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Las voces a favor de Franco

Las audiciones radiales de los nacionalistas españoles en Buenos Aires (1936-1945)

Alejandra Ferreyra

Las campañas propagandísticas que se desplegaron en Buenos Aires en el contexto de la guerra civil española fueron diversas y constantes; ambos bandos contendientes utilizaron una variada gama de recursos para irradiar sus ideas y promover el apoyo de la población tanto dentro como fuera de España. Si bien las expresiones de solidaridad en favor de la II República fueron mayoritarias entre la sociedad argentina y la numerosa comunidad española emigrada que allí habitaba,[1] los simpatizantes del ejército rebelde también se movilizaron activamente y organizaron distintos emprendimientos propagandísticos con el fin de convocar la adhesión a la revuelta militar en la península (Velasco Martínez, 2011: 39-54).

Entre los medios de difusión masiva que más trascendencia tuvieron para la divulgación de la propaganda en el marco de la contienda bélica, sin dudas se debe consignar a la radio. Los dos bandos reconocieron rápidamente la importancia que tenía monopolizar esta herramienta de comunicación no solo con fines informativos, sino fundamentalmente propagandísticos. En la Argentina, los sectores que apoyaron sin reservas la sublevación en España financiaron una gran variedad de emisiones radiales con la intención de dar a conocer sus contenidos. En este capítulo nos proponemos analizar con detenimiento las características que adquirieron estos emprendimientos patrocinados por los simpatizantes del franquismo en Buenos Aires en el marco de la guerra y la inmediata posguerra civil en la península. Asimismo, nos interesa examinar especialmente la labor de una singular exponente del mundo del periodismo femenino frente a los micrófonos: María Teresa Casanova. Desde el inicio de la contienda peninsular, esta joven española se dedicó a difundir incesantemente argumentos a favor de la sublevación militar. Para ello, articuló su labor propagandística tanto en el periodismo escrito como en la radiodifusión, y se focalizó en las mujeres como las principales receptoras de su mensaje de captación.

Para abordar estas cuestiones, utilizaremos como fuente principal la prensa escrita a favor del golpe de Estado en la península que se editaba en la Ciudad de Buenos Aires en el período por analizar, esto es, 1936-1945: El Diario Español, Acción Española, Correo de Galicia y Juan Español, y aquellas revistas especializadas en la radiodifusión argentina, o sea, Antena. Semanario de radio para el hogar y Sintonía. La lectura de estas publicaciones nos permitirá aproximarnos a las características distintivas que adquirieron las distintas emisiones radiales a favor de los sublevados españoles que se fundaron en la capital argentina. A su vez, el seguimiento de la abundante producción escrita que dejó Casanova a través de su faceta periodística nos servirá para seguir su crecimiento profesional en los medios de comunicación en los que participó, y también para analizar los rasgos fundamentales que adquirió su discurso sobre el rol de la mujer y su definición de la “femineidad” a lo largo de la guerra y la posguerra civil.

Las audiciones radiales de los nacionalistas españoles

En la Argentina de entreguerras, el moderno fenómeno de la radiodifusión despertó el creciente interés de los oyentes, de las empresas y del Estado nacional. Desde mediados de la década de 1920, el poder político comenzó a intervenir en el ámbito radiofónico como entidad reguladora, ya que consideraba a la radiofonía como un servicio público sobre el cual debía ejercerse algún tipo de control gubernamental (Agusti y Mastrini, 2005: 29-51). Algunos sectores católicos y de la derecha política argentina intentaron instrumentalizar la radio como una herramienta educativa, cultural y moralizante para los sectores populares. Estos propósitos se transmitieron a las primeras normas que implementó el Estado argentino en esta materia (Matallana, 2006a: 97; Matallana, 2006b: 158).

Hacia 1938 se contabilizaba un promedio de 800 000 aparatos de radio que funcionaban en el país (Comisión de Reorganización de los Servicios de Radiodifusión, 1939: 451). Según las estimaciones realizadas por Andrea Matallana, cerca del 60 % de la programación radial que se emitía en la Ciudad de Buenos Aires era musical. Los noticieros e informativos representaban el 11 % de las emisiones y los radioteatros, el 9 %, mientras que los programas pertenecientes a las colectividades de inmigrantes ocupaban el 6 % de la grilla (Matallana, 2006a: 97). En mayo de 1937, de las cuarenta audiciones radiales de extranjeros que se emitían en la Argentina, diez de ellas eran españolas, cinco alemanas, cinco italianas y cuatro francesas (“Audiciones regionales y extranjeras”, 22 de mayo de 1937: 6). Teniendo en cuenta estos últimos datos, y siguiendo la hipótesis de Matthew Karush, es posible reconocer el lugar destacado que ocupaban esos espacios de difusión para estos grupos migratorios. La comunicación a través de las ondas era crucial tanto para la propagación de ideas y debates, como para el fomento de la recreación colectiva; por ello, podía contribuir a la construcción de las identidades, valores y aspiraciones de los inmigrantes y, de la misma forma, convertirse en la base para llevar a cabo acciones políticas concretas (Karush, 2013: 22).

En este marco, cobra relevancia la existencia de audiciones radiales en la Ciudad de Buenos Aires que mantuvieron un marcado perfil propagandístico asociado a la defensa de alguno de los bandos contendientes durante la guerra civil en España. Del lado republicano, la Oficina de Prensa y Propaganda de la Embajada española en la Argentina financió los inicios de la audición: “Habla Madrid” en diciembre de 1937. Este programa logró un gran éxito de oyentes y auspiciantes y contó con la participación de columnistas destacados, tales como: Juan González Olmedilla, redactor de Crítica y España Republicana, el cónsul Eduardo Blanco Amor, y el encargado de la oficina de propaganda, José Venegas, entre muchos otros. Asimismo, la central de propaganda republicana en la Argentina (Prensa Hispánica) comunicó diariamente sus informaciones a través de Radio Stentor, y el Comité de Ayuda al Gobierno Español del Frente Popular emitió con regularidad la audición “Nueva España” a cargo del periodista Jorge Pérez Jordana, a través de Radio Mitre (Quijada, 1991: 224).

