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Una red intelectual y académica

Poner en marcha una publicación periódica requiere de la participación de actores que de una u otra manera estén involucrados. En el capítulo anterior, al tratar la dimensión material de la publicación, observamos la negociación del equipo editorial con las imprentas, por una parte, y por la otra, con el IPGH para asegurar su mantenimiento. En él, aparecieron algunos miembros del equipo editorial que se encargaban directamente de negociar con estos autores. En este capítulo, por tanto, es necesario incorporar la participación del resto de los actores que participaron de esta red.

Es evidente que Zavala fue el nodo principal de la red de la publicación. A través de él circulaban opiniones y decisiones, se contactaba a colaboradores, imprenteros, y era él quien debía negociar con el IPGH. Sin embargo, un emprendimiento de esta naturaleza requiere del trabajo en equipo, de una verdadera red académica y editorial. Hacer posible una revista, número tras número, requiere de un conjunto humano que participe de distintas maneras. Al ser esta una publicación hecha por y para historiadores, es evidente que la red académica y editorial repite varios nombres, a diferencia de otras revistas (o de las revistas actuales) en las que existe una diferenciación entre quienes escriben y quienes la hacen posible: sobre todo, los aspectos más técnicos son realizados por personas expertas en la materia, pero no necesariamente miembros de la misma disciplina.

En este caso, los miembros del equipo de editores y del Consejo Editorial son a su vez autores que aparecen en una o más secciones. En nuestros términos actuales, esto podría ser visto como negativo, al favorecer una endogamia o un diálogo cerrado entre pares que trabajan cercanamente. En aquel momento, esta cercanía no solo era indispensable por ser pocos miembros del gremio, sino porque se trataba de fundar y, para ello, eran necesarios fuertes vínculos de confianza. Para poder mostrar esta superposición de funciones, diferenciamos la red académica de la red editorial. Esto no es más que una herramienta para mostrar, por partes, aquello que fue en realidad un todo. Nos permite detectar a las personas que cumplieron más de una función (miembro del Consejo Directivo, equipo editorial y autor, simultáneamente). A su vez, permite pensar, a manera de una red, quiénes tuvieron los lazos más fuertes y quiénes los lazos más débiles; quiénes fueron mediadores de red y quiénes los nodos centrales. Por último, permite detectar los ejes geográficos desde y hacia donde fluyó la información necesaria para realizar cada número.

En este sentido, mostraremos cómo, si bien esta fue una red académica amplia que incluyó a numerosos autores de varios países del continente, fue también una red editorial muy específica. Así, si el panorama académico evidenciaba una dispersión geográfica en casi todo el continente, el editorial se concentró en tres ciudades: México, Washington y Buenos Aires. Aunque parezca una abstracción, no lo es. Dependió totalmente de personas que hicieron posible este flujo editorial como efectivos mediadores. Entre ellos se destacan varios personajes que, por cuestión de espacio, decidimos ubicar en distintos capítulos, tomando como criterio en cuál tuvieron mayor impacto. Estos son: Silvio Zavala, Lewis Hanke, José Torre Revello, Rafael Heliodoro Valle, Jorge Ignacio Rubio Mañé, Agustín Millares Carlo y Ernesto de la Torre Villar. Se distinguen así tres nodos relevantes en el Consejo Directivo: Hanke, Torre Revello y Heliodoro Valle, mientras que los demás pertenecen al equipo editorial. Si pensamos en los colaboradores (autores) que publicaron, el panorama no es muy distinto, porque, como veremos, se repiten varios de estos nombres.

Por eso, en las siguientes páginas analizaremos a grandes rasgos las características de estos tres componentes de la red: los colaboradores, el equipo editorial (o los editores, como ellos se llaman) y el Consejo Directivo. En especial, mencionaremos a Silvio Zavala y a Lewis Hanke porque tuvieron un papel fundamental como mediadores de la red.

Los colaboradores

La cantidad de personas que participaron en la RHA en su primer decenio fue numerosa y variada. Hay un total de 217 personas, de los cuales 7 eran miembros del equipo editorial; y 14, del Consejo Directivo. Es decir, casi todos los miembros del equipo fueron autores en alguna sección, mientras que no todos los del Consejo Directivo participaron.

La mayor participación la tuvieron Silvio Zavala, Jorge I. Rubio Mañé, Francisco Monterde y Ernesto de la Torre Villar. Los primeros tres participaron en varias secciones: Artículos, Reseñas, Revistas, Bibliografía, mientras que a De la Torre Villar solo lo vemos a aparecer en la sección Noticias. Por su parte, la participación de Agustín Millares Carlo no se muestra en su dimensión real porque, dada la cantidad de notas bibliográficas (más de 16 mil registros), solo se consignan en el grafo correspondiente las contribuciones de esta sección en su primera época, de 1938 a 1940. A partir de 1941, la sección quintuplica su volumen, por lo que no se pudo cuantificar en este ejercicio. Tuvimos que poner en este caso solo su participación única y no cuantificar la cantidad de notas que escribió en esta segunda etapa. Aun así, como nodo aparece con cierta importancia porque participó en otras secciones (1 artículo, 10 reseñas, 14 registros de revistas).

En cuanto a los miembros del Consejo Directivo, se destacan José Torre Revello, por la cantidad de participaciones, y los estadounidenses Bert Loewenberg y Madaline Wallis Nichols. Un caso similar al de Millares Carlo sucede con Rafael Heliodoro Valle, miembro del Consejo Directivo y responsable de la sección Bibliografía (antes de que Millares asumiera entre 1938 y 1940). Heliodoro Valle también aparece porque participó en otras secciones (con 2 artículos, 17 bibliografías, 20 reseñas y 8 fichas de revistas). En cuanto a los otros colaboradores, es notable la participación de José Rojas Garcidueñas.

Aunque no tenemos información completa sobre la nacionalidad de todos los colaboradores, consideramos que la publicación logró su objetivo porque, como veremos más adelante en el análisis de cada sección, contó con la participación de historiadores, archivistas y bibliógrafos de casi todos los países del continente. Asimismo, se verá que la distribución se mantuvo regular, con un predominio de académicos de México (algunos de los cuales, como ya mencionamos, no son mexicanos), de Estados Unidos y de Argentina. Por ello, podemos decir que el proyecto de Zavala de modernizar la disciplina apoyándose en esta alianza estratégica tuvo sus repercusiones en las páginas de la RHA.

Ahora bien, agrupamos a las personas según su participación en las distintas secciones de la revista para que se pueda observar cuáles son las que tuvieron mayor cantidad de contribuciones. Como hemos señalado, la sección Noticias fue la que tuvo menos colaboradores porque, dadas las características de la sección (trasmitir las novedades institucionales), estuvo a cargo de Ernesto de la Torre Villar y unos pocos colaboradores más. Las notas necrológicas también tuvieron pocos colaboradores, debido a que solo se publicó un número reducido de este tipo de noticias (y, en algunas oportunidades, un mismo autor realizó dos notas, como fue el caso de la estadounidense Madaline Nichols). En la figura 2 comenzamos a ver clusters, es decir, agrupamientos, con mayor cantidad de personas en los artículos, donde otra característica es que, si bien participan algunos miembros del equipo editorial, la mayoría de los nodos son colaboradores externos. En cambio, Reseñas fue una sección en la que no solo participaron los miembros del equipo editorial, sino también numerosos colaboradores externos. Si se hubiera incorporado a esta figura la cantidad total de notas en Bibliografía, habría alterado mucho sus dimensiones; habría sido, en definitiva, la sección más grande y con mayor cantidad de contribuciones.

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El equipo editorial

Se pueden distinguir dos conjuntos en la conformación del equipo editorial: el primero, un conjunto chico de tres miembros que estuvo más implicado en la salida de cada número, en los primeros once años; el segundo conjunto, un grupo de personas en cada país de América, para representarlo y para contribuir a la difusión de la revista.

El pequeño comité

El equipo editorial fue sin duda el que hizo posible la publicación al darle forma y contenido a través de su colaboración como autores o como editores. Su número no fue grande, sino más bien pequeño. Estuvo compuesto por pocas personas desde 1938 a 1947, año en el que no solo hubo algunos cambios, sino que se incorporaron nuevos miembros. En la primera etapa, y teniendo a Silvio Zavala siempre como el director, participaron los mexicanos Francisco Monterde y Rubio Mañé, así como el español (radicado en México desde hacía tiempo) Felipe Teixidor. Este último solo estuvo los primeros dos años y luego se retiró.[1] En cambio, Monterde y Rubio Mañé acompañaron a Zavala hasta 1947. El siguiente año hubo un reacomodo en varios sentidos. El español Javier Malagón Barceló aparecía en las páginas legales de la revista como secretario. Se creó un nuevo grupo en las páginas legales para definir las funciones, apareciendo así el de redactores, en el cual estaban Rubio Mañé, Millares Carlo, De la Torre Villar y Susana Uribe. Cabe aclarar que estos nuevos no lo eran tanto, puesto que venían colaborando con la revista desde unos años antes. A través de la correspondencia se observa que empezaron a trabajar de manera más o menos regular para apoyar las funciones del equipo editorial (el trío Zavala, Rubio y Monterde) en distintas actividades específicas. De hecho, como veremos más adelante, De la Torre se hizo cargo de la sección Noticias. De este modo, Susana Uribe fue la única incorporación del todo nueva.

Junto a estos nombres se mantuvo la designación de los editores, en la que vemos nuevamente a Zavala, Rubio Mañé (ya no a Monterde, que desapareció por completo), Malagón Barceló,[2] Millares Carlo, De la Torre y Uribe, es decir, bajo el título editores están el director, el secretario y los redactores. Es posible que esto tenga que ver principalmente con una mejor distribución del trabajo interno, así como con la organización de la Comisión de Historia, en la cual, desde 1947, aparecen con cargos: como presidente, Silvio Zavala, como secretario asistente, Javier Malagón.

Cabe mencionar que este pequeño equipo editorial no pertenecía a la misma generación; algunos eran un poco mayores que Zavala y otros eran bastante menores, alumnos del CEH. Tampoco conformaban una escuela de historiadores, pero tenían experiencia en publicaciones periódicas como colaboradores asiduos o como miembros de equipos editoriales. No todos eran mexicanos, aunque eran la mayoría y los extranjeros se encontraban residiendo en la Ciudad de México por diversos motivos. Rafael Heliodoro Valle residía desde tiempo antes, mientras que el yucateco Rubio Mañé y el propio Zavala llegaron después. Los españoles del equipo, Malagón y Millares Carlo, llegaron junto a otros exiliados españoles a fines de la década de 1930 y principios de la de 1940. Salvo el caso de Valle, ninguno había tenido relación anterior con el IPGH.

a. Tabla de miembros del equipo editorial, por año y número
Años Números Director Secretario Redactores Editores
1938-1939 1-7 Silvio Zavala Silvio Zavala, Francisco Monterde G. I., Jorge Ignacio Rubio Mañé, Felipe Teixidor
1940-1947 8-24 Silvio Zavala Silvio Zavala, Francisco Monterde G. I., Jorge Ignacio Rubio Mañé
1948 25, 26 Silvio Zavala Javier Malagón Barceló Agustin Millares Carlo, Jorge Ignacio Rubio Mañé, Ernesto de la Torre, Susana Uribe Silvio Zavala, Javier Malagón Barceló, Agustín Millares Carlo, Jorge Ignacio Rubio Mañé, Ernesto de la Torre, Susana Uribe

Las actividades de este equipo editorial se distribuían en varias ocupaciones, puesto que no recibían un salario por estos cargos. Como los miembros del equipo editorial no recibían un sueldo, el pago era como el de cualquier otro colaborador. Pero como estos se dedicaron a completar la información de secciones de muchas páginas, como las notas bibliográficas o las reseñas, solían recibir una contribución mayor a la de un autor que solo había enviado un artículo para ser publicado.

