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3 Problemas ambientales en torno a la producción ovina: interpretaciones y prácticas

En el transcurso de los más de 100 años que lleva la ganadería ovina en Chubut, el espacio, incluyendo a los agentes sociales que en él se desenvuelven, ha sido afectado por múltiples fenómenos ecológicos, los cuales fueron modificadores y fueron modificados por la dinámica ambiental de la zona. En este sentido, los modos en que se produce la relación entre la sociedad y la naturaleza en las zonas áridas de Chubut han variado en función de, por ejemplo, nevadas intensas y persistentes, inviernos de temperaturas extremadamente bajas e inundaciones. En la actualidad, espontáneamente o frente a la pregunta sobre posibles cambios en el ambiente a los agentes sociales vinculados a la actividad lanera, se mencionaron tres fenómenos: la desertificación, la sequía y la caída y depósito de cenizas volcánicas. Cada uno de ellos es analizado en su definición científica, sus interpretaciones por parte de los agentes sociales, las prácticas que se realizan al respecto y las reacciones frente a las políticas públicas (en tanto programas, leyes y acciones de organismos estatales) que se desarrollaron en torno a los problemas.

Breve historia de las interpretaciones de los agentes sociales “laneros” sobre el ambiente y sus cambios

Como se sostuvo en el capítulo anterior, los inicios de la ganadería ovina en la región de estudio, y en la Patagonia en general, estuvieron ligados a una determinada interpretación dominante sobre las tierras secas.

Hacia fines del siglo XIX, en paralelo a los primeros intentos colonizadores, el territorio patagónico fue objeto de expediciones de científicos y viajeros, muchos de ellos naturalistas en busca de explorar estas latitudes remotas y poco conocidas. Al arribar por las costas atlánticas, el paisaje costero y la meseta central fueron los primeros paisajes con que se encontraban estos exploradores. Baeza (2009) sostiene que el mito fundacional de la Patagonia como “desértica”, compartido a ambos lados de la cordillera de los Andes, tuvo tanta fuerza que naturalizó la división de la historia regional en un antes y un después de la llegada del hombre blanco y el Estado Nación. Prontamente la idea del “desierto” fue combinada con el descubrimiento de otras potencialidades económicas- fuentes de recursos “inagotables” (como caracterizaban a América desde la época de la colonia, según Mires- 1990) y el interés en explotar los recursos naturales (Luiz y Schillat, 2001), para ampliar las fronteras y construir el territorio nacional (Baeza, 2009). Las distintas interpretaciones de los expedicionarios de la época que serán analizadas en el próximo capítulo, mostraron una valoración diferencial a los usos de la naturaleza según la población que los realizaba. Esta impronta rápidamente se evocó en la revista Argentina Austral, donde según Baeza (2009), se denunciaban los atropellos de los “indeseables”, indígenas o chilenos quienes, por sus prácticas de explotación de los recursos naturales, “atentaban contra las bellezas naturales cordilleranas”. Amaya- productor local- sostenía sobre los indígenas:

Sobre los valles del Nahuel Pan (…) a medida que los “intrusos” destruyen la capacidad zootécnica de esos campos y aniquilan el bosque, sin otro ulterior destino que el de alimentar fogones donde se asan las haciendas robadas” y sobre los chilenos “sobre la frontera con Chile (…) la población nómade que merodea por esos parajes y practica la antigua costumbre de abrir claros en la floresta, por medio del fuego (…) (Amaya, citado en Baeza, 2009:87)

Asimismo, las características de esta ganadería hacían que resultara preferible respecto a la agricultura:

Los inconvenientes del clima (…) sobre todo donde las precipitaciones pluviales son escasas, llevaron a creer, tras los primitivos ensayos, que la agricultura era impracticable. Las ovejas, en cambio, se criaban con algún aliciente a pesar del mucho frío, de la poca agua, el escaso pasto y el viento pertinaz. La naturaleza inducía a una rápida preferencia (Lenzi, 1958: 528)

El desarrollo de la ganadería ovina de los recién llegados a la zona primero se basó en la utilización de “campos abiertos” sin delimitación de la propiedad o lugar de uso de cada productor. Los “ovejeros” iban arreando los animales a través de los lugares con mayor disponibilidad de forraje y agua y con protección de arbustos, cerros o cañadones frente a los vientos. “Esta manera de trabajar, esta especie de transhumancia, permitía hacer un uso adecuado del forraje, manteniendo los animales en invierno en campos protegidos, como hemos dicho y trasladándolos en verano a zonas altas y pastosas” (Rodríguez Romero, 1966: 537). Con el incremento del poblamiento (humano y ganadero) se produjeron luchas por los mallines, cañadones, manantiales o lagunas y, luego la decisión, con el aval del Estado, de los cercamientos y alambrados de tierras asignadas individualmente para evitar el acceso público a las zonas con mejores forrajes o agua. Según el agrónomo Rodríguez Romero, la distribución de esas tierras, con un trazado geométrico, no contempló en todos los casos el acceso a tierras bajas y altas ni otros factores hidrológicos, ecológicos o geográficos. Además, con el alambrado, las extensiones utilizadas por cada productor se reducían y eran ellos, en función de su conocimiento empírico, los que definían la cantidad de hacienda soportable en el nuevo espacio alambrado.

Una vez consolidada la ocupación del territorio para la ganadería ovina, en las primeras décadas del siglo XX, se encontraron menciones referidas al sobrepastoreo de los campos (Baeza y Borquez, 2006; Coronato, 2010) y la ausencia de acciones al respecto. Bailey Willis, en 1914, observaba que el pastoreo se realizaba de manera “poco cuidadosa”, recargando los campos y destruyendo los pastos (Gorraiz Beloqui, 1961), para lo cual era necesario retomar el movimiento para el pastoreo de los rebaños en distintos terrenos según las estaciones (Andrade, 2012). En sus notas sostenía que era preciso conocer las características de la región patagónica para no definirla como un “desierto”, sino como una zona semiárida, proveedora de forrajes a millones de animales, pero que un “uso debido” de sus escasos recursos llegaría a ser más productivo. También abogaba por la reglamentación del uso para frenar el manejo y la ocupación “desordenados(Risso Patrón, 1973: 19).

Un informe de la Comisión Exploradora de Parques Nacionales sostenía que pocos ocupantes de tierras se preocupaban por la conservación de sus campos y por las consecuencias que generaría la falta de acciones de cuidado en el largo plazo (Schülter, 1996). De este modo, mientras se sostenían las referencias respecto a la “hostilidad” de los territorios patagónicos, las cuales estaban siendo superadas por la acción del hombre patagónico y la ganadería, se reconocían dificultades del suelo, las condiciones climáticas y la acción del pisoteo como causantes del deterioro, de la “erosión”. En palabras de Leónidas Alemán, desde la zona cordillerana:

Producida la Gran Guerra, en 1914, y llegados los precios de la lana hasta cifras nunca más alcanzadas, todos los establecimientos ganaderos de la Patagonia sufrieron el mismo fenómeno de su recargamiento con haciendas (…) se aprovechó de los campos de crianza, sin sospechar que este pastoreo abusivo a corto plazo, mostraría sus consecuencias nocivas para la buena explotación de las tierras (…) El exceso de haciendas, el pisoteo constante y la falta de rotación de los campos, dificultaron la repoblación natural de los pastos (…) Y aquellos campos feroces, que causaron el asombro del Coronel Fontana hace más de medio siglo, fueron perdiendo paulatinamente sus excelentes condiciones zootécnicas, y la erosión de las tierras fue destruyendo a paso rápido aquella prodigiosa riqueza de nuestra Patagonia, conforme lo han comprobado estudios serios y referencias precisas de hombres de indudable cultura científica (Alemán, 1938:31).

En esta misma línea, la Sociedad Rural Argentina reconocía en su memorial de 1936 la desaparición de especies forrajeras- reductora de la capacidad ganadera-, un desinterés en la conservación por la inseguridad en la titularidad, y el avance acelerado del ovino hacia nuevas tierras debido al auge de los precios en la primera posguerra. Estos factores motivaron una producción que no tenía en cuenta las capacidades de la tierra (Andrade, 2012)

Las ideas de “hostilidad” y “desierto” fueron dominantes para caracterizar el paisaje, aunque hacia finales del período se comenzaron a presentar algunas menciones sobre la “erosión” causada por la actividad lanera.

A mediados del siglo XX, junto con otras dificultades para la producción ovina que fueron analizadas en el capítulo anterior, comenzaron a ser evidentes y a tomar trascendencia pública los primeros signos de agotamiento de la naturaleza. Como fue mencionado, el paisaje patagónico era caracterizado por “la pobreza del suelo, su sequedad y su frialdad”, razón por la cual se había impulsado el “monocultivo” ovino. Este “monocultivo” continuaba siendo justificado como “los únicos animales capaces de producir económicamente” en los campos de meseta, según las palabras de Giberti (Risso Patrón, 1973). Sin embargo, sostenían que esa inevitable respuesta, adaptación, a las características del paisaje podía generar un mayor deterioro del mismo si no se controlaba la carga de hacienda de los campos y si no se daba espacio al descanso como una norma inflexible de la producción (Vivanco, 1959). Asimismo, aunque se reconocía que la concentración en la producción lanera incentivaba la carga de los campos y, con ella, la erosión, no se podía plantear la alternativa de la venta de carne ovina por la ausencia de frigoríficos para absorberla (Rodríguez Romero, 1966).

En la década de 1960 este deterioro comenzaba a ser notable: algunos pobladores se quejaban porque “los campos se han venido a menos” y “que la capacidad ganadera ha disminuido considerablemente” (Moray, 1960: 9). Sin embargo, se adjudicaba a la naturaleza los principales causantes de dicho deterioro: escasez de lluvias, la acción de los vientos y en menor medida, las nevadas[1]. Respecto a las sequías, los pobladores difícilmente podían establecer el inicio del fenómeno (algunos lo remitían a la década de 1920) aunque confiaban en que prontamente se revertiría (Samitier, 1964). Subsidiariamente, se mencionaban algunas formas de utilización de la naturaleza: pastoreo excesivo o sin control, falta de preocupación por los recursos (Moray, 1960; Esquel, 24/06/1961:4), incendios de campos y extracción de arbustos, e inclusive (y a diferencia de épocas anteriores) se cuestionaba la ausencia de suficientes alambrados que generaban un deambular “errático” de las ovejas (“Erosión: nuevo mal…”, 1956: 18). Sobre las nevadas, se destacaban las de intensidad, como la de 1960 o, posteriormente, la de 1984[2], siendo en general más severas en las zonas más cercanas a la cordillera. En esas ocasiones, el frío que las acompañaba dificultaba el arreo de los animales hacia zonas protegidas y luego, si se congelaba la nieve, se veía comprometida la alimentación de los mismos (“Nieve en los campos”, 1960).

En ese momento, las soluciones eran la siembra de pastos nutritivos, la “destrucción” de plantas consideradas indeseables por su escaso valor forrajero (como el neneo, Mulinum spinosum), la rotación de potreros y la división de aquellos que eran muy extensos, abundancia de aguadas y de saleros bien distribuidas. “El primer paso para el manejo racional de las pasturas (…) debe ser la separación neta de los campos de invierno de los de verano” (Gorraiz Beloqui, 1961:42). En esta línea, para algunos, la solución no radicaba en la eliminación del pastoreo (lo que hoy en día se conoce como clausura) sino en la adaptación permanente a la capacidad de sustentación de la vegetación. La disminución del nivel de carga animal ya se planteaba como central para la recuperación de los campos. Por último, también existía la posibilidad de obras hidráulicas, como diques o canales, sin que este tipo de obras, basadas en la acción del hombre, negara un componente de misticismo o pensamiento mágico en las manifestaciones de la naturaleza. Como afirmaba Mires (1990), es la convivencia de pensamientos que presenta el continente para referirse a la cuestión ambiental.

Es decir, entonces, que cuando el agua abunda la Patagonia produce y la acción perseverante del hombre no cae en el vacío. Ese es su incentivo. Y esto constituye el justo premio de la madre tierra, que agradecida devuelve a sus hijos en forma de bendición los frutos de su trabajo, producto de su tesón (Viola, 1961: 37).

En la década de 1950 podían encontrarse algunas referencias a las dificultades que los productores tenían, planteadas por la naturaleza.

Si bien varios pobladores han individualizado las razones de dicho proceso tan lamentable y han orientado sus esfuerzos hacia un mayor número y una más adecuada distribución de las fuentes de agua, acompañada por una mayor división mediante aumento de alambrados, no deben olvidarse que, aparte de los que por razones obvias no se preocupan de otra cosa que de la esquila, son innumerables los casos en que se explota la creencia de que los campos se vinieron abajo porque ahora no llueve, ni nieva como antes. Y a ese respecto no tienen eficacia alguna tanto las estadísticas pluviométricas, que demuestran la absoluta inconsistencia del argumento, como tampoco el hecho de que, donde no hay más raíces y donde las pocas semillas que se producen carecen de todo reparo que las proteja del viento, el agua de lluvia por más abundante que sea no puede hacer milagros (de Vita, 1951:15).

La mayor visibilidad del deterioro o de la degradación de los suelos estuvo relacionada con la instalación en la provincia de las primeras dependencias del INTA en la década de 1960, como será mencionado en el último capítulo. El tema ambiental también comenzaba a preocupar a los pobladores, aunque algunos no veían posible afrontar los efectos de la naturaleza y reclamaban por la acción del Estado, principalmente a través de la derogación de impuestos y retenciones, (“Viento, sequía y…”, 1961) o de las asociaciones de productores (Ducloux, 1959). En este contexto, y en la mayoría de las interpretaciones relevadas, aparecía la relación directa entre la racionalidad como forma de manejo y la preservación de los suelos, lo cual también marca una diferencia respecto a formas previas de producción y trabajo. Racionalidad que estaba ligada, implícita o explícita a la aplicación de métodos y formas de manejo basadas en el conocimiento científico, como cuando en Argentina Austral se hablaba de “explotación anticientífica del suelo” (“Problemas del campo…”, 1961:555). Entonces, se incentivaba la combinación de actividades prácticas y científicas en el manejo (“Erosión…”, 1956; “Necesidad y posibilidades…”, 1963).

Por último, otro factor determinante en el deterioro mencionado esta época era la “inseguridad” en la propiedad de la tierra, la cual llevaba a una explotación intensa a los fines de obtener rápidos resultados (de Vita, 1951). La Revista Argentina Austral mencionaba que el decreto de la Revolución Libertadora para otorgar la propiedad de la tierra iba a ser un aliciente para “la conservación y el mejoramiento de las especies forrajeras” y al “cuidado de la productividad del suelo y la defensa contra los factores climáticos adversos” que iban a asegurar “la prosperidad futura de los abnegados pobladores del Sur, quienes por fin tendrán acceso a la propiedad de la tierra que trabajan y aman” (Fisch, 1956: 516). “Al amparo de la propiedad de la tierra, toca hoy a los ganaderos patagónicos enfrentar la realidad de sus campos menguados en posibilidades, adoptando sistemas de explotación en armonía con las exigencias de cada medio” (López Arias, 1958: 531).

A medida que el deterioro fue avanzando en algunas zonas, empezaron a encontrarse interpretaciones sobre los cambios en la disponibilidad de forraje donde se combinaban distintos problemas ambientales: las sequías con la ausencia de nevadas generaban el avance de la formación de “voladeros”, lugares sin presencia de vegetación, los cuales se agrandaban con los fuertes vientos estivales. Subsidiariamente también se mencionaba que el origen de estos procesos podía ser por la acción de los pobladores, mediante la carga animal o la extracción o quema de arbustos para leña. Frente a ellos, y ligado a algo que será central en las décadas siguientes, se mencionaban distintas prácticas según el tipo de productores: mientras que los grandes establecimientos habían podido identificar estos voladeros a tiempo, cercarlos y sembrarlos, los medianos no lo hicieron porque la tierra era fiscal y “no consideraban productivo invertir los beneficios en cuidar la tierra que no era propia y que se podía perder en cualquier momento frente a alguien con mejores ‘padrinos’ (“Los voladeros…”, 1962: 19). Entonces, la gravedad de la situación había avanzado y sólo se podía solucionar con el apoyo técnico del INTA y otros organismos del Estado.

En la década de 1980, los problemas de los suelos eran directamente ligados al “monocultivo” o a la monoproducción ovina, aunque también se recordaban períodos de sequía como los últimos años de la década (1988 y 1989), 1993 y 1994 (Madryn, 05/09/2007). En 1990, investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, Soriano y Paruelo afirmaban que los encargados de determinar la forma del pastoreo, tenían una visión de las pasturas “grosera” y “borrosa”. Ésta era producto del carácter paulatino del deterioro generado por el pastoreo; del carácter “natural” y “sin costo” del pasto, que no motivaba su cuidado; y de decisiones de pastoreo generadas por restricciones, que excedían a las evaluaciones de la situación de oferta y demanda de forraje (Soriano y Paruelo, 1990). En las zonas que lo posibilitaban, detectaban la rotación de la hacienda entre campos de invernada y veranada, pero en general la mayoría se usaba de forma continua. Los cambios observados en las parcelas analizadas (disminución de los valores de importancia de las especies forrajeras, ausencia de plantas jóvenes, heterogeneidad de consumo entre matas de las especies más comidas y del uso de cada área y erosión hídrica y eólica) según estos investigadores, se podían explicar por el uso al que eran sometidos con el pastoreo continuo y la baja carga en los momentos de mayor crecimiento, que fomentaba la selectividad de los animales. Los agrónomos proponían cambios en el manejo, sin negar que estas medidas siempre conllevaban un grado de riesgo e incertidumbre respecto a sus resultados, dada la combinación de variables presentes en cada momento y espacio. En este sentido, criticaban a los administradores quienes, sin contemplar esta complejidad, se guiaban por los resultados inmediatos de las técnicas. Consideraban necesaria la educación para un cambio de actitudes en el ámbito de la política y de la producción.

Las interpretaciones sobre el uso de los suelos y las condiciones de la vegetación continuaron diferenciando entre las prácticas de pequeños y grandes productores, y culpabilizaron a los primeros por el deterioro generado por el sobrepastoreo. A modo de ejemplo, Sourrouille (2011) analiza la obra de Julián Ripa (maestro y abogado en la región), mostrando el contraste entre la situación de las tierras en la Colonia Cushamen y la Compañía de Tierras del Sud: “El alambrado divide dos zonas nítidamente distintas. De un lado, la Colonia, de parda tierra devastada por el sobrepastoreo. Del otro, el verde tupido de un campo reservado” (Sourrouille, 2011:13). Esta comparación también se realizaba respecto a otros campos de la zona, donde había una relación directa entre la cantidad de ganado y de población que vive de esas tierras y el nivel de degradación por sobrepastoreo. En esta línea, otras interpretaciones consideraban que el minifundio no contribuía a la lucha contra la erosión por su incapacidad para realizar las inversiones necesarias para recuperar el suelo (Barrera, 1990). Este deterioro comenzaba a ser interpretado como consecuencia de un determinado uso, acceso y distribución del “recurso tierra”. A modo de ejemplo, Baetti et al. (1999) sostenían que la desertificación y el minifundio generaban un círculo vicioso, mientras que Blanco (2008) para Neuquén, afirmaba que ese discurso “ambientalista”, culpabilizaba a los pequeños productores del deterioro de los suelos y acentuaba su proceso de exclusión del sistema. Por último, para algunos, a una especie autóctona, el guanaco, era además culpable por su consumo forrajero (Masera, 1998).

A modo de síntesis, con el transcurrir de los años, y en función de las fuentes disponibles, es posible definir el dominio de ciertas interpretaciones sobre los problemas ambientales que se relacionaban con la ganadería ovina en las tierras secas chubutenses (y, en general, en las patagónicas).

En un primer momento, aparecía una interpretación centrada en el enfrentamiento respecto a la naturaleza. Sus características y sus cambios, que generaban problemas ambientales, eran definidas con términos como “hostil” e “indómito”, con lo cual, las acciones del hombre en ese contexto debían basarse en la “lucha”, en sus versiones más fatalistas contra el “enemigo” o el “cáncer del suelo”. Sin embargo, las medidas o los problemas se referían a los animales, sin considerar otros componentes biofísicos que podían estar interviniendo o manifestando el deterioro.

El segundo momento plantea una etapa centrada en el objetivo de lograr la “adaptación” a los procesos naturales y la “armonía” con la naturaleza. En palabras de Rodríguez Romero había un “sentimiento de parentesco del hombre con el suelo” (1966:36) y en la unión se encontraba la forma de enfrentar los problemas. La principal dificultad en esta etapa radicaba en la reducción de la capacidad forrajera generada por la erosión. En la erosión se adjudicaba un rol importante a la acción del hombre, quien había contribuido al deterioro, pero debían también entrar en acción si quería mantener la expansión de la ganadería ovina.

