El interés del que nace este libro no está aislado de mi experiencia, se trata de un tema cercano y a la vez querido: el Estado cuando se vuelve política social dirigida hacia familias de sectores populares. El quehacer comenzó, mucho tiempo atrás, con las intuiciones de mi proyecto de tesis doctoral; y ese quehacer fue colectivo.
Agradezco profundamente a Eduardo Chávez Molina que me brinda espacio en el ámbito de la investigación desde hace más de diez años; fue valioso que su orientación, su entusiasmo y su generosidad me hayan acompañado en esta etapa. El agradecimiento a Luisina Perelmiter es inmenso: por su compromiso para guiarme y por su profunda capacidad para leer sociológicamente; aprendí y aprendo sobre la hechura de la investigación cualitativa en cada charla, comentario e intercambio que mantengo con ella.
La pertenencia al grupo de estudios sobre Desigualdad y Movilidad Social, con sede en el Instituto Gino Germani y que dirige Eduardo Chávez Molina, fue un encuadre fundamental en el camino que transité. Asimismo, esa facultad ha sido, en diferentes momentos, un lugar que valoré enormemente; sus aulas y sus pasillos encarnaron para mí el disfrute colectivo que da el aprendizaje.
Ana Arias, María Maneiro y Laura Garcés fueron juradas de la tesis. Leyeron el trabajo con lucidez, precisión y generosidad. Les agradezco mucho sus aportes y que hayan transformado esa instancia en un momento valioso de reflexión.
Sin la confianza y la apertura de las mujeres y los hombres que entrevisté, este libro no hubiera podido ser escrito; por eso, mi principal agradecimiento es hacia las titulares de la AUH y sus familias, las personas que trabajan en las instituciones barriales y las referentes territoriales que conocí durante el proceso de trabajo de campo. En ese proceso, algunas personas cercanas me facilitaron la vía de entrada. Las trabajadoras sociales del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación con inscripción territorial en Lanús, Julieta Venere, Clarisa Ducant, Giselle Cividanes, Laura Dal Pozzo y María Insaurralde, me abrieron las puertas de su lugar de trabajo, me contaron los pormenores de un territorio que quieren y simplificaron mi ingreso a campo. Juli me acompañó en cada momento. La predisposición de todas ellas fue esencial. A la vez, Florencia Hiquis colaboró en la vía de entrada a un barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; me valí de sus coordenadas territoriales y amorosas hacia el barrio en cuestión. Pero además, Flor fue una compañera de inquietudes siempre dispuesta a charlar sobre los pasos que iba dando en el trabajo de campo. Por otra parte, Eliana Espinoza tuvo paciencia en adentrarme en cierta normativa de ANSES y me ayudó al responder las dudas sobre la gestión.
Le agradezco a Pilar Arcidiácono que con mucha generosidad me orientó en un esquema de lecturas específicas. Victoria Matozo, María Clara Fernández Melián, Julieta Nebra, Sharon Accornero y Javiera Fanta leyeron versiones previas de los capítulos del libro y sus aportes me permitieron revisar y volver con más entusiasmo sobre la escritura. En las conversaciones que se daban en medio de los problemas que tiene la política social en la oficina y en el territorio, en ocasiones di a conocer, escuché opiniones y vigilé mis argumentos. Agradezco, en ese sentido, a mis compañeras y compañeros de trabajo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación; en especial, a Inés Soria, Paz García Steel, Vanesa Moreno, Luciana Rossi, Marcelo Martínez y Francisco Veliz. Con ellas y ellos fue el intercambio. Paz e Ine, además, leyeron párrafos centrales del libro enviados a cualquier hora del día y valoré tenerlas cerca. El agradecimiento se extiende a la Cátedra Alayón, actualmente Cátedra Picco, de la Carrera de Trabajo Social de la UBA; a Norberto, a Fabiana Porto y a cada integrante de ese espacio, en el que participé varios años atrás y que dejó una estimulante huella.
La posibilidad de una publicación digital y el apoyo en la difusión es por virtud de la iniciativa de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Editorial Teseo. Agradezco la oportunidad brindada.
También doy las gracias a ciertas personas; a su cercanía. A Lu y Gael, porque es lindo tenerles. A Nucha, Caro y Flor, por las risas y las copas. A Fabi, Roxi, Ceci y Ale, por la complicidad, el ojo poético y la presencia sorora. A María del Carmen, por la ayuda con las palabras. A Hernán, por estar al lado cuando tocaba hacer el trabajo de campo. A Romi, Morita, Lucio, Marian, Oli, Elvira y Héctor, por la calidez. A Claudio, porque desde la cursada de los primeros seminarios hasta la defensa de la tesis celebró este escrito. A Olga, por su insistencia amorosa. A Juana, que me viene preguntando por qué página del doctorado voy: terminé Juani e interrumpir la escritura para mirarte jugar al lado mío fue certeza para no aflojar en toda esta cuestión.







