Otras publicaciones:

9789877231069_frontcover

frontcover

Otras publicaciones:

9789877230130-frontcover

9789871867738_frontcover

6 Salud y enfermedad en el sujeto hipertenso

Una visión desde la enfermería

El concepto de salud plantea una diversidad de definiciones, ya que depende de la visión que se tenga de un organismo viviente y de la relación de este con su entorno. La Organización Mundial de la Salud (1947), en el preámbulo de su estatuto, define la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social y no simplemente la ausencia de enfermedad.

Florence Nightingale definió la salud como un estado de bienestar en el que se aprovechan al máximo todas las energías. Por su parte, Virginia Henderson la planteó como parte de la calidad de vida necesaria para el funcionamiento humano y los individuos la recuperarán o la mantendrán si tienen fuerza, voluntad y el conocimiento necesario (Marriner-Tomey, 1994).

Pedro Castellanos (1988) plantea que los problemas de salud-enfermedad a nivel colectivo son estudiados por la epidemiología. Lo colectivo, grupal, social, no es la mera sumatoria de procesos individuales, tienen al mismo tiempo su expresión no sólo a nivel de grupos sino también a nivel de individuos. Agrega que las concepciones tradicionales de salud-enfermedad han generado sitios de confrontación para comprender la complejidad de los espacios determinantes y explicar, desde una mirada más superadora, las relaciones entre los individuos y los grupos sociales. Esta descripción lleva implícita la idea de que la situación de salud y enfermedad no es independiente del individuo y el medio ambiente. El individuo es el actor de este vínculo con el ambiente.

La crisis de percepción que sufre la enfermería con respecto a su identidad profesional también se vislumbra en el concepto de salud-enfermedad. Cuando se percibe, la sensación es indefinida. Muchos hechos pasan por un mismo tiempo y espacio, son irrepetibles, únicos ante el movimiento cósmico constante. Como estamos en un mundo de formas, es necesario el desorden para que luego llegue el orden. Ante el desorden surge la verdad, una verdad que muestra, en estas circunstancias de fragmentación, la condición humana que se transforma en “humana condición”. No es una simple inversión de términos, sino una forma de significar que, si bien existen muchos conocimientos sobre el estado de la salud, la fragmentación y la dispersión, no hacen más que inducir a determinismos mecanicistas elementales.

Escuchar a la enfermera decir “el hipertenso” es como oírla hablar de una cosa, y el enfermo sufre esta cosificación en un momento de su vida. Entonces surge la idea de que la enfermedad es la construcción de un concepto creado por una serie de hechos y rasgos comunes. Estos hacen suponer que la enfermedad es un hecho real, el desorden del mundo, mientras que la salud estaría del lado del orden.

Cada persona, incluso la más banal, lleva en su interior multiplicidades internas propias, una infinidad de secretos, un desorden y un orden. Entender que en el proceso de enfermedad existe la vida de relación, lo vincular y el momento actual es percibir que la enfermera no cuida a “un hipertenso”, sino que cuida y comprende la condición humana y la complejidad de la vida.

En este trabajo se considera que la salud es el grado de adaptación al medio y la capacidad de funcionar de manera óptima en el mismo. Esta conceptualización se aleja de la definición que la entiende como “el estado completo bienestar” y concibe a la enfermedad como “la verdad” en el desorden de la condición humana, ávida de un vínculo que lo sostenga.

Factores biológicos, psicológicos y sociales influyen en la vida cotidiana del paciente, cuya finalidad es mantener su estructura (Laborit, 1984). Delinean la salud o la enfermedad, delimitan los nuevos estilos de vida y actúan positiva o negativamente en el paciente hipertenso. Por ejemplo, el aumento de dietas ricas en sal y grasas, que en la actualidad es frecuente encontrar publicitadas en los medios televisivos, como también la disminución de comidas realizadas en el hogar, favorecen la no adherencia al tratamiento de la hipertensión.

Desde la Conferencia de la Carta de Ottawa (1986), los gobiernos han trabajado en el proceso de salud-enfermedad y en la promoción y prevención. La promoción destaca como elemento común el reconocer la necesidad de modificación de los hábitos, incorporando aquellos beneficiosos para la salud y desechando los negativos. La prevención implica la mirada antes de la enfermedad. Cuando se ignora la condición humana, se mezclan los aspectos mecanicistas con la necedad. Son necesarias la modificación de los hábitos y la mirada previa. La enfermera debe tener la capacidad de distinguir los aspectos humanos en general, y la singularidad irrepetible que define a cada hombre o mujer hipertensa. Estos conceptos deben ser tenidos en cuenta en los cuidados que se proporcionan para que el proceso salud-enfermedad sea aceptado como valor fundamental.

