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2 Del predominio a la crisis: reconstrucción histórica y actualidad de la ganadería ovina chubutense

Comprender los complejos modos de construcción social y política de los problemas ambientales requiere de una reconstrucción de sus bases históricas. La primera parte de este capítulo tiene ese objetivo, el cual lleva al análisis de la actualidad del mercado lanero y de la cadena productiva, en diferentes escalas (mundial, nacional y provincial). Ésta resulta fundamental para identificar la situación actual de la producción ovina chubutense y de los agentes sociales involucrados.

La evolución de la producción de lanera chubutense[1]

A lo largo de los más de 100 años que lleva la ganadería ovina en la provincia de Chubut, se pueden identificar distintos momentos o períodos. Analíticamente, esta construcción histórica se presenta dividida en tres, cuyos límites se encuentran definidos por variaciones en una o varias dimensiones e indicadores: la población y la conformación de los agentes sociales vinculados a la actividad lanera; la tecnología aplicada y otros capitales aplicados a la producción; y la mano de obra, desde sus modos de contratación, tiempo, cantidad y tipo de trabajadores ocupados. También se consideraron los sistemas de comercialización (sus tipos y formas de acceso por parte de los productores pecuarios) para poder establecer los vínculos entre la producción local, el mercado internacional y el eslabón industrial de la cadena lanera. Sin embargo, cabe mencionar que, como en todo proceso, puede haber continuidades entre las etapas, o regiones o agentes donde las variaciones se produjeron previa o posteriormente a la fecha delimitada o, como se verá al final, algunos nunca cambiaron.

Los orígenes

La lana es una de las fibras más antiguas utilizadas por el hombre para la vestimenta. Su producción comenzó en Asia y se fue extendiendo por todo el mundo. En Argentina, hasta 1810 la ganadería ovina era residual en el sector agropecuario. Eran de razas criolla y pampa, las primeras supuestamente descendientes de merinos (Giberti, 1961). En dos décadas, desde 1830, y especialmente después de 1850, en la provincia de Buenos Aires, se produjo una expansión de esta ganadería conocida como el boom ovino, motivado por cambios en la industria textil europea demandante de lanas de largas mechas. Este proceso implicó el crecimiento cuantitativo- las exportaciones aumentaron mil veces en 25 años- pero también un mejoramiento de la calidad, basado en la intensificación productiva y con mayores inversiones de capital[2]. Su desarrollo estuvo también ligado a la llegada de migrantes extranjeros, sobre todo escoceses, ingleses e irlandeses, conocedores de la actividad y con vínculos comerciales con los países de destino del producto. El boom del merino bonaerense duró poco más de una década, debido a que la instalación de los frigoríficos fomentó el desarrollo de razas carniceras, como la Lincoln, y luego de la producción bovina, dejando y motivando la producción lanera- merino en zonas marginales.

La búsqueda de nuevos territorios para expandir esa actividad económica fue uno de los tres motivos que Bandieri (2009) reconoce como los impulsores de la promoción de la “Conquista del Desierto” y el cambio hacia una actitud proactiva de los gobiernos de nacionales a partir de 1861 para la “ocupación” de Chubut y los otros territorios patagónicos. La estepa patagónica tenía una décima de la receptividad para la ganadería ovina respecto de la pampeana (Barsky y Gelman, 2005), pero era suficiente para desplazar esta ganadería y dejar espacio para el vacuno. Este corrimiento de la frontera también intentaba defender los intereses económicos de aquellas poblaciones afectadas por los “malones” y el robo de hacienda y frenar el fluido de hacienda hacia Chile (Bandieri, 2009). Ambos fenómenos eran considerados las principales barreras a la expansión de estos grupos económicos que se encontraban estrechamente vinculados como proveedores de materias primas a las potencias europeas, principalmente Inglaterra. Según Coronato (2010), en periódicos argentinos de la época, eran frecuentes los reclamos de la diplomacia británica para que el gobierno argentino tomara acciones para defender los intereses de sus compatriotas en las “estancias de frontera”. Asimismo, la incorporación de estas nuevas áreas se vio acompañada por el crecimiento de las inversiones especulativas en tierras (Bandieri, 2009).

El segundo motivo radicaba en la necesidad de defender el territorio nacional frente a posibles ocupaciones chilenas y/o de otras potencias extranjeras. Sobre todo en la zona más austral, la presencia de los británicos comenzaba a hacerse muy notoria y poco controlada.

Estas cuestiones económicas y territoriales fueron justificadas ideológicamente con el explícito argumento de “civilizar” a la “barbarie” para asegurar el progreso. Después de 1861, los sucesivos gobiernos consideraban necesarios para la consolidación del Estado Nación el control territorial y la incorporación de los pueblos indígenas tanto al sistema productivo como al esquema de la autoridad. En este sentido se propuso la “Campaña del Desierto”, siendo este último término un claro indicio de la subvaloración a los pobladores de la región, al entenderlo como un espacio “vacío de civilización” (Bandieri, 2009).

El Estado Nación avanzó a través de las sucesivas campañas militares desde 1879 hasta 1895. A Chubut, el General Vintter llegó por vía marítima a Rawson y desde ahí, se extendieron por la meseta chubutense y rionegrina hasta la cordillera. En 1885, el Coronel Fontana arribó con un grupo de galeses a la zona del Valle 16 de Octubre (actual Trevelin y Esquel) y expandieron la presencia del gobierno argentino hacia la zona cordillerana. La mayoría de las poblaciones originarias fueron diezmadas en estas campañas y sólo algunas tribus de “indios amigos” según las consideraba el gobierno nacional, continuaron manteniendo vínculos e intercambios comerciales y les permitieron ocupar algunas, pero escasas, tierras. Quienes sobrevivieron al ejército, a los exilios forzosos o a la viruela, enfermedad que también generó estragos en la población nativa, fueron disciplinados mediante la territorialización: la obligación de aceptar establecerse en una locación fija, respetando los espacios asignados y delimitados por alambrados, lo cual les impedía la práctica de la transhumancia (Delrio, 2010). La delimitación, aunque su aplicación fue progresiva y hubo zonas donde hacia mediados de siglo XX no se había concretado, también recortó los accesos a fuentes de agua o a mallines[3] o pastizales de mejor calidad de forraje.

Junto con las campañas militares, llegaron de forma masiva, los ovinos a la región patagónica. “Los primeros ovejeros fueron en cierto modo transhumantes. Iban de un lado a otro en busca del sitio más apropiado para asentarse. Diseminaban sus ovejas por aquí, las concentraban más allá o las dividían en piños” (Lenzi, 1958: 327). A Chubut, los animales vinieron por vía terrestre desde la zona pampeana y predominaban las razas laneras- Criolla o Merino-, que con el tiempo llevaron a la especialización en la raza Merino[4].

La actividad ganadera tuvo un crecimiento constante tanto en la extensión como en la cantidad de cabezas de ganado durante las primeras décadas del siglo XX (Ilustración 2)[5]. Inclusive, a nivel del total país, la importancia de la actividad alcanzó su pico en 1914, llegando a ser el segundo país productor de lanas del mundo (Ferro, 1963, citado en Risso Patrón, 1973).

Ilustración 2: Evolución de Cabezas de Ganado Ovinas en Chubut (1895-2013), en miles

: Evolución de Cabezas de Ganado Ovinas en Chubut (1895-2013), en miles.

Fuente: Elaboración propia en base a datos relevados por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP, 2014).

Una vez logrado el dominio territorial por medio de la fuerza y el asentamiento, siguieron otras formas de intervención estatal. La principal fue la intervención para la distribución de la tierra, ahora considerada “pública”, ya que ésta y el asentamiento de población eran en el discurso oficial la forma de afirmar la soberanía lograda por medio de las armas (Bandieri, 2000). La política de distribución de las tierras fomentó la concentración en pocas manos, generando una estructura parcelaria heterogénea. Hacia 1914, según datos del Censo Nacional, sólo un 3% de las explotaciones tenía casi el 40% de las hectáreas, representando un mínimo de 12.000 has por explotación (Baeza y Borquez, 2006a). Estas grandes explotaciones son denominadas estancias en la región. Empresas inglesas fueron instalándose primero en la zona cercana al Valle Inferior del Río Chubut y luego hacia la península Valdés y el oeste provincial (Duffy, 1989). En el otro extremo de la estructura parcelaria se encontraba esa mayoría de pequeños productores (53%) con lotes reducidos, de menos de 1250 has. Estos propietarios pequeños, campesinos o crianceros, tanto nacionales como extranjeros, ocupaban las tierras de manera precaria sin derechos de propiedad (Troncoso y Flores Torres, 2010) y en muchos casos fueron obligados al pago de talaje o derecho a pastaje (Blanco, 2010). Dentro de este grupo se encontraban los pueblos originarios, muchos de los cuales habían quedado recluidos en reservas de indios o colonias agropastoriles, donde sólo contaban con lotes de entre 625 y 650 has por familia (Dumrauf, 1992). Estas extensiones difícilmente podían permitir la reproducción de estos pobladores y sus familias, especialmente por la marginalidad del lugar en que se encontraban y sus suelos áridos y de baja productividad.

Beneficiados por la coyuntura externa (el alza del precio internacional de la lana) y la exención de impuestos a la importación y exportación de productos (Baeza y Borquez, 2006a), los productores pudieron desarrollar la ganadería ovina con baja inversión en capital y en mano de obra. Entonces, el poblamiento patagónico estuvo fuertemente relacionado al desarrollo de esta ganadería, que fue conformando– claramente vinculado al proceso de distribución y apropiación de las tierras- una estructura con pocos establecimientos de grandes extensiones y baja densidad de población, que convivían con muchas explotaciones de pequeña y mediana dimensión (Blanco, 2008a y b).

Recién a principios del siglo XX, los estancieros comenzaron a realizar mayores inversiones, primero con la mejora de las razas de los animales (Helman, 1941), eliminando las cruzas y difundiendo los merinos puros. También se invirtió en molinos para agua y en la incorporación de nuevas tierras y, luego, en tecnología o en infraestructura, como viviendas para el personal, galpones de esquila, almacenes o cabañas y alambrados (Baeza y Borquez, 2006b).

Respecto a la mano de obra, las grandes estancias eran las que demandaban el mayor número de trabajadores. En este primer momento, el personal empleado de forma permanente tenía a su cargo el cuidado de la hacienda, el mantenimiento de la explotación y también realizaba la tarea de la esquila del propio campo e, inclusive, podían llegar a ofrecer el servicio a otros campos de la zona (Baeza y Borquez, 2006a; Blanco, 2005). En general, se reconocía a estos trabajadores con el nombre de ovejeros, aunque existían entre ellos diferentes cargos y categorías: desde el encargado, el capataz, hasta el peón ovejero y el aprendiz. Tenían precarias condiciones de vida en los campos y eran contratados por diversos períodos de tiempo, por ejemplo, mensuales o de invernada. A veces podían existir acuerdos salariales pero, en general, se establecía un contrato de aparcería. El origen de estos trabajadores a nivel general en la región, indudablemente en las grandes estancias extranjeras, este personal fue foráneo, británicos o europeos, chilenos y migrantes de otras zonas argentinas, en una proporción que dependía de la zona en la que se tratara. Lo que se destaca en la provincia del Chubut, es la ocupación de las poblaciones originarias residentes en las reservas o los pequeños productores o crianceros como fuente de mano de obra para las estancias. Para complementar los ingresos familiares, estos pobladores requerían asalariarse en estancias vecinas, ya sea de forma permanente o estacional.

De todas maneras, frente a las dificultades para conseguir mano de obra, especialmente para la zafra lanera (uno de los motivos puede haber sido la coincidencia del período de esquila con el de la chulenguiada o boleada de los guanacos[6]) impulsaron, primero los contratos de enganche, estableciendo los compromisos de las partes, los montos salariales y la obligación de la estancia del pago de comida y pasajes (Bascopé Julio, 2008); y, luego, la organización de cuadrillas o comparsas para la realización de la esquila. El endeudamiento o los “adelantos” que se generaban por la adquisición de los vicios (provisiones generales utilizadas por los trabajadores) durante el año en los almacenes o boliches de las mismas estancias que los contrataban fueron formas mediante las cuales se mantenían los vínculos laborales entre temporadas.

A diferencia de lo que sucedía en las grandes explotaciones, en los campos más pequeños, las tareas de cuidado y obtención de la lana eran realizadas por toda la familia y, en algunas ocasiones con colaboración de vecinos cercanos y sus empleados. Acontecimientos como la esquila, la faena o la marcación de los corderos se convertían en momentos de encuentro, socialización y festejo para los pobladores, que solía terminar con asado y baile. Aparentemente esta costumbre provenía de otros países ovejeros (“Cuando la esquila…”, 1960).

En cuanto a la comercialización, el destino final de las lanas siempre fue la industria textil en el mercado europeo, previo envío por barco a Buenos Aires o Bahía Blanca (los centros concentradores). Las grandes estancias primero vendían directamente y luego a través de casas exportadoras e importadoras (Baeza y Borquez, 2006a), mientras que los productores medianos se vinculaban con acopiadores regionales y los pequeños con acopiadores de campaña (Baeza y Borquez, 2006b) o con los bolicheros o mercachifles. Esto últimos se encontraron en la Patagonia a partir de los años 1890, comerciando con los últimos pueblos nómades y los primeros ovejeros (Coronato, 2010). No sólo fueron importantes como intermediarios entre los pequeños y medianos productores y los consignatarios de lanas en los mercados centrales (Blanco, 2008b), sino que los boliches también eran despensa, almacén de ramos generales, ferretería, bar y albergue, y, con el tiempo, hasta acreedores. Los productores compraban allí todo lo que necesitaban y pagaban cuando llegaba el momento de esquila o la venta de corderos, siendo el intercambio siempre sintetizado en moneda (Troncoso y Flores Torres, 2010). Los animales que no se vendían quedaban en el predio de los boliches, lo que les permitió a muchos comerciantes adquirir los ejemplares necesarios para reclamar su permiso de ocupación o inclusive, como es parte de la tradición oral de la Patagonia, para apropiarse de tierras, mediante lo que luego llamó prenda agraria.

