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El curanderismo en la provincia de Santa Fe

Un análisis sociodemográfico
según el censo de 1869

Adrián Carbonetti y Alejandra Fantín

Introducción

La historia de las prácticas empíricas ha sido, tal vez, una de las temáticas menos abordadas por la historia social de la medicina en Argentina; ni la historia tradicional elaborada por médicos ni la renovación historiográfica que se llevó a cabo en los años 90 abordaron esta temática particular. Estas falencias pueden ser vistas como una laguna dentro del subcampo de la historia social de la salud y la enfermedad y de la medicina argentina, ya que curanderos y parteras se conformaron en actores fundamentales en la atención de la salud en momentos en que la medicina no estaba consolidada como práctica hegemónica y tampoco se había constituido en un actor esencial, y desarrollaron prácticas burocráticas dentro de los distintos niveles del Estado.

Tanto en América Latina como en Argentina, las investigaciones estuvieron centradas en el análisis del curanderismo como contraposición a la práctica médica, es decir, los análisis ponían el acento en el curanderismo, en muchos casos a partir de la percepción de la medicina académica como práctica competitiva en términos del concepto de “mercado terapéutico” (Márquez Valderrama, García y Montoya, 2012), y en otros casos en las capilaridades que generaba el proceso de medicalización y que permitía ciertas conexiones entre médicos y curanderos.

En este artículo pretendemos estudiar el curanderismo poniendo el énfasis en el concepto de “mercado terapéutico”; no obstante, consideramos que el curanderismo existía a partir de la relativa efectividad que poseía con relación al tratamiento de la salud. Desde esta perspectiva, creemos que esta consolidación estaba sustentada históricamente en cuanto no existieron ofertas de prácticas y conocimientos que compitieran con él. De este modo, la práctica curanderil era casi monopólica en algunas provincias o competía codo a codo con la medicina académica por el mercado de salud en momentos del censo de población de 1869. A partir de este censo, desarrollamos un análisis de carácter cuantitativo tratando de elaborar un perfil sociodemográfico de los curanderos en la provincia de Santa Fe para luego analizar algunos casos que consideramos se destacan en el universo de la medicina empírica.

Como hipótesis sustentamos que, para el caso argentino de mediados del siglo xix, la práctica dominante no sería justamente la medicina académica, sino la del curanderismo, que estaba más extendido socialmente debido a que, en la mayoría de los distritos argentinos, no había comenzado todavía –como sí lo hizo posteriormente– un acelerado proceso de medicalización que combatiera las prácticas alternativas, lo que le daba cierta dominancia en la sociedad, que en este caso estaba curanderizada, es decir que el curandero era considerado el encargado de cuidar y restaurar la salud.

Esta hipótesis se puede sustentar sobre la base del concepto de “mercado terapéutico”, que permite definir los diferentes oferentes de cuidados y sus consumidores en un momento de la modernidad en que las instituciones oficiales controlaban muy poco el ejercicio de la medicina. Desde esa perspectiva, la medicina académica sería uno más de los actores en un mercado que se define como “el conjunto de prestaciones de cuidados disponibles en un espacio determinado” (Márquez Valderrama, García y Montoya, 2012: 332), y al mismo tiempo permite distinguir las prácticas académicas y empíricas en términos de un mercado. Por su parte, el concepto de “mercado terapéutico” nos permite conocer un actor (el curanderil) que competía con el de la medicina, en muchos casos con ventajas por su cercanía a los sectores populares.

Por ello, creemos necesario realizar un análisis de las particularidades sociodemográficas del curandero en la provincia de Santa Fe a partir de analizar la cantidad y características por sexo, edad, estado civil, lugar de nacimiento, distribución geográfica y algunas características sociales como la vivienda predominante donde estaba establecido y nivel de alfabetización (información disponible en el censo de población de 1869, obtenible a partir de examinar los cuadernillos que se encuentran en la web).[1]

El censo de población de 1869

En septiembre de 1869, se llevaba a cabo en la República Argentina el primer censo de población del país. Este era uno más de los actos que comenzaba a generar el gobierno nacional desde que los cañones de las permanentes guerras civiles que se habían engendrado durante la etapa posindependentista comenzaban a acallarse.

