Otras publicaciones:

estudiarpolicia

12-2771t

Otras publicaciones:

DT_Cassin_Sferco_13x20_OK-2

9789877230550-frontcover

Francisco Fernández del Riego como interlocutor del exilio gallego en Buenos Aires

Nadia De Cristóforis

El exilio gallego hacia Buenos Aires se inició tempranamente, a los pocos días del estallido de la guerra civil española, y estuvo condicionado por la existencia de una amplia comunidad del noroeste hispánico en dicha ciudad. Paisanos, familiares y un gran número de instituciones de distinto tipo (con finalidades médicas, mutuales, recreativas, culturales, políticas, entre otras) habían ido configurando desde el siglo XIX un denso entramado social. Este último, sensible a los avatares políticos de la península y a sus efectos negativos sobre los gallegos comprometidos con la República, no tardó en favorecer de distintos modos los procesos de traslado e integración de los que huían del avance de las fuerzas sublevadas, con resultados variables (De Cristóforis y Cócaro, 2011; Núñez Seixas, 2006: 36-38, 2012: 144-145).

Algunos de los exiliados gallegos ya habían estado temporalmente en el Río de la Plata, o incluso habían nacido en la Argentina. Tal es el caso de Luis Seoane, quien era oriundo de Buenos Aires, procedente de un hogar de inmigrantes gallegos, pero había pasado sus años de juventud y de formación académica en Galicia. Percibido y autoconcebido como “gallego” (Seoane, 1953a), este exiliado huyó tempranamente de la represión del bando nacional por Lisboa, para refugiarse en Buenos Aires, ciudad a la que arribó en octubre de 1936 y en la que permaneció de modo permanente hasta 1963. A partir de este último año, su vida se desarrolló entre la capital argentina y A Coruña, donde finalmente falleció el 5 de abril de 1979 (González Fernández, 1994).

Si en la primera etapa de su exilio las esperanzas del retorno a Galicia permanecieron vívidas en su mente y condicionaron su práctica militante, así como la de muchos otros exiliados, a partir de mediados del siglo XX esas expectativas se fueron desvaneciendo, dado que el contexto internacional, en especial el accionar de las potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, no coadyuvaba para la caída o el debilitamiento de Franco, sino todo lo contrario, favorecía su progresiva rehabilitación en el concierto mundial de naciones.

En este capítulo nos concentraremos en el período abierto tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, para examinar cómo a partir de dicha coyuntura un representante indiscutido del exilio gallego en Buenos Aires, Luis Seoane, comenzó a reestablecer sus vinculaciones con distintos interlocutores en Galicia, especialmente con el escritor, intelectual y político Francisco Fernández del Riego. Este último no solo se convirtió en referente del primero y de una parte importante de la comunidad emigrada, sino que también se transformó en corresponsal de una de las principales publicaciones de los oriundos del noroeste hispánico en la Argentina: Galicia. Revista del Centro Gallego de Buenos Aires. De allí que en este análisis nos concentraremos en la correspondencia que Seoane mantuvo con Fernández del Riego a partir de 1947 y en los trabajos que este último publicó en Galicia. Revista del Centro Gallego de Buenos Aires y en Galicia Emigrante, con el objeto de poner de manifiesto las características y alcances de los proyectos culturales compartidos, a lo largo de estos años de mutuo acercamiento.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial: una nueva etapa para el exilio gallego

La victoria de Franco en 1939 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que en su primera fase conllevó un avance victorioso del fascismo en Europa, produjeron un importante desaliento en las comunidades exiliadas de la guerra civil española. Estas habían confiado en un relativamente rápido retorno a su tierra natal, pero esta esperanza se vio desvanecida durante 1939 y 1940, al compás del inicio de la consolidación del franquismo en la península. Sin embargo, a partir de la movilización de la Unión Soviética contra el III Reich (a fines de junio de 1941) y el ingreso de Estados Unidos en la guerra del lado de los Aliados (diciembre de 1941), los exiliados comenzaron a imaginar una posible victoria de los últimos, lo que habría podido generar condiciones para su regreso a España. Consideraban que, en caso de triunfar las fuerzas antifascistas, Franco habría tenido “sus días contados”, pues, si bien España había adoptado una política inicial de “neutralidad” frente a la Segunda Guerra Mundial, esta habría perjudicado a los Aliados, quienes habrían tenido entonces razones para aislar y/o favorecer la caída del régimen represivo peninsular. Sin embargo, ello no ocurrió. Luego de 1945, las potencias occidentales triunfantes abandonaron progresivamente su postura de condena al franquismo y, como es sabido, posteriormente colaboraron con su rehabilitación internacional (Schwarzstein, 2001: 163-183).

