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Expectativas y creencias sobre la psicoterapia
en consultantes jóvenes que buscan ayuda psicoterapéutica de orientación cognitiva

Ps. Alexandra Petrini[1]

Los primeros tiempos de la psicoterapia fueron difíciles; durante algunos años, psicoanálisis y psicoterapia fueron sinónimos. Estas confusiones dificultaron la elección de los pacientes entre los diversos modelos de psicoterapias existentes. Paralelamente, el movimiento psicoanalítico debió enfrentar una fuerte resistencia en la sociedad. Además sufrió rápidas escisiones. Las deserciones de Adler y de Jung dieron lugar al surgimiento de nuevos enfoques terapéuticos. El movimiento psicoanalítico “oficial”, conducido por Freud, se sobrepuso y logró su reconocimiento académico y público en la comunidad después de la Primera Guerra Mundial, cuando el psicoanálisis ingresó plenamente en la Universidad de Viena.

Mientras tanto, dos nuevos enfoques emergieron con mucho ímpetu. Moreno creó el psicodrama. El otro enfoque, algo más cercano al psicoanálisis, surgió a partir de la analítica existencial de Binswanger y fue el inicio de una tradición que derivó en una potente corriente terapéutica: la terapia humanista-existencial. A medida que fue transcurriendo la segunda mitad del siglo XX, la psicoterapia fue alcanzando un grado cada vez mayor de reconocimiento social. La demanda crecía aceleradamente y los centros asistenciales aumentaban la dotación de profesionales y multiplicaban la oferta.

La psicoterapia moderna marcó su ingreso a partir del hallazgo de pruebas empíricas de validación. El principal objetivo pasó a ser la promoción de cambios y, a través de ello, la búsqueda por mejorar la calidad de vida. La idea de que el objetivo de la psicoterapia es el cambio humano se instaló en el horizonte de la práctica. Otras dos notas distinguen el ingreso de la psicoterapia en la etapa moderna. En primer lugar, la aparición de un nuevo modelo, la terapia cognitiva, que marca una bisagra en el campo de la teoría. Además de la enorme propagación de la terapia cognitiva, otro fenómeno de gran impacto afectó el campo de la psicoterapia. Desde diversos ángulos se inició un movimiento destinado a promover la integración de los distintos modelos y enfoques. La terapia cognitiva, por ser un enfoque que ha relevado el carácter procesal de la terapia, se ha mostrado permeable a favorecer muchos enfoques integrativos con ejemplos como la terapia cognitivo-analítica (Ryle, 1991); la terapia cognitivo-existencial (Pacciolla y Mancini, 2010), además de haber dado lugar a la articulación con la terapia de conducta en lo que es la variante más difundida; y la terapia cognitivo-comportamental (Fernández Alvarez, 2011).

¿Qué lo trae a la consulta? Esta pregunta es una de las más habituales de nuestro repertorio cuando iniciamos el diálogo con quien consulta por primera vez. Suele ser bastante eficaz y la respuesta que obtenemos es una buena manera de introducirnos en el motivo de consulta. En la clínica no existen fórmulas universales y los seres humanos en busca de ayuda constituyen una población de inagotable diversidad, por sus estilos, sus historias y los modos peculiares con que se conducen en la relación con los demás en general y con nosotros en particular. Esto no implica negar que haya alguna generalidad o ciertas tendencias dominantes en el comportamiento de las personas que nos convocan al trabajo, por eso resulta útil disponer de principios o de ejes orientadores para nuestras acciones, aunque no constituyan reglas fijas ni inmutables.

La pregunta con la que introducimos, a menudo, el primer encuentro suele articularse con esta otra: “¿en qué puedo ayudarlo/a?” Preguntarle eso a alguien es una señal de nuestra disposición para con él o ella y eso mismo es lo que se espera de nosotros. Muchas veces se falla por no ponderar la cuota de ilusión que podemos generar. Antes de situarnos en el rol de alguien que puede ayudar al otro es preferible pasar por la estación de conocer qué es lo que el otro espera conseguir con su visita. La distinción primordial requiere una acción muy delicada de deslindar la búsqueda del paciente. En el profesional también pueden confundirse la voluntad de ayudar al paciente dentro del límite de lo posible con el deseo de satisfacer sus propias expectativas de logro.

Evaluar correctamente las exigencias que nos plantea el proceso terapéutico es una medida protectora muy saludable para el terapeuta. En nuestro desempeño es fundamental tener presente que para cuidar de otros es imprescindible que seamos capaces de cuidar de nosotros mismos. En este marco, la efectividad de la psicoterapia depende de varios factores. Algunos son propios del paciente, de su entorno y del contexto social en que se configura la demanda. Otros derivan del modo en que operan el terapeuta, su ámbito de pertenencia y el marco científico y profesional en que se desenvuelve. El puente que une ambos fenómenos es el terreno sobre el que se asienta la alianza terapéutica, probablemente el más potente predictor de los resultados de un tratamiento.