La crisis producto de la primera posguerra mundial y de la de los años 30, que redujeron los precios de la lana y su demanda, dificultaron las posibilidades de colocación de estas fibras en el mercado internacional, principalmente de las de finura gruesa (Gorla, 2002). Frente a las dificultades comerciales, se ejecutaron las prendas agrarias, dejando sin animales a algunos productores (Finkelstein y Novella, 2005). Esto impulsó la migración de productores y trabajadores rurales hacia las ciudades patagónicas, generando movimientos más extensos y prolongados para los asalariados de la esquila.

Esta época de crisis fue enfrentada de diversas formas: venta de hacienda para generar ingresos y/o pagar obligaciones contraídas con las casas comerciales (Blanco, 2010); y el abandono de las tierras o la migración de algunos de sus miembros para asalariarse en el caso de los pequeños productores (Pérez, 2010). Como consecuencia de estas medidas se redujo el stock ganadero (Ilustración 2). Entre las respuestas de los grandes productores podrían mencionarse dos: por un lado, la mecanización de la esquila para disminuir sus costos y aumentar la productividad, que se extendió en la década del ’40 y se masificó recién a finales del siglo. Por otro, promovieron la defensa de sus intereses y el desarrollo de la actividad a través de la conformación y el impulso a las Sociedades Rurales[7], como organizaciones para promover la iniciativa privada y la investigación y el desarrollo científico- tecnológico y como portavoces de los reclamos por la entrega de los títulos de tierras, la eliminación de las “trabas” comerciales y los impuestos a la exportación (Gorla, 2002). En los 30’s también se fue profundizando la merinización de las majadas (Dumrauf, 1992), cuyas lanas eran (y son en la actualidad) las de mayor valor en el mercado[8], gracias a los nuevos ejemplares traídos por las grandes estancias y al apoyo del gobierno nacional mediante la creación de la Dirección de Lanas y Ovinos, para conocer los problemas locales y proponer métodos más adecuados para la producción y la comercialización regional.

Si bien la crisis fue importante, en términos de técnicas de producción, la actividad ganadera ovina siguió manteniendo las mismas características: cría a campo abierto, bajo mejoramiento de la especie, presencia de sarna y pocas instalaciones de bañaderos.

A modo de síntesis, este primer período se caracterizó por la expansión de la cantidad de población y de producción ganadera ovina. Ésta fue desarrollada de forma extensiva, con baja intensidad de inversión de capital y vinculada al mercado externo. Predominaban, por su extensión territorial y cantidad de animales, los grandes establecimientos, altamente rentables por el aprovechamiento intensivo de un recurso natural considerado pobre. También se encontraba un amplio número de pequeños productores de subsistencia que funcionaban como satélites de las estancias para la provisión de mano de obra y como fuente de ingresos para actividades complementarias como la venta y consigna de lana. Las zonas irrigadas de valles aunque en un primer momento participaron de la actividad ganadera, con el tiempo fueron destinándose principalmente a la agricultura.

El estancamiento y el fin del crecimiento

A mediados del siglo XX, la producción ovina se encontraba consolidada como una de las principales actividades económicas de Chubut. Sin embargo, en el transcurso de unas pocas décadas, el sistema empezó a mostrar signos de agotamiento hasta que su crecimiento se estancó, según lo evidencia la evolución de la cantidad de existencias ganaderas (Ilustración 2). Algunas de estas causas fueron:

  • La reducción del mercado internacional de lanas por la aparición y difusión de los sintéticos (Ríos, 1958) afectó los precios de la lana (Andrade, 2005) y las posibilidades de colocación de la producción.
  • Los déficits de calidad de las lanas debido a cuestiones genéticas y hereditarias; a los sistemas de crianza, de “cosecha” y acondicionamiento de la materia prima; y a enfermedades parasitarias o infecciosas (Helman, 1941). La sarna y parásitos comenzaron a preocupar a los productores en esta década (Esquel, 10/02/1960).
  • Específicamente los crianceros de la meseta presentaron dificultades comerciales también por la expansión del alambrado, que interrumpió las giras o transhumancia de sus animales. Se evidenció el superpoblamiento de algunos campos, tanto de animales como de habitantes y nuevas generaciones emigraron a las ciudades o pueblos de la zona en busca de trabajo (Troncoso y Flores Torres, 2010).
  • Algunas políticas de retenciones e industriales que desarrolló el Estado Nacional (desarrolladas en profundidad en el último capítulo).

En 1971, la Sociedad Rural del Valle de Chubut afirmaba que el estancamiento de la producción estaba afectando a los productores patagónicos, dejándolos en una situación de “quiebra total” por la cual culpabilizaban a la falta de una política lanera y a los bajos precios del mercado (Risso Patrón, 1973).

Estos diagnósticos motivaron la incorporación de nuevas técnicas de manejo: utilización de perros ovejeros, división en potreros, implementación de aguadas, rotación de las tierras, plantación de forrajeras (Ygobone, 1945) y para el combate de las enfermedades, aplicación de antiparasitarios y certificados de sanidad que otorgaba el Estado a aquellos que cumplían con los baños reglamentarios. También resultaron importantes las primeras investigaciones científicas sobre la calidad de las lanas que se hicieron, por ejemplo, en un laboratorio creado en la Universidad Nacional del Sur (“Estudio de lanas”, 1961).

Para algunos productores, otra forma de mejorar la calidad de las lanas fue el desarrollo de las cabañas, para generar reproductores, ovejas madres o de carneros de genética superior (Baeza y Borquez, 2006b). La cabaña requería (y lo hace hasta la actualidad) más personal especializado, alimentos específicos, cuidados sanitarios, perseverancia y conocimiento por parte de los cabañeros (Esquel, 24/01/1962:4). En la provincia, muchas se concentraron en la zona del VIRCh, y se formaron con animales procedentes de la Estancia Leleque de la Compañía de Tierras del Sud.

También con el objetivo de mejorar la calidad de la lana y la eficiencia de la tarea de la esquila, la selección de las ovejas que tuvieran su lana en el “punto justo de maduración” (“Cantidad y calidad…”, 1960:6) y, de mayor trascendencia, la difusión de las mencionadas máquinas eléctricas. Éstas modificaron el perfil del trabajo porque su uso requería de mano de obra calificada, lo que llevó a la especialización y jerarquización del esquilador. El resto de los integrantes de la comparsa, aunque cada uno tenía un rol (mesero, vellonero, playero o agarrador), podían desempeñar otras funciones (Berenguer, 2004). También se comenzaba a difundir la importancia de la clasificación de las lanas (la separación de los vellones según un tipo definido, generalmente basado en la finura de las fibras) para la obtención de un mejor precio en el momento de venta, siendo un proceso presente en el principal competidor argentino, Australia (Mujía Linares, 1943). Por último, también se dio el reemplazo creciente de majadas de menor productividad por aquellas de raza pura merino australiana de la cual se obtenía mayor cantidad de lana por animal (Brignone y Corvi, 1989).

Otra estrategia que se podía haber considerado era la complementariedad con la venta de carne ovina. Sin embargo, ya a fines de los 60’s esta posibilidad encontraba dificultades en la especialización en razas merino y la obtención de lana y por las distancias respecto a poblaciones o a frigoríficos para el faenado (Risso Patrón, 1973). En el mismo sentido, se incentivaba desde organismos técnicos a complementar la ganadería ovina con vacuna, aunque esto no siempre era posible por las condiciones de las pasturas y forrajes.

Mejoras en la comercialización y el transporte permitieron mantener los niveles de ingresos en ese contexto desfavorable. Se reemplazó el sistema de consignación por el de compra directa, donde representantes iban a los campos en la época de la esquila o antes y negociaban en ese momento y lugar el precio con los productores. La llegada del ferrocarril a las zonas más cercanas a la cordillera y, especialmente desde 1960, la extensión de la red vial, redujo costos y tiempos (Dumrauf, 1992; Zampini, 1975). En el transporte vial, el acceso también fue diferencial según el tipo de productores porque las estancias tenían sus propios camiones, mientras que los pequeños productores debían pagar los fletes a los compradores.

En el mismo sentido que la tecnología, un cambio en la política de tierras, como consecuencia de la sanción de una nueva ley de Tierras y la provincialización de Chubut se produjo a partir de 1950 pero con diferencias entre los productores, beneficiando a los de mayor tamaño, según se va a analizar en el último capítulo.

En resumen, desde la Segunda Posguerra y durante alrededor de tres décadas, la actividad lanera pasó del crecimiento al estancamiento productivo, de modelos extensivos con nula o baja tecnificación al creciente uso de técnicas científicas y tecnológicas tanto en lo productivo específicamente como en la naturaleza que en la que él se desarrolla. Sin embargo, estas nuevas tecnologías, técnicas y medios de comercialización sólo lograron, en el mejor de los casos, sostener la cantidad de hacienda y la rentabilidad de algunos establecimientos. Su adopción tampoco fue generalizada. Por estos motivos, hacia finales de este período, el decrecimiento de los precios de la lana y la reducción del mercado, en terrenos de baja productividad había logrado mantener la rentabilidad de la producción mediante la expansión de la frontera productiva y por algunas pequeñas inversiones. Pero a fines de los 70’s, ambas medidas no bastaban y no se podía sostener la misma modalidad de explotación (Baetti, Cornaglia y Salvia, 1999) y la producción sin preocuparse por la calidad del producto[9].

La crisis y caída del modelo extensivo lanero

Desde la década de 1980 en adelante, la producción lanera mostró claros signos de crisis. El principal indicador fue el descenso del número de cabezas ovinas, que se profundizó en la década siguiente (Ilustración 2). La pérdida de competitividad internacional- por la convertibilidad- sumó dificultades a la comercialización, el descenso de los precios internos en relación a los históricos (osciló en el 60%) y el sostenimiento de altos costos internos de insumos y mano de obra fueron parte de los motivos de la caída (Román, 1993). Esta situación fue acompañada de una reducción general del mercado de las lanas, con acumulación de stock que no podía ser vendido, frente al cual se comenzaba a privilegiar el mejoramiento de la calidad de las fibras. Asimismo, fue importante la eliminación de los precios sostén en Australia que afectaron los del mercado internacional (Mueller, 2007).

La rentabilidad de los establecimientos se vio perjudicada, principalmente en los pequeños: según Baeza y Borquez (2006b), en la década del 1980, sólo el 6% de las explotaciones ganaderas de Chubut tenían rentabilidad positiva. Esto fomentó la concentración de la estructura parcelaria y la compra de tierras por parte de nuevas empresas extranjeras para otros fines productivos. Tradicionales compañías inglesas fueron vendidas en esta etapa, como la estancia Lochiel Sheep Farming Company que fue comprada por Siracusa en 1973 y un año después, el grupo Ménendez, Ochoa y Paz comenzaron la compra de las estancias de la ASLCo (Coronato, 2010).

En el total provincial, entre 1988 y 2002, se registraron 21% menos de explotaciones ganaderas ovinas (INDEC, 2002), con dos tendencias contrapuestas: mientras se incrementó el número de explotaciones con menos de 2000 has. (producto probablemente de una subdivisión de los lotes por cuestiones familiares de herencia), aquellas con mayor cantidad de tierras se vieron reducidas (INDEC, 1988; 2002), como evidencias del mencionado proceso de concentración.

La producción también se centralizó: el 8% de conglomerados empresariales y grandes explotaciones poseían casi el 50% de las existencias ganaderas provinciales y el estrato mayoritario de explotaciones de subsistencia contaba con sólo el 11% de dicho stock. Los pequeños productores fueron aún más perjudicados por la precariedad de la tenencia de sus tierras que no había sido solucionada en la etapa anterior. Esta realidad impulsó no sólo, como en el pasado, a asalariarse en los campos vecinos para completar el ciclo productivo, sino a trasladarse la familia o algún miembro del grupo a los pueblos o ciudades intermedias en busca de trabajo o de planes sociales. A modo de ejemplo, la población rural en el total provincial cayó un 25% entre 1970 y 1991 (Datos del Censo Nacional de Población en Laveglia, 2004). A diferencia de otras regiones del país, en este proceso de migración rural urbana, para Laveglia (2004), no resultó tan determinante el reemplazo de mano de obra producto por nuevas tecnologías, sino un deterioro de la actividad que no lograba satisfacer las necesidades de la población. Según entrevistas a técnicos de diferentes organismos públicos (2010, 2011), en los cordones de las principales ciudades de la provincia se asentaron muchos antiguos pobladores rurales en busca de trabajo y de mejor calidad de vida para sus familias, pero el sector secundario y de servicios no logró ocupar a toda la población que se desplazó.

Frente a los problemas productivos se comenzó trabajar en mejorar la calidad de las lanas mediante un nuevo sistema de esquila (Bravo y Pondé, 1989)[10]; modificar el régimen aduanero para beneficiar a quienes clasificaran la lana en estancia (Elvira y Duga, 1985); y, hacia fines de los 80’s, se formaron cooperativas para coordinar las exportaciones (Elvira y Duga, 1985; Bravo y Pondé, 1989). Sin embargo, estos sistemas no perduraron en el tiempo. En este contexto, el sistema de comercialización de la lana también se volvía un factor que influía en el estancamiento productivo por: su carácter intermediado (en la mayoría de los productores, que encarecía los costos); la venta fuera de la región (que imposibilitaba el aprovechamiento de las coyunturas del mercado); la ausencia de precios claros y conocidos de mercado; y la concentración en pocas firmas con fuerte poder financiero que les permitía regular el mercado (Chiozza y Figueira, 1976).