A partir del triunfo de un sector de la clase dominante criolla que se encaramaba en el poder, se imponía un modelo económico, político y social que se caracterizaba por una economía que ponía el énfasis en el desarrollo hacia afuera, basado en la exportación de materias primas y la importación de productos elaborados, que se fundaba en una sociedad de clases fuertemente dividida y con un esquema político que, a través de elecciones sistemáticamente fraudulentas, generaba gobiernos de características liberales. El censo de población era un insumo necesario para esos gobiernos que necesitaban conocer el estado de la población a fin de instituir las medidas necesarias para la modernización (europeización) del país. Fue justamente en el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento, un modernizador del país, en el que se llevó a cabo el primer censo de población. El operativo fue realizado entre los días 15, 16 y 17 de septiembre de 1869 y es considerado el primer censo de población moderno. Para la demografía argentina, inauguró la etapa estadística, caracterización que se basa en los siguientes criterios:

[…] la existencia de un organismo centralizado (la Oficina de Estadística Nacional, dependiente del Ministerio del Interior, creada en 1864 y disuelta en 1875); 2) un diseño conceptual único; 3) la voluntad de relevar de manera universal y simultánea a toda la población y, sobre todo, 4) la ausencia de finalidades pre–estadísticas (por ejemplo fiscales y militares), propia de los relevamientos previos (Velázquez y Otero, 2019: 10).

Siguiendo a estos autores, el censo de población tenía, para las condiciones de la época, una cobertura muy buena ya que el subregistro se calculó en un 4 %, y los resultados fueron publicados en un tiempo relativamente rápido, tres años después de que fuera levantado. No obstante, el aspecto más cuestionable fue la escasa atención que se le dio a la estructura familiar y del hogar, ya que en los primeros censos predominó el enfoque esencialmente individual (Velázquez y Otero, 2019: 10). Uno de los datos esenciales que muestra este censo a diferencia de los posteriores es que las prácticas empíricas y especialmente los curanderos, debido a la escasa persecución de la que eran objeto, pudieron expresar el oficio que profesaban. Sobre ellos trabajaremos en los próximos apartados.

La provincia de Santa fe a mediados del siglo xix

Cuando se realizó el censo de población de 1869, la provincia de Santa Fe se encontraba escasamente poblada, tanto en términos relativos como absolutos. En efecto, en relación con las provincias que la rodeaban, era la menos poblada, y la relación de habitante por km2 era de 0,76 (Argentina: 128), contando con 89.117 habitantes. No obstante, la provincia había duplicado prácticamente su población en el término de 10 años, ya que el censo de población de 1859 había contabilizado 45.440 habitantes. Ese aumento era consecuencia de una inmigración creciente a partir del desarrollo de colonias que,

siguiendo los pasos de las experiencias de colonización iniciado en el sur brasileño unas décadas antes, buscaba así sentar las bases de un nuevo sistema productivo, que combinara mano de obra y capital extranjero con el potencial que ofrecía la enorme disponibilidad de tierras que ofrecía la provincia (Martiren, 2012: 4).

Ese proceso marcaría el establecimiento de inmigrantes suizos, alemanes y franceses y señalaría un quiebre “tanto en el sistema productivo como demográfico de la provincia” (Martiren, 2012: 4). Este fenómeno comenzaba a notarse en el censo de población que registró un 15,6 % de inmigrantes (Argentina: 113) y se traslucía en el índice de masculinidad consistente en 124 varones por cada 100 mujeres (Argentina: 131).

No obstante, la provincia seguía estando despoblada; lo que se poblaba eran las zonas más cercanas a la capital y a la ciudad de Rosario. De esta forma, para 1869 la provincia, que se encontraba dividida en cuatro departamentos, mostraba desequilibrios poblacionales que se pueden observar en el cuadro 1.