Tres fuentes convergen en el desempeño del terapeuta y mantienen una compleja relación entre sí: la experiencia clínica, el entrenamiento y la investigación. La idoneidad del terapeuta se pone de manifiesto como resultado de una combinación de capacidades. Algunas de ellas son naturales pero otras surgen como resultado de algún aprendizaje sistemático.

Desde el primer contacto con el terapeuta, el paciente espera que aquél empatice con él y muestre una buena dosis de contención, especialmente ante sus dificultades y sus debilidades. La habilidad para covivenciar la situación de otro ser humano, en particular cuando muchas veces ese ser humano cree que su sufrimiento es único, requiere de un don natural, no sólo para poder experimentar esa vivencia sino para encontrar el canal adecuado de expresión, para determinar qué conocimientos y qué destrezas resultan primordiales para conducir del mejor modo posible la psicoterapia.

En función de ello, Hill y O’Brien (1999) describieron tres etapas en el proceso de entrenamiento: exploración, insight y acción. En la primera, el psicoterapeuta aprende los medios necesarios para ayudar a explorar pensamientos, sensaciones y acciones. En la etapa de insight, el terapeuta debe desarrollar los recursos para ayudar al paciente a una comprensión diferente de sus conductas. Finalmente, en la última etapa, los terapeutas logran motivar a los consultantes a ensayar nuevas conductas, facilitan la implementación de habilidades y proporcionan feedback sobre los intentos de cambio, así como la elaboración emocional del proceso (Fernández Alvarez, 2008).

Por lo antedicho, los objetivos del presente estudio son a) explicitar cuáles son los prejuicios más frecuentes respecto a la psicoterapia y los psicoterapeutas; b) describir qué tipo de psicoterapia buscan los pacientes; c) esclarecer los argumentos que fundamentan sus elecciones; d) explorar qué objetivos terapéuticos persiguen los consultantes.

Para la estrategia metodológica se diseñó un estudio de fuentes primarias, con consultantes que asisten a un centro de psicoterapia que se dedica a trabajar con un modelo cognitivo integrativo social. Dicha institución se fundó en 1999 en la ciudad de Rosario con la misión de sembrar la propuesta de la Fundación AIGLÉ en distintos puntos del país. Así Altué representa a AIGLÉ. Los pilares centrales de esta forma de trabajo son asistencia, docencia e investigación. El equipo de profesionales de la institución se encuentra conformado por psicólogos y psiquiatras, tiene un servicio de admisión que permite diseñar un tratamiento ajustado a las necesidades particulares de cada consultante.

El procedimiento de selección de los participantes se dio inicio una vez que el consultante solicita la primera entrevista, la cual se filmó en su totalidad previo consentimiento verbal y firmado de los consultantes. Los participantes fueron 25 jóvenes (15 mujeres y 10 varones), entre 18 y 35 años con una edad promedio de 32.4 años. Particularmente, se tomó esta muestra ya que los objetivos del presente estudio buscaban recabar información sobre las creencias y las expectativas de jóvenes adultos consultantes con respecto a la psicoterapia. Los criterios de exclusión, que se utilizaron para definir la muestra, indicaron la excepción de personas que pertenecen al ambiente psi ya que sus creencias y expectativas se pueden ver sesgadas dado a sus conocimientos previos. También fueron excluidas aquellas personas que no prestaron su consentimiento informado.

Para la recolección de los datos se trabajó con entrevistas en profundidad con los siguientes ejes: a) prejuicios respecto a la psicoterapia y los psicoterapeutas; b) tipo de psicoterapia elegida; c) fundamentos de las elecciones; d) objetivos terapéuticos que persiguen los consultantes.

La mayoría de los entrevistados tenían experiencias previas, es decir, tanto un proceso de psicoterapia como entrevistas aisladas de consulta, tal como se especifica a continuación.

Tabla 1: Tipo de experiencias previas de los consultantes

Tipo de experiencia

Frecuencia

Psicoterapia psicoanalítica

2

Otras psicoterapias (gestalt, sistémica)

1

No pueden especificar el tipo de psicoterapia

7

Consultas aisladas

1

Varias de las opciones anteriores

11

Sin experiencia previa

3

Total

25

Como se observa, muchos consultantes habían realizado consultas aisladas o algún tipo psicoterapia, las cuales abandonaron por diversos motivos: “no me gustó, sentí que no me entendía…”, “no me hablaba y me cansé… yo tampoco sabía qué decir y no sabía para qué iba…” o “no notaba ningún avance… aunque fui tres veces y ahí le pedí a una amiga que es psicóloga y me recomendó otro lugar…”.

Sobre los prejuicios más frecuentes respecto a la psicoterapia y los psicoterapeutas, se evidencian los siguientes: que es lento; que no les hablan ni devuelven nada, que no va a servir. Aparece mucho descreimiento de la psicoterapia y de los psicólogos, tal como refiere uno de los participantes: “hablar con un psicólogo es para mí como sentarme frente a un espejo”.

