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4 Entre ángeles y enfermeras

Un ángel de misericordia cuya sola presencia llevaba la felicidad
a muchos miles de hombres desdichados; la luz que en las
angustiosas horas nocturnas proyectaba esta incansable mujer.

Sir Eduardo Cook (1913)

Las entrevistas reflejan pensamientos como estos:

20-EoLE. … En cambio, nosotros siempre lo hacemos por humanidad. Otra de las cosas que yo también me planteo, que sobre todo me pasó en oncología, es cuando el paciente te asocia con un ángel…

21-EoLE. Sos un ángel, te dice… Y todo lo que el paciente me dice, cuando voy a mi casa, lo elaboro, ¿no? Y después lo hablo mucho con mi amiga y, fíjate, ahí está el médico…

30-EoE. … Porque si fuéramos ángeles, seríamos seres perfectos. Pero no lo somos, y el médico no lo es. Y uno, por esos hombres, para sacar adelante, uno hace todo. Y uno tiene que recibir una retribución por lo que hace y, a veces, se asocia que la enfermera tiene que dejar y despojarse de todo porque entiende la humanidad, y uno como profesional tiene derecho a cobrar.

34-EoLE. Porque, mirá, por más que vos seas licenciada, seas doctora, seas lo que seas, vos, ni para la sociedad ni para la comunidad sanitaria, dejás de ser la enfermera; y yo el otro día hablaba con alguien y le decía: por ejemplo, mi novio es veterinario y a él le dicen doctor −y él es médico veterinario−, y a mí nadie me dice licenciada. Así como hay profesiones que se las nivela para arriba, hay profesiones como la nuestra que se las nivela para abajo. Yo en mi equipo tengo un lugar muy importante y a mí me respetan, pero igualmente soy la que abro y cierro la puerta, soy la que va a atender el teléfono cuando nadie se digna a levantarlo, y todo el mundo pretende que eso recaiga sobre vos.

27-EoLE. Primero por la historia y segundo porque no sé por qué, creo que a la gente que hace enfermería realmente le gusta y tiene un don, una vocación al servicio; porque por más que ahora es una profesión y no una vocación como era anteriormente y además queda un remanente, no sé si dentro de nosotros mismos que es que hace que repitamos siempre la misma historia, porque yo a veces me quejo de los médicos, me quejo de los médicos con los médicos y ellos me hacen dar cuenta de que yo asumí ese rol de segunda instancia; o sea, yo tengo la particularidad de tener en mi trabajo médicos que me tratan como un par y ellos mismos me dicen que yo me siento así a pesar de que tengo la voz cantante y de que tengo un rol muy activo y muy protagónico; porque, por ejemplo, en el Santa Teresita puede faltar el que barre, el que limpia, el médico, pero la enfermera no puede faltar nunca… Si mi compañera se va por una licencia o por un curso un día, alguien la tiene que reemplazar…

Es notable cómo en las entrevistas aparece la semejanza de la enfermera con el ángel. De acuerdo con la tradición cristiana, el término ángel es “un espíritu celeste creado por Dios para su ministerio”. También suele ser definido como “cada uno de los espíritus celestes creados, y en particular los que pertenecen al último de los nueve coros”, según la teología tradicional cristiana. A veces, se lo asocia a las personas a quienes se atribuyen cualidades propias de los espíritus angelicales, como la bondad, la belleza y la inocencia (Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, 2001).

Florence Nightingale fue llamada la “dama de la luz”, identificada como aquella enfermera que cambiaba sus noches de sueño por visitas a los soldados heridos acompañada de una lámpara que iluminaba sus recorridos. Incluso, esta imagen fue plasmada en algunos afiches. Otra imagen conocida es la de la enfermera pidiendo silencio, llevando el dedo a sus labios. La dama de la luz se acerca, de alguna manera, a la representación del ángel. La dedicación, empatía, calidad de cuidado y respeto por la vida humana recuerdan algunas de las cualidades atribuidas a los ángeles.

La asociación ángel-enfermera, reflejada en el testimonio de la colega, retorna a la concepción del género y el lugar de la mujer. La enfermera, desde la época de la dama de la luz, se instaló como profesión de mujeres. En la actualidad, puede el paciente en los momentos de dolor, simbólicamente, identificar a la enfermera con un ángel. La sociedad puede no saber la diferencia en los títulos de grado o posgrado, pero sí sabe que es enfermera y conoce el rol que debe asumir. La causa de desigualdad histórica desafía a enfermería a abandonar lo cómodo de la feminidad para presentarse como sujetos activamente pensantes.