Cuadro 1: población, km2 y densidad de población (habitantes por km2) por departamentos. Provincia de Santa Fe en 1869
Departamentos Habitantes Km2 Habitantes por km2
Capital 21.392 68.321 0,31
Rosario 49.492 22.980 2,15
San Gerónimo 11.448 11.527,5 0,74
San José 6.785 6.521,5 1,04

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Argentina (1872). Primer Censo de Población de la República Argentina.

Los departamentos más poblados eran aquellos que se encontraban al sur de la provincia. Tal vez los de mayor desarrollo en esos momentos a partir de la agricultura y la ganadería extensiva eran Rosario, donde ya se encontraba la ciudad homónima, principal puerto del interior argentino, y el departamento de San Gerónimo, lindante con la Provincia de Buenos Aires y de mayor desarrollo agrícola. Justamente esos serían los departamentos que, según el trabajo de Velázquez y Otero (2019: 35), tendrían, para la época, mayores índices de calidad de vida de toda la provincia, similares a los que se daban en las zonas más favorecidas de los distritos de Entre Ríos y Buenos Aires, consistentes en mayor cantidad de población alfabetizada, menor cantidad de enfermos y mayor número de casas con azotea. De esta forma, podemos sostener que estos departamentos no solo eran los más habitados, sino también los más ricos a partir de la existencia de puertos y del desarrollo de una economía que generaba productos primarios de acuerdo al esquema que hacía poco se había impuesto en la unificación del país. Este esquema productivo habría generado un mayor índice de calidad de vida.[2]

En lo referido a las ocupaciones en salud, la provincia se caracterizaba, según el censo de población, por tener uno de los mayores índices de médicos por cada mil habitantes, 0,40, uno de los más altos en el país, solo por debajo de la Provincia de Buenos Aires, y la menor cantidad de curanderos, 0,26, número similar al de la anterior provincia. Este esquema se completaba con 0,30 parteras por cada mil habitantes y una cantidad similar de farmacéuticos (Rodríguez, Carbonetti y Andreatta, 2013: 90).

Si consideramos que en Argentina predominaba la ocupación de curanderos en todo el territorio, cuyo índice llegaba a 0,60 por cada mil habitantes, muy superior a la relación de 0,26 de la provincia de Santa Fe, surgen las preguntas acerca de qué características tenían estos curanderos desde el punto de vista sociodemográfico y de dónde se ubicaban. Considerar esto nos permitirá generar algunas hipótesis que permitan conocer este colectivo escasamente estudiado en la provincia y el país.

Los curanderos en la provincia de Santa Fe, características demográficas

El número total de curanderos que hemos relevado en la provincia de Santa Fe en los diarios censales fue de 23, coincidentes con los que se contabilizaron en la publicación del censo de población (Argentina, 1872: 119). A pesar de que son similares las cifras, se observan algunas inconsistencias, que, si bien compensan los valores totales, generan algunas diferencias en la contabilización interna del subgrupo. Por ejemplo, el curandero Marcos Amado, quien vivía en la ciudad de Santa Fe, capital de la provincia, fue censado dos veces; por lo tanto, en vez de dos curanderos, había uno. A su vez, esto se compensa con Rosalía Montiel, que vivía en la tercera sección de la ciudad de Rosario y que decía ser médica, pero que, de acuerdo a sus características, no lo podía ser acorde a los parámetros sociodemográficos de lo que sería un médico en la Argentina;[3] entonces, en la ciudad de Rosario había una curandera más.

La primera pregunta que surge se refiere a qué características estos curanderos tenían en relación con edad y sexo. Con respecto a la edad, se registra una media de 47,5 años y una mediana de 50 años, una población tal vez bastante envejecida. Ahora bien, la distribución por edad y sexo (gráfico 1) permite realizar un primer acercamiento a estas características. En principio, lo que llama la atención es la escasa cantidad de curanderos en las edades más jóvenes: apenas uno del total era menor de 30 años, mientras que la mayor acumulación se daba, en ambos sexos, a la edad de entre 50 y 59 años, coincidente con la mediana de la edad. La interpretación de este primer dato nos permite generar la hipótesis de que el curandero debía sufrir una instrucción por otro mayor en la relación maestro-aprendiz, lo que retrasaba comenzar a ocuparse en esa práctica. Por ello encontramos una mayor cantidad de curanderos entre las edades de 30 y 40, y crecían hasta llegar al grupo 50-59.