En lo que respecta a la propaganda a favor del Gobierno de Burgos en la Argentina, desde diciembre de 1936 se encontraba en el país en calidad de representante oficioso del general Francisco Franco el joven diplomático Juan Pablo de Lojendio. Este emisario cumplió funciones extraoficiales relacionadas con la coordinación del envío de la ayuda material y con la difusión de una propaganda favorable al naciente régimen dictatorial hasta diciembre de 1939 inclusive (Ferreyra, 2016). Para llevar a cabo su tarea, contó con el auxilio de José Ignacio Ramos, quien arribó a la Argentina en marzo de 1937 designado como encargado de Prensa y Propaganda de la Representación oficiosa del bando sublevado en España. Rápidamente, ambos propagandistas le adjudicaron un destacado rol a la radio como elemento clave para la divulgación de la propaganda a favor de la revuelta militar en la península. Gracias al espacio diario de una hora que el propietario de Radio Excélsior, Alfred McDougall, le cedía diariamente a Ramos, este podía “dar cuenta de la marcha de las operaciones y los temas concomitantes con aquella guerra” (Ramos, 1984: 229) a través de las ondas. Asimismo, el encargado de Prensa se valió de un aparato de radio marca Scott ubicado en su domicilio para captar diariamente los partes de guerra que desde Marruecos transmitía Radio Tetuán por sistema morse; dicha información era utilizada como materia prima para proveer de noticias a las publicaciones afines (Ramos, 1984: 229).

Esta relevancia de la radio también se observó en la península en el contexto de la contienda bélica, ya que tanto nacionales como republicanos reconocieron prontamente la importancia que tenía monopolizar esta eficaz herramienta de divulgación (Cervera Gil, 1998: 263-293; Sevillano Calero, 1998: 104). Una prueba de ello fue la solicitud expresa que Ramón Serrano Suñer le hizo llegar a Soledad Alonso de Drysdale[2] para que colaborara con la colecta destinada a la compra de una “radio emisora extra corta”, con el fin de agilizar la fluidez del contacto radial con América (“Correspondencia enviada”, 25 de mayo de 1938: 5). La respuesta de la benefactora local fue rápida: en octubre de 1938, se envió a la península, “para servicio de la campaña” del general Franco, un automóvil Chevrolet con una estación de radio de onda corta (con alcance de hasta 3 000 kilómetros) instalada en la carrocería y provisto de antenas, baterías, motor de carga y demás accesorios necesarios para su funcionamiento (véase la imagen 1) (“Instalación de radiotelefonía”, 5 de octubre de 1938: 4).

Imagen 1: Instalación de radiotelefonía portátil enviada al general Franco por Soledad Alonso de Drysdale

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Fuente: “Instalación portátil de radiotelefonía”, 5 de octubre de 1938: 4.

Los emprendimientos radiales a favor de los sublevados españoles en Buenos Aires se iniciaron tempranamente. En septiembre de 1936, el Centro Acción Española, entidad católico/monárquica fundada en 1933, financió la salida del programa Habla España por Radio Mayo (Antena. Semanario de radio para el hogar, 12 de septiembre de 1936: 16). El encargado de esta audición fue el presidente del Centro, Isidro Villota, en calidad de director hasta septiembre de 1937, cuando fue reemplazado por quien tomaría la dirección de este y otros tantos proyectos radiales a favor de los nacionalistas españoles en la capital argentina: María Teresa Casanova, sobre cuya actuación ahondaremos más adelante. Parte del equipo que acompañó a la locutora estrella en estas audiciones también se mantuvo con regularidad a pesar del paso del tiempo y la diversidad de programas. De ese modo, integraron en calidad de comentaristas y columnistas muchas de estas transmisiones Rafael Fontenla y Antonio Madueño, más conocido como Juan Español.[3] Asimismo, la audición del Centro Acción Española contó con la colaboración del diario porteño La Razón, el cual ponía a su disposición la información cablegráfica que recibía de Europa (“Al diario La Razón”, 4 de septiembre de 1937: 3).

Desde sus inicios, Habla España se presentó como un “grito de la hispanidad” (Acción Española, 4 de junio de 1937: 4) dedicado a revalorizar la cultura española en la Argentina, algo que posteriormente derivó en la inclusión de la frase “Arte, cultura y publicidad” en el nombre del programa a partir de junio de 1937 (imagen 2). Entre sus secciones se contaban repasos por la historia, el arte y la poesía española, y, por supuesto, la música tenía un lugar relevante con la presentación de orquestas, pianistas y cuartetos vocales (Acción Española, 16 de enero de 1937: 4). A pesar de las apariencias culturales, los comentarios sobre la actualidad bélica en España en el marco de esta emisión radial fueron frecuentes y siempre trasmitieron una mirada favorable a los sublevados en la península.

Al poco tiempo, surgieron otros proyectos radiofónicos que reforzaron la presencia de estas voces adherentes a la rebelión militar española en la Ciudad de Buenos Aires. En mayo de 1937, los Legionarios Civiles de Franco patrocinaron la salida de una audición radial con ese nombre bajo la dirección del periodista español Carlos Micó y España, todos los miércoles por Radio Excélsior. En este, era frecuente el desfile de invitados adeptos a la causa nacionalista, quienes manifestaban públicamente su apoyo a la obra benéfica de la entidad.[4] Y en diciembre de 1937, la Oficina de Prensa y Propaganda de la Representación oficiosa de España (OPYPRE) financió la aparición de Orientación española por Radio Ultra.

Imagen 2: Publicidad de la emisión radial Habla España

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Fuente: Acción Española, 4 de junio de 1937: 4.

En el marco de la contienda, este tipo de audiciones tanto a favor como en contra del gobierno republicano en España se convirtieron en verdaderos focos de la propaganda y proselitismo en la Argentina. Por ello, fueron cuestionadas por la Dirección General de Correos y Telégrafos en diversas oportunidades. Este organismo estatal era el encargado de controlar los contenidos de las emisiones radiales, y desde 1934, a través de la Resolución n.º 21.585, establecía claramente la prohibición de “difundir himnos, marchas o canciones extranjeras que simbolicen, representen o exterioricen tendencias o sistemas políticos o sociales determinados, cualquiera sea su importancia en los respectivos países” (Matallana, 2006a: 47).[5] Esta normativa se complementaba con un sistema de censura previa que reglamentaba la obligatoriedad de presentar con ocho días de anticipación los contenidos de los programas que se emitirían al aire. El propósito de esta reglamentación era prohibir la realización de conferencias y disertaciones que pudieran tener carácter político, dado que las voces opositoras al Gobierno no podían tener lugar en las grillas radiales (Agusti y Mastrini, 2005: 41-42; Matallana, 2006b: 158).

Por los recaudos que se debía tener a la hora de organizar los contenidos de los programas que se emitían, el periodista Joaquín Tellechea se quejó públicamente a través de las páginas de Acción Española acerca de las “mutilaciones” que había sufrido una de sus disertaciones ante los micrófonos de Habla España (“Escribe Joaquín Tellechea”, 18 de febrero de 1937: 1). No obstante, por las reiteradas trasgresiones a las normativas antes citadas, y debido al estado de agitación pública que generaba la guerra civil española, en enero de 1938 la Dirección de Correos y Telégrafos dictó una resolución por la cual prohibía expresamente “la transmisión por radiodifusión de todo comentario, propaganda o información tendenciosa, relacionada con la lucha en España” (“Resolución N° 2318 DT/938”, 1938).