Los anales relatan y confirman el hilo místico que identificó a la profesión en los primeros siglos de la era cristiana (1500 d.C.). El auge religioso y social permitió el desarrollo de una enfermería sistemática, que respondía a las enseñanzas de Cristo[1]. Desde el comienzo, la iglesia asumió el cuidado de los pobres y los enfermos, enfrentándose al sufrimiento humano e instaurando el cuidado de los afligidos como un deber de todo hombre cristiano.

Esta doctrina facilitó la formación de varios grupos iniciados por mujeres. Las llamadas diaconisas (término que proviene del griego diakonos) fueron un grupo especial, cuyo origen no es fácil de rastrear, formado por mujeres viudas o vírgenes que respondían a las órdenes del diácono sobre una base de igualdad. Se sabe que pertenecían a una clase social alta y mantenían además una posición importante por su ponderado cuidado prestado al servicio comunitario. Con los años, estos grupos de mujeres se fueron extinguiendo. En la actualidad, estas tareas son asumidas por Salud Pública (Donahue, 1988).

En la iglesia occidental, otras mujeres ilustres se dedicaron a la caridad. Fueron las llamadas matronas romanas, mujeres cultas y famosas por sus vidas ascéticas, generalmente adineradas, administradoras de las haciendas de sus maridos. Estas damas, dedicadas a la atención de los enfermos y al trabajo social, eran frecuentemente consultadas por el clero. Marcela, Fabiola y Paula influyeron en el progreso de la enfermería.

En la historia del cuidado de los enfermos, los hombres también se destacaron por su consagración a la caridad. Uno de ellos fue san Pantaleón quien, en el siglo III, ejerció la medicina gratuita porque confiaba en que con esta práctica ganaría adeptos cristianos (Donahue, 1988).

Durante la Edad Media −llamada la época del oscurantismo, comprendida entre la caída de Roma en el año 476 d.C. y la derrota o el derrumbe de Constantinopla a mediados del siglo XV−, en el contexto de un dominio indiscutible por parte de la Iglesia católica, el cuidado del enfermo fue concebido como un acto sacro. La enfermería se convirtió en un trabajo que exigía un cuidado incansable, concebido como una penitencia y sin recompensa terrenal (Donahue, 1988).

Se sabe muy poco respecto al cuidado que se dispensaba a los enfermos en esta época. La Medicina casi se había extinguido, perdiendo ímpetu para avanzar en la ciencia. De hecho, se hacía muy poca distinción entre la Enfermería y la Medicina. Aparecen los monasterios, donde tanto monjes como monjas practicaban la misma disciplina, basada más en la sabiduría popular, el misticismo y la fe religiosa que en la ciencia. La vestidura y el velo, como indumentaria distintiva, tienen sus raíces aquí.

El fin de esta época oscura promovió un espíritu que desafió a la Iglesia católica generando nuevos pensamientos. Aparecieron la razón y el análisis lógico como medios para llegar a la verdad. La enfermería experimentó la influencia de estos acontecimientos, producidos también por el aumento demográfico. Su mirada volvió al cuidado en el domicilio, apareciendo los gremios, fijando escalas salariales y precios a sus tareas. Se desarrollaron los gremios médicos, que separaban a los cirujanos de los clínicos, hecho que no permitió el desarrollo de la enfermería que seguía orientada al servicio.

La historia continúa con las órdenes militares. Se realizaron las Cruzadas, con hombres considerados sagrados, que se desplazaban largas distancias y eran reverenciados. Se utilizó la Guerra Santa con intenciones varias. Al propagarse los hospitales, aparecieron las órdenes militares de enfermería, combinadas con la caballería, la religión y la caridad.

Personajes de esta época son los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén[2], los Caballeros Teutónicos, peregrinos alemanes que siguieron las órdenes de los templarios y de los mendicantes. Allí aparecen san Francisco de Asís, fundador de los leprosarios, y Santa Clara de Asís[3] (Donahue, 1988).

Las órdenes terceras (o terciarios) de san Francisco y santo Domingo fueron fundadas para los laicos de ambos sexos que no deseaban renunciar a la vida mundana. La enfermería era la principal actividad de la orden, en la que se continuaba con los ideales de san Francisco, llevando una vida religiosa pero mundana. Muchos enfermeros, con el tiempo santos famosos, pertenecieron a esta orden de san Francisco; es el caso de Isabel de Hungría, Luis de Francia, Isabel de Portugal, Brígida de Suecia, entre otros. Todos llevaron una vida dedicada a la caridad y al cuidado de los enfermos (Donahue, 1988).