Por otra parte, el Gobierno peronista llegado al poder en la Argentina en 1946 estrechó sus vínculos políticos, económicos y culturales con el régimen dictatorial español, dispensando una importante ayuda económica a la “Madre Patria” (concretada en el envío de granos) y ganando protagonismo como casi único interlocutor del franquismo en el exterior, en la inmediata segunda posguerra (Rein, 2003). La suscripción de acuerdos en materia comercial y migratoria entre ambos países sellaba a nivel formal un renovado acercamiento que se materializaría en la circulación de mercancías y personas, en función de las necesidades de desarrollo económico-social de ambas naciones. Pero la idea de retornar para integrarse o convivir con el primer franquismo era inviable para los exiliados, máxime cuando en España no estaban dadas las condiciones para que se reeditara en un futuro próximo el proyecto político instalado por la Constitución de 1931 y las fuerzas actuantes hasta 1936 (Villares, 2012: 67).

De este modo, a mediados de la década del cuarenta, el panorama para los exiliados en la Argentina se tornó bastante negativo: ni la coyuntura internacional, ni la española ni la local permitían pensar en el retorno. Era hora de “deshacer las maletas”, con el aditivo de que el reencuentro con la tierra de origen parecía cada vez más lejano e imposible. Veamos cómo estas circunstancias afectaron la subjetividad de los refugiados en la América del Sur, en la voz del mismo Seoane:

Al principio creíamos que el régimen de Franco duraría unos meses. El inicio de la guerra mundial y el pacto de Hitler con los rusos enfrió nuestras ilusiones, aunque volvieron a renacer cuando se rompió dicho pacto en junio del 41 y Estados Unidos acabaron entrando en guerra a favor de las potencias aliadas. Todos los años, por navidad, nos reuníamos en casa de Dieste y brindábamos porque el año próximo estaríamos ya en España. Muchos ni habíamos comprado muebles, vivíamos en pisos alquilados, siempre con las maletas preparadas […]. En 1945, el fin de la guerra mundial y el triunfo de los aliados nos produce una gran alegría y una justificada esperanza. “Franco tiene los días contados”, dice la mayoría. Se produce el cerco diplomático, el racionamiento: oímos todos los días las noticias que tren las radios de Europa, pero el momento no llega; aún más, el comienzo de la guerra fría hace que los Estados Unidos, especialmente desde la llegada del general Eisenhower al poder, consideren a Franco como un mal menor […] (citado por Alonso Montero, 2002: 44-45).

¿Qué actitud adoptó entonces Seoane, en una Argentina modelada por un Gobierno que, en la visión de los exiliados, se asemejaba a los fascismos y frente a una comunidad emigrada que parecía más preocupada por sus asuntos particulares y su progreso material que por las cuestiones de índole colectiva? ¿Dónde encontraría sus interlocutores? Además de mantener sus relaciones con sus antiguos compañeros exiliados, con quienes seguiría llevando a cabo distintas empresas o actividades culturales (aunque algunos de ellos –Dieste, Espasandín, Colmeiro– fueran abandonando la Argentina), a partir de la segunda mitad de la década de 1940 y a lo largo de la de 1950 Seoane reactivó sus vínculos con el exilio interior (Villares, 2012: 70-75), lo que estimuló su labor en pro de Galicia, desde Buenos Aires.

Hasta 1946 el contacto epistolar con quienes fueran sus amigos y compañeros de proyectos políticos y culturales en Galicia se había casi interrumpido y, luego de dicho año, comenzó lentamente a revitalizarse, para beneplácito de Seoane, quien de este modo lograba tender un puente con la tierra con la cual se identificaba y a la cual dedicaba su labor desde su destierro (Alonso Montero, 2002: 126).

La interacción con la Galicia interior o territorial le permitió a Seoane desarrollar con mayor convicción y firmeza su tarea de promoción de la cultura gallega, acción que en su opinión no lograría el apoyo de los emigrados del noroeste hispánico en Buenos Aires. Seoane (1950a) sostenía que no se podía contar con ellos para generar un “impulso colectivo”, ni para lograr una “mayor intervención del emigrado en la vida cultural de Galicia”. También creía que él y los otros intelectuales y artistas refugiados debían luchar contra “un porcentaje enorme de gente indiferente a Galicia y que desen[volvían] su vida exclusivamente atendiendo a sus intereses personales” (Seoane, 1950a). Esos emigrados ya no anhelaban retornar a su tierra natal, pues, como observara el embajador de España en la Argentina entre 1947 y 1949, José María de Areilza (1984: 41-42), se habían ido integrando a la sociedad de acogida, fenómeno al que había contribuido la educación pública del país sudamericano, tendiente a generar un sentimiento de patriotismo local, en detrimento de la identificación con España.

¿Quiénes podían ser los interlocutores de Seoane en Galicia? Carlos Maside, Domingo García-Sabell, Ramón Piñeiro, Ángel Fole, entre otros. Maside, pintor y antiguo amigo del intelectual y artista, afín a él ideológicamente, recibió una carta de Seoane en julio de 1947, que fue respondida rápidamente, en agosto del mismo año. La primera misiva fechada de Seoane a Domingo García-Sabell data de enero de 1953. A ella le siguió la respuesta del último el 8 de junio de 1953, en vísperas de su viaje a Buenos Aires, con motivo de su participación como conferencista en el Centro Gallego de la ciudad porteña. La primera carta fechada de Ramón Piñeiro a Seoane se remite al 17 de diciembre de 1949. Por su parte, el 12 de enero de 1953 Ángel Fole también inició su correspondencia con el exiliado en la capital argentina (Consello da Cultura Galega, 2019a).

