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El “seny” y la “rauxa” de la revista Ressorgiment durante la guerra civil española[1]

Los “catalanes de América” de Buenos Aires y la defensa de la II República desde el exilio (1936-1939)

Marcela Lucci

El presente trabajo analiza el discurso de la revista Ressorgiment de Buenos Aires respecto del sistema de gobierno republicano. Dirigida por uno de sus fundadores, Hipòlit Nadal i Mallol, es la revista escrita en lengua catalana de más duración en América, ya que se publicó mensualmente en Buenos Aires entre 1916 y 1972. Foro literario y artístico de la colectividad (Blaya y Giralt, 1925: 91), desde los ideales culturales y políticos del catalanismo devino la vocera del grupo conocido como los “Catalanes de América” de Buenos Aires, el sector del colectivo que adhirió a lo que hemos denominado “catalanísimo separatista radical de ultramar”, debido a su ideología tributaria del catalanismo interior y a su consideración de la independencia como la única vía para zanjar la relación histórica entre España y Cataluña (Lucci, 2016: 2). Con el término “catalanismo”, nos referimos al movimiento surgido hacia mediados del siglo XIX que propugnaba el reconocimiento de la personalidad política catalana, cuyo objetivo primordial era defender y afirmar la lengua, la tradición y las costumbres catalanas. De esta base cristalizó, durante el último tercio del 1800, la vertiente política que, someramente, puede definirse como el complejo acervo de doctrinas y movimientos sociales y corrientes de pensamiento (de absoluta vigencia en la actualidad) que reivindicaba la personalidad política de Cataluña (Duran Solà, 2009; Gabriel, 2000).

El análisis de distintos aspectos de la línea editorial de Ressorgiment comporta la profundización de la integración de las fuentes hemerográficas a las pautas metodológicas de la ciencia histórica, una práctica cuyo prestigio se ha afianzado durante las últimas décadas:

La prensa en general y las revistas en particular han transitado un camino de ser únicamente vistas como fuentes documentales, y por lo tanto como medios, para ser consideradas un objeto de estudio en sí mismo. El cambio ha corrido a la par de una mayor profundización del análisis, lo cual a su vez ha generado un resultado abrumador: el mundo de las publicaciones es tan amplio que puede ser abordado desde distintas perspectivas y aun así parece no agotar su riqueza (Pita y Grillo, 2015).

Respecto de las publicaciones españolas en América, durante las últimas décadas del siglo pasado la historiografía iberoamericana ha dedicado trabajos que, desde distintas perspectivas, encaraban en su gran mayoría el análisis de las revistas surgidas en el contexto del exilio republicano de 1939 (Manent, 1992; Lucci, 2006). Ya en el siglo XXI, más allá de nuestros trabajos pioneros –que abrieron la vía de estudios socioculturales de la colectividad catalana en Argentina desde el punto de vista del separatismo porteño (Lucci, 2005, 2006, 2008, 2009, 2010, 2011, 2014a, 2014b, 2015, 2016a, 2016b)–, hemos podido constatar un interés creciente en las prácticas culturales de ese espectro de las migraciones españolas contemporáneas (Fernández, 2011, 2016; Casas, 2013; Irurzun, 2015). En este contexto historiográfico, el estudio de las fuentes hemerográficas del separatismo de Buenos Aires profundiza en el examen de las consecuencias de la debacle colonial española de 1898, que, aun al otro lado del Atlántico, condicionaron la reproducción de una identidad nacional hispana que integrara las distintas cosmovisiones locales y regionales del territorio español (Núñez Seixas, 2017: 403). La sólida línea editorial de Ressorgiment permite evaluar el tipo de influencia que la percepción de la nación y el Estado españoles como un “fracaso histórico” (Núñez Seixas, 2017: 411) supuso en la cristalización del imaginario identitario de los Catalanes de América. La cosmovisión del grupo respecto de Cataluña reivindicaba posiciones que se acercaban a lo que Xosé Manoel Núñez Seixas (2017: 411) define como “etnonacionalismo”, pues defendía la idea de que “sus territorios eran naciones dotadas de soberanía, y definidas de forma primordial por factores orgánico historicistas”.

En nuestro artículo analizamos el discurso de Ressorgiment para, desde los postulados teórico-metodológicos de la ciencia histórica, profundizar nuestra contribución a la historiografía iberoamericana sobre el tema del exilio desde una perspectiva cultural. Así, efectuaremos una aportación inédita al estudio de la dialéctica que marcó el imaginario de un sector de la colectividad catalana radicada en tierras americanas, con el fin de superar las perspectivas que vinculan el flujo de población española hacia América en la etapa contemporánea a experiencias relacionadas con vectores exclusivamente económicos o con el análisis del exilio republicano.

Consideramos la problemática del separatismo ultramarino como un caso de exilio contemporáneo español previo a la guerra civil a partir de las valoraciones de Encarnación Lemus, que pone énfasis en las causas y no en la cantidad de individuos involucrados en las experiencias exiliares:

Entendemos el exilio como la situación de tener que dejar la patria por sufrir persecución, y también peligro de cárcel o muerte, a causa de las ideas políticas –podríamos añadir religiosas, o dejarlo en ideas, sean cuales fueran– o por la imposibilidad del desenvolvimiento pacífico y normal de la vida al faltar el derecho a la libertad de opinión (Lemus, 2002: 11).

Esta necesidad de abandonar el país de procedencia sin que medie obligatoriamente una legislación específica también ha sido considerada como exilio por la historiografía catalana:

Utilizamos la palabra “exiliado/exiliada” para referirnos a aquellas personas que, voluntariamente o por fuerza (ascenso de gobiernos contrarios o medidas de gobiernos propios), viven (buscan refugio) en otro país por miedo a ser represaliadas por motivos políticos, religiosos o culturales, de una manera coyuntural, o al menos así lo creen (Arnabat Mata, 2008: 138).[2]

Si bien no fueron objeto de persecución generalizada, muchos de los integrantes de los Catalanes de América percibieron su migración como un desplazamiento forzado a causa de las trabas que se ponía a su militancia política[3] y la obligatoriedad de acatar el marco legal del Estado español en aspectos sobre los que disentían, como, por ejemplo, la Ley de Jurisdicciones o la leva militar durante la guerra de Marruecos.[4]

Esta representación definió la identidad del grupo aun en las generaciones siguientes, aunque su predisposición inclusiva exhortó a participar de sus actividades a cualquier miembro de la colectividad que lo deseara (Comité Llibertat de Buenos Aires, 1924). En ese contexto, como ya hemos puntualizado en trabajos previos (Lucci, 2014c, 2016c), la manera en que Nadal se vinculó con la colectividad catalana porteña, argentina y americana y su interés por favorecer el contacto del catalanismo ultramarino con la arena política catalana constituyen vectores fundamentales para profundizar, por un lado, en los estudios sobre la transnacionalidad –esto es, de las prácticas sociales, culturales y políticas no institucionales (Moctezuma, 2008: 41)– de los Catalanes de América de Buenos Aires en el contexto del flujo migratorio en el espacio iberoamericano durante el siglo XX. Por otro lado, y de manera vinculada a este aspecto, el caso testigo del grupo porteño permite continuar indagando en las cuestiones relacionadas con el transnacionalismo, entendido como las “relaciones de identidad y pertenencia” (Moctezuma, 2008: 41) que tienen lugar durante las experiencias tanto migratorias cuanto exiliares.

En esta oportunidad, nos centraremos en la manera en que el imaginario de los Catalanes de América de Buenos Aires concibió al sistema republicano, con el fin de evaluar la capacidad del grupo para ajustar su discurso a situaciones específicas. Este análisis nos permitirá, además de percibir la manera en que la distancia y la coyuntura del país de acogida impactaron en su basamento teórico, explorar si la convicción ideológica pudo equilibrar el arrebato (o rauxa) y la reflexión (el seny) –dos componentes considerados los polos identitarios dialécticos de la personalidad catalana ligados a la dicotomía entre prudencia y coraje, entre reflexión e impulso (Vicens Vives, 2013 y Ros Marbà, 2005)–, en ese aspecto específico del discurso político y cultural que el grupo difundió desde Ressorgiment. En ese sentido, estudiaremos la manera en que el entorno argentino galvanizó la identidad del grupo, fomentó la preservación de su cultura y legitimó la continuidad de sus lazos con la vida política catalana.

