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Facultad de Higiene y Medicina Preventiva y la revista Anales de Medicina Pública como dispositivos académico-políticos –UNL–

Santa Fe (1949-1958)

Sandra Westman

Facultad de Higiene y Medicina Preventiva

Si bien el surgimiento de la Facultad de Higiene y Medicina Preventiva está íntimamente relacionado con el contexto político nacional que la crea, es necesario observar las acciones sanitarias provinciales, durante los años previos, para encontrar respuestas a la pregunta: ¿por qué en Santa Fe?

Para Veronelli y Veronelli Correch (2004), la provincia de Santa Fe es un territorio adelantado (Veronelli y Veronelli Correch, 2004: 440). Según los autores, algunas de las razones que lo explican son el crecimiento poblacional respecto al resto del país en la primera mitad del siglo xx y el elevado nivel de la educación popular y centralidad que adquirió la Universidad Nacional del Litoral en lo que respecta a investigaciones. Además, hay que considerar las dependencias ya presentes en la estructura provincial previamente al año 1946: el Instituto Bromatológico, la Dirección de Bioestadística, la Dirección de Acción Social, la Dirección de Ingeniería Sanitaria y la División de Higiene Escolar. Se suman la Caja de Pensión a la Vejez, el Instituto de Investigaciones Agrícolas y Ganaderas y el proceso en el cual el Consejo Provincial de Higiene se convierte en 1932 en la Dirección General de Higiene y posteriormente en Ministerio de Salud y Trabajo (1941), lo cual le da a la provincia el privilegio de ser el primer territorio nacional en el que el área de salud tenga rango ministerial. Junto a estos entes administrativos, también existen ámbitos educativos como la Escuela de Servicio Social, la Escuela de Visitadoras de Higiene y la Escuela de Salubridad. Todos estos elementos son relevantes al momento de pensar la “cuestión sanitaria” santafesina, que es amplia y compleja, pero que cuenta con un “amplio número de profesionales médicos distribuidos en numerosos pueblos pequeños pero prósperos, característica particular de Santa Fe que convertía su expansión en riqueza” (Veronelli y Veronelli Corach, 2004: 441). Por lo expresado, se considera suficiente el número de galenos en la provincia, pero no se encuentran referencias a otros agentes de salud a los que se denomine “técnicos”, “paramédicos” o “equipo de salud” en un territorio donde la salud es concebida –cada vez más– en relación con el bienestar social.

Este bienestar es parte de una dinámica sanitaria más amplia, a la que Bacolla (2015) identifica como uno de los movimientos que forma parte de la medicina social. A su vez, para la misma época, la investigadora menciona que es posible verificar un desplazamiento de las instituciones ligadas a la caridad y beneficencia a favor de personal formado; es decir que se advierte –tanto en el Estado nacional como en el provincial– un énfasis en la construcción de herramientas de intervención que hacen posible una reorientación de políticas reactivas a políticas preventivas.

Adhiriendo a esta perspectiva, el titular del ministro de Salud y Trabajo de la provincia de Santa Fe, el Dr. Lambruschini, al tomar la palabra durante el Primer Congreso de Salud Pública (celebrado del 23 al 30 de septiembre de 1945) expresó:

La medicina preventiva ofrece al poder central la oportunidad para coordinar, controlar y dirigir en forma unitaria este importante aspecto del arte de curar. La organización de campañas sanitarias de divulgación y prevención de afecciones infectocontagiosas debe ser materia de interés estrictamente nacional […]. En cambio la medicina asistencial debe ser de resorte exclusivo provincial; las peculiaridades locales, ambientales, etc. facilitarán la eficiente acción asistencial de las instituciones provinciales. De esta manera se discrimina con criterio práctico la jurisdicción de las esferas de acción provincial y nacional (Veronelli y Veronelli, 2004: 467).

En la misma oportunidad, mencionó el pedido que ya se había cursado a la Universidad Nacional del Litoral para la creación de cursos o carreras universitarias relativas a médicos sanitaristas o higienistas.