Pero el intercambio epistolar más intenso y largo fue con el galleguista Francisco Fernández del Riego. La amistad de Seoane con Fernández del Riego se remontaba a los años en que ambos eran alumnos de la Facultad de Derecho, en la Universidad de Santiago de Compostela. Esa época de amistad y camaradería les permitió compartir actividades culturales y galleguistas. Como comentó el mismo Fernández del Riego:

[…] Fomos compañeiros non só de formación xurídica, senón tamén nas loitas universitarias. Fraguouse daquela a que sería longa, ininterrunpida, amistade. Compartimos inquietudes culturais nas tertulias santiaguesas do Café Español e do Derby, no Comité de Cooperación Intelectual, nas cotiás visitas ao obradoiro da editorial Nós […] (Fernández del Riego, 1994: 71).

Los años de la guerra civil separaron a estos dos amigos, hasta que el 10 de mayo de 1946 Fernández del Riego (1946) envió una carta a Seoane desde Vigo, consultándolo sobre si le había llegado un libro suyo (titulado Cos ollos do noso esprito) para un concurso literario organizado por la Federación de Sociedades Gallegas. Seoane respondió con cierta dilación, pues la misiva había arribado a un domicilio equivocado, pero esta primera carta significó el inicio de una asidua correspondencia entre ambos intelectuales, que alimentó el espíritu de cada uno en coyunturas adversas o desmoralizantes.

Las cartas de Seoane a Fernández del Riego

En 1947 Seoane se encontraba ávido de recibir noticias de Galicia y de recuperar su vínculo con su mundo cultural. En este contexto, le pidió a Fernández del Riego que mantuviera una activa correspondencia con él. A partir del año mencionado, el galleguista se convirtió en el corresponsal más asiduo de Seoane en Galicia: entre 1947 y 1979 el último le escribió unas 122 cartas. La mayor parte de ellas son anteriores a 1968 y casi todas fueron escritas en Buenos Aires. En algunos casos, las expresiones de carácter político de Seoane plasmadas en estas misivas eran moderadas, por la existencia del control policial al llegar a suelo español (Alonso Montero, 2002: 6). Pero más allá de esta cuestión, en esas cartas pueden apreciarse las visiones del exiliado sobre la comunidad gallega de Buenos Aires, Galicia y la cultura argentina (en especial, la porteña), así como también sus sueños y sus decepciones frente al debilitamiento del activismo del exilio gallego.

Pero principalmente, la correspondencia en cuestión permite descubrir el intenso ritmo de las actividades de Seoane, en los años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, pese al desánimo o desilusión que muchas veces lo embargaba. Las cartas enviadas a Fernández del Riego ponen al descubierto sus múltiples e incansables tareas como pintor, grabador, ilustrador, narrador, poeta, autor teatral y de ensayo, entre muchas otras facetas. Para Seoane (1947a), el trabajo era un “narcótico” contra la soledad del destierro: “Todos [los exiliados gallegos] trabajamos lo que podemos, es el único modo de ir matando la nostalgia que nos corroe y el deseo de regresar”.

En el período del Gobierno peronista, esos deseos de retornar a la Galicia de la juventud fueron muy fuertes, se reiteraban en una y otra carta, como en aquella que rezaba:

[…] Tengo muchas ganas de regresar a esa [Galicia] para estar con todos vosotros, para pintar, para poder volver a ver todo aquello que no nos importaba porque lo teníamos demasiado cerca de nuestra visita y de nuestras manos y que adquirió con el tiempo y la distancia todo su valor. Cuando regrese espero que será [sic] para no salir nunca más de ahí […] (Seoane, 1947b).

Esa valorización o mitificación del pasado lo conducía a imaginar un retorno definitivo, en algún momento indefinido. Este propósito de volver a Galicia encontraba distintas motivaciones: el objetivo de recrear junto a sus seres queridos –familiares y amigos– la etapa de juventud añorada y perdida, pero también el interés por abandonar la situación de soledad en la que vivía y desenvolvía sus actividades, en el contexto de una comunidad emigrante ajena a la cultura gallega: “Aquí estamos al margen del mundo, en un afortunado campo de concentración para comerciantes del que Dieste, Colmeiro y yo queremos huir sin encontrar el modo” (Seoane, 1948a). “Actuamos como Robinsones, aislados en islas lejanas”, diría con tono de impotencia a Fernández del Riego en otra carta (Seoane, 1950b).

Esta sensación de soledad se profundizaba en la medida en que algunos de sus más estimados compañeros de exilio partían de Buenos Aires hacia otros destinos. Esta dispersión lo hacía sentir más “solo e inútil” (Seoane, 1950b). En la misiva con la cual retomó la comunicación con Fole daba cuenta de este fenómeno:

[…] En un momento, algunos años, coincidimos en ésta Dieste, Espasandín, Colmeiro, Cuadrado, Varela y yo. Luego Dieste marchó a Cambridge y ahora está en Monterrey (Méjico). Espasandín está en Pensylvania, Colmeiro en Francia y Cuadrado, Varela y yo continuamos en ésta pero pensando siempre en marchar no sabemos a dónde. Todos, solo estaríamos con gusto ahí […] (Seoane, 1953b).

