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Material teórico de apoyo
para la utilización de técnicas ericksonianas

Dr. Raúl D’Angelo Pizzi[1]

Se le ha dado el nombre de “psicoterapia ericksoniana” al conjunto de técnicas desarrolladas por Milton H. Erickson expresadas en conferencias, seminarios, talleres y numerosos escritos. Su aporte principal ha consistido en la aplicación de estas técnicas, las cuales tienen como fin activar los recursos y las potencialidades de cada paciente –utilizando la mayoría de las veces un estado de trance terapéutico formal– y fundamentalmente en la filosofía que está detrás de ellas. Numerosas escuelas terapéuticas, a lo largo de todo el mundo, se han inspirado en el trabajo desarrollado por Erickson.

Sus intervenciones, tal como él las denominó, estaban “cortadas a la medida”, es decir, específicamente diseñadas para cada paciente. Su objetivo inmediato era aliviar los síntomas y resolver los problemas del paciente; el mediato era reestructurar el sistema de creencias y de valores de aquel paciente.

Presupuestos básicos del trabajo de Erickson

Orientación naturalista

Al referirse a este tema, O’Hanlon (1993), en su libro Raíces profundas menciona que:

Erickson creía que las personas tienen dentro de sí las capacidades naturales necesarias para superar dificultades, resolver problemas, entrar en trance y experimentar todos los fenómenos del trance. Su enfoque consistía en hacer que esas capacidades naturales emergieran […] Erickson veía básicamente a los seres humanos como capaces por naturaleza de conservar y sostener su salud si se les permite hacerlo […] La tarea del terapeuta consistía en crear un contexto tal que permitiera a los pacientes lograr acceso a capacidades y recursos que antes no habían estado usando para resolver sus problemas. (19)

En la opinión de Erickson (en Rosen, 2009), el trance es una capacidad natural o una aptitud:

El estado de trance […] no se refiere a un estado inducido de somnolencia. […] En realidad, el trance es un estado natural, que todos experimentamos. El estado de trance con el que más familiarizados estamos es el del ensueño diurno o ensoñación, pero también se producen estados de trance cuando meditamos, oramos o realizamos determinados ejercicios –como el aerobismo, que ha sido denominado “meditación en movimiento”. (26-27)

Orientación indirecta y directiva

Erickson en realidad era muy directivo con respecto a proponer cambios de conductas que bloquearan pautas que mantenían el síntoma. Erickson “asignaba tareas o formulaba sugestiones que se limitaban a aflojar las rigideces de la persona en medida suficiente como para que ella descubriera otros modos de pensar y comportarse capaces de eliminar el síntoma” (O’Hanlon, 1993: 20).

Su orientación indirecta se refiere al modo en que permitía que las personas resolvieran su sintomatología, respetando su estilo y ritmo. Erickson utilizaba de modo creativo aquello que ya estaba presente en el paciente, creando nuevas conexiones, nuevos isomorfismos. En la terapia, utilizaba de modo creativo las creencias, las ideas, las conductas o los hábitos, incluso las resistencias del paciente, y los transformaba en facilitadores de los objetivos de la terapia.

En una ocasión, un paciente alcohólico acudió al ver a Erickson y le dijo que toda su familia había sido alcohólica: sus abuelos paternos y maternos, sus padres, su hermano, los padres de su esposa y su esposa. Trabajaba en un periódico donde el alcoholismo era un alto riesgo ocupacional. Había tenido once veces temblores y delirios y estaba fastidiado de ser alcohólico. Le preguntó a Erickson si podía hacer algo por él. La única intervención de Erickson consistió en sugerirle “vaya al Jardín Botánico. Observe todos los cactus que allí hay y maravíllese de que puedan sobrevivir tres años sin agua, sin lluvia. Y reflexione mucho” (Rosen, 2009: 57). Varios años después, la hija de este hombre quiso conocer al doctor que había logrado que su padre –e incluso su madre– dejaran de beber con la simple sugerencia de ir al Jardín Botánico, observar cactus, maravillarse de su capacidad para sobrevivir sin agua y reflexionar.

Atención al presente y al futuro

Si bien Erickson no fue el primero en tener una orientación de presente, lo que sí queda claro es que fue el primero en desarrollar una orientación al futuro. Erickson escribió que lo que se busca en la psicoterapia no es el esclarecimiento del pasado inmodificable; se va a la psicoterapia por insatisfacción con el presente y con el deseo de mejorar el futuro. Decía que el pasado no puede cambiarse, pero sí puede cambiarse la interpretación y cómo lo vemos, incluso esto se modifica con el paso del tiempo. En síntesis, se podría decir que Erickson estaba enfocado hacia la solución y no hacia el problema.