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3. Lista de colaboradores del número 24 (1948) de la RHA con los pagos a realizarse (elaborada por Silvio Zavala).[3]

Como mencionamos en el capítulo anterior, las dificultades económicas del Instituto durante 1942 y 1943 restringieron la cantidad de números para acabar en una periodicidad semestral. Zavala le manifestó su preocupación al respecto al director del IPGH, porque si bien se había garantizado la continuidad de la publicación, la reducción había generado un problema para los que trabajaban en ella. Al cumplirse los siete años de la publicación, se reunieron a conversar sobre el tema las tres personas en las que realmente recaía el trabajo o, como los definió Zavala, “los colaboradores que no han desmayado en la tarea”, a saber: Rubio Mañé, Agustín Millares Carlo y él. La remuneración de los colaboradores era, por número, a razón de 150 pesos mexicanos, por lo que solicitaba en la nota que se les abonara 300 pesos mexicanos por cada número que saliera, y que se considerara el aumentar el número de colaboradores permanentes de la revista para asegurar que tuvieran suficiente material para cada número.[4]

Estos colaboradores asiduos eran los que realizaban tareas sustantivas mientras Zavala se encontraba fuera del país. En estos períodos, las cartas no solo son casi cotidianas, sino también abundantes, pues en ellas se intenta resolver todos los detalles pendientes a ese día. A través de ellas no solo podemos reconstruir el quehacer de cada número, sino también darnos una idea de quiénes eran las personas sobre las que recaía el trabajo, porque existía una mayor confianza en que podrían realizarlo bien en ausencia de Zavala.[5] En este caso están Rubio Mañé, Monterde[6] y Millares Carlo. Ahondaremos un poco en la función de Zavala en esta publicación.

Zavala, editor

Podemos definir a Zavala como un investigador/editor, siguiendo la lógica que plantea Aimer Granados para Alfonso Reyes al definirlo como un “bibliófilo-erudito-editor”.[7] En Zavala observamos una práctica editorial a partir de una experiencia en la producción de sus libros y, sobre todo, por el afinado conocimiento de las necesidades de su campo de estudio. La capacidad de combinar los aspectos técnicos con los académicos –sin perder de vista los estéticos– explica que buscara un lector especializado para la RHA y que los formara a través de una selección del material. Como editor de una publicación académica, no se regía por criterios comerciales, sino como promotor de una alta cultura especializada. Prevalece la función pedagógica, actualizada a través de la profesionalización científica. Su función como investigador marca el rumbo de sus otros emprendimientos, no solo porque comparte actividades, sino también por el sentido que les otorga.

Por este motivo, fundar la revista no significó para Zavala alejarse de sus otras ocupaciones. Por el contrario, las cartas reflejan la ardua labor que desarrolló de manera paralela en el campo de la docencia y la investigación. Durante esos diez años realizó dos importantes estancias de investigación, tiempo en el cual la gestión de la RHA recaía en los miembros más cercanos del equipo editorial, en especial Jorge I. Rubio Mañé y Agustín Millares Carlo.[8] Como le expresó a Reyes en una carta, era consciente de que los primeros números no habían salido como lo planeaba porque había sido difícil conseguir colaboraciones “impecables”, pero también a que, dada su distancia, no había podido darle el “impulso que necesita”, por lo cual esperaba que a su regreso pudiera hacerlo.[9]

Zavala regresó en septiembre de 1940, pero de manera casi inmediata aceptó la invitación de Reyes y Cosío Villegas para cooperar en los trabajos de investigación y enseñanza que estaba desarrollando El Colegio de México. En la docencia, apoyaría el dictado de un seminario sobre las “instituciones coloniales de España en América” (para el cual insistía en que era necesario que los alumnos tuvieran acceso a libros y documentos, así como a otros cursos de metodología, historiografía, ciencias auxiliares de la historia e idiomas). A nivel investigación eso implicaba que tendría tiempo para terminar dos obras que tenía iniciadas: Fuentes para la historia del trabajo en Nueva España y Los esclavos indios en nueva España, y para empezar además con la redacción de la Historia del trabajo de los indios en la Nueva España.[10] Tras las negociaciones del caso, Zavala aclaraba que su único compromiso era la dirección de la RHA y de la Biblioteca Histórica Mexicana de Obras Inéditas. Ambas actividades, argumentó, eran coincidentes con su propuesta académica, por lo que no veía inconveniente en iniciar el trabajo en El Colegio de México y mantenerlas de manera paralela, condiciones que Reyes aceptó.[11]

Las actividades en la RHA prosiguieron, mientras que las de El Colegio aumentaron a partir de su transformación a fines de 1940.[12] Zavala fue nombrado director del recientemente fundado Centro de Estudios Históricos a inicios de 1941. Esto implicó pensar en cursos, seminarios y programas, así como en la creación de una biblioteca y archivo, labor para la cual trabajó junto a Millares Carlo,[13] quien poco después ingresaría como miembro del equipo editorial de la RHA.

Esto no impidió que realizara nuevas estancias de investigación, primero al norte del país, para trabajar con los documentos de la época colonial en los archivos de Monterrey, Saltillo y Durango (entre enero y febrero de 1941), material con el cual publicó posteriormente. Un año después, viajó nuevamente a Estados Unidos invitado por James T. Shotwell, director de la División de Economía e Historia de la Dotación Carnegie para la Paz Internacional, quien esperaba que el mexicano diera unas conferencias en importantes universidades de la costa este. Solicitó licencia en El Colegio para ausentarse de febrero a mayo de 1942, tiempo en el cual, amén de las conferencias, aprovecharía para dar a conocer el trabajo que realizaba El Colegio y ver algunos otros asuntos que este requería.[14]

Cabe mencionar que, como registran las numerosas cartas que le escribió Zavala a los miembros del equipo editorial de la RHA, este se quedaba a cargo de ella en su ausencia; durante esas estancias, Zavala se entrevistaba con numerosos colegas a los cuales no solo promocionaba El Colegio, sino también la RHA. Posiblemente esto se debía a que para él ambas actividades podían combinarse en tanto en cuanto servían a un mismo fin: profesionalizar la Historia y generar un ámbito de formación. Pese a su capacidad para manejar ambos cargos, Zavala conversó con Pedro Sánchez del IPGH y con Lewis Hanke sobre la posibilidad de renunciar al cargo de editor, sugiriendo que Torre Revello fuera el nuevo editor por los siguientes cinco años. Su intención era dedicarse a tiempo completo a sus investigaciones históricas, que había dejado pendientes desde que había asumido la dirección de la publicación. No había encontrado a la persona indicada en México. Además, dado el carácter panamericano del Instituto, parecía conveniente que la sede editorial rotara entre los países. Dado el carácter institucional de la publicación, no sabía si para esta decisión debía consultar a los países. Por ello, le pidió a Hanke que pensara cuál sería la posición de Estados Unidos y lo conversara con otros colegas, como Leland. Advirtió que si los colegas eran favorables, ellos procederían a hacer una indagación similar en la Argentina. Estas indagatorias debían realizarse antes de la Conferencia General del Instituto a realizarse en Caracas. Hanke se reunió con Leland y coincidieron en que era conveniente discutirlo en el Comité de Estudios Latinoamericanos, que se reuniría en octubre de ese año. Pero la traslación a Buenos Aires se complicó porque la comunicación oficial con el Gobierno argentino era cada vez más difícil.[15]

Desconocemos la respuesta, pero al parecer fue negativa, puesto que no se realizó ningún cambio de dirección, teniendo que distribuir su tiempo entre varias instituciones y funciones. Entre 1944 y 1945 realizó un anhelado viaje por América del Sur, financiado por la Fundación Rockefeller, en el cual visitó numerosos archivos.[16] Con el gran volumen de material redactó un completo informe con su esposa.[17] A su regreso, su colega Lewis Hanke le escribió para felicitarlo, y mientras esperaba que enviara sus impresiones de los archivos sudamericanos, le preguntó si, ante su intensa actividad como investigador, seguía interesado en continuar dirigiendo la RHA, duda compartida por varios colegas estadounidenses.[18]

Poco después, Reyes y Cosío le ofrecieron a Zavala pagarle una suma como remuneración por ser director del CEH y además como investigador para que prosiguiera con el tema “la esclavitud de los indios de Nueva España”. Salvo la cátedra que ya había aceptado Zavala en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esperaban que le dedicara tiempo completo a El Colegio. Zavala estaba de acuerdo, pero pedía que se le permitiera seguir como director de la RHA. Esta función ya la venía ejerciendo y ellos lo habían permitido. Le aclaró que esperaba poder continuarla para que “no se pierda el impulso adquirido, sino también porque desde hace algún tiempo esa revista acoge los artículos, reseñas y notas que escriben los alumnos avanzados de nuestro Centro”.[19]

Para dejar en claro que podía con todas estas actividades, presentó un informe a Reyes con las actividades que había desarrollado durante su estancia: había realizado el informe correspondiente para la Fundación Rockefeller y El Colegio, retomado la dirección del CEH, publicado dos números de la RHA (19 y 20), dictado cursos y viajado nuevamente por algunos países del Caribe como profesor visitante, sin contar un gran número de publicaciones.[20] La duda sobre sobre la dirección de la RHA continuó, porque desde 1945 comenzaron las tratativas para crear la Comisión de Historia del IPGH, de la cual Zavala fue su presidente una vez constituida en 1946. El mexicano le consultó a Lewis Hanke, quien le respondió que si él consideraba imposible continuar dedicándole tanto tiempo a la RHA, tal vez sería conveniente mover la dirección a otro país. Si pensaba en un nuevo editor, se inclinaría por el chileno Ricardo Donoso o el argentino José Torre Revello (ambos miembros del Consejo Directivo de la publicación). Más allá de quién se quedara en la dirección, era necesario orientar la publicación haciendo algunos cambios.[21]

Zavala le agradeció sus comentarios, pero le aclaró que, aunque sería ideal llevar la dirección de la RHA a otro país, ese traslado era casi imposible por los recursos con los que se contaba entonces. Le recordó que, a excepción del director y del personal secundario, nadie recibía sueldos del Instituto, sino sumas por su colaboración. Si él lograba conseguir otro financiamiento, estaría de acuerdo con que se trasladara a Estados Unidos, pero si no se podía asegurar esto, debía quedar igual. En nombre de todo el equipo editorial afirmó: “Preferimos conservarla a que muera o se deteriore. Al cabo, nosotros la fundamos y hemos mantenido con sacrificio y tenemos derecho a pensar que solo los cambios que favorezcan y mejoren son los que deben aprobarse”. A esto agregó también el hecho de que la imprenta y el costo del papel eran más baratos en México, y que desde que habían iniciado se había organizado una biblioteca en el Instituto con las publicaciones de canje.[22]

Hanke no quedó convencido. Al responder, reafirmó su idea de que era necesario cambiar la dirección y esperaba que la nueva comisión de historia pudiera revisar esto en su primera reunión.[23] Zavala enfatizó que, cuando el Instituto se internacionalizara, la RHA cambiaría de sede, pero le recordó que esa decisión se podría aceptar tomando precauciones. Su punto de vista consistía en dos principios: que se aprovechara la experiencia de los primeros ocho años de vida de la revista (relaciones personales, colaboraciones regulares, canje, imprenta, distribución, etc.); que el cambio se realizara para “perfeccionar y consolidar lo ya logrado”. Se inclinaba entonces por ser cauto.[24] Hanke no quedó conforme, pero se concentró en las cartas en mantener sus cuestionamientos sobre la sección Bibliografía (ver el capítulo correspondiente). Zavala, a su vez, le comentaba que la reunión de Caracas había sido pospuesta y que, mientras se conformaba la Comisión, se había creado un problema de fondos en el Instituto, que podía incluso suspender totalmente las publicaciones. No creía que fuera el momento de hacer reformas a la revista: “Lo único que por ahora deseo es entregarla viva y con sus números completos al Comité de Historia”, expresó.[25]

El Consejo Directivo

Este grupo fue desde sus inicios, en 1938, más numeroso que el anterior, porque de entrada se buscó, dado que se trataba de un órgano de difusión de una entidad panamericana, que hubiera representatividad de todos los países del continente. Dado que el Instituto tenía un carácter panamericano, todos los países del continente que participaran de la Unión Panamericana debían tener un representante. Sin embargo, esto no fue así, en parte debido a que las cuotas que se pagaban por la adscripción al Instituto eran independientes del organismo regional (IPGH), en parte porque fue difícil encontrar a las personas idóneas, pues debían tener un determinado perfil profesional, prestigio en el campo disciplinar y contactos entre sus colegas. Aunque su nombramiento no dependía de instancias oficiales, sino que se realizaba a manera de invitación del IPGH o del propio Zavala, era evidente que eran personas que no debían de ser cuestionadas por las instancias oficiales.[26]

La mayoría de los países tuvieron dos representantes (que era el ideal que buscaba Zavala) y solo algunos contaron con uno (Honduras, Paraguay, República Dominicana y Colombia). Esto no quiere decir que desde el inicio se habiera podido conformar completo el Consejo, las dificultades se hacen evidentes al observar los años de ingreso de cada miembro. Pocos fueron los que tuvieron permanencia durante los diez años: el peruano Jorge Basadre, el cubano José María Chacón y Calvo, el argentino José Torre Revello, el hondureño Rafael Heliodoro Valle y el estadounidense Lewis Hanke. Con una permanencia relativamente menor estaban el colombiano Guillermo Hernández de Alba, el chileno Ricardo Donoso, el estadounidense Bert James Loewenberg, el peruano J. M. Vélez Picasso, el dominicano Emilio Rodríguez Demorizi, el brasileño Max Fleiuss[27] y el uruguayo Juan E. Pivel Devoto.

