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3 La práctica de la dirección de tesis

La dirección de tesis no solo es el principal dispositivo pedagógico propuesto por los programas doctorales, sino también es uno de los mecanismos que utiliza la academia para favorecer o impedir el ingreso de nuevos miembros. ¿Qué queremos decir con esto? Una de las primeras barreras que todo aspirante a doctor debe sortear es que un académico acepte dirigir su tesis. Sin el aval de un director, no puede comenzarse el proceso de tesis que culminaría con la obtención del título.

Además, no queda claro cómo se organizan: ¿qué se hace?, ¿cada cuánto?, ¿todos los directores lo hacen del mismo modo?, ¿hay un solo modelo de dirección que debe ser seguido por todos? Este tipo de preguntas son las que intentaremos resolver en este capítulo.

Comienzo y organización de la relación de dirección. Criterios de elección de los tesistas y los directores

Criterios de selección

Cada grupo disciplinar le imprime modalidades propias al modo en que director y tesista escogen trabajar con el otro e iniciar la relación; modalidades que no se encuentran necesariamente sistematizadas. A continuación, analizaremos los criterios y mecanismos a partir de los cuales cada parte de la relación selecciona a la otra.

Los pocos estudios realizados que indagan sobre las características tomadas en cuenta por los tesistas al momento de elegir al director de tesis señalan como los rasgos más buscados: el compromiso e involucramiento en la investigación y el apoyo que el director brinde al proyecto ante críticas externas (Subhajoti, 2007); la experiencia investigativa y el aporte de ideas (Rosas y otros, 2006); su reputación como investigador, docente y director; la compatibilidad intelectual (alineación de los intereses intelectuales y metodológicos entre director y tesista), y los beneficios pragmáticos, por ejemplo, un ambiente de trabajo favorable y apoyo financiero (Zhao y otros, 2007).

En el contexto de nuestra investigación, en los dos programas estudiados, el principal criterio que emplea cada parte de la relación director-tesista para elegirse es el interés por el tema de investigación. De hecho, para los tesistas es prácticamente el único criterio de selección. En algunos casos de Ciencias Biológicas, además se agrega que conocieran de antemano que se trata un laboratorio “con buenos subsidios”. Es decir, con altas probabilidades de financiamiento de su investigación.

Esta falta de criterios alternativos puede deberse a la ausencia de información a la que se enfrentan los tesistas al momento de elegir un director. En primer lugar, al comenzar el doctorado (que cada vez con mayor frecuencia ocurre poco después de haber terminado la carrera de grado), no se sabe demasiado sobre la tarea en la que uno se va a embarcar. Se desconoce qué implica el quehacer cotidiano de cursar un doctorado y cuáles son las cualidades que uno debiera tener en cuenta en un director. Del mismo modo, no es fácil acceder a información sobre el director en su rol de tal. Se puede acceder a su curriculum vitae, a sus publicaciones, pero difícilmente a sus cualidades como formador y su personalidad, el grado de compromiso e involucramiento en la investigación, el aporte de ideas, los beneficios pragmáticos y, solo parcialmente, se puede conocer la compatibilidad intelectual (si se han leído publicaciones suyas).

Con el director quedas siempre a merced y nunca sabés en lo que te estás metiendo y, de repente, firmaste un contrato de 5 años; y conozco muchas historias muy terribles de directores, pero… En general, es medio a ciegas. A menos que hayas hecho la licenciatura en el mismo laboratorio, y también medio que no conoces otro y sos chiquito y no se te ocurre y tampoco ves mucho las cosas como son, y te mandaste… (Entrevista tesista ya graduada, Sonia Menéndez, Ciencias Biológicas).

Como dice Sonia, estos inconvenientes desaparecen cuando existe una relación previa entre el director y el tesista, ya sea por la dirección previa de la tesis de licenciatura o maestría (en el caso de Ciencias Sociales), por formar parte de la misma cátedra o por pertenecer al mismo equipo de investigación. Esta relación previa es mucho más frecuente en Ciencias Biológicas que en Ciencias Sociales, dado que en esta disciplina los tesistas suelen ingresar al laboratorio durante la carrera de grado.

Por su parte, los directores también ponderan en primer lugar el interés temático como criterio para la elección de tesistas. En Ciencias Biológicas, si bien la propuesta viene del director, este necesita percibir interés del tesista en la temática para tomarlo bajo su dirección. En Ciencias Sociales, donde la propuesta es del tesista, los directores toman como uno de sus criterios el vínculo del tema propuesto con su propia línea de investigación o la atracción por este, aunque no es un criterio excluyente.

Un segundo criterio, de gran importancia para tesistas y directores, es la percepción de la posibilidad de establecer una buena relación de trabajo entre ambos. En tercer lugar, los directores necesitan percibir pasión por la ciencia y perseverancia en el tesista. Estos dos criterios son más importantes que la capacidad intelectual que pueda demostrar el tesista. La mayoría de los directores consideran que dicha capacidad (generalmente inferida a partir del promedio de calificaciones durante la carrera de grado) es secundaria a la perseverancia, la capacidad de trabajo en equipo y la pasión por la ciencia, consideradas de mayor importancia a la hora de embarcarse en una tesis doctoral.

Para los directores, estos serían los elementos “predictores” de culminación de la investigación y de tener una buena relación de trabajo entre ambos. Como ya mencionamos, tomando las ideas de Lovitts (2005), la producción de la tesis guarda diferencias sustantivas con la de la cursada. Por ello, el promedio de calificaciones no sería un indicador adecuado para estimar las posibilidades de completar la tesis, ya que en la relación director-tesista se ponen en juego otras cuestiones, como la necesidad de trabajo intenso y sostenido en el tiempo, por lo que las cualidades personales son importantes.

Si bien los criterios de elección son comunes, los mecanismos para iniciar la relación en uno y otro grupo disciplinar no lo son. En Ciencias Biológicas, los alumnos del grado se acercan a un laboratorio movidos por la “presión social” (que se siente en los últimos años de la carrera) de comenzar a formar parte de un equipo de investigación y, generalmente, permanecen en él para el doctorado.

En la mayoría de los casos es alguien [el futuro tesista] que se acerca al laboratorio y dice: “Me interesa lo que ustedes están haciendo, me interesaría esto”, y se empieza a trabajar. Generalmente, eso ocurre para la tesis de licenciatura, que es una especie de noviazgo académico, ¿no? Uno ve que trabaja bien, y luego eso se formaliza con la presentación a una beca CONICET. O sea, una tesis de licenciatura que normalmente dura un año; uno ahí ya se dio cuenta, tanto el tesista como el director, si hay compatibilidad, digamos. Si el tesista está satisfecho con el director y si el director está satisfecho con el tesista, eso se formaliza con un pedido de beca a CONICET que ya implica un compromiso a 5 años. (Entrevista director Javier Rodríguez, Ciencias Biológicas).