Siguiendo con el énfasis en la erosión, el último período se destacó por el cambio de punto de foco de los problemas ambientales hacia los suelos, considerados tanto como el objeto del problema, como el de las soluciones. Asimismo, la acción del hombre resultaba indudable para trabajar en la resolución de estos problemas y comenzaba a demandarse y a hacerse más presente el Estado y sus organismos de ciencia y técnica en la evolución de estos procesos.

Los problemas ambientales actuales en las tierras secas chubutenses

Durante el período de estudio en las tierras secas de las comarcas del VIRCh y Meseta Central de Chubut fueron identificados por los agentes sociales vinculados a la actividad ganadera los siguientes problemas ambientales: la desertificación, la sequía y el depósito de cenizas volcánicas[3]. Su análisis parte de una sintética caracterización de cada uno ellos, para luego comprender los sentidos que le dan los agentes laneros.

La desertificación[4]

La desertificación es un fenómeno complejo y controvertido, con un largo proceso de conceptualización en el ámbito científico que será analizado en el siguiente capítulo. En la actualidad, la definición dominante es la desarrollada por la CNULD en su artículo Nº1: “la desertificación es la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas” (1992:1). Esta definición la diferencia de: formas de degradación de la tierra que suceden en otros ecosistemas no secos (Reynolds, Maestre, Huber-Saanwald, Herrick y Kemp, 2005); la degradación del suelo, que es un proceso más amplio que afecta a todo el ecosistema; la desertización, que respondería a procesos que evolucionan desde un tipo de ecosistema hacia la conformación de un desierto sin que necesaria haya acción antrópica; y la aridez, que es una condición promedio de un ambiente determinado climáticamente (Paruelo, Golluscio, Jobbágy, Canevari y Aguiar, 2006). Se considera que es un proceso impulsado y generador de cambios biofísicos y socioeconómicos (estructurales y coyunturales), es decir es un fenómeno ambiental, producto y consecuencia de una determinada relación entre la sociedad y la naturaleza. En la Ilustración 9 se sintetizan las causas y consecuencias asignadas a este proceso en la región patagónica, distinguiéndolas sólo a fines expositivos entre naturales y antrópicas.

Ilustración 9: Síntesis de causas y consecuencias producidas por la desertificación en la Patagonia

ilustración 9

Fuente: Elaboración propia en base a bibliografía de diversos autores

Dada la complejidad de la desertificación, la investigación sobre sus interpretaciones en los agentes laneros debía comenzar indagando sobre el conocimiento que tenían sobre el mismo y cómo lo definían, como por ejemplo, si mencionaban sólo componentes naturales, sociales o la interacción de ambos. A diferencia de los otros problemas que se analizarán, la desertificación no pareciera ser conocida por todos los entrevistados, tanto al indagar sobre el término en sí como en cuanto a sus características.

Entrevistadora: ¿Vos escuchaste hablar alguna vez de la desertificación?
Entrevistado: Desertificación?
Entrevistadora: Del suelo..
Entrevistado: No, no.
Entrevistadora: Ah.. Hay gente que ha estudiado que el suelo como que cada vez rinde menos y entonces hay menos pasto.
Entrevistado: [interrumpe] Ah, no. No, no, de eso nunca sentí. Del suelo nunca sentí. (Entrevista a ex esquilador, Esquel, 2011)

Entrevistadora: ¿Y usted escuchó hablar de la desertificación?
Entrevistado: ¿De qué?
Entrevistadora: De la desertificación del suelo.Entrevistado: Y no… viste… yo la verdad es que yo ahí ya no, no, no te puedo contestar mucho, ¿viste? (Entrevista a contratista de esquila, Trelew, 2012)

Entrevistadora: ¿Y escuchó alguna vez hablar de la desertificación? ¿Del tema de la desertificación del suelo?
Entrevistado: Eh, no. Capaz que he escuchado pero me he olvidado. (Entrevista a productor, Paso del Sapo, 2012)

Este desconocimiento se presenta en algunos productores, trabajadores e, inclusive, en algunos técnicos o funcionarios públicos, luego de décadas de trabajo de organismos del Estado para su visibilización. Esta situación pareciera indicar que la selección y la definición de los fenómenos ambientales no se corresponde necesariamente con la posición de los agentes sociales en la estructura productiva o su relación con los medios sociales de producción, sino que existen otros factores u otras relaciones de poder que condicionan las posibilidades de acceder o comprender este tipo de fenómenos.

Quienes afirman conocer o haber escuchado acerca de la desertificación muestran diversas interpretaciones sobre las características del fenómeno, sus causas y consecuencias y las posibles acciones. Por un lado, algunos equiparan esta forma de degradación de la tierra a otro fenómeno presente en la región de estudio y también considerado un problema ambiental: la profunda y prolongada sequía. Estos agentes relacionan a la desertificación con el descenso del nivel de precipitaciones y/o con el resecamiento de la vegetación.

Entrevistadora: ¿Y usted escuchó hablar de la desertificación del suelo?
Entrevistado: Si…
Entrevistadora: ¿Y usted tuviera que decirme si lo ve en alguna cuestión o… se nota?
Entrevistado: Se nota en los campos que están mucho más secos, los mallines terminados, amarillos. (…)
Entrevistadora: ¿Y esto usted lo nota hace mucho tiempo o es algo..?
Entrevistado: No, el año pasado ya se notó. Porque acá en la precordillera, los cinco años de sequía, acá han sido dos. Acá no… no se ha notado tanto.
Entrevistadora: Claro. ¿Pero usted antes no notaba que hubiese esos problemas?
Entrevistado: No, no, antes no. (Entrevista a contratista de esquila, Esquel, 2011)

Entrevistadora: ¿Escuchaste hablar de la desertificación de los suelos?
Entrevistado: Si.
Entrevistadora: ¿En qué cosas vos lo ves? ¿Lo ves en el campo?
Entrevistado: Si… [piensa] se está viendo en los lugares donde no han… acomodado las cargas, principalmente porque… eh… esta situación climática ahora es extraordinaria, no? Pero ya viene de muchos años mermando la cantidad de precipitaciones y las lluvias. Entonces los campos también, de acuerdo a la lluvia que reciben, van mermando su producción forrajera. (Entrevista a productor, Dolavon, 2011)

El amplio abanico de interpretaciones sobre la desertificación continúa con aquellos que la asocian a alguna de sus causas, principalmente las naturales. Entre ellas se destaca la cuestión climática en general, la reducción de las lluvias en particular, o la erosión eólica. Entre quienes identifican causas antrópicas se destaca el sobrepastoreo y, en menor medida, la extracción de leña. Esta última, algunos entrevistados la relacionan con la erosión generada por los vientos (Ilustración 10).

Ilustración 10: Área con desertificación y deterioro de pastizales – Cushamen

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Fuente: Mercedes Ejarque (2014)

Entrevistadora: ¿Y usted escuchó hablar de esto de la desertificación de los suelos?
Entrevistado: ¡Siii! y un tema que preocupa, por esa razón, ya hace… muchos años que en el campo no se saca leña. Es decir, lo necesario, si por ahí hay algún monte que está seco y está caído. Pero mientras esté seco y en pie, no se saca. No se saca porque.. siempre, si algún animal para sombra, viste, para resguardo, y además, siempre un árbol seco ataja más que nada [se ríe] el viento, viste? Y… para evitar la erosión.
Entrevistadora: Claro, para que no se vuele.
Entrevistado: Claro, porque si vos sacás el monte, acá es alto, ¿viste? Es más o menos algunos de esta altura y entonces protege mucho la humedad del suelo. Y evita que, de repente, cuando hay épocas de viento, se erosione. Y entonces, este… no sacamos porque aparte el monte tarda muchísimo en volver. (Entrevista a productor, Trelew, 2011)

Entrevistado: ¿escuchó hablar del tema de la sobrecarga en los campos? El exceso de carga, que en los campos haya muchos animales más allá de lo que los campos puede abastecer con pasto. ¿Cree que eso también pasó eso acá?
Entrevistado: no creo que sea tanto eso eh, me parece que es más por la sequía. No es que…porque si no acá hay campos desocupados y tienen, mire, ahí nomás, N. tiene como 6 leguas de campo que hace como 10 años que está desocupado y está seco, no es que lo haya cargado con animales. Nosotros le podemos decir si, porque cargamos con animales, porque tenemos, usted imagínese 670 hectáreas que puede…tenemos que robar campo al vecino [se ríe]
Entrevistadora: esa es la solución para no cargar el campo.
Entrevistado: y claro (Entrevista a productor, Las Salinas, 2014).

Por último, algunos entrevistados brindan su definición de la desertificación mostrando la complejidad del fenómeno en cuanto a la interacción entre componentes naturales y antrópicos. Quienes tienen mayor vinculación a la investigación o al trabajo técnico en este problema ambiental incorporan más conceptos científicos y claridad en la relación de los componentes pero este tipo de definiciones complejas también se encuentran en productores y trabajadores.

La desertificación es un deterioro de las condiciones ambientales, ¿si? Provocada por el hombre o… lo dice la definición, yo voy a usar mucho como conozco la de, provocada por el hombre o por las condiciones naturales. Porque vos decís, bueno, por ejemplo, el hombre… hoy el productor, ¿no? Hay sequía… y él no se adapta a la sequía y piensa que puede volver a llover y mejorar la cosa. Y la verdad es que no. La verdad es que la sequía… le baja… baja el escalón y ese escalón no sube más. ¿Si? Pero, pero, este… pero es una definición humana, no es una definición ambiental. La desertificación es algo provocado por el hombre. De algún modo también influyen los recursos naturales, es decir, el cambio climático, pero… en definitiva es una cuestión humana. Y además ligada a la pobreza rural. Porque en general, la Patagonia, aunque no parezca, es minifundista. Es decir, hoy, casi todos los sistemas no son rentables. Y hay un 70% que son minifundistas. Entonces ese es un tema groso (Entrevista a técnico, Trelew, 2012)

En Patagonia, con el tema de la producción ovina, hay procesos que son más lentos. Porque bueno, el sobrepastoreo, la extracción de cobertura… Salvo en algunos lugares donde no haya mucha concentración y sumado a algún evento climático extremo. El proceso de por sí, suele ser más lento. Lo que pasa es que la Patagonia tiene una historia de desertificación, mucho más larga que cualquiera de las otras áreas. (Entrevista a técnica, Buenos Aires, 2011)

Tenemos problemas de agua ahora, cada año más escaso. Y después, bueno, es un suelo que tiene partes buenas y tiene partes muy malas. Así que hay familias que tienen la suerte de tocar un poco de territorio bueno y hay gente que le toca un territorio bastante desértico. Así que. Pero de todas formas se está trabajando, se está trabajando… se da cuenta ahora que, también se hace poco el territorio, porque toda la gente, cada familia tienen animales, todas tienen 60/40/70/80/100, chivas, 100 ovejas, 4 ó 5 caballos, o diez o veinte, vacas… Entonces venís a hacer un recuento, es mucho para el campo. En la cual se está desertificando también ¿no?, por distintos motivos, por ahí por sobrecarga de animales y a eso tenés que sumarle el clima como está cambiando también. Entonces…te encontrás con un territorio por ahí escaso de pasto, escaso de agua. (Entrevista a productor, Vuelta del Río, 2014)

Entrevistado: A 25 kilómetros está la Laguna de Suñica, que ahora está seca y se está volando. Por iniciativa mía que estaba sentado ahí esta Rural [la Sociedad Rural de Esquel] le ha mandado al INTA a decir “muchachos, pongan la barba en remojo, se va a armar un médano ahí” porque se está volando esa tierra, se está yendo al Atlántico y se va a formar un médano. Yo no he visto que nadie haga nada y es dantesco lo que está pasando, en la laguna de Suñica. Dantesco. Uhh yo… te daría a vos una clase práctica sobre desertificación algún día, ayer estaba volando. Depende el viento. Ayer no había mucho viento, pero tiene que ser un viento rastrero. Porque cuando hay mucho viento, ahhh [hace ruido como de mucho viento], capaz que la laguna no se vuela, pero cuando hay un viento rastrero, ese es el que levanta y se va llevando la arena. Porque es dantesco verlo… eh… Ahora no sé, hará dos meses que se secó esa laguna. Las lagunas tienen agua en el invierno y les dura primavera y un poco lo que puedan en el verano, después se secan. Y ahí arranca un médano. Todos los médanos, esta provincia sabe mucho de médanos porque hay zonas allá en Río Mayo por ahí, zona de médanos y todas se originan en una laguna seca. La laguna cuando se seca, queda sin agua, queda un polvillo que es un… es muy volador. Entonces en el sentido del viento ese polvillo comienza a volar y a hacer de papel de lija, va lijando los campos y les va matando la vegetación y a su vez va. Le mata la vegetación, deja el campo al descubierto, entonces ese pedacito también se vuela y ese pedacito más allá va haciendo el mismo trabajo, haciendo de papel de lija allá, lo deja al descubierto y otro viento se lo vuela, de ahí más lejos. Se forma una legua, una lengua de erosión… eh… bueno, algunos campos los ha tapado (…) Porque… se vuela así y donde hay un estorbo, ahí cae la arena y viene más arena y cae más y cada vez se hace una montaña, más alta y más larga. Y viene otro viento más grande y lo saca de ahí y lo lleva más lejos. Siempre en el sentido del viento.
Entrevistadora: Claro. ¿Y por qué cree que pasó esto de la desertificación?
Entrevistado: Y… por el mal uso que le hemos dado a la tierra. Por el sobrepastoreo, acompañado de las épocas secas. No obstante, muchos campos, el hombre los ha mejorado. Muchos… Pero creo que en general hemos hecho un mal uso del campo y, entonces, ha ocurrido lo que ocurrió en mi campito. Que la gente tenía dos mil ovejas y tenía y.. Hubo que sacarle porque si no… se, se sobrepastoreaba, el pasto no crecía, no se reproducían de plantas y me iba a quedar con, con el agujero, sin, sin pasto.
Entrevistadora: Claro. Y ahí no iba a poder producir más.
Entrevistado: Claro, para lo único que sirve es para ir a comer un asado al campo a la sombra de los sauces. (Entrevista a productor, Esquel, 2011)

Otra característica de la definición de la desertificación radica en su carácter de reversibilidad o irreversibilidad, del cual surgen nuevas divergencias: algunos consideran que todavía es posible recuperar los suelos y su calidad productiva, mientras que, para otros, especialmente en ciertas regiones, es irrecuperable. Nuevamente son perspectivas que se encuentran en todos los agentes sociales, inclusive dentro del ámbito técnico y especializado en desertificación, aunque difieren en los criterios (económicos, sociales o biofísicos) que tienen en cuenta al momento del diagnóstico.

En general en el mundo la desertificación se suele decir que un suelo no es recuperable, o una tierra no es recuperable cuando los costos de, de recuperar algo son tan altos que no los recuperarías jamás, ni en cien años con ningún tipo de producción, ¿no? Entonces a no ser que sean áreas críticas que, por ejemplo, un área súper degradada pero que es una cabecera de cuenca, entonces es un área prioritaria de rehabilitación, por más que los costos sean enormes, porque lo que esté pasando ahí te afecta toda la cuenca, ¿no? Pero o sea, hay pocos casos todavía por suerte, que son irreversibles desde el punto de vista de la factibilidad técnica de hacer algo o económica. Y hay otras que si bien son casos muy costosos, son críticos de acatarlos. (Entrevista a técnica, Buenos Aires, 2011)

Si analizamos el pastizal natural en mediano plazo, en 20 años la degradación es importantísima está prácticamente un 30% más degradado que hace 20, 20 años atrás. Y esto es irreversible. Más allá de que se revierta un poco de un año seco a un año más húmedo, la tendencia es irreversible (Entrevista a técnico, Rawson, 2010).

Esto viene de décadas, no es de ahora. Porque… siempre se trabajó mucho con animales y nunca se protegió el campo, echar y echar animales, y a eso sumarle ahora el clima. Si vos no tenés agua, no tenés vida, ni uno mismo vive sin agua. Todo ser vivo necesita agua. Entonces acá hace 15 años, 20 años atrás vos mirabas ahí y estaba todo blanco en esta época, estaba lleno de nieve, la cordillera llena de nieve, ahora ya no existe. Hace 15, 20 años que ya la nieve desapareció. Desapareció la nieve, desaparece el agua, desaparece la humedad. Por consecuencia el sol calienta más fuerte, el sol te quema las plantas, te quema el pasto fino, sumale la cantidad de animales que puede haber. Por más que ahora se revea, se saque animales, se saca pero ya… el suelo no es lo mismo. (Entrevista a productor, Vuelta del Río, 2014)

Las interpretaciones sobre la desertificación también varían respecto al espacio geográfico en que la localizan. De forma generalizada, los agentes laneros excluyen a la región cordillerana y sus zonas aledañas, así como las zonas irrigadas de valles. La principal zona afectada es la Meseta central, aunque las que presentan grados de desertificación considerados irreversibles se encontrarían en el sur o suroeste provincial y en algunas áreas del centro norte de la meseta[5]. Sin embargo, en las entrevistas realizadas a agentes de las zonas más afectadas, salvo en un caso, no asumen esta gravedad del fenómeno, es decir, ninguno se reconoce afectado por el proceso de la desertificación.

Entrevistado: Hay lugares que ya no recuperamos.
Entrevistadora: ¿Lugares como cuáles?
Entrevistado: Por ejemplo
Entrevistadora: Gan Gan, ¿esa zona del Norte?
Entrevistado: Sí, más al sur. Sí, Gan Gan es un caso. Más al sur hay también… este hay casos puntuales que manejamos, pero en general la zona centro, centro este de la provincia, este, y norte. Vos mirás el mapita hoy y te das cuenta donde está todo rojo… eso ya no hay manera de arreglarlo. (Entrevista a técnico, Esquel, 2011).

Más allá de cómo definan a la desertificación (de forma espontánea o inducida, simple o compleja), existen quienes desconocen medidas de mitigación, combate o remediación para la desertificación. Algunos no observan “que haya grandes cambios en cuanto a inversión o cambio de cultura o de perspectivas del campo. Yo no alcanzo a percibir que haya, que se esté haciendo algo para que cambie la realidad de la desertificación” (Entrevista a funcionario, Esquel, 2012). En contraposición, otros consideran que lo único que se puede hacer es esperar que lloviera o nevara porque “con un año que venga nevador, ya vuelve [el pasto]” (Entrevista a productor, Paso del Sapo, 2011). Este tipo de interpretaciones se asocian al sostenimiento de formas de producción en la ganadería ovina generalmente denominadas por los propios entrevistados como tradicionales. En ellas, los cambios ambientales solamente se toman en cuenta en sus variaciones anuales o de corto plazo y, como ya fue mencionado, principalmente referidas al nivel de precipitaciones. Siguiendo a Andrade (2005) y a Grosso (2013), estas interpretaciones se corresponderían a la naturalización del problema, en un doble sentido: el de “siempre fue así”, por ser algo “propio del lugar”, lo cual le otorga un carácter inevitable; y el de que la acción de un elemento natural, el clima, provocó la situación actual y a lo cual hay que “acomodarse”. En el ámbito de los técnicos y los funcionarios gubernamentales esta interpretación es adjudicada y de forma bastante generalizada a los productores: “Los productores lo visualizan en sus producciones, la desertificación como… en que se le mueren los animales. Sus niveles de señalada son bajos y todo esto mezclado con, el nivel de desertificación con la sequía” (Entrevista a técnico, Trelew, 2010). Esta situación queda plasmada en documentos oficiales y se utiliza como justificación para la formulación de nuevos proyectos de política pública de difusión y transferencia de conocimiento sobre el problema de la desertificación.

Los productores se manejan en forma tradicional, y su percepción de riesgo incluye la variación anual de la productividad de acuerdo a las variaciones de las precipitaciones y el mercado. No notan los procesos lentos tales como el reemplazo de gramíneas o la pérdida de suelo, que socavan la productividad de los pastizales con el transcurso de las décadas. Explican la pérdida histórica de la receptividad de los pastizales en términos de cambios climáticos y reducción de las precipitaciones. (SAyDS, 2007: 6)

Sin embargo, en el trabajo de campo de esta investigación se hizo evidente que existen otras interpretaciones entre los funcionarios estatales, los productores y los agentes vinculados al trabajo de la lana (trabajadores y contratistas). En ellas se reconoce la necesidad, principalmente cuando este fenómeno se combina con años de sequía, de “tomar conciencia” y modificar “la metodología de trabajo” porque “se está produciendo menos” (Entrevista a trabajador, Esquel, 2012). Inclusive, algunos técnicos cuestionan su propia labor y sus propias acciones e interpretaciones frente a estos problemas ambientales:

Y lo que yo el año pasado, lo comentaba con algunos compañeros, les decía que yo tenía la sensación de que los técnicos estábamos haciendo lo mismo que los productores. Y bueno, es un año malo, es otro año malo. No nos estábamos sentando a trabajar seriamente y a pensar seriamente qué ideas se nos ocurrían en vez de estar dando las mismas respuestas que los productores… Que ya vendrá otro año que llueva más. (Entrevista a técnica, Esquel, 2010).

