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Introducción

“Veo claramente la diferencia que hay entre la pobre doctrina de las Ciencias Sociales y nuestra doctrina, que lo abarca todo. Las Ciencias Humanas fraccionan todo para comprender y matan todo para conocerlo mejor” (Tolstoi, 2014: 553)

Al elaborar las reglas, Descartes especifica que ideó un método con cuatro preceptos, del cual el segundo consistía en “dividir cada una de las dificultades que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución” (Descartes, 1982a: 49). Se advierte aquí, en el espíritu del segundo precepto del Discurso del método, cierta convicción compartida también por el personaje de Guerra y paz de León Tolstoi, Pierre Bezújov[1]. Allí, en una anotación realizada en un cuaderno, el personaje del autor ruso da cuenta de que las ciencias sociales o humanísticas postulan una doctrina de corte deductiva, esto es, yendo de lo general hacia lo particular, dividiendo los problemas que aparecen como insolubles en las fracciones que se requiere para darle una genuina contestación.

Y mencionamos a Descartes y al personaje de la celebérrima obra de Tolstoi por el siguiente motivo: en ellos encontramos cierta movilización de su empresa, ya se trate de una opinión a favor o en contra –respectivamente–, por fragmentar un problema que, prima facie, aparece como insoluble, para arribar a una conclusión satisfactoria. Esta es, justamente, la problemática que se nos aparece a nosotros en la presente tesis. Porque precisamente lo que buscamos aquí es ubicar el pensamiento de Baruch Spinoza entre la miríada de discursos circulantes en boga. Claro que no intentamos asir la totalidad de estos lenguajes que imperaban en la cotidianeidad del autor sino centrarnos en aquellos que se encontraban relacionados a una dimensión particular del pensamiento del holandés, a una cuestión que, dicho sea de paso, no se encuentra para nada exenta de problemas: la de si Spinoza podría pertenecer a una tradición denominada como republicana. Es para hacer frente a la variopinta cantidad de semánticas que predominaban en los tiempos de Spinoza, las cuales ejercieron una influencia decisiva en sus conceptualizaciones, que hacemos lugar a una estrategia para desenmarañar ese ovillo que se nos manifiesta como indescifrable: fragmentar el problema para luego dar con una punta o un hilo que oficie de senda conductora, por la cual dichos tópicos puedan irse enhebrando. O, fuera de la metáfora que remite al telar[2], podríamos enunciar nuestro abordaje a los temas que nos convocan así: dividir, con el objeto de diferenciar los problemas y separarlos, con el propósito de hacerlos irreductibles entre sí, identificando sus especificidades, no para dejarlos apartados entre ellos, sino con el fin de integrarlos nuevamente en una elaboración que permita abordar susodichas problemáticas en un todo, ciertamente igual de grande que al principio, pero ahora más ordenado y sistematizado.

Cabe preguntarse, siguiendo estas consideraciones, sobre el estatuto de Spinoza respecto del concierto neerlandés en el que habitaba. Porque, en efecto, ¿ocupaba el filósofo holandés una posición irrelevante en relación a las polémicas que vivía o era más bien una suerte de primus inter pares en relación a las demás figuras que se engarzaban inextricablemente en discusiones de suma importancia? Quizás le quepa a Spinoza la dilecta categoría que Raskólnikov, el protagonista de Crimen y castigo de Fiódor Dostoyevski, anunciaba para un grupo de hombres: de dos categorías de personas, se distinguían aquellos que estaban compuestos por

individuos en el pleno sentido de la palabra, es decir, con capacidad o talento para decir algo nuevo en el ámbito de sus quehaceres. (…) Los que componen la segunda categoría infringen todos ellos la ley: son destructores o se inclinan a la destrucción, según sus diversas aptitudes. (…) la segunda [categoría] es dueña del futuro. (…) los segundos empujan el mundo y lo guían hacia su meta (Dostoyevski, 2013: 275-276).

