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Anexo

Pautas para la fundamentación del trabajo proyectual

Una deuda con los estudiantes

Los docentes suelen descuidar el entrenamiento de sus alumnos para afrontar los momentos claves del curso: la exposición oral, la defensa de sus trabajos. Se habla mucho de “lo que se debe aprender”, pero poco se asesora sobre las técnicas y destreza a utilizar en el examen, en el momento culminante del aprendizaje.

La falta de preparación para exponer y el desconocimiento de las formas de presentación gráfica y oral de los trabajos suelen ser, en gran medida, las causas de las frustraciones del estudiante. La carencia de un plan para resolver la instancia evaluatoria coloca al estudiante en una posición muy difícil; el examen termina siendo un momento perturbador, que angustia y paraliza: se vuelve traumático.

¿Hemos adquirido un conocimiento si no podemos expresarlo, si no logramos comunicarlo? Es posible que dediquemos mucho tiempo a estudiar, incluso creer que sabemos mucho, pero si fallan las estrategias utilizadas para exponer o estamos inhibidos por carencia de recursos adecuados es un síntoma preocupante; advierte que falta poner a punto nuestras ideas.

Es conocido el esfuerzo de ensayo y preparación al que están sujetos los artistas y los deportistas. Debemos saber que aún el profesor responsable y experimentado prepara su clase, construye un guión sintético de los temas a desarrollar, organiza de manera anticipada las secuencias de imágenes a utilizar y hasta practica previamente para ajustar el tiempo que va a demandar su exposición.

Por lo general, la improvisación está condenada al fracaso, sobre todo a quienes tienen menos experiencia. Por el contrario, practicar (ensayar) consolidará nuestra posición frente al proyecto: el entrenamiento no es un acto mecánico, sino una acción creativa que ayuda a superarnos.

La actividad proyectual es esencialmente reflexiva, por ello en la etapa propositiva se van construyendo premisas y fundamentos que deberán quedar explícitos al exponer el trabajo. El ejercicio de argumentar nos obliga a organizar y precisar nuestros pensamientos, nuestro marco teórico.

Preparar el examen

¿Qué significa realmente “elaborar” un examen? Los docentes dicen “preparen el examen”, y los estudiantes solo se dedican a leer, memorizar, dibujar, etc., pero no “diseñan” el acto mismo del examen, no lo practican, no hacen los ensayos a través de los cuales sea posible descubrir fortalezas y debilidades para llevarlo adelante.

No podemos arriesgarnos a descubrir en el momento de la evaluación cuáles son nuestras dificultades para la exposición clara y coherente de nuestros conocimientos, de nuestros trabajos, de nuestras ideas. No hace falta aclarar que sin estudio, trabajo y reflexión responsable no hay astucia que sirva en un examen; debemos aceptar que sin un plan para llevar adelante el momento de la evaluación será difícil llegar a un resultado positivo.

Este texto trata de advertir sobre la importancia de este asunto y tiende a brindar algunas indicaciones y recomendaciones que pueden ser de gran utilidad en la circunstancia más importante del aprendizaje.

Umberto Eco ha escrito un famoso texto sobre la realización de tesis, sus técnicas y procedimientos.[1] La obra es de gran ayuda para investigadores y para quienes preparan sus tesis de maestrías o doctorados. Si a estas personas, que tienen experiencia y práctica en los estudios superiores, es necesario proveerles de una guía y orientación para su trabajo, con más razón es preciso instruir y auxiliar a los estudiantes de grado en la elaboración de sus presentaciones en examen, en la exposición de sus trabajos, y para gran parte de las actividades habituales durante el curso. Veamos algunas recomendaciones.

Sea activo en el momento de evaluación

Un factor negativo en los exámenes es que el alumno se presenta como un velero a la deriva, sujeto a los vientos y tormentas al que será sometido: piensa que el profesor solo le hará preguntas y que debe contestar… Por el contrario, los docentes esperan que el alumno tenga iniciativa.

El estudiante debe preparar previamente su estrategia de examen, su plan para la presentación; debe estar provisto de una “estructura narrativa” elaborada y construida como instrumento para desarrollo de su exposición. Además, es importante que haya practicado frente a otros alumnos que pueden actuar como auditores, asesores y jueces. Lo ideal es que esta experiencia se realice en el curso, bajo la supervisión del docente.

