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Conclusiones

Cuando la luz se apaga de pronto notamos
la presencia de la sombra.

Este a modo de conclusión es un testimonio del rol que desempeña la enfermera con relación a la hipertensión; un rol que se halla investido en gran medida por el tensiómetro y el estetoscopio. Así se imagina a la enfermera.

Tanto la sociedad como la iglesia y la historia identifican a la enfermera con el género femenino, produciendo en torno a ella un halo de misterio. Un misterio que hunde sus raíces en los inicios de la era cristiana, y que aún hoy contribuye a crear confusión respecto al desempeño propio de la enfermería. Sin embargo, el rol actual de la enfermera en el ámbito de la hipertensión exige ser pensado como un espacio dinámico que si bien aún no se visualiza claramente, sí se halla en construcción. Para su óptimo funcionamiento, necesita valerse de una praxis alejada de los desempeños rutinarios y estereotipados.

Por supuesto que este último objetivo no es sencillo de lograr. Toda nuestra sociedad funciona de ese modo, como un conjunto en el que se articulan el conocimiento, la técnica, la demanda, el tiempo, el poder, los afectos. Todo está previsto, mecanizado.

El problema que tiene el rol actualmente (decir problema es referirse al conjunto de circunstancias para el logro de un fin) es la complejización que se suma a esta forma social de funcionamiento, cuando se pone en juego el aspecto humano. Se genera así un entorno interactivo, desbordado, en el que rápidamente suele perderse la esencia de la condición humana.

La profesión de la enfermería, como todas las demás profesiones vinculadas a la salud, se entrelaza con lo humano. Pero cuando el profesional se convierte en un técnico, pierde de vista el aspecto subjetivo. El enfoque recorta parte de la totalidad distinguiendo solamente el cuerpo, ese soporte material al que hay que curar, bañar, al que debe tomársele la tensión arterial… Perspectiva que excluye la verdad de la enfermedad, que siempre se encuentra entretejida con las relaciones vinculares.

Este enjambre de situaciones termina transformándose en un engranaje mecánico, anónimo, que ha perdido su pieza principal: el aspecto humano. Aparece, sí, el individuo, pero se debe estar alerta para no confundir lo individual con la condición humana. Esta falla en la percepción, así como también el hecho de no concebir la singularidad implícita en el hombre y olvidar los matices vinculares, provocan la aparición de sentimientos de bronca, de enojo, exaltación de las diferencias sociales, desconfianzas y demás sentimientos negativos que redundan en los capítulos anteriores.

Al recorrer las líneas anteriores con el propósito de formar este escrito final, se observan numerosas aristas del tema en cuestión, que sin embargo se reiteran en esencia y pueden aunarse en torno a un eje principal: la importancia del espacio y la inserción de la enfermera en el campo de la hipertensión. La dificultad reside en que no se le concede a la enfermería la responsabilidad y el poder que merece. Se divisa con claridad la existencia de un modelo dominante, una perspectiva que no se supera fundamentalmente porque la enfermería atraviesa una crisis, caracterizada por la falta de orden y demarcación de su identidad profesional.

En medio de toda esta recopilación de concepciones testimoniadas en las entrevistas y de datos concretos obtenidos mediante cuestionarios, aparece el análisis bibliométrico. Este análisis muestra la ausencia de producción argentina en hipertensión, al menos en las revistas estudiadas. Evidencia los bajos índices de productividad y de colaboración y la ausencia de publicaciones referidas al rol de las enfermeras.

Es un final con características propias de un comienzo. Aparece nuevamente la sombra que oscurece el rol; no se extingue la confusión ligada principalmente a los determinismos mecanicistas elementales.

Toda conclusión es un principio. Enfermería apunta a un proceso de transformación con el fin de mejorar la demarcación de su campo disciplinar. La identidad profesional en relación al rol y al cuidado aún no está claramente visualizada por parte de los profesionales.

La hipertensión es un tema de suma relevancia. Sin embargo, el rol que la enfermera desempeña en el seno del mismo parece quedar relegado a una cuestión parsimoniosa y simple. Una acción desprovista de matices, superficial, carente de una reflexión crítica sobre el espacio que se ocupa en el ámbito de la salud. Se desvaloriza de tal modo que incluso la elegancia de lo simple cae indefectiblemente en un elementalismo que la desvitaliza.

Este estudio pretende configurar la identidad de una enfermera con claridad en el rol que desempeña. Una profesional que, fundamentada en el método científico, pueda asistir al encuentro con lo social. Se dispone así de dos poderosos brazos, capaces de unirse conformando un ángulo que posibilita la emergencia del aspecto psicológico. Abogando por una conciencia reflexiva que, con valentía y perseverancia, pueda vérselas con la “epistemología espontánea” que irremediablemente nos acosa desde nuestras determinaciones inconscientes.

Llegados a este punto, se puede pensar que es la toma de conciencia y la superación de las contradicciones las que le van a permitir a la enfermería trazar nuevos horizontes. Metas orientadas a una práctica con mayor integración, en las que se facilite el trabajo conjunto, interdisciplinario, abocado a aumentar la calidad del cuidado que se dispensa tanto al paciente hipertenso como a tantos otros.



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