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Los exiliados gallegos y sus vínculos con el asociacionismo hispánico de Buenos Aires

El caso de Manuel García Gerpe

Laura Fasano

Los republicanos españoles que se exiliaron en la Argentina tras la guerra civil se vincularon con una numerosa comunidad hispánica, producto de la extensa tradición migratoria procedente de España, y con un profuso marco asociativo étnico. Desde el campo de la historiografía, el asociacionismo hispánico ha sido estudiado por numerosos trabajos en el período correspondiente a la primera oleada de inmigración masiva (1880-1914) (Bernasconi y Frid, 2006; Fernández y Moya, 1999; Núñez Seixas, 1998, 2001); sin embargo, la etapa posterior a la guerra civil ha sido explorada en menor grado. Un aspecto relevante que sería interesante profundizar es la vinculación entablada entre los exiliados republicanos y las entidades de la colectividad radicada en el país. Cabe destacar que, en relación con la orientación político-ideológica de los exiliados gallegos en particular, existe cierto desequilibrio en el campo historiográfico entre la atención recibida por los nacionalistas gallegos (Beramendi y Núñez Seixas, 1996; Núñez Seixas y Cagiao Vila, 2006) y los que adscribían a la izquierda política (socialismo, comunismo, anarquismo, entre otras); en efecto, el accionar de estos últimos todavía es bastante desconocido.

En este sentido, el presente capítulo se propone indagar algunos aspectos relevantes de la inserción de los recién llegados en el ámbito de la colectividad hispánica de Buenos Aires, a partir de un caso particular: Manuel García Gerpe, oriundo de Galicia, abogado y periodista, afiliado a Izquierda Republicana. En particular, nos centraremos en el accionar político y cultural desplegado por este último en dos entidades: la Federación de Sociedades Gallegas y el Centro Republicano Español, examinando los vínculos entablados con los cuadros dirigentes, entre otras cuestiones. De este modo, a partir de un estudio de caso, el trabajo profundizará el análisis de las relaciones establecidas entre los exiliados republicanos y los cuadros dirigentes de las entidades hispánicas en los años cuarenta. La experiencia de García Gerpe es sumamente rica para esta indagación, ya que permite profundizar diversos aspectos del éxodo republicano: por ejemplo, la experiencia en los campos de refugiados en Francia, o bien las tensiones político-ideológicas e identitarias surgidas en el marco del asociacionismo hispánico de Buenos Aires.

La experiencia bélica y la reclusión en los campos de refugiados de Francia

El alzamiento militar de julio de 1936 sorprendió al abogado y periodista Manuel García Gerpe (1908-1949) fuera del territorio galaico. En efecto, se hallaba en Madrid desempeñando cargos académicos y culturales. Nacido en Ordes, A Coruña, estudió Derecho en Santiago de Compostela (especializándose en todo lo ligado con temas laborales) y llegó a desempeñarse como inspector provincial del Trabajo. Por otro lado, la afiliación de García Gerpe a Izquierda Republicana y el hecho de haber ejercido el cargo de alcalde de Ordes evidencian un alto compromiso político de su parte (“Fichas de inscripción”, 1940; Núñez Seixas y Cagiao Vila, 2001: 205).

Al igual que otros “exiliados por azar geográfico”, es decir, aquellos gallegos que por diversos motivos se hallaban fuera del territorio galaico y luego del inicio de la guerra no pudieron retornar (Núñez Seixas, 2006: 250), García Gerpe llevó adelante la lucha a favor de la República desde diversos frentes. Por un lado, emprendiendo una importante labor cultural, a través del dictado de conferencias organizadas por el Ateneo de Madrid y por el Frente Popular madrileño en Unión Radio Madrid. Y por el otro, a través del ingreso voluntario a las Milicias Populares, como así también por su participación en el Tribunal de Justicia militar de la 44.º División (que operaba en los frentes del Ebro) y en el Cuerpo Jurídico Militar del Ejército Republicano (“Homenaje a M. García Gerpe”, 1942: 5).

Luego de la toma de Cataluña por parte de las tropas franquistas (en febrero de 1939), García Gerpe formó parte del éxodo masivo hacia Francia. Sus vivencias reflejan, en líneas generales, aquellas transitadas por los miles de republicanos españoles que cruzaron los Pirineos hacia el país galo. En general, el traslado fue una experiencia muy ardua y traumática, como pone de manifiesto el siguiente testimonio de García Gerpe:

[…] Caminando por los vericuetos accidentados y escondrijos repletos de maleza de la cordillera Pirenaica, arribábamos a Francia dos días después, famélicos, agotados. Aún resonaban en nuestros oídos el retumbar de los cañones, el tabletazo de las ametralladoras y el rumor de los himnos guerreros con tanta fe y entusiasmo entonados… llegábamos a Francia, la insensible…. (García Gerpe, 1940: 1, 3).

Una vez en suelo francés, la mayoría de los republicanos fueron recluidos en los campos de concentración para refugiados, que habían sido creados en 1938, próximos a la frontera. Las condiciones de vida en dichos campos eran lamentables, muchos consistían en terrenos alambrados, a la intemperie, y la ración diaria de comida era ínfima (Schwarzstein, 2001: 5, 11). La descripción realizada por García Gerpe (1941a) del campo de concentración de Saint-Laurent de Cerdans, en su obra Alambradas. Mis nueve meses por los campos de concentración de Francia, ofrece un panorama desalentador:

[…] Una enfangada pradera de 300 metros cuadrados fue nuestro nuevo hogar […] Allí, entre el frío, la humedad, la nieve, el hambre, la persecución, el abandono y la tristeza, luchamos con la muerte. Muchos cayeron en esta terrible lucha: algún día ascendió a cincuenta el número de muertos […]. La comida era insuficiente. Hacíamos una comida al día. Formando interminable cola recogíamos lo que diariamente se nos tenía asignado: doscientos cincuenta gramos de pan, y, para cada tres, una lata de sardinas en conserva, ¡dos sardinas al día por persona! La operación comenzaba a las once horas y daba fin a las cuatro o cinco de la tarde […] (García Gerpe, 1941a: 11, 22).

Ciertamente, el Gobierno francés no adoptó una actitud hospitalaria y favorable hacia el éxodo republicano. Entre las medidas claramente contrarias hacia los refugiados españoles, cabe destacar, por un lado, el decreto de abril de 1939 según el cual estos últimos debían cumplir, en tiempos de paz, un período de servicio en la Legión Extranjera francesa. Por otro lado, la política de repatriación hacia España, que condujo a la muerte segura de muchos republicanos. La situación de los exiliados se hizo aún más dramática luego del inicio de la Segunda Guerra Mundial, en especial tras la invasión de Francia por Alemania en mayo-junio de 1940. Muchos españoles fueron alistados en las filas del Ejército francés, obligados a proseguir la lucha esta vez en defensa de un país ajeno (Pla Brugat, 2007: 243-245; Schwarzstein, 2001: 26). En general, aquellos refugiados establecidos en la zona ocupada por los alemanes fueron entregados por las autoridades francesas a la Gestapo y conducidos a los campos de concentración nazis. Aproximadamente más de cien refugiados gallegos perecieron en el campo de Mauthausen, en Austria (Alted Vigil, 2002: 143; Fernández Santander, 1985: 71-76; Núñez Seixas y Cagiao Vila, 2001; Senkman, 1997: 224). Por otro lado, muchos de los republicanos detenidos por la Gestapo fueron entregados, a su vez, a las autoridades españoles y sometidos a los Tribunales Militares (entre ellos, el dirigente de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Juan Peiró, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluis Companys y el ministro republicano Julián Zugazagoitia) (Juliá y Di Febo, 2005: 33).

