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Agradecimientos

Nadie llega solo. Ni científica, ni política, ni emocionalmente. Esta investigación finalizó junto con un importante ciclo de ampliación y democratización de la ciencia en el país en el año 2015. La transformación de aquella tesis en un libro llega en un tiempo histórico lleno de expectativas. Los cuatro años que transcurrieron entre medio implicaron muchísimos aprendizajes colectivos, la mayoría de ellos tremendamente duros. El CONICET resistió como pudo el embate de los criterios mercantiles de utilidad social. Emprendo la publicación de este libro con la convicción de que prescindir de la explicación de lo que nos sucede en sociedad es demasiado riesgoso, porque implica la renuncia a las herramientas para transformar las injusticias que nos quedan y por momento nos inundan. Empiezo con este agradecimiento, porque así como lo personal es político, lo político debe ser también personal.

Con el mismo tono debo agradecer a todas las personas que prestaron su tiempo para hablar conmigo y compartir su vida para esta investigación. No porque el tiempo sea dinero, sino porque el valor es trabajo, y en cierta forma, todos ellos trabajaron para que este texto existiera.

A Alicia Gutiérrez, mi directora, le agradezco la ternura con la que investiga y enseña. Las personas en la academia la reconocen por su saber, pero más la reconocen por el cariño que practica e inspira. Los que la tienen cerca saben que atesora tanto las cartas de Bourdieu como los cds de Serrat, y eso la define. A Cecilia Jiménez, mi codirectora, la dedicación y la generosidad de tiempo y atención para enseñarme el oficio y mejorarme la escritura. La base de este texto dejó de ser una lija gracias a su lectura. Y mi ansiedad laboral se convirtió en una compañera de ruta con la que pude caminar gracias a su paciencia durante los años de la investigación. A Gabriel Kessler, mi codirector de beca, por su lucidez y capacidad. Por su crítica siempre constructiva y por la confianza que me regaló. Por la envidiable capacidad de trazar mapas, que pude aprovechar siempre que lo tuve como docente.

A mis amigos y compañeros de investigación. A Héctor Mansilla, todo lo que sé sobre guitarra, estadísticas y astrología. Un científico como los de antes y un tipo tierno como no hay dos. A María Laura Freyre, una gran amiga, toda ella una fiesta de bienvenida, con el mate ideal y la palabra justa. A Francisco Merino, Victoria Cooper, Julieta Capdevielle, Guadalupe Fernández, Manuel Giovine, Estela Valdéz, Evaristo García, Evangelina Ferrari, Ana Antolín y todos los que pasaron por el proyecto “Reproducción social en el Gran Córdoba: estrategias familiares y dinámicas recientes”, por los aprendizajes compartidos. También a Juan Barri, que da clases increíbles, abre siempre el juego y escribe canciones para niños chicos y niños grandes.

A los amigos con los que no he dejado de aprender desde que habitábamos las llanuras de Pilar: Nicolás Cabrera, Álvaro Michelli, Andrés Hernández, Lucía Passini, Candela Molina, Esteban Lencina y Juan José Pisoni.

A todos los compañeros del CIFFYH-IDH, porque investigar, gestionar, administrar, limpiar y ordenar, todos son trabajos.

A Lorena Vargas, Renzo Mainardi y Yanina Merlo, de quienes aprendí siempre más de lo que les enseñé.

A los profesores y colegas amigos generosos que siembran duda sobre todo lo malo que se dice sobre la academia y que han brindado tiempo y trabajo para mejorar algún rincón del libro y algún rincón de esta cabeza: Gabriela Brandán Zehnder, Camila Deleo, Federico González, Eugenia Roberti, Eugenia Cozzi, Mariana Chaves, Amalia Eguía, Natalia Bermúdez, Florencia Blanco, Ivana Bartolozzi, Laura Ominetti, Carolina Álvarez, Virginia Manzano, Rosana Guber, Gabriel Noel, Pablo Vommaro, Hugo Serra, Leonel Rivero, Leonardo Cosse.

A los docentes de los que aprendí en todas las épocas, que me regalaron todo y con los que sigo aprendiendo. A Dante, que me enseñó que no pasarán.

A mi familia que desde siempre me acompañó en todo y renunció a todo para que tuviera todo. Que me enseñó a vivir y a laburar con alegría, y que me regaló muchas de las preguntas de este libro.



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