Otras publicaciones:

9789871354894_frontcover-224x344

12-4618t

Otras publicaciones:

Book cover

isaacson

La conformación de la Sociedad Espiritismo Verdadero[1]

Moral espírita en Rafaela, provincia de Santa Fe

María Eugenia Demarchi

“Nacer, morir, renacer nuevamente…
y progresar sin cesar, tal es la Ley”.

 

Allan Kardec

Introducción

El presente trabajo explora la trama que dio lugar a la fundación de la Sociedad Espiritismo Verdadero (sev) en la ciudad de Rafaela, localidad que, como muchas otras en el centro-oeste santafesino entre finales del siglo xix y principios del siglo xx, surgió en 1881 como colonia agrícola, evidenciando prontamente un gran crecimiento económico, poblacional y territorial. En este contexto de desarrollo precoz de las primeras décadas del siglo xx, dando cuenta de los cambios y del proceso de diversificación de la sociedad rafaelina, se fundó la sev. Ello invita a reflexionar, desde el comienzo del análisis histórico que se propone, sobre las implicancias de esta en la trama social local y de la prosperidad socioeconómica que fue su telón de fondo.

La doctrina espírita, al formar parte de una nueva forma de espiritualidad, no ortodoxa, supuso también para sus adeptos nuevas formas de concebir la vida, la salud y el bienestar.

En Argentina, la llegada del espiritismo a fines del siglo xix, de la mano de inmigrantes españoles, estuvo incluida en el afincamiento de las nuevas heterodoxias, tal como las designa Susana Bianchi (2009): es decir, nuevas creencias y cosmovisiones que se apartan de la doctrina oficial de una religión o que discrepan de la doctrina fundamental de un sistema político y filosófico. En este sentido, se destaca que el espiritismo no puede analizarse sin la particular raigambre en la ciencia moderna de su credo. A este respecto, el espiritismo constituye “una filosofía que se fundamenta en la ciencia y se proyecta en sus consecuencias morales” (Aizpurúa, 2016: 30). De esta manera, se ubica sin ambigüedades en el mundo de la cultura contemporánea al ser un espiritualismo científico (Quereilhac, 2014).

El espiritismo vino a constituir una novedosa cosmovisión, que conjugó ciencia, filosofía y moral para romper las ataduras teológicas como condicionantes a la hora de ver, comprender y explicar la existencia humana y la relación con la divinidad. En ello, Argentina no constituyó una excepción. Amén de su dimensión espiritual, desde el discurso médico, el saber espírita pasó, retrospectivamente, a incluirse en las prácticas llamadas “alternativas” o “empíricas” de sanación. Se la vinculó al magnetismo animal y a la hipnosis y a otros rituales terapéuticos (Idoyaga Molina, 2015).

Como señala Daniel Ludueña (2013), el espiritismo es un fenómeno multifacético que, como tal, interesa a la historia social y cultural de la religión, de la salud, de la inmigración, entre otros. Según el autor, los desarrollos recientes sobre la temática en el país han permitido poner de relieve la importancia de este fenómeno para la historia misma del espiritismo (Bubello, Chaves y De Mendonça Júnior, 2018; Suárez, 2013), en su dimensión institucional, en su cosmología (Ludueña 2009). Finalmente, sobre sus prácticas rituales terapéuticas (Algranti y Gancedo, 2015). Para el centro, oeste y norte de la provincia de Santa Fe, esta temática constituye un área de vacancia notoria con la excepción de estudios de caso puntuales (Demarchi, 2018; Sedran, Carbonetti y Allevi, 2018).

El espiritismo plantea, en la consideración de la salud y del bienestar, una relación conflictiva entre las categorías de ciencia y de religión, como por ejemplo en las prácticas sacralizadas terapéuticas, que permiten situarla entre dos hegemonías (la religiosa, del catolicismo, y la científica, de la biomedicina). Para reconstruir sus orígenes en ello, será necesario considerar su raigambre sociocultural para situar históricamente el fenómeno en el centro-oeste santafesino. Por ello aquí se privilegia, desde la perspectiva de la historia social y con enfoque cualitativo, la atención a los testimonios de los protagonistas de ese período fundacional, y se atiende a sus razones para crear y cimentar la sev, cuyo eje fue, primordialmente, espiritual. Se recaban testimonios de los descendientes de los fundadores de la sev, de sus documentos institucionales, así como de fuentes periodísticas locales y provinciales.

El análisis se detiene especialmente en los citados testimonios, pues el espiritismo es una práctica aún viva en la sociedad rafaelina, lo cual inserta dichos testimonios en un universo simbólico espiritual y de bienestar que permitirá enmarcar los saberes, instituciones y prácticas espiritistas en clave local y regional. Ello con el fin de contar con una base empírica sobre la cual avanzar en estudios específicos relativos al campo de la historia de la salud y la enfermedad.

Espiritismo y sev: moral y la espiritualidad

En el plano histórico, el espiritismo surgió a mediados del siglo xix con el formidable trabajo teórico y experimental que realizó el pedagogo francés Allan Kardec. La existencia de Dios, la preexistencia y supervivencia del espíritu, la reencarnación, la facultad mediúmnica, la concepción del espiritismo como una ciencia experimental y como filosofía librepensadora y del progreso como transformación personal pueden mencionarse dentro de sus postulados básicos. La existencia de Dios, como premisa mayor de la doctrina espírita, podría llevar a la errónea definición del espiritismo como una religión, por lo cual es importante destacar que, en cuanto doctrina espiritualista, el espiritismo coincide con las religiones cuando coloca dentro de sus principios básicos las ideas de Dios, del alma y de la vida después de la muerte, pero se diferencia en cuanto a la manera de asumirlas, definirlas, entenderlas o interpretarlas.