Está haciendo referencia al mes de junio del mismo año, cuando es él quien remite al decano de la Facultad de Ciencias Médicas un proyecto de creación de una escuela de sanidad. En una nota que acompaña al proyecto, se menciona la involuntaria ausencia de personal capacitado en los organismos técnicos dedicados a la lucha contra las enfermedades, y se afirma el propósito del Gobierno de la provincia de ofrecer todo el apoyo moral y material posible para el buen éxito de la iniciativa.

Atento al pedido, además de tomar el compromiso de lograr su materialización, el funcionario universitario asume que se trata de lo siguiente:

Una falla de nuestra enseñanza la falta de una organización docente que capacite para el ejercicio de una profesión –la del Médico Higienista– cuya ausencia resulta anacrónica en un país en que haya conciencia de la gravedad y trascendencia de los problemas, que la higiene pública debe tratar (Asociación Docentes Escuela Sanidad, 1997: 1).

Al siguiente año, abril de 1946, el coronel Juan D. Perón gana las elecciones y confirma al Dr. Ramón Carrillo como secretario de Salud Pública con rango de ministro de Estado. En noviembre de 1946, el Ing. Julio de Tezanos Pinto (interventor de la Universidad Nacional del Litoral) le encomienda al Dr. Lorenzo A. García –un colaborador cercano de Ramón Carrillo– la preparación de las bases necesarias para la organización de una escuela de salubridad dependiente de esa institución, la que se crea mediante Res. n-º 287 (diciembre de 1946) para la preparación de técnicos en materia de medicina preventiva y funcionará en la ciudad de Santa Fe. Comienza con el curso ordinario para médicos higienistas y otra para doctores en higiene. Es la primera escuela de salubridad del país y se suma a las otras cinco que existen en Latinoamérica hasta ese momento. Los fundamentos de la Resolución señalan que

compete a la Universidad en ejercicio de sus funciones de cultura superior, investigación científica y formación profesional, propender a la solución de aquellos problemas que más honda y gravemente repercuten en la vida de la población, tales como los que se relacionan con la salud colectiva (Res. n.º 287, diciembre de 1946).

Ante la formulación del Primer Plan Quinquenal del gobierno nacional, y como medio para alcanzar sus metas, se lleva a la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, a instancias de una presentación del diputado Carmelo Barreiro, un proyecto de ley en que se propone la creación de la Facultad de Higiene y Medicina Preventiva (fhymp), primera y única en el país que se organizará sobre la base de la Escuela de Salubridad ya existente en la Universidad Nacional del Litoral.

Aprobado el proyecto, las autoridades universitarias redactan la Ordenanza que concede jerarquía de Facultad de Higiene y Medicina Preventiva a la Escuela de Salubridad (8 de noviembre de 1947). Este cambio permite no solamente contar con profesionales vocacionalmente aptos para cursar los grados de la milicia sanitaria, sino dotarlos de una formación acorde, abonando así la organización de una medicina de Estado de carácter integral, ampliando sus terminalidades sucesivamente.

El programa de esta nueva Facultad se estructura en las siguientes acciones:

  • Acciones específicas: hacen referencia a la docencia e investigación técnica y científica.
  • Acciones coordinadas: son aquellas que, por medio de las cátedras, departamentos o institutos, brindan a otros organismos (públicos o privados) docencia y servicios de investigación.
  • Acciones de asesoramiento: mediante estas acciones, y como consecuencia de las investigaciones, se pretendía no solo llegar a los organismos específicos, sino también al ámbito legislativo y agentes con decisiones en el campo de la salud pública.

En palabras del propio Dr. García (1951), no fue tarea sencilla encontrar los docentes que enseñarían sobre

matemáticas para médicos, estadística vital y sanitaria, geografía médica, epidemiología experimental, higiene industrial, ecología sanitaria, medicina preventiva, saneamiento, legislación sanitaria comparada, ni muchos menos expertos en psicopatología social, psicoterapia colectiva, maternología y puericultura sociales, economía sanitaria, encuesta ambiental, medicina del trabajo y del deporte, ordenamiento de programas sobre inmaturidad, geriatría, oncología, sexopatología, biotipología y eugenesia (García, 1951: 8).