Según esta disposición, la radiodifusión debía necesariamente “elevar el nivel cultural del oyente, promoviendo en su espíritu sugestiones que edifi[caran] su carácter, acrecentando su comprensión de las cosas buenas y bellas”. En cambio, los comentarios que se producían sobre la situación bélica en la península “perturba[ban] la tranquilidad pública y convivencia social y da[ban] lugar a incidencias y violencias verbales y de hecho” (“Resolución N° 2318 DT/938”, 1938). La propagación de tales expresiones corría el riesgo de afectar la relación con otros países y hacía inevitable el posicionamiento político de quienes las comunicaban, dado que “por la naturaleza misma de los comentarios [era] imposible exponer sobre la situación reinante en España, sin embanderarse en alguna de las partes en lucha, lo que constitu[ía] una infracción”(“Resolución N° 2318 DT/938”, 1938).

La reacción a esta norma de censura no se hizo esperar y tuvo como vocero principal a la Federación de Organismos de Ayuda a la República Española, la cual solicitó al ministro del Interior se dejara sin efecto la aplicación de esta normativa, argumentando que colocaba en pie de igualdad las expresiones de solidaridad a favor de un Gobierno constituido legalmente con el cual la Nación argentina mantenía relaciones diplomáticas cordiales y las de “los elementos facciosos que [habían] tratado infructuosamente de derrocarlo” (Setaro, 1938). A su vez, el propietario de la emisora radial Excélsior, quien cedía con gusto el espacio en su programación para la audición de los Legionarios Civiles de Franco y conferencias de la Falange Española, también se manifestó contrariado por la resolución de la Dirección General de Correos y Telégrafos, a la que calificó de “injusta, arbitraria y contraproducente”. No obstante, para Alfred McDougall, la esencia del problema radicaba en la competencia desleal que la prensa escrita articulaba en contra de la radiodifusión:

Las Estaciones de Broadcasting ya han llegado a su mayoría de edad y no es posible coartarles su libertad de acción, restándoles autoridad e importancia. Ello no hace sino favorecer al periodismo, que hace lo indecible para combatir la Radiotelefonía, porque ve que la Radio es un instrumento mucho más valioso, de mucha mayor eficacia, de mucha mayor difusión y de mejor actualidad que el mejor diario del mundo. Por ello, con una unanimidad que no enternece ni sorprende, los diarios aplauden la medida coercitiva, y muy particularmente los diarios de izquierda. Por ello, repito con tanta autoridad como respeto, que considero esta medida injusta y poco democrática (McDougall, 1938).

Finalmente, el Poder Ejecutivo nacional expidió un decreto para confirmar la pertinencia de la resolución adoptada por la Dirección General de Correos y Telégrafos y no dio lugar a las reclamaciones interpuestas por los agentes involucrados antes citados (“Decreto”, 1938).

La aplicación de esta nueva normativa derivó en algunas modificaciones de forma y contenido en las emisiones radiales a favor de la sublevación militar en la península. En principio, la audición Habla España cambió definitivamente su nombre a Arte y cultura de España intentando, de esa manera, ocultar sus reminiscencias políticas y tornarse en un espacio de mera expresión cultural. A pesar de que no estamos completamente seguros sobre su fecha de finalización, los graves problemas económicos por los que atravesaba (y que motivaron la realización de una colecta específica en agosto de 1937) son indicativos de la corta vida que logró este proyecto (“Recaudación de Habla España”, 4 de septiembre de 1937: 7).

Por otra parte, en mayo de 1938 surgió una nueva emisión radial a favor de los nacionalistas españoles en Buenos Aires. La periodista María Teresa Casanova y su equipo volvieron a colocarse al frente del espacio radiofónico ahora titulado Madre Patria. Esta audición fue desvinculada formalmente del Centro Acción Española y se asoció al espacio informativo que mantenía diariamente El Diario Español en Radio Callao. La primera salida de este programa coincidió con el festejo del 2 de mayo español y contó con la presencia de Arturo Berenguer Carisomo, escritor argentino “íntimamente identificado con España” y de un variado repertorio de cuadros artísticos y musicales (“Fue todo un éxito”, 4 de mayo de 1938: 4).

Las advertencias sobre la imposibilidad de emitir opiniones relativas a la guerra civil española no fueron respetadas con rigurosidad por los organizadores de la audición, como lo demuestra la visita que realizó a Madre Patria el jefe regional de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS en Buenos Aires, Rafael Duyos, en febrero de 1939. En su disertación, el referente falangista pronunció palabras de gran “exaltación patriótica” con motivo del ingreso de las tropas franquistas a Cataluña, discurso que finalizó con la interpretación de la marcha militar “Soldadito Español” (“El Jefe de la Falange”, 17 de febrero de 1939: 4). Por este tipo de irregularidades y por la efectiva aplicación del Decreto del Poder Ejecutivo nacional n.º 31.321 del 15 de mayo de 1939, que limitaba la propaganda política en las asociaciones extranjeras radicadas en la Argentina,[6] la Dirección General de Correos y Telégrafos suspendió la salida al aire del programa Madre Patria en agosto de 1939.

La respuesta de los responsables del programa suspendido dejó traslucir cierta indignación, pero no asombro, ya que conocían perfectamente la existencia de las disposiciones que prohibían la difusión de contenidos asociados a la propaganda de grupos políticos extranjeros en el país: “Faltaríamos a la verdad si dijéramos que nos tomó de sorpresa tan arbitraria como injusta disposición” (Juan Español, 24 de agosto de 1939: 2). No obstante, tanto María Teresa Casanova como Antonio Madueño, alias Juan Español, adjudicaron la aplicación de la medida de censura a la reciente salida en el diario La Prensa de un artículo crítico del exiliado antifascista Francisco Nitti.[7] En dicho escrito, el autor reprobaba el uso de los medios de propaganda que hacían los regímenes dictatoriales europeos en América y llamaba la atención sobre la necesidad de poner límites a la divulgación de las doctrinas foráneas en ese territorio:

[…] América y hablo de todos los países desde los Estados Unidos hasta la Argentina, tiene no solo intereses y obligación, sino también necesidad de impedir en su territorio, con todos los medios, las propagandas europeas que tienden a subvertir sus propias condiciones de existencia.

Bolchevismo, fascismo, nazismo, en forma diversa transportados a América son causas de disolución. No se puede soportar que partidos políticos americanos sean dirigidos por gobiernos extranjeros; ni que agentes extranjeros hagan propaganda de subversión. En este sentido, cualquier represión no solo es legítima, sino obligatoria (Nitti, 5 de agosto de 1939: 11).