Las religiones hacen parte del espiritualismo dogmático, mientras que el espiritismo es un espiritualismo científico. En la visión religiosa, y especialmente en la religión judeo-cristiana, el hombre vive una vez y está marcado por el pecado original, del cual solo habrá de librarse mediante la concesión de la gracia divina.

El espiritismo es una doctrina evolucionista que no admite ideas como las de pecado, salvación, cielo, infierno, y que presenta la ley de la reencarnación como el instrumento que viabiliza el progreso individual y colectivo, enseñando al hombre que es el artífice de su propio destino en sus vidas sucesivas (Aizpurúa, 2016: 31).

Por el contrario, en el espiritismo no hay dogmas ni libros sagrados: se preconiza la razón como fuente de saber.

Como se dijo, en Argentina, a fines del siglo xix, el espiritismo se contaba entre los “movimientos espirituales ajenos a las religiones constituidas, que intentaban conciliar los principios dominantes con las aspiraciones de trascendencia metafísica” (Bianchi, 2009: 141).

En este sentido, para la historia de la salud, la particular cosmovisión que el espiritismo propone entre ciencia, religión e “institucionalización del espíritu” (Ludueña, 2013: 42) resulta interesante para ubicar esta doctrina y sus concepciones sobre el bienestar –la intersección entre la enfermedad, las concepciones de lo sagrado y las terapias practicadas (Idoyaga Molina, 2015)– en el marco del panorama espiritual y científico santafesino. Considerando, además, que la necesidad de estudiar los casos locales se reconoce en la comprobada diversidad que el espiritismo adquirió en Argentina, más allá de su institucionalización en la Confederación Espiritista Argentina (Ludueña, 2013).

En Rafaela, la llegada de la sev, en la década de 1920, supuso una novedad importante en el marco de una tradición de hegemonía católica. A nivel local, la sev asentó su desarrollo institucional sobre los principios básicos del estudio metódico de la obra de Allan Kardec, del desarrollo crítico de la mediumnidad y de las comunicaciones espirituales a través del control intermediúnico y de la razón, de las comunicaciones espirituales y de la compenetración profunda en los aspectos morales y progresistas de la doctrina (Drubich, 1999: 3). Sus bases fundacionales fueron enumeradas de la siguiente forma:

–Cumplimiento de las leyes naturales y divinas que incluyen la familia, el prójimo, el trabajo, el servicio, la solidaridad, el ejemplo cotidiano, el control cotidiano, el control del lenguaje, del pensamiento y del sentimiento.
–Desarrollo y conquista de una autoridad moral conductiva.
–Fidelidad a los conceptos doctrinarios de este conocimiento.
–Un claro e inquebrantable compromiso con el progreso, que era sostenido por firmes valores (Drubich, 1999: 24).

Tanto el contenido de la práctica de la sev, como su modalidad, mecanismos de aceptación de nuevos miembros, y el estatus y consideración social de sus integrantes en la sociedad local (como personas trabajadoras, prósperas, de bien) estuvieron apoyados fuertemente en la dimensión moral de la doctrina espiritista. De hecho, sobre la experiencia local, Fernando Montú (2008) destaca que,

a diferencia de otras instituciones de Argentina, América y el mundo que se avocaron al estudio de los fenómenos derivados de la mediumnidad, los fundadores de Espiritismo Verdadero tuvieron siempre como eje fundamental el conocimiento de sí mismo como medio superador para el desarrollo de la personalidad en el bien (Culzoni, 2008: 8).

Los antecedentes de la llegada y posterior institucionalización de los primeros seguidores de la doctrina espírita a la ciudad de Rafaela dan cuenta de la decisiva contribución del proceso inmigratorio de finales del siglo xix y de los posteriores desplazamientos regionales o migraciones internas de las familias inmigrantes, en la diversificación social y sus expresiones espirituales. Geográficamente, se puede situar el punto de partida de la comunidad espírita local en la localidad de Casa Grande, provincia de Córdoba, lugar de residencia, en los principios del siglo xx de la familia Soriano.

Josefa Ortiz y Andrés Soriano, procedentes de España, se instalaron en la citada localidad cordobesa, donde desarrollaron la actividad comercial, regenteando un negocio de ramos generales. Fueron padres de 10 hijos (tres varones y siete mujeres). Dos de ellos, Arnaldo y Joaquín, eran trabajadores ferroviarios. La irrupción del espiritismo en la vida de la familia Soriano fue el corolario de una experiencia vivida por la madre, Josefa. Así lo rememora una de sus hijas (también llamada Josefa):

En un viaje que hizo mi madre a la población veraniega de Cosquín, con el objeto de visitar a sus amigas, tuvo oportunidad de enfrentarse con algo que, con el tiempo, iba a dar un rumbo definitivo a su familia. ¡Qué lejos estábamos de pensar que una simple manifestación de curiosidad, con el correr de los años, canalizaría nuestras vidas, introduciéndonos en los maravillosos y desconcertantes porqués de la existencia humana y espiritual! (Rossetti, 1992: 11).

Luego del encuentro con una señorita oriunda de la ciudad de Rosario, quien se encontraba vacacionando en Cosquín y que poseía la “rara propiedad de ver a seres invisibles, espíritus leves (no sólo los veía espontáneamente, sino que podía llamarlos y oír sus voces)”, y de que esta efectuara una demostración del modo de evocar a estas entidades espirituales, Josefa Soriano se interesó profundamente por el tema, y les transmitió lo vivido a su esposo e hijos mayores. Además, les manifestó que “ya conocía a través de [los] mensajes [recibidos] que sus hijos eran “Médiums” y que podía evocarlos, siempre que esas evocaciones se realizaran con seriedad y fe en Dios” (Rossetti, 1992: 12). De esta manera, su primer acercamiento al mundo de las ideas espíritas fue a través de la experimentación, ya que, para ese entonces, desconocían la doctrina elaborada y codificada por Allan Kardec.