Entonces plantean algunas medidas para enfrentar la desertificación y su presencia en los campos chubutenses. Entre ellas, el ajuste de la carga de los campos a la productividad forrajera es la técnica más mencionada, permitiendo reducir o eliminar el deterioro que produce el sobrepastoreo. “El productor que mantiene la cantidad de hacienda… este… que corresponde, la carga que corresponde a su campo y hace un manejo racional, el ovino no produce deterioro” (Entrevista a funcionario, Esquel, 2011). Para ello, es frecuente que se reconozca la necesidad de realizar de las evaluaciones de pastizales, para que el ajuste se efectúe según una medición científica objetiva “para detectar más o menos cómo está el campo, cuántos animales les permite llegar a tener la vegetación que tienen en el campo, ¿no? y hacer un manejo digamos, que sea más sustentable” (Entrevista a trabajador, Esquel, 2012).

Uno de los modos de producción que más se está fomentando es a través de lo que se denomina el estudio de pastizales. Entonces eso te da una determinada eh, carga por, eh, hectárea o por legua, ¿sí? De acuerdo a los pastizales y a las lluvias es el manejo que uno debe hacer, cargando más o cargando menos (Entrevista a productor, Trelew, 2010)

Respecto a las consecuencias socioproductivas de la desertificación, algunos entrevistados afirman que la gravedad y el avance de este proceso conlleva, por un lado, a expresar que “te vas a quedar con un agujero”, “lo pelás”, o “no queda nada” refiriéndose a los impactos sobre los campos. Por otro, pueden llevar a la desaparición de la ganadería ovina y, con ella, de la población que reside en los espacios rurales y se dedican a esta actividad.

La impresión que hay es que va a quedar una franja de productores en la costa y otra en la cordillera y en el centro, digamos, tiene limitaciones para la producción agropecuaria en el tiempo. A menos que haya recursos hídricos. Es decir, en la zona de Talagapa, en la zona de mallines por allá y el valle medio del Río Chubut y después las zonas áridas están muy, muy frágiles, deterioradas y, de hecho, hay muchos campos deteriorados. (Entrevista a técnico, Trelew, 2012)

En la Ilustración 11 se sintetizan la diversidad de interpretaciones presentes en las entrevistas a los agentes relacionados con la actividad lanera chubutense, tanto en su definición, sus causas y las formas de enfrentarlo. Cabe remarcar la presencia de cada una de estas interpretaciones en productores, trabajadores, contratistas y funcionarios o técnicos del Estado. Focalizando en los productores (quienes han sido el principal sujeto de estudio en otras latitudes), las diferencias no responden, necesariamente, al tamaño de su producción: en grandes estancieros de la provincia se encuentran interpretaciones sobre la desertificación que sostienen la naturalización del proceso, mientras otros afirman la complejidad del mismo y la necesidad de modificar formas de producción. En los pequeños productores, si bien tienen un menor reconocimiento del proceso, existieron casos en que lo describieron con complejidad, tanto en sus causas como en las formas de trabajar para reducir, mitigar o prevenir sus efectos. Las controversias dentro del campo “técnico- gubernamental” y “técnico- científico” serán profundizadas en los siguientes capítulos.

Ilustración 11: Esquema de síntesis de las interpretaciones sobre la desertificación

Fuente: Elaboración propia en base a entrevistas.

Así como las interpretaciones sobre la desertificación fueron heterogéneas, tampoco existe una única línea de acción. En dos grandes extremos se podrían caracterizar las prácticas de los agentes “laneros”: aquellos que no modifican las formas “tradicionales” o extensivas de producción y trabajo en la ganadería ovina y quienes adoptaron “nuevas” formas, con mayor uso de capital o trabajo.

Respecto al modelo de producción extensivo, se refiere a las formas en que se desarrolló la actividad desde los inicios, hace más de 100 años, e incluye lo que los agrónomos denominan manejo “tradicional”: pastoreo libre, sin rotación; escaso manejo reproductivo y sanitario; esquila maneada, posparto; comercialización de lana “al barrer”, entre otras. Esta forma de producción y de trabajo puede relacionarse de tres formas con la desertificación. En primer lugar, están quienes desconocen el deterioro. En segundo, otros agentes sostienen la inevitabilidad del fenómeno, su naturalización y/o su irreversibilidad, no consideran necesario realizar acción alguna al respecto. Como diría Azuela (2006), estas visiones fatalistas consideran que la naturaleza es tan caprichosa que no cabe preocuparse por ella porque no se sabe cómo reaccionará. Tercero, se encuentran quienes, a pesar de identificar los problemas ambientales, no tienen los recursos y/o el conocimiento para aplicar alguna estrategia para combatirlos o mitigar sus efectos. En estos casos, para algunos agentes “laneros” el sostenimiento del deterioro y la falta de adopción de cambios que lo reviertan, tiene una razón macroeconómica: resulta funcional para el modelo de producción vigente, porque permite tener a un amplio grupo de productores minifundistas como proveedores de mano de obra estacional para el sector empresarial con planteles de mayor cantidad de animales.

Y la [situación] del ambiente no, pero la del ambiente no se va a modificar porque el sistema lleva a que sea así. El sistema productivo lleva a que sea así. Entonces la situación de los, de los, de la población de Cushamen, no es que esté mal, es la que está en función de… Está mal, para los tipos está re mal, pero es la que, tiene una razón por la que está mal. Porque tiene que estar mal porque funciona así. Esto, esto… necesita que la gente esta tenga… sea mano de obra barata, entonces, para que sea mano de obra barata, se necesita que esté en condiciones… sociales que… limitadas. (Entrevista a técnico, Esquel, 2011).

Frente a la desertificación, otros agentes han implementado “nuevas” prácticas productivas o de trabajo que cambian las formas “históricas” antes descriptas. En primer lugar, probablemente la acción más difundida es la reducción del nivel de carga en función a una evaluación de pastizales. El objetivo de la misma es la identificación cuantitativa y cualitativa de la oferta y demanda de forraje de un campo (y sus diferentes cuadros o lotes), para poder reducir la sobrecarga de animales y su impacto en el suelo y lograr una adecuada alimentación de los mismos. En la evaluación de un predio se realizan el inventario de la cantidad y calidad de los forrajes y plantas disponibles y el diagnóstico de la forma vigente de manejo, para establecer si es adecuada la cantidad de animales (considerando sus diferentes categorías) para el forraje detectado. También se tienen en cuenta el calendario de manejo de la hacienda, la utilización de diferentes partes del campo, la infraestructura productiva y las mejoras sanitarias y genéticas. Desarrollan análisis objetivos, incluyendo datos cualitativos, como registros fotográficos, imágenes satelitales y sistemas de georreferencia. Toda esta información resulta en un informe que se entrega a los productores que, a veces, también incluye una nueva propuesta de manejo, con recomendaciones sobre puntos a modificar del manejo hasta entonces vigente (desde el plan de pastoreo hasta las alternativas de mediano y largo plazo, como la implementación de pasturas, obras de riego o sistemas de pastoreo más especializados). Contar con esta evaluación ayuda a desarrollar un sistema de ajuste flexible, donde se adapte el número cada año según las precipitaciones estimadas y la evolución del tipo de campo. Sin embargo, una evaluación de pastizales requiere de la contratación de personal especializado, principalmente de ingenieros agrónomos, que no siempre están accesibles para todos los productores y en todas las regiones de la provincia. A modo de ejemplo, en la zona cordillerana sólo dos profesionales realizan este tipo de estudio en el ámbito privado, quienes reconocen que no pueden contener toda la demanda. Otra restricción proviene de su costo: como implica dos o tres días de campo del personal técnico más algunos días de análisis y elaboración del informe, en 2011 representaba un costo de alrededor de $10.000 (Entrevista a técnico, Trelew, 2010). Esto dificulta el acceso de gran parte de los productores ovinos de la provincia, aunque INTA y la SSAF lo realizan a algunos con quienes trabajan en sus programas y han existido líneas de crédito para poder financiarlos.

El estudio de pastizales por ahí no te da… tenés.. en cinco leguas 1000 ovejas, o sea. Y cinco leguas de estudios de pastizales es una fortuna. ¿Viste? Porque si vos me decís una chacrita, 1000 ovejas… eh… ¿viste? Es nada, capaz que qué sé yo, es nada. Suponete, $2000. Pero para tener 1000 ovejas en la meseta tenés, capaz que son 5 leguas. Y cinco leguas estudiarla, y satelizar y todo eso, es un costo. Pero sería fantástico que, que la provincia que tiene muchas, muchos técnicos, ¿viste? Sería bárbaro. Aunque después el productor no pueda dejar, diga, yo no puedo tener menos de 300/ 400 chivos. (Entrevista a productora, Esquel, 2013)

La frecuencia de actualización de este estudio depende de la decisión del productor. Por el alto costo y/o por desconocimiento, muchos productores no vuelven a realizar el estudio o lo hacen varios años después, sin considerar los cambios ambientales o los impactos de las decisiones de manejo adoptadas a partir de la evaluación.

A su vez, está todo lo que está tercerizado desde el punto de vista técnico y profesional eh… justamente, todo lo que es el pastoreo, el pastoreo de rotaciones. En este caso, son, es un grupo de ingenieros en la Universidad de Buenos Aires que vienen trabajando con nosotros hace más de 23 años con sus becarios y sus ingenieros juniors que siguen este tipo de cosas para que haya trazabilidad. Que en definitiva es cuantificar en cada uno de los cuadros y en los lugares donde va a haber que poner hacienda cuándo es el mejor momento desde el punto de vista climático y qué producción cada 3 meses de acuerdo a la temperatura, la humedad y fotos satelitales produce cada cuadro en calidad y en cantidad de materia. Porque no todo lo que se ve es comible. Y no todo lo que es comible es lo mismo en Septiembre, en Noviembre que en Marzo. Entonces. A través de mediciones objetivas digamos, desde el punto de vista científico uno puede cuantificar exactamente qué recursos forrajeros tiene en el momento y en función de eso ajustar la carga. En cantidad y en tiempo, ¿no? (Entrevista a administrador de estancia, Esquel, 2012)

La realización de evaluaciones de pastizales no siempre es el resultado de su interpretación respecto a la desertificación que lo lleva a reducir la carga o de la voluntad de los productores, sino que también se hace porque es un requisito de acceso en varias líneas de crédito o de financiaciones de organismos del Estado. Esta situación genera bastantes polémicas: por un lado, hay quienes son críticos porque restringen las posibilidades de acceso al financiamiento de los productores de menores recursos; por otro, algunos consideran que es una buena medida para lograr una producción con mayor cuidado de la naturaleza: “si la gente no se puede presionar a que venda la mitad de las ovejas, por lo menos decirle ‘bueno, si usted no hace esta evaluación y no obedece a la evaluación no le podemos dar el crédito’” (Entrevista a productor, Esquel, 2011). Sin embargo, en general se ha flexibilizado la demanda de este requerimiento, siendo en algunos casos reemplazada por una evaluación en función de un mapa de disponibilidad forrajera. De todas maneras, algunos entrevistados demandan la necesidad del cumplimiento de esta exigencia. 

Hemos pedido plata para pagar, para subsidiar las evaluaciones de pastizales. Pero ahora atrás tiene que haber todo un trabajo de fondo desde… qué sé yo, el manejo de la ley del suelo, las cuestiones…capacitación para que el productor internalice cual es el concepto de manejo, que le puede brindar una evaluación de pastizal, porque hay que, hay que, no puede poner tantas ovejas que hoy pareciera que daría…digamos, que no puede sacrificar ingresos hoy para perjuicio, este, de generaciones futuras. Un montón de cuestiones que nuestro país o nuestra provincia no están por ahí bien reglamentadas, yo te lo exijo a vos, vos lo cumplís, y él no lo cumplió, y bueno en definitiva con él no pasó nada. Este… vos está bien, cumpliste y por ahí lo hiciste convencido de que es un requisito que debía estar o por ahí no, por ahí lo hiciste solamente para estar en regla y que nadie después te venga a decir “vos nunca lo hiciste”. Capaz que está hecho, hay un informe, gordo así que está en un cajón tirado y nunca más nadie le dio bola…entonces para eso tampoco sirve…tampoco dilapidar fondos si no hay realmente una concientización… del mismo productor, del mismo responsable de los pastos, del suelo, viste? (Entrevista a funcionario, Rawson, 2012)

Ayer ahí leía están viniendo acá unos planes para créditos y qué se yo de la Ley Ovina a través de los organismos provinciales y punto número uno es tener la evaluación de pastizales. Es decir y que el tipo le de bolilla. Que después se lo supervise. Eso es lo que vale. (Entrevista a productor, Esquel, 2011)

En otros casos, el ajuste de la carga animal se hace en función de un estimado calculado el productor y adecuado a sus posibilidades económicas. Aunque la interpretación dominante difundida por los organismos públicos se centra en la necesidad de modificar la carga, algunos de sus técnicos (especialmente los que están ligados “al terreno”) consideran que las posibilidades de ajuste están condicionadas por la estructura productiva y de distribución de la tierra, por lo que muchos productores se ven imposibilitados ya que se quedarían sin medios económicos para la subsistencia.

Este tipo que tiene una, una fracción de tierra muy, muy acotada, se ve forzado a sobrecargar su campo porque, es decir, no tiene cómo agrandarse. La única posibilidad es intensificar el uso de los recursos, más allá de la capacidad de los recursos. Yo a ese tipo no le puedo decir ¡mirá, en vez de tener eh… 200 ovejas tenés que poner 100’ porque no, no… (Entrevista a técnico, Esquel, 2011)

Otra estrategia frente a la desertificación es la modificación del destino de la producción y la generación de ingresos complementarios a través de la venta de carne ovina.

Hoy por hoy, con lana solamente, no se maneja un campo. O sea, no son números rentables. Entonces los tenés que tratar de mejorar la producción de carne, mejorar los porcentajes de señalada, hacer un manejo, no solamente, volcarse únicamente a lo que es producción de lana. ¿No? Si te volcás únicamente a lo que es lana… tenés que tener un muy buen lote para que cierren los números. Pero a través de selección… por ahí… introducción de otro tipo de genética, se puede, mejorar lo que es la producción en carne y tener mayor cantidad de señalada. (Entrevista a trabajador, Esquel, 2012)

Como se comentó en el capítulo anterior, el mercado de la carne ovina se encuentra en crecimiento y con buenos precios. Esta situación combinada con la necesidad de reducir la carga de los campos, motivó en algunos entrevistados (técnicos y productores) el desarrollo de la producción de carne como una actividad complementaria a la venta de lana.

Tenés dos ingresos de plata: tenés un ingreso por la esquila y tenés un ingreso por los corderos, lo cual produce un buffer si hay una diferencia de precio en uno o en otro… equilibra un poco la balanza (Entrevista a técnico, Trelew, 2010)

La tendencia es a producir lanas cada vez más finas y la tendencia es a producir a razas de lana fina… pero, sin perder de vista el negocio, o el mercado o el bussiness de la carne. Que es otro commodity. Que también el mundo necesita carne. Hay que pensar que los países árabes… Que la mayor producción, el mayor consumo de carne es ovino. Es más. En Argentina, debe ser uno de los lugares del mundo donde menor consumo de carne ovina hay. (Entrevista a administrador de estancia, Esquel, 2011)

A través de la evaluación de pastizales, nos dan las cargas que tenemos que tener. Entonces esta misma evaluación nos dice cuántos corderos y cuántas corderas tenemos que dejar para reponer, el resto se vende (Entrevista a productor, Trelew, 2011)

En función de la vegetación que tiene el campo, tiene una carga animal aceptada máxima, digamos. Y bueno, cuando eso está sobreexigido, las ovejas se mueren… porque todas están en una restricción, pasan una restricción alimenticia o de agua o de, de nutrientes. Y las más viejitas se mueren ¿no? es una cuestión natural. Pero en vez de política es esto… en vez de dejarlas morir, muchachos, todas las ovejas de 6 dientes estén en las condiciones que estén, las tienen que llevar a un centro de engorde porque le vamos a dar de comer. Por ejemplo, en lugares estratégicos de la provincia, donde les vamos a dar de comer para que se repongan y se venda como, o sea, vayan después a frigorífico, a carnicería para que lo pueda consumir el humano. (Entrevista a técnico, Trelew, 2010)

Las dificultades para el desarrollo de esta estrategia productiva son varias. Por un lado, las restricciones en cuanto a las condiciones del plantel y la disponibilidad de forraje o agua[6].

[Los pequeños productores] producen lana porque las condiciones, en realidad, del medioambiente no dan para otra cosa que para eso. Si pudiesen cultivar algo, probablemente cultivarían y, si pudiesen hacer otro tipo de producción, como es la producción bovina, probablemente la harían. O dentro de las producciones de, de, chivos o de ovino harían otro tipo. Producción lechera o de carne. Pero el ambiente, para lo único que da, es para la… razas de pelo. Y son, en realidad, como, como producciones son lo único posible de hacer en esa zona. Porque una producción de otra raza, una raza de carne no te daría. O sea, no, no llegaría. No llegaría a manifestar lo que es el tema carnicero para lo que vos querés. (Entrevista a técnico, Esquel, 2011).

Por otro lado, hay factores “culturales” o simbólicos que intervienen: algunos productores no desean cambiar la raza de su plantel o no confían en que las Merino Multipropósito pueden producir carne sin perjudicar (en cantidad y/o calidad) la lana. Asimismo, la falta de tradición en esta actividad genera dudas e incertidumbre en algunos productores respecto al sostenimiento, en el mediano o el largo plazo, de las buenas perspectivas comerciales. Por último, existen dificultades para la comercialización de la carne, con antecedentes de abusos y fraudes por parte de los agentes comerciales, que desmotivan el cambio (Entrevista a productor, Trelew, 2011). 

Frente a algunas de estas dificultades, desde el INTA y algunas organizaciones privadas, se están haciendo pruebas de adaptación e impulsando las razas multipropósito (lana-carne), las cuales, aunque estarían garantizando calidades de la lana como las de Merino Australia, son objeto de reticencias de los merinistas. El que es merinista, realmente, no va [a cambiar de raza] Porque pierde la pureza del merino. ¿Viste? El 100 x 100 merino. Tendrás mejor o peor merino, pero es merino. Ahí como incorporan otras razas, es como que se desdibuja la raza” (Entrevista a productora, Esquel, 2013).

Una tercera estrategia frente a la desertificación ha sido, para algunos técnicos, la promoción de la revalorización de la lana Linca. Este biotipo de ovinos produce una lana que fue utilizada por los pueblos originarios para elaborar textiles. Estas lanas más gruesas y de colores resultan más apropiadas que las de merino para el hilado artesanal propio de la cultura mapuche. INTA y SSAF[7] elaboraron un proyecto que no solo buscaba motivar un uso más “sustentable” de los pastizales naturales y una menor presión sobre el suelo, sino también una revalorización de un producto y una tradición local (Li y Bottaro, 2011). Los estudios realizados por el proyecto afirman que se pueden obtener mayores ganancias con las ovejas Linca que con las merino (más aún si se incluye la venta de artesanías o lana tejida). “Y vos con menos ovejas generás por ahí, digamos… con una majada de quince ovejas, se la haces lana hilada y la vendés en artesanía capaz que te da más plata que cien ovejas que esquilas lana cruda” (Entrevista a técnica, Esquel, 2011). Según Monzón (2013), una familia con 208 ovinos merinos y 20 linca, pueden incrementar un 34% sus ingresos si venden parte como vellón y parte como hilados. Esta estrategia difícilmente pueda ser masificada porque se reconoce que los precios de la lana linca están en relación a la oferta (Entrevista a técnica, Esquel, 2011). La implementación de este proyecto implicó la incorporación de prácticas de esquila preparto y desmaneada, con alguna clasificación y acondicionamiento básico (que podía incluir la certificación como esquila prolija dentro del PROLANA) por parte de los pequeños productores, los cuales también generan mejoras comerciales y pueden incentivar la reducción de la sobrecarga de los campos.

Las estrategias y prácticas mencionadas son las que han sido explícitamente consideradas formas para frenar el deterioro y/o revertir, mitigar o combatir los efectos de la desertificación. Pero, además, existen otras prácticas desplegadas por algunos agentes sociales que también pueden contribuir al tratamiento del problema ambiental. Su adopción puede hacerse para responder a algunas de las consecuencias que genera la desertificación (como la reducción del stock ganadero, de la capacidad forrajera y de la rentabilidad), o a la crisis productiva en la que se encuentra la ganadería ovina, según mencionan estos agentes. De este modo, algunos agentes adoptan “nuevas” prácticas que pueden contribuir a mitigar, revertir o los efectos de los problemas ambientales, pero con la intención de solucionar las dificultades productivas o económicas. En este sentido, se mencionaron: las prácticas para mejoras en la calidad de la lana; las certificaciones de calidad; y los cambios en la comercialización.