Esta perspectiva nos facilita acometer un estudio versátil y abarcador al permitir contextualizar debidamente las aristas sociales, económicas y políticas de la actuación de los Catalanes de América durante la guerra civil española. La posibilidad de acercarnos parte de esta documentación nos permitirá integrar el conjunto de la actuación del grupo durante la conflagración, alejándonos de concepciones rígidas sobre hechos y procesos históricos. Por esa razón, centraremos el análisis en las diferentes experiencias y prácticas sociales que llevaron a cabo y evidenciar su variedad: “En definitiva, importa mucho la forma en que los seres humanos se apropian del universo social que condiciona sus vidas y la manera en que constantemente lo transforman” (Ruiz Torres, 2002: 69). De este modo, será posible rastrear la relación de estos exiliados con la realidad catalana a través de la ligazón absoluta que existió entre su cultura y la oposición efectiva al levantamiento franquista.

Esta particularidad permitirá evaluar el grado de compromiso del grupo con lo que acontecía en Europa y examinar su consonancia ideológica con el pensamiento humanista de entreguerras que se opuso al afianzamiento del fascismo y del nazismo en ese continente. Consideramos al proyecto político que Franco instauró en España acabada la guerra civil como un régimen fascista. La cuestión de si esta posición es adecuada constituye un tema fundamental en las historiografías española y catalana de las últimas décadas. El debate exhaustivo de este tema escapa a los objetivos de este capítulo, pero, debido a la presencia central de esta cuestión en el discurso de Ressorgiment durante la década del treinta y a la forma en que consideraron a la dictadura franquista desde su comienzo, creemos necesario precisar brevemente el contexto teórico que sostiene nuestras referencias al franquismo.

Diferentes posiciones han sido desarrolladas respecto de si debe considerarse a la dictadura de Franco, sobre todo al primer franquismo, como un exponente del fascismo. Una de las corrientes se distancia de una asociación estrecha entre los dos regímenes.[5] Sin embargo, la insoslayable influencia del fascismo sobre el pensamiento y la organización institucional del régimen franquista entre 1936 y 1945 ha provocado que historiadores como Paul Preston, Carme Molinero, Pere Ysàs, Ferran Gallego, Francisco Morente o Giuliana Di Febo, entre otros, se acerquen a una visión que relaciona estrechamente al franquismo con el fascismo, que ya había expuesto Luciano Casali (1990). Este enfoque hace hincapié en que la realidad española de finales de la década del treinta no puede considerarse aislada, sino inmersa en la coyuntura cultural, social, económica, ideológica y política de la Europa de entreguerras. Esta posición, que mantiene abierto y profundiza el debate historiográfico y es a la que adscribimos, pone énfasis en las particularidades que caracterizan a estos regímenes políticos (Molinero e Ysàs, 2008). A partir de la historia cultural o de la historia comparada, analiza diferentes puntos de contacto ideológicos y culturales: la reivindicación del nacionalismo y del imperialismo, el culto al líder, la creencia en una comunidad nacional armónica y un antiliberalismo y antisocialismo recalcitrantes (Preston, 2007; Gallego, 2005; Molinero e Ysàs, 2008). También señala, entre otras, similitudes en su funcionamiento: en la instauración del sistema de partido único como instrumento básico para el asentamiento del poder territorial, en la articulación y control de una administración política afecta, en la regulación del trabajo o en el papel que desempeñó la Iglesia en la organización de la adhesión al régimen (Marín Corbera, 2005, Di Febo y Molinero, 2005; Di Febo y Moro, 2005; Andreassi Cieri, 2005). Finalmente, utilizaremos el término en el sentido histórico, de modo tal de poder integrar la visión que los Catalanes de América tuvieron de la proyección política de Franco y que los llevó a considerar su victoria en la guerra civil como el peligro de la implantación en España de un régimen fascista: “Los coetáneos llamaron ‘fascistas’ a estas nuevas dictaduras porque ‘fascista’ era la auto denominación utilizada por el primero de estos proyectos que triunfó en la conquista del gobierno de un Estado (Marín Corbera, 2005: 15)”.

Así, examinaremos la línea editorial de la revista para rastrear su orientación respecto del sistema republicano durante el período de entreguerras y, especialmente, en los años de la guerra civil española. En primer lugar, valoraremos el peso de la convicción republicana como elemento de continuidad de los vínculos existentes entre la política peninsular y los catalanes de Buenos Aires desde principios del siglo XX. En segundo término, analizaremos la manera en que los ideales republicanos fueron considerados por el separatismo porteño desde antes del comienzo de la guerra civil española. Por otra parte, en el marco del análisis de las publicaciones periódicas aparecidas en América, estudiaremos cómo, desde 1936 hasta 1939, la revista Ressorgiment se ocupó del alzamiento franquista y el modo en que el sistema democrático en general y la II República Española en particular influyeron en su posición durante el conflicto armado. Finalmente, explicaremos cómo la lucha antifascista actuó como galvanizador de los exiliados en favor de la República Española en el difícil contexto peninsular y europeo de la década del treinta.

Para desarrollar nuestro trabajo, efectuaremos tres recortes que determinarán el análisis. El primero se refiere a las fuentes utilizadas: trabajaremos con los artículos de la revista Ressorgiment aparecidos entre 1936 y 1939, los que cruzaremos con fuentes primarias y contextualizaremos con bibliografía específica. El segundo recorte centra la perspectiva de análisis en el discurso de los Catalanes de América a favor de los ideales republicanos en el contexto de la guerra civil española, exclusivamente durante su transcurso. El tercero remite al campo de investigación que se centra en los trabajos de uno de los intelectuales[6] más productivos de la colectividad catalana arraigada en Buenos Aires desde principios del siglo XX, Hipòlit Nadal i Mallol (1891-1978). Periodista y escritor catalán que ya en la península militaba en el catalanismo, se exilió en Buenos Aires en 1912 debido a que se negó a efectuar el servicio militar a que lo obligaban las leyes españolas (Lucci, 2010, 2016c). En una colectividad como la porteña, en la que, como en el resto de América, había desarrollado una sostenida vida cultural a partir de actividades musicales, poéticas, teatrales, históricas, periodísticas, editoriales y literarias (Lucci, 2014d; Irurzun, 2015), Nadal se integró a un grupo de intelectuales como Antoni de P. Aleu, Gràcia B. de Llorenç, Ricardo Monner Sanz o Josep Lleonart i Nart, quienes se interesaron, durante las primeras décadas del siglo XX, por el ideario catalanista. El periodista y editor aprovechó su experiencia previa en el periodismo de Barcelona (Lucci, 2010) para ensayar algunos proyectos editoriales, como Catalunya Nova, que, aunque de vida efímera, le permitieron tomar contacto con la opinión pública de la colectividad porteña y, junto con sus consocios del Casal Català de Buenos Aires, concebir la aparición de Ressorgiment. Desde esa publicación, que fundó junto a Pius Arias, Manel Cairol y Francesc Colomer, y su participación activa en el Casal y en el Comité Llibertat –el brazo político del Casal fundado por Pere Seras Isern en 1922 y la segunda entidad catalanista que surgió en América con fines específicamente políticos (Lucci, 2010)–, colaboró en la oposición a las dictaduras de los generales Primo de Rivera y Francisco Franco (Manent, 1992: 171, Tomo III; Lucci, 2016c).

La posibilidad de constatar la intrínseca relación entre cultura, identidad nacional y acción política que caracterizó al separatismo ultramarino en general y al porteño en especial permite, desde la perspectiva cultural de los estudios migratorios, profundizar diversos aspectos de los movimientos de población de España hacia América. En primer lugar, nos facultan para estudiar la problemática del exilio en el contexto de los procesos de larga duración de la historia española. Al reparar en los exilios previos al republicano, la necesidad de dejar la tierra natal –no la voluntad de hacerlo por aspiraciones exclusivamente individuales vinculadas con el progreso económico– se reafirma como un hecho que sobrepasa el plano coyuntural, y que está conformado también por patrones individuales y colectivos. Se evidencia, además, como un problema estructural del devenir histórico hispano:

Por este camino se llega también en un proceso insensible, pero al mismo tiempo lógico, a la reiteración de exilios, producto inexorable de una ortodoxia oficial que no admite la discrepancia. El discrepante deja de ser un hereje […] se convierte en adversario político (Abellán, 2001: 24).