En 1906, la familia Soriano se radicó en la ciudad de Córdoba, en busca de una mejor enseñanza para sus hijos. Allí, las reuniones destinadas a la comunicación con los espíritus se realizaban de manera cada vez más esporádica, hasta que finalmente fueron terminantemente prohibidas por el padre de familia:

Como nosotros no teníamos una forma organizada de controlar y dirigir los médiums, comenzaron las dificultades. Joaquín, dueño de una mediumnidad completamente potente y desarrollada, comenzó a caer en trance en cualquier lugar donde se hallara […]. Este estado de posesión se fue volviendo cada vez más continuo […] lo que trajo como consecuencia que mi padre interviniera […] resolvió con carácter firme y decidido, prohibir completamente esas comunicaciones (Rossetti, 1992: 13).

Esta primera etapa se vincula con los aspectos puramente fenomenológicos del espiritismo, pero constituye el punto de partida para la historia de la Sociedad Espiritismo Verdadero. En este contexto, una de las hijas del matrimonio Soriano-Ortiz, Josefa, contrajo matrimonio con Ageo Culzoni, procedente de Paraguay, en 1918. Al año siguiente, los esposos, junto a los padres de Josefa, se radicaron por motivos laborales en la localidad de Ataliva, distante a unos 30 km de Rafaela, mientras que Joaquín Soriano ya residía con su familia en el vecino pueblo de Galisteo, en calidad de jefe de la estación de ferrocarril.

En esos tiempos Ageo comenzó a interesarse por la obra de Cosme Mariño, hombre clave para la divulgación del espiritismo en el Río de la Plata y especialmente en la Argentina, a través de la Sociedad Espírita Constancia, primera sociedad espírita argentina, fundada en Buenos Aires en 1877 (Mariño, 1963). Comenzó así un intercambio epistolar que tuvo como causa el deseo de Culzoni de conocer la esencia de la doctrina espírita y, como corolario, la respuesta solícita de Mariño, quien le envió un número de la revista Constancia, publicación pionera dentro de los periódicos espíritas durante el período 1881-1927. Siguiendo los consejos de Mariño, Ageo Culzoni adquirió las obras de Allan Kardec y se suscribió a la mencionada publicación (Vercesi de Drubich, 2008: 18).

A pesar de la reticencia inicial de su esposa Josefa, Culzoni emprendió el estudio serio y científico de la doctrina. En ese momento, en que la fenomenología se comenzó a encuadrar y comprender dentro del marco más amplio de los conocimientos doctrinarios y científicos, comenzaron a gestarse los rasgos distintivos de la futura Sociedad Espiritismo Verdadero de Rafaela. Las primeras reuniones se realizaron en la localidad de Ataliva, de manera intrafamiliar. El grupo inicial se componía de Ageo Culzoni, su esposa Josefa Soriano, Joaquín Soriano (en su condición de médium) y su esposa Dominga Nissen.

En el año 1923, Ageo Culzoni y su familia se mudaron a la ciudad de Rafaela, y de esa manera empezó a escribirse la historia de la sociedad espírita local. Hasta el 1927, se realizaron reuniones semanales en las que paulatinamente se amplió el reducido grupo original. María Alicia V. de Drubich, en el artículo “Nuestros orígenes”, menciona:

Joaquín por razones de trabajo, permanece en Ataliva, pero los domingos viaja a esta ciudad para realizar las acostumbradas sesiones. Lo traía Mauricio Drubich (inmigrante ruso), quien con Juan Ternengo, Bartolomé Cichitti y Gerardo Guzmán, se incorporaron a las reuniones. Sus esposas los acompañan y apoyan. Más tarde lo hacen Sebastián Fernández y Esteban Montú (Vercesi de Drubich, 2008: 19).

Drubich también mencionó como asiduo asistente a las reuniones al matrimonio conformado por Juana y Demetrio Montú, residentes en Galisteo y quienes ya habían tenido contacto anterior con los principios de la doctrina espírita. Su hijo Néstor, en un escrito de su autoría sobre la vida de su padre, explica:

En el año 1926 mi padre conoció a Don Joaquín Soriano, jefe de la estación ferroviaria de Galisteo, este señor era espiritista y amigo del sobrino de mi padre, Esteban Montú, a trabes [sic] de él, se contactan para experimentar con una reunión de esa índole, mi padre tenía algún conocimiento sobre espiritismo porque en circunstancias anteriores había oído hablar del mismo y en otras había recibido orientación para instruirse en el conocimiento, adquiriendo las obras de Kardec […]. Esto había ocurrido cuando, siendo joven, le hablara un cocinero francés que trabajara para ellos en el equipo de trilla que poseían y por segunda vez en la peluquería de Ataliva por intermedio del peluquero de origen japonés, quien le indica o indujo a la compra de la mencionada obra (Montú, 2008: 8).