Este periodo predoctoral en el laboratorio puede pensarse, como lo dice Javier Rodríguez, como un “noviazgo académico” durante el cual ambas partes de la relación tienen la oportunidad de conocer el modo de trabajo del otro. Otro mecanismo de comienzo de la relación es la publicación (en carteleras de la facultad, por ejemplo) por parte del director de solicitudes de becarios para proyectos financiados por UBA, ANPCyT u otros que exigen la asociación a una beca doctoral. En estos casos, las primeras interacciones son comparables al proceso de ingreso en cualquier trabajo: una serie de entrevistas, pedido de referencias a otros investigadores, y una decisión final en base al postulante que presenta las mejores cualificaciones.

Por otro lado, en Ciencias Sociales, generalmente los directores conocen a sus futuros tesistas como alumnos de la licenciatura o maestría; o sea, han cursado alguna materia con ellos. En el mejor de los casos, esto da lugar a que el futuro tesista comience a participar en el equipo de investigación del director, originando un periodo de “noviazgo académico”. Pero, comúnmente previo al inicio de la relación, director y tesista solo comparten un breve periodo de tiempo durante el cual ambos pueden conocer los intereses de investigación y las cualidades académicas del otro. Es un conocimiento parcial y no referido directamente a la actividad en la que se están embarcando. Finalmente, en algunas ocasiones, director y tesista no se conocen previamente. En estos casos, los directores desarrollan algunas estrategias con las que intentan compensar esta falta de conocimiento: solicitar una pequeña propuesta de tesis de dos o tres páginas o una serie de encuentros para discutir las ideas que cada uno sostiene respecto del proyecto de investigación. Así se logra un conocimiento preliminar de la personalidad, intereses y competencias del tesista.

La ausencia de un periodo de conocimiento previo al inicio de la tesis doctoral suele caracterizar el inicio de la relación con un menor involucramiento del director hasta que se ha establecido un conocimiento mutuo. El periodo de prueba del tesista se extiende durante los primeros meses de la tesis. La escasa familiaridad entre ambos repercute en la primera tarea que enfrentan en conjunto el director y el tesista: la definición del objeto de estudio de la tesis y la redacción del proyecto de investigación (el cual generalmente corresponde al de la presentación a una beca de estipendio) que queda en manos casi exclusivas del tesista. Este proyecto muchas veces es la puerta de acceso del tesista al director y, luego, se termina de desarrollar durante esos primeros meses de prueba.

Algunos autores (Difabio, 2011; Eshtiaghi y Warren-Myers, 2011) también destacaron la importancia de este primer encuentro de dirección, en el cual se deberían evaluar las motivaciones del tesista, ponderar el grado de conocimiento teórico respecto del tema de su investigación, sus habilidades técnicas, sus competencias de escritura académica y, a partir de allí, planificar el proceso de dirección y acordar las metas de manera conjunta.

En síntesis, y como expresó uno de los entrevistados, en Ciencias Sociales, dichos mecanismos son “puramente personales, intuitivos y voluntarios” (entrevista al director Piero Abbiosi, Ciencias Sociales) y, en algunos casos, no totalmente explícitos (por lo menos no hasta el momento en que alguien les pregunta específicamente por ellos). Paralelamente, en Ciencias Biológicas existe un grado mayor de sistematicidad que, probablemente, sea consecuencia de la mayor antigüedad del doctorado, combinado con la localización de varios laboratorios en el mismo edificio de la facultad generando una cultura institucional en la que estos se nutren de los alumnos que inician el doctorado.

La organización cotidiana de la tarea

El encuentro cara a cara entre director y tesista es uno de los componentes principales de la dirección. La alta frecuencia de encuentros es uno de los factores que contribuye a la calidad del proceso y a la culminación exitosa del doctorado (Heath, 2002). En esta línea, Abbidin y West (2007), basados en que la buena comunicación es esencial, proponen un esquema de encuentro efectivo entre director y tesista en el que son esenciales el registro de la reunión, la existencia de una agenda de la reunión preestablecida por el tesista y la retroalimentación del director sobre el trabajo escrito o las preguntas planteadas.

En cada uno de los programas doctorales, y en buena medida también en cada relación, la organización de la tarea cotidiana cobra características diferentes. En Ciencias Biológicas, la actividad se basa en el intercambio cotidiano en el laboratorio. Esta cotidianidad permite que el tesista pueda acudir a su director para resolver dudas prácticamente en el momento, y paralelamente, el director pueda monitorear el trabajo del tesista de modo constante. A este intercambio cotidiano se le suman, según nuestros entrevistados, las reuniones pactadas entre ambos para discutir los avances en la tesis, con una frecuencia desde semanal hasta mensual. Por su parte, en Ciencias Sociales, al ser poco frecuente el encuentro cotidiano en un lugar de trabajo institucional, la tarea se organiza a partir de reuniones presenciales y de intercambios virtuales. Las reuniones tienen una frecuencia entre quincenal y hasta tres veces a lo largo de toda la tesis. Cuando el director ha formado un equipo de investigación, la frecuencia de encuentros entre ambos es más alta (desde semanal hasta mensual), aunque los encuentros destinados específicamente a discutir los avances en la tesis sean esporádicos. Los intercambios virtuales (por correo electrónico principalmente) son más frecuentes y generalmente se originan a la demanda del tesista.

Ahora bien, ¿cuándo se reúnen director y tesista? ¿Es constante la frecuencia a lo largo del proceso de tesis? Los momentos de mayor intercambio entre ambos varían según el grupo disciplinar y el momento de la tesis. En Ciencias Biológicas, cobra mayor relevancia el diseño de los experimentos y el análisis de los resultados parciales dado que el trabajo experimental y su sistematización y registro es esencial en el avance de los conocimientos en estas disciplinas[1]. En Ciencias Sociales, el mayor número de encuentros tiene lugar al inicio (definición del objeto de estudio a cargo del tesista, quien necesita orientación en la identificación de los antecedentes significativos y las preguntas relevantes para el área, que exigen gran conocimiento del estado de la cuestión) y en los últimos meses de escritura de la tesis. Durante el trabajo de campo, el director rara vez interviene o es consultado. Por último, otro periodo de alta frecuencia de reuniones es el de la escritura de la tesis, dado que es una etapa tensionante para los tesistas de ambos programas, en la que se concreta todo el trabajo realizado en los últimos años. En definitiva, director y tesista se reúnen en los momentos en los que el tesista más requiere de apoyo y orientación.