A la situación inicial, se le suman las dudas acerca de quiénes podrían interesarse por esta formación, ya que

la medicina privada ha sido siempre un venero de grandes satisfacciones y los médicos tradicionales apreciaban más la concurrencia rutinaria a los servicios hospitalarios gratuitos, sin exigencias horarias ni mayores obligaciones que la conversión en soldados de una causa sin alicientes materiales, que solo puede ser conducida mediante una disciplina ejemplar (García, 1951: 9).

Los primeros alumnos que se presentaron eran becados de la nación, provincias y de repúblicas hermanas. En esta nueva unidad académica, se dictó inicialmente el curso de médico higienista, cuyos primeros graduados egresan en 1948. El curso alcanza un total de 71 médicos higienistas en 1954. Se suman las terminalidades de odontólogo sanitario, educador sanitario, técnico en inspección sanitaria y técnico en administración hospitalaria, y, en 1952, se abre el curso de ingeniero higienista. Para ampliar el conocimiento y comprensión de la realidad sanitaria de la zona de influencia de la Universidad Nacional del Litoral, además de las becas para docentes y alumnos, suelen organizarse viajes a distintas localidades del norte del país o la provincia para conocer la patología de enfermedades tropicales.

No son menos importantes las relaciones internacionales que se establecen: los docentes tienen las posibilidades de conocer otras escuelas de sanidad en centros científicos de Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Dinamarca y Suiza. Se mantiene un contacto fluido con la Oficina Sanitaria Panamericana, con la que acuerdan becas de perfeccionamiento para el cuerpo de egresados y profesores en la Universidad John Hopkins.

En 1949, en la clausura del Primer Congreso de Medicina del Trabajo realizado en la Ciudad de Buenos Aires, el Gral. Perón se refiere a la fhymp en los siguientes términos:

Al mismo tiempo, con la acción directa en el terreno social realizada en beneficio inmediato de los trabajadores, consideramos que era conveniente la formación de técnicos en la materia; fue así como procedimos a crear en una de nuestras universidades, la primera Facultad de Higiene y Medicina Preventiva de cuyo seno están egresando médicos, odontólogos, educadores e inspectores sanitarios. Ellos reciben del Estado el caudal de conocimientos necesarios para que todo cuanto nosotros hemos realizado sea científicamente perfeccionado. A ellos corresponderá también la tarea de conformar definitivamente en el país, una conciencia exacta de todos estos problemas (Perón, 1949: 369).

Para la ejecución del Segundo Plan Quinquenal, el gobierno nacional refuerza el rol de esta institución como formadora de cuadros técnicos, disponiendo que dichas instancias sean dirigidas a funcionarios provinciales y nacionales del área. Si bien esta experiencia se inicia con el apoyo de David Staffieri, al ser desplazado por la intervención, es Lorenzo García quien continúa motorizando y gestionando más adelante las vinculaciones con las esferas nacionales desde su cargo en el Ministerio de Salud.

La institución imparte sus clases con la misión de bregar por una nueva cultura sanitaria en el país y, fundamentalmente, en la región del litoral, tal como se percibe en el siguiente fragmento:

Que el enfermo sea tenido en cuenta como un conjunto armónico de funciones somáticas y psíquicas, pero que no se olvide que las personas tampoco son entes de razón, sino individuos integrados en una colectividad que es la familia, como ésta, a su vez, lo está en el medio social que nos abarca y nos comprende a todos (Rapela, 1954: 13).