El curandero más joven de Santa Fe se llamaba Roberto Savale, era originario de esta provincia, tenía 26 años, era soltero, sabía leer y escribir, y vivía solo en una región rural denominada Chacras del Rosario, donde predominaban las casas de paja y el hacinamiento de más de 5 personas por casa, número menor al promedio general. No conocemos su maestro, no hay curanderos cerca de donde estaba establecido, pero la alta mortalidad propia de la época, junto con la creciente movilidad que tenían los individuos en ese momento, hacen difícil generar una respuesta a la pregunta de la existencia de un maestro.

La curandera de mayor edad era Inocencia Romero, tenía 70 años, no era originaria de la provincia de Santa Fe, como muchos, sino de la Provincia de Buenos Aires; era analfabeta, viuda, pero vivía con hijos y nietos y se encontraba en una región rural en el departamento de Rosario, en Cañada de Cabral, donde las casas predominantes eran en un 93 % ranchos de paja con un hacinamiento de 7,3 personas por casa.

Ambos personajes vivían en ámbitos rurales donde se desarrollaba el oficio curanderil, en las regiones rurales. No obstante, se encuentran algunas diferencias relacionadas al origen y la alfabetización que es posible que estén dando indicios de algunos cambios en relación con este colectivo, que serán analizados en los próximos apartados.

Gráfico 1: distribución por edad y sexo de la población de curanderos en la provincia de Santa Fe, según el censo de 1869. Valores absolutos

Fuente: elaboración propia con base en datos del censo de población de 1869.

Estado civil

Otro de los aspectos importantes a la hora de analizar las características demográficas de los curanderos de Santa Fe son sus lazos parentales y relacionales que pueden ser percibidos a partir de su estado civil. El censo de población de 1869 contabilizó el estado civil de toda la población, pero también contenía una sección especial donde se anotaban los datos de amancebamiento, que se refería a la convivencia sin estar casados. Uno de estos casos es el de la curandera Fermina Bisgarra, de 45 años, que vivía en la zona rural de Pavón Centro y a quien el censista anotó como amancebada; no obstante, la mujer declaraba estar casada, si bien no aparece en la planilla un individuo varón que pudiera ser su marido. Fue censado a su lado un individuo de 25 años de edad llamado Carlos Farías, que era jornalero, a quien el censista también anotó como mancebo. El concepto de “mancebo” no era bien visto por la sociedad de mediados del siglo xix, emparentado en muchos casos con el pecado; por lo tanto, es posible que muchos de los habitantes no declararan esta situación. Este parece ser el caso de Marcos Amado, que fue censado en plena ciudad de Santa Fe. Amado se declaraba soltero, pero inmediatamente después era censada Eusebia Zárate, con varios hijos, que también figura como soltera.

Si bien hubo casos de estos, la mayoría de los curanderos tenían relaciones acordes a los mandatos sociales, esto es, casamiento, viudez o soltería. En el gráfico 2, se aprecia que el 48 % de los curanderos eran casados, en su mayoría sus cónyuges eran pobres o sus ocupaciones daban indicios de cierta pobreza, pues las mujeres no declaraban ocupación o los varones eran jornaleros o labradores. Tal es el caso de la curandera Francisca Molina, de 32 años, semianalfabeta, que vivía en una zona urbana de Rosario y que estaba casada con Ramón Hernández, de 56 años, jornalero, con quien tenía 4 hijos; o el caso de Anastasia Martínez, de 36, que vivía en una zona rural de Rosario y que aparentemente estaba casada con Anselmo Acosta, de 40 años, santiagueño y labrador; la pareja no tenía hijos.

Gráfico 2: estado civil de curanderos en la provincia de Santa Fe.
Valores relativos

Fuente: elaboración propia con base en los datos del censo de población de 1869.