A pesar del excesivo impacto que los responsables del programa suspendido le adjudicaron a la aparición del artículo de Nitti en la prensa local, no se puede pasar por alto que la Dirección General de Correos y Telégrafos (a cargo de quien luego sería nombrado embajador argentino en España, Adrián C. Escobar) no hizo más que aplicar la reglamentación vigente. Esta actitud generó un obvio rechazo por parte de la periodista María Teresa Casanova:

[…] declaro y sostengo ante el señor Director de Radiocomunicaciones, que si el honrar a su patria de origen y a su patria de adopción divulgando el lema de ‘Religión, Patria, Familia’ con el agregado de ‘Orden y Trabajo, Paz’ y unión entre los hombres, es ‘divulgar doctrinas exóticas’, como reza el decreto, no renuncio a tan alto honor […] (Casanova, 24 de agosto de 1939: 3).

Un destino semejante pudo haber sufrido la audición Orientación española, que debió ser “reinaugurada” en mayo de 1939 con la presencia del entonces encargado de negocios de España en la Argentina, Juan Pablo de Lojendio (“Inauguración de ‘Orientación Española’”, 7 de mayo de 1939: 2). De igual modo, Madre Patria volvió a tener su espacio en las grillas radiales, pero recién a partir de mayo de 1941, aunque en esta oportunidad comenzó a emitirse regularmente por Radio Prieto (“Reaparición de Madre Patria”, 2 de mayo de 1941: 4).

En líneas generales, es posible identificar dos rasgos fundamentales en los diversos proyectos radiales que emprendieron los adherentes a la sublevación militar en España desde Buenos Aires. En primer lugar, estas audiciones tenían una extensión de tiempo limitada y se emitían con una frecuencia semanal. La duración media de un programa oscilaba entre los quince y los treinta minutos en total, algo que seguramente respondía a los elevados costos de alquiler de los espacios radiales. En segundo lugar, era un mismo equipo de locutores, periodistas y comentaristas alrededor de una figura central femenina, la periodista María Teresa Casanova, el que se encargaba de la dirección, producción y la realización de los programas.

Desde que Casanova asumió la dirección de Habla España en septiembre de 1937, continuó ocupando este puesto de responsabilidad en todas las audiciones radiales a favor de los nacionalistas españoles que se fundaron con posterioridad: se encargó la dirección de Orientación española y de Madre Patria en sus dos emisiones (antes y después de la suspensión dictaminada por la Dirección General de Correos y Telégrafos). Y más adelante, se encargó de dirigir Nuevas carabelas, un programa radial que se emitía dos veces por semana y que con ese sugestivo título comenzó a salir por Radio Prieto a partir de noviembre de 1941. El dueño de esta emisora, Teodoro Prieto, manifestaba una profunda cercanía con la España nacionalista y favorecía la presencia de dos audiciones financiadas por la OPYPRE en su grilla de programación (imagen 3).[8] Además de ello, Prieto estuvo presente en la inauguración de “Nuevas carabelas” en compañía del Agregado de Prensa y Propaganda de la Embajada española, José Ignacio Ramos, y a través de un discurso de ocasión explicitó el contenido simbólico del nuevo programa como un puente para la reconexión de los vínculos filiales entre España e Hispanoamérica (“En Radio Prieto se inauguró”, 5 de noviembre de 1941: 6).

Esta nueva iniciativa propagandística local se asociaba a la dinámica de acercamiento no solo espiritual, sino también cultural y diplomático, que en materia de relaciones exteriores comenzó a llevar adelante el Estado español con respecto a América Latina en el marco de la Segunda Guerra Mundial (Delgado Gómez-Escalonilla, 1994: 276-277). A esta política de mayor proximidad, respondió entonces la invitación que realizaba Nuevas carabelas a diplomáticos y representantes de diversos países de la América de habla de hispana para que emitieran palabras alusivas frente a los micrófonos de la audición.[9]

Imagen 3: Publicidad de Radio Prieto

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Fuente: Juan Español (5 de enero de 1942), p. 8.

No obstante, los mayores esfuerzos de contacto radial con sus excolonias provinieron de la península, en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial. En junio de 1945, se fundaron las llamadas “Emisiones especiales para América” por iniciativa de la Vicesecretaría de Educación Popular.[10] Estas emisiones fueron inauguradas con un discurso especial del general Franco dedicado a los españoles radicados en el continente americano, el cual se escuchó con claridad en Buenos Aires, según lo confirmó el Agregado de Prensa y Propaganda de la Embajada española (“Su Excelencia el Jefe de Estado”, 21 de junio de 1945: 15). Este contacto radiofónico con España se mantuvo diariamente por espacio de dos horas y media en el horario central de la grilla radial (20:30 a 23 horas), gracias a la transmisión que se emitía desde la estación de onda corta de Arganda (“Control de Buenos Aires”, 21 de junio de 1945: 16; “Eco de la voz de España en América”, 30 de septiembre de 1945: 13). Según José Ignacio Ramos: “Nunca [fueron] tan necesarias como ahora audiciones dirigidas a América, a una hora determinada y previamente anunciadas” (Ramos, 1944). De la misma forma, para Gabriel Arias-Salgado, vicesecretario de Educación Popular de España, la necesidad de instrumentar este servicio de radiodifusión diaria hacia América tenía que ver con la intención de “establecer un nexo que fuera diálogo de Hispanidad entre los países que hablan nuestra lengua, tienen nuestra religión y por sus venas corre alborozada sangre ibérica” (“Eco de la voz de España en América”, 30 de septiembre de 1945: 13), aunque, por supuesto, la finalidad más acuciante era la de tratar de frenar las campañas propagandísticas en contra de la dictadura franquista al finalizar la segunda contienda bélica mundial.

Pero volviendo a la trayectoria radial de una figura clave del período como la de María Teresa Casanova, es posible advertir el destacado lugar que fue adquiriendo su labor propagandística para el naciente régimen dictatorial español. Su trabajo constante como vocera en defensa de la causa de los militares sediciosos en la península fue reconocido con celebraciones de homenajes y palabras de alabanza:

Merece destacarse el esfuerzo que supone mantener una audición de radio en un ambiente de indiferencia y sin más estímulo que el beneplácito expresivo de nuestra colectividad, que en todo momento le dispensó el interés a que es acreedora por su auténtica campaña nacionalista.

Al frente de la audición Madre Patria se destaca una interesante figura femenina, de gran cultura y exquisita sensibilidad, la popular escritora y comentarista Srta. María Teresa Casanova, que supo mantener sin decaimiento el entusiasmo de sus colaboradores, desarrollando una importante labor de propaganda que repercutió de forma auspiciosa no solo en Capital Federal y en el interior de la República sino en los países vecinos, como lo atestiguan centenares de cartas que llegan a la audición desde los más apartados rincones del continente americano (“Celebra hoy su primer aniversario”, 2 de mayo de 1939: 14).