Esta visión incorpora al análisis de la guerra civil la actuación de aquellos que habían abandonado España antes de la contienda, pero que se involucraron en ella desde el exterior. Esta “España fuera de España” (Soldevilla Oria, 2001: 9) que constituyen los exiliados es fundamental para efectuar nuestro estudio desde posiciones que reparen en la diversidad cultural hispana y faciliten la incorporación de hechos y sujetos históricos soslayados por concepciones maniqueístas de homogeneidad que presentaron al nacionalismo como “una especie de religión secularizada, encargada de establecer una concepción ortodoxa de la nación como categoría de identidad fundamental de la ciudadanía” (Núñez Seixas y Molina Aparicio, 2011: 2). Así, la incorporación de este tipo de fuentes sitúa la actuación de estos intelectuales catalanes que adhirieron al bando republicano en los prolegómenos del antifranquismo, entendido como conjunto de fuerzas individuales o colectivas, organizadas o no, que lucharon de diversas formas contra la dictadura franquista una vez derrotada la II República (Molinero e Ysàs, 1999; 2003). La observación atenta de esta producción intelectual coadyuva a superar generalizaciones y a acercarse a una realidad compleja y diversa de modo tal de plantear nuevos interrogantes desde los cuales analizar la historia española. La indagación histórica desde esta perspectiva permite extender el campo de análisis e intentar comprender desde una concepción identitaria –considerada como heterodoxa y “disidente”[7] en la percepción de unicidad que todavía determinaba la identidad nacional española de comienzos del siglo XX– no solo cómo los Catalanes de América se insertaron en la lucha, sino también establecer cómo redefinieron su postura respecto de la II República Española, frente al alzamiento franquista y al peligro fascista que amenazaba a toda Europa.

El republicanismo y la II República

Para Hipòlit Nadal, el hecho de no estar en España en el momento de la asonada franquista no le impidió involucrarse activamente para promover su ataque desde tierras americanas a través de su actividad intelectual (Lucci, 2010). En los meses previos a la guerra civil, su compromiso intelectual con el catalanismo continuaba, como en los años anteriores (Lucci, 2010), dirigido a trabajar en relación con los ideales independentistas de Cataluña: “Hasta ahora los ‘catalanes de América’ nos hemos limitado a propagar la buena doctrina patriótica y a contribuir, moral y materialmente, a incrementar el ideal de libertad y de cultura catalanas, estrictamente catalanas” (Nadal i Mallol, 1936a: 3755). A pesar de que el grupo de Buenos Aires despertaba dudas e incomodidades en algunos círculos políticos catalanes –el caso paradigmático es el de Francesc Cambó, intelectual y empresario por excelencia del hispanoamericanismo y líder del partido Lliga Regionalista de Catalunya, desde el que propugnaba una solución de concordia para el problema catalán (Cambó, 1927; Dalla Corte, 2005; De Riquer, 2013)–, era reconocido tanto en este continente como en España, antes y durante el conflicto armado, como lo demuestra un mensaje del presidente de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys, que publicó Ressorgiment:

Vemos con cordial simpatía la labor patriótica constante de nuestros hermanos exiliados. Comprendemos la importancia cabal que tienen para el triunfo de los ideales de libertad de nuestro pueblo la existencia de casi dos millones de catalanes e hijos de catalanes en tierras americanas (Companys, 1937: 4040).

La simpatía de Ressorgiment por el régimen republicano de gobierno ya se había hecho palmaria durante el período de entreguerras. En ese sentido, al menos tres factores acercaban a los Catalanes de América porteños a una imagen positiva de la experiencia republicana. Por un lado, la identidad nacional que reivindicaban, ya que reconocían como antecedente histórico a la efímera declaración de república catalana que en 1641, en el contexto de la guerra franco-española, había proclamado la Junta de Braços[8] a propuesta de Pau Claris (Florensa i Soler, 2004: 102-103), presidente de la Diputación General del Principado de Cataluña (Solà i Vilanova, 1934: 3436). En segundo término, la percepción del agotamiento del proyecto monárquico español, que –agravado por la dictadura de Primo de Rivera, hacia la cual el grupo sentía “aversión” (Nadal i Mallol, 1930: 2615) debido a su acción represiva en Cataluña (Navarra Ordoño, 2012: 175)– según su opinión había favorecido sistemáticamente políticas centralistas: “¿No siente Cataluña el mismo repudio por las dictaduras ahora, que en su momento por la monarquía?” (Nadal i Mallol, 1936b: 3851). Finalmente, las jóvenes repúblicas americanas, que constituían un ejemplo a seguir:

Y es que en nuestra condición de exiliados […] en esta inmensa tierra americana donde se debate todo tipo de ideas y encuentran cordial refugio los luchadores de todos los países […] forzosamente nuestra conciencia se abre a un conjunto de enseñanzas que influyen en el pensamiento y en el espíritu de una manera decisiva (Nadal i Mallol, 1922: s/nº).

El grupo pensaba, en concordancia con la posición del político Francesc Macià[9] –cuya posición en favor de la soberanía plena catalana ya había manifestado como diputado por Solidaritat Catalana en las Cortes en 1919 (Macià, 1919: 5205)–, que había que dar prioridad a la obtención de la independencia (Durán i Lleida, 2005) y que la elección del sistema de gobierno podía decidirse en una etapa posterior. No obstante, la convicción de que solo en un entorno republicano las reclamaciones catalanistas podrían ser discutidas en un ambiente de diversidad fructífero llevó a la revista de Nadal a adherir, en 1922, a los postulados de la Conferència Nacional Catalana[10], que declaraba sobre la forma republicana: “[…] sería la más avenida a las actuales características de nuestra tierra” (“Conclusions”, 1922: 1159).

En este sentido, el seny y la rauxa, la reflexión y el apasionamiento característicos de la personalidad catalana apuntaban en la misma dirección y convergían en el mismo propósito. En el contexto de las reclamaciones de los pueblos sin Estado europeos luego de la Gran Guerra, el catalanismo porteño vio en el sistema republicano la posibilidad de que las futuras naciones –entre las que esperaban que se encontrara Cataluña– se integraran a la nueva conformación geopolítica europea dotadas de parámetros de convivencia que descansaran en pautas sociales, culturales, económicas y políticas más igualitarias (Fabregat, 1930: 2697). Por lo tanto, desde 1924 y a partir de sus postulados de prescindencia política, que implicaban colaborar táctica y económicamente con las formaciones políticas catalanas que incluyeran en su programa la independencia, aunque sin asociarse oficialmente para conservar su capacidad de acción y decisión (Macià, 1924), apoyaron y subvencionaron al proyecto para instaurar una república catalana que desde el movimiento Estat Català promovió Francesc Macià (Lucci, 2017) y que cristalizó en lo que se conoce como los Sucesos de Prats de Mollò (Faura i Homedes, 1991).

Durante la primera mitad de los años treinta, sin embargo, tanto el optimismo cuanto el descontento marcaron la perspectiva de los Catalanes de América de Buenos Aires respecto de la gestión de la II República. El 14 de abril de 1931, a raíz de las elecciones municipales celebradas en España dos días antes, Macià declaró la República Catalana “como estado integrante de la Federación Ibérica” (Roglan, 2006: 13). Aunque esa república fue sustituida desde el 17 de abril por la reinstauración de la Generalitat de Catalunya como Gobierno autónomo catalán, significó la vía libre para la confección de un nuevo Estatuto de Autonomía (Roglan, 2006: 18). Estos beneficios políticos fueron vistos con optimismo por el grupo porteño, ya que, a pesar de que la efímera república catalana no había llegado a cristalizar, la caída de la monarquía española y el final de la dictadura de Primo de Rivera reforzaban la convicción de que en una España republicana aumentaban las posibilidades de efectuar planteamientos de autonomía en un ambiente más receptivo (Nadal i Mallol, 1931: 2855). Desde sus artículos, Ressorgiment respaldó la decisión de Macià del restablecimiento de la Generalitat, persuadida de que el momento político no le dejaba al caudillo otra opción viable, tal cual indica la correspondencia que recibía su director:

Os escribo en el sexto día de la República española. No ver la monárquica bandera nefasta en las calles y la total eliminación borbónica bien vale unas palabras de júbilo. Pero temo que este movimiento no dejará bien definida la personalidad indiscutible de Cataluña. Macià es un hombre de buena fe, un poeta de la política, y me parece que su sueño de toda la vida no tendrá la bella realidad que todos anhelamos (Tharrats, 1931).