Utilizando su técnica de contar historias, Erickson solía relatar una anécdota acontecida en su niñez, con su padre, en una ocasión en que tras un año de intenso trabajo, esperaban una cosecha sumamente abundante de avena. Un jueves por la tarde fueron a ver la siembra y el padre dijo que la cosecha estaría lista para ser recogida el lunes siguiente. En el camino de regreso a la casa comenzó a lloviznar y se desató una lluvia pertinaz, día y noche, que continuó hasta el lunes por la mañana. Cuando fueron a ver el sembradío, naturalmente, la cosecha se había perdido por completo. Relata Erickson que su padre entonces dijo: “Confío en que haya suficientes plantas maduras como para que broten; de ese modo tendremos algo de forraje este año para el ganado. El año próximo es otra historia, ya veremos lo que pasa el año próximo” (Rosen, 2009: 210).

En este caso Erickson utiliza la experiencia de sus años juveniles en la agricultura para trasmitir la idea de que, aun cuando las cosas parecen totalmente perdidas, siempre hay algo que se puede aprovechar y surge la esperanza para volver a comenzar.

No es necesario hacer consciente lo inconsciente

En el ámbito de la terapia, Erickson decía que había que ocuparse de la mente inconsciente, efectuar en ese nivel las intervenciones y luego transferirlas a la mente consciente. Creía que la mente inconsciente era un depósito de recuerdos y habilidades que podían ser convocados después de muchos años. Solía citar a Will Rogers al decir que lo que nos trae problemas no es lo que no sabemos. Lo que nos trae problemas es lo que sabemos que no es así. A lo cual Erickson agregaba: “muchos más problema todavía nos trae las cosas que sabemos, pero no sabemos que las sabemos” (Rosen, 2009: 37). Erickson provocaba amnesia en sus pacientes con el fin de rodear o evitar las limitaciones aprendidas; de este modo reorganizaba el mundo psíquico de la persona de la manera más ecológica posible, para luego hacer emerger natural y espontáneamente el cambio de una manera aceptable para la mente consciente.

Erickson solía dar las prescripciones terapéuticas en forma de sugestiones poshipnóticas mientras el cliente estaba en trance. Luego inducía una amnesia para proteger la sugestión. Un estado de trance de este tipo podía ser inducido incluso mediante una conversación hipnótica larga, vaga e inespecífica, siempre o muy frecuentemente con entremezclado de sugestiones de relajación y somnolencia. Una amnesia espontánea también era producida por distracción de la atención.

El trance terapéutico

Entre las diferentes técnicas desarrolladas por Milton H. Erickson se destaca la utilización del estado de trance terapéutico, ya sea formalmente inducido o no, en sus distintos niveles de profundización.

Para definir el trance terapéutico es necesario tener en cuenta que en el continuum de la consciencia del ser humano, cuyos extremos son la vigilia y el sueño, existen estados intermedios de consciencia, que se producen de manera natural y poseen características particulares.

En un estado de trance se produce un fenómeno de focalización de la atención y amplificación de la consciencia, acompañado de otros fenómenos hipnóticos tales como cambios en la experiencias perceptuales –visual, auditiva, olfativa, gustativa, táctil y propioceptiva–, sensoriales, cognitivas, emocionales y comportamentales diferentes a las del estado de vigilia.

Este estado puede producirse de dos maneras: a) espontáneamente, como sucede en la meditación, la oración, la ensoñación, escuchar un concierto, ver una película, manejar, cocinar, bailar, correr, etc.; b) premeditadamente, que se conoce como trance terapéutico.

En el trance terapéutico se emplea el modo de funcionamiento natural de la mente en forma premeditada con una finalidad terapéutica, dentro de un marco estratégico de cambio. Este trance puede producirse mediante dos vías: a) a través de la conversación hipnótica que constituye en sí un trance terapéutico informal; b) a través de una estructura de comunicación específica que genera un trance terapéutico formal.

De este modo se puede definir el trance terapéutico como un estado de focalización de la atención hacia el interior del sujeto –promovido por el terapeuta– que genera una amplificación de la consciencia, durante la que se produce un funcionamiento cognitivo predominantemente del hemisferio derecho, en el marco de una comunicación con características peculiares, en un contexto terapéutico con la finalidad de producir cambios en el sujeto.

Asimismo, el trance terapéutico promueve la receptividad de las sugestiones inducidas por el terapeuta facilitando la comunicación con la mente inconsciente. El lenguaje utilizado en dichas sugestiones constituye un sistema de comunicación hábil e influyente cuya finalidad es promover cambios en el individuo. Más adelante se describen el trance terapéutico formal e informal y el modo de inducirlos.