Pero este reconocimiento no se limitó a la esfera local, sus dotes como oradora, que le valieron el mote de la “pequeña García Sachíz” (“Radio Nacional dedica”, 12 de octubre de 1947: 5), también le permitieron realizar un viaje de instrucción hacia la España franquista (que duró poco menos de un año) como invitada especial del Instituto Superior de Cultura Hispánica, entidad que sucedió en sus propósitos de difusión cultural al filo falangista Consejo de la Hispanidad creado en 1940.[11] Su estadía en la península incluyó un recorrido por diversas ciudades en las que dictó conferencias, un encuentro con Pilar Primo de Rivera, una alocución especial en Radio Nacional de España (“La escritora hispanoargentina”, 3 de enero de 1948: s/p) y nada menos que la posibilidad de entrevistarse personalmente con el general Franco (“En el Palacio de El Pardo”, 15 de abril de 1948: 3).

La carrera ascendente de María Teresa Casanova es un exponente claro del importante rol que jugó la radiodifusión para los sublevados españoles en las campañas de propaganda que se dirimían al otro lado del Océano Atlántico no solo en el marco de la guerra civil, sino también de la Segunda Guerra Mundial. En lo que sigue, nos acercaremos a las principales directrices discursivas que sostuvo Casanova a lo largo de la contienda y la inmediata posguerra civil a través de su faceta periodística en el ámbito radial y escrito.

Una voz femenina en apoyo de Franco: María Teresa Casanova

La demanda femenina por una mayor conquista de derechos políticos y sociales tuvo un gran auge a nivel internacional al finalizar la Primera Guerra Mundial. La enorme contribución de las mujeres al esfuerzo bélico generó un amplio replanteo del lugar que ocupaban en el espacio económico, político y social. De este modo, el período signado por las dos guerras mundiales se caracterizó por una serie de profundas transformaciones en este aspecto. En muchos países, las mujeres accedieron al sufragio, se insertaron en el ámbito laboral y educativo, y acompañaron las nuevas modas y consumos propios de una sociedad de masas en expansión (Lida, 2013: 139). Estos cambios, además, afectaron a los tradicionales comportamientos morales y religiosos que regían en las sociedades occidentales de preguerra. Si bien el espectro católico reaccionó mayoritariamente con rigidez, y en muchos casos con abierto rechazo a estas trasformaciones (Acha, 2001: 141-173), también se observó un renovado esfuerzo proveniente desde estos núcleos por reconfigurar el rol de la mujer cristiana en el marco de una sociedad cambiante y moderna (Mauro, 2014: 235-262).

Muchos investigadores coinciden en señalar que la extensa movilización que generó la guerra civil española contribuyó a la politización creciente de las labores femeninas y a otorgarles cada vez mayores espacios de participación a las mujeres en el ámbito público (Cenarro, 2006: 159-182). Este mismo efecto puede trasladarse hacia la Argentina, en donde la intervención femenina fue fundamental en los comités y las agrupaciones de solidaridad que se organizaban en todo el territorio a favor de los contendientes (Casas, 2013). En paralelo a lo que ocurría en España, en donde se desarrollaba el reclutamiento de miles de mujeres españolas en las retaguardias de ambos frentes, en la Ciudad de Buenos Aires muchas damas se embarcaron en la ardua tarea de acompañar e incluso de liderar las labores de cooperación y propaganda.

En esta sección, nos detendremos en el análisis de una figura insigne de la propaganda a favor del bando rebelde en la península, desde Buenos Aires, en el marco de la contienda civil española: María Teresa Casanova. Además de su accionar ante los micrófonos radiales, esta joven escritora publicó con asiduidad sus contribuciones en Acción Española y ejerció como “secretaria de redacción” y articulista, tanto en El Diario Español como en el semanario Juan Español. Sus colaboraciones no se restringieron a la prensa inmigratoria. A medida que iba ganando reconocimiento, también participó del equipo de redacción de La Razón, Estampa, Aquí Está y Maribel y editó un libro centrado en la biografía de la reina Isabel la Católica en 1944 (Casanova, 1944). Asimismo, utilizó sus dotes de oratoria para dictar diversas conferencias y disertaciones sobre temas vinculados al rol de la mujer en la sociedad de la época y su papel en el marco de la guerra civil (“La mujer navarra”, 23 de enero de 1937: 2). Por su faena incansable en la defensa de la causa, los núcleos de adherentes y hasta el mismo régimen dictatorial español en la península la hicieron objeto de variados homenajes y agasajos (“María Teresa Casanova será objeto de un homenaje”, 4 de junio de 1939: 4).

La prolífica producción escrita que dejó Casanova a través de su faceta periodística nos permitió analizar con detenimiento los rasgos fundamentales que fue adquiriendo su discurso sobre la femineidad a lo largo de su carrera. Esta concepción, que fue clave en toda su línea argumental, se vinculaba estrechamente con los lineamientos políticos, sociales y morales que dictaminaban la religión católica y el régimen franquista para España y su retaguardia en América Latina. Esta construcción de la femineidad cristiana confrontaba directamente con el “feminismo laico” que en el período de la II República había logrado notables avances en cuestiones de emancipación y acceso a derechos políticos y sociales (Arce Pinedo, 2005: 264).

El discurso de Casanova se orientaba especialmente a las mujeres americanas y españolas que comulgaban con el alzamiento rebelde en la península, no tanto por consideraciones dogmáticas de tipo político, sino más bien por cuestiones de índole moral y emocional. La escritora hispana les hablaba genéricamente a las mujeres en tanto “madres” y las instaba a desarrollar con abnegación una ferviente tarea de protección sobre la “patria” y la “nación” en peligro. Por ello, les solicitaba un compromiso “patriótico” activo que las ausentaba momentáneamente del hogar para responder a las demandas de socorro y contención que requería la contienda. Este llamado retórico se acompañó de la difusión continua de las tareas benéficas que desarrollaban los Legionarios Civiles de Franco y la “Cruzada rojigualda para la infancia española” (CRIEN) que apadrinaba el Centro Acción Española de Buenos Aires (Casanova, 4 de junio de 1937: 5).

Si bien es cierto que este discurso maternalista se encontraba presente en la convocatoria femenina de ambos movimientos de solidaridad (Casas, 2013: s/p), del lado nacionalista la mujer debió asumir aún mayores responsabilidades por el estrago de la guerra. Según Casanova, las mujeres tenían una buena cuota de “culpa” en el desencadenamiento de la contienda civil en la península por haber descuidado sus tareas en el hogar y haberse sumado sin reparos a la “embriaguez de libertad” que caracterizó a la primera posguerra:

Esto es lo que no debiéramos olvidar nunca, para saber la parte de responsabilidad que nos concierne, cuando un acontecimiento extraño convulsiona al país. Ahí tenemos el ejemplo de la guerra civil española, ese odio entre hermanos, esa falta de cariño a la tierra en que se ha nacido, echando por tierra su pasado y sus más gloriosas tradiciones y atentando abiertamente contra sus creencias religiosas, no es todo culpa de los hombres, porque el amor al propio suelo y los sentimiento religiosos se aprenden en el hogar, y el reino del hogar pertenece a las mujeres ¿es que no han sabido éstas educar a sus hijos? (Casanova, 2 de julio de 1937: 4).

