antonomasia, esta figura despierta sentimientos tan dispares como agradecimiento, respeto, lealtad, miedo y odio. Es probable que lo difícil sea que provoque indiferencia.

Por otro lado, la dificultad se encuentra cuando se quieren responder preguntas más puntuales. Por ejemplo, ¿qué es, específicamente, la dirección de tesis? ¿Cómo está organizada? ¿Qué actividades se hacen en este espacio? ¿Cómo entran en relación director y tesista? ¿Cuál es la función específica del director? ¿Es el primer evaluador del trabajo (que lo lee una vez finalizado y en alguna instancia intermedia más)? ¿Es un orientador o guía para la realización de la tesis? ¿Es un orientador o guía para la formación del tesista como doctor? Si asumimos que es un rol formativo dentro del doctorado: ¿es el docente principal o hay otros que ocupan lugares más relevantes?

Antes de embarcarnos en la compleja tarea de responder las preguntas planteadas, es preciso advertir que si bien aquí estamos hablando específicamente del doctorado, consideramos que gran parte de las notas y características de la dirección de tesis son válidas para los otros títulos universitarios que conllevan la realización de una tesis. Como profundizaremos más adelante, la realización de una tesis entraña ciertas características particulares que la diferencian de la realización de cursos, lo que conlleva una relación pedagógico-didáctica distinta a la que se establece entre docente y alumnos de un curso.

Definición de la dirección de tesis como una práctica formativa

El primer desafío que presenta la definición de la dirección de tesis es la diversidad de términos que existen para referirse a la figura del académico que orienta al estudiante durante la realización de su tesis. En varios países latinoamericanos se utiliza el término director de tesis y en otros, como en México, se habla de tutor de tesis. En los países anglosajones, también se usan términos diversos. Supervisor (en el Reino Unido y Australia) y advisor (en Estados Unidos) refieren a la misma figura. Detengámonos un poco en las definiciones de estos términos que pueden servirnos para comenzar a indagar de qué se habla cuando se menciona esta figura. El diccionario[1] nos dice:

Director: persona que decide la orientación de un emprendimiento. Persona que dirige algo en razón de su profesión o de su cargo.

Tutor: Persona encargada de orientar a los alumnos de un curso o asignatura. Profesor universitario que dirige el trabajo y la formación de uno o varios estudiantes: “El tutor debe aprobar el proyecto”. Maestro particular que se encargaba de la instrucción y de la educación de los hijos de una familia.

Supervisor (supervisor): “que supervisa”. Y supervisar significa: “Ejercer la inspección superior en trabajos realizados por otros” [Traducción propia].

Consejero o asesor (advisor): Persona que aconseja o sirve para aconsejar [Traducción propia].

Evidentemente, cada uno de estos términos hace referencia a distintos roles de personas que se posicionan de modo diverso frente a una tarea que implica el trabajo con otros y con su producción. Podríamos entenderlos como distintos posicionamientos que toma un académico que ejerza la función de dirección de tesis. Unos más cercanos a un jefe; otros, a un docente; algunos con mayor intervención en la investigación del tesista y otros, más alejados. A pesar de que esta diferencia terminológica podría significar tradiciones distintas y modos diversos de ejecución de esa función, en las publicaciones de distintos países sobre el tema no se refleja correspondencia entre el término utilizado y una concepción unívoca sobre la dirección. Es decir, bajo un mismo término se reconocen concepciones y modalidades de ejercicio del rol que se corresponderían con la definición de otro término. Esto es frecuente con los términos advisor, supervisor y director de tesis. Paralelamente, un mismo modo de ejercer el rol y de entenderlo es denominado de diversos modos según el país de pertenencia de los autores de cada publicación. Es lo que ocurre con la concepción de la dirección como actividad formativa. Solo en México parece haber un término que explicite el carácter formativo de esta tarea de los académicos. Sin embargo, bajo los otros tres términos, hay quienes comprenden la tarea del mismo modo. En definitiva, se trata de una misma función y figura formadora que recibe distintos nombres.

Si bien esta variedad terminológica probablemente siga existiendo, comienza a delinearse un cambio de concepción que implica comprender este rol como una función formativa. Ahora bien, ¿en qué se sustenta este cambio de concepción?

En primer lugar, existe una importante diferencia entre la cursada y el proceso de elaboración de la tesis. Como dijimos, se pueden identificar dos momentos o instancias en la educación doctoral[2]: de asistencia a cursos y de investigación casi independiente. En segundo lugar, actualmente varios estudios reconocen que el tesista no es autónomo en lo que al proyecto de tesis se refiere, requiere orientación para definir el objeto de estudio adecuado a una tesis doctoral, probar nuevas técnicas de investigación, etc. (Cassuto, 2010; Johnson y otros, 2000). Estudios que surgen en contraposición a una postura que consideraba que los estudiantes debían ser capaces de “absorber” el conocimiento y habilidades del director a partir del trabajo codo a codo y la observación de su modo de proceder como elementos suficientes para el aprendizaje (De la Cruz Flores y otros, 2010 y Halse, 2011). En este marco, “… la dirección fue considerada por muchos académicos como un ‘espacio privado’, en el cual los directores pasaban el ‘oficio’ de investigador a los estudiantes y los aculturaban en los discursos disciplinares principalmente por ósmosis” (Manathunga, 2005: 19). Sennett (2010), en su libro El artesano, enfatiza esta relación entre el oficio y el secretismo señalando, que para algunas prácticas del oficio, el saber se convertía en un secreto personal.