En el ámbito psicoterapéutico, cabe resaltar que el trance terapéutico no constituye por sí solo una terapia, sino una herramienta cuya principal ventaja reside en la posibilidad de elicitar los numerosos recursos de la mente inconsciente. En este sentido, podemos compararlo a la aplicación de una inyección: la jeringa y la aguja serían el medio a través del cual introducimos el medicamento, lo que correspondería a la aplicación de la técnica; mientras que el medicamento constituiría el contenido de la sugestión, que finalmente es lo que produce el cambio deseado. Por lo tanto, no basta con conocer la técnica; el psicoterapeuta debe tener los conocimientos suficientes para elaborar el “medicamento adecuado y preciso”, es decir, el contenido de la sugestión. Al igual que una inyección, cuya aplicación puede tener distintos niveles de profundidad –subcutánea, intramuscular y endovenosa–, el trance terapéutico puede ser usado tan profunda o superficialmente como el clínico lo considere conveniente para los objetivos de la intervención.

El trance terapéutico ha sido utilizado en diversos ámbitos como una herramienta para lograr diferentes resultados; entre ellos se encuentran el contexto médico, el dental, el deportivo, el educativo, de negocios y el psicoterapéutico. Los valores, las creencias, los recuerdos, la comprensión de la realidad y las percepciones que las personas tienen son subjetivas, y por ende, pueden modificarse. El trance terapéutico es una excelente herramienta que facilita dicha modificación.

Para ahondar en la comprensión del trance terapéutico, a continuación se describen algunos aspectos relativos al funcionamiento de la mente. Mucho se ha escrito sobre el funcionamiento de la mente y su división en mente consciente e inconsciente. Cabe aclarar que la mente es una propiedad emergente de la interacción bioquímico-molecular en la intimidad de la estructura cerebral. En términos simples, diríamos que hay una sola mente con modalidades diferentes de funcionamiento a las que se les ha denominado “mente consciente” y “mente inconsciente”. En lo subsecuente, mantendremos esta división para una mejor comprensión, a sabiendas de la aclaración antes expuesta.

Yapko (1999), en Lo esencial de la hipnosis, comenta que una de las variables más significativas para determinar la eficacia de la comunicación hipnótica es la manera en que la mente consciente e inconsciente responde a un mensaje. Las comunicaciones a las que un individuo responde se experimentan de dos maneras: a un nivel consciente, donde son procesadas de una forma que es propia del modo de funcionamiento de la mente consciente, y al mismo tiempo a un nivel inconsciente, con un modo de procesamiento diferente. La distinción entre el modo de funcionamiento de una y otra es fundamental para la formulación de comunicaciones hipnóticas efectivas.

Si bien la mente consciente y la inconsciente poseen funciones diferentes, comparten algunas. De manera amplia, la mente consciente está definida como aquella parte que nos permite ser conscientes de las cosas; cuando se presta atención a algo o uno se da cuenta de algo, es consciente de ello. “Esta mente tiene la capacidad de analizar cosas, de razonar y de hacer juicios sobre lo que es correcto o equivocado y también decide racionalmente qué es posible hacer y qué no” (Yapko, 1999: 63). En este mismo sentido, Castillo del Pino (1992) dice que la percepción consciente tiene una naturaleza selectiva, por la cual cuando se percibe conscientemente un estímulo, por ejemplo una palabra, sólo se activa uno de sus significados posibles. Esto se debe a que la conciencia tiene una capacidad limitada por su modo selectivo y lineal de operar. Sin embargo, si la percepción de la palabra se produce inconscientemente, al generarse por debajo del umbral necesario, son activados todos los significados posibles de esa palabra. Esto está estrechamente relacionado con el mecanismo de condensación que Freud describió como característico del proceso primario, mostrado en los sueños y en los síntomas, así como en el lenguaje psicótico.

La mente inconsciente es aquella que almacena todas las experiencias del individuo a lo largo de su vida. Múltiples conductas cotidianas tales como caminar, hablar, manejar, etc., son evidencias de las funciones inconscientes. Por ejemplo: el que una persona no sea consciente de que está recibiendo información no significa que no ha absorbido nada. La información percibida de modo inconsciente puede ser igual o más poderosa que la percibida en forma consciente. Cabe destacar que es imposible evitar la percepción y el procesamiento inconsciente de estímulos, a diferencia de lo que ocurre en la percepción consciente. En esta última el individuo puede elegir percibir un estímulo o no. A través de sofisticados experimentos ingeniosamente diseñados, Debner y Jacoby (Froufe, 1997) han mostrado que cuando la percepción de los estímulos se produce de forma inconsciente, los sujetos son incapaces de evitar los efectos del procesamiento automático, e incluso de inhibirlos, cosa que sí pueden hacer cuando el procesamiento incluye conciencia. Por ejemplo, si se escucha una metáfora no puede evitar ni inhibir el proceso inconsciente de búsqueda de significados, pues éste se produce de forma automática.