En primer término, respecto a las mejoras en la calidad de la lana, los distintos agentes productivos adoptan prácticas diferentes. En el ámbito reproductivo, se implementan desde la sincronización del celo, la selección de hacienda visual hasta complejas técnicas de selección genéticas, como la inseminación artificial o la transferencia de embriones. En el plano sanitario, la vacunación contra parásitos, contra bacterias y/o virus, aplicadas en carácter preventivo para evitar el deterioro de los animales y de las fibras. Las mencionadas técnicas de esquila preparto y desmaneada también mejoran la calidad del producto obtenido, así como el acondicionamiento y la clasificación se considera que contribuyen en el momento de la venta. Estas acciones pueden contribuir para frenar el deterioro de los suelos, siempre que sean acompañadas de menores niveles de carga o cambios en el pastoreo, o que el incremento de la productividad no se constituya en un incentivo para los productores para añadir cabezas de ganado.

En segundo término, se encuentra la certificación de calidad de las lanas. Esta estrategia, promovida por organismos técnicos, está especialmente pensada en relación al tipo de demanda del reducido mercado internacional de la lana y las características de finura de las lanas chubutenses (desarrollado en el capítulo anterior) y puede servir a los productores para incrementar sus posibilidades de colocación y a un mejor precio. 

El grupo [quienes certifican lanas con denominación de origen Camarones] lo que, lo que trata de hacer es de avanzar permanentemente en cuanto a la calidad, ¿no cierto? No solamente de la lana, sino de la hacienda. O sea, se trata de trabajar genéticamente, tratando de ir todos [enfatiza] los años mejorando. (Entrevista a técnico, Trelew, 2010)

[Beneficios respecto a PROLANA] Quizás no lo ves en cuanto a la parte económica, pero… el… en cuanto a la parte de presentación del productor, es muy buena. Porque le das la garantía a la firma que compra la lana… de un buen trabajo, que se realizó un buen trabajo (Entrevista a productor, Dolavon, 2011).

Tres tipos de calidades que pueden ser certificadas:

  • En el proceso de obtención: establece que la zafra se realice con técnicas para evitar los recortes de las mechas y la contaminación de las fibras, certificándose que cada lote presente cierta uniformidad en la calidad y, adicionalmente, una clasificación por finura y otras variables (evaluados de forma objetiva o visual).
  • Intrínseca: mediante procesos como la mejora genética y la selección de hacienda, se logra mejorar la finura, el largo de mecha y la suavidad al tacto.
  • Ambiental o sustentable: implica adoptar medidas para mantener la integridad del ecosistema; la implementación un sistema pastoril basado en alimentación con pasturas y mínimo uso de alimentos concentrados; un bajo nivel de residuos; y la garantía de bienestar animal.

Existen cuatro estrategias de certificación de las lanas: el programa PROLANA, la lana con Denominación de Origen (DO) Camarones, las lanas con sello de calidad OVIS XXI de Merinos Multipropósito y la lana orgánica[8]. Cada una tiene diferentes requerimientos para su acceso, grados y características de esa certificación, lo que genera diferencias entre los productores que pueden acceder a ellas.

Las características generales del PROLANA y la lana orgánica van a ser analizados en el último capítulo, ya que son parte de las políticas del Estado. En lo referido a la calidad, PROLANA sólo apunta a mejorar la calidad en el proceso, aunque potencialmente podría certificar otras porque también garantiza algunas cuestiones que suelen incluirse en las certificaciones de sustentabilidad, como la responsabilidad social de la producción respecto al cumplimiento de las legislaciones laborales vigentes en cada lugar[9]. Por ello, existe la posibilidad de que en un futuro el programa extienda sus requerimientos respecto a estas condiciones laborales y a cuestiones ambientales, para lograr una certificación de calidad más integral (Conversación informal, técnico, Rawson, 2012).

La lana con denominación de origen Camarones se produce en el área homónima de la provincia[10], históricamente reconocida por las características especiales de brillo y color de las lanas allí producidas, que son valoradas para la elaboración de tejidos[11]. Se desarrolló desde fines de la década de 1990, por un grupo de productores, con el apoyo del INTA, como una alternativa que rescataba las cualidades particulares del sistema agroecológico, le sumaba valor a través de prácticas de producción y se daba en un marco legal recientemente establecido en Chubut[12] La certificación de un lote de lana como “Lana Camarones” exige tres cuestiones:

  • La demostración de una “producción sustentable con el medio ambiente”, por medio de una evaluación de pastizales y el correspondiente ajuste de carga. También utilizan “todo lo que es material veterinario que no, no le genere ni al animal ni al ambiente algún tipo de problemas” (Entrevista a productor, Trelew, 2011).
  • La clasificación visual, mediciones objetivas y técnicas de mejoramiento genético para contar con lanas de calidad uniforme: evaluación objetiva de los carneros; el apareamiento dirigido con carneros finos certificados o la inseminación artificial con semen de carneros Merinos puros de pedigree de cabañas reconocidas o “la compra de semen australiano o compra de carneros australianos, el que tenga posibilidades…” (Entrevista a productor, Trelew, 2011). Los lotes deben ser certificados por análisis de un laboratorio autorizado por la IWTO[13].
  • La estandarización de prácticas de cosecha: esquila preparto y desmaneada secuencial, requiriendo además la adhesión al programa PROLANA y la clasificación por parte de un agente registrado en la asociación. Para la venta, si bien no es condición necesaria, se promueven las ventas en conjunto, inclusive se han logrado acuerdos de provisión con empresa compradoras (Entrevista técnico, 2010).

En base a estos requisitos, la lana Camarones apunta a la diferenciación por su calidad intrínseca, de proceso y ambiental. La adopción de esta estrategia por parte del grupo no remite solamente a la importancia de ser “amigable” con el medio ambiente, sino que también contribuye a reducir la depreciación de la lana por falta de alimentación (afectando en características como la resistencia a la tracción y el largo de mecha). Pareciera que la calidad ambiental es considerada más como parte de una estrategia comercial y forma de incrementar ingresos que de cuestiones éticas o morales de importancia de cuidado al medio ambiente.

Ahí en Camarones, la situación es distinta porque ellos (….) sí ellos tienen claro que es una estrategia que les permite mostrar sus lanas de otra forma. Esta lana nosotros la producimos cuidando el ambiente. Entonces termina siendo una estrategia comercial. Si empiezan a visualizar con el paso de los años que si son relativamente prolijos en el manejo de las cargas, pero también termina siendo algo comercial, ¿no? La lana tiene, la lana tiene otro valor. Ellos venden mejor sus lanas. (Entrevista a técnico, Trelew, 2010).

Esta estrategia presenta dificultades para su expansión, principalmente por estar ligada a una determinada área geográfica.

La organización sudamericana OVIS XXI[14], creada en 2003, propone la producción de “lanas finas a superfinas, largas, suaves y resistentes, provenientes de predios que aplican un manejo sustentable en lo económico, ecológico y social, y preparadas de manera de minimizar la contaminación con fibras coloreadas y pigmentadas” (OVIS XXI, 2014), implicando los tres tipos de calidades antes mencionados. En cuanto a lo intrínseco, promueven la mejora genética por el uso de un biotipo de Merinos Multipróposito[15] y la clasificación de las majadas. Con ellos se obtiene mayor finura, largo de mecha y suavidad en las lanas (Entrevista a productor, Esquel, 2011). En el proceso, exigen la aplicación de PROLANA y un clasificador acreditado o, por lo menos, capacitado por la organización. Este clasificador, además de controlar el momento de la esquila, desarrolla el plan estratégico para cada campo, en cuanto a las mejoras genéticas y otras inversiones que pueden implementar (Entrevista a clasificador, Esquel, 2012). Por último, la calidad ambiental implica la adopción del Manejo Holístico, una versión modificada de la Tecnología de Manejo Extensivo elaborada por el INTA en Santa Cruz a fines del siglo XX y del método de Manejo Adaptativo, que incluye la evaluación anual de los pastizales, la planificación del pastoreo, un mínimo uso de insumos (alimentos y antiparasitarios autorizados), el no confinamiento, mulesing o restricción alimentaria para la garantía de bienestar animal, y un plan de monitoreo y replanificación en caso de cambios en las condiciones iniciales planteadas. Gracias a su asociación con The Nature Conservancy han elaborado una certificación (el Estándar de Pastoreo Regenerativo y Sustentable, GRASS) con dos niveles, según un índice de salud de los pastizales que utiliza indicadores biológicos para evaluar el grado de degradación y la tendencia (si continúa degradándose o si se está recuperando). La aplicación del protocolo “sustentable” genera lanas con muy bajo componente de residuos y fibras más firmes por la mayor resistencia lograda a través de una mejor alimentación. El cumplimiento de estos protocolos requiere de un amplio conocimiento técnico que también es ofrecido por la organización. Esta última además brinda facilidades comerciales para la adquisición de semen o reproductores para el mejoramiento genético.

Estamos en una organización que se llama OVIS XXI y, de todo lo que vendemos, aportamos a esta organización. Entonces, el semen que traemos de Río Gallegos, el semen que traemos de Australia nos sale mucho más barato. Es decir, tenemos alguna ventaja en estas, en estas cuestiones por ser miembro de esta organización que es OVIS XXI, de la cual también nos nutrimos técnicamente. A mi campito viene un australiano, dos veces por año a verificar la hacienda y a enseñarnos. Con lo que estamos muy contentos con que este hombre sabe mucho y bueno, hay que pagarle que es otra inversión, pero, no importa, si no, no se aprovecha. Y.. vemos que sabe mucho y que lo que él dice es cierto y que.. en fin.. él podría clasificar la hacienda con los ojos cerrados. Charla con vos y le toca la piel y dice ‘éste sí, éste no’. Vos ponés en la manga, en la manga mía entran 15 animales y el charla con vos y le toca la piel acá y dice ‘éste sí, éste no, éste es mejor, uh, éste es superior’ dice. Y entonces van a la vista y los revisa con más detenimiento, pero se fija en la piel, ante ninguna cosa. (Entrevista a productor, Esquel, 2011).

Un último punto importante respecto al manejo propuesto por OVIS radica en sus posibilidades de adopción por parte de distintos estratos de productores y los cambios en la mano de obra. Según las entrevistas realizadas, la adopción del estándar no requeriría inversiones significativas en capital, salvo algunos cambios en los sistemas de provisión de agua, que suelen estar diseñados para el manejo continuo (con, por ejemplo, un solo molino de agua). En contraposición requiere un cambio importante en la mano de obra requerida, inclusive evitando a través del pastoreo guiado, la necesidad de alambrados. En este sentido, los trabajadores tienen un rol central para la efectividad de la propuesta, lo que podría representar, para los difusores de este método, que cambie el perfil hacia empleados más capacitados, conocedores de pastizales y de manejo de hacienda, con un rol fundamental en la toma de decisiones, conocimiento y capacitación que seguramente deberá ser retribuido en términos económicos, implicando una mayor calificación de los asalariados de la ganadería ovina patagónica.

El puestero que antes recorría los cuadros hoy tiene que llevar las majadas para que actúen como herramientas de regeneración de la diversidad del suelo. Si la oveja mueve con la pezuña los pastos oxidados empiezan a brotar los nuevos. Es fundamental capacitar a la gente para que pueda adaptarse a los cambios (Matías Soriano, productor, Suplemento Campo, La Nación, 8/2/14:9)

Según afirma la organización, y pareciera comprobarse en el trabajo de campo, los productores dentro de esta certificación la adoptan no sólo por la mejora en la rentabilidad[16], sino por el “principio ético” de su cuidado (OVIS XXI, 2014).

La organización OVIS XXI no tiene un amplio alcance: son dos millones de hectáreas entre Chile y Argentina, correspondientes a más de 100 predios, de los cuales 12 están en Chubut (Entrevista a técnico, Esquel, 2014). El merinismo, la falta de apoyo de los organismos técnicos, la ausencia de resultados “comprobados científicamente”, los costos de capacitación o de técnicos, la disponibilidad de agua o de personal para desarrollar el manejo, se presentan como condicionantes para la adopción de esta estrategia.

Respecto a la lana orgánica, la iniciativa también surgió a finales de la década de 1990, por parte de productores del Noreste de la provincia del Chubut, aunque actualmente se han sumado de otras provincias patagónicas. Se encuentran nucleados en una organización denominada PROPAT[17], siendo la certificadora la empresa privada Organización Internacional Agropecuaria. Como las anteriores estrategias, surgió con el interés de mejorar la competitividad de sus lanas[18], produciendo lanas finas y superfinas, y también de la carne y el cuero ovino para diversificar sus ingresos. La elección del certificado orgánico se debió, según lo enunciado en su sitio oficial, por “la valorización y priorización que se planteó el Grupo en relación a la visión de sostenibilidad del sistema productivo y en particular del recurso natural (PROPAT, 2014, resaltado en el original). El grupo trabaja en el desarrollo de estrategias de comercialización conjuntas y, en el largo plazo, buscan la integración vertical con otros agentes de la cadena. La particularidad de los productos orgánicos es que requieren procesamientos especiales en toda la cadena industrial de la lana (barracas, lavaderos y peinadurías) y el cumplimiento de normas adicionales generadas en el exterior, como las normas GOTS (Global Organic Textile Standard) u otras según el lugar de destino (Entrevista a productor, Esquel, 2011). Esto genera dificultades para su difusión y el incremento del volumen producido. Por un lado, mientras que la demanda internacional de estos productos no se incremente y “justifique” las modificaciones e instalaciones adicionales en la industria, las posibilidades de ampliación de la producción primaria se ven restringidas. De hecho, en el año 2010 sólo existían seis barracas en la provincia y dos lavaderos y peinadurías para cumplir con todo el proceso y poder exportar la lana orgánica limpia. Otro posible inconveniente remite al posicionamiento de la lana a nivel mundial respecto a otras fibras textiles. Mientras la lana “común” ya se promociona comercialmente por su carácter natural, frente a los sintéticos, producir lana orgánica implicaría “desmerecer la naturalidad” de las otras lanas, generando dificultades para promocionarlas frente a otras fibras textiles (Entrevista técnico lana, 2010). Como otras estrategias, los requerimientos de este tipo de producción difícilmente pueden ser adoptados por pequeños productores, principalmente por la necesidad del estudio de pastizales. Una posible estrategia podría ser reunirse en grupo para realizarla de forma conjunta, pero no hay antecedentes de que esto suceda en la actualidad (Entrevista a comercializador, Trelew, 2010).

En función de lo analizado, las certificaciones OVIS XXI, Denominación de Origen Camarones y Orgánica se distinguen por la propuesta de certificaciones de calidad ambiental aunque la intención de certificar puede ser uno de los motivos por el cual algunos productores están aplicando de medidas de remediación, mitigación o prevención frente a algunos problemas ambientales. Sin embargo, parece ser predominante que la calidad ambiental es parte de una estrategia comercial para incrementar ingresos, y no que sea adoptada por cuestiones éticas o morales respecto al cuidado de la naturaleza.

Por último, otra forma indirecta mediante la cual se puede trabajar en torno la desertificación es la modificación de las formas de comercialización. Mediante la evaluación objetiva de la calidad de las lanas se pueden adoptar esquemas más complejos de venta, como las licitaciones abiertas o las “ventas sobre el lomo”, y también tener mayor capacidad de negociación del precio. Los problemas ambientales más recientes (sequía y cenizas) afectan su aplicación porque no permiten cumplir con la calidad prometida, pero en el largo plazo, pareciera ser una estrategia viable para mejorar los ingresos sin recargar los campos.

A modo de síntesis, el análisis de las interpretaciones y prácticas de los agentes laneros respecto a la desertificación muestra la complejidad de este problema ambiental, tanto en su definición, la asignación de sus causas y sus consecuencias y la implementación de prácticas como medidas para combatir, revertir o mitigar sus efectos (Ilustración 12). Si bien el conocimiento de la desertificación resulta clave para poder adoptar medidas al respecto, no es una condición necesaria ni suficiente. Se puede conocer pero asignarle causas y soluciones naturalizadoras o considerar que “no hay nada que hacer” (fatalistas), que lleven al sostenimiento de formas “tradicionales de producción”. También aunque se desconozca la desertificación, mediante la identificación de ciertas consecuencias o de otros problemas que afectan a la actividad ganadera, se pueden adoptar estrategias o prácticas de producción y trabajo que contribuyan a frenar el deterioro. De esta forma, existen prácticas que son adoptadas como respuesta directa a la degradación y otras de forma indirecta. Estrategias reproductivas, sanitarias, nutricionales, laborales o comerciales que mejoran la calidad de la lana y las de certificación, pueden incrementar la productividad, asegurar la colocación del producto y fomentar la reducción del stock ganadero, la sobrecarga o el pastoreo continuo, causales asignadas a la desertificación. 

Ilustración 12: Esquema de síntesis de las interpretaciones y prácticas sobre la desertificación

Fuente: Elaboración propia en base a entrevistas.

Por último, al haber entrevistado a productores de diferentes estratos (pequeños, minifundistas o de subsistencia; medianos; y estancieros, grandes o conglomerados empresarios) fue posible observar que las prácticas tampoco se corresponden necesariamente con el tamaño de su producción. Puede existir un productor de menos de 1000 unidades de ganado (que correspondería al estrato de pequeños productores) que aplica técnicas como la inseminación artificial, la clasificación y la certificación de calidad sustentable ambientalmente, mientras que en una explotación de más de 10000 cabezas no se realizan más que algunas técnicas básicas. Sin embargo, existen condicionantes materiales y económicos para la adopción de muchas prácticas recomendadas para trabajar en torno a la desertificación o para las mejoras en la calidad de lana: algunas son costosas en infraestructura, materiales o personal técnico y/o difíciles de aplicar por parte de pequeños, e inclusive, medianos productores. De esta forma, las desigualdades materiales siguen siendo fundamentales en el tratamiento de problemas ambientales complejos como la desertificación.

La sequía[19]

El segundo fenómeno ecológico presente entre los agentes “laneros” fue la sequía. Por las características propias de estos ecosistemas, las zonas áridas o semiáridas tienen bajos niveles de precipitaciones y en Chubut, se concentran en una estrecha franja que rodea la cordillera. El resto de la superficie provincial recibe exiguas precipitaciones, en algunas áreas con un promedio histórico menor a los 200 mm. Sin embargo, producto de la variabilidad climática (donde actúan en conjunto la temperatura, la frecuencia de las heladas, la velocidad de los vientos y su ocurrencia), existen períodos donde estos niveles de lluvias decrecen inclusive por debajo de lo registrado históricamente. A esos períodos se los denomina sequía, específicamente sequía meteorológica cuando se ve ocasionada por el descenso transitorio de las lluvias. Cuando este fenómeno perdura en el tiempo y la demanda natural de agua es claramente inferior a la disponible, se puede hablar de una sequía hidrológica. La duración de las sequías es variable, generando períodos secos que pueden ir desde algunos meses hasta varios años. Sin embargo, cabe mencionar que este fenómeno es de carácter coyuntural, con lo cual no es un sinónimo de la aridez, porque esta última es una característica estructural de ciertos espacios y ambientes. Pero si bien es coyuntural, también es recurrente, como se evidencia en los antecedentes de otros períodos secos, algunos de los cuales fueron mencionados en el relato histórico a los inicios de este capítulo. De todas maneras, la particularidad que pareciera presentar este último período seco en Chubut es su extensión: la reducción de los niveles de lluvia comenzó en algunas zonas del territorio en el año 2007 y se habría extendido hasta el 2012[20].

El principal efecto de la sequía consiste en la reducción de la productividad forrajera del suelo, siendo los impactos variables según la intensidad, frecuencia y/o duración del fenómeno. También genera que las aguadas para la hidratación de la hacienda o los pozos para el abastecimiento de agua para las poblaciones se sequen o presenten bajos niveles. La mencionada caída en el forraje tiene clara implicancia en la productividad de la actividad ganadera comenzando por la merma en los niveles de cosecha que se obtiene en un ciclo productivo (en este caso, la cantidad kilos de lana por hectárea). Cuando la intensidad del fenómeno es profunda o se extiende en el tiempo, afecta la condición corporal de los animales lo cual puede provocar la mortandad de los mismos o de sus corderos, la disminución de los niveles de preñez y de parición. Estas pérdidas generan dificultades para la reposición de los animales o de las madres, lo que gradualmente lleva al envejecimiento de la hacienda. Como consecuencia, se puede producir la descapitalización de los productores y el deterioro en sus ingresos presentes y de los siguientes ciclos productivos (Easdale, 2011).

Las interpretaciones y prácticas en torno a la sequía de los agentes “laneros” chubutenses

El fenómeno de la sequía resultó el problema ambiental con mayor presencia dentro de los relatos de los agentes “laneros” entrevistados en Chubut. Este predominio se produjo inclusive durante el período de las cenizas, porque, como se verá más adelante, se consideró a la sequía como el antecedente de una crisis o situación difícil que se agravó con las cenizas. La relevancia de la sequía se presentó en productores, técnicos e, inclusive, trabajadores, aunque no siempre coincidieron en su definición y sus consecuencias naturales y socioproductivas. La sequía es entendida como un período de menores o de reducción de las lluvias comparado a un promedio histórico registrado o respecto a un pasado que no siempre es precisado temporalmente.