El 43 % de los curanderos eran viudos; este es un porcentaje importante, aunque normal para una época en la cual la esperanza de vida no pasaba de los 32,8 años en Argentina (Somoza, 1971: 147), pero es posible que haya sido menor en la provincia de Santa Fe, ya que Celton (1992: 37) calcula una esperanza de vida de 28,2 años en la ciudad de Córdoba.

La mayoría de los viudos eran mayores de 50 años, y solo dos tenían menos de esa edad: Segundino Díaz, de 38 años, que vivía en el departamento de San Gerónimo en una zona rural, y Francisca Lucero, de 40 años, de San José de la Esquina en el departamento de Rosario. Vivían solos, sin hijos ni parientes cercanos, por lo menos que tuvieran apellidos similares. En cambio, viudos mayores de 50 vivían con hijos o nietos, como Gimeno Luna, de 53 años, que moraba en la localidad de Colastiné, en el departamento de San Gerónimo. En este sentido, no podemos saber si la convivencia era con hijos o nietos, ya que el censo de población no especificaba el lazo de parentesco, pero sí podemos saber que la persona no vivía sola a partir de la coincidencia del apellido y de encontrarse cercano a esas personas en la planilla del censo de población. Por último, solo encontramos dos solteros, ambos varones, de los cuales uno vivía solo: Norberto Sabale, de 26 años, y Marcos Amado, que, como vimos anteriormente, creemos que estaba amancebado.

Alfabetismo, analfabetismos y semianalfabetismo

Los índices de alfabetización del colectivo de curanderas/os santafecinos no se distanciaban demasiado de los parámetros que tenía la Argentina en ese momento. En ese sentido, Velázquez y Otero observan que, para el total del país, solo “312.000 sabían leer y escribir” (Velázquez y Otero, 2019: 12). Por su parte, Diego de la Fuente estimaba que la cifra real era 30 % peor (218.000) y que la población menor de 6 años era de 316.000, por lo que la proporción de alfabetos era de aproximadamente 14,7 % (Argentina, 1872: 36). No obstante, como afirman los autores, el panorama no era homogéneo, pues la Ciudad de Buenos Aires, algunas ciudades del Interior, el sur de Santa Fe y Entre Ríos tenían un umbral cercano al 30 % de alfabetización. El gráfico 3 discrimina la población de curanderos de acuerdo a su grado de alfabetización. Estos serían coincidentes con los que se dan a nivel de la provincia de Santa Fe, es decir, un 30 % de la población de este colectivo sabía, según lo declaraban, leer y escribir; si a eso le agregamos un 13 % de semianalfabetos curanderos, superarían la media de la provincia.

Si bien se trata de pocos casos, apenas 23, podría pensarse que una parte importante de este colectivo tenía ventajas comparativas con respecto a la población en general para la generación de estrategias laborales superiores en ese momento. Si analizamos por sexo la proporción de estas categorías, encontramos que son similares tanto para varones como para mujeres, lo que habla de cierto grado de modernización ya que las mujeres en este momento ocupaban un lugar subordinado en la sociedad decimonónica argentina.

Gráfico 3: condición de alfabetización de curanderos según el censo de población de 1869

Fuente: elaboración propia con base en datos del censo de población de 1869.

Procedencia y asentamiento

La provincia de Santa Fe, para la fecha del censo de 1869, ya era un distrito que se poblaba de inmigrantes, tanto internos como externos. En efecto, de los 89.117 habitantes de la provincia, el 30 % correspondía a migrantes internos, de los cuales el 42 % pertenecían a la provincia de Córdoba y el 18 %, a Santiago del Estero (Argentina, 1872: 116-117). Así, Santa Fe recibía inmigrantes especialmente de las provincias vecinas que aún se encontraban fuera del marco de desarrollo que se había generado a partir de la batalla de Pavón. Es posible que ese complejo proceso de inserción de la economía santafesina, incentivada por la guerra contra el Paraguay (Djenderedjian, 2008: 141), hubiera estimulado la inmigración interna hacia la provincia de Santa Fe. Por otra parte, la instalación de colonias generó el ingreso de inmigrantes externos; así, el censo de población de 1869 contabilizaba que el 15,6 % eran inmigrantes, lo cual representaba 13.939 personas. La mayor proporción estaba representada por los italianos (30 %), los suizos (16,3 %), los franceses (12,4 %) y los españoles (11,2 %) (Argentina, 1872: 116-117).

