Lo universal y lo particular
La razón dialéctica disuelve en nada las determinaciones del entendimiento. El devenir dentro de la esencia será entendido como movimiento “de nada a nada”.
Hegel, Ciencia de la lógica
La ahistoricidad propuesta por Bion y su profunda raigambre tanto oriental como anglosajona, y por qué no del idealismo alemán, dejaron a los sueños la tarea de medir la sensorialidad desde un idealismo utópico. Los hechos materiales no pueden ir delante del trabajo del sueño. El sueño sobre la materia es una de las agujas de la futura forma. La historia y su sensorialidad reproducible no están hechas de la sustancia de la experiencia onírica. Hay una tensión entre el hecho material de la sesión y la pluralidad general que utiliza el analista para interpretarlo, por ejemplo, los recuerdos y hechos repetitivos en la historia de determinado paciente. No significa que el hecho recordado no tenga valor, significa que es una figura posible de una situación actual y desconocida. El espíritu que anima la posición analítica es sin memoria y sin deseo, que más o menos significa que existe una sustancia absoluta en la que, como señala Hegel, el yo es el nosotros y el nosotros el yo. Ahora bien, en ese encuentro fuera de sí, en el absoluto, la pérdida de sí es inseparable de encontrarse a sí mismo en lo otro de sí. De este modo se encuentra a sí mismo como esencia. Las figuras del pasado son arrasadas por el espíritu que no descansa, que siempre va hacia adelante. Avanza pausadamente hacia el símbolo, deshaciendo las figuras y representaciones del mundo anterior. El vacío de vida de las cosas hechas, ya experimentadas, va haciéndose a un lado, y una esperanza frente al nuevo objeto asoma. Objeto incierto, esperanzador, vital, pero que exige desprenderse de la cosa anterior. Se nota cuando no se produce ese desprendimiento, asoma una figura sin sustancia, una copia que ha perdido la vida. El espíritu arrasa sin artificios, y los símbolos más auténticos están provistos de la marca de la pérdida, con el sujeto que con fortaleza ha dado paso a la fuerza nueva. Lo demás lo conocemos bien. Propiedad, posesión, especulación. Es un antipoder. Una fuerza extrínseca que opera como una nueva interioridad. Por suerte, a no muchos les interesa el poder en su máxima expresión, esos que ya están tomados por el antiespíritu. La lucha es contra la sustancia muerta del pasado y por establecer o al menos seguir al futuro-presente. Porque Bion en su postulado sobre el deseo discute con el futuro, pero ese futuro, sin embargo, tiene un vector hacia la salida del recuerdo que no tiene el pasado. La sustancia del presente, la fuerza nueva, tiene la dirección de la no memoria, pero en cierta forma sí del deseo. La sustancia futura pugna por expresarse hacia adelante. El futuro es el viento arrasador. La especulación que se establece en esa zona aconceptual es grata al analista. La zona de la conciencia. Los conceptos de la memoria no pueden dar vida a los sucesos que vienen sin forma del futuro-presente. De lo que se trata es de concebir la verdad del hecho que pasa por aquí, en el vínculo presente. Imperceptiblemente, Bion se desliza de su mentada cosa-en-sí incognoscible hacia una zona de contradicción pasado-futuro. El presente parece ser la zona renovada de circulación del sentido. Ni enterrada en la sustancia mnémica pasada ni en el deseo de conocer un futuro. Intuirnos en nuestro estado interno, lo que Hegel llama en el libro II de su Lógica, la esencia. El guion de PS↔D representa la esencia ⋞─⋟, los dos polos PS ⋞ y D⋟ capturan al guion que expresa y conecta ambos extremos, lo interno y lo externo. La búsqueda es esa conciencia interna ni empírica ni subjetiva. Hegel separa la doctrina del ser de la doctrina de la esencia y de la del concepto. Las tres partes de la lógica consisten en eso. Bion parte de una sustancia mítica, el universal hegeliano que se expresa en el concepto final. Por eso, la tabla debe leerse en espiral, no como una transición lineal de un casillero a otro, sino como un sistema que comienza en la preconcepción y parte de A (elementos beta); el circuito parte de D, no de A. La preconcepción incluye al mito, porque el mito está inserto en ella, y desde allí comienza su recorrido lógico hacia el concepto. Pero el concepto tiene como negativo todo el proceso realizado por la operación del sueño en el mito. Hegel llama a este proceso en su lógica “reintegración ensimismada”. Universalidad, particularidad, singularidad. Equivalentes hegelianos de los tres tiempos del mito bioniano. La universalidad del complejo de Edipo, la particularidad identitaria y, por último, la singularidad simbólica que implica una vuelta al mito en el tercer tiempo, fila C, que implica el simbolismo de la castración y una vuelta ensimismada a la idea de lo relativo de nuestra ubicación identitaria, es decir, la vuelta a la universalidad. El circuito lógico se cierra en el concepto que une los dos polos antes mencionados. La sustancia, el guion, separa y une la dinámica de lo universal y lo singular. Contenido y lógica coinciden en el final del recorrido.