Las circunstancias que acercaron a Demetrio Montú a la doctrina espírita se encuadran dentro del fenómeno mayor que relacionó a los inmigrantes arribados a Argentina a finales del siglo xix y principios del xx, con la difusión de nuevas ideas y creencias que posibilitaron la diversificación y enriquecimiento del ámbito de la sociabilización entre grupos de diferente procedencia. Relacionado también a este fenómeno inmigratorio, aunque dando cuenta de causas históricas distintas (la Rusia imperial del zar Nicolás ii y la persecución sistemática de la población judía), luego de varios desplazamientos internos por el territorio argentino llegó a nuestra ciudad Israel Moisés Drubich, Mauricio, quien había emprendido un exilio forzoso hacia Argentina junto a su hermana Eugenia, Yeni, y las pequeñas hijas de esta, María y Rosa.

Un fragmento de la novela Una estrella en la otra orilla del rafaelino Raul Drubich (2017) da cuenta de esta situación, al mencionar la diversidad de nacionalidades de los pioneros espíritas locales y la importancia decisiva de la inmigración para conformar los núcleos poblacionales en nuestra zona. La mesa espírita, constituida ese domingo de invierno en la casa del matrimonio de Ageo Culzoni y Josefa Soriano, era, al igual que la pujante ciudad que los albergaba, un crisol de razas, donde casi las dos terceras partes de la población eran extranjeros, inmigrantes, establecidos en la colonia, con Rafaela como epicentro y con muchos pueblos satélites, no muy alejados de ella. Sentados en círculo, podía verse una muestra de lo que acontecía en el país. La mayoría eran italianos, y también había españoles y un ruso: Mauricio Drubich.[2]

En la localidad de Ataliva, conoció a Esteban Montú, quien ya participaba de las reuniones espíritas de la familia Soriano, y fue a través de sus palabras a través de lo cual se interiorizó sobre los fundamentos de la doctrina, así como de la actividad realizada por el grupo tanto en Rafaela como en Ataliva. Luego, “las idas y vueltas a Ataliva por las sesiones espiritistas y su amistad profunda con el albañil José Dellasanta hizo que éste lo convenciera de que se fueran [junto a su esposa Ana] a vivir a Rafaela” (Drubich, 2017: 287). En diciembre de 1920, el matrimonio se instaló en Rafaela. Cuatro años después, también procedente de Rusia y también huyendo del horror y la persecución religiosa, llegó María (“Maña”, hermana de Mauricio) con su esposo Schepsel Jeicker y su hija Fira.

Un rasgo distintivo del grupo conformado por los pioneros espíritas locales fue el seguimiento, desde los inicios, de las enseñanzas de A. Kardec como guía para el conocimiento y crecimiento personal y grupal. Esta preservación doctrinaria mantenida y consolidada a lo largo del tiempo diferenció y diferencia a los espíritas locales de otros grupos basados en distorsiones del pensamiento espiritista orientadas hacia el fenomenismo puro y vacío de contenidos o que adquirieron características propias de una religión. El testimonio de Josefa Soriano evidencia esta afirmación:

Nuestras sesiones continuaban; se intensificó el estudio de las obras de Allan Kardec a las que se dedicaba una noche por semana. Entre todos los asistentes se realizaban los comentarios y se procuraba ponerlos en práctica en nuestro quehacer diario (Rossetti, 1992: 57).

En este sentido, puede destacarse la importancia que el contenido doctrinal tuvo en la práctica de la sev, y, de su mano, la impronta manifiesta de que este conocimiento diera forma a la manera en que los sujetos conducían sus vidas. Entre 1924 y 1927, las reuniones realizadas los días domingo en Rafaela contaron cada vez con más asistentes, entre los cuales se puede citar a Santiago Alessandrini, José Dellasanta (de origen suizo y de profesión constructor, que tenía trato de tipo laboral con Ageo Culzoni), Félix Giorgis, su esposa Ida y Mario y María Molfino (Verseci, 2008: 19).

La constitución de la Sociedad, en la sesión del domingo 22 de enero de 1928, dotó a las posteriores reuniones de un marco de formalidad. De acuerdo al historiador local Daniel Imfeld (2015), luego de la constitución de la Sociedad, los pioneros espíritas se organizaron muy rápidamente. Efectivamente, al iniciarse los trámites para obtener la personería jurídica de la Sociedad, se suscitó una controversia con el fiscal de Estado, quien solicitó precisiones para la identificación legal del mencionado en el acta fundacional como Andrés, aludiéndose a su condición de guía espiritual, pero sin precisarse sus datos filiatorios.

Dos medios periodísticos de la ciudad de Santa Fe dieron cuenta de esta situación. El martes 10 de octubre de 1928, el diario El Norte, bajo el título “La Sociedad Espiritismo Verdadero ha solicitado personería jurídica”, informó:

El fiscal de estado doctor Masjoan se ha dirigido ayer por la mañana al ministro de gobierno, Dr. De Anquín acompañándole el expediente iniciado por la sociedad Espiritismo Verdadero de Rafaela que pide personería jurídica. Dice el fiscal: en el acta de fundación de la sociedad nota con extrañeza esta fiscalía que las resoluciones tomadas han sido sometidas a la aprobación previa de un ciudadano de nombre Andrés quien parece ejercer influencia preponderante sobre los miembros de la sociedad, cuyo apellido no aparece ni tampoco su firma en el acta de referencia. El fiscal antes de determinar si la asociación ocurrente tiene por principal objeto el bien común (art. 33 inc. 5 del Código Civil) estima conveniente que SS solicite a la ocurrente un informe sobre la personalidad del Señor Andrés y la intervención que tiene en la actuación de la sociedad (El Norte, 10 de octubre de 1928).

Además, el artículo transcribe íntegra el acta de constitución. Esta situación da cuenta de las dificultades a las que debieron hacer frente los fundadores de la sociedad, fundadas en el desconocimiento de las prácticas espíritas y especialmente en los prejuicios sociales frente al fenómeno de las comunicaciones espirituales.