La mente inconsciente puede procesar información a un nivel más simbólico y metafórico que la consciente. Mientras que la última está ocupada en analizar racionalmente las palabras y en darse cuenta de sus efectos, la primera, está más interesada en los significados subjetivos. (Yapko, 1999: 64)

Durante el trance terapéutico se estructuran patrones comunicacionales –sugestiones– en múltiples niveles. De este modo, la persona en trance decodifica a nivel consciente la estructura sintáctica de la sugestión terapéutica y, al mismo tiempo, a nivel inconsciente, decodifica el significado metafórico de la sugestión.

El funcionamiento de la mente también puede explicarse desde el paradigma propuesto por Roger Sperry (1961) de la división de funciones cerebrales en los hemisferios izquierdo y derecho. Desde esta perspectiva el hemisferio izquierdo correspondería aproximadamente al concepto de mente consciente, en tanto se le atribuyen las funciones de la emisión del lenguaje, de razonamiento, analítica y lógico-matemático. A su vez, el hemisferio derecho correspondería aproximadamente al concepto de mente inconsciente, al cual se le adjudican la creatividad y la intuición, la percepción holística, la apreciación de la pintura, la poesía, la música, la comprensión de las metáforas. Este hemisferio opera a niveles más simbólicos que el izquierdo.

Si partimos de este esquema, una de las características del trance terapéutico es distraer u ocupar al hemisferio izquierdo –con la estructura lógica de la sugestión– y al mismo tiempo utilizar los recursos del hemisferio derecho para la comprensión metafórica y la búsqueda del sentido subjetivo de la sugestión (Sperry, 1961).

Tras haber en párrafos anteriores algunos conceptos relativos al funcionamiento de la mente, en sus modalidades consciente e inconsciente, quisiera mencionar algunos desarrollos posteriores al trabajo de Milton H. Erickson que aportan explicaciones, confirmadas por investigaciones, que dan cuenta del proceso por el cual se producen las modificaciones en el paciente durante el trance terapéutico. En ese sentido se destacan los aportes que –a fines de la década de 1980– surgen del modelo conexionista o de procesamiento distribuido en paralelo, que tiene la ventaja de reflejar claramente el modo de funcionar de lo inconsciente.

Desde el punto de vista del modelo conexionista, la metáfora que representa a la mente es la de un sistema compuesto por nódulos o unidades de procesamiento –que podrían ser las neuronas– con múltiples conexiones entre sí, conformando redes interconectadas. Tal como en el modelo clásico, la información entra por un lado y sale por otro. En el ínterin se produce una serie procesamientos de la información en esas redes interconectadas, que generan el resultado en las unidades de salida.

En este modelo, la información es representada como patrón global de activación de una determinada configuración de red, que existe en tanto esté activada y, si no, sólo existe de manera potencial. Por lo tanto, no existen en esta conceptualización representaciones clasificadas y memorizadas –como unidades discretas– sino representaciones que se diferencian una de otra por el grado de activación o de inhibición, que al propagarse en la red dan lugar a un patrón determinado.

Las conexiones entre los nódulos o las unidades de procesamiento de las redes son unidireccionales, pudiendo ser inhibitorias o excitatorias, con una determinada fuerza de conexión. El aprendizaje se produce al excitarse simultáneamente dos o más unidades de una red, que de esa manera refuerzan su conexión. Cuando un patrón determinado llega a la unidad de salida, es analizado allí por un sistema que se ocupa de comparar la salida real con la ideal, eligiendo la más aproximada a la ideal, lo que refuerza retrospectivamente el camino seguido por el patrón de activación. A través de este sistema de ensayo/error y por repetición se produce el aprendizaje.

Este modelo tiene la ventaja de aproximarse mucho a la organización anátomo-fisiológica del cerebro, acortando la distancia entre el modelo físico y el psicológico. Por otro lado, se compadece con la conceptualización actual de la neurociencia que propone que la información se procesa en la estructura molecular del cerebro en paralelo y no serialmente.