Así, frente a un estudiante que no es del todo autónomo para realizar la tesis y en un contexto formativo que le resulta novedoso, definitivamente lo que se requiere es quien cumpla una función de asesoramiento, orientación y guía.

Entonces, la dirección de tesis es una alianza de aprendizaje, un acuerdo entre el director y el tesista de trabajar en una meta común: la producción de una tesis (Halse y Malfroy, 2010). En la definición anterior, aparece una intencionalidad formativa en una relación en la cual uno tiene mayor conocimiento que el otro respecto de la realización de una investigación. Si consideramos que la enseñanza es una relación entre dos o más personas en la que una de ellas posee un conocimiento o habilidad que la otra(s) no posee(n), y que tiene la intención de transmitírselo ayudándolo(s) en sus actividades de aprendizaje (Fenstermacher, 1989), podemos decir que la dirección de tesis es una relación educativa. En esta alianza de aprendizaje, es el director quien posee un conocimiento profundo de la disciplina y de cómo realizar una investigación.

Sin embargo, algunos esgrimen argumentos que pueden hacer frente a esta concepción de la dirección de tesis. El más frecuente de todos suele ser el de presuponer que el tesista, como graduado universitario, posee los conocimientos y las competencias necesarios para hacer frente a la realización de la tesis. Ya mencionamos la existencia de posturas que cuestionan esta concepción. Solo recordar la pregunta sobre el sentido y lugar del doctorado en la carrera académica actual: es su inicio más que su finalización.

Otro de los argumentos que suele esgrimirse se basa en que la dirección de tesis cobra características distintas según cada tesista, exigiendo que el director adecue su modalidad de dirección a cada uno de ellos y proponga actividades diferentes según las necesidades formativas de cada cual. En algunos casos, esta cualidad da pie para argumentar acerca de la imposibilidad de una reflexión pedagógico-didáctica sobre la dirección de tesis. Contrariamente a esta suposición, dicha cualidad es común a cualquier práctica de enseñanza. En ningún nivel del sistema educativo es posible sostener que todos los alumnos aprenden de la misma forma o que una misma estrategia de enseñanza ha de conseguir los mismos resultados en todos los alumnos. Esto no impide el desarrollo de estrategias de enseñanza sobre la base de las características comunes que posee un proceso educativo en cuanto al contenido, edad de los alumnos, el nivel del sistema educativo y el contexto de aprendizaje. Del mismo modo, también es posible desarrollar estrategias para la dirección de tesis, a pesar de las diferencias entre un tesista y otro, e incluso entre las áreas disciplinares.

En definitiva, la dirección de tesis es una tarea formativa. Así entendida, se corresponde con la denominación de tutoría que presentamos más arriba (como también lo señalan algunos autores de la línea mexicana), y asume las notas pedagógico-didácticas con las que se define una relación tutorial. Una relación entre dos personas cuyo objetivo es formar y orientar al tutoreado. Los tutores son quienes brindan la posibilidad de aprender en la práctica “… en un contexto de riesgo relativamente bajo […], [y además] inician a los estudiantes en las tradiciones de la profesión y les ayudan por medio de la ‘forma correcta de decir, a ver por sí mismos y a su manera aquello que más necesitan ver’” (Schön, 1992: 29).

Esta es la concepción que se propone a nivel teórico por quienes investigan el tema. Pero la pregunta remanente es qué sucede entre los investigadores y académicos argentinos. ¿Cómo entienden la dirección de tesis? ¿Qué particularidades le encuentran a esta tarea formativa?

En nuestro estudio, hallamos distintas concepciones acerca del carácter formativo de la dirección de tesis que van en un continuo: desde entenderla como parte de un proceso formativo que es del tesista, en el que el director tiene poca responsabilidad e injerencia, hasta concebirla como una actividad de enseñanza de responsabilidad exclusiva del director. Además, encontramos otros modos de entender la dirección de tesis que son complementarios y nos permiten pensar más profundamente sobre sus características y particularidades. Frecuentemente, la dirección de tesis es comparada con la gestión de un microemprendimiento. Tanto en Ciencias Biológicas como en Ciencias Sociales, el director gestiona el desarrollo y mantenimiento del laboratorio o equipo de investigación: tiene varias personas a su cargo, fondos que administrar y objetivos que alcanzar. Esto lo lleva a brindar parte de las condiciones que posibilitan la realización de la investigación de sus tesistas. Es más, en Ciencias Biológicas, parece claro para los directores y tesistas graduados entrevistados que es obligación del director financiar el proyecto del tesista.