La crisis de esta actividad tuvo un claro impacto en el mercado de trabajo, al producirse una reducción cuantitativa y cualitativa del trabajo demandado, incrementando también la estacionalidad del trabajo transitorio (Baetti et. al, 1999).

A partir de 2001, se produjo una mejora en la competitividad internacional de las lanas chubutenses y el incremento de los precios internacionales. Muchos productores pudieron reducir sus deudas, recuperar capital animal y finalmente invertir en mejoras. Lentamente también se fue recuperando la industria lanera local mejorando las opciones de colocación de lana para los productores (Mueller, 2007)

Sin embargo, la sequía entre los años 2006 y 2012 y el depósito de cenizas volcánicas en 2011 (debido a la erupción del Volcán Puyehue en Chile) que se sumaron a la desertificación de los suelos no permitieron la recuperación sostenida del nivel de stock ganadero. Al combinarse con otros factores (problemas comerciales, impositivos, de mano de obra, entre otros), los agentes sociales hablan de una “crisis productiva” que cuestionan las formas históricas en que se desarrolló la actividad y el uso que se dio a la naturaleza[11].El restringido y exigente mercado actual de las lanas y sus valores de sustentabilidad[12]En las primeras décadas del siglo XXI, según datos de la International Wool Textil Organisation (IWTO), la participación de la lana en el mercado de las fibras es pequeña, alrededor de 1,6% (Ilustración 3) y con una tendencia a su reducción.[13] Este mercado mundial de 1,2 billones de kilos de lana se obtiene a través de más de un billón de ovejas distribuidas en gran cantidad de países.

Ilustración 3: Participación porcentual de las fibras en el mercado textil mundial (2010)

Fuente: IWTO, en Elvira (2010).

La producción de lana ovina está dominada por tres países: Australia, Nueva Zelanda y China, quienes concentran más del 50% de la cosecha mundial (Elvira, 2009). Los dos primeros se han dedicado históricamente a esta actividad (probablemente como parte de la herencia colonial británica) y el volumen de lanas que manejaban y su importante calidad les permitía imponer tendencias y precios al resto de los países. Ambos presentan formas de producción muy diferentes: mientras el sistema australiano es más parecido al argentino, con crianza y pastoreo a campo alambrado en establecimientos semiextensivos o extensivos, en Nueva Zelanda los predios son más pequeños, con mayor control y vigilancia y la cría en establos durante el invierno (sistema denominado estabulación). Sin embargo, al igual que en Argentina, en los países de Oceanía se va reduciendo la actividad lanera y su participación en el mercado mundial. En contraposición, durante las últimas tres décadas, China ha incrementado sus volúmenes de lana, ganando espacio en el mercado internacional.

Como otros productos naturales, las lanas pueden ser clasificadas según diferentes criterios. La tipología más habitual y relevante para el comercio se basa en el grado de finura, el cual incide en la suavidad y textura del producto final. Básicamente esta tipología establece tres grandes grupos según el diámetro de la fibra:

  • Lanas finas: menos de 24,5 micrones
  • Lanas medias: entre 24,6 y 32,5 micrones
  • Lanas gruesas: de más de 32,6 micrones

Del total de lanas en el mundo, un 36% son de tipo fino, un 22% son de micronaje medio y el resto se corresponden a fibras gruesas (Elvira, 2010). Mientras que Australia se destaca en el segmento de las lanas finas, Nueva Zelanda y China son mayores productores de lanas más gruesas. Uruguay, principal competidor en América Latina, produce principalmente lanas de finura media (Cardellino, 2003).

Históricamente las lanas eran demandadas desde los países europeos, donde se ubicaban las industrias textiles que elaboraban los tejidos que luego se exportaban al resto del mundo. En la actualidad, China es el principal consumidor de lanas, con un 39%. Lo sigue otro “nuevo” consumidor: India, con un 11%. Los países “tradicionales” europeos continúan el ranking: Italia, 8%; Alemania, 6%; y Reino Unido, 5% (datos de 2006 de The Woolmark Company, en: Dirección de Relaciones Económicas Internacionales – Min. de Economía del Gobierno de Chile, s.f.). El crecimiento chino e indio es reciente: a modo de ejemplo, en 1990 cada uno de esos países importaba solamente el 3% de la lana comercializada en el mundo[14]. Pero su participación continúa creciendo, mientras que los países europeos la tendencia es contraria. Esta situación no necesariamente refleja los lugares donde las lanas son finalmente consumidas en forma de prendas o de textiles, sino que probablemente sea explicado por nuevas ubicaciones de las industrias procesadoras de la lana, que luego exportan hacia otros países los productos ya elaborados.

Según Mario Elvira, este reducido mercado para las lanas se concentra en consumidores acostumbrados al uso de esta fibra y/o de un alto poder adquisitivo, que no se conforma con cualquier fibra. “El paradigma de ‘vendemos lo que producimos’ hoy ya no tiene lógica ni aceptación” (Elvira, 2009:1). De esta manera, la cadena de la lana es traccionada desde la demanda de los consumidores, quienes piden que se cumplan con altos estándares de calidad. Para el uso en vestimentas, se exige que sean cada vez más livianas, suaves al contacto de la piel y de fácil cuidado (Cardellino, 2003). La lana dejó de ser exclusivamente destinada a la ropa de abrigo. Por su carácter flexible, en la actualidad está siendo utilizada para indumentaria deportiva de alto nivel, y por su resistencia, en textiles técnicos para aislantes térmicos, de sonido y antiinflamantes. Otras tendencias en el mundo son el interés por vestimentas “éticas”, lanas en cuya producción se haya garantizado el cuidado a la naturaleza, el bienestar animal y/o estándares laborales o de comercio justo. “[En], o sea, las empresas de indumentaria están, está totalmente instalada la idea de saber de dónde viene lo que están comprando y cómo fue el proceso, y si no tienen en cuenta eso se van a quedar fuera del mercado” (Entrevista a técnico privado, Esquel, 2014).

Estos segmentos de consumo exigentes representan una de las tendencias de cambio de las producciones agropecuarias en el mundo y se caracterizan por valorar la seguridad y las condiciones sanitarias de los productos que consumen y la conservación de los recursos naturales (Aparicio, 2005).

La tendencia es ir hacia una cosa de producción más natural. Hoy, si vos ves, las fábricas que procesan lana y digamos, todo el sistema comercial del producto lana está trabajando muy fuertemente en la sustentabilidad, es decir, muestran cuántos litros de agua se necesitan para hacer un kilo de, de, de ropa sintética y cuántos litros de agua se necesitan para, para hacer un kilo de ropa de lana. La diferencia es enorme desde el punto de vista de la sustentabilidad. (Entrevista a técnico, Esquel, 2014)

La IWTO ha reconocido estos nuevos perfiles y tendencias del consumo de lanas y en 2010, ha convocado a diferentes actores de todo el mundo a una discusión para la elaboración de un Código de Buenas Prácticas para la producción de ovinos y lanas. Los primeros borradores de este código promueven una ganadería productora de lana sustentable en base a tres principios: bienestar animal; conservación ambiental; y responsabilidad social. Estos principios se desarrollarían a través de medidas como: una adecuada nutrición; prevención de los dolores, lastimaduras y enfermedades a través de prácticas sanitarias; provisión de un ambiente para el desarrollo del comportamiento ovino natural; prevención de los animales al miedo o sufrimientos y al ataque de los predadores; uso controlado de remedios y prevención de la exposición a toxinas innecesarias o ilegales; protección y manejo de los recursos naturales; y responsabilidades ética y social de los criadores. El código sostiene la posibilidad de ir cambiando estas medidas según los nuevos avances en tecnologías y en conocimientos sobre el comportamiento y las necesidades de los ovinos. La redacción final del código está pendiente debido a tres puntos en los que no se ha logrado consenso: el capítulo referido al mulesing[15] resulta conflictivo, con fuertes críticas por parte de los representantes australianos; la definición de las sustancias permitidas y las prohibidas, como por ejemplo en los remedios y antiparasitarios; y los modos de adecuación de este código internacional con las normativas de cada país o regionales.[16] Para los integrantes de la IWTO este código, y en general a la política de una producción ovina sustentable, es una forma de recuperar mercado frente a las fibras sintéticas, destacando el carácter ecológico de este producto.

En consonancia con el desarrollo de códigos de sustentabilidad, se encuentran otras medidas para la ampliación del consumo de lana. Algunos ejemplos son el relanzamiento de las Woolmark y GoldWoolmark (a través de la página web) o las iniciativas promovidas por la asociación Australian Wool Innovation (AWI). Con fondos obtenidos de impuestos a las exportaciones de lanas en Australia, la AWI desarrolla campañas de promoción y marketing de la lana, buscando reposicionarla como la primera opción en fibras para textiles por ser: natural; renovable; biodegradable (“Cuando la fibra de lana natural se desecha, necesita pocos años para descomponerse. Al contrario de la mayoría de las fibras sintéticas, extremadamente lentas en degradarse”); con ventajas medioambientales de la lana de calidad (por su durabilidad y conservación del aspecto que reduce la frecuencia de sustitución y renovación); aislante natural; duradera (“una fibra de lana se puede doblar 20.000 veces sin que se rompa, teniendo poder de elongación, elasticidad y recuperación”) y transpirable (Campaign for wool, 2014).

En la actualidad existen tres tipos de lanas “sustentables” en el mundo (Entrevista a técnico privado, Esquel, 2014). Liderando el segmento se encuentra New Zeland Merino, un programa que hace más de 15 años que se desarrolló. Según su sitio oficial, su objetivo es proveer a los consumidores la certeza respecto a productos de calidad, salud y bienestar animal y valores sociales, económicos y ambientales, mediante el establecimiento de altos parámetros de bienestar animal, prácticas de manejo y manejo ambiental. Tienen un sistema de auditorías para controlar su cumplimiento, así como establecen contratos entre los productores y marcas de ropa para garantizar que las transacciones no estén sujetas a la volatidad de los precios del mercado y se pueda cumplir con el principio de sustentabilidad. Asimismo, participan de campañas de marketing, de desarrollo e innovación productiva mantener y ampliar la demanda de sus productos. En segundo lugar se encuentra New Merino, empresa australiana, cuyo énfasis en la sustentabilidad radica en la eliminación del mulesing. Según un técnico de la zona, ambas estrategias no muestran un gran desarrollo en los aspectos vinculados al manejo y cuidado de los suelos. El tercer tipo es la lana OVIS XXI que será analizada en el siguiente capítulo, ya que es la única que se encuentra en la zona de estudio.[17]

Este tipo de estrategias apunta al perfil de consumidores de mercados exigentes ya mencionados, que pueden acceder económicamente a estos textiles de alto rendimiento, suavidad y flexibilidad. Sin embargo, el crecimiento de China en las últimas dos décadas, tanto en la producción de lanas (alrededor de 75 millones de kg. limpios entre 1989 y 2008) como en el consumo, podría cambiar el perfil de los demandantes. Según algunos informantes claves, aunque hoy en día China demanda principalmente lanas más gruesas (menor finura y mayor rinde para la producción de textiles de consumo masivo de menor calidad) habría que monitorear si este consumo se sostiene o si sigue la tendencia mundial hacia fibras más finas.

La producción de lanas en Argentina, su inserción internacional

Argentina ocupa un importante lugar dentro del acotado mercado lanero, siendo el cuarto país productor en el mundo: en la zafra 2012/2013 se produjeron 42 mil toneladas de lana base sucia (Federación Lanera Argentina –FLA-, 2013)[18]. Pese a esta buena posición, Argentina no tiene capacidad para imponer precios a nivel internacional, sino que sigue las tendencias de los principales productores y comercializadores, Australia y Nueva Zelanda[19].

Al igual que los países oceánicos y a lo que se observó en el stock ganadero, la tendencia de la producción lanera argentina, es decreciente. Considerando las últimas tres décadas, es posible observar una caída constante durante casi todo el período. Aunque se pensaba que en 2007-2008 se había llegado al piso de la producción, en la zafra de 2013, se produjo una nueva caída considerable (Ilustración 4), dejando un saldo entre 1989 y 2012 es de 94 mil toneladas menos de lanas producidas, lo que representa una reducción aproximada al 68%. Esta tendencia decreciente se inició en las otras regiones laneras, las cuales, frente al descenso de los precios pudieron volcarse hacia otras actividades productivas. La declinación en la Patagonia fue posterior, probablemente ligado a la falta de consideración de actividades alternativas o complementarias y al proceso de desertificación que será analizado posteriormente (Román, 1993).

Ilustración 4: Evolución de la producción de lana en Argentina (1989-2013), en toneladas

evolución prod lana arg

Fuente: Elaboración propia en base a datos estimados de FLA publicados por Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca- MAGyP- (2013).

Esta evolución puede estar ligada a la variabilidad que tuvieron, en este período, en los precios[20]. Según Boholavsky (2008), durante la década de 1990 los precios internacionales eran muy bajos respecto a los costos internos de producción: por ejemplo, en 1993 mientras el kilo de lana se pagaba U$S 1,5 producirlo costaba alrededor de U$S 3,5, relación que se deterioró en los siguientes años por la constante reducción del monto pagado a los productores (que alcanzó como precio mínimo récord los U$S 0,66). Posterior al 2001, con la devaluación del tipo de cambio se recuperó la competitividad por la reducción de los costos internos de producción y, sumado a la mejora de los precios de internacionales y el impulso de la Ley Ovina (que será analizada en el capítulo cinco) permitió cierta recuperación de la obtención de lana, pero no logró sostenerse por muchos años.

