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El papel de la prensa durante la pandemia de gripe española en la ciudad de Santa Fe (1918-1919)

Gabriela Molina

En el transcurrir del año 2020, la atención de los medios masivos de comunicación estuvo centrada en la pandemia causada por el nuevo coronavirus, que desde China se expandió a gran velocidad por el mundo. Como sucede frente al surgimiento de una enfermedad nueva, se desconocía cuán contagiosa o mortal era, y si el patógeno que la provoca varía poco, como el virus del sarampión, o mucho, como el de la gripe.

Un siglo antes, se vivió una situación de incertidumbre similar mientras se extendía, entre 1918 y 1919, la llamada Spanish flu, Spanish lady o “gripe española”. Considerada la mayor catástrofe sanitaria del siglo xx, produjo en menos de un año la pérdida de entre 25 y 50 millones de personas (González García, 2013). Esta pandemia fue causada por un brote de influenza de virus a del subtipo h1n1, y, en ese entonces, el conocimiento que se tenía de la enfermedad y sobre sus posibles terapéuticas también fue tema tratado cotidianamente en los medios de comunicación de la época.

En mayo y junio de 1918, los periódicos argentinos comenzaron a dar noticias referidas a una extraña enfermedad que estaba haciendo estragos en España. En octubre de 1918, la epidemia llegó a la Argentina y su puerta de ingreso fue el puerto de Buenos Aires. El impacto sobre la población fue dispar y se desarrolló en dos oleadas: la primera hacia fines del año 1918, que afectó especialmente las provincias de la región central y el litoral y que fue relativamente benigna y con baja mortalidad; la segunda oleada se produjo en el otoño –invierno de 1919– y afectó todo el territorio nacional, impactando más fuertemente en términos de mortalidad en las regiones del norte de Argentina, para diseminarse posteriormente, aunque con mucha menor fuerza, por las provincias del centro del país. La segunda oleada, la del invierno de 1919, provocó 12.760 muertes, de forma que la enfermedad dejó un saldo total de 14.997 muertes (Carbonetti, 2010).

En este artículo analizaremos el tratamiento que los medios de prensa santafesinos hicieron sobre la pandemia de influenza en 1918-1919, indagando sobre su papel como medio de divulgación de preceptos científicos y sobre las disposiciones que establecieron las autoridades municipales para afrontarla.

Santa Fe a comienzos de siglo xx

A principios del siglo xx, Santa Fe vivía un proceso de grandes transformaciones, con la redefinición de la estructura urbano-arquitectónica, la modificación de las relaciones ciudadterritorio y el crecimiento de la población (Gioria, 2006). Un aspecto importante de este fenómeno fue la preponderancia que adquirió la acción estatal en esta etapa del proceso modernizador (Collado, 1996). La integración de la Argentina en la economía mundial desde mediados del siglo xix revolucionó en pocas décadas la fisonomía social, política y económica del país (Ferrer, 1963). La población santafesina crecía como consecuencia de la inmigración recibida por la integración de la provincia de Santa Fe al nuevo sistema agroexportador.[1] Este espacio dedicado a la producción de cereales y oleaginosas para la venta en el mercado mundial necesitó que la ciudad le proveyera insumos y servicios, le transformara la materia prima (surgieron pequeñas fábricas, molinos, talleres) y la conectara a través de caminos y vías del ferrocarril (Cervera, 2011).

Hasta bien entrada la primera década del siglo xx, las enfermedades infectocontagiosas eran un dato recurrente de la vida de la ciudad y un elemento decisivo en la mortalidad. A partir de la última epidemia de cólera sufrida por los santafesinos en 1886 (tal como en otras ciudades de Argentina), el gobierno municipal tomó distintas medidas e insistió en extender las obras de salubridad. Las medidas sanitarias adoptadas para hacer frente a las epidemias y la construcción de hospitales y de otras instituciones dedicadas al cuidado de la salud nos demuestran también el impacto de la bacteriología en la sociedad, sumando a la veneración por la limpieza la lucha contra los gérmenes y microbios. Esta higiene era el resultado de dos preocupaciones: por un lado, evitar el contagio que el cíclico impacto de las epidemias traía consigo; por el otro, utilizar la higiene como uno de los tantos recursos destinados a incorporar a gran parte de la población a la vida moderna (Armus y Belmartino, 2001).