Así, ¿es Spinoza verdaderamente una figura que destruye todo lo que le rodea? O, sino, ¿en qué sentido se yergue el holandés como un faro que, al mismo tiempo, participa de las novedades del orbe e ilumina de forma prospectiva el porvenir intelectual? Ante estas dos incógnitas disímiles y, a priori, incompatibles entre sí, según la caracterización de Dostoyevski, Spinoza da una respuesta afirmativa a ambas: Spinoza se imbrica con su época y, a la vez, anuncia un destino venidero en relación con las ideas que propugna. Es ese mismo Spinoza el cual, con la publicación anónima y con un falso pie de imprenta del Tratado teológico-político, una intervención candente en una igual de candente coyuntura política, hace saltar todo por el aire y desencadena un debate no sólo en lo coetáneo sino también en el futuro[3]. Pero es también Spinoza, por abogar por el régimen político democrático y por valores tales como la libertad de pensamiento y de expresión, quien reviste una actualidad imperecedera respecto del mundo actual. Es ese filósofo quien, de manera avant la lettre, concibió en su filosofía una axiología respecto de la cual la historia da un fallo favorable muchos siglos después de su fallecimiento.

Inquirimos sobre este aspecto del pensamiento de Spinoza, el relacionado con la posición que ocupaba entre los debates que habitaba, porque es el interés de la presente tesis –como veremos mejor unas páginas más adelante– el indagar la coyuntura semántica en la que el autor se inscribía. Y esto porque cualquier examen sobre la patencia de un pensamiento de índole republicano en la filosofía política de Spinoza debe, entendemos, no soslayar y tener en cuenta el conjunto de discursos que rodeaban a un pensador. En este sentido, el estudio abocado a la relación de Spinoza con la tradición republicana es uno muy poco abordado[4]. Se trata, entonces, de encarar una investigación que no conciba al autor como una isla o un átomo desconectado de su área vecina o circundante, para lo cual es necesario emprender una tarea que inhiera descifrar ese conjunto de textos que le proporcionan solaz al escritor y que hacen a su identidad. ¿Cómo, en efecto, llevar a cabo semejante tarea? Esto es, ¿cómo leer esa variada cantidad de discursos que pululan en un tiempo y espacio determinado? Parecemos, aquí, ubicarnos muy propincuamente a las reflexiones que llamaban la atención de Ismael, el narrador de Moby-Dick: “¿Crees acaso que dejé pasar esa oportunidad sin usar mi hacha de bote y mi navaja, romper el sello y leer todo el contenido del joven cachalote?” (Melville, 2016: 641). Un discurso no es algo cristalino y diáfano, sino que se nos presenta más bien como oscuro y opaco, translúcido como mucho. No tenemos aquí, pues, un objeto de estudio asequible y transparente, puesto que no se trata tan sólo de exponer o presentar algo ya realizado o fabricado. El material con el que lidiamos es índice de una gran complejidad, porque “cuando el texto es el leviatán, el caso cambia” (Melville, 2016: 650). Es por eso que nos resulta proficua la analogía que establece Herman Melville entre el texto y el cetáceo: el discurso, como la ballena, deviene un texto a ser leído e interpretado, o, mejor dicho, descifrado. Su propósito o intención no se hace manifiesta de manera clara y pasiva, sino que exige por parte del intérprete una elaboración activa.

Esto en cuanto al objeto de estudio. Pero sobre éste quizá podamos decir algo más. En efecto, poder recuperar póstumamente la intención de un autor al escribir lo que escribió es una tarea para nada gratuita. Ella nos recuerda, ciertamente, lo que Joseph Conrad decía en relación a las historias de los marinos, a saber: que “el significado de un episodio no estaba adentro, en el interior, sino afuera, envolviendo el relato, del mismo modo que el resplandor circunda la luz, como esos halos neblinosos que a veces se hacen visibles por la iluminación espectral de la luz de la luna” (2021: 42-43). Como al interior de un relato, no podemos encontrar, entonces, su intención en lo que el autor quiso hacer al escribir, como si pudiéramos vislumbrar allí una alfaguara pura, idéntica a sí misma e impoluta. Tal como Foucault (1979) elucidó en relación al concepto del origen en Friedrich Nietzsche: aun cuando el oriundo de Röcken mismo lo haya utilizado, la genealogía no trata sobre la búsqueda del origen, entendida como Ursprung: no se trata de encontrar lo que siempre estuvo dado, aprehender una identidad primera, la cual, oculta, solo necesita que su máscara sea levantada para ser descubierta. La intención es como la Ursprung que Foucault describe: imposible de ser asida de manera completa e íntegra. Ella no se encuentra en su pureza porque ha fenecido junto con su autor, motivo por el cual deviene, como dice Conrad, en algo inenarrable, oscuro, inaprensible. Pero ello no nos debe hacer parapetarnos en el mot d’ordre de Bartleby: “Preferiría no hacerlo” (2012). Porque la intención podría buscarse en esa estela que un autor ha dejado, en aquellos textos y obras que ha producido, en sus contestaciones y en sus recensiones, las cuales titilan resplandecientes a su alrededor, en el resplandor que circunda la luz.