En respuesta a esta solicitud, en fecha 11 de enero de 1929, Salvador M. Ferro (en calidad de apoderado legal) presentó un escrito dirigido al ministro de Gobierno, Justicia y Culto, Dr. Irineo de Anquín, en el que proponía modificaciones a los estatutos de la Sociedad Espiritismo Verdadero, a fines de cumplimentar los requisitos legales y obtener la personería jurídica, pero sin que aquellos variasen en sus fundamentos. Del mencionado documento, se extrae la redacción definitiva del lema de la Sociedad:

El objeto de la formación de la sociedad es: Estudiar todos los fenómenos que se produzcan en las manifestaciones del espíritu, procurar el progreso moral de todo prójimo como de sí mismo.
Practicar la caridad por todos los medios que se tengan al alcance y procurar la educción, con la creación de bibliotecas y escuelas en las que se dedicará preferentemente atención al conocimiento del espiritismo.[3]

Luego de la constitución formal de la Sociedad y debido al aumento de personas concurrentes a las reuniones, se decidió trasladar el lugar de encuentro desde la casa de la familia Culzoni, ubicada en las inmediaciones de avenida Aristóbulo del Valle, hasta un inmueble más apropiado para las necesidades del creciente grupo. Así lo relató Josefa Soriano de Culzoni (en un testimonio que también da cuenta del proceso de crecimiento de la institución):

Como las reuniones comenzaron siendo de corte familiar, se realizaban en nuestra modesta casa. Los asistentes fueron aumentando con el tiempo y lo que comenzó siendo un grupo de familiares relacionados por consanguinidad y afecto, se transformó en un conjunto de personas unidas por el único interés de conocer el espiritismo y comprender su filosofía. La casa que habitamos carecía de una habitación amplia como para dar cabida a los grupos que casi diariamente nos reuníamos. El señor Giorgis encontró una casa adecuada, con un amplio salón, en calle Güemes 615 […] y con la aprobación de la reciente comisión directiva nos trasladamos para vivir en ella. El 1 de marzo de 1928 se realizó el traslado (Rossetti, 1992: 61-62).

De acuerdo con este testimonio, el paso de la tracción familiar a una razón social exclusivamente espiritista fue concomitante con el crecimiento de los asistentes y con el afianzamiento de la regularidad de los encuentros.

El énfasis hecho en el contenido de estas se evidencia en cómo los sujetos relataban la admisión de nuevos miembros. Estos debían demostrar su compromiso personal y afrontar con seriedad y convicción el estudio de la doctrina y el proceso de autoconocimiento:

Así, luego de una asidua concurrencia a sesiones de martes, el asistente podía solicitar su entrada a las sesiones de los jueves, realizadas con la participación activa de los médiums en trabajo. Su ingreso era permitido luego de la aceptación de nuestro Guía Espiritual de sesiones bajo la condición de haber leído las obras de Kardec y de someterse a una observación individual [que] consistía en una reunión especial en donde se encontraban presentes tres miembros de conjunto, el médium adecuado y el asistente, el punto neurológico de este análisis eran las cualidades morales del individuo pero, aparte de ello, significaba mucho la predisposición del interesado por encausarse en el conocimiento espírita y en la aplicación de su doctrina. Para seguir avanzando, una vez admitido, debía asistir a 16 sesiones de jueves para solicitar su admisión en las del día sábado. Para asistir a las sesiones generales de los días domingos el asistente debía haber dado muestras evidentes de la aceptación total de la doctrina espiritista […] en especial sobre la aplicación constante de la moral espírita en su conducta y en su sentir diario (Rossetti, 1992: 63).

Aquí, el requisito de haber estudiado la obra de Kardec y de ser observado reafirma la importancia de las prácticas rituales en la sev. Como refiere la descripción, las sesiones fueron el núcleo y razón de la reunión de los miembros, dado que en ellas se concentraba la dimensión “material” y la “espiritual” del conocimiento espiritista (Algranti y Gancedo, 2015: 144).

La inserción de la Sociedad de Espiritismo Verdadero en el medio social

Rememorando la vida de su padre, Don José Demetrio Montú, uno de los fundadores de la sev, Néstor Montú, en un escrito privado rememora:

Junto a otros hombres que sentían la necesidad de expandir estos nuevos conceptos (que daban) respuestas coherentes a los distintos interrogantes de la vida, a consolidar este incipiente grupo y fundar una institución que los contuviera y representara. Un día del año 1928 logran sus propósitos fundando la Sociedad de Espiritismo Verdadero. Ésta surgió así, como un espacio de búsqueda de respuestas, un lugar de contención y representación, que cobijó a aquellos que se animaron, en el contexto de una sociedad hegemónicamente católica, a pensar el mundo desde otra óptica, desde un paradigma totalmente distinto al religioso. Una cruzada emprendida por un grupo de hombres y mujeres que encontraron en la fórmula que sintetiza los pilares de la de la doctrina espiritista – Ciencia, filosofía y moral– la respuesta a sus interrogantes y anhelos más íntimos (Montú, 2008: 11).

El sabor a proeza y el reto planteado se plasman en las palabras de Montú:

Todo un logro y un desafío para el medio social y en aquellos tiempos donde casi todos respondían a una religión irrespetuosa [catolicismo] de todo lo que no condijera con sus propias convicciones o ideas. Fueron años duros, de enfrentamientos ideológicos (Montú, 2008: 11).