En este contexto, se dio también un proceso de creciente medicalización (González Leandri, 2006), aunque conflictivo e incompleto, en el que los profesionales de la salud fueron conformando su campo a la vez que construían la esfera de la salud pública. En este artículo veremos el lugar que le dio la prensa a su accionar durante la epidemia de gripe española en la atención de la salud de los santafesinos.

La prensa y la divulgación científica

Tal como comprobamos en el caso de la pandemia de covid-19, los medios de comunicación ofician de espacios de encuentro entre los especialistas, el conocimiento científico y el público. Esta mediación no está desprovista de operaciones ideológicas (Calsamiglia, 2000). La actividad periodística es un factor preponderante en cuanto a las imágenes y representaciones que las personas se forjan en relación con un acontecimiento. Tendremos en cuenta el supuesto de que las notas de tipo informativo trasuntan operaciones ideológicas, derivadas de las concepciones que tenían los periodistas sobre el trasfondo social de principios del siglo xx.

El tratamiento cotidiano de la información incrementó los intereses de la ciudadanía en algunos hechos científicos, lo que los convirtió en temas destacados en las publicaciones durante el desarrollo de la pandemia. Con títulos como “La enfermedad de moda. La influenza”, “La Grippe[2]”, “La enfermedad del día”, la pandemia de influenza fue noticia cotidiana desde octubre de 1918 hasta agosto de 1919. En esta instancia, vamos a presentar los mensajes transmitidos, sin profundizar en las cuestiones referentes a la producción del discurso ni en sus condiciones de recepción (Cassany y Calsamiglia, 2001). Pese a los límites de la función educativa de los medios masivos de comunicación (Garret, 1987), la prensa es muy útil para elevar el nivel de conciencia de la población. Es fundamental destacar, entonces, que, aunque la información no es suficiente para promover un cambio de conducta, es un ingrediente esencial en una exitosa estrategia de salud pública, sobre todo contra el flagelo de una pandemia.

La vida en las ciudades estuvo marcada por epidemias. Por eso, el descubrimiento de la enfermedad como problema social se dio no porque antes no existieran, sino porque fue hacia fines del siglo recién cuando se las relacionó con otras urgencias y con una nueva convicción que indicaba que era posible y necesario hacer algo que las evitara. Los higienistas fueron figuras clave para la formulación de políticas destinadas a responder las cuestiones de salud, que comenzaron a tener peso porque se hablaba de entender y preservar la salud del pueblo, que es todo lo que se refiere a su bienestar, por lo cual la higiene fue presentada como un valor universal, situado por encima de las diferencias sociales.

Una referencia ineludible resulta el trabajo de Liane Bertucci sobre el discurso médico durante la epidemia de influenza de 1918, en Sao Paulo. La autora advierte que instruir a la población sobre los procedimientos a seguir durante la epidemia y sobre cómo medicarse durante ella no significa compartir y trasladar a la práctica ese discurso. Pero sí incrementó la vulgarización de términos o nociones como “síntoma”, “microbio”, “profilaxis”, entre otros, a los no iniciados. La insistencia en el cuidado de la propia salud, de una dolencia y su posible tratamiento posibilitó popularizar la ciencia médica y las acciones de sus representantes (Bertucci, 2004).

La prensa santafesina durante el desarrollo de la pandemia

Los diarios utilizados para nuestro análisis son los disponibles digitalizados en el Archivo Histórico Provincial de Santa Fe. El diario Nueva Época, uno de los más importantes que circularon en el período, fue fundado en 1886 por el Dr. David Peña, Floriano Zapata y Diego Fernández Espiro. Defensor de la Iglesia y del catolicismo, declarado opositor del radicalismo, reconocía las virtudes del programa radical y sus logros: honestidad administrativa, respeto a las instituciones, libertad electoral (Nueva Época, 15 de mayo de 1915). El diario Santa Fe, fundado en 1912 por Don Salvador Espinosa, con el objetivo de ofrecer el lugar “donde el pueblo lograra escuchar su propia voz”; fue el vocero popular de la ciudad capital. Contaba con “plumas honradas” como Domingo Silva, integrante del primer cuerpo docente de Colegio Nacional (Cervera, 2011: 60). Enrolado en la modernización, aglutinó a muchos que se destacaban en la educación de la ciudad, como Enrique Muzzio y Juan Beleno, y, encolumnados en su tarea de difusión periodística, Gerónimo Cello y Manuel Cervera (Cervera, 2011: 63-64).

