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Agradecimientos

Conocí la historia que voy a relatar en 2018. En aquel entonces, comenté con la doctora Soledad Jiménez sobre la posibilidad de convertirla en un proyecto de investigación. Ella me alentó a proponerlo para el programa de maestría en Historia Internacional del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). No me alcanzará la vida para agradecer la dedicación, interés y compromiso que mostró por mi trabajo. Y no sólo eso: supo guiarme en la deconstrucción de mis prejuicios políticos, de mis estanques académicos y de mis incógnitas personales para hallar un camino hacia una antropología diferente, en su intersección con la historia. En mi concepción religiosa del mundo la Soledad de mi infancia me llevó a la doctora Soledad y de ahí bastó un salto para llegar a Río de Janeiro.

Mientras escribía el proyecto de investigación para la maestría, encontré una serie de artículos escritos por el arqueólogo Dr. Rodrigo Pereira, quien había excavado el antiguo terreiro. Lo contacté. Su respuesta fue estimulante. Me envió por correo su libro recién publicado, junto a varios artículos. Además, me extendió una carta de invitación para realizar una estancia de investigación en el Laboratorio de Historia de las Experiencias Religiosas (LHER) del Museo Nacional y la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Entonces, en enero 2019, gracias a la ayuda económica de Irma Medina, mi madre, y con algo de dinero que tenía ahorrado, pude ir a Río de Janeiro a hacer una prospección etnográfica. El Dr. Pereira me llevó a Duque de Caxias, al barrio de Copacabana, donde me presentó con el fotógrafo Rodrigo Rodrigues, habitante del barrio, quien me dio hospedaje durante mi estancia en Caxias. Algunos días después pude encontrar a Mariza y Januário, mis primeros contactos con temas brasileños en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Ellos me invitaron a comer en la tradicional Feria de San Cristóbal, donde se ofrecen toda suerte de comidas del nordeste brasileño, y se comprometieron a ayudarme a encontrar hospedaje en la ciudad de Río de Janeiro.

Así fue como conocí a Wilson Cruz, practicante de Umbanda y compañero de Kabalah Mística de Mariza. Este hábil tatuador me ofreció su habitación en la casa de su familia, donde conocí a Doña Rosa, Elen, Fabiana, Luna y Babi, quienes me guiaron en la Ciudad Maravillosa, presentándome sus comidas, músicas, tradiciones y problemáticas. Cada vez que regresaba del archivo, de la biblioteca o de la distante Caxias, tenía retroalimentación de su parte. Wilson me había pedido que le llevara algún objeto espiritual mexicano y, dado que llevaba una escultura de la Santa Muerte, encargo de Rodrigo Pereira, llevé una para mi hospedero también. Esto fue muy significativo para él, razón por la cual me llevó, por primera vez en mi vida, a un terreiro de Candomblé en la ciudad de São João de Meriti. En el Ilé Alá Oxalá e Oxum conocí a Tía Roseli y Mãe Márcia. Desafortunadamente llegué en un período de profunda tristeza para ellas, pues su Mãe de Santo recientemente había fallecido. Pese a ello, me contactaron con la fantástica pintora Luciana Nabuco, hija de santo del terreiro.

Luciana me introdujo al conocimiento de los orixás o nkises, al hablarme de Naná, de quien es hija. Me explicó que dicha divinidad tiene relación con el arte y la memoria, por lo que yo estaría constantemente cerca de la diosa. Le agradezco por hablarme del importante historiador Luiz Antonio Simas y por compartir conmigo su experiencia y conocimiento. En este terreiro fui invitado a un encuentro para discutir acerca de la salud de la población negra. Estaré infinitamente agradecido por ello con la familia de Mãe Marcia, pues fue allí donde conocí a Silvia de Mendonça, activista del Movimiento Negro Unificado (MNU) de Duque de Caxias, antigua Secretaria de Cultura de aquella ciudad y principal promotora del Centro Cultural Joãozinho da Goméia. Sin ella no habría podido comprender el Candomblé, ni el papel de seu João en la historia de Caxias, ni la propia historia de la ciudad.

Algún tiempo después, instalado en Caxias, el extraordinario Rodrigo Rodrigues me llevó al Instituto Histórico de la Cámara Municipal de la ciudad. Ahí conocí a la historiadora Tânia Amaro, al profesor Antônio Augusto, a la maestra Tais Noronha y a la historiadora Marlúcia Souza, quienes me orientaron y ayudaron mucho a lo largo de mi pesquisa en la ciudad. Pude consultar información, archivos, bibliografía, entrevistar a Silvia de Mendonça, conocer los objetos que pertenecieron a seu João da Goméia y, finalmente, encontrar un lugar de trabajo. Rodrigues también me presentó con la familia Santos: Fabiola, Sandro y Vinicius, quienes me alimentaron durante buena parte de mi estancia en el barrio. Agradezco a Alexandre, Isabelle y Escobar, estudiantes de la Faculdade de Geografía de la Baixada Fluminense por guiarme en los barrios de la zona.

Finalmente, agradezco a la Dra. Clara García Ayluardo y al Dr. Henry Moncrieff, pacientes lectores que supieron llevar a buen puerto mi tesis de maestría, antecedente directo de este libro. Durante ese proceso, otro colega y amigo, Rodrigo Callejas, siempre estuvo leyendo y comentando mis avances. A él agradezco sus observaciones y consejos, al igual que a mis compañeros Ernesto Mendoza, Ricardo Garza, Elí Mejía, Carlos Rodríguez, Alejandro Juárez, Alejandro Santistevan y Suleymi Guerrero. En el proceso de transformación de tesis en libro fueron importantes las puntuales lecturas de mi querido Maai Ortiz, Ángela López, Mario Rufer y, desde luego, la oportunidad otorgada por Andrés Kozel. Del mismo modo, no puedo dejar de agradecer a las personas de los archivos de donde obtuve valiosa información para este trabajo: la historiadora Flavianne Vaz, encargada del archivo del Centro de Estudios del Movimiento Pentecostal (CEMP), al Arquivo Nacional, a la Fundação Biblioteca Nacional y sus secciones de Manuscritos, Hemeroteca, Iconografía y, en específico, a la sección de Obras Generales que fue como mi segundo hogar en la estancia de investigación. En específico quiero agradecer a Lorrane Sezinando por su amabilidad, hospitalidad e interés en mi investigación.

En aquel segundo semestre de 2019 también tuve muchos encuentros cercanos con la muerte. No pude entregar la pequeña figura de marfil que compré para el doctor Pereira porque lamentablemente falleció antes siquiera de que pudiera verlo de nuevo. En su lugar agradezco al Dr. André Chevitarese, encargado del LHER, por ayudarme a finalizar mi estancia en Río. Cuando estuve en Brasil, murió también mí siempre cercano y adorado gato Espanto. Al final de la estancia, también falleció mi madre, quien siempre me apoyó incondicionalmente. Afortunadamente, en ese año, también hubo reencuentros dichosos. Andrés Pacheco Valdés, mi compañero de vida, también hizo posible esta investigación con su paciente y cariñosa presencia, en la cercanía y en la distancia. A él, a mis madres, a mis hermanas, a mis maestras, a mis asesoras, a mis anfitriones, a mis cercanos, a mis lejanos, a los de carne y a los de espíritu. Gracias infinitas.



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