Es interesante rescatar esta percepción de quien recrea en su escrito las vivencias transmitidas por su padre. Montú situaba este enfrentamiento en el terreno de las ideologías, tal vez como aglutinante de dos instituciones de naturaleza intrínsecamente diferentes: una religión constituida, con sus dogmas, ritos, preceptos, proscripciones y sobre todo con una finalidad “evangelizadora” en cuanto propagación de los preceptos, frente a una filosofía de vida, concebida como un modo de ser y actuar en pos del bien y del progreso individual y colectivo.

La forma de (re)pensar y ver el mundo de los espiritistas resultó novedosa en el plano del imaginario colectivo y las tradicionales concepciones religiosas de principios y mediados del siglo xx en Rafaela, tan distantes de los preceptos de la doctrina espírita. Valga como ejemplo de ello una anécdota referida en una entrevista por el señor Fernando Montú (2018), hijo de Néstor:

Ella [refiriéndose a la hija de uno de los iniciadores de la Sociedad de Espiritismo local y tía abuela suya] era chiquita, pero siempre tuvo mucha personalidad y…
Fue un cura [a la escuela] y la maestra percibió que, cuando todos saludaron, ella dijo simplemente “Buenas tardes” o “Buenos días”… y todos dijeron “Buen día, padre”… y la maestra se ve que estaba esperando qué pasaba […] y le dijo que saludara bien, que le dijera “Buenos días, padre”, y [ella] le dijo: “No. Mi papá está en mi casa”. Y entonces lo mandaron a llamar a mi abuelo y él dijo: “No, yo apoyo lo que dice mi hija, no tiene por qué llamarle padre a alguien que no considera padre”. Y la sacó de la escuela (Montú, 2018).

La doctrina espírita interpeló toda la estructura jerárquica que llevaba a naturalizar el denominar “padre” con la fuerte carga simbólica que esta palabra conlleva al ministro de una religión. No resulta casual que esta situación se hubiera registrado en el ámbito de un establecimiento de enseñanza pública, la Escuela Graduada Alterna. “Casilda M. de Castro”, luego denominada “Juan Bautista Alberdi”, de esta ciudad (Bianchi de Terragni, 1972: 325). Este ámbito fue propicio para este tipo de situaciones. Héctor Culzoni (2017) –hijo de Ageo que fue un pionero espírita local– recuerda:

Yo me acuerdo de chico [Héctor nació en 1929] que había… había… cómo te puedo decir… un poco de choque con la Iglesia católica, y sé que algunos funcionarios de la Iglesia atacaban publicaciones, etc…. Pero eso no pasó [a mayores]… eso duró un tiempo, yo me acuerdo de chico que había comentarios… […]. Las maestras nunca hicieron ninguna referencia, pero nosotros, cuando iba el cura a dar la clase de religión en la escuela primaria, nos retirábamos e íbamos a la clase de moral… que daba una maestra y no pasaba de eso (Culzoni, 2017).

En este punto, también es importante considerar el peso de la mirada de la sociedad hacia estos otros, cargada de prejuicios y preconceptos, fruto tal vez del desconocimiento o del ideario epocal que asociaba “la palabra espiritismo […] a preconceptos, resabios de la inquisición, como brujería, magia negra, demencia, etc.” (Montú, 2008: 8).

Cabe plantearse entonces cuál fue el camino elegido por este nuevo colectivo social para lograr la inserción social. Según Montú, “sus profundas convicciones, la firmeza del ideal que comprendían, así también como sus deseos de progreso y la conducta ejemplificadora, constituyeron las fuerzas en las que se apoyaron para ir, lentamente, derribando los prejuicios de la época” (Montú, 2008: 8).

En la misma línea, Héctor Culzoni (2017) explica que la inserción social de la Sociedad Espiritismo Verdadero tuvo como punto de partida la buena relación de sus integrantes con el medio social. Esta comprobación inserta a la sev en la tensión identificada para la Argentina por Algranti y Gancedo (2015) de los distintos énfasis hechos en la avidez por experimentar fenómenos espirituales y otra que veía en el espiritismo la llegada de un cristianismo verdadero. En el caso rafaelino, se acentuó la dimensión moral de la práctica. Podemos encontrar en este modo de actuar inspirado en el progreso como motor de transformación personal el motivo por el cual muchos de estos pioneros espíritas fueron grandes emprendedores, fundadores e impulsores de muchos comercios e industrias locales, lo que en muchos casos trajo también aparejado un crecimiento económico y patrimonial. Dada la particularidad del fenómeno asociativo entre los miembros del grupo, trabajo y familia se convirtieron en pilares básicos para la consolidación del colectivo.

Con el tiempo, el progreso material de muchos miembros, fruto del esfuerzo y el trabajo constante, se hizo evidente. Sin embargo, esa situación económica más favorecida no debe entenderse como característica de origen del grupo fundador, ya que la mayoría de ellos era gente de trabajo que en los inicios padeció muchas dificultades económicas:

La vida era dura, constituía un gran obstáculo para [la] serena comprensión que brinda una existencia exenta del sacrificio diario y angustioso para ganar la supervivencia a la propia vida. Debíamos luchar a brazo partido con la situación económica que nos sumía en el trabajo diario remunerativo de una parte mínima de nuestras necesidades materiales (Josefa Soriano de Culzoni, en Rossetti, 1992: 32).

En el ámbito laboral en que se desarrollaban, los pioneros también encontraron terreno fértil para la divulgación de la doctrina:

Mi padre era albañil y se conoció con un constructor de acá de Rafaela. Bueno, él trabajaba para ese constructor, un italiano, y, bueno, mi padre le contó lo del espiritismo… y al principio tenía sus dudas, pero al final terminó… Dellasanta, era. Terminó incorporándose al grupo y formó parte de los fundadores de la entidad (Culzoni, 2017).