Respecto a las formas de procesamiento de la lana, existen distintas etapas. Se comienza con el lavado, cuya finalidad es la extracción de tierra y otras impurezas que puedan existir en la lana, así como la separación de la grasa de las fibras. Luego, las lanas son procesadas mediante dos sistemas diferentes: el cardado[21] y el peinado[22] (Berenguer, 2004). El resultado del peinado es la generación de bobinas de lana, denominadas tops. Por último, el hilado implica la transformación de las lanas cardadas y peinadas en hilos, mediante el estirado, la torsión y el plegado de las fibras. Existen diferentes métodos y se efectúan en hilanderías, tintorerías o tejedurías (éstas se distinguen por el grado de integración que tenga cada empresa industrial). Otras tareas como el blanqueo, teñido y apresto son realizadas de acuerdo al tipo de producto que se desee obtener (Berenguer, 2004). En el Polo Textil Lanero de Trelew se concentra un gran número de barracas que realizan el acopio de lana para su exportación en sucio y algunos lavaderos e industrias topistas que todavía siguen en funcionamiento.

Como se mencionó anteriormente, el principal destino de las lanas argentinas es la exportación. Según datos de la FLA, en la zafra 2012/2013 se exportaron 40 mil toneladas, es decir el 95% de lo producido (en base limpia[23] fueron alrededor de 23.619 toneladas limpias de lanas), lo que equivale a un ingreso estimado de aproximadamente U$S 189 millones[24]. Los principales países de destino son China, Alemania, Italia, Uruguay y México.

La participación de cada tipo de lana en este total se evidencia en la Ilustración 5: casi el 38% son lanas sin procesamiento industrial (sucias, blousse y subproductos[25]); un 6,7% son lavadas; y la mayoría son exportadas como tops (peinada). La participación de lanas hiladas o tejidas no alcanza el 1% de las exportadas. Según Elvira (2009), esta distribución es un indicador de la fragmentación que sufrió la cadena de industrialización de la lana en Argentina, donde las peinadurías locales muestran capacidad ociosa porque esta tarea se está concentrando en fábricas de países asiáticos, como China e India, donde los costos de la mano de obra para realizar el peinado, hilado o tejido es menor.

Ilustración 5: Participación porcentual de las lanas exportadas en Argentina según su grado de procesamiento (Zafra 2012/2013)

Participación porcentual de las lanas exportadas en Argentina según su grado de procesamiento – Zafra 2012/2013

Fuente: Elaboración propia según datos FLA (2013). N= 23.619,2 toneladas limpias

El segmento de empresas que comercializan y/o industrializan la lana está muy concentrado: seis firmas concentran más del 75% de los volúmenes exportados y no son más de 10 las que realmente tienen un peso individual propio (Ilustración 6).

Ilustración 6: Participación porcentual de las empresas exportadoras en Argentina

Participación porcentual de las empresas exportadoras en Argentina

Fuente: Datos de FLA, en Elvira (2009). N= 23.318 toneladas limpias.

Entre ellas, la participación comercial es diferente, según el grado de elaboración con que exportan sus productos. Siguiendo la caracterización de Elvira (2009):

  • Lempiere se caracteriza por la exportación de lanas sucias (41% del total de este tipo de fibra), seguida por Fowler y Fuhrmann (aproximadamente 20% cada una).
  • Las lanas lavadas son principalmente exportadas por Chargeurs y ADF (entre ambas manejan el 35% de estas fibras).
  • En las lanas de mayor procesamiento en el país, las peinadas, Ituzaingo, Chargeurs, Fuhrmann y Unilán se reparten, en proporciones similares, el 70% de las exportaciones.

En función de estos indicadores, es posible sostener que la exportación de este producto se encuentra concentrada en pocas manos. Esto les genera un margen para establecer precios de compra a los productores que los favorezcan, aprovechando también la histórica la falta de información respecto de los precios internacionales y, por lo tanto, la ausencia de un mercado transparente. El Sistema de Información de Precios y Mercados (SIPyM) del INTA y el Laboratorio de Lanas Rawson ha colaborado a difundir masivamente un precio estimado para cada lote de lana según sus parámetros de calidad, permitiendo una mayor posibilidad de negociación para los productores. Sin embargo, esta capacidad sólo la tienen quienes cuentan con volúmenes considerables de lana, mientras que resulta muy dificultoso para los otros productores quienes siguen comercializando por medio de bolicheros o mercachifles.

En este contexto cabe hacer referencia a tres políticas recientes referidas a la exportación de las lanas. En primer lugar, la política de reembolsos. Desde 1984 hasta 2008, la exportación por puertos patagónicos estuvo beneficiada mediante la Ley Nº 23018 (Argentina, 1983) y su prórroga Ley Nº 24.490 (Argentina, 1995). Estas normativas establecían un porcentaje de reembolso del valor exportado, en una cuantía que dependía de la ubicación geográfica (se iba incrementando el beneficio a medida que se alejaba de los puertos patagónicos). Se buscaba estimular la incorporación de valor agregado en la zona, ya que aún hoy el puerto de Buenos Aires presenta ventajas comerciales por la mayor afluencia de transportes marítimos que permite despachar más rápidamente los productos y con un menor costo de flete. La prórroga de 1995 estableció que, a partir de 1999, se iría reduciendo un 1% por año hasta que se eliminara por completo, como sucedió en 2008 con los dos puertos chubutenses: Puerto Madryn y Comodoro Rivadavia. Esta situación agudiza la tendencia a la concentración de las exportaciones por el puerto de Buenos Aires. De todas maneras, en la actualidad (zafra 2012/2013) más del 30% de las lanas (7865,2 toneladas limpias) se exporta por Chubut, desde Puerto Madryn, lo que se encuentra muy asociado a la importancia del Polo Textil Lanero en Trelew que se mencionó anteriormente (del total de lanas exportadas en el puerto, el 84% son lanas con algún grado de procesamiento).

En segundo término, existe una política de reintegros para la exportación de lanas con algún grado de procesamiento industrial. Por ejemplo, en 2008, las lanas lavadas y peinadas tenían un 2,5% y 3,4% respectivamente de reintegro (Elvira, 2009), con la intención de estimular la incorporación de valor agregado a las materias primas.

Por último, las lanas también participan de la política de retenciones. Los valores retenidos también presentan diferencias según el grado de procesamiento industrial: 10% para las lanas sucias y 5% para las peinadas o lavadas.[26]

La heterogénea pero concentrada estructura productiva

Si bien la producción de ovinos se encuentra presente en la mayoría de las provincias del país, Chubut es la que presenta la mayor cantidad de cabezas de ganado ovino, seguida por otra provincia patagónica Santa Cruz (Ilustración 7). Luego se encuentran otras jurisdicciones históricas en la actividad pecuaria ovina: Buenos Aires, Río Negro y Corrientes aunque las no patagónicas se destacan por la cría de razas carniceras o multipropósito, como las Corriedale, Rommey Marsh, Hampshire Down, Lincoln e Ideal, con lo cual su producción de lana es menor, así como la calidad de la misma.

Ilustración 7: Mapa de producción ovina por provincia, en miles de cabezas de ganado (2013)

Fuente: Elaboración propia en base a datos de SENASA (2013), publicados en MAGyP (2014)

La actividad ovina es realizada en todos los departamentos de la provincia, siendo, según los datos del CNA 2002, Río Senguer, Tehuelches, Ameghino y Paso de Indios los que concentran el mayor número de cabezas (Tabla 1). Hasta fines de los 80’s, algunas jurisdicciones con importantes zonas áridas, como Languiñeo, Telsen o Gastre se encontraban mejor posicionadas en este ranking, pero han perdido lugares debido a las fuertes mermas de animales durante el período intercensal. Esta tendencia negativa fue generalizada en toda la provincia, aunque otros departamentos con caídas importantes fueron Futaleufú y Cushamen.

Tabla 1: Cantidad de Cabezas de Ganado Ovino en Chubut, 1988 y 2002, por departamento

Departamento

Cabezas Ovinas

Variación %, 2002-1988

1988

2002

Biedma

316.103

275.743

-13

Cushamen

282.450

177.606

-37

Escalante

267.097

196.740

-26

Florentino Ameghino

368.474

374.414

2

Futaleufú

199.010

116.912

-41

Gaiman

190.043

175.099

-8

Gastre

318.555

197.623

-38

Languiñeo

424.821

226.641

-47

Mártires

248.949

250.511

1

Paso de Indios

410.224

334.217

-19

Rawson

116.471

95.625

-18

Río Senguer

848.319

602.834

-29

Sarmiento

283.060

159.094

-44

Tehuelches

469.119

390.027

-17

Telsen

379.921

289.607

-24

Total Provincial

5.122.616

3.862.693

-25

Fuente: Elaboración Propia en base a datos del CNA (INDEC, 1988 y 2002)

En cuanto a los establecimientos laneros, Cushamen, Gaiman y Languiñeo son los departamentos con mayor cantidad de EAPs ovinas. Comparado con 1988, departamentos en los que solía haber más explotaciones medianas como Gaiman, Rawson o Futaleufú son los que presentan una pérdida proporcional más acentuada (Tabla 2). Sin embargo, como existe una tendencia generalizada a la reducción de EAPs en todos los departamentos, podría estar hablando de un proceso de concentración de la tierra. La tendencia a través de datos relevados en la Encuesta Ganadera Anual por el Departamento de Marcas y Señales de la Dirección de Ganadería de la Provincia entre 2005 y 2011 es decreciente en número de cabezas de ganado, productores y kilos de lana (Ministerio de la Producción de la provincia del Chubut, 2014).[27]

Tabla 2: Cantidad de EAPs Ovinas en Chubut, 1988 y 2002, por departamento

Departamento

EAPS Ovinas

Variación % 2002/1988

1988

2002

Biedma

116

116

0

Cushamen

570

540

-5

Escalante

98

79

-19

Florentino Ameghino

89

85

-4

Futaleufú

310

201

-35

Gaiman

760

237

-69

Gastre

252

204

-19

Languiñeo

282

227

-20

Mártires

119

107

-10

Paso de Indios

218

177

-19

Rawson

121

79

-35

Río Senguer

241

203

-16

Sarmiento

190

167

-12

Tehuelches

170

129

-24

Telsen

210

191

-9

Total Provincial

3.746

2.742

-27

Fuente: Elaboración Propia en base a datos del CNA (INDEC, 1988 y 2002)

En la provincia de Chubut, al igual que en otras donde se realiza actividad ganadera extensiva, en la definición de estratos de unidades productivas se considera la cantidad de cabezas de ganado. Los criterios de corte fueron tomados de una investigación antecedente realizada por Paula Berenguer (2004), basada en datos suministrados por el INTA[28]. De esta manera se establecen tres tipos de unidades de explotación ganaderas:

  • Conglomerados Empresariales y Grandes Explotaciones: cuentan con más de 4001 cabezas de ganado.
  • Pequeñas y medianas explotaciones: poseen entre 1.001 y 4.000 cabezas de ganado.
  • Explotaciones de subsistencia: tienen menos de 1000 animales.

Considerando la información del CNA de 2002 (Tabla 3) se observa que el 64% de las explotaciones productivas agropecuarias (EAP) con ganadería ovina de la provincia cuentan con majadas de menos de 1001 animales. Según Berenguer (2004), en este estrato se encuentran la mayoría de los productores de subsistencia, cercanos a quienes suele definirse teóricamente como campesinos (Llambí, 1981). Como este grupo no puede garantizar su reproducción únicamente mediante la actividad ganadera (lo que se denomina procesos de reproducción incompleta), suele desarrollar otras estrategias de ingresos, como la venta de fuerza de trabajo fuera del predio para completar el ciclo productivo. A diferencia de lo que sostiene Barbería (1995) para el caso de Santa Cruz, en Chubut, la presencia de este estrato de productores se encuentra distribuida en toda la superficie provincial y no existe, necesariamente, una correlación con la calidad de las tierras que disponen.

Tabla 3: Porcentaje de EAPs Ovinas y cabezas de ganado en 2002, según tipología de unidades de explotación

Tipo de Unidad de explotación

Escala de tamaño de la majada (cabezas)

EAPS Ovinas (%)

Cabezas de ganado ovino (%)

Explotaciones de subsistencia

1-1.000

64%

11%

Pequeñas y medianas explotaciones

1.001 – 4.000

28%

42%

Conglomerados Empresariales y Grandes Explotaciones

4.001- 10.000

7%

28%

10.001 y más

1%

19%

Total

100% (2.742)

100% (3.862.693)

Fuente: Elaboración Propia en base a datos del CNA (INDEC, 2002)

El estrato medio de producción abarca el 28% de las explotaciones. La residencia de estos productores puede ser rural o urbana, pero requieren de la contratación de mano de obra temporal para la esquila y probablemente también permanente para la realización de labores culturales.

Por último, el 8% de las EAPs corresponden a conglomerados empresariales y grandes explotaciones. Dentro de ellas hay principalmente empresas (inclusive grandes compañías pertenecientes a Sociedades Anónimas) y, en menor medida, productores familiares capitalizados quienes, como no residen en sus predios, realizan todo el trabajo de la actividad con personal permanente y transitorio.

De esta manera, aunque la estructura de propiedad no es tan concentrada (principalmente al compararla con Santa Cruz), hay un estrato mayoritario de explotaciones de subsistencia con una muy baja proporción de participación en el stock productivo provincial (11%), concentrándose este último en las grandes explotaciones. Las estancias representan solamente el 8% de las EAPs pero poseen casi el 50% de las existencias ganaderas provinciales. [29]

Además de esta situación de concentración parcelaria y productiva, el estrato de subsistencia suma a sus déficits de rentabilidad, la mayor precariedad en la tenencia de la tierra. Según el CNA 2002, más de la mitad de las explotaciones con menos de 1000 hectáreas[30] no cuentan con títulos de propiedad de la tierra, sino que las poseen bajo ocupación de hecho o con permiso, contratos agrarios u otros medios.