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4 . Cuadro de miembros del Consejo Directivo por años y por país.

Pocos fueron los que se incorporaron al principio y se alejaron al cabo de uno o dos años: el brasileño Gustavo Barroso (reemplazado por su compatriota Fleiuss), el chileno Raúl Silva Castro (que le dejó su lugar a Ricardo Donoso) y el ecuatoriano César Vázquez R. (a quien recién un año después de su renuncia se le encontró reemplazo en Roberto Páez). En el caso de Panamá y de Paraguay, se logró que los primeros tres años estuvieran como representantes Baltazar Isaza Calderón y Cecilio Baéz, pero ambos abandonaron en 1940. Algunos se incorporaron casi al finalizar este período, como fue el caso de la argentina Sara Sabor Vila (que entró y publicó en paralelo con Torre Revello y luego continuó contribuyendo sola) y el boliviano Guillermo Eguino (que quedó como el único representante de su país, puesto que Humberto Vázquez Machicado había abandonado el año anterior). Salvo Cuba, República Dominicana, Honduras y Panamá, los demás países de Centroamérica y el Caribe estuvieron ausentes. Los países sudamericanos fueron mayoría, faltó solo Venezuela. De América del Norte, México no necesitaba representante en cuanto la sede del IPGH y de la revista estaba en la Ciudad de México; Canadá no participaba debido a que no era miembro del IPGH.

Todos debían tener una importante función como de vinculación al representar a la publicación en su país y buscar por los medios que fueran posibles colaboraciones para alimentar cada número. Asimismo, una vez publicada, debían difundirla en sus respectivos países a manera de una red de distribución. Esta doble función los ubicó en el lugar de mediadores de red, al favorecer la circulación de y hacia la revista de materiales, información, cobros. Además, muchos de ellos colaboraron como autores. Por este motivo, hay dos maneras de observar su participación: una es la visible, es decir, la cantidad de colaboraciones que publicaron con su nombre (las cuales señalaremos al analizar las secciones correspondientes), la otra es indirecta, al mediar entre colegas y equipo editorial para conseguir colaboraciones, suscripciones, lectores, canje y todo tipo de información que la nutriera. Para observar este tipo de participación es necesario analizar la correspondencia resguardada en el Fondo Silvio Zavala.

Primero, encontramos que no existió intercambio entre el mexicano y los representantes de Brasil ni de Bolivia, Ecuador y Perú, y un intercambio muy débil con los representantes de Colombia[28] y Uruguay.[29] El caso de Chile es distinto; este podríamos denominarlo lazo débil dentro de la red.

Lazos débiles: el caso chileno

Inicialmente participó primero el historiador Raúl Silva Castro (entre 1938 y 1940),[30] con quien Zavala intentó crear un contacto directo que le sirviera a la publicación. Al parecer, Silva Castro no fue informado de su participación como miembro del Consejo Directivo hasta no recibir el primer ejemplar de la RHA y darse cuenta de que su nombre estaba ahí. Agradeció la distinción en nombre de su país y lo felicitó a Zavala porque la revista parecía estar a la “altura de la importante misión que le va a corresponder en su día en los estudios historiográficos”. Ofrecía como colaboración el recibir todos los artículos para enviar en un solo paquete las colaboraciones de sus colegas chilenos.[31]

Zavala le sugirió que escogiera él los artículos “con mérito”, puesto que desde México, por la distancia y el desconocimiento de la historia nacional, sería difícil seleccionarlos bien. Expresó su confianza en que invitaría a las personas adecuadas (como había hecho José Torre Revello en la Argentina con buenos resultados), pero le recordaba que debía tratarse de trabajos inéditos y originales que no tuvieran un interés exclusivamente nacional. Además, le pidió elaborar listas de libros de historia publicados en Chile cada trimestre, anotando con una breve explicación las colaboraciones de las revistas también. De los libros que consideraba más importantes le encomendaba reseñas críticas, para lo que también le sugería seguir el modelo de Torre Revello para el apartado de la Argentina, para así mantener uniforme la sección. Le aclaró que las colaboraciones recibían una pequeña compensación económica.[32]

Silva Castro habló con su colega Ricardo Donoso,[33] quien envió un artículo titulado “Don Vicente Carvallo y Goyeneche: Historiador de Chile”, el cual era parte de un libro en prensa sobre el marqués de Osorno. En la carta de envío, Donoso aprovechó para recordarle a Zavala que tenían en común a su amigo Rafael Heliodoro Valle y que le había estado enviando regularmente la Revista Chilena de Historia y Geografía (órgano de la sociedad respectiva a la que pertenecían Silva y Donoso).[34]

Mientras seguían intercambiando pruebas de imprenta de su artículo (el cual fue publicado en el número 8, de abril de 1940, en coautoría con Ambrosio Benavides), Donoso fue invitado por el IPGH a colaborar en otras actividades como representante. Al mismo tiempo, la correspondencia entre él y Zavala mostró un mayor acercamiento, por lo cual comenzaron a intercambiar opiniones sobre los problemas con el acceso a documentos en el Archivo de Indias. Aunque Donoso no emitió un juicio sobre la situación política de la España franquista, le preguntó a Zavala qué le parecían, dijo, estos “señores españoles hablando del imperio, cuando no fueron capaces de conservar el que crearon después de tres siglos de trabajos gigantescos”.[35]

La comunicación prosiguió, y al tiempo que Donoso recibía los números de la RHA, le respondía a Zavala con comentarios halagüeños sobre esta y lo felicitaba porque la revista era de “gran interés” y la sección Bibliografía era de “de primer orden”, por lo que rápidamente se estaba convirtiendo en una “herramienta indispensable para nuestros estudios”. Como siempre, las cartas abordaban muchos temas de su mutuo interés como historiadores (colecciones, documentos, libros, archivos), lo cual mostraba que, pese a las dificultades en la comunicación con el Archivo de Indias, este repositorio seguía jugando un papel fundamental en el circuito de intercambio de información. Sin embargo, se observa también que ambos historiadores compartían contactos, como el argentino Ricardo Levene (quien coordinó una colección de Historia de América en la que ambos participaron como autores), así como los estadounidenses Haring y Hanke.[36]

Tras su regreso a México, Zavala respondió a varios comentarios del chileno en sus cartas anteriores, pero se concentró en convencerlo de que participara por Chile en el Consejo Directivo porque consideraba indispensable su aportación bibliográfica chilena para la sección. Si aceptaba, le dijo, aparecería de inmediato como consejero. Le recordó que la función de estos consistía en enviarles artículos serios, de personas de su confianza intelectual, además de contribuir a la sección de reseñas de libros y a completar la correspondiente a las revistas. Aclaró que las notas bibliográficas eran descriptivas y las más importantes iban a la sección Reseñas, y le dio indicaciones formales para ese tipo de envíos, repitiendo la recomendación de ver la forma como lo hacía Torre Revello para así uniformar. Esperaba que su respuesta fuera afirmativa para que Chile tuviera una aportación “decorosa”, y tanto mejor que fuera, le dijo, por “medio de un amigo y hombre y escritor de las prendas de Ud.”.[37]

El chileno aceptó ser consejero en las condiciones señaladas, aunque no estaba seguro de si la bibliografía la haría él o personas de su confianza. Esperaba poder enviarle en breve el material solicitado. Poco después le envió un artículo sobre el Archivo Nacional de Chile y aceptaba la posibilidad de que fuera abreviado. Esperaba enviar en los siguientes días notas bibliográficas que estaba realizando el chileno Aniceto Almeyda para que alcanzaran a publicarse en el número 10. Aprovechó para comentarle sobre los primeros cinco volúmenes de la Colección de Historia de América, coordinada por Levene y en la cual habían participado ambos. A su juicio, la colección era “deplorable” porque estaba encarada “con un criterio nacionalista estrecho de la más deplorable seriedad científica”. La dedicada a la época colonial es “pobrísima”. Le pidió que comentara su opinión al respecto.[38]

Las notas bibliográficas no llegaron, por lo que Zavala se mostró preocupado y le urgió a que las enviara pronto a fin de que salieran en el número 11 porque “la producción chilena no ha aparecido en nuestras páginas”. Donoso le contó que había estado ocupado asistiendo en representación de Chile a la Asamblea del IPGH reunida en Lima. Aunque el evento le fue de gran utilidad para encontrarse con amigos mexicanos (Caso, Tamayo, Mojica y Sánchez, con quien además viajó de regreso a Chile), así como los colegas estadounidenses (Charles W. Hackett y Charles Haring), le envió con atraso dos notas bibliográficas.[39] Le envió también su libro recientemente publicado sobre el marqués de Osorno, el cual podía reseñar Almeyda para la RHA, pero antes de comentarlo con él le pidió que lo leyera y diera su opinión, debido a que algunas de sus afirmaciones no les agradaron a amigos de Lima y, posiblemente, surgiera una polémica al respecto. Antes de despedirse lo felicitó por su iniciativa para organizar un Centro de Investigaciones Históricas (el CEH de El Colegio de México). Esperaba, le dijo, que encontrara “la ayuda de la juventud”.[40]

El artículo de Donoso fue publicado, pero la reseña del libro quedó en espera porque el ejemplar se perdió y hubo que enviarlo nuevamente. Los otros temas abordados en las cartas cruzadas entre junio y septiembre dan cuenta de las notas bibliográficas (las cuales se ajustarían a los criterios solicitados), el pago de su artículo publicado, la obtención de libros, el proyecto editorial del recientemente creado Fondo de Cultura Económica, la calidad de documentos a publicar y la solicitud de que se agregara a la lista de suscriptores de la RHA a su colaborador Aniceto Almeyda (para lo cual también enviaba la dirección).[41]

Los últimos meses de 1941 mantuvieron el intercambio para tratar temas de la revista y otros de interés; por ejemplo, continuó su crítica a la colección que coordinó Levene sobre Historia de América, porque su trabajo había generado una reacción violenta del expresidente Arturo Alessandri, quien escribió 180 páginas para rebatir.[42] Al parecer, Zavala tomó nota de su preocupación por la polémica con el expresidente de Chile a raíz del capítulo publicado en la colección, al cual Alessandri respondió con la publicación en un periódico de México de un artículo insultante para Donoso. El chileno esperaba que en la RHA se publicara su réplica, aunque en los índices y en nuestra base no hay evidencia de ello. En la misma carta le agradeció el envío de un artículo de Arnáiz sobre Fausto de Elhuyar, el cual llegaba en buen momento porque Ernesto Greve estaba preparando un trabajo sobre ese tema. Le comentó también que Almeyda estaba elaborando un trabajo sobre el libro de Rafael Altamira publicado recientemente en Buenos Aires, el cual esperaba sería de interés para sus lectores.[43]

Lazos fuertes

Existieron tres consejeros que cumplieron una función sustantiva como mediadores de la red, quienes permitieron no solo concretar secciones enteras (como veremos, fundamentalmente la de bibliografía), sino también expandir los horizontes de la publicación para que adquiriera un perfil continental. Estos personajes son Lewis Hanke, Rafael Heliodoro Valle y José Torre Revello. De los dos últimos haremos un análisis en capítulos posteriores; a Hanke lo abordaremos a continuación. Esto se debe no solo al peso específico, al prestigio dentro de su campo académico, sino más bien a su capacidad de haber sido el principal mediador entre la academia estadounidense y la latinoamericana. Personalmente se encargó de seleccionar y enviar una numerosa cantidad de libros, folletos y revistas de aquel país a la revista para ser incluida la información en la sección. Además, sirvió de mediador para contactar a colegas estadounidenses que se encargarían de colaborar en la revista. Para ello, utilizó sus redes académicas no solo entre historiadores, sino también entre bibliógrafos, lo cual fue posible gracias a su puesto como director de la División de Asuntos Hispánicos en la Biblioteca del Congreso. Las cartas analizadas son solo una parte de la nutrida correspondencia entre ambos, pero solo se seleccionaron aquellas que mencionan algún tema relativo al funcionamiento de la RHA. Esto no implica que en ellas no intercambiaran opiniones sobre libros (de ellos y de otros colegas), preocupaciones sobre el acceso a documentos y noticias académicas y personales sobre historiadores que tenían en común, entre otros temas. Ese conjunto de información aparentemente desconectada era indispensable para delinear ese perfil de historiador que buscaban formar.[44]

Seguir este intercambio epistolar permite observar el proceso de toma de decisiones relevantes para la publicación. Al mismo tiempo, posibilita entender la función de mediación que realizó Hanke. Por este motivo, en las páginas que siguen nos referimos a otros estadounidenses que se involucraron en la RHA a través de Hanke, como Bert James Loewenberg y Ronald D. Hussey.