La vida en la ciudad porteña no era de su total agrado: estaba allí porque había tenido que huir rápidamente del noroeste peninsular, sin poder reflexionar demasiado sobre otras alternativas y debido a que, después de todo, pudo aprovechar su condición de argentino para ingresar al país austral, como muchos otros refugiados. En un viaje que realizó a París a mediados de 1949 y a una distancia prudencial del Río de la Plata, llegaría a confesar:

[…] Estoy harto de aquella vida de Buenos Aires y de aquel clima y de las gentes de esa ciudad. He trabajado allí como no lo había hecho antes y no volveré a hacerlo quizá y creo que me estiman en general en los medios intelectuales de Sudamérica, pero todo aquello es insoportable. Insoportable la mentalidad de aquella gente, insoportable el carácter comercial de todo, insoportable el clima etc. Aquí por lo menos creo haber vuelto a encontrar en el rostro de las gentes de París las caras de las gentes de ahí, pues los gallegos de Bs. As. ni siquiera conservan sus características raciales […] (Seoane, 1949).

Además de poner de manifiesto apreciaciones de índole racial que en cierto punto cimentaban su nacionalismo gallego, Seoane daba a entender que había logrado el reconocimiento del público argentino y de los medios intelectuales del ámbito sudamericano. Pero su preocupación principal era que su labor impactara en Galicia. Como le aclaraba a Fernández del Riego y a otros antiguos compañeros y amigos de sus años de juventud, la obra que estaba realizando en Buenos Aires estaba dedicada a Galicia, y su temor era que esta, surgida en medio de la indiferencia del resto de la colectividad gallega, no tuviera en el Río de la Plata el acogimiento debido, que sí podría haber conquistado en tierras del noroeste hispánico (Seoane, 1948b).

En este proceso de reconstrucción y revalorización de la cultura gallega, apelaba a la colaboración de los amigos que le habían quedado en Galicia y también disputaba con otros representantes de la comunidad gallega en Buenos Aires el liderazgo por encarnar el puente con Galicia. La correspondencia con Fernández del Riego deja traslucir las tensiones surgidas en relación con el control de la representación de la comunidad gallega, de cara a los intelectuales y artistas activos en Galicia, nucleados en la década del cincuenta en torno a la Editorial Galaxia, surgida el 25 de julio de 1950 en Santiago de Compostela. En especial, Seoane (1951a) buscaba demostrar algunos falsos “mecenazgos”, como el de Puente, quien se atribuía iniciativas culturales en Buenos Aires, que al parecer no le pertenecían.

Como sostuvo Villares (2012), los intercambios epistolares entre Seoane y los gallegos del Interior fueron sucedidos por contactos personales, algunos de los cuales tuvieron lugar cuando esos intelectuales gallegos viajaron a la ciudad porteña, convocados a distintas actividades. En el Centro Gallego de Buenos Aires y por iniciativa de su secretario, Rodolfo Prada, y Seoane, empezaron a celebrarse unas “jornadas patrióticas” centradas en el 25 de julio. En el año 1947, para el primero de los festejos de esta índole, se invitó a Ramón Otero Pedrayo y luego a muchos otros gallegos que residían en la península: García-Sabell, Fernández del Riego, Bouza-Brey, Paz-Andrade, entre otros (Villares, 2012: 71).

Fernández del Riego viajó a la capital argentina en julio de 1954 para las mencionadas jornadas y luego se trasladó a Montevideo. En abril de 1954, Seoane le escribió una interesante carta a su domicilio en Vigo, donde le brindaba algunos consejos para su estancia en Buenos Aires. Allí dejó plasmada su opinión acerca de cuál debía ser la estrategia para revalorizar la cultura gallega. Como ya advertimos, Seoane consideraba que la mayor parte de la colectividad del noroeste hispánico en el Río de la Plata vivía al margen de la vida intelectual y artística gallega, de allí que insistiera en que no se podía contar con ellos para su proyecto de reivindicación cultural galaica. En cambio, hacía hincapié en el rol que podrían jugar los hijos de los gallegos:

Creo que el objetivo más importante para Galicia en América es ganarse a los hijos de gallegos que son una cantidad abrumadora y que están situados como es natural en los puestos más destacados en los países donde nuestra emigración fue constante. Ellos pueden ser útiles a Galicia, los padres solamente de manera muy relativa. En todo caso pueden serlo como lo fueron ya para levantar un puente, editar un libro, hacer una escuela y nada más. A la enorme masa de hijos de gallegos hay que tratar de despertarles el orgullo de su origen, como supieron hacerlo otras colectividades y esa es labor vuestra y nuestra y tu viaje puede ser de enorme utilidad en ese sentido […] (Seoane, 1954).