Latinoamérica y Argentina trabajan en la prevención y promoción de la hipertensión. El programa hipertensión es una respuesta al lema “Salud para todos en el año 2000”. En los resultados, el 38,8% de las enfermeras trabajan en ámbito comunitario, y de este porcentaje el 68,1% participa en los programas de prevención de hipertensión. Una colega nos cuenta cómo es el recorrido del programa de hipertensión en su centro de salud:

LEo. Los pacientes son mayormente de presión dependientes, todos pasan por algo, vienen a buscar un turno y ellos mismos nos ven; o sea, no salimos a buscar al paciente. Tenemos pacientes que nos cuesta un montón controlarlos y a veces la pregunta es: ¿salimos a buscar más o tratamos de que estos estén bien controlados? Los pacientes, mayormente, el circuito que hacen es: el paciente llega nuevo por primera vez, es un paciente no conocido, tenemos una relación sin mucho vínculo, piensa mucho; pero son siempre más o menos los mismos. Hay un paciente que se mudó recién al barrio, que llega porque se atendió bien al hermano, al tío, al primo… Quiere pasar y, bueno, se toma la presión. Si la presión está normal, se le da un turno programado para hacer un examen periódico, pero bueno toma un tiempo. Si la presión está alterada −y de acuerdo con cómo esté alterada− se lo cita esa semana, se ve el comportamiento que hace la presión y según ese comportamiento se le da un turno para el otro día o para la semana que viene o de acuerdo al valor.

Ni hablar si es un paciente que viene con clínica, el médico lo va a atender en ese momento y se lo trata y, si no, nos manejamos con los valores internos. Si, por ejemplo, tiene 170/100, este paciente va a venir al otro día a una consulta médica y si tiene menos de 160 mmHg, va a venir toda la semana, dos o tres veces, se le va a dar un turno para que lo vea el médico, pero a veces no se adhiere al tratamiento.

La política de municipios saludables es una oportunidad para progresar en la prevención. Los programas permiten llevar un control de la hipertensión sin caer en la excesiva medicalización, actúan como respaldo de la salud pública. Sin embargo, la colega nos narra el seguimiento del paciente en el programa de hipertensión con la contrapuesta no adherencia al tratamiento, una suerte de reloj que nos marca los avatares de esta enfermedad.

La salud en el siglo XX plantea un cambio en la realidad de enfermar (Castellanos, 1988). El autocuidado como comportamiento social lleva implícita la prevención primaria −pilar en el cuidado de la enfermería−. La cronicidad de la enfermedad del hipertenso lo expone a un impacto que no es meramente orgánico; se confronta también con la necesidad de cambiar su estilo de vida. Se prolongan la enfermedad, los cuidados requeridos para su tratamiento y la prevención de otros riesgos. Aparece el desorden y el tratar a la enfermedad como una mentira y como una verdad. Es decir, la ambivalencia de no adherirse al tratamiento y a la vez buscar curarse. Los programas orientados a la hipertensión no logran el objetivo para el que realmente están planificados, que es la prevención; porque una de las debilidades del enfoque es la modificación del estilo de vida donde, como esloganes, priman de manera atomizada el contexto y el significado. Dicho de otra manera, cosas que la gente hace en un determinado contexto.

En la actualidad, tal como lo narra la colega, los programas ignoran estas expresiones, centrando la responsabilidad en el paciente. Si se acepta que el cuidado de la propia salud se basa en un conjunto de medidas que el paciente adopta para mejorar, hay que aceptar la existencia de patrones de comportamiento de la vida diaria que incitan a la no adherencia. Es acrítico no distinguir que hay comportamientos humanos que se convierten en hábitos; otros suponen conflictos, otros dependen realmente del entorno social, siendo casi imposible enumerar la diversidad de los mismos. Quizás, lejos de alcanzar esta meta, en la actualidad nos hallemos envueltos en una medicina ahistórica y medicalizada.

La nueva manera de entender la salud y la enfermedad permite pensar un rol de la enfermería sustentado en la condición humana, en la que se confrontan los modos distintos de concebir la enfermedad y los cuidados necesarios, aumentando las posibilidades de incentivar hábitos de vida más saludables.

Algunos párrafos de las entrevistas exponen estas ideas:

41-Eor. ¿Cuál es tu opinión sobre el paciente hipertenso?

EoLE. El paciente hipertenso tiene distintas etapas. Vos sabés que primero se comienza con hipertensión y luego se hace una insuficiencia cardíaca. En general, [el paciente] llega a eso porque siente que nunca le va a pasar. Al principio, la hipertensión es silente, no la controla, entonces llega a la consulta y ya tiene instalada la hipertensión, que acarrea algún tipo de complicaciones, y el paciente se descubre hipertenso a través de lo cardiológico; ahí comienza a sentir que es más importante el evento cardiológico que la hipertensión, no la ve como enfermedad. Como además necesita cambio de conducta, como son los hábitos higiénico-dietéticos, es muy difícil revertirlo. Además, asociada a gran cantidad de medicamentos, la conducta del paciente es difícil, muchas veces se siente que uno habla y no es escuchada.Eor. ¿Vos tenés familia hipertensa?EoE. Dos. Tenía a mi mamá, ella también es enfermera. Se cuidaba, hacía un poco de deporte, ella sabía a lo que estaba expuesta, pero ahora tiene otra enfermedad para la cual está tomando una medicación que le produce hipotensión. Pero otro familiar que he tenido no hacía caso.