(…) pero lo peor es la sequía. Vos hoy campos, lugares, cuadros que podés tener a lo mejor 500 animales, hoy podrías tener cien. La gente por ahí tiene los quinientos. Y ahí es donde estropeas los campos y todo eso, pero todo pasa por la sequía. Nosotros en el campo, yo tengo campo en la zona Colán Conhue. No sé cuánto hacía que no llovía. Pero en febrero llovió 40 milímetros y parecía que se iba a poner lindo. De febrero ahora no ha caído una gota más de agua. Nada. Viento, frío, ya está la helada. Ya hay heladas. (Entrevista contratista de esquila, Esquel, 2011)

Porque en los últimos años, digamos, los promedios de lluvia vienen bajando. El año pasado… eh… llovieron 145 milímetros. El otro año habían llovido 180. Otro año llovieron 200 y pico. Pero ha habido años de 45 milímetros. Pero, años puntuales,¿ no? De repente un año llovieron 45, pero el año anterior habían llovido 300 o 200. ¿Viste? Entonces no se nota. Lo que pasa es que ahora venimos de una sequía medio prolongada. (Entrevista productor, Trelew, 2011)

Pero por ahí hay mucha sequía porque la misma gente no busca el agua. Porque mirá Los Seis Hermanos está muy seco y había un arroyo subterráneo. Y canalizaron y ahora tienen todo agua. Sacan agua para todos lados. Nosotros salimos a limpiar las aguadas. Muchas veces las aguadas se secan porque no las limpian. (Entrevista trabajador, Esquel, 2012)

La causa del fenómeno en la mayoría de los casos fue referida a la naturaleza y una modificación del régimen de precipitaciones y, sólo en algunos casos a la falta de acción por parte del hombre para abastecerse del agua, como se observa en la cita anterior. Sin embargo, profundizando entre los pequeños productores de comunidades aborígenes y los técnicos a ellos vinculados, fueron mencionadas cuestiones vinculadas al pensamiento mítico o religioso del pueblo mapuche. Este pueblo tenía como ceremonia principal el Camaruco, el cual podía ser realizado solamente por quienes tenían “el don” para hacerlo, ya sea a través de lo que se decía en los sueños de los ancianos o a través de la herencia familiar. El Camaruco tenía, entre otras razones de ser, pedir por agua y lluvias para el siguiente año. De modo similar, podían llevarse a cabo las rogativas. La pérdida de estas ceremonias durante muchas décadas (después de la “conquista” fue difícil para estas comunidades sostener su cultura, cuando se castigaba a quienes hablaban la lengua o practicaban la religión, especialmente en las escuelas), la migración y el avance de formas culturales “occidentales” o “modernas” motivan que algunos grupos consideren que la sequía es consecuencia de un cambio en el vínculo con la naturaleza, situación que no se pueda modificar porque no hay quienes sepan realizar las ceremonias con el respeto que requieren. De este modo, como señala Gascón (2009), este tipo de pensamiento convive con las explicaciones de las ciencias sobre los problemas ambientales, y se recurre a él, no sólo como afirma la historiadora para sobrellevar el episodio y sus consecuencias, sino para encontrar otros motivos por los cuales sucede, e inclusive poder sostener el retorno a la vida comunitaria. Asimismo, el mantenimiento de estos pensamientos no resulta extraño en un contexto donde, como se verá en el siguiente capítulo, “la ciencia” no ha podido predecir o estimar con precisión la ocurrencia y la duración de estos fenómenos y brindar soluciones efectivas para enfrentar su ocurrencia.

Antes había muchas ceremonias, no solamente una comunidad o solamente el Camaruco. La gente antes estaba más relacionada con la naturaleza y los climas eran otros. Hoy la gente ya somos, estamos pisando sobre la tierra, pero a veces no hacemos nuestras ceremonias, no se hacen ceremonias. Y el clima empieza a cambiar, la misma gente que antes estaba en contacto con la naturaleza y hoy mismo nosotros estamos, pero no tenemos ese conocimiento que ellos tenían. Entonces pasa esto [que no llueve] (Entrevista a productor, Vuelta del Río, 2014)

Yo me acuerdo cuando tenía 7 años, 8 hacían Camaruco y entonces se contestaba, pero hoy en día no, ¿sabes por qué? porque no hay, no hay unión entre la gente, entre nosotros mismos nos estamos peleando, ¿viste?, claro, y ese es el problema. El Camaruco era una cosa respetable de antes, después se fue perdiendo, porque la gente no respetó. (Entrevista a productor, Las Salinas, 2014)

Las principales evidencias mencionadas de la sequía fueron la ausencia o reducción del forraje o de los pastizales para alimentar al ganado ovino y la disminución del agua en los ríos, arroyos o vertientes de los campos, al punto que algunos se habían secado por completo (Ilustración 13). La gravedad y extensión de este período seco se remarcaba también en la comparación con episodios anteriores o con la historia del campo o en la actividad, porque “nunca se habían registrado tales efectos”.

Ilustración 13: Reducción del tamaño de laguna cerca de Gan Gan (norte Chubut)

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Fuente: Mercedes Ejarque (2014)

Entrevistado: Este año si viene un año más que, como viene pintando, que no quiere llover. Nevó en, llovió ahora… en febrero. A fines de febrero, no llovió más hasta ahora. Y el agua se va consumiendo, se va, bajando. Yo allá en mi campo tengo campo de sierra y buena vertiente.
Entrevistadora: Ah, o sea que tiene algo de agua.
Entrevistado: Buena vertiente, que nunca se ha secado. Mirá que yo me crié ahí y jamás vi una vertiente que se secó. Y este año sí. Los mallines están enfermos todos ya no corre más agua. Así que queda un desierto. Los pastos, todo lo que es primavera, pasto no había. (Entrevista Productor, Paso de Indios, 2011)

Entrevistado: Y, están más secos los campos. Y vio que donde corría un arroyo, ya no corre. Es raro que corra.
Entrevistadora: ¿Y eso se nota en el pasto?
Entrevistado: Y… se nota y en la cantidad de hacienda. (Entrevista a contratista, Esquel, 2011)

La reducción del forraje y del agua generó claros impactos en la productividad del campo, especialmente en cuanto a las posibilidades para desarrollar la actividad ganadera: la pérdida de hacienda por mortandad, debido a falta de nutrición, y la disminución de los kilos de lana producida. Ambas cuestiones fueron consideradas independientemente o en conjunto: hay quienes interpretaron que, como se reducía la cantidad de hacienda también se perdían kilos de lana, mientras otros consideraron que, ante la débil condición del ganado, hubo menor producción de lana por animal.

Los bajos índices de productividad, que hace que la majada no se pueda reponer, no se pueda renovar. No, no hay recrías, entonces las majadas están envejecidas cuando… digamos, con pocas posibilidades de que puedan resistir el próximo, digamos, invierno seco. (Entrevista a productor, Trelew, 2010)

En estos momentos estamos atravesando en gran parte de nuestra superficie provincial, el cuarto año consecutivo de sequía y eso se traduce en una merma del stock, de la cantidad de animales que llegan a la esquila, por lo tanto, de kilos de lana. (Entrevista a técnico, Rawson, 2010)

También hubo quienes destacaron la presencia de mayor número de predadores de los ovinos, como los zorros colorados o los pumas. Esta situación fue principalmente acentuada en la zona norte de la provincia (se adjudica también a este hecho los campos abandonados en la limítrofe Río Negro) y por los pequeños productores, a quienes una noche de acción de los predadores puede representar la muerte de una proporción importante de su hacienda.

En la época de seca los predadores nacen más, mucho mayor que antes. ¿Por qué? Porque el zorro antes, la falta de alimento le hace reproducirse más, que, mucha cantidad para que alguno subsista, una manera de perpetuar la especie, bueno, y ahí, y ahí está el tema (Entrevista a productor, Esquel, 2011)

Este esquema argumental sobre la sequía no presenta grandes variaciones entre los agentes sociales, solamente algunas diferencias de énfasis que tenían en sus relatos algunas causas. A modo de ejemplo, fueron los productores quienes resaltaron la particular duración de este proceso, mientras que los trabajadores se concentraron más en la merma del stock ganadero, en clara relación con sus efectos económicos por el menor destajo percibido. Los técnicos, por su parte, vincularon con mayor profundidad, este fenómeno con otros procesos de largo plazo, como la desertificación, y con las dificultades para lograr la recuperación de los campos. Entre los trabajadores también hubo distintas interpretaciones sobre lo que había que hacer. Mientras algunos reconocían las dificultades que existían para generar cambios en la producción debido a la “idiosincrasia de la gente y el tipo de manejo que la gente hace con el campo”, con lo cual, los aportes de Ley Ovina para efectuar evaluaciones de pastizales podía ser “un buen instrumento para que la gente se anime e intente mejorar su campo” (Entrevista a trabajador, Trelew, 2011), otros consideraban que muchos productores no sabían cómo manejar los campos porque no sacaban animales en los años de sequía o “malos”.

Entrevistado: Usted viene un año bueno, vamos a suponer, tiene 800 animales y 800 ovejas madres, capaz que va a hacer una buena señalada, se pasa lo mismo. Y bueno, pero ya ve que el año viene malo, hay que sacar corderos, vender corderos o vender ovejas. Dejarlo con 700 más o menos, por las dudas. Que el año venga malo. Si el año viene bueno, bueno, pasa. Y trabajar con hacienda nueva, porque la hacienda vieja, no aguanta.
Entrevistadora: Y usted, cuando trabajaba ahí, venía así el patrón.
Entrevistado: Yo siempre, siempre le expliqué a los patrones que hay que trabajar así. Hay algunos que entienden y otros que no entienden. (Entrevista a trabajador, Trelew, 2011)

En contraposición, otros trabajadores mencionaron que “se está tomando conciencia, más en años malos, de que es necesario cambiar la metodología de trabajo” (Entrevista en Esquel, 2012) e inclusive algunos consideraron importante la realización por parte de los productores de obras para mejorar la provisión de agua (Entrevista a trabajadores, Esquel y Trelew, 2011) y otros, la complementariedad del ingreso de la lana mediante la venta de carne (Entrevista a trabajador, Esquel, 2012).

La sequía generó impactos en el ámbito de la producción y del trabajo. Uno de estos impactos fue la reducción de la rentabilidad de la actividad ganadera ovina para la venta de lana, al punto de que algunos establecimientos no sólo dejaron de obtener ganancias, sino que terminaron el ciclo productivo endeudados o habiendo perdido dinero (rentabilidad negativa). El cierre o el abandono de los campos fueron considerados algunas veces como efectos directos y, en otras ocasiones, como una consecuencia desencadenada de la menor rentabilidad. Esta situación era percibida como negativa por sus efectos sociales: la pérdida de la tradición y la importancia de la actividad, la movilización de pobladores a las ciudades en busca de nuevos trabajos y, para quienes mantenían sus majadas, una mayor amenaza para su hacienda producto del aumento de los depredadores. La última consecuencia mencionada fue la merma en el trabajo: en algunos casos comentaron sobre menor contratación de personal permanente en los campos o la posibilidad de despidos de los ocupados y en otros, como se encontraban menos animales, los trabajadores de la esquila obtenían menos destajo al momento de la zafra.

Han venido los años secos, hay menos animales… Claro y todo se ha apocado, el lanar, el yeguarizo, todo. Hay gente que ha quedado sin capital. Campos chicos han tenido que vender porque… dice que no da para.. y no, no da para pagar un peón el campo, el campo de dos leguas, son 2000 animales y la lana no vale, así que… si no rascan de otro lado no tienen entrada de plata de otro lado, ¿qué va a pagar un peón $2000? (Entrevista a trabajador, Trelew, 2012)

Cada vez hay menos animales. No se llegaron a recuperar de la sequía el número de vientres. Entonces, también depende de cómo esté la hacienda, y por lo tanto, de la posibilidad del productor de juntar a los animales. (Entrevista a trabajador, Trelew, 2010)

Y la sequía hacen 7 años que viene jodiendo acá (…) Yo tenía un lindo campito habían llegado… más de 300 animales. Pero ahora no llegan ni a 200. Y acá y en todos lados. Acá éramos algunos pobladores que tenían 1000 ovejas y ahora los que tuvieron 1000 ovejas ahora tienen 200, 300. (Entrevista a productor, Paso del Sapo, 2012)

Frente al último período seco, y sus consecuencias, también se observaron una heterogeneidad de prácticas en la producción y trabajo en la ganadería ovina- Éstas fueron desde el sostenimiento de formas de producción “tradicionales”, hasta la implementación de “nuevas” estrategias.

El sostenimiento de las formas de producción “tradicional”, como con el caso de la desertificación, se relaciona a quienes sostuvieron una naturalización de la sequía o alguna otra forma de interpretación que daba cuenta de su inevitabilidad. Para algunos entrevistados, especialmente los pequeños productores, no había posibilidades de acción más que la espera a la naturaleza. Entre este grupo, ya se mencionó la necesidad de retomar con antiguas prácticas culturales como el Camaruco o las rogativas para que lleven agua a la zona[21].

Entrevistadora: ¿creen que va a cambiar o que esta sequía es algo que va a quedar así?
Entrevistado: Esperamos que la lluvia, la lluvia. Acá no tiene la culpa el gobierno, ni nadie.
Entrevistadora: No, eso es, lo natural
Entrevistado2: Que no nieva y que no llueve.
Entrevistada: No lo va a arreglar nadie. Es parte de la naturaleza. (Entrevista a productores, Gan Gan, 2014)

Esta situación de dependencia climática también se evidenció en otros agentes de la producción: “Y para vender más, hay que producir más. Para producir más hay que darle más comida. Y para eso tiene que ayudarnos de arriba, con un poco más de lluvia” (Entrevista a productor, Esquel, 2011).

Pero también estuvieron los agentes que coincidieron en las dificultades de seguir manteniendo las formas de producción tal como se venían realizando históricamente.

Son productores de más 100 años, en 100 años no ha pasado esto, de haber 3, 4 o 5 años, con un régimen de sequía tan bajo y que produjo esto, ¿no? Antes las sequías eran un año, a lo sumo dos años, pero ya… ahora tantos años seguidos, no hay crianza. (Entrevista a productor, Trelew, 2010)

Probablemente sí lo que se ha notado, porque aparte llevamos registro, es con el tema de la lluvia. O sea… se ha ido bajando notablemente los regímenes de lluvia, los promedios de lluvia de los últimos años. En el campo hay registro de, de cincuenta años de lluvia. Y ha habido períodos que incluso ha llovido menos que en esta época. Pero después ha vuelto a llover. Así que no sé en qué estado estamos si todavía llegamos y no llegamos a fondo, estamos en el fondo, que nos empezamos a recuperar, seguro que no. Porque en los últimos años, digamos, los promedios de lluvia vienen bajando. (Entrevista a productor, Trelew, 2011)

Entrevistadora:¿y si tuviera entonces que decirme, así como cuál es el principal problema que tienen los productores de lana hoy en la zona cuál sería?
Entrevistado: No, no es un solo factor (…) uno es la dependencia de la situación climática. En este caso estamos en cuatro años consecutivos de sequía y está siendo prácticamente inviable… la producción extensiva orgánica, perdón, ovina, como viene desarrollándose desde hace… no sé… (Entrevista a productor, Trelew, 2010)

Por ello, consideraban importante desarrollar acciones concretas, políticas ambientales para remediar, combatir o apaciguar los efectos de la sequía. Respecto a quienes implementaron otras formas de producción se destacaban: el manejo de los animales; el manejo de pastizales; cambios nutricionales; y el desarrollo de infraestructura para la provisión de agua.

En términos de manejo de la hacienda, se aplicaron dos cuestiones ya mencionadas: el ajuste de carga y la evaluación de pastizales para determinar la cantidad de animales. Resultaba evidente para quienes estaban atravesando la sequía, que la disminución de agua y forraje no iba a permitir seguir sosteniendo la misma cantidad de hacienda. Una alternativa para no eliminar tan rápidamente a los animales “de descarte” fue ingresarlos en corrales y alimentarlos para su engorde, para que obtuviera un mejor precio al momento de la venta. La reducción del stock también se produjo entre los productores que decidieron no cambiar, porque igualmente sufrieron “compulsivamente”, de forma no planificada, un ajuste de carga a través de la mortalidad de la hacienda. Frente a episodios tan extremos en su gravedad como en su duración, algunos agentes pusieron en duda la eficacia de la medida: “Con esta sequía, lo que nos dimos cuenta es que esa herramienta, ha quedado perimida porque ya, por más que tengas mucho campo y hagas la descarga necesaria porque las lluvias no vinieron, este, tampoco te alcanza todo el campo que tenés porque no hay agua” (Entrevista a productor, Trelew, 2010).

Otro cambio en el manejo de la hacienda fue durante la esquila. Se tuvo que modificar los tiempos de arreo para la tarea, ya que con el estado de debilidad de la hacienda, ésta no podía quedar encerrada sin alimento por varios días mientras se esquilaba, con lo cual había más trabajo para sólo encerrar a la hacienda que se iba a esquilar durante cada jornada o a lo sumo dos. También se registró que las Sociedades Rurales locales actuaron como intermediario entre distintos productores para movilizar hacienda de campos muy afectados por la sequía hacia otros que todavía podían recibir hacienda (Entrevista a productora, Esquel, 2013). Esto mismo también sucedió durante la caída de las cenizas volcánicas.

Al prolongarse el episodio por varios años, surgió la necesidad de hacer cambios más significativos en la forma de producción y trabajo, como la modificación en el manejo de los pastizales. “La base de sustentación de la ganadería ovina son los recursos naturales, no son las ovejas. Eso todavía ni se reconoce. Muchas veces. ¿No? vos hablás con los veterinarios y ellos piensan que la oveja es la clave y la verdad es que la clave pasa por los pastizales” (Entrevista a técnico, Trelew, 2012).

Los cambios en el manejo de pastizales fueron de dos tipos: en algunos casos se registró un manejo más intensivo de las zonas o puntos con irrigación, especialmente de los denominados mallines. Para ello, se fomentó la conformación de cuadros que los separen y que permitan la rotación, para facilitar su recuperación. Pero para los productores que tienen una cantidad muy pequeña de cabezas de ganado, inclusive la construcción de un potrero se encuentra fuera de su alcance y sólo en algunos casos ha sido posible obtenerlo a través de programas de asistencia del Estado.

La segunda forma de trabajo en torno a los pastizales debido a la sequía fue la difusión de técnicas para la intersiembra, fertilización y recuperación de mallines. La intersiembra consiste en la implantación de nuevas especies forrajeras (suelen utilizarse la Festuca alta y algunos tréboles). Esta técnica requiere de cierto grado de degradación del mallín, para que no haya demasiado forraje natural que le haga competencia, y en los lugares extremos de degradación, donde se perdió el suelo y el cauce se ha profundizado, se requiere realizar obras hidráulicas para volver a distribuir el agua. La siembra de forraje no sólo se contempla como una forma de abastecer a sus propios animales, sino que también se está desarrollando como actividad principal, para la venta de pasto en pequeñas chacras en bordes de ríos o cerca de pequeños poblados.

Hay un, un gran, un gran entusiasmo en desarrollar todos los lugares donde se pueda regar, desde el grande hasta el pequeño, pequeño, te diría porque uno ve en Costa del Lepá que hay mucho pequeño, pequeño productor que está al nivel de subsistencia, prácticamente desde hace mucho tiempo, y los tipos están tratando de alguna manera y lógicamente no nivelan con láser, nivelan como pueden. Y consiguen la semilla y después el municipio a veces va y les siembra o les ara. (Entrevista a técnico, Esquel, 2013)

De acuerdo al tamaño del mallín y de la gravedad de la degradación, la realización de estas obras suele requerir de grandes maquinarias (tractores con zanjadoras o retroexcavadoras), lo que indica su alto costo económico. Según mencionaban los técnicos, no existe una amplia disponibilidad de créditos para cubrir la demanda de medianos productores que quieren realizarlas. Asimismo, mientras se implementa el riego y hasta que la intersiembra tenga sus efectos, el mallín debe quedar aislado del ganado, lo cual implica inversiones en alambrados y divisiones de potreros y también la pérdida de ese espacio y sus recursos forrajeros para la majada.

Hoy por hoy, debe estar, calculá $600 la labor de siembra o de intersiembra, 500 o 600, por ahí y… otros 400 de, 400 en semillas. Así que parte de $1000 por hectárea, para hacer ese tipo de labor, para que tenga ese impacto hay que hacer varias hectáreas también. Y cerrar. Y cerrar para que no entre ni la liebre ni… porque si no entran las ovejas pero entran las liebres igual (…) yo creo que la situación de que, y es la gran mayoría de los campos de meseta que no tienen nada de mallín… hoy por hoy yo no sé si hay alternativas para mejorar la producción de pastos en el resto del secano. (Entrevista a técnico, Esquel, 2013)

Los costos, tiempos y planificación de la intersiembra condicionan las posibilidades de acceso de los productores con escasas tierras o de muy baja productividad. También se dificulta cuando las condiciones del clima son muy extremas.