A casi ya veinte años de su llegada a la Argentina, Seoane había ideado una nueva modalidad para lograr la expansión y consolidación de la cultura gallega: no solo creía en su propio poder de intervención en el ámbito del noroeste peninsular o dentro de la sociedad argentina, sino que apostaba a sostener su proyecto con otros intermediadores: los hijos de los inmigrantes gallegos que, habiendo demostrado su importante capacidad de adaptación y progreso dentro del espacio rioplatense, podrían asumir la tarea de ser portadores y defensores de esa cultura gallega, al tiempo que sus difusores dentro de las instituciones y los círculos intelectuales y artísticos argentinos. Seoane creía que la progenie de los inmigrantes tendría la fuerza y visión necesarias para llevar a cabo el propósito de reivindicación de la nación gallega en Sudamérica. Serían ellos quienes podrían encarnar las ideas del galleguismo del otro lado del océano Atlántico. Según el polifacético artista, sus padres habían demostrado falta de capacidad para la consecución de dichos objetivos, al preocuparse únicamente por su progreso material y su supervivencia económica. Creemos que, de algún modo, con este argumento Seoane estaba cuestionando el “neutralismo”, así como también el solapado o más abierto profranquismo de una buena parte de la comunidad emigrada que, ajena a los avatares de la guerra civil o comprometida directamente con el bando sublevado, legitimaba silenciosa o más explícitamente la consolidación del régimen dictatorial en la península.

Fernández del Riego como referente para la comunidad gallega emigrada

Seoane confiaba en Fernández del Riego como representante y articulador de la cultura gallega no solo en Galicia, sino dentro del ámbito rioplatense. De allí que lo fuera introduciendo en tareas que permitían conocer la historia y la producción artística de Galicia dentro de la comunidad emigrada en la Argentina, e incluso dentro de un público argentino más amplio. Esta estrategia, que se inició en 1947 y se prolongó hasta 1959, aproximadamente, coincidió con el interés de Fernández del Riego de reorganizar el galleguismo dentro y fuera de Galicia, ya sea apelando a movimientos clandestinos en el ámbito del noroeste hispánico o más abiertamente en las comunidades emigradas en América.

En su calidad de director de Galicia. Revista del Centro Gallego (entre 1939 y 1957), Seoane le pidió a Fernández del Riego que aceptase una invitación del Centro para enviar una colaboración para dicho órgano de prensa, sobre la pintura gallega de ese momento y la precedente. La solicitud fue cursada en una carta del 26 de mayo de 1947 y el trabajo se publicó al año siguiente, precedido por una presentación halagüeña del autor, presumimos que escrita por el mismo Seoane:

El autor de este ensayo, Francisco Fernández del Riego, es uno de los más jóvenes y autorizados ensayistas de la Galicia contemporánea. Con sus apellidos, y con seudónimo de Salvador de Lorenzana, ha publicado en revistas literarias de nuestra tierra, y en sus diarios, numerosos artículos y ensayos, sobre problemas literarios y artísticos de Galicia, muchos de los cuales son considerados como indispensables para el conocimiento de esos problemas (Fernández del Riego, 1948: 14).

No se trataba de la primera intervención de Fernández del Riego en la prensa gallega de la emigración, dado que entre 1932 y 1934 ya había colaborado con el periódico Galicia (órgano de la Federación de Sociedades Gallegas) y A Fouce (ambos de Buenos Aires) y en 1935 con O Irmandiño (de Montevideo), entre otros medios (Consello da Cultura Gallega, 2019b).

Luego de la publicación del trabajo sobre pintura gallega, Fernández del Riego se inició como colaborador regular de Galicia. Revista del Centro Gallego, y fue designado a partir de 1949 como corresponsal literario en su tierra natal para dicho órgano de prensa. Su contribución, que estaba dedicada a brindar noticias generales y culturales de Galicia, se denominaba “Galicia cada treinta días”. Esta columna era semejante en título y contenido a la que aparecía en Galicia, la revista del Centro Gallego de Caracas, que se reconoció como “30 días de vida gallega” (Consello da Cultura Gallega, 2019b). A partir de 1955, las noticias del galleguista sobre Galicia se espaciaron en poco más en la revista del Centro Gallego de Buenos Aires, por lo que la colaboración pasó a denominarse “Galicia cada sesenta días”, y más adelante “Noticiario Gallego”.

El panorama que Fernández del Riego, con el seudónimo de Salvador Lorenzana, ofrecía en esa columna era muy exhaustivo: involucraba de manera minuciosa y equilibrada novedades sobre música, literatura, pintura, vida universitaria, investigación, arquitectura, entre muchos otros temas. En esos textos aparecían los nombres de las personalidades que contribuían a consolidar la cultura gallega, sus obras y sus formas de difusión. Se trataba de una especie de noticiero cultural donde se exponían las novedades en materia artística e intelectual, en un intento de mostrar a la comunidad emigrada en Buenos Aires los adelantos del pueblo gallego, pese a la existencia de un régimen dictatorial en la península.