Lewis Hanke y la academia estadounidense

En el capítulo anterior mencionamos cómo se conocieron Hanke y Zavala en Madrid. Durante ese decenio, además de la RHA, ambos compartieron otros proyectos conjuntos.[45]

En la RHA, Hanke tuvo como autor una participación menor en ese decenio: solo un breve artículo en inglés en el número 1 (“The ‘Requerimiento’ and Its Interpreters”). Sobre él y su obra también se hicieron reseñas y comentarios. Sin embargo, como mediador con la academia estadounidense tuvo un rol fundamental. Cómo interpretar entonces su actuación en la RHA: había un vínculo fuerte con Zavala, cuyo origen se encuentra en sus intereses de investigación compartidos; además, es evidente que se ayudaron mutuamente para adentrarse en mundos académicos tan distintos. Por una parte, Zavala colaboraba con él con material de archivo y con contacto con colegas, instituciones y autoridades. Por otra parte, Hanke acercaba el universo de los scholars estadounidenses que investigaban sobre América Latina y los daba a conocer, a ellos y a sus libros. Para ellos, fue de gran utilidad que Hanke fuera el director de la División de Estudios Hispánicos de la Biblioteca del Congreso y que Zavala, a su vez, fuera el director del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. A esto se le suma el interés de Hanke por hacer circular en América Latina el Handbook of Latin American Studies. Es evidente que para Hanke era importante el proyecto del Handbook y que para alcanzar algún tipo de difusión en Hispanoamérica era indispensable contar con la ayuda de Zavala.[46]

Hanke y Zavala discutieron el proyecto de la RHA. El intercambio académico tan favorable tuvo, empero, algunas tensiones relacionadas con el Handbook y la sección Bibliografía de la RHA, porque, de alguna manera, suponía una competencia para los lectores latinoamericanos. El estadounidense pensaba que eran más importantes para la revista breves reseñas de todo el material que aparecieran en esos países, organizadas por temas (como lo hacían ellos en el Handbook), cortas y selectivas de los libros más importantes. Consideraba que la labor que realizaba el Handbook bajo su dirección era suficiente, por lo que era inútil que intentaran hacer listas de todos los trabajos que se publicaban, y sugería que se concentraran en poner en la lista los títulos y el precio, pero solo de lo publicado en México. De hecho, Hanke le propuso a Zavala su idea de publicar como número especial de la revista una reimpresión de la sección de historia del Handbook. La idea era que ese número lo vendiera en México la Editorial Porrúa a un precio aproximado de 75 pesos mexicanos, al costo, en sus estimaciones.[47]

Zavala no estuvo de acuerdo. En su opinión, la labor que realizaba el Handbook para difundir los libros publicados en el continente era importante, pero al ser una publicación anual, no podía informar sobre las novedades, labor que realizaban otras publicaciones europeas, como IberoAmerikanisches Archives, Hispanic American Historical Review y el Journal de la Société des Américanistes. Sostuvo, además, que el hacer estos listados de libros cumplía también una función dentro del Instituto, porque todo este material llegaba a su biblioteca y el dar cuenta en la revista era una manera de realizar el registro de su ficha de ingreso. Dada la gran cantidad de libros enviados, sería imposible hacer reseñas de todo el material. La idea no era que todo este trabajo recayera en Heliodoro Valle, sino que este se encargara de coordinar junto a otros que, como Torre Revello, enviaban la información pertinente. Lo que le parecía importante, y lo sometería a discusión de los otros “compañeros editores”, era la modificación en la clasificación de los materiales. Por todo esto, recordó que el interés de la sección de revistas y libros era la de “acercar los estudios que se realizan en cada país del continente”. Le pidió que enviara a la revista críticas de libros, listas trimestrales de lo publicado en su país sobre historia “de interés continental” y notas de artículos de revistas de ese período, información para el público hispanoamericano de lo que se publicaba en Estados Unidos. Zavala respondió a la inquietud que le preocupaba a Hanke sobre la difusión del Handbook en los países hispanoamericanos; le sugirió que no podría distribuirse ni venderse en librerías, sino mediante donación con instituciones científicas oficiales, y se ofreció a tratar el tema con el Instituto.[48]

En respuesta, Hanke aceptó su sugerencia de que el Instituto distribuyera el Handbook, pero a través de la compra de un número considerable, por lo que esperaba pudiera tratar ese tema de manera confidencial por la relación con Porrúa. Sobre el tema bibliografía, insistió en que debían presentarse todos los títulos de los capítulos y los documentos de cada libro, pero que la mejor sección para dar tanta información debía ser Reseñas, en la que la crítica podría evaluar esa información. Tampoco consideraba conveniente que se pusieran tantas notas a pie de página en las notas bibliográficas de los artículos.[49] Esperaba que sus críticas fueran consideradas con la intención de mejorar la revista.[50]

De manera paralela en la que trabajaban planes para la distribución del Handbook y discutían la manera de mejorar la sección bibliográfica, Hanke enviaba datos de colegas estadounidenses para agregar a la lista de distribución, como Robert Ricard (Argelia), Leonard Irving (Nueva York), John T. Lanning (Duke University)[51] y Henry A. Wagner (California).[52]

Las propuestas de Hanke continuaron. Se le ocurrió que era conveniente escribirles a los editores para que ellos enviaran los libros de interés para la revista y le mandó un borrador a Zavala, que aceptó la propuesta y, con hoja membretada, se redactó una carta firmada por Hanke en la cual se presentaba la revista y se indicaba que, como miembro del Consejo Directivo por parte de Estados Unidos, era el responsable de proveer la información bibliográfica de los libros publicados en su país que fueran de interés. Para enfatizar el valor de la RHA, se afirmaba que 1500 personas e instituciones recibían la revista. Les agradecía el envío de copias de reseñas y de libros, las cuales serían resguardadas en la biblioteca del IPGH en México después de ser reseñadas. La carta fue enviada a una nutrida lista de editoriales universitarias y comerciales, principalmente neoyorquinas.[53]

Paralelamente, Hanke seguía discutiendo con Zavala sobre la pertinencia de los trabajos que publicaban sus compatriotas en la revista. Tras recibir los artículos y leerlos, Hanke le escribió nuevamente a Zavala para decirle que consideraba mejor que se publicara el artículo titulado “The Proceso”, que iba adjunto. A los pocos días, Zavala los recibió y respondió de inmediato que, tras la lectura del trabajo de Wagner, consideraba que era apto para la revista. Sin embargo, sugirió una serie de cambios.[54]

Pese a la regular correspondencia mantenida entre ambos, no siempre Hanke era consultado para la publicación de artículos escritos por otros estadounidenses, motivo por el cual a veces le señalaba su molestia. Por ejemplo, se quejó de que se había publicado el trabajo de Wilgus Alva Curtis, titulado “Some Recent Children’s stories dealing with Spain and Spanish America Published in the United States”. No entendía por qué lo había hecho, dado que no era apropiado para una publicación académica (learned journal). Le dijo que esperaba que en el futuro no publicara nada que proviniera de colegas de su país sin antes enviárselo a él para que diera su opinión, y que pensaba que sería muy difícil conseguir la colaboración de otros colegas de este país si artículos como ese se publicaban en la revista. El duro comentario no impidió que Hanke hablara de historiador a historiador sobre posibles artículos y otras cuestiones laborales, así como de que solicitara que se incluyera a la lista de suscriptores a George Vaillant (del American Museum of Natural History, Nueva York), el reverendo Francis Boris Steck (Washington), Ralph Beals (Universidad de California, Los Ángeles) y Madaline Nichols (Massachusetts).[55]

A esta ardua labor se le sumaba la que Hanke tenía con la publicación del Handbook y su trabajo en la Biblioteca del Congreso. Por ello, cuando aparecieron problemas de salud, el estadounidense le escribió a Zavala para expresarle su intención de renunciar al Consejo de la RHA. No consideraba que el ofrecimiento de Zavala de darle una ayuda con una secretaria fuera suficiente.[56] Estando Zavala en Washington se encontraron y el mexicano logró convencerlo de que no renunciara, pero que se organizara de manera distinta su aportación. Él escribiría a las editoriales y publicistas (a los que ya se había dirigido antes para solicitarles que le enviaran el material) para pedirles que lo mandaran al Instituto en México. Lo alentó diciéndole que cuando pudiera descargar un poco del trabajo de la Biblioteca, reanudaría su colaboración. Las editoriales respondieron bien y enviaron los libros a México. Dado que era material costoso, debían darles un acuse de recibido, y cuando saliera la reseña o la nota correspondiente, enviarles un ejemplar de la revista para que observaran su incorporación. Para los libros de antropología proponía informar a Comas, el editor del BBAA. Posiblemente por esto, Hanke se comunicó con sus contactos editoriales en Estados Unidos para solicitarles que enviaran los libros a la dirección del IPGH.[57]

Al parecer, Zavala lo convenció, puesto que Hanke continuó como miembro del Consejo Directivo, aunque desplegaron nuevas estrategias para sumar colaboradores estadounidenses.[58] Redactaron un memorándum en el cual se aclaraba que las publicaciones de historia en aquel país eran desconocidas o de difícil acceso en el resto de los países americanos, pese al gran interés que existía en los últimos años por aumentar el intercambio entre Estados Unidos e “Iberoamérica”, razón por la que manifestaban interés en acercar al público su producción, pero que como hasta ese momento (el número 7) no se había podido seguir el movimiento bibliográfico de actualidad con la rapidez necesaria y de la manera adecuada (por la falta de conocimiento de la historia del país vecino), abrían la búsqueda de cooperación de “algún bibliógrafo o historiador distinguido de la Historia de los Estados Unidos” que se hiciera cargo de esta parte de la sección bibliográfica, de libros de historia, considerando el público al que se dirigían. Pensaban que en un principio podría tratarse de trabajos sobre historia diplomática (de Estados Unidos en relación con los otros países del continente); los problemas de contactos raciales dentro de este país; el desarrollo de la civilización (emigración, proceso industrial y económico, ideas políticas, “la alta cultura”); la historia regional “de las provincias de origen español” (Texas, California, Florida, etc.). Como la revista se publicaba trimestralmente (abril, agosto y diciembre), la colaboración debía estar en México el último día del mes anterior (marzo, julio y noviembre). La idea era que esta periodicidad respetara también lo novedoso. Calculaban que con que se diera cuenta de unos 40 libros en cada número sería suficiente, pero anticipaban que no esperaban que fuera riguroso, sino dar una idea aproximada de la bibliografía. Esta sección debía comprender información de libros y folletos importantes. En cuanto a las revistas, todavía contaban con una sección especial, en la que se podrían poner los artículos de la American Historical Review y algunas otras revistas de historia de Estados Unidos. Se advertía que no debían incluirse libros, folletos ni revistas publicados en su país acerca de la historia de los otros países iberoamericanos, porque de eso se encargaría otro colaborador. Esperaban que esas contribuciones fueran en inglés, garantizaban que se publicarían sin traducción y ofrecían que se quedaran con los libros referidos, aunque también podían enviarlos a la biblioteca del IPGH. Con cada contribución se les haría llegar un sobretiro de la sección de unos 50 ejemplares.[59]

Hanke también se ocupó de conseguir que la RHA circulara en su país a través del canje con otras publicaciones académicas. Por caso, le escribió a Robert L. Schuyler, editor de American Historical Review (de Nueva York), para enviarle un ejemplar, presentándola como una revista histórica cuyo editor estaba estudiando en la Biblioteca del Congreso con una Beca Guggenheim, y le pidió canje.[60]

El llamado no obtuvo el resultado esperado, por lo que Hanke siguió escribiendo cartas personales para invitar a sus compatriotas historiadores a colaborar.[61] Mientras se conformaba este equipo, Madaline Nichols, que trabajaba en la Biblioteca del Congreso con Hanke, se encargaría de hacer las notas bibliográficas de los libros publicados en Estados Unidos sobre América Latina. Al poco tiempo, la bibliógrafa tuvo que ser reemplazada. Para sustituirla, Hanke pensó en Irving Leonard, quien tras dejar la Fundación Rockefeller se encontraba enseñando en la Universidad de Brown. Leonard había intentado conseguir un soporte económico para la RHA cuando se encontraba en la fundación, pero no lo había conseguido. Aprovechó, en posdata, para preguntarle qué sabía de Altamira porque no había escuchado nada al respecto en la Fundación Carnegie, pese a que el fondo para ayudarlo estaba disponible.[62]

