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1 La conceptualización del fenómeno

La investigación buscó ser novedosa en el modo de abordaje de la discontinuidad de los estudios universitarios en dos aspectos principales: (1) respecto a cómo se definió históricamente el fenómeno y (2) cómo se aborda en términos metodológicos.

Señalamos previamente el interés por conocer el proceso de discontinuidad de los estudios universitarios, pero no sólo a partir de las causas estructurales que lo motivan. Dichas causas, como la escuela de proveniencia y el nivel socio-económico familiar, entre otros, son relevantes. Sin embargo, queríamos entender los procesos subjetivos que acontecían en las experiencias estudiantiles y que daban lugar a la discontinuidad de los estudios: qué explicaciones daban sobre ello y en virtud de qué reconstruían nuevos proyectos de vida.

Considerando lo planteado hasta aquí, la investigación busca dar cuenta de las significaciones atribuidas en los relatos de vida de estudiantes a la “experiencia de discontinuidad” de los estudios, a su tránsito por la universidad y a las trayectorias posteriores, revelando repertorios de motivos que configuran lógicas decisionales.

La discontinuidad de los estudios universitarios es un fenómeno cada vez más abordado en el campo de estudios sobre educación superior[1], desde distintas perspectivas teóricas que plantean numerosas diferencias en términos de acercamiento al objeto, modos de conceptualización y perspectivas analíticas.

En los estudios existentes es frecuente el uso de los términos “deserción” o “abandono”. Ahora bien, ¿por qué optamos por llamarlo “discontinuidad de los estudios”?, ¿por qué no “abandono”, “deserción”, “retiro”, “expulsión”, “fracaso”, “desvinculación”, “desafiliación”, “desgranamiento” u otra manera de nominarlo? Todas estas opciones aparecen para describir el fenómeno en investigaciones previas y dan cuenta de la arista del problema a la que se le pone la lupa.

Nombrar al fenómeno analizado como “expulsión”, por ejemplo, pone el eje en cómo el sistema educativo excluye, consciente o inconscientemente, a ciertos sujetos que no manejan las pautas de la institución. De esta manera se subsume la decisión del sujeto a elementos estructurales. Otro ejemplo claro es el uso del concepto de “fracaso” que da cuenta del modo en que quienes investigan describen dicho proceso. No terminar una carrera de grado puede ser definido como un “fracaso” por quien investiga – quien, por cierto, es un graduado universitario–, en cuya cosmovisión de mundo la obtención de un título opera como criterio de éxito indiscutido y acentúa la responsabilidad individual del proceso.

En el presente trabajo optamos por el uso del término “discontinuidad” en reemplazo de los más utilizados como “deserción” debido al foco en la responsabilidad individual que éste último pone.

Por otro lado, el concepto “abandono” fue utilizado en distintas investigaciones como una alternativa al de deserción con el objeto de reducir la connotación negativa de un término vinculado al ámbito militar y que configura “un discurso que construye a un sujeto ‘desertor’ y cuyas connotaciones generan toda una serie de posturas que lo estigmatizan” (Moreno y Montoya, 2010: 53).

De esta forma, el uso del concepto de abandono empezó a ser definido como “el proceso voluntario o forzoso por el que un estudiante no continúa sus estudios” (Arriaga, Burillo, Carpeño y Casaravilla, 2012: 3) por oposición al de deserción que planteaba el retiro del sistema educativo como una decisión consciente del sujeto.

El concepto de abandono surge entonces a partir de la crítica a la carga sobre el individuo que presenta el de deserción y los menos utilizados de “fracaso” o “retiro”. Por otro lado, expresiones como “expulsión” y “desvinculación” acentúan el análisis en la responsabilidad institucional. Otros conceptos, como los de “desgranamiento” o “inconclusión”, buscaron nominar el fenómeno de manera más impersonal. Finalmente, conceptos como “desvinculación” o “desafiliación”, dentro de Latinoamérica más utilizados en la academia uruguaya, conceptualizan el fenómeno desde una mirada más organizacional. Por ejemplo, según Tabaré Fernández (2010: 24) se considera desafiliado a alguien cuando habiéndose matriculado en determinado nivel educativo, no lo finaliza por lo que se registra un período de inactividad de su trayectoria educativa.

En principio, lo que se busca destacar en este apartado es que la forma en que nominamos a nuestro objeto de estudio involucra los modos de abordarlo, interpelarlo e interpretarlo de manera particular. Considerando ello, presentaremos aquí los conceptos teóricos principales de la investigación.

Discontinuidad

Considerando los diferentes modos de conceptualizar el fenómeno de la discontinuidad previamente mencionados, sabemos que quien lleva adelante la investigación toma una decisión teórica en función de la arista del problema que quiere indagar, a sabiendas de que esa definición va a orientar el modo en que se realiza la investigación.