Esto nos da pie a algunas consideraciones de tipo metodológicas en las que deberíamos parar mientes en la presente tesis. En la misma se prevé el relevamiento sistemático de los textos, ora el corpus bibliográfico de Spinoza, ora los comentaristas, junto a su estudio y análisis pormenorizado. Atendiendo al desarrollo argumental que se presenta en las obras del filósofo holandés, se hace particular hincapié en aquella tradición sobre el cual versa el presente trabajo, a saber, el republicanismo, ateniéndose a la definición del mismo que proporcionan, por separado, Skinner (2010), Pocock (2016) y Pettit (2010).

Para lograr esto, la presente tesis se nutre de los aportes realizados, principalmente, por la Historia Intelectual de Cambridge que, al centrarse en los contextos textuales y en la intencionalidad de los autores, permitirá elucidar la alteración de los conceptos de acuerdo a las innovaciones políticas.

De acuerdo a J. G. A. Pocock (2011), es necesario recuperar el significado histórico de un texto a través de un método apropiado que lo sitúe en su contexto lingüístico, determinando el vocabulario político que ese texto recibe, modifica y emplea. Debe reconstruirse el lenguaje utilizado en un debate en el que el texto se encontraba inmerso para poder comprenderlo en forma adecuada. Se trata, entonces, de estudiar el discurso y el lenguaje que, entendidos como actos de habla, son eminentemente políticos: ellos tienen historia. En el despliegue de la historia del discurso esos actos de habla aparecen como paradigmas, esto es, como construcciones lingüísticas de un historiador que permiten estudiar un campo determinado. La Historia Intelectual, en este sentido, se aboca a la reconstrucción de estos paradigmas que aparecen y desaparecen a lo largo de la historia. Es decir, es necesario comprender el contexto lingüístico que le otorga sentido al texto. Precisamente, en una obra de carácter metodológico, Pocock (2011) previene al filósofo de una serie de cuestiones, una serie de experimentos interpretativos en los que éstos incurren, una suerte de juegos que no contemplan el carácter histórico de la materia sobre la que trabajan, esto es, los textos de autores clásicos. Si la filosofía política es aquello que sucede “cuando la gente reflexiona en torno a sus lenguajes políticos” (Pocock, 2011: 68), entonces se hace imprescindible que el historiador o el dominio de la historia acudan al rescate del filósofo: para ayudarle a eliminar esos monstruos que ha creado, esto es, a ser conscientes y dar cuenta del momento en que el filósofo empieza a realizar juegos del lenguaje, totalmente desconectados de los actos de habla de aquellos con los que quiere dialogar. ¿A qué nos conduce esto? A que si el historiador quiere reconstruir el discurso en el que se expresa el pensamiento político, debe tener en cuenta no sólo que los lenguajes de la política son plurales y flexibles sino que también debe considerar cierto modelo heurístico por el cual reconozca la coexistencia simultánea de distintos paradigmas lingüísticos. Como se ve, la principal cuestión con la que el historiador debe lidiar si quiere reconstruir un discurso es hurgar en los lenguajes circulantes o en boga al momento en que el autor redactó un texto en cuestión. La historia del discurso es así sumamente compleja; tiene lugar en una serie de juegos del lenguaje perfeccionados con el tiempo y compartidos por una comunidad de hablantes. También se encuentra plagada de debates, juegos lingüísticos con estrategias e incluso acciones.