De todos los flagelos posibles, la crisis que se vivía en el orden espiritual era el más grave de afrontar para la escritora española, y por ello consideraba necesaria la propaganda activa con el fin de revertir ese estado de “degeneración moral” en el que habían caído las integrantes del mundo femenino, desviadas de su “senda natural” y atraídas por “espejismos y torpes sugestiones” que acabaron desequilibrando a la sociedad (Casanova, 4 de septiembre de 1937: 6). En este sentido, el pensamiento de Casanova reproducía sin matices el principio básico de la tradición católica sobre el género: existía desigualdad y complementariedad entre los sexos a la vez que subordinación de la mujer al marido dentro del matrimonio, todo ello derivado de una concepción organicista de la sociedad (Ortega López, 2010: 215-216).

No obstante, su visión sobre las transformaciones del mundo moderno no llegó a ser completamente negativa, ya que reconocía con entusiasmo el derecho que asistía a las mujeres para desenvolverse en el ámbito educativo e intelectual (Casanova, 7 de febrero de 1937: 3). Según la periodista, el principal problema radicaba en el abandono de las labores y el cuidado del hogar, allí en donde debían ser las “reinas”, y en el acercamiento al terreno de la política:

[…] porque mal que nos pese, nuestro triunfo radica en nuestra feminidad: el hogar es por excelencia nuestro reino y el único sitio donde el hombre llega a ser nuestro vasallo.

El arte y las ciencias abren sus puertas a la mujer moderna, que entre en sus recintos sin temores, su sensibilidad es casi una garantía de éxito y el arte y las ciencias tendrán en ella una gentil colaboradora, pero que huya instintivamente del terreno, harto árido de la política […] (Casanova, 7 de febrero de 1937: 3).

La divulgación insistente y sistematizada de las directrices de comportamiento femenino que hacía Casanova en el contexto bélico español fue cambiando progresivamente a medida que en España también se modificaba la situación política y el nuevo régimen dictatorial requería otro tipo de esfuerzos por parte de las mujeres hispanas.

En la inmediata posguerra civil, al deber maternal se le añadió una responsabilidad de mayor envergadura: la perpetuación de las “virtudes de la raza” (Casanova, 2 de mayo de 1940: 6; Casanova, 2 de mayo de 1941: 6). Retomando una elaboración teórica ya presente en el arco discursivo de las derechas españolas de entreguerras, las “verdaderas mujeres de España”, es decir, las católicas y antirrepublicanas, comenzaron a ver exaltadas toda una serie de virtudes femeninas “propias de su sexo”: obediencia, discreción, delicadeza, decencia, devoción y orden (Ortega López, 2010: 217-218). Según Casanova, estas cualidades formaban parte de un arquetipo femenino presente en la historia española desde hacía siglos. Las mujeres peninsulares, abnegadas pero valientes y siempre dispuestas al sacrificio, salían del hogar cada vez que se las necesitaba para desarrollar su tarea crucial en la “regeneración” de la patria española (Casanova, 2 de mayo de 1942: 8). Los exponentes más notorios de estas cualidades femeninas fueron: la reina Isabel, Santa Teresa de Jesús y Agustina de Aragón, entre otras:

La mujer española que mira desde las puertas del hogar deslizarse la existencia, aparece en la historia, cuando siente el imperioso llamamiento de una voz que viene del más allá misterioso, donde se elabora la savia de la raza. Entonces, la mujer se transfigura, y sin perder su personalidad se agiganta, nada le arredra, ni el temor a lo desconocido, ni el miedo al fracaso, ni la magnitud del esfuerzo, y es que pesa las acciones con la balanza del corazón (Casanova, 2 de mayo de 1941: 6).

Sin embargo, una vez concluida esta trascendental labor, las mujeres debían retornar a su lugar de origen y “colaborar en este renacer de España, apuntalando con base firme el santuario del hogar, para que el Estado pueda desarrollar con éxito su obra constructiva” (Casanova, 2 de mayo de 1942: 8). Este cambio de tono fue fomentado desde la península por las agrupaciones católicas y la Sección Femenina de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS –bajo la dirección de Pilar Primo de Rivera–, las cuales instaron a las mujeres a alejarse del espacio público y a retornar a sus labores en el seno familiar, pero siempre tuteladas bajo un rígido encuadramiento ideológico y formativo (Arce Pinedo, 2005: 270-272).

Siguiendo estas directrices, Casanova adhirió a esta progresiva despolitización del género femenino luego de años de movilización y participación activa en el espacio público con motivo de la guerra. Su discurso comenzó a despojarse de los componentes combativos y las referencias explícitas a la contienda civil y sus efectos en España. Los periódicos en los que publicaba con asiduidad iniciaron bajo su pluma una serie de secciones femeninas de tono trivial y hogareño. En El Diario Español, desde septiembre de 1939 se encargó de la página “Para mujeres solamente”, que en enero de 1940 se convirtió en “La moda, la mujer y el hogar”. En Juan Español, escribió en las secciones: “Temas femeninos” (1941), “Cuentas de mi rosario” (1942), “Páginas femeninas” (1943) y “Páginas del hogar” (1944). En todas ellas, llevó adelante una escritura liviana y carente de contenido político, sus temas discurrían en cuestiones relativas a la moda, el maquillaje, la crianza de los hijos, la “psicología femenina” y el cuidado del hogar (imagen 4).

Imagen 4: Sección “Páginas femeninas” de María Teresa Casanova

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Fuente: “Páginas femeninas…”, 16 de agosto de 1943, p. 4.

Sin embargo, en paralelo a la producción de este tipo de artículos, la escritora española comenzó a polemizar abiertamente con otras congéneres a través de sus “cartas abiertas” (Casanova, 23 de junio de 1946: 3; Casanova, 18 de noviembre de 1946: 3; Casanova, junio de 1947: 4). Estas misivas publicadas en el periódico Juan Español estaban orientadas a desestimar el posicionamiento y la opinión de mujeres que representaban un concepto de femineidad distinto al suyo. Un ejemplo elocuente de este tipo de operación fue el de la carta remitida públicamente a la abogada y jurista Clara Campoamor en noviembre de 1940, quien se encontraba exiliada en la Argentina desde 1938. Campoamor fue una de las primeras diputadas en el Parlamento español durante la II República y una destacada militante a favor del sufragio femenino (Álvarez-Uría, 2013: 629-646). Casanova le dedicó una carta abierta a la exdiputada hispana en la que le cuestionó la propagación, a través de conferencias radiales, de una serie de ideas sobre la femineidad que promovían la continuidad de la lucha en pro de los derechos políticos de las mujeres en la Argentina:

[…] yo no soy “doctora” ni “intelectual”, lo que bien mirado no deja de tener sus ventajas, porque no se habla de otros tópicos que aquellos familiares a todas las mujeres, que aún tienen el buen gusto y la inteligencia de conservar intacto el preciado don de la feminidad.