Paralelamente, la dirección de tesis es comparada con la consultoría psicológica. La mayoría de los directores que formaron parte del estudio consideran que es necesario atender al estado anímico de sus tesistas respecto de la tesis y sostenerlos cuando sea necesario. El apoyo emocional que el director pueda brindar es tan importante como la orientación en los aspectos teóricos y metodológicos de la tesis. Los tesistas en ambos programas esperan que el director sea un sostén emocional. Estas dos concepciones pueden ser sostenidas por el mismo individuo como dimensiones complementarias de su rol:

Y también sirve, que es lo que me enseñó a mí mi director; no es un desafío, pero es hacer de coach y de manager. O sea, dar ánimos y dar plata. Probablemente, yo tenga más facilidad de conseguir plata para ir a un congreso que él como tesista. Y eso también es un desafío, a veces poder sostener una mini PYME. (Entrevista director Maurio Paddeo, Ciencias Sociales).

Aunque los entrevistados no relacionan directamente estas concepciones con su carácter formativo, ambas constituyen aspectos subsidiarios de la formación del tesista como doctor. Como señalan De la Cruz Flores y otros, la principal competencia del director de tesis es: “… favorecer la formación integral de los estudiantes y apoyar su inclusión gradual en una comunidad de práctica investigativa…” (2010: 87). Entonces, el bienestar emocional del tesista en lo que a su tesis se refiere, y cierta seguridad en que se podrá financiar su investigación, es importante para su formación.

Otro modo frecuente de entender la dirección de tesis es como un vínculo semejante a la relación padre-hijo. Esta analogía lleva a pensar la dirección de tesis como un vínculo intenso que, muchas veces, excede el ámbito meramente académico o profesional para convertirse en una relación personal. Asimismo, nos permite reforzar la idea del carácter formativo de la dirección de tesis. El vínculo padre-hijo tiene una fuerte impronta formativa, el cuidado de los hijos implica su educación y socialización; son los progenitores quienes ayudan al niño a desarrollar las capacidades necesarias para vivir en el mundo (Meirieu, 1998).

O sea, muy… muy paternal está cuando se está creando ese proyecto, es un referente constante, siempre presente. Sobre todo cuando CONICET te pide que vos, de la nada, de una licenciatura que es básicamente la infantilidad total, presentes un proyecto en el cual te piden desde un primer momento antecedentes, que no existen para una persona de veintipico de años, no hay. Lo tenés que crear, porque es un mundo inhóspito, porque la parte que es inhóspita es… muy adversa, no lo podés hacer solo. Entonces necesitas un chabón, a menos que seas un genio. Un genio no es uno. Ahí es que es necesario. Después, como de todo rol paternal, te vas alejando porque vas como a querer hacerlo solo. Y siempre volvés, porque te generan dudas que no podés resolver. Es eso. Eso es el director para mí. (Entrevista tesista en curso Darío Sechi, Ciencias Sociales).

Para Darío, el director aparece como una figura paterna, en los momentos de necesidad, para asistir en la resolución de los problemas a los que se enfrenta el investigador en formación. Es un sostén en el que se apoya el tesista. Parafraseando a Meirieu (1998), el director es quien introduce al niño (el tesista) en el mundo (la academia). Así, es una relación educativa a partir de la cual ambos, pero principalmente el tesista, adquieren nuevas competencias. Al mismo tiempo, así como el director es una figura paterna, el tesista ocupa el lugar del hijo, incluso Darío habla de infantilidad.

Esta infantilidad reforzaría la idea del tesista como una persona que necesita de la guía y orientación de otro más avanzado, lo ubicaría en su condición de alumno. En el caso de Darío, se puede ver que al inicio del doctorado, por lo menos, el tesista se sitúa en su condición de alumnidad, de dependencia de otro. Ya mencionamos la prolongación de la condición de alumno en Ciencias Biológicas y la autonomía forzada a la que se ven expuestos sus congéneres de Ciencias Sociales. Si bien esta característica parece ser más propia de Ciencias Biológicas, la expresión utilizada por Darío permite pensar que hablar de condición de alumno al inicio del doctorado es válido para los tesistas de ambos programas doctorales.

En suma, las concepciones que sostienen los tesistas y directores implican la idea de la dirección de tesis como una actividad formativa. Sin embargo, solo algunos entrevistados se refieren explícitamente al rol pedagógico del director. En general, consideran más bien que la dirección implica realizar un seguimiento del tesista y brindar las indicaciones necesarias para la realización de una investigación de carácter científico. Ahora bien, ese “brindar las indicaciones necesarias” no puede significar otra cosa que ofrecer una oportunidad de aprendizaje de cómo realizar una investigación al tesista.

Las características de la dirección de tesis como actividad formativa

Entender la dirección de tesis como una tarea con intencionalidad formativa implica que el rol del director no es solamente revisar y guiar el proceso mientras el del tesista es el de ser el responsable único de producir la tesis (Halse y Malfroy, 2010); antes bien, se espera que asuma un rol activo que promueva el aprendizaje de las distintas dimensiones de la investigación. Desde quienes se dedican a investigar y analizar la temática, suele considerarse que la dirección de tesis consiste en que los directores modelen (o muestren) las actividades, promuevan la reflexión, mantengan a los tesistas involucrados y, sobre todo, ajusten el nivel de dificultad de los desafíos que proponen a los estudiantes a lo largo del proceso de producción de la tesis (De la Cruz Flores y otros, 2010).