Los españoles que se hallaban en la zona no ocupada, la Francia colaboracionista, pudieron afrontar mejor la salida del territorio francés. Además, contaron con la ayuda oficial procedente de México, consistente en reiterados pedidos al Gobierno de Vichy, solicitando el respeto del derecho de asilo para los refugiados y la no repatriación de estos. Desde los diversos centros de confinamiento, los exiliados republicanos intentaron buscar refugio en diversos países de Europa y de América. Para ello, recibieron la asistencia de los organismos de ayuda creados por la dirigencia republicana exiliada: el Servicio de Emigración de Refugiados Españoles (SERE) y la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE). El primer organismo mencionado fue creado en febrero de 1939 por iniciativa del jefe de Gobierno, Juan Negrín. En su organización interna, tenía gran influencia el PCE. Frente a este, la Diputación Permanente de las Cortes Republicanas constituyó, en julio del mismo año, la JARE, con exclusión de los comunistas (Caudet, 1997: 251-253, 267; Pla Brugat, 2007: 244; Schwarzstein, 2001: 33-41).

El caso particular de García Gerpe brinda un ejemplo de los contactos entablados entre los refugiados españoles en suelo francés y los organismos oficiales de la dirigencia peninsular exiliada. En efecto, tal como relata en su obra Alambradas. Mis nueve meses por los campos de concentración de Francia (García Gerpe: 1941a), debió sortear numerosos obstáculos antes de lograr salir del territorio galo. Una vez establecidos los contactos con el SERE, obtuvo la ayuda de este último (el pago de su pasaje a América) y de la Legación de República Dominicana (primer país de destino en América del mencionado refugiado). No obstante, sufrió un último inconveniente antes de abandonar Francia: fue detenido por la Policía, tras el hallazgo de su pasaporte en las pesquisas realizadas al local del SERE. De modo que debió soportar un interrogatorio sobre los motivos de su estadía en París y sobre su filiación comunista o anarquista. Además, según relata, lo intimaron a optar entre ingresar a la Legión Extranjera o regresar a España. Finalmente, quedó en libertad y pudo embarcarse el 27 de diciembre de 1939 hacia República Dominicana en el vapor Cuba, a cuyas costas arribó el 11 de enero de 1940 (García Gerpe, 1941a: 185-191; Núñez Seixas y Cagiao Vila, 2001: 205). Poco después, emprendió nuevamente la travesía por América, tras lo cual ingresó a la Argentina en los primeros meses de 1940. En suma, la experiencia de Manuel García Gerpe durante los años bélicos en la península y su posterior éxodo a Francia permite ilustrar el derrotero de muchos de los republicanos españoles antes de su arribo al exilio americano.

Exilio en Buenos Aires: participación en el ámbito del asociacionismo hispánico y galaico en particular

Dentro del conjunto de países de América del Sur, la Argentina fue (junto con Chile) uno de los destinos principales del exilio español. Los refugiados que se dirigieron allí debieron sortear una serie de obstáculos para ingresar al territorio austral. En efecto, la actitud oficial argentina durante los gobiernos conservadores de los años treinta, respecto de los republicanos españoles, fue restrictiva y selectiva. Esto se debía, en gran parte, al temor de los grupos dirigentes frente a las ideologías socialistas, comunistas y anarquistas defendidas por muchos de esos refugiados, considerados políticamente peligrosos e “indeseables” para la nación (Schwarzstein, 2001: 52).

Sin embargo, pese al marco restrictivo oficial, la llegada de exiliados gallegos al Río de la Plata fue particularmente numerosa, entre otras razones, debido a la comunidad galaica allí establecida (De Cristóforis y Cócaro, 2011). Ciertamente, la existencia de un importante marco asociativo de la colectividad en la ciudad porteña facilitó el proceso de inserción de los exiliados en el país de acogida. Una vez arribados, contaron con el apoyo moral y material del asociacionismo hispánico, el cual desplegó numerosas campañas de ayuda tendientes a subsanar la crítica situación de quienes atravesaban el destierro. No obstante, recordemos que los republicanos gallegos que ingresaron a la Argentina durante la guerra civil y los años subsiguientes no conformaban un grupo homogéneo a nivel laboral: por un lado, un alto porcentaje de los recién llegados estaba integrado por profesionales calificados (médicos, abogados, periodistas, maestros y profesores), intelectuales, artistas y políticos, y por otro lado, un número relevante de refugiados se había desempeñado en actividades primarias y secundarias: muchos eran marineros, labradores, artesanos, comerciantes, entre otros. Esto último permitiría revisar la sobredimensionada “figura mítica” del exiliado, asociado al mundo político y cultural y la consideración “elitista” del éxodo republicano (Núñez Seixas y Cagiao Vila, 2001; Schwarzstein, 2001: 144). Los recién llegados que contaban con trayectorias políticas, artísticas y profesionales reconocidas fueron ampliamente homenajeados en el seno del asociacionismo peninsular. En las páginas siguientes, indagaremos algunos aspectos relevantes del proceso de inserción de los exiliados en el ámbito institucional hispánico, a partir del caso particular escogido: el accionar de Manuel García Gerpe.

Los vínculos con la Federación, en los primeros años cuarenta

Con respecto a los detalles del ingreso al país de García Gerpe, este se habría efectuado por vía terrestre, desde Chile, según deja entrever el exiliado en su obra escrita (García Gerpe, 1941a: 190). Si bien este dato no ha podido ser corroborado aun a partir de la documentación oficial, sí estaríamos en condiciones de descartar la entrada a través del puerto de Buenos Aires, dado que su nombre no fue hallado en el exhaustivo relevamiento de los Libros de Desembarco y las Actas de Inspección Marítimas correspondientes al año del arribo del mencionado exiliado (1940).

Al igual que gran parte del éxodo republicano, una vez arribado al país, entabló contactos con el asociacionismo hispánico, y gallego en particular, de la ciudad portuaria. En virtud de su trayectoria en el ámbito político y cultural, García Gerpe fue agasajado por la FSG a través de un banquete realizado por la Sociedad Hijos de Ordenes, entidad federada a la cual se había afiliado el mencionado exiliado (“Actas de reuniones”, 1941: Nº 222; Núñez Seixas y Cagiao Vila, 2001: 205; R. A., 1941). Fundada en 1921 por sectores republicanos de la comunidad gallega emigrada, la FSG reunía en su seno a un relevante número de sociedades de nivel microterritorial (cuyo marco de referencia consistía en unidades territoriales inferiores a la provincia: la comarca, la parroquia o bien el municipio). De carácter político (y no mutual), la FSG constituía un ámbito de gran raigambre institucional y fuertes liderazgos étnico-políticos vinculados a la emigración anterior (H. Díaz, 2007: 67-68).