El colectivo de curanderos parece haber estado influido por la convergencia de ambas inmigraciones: del total de curanderos censados, solo el 30 % eran nacidos en Santa Fe. Las características que tenían estas/os eran muy particulares: casi todas eran mujeres (6 de 7) (gráfico 4) y jóvenes con un promedio de edad de 36 años, y la mayoría (5) estaban asentadas en el departamento de Rosario, algunas en las zonas urbanas y otras en zonas rurales, de lo cual los casos de Cipriana Peralta y Bonifacia Cáceres son tal vez paradigmáticos. La primera vivía en una zona urbana de la ciudad de Rosario –aunque es posible que haya morado en los márgenes de la ciudad–, tenía 40 años, estaba casada, en apariencia con un hombre de apellido Peralta, de 40 años, labrador, con el cual tenía dos hijos de 11 y 6 años; además convivía con el padre de 60 años, que era inválido. Mientras que Bonifacia Cáceres vivía en las zonas rurales del departamento de Rosario en la región de Saladillo, que hoy está integrada a Rosario, pero que en aquel momento pertenecía a la ruralidad. Bonifacia tenía 30 años, decía estar casada, pero no se encuentra un individuo con las características demográficas cercana en el censo, por lo que vivía sola en apariencia.

Gráfico 4: curanderos en la provincia de Santa Fe por sexo según lugar de nacimiento. Valores absolutos

Fuente: elaboración propia con base en datos del censo de población de 1869.

Desde nuestra perspectiva, el tratarse de mujeres jóvenes, para los parámetros etarios de los curanderos santafesinos, está en relación con el mercado terapéutico que representaba el departamento y ciudad de Rosario. El ser una ciudad puerto que comenzaba a ser una de las principales salidas de los productos primarios al exterior le daba un dinamismo particular a esta ciudad y, por lo tanto, era un centro de atracción para aquellos curanderos que podían disputar, en especial en los sectores populares, la clientela a la medicina académica que en esta ciudad empezaba a pugnarle el monopolio de la atención al curanderismo. En la publicación del censo, se detectan 17 médicos diplomados, solo para la ciudad, y tres para todo el departamento.

En la Argentina decimonónica, pero también en toda América Latina, en una sociedad que, si bien comenzaba a tener algunas señales de modernización, aún era esencialmente conservadora, uno de los lugares asignados a la mujer era la atención de la salud. Ahora bien, la inserción de estas mujeres en los sectores populares de la ciudad de Rosario y el departamento del mismo nombre y, además, su condición social no les permitían acceder a otras posiciones en términos de ocupación por más que se lo hubiesen propuesto, por ello la ocupación como curanderas. Pero Rosario no solo atraía a mujeres jóvenes, que es posible que hayan migrado hacia el departamento habiendo nacido en otra región. También curanderos de otras provincias deben haber llegado, como es el caso de Rosalía Montiel, de 50 años de edad, que había arribado desde la provincia de Córdoba y vivía en la tercera sección de la ciudad de Rosario, una zona urbana. Rosalía decía ser médica, lo cual permite hipotetizar sobre un proceso de medicalización incipiente en el cual cualquier persona que interviniera sobre el cuerpo de otra podía autodenominarse “médica”, por un lado. Por otro lado, permite indagar en la mirada que la sociedad asumía de curanderos y médicos que tenía que ver también con los grados de efectividad (posiblemente similares) de cada una y que consideramos tenía que ver con la autodenominación de “médica” por parte de esta curandera.