La revista consideró que desde esa porción de libertad que les confería la autonomía y el futuro Estatut se podía trabajar por nuevos objetivos que mantuvieran vigentes los ideales separatistas (Nadal i Mallol, 1933a: 3191). Sin embargo, esta posición no coartó el análisis crítico de Ressorgiment sobre la gestión gubernamental de Madrid y sobre la arena política catalana, cuando consideró que favorecía al juego político español (Nadal i Mallol, 1933b: 3207). Estas opiniones, que se transmitían a los lectores, reflejaban las preocupaciones que se sentían en Cataluña y que llegaban a Buenos Aires en la correspondencia habitual de Nadal.[11]

Por lo tanto, la aportación más importante de Ressorgiment en esos primeros años de la década del treinta fue su intento de llevar a la opinión pública un producto periodístico que no descansara solamente en el elogio fácil, sino que mantuviera el balance entre el equilibrio y la euforia, entre el seny y la rauxa. Los comentarios sobre el gobierno de la Generalitat abandonaron con perspicacia la crónica para explorar las cada vez más evidentes tensiones entre Madrid y Barcelona. Con el paso de los meses, la publicación se hizo eco de “las incertidumbres y los temores” (De Reig, 1931: 2879) del momento político que se vivía, sobre todo respecto del proceso de redacción y aprobación del Estatut d’Autonomia.[12] Si bien el grupo instó a los catalanes exiliados y emigrados a apoyar a las autoridades constituidas (Nadal i Mallol, 1931: 2855), con el correr de los meses la posición respecto de la convivencia con España dentro de un mismo Estado fue mirada con frustración (Nadal i Mallol, 1932a: 3127). El grupo expresó su disconformidad por tener que someter a la aprobación del Gobierno de Madrid el texto que se había aprobado en el plebiscito del 2 de agosto de 1931, ya que consideraba que era “rebajarse ante los españoles, el permitirles revisar la declaración de los derechos de la nación catalana” (Llorenç i Bassa, 1931: 2924). En ese sentido, los Catalanes de América se hicieron eco de la posición que tomaron en la península políticos catalanistas, como Nicolau d’Olwer: “Si el Estatut nos viniera recortado, entonces la voluntad de Cataluña no habría sido respetada y, por lo tanto, Cataluña no se sentiría ligada [a España] por un pacto” (D’Olwer, 1932: 3041). La aprobación del texto definitivo del Estatut ese mismo año por las Cortes españolas, que contenía importantes modificaciones respecto al aprobado por el plebiscito, también fue tomada en Buenos Aires como una muestra de la poca predisposición de Madrid hacia Cataluña. Por lo tanto, y a pesar de que el catalanismo porteño intentaba minimizar polémicas y luchas internas para privilegiar la lealtad a las autoridades catalanas entre la opinión pública de la colectividad (Nadal i Mallol, 1932b: 3143), el espíritu crítico y la decepción se hicieron evidentes. La correspondencia con correligionarios que habían retornado a la península y la extensa red de corresponsales que había desarrollado en las décadas anteriores contribuyeron a conformar su visión pesimista de la viabilidad de las reclamaciones separatistas catalanas durante la II República (Bassa, 1936a).

Por lo tanto, las aspiraciones de independencia continuaron marcando la relación del grupo con la República Española y señalaron un distanciamiento respecto del Gobierno madrileño entre 1932 y 1936. Los Catalanes de América, entre ellos los de Buenos Aires, continuaron con su labor catalanista. Los objetivos de autonomía integral se mantuvieron en su discurso, y durante la presidencia de Francesc Macià en la Generalitat –que se prolongó desde abril de 1931 hasta su muerte en el cargo, en diciembre de 1933–, el catalanismo americano logró un espacio institucional de envergadura continental en el gobierno autonómico (Lucci, 2010). En el Departament de Cultura comenzó a funcionar la Oficina d’Informació i Relacions amb els Catalans d’Amèrica, la dependencia dedicada a concentrar el enlace con los distintos grupos americanos (Oficina d’Informació, 1933). En 1936 se dio un paso más en la integración institucional cuando la Generalitat puso bajo su patrocinio la Biblioteca del Casal Català de Buenos Aires, juntamente con las de otras tres entidades señeras del catalanismo exterior: el Centre Català de Mendoza (Argentina), el Centre Català de Santiago (Chile) y el Centre Català de La Havana (Cuba) (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, 1936).

La información de la revista, a mediados de 1935, muestra que el grupo no estaba decepcionado respecto del sistema republicano, pero que descreía cada vez más del rumbo catalán en el contexto de la II República. La creciente tensión política desbordó el espacio reservado a los editoriales y determinó el contenido político y cultural de la revista con un doble propósito: tener al tanto de los avatares políticos a la opinión pública y sopesar los límites que el catalanismo ultramarino percibía sobre la autonomía catalana en esa coyuntura:

La nueva decepción, el nuevo desengaño sufrido ante la actitud de España, creemos que debe aleccionar lo suficiente a los catalanes para convencerlos de una vez por todas de lo que venimos proclamando nosotros desde hace muchos años: que con España no iremos a ninguna parte (Nadal i Mallol, 1935: 3679).

Esa diferenciación entre sistema republicano y República Española se revirtió con el levantamiento faccioso de Franco. La reflexión, el seny catalán, permitió un ejercicio de pragmatismo ideológico y estratégico que promovió la revisión del discurso y de los objetivos de los Catalanes de América. Durante los años siguientes, el apasionamiento, la rauxa del catalanismo ultramarino, se volcó en un apoyo convencido a la II República.

Contra el enemigo común

Debido al agravamiento de los problemas que atravesaba el gobierno republicano (Casanova, 2014a, 2014b), desde el comienzo del año 1936 Nadal reforzó en los editoriales de Ressorgiment el análisis de los sucesos que acontecían en la península. Como desde hacía ya dos décadas –la revista cumpliría veinte años de aparición ininterrumpida en agosto de 1936, unos días después del levantamiento franquista del 18 de julio–, la información que corresponsales y correligionarios en Cataluña enviaban por correspondencia al despacho del director (Lucci, 2010, 2017) lo había mantenido al tanto del agravamiento de la situación política española (Bassa: 1933). En esos meses, el correo daba cuenta de la creciente percepción del peligro de la ruptura institucional: “Estamos sobre un volcán, cuyo carácter y situación exacta todavía desconocemos. No sabemos, aunque todos los deseamos, cuál será el final. No obstante todo el mundo se hace cargo de que el porvenir sería horroroso si ganaran ellos…” (Bassa, 1936b: 1).

Desde el número de septiembre de 1936, los sucesos de la guerra civil fueron un tema preponderante, hasta que se convirtieron en excluyentes. Inmediatamente después del alzamiento, Ressorgiment informaba sobre la sensación de peligro e inseguridad que traía aparejado un posible triunfo de Franco:

Los catalanes, por consiguiente, nos encontramos amenazados por todos los peligros y abusos imaginables. Nuestros derechos, nuestras instituciones, nuestras propias vidas están amenazadas de muerte. Toda la prole españolera, comenzando por los militares y acabando por los de la flamante Falange, se aprestan a comenzar la batalla, la gran batalla que determinará nuestro futuro (Nadal i Mallol, 1936f: 3927).

Como el resto de la colectividad española residente en Argentina –país que siguió de cerca y se involucró en la coyuntura hispana tanto desde lo social cuanto en lo político (Quijada, 1991; Montenegro, 2002)–, la catalana experimentó una rápida y manifiesta polarización respecto del alzamiento del bando nacional (Lucci, 2010; Jensen, 2014). Mientras que instituciones como el Centre Català de Buenos Aires viraron su posición hacia el reconocimiento de la autoridad de Franco, las entidades que contaban entre sus asociados a los Catalanes de América expresaron su fidelidad a las autoridades emanadas de la legalidad institucional peninsular. Los tres referentes más importantes del grupo porteño, el Casal Català, el Comitè Llibertat y la revista Ressorgiment, actuaron a partir de un inmediato y explícito rechazo intelectual y efectivo al bando rebelde:

La lucha es violenta, cruel y a muerte. Hay en juego intereses vitales que, según quien sea el vencedor, nuestra tierra puede llegar a obtener un grado de libertad política tan alto que roce la soberanía o, incluso, la independencia completa; o bien confinada del todo al yugo de una dictadura militar, fascista, que como ya han adelantado los insurgentes, trabajará para hacer desaparecer hasta el nombre de nuestra patria […] (Nadal i Mallol, 1936c: 3916).

De esta manera, desde el comienzo de la guerra el grupo llevó a cabo una reconversión integral de su militancia: suspendió la acción política y dirigió sus energías al apoyo de los ideales democráticos y a las autoridades republicanas. Además, se centró en la divulgación del catalanismo como justificación cultural del apoyo a las autoridades legítimas españolas y catalanas, así como al socorro humanitario:

Se ha hecho un llamado a los afiliados del Comitè Llibertat con el propósito de recoger libros argentinos y americanos para enviar a la Conselleria de Sanitat i Assistència Social, ya que solicita material de lectura para los heridos y enfermos de los hospitales. Las filiales de Chile han enviado una gran cantidad de libros de autores de ese país (“Activitats”, 1937: 4098).