Los lazos generados por García Gerpe con la FSG fueron estrechos en los primeros años cuarenta, si bien no estuvieron exentos de tensiones, como veremos más adelante. Al igual que muchos de los recién llegados que participaron en la FSG, García Gerpe asistió a diversas reuniones federales: banquetes, conferencias, o bien festejos conmemorativos, como por ejemplo, los aniversarios de la proclamación de la Segunda República (14 de abril) y la fundación de la FSG (24 de septiembre). En general, en dichas ocasiones los exiliados se referían a sus experiencias durante el Gobierno republicano y la guerra civil española, como así también en los campos de refugiados. En 1942, a dos años de su arribo al país, la FSG organizó nuevamente un homenaje al mencionado exiliado gallego. En dicha ocasión se destacó su trayectoria política y cultural en España durante los años republicanos y bélicos: su labor como alcalde de Ordes (A Coruña), su accionar en la campaña autonomista gallega, su intervención en el “ciclo de conferencias” organizado por el Frente Popular madrileño en Unión Radio Madrid y en el Ateneo de Madrid, su participación en las Milicias Populares, como así también en el Cuerpo Jurídico Militar del Ejército Republicano (“Homenaje a M. García Gerpe”, 1942: 5).

Por otra parte, García Gerpe fue invitado por la Comisión de Cultura de la FSG para disertar en la entidad galaica, al igual que otros políticos, intelectuales y profesionales gallegos recién arribados (entre ellos, el líder galleguista Alfonso Rodríguez Castelao, el periodista Arturo Cuadrado Moure, los exdiputados Manuel Cordero Pérez, Elpidio Villaverde Rey y Antonio Alonso Ríos, y el escritor Rafael Dieste) (“Actas de reuniones”, 1941: Nº 224, Nº 225, Nº 226; G. Díaz, 1942b; “Informe”, 1941; “Nuestra Comisión”, 1941: 3; “Una Conferencia”, 1941: 3). En general, los ejes temáticos de las conferencias brindadas conferían a los exiliados el rol de portavoces de los avatares políticos sufridos en España, de cara a la colectividad emigrada de Buenos Aires. Así, García Gerpe encabezó una serie de charlas sobre los problemas sociales y políticos en España, algunas de las cuales se titularon “Consideraciones del trabajo en la República Española de 1931”, “Federalismo”, entre otras.

A su vez, la prensa federal constituyó un espacio proclive para la inserción de los recién llegados. En efecto, a partir de 1940 y en los años sucesivos, la entidad convocó a varios exiliados pertenecientes al ámbito político, artístico y profesional para formar parte de la Comisión de Prensa del semanario Galicia. Entre ellos, García Gerpe, quien, a partir de 1941, fue nombrado colaborador selecto, cargo que desempeñó junto con los exiliados Luis Seoane, Alfonso Camín y Arturo Cuadrado Moure (este último ejerció como secretario de redacción) (“Actas de reuniones”, 1941: Nº 233, Nº 237; “Integrantes de la Comisión”, 1941: 11)[1]. Por otro lado, dentro del conjunto de recién llegados, algunos se vincularon con el semanario federal de manera “informal”, es decir, mediante el envío de artículos para su publicación, pero sin integrar el comité redactor. Entre ellos, Castelao, Alonso Ríos, Cordero Pérez, Ramón Suárez Picallo, José Núñez Búa, Lorenzo Varela, Gumersindo Sánchez Guisande, Alfonso Gayoso Frías, Manuel Porrúa y Manuel Celso Garrido. Los dos últimos enviaban sus trabajos desde Chile, país de residencia en el exilio (“Actas de la Central Gallega”, 1939: N° 24, N° 26).

Durante la inmediata posguerra de la guerra civil española, los trabajos escritos de García Gerpe en Galicia se referían, prioritariamente, a las vivencias sufridas en los campos de refugiados de Francia. Así, realizó una exposición testimonial de su experiencia, en algunos artículos que anticiparon el contenido de su obra Alambradas. Mis nueve meses por los campos de concentración de Francia, en la cual condensó sus vivencias en el país galo, como así también su mirada crítica al Gobierno francés (García Gerpe, 1940: 1, 3). En tales relatos, hacía hincapié en aquellos republicanos que aún padecían las condiciones de reclusión en el país galo, destacando la necesidad de brindarles ayuda solidaria. Al igual que otros exiliados que habían sufrido el encierro, García Gerpe procuraba concientizar (desde su posición de testigo directo) a la colectividad gallega y española residente en la Argentina sobre la imperiosa necesidad de ayudarlos, de aunar los esfuerzos de las campañas organizadas por la colectividad en pro de los refugiados (García Gerpe, 1941d: 10). En consonancia con esto último, esgrimió críticas hacia la inacción del Centro Gallego de Buenos Aires, denunciando que “su directiva nada quiso hacer para aliviar [su] inmenso dolor” (García Gerpe, 1941c: 3). Con respecto al posicionamiento político del Centro Gallego durante la guerra civil española, recordemos que este esgrimió una postura neutral ante el conflicto, si bien se produjo un cambio de actitud tras la victoria de la tendencia republicana-democrática, en las elecciones institucionales de 1938. Un número relevante de exiliados gallegos (entre los cuales no figuró García Gerpe) participó en Galicia. Revista del Centro Gallego, órgano oficial del Centro Gallego (De Cristóforis, 2016: 26-29).

Por otro lado, en algunos de sus artículos, el exiliado en consideración hacía referencia a su experiencia política y cultural durante el período republicano y los años bélicos en la península. Por ejemplo, expuso su labor en el Ateneo de Madrid durante la guerra civil, mediante la publicación en Galicia de las conferencias por él brindadas en dicho ámbito intelectual peninsular. Así, la disertación dictada en la capital española durante 1937, titulada “Los sindicatos en España”, fue publicada íntegramente en el semanario federal, dividida en varios números (García Gerpe, 1941f: 2). A su vez, sus escritos en Galicia abordaron diversas cuestiones de índole política, por ejemplo, el origen del sindicalismo y el socialismo en España. El posicionamiento político del exiliado en consideración (afiliado a IR) se advierte en cada uno de sus escritos. Por ejemplo, al referirse a la lucha de clases y su contemporaneidad, se pronunciaba claramente a favor del interés de la clase obrera, lo cual da cuenta de un análisis comprometido ideológicamente (García Gerpe, 1941e: 3).