Enseñad a las muchachitas de hoy a respetarse a sí mismas; preparadlas para ser útiles a la sociedad, hablándoles del amor sin gazmoñería, sin falsos prejuicios, pero sin fomentar la pasión del instinto que bestializa al hombre. Haced obra pacifista, fecunda, cristiana, que no lleva consigo la semilla del odio ni las sombras de rencor, y todo ello hará que nos resulte menos agresivo vuestro título de doctora (Casanova, 15 de noviembre de 1940: 4).

Para Casanova, en consonancia con el retroceso hacia medidas legislativas de tipo patriarcal que se producían en España durante el franquismo, la conquista del sufragio y la emancipación femenina ya no tenían razón de ser: “¿De qué te vale la conquista de tantos derechos por los que abogaste con ruda tenacidad, si no te sirven para mantener el equilibrio de las sociedades y la armonía de los pueblos?” (Casanova, 25 de febrero de 1944: 4).

Además de este tipo de artículos, la producción escrita de la periodista española también incorporó nuevas líneas de desarrollo. Al compás de la difusión de la noción de la “hispanidad” que tanto promovía el régimen dictatorial español como mecanismo de acercamiento hacia América, la escritora se sumó a ese esfuerzo teórico por darle cierta coherencia y continuidad al legado histórico y cultural de España en el continente americano: “La hispanidad de América es obra del esfuerzo de los españoles emigrados, en quienes se aúnan el espíritu de amor a la patria lejana, con el del trabajo y el afecto a la tierra adoptiva” (Casanova, 28 de marzo de 1941: 3). En esta línea, y aprovechando su designación como corresponsal para cubrir la celebración del “Primer Congreso de Cultura Hispanoamericana” celebrado en la ciudad de Salta en 1942, comenzó a recorrer distintas provincias del país y a publicar una serie de contribuciones de temática cultural en las que intentaba rescatar la herencia colonial hispana presente en el norte argentino (Casanova, 28 de agosto de 1942: 4; Casanova, 12 de octubre de 1942: 2).

De este modo, Casanova procuró reconfigurar su rol de mujer española en la retaguardia americana, en primer lugar, contribuyendo a la difusión de un arquetipo de femineidad que, por un lado, se ajustaba a los lineamientos doctrinarios y tradicionales del catolicismo y, por el otro, desarticulaba la mayoría de los logros obtenidos en materia de avances por la emancipación femenina durante la II República. En segundo lugar, colocaba al servicio del nuevo régimen dictatorial español una retórica reivindicatoria de la condición femenina hispana que aplacaba la movilización y la creciente politización femenina conseguida durante los años que duró la contienda civil, intentando recluir nuevamente a las mujeres en el ámbito doméstico. Y, en tercer lugar, se abocaba a contribuir con la construcción española del discurso de la “hispanidad”, a través de la búsqueda de la herencia cultural hispana dejada en la Argentina. Una estrategia discursiva que se orientaba a unir a España, en cuanto “madre”, con sus “hijas legítimas”, las naciones hispanoamericanas.

Conclusiones

En el contexto de la formación de la cultura de masas y la sociedad de consumo del Buenos Aires de entreguerras, el conflicto bélico español permeó distintos aspectos de la vida cotidiana de sus habitantes. De tal forma que era usual no solamente ver cómo se organizaba el vasto movimiento de solidaridad y cómo la prensa seguía con vivo interés el desarrollo de la guerra civil española, sino que además era posible hallar por doquier libros, carteles, emisiones de radio y frecuentes invitaciones a eventos públicos en los que la referencia a la guerra en la península era el elemento central. Ambos bandos se interesaron por dar publicidad al material de propaganda favorable a su causa en la capital argentina. No solo los republicanos tuvieron la intención de movilizar masivamente a sus adherentes, sino que los simpatizantes de la rebelión militar en España también desplegaron una gran variedad de recursos a la hora de difundir su propaganda en la Ciudad de Buenos Aires.

Como pudimos advertir a lo largo de este trabajo, el Gobierno del general Franco en España contó con diversas voces de apoyo en la capital argentina. Un buen número de emisiones radiales se crearon en el contexto de la contienda bélica y acompañaron la causa de los rebeldes en la península. Sobre esta cuestión hemos podido advertir el importante papel que adquirió la radiodifusión para la campaña de propaganda de los nacionalistas españoles tanto en la península como en América, en el contexto de la guerra civil. Algunas instituciones profranquistas de la Ciudad de Buenos Aires mantuvieron un espacio propio de difusión radial, como el Centro Acción Española, los Legionarios Civiles de Franco o la Falange Española a través de Radio Excélsior. No obstante, de los distintos programas radiales que se crearon en la Ciudad de Buenos Aires a favor de los sublevados en España, se destaca la presencia prolongada en el tiempo de un mismo equipo de comentaristas y locutores integrado por Rafael Fontenla y Antonio Madueño, alias Juan Español, bajo la dirección de una singular exponente femenina, la periodista y locutora María Teresa Casanova.

A diferencia de la libertad de acción que observamos para la difusión de las distintas doctrinas políticas en la prensa de la época, el Estado nacional intervino con mayor rigor sobre la propaganda que se emitía a través de las ondas. Al respecto, la Dirección General de Correos y Telégrafos llegó a prohibir expresamente cualquier tipo de mención sobre los sucesos bélicos en la península, intentando de esa forma evitar la intromisión de consignas políticas extranjeras en las audiciones radiales propagadas en el país. La severidad de esta medida fue ratificada por el presidente de la Nación a través de un decreto del Poder Ejecutivo nacional en el que confirmaba su pertinencia, a pesar de los reclamos cursados por la Federación de Organismos de Ayuda a la República Española y el dueño de Radio Excélsior. Como consecuencia de la normativa impuesta, se produjeron algunos cambios superficiales en las audiciones radiales de los nacionalistas españoles, pero ello no impidió que en agosto de 1939 la Dirección General de Correos y Telégrafos decidiera suspender las emisiones de la audición Madre Patria por incumplir las disposiciones antes citadas.