Ahora bien, no solo eran mujeres las que practicaban el curanderismo en la ciudad de Rosario, sino que también lo hacían los hombres, algunos de los cuales llegaban de otros lugares. Tal es el caso de Remijio Santillán, que vivía en la cuarta sección urbana de esa ciudad, era originario de la provincia de Córdoba, tenía 64 años, estaba casado y vivía con la esposa, hijos y nietos; uno de sus hijos era sordomudo.

Pero el oficio de curanderismo no solo era monopolio de los nativos de la Argentina de mitad del siglo xix: también encontramos tres curanderos de origen extranjero, uno de los cuales lo practicaba en la misma ciudad de Rosario: Juan Aquenit, francés, de 45 años, casado, con dos hijos y analfabeto. Consideramos que la acción permisiva de estos curanderos en plena ciudad se daba por ser varones y por ser inmigrantes. Pero no solo este curandero actuaba en la provincia de Santa Fe. Según el censo de población de 1869, en el interior del departamento de Rosario ejercía como tal José Balberdi, que era español, de 55 años, casado y vivía con hijos. Este se destacaba por saber leer y escribir, lo que no sucede con los otros dos extranjeros que tenían esa ocupación. El tercer extranjero era Felipe Wehr, de 46 años, alemán que aparentemente vivía solo; este curandero habitaba en una comunidad de alemanes que integraban una colonia, lo que nos permite generar la hipótesis de que las comunidades que se instalaban en la Argentina traían aquellos que se ocuparían de la salud de los integrantes y no eran precisamente médicos.

Entre los migrantes internos, también podemos observar algunos que, si bien habían migrado, no se habían alejado demasiado de las provincias de procedencia y es posible que hayan tenido algún tipo de migración golondrina entre su lugar de origen y la provincia donde fueron censados. Entre estos casos, podemos encontrar a Francisca Lucero, de 40 años de edad, viuda y que aparentemente vivía sola; era oriunda de Córdoba y fue censada en el departamento de Rosario en la localidad de San José de la Esquina, en el límite con la provincia de Córdoba. Por otra parte, Pedro Mendoza, de 60 años, nacido en Santiago del Estero y que vivía solo, fue censado en la localidad de Frontera Norte en el límite de la provincia de Santa Fe con aquella provincia.

En el mapa de la provincia de Santa Fe, puede reconocerse el asentamiento de curanderos por su lugar de procedencia. Podemos observar cómo el mercado que representaba en la provincia el departamento de Rosario y el de San Gerónimo atraía a la mayoría de estos.

Mapa 1: provincia de Santa Fe con asentamiento de curanderos de acuerdo al lugar de nacimiento según el censo de población de 1869[4]

C:UsersUsuarioDocumentscuranderos santa femapa santa_fe_1883_nuevo.JPG

Fuente: elaboración propia con base en datos del censo de población de 1869.

Las viviendas

En el censo de población de 1869, se clasificaron las viviendas en cuatro tipos de acuerdo al material que predominaba en los techos: casas de azoteas, de tejas, de madera y de paja. Estas, a su vez, eran clasificadas en cuerpos, es decir, la cantidad de pisos. Velázquez y Otero observan referente al censo que

la importancia de esta empresa se agiganta, si se tiene en cuenta que la vivienda, por su carácter material y por su relativa facilidad de captación, es una de las dimensiones que mejor refleja los niveles de riqueza y bienestar de la sociedad (Velázquez y Otero, 2019: 17).

Eso es lo que pretendemos describir y sobre lo cual queremos generar hipótesis en referencia a los curanderos en la provincia de Santa Fe.

Ahora bien, la forma como fueron censadas las viviendas no estuvo en relación con los habitantes, es decir, no se vinculaba la vivienda a los individuos, sino que iban anotadas en globos que se realizaban cuando se finalizaba un número de planillas que contabilizaban los habitantes y sus características. De esta manera, no podemos saber en qué tipo de vivienda moraban los curanderos, pero sí el tipo de casas que predominaba en la zona que estos habitaban.