También explica la enorme rapidez con que se procesa la información que se presenta distorsionada, con recortes y solapamientos; la capacidad de procesar adecuadamente aunque nuestra mente no se encuentre en las mejores condiciones, por fatiga, sueño, lesiones, etc.; explica, asimismo, la capacidad de completar patrones conceptuales y perceptivos sin contar con la información completa –no se necesita ver toda la silla para darse cuenta de lo que es–. Para la percepción y la codificación del lenguaje se necesita de todas estas habilidades.

De la misma manera explica cómo, a través del trance terapéutico, se alcanzan los cambios en las configuraciones de las redes, y se produce un reaprendizaje al constituirse y reforzarse nuevas configuraciones de redes y por lo tanto nuevos patrones de respuesta que se expresan en nuevos resultados en las unidades de salida. Por ejemplo, cuando se solicita al paciente en estado de trance un símbolo que represente algún evento traumático, se produce una expresión (ya sea visual, auditiva o kinestésica) a través de los mecanismos de condensación y de desplazamiento (símbolo modificado). Esto sucede debido a que la información no está activa todo el tiempo, sino sólo cuando es activada. En trabajos de Erickson y Rossi (1979), se anticipan estos conceptos, denominando a estas configuraciones “state-dependent learning and memory”.

Características psicológicas del trance terapéutico

Este estado se caracteriza por ser una experiencia subjetiva, dado que no existen dos personas que la experimenten de igual forma. Algunas de las características psicológicas más comunes son:

a) atención selectiva: la persona, dirigida por el terapeuta, centra deliberadamente la atención hacia su interior; en este proceso los acontecimientos externos pierden importancia, aunque la persona puede responder a ellos;

b) disociación: “Mientras la persona está en trance, su atención está centrada de manera selectiva en las sugestiones del terapeuta y, como consecuencia, desencadenar cualquier asociación inconsciente y producirse una división entre la mente consciente y la inconsciente” (Yapko, 1999: 56). De esta manera, la mente consciente se centra en los pasos del proceso de trance mientras que la inconsciente hace una búsqueda transderivacional de significados simbólicos y respuestas asociadas a la comunicación en trance. A esta división entre la mente consciente e inconsciente se le denomina “disociación” y su empleo como elementos independientes aunque a su vez son dependientes, constituye la base fundamental del trance terapéutico;

c) aumento de respuesta a la sugestión: la selectividad de la atención y el proceso de disociación descrito anteriormente producen normalmente un incremento de la sugestibilidad. La persona sigue la sugestión del terapeuta, y esta sugestión le produce respuestas y asociaciones. De esta manera surge en la persona el deseo de ser guiado por las sugestiones del terapeuta. Este deseo no es sinónimo de credulidad o pérdida de control, sino que durante el trance terapéutico realmente se amplía la capacidad de elecciones de la persona, incluyendo el rechazo de alguna sugestión inconveniente. Para que este incremento en la capacidad de respuesta a la sugestión se produzca, es necesario crear previamente un contexto de rapport adecuado;

d) lógica del trance: durante este estado la persona puede experimentar un proceso que puede no coincidir con la lógica del mundo real o racional. En este estado, la persona puede aceptar, aunque sea transitoriamente, lo sugerido en el trance como si ésta fuera la única realidad;

e) relajación: aunque una persona puede experimentar un trance terapéutico sin estar relajado, durante el trance terapéutico la relajación se presenta como una experiencia habitual;

f) distorsión del tiempo: la persona bajo un trance terapéutico puede tener la sensación de que el tiempo pasa muy lentamente o muy rápidamente;

g) distracciones espontáneas: la persona puede dejar de oír a ratos la voz de la persona que hace el trance;

g) sensación de estar en un estado diferente al normal.

En realidad no se conoce con precisión el momento en el que un individuo deja su estado de consciencia normal e ingresa en uno alterado. Tampoco existen signos claramente definidos que distingan diferentes grados de profundidad del trance. No obstante, existen algunos signos físicos asociados a este estado de fácil identificación, tales como: a) cambios en el tono muscular (relajado o tenso), b) movimiento ocular rápido, c) movimientos involuntarios, d) temblor en los párpados, e) cambio en el ritmo respiratorio, f) cambio en la coloración de la piel, g) cambio en el ritmo del pulso, h) relajación de la mandíbula, i) deglución, j) chupeteo, k) babeo, l) engrosamiento del labio inferior, m) catalepsia, n) aparente aumento de ojeras, o) cambio en la temperatura del cuerpo o en parte de él, p) dilatación de las pupilas, q) mirada perdida, si tiene los ojos abiertos, r) cambio en el ritmo del parpadeo, y s) llanto, risa, y las particulares de cada persona.

