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Conclusiones

Las múltiples apreciaciones de la pobreza a las que nos referimos en los inicios del trabajo, las filosóficas-religiosas como las relacionadas a las ciencias sociales, en su mayoría no solo están presentes en las visiones de los actuales agentes de la Política Social, sino que se entrecruzan, se complementan y muestran nuevas configuraciones donde algunas resultan ser más predominante que otras.

No solo identificamos diversos tipos de representaciones de pobres y pobreza en los agentes sino diferentes lógicas en juego que también responden a estas variadas perspectivas paradigmáticas y filosóficas. En las representaciones de los agentes coexisten lógicas diversas, así la lógica de la desigualdad predomina, pero coexiste con la lógica de la igualdad. La primera atraviesa fuertemente las representaciones que hemos llamado institucionales tradicionales y esencialistas, la segunda las representaciones institucionales transformadoras. Tres ejes que funcionarían como soportes de una lógica de desigualdad: categorizar y clasificar; efectuar diferenciaciones sociales, demarcando posiciones; e invisibilizar, privando de identidad. En las representaciones institucionales tradicionales y esencialistas podemos observar, que con matices diferentes, se les atribuyen a las personas en situación de pobreza ciertas características que los colocan en esa situación, que es considerada inmodificable o al menos muy difícil de modificar. Si bien en algunos agentes institucionales tradicionales se hace mención al neoliberalismo como factor desencadenante de la pobreza, sin embargo, esto pasa a un segundo o tercer plano cuando se va describiendo la pobreza y los programas. Gordon (1998) conceptualiza la pobreza como una construcción social donde operan factores “objetivos”, las relaciones sociales, las instituciones económicas y políticas, etc. pero también intervienen elementos “subjetivos” como las representaciones sociales sobre los factores determinantes de la pobreza y las capacidades locales para superarla. Sostiene entonces que es interesante identificar las representaciones sociales que contribuyen a la reproducción de la pobreza y aquellas representaciones que cuestionan el statu quo y plantean alternativas de desarrollo humano que significan el cambio de dichas estructuras sociales. Siguiendo este planteo podríamos decir, que las representaciones institucionales tradicionales y esencialistas refuerzan las desigualdades sociales y tienden a naturalizarlas. Los ejes mencionados están atravesados por múltiples estrategias discursivas y representacionales, y por dispositivos y/o modos concretos de intervención, en estos dos tipos, comprendidos centralmente como inmovilización, contención, seguimiento y control. Cabe preguntarnos, si las personas pobres por algunas características intrínsecas se auto posicionaran en la pobreza serían estas las acciones e intervenciones necesarias y centrales.

De esta manera sostenemos que es posible observar un predominio de aquellas representaciones que refuerzan la desigualdad. Esto no implica desconocer la presencia de otro tipo de representaciones, la institucional transformadora a las que consideramos representaciones alternativas y no solo por su presencia en cuanto a participar estas junto a las otras, sino en relación a asumir un posicionamiento diferente frente a la problemática. Como ya describimos las mismas apelan a la igualdad, reconociendo los factores objetivos de la producción y reproducción de la pobreza, y la necesidad de compromiso en acciones e intervenciones transformadoras. Decir que estas representaciones están presentes en el ámbito institucional de las políticas sociales tiene varias implicancias, por un lado, reafirmar lo planteado en cuanto a que no son uniformes las visiones y representaciones de los agentes del Estado, que no son estos meros reproductores; por otro, que el Estado no es tampoco un espacio homogéneo. Así, representaciones contrapuestas entran en pugna por la imposición de visiones y proyectos. Vasilachis (2003a) plantea que, cuanto menos, representaciones alternativas, cuanto menos modelos interpretativos que intenten cambiar el modelo de significados respecto de las características de una persona o de un grupo de personas estén vigentes en el mundo de la vida como esquemas comprensivos de su situación, sus relaciones, sus acciones, de su identidad esencial y existencial, más enraizados estarán los procesos discriminatorios. Nos preguntamos entonces qué implicancias tiene que las representaciones institucionales transformadoras estén presentes, como también que no tengan el mismo peso que las otras. Especialmente si consideramos que no estamos generalmente ante manifestaciones explícitas de discriminación sino encubiertas detrás de miradas y representaciones aparentemente escépticas y desideologizadas.

Como dijimos, múltiples representaciones de los pobres y la pobreza están presentes y en pugna en los agentes de la Política Social, las acciones son resignificadas en contenidos y modos, aunque nominalmente no parecen ser tan diferentes, tienen enorme peso la “capacitación”. Así, si bien en las representaciones que buscan la transformación se habla de encuentro, de ponerse en el lugar del otro, colaborar desde los diagnósticos de las personas pobres, problematizar, no obviar lo afectivo y político, etc. esto se enmarca en programas o elementos programáticos de capacitación. Paralelamente agentes con representaciones institucionales transformadoras, especialmente los implementadores, al hacer alusión a la intervención, vuelven a poner el acento en intervenciones más ligadas a determinadas formas de capacitación, acompañamiento y auto organización, acordes al neoliberalismo[1]. ¿Estaremos de alguna manera ante “trampas de la acción”, que se constituyen en limitadoras para que representaciones alternativas encuentren mayores modos de expresión y visibilización?