El centro de interés de sus trabajos también versó sobre la Segunda Guerra Mundial. Ciertamente, el conflicto bélico iniciado pocos meses después de concluida la guerra civil española fue objeto de numerosos debates en la prensa hispánica de Buenos Aires. En efecto, dicha contienda fue vivida por la colectividad española en el exterior como una continuación de aquella desarrollada previamente en la península, suscitando esperanzas dentro del grupo republicano, en estrecha vinculación con la derrota del Eje y la subsiguiente caída del régimen franquista (Schwarzstein, 2001: 204-205). En los escritos de García Gerpe se hacía hincapié en la actitud de los líderes aliados con respecto a España y en su indiferencia con aquellos republicanos recluidos en campos de refugiados en las colonias francesas del norte de África, principalmente Túnez y Argelia. Se cuestionaba duramente el hecho de “pedir permiso” a los Gobiernos norteamericano y británico para el restablecimiento de la República española (García Gerpe, 1943a: 1):

[…] ¿No hemos conquistado, acaso, el derecho a regirnos por nosotros mismos, en la ejemplar y heroica lucha de cerca de tres años? ¿O es que tendremos que ir sempiternamente a remolque de quienes nos dejaron morir en el más cruel de los abandonos y cometieron con nosotros monstruoso crimen de lesa humanidad? Porque yo no echo en el olvido la máxima de los penalistas: “hay dos clases de delitos: por acción y por omisión” (García Gerpe, 1943b: 2. El resaltado es nuestro).

Por último, la participación de García Gerpe en los debates federales generados en torno a la “identidad galaica” amerita un análisis más exhaustivo del marco político-ideológico institucional. Cabe destacar, con respecto a este último, que los cuadros dirigentes federales no constituían un bloque homogéneo a nivel ideológico, sino que en el seno de la entidad convivían (no sin fricciones) un sector de izquierda que se identificaba con filiaciones ideológicas socialistas y comunistas (a pesar de no adherir, necesariamente, a alguna agrupación partidaria) y otro que priorizaba el nacionalismo galaico. La presencia de dos grupos enfrentados políticamente impactó fuertemente en la entidad, produciendo la escisión institucional durante el período 1929-1936 y suscitando numerosos conflictos intersocietarios tras la reunificación federal en los años de la posguerra de la guerra civil española (H. Díaz, 2007: 49-51, 84, 225).

Como hemos adelantado, durante los primeros años cuarenta, se generaron discusiones alrededor de la “identidad gallega” entre el sector dirigente de izquierda y los federados galleguistas (ajenos a la conducción), vinculadas con los intentos por definir sus rasgos característicos. Por un lado, el sector nacionalista de la FSG concebía a Galicia como una nación, estableciendo sus atributos intrínsecos a partir de la lengua, la historia, la etnografía, entre otros aspectos. Desde dichas posturas, la Junta Ejecutiva liderada por Gerardo Díaz era acusada de antigalleguista, merced al posicionamiento político de sus integrantes, cercano a la izquierda. En este sentido, se alertaba a la masa federal sobre el peligro que representaban aquellos que se autodenominaban comunistas” y galleguistas” (identificaciones consideradas antagónicas, desde la visión de los sectores denunciantes) (A. D., 1941: 2; Rodríguez, 1941: 15). Por otro lado, frente a tales acusaciones, las autoridades federales aclaraban la postura política que guiaba el accionar de la entidad bajo su gobierno: demócrata (en relación con los temas universales), republicana (en lo vinculado con España) y autonomista (en relación con Galicia) (“Nuestra presentación”, 1941: 1). En este sentido, defendían y afirmaban el carácter galaico de la Junta Ejecutiva federal a la vez que postulaban la convivencia con otros posicionamientos político-ideológicos (negando de este modo el antagonismo entre internacionalismo y el nacionalismo galaico) (“¿Qué clase de galleguismo…?”, 1942: 1; G. Díaz, 1942a: 14).

Como anticipamos, García Gerpe participó activamente de los debates, tomando posición por las posturas expresadas por el grupo dirigente federal de izquierda. De este modo, manifestó fuertes críticas a las ideas de los sectores galleguistas, por ejemplo, aquellas sostenidas por el federado Rodolfo Prada, quien sostuvo que los orígenes del sojuzgamiento de Galicia se remontaban a los reyes católicos, aduciendo una espiritualidad castellana, absolutista e imperialista que oprimía a la región del noroeste hispánico. Calificando dicha noción de “ancestral miopía”, García Gerpe sostenía la existencia de una “hermandad” republicana, que englobaba tanto a Madrid como a los particularismos regionales (y las disputas subyacentes a ellos). Dicho “republicanismo hispánico”, argumentaba, se había manifestado durante la guerra civil, adoptando un carácter internacional (tras la participación de los brigadistas extranjeros):

[…] ¿Es que por los campos de España no hemos luchado, codo con codo, gallegos y castellanos, castellanos y gallegos, vascos y catalanes, andaluces y valencianos […] españoles y polacos, rusos e italianos, alemanes e ingleses, americanos y checoslovacos, ensamblados todos en el común vínculo de un sustratum social, ideológico, político y económico que surge del concepto libertad? (García Gerpe, 1941b: 1).

Desde la perspectiva del exiliado en consideración, los males que aquejaban a la región galaica obedecían a factores “universales”: la explotación de las clases subordinadas. Por lo tanto, concluía, la defensa de Galicia se combinaba con la lucha, también internacional, de los desposeídos, no restringiéndose a ideologías “sectaristas” (“Reflexiones de un autonomista”, 1942: 9. Resaltado por el autor). Por otro lado, la idea esgrimida por García Gerpe, según la cual su experiencia en la guerra civil lo colocaba en una posición ventajosa (frente a la comunidad emigrada) para interpretar los procesos político-ideológicos de la península, despertó ciertas fricciones entre algunos federados. Estos adujeron estar más interiorizados de las luchas campesinas de Galicia que aquellos “centralistas”, que desconocían los sucesos de “la periferia” del Estado español (“Una ofensiva”, 1941: 1).

A raíz de tales pronunciamientos, García Gerpe fue acusado por los sectores nacionalistas federales de emprender un ataque contra la “galleguidad”, desde una postura centralista. Esta postura se expresaba, desde la perspectiva de aquellos, en su afiliación a una estructura partidaria de alcance nacional, como IR española, en detrimento del Partido Galeguista. Sin embargo, cabe aclarar que la mencionada agrupación hispánica (liderada por Manuel Azaña) había sido creada en 1934 tras la fusión de Acción Republicana, radicales socialistas independientes y el Partido Republicano Gallego. La presencia de este último permite vislumbrar un claro entendimiento con el “nacionalismo galaico” (formalizado tras el pacto con el Partido Galeguista, en noviembre de 1935) (Casanova, 2007: 123; Townson, 2002: 43, 275). Por otro lado, cabe destacar que García Gerpe se expresó en los salones federales a favor del federalismo, al referirse al tema de la autonomía de Galicia, sosteniendo que un gobierno unitario no era posible frente a “pueblos tan diferentes como Galicia y Cataluña” (“Temas federales”, 1941: 3).