El uso de conceptos que aluden a la responsabilidad individual fueron cuestionados en investigaciones como las de Marta Panaia (2013), dado que “predomina, implícitamente, un carácter punitivo sobre el abandono porque la meta a lograr es la carrera universitaria terminada y el resto de las trayectorias incompletas constituyen casos desviados del tipo ideal representado por el graduado” (Panaia, 2013:21).

Históricamente, la literatura sobre el fenómeno aludido construyó un sujeto empírico de “abandonador” que se “desvincula” de la universidad y “fracasa” en cumplir el objetivo de la “conclusión” de la carrera. Esta mirada sobre la graduación como fin último en las trayectorias estudiantiles está presente también en la agenda pública, tal como se expuso en un análisis sobre los discursos de la prensa gráfica argentina en torno al abandono universitario (Santos Sharpe, 2018).

La elección de un concepto para definir un problema responde a criterios teóricos. En nuestro caso, el uso del término discontinuidad buscó centrar la investigación en una dimensión hasta ahora no problematizada en los estudios sobre el fenómeno, que es pensar la universidad como un espacio de construcción de subjetividades a partir de las que se dirimen una serie de autopercibidas decisiones propias, entre las que se encuentra la discontinuidad de los estudios universitarios.

El uso del concepto de discontinuidad por sobre otros (como abandono o deserción) se enmarca en una discusión más amplia. Foucault utilizó el concepto de discontinuidad en La arqueología del saber (2002) a modo de crítica a los análisis históricos clásicos que se centraban en analizar la continuidad en los hechos históricos (2002:5) y cuando encontraban una ruptura la calificaban como una “dispersión que ningún horizonte previo podría encerrar” (2002:340), como si las continuidades fuesen lo recurrente y las rupturas la excepción. Foucault se esforzaba por demostrar que la discontinuidad no era una anomalía en la historia, sino que “es un juego de transformaciones específicas (…) ligadas entre ellas según esquemas de dependencia” (Foucault, 1994:680).

Recuperando esa expresión, interesa enunciar que la discontinuidad de los estudios universitarios no es una anomalía, sino que es un fenómeno que permite explicar un cúmulo de relaciones sociales que van más allá de la decisión (tradicionalmente considerada como individual) de dejar los estudios universitarios. Esto incluye los sentidos sociales y particulares otorgados a esa decisión y cómo la consecución de un proyecto de vida ligado a un ejercicio profesional o académico no necesariamente está indisolublemente ligado a la continuidad de los estudios.

Asimismo, no en todos los casos los sujetos que discontinúan la carrera cortan el vínculo con la institución universitaria ni con la disciplina. Más allá de la discontinuidad de la carrera, observamos continuidades que permean en diversas prácticas y trayectorias post-abandono, tanto de quienes tienen la experiencia de haber pasado por la UBA como una marca de prestigio o status, como quienes continuaron sus trayectorias profesionales vinculados con la disciplina, pero por fuera de la institución universitaria.

La problematización del vínculo sujeto-disciplina que permanece aún luego de la discontinuidad de los estudios formales permite complejizar el análisis del abandono universitario involucrando otras dimensiones además de las socio-estructurales, como la dimensión cultural-disciplinar e institucional, y obliga a discutir el “carácter punitivo” asociado al fenómeno, al tiempo que hace foco en cómo el paso por la universidad configura una subjetividad que permea en las trayectorias post-universitarias.

De esta manera, si bien los términos “abandono” y “deserción” están más extendidos en la literatura sobre el fenómeno, optamos por el uso de “discontinuidad de los estudios” a fin de pensar qué elementos de esa experiencia estudiantil permanecen en las trayectorias post-universitarias, lugar desde el cual los sujetos construyen el relato de su tránsito por las carreras. Esto nos permite trabajar a la universidad como un espacio de construcción de subjetividades y al fenómeno tradicionalmente nominado como “abandono” no como una ruptura, sino como un proceso.

Este modo de conceptualizar el fenómeno implica, por lo menos, dos cuestiones importantes a destacar y que se relacionan con otras ideas centrales de la investigación: primero, refiere un modo de pensar a los sujetos no como individuos que toman decisiones autónomas más allá del contexto, sino como actores que participan en un escenario social pero que no necesariamente se guían por lo esperado socialmente sobre ellos (Martuccelli, 2007). Para problematizar este aspecto hacemos uso del concepto de “decisión”, que explicaremos en el siguiente apartado.