Estuve trabajando para estancia Q. también con unas pruebas de intersiembra de agropiro en Q. En los años más secos que tuvieron que fueron hace cuatro años, tres, cuatro años, bueno, ahí probamos. Anduvo, el agropiro. Lo que pasa es que logramos implantarlo pero después, como no ha tenido ni un año más o menos bueno de lluvias, salvo el último… eh… no levanta para nada. Está ahí, cuando llueva va… Va a responder. (Entrevista a técnico, Esquel, 2013)

Frente a la sequía, otra estrategia utilizada –y que pone en evidencia cierto grado de reconocimiento del fenómeno- fue la suplementación estratégica alimentaria, es decir, complementar el pastoreo habitual con alimento extra para lograr una buena nutrición, incrementar la supervivencia de los animales, mejorar la producción de lana o carne y darle uniformidad a esos productos (Villa, 2010). La clave de esta idea es que suplementar implica agregar un alimento extra a lo que diariamente consume el animal, completar lo que le falta, no basar la alimentación en este producto. Su carácter estratégico radica en que se realiza en un momento fundamental del ciclo productivo: frente a la sequía, fue principalmente utilizada en el invierno, para evitar la pérdida del peso, período que coincide con el último trimestre de gestación de las ovejas y contribuye a reducir la mortalidad de corderos (al aumentar su peso al nacer); y durante la primavera, sólo para las madres durante la lactancia. La suplementación se puede hacer con diferentes tipos de alimentos, siendo los más frecuentes los fardos de pasturas y en segundo lugar, los cereales (estos últimos proveen mayor energía a los animales).

Ahora la mayoría acarrean fardos de pasto, vio. Como ser esos campos así, acarrean fardos de pasto. Antes yo no veía acarrear fardos de pasto. He visto en todas partes tienen galpón, tienen así abajo los fardos. Donde hay árboles, tienen casa sola… Y le ponen un nylon grande arriba. Porque tienen pasto, vio. (Entrevista a trabajador, Esquel, 2011)

En los últimos años de sequía, se registró la ausencia de pasto para la suplementación, por lo que algunos agentes mencionaron que se esperaba con expectativas la implementación de una planta elaboradora de pellet de alfalfa de la Cooperativa COOPALFA en la localidad de 28 de Julio. Éste se concretó en marzo de 2013, para lo cual la cooperativa contó con financiamiento de Ley Ovina y el MAGyP. Los pellets se realizan con forraje molido y resultan más sencillos y económicos para trasladar en las grandes distancias de la Patagonia (Entrevista a productores, Paso de Indios, 2014).

La suplementación alimentaria también requiere de cierta infraestructura para el almacenamiento y distribución del alimento: lo ideal es contar con comederos (que se pueden hacer incluso con materiales económicos como chapas o tablas), aunque en casos de emergencia se puede arrojar directamente el alimento en el suelo. También se necesita personal para enseñar a los animales a alimentarse por este método (considerando que están acostumbrados al pastaje natural).

Han tenido que empezar a suplementar con alimento balanceado… cosa que antes… la oveja no sabía comer, la gente no le sabe dar de comer porque… los obreros de esos campos son gente, son recorredores. O los administrativos y después están los recorredores. No hay… como no hay esquemas de trabajo más intensivo, no hay gente que sepa dar alimento a la hacienda, no hay gente que sepa… este tipo de manejo más intensivo. Eso hubo que hacer, puntualmente en Q. un aprendizaje desde la cabeza hasta abajo. Desde los mismos dueños. (Entrevista a técnico, Esquel, 2013)

Como menciona Gascón (2009) que sucede en los momentos de emergencia, el Estado ayudó a los productores, especialmente a los pequeños, con la entrega de pasto y subsidios para la compra de fardos. Para los beneficiarios fueron contribuciones importantes, pero no suficientes: a quienes les llegó, sólo les alcanzaba para una parte de la hacienda y durante algunos meses del año. La provincia dio hasta $20000, dependía de la cantidad de hacienda a los productores. ¿Viste? a algunos 5, a otros 20. El que más… Dependía de la cantidad de ovejas… Son paliativos. En su momento vinieron, no solucionaron mucho, pero bueno…” (Entrevista a productora, Esquel, 2013). Asimismo, fueron objeto de críticas la definición de los destinatarios de estas políticas.

Entrevistadora: ¿cuánto tiempo les duró ese forraje? Digo, $5000 a cuántos fardos equivalía o… ¿se acuerdan?
Entrevistado2: Y la mayoría consiguió, qué sé yo, 200 fardos, 100 fardos, y así. Y algún otro alimento más, por ejemplo maíz, balanceado… era como una ayuda para el invierno nomás. No para toda la temporada larga
Entrevistadora: Pero alcanzó para el invierno.
Entrevistado1: Por unos meses si, no todo.
Entrevistadora: No todo
Entrevistado2: Los que tienen pocos animales sí, pero para los que tienen bastantitos no
Entrevistadora: Claro. O sea el que tenía 300 por ejemplo no le alcanzó
Entrevistado2: ¡No, no le alcanzó! [risas]
Entrevistado1: Dos meses, tres.
Entrevistado2: Lo tiene que estar cuidando para los animales que están más… mal estado, más flacos, toda’ esas cosas. Se le da a esos nomás, no se le da en general. (Entrevista a productores, Gualjaina, 2014)

Entrevistado1: Bueno, antes los alimentos, los alimentos que dio la provincia, dio al norte
Entrevistado2: Al Norte, acá no (Entrevista a productores, Paso de Indios, 2014)

Este tipo de políticas fueron objeto de divergencias: algunos reclamaban la ayuda del Estado “justificada” en la importancia y tradición de la actividad; otros la apoyaban pero critican su alcance o la cantidad (por ejemplo, un productor mencionó los subsidios de $5000 que se enviaron por parte de Nación, pero objetaba la falta de entrega de forrajes, por la dificultad de conseguirlo en la zona en la que se encontraba); y, por último, hubo quienes desaprobaban este tipo de ayuda de emergencia porque estaría contribuyendo a que desde el sector, no se emprendan medidas y se esté esperando siempre los paliativos estatales.

Y entonces cuando ellos tienen problemas de sequía o tienen problemas que la lana no vale o qué sé yo, le van a pedir al Estado y el Estado los ayuda. Y eso, o sea, yo personalmente, desde mi punto de vista personal, está muy mal… Regalarte nada… Que te presten y vos lo devolvés fenómeno, pero es muy injusto que, está bien porque sea un sector productivo, no tiene por qué estar siempre, si la cosa le va funcionando mal, este, el Estado me regale.. ¿No cierto? (Entrevista a productor, Trelew, 2011).

Específicamente sobre la Emergencia, fue apoyada por los productores, aunque los de mayor tamaño no siempre compartían sus modos de implementación y el uso político que se le dio.

Las leyes de emergencia tanto provincial como nacional son, nosotros decimos son declarativas. Es decir, declaran la situación, ¿si? Y tienen algunas herramientas que… a ver… ayudan, por supuesto. Pero que son absolutamente, digamos, pasajeras o circunstanciales, no, no, no cambia el eje de, de la cuestión. Y acá la herramienta de la, de la emergencia ha sido una herramienta política. Es decir, tengo una Rural, tengo que ir, no tengo nada que anunciar, prorrogo la emergencia. ¿Me entendés? Es así. Podés mirar los antecedentes de Emergencia, nosotros estamos en la emergencia hace 10,12 años. Que vamos de emergencia en emergencia. Sequía, coso, volcán, sequía de vuelta, ¿si? Vamos de emergencia en emergencia. Vos decís, ¿qué pasó con esa emergencia? Eh… Para los impuestos nacionales prácticamente no tiene incidencia. Hay que hacer un larguísimo esfuerzo frente a la AFIP para que te reconozca esa situación y en todos los casos, te prorroga y no te condona el pago, con lo cual vos lo que vas a hacer, el día que salga de la emergencia ¿qué tengo? Tengo que pagar el 2013, el 2012, el 2011, el 2010. Total desarticulación entre lo que fija la política nacional, por ejemplo, en este caso recaudatoria de la AFIP y los gobiernos provinciales. Los gobiernos provinciales te dan, te tiran emergencias por la cabeza. Los gobiernos nacionales no la aplican porque saben que la mayoría de las veces se dieron por cuestiones políticas. ¿Si? Entonces ahí hay un choque que ha hecho que, en realidad, tengan muy poca incidencia. Cuando vos ves, este… fotos o cosos que están dando alimentos o qué sé yo, hay veces que hay que mirar de qué están hablando, ¿no? Porque el año pasado se repartían 15, 20, 30 fardos de pasto, o sea… Eso era la comida de una oveja, digamos, de un lotecito de ovejas de 10 días o algo así. No tenía ninguna significación más que la significación política de que te estoy dando algo y, y me saco una foto con el que el gobierno está presente acá, ayudando a los productores. (Entrevista a productor, Esquel, 2014)

Por último, frente a la sequía y la idea de que había que cambiar la forma de producción, otra estrategia implementada ha sido la realización de obras de infraestructura de agua. Hubo distintos tipos: canales de riego, perforaciones con bomba a motor o manuales y con o sin tanque australiano para su almacenamiento. La adopción de cada una dependió de las condiciones del campo y el acceso de vertientes o agua subterránea, el monto de inversión posible de realizar, y la disponibilidad de electricidad.

Ese campo era un campo que tiene muchísimo, graves problemas de agua. Mal distribuida. Entonces, cuando no llovía, había agua en un solo lugar. Siete leguas de campo, en un solo lugar. Y es el trillo que hacen las ovejas caminando para llegar hasta el agua y volver, todo, irse a buscar la comida. Es lo que más destruye el campo. Entonces, hicimos pozones en las lagunas. Abrimos molinos nuevos, todo, entonces, al no tener que caminar tanto la oveja, comienza el campo a recuperarse (Entrevista a productor, Dolavon, 2011).

Estas obras fueron financiadas por privados, pero también existió un plan proveniente del Estado y realizado principalmente a través del IPA. En el diario El Oeste (3/4/11: 28) mencionaba que el IPA había destinado $1.200 millón para perforaciones, los cuales iban a ser canalizados a través de las Sociedades Rurales de la provincia. El monto asignado dependía del estrato de productores: entre 1000 y 3500 animales, se les daba el 60% y el productor pagaba el porcentaje restante, mientras que entre 3500 y 6000, las proporciones se invertían.

En el plano laboral, el período seco y el reconocimiento de sus efectos en la hacienda también implicaron modificaciones en el trabajo en la esquila. Se requirió mayor cuidado con los animales debido al estado de deterioro de los mismos.

Hay que ir más suave. (…) La lana también era muy cambiada, o sea que había que hacerle fuerza al animal. La lana antes era amarilla, como que tenía, como huevo. Esa lana ahora no se ve. Hay partes pero ya, partes. Antes tirábamos así quedaba como un colchón, amarillo. Bueno, esa lana dura, esquilando a un animal de esos, a ese animal le podía hacer fuerza nomás, que el animal estaba, estaba bien. Pero ahora no, hay partes que el animal está sufrido, y una noche que quedan en el corral al otro día está peor. Y el cuero del animal más fino pareciera que fuera. Con poco que le hace fuerza se lastima. Ahora hay animales delgados por todos lados. No es como antes, y eso es por el tiempo malo que hay, sufrimiento del animal. Es como una persona que sale con campera fina al frío. (Entrevista a trabajador, Esquel, 2011).

Algunos pequeños productores también comentaron que tuvieron que retornar a la esquila a tijera hacia el final del período, porque la cantidad de animales que tenían no justificaba la contratación de una comparsa o personal que contara con una máquina para esquilarles.

Como sintetiza el esquema de la Ilustración 14, las interpretaciones sobre la sequía tienen una menor heterogeneidad en cuanto a la definición del fenómeno y las causas que se le asignan. Éstas últimas remiten a la reducción del nivel de lluvias, pero también algunos agentes mencionaron la pérdida de ciertas tradiciones culturales- religiosas para agradecer y pedir por agua que se hacían en el pasado. Las consecuencias en cuanto a la producción y el trabajo son claras, aunque no todos las mencionan en el mismo sentido causa- efecto: menor productividad de la actividad por reducción de lana o descenso de la cantidad animales, los cuales generan el abandono de campos, menor trabajo, mayor impacto de la acción de animales predadores. Frente a esto y a las condiciones económicas, productivas, culturales (como la religión y la tradición mapuches) y políticas (como el acceso a créditos, subsidios o tecnologías y técnicas recomendadas por el Estado), las prácticas en la actividad respecto a la sequía resultan heterogéneas. Como con la desertificación, sigue presente el sostenimiento de formas extensivas de producción, pero también se empiezan a definir nuevas prácticas en torno al manejo de la hacienda y de los pastizales, a los modos de alimentación de la hacienda y la provisión y utilización del agua. Estas últimas están ligadas a la percepción de la inevitabilidad de la recurrencia del fenómeno, así como a la gravedad que tuvo este episodio seco puntual. Por último, también hay un acotado proceso de revalorización de prácticas como el Camaruco y las rogativas de agua que se están practicando (no sólo como parte de la tradición mapuche) sino con la idea de que contribuya a revertir la sequía. Con este mismo fin, la acción del Estado también resulta clave porque se le demandó, primero, ayudas concretas para la emergencia, y luego, acciones con efectos de largo plazo, como los planes de agua.

Ilustración 14: Esquema de síntesis de las interpretaciones y prácticas sobre la sequía

Fuente: Elaboración propia en base a entrevistas.

El depósito de cenizas volcánicas del Complejo Volcánico Puyehue- Cordón Caulle[22]

Durante el transcurso del período de la sequía, Chubut se vio afectada por dos erupciones volcánicas, ambas en Chile, pero cuyas cenizas alcanzaron el territorio provincial. La primera, del volcán Chaitén en 2008 no afectó masivamente el área de estudio de esta tesis, con lo cual no será analizada pero cabe mencionarla porque se encontraba presente todavía en la mente de algunos entrevistados. La segunda se produjo el 4 de junio de 2011, cuando entró en erupción el Complejo Volcánico Puyehue – Cordón Caulle (CVPCC), localizado aproximadamente a 40º 32’ Latitud Sur y 72º 7’ Longitud Oeste en Chile. Por la cercanía a la frontera argentina, la altura de la columna de gases y cenizas (llegó a los 14.000 mts.) y su duración temporal, sumado a la predominancia de vientos del cuadrante oeste, gran parte de las cenizas emanadas cayeron en territorio argentino (Gaitán, Raffo, Ayesa, Umaña y Bran, 2011).

Si bien el depósito de cenizas volcánicas es un evento natural recurrente en la región[23], su irrupción generó inconvenientes para la vida humana y el desarrollo de las actividades económicas. En el caso del CVPCC del 2011, afectó a prácticamente la totalidad del territorio, en diferentes grados. Como se muestra en la Ilustración 15, se identificaron tres sectores: los que presentaron menos de 0,1 cm de depósito, pintados en gris claro; en gris intermedio, las zonas de los departamentos de Telsen, Mártires, Gaiman, Biedma y Rawson donde hubo entre 0,1 y 0,3 cm.; y en gris oscuro, en partes de Gastre, Cushamen y Telsen, las áreas donde el espesor de cenizas eran entre 0,3 y 4 cm, aunque en zonas al reparo de las plantas podía llegar a los 10 cm.

Ilustración 15: Mapa de Chubut según los grados de depósito de cenizas al 17/06/11

Ilustración 15: Mapa de Chubut según los grados de depósito de cenizas al 17/06/2011

Fuente: INTA-SENASA (2011)

Los principales departamentos afectados fueron los del centro oeste de la provincia, principalmente Rawson, Telsen y Gaiman, vieron comprometida la mayoría de su superficie departamental (Tabla 5).

Tabla 5: Principales departamentos chubutenses afectados por el depósito de cenizas al 06/06/2011

Departamento

Superficie (ha)

Superficie afectada con depósito de cenizas (ha)

Porcentaje de superficie departamental afectada (%)

Rawson

414209,35

408372,4

98,59%

Telsen

1949519,9

1729002,45

88,69%

Gaiman

1162706,69

931501,49

80,11%

Biedma

1294437,05

256121,34

19,79%

Gastre

1602848,15

275105,12

17,16%

Ameghino

1589693,46

112958,68

7,11%

Cushamen

1645556,01

18991,17

1,15%

Mártires

1562124,9

16445,94

1,05%

Fuente: (INTA, 2011a).

A pesar de la extensión geográfica, según los datos presentados por la EEA Chubut del INTA, el depósito no llegó a cubrir la vegetación de manera que imposibilitara la alimentación del ganado (INTA, 2011a). Sin embargo, el abastecimiento de agua para completar la nutrición animal sí se pudo ver comprometida por el enturbiamiento, principalmente en aquellos casos donde no cuentan con circulación, como los tajamares, pozones, tanques o bebederos. Sobre ellos, se recomendó no agitar el agua y dejar asentar los sedimentos. También se podía ver deteriorada la dentición (por el desgaste), por lo que si era posible, se debía realizar una suplementación alimentaria, descargar el campo de los animales que corrieran severos riesgos de mortandad y no movilizar innecesariamente la hacienda para evitar el incremento de la demanda de forraje y la aspiración de las cenizas (que podían fomentar enfermedades respiratorias).

A medida que fueron transcurriendo los meses, a causa de los vientos, las cenizas se terminaron esparciendo a casi la totalidad del territorio provincial, dejando sólo algunas regiones de Gastre y Telsen con un espesor importante (INTA- SENASA, 2011). Sin embargo, en casi todos los lugares se presentaron dificultades producto de la volatilidad de las cenizas que, en los días ventosos, afectaban no sólo a los animales (desorientándolos y restándoles capacidad para alimentarse) sino a quienes transitaban por la zona (reduciendo su visibilidad). Un estudio conjunto de distintos organismos del Estado mostró impactos negativos en la hacienda ovina y en la calidad de la lana, según se analiza en el siguiente capítulo.

Las interpretaciones y las prácticas en torno a las cenizas de los agentes “laneros” chubutenses

A modo generalizado, para los agentes “laneros” la caída de las cenizas fue un problema ambiental de alto impacto, mencionado en todas las entrevistas y conversaciones informales de los trabajos de campo posterior al fenómeno. También repercutió en los medios públicos y en la política pública, como se desarrollará más adelante.

Las cenizas emitidas por el volcán Puyehue fueron consideradas finas, “casi una arena” que se volaba con facilidad, insertándose, en el caso de los ovinos, entre las fibras de la lana, por lo que “le saca grasitud a la piel y le tapa los poros” (El Chubut, 15/06/2011). En contraposición a la desertificación, la mayoría de los agentes “laneros”, especialmente los productores, se consideraron afectados por las mismas, aunque con distintos niveles de gravedad según la acción del viento.

La ceniza, la sequía es parejo para todos, para el que tiene y para el que no tiene. (Entrevista a productor, Paso de Indios, 2014)

Es tan curiosa la ceniza que capaz que a mi vecino no. ¿Viste? Como dependía del viento y todo, ¿viste? Acá los cuadros son muy grandes, así que un cuadro sí y ya otro no. Y después el vecino nada, ¿viste? Pero era curioso… a todos nos tocó. Pero… debido al viento y a todo, las cenizas afectó mucho ya a un campo y al vecino no tanto. (Entrevista a productora, Esquel, 2013)

Yo creo que esos episodios te enseñaron mucho, viste? Eso el productor sabe. Pero son tan… espontáneos, que nadie está nunca preparado. Aparte, quizás te toque o como pasaron cien años no te toca más. ¿Viste? Pero… sí estamos hoy más preparados en cuanto a balanceado, ya estamos, tenemos más conocimiento. Creo que, que ahora va a ser… sí, ojalá que no nos toque, va a ser mucho más. Vamos a saber muchas más cómo se, cómo salir o cómo actuar en forma inmediata. Antes no se sabía. (Entrevista a productora, Esquel, 2014)

El principal efecto percibido de las cenizas fue la acentuación de una crisis previa de la actividad producto de la sequía. La asociación inmediata, espontánea y directa entre ambos fenómenos naturales se producía por las serias dificultades que generaban para sostener el modelo productivo tal como se venía desarrollando históricamente.

Ahora que se ha tocado…bueno no sé si se ha tocado fondo, y encima esto, ahora las cenizas. O sea que hay departamentos de acá arriba que ya venían. La lengua de las cenizas entra por acá, y llega hasta acá. Y esta zona ha tenido un impacto de lo que es ceniza…impresionante. Y bueno, y eso ha generado que la situación en la provincia se… agrave totalmente, ¿viste?. (Entrevista a técnico, Rawson, Chubut, agosto 2011).