Estas crónicas, que ilustran la trayectoria de la enfermería, son el eje que delineó el imaginario social de la profesión. Y pese a que desde los tiempos de F. Nightingale ha habido una notable consistencia en los principios y leyes que gobiernan los procesos de la vida y la salud, las enfermeras en la actualidad sienten diferencias sociales en el trabajo que realizan:

55-EoA. A mí me da la impresión de que es una cosa más de mujer. A pesar de que hay chicos jóvenes que son enfermeros, que son buenos enfermeros, la paciente inconscientemente me parece que quiere más a la madre, ¿entiendes? A mí me da la impresión esa… También hay hombres raritos [risas], pero son dulces. Yo en eso no tengo conocimiento como para decirte, pero a veces los gay los veo en la televisión; en otros lados no los veo, pero son dulces… A veces, ellos son cariñosos, siempre esperando con una bragueta o ver que no falte donde trabajamos [risas].

12-EoLE. Yo creo que a nosotras las enfermeras nos pasa, no sé si es porque uno es el ombligo del mundo o porque yo creo que lo nuestro es lo último de lo último, siempre vos hacés la tarea que nadie quiere hacer, hacés lo que no tiene nombre, hacés lo que no se hace, lo más jodido. No tiene mucha explicación, creo que estamos en el último lugar. Es retriste y creo que hay que cambiarlo, y yo soy joven, pero yo me voy a morir y no va a cambiar.

Sin embargo, el rol está reconocido,

27-EoLE. Médicos que me tratan como un par y ellos mismos me dicen que yo me siento así a pesar de que tengo la voz cantante y de que tengo un rol muy activo y muy protagónico; porque, por ejemplo, en el Santa Teresita puede faltar el que barre, el que limpia, el médico, pero la enfermera no puede faltar nunca… Si mi compañera se va por una licencia o por un curso un día, alguien la tiene que reemplazar…

El imaginario social de la Edad Media atribuía a las enfermeras el don excelso de la pureza, de la virginidad, las asemejaba a seres angelicales o a un gran útero impoluto creado por Dios. En el imaginario social de la actualidad, el lugar de la enfermera es muy distinto. Es aquella menospreciada, la que no cobra honorarios por lo que hace “por humanidad”. “Algunas cobran”, otras hacen las tareas por vocación. Y leemos entre líneas también lo moral. Pero ahora, invirtiendo el sentido: es “lo inmoral” que deja de ser ajeno. ¿Por qué no preguntarnos por qué se asocia la pornografía a las enfermeras? Una colega nos decía: “También hay hombres raritos [risas], pero son dulces. A veces, ellos son cariñosos, siempre esperando con una bragueta o ver que no falte donde trabajamos”.

La pureza está unida a la historia religiosa y atañe a la virginidad, al cuerpo. Se puede visualizar desde el pensamiento dualista que el alma es la depositaria de lo inmaculado y el cuerpo manifiesta los instintos, los aspectos oscuros que todo ser humano tiene. La fantasía envuelve al género y la enfermera es parte de esta quimera. Se vuelve objeto de interminables deseos que los instintos reclaman, son amadas por lo que hacen y por lo que no hacen, reciben los reclamos de lo que los hombres no hacen, son las mujerzuelas o las madres puras, son las frígidas o las bien dotadas sexualmente. El cristianismo también tuvo al amor mundano representado por una figura evangélica, María Magdalena, considerada sin demasiado fundamento como prostituta, la mujer fácil, la mujer pecadora.

Las enfermeras trabajan con lo material, lo impuro, que es el cuerpo. Y también representan lo angelical, la pureza y lo maternal. La lucha que se establece entre el cuerpo y el alma es agotadora, y no siempre triunfa la espiritualidad, porque es mal entendida. Como es mal entendido el cuerpo y sus apetitos, que muchas veces van más allá de la satisfacción de los sentidos.

En las entrevistas se mezclan sentimientos de cansancio, desolación, bronca, angustia; huellas entrelazadas entre lo sacro y lo profano.