Segundo, pensar el fenómeno como “discontinuidad de los estudios” nos permite observar cuáles son los modos en que los sujetos construían otras formas de “continuidad” sin que la persona que lleva adelante la investigación las defina, a priori, en términos de éxito o fracaso. Estos significados atribuidos al paso por la universidad solo podíamos observarlos a partir de los relatos de vida. En síntesis, nos interesaba dar cuenta de la discontinuidad de los estudios universitarios a partir de relatos retrospectivos sobre la propia experiencia.

Repasemos los dos conceptos mencionados: decisión y experiencia de discontinuidad.

Decisión

A la hora de construir el recorte en relación a quienes íbamos a contactar para realizar las entrevistas, el primer criterio era encontrar personas que hayan discontinuado sus estudios superiores en la universidad. Ahí surgió la primera pregunta: ¿quién define que alguien discontinuó sus estudios?

Una opción era recortar sobre la base de criterios más “institucionales” que tome como base el listado de personas que hayan perdido su condición de alumnos regulares según la universidad y entrevistar de ahí a todos los posibles. Sin embargo, no necesariamente todas las personas que perdieron su condición de regular sentían haber discontinuado la carrera, sino que solo habían hecho una “pausa” y pensaban retomar en algún momento.

Bajo ese criterio, esas personas no habían discontinuado sus estudios: si lo que nos interesaba en la investigación era dar cuenta de las significaciones atribuidas a la experiencia de discontinuidad de los estudios, no podíamos definir de antemano quiénes habían dejado y quiénes no. Era crucial que las personas entrevistadas se considerasen a sí mismas como alguien que discontinuó una carrera universitaria y que no pensasen volver.

Los sujetos que finalmente elegimos entrevistar enunciaron a la discontinuidad como una decisión que tomaron (impuesta o autoadjudicada). Esto nos invita a reflexionar en torno al concepto de decisión, el cual es un asunto clásico en los campos de la teoría de la acción y de la teoría política. Autores como Ernesto Laclau (2000: 47) incorporaron dicho concepto para abordar los aspectos constitutivos de lo político y fue incorporado a los estudios sobre universidad por Sandra Carli (2012).

Según Laclau, el momento de la decisión no emerge de un sujeto autónomo, sino que interviene “un fondo de prácticas sedimentadas organizadoras de un marco normativo que opera como una limitación del horizonte de opciones” (Laclau, 2011:91). En esa línea, consideramos que el concepto de decisión no implica una elección racional que una persona toma de manera individual más allá de todo condicionamiento social, al tiempo que tampoco suponemos que la estructura social define las decisiones de los sujetos sin ningún tipo de mediación.

Recuperamos la categoría de la decisión para abordar el momento clave de la producción del ordenamiento y los aspectos referidos al problema del sujeto (inscritos fuera de cualquier trascendentalidad). De esta manera, el análisis temático de los relatos (Boyatzis, 1998) nos permitía comprender cómo los sujetos hacen inteligible la decisión de discontinuar los estudios, recuperando los diferentes momentos y acontecimientos biográficos y de esa manera alivianan, endurecen o directamente quitan la carga de responsabilidad al individuo.

Para reconstruir las lógicas de la decisión, nos focalizamos en el análisis de la experiencia estudiantil (Carli, 2012), entendida como una noción que permite dar cuenta de la heterogeneidad de los principios culturales y sociales que organizan las conductas y que refiere, en este caso, a “la distancia subjetiva que los individuos mantienen con el sistema universitario” (Dubet, 2010b: 15). En otras palabras, una decisión no es una elección racional que una persona toma de manera individual más allá de todo condicionamiento social. Por otro lado, tampoco suponemos que la estructura social define las decisiones de los sujetos sin ningún tipo de mediación.

La reconstrucción de las lógicas decisionales a partir del análisis de la experiencia estudiantil nos introduce el siguiente concepto clave de la investigación.

Experiencias de discontinuidad

Como mencionamos al principio de este apartado, denominar el fenómeno que analizamos como “experiencias de discontinuidad” busca dar cuenta de algo distinto a los modos tradicionales de enunciarlo tales como “deserción”, “abandono”, “fracaso”, o “expulsión”. Estos términos aluden más a una única responsabilidad, sea del sujeto que “abandona” la carrera como de la institución que lo “expulsa”.

“Experiencias de discontinuidad” no sólo es un concepto que nomina a un fenómeno social, sino que supone una postura epistemológica interpretativa. Primero porque se evita que quien investiga asigne una valoración apriorística al fenómeno social en términos de éxito o fracaso; y segundo porque busca enunciar que tanto la continuidad como la interrupción de un proyecto no produce un sentido unívoco. Pero, ¿qué entendemos entonces por “experiencia”? Nos encontramos aquí con un concepto clave que fue definido por Dubet y Martuccelli de la siguiente manera:

La experiencia social no es un objeto positivo que se observa y se mide desde afuera como una práctica, como un sistema de actitudes y de opiniones, porque es un trabajo del actor que define una situación, elabora jerarquías de selección, construye imágenes de sí mismo (Dubet y Martuccelli, 1998:15).