Existen casos en que la prensa usó la pandemia como argumento de crítica a las distintas instancias de gobierno, nacional, provincial y municipal (Carbonetti y Rizzi 2015). Carbonetti y Rizzi toman tres periódicos: La Nación, La Voz del Interior y Nueva Época, que se publicaban en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Salta, respectivamente. Considerados desde una mirada política, analizan las estrategias que estos medios utilizaron para criticar e imponer agendas de discusión a los gobiernos de turno.

A diferencia de lo que sucedía en esas ciudades, las noticias publicadas referentes al desarrollo de la pandemia de gripe en el ámbito local santafesino presentan una cierta uniformidad y acompañamiento de las medidas que tomaba el gobierno de la ciudad para afrontar la pandemia. En ambas publicaciones consideradas, se bregaba insistentemente por la salud pública. Era un tema de actualidad, publicado generalmente en las primeras páginas; se señalaba con preocupación la mortalidad infantil y la presencia de enfermedades como la peste bubónica, la tuberculosis, el paludismo y el sarampión. Esto se asociaba a la vida de hacinamiento en ranchos, conventillos, casas viejas y de alquiler. Frente a esto, el diario Santa Fe expresaba: “Hay dos formas de velar por la salud. Combatiendo el mal al dar fe de vida, sistema represivo; o evitar que se produzca, con el empleo de una severa prevención (Santa Fe, 5 de enero de 1918).

Las deficiencias de la situación sanitaria santafesina señaladas por la prensa podían resolverse mediante soluciones “higienistas” (Collado, 1996: 13). Tal como afirma Armus, mientras las enfermedades infecciosas dominaron los modos de morir y enfermar de la gente, hubo un marcado énfasis en la lucha antiepidémica asentado en los temores generalizados del contagio, la higiene defensiva, la moralización de las masas, las preocupaciones por el equipamiento urbano y la pobreza (Armus, 2011).

El desarrollo de la epidemia y las percepciones médicas de sus síntomas

El desconcierto y la incertidumbre de la medicina sobre la enfermedad podían apreciarse en los debates que se llevaban a cabo en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, en noviembre de 1918. Allí los médicos presentaban sus diferentes opiniones sobre esta dolencia (Rivero y Carbonetti, 2016), debatían y sustentaban posiciones encontradas con respecto al agente causante de la epidemia, sobre su desarrollo como dolencia y la forma como había llegado a la Argentina.

La pervivencia de las concepciones premodernas de la enfermedad[3] se evidencia en algunas publicaciones de la prensa santafesina contemporánea a la pandemia de gripe de 1918-1919, por ejemplo, en la opinión de quienes asociaban la influenza con las fuerzas físicas de la atmósfera, difundidas por “pesadas nubes cargadas de electricidad y sabe Dios de qué… deshechas en lluvia sobre la capital” (Santa Fe, 30 de octubre de 1918).

En octubre de 1918, la prensa santafesina advirtió que la “grippe” se extendía por todo el país. Con el título “En previsión de que nos visite la ‘grippe’” (Nueva Época, 23 de octubre de 1918), se presentó una entrevista realizada al director de la Asistencia Pública Dr. Sañudo, quien señaló que se intensificarían las desinfecciones y se aumentaría el presupuesto para sanidad, contando con la cooperación del intendente Dr. Rodríguez.[4]

Pese a su “benignidad” o a presentarse “bajo un aspecto de fácil dominio” (Santa Fe, 24 de octubre de 1918), era conveniente tomar recaudos. Se insistía en detallar los síntomas de la enfermedad: dolor de cabeza, dolor de garganta e irritación de las mucosas y malestar general indefinido en el aparato digestivo, fiebre que alcanza los 39-40 grados o más (Santa Fe, 22 de octubre de 1918). En una carta publicada en el diario Nueva Época, un médico de Buenos Aires le señala a un colega santafesino que, de los análisis efectuados a vivos y muertos, “no se han encontrado más microbios que el de Pfeiffer (influenza) y Neumococos (neumonía) [por lo que concluye que se trata de] una grippe forma hipertòxica y nada más” (Nueva Época, 7 de noviembre de 1918).