La enfermera atiende a personas, que son los pacientes. La persona es concebida como un ser abierto y de relación, por lo tanto es fácil advertir que va a estar siempre presente el problema del alma y el cuerpo. El paciente es un ser unitario, complejo, con sentimientos que la pasión materializa. Poder comprender que el cuerpo no es sólo materia permite entender que no hay nada que pertenezca al interior, que de alguna manera reclame su exteriorización, así sea involuntaria.

Las enfermeras, al ser percibidas como las que realizan actividades de menor valor, se sienten muchas veces postergadas. El imaginario social impacta fuertemente en la profesión. Es como si todo estuviese arraigado en la misma crisis de percepción, limitada e inadecuada, de la realidad. Se perciben las tareas como tareas de bajo nivel, como lo “último de lo último”, “tareas que nadie quiere hacer”, “creo que estamos en el último lugar”. Todas estas no son más que facetas de una misma crisis, esencialmente de percepción, de no poder identificar la identidad profesional que se desprende del rol propiamente dicho.

Las enfermeras y el imaginario social

Algunas expresiones:

11-EoLE. Y sí, un poco llorando… Ahora estoy mejor, pero en una época de mi vida… Yo siempre quise ser enfermera. Cuando yo vine a estudiar fui la más feliz de la tierra porque encontraba en cada materia lo que yo quería, pero después de que me recibí hice una crisis terrible porque acá te mostraban que las licenciadas eran igual que las enfermeras; porque en la universidad te hacen creer que sos Dios y cuando llegás a la práctica sos lo último de lo último.

2-EoE. En la mayoría de los casos, los pacientes no se cuidan, toman la medicación un par de días por diferentes motivos, lo dejan porque no tienen plata, no hacen caso al médico. No es lo mismo para ellos lo que ofrece el médico a lo que le ofrece el enfermero; a veces también nos vamos a la casa y le podemos explicar lo que es la hipertensión, la importancia de la medicación y el paciente no lo respeta.

EoE. Les digo por qué se tienen que controlar la presión arterial y no me hacen caso, a pesar de que tienen la medicación y saben por qué tienen que tomarla. Es un poco complicado, no me hacen caso. Los días que yo no estoy con ellos (porque yo no soy de acá) y los días que voy a mi casa, les digo que tienen que tomar la pastillita a horario y les tomo la presión, y se empiezan a cuidar. Entonces toman la pastillita, comen sin sal, se cuidan, se pesan o les hago pesar, veo si tienen retención de líquido. [Si estoy] yo o alguien que la esté controlando, así se cuidan. Pero cual no lo hay, no se cuidan. Necesitan a alguien que los esté controlando.

4-Eor. No se adhiere al tratamiento.

EoE. No, y provoca mucha impotencia, porque ese paciente que no se adhiere al tratamiento es el que después termina con una enfermedad coronaria o con un edema agudo de pulmón o hipertenso o con un ACV por esa hipertensión. Y uno trata de ayudarlo, de pedir a los visitadores pastillas de lo que esté tomando el paciente, y uno trata de alcanzarles; o también a veces he dado plata para unos viejitos que conozco… Y los vas a ver en la situación en la que están y, a veces, nos juntamos con los compañeros y juntamos un poco de plata… No es lo ideal, pero a veces pasa.

51-Eor. Volviendo a nuestro tema, el paciente hipertenso, ¿qué espacio tiene enfermería?

EoLE. Mucho, pero no lo usa, no hay clic. Además, siempre uno se siente mal cuando el paciente no se adhiere, eso duele, pero siempre vuelvo al comienzo. Yo tengo un límite, porque si pienso que puedo hacer todo, soy tonta. Fíjate: siempre te digo yo, yo, yo, siempre yo, siempre tengo que hacer. Me gustaría que la mirada sea distinta, que se resuelva distinto.