Como ya hemos dicho, las Políticas Sociales implementadas a partir de 2003 han marcado un profundo quiebre y un significativo cambio respecto a los programas neoliberales. Sin embargo, es posible observar aún la presencia de representaciones institucionales tradicionales, como las esencialistas, de manera que muchas intervenciones parecen mostrar los elementos aún presentes y más fijos de la política social liberal y neoliberal. Representaciones que tienen estrecha relación con la lógica de la desigualdad, gravitarían más fuertemente que las representaciones vinculadas a la lógica de la igualdad en la Política Social post 2003. Como también hemos analizado programas y políticas, suelen estar influidas y de alguna manera heredar no solo lineamientos de las anteriores sino también “técnicos”, sujetos con representaciones, representaciones que pueden jugar un papel importante a la hora de retrasar, obstaculizar o permitir cambios, teniendo también el entramado institucional tendencia a condicionar los cambios y ser favorables a las repeticiones.

En las representaciones institucionales tradicionales y esencialistas tiene fuerza la naturalización de la pobreza e intervenciones que, bajo diferentes nombres, responden a una lógica asistencial, subyacente y arraigada, a lo largo de la historia argentina, y con fuerte consenso social. Así si bien discursivamente en los programas puede haber ciertas modificaciones o alejamientos de la política social neoliberal, se puede observar la cristalización en las representaciones y en las prácticas de gran parte de los agentes de la Política Social. Cuando nos referimos a la “trampas de la acción” resaltamos los elementos más explícitos de la intervención, o donde más se materializan las representaciones y los modos de acción, la manera activa en la que “entran en juego”. Mercklen (2010) al referirse al desplazamiento de la problemática del trabajador a la del pobre y las implicancias de este en la redefinición social de una problematización, sostiene que este cambio contribuye a redeterminar el campo de lo posible en el ámbito de la acción. Este autor (Merklen, 2010) observa también que cuando la sociedad, políticas públicas, agencias internacionales, ONGs, ciencias sociales, y medios de comunicación, designan a ciertos grupos como pobres, los posibles repertorios de acción se encuentran un tanto predefinidos. Carballeda (2008) observa como elemento recurrente en las prácticas, la vinculación casi directa de intervención en lo social con la construcción de autonomía de los sujetos “beneficiarios”, entendiendo la falta de autonomía como una carencia impuesta, propia, o ligada a pautas culturales que ratifican esa condición o falta. De este modo, las dificultades de la construcción de la autonomía en un contexto de desprotección social, en donde los sujetos excluidos deben tornarse autónomos por mandatos de programas sociales o estrategias de intervención, configuran, quizás, nuevas formas de coerción ligadas a las políticas sociales focalizadas que parecen persistir. Las autonomías impuestas se convierten o son en sí mismas una paradoja, y entran en contradicción con la pérdida de derechos sociales que prima, y que conlleva la reducción de la autonomía y la pérdida de ciudadanía. Paralelamente Edelman (1991) apunta que las propuestas para resolver los dilemas sociales crónicos mediante el cambio de actitudes y de conducta de los individuos son expresiones de la misma estructura de poder que crea el problema. Al publicitar remedios que no alteran la estructura, estas propuestas contribuyen a generar aquiescencia pública para su continuación.

Como ya sostuvimos la Política Social en Argentina estuvo más vinculada al trabajo asalariado que a la construcción de ciudadanía, a manera de hipótesis podemos decir una instancia que se continua con distintas prácticas que persisten y no posibilitan esta construcción de ciudadanía, sino que funcionan como mecanismos y/o dispositivos de coerción, control y segregación y fuertemente ligadas al neoliberalismo. Al sostener que la concepción de las prácticas atravesadas por visiones aparentemente diferentes de pobres y pobreza podemos resaltar en ellas algunos elementos vinculados al tratamiento hegemónico de la pobreza. Podemos hablar de discursos, representaciones y prácticas como tres esferas que se distinguen, se articulan y se refuerzan. Si bien en el discurso político, y en algunos de los enunciados de los programas sociales se ve cierto distanciamiento de la visión tradicional, sin embargo, continúa siendo predominante en representaciones y especialmente en muchas de las prácticas.

Soldano (2007) nota como los programas sociales, siguen convalidando esferas de “derechos diferenciales”. Mientras que los sectores integrados han robustecido sus posibilidades de acceso a la puja distributiva y siguen siendo las partes de la construcción de demandas en el sistema político, los sectores no integrados siguen inmersos en la dinámica de la asistencia a gran escala e interpelados con la batería de las categorías de la focopolítica. Así, si bien en ciertas representaciones, fundamentalmente en las institucionales transformadoras, se observan algunos elementos que muestran cierta distancia del neoliberalismo, haciendo hincapié en el reclamo de una presencia diferente del Estado, demandándose políticas sociales universales, sin embargo, en sus prácticas sigue teniendo presencia la lógica de la “focopolítica”. Es también sugerente que este tipo de implementadores, “institucional transformadores” y “esencialistas”, con visiones diferentes y hasta contrapuestas de la pobreza, sin embargo, comparten ampliamente la necesidad de acompañar, capacitar y orientar psicológicamente como prácticas adecuadas. Seguramente hay una resignificación de acciones, pero hay mucho menos variantes que en discursos sobre pobres y pobreza. El estudio de las representaciones emerge así como una instancia compleja pero de relevante peso que puede contribuir en un mayor conocimiento de las problemáticas presentes en las políticas sociales.


  1. Hacemos alusión a un determinado tipo de apreciación de capacitación, acompañamiento y auto organización, existiendo otras que sí tienen en cuenta la igualdad esencial, los derechos, y la libertad de las personas. Para analizar este tipo de experiencias en Argentina, después de la crisis del 2001, realiza importantes aportes el trabajo de Forni y Longo (2004).


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