Una vez confirmada la epidemia, la prensa buscó informar a la población de una manera equilibrada, evitando que se extendiera el pánico. Un médico santafesino aclaraba en un medio local:

Aconséjales a todos que no tengan miedo, que la forma es benigna y si existen casos graves, es por la complicación pulmonar, y además que la mayoría de los muertos han sido ya individuos con afecciones graves […]. En la cantidad de enfermos habidos, los decesos no han sido tantos (Nueva Época, 7 de noviembre de 1918).

La prensa transmitía el alerta intentando no atemorizar a los ciudadanos. Para ello complementaba los mensajes de las autoridades con los de los expertos. Como, por ejemplo, cuando se citaba a un “eminente clínico italiano, el Dr. P. Goggia, de la Universidad de Génova”, quien detallaba las formas clínicas de la influenza y también advertía de sus complicaciones más comunes (Santa Fe, 22 de octubre de 1918).

La lectura pormenorizada de titulares y textos refleja un mimetismo generalizado en la cobertura de la gripe por los diferentes diarios, ya que con frecuencia encontramos titulares muy similares y, sobre todo, informaciones prácticamente idénticas, cuyas fuentes de información eran generalmente las mismas. El tipo de fuentes más utilizadas por estos medios eran las institucionales –Concejo Deliberante, Intendencia, Asistencia Pública–, la prensa de Buenos Aires y la consulta a médicos reconocidos.

Hacia fines del mes de octubre, se informó la elevación del número de afectados invocando el motivo de la gripe: en el personal de policía, en la oficina de correos, en la Imprenta Oficial, en la cárcel penitenciaria, en la empresa de tranvías y oficinas del ferrocarril, en los bancos y casas de comercio, en las oficinas públicas y en el personal de salud de la ciudad. Sin embargo, siempre se aclaraba que seguía “conservando su benignidad” (Nueva Época, 31 de octubre de 1918).

Para el mes de noviembre de 1918, se anunció la “declinación de la epidemia gripal” en Santa Fe; se advertía que, para este momento, lo más grave no era la epidemia en sí, sino que las personas le habían perdido el miedo y se olvidaban de las precauciones que había que adoptar para evitar las recaídas, que suelen ser fatales (Santa Fe, 10 de noviembre de 1918). Ante la reaparición de la epidemia en Buenos Aires, en el mes de abril de 1919, los medios de comunicación santafesinos recordaron a las autoridades médicas la necesidad imperante: “[…] velar constantemente porque no se introduzca entre nosotros” (Santa Fe, 14 de abril de 1919).

Hemos visto que las características y síntomas de la enfermedad fueron aspectos centrales en el tratamiento periodístico sobre la pandemia de gripe. También lo serían las medidas profilácticas y curativas posibles de adoptar para combatirla.

Tratamientos contra la gripe

Al investigar sobre los tratamientos aplicados para la cura de esta enfermedad, comprobamos que, tal como afirma Armus, las enfermedades llevan consigo prácticas y construcciones discursivas que reflejan la historia intelectual e institucional de la medicina, generando la oportunidad para el desarrollo y la legitimación de políticas públicas, canalizando ansiedades sociales de todo tipo y sancionando valores culturales (Armus, 2001: 44).