EoLE. … O porque no tenemos tiempo. Por algo siempre le estamos echando la culpa a otros. Entonces, bueno, pienso que un obstáculo es eso, porque nosotros sentimos que hacemos algo que no se lee, y que la sociedad y el sistema sanitario no da respuesta a esto todo el tiempo. Pero estamos convencidos de que sí se lee y, bueno, eso es un obstáculo nuestro. Propias creencias con respecto de lo que hacemos y la forma en la cual tampoco la podemos cambiar, esto hace que nos vayamos para atrás en vez de ir para adelante. Y tampoco nos olvidemos de que vivimos en una sociedad que todo lo baja. Yo creo que la medicina en 10 años se va a ver realmente comprometida y ya han bajado muchas creencias acerca de los médicos, y ya mucha gente los trata diferente y tampoco se aguantan que el médico les grite o les falte el respeto. Igualmente, en los niveles altos y medios de la sociedad, el médico sigue siendo el doctor; y por ahí en los niveles más bajos de la sociedad es como que ya lo tratan mal, le van a pegar como le pegan a todas las cosas que no les gustan. Yo creo que los obstáculos que tienen las enfermeras [vienen de] ellas mismas y de la gente que podría hacer algo para cambiar, que para mí es la gente en los niveles de conducción. Y a lo mejor es una idea mía, pero yo pienso que esa gente que está en el poder es la que realmente debería estar mejorando todo el cuidado, la atención, la relación entre los enfermeros. Muchas veces nos peleamos por los de arriba, pero creo que un obstáculo somos nosotros mismos.

50-EoE. Sí, yo he trabajado con una tía que es enfermera y tiene un servicio domiciliario y le cobro lo que ella dice. Pero hay gente que veo que se rompe el alma para trabajar y, si puedo, no le cobro. Esta es la parte humanitaria nuestra. La parte solidaria para nuestro vecino, para nuestro amigo; por ahí las demás profesiones no, porque si viene el médico le va a cobrar, si viene un bioquímico, por más que sea conocido, le va a cobrar.

La idea de humanidad atraviesa la narración en las entrevistas realizadas. La historia de mujeres dedicadas a la caridad y la organización del clero dio forma a un imaginario social sobre la enfermera que persiste en la actualidad. El imaginario colectivo se constituye a partir de los discursos, las prácticas y los valores que circulan en una sociedad (Díaz, 1998). El imaginario social regula las conductas de los individuos y se mantiene a través de las distintas épocas de la historia en el “ver y el decir”. Las ideas y nominaciones de objetos van modificándose según los periodos históricos y en las diversas culturas. Por ejemplo, de acuerdo al conocimiento actual el Sol es una estrella, pero para la cultura inca, era un Dios. El sentido que se les asigna a los fenómenos del mundo externo está matizado por las percepciones del mundo interno a través de un proceso que no es lineal (Díaz, 1998).

En otras palabras, el tejido de eventos religiosos que ha rodeado a la enfermería formó un mundo fenoménico que marcó costumbres y tendencias internalizadas por las personas, modelando sus hábitos y, por ende, construyendo un imaginario colectivo.

El imaginario social es un conector móvil, cambiante, impreciso y contundente a la vez (Díaz, 1998), que se encarna en los sujetos y su vida de relación. Como su nombre lo indica, se encuentra muy vinculado a la imaginación, pero no son lo mismo. La imaginación es una facultad psicológica que juega con las representaciones; el imaginario social interactúa con la individualidad y se integra con las valoraciones de la persona. Cuando el imaginario social se libera de las individualidades, toma cuerpo propio, adquiere su propia forma. El individuo es un ser histórico, que está sujeto a las prácticas sociales y los discursos de la época (Díaz, 1998). Los valores sociales delinean el imaginario colectivo.

Una de las enfermeras entrevistadas plantea que “en la universidad te hacen creer que sos Dios y cuando llegás a la práctica sos lo último de lo último”. Pareciera que enfermería conservara dos salas incomunicadas entre sí, como en la Grecia antigua, donde a los muertos los ubicaban en dos cámaras. Una estaba ocupada por el Dios y el poder, y la otra por la vida cotidiana del individuo y sus ansiedades. La incertidumbre del lugar que ocupa la profesión depende de estas dos cámaras. Por un lado, se reclama el poder, la identidad, el reconocimiento. Pero, por otro, en la práctica cotidiana aparece todo el tejido religioso. La disociación entre la formación académica y las características de la práctica actual no permite recuperar los intereses ontológicos de la enfermería y fortalecer la identidad que se gestó en un espacio de poder sostenido por la Iglesia y las filosofías de la propia profesión.

De lo anterior se desprende que la práctica de la enfermería está relacionada con la forma en que las enfermeras utilizan el conocimiento. Dicha práctica incluye tecnología, investigación, educación. Es decir, la naturaleza y la profundidad del conocimiento condicionan la calidad de la práctica. Una enfermera, una licenciada y una auxiliar de enfermería comparten la tarea de cuidar, pero la forma de hacerlo es particular de cada una, y en ese sentido surgen diferencias al establecer comparaciones. Estas diferencias están sustentadas por el título de grado adquirido. A mayor formación académica, mayor capacidad de reflexionar sobre las necesidades del cuidado del paciente hipertenso.