Estilos de dirección

Así como influyen en los modos en que director y tesista comienzan su relación pedagógica, las propiedades que se derivan del grupo disciplinar al que pertenecen también promueven distintos estilos de dirección (Kam, 1997), al conformar ambientes de aprendizaje diferenciales. Además de ellos, cada director le imprime características particulares a la relación que establece con sus tesistas.

Cada director de tesis asume un estilo de dirección de acuerdo a los objetivos que define para su tarea, las funciones que entiende como propias de la actividad y el modo en que establece su relación con los tesistas. Generalmente, en la literatura se hace referencia a los estilos extremos: el director “sobreprotector” y el director ausente o indiferente (Farji-Brener, 2007; Mainhard, Rijst y Tartwijk, 2009). Es preciso tener en cuenta que estas clasificaciones se basan en la dicotomía excesiva presencia o ausencia. En el primer caso, es el director el que toma todas las decisiones importantes respecto de la investigación y el tesista se convierte en un ejecutor, adquiriendo las habilidades propias de un técnico más que de un investigador independiente. El segundo caso estaría representando la pedagogía de la indiferencia, en la cual el director de tesis se encuentra virtualmente ausente, mientras el tesista experimenta una sensación de aislamiento para enfrentar los desafíos que le presenta la tesis. En ambos casos, difícilmente podría hablarse de la dirección de tesis como una práctica formativa al socavar las oportunidades de aprendizaje de sus alumnos.

Por fuera de esta mirada dicotómica, queda identificar qué otros estilos puede asumir el director que contemplen la tarea como una actividad de enseñanza. ¿Qué ocurre cuando los directores de tesis varían el grado de involucramiento y compromiso en el proceso formativo del tesista? ¿Cómo se traduce ello en las actividades que realizan y en las oportunidades de aprendizaje que brindan?

Los objetivos diversos que el director persigue y cómo establece su relación con los tesistas pueden dar lugar a distintos estilos de dirección. Así, “… los principios que regulan la relación entre director y tesista, sean estos intencionales o no, implícitos o explícitos” (Boehe, 2014: 2), establecen los estilos de dirección que se siguen. No debemos olvidarnos que la dirección de tesis consiste en el encuentro de dos personas con objetivos y requerimientos distintos para la misma relación. Es el vínculo pedagógico que se forma entre los dos lo que define el estilo de dirección.

En nuestro estudio, identificamos tres estilos de dirección: directiva, orientadora y acompañante. Es preciso aclarar que estos tres estilos se mantienen tanto en el plano de las concepciones como de las prácticas, aunque no siempre los directores son consecuentes en su actuar con la concepción de dirección de tesis que plantean, o sus tesistas no los identificarían con el estilo que ellos proponen.

El estilo directivo

El estilo directivo le otorga gran importancia al director en el proceso formativo del tesista y lo entiende como una tarea de enseñanza. Estos directores, exclusivos de Ciencias Biológicas, entienden la enseñanza en un sentido más próximo a la instrucción, indicando qué es lo que debe hacer el tesista ante distintas situaciones o tareas. Sin llegar a convertirse en “jefes” de los doctorandos, suelen concebirlos como estudiantes dependientes que requieren de indicaciones precisas.

Normalmente, yo trato de ir a todas las campañas junto con los tesistas. Pero una vez que ya tienen el conocimiento de cómo es la campaña… Por ejemplo, de la línea de [mención del tema de investigación] yo fui a todas las campañas. Ahora, es la primera vez que se hace que uno de los chicos que está haciendo la tesis conmigo va a ir con otro chico, van a ir ellos dos solos. Es la primera vez. Pero porque ya fuimos varias veces todos juntos, digamos, y ya conocen cómo es y todo. Yo ahora no puedo. Pero normalmente yo trato de ir a las campañas, sobre todo las primeras veces trato de ir porque es importante, hay cosas que se resuelven… Siempre hay imprevistos cuando vas de campaña. Qué sé yo, que un lugar donde pensabas muestrear no es accesible o que de pronto se te estropeó una muestra… (Entrevista directora Julieta Jáuregui, Ciencias Biológicas).

Como en el caso de Julieta, son directores que asumen el protagonismo junto con el tesista, realizan los primeros experimentos a la par de él o ella mostrándole siempre cómo deben hacerse (en los otros estilos de dirección esta actividad suele ser delegada a otro miembro del laboratorio), reescribiendo partes de las tesis y señalándoles lo que querían que los tesistas lograsen, etc. Este protagonismo se asume, en gran medida, con una definición del tesista como un alumno dependiente que no cuenta con los recursos necesarios para hacer frente autónomamente a la tarea de la tesis al inicio del doctorado.

Una de las estrategias de trabajo características de estos directores durante los primeros meses del doctorado es brindar un primer corpus de lectura, incluso suelen transmitir una estrategia de búsqueda y actualización de la bibliografía. Con esta práctica, los directores colaboran en acortar la distancia entre el periodo de cursada y el de tesis al poner coto al universo de posibilidades para iniciar la búsqueda bibliográfica. A su vez, el acortamiento de esta distancia colabora con las posibilidades de graduación de los tesistas.

Otra actividad característica de estos directores es el análisis conjunto con los tesistas de los resultados de la investigación. Esta práctica le brinda herramientas al tesista para luego continuar el análisis de manera autónoma. Aquí el director pone en juego como estrategia didáctica a la modelización[2]. Es decir, actúa el análisis de los datos de modo que el tesista pueda observar cómo se realiza y resolver sus dudas e interrogantes.

Estos directores también orientan en el diseño de la estrategia y de los instrumentos de recolección de datos. Específicamente durante el primer periodo (de la tesis o del laboratorio), la mayoría de los directores se embarca en el diseño de los primeros experimentos y técnicas de recolección de datos, en la graduación de la dificultad de los experimentos que encara el tesista, yendo de los más sencillos a los más complejos, y en su realización.

Obviamente, estos directores están presentes en las distintas dimensiones implicadas en el proceso doctoral y brindan apoyo y sostén a sus tesistas durante la realización de la tesis. Por ejemplo, ante situaciones de bloqueo, les proponen a los tesistas reunirse y trabajar de forma conjunta (por ejemplo, comenzar juntos el análisis de los datos, diseñar nuevos experimentos, etc.).