Para el grupo separatista, el periodismo continuó siendo una herramienta de difusión y adoctrinamiento durante la guerra civil, y la revista de Nadal se comprometió a fondo con el bando republicano. Desde su posición antimonárquica habitual (Nadal i Mallol, 1936b: 3851) y desde la reivindicación de sus ideales de independencia (Fort, 1937: 4042), el apoyo a las instituciones democráticas en España se plasmó claramente en los editoriales de Ressorgiment y reafirmó en la esfera pública el compromiso de Nadal con los ideales republicanos:

La casta militar española no quiso concretarse a ejercer las funciones de su injerencia sino que, más allá de su ámbito profesional, quería imponer a la república un criterio político tiránico que no corresponde a un régimen de democracia como el que el Estado español se había dado (Nadal i Mallol, 1937a: 4071).

Su postura antimonárquica se refleja en el editorial de julio de 1936 cuando analiza la grave situación política española inmediatamente anterior al alzamiento franquista (Nadal i Mallol, 1936b: 3851). Así, desde el comienzo de las hostilidades, Ressorgiment se alineó con el gobierno republicano. En ese sentido, no se aprecian vacilaciones: la posición de la revista sería la misma hasta el final de la guerra.

Sin embargo, es necesario remarcar que el discurso de Nadal experimentó modificaciones que se plasmaron en los editoriales de la revista. El seny o prudencia de la personalidad catalana se tradujo en una ampliación de la perspectiva política de la línea editorial de Ressorgiment, que redirigió la rauxa o apasionamiento de su discurso desde la defensa casi exclusiva de los ideales republicanos en el contexto de una posible independencia catalana hacia la difusión de los ideales republicanos como fuente de libertad, justicia e igualdad. Así, la derrota de Franco era necesaria para legitimar la asociación de los intereses españoles y catalanes en defensa del Gobierno legal y legítimo republicano y, además, para la pervivencia de la vida democrática en sí misma. Efectivamente, en los editoriales del primer año de la guerra Ressorgiment respaldó el envío de efectivos catalanes para engrosar las filas de las fuerzas republicanas del Estado español que no luchaban en territorio catalán (Nadal i Mallol, 1936d: 3911). La publicación remarcaba que la misión de los catalanismos interior y ultramarino era colaborar en la lucha contra los militares que atentaban contra el Gobierno legítimo en España. Pero, a pesar de esta convergencia de objetivos, también recordaba la diferenciación de los intereses catalanes y españoles para la posguerra: “[…] la trágica locura desencadenada por los militares este año, ¿no puede traernos, por ventura, la soñada independencia?” (Nadal i Mallol, 1936d: 3911). La derrota del bando sublevado era necesaria para la pervivencia de la vida democrática, pero la postura editorial de la publicación la justificaba desde los ideales republicanos catalanes que solo coyunturalmente estaban asociados a los españoles:

La naturaleza de la lucha ha hecho que nuestra suerte estuviera ligada a la suerte de la república española. Eso no quiere decir, sin embargo, que en un momento dado no nos encontremos solos delante del mismo enemigo que ahora tenemos en común (Nadal i Mallol, 1936e: 3943).

En esta etapa, la revista vocera del separatismo ultramarino se preocupó por conjugar las representaciones tradicionales del catalanismo cultural y político con una posición más integral de apoyo a los ideales republicanos, que comprometió a su publicación con el objetivo de involucrarse con la coyuntura de la guerra:

Los que estamos alejados de la patria tenemos también deberes que cumplir. También, desde aquí, podemos ayudar a su triunfo [el de la república española] por pequeño que sea nuestro esfuerzo comparado con el de los hermanos que allí ofrecen sus vidas. Más allá de la ayuda material para las víctimas de la lucha, nuestro aporte moral se hace imprescindible y no debe faltarle a los combatientes (Nadal i Mallol, 1936f: 3927).

En agosto de 1937, la revista apremió a los catalanes en el exterior a permanecer al lado de la II República: “Cataluña, a pesar de sus ideales, a pesar de sus ansias de libertad y de independencia, acude a la defensa de España con la misma decisión que si se tratase de su propia existencia” (Nadal i Mallol, 1937b: 4087). Para la revista, la guerra en la que estaba envuelta Cataluña era responsabilidad de los militares españoles y del fascismo internacional (Nadal i Mallol, 1937c: 4119) y, por esa razón, la solidaridad catalanista debía decantarse por respaldar la causa leal, que era “la causa del pueblo” (Nadal i Mallol, 1937c: 4119). En el primer aniversario del comienzo de la guerra, el editorial de agosto recordaba que los objetivos del alzamiento atacaban la continuidad constitucional y jaqueaban las aspiraciones democráticas de todos los que convivían en el Estado español (Nadal i Mallol, 1937a: 4071).

En ese contexto, en el que la participación en la coyuntura bélica era percibida como una obligación patriótica para la colectividad catalana en general, una posible neutralidad quedaba excluida. El llamamiento a abandonar cualquier postura equívoca contra el Gobierno madrileño y a reforzar la acción desde el exterior constituyó otra de las características de esta primera etapa de apoyo a la facción republicana. En noviembre de 1936, los Catalanes de América suscribieron una declaración de adhesión al Gobierno y al pueblo catalán que urgía a renunciar al neutralismo y a trabajar en favor de las autoridades legítimas:

Basta de reparos y subterfugios. Ahora más que nunca es necesario dar la cara sin temer las consecuencias […]. No podemos entender que ningún catalán con un mínimo de espíritu de catalanidad pueda abandonar en estos momentos el lugar que le corresponde (“Manifest”, 1936: 3937).

Por esa razón, el respaldo a la causa republicana era la única actitud posible tanto para aquellos catalanes que vivían en Cataluña, cuanto para los que estaban lejos de la patria:

La neutralidad no puede existir frente a la lucha actual. Si sois catalanes por sobre todas las cosas, no podéis tener ninguna duda: habéis de abominar de aquellos que se han lanzado contra el pueblo indefenso; de aquellos que han desencadenado la guerra civil para imponernos un régimen de tiranía reñido con las corrientes democráticas y liberales del mundo […] (Nadal i Mallol, 1937d: 4151).

Si bien en los objetivos del separatismo porteño las reivindicaciones catalanas no claudicaban, el respaldo a la II República apareció a partir del primer año de la guerra, cada vez más libre de condicionantes políticos o históricos que pudieran comprometer su defensa:

Por encima de las diferencias que separan a españoles y catalanes, el hecho es que ahora combaten codo a codo contra el fascismo español e internacional, aliados. La defensa de las instituciones democráticas amenazadas de muerte ha exigido que se hiciera un alto, que se abriera un paréntesis en la lucha secular que sostenemos con España por la reivindicación de nuestros derechos nacionales (Nadal i Mallol, 1937e: 4039).

Así, a partir de una aproximación humanista y una rechazo visceral al fascismo, Ressorgiment expuso no solo el apoyo palmario de la revista a la legitimidad del gobierno republicano, sino también dejó sentado su propio rol y el de la prensa en general en momentos de guerra:

Y si las publicaciones de fuera de Cataluña, en tiempos de guerra o de paz, deben ser siempre reflejo de lo que en ella sucede, es natural que ahora que hay guerra dediquen todo el espacio que sea conveniente con el fin de ayudar en lo que se pueda a sostener la verdad y la justicia que defiende nuestra patria (Nadal i Mallol, 1938a: 4279).

A medida que avanzaba la guerra, el contenido de los editoriales de Ressorgiment apoyó la legitimidad de la causa de la República Española también a través de la conmemoración del pasado republicano catalán. En el mes de abril de 1938, el editorial de Ressorgiment conmemoraba el 7.º aniversario de la declaración de la efímera república catalana que había pronunciado Macià en 1931. Lejos de introducir un espacio de conflicto con la causa del Gobierno de Madrid, estas efemérides se convirtieron en un vehículo para recordar que el “régimen democrático descansa en el pueblo” (Nadal i Mallol, 1938b: 4215) y, por lo tanto, congregar la participación de los catalanes en el exterior en la lucha contra Franco. A través de la transcripción de un discurso del presidente de la Generalitat, Lluís Companys, la revista reafirmó esta postura editorial:

¡Catalanes! Nosotros estamos aquí dispuestos a luchar hasta vencer, dispuestos a luchar hasta el último momento. Con nuestras armas, con las nuestras y con las que tengamos a mano, y cuando se acaben las armas y los cartuchos, lo haremos con las mismas armas que teníamos en 1936: con cuchillos y escopetas viejas, y cuando no tengamos ni eso, con los dientes […] (Companys, 1938: 4215).

Pero si para el catalanismo separatista porteño era imperioso defender la causa republicana de cara a la política interior española, también era fundamental ser consciente del contexto político europeo, ya que la escalada fascista era cada vez más preocupante:

He aquí sintetizada la obligación del antifascista catalán, como el de todo el pueblo ibérico, como el de todos los pueblos del mundo: ayudar en todo momento al combatiente del frente. Con el pensamiento, con el corazón, con la entrega de uno mismo. Sacrificarse cada día por él. Privarse cada día de un gusto para que el soldado del frente –que ofrece su sangre para que no tengamos que ofrecer la nuestra–, lo pueda disfrutar (Llorens de Serra, 1938: 4280).