Estos signos son indicadores del trance terapéutico, pero de ninguna manera proporcionan información de lo que acontece en el mundo interno de la persona. La experiencia terapéutica facilita la observación de estos signos con la consecuente capacidad para manejar la intervención durante el trance.

Una vez entendido el modo de procesamiento consciente e inconsciente de la mente es indispensable conocer los estilos de comunicación y la estructura de las sugestiones que se emplean en el trance terapéutico.

Existen dos modalidades básicas en el estilo de comunicación utilizado en el trance terapéutico: la directa y la indirecta. Es importante señalar que no son mutuamente excluyentes, sino que incluso resulta improbable llevar a cabo un proceso exitoso utilizando exclusivamente una de estas dos modalidades. La elección de la modalidad a emplear depende del propósito de la sugestión y de la respuesta del sujeto.

Las sugestiones directas se centran o bien en el problema concreto a tratar o bien en la respuesta precisa esperada, formulada de manera clara y abierta, es decir, en un lenguaje específico. Las ventajas de este tipo de sugestiones son: a) su relación directa con la queja del cliente que puede brindarle la sensación de que el terapeuta atiende directamente su problema; b) mantiene las metas del proceso terapéutico claras y definidas; c) la implicación directa de la persona en el proceso de manera activa; y d) la utilización del modelo de sugestión aprendida, por parte del paciente, para la resolución de problemas ulteriores.

El inconveniente de este tipo de sugestiones es que confía en el deseo consciente de seguir las sugestiones y emplea más los recursos de la mente consciente que de la mente inconsciente. Asimismo, es muy probable que provoquen resistencia en el cliente al tratar tan directamente sus problemas, provocando incluso reacciones defensivas (el rechazo de las sugestiones es una de las más frecuentes).

Las sugestiones indirectas, como su nombre lo indica, tratan el problema sin aludir específicamente a él, buscando una respuesta precisa deseada sin enunciarla ni pedírsela a la persona. Existen diferentes maneras de formular este tipo de sugestiones, tales como: contar historias, analogías, chistes, juegos de palabras, tareas para casa y sugestiones disfrazadas o entremezcladas. Este tipo de sugestiones son como formas vacías que se llenan con el significado idiosincrático que le otorga cada persona, lo cual permite que esta última realice asociaciones inconscientes con su experiencia interna, lo que facilita el devenir del cambio.

Al contrario de las sugestiones directas, las indirectas potencian la utilización de los recursos de la mente inconsciente, a través de conexiones con experiencias o aprendizajes antiguos o nuevos, convocando recursos y habilidades olvidadas o potenciales que se ponen al servicio del cambio deseado. Asimismo, al no ser tratado el problema en forma directa, la persona experimenta una mayor distancia emocional que disminuye el miedo ante el cambio y la aparición de resistencias. Al no ser explícita la respuesta esperada, el paciente se siente no exigido y respetado en su ritmo y su manera de cambio. Lo ambiguo y lo inespecífico de este tipo de sugestiones permiten que la persona incorpore lo que le es útil y necesario.

Entre los inconvenientes están la posibilidad de que el paciente tenga la sensación de que el terapeuta no lo comprende, de que no afronta directamente el problema o de que es inexperto y lo evade. También puede sentirse engañado o manipulado. En algunos pacientes, la solución del problema a nivel inconsciente puede generar ansiedad por la curiosidad de su mente consciente acerca del proceso. Por otro lado, el cliente no aprende patrones para resolver patrones futuros.

Por último, es pertinente señalar que ambos tipos de sugestiones conforman un continuo, y en la práctica el terapeuta trabaja yendo de un extremo a otro, y es excepcional que se utilice la forma pura de una de ellas.

Existen dos maneras de inducir e intensificar un trance terapéutico. Una de ellas tiene una estructura formal y la otra se produce naturalmente. Se caracteriza por tener una estructura de inducción concreta, con frases y conceptos clave que están presentes en todas las inducciones, al inicio y al final. Esta estructura forma parte de las habilidades básicas del trance terapéutico que todo terapeuta clínico, entrenado en estas técnicas, debe dominar. Entre las diversas técnicas que existen se encuentran: a) inicio a la inducción del trance terapéutico; b) sugerencia del terapeuta que la persona se ponga en una posición cómoda, que observe su respiración, que cierre sus ojos y empiece a centrar su atención en su interior; c) relajación muscular progresiva; d) recuerdo de una escena agradable; e) fijación ocular; f) cuenta regresiva; y g) método de “como sí”.