Esta preparación es la única que nos brinda “seguridad”. Con ella se arriba al examen con prácticas previas, con tranquilidad, ya que “se ha transitado la experiencia con antelación”: conocemos los lugares que vamos a recorrer, no hay sorpresas, no hay misterios. Incluso se deben prever los recursos que nos pueden ayudar cuando la situación es desfavorable.

Hemos señalado que el primer traspié que comete el alumno en el examen es “esperar hasta que pregunten”, o “callarse esperando que le otorguen un tema”. Demuestre que como los toreros, ha entrado al ruedo “a matar”, pero tampoco cometa el error de apresurarse en el desarrollo: muestre que sabe plantear el problema desde una visión abarcativa desde la cual dará lugar a los detalles.

Plantee el esquema global de lo que va a exponer y no pierda de vista, en este punto, que está rindiendo una materia, una asignatura, por lo tanto refiérase a ella en modo general y explique cómo se ubica en “el contexto de la carrera”, sus grandes objetivos, demuestre que “sabe dónde está parado”. Esto dará un marco más consistente a los temas particulares.

Es importante reconocer que el examen es también una instancia de aprendizaje. Posiblemente el alumno tendrá que reconocer allí algunas fragilidades, algunos conflictos. Debe estar atento para enfrentar dificultades: prevea que deberá plantear algunas soluciones, proponer algunas alternativas que demuestren que es capaz de superar el error o la falta que le señalan.

También es el momento para declarar cómo se han superado otros obstáculos en el proceso del trabajo, dando ejemplo de las opciones que oportunamente consideró y de las razones que utilizó para la solución que propone: reflexione sobre su propia experiencia de aprendizaje. Evalúe su proceso.

Al hablar de la evolución registrada en el curso, no describa todas las coyunturas transitadas, sino los puntos de inflexión de la propuesta. Puede relatar cómo una idea se fue transformando en otra. No es preciso narrar todos los atajos de su recorrido histórico, sino señalar los puntos clave, hitos significativos, que representaron un avance conceptual.

Valore el momento del examen

El examen es una instancia significativa en el desarrollo del curso, no solo porque está en juego la aprobación de la materia, sino también porque es el momento de exponer y defender el esfuerzo realizado en el curso.

Ya hemos visto que esta defensa solo se puede realizar si el proyecto ha sido fundado en una buena estrategia, desarrollado con tácticas pertinentes, y está adecuadamente presentado: no se puede defender lo indefendible.

La práctica de “exponer” el proyecto no solo es una experiencia necesaria durante la carrera, sino que es una obligada práctica cotidiana en la vida profesional del arquitecto. Como profesionales tenemos que saber exponer el proyecto, convencer y persuadir a nuestros clientes. Además, esta praxis es también una forma de verificación de la propuesta: cuantos más aspectos positivos señalemos, más seguros estaremos de las virtudes de nuestro proyecto.

Plantear cuáles son las formas correctas de construir la defensa del proyecto es a su vez tomar conciencia de los aspectos fundamentales que debemos considerar en nuestro trabajo proyectual: nos ayuda a autoevaluarlo.

Estas sugerencias no deben ser vistas como consideraciones posteriores al trabajo; por el contrario, deben ser consideradas desde el inicio de la práctica cotidiana en el taller, ya que lo que no se ha pensado con antelación difícilmente lo encontremos al final. Utilice estas indicaciones como una “ayuda-memoria” para la puesta a punto del proyecto, como modo de control permanente de la acción proyectual. Es primordial hacer uso de esta práctica durante el desarrollo del curso: exponer, debatir, criticar y evaluar debe ser una constante de gran valor pedagógico.

Organice la exposición del material de los paneles y la exposición oral sobre el proyecto

Una exposición oral ordenada permite una mejor transmisión del mensaje que deseamos comunicar, y requiere una preparación intencionada del material gráfico y de los modelos espaciales. A continuación, hacemos algunas consideraciones sobre la presentación oral.

Proponga un encuadre general a la exposición: hable del contexto del aprendizaje, ya que el examen no es un hecho aislado del curso. Un encuadre muy sintético debe señalar las grandes líneas que definen el proceso desarrollado: trate de situarlo en el desarrollo del curso (trabajo final, trabajo intermedio), en relación con otras materias afines (señale las transferencias).

Enuncie desde lo general a lo particular. Defina el tema y enumere sus objetivos particulares. Mencione los grandes problemas que propone el proyecto: el sitio, el programa, la implantación, la distribución, la tecnología utilizada, los costos estimativos, etc.