Culzoni (2017) también da cuenta de cómo, a través del contacto laboral, se amplió la base inicial de la Sociedad, directamente relacionada, en sus inicios, a las relaciones intrafamiliares. Consultado acerca de las relaciones familiares como vehículo de trasmisión de la doctrina, expresa:

La familia sí. A veces fue el trabajo, el conocimiento de las personas entre sí, pero siempre dentro de ese núcleo que fue Soriano, Culzoni, de esa gente que se conectaba. Por ejemplo, Drubich también, a través del ferrocarril, el que se conectó con el grupo fue Guzmán… y otros… y esos a su vez trajeron a un amigo y así fue incorporándose y conformándose un grupo afín, a pesar de los distintos orígenes, cada uno venía… Drubich venía de Rusia, Dellasanta venía de Italia y resulta que después el caso de Montú. Montú es del grupo, de la zona de Ataliva, de Galisteo y todo eso, y Montú era un hombre que trabajaba para la cosecha, en el campo (Culzoni, 2017).

En este mismo sentido, escribe Montú:

[Demetrio Montú] tuvo que dejar de ser un hombre de campo para dedicarse a alguna actividad dentro del ejido urbano. Se dedicó a trabajar en la construcción de viviendas. En esta función se desempeñó por el lapso de dos años para luego integrarse a desempeñar tareas como herrero en el taller que poseía Don Félix Giorgi [sic], otro amigo cosechado en las filas del espiritismo y que más tarde fuera su socio en un nuevo emprendimiento metalúrgico junto a Mauricio Drubich, espiritista desde un principio… En el año 1930, hizo construir su propio hogar a Don José Dellasanta, otro amigo espiritista (Montú, 2008: 10).

Otro interesante medio de socialización de la sev fue la prensa, a través de la publicación del periódico mensual Idealismo, cuyo primer número vio la luz en el mes de septiembre de 1928 (apenas ocho meses después de la conformación de la sociedad). Su primer director fue Ageo Culzoni, encargado de escribir el editorial que supuso la irrupción pública del espiritismo en el plano local. Allí expresa:

Así pues, con la sencillez más natural nos presentamos en público y honestamente entramos por la puerta del periodismo local creyendo de buena fe que no nos ha de faltar un asiento para nosotros; y en este concepto nos es grato saludar a la prensa en general, sea del color y las tendencias que quiera (Culzoni, 2008: 4).

Para Adela Culzoni, este primer boletín de la Sociedad Espiritismo Verdadero significó “un medio para relacionarse con otros espíritas, con el periodismo y con público en general” (Culzoni, 2008: 4).

Uno de los objetivos fundantes de la sociedad fue la apertura de la institución evitando los prejuicios del sectarismo. La inserción social, entonces, también se concretó a través de la realización de conferencias de tipo públicas, los días martes y de manera semanal. De esta manera, la Sociedad Espiritismo Verdadero abría sus puertas a quienes, motivados por su propia iniciativa, desearan conocer los principios de la doctrina. Esta situación no debe confundirse con una tarea de tipo evangelizadora en cuanto esta es propia de las religiones, pero no condice con la naturaleza ni los objetivos de la sociedad espírita local. No obstante, sí debe resaltarse que el reconocimiento de los individuos que integraron la sev como vecinos, comerciantes y trabajadores “antes que como espiritistas (Montú, 2018)” les granjeó respeto y aceptación generalizados.

Por lo expuesto en este breve recorrido, puede comprobarse cómo la sev se arraigó en Rafaela en un momento clave de su crecimiento. Esta surgió de la iniciativa de unas familias afincadas allí provenientes de la lindante provincia de Córdoba, las cuales, a su vez, fueron animadas en su contacto con inmigrantes de origen tan diverso como España y Japón.

El perfil de los fundamentos y prácticas de la sev se inclinaron muy claramente hacia la escuela de Allan Kardec, esto es, el espiritismo francés, e hicieron hincapié en los componentes morales de la doctrina espírita. A su vez, este perfil se construyó por el contacto que sus miembros tuvieron con personalidades clave del joven espiritismo argentino, como Cosme Mariño, quien activamente aconsejó sobre el rumbo que debían tomar la formación y las reuniones de la sev.

La sev tuvo un arraigo duradero en la sociedad local. Desde sus inicios, su creación y existencia tuvieron repercusión en la prensa local y provincial. A esto contribuyó también el objetivo manifiesto de los miembros de sortear los prejuicios del sectarismo, dándose a conocer mediante la realización de conferencias y la elaboración de una publicación propia.

En palabras de los protagonistas y sus descendientes, los vínculos familiares y laborales, es decir, la trama primaria de sus vínculos sociales, fueron clave para el sostenimiento y difusión de la doctrina y fe espírita.

Por lo antedicho, las características y circunstancias de origen de la sev (su acento en que la moral espírita condujera la vida de los miembros, su diversidad socioeconómica y étnica, su política de darse a conocer abiertamente) hablan de su importancia para la sociedad local. La conformación e institucionalización de la sev vino sin dudas a confirmar el fenómeno de diversificación del campo de las creencias local a inicios y mediados del siglo xx, evidenciando el decisivo aporte de la doctrina espírita para la generación de diversidad y el enriquecimiento del entramado del sistema de creencias, de forma que generó una mayor variedad respecto a la oferta del aparato de creencias existentes, hasta ese momento identificado exclusivamente con el culto católico.

Futuros estudios, orientados específicamente a las terapias de la sev, deberán considerar las características antedichas pues ponen de manifiesto que, en su pervivencia, los sentidos compartidos sobre la moral espírita siguen presentes en una parte de la sociedad rafaelina.