En el marco de dichas colaboraciones, resulta de gran interés un inusual apartado sobre la emigración y su valoración, que apareció en 1950 en uno de los textos de Fernández de Riego, bajo el subtítulo “El tema de la emigración”. Allí se planteaba la cuestión con el recurso de una supuesta entrevista llevada a cabo a una personalidad prestigiosa de Galicia (no se especificaba su nombre en el texto), a quien se le preguntaba qué opinaba sobre la emigración a América. El interpelado brindaba opiniones positivas y reivindicatorias del proceso emigratorio, de cara a la consolidación del nacionalismo gallego en el exterior: “Una Galicia enérgica, y también inspirada, se formó más allá del Atlántico. Cada día se une con más fuerza al tronco materno” (Lorenzana, 1950: 17).

Una de las armas fundamentales para consolidar la cultura gallega era, en opinión de Fernández del Riego, el libro. Pero no cualquier tipo de libro, sino aquel que se ocupara de las “cosas gallegas” y, de preferencia, escrito en gallego. A mediados de la década del cincuenta, explicaba cómo se venía dando una deseable recuperación del libro gallego, de uno y otro lado del Atlántico:

Es, pues, el momento para el libro de Galicia; el momento de su difusión y de su incremento. En este empeño trabajan hoy diversas editoriales del país y a él responden también las publicaciones que, meritoriamente, vienen apareciendo en el exterior; “Galaxia”, “Bibliófilos Gallegos”, “Monterrey”, “Xistral”, “Porto”, “Benito Soto”, “Alba”, “Moret”, son otras tantas editoriales que, en Galicia, vienen lanzando a la avidez pública libros sobre nuestras cosas o en nuestro idioma. Y fuera de aquí, aparte de la extraordinaria labor realizada en Buenos Aires, y la que en México lleva a cabo el Patronato de la Cultura Gallega, surge ahora el magnífico esfuerzo desarrollado en París por la Editorial “Monte Medulio” (Lorenzana, 1955: 12).

La centralidad que Fernández del Riego le otorgaba al libro gallego, como vehículo de la cultura gallega, quedaba también plasmada en la otra publicación en la que colaboró desde su primer número (en 1954) hasta 1959, la revista Galicia Emigrante, dirigida por Seoane. Allí asignaba a la lengua y a la literatura gallegas un rol fundamental en la definición y mantenimiento del nacionalismo gallego, que, para Fernández del Riego y otros colegas de Galicia, era concebido desde un punto de vista cultural:

El libro es, en efecto, índice de la cultura de un pueblo. Lo único que en un país se salva de la ruina y del olvido, es el alma, gracias a su providencial instrumento de expresión: la lengua, la literatura. Nada podría transmitirse de un pueblo que no dejara monumentos literarios; testimonios escritos de su espiritualidad, de sus costumbres, de su idiosincrasia (Barreiros, 1954: 16).

De allí que Fernández del Riego participara en distintas actividades que tenían al libro como actor central: ya sea enviando sus obras originales a concursos literarios, como los organizados por el Centro Gallego de Buenos Aires; integrándose a la Editorial Galaxia en calidad de secretario del Comité de Gerencia (encargado de la dirección de la revista en la práctica, y del estudio y gestión de los trabajos); o planteando la necesidad de difundir el libro gallego, en las colaboraciones en distintas publicaciones, entre otras acciones.

A mediados de la década del cincuenta, Fernández del Riego reivindicaba el rol que habían tenido las editoriales fundadas por emigrantes y/o exiliados gallegos establecidos en América (Emecé, Nova, Botella al Mar, Galicia, Anxel Casal, Alborada, Nós, por ejemplo), y principalmente por aquellos instalados en Buenos Aires, en la preservación de las producciones de autores gallegos comprometidos con la cultura e historia de su tierra de origen, en un contexto político que impedía que ese mismo tipo de emprendimientos tuviera lugar dentro de España (Barreiros, 1954: 16). En su visión, el esfuerzo de esa “Galicia ultramarina” había sido fundamental para dar continuidad a una tradición intelectual que la guerra civil y el franquismo habían vedado en la práctica.

Sin embargo, la valoración de Seoane sobre ese aporte de la Galicia emigrada y exiliada hacia 1951 era mucho más negativa. En una carta a Fernández del Riego, afirmaba:

En cierto modo, estamos envidiosos de la labor que realizáis ahí con las Ediciones Galaxia, Benito Soto, Bibliófilos Gallegos y las revistas de poesía. Es este un ejemplo que aquí no saben entenderlo y que en el fondo desdeñan. Es la labor que habíamos emprendido Cuadrado y yo hace años con el afán de convertir esta ciudad en un gran centro editorial gallego y en la que fracasamos después de publicar unos 60 libros gallegos por falta del más mínimo apoyo de las gentes que en cambio realizan banquetes culturales (Seoane, 1951b).

Esta idea del fracaso en conquistar a la comunidad gallega de Argentina lo conduciría a apostar a los hijos de los emigrantes, en su proyecto en pro de la consolidación de la cultura gallega, como ya señalamos.