Zavala le respondió que no se preocupara tanto por conseguir subsidios para la RHA, puesto que no era una necesidad inmediata por el momento. En la correspondencia también se dedicaban a Rafael Altamira, que entonces estaba en Bayona. Hanke le había contado que había un fondo disponible para él en la Fundación Carnegie. Zavala esperaba que la Embajada de Estados Unidos en Madrid pudiera ayudarlo porque la de Francia no se comunicaba con la parte del país que se encontraba ocupada por los alemanes.[63]

Leonard aceptó colaborar con la RHA, realizando reseñas de un número pequeño de libros “importantes”, dadas sus ocupaciones como maestro.[64] Pese a la mención de Leonard, encontramos escasas referencias a su participación (una reseña y algunas reseñas de una obra de su autoría), al parecer, Nichols siguió escribiendo las notas bibliográficas de los libros publicados en Estados Unidos sobre América Latina en los números 6 al 10.[65] Quien se sumó a la ardua labor de la bibliografía fue Bert James Loewenberg, nombre que fue sugerido a Hanke por el profesor Schlesinger. Al escribirle, le comentó las condiciones de la sección, pero para tranquilizarlo le dijo que seguiría una manera similar en la organización a la que utilizaba Grace Griffins en Historia Americana. Loewenberg le escribió a Zavala para comentarle que le gustaría aceptar su propuesta de colaborar con la RHA, pero que sería conveniente que lo discutieran personalmente en Washington.[66] Aparentemente, la reunión se dio porque el estadounidense comenzó a colaborar. Para ello, Hanke y él mantuvieron un contacto frecuente a través del cual se aseguraban el envío de los libros y que las notas bibliográficas y las reseñas solicitadas tuvieran la calidad que esperaban.[67]

Tras el envío de Loewenberg, Zavala le hizo algunos comentarios para mejorar su colaboración.[68] El estadounidense siguió colaborando en la revista. Zavala le comentó los cambios en la sección Bibliografía,[69] que dejaba de clasificar libros por país y lo haría por temas.[70] Loewenberg le sugirió a Zavala agregar el canje con algunas revistas de su país (The New England Quarterly, Journal of the History of Ideas, Isi, South Atlantic Quarterly). También sugirió incorporar folletos a las notas bibliográficas, con lo que Zavala estuvo de acuerdo siempre y cuando fuera un material valioso desde el punto de vista histórico. Por último, le comentó que quería incluir más de un libro en las reseñas, a lo que Zavala accedió siempre y cuando no se extendiera en cantidad de páginas.[71]

Loewenberg siguió participando, enviando notas bibliográficas y también escribió un artículo, mediando siempre la relación con Lewis Hanke.[72] El artículo sobre historiografía en los Estados Unidos fue publicado en el número 12, pero Loewenberg le hizo notar a Zavala que había cometido una serie de errores de tipeo en torno a fechas importantes. Para enmendarlo, Zavala le propuso hacer una fe de erratas en el siguiente número. Aprovechó también para comentarle que había estado con Hanke en México y quedaron de acuerdo en invitarlo para que fuera parte del Consejo Directivo por los Estados Unidos desde el número 13 de la revista. Pronto Zavala se encontraría con Hanke en la reunión de la American Historical Association para hablar sobre cosas de la revista. A Hanke le había gustado su artículo y juntos discutieron la posibilidad de publicar otro sobre la influencia y carácter de las revistas de historia en los Estados Unidos. No se trataría solamente de un artículo bibliográfico, sino que le propuso que se analizaran las ideas y servicios de cada revista importante.[73]

El otro integrante de este equipo fue Roland D. Hussey, quien, desde la Universidad de California, le escribió a Zavala para mencionarle que había hablado con Hanke sobre su colaboración, pero que, como todos, se encontraba muy ocupado, aunque con un genuino deseo de ayudar a la revista, por lo que le pidió más detalles. Aprovechó para comentarle que no había recibido dos números de la revista, porque estaba muy interesado en unos artículos allí publicados. Envió junto con la carta un pequeño artículo para ser publicado (“Spanish Colonial Trails in Panama”, que salió en el número 6, de agosto de 1939). Zavala le respondió rápidamente para darle más detalles y convencerlo de que el trabajo no sería tan abrumador. Le comentó que ya tenían respuesta de Loewenberg, de la Universidad de Dakota del Sur, que se encargaría de la historia general de Estados Unidos, por lo que le proponían que se dedicara solo a las “provincias de origen español”. Le adjuntó el memorándum en el que se aclaraban las tareas y sus características y le anticipó que se trataría de notas breves (20 líneas en promedio) cada cuatro meses. Hanke enviaría los libros, tras pedírselos a los publicistas, pero para ello requería que le enviara mensualmente una lista de las obras que considerara, a partir de los anuncios y notas en revistas y periódicos estadounidenses. La selección de estas obras debía basarse en que fueran de interés para los lectores de la revista, por lo que no debían tratar de historia local.[74]

Hussey se puso a trabajar en las notas bibliográficas, pero también en la elaboración de algunas reseñas, por lo que le pidió a Zavala ser más específico sobre esto. En respuesta, el mexicano le aclaró que las notas bibliográficas debían ser de aproximadamente 25 a 30 libros para cada número, cada una de ellas de media página, con la información útil (título, páginas, etc.) y una breve descripción o juicio. En el caso de las reseñas, la extensión indicada era de página y media, solo le pedía que las notas y las reseñas las escribiera aparte para mantener la organización. Lo animó a presentar su lista, dado que Loewenberg ya había enviado la suya.[75] Hussey quedó con dudas y le envió las notas a Hanke en lugar de a Zavala, porque quería asegurarse de si eso que había preparado era lo que estaban requiriendo.[76] En una carta posterior, le comentó al mexicano que veía difícil poder dar cuenta de 20 libros valiosos cada tres meses de la temática de origen español en Estados Unidos.[77]

Hanke continuó centralizando el material de Estados Unidos para enviárselo a Zavala, aunque no todo terminó publicado en la revista, sino en el BBAA del mismo Instituto, debido a que, según el criterio de Zavala, eran de corte etnográfico y no histórico. Además, algunas bibliografías selectas eran enviadas por Hanke a Zavala para que él realizara la reseña, como fue el caso del libro de J. H. Parry The Spanish Theory of Empire in the Sixteenth Century (1940).[78]

Así, las notas y reseñas que se enviaban para ser publicadas en la RHA no solo eran seleccionadas por ambos por su valor histórico, sino que servían para sus investigaciones. Para ello, era indispensable el canje con publicaciones estadounidenses, porque una lectura atenta de las novedades bibliográficas le permitía a Zavala estar atento a la producción de sus colegas, en especial de temas de investigación afines. Cuando Hanke o Zavala detectaban estas reseñas, les escribían a sus autores para solicitar que se enviara un ejemplar a la revista.[79]

Para esas fechas, Zavala estaba ocupado en la creación del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Por ello, es frecuente que en cada carta comiencen a intercalarse información sobre la RHA y proyectos académicos relacionados con el Centro (propuestas, estudiantes, profesores).[80] Zavala quería contar con su colaboración, por lo que le enviaba un breve programa del Centro, pues la intención era que alumnos de otros países fueran por temporadas a realizar sus investigaciones. Además, intercedió ante Alfonso Reyes para sugerirle que lo incluyeran en el proyecto para hacer una bibliografía de los documentos sobre la Historia de México (dispersos en numerosas colecciones, revistas, libros, etc.).[81] Por ello, la información de la bibliografía se complejizó. Además de los intercambios que se venían realizando para que los reseñistas tuvieran el material y fuera enviado a México (tanto los libros a la Biblioteca del IPGH, como las reseñas o notas), se sumaron solicitudes de una gran cantidad de material destinado a crear una colección de libros para la consulta de profesores y alumnos del Centro. Buscaba dotar al nuevo centro de libros que no existían en ninguna biblioteca de México, los cuales temáticamente eran de historia hispanoamericana colonial. También solicitaban material de la colonización de los Estados Unidos, con una perspectiva de historia social y económica, para “ir despertando aquí el interés por tales disciplinas”. Los canales eran los mismos: Zavala enviaba una larga lista de material para que fuera recolectado y enviado a México por Hanke o a alguien especializado (Henry A. Moe fue de gran utilidad), a quienes les giraría el gasto correspondiente. Zavala le aclaraba que, en caso de estar agotados, se podían (si eran cortos) microfilmar, porque el Centro estaba por comprar una máquina lectora.[82]

De manera simultánea, el intercambio de esta bibliografía les permitía a Zavala y a Hanke pensar en nuevas propuestas, como la de traducir obras del inglés al español, las cuales serían publicadas por la recientemente fundada editorial del Fondo de Cultura Económica, a cargo de Daniel Cosío Villegas. Como siempre, la selección del material pasaba por la crítica de Zavala, quien no siempre consideraba apto para el público hispanoamericano obras de historiadores estadounidenses.[83]