El estilo orientador

La dirección orientadora considera que la tarea del director es guiar al tesista reconociendo su protagonismo en el desarrollo de la tesis y en su proceso de aprendizaje. Estos directores, de ambos programas, consideran que su rol de orientadores no los vuelve prescindibles, sino más bien facilitadores de la tarea del investigador en formación. Aquí, el director se posiciona en un segundo plano y busca brindarle al tesista las herramientas para estudiantar[3]. Así, para el director Roberto Ledesma:

Dirigir la tesis es una tarea docente, es una tarea docente que implica discutir los experimentos, discutir sus interpretaciones, aconsejar sobre la conveniencia de seguir tal o cual camino, dejar que el doctorando vea por su propia experiencia si la recomendación que se le había hecho tenía sentido o no, aceptar las opiniones adversas del doctorando respecto de las recomendaciones que uno da. En fin, es una cosa dialéctica en la cual van creciendo juntos el director y el dirigido. Entonces, yo defiendo ese rol propedéutico, ese rol docente de una tesis doctoral donde el director acompaña, guía, orienta, encamina, pone ciertos límites, dice: “No, me parece que eso no”. Pero no es un jefe. (Entrevista director Roberto Ledesma, Ciencias Biológicas).

Los directores orientadores, en concordancia con lo manifestado por Johnson y otros (2000), reconocerían que el tesista no es totalmente autónomo en cuanto al desarrollo de su tesis pero, al mismo tiempo, que es un adulto joven con un incipiente recorrido dentro de su disciplina. Estos son los directores que con mayor frecuencia describen al doctorado como un trayecto hacia mayores niveles de autonomía como investigador. Considerar que existe esta tensión entre depender del director y ya contar con cierto recorrido en la disciplina es lo que les permite posicionarse en el rol de directores orientadores. Es decir, responden al tipo de estudiante que identifican frente a ellos: investigadores en formación que tienen parte de los conocimientos y de las competencias necesarias para llevar adelante una investigación y la capacidad para desarrollar lo que aún les falta a partir de la orientación que ellos puedan brindarles.

Esta concepción del tesista se traduce en las prácticas de enseñanza que ponen en juego en su tarea. Al igual que sus pares del estilo directivo, recomiendan bibliografía a sus tesistas al inicio de la tesis, pero más bien en calidad de sugerencia. Además, cuando son consultados, orientan en el diseño de la estrategia y de los instrumentos de recolección de datos. La mayoría de ellos se reúnen con sus tesistas para discutir los instrumentos de recolección de datos y/o los protocolos de experimentos. Están presentes cuando sus tesistas los necesitan. Por ejemplo, si observan que el tesista tiene dificultades para hacer el análisis de los datos de forma autónoma, realizan la primera parte junto con ellos. Específicamente en Ciencias Biológicas, los directores gradúan la dificultad de los experimentos que encara el tesista yendo de los más sencillos a los más complejos y supervisan su realización. La diferencia central con los directores directivos es que estos últimos se involucran también en la realización de los experimentos mientras los directores orientadores suelen delegar la modelización de la ejecución del experimento a un doctorando más avanzado o a un posdoctorando. En Ciencias Sociales, este tipo de acompañamiento implica una frecuencia regular de intercambio y reuniones.

Asimismo, están atentos a la afectividad de sus tesistas. Por ejemplo, ante las situaciones de bloqueo, pueden sugerirles que dejen la actividad que les presenta dificultades y comiencen otra, como puede ser interrumpir temporariamente la escritura de un capítulo para comenzar el siguiente. Esto, según los directores, permite descentrar el foco de atención, renovar aires y en otro momento volver a encarar el problema con nuevas fuerzas. También pueden proponer actividades concretas (líneas históricas, entramado de actores, modificaciones concretas en un experimento, etc.) permitiendo que la tarea sea más acotada y, por lo tanto, realizable y menos amenazadora. O, finalmente, enviarles modelos del producto que deben realizar (artículo, matriz de datos, proyecto de investigación) para que puedan identificar características, “bajar a tierra” la tarea. Finalmente, algunos directores optan por las reuniones individuales.

Para los tesistas de una dirección orientadora, esta relación pedagógica se constituye en un espacio donde pueden: evacuar sus dudas (luego de haber agotado instancias previas, como veremos en los próximos capítulos), discutir los resultados obtenidos, encontrar apoyo en momentos de angustia y resolver cuestiones prácticas como el acceso al campo o a insumos.

El estilo acompañante

Es el estilo en que el director se encuentra menos implicado en el proceso formativo del tesista. Los directores que entrevistamos que practican este estilo, ligeramente más frecuentes en Ciencias Sociales que en Ciencias Biológicas, se consideran lectores especiales de la tesis que dan las herramientas necesarias para la continuación del trabajo del tesista, pero solamente cuando se las solicitan. Estos directores sostienen que la responsabilidad absoluta es del investigador en formación, las ideas y argumentos expresados son de los tesistas y el director no tiene parte en ellos. En su carácter de lectores críticos de la tesis, estos directores evalúan si cumple los requisitos básicos de una investigación científica. Como lo muestra el siguiente extracto de entrevista, el director se sitúa como el principal lector crítico del trabajo de otro investigador, en este caso de uno en formación.

Es decir, no sé, yo entiendo que el director es un lector muy especial del trabajo. ¿Especial en qué sentido? Bueno, que no solo sabe del tema, sino que se mete ahí con un compromiso formal, pero es alguien que está haciendo un papel crítico de otro que está trabajando, ¿no? (Entrevista director Ricardo Pacha, Ciencias Sociales).

Es decir, el director toma distancia del trabajo de investigación. Como señala Ricardo Pacha: “es el trabajo de otro”. Así, la labor de evaluación se realiza otorgando total libertad de decisión al tesista. Estos directores consideran que realizan sugerencias para la mejora del trabajo de investigación, pero que la decisión es del doctorando. Por este motivo, todos ellos sostienen que la calidad final de la tesis es mérito exclusivo del investigador en formación. Del mismo modo, estos directores consideran que su labor tiene lugar durante el desarrollo de la tesis; una vez concluida, algunos sostienen que ni siquiera deberían ser parte del tribunal en la defensa de la tesis. Es decir, focalizan su labor en el proceso y toman distancia del resultado.

Concretamente, este estilo de dirección se traduce en que el director se hace presente ante el pedido del tesista. Por ejemplo, así como quien adopta el estilo directivo (y a veces el orientador) sugiere un primer corpus bibliográfico a sus tesistas, para los de estilo acompañante los tesistas deberían poder realizarlo de forma autónoma. Aunque en etapas avanzadas de la tesis ocasionalmente puedan proponer lecturas, no es una indicación de bibliografía a incorporar, sino una invitación a explorar caminos teóricos que el tesista puede descartar. Otra característica de este estilo de dirección es la rara participación y orientación en la realización de los experimentos y del trabajo de campo. Cuando lo hacen, puede ser para sugerir bibliografía sobre metodología de la investigación (en Ciencias Sociales) o recomendar consultas con otros académicos especialistas en determinado método de investigación.