Pese a la tendencia desfavorable en los volúmenes, especialistas en este mercado coinciden en las oportunidades positivas para las lanas argentinas, y las chubutenses en particular. En Chubut, más del 97% son lanas finas y no se producen de micronaje grueso (Ilustración 8).[31] Inclusive dentro de las lanas finas, se encuentra un amplio porcentaje que podría ser denominado superfino, por su micronaje menor a 19,5. Esto les otorga una potencialidad para insertarse en el estrecho y exigente mercado mundial consumidor de lanas.

Ilustración 8: Toneladas de lanas sucias producidas en Chubut, por finura (Zafra 2012/2013)

Fuente: Elaboración propia según datos FLA (2013).

En el caso de las lanas chubutenses, el vínculo con este mercado internacional se realiza de diferentes formas y mediante una diversidad de agentes algunos dedicados solamente a la comercialización y otros que también realizan algún tipo de procesamiento de las lanas. Entre los primeros, se encuentran, por un lado, los tradicionales barraqueros chicos o acopiadores de campaña que existieron desde los orígenes de la actividad. También denominados mercachifles o bolicheros, se encargan de comprar la lana directamente a los productores, principalmente a los pequeños. La compra puede realizarse en los campos, donde el negociante se hace cargo del transporte, o en los pueblos cercanos y se puede realizar al barrer (sin distinción de calidad) o con algún grado de clasificación y acondicionamiento previo. Estos barraqueros cuentan con un galpón de acopio donde pueden realizar algunas tareas como la clasificación, análisis objetivos de calidad, y conformación de fardos previa a su venta a otros comercializadores o a los industriales.

Otro tipo de barraqueros o acopiadores son los de mayor tamaño que se encuentran localizados en las ciudades más importantes de la provincia, principalmente en Trelew en el Polo Textil. Estas empresas se vinculan directamente con productores (que por la cantidad de lana que poseen pueden negociar directamente el precio y la forma de la venta de sus lotes) pero también cuentan con representantes distribuidos en diferentes partes de la provincia y/o en otras zonas laneras del país, que recorren los campos y realizan acuerdos comerciales con los productores. Al igual que en el caso anterior, en la barraca pueden realizarse varias tareas: enfardelado, análisis de laboratorio y armado de lotes para la industria, según los requerimientos de los clientes. Estas barracas venden la lana directamente al exterior o, lo que sucede con mayor frecuencia, a otras empresas en el país que las industrializan o las exportan.

Por último, se encuentran los exportadores o exportadores industriales. Estos últimos como se encuentran ya en el eslabón industrial serán caracterizados en el siguiente apartado. Los exportadores que no industrializan las fibras, se dedican exclusivamente a la compra, acopio y clasificación para la exportación. Cabe mencionar que según lo registrado en entrevistas es frecuente que, más allá de que en el momento de la venta los productores presenten algún certificado o constancia que acredite sobre la calidad de sus lotes, estas empresas realicen nuevos análisis a las lanas previa a su exportación.

Las lanas exportadas de Chubut representaron en 2013 el cuarto producto exportado de la provincia en valores FOB, con U$S130.604.000 (en base a datos del INDEC, Dirección General de Estadística y Censos de Chubut, 2014).

Los trabajadores de la lana: perfiles y calificaciones [32]

La producción ovina de la provincia del Chubut requiere de la ocupación de mano de obra para diferentes procesos productivos durante todo el año, que puede provenir de las propias familias o ser contratado. La mayoría de las tareas no se realizan durante todo el ciclo productivo, sino que se concentran en momentos puntuales del año, por lo que también es frecuente la contratación de personal transitorio o de temporada. Entonces, este apartado describe los procesos productivos y las tareas que involucra, distinguiendo según el tipo de mano de obra que ocupan (permanente, transitoria o de temporada).

Las laborales culturales y el trabajo permanente

En la actualidad la producción lanera continúa requiriendo un bajo número de personal permanente para el desarrollo y mantenimiento de la actividad. En los campos o estancias más pequeños, el peón o puestero es quien se encarga del cuidado general del establecimiento y la hacienda. Sus tareas suelen incluir: recorrer a caballo el campo, verificar el mantenimiento de los cuadros, alambrados y aguadas, observar que se encuentre en buenas condiciones y que no falte la hacienda. Algunas tareas, como la reposición de alambrados o la limpieza de aguadas, pueden ser objeto de negociación entre los encargados y los productores, por el pago de un monto extra al salario mensual. A medida que se va incrementando el tamaño de la explotación, se produce una jerarquización de estos empleados.

En cada estancia hay un mayordomo, un administrador a cargo que lógicamente depende de esta gerencia. A su vez, esas estancias tienen secciones donde hay un encargado, un capataz de sección, a su vez esas secciones tienen puestos o puesteros donde está la gente distribuida en el campo para cuidar cada uno de los cuadros en los que hay animales. (Entrevista a administrador general de estancia, Esquel, 2010)

Los peones residen en alguna casa en el casco de la estancia o en un puesto. Las casas suelen ser modestas, aunque se reconoce, tanto por los productores como por los mismos empleados que, en las últimas décadas, ha habido una preocupación por los empleadores por brindar o mejorar la infraestructura o los servicios. De esta manera, a diferencia de lo que sucede con los trabajadores de la esquila u otros transitorios, generalmente cuentan con una casa con baño, lugar para cocinar, calefacción (a gas o leña) y electricidad (aunque esto último esté menos difundido).

Estos trabajadores cobran un salario mensual que, para aquellos registrados, se fija según las Resoluciones de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario (CNTA) y de acuerdo a las diferentes jerarquías, considerando el adicional por zona que corresponde a Chubut (Tabla 4).

Tabla 4: Remuneraciones para los trabajadores permanentes en explotaciones agrarias en Chubut (2013)

Categoría

Sueldo Mensual ($)

Peón General

4.898,60

Peón Único

5.028,17

Peones que trabajan en el cultivo del arroz, peones De Haras, peones de cabañas (Bovinos, Ovinos y Porcinos)

5.038,73

Ovejeros

5.080,32

Personal Jerarquizado: Puestero

5.400,40

Personal Jerarquizado: Capataces

5.957,17

Personal Jerarquizado: Encargados

6.284.09

Fuente: Comisión Nacional de Trabajo Agrario (2013b).

Estos montos fueron actualizados sistemáticamente en la última década, pretendiendo mantener el salario real en el contexto de inflación. Las remuneraciones se definen en reuniones que nuclean a representantes de la patronal (Federación de Sociedades Rurales) y de los asalariados, la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE). A diferencia de los convenios colectivos de trabajo, en las negociaciones el Estado interviene activamente en las decisiones y no es sólo el homologador de lo consensuado entre los empresarios y los trabajadores (Aparicio, Crovetto y Ejarque, 2013). Además del salario, a los permanentes el productor en general les brinda la leña, la carne y un monto básico en provisiones para alimentos, mientras que los otros “vicios” corren por cuenta del asalariado. Ellos pueden comprarlos en las ciudades o pueblos en sus días francos o, cuando las distancias o las facilidades de acceso o transporte no lo permiten, son provistas por el productor y descontadas luego del salario.

Según información relevada en campo, tendrían un mayor nivel de registro que los trabajadores temporarios y transitorios, así como acceso a los beneficios asociados al trabajo como aportes a la jubilación, obra social, vacaciones pagas, licencias por enfermedad y seguro contra riesgos del trabajo. Otros servicios previstos en la ley, como la provisión de ropa de trabajo o elementos de seguridad, no suelen ser otorgados generalmente por los empleadores.

Los trabajadores transitorios

La reducción del personal permanente en los establecimientos ganaderos ovinos de la provincia desde la década de 1940, implicó la contratación de personal no permanente en algunos momentos puntuales del ciclo productivo. Entre estos trabajadores, Salvia (1987) distinguió a los de temporada vinculados a la esquila, con mayor grado de especialización (por lo que serán analizados en otro apartado), y a los transitorios, de menor especialización. Estos últimos son contratados cuando se realizan algunas tareas de campo, siendo las principales: la señalada[33], la castración y el descole de corderos[34], la pelada de ojos[35] y la inseminación o encarnerada[36].

Durante estas actividades, además del personal técnico (principalmente veterinarios para la inseminación) y de los trabajadores permanentes que tiene el establecimiento (el cual normalmente se encarga de la selección de los animales), se contrata transitorios para juntar y arrear los animales hasta el potrero o el brete donde se harán las tareas y luego retornarlos hacia el cuadro correspondiente una vez terminadas las mismas. Por este motivo, son conocidos como corraleros o embretadores. La duración de la ocupación depende de cuántas tareas se realicen en simultáneo y de la cantidad de animales que posea el establecimiento, por lo cual, son contratados por día, como también se suele conocer a estos asalariados.

Respecto a la remuneración, si bien existe un valor de jornal de convenio establecido por la CNTA (establecido por resolución junto con el trabajador permanente), como suele ser una contratación informal, el valor puede variar según el arreglo entre el productor y el trabajador, ya que en la mayoría de los casos no se reconoce la existencia de una normativa legal sobre la remuneración de los por día. Asimismo, pueden existir otras remuneraciones adicionales (como corderos o carne proveniente de animales carneados en el mismo establecimiento) que se brindan para “compensar” la no contratación “en blanco” (Entrevista a productor, Trelew, 2011). Estos pagos se realizan siempre a final del período de contratación. El productor también se hace cargo de la comida, el traslado y el alojamiento de los por día, mientras que el trabajador puede ser contratado con su propio caballo y recado (la montura para utilizar con el caballo), con el recado o sin ninguno de los dos implementos, estableciéndose un precio diferencial en cada caso.

La esquila o zafra lanera

La esquila o zafra es el momento en que se cosecha la lana para la venta. Es una tarea que puede tener distintas características según el lugar, pero que requiere ciertas calificaciones (que distingue a estos trabajadores de otros transitorios) y cuyos resultados para los trabajadores, en términos de retribución, están sujetos a su productividad y las características climáticas y del espacio. La obtención de la lana se realiza mediante unas herramientas denominadas tijeras (esquila manual) o con el uso de máquinas de esquila, aparatos con filo que se conectan a motores en equipos fijos o portátiles (esquila a máquina). En la Patagonia, la esquila se realiza una vez al año, generalmente en la primavera, para evitar que los animales lleguen al verano sin su aislante térmico y desprotegidos de los rayos solares. El momento específico dependerá del lugar geográfico en que se encuentre (es más tardío a medida que se va hacia el norte y el este) y de la elección del productor si prefiere hacerlo antes o después de la parición de los corderos. La esquila posparto se realiza entre un mes y 45 días después del parto y puede realizar tanto maneada como desmaneada (atando o no las patas del animal). La esquila preparto sucede entre 15 y 20 días antes y se recomienda hacerla desmaneada para no estresar a los animales, especialmente a las ovejas preñadas y así evitar el adelantamiento del parto. Las ventajas que se asignan al preparto incluyen desde el mejoramiento de la lana (en su calidad y rendimiento al lavado), el mejoramiento del manejo en el galpón por la ausencia de corderos y el incremento de la señalada (por la menor mortalidad de corderos).

Históricamente, la esquila se realizaba de forma maneada, atando las patas del animal, (también denominada sistema criollo), pero actualmente predomina el sistema desmaneado. La técnica más utilizada en la provincia es la Tally-Hi (o sistema australiano) y, en menor medida, la Bowen, a través de la cual se reduce la contaminación de la lana, los recortes y el maltrato animal. Una variación del Tally- Hi es la esquila desmaneada secuencial. Se realiza la esquila desmaneada pero en dos etapas: primero, la esquila del no vellón (comenzando por la barriga) y luego la del vellón. Por el doble agarre de los animales que requiere, está comprobado que esta esquila es más lenta que la desmaneada convencional (La Torraca, Elvira, Aguirre y Villalobo, 2004). Esta diferencia del tiempo es reconocida legalmente, por lo que se establece el pago de un 50% adicional a la remuneración asignada para cada categoría de trabajador de la cuadrilla (Comisión Nacional de Trabajo Agrario, 2013a).

Una vez retirada la lana, puede ser acondicionada, tarea que implica la remoción del borde del vellón (desborde) para eliminar las partes pigmentadas o coloreadas. El acondicionamiento puede ser complementado con la clasificación o la separación de los vellones según diferentes tipos, para conformar bolsones o fardos con calidad uniforme.