59-EoLE. Fíjate que mi mamá era hipertensa y mi abuelo era hipertenso y murió en función de esto. Realmente, yo tengo una mala experiencia porque mi mamá se opera hace 6 años, hace su segundo reemplazo de caderas y le hacen todos los exámenes prequirúrgicos… Ella estaba en ese momento con una presión de 140/80, le bajan la presión, la operan y la cirugía sale bien. Después, yo siempre le insistí que volviera al clínico y ella no fue y −hace más o menos un año atrás− un día le tomo la presión porque me decía que se sentía mal (aparte un poco el juego que uno hace en casa cuando anda con el tensiómetro dando vuelta) y, aunque parecía que estaba bien, tenía 160/80. Le dije que en esa semana consultara al clínico, el clínico la derivó al cardiólogo. En conclusión, ella ha hecho un infarto silente. No le hemos hecho cateterismo, pero el estreno fue demasiado positivo como para hacerlo y ella en este momento se está cuidando. Tiene que tomar cuatro drogas y consulta cada dos meses al cardiólogo y es una persona que hace bien el tratamiento, y yo le ando bastante atrás. Pero sufre un estrés continuo en casa y, cuando ella está mal, la presión sube independientemente de que se cuida. Con decirte que hasta ha creado perejil, lo ha puesto a secar, porque tiene miedo de que todo lo que venga tenga sal o qué sé yo; se cuida muchísimo, pero tiene algunos factores que no puede cambiar. […] lo que más tengo en el trabajo, la mayoría, son obesas, una obesidad mórbida; y son esos pacientes que buscan la culpa en otro lado. La responsabilidad está en que hoy me enojé, me peleé con alguien y por eso estoy así; y en realidad yo hago un monitoreo de una semana y todos los días la presión está igual, y aparte vos sabés cuándo la presión sube por estrés y cuánto puede subir y cuánto no.

Aquí, por un lado, observamos que se puede pensar en un rol concebido desde lo indiviso, y por otro, que la hipertensión silente, las condiciones de vida no favorables, el trasladar las culpas, el hablar y no sentirse escuchadas son las ideas que insisten en los testimonios de las colegas. Sin embargo, a partir de sus opiniones respecto a la toma de la tensión arterial, se infirió que los profesionales más actualizados en hipertensión arterial son las enfermeras. Esos fueron los resultados para los valores de la tensión arterial sistólica estadísticamente significativos (P-value= 0,081) a diferencia de los valores normales de tensión arterial diastólica (P-value= 0,221). Quedó demostrado que el control de la tensión arterial se realiza varias veces al día y varios días a la semana. La medición de la tensión arterial reviste gran importancia, fundamentalmente para aquellos que tienen menos años de antigüedad en la profesión y mayor actualización, diferencias que no resultan estadísticamente significativas (P-value= 0,518). Los claroscuros de la profesión se observan en esta paradoja, expresada por la sensación de no ser escuchadas, por cierto mecanicismo en la toma de la tensión arterial (que se vislumbra entre líneas en las entrevistas) y por el conocimiento respecto a la toma de la misma del que dan cuenta los entrevistados.

Esto de “aparte un poco el juego que uno hace en casa cuando anda con el tensiómetro dando vuelta” desvía el pensamiento hacia el imaginario social con el que la población identifica a la enfermería. El tensiómetro es parte de su investidura, pero no debemos identificarla sólo con los aspectos físicos, sino también con la capacidad de publicación científica. Este ámbito de trabajo ubica a la profesión en un rango de autoridad y le permite formar parte de las conclusiones de los trabajos bibliométricos. Enfermería debe abogar por que no sea tal la discontinuidad en la producción anual sobre hipertensión arterial, a sabiendas de que se trata de una enfermedad de prevalencia mundial. A esto se lo puede pensar cruzando los resultados de las opiniones. El 72,7% de las personas encuestadas dice no haber realizado cursos de actualización sobre hipertensión arterial, y los que sí los realizaron, los hicieron entre los años 1998-2006. Inferimos que el 42,1% de los entrevistados ha alcanzado una capacitación académica detenida en el primer nivel de formación, mientras que el 24,8% adquiere el título de Licenciado en enfermería. Estamos haciendo una referencia implícita a la paradoja anteriormente mencionada. Enfermería se encuentra delineando su identidad profesional desde afuera, en lugar de hacerlo desde el interior de la profesión, desde su estructura disciplinar, gestionando su autoridad en el campo del conocimiento y como personas activamente pensantes.



Deja un comentario