La fhymp orienta sus acciones a “formar técnicos al servicio de la sanidad pública”, y “colaborará decididamente a que se cumplan los objetivos de la racionalización administrativa del Gobierno y del Estado” (Anales de Medicina Pública, 1953). Para alcanzar estos logros, además, se recurre al adoctrinamiento del alumnado, que en su mayoría integran las estructuras del Estado: esto se hace desde el espacio de la cátedra libre de Sanidad Justicialista, creada por Resolución n.° 20 de 1951, en la que se reconoce a la fhymp como “el organismo específicamente habilitado para estudiar y difundir los principios doctrinarios y estimar las realizaciones prácticas del Gobierno Justicialista mostrando la realidad argentina en su magnífico esfuerzo por elevar el nivel físico y moral del pueblo de la República” (Anales de Medicina Pública, 1951: 462). Desde este espacio se realizan actividades en territorio, y es ocupada por las personalidades más destacadas del ámbito nacional y local. Cuenta con el antecedente de la cátedra Defensa Nacional, cuya meta es:

[…] reunir a los hombres de ciencia amantes de su suelo y de su pueblo, que estén dispuestos a colaborar no solo en pos de la prevención de enfermedades sino en elevar la calidad de vida del colectivo y fortalecer el sentimiento nacional. Además de posibilitar que la juventud universitaria pueda compenetrarse en los ideales permanentes de la nacionalidad, ideales conjugados en función de la libertad y de la independencia que la Patria conquista diariamente (García, 1949: 448).

Las huellas del rol que la Facultad cumple dentro de la política pública quedan en el editorial del número en el que se conmemora su quinto aniversario:

Hija de la revolución es esta casa y obra del insigne conductor de los argentinos, el General Perón, su concreción y aliento. Sin una profunda revisión de los valores tradicionales en relación con la medicina individualista y sin un claro planteo de las necesidades populares, no hubiese podido nacer nunca. La lógica era sin embargo tremante: si para estudiar la enfermedad de un individuo se requiere ciclos de preparación especial que da el graduado en medicina, para preservar de la enfermedad a toda la colectividad y perfeccionar la salud de amplios sectores sociales, se requerirá, indudablemente algún bagaje mayor o también específico. El pequeño o gran bagaje de conocimiento, disciplinas y técnicas, constituye la esencia de esta Casa (Anales de Medicina Pública, 1951: 7).

El cuerpo docente está convencido de las dos funciones que deben darse en la universidad. Por un lado, la de enseñar, destinada a formar profesionales, y, por el otro, la de aprender. Esta última actividad debe proceder de la investigación a fin de permitir derribar el colonialismo científico del aula y así evitar autores extranjeros a la hora de citar datos de medicina pública, ya que se cuenta con la información local que permite explicar la realidad.

A partir de los sucesos de 1955, se inicia un proceso en el que se interrumpe esta labor: se suspenden progresivamente algunas actividades, se desafecta a docentes y se la desmantela físicamente, tras lo cual la intervención le quitó el rango de facultad en 1958. Va a continuar funcionando como un organismo más reducido y con menor asignación presupuestaria: se trata de la Escuela para Técnicos para la Sanidad (Resolución del hcs del 11/1/1958), que funciona bajo la órbita de Rectorado. Después, recibirá la denominación de Escuela de Sanidad y se le dará el nombre de “Dr. Ramón Carrillo” durante la tercera presidencia de Perón en 1974.

Revista Anales de Medicina Pública

La universidad peronista se asume como la responsable de una ciencia nueva, tal como ya se hizo referencia a la nueva perspectiva de salud, la cual no solo se basa en conocimientos científicos, sino en poner estos a disposición del pueblo y según como está previsto en la Ley n.° 13.021 de 1947, donde se establece un nuevo estatuto universitario. En el pensamiento del Prof. Escarra (1952) –titular de la cátedra de Higiene Industrial de la Facultad de Higiene y Medicina Preventiva de la Universidad Nacional de Litoral–, las disciplinas sanitarias que se imparten en los claustros universitarios deben ser parte de un plan político integral “en mérito a los objetivos de la medicina pública”. Para esto también es necesario contar con un dispositivo no solo de divulgación de temas científicos, sino también que abogue por ideas políticas. Es en este contexto en que se comprende la publicación de la revista Anales de Medicina Pública, de la cual el primer volumen aparece en 1949 y el último, en junio de 1955.