  1. No sabemos el motivo por el cual se alejó Teixidor, pero nunca fue mencionado en las cartas intercambiadas entre Rubio Mañé y Zavala en las que se arreglaban todos los pendientes de la revista, por lo cual, mientras estuvo nominalmente, tampoco se sabe si tuvo alguna función. La única vez que aparece es para indicarle que ya se quitó su nombre del directorio del instituto según las indicaciones de Zavala y que le ofreció a Monterde enviar pronto un artículo. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 13, fol. 6801, carta de Jorge I. Rubio Mañé a Silvio Zavala, 16 de febrero de 1940.
    Teixidor tampoco refiere su paso por la RHA en entrevistas. Ver Canales Claudia, Lo que me contó Felipe Teixidor, hombre de libros (1895-1980) (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2009).
  2. Javier Malagón Barceló era español; antes de su exilio en América, trabajó como bibliotecario de la sala de lectura Francisco Giner de los Ríos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid (1931-1935), al tiempo que actuó como ayudante de clases prácticas en la Facultad de Derecho en la misma universidad (1932-1936) y como profesor auxiliar (1936-1939), período en el cual también fue lector de español de la Universidad de Tubinga, Alemania (1935-1936). Al trasladarse a América, llegó primero a Santo Domingo, donde fue catedrático de Historia del Derecho (español, indiano y romano) en la Universidad de Santo Domingo (1940-1946). Ese año se instaló en México, donde ingresó en el CEH de El Colegio de México como profesor de Historia. En 1947, fue nombrado secretario asistente de la Comisión de Historia del IPGH. Al año siguiente, entró como profesor de Derecho romano en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la UNAM y, en 1949, fue a Puerto Rico como profesor visitante. En 1950 fue becado por la Fundación Rockefeller para realizar un viaje de estudios por América Latina.
  3. BNAM, ASZ, Serie IPGH, caja 2, exp. 12.
  4. BNAH, ASZ, serie IPGH, caja 1, exp. 3, fol. 1876, carta de Silvio Zavala a Pedro Sánchez, 2 de marzo de 1945.
  5. Con Rubio Mañé hay 32 cartas que le escribe a Zavala, otras 9 que le escribe este a Rubio Mañé y las que le escribe Rubio Mañé a Sánchez y a otros colaboradores. Francisco Monterde solo le escribe 3 cartas a Zavala (y no hay de respuesta), nada de De la Torre Villar ni de Teixidor, Uribe o Malagón.
  6. De Francisco Monterde (1894-1985) sabemos poco. Estudió su maestría y doctorado en letras en la UNAM (se graduó en 1942) y fue un hombre de letras: profesor de Literatura Mexicana e Hispanoamericana en la UNAM; director de la Escuela de Verano de la misma universidad, director técnico de la Revista Iberoamericana. Tuvo varios cargos ligados siempre al mundo del libro: subdirector de la Biblioteca Nacional, director de la biblioteca del Museo Nacional de Antropología e Historia, jefe de bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública, jefe del servicio editorial de la UNAM y director de la imprenta de la universidad. Enfatizan en su juventud sus obras, así como su filiación al grupo literario llamado Colonialistas “por su estilo depurado y elegante”, así como su papel en el teatro nacional. Tiempo después dirigió la Academia Mexicana de la Lengua. Nada menciona de su paso por la Revista de Historia de América.
  7. Granados afirma que, para el caso de Reyes, fue la experiencia literaria lo que lo conviertió en editor, no de los que poseen una librería o imprenta, sino de los que participan en la producción de libros (propios y ajenos) y de revistas. Es la experiencia en su campo lo que lo hizo relacionarse con el mundo editorial, pero no con cualquiera, sino con autores y libros especializados de su interés. Por ello puede ser considerado un “bibliófilo-erudito-editor” que concebía al mundo editorial como “una compleja dinámica en la cual se entrelazaban el manejo técnico en la composición de un libro, sus erratas, la ortografía y la puntuación. Aimer Granados y Sebastián Rivera Mir, eds. y coords., Prácticas editoriales y cultura impresa entre los intelectuales latinoamericanos en el siglo XX (México: El Colegio Mexiquense y UAM, 2018), 161, 166-168.
  8. La primera estancia la realizó poco después de haber iniciado la publicación periódica al ganarse una beca de la Fundación Guggenheim para ir a la ciudad de Washington a investigar entre 1938 y 1940. Posteriormente, realizó un viaje en 1941 a los estados del norte de México para consultar archivos. En abril de 1942, la Fundación Carnegie lo invitó nuevamente a Washington para escribir una historia de América Latina, dando conferencias en la Universidad de Columbia, Princeton y Harvard.
  9. Alberto Enríquez Perea, comp., Fronteras conquistadas. Correspondencia Alfonso Reyes/Silvio Zavala 1937-1958 (México: El Colegio de México, 1998), 70-71, 88-89.
  10. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 93-95, carta de Silvio Zavala a Alfonso Reyes, México, 8 de octubre de 1940. Reyes respondió gustoso que hubiera aceptado colaborar, pero le aclaró que las condiciones de El Colegio no serían las mismas que en La Casa de España. Por ello, aceptó sus planes de investigación, pero verían el tema de la enseñanza. Le ofreció una remuneración como autor de 600 pesos mexicanos mensuales si se dedicaba a tiempo completo, pero si tenía otros compromisos anteriores y reducía el tiempo, proporcionalmente se reduciría la remuneración. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 96-98, carta de Alfonso Reyesa Silvio Zavala, México, 11 de octubre de 1940.
  11. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 99-101, carta de Silvio Zavala a Alfonso Reyes, México, 14 de octubre de 1940. Según Enríquez Perea, la Biblioteca estuvo a cargo de Genaro Estrada y, a la muerte de este, de Silvio Zavala. La colección fue editada por la Antigua Librería Robredo de José Porrúa e Hijos. La segunda etapa, a cargo de Zavala, publicó 16 obras entre 1939 y 1943. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 102-104, carta de Alfonso Reyesa Silvio Zavala, México, 16 de octubre de 1940; carta de Alfonso Reyes a Silvio Zavala, 11 de marzo de 1942, 105.
  12. A finales de 1940, el Patronato de La Casa de España en México desapareció para dar lugar a El Colegio de México. El cambio no era solo de nombre y de ubicación, tenía que ver principalmente con dos factores: el fin de la guerra civil española, que al ganar los franquistas hizo permanente el exilio de los republicanos que se encontraban en México; y el fin del período sexenal del presidente Lázaro Cárdenas, que hacía peligrar la supervivencia de las instituciones creadas durante su mandato. Ver Javier Garciadiego, “Alfonso Reyes y La Casa de España en México,” en Los empeños de una casa. Actores y redes en los inicios de El Colegio de México, 1940-1950, editado y coordinado por Aurelia Valero Pie (México: El Colegio de México, 2015), 41-45.
  13. Ver varias cartas sobre la organización del archivo y biblioteca. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 114-122.
  14. Zavala dejó el trabajo para sus estudiantes del seminario y solicitó que Carlos Millares fuera nombrado director interino del CEH. Ofreció también que se le pagara solo la mitad de su sueldo y que durante su estancia en Estados Unidos podía resolver el pendiente que tenían de adquirir una máquina de lectura para la nueva biblioteca. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 196-200, carta de Silvio Zavala a Alfonso Reyes, 9 de marzo de 1942.
  15. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 28, fol. 6817, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 22 de julio de 1942 y 29 de agosto de 1942.
  16. Ese viaje había sido muy buscado por Zavala, quien antes había intentado conseguir una beca, pero había fracasado. Como comenta su amigo Lewis Hanke, la Comisión Nacional de Cultura Argentina le había otorgado una beca para trabajar en los archivos de ese país. Si tenía suerte y conseguía que lo apoyara Berién, podría visitar también los de Chile, Perú, Ecuador y Colombia. ASZ, correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 6 de diciembre de 1943.
  17. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 274-275.
  18. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 12 de diciembre de 1944; carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 23 de enero de 1945.
  19. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 272-273, carta de Alfonso Reyes a Silvio Zavala, 14 de marzo de 1945; carta de Silvio Zavala a Alfonso Reyes, 15 de marzo de 1945, 274-275.
  20. A nivel docencia dio clases los dos semestres en la Facultad de Filosofía y Letras, en la cátedra de Historia de las instituciones sociales de América y, durante el primer semestre, se hizo cargo del seminario de investigación histórica en la Escuela Normal Superior, pero luego lo delegó a Ernesto de la Torre Villar, para ese entonces, egresado del Centro. Durante las vacaciones en los meses de junio y julio, viajó como profesor visitante a Santo Domingo, Haití y Cuba, y dio conferencias en Ciudad Trujillo y La Habana. Desde noviembre se encargó del curso de Historia de México que El Colegio armó para el grupo visitante del Colegio Smith. Además, publicó libros y artículos en diversas revistas: la de Historia de América, Cuadernos Americanos, Jornadas (del propio Colegio), Educación Nacional, Occidente, Revista de Indias, Asomante. Enríquez Perea, Fronteras conquistadas, 290-291, carta de Silvio Zavala a Alfonso Reyes, 1 de enero de 1946.
  21. Por su experiencia en el Handbook of Latin American Studies, Hanke consideraba que las largas listas de bibliografía no servían. Debían ser pequeñas y sobre temas que generaran discusión, prefería más reseñas que notas bibliográficas. Debería agregarse una sección sobre novedades interamericanas. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 10 de octubre de 1945.
  22. Zavala respondió también minuciosamente a los cambios que había planteado Hanke en su carta anterior. Sobre los artículos temáticos, dijo que habían intentado conseguir, pero que había sido difícil, por lo que prefirieron los artículos libres, procurando que el tema no fuera local o nacional, sino de interés para todos los historiadores del continente. Le pidió paciencia, porque si se forzaba a este tipo de artículos, se podía caer en ensayos de “generalidades vacías”. En cuanto a la bibliografía, se había optado por no repetir información publicada en revistas de otros países, sino apoyarse con las que tenían canje, sirviendo de enlace. Además, no creía que se repitiera la información que se publicaba en el Handbook. Había lectores que opinaban que esta sección era la más importante de la revista. Le comentó que, sobre las noticias interamericanas, se acababa de crear una nueva sección a cargo de Ernesto de la Torre Villar. Por todo esto, concluyó diciendo que los arreglos de la RHA eran de énfasis, no grandes cambios. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 13 de octubre de 1945.
  23. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 19 de octubre de 1945.
  24. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 23 de octubre de 1945.
  25. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 2 de enero de 1946.
  26. Por ejemplo, Rafael Heliodoro Valle le solicitó a Zavala que nombraran miembros del Consejo Directivo a los señores Ricardo Fernández Guardia por Costa Rica y Pedro Pérez Valenzuela por Guatemala. Justificó esta recomendación en función de que el primero era vocal del comité ejecutivo del IPGH. Nada menciona del segundo. HN-FHV, fólder Silvio Zavala, carta de Rafael Heliodoro Valle a Silvio Zavala, 9 de junio de 1938.
  27. Max Fleiuss murió en 1943. Siguió apareciendo en el listado del Consejo Directivo con la indicación “fallecido” entre paréntesis. No hubo un reemplazo de un representante de Brasil, lo cual muestra la dificultad que debió enfrentar la RHA para mantener un Consejo Directivo con representantes de los países del continente.
  28. Solo encontramos una carta entre Guillermo Hernández de Alba (miembro del Consejo Directivo desde 1940) y Silvio Zavala, en la cual se hace referencia a la preparación de materiales que formarían parte de la recopilación “Archivo del sabio José Celestino Mutis”, que Zavala prometió incluir en las publicaciones del Colegio de México. Esperaba que no olvidara su oferta de enviarle las publicaciones “tanto del Instituto Panamericano como del Colegio”. Hizo la petición de ordenar los números 15 y 16 de la “Revista de Historia de América”, que no había recibido. BMN, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 47, fol. 6836.
  29. El consejero uruguayo Juan E. Pivel Devoto (miembro desde 1941) le dice a Pedro Sánchez, director del IPGH, que recibió su nota del 26 de julio de 1939, pero se demoró en contestar por razones de salud y luego porque, al reintegrarse a sus labores, fue nombrado director del Museo Histórico Nacional, lo que implicó grandes ocupaciones. Menciona que se le había confiado la tarea de redactar las notas bibliográficas de la producción histórica del Uruguay y que le gustaría elevar algunos informes acerca de su Archivo Nacional, del que fue funcionario. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 22, fol. 6811, carta de Juan E. Pivel Devoto a Pedro Sánchez, 31 de enero de 1940.
  30. Raúl Silva Castro (1905-1970) fue un periodista, crítico literario y escritor chileno. En 1938 se había titulado como profesor de Literatura en la Universidad de Chile, al tiempo que trabajó para el Ministerio de Educación y la Biblioteca Nacional. En su juventud había participado de la fundación de la revista estudiantil Claridad y como colaborador del diario El Mercurio y Las Últimas Noticias.
  31. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 7, fol. 6795, carta de Raúl Silva Castro a Silvio Zavala, 4 de noviembre de 1938.
  32. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 7, fol. 6795, carta de Silvio Zavala a Raúl Silva Castro, 11 de enero de 1939.
  33. Ricardo Donoso Novoa (1896-1985) era un historiador chileno. Fue director del Archivo Nacional entre 1927 y 1954. Además, fue profesor en el Instituto Nacional (entre 1930 y 1937) y, desde 1937, en el Instituto Pedagógico. Durante casi toda su vida estuvo relacionado a la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, a cargo de la revista. También escribió para El Mercurio. Su libro más famoso fue Las ideas políticas de Chile (1946), en el que desarrolla la formación de la nacionalidad chilena.