Según Skinner (2007a, 2007b), por su parte, podemos señalar que la tarea del historiador del pensamiento político consiste en el relevamiento del conjunto de textos clásicos con el objeto de extraer de ellos enseñanzas sobre los temas más provechosos de los asuntos políticos. Dichos tópicos tienen una entidad de problemas permanentes de la política. Por caso, en esta presente tesis se estudia la problemática y corriente de pensamiento del republicanismo, cuyo origen puede remontarse a los pensadores griegos y romanos clásicos. Esos autores se reúnen, pues, en torno a ciertos tópicos como ser el del gobierno mixto, la vita activa, la virtud de los súbditos y de los ciudadanos, por citar algunos, los cuales se constituyen como elementos atemporales. Frente a esto, Skinner aboga por concentrarse en el significado de los textos, esto es, en lo que cada uno de ellos dice sobre los problemas fundamentales de la política.

La de Skinner es, ciertamente, una apuesta interesante que requiere una elaboración ulterior. Con ello retomamos y damos de lleno en la problemática de la intención, que atiene también a la cuestión de la comprensión. Siguiendo a Octavio Majul (2020), podemos decir que Skinner desarrolla en su faz metodológica aquellos planteamientos que in nuce se encontraban presentes ya en las obras Investigaciones filosóficas (2017) y Cómo hacer cosas con palabras (2019), de Ludwig Wittgenstein y de John L. Austin, respectivamente. Del primero, Skinner retendrá su concepción de que es preciso analizar los juegos del lenguaje en los que las palabras y los significados se ubican. Del segundo, el inglés utilizará su noción de actos ilocutivos, esto es, aquella faceta de una proposición lingüística relacionada con la intención que un hablante porta. Así, la “historia intelectual desarrollará los conceptos metodológicos para poder aprehender tanto el significado teórico de un texto como la intención que lleva” (Majul, 2020: 44). Se trata entonces no sólo de comprender lo que el texto dice –esto es, el texto propiamente dicho– sino que también, y a la par, entender el contexto en el cual ese mismo texto se sitúa –esto es, lo que el texto, en rigor, hace–.

Unas páginas atrás, a cuentas de la cita de Conrad, decíamos que había algo inasible en lo que el autor quiso decir con un texto puntual. Ahora podemos especificarlo valiéndonos de la terminología de Skinner. Si hay algo que es, en efecto, impenetrable en un autor, esos son sus motivos, esto es, el interés privado que un autor perseguía al escribir una cosa u otra. Bien distinta es, en cambio, la intención. Acá es, precisamente, donde luego de vapulear la noción de intención, le otorgamos nuevamente carta de ciudadanía[5]. Porque, para Skinner, la intención ilocutiva es de carácter necesariamente público, ella pone en relación lo que una persona dijo o escribió con el conjunto de personas a las cuales ella se encontraba dirigida. Podemos vislumbrar la intención de un autor cuando apelamos a una “característica de la obra [de un autor] misma” (Skinner, 2002b: 98); recuperar la intención de un autor es reponer aquello que “el escritor estaba haciendo” (Skinner, 2002b: 100). La intención, de esta manera, se revela como aquel complejo entramado en el cual las distintas discusiones y diálogos se insertaban, aquel –en palabras de Immanuel Kant (2007: 6)– Kampfplatz, es decir, el campo de batalla en el que se baten y se ponen en liza una serie de discursos.

En este sentido, en la presente tesis se especifica la coyuntura de los Países Bajos de cara a la publicación del Tratado teológico-político y la escritura del Tratado político. Así, el contexto holandés en el que Spinoza se inscribe, el cual se encuentra informado por profusos debates (el más importante de ellos quizá siendo el que atiene a la tradición republicana), es analizado en la presente tesis. En un sentido similar, también es posible rastrear la influencia de pensadores que eran coetáneos a Spinoza y de los que el filósofo tenía conocimiento. La tesis aborda, al mismo tiempo, de manera acabada estas cuestiones y se atiene al pensamiento del filósofo holandés. Esta tesis no es pues indiferente a los aportes metodológicos recién enunciados, pero, es menester explicitarlo, busca también centrarse en las obras elegidas de Spinoza de manera de escudriñar en ellas la herencia y discusión de un paradigma que puede ser denominado como republicano.

Vertidas estas consideraciones metodológicas, podemos proceder entonces con otros menesteres. Respecto del objetivo general de la presente tesis, la misma busca profundizar y llevar a cabo un estudio sistemático de la obra de Spinoza (con especial énfasis en el Tratado teológico-político y el Tratado político, aunque no por ello excluyendo el resto de su producción y atendiendo a su vez al contexto republicano neerlandés) a la luz de la tradición republicana, echando mano de una definición de la libertad que la entiende como opuesta a la interferencia potencial, a la sujeción y al poder arbitrario del otro. Tal estudio pormenorizado significará no sólo un gran aporte teórico en un tópico poco abordado por diversos autores, sino que también permitirá mostrar las particularidades y especificidades propias de la relación de Spinoza con la tradición republicana.