A pesar de las tensiones suscitadas entre García Gerpe y los sectores federales galleguistas en virtud de algunos de sus escritos, el vínculo con la entidad perduró en los años subsiguientes. En 1943, durante el gobierno institucional liderado por la lista Republicana de Izquierda, García Gerpe participó activamente en la creación del Ateneo federal Curros Enríquez. Tras ser designado presidente de la nueva sección federal (junto con el exiliado Antonio Alonso Ríos como vicepresidente), desarrolló una intensa campaña de difusión, notificando la constitución del Ateneo y el accionar llevado a cabo a través de la prensa étnica hispánica, como también de diversas publicaciones nacionales. A partir de la documentación institucional relevada, hemos podido contrastar el activo rol desempeñado por García Gerpe y el secretario general, Souto Rey (mediante el envío de invitaciones, notificaciones, agradecimientos, etc.), en contraposición con el llevado a cabo por el vicepresidente Alonso Ríos. La desvinculación de este último se cristalizó tras la renuncia presentada al cargo en consideración, en septiembre de 1943. El motivo explicitado se basó en la imposibilidad de llevar a cabo las actividades de la vicepresidencia del Ateneo, por no disponer de tiempo suficiente: Alonso Ríos ocupaba, en dicho momento, la presidencia de Irmandade Galega, organización de orientación galleguista pero suprapartidaria, constituida en diciembre de 1941 y cuya sede se hallaba en el Centro Orensano de Buenos Aires (“Actas de reuniones”, 1943: N° 345; Beramendi y Núñez Seixas, 1996: 176; Alonso Ríos, 1943a, 1943b; Núñez Seixas, 2004: 115).

El objetivo del Ateneo consistía en llevar a cabo una relevante labor cultural, artística y científica a partir de la realización de ciclos de conferencias, cursos de especialización, y de la reorganización y ampliación de la biblioteca federal (García Gerpe colaboró con esta última, donándole su obra Alambradas. Mis nueve meses por los campos de concentración de Francia), entre otros. Una de las principales actividades de la nueva sección federal consistió, en los primeros años, en el dictado de conferencias. Sin embargo, la organización de estas no estuvo exenta de tensiones entre el presidente del Ateneo y la Junta Ejecutiva federal. En el caso de la disertación inaugural, fue anunciada en Galicia: a cargo de García Gerpe y titulada “Los sistemas sociales”, estaba prevista para el día 12 de junio (“Ateneo Curros Enríquez”, 1943: 8). Las autoridades de la FSG solicitaron permiso a la Policía Federal para realizarla, cumpliendo los requisitos indispensables vigentes: la inclusión, en el pedido de autorización, del nombre del orador, el título de la conferencia y el detalle de los ítems por ser desarrollados. En el caso de la conferencia de García Gerpe, los ítems eran los siguientes:

  1. el problema social,
  2. los sistemas de tipo individualista,
  3. los sistemas de tipo colectivista,
  4. la llamada “unidad” y el respeto a los credos libertadores,
  5. la posguerra y la cuestión social, y
  6. las conclusiones (G. Díaz, 1943a).

La tramitación solía ser infructuosa, y en dicha ocasión no fue concedida la autorización policial. Las entidades de las colectividades emigradas en el país se hallaban supeditadas a cierto control por parte del Gobierno argentino: existían restricciones oficiales en torno a las actividades y las temáticas políticas desarrolladas en el ámbito institucional étnico. En relación con este propósito, el Poder Ejecutivo nacional firmó un decreto en mayo de 1939, que regulaba las actividades del asociacionismo étnico en el país, particularmente aquellas de carácter político (“El decreto sobre asociaciones”, 1939: 1).

La Junta Ejecutiva, al ser notificada del hecho, anunció la suspensión de la conferencia a través del semanario oficial. Ante el empeño de García Gerpe en llevar a cabo su disertación, se suscitaron tensiones en la FSG. Las autoridades federales convocaron su presencia a una reunión de la Junta Ejecutiva, a fin de resolver el asunto. A partir del acta labrada de dicho encuentro, hemos podido recuperar algunas de las expresiones en él vertidas. Por un lado, el presidente del Ateneo federal apuntó: “Si el asunto tomó tal carácter, fue debido a la actitud del secretario general, puesto que la suspensión de la conferencia fue en forma inconsulta, no obstante habérsele dicho en el Departamento de Policía que está autorizada”. Por otro lado, Díaz replicó: “Si él dio orden de la suspensión, por intermedio del periódico, fue después de habérsele llamado al Departamento de Policía a efectos de que firmara la denegación del permiso” (“Actas de reuniones”, 1943: Nº 329).

La disputa en consideración giraba en torno a las cuotas de poder de la sección cultural en la toma de decisiones que afectaban el marco institucional. El Ateneo cultural se hallaba bajo el control de las autoridades federales, pero poseía un carácter autónomo en cuanto a decisiones (“Nuevo Estatuto Federal”, 1942: 6-9). Si bien la Carta Orgánica federal adolecía de cierta precisión en este punto, las autoridades federales dejaron sentada su postura al respecto, al expresar en Galicia:

Para la buena marcha de la Federación, es necesario en todo momento una perfecta unión de acción en el orden federal, recordando, sobre todo, que para cualquier gestión oficial ha de tenerse en cuenta siempre la autoridad de la J. E. (“Acuerdos de la Junta”, 1943: 7. El resaltado es nuestro).

Finalmente, el ciclo de conferencias del Ateneo Curros Enríquez se inauguró con la oratoria de su vicepresidente, Alonso Ríos, cuyo tema versó sobre el problema agrario en Galicia (García Gerpe y Souto Rey, 1943). García Gerpe, en calidad de máxima autoridad de la sección cultural, brindó unas palabras preliminares ante la apertura oficial de las actividades, refiriéndose brevemente a las desavenencias suscitadas con la Junta Ejecutiva de la FSG:

[…] En realidad este ciclo que comienza con la conferencia de Alonso Ríos, debía comenzar por la anunciada anteriormente a pronunciar por el que os habla, pero las circunstancias públicas que son del dominio general lo han impedido. En nuestro afán de no entorpecer la labor anunciamos esta conferencia sin perjuicio de que la suspendida sea pronunciada oportunamente (“En el Ateneo Curros Enríquez”, 1943: 3).

Más allá de los inconvenientes legales que obstaculizaban las actividades diseñadas por el Ateneo, existían otros de carácter presupuestario, ligados al sostén económico de este. Si bien disponía del porcentaje de ingresos que la FSG dedicaba al plan cultural, su asignación fue motivo de una asidua correspondencia entre García Gerpe y el secretario general, Gerardo Díaz. Por ejemplo, el presidente del Ateneo reiteró varias veces a este último el pedido del mobiliario necesario para la instalación de la biblioteca federal (G. Díaz, 1943b; García Gerpe, 1943d). Las contrariedades de índole material fueron puestas de relieve públicamente por García Gerpe en la conferencia inaugural de la sección cultural:

[…] El Ateneo como organismo joven e incipiente carece en absoluto de recursos. Ahí tenéis reciente un tropiezo de la labor. El Ateneo consideró a mi inspiración la compra de un mapa de Galicia para colocar en esta sala (es inconcebible que en esta casa de los gallegos no haya un mapa de Galicia) y por falta de recursos la idea quedó en proyecto. El Ateneo acordó la creación de la Biblioteca Federal, la Gran Biblioteca que necesita la Federación, y por las mismas razones –por carecer de medios para adquirir el mueble en que ha de materializarse- la realización de esta idea sufrirá un retraso lamentable (“En el Ateneo Curros Enríquez”, 1943: 3).