  34. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, fol. 6809, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 22 de abril de 1939. Al parecer, en los siguientes meses ambos se encontraron en Washington, puesto que la siguiente carta es en un tono mucho más amigable, recordando con nostalgia los días que habían pasado en esa ciudad, donde, aparentemente, dejó su corazón antes de regresar a Chile. Ya en su país, le dijo, se vio sobrepasado de trabajos pendientes, pero logró hablar con algunos amigos sobre la revista y esperaba que pronto enviaran sus contribuciones. Antes de despedirse, le agradeció a María Castelo, esposa de Zavala, su asesoramiento sobre archivos. BMN, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 7, fol. 6809, carta de RD a Silvio Zavala, 1 de diciembre de 1939.
  35. El IPGH estaba interesado en su participación, tomándose ciertas libertades para apoyarlo. Por ejemplo, el director del Instituto dio la orden de que se imprimieran 100 ejemplares de su artículo (en lugar de los 25 que se les daban a los demás autores) y lo incitó a que participara (en representación de Chile) del Congreso Científico Americano, a realizarse en Washington. Donoso no pudo acudir por la situación complicada en su país, la cual lo llevó a quejarse de que a los políticos “nada les importa la vida intelectual y científica”. BMN, ASZ, correspondencia general, caja 1, exp. 7, fol. 6809, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 20 de marzo de 1940.
  36. Dado que ningún chileno participaría del Congreso Científico, le pedirían a Haring que los representara. Sin embargo, en la siguiente carta le avisó que la representación que tuvo Chile fue pobre. Sobre Hanke le comentó que había realizado una visita relámpago a Chile de tres días en los cuales se lo había presentado a personas e instituciones de interés para él. Le comentó también que esperaba poder enviarle otro artículo para la revista el siguiente año, el cual versaría sobre el documento Catecismo político cristiano (que circuló en Santiago, Buenos Aires y Lima en 1810). Le preguntó si tenía nota de que hubiera circulado en México también. BMN, ASZ, correspondencia general, caja 1, fol. 7, exp. Silvio Zavala 6809, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 25 de abril de 1940; carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 17 de junio de 1940; carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 13 de agosto de 1940.
  37. Sobre su solicitud de encontrar en México alguna distribución del Catecismo de 1810 le comentó que no recordaba nada, que solo existía en Filipinas un sacerdote que les enseñaba a los nativos lo que debía a España para combatir las tendencias independentistas. También le comentó que acababa de regresar de un largo y extenuante viaje de dos meses que había realizado con su esposa por 15 bibliotecas. BNAH, ASZ, correspondencia general, caja 1, fol. 7, exp. Silvio Zavala 6809, carta de Silvio Zavala a Ricardo Donoso, 14 de octubre de 1940.
  38. Donoso seguía buscando el Catecismo. Por ello, le comentó a Zavala que había encontrado una mención a que existía una versión publicada en México en 1811 que posiblemente estuviera en la Biblioteca Nacional. Le pidió que la buscara porque sería parte del artículo que estaba preparando para la RHA. BNAH, ASZ, correspondencia general, caja 2, exp. 26, fol. 26815, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 26 de octubre de 1940; carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 7 de diciembre de 1940; carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 4 de febrero de 1941.
  39. Él enviaba notas, efectivamente, pero no fueron de su autoría. Se trataba de notas sobre libros suyos o prologados por él.
  40. A vuelta de correo, Zavala lo felicitó a Almeyda por las notas bibliográficas que habían enviado, solo le pidió que se acortara la extensión. Como habían llegado un poco tarde, no saldrían en el número 11, sino en el 12. Le avisó que no había recibido el libro que le mencionó sobre el Marqués de Osorno (por lo que le envió su dirección). Zavala le avisó que en Madrid se había fundado la Revista de Indias, en la cual elogiaron un trabajo suyo aparecido a la revista sobre Carvallo y Goyeneche. BNAH, ASZ, correspondencia general, caja 2, exp. 26, fol. 26815; carta de Silvio Zavala a Ricardo Donoso, 27 de febrero de 1941; carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 30 de abril de 1941; carta de Silvio Zavala a Ricardo Donoso, 15 de mayo de 1941.
  41. Donoso necesitaba el libro Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, que vendía la antigua Librería Robredo en la Ciudad de México. Donoso le avisó que se había entrevistado con Cosío Villegas en Santiago, quien le había comentado sobre sus proyectos editoriales. Le envió la revista de la Sociedad de Geografía e Historia y le avisó que próximamente saldrían impresos dos volúmenes de las Actas de Cabildo de Santiago (siglo XVII) y un volumen de las mensuras de Ginés de Lillo. Apenas salieran, prometió, se los enviaría porque las consideraba de su interés. BNAH, ASZ, correspondencia general, caja 2, exp. 26, fol. 26815, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 16 de junio de 1941; carta de Silvio Zavala a Ricardo Donoso, 24 de junio de 1941; carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 14 de agosto de 1941; carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 5 de septiembre de 1941.
  42. Él pretendió que Levene lo publicara como un apéndice de la obra, pero no tuvo respuesta. A Zavala no le preocupaba la respuesta de su trabajo en la Colección porque dudaba de que alguien la hubiera leído en México (y mucho menos comentado al respecto). En cambio, se mostró preocupado por una beca que intentó conseguir para ir a los archivos de la Argentina para poder ampliar su trabajo al Cono Sur, como lo había solicitado Hanke. Le pidió si podía conversar sobre este tema con colegas argentinos para conseguir un aval de una universidad de ese país. BNAH, ASZ, correspondencia general, caja 2, exp. 26, fol. 26815, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 14 de octubre de 1941; carta de Silvio Zavala a Ricardo Donoso, 27 de noviembre de 1941.
  43. Le envió también ejemplares del libro de Bowman Los senderos del desierto de Atacama, publicado por la Sociedad de Geografía e Historia de Chile, a la espera de que hicieran una reseña sobre esta importante obra, traducida por Emilia Romero, distinguida amiga suya, esposa de Rafael Heliodoro Valle, “ciudadano de América y amigo muy querido mío”. Sin embargo, no se publicó una reseña sobre ese libro. BNAH, ASZ, correspondencia general, caja 2, exp. 26, fol. 26815, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 13 de enero de 1943. Tres años después, encontramos una última carta intercambiada por ambos en relación con la RHA. En la respuesta de Donoso agradecía la carta de Zavala (del 11 de septiembre de 1946) en la cual le comentaba sobre la reunión de Caracas, acuerdos que esperaba poder estudiar una vez que fueran publicados. Le agradecía mucho el pésame que le había dado por la muerte de su hermano, de quien había estado reuniendo sus trabajos dispersos en periódicos con la esperanza de publicarlos. Le comentó también sobre la muerte de don Domingo (por Amunátegui Solar), del que enviaba una nota necrológica por Almeyda para la revista de la Sociedad de Historia y Geografía de Chile y le prometía que redactaría una para la Revista (ver en el capítulo sobre notas necrológicas en este libro). Amén de estos pesares, había estado muy ocupado corrigiendo las pruebas de imprenta de su libro Las ideas políticas en Chile, el cual publicaría la colección Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica. Le pidió que le diera un vistazo y comentara su opinión y, una vez publicado, se escribiera de él en la RHA. Lo felicitó por la propuesta de crear la Comisión de Historia y le confesó que esperaba que él fuera su presidente. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 3, exp. 88, carta de Ricardo Donoso a Silvio Zavala, 16 de septiembre de 1946.
  44. De Hanke a Zavala registramos 32 cartas y otras 21 cartas recíprocas. A estas se les sumaron otras ocho que remitió Hanke a otros colegas estadounidenses para poner en contacto a Zavala y otros documentos como listas de libros, memorandos y circulares que escribió Hanke para fomentar la colaboración de estadounidenses en la RHA.
  45. Hanke escribió la introducción al libro de Zavala Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión, publicado por el Fondo en 1942. Al año siguiente, Zavala, Millares Carlo y Hanke publicaron Cuerpo de documentos inéditos del siglo XVI donde los derechos de España en las Indias y las Filipinas. Esta labor convenció al estadounidense de que el mexicano era “uno de esos académicos poco frecuentes” pues se ocupaba no solo de sus publicaciones, sino de la historia en general. En 1946, Hanke le propuso un viaje oficial a Europa como miembro de la Hispanic Foundation de la Biblioteca del Congreso en Washington para averiguar el estado de los estudios hispánicos después de la guerra. Zavala se negó a participar porque el viaje incluía ir a la España de Franco. En 1949, Hanke estuvo nueve meses en México para realizar tareas para la Biblioteca del Congreso (microfilmes, entre otras) y avanzar en su investigación sobre la vida de Las Casas.
    Gracias a la mediación de Zavala, aprovechó para discutir con muchos historiadores mexicanos. Además, coincidieron nuevamente con Zavala en la organización del primer congreso de historiadores de ambos países realizado en Monterrey. Lewis Hanke e Isabel Vericat, “Experiencias con Silvio Zavala, 1933-1939: algunos recuerdos al azar,” Historia Mexicana XXXVIII, no. 4 (1989): 602-605.
  46. Por ello, al enviarle copia del índice del tercer número, le propuso que se pudieran enviar copias a los suscriptores de la revista y utilizar su lista de suscripción para enviar una copia descriptiva del Handbook, del que le dijo que sus ventas eran muy decepcionantes. Se ofrecía a asumir los costes que eso implicaba, aun sabiendo que era difícil vender el manual a los latinoamericanos debido al precio (que rondaba los 1.50 y 2 dólares). Esperaba contar con la colaboración de buenos vendedores de libros en México, Brasil, Argentina y Chile para su distribución y le preguntó si pensaba que Porrúa Hermanos estaría interesado. En cada carta que se enviaban había referencias sobre el Handbook; la preocupación por la circulación de la obra era evidente. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 11 de agosto de 1938.
  47. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 16 de noviembre de 1938.
  48. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 18 de noviembre de 1938.
  49. Ver el capítulo de bibliografía, en el que se explica la organización de las notas bibliográficas de libros y revistas en el primer período (1938-1940).
  50. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 26 de noviembre de 1938.
  51. En la carta, además, Hanke se alegraba de que Zavala hubiera conseguido finalmente una copia del manuscrito de Oaxaca para su museo y que estaba en gestiones con un dominicano alemán, Benno Biermmann, para publicarlo. Quería indagar si sería posible publicarlo en su volumen de la Biblioteca Mexicana de Obras Públicas. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 17 de agosto de 1938.
  52. Contó que Wagner tenía dos artículos que podría enviar para ser publicados en la revista: “Cortés before the conquest” y “Calendar of the Process before the Council of the Indies (1540-1546) brought by Cortés”. Él preguntó si podía enviar los dos para poder seleccionar el que considerara mejor. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 28 de noviembre de 1938.
  53. Esta carta fue enviada a los siguientes editores de libros en Estados Unidos: Willett Clark & Co. (Chicago), The Bobbs-Merril Co. (Nueva York), The Caxton Printers Ltda. (Caldwell, Idaho), Columbia University Press (Nueva York), F. S. Crofts & Co. (Nueva York), the Dial Press (Nueva York), Field Museum of Natural History (Chicago), Harvard University Press (Cambridge), Hispanic Society of America (Nueva York), P .S. King & Son Ltda. (Londres), J. R. Lippincott Co. (Nueva York), L. C. Page and Co. (Nueva York), Reynal and Hitchcock Inc. (Nueva York), Saunders Studio Press Stanford University (California), Frederick A. Stockes Co. (Nueva York), University of New Mexico Press (Alburquerque), University of Pennsylvania Press (Filadelfia), J.J. Augustin (Nueva York). BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. Silvio Zavala 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 16 de diciembre de 1938.
  54. Sugirió que quedara “The Proceso” como título principal, pero que se añadiera algún subtítulo “más expresivo” como “documentos judiciales relativos al descubrimiento o a las expediciones tales o de tal región”. Le pidió también que le preguntara al autor sobre una serie de datos históricos, pues era evidente que le preocupaba que no hubieran sido tenidos en cuenta, por lo que, a través de su rol como editor e historiador, se permitía enviarle algunas preguntas a Hanke, dado que no tenía confianza con el autor para escribirle directamente. Específicamente le preocupaba que Wagner no hubiera tenido en cuenta algunos documentos publicados por Aiton sobre la visita de Sandoval en tiempos del virrey Mendoza. También observó que el autor afirmaba que solo podía dar signaturas antiguas del Archivo de Indias, pero Zavala consideraba que podía revisar la publicación realizada por Hill en la que explica las equivalencias (publicado en Hispanic American Historical Review) y hacer una nota con la referencia bibliográfica. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 16 de diciembre de 1938.
  55. Hanke le comentó sobre los manuscritos aztecas que se encontraban en el museo de México, con los cuales consideraba que Zavala podría hacer una guía completa para publicarse en el Handbook. Se refirió también al artículo que estaba preparando para Roscoe Hill, una guía general sobre los archivos mexicanos, el cual sabía que Hill esperaba que se lo enviara apenas terminara de prepararlo. Por último, le comentó que Putnam le había ofrecido oficialmente, y él había decidido aceptar, el puesto de jefe de la nueva división de estudios hispánicos en la Biblioteca del Congreso, pero como Putman quería hacer el anuncio oficial, le pedía que mantuviera la información de manera confidencial. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 21 de marzo de 1939.
  56. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 24 de marzo de 1939
  57. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 13 fol. 6801, carta de Silvio Zavala a Jorge I. Rubio Mañé, 16 de junio de 1939; exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a editor de The Book Review, 6 de julio de 1939.