Pero, antes, cabe aclarar que el objetivo recién descripto puede ser también operacionalizado en los siguientes objetivos específicos. El primero de ellos apunta a sistematizar y esquematizar el –existente pero exiguo– conjunto de comentarios existentes abocados a estudiar la relación de Spinoza con la tradición republicana. El segundo se aboca a estudiar y analizar, al mismo tiempo, el contexto neerlandés (en su faz política, social, económica y cultural) y las obras de aquellos autores propios de las Provincias Unidas de los Países Bajos que son considerados, a la luz de estudios actuales, como republicanos (como ser Pieter de la Court, Johan de Witt y Franciscus van den Enden). El tercero atiene a realizar un comentario crítico de aquellas posiciones delineadas en el primer objetivo específico, con la finalidad de demostrar que éstas tienen por falta el no haber considerado el contexto lingüístico coetáneo a Spinoza, sin lo cual no puede comprenderse de manera cabal un texto. Por último, el cuarto objetivo apunta a innovar sobre la relación de Spinoza con el régimen republicano, entendiendo que el autor actualiza una serie de conceptos propios de esta tradición de pensamiento, en particular las nociones de ciudadanía, virtud, instituciones y libertad.

Esta serie de objetivos se encuentra sostenida por una hipótesis que los apuntalan de manera soterrada, la cual puede ser enunciada de la siguiente manera: una interpretación republicana de Spinoza no es aproblemática, sino que guardaría acercamientos y distancias con la recién mentada definición de libertad. En particular, habría un vínculo político-conceptual entre la tradición republicana como no dominación y la spinoziana entendida como opuesta a la esclavitud. Así, dicha hipótesis implica revisar la relación conceptual entre la libertad entendida como no dominación y como opuesta a la esclavitud y explorar sus tensiones y complementariedades.

De esta manera, el conjunto de objetivos específicos se encuentra reflejado también en la serie de capítulos que hacen a la presente tesis. Esta tesis se compone de cinco capítulos que se reparten en dos partes, tres en una primera y dos en otra segunda.

La primera parte de esta tesis se compone de capítulos que versan sobre un examen de los principales trabajos producidos sobre el tópico de la presente tesis. De esta manera, el primer capítulo atañe a aquellos comentarios contemporáneos que relacionan a Spinoza con una tradición republicana. Para esclarecer las posiciones en juego es que restituimos las principales interpretaciones en torno a la relación entre Spinoza y la tradición republicana. Inicialmente, repondremos una línea de interpretación denominada como democracia radical, para, en un segundo momento, restablecer las perspectivas asociadas a la tradición neo-republicana que entienden que Spinoza no puede ser incluido en la misma y, finalmente, indicar aquellas posturas que exponen que Spinoza, si bien forma parte de la corriente de pensamiento republicana, la concibe de una forma no democrática, sino cercana a una postura de tipo aristocrática.

El segundo capítulo de la tesis consiste en el estudio del contexto republicano neerlandés, abordando su faz histórica, social, económica, política, junto con su coyuntura intelectual y el círculo de amigos cercanos al filósofo Baruch Spinoza. Se examina aquí el contexto histórico, social, económico, político de las Provincias Unidas durante la vida de Spinoza. A su vez, se analiza el contexto semántico propio del republicanismo neerlandés en el cual se desarrolló la vida de Spinoza: los discursos imperantes en el contexto neerlandés, reconstituyendo las principales proposiciones que impregnaron la semántica de esta coyuntura. También se estudia el círculo intelectual adicto al republicanismo neerlandés que influyó a Spinoza durante su vida.

En el tercer capítulo se ensaya una impugnación a las críticas y las posiciones que fueron examinadas en el capítulo 1. A nuestro entender, todas estas críticas no tienen en cuenta el contexto neerlandés, propiamente republicano y particular, sin el cual es imposible comprender correctamente el pensamiento de Spinoza en los mismos términos republicanos.