Fuentes primarias

Escrito privado: “Vida de Don José Demetrio Montú, mi padre”, de Néstor Esteban Montú Goitre (Rafaela, junio de 2008).

Escrito dirigido al ministro de Gobierno, Justicia y Culto de la provincia de Santa Fe, donde se proponen las modificaciones solicitadas para la obtención de la personería jurídica. Aporte de María Delfina Barreiro, archivo personal.

La Opinión 1881-2006, de Rafaela (2006).

Entrevistas

Culzoni, Héctor, 25 de agosto de 2017. Entrevista personal. Rafaela.

Imfeld, Daniel, 8 de septiembre de 2017. Profesor de Historia. Entrevista personal. Rafaela.

Montú, Fernando, 3 de octubre de 2018. Entrevista personal. Rafaela.

Drubich, R., 25 de noviembre de 2018. Entrevista personal. Rafaela.

Bibliografía

Aizpúrua, Jon (2016), Los fundamentos del espiritismo, Buenos Aires: Dunken.

Algranti, Miguel y Gancedo, Mariano (2015). “El bienestar de las periferias. Sanación y sacralidad en dos religiones heterodoxas de la ciudad de Buenos Aires”. Ciencias Sociales y Religión, 22, 136-155.

Bianchi, Susana (2009). Historia de las religiones en Argentina: las minorías religiosas. Buenos Aires: Sudamericana.

Bianchi de Terragni, Adelina (1972). Historia de Rafaela, ciudad santafesina. Santa Fe: Colmegna.

Bubello, Juan Pablo, Chaves, José Ricardo y De Mendonça Júnior, Francisco (2018). Estudios sobre la historia del esoterismo occidental en América Latina: enfoques, aportes, problemas y debates. Buenos Aires: uba/unam.

Culzoni, Adela (2008). “Idealismo de ayer y hoy”. Ideario, edición 80.º Aniversario, Sociedad Espiritismo Verdadero, 4.

Culzoni, Gustavo (2008). “Las bases fundacionales del Espiritismo Verdadero”. Ideario, edición 80.º Aniversario, Sociedad Espiritismo Verdadero, 21-24.

Demarchi, María Eugenia (2018). “La espiritualidad en Rafaela: de la hegemonía a la diversidad (1881–1929)”. Trabajo final de Seminario de Investigación, isp n.° 2 Joaquín V. González, Rafaela.

Drubich, Raúl (2017). Una estrella en la otra orilla. Buenos Aires: Dunken.

Idoyaga Molina, Anatilde (2015). “Enfermedad, terapia y las expresiones de lo Sagrado. Una síntesis sobre medicinas y Religiosidades en argentina”. Ciencias Sociales y Religión, 22, 15-37.

Imfeld, Daniel (2015). “Minorías y diversidad religiosa en el espacio centro-oeste de Santa Fe (1870–1930)”. Primeras Jornadas Entrerrianas de Inmigración, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo de la República Argentina.

Ludueña, Daniel (2013). “Estudios sociales contemporáneos sobre el espiritismo argentino”. Ciencia, Religión e Institucionalización del Espíritu, 6(1), 42-59.

Ludueña, Daniel (2009). “Performance y popularización de una vertiente del espiritismo argentino”. Debates do Ner, 15, 71-103.

Mariño, Cosme (1963). El espiritismo en Argentina. Buenos Aires: Editorial Constancia.

Montú, Fernando (2008). “Inserción de la Sociedad de Espiritismo Verdadero en el medio social”. Ideario, edición 80.º Aniversario, Sociedad Espiritismo Verdadero, 8-9.

Quereilhac, Soledad (2014). “Sociedades espiritistas y teosóficas: entre el cenáculo y las promesas de una ciencia futura (1880-1910)”. En Bruno, Paula (dir.). Sociabilidades y vida cultural: Buenos Aires, 18601930. Bernal: unq, 123-153.

Rosetti, Nadia (1992). Iniciación espiritual. Santa Fe: citta Hnos.

Sedran, Paula, Carbonetti, Adrián y Allevi, Ignacio (2018). “Juan P. Quinteros, espiritista. Disputas por los sentidos legítimos del arte de curar. Santa Fe, fines del siglo xix”. Revista de Indias, 78(274), 819-843.

Suárez, María Victoria (2013). “Las heterodoxias religiosas: ‘El Espiritismo Luz y Verdad’ en Santiago del Estero. El caso de Colonia Jaime (1929-1932)”. Tesis de Licenciatura en Sociología, Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud, Universidad Nacional de Santiago del Estero.

Vercesi de Drubich, María (2008). Nuestros orígenes. Ideario, edición 80.º Aniversario, Sociedad Espiritismo Verdadero, 17-120.


  1. Agradezco los comentarios de Paula Sedran a la presente versión de este texto.
  2. De origen judío, al llegar a nuestro país “Mauricio” debió cambiar su nombre por otro que no evidenciara su pertenencia a la religión judía, ya que esto podía dificultarle la obtención de empleo. Así, “el ruso argentino anotó en la ficha de empleo Mauricio Drubich, borrando al anterior Israel Moisés […] canjeando empleo por dignidad y sufriendo una vez más la discriminación por su credo. Cuando tiempo después conoció el Espiritismo y esta sola palabra le implicó decenas de malentendidos sociales […] nunca se inmutó y aceptó los prejuicios” (Drubich, 2017: 177).
  3. Escrito dirigido al ministro de Gobierno, Justicia y Culto de la provincia de Santa Fe, en el que proponía las modificaciones solicitadas para la obtención de la personería jurídica. Aporte de María Delfina Barreiro, archivo personal.


Deja un comentario