Con respecto a la labor de la periodista María Teresa Casanova, sabemos que fue la directora de la mayoría de los proyectos radiales que adherían al Gobierno de Burgos durante la guerra civil. Casanova inició su recorrido ante los micrófonos nacionalistas con la audición Habla España patrocinada por el Centro Acción Española, pero pronto pasó a dirigir los proyectos financiados por la Oficina de Prensa y Propaganda de la Representación oficiosa de Buenos Aires: Madre Patria, Orientación española y Nuevas carabelas. El periplo de su carrera ascendente resulta un exponente claro de lo apreciada que fue su labor propagandística en la radio porteña. El trabajo constante de esta publicista femenina fue recompensado con el reconocimiento de las autoridades de la península a través de una beca del Instituto de Cultura Hispánica, que la llevó a recorrer España en 1948 y a tener la oportunidad de pronunciar un discurso por Radio Nacional España y de entrevistarse personalmente con Pilar Primo de Rivera y el general Franco.

A través de la voz y la pluma de esta periodista de origen español, las mujeres argentinas y españolas también fueron objeto de un discurso propagandístico especialmente dirigido a ellas. En el contexto de la contienda bélica, la mujer adquirió un rol cada vez más destacado en el espacio público, contribuyendo desde la retaguardia americana a sostener las diversas iniciativas de solidaridad que se organizaron en ambos bandos. Casanova participó de esta arenga a favor de la movilización femenina que caracterizó a los años de la guerra. No obstante, este llamado se producía desde un lugar circunstancial de reivindicación de la función maternal y moral de la mujer en ese momento de crisis. Al finalizar la guerra, su discurso también se transformó, en la medida en que el régimen dictatorial ahora requería otro tipo de esfuerzos por parte del género femenino. Acompañando la desmovilización política y social de la posguerra, así como también la nueva reclusión de la mujer en el ámbito doméstico, Casanova comenzó a despojar su discurso de los contenidos combativos que la caracterizaron para pasar a reproducir artículos de tono trivial y hogareño en los medios en los que publicaba. De este modo, la periodista siguió las líneas directivas del nuevo adoctrinamiento femenino en la península, el cual pugnaba por el regreso de la mujer al hogar y su sometimiento a la voluntad del marido. La tónica y el contenido de su discurso se amoldaron a ello, de tal forma que contribuyó a la difusión de un nuevo sentido de la femineidad hispana que se asoció al ejercicio de las virtudes cristianas (abnegación, obediencia, docilidad y sacrificio), identificadas en las vidas ejemplares de las grandes féminas que caracterizaron a la historia española, como la reina Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús, entre otras. En paralelo a este cambio de registro discursivo, vacío ya de cualquier contenido político, Casanova también se propuso contribuir a la construcción del argumento de la “hispanidad” a partir de la búsqueda de la herencia colonial española dejada en la arquitectura, el arte, las costumbres o la cocina regional del territorio argentino.

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Su excelencia el Jefe de Estado inauguró esta madrugada con una vibrante alocución las emisiones normales de Radio Nacional España para América (21 de junio de 1945). ABC. Sevilla, p. 15.

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  1. Según el Cuarto Censo General de la Ciudad de Buenos Aires realizado el 22 de octubre de 1936, cerca del 13 % del total de la población que habitaba en la capital argentina había nacido en España. El total de la población de la Ciudad de Buenos Aires ascendía a 2 420 142 personas, de las cuales 324 650 habían nacido en España, mientras que 298 654 lo había hecho en Italia (Cuarto Censo General de la Ciudad de Buenos Aires, 1939).
  2. Alonso de Drysdale fue la fundadora y directora de Legionarios Civiles de Franco, una agrupación benéfica creada en abril de 1937 con el objeto de construir y sostener orfanatos que albergaran a los huérfanos españoles que iba dejando la contienda (Saborido, 2006: 71-82).
  3. Este personaje alcanzó cierta popularidad entre los medios afectos a la sublevación militar en España, de tal forma que en 1938 comenzó a editarse en Buenos Aires un órgano de prensa también llamado Juan Español que respondía a los requerimientos de la Oficina de Prensa y Propaganda de la Representación oficiosa de España en Buenos Aires (“Al aparecer”, 1 de octubre de 1938: 1).
  4. Desde mayo de 1937, los micrófonos de Radio Excélsior recibieron a Soledad Alonso de Drysdale, Eduardo Marquina, Juan Pablo de Lojendio, Germán Fernández Fraga, Margarita Aguirre, Mario Alegría, Rafael Duyos, Maruchi Fresno, Luis V. Nieto, Delfina Bunge de Gálvez, Gloria de Nevares, Alfredo Cabanillas, entre otros.
  5. Esta medida volvió a reiterarse en mayo de 1938 bajo la gestión de Adrián C. Escobar como Director General de Correos y Telégrafos, con el objeto de prohibir la reproducción de los himnos y canciones patrias con fines comerciales (“Prohibir la propalación del Himno Nacional”, 7 de mayo de 1938: 3).
  6. En el contexto de la proliferación de acusaciones de espionaje y actuación encubierta del nazismo y el fascismo en América, se multiplicaron las reacciones de la opinión pública y de un sector de la oposición política argentina contra lo que se consideraba era la excesiva intromisión de las filiales de partidos extranjeros en el país. Como resultado de ello, en mayo de 1939 entró en vigencia un decreto del Poder Ejecutivo nacional por el cual se intentaba controlar la actuación de todas las asociaciones extranjeras en el territorio nacional (Anales de legislación Argentina, 1920-1940, 1953: 1192).
  7. Nació en 1869 y falleció en 1953. Fue un político y economista italiano que se exilió en Francia y en Suiza tras el ascenso del fascismo.
  8. El especial vínculo de cercanía que Teodoro Prieto manifestaba para con España ya se había expresado en 1938, en el festejo del 2 de mayo organizado por esta emisora (“Homenaje a España de Radio Prieto”, 14 de mayo de 1938: 29).
  9. Por ejemplo, visitó los micrófonos de “Nuevas carabelas” el cónsul de Panamá, Salomón Ribera, a la vez que se anunciaba la próxima visita del cónsul de Costa Rica, Rubén Ezequiel de la Guardia (“Audición “Nuevas carabelas”, 5 de diciembre de 1941: 3).
  10. Este organismo, creado en mayo de 1941 bajo la dirección de la Falange Española, buscaba controlar todos los medios de comunicación social y difusión pública para propagar las directrices y el modelo ideológico del partido único en España (Bermejo Sánchez, 1991: 73-96).
  11. El Instituto de Cultura Hispánica se fundó en septiembre de 1946 y reemplazó en sus propósitos de vinculación cultural con Hispanoamérica al Consejo de la Hispanidad. Esta última entidad se encontraba íntimamente asociada a la labor propagandística de la Falange Española durante la Segunda Guerra Mundial, y por ello mismo, al finalizar la contienda cayó en un grave desprestigio a nivel internacional. Para ampliar sobre el Instituto de Cultura Hispánica (Escudero, 1994).


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