Este proceso contribuyó a reforzar el discurso presente, que Andrade (2005) denominó conspiración climática, donde se adjudica a la naturaleza la causa del deterioro ambiental de las zonas áridas. Como se observó también para la sequía y la desertificación, en esta línea de argumentación, así como la responsabilidad de la situación recae en la naturaleza, para algunos la solución también dependería de ella. Según Maza, vicepresidente de la Sociedad Rural del Valle (Chubut): “la única forma que esto se solucione es que llueva mucho, es el primer paso para tener una solución real y que sea definitiva, porque inclusive ya hay lugares que no tienen agua ni siquiera para las familias del lugar” (Madryn, 13/12/2011). Siguiendo este argumento, con la llegada de la lluvia, también iba a ser el momento de recomponer las majadas en aquellos lugares donde había habido pérdidas, sin estar claro que esta situación debía implicar un análisis de la carga de los campos o de evaluación de los pastizales antes de entregar los fondos para un nuevo repoblamiento ganadero. En otros casos, partiendo de la “culpabilidad” de la naturaleza, era responsabilidad de las personas solucionarlo: “la naturaleza está poniendo en orden algún número de cosas para que nos dejemos de joder y trabajemos como debemos trabajar (Entrevista a productor, Esquel, 2011). Este tipo de argumentaciones refiere a una forma de pensamiento mítico “hibridado” con un pensamiento “moderno” que incentiva a la reflexividad de sus agentes sociales respecto a sus acciones y su comportamiento con la naturaleza.

Los impactos para la producción ovina detectados pueden ser agrupados en tres: nutricionales; laborales; y comerciales. En cuanto a lo primero, si bien desde los organismos técnicos se dijo que el depósito no alcanzó una altura que comprometiera la nutrición animal, uno de los principales comentarios acerca de las dificultades que generaron las cenizas fue la falta de vegetación para alimentar a la hacienda. Esta interpretación se encontró principalmente en los productores y los trabajadores: “es más hacia el centro norte de la provincia, ahí sí, complicó porque tapa la comida, principalmente de los animales” (Entrevista a productor, Dolavon, Chubut, 2011). Esta dificultad nutricional se asoció a la mortandad animal. Aunque estas interpretaciones no fueron expresadas tan claramente en todas las entrevistas, estuvieron muy difundidas por representantes de asociaciones de productores o de políticos de las regiones más afectadas a través de la prensa. Como relata un productor, “el ganado, las ovejas se están adelgazando, pierden peso y las ovejas madre que están preñadas también, tenemos el tanque australiano con más de 30 centímetros de ceniza, de ahí toman agua los animales, es un desastre” (El Chubut, 19/07/2011). Éstas no eran consecuencia exclusiva de las cenizas, sino que se sumaron a la tendencia que ya se venía produciendo por la sequía (INTA, 2011b).

Entrevistado: Buena vertiente, que nunca se ha secado. Mirá que yo me crié ahí y jamás vi una vertiente que se secó. Y este año si… Los mallines están enfermos todos ya no corre más agua… Así que queda un desierto. Los pastos, todo lo que es primavera, pasto no había…. Usted lo viera lo que era, pura ceniza… Un peladero vivo.
Entrevistadora: ¿Y se le murieron muchos corderos?
Entrevistado: Sí, sí… se murieron, casi, la parición, casi toda entera. (Entrevista a productor, Paso del Sapo, Chubut, 2012)

Hubo una sequía muy grande y después un volcán que nos castigó un montón, así que la mayoría lo tumbó. En el caso de mi vieja nomás, mi vieja tenía, ella no, no llegaba a 30 ovejas pero la ceniza le mató a todas, ¿viste?, le quedaron 10 y eso no, no lo pudo recuperar más, ¿viste? Igual que las chivas, las chivas, a ella se le murieron 25 chivas tapadas con las cenizas. (Entrevista a productor, Blancuntre, 2014).

Asimismo, en las zonas de mayor depósito de cenizas se complicó la provisión de agua, al tapar los tanques o secar o “empastar” las aguadas (El Oeste, 14/06/2011). En esta situación, muchos entrevistados manifestaron el descenso de la productividad de los campos que generó el debilitamiento de la hacienda y la necesidad de reducir la carga, principalmente de animales viejos. Otra evidencia fue el envejecimiento prematuro de los animales por el deterioro de sus dientes. “Hay un envejecimiento de la calidad de la madre, que viene a tener menos corderos” (Entrevista a técnico, Esquel, 2011). Por último, se afirmaba que las majadas disminuirían debido a la menor reproducción y señalada de animales, en un “deterioro progresivo”, según el presidente de la Federación de Sociedades Rurales de Chubut en el diario El Oeste (22/11/2011). Una solución para enfrentar estas consecuencias era a través de la mejora genética de los animales, para compensar el menor número con mayor producción de lana.

Pero cambiaron las situaciones [por la sequía y las cenizas] y si antes hubo 7000 y ahora hay que tener 4000 porque el campo no resiste, hay que acomodarlo. Porque el, la producción nuestra es en base a la producción forrajera del campo. Si uno tiene la oveja flaca, los animales flacos.. Ellos producen mucho menos. Es preferible tener… menor cantidad de animales y mejorar la producción de cada uno de los animales. Ahí el… es lo que podés llegar a variar. Una oveja te come lo mismo. Una oveja buena, que una oveja mala. Una oveja que te produce dos kilos de lana, te come lo mismo que la que te produce 4, 4 y medio, 5 kilos. Entonces… tenés la mitad o… el 70% de ovejas buenas y te van a producir más que las otras que no producen lo suficiente. El punto yo creo que es la parte genética, de la… trabajar en la parte genética del animal. No, no, pretender hacer producir al campo, sobrecargándolo. Hay, lo que hay que hacer producir es a la oveja, incorporándole genética. (Entrevista a contratista, Dolavon, 2011)

Esta situación provocó la sensación de desesperación por parte de muchos productores, especialmente entre los pequeños productores cuya subsistencia y forma de vida está ligada a la actividad lanera.

Hay mucha desazón, aunque desde provincia se entreguen subsidios para poder comprar los remedios estacionales, pero la gente está con mucha depresión, hay muchas personas mayores que no ven futuro por más que haya aumentado el precio de la lana, porque los mismos compradores van a descalificarla porque está contaminada. Además las ovejas están muy flacas con una especie de conjuntivitis y un tipo de neumonía, para colmo están quedando ciegas, estamos hablando de una realidad desoladora. (Madryn, 5/12/2012)

En cuanto a lo comercial, el deterioro del rinde de la lana y su impacto en el precio fue la principal consecuencia de las cenizas identificada por productores, trabajadores y técnicos[24].

Un vellón debiera pesar, ponele, tres kilos, tres kilos y medio. Y no los pesamos, porque no nos pusimos en el trabajo de pesar un vellón, pero calculamos que debe estar pesando alrededor de 5 kilos más o menos. Y ese kilo y medio es cenizas. Los rindes van a caer muchísimo (Entrevista a contratista, Dolavon, 2011).

El rinde tan bajo también dificultó el procesamiento industrial: por su finura, las cenizas quedaban insertas dentro de la fibra de la lana, no pudiendo ser retiradas durante el lavado y reduciendo su capacidad de absorber las tinturas. De esta manera quedaban marcadas por el color gris de las cenizas. Por este motivo, la venta de la barriga, que normalmente es una lana de segunda categoría (menor que el vellón), en este caso se encontró más limpia y pudo presentar mejores precios.

Otro impacto, especialmente entre los productores de menor cantidad de cabezas, fueron las dificultades para concretar la venta de la lana. Esto motivó que, algunos productores, inclusive reconociendo los beneficios de PROLANA y de las mediciones objetivas para evaluar la calidad de la lana, no las hicieran porque no conviniera afrontar sus costos (Entrevista a productores, Lagunita Salada, 2014).

En las prácticas laborales, algunos dueños de comparsas debieron contratar más personal para poder hacer la esquila en menos tiempo, para evitar que se siguiera acumulando la ceniza en el vellón y que se deteriorara más la hacienda durante el encierro (Entrevistas a contratistas, Esquel y Trelew, 2012). Igualmente, el principal inconveniente fue el desgaste de las herramientas y su consecuente riesgo para los trabajadores.

Más preocupante este año, fue el tema de las cenizas por el tema de las herramientas y el tema de las, del riesgo del trabajo (…) A pesar que las cenizas no impidió de no poder esquilar la oveja, sí que no deja de ser un riesgo, sino que lo que se junta esa ceniza, ese polvillo dentro de la tijera de esquila porque es una tijera con una maquinaria que trabaja a muchas vueltas. A lo largo, el desgaste, vos lo viste bien, lo fuiste viendo a medida que fuiste trabajando. Eso lo vas a ver, suponete hoy, por decir, no sé, quizás que con mil ovejas yo no sé… trabajaría con un esquilador me saca… 120 ovejas y trabajaría, por decirte, 4 peines y 6 cortadores en el día. Y posiblemente me lo tuvo que hacer con el doble o más del doble. (Entrevista a Contratista, Dolavon, Chubut, 2011)

Cabe mencionar que una máquina que no se encuentra bien afilada o en correcto funcionamiento puede trabarse en la lana y lastimar al animal, o inclusive puede correrse del lugar indicado y perjudicar al esquilador o a algún compañero que se encuentre cerca. Asimismo, la tarea de preparación del vellón (que es la lana cubre el lomo de la oveja y es la de mayor importancia comercial) para la venta también se vio dificultada por el peso y su tendencia a desarmarse. “Y al tener tanto peso en cenizas, al trabajarlo en la mesa para desbordarlo, envellonarlo y todo, se desarma todo. Porque tiene tanto peso que lo primero que hace es caer. Y no, no, no lo podés armar el vellón queda… nada, una porquería” (Entrevista a acondicionador, Dolavon, 2011).

La Ilustración 16 sintetiza las principales interpretaciones sobre la caída y el depósito de las cenizas volcánicas por parte de los agentes “laneros” y los efectos que encontraron en la producción y el trabajo. Fue un fenómeno al cual se le asignaron a causas naturales, fuertemente asociado con la sequía y de alto impacto entre los entrevistados. La combinación de problemas ambientales y la gravedad de los mismos reforzaron la sensación de conspiración climática y desazón entre los agentes afectados. Como consecuencia del depósito, se registraron consecuencias en la producción (mortandad y déficits nutricionales), dificultades laborales y comerciales. Estas consecuencias generaron que algunos productores siguieran manteniendo las mismas formas de producir mientras que otros adoptaron cambios, heterogeneidad de prácticas que también se presentó con los otros problemas ambientales. Entre ellas, se demandó al Estado y éste dio una serie de respuestas mediante políticas públicas (analizadas en el último capítulo), las cuales fueron objeto de críticas por parte de algunos productores y trabajadores por la lentitud con que fueron aplicadas y por la definición del área que se ayudaría. Especialmente se criticaba al Estado Nacional, por haber incluido en un primer momento a Río Negro y Neuquén y excluir a un vasto territorio chubutense, y luego por la definición de los límites de la zona de emergencia: “Hay lugares que declararon en emergencia y no hay ceniza, pero sobre los campos en que hay ceniza no han dicho nada, a los productores nos tendrían que dar algún tipo de aporte o subsidio para afrontar la emergencia” (El Chubut, 19/07/2011).

Ilustración 16: Esquema de síntesis de las interpretaciones y prácticas sobre el depósito de cenizas volcánicas

Ilustración 16: Esquema de síntesis de las interpretaciones y prácticas sobre el depósito de cenizas volcánicas

Fuente: Elaboración propia en base a entrevistas.

Una superposición de problemas, una heterogeneidad de interpretaciones

Como se observa de las interpretaciones y prácticas de los agentes “laneros”, la desertificación, la sequía y el depósito de cenizas volcánicas fueron problemas ambientales para estos agentes sociales. Los últimos dos fueron explícitamente definidos como tales, así como se mostraron consecuencias y modificaciones en la calidad de vida de los involucrados. En cambio, la desertificación no es un problema declarado por todos, pero a través de los años, y aunque no sea reconocido, ha generado y genera cambios en la relación entre la sociedad y la naturaleza, con impactos negativos para los productores, trabajadores y técnicos que se encuentran vinculados a ella.

El análisis de las interpretaciones y prácticas de los agentes sociales motivó la reflexión sobre los modos de construcción de los problemas ambientales en tierras secas.

En primer lugar, resulta evidente que los problemas ambientales no son definidos de la misma forma por todos los agentes sociales. Esta heterogeneidad de interpretaciones no responde, necesariamente, a la posición del entrevistado en la estructura productiva sino que varían al interior de cada grupo (técnicos, productores y trabajadores). Esto sucede en lo referido al conocimiento de los problemas, las causas y consecuencias que se le asignan y las medidas que pueden existir para la mitigación o remediación de estos problemas ambientales. De esta manera, se establece una primera característica de la construcción social de este tipo de problemas: su definición por parte de los agentes sociales es heterogénea, estableciendo diversas relaciones entre la sociedad y la naturaleza. En este caso de estudio, se han identificado tres tipos de interpretaciones.

  • Naturalizadoras: Naturalizan los problemas ambientales en dos sentidos: por un lado, debido a que consideran que “siempre fueron así” o que “siempre sucedieron”. Por otro lado, y quizás de mayor frecuencia, para referirse a que solamente la acción de la naturaleza los genera, lo cual solo es así respecto a la sequía y las cenizas, pero no en la desertificación o en la magnitud de los efectos que ocasionan. La naturalización también fue sobre las soluciones propuestas: “hay que esperar que llueva” o en argumentos que sostenían que el clima ya iba a volver a cambiar y que todo el nivel de deterioro provocado por estos problemas ambientales se iba a restaurar a su situación original.
  • Fatalistas: Enfatizan en el carácter inevitable de la acción de la naturaleza y/o irreversible de los problemas ambientales, aunque en ellos reconozcan la responsabilidad de la acción del hombre. Muestran la presencia de ciertos imaginarios o pensamientos mágicos o míticos, siendo uno de los ejemplos más claros quienes sostienen que hay que esperar “que los ayude el de arriba”.
  • Complejas: interrelacionan causas y efectos, estructurales y coyunturales, naturales, antrópicas y sociales. Pueden ser elaboradas basadas y utilizando los conceptos técnicos o en función de saberes empíricos.

La presencia de los tres tipos se encuentran inclusive dentro de un mismo grupo social, como en una entrevista colectiva con pequeños productores en el norte de la meseta chubutense, donde se conversaba sobre la sequía.

Entrevistadora: frente a la sequía si no, ¿lo único que hay que hacer, es esperar?
Entrevistado: Y cambiar el sistema de producción, que cuesta carísimo
Entrevistado2: Sembrar
Entrevistada: Hacer el Camaruco. (Entrevista a productores, Gan Gan, 2014).

En segundo lugar, para quienes mencionaron la presencia conjunta de dos o más problemas ambientales, la superposición generó la intensificación de los efectos y las consecuencias percibidas como producto de estos inconvenientes. Sin establecer un nivel específico de gravedad de los mismos respecto a otros hechos o momentos del pasado, en algunos casos, se les asigna un grado extremo en su suceder, como “es la peor sequía” o “nunca sucedió algo así”, o en sus consecuencias. Por ello, las interpretaciones que se denominaron como fatalistas presentan la característica de resaltar la superposición de problemáticas ambientales y de otras dificultades ligadas a la producción ovina para dar cuenta de una situación crítica.

La superposición de problemas también planteó la duda o la inseguridad en muchos entrevistados respecto a la posibilidad de revertir el suceso o sus consecuencias. La irreversibilidad se afirma por el nivel de deterioro de la naturaleza que imposibilita el retorno a un estado que resulte productivo. Estuvo basada, en algunos casos, en la naturalización de las soluciones, por lo que se ligan al sostenimiento de las prácticas productivas en la ganadería propias de un modelo de producción extensivo tal cual se desarrolló desde los inicios la actividad en esta región. En otros casos, basados en la ciencia, especialmente cuando se refieren a la desertificación, llevaban a proponer intervenciones radicales en la cuestión ambiental como la eliminación de la actividad ganadera, el cierre de los campos y el traslado de la población de las zonas afectadas. De esta forma, la irreversibilidad también podía implicar la incapacidad de volver a las mismas formas de producir del pasado y/o con la inexistencia de métodos, de intenciones o de posibilidades económico- productivas para modificar la situación de deterioro. Así se liga a los condicionamientos estructurales intervinientes en las interpretaciones y prácticas sobre los problemas ambientales que se analizarán en el próximo apartado.

Concepciones sobre el tiempo, espacio, agencia social y naturaleza en la construcción de los problemas ambientales

Los problemas ambientales en esta región y para los agentes sociales entrevistados se ha construido poniendo en juego, en relación, las interpretaciones dichos agentes sobre distintas dimensiones: el tiempo, el espacio, la capacidad de agencia social y la naturaleza. 

En primer lugar, las interpretaciones varían en la temporalidad asignada a estos problemas: como casos extremos, se encuentran quienes incluyen una prolongada extensión, un largo plazo, y quienes se concentran en aquellos que suceden en el momento coyuntural o en un pasado muy cercano. La temporalidad también está ligada a los modos, capacidades o intenciones de planificación anual, en mediado y largo plazo. Para aquellos agentes que sólo contemplan la situación presente o de corto plazo, ciertos procesos tecnológicos que requieren de varios años para ver sus resultados, como la intersiembra o la producción de forraje, resultan imposibles de abordar. Asimismo, los tiempos de la política pública tienen distintas interpretaciones porque, para algunos puede llegar siempre tarde con políticas de subsidio o financiamiento, especialmente frente a los episodios más críticos, mientras otros pueden comprender los tiempos de la burocracia estatal.

Hay que proveer en el caso del invierno donde hay lugares de riesgo de nevadas o de problemas climáticos, los forrajes de producción de agricultura en forma intensiva justamente para ese momento. Porque una vez que nevó o hay problemas climáticos ya no se puede hacer nada. Acá en Patagonia lo que no se hace para el 15 de mayo, después no se puede hacer. Entonces todo eso, es… hay una programación, una previsión que se hace de que cada uno pueda estar en su lugar de trabajo, mayormente abocado a su trabajo y en la mejor condición posible. (Entrevista a trabajador, Leleque, 2011)

La idea es que los valles estos funcionen como pulmones de producción de forraje para poder abastecer… y esto es una idea desde el gobierno, que funcione así, hasta la idea de cada propio productor, siempre tiene la idea “bueno, en este lugar, mejor produzco pasto para sacar afuera”. Afuera de mi campo, a los lugares más malos o para vender a otros campos. Entonces… lo que por ahí se hace después de cosechar lo que sea, se meten algunos animales adentro, para aprovechar un rebrote o lo que sea. Pero nunca, casi nunca el objetivo principal es poner la hacienda (Entrevista a técnico, Esquel, 2013)

Respecto al espacio, las distintas interpretaciones suelen incluir una referencia geográfica donde se ubican o se concentran cada problema: la sequía en todas las tierras secas de la provincia; las cenizas en el área norte, centro y este; y la desertificación en la meseta central. Sin embargo, la complejidad observada en este último fenómeno, y probablemente ligada a la atribución causal de la acción humana y el sobrepastoreo, pareciera inducir a que los entrevistados consideren que el problema se genera siempre en otro lugar distinto a donde ellos producen o trabajan. Dicho de otra manera: el espacio afectado por la desertificación siempre es externo al del agente entrevistado, por no querer asumir la responsabilidad que sus prácticas o las de sus antecesores hayan tenido en el deterioro de los suelos. Como son pocos quienes consideran que están afectados directamente por el proceso y, dado que “no los involucra”, las soluciones tampoco dependerían de ellos. Por otro lado, los modos en que se ubica geográficamente la desertificación según los entrevistados introducen otra cuestión interesante. Como en las investigaciones de Montaña et. al (2005), Torres (2005) y Constantini y Pedreño Cánovas (2006), existe una valorización diferencial entre los espacios irrigados y desérticos. En el caso chubutense, detrás de esta exteriorización pareciera esbozarse una necesidad de “ocuparse”, “cuidar” y “arreglar” la Meseta, como si desde ese espacio no se pudiera hacer. Esto establece, al igual que en los otros problemas ambientales, una demarcación, un límite entre un “adentro” y un “afuera”. Esta distinción es sumamente relevante, especialmente en sus impactos en la política pública: hay regiones “afectadas” y otras “no afectadas”, siendo los que trabajan y producen en las primeras posibles beneficiarios de dichas políticas, mientras que los segundos quedan excluidos.