La dimensión subjetiva del sujeto de la acción es central a la hora de entender la discontinuidad de los estudios, dado que trata de matizar la mirada sistémica incorporando la mirada del actor. Sin embargo, hay que considerar que ese proceso de subjetivación se desarrolla en un marco: la universidad.

Todos estos sentidos atribuidos a la experiencia estudiantil nos permiten comprender los modos particulares en que los sujetos hacen inteligible la decisión de discontinuar una carrera universitaria y, a partir de ello, conocen mejor el proceso que deriva a dicha decisión. De manera resumida, en el siguiente apartado presentamos el contenido abreviado de cada capítulo del libro y la lógica que organiza la investigación.

Organización del libro

La introducción presentó el problema general de la investigación y sus objetivos principales. Seguidamente, se explicaron las razones de la elección del concepto de “discontinuidad” por sobre otros, lo cual supone un posicionamiento sobre los modos de abordaje del fenómeno, la opción por una perspectiva metodológica y una crítica a conceptualizaciones anteriores.

El recorrido que proponemos a continuación es el siguiente:

El siguiente capítulo, “Contexto, estado de arte y abordajes actuales: el marco de la investigación” presenta el contexto en el que se desarrolló la investigación y así como también algunas características generales del sistema de educación superior argentino y de la UBA. Recuperamos las propuestas de análisis en las investigaciones sobre abandono universitario y cómo distintas tradiciones de análisis plantean diferencias y similitudes entre sí. Definimos aquellos aspectos de las distintas tradiciones teóricas con los que la presente investigación discute y por qué. Los aspectos más específicos de cada una de las carreras recuperadas para el análisis recién serán trabajados en el primer capítulo propiamente de análisis: “La cultura institucional: formas de organización, prácticas, identidades y sociabilidad en las carreras seleccionadas”.

El segundo apartado explica brevemente el camino teórico-metodológico que atravesó al trabajo: una vez definida la pregunta de investigación, objetivos y los conceptos principales que utilizamos, exponemos las decisiones metodológicas para abordar el fenómeno. Entre ellas, damos cuenta de la noción biográfica elegida (relatos de vida) y el corpus teórico-metodológico que permitió analizar el problema.

Respecto del análisis propiamente dicho, el libro cuenta con cuatro capítulos:

El cuarto capítulo del libro, titulado “La cultura institucional: formas de organización, prácticas, identidades y sociabilidad en las carreras seleccionadas”, analiza el fenómeno de la discontinuidad de los estudios de manera comparada entre las cuatro carreras elegidas a partir de uno de los ejes de análisis: cómo las culturas institucionales intervienen en las formas de sociabilidad.

El quinto capítulo, titulado “Representaciones sociales sobre las carreras y la vida universitaria”, analiza cómo la dimensión representacional organiza un sentido para los sujetos entrevistados que condensa y articula múltiples enunciaciones e interpretaciones sobre las carreras analizadas (desde qué carrera elegir, hasta los distintos momentos en que se produce la discontinuidad) y permea en formas específicas de discontinuidad.

El sexto capítulo, titulado “La objetivación de las razones de la discontinuidad en la experiencia estudiantil”, hace un análisis de aquellos momentos o situaciones que fueron presentadas discursivamente en los relatos como datos objetivos. Para ello nos valemos del concepto de prueba de Martuccelli, entendida como una narrativa a partir de la cual los sujetos hacen traducciones no necesariamente lineales respecto de consecuencias estructurales. Analizamos la articulación de la experiencia estudiantil con elementos que le son dados a priori o en el transcurso de su tránsito por la carrera.

Finalmente, el último capítulo de análisis, titulado “Figuras del relato”, retoma la discusión teórico-metodológica presentada al principio del libro, particularmente aquella referida a que la construcción del relato de los entrevistados es realizada luego de la decisión de discontinuar los estudios universitarios, con el objetivo de reconstruir cómo les otorgan sentido a sus trayectorias estudiantiles. Esto permite comprender de qué manera los actores establecen un sentido de la realidad, representan sucesos, establecen identidades individuales y colectivas, dado que una experiencia de vida en sí misma no es sino una representación de dicha experiencia.

Por último, en las conclusiones recuperamos los hallazgos más significativos de este estudio y articulamos las dimensiones analizadas en cada capítulo.


  1. A modo de ejemplo, el Repositorio de Estudios sobre el Abandono en la Educación Superior compila alguna de la producción argentina y latinoamericana en el estudio del fenómeno. Visto el 09 de mayo de 2017 en https://bit.ly/32IkSCc


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