Los primeros números están dirigidos por el Dr. Lorenzo García, quien ocupa el cargo de delegado organizador de la Facultad y también es profesor titular de la cátedra Geografía Sanitaria. La publicación cuenta con un comité asesor integrado por los Dres. Alberto Zwanck, Carlos Alvarado, Azzo Azzi, Germinal Rodríguez y Hernán Romero, y se desempeñan como redactores los Prof. Juan Moroder e Italo Peragalo. Todos son docentes de la Facultad, autores de la mayoría de los artículos publicados y funcionarios de la provincia.

Entre los autores, también se encuentran invitados representantes de otras instituciones destacadas del ámbito sanitario y en relación con la Facultad de Higiene y Medicina Preventiva: así están el Dr. Luis Lepera, quien fuera médico higienista y director técnico de Higiene Pública del Ministerio de Salud Pública de la Nación. También Dr. Luis Najera y el Dr. Jun Dalma, ambos de la Universidad Nacional de Tucumán.

En el primer tomo, se enuncian los siguientes propósitos:

[…] el afán es servir a los intereses permanentes de la comunidad argentina y continental, con el aporte de las investigaciones y estudios relativos a las ciencias de la salubridad. Será un vínculo de unión entre quienes trabajan desde distintos planos por un acercamiento de la medicina clásica al ordenamiento que supone la medicina integral, cuyos móviles no son únicamente los inmediatos de sanación del enfermo, sino que contempla además los ulteriores de recuperación sin secuelas y la prevención de nuevas caídas por la aplicación de los exámenes periódicos de salud y el controlador de este bien en la sociedad toda (Anales de Medicina Pública, 1949: 2).

Los tomos se organizan con los siguientes criterios: en las primeras páginas de cada número, se encuentra el apartado llamado “Editorial”, que aborda el tema de ese momento o refleja la ideología de la publicación; le sigue una sección de “Trabajos originales” cuyos autores son preferentemente los docentes de la facultad; “Síntesis crítica” es un apartado en el cual no solo se lee a autores locales, sino también a invitados que realizaban investigaciones en otros puntos del país o Latinoamérica; “Revistas de revistas” o “Revistas de libros” consta de una presentación o comentarios de las últimas publicaciones en materia sanitaria; por último, cada publicación se cierra con las crónicas, las que sintetizan la información sobre distintos temas de interés para y sobre la institución: desde la participación de profesores y alumnos en un congreso, concursos, anuncio de conferencias dictadas en la Facultad y la justificación política de muchas de las acciones que se realizan –por ejemplo, hay referencias a la inauguración del Centro de Salud Universitario dependiente de esta Facultad–. Además, en esta misma sección, se enumera –año a año– la nómina de graduados de los distintos cursos.

De la lectura de los distintos tomos disponibles, se vuelven tangibles los siguientes ideales:

[…] revertir el desconocimiento de los problemas sanitarios y adquirir una madura administración de estos en la organización estatal. A la investigación le sucederá otra etapa en la cual habrá que tomar responsabilidad de dotar al país de los agentes destinados a defender la salud de las comunidades, porque ya habrá lugar para ellos. Cuando llegue ese momento la universidad argentina estará en condiciones de elegir lo que debe enseñar, sabrá bien lo que enseñe y tendrá quien lo pueda enseñar (Anales de Medicina Pública, 1950).

Los temas que se desarrollan en los distintos artículos guardan relación con las prioridades que la oms establece durante la celebración de la Primera Asamblea Mundial de la Salud (1948): se refiere al paludismo, la salud materno-infantil, la tuberculosis, las enfermedades de transmisión sexual, la nutrición y el saneamiento ambiental. A estos asuntos se les suma el interés por la salud obrera, tema relevante en el gobierno nacional. En las publicaciones se comprueba una y otra vez que el fin es la difusión del conocimiento sanitario, con una tendencia a valorar la salud y a suprimir los riesgos de enfermedades, sean estos productos de factores directos (gérmenes) o de factores indirectos (errores de alimentación, higiene de la vivienda, vestido, trabajo, deportes).