En la provincia de Santa Fe, del total de viviendas censadas (15.067), el 78,5 % correspondían a casas de madera y paja. Al analizar las zonas donde residían los curanderos, se puede observar que en promedio el porcentaje ascendía a 82 %; solo las zonas de cuatro curanderos tenían porcentaje de casas de paja y madera menores a esa cifra: Marcos Amado, que vivía en la ciudad de Santa Fe, en cuya zona el porcentaje era del 74 %; Fermina Bisgarra, en cuya zona, Pavón Centro Norte, había un 57 % de viviendas de paja; Rosalía Motiel, que moraba en una zona urbana de la ciudad de Rosario con apenas el 29 % de casas de paja; y el inmigrante Juan Aquenit, que también vivía en una zona urbana de Rosario con el 28 %. En términos generales, la gran mayoría de los curanderos vivían en casas paupérrimas, y es posible que en condiciones sanitarias completamente deficientes. Desde esta perspectiva, podemos concluir que los curanderos pertenecían a los sectores populares y tenían inserción en esos sectores que atendían, y que el mercado terapéutico en esos momentos estaba en disputa a partir de un escaso número de curanderos, pero también por la existencia de muy pocas personas que se dedicaran a las otras ocupaciones con relación al cuidado de la salud.

Conclusiones

El universo de curanderos en la provincia de Santa Fe tiene sus particularidades. En primer lugar, se puede observar que, en relación con otras provincias, como Corrientes, Entre Ríos o Córdoba, la cantidad es mucho menor. En ese sentido, no conocemos si este colectivo estaba integrado por un mayor número de personas que no declaraban serlo por temor a ser perseguidos por la justicia en momentos en que el Estado provincial comenzaba a generar las medidas necesarias para imponer los factores de estatidad.

Lo cierto es que fueron relevados 23 curanderos con una paridad en términos de sexo y con una población envejecida para la realidad provincial, en la que el grupo etario más numeroso es el de 50 a 59 años, lo que nos permite hipotetizar sobre una instrucción previa en la relación maestro-aprendiz, aunque no hemos encontrado información probatoria de esta hipótesis. Una población cuyos integrantes, al igual que otros habitantes de la provincia, estaban casados y posiblemente asentados en sus hogares, escasamente alfabetizados, aunque en este grupo la alfabetización superaba en términos porcentuales a la media provincial. Pero lo que más llama la atención es el asentamiento: podemos visualizar que estos actuaban en mayor medida en los departamentos del sur: San Gerónimo y Rosario, que eran los más ricos y más poblados, por lo cual podemos pensar en ciertas disputas del curanderismo con la medicina académica por un mercado creciente tanto a nivel rural como urbano.

Por otra parte, podemos observar que los nacidos en Santa Fe eran una minoría en relación con el total; en efecto, consideramos que, por las características que tenía, el mercado terapéutico atraía a curanderos que migraban esencialmente de las provincias lindantes, pero estos no eran los únicos, ya que también se encuentran extranjeros que practicaban el curanderismo en la ciudad de Rosario y en las zonas de las colonias, lo cual podría indicar que los colonizadores traían o atraían a sus propios practicantes empíricos.

El análisis de las viviendas nos permite observar que los curanderos se asentaban en los sectores populares que eran esencialmente su clientela. Los curanderos fueron parte de esos sectores y se ocuparon de ellos.

Fuentes

Argentina (1872). Primer Censo de la República Argentina. Imprenta el Porvenir, Buenos Aires.

Argentina (1869). Censo de población de 1869.

Bibliografía

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  1. Véase bit.ly/33ewY6N (se debe crear una cuenta gratuita e iniciar sesión).
  2. En este esquema podemos situar también la ciudad capital de la provincia, Santa Fe, que, a pesar de encontrarse en el departamento Capital, que se extendía hacia el oeste y el norte, tenía índices similares a los correspondientes a los departamentos del sur.
  3. La mayoría de los médicos argentinos eran varones, en gran parte extranjeros, y sabían leer y escribir.
  4. El mapa se elaboró con el formato actual de la provincia. Sin embargo, el límite norte no es el mismo de 1869.


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