La dirección acompañante es el estilo en el que menor frecuencia de reuniones e intercambios hay entre ambas partes. Esto no se debe necesariamente a que los directores impidan el contacto a sus tesistas, sino a que estos últimos consideran que al director se acude solo en momentos cruciales y para discutir avances. Si esta concepción es promovida por el director o autogenerada por los tesistas es difícil de determinar. Así, es poco probable que estos directores se enteren de los inconvenientes por los que ha pasado el tesista (frustración, bloqueo, ansiedad), dado que a ellos se acude con un producto escrito terminado. Para ningún tesista este estilo de dirección es deseado. Quienes tuvieron ocasión de experimentarlo tuvieron la necesidad de generarse espacios alternativos para resolver las dudas y desafíos cotidianos de la realización de la tesis. Es decir que la autonomía percibida por los directores no parece sostenerse del lado de los tesistas. Para la mayoría de estos tesistas, los encuentros que sostuvieron con sus directores, si bien fructíferos porque satisfacían sus necesidades, fueron menos frecuentes de lo deseado. Solo unos pocos de ellos no buscaron la orientación del director sino directamente de sus pares, generalmente por considerarlo una persona muy ocupada y sentir que no podían acercarse a él con problemas sino con soluciones.

Factores que influyen en los estilos

Los estilos de dirección no son fijos. Un mismo director puede moverse entre dos, o incluso los tres estilos, según el tesista y el momento de su carrera académica. El grado de implicación del director en esta tarea formativa es regulado según distintos factores. El primero es la proximidad temática con el objeto de estudio del tesista. Cuanto más próximo su objeto de estudio a la línea de investigación del director mayor es el grado de implicación. O, mejor dicho, en los casos en los que el objeto de estudio no es cercano a la línea de investigación del director, este tiende a asumir el estilo de dirección acompañante y, además, suele circunscribir sus prácticas más orientadoras a aspectos metodológicos y de la socialización académica (como guía en la publicación).

Un segundo factor es el estilo de tesista. Según los directores, parecería haber dos grandes tipos de tesistas: el independiente o proactivo y el dependiente. Obviamente, estos dos estilos son congruentes con la idea del doctorando posicionado en su condición de alumno y el autónomo. Uno y otro requerirían que el director se comportase de formas distintas para poder generar ambientes de aprendizaje adecuados para cada uno. Por ejemplo, el tesista dependiente necesitaría mayor presencia del director y una modalidad más directiva. También es preciso tomar en cuenta que ambos estilos podrían ser encarnados por un mismo tesista en distintas etapas de su doctorado.

El tercer factor es la cantidad de tesistas. A mayor cantidad de tesistas simultáneos menor involucramiento por parte del director. Este menor involucramiento se compensa con el fomento de las relaciones horizontales entre tesistas, ya sea que el director tenga un equipo de investigación o no. Es decir, incluso quienes no lo tienen, cuando tienen varios tesistas simultáneos, pueden ponerlos en contacto para que se hagan consultas entre sí o con antiguos tesistas ya graduados.

Otro factor de regulación, asociado al anterior, es el grado académico al que aspira el tesista. En Ciencias Biológicas, este factor también se pone en juego al distinguir entre los tesistas de doctorado y los de licenciatura. El director suele delegar la supervisión de algunas de las tareas del tesista de grado en un doctorando o posdoctorando. En Ciencias Sociales, la variedad de posibilidades es mayor. Según sea un tesista de licenciatura, maestría o doctorado, por un lado; con beca de dedicación exclusiva o no, por otro; y, además, si es un joven investigador o si es un académico con cierto recorrido que realiza el doctorado para acreditarlo, el director modifica su grado de implicación. Aquellos que reciben más atención son los tesistas de doctorado que son becarios (de CONICET O ANPCYT). Con los tesistas de licenciatura pueden ser más directivos, cuando tienen una beca de la universidad para iniciarse en la investigación radicada en su equipo de investigación y, además, porque suelen presentar mayores necesidades formativas. Con este tipo de tesistas y con los becarios existe una proyección de trabajo a largo plazo que favorece la mayor dedicación del director. Y, por último, con los tesistas que tienen una larga trayectoria de investigación y cursan el doctorado para acreditarla, la relación que se establece es siempre en estilo director acompañante. Son dos pares que discuten los avances de la investigación de uno de ellos.

Un cuarto factor es la etapa de desarrollo de la tesis. Atravesado más por las características del tesista que del director, hacia el final de la tesis los directores tienden a asumir una dirección de menor grado de implicación que aquella con la que comenzaron. Es decir, un director con un estilo directivo es probable que en la etapa final de los doctorandos asuma un estilo orientador en la medida en que el tesista adquiera, y pida, mayor independencia.

El último factor, es la etapa en la carrera del director. Los directores tienden a pasar de un estilo directivo en sus comienzos a uno acompañante hacia el final, o cuando ya han cubierto la cuota de direcciones necesaria para avanzar en su carrera como investigadores del sistema científico nacional.

Prácticas formativas según las funciones en la dirección

A las prácticas propias de cada estilo se agregan otras comunes a todos y, por tanto, centrales en la práctica de la dirección de tesis. Los estudios realizados hasta el momento incluyen como prácticas de la dirección de tesis la utilización de ambientes simulados, la reflexión durante la ejecución de las actividades en condiciones reales (bajo la guía y orientación del director) y la discusión de avances. Entre estas prácticas, una línea de trabajo particular es sobre la escritura de la tesis. Esta escritura se realiza principalmente a partir de actividades concretas guiadas y supervisadas por el director. Por ejemplo, corrección detallada y discusión de los manuscritos, trabajo sobre secciones pequeñas de la tesis y, también, modelización de la escritura por parte del director (Diezmann, 2005; Kamler y Thomson, 2004). En este marco, las estrategias de andamiaje son esenciales en el proceso de formación. Como los enseñantes de otros niveles del sistema educativo, el director tiene la función de regular el grado de dificultad de las actividades que encomienda al tesista para que, progresivamente, adquiera mayores responsabilidades y mayor autonomía en su resolución (De la Cruz Flores y otros, 2006).

Algunas de estas prácticas son desarrolladas por los académicos argentinos que entrevistamos. También encontramos otras prácticas o variaciones de las mencionadas.

Prácticas de enseñanza y de aprendizaje en relación a la asesoría académica

Gran parte de los intercambios entre director y tesista se invierten en la profundización de los conocimientos en la teoría disciplinar y en el aprendizaje del quehacer de la investigación. A lo largo de dichos intercambios, se desarrollan prácticas de enseñanza variadas.