Explique la estrategia que fundamenta el desarrollo del proyecto. Señale con los elementos gráficos pertinentes y hable con propiedad. Justifique las decisiones tomadas. Pondere las soluciones adoptadas. Reitere aspectos significativos para consolidar el argumento. Mencione autores (utilizando citas apropiadas), aluda a obras como referentes, utilice información y conocimiento de otras asignaturas: Historia, Construcciones, Estructuras, etc.

Exprese las diversas relaciones que se plantean entre diferentes aspectos abordados en la asignatura: espacio / estructura / materialidad / usos / etc.

Es oportuno que inserte en su exposición categorías diferentes, pero debe distinguir entre:

  • la razonable necesidad de establecer relaciones (vinculaciones justificables) entre los distintos aspectos del proyecto, y…
  • la confusa mezcla azarosa de elementos o factores.

El primer punto implica una actitud positiva de establecer diferentes vínculos entre los componentes del proyecto, demostrando que existen interacciones que se potencian en la propuesta, por ejemplo: la relación entre estructura portante y expresión formal, o secuencia entre la estructura espacial interna y la externa.

El segundo es un error inadmisible, no es posible crear vínculos entre elementos que no los tienen o que darán falsas conclusiones.

Utilice el material de apoyo con criterio: elementos auxiliares, fotos, dibujos de síntesis en el pizarrón, maquetas de estudio. Despliegue toda la artillería. Disponga de otros aportes al proyecto que no necesariamente estén expuestos en los paneles; presente una lámina o una carpeta de bosquejos y estudios alternativos realizados. (Incorpore otros aspectos o temas no mencionados aquí).

No confunda el orden explicativo de lo dibujos con la narrativa sobre los fundamentos del proyecto de arquitectura. Debemos diferenciar entre la descripción de las láminas como instrumentos gráficos del proyecto y el otro relato que describe al proyecto desde la arquitectura: la explicitación de su argumento arquitectónico. Si bien ambos están vinculados, tienen un objetivo diferente, y de hecho una modalidad gráfica pertinente.

Si creemos conveniente hablar acerca de los dibujos como necesario momento de la exposición (posterior a una introducción general del trabajo), este debe ser planteado como un paneo que presenta el material producido con la finalidad de orientar la lectura del material gráfico: aclarar a quienes ven por primera ves la relación entre las distintas imágenes, y de ese modo, ayudar a una lectura correcta de los elementos que describen el trabajo.

  • Explicar los dibujos y relacionarlos entre sí es una acción referida al estudio y la comprensión de las imágenes. Describir el contenido gráfico de las láminas es la enunciación de los elementos que hemos utilizado para elaborar, verificar y/o presentar el proyecto.
  • Hablar del proyecto, construir su sentido y argumento arquitectónico es una acción referida a establecer los conceptos que sustentan la obra. Explicitar el proyecto, describir o exponer las cualidades y características arquitectónicas de la obra, requiere, precisamente, de un discurso “desde la arquitectura”.

Cada uno de estos dos relatos deben ser “diseñados”, deben ser pensados previamente. Por lo tanto, es necesario establecer las secuencias y la coordinación apropiada entre ellos para hacer más eficiente nuestra exposición.

Por un lado, especificar el adecuado orden de los dibujos y sus relaciones requiere pensar, preverlos de forma anticipada. Las imágenes deben ser presentadas con una intención, con una disposición que ayude a su rápida comprensión.

Recordemos que hay dibujos que “muestran la obra” y hay dibujos que “demuestran” los argumentos utilizados: interpretan la propuesta desde un pensamiento arquitectónico.

Exponer (explicar y fundamentar) el proyecto exige construir y establecer un orden de prioridades, una clara secuencia de ideas (narrativa) que permitan desarrollar los conceptos fundantes, y por ello, las estrategias utilizadas deben estar avaladas por gráficas pertinentes, modelos espaciales apropiados, etc.

Demuestre una actitud comprometida

Trate de emplear formas de expresión que impriman una posición personal frente al problema: No diga: “me quedó” como si fuera algo ajeno a su voluntad, como si no lo hubiera pensado mucho, o “me salió” como si hubiera actuado de manera inconsciente.

Demuestre con su lenguaje que el proyecto ha sido particularmente considerado por usted y cada acción es producto de un responsable accionar proyectual. Por ejemplo:

“Propuse esta configuración espacial…”.

“Como elementos constructivos utilicé…”.

“Fijé estas condiciones ambientales para el proyecto:…”.

“Como base para definir la volumetría he considerado la relación entre la normativa sobre densidad edilicia y las formas urbanas existentes”.