Las fricciones suscitadas entre García Gerpe y las autoridades federales persistieron en los meses subsiguientes. En agosto de 1943, se generó un conflicto que derivaría en la cesantía de su cargo como presidente del Ateneo cultural. El conflicto en cuestión se originó a raíz de ciertas declaraciones ofensivas hacia los miembros de la Junta Ejecutiva, publicadas en la página “Crisol Gallego” del periódico Sábado, la cual era dirigida por García Gerpe. Este último fue citado por las autoridades federales, junto con el exiliado Tobío Mayo, quien ejercía el cargo de codirector de la mencionada sección. En dicha reunión, se acusó gravemente a García Gerpe de pretender provocar, con su actitud, “un golpe de estado en la Federación” (“Actas de reuniones”, 1943: Nº 335, Nº 336, Nº 337). No obstante, este último manifestó, en su defensa, no concordar con la interpretación dada por la Junta Ejecutiva al artículo en consideración.

Luego de un intenso intercambio verbal de pareceres y de impresiones de diversos federados allí presentes (entre ellos, Alonso Ríos, quien lamentaba la implementación de medidas punitivas, invitando a la buena armonía federal), la Junta Ejecutiva resolvió la suspensión de los acusados por el plazo de un año, según lo acordado en el Estatuto Federal concerniente a la disciplina institucional (también se procedió a la suspensión federal del autor del artículo en cuestión, Abelardo Lago, quien se desempeñaba como bibliotecario del Ateneo Curros Enríquez) (G. Díaz, 1943c; Junta Ejecutiva, 1943a, 1943b, 1943c; Souto Rey, 1943):

[…] Todo federado que en Asambleas, Reuniones, Actos Federales, publicaciones o escritos cometiera falta grave contra otro federado o entidad adherida, y una vez comprobada su culpabilidad no hiciere rectificación por escrito, será inhibido para ocupar cargo federal alguno, ni aún aquellas funciones que proceden del mandato de su sociedad, por el término de un año (“Nuevo Estatuto Federal”, 1942: 6-9).

Luego de la decisión de las autoridades federales, se produjo el alejamiento de García Gerpe del espacio institucional. Ello implicó también su salida del comité redactor de Galicia, pese a su reciente nombramiento como subdirector del semanario federal (G. Díaz, 1942c; García Gerpe, 1943c).

La participación política y cultural en el Centro Republicano Español

Tras su distanciamiento de la FSG, se estrecharon los vínculos entre García Gerpe y el Centro Republicano Español, entidad de suma relevancia en el seno de la colectividad hispánica de Buenos Aires, y a la cual el mencionado exiliado se había afiliado en 1940. Si bien el carácter republicano del CRE constituía un motivo aglutinante de adhesión para los recién llegados, el centralismo vigente en la entidad hispánica incidió en una escasa participación de los galleguistas en dicho ámbito institucional, a la vez que su postura anticomunista desalentó la proximidad de aquellos exiliados afiliados o simpatizantes del PCE. Destacadas figuras del republicanismo español entablaron lazos con el CRE: asistieron a banquetes, fueron protagonistas de homenajes, o bien brindaron discursos en la sede social (entre ellos, Felipe Jiménez de Asúa, Manuel Blasco Garzón, Ángel Ossorio y Gallardo, Luis Jiménez de Asúa, Manuel Serra Moret, Vicente Rojo, por mencionar algunos) (“Memoria y Balance”, 1938: 5, 15-16; “Memoria y Balance”, 1941-1942: 9-10; “Memoria y Balance”, 1943-1944: 10-11). A su vez, un alto porcentaje de los recién llegados se asoció a la entidad tras su arribo al país. Las solicitudes de inscripción a la entidad hispánica constituyen fuentes nominativas muy ricas para el análisis de los exiliados republicanos. Por ejemplo, la ficha de García Gerpe proporciona datos relevantes de este último: su actuación previa en otros centros republicanos, o el hecho de consignar “Galicia” como su país de origen, entre otros (“Fichas de inscripción”, 1940).

Tal como hemos mencionado, la integración de García Gerpe en el CRE se consolidó en la segunda mitad de la década de 1940. A través de la prensa institucional, advertimos su presencia en eventos exclusivos, organizados por la entidad para sus más allegados colaboradores (“Comida íntima”, 1948: 12). Por otra parte, el exiliado gallego disertó en varias oportunidades en el Ateneo Pi y Margall, llegando a ocupar el cargo de secretario de la sección cultural (“En el ateneo”, 1948: 8; “Memoria y Balance”, 1949-1950: 7). La relación cordial y afectuosa entablada entre García Gerpe y los cuadros dirigentes del CRE se puede advertir a partir de las palabras expresadas por las autoridades, en referencia a una conferencia brindada por el refugiado gallego en cuestión: “El público que siguió con atención esta conferencia, interrumpió con entusiastas aplausos varios de sus pasajes y coronó su final con una prolongada ovación. El Dr. García Gerpe fue efusiva y cariñosamente felicitado por la selecta y numerosa concurrencia” (“En el Ateneo ‘Pi y Margall’”, 1947: 10).

A su vez, cabe señalar un número relevante de artículos de su autoría en el órgano oficial del CRE, España Republicana. Este era un semanario de carácter político, en el cual predominaban los análisis sobre la situación española, las denuncias del régimen franquista, como también el examen del devenir bélico mundial y más tarde el contexto internacional de la segunda posguerra. En sus artículos, García Gerpe examinó cuestiones ligadas al régimen español imperante en la península y a la Segunda Guerra Mundial, así como también esbozó algunos análisis sobre el orden posbélico mundial (García Gerpe, 1945: 10):

[…] Entramos en una nueva era. Será preciso amparar y colocar por encima de todo al hombre; pero la sociedad, el Estado, podrá intervenir en defensa de los derechos llamados sociales […] la fórmula política de mañana es la del socialismo liberal (García Gerpe, 1944: 4).

Por otro lado, en sus escritos referidos a la guerra civil, se advierte cierta postura centralista, ya esbozada en sus trabajos en Galicia, y que había motivado (entre otras razones) su desvinculación con la FSG: “Porque Madrid es España, y la España combatiente y peregrina es hoy una heroica prolongación geográfica de la gesta madrileña” (García Gerpe, 1946: 10; García Gerpe, 1949: 10). Sin embargo, el lenguaje clasista, al que hicimos alusión al examinar sus artículos en Galicia, se vio moderado en España Republicana. Posiblemente, la tendencia anticomunista de esta última influyó en dicho sentido. Entre sus análisis políticos, subrayaremos, por último, aquel que examina el desarrollo del republicanismo en España, remarcando su larga tradición: “El sentimiento republicano en España, no es una expansión sentimental de 1873, una eclosión popular de 1931 o una cosa improvisada. Republicanos en España lo hay en tiempos de Carlos IV” (García Gerpe, 1947: 26).

Asimismo, los vínculos de García Gerpe y la entidad hispánica se reforzaron a partir de su actuación en la “Agrupación de exiliados gallegos afiliados a IR” (en adelante, Agrupación IR), que tuvo como sede las instalaciones del CRE. Dicho programa de unidad partidaria fue organizado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en respuesta a la conformación del Consello de Galiza, en noviembre de 1944 por iniciativa del líder galleguista Alfonso Castelao y del galleguismo militante agrupado en Irmandade Galega.