En cuanto a las expectativas, el relevamiento de datos muestra que al ser indagados sobre sus este punto la mayoría puede identificar objetivos terapéuticos claros y definidos. Esos objetivos a trabajar reflejan la gran necesidad de los consultantes de encontrar un cambio y solución a lo que les aqueja. Al ser preguntados sobre los tiempos que consideran que les puede llevar, casi todos plantean la preocupación por “resolver las cosas del momento”, “avanzar” o “lograr cosas”.

En cuanto al tipo de psicoterapia que buscan los pacientes, muchos de los entrevistados refieren elegir terapia cognitiva. A modo de ejemplo se citan los siguientes fragmentos:

  • “Sé lo que me pasa y por donde puede venir y no lo enfrento. La cognitiva va a ayudarme. Psicoanálisis no, sufro mucha ansiedad y me dijeron que la terapia cognitiva me va a ayudar.” (mujer, 27 años)
  • “Busco tener otras alternativas… no quiero que ir a un psicólogo sea como sentarme frente a un espejo. Me hablaba a mí mismo y no tenía respuesta del otro lado”. (varón, 36 años)
  • “Quiero y busco que me indiquen qué poder hacer… tener herramientas para bajar la ansiedad…”. (varón, 24 años)
  • “Un análisis o algún tipo de psicoterapia que no sea muy prolongado; no quiero estar más de un año en tratamiento”. (mujer, 30 años)
  • “Me interesa solucionar el ahora, lo puntual”. (varón, 25 años)

Por otra parte, sólo dos de ellos no tenían preferencias por ningún modelo y fueron derivados a este centro por amistades y referencias personales. Paralelamente, los consultantes fundamentan su elección de hacer psicoterapia a partir de malas experiencias previas, con otras terapias, propias o de sus allegados. Así lo demuestran sus dichos:

  • “Nunca entendí bien el sistema; me terminaba yendo peor y los problemas los veía de la misma manera”. (mujer, 35 años)
  • “Quiero cambiar, me siento estancada… siento que todas las semanas hablo de lo mismo”. (mujer, 33 años)
  • “Estuve en un par de psicólogos pero no me dijeron nada. No me llenó nada de nada. Le conté a un compañero de trabajo y me dijo ‘no pierdas más el tiempo’…”. (varón, 34 años)

Finalmente, en relación con los objetivos terapéuticos que persiguen los consultantes: ante la pregunta sobre qué buscan todos pudieron explicitar al menos un objetivo terapéutico y muchos enumeraron más de uno.

  • “Ver todo más claro; poder ordenarme y proponerme metas”. (varón, 30 años)
  • “Ser más segura de mí misma, no tener miedo a lo que me gusta, a vivir, no sé si me importa el tiempo pero quiero sentir cambios…”. (mujer, 33 años)
  • “Quiero seguridad personal, un poco más de iniciativa, relajarme un poco…”. (varón, 24 años)
  • “Lograr un equilibrio, me cansé de la montaña rusa que encima provoco yo”. (mujer, 27 años)
  • “Volver a encontrarme conmigo y tener ganas de vivir; porque creo que me perdí…”. (mujer, 38 años)
  • “Ver las cosas de otra manera, ver como arrancar”. (mujer, 30 años)

Para concluir, la mayoría de los potenciales pacientes o consultantes en algún momento de la entrevista hacen referencia a la búsqueda de la terapia cognitiva por su forma de trabajo. Esto nos habla de una gran necesidad o demanda de encontrar alternativas, soluciones y cambios en sus vidas en tiempos más breves.

Por todo esto es que es un gran desafío para el mundo psi satisfacer a nuestros pacientes. Poder seguir dando respuesta a la demanda con ofertas cada vez más ajustadas es nuestra tarea diaria. El principio de la economía de recursos en la psicoterapia cognitiva integrativa busca una visión distinta principalmente para nosotros como diagnosticadores y marcadores de un diseño de tratamiento, que debe posibilitar un camino cierto y previamente acordado. Ante la inabarcable demanda, nuestros diseños se vuelven cada vez más artesanales y considero desde mi experiencia clínica que trabajar en equipo y en redes de profesionales es la mejor manera de brindarles a los pacientes la infinita posibilidad de recursos, estilos terapéuticos y especialización que ellos necesitan.

Referencias bibliográficas

Fernández-Álvarez, H. (2008). Integración y salud mental. El proyecto Aiglé. Madrid: Desclée de Brouwer.

— (2011). “Perspectiva de la psicoterapia”. En Fernández-Álvarez, H. (comp.). Paisajes de la psicoterapia. Modelos, aplicaciones y procedimientos. Buenos Aires: Polemos.

Hill, C. E. y O’Brien, K. M. (1999). Helping skills. Washington, DC: American Psychological Association.

Pacciolla, A. y Mancini, F. (2010). Cognitivismo esistenziale: Dal significato del sintomo al significato della vita. Milano: Franco Angeli

Ryle, A. (1991). Cognitive Analytic Therapy: Active Participation in Change. Chichester: Wiley.


  1. Profesora Asociada de Métodos y Técnicas Psicoterapéuticas. Facultad de Psicología y Relaciones Humanas. Universidad Abierta Interamericana. Correo electrónico: alexandrapetri@yahoo.com.ar


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