El uso de los tratamientos empleados para combatir la gripe sufrió modificaciones a lo largo de los años. Durante mucho tiempo, la gripe fue una de las afecciones catarrales, por lo que su tratamiento fue básicamente el del catarro; este consistió en la práctica de sangrías generales y locales, combinadas con revulsivos y evacuantes (Armus, 2001: 44). Los purgantes fueron limitados a la fase inicial de la enfermedad, y reaparecieron en el siglo xix como uno de los principales remedios contra la gripe. En el último tercio del siglo xviii, a estos tratamientos se les sumaron las sales de quinina, empleadas por primera vez en Alemania (Armus, 2011: 35). En nuestro caso, la creencia en que era un tratamiento específico de la gripe se evidencia en la medida extrema adoptada por el Concejo Deliberante santafesino, que exigió la requisición de sales de quinina de todas las farmacias de la ciudad a través de la Ordenanza Municipal n.º 1796 (Santa Fe, 22 de octubre de 1918).

En lo referente al tratamiento de la epidemia de gripe, el periodismo local cumplió con el papel de la divulgación científica. Tanto el diario Santa Fe como Nueva Época actuaron de mediadores entre los médicos y el resto de la sociedad, con el objetivo de transmitirle a esta el conocimiento científico que consideraban de interés general, o del que se disponía entonces. Se utilizaron distintos géneros discursivos, además de ofrecer información directa en crónicas que narraban ciertos sucesos y explicaciones a través de notas editoriales o de opinión. En esta difusión de contenidos, podemos identificar un propósito educativo, sentando las bases para que la sociedad incorporara a su forma de vida hábitos saludables.

A esto se debe la insistencia en los cuidados personales:

La gravedad depende de las malas condiciones individuales. Debe hacerse, pues, lo posible por llevar una vida ordenada, evitando así las causas que podrían favorecer el desarrollo de síntomas graves en caso de enfermar. Conviene mantener limpio el cuerpo; ser riguroso con la higiene de las fosas nasales, boca y manos que deberán ser lavadas varias veces en el día; comer con método y sin excesos; purgarse si así lo exige el estado del aparato digestivo; no concurrir a lugares donde haya aglomeración de público y evitar toda causa de depresión nerviosa, como ser el exceso de fatiga física y mental u otras determinaciones de inferioridad fisiológica (Santa Fe, 22 de octubre de 1918).

La información difundida por los medios pretendía también activar en el público la conciencia de la responsabilidad individual y el aporte personal al resguardo de la salud pública. Para el cuidado personal, se indicaban los siguientes tratamientos:

[…] tomar la cama, purgarse, observar dieta rigurosa y hacer uso de tisanas calientes (flores expectorantes, sauco, etc.). Para los dolores de cabeza o del resto del cuerpo puede tomarse un sello con la siguiente fórmula Fenacetina, 0.40 cm., piramidón, 0.20 cm. Hacer fricciones con tintura blanca o alcohol alcanforado en las piernas o partes doloridas. […]. La mosca[5] es uno de los vehículos más probado de la gripe, y por consiguiente urge hacerle una guerra sin cuartel (Santa Fe, 10 de noviembre de 1918).

Se recomendaba que la primera medicina a tomar fuera “un purgante salino de preferencia”. Sin embargo, finalmente se advertía:

No se conoce en la actualidad medicación alguna profiláctica para evitar la propagación del proceso ni atajar su desarrollo, como tampoco se conocen sueros ni vacunas que puedan preservar de la enfermedad o ayudarnos a combatirla. El único preservativo eficaz tiene por base el aislamiento posible de sanos y enfermos. El régimen alimenticio sano, la aireación y la extrema limpieza son la base en que descansa la lucha contra esta enfermedad (Nueva Época, 3 de octubre de 1918).

La epidemia dejó de considerarse en el antiguo concepto de influencia de las condiciones atmosféricas o climáticas para destacarse el contagio interhumano.

El contagio se hace por todo aquello que proviene del enfermo o que ha estado en su contacto con el mismo. Todas las secreciones del enfermo tales como mucosidades, lágrimas, salivas, etc. Son contagiosas […]. El aliento, la tos y el estornudo, llevando partículas de saliva o de moco, contagian a los que lo rodean, y el beso es un medo seguro de contagio (Nueva Época, 2 de noviembre de 1918).

Contra la idea de que la enfermedad sería entonces un ser perteneciente a la naturaleza, la tesis fisiologista proponía que las afecciones agudas provenían de la gastroenteritis (Bourdelais, 1999). Estas ideas persistían en el trasfondo de las recomendaciones médicas y de las autoridades para la prevención y atención de los enfermos de gripe, cuando se insistía en la recomendación de purgarse y mantener limpio el organismo para evitar enfermarse.