Si se revisa la historia, siempre grandes mujeres u hombres han cuidado a seres afligidos por el dolor y el sufrimiento. La Iglesia otorgó autonomía para realizarlo, estableció un lugar y favoreció una identidad específica. Entonces, ¿cuáles son los obstáculos y cuál es el lugar de la enfermería?

Retomando los testimonios sobre la enfermería, se evidencia cómo la práctica continúa asociada al cuidado físico y al apoyo a las prescripciones médicas, postergando su rol dentro de los sistemas de salud: “creo que estamos en el último lugar. Es retriste…”. La enfermería actual está preparada para asumir el reto de una retroalimentación entre práctica e investigación, en una relación donde ambas se “determinen”. Donde ambas se nutran de los avances y transformaciones en cada campo, brindando propuestas referidas al rol de la enfermera en el trabajo cotidiano.

Los obstáculos que impiden configurar el lugar de la enfermería están, en realidad, establecidos por el imaginario social. Imaginario que la enfermería asumió y sigue sosteniendo, consciente o inconscientemente, a costa de un gran dolor. El trabajo de M. Durán de Villalobos (1998), que toma a B. Carper, plantea los patrones de conocimiento ético, estético, empírico y personal. Según esta autora, este último es el más problemático de describir y enseñar, pero a su vez es el más importante porque concierne a la experiencia interna propia. El patrón personal incluye la relación enfermera-sujeto y sus vicisitudes.

45-EoLE. A nosotros nos preparan para estar dentro de una estructura, que te contenga, esto del rol dependiente, donde no sé si hay muchas actores, pero dependés del médico, del compañero, del laboratorista, no sé interdisciplinariamente, pero por lo menos sentís que existe otro que te apoya desde otro lugar y acá es esto que a mí me ha pasado, me han pedido que le tome la presión y uno va inmediatamente, y a veces no cobramos, ese es otro tema que me he planteado, hablando con mi amiga, porque cuántos sábados, cuántos veranos, cuántos domingos, para llegar a ser lo que uno quiso ser y darle al otro la sensación de que tu trabajo no vale, esto que lo puede hacer cualquiera, esto que por ahí sí es muy conocido…

En la actualidad, el rol de la enfermera no es dependiente de las otras disciplinas. Posee un desenvolvimiento propio en la prestación de sus cuidados y el ejercicio de sus tareas. Participa del trabajo interdisciplinario que se lleva a cabo en el sistema de salud. La enfermera cuenta con la posibilidad de realizar sus prácticas laborales, ya sea en una institución o en forma domiciliaria, siempre que se encuadre dentro de los aspectos legales. Para ello necesita de cierta contención, cierta estructura que es inmanente a su rol desde los albores de la profesión.

Podemos inferir que cuando la enfermería logre apropiarse del conocimiento íntimo que le atañe, y pueda reflexionar con la profundidad necesaria, contará con la posibilidad de definir más claramente su identidad y trabajar junto con el médico en un equipo interdisciplinario. Investigando con el objetivo de fortalecer la profesión y enriquecer el cuidado, que es al fin de cuentas, la esencia de la enfermería.


  1. Esta actividad de amor y misericordia fue abrazada por muchos hombres y mujeres que respondían a las enseñanzas de Cristo. Se estableció el derecho de la mujer soltera para alcanzar una posición de utilidad y responsabilidad, y así se le abrieron las puertas a carreras respetables, particularmente en el área del servicio social, donde asentaron “la llamada de la enfermería” y las tareas de caridad (Donahue, 1988).
  2. Hacia el año 1050, un grupo de ricos comerciantes de Amalfi, Italia, fundó dos hospitales (uno para cada sexo) en Jerusalén. Estaban bajo la protección de san Juan el Limosnero y santa María Magdalena. Al comienzo atendieron a toda persona enferma, pero luego quedaron sobresaturados por la guerra. Muchos cruzados dejaron sus armas para colaborar, naciendo así la orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (Donahue, P., 1988).
  3. Santa Clara de Asís estuvo muy unida a san Francisco, quien la recibió con los votos de pobreza. Santa Clara vivió con las monjas benedictinas hasta que Francisco formó un convento especial para ella, comenzando así la segunda orden franciscana, conocida como Orden de las Claras Pobres o Clarisas (Donahue, P., 1988).


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