La autoría de Fernández del Riego en Galicia Emigrante se reconocía con los seudónimos de Salvador Lorenzana y Cosme Barreiros. En esta importante revista cultural, Fernández del Riego publicó, entre otros tipos de notas, distintas entrevistas a personalidades destacadas de la cultura gallega que residían en Galicia y que conformaban un núcleo intelectual y artístico ligado a distintos emprendimientos culturales, como por ejemplo, la editorial Galaxia. De este modo, con un formato similar (que incluía una breve presentación del entrevistado por parte de Fernández del Riego, una serie de preguntas tendientes a poner de relieve las personalidades, las obras y eventos más salientes de la cultura gallega pasada y contemporánea, y un cierre de carácter reflexivo por parte de Fernández del Riego), distintas figuras de la Galicia interior se dieron a conocer al público, conformado este último principalmente por emigrados y exiliados en Buenos Aires. En orden de aparición, los entrevistados por el galleguista en la revista en cuestión fueron: Ramón Piñeiro, Ramón Otero Pedrayo, Gala Murguía de Castro (quien habló sobre su padre, Manuel Murguía), Ricardo Carballo Calero, Domingo García-Sabell, Xohán Ledo, Florentino López Cuevillas, Armando Cotarelo Valledor, Fermín Bouza Brey, Celestino Fernández de la Vega, Carlos Maside, Daniel Cortezón Álvarez, Xesús Ferro Couselo, Ramón María Aller, Xosé Ramón e Fernández-Oxea, Fermín Penzol-Labandera, Manuel Gómez Román, Ramón Lugrís, Manuel Rodrigues Lapa, Ánxel Fole, Sebastián Martínez-Risco e Macías, Xosé Luis Franco Grande, Francisco Río Barja, Plácido Castro, Isidro Parga Pondal, Cesáreo Saco, Xohana Torres y Ramón Cabanillas Enríquez. Como vemos, se trataba de un grupo muy amplio y diverso de personas, de distintas edades y formación, que pasaban a formar parte de un colectivo que, en la percepción de Fernández del Riego, estaba destinado a reflexionar sobre la cultura gallega y a promocionarla dentro y fuera de Galicia. No casualmente, este propósito se coronaba con el hecho de que todas estas entrevistas fueran publicadas en idioma gallego, siendo la revista de carácter bilingüe.

Pero la vinculación de este grupo de intelectuales, artistas y destacados profesionales al servicio de la cultura gallega con la Galicia ultramarina porteña, y especialmente con Seoane, se iría diluyendo hacia fines de la década de los cincuenta. Como ha sostenido Villares (2012: 74): “Los problemas aparecieron en la segunda mitad de los 50 y las relaciones, sin romperse de forma abrupta en el plano colectivo (en lo personal nunca sucedería), no recuperaron la sinceridad y entusiasmo de los primeros años”. Intrigas, disensos y polémicas en torno a distintas iniciativas culturales fueron debilitando la confianza que la Galicia “peregrina” tenía sobre la “cautiva”, y viceversa. Fernández del Riego y el grupo Galaxia habían perdido su rol protagónico como interlocutores del exilio gallego en Buenos Aires, y, principalmente, habían dejado de ser los referentes indiscutidos para Seoane. Sin embargo, este último se esforzaría por mantener la amistad y el vínculo profesional con Fernández del Riego durante muchos años más (su última carta al galleguista data del 2 de marzo de 1979). Así le expresaba en 1957 su voluntad de preservar la relación con él, pese a quienes supuestamente intentaban desestabilizarla:

Recibí tu carta y un sobre con las colaboraciones todo lo cual te agradezco mucho. No tengo a mano aquella, pues estoy fuera de Buenos Aires, pero recuerdo que escribías sobre si alguien me había hablado mal de tí, o de tí, para crear entre nosotros dificultades y tengo que decirte que no, que nadie me habló de esa manera y que yo además no lo hubiese tolerado. Sé cuánto haces tu por todo cuanto nos es común y estimo profundamente tu valiosa amistad como para tolerarlo. Te ruego, pues, que no pienses en eso. Creo que no solo yo, de los que estamos aquí, piensan lo mismo, sino también otros. Trabajaste sólo cuando nadie lo hacía y eso nos basta. Todos los demás, para nosotros, vinieron después y el tiempo dirá cuando pase hasta qué punto fue fecunda y útil tu labor. Esto es todo y va unido, en tu caso, a una amistad que nació hace muchos años, un cuarto de siglo, y para mí esto pesa de un modo entrañable (Seoane, 1957).

Reflexiones finales

Creemos que el restablecimiento del vínculo entre Seoane y Fernández del Riego a partir de 1947 se fundó en dos motivaciones principales: por un lado, la necesidad del primero de encontrar interlocutores para su proyección cultural en Galicia, basada en la recuperación de su rica tradición artística e histórica, y en la libertad y autonomía de su pueblo; y, por otro lado, el propósito del segundo de hallar destinatarios para los mensajes intelectuales y artísticos que partían del grupo de gallegos que habían permanecido en la península, pero con un fuerte interés en configurar un futuro diferente al impuesto allí por el franquismo. El diálogo entre ambas orillas del océano Atlántico no podía realizarse en clave política, por la existencia de un régimen dictatorial en España, que controlaba las expresiones ideológicas hasta en el seno mismo de las comunidades hispánicas emigradas. Por ello la interacción entre la Galicia “ultramarina” porteña y la “cautiva” (y viceversa) se entabló inicialmente en términos culturales, y con ese carácter pervivió durante más de dos décadas, pese a que las condiciones represivas más duras del régimen franquista se fueron debilitando progresivamente con el correr de los años.