En estas concepciones, parece recaer toda la responsabilidad sobre el director. Si bien no coincidimos con esta sobrevaloración de las obligaciones del director, sí nos resulta interesante profundizar en las funciones y principios que rigen el rol del director de tesis de modo de caracterizarlo como figura formadora específica del nivel de posgrado.

Funciones de la dirección

Un modo de adentrarse en el análisis y conocimiento de la dirección de tesis es identificando sus funciones. Hay cuatro funciones centrales para comprender de modo global/holístico/comprehensivo la dirección de tesis: asesoría académica, socialización, apoyo psicosocial y apoyo práctico. La asesoría académica alude a la orientación brindada por el director para el conocimiento profundo y sustantivo de la disciplina, y desarrollo de nuevo conocimiento. El director de tesis modela y brinda andamiajes al estudiante (Diezmann, 2005). Promover el desarrollo implica que el director evalúe las necesidades formativas del estudiante, le enseñe métodos específicos de investigación, establezca metas claras para la relación de dirección, otorgue retroalimentación inmediata y exhaustiva sobre los trabajos escritos, entre otras actividades (Halse y Malfroy, 2010; Heath, 2002; Kandlbinder y Peseta, 2001).

La retroalimentación (información crítica de los avances de los tesistas que les brinde orientación sobre su progreso) es uno de los elementos centrales de la dirección de tesis para guiar y alentar el desarrollo del tesista. La investigadora australiana Catherine Manathunga (2005) presenta, como una de las notas principales de la dirección, un tipo de retroalimentación que siga lo que denomina el principio de “rigurosidad compasiva”. Es decir, el “balance pedagógico entre compasión y rigor involucrado en la dirección de tesis efectiva: compasión o brindar a los estudiantes apoyo, estímulo y empatía, mientras, al mismo tiempo, otorgarles retroalimentación rigurosa sobre su desempeño” (2005: 24). La combinación de estos dos atributos es la que permitiría generar un ambiente de aprendizaje facilitador del proceso formativo del tesista, convirtiéndolo en lo que consideramos una de las prácticas principales de la dirección de tesis. La retroalimentación constante es esencial para el trabajo y bienestar de los doctorandos que se están embarcando en un periodo de intensa actividad en un solo proyecto (Kiley, 1996).

La socialización académica se refiere a la promoción del acceso a la cultura y comunidad académicas. El director introduce al tesista en las normas, valores y costumbres de la academia. Desde la perspectiva del aprendizaje como participación[3], esta función no es accesoria, sino central para la formación del tesista ya que implica que el director promueva su incorporación a partir de la realización de actividades auténticas (como la participación en congresos, publicación en revistas, colaboración en la presentación a subsidios) mientras adquiere mayor autonomía, control y responsabilidad para participar de manera consciente en una comunidad académica (De la Cruz Flores y otros, 2006; Martin y otros, 2006).

Por su parte, el apoyo psicosocial refiere al compromiso del director por brindarles el sostén necesario para generar las condiciones sociales y emocionales indispensables para su formación como investigadores y la culminación exitosa de la tesis. La etapa doctoral se encuentra atravesada por momentos de frustración, sentimientos de ambivalencia e incertidumbre, lo que hace imprescindible el apoyo y contención del director.

Finalmente, la función de apoyo práctico coloca al director como orientador en el contexto institucional (cómo acceder a los recursos de la universidad, cuáles son las políticas de la institución, referencia a otros académicos que pueden colaborar con su investigación), y como proveedor de sugerencias de contactos que pueden facilitar el acceso al campo y al sostén financiero de la investigación (principalmente, en las Ciencias Naturales).

Algunas de estas funciones se corresponden con las concepciones sobre la dirección de tesis que sostienen los académicos entrevistados. Por ejemplo, el coaching es un modo de pensar el apoyo psicosocial. Y de este modo, es una manera de otorgarle carácter formativo a la dirección de tesis. Brindar las condiciones necesarias para generar un ambiente de aprendizaje propicio es una de las notas de cualquier actividad formativa.

Principios reguladores de la dirección de tesis

Ahora bien, ¿cómo se traducen estas funciones en la práctica de enseñanza en la dirección de tesis?, ¿qué guía la tarea cotidiana? Los directores en sus relatos reflejan que se rigen por dos principios para regular su tarea y posibilitar que la dirección de tesis se constituya en un espacio formativo. Ellos son:

  1. buscar el equilibrio frente a las tensiones de la dirección;
  2. encauzar el trabajo del tesista.