Recordemos que hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, ante la consideración de una caída inminente de Franco, se procedió a la reorganización de las instituciones republicanas que se hallaban atomizadas en el exilio, proceso que afectó también a los Gobiernos autonómicos de Euzkadi y Cataluña. En el caso de Galicia, la ausencia de una estructura gubernativa prebélica (debido a que el alzamiento rebelde había impedido la aprobación del Estatuto de Autonomía plebiscitado) conllevó un terreno más propicio para los debates en torno a la legitimidad de los diversos proyectos que se establecieron en el destierro.

El Consello de Galiza fue concebido en cuanto gobierno provisional representativo de la región en el exilio. Su legitimidad radicaba, esencialmente, en la presencia de los cuatro diputados gallegos electos en febrero de 1936, tres de ellos pertenecientes al PG: Castelao (que asumió la presidencia del organismo), Antonio Alonso Ríos y Ramón Suárez Picallo y uno afiliado a IR, Elpidio Villaverde Rey (Castro, 2000: 84 y 86; Beramendi y Núñez Seixas, 1996: 177; Núñez Seixas, 2004: 116).

La oposición al Consello de Galiza en Buenos Aires abarcó algunos emprendimientos político-ideológicos de diverso tenor entre los refugiados gallegos, por ejemplo, la mencionada Agrupación IR. En agosto de 1945, García Gerpe, junto con los exiliados Severino Iglesias Siso y Luciano Vidán Freyría (integrantes de la comisión organizadora del grupo) realizó una convocatoria pública, a través de la prensa étnica, extensible a todos aquellos gallegos afiliados a IR, exiliados en la Argentina. Un mes más tarde, se conformó la Agrupación IR, cuyo cargo de secretario ocupó García Gerpe (“Actividades de IR”, 1945: 2-3; “Izquierda Republicana”, 1946: 12). La finalidad del mencionado grupo consistía en actuar de manera coordinada y orgánica en un contexto internacional que presagiaba el fin del régimen franquista (“Actividades de IR”, 1945: 2-3). Ahora bien, con respecto a la futura organización política en la península, su posicionamiento difería de aquel sostenido por el Consello de Galiza. En este sentido, se concedía prioridad a la restauración del sistema republicano vigente hasta el fin de la guerra civil, postergando a futuro la sanción de una nueva Carta Orgánica, de tipo federal:

[…] Constitución de 1931 y régimen autonómico como punto de partida, y, como aspiración, la estructura de una República de base federativa, que […] coloque en plano de potencial igualdad a las infraestructuras superiores, tanto las nacionales, como las regionales que no tienen jerarquía nacional (“El núcleo de gallegos”, 1945: 1-3).

Si bien la FSG operó, en un primer momento, como punto de contacto entre los gallegos afiliados a IR en el país, en un segundo momento dicho rol fue ocupado por el CRE. En efecto, rápidamente se suscitaron algunas fricciones de índole político-ideológicas con los sectores federales galleguistas, debido a la postura contraria hacia el Consello de Galiza, que sostenía la Agrupación IR. Así, el federado Avelino Díaz (integrante de la Comisión de Prensa del órgano oficial) emitió duros reproches hacia esta, cuestionando su origen galaico, frente a lo que él consideraba un ataque al Consello de Galiza, a Castelao y al galleguismo en su conjunto. El autor realizó una crítica muy dura hacia aquellos exiliados oriundos del noroeste hispánico que adscribían y priorizaban estructuras político-partidarias de carácter nacional, llegando a afirmar: “Al parecer, todo lo que tienen de gallegos se les diluyó en el partido español a que pertenecen” (A. Díaz, 1946: 3). Provocativos términos fueron utilizados para referirse a la posición de los gallegos afiliados a IR: “traición”, “antipatriota”, “campaña antigallega”, entre otros.

La respuesta de IR no tardó en emitirse, esta vez a cargo de la pluma de Luciano Vidán Freiría, vocal de la Agrupación IR y miembro de la Comisión de Prensa de Galicia, cargo al cual renunció ante la publicación del artículo de Avelino Díaz. En efecto, a través de una carta enviada al comité redactor y publicada luego en el semanario federal, rebatió las acusaciones esgrimidas por su compañero de redacción, las cuales denotaban, según él, un “sentimiento antiespañol” (“Contestando a una aclaración”, 1946: 3). El mencionado exiliado consideraba erróneo el antagonismo planteado entre el interés nacional y el regional. Según él, la prioridad concedida a la lucha por la restauración de la República en España no generaba contradicción con el deseo de obtener la autonomía de Galicia, ya que la primera era condición indispensable de la segunda. Por otra parte, Vidán Freiría consideró que el artículo de Avelino Díaz empleaba el término exiliado con una connotación peyorativa (a partir del uso del entrecomillado), razón por la cual subrayó:

[…] Nuestra condición de EXILADOS –título que por sí sólo constituye toda una concepción de valores éticos, de desinterés, abnegación y dolor incruento– no debe servir de menosprecio a quienes se dicen defensores de la Democracia y de la República Española, ni ningún órgano periodístico de tal orientación, debe tolerar su publicación (“Contestando a una aclaración”, 1946: 3).

A raíz de tales enfrentamientos, la dirección gallega de IR se distanció de la FSG y se vinculó más estrechamente con el CRE, cuyos salones oficiaron como centro para sus reuniones (“Movimiento político”, 1945: 10). De este modo, podemos advertir una extensión de aquellos conflictos suscitados entre la entidad galaica y García Gerpe (en virtud de fricciones político-ideológicas e identitarias), al resto de los integrantes de la Agrupación IR. En el mes de octubre de 1945, en la sede social del CRE se celebró un banquete para todos los exiliados adscriptos a IR. Entre los presentes se encontraban las autoridades de la Agrupación IR, algunas de las cuales pronunciaron palabras para el público allí congregado. En dicha ocasión, se entablaron conversaciones tendientes a conformar una organización del partido de carácter nacional, subsumiendo la regional/galaica (hecho que se concretó en 1947) (“Actitud de los partidos”, 1947: 4; “Agrupación de exiliados”, 1945: 3). En los años subsiguientes, España Republicana difundió el accionar de la Agrupación IR en el país, como también aquel desplegado por la sección partidaria de IR en Francia (“En París”, 1950: 5; “Izquierda Republicana en Francia”, 1952: 1; “Izquierda Republicana”, 1946: 12).

A partir de todo lo expuesto, podemos afirmar que Manuel García Gerpe llevó a cabo un intenso accionar político, periodístico y cultural en el ámbito institucional hispano, durante su exilio rioplatense. En julio de 1949, falleció en Buenos Aires, sin haber podido retornar nunca a España. Las autoridades del CRE destacaron en las páginas del semanario su trayectoria en el exilio y, particularmente, se subrayó su labor en el CRE, “hogar y refugio de nuestros grandes hombres políticos” (“El Republicano Gallego”, 1948: 4; “Memoria y Balance”, 1949-1950: 7; Núñez Seixas, 2004: 123; “Sensible pérdida”, 1949: 2).