Contra Franco y contra el fascismo

El cambio más destacable de la postura editorial de Ressorgiment tiene que ver con la integración del problema catalán y de la conflagración española en la conflictiva situación europea, debido a que reencauzó el temple y el apasionamiento del catalanismo ultramarino, el seny y la rauxa, contra el avance del fascismo en Europa. Esto condujo a una segunda etapa respecto del análisis periodístico de la guerra civil, fruto de una nueva ampliación de su discurso respecto de los ideales republicanos. Con el correr de los meses, los editoriales, además de profundizar su análisis de la política española, marcaron el comienzo de su vinculación con el pensamiento europeo de entreguerras. Esta perspectiva, en la que humanismo y antifascismo fueron dos soportes ideológicos centrales, significó una nueva redefinición de los objetivos editoriales de la revista, que se irían perfilando casi con exclusividad hacia la participación efectiva en la lucha contra los “nacionales” como un paso necesario para derrotar al fascismo a escala europea.

La incorporación del discurso antifascista marcó el análisis político y cultural de la guerra civil por parte de Ressorgiment. Para los Catalanes de América, la coyuntura española imponía a Cataluña luchar junto al ejército republicano, pues centraba el interés colectivo en derrotar al bando nacional para evitar una dictadura militar de corte pro fascista que reprimiría las libertades políticas (Nadal i Mallol, 1936c: 3916). Por esa razón, el patriotismo debía apoyar las decisiones de las autoridades legítimas españolas. Solo de esta manera podría Cataluña integrarse en el futuro a un contexto geopolítico de naciones democráticas. Para reforzar esta posición, Ressorgiment reprodujo un mensaje del político Carles Pi i Sunyer, alcalde de Barcelona, a los catalanes ausentes de la patria: “Hermanos míos que me escuchan en la distancia, en la intimidad de vuestros hogares catalanes. Pasará la hora tempestuosa y Cataluña rejuvenecida y plena de coraje recompondrá su alma densa y tibia de humanidad y abierta al porvenir” (Pi i Sunyer, 1936; 3945).

Al cumplirse el primer año de la guerra, la vocera de los Catalanes de América porteños recordaba que los propósitos del alzamiento comprometían por igual la vida democrática de españoles y catalanes contra los militares alzados:

Unitarismo y clericalismo constituían su bandera; unitarismo que no se reducía a hacer de la república un cuerpo uniforme, hermético, insensible a las necesidades de lo que ellos llamaban “regiones”, sino que conspiraba contra la misma seguridad del régimen, debido a que está inspirado por el deseo de reinstalar la nefasta monarquía borbónica. Un odio concentrado contra la república y contra Cataluña, fue lo que determinó la sublevación (Nadal i Mallol, 1937a: 4071).

Unos meses después, aun aclarando que las aspiraciones separatistas catalanas no estaban olvidadas, sino soslayadas hasta que acabara la contienda, Nadal instaba a permanecer fieles a las instituciones republicanas españolas y a recordar que existía una relación vinculante entre el ejército sublevado y el fascismo: “El panorama de la guerra que por causa de los militares españoles y el fascismo internacional sufre nuestra patria ha variado mucho en estos últimos tiempos, a favor de la causa leal, que es la causa del pueblo” (Nadal i Mallol, 1937c: 4119).

Así, en su línea editorial se produjo la síntesis ideológica que enlazó la problemática republicana española con la del continente europeo. Desde una catalanidad que promovía un compromiso activo, la defensa del republicanismo aparecía intrínsecamente ligada a la oposición y el ataque al fascismo. Hasta ese momento, las referencias a los avances de las derechas en Alemania e Italia habían permitido denunciar la evidente colaboración de las fuerzas castrenses italiana y alemana con el bando nacional. En una carta que Nadal publicó en el editorial de Ressorgiment de agosto de 1937, se informaba a los lectores de la ayuda alemana en el bombardeo de Barcelona, el 29 de mayo de ese año: “Esta mañana a las 3:20, se han presentado en nuestra ciudad 7 aviones alemanes que han sembrado la muerte y la destrucción entre los ciudadanos indefensos […]” (Vilaró i Guillemí, 1937: 4087). A partir del año 1938, este enfoque se profundizó y la situación española fue una herramienta más para denunciar los peligros del fascismo y convocar enfáticamente a su defenestración desde el exterior: “Todos podemos contribuir al triunfo de la gran causa y es necesario que lo hagamos sin desfallecimiento, sin dilación y con completo desinterés” (Nadal i Mallol, 1938a: 4279).

En efecto, a partir de los editoriales del año 1938, la coyuntura española fue leída en consonancia con los problemas por los que atravesaba Europa e integrada a ellos. A causa de la preocupación por la guerra española, el enrarecimiento de la política europea se hizo insoslayable y los editoriales de Ressorgiment recogieron esta preocupación. La posición de la revista respecto de los ideales republicanos sobrepasó las cuestiones inherentes a Cataluña y a España para incorporar, en esta etapa, la reivindicación del sistema republicano como la forma de gobierno más justa a que podía aspirar la cultura occidental: “Europa ha perdido la brújula que le señalaba las rutas del derecho y de la justicia, pero España y Cataluña, con su sacrificio, le marcan el camino a seguir para evitar el terrible y definitivo derrumbe” (Nadal i Mallol, 1938c: 4247). Desde esa perspectiva, la preocupación por la escalada fascista trascendió las fronteras españolas y comprometió definitivamente a la publicación. A partir del seny, de la reflexión, Ressorgiment buscó encauzar la rauxa, el apasionamiento, en contra del fascismo denunciando la situación de otras repúblicas europeas que habían perdido la soberanía. En el editorial “Abbisínia, Àustria, Txecoslovàquia…”, de octubre de 1938, Nadal afirmaba:

Como seres humanos nos sentimos avergonzados de haber nacido en una época en que tenemos que presenciar monstruosidades tan grandes como las que se cometieron en poco tiempo contra los pueblos cuyos nombres utilizamos como título de este artículo. El zarpazo italiano contra Abisinia hizo tambalear las bases de la civilización. El mundo contempló azorado el gesto de Mussolini y la pasividad con que la Sociedad de Naciones contempló la agresión y la ocupación de uno de sus estados miembros, al que debía salvaguardar […] (Nadal i Mallol, 1938d: 4311).

En 1938 otras dos coyunturas específicas fueron denunciadas en Ressorgiment: el Anschluss austríaco, por el cual Hitler anexionó Austria sin encontrar resistencia armada, y la crisis de los Sudetes, que le permitió a Alemania incorporar el territorio checoslovaco (Hobsbawm, 1998).

Durante los años treinta, esta nueva perspectiva ideológica que nutrió al separatismo ultramarino acercó a la revista a una posición que estaba en consonancia directa con la que estaba afianzándose en el campo intelectual de Europa y los Estados Unidos de América. A partir de la llegada de Hitler al poder y de la cada vez más extrema política italiana, el antifascismo del campo intelectual occidental se expresaría, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, a través de la pluma de, entre otros, Jean Paul Sartre, Heinrich y Thomas Mann, Stefan Zweig, Bertolt Brecht, como así también de la actividad de la Escuela de Fráncfort. El discurso de estos intelectuales otorgaba al antifascismo una legitimación cultural y ética:

[…] en todo humanismo hay un componente de debilidad, que nace de su repugnancia al fanatismo, de su tolerancia, de su inclinación a la indulgencia, de su bondad natural. Hoy en día tenemos necesidad de un humanismo militante, de un humanismo que afirme su virilidad, que esté convencido de que el principio de la libertad, de la tolerancia, del libre albedrío, tiene derecho también a no dejarse explotar por el fanatismo sin escrúpulos de sus enemigos” (Mann, 1938: 57).

Por su mensaje y envergadura, el discurso antifascista de Ressorgiment se insertó con voz propia en el panorama cultural de entreguerras y se convirtió en el catalizador de su discurso pro republicano. Al cumplirse el segundo año de lucha en España, el editorial de julio de 1938 se expresó de forma meridiana respecto de la defensa de la forma de gobierno republicana:

[…] el pueblo está al lado del régimen democrático. […] defiende las instituciones republicanas porque sabe que únicamente dentro de un régimen de democracia se podrá mover con libertad y vivir una vida digna, una vida noble, una vida humanizada (Nadal i Mallol, 1938e: 4263).