  58. La decisión parece haberse tomado entre junio y julio de 1939, porque a través de la correspondencia entre Silvio Zavala y Pedro Sánchez se puede ver cómo se pasó de una renuncia definitiva a que se mantuviera como consejero de la RHA “en las condiciones que usted me indica”. No tenemos la carta en la que Zavala explica las condiciones, pero suponemos que estas tienen que ver no solo con una retribución mayor, sino también con las estrategias de sumar más colaboradores estadounidenses. BNAH, ASZ, Serie IPGH, caja 1, exp. 1, fol. 8676, carta de Pedro Sánchez a Silvio Zavala, 19 de junio de 1939 y 26 de julio de 1939.
  59. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, Memorándum sobre la colaboración de los EUA en la bibliografía de la RHA del IPGH.
  60. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Robert L. Schuyler, 11 de julio de 1939.
  61. Le escribió al profesor Henry S. Commager de la Universidad de Columbia para invitarlo en nombre de Zavala a ayudarlo a encontrar a un joven historiador estadounidense que quisiera cooperar en la revista enviando tres veces al año notas bibliográficas de los trabajos más importantes publicados en su país (con un pago por el trabajo). BMN, ASZ, caja 1, exp. 5, fol. 6794, carta de Lewis Hanke a Henry Commager, 21 de noviembre de 1939.
  62. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 14 de octubre de 1940 y carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 18 de octubre de 1940.
  63. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 25 de octubre de 1940. Como se sabe, Zavala realizó muchas gestiones para que Altamira pudiera viajar a América, lo que se concretó en 1944. En estas gestiones hubo una triangulación entre Silvio Zavala, Lewis Hanke y Ricardo Levene. Ver Andrés Lira, Exilio político y gratitud intelectual. Rafael Altamira en el archivo de Silvio Zavala (1937-1946) (México: El Colegio de México, 2012).
  64. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, s.f. Calculamos que se trata de una carta fechada en diciembre de 1940 porque en ella hace referencia también a que acababa de recibir el número 9 de la revista, correspondiente a mayo-agosto de ese año.
  65. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 14, fol. 6802, carta de Lewis Hanke a Bert James Loewenberg, 4 de marzo de 1940.
  66. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 14, fol. 6802, carta de Lewis Hanke a Bert James Loewenberg, 28 de noviembre de 1939; carta de Bert James Loewenberg a Silvio Zavala, 10 de diciembre de 1939.
  67. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 14, fol. 6802; carta de 23 de abril de 1940 y 4 de marzo de 1940.
  68. Como Loewenberg había aumentado ampliar la cantidad de notas sobre libros (de 30 a 35), Zavala propuso que solo 29 o 30 tuvieran una nota corta de media página, y que solo 5 o 6 fueran largas, de una página o una página y media. Solo los mejores libros serían los seleccionados para las reseñas largas. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 14, fol. 6802, carta de Silvio Zavala a Bert James Lowenberg, 6 de marzo de 1940; carta de Bert James Lowenberg a Silvio Zavala, 9 de marzo de 1940.
  69. Ver los cambios en el capítulo de bibliografía.
  70. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, fol. 6822, carta de Silvio Zavala a Bert James Lowenberg, 16 de diciembre de 1940.
  71. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 33, fol. 6822, carta de Bert James Lowenberg a Silvio Zavala, 10 de enero de 1941; carta de Silvio Zavala a Bert James Lowenberg, 25 de febrero de 1941.
  72. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 33, fol. 6822; carta de Silvio Zavala a Bert James Lowenberg, 7 de mayo de 1941; exp. 28, fol. 6817, 11 de agosto de 1941. Cabe mencionar que la última carta es de 1941, sin embargo, efectivamente desde 1941 a 1948 Loewenberg fue el segundo miembro de su país en el Consejo Directivo de la revista (junto a Hanke, que se mantuvo permanente desde 1939).
  73. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 33, fol. 6822, carta de Bert James Lowenberg a Silvio Zavala, 3 de noviembre de 1941; carta de Silvio Zavala a Bert James Lowenberg, 8 de noviembre de 1941.
  74. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Roland D. Hussey a Silvio Zavala, 4 de enero de 1940; carta de Silvio Zavala a Hussey, 13 de enero de 1940. El segundo memorándum fue más específico que el anterior. En él se aclaraba que escogerían a dos personas para ese trabajo. Una se dedicaría solo a dar cuenta de las obras que aparecieran sobre la historia de las “provincias de origen español en EU”, mientras que la otra se encargaría de las obras de historia de las otras regiones y las de carácter general que mostraran el desarrollo histórico de ese país. Ambos recibirían las obras de parte de Lewis Hanke, quien se ocuparía de solicitar los libros a los publicistas y editores y haría la correspondiente división de obras para los responsables. Una vez que estos hicieran la reseña o descripción de esos libros, podrían conservar el ejemplar. Para cubrir los costos de envíos, mecanografía, etc., el IPGH pagaría 15 dólares por cada envío, lo que sumaban 45 por año por los tres números que publicaba la revista. Además, recibirían un sobretiro de 25 ejemplares y se enviarían otras copias a los publicistas que hubieran enviado los libros. Debían seguir el modelo de Argentina, pero podían introducirse modificaciones y mejoras que se consideraran convenientes. Si el colaborador decidía que el libro merecía una reseña, podría enviarla a la otra sección correspondiente. Los artículos de revista se comentarían en la forma que se estaba realizando en la sección específica, por lo que debían enviar las notas de revistas y libros aparte para una mejor organización. Debían enviarse en marzo, julio y noviembre para su publicación en el número correspondiente y podían redactarse en inglés. El memorándum aclaraba que no se trataba de competir con la información que publicaba en su país, sino de publicar una lista “selecta” de su producción para que el público iberoamericano tuviera una idea clara del desarrollo de la historiografía en su país. La lista debía contener obras recientes (los meses transcurridos entre un número y otro), aunque podía extenderse el tiempo dos meses más. Contaban que la revista tenía un tiraje de 1500 ejemplares y se distribuía de manera gratuita a instituciones académicas, por lo que si deseaban incorporar más a sus ficheros debían enviar las direcciones correspondientes. El orden de la bibliografía seguiría un orden alfabético. La elección del material debía realizarse en función de ciertas consideraciones: que traten sobre “las provincias de origen español” (en Estados Unidos); la colonización anglosajona (por el contraste que ofrece a la española y portuguesa); la historia diplomática (entre Estados Unidos y el resto de los países americanos); los problemas de contacto racial (entre indígenas y esclavos africanos); la historia de la inmigración, el proceso industrial y económico; las ideas políticas “la alta cultura y en general el desarrollo de la civilización”. Dado su carácter local debían omitirse las genealogías, la biografía de personajes secundarios y la historia de pequeñas comunidades. Estas indicaciones podían modificarse si los colaboradores hacían sugerencias críticas para mejorar el trabajo convenido, el cual, una vez concluido, sería retribuido por el IPGH.
  75. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Roland D. Hussey a Silvio Zavala, 1 de marzo de 1940. Le avisó también que le estaría enviando el número 7 de la revista y que el IPGH ya había enviado su primer cheque por la colaboración.
  76. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Roland D. Hussey a Lewis Hanke, 31 de marzo de 1940.
  77. BNHA, ASZ, serie correspondencia general, caja 1, exp. 49, fol. 6797, carta de Roland D. Hussey a Silvio Zavala, 29 de junio de 1940.
  78. BMN, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 28, fol. 6817, carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 22 de enero y 5 de marzo de 1941; carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 25 de febrero y 10 de abril de 1941.
  79. Amén del ya comentado libro de Perry, Zavala le solicitó a Hanke que le microfilmara el ejemplar del libro de Paul S. Lietz Don Vasco de Quiroga, publicado por Loyola University Chicago. Había tenido noticias de ese libro a través de Mexican Review y le parecía importante hacer una reseña para la RHA, la cual, en este caso, haría él porque el tema le interesaba. Hank le escribió a un colega en dicha universidad, Jerome B. Jacobsen, para comentarle que Silvio Zavala, “un prominente colonialista de México” y editor de la RHA, “una de las más serias revistas históricas en toda Latinoamérica”, le había pedido que consiguiera un ejemplar. Poco después, Hanke leyó el libro del profesor A. M. Tozzer Landa’s Relación de las Cosas de Yucatán, a quien le escribió para agradecerle el libro, felicitarlo y sugerirle que le enviara una copia a Zavala para la Revista; la reseña se publicó en el número 12. BMN, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 28, fol. 6817, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 17 de junio de 1941; carta de Lewis Hanke a Jerome B. Jacobsen, 26 de junio de 1941; carta de Lewis Hanke a A. M. Tozzer, 26 de junio de 1941.
  80. Con respecto a los favores que se hacían entre ambos para conseguir material, no solo eran para sus trabajos, sino también para otros colegas. Zavala le pidió a Hanke hacer un microfilm de los manuscritos de Cortés que guardaba la Biblioteca del Congreso a fin de dárselos a una profesora española, especialista en estudios medievales, que se encontraba realizando un estudio sobre el Marquesado del Valle en El Colegio de México, quien estaría dispuesta a pagar el costo del microfilm. Poco después recibió el material, por lo que le agradecía su intervención. BMN, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 28, fol. 6817, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 25 de febrero de 1941.
  81. Los bibliográfos le presentaron esa propuesta a Reyes, quien se lo comentó a Zavala, quien a su vez le mencionó que Hanke ya tenía avanzado el mismo proyecto. Reyes le sugirió que le escribiera para ver si le parecía bien iniciar la labor en cooperación, es decir, ante la falta de fondos de El Colegio, lo que podía aportar era seleccionar a personas competentes en México que le hicieran una parte del trabajo. BMN, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 28, fol. 6817, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 15 de marzo de 1941.
  82. Pocos días después, Hanke envió para los miembros del seminario tres volúmenes de Historia da colonización portuguesa, los cuales quedarían para el acervo de la biblioteca de El Colegio de México. Escribió a la editorial de la Universidad de Harvard para solicitar que le enviaran copias del libro de Dana Munro (y comentó también la posibilidad de traducirlos en México). También escribió a la editorial de la Universidad de Columbia para pedir que le enviaran un ejemplar del libro de Lauber Indian slavery. En pocas semanas le enviarían unos fotoestatos de los artículos que había solicitado. Le escribió también a Whitaker preguntando sobre la copia del libro The Spanish American Frontier. Por último, le comentó que le adjuntaba copia de la carta que le había escrito a Shotwell para que se lo comunicara a don Pedro (en alusión al presidente del IPGH). BMN, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 28, fol. 6817, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 5 de julio de 1941; carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 15 de julio de 1941.
  83. Hanke sugirió traducir el libro de Harold Underwood Faulkner Vida del Pueblo Norteamericano, pero Zavala consideró que su estilo de redacción y las características del libro eran “demasiado elementales”. Entendía que eso era así porque Faulkner dedicó esta obra a estudiantes de preparatoria de su país, por lo que no comprendía por qué se lo había sugerido y a qué público pensaba que estaría destinado. Esperaba su respuesta antes de que lo recomendara al Fondo, porque no quería exponerse a recibir “censuras de nuestras clases lectoras exigentes”. Creía que sería mejor traducir un “ensayo de tipo elevado y no elemental acerca de la vida en los EUA”. Le recordó que su público era “exigente” y los demás directamente “no leen”. Propuso una serie de modificaciones: quitar las traducciones anónimas; agregar un prólogo (y explicar a qué público está dirigido en español); modificar el estilo, retirando lo escolar del lenguaje. Hanke respondió, pero Zavala no quedó conforme y comentó que el público al que se refería era muy general, pero de adultos, mientras que la obra en inglés estaba dirigida a jóvenes de preparatoria. Pero para dar punto final al tema decidió no insistir y que lo viera él con el Fondo. Por esto, Zavala decidió no hacer la traducción para no aparecer en trabajos “de tipo elemental, muy distintos de los que cultivo regularmente” y convenció a Cosío Villegas de que la traducción la hiciera una mujer reconocida en el mundo de las letras españolas. Se ofreció a escribir el prólogo, pero sin su firma, en el cual se aclarara de qué tipo de trabajo se trataba. También le comentó que no había recibido de Burgin el anuncio del Handbook que iba anunciado en la RHA, por lo que solicitó lo enviaran en breve para salir en el número 12. En respuesta, Hanke le comentó que le había preguntado a Burgin y le había dicho que ya se había enviado el anuncio del Handbook. Sobre el libro de Faulkner, dijo que entendía su posición, por lo que solo le pedía que revisara personalmente que la traducción fuera correcta. La decisión de colocar el nombre de la traductora se la dejó a Cosío Villegas. Aprovechó la carta para comentarle que le había dado instrucciones a su secretaria para que, mientras él estuviera fuera, le enviara la lista de libros solicitados por Loewenberg a fin de que él hiciera la selección. Por último, le comentó que había recibido carta del Departamento de Estado con una carta de Haskell sobre el tema del traslado de Altamira. Le preguntó si sabía cómo se lo podía contactar. En respuesta, Zavala le comentó que seguía con la traducción del trabajo de Faulkner, aunque la traductora ya había concluido la obra, pero su revisión y modificación de las partes de estilo escolar llevaría algún tiempo. Creía que Cosío Villegas pondría el nombre de la traductora al frente del trabajo. Pese a los reparos de Zavala, el libro fue publicado en el Fondo de Cultura Económica y la reseña fue publicada en el número 14. BNAH, ASZ, serie correspondencia general, caja 2, exp. 28, fol. 6817, carta de Silvio Zavala a Lewis Hanke, 10, 16 y 25 de agosto de agosto de 1941; carta de Lewis Hanke a Silvio Zavala, 20 de agosto de 1941 y 30 de septiembre de 1941.


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