A continuación, de forma sintética, se presentan los temas con mayor frecuencia publicados y se los articula con la política nacional.

El trabajo en las fábricas y la salud de los trabajadores son aspectos sobresalientes del ii Plan Quinquenal y presentados como fundamentales para la Nueva Argentina. Por esta razón, la Facultad de Higiene y Medicina Preventiva de la Universidad Nacional del Litoral cuenta con la única cátedra en el país de Higiene Industrial, cuyo titular es Enrique Escarra, quien no solo imparte clases, sino que investiga y publica. Su cátedra cuenta con un convenio con el Ministerio de Salud Pública y Trabajo de la provincia de Santa Fe, que le permite participar en la resolución de problemas inherentes a la sanidad del trabajo. Algunos de los títulos publicados que respaldan sus ideas son: “Examen médico de admisión a la industria” (Escarra, 1949); “Prácticas administrativas sanitarias en la industria santafesina (Escarra, 1950); “El trabajo y la fatiga” (Lepera, 1951); “Evolución del concepto social y sanitario del trabajo” (Escarra, 1951); “Segundo Plan Quinquenal y organización sanitaria del trabajo” (Escarra, 1953); “Accidente de trabajo, epidemiología y salud pública” (Wachs, 1954); “Bases para la organización de una agencia provincial de higiene, seguridad y medicina preventiva del trabajo, en el 2do Plan Quinquenal” (Escarra, 1954); y “Medio ambiente de trabajo y productividad” (Wachs, 1955), entre otros.

De igual modo, y dado que se trata de salud pública y ya no de una medicina individualista o biológica, sino de una nueva concepción de la medicina que comprende al hombre como ser social, “que abarque y factoree las causas de bienestar como de enfermedad que le ofrece el comundo social” (García, 1954), numerosos son los artículos que abarcan las dimensiones ambientales: “Geografía sanitaria” (García, 1949); “Modernas plantas de tratamiento de líquidos servidos” (Di Muro, 1950); “Consideraciones sobre organización y administración del saneamiento del medio ambiente en el orden principal” (Wachs, 1953); y “Lucha antimosca. Consideraciones sobre la campaña realizada en Santa Fe durante la temporada 1953-1954” (Wachs, 1954). Este último tema fue muchas veces reclamado y desarrollado en la prensa local. Dentro de la dimensión ambiental, otro aspecto de relevancia en la doctrina justicialista es el de la vivienda obrera, tema que articula la preocupación por el mundo del trabajo y el medio ambiente doméstico del trabajador, razón por la que la revista es eco de esto con títulos como “Vivienda y educación sanitaria” (Di Muro, 1955).

Se reiteran a lo largo de las publicaciones referencias a la niñez. Se debe tener en cuenta que el peronismo lleva adelante una política reformista que tiene la necesidad de crear leyes e instituciones para proteger a las madres y a sus hijos e implementa acciones para combatir la mortalidad infantil (Ramacciotti y Biernat, 2008). La situación de la niñez en la provincia es preocupante y se la puede dimensionar en las propias palabras de Menchaca:

La mortalidad infantil que en 1933 es de 87,2 por mil nacidos vivos, en 1953 es de 65,1… En la provincia de Santa Fe la mortalidad infantil, en 1940, es de 75 por mil nacidos vivos y en 1956 es de 46 (Lazarte, 1960: 1).