Por otra parte, en las inducciones naturalistas del trance terapéutico se aprovechan las experiencias naturales de trance que las personas experimentan habitualmente. El terapeuta crea respuestas de trance terapéutico a partir de patrones de comunicación que centran la atención de la persona en experiencias terapéuticamente significativas. A diferencia de las inducciones estructuradas, por lo general no hay una identificación clara de inicio y final de la inducción, y tienen como característica la inespecificidad y la orientación al proceso.

El terapeuta atrae la atención de la persona por medio de historias o relatos que conforman lo que Teresa Robles ha denominado “conversación hipnótica”, y atento a los signos físicos y psicológicos del trance terapéutico (cambios en la respiración, palidez, relajación muscular, postura fija, etc.), puede intensificar dicho estado utilizando técnicas naturalistas como: a) recordar experiencias anteriores de trance natural, como por ejemplo conducir por largos períodos, ver una película, escuchar un concierto, rezar, meditar o cualquier otra experiencia en la que la atención se haya absorbido o centrado; b) inducciones metafóricas con sugestiones inespecíficas de solución entremezcladas (explicarlo como modelo personal de ABS). A diferencia de lo anterior, que emplea experiencias personales, aquí se alude a experiencias de otras personas, animales o cosas en otro momento o circunstancia. La distancia entre la metáfora y la persona atenúa la eventual resistencia y al no ser directa ni precisa, estimula la búsqueda de significado consciente e inconsciente dentro de sí, elicitando efectos terapéuticos significativos; c) inducciones paradojales, en donde utilizando la resistencia de la persona, se abren caminos al cambio terapéutico.

La clasificación de las inducciones formales y naturalistas de los párrafos anteriores no pretende ser exhaustiva, pues las posibilidades son tan diversas y creativas como el número de terapeutas que trabajan con ellas.

La metáfora

La metáfora es una forma de lenguaje simbólico que ha sido usado durante siglos como un método de enseñanza en varios campos (Mills, 1986). Abunda el empleo de metáforas para transmitir ideas en forma indirecta en numerosos escritos sagrados como la Biblia, el Corán, la Kabbalah, el Popol Vuh, textos del budismo zen y en la literatura y la poesía de todos los pueblos del mundo en general. En el ámbito de la terapia Milton H. Erickson ha sido el más hábil en el empleo y desarrollo de la metáfora como herramienta terapéutica.

La palabra metáfora proviene de las raíces griegas “meta”, que significa “más allá”, y “pero” que significa llevar. El Diccionario de uso del español (Moliner, 1992) define la metáfora como una figura retórica que consiste en usar las palabras con sentido diferente del que tienen propiamente, pero guarda con éste una relación descubierta por la imaginación. Aristóteles decía que una metáfora consistía en dar a una cosa el nombre que pertenece a otra. De este modo, una metáfora consiste en usar las palabras con un sentido diferente del original en objetos o acciones distintos. Las metáforas han sido de suma importancia en la transmisión de valores, creencias y aprendizajes en todas las culturas del mundo. Constituyen el mejor método de enseñanza a la vez que entretienen.

En el mundo oriental, la metáfora ha sido una herramienta fundamental para la enseñanza. Los maestros orientales, en lugar de intentar explicar conceptos tales como la unidad del hombre, la naturaleza y el universo en términos de pensamiento lógico, usaban historias, parábolas y fábulas para ayudar a sus estudiantes a descubrir y experimentar su significado metafóricamente (Mills, 1986).

En el mundo occidental, el gran trabajo de Carl Jung (1995) facilitó un puente entre el pensamiento antiguo y el moderno: entre los maestros de oriente y los psicólogos modernos, entre las religiones de occidente y la investigación moderna. La piedra angular del trabajo de Jung es el símbolo. Los símbolos, como metáforas, representan o sugieren algo más allá de su apariencia inmediata. Una palabra o una imagen son simbólicas cuando implican algo más que su significado obvio e inmediato. Tiene un amplio aspecto inconsciente que nunca está completamente definido o explicado, ni puede anhelar definirlo o explicarlo. Mientras la mente explora el símbolo, es llevada a ideas que descansan más allá de la razón inmediata. Jung decía que los símbolos evocan ambas cosas, imágenes y emociones.

Por su parte, Sheldon Kopp (1971), en su libro Guru: Metaphors from a psychoterapist habla de la función que tuvieron los cuentos de hadas durante su niñez y después describe el potencial didáctico de los mitos y la poesía. Kopp, en el mismo libro escribe:

Al principio me parecía muy extraño que las lecturas que me ayudaron más a confiar cómo iba en mis trabajos como psicoterapeuta eran cuentos de magos y chamanes, de rabinos, monjes y maestros del Zen. No los materiales de la ciencia o la razón, sino que la poesía y los mitos me instruyeron mejor. (9)

Por su parte, Julian Jaynes (1976), historiador y psicólogo, explica la metáfora como una experiencia primaria que sirve a un doble propósito: por un lado, describe la experiencia, y por otro lado, esta descripción genera nuevos patrones de consciencia que expanden la experiencia subjetiva. Desde este punto de vista la metáfora sería un medio particular que ayuda en la comunicación, a través de nuevos entendimientos en el contexto de la terapia.