El primero de estos principios tiene por objeto ayudar a atravesar las tensiones inherentes a la dirección de tesis, como la que puede generar el rol activo del director entre la autonomía del tesista y sus indicaciones. Identificamos dos tipos de tensiones que atraviesan los académicos de los programas doctorales: 1. la autonomía del tesista y las indicaciones del director, 2. las expectativas del director y las del tesista —los tiempos requeridos por cada uno, el sostén emocional y el resguardo de la calidad académica del trabajo del tesista—. Los directores entrevistados negocian las tensiones de la dirección a través de la búsqueda del equilibrio constante entre dar libertad al tesista —y el seguimiento y orientación— y la formación académica y la atención a la parte humana.

1. La actitud del director de brindarle libertad al tesista para formarse progresivamente como un investigador autónomo se encuentra amenazada por el abandono (con el que se identifica a los directores ausentes) o, en el otro extremo, por un director sumamente directivo que no otorga grados de libertad suficientes al tesista, sino que le indica cada una de las tareas que debe realizar. Es decir, en el primer caso, es un balance entre darle la libertad necesaria al tesista para que pueda desarrollarse como investigador dando los primeros pasos y adquiriendo autonomía progresivamente, pero sin llegar a dejarlo carente de orientación y guía. El director está presente cuando el tesista lo necesita, brinda las actividades y oportunidades para permitirle estudiantar.

Ambas partes de la relación deben poder medir cuándo el tesista precisa de dicha orientación para que este equilibrio pueda lograrse. Aunque esto podría parecer responsabilidad del director, tal como mencionamos, algunos doctorandos demoran la consulta con el director por diversos motivos (vergüenza, sensación de tener la obligación de poseer avances para reunirse, imposibilidad personal de mostrarse desorientado). Estas actitudes resultan en semanas o meses de desorientación y escaso avance que podrían evitarse. Paralelamente, los directores que establecen poco intercambio con sus tesistas, difícilmente pueden identificar estos periodos en sus dirigidos, con las consecuencias que ello puede tener en el trabajo del tesista.

En el segundo caso, el equilibrio entre la libertad del tesista y dar orientaciones, el director debe regular la cantidad de indicaciones que brinda al tesista para permitirle desarrollar las actividades necesarias para el aprendizaje del quehacer de la investigación. Este equilibrio se ve afectado por el estilo de tesista. En el caso de los tesistas más dependientes, según los directores, su tarea es regular las indicaciones que les brindan para favorecer la toma de protagonismo en su propio proceso formativo en dirección a adquirir autonomía. Paralelamente, los tesistas más independientes pueden correr el riesgo de desviarse de su objeto de estudio y, por tanto, el director debe estar atento a las posibles distracciones del tesista. La búsqueda de este equilibrio se renueva en cada relación de dirección y en cada etapa de la tesis, acorde a las características y necesidades del tesista:

A veces, ser demasiado independiente causa problemas porque se empiezan a dispersar de su tema y la dificultad ahí para el director es llevar al tesista, encarrilarlo, llevarlo a una línea coherente. Hay gente muy entusiasta, muy imaginativa, que empieza a saltar de temas y a veces tiende a no redondear ninguno. Entonces, en definitiva, eso es una mala tesis o una tesis mal terminada (Entrevista director Alejandro Reyes, Ciencias Biológicas).

2. El equilibrio entre la formación académica y la atención a la parte humana implica, por un lado, la función de apoyo psicosocial del director. Es decir, el estar atento a los estados de ánimo del investigador en formación respecto de su tesis y poder medir los momentos indicados para exigirle y criticar su trabajo y los momentos en los que es necesario estimularlo y sostenerlo afectivamente. Por otro lado, este equilibrio también hace referencia al tipo de relación que se establece entre el director y el tesista. En páginas anteriores, señalamos que esta relación genera vínculos personales, pero muchos directores llaman la atención sobre la necesidad de mantener una prudencial distancia con los tesistas sin convertirse en amigos ni asumir un rol paternalista para poder llevar adelante adecuadamente su papel. Según algunos, tanto la amistad como el rol paternalista impedirían que el director pueda ser riguroso y crítico en los momentos en que es necesario serlo; por ejemplo, ante el incumplimiento de los tiempos establecidos por las instituciones otorgantes de la beca estipendio (CONICET, ANPCYT o la universidad) o del programa doctoral.

El segundo principio que guía la tarea de los directores de encauzar el trabajo del tesista se materializa cuando el director dice “Hasta aquí se llegó” y le señala que no debe continuar con determinada línea de trabajo o que se ha desviado de su pregunta de investigación, del foco que guía su trabajo. Por ejemplo, en Ciencias Biológicas, cuando un tesista está trabajando en la “puesta a punto”[4] de un experimento, incluso luego de varios meses, puede no arrojar resultados válidos; allí el director pone el límite y aconseja continuar otra línea experimental. La dificultad con este límite reside en poder responder a la pregunta: ¿cuándo se intentó lo suficiente? Los directores y tesistas señalaron que es muy difícil saber cuándo abandonar una línea experimental porque a veces, luego de varios meses, se obtiene éxito.

Por supuesto que está en uno como tutor saber hasta cuándo uno puede seguir con un proyecto que no sale, pero uno tiene que poder atravesar eso; porque en algún momento si no, hay muchas cosas que dejarías de hacer porque un experimento no sale. (Entrevista directora Laura Zamora, Ciencias Biológicas).