Como parte del engranaje dispuesto a revertir la realidad de los niños de la nación, se publican diversos artículos: “Valoración de la eficiencia de un internado de inmaduros” (Menchaca, 1950), “Contribución al perfeccionamiento de la estadística vital de la infancia” (Menchaca, 1951); “La educación sanitaria en la práctica pediátrica. Consideraciones generales” (Menchaca, 1953); “El pediatra práctico en la organización sanitaria escolar” (Aizemberg, 1953); “Problemas de las enfermedades infecciosas agudas comunes a la infancia en la provincia de Santa Fe” (Caffer y Birollo, 1953), “Educación sanitaria en las prácticas pediátricas. Consideraciones generales” (Menchaca, 1953) y “Mortalidad infantil en la provincia de Tucumán” (Caffer y Alzogaray, 1951).

Otra de las especialidades relevantes para el sistema de salud argentino es la medicina bucodental, que toma un lugar destacado en la infancia escolarizada y el cuidado de la salud. Dado que en la fhymp se dicta el curso de odontólogos sanitarios, también se publican artículos sobre el tema: “Experiencia de caries en la población escolar de la ciudad de Santa Fe y la localidad de Santo Tomé” (Molina, 1952); Comentarios de los datos de un examen dental realizado en la ciudad de Esperanza (provincia de Santa Fe)” (Heer y Gómez Galissier, 1953); “Estudio de relación flúor-caries y fluorosis dental” (Herr y Gómez Galissier, 1955).

En los volúmenes que corresponden a los años 1951 y 1952, se observa la centralidad de un tema, el cáncer. Esta enfermedad se sitúa como problema sanitario y como objeto científico en la Argentina desde las primeras décadas del siglo xx. En esta oportunidad, se afirma que la manera de combatir el cáncer es a través de la prevención y la detección temprana. Ramón Carrillo (1949) define al cáncer como “un problema social que puede ser eficazmente resuelto, para lo cual se requería de institutos a lo largo de todo el país que pudieran abordarlo” (Carrillo, 1949: 210). Uno de los puntos geográficos en los que se habilita un centro oncológico es la ciudad de Santa Fe, y por tal motivo la fhymp no puede permanecer ajena al tema. Los artículos que se presentan son: “Educación sanitaria en la lucha contra el cáncer” (Aizemberg, 1951); “Las subsustancias cancerígenas y la conservación de alimentos” (Najera, 1951); “Bases para la creación, organización y funcionamiento de un instituto regional oncológico” (Fiori, Dumont y Ferraro, 1951); “Lucha contra el cáncer (Dumont, 1952); Acción médico-asistencial en la lucha contra el cáncer” (Dumont, 1952); y “La ficha oncológica” (Dumont y Fiori, 1952).

El curso de Administración Hospitalaria es uno de los más numerosos, situación que justifica la presencia de artículos sobre este aspecto de la gestión sanitaria: “El rendimiento y el costo del trabajo sanitario. Su estimulación y su fiscalización” (Moroder, 1949); “Planificación sanitaria” (García, 1949); “Ordenamiento de criterios acerca del Centro de salud” (Menchaca, 1950); y “Concepto de integración en los planes y construcciones sanitarias” (Menchaca, 1952).

Respecto a la prostitución, Ramón Carrillo la concibe desde la complejidad que requiere: como problema histórico, económico, político, sanitario y sociológico. En cuanto problema de salud pública, involucra la transmisión de enfermedades venéreas, que –en palabras de Carrillo– tiene sus aspectos sociales a tal punto que, en el capítulo vii de la obra mencionada, se pregunta: “¿Desaparecerán las enfermedades venéreas por obra de la Higiene Social bien organizada?” (Carrillo, 1949: 46). La revista le da lugar a este interrogante e incluye entre sus publicaciones los siguientes trabajos: “La importancia del problema venéreo en la provincia de Santa Fe” (Moroder, 1949); “La investigación epidemiológica de los contactos en la lucha antivenérea” (Moroder, 1949); “Nuevos tratamientos de la sífilis y los métodos para su valoración” (Moroder, 1949); y “Aspectos prácticos del diagnóstico y tratamiento de la sífilis y de la gonorrea desde el punto de vista del sanitario” (Moroder, 1954).