Por otra parte, la prensa divulgaba la posibilidad del desarrollo de una vacuna contra la gripe:

[El Dr. Krauss, del Hospital Alemán,] aconseja al departamento de Higiene la vacunación preventiva contra la influenza consistente en una preparación mixta de un vintigrado cúbico de bacilos pleuff con neumococos y stretacocos. Cree el doctor Krauss que es la oportunidad de ensayar esta vacuna (Santa Fe, 27 de octubre de 1918).

Los medios informaron que eran muchas las personas que concurrían al Instituto Bacteriológico para inyectársela, pese a que aún no se habían obtenido resultados concretos (Santa Fe, 31 de octubre de 1918). Sin embargo, esta se haría obligatoria, por indicación del Departamento Nacional de Higiene, en el Ejército, la Marina y reparticiones públicas.

Medidas adoptadas

La difusión de las políticas adoptadas por la Municipalidad de Santa Fe fue una de las funciones desempeñadas por los periódicos durante este período. El antecedente de la epidemia de cólera en noviembre de 1886 pudo estar relacionado con la fuerte insistencia en la prevención, que originó, de parte de las autoridades, una serie de medidas para mejorar la higiene pública. Se aconsejaba: “Por lo tanto, constitúyase usted en guardián de su propia salud y en la de sus semejantes, si quiere ver pronto alejado al terrible como invisible enemigo que nos acecha” (Santa Fe, 29 de octubre de 1918).

La actitud activa del Estado municipal era reconocida y aplaudida por la prensa local, haciendo hincapié en que “prevenir no es alarmar”. Las medidas higiénicas no tienen como único fin impedir el contagio, sino evitar que la propagación sea demasiado rápida y provoque la falta de medios de asistencia. Es la simultaneidad en la solicitud de asistencia lo que sobrepasa cualquier sistema de salud. Según la opinión del periódico, eso era lo que se evitaría si se seguían los consejos de la Asistencia Pública (Santa Fe, 26 de octubre de 1918).

En el artículo 118 de la ordenanza 118, se establecieron multas a los infractores, médicos y jefes de familia que no cumplían la ley al ocultar casos sospechosos o diagnosticados de enfermedades infectocontagiosas. “Para explicar esa aversión del pueblo a la tutela oficial, se ha hecho circular malévolamente la noticia de que la Asistencia Pública recluye a los enfermos denunciados en la Casa de Aislamiento. No hace falta desmentirlo (Santa Fe, 23 de octubre de 1918).

Las medidas tomadas en la Ordenanza n.° 1.797 del Concejo Deliberante municipal para prevenir la epidemia de gripe respondían a antecedentes de epidemias previas, a lo que se sumaba el desconocimiento que se tenía en referencia a la gripe en particular. La prohibición de venta de frutas y de helados en las calles se apoyaba en el argumento de que en el polvo podía haber gérmenes del contagio. Las infracciones se sancionaban con multas y decomisos (Nueva Época, 21 de octubre de 1918).

Las autoridades sanitarias realizaban la inspección y desinfección de todas las casas de inquilinato y conventillos existentes (Nueva Época; 24 de octubre de 1918). En octubre, ante el aumento de casos, se denunció que la Asistencia Pública debía pedirle a la intendencia municipal más operarios, a fin de que “la desinfección [fuera] tan rápida como lo recla[maban] las circunstancias” (Santa Fe, 23 de octubre de 1918).

Podemos apreciar en las medidas adoptadas por el Concejo Deliberante municipal la pervivencia de la teoría miasmática y del contagio (Carbonetti y Rodríguez, 2007). Con respecto a las desinfecciones, fue usual en distintos lugares del mundo que las autoridades las ordenaran con carácter obligatorio desde el principio mismo de la epidemia. Esta medida era inútil en la lucha contra la gripe, cuyo virus se transmite directamente de persona a persona por la expulsión de saliva.