La esquila es el momento del proceso productivo que ocupa mayor volumen de jornales de trabajo, los cuales son cubierto mediante un sistema de cuadrillas. Las comparsas están integradas por un número variable de trabajadores (determinado, en el caso de aquellas que hacen esquila a máquina, por la cantidad de manijas o tijeras eléctricas que tienen). Como sostiene Salvia (1987) son trabajadores estacionales o zafrales, con ciertas capacidades, roles y ocupaciones particulares:

  • Esquiladores: con tijera manual o mecánica, retiran la lana de los animales. Continúan siendo el centro de la organización de la tarea y quienes marcan el ritmo de trabajo, aunque su importancia ha quedado subsumida a la del clasificador o el acondicionador de lana, dado que su tarea está en clara relación con el precio de venta del producto.
  • Playero: levanta del suelo la lana. Los vellones son colocados en la mesa, mientras que las otras partes son colocadas en los cajones correspondientes, según su categoría. También suele ocuparse de distribuir las latas que le corresponden a cada esquilador por la cantidad de animales que cada uno esquiló[37]. En las comparsas más chicas, el playero además puede estar a cargo de barrer o limpiar el galpón, playa o cancha.
  • Barredor o canchero: se encarga de la limpieza en las comparsas más grandes. En estos casos, se suele repartir el valor del jornal entre el playero y el barredor, reduciéndose el ingreso del playero (Entrevista a trabajador, Esquel, 2012).
  • Mesero: se encarga de preparar el vellón para la venta
  • Prensero: ubicar la lana en bolsas y conformar los fardos.
  • Peinero: también sólo se encuentra en comparsas grandes, donde ayuda al mecánico en el mantenimiento de las herramientas. Como el barredor, es un puesto “iniciático” o formativo para jóvenes que irán aprendiendo para ser prenseros, esquiladores o clasificadores (puestos más específicos, de mejor remuneración y reconocimiento social).
  • Cocinero: se encarga de la realización de las cuatro comidas del día para todos los integrantes de la comparsa. Suelen estar contratados de forma mensual.
  • Mecánico: se encarga del correcto funcionamiento de las tijeras mecánicas y suele estar a cargo de coordinar el trabajo de la cuadrilla, llevar el registro de las latas obtenidas por cada trabajador y de la cantidad de animales esquilados en cada campo. De esta manera, funciona como la “mano derecha” del dueño de la comparsa porque es quien está de forma permanente en el campo con los trabajadores.

En las últimas décadas, y ligado a la adopción de estrategias de certificación de calidad de la lana (como el programa PROLANA) se ha producido la valorización de ciertas “credenciales”, como certificación de conocimientos y saberes, para diversos puestos relacionados con la esquila. Para ello, las comparsas son sometidas a inspecciones periódicas y a la necesidad de realizar reválidas anuales en el caso de los esquiladores y acondicionadores. Estas inspecciones y las reválidas invitan a pensar en la valoración diferencial que se le está dando al conocimiento técnico por sobre el “saber hacer”. Sin embargo, en el caso de PROLANA este conocimiento y las credenciales no implican un pago diferencial o adicional para los esquiladores y el resto de los integrantes.

La conformación de un grupo de expertos

Históricamente, en torno a la producción de ovinos, hubo una serie de expertos, los ovejeros que se encargaban del cuidado de los animales. En la actualidad, por la incorporación de prácticas, tecnologías o técnicas y especialmente para poder cumplir con los requisitos de las certificadoras de calidad, se ha desarrollado un grupo de expertos que asesoran o realizan tareas directamente para el productor. Como mencionan Cowan Ros y Nussbaumer (2011), existen expertos los profesionales de diversas ciencias, diplomados, instruidos en ámbitos formales de conocimiento; y los clasificadores de lana u otros técnicos, con saberes aprendidos en el oficio.

Entre el grupo de los profesionales, se encuentran veterinarios, ingenieros agrónomos, ingenieros químicos, licenciados en economía agraria, entre otros, que intervienen en tareas como el mejoramiento genético, la inseminación artificial, la evaluación de pastizales, las mediciones objetivas de laboratorio de la lana. Ligados a las grandes estancias y/o a la presencia de productores que no residen de forma permanente en sus explotaciones, se ha desarrollado un grupo de profesionales dedicados a la administración y gerenciamiento de los establecimientos, que “indudablemente tiende a mejorar y a aumentar la producción” (Entrevista a productor, Esquel, 2011). Algunos de estos profesionales pertenecen a organismos públicos, mientras que otros proveen sus servicios de forma privada. Entre estos últimos, para los casos asociados a la certificación de calidad, la misma organización es quien provee de los profesionales o por lo menos de un listado de miembros habilitados. Este personal no suele estar contratado de forma permanente, sino que, en general, son proveedores de servicios puntuales y cobran honorarios por día o por la tarea realizada. La excepción a esta situación puede encontrarse en los grandes establecimientos que tienen técnicos permanentes, aunque la modalidad de contratación también sea mediante el pago de honorarios.

Respecto al otro segmento de expertos, se han registrado para tres tareas: la clasificación de lana, la de hacienda y la inseminación artificial. Son trabajadores cuya especialización remite a un conocimiento práctico y no necesariamente formal o diplomado. Sin embargo, si se encuentran vinculados a una organización que va a otorgar la “distinción de calidad”, como PROLANA u OVIS XXI, puede ser necesario que dicho conocimiento haya sido formalizado, mediante la asistencia a capacitaciones, la solicitud de reválidas o la toma de exámenes. En el caso de los técnicos vinculados a OVIS XXI también existe un proceso de certificación internacional como “Educadores de Manejo Holístico”, por su capacitación en el manejo de pastizales de forma holística (este manejo será analizado en el quinto capítulo). Asimismo, esta organización forma a personas en la clasificación de hacienda y de lana, especialmente enfocados en la obtención de un producto apto para su comercialización vía la misma organización (es decir, que para certificar la lana obtenida en un predio con los sellos de OVIS XXI se requiere que la clasificación de la fibra haya sido realizada por una persona habilitada por la misma organización).

En general, para los tres casos- clasificación de lana y de hacienda e inseminación artificial-, los expertos son contratados directamente por el productor o a través de la certificadora, pero, en el caso de la clasificación de lana, si bien son trabajadores temporarios como los esquiladores, no se reclutan con la comparsa. Como el programa PROLANA exige el acondicionamiento, muchas comparsas cuentan con su propio acondicionador. Sin embargo, es frecuente que el productor contrate, además, a un clasificador de lana independiente por su cuenta (Entrevista productor, 2011). Esto es también un indicio de cómo la responsabilidad de la producción está siendo trasladada desde el ganadero hacia los clasificadores, tanto respecto a la calidad del resultado, de la lana, como en la organización, control y orden del galpón y de toda la tarea de esquila.

El clasificador es clave acá [enfatiza]. El clasificador es una persona que es experta, que conoce muchísimo de la lana y que es la persona que, como en el caso del grupo nuestro, no cierto?, es el que maneja el galpón. Es el tipo que tiene que manejar el galpón, que maneja los esquiladores, cómo quieren que esquile, que está mirando si están esquilando mal, porque él recibe el vellón y ve cómo está trabajando el esquilador, entonces le dice “No, tenés que cambiar el corte”, “Estás cortando mal”, “Estás haciendo esto”, “Estás haciendo lo otro” y, de este lado, le explica a cada uno de los que intervienen acá, cómo tienen que hacer, cómo las tienen que depositar. (…) Este tipo tiene su costo, pero si vos asumís un costo de hacer un buen trabajo, tenés que ponerle la frutilla al postre en la persona que es clave. En esto es clave. Vos podés tener todo esto muy bien organizado, fenómeno, pero si no tenés un buen clasificador acá que te maneje, no es cierto?, la esquila y la gente del galpón, no te sirve. (Entrevista a productor, Trelew, 2011)

De esta manera, este grupo de expertos se distingue de los otros trabajadores temporarios: por sus mayores ingresos (Berenguer, 2004); la posibilidad de realizar otras tareas con cierta calificación como la de hacienda o la inseminación artificial, alcanzando alrededor de siete meses de actividad (Entrevista a clasificador, Esquel, 2012); mejores condiciones de vida en el trabajo (el lugar de alojamiento y la comida no suelen ser compartidos con el resto de los asalariados); y el reconocimiento individual por su trabajo (sin que la convocatoria para el próximo año esté sujeta al desempeño de toda la cuadrilla). Sus vínculos laborales también suelen ser distintos ya que se consideran como proveedores de servicios, por los cuales cobran honorarios, y no como trabajadores.

Las instituciones públicas y científicas y los técnicos en la región

Habiendo descriptivo las características productivas y comerciales de la actividad, los procesos productivos y los trabajadores que intervienen, hasta el grupo de expertos que se ha desarrollado en torno a la actividad, resta caracterizar a los organismos del Estado, en sus niveles nacional, regional y provincial[38], vinculados a la actividad ovina y/o a los problemas ambientales en zonas áridas que con presencia en la región al momento de la investigación (2010-2014) y sus diferentes funciones.

En primer lugar, se encuentran los organismos, cuyos objetivos específicos o sus actividades se relacionan con el diseño, la implementación o la ejecución de políticas públicas relacionadas con el ambiente. En el plano nacional, la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (SADyS) tiene a su cargo la implementación y coordinación general del Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación (PAN). Este programa busca desarrollar estudios y proyectos de intervención, a fin de conservar y recomponer la naturaleza en las tierras secas. Para su ejecución trabaja en red con dinstituciones y organismos públicos nacionales, provinciales, municipales, con organizaciones no gubernamentales y asociaciones de productores. En la región la SADyS coordinó diversos proyectos que serán analizados en los siguientes capítulos: el Proyecto de Manejo Sustentable de Ecosistemas Áridos y Semiáridos para el control de la Desertificación en la Patagonia (Proyecto del Global Environment Facility- GEF-); la Evaluación de la Degradación de Tierras en Zonas Áridas (Proyecto LADA); y convenios interinstitucionales de cooperación, como el Convenio Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (SAyDS)/INTA/GTZ. Estos proyectos, como se verá posteriormente, no son ejecutados en la región a través de la Secretaría de Ambiente provincial, sino de otros organismos de carácter técnico- productivo, como el INTA o CORFO.

El Centro Nacional Patagónico (CENPAT) fue creado en 1970 y desde 1978 integra el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)[39]. Radicado en Puerto Madryn, históricamente su principal área de estudio fueron la biología y ecología de sistemas costeros y marinos, pero en los últimos años se encuentra además desarrollando una línea de investigación básica en ecosistemas áridos y semiáridos.[40]

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es un organismo nacional descentralizado del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP) y sus normas se ubican en el sistema científico nacional. Sus objetivos son: “contribuir a la competitividad de las cadenas agroindustriales, incremento de las exportaciones y acceso a nuevos mercados; contribuir a la salud ambiental y sostenibilidad y fortalecer la inclusión social y el desarrollo territorial, a través de la integración de economías regionales a los mercados internos e internacionales” (INTA, 2014). Específicamente sobre la producción ovina, trabajan en el asesoramiento técnico y el desarrollo de tecnología tanto para el mejoramiento genético como para el impulso de variedades que permitan la diversificación del ingreso mediante la complementariedad lana-carne. En la provincia cuentan con dos Estaciones Experimentales Agropecuarias (EEA), Esquel y Chubut, y Agencias de Extensión Rural distribuidas en toda la provincia. Las EEA se encargan de la investigación y difusión de tecnologías y de prácticas de manejo, asesoramiento a productores, desarrollo del proyecto de apoyo a la denominación de origen Camarones (específicamente la EEA Chubut), promoción de la mejora en la comercialización y la cadena de valor, desarrollo tecnológico de mejoramiento genético y nuevas variedades, mejoras técnicas en la esquila y brinda información sobre precios y mercados. También tiene sede en la provincia, específicamente en Trelew, el Centro Regional Patagonia Sur. Su función es delinear y ejecutar proyectos regionales y locales a través del Plan Tecnológico Regional que cuenta con cuatro componentes estratégicos institucionales: Transferencia y Extensión, Investigación y Desarrollo, Cooperación Institucional y Vinculación Tecnológica. El mencionado plan sigue lineamientos y objetivos similares a los planteados en las Estaciones Experimentales: el desarrollo, la adaptación y la transferencia de tecnologías de manejo y genéticas y la difusión de sistemas de diferenciación y agregado de valor. De esta manera, presenta una visión más amplia en cuanto al alcance de sus proyectos.

En segundo lugar, se encuentran los organismos que, aunque no de forma directa, intervienen en los problemas ambientales, generalmente a través de políticas para mejorar la ganadería ovina. Las políticas para el sector lanero en términos productivos son principalmente abordadas mediante el organismo nacional MAGyP. El mismo fue creado en octubre de 2009, luego de que fuera elevada de rango la antigua Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA) dependiente del Ministerio de Economía y, durante el 2008, del de la Producción. El objetivo del MAGyP es diseñar y ejecutar planes de producción, comercialización y sanidad en el ámbito agropecuario, pesquero, forestal y agroindustrial. Para este fin, cuenta con varias secretarías, siendo la Secretaría de Agricultura Familiar y Desarrollo Social la más relevante para este trabajo, ya que de ella depende la Subsecretaría de Agricultura Familiar (SSAF). La SSAF es lo que, antiguamente, era denominado el Programa Social Agropecuario que con la jerarquización del organismo pasó de ser un programa de duración determinada y dependiente de financiamientos puntuales, a ser un organismo estable. Su objetivo es ejecutar políticas y programas para los productores familiares, tanto productores minifundistas, con necesidades básicas insatisfechas, como productores con bajos niveles de capitalización. Su propuesta promueve el trabajo con organizaciones de productores, bajo la idea de lograr que los mismos puedan participar, organizarse y plantear demandas organizadas (Entrevista a técnica, 2011). En la actualidad, cuenta con cuatro líneas de acción: 1) asistencia financiera; 2) asistencia técnica; 3) apoyo a la comercialización; y 4) capacitación, aunque por el carácter reciente de la organización de esta institución, no todas las actividades y programas han podido ser implementados en la provincia. Su sede se encuentra en Esquel y su radio de influencia es provincial, aunque todavía no cuenta con presencia estable en todo el territorio. En la zona cordillerana, entonces, este organismo cuenta con una trayectoria histórica más extensa, inclusive conformando grupos de trabajo interinstitucionales con el INTA o con el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Dentro de sus actividades, en Chubut brindan financiamiento a grupos de productores ovino-caprinos, participan en la organización del Foro de Agricultura familiar y desarrollan el proyecto Linca para promover mejoras en la producción de lana ovina apta para el hilado artesanal impulsando la adopción de los métodos de esquila y preparación del vellón de PROLANA PP o Prolija. En este último, hay un trabajo conjunto con el INTA y con Ley Ovina, donde las tres instituciones contribuyen al financiamiento del mismo, y la Subsecretaría y el INTA se encargan del asesoramiento técnico.