Una de las prácticas formativas principales es la discusión y evaluación de avances. El trabajo entre director y tesista se organiza generalmente a partir de las producciones escritas que materializan los avances del tesista (desde el proyecto de investigación hasta la tesis, pasando por borradores de avance, cuadros y gráficos del análisis de los datos, publicaciones). El tesista es quien, en general, promueve la presentación de sus avances, sea cuando siente que no puede seguir avanzando sin su colaboración o cuando ha llegado a un producto finalizado.

El intercambio de estos productos escritos, como práctica de enseñanza, genera comentarios y discusiones. Es una práctica presente a lo largo de todo el desarrollo de la tesis, y realizada por absolutamente todos los directores. Se traduce en: pedidos de ampliación de las ideas expresadas, mayor precisión teórica y la propuesta de otros referentes teóricos para tener en cuenta. En términos pedagógicos, podríamos decir que se trata de una evaluación de carácter formativo[4]. Estos comentarios son la base de la retroalimentación que permite “… construir propuestas de enseñanza que contemplen, comprendan, atiendan e intenten favorecer mejores comprensiones” (Litwin, 2008: 170). Dichas propuestas de enseñanza se logran a partir de evaluar las producciones escritas en sus distintas dimensiones: estructura textual, modo de presentación del análisis de los resultados, discusión teórica, e incluso redacción. Esta evaluación formativa parece erigirse como la práctica de enseñanza por excelencia que asumen los directores. Según ellos, esta modalidad les permite trabajar sobre producciones concretas y monitorear el grado y modo de avance de los tesistas.

A partir de esta evaluación, los directores toman decisiones sobre la formación de sus tesistas; es decir, colaboran en la definición del currículum específico de su formación doctoral. Esto se hace evidente en la recomendación o indicación de bibliografía específica para que profundicen sus conocimientos sobre determinados temas. Por su parte, para los tesistas que se inician noveles en un tema estas primeras indicaciones de bibliografía resultan sumamente útiles (aunque la mayoría dijo no necesitar de orientaciones de su director, al ser una práctica de aprendizaje que se desarrolla desde la formación de grado). Finalmente es interesante que, a lo largo del doctorado cuando ha avanzado en su investigación, el tesista sea quien aporta nuevas lecturas al director, invirtiendo la dinámica.

Una variación del comentario y discusión de producciones escritas es la discusión oral que se produce en los encuentros presenciales entre director y tesista. Por ejemplo, en Ciencias Sociales, esta estrategia permite, al inicio de la investigación, profundizar y mejorar la delimitación del objeto de estudio. En el caso de Ciencias Biológicas, la discusión oral suele usarse para analizar los resultados de los experimentos y delimitar los pasos a seguir. En términos de estrategias de enseñanza, en estos encuentros se pone en juego la discusión y la indagación que, como señalan Eggen y Kauchak (1996), permiten aclarar dudas de forma inmediata, llegar a nuevas conceptualizaciones y desarrollar el pensamiento crítico.

Otra de las prácticas de enseñanza más extendida entre los directores es la modelización[5], ya sea para las actividades de recolección de datos como para el análisis de los resultados. Esta práctica permite observar la ejecución de una actividad, generalmente manual, posibilitando al tesista entrever cuestiones que son parte del conocimiento tácito del director, quien la ejecuta, y que de otro modo no le serían transmitidas. Por ejemplo, en Ciencias Biológicas, esta práctica se utiliza principalmente durante el diseño y ejecución de los experimentos y en tareas de recolección de datos (observación de los organismos vivos, captura y manipulación de animales, etc.). En la realización de experimentos científicos intervienen habilidades complejas que quien las domina ya ha automatizado (Collins, 2001), por ello observar su ejecución y discutir los pasos que la componen es esencial para aprenderlas. En ambos programas, el director actúa esta práctica cuando analiza de modo conjunto con los tesistas los resultados de la investigación.

También los tesistas desarrollan prácticas de aprendizaje que involucran al director. En Ciencias Biológicas, durante el diseño de la estrategia e instrumentos de recolección de datos y la “puesta a punto” del experimento, los tesistas ponen en juego prácticas de aprendizaje autónomo (ensayo y error, lectura autónoma de artículos). En paralelo, también consultan al director, aunque es el último miembro del equipo al que se acude. Generalmente, se consulta primero a quienes están más próximos en la tarea cotidiana, ya sea por vergüenza de mostrar datos erróneos, por deseo de resolver la situación de manera autónoma, o simplemente por consultar a quien está al lado. Por su parte, en Ciencias Sociales, la entrada al campo y el análisis de los datos implican una serie de interrogantes y tareas que el tesista necesita resolver; por ejemplo, saber cómo comportarse con los sujetos de la investigación. No obstante, consultan con el director ocasionalmente, solo cuando consideran que no cuentan con las herramientas necesarias para hacerlo autónomamente.

En ambos programas y en todos los casos, se desarrolla una práctica específica hacia el final del doctorado. El último hito en la formación doctoral es la defensa de la tesis, momento de gran ansiedad para el tesista. Indefectiblemente, todos los tesistas acuden al director pidiendo orientación o confirmación de cómo han estructurado la presentación para la defensa. En el espacio de la dirección se discute la estructura de la presentación y, cuando hay un equipo de investigación, se realiza un ensayo de la defensa durante el cual todos los integrantes del equipo aportan comentarios sobre la presentación al tesista.

Prácticas de enseñanza y de aprendizaje en relación a la socialización académica

El director es una de las principales figuras que introduce al tesista en las normas, valores y costumbres de la academia. Las prácticas que se desarrollen en esta dimensión dependen de la importancia que el director le otorgue a ella (por ejemplo, algunos de los directores se proponen transmitir a sus tesistas los aspectos de la profesión académica que no les fueron transmitidos a ellos) y del hecho de si ha conformado un equipo o no.

Este último punto deriva en grandes diferencias entre Ciencias Biológicas y Ciencias Sociales. Dadas las características del lugar de trabajo en las segundas, gran parte de la socialización académica recae sobre la iniciativa del tesista y de los ámbitos de inserción que él mismo genere, más que en la interacción con el director. Contrariamente, en Ciencias Biológicas, muchas actividades en las que se embarcan director y tesista se desarrollan dentro de la vida cotidiana del laboratorio y el tesista puede adquirir competencias relacionadas con la tarea de un investigador de carrera solo por el hecho de interactuar y observar al director en su labor sin que este se proponga explícitamente formarlo en este sentido.