Un fenómeno que es una constante cuando aparece alguna epidemia: la especulación alrededor de ciertos productos con los cuales se cree que es posible preservarse de la enfermedad. A fin de evitar la suba indiscriminada de estos productos, se dictó, como ya mencionamos, la Ordenanza n.° 1.796 del Concejo Deliberante municipal referente a la prohibición de la venta en farmacias y droguerías del municipio de las sales de quinina y de su requisición (Santa Fe, 22 de octubre de 1918). Otra medida que se menciona en el diario es la confección y reparto por parte de la Asistencia Pública de una hoja en la que se asentaban las precauciones que debían observarse para prevenirse en contra de la gripe (Santa Fe, 23 de octubre de 1918).

En noviembre de 1918, se registró un gran número de decesos a causa de la gripe; la prensa informó el decreto de la intendencia mediante el cual se procedía a la clausura de espectáculos públicos. El incumplimiento se castigaría con multas de doscientos pesos y se podía disponer el cierre de sus comercios con el auxilio de la fuerza pública (Nueva Época, 1 de noviembre de 1918).

Conclusiones

A través de la prensa local y las medidas adoptadas, comprobamos que, en la necesidad de explicar y combatir la epidemia, han predominado los criterios médicos de la época. La gripe llegó a Santa Fe y una serie de medidas fueron adoptadas por parte del estado municipal a fin de evitar su propagación. La toma de medidas precautorias y las amenazas de sanciones monetarias y del uso de la fuerza pública son evidencia de la mayor intervención estatal en momentos de una posible eminente crisis debido a esta pandemia. Medidas que la prensa difundió y apoyó, aun desde los distintos posicionamientos políticos.

Las epidemias dejaron de ser pensadas como un acontecimiento inevitable y una tragedia individual, y devinieron en asunto de política pública. Este cambio fue operado por la consolidación del higienismo, pensamiento acerca del cuerpo social, de la vida urbana y del bienestar de la población, que articuló intervenciones más o menos coercitivas, policiales y preventivas y que fue promovido por la prensa santafesina desde las publicaciones analizadas.

Bibliografía

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  1. La población de la ciudad de Santa Fe en 1918 se estimaba en 77.535 personas y, en 1919, en 80.572, en un proceso de aumento sostenido desde comienzos del siglo xx. Entre 1895 y 1914, uno de cada tres habitantes era extranjero (Censo Municipal de Población, 1923. AGPSF).
  2. Carbonetti (2010) aclara que Grippe fue la denominación dada por parte de las autoridades sanitarias y por los médicos en general. Posiblemente, la doble P haya sido el elemento diferenciador de la enfermedad que aparecía todos los años, menos devastadora y recurrente.
  3. En sus orígenes, el término “influenza” estaría en relación con la supuesta “influencia de los astros” (haciendo referencia a la doctrina bajomedieval y renacentista acerca de la relación entre influjos astrales y aparición del cuadro morboso). Esta teoría ha sido reconsiderada y reelaborada en distintas versiones, situando el origen del virus en el espacio, desde donde se habrían desplazado a la Tierra a través del polvo estelar. Mendez Álvaro, Reflexiones acerca del catarro pulmonar epidémico que vulgarmente se conoce bajo el nombre de Gripe, Madrid (1837) citado en Porras Gallo, M. Una ciudad en crisis: la epidemia de gripe de 191819. Facultad de Medicina, Madrid. 1194.
  4. Al asumir como intendente, se publicó una entrevista al Dr. Rodríguez, a quien se describió como un hombre culto, enérgico y resuelto, y para quien la salud pública tendría una atención de preferencia (Santa Fe, 2 de julio de 1918).
  5. Debido a la abundancia de pulgas en los lugares donde la gente enfermaba, el doctor uruguayo Gaminara señalaba, al pretender identificar al vector de la enfermedad: “Pues bien, en las dos ondas epidémicas de los años 18 y 19 hemos notado la existencia de gran cantidad de pulgas en todas partes: en teatros y biógrafos era público y notorio su abundancia; en los tranvías y automóviles continuamente uno pescaba algún ejemplar cuando no varios, que llevaba diariamente a su casa”. En Anales de la Facultad de Medicina. Tomo v. Montevideo, 1920. “¿Pulex irritans puede trasmitir la Grippe?”, pp. 215226.


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