[…] El 4 de julio dejó de existir el doctor Manuel García Gerpe, secretario del Ateneo “Pi y Margall”. Correligionario entusiasta y eficacísimo colaborador, su fallecimiento causó sincero pesar en nuestras filas en las que se admiraban las dotes de cultura, laboriosidad y modestia del finado. Había publicado varias obras, recuerdos de sus experiencias de refugiado unas, estudios jurídicos y políticos otras, y desde la tribuna de la entidad cuya secretaría desempeñaba demostró, juntamente con sus entrañables sentimientos republicanos, su sólida preparación. En las páginas de España Republicana aparecieron asimismo testimonios de su talento y su calidad de comentarista (“Memoria y Balance”, 1949-1950: 24).

Por otra parte, pese al distanciamiento evidenciado entre García Gerpe y la FSG, el secretario general de esta última dedicó sentidas palabras a quien había integrado la “España peregrina” (“Manuel García Gerpe”, 1949: 2).

A modo de balance

A partir de la experiencia del exiliado Manuel García Gerpe en el marco asociativo hispánico, y gallego en particular, de la Ciudad de Buenos Aires, podemos afirmar que este constituyó, en diverso grado, un ámbito de socialización política y cultural para los gallegos en el exilio. En general, el accionar en la prensa étnica adquiría un gran valor para aquellos intelectuales exiliados debido al ambiente político predominante en el país de acogida, el cual no facilitaba la inserción de los refugiados en otros ámbitos periodísticos locales. En las páginas de los periódicos hispánicos, hallaron un ámbito propicio para la expresión de sus experiencias y de sus marcos ideológicos de referencia durante su exilio en Buenos Aires.

El caso particular escogido permitió profundizar el análisis de las modalidades de inserción de los exiliados políticos y profesionales gallegos, en el ámbito asociativo de la comunidad hispánica de Buenos Aires: el grado de participación de los recién llegados, los vínculos con los cuadros dirigentes institucionales, las tensiones político-ideológicas e identitarias suscitadas, entre otras cuestiones. En primer lugar, el accionar de García Gerpe se limitó a los ámbitos culturales y periodísticos de las entidades analizadas, no extendiéndose, por ejemplo, a los cuadros dirigentes. Dicha evolución comparte algunos puntos en común con la integración del resto de los exiliados gallegos, que arribaron al país durante la inmediata posguerra de la guerra civil española. En el caso de la FSG, ello se comprende, por un lado, debido a la presencia de fuertes dirigencias étnicas, ligadas a la emigración anterior a la guerra civil. A su vez, las dirigencias no constituían un bloque homogéneo a nivel ideológico, por lo que los recortes políticos impedían la llegada al poder de exiliados de determinada orientación ideológica. Por otra parte, los recién llegados probablemente estaban interesados en ocupar esos espacios institucionales ligados a la cultura, desde los cuales se podían generar y propagar discursos e ideas a favor de la República y en pos de los cambios sociales que buscaban llevar a cabo en su tierra natal. Por último, el hecho de que García Gerpe y los exiliados en general no hubieran accedido a los cuadros dirigentes institucionales estuvo condicionado por la fuerte expectativa del retorno por parte de aquellos y la creencia de que la inserción en el ámbito asociativo sería transitoria. Esto último probablemente impulsó que los refugiados trabajaran mirando a la península, soslayando la atención brindada a la comunidad emigrada y, más aún, a la sociedad de acogida.

El CRE representó un espacio político y cultural propicio para el accionar del conjunto de los exiliados españoles. Ahora bien, la participación galaica en la entidad hispánica (tanto en la prensa como en el Ateneo) no se caracterizó por ser asidua o relevante. Es decir, muchos de los refugiados oriundos de Galicia que arribaron a la Argentina se vincularon con instituciones de carácter regional, en las cuales probablemente obtenían un margen de actuación y de reconocimiento más elevado que el adquirido en espacios de sociabilidad más amplios, de carácter hispánico. Cabe destacar que, a diferencia de lo expuesto, García Gerpe sí tejió fuertes lazos con la entidad hispánica, y llegó a ejercer cargos de responsabilidad en las esferas culturales institucionales.

En segundo lugar, con respecto al análisis de los vínculos entablados entre los recién llegados y los cuadros dirigentes del marco asociativo de la colectividad, la inserción de García Gerpe en la FSG denota un rápido y vertiginoso ascenso, no carente de debilidades, como hemos puesto de relieve. En efecto, su accionar en la sección cultural federal no se consolidó en el mediano plazo. El alejamiento de García Gerpe de la FSG se produjo a partir de los particulares vínculos establecidos con las dirigencias previas de la FSG, no exentos de fricciones a nivel político-ideológico. Como hemos visto, las ideas expresadas por el exiliado en consideración en el órgano oficial federal generaron tensiones con los federados galleguistas, a la vez que su presencia y accionar en el Ateneo suscitaron roces con los cuadros dirigentes, expresados en la posterior suspensión federal de García Gerpe. Durante la segunda mitad del decenio 1940, este último forjó un estrecho vínculo con el CRE y sus cuadros dirigentes. Su participación cobró notoriedad en las esferas cultural y periodística de la entidad hispánica, durante los años en que participó en ella.

Por último, con respecto a los distintos posicionamientos político-ideológicos e identitarios hemos advertido, a partir del caso escogido, que estos condicionaron el proceso de inserción de los recién llegados en el ámbito institucional gallego, e hispánico en general. Es interesante señalar, a través del análisis de la experiencia de García Gerpe, el carácter contradictorio y ambivalente del proceso de construcción de la identidad de los sujetos. Por un lado, durante su exilio en la Argentina, el mencionado refugiado participó asiduamente de entidades y emprendimientos de carácter regional/galaico (entre ellos, su accionar en la FSG, como también la dirección del periódico El Republicano Gallego). Por otro lado, en sus escritos periodísticos publicados en la prensa étnica (particularmente en España Republicana), esgrimía puntos de vista que podrían ser calificados de “centralistas”. A su vez, recordemos su activa participación en la agrupación de refugiados gallegos adheridos a Izquierda Republicana española en Buenos Aires, que se enfrentó al Consello de Galiza, dirigido por los sectores galleguistas. Si bien esta inicialmente concilió el origen regional (gallego) y la adscripción partidaria nacional de sus integrantes, en un segundo momento concedió prioridad a esta última. A partir de tales ejemplos, vemos cómo los diversos criterios identitarios son permanentemente negociados y/o redefinidos por el individuo. Por lo tanto, aquellos no serían excluyentes ni incompatibles entre sí, sino que, por el contrario, coexistieron dentro del grupo de exiliados gallegos.

En suma, si bien las instituciones de la colectividad hispánica de Buenos Aires representaron un ámbito de socialización, de difusión de las ideas y los marcos ideológicos de referencia de los recién llegados, el proceso de inserción de estos últimos fue complejo. Los ejes analizados en el presente trabajo (entre ellos, el tipo de participación de los recién llegados, las esferas institucionales de acción, y los vínculos con los cuadros dirigentes de las entidades, como también las tensiones suscitadas en función de las identificaciones político-ideológicas e identitarias) permiten advertir la presencia de fricciones de diversa índole en la integración de los exiliados gallegos en el marco asociativo hispánico y galaico en particular de la Ciudad de Buenos Aires.

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  1. El poeta asturiano Alfonso Camín se había exiliado en México y desde allí enviaba sus colaboraciones escritas para la prensa étnica.


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