El equivalente provincial del MAGyP es el Ministerio de Desarrollo Territorial y Sectores Productivos (durante la investigación también se denominó Ministerio de Industria, Agricultura y Ganadería- MIAG). Comparten el objetivo de promover el desarrollo territorial y productivo. Entre 2010 y 2014 llevó a cabo diversas líneas de crédito para los productores provinciales, destinadas a: compra de vientres y reproductores ovinos en ferias y remates de las Sociedades Rurales, (otorgando hasta $30.000 por productor); producción de carne ovina bajo riego y/o cultivo de alfalfa para la alimentación (para lo cual financiaban pasturas, forrajes y alambrados eléctricos por un monto máximo de $20.000); prefinanciación de esquila (hasta $6,20 por animal para productores entre 500 y 6000 ovejas); y fondos de emergencia para mejoras prediales, reposición de vientres y suplementación alimentaria (para productores de menos de 6000 cabezas de ganado y provee de financiamiento hasta $50.000). En el marco del ministerio, se otorgan los créditos correspondientes a la Ley Ovina. Una Unidad Ejecutora Provincial (UEP) se encarga de brindar cursos de capacitación sobre formulación y control de proyectos para aquellos profesionales y técnicos que desean presentar proyectos de financiamiento en el marco de la Ley y ejecutar las políticas de financiamiento.

Muchos de los planes y proyectos del MAGyP también son canalizados a través de la Corporación de Fomento del Chubut (CORFO). Es un organismo autárquico creado en la provincia en 1975 destinado a promover proyectos y planes de trabajo para la producción y el desarrollo. Su sede central se encuentra en la ciudad de Rawson, pero cuenta con cuatro delegaciones, coincidentes con la zonificación provincial en comarcas. Además de los proyectos realizados con medios propios, durante el período de la investigación, CORFO estuvo a cargo del Proyecto de Desarrollo Rural de la Patagonia (PRODERPA) y el Post Emergencia, provenientes de la Unidad de Cambio Rural del MAGyP. En lo relacionado al problema de estudio, estos proyectos financiaron mejoras prediales, obras de infraestructura de provisión de agua, máquinas y galpones para mejorar la esquila y capacitaciones en diferentes rubros (contables- administrativas, reproductivas, sanitarias y de trabajo) a organizaciones de pequeños productores en la zona de la meseta Central. Entonces, si bien estos objetivos parecen productivos, algunos tienen un trasfondo vinculado a los problemas ambientales que se verá en los siguientes capítulos.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), al igual que el INTA, es un organismo descentralizado del MAGyP. Cuenta con seis oficinas en la provincia y su función es garantizar a la sanidad y calidad de los productos agropecuarios. En cuanto a la producción lanera, la sanidad de los animales implica el combate de enfermedades, principalmente en la provincia la sarna y el melófago (recientemente se ha incorporado también la pediculosis), las cuales afectan el valor de la lana al incrementar el deterioro de la misma por quiebre. Para ello, el SENASA cuenta con dos planes: Plan Patagónico de Control y Erradicación de la Sarna y otras enfermedades endémicas (SENASA, 1995) y en el Plan Nacional de Erradicación de la Melofagosis en la República Argentina (SENASA, 2002). En base a las mencionadas normativas, Chubut desarrolló el Programa Sanitario provincial y todos ellos se llevan a cabo por las 12 Comisiones Sanitarias Departamentales de la Comisión Provincial de Sanidad Animal[41], según lo establecido a nivel nacional por la Ley 23.899 (Argentina, 1990) y a nivel provincial por el Decreto Nº 1590 (Chubut, 1996). La responsabilidad técnica de las Comisiones Departamentales está a cargo de las oficinas locales del SENASA ubicadas en Trelew, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Río Mayo, José de San Martín y Esquel. La tarea sanitaria incluye que el organismo realice supervisiones a los establecimientos, normalmente durante la esquila. Esa fecha en cada campo es estimada en función de las hojas de ruta que debieron presentar los establecimientos que realizan PROLANA o del listado de campos que se presenta en la Dirección de Comercio Interior. La elección de los establecimientos se basa en informaciones previas obtenidas mediante vínculos informales con los productores o técnicos de otros organismos, así como de los propios antecedentes del campo (presencia previa de enfermedades). De hecho, en una entrevista con un miembro de la organización (2011) resalta la importancia de estos canales no formalizados con otras instituciones (se mencionaron INTA y Secretaría de Agricultura Familiar) para la detección de posibles focos, ya que, considerando la cantidad de establecimientos, las distancias y los recursos disponibles, sin ella no sería posible tener un control preciso de las enfermedades. Asimismo, junto con la Ley Ovina, colaboran con productores minifundistas en la compra y aplicación de remedios y tienen un campo experimental en la localidad de Las Plumas, donde se testean los remedios, para poder mostrar su eficiencia en ambientes y animales propios de la zona. Por último, esta institución también realiza cursos de capacitación y de difusión sobre la situación sanitaria y de los avances tecnológicos en el área, a la cual se invitan a representantes de otros organismos, inclusive de algunos no directamente relacionados como el Laboratorio de Lanas. Otro organismo dependiente del Ministerio de Desarrollo Productivo provincial es la Dirección de Sanidad y Fiscalización Animal. La misma conforma, junto con el SENASA, la Comisión Provincial de Sanidad Animal y es el organismo que tiene, a nivel provincial, el poder de policía respecto a las leyes de sanidad animal y sus reglamentaciones, para ejercer su cumplimiento y promover las sanciones correspondientes en caso de infracciones.

Por otro lado, SENASA trabaja indirectamente en lo ambiental a través de ser el organismo responsable de la certificación de la lana orgánica (y de otros productos agropecuarios), según lo establecido por la Ley Nacional N° 25.127. Sin embargo, la institución habilita a certificadoras privadas para que desempeñen en la práctica la certificación. Por este motivo, el SENASA sólo realiza algunas cuestiones muy puntuales, como la emisión de los certificados, que están a cargo de las oficinas de Buenos Aires y desde allí se desarrollan también estadísticas sobre las exportaciones de orgánicos de todo el país.

También relacionado con la calidad de la lana, se encuentra el Laboratorio de Lanas Rawson, que comenzó siendo un pequeño laboratorio a cargo de la provincia del Chubut, en 1973. A partir del año 1995, el mismo comienza a funcionar como un organismo conjunto con el INTA. Se encuentra acreditado por la norma ISO 17025, que asegura la calidad técnica y el rigor de su tarea. Esta acreditación le permitió convertirse en uno de los 16 laboratorios del mundo que son licenciados por IWTO como certificadores de la calidad de lana. Así se evidencia que su objetivo principal es la realización de servicios estratégicos vinculados a la comercialización de la lana: realización de pruebas de laboratorio de la calidad; evaluación de majadas para la determinación de los mejores ejemplares como parte de PROVINO y lograr el mejoramiento genético; y generación y actualización del SIPyM del PROLANA. Los servicios brindados por el Laboratorio[42] son particularmente dirigidos a medianos y grandes productores, quienes pueden evaluar la calidad y la genética de sus lotes, así como tener una herramienta clave para la negociación del precio de venta. En algunos casos, productores de menor cantidad de cabezas de ganado pueden llegar a acceder a sus servicios mediante los proyectos de minifundios del INTA o la Subsecretaría de Agricultura Familiar. La institución también está vinculada con el sector industrial y los comercializadores, quienes también recurren a las mediciones objetivas de calidad para comprobar los atributos de los lotes adquiridos.

En este grupo, el último organismo es uno de los más recientes: el Instituto Provincial del Agua (IPA), dependiente de la Secretaría de Infraestructura, Planeamiento y Servicios públicos. Fue creado en 2009 con los objetivos de elaborar el Plan Hídrico Provincial y proyectar, ejecutar y gestionar proyectos de construcción, remodelación conservación, mantenimiento y explotación de las obras hídricas en la jurisdicción. Como se verá en los sucesivos capítulos, la creación de este organismo y sus acciones representan un cambio en el enfoque sobre los problemas relacionados con el abastecimiento de agua en las zonas áridas de la provincia.

Por último, cabe mencionar los organismos que intervienen en la ganadería ovina, aunque no necesariamente con medidas relacionadas al ambiente. En cuanto al mundo del trabajo, se encuentra la Comisión Asesora Regional de la CNTA del Ministerio de Trabajo de la Nación. Asentada en Comodoro Rivadavia, establece las normativas laborales para las provincias de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego y regula las condiciones de trabajo y remuneraciones de los trabajadores de la lana.

De alcance provincial, la Dirección de Comercio Interior (dependiente del Ministerio de Desarrollo Territorial y Sectores Productivos) se encarga de regular los aspectos del comercio en la jurisdicción. Respecto a la producción lanera, lleva el Registro Permanente del Servicio para la Esquila, según lo establecido en la Ley X N° 18 (antes Ley Provincial 3447). La inscripción en este registro es obligatoria para todos los prestadores del servicio en el territorio provincial. Para tal fin se requiere que los contratistas presenten la constancia de inscripción en el Impuesto a las Ganancias, la declaración jurada de los pagos previsionales, la obra social y la póliza de seguro de cobertura por accidentes de trabajo del personal que compone la cuadrilla. Asimismo, cada contratista debe contar con un Libro de Registros de Actas en el cual deberá los establecimientos donde esquilará, la cantidad de días del servicio y de los animales esquilados, el personal ocupado y las firmas de los propietarios. Este libro deberá ser rehabilitado todos los años, al presentarlo durante los meses de Abril y Mayo.

La Secretaría de Trabajo de la provincia es, principalmente, la encargada de velar por el cumplimiento de la legislación laboral vigente en cuanto a lo referido a los trabajadores permanentes y transitorios de la producción ovina. Para esto, utilizando los registros de la Dirección de Comercio Interior con los del programa PROLANA, pueden conformar el listado de los trabajadores temporarios ocupados, así como un cronograma tentativo de dónde encontrarán a las comparsas en cada momento de la zafra, para programar las inspecciones.

Referido a los temas estadísticos, se encuentra la Dirección General de Estadísticas y Censos, dependiente de la Subsecretaría de Modernización del Estado del Ministerio de Coordinación de Gabinete. Es el organismo encargado de la generación y difusión de estadísticas públicas de base, que brinden información e indicadores como herramientas para el desarrollo, que sean de fácil acceso para los interesados y que se vayan adecuando a los nuevos desarrollos tecnológicos de captación y difusión de datos (como por ejemplo, los Sistemas de Información Geográfica). Los resultados de Censos Nacionales de Población, Hogares y Vivienda, Censos Nacionales Agropecuarios y de la Encuesta Nacional Agropecuaria se encuentran en su sitio web o se puede acceder a través de su Centro de Documentación, y contribuyen a la definición de las políticas antes descriptas. A modo de ejemplo, la determinación de los montos de líneas de crédito por la Emergencia Agropecuaria asignados por lugar se realiza en función de indicadores estadísticos diversos como cantidad de habitantes, productores, establecimientos y cabezas de ganado.

Cabe mencionar que en la provincia también se realiza la Encuesta Ganadera Anual, la cual es llevada a cabo por el Departamento de Marcas y Señales de la Dirección de Ganadería del MIAG. Esta Encuesta es de carácter obligatoria para todos los productores ganaderos, según establece la Ley III Nº 17 (Chubut, 1998a). Registra los movimientos de hacienda, cuero y lanas, la cual también contribuye a mantener actualizados los números de cabezas de ganado de la provincia. Este departamento también se encarga de la habilitación de marcas y señales para los animales y de efectuar controles en barracas y frigoríficos.

El Instituto Autárquico de Colonización y Fomento Rural (IAC) es una entidad autárquica surgida a partir de la Constitución Provincial y creada en 1957 mediante Ley Nº 157 (Chubut, 1957). Su objetivo es la administración de la tierra fiscal y la adjudicación en venta (Ibarra, 2003), tema que aún no se encuentra resuelto por lo cual es este organismo quien interviene en los conflictos por tierras y quien debería entregar los títulos definitivos a quienes tienen permisos de ocupación.

El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas es un organismo descentralizado del Ministerio de Desarrollo Social, creado en 1989. Si bien su accionar no tiene objetivos específicos vinculados a la actividad lanera y/o las problemáticas ambientales, en el marco de su fin de contribuir a la ciudadanía de los integrantes de pueblos originarios, realizan actividades de capacitación relacionadas a la ganadería, proveen financiamiento para mejoras y obras de infraestructura o prediales en comunidades aborígenes y desarrollan relevamientos territoriales a los fines que estas comunidades puedan obtener la titularización de sus tierras.

Si bien cada una de estas instituciones tiene sus propias sedes y establece distintos tipos de vínculos formales o, en términos de Granovetter (1983), débiles o informales (Ejarque, 2011), en algunas localidades de la región son nucleadas en las Oficinas de Gestión Agropecuaria. Creadas en los últimos 3 años, buscan tanto fomentar el trabajo conjunto, coordinado y articulado de organismos vinculados como el INTA, la SSAF, el SENASA y CORFO, como constituir un único espacio de referencia para que los agentes vinculados a la producción se dirijan, reciban el asesoramiento técnico o cumplan con los trámites requeridos.