La socialización académica incluye también iniciar a los tesistas en la publicación. Esto implica la formación de los tesistas en los distintos aspectos de esta actividad académica como el modo de determinar los datos/hallazgos suficientes para construir un artículo científico riguroso, los criterios para la selección de los congresos y las revistas académicas. El primer aspecto es transmitido por los directores en conversaciones cuando se están discutiendo otras cuestiones como el análisis mismo de los datos o ante la consulta específica del tesista; mientras el segundo es tratado en el ámbito de la dirección de tesis solamente a pedido del tesista. En este sentido, son pocos los tesistas de Ciencias Sociales que manifestaron haber consultado con su director acerca de los ámbitos de publicación.

También constituye una diferencia entre ambos programas si la publicación es conjunta o individual; diferencias que reproducen las prácticas de los grupos disciplinares de referencia. En Ciencias Biológicas, la publicación conjunta es la norma. Los directores que fomentan la escritura de los artículos por parte de los tesistas revisan y comentan los borradores y son los que dan el último visto bueno. En algunas parejas director-tesista, este es un proceso graduado con etapas bien diferenciadas; si bien no todos los entrevistados mencionaron haber seguido el mismo proceso. En un primer momento, el investigador en formación redacta el apartado de materiales y métodos, y en ocasiones el de los resultados. En un segundo momento, puede participar en la elaboración de la discusión junto con su director. Y solo después de haber publicado algunos artículos bajo esta modalidad, se embarca en la escritura autónoma de un artículo con la supervisión final de su director. En todas estas etapas, su lugar como autor varía. Al igual que lo hallado por Manathunga y Goozée (2007) y Kiley (1996), en Australia esta actividad graduada de escritura contribuye al desarrollo del análisis crítico en el tesista y da origen a producciones concretas sobre las cuales evaluar sus avances, lo que le brinda la retroalimentación necesaria para avanzar en sus investigaciones.

En otros casos, es el director quien escribe los artículos a partir de los resultados de los tesistas. Esta decisión viene dada por el nivel de prestigio de la revista en la que publican o de los tiempos en que pretenden que esté terminado un artículo, no por una postura respecto de las competencias o necesidades formativas de los tesistas.

Por su parte, en Ciencias Sociales encontramos pocos casos de publicación conjunta y escasa lectura por parte de los directores de las publicaciones de sus tesistas durante su proceso de escritura. No obstante, sí asesoran[6] al tesista acerca de los congresos o revistas más convenientes, cuando así lo solicita. Además, algunos directores orientan acerca del camino que les conviene seguir: comenzar por congresos (mejor si son dirigidos a jóvenes investigadores), continuar por revistas (siempre con arbitraje ciego), primero, argentinas y luego, internacionales.

Otra arista de la socialización académica incluye la orientación a los tesistas en el trazado de su carrera académica y en los primeros pasos del desempeño del rol de investigador (cómo gestionar un equipo de investigación, cómo presentarse a subsidios, cómo elaborar informes narrativos y financieros, la dirección de tesistas, etc.). Pocos directores asumen estas tareas como parte de su rol. Es más, para algunos de Ciencias Biológicas, no son actividades pertinentes en la etapa de formación doctoral. En cuanto a la participación de los tesistas en distintas actividades del laboratorio, o en la preparación de proyectos para subsidios, un director respondió:

No, no, un becario… yo no puedo poner a un tesista a que ocupe su tiempo en redactar un pedido de subsidio. No es su función específica, no le aporta ninguna cosa a la función. Yo me negaría totalmente a eso. (Entrevista director Roberto Ledesma, Ciencias Biológicas).

En el caso de los directores que sí lo hacen, las prácticas son variadas. Algunos promueven la socialización de sus tesistas informalmente en conversaciones sobre el sistema científico, la gestión del laboratorio o del equipo de investigación o a partir de la transmisión de la modalidad de trabajo dentro del equipo o laboratorio (normas de higiene, frecuencia de reuniones, etc.). En otros casos, invitan a participar activamente de distintas tareas (moderar mesas en congresos, participar de los pedidos de subsidios del equipo, compra de insumos, mantenimiento de equipos, etc.). Cuando es así, los tesistas se involucran activamente en algunos aspectos del funcionamiento de un laboratorio desde los inicios del doctorado.

Desde la perspectiva del aprendizaje como participación (Lave, 2001), involucrarse en las distintas actividades les permite a los doctorandos aprender a desenvolverse en la academia. Cuando el director no otorga estas oportunidades, sí brinda a sus tesistas la posibilidad de observar a otro desarrollarlas. Es decir, él mismo se vuelve un modelo de lo que constituye ser un investigador y hacer investigación. De este modo, podríamos pensar que, aunque el director no se posicione explícitamente como formador, igualmente puede establecer una relación formativa con sus tesistas. Este lugar de modelos de investigadores que tienen los directores es mucho más claro para los tesistas que para los directores mismos. Como en el caso de Laura, la mayoría de los directores se muestran incómodos con la idea de ser un modelo de investigador para sus tesistas.

El relato, cómo armar un relato, también eso creo que en alguna forma… No sé si soy modelo o no, pero creo que los pibes tienen que aprender eso y lo aprenden del director: cómo se arma un relato a partir de los datos, de la realidad. Sí, creo que esas son las únicas cosas para las que puedo pensar […] ser un modelo. (Entrevista directora Laura Zamora, Ciencias Biológicas).

Contrariamente, los tesistas tienen muy claro que su primer ejemplo de un investigador dentro de su disciplina (sea para bien o para mal) es su director. Y este es uno de los principales modos en que socializan académicamente a sus tesistas.

Prácticas de dirección en relación al apoyo psicosocial

Parte de la dirección de una tesis es brindar a los doctorandos el sostén necesario para generar las condiciones sociales y emocionales indispensables para formarse como doctores y culminar con éxito la tesis. La investigación es una actividad creativa que involucra a la totalidad del yo (Wainerman, 2011a); presupone un involucramiento personal con la tarea. Por ello, los desafíos afrontados durante el desarrollo de una tesis doctoral pueden provocar frustración e incertidumbre, y en otros momentos, gran satisfacción y alegría. El director acompaña a los tesistas en estos vaivenes, los guía y orienta para que puedan continuar con sus tesis. De hecho, según varios de nuestros entrevistados, esta es una de las principales tareas del director de tesis. Desde la didáctica, Camilloni y otros (1998) y Litwin (2008) expresan que los aspectos emocionales y afectivos son parte del aprendizaje y, particularmente, de la construcción de nuevos conocimientos. Por ello, es relevante que los directores entrevistados expliciten la importancia de atender a los estados emocionales de los tesistas para que puedan proseguir con sus tesis. La significatividad de este reconocimiento se halla en que el apoyo brindado por el director es uno de los principales factores que posibilita al tesista el desarrollo de su tesis.