Aquí comienza la segunda parte de esta tesis, la cual ya no enfatiza tanto el elemento repositivo como, antes bien, intenta explorar un horizonte propositivo sobre ciertos aspectos que ocupan un lugar capital dentro de la teoría republicana. En el cuarto capítulo se examina cómo la filosofía de Spinoza puede entenderse de una manera verdaderamente republicana en nuestra redefinición de dicha tradición la cual, en el contexto de los Países Bajos, no puede emparentarse con tanta facilidad a la manera en que Pocock, Skinner y Pettit la entienden. Se estudia cómo los conceptos en boga circulantes durante el republicanismo neerlandés impactan en el vocabulario utilizado por Spinoza, al mismo tiempo que se examina la manera en que los conceptos de la virtud y la ciudadanía, en el primer apartado, y las instituciones, en el segundo, se encuentran presentes en su pensamiento.

En el capítulo final se explora una noción que es clave para el republicanismo: la libertad. Ahora bien, dicha idea es pesquisada ciñéndonos estrictamente al pensamiento de Spinoza tanto en clave metafísica como política, términos que, como se verá oportunamente, por más que puedan ser analíticamente diferenciados no por ello deben ser separados en modo alguno. En este sentido, en un primer tiempo se explora la relación de la libertad con la teoría del derecho natural spinoziana para, en un segundo tiempo, abordar cómo la libertad se enlaza ahora con el estado político (estudiando las declinaciones de la libertad en sentido positivo y/o negativo), concluyendo, en un tercer tiempo, con un estudio del vínculo entre la libertad y el régimen de gobierno democrático.

Este es el bosquejo, entonces, de la presente tesis de doctorado. Un bosquejo movilizado por el interés de rever el contexto lingüístico circundante a Spinoza para, posteriormente, conceptualizar y contextualizar un conjunto de nociones de su pensamiento político. Este es un bosquejo que particiona y luego reconstruye la filosofía política spinoziana, el cual desarrollaremos a continuación.


  1. Una pequeña acotación de orden metodológico: en esta página y en las que sigue, pero solamente en la Introducción y en la Conclusión, incluiremos referencias literarias aquende nuestras reflexiones. Para ello, arrancamos las citas sin respetar el sentido propio de la obra de donde provienen, tal como hacía Walter Benjamin en su cuarta tesis de Sobre el concepto de historia (2009b: 134), cuando citaba a Hegel pero ahora dentro de un paradigma materialista. De igual manera, emulando la práctica de las citas benjaminiana, utilizaremos las obras literarias meramente para nuestro propósito, quitándolas de su origen y resituándolas en un contexto alterno (cfr. Löwy, 2012: 66-71).
  2. Metáfora, acotamos, que remite ciertamente –y otra vez– a Benjamin. Dicho autor, en un parágrafo a Nuevas Tesis C, argumenta que la historia es como “un cordón de múltiples fibras, deshilachado en mil greñas, que cuelga como una trenza suelta, ninguna de las cuales tiene su lugar determinado, mientras no se las recoja a todas y se las entrelace, como un tocado” (Benjamin, 2009a: 60). “[L]a historia es así lo opuesto al gran texto sagrado y hierático, es algo caduco y transitorio; una ‘trenza suelta’ que emula una totalidad sin pretensiones trascendentalistas ni ominosas, sino que se erige sobre la idea de felicidad, pues ello es el basamento de su crítica redentora, iluminar la realidad haciéndole justicia a sus objetos de conocimiento: iluminaciones profanas” (Ricci Cernadas, 2017: 88).
  3. Las reacciones que provocó el Tratado teológico-político se encuentran analizadas en Domínguez (2012: 21-28) y Solé (2011: 55-88).
  4. Así lo explicita también Souroujon en su reseña del libro editado por Gabriela Rodríguez Rial, República y republicanismos, donde se afirma que dicho libro “[i]ncluso permite, como en los artículos de Visentin y de Abdo Ferez y Fernández Peychaux, poner en diálogo el pensamiento de Spinoza con el republicanismo, pensador que a pesar de la gran cantidad de obras que lo recorren en la actualidad había pasado casi desapercibido por los intelectuales neorepublicanos” (2020).
  5. La intención, como se verá, no es algo incognoscible, como argumenta Aiken (1955: 752).


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