Esta posición, junto con la reivindicación constante de la cultura catalana como esencia de la identidad nacional, le permitió defender la justicia de la causa republicana en concordancia con la denuncia antifascista que será distintiva de la actividad intelectual de la década del treinta: “Los pueblos ibéricos luchan como titanes por sus libertades, para conservar esas libertades de las que el fascismo quiere desposeerlos” (Nadal i Mallol, 1938c: 4247). Es desde la afirmación de la diversidad cultural, y no desde la unicidad de la identidad española declamada por el franquismo con su España “una, grande y libre” (Primo de Rivera, 1936), desde lo que Nadal construyó su posición en contra del fascismo. La vinculación ideológica, militar y política entre Franco, Hitler y Mussolini se expuso de manera explícita en los editoriales de la revista, de modo tal de situar inequívocamente a los nacionalistas españoles enfrentados a los lectores: “[…] ambos países –Italia y Alemania– apoyan a Franco, lo ayudan con armas, técnicos y cuerpos de ejército, y exigen que se otorgue a los insurrectos españoles los derechos de beligerancia” (Nadal i Mallol, 1938f: 4327).

La amenaza de los ideales humanitarios a manos del fascismo y la perspectiva de la derrota de la II República fue analizada desde una óptica catalana que se reconocía distintiva, pero que aparecía integrada en un contexto europeo que la contenía y la comprometía al mismo tiempo:

El mundo ha enloquecido, se diría; se ha contaminado de la locura de los generales españoles, de los Hitler y Mussolini empeñados en la empresa monstruosa de detener el curso progresivo de la humanidad y hacerlo retroceder a los tiempos primitivos de la barbarie en los que imperaba la fuerza bruta y los instintos más desbordados de la bestia humana (Nadal i Mallol, 1938f: 4327).

Para el catalanismo separatista radical de ultramar, tal cual expresa la publicación de Nadal, la derrota de Franco era el propio fascismo al que se había acercado. Por un lado, porque no había logrado que el pueblo abandonara sin luchar la causa del gobierno republicano, y, por el otro, porque debía la victoria militar a la intervención evidente de Alemania e Italia:

Se proponían derrocar al régimen republicano porque decían que el pueblo no lo sentía […] y el heroísmo con que el pueblo ha sabido y sabe defenderlo desmiente con culpable elocuencia aquellos falsos supuestos de la facción […] Como militares, ni sería necesario hablar […] un ejército en masa que se alza contra las instituciones juradas […] Unos militares traidores que viéndose impotentes de dominar al pueblo, buscan la ayuda extranjera […] ¿Dónde está entonces la victoria de Franco y sus secuaces? (Nadal i Mallol, 1938f: 4327).

Para Ressorgiment, la confianza en la conciencia de los pueblos, que permanecía independiente de las aspiraciones políticas de sus líderes, comulgaba tanto con el catalanismo cuanto con los presupuestos del antifascismo de entreguerras, y era la clave para recuperar la legalidad institucional:

Podrá ser vencido este pueblo si así lo dispone Hitler con la complicidad de las democracias europeas, pero, así y todo, no será derrotado. Su conciencia permanecerá inalterable, fiel a los ideales básicos de su resistencia (Nadal i Mallol, 1938f: 4327).

A pesar de que las diferencias políticas con el Gobierno central español no dejaron de mencionarse durante la guerra civil, la revista, aunando la ideología catalanista y el pensamiento antifascista, continuó promoviendo de manera consistente la defensa de la república y de los ideales democráticos que propugnaba dentro y fuera de España, pues garantizaban “una evolución que en todo el mundo hace a los hombres más hermanos ya que los acerca a una más justa, más humana y más equitativa distribución de derechos y deberes recíprocos” (Nadal i Mallol, 1938e: 4263).

Conclusión

La corriente radical del catalanismo separatista no constituyó una expresión política e ideológica exclusivamente europea. Las reivindicaciones del radicalismo catalán, restringidas en la península durante las décadas previas al estallido de la guerra civil española, experimentaron durante ese período su etapa de expansión más significativa en el entorno democrático americano. Al otro lado del Atlántico, sometidos a las fricciones y tensiones propias de la coyuntura continental, pero coadyuvado por un entorno que también favorecía la diversidad, fomentó sus bases ideológicas y organizó su militancia. La voluntad de los Catalanes de América de conseguir un espacio y un rol específico en la vida catalana otorgó al grupo porteño una relevancia diferenciada en la política peninsular durante la primera mitad del siglo XX. Nuestra propuesta ha profundizado una mirada compleja sobre la evolución ideológica del sector separatista de la colectividad catalana en la Argentina, a partir de la dialéctica de su discurso y de su activismo intelectual. Estudiamos la manera en que el entorno del país de acogida actuó como un factor de cohesión identitaria y preservó las raíces culturales del grupo, pero también favoreció la reformulación de la idea de república con el fin de legitimar ideológicamente su injerencia en la vida catalana. Este análisis específico nos ha permitido reconstruir la manera en que su particular forma de concebir la experiencia del desarraigo fomentó los ideales separatistas en el Río de la Plata. Asimismo, nos ha facilitado establecer la influencia de la distancia en la redefinición teórica del pensamiento del grupo y la forma en que determinó los rasgos distintivos de su activismo cultural y político.

Hemos establecido, en primer lugar, la multiplicidad de factores que promovieron el interés de los Catalanes de América de Buenos Aires por el sistema republicano. Señalamos así que tanto el acervo tradicional del grupo, cuanto la experiencia política americana y la percepción del agotamiento del sistema monárquico español contribuyeron a centrar la atención del grupo en la idea de república como la opción política idónea para una futura Cataluña independiente que pudiera vincularse en un plano de igualdad al entorno democrático europeo.

En segundo lugar, comprobamos la importancia de la defensa de la república como reaseguro de la vida democrática en el discurso del catalanismo separatista radical de Buenos Aires. En ese sentido, rastreamos la posición de la vocera de los Catalanes de América, la revista Ressorgiment, respecto del sistema republicano durante el período de entreguerras. Esta línea de análisis nos ha permitido relacionarla con el espectro separatista del catalanismo interior desde finales de la Primera Guerra Mundial, para reafirmar desde una nueva perspectiva el papel del compromiso individual y colectivo que el grupo otorgaba a la construcción de la identidad nacional como prolegómeno de la plasmación de un Estado catalán soberano. Pero, además, ha sido importante para resaltar la convicción del catalanismo ultramarino de que la “democratización política” (De Riquer, 2000: 229) era central para cristalizar un proyecto nacional durante el período de entreguerras, ya que permitiría conectar los preceptos catalanistas de secularización de los valores sociales y de la renovación de la cultura ciudadana con la incorporación de pautas de comportamiento social provenientes de la arena política europea.

Respecto del apoyo a las convicciones republicanas de Ressorgiment durante la guerra civil española, establecimos la adhesión a los presupuestos republicanos como elemento de continuidad de los arraigados lazos existentes entre Cataluña y los catalanes exiliados en Buenos Aires desde principios del siglo veinte, en el marco del análisis de las publicaciones periódicas peninsulares aparecidas en América. La experiencia catalanista de ultramar, que debe considerarse el parágrafo latinoamericano de la historia catalana, nos ha permitido, además, al estudiar específicamente la manera en que se acercaron a la idea de república, hacer hincapié en la capacidad del grupo para adaptar su discurso a una coyuntura determinada. Efectivamente, la posición del grupo una vez declarada la guerra civil ha hecho posible aquilatar su posición respecto de la II República y establecer el modo en que el levantamiento franquista influyó en sus estrategias asociativas, marcó su vinculación con la política catalana del período e impuso la modificación de su discurso respecto del Gobierno español. El pragmatismo del grupo porteño aparece, al estudiar su pensamiento durante la guerra civil, directamente relacionado con la perspectiva que otorgaba la distancia, que reforzó su visión positiva del sistema republicano como forma de gobierno y promovió su inclusión en el conjunto de ideas y valores históricos y contingentes que diseñaron su cosmovisión. Desde ese enfoque, ha sido posible comprobar cómo, durante la guerra civil, Ressorgiment se preocupó de manera excluyente de la lucha contra el alzamiento franquista y cómo la resistencia antifascista se convirtió en una factor de defensa de los ideales republicanos que actuó como galvanizador de una épica de la defensa de los ideales republicanos insertando a los exiliados políticamente activos en el difícil contexto europeo de mediados de los años treinta. Así ha sido posible asistir a una dignificación de las convicciones republicanas que abarca desde la reivindicación de las aspiraciones catalanas, pasando por el apoyo incondicional al gobierno republicano contra el alzamiento franquista, hasta llegar la reivindicación de la república como un sistema de gobierno deseable (Nadal i Mallol, 1938g: 4295).