Ahora bien, ¿con qué herramientas cuentan para sostener a los tesistas en los momentos de frustración, de ansiedad o de bloqueo? Según los directores, no existe un modo único de sostén a los tesistas, sino que es necesario construirlo en cada relación que establecen. Lo que funciona con un doctorando, no lo hace necesariamente con el siguiente.

A pesar de ello, pudimos identificar prácticas de apoyo frente a tres tipos de circunstancias: sentimientos de angustia y frustración, sensación de bloqueo y sentimiento de soledad. Frente a la primera, cuando evalúan avances, los directores suelen resaltar los aspectos positivos y omitir o atenuar los negativos, y recomendar la lectura de otras tesis para adecuar las expectativas sobre la tarea que tienen por delante. Para las situaciones de bloqueo, proponen reunirse y trabajar de forma conjunta o, sugieren actividades concretas (gráficos y tablas, líneas históricas, modificaciones concretas en un experimento). Estas actividades permiten cambiar el foco de atención y desbloquear, facilitar la tarea del tesista. En la etapa de la escritura también pueden recurrir a este tipo de prácticas, orientando en la construcción del argumento o hilo conductor de la tesis, utilizando estrategias como pedidos de crear un argumento en una carilla o elaborar un mapa conceptual.

Por último, para el sentimiento de soledad (propio de las Ciencias Sociales y de los tesistas que no forman parte de un equipo de investigación), el apoyo se constituye principalmente en incentivar relaciones con otros tesistas (propios o de colegas) que trabajan objetos de estudio similares y con los cuales pueden interactuar. Más allá de eso, está en el tesista generarse espacios alternativos que puedan servirle para contrarrestar el sentimiento de soledad.

Del lado de los tesistas, el apoyo del director en los momentos más álgidos parece ser clave para poder continuar sus tesis. Incluso, en algunos casos lo mencionaron como una de las funciones más importantes del director. No obstante, debemos tener en cuenta que la posibilidad de intervención y de apoyo de los directores depende en gran medida de la apertura del tesista para recibirlo. La relevancia de esta función de la dirección de tesis puede ser apreciada cuando consideramos que, al momento de las entrevistas, cuatro de los seis doctorandos estaban pasando por una crisis. Dos de ellos pensaban seriamente abandonar el doctorado (de hecho, uno de ellos efectivamente lo hizo meses después), otro estaba estancado con el trabajo de investigación (sus experimentos no arrojaban resultados válidos), y la cuarta, ya terminando el doctorado, no sabía si iba a continuar en la academia. Solo uno de los cuatro estaba conversando estos problemas con su director. Los otros tres consideraban que tenían que acercarse a los suyos con soluciones o, por lo menos, con algunas ideas de cómo solucionarlos. Si bien el director tiene un lugar primordial en las probabilidades de culminación de la tesis, la apertura del tesista a mostrarse “en problemas” también aumenta esas probabilidades. O sea, no es solo la presencia del director para acompañar y sostener afectivamente una condición necesaria para alcanzar la finalización de la tesis doctoral, sino también la disposición del tesista a mostrar sus “debilidades”: de parte del director, esta apertura debería corresponderse con no enjuiciar rápidamente al tesista por no estar en ese momento en las condiciones adecuadas para realizar la tesis.

Prácticas en relación al apoyo práctico

El apoyo práctico se traduce en brindar a los tesistas los medios y contactos que necesitan para desarrollar su investigación. Identificamos tres dimensiones de este apoyo: financiamiento y “condiciones laborales”, oferta de empleos y desarrollo de la tesis. En cuanto a la primera de ellas, en Ciencias Biológicas, el director tiene la función de financiar los costos de la investigación de sus tesistas. También les financian las presentaciones a congresos tanto nacionales como internacionales. Sus pares de Ciencias Sociales, solo en ocasiones destinan parte de los fondos de sus subsidios para cubrir los costos de los congresos de sus tesistas y la compra de insumos (libros, cartuchos de impresoras, etc.). Como en nuestro estudio nos centramos en doctorandos con becas de dedicación a tiempo completo, los directores de ambos programas también fijan sus condiciones de trabajo: horarios, recursos de los que disponen, ritmos de trabajo y exigencias de calidad, entre otros aspectos.

En la segunda dimensión, cuando los tesistas enfrentan algún periodo sin beca, los directores les ofrecen empleos que les permitan terminar la tesis. En Ciencias Sociales, algunos directores también ofrecen empleos o consultorías a sus tesistas para ampliar su desarrollo profesional, independientemente de que continúen con la beca.

Por último, el apoyo práctico se traduce en facilitar la ejecución de la investigación mediante contactos para realizar el trabajo de investigación e intercambios con otros equipos o resultados de investigaciones anteriores todavía no analizados. Por ejemplo, el acceso a otros laboratorios que trabajen con técnicas específicas que necesitan para su tesis, y que no se desarrollan en el laboratorio propio, se genera a partir de contactos del director. Prácticamente en todos los casos que entrevistamos, los contactos y convenios del director facilitaron el intercambio de los tesistas con otros equipos o académicos dentro y fuera del país.


  1. La realización correcta de los experimentos es uno de los principales desafíos que enfrentan los investigadores en formación en esta disciplina. La “puesta a punto” del experimento es un proceso que puede llevar varios meses, y la orientación y guía del director es imprescindible.
  2. Según Hasrati, la modelización la ponen en juego quienes enseñan para “… hacer explícito su conocimiento tácito, ‘coach’ para [apoyar] a los estudiantes a hacer las tareas y, por último, ‘desaparecen’ cuando los estudiantes pueden continuar de manera independiente.” (2005: 558).
  3. Fenstermacher (1989) utiliza este término para referirse a las actividades que realiza un estudiante para aprender.
  4. Es decir, un proceso de evaluación orientado a recabar información sobre el aprendizaje del estudiante para guiar el proceso de enseñanza y brindar retroalimentación adecuada que le permita al alumno potenciar su aprendizaje.
  5. Es decir, el mostrar y explicar cómo realizar determinado procedimiento. Como estrategia didáctica, muchas veces implica también la práctica guiada junto con el aprendiz en sus primeros intentos.
  6. En algunos casos, los tesistas no reciben ningún tipo de orientación en cuanto a la publicación. Es preciso señalar que este fue uno de los aspectos en los que encontramos contradicciones entre los dichos de ambos miembros de la pareja entrevistada. El director decía orientar en la publicación; y el tesista, haberse enterado demasiado tarde cuáles eran los criterios para publicar, luego de haber tenido algunos rechazos en revistas.


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