Es corriente que en un proyecto afloren soluciones cuyo origen no podemos establecer: surgen del inconsciente, incluso de la casualidad, pero debemos rescatarlas, capitalizarlas y hacerlas explícitas.

Valore su esfuerzo personal, su responsabilidad con el trabajo. Explicite su empeño en el proceso proyectual: demuestre que el resultado del proyecto no es trivial, sino que es el consecuente producto de analizar, estudiar y evaluar diversas opciones: “Elaboré o investigué otras posibilidades (señalarlas), pero seleccioné esta opción porque es la más adecuada (fundamentarla)”.

Haga su propia evaluación

Explicite su experiencia, su evolución personal. Mencione los distintos aportes a su formación y al crecimiento personal en la disciplina.

Respecto de su proyecto, señale las ventajas de la propuesta, pero también mencione los problemas o dificultades. Si las elecciones han sido correctas, seguramente los aspectos positivos compensarán algunos puntos menos logrados del proyecto.

Es natural que en la búsqueda de soluciones a la propuesta se plantee la “necesidad de negociar”, es decir, elegir alternativas que incluyan de manera simultánea algunos aspectos positivos y otros aspectos negativos. Nuestra opción arquitectónica debe quedar justificada dentro de un prudente balance de opciones. Demuestre que ha administrado bien los valores positivos / negativos que eventualmente surjan.

Argumente y fundamente la toma de decisión realizada, pero no soslaye los problemas. Si tiene que reconocer aspectos conflictivos, trate de incluir la forma de compensación utilizada y que ha definido su elección: “Los accesos han quedado un poco lejos de los estacionamientos, pero de esa manera los vehículos no interfieren el área peatonal”; o “la estructura del depósito tiene grandes luces y probablemente no sean las más económicas, pero tienen la condición de posibilitar una libertad de acción que permitirá un uso más libre y flexible de la planta. El costo puede compensarse con el uso de grandes vigas prefabricadas que reducen el tiempo de obra, son significativamente potentes y dan una fuerte expresión al espacio que generan”.

Cierre la exposición

Cierre cada parte de la exposición con un comentario que reafirme las principales ideas utilizadas. Plantee el cumplimiento de los objetivos del trabajo.

No finalice su exposición “porque ya no tiene más nada que agregar”. No dé la sensación de agotamiento, sino llegue al final expresando con convicción y reafirmando con seguridad su posición frente al trabajo realizado.

Señale también los momentos de conclusiones parciales: “…el proyecto se ha definido con la intención de buscar una síntesis entre los problemas que planteaba el programa y una singular adecuación de la forma a las demandas del sitio”.

La valoración final debe ser la oportunidad para revisar sintéticamente las cualidades más importantes del proyecto y las más significativas operaciones proyectuales empleadas.

Aprenda a enfrentar las críticas

Si durante la exposición los profesores plantean algún problema o cuestionan alguna solución, responda con propuestas para reajustar el proyecto: escuche con atención las críticas, y si las considera oportunas, señale su disposición para superar el problema que le plantean.

No trate de excusarse con motivos tontos cuando le señalan algún error o la falta de material: proponga correcciones, modificaciones, adaptaciones. Recuerde que un proyecto está sujeto a eventuales ajustes, pero no contradiga los argumentos que lo fundamentan.

El examen es también un momento de crecimiento. Los profesores apreciarán su aptitud para comprender la crítica, su capacidad de reacción y su solvencia en la respuesta.

Advertencias prácticas

  • Escriba previamente los puntos fundamentales del trabajo.
  • Emplee un grabador para analizar su exposición.
  • No utilice muletillas, frases hechas.
  • Si es necesario, haga una pausa para reordenar sus ideas.

Construya y replantee su propio plan

Estas observaciones no deben tomarse como una receta, sino como estimulante ayuda-memoria que debe completarse y enriquecerse progresivamente: un instrumento concerniente a las cuestiones fundamentales del proyecto arquitectónico a ser consideradas desde el primer momento del cotidiano trabajo del taller.

La persistente práctica reflexiva que se intenta impulsar no se refiere solo a los momentos del examen o la evaluación final, sino a una permanente acción que recorre todo el proceso de aprendizaje. Esta práctica incorporada como una actitud indisoluble en el trabajo proyectual generará una formación sólida para la fundamentación y producción de las propuestas.


  1. Eco, U., Cómo se hace una tesis: técnicas y procedimientos de estudio, investigación y escritura, México DF, Gedisa, 2000.


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