De esta manera, el repaso de Ressorgiment nos ha permitido, desde una perspectiva metodológica que centra su atención en las fuentes hemerográficas como un corpus documental con validez científica probada para el estudio de los procesos históricos, profundizar nuestro estudio de las características de las prácticas sociales, culturales y políticas de los Catalanes de América. Este trabajo, por descontado, no agota el punto de vista dialéctico escogido para estudiar el discurso teórico del separatismo ultramarino, que deberá seguir indagándose respecto de la categoría de república y de otras que conforman su forma de ver el mundo. El asociacionismo catalanista, en el contexto de las prácticas que llevó a cabo la colectividad catalana en general, debe continuar investigándose, pues constituye una vía de análisis necesaria para promover la expansión de los estudios socioculturales de los procesos migratorios que centren su atención en grupos, individuos, ideas y comportamientos que todavía no han sido suficientemente examinados. También deberá seguir profundizándose la vertiente cultural sobre el periodismo catalán y catalanista en América para incluir, de manera cada vez más sistemática y rigurosa, aquellas publicaciones previas a la guerra civil que conformaron el sólido antecedente que permitió el anclaje y el florecimiento de ese sector durante el exilio republicano. A partir de ahondar en la construcción de la cosmovisión del catalanismo separatista radical de ultramar, confirmamos la necesidad de promover el sostenido interés académico en la evolución del asociacionismo español no solo respecto de sus aspectos recreativos y asistenciales, sino de vías de estudio que hagan hincapié en sus otras aristas menos conocidas.

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  1. “Seny i rauxa” (en castellano “juicio y arrebato”) son considerados los polos identitarios dialécticos –ligados a la dicotomía entre prudencia y coraje, entre reflexión e impulso– característicos de la personalidad catalana (Vicens Vives, 2013; Ros Marbá, 2005: 152).
  2. Traducción de la autora. Todas las citas extraídas de Ressorgiment, de documentación de archivo, y de bibliografía en catalán utilizadas en el presente artículo han sido traducidas por la autora.
  3. Esta percepción de los Catalanes de América como exiliados permanece en la actualidad, ya que puede verificarse en el Índex de Ressorgiment que publica la Biblioteca de Catalunya en su página web (“Índex Ressorgiment”).
  4. La Ley de Jurisdicciones, aprobada en 1906, permitía juzgar por el fuero militar los insultos al Estado español o al Ejército. Fue promovida después del ataque a la redacción de la revista política barcelonesa Cu-Cut el 25 de noviembre de 1905 a causa de que publicó una viñeta de humor gráfico en la que se ponía en duda la valentía del Ejército (Durán Solà, 2009: 109-112; Cagiao Vila, 1997; Lucci, 2010: 40).
  5. Gabriel Jackson, entre otros, se ha decantado por la acepción más estricta de “fascismo”, utilizándolo para referirse al movimiento creado en Italia por Benito Mussolini a comienzos de los años veinte. Para Javier Tusell, el franquismo no es fascismo. Para Ismael Saz, el franquismo es un régimen “fascistizado”, ya que, por sí sola, la ideología fascista no logra descubrir su especificidad. Stanley G. Payne fragmenta el espectro de regímenes en la Europa de entreguerras al definir siete tipos de movimientos fascistas diferentes, entre los cuales España forma parte del cuarto, como un exponente de gobiernos dirigidos por militares apoyados por elementos nacionalistas y con un gran componente fascista (Borejsza, 2002; Jackson, 1997; Saz Campos, 2004; Tusell, 1988).
  6. Etimológicamente se utiliza la definición de “intelectual” que se conforma en Europa a fines del siglo XIX a partir del Caso Dreyfus, que permitió la cristalización definitiva de un colectivo bajo la denominación de “intelectuales”. Emilio Zolá, a través de sus artículos periodísticos “Yo Acuso” y “Protesta”, este último firmado por académicos, hombres de letras, artistas, periodistas y estudiantes, pedía la revisión del proceso al capitán Dreyfus. Este artículo tomó el nombre definitivo de “Manifiesto de los Intelectuales” en un trabajo posterior de Maurice Barres (Charle, 2000).
  7. “Porque el nacionalismo, al arrogarse el derecho a discernir el bien del mal en materia de nación, se encarga de definir la normalidad de la anormalidad, convirtiendo la heterodoxia en disidencia” (Núñez Seixas y Molina Aparicio, 2011: 3; énfasis original).
  8. Institución que convocaba la Diputación del General de Cataluña de manera excepcional en casos de emergencia o urgencia extrema (Puig, 2014: 127).
  9. Francesc Macià (1859-1933): político, militar y empresario español, nacido en Borges Blanques, Cataluña. Vinculado al partido Lliga Regionalista de Catalunya, que lideraba Francesc Cambó, fue diputado a Cortes en 1910. No obstante, su ideología y su acción política se decantaron paulatinamente hacia el catalanismo de tendencia separatista. Fundó en 1922 Estat Català, movimiento político catalán de carácter separatista que tuvo una gran penetración en las asociaciones catalanistas americanas. Tras el fracaso de la incursión armada para liberar Cataluña, durante la dictadura del Primo de Rivera en 1926, fue detenido y procesado en París, hecho que lo convirtió en símbolo de las reivindicaciones catalanas a nivel internacional. Condenado a dos meses de prisión, que ya había cumplido, pasó a Bélgica y, desde allí, se embarcó al Uruguay, donde llegó a principios de 1928. Entró clandestinamente a Argentina y el Comitè Llibertat de Buenos Aires lo ayudó a tramitar su residencia legal mediante un sonado pleito ante la Corte Suprema de Justicia que llevaron a cabo Alfredo Palacios y el abogado Carlos Caminos. A partir de allí, realizó una gira americana que tuvo su punto culminante en La Habana (Cuba), donde participó en la Asamblea que habían organizado Josep Carner i Ribalta, Josep Conangla en la capital cubana y él mismo durante su estadía en Argentina, y que aprobó durante sus sesiones una Constitución para una futura república catalana. Retornó a Cataluña en 1930, donde fundó el partido Esquerra Republicana de Catalunya, el cual triunfó en las elecciones municipales. Luego del establecimiento de la efímera República Catalana en abril de 1931, Macià proclamó el Estado Catalán integrado en la Federación de Repúblicas Ibéricas. Tres días más tarde, aceptó reconvertir el gobierno de Cataluña en el Gobierno de la Generalitat de Catalunya. Participó en la elaboración del Estatuto de Autonomía catalana de 1932. Fue reelegido presidente de la Generalitat y murió en el ejercicio de su cargo en 1933 (Palacios y Caminos, 1929; Arrufat, 2007; Lucci, 2010; Lucci, 2017).
  10. Asamblea política que se llevó a cabo los días 4 y 5 de junio de 1922, promovida por intelectuales catalanistas y disidentes del partido Unión Federal Nacionalista Republicana. Esta reunión promovió la creación del partido Acción Catalana (“Conferencia Nacional Catalana”).
  11. Al respecto, el doctor Leandre Cervera, miembro del Institut d’Estudis Catalans y colaborador habitual de Ressorgiment durante las décadas de 1920 y 1930, afirmaba en 1932 en correspondencia a Nadal: “Es francamente espeluznante el espectáculo que ofreció a nuestra visión patriótica la Cataluña actual. Ya vemos como el Estatuto […] ha ido debilitándose a consecuencia de los batacazos de los diputados españoles y de la absoluta necedad de los diputados catalanes” (Cervera, 1932).
  12. Estatut de Núria: Proyecto de Estatuto de Autonomía catalana que se redactó una vez instaurada el 17 de abril de 1931 la Generalitat de Catalunya. Luego de que los Gobiernos español y catalán introdujeran modificaciones al texto original, el Estatuto se sometió al plebiscito popular el 2 de agosto de 1931. La participación en la consulta legal fue del 75 % del censo catalán, y el voto afirmativo llegó al 99 %. Aunque inhabilitadas todavía para votar, las mujeres reunieron unas 400 mil firmas de adhesión a la proyectada ley. El Estatut de Núria establecía una estructura federal para España, la creación de un gobierno para los Países Catalanes integrado en una federación española, el reconocimiento de rango oficial exclusivo para el idioma catalán en toda Cataluña y definía las competencias de la II República y de la Generalitat. La letra de la Constitución española de 1931 limitó estos lineamientos autonomistas ya que indicaba que el Estatuto presentado en Madrid era solo un anteproyecto, razón por la cual estaba en posición de ser modificado por las Cortes españolas y limitando toda su eficacia jurídica. El Estatut d’Autonomia definitivo que se aprobó en 1932, a pesar de que conservaba algunos de los puntos del Estatut de Núria, definía a Cataluña como una región autónoma del Estado español, instauraba el bilingüismo y reducía las competencias legislativas catalanas (Gerpe, 1977).


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