En Ciencias Sociales, el límite se pone generalmente a la actividad de lectura. Los directores incentivan a los tesistas a pasar de consumidores a productores de conocimiento, en términos de Lovitts (2005), que pongan coto a la lectura de referentes teóricos para pasar al análisis e interpretación de los datos que relevaron.

Uno que se perdió, este se perdió, en un momento se perdió. Entonces el laburo es encarrilarlo. Decirle: “Mirá, basta ya. Yo leí la semana pasada el capítulo 4, ya está, hasta ahí, hay que pasar al que sigue”. Ese tipo de toques, así. (Entrevista director Paolo Mangani, Ciencias Sociales).

Finalmente, en ambos programas, todos los directores que entrevistamos ponen el límite a la redacción de la tesis. Es el director quien determina cuándo se culmina la tesis y aprueba su entrega poniéndole el punto final. Asimismo, el director puede fijar el límite a las exploraciones teóricas, de experimentos o de otras actividades del trabajo de campo que realiza el tesista, pero que lo distancian de su pregunta de investigación o del foco de su tesis. En este sentido, el director encauza la investigación del tesista.

Tensiones en la dirección de tesis y el fantasma del abandono

No todo es color de rosa en la dirección de tesis. Si bien en nuestra investigación nos propusimos analizar las prácticas de enseñanza y aprendizaje y, por tanto, nos focalizamos en parejas que lograron el objetivo de culminación de la tesis doctoral por parte del tesista, ello no implica la inexistencia de tensiones a lo largo del proceso. Como cualquier relación humana, la relación director-tesista se encuentra atravesada por situaciones problemáticas y tensiones.

Una primera situación de tensión se presenta cuando director y tesista no coinciden en la mirada teórica y metodológica sobre el problema de investigación. Esta es una tensión mucho más presente en las Ciencias Sociales. Si bien en los casos que entrevistamos no impidió la culminación de la tesis, fue señalado por los tesistas como uno de los puntos de discusión con el director. Del lado de los directores (cuando se involucran en el proceso de investigación del tesista), esto genera malestar al observar que el tesista no ha tomado en cuenta las observaciones y comentarios que se le han hecho. Un tipo de tensión similar ocurre en Ciencias Biológicas. Por ejemplo, respecto de la puesta a punto de los experimentos, algunos tesistas manifestaron tener que seguir intentando sobre una línea experimental que ellos veían que no funcionaba, pero el director les impedía abandonar. Del lado de los directores, esto se piensa como periodos de prueba, que encuentran su justificación en la experiencia, en el conocimiento de la necesidad de contar con los datos suficientes para tomar una decisión. La perseverancia en el intento provoca frustración y saturación en el tesista, que deriva en tensiones y rispideces en la relación con su director de tesis. El caso de Ismael nos muestra un tipo de resolución (poco común) de este tipo de tensiones pero, además, la envergadura que puede tener la falta de resultados en una línea de investigación:

Porque yo arranqué mi doctorado con un tema medio impuesto por Ernesto, que le interesaba con otro tipo, y yo en paralelo con una idea propia que quería hacer. Sobre todo porque estaba convencido de que lo otro no iba a funcionar, por lo que había aprendido antes durante mi tesis de licenciatura. Y nada, medio que me presentaron a beca con ese tema, estaba bastante limitado en qué cosas podía elegir y no. Así que… a mí me gusta medio trabajar a la japonesa y empecé dos tesis, la oficial y la que me interesaba a mí en paralelo. Eh… nada, el doble de tiempo todo. El tema es que yo estaba convencido de que el otro era para el fracaso y tampoco me convenía a mí. Así que, a los dos años de doctorado, cuando se volvió evidente que mi tesis, la oficial, no iba ni para atrás ni para adelante… no porque no le había puesto empeño, sino porque era medio un callejón sin salida lo que quería hacer, saqué de la galera todos mis resultados de las otras cosas, pedí cambio de tema a CONICET y seguí por ese lado, digamos. (Entrevista tesista graduado Ismael Sera, Ciencias Biológicas).

Otro tipo de tensión ocurre entre los requerimientos del tesista y la virtual ausencia del director. La sensación (y situación) de ausencia del director no es privativa de Ciencias Sociales como podría pensarse. Aunque en Ciencias Biológicas director y tesista comparten el mismo espacio, eso no implica la presencia real del director en los momentos en los que el tesista lo necesita. Por ejemplo, algunos de los directores manifestaron haber recibido tesistas que decidieron cambiar de director porque el otro estaba prácticamente ausente. Asimismo, a pesar de concentrarnos en parejas exitosas, en algún caso el tesista manifestó sentir la ausencia del director en momentos críticos de la tesis como en la revisión de los borradores finales. Quisiéramos detenernos por un momento en este tema. Como bien dijimos, el tesista siente la ausencia del director por la falta de comentarios. Ahora bien, ¿es esto verdaderamente una ausencia? No nos interesa aquí juzgar si lo es o no lo es. Lo importante es dar cuenta de las tensiones que atraviesan la relación entre director y tesista, y esta es una de ellas.