Entre los muchos terapeutas que utilizaron la metáfora en su trabajo, destaca el brillante trabajo de Milton H. Erickson. Fue un creador prolífico de cuentos metafóricos. Muchas de sus metáforas estaban basadas en experiencias de su vida personal en la casa, la escuela y el trabajo (Zeig, 1982). Ernest Rossi (1986) buscaba delinear los elementos de las metáforas empleadas por Erickson en el marco de la entonces reciente teoría de Roger Sperry acerca del funcionamiento de los hemisferios cerebrales. Esta teoría permitió relacionar la metáfora, los síntomas y la intervención terapéutica. El hemisferio derecho, desde esta perspectiva, interviene predominantemente en el procesamiento de los tipos metafóricos de comunicación, de las imágenes y de las emociones. Desde este punto de vista se puede decir que el hemisferio derecho participa prioritariamente en el modo de funcionamiento inconsciente de la mente y el hemisferio izquierdo, en el modo de funcionamiento consciente de la mente. Lo anterior permite a Erickson y a Rossi (1979) concluir que el empleo de metáforas actúa en dos niveles, es un medio de comunicación con la mente consciente –en un sentido literal, de conceptos e ideas– y con la mente inconsciente en un nivel simbólico, a través de la implicación y la connotación.

Erickson y Rossi (1979) concluyen que dado que los síntomas son expresiones en el lenguaje del hemisferio derecho, nuestro uso del lenguaje mitopoético podría así ser un medio de comunicación directa con el hemisferio derecho en su propio lenguaje. El ingreso de una metáfora por esta vía, activa los patrones asociativos inconscientes, generando nuevas significados que se manifiestan en diferentes respuestas conductuales, desechando las anteriores (el síntoma).

Richard Bandler y John Grinder, al estudiar el trabajo clínico de Milton H. Erickson, sistematizan, desde una aproximación lingüística, la intervención metafórica describiendo su significado en tres etapas. En el primer nivel, la metáfora presenta las palabras de la historia que constituyen la estructura superficial del significado. En el segundo nivel, se activa la estructura de asociación profunda de experiencias personales, a través de la búsqueda transderivacional. Y, en el tercer nivel, se activa la estructura profunda de significado de la metáfora, adquiriendo una significación relevante para el paciente.

Entre las ventajas del uso de metáforas en el trabajo psicoterapéutico se encuentran: a) la posibilidad de ayudar a la persona a ampliar su visión del problema, lo que le permite pensar y sentir de una manera diferente, lo que conlleva un comportamiento diferente; b) su carácter indirecto, no confrontativo ni amenazante, que le permite a la persona tomar lo útil, darle su propio significado sin que el terapeuta le diga lo que tiene que hacer; c) el hecho de que abren opciones de solución, sembrando ideas, incrementando la motivación; d) permiten hacer un reencuadre del problema; e) al presentarlas de una manera atractiva, capturan la atención consciente, al mismo tiempo que facilitan la conexión inconsciente; f) disminuyen la resistencia; g) permiten rescatar recursos y aprendizajes previos; y h) desensibilizan el temor al cambio.

Para transmitir efectivamente una metáfora es necesario establecer un buen rapport, observando el lenguaje no verbal, el tono de voz, la velocidad al hablar, la postura de la persona, etc. Asimismo, es importante registrar y utilizar las preferencias sensoriales del lenguaje verbal, así como conocer sus creencias, valores, intereses y habilidades. Una vez establecido el rapport, es necesario identificar el problema que presenta el sujeto y establecer el objetivo que se quiere lograr mediante la metáfora. Un hábil transmisor de metáforas debe tomarse un tiempo adecuado para preparar la historia, que deberá constar de un inicio, un desarrollo y un final generador de soluciones. Debe elegir los personajes necesarios cuidadosamente y mantener el interés en el relato poniendo énfasis en los detalles a través de la voz, los gestos, los movimientos y la mirada.

Referencias bibliográficas

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  1. Profesor Titular de Psicología Comunitaria. Facultad de Psicología y Relaciones Humanas. Universidad Abierta Interamericana. Correo electrónico: rauldangelo@hotmail.com


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