Cuando en 1951 aparecen en distintas ciudades argentinas (entre ellas Santa Fe) brotes esporádicos de poliomielitis,, surge el interés por recabar información científica sobre ella. La revista ya había publicado los siguientes títulos: “Los problemas epidemiológicos de la poliomielitis” (Moroder, 1949) y “Epidemiología de la Poliomielitis en la Provincia de Santa Fe” (Caffer, Alzugaray y Sierra, 1950). Les sigue “La vacuna Salk” (Menchaca, 1955).

Quedan otros títulos cuyos temas no tienen frecuencia en las presentaciones, pero permiten inferir otras acciones sanitarias en la provincia: “Chagasosis o enfermedad de Chagas” (Najera, 1950); “Sobre desviaciones mentales colectivas por contagio psíquico” (Jun Dalma, 1952); “El problema de la tuberculosis en la Provincia de Santa Fe” (Caffer y Birollo, 1952); “Consideraciones elementales de la lucha antituberculosa” (Dumont, 1953); “El problema del tétanos en la Provincia de Santa Fe” (Caffer y Birollo, 1954); “Evaluación epidemiológica del problema de la lepra en la provincia de Santa Fe” (Caffer, Sierra y Birollo, 1955).

Con la denominada “Revolución Libertadora” (1955), se inicia lo que Salomón describe como un periodo de “desperonización” de la Universidad Nacional del Litoral (Salomón, 2014: 15). La última publicación es la que corresponde a enero-junio de 1955. Tres años después, durante el primer semestre de 1958, y en el ámbito de la Escuela de Técnicos para la Sanidad, resurge la publicación con el nombre de Anales de Sanidad, conservando su organización original.

Conclusiones

En este breve recorrido histórico, es posible apreciar los lazos entre la Facultad de Higiene y Medicina Preventiva y el proyecto político nacional. Esta institución de estudios superiores surge como un dispositivo que articula la matriz sanitaria con la política educativa e investigativa justicialista. Su creación se fundamenta en la complementariedad del Primer Plan Quinquenal (1946-1952) y cobra mayor relevancia durante el Segundo Plan Quinquenal (1952-1955); por esta razón, se la considera un

instituto de docencia, investigación y servicio creado para dar cumplimiento al objetivo de perfeccionar los conocimientos de los egresados del área de salud, tendientes a apoyar los programas destinados al bienestar de la población, instaurar normas de la cultura higiénica, preservar los daños evitables que abundan en nuestra comunidad –procurando superar la media vital–, evitar las muertes prematuras, las enfermedades crónicas o invalidantes, la incapacidad para el trabajo, la recreación y la concurrencia al progreso social (Expte. 21.4653, 1974: s/p).

Entonces, es posible advertir que –además de impartir clases en las aulas– otro ámbito que se pone al servicio del proyecto político es la divulgación de temas sanitarios por medio de la revista Anales de Medicina Pública, la que se aboca no solo a informar sobre las acciones de las cátedras, departamentos o institutos de la Facultad, sino a la cimentación de las ideas políticas del proyecto nacional.

Para concluir, solo resta decir que se considera que ambas –tanto la Facultad como la revista– fueron concebidas en el despliegue de un conjunto heterogéneo de prácticas discursivas y no discursivas, es decir, en una red de relaciones saber-poder destinada a comprender, analizar, investigar y proponer soluciones a los problemas de la salud colectiva según una racionalización administrativa del Gobierno y del Estado.

Fuentes

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Revista Anales de Medicina Pública (1951). Vol. iii, enero a diciembre, n.º 1 a 4, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral.

Revista Anales de Medicina Pública (1952). Vol. iv, enero a diciembre, n.º 1 a 4, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral.

Revista Anales de Medicina Pública (1953-1955). Vol. v al vii, marzo a diciembre de 1953, n.º 1 a 4, enero a diciembre de 1954, n.º 1 a 4, enero a junio de 1955, n.º 1-2, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral.

Bibliografía

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