Esta vinculación viabilizada por Seoane y Fernández del Riego permitió generar un amplio y original campo cultural que se nutrió de libros, periódicos y pinturas, entre sus elementos principales. Limitado fue su impacto sobre la comunidad emigrada en la Argentina, pues esta última se encontraba más preocupada por su progreso material dentro del país sudamericano que por consolidar un proyecto cultural en Galicia y para los gallegos. Sin embargo, la acción de Seoane y Fernández del Riego como mediadores culturales fue fructífera al enriquecer la cultura argentina y al permitir crear un puente crítico y creativo entre ambos lados del Atlántico, en momentos en que el franquismo apuntaba al aislamiento y enraizamiento de la cultura española en valores conservadores.

Referencias bibliográficas

Alonso Montero, Xesús (2002). As palabras no exilio. Biografía intelectual de Luis Seoane. [S. l.]: La Voz de Galicia.

Areilza, José María de (1984). Memorias exteriores 1947-1964. Barcelona: Planeta.

Barreiros, Cosme (1954). La Editorial “Galaxia” al servicio de la cultura gallega. Galicia Emigrante, 7, 16-18 y 35.

Consello da Cultura Galega (2019a). Fondo Fundación Luis Seoane. Recuperado de https://bit.ly/3c8AFhD.

Consello da Cultura Gallega (2019b). Cronoloxía. Fernández del Riego e América. Recuperado de https://bit.ly/2SZZ29C.

De Cristóforis, Nadia y Cócaro, Patricio (2011). A Dirección Xeral de Inmigración e o ingreso dos exiliados españois na Arxentina. En N. De Cristóforis (Coord.), Baixo o signo do franquismo: emigrantes e exiliados galegos na Arxentina (pp. 79-109). Santiago de Compostela: Sotelo Blanco Edicións.

Fernández del Riego, Francisco (10 de mayo de 1946). [Carta a Luis Seoane desde Vigo]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane). Recuperado de https://bit.ly/2VmPeYS. La correspondencia entre Seoane y Fernández del Riego mencionada en este capítulo puede consultarse en su totalidad en esta página web.

Fernández del Riego, Francisco (1948). La pintura gallega actual. Galicia. Revista del Centro Gallego, 423, 14-21.

Fernández del Riego, Francisco (1994). Luis Seoane desde a memoria. Sada-A Coruña: Ediciós do Castro.

González Fernández, Helena (1994). Luis Seoane: vida e obra. Vigo: Galaxia.

Lorenzana, Salvador (1950). Galicia cada treinta días (Septiembre). Galicia. Revista del Centro Gallego, 425, 17-20.

Lorenzana, Salvador (1955). Galicia cada sesenta días. Galicia. Revista del Centro Gallego, 483, 12-16.

Núñez Seixas, Xosé Manoel (2006). Itinerarios do desterro: sobre a especificidade do exilio galego de 1936. En X. M. Núñez Seixas e P. Cagiao Vila (Eds.), O exilio galego de 1936: política, sociedade, itinerarios (pp. 11-51). Sada–A Coruña: Ediciós do Castro.

Núñez Seixas, Xosé Manoel (2012). Política de los exiliados y política de los emigrados. En F. Devoto y R. Villares (Eds.), Luis Seoane, entre Galicia y la Argentina (pp. 133-164). Buenos Aires: Biblos.

Rein, Raanan (2003). Entre el abismo y la salvación. El pacto Franco-Perón. Buenos Aires: Lumiere.

Seoane, Luis (20 de enero de 1947a). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (26 de mayo de 1947b). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (6 de septiembre de 1948a). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (2 de diciembre de 1948b). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (15 de junio de 1949). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (24 de noviembre de 1950a). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (22 de mayo de 1950b). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (6 de julio de 1951a). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (13 de junio de 1951b). [Carta a Francisco Fernández de Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (20 de enero de 1953a). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (27 de febrero de 1953b). [Carta a Fole desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (22 de abril de 1954). [Carta a Fernández del Riego desde Buenos Aires]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Seoane, Luis (13 de junio de 1957). [Carta a Francisco Fernández de Riego desde Ranelagh]. Consello da Cultura Gallega (Fondo Fundación Luis Seoane).

Schwarzstein, Dora (2001). Entre Franco y Perón. Memoria e identidad del exilio republicano español en Argentina. Barcelona: Crítica.

Villares, Ramón (2012). Las Galicias de Luis Seoane, con el exilio de fondo. En F. Devoto y R. Villares (Eds.), Luis Seoane, entre Galicia y la Argentina (pp. 47-91). Buenos Aires: Biblos.



Deja un comentario