La crisis y la situación de encrucijada

La actualidad del mercado lanero se presenta como una encrucijada. El mercado demandante de lanas es pequeño en relación con las otras fibras textiles y donde Argentina es históricamente tomadora de precios (definidos por los principales países productores). Esto incentiva responder a las demandas de los consumidores para poder garantizar la venta de su producto. En contraposición los precios internacionales no presentan niveles tan bajos como en décadas anteriores (sobre todo algunos años atrás, post convertibilidad, eran buenos precios y en dólares) y la demanda se focaliza en el tipo de lana que es producida en este país, y principalmente en Chubut (de tipo fina o superfina). Asimismo, la Patagonia argentina y el modelo de crianza en pasturas naturales cuentan con las posibilidades para el desarrollo de lanas con un perfil “ético” o “sustentable” que también pareciera ser la tendencia a desarrollar en el mercado lanero.

Pese a estas posibilidades, la reducción de la demanda y los problemas productivos mencionados en este capítulo y los ambientales que serán desarrollados en el próximo apartado, generaron que los indicadores de la actividad productiva chubutense muestren una tendencia decreciente, tanto en cantidad de stock de ganado, como en kilos producidos, situación que abarca a todas las zonas de la provincia y estratos de productores. Asimismo, la estructura productiva se encuentra concentrada en pocas estancias de gran tamaño, dejando a un importante número de ganaderos con baja cantidad de animales (y en general, de tierra) que no permite una actividad económicamente rentable. En este contexto, el Estado presenta una gran variedad de organismos vinculados a los problemas ambientales (directa o indirectamente) y a la ganadería ovina, los cuales operan con distintos radios de influencia y objetivos de intervención. Uno de los puntos centrales refiere a la calidad de las lanas, respecto al cual se ha ido desarrollando, en los últimos años, un segmento de expertos en torno a la actividad que es importante. Este grupo de expertos, sean científicos o legos, tiene un rol cada vez más definitorio en los aspectos productivos, laborales y administrativos de los establecimientos ganaderos, con influencia en las decisiones tomadas por los ganaderos.

Entonces, se plantea una situación de encrucijada porque, no siempre y para todos, resulta posible ir absorbiendo los nuevos desafíos de la actividad que provienen del exterior, e inclusive puede ser difícil o imposible sostener la rentabilidad. Si bien en sus inicios la actividad lanera lograba producir más de lo que consumía directamente gracias a la explotación de los recursos naturales y de la mano de obra, no pareciera que seguirá siendo así en el futuro. Algunos especialistas y agentes sociales aventuran el colapso del sistema: la crisis de la actividad lanera. Esta idea permea en las interpretaciones y las prácticas en la producción y en el trabajo de la lana, especialmente en aquellos que incluyen los problemas ambientales en el esquema. Por ello, es necesario comenzar por comprender cuáles son las interpretaciones o ideas de estos agentes sobre el ambiente, sus cambios, los problemas que ellos identifican y las prácticas que llevan a cabo en relación con ellos.


  1. Algunos de los puntos desarrollados en este y otros apartados respecto a la historia de la provincia fueron publicados en Ejarque (2014b y 2016).
  2. Las aguadas, zanjas, baldes volcadores, alambrados, molinos de viento, manejo de potreros y cambio de pasturas, técnicas de sanidad animal, refinamiento de razas, tecnologías, destrezas y especialización en las tareas rurales, principalmente en la esquila, fueron los aspectos que incluyó el proceso que permitió la expansión ovina (Barsky y Gelman, 2005).
  3. Un mallín, denominación de origen mapuche, es una zona de tierras que tiene un aporte regular de agua, por lo que suele ser fuente de forrajes o lugares aptos para cultivo (Cassola, 1988)
  4. Existió otra corriente de ingreso de ovinos por el extremo sur de la región. Llegaron provenientes de las Islas Malvinas, acompañando a pobladores y compañías británicas y predominaban las razas para carne y lana.
  5. Los siguientes años se mantuvo relativamente el stock ganadero en la provincia.
  6. “Ya sea porque la ‘chulenguiada’ se considere más libre, más aliviada y productiva, o por esa inclinación nata de nuestros hombres de campo a ser libres y no trabajar ‘bajo patrón’, invariablemente se da el caso de que, a la iniciación de las esquilas, la mayoría de los brazos disponibles, aun aquellos que han pasado todo el invierno ‘tumbiando’ en las estancias y engordando los caballos en sus potreros, se alejan con cualquier pretexto y la mayoría se va a ‘chulenguiar’” (Abeijón, 1994:25). En la misma línea, Sourrouille recupera de Aguirre que los ganaderos de la época, principalmente la Compañía de Tierras del Sud, se preocupaban por hacer cumplir la prohibición de las boleadas de guanacos establecida en el Código Rural de los Territorios Nacionales (Argentina, 1894). “Se trataba de una antigua práctica india que molestaba a la Compañía y le impedía conseguir trabajadores en la época de esquila. Francisco Preston realizó una activa campaña al respecto ante los gobiernos de Chubut y Río Negro. En una carta de 1898 a la policía rionegrina observaba que si la ley se cumpliera “los indígenas tendrían que trabajar con más consistencia” y “serían más industriosos y respetables ciudadanos de lo que ahora son”. El gerente estaba convencido de que “la boleada es la causa de tanta vagancia” y las autoridades no dejaban de darle la razón” (Aguirre, 2004: 72-73, en Sourrouille, 2011:10-11).
  7. En efecto la primera Sociedad Rural fue la de Camarones, fundada en 1909. Luego se crearon las de Esquel el 9 de marzo de 1925 y la del Valle del Chubut el 30 de mayo de 1936.
  8. Como ejemplo, en 1959 los precios en la moneda de esa época de las lanas finas, como las del merino, oscilaban en los $1000 los diez kilos, mientras que las de cruza mediana alcanzaban los $900 (Esquel, 18/12/1959: 4).
  9. Esta situación productiva fue acompañada por una intención de las elites de gobierno locales de generar modelos económicos para la provincia por fuera de la ganadería, en el marco de los proyectos desarrollistas. Ejemplos de obras de esa época son la presa hidroeléctrica Futaleufú en Esquel, la expansión de los parques industriales y textiles en Trelew, obras portuarias y de metalmecánica ligadas al “boom petrolero” (Baeza, 2012).
  10. En 1985, el INTA intentó difundir un nuevo sistema de esquila a través de la Escuela de Esquiladores, para lograr subsanar las históricas deficiencias en este sentido que había en la provincia, apartando los animales de colores de los blancos en el momento de la esquila y separando las lanas de las diferentes partes de la oveja (Bravo y Pondé, 1989).
  11. En Ejarque (2013c) se desarrollaron los factores que los agentes sociales laneros incluyen en esta idea de crisis productiva y que motivan la modificación de prácticas que pueden marcar el cambio hacia una producción más intensiva. A modo de síntesis: productivos (reducción del stock ganadero, baja rentabilidad, dificultades para la contratación de mano de obra, especialmente calificada, desigualdad en la distribución de la tierra, monocultivo lanero), comerciales (de ausencia o baja promoción del producto, déficits de acondicionamiento, bajos precios y), culturales (individualismo de los productores, falta de trabajo conjunto, asociativo), políticos- económicos (retenciones, falta de apoyo estatal, incremento de costos internos).
  12. Algunos de los puntos de este apartado se encuentran publicados en Ejarque (2020a).
  13. Según Textile Exchange (2019) este valor estaría ya cercano al 1%
  14. Ya en la década de 1960 China se avizoraba como un potencial comprador de lanas. También resultaba prometedor el crecimiento de la demanda desde Japón, que no se sostiene en la actualidad (“Lanas: referencias…”, 1960).
  15. El mulesing es una práctica que se realiza a los ovinos en Australia para evitar el alojamiento en la zona perianal de los huevos de unas moscas que terminan lastimando a los animales, e incluso pueden causar su muerte. La técnica que usan para evitar que esto suceda es el corte, con una tijera de esquilar y sin anestesia, de los pliegues de piel que se encuentran alrededor del ano. Este procedimiento es cruel para los animales, genera importantes sangrados y, ocasionalmente, mala cicatrización. Aunque existen otros métodos alternativos, sigue siendo el más utilizado.
  16. En 2020 IWTO publicó un documento “IWTO Specifications for Wool Sheep Welfare” con especificaciones y normativas de los principales países productores, sin promover un posicionamiento común a nivel mundial.
  17. El desarrollo de las certificaciones de lanas ha crecido en el mundo, con nuevos sellos, especialmente el de Bienestar Animal (Textile Exchange, 2019).
  18. Se considera lo que pesan los lotes de lana previo a los procesos industriales, lavado y peinado, es decir, sucia.
  19. Román (1993) mostró la alta correlación en los movimientos de los precios internacionales de la lana y los de la producción ovina de Australia, dejando en evidencia su carácter de formador de precios.
  20. De todas maneras, los precios de la lana son volátiles y, según Li y Bottaro (2011), existen períodos de 7 a 9 años donde los precios son bajos, seguidos por 2 o 3 de mejores niveles.
  21. Se utiliza para hilados gruesos, de menor calidad por su baja regularidad, e inclusive puede admitir mezclas con otros productos como pelos o sintéticos.
  22. Genera hilados de mayor calidad, porque el procesamiento es más largo y costoso, al eliminar partículas vegetales y fibras que por ser demasiado cortas o con tendencia a anudarse deteriorarían el producto final. Este proceso exige trabajar con fibras de mayor largo de mecha y resistencia a la tracción.
  23. La cantidad de lanas en base limpia considera lo que efectivamente rendirá cada lote, una vez que sea sometido a los procesos de lavado y peinado.
  24. Ante la ausencia de datos específicos para Chubut, el análisis de exportaciones se realiza en base al total país.
  25. El blousse y los subproductos (borra, bloussette, abrojos, porotos, bloquet) son considerados los desperdicios de la lana y su valor comercial es muy reducido.
  26. Estas políticas han cambiado en los últimos años, según los diferentes gobiernos pero se mantiene esta redacción que era la vigente al momento de la elaboración de la tesis.
  27. En los últimos años el stock se ha mantenido relativamente estable.
  28. Existen algunas tipologías de productores elaboradas en el país que combinan de diferente manera la dotación de capital y tierra y el origen y cantidad de mano de obra utilizada, como la de Scheinkerman de Obschatko (2009) o la de Easdale, Aguiar, Román y Villagra (2009). Por la imposibilidad de contar con tabulados especiales y reprocesamientos de las bases censales no se han podido desarrollar para esta tesis. La tipología de Barbería (1995) para la Patagonia Austral, basada en el tamaño de los predios, si bien puede haber sido muy representativa de la realidad del poblamiento santacruceño a principios de siglo, cuenta con dificultades para su adaptación a la situación de Chubut actual, donde la cantidad de cabezas de animales suele ser una variable con mayor capacidad explicativa para distinguir tipos sociales de productores y sus formas productivas.
  29. Según los datos del CNA 2018, más del 82% de los ovinos están en manos del 25% de los establecimientos tiene el 82,4% del stock.
  30. Cabe mencionar que estos resultados refieren a las EAPs totales de la provincia y no específicamente a aquellas que cuentan con ganadería ovina, debido a la falta de disponibilidad de los datos. Sin embargo, debido al alto porcentaje que representan las EAPs ovinas sobre las totales (cercano al 75%), puede ser considerado como un indicador válido.
  31. Si bien los porcentajes varían en algunos años, la relación entre los micronajes se mantiene constante.
  32. Algunos de los resultados de este apartado se encuentran publicados en Ejarque (2014a).
  33. La señalada es la forma para identificar los animales de cada propietario, mediante la extirpación y/o incisión de una parte de las orejas (borde superior, inferior o punta) o la colocación de una caravana o tatuaje.
  34. Estas dos tareas sólo se realizan a los animales que quedan en el campo, no en aquellos que van a la venta. La castración evita servicios de los animales fuera del período recomendado y ayuda al engorde, mientras que el descole se realiza solamente en los establecimientos más cercanos a la cordillera con fines higiénicos (Berenguer, 2004). Descole también se llama a la remoción de la lana alrededor de los aparatos urinarios para evitar que se ensucie toda la lana.
  35. Se remueve la lana en la cara de los animales para facilitar su visión. También es un proceso prácticamente exclusivo de las regiones cordilleranas y precordilleranas, y se realiza entre los meses de abril y mayo. Pueden hacerse con tijeras manuales o eléctricas.
  36. Son las dos formas de reproducción de los ovinos más difundidas. La encarnerada es un método más antiguo e implica elegir un momento del año para juntar al carnero con las ovejas para que éste sirva a las mismas de forma natural. La inseminación es un proceso artificial que se puede realizar con diferentes técnicas, a partir de semen fértil o congelado. Este procedimiento permite reducir el número de carneros, seleccionando a los de mejores cualidades genéticas para incrementar la calidad de la majada de ovinos.
  37. Los esquiladores reciben 1 lata por oveja, capón o borrego esquilado y 2, 3 o más latas por los carneros, es decir, la cantidad de latas aumenta según el precio y el tamaño del animal (El Oeste, 2/4/11: 28).
  38. Los organismos de nivel local en la región no tienen una participación central, salvo casos o cuestiones puntuales que serán mencionadas en los momentos y situaciones que lo requieran.
  39. En el área de estudio, otro instituto de investigación de importancia es el Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino-Patagónico, dedicado principalmente a estudiar la región cordillerana y sus bosques.
  40. Actualmente cuenta también con grupos de investigación en la relación sociedad naturaleza.
  41. La comisión está integrada por representantes provinciales, el SENASA, la Federación de Sociedades Rurales, el INTA y el Colegio Médico Veterinario de la provincia.
  42. Existen otros laboratorios de análisis de calidad de lana del Estado fuera del radio provincial, como el de INTA Bariloche y el de Río Gallegos. También hay laboratorios privados, algunos pertenecientes o privado, dentro o fuera de la provincia vinculados a las firmas exportadoras. Los productores, comercializadores o industriales puede enviar sus muestras a cualquiera de ellos.


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