La capacidad de agencia social es otra de las dimensiones, e implica las habilidades y posibilidades que se considera que los agentes tienen para evitar, prevenir o modificar el curso de los problemas ambientales. Para algunos, las personas o las sociedades son capaces de reflexionar sobre sus acciones y sus influencias en los problemas ambientales, así como en las causas y en las consecuencias que generan. De esta reflexión surgen alternativas y propuestas de cambios en las prácticas de producción o de trabajo en la ganadería, en la investigación científica o en las acciones que debería emprender el Estado para solucionarlas. Pero esa capacidad de agencia social no pareciera asignarse para todos. Las condiciones materiales estructurales planteadas en los capítulos anteriores y las limitaciones en el acceso al conocimiento científico y a la diversidad de políticas plausibles de ser aplicadas (que los distintos niveles del Estado estarían obligados a desarrollar masivamente por su adhesión a acuerdos internacionales, por las leyes sancionadas, entre otras), generan dos cuestiones: que muchos entrevistados no conozcan esas opciones y que algunos no puedan mencionarlas por la imposibilidad de llevarlas adelante[25]. En relación con el conocimiento, como afirma Bixler (2013), las fuentes de legitimidad de las interpretaciones sobre los problemas ambientales pueden ser diversas, proviniendo de distintas ciencias (climática, biológica o forestal) con mayor o menor adaptación local, experiencias concretas o fundamentos basados en presunciones históricas. En el caso de estudio, estas fuentes se encuentran presentes, así como también las creencias, la fe o el pensamiento místico. En el mismo sentido planteado Gascón (2009), existe una interpretación mística de la naturaleza que la considera el medio de expresión de una divinidad, interpretación que no resultaría novedosa porque se asigna a los desastres naturales en América Latina desde la época de la colonia.

Por último, al igual que sucedió en otros momentos históricos, la naturaleza es considerada de forma diferente por los agentes sociales. Existen interpretaciones que la presentan como “externa” al desarrollo del hombre y de las sociedades, mientras que otras las incluyen dentro de sus propias “realidades”. Para quienes la consideran “externa”, algunos continúan considerándola como un “enemigo” a ser combatido o, por lo menos, controlado; otros buscan el desarrollo de una relación “armónica” con ella; y otros promueven la “adaptación” a (nuevas) características que surgieron a lo largo de los años.

La selección de los componentes de cada dimensión por parte de cada individuo, probablemente se vincula con lo analizado por Lezama (2001) para quien no es la magnitud o la urgencia lo que define que algo se vuelve una preocupación ambiental para un agente social, sino sus impactos en el sistema valorativo y en el bienestar. En esta misma línea, desde la EPL, Alvarado Merino (2008) afirma que los problemas ambientales se vuelven tales cuando ponen en juego sus medios de vida y los de las generaciones futuras. Este punto resulta muy claro si se considera el tema de la temporalidad en el caso de los pequeños productores, que en su mayoría, se concentraron en los problemas de coyuntura (sequía y cenizas), en los efectos más inmediatos (la mortandad animal) y sus demandas hacia el Estado (para la provisión de forraje para evitarlos o de animales para la recomposición de sus majadas).

La construcción social de estos problemas también es compleja porque una categoría de cada dimensión no necesariamente se articula con la misma de las otras dimensiones, sino que se van entreverando de diversas maneras según cada entrevistado para constituir interpretaciones singulares en cada caso.

Sin embargo, es claro que los agentes sociales seleccionan los problemas ambientales y su definición, pero no de forma libre e incondicionada. Las condiciones materiales y los posicionamientos sociales siguen siendo importantes en el análisis de las cuestiones ambientales. Persisten desigualdades entre agentes productivos y entre distintas regiones que intervienen en las posibilidades de acceso a determinadas estrategias de producción y trabajo que podrían contribuir a mitigar, solucionar o prevenir los efectos de los cambios ambientales.

Respecto a las cuestiones materiales, existen varios indicadores. Tsakoumagkos (2003) sostiene que en la problemática ambiental resulta clave la consideración de la relación entre capital y tierra y capital y trabajo familiar, dimensiones que resultan condicionantes para las lógicas que desarrollan sujetos sociales concretos. Del mismo modo intervienen las determinaciones concretas históricas y geográficas de cada sujeto. En este caso de estudio, por un lado, el proceso histórico de la distribución de la tierra y los avatares del mercado lanero han generado una estructura parcelaria heterogénea, pero concentrada, y con problemas irresueltos en cuanto a la forma de tenencia por parte de los ocupantes.

El principal problema que tienen ellos [pequeños productores] es la escasez de tierra, en cantidad, calidad, ellos han sido desplazados a los lugares más pobres dentro la zona más pobre de la provincia y confinados en superficies muy, muy chicas. Y su racionalidad en realidad sigue siendo la de… cómo sería… decir… económica… Bueno, si yo necesito sostener a mi familia, con 200 ovejas no me alcanza, si puedo tener 300 voy a tener 300, si puedo tener 400 voy a tener 400, y no me vengas con la receptividad y el pastizal y la conservación y demás. (Entrevista a técnico, Trelew, 2010)

La capacidad económica y financiera de las explotaciones es clave para instrumentar manejos de restauración y producción. Por ejemplo, en el distrito Occidental en la provincia de Chubut, alrededor del 80% de las explotaciones tienen un tamaño menor a la unidad económica –tamaño que permite la subsistencia de una familia– (Aguiar y Román, inédito). En otras palabras, hay un número importante de familias con una dotación de recursos naturales que no alcanza a cubrir sus requerimientos. Mantener a estas familias en sus explotaciones, asegurarles una vida digna y lograr un manejo racional de los recursos es un enorme desafío. Claramente la actividad ganadera no puede ser la única entrada económica de estas familias y, en la medida en que la sociedad exija proteger y conservar la estepa, será necesario dotar a estas unidades económicas de los recursos económicos y financieros (además del conocimiento) para afrontar el cambio (Paruelo et al, 2006: 313).

La cantidad y forma legal de la propiedad de la tierra es un factor importante, pero también lo es la accesibilidad a otros factores necesarios para la producción como el agua, los mallines u otras tierras de alta productividad de forrajes.

Si mi abuelo tenía 3000, 2000 ovejas, hoy nosotros no podemos tener, por más que quisiéramos tenerlos, ¿qué va a comer? ¿Piedras? La oveja no, no hay, por más que quisiéramos sembrar, hacer pastura, si no tenés agua. Por eso, tenés que pensar en el agua primero, qué cantidad de agua tiene la superficie ¿cuánto te sale?…nosotros tenemos el río acá que pasa, pero cuánto nos sale una máquina para tirar el agua arriba, y regar, mucha guita. No lo vamos a hacer en un año. Es mucha plata eso… para productores como nosotros es imposible. El tener que comprarte una motobomba o un electro bomba, que te sale, no sé, bueno, mucha guita, imposible. Tal vez a través del Estado lo podés hacer, pero así una familia que diga, un trabajador del campo, es imposible. (Entrevista a productor, Vuelta del Río, 2014)

Esta disponibilidad de tierras y capital igualmente condiciona las posibilidades de acceso a bienes simbólicos, en este caso, del conocimiento técnico que pueden proveer distintos expertos que han acrecentado su injerencia dentro de la actividad en las últimas décadas. Como se menciona posteriormente, si bien el Estado provee de este tipo de servicios para pequeños productores, su alcance no es masivo.

El que puede, vos fíjate que hoy, los que tienen asistencia rentada son unidades de medida en campos grandes. Vos vas a un campo grande y tienen, esto que yo te decía: El contador, el ingeniero agrónomo, el contador y esas cosas. Técnicos. En la parte técnica tiene un equipo… Que el productor mediano no puede y el chico seguramente que no. (Entrevista a productor, Esquel, 2014)

Otro factor histórico y estructural remite al único objetivo comercial, con que se planteó el desarrollo y la evolución de la ganadería ovina en la región desde los inicios de la actividad a fines del siglo XIX: la venta de lana. El consecuente desarrollo de un monocultivo[26] lanero, al producir un único ingreso durante el año, incentivaba a los ganaderos a que tuvieran la mayor cantidad de animales posibles para, con ellos, obtener más kilos de lana.

Ligado a la cuestión del monocultivo lanero, las características del mercado mundial de lanas también se constituyen en un factor que condiciona la forma de construcción de los problemas ambientales por parte de los agentes “laneros”. El acotado mercado reduce las posibilidades de colocación del producto e impacta en los precios. Como Argentina es tomadora de precios, los agentes sociales aquí no pueden modificar el precio y, de esa forma, obtener mayores ganancias con sólo la venta de la lana. Por ello, el precio no puede ser un estímulo para reducir la carga o adoptar otras medidas respecto a los problemas ambientales (como, por ejemplo, generar obras de infraestructura para agua o recuperación de pastizales).

Por último, cuando hay movimientos del mercado, de los precios o la demanda, han habido, en distintos momentos de la historia, incrementos del nivel de carga de los campos, lo cual, según el enfoque científico predominante, es uno de los principales factores de la desertificación y/o que agrava las consecuencias de los períodos secos.

Ligado a lo anterior, se encuentra uno de los condicionamientos simbólicos- culturales que intervienen en la construcción de los problemas ambientales. El merinismo y la tradición lanera que se sostiene desde generaciones o que inclusive ha sido mejorada en su calidad con el esfuerzo de los antepasados, se constituye en muchos casos en una barrera para la aplicación de otras estrategias productivas generadoras de ingresos complementarios y que con ellos pudieran implicar una reducción del nivel de carga de los campos. Esta resistencia al cambio o a las innovaciones también se produce en un plano más general donde hay quienes quieren seguir sosteniendo formas de producción típicas o desarrolladas por sus antepasados, sin considerar los cambios ambientales. Pero la tradición o la historia familiar en la actividad pueden influir en otro sentido, aunque éste resultó menos frecuente. En algunos casos, el carácter pionero, innovador de los antepasados (abuelos, principalmente, pero también se refieren a los padres) se constituye en un estímulo para quienes son los más transformadores en lo productivo o inclusive en el ámbito del trabajo de la esquila: si padres o abuelos lograron ciertas mejoras o innovaciones, los productores o contratistas de hoy consideran que ellos tienen que seguir progresando y mejorando la ganadería ovina en lo que a ellos les compete para mantener la trayectoria de sus antepasados.

También existe una dimensión simbólica, cultural y política en esta construcción, que remite a la acción de la ciencia y el Estado, según son analizados en los siguientes capítulos.

La construcción social de los problemas ambientales y el predominio de un lenguaje de valoración productivista

Las tierras secas del centro y norte chubutenses han tenido una historia donde se han imbricado de forma compleja y diversa la naturaleza y la sociedad. Durante las primeras décadas de la actividad, si bien el ambiente era caracterizado a través de palabras que remitían a la lucha y al enfrentamiento, producto de una naturaleza presentada como difícil de dominar y con poco para ofrecer para la producción agropecuaria, no generaba un tema de discusión de forma pública masiva y los problemas sólo referían a los animales y su crianza. A medida que la producción ovina se fue expandiendo, se desarrollaron interpretaciones que enfatizaban en la “adaptación” a los procesos naturales, siendo la reducción de la capacidad forrajera generada por la erosión la principal inquietud y donde se comenzaba a vislumbrar la acción del hombre en el deterioro. Las últimas décadas del siglo XX se destacaron por el cambio de punto de foco de los problemas ambientales, que se concentraban en los suelos, tanto como el objeto del problema, como el de las soluciones. Asimismo, la acción del hombre para trabajar en la resolución de estos problemas resultaba indudable y comienza a demandarse y a hacerse más presente el Estado y sus organismos de ciencia y técnica en el transcurso de estos procesos.

La actualidad se caracteriza por la presencia de tres problemas ambientales según los agentes sociales involucrados en la actividad ganadera ovina. Su carácter problemático se define no de forma realista ni constructivista ingenua: parte del análisis de las interpretaciones y prácticas de los agentes sociales concretos que definen que la desertificación de los suelos, la sequía y las cenizas volcánicas modifican la relación que se establece en las tierras secas chubutenses entre la sociedad y la naturaleza, siendo que también la desertificación encuentra entre sus causas, factores antrópicos, propios de la forma de apropiación, uso y distribución del suelo a lo largo de los años.

Pese a que se constituyen como problemas ambientales, los tres fenómenos no han sido definidos de la misma forma por parte de los agentes sociales “laneros”. Sus características, las causas y las consecuencias mencionadas han sido diversas, así como también lo fueron las posibilidades de acciones para enfrentarlos, mitigar o reducir sus efectos. Esta heterogeneidad se presenta no sólo entre los agentes sociales, como han puesto en evidencia estudios antecedentes, sino que hay divergencias entre los técnicos, los productores y los trabajadores entre sí. A grandes rasgos pueden encontrarse definiciones que son naturalizadoras de los problemas ambientales, otras que son fatalistas y, por último, aquellas que son complejas en su caracterización. Esta heterogeneidad se presenta tanto en el plano de las interpretaciones como en las prácticas concretas de los agentes “laneros” en la ganadería ovina en la actualidad. Esto permite entender el sostenimiento de formas tradicionales de producción junto con una diversidad de estrategias productivas y de trabajo. También permite poner en evidencia el carácter construido de forma social de los problemas ambientales, entendiendo en que los modos en que se realizan tienen puestos en juego ciertas dimensiones sobre la vida social y natural, como ideas respecto al espacio, la naturaleza, la agencia social, y el tiempo que no son iguales para todos los agentes sociales. Asimismo, estos agentes se encuentran atravesados por historias, trayectorias, condiciones materiales de existencia, simbólicas y culturales que intervienen en esos procesos de definición de los problemas ambientales.

Si bien esta heterogeneidad está presente, desde los orígenes de la actividad ganadera pero especialmente en la actualidad se puede hablar del predominio de un lenguaje de valoración productivista respecto a la naturaleza de las tierras secas. Las consecuencias de los problemas ambientales en general, remiten a cuestiones productivas o vinculadas a la ganadería ovina, como la pérdida de rentabilidad, el deterioro del stock ganadero, la reducción de la calidad de la lana y las consecuencias sociales que estas genera: desaparición de productores, abandono de campos, menor trabajo. En este sentido, interpretaciones que apunten a la conservación de los ecosistemas de las tierras secas sin la intervención del hombre o a un discurso de valoración de estos espacios por su carácter natural fueron muy poco mencionados. En otros casos pueden estar “subsumidas” en algunas prácticas de certificación de calidad. Este lenguaje de valoración dominante no es novedoso tampoco en otro sentido: se encuentra presente y de forma hegemónica en los enfoques con que las ciencias han estudiado las tierras secas y con las formas en que el Estado define las políticas públicas para el sector ganadero y para los problemas ambientales.


  1. A modo de ejemplo: “Las grandes nevazones invernales, las lluvias y sobre todo la ventisca o el huracán, coartan toda actividad social o económica, a la par que disipan toda posibilidad de intercomunicación dentro y fuera de la región. ¿Qué puede hacer el hombre frente a la presión de un ambiente natural indómito y hasta cierto punto deprimente” (Vivanco, 1959:34).
  2. La rigurosidad del invierno de 1984, en el que se combinaron nevadas y bajas temperaturas, todavía se sostiene en la memoria de productores, técnicos y trabajadores. Debido a la intensidad del caso generó la pérdida de 1,5 millones de cabezas, el 25% del stock ganadero de la provincia (Pritzker, 1993).
  3. Desde mediados de los 2000 comenzaron a planificarse proyectos para la explotación minera en varios puntos de la región, cuya discontinuidad en la ejecución generó solo movilizaciones puntuales y declaraciones por parte de funcionarios pero no se presenta al momento de esta investigación como un problema ambiental para los agentes laneros. En 2019, el avance de algunos proyectos sumado a la posibilidad de cambios en la legislación vigente que regula la minería en la provincia motivaron el crecimiento de movimientos sociales en contra, inclusive apelando a las instituciones técnicas y científicas locales para que se expresen sobre los posibles impactos territoriales y en las actividades productivas vigentes, como la ganadería. Esta es una línea de trabajo que se está trabajando actualmente.
  4. Algunos de los puntos desarrollados en este y otros apartados respecto a la desertificación, fueron presentados de forma preliminar en Ejarque (2009 y 2013a).
  5. Esta exteriorización del proceso también se hace evidente cuando se compara la situación chubutense respecto a la de la provincia vecina de Santa Cruz, a la cual se le adjudican peores grados de deterioro y de mayor antigüedad.
  6. Esta situación no es novedosa: en 1990, ya se había descartado a la carne ovina como un producto a desarrollar para incentivar el comercio exterior de la provincia debido a que existían antecedentes, como la sequía de 1989 que había reducido la oferta disponible y que inclusive había generado que las empresas faenadoras de la región tuvieran que importar animales de Chile para cumplir con los compromisos ya asumidos (Vila, 1990).
  7. En el momento de surgimiento del proyecto era el Programa Social Agropecuario.
  8. Un análisis detallado de estas estrategias es desarrollado en Ejarque (2011).
  9. Las comparsas de esquila habilitadas por PROLANA deben cumplir con el registro de los trabajadores, inscripción en la ART y obra social.
  10. Ubicada sobre la costa centro de la provincia, abarca una superficie de más de dos millones de hectáreas y comprende parte de los departamentos Florentino Ameghino, Gaiman, Rawson y Escalante. Esta zona ha sido un polo de poblamiento, desarrollo y difusión de la actividad lanera (La Torraca, Aguirre y Rimoldi, 2004).
  11. “Antes de que existiera el INTA incluso, antes de que existiera el PROLANA y demás, los fardos de lana que se producían en esa zona llevaban un… sello muy curioso que decía Lana de Camarones y tenía precios de referencia diferentes y todo” (Entrevista técnico lana, 2010).
  12. Reglamentada en el 2000, la Ley de Indicaciones Geográficas y Denominación de Origen (Chubut, 1998b), establece la creación de “marcas colectivas” propiedad del Estado pero con administración y usufructo a cargo de una organización colectiva y formal integrada por miembros de la cadena productiva correspondiente.
  13. Hay sólo 3 laboratorios habilitados en Argentina (IWTO, 2014), y este grupo trabaja con el Laboratorio de Lanas de Rawson.
  14. Al momento de la tesis, la organización usaba en el nombre números romanos, siendo actualmente reemplazados por arábigos.
  15. Cabe recordar que estos merinos también desarrollan una buena proporción de carne que, junto con la venta de reproductores, pueden ser vías de ingresos adicionales, y romper con el monocultivo lanero (Andrade, 2005) predominante en esta producción.
  16. Según los productores pueden obtener un incremento promedio del 8,83% respecto al valor promedio de la zafra, cuando la venta se realiza a la misma organización y hay indicios de acuerdos de venta previos a la esquila que permiten garantizar la colocación del producto.
  17. Si bien la certificación de orgánico puede realizarse de manera individual, por el momento no se han registrado casos de productores por fuera de la organización.
  18. En términos comerciales, esta estrategia pareciera estar generando un plus en la venta de entre el 10 y el 15% (Entrevista productor ganadero, 2010; Elvira, 2010), que se suma a la reducción de las retenciones de un 10% a un 5% (Entrevista a comercializador, Trelew, 2010).
  19. Algunos de los puntos desarrollados en este apartado y otros referidos al período seco fueron presentados de forma preliminar en Ejarque (2013b) y publicados en Ejarque (2020b).
  20. En el año 2009 también se observó cierta recuperación de los niveles de lluvia, con lo cual todavía no es posible o conveniente afirmar la finalización del período seco.
  21. La presencia de elementos simbólicos y religiosos en las explicaciones sobre las causas y consecuencias de la variabilidad y cambio climático también se ha detectado entre campesinos en Colombia, aunque no siempre se puedan ubicar sus características en el ámbito local concreta (Pinilla Herrera, Rueda, Pinzón y Sánchez, 2012).
  22. Algunos de los puntos desarrollados en este y otros apartados respecto a las cenizas fueron presentados en un análisis preliminar en Álvarez Sánchez y Ejarque (2012).
  23. El CVPCC ha tenido 8 episodios sólo en el siglo XX: 1905, 1914, 1919, 1921, 1929, 1934, 1960 y 1969 (Abumohor y Díaz, 2011) y se destaca también en 1991, el volcán Hudson.
  24. El menor precio también fue registrado por Santander (2010) en un episodio previo de cenizas volcánicas provenientes del volcán Chaitén. Los “campesinos” entrevistados en Colán Conhué mencionaban: “como no valió nada la lana, me quede con una cuenta bárbara”, “Yo vivo de la lana y del pelo. (…) No, se pone difícil, vale menos y se pone todo difícil” (Santander, 2010: 71).
  25. Diversos estudios desde la teoría de las representaciones sociales trabajaron con la idea de una “zona muda”, donde algún componente puede no ser expresado verbalmente debido al contexto en que se encuentren y a lo que se considere como “políticamente correcto” o una “buena respuesta”. Estas expresiones no verbalizadas o enmascaradas surgen principalmente cuando se estudian objetos sensibles como puede ser con la desertificación, porque históricamente se ha culpabilizado a los productores por sus prácticas de sobrepastoreo que generaron el fenómeno (de Oliveira y da Costa, 2007; Rodríguez, 2011).
  26. El término cultivo suele ser utilizado para la ganadería, inclusive en ámbitos técnicos, al entenderlo como la cría y explotación de algún ser vivo con fin económico. De la misma etimología proviene este origen, donde la “cultura” implica toda transformación hecha por el hombre.


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