Esta tensión no es solo una cuestión de presencia-ausencia. Generalmente, la poca disponibilidad del director se observa tanto en los tiempos de respuesta a los requerimientos del tesista como en la falta de orientación en alguna dimensión del quehacer de la investigación. Los tesistas que manifestaron la ausencia o escasez de orientación del director en alguna dimensión de su tarea como becarios señalaron la necesidad de recurrir a otras personas o estrategias para suplir esa ausencia. Como contrapartida, algunos directores manifestaron tener la sensación de hallarse “perseguidos por los tesistas para que los lean”. Cuando este tipo de tensión no es un problema en la relación, los tesistas destacan como cualidad de su director la rápida respuesta a sus requerimientos, la lectura atenta y, sobre todo, nunca haber perdido una fecha límite por falta de respuesta del director.

En tercer lugar, las incompatibilidades entre la personalidad de ambos miembros de la relación también son un foco de posible tensión[5]. Muchos de los directores de Ciencias Biológicas hicieron referencia a la importancia de poder establecer una buena relación humana con el tesista. En casi todos estos casos, habían tenido experiencias en las que la relación había resultado problemática y dificultado el desarrollo de la tesis y, en algún caso, derivado en el abandono por parte del tesista. Además, algunos directores señalaron que ciertos periodos de la tesis, sobre todo el de la escritura final, son en sí mismos tensos y difíciles y, si la relación no es buena, en dicho periodo empeora. La relevancia de la buena relación humana parece ser mayor en Ciencias Biológicas que en Ciencias Sociales. Esto, sin lugar a dudas, se debe a la cotidianeidad de la relación, en el primer caso; y a la poca frecuencia de encuentros, en el segundo.

Otro tipo de tensión en la dirección de tesis se refiere a los sentimientos que tienen los directores respecto de su tarea de dirección. Es decir, su agrado o desagrado con la tarea, y el sentido que le encuentran en el desarrollo de su carrera académica. En Ciencias Sociales, unos pocos directores consideran a la dirección de tesis como un requisito impuesto por el sistema científico, una actividad necesaria para continuar en la academia. O sea, en la medida en que tengan tesis dirigidas, es que pueden avanzar en su carrera y por eso se embarcan en la actividad. Desde esta perspectiva, se señala que la dirección de tesis es una actividad de gran demanda que se añade a las ya numerosas actividades propias de un miembro activo del sistema científico nacional. Esto genera disconformidad con la tarea de dirección —ya que distrae de las otras actividades y responsabilidades que los directores tienen como investigadores— y la inclinación a realizarla básicamente por ser una exigencia del sistema científico. A resultados similares arribó Halse (2011) para el contexto australiano, lo que estaría hablando de un fenómeno más extenso que la del contexto académico argentino. Pero, al mismo tiempo, estos directores reconocen la necesidad de académicos que formen a las nuevas generaciones de científicos. El siguiente fragmento de entrevista ejemplifica esta posición:

Pero bueno, y esto es una tarea muy insalubre… Por momentos, te diría que yo no dirigiría a nadie más… Pero si el CONICET me exige, y sé que para pasar a otra categoría, tengo que tener tesistas que se gradúen y que terminen… Yo no dirigiría, porque lleva muchísimo tiempo leer, reuniones, discusiones, algunos sinsabores, que los he tenido bastante importantes, otros también los han tenido. Y es una tarea que yo reconozco como necesaria, porque tiene que ver con la transmisión del saber investigar. Y bueno, así como uno tuvo maestros o gente que le enseñó, la gente más joven necesita gente que le enseñe o que le aporte o que le ayude. Y bueno, sé que es necesario, pero a la vez es una tarea que no es reconocida demasiado, que lleva mucho esfuerzo, mucho tiempo y que tiene estos momentos no demasiado gratos. (Entrevista director Facundo Cafferatta, Ciencias Sociales).

Entonces, la tensión se encuentra entre pensar la dirección como una actividad que distrae de las principales tareas que tienen como investigadores y, al mismo tiempo, reconocer la necesidad de formar a las nuevas generaciones de investigadores. Los directores que manifestaron este tipo de tensión son de Ciencias Sociales y, entre ellos, los que definen su rol como lectores especiales del trabajo del tesista. Están presentes solo cuando el tesista se los solicita e, incluso, sus tesistas manifestaron sentir su ausencia por momentos. Aunque no sea una ausencia dada por la falta de respuesta (cuestión que ha sido bien aclarada por sus tesistas), sino más bien por la expresión de la falta de tiempo para dedicarse a la dirección y por tanto los tesistas evitan “molestarlos”, aun cuando necesitan su asesoramiento.

El hecho de que sean solo directores de Ciencias Sociales, podría estar señalando que en Ciencias Biológicas también existe una necesidad por parte del director de contar con tesistas. Las líneas de investigación que sostiene requieren de personas que puedan desarrollarlas; en la medida en que hay tesistas, puede llevar adelante más líneas de investigación en su laboratorio. Es decir, se establece una relación de necesidad mutua entre director y tesista.

En ocasiones, las tensiones señaladas podrían no resolverse y derivar en el abandono del doctorado por parte del tesista. La mayoría de los directores hicieron referencia a casos de deserción. Si bien cada uno de los directores entrevistados cuenta con menos de tres casos de abandono y estos se deben a causas particulares (decisión de no continuar con la vida académica, problemas personales, características de la personalidad, etc.), el fantasma del abandono está siempre presente, sobre todo en Ciencias Sociales. Los directores manifestaron en reiteradas ocasiones que uno de sus principales desafíos es que el tesista no abandone y han caracterizado al proceso de realización de la tesis como imprevisible. O sea, no es posible saber si se llegará al final del camino o no. Es un periodo de tiempo durante el cual pueden suceder infinidad de situaciones: desde problemas vocacionales, dificultades que son percibidas como insalvables, desencantamiento con el objeto de estudio o con la vida académica hasta problemas personales que atraviesan de tal modo al tesista que lo llevan al abandono. En algún caso, nos contaron estrategias específicas que han desarrollado para intentar sostener a tesistas que estaban cercanos a dejar el doctorado:

Hubo una persona que no terminó. Jamás pudo escribir una tesis… Era una persona de una dispersión catastrófica, que yo quería mucho como persona, pero lo que yo no estaba dispuesta era a escribir la tesis por ella. Esa era justamente la enseñanza que había… Era tal el despelote que tenía en su forma de manejarse, que yo… Hicimos muchísimas estrategias. La tesina, por ejemplo, la escribió, pero yo le pedí a otro miembro que me ayudara; o sea, que no fuera yo la que le criticaba como adulto, sino que hubiera un par que le criticaba también, y así logramos escribir la tesina. Y para el doctorado, esa misma persona no llegó porque, digamos, lo mismo que le puede pasar a cualquier persona en cualquier sistema, que el caos personal te puede. (Entrevista Laura Zamora, Directora Ciencias Biológicas).

Este es un caso en el cual el factor era académico y, por tanto, el director tenía herramientas para sostener al tesista. En otros casos, las dificultades son de otro orden (económicas, familiares, vocacionales) y son escasas las herramientas a las que el director podría acudir.

El abandono de los tesistas tiene otra dimensión para los directores. El CONICET otorga las becas de estipendio pensando en una dupla director-tesista (los antecedentes de ambos obtienen puntaje en las convocatorias a becas). Entonces, un tesista que abandona no implica solamente el tiempo perdido en el seguimiento de una tesis que luego no se terminará (y que además no contará como antecedente de formación de recursos humanos para el sistema científico nacional), sino que también significa un caso de fracaso en la formación de recursos humanos para el sistema científico.


  1. Las definiciones se tomaron de países en los que se utilizan cada uno de esos términos. Para tutor, del Diccionario de Español Mexicano, del Colegio de México; para supervisor, del Oxford Dictionary; para advisor, del American Heritage Dictionary; y para director, del Diccionario de la Real Academia Española.
  2. La primera consiste en la asistencia a cursos, donde el doctorando es principalmente un consumidor de conocimientos. Los doctorandos procuran dominar el conocimiento de su disciplina (en un área específica), y tratan de establecer relaciones con académicos y otros doctorandos. En la segunda, el doctorando es un productor de conocimientos mediante el desarrollo de una investigación independiente. En esta etapa, la relación con el conocimiento cambia y los estudiantes pasan de aprender lo que otros saben y cómo lo saben, a producir y crear conocimiento. También cambia su relación con sus pares, docentes y el director de tesis, ya que se espera que sea autónomo y trabaje independientemente. El doctorado como trayecto formativo implicaría el pasaje exitoso de una etapa a la otra (Lovitts, 2008).
  3. Jean Lave introduce el concepto de aprendizaje como “participación” señalando que “… la participación en la vida cotidiana puede ser concebida como un proceso de cambiante comprensión en la práctica, es decir, de aprendizaje” (2001: 18). Es a partir de la participación en las actividades y tareas de una práctica social que el miembro novel aprende. Uno de los elementos esenciales del aprendizaje como participación es que durante esta trayectoria los aprendices se involucran en actividades socialmente significativas. En otros términos, aprenden en contextos reales (no simulados) y en actividades centrales para la práctica social a la que pertenecen. Por ejemplo, en el nivel doctoral, encomendar a un alumno escribir una monografía es involucrarlo en una actividad simulada de aprendizaje. La monografía no existe ni tiene sentido como texto por fuera de la universidad. En cambio, proponerle que escriba una ponencia y se presente a un congreso es implicarlo en una actividad significativa para la academia.
  4. Lograr que tenga validez. Ajustar todos los elementos del experimento de modo que arroje resultados válidos.
  5. No debemos olvidar que la relación entre director y tesista tiene una duración mínima de cinco años, especialmente en las parejas que entrevistamos, que contaron con una beca de estipendio para ese periodo de tiempo (aunque en algunos casos se prolongó por más tiempo, ya sea por haber comenzado a trabajar juntos con anterioridad